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  • Con un actor turco

    Con un actor turco

    Mi querido Robert solo tú me haces desear querer tener sexo con un hombre hasta que caiga agotada de tanto placer, solo quiero que sea tu lengua la que se junte con la mía, quiero que tus manos estén por todo mi cuerpo y en cualquier lugar, deseo que seas el dueño de mi cuerpo y que tomes lo que es tuyo. Tú me haces querer cosas que hace años no he querido y es que voy a serte sincera, ningún hombre te supera en belleza, con tu hermosura haces palidecer hasta a los mismos ángeles.

    Estas eran las palabras que me repetía a mi misma hasta que se me dio la oportunidad de conocer a mi rey Robert.

    Mi Robert era un actor de novelas de televisión, mayormente actuaba en novelas románticas, yo estaba cautivada con él desde la primera vez que lo vi actuar, trabajaba en novelas turcas, su país natal era Venezuela, se fue a vivir a Turquía porque en ese sitio tenía muy buenas ofertas laborales.

    Ese viernes me entere de que él vendría a Argentina a dar un concierto, pues, además de ser actor era un maravilloso cantante. No espere ni un minuto más y saque unas entradas para ir a ver a mi hombre soñado en primera fila.

    Luego pasaron los días hasta que llego lo que tanto estaba esperando, cuando ingrese al lugar me di cuenta de que estaba repleto de gente en especial de mujeres así que yo pensé que era imposible que él fijara sus ojos en mí, cuando apareció Robert tan guapo como siempre todo el público femenino empezó a gritar de alegría.

    Él dio las gracias a todos los presentes por asistir y en un momento su mirada se cruzó con la mía y la profundidad de sus ojos oscuros me hizo derretir por dentro, luego empezó a cantar y me llevo a un viaje donde solo existía su voz.

    El recital duro 2 horas y cuando ya hubo terminado apenas pude me acerque a Robert.

    -Hola señorita- me dijo él con una gran sonrisa.

    -Hola soy fanática de ti y de tus novelas- le respondí yo dándole un gran abrazo, me abrazo con fuerza y luego de unos minutos nos separamos.

    -Es un placer para mí tener una admiradora tan bella.

    -El placer es mío al haberte podido conocer a ti ¿me darías tu autógrafo?

    -Claro ¿tienes papel?

    -Si- le respondí y le tendí una hoja.

    -Ahora falta el bolígrafo -dijo el.

    -No recordé ese pequeño detalle.

    -Está bien, no te preocupes, acompañame a mi camarín ahí tengo un bolígrafo- fue su respuesta final, me tomo de la mano y nos fuimos.

    No podía creer que todo esto me esté sucediendo a mí.

    Ingresamos a su habitación, él fue hacia su escritorio y mi mirada se posó durante unos minutos en su cama, tuve unos pensamientos lujuriosos respecto a que me encantaría ser penetrada por ese hombre ahora mismo y esto hizo que ya una humedad aparezca en el medio de mis piernas.

    -Aquí tienes- me dijo tendiéndome el papel, en él había escrito su nombre y también decía: para la más hermosa.

    -Muchas gracias- le respondí, ya estaba a punto de irme cuando Robert me detuvo.

    -Dime ¿cuál de mis novelas te gusta más?- su pregunta me sorprendió, pero aun así se la respondí.

    -La primera me ha encantado y la última es mi favorita.

    -¿Alguna escena en especial?

    -Cuando rescatas a tu prometida, esa escena es tan romántica y tú te ves muy heroico en ella y muy- no termine de decir la palabra.

    -¿Muy?- me preguntó acercándose lentamente a mí.

    -Guapo- le confesé al fin.

    Él se acercó hasta que nuestras caras estuvieron a centímetros de distancia y pude ver de muy cerca su barba negra.

    -Todas las mujeres alguna vez en su vida deben ser rescatas- me dijo en un susurro.

    Me abrazo de la cintura con sus musculosos brazos y su boca se fundió con la mía.

    Mis pensamientos más prudentes me decían que me aleje de él, que apenas lo conocía, pero decidí no hacerles caso y entregarme a este hombre con el cual venía teniendo sueños eróticos y que ahora me estaba sosteniendo de mi cintura y me besaba tan apasionadamente uniendo su lengua con la mía.

    Cuando separo sus labios de los míos yo le dije: -Hazme tuya, mi rey Robert- en voz bajita en su oído, el bajo sus manos hasta mis nalgas donde las tomó con fuerza y empezó a lamber mi cuello con mucha sensualidad hasta me mordió un poco dejándome una bonita marca.

    Dejo de tocarme las nalgas y se dedicó a desnudarme lentamente, sus manos trabajaron con mucha humedad en mi cuerpo cuando quedó desnudo, me tocaba con lujuria y suavidad a la vez, él me manoseaba como nunca lo había hecho nadie.

    Yo separe mis piernas y el busco la zona de mi vulva con sus manos.

    Apoyo la palma de su mano masculina en mi vagina y pudo sentir lo mojada que estaba.

    -Que bonita humedad- murmuro.

    -Tú eres la causa- le respondí con un gemido cuando él empezó a frotar su palma contra mi concha, yo abrí más mis piernas y empece a hacer movimientos con mi pelvis hacia adelante hasta que sentí su dedo penetrándome.

    Mire hacia abajo y vi que ya tenía dos de sus dedos introducidos dentro de mí, pero luego hizo un solo movimiento y los metió tan al fondo que sus dedos desaparecieron en el interior de mi concha, fue como si mi vagina se los hubiese tragado, luego me dio un beso apasionado con mucha más lengua que el anterior y empezó a mover sus dedos con mucho frenesí ahogando mis gemidos con su lengua.

    Baje con mis manos hacia su pantalón y entre nuestros besos con lengua y la estimulación que estaba recibiendo se lo pude quitar, luego él se quitó el bóxer y pude ver finalmente el maravilloso miembro de mi rey Robert, me quedé hipnotizada ante la hermosura de esa verga, no hay palabras para describirla, Robert tenía una pija morena como el color de su piel, sin ningún pelo, muy gruesa (la más gruesa que he visto) y poseía una bonita cabeza color rosa que se elevaba ante mí para que yo la acaricie con mis labios vaginales.

    Cuando saco sus dedos de mi interior yo aún tenía la vista fija en su pene.

    -Es hermoso- le dije.

    -Es para darte mucho placer.

    -Yo también le daré placer- fue mi respuesta final y me puse de rodillas ante Robert, cuando tome su miembro entre mis manos pareció que se volvía más grueso y la cabeza de su verga me pareció más apetitosa que nunca hasta tal punto que le di un suave beso mezclado con mucha saliva.

    Le escupí en la hermosa cabeza de su verga y luego le pase mi lengua en esa zona con movimientos circulares, después fui bajando, me costó un poco chupársela a lo largo de la misma por lo gruesa que era apenas me entraba entera en la boca. Mire a Robert directamente a sus ojos y vi su cara transformada totalmente por el máximo placer, sacaba su lengua con sensualidad y se la pasaba por su boca hasta se mordía un poco los labios y me miraba, esas miradas encendidas en lujuria me animaron a chuparla mucho más rápido y a olvidarme por completo del grosor.

    Él me tomo suavemente del cabello y empujo su pelvis contra mí haciendo que su verga me tocara la garganta, le di unas lambidas muy profundas durante unos minutos, lo volví a mirar a los ojos y él estaba mordiéndose sus labios de esa manera que tanto me enloquecía, después me saque su miembro de mi boca y salió completamente mojado por mi saliva.

    Se desnudó y al final pude ver sus maravillosos músculos sin nada de ropa debajo, era mucho más hermoso de lo que yo siempre me lo había imaginado, se acostó en la cama con su miembro grueso apuntando hacia arriba esperando que yo siente.

    No pude esperar más y finalmente me acosté en la cama junto con él o mejor dicho encima de Robert, mi pene y su vagina se encontraron y se unieron al instante como si llevaran mucho tiempo buscando esta unión.

    Quede al frente de él y empecé a saltar para que mis tetas se movieran con cada embestida, lo mire y su cara demostraba tanto placer como cuando se la estaba chupando, me tomo fuerte de mi trasero y me empezó a dar nalgadas a la vez que se inclinó hacia adelante para atrapar con su boca mis senos.

    Mis nalgas se iban poniendo cada vez más rojas a causa de sus manos y luego él me hizo cambiar de posición quedando de espaldas, me acosté sobre Robert y a la vez hice movimientos con mi pelvis hacia adelante, me lleve mi mano a la vulva para empezar a frotármela y él me tomo de mis senos con fuerza.

    Duramos en esta posición tan deliciosa hasta que sentí que él ya estaba por eyacular y decidí que era un buen momento para entregarle mi trasero a este hombre tan bello.

    Me puse en cuatro abriéndome el culo con ambas de mis manos.

    -Follame- susurre con un hilo de voz.

    Su verga gruesa no se hizo de esperar y al instante la tenía dentro de mí, me penetro con un solo movimiento y estuvo unos segundos sin moverse, luego me empezó a embestir suavemente hasta que aumento la velocidad agarrándome de mi cintura.

    Los movimientos circulares que hice con mis nalgas cuando él me estaba embistiendo ayudo a que eyaculara mucho más rápido, sentí mi culo inundado de semen, luego él sacó su verga y al resto de lo que quedaba lo derramó en mi rostro y una buena parte en mis pechos.

    Se acostó completamente agotado y me invito a estar en sus brazos, acepte su invitación.

    -Gracias- le dije.

    -¿Por qué?- me pregunto.

    -Por hacerme sentir mujer luego de tantos años sin sentirme así, por esta noche maravillosa que siempre recordaré.

    Su respuesta fue un beso profundo con un poco de mordida.

    -Mañana tengo el día libre ¿quieres ir conmigo a tomar un café?

    -Me encantaría- le respondí.

  • Hotwife travesura matutina

    Hotwife travesura matutina

    Fue un día normal de oficina, llegamos y empezamos a trabajar juntos como todos los días, pero ese día yo estaba especialmente caliente.

    El empezó a escribirme por el chat detalles de la oficina y cosas diarias sin embargo empezamos a cachondear y empezó a subir de tono la plática, yo empecé a excitarme mucho y a sentir que necesitaba acción, siempre habíamos fantaseado con escaparnos un día por la mañana a hacer alguna travesura o fantasía con un tercero, incluso a estrenar un motel cercano.

    Y cuando ya no podía más, ese día necesitaba vivir algo así intenso y fuerte, quería probar que podía hacer un trio con alguien de forma repentina y casual y tomé yo la decisión le propuse a nuestro amigo sexual jajaja hacer algo, sin embargo no podía en ese momento.

    Y entonces pensé en un conocido de la página que podría funcionar para la travesura ese día.

    Quise ser intrépida y pensé por qué no proponerlo yo, entre al chat estaba conectado, lo salude y de inmediato le propuse hacerlo en un motel los tres y de manera repentina le dije que nos viéramos en media hora en un punto medio cerca del motel para entrar.

    El accedió de inmediato y solo acordamos el horario y el lugar y listo.

    Salimos los dos rumbo al lugar él ya iba muy excitado y me toco en el camino, yo me sentía nerviosa porque no sabría si podría hacerlo así de improviso y con alguien desconocido, pero era más mi curiosidad las ganas de experimentar y la calentura que tenía en ese momento y que deseaba bajármela a como diera lugar.

    Llegamos al lugar lo esperamos un poco, mi esposo se metió en la cajuela y yo entre con en el carro.

    Entramos y yo me sentía nerviosa y a este amigo lo veía igual, llegamos a la habitación y mi esposo empezó acariciarme él estaba sentado en un sillón frente a nosotros y miraba la escena, luego me senté entre los dos y todo empezó, me acariciaban empezaron a quitarme la ropa lo primero que abordaron fueron mis tetas y poco después empezaron a acariciarme la pucha, fue subiendo de tono y vinieron los besos, el amigo me besaba con mucho ímpetu con pasión y eso me fue encendiendo más o y más, luego me acostó mi esposo en la cama el cual disfrutaba del espectáculo y empezó a darme un oral rico, brusco pero hizo venir deliciosamente.

    Luego se vino como una ola de besos, arremetidas entre ambos que me hacían sentir bastante puta, como si me hubieran contratado para un servicio.

    En la cama hubo un momento en que mi esposo se recostó a jalársela mientras contemplada como me tenía en cuatro, fue un momento excitante, luego me subí a montar a mi marido hasta hacerlo venir muy rápidamente pero abundante y luego ya escurrida y mojada me volvieron a meter la otra verga, nuevamente en cuatro con arremetidas fuerte e incluso dolorosas, pero al final se vino abundante y supongo que rico por los pocos gemidos que dio.

    Mi esposo contemplo todo como un espectador y como si estuviera viendo algún video o película porno disfrutando el espectáculo.

    Al final mi esposo me abrazo nos metimos a bañar ya que hacía mucho calor y estábamos empapados en sudor y el cómplice nos contempló detrás del cancel.

    Salimos nos vestimos, solo me puse el sostén y el vestido, la tanga fue imposible estaba empapada me fui así sin nada debajo.

    Él también se bañó salió se vistió y nos preparamos para salir del lugar.

    Él se subió a mi carro de la misma forma que llegamos y salimos hacia un estacionamiento cercano en donde se bajó nos despedimos y ya mi esposo se fue en el asiento del copiloto jajaja y como teníamos aun tiempo pasamos a un tienda departamental a comprarme una tanga nueva lista para estrenarla.

    Y regresamos a trabajar después de la escapada, bastante cansados y satisfechos ambos, de haber hecho la travesura.

  • En Burgos hasta las piedras son Nacionales

    En Burgos hasta las piedras son Nacionales

    Soy Candela, una chica catalana de 26 años. Soy más bien bajita (mido 1,60), delgada y de tez blanca. Tengo el cabello largo lacio y castaño y siempre recogido con una coleta, los ojos marrones, los labios carnosos y llevo gafas. Soy muy femenina pero muy sencilla y discreta en mi manera de vestir. No me gusta el maquillaje, y odio la vulgaridad y enseñar carne. En cuanto a mi personalidad, soy muy introvertida, solitaria y tímida, obviamente mi autismo influye mucho en ello. Soy bisexual con preferencia a las mujeres.

    Es principios de octubre. Me he cogido todo un mes de vacaciones que tenía acumulado en mi trabajo y, a través de una agencia, he podido permitirme reservar una escapada de una semana por Castilla y León, uno de estos packs económicos de viaje que incluye alojamientos en uno o varios hoteles u hostales, comidas, excursiones, transporte, etc. y en los que siempre vas con un grupo de gente.

    Siempre me ha llamado mucho la atención el norte de España, tal vez más que el sur. Su clima, su historia, la gran cantidad de monumentos… En mi opinión, poco o nada que envidiar al sur. Con el tiempo, me he vuelto una obsesionada con visitar iglesias, basílicas, catedrales, museos con esculturas religiosas… Así como también con la religión, la historia (sobre todo medieval) y el arte. Es uno de mis intereses restringidos de persona autista. Cuando empiezas a adentrarte, te das cuenta de la gran importancia de la religión como base de nuestra historia y de nuestra cultura. Por muy atea que llegue a ser la sociedad, este hecho es innegable.

    El primer día salimos en autocar de la Estació del Nord de Barcelona rumbo a las profundidades de Castilla la Vieja. Primera parada, Ávila. Segunda parada, Segovia y su impresionante acueducto romano. Tercera parada, Soria. En todas las pequeñas ciudades, magníficas catedrales y museos. Cuarta parada… ¡Burgos!

    Es ya el tercer día del viaje. Antes de llegar a Burgos, paramos en el municipio de Quintanilla de Vivar, en especial en la pedanía de Vivar del Cid, el lugar de nacimiento de uno de los más memorables héroes de la historia medieval del país, el contexto de la Reconquista: Rodrigo Díaz de Vivar, apodado como «El Cid Campeador». Una vez en Burgos, nos alojamos al hostal que nos corresponde y visitamos la catedral. Realmente espectacular ya una vez entrar en ella, donde se encuentra la sepultura del Cid, seguida de sus capillas, ya sea con retablos representando episodios bíblicos o vidas y martirios de santos o con figuras de Jesucristo en diferentes momentos de su vida con María, San José, sus discípulos y demás personajes bíblicos, de vírgenes, de santos y de ángeles, el maravilloso coro y las escaleras decorativas. Toda una belleza para mis ojos, todo un goce para mis insaciables ansias de conocimiento.

    Al mediodía, vamos a comer al hostal. Después tenemos la tarde libre para visitar más lugares de interés por nuestra cuenta. Cada uno se va por su lado. Yo decido darme una vuelta por la ciudad y visitar el museo. Sus esculturas religiosas románicas, góticas, renacentistas y barrocas de talla policromada o de mármol, sus retablos, tabernáculos y cuadros con escenas bíblicas, sus demás reliquias… Necesito saber el significado de todo lo que veo. Sé lo que significan casi todas las representaciones, aunque algunas no y me veo con la necesidad de buscar información con el teléfono móvil. Tanto es así, que me quedo sin batería. Entre una cosa y la hora, me paso unas cuatro horas visitando el museo. No me puedo ir sin visitarlo todo ni, sobre todo, sin saber lo que significa todo lo que veo. Es una especie de obsesión que tengo. Hasta que, sin darme cuenta, ya ha anochecido y son los seguratas los que me tienen que empezar a «echar» del museo porque ya es la hora de cerrar. Yo acabando de visitar el museo y los trabajadores y seguratas del museo detrás de mí. Escucho algunas risitas, han debido de alucinar conmigo y de mi extraña y maniática manera de visitar el museo. ¡Qué agobio y qué vergüenza, joder! No es la primera ni la segunda vez que me sucede eso en un museo. Por suerte, es justamente cuando cierran cuando termino de mirarlo todo a lujo de detalles.

    Es negra noche. Como todos nos hemos ido por nuestra cuenta, me encuentro sola. Voy a darme una vuelta larga. Me he perdido por Burgos. Sin saber cómo ni por qué, he ido a parar a las afueras de la pequeña ciudad. Es muy tarde. Y muy oscuro. Me he quedado sin batería en el móvil. Tengo frío. No llevo nada más ni nada menos que una camiseta rosa de manga corta, una falda tejana azul pastel hasta las rodillas, unas sandalias negras de plataforma y un pequeño bolso marrón claro con el monedero y el teléfono dentro. Me desespero y empiezo a sentir ansiedad.

