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  • Madre luchadora

    Madre luchadora

    María Fernanda o “Mafer” es una mujer alta de 1.95 metros de altura, cuenta con cuarenta años de edad, piel morena, cabello largo hasta la cintura y unos rasgos faciales muy refinados. Presumía unas maravillosas tetas medianas y firmes con copa C y un culo grande debido a las intensas rutinas que seguía en su gimnasio, para mantenerse atractiva aún a sus 40 años de edad.

    María Fernanda era una culturista y luchadora profesional. Ella se había unido a un club local de su ciudad en Miami, en el cual se le había dado el privilegio de luchar tanto con hombres como con mujeres, ya que ella era el miembro más dominante del club, el cual tenía una particularidad muy especial. A menudo a los miembros de este les encantaban las luchas con María Fernanda.

    Aunque María Fernanda tiene un cuerpo extremadamente femenino y coqueto, ella es enorme y sus músculos están bien desarrollados, tiene unos abdominales de película que todos los hombres envidiarían, unos bíceps enormes, unas piernas muy gruesas y atléticas, con las cuales muchos pagarían para ser aplastados, lo cual era cuanto menos agradable para ella ya que le encantaba dominar sexualmente y físicamente a sus parejas, en especial a los hombres.

    Un día, Notó a un chico joven de unos 18-20 años en la zona de los casilleros, quien tenía rasgos afeminados y media 1.60. Casi desnudo, solo tenía unos shorts de los que usaban en los gimnasios, tenía más o menos la misma edad que su único hijo. El muchacho era nuevo y se topó con ella utilizando únicamente un bikini azul con el que se veía despampanante, resultando en que el muchacho quedara deslumbrado.

    – «¡Eres nuevo aquí?»

    – Si, lo soy- dijo nerviosamente- “Siempre fui bueno en el jiu-jitsu brasileño y me interesaba mucho este club”

    Aunque intimidado, la hembra dominante pudo notar que tenía una erección y sentía una gran atracción hacia ella.

    – “Me alegra mucho que haya un nuevo miembro en este club, yo soy la campeona de acá y estaba algo aburrido desde hace un año que nadie nuevo viene”

    María Fernanda pronuncio esas palabras con una sonrisa que denotaba emoción en su hermoso rostro, haciendo una pose de las que harían los superhéroes de las historietas, con el cuerpo extendido y brazos en la cintura.

    – “En verdad muchas gracias por recibirme”- Pronunció tímidamente el muchacho- “Espero nos llevemos bien.

    – “No obstante hay un requisito indispensable antes de entrar- Dijo la Amazona” – “Yo seré el primer oponente que enfrentarás”

    El muchacho sintió miedo y excitación a la vez. Sabía que sería facilmente aplastado por esta mujer alfa, pero saber que tendría contacto de primera mano con ella y podrían sentir su cuerpo sudorosos frotarse entre sí lo emocionaba.

    – “Vendrás conmigo quieras o no”

    María Fernanda lo tomó de la mano para llevarlo de los casilleros hasta el ring, donde el muchacho debería demostrar de lo que estaba hecho.

    -«Tienes suerte chico, enfrentando a la campeona indiscutible de este club» flexioné los brazos «Oh si, nadie aquí me ha ganado… ¿te emociona saber eso?»

    Ella podía sentir que su excitación era más fuerte mientras estaba intimidado por mi tamaño

    -«Si no puedes venir hacia mí, yo iré hacia ti, muchacho»- Pronunció- “También espero que no te moleste que me ponga cómoda”

    Procedió a quitarse el brasier que llevaba dejando expuestos esos deliciosos pechos que tenía, dejando al muchacho babeando por aquellas perfectas esferas adornadas por un par de exquisitos pezones oscuros, lo cuales bailaron mientras se amarraba el cabello.

    -“Escucha cariño”, dijo, con los brazos por encima de la cabeza, arreglándose la cola de caballo, “usualmente solo utilizo como… el 70% de mi fuerza hasta ahora. Pero ahora voy a hacer todo lo posible. Voy a darte todo. Creo que alguien lindo como tú lo amerita”.

    «Está bien cariño, toma mis manos, empecemos» Se juntaron. Lo empujó. Aplicó toda su fuerza y enseguida dominó al muchacho sin ningún problema.

    El muchacho terminó boca abajo en la colchoneta antes de estar seguro de lo que estaba sucediendo y antes de que pudiera pensar realmente en cómo su hermoso y musculoso oponente ahora estaba desnudo.

    María Fernanda se sentó de espaldas a sus pies y le agarró las piernas por debajo de los brazos. Estaban tan seguros en sus axilas que sabía que no los recuperaría a menos que ella se lo permitiera. Esto causó un dolor terrible en el muchacho y le forzó a rendirse en el acto.

    “Lo que esperaba chico, pero acá gana el mejor de tres así que preparate”

    Volvieron a tomarse de las manos y María Fernanda lo dominó. Lo acercó a sus poderosas tetas. Lo rodeó con el brazo y lo cargó para darle un abrazo de oso. El muchacho trataba de ocultar que le gusta que lo carguen así. Lo abrazó fuerte y pronunció:

    «Todavía estamos luchando, sabes, si no intentas salir, podría aplastarte. Hnnghh»

    Para ser justos ella también estaba bastante excitada. Si alguien solo escuchara sus gruñidos, pensaría que lo estaba follando.

    -«Aaahhh, ¿demasiado para ti?- Un último apretón causó que sintiera su erección contra sus abdominales- «Oh, sí, te gusta cómo muestro mi poder».

    Obtuvo la sumisión y para finalizar hizo un suplex.

    – A pesar de todo no tuviste miedo al final y estoy orgullosa de ti, mereces un premio.

    Recostó su cuerpo desnudo y sudoroso sobre el de él. Podía ver que él estaba más duro que nunca, lo cual era mucho decir ya que había estado excitado durante todo el encuentro, incluso cuando sentía más dolor. Aunque realmente ni siquiera había visto dolor todavía.

    María Fernanda comenzó a golpear sus caderas contra su presa. Él dejó escapar un gemido de dolor mientras ella lo hacía cuando se quedó sin aire. Ella empezó despacio. Ella se estrellaría contra él y luego esperaría un momento, dejando su cuerpo presionado contra el de él. Luego ella se levantaría nuevamente y lo golpearía nuevamente. Tenía una especie de sonido húmedo debido a lo sudorosos que estaban ambos en ese momento. Lentamente comenzó a hacerlo más fuerte y más rápido. Ella aumentó la velocidad y encontró un buen ritmo, como si lo estuviera follando con un arnés. Aiden sintió como si lo estuvieran golpeando contra la colchoneta. Se sentía como si hubiera un cráter allí cuando terminara. Ella lo estaba empujando tan fuerte con su cuerpo musculoso que parecía como si lo estuvieran pulverizando. No podía creer cuánta fuerza podía generar así con sus poderosas caderas.

    El muchacho estaba cada vez más deleitado y mientras frotaban su cuerpo de forma violenta y erótica, aprovechaba para tocar sus músculos, espalda, nalgas, piernas y tetas, lo cual fue muy apreciado por María Fernanda.

    En agradecimiento lo cargó y le metió la lengua hasta la garganta, explorando su boca y concediendo el primer beso de la vida de este muchacho, el cual nunca olvidaría.

    Rompió sus shorts y dejó un pene de 15 cm al aire a punto de reventar, el muchacho la rodeó por la cintura con sus piernas y empezó a follar sus abdominales con un gran placer. A María Fernanda le encantó y empezó a bailar una especie de lambada junto con el muchacho dando infinito placer a ambos.

    -”Mi amor, no soporto esto, yo también quiero placer”

    Rápidamente se quitó el tanga que retía y descendió al muchacho para que su miembro tuviera acceso a su más preciado orificio. Lo introdujo sin problemas y ambos empezaron a moverse al unísono.

    El muchacho agarró las tetas y empezó a chupar tal como si María Fernanda lo estuviera amamantado, chupando alternativamente entre uno y otro de sus maravillosos pezones.

    -”Amoor, me corrooo”

    Ambos terminaron a la vez, dejando el esperma en el interior de la vagina de María Fernanda, quien se sentía gustosa después de los espasmos que le causó el orgasmo.

    Continuará.

  • Cita con Camila

    Cita con Camila

    Presento uno de mis relatos favoritos por el morbo que me causó y lo rico que lo pasé, está vez conocí por una app de citas a Camila una señorita chilena 30 años. Empezamos nuestra charla para conocernos nada más allá de lo común así paso por unos días.

    Una mañana debo salir al mercado hacer compras, no tenía nada planeado para el día así que no estaba preparado para lo que ocurriría más tarde. Así que salgo sin ducharme decido llevarme al perro y tardarme más de lo necesario si no tenía más planes.

    Terminado mis compras empiezo a conversar con esta chica de nuevo y me dice que está en la ciudad, ya que ella vivía un poco alejado a 1 hora. Así que en broma le digo para vernos a lo que me contesta que si, entre conversación hablamos sobre el almuerzo ya llegaba mediodía y quise invitarle a comer, me responde por notas de voz que si, que tenía hambre y le gustaba la carne, la leche y los huevos… Así empieza algo bueno, me apresuré a terminar e irme a casa corriendo para arreglar ducharme y limpiar porque sabía lo que pasaría… Jajaja

    Al llegar conversamos un rato nos conocimos mejor, yo cargaba short corto sin ropa interior y polera para provocarla, así nos acostamos y empezamos solo a conversar. Quería que ella hiciera el trabajo, que me deseara que se lanzara y en un momento me abraza y comienza a besar, tomo su mano y la pongo en mi verga de 17 cm dura como una roca.

    Se asusta y empieza a bromear, lo saco empezó lo bueno mamadas salivosa y profunda duro así unos 20 minutos luego nos levantamos y siguió en lo suyo se metía mis 17 cm hasta el fondo había mucha saliva caía al piso mis bolas estaban goteando babas esa mujer estaba poseída mamando verga.

    Se puso en 4 y se lo metí dándole duro como a una buena perra le abro su culo y le digo quiero follarte el culo… No responde y se lo vuelvo a decir y con voz jadeante me decía “mételo mételo…”. Un escupitajo y entro suavecito sentí que le abría su culo se lo expandía con mi verga dura, así estuve dándole por el culo hasta que me cansé.

    Cuando no pude más por el cansancio empezó a chupar nuevamente, una de las mejores mamadas que me han dado, esa mujer estaba tan excitada, le follé la garganta a placer, me dejó hacer todo lo que quisiera.

    Así estábamos, ya estaba cansado, llevábamos al menos 3 horas en esto seguía su mamada, tomé su carita, la miré y me dijo “acabarme en la cara”. Eso me excito tanto que termine chorreando mi leche por toda su cara, sus labios, su pelo y hasta mis dedos se llenaron, así que los metí en su boca ella los chupaba y saboreaba, recogí todo el semen de su cara y ella se lo trago.

    Luego de eso descansamos un rato, conversamos muy poco, nos despedimos y no volvimos a vernos.

    Espero les guste tengo más historias de mis citas de app.

  • La perversión de mi hijo (II)

    La perversión de mi hijo (II)

    Aquella fría noche mi hijo llamo para decirme que no vendría a dormir y Cora y yo cenamos y recogimos la cocina y nos dispusimos a ver Netflix, antes yo fui a mi habitación y me desnude y me puse un pijama y me senté en el sofá, nos tapamos con una manta y empezamos a ver una serie, yo me encontraba muy cómoda y me acurruqué al lado de Cora que paso su brazo y me abrazo por la cintura, al cabo de un rato noté cómo la mano Cora se introducía por debajo de mi pijama y me acarició el estomago y su otra mano me acariciaba la cabeza, yo empecé a sentir un cosquilleo por mi cuerpo y las caricias de Cora me provocaron un ardor que nunca había experimentado.

    Cora que demostró ser una experta en el arte de la excitación llevo su mano hacía mi pecho y me pellizco el pezón, yo solté un pequeño gemido y el pezón se me endureció y su otra mano me giro la cara y me dio un beso en los labios, yo quede paralizada ( nunca había estado con una mujer ) y encontré sus labios muy suaves y ella me volvió a besar y yo le devolví el beso incomprensiblemente

    – Vi cómo mirabas cuando se la chupaba a tu hijo- dijo Cora – te pusiste cachonda

    Yo quede aturdida y no supe que responderle, pero Cora me volvió a besar

    – Me gustan las mujeres también y desde el primer día me llamaste la atención – dijo Cora – y me pellizco otra vez el pezón y me dio otro beso, esta vez me dio la lengua que se metió dentro de mi boca y estuvimos un buen rato dándonos la lengua lenta y apasionadamente mientras la mano de Cora se abrió paso por el pantalón de el pijama y estiro de mis pelos vaginales, yo solté un gritito de sorpresa

    – Déjame ver como tienes el chochete

    Yo la mire y ella me beso otra vez y me hizo un gesto con la cabeza, yo asentí y abrí mis piernas y los dedos de Cora recorrieron mi raja un par de veces y yo me estremecí y de mi boca salió un gemido placentero

    -¡Estas muy mojadita – eres una mama muy putilla!

    Cora tiro la manta a un lado y me hizo sentar encima de ella y me quito la parte alta del pijama, me agarró las tetas y empezó a lamerme los pezones lentamente, yo gemía muy suavemente y nos miramos lascivamente y ella me mordió el pezón y yo solté un grito.

    – Te gusta que te haga esto guarra – y me mordió el otro pezón, yo la mire lascivamente dándole la aprobación y sus manos se metieron esta vez por debajo de él pijama y me abrió las nalgas y su dedo busco mi ano y lo masajeo

    – ¿Qué me vas a hacer?- le pregunte excitada

    Cora me beso y me dio la lengua y me metió el dedo en el culo y yo solté un grito de dolor y la mire desafiante.

    – Te voy a follar guarra – me dijo – ¿eres virgen por el culito?

    Yo le hice un gesto afirmativo con la cabeza y me deje caer y abrir más las piernas y el dedo de Cora se metió más profundamente y solté otro grito.

    – Que putita que eres – me dijo sonriendo – voy a disfrutar mucho follándote

    Esta vez fui yo la busco la boca de ella y la bese y le di la lengua, estaba excitada y caliente como una perra en celo, mi marido nunca me había hablado con aquellas palabras guarras y me estaban poniendo a cien.

    Cora me hizo un gesto para que me levantara y nos fuimos a la habitación, Cora me empujo encima de la cama y me quito el pantalón de el pijama mientras yo la miraba morbosamente y me subió las piernas y me beso las plantas de los pies y me lamió los dedos, otra cosa que nunca me habían hecho y me gusto muchísimo.

    – te huelen los pies – me dijo – eres un poco marrana… me gustan las mujeres marranas

    Cora me abrió las piernas y me beso en las ingles y mordió mis pelitos de el coño y me miraba.

    – te voy a comer el chochito marrana- me dijo mientras pasaba los dedos por la raja de mi húmedo coño y me arrancaba un grito de excitación

    Cora me abrió los labios con los dedos y su lengua recorrió mi raja, mi cuerpo se estremeció placenteramente y me dio un beso en el clítoris y su lengua empezó a moverse de abajo hacia arriba.

    – te huele el chocho – me dijo mientras dejo posar su lengua quieta dentro de mi coño – hueles a puta – y dejó otra vez la lengua quieta y de golpe le empezó a lamer el coño rápidamente y con la punta de la lengua me daba en mi clítoris y yo me sacudía en la cama y empecé a gemir fuertemente y a gritar de placer.

    Mi marido me había comido el coño muchas veces y lo encontraba muy placentero, pero era la primera vez que me lo hacía una mujer y su lengua me estaba provocando una ola de placer inimaginable para mí antes de ahora.

    – Mírame cómo te como el chochito – me ordeno ella – quiero ver tu cara cuando te corras guarra

    Yo levante la cabeza y vi como su lengua lamia con fuerza mi clítoris y le agarre por la cabeza, mis piernas empezaron a temblar y me corrí salvajemente encima de su lengua y ella me lamio y bebió de mis fluidos.

    – Todas las divorciadas se me corren como locas cuando les como el chocho por primera vez- me dijo Cora – mientras me besaba en las ingles

    Ella se puso otra vez encima mío y me beso en los labios y nos dimos la lengua y me lamio las tetas.

    – Vas a ser mi putilla esta noche – me dijo

    – estoy muy cachonda – le dije – me has puesto muy puta

    Cora cogió mi pierna y la puso encima de su hombro y me abrió bien la otra pierna y metió dos dedos en mi coño y yo la mire y le hice un gesto de aprobación.

    – Te voy a follar guarra – me dijo mientras sus dedos empezaron a entrar y salir de mi coño suavemente – estas muy mojada y bien lubricada putita.

    Los dedos de Cora empezaron a entrar y salir de mi coño con más intensidad y cada vez se deslizaban mejor y más profundamente, yo empecé a gemir fuertemente y mis manos se agarraban a las sabanas y cerraba los ojos y mi espalda se arqueaba y echaba la cabeza hacia atrás.

    – Tienes el chochito muy apretado putita – dijo Cora – hace tiempo que no te follan

    Yo chillaba de placer y le decía palabras disparatadas.

    – Fóllame así – le chillaba – me vas a volver loca

    Cora seguía metiéndome los dedos, pero esta vez al sacarlos los abría y eso ensanchaba mi coño y me producía un placer nunca experimentado.

    – ¿ Té gusta que te folle guarra ? – preguntaba ella

    – No pares de follarme – balbuceaba – me voy a derretir… me arde el coño

    Cora sonreía y yo no paraba de chillar, suerte que vivíamos en una casa apartada y el vecino más cercano quedaba muy lejos, en un piso de la ciudad me habría escuchado todo el vecindario.

    – Te voy a follar toda la noche putita – me gritaba Cora – eres una guarra

    – Me voy a correr no te soportó – le grite – y mi cuerpo convulsiono y grite fuerte i secamente y me corrí de la manera más salvaje que había hecho nunca y me quede temblando y solté un chorro de liquido de mi coño y quede un rato temblando en la cama cuando recupere fuerzas me levante y me puse de rodillas y noté como me estaba meando encima de la cama.

    – Te éstas meando de placer putita – me dijo Cora riéndose – nunca te han follado así

    Yo la mire sonriendo pícaramente y le hice un gesto afirmativo y recogí las sabanas y las cambie mientras Cora había ido a buscar un par de toallas y un bote de lubricante y un preservativo, las puso en la cama y me beso y me hizo poner en pompa y me dio dos cachetes en las nalgas y lance sendos gritos.

    – Te voy hacer lo cosas que no te han hecho nunca putita ábrete bien – me ordeno y yo lo hice – así me gusta eres una putita obediente.

    Cora me lamio el ano con la lengua y mi cuerpo tembló como si me recorriera una descarga eléctrica y me metió un dedo en el culo, yo solté un grito de dolor y quise echarme para adelante y Cora me sujetó con las manos y su dedo profanaba cada vez más profundamente mí preciado y virgen culo.

    – Ya empiezas a dilatar – me tranquilizo Cora – lo tienes muy estrecho putita

    Cora abrió el bote de lubricante y me untó en el ano, yo sentí que estaba muy frio y se puso el preservativo en dos dedos y hundió la punta de los dedos en el bote de lubricante y con su mano hundió mi cara en las sabanas y me metió los dos dedos en el culo y empezó a meterlos profundamente y yo chillaba de dolor.

    – Te lo suplico – le roge – ya basta me haces daño

    – No voy a dejar de abrirte el culito guarra – me dijo tajantemente – muerde las sabanas

    Yo me sentía humillada y dolorida, pero empecé a sentir que me estaba excitando en exceso que ella me tuviera en la cama sodomizándome con sus dedos y empecé a sentir placer y gemir tímidamente.

    – Nunca me había sentido tan sucia y puta como ahora – le dije

    Cora me acaricio con la otra mano la raja de mi coño y me metió un dedo y yo empecé a gemir y excitar enormemente y aquella situación me llevo a otro orgasmo. Cora saco sus dedos de mi culo y me giro y me empezó a comer el coño nuevamente, yo ya estaba extenuada, hacía tiempo que no tenía sexo y con mi marido era echar un polvo a lo sumo dos y dormir, pero la lengua de Cora empezó a hacer sentir una nueva oleada de placer y cerré los ojos y acepte que me llevase a otro orgasmo.

    Cora se puso encima y me beso tiernamente y yo le respondí dándole la lengua y no pude comprender en lo puta que me estaba volviendo y le pedí: – Fóllame otra vez.

  • Micaela y sus sobrinos (5): Doble éxtasis

    Micaela y sus sobrinos (5): Doble éxtasis

    Anteriormente:

    Micaela sale de su cuarto vestida con una tanga roja de encaje diminuto a juego con un corpiño del mismo color con transparencia que revela sus pezones.

    Allí decide no solo comer el postre, unas cerezas con crema, sino que lo comparte con sus sobrinos.

    Ella se encarga de darles de comer en la boca y luego ella pide que le devuelvan el favor siendo alimentada.

    Micaela de rodillas hace que Marcos y Agustín se pongan de pie cerca de ella para comer las cerezas, pero está tan cerca de los boxers de sus excitados sobrinos que al asomarse el enorme glande de Marcos por debajo de su prenda interior, su tía termine con su lengua probándola para que luego sus labios se ofrezcan a cubrir el enorme glande de su joven sobrino de 21 años.

    Por otro lado con su mano derecha se mete por debajo del bóxer de Agustín de 19 años, y sus dedos tocan las bolas calientes, grandes y llenas de adolescente leche.

    De fondo está el sonido de la película erótica que al no ser una porno solo lanza imágenes sugerentes, con música de blues ambiental y con gemidos suaves.

    Micaela aprisiona con sus labios el glande de su sobrino y con su lengua se lleva todo el líquido preseminal que es abundante.

    Su mano izquierda apoyada en el muslo de Marcos aprieta, y araña como tratando de expulsar la tensión de erotismo y excitación que tiene.

    La mano derecha ya jugando con los huevos grandes de Agustín comienza a subir descubriendo sus delicados dedos que el tronco que esconde su sobrino menor es muy ancho y caliente.

    Intenta rodearlo con su pequeña y delicada mano y por su mente se disparan los sentidos intentando calcular cuán grueso es que le cuesta rodearlo.

    Su mano derecha sigue subiendo lentamente por el falo de Agustín y se sorprende de que aún no llega al final, no solo es ancha sino que parece ser larga.

    Todo desde abajo arrodillada, con la mano por debajo del boxer de Agustín, metiendo su delicada mano que roza la entrepierna y se pierde por dentro. Nadie puede ver que hace su mano, solo lo sienten, Micaela y Agustín.

    Su movimiento hacia arriba de la mano corre de costado el bóxer liberando por debajo las enormes bolas de Agustín que caen haciendo su presentación a la vista de su tía, su mano sigue tensionando el boxer hacia arriba porque ella quiere llegar hasta la cabeza de ese enorme tronco.

    Ese movimiento hacia arriba hace que también inconscientemente o no su boca trague un poco más que el glande de Marcos. La boca bien abierta para poder cubrir la anchura ahora se acomoda para poder meter más centímetros en su interior.

    Su boca, por ende su cara se elevan y empujan el boxer de Marcos buscando tragar un poco más de carne.

    Solo ha cubierto un tercio del miembro de su sobrino mayor y ya parece que no le entra más en la boca.

    Pero como Micaela tiene recuerdos de su juventud sabe cómo seguir adelante, sigue subiendo y sigue tragando carne, desde esa posición pone el cuello en forma vertical en línea con el enorme falo de su sobrino.

    El enorme y joven glande de Marcos quiere pasar hasta la garganta y Micaela siente con detalle los olores de la pija y las bolas de su joven sobrino.

    Su mano derecha llega al fin a la cabeza de la pija de Agustín y se encuentra con que está llena de liquido preseminal, ese ungüento le da electricidad que llega hasta su himen, haciéndola temblar.

    Se da cuenta que los olores que siente de Marcos también activan lubricación en su vagina y su mente comienza a lanzar señales por todo el cuerpo.

    Se le eriza la piel, se erizan sus pezones, se intenta acomodar mientras sigue de rodillas y mientras lubrica la cabeza del miembro de Agustín con su propio precum, siente nuevamente la electricidad por todo el cuerpo que se posiciona en su vulva y con la boca llena de la pija de Marcos explota de placer, temblando sus piernas y perdiendo fuerzas mientras se desliza a través de la delicada tanga de encaje los jugos vaginales que muestran que ha tenido un orgasmo.

    Pero ese orgasmo sigue y busca sostenerse arañando la pierna de Marcos y apretando la pija de Agustín, mientras con su boca sus dientes muerden un poco el miembro de su sobrino.

    No da fruto su esfuerzo, porque se vencen sus piernas y termina dejándose caer al suelo.

    Tiene la boca llena de saliva que cae por el costado de su cara, está con ese brillo de transpiración por todo el cuerpo, producto del calor del momento.

    Está acostada en el suelo agitada, su pecho sube y baja, intenta tomar aire y mira a sus sobrinos desde el suelo, pero necesita unos segundos para reponerse.

    Sus sobrinos no saben que hacer, la ven ahí tirada y se miran entre ellos como si hubieran cometido un crimen.

    Micaela está acostada en el suelo debajo de ellos parados, sus piernas están mojadas, pero su tanga está empapada.

    Micaela intenta reincorporarse levantando la cabeza y al alzar su vista tiene las bolas de Agustín bamboleándose y la pija de Marcos saliendo por debajo del boxer intentando escapar de esa tela.

    En eso una gota, mezcla de líquido preseminal y saliva de Micaela, cae desde la punta de la gorda y gran cabeza de pija de Marcos.

    Cae en los labios de Micaela.

    Quiere levantarse pero sus músculos han temblado mucho, se ríe por no tener fuerzas para nada, nunca se había sentido así.

    Marcos y Agustín se miran nuevamente y parece haber cambiado algo en sus caras, su tía les ha robado su inocencia.

    A la misma vez se sacan sus boxers, y lo dejan caer al suelo.

    Allí Micaela que sigue tratando de encontrar oxígeno ve borroso, pero ve esas enorme pijas, puede ver que son mucho más grandes que las de su esposo, y más anchas.

    Deben andar por los 20 centímetros y los 6 o 7 de ancho, con razón con solo tocarlas y probarlas tuvo ese orgasmo.

    Ella se quiere reincorporar, pero aún no puede.

    Marcos le dice:

    “tía, no te muevas, te vas a desmayar sino”

    Micaela obedece, pero sus considerados sobrinos en realidad la quieren ver así, en el suelo toda mojada, caliente, despeinada.

    Y comienzan a masturbarse con furia.

    Ambos sobrinos se masturban mirándola, se escucha el chaqueteo por toda la casa, y Micaela solo mira, mira esas enormes pijas siendo estimuladas por las propias manos de sus sobrinos.

    Realmente aún no se puede incorporar y pestañea seguido para poder dejar de ver borroso, no sabe cuanto tiempo está pasando, pero cuando logra ver con nitidez ve cómo se contraen las enormes bolas de sus sobrinos.

    Y como comienza a temblar cada uno de sus enormes falos, a la vez.

    Habían hecho un trabajo de coordinación tal que acaban al mismo tiempo.

    Explotan como una planta petrolera, y escupen chorros de leche que caen hacia todo el cuerpo y la cara de su tía.

    Micaela siente todos los impactos a lo largo de su cuerpo, es mucha leche joven. Cae en su panza, en su cara, en su pecho, hasta en su tanga, en sus piernas, rodillas, brazos y pies. Se encargan de regar a toda su tía.

    Ella se siente homenajeada y cuando está por decirles gracias una última gran gota de Marcos sale expulsada y cae directo en la boca de Micaela.

    Su cerebro vuelve a enviar señales eléctricas al cuerpo regado de leche, y al sentir la tibieza y mirarse a sí misma toda enlechada, vuelve a erizarse y espasmos más fuertes se producen dentro de su cuerpo, de su vulva.

    Tiembla con más fuerza, y grita de placer. Ha tenido un segundo orgasmo y aún nada ha pasado.

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    ¿Qué les ha parecido esta entrega? ¿Tienen alguna sugerencia sobre este relato? ¿Qué otros relatos les gustaría leer de parte mía? Gracias por sus comentarios.

  • A mi amigo gay le gustó (parte 2 y final)

    A mi amigo gay le gustó (parte 2 y final)

    Estuvo bien rica la mamada que me dio mi amigo y se había tragado la leche, eso me excitó mucho, cuando por fin terminamos me subí el pantalón y volví a abrazar a mi amigo y nos volvimos a quedar dormidos, pasó como una hora y se fue a su casa, hicimos como si nada hubiera pasado.

    Al día siguiente me dijo que si no quería ir a jugar a su casa y acepté. Al llegar pusimos un juego de un solo jugador y me puse a jugar mientras él aprovechaba para agarrarme la verga y jugar con ella poniendo de pretexto que era un nivel extra de dificultad, y la verdad era super excitante porque tenía que mantener la concentración para no perder y a su vez mi amigo me lo ponía en verdad difícil porque en los momentos más cruciales me masturbaba más rápido para que me distrajera y perdiera. A los que alguna vez se lo han hecho saben lo rico que es que te masturben mientras juegas videojuegos.

    Así fueron nuestras citas por un tiempo, yo dejaba que mi amigo me masturbara cuando jugábamos o a veces me daba mamadas también, lo mejor era que las cosas no se habían puesto raras entre nosotros, siempre que terminábamos solo seguíamos jugando o hacíamos como si no pasara nada.

    Las cosas se pusieron más interesantes cuando en una ocasión que estábamos «jugando» y me dijo que si alguna vez me gustaría cogérmelo. Yo me puse un poco pensativo y bajo la misma lógica de «¿y si la chica que me gusta me rechazara, pero a su vez me diera el permiso de cogérmela?» Entonces le respondí que sí, que estaría muy bien que me diera placer y yo a él.

    Entonces se bajó los pantalones y dejó al descubierto su culo mientras se ponía a 4 patas sobre la cama, a continuación, vi como de su ano sacó uno de esos plugs anales de un ancho considerable, se notaba que no era la primera vez que lo usaba y era probablemente la razón por la que siempre me hacía cosas tan pronto nos quedábamos solos.

    Vi como su ano dilatado por el plug se contraía como palpitando, me dijo que me apurara y metiera mi verga antes de que perdiera la dilatación, me dijo que en el buró de al lado había un tarro con vaselina, así que lo tomé y embarré mi pene en su totalidad para empezar a colocarlo en la entrada de su culo.

    Cuando hicimos el primer contacto su ano se cerró y me dificultó entrar, se lo hice saber y le dije que no apretara, entonces volví a intentar y la cabeza de mi pito entró, espere algunos segundos y empujé de nuevo, mi verga estaba empezando a desaparecer dentro del culo de mi amigo y fue necesario empujar una vez más tras detenerme por otro momento cuando me di cuenta de que mi pelvis tocaba completamente las nalgas de mi amigo.

    Le pregunte si estaba bien y me dijo que le dolía mucho, yo le dije que posiblemente se le pasaría, sentí como mi amigo se movía un poco hacia adelante y atrás por lo que deduje qué el dolor empezaba a pasar, así que tomé su cintura con mis manos y empecé a cogérmelo lento pero con fuerza y mi amigo pujaba muy rico cuando mi verga entraba por completo en él, eso me calentó mucho y me lo cogía a velocidad normal y cada cierto tiempo lo rodeaba con mis brazos y le enterraba la verga lo más profundo posible y me mantenía así unos segundos para sentir como su cuerpo se estremecía y su ano me apretaba la verga muy fuerte como si me succionara.

    Cuando sentí que me Iba a venir se lo dije y me dijo que si quería se los echara adentro, recordemos que tenía a mi amigo en 4 así que levante su cabeza de la cama para que su espalda quedara en mi pecho y se la volví a enterrar con fuerza mientras mi pene escupía múltiples chorros de leche dentro de su culo, él por su parte se había venido también y había llenado su cama con mucho semen, ambos quedamos en trance por algunos minutos, por mi parte acariciaba su cuerpo como si fuera una chica, mi amigo volteo su mirada hacia mi y veía hacía mis labios con deseo, entendí que quería besarme, así que dejé de resistirme y nos besamos, así sin sacarle la verga, así abrazándolo por la espalda y así sin pensar en lo que la gente diría de nosotros.

    Por años seguimos cogiendo y jugando videojuegos, muchas veces hicimos ambas a la vez, nunca fuimos novios y la amistad nunca se apagó, tampoco dejamos de hacer el amor incluso tiempo después de que me casé. Mi amistad con él vale oro y espero que mi esposa nunca se entere para seguir haciendo el amor con mi amigo por siempre.

  • La visita de mi prima Angie (1)

    La visita de mi prima Angie (1)

    Soy un joven de 18 años, vivo en Colombia actualmente y quiero contar este relato ya que siempre que pienso en esto me emociono.

    Hace un par de días, una de mis primas me visitó junto con mi tía. Mi prima se llama Angie y tiene 20 años. A pesar de que ella sea un poco mayor, siempre he tenido un tipo de atracción cuando la veo, tiene unos labios hermosos y algo grandes, pero lo que más gusta es ver su hermoso culo, ella utiliza pantalones estrechos que marcan y definen muy bien sus caderas y piernas. Cuando ella llegó no pude dejar de mirarla, quería estar cerca de ella para poder tocarla.

    -Hola!, Álvaro ¿Como has estado? Me saludo con algo de sorpresa.

    -Hola! Angie, Me encuentro muy bien y ¿Tu como estas? Respondí de regreso.

    -Muy bien primo! Gracias. Respondió con una sonrisa leve.

    Después de ese saludo corto y rápido, sentí un poco de alegría por verla, ella tiene esa sonrisa que alegra a cualquiera.

    Ella se quedó a cenar, platico una rato, yo también tuve una conversación corta con ella, nada relevante en ese momento.

    Llego la noche fría de la ciudad, se pasaron rápido las horas con las conversaciones en familia y ya era hora de ir a dormir.

    Angie estaba bastante lejos de su casa por lo que decidió quedarse en mi casa, esto me emociono bastante ya que podría tener una conexión más íntima con mi prima.

    -Puedes dormir en mi habitación Angie, para que estes cómoda. Le sugerí con emoción. Yo me quedare en la sala a dormir.

    -No te preocupes yo puedo dormir en la sala, no quiero incomodarte, no tienes que preocuparte por mí. Respondió.

    Insistí con que ella se quedara en mi cuarto y aceptó, se apagaron las luces, fui al sofá con una manta y me acomode, no podía dejar de pensar en ella y traba de pensar alguna manera de acercarme a Angie.

    Luego deje de pensar y decidí ir al grano, fui a mi cuarto, entre y mire a mi prima, ella estaba allí en mi cama sentada, tenía puesto un short muy corto que dejaba ver casi por completo sus lindas piernas, le dije que necesitaba algo de mi armario como excusa para verla.

    Ella estaba en su teléfono, me dijo que me acercara, me mostro fotos de un viaje que tuvo hace unos meses, aproveche ese momento para acercarme un poco más de la cuenta y pude ver a través de blusa, sus pechos, al parecer no tenía sostén, lo cual hizo que mi pene se endureciera mucho, trate de ocultarlo, pero ella se dio cuenta de cómo estaba en ese momento.

    No dijo nada al respecto y se acercó a mí, yo en ese momento sentí confianza y decidí poner mi mano en su cadera, se sentía muy suave, presione esa parte de su cuerpo levemente y a la vez la acercaba más, ella poso su cabeza en mi hombro y después me beso en el cuello, yo la presione más. A pesar de no haber dicho ni una sola palabra al respecto, entendimos nuestros deseos a la perfección, la deseaba cada vez más y la bese, sentía esos labios suaves y bellos en los míos, mi pene se endurecía más, mientras nos besábamos ella toco mi pene erecto, lo masajeaba con deseo, se volteó y rosó su grande culo en mi pene.

    La hice arrodillar, ella bajo mi pantalón y saco mi pene, enseguida se lo metió a su boca cálida y mojada, comenzó a chupármela, no podía creer que Angie me la estuviera mamando, metí mi pene más profundo en boca, quería penetrar su garganta, así fue ella lanzaba uno que otro gemido entre cortado, su saliva salía por los lados de su boca, le dije que me la siguiera mamando, a lo cual ella obedeció, me excitaba más con cada segundo que pasaba hasta que termine en boca cálida, llenándola completamente.

    -Esta delicioso papi, gracias por esa bienvenida. Me dijo después de tragarse toda mi leche.

    -La chupas muy bien, espero que se vuelva a repetir. Respondí.

    -Eso te lo aseguro. Me respondió con esa sonrisa coqueta.

    Finalmente, después de aquella experiencia con mi prima, decidí ir a dormir.

    No sabía que me esperaba al día siguiente.

    Esto continúa en la segunda parte, gracias por leer.

  • Manos a la obra (2)

    Manos a la obra (2)

    Manos a la obra porque cada vez que nos veíamos nos dedicábamos al asunto sin miramientos, y tocaba por segunda vez acudir a aquella obra del chalet abandonado, nos apetecía volver a tener el morbo de poder follar “al aire libre”, en un lugar que nos diese morbo y al mismo tiempo poder desarrollar toda nuestra fantasía.

    Allí me dirigía yo, de nuevo a la obra, después de la llamada del chico de los grandes almacenes, aquel chico que se había convertido en mi amante secreto, aquel chico con el que desarrollaba toda mi imaginación y sacaba el lado más erótico y sexual de mi ser.

    Volvía a bajar aquellos terraplenes de arena y tierra para acceder al semi-sótano del chalet, era verano y llevaba simplemente unos shorts sin nada de bajo, así se marcaría más mi polla y mis huevos, me gustaba llevar ropa ajustada, que se marcase todo. Buscaba el lugar perfecto dentro de aquel montón de escombro, y mientras aparecía mi amante, yo ya me iba manoseando y tocando para que mi polla estuviese bien dura tan solo llegar él.

    Le vi llegar, no llevaba los vaqueros ajustados que tanto morbo me daban, pero ese chándal de algodón que dejaba marcar todo su rabo y su culo me causó mas excitación todavía y mientras se acercaba yo le insinuaba manoseándome mis pelotas y mi rabo duro por debajo del pequeño short, sin preámbulos, sin preliminares, un morreo y directamente le mandé a comerme la polla.

    La tenía gruesa y húmeda con todo el capullo duro y colorado, le cogí la cabeza y sacándome mi rabo por el pantalón se lo metí en su boca para que tragase aquella herramienta. Yo no paraba de empujar en su boca, quería que se comiese hasta mis huevos, quería meter todo aquello hasta el fondo de su garganta, ese día el activo sería yo.

    Mientras él me cogía del cogote para meterse mi rabo en su jugosa boca yo le manoseaba sus pezones y deslizaba mis manos por sus abdominales y su cuerpo fibrado, hasta que al final le levanté, le bajé los pantalones y sin pensármelo dos veces me agaché para comer aquel ano depilado y suave que pedía mucha guerra. Deslicé mi húmeda lengua por su ojete, hasta meterla dentro mientras gemía de placer que al mismo tiempo acompañaba masturbándole el culo con mis dedos, tenía que abrir aquel apretado y jugoso culo para empotrarlo con mi rabo que cada vez se ponía más duro.

    No me lo pensé, saqué un condón del bolsillo, me lo puse, le unté de lubricante y sin piedad le metí mi polla de una sola vez, deslizándose hacia dentro de su ano sin ofrecer resistencia que al compás de los empujones que yo le daba él se iba masturbando su cabezona polla aprovechando el vaivén del movimiento de la follada que le estaba metiendo.

    Acompañado por el sonido de placer de los gemidos de ambos el ritmo no cesaba ni paraba empujando cada vez más fuerte, mientras que él me pedía más y más, y llegó el momento en el que mi nivel de excitación estaba en su cumbre, sacando la polla de dentro de su culo, girarnos ambos y masturbarnos mutuamente hasta ver la explosión de chorros de leche que se iban esparciendo por todo el suelo de la obra.

    Otra despedida con toda mi polla goteando, esta vez sin traspasar por las mallas pero humedeciendo el short vaquero, y marcando el todavía voluminoso rabo dejando entrever la forma de mi capullo bajo la tela del vaquero corto. Vuelta a casa más excitado de lo que llegué, aquella situación me causó tanto morbo que seguí empalmado hasta entrar en mi dormitorio, me duché y pensé con ganas cuando llegaría el momento de volver a follar, pronto, muy pronto.

  • Glory hole: tratamiento de puta

    Glory hole: tratamiento de puta

    No diré mi nombre por la misma privacidad del Glory Hole, pero diré que tengo 25 años y tengo un cuerpo algo relleno por lo que mis nalgas y tetas son bastantes grandes además de excitarme bastante facial ante las caricias.

    Había salido con una amiga mía a un bar que ella conocía, algo alejado de la ciudad pero no me importaba, la estábamos pasando muy bien y ella se había encontrado con otras amigas suyas y aprovechando la compañía extra me di un tiempo para ir al baño que era unisex.

    Ya había terminado de orinar y note que ambos lados del cubículo tenía glory holes, eran curiosos pues tenían 3 agujeros, 2 para las manos y uno para la verga, me limpie y tome fotos para mostrarle después a mi amiga, en eso escucho el baño abrirse y como alguien entra al cubículo de a un lado, saludo preguntando si había alguien y respondí, por la voz sabía que era un chico.

    Vi mi teléfono para avisar que no iría a casa esa noche, me quedaría con mi amiga y apenas baje la vista ya tenía una verga dura y gruesa en el agujero, obviamente era del chico que había entrado, tome su verga y lo estaba masturbando suave mientras confirmaba que era del chico preguntando si era él, estaba muy dura y seca su verga, había escuchado como el chico había orinado y limpiado con papel.

    Para su sorpresa pocos segundos después empecé a comer su verga dándole besitos al rededor o tragando directamente, escuchaba sus gemidos del chico el otro lado mientras una de sus manos tocaba mi cabeza y me hacía moverme, tenía los ojos cerrados empezando a disfrutar del sabor de la verga del chico mientras me tocaba bajo mi falda para ver cómo me estaba mojando.

    Estaba muy enfocada en chupar su verga que me estaba tocando y él la saco de golpe, le pregunté si estaba todo bien y como si fuera una propuesta de matrimonio vi como tenía un condón en una de sus manos, me dijo que quería tener sexo y si podíamos hacerlo con el glory hole, me pareció una propuesta un poco extraña y sexy así que acepte y volvió a meter su verga en el agujero.

    Tome el condón y se lo puse suavemente mientras apreciaba el tamaño de esa verga totalmente erecta, le di la espalda y me baje las bragas para luego levantar mi falda, me empecé a frotar un poco para mojarlo de jugos, más aparte el condón era lubricado, fui suave pero constante hasta pegar mi culo a la pared y tener la mayoría de su verga dentro, estaban algo perdidas así que las tome y lleve a mis nalgas y caderas.

    Esa fue la mejor y/o peor idea pues desde ahí presiono mi cuerpo hacia la pared y él se empezó a mover muy duro y fuerte penetrando mi coño sin parar, mis gemidos eran en parte gritos de placer, escuchaba la puerta del baño abrir y cerrarse y pensaba como la gente que entraba escuchaba como me estaban dando verga, todo estaba muy rico y por el calor del momento me termine de sacar el vestido quedando desnuda.

    Mi rostro estaba pegado a la otra pared del cubículo pues era un espacio muy pequeño, cerré mis ojos gozando de como mi coño era penetrado por un desconocido y en eso me despertó un olor y sensación delante mía, abrí los ojos y había otra verga bien dura frente a mi, me sonrojé de verla pero apenas tuve oportunidad la empecé a lamer y chupar, de esa misma pared salió una mano que retenía mi cabeza mientras movía sus caderas penetrando mi garganta.

    Cada vez que uno me jalaba sacaba un poco del otro así que estaban en una constante pelea de jalar mi cuerpo para satisfacer su verga donde yo no era más que un objeto a usar, estaba muy caliente por eso con mis manos apoyadas en una pared mientras mis nalgas chocaban y se ponían rojas con la otra, todo era muy rápido y constante y no lograba pensar bien.

    Estaba aguantando lo más que podía hasta que la persona en mi coño lo metió todo y se quedó presionando mientras vaciaba su semen dentro del condón, sentir el calorcito de su semen me llevo al límite y tuve mi primer orgasmo, el tipo saco su verga y el condón y se fue, intenté tomar un respiro mientras aún usaban mi boca pero a los pocos segundos que se fue sentí otras manos en mis caderas.

    Voltee a ver y eras unas manos negras, apenas si pude procesar lo que veía y este hombre me penetró hasta el fondo sin condón, mí mente estalló en ese momento y seguía gimiendo en la verga del otro tipo, era lógico que algo así pasaría al tener mi agujero ahí pero el hecho de que lo hizo sin preguntar me calentó más, me empecé a mover para ambos lados muy rápido y escuchaba como ambos hombres gemían.

    El tipo en mi boca me la saco y con una mano acariciaba mi mejilla y la otra se estaba masturbando muy rápido hasta que no aguanto más y me dio un rico y caliente facial, le limpie un poco la punta y se fue, al fin podía gemir con toda mi voz por la verga en mi coño, lleve una mano para abrir mis nalgas y él hombre la sintió y tomo para empezar a jalarme hasta tener la espalda pegada a esa pared y uno de sus brazos rodeándome por la cintura.

    Aprovecho a tocar fuerte mis suaves y grandes tetas mientras casi penetraba mi útero, estaba gimiendo fuerte pero por la cercanía escuché que dijo «puta, si me escuchas te voy a rellenar toda» se me hizo muy sexy y junte más mis piernas, mire hacia delante y note que a través del agujero donde iba la verga había alguien viendo como estaba gozando y lo más probable es que se masturbara.

    Mi coño estaba ardiendo con fuerza, y estaba teniendo mi segundo orgasmo en esa ocasión y el tipo no dejaba de tocarme mientras mis gemidos ya eran incontrolables y se escuchaban en todo el baño, el tipo no aguanto más y dio una serie de salvajes embestidas, tan duras que le rasguñe un poco el brazo tratando de que no le apretara tanto, pocos segundos después el tipo no aguanto más y me mantuvo quieta mientras vaciaba sus bolas dentro de mi.

    Estuvo ahí unos segundos hasta que termino y saco su verga, me sentía muy puta y caliente al dejar que un hombre desconocido me acabará dentro, escuché que se estaba vistiendo y por el agujero le pedí su número, me lo dio y me sentí un tanto emocionada. Escuché como se fue y me quedé unos segundos más ahí pero no llego nadie, aún con el semen y sudor en mi cuerpo me puse mi vestido y me limpié un poco en los lavamanos.

    Habías chicas ahí que me miraron un poco raro pero yo estaba orgullosa y satisfecha de haberme metido ahí, al salir la fiesta seguía y me acompañaba un olor increíble a sexo así que mientras buscaba a mi amiga recibí algunas nalgada y toqueteos de hombres y mujeres, no me importo hasta que encontré a mi amiga y la pasamos bien esa noche, bailamos, bebimos y terminamos teniendo sexo en su cama, aunque sea ya es otra historia.

    Gracias por leer esto y espero que les saque mucho semen y/o jugos mi relato, si quieren saber cómo me fue con mi amiga digan en los comentarios, chaíto.

  • La casa de la playa (parte 5)

    La casa de la playa (parte 5)

    En lo que Pablo se dirigió abrir la puerta yo bajé de la cama rápidamente ya sin preocuparme por cubrir mis encantos. Sin encender la luz, entré al tocador para meterme en la ducha a esperar por el veredicto de mi novio; quien como habíamos acordado, tendría la última palabra respecto a quién sería el ganador.

    Razón por la que me pareció que lo más prudente era mantenerme alejada; mientras mi novio juzgaba las imágenes y de esa forma no interferir con su decisión. Además, así no llegaría a pensar ninguno de los chicos que yo tenía un favorito entre ellos dos; el cual si tenía de hecho.

    El tocador era bastante lujoso, tenía una amplia tina de baño de mármol blanco, y una ducha con puertas de cristal templado, con una regadera empotrada en el techo que permitía al agua caer en forma de lluvia. Aun siendo lujosa la ducha no estaba pensada para dos personas; por lo que deduje acertadamente que habría bastante contacto físico, sin importar cuál de los chicos resultara ser el ganador.

    Con la ducha siendo sólo iluminada por la lejana luz de la recámara, abrí la llave del agua para refrescarme un poco y calmar mis ansias en lo que mi novio tomaba su decisión. ¡Cielos, estaba súper excitada y mojada!

    La fría agua que caía del techo escurrió por todo mi cuerpo despabilándome abruptamente, y eliminando cualquier rastro de embriaguez que quedaba en mi ser. A lo lejos, en la recámara, sólo se escuchaban las risas y obscenidades del juez y los concursantes.

    —¡Miren bien la cara de puta con la que mi novia salió en esta foto! —exclamó entre risas una voz, posiblemente la de mi novio presumiendo orgulloso, alguna de las imágenes capturadas durante mi sesión de modelaje.

    —¡No patrón, mire ésta otra foto, en ella su novia salió mucho más puta! —protestó alguno de los chicos, intentando influir en el veredicto de mi novio.

    —¡Nada que ver, en esta foto sí que salió reputísima la muy cabrona! —refutó el otro competidor, tratando igualmente de inclinar la balanza a su favor.

    —Cuánta razón tienes amigo —asintió momentáneamente mi novio—, ¡en ésta sí que salió reputísima la muy puta! —agregó siendo más que redundante.

    Yo estaba que me moría de risa escuchando a los chicos discutiendo tan acaloradamente entre ellos por quien debería ser el ganador absoluto. Cada uno de ellos defendía su punto de vista con parciales argumentos; mientras mi novio reía nervioso, sin poder encontrar valor para tomar una decisión lo más justa posible. Supongo que nunca imaginó la clase de debate en la que habría de degenerarse nuestro inocente y erótico juego, ¡cielo santo, sólo faltaba que Pedro y Pablo intentaran sobornarlo!

    A decir verdad, el que ese par de varoniles y atléticos chicos estuvieran, por todos los medios posibles, tratando de persuadir a mi novio de manera tan vehemente me hacía sentir de una forma muy especial; mucho más que una mujer que se sabe deseada… me sentía idolatrada.

    —La verdad, yo pienso que en esta foto ella no pudo salir más puta… —dijo mi novio a modo de broma, manteniendo por unos segundos el suspenso de su irrevocable decisión—. ¡Por puta! —remató finalmente, provocando que todos estallaran en una sonora carcajada que hizo estremecer todo mi cuerpo; mientras el agua fría escurría inclemente por mi piel hasta caer al piso.

    Independientemente de quien resultara ganador en la inusual competencia de fotografía, una cosa era más que segura: mi novio y los chicos habían quedado fascinados con las imágenes que Pedro y Pablo habían conseguido capturar de mi hermoso y sensual cuerpo. Sus gritos de júbilo y morbo no me dejaban ninguna duda de este hecho.

    Comentarios en doble sentido y bromas subidas de tono conmigo como exclusiva protagonista, llegaron a ser la moneda de cambio con que los chicos intentaban pagar la predilección de mi novio al momento de tomar su decisión. Aún en mi prudente autoexilio podía escuchar perfectamente la gran mayoría de estas bromas, consiguiendo algunas incluso colocar una espontánea sonrisa en mis labios.

    Toda esa algarabía en la habitación de junto me tenía sumamente ansiosa, y quizás un poco celosa, de la genuina camaradería que ellos como un grupo compuesto por hombres maduros y poseedores de una libido sana, ¡compartían a mis costillas!

    Después de todo siendo yo la única mujer en kilómetros a la redonda, no tenía una compañera fémina con quien compartir ésta intensa sensación de adrenalina y excitación, la cual había mantenido mi cuerpo en un permanente estado de éxtasis durante todo ese grandioso día. Sin embargo, esa soledad de género en la que estaba completamente inmersa tenía otros beneficios, como el recibir la absoluta atención de tres hombres y sus duros miembros.

    “Puta”, la piel se me ponía de gallina cada vez que escuchaba a mi novio o los chicos del otro lado de la puerta utilizar ese adjetivo para describirme. A la par que una descarga eléctrica corría por mi espalda desde mi nuca hasta mi coxis haciéndome temblar de emoción, pues me había colocado a mí misma justo en la posición que deseaba, en la de convertirme en la “puta” de todos ellos esa misma noche.

    La fría agua que escurría por en medio de mis senos, chocaba con el horno en que se había convertido mi vientre inferior, sintiéndose tibia al terminar bajando por mis piernas. Mientras acariciaba desesperadamente con mis dedos el exterior de mi vagina, conteniéndome de introducirlos dentro de ella, porque en ese momento no quería tres dedos dentro de mí sino algo un poco más grande… bastante más grande y gordo de preferencia.

    Mi excitación era tal que, no capté el momento en que las risas y murmullos afuera de la habitación fueron silenciados. Si no hubiese sido por la blanca luz artificial que iluminó repentinamente el lujoso cuarto de baño, no me hubiese percatado que el ganador, de la inusual competencia de fotografía erótica, estaba a punto de hacerme compañía en la intimidad de la ducha; subiendo mi temperatura corporal al máximo.

    Me mordía los labios con ansiedad dando la espalda a las pisadas que se acercaban del otro lado del cristal, cuando escuché como la puerta de entrada al cuarto de baño era cerrada desde adentro.

    “Gracias amor”, pensé en mi interior dibujando una espontánea sonrisa en mis labios, agradeciendo la privacidad que tan gentilmente mi novio nos otorgaba. Ahora era libre para hacer y dejarme hacer todo lo que quisiera; sólo faltaba averiguar quién había sido mi afortunado compañero de ‘ducha’.

    Estaba desesperada por girar la cabeza para averiguar de una vez por todas con cual de los dos chicos tendría la oportunidad de saciar todos mis instintos. Los segundos en los que imaginaba que mi misterioso acompañante se desnudaba se volvieron eternos. Junté fuerte mis piernas tratando de contener mi voraz vagina que con silenciosos gritos solicitaba ser alimentara.

    Y de repente, el más sublime sonido que había escuchado en toda la noche me hizo sonreír una vez más calmando mis ansias. Fue un ligero crujido, producto de la fricción del metal y el vidrio, que me indicaba que la puerta de cristal de la ducha había sido abierta; permitiendo que una ligera brisa envolviera mi cuerpo desnudo refrescando mi piel.

    —¡Hola! —saludé sonriendo coquetamente, mirando sobre mi hombro el atlético cuerpo de mi compañero, fingiendo no parecer impresionada por esa magnifica anatomía.

    —¡Hola! —respondió a mi saludo.

    Él abrió los ojos grandes, como un par de platos, deleitándose con la perfección de mi cuerpo desnudo; mirándome de arriba abajo, mientras se mordía los labios con lujuria y sobaba su erecto miembro sin molestarse en ocultar su cara de alegría. Perfecto, yo había ganado la primera ronda.

    —¿Puedo pasar? —preguntó el tímido Pablo, rompiendo con la erótica situación.

    ¡Cielos, era de esperarse! ¡Qué pregunta más idiota! Estábamos los dos desnudos en la ducha, ¡sólo un retrasado mental era capaz de hacer esa clase de pregunta! ¿Por qué no ganó Pedro?, pregunté al cielo buscando respuestas.

    A estas alturas, esperaba que la anécdota que había escuchado momentos antes, en la que ambos chicos habían intercambiado entre sí a sus novias fuera realmente cierta, y no tuviera que verme en la necesidad de enseñarle a Pablo como fornicar. Porque ‘servicio social’ hace años que no hago.

    —Tú sabes que sí cariño —respondí amablemente con un pícaro guiño de ojo, tratando de arreglar la situación.

    Me recargué en la pared de la ducha para hacer espacio al fornido chico. Pablo entró sonriendo al pequeño cubículo de aseo individual; con su erecto miembro por delante, ¡se veía imponente! Rojinegro, largo y ancho; cubierto por abundantes cabellos ásperos y despeinados en su tallo. Y detrás de esa maraña, las dos enormes bolas de sus testículos que, hasta ese momento, sólo había tenido el gusto de conocer por el sentido del tacto; cuando previamente impactaron en la suave piel de mi rostro. ¡Tendría que inspeccionarlas más de cerca!

    Definitivamente, en cuestión de sexo, mi novio y Pablo eran polos totalmente opuestos. Por una parte, tenía a mi novio, con un ego mucho más grande que sus partes nobles, pero que siempre tomaba la iniciativa en la cama sin dudar; un hombre que no desaprovechaba la menor oportunidad para fornicar o humillarme sexualmente. Tener sexo con él era placer garantizado de una u otra manera.

    Y por el otro lado estaba Pablo, quien había sido generosamente bien dotado por la madre naturaleza. Pero que como una especie de broma cruel contaba con una bajísima autoestima, que lo hacía incapaz de colocar sus necesidades carnales por encima de sus absurdos complejos de inferioridad.

    Suspiré resignada, ¿acaso era mucho pedir un hombre con lo mejor de ambos?, imploré al cielo nuevamente por su ayuda. Casi como si mi ‘hada madrina’ o ‘ángel de la guarda’ estuviesen esperando a que solicitara formalmente su ayuda, mis súplicas fueron contestadas cuando la puerta del tocador se abrió nuevamente.

    —¡Abran paso al ganador! —gritó fuertemente Pedro con su burlona y blanca sonrisa al aparecer bailando en la puerta.

    —¡Sí! —exclamé, iluminando mi rostro de alegría.

    La respuesta a mis oraciones entró al cuarto de baño sin camisa, bailando graciosamente, doblando las rodillas al avanzar con pequeños pasos con actitud divertida; mientras desabotonaba sus pantaloncillos sensualmente para dejarlos caer hasta el piso quedando completamente desnudo.

    Me mordí los labios viendo como su enorme miembro, colgando entre sus dos muslos, se movía de un lado a otro al ritmo de su sensual baile. Su pene no sólo era grandioso, tenía mucho mejor ‘actitud’ que el de Pablo; es decir, si fuera posible que un pene tuviera personalidad.

    Estaba tan emocionada por la imagen del hermoso y atlético chico que bailaba desnudo del otro lado del cristal que me olvidé por completó de Pablo, que estaba igualmente desnudo, ¡justo a mi lado! Mucho menos pude percibir a mi novio, quien sonreía perversamente en el marco de la puerta de entrada sujetando su entre pierna poseído por el morbo que le debería provocar la escena frente a él. ¡Pobre, esto apenas comenzaba!

    Sin dejar de bailar, Pedro hizo un giro, marcando el ritmo con un par de nalgadas en su glúteo derecho, provocando que me doblara de risa frente a Pablo, al grado que mis glúteos tocaron su duro miembro sin que él pareciera reaccionara. Supongo que también estaba hipnotizado por el baile de su amigo.

    Marcando ahora el ritmo con sus brazos, Pedro se dirigió hasta la puerta de cristal; mientras yo trataba de conjugar, como haríamos para poder entrar todos en tan reducido espacio. Quizás mi novio, debió haberse detenido un minuto más para pensar mejor en las dimensiones reales del premio de su improvisada competencia de fotografía.

    —Éramos muchos y pareó la abuela —dijo Pedro en tono de broma abriendo la puerta, refiriéndose al reducido espacio de la ducha en la que se disponía a entrar.

    —Entra ya, que si hay espacio para uno más —dije yo, recargando mi cuerpo contra el de Pablo, de tal forma que mis senos chocaron con su pecho, y su duro miembro terminó pasando entre mis muslos.

    Aunque, por otro lado, el hecho de estar apretujada en medio de dos hermosos chicos totalmente desnudos, no me molestaba en absoluto. Gracias al cielo, mi novio era muy malo cuando de dimensiones espaciales se trataba; “después de todo, sólo es un abogado”, pensé excusándolo.

    —¿Dónde está mi premio? —preguntó Pedro en forma retórica, pues sabía perfectamente cuál era su premio.

    —¡Aquí está! —respondí innecesariamente, moviendo mi cadera contagiada por el sensual baile.

    —¡Cielos! —exclamó Pablo excitado, al momento que su miembro hacía círculos al ser frotado por mis muslos ‘accidentalmente’.

    “¿Qué, acaso había otro chico ahí?”, pensé. Pablo debería sentirse en deuda de por vida con su amigo; si no fuera por Pedro, quien que con su actitud alegre venía al rescate, esta situación probablemente hubiese terminado en un fiasco.

    Al igual que Pablo, Pedro entro en el pequeño cubículo con su erecto y duro miembro por delante. El espacio era tan reducido, que su pene hizo contacto con mis glúteos antes de que él terminara de entrar en la ducha. Un escalofrió invadió mi cuerpo provocándome un espasmo en el vientre que me hizo sujetarme a Pablo espontáneamente.

    —¡Ay cabrón! —grité aferrada a Pablo.

    —Tranquila putita —dijo Pedro en voz baja en tono de broma, sujetándome por la cintura con ambas manos.

    El cabello de mi piel se erizó, al sentir deslizar la cabeza del pene de Pedro por la raja de mi trasero. Mi cuerpo quedo prensado en medio de los dos chicos, mientras sus duros miembros se reunían en medio de mis muslos.

    —¿Eres tú Pablo? —dijo Pedro en tono de broma, refiriéndose al contacto entre sus penes bajo mi vulva.

    Solté una carcajada al escuchar la oportuna broma de Pedro; nunca en la vida hubiese imaginado encontrarme en una situación tan singular como esa. Por supuesto que ya antes había compartido una ducha con dos chicos; pero enfrente de mi novio, ¡jamás!

    Pedro cerró la puerta de cristal, quedando los tres tan apretujados que sentíamos como nuestros abdómenes se expandían y contraían al respirar. Imposible que el agua fría que caía del techo llegara hasta el piso sin antes evaporarse la mayor cantidad de ésta; a causa de la alta temperatura de nuestros cuerpos desnudos que se frotaban lujuriosamente entre sí con el más pequeño movimiento.

    ¡No daba crédito a la inverosímil situación! Una vez más, mi respiración comenzó a acelerarse al tiempo que mi vientre se hundía en mis costillas. Junté las piernas para sujetar firmemente los miembros de ambos chicos entre ellas, provocándoles un espasmo ahora yo a ellos; mientras trataba de masajearlos con un gracioso baile como si tuviera ganas de orinar, lo cual era cierto.

    —¡Mierda! —gritaron ambos chicos, o quizás sólo uno, al sentir mis ingeniosas caricias.

    —¡Vamos a darle! —exclamé animosamente, invitando a los chicos a que siguieran el paso de mi baile.

    Nuestras caderas se sincronizaron casi de inmediato al ritmo de la sensual y húmeda coreografía. Con mi mano izquierda limpié el agua del muro de cristal, para poder echar un vistazo hacia afuera, hacia donde estaba mi novio parado en el marco de la puerta; masturbándose enérgicamente.

    Yo me mordía los labios traviesamente, al tiempo que nuestras miradas se cruzaban. Él me sonrió al verse sorprendido estimulando su pene; era obvio que estaba disfrutando el espectáculo, quizás más que cualquiera de nosotros.

    “Disfrútalo princesa”, dijo mi novio sin pronunciar palabra; olvidándose de acariciar su miembro por unos segundos para poder levantar ambos pulgares como señal de aprobación.

    Ahora todo estaba claro. Al haber quedado mi novio complacido, con las fotografías que ambos chicos habían conseguido de su hermosa y sensual novia, salomónicamente había decidido declarar un empate otorgando a Pedro y Pablo el derecho a recibir ambos el premio prometido. ¡Esto no podía haber salido mejor!… o ¿tal vez sí?

    Repentinamente mi novio cerró la puerta tras de sí, quedando él dentro del tocador. Por un segundo consiguió capturar mi atención, al preguntarme a mí misma con que nuevo jueguito seguiría ahora. Y antes de que otra cosa pasara, mi novio alcanzó el interruptor de la iluminación para apagarla y terminar completamente a oscuras.

    —¡Sí! —gritamos eufóricas las tres personas adentro de la ducha.

    En total oscuridad, teníamos carta libre para hacer algo más que sólo ducharnos enfrente de mi novio; por supuesto que no desaprovecharíamos la oportunidad que se nos presentaba. De repente mi cuerpo fue invadido por dos pares de manos, que ávidas competían entre ellas por acariciar cada uno de mis encantos. Mis senos y mi vulva fueron los más solicitadas, sin olvidar, claro está mi apretadito ano.

    De vez en cuando, uno o varios dedos llegaