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  • Irene y sus primos (parte 3)

    Irene y sus primos (parte 3)

    Así terminé en La Plata, estudiando psicología y viviendo en una pensión. Mis primos, que vivían en City Bell, consiguieron (no sé de que amigo ni de que forma) un departamentito en el Centro de La Plata para nuestros encuentros. Las sesiones de orgías continuaron y me seguí comiendo a esos guachos hermosos. Pero, a los tres meses, Julián se fue a trabajar a San Pablo y mi harem de primos se redujo, pero no las cogidas entre nosotros.

    Un día fui al departamentito porque había combinado con Roque para vernos (y coger, por supuesto), pero antes de llegar, recibí un wassap de él avisándome que no iba a poder llegar. También me pedía que le avise a Omar (un pibe que lo estaba esperando en el bulo). Entré con mis llaves al departamento y me encontré con un pibe de unos 28 años, vestido con una malla ceñida, musculoso, morocho, pintón, acostado boca arriba sobre una colchoneta en el suelo, haciendo abdominales.

    – “Hola”, dije, con una voz que delató mi entusiasmo al verlo mucho más de lo que yo deseaba (es que estaba para comérselo y yo ya iba caliente a coger con Roque, entiendan) “¿vos sos Omar?”.

    – “Si”, contestó levantándose y corriendo un mechón de sus ojos “y vos, belleza, ¿quién sos?”.

    – “Irene, la prima de Roque. Me avisó que no podía venir y que te avise. Y, de paso ¿qué hacés acá?”.

    – “Mejor yo te pregunto que hacés vos y porqué tenés llaves de mi departamento”.

    – “¿Tu departamento?”, pregunté asombrada.

    – “Ahhh, ya caigo. Roque me pidió varias veces el departamento y sospechaba que tenía que ver con una mujer. Lo que nunca pensé es que fuera una belleza como vos”.

    – “¡¡¡Che, soy la prima!!!”, le respondí.

    – “Con una prima así, me olvido del parentesco. ¿Querés pasar igual? Esperame que me pego una ducha y te invito a un trago”, dijo y sin esperar respuesta, tomó una toalla que había sobre una silla y se fue al baño.

    Yo sabía que lo lógico y sensato era que me vaya. No lo conocía y no teníamos relación alguna. Ya le había avisado y ya podía volverme. Pero tenía que elegir entre la pensión calurosa con la promesa de leer al pesado de Freud o tomar un trago en ese departamento con aire acondicionado y un bombón morocho de buen porte. Comprenderán que la opción no presentaba muchas dudas.

    Salió del baño con la toalla rodeando la cintura y la duda en mi cabeza pasó a ser si bajo eso había algo más que su miembro (¡¡mi subconsciente era más caliente y libidinoso que yo!!!), se dirigió a la cocina y volvió con dos vasos de whisky con hielo generosamente servidos. Se sentó en uno de los sillones y me indicó el otro para que me siente. Charlamos de boludeces mientras las miradas de ambos indicaban que no era hablar lo que teníamos pensado. Una fina línea de decencia y pudor nos detenía. Pero era muuuy fina.

    En un momento se levantó, puso música y me invitó a bailar “¿Así en toalla?”, pregunté. Ni me contestó, fue a mi sillón, me tomó de la mano, me levantó, abrazó mi cintura (¡¡por Dios, que brazo más varonil!!), me apretó contra él y empezamos a movernos al ritmo de la música suave que sonaba. En un momento me puso de espaldas, pegada a él y empezó a acariciar el contorno de mi cuerpo al compás mientras sentía su bulto en mi cola. El primer beso en el cuello me sacó un suspiro y eso le dio rienda suelta. Sus manos fueron suaves a acariciar mis tetas, después una se metió dentro de mi corpiño y me acarició los pezones mientras yo le sacaba la toalla y acariciaba el creciente bulto.

    Nos olvidamos de la música para empezar a devorarnos la boca y acariciarnos mientras nos desvestíamos. Cuando quedé desnuda, me tomó de la cintura como si no pesara nada y de golpe y de prepo me puso sobre el sillón, mis manos sobre el respaldo y mis rodillas sobre el asiento y me dio dos buenos chirlos para después seguir masajeándome. Quise reaccionar, pero me tomó del pelo, me acercó la cara y me dijo:

    – “No te rebeles, putita. ¿No te gusta un macho que te domine? Dejate llevar”, y siguió acariciándome, besándome y manejándome a gusto.

    Y la verdad, me sorprendió, me había puesto tensa y lista a saltar, pero me terminó gustando y decidí ver hasta donde iba. La verdad que no me disgustaba ese hombre poseyéndome y yo dejándolo hacer sobre mí. Se sentía rico y excitante. Sus chirlos nunca pasaron de una dolor ínfimo y su dominio fue siempre cuidadoso y medido. Nunca me habían tratado así y sentirme dominada no me resultó nada feo, al revés.

    Puesta en cuatro sobre el sillón tenía mi sexo expuesto y él se dedicó a lamerlo y masajearlo con una experiencia y una sabiduría admirable de los ritmos para chupar y lamer o pasar sus dedos, o jugar en mis agujeritos o usar lubricantes o cada tanto darme un chirlo. La dosificación de sus mimos, pausas, chirlos y lamidas me llevó a mi primer orgasmo. Estaba descansando mi cabeza en mis brazos y volviendo de mi explosión interna cuando sentí su miembro entrando suavemente en mí. Me tomó del pelo y empezó a obligarme a seguir su ritmo, dándome de vez en cuando un chirlito.

    – “Vení putita, sentí como te cogen. ¿Te gusta comerte esa pija?”.

    – “Si, me encanta. Mucho”

    – “Vas a estar un rato largo así mientras te cojo, ¿entendiste putita?”

    – “Si, entendí, cogeme mucho”.

    Estuvo un largo rato antes de llevarme a otra acabada. Se sentó en el sillón, me hizo ponerme arrodillada en el sillón sobre él y fue penetrándome, tomó mi cola y me hizo subir y bajar sobre su pija. Mientras me miraba, me decía lo linda que era, que le encantaba mi conchita y que era una de las putas más lindas que se había cogido. Yo mientras gozaba todo, su pija, sus halagos, ese potro cogiéndome, sus chirlos, todo.

    En ese momento, sentí que la puerta se abría, quise levantarme, pero Omar me retuvo con su fuerza, abrazándome y dejándome pegada a él. Di vuelta la cabeza y vi con asombro a Roque entrando y, para aumentar mi sorpresa, vi que sin esperar un segundo empezaba a desvestirse.

    – “¡¡Qué hacés!! ?? ¿Te volviste loco?”.- le dije mientras intentaba infructuosamente escaparme del abrazo de hierro de los brazos de Omar.

    – “Para nada primita. ¿O me vas a decir que no te gustó Omar? Te veo muy acomodada sobre su pija”, dijo acercándose, empezó a abrazarme, a sobar mis tetas, a acariciar mis nalgas. “Disfruta que ahora te voy a coger yo también y te voy a hacer disfrutar”

    Omar me tenía retenida y seguía moviendo su pija en mi vagina cuando sentí a Roque acomodarse para hacerme la cola. Les pedí que paren, les supliqué, pero me decían que me calme, que era la putita de ellos y que solo me querían coger y hacer gozar. Mientras me besaban, acariciaban y, al rato, me cogían entre los dos. Mi furia fue cediendo de a poco. ¡¡Mierda!! se sentían lindo esas dos pijas y, la verdad, es que los dos me gustaban. Diez minutos después estaba moviéndome frenética y acabé hecha un sándwich entre esos dos machos turros que me sabían coger tan lindo. Roque me ordenó que me quede quieta y estuvo dándole a mi colita hasta acabar al rato.

    – “Qué carajo se te dio por hacer esto”, le dije a Roque con los restos de mi bronca, una vez que salieron dentro de mi…

    – “Nada primita, pero Omar no quería prestarnos más el bulo y eso significaba que nuestras orgías se complicaban. Y cogerte a vos es muy lindo. Bueno, le dije que vos eras muy putita y que le pagaba haciendo que él también te coja”

    – “¡¡Guacho!! Me entregaste, a mí, a tu prima”

    – “Pero si te encanta garchar primita y Omar está para garcharlo, ¿o no?”

    – “Vamos ricura”, dijo Omar, “no me vas a decir que no disfrutaste conmigo. Y, que yo sepa, no tuve que violarte ni forzarte, ¿o no?”

    – “Bueno, está bien, tienen razón. Pero no es la manera”.

    – “No, tenés razón”, dijo Roque, pero igual lo disfrutaste. Y si ahora nos pegas una buena mamada, te volvemos a coger, ¿te gustaría?”.

    – “Sos guacho primo. ¿Por qué no me chupan y acarician a mí?”

    – “Dale”, terció Omar. “Pero después te quiero acabar en esa boca de putita que tenés”.

    – “Si papito, por supuesto”, le dije. Cuando al rato los dos estaban lamiéndome y acariciando Roque preguntó

    – “Y decime primita, ¿estás en contra de incorporar a tu harem de machos a Omar, para suplantar a Julián?”

    De esa manera volvimos a las orgías donde yo era el plato principal y que tanto me gustaban.

  • El nuevo jefe de servicios

    El nuevo jefe de servicios

    Mi nombre es Santiago, tengo 33 años, soy alto y atlético, hago ejercicio a diario y cuido mucho mi apariencia.

    Siempre me he considerado hetero con cierta curiosidad bi, pero no había pasado de videos y esas cosas.

    Trabajo en una aseguradora importante de la ciudad y meses atrás llegó un nuevo jefe de servicios, 42 años y muy bien cuidado en todo aspecto.

    Desde el principio tuvimos un buen feeling por temas de conversación general y la cercanía de su oficina con la mía, tomábamos café a la misma hora y el trabajo nos obliga a quedarnos hasta la noche ciertos días de la semana.

    Las conversaciones en el café cada vez eran más profundas e íntimas, Sergio (mi jefe) me contaba sus problemas en el hogar con su esposa, que siempre la encontraba cansada y dormida, que le tocaba masturbarse para saciar sus ganas y que su esposa es muy tradicional y un tanto puritana, cuando bromeé que le pida sólo sexo oral para dormir.

    -Lechita y a dormir, bromeé – y no pude evitar ver su bulto hincharse en el pantalón de tela, no lo pudo esconder por más que se dio la vuelta a la ventana.

    Continué provocándolo -el café con leche también sabe bien- y suspiró, entre balbuceos me dijo que estaba cargado de leche ese día, esa noche iba a ser su paja semanal… me reí y me senté en el sillón frente a él -sírveme leche- dije, tratando de ponerle nervioso.

    Lo descubrí tocándose sobre al pantalón y me miró incrédulo e indeciso de su siguiente acción, estiré mi mano lentamente, dirigiéndome a su cremallera y la bajé muy despacio esperando su reacción, sentí hincharse su verga y buscar desesperada salir de sus boxers negros, cuando buscaba su miembro, sentí ese líquido viscoso marcando el camino, fácil de encontrar porque tenía todo depilado… los masturbé suavemente por unos segundos antes de pasarle el primer lengüetazo por su glande, limpiando lo poco que quedaba de su viscoso sabor.

    Lo miré a los ojos mientras que lo metía completo a la boca y engullía a mi garganta, la sentía palpitando y caliente mi boca, mientras salivaba para seguirle succionando… se alejó por un momento y pensé que se arrepintió de semejante locura, pero lo que buscaba era asegurar con llave la puerta de la cafetería a pesar que el edificio estaba prácticamente vacío a esa hora.

    Desabrocho su pantalón, su cinturón y dejó caer en sus piernas junto con su bóxer, volvió a plantarse frente a mí y mientras se desabotonaba la camisa con una mano, con la otra me paseaba su miembro sobre mis labios, lo veía tan excitado que subí mis manos a sus pezones y con un poco de saliva los frotaba mientras lo masturbaba con mi boca, cada vez más duro y más rápido, él me agarraba fuerte del cabello y empezó a gemir de placer.

    ¿Te acabo adentro? ¿Te acabo adentro? Preguntaba desesperado, queriendo ser delicado conmigo… mientras yo no paraba de mamarlo y con mis ojos asentí su pregunta… al instante sentí chorros de semen inundando mi boca y llegando directo a mi garganta, seguí succionando mientras escuchaba sus gemidos y dejé que sus manos en mi cabeza guíen el ritmo de mi boca, lo seguía chupando mientras perdía su dureza y lamia la última gota de semen.

    Se sentó extasiado en el sillón y jadeaba de placer mientras acariciaba mi boca con sus dedos, me confesó que su esposa jamás le había dado una mamada igual y que una de sus fantasías era que traguen su leche como yo lo hice.

    Bromeé diciéndole que la leche directo de la botella es mejor, mientras tomaba un sorbo de café y me limpiaba los labios con una servilleta.

    Ese sería el comienzo de una desenfrenada aventura sexual con mi jefe, cumpliéndonos fantasías mutuamente y en secreto.

    En un siguiente relato contaré nuestro primer encuentro sexual.

  • Año nuevo inesperado

    Año nuevo inesperado

    Lo que menos busqué y esperé que pasara en este inicio del 2024. Frecuentemente las fiestas son en mi casa y esta vez no fue la excepción. Soy Juan tengo 29 años, mido 1.70 m y de contextura media, me mantengo bien puesto me gusta hacer deporte.

    Esta historia empezó en pleno inicio de año mientras la música y el alcohol hacía de lo suyo, de la nada comencé a bailar con una chica que no conocía pero me había llamado la atención, de contextura delgado y guapa, desde que comenzamos a bailar tuvimos una conexión increíble las miradas y nuestros cuerpos cada vez se acercaban más, hasta que nuestros labios se rozaron y fueron el detonante para pasar abrazados y comiéndonos a besos, apareció el amanecer y decidimos ir a verlo a la playa y recién ahí preguntamos nuestros nombres después de conocer nuestros labios, fui a dejarla a casa pensando que iba a acabar ahí, hasta que estacionado fuera y con el beso de despedida comencé a besarla con mucha pasión y comenzando a acariciar su cintura y mis besos comenzaron a bajar por su cuello soltando unos pequeños gemidos me separé de ella y le pregunté ¿Seguro quieres bajarte del carro? Ella respondió lanzándose sobre y los besos y las caricias no pararon.

    El camino hacia el motel más cercano se hacía cada vez más eterno, en cada semáforo nos comíamos mientras que conducía y mi mano iba acariciando su abdomen y tocando su vagina por encima de vestido. Llegamos al motel, comencé a besarla por la espalda mientras iba desatando su vestido y encontrándome con su piel erizada por cada beso, ella tiene senos pequeño pero rico, ella giro y comenzó a besarme y desabrocharme el pantalón para esto tenía mi pene parado deseoso de sentir su vagina húmeda, nos dirigimos a la ducha desnudos y ni bien callo la primera gota de agua en nuestros cuerpos basto para ponerla recostada contra la pared del baño, masturbarla un poco con mis dedos para dar paso a penetrarla con mi pene mientras sus gemidos se hacían más fuertes, nos enjuagamos como pudimos mientras seguíamos besándonos, así mojados la puse en la cama y comencé a recorrer todo su cuerpo le pase mi lengua por el costado bajando por sus costillas hasta encontrarme con esa vagina depilada, caliente y deseaba ser besada.

    Hicimos todas las posiciones posibles, ella era mi sumisa y sus orgasmos iban y venía estuvimos así por 4 horas, entre medio dormíamos y nos levantamos a seguir teniendo sexo como dos locos desenfrenados.

    Comenten si desean saber más de la historia, comenzaré a subirles mis historias reales de todo lo que me va sucediendo.

  • Paola (partes 1 y 2)

    Paola (partes 1 y 2)

    Es un día como cualquier otro de verano, con una tormenta casi a punto de caer, salgo del gym con una de mis amigas, me llamo Paola y después de saber que mi marido es gay y que me perdió en una apuesta trato de rehacer mi vida de la mejor manera posible, es miércoles y para colmo de males el auto de mi amiga tiene una falla, como tengo un compromiso precisamente con mi marido mi amiga me aconseja que tome el metro o un taxi ya que el me va a esperar en una estación, pero como el tráfico esta espantoso decido tomar el metro, es la primera vez que subo a este transporte asi que desconozco que hacer, preguntando llego a la estación, bajo las escaleras, compro el boleto y por fin llego al andén y espero.

    Mientras espero, veo como poco a poco va llegado más y más gente y al notarlo me pongo hasta el enfrente para entrar primero o al menos ganar un lugar, pero mi intento fue en vano ya que cuando llegó el tren y se detuvo fue solo cuestión de segundos para que se desatara el caos, personas entrando y saliendo por todas partes y como no sé que hacer la gente me empuja casi cargándome quedando de espadas en el cristal de la puerta, la gente sigue empujando tratando de entrar y un señor azota las palmas de sus manos en el cristal de la puerta haciendo muchos esfuerzos por no aplastar su cuerpo contra el mío quedando casi cara a cara con él.

    Me encuentro completamente apanicada sin saber que hacer, no me puedo mover hacia ningún lado las manos del señor me lo impiden y aunque quisiera hacia donde me muevo?, al fin la gente se acomoda como puede y el metro empieza a avanzar lentamente, el tipo es un viejo, un poco mas bajito que yo, calvo, canoso y regordete su aroma a perfume barato me llena la nariz entonces es cuando noto que no quita la vista de mi escote y no es el único, varios machos miran de reojo de vez en vez hacia mi joven y firme busto, hasta este momento recuerdo que voy solo con mis leggins deportivos que marcan perfectamente cada curva de mi cuerpo por delante y por detrás, mis tenis y un top deportivo que hace conjunto con los leggins.

    Mi cuerpo es menudito pero con medidas casi perfectas, además mis pezones son unos traidores, al primer contacto con algo se erectan por completo y hoy no seria la excepción, imposibilitada para ocultarlos decido intentar hacerme a un lado en la siguiente estación ya que bajó un poco de gente, sin embargo una nueva vorágine de personas entra y el señor ahora ya no resiste, sus manos se doblan y coloca sus codos para impedir aplastarme pero no impide que su cuerpo se embarre en el mío, su panza se restriega en mi estómago quiero aventarlo o reclamarle pero con el movimiento del vagón comienzo a sentirme estimulada.

    Después de casi tres meses sin tener sexo mi cuerpo y mi lívido comienza a ceder ante lo inusual de la situación, no me muevo quiero saber hasta donde llega el anciano, me mira como disculpándose por lo que sucede y yo lo tranquilizo brindándole una sonrisita, pasa una estación mas y en la tercera noto que con mas confianza empieza a relajar su cuerpo en el mío y algo duro empieza a rozar mi entrepierna, y cada vez crece mas hasta el punto que parece que quiere romper la tela del pantalón y de mis leggins y llegar a su objetivo.

    El movimiento del vagón hace que empecemos a friccionarnos hasta tal punto que casi lo tengo atrapado en mi entrepierna, ha de estar bien dotado el viejito, me digo a mi misma, deduciéndolo por el tamaño de su barriga y aun así lo tengo llegando casi a la mitad de mi cuerpo por entre mis muslos, pero no todo lo bueno dura, en la siguiente estación el vagón casi se vació y el se apartó de forma brusca como asustado, saliendo del tren perdiéndose entre la gente.

    Tomándolo de la mejor forma posible dejo pasar el hecho y me dispongo a salir para ver a mi marido, un torrencial aguacero está a la salida, mi marido me sugiere que regresemos a su oficina por su auto, temblorosa y con frio no me queda mas que aceptar, como es la terminal de nuevo subir es un triunfo, quedo atrapada en el último rincón del vagón, no hay asiento por lo que me sujeto del único pasamanos que hay una señora esta frente a mi con varias cajas de cartón largas donde me apoyo para ir un poco más cómoda.

    Empiezo a frotarme los brazos como puedo para darme calor cuando noto que a unos metros esta el señor con el que venia anteriormente, con su impermeable de plástico, igual y por la tormenta decidió regresarse me imagino, dejo de temblar ya que su mirada se cruza con la mía, como puede y por su edad logra abrirse paso hasta donde estoy, no digo nada instintivamente y llena de morbo y con mi lívido a tope me volteo de espaldas haciendo un hueco entre las cajas y yo donde el logra acomodarse.

    En realidad quería sentirlo detrás de mi, rodeados por la multitud el solo atina a estar detrás de mi sin ir más allá, el tren esta detenido, levanto un poco la cadera para incentivarlo y nada, de repente las luces se apagan por un momento lo que el aprovecha para restregarse en mi, el se disculpa yo volteo el cuello para verlo levantando un poco mas mi cadera aceptando el rose, el hace el amago de retirarse pero yo saco otro poco mi colita de manera que no se pierda el contacto.

    El se dio cuenta de que había complicidad, y se quedo quieto manteniendo el contacto. Aún así no iba a mas, la gente volteaba de vez en vez a mirarnos, como que algo andaba mal para ellos y con el tren detenido se prestaba para que nos estuvieran morboseando igual, sin embargo estaba sucediendo algo inesperado, mi marido empezó a acercarse, el viejo se quiso apartar pero yo lo detuve apretándolo con mi cuerpo hacia las cajas, en realidad no esperaba que mi esposo reaccionara como lo estaba haciendo, el es alto y fornido y colocándose de frente a nosotros extendió los brazos tomándose de los tubos superiores del vagón y tapándonos con su gabardina como protegiéndose de la gente que empezaba a empujarse porque el tren estaba poniéndose en marcha.

    El anciano confundido me miró a lo que yo volteando el cuello tomé su mano y la coloqué en mi cintura, quitando el hule del impermeable me atrajo hacia el dejando su pene en medio de mi colita, sintiendo como va creciendo y haciéndose duro poco a poco, baja su arrugada mano y la posa en mi cadera, dejándola ahí un momento, al ver que no digo nada la desliza hacia abajo recorriendo con su palma mi nalga, quiere bajarme el leggin, lo sujeto con una mano y deja de insistir, mi marido no nos quitaba el ojo me mira y me sonríe, me volteo de frente al viejo levanto los dos brazos sujetándome a la barra superior, el hombre no quita los ojos de mis pechos, con el apretón de cuerpos mis tetas están aplastadas y amenazan con asomarse por el escote, de hecho la aureola de mis pezones asoman un poco.

    EL reacciona, toma mi mano derecha y la coloca directamente encima de su paquete.

    Yo lo aprieto noto como crece en mi mano a través del pantalón, tembloroso abre su cremallera toma mi mano de nuevo y la encamina a su interior. Agarro el tronco de su pene, siento la excitación del viejo en su respiración, empiezo a darle apretones masturbándolo con disimulo… Se acerca abrazándome jadeando en mi oreja calentándome muchísimo! Con ese deseo de agacharme y metérmela en la boca, no puedo mas, cobijada de los mirones a la sombra de mi esposo y con un vendedor ambulante con su sonido a todo volumen aprieto su enorme verga y lo empiezo a besar de la forma como una mujer besa a su hombre, masturbándolo con frenesí, sintiendo como sus deliciosos chorros de semen salen disparados a mis leggins uno tras otro palpitando en mi manita.

    Ya vamos a llegar amor, me dice mi esposo, así que nos separamos amorosamente, acomodo mis leggins y el sus pantalones y su impermeable.

    Parte 2:

    ¿A donde va? Le pregunta mi marido al anciano.

    Él le contesta un lugar.

    -venga lo llevamos le dice.

    El viejo no sabe que decir, lo tomo de la mano para calmarlo, él se quita el impermeable y se quita su chamarra para cedérmela, yo le sonrío, lo tomo de la mano de nuevo y de vez en vez me recuesto en su hombro, mi marido saca la camioneta del edificio donde está su oficina, el señor se acomoda atrás y yo abro la portezuela delantera queriéndole darle lugar a mi esposo pero Raúl, mi esposo, me dice que me vaya atrás con nuestro invitado, sin chistar me coloco a lado de el, tratando de calentarme un poco sintiendo aun la humedad de su semen en la parte superior del leggin, platicamos de cualquier cosa, me dice que se llama Alberto, que trabaja de vigilante en un supermercado, que es casado y que tiene 76 años de edad!!

    Mi marido nos observa por el retrovisor sin decir nada, sigue manejando, poniendo atención en el camino, mientras yo cierro los ojos tratando de dormitar en el hombro de Alberto, el se recuesta en mi cabeza y toma mi mano yo observo a mi esposo, él ni cuenta se da, sigue manejado como si nada.

    La mano cálida de Alberto ahora se posa en mi muslo y yo empiezo a calentarme. Empiezo a desear con todas mis fuerzas volver a sentir en mi mano su tranca. ¡No puedo seguir así!… Vuelvo a mirar a mi marido y armándome de valor, estiro mi mano, atrapando descaradamente el pene de Alberto que ya luce majestuoso bajo el pantalón.

    Hábilmente desabrocho el pantalón, sin prisa, bajo la cremallera, meto la mano y siento la tibieza de sus testículos. Su fierro empieza a tomar forma. Siento cómo se va endureciendo. Me siento emocionada al estar haciendo esto en los bigotes de mi esposo. Alberto cierra los ojos y se relaja mientras yo le aprieto la macana como puta desesperada.

    De pronto, mi marido me ve por el espejo retrovisor, instintivamente suelto a Alberto quien también se queda a la expectativa, Raúl no dice nada, sube el retrovisor, prende la calefacción y continua atento al camino, entiendo el mensaje, lentamente me quito la chamarra y el top, me inclino, separando con cuidado las piernas de Alberto me acomodo en medio de ellas y coloco su enorme verga en medio de mis tetas y comienzo a frotarla, el empieza a gemir, la tomo y me la meto en la boca, le doy unas ricas lamidas, se las merece, a su edad y con tremenda verga!!… Él se dejaba llevar, casi sin poder respirar, me doy cuenta que Raúl guía el auto hacia la autopista y maneja lento.

    -Mhh… glmph… ¡¡¡mmhhh!!! –son mis gemidos chupando la verga de Alberto

    -¡Oooh diosss! Mi Rey!! ¡Argghh! ¡Dios mío que delicia!

    Dejo de chupársela, me quito los tenis y los leggins quedando desnuda completamente, igual ayudo a Alberto a desnudarse, Raúl disminuye la velocidad mientras me acomodo colocando mis piernas alrededor de su cintura Alberto me toma de la cabeza me atrae a su boca, mi boca pega con una masa de pelos, su barba, y sus labios chupan los míos… mi boca se abre, permitiendo la entrada de su lengua gorda y caliente… le chupo la lengua y nos besamos como un par de actores porno, de manera asquerosa… los dos estamos enfermos de lujuria y de morbo.

    Sus manos se mueven por mi espalda, luego buscan mi busto, abrazo su cabeza con mis brazos, devorando su boca, mamándole la lengua, rodeando su panza con mis piernas… me coloco su verga con mi manita a la entrada de mi vagina y empujo mis caderas sintiendo como su rica macana entra lentamente deslizándose rico mientras mi marido sigue manejando, mi inusual amante hace que me apoye en medio de los asientos delanteros del auto arqueando mi espalda, quedando mis senos apuntando a su cara. De inmediato entierra su cara peluda en mis pechos, lamiendo, mordisqueando, besando y chupándome los pezones…

    -¡Qué rico, siempre te había querido mamar unos melones así… Jóvenes… firmes… suavecitos

    -¡Mmmmh, Albertooo… aahh! -le digo, como puedo, ya en sus manos, no hay marcha atrás…

    Raúl detiene la camioneta y nos dice que nos hagamos hacia un lado por un momento, no me mira ni a Alberto, los dos nos abrazamos y nos besamos mientras Raúl repliega los asientos traseros de la lujosa camioneta haciendo un espacio considerable, después se vuelve a poner en marcha, como una chiquilla me paso hacia atrás mientras Alberto me sigue mas despacio, suavemente me tiende, me besa de nuevo, su panza pegada a mi fino estómago, empieza a bajar, deteniéndose un rato más en mis «melones», luego, prosigue su exquisito descenso hasta llegar a mi vagina restregando su cara contra mi sexo…

    -¡Aaay, Albertooo, así, así! -grito. Me lame y me mordisquea -Oooh, hazme tuya, qué ricooo…

    Ahora sus dedos invaden mi intimidad y de manera instintiva abro más mis piernas, para que juegue como quiera con mis genitales. Yo me mantengo con los ojos cerrados, sólo sintiendo oleada tras oleada de placer.

    Ahora siento a Alberto encima de mí, abro los ojos y hallo su mirada fija en la mía, las luces de la autopista son mudas testigos de nuestras miradas… su mirada destila deseo, entiendo el mensaje cierro los ojos y abro mi boca sin emitir ningún sonido… Alberto empieza a penetrarme .lentamente, poco a poco, avanzando un poco mas encada empellón, lenta y deliciosamente, abriéndose paso entre mis frágiles paredes, ensanchándolas… nunca había tenido adentro algo tan grande…

    -¿Te gusta, amor?, te gusta??

    -¡Sí, Albert… ooo… Oh, sí, humnn… Muerdo mi labio inferior mientras lo siento avanzar dentro de mi

    Rodeo su grueso cuello con mis brazos y me entrego a ese desenfrenado placer mórbido. Alberto hace que suba mas mis piernas y empieza a castigarme con más furia…

    -¡Ah, sí, ahhh te… Amo!

    – soy toda tuyahhh!

    Alberto transpira a chorros, le cuesta bombearme en esa posición, por lo que hago que se desprenda y lo acuesto amorosamente, me acomodo como puedo montando sus caderas

    -¡Oooh, qué bien se siente, qué delicia! -digo, cuando me la encajo completa, sintiendo algo inmenso trabado en mi pelvis, y como puedo empiezo a montarlo.

    -¡Aaah, ufff, muévete, así, rico mamacita! Chiquita hermosaaaaa…

    -¡ohh… Unggg me llamo Paolaaa… Le digo en mi paroxismo tendida sobre el sujetando con fuerza su cuello

    Ya acostumbrada a su verga en mi interior, mi cabalgata es frenética… Efectiva, nuestros quejidos jadeos y mis gritos llenan la camioneta, nos decimos de todo… me hace venir deliciosamente, poco después el explota dentro de mi sujetándome fuertemente casi aferrándose a mi cuerpo, como queriéndome fundir con el…

    El tiempo avanza, me desprendo lentamente, me acuesto, desnuda y cubierta de sudor al lado de el, y me adormezco, reposando mi cabecita contra su pecho, nos abrazamos jala su chamarra para cubrirnos, Paola dice suspirando… Raul retoma la ruta para llevarlo a su casa… No quiero llegar, me digo mientras suspiro acurrucándome en sus brazos.

    Continuará.

  • Mi novio me comparte con su amigo

    Mi novio me comparte con su amigo

    Este relato que les contaré pasó hace como 3 semanas, esto fue en diciembre para no hacérselos muy largo, yo tenía mucha ganas de coger porque tenía como 3 meses sin nada de sexo y como mi novio estuvo fueras pues me tenía que aguantar.

    El chiste es que cuando regreso le dije que cogiéramos y para eso él me dijo que un amigo de él tenía ganas de cogerme y le dije que lo pensaría que por el momento quería coger con el. Mi novio me dijo que fuéramos a su casa estaría solo y me preparé con un vestido cortito negro y una tanga de encaje roja.

    Ya estando en su casa cuando íbamos bajando las escaleras me agarró y me pego en la pared y nos empezamos a besar intensamente, luego sentí su pene bien duro y parado se lo empecé a agarrar luego bajamos a su cuarto y yo iba enfrente de él y me dijo “te tengo una sorpresa” y yo me quede nerviosa por un momento.

    Luego me abrazaron por atrás y empecé a sentir como me subía mi vestido, pero en ese momento yo pensaba que era mi novio hasta que escuché que mi novio le dice a su amigo “es tu momento cógela como nunca” y se me puso la piel chinita y a la vez me mojé demasiado.

    Me volteo su amigo y me empezó a besar luego me acostó y me dijo “disfruta”.

    Yo volví a ver a mi novio y le dije “estás seguro mi amor” y él dijo “si”.

    Ya después su amigo me dijo:

    Su amigo: esas nalgas necesitan unas cogidotas de otro pene bien rico

    Yo: dámelas que esperas

    Su amigo: empínate

    Me lo empezó a meter tan rico que yo soltaba unos gemidos muy duros y cada vez me daba más y más duro.

    Ya después le dije que le quería dar unos sentones y le empecé a brincar.

    Ya después de un rato le dije “ya me voy a venir ya no aguanto” y su amigo me dijo “yo igual “y sin avisarme me aventó toda su leche adentro y cuando lo saco se me empezó a escurrir.

  • Universitaria con el de la combi

    Universitaria con el de la combi

    Hola, esta es mi primera historia así que les cuento un poco sobre mí, actualmente tengo 20 años y soy de México, físicamente no me siento muy atractiva, pero tengo lo mío jaja, soy chaparrita, morena, ojos y cabello oscuros, un tamaño de pechos y de culo decente jaja, con muslos grandes eso si, eso para resumir, pero bueno espero que disfruten de mi relato.

    Ese día fue como cualquier otro, fui a la universidad, una qué está por Arboledas, estaba en el turno de la tarde, estudié, estuve con mis amigos y todo normal, pero como siempre estoy caliente 24/7 y para mí buena suerte mi maestro de las últimas 4 horas no se presentaría, quería ver a mi novio saliendo de la escuela, le mandé mensaje para vernos en un puente peatonal de por dónde vivíamos e ir a un motel para bajarme la calentura.

    Ese día fui vestida con una falda café de cuadros (tipo colegiala), corta, con una abertura atrás que llegaba a mis muslos y una blusa blanca, ese día no llevaba ropa interior ya qué traía puestas unas medias translúcidas negras, menos bra (ya qué no acostumbro usar porque es algo incómodo para mí), así que como se podrán imaginar, se podía ver todo mi pecho y también llevaba unas zapatillas formales.

    Me puse en camino, me dirigí a la parada y de paso le quise comprar una paleta a un señor que andaba por allí, que al final me la regaló por el taco de ojo que se dio.

    Bueno, tomé mi combi pero el señor me dijo que estaba lleno atrás, así que me tocaba ir con él al frente, entonces me senté junto a él, yo andaba normal, comiendo mi paleta lengüeteándola sin ver lo que estaba ocasionando, estaba tan en lo mío hasta que de repente sentí sus dedos rozando mis piernas, no le di importancia, pensé que no pasaría de eso, pero después empezó a poner sus manos descaradamente en mi muslo y lo empezaba a acariciar, al principio me asusté y por lo mismo solo me quedé mirando hasta que me dijo:

    -Mamacita, no te preocupes, el pasaje hoy corre por mi cuenta.

    Yo: No, gracias, prometo pagar todo.

    El: No mujercita, solo ve, si así te comes esa paleta, con tu lengüita debes hacer cosas maravillosas.

    Empezó a subir más su enorme mano y de un jalón rompió mis medias de la entrepierna.

    – Mira lo putita que eres, ni ropa interior traes.

    Yo estaba atónita y sin poder decir ni una sola palabra. Empezó a separar mis labios vaginales y a meterme dedo por dedo, los metía y sacaba hasta que empecé a mojarme y sonaba tan húmedo y delicioso, así que busco mi clítoris y empezó a hacerle con su dedo en forma circular hasta que no aguanté más y tuve un orgasmo de el cual él se dio cuenta. Al verme terminar se desabrochó su pantalón y sacó su enorme pene.

    -Empieza a mamarlo cómo le hacías con tu paleta putita.

    Yo no me pude resistir así que empecé a lamerle su cabeza en forma circular, mientras bajaba y subía mi lengua, me bajaba aún más a los testículos y los lamía mientras masturbaba su pene, todo esto mientras la gente de atrás pasaba sus pasajes sin saber lo que estaba pasando adelante. El morbo de que nos cacharan o un coche de a lado nos viera me ponía más cliente.

    Seguía mamándole la verga hasta dejarla toda mojada de saliva y empecé a sentir su palpitar de que ya se vendría en mi boca, y de repente uno, dos, tres, cuatro super chorros de semen me llenaron mi boca y solo me los pase sin hacer caras, subió mi rostro y me dio un fuerte beso. Seguimos el camino y empecé a notar como se desviaba y al voltear ya no había gente, se estacionó en una casa en una calle fea y sola y me pasó para atrás.

    Me tiro al piso de la camioneta y empezó a besarme y a quitarme la blusa con agresividad, yo solo gemía de lo más rico, vi como su pene volvió a agarrar de nuevo fuerza y tamaño y empezó a rozarlo con mi vulva, estaba tan mojada que solito entro.

    – ¿Quién te viera zorrita? tan apretadita que estás, se siente bien rico.

    -ahhh si, tu sigue dándome duro, soy tu zorrita (yo ya había perdido la cabeza de lo caliente qué estaba).

    Me daba tan rico, sus embestidas me llenaban de gloria, jamás había gemido tanto.

    Me volteo y puso mi mochila debajo de mi vientre para que mi culito se viera empinado, me la volvió a meter y se volvió loco, no tenía ni freno ni control, aprovechaba y cerraba mis piernas y mis músculos los apretaba para que el sintiera más rico, el empezó a gemir como un toro y me bombardeo tan rápido y salvaje, hasta que de repente sentí su lechita dentro de mi.

    Después de que terminará él se acomodó su ropa y a mí me dejó atrás tirada mientras trataba de arreglarme. Él se pasó adelante, y siguió manejando, pero yo aproveche para masturbarme y terminar como quería, me preguntó que en donde bajaba y le dije que en la «bandera de Tultitlán» (qué es donde me iba a ver con mi novio), me dejó ahí y mi novio ya me estaba esperando. Me dio un fuerte beso y me llevo directo al motel para poder seguir cogiendo, me excitaba tanto el saber que ya tenía semen de otro dentro mío que me vine varias veces esa noche.

    Y bueno hasta aquí llega mi primera historia, muchas gracias por leerme, estaré leyendo sus comentarios constructivos y sus correos. Besitos lectores.

  • Señora de la limpieza

    Señora de la limpieza

    En uno de mis empleos tenía que contratar una persona que realizara el aseo de la oficina.

    Después de varias entrevistas llegó una señora recomendada por un amigo que me dijo que ella era especial pero no había comprendido hasta el momento.

    El primer día que empezó a trabajar llego con una falda corta y un escote, la señora tenía un magnífico cuerpo y lo lucia muy bien, ella se agachaba y mostraba su enorme trasero y empecé a prestarle atención ya que lavando el baño se mojó la blusa que tenía y se le veían las tetas con los pezones bien parados, yo no sabía que decirle ya que tenía miedo de ofenderla, cuando terminó el aseo se sentó y me dijo que si se podía quedar un rato ya que había terminado si oficio antes del horario de salida.

    Empezamos a hablar y me contó que era soltera pero que tenía un novio que la celaba mucho, yo le dije que era porque ella era muy bonita y estaba muy buena, se empezó a reír y le dije q por qué no secaba la blusa que no se fuera a ir con ella mojada.

    Se la quitó y la puso a secar en el baño yo quedé paralizado viéndola con esos enormes senos, le dije que si no le daba pena y me dijo que yo le agradaba y que se sentía bien, yo estaba muy excitado y como jefe no le podía hacer ninguna insinuaciones ya que era acoso laboral.

    Me contó que el novio que tenía le gustaba estar encima de ella todo el tiempo y que era muy bien dotado y que a ella le gustaban grandes, me dio pena de pensar que viendo la mía iba a comparar.

    Cuando se le seco la blusa se la puso y se despidió para irse para su casa y yo excitado no la podía dejar ir así, le conté que ya llevaba varios días mi esposa de viaje y que no había tenido relaciones que si ella me podía masturbar para poder eyacular y así descansar.

    Me dijo que iba a hacer algo mejor y se agachó me saco el pene y empezó a chupármelo de una manera que nunca me lo había hecho, me dijo que no había visto un pene blanco así de grande (mi esposa me decía que se había enamorado de mí porque la tenía grande y que la sentía que le llenaba toda la vagina).

    Me la chupaba tan rico que no fui capaz de sacárselo de la boca y cuando estaba eyaculando le lo tragó completó.

    Quedó contratada.

  • Nunca lo imaginé de ella

    Nunca lo imaginé de ella

    Parecía desinteresada de la vida, nadie del grupo podía se la podía imaginar como algo sexi. Su ropa era muy formal, siempre de pantalón y blusas que no marcaban su figura ni su sensualidad, sumado a eso los cincuenta y pico que tenía y su supuesta soltería aumentaban los rumores de que se había retirado del mundo del sexo.

    Pertenecíamos a un grupo de trabajo del cual yo era su gerente, mis 35 años me habían dado un poco de experiencia y habilidad en el manejo del personal y conducir equipos de venta.

    Después de una reunión de empresa, un viernes a la noche, fuimos a cenar y a festejar los éxitos del último trimestre que habían sido extraordinario. Ella, Lilian, estaba con nosotros, pero como siempre parecía casi ausente.

    Las bromas y las risotadas no dejaban de sentirse permanentemente, los veinte integrantes de la mesa nos sentíamos exitosos y el buen vino abundante ayudaba a la alegría.

    Las bromas empezaron a llegarme por mi reciente soltería (hacia tres meses me había separado y vivía solo). Yo me reía y me acuerdo que en un momento exprese mi cansancio y que necesitaba un buen masaje para poder dormir bien, pero que me conformaba con volver a mi casa y disfrutar de mi cama. Ahora que hago memoria la vi a ella varias veces mirándome, pero no sospeche nada.

    Como a la una de la mañana informe que me retiraba y tres de la mesa, incluida ella, me pidieron que las llevara a sus hogares. Una por una fueron llevadas y cuando deje la última, suena el celular, veo que era Lilian que me dice:

    – Lo siento me deje mi cartera en tu auto y la necesito por que mañana temprano salgo de compras. Por favor traémela, lamento molestarte.

    Verifique que la cartera estaba en el asiento trasero y con algo de bronca le dije que me esperara en la puerta que enseguida estaría por allá.

    Cuando arribé a su domicilio debí tocar timbre porque no había hecho caso a esperarme afuera. Y allí cambio el mundo, o cambio mi imagen de ella. Me abrió la puerta y la vi con su camisón negro transparente, nada de ropa interior, maquillada, su pelo suelto e increíblemente deseable. M perturbo. La mire y apure el trámite de entregarle su pertenencia y trate de irme cuando me dice.

    – Prepare todo para el masaje que dijiste que necesitabas, no podés decir que no e irte.

    No pude responder nada. Me tomo de la mano y me llevo a su living donde había un gran colchón en el suelo lleno de almohadones, un aroma ambiental increíble y una música sensual, algo así como jazz caliente.

    Me hizo recostar, me desvistió muy suavemente y después de unos 20 minutos, más o menos de masajes en mi espalda, me puso dulcemente boca arriba, nuevamente la vi tan bella y sensual que me parecía mentira fuera la misma persona fría de la oficina.

    Empezó a tomar suavemente mi pene y sostenerlo entre sus manos, en un momento me dijo que le parecía hermoso y excitante. Primero se lo llevo a su boca y lo mojo bien con su saliva, después empezó a acariciarlo de forma fantástica, casi mágica, con sus manos. Comenzó a masturbarme con un ritmo perfecto, suave, muy femenino. Empecé a sentir una gran erección, mucho placer.

    En un momento quise acercarme a su boca y a sus pechos para besarla y saborear esos pezones fantásticos, pero me retiro y me dijo que eso viene después.

    Seguía masturbándome y cuando ya casi terminaba y pensé que llegaría mi eyaculación, se detuvo y me presiono con su mano la base mi pene que latía a mas no poder. Me calme, pasaron uno o dos minutos y comenzó con su accionar de nuevo, hasta que empecé a sentir que terminaría y ella de nuevo contuvo mi leche y así repitió esta práctica cuatro o cinco veces. Al final mi cadera se movía de un lado a otro, mi corazón parecía que explotaba, casi pidiendo por favor le dije que quería terminar y llenarla con mi semen.

    Fue la mayor acabada de mi vida, no paraba de salir mi semen caliente, salpique su cara y su pelo, ella seguía, ahora con más fuerza y velocidad moviendo de arriba para abajo hasta que no pude más y quedé derrotado tirado en medio de almohadones llenos de mis jugos.

    Se retiró un momento y volvió con un lienzo mojado con agua tibia y me higienizo, me cubrió con una sábana y me invito a descansar.

    Habrán pasado 20 minutos o más, abrí los ojos y la veo a mi lado totalmente desnuda, no pude resistir la tentación de comenzar a besarla y a lamer todo su cuerpo. Comenzó a emitir quejaditos de placer que se hacían cada vez más profundos, sus ojos cerrados, su cabeza tirada para atrás con su cuerpo arqueado levantando su vientre del colchón me invitaron a sumergirme en su hermosa vagina depilada cuyo exquisito aroma y sabor me sorprendieron.

    Yo amaba el hecho de que sintiera placer y me lo demostrara. Su primer orgasmo fue con mi boca, mi lengua que no podía parar y sus muslos apretándome, sus gemidos, sus gritos… un paraíso.

    Me puse boca arriba y ella me monto, comenzamos con movimientos suaves, mi boca llena con sus pechos. Y si, fue allí, que hizo un beso de Singapur que nos llevó a terminar juntos, cada uno con profundos orgasmos que nos sacudían, nuestras bocas juntas. Estuvo abrazada a mí un largo rato y cada tanto tenía como espasmos que parecían réplicas de lo vivido.

    Desayunamos juntos. Me fui. Y nunca, pero nunca me permitió hablar del tema y mucho menos que se repitiera.

  • Me entregué al jefe de mi marido (parte 1)

    Me entregué al jefe de mi marido (parte 1)

    Hola gente linda, aquí Nina y esta es otra de mis tantas aventuras o travesuras como gusten llamarlas era la primera fiesta del trabajo de mi esposo. Me di cuenta de que era importante para él, así que quería vestirme para impresionar. Elegí un vestido rojo envolvente que se ata alrededor del cuello, luego cubre la parte delantera de mi cuerpo, con una espalda muy baja y terminando a la mitad del muslo.

    Era el tipo de vestido con el que simplemente no puedes usar ropa interior, así que no lo hice. Usar este vestido les permitió balancearse a mis tetas bajo el material casi transparente del vestido cuando caminaba, lo cual es increíblemente sexy y definitivamente hace que la habitación se dé cuenta.

    Llegamos a la casa del jefe de mi marido y la fiesta estaba en marcha.

    Después de las presentaciones iniciales a su jefe, que se llama Carlos, y varios compañeros de trabajo el comenzó a platicar con ellos en la sala mientras yo me apartaba un poco me recargué sobre la parte posterior de una barra que estaba en un rincón de la sala a tomar un trago mientras disfrutaba viendo a la gente divertirse en la fiesta.

    Después de unos 15 minutos, Carlos se deslizó a mi lado y comenzó a charlar conmigo con su brazo casualmente sobre mi hombro. Mientras hablábamos, dejó que su brazo se deslizara hasta mi cintura y luego, gradualmente, se deslizara hacia mi culito. Me di cuenta, pero no reaccioné, ya que quería impresionarlo y posiblemente ayudar a marido a posicionarse mejor en su trabajo. Carlos tomó esto como un estímulo y comenzó a apretar suavemente mis nalgas mientras continuábamos con nuestra pequeña charla.

    Minutos más tarde, Carlos discretamente deslizó su mano hacia mi cintura… Pero no se detuvo allí. Su mano continuó hasta el costado de mi vestido y se deslizó adentro, acariciando el costado de mi seno derecho. Nuevamente, no reaccioné y tomándolo como un estímulo, comenzó a masajear mi teta derecha, tirando ocasionalmente del pezón, que lo estaba poniendo rígido y sensible, y haciendo que los jugos fluyeran entre mis piernas.

    Continuamos nuestra pequeña charla, mientras la mano de Carlos hacía su magia en mi teta. Después de unos minutos de esto, sacó su mano del costado de mi vestido y la movió hacia la parte de atrás de mi vestido, y mientras seguíamos parados a un lado, charlando y mirando la fiesta a nuestro alrededor, metió la mano debajo de mi vestido y encontró mi coño goteando.

    Después de frotar los bordes de los labios de mi vulva durante un minuto o dos, deslizó 2 dedos en mi vulva mojada. Comenzó a acariciarlos lentamente dentro y fuera de mi coño, lo que hizo que nuestra pequeña charla fuera mucho más desafiante, y nuestro intento de parecer dos observadores casuales de la fiesta era casi imposible. Pero lo estábamos logrando hasta el momento, ya que nadie parecía prestarnos atención mientras nos parábamos a un lado, sonriendo y «charlando».

    Busqué a mi esposo entre la multitud de la fiesta y lo vi disfrutando y sonriendo ampliamente mientras continuaba interactuando con sus compañeros de trabajo. Nuestros ojos se encontraron brevemente y levantamos nuestras respectivas copas en un saludo virtual para dejarnos saber que estábamos bien y disfrutando el volvió rápidamente a socializar y yo volví a disfrutar la sensación de los dos dedos de Carlos deslizándose dentro y fuera de mi coño empapado.

    Después de unos minutos de esto, encontró mi clítoris con uno de sus dedos y comenzó a frotarlo metódicamente. Casi me caigo, mientras la sensación sacudía mi cuerpo, haciéndome difícil mantenerme en pie. Pero me quedé ahí sonriendo y “charlando”, mientras el continuaba con su atención en mi clítoris. Casi imperceptiblemente, aceleró el paso y en cuestión de segundos sentí que un orgasmo me atravesaba el cuerpo.

    La mano de Carlos todavía ocupada entre mis piernas, me ayudó a sostenerme y cerré los ojos brevemente para disfrutar del clímax. Rápidamente los volví a abrir y tomé otro sorbo de mi bebida para continuar con nuestra farsa de «charla», mientras los jugos de mi coño se filtraban por el costado de mi pierna y el desaceleró su frotamiento, antes de quitar su mano de mi coño empapado.

    Mientras tomaba el último sorbo de vino que quedaba en mi copa, Carlos sugirió que nos refrescáramos y que diéramos una vuelta por la fiesta para no generar sospechas de nadie y cuando nuestras bebidas se terminaran de nuevo regresáramos al bar para seguir charlando. Estuve de acuerdo, y caminamos alrededor de la multitud de la fiesta, yo con las piernas temblorosas caminé un rato por toda la sala, regresamos nuevamente y nos paramos detrás de la barra húmeda donde estaba el vino y otros licores.

    La barra estaba casi a la altura de mis pechos Incluso con los tacones puestos, lo cual me dejaba recargarme sobre ella, escondiendo toda la parte de bajo de mi vestido a los de más y mis tetas quedaban bastante visibles para cualquiera que mirara en nuestra dirección y que perdieran atención de cualquier otra cosa que pasara por ahí.

    Justo en ese momento una compañera de mi marido se acercó y nos preguntó si podíamos servirle una copa de vino blanco. Carlos dijo «por supuesto… Te traeré un vaso del armario superior». Estaba directamente detrás de mí, y cuando se inclinó hacia adelante y se estiró justo por encima de mi cabeza para tomar la copa de vino, sentí una enorme presencia restregándomela en mi culo, con muy poco esfuerzo, se deslizó fácilmente en mi coño sin bragas y me di cuenta de inmediato de que Carlos estaba usando el movimiento de alcanzar la copa para calentarme con su enorme erección. Me las arreglé para mantener mis codos en el mostrador de la barra y mi sonrisa en su lugar.

    Carlos tomó el vaso del armario superior, me lo entregó y se quedó en silencio detrás de mí, con su enorme polla todavía contra mi culito, mientras yo servía el vaso de vino.

    Después nos quedamos en esta posición relativamente benigna mientras Carlos, todavía un poco detrás de mí, deslizó lentamente mi vestido para meter su verga dentro de mi coño empapado. Para el observador casual, solo estábamos mirando al grupo de fiesteros y bebiendo nuestras bebidas. Pero detrás de la barra húmeda, la rígida verga de Carlos estaba llenando las paredes de mi coño y golpeándolo por dentro lentamente, bajo su mano me tomo por la cintura y la introdujo por un lado del vestido buscando tocar mi clítoris, lo cual lo logro, con su otra mano señalaba a la fiesta sosteniendo su trago para disimular, yo podía sentir la construcción de un orgasmo, y tuve que luchar contra el impulso de acelerar el ritmo y retroceder en sus suaves embestidas.

    En unos pocos segundos, un clímax estaba explotando nuevamente a través de mi cuerpo, enviando sensaciones de hormigueo a través de mi torso y alcanzando las puntas de mis pezones. Una vez más, mis rodillas se tambalearon, pero esta vez fui sostenida por la enorme verga de Carlos y sus continuas y lentas embestidas desde atrás.

    Mientras disfrutaba de los efectos secundarios de mi orgasmo, sentí que Carlos empujó suavemente su enorme verga profundamente en mi coño goteante y la mantuvo allí mientras disparaba su caliente corrida dentro de mí. Empujó cuatro veces más, manteniendo cada embestida durante unos segundos, mientras vaciaba toda su leche dentro de mi.

    Aun así, mantuvimos nuestra fachada de charlar y observar a la gente, conmigo apoyando los codos en la barra del bar y Carlos parado ligeramente detrás de mí, ambos bebiendo nuestras bebidas y sonriendo.

    Cuando terminó de descargar su semen en mí, pude sentir que su enorme polla comenzaba a ablandarse y salía de mi coño. Cuando salió de mí, pude sentir nuestros jugos goteando de mi coño al suelo entre mis piernas. Discretamente derramé mi bebida a mis pies, luego tomé algunas servilletas de la parte superior de la barra y me agaché detrás de la barra para limpiarla. Mientras estaba inclinado, comencé a limpiar el vino, así como el desorden que había goteado de mi coño. Mientras me limpiaba, vi por primera vez la enorme verga de Carlos ¡¡era enorme!! Incluso flácido, tenía fácilmente unos 18 cm. de largo y era extremadamente grueso. Acerqué rápidamente mis labios y mi lengua para lamerlo y limpiarlo de nuestros jugos, luego lo acaricié suavemente con mi mano mientras sacaba hasta la última gota de su semen. Finalmente, le di un beso rápido en la cabeza de su verga y luego lo deslicé dentro de sus pantalones y subí su cierre.

    Tiré las toallas de papel en el bote de basura detrás de la barra húmeda y luego me puse de pie junto a él, donde ambos reanudamos nuestra posición natural de ver la fiesta y «charlar». La fiesta continuó, sin siquiera darse cuenta de nosotros, ni de la cita que habíamos emprendido, y con besos en las mejillas, todos se fueron a casa esa noche sin saber nada.

    Si llegaste al final y quieres saber cómo continuo la historia deja tu valoración y comenta.

  • Una semana muy romántica en un crucero

    Una semana muy romántica en un crucero

    De Barcelona a Atenas de Crucero nos fuimos,

    en biblioteca, piscina y salón de baile comparecimos.

    En las veladas en cubierta observando el cielo estrellado,

    estás muy hermosa con ese pareo y el pelo mojado.

     

    Le echaste el ojo a una azafata mulata,

    de sus pechos, cachas y muslos te empeñaste en hacer una cata.

    Sus grandes ojos negros y sus labios carnosos te humedecen el higo,

    le guiñas un ojo dándole a entender que quieres montar un trío conmigo.

     

    De madrugada no hay nadie en la popa,

    quedamos sobre las dos, por esa zona, para darle estopa.

    Marga, la azafata, nos llega con un bikini blanco,

    Sonia, mi mujer, la recibe con un piquito y abrazándola por un flanco.

     

    Mientras de pie, Sonia, la magrea y le da un beso sincero,

    yo me siento en el suelo y a Marga le lamo el trasero.

    Le succiono bien la almeja color café con labios rosados,

    y tres piercings en forma de aro en su clítoris y raja, bien adosados.

     

    Sonia le trabaja orejas, cuello, pezones y ombligo,

    yo me centro en pantorrillas, muslos, ojete y almeja; sus caldos mendigo.

    Ya le llega la flojera, el cuerpo se le estremece, le tiembla,

    apoya sus cachas sobre mi cara y de caldos viscosos la siembra.

     

    Me recuesto sobre una hamaca y la invito a montarme,

    Marga se coloca sobre mí, mirando hacia Sonia y comienza a follarme.

    Mi esposa no pierde un segundo en lamer almeja y chorizo,

    chupetea y succiona con furia, parece estar bajo un hechizo.

     

    Me corro, zumbando fuerte el chumino de Marga,

    llenando sus entrañas de una buena descarga.

    Me desacoplo y al poco, va saliendo mi lechada,

    aquel bollo de chocolate regado de nata, mi mujer se lo zampa y queda encantada.

     

    En aquella semana de Crucero Marga, Sonia y un servidor,

    repetimos la historia, en muchos lugares, hasta en un vestidor.

    Nos hicimos tan íntimos que un día ya en tierra,

    Marga nos presentó a su mulato, que a mi esposa puso muy perra.