    Apenas se vislumbra un chispa de luz más allá del alumbrado público y no se escucha un solo decibelio hasta que me acerco a una finca con una casa de dos plantas y de fachada antigua rodeada de un vasto terreno repartido entre campos de cultivo y una granja. Puedo escuchar de fondo sonidos de animales. A través de las ventanas protegidas con enrejados, puedo ver cómo están casi todas las luces de la casa encendidas. Mi olfato se activa. Empiezo a sentir un delicioso olor a caldo de jamón serrano, a huevos fritos a carne de ternera y de cerdo, por lo que deduzco que están cocinando y comiendo en abundancia. No he merendado nada y siento vacío el estómago. Se me hace la boca agua. Conforme me acerco, escucho con más intensidad los ladridos de un perro y un televisor encendido de fondo y una gruesa voz femenina riendo a carcajadas y hablando por teléfono a grito pelado.

    –Tía, ayer fui a aquella tienda de la que te hablé y quise comprarme unos sujetadores en forma de top y unas bragas en forma de culotte. Joder, no pude comprar nada, porque lo que hay, gorda como soy y con las tetazas y el culazo que me gasto, es que lo reviento al estrenarlo de lo pequeño que es.

    –¡Sí, sí! El mercadillo dominical es un buen sitio donde se puede encontrar con más facilidad ropa interior de todas las tallas y hecha en España, nada de los chinos ni demás multinacionales globalistas.

    Y continúan hablando de trivialidades.

    –Buah, es que me tienen hasta el gorro los putos pijos de los vecinos, todo el día quejándose! ¡Que si vivo en sociedad, que si hago ruido, que deje de poner himnos «fiscistis» –pronuncia esta palabra de este modo y en tono de burla– a tope de volumen, que si me ponga cascos, que si baje la voz cuando me cabreo y hablo sola o cuando hablo por teléfono, que si mi Franco ladra muy fuerte… ¡Pues no me sale del coño! Mi voz y mi sentido del oído son los que son y no los pienso cambiar por nadie y no pienso vivir en silencio, y menos por ellos. Yo también tengo que soportar su música trapera y reggaetonera de mierda mientras intento descansar y dormirme, currando sin parar como curro y estudiando sin parar a distancia como estudio, algo que dudo mucho que hagan ellos. Yo llevo viviendo aquí toda la vida y además en una casa de mi propiedad, ellos unos pocos años. ¡Que no me vengan poniendo normas los señoritos estos de barrio rico del centro de Madrid!

    Esta mujer tiene un tono de voz fuerte, grave y rudo. Se escucha también el ruido de platos y cubiertos y de pasos arriba y abajo a taconeo limpio y, de fondo, un televisor con el volumen bastante alto con las noticias puestas. Concretamente, entre el barullo, logro entender algunas noticias: robos a mano armada en el centro de Barcelona, la situación del «procés» de independencia de Cataluña y manifestaciones en apoyo a los presos de ETA.

    Escucho esa voz, gritando con desdén mientras habla por teléfono:

    –Perdona, tía, perdona… Estoy con la televisión puesta con las noticias. Por una vez que la enciendo, porque paso con la mierda que dan, ya que todo es telebasura actualmente… ¿Lo oyes, no, lo que dicen? Exacto, eso mismo, veo que estás enterada tú también. ¡Menudos hijos de la gran puta! ¡Es que debería resurgir otro Franco! ¡O, todavía mejor, deberíamos volver a los tiempos de Don Pelayo, del Cid y de las Cruzadas! Bueno, el Alzamiento también fue una Cruzada. ¡Otro Alzamiento deberíamos tener, hostia puta!

    Acto seguido escucho un fuerte golpe, lo que interpreto que puede ser un golpe de puño propinado por ella misma en una mesa o pared, fruto de la ira.

    –¡Todo gracias al Perro Sánchez de los cojones y a los gobiernos de mierda que hemos tenido pasada la Transición! ¡Esto con nuestro Caudillo no pasaba! ¡José Antonio o Franco levantaran cabeza… Sí, sí, sí, tía… Y tanto, y tanto… ¡Yo entraría al Congreso de los Diputados y la liaría muy parda con todos los desgraciados que tenemos en el Gobierno dentro! ¿Cómo? ¿A lo Tejero? ¡Qué coño a lo Tejero! ¡Si fue un completo fracaso, por Dios! ¡Liarla más gorda aún, tía! ¿Cómo? ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Hostia, me lo has quitado de la boca! ¡Qué genia eres! ¡Totalmente! ¡Me haría con el poder y sería la Caudilla de España por la Gracia de Dios! ¡Se van a cagar por las patas las Charos feministas! ¡Bien que aprenderían de empoderamiento puro y duro, no sus chiringuitos y demás mierdas victimistas en las que basan su empoderamiento, que muy odiahombres y lesbianas pero luego bien que se arriman al primer maromo con dinero que les regala un poco los oídos… ¡Menudas lagartas! Tanto ellas como los guarros izquierdosos mucho que se llenan la boca de igualdad de género, de clase obrera y demás, pero bien que pretendan fardar de intelectuales con sus putos humitos subidos de titulitis y clasismo. ¡Después salen al mundo y la vida les pega unas hostias a mano abierta que salen escaldados! Se nota que en sus puñeteras vidas han doblado el lomo a trabajar ni incluso hincado los codos a estudiar de verdad como yo he tenido que hacer para salir adelante sola desde los quince años, a raíz de lo que les hicieron a mis padres… ¡Valientes hijos de puta asesinos, la ETA…! ¡Qué ansias de revancha tengo!

    Puedo escuchar como propina otro sonoro golpe, fruto de la ira. Escuchando esta parte de la conversación, logro entender la razón por la que esta mujer es como es y piensa como piensa

    Y continúa conversando por teléfono con su amiga en unos términos violentos sobre lo que haría contra el gobierno actual y todos los partidos izquierdistas, contra grupos extra parlamentarios antifascistas, comunistas y anarquistas, también contra los partidos derechistas liberal capitalistas globalistas (Vox incluido), contra la «masónica, corrupta y antiespañola» monarquía actual de los Borbones y que viva los Reyes Católicos y Don Carlos, el único Borbón decente, según ella. Conociendo bastante la ideologías falangista y franquista (sobre todo a inicios de la dictadura, antes de abrir España al mundo transcurrida la Segunda Guerra Mundial, claro está), entiendo que deteste la derecha del sistema tanto como la izquierda. Después se pone a hablar de que hoy mismo empieza a hacer vacaciones de quince días y como ha transcurrido su semana haciendo trabajos como labrar las tierras, dar de comer a los animales de la granja, ordeñar vacas, ir de caza, de pesca, reparar maquinaria estropeada… Y de que viva la autarquía. Por lo que logro deducir, esta mujer trabaja en los campos de cultivo y en la granja de esta finca. No es por decir, pero, por lo que escucho, se trata de una mujer de carácter fuerte y muy hecha y derecha.

    Llevo unos cinco minutos escondida en un rincón escuchando con interés su conversación telefónica. Suena muy convincente con sus ideas. Sin todavía haberla visto, solo habiéndola escuchado, hay algo que me engancha en esa mujer. Tal vez por esa noble intención que tengo de hallar el dolor y un fondo sensible en una persona enfadada con el mundo y aparentemente tan ruda y al mismo tiempo ese interés morboso hacia todo lo que huele a fascistoide. Hasta que de repente, siento un estirón en mi cabello, concretamente en mi coleta. Me doy un susto de muerte. Volteo la cabeza y veo a un hombre y a una mujer con pintas de drogadictos rodeándome, cuchillo en mano.

    –¡Danos todo el dinero, tarjetas de crédito y objetos de valor que tengas! ¡YA!! –me grita al oído el hombre, mientras me tapa la boca con una mano– si no, tendrás tu castigo, ¡niñata!

    Con la misma mano que me ha tapado la boca, me agarra fuertemente de mis delicadas muñecas, mientras que con la otra sostiene un cuchillo y unas bridas en una mano. Acto seguido, me pone la zancadilla, caigo al suelo de rodillas y empieza a atarme las muñecas y tobillos con las bridas.

    Empiezo a llorar y a gritar, oponiendo resistencia.

    –¡AAAAHHH! ¡AYUDA, POR FAVOR! –grito con todas mis fuerzas.

    De repente, siento una mano tapando mi boca con violencia y un frío cuchillo amenazador delante de mi cuello.

    –Cierra la boca, zorra –me dice la mujer drogadicta en un tono de ultratumba.

    Entonces, un silencio sepulcral reina en la finca, pero en cuestión de segundos, escucho unos rápidos taconeos descendiendo unas escaleras hasta que, de repente, se abre la puerta, junto con muchas luces de la fachada.

    Entre las luces de la calle, vislumbro la voluptuosa figura de la mujer cuya conversación he estado escuchando muy atentamente dirigiéndose al lugar donde me encuentro retenida. Es realmente alta (le pondría algo más de 1,85, aunque con el calzado que lleva, más de 1,90), gordita y bien proporcionada, de piel muy blanca y de cabello negro azabache natural, una lacia y bravía melena larga que quita el sentido. Tiene un precioso rostro de facciones toscas, con unas mejillas bien mofletonas y sonrojadas, unos ojos café oscuro achinados y lleva gafas.

    –¡Eh! ¿Quién anda ahí? –grita, porra extensible en mano y con semblante de perdonavidas.

    A juzgar por la edad, la situaría en la treintena. Estoy realmente alucinando con el atractivo y tan conocido atuendo que viste: una boina roja, una camisa azul con un yugo y unas flechas bordados en rojo, una insignia de la bandera blanca con las aspas rojas de Borgoña y unas condecoraciones plateadas de la Legión Española y de las cruces de las Órdenes de Malta, del Temple, del Santo Sepulcro, de Santiago y de Calatrava, una falda negra larga hasta las rodillas con un cinturón negro bien grande, ancho y con una gruesa hebilla, un cinturón que podría ser perfectamente de hombre y que ciñe la prenda a las abundantes carnes de su hermoso cuerpo al mismo tiempo que sostiene una pequeña pistola de caza y una porra extensible en su cintura, y unas botas negras altas de cuero, plataforma y tacón ancho. Una estética, a mis ojos, paramilitar y sexy al mismo tiempo. Exactamente la misma que la de las mujeres de la Sección Femenina de Falange. Aunque en actitud todo lo contrario a los valores del siglo pasado en cuanto a la mujer y a lo que siempre he escuchado hablar sobre la Sección Femenina y sobre las mujeres de esa cuerda política todavía hoy en día. De mujer sumisa, CERO al cubo. No es por decir, pero absolutamente NADA que envidiar a las feministas actuales. ¡Cielo Santo, qué mujer! ¡Menuda amazona! Exactamente mi concretísimo prototipo de mujer… Con lo que me cuesta encontrar a una mujer tal y como me atraen. ¿Estoy soñando?

    Transcurridos unos segundos, se percata del panorama y, porra abierta en mano, se abalanza contra mis agresores.

    –¡COBARDES HIJOS DE PUTA! ¿De qué coño vais? ¡Dejadla en paz, YA! –grita, furiosa. Inmediatamente, se dirige al hombre, que continúa atándome con las bridas, al que golpea con la porra.

    Acto seguido, le propina una fuerte patada en la entrepierna con una de sus botazas negras de plataforma y taconazo hasta que el hombre suelta un fuerte grito y cae al suelo.

    –¡Aaaahhh! ¡Zorra fascista, hija de puta! ¡Esto no se va a quedar así! –grita el hombre, retorciéndose en el suelo de dolor en la entrepierna.

    –¡Así aprenderás, por mariconazo y poco hombre! –grita ella misma– ¡Ahora levántate y camina, a ver si hay huevos, nunca mejor dicho! ¡Levántate si no quieres que te pasee a rastras por todo Burgos agarrándote de los huevos! ¡VENGA! ¡Que no tengo toda la noche para esperar! –grita furiosa.

    Acto seguido, se abalanza a la mujer.

    –¡Quita tus asquerosas manos de encima de la chica, zorra psicópata farlopera! –grita al al oído de la mujer que me está hiriendo el cuello con un cuchillo, cogiéndola bien fuerte del cuello con sus manazas y ahogándola, hasta que la empuja y, una vez cae al suelo, la golpea con la porra y la patea con sus botazas de plataforma a taconazo limpio.

    El hombre logra levantarse y se acerca intentando abalanzarse a ella para agredirla a puñetazos.

    –¡Eh! ¿Qué te crees que haces? ¡Las manos quietas, nenaza! –responde ella iracundamente y acto seguido le propina un puñetazo en la mejilla y un fuerte porrazo en la espalda.

    La mujer drogadicta que me ha agredido arranca a correr a duras penas y el hombre va tras ella con todavía más dificultad.

    –¡Puta zorra de mierda! –grita el hombre.

    –¡Esto no se va a quedar así, puta ballena! –grita la mujer drogadicta.

    –¡Uy, sí! ¡Qué miedo que tengo! ¡Mirad como tiemblo! ¡No sabéis con quién habéis dado! ¡Solo sabéis cacarear, cobardes! ¡Hahahaha! ¡¡Menudo espectáculo! ¡Sobre todo tú, tío! ¡Sí, corre, corre! ¡Intenta correr ahora! ¡A ver si te quedas sin descendencia, hijo de puta! –grita, burlándose con desdén– Conmigo aquí a escoria como vosotros no os va a faltar calle para correr, no! Esto es lo que tiene atacar a alguien más débil que no os ha hecho nada… ¡Cobardes hijos de puta! ¡A falta de acción por parte de la mierda de Fuerzas de Seguridad que tenemos actualmente, debo tomarme la justicia por mis propias manos!

    Me encuentro todavía sentada en el suelo, temblando del frío y del miedo, con la frente empapada en sudor frío, llorando del dolor, paralizada del impacto, sangrando por las rodillas y por el cuello del corte que me ha hecho la mala pécora drogadicta y todavía atada con las bridas. De repente, mi bella heroína se acerca rápidamente a mí, se agacha, me toma de las muñecas y después de los tobillos y, sin necesidad de ningún utensilio y haciendo fuerza con sus grandes manos, logra desasirme de las bridas en cuestión de segundos. Tiene una fuerza descomunal esta mujer.

    Una vez librada de las bridas, me toma de las dos manos y me ayuda a levantarme del suelo. Una vez de pie, me abraza, a lo que yo, sin duda alguna, le correspondo. Me encuentro llorando entre sus brazos y con la cabeza casi tocando sus grandes pechos.

    –¡Ya está, ya está… Calma, calma… –me dice, en un tono esta vez suave, mientras me acaricia la espalda y me besa la frente– Son unos hijos de puta desalmados.

    –¡Te agradezco muchísimo, de veras! Si no hubiera sido por ti… No sé qué me hubiese pasado… Aunque lamento… Lamento haberte metido en líos con esta gentuza –le digo, temblando, entre lágrimas y con la respiración agitada.

    –No te preocupes, de veras. No me has metido en ningún lío. Estoy más que curtida y muy hecha a estas situaciones. Se lo han buscado a pulso y se lo merecen los muy desgraciados. ¡Así aprenderán! He hecho lo que debo hacer como patriota de bien. Defender al pueblo y limpiar nuestra sociedad de escoria. Ante la inacción policial, lo considero mi loable deber –me responde, mirándome fijamente a los ojos.

    Yo estoy en silencio, mirándola a sus preciosos ojos achinados detrás de sus grandes gafas rectangulares y negras y sin saber bien qué responder. Su largo cabello negro azabache… Es tan y tan hermosa…

    La miro sonriendo tímidamente, sin saber bien qué decir. En un instante dado, siento como me toma de mi fría y delicada mano derecha y la pone entre sus dos manazas para templármela.

    –¡Qué fría estás, chica! ¡Estás destemplada! ¡Qué manos más heladas tienes! –me dice– Es que además tienes cara de frío y el cuerpo destemplado por lo que he notado al abrazarte. Vas muy desabrigada para andar por Burgos ya en estas fechas ¿No eres de por aquí, ¿verdad? –me pregunta con interés.

    –No. Soy… Soy catalana –digo con algo de dificultad por temor a su reacción al saber que soy catalana– Estoy… De escapada por Castilla y León… Me he perdido… Quiero regresar al hostal… Que no recuerdo ni el nombre… –le digo, todavía temblando y ansiosa.

    –A ver. En primer lugar, mantén la calma. Ya está, estamos tú y yo, no temas –me dice, acariciándome suavemente la mano.

    –Es que he pasado tan mal rato… Nunca me había pasado algo así… No estoy hecha a esas cosas… No soy como tú… No sé cómo defenderme… Es que… Quiero regresar al hostal y quiero… –le digo, ansiosa y temblando sin cesar.

    Me toma la mano y me la acaricia, al mismo tiempo que el cabello con su otra mano

    –A ver. Inspira…

    –Inspiro…

    –Espira…

    –Espiro…

    Y así unas cuantas veces hasta que consigo recuperar la calma. Su rostro. Su mirada. Su bravía y larga cabellera negra azabache, brillando a la luz de las farolas y de la luna llena. Sus grandes pechos despuntando por debajo de su camisa azul. Su profunda voz calmándome, esta vez en un tono suave y discretamente sensual. La mera contemplación de su belleza provoca en mí que en un instante dado me palpite el corazón, un ligero escalofrío y un cálido brillo de ojos y rubor de mejillas.

    Ella misma reanuda la conversación.

    –Ya lo pensé que eras catalana. Tienes un acento muy catalufo, con perdón –me responde ella misma– No tengo ningún problema con vosotros ni con el catalán. Todo lo contrario. Es más, los catalanes sois tan españoles como nosotros los castellanos, los andaluces… El problema lo tengo con los separatas, que es diferente.

    –Hmmm… No… No soy independentista…

    Balbuceo un poco. Realmente no sé qué más responderle. Nunca he tratado con una persona de su ideología ni con unas circunstancias duras como las suyas, por lo que he podido escuchar mientras conversaba por teléfono. No sé bien cómo responder a sus afirmaciones relacionadas con posicionamientos políticos y considero que debo de ir con sumo cuidado.

    –Por cierto, ¿cómo te llamas? –me pregunta, rompiendo el incómodo silencio.

    –C… Candela. Me… Me llamo Candela. ¿Tú?

    – ¡Qué nombre más precioso tienes! Por lo que sé, es un nombre latino que tiene origen en el episodio bíblico de la Candelaria y significa «luz».

    –Sí, sí. La celebración de los cuarenta días posteriores a la Natividad y de la presentación de Jesús al Templo.

    –¡Así es! ¡Cómo sabes sobre el tema!

    –Sí, soy una apasionada de estas cosas.

    Me mira, asintiendo con una sonrisa.

    –Por cierto, yo me llamo Guiomar. Mucho gusto.

    –El gusto es mío. Guiomar… ¡Qué nombre más precioso! Recuerdo haber leído este nombre en una lectura obligatoria en la ESO, una preciosa novela llamada Cordeluna, que, por cierto, me encantó. Una maldición que conecta una historia de amor en tiempos de la Edad Media con otra de nuestra época.

    –Muchas gracias. ¡Sí! También la leí yo cuando era adolescente. Una historia de amor entre un caballero y una dama en los gloriosos tiempos del Cid. Cordeluna, la espada maldita. Es un nombre de raíz germana que significa «famosa en el combate». Casualmente, un nombre que define mucho mi personalidad –me responde.

    –Sí, un nombre de mujer guerrera –asiento yo, con un fino hilo de voz y ruborizada.

    –Exactamente. ¡Guerrera por la justicia, el pan, la patria y una España grande y libre! –exclama Guiomar, en un tono aguerrido.

    No sé qué responder. Continúa hablando.

    –Tan joven como eres, me sorprende mucho que no hayas tenido ninguna reacción negativa o no me hayas mirado extraño al ver mi atuendo. Sabes lo qué significa todo eso y entiendes de política, ¿verdad? –dice Guiomar, pasando su mano por la camisa azul, las insignias y los pins.

    –Sí, sí que lo sé. Claro que lo sé y que tengo idea de política. Pero no me importa, de veras.

    –¿Qué edad tienes por cierto?

    –Tengo 26 años. ¿Tú?

    –Yo 35. Te hacía más jovencita.

    –Sí, todo el mundo me hace más joven. No sé… –sonrío tímidamente– En cambio yo ya te ponía más o menos 35.

    –Sí, ya no estoy tan joven yo… En fin.¿Quieres que te acompañe al hostal? Conozco todos los hostales de aquí. O… Bueno, aunque sea de noche, es pronto aún –se levanta el dobladillo de la manga izquierda y mira su reloj de muñeca– Son solo las nueve. Te invito a pasar a mi casa un rato y después te acompaño al hostal –me dice, mientras me tiende la mano, y me la toma.

    –¿De veras no te importa? –pregunto, comedida, mientras caminamos de la mano dirigiéndonos a su finca.

    –¡Descuida! Vivo sola –toma las llaves, abre la puerta y entramos– Pasa, pasa, que no como a nadie… Bueno, a menos que se lo merezca, como ese par de escoria… Pero en general, no como a nadie, al contrario de lo que juzgan muchos que me conocen de vista solo por mis ideas y mis pintas. Eres bien recibida en mi casa –dice Guiomar, sonriendo.

    Así es que entramos en su casa. Pasamos por el recibidor y el pasillo. Se trata de una vivienda sencilla, sin lujos. Eso sí, con bastante parafernalia españolista, militar (legionaria, sobre todo), falangista y franquista: banderas, fotos, pancartas políticas, etc. Sobre todo muchas fotos de las mujeres de la Sección Femenina de la Falange vistiendo con el mismo atuendo que ella. Y no precisamente siendo amas de casa ni sumisas como siempre me había creído, sino en campamentos, haciendo deporte, desfilando militarmente, haciendo de profesoras, de enfermeras… Conforme caminamos, el delicioso olor a comida se intensifica más. Llegamos al salón comedor, cuya mesa puedo ver preparada con un viejo mantel de cuadros, una cacerola bien grande, una hogaza de pan de pueblo cortado a rebanadas, un jamón bien grande de pata negra y una cuña de queso manchego ya cortado en el centro y en los lados, ya todo preparada para ella cenar.

    –Mira, esta es mi casa, de mi propiedad. Nada del otro mundo.

    –Una buena casa para vivir en una buena zona. Además, se ve cómoda –respondo, mientras sirve un plato hondo y otro plano, un vaso, una servilleta de tela y un par de cubiertos más y los deja en la mesa.

    –Ven, siéntate –me dice, tomándome de la mano y señalándome una silla en la mesa del comedor, justo la que se encuentra delante de los platos y cubiertos que acaba de dejar.

    Nos sentamos las dos. Se sirve la comida en los platos. Un delicioso cocido: caldo de jamón serrano, fideos, garbanzos, patatas, zanahorias, chorizo y morcilla. Se nota que es una mujer amante de la comida cien por cien de origen español y en abundancia. Sus abundantes curvas ya me lo dicen mucho.

    –Venga, come tú también, que se nota que tienes hambre y que no has cenado nada, que te escucho el estómago rugiendo desde lejos. Y además estás congelada. Te va a ir bien un buen cocido, así entras en calor.

    –Bueno, gracias… Muchas gracias –digo tímidamente. La verdad es que no he cenado todavía y tengo mucha hambre.

    Me sirve un buen plato de cocido. Empezamos a comer. Sabe realmente delicioso. Mujer todoterreno. Igual labra y cultiva tierras, igual caza y pesca, igual se encarga de una granja, igual te repara cualquier cosa, igual se lía a palos con delincuentes para defenderte, igual cocina, etc. Ella sola. Y todo de fábula.

    –¿Está bueno? –me pregunta, tocándome la mano con delicadeza.

    –¡Delicioso! –respondo, con un gesto de aprobación.

    –¿Es que lo ves? En cocinar no me gana nadie. Y bien, Candela… ¿Qué le ha traído a hacer una escapada por las profundas Castillas a una catalana de pura cepa como tú?

    –Estoy de vacaciones en mi trabajo y estoy haciendo una escapada de unos diez días y visitamos todas las provincias, cada día una diferente. Hoy hemos pasado por Burgos y mañana continuamos nuestra ruta. Es de estas escapadas que salen en pack ahorro y te vas con un grupo de gente. Siempre he deseado visitar Castilla y León. Por la mañana hemos pasado por la pedanía de Vivar del Cid, nos hemos alojado en el hostal y hemos visitado la Catedral. Después de comer en el hostal, hemos tenido toda la tarde libre cada uno por nuestra cuenta y yo he decidido visitar la iglesia y el museo. He terminado tarde y de noche, he decidido dar una vuelta por la ciudad para así estirar un poco las piernas, finalmente me he perdido y he sufrido este altercado, del que me has salvado –le explico.

    –Interesante, interesante –dice Guiomar– ¿Y te está gustando Castilla y León? El paisaje, las iglesias, las catedrales, los edificios… ¡Precioso todo! ¡No puedo estar más orgullosa de mi tierra!

    –¡Me está encantando! Adoro visitar catedrales, iglesias, museos y demás edificios y monumentos, especialmente medievales y de carácter religioso. Me interesan muchísimo la religión, la historia, el arte…

    –¡A mi también me apasionan en sobremanera estos temas! Es que además son cosas que van muy ligadas entre sí, empezando por la religión. Sin religión, no hay historia, no hay arte, no hay belleza, no hay cultura ni hay NADA –dice, en un tono de voz apasionado– Eso explica la falta de gracia en las infraestructuras capitalistas y comunistas. Como decía José Antonio, son ideologías que son las dos caras de la misma moneda, ya que la base de ambas es el materialismo.

    Entonces, va fluyendo entre las dos una interesante conversación sobre diferentes temas: religión, historia, arte, política… Sí, es una persona con su visión del mundo y de la vida muy influida por su ideología y que a muchas afirmaciones que hace prefiero mantenerme en silencio porque no sé cómo responderle (y más suponiendo ya sus razones para pensar así), pero a la vez se nota que es una persona culta, leída y con estudios y que no presume de ello. Vamos de tema en tema hasta que nos adentramos un poco más en lo personal: nuestras familias y trabajos. De su familia, me explica que sus padres eran ambos legionarios y que fueron víctimas de un atentado en masa perpetrado por la ETA a principios de los 2000, siendo ella adolescente. De cómo de duro fue ese golpe en su vida, sobre todo al enterarse de la desgracia, y de lo que ha tenido que espabilarse estudiando y trabajando desde los quince años para continuar el negocio familiar de agricultura, ganadería, caza y pesca y salir adelante ella dos sola, algo que le ha obligado a madurar de golpe. Yo también le hablo sobre mi trabajo y sobre las penas y alegrías de mi vida y de mi familia.

    Escuchando como me explica la desgarradora pérdida de sus padres, presencio como conmigo consigue abrir su corazón, aparentemente tan duro, hasta el punto de acabar llorando de pena e impotencia y yo abrazándola. Es en ese momento cuando, en parte, entiendo cuál es el motivo que hay detrás de sus ideas políticas y de su enfado con el mundo. Es increíble lo que hace el dolor en las personas.

    Durante la intensa conversación, nos hemos escuchado mirándonos con interés por conocernos, con cariño. Es increíble como hemos logrado conectar en tan poco tiempo. A medida que la conversación avanza, más interesada estoy en ella y en conocerla más, a pesar de sus defectos. Con sus blancos, sus grises y sus negros. Mirando sus preciosos ojos achinados y cafés oscuros y su cabellera larga y negra azabache que quitan el sentido, abrazándola cuando abre sus más profundos sentimientos conmigo, me enamoro más y más. En un instante dado, se hace un sosegado silencio, hasta que ella lo rompe.

    –¿Y eres una persona de muchos amigos, Candela? ¿Te gusta salir de fiesta y esas cosas que tanto gustan a la gente más joven? –me pregunta, dispuesta a escucharme con interés.

    –¡Qué va! Casi no tengo amistades. Literalmente contadísimas. Soy una persona muy cerrada. Y salir de fiesta no me gusta tampoco, y menos sabiendo todo lo que se mueve hoy en día. Drogas, promiscuidad… Como más lejos, mejor.

    –Bueno, conforme la gente se hace mayor cada uno hace su camino. Yo tampoco soy de amistades, contadísimas también. Mi mejor amiga, con la que estaba hablando por teléfono hace un rato y a la que quiero mucho por todo lo que me ha apoyado durante estos años y por haber estado siempre a mi lado cuando he estado psicológicamente en la mierda y poco más. Muy bien que haces, de verdad. Es increíble lo perdida que está la juventud hoy en día. Alucino muchísimo. Yo con 15 años ya estaba compaginando estudios con trabajo. Y ahora ves a chavales adolescentes y también jóvenes drogándose, desnudándose y prostituyéndose por internet, delinquiendo, sin ni siquiera tener la ESO (y con la mierda que es el sistema educativo actual vamos a peor, gracias al Perro Sánchez), pasando de todo… Da pena, muchísima pena.

    –Tienes toda la razón. Así mismo lo veo yo. El panorama es desolador. No quiero ni imaginar cómo serán muchos adolescentes de hoy cuando sean adultos. Y sí, no puede ser más cierto lo que dices, al fin y al cabo todos vamos a lo nuestro y conocidos muchos, pero amigos uno o dos y gracias.

    –Contra menos gente en la vida de uno, mejor. La gente ya adulta que dice que tiene muchos amigos no es de fiar… –pone las manos en su grande cintura– Uffff… Hace rato que estoy algo incómoda… Me aprieta un poco la falda…

    Se levanta de la silla, se desabrocha la cinturonazo y se baja la falda negra, cayendo esta al suelo. Unas braguitas de tela negra en forma de culotte, bien apretadas a sus colosales y preciosas nalgas. Sus piernas y sus muslos bien blancos, grandes y fuertes. Además, unas piernas bien largas. Sus botas altas negras de cuero, plataforma y tacón ancho, a juego con su hermosa cabellera larga y negra azabache. Además, sin perder ese aire paramilitar de tía dura, con boina roja y su camisa azul abotonada con el yugo y las flechas bordados en rojo y las insignias y pins con la bandera carlista y los emblemas de la Legión Española y de las órdenes católicas militares del Temple, del Santo Sepulcro, de Malta, de Santiago y de Calatrava. La observo, con mucho disimulo. Intento disimular mi mirada de deseo, pero me cuesta. Por un momento, nuestras miradas se cruzan y me regala una mirada y una sonrisa entre cariñosas y pícaras. Tengo la sensación de que se ha percatado de mi deseo hacia ella y de que no le disgusta en absoluto. Lentamente, mis latidos se aceleran, mis mejillas se ruborizan, mis pechos se endurecen y me tiemblan las extremidades. Mi cuerpo empieza a reaccionar. Empiezo a sentir fuertemente como se abre en canal ese dulce y húmedo calor dentro de mí. Me muerdo instintivamente el labio inferior.

    Acto seguido, vuelve a sentarse. Me doy cuenta de como acerca discretamente la silla hacia mí. Pone su mano encima de la mía. Ella misma rompe de nuevo el silencio.

    –Pues mira, yo soy como Pilar Primo de Rivera.

    –Hmmm… ¿En qué sentido? –le pregunto tímidamente.

    –En todos. Sobre todo en uno en concreto: no tengo ni nunca he tenido pareja. Me cuesta reconocerlo, pero muy en el fondo deseo que en mi vida llegue el amor, algo que va escaso en este mundo de tanta falsedad, por desgracia –deja ir un suspiro– ¿Y tú? ¿Tienes pareja? ¿Novio? –me pregunta, con interés.

    Empiezo a ponerme algo tensa. Ella lo nota.

    –No, que va. Nunca he tenido pareja. Y sí, yo también deseo que llegue el verdadero amor a mi vida, algo muy difícil hoy en día como tú muy bien has dicho.

    –¿De verdad? ¿Con lo preciosa, inteligente y buena que eres? –me dice, mientras me acaricia suavemente el cabello y la mejilla– ¡Si eres un ángel caído del cielo! ¡Sí, hombre! No me creo que no hayas tenido suerte.

    Mientras me acaricia, siento una intensa palpitación en mi corazón.

    –De verdad, no, nunca. Es que soy una chica muy tímida…

    –Pero… ¿A ti te gustan los hombres? ¿O… las mujeres? Sé ver muy bien la diferencia entre la que es lesbiana o bisexual de verdad y la que solo dice serlo por odiahombres y notoriedad, que lo sepas.

    Mientras me habla, continua acariciándome el cabello y la mejilla y lentamente se acerca más a mí. Con su otra mano, me acaricia las manos. Me observa con una mirada que podría interpretar como ya más allá del cariño. Una mirada seductora y de deseo. La verdad es que, dentro de su sensual tono de voz, habla con seriedad y sin frivolizar con nada, por lo que está completamente lúcida. No ha bebido una cantidad de alcohol nada fuera de lo razonable. Ya me ha dicho que sabe medir muy bien donde está el límite con la bebida. Es plenamente consciente de todo. Además, ha comido bien copiosamente, que estas abundantes curvas no pasen hambre.

    –Hmmm… No acostumbro a hablar mucho de eso, ya que lo llevo y siempre lo he llevado con gran discreción… En fin… Sí, me gustan las mujeres… Soy… Soy bisexual… Me gustan más las mujeres.

    –Y… ¿Cómo te gustan las mujeres? –me pregunta en un tono seductor, mientras continúa acariciándome.

    –Pues… –estoy ruborizadísima y mi cuerpo reacciona con más intensidad.

    No me da tiempo a responder. Me besa en los labios, a lo que yo le correspondo. Empezamos a besarnos lentamente. Nos acercamos más y más estando las dos sentadas. Ella continúa acariciando mi cabello y mis mejillas y mis delicadas manos empiezan también a recorrer la ruborizada y caliente piel de sus mejillas y su indómita cabellera negra azabache, que me acerco discretamente a mi olfato. Me siento en el séptimo cielo.

    –Eres hermosa… Que labios tienes más carnosos… Que piel y que cabello más suave… Y que manos más delicadas tienes… Estás muy buena… Te deseo… De verdad… Te amo… Quiero que seas mía… A mí también me gustan las mujeres… Bueno, no… Me gustas tú… Solo tú –me dice, entre beso y beso.

    Empezamos a besarnos con más intensidad. Por encima de mi camiseta rosa, sus manazas empiezan a recorrer mi esbelta cintura, mis pechos y mis pezones, bien endurecidos. Mis manos también recorren su abundante cintura, su opulente barriga y sus grandes pechos por encima de la camisa azul y todas las patriotas y militares insignias.

    –Bffff… Que hermosa eres… Que buena estás… Estás tremenda… Te deseo… Mucho, mucho, mucho… Desde… Desde el primer momento que te he visto… Que mirada tan profunda y sensual… Que cabello… Negro, como una preciosa noche como esta… Que curvas…

    Nos levantamos y continuamos besándonos abrazadas. Guiomar tiene que agacharse mucho para alcanzar mis labios, dada nuestra diferencia de altura. Nos acariciamos la cintura, la espalda y las nalgas. Le amaso esas grandes y preciosas nalgas que tiene como si no hubiera un mañana, por encima y por debajo de sus ardientes braguitas negras, a través de las cuales puedo palpar el deseo que ella que ella también siente por mí. Muy húmedas. Siento también sus manazas pasando delicadamente por debajo de mi falda y amasando también mis pequeñas nalgas por encima y por debajo de mis braguitas. Me desabrocha la falda y me la baja lentamente hasta que cae al suelo. Nuestros besos siguen una escala cromática que va del rosa pastel al púrpura.

    Transcurridos unos minutos, me toma en brazos y empieza a caminar, llevándome hasta donde ella desee. Continuamos besándonos como si no hubiera un mañana. Sentir el roce de sus grandes pechos debajo de su camisa azul con los míos debajo de mi camiseta rosa y escuchar el taconeo de sus sexys botas me excita todavía más. Llegamos a su habitación, no muy grande ni muy pequeña, también con bastante parafernalia nacionalista, falangista y franquista. No puedo evitar sentirme algo extraña al principio, pero el deseo y el morbo pueden más que otra cosa.

    Me tumba a su cama con suma delicadeza, mirando al techo.

    –Relájate, cariño… –me dice, con seductora voz.

    Se agacha encima de mí, rodeando mi cuerpo entre sus brazos y sus piernas. Me quita la camiseta dejándome completamente en ropa interior y me toma de mis delicadísimas muñecas con sus grandes manos, dominándome dulcemente, haciéndome presa de su voluptuosidad. Nos besamos con suma intensidad y le acaricio el cabello. Continuamos besándonos.

    Sus ardientes labios empiezan a descender muy lentamente de mis labios a mi cuello, de mi cuello a mis pechos, acariciando y besando mi piel. Me desabrocha y me quita muy lentamente el sujetador negro. Su rostro cae rendido en mis pechos. Con sus labios, su nariz y su lengua recorre con suma delicadeza mis endurecidos pezones, hasta succionarlos. Mmmmm…

    Acto seguido, sus manos se posan en mi cintura. A base de besos y caricias, sus ardientes labios descienden lentamente por mi estómago y por mi vientre… Hasta llegar a mi húmeda rosa del amor. No sin antes acariciar y besar sensualmente mis delgados muslos, mis piernas y mis delicados pies. Se vuelve hacia mi rostro, con una ardiente y seductora mirada en sus ojos achinados y muy ruborizada.

    –Te deseo… Cariño… Eres hermosa… –me dice en un tono de voz sensual, entre húmedos suspiros. Me besa.

    Su rostro vuelve a bajar lentamente hasta llegar entre mis piernas, a mis braguitas negras de seda. Me las baja muy lentamente y acerca sus ardientes labios a mi rosa del amor, completamente depilada e inflamada de deseo por ella y de ansias de su cariño. Empieza a besar mi clítoris con sumo cuidado. Siempre empezando por los alrededores… Y poco a poco directamente… Hasta lamerla completamente. Succionando con suma lentitud y cuidado.

    Mientras besa y lame mi cuerpo y mi rosa del amor, jadeo con mucha intensidad y acaricio su larga, lacia y sensual cabellera negra. Mis delicados dedos se enredan entre negros mechones de su cabello, desprendidos sensualmente por mi cuerpo. Mmmmm… Al mismo tiempo, me estimulo instintivamente los pezones, húmedos de su ardiente saliva. Siento además sus grandes ubres clavadas en mis muslos… Sus carnosos pezones, como diamantes… Su fogosa mirada mientras da cariño a mi rosa del amor, succionando bien mi clítoris… Mmmmm…

    Transcurren treinta largos y ardientes minutos, hasta que un lento e intenso orgasmo se apodera de mi cuerpo entero, acompañado de un tremendo gemido. Termina de lamer sensualmente la gran cantidad de fluidos que han provocado mi deseo por ella y su cariño. Caigo rendida.

    Caemos rendidas durante unos cinco minutos. Yo tumbada en la misma postura, ella, con la cabeza pegada a mi pelvis y abrazada a mis muslos. Continuo acariciando su negra cabellera, sensualmente despeinada. Alcanzado el clímax, mi cuerpo empieza a destemplarse gradualmente y mi piel a erizarse, esta vez de frío. Ella lo nota al instante.

    –Cariño… Estás destemplada…

    –Un poco… –le digo tímidamente, mientras intento subirme las braguitas y me pongo la camiseta de nuevo.

    –Voy a encender un poco la calefacción.

    Ambas nos levantamos lentamente de su cama y nos ponemos de pie entre su armario y su escritorio. Puedo intuir restos de mis fluidos entre su cabello y en los cristales de sus gafas. Mmmmm… Enciende el interruptor de la calefacción y acto seguido abre el armario y saca de él una bata muy grande de estar por casa.

    –No pases frío, amor… –me dice, cariñosamente, mientras me pone ella la bata de estar por casa. Seguidamente, me besa la frente.

    Nos abrazamos durante unos largos minutos. Se agacha hasta llegar a mi rostro y nos besamos. Continuamos beso a beso. Esos besos púrpura. Gradualmente entro de nuevo en calor, en todos los sentidos, y me desprendo de la bata.

    Transcurridos unos minutos, nos retiramos lentamente del abrazo, me toma de la mano y nos dirigimos hacia su escritorio. Guiomar decanta la silla y se sienta.

    –Ven a mí, amor… –me dice, seductoramente, agarrándome delicadamente de la cintura y atrayéndome hacia ella. Me encuentro de pie entre la mesa de su escritorio y ella. Me agarra apasionadamente la cintura, las caderas y las nalgas, mientras mis manos recorren su despeinado cabello. Nuestras bocas se enredan en fogosos besos. Cada segundo que transcurre siento mi cuerpo cada vez más rodeado por sus piernas y sus potentes muslos. ¡Que dulcemente dominada y protegida me siento! Mmmmm… Mi cuerpo se activa y entro de nuevo en calor.

    –Amor… Eres hermosa… Te deseo… Como nunca he deseado a nadie… Suena loco… Pero así es… ¡Qué buena estás, joder! Eres mía, mía… Toda mía… –le digo, jadeando entre beso y beso– Ahora relájate, amor… –le digo, sensualmente.

    –Sí, amor… –me dice, entrecerrando lentamente los ojos.

    Mis carnosos labios empiezan a bajar acariciando y besando su grande y ancho cuello. Se muerde el labio inferior y su respiración se agita más y más.

    Mis labios continúan descendiendo. Sus grandes y voluptuosos pechos con sus entumecidos pezones sobresaliendo. Mis manos empiezan a acariciarlos y a amasarlos al mismo tiempo que son recorridos por mis labios con apasionados besos, todavía por encima de la camisa. A cada segundo que pasa, los jadeos de Guiomar se tornan más y más agitados y en un momento dado cierra los ojos y se muerde los labios con picardía. Mmmmm… Se desabrocha muy cuidadosamente la camisa azul botón a botón hasta la mitad, dejando a mi vista un ardiente sujetador negro en forma de top a conjunto con sus braguitas, que seguidamente se decanta, dejando sus colosales ubres desnudas. No tiene los pechos canónicamente «perfectos» según la sociedad, pero a mis ojos son los más preciosos que he visto nunca. De repente, mi rostro y mi boca se enredan en ellos, acariciándolos y besándolos como si no existiera un mañana. Poco a poco, mis ardientes besos se concentran más y más en sus bellas y rosadas areolas estremecidas y en sus carnosos y entumecidos pezones, hasta que mis labios y mi lengua se pelean de deseo dándoles el cariño que ruegan.

    –Mmmmmm… –suspira Guiomar, entre jadeos.

    Mis labios descienden a base de caricias por su opulente barriga por encima de la camisa. Me encuentro ya agachada debajo de la mesa, mientras ella continua sentada en la silla. Me abrazo a sus caderas como buenamente puedo. Mi campo visual alcanza como primer plano sus negras braguitas, las ardientes y húmedas transparencias de su rosa del amor suplicando mi cariño. No obstante, quiero ir despacio. Muy despacio.

    –Mmmmmm… Amor… Ámame… ¡Ámame entera! –me dice entre jadeos, acariciando mi cabello y mis mejillas.

    Se levanta lentamente de la silla, mientras continuo abrazada a sus caderas. Ella de pie, en posición dominante, yo agachada, en posición sumisa, rendida ante su voluptuosidad. Mis manos, mis labios y mi lengua empiezan a recorrer lentamente sus poderosos muslos, acariciando, amasando, besando y lamiendo su blanca piel, casi mordisqueando y succionando. Continuo descendiendo hacia sus pantorrillas y sus pies y empiezo a oler, besar y lamer sus botas como si no hubiera un mañana. Tengo un fetiche enorme con las botas y demás calzados de plataforma y tacón. Mis carnosos labios ascienden de sus pies a sus muslos con suma lentitud.

    –¡Qué buena estás, amor! ¡Estás tremenda! –digo entre jadeos.

    –Mmmmm…

    Acto seguido, me abrazo a sus caderas y mis manos se posan en sus nalgas, acariciándolas y amasándolas apasionadamente, con los dedos bien abiertos y enredados entre su palidísima piel y la negra tela de sus braguitas, que se las quito con suma delicadeza. Mis labios y mi lengua descienden de nuevo por sus piernas al compás de sus braguitas, que recorren por tercera vez sus piernas hasta llegar a sus pies y por lo tanto a sus botas. Mi boca, en compañía de sus braguitas, llega a sus pies. Como si no hubiera un mañana, huelo, beso y lamo de nuevo sus botas, al mismo tiempo que sus braguitas acompañadas de su dulce y abundante néctar. Mmmmm… Estoy que no quepo en mi deseo por ella. Es tal el ardor que siento de nuevo dentro de mí que instintivamente me estimulo los pezones.

    Me abrazo de nuevo a sus colosales y voluptuosas caderas, con mucha fuerza. Mis pechos y mis entumecidos pezones se clavan a sus muslos. Mis manos de nuevo en sus nalgas, mis dedos bien enredados entre las abundantes carnes de sus voluptuosas nalgas. Amasándolas con pasión, con deseo. Su preciosa rosa del amor, también completamente depilada y deshaciéndose en súplicas y llanto por mi cariño. Ahora es el momento…

    Mis labios y mi lengua recorren su rosa del amor. Muy lentamente, empezando por los laterales hasta concentrarse totalmente en su grande clítoris, casi succionándolo y bebiendo de su caliente y abundante néctar. Mis manos amasan y acarician sus colosales caderas y nalgas con más y más pasión y mis pechos se clavan más y más a sus grandes muslos. Guiomar me acaricia el cabello mientras mueve las caderas con más y más frecuencia y sensualidad. Puedo ver el rubor de su piel, su rostro con los ojos entrecerrados y mordiéndose los labios con más y más fuerza, como se acaricia su húmedo y sensualmente despeinado cabello, al mismo tiempo la vez que sus pechos y pezones por encima de su camisa azul otra vez abrochada con todas las insignias y condecoraciones. Mmmmm… Puedo sentir el ardor en su piel, la fuerza y frecuencia de sus latidos y la intensidad de su respiración.

    –Mmmmmmm… –suspira sensualmente, entre intensos jadeos y mordiéndose el labio inferior.

    A cada segundo que pasa, jadea con más fuerza. Transcurridos unos minutos, estalla de placer fundiéndose en un intenso orgasmo, lo que puedo intuir por el rubor y el ardor previos en su piel y en su clítoris, por la abundancia de su dulce néctar y por su ardiente gemido final.

    Cae rendida abrazada a mí, hasta que ambas nos tumbamos de nuevo en su cama, sentadas frente a frente. Nos besamos de nuevo con mucha intensidad, mientras nos acariciamos la cintura.

    Siento como paulatinamente su cuerpo se activa de nuevo. Estamos las dos semidesnudas. Además… Ella me ha quitado las braguitas y no me las he vuelto a poner todavía… Yo le he quitado las ardientes braguitas negras y se las he lamido… Mmmmm… A pesar de ir más o menos vestidas, llevamos nuestras empapadas rosas del amor descubiertas. Mientras estamos tumbadas besándonos, instintivamente juntamos las piernas más y más. En un instante dado, parece que ambas nos leemos la mente y cambiamos de postura. Entonces, nos sentamos en la misma cama.

    Estando las dos sentadas frente a frente, nuestros cuerpos se pegan más y más. Nuestras rosas del amor lloran con desespero suplicando encontrarse. Transcurridos unos minutos, nos abrazamos muy fuertemente, entrelazando bien nuestras piernas y uniendo nuestras rosas del amor, bien clavadas la una con la otra. Nos abrazamos muy fuerte. Dada la diferencia de estatura entre las dos, mi cabeza se encuentra clavada a sus grandes pechos y enredada entre su cabellera. Se desabrocha de nuevo la camisa y mi boca se pierde entre su cabello, sus colosales ubres y sus pezones por encima y por debajo del sujetador en forma de top. Oliendo, besando, lamiendo, mordisqueando suavemente como si no hubiera un mañana… Mmmmmm… A cada segundo que pasa, movemos nuestras caderas con mayor ímpetu, sincronizadas con nuestros latidos. Nuestras rosas del amor al mismo compás y bien clavadas la una a la otra… Mmmmm… En un instante dado, con mi rostro enredado entre sus pechos, siento perder el aliento entre tantísima abundancia y voluptuosidad. Las dos jadeamos con más y más intensidad… Hasta que… Nos fundimos simultáneamente en un intenso orgasmo… Acompañado de un ardiente beso.

    Ambas caemos rendidas, tumbadas en la cama, abrazadas. Acomodo mi cabeza en su pecho. Me acaricia el cabello y me da besos la frente. Abre el edredón y nos tapamos. Desearía que se detuviera el tiempo en esta noche, en este bello instante. No quiero separarme de Guiomar. Es increíble la conexión intelectual, emocional, erótica y hasta romántica que hemos tenido en cuestión de pocas horas. Desearía dormir a su lado, abrazada a ella. Todas las noches del resto de mi vida. Suena muy loco, pero estoy enamorada.

    –Candela, amor… ¿Tienes que alojarte sí o sí al hostal? –me pregunta en un tono de voz entristecido y acariciándome el cabello y la mejilla.

    –Sí… Contra mi voluntad. Me siento muy bien aquí a tu lado.

    Veo como sus ojos se entristecen y empiezan a derramar lágrimas.

    –Es que yo… ¡No quiero que te vayas! ¡De verdad! Es increíble lo que ha surgido entre nosotras en una noche. Tan hermoso, tan intenso, tan… Nunca he vivido algo así con nadie. Una persona de corazón tan noble, tan inteligente, tan hermosa interior y exteriormente, que sabe escuchar y empatizar, que no te juzga… Eso no se encuentra cada día, de verdad te lo digo. Tú… Me has hecho sentir comprendida y querida de verdad, tal como soy, algo que, muy en el fondo, muy contadísimas veces en mi vida me he sentido después de que los hijos de puta etarras me arrebataran a mis padres… Parezco una persona muy dura y de hierro, pero realmente tengo mucho dolor dentro y me siento sola. Detrás de la «puta fascista asquerosa agresiva» que la gente tanto dice que soy hay mucho dolor acumulado dentro –me dice, en medio de un amargo llanto.

    La abrazo y le beso la frente y las mejillas. Me siento conmovida.

    –Yo… También me he sentido muy bien a tu lado. Nunca se me ha pasado por la cabeza juzgarte, y menos después de lo que has hecho por mí. Entiendo y empatizo mucho con todo lo que has vivido, el vacío que deja en una persona, la impotencia y la ira que causa la injusticia. Contigo me he sentido cómoda para hablar de pensamientos míos de los que me da reparo hablar con otras personas, además de escuchada y querida. Suena intenso, pero en cuestión de unas pocas horas ha surgido algo muy especial entre nosotras. No quiero irme de tu lado –le digo, con los ojos llorosos.

    Nos abrazamos con fuerza. Empiezo a llorar entre sus brazos. Permanecemos abrazadas unos largos quince minutos que desearía que fueran eternos.

    –Bueno… Te acompaño al hostal –me dice en un tono apenado.

    Con su ayuda recuerdo el nombre del hostal donde estoy alojada. Finalmente nos vestimos, salimos de su casa y caminamos lentamente rumbo al hostal. Vamos tomadas de la mano. Me siento muy segura y querida a su lado.

    Llegamos al hostal. Me da un papel con su número de teléfono.

    –Llámame. Cuando termines la ruta, llámame. Pasaré a recogerte. Como te he dicho, yo también estoy haciendo unos días de pausa en mi trabajo. Antes de que regreses a tu casa quiero que pasemos más días tú y yo juntas –me dice, con un destello de emoción en sus ojos, casi llorosos.

    –Eso haré –le digo, emocionada, mientras me guardo muy bien el papel en el bolso– Muchas gracias por todo y por tanto, de verdad. También deseo con todas mis fuerzas volver a estar a tu lado. Nos vemos en unos días, amor.

    Nos abrazamos con mucha fuerza. Nos besamos.

    Y así será como unos seis días más tarde nos reencontraremos y, en el transcurso de una semana juntas, nuestro vínculo se hará más y más especial.

  • Es muy tarde para intervenir

    Es muy tarde para intervenir

    Capitulo l : El despertar de la curiosidad.

    En un escritorio lujoso adornando con hermosos acabados de caoba, con lindos detalles metálicos en dorado se encuentran posados decenas de documentos, cuidadosamente ubicados alrededor de una computadora portátil, en la cual se encontraba inmersa la mirada de una bella mujer de nombre Susana, su rostro expresaba una mescla entre la frustración, el enojo y la decepción mientras que su mente se encontraba teniendo una conversación consiguió misma.

    Susana: «Hoy es mi cumpleaños número 40 y aun así tendré que quedarme a trabajar hasta tarde, para ser sincera amo a los abogados ineptos, me hacen la vida más fácil, pero no cuando trabajan conmigo, o mejor dicho, ¡para mí! No me importaría sí esto no jodiera la reputación del despacho que yo misma fundé, cuidé y le di prestigio, pero ahora tengo que hacerme cargo de este caso, que para colmo es de un cliente de alto valor.»

    Dijo mientras sujetaba una tasa con café negro muy cargado y que ahora se encontraba a temperatura ambiente, un claro indicador de las incesantes horas de trabajo.

    Susana: «Originalmente el caso fue asignado a Gabriel, ese idiota, llegó con las más altas recomendaciones y con un brillante diploma de la mejor universidad del país, creí que sería una buena adicción al equipo, pero como todo hombre no deja de ser un idiota, uno con adicción a encandilar jovencitas con su profesión y su lujoso auto, espero que pueda seguir llevándose a la cama a veinteañeras después de que lo deje sin empleo, ahora tengo que revisar toneladas de evidencias, de este nuevo caso y de otros que ya estaba llevando».

    Frustrada apoyó su senos contra el delicado borde del fino escritorio, mientras arqueaba su espalda y con sus amplias caderas desplazaba su silla hacia atrás.

    Susana: «Aunque siendo sincera conmigo misma tampoco quiero llegar a casa, amo a mis hijos, pero es bastante estresante estar con ellos, Samantha ha estado insoportable desde que terminó con su pareja, no quiere hablar del tema, solo es sarcástica e hiriente con todos sus comentarios, está ahogada en su autocompasión, ella es hermosa, pero es bastante imponente con sus casi 1.86 metros de altura y su afán de utilizar ropa negra y un maquillaje excesivo para mí gusto, con sus ojos inmersos en la más profunda oscuridad de sus sombras y sus labios en tonos negros y guindas, supongo que eso es lo que ahuyenta a los hombres, pero siendo sincera, quien los necesita, son estúpidos impulsivos y mentirosos, supongo que las enormes caderas y la carita de ángel que le heredé no son suficiente incentivo para esos cobardes.

    Por otro lado está Sam, mi hijo menor, recientemente cumplió los 19 años, Samuel es sociable aunque es un chico de pocas palabras y también pocas pulgas, es bastante impulsivo y eso le ha traído muchos problemas, le rompe los dientes a cualquiera que lo haga enojar, lo cual es un problema, el heredó la altura del lado de mi familia, así que no es muy alto, mire tan solo 1.70 pero jamás ha tenido miedo de pelear con alguien que lo superé en tamaño, por suerte es un chico bastante atlético y es un apasionado de la tecnología, sé que últimamente ha estado bajo mucho estrés, últimamente se ha alejado mucho y sé que en parte tengo la culpa, pero tiene la cara del hombre que una vez me destrozó la vida y no puedo evitar recordarlo cuando veo el rostro de mi hijo».

    Susana se estiró levantando sus brazos al aire mientras dejaba salir un enorme bostezo, tomó sus lentes y los empañó utilizando su aliento para después limpiarlos con un pequeño pañuelo color amarillo canario, al colocar sus gafas en su rostro se esclareció la borrosa imagen del reloj en su escritorio.

    Susana: «Vaya, ya es muy tarde y simplemente no me puedo concentrar, será que mejor revise este material llegando a casa, solo necesito un baño caliente.»

    En casa se encontraban Samantha y Samuel discutiendo como de costumbre, con un intenso y acalorado intercambio de palabras y reproches buscando sobreponerse uno sobre el otro, para lograr obtener una incipiente victoria que solo duraría hasta la próxima discusión.

    Samuel: «Eres una inútil, no aportas nada a este hogar, solamente vives escondida en tu sucia y apestosa habitación, pavonándote por toda la casa semi desnuda, comiendo la comida que compra mamá, no trabajas, ni siquiera estudias, solo vives gastando dinero que tú no ganas y saliendo con tus amigas»

    Samuel está harto de las actitudes despreocupadas e indisciplinadas de su hermana, pero sobre todo está cansado de ser tratado con desdén y desprecio por su hermana.

    Samantha: «Escúchame bien enano, en esta casa yo soy la mayor, yo no te estoy quitando nada, además recuerda que empezaste tu trabajo en ese estúpido lugar debido a que tú te lo buscaste con tu impulsividad de «machito», tal vez sí no fueras un maldito simio no tendrías tantos problemas».

    Samantha se paró frente a su hermano, buscando intimidarlo con su impresionante altura, Samuel se planta frente a ella sin vacilar, intercambiando intensas miradas cuyo único propósito es buscar intimidar uno al otro, parecía una lucha de egos interminable que se vio interrumpida rápidamente por la entrada abrupta de su madre.

    Samantha y Samuel: «¡Felicidades mamá!».

    Gritaron ambos al ver a Susana atravesar la puerta del comedor.

    Samantha: «Te estábamos esperando desde temprano madre, ¿sucedió algo?».

    Dijo tratando de disimular la pelea que acababa de acontecer hace escasos segundos.

    Samuel: «Mira mamá, te conseguí un pequeño regalo, espero que te agrade».

    Exclamó mientras observaba nervioso a su madre con una sonrisa en el rostro.

    Susana: «Muchas gracias gracias mis niños, muero por un pedazo de pastel, pero tendré que dejarlos pronto, tengo que seguir trabajando».

    Susana abrazo y besó en la mejilla a sus hijos comenzando por Samantha, cuando llegó el turno de Samuel su semblante cambió de uno amable y dulce a uno frío y serio.

    Susana: «¡tienes un moretón en el rostro Samuel!, ya habíamos hablado de esto, nada de peleas ¿recuerdas lo difícil que fue librarte de esa demanda?, escúchame bien jovencito, sí me entero de que te volviste a meter en problemas te largas de la casa».

    Samantha no podía perder la oportunidad de burlarse de su hermano así que no pudo contener su risa y el placer que sentía al ver la situación en la que estaba su hermano.

    Susana: «Tu también jovencita, ni siquiera en mi cumpleaños puedes vestirte de forma decente, tres centímetros menos de tela y estarías completamente desnuda, todo el día estás en ropa interior diminuta, tu hermano está en casa».

    Susana dio la vuelta, tomó sus cosas y subió por las escaleras dirigiéndose hacia su habitación con una frustración evidente.

    «Ves lo que causas imbécil» –reclamó Samantha.

    “Tú no te salvas idiota» –replicó Samuel.

    Susana: «Guarden silencio los dos, me tienen hecha un manojo de nervios, sus gritos los pude escuchar desde antes de entrar a casa, llévense bien por un maldito día».

    Susana aceleró el paso y cerró con intención la puerta de sus aposentos.

    Samantha: «Eres el culpable de todo, mamá sabe que eres un problemático y un pervertido»

    Samuel: «¿por qué diablos soy un pervertido?»

    Samantha: «cree que te gusta ver a tu hermanita mayor en su linda ropa interior, ¿Eso es cierto pervertido?»

    Dijo Samantha mientras movía ligeramente los delgados tirantes de su sostén, y balanceaba sus senos frente al rostro de su hermano menor, mientras mantenía un semblante burlón y la mirada fija en las expresiones de su hermano.

    Samuel: «estás loca, jamás pasaría algo así por mi mente» molesto se alejó del lugar y se dirigió a su cuarto.

    Susana se encontraba preparándose para ducharse, ya en la intimidad de su alcoba despojó sus prendas dejando su torso desnudo, desabotonó su falda y la dejó caer hasta sus tobillos, con delicadeza desprendió un lindo liguero negro que sostenía sus traslúcidas medias que hacían contraste con su suave y tersa piel blanca que al mínimo contacto se tornaba en un lindo color rosado.

    Con únicamente unas pequeñas pero muy elegantes pantaletas de encaje se dirigió hasta el tocador, tomo un poco de desmaquillante para colocarlo sobre una pequeña almohadilla hecha de algodón y frotó su lindo rostro, Susana a pesar del tiempo seguía siendo muy hermosa.

    Susana: «aún con todo lo que he conseguido no he logrado sentirme completa, hice todo por mis hijos, logré estar de pie aun cuando mi mundo se derrumbaba, aun cuando los hombres en los que confíe y les di mi amor, recibí como recompensa que me dieran la espalda, aun cuando les cerré la boca a todos aquellos que me dijeron que no sería nada por qué mi lugar era estar en casa».

    Ella observa sus muslos y como unas pequeñas estrías comienzan a hacerse notar, sabe que el tiempo ha pasado, ya no es esa linda muñequita con piel de porcelana y la extensa cabellera castaña.

    Susana: «Dediqué mi vida entera a demostrar mi valor a personas que no valen, a idiotas que ahora ni siquiera se acuerdan de que existo, a un estúpido que me abandono dos veces, dejándome a un bebé con cada uno de sus abandonos, ¡ha! Supongo que la idiota fui yo, mi padre me tiró a la calle en cuanto se enteró que Samantha estaba en camino, sin embargo lo lloré tanto el día que me lo arrebataron ese día, oh dios sabe cuánto lloré, pero aquí sigo, siendo una mujer aterradora e imponente con mis apenas 152 cm de altura, con esta escalofriante mirada detrás de estos enormes lentes que resaltan mis ojos color miel, con este cuerpo que me enfoque en conservar solo para recordarle al mundo que nunca podría ser tocado por nadie, soy todo lo que siempre quise ser, pero sigo siendo infeliz, sigo enojada y sigo rompiéndome la espalda día con día para mantener las cosas así.»

    Unas pequeñas lágrimas brotaban de sus enrojecidos ojos color ocre, deslizándose a lo largo de sus pómulos y mejillas para reunirse en su delicado mentón

    «Es suficiente, no me esforcé tanto para ser una mujer patética» –dijo Susana.

    El deseo por calmar el estrés recorría su cuerpo, generándole aún más ansiedad y la sensación de que estallaría en cualquier momento, el instinto de luchar o huir se activó en su cabeza, pero ¿cómo huir de la obligación auto impuesta o asignada por la sociedad, como luchar contra el vicio destructivo que ella misma se creó con el arduo trabajo?

    Susana: «Dios mío, siento que voy a reventar, necesito un pequeño tiempo para mí misma, tengo que olvidarme de los demás y consentirme un poco»

    Se colocó de rodillas frente al tocador y abrió el último cajón, de el sacó una linda caja roja con textura metálica, que alguna vez fue ocupada por productos para el cuidado de la piel pero que ahora albergaba un lindo juguete rosado en forma de mariposa que contenía una pequeña bala vibradora en el centro y contaba con dos pequeños anillos en la parte inferior de la misma.

    Con una enorme sonrisa la llevo consigo a la bañera, introdujo delicadamente sus pies en el agua tibia de ésta, descansó sus glúteos sobre la orilla, sintiendo el contacto con la fría porcelana, haciendo que un escalofrío recorriera su torso desnudo y se dispara en su nuca, mientras la distancia entre sus muslos va en gradual aumento para dejar completamente a la vista su delicada y lascivia vulva, decorada con un dulce y tierno color rosado, ella coloca delicadamente un poco de saliva sobre sus dedos índice y anular en su mano izquierda, para lentamente dirigir las yemas humectadas hacía su clítoris, el contacto produce una sensación electrizante que provoca que sus tobillos se flexionen y los pequeños dedos de sus pies se contraigan, como intentando aferrarse a la excitante sensación mientras aprieta sus labios con fuerza al mismo tiempo que surca los húmedos pliegues de sus jugosos labios vaginales, haciendo un movimiento cíclico de arriba a abajo.

    En su mano derecha intenta colocar la pequeña mariposa vibradora apoyándose de su muslo, intentando introducir sus dedos en los pequeños anillos ubicados por debajo de la mariposa que portaba en su centro la maravillosa bala vibratoria quedando está apoyada en su palma, ella amaba este juguete, era fascinante que le permitiera hurgar el interior de su vagina al mismo tiempo que sentía el estímulo de las poderosas vibraciones en la totalidad de su deliciosa vulva, presionó un pequeño botón que accionó el juguete.

    Utilizando los mismos dedos humedecidos con saliva que ahora se encontraban repletos de jugos provenientes de sus cálidos interiores, lentamente abrió los pliegues de su vulva para darle la bienvenida a su otro par de dedos, los cuales se deslizan muy lentamente a través del estrecho orificio vaginal, sus dedos eran portadores de las vibraciones que emanaban de su juguete masturbatorio.

    Lentamente introducía sus dedos palpando la pared anterior sintiendo una placentera sensación que la invita a elevar un poco más la presión, sin embargo de un momento a otro su excitación cayó debido a un pensamiento intrusivo, o quizá solo una excusa para volver al vicio del trabajo.

    Susana: «Maldita sea, tengo que avanzar con el caso del señor Arieta, sí el estúpido de Uriel no hubiera dejado el caso tirado, bueno tal vez sí reviso un poco de la evidencia gráfica aquí en la tina tal vez pueda descansar mentalmente».

    Susana salió de la tina y se dirigió a la recamara, tomo la memoria USB de su computadora y un pequeño adaptador para celular-USB, y regreso a la acogedora sensación de estar rodeada de agua caliente acariciando su piel desnuda, aún con sus manos ocupadas por sus lascivos fluidos y su coqueto juguete conectó con delicadeza los dispositivos a su celular.

    Susana: «Dios mío, esto tiene que ser una maldita broma ¿93 videos?, ¡¿47 minutos el más corto?! ¿Qué diablos es esto?

    Mientras Susana deslizaba su pegajoso dedo sobre la pantalla mientras bajaba más y más analizando el contenido de esta memoria USB el líquido resbaladizo en sus dedos hizo de las suyas abriendo un vídeo al azar.

    En escena apareció un chico alto delgado aproximadamente de la edad de su hijo Samuel, con cabello rizado y algo esponjado, con nariz grande y ojos saltones, el chico buscaba encontrar el ángulo correcto para apoyar su cámara, se sentó en un sofá, retiro su cinturón y liberó su pene que ya se encontraba en estado de erección, el chico comenzó a agitar su pene como tratando de provocar a alguien más, ese alguien no se hizo esperar por mucho más tiempo, una mujer alta con una larga cabellera rizada de un tono negro profundo, con unos glúteos alucinantes, y unas grandes y sexys pantorrillas, que de alguna manera le parecían conocidas a Susana, la mujer se colocó de rodillas frente al chico, tomó su miembro desde la base, y comenzó a dar pequeños y lindos besos alrededor del glande del muchacho, poco a poco los besos amorosos y protectores se fueron haciendo cada vez más descuidados y llenos de lujuria.

    Susana: «siendo sincera mi trabajo nunca deja de sorprenderme, ¿pero por qué esto sería algún tipo de evidencia?».

    Susana encendió de nuevo su juguete y lo presionó con fuerza contra su vulva, sintiendo las vibraciones y cómo estás se iban esparciendo a través del agua.

    Mientras tanto la parejita de tortolitos en el vídeo continuaba con la diversión, la mujer en un impulso de confianza sujetó la cabeza del pene con la delicadeza de sus labios y fue introduciendo lentamente y cada vez más el pene en su boca, hasta llegar al punto dónde se le escuchaba respirar con dificultad, el rostro del chico observando hacia el infinito con su rostro apuntando al techo hacia casi palpable el placer que estaba experimentando, las pequeñas arcadas de la chica no se hicieron esperar, pero ella intento resistir unos dos segundos más, hasta que desesperadamente levanto su rostro dejando un gran rastro de espesa saliva que conectaba su boca con el miembro del chico, la saliva eran como gruesos pilares cristalinos con pequeñas burbujas e hilos delicados que poco a poco se deslizaban por el tallo del pene del chico, a penas recuperar el aliento la mujer fue en busca de recuperar su saliva con la ayuda de su lengua, recorriendo desde los testículos hasta el glande, dónde la mujer volvió a liberar una considerable cantidad de saliva mientras soplaba presionando el pene contra sus labios, creando un maravilloso espectáculo de burbujas en la cabeza del pene del chico.

    Susana estaba cautiva en la sensualidad del momento, sus dedos se movían con firmeza y decisión, palpando cada milímetro en el interior de su inundada vagina hasta que algo la hizo salir momentáneamente de su trance.

    «Te amo tanto madre, eres la mejor mami del mundo».

    Exclamó el chico mientras se reclinaba a besar los labios de la mujer.

    Susana: «¿Madre? ¿Mami? ¿Acaso estoy presenciando un caso de incesto? Esto está mal, esto está muy mal.»

    Mientras tanto seguía frotando sus partes con intensa lujuria, su corazón latía con más velocidad.

    Susana: «esto es asqueroso, una madre no puede estar con su propio hijo, pero a su vez ¿Por qué se ven tan bien juntos? ¿Por qué se ve tan sensual y tan placentero?

    De vuelta al celular la mujer se levanta de sus rodillas y al fin muestra su rostro ante la cámara.

    Susana: «no puede ser, pero sí es Alejandra, yo voy con ella al mismo gimnasio, y su hijo iba en la misma preparatoria que mi hija, un momento, ¿ella tiene dos hijos? Este chico se ve de la edad de mi hijo no se mi hija».

    En ese momento Alejandra vuelve a cautivar la mirada de Susana al deslizarse en el desastre de saliva que había hecho en el pene de su aparente hijo, pero del cual se veía plenamente orgullosa, la suavidad con la que el pene se deslizaba en la chorreante vagina de su madre era hipnótico, casi irónico que antes el muchacho estuvo completamente dentro y ahora apenas logra entrar su pene.

    Inmediatamente la mujer comenzó a galopar el lubricado miembro, de frente hacia la cámara mientras apoyaba las manos en las rodillas de su hijo.

    «Mami no aguanto más» –dijo el chico mientras trataba de resistirse al placer con todas su fuerzas.

    Alejandra: ”no te preocupes bebé, mami te sacará toda la lechita, mami la necesita en su suave conchita, llena a tu mami de tu rica y calientita lechita es una orden».

    Casi de forma sincronizada el orgasmo del chico llenando de semen la vagina de su progenitora y el liberador clímax de Susana tuvieron lugar, dando pie a un sentimiento de plenitud y tranquilidad que recorría el cuerpo de Susana, está sensación parecía extenderse hasta el infinito, ¿pero lo será? ¿Será infinita?

  • Paola (4)

    Paola (4)

    La fiesta anual de la empresa donde somos socios Raúl y yo la celebramos en el rancho de mi suegro que igual es accionista de la misma, todos acuden con sus esposas incluso Alberto, queremos hacer algo diferente asi es que los encargados de la organización deciden que sea una fiesta de disfraces, mi cosplay es de una colegiala, con una micro faldita a cuadros rojos, pegadita a mis curvas y con una abertura a lado izquierdo, unas medias blancas a medio muslo sostenidas con un liguero, zapatillas altas de color rosa, una blusa muy entallada y escotada y un brasier rojo dejando ver mi sugerente escote, mis senos se ven hermosos, una parte de ellos esta a la vista generosamente, mi peluca rosa y mi maquillaje perfecto como una muñequita japonesa, las maquillistas hacen un trabajo perfecto, ¡Alberto ni siquiera me reconoce cuando entro al salón!… Acaparo las miradas de todos quienes se ponen de pie y aplauden, yo sonrío nerviosamente buscándolo con la mirada, mis pezones de nuevo me traicionan y se erectan dándome una apariencia mas sensual.

    El baile empieza, Alberto no se anima a bailar por mas que lo jalo hacia la pista bajo la mirada despectiva de su esposa, mis amigas y yo hacemos un grupito bailando, brincando y moviéndonos al ritmo de la fuerte música, de vez en vez volteo a verlo y le lanzo besitos y miraditas, el me sonríe nervioso, sin embargo pasado un tiempo me dice que tiene que retirarse, que algo le pasó a su esposa, intento detenerlo pero se que es algo importante así que lo dejo ir.

    Pasa el tiempo, admito que hay varios que me tiran la onda, la música es mas lenta, al calor de las copas una que otra parejita empieza a darle rienda suelta a sus deseos, besándose o manoseándose, otros salen tomados de la mano acierto mejor a retirarme, entro a la casa principal recordando mis visitas anteriores, subo al cuarto donde nos quedábamos con mi marido cuando veníamos de paseo, sin embargo escucho voces al interior, me voy acercando y ahora son gemidos leves, ahora gritos, rodeo la terraza para poder ver por la ventana que da al lago, la voz se me hace familiar, por eso quiero saber si es ella y siiii, es mi ¡suegra! Quien esta siendo montada de forma violenta por mi suegro-..

    -Asiii… Asiii… Házmelo como si fuera tu nuera! Yaaah

    ¿Queee? Me hago la pregunta mientras miro con asombro que no están solos, Raúl está sentado en el sofá que está a lado de la cama, mirando sin perder detalle, ataviado en un disfraz tipo drag queen, es la primera vez que lo veo vestido de mujer, en realidad se ve bien, quizá está esperando su turno, la cortina y la luz interior evitan que me vea.

    -¿Te caliente verdad? Le dice a mi suegro volteándolo a ver

    -Te gustaría cogértela ¿no? Mientras el le bombea el ano con fuerza

    -Toda la pinche noche te la has pasado viéndola pendejo, houggg

    -ah, ahhh, hummg

    -¡Ya… Admítelo! Dice Raúl…

    -Siii, contesta mi suegro, ¿a quien no le gustaría?, pero… Es la esposa de nuestro hijo. Con asombro me despego de la ventana haciendo un leve ruido, Raúl voltea y me descubre

    -Eres un pendejo, esa pinche puta coge con cualquiera, pero a ti no te pela por pendejo… Dice casi gritando

    Presintiendo que quizá algo va a pasar, me dirijo a la escalera justo cuando mi suegro sale de la habitación muy molesto, por un momento me mira, para después arrojar su cigarrillo y salir muy enojado, Raúl cierra la puerta y me mira igual poniendo su dedo en los labios, entiendo la señal y me alejo.

    Llego a mi cabaña, apago la luz, me siento en la cama, mi suegra no es fea a sus 47 años es una mujer muy guapa, con clase, mi suegro tiene 49 y de igual forma es una persona de clase, delgado de estatura mediana, las palabras de mi suegra se repiten en mi cabeza una y otra vez… «Esa pinche puta coge con cualquiera»… Esas palabras y el alcohol ingerido hacen que me empiece a excitar, empiezo a recordar a cada uno de mis amantes, mi mano derecha estruja mis pechos y la izquierda empieza a jugar con mi sexo… Me detengo bruscamente cuando se enciende la luz.

    -¿que… hace aquí? ¿todo bien?

    Mi suegro se acerca y tomándome de la mano me pone de pie, me gira hacia él y empieza a besarme y a acariciarme,

    -n… Ooo, ¿qué hace?

    -Desde el primer día que te vi supe que tenías un culo delicioso, me parecía que eras demasiada mujer para Raúl y estaba seguro que algún día esto iba a pasar, después de tantos años…

    -déjeme suegro por favor… ¡¡sueltemeee! -No se me acerque -rogué, intentando ignorar cierto escozor en mi entrepierna.

    -se acerca, tanto que puedo oler su aliento alcohólico

    – Verás Pao, yo sé cuando una hembra anda con ganas de verga.

    -Además no está tu macho je je je

    -¡Pero cómo se atreve…! Intento abofetearlo, pero mi media embriaguez nubla mis reflejos, y el me sostiene la muñeca, me aprieta contra la pared, oprime contra mi vientre su tieso bulto, lo frota, lo restriega, su lengua recorre mi cuello, forcejeo con él, pero me toma la otra mano, su fuerza supera la mía, y entonces, con un súbito impulso, me arroja al suelo, lo miro, suplicante, a punto de llorar, mi suegro contempla mi corto y ceñido disfraz, con mis largas y bien formadas piernas casi al descubierto, sonriendo negligentemente, se acerca a mí, sobándose su cosa, poniéndola tiesa para mí, y sin duda, mi escote y mis largas piernas lo ayudan mucho, se detiene a escasos centímetros de mi rostro, Subo la mirada y me encuentro casi de frente con su glande monstruoso y oscuro, creo que hasta un poco deforme, pero la boca se me llena de saliva.

    -Vamos, vamos, nuerita, llevas todo el día moviendo tu culito paradito frente a nosotros, o ¿no?

    Frota su hongo contra mi mejilla, el ardiente contacto me hace dar un saltito, entonces su verga roza mis labios quienes al igual que mis pezones, me traicionan abriéndose, haciendo que mi suegro lo introduzca en mi delicada boca… las palabras de mi suegra retumban en mi mente otra vez… «esa pinche puta coge con cualquiera, pero a ti no te pela por pendejo» -¿ah sii? Me digo a mi misma, quiero vengarme de ella así que sostengo la gruesa y tiesa verga de su marido y la empiezo a devorar con ansias!!..sobándolo y retorciéndolo en mi boca, enrollando mi lengua en su tronco y sobándole los huevos con fuerza…

    -¡Aaaah, así es, putaaa, así, dale!… ¡Ah, qué puta! Saliste más puta de lo que me imaginaba

    Me dice y sin saber porque lo acepto con cierto gusto, me sujeta fuertemente de la cabeza, hasta casi sofocarme con su admirable pedazo de carne que bien estaba saboreando, pudiendo notar sus palpitaciones en las paredes de mis mejillas… cof… cof… Coff.

    Se separa de mi dejándome recuperar la respiración.

    – Súbete esa faldita nuerita,

    Me dice mientras se sienta en la cama observando como mis manos, ansiosas y trémulas, desabrochan la falda, quedo en liguero solamente, después me ordena quitarme la blusa y el bra, me hace señas de que vaya hasta donde el esta, me siento junto a el, con firmeza, me toma de la barbilla y acerca sus labios a los míos, nos besamos ruidosamente, a base de chupetones ricos y largos, sus ardientes manos no permanecen ociosas, se dedican a manosearme descaradamente hasta mi última curva, me mete dos dedos en la vagina, estimulándome el clítoris con su voluminoso pulgar… Suegro… Noo… Pero él me calla con sus besos, le rodeo el cuello con mis esbeltos brazos, necesito agarrarme de algún lado, mi lujurioso suegro sabe lo que hace y un primer orgasmo es inminente, sólo con sus dedos-. ¡suegro, me vengo! Le digo al oído, el acelera el movimiento de sus gruesos dedos, arrancándome un alarido cuando me vengo de forma delirante…

    Mi suegro recibe mis jugos, sobre su mano derecha… y me los unta sobre mis redondos y firmes senos, dejándomelos brillantes y pegajosos… ahora usa su peso para acostarme, quedando él sobre mí, me abre bien las piernas, sujetándomelas, con mis brazos lo mantengo pegado a mí, y no dejo de besarlo, me introduce su lengua en mi delicada boca, me penetra, mi vagina húmeda recibe su falo grueso y tieso, no le cuesta metérmela toda, ya esta acostumbrada a una verga mas grande que la de el, empieza a cogerme golpeándome el vientre con el suyo.

    -¡Aaaah… suegrooo… aaaah… ooooh… quiero ser… su… Puta!

    -A mi suegro al parecer lo pone a mil esa última frase, ya que me penetra más fuerte; siento que me parte en dos

    -¿Te gusta mami, te gusta… Puta? -me pregunta, mientras me cabalga manoseándome mis indefensos pechos, ¡Mmmmm… uuufff… qué rico, qué vergota… tiene! -me quejo fuera de miii, comprendiendo y recordando lo rico que es coger de esta forma…como una puta en celo… Me aprieta los pezones y me hace chillar y gritar de placer, puro y animal… Así, excitadísima, soy yo ahora la que cabalgo en contra de sus embestidas aumentando nuestro ritmo… Y lo hago bien porque pronto le cambia la cara a mi suegrito, me toma de mis caderas, gime al igual que yo, lo tengo en el cielo, y él a mí… los dos nos quejamos muy ruidosamente, le abrazo el cuello y lo atraigo hacia mi, para besarlo con desenfrenada lascivia…

    -¡Ooooh, suegrooo, mi amooor! -exclamo, mi cuerpo, bien agarrado en sus fuertes y curtidos brazos, se estremece en un segundo y cataclísmico orgasmo… y el tercero viene como una marejada cuando mi suegro quema mi vientre con su semillas, muy dentro de mí…- ¡Oh cielos sí sí! Siii.

    -me pongo la bata y salgo por algo de comer mientras el reposa un rato, esta exhausto, aquello es una orgía, unos salen desnudos o desnudas de una cabaña y se meten a otra, otros en el pasto, ufff…

    -Hija, ¿has visto a tu suegro?

    — errr… No… No lo he visto

    -que raro, no lo encuentro ¿¿tu crees???

    -Ha de estar con Raúl (en tono burlón)

    -¿Te vas a comer todo eso? -me pregunta, con sus ojos desorbitados, al ver toda la comida que llevo.

    -Sí, tengo mucha hambre… Er… bueno, me voy a la cabaña ¿ok?…

    -Si ves a tu suegro le dices que lo ando buscando he??… Se aleja sonriendo… Si como no… Me digo a mi misma.

    A penas ingreso a la cabaña y mi suegro me toma de la mano para meterme a la regadera con él, dejo los platos con comida donde puedo y lo sigo, me desnuda la bata, me voltea de espaldas a el haciendo que me hinque en posición de perrita sobre la bata y la mullida alfombra que esta fuera de la regadera, mi suegro se acomoda atrás de mí, abro mi boca al sentir su cabezota empujando el hoyito de mi culo, mi suegro presiona con fuerza, y me duele mucho – ouch, ayyy, su verga se retira y siento algo húmedo y cálido: mi suegrito me esta obsequiando una rica comida de ano… me transporta al paraíso, alterna su lengua y dedos para ensanchármelo, asi como en las pelis porno… me tiene en la gloria, recuesto mi cabecita en la alfombra, dedicada a gemir y a alabar a mi suegro, a decirle cómo lo amo, cómo soy su puta y él mi… Dueño… se acomoda otra vez y lo intenta…

    -¡Aaaaah! -grito, esta vez, sintiendo avanzar su oruga de ardiente carne en mis entrañas.

    -¡Ohhh, ouch, sue… gr… Oo… Ouchhh… ufff, suegritooo, me partee!!!… me revienta!!!… más lento, más lento!!!

    Mi suegro parece enloquecerse más y más con mis palabras, me aferra de la cintura y me sodomiza sin piedad, me aferra con la mano izquierda y con la derecha mete sus dedos en mi vagina, retorciéndolos adentro, logrando que los bañe con mis jugos… Clavo mis uñas en la alfombra, muda testigo de esta sodomía incestuosa…

    -¿PAO… Estas ahí? Holaaa, dice mi suegra casi a la puerta del baño… Nos detenemos violentamente. Mi suegro me ve colocándose el dedo en la boca como para que no hablara, sin desprenderse de mi.

    -Este… sí, suegrita, me acabo de bañar… -respondí, y a pesar de las circunstancias, mi suegro al comprobar mi lujuriosa complicidad, empieza a bombearme lentamente… cierro los ojos y quiero desprenderme, pero mi macho sigue con sus manos aferradas sobre mi febril carne…

    -¿Está todo bien, hija? Me pareció oír ruidos, como que estas con alguien…

    Sudando por el esfuerzo de tener a mi suegro ahora sobre de mi, el muy cabrón, con sus ágiles dedos hurgando en mi sexo, y su verga en mi anito, como puedo, me las arreglo para contestar:

    -No, suegrita, todo está… muy bien… ¿quiere pasar a ver?… -mi suegro me lame la oreja, me chupa el lóbulo, me siento morir de los nervios…

    -Ah, no, como crees hijita, te creo… Bueno te dejo… Si ves a tu suegro me avisas, no lo encuentro tu crees?

    -respingo al sentir de nuevo las bombeadas de mi suegro

    -si… Este… Deje termino… De bañarme… Y le ayudo a buscarlo -cierre por favor…

    Apenas escuchamos la puerta cerrarse y el asomándose para ver si ya no estaba, de nuevo me la mete toda, siento estallar mis nalgas, tan separadas las siento la una de la otra, mis jadeos dejan de ser por el dolor y más por el gusto…

    -¡Oh, sí, suegrito, sí, ya me está gustando… aaahh… aaaahhh… deme, deme!

    ¡Plas!, me descarga una inesperada pero riquísima nalgada; ¡plas, plas!, lo hizo de nuevo, yo me río de locura, con mi frente pegada en la alfombra, restregándose una y otra vez con las furibundas entradas de mi suegro rompiéndome el culo.

    -¡Aaahh… aaaahhh… aaaahhh… así, así, así!

    Mi suegro me penetra como loco, clavándome sus uñas en mis nalgas, grita y saca su vergota de mi ano, hago caso omiso de mi dolor, quiero complacer a mi hombre, me doy vuelta y se la chupo con ganas, saboreando mi propio ano… y pronto obtengo mi ardiente recompensa, al sentir su semen en mi boca y mi lengua, derramándose entre mis labios y chorreando por mi mentón, el antes de permitir que me relamiera el semen embadurnado en mi rostro, me sujeta de la barbilla y me besa alocado, limpiando su leche de mi boca, lo ayudo con gusto, entremezclamos nuestras lujuriosas lenguas, rezumando espuma de su lefa, jugueteando con ella y sonriendo como un par de chiquillos.

    Quedamos exhaustos, ni siquiera hacemos caso a la comida, despierto cuando escucho sus carcajadas a lo lejos junto con Raúl, Minerva (mi suegra).

    En fin, ahora tengo cuatro meses de embarazo, mi sueño de ser mamá se cumple, pero ¿Quién es el papá? Esa misma semana estuve con Alberto y con mi suegro, en fin Raúl invita a Alberto a su equipo donde juegan con mi suegro igual, las mujeres estamos en las gradas, la esposa de Alberto, mi suegra y yo, con mi batita de maternidad y una pequeña pancita que se me empieza a notar, hacen una jugada y grito eufórica aplaudiendo «!Bravo mi amor¡», de inmediato voltean a verme Raúl, Alberto y mi suegro…

    Up´s…

  • La perversión de mi hijo

    La perversión de mi hijo

    Después de mi divorcio me mude a las afueras de Madrid con mi hijo y alquilamos una casa en un pueblo que estaba muy bien conectado por tren con la capital y cada día nos desplazamos a Madrid mi hijo Mateo de 23 años estudia en la universidad y yo trabajo en una entidad aseguradora, aunque mucho tiempo de mi trabajo lo desarrollo desde casa y muchas veces ni me desplazo.

    Me llamo Elena y tengo 41 años físicamente estoy muy bien, mido 1.60 tengo el pelo moreno, media melena un culo respingón y unas tetas de buen tamaño y me mantengo en un buen peso y me he divorciado de mi marido hace unos 6 meses, me case muy joven y enamorada pero todo se fue diluyendo con el paso de él tiempo y mi marido ha tenido muchos problemas de juego y nuestra economía quedo muy mermada hasta tal punto que he tenido que subalquilar una habitación a una chica que trabaja en una residencia de ancianos.

    La vida cotidiana en mi casa fue bien aunque yo siempre he notado como mi hijo estaba muy pendiente de mi e incluso me espiaba cuando me duchaba o me cambiaba de ropa y muchas veces tuve la impresión que me miraba como una mujer y no como su madre.

    La chica que vive con nosotros se llama Cora y tiene 27 años, es muy mona y atractiva es un poco rellenita y un poco más alta que yo y desde el primer día que la vi siempre he tenido la sensación de que era lesbiana y de ser ese el caso ella seria la dominante y por algún extraño motivo que yo desconocía su presencia me alteraba y me excitaba.

    Un día llegue a casa y me quite los zapatos al entrar y pensé que no había nadie y escuche unos ruidos que venían de la habitación de mi hijo, cómo si se descorchara una botella de cava y al acercarme pude ver a través de la puerta medio abierta a mi hijo desnudo en la cama y a Cora haciéndole una mamada, Cora le agarraba la polla con una mano y se la metía en la boca y se la chupaba y le lamía la punta, yo quede pasmada y sin saber qué hacer pero mi curiosidad me hizo volver a mirar y nunca vi a mi hijo de otra manera pero verlo desnudo en aquella situación su torso corpulento y el tamaño de su pene, grande y grueso que volverá loca a muchas mujeres y Cora lo estaba lamiendo y chupando a conciencia y podía escuchar claramente cómo mi hijo jadeaba por un momento Cora levanto la cabeza y yo me eche hacía atrás pero creo que me vio y me quede fuera de su campo de visión y podía escuchar claramente todo.

    – Voy a montarte – dijo Cora – que polla que tienes semental

    Escuche claramente como se movían se hizo el silencio por un momento y Cora lanzo un suspiró y seguidamente escuche como temblaba la cama y los gemidos que ella emitía.

    – Me encanta tu polla – jadeaba Cora – imagina que te éstas follando a tu madre

    Mi hijo lanzo un suspiro y aumentaron los ruidos que hacía la cama al temblar

    – Te crees que no me he dado cuenta cómo la miras – dijo Cora – que te la quieres pasar por la piedra

    – Eres muy pícara tu – dijo mi hijo

    – Piensa en ella y fóllame a mí – balbuceo Cora

    Yo me fui silenciosamente y salí de casa y me fui a tomar algo a una cafetería cercana y dejar pasar el tiempo y mis pensamientos me dejaron confusa, no sabía si Cora me había visto y si era así lo que dijo era dirigido a mí o era tan solo fruto de una casualidad. Volví a casa pasada una hora, hice bastante ruido al entrar y Cora y mi hijo estaban en la cocina hablando tranquilamente, Cora tenía los ojos brillantes y una expresión igual que mi hijo de satisfacción.

    – Hola chicos – los salude – que tal estáis

    – Hola mama – contesto Mateo

    Cora me hizo el gesto de un corazón y me dio un beso en la mejilla, yo pensé que no me había visto, pero no estaba segura del todo y cenamos y estuvimos hablando los tres animadamente y me fui a acostar y un cosquilleo me invadió mi cuerpo y me vino a la mente la imagen de Cora chupándosela a mi hijo y la conversación que tuvieron y estaba excitada y me lleve la mano a mi húmedo coño y me masturbe (hacía tiempo que no me masturbaba) y me corrí intensamente y me levante para ir al lavabo a limpiarme y beber un vaso de agua y escuche como temblaba otra vez la cama en la habitación de mi hijo, estaban follando otra vez y me volví a la cama excitada y me masturbe otra vez.

  • Micaela y sus sobrinos (4): Hora del postre

    Micaela y sus sobrinos (4): Hora del postre

    Anteriormente:

    Micaela ha visto a Marcos masturbarse tras la mampara empañada de la ducha, también ha visto parte de la desnudez de Agustín al entregarle la toalla.

    Ella vestida con una bata de raso bordó corto y con vuelo permite la vista fugaz y prohibida a sus sobrinos jóvenes de sus pechos, su cola y tal vez el relieve de su treintañera vagina.

    Ya con sus sobrinos bañados y ella aún sin bañarse se sientan a la mesa a comer.

    Micaela, la tía de 30 años de edad pasea alrededor de la mesa sirviendo personalmente vino a sus sobrinos dejando en esas posiciones ver a cada uno un poco de sus pezones, sus piernas y la parte de abajo de sus nalgas.

    Cenan y se miran entre los tres, se sonríen nerviosos los sobrinos e inventan temas de conversación.

    Micaela solo tiene en mente seguir estimulando a sus hormonales sobrinos que apenas han pasado la adolescencia.

    Terminan de comer y los sobrinos que no parecen entender las indirectas de su tía solo se quedan haciendo chistes entre ellos y a lo sumo miran con disimulo tal vez guardando recuerdos para cuando se vayan a dormir.

    Agustín, el menor de los dos, decide tomar la iniciativa y se levanta con los platos para llevarlos y lavarlos.

    Marcos acompaña levantando la mesa.

    Micaela los observa y se ríe por dentro por la falta de inexperiencia con el sexo opuesto de sus sobrinos.

    Le entra culpa por sus sucios pensamientos y por todo lo que hizo para ensuciar la mente de sus sobrinos.

    Ella dice que va a darse una merecida ducha, mientras ellos lavan los platos.

    Busca una toalla y se va hacia la ducha, allí abre el agua y mientras cae por su cuerpo mira la mampara con detalle, esa donde su sobrino mayor acabó.

    Busca algún rastro de la eyaculación de su joven sobrino y se desilusiona al no encontrar nada. Marcos ha limpiado bien su obra.

    Mientras se enjabona el cuerpo, Micaela se pregunta si Marcos lo habrá hecho pensando en ella, en su culo, en sus tetas, si habrá pensado algo más perverso con su tía.

    De tanto pensar no da cuenta que sus dedos otra vez juegan con su clítoris y con sus labios vaginales, buscando algo en su interior.

    Trata de salir del trance, arguyendo para sí que ya se masturbó hace unas horas, como puede ser que quiera hacerlo de nuevo, ¿que clase de pervertida era?

    Sale al fin de la ducha, se seca un poco el cabello y el cuerpo.

    Solo vestida con la toalla sale y sus sobrinos que dormirán en los sofás, tienen solo una lámpara encendida, y están con sus celulares.

    Micaela los saluda nuevamente mientras va a su cuarto.

    Allí realiza su rutina de encremarse todo el cuerpo, nuevamente al tocar su piel y llegar hasta sus pechos los nota erectos, se mira en el espejo y sabe que está excitada, y es por los cuerpos juveniles de sus sobrinos de 19 y 21 años.

    Recuerda que ella había dejado su diminuta tanga roja de encaje sobre la cama del lado de frente. Ahora esta prenda estaba al revés. Alguien la había levantado.

    Tal vez Agustín, o Marcos, no se pudieron resistir y vieron la tanga de su tía sobre la cama y la examinaron.

    Ese morbo enciende más a Micaela quien se pone la tanga rápidamente y ve que le queda cubriendo solo su vulva y aún así se pueden divisar sus labios.

    por detrás la transparencia no tapa lo poco de la línea de su maduro culo, la tanga se pierde entre sus nalgas y sabe que está buena.

    Falta la parte superior y la busca en el cajón y la encuentra, un corpiño rojo con transparencia que trasluce los pezones rosados de Micaela.

    Vestida así, se gusta, se ve linda. y no quiere ser linda solo para ella.

    Toma una bata de algodón larga y blanca, decide salir.

    Pero en la puerta toma la decisión de dejar caer la bata y salir solo con sus prendas de ropa interior.

    ¿Su argumento de emergencia? Pensaría que sus sobrinos duermen.

    Al salir se encuentra con la escena de que se ponen nerviosos y se les cae el control remoto al suelo, y se abre la tapa donde están las baterías, que salen despedidas por debajo de un sofá.

    Habían encendido el televisor y estaban mirando una película subida de tono, de las que no son aptas para menores.

    Allí Micaela no sabe qué reacción tomar y solo decide a decirles:

    “no vi nada, no se preocupen”

    Los sobrinos colorados, tratan de disculparse mientras Agustín se pone debajo del sofá tratando de rescatar la batería que falta para sacar el canal que miraban.

    Micaela camina con naturalidad hacia la heladera, sabiendo como va vestida y sus sobrinos dejan de mirar el televisor para ver la figura de su sexy tía modelando esa tanga que se pierde en su culo y la combinación con ese corpiño que invita a sacárselo con los dientes.

    Ella les da la espalda mientras abre la heladera y busca algo.

    Allí toma un pote de cerezas frescas y crema en aerosol.

    Cuando vuelve se acerca a sus sobrinos que no dejan de mirarla y les dice

    “¿recuerdan que les dije que había postre?”

    Agustín y Marcos están cada uno en su sofá y no saben qué decir o hacer, de fondo la película erótica con sonidos e imágenes sugerentes.

    En medio de ellos su tía parada con esa sexy ropa interior, cerezas y crema sin sacarles los ojos de encima.

    Le pregunta a Marcos si quiere postre y este dice que sí, lo mismo con Agustín.

    Les dice que se sienten en el mismo sillón, obedecen.

    Sus sobrinos están vestidos solos con sexys boxers al cuerpo que parecen van a reventar por los bultos que crecen en unos segundos.

    Micaela se arrodilla en frente de ellos y pone el pote de cerezas delante de sus rodillas.

    Toma una cereza y la llena de crema en aerosol, se acerca a Marcos, siempre arrodillada y pone una mano en su desarrollado cuádriceps para apoyarse.

    Se acerca buscando que Marcos abra sus piernas y así lo hace, arrodillada se aproxima Micaela hasta que extiende su otra mano con la cereza con crema y la lleva a la boca de su sobrino.

    Ella abre la boca como mostrándole que debe abrirla como cuando eran pequeños y ella les daba de comer cuando los cuidaba.

    Marcos come la cereza mirando a su tía a los ojos.

    Micaela hace lo mismo con Agustín. Y al hacerlo se pone nervioso y se le escapa una risa que hace que la crema choque en sus labios y caiga un poco en su pectoral derecho.

    Micaela hace comer a Agustín la fruta y este quiere limpiarse y ella toma su mano impidiéndoselo.

    Ella misma pasa su dedo limpiando la crema y se lleva esa crema a su boca mirando a los ojos a Agustín quien tiene pequeños temblores de nervios y excitación.

    Vuelve con Marcos y esta vez a propósito Micaela pone exceso de crema y hace chocar los labios para que caiga por el costado de su barbilla y caiga en el pectoral.

    Marcos entiende que no debe limpiarse, no lo intenta.

    Micaela arrodillada entre las piernas de su sobrino mayor se acerca y mientras su mano izquierda se apoya en el muslo y el boxer usa su derecha para limpiar la crema de la barbilla, pero esta vez se lo hace comer a su sobrino de su dedo.

    Obediente Marcos lo hace y Micaela deja fluir un gemido, que es cubierto por los gemidos de la película erótica de fondo.

    Se acerca un poco más y al limpiar la crema del pecho se lo lleva a su boca, pero ha quedado algo, no lo ha limpiado bien.

    esa pequeña marca de crema blanca está allí aún, y Micaela se acerca pero esta vez con su boca, y pasa su lengua por el pecho joven de su sobrino para limpiar lo que falta.

    Lo hace lentamente, al acercarse pasa su lengua de tal manera que tanto Marcos como Agustín pueden ver la tarea de limpieza de la tía.

    Vuelve Micaela a su posición inicial, arrodillada entre sus sobrinos que están sentados esperando el próximo paso.

    Ella le da las cerezas a Marcos y la crema a Agustín y dice:

    “ahora me tienen que dar el postre a mi”

    Marcos toma una cereza y se la acerca a la boca a su tía, ella abre la boca y saca su lengua para que la deposite allí. Sonríe a su sobrino al comerse la cereza y le devuelve el carozo a la mano.

    Mira a Agustín que ya sabe que tiene que darle crema con el aerosol.

    Micaela arrodillada pone la cabeza hacia arriba y abre la boca sacando la lengua esperando lo que Agustín le va a dar, cae la crema e inunda la boca de la perversa tía.

    Ella lo saborea y pasa su lengua por sus labios sacando todo resto mostrando que no va a perder ni una gota.

    Ahora les pide que se pongan de pie y ella seguirá arrodillada, quiere que le den la cereza y la crema uno a cada lado.

    Marcos tiene una erección de tal manera que infla su boxer de manera brutal a tal punto que la punta de su glande aparece por debajo.

    Agustín también esta erecto, pero se acomodó de tal forma que su miembro adolescente hace su aparición por el elástico superior.

    Micaela desde su posición de rodillas tiene la mejor vista de las cabezas de las enormes pijas de sus sobrinos. Ambas brillan en ese living y ella lo sabe.

    Marcos le da la cereza y Micaela la come muy cerca de su boxer, prueba también la crema de Agustín acercándose con descaro casi para oler las bolas de su sobrino.

    Marcos toma la iniciativa y pone la cereza muy cerca de su impresionante cabeza de pene que sale por debajo del boxer.

    Micaela se eleva solo un poco, siempre arrodillada, y apoya una mano en cada muslo de cada sobrino.

    Intenta atrapar la cereza pero torpe su lengua sigue de largo y toca el glande lubricado de líquido preseminal de Marcos.

    Vuelve a intentar y esta vez sus labios y su lengua rodean la cabeza de ese joven pene.

    No quiere dejar a Agustín fuera del show y la mano que apoyaba su muslo, comienza a subir y se mete por debajo del boxer hasta que sus dedos alcanzan a tocar las enormes bolas cargadas de leche del sobrino menor.

    Ya la cereza está de más, Micaela ya rodea con su lengua el glande enorme de su sobrino, sus labios calientes y rojos ya se apresuran a intentar cubrir suavemente la enormidad de esa cabeza.

    Mientras su otra mano independiente de ella, sigue subiendo por dentro del boxer de Agustín y toma las bolas con suavidad, están depiladas, están calientes y hasta le pesan en la delicada mano de Micaela.

    La escena es totalmente erótica.

    Luz tenue de un único velador, los flashes de la película erótica de fondo

    Micaela arrodillada sumisa ante sus dos potentes sobrinos jóvenes

    La boca de ella probando por primera vez la enorme cabeza de la pija de Marcos y su otra mano metida dentro del boxer midiendo las bolas de Agustín.

    Ya nada podrá detenerlos.

    ——————-

    ¿Que les va pareciendo la historia? gracias por los comentarios, los voy teniendo en cuenta.

  • Mi madre religiosa (1): Descubrimiento inesperado

    Mi madre religiosa (1): Descubrimiento inesperado

    El celular de Daniel sonaba de manera insistente sin que él despertase de su profundo sueño. Su madre, Cynthia, lo necesitaba para que le diera los datos de una amiga de la iglesia que tenía anotado en un papel y se había olvidado al salir de casa. Pasaron varios minutos y él seguía en otro mundo, apenas habían iniciado las vacaciones de sus estudios y aprovechaba el tiempo libre para desvelarse jugando videojuegos. Luego de mucha insistencia, al fin despertó y sin casi abrir los ojos contestó la llamada.

    Fue de mala gana a buscar en la habitación de su madre el pequeño papel; sería una tarea difícil porque ella no recordaba con certeza dónde lo había guardado, solo sabía que lo puso en algún cajón de uno de sus armarios. «Apenas tiene 40 años y ya se le olvidan las cosas» — pensó mofándose. Buscó en varios cajones sin tener éxito, abrió los últimos tres casi al mismo tiempo y descubrió que era el lugar donde su madre guardaba su ropa interior. Con recelo tuvo que buscar entre muchas tangas y brasier. Cuando metió su mano más al fondo de uno de los cajones, una tabla de madera que hacía de fondo falso se movió y un consolador con la forma de un pene apareció. Sus ojos se abrieron y hasta el sueño se le quitó al descubrir el juguete secreto de su madre. El celular volvió a sonar en su bolsillo y él pegó un brinco por los nervios. Trató de tranquilizarse y contestó la llamada mientras buscaba con cuidado en el último cajón donde logró encontrar lo que buscaba. Su madre le agradeció por darle los datos y preguntó dónde lo había encontrado. Él, por instinto, mintió diciendo que lo había encontrado en otro cajón. —Te quiero, mi cielo, nos vemos pronto —expresó ella al terminar la llamada.

    Volvió a poner el fondo falso del cajón y lo cerró, regresando desconcertado a su habitación. No podía creer que su madre, que tanto le advertía que no se masturbase porque era pecado, se masturbara usando un consolador. Ella daba charlas en la iglesia a los jóvenes, enseñándoles que irían al infierno si se provocaban un orgasmo masturbándose. Sentía ira al darse cuenta lo hipócrita que era su madre y al mismo tiempo empezó a excitarse imaginándola metiéndose ese falo de plástico en su vagina. Era la primera vez que él la veía como una mujer guapa y viuda y no como su religiosa madre; eso le provocó una excitación como nunca antes.

    Lleno de lujuria, fue al cuarto de lavado en busca de alguna prenda íntima de su madre para masturbarse con ella. Eligió una tanga blanca con encaje y aspiró el fuerte aroma femenino de la prenda; maravillado con el olor, frotó la tanga en su pene erecto, masturbándose de forma desenfrenada. Cuando sintió que su pene y sus testículos se contraían, supo que iba a eyacular y colocó su glande en la parte de la prenda que va en contacto con la vulva y la llenó con su semen.

    Su mirada se volvió pícara y supo que su madre se había convertido en el objeto de su deseo.

  • ¿Novios formales? (I)

    ¿Novios formales? (I)

    Mi relación con Hanna empezó hace ya unos cuantos años. Nos conocimos en una fiesta y, al par de horas de presentarnos, ya estábamos follando escondidos en una habitación. Tuvimos una gran conexión desde el primer momento, tanto en el sexo como en lo personal, y empezamos a vernos con frecuencia. Nos lo pasábamos genial y nos sentíamos muy bien el uno con el otro pero, puede que por el momento vital de cada uno y por nuestra forma de ser, nos costó reconocer nuestros sentimientos.

    A lo largo de estos años, nuestra relación ha sufrido cientos de transformaciones. Hemos sido solo amigos, a veces hemos reconocido tener un rollete y, en alguna ocasión, hemos llegado a desaparecer de la vida del otro, asustados al ver que empezábamos a tener algo. En este tiempo, ella se ha follado a todos a sus amigos y a alguno de los míos, yo he hecho lo correspondiente, hemos montado tríos y alguna que otra diablura más; pero, de un modo u otro, al final siempre terminábamos buscándonos. Nos costó muchas idas y venidas pero, al fin, en los últimos años, incapaces de negar la realidad, aceptamos nuestros sentimientos y forma de ser para reconocer que teníamos algo y empezar una relación abierta. Seguíamos haciendo prácticamente lo mismo, pero dejándonos de tonterías. Fuimos más felices desde entonces y, precisamente, nuestro deseo de follar con quién nos diera la gana se fue apagando, hasta tal punto que nos planteamos dejar todo eso atrás y tener una relación más convencional. Lo que nuestros padres llamarían “ser novios formales”.

    Maldita nuestra suerte que, justo cuando tomamos la decisión, tuve que irme a vivir fuera unos meses por culpa del trabajo. Una prueba de fuego para dos promiscuos como nosotros y nuestra recién estrenada monogamia. Nos dio rabia y estuvimos tristes al principio. ¡Qué mierda de trabajos! Hanna insistió desde el minuto uno en venir a verme y, cuando estuve asentado en mi nueva casa y ella pudo coger vacaciones, buscamos un vuelo para que pasara aquí unos días.

    Esperaba en el aeropuerto nervioso como si fuera la primera vez que iba a verla. Solo había pasado un mes desde que me vine a vivir aquí, quizás unos días más, pero parecía que no la veía desde hacía años. Echaba de menos su risa, escuchar su voz llamándome “mi negro”, bailar con ella, que me reventara en la cama… Cuando su vuelo llegó me temblaban las piernas y, al verla aparecer, corrí hacía a ella y la levanté en un abrazo con el que casi le rompo la columna. Nos besamos como dos adolescentes, ¡qué subidón me dio sentir su boca fresquita y su lengua juguetona junto a la mía! Teníamos ganas de hacernos de todo, pero en la carita de cansancio que traía se le notaba que estaba agotada por el vuelo. ¡Estaba tan guapa! Le ayudé con las maletas y fuimos a buscar un taxi. La pobre se caía de sueño y se apoyó en mí para esperar. La acaricié, posé la mano en su cadera y, ya que estaba, bajé hasta el culo. Ese culo grande y prieto, embutido en leggins, por el que contaba las horas que faltaban para volver a comérmelo.

    Pasamos unos días increíbles, como dos tórtolos recién enamorados, riendo y follando sin parar. Enganchados todo el rato. El viaje de vuelta se acercaba y quisimos aprovechar aún más cada momento. Acababan de instalar la decoración navideña y salimos a darnos un paseo antes de pegarnos una juerga por la noche, que teníamos ganas. Nos hicimos fotos de tontos enamorados bajo las luces, junto al árbol, compramos regalos para amigos y familia y tomamos algún vino que otro. Poseídos por el consumismo y la exaltación del amor, en nuestro camino nos encontramos un sex-shop. Al pasar por el escaparate no pude evitar echar un ojo a las fotos de las modelos y a los artículos que allí había; cuando volví la mirada hacia Hanna descubrí que había estado mirándome todo ese rato aguantándose la risa.

    -Se te van los ojos, chavalote – dijo entre risas.

    -Me has pillado. Pero ha sido solo por saciar la curiosidad.

    -Si quieres saciar la curiosidad, podemos entrar a ver qué hay. Total, si estamos de compras.

    No sabía si me hablaba en serio o si seguía la broma, pero fue ella quien se encaminó a la puerta y yo no tuve más que seguirla.

    La tienda me flipó nada más entrar. Una decoración chulísima, con cierto toque futurista, neones azules y estanterías de cristal. Vendían unas cosas que hicieron volar mi imaginación con solo verlas. Había un pequeño estante con pelis y revistas, pero casi toda la tienda estaba dedicada a los juguetes, los aceites, la lencería… Me imaginé a Hanna (y a alguna que otra más) ataviada con cada uno de los conjuntos que vi. Le decía al oído lo jodídamente sexy que estaría con ellos puestos y ella respondía imaginando situaciones en las se los podría poner. La sonrisa tonta que no podía quitar de mi cara desvelaba todos mis pensamientos.

    Hanna sacó un perchero con un conjunto compuesto de un liguero de arnés y tanga de cuero para hombre. Lo puso a mi lado para imaginarme con él y en su rostro se dibujó el deseo. “Lástima que la polla no te entre ahí” dijo a un volumen que pudo escuchar buena parte de la tienda. Empezaba a estar cachondo perdido y creo que era una sensación compartida con ella. No paraba de pensar en qué sitio nos podríamos meter a follar antes de llegar a casa.

    -No me habías dicho que hubieras hecho de modelo para juguetes de estos – dijo señalando un dildo que se llamaba “The Black Monster” -. Podría llevarme uno para cuando te eche de menos… ¡Guau, qué preciosidad! – exclamó mientras se iba corriendo a mirar otra cosa.

    Lo que había llamado su atención era una colección de dildos trasparentes, de diseño muy elegante, de distintas formas y tamaños. Dos plugs anales de diferentes tamaños, un dildo curvo, otro recto, uno más grueso con rugosidades y otro más cortito pero de un grosor solo para expertos.

    -Son preciosos. Me los quiero meter por el coño, por el culo y por donde me que quepan.

    -Viendo lo cara que es la tienda, esto tiene un precio bastante razonable. A mí me encantan también. ¡Venga! Te los voy a regalar como antesala a la navidad.

    -¿En serio, Lex?

    -Solo si me dejas verte cómo los usas.

    Salimos de la tienda con nuestra bolsa negra y nuestro juego de dildos, contentos y calientes como los depravados que éramos. Entre compra y compra se nos había hecho tarde y teníamos reserva para cenar. Corrimos a casa para pegarnos una ducha, arreglarnos y salir zumbando al restaurante. Estaba frente al espejo, terminando de arreglarme y esperando a Hanna cuando oí tras de mí su voz diciendo “¿vamos?”. Me giré para responderle y, al verla, casi se me cae la baba. Bajo un abrigo largo y atigrado, llevaba un top negro de cuello vuelto y manga larga que dejaba todo su terso abdomen al descubierto; sus vaqueros, oscuros, no bajaban mucho más de la ingle y, bajo estos, unas medias de rejilla cuya cintura sobresalía por encima del vaquero. Calzaba unas botas altas, casi hasta la rodilla, que nunca antes le había visto. Quise hacerle un cumplido, pero mi cerebro atolondrado por semejante pivón solo alcanzó a decir: ¡qué buena que estás! Se cubrió bien con el abrigo, enrollándose como una mantita los domingos, y salimos por la puerta.

    No recuerdo ni que comimos. Nos pasamos toda la cena mirándonos, lanzándonos indirectas, tocándonos con los pies por debajo de la mesa… Cuando llegamos a la discoteca y tomamos la primera copa nos terminamos de desatar. Entre follar y bailar como lo estábamos haciendo había solo un paso y estábamos a punto de darlo. Nos comimos los morros, nos mordimos el cuello, nuestras manos iban y venían por todas partes y llegaban a lugares prohibidos para mucha gente cuando está en público. Da igual que Hanna mida menos de uno sesenta y yo más de uno noventa, se mueve de una forma que me domina. Sus caderas dictaban mis movimientos y, por mucho que la envolviera con mis largos brazos, era ella quién marcaba el ritmo. Alzó su pierna derecha para hacerme una pinza y atraerme hasta ella, quedando nuestras pelvis bien juntas, que es lo que queríamos. No pude resistirme a tocar ese poderoso muslo que estaba a mi al rededor, vestido con esas medias de rejilla que me ponen burrísimo. Fue entonces cuando seguí el camino natural hasta llegar a mi culo favorito. Lo disfruté, lo agarré y busqué su interior. ¿Qué era eso duro? ¡No puede ser!, me dije, la muy jodida llevaba el plug puesto.

    -¿Hanna, llevas el…?

    -Sí – me interrumpió con una cara que lo decía todo.

    -¿El grande o el pequeño?

    -Si quiero que me metas tu pedazo de polla por el culo, ¿tú qué crees?

    Mientras me decía eso al oído, me abrió la bragueta y me agarró la polla. No me di cuenta cómo de rápida fue, como no me di cuenta de que estaba casi empalmado. Allí mismo, con cientos de personas bailando a nuestro al rededor, empezó a pajearme sin sacarla del pantalón.

    -¿Vamos al baño? – le susurré al oído.

    -Vamos a casa – contestó tajante. La respuesta de Hanna me sorprendió pues, cuando está así de cachonda, no pierde el tiempo y cualquier sitio mínimamente escondido le parece apto para follar. Llevamos unos cuantos baños a nuestras espaldas.

    Pillamos un taxi y nos montamos los dos atrás. Apenas pasaron unos segundos, volvimos a enrollarnos como salvajes, como si estuviéramos solos. Pasé la lengua por su cuello y desperté de nuevo a la bestia. Atónito, fui testigo de como Hanna, sin cortarse un pelo, me agarró de nuevo la polla bajo el pantalón para pajearme. Tenía una de las mayores erección de mi vida, imposible de ocultar. No había posibilidad de hacer aquello de manera disimulada ni, al parecer, tampoco había intención. Por el retrovisor, podía ver al taxista lanzándonos miradas furtivas. Era demasiado hasta para mí, pero no podía (ni quería) pararlo.

    Ya en mi edificio, nos restregamos de una esquina a otra del portal. De habernos visto algún vecino, hubiera llamado a la policía al pensar que nos estábamos matando. En el ascensor metí toda la mano que pude y aproveché para investigar bajo el pantalón. Comprobé que, en efecto, llevaba el plug grande puesto y sonreí. Conforme llegamos arriba y abrí la puerta, me llevó a empujones hasta el sofá, lanzó el bolso y el abrigo por el suelo y saltó sobre mí cual leona dispuesta a cazar a su presa. Y su presa era mi polla.

    El pantalón ya venía desabrochado desde el taxi y, la velocidad con la que mi polla pasó a estar en su boca fue pasmosa. Sentí liberación en ese momento, por fin llegaba el momento. Tras unas primeras catas de pura ansia, recorrió con la punta de la lengua el largo trayecto desde los huevos a la punta. Casi siempre que me la mamaba la pegaba a su cara para recordar que aquello era tan grande como su cabeza, para después susurrar entre rosoplos “mi negro…”. Tomó aire, la agarró con las manos y se metió en la boca todo lo que pudo. Se me cayó la cabeza hacia atrás, perdí la fuerza del cuello. Era una mamada de pura pasión, como todo lo que hacía Hanna en la cama. Cuando por fin había conseguido erguirme, continuó solo con una mano mientras me comía los huevos, haciéndome perder de nuevo la fuerza.

    Se quitó el top y vino hacia mí. Nos morreamos bien cerdo, un morreo de esos que abarca cara, cuello y tetas. Le hubiera devorado allí mismo. ¿Cómo un pecho tan pequeño como el suyo podía ser tan hermoso? ¿Cómo esta chica, tan bajita y tan plana podía estar tan buena? Pasaban los años y los polvos y no dejaba de sorprenderme.

    Con la misma facilidad con la que me sacó la polla se desabrochó los pantalones, quedándose con tan solo las medias y las botas. Al ver el camino despejado, estiré el brazo para agarrarla bien del culo. Primero toqué el plug y me estremecí; cada vez que lo recordaba sentía como se bombeaba la sangre hirviendo hasta mi polla. Después, me hice camino hasta el coño, haciendo que Hanna bajara la guardia por vez primera. Se desplomó al mero contacto y, al meterle los dedos, se escucharon los primeros gemidos. Tenía el coño empapado, los dedos me volaban al meterlos y sacarlos. Había amansado a la fiera.

    La levanté en el aire y, con la misma presteza que delicadeza, le di la vuelta para dejarla tumbada de lado, quedando su imperial culo hacia mí. Saboreé primero su caudaloso coño, levantándome con un rápido baile en el clítoris. Me agarré la polla, estaba dura como acero, la agarré del muslo y entró con tremenda facilidad. Un gemido o, más bien, un grito de Hanna dio testigo de ello y, a cada centímetro que entró en su interior, los decibelios fueron subiendo. Me miró apretando los dientes, enseñándolos como un animal que quiere pelea, y empecé a moverme. Hanna trataba de mantener su gesto, desafiante, pero la cara se le descomponía y no aguantaba la mirada. La baba se le escapaba y caía por el reposabrazos del sillón. Abrí todo lo que me daba la mano para agarrar lo que pudiera del cachete del culo grande y liso que quedaba frente a mí. Al levantarlo, la base del plug quedó expuesta, encendiendo aún más el demonio que tenía dentro.

    La alcé desde la cadera, girándola noventa grados, quedando ella a cuatro patas. Todo ese culo quedó expuesto para mí, con el plug en el centro, del que no pude quitar ojo ni un segundo, como si me tuviera hechizado. Estiré los cachetes hasta que los labios menores se separaron y volví a la carga. Mi polla entró como una espada ensartando lenta y profundamente. Entre gemidos y lanzadas, Hanna trató de alcanzar su bolso. Nos detuvimos en un segundo, sin liberarla de su empalamiento, y rebuscó en él. Me pasó una pequeña muestra de lubricante que traía el juego de dildos que compramos a la tarde y me pidió que siguiera. Sin dudarlo, retomé las penetraciones al mismo tiempo que abría el bote y vertía su contenido por su culo. Una vez embadurnada, le quité el plug despacio (no había duda, era el grande) y, con él mismo, arrastré el lubricante hacia el pozo dilatado en el que se había convertido su ano.

    Un estruendoso gemido fue la reacción al torrente de carne que se adentró en su cuerpo, despacio pero fluido, a través de las ensanchadas y lubricadas paredes de su culo. Un torrente lento, pero incesante. El gemido se apagó y Hanna miró de soslayo. Tenía el maquillaje corrido, la boca llena de babas y los ojos al rojo vivo, a punto de escapar de las órbitas. No dijo nada, pero había en su rostro algo diferente, algo lleno de fuerza que me dominaba aún más que sus caderas cuando bailábamos. Tomé posición, la agarré de la cintura y la penetré con la misma fuerza que la que me dominó su mirada. Nuestros cuerpos se alinearon, hallando una senda senda recta en su interior por la que mi cuerpo se deslizaba una y otra vez, cada vez más rápido, sin oposición, con suma facilidad.

    Mis músculos, mi mente al completo, Hanna, su voz, nuestra carne. No hallaba diferencia entre ellos y lo demás dejó de existir. Solo nuestro sexo. Incluso respirar se convirtió en secundario para mí, hasta el punto de llegar a sucumbir. Paré en secó y rugí. Volví a ver las fronteras entre mi cuerpo y mi mente, entre ella y yo. Como si no le hubieran reventado el culo con más de veinte centímetros de carne, Hanna se dio la vuelta y saltó sobre mí con la misma energía y agilidad que lo hizo al principio. Nos besamos, nos tocamos, nos dijimos de todo con nuestra cara de guarros, sin usar ni una palabra.

    Me dejó el tiempo justo para recuperar el aliento y, refregándose cual posesa el clítoris, se fue echando hacia atrás, esta vez de cara a mí, invitándome a continuar. Abrió bien las piernas, alzándolas y levantando la cadera para que pudiera acceder a su culo. Gasté lo que quedaba de lubricante directamente sobre mi polla, agarré una de sus piernas y, con la otra mano, me guie hasta mi objetivo. Con el camino ya hecho, las penetraciones se tornaron salvajes. Mi polla se perdía entre sus cachetes, quedando sobre ella su coño carnoso y brillante, colmado de flujos. Su mano no cesaba al darle caña al clítoris, por mucho que la entorpecieran mis embestidas. El juego coordinado y casi místico que alcanzamos en la anterior postura, se convirtió en algo rudo, casi soez, pero divertido. Nuestros ruidos eran toscos, desmedidos, casi cómicos, fruto del absoluto placer y la entrega a ello. Entre estertores nos miramos, boquiabiertos y sudorosos. De repente, la cara de Hanna comenzó a palpitar, como fruto de cientos de tics nerviosos que antes no tenía. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, ahogándose en un ruido grave y ascendente, que se hizo intermitente cuando empecé a sentir mojada la barriga. Se estaba corriendo y, al sonoro orgasmo, le acompañó un abundante squirt que cayó todo sobre mí.

    No esperaba aquello y me hizo perder las riendas de mi cuerpo. Sentí a la vez una explosión en la cabeza y en los huevos y un cañonazo de esperma recorrió mi polla hasta salir disparado al interior de su culo. Sentí el calor del esperma retrocediendo y escapando de aquel agujero, chorreando por la base de mi pene y por su culo. Ni sacársela pude, mi cuerpo cayó rendido sobre ella y, tendidos en el sofá, mezclando nuestros sudores, aún enganchados, nos quedamos recuperando el aliento. Durante varios minutos, el ruidoso alboroto de nuestros gemidos se sustituyó por un repentino silencio solo alterado por el sofoco de nuestra respiración. Saqué mi polla, ya flácida, resbaladiza y llena de semen, pero no pude levantarme de al lado de Hanna. Ella me acarició la cabeza, acercó sus labios a mi oído y susurró:

    -Te quiero y quiero estar contigo.

    (continuará…)

  • Mi despertar (1)

    Mi despertar (1)

    Deseo empezar estos relatos hablándoles un poco de mí, nací en Medellín hace 47 años, me bautizaron con el nombre de Vanessa, mido 154, peso 48 kg, mi busto es 34b, tengo una linda cola, piel blanca, cabello largo color castaño, no me considero una belleza, pero llamo la atención cuando estoy en público. Trabajo en un spa de estética, mi esposo se dedica al diseño y desarrollo de proyectos de construcción, tenemos un hijo universitario.

    Me casa virgen a los 20 años con un ser humano maravilloso 15 años mayor que yo. Con él viví mis primeras experiencias sexuales, el me enseñó todo lo relativo al sexo y aprendí a disfrutar: el vaginal, anal y oral; me enseñó también a escribir mi cuerpo semidesnudo y desnudo en lugares públicos como: gimnasios, saunas y playas nudistas ya que mi esposo es un hombre muy seguro de sí mismo y también es de mente abierta. Más tarde entendería para que me estaba preparando.

    Luego de varios años de vida marital muy satisfactoria y después del nacimiento de nuestro único hijo, José, empezó a insinuarme que deseaba que me abriera sexualmente para que viviera nuevas experiencias, según él, satisfactorias para ambos que además le pondrían «pimienta» a nuestra vida sexual.

    «Como así amor?, ¿qué quieres que haga?, estoy muy feliz sexualmente contigo «.

    «Lo se BB, (siempre me llama así) eres una mujer muy hermosa, apasionada y deseable soy muy afortunado de tenerte, sería un pecado y muy egoísta de mi parte ser el único en disfrutarte, ¿no crees?».

    «Lo que creo es que deseas estar con otras mujeres y solo estas buscando una excusa para poder hacerlo».

    «BB como puedes pensar eso, si hicieras lo que te estoy pidiendo sería fiel a ti eternamente, además me harías el hombre más feliz del mundo «.

    «mmmm no sé, no creo ser capaz de estar con otro hombre, porque eso es lo que quieres, ¿verdad?».»

    «Si BB, ¿no te parece excitante?, no te causa curiosidad?, ¿otros hombres, otros olores, otras vergas, otros sabores?».

    «Mmmm no sé, no creo estar preparada para eso, pero te amo y sabes que no puedo negarte nada, te prometo que lo voy a pensar, contento?».

    Estas conversaciones se volvieron recurrentes cada que estábamos haciendo o terminábamos de hacer el amor, José me sorprendió cuando apareció con un dildo negro de 8 pulgadas el cual bautizamos Javier que fue uno de mis noviecitos, un plug anal al cual le pusimos Cesar, también compramos un par de esposas de juguete, estos se volvieron parte activa de nuestra intensa vida sexual, aprendí a disfrutarlos; algunas veces en medio de nuestras culiadas le decía: «mor quiero follar con Javier». «Siii amor déjame lo llamo para que te lo meta».

    Entonces me follaba con el dildo. Después de varios meses disfrutando de esos juegos eróticos la curiosidad empezó a despertar en mí deseos de vivir otras experiencias; pensando que estas en realidad harían feliz a mi esposo como a cada rato me lo repetía, una noche después de jugar con Javier, Cesar y follar con mi esposo le dije: «mor creo que estoy lista para dar el siguiente paso». «Como así BB de verdad?». «deseo hacerte feliz, si quieres que folle con otros hombres creo que ya estoy lista para hacerlo». José feliz con una gran sonrisa y excitación: «te amo BB, eres única, gracias por atreverte a hacerlo, te amo».

    No podía creer lo feliz que estaba, tuvo una erección de inmediato y me follo con una intensidad diferente; establecimos las reglas para lo que sería nuestra vida sexual a partir de ese momento.

    Deberían ser hombres mayores de 50 años, morbosos, pervertidos, dominantes, pulcros y discretos, cero dinero, cero drogas, cero cigarrillo, poco alcohol, debían vivir en Medellín o cerca. José los conocería personalmente antes de que yo tuviera contacto con cualquiera de los de ellos, pero yo tendría la última palabra y nunca los traeríamos a nuestro apartamento.

    A continuación, José abrió un perfil en una página de contactos (guía cereza), tomó fotos de mi cuerpo desnudo ya que esto ampliaría nuestras posibilidades. Empecé a chatear y al poco tiempo hice contacto con un señor que cumplía todos nuestros requisitos menos uno ya que él residía en Bogotá, don Luis, chateábamos casi todos los días, en mi trabajo permanecía excitada y ansiosa de que llegara la noche para poderme conectar; a mi esposo le pareció interesante no solo el señor sino la posibilidad de un paseo sexual, intercambiamos Skype y yo me desnudaba y me tocaba para él, disfrutamos de sexo virtual por algunos meses, entonces decidimos viajar a Bogotá don Luis nos había ofrecido su casa para hospedarnos.

    No se imaginan queridos lectores los nervios y la excitación los días previos al viaje. José quería follar todos los días, yo, por el contrario, quería guardarme. Yo era un mar de nervios, excitación y lujuria cuando lo vimos personalmente en el aeropuerto.

    Don Luis tenía 56 años, cosa que me encantó desde que chateamos por primera vez, más o menos 180 de estatura, delgado sin ser flaco con una barriga incipiente, medio canoso con una barba corta muy bien cuidada, en la entrepierna se le notaba un bulto, se veía pulcro y muy seguro de sí mismo. Físicamente todo lo contrario de mi esposo José, nos presentamos…

    «Mucho gusto Luis encantado de conocerlos y poder ser su anfitrión». José: «encantado amigo espero que esta sea una experiencia inolvidable para todos nosotros «. «Eso se lo aseguro amigo mío, Vanessa ven acá». En medio de mi nerviosismo y mi excitación me acerque a él «.

    Don Luis se inclinó y me dio un suave beso en los labios, me paso el brazo por los hombros y así caminamos hasta el coche con mi esposo siguiéndonos a escasos pasos, en el coche ocupe el asiento del pasajero por indicación de don Luis mientras mi esposo lo hacía en la parte de atrás, antes de arrancar don Luis volvió a besarme, esta vez, más apasionada y largamente, excitada respondí a la caricia, me moje al sentir unos labios una lengua y un olor diferente, me sentí suya, en el trayecto hablamos de cosas triviales: familia, música, aficiones, comida, poco a poco nos fuimos relajando.

    Llegamos a la casa (barrio normandia) no muy lejos del aeropuerto, nos indicó el dormitorio que íbamos a ocupar en la segunda planta y nos dijo: «los espero abajo en la sala».

    Al quedarnos solos José me abrazo, me beso con pasión: «cómo te sientes BB, nerviosa, excitada, te gusto cuando te beso, te gusto como hombre?».

    «Si amor, estoy toda mojada, esto es una deliciosa locura y tu amor ¿cómo estás?». «Feliz más excitado que tú, mira como la tengo», y se señaló la entrepierna.

    Don Luis estaba sentado en el sofá, con un par de palmadas al cojín me indicó que me sentará a su lado, mientras tanto le indico a José que sirviera tres copas de vino a continuación, ignorando completamente a José, cogió mis manos y mirándome sádicamente a los ojos me pregunto: «dime Vanessa aquí delante de tu esposo; que te gusta, que disfrutas, ¿que esperas encontrar en mí?».

    En medio de mi nerviosismo no encontré palabras para responder. José vino a mi rescate, intervino y le dijo: «soy un hombre de mente abierta considero, como puede ver, mi esposa es una mujer muy hermosa, atractiva y apasionada». Don Luis: «totalmente de acuerdo más en persona que en cámara». A lo que José contestó: «sería un pecado disfrutarla y poseerla solo yo, por esa razón, nos pusimos de acuerdo para que ella disfrute su sexualidad y viva nuevas experiencias, eso contribuirá a que nuestra relación no caiga en la rutina y nos hará felices a los dos». «Eso es seguro dijo don Luis, y agregó: «pero no quiero límites, todo se hará como yo diga».

    De acuerdo amigo, «toda suya», José se acercó a mí me beso con pasión y me susurro al oído: «déjate ir, no le niegues nada, se su puta, recuerda que te amo y me haces feliz».

    Y me dejo en manos de don Luis, que me miraba con lujuria y deseo.

    Continuará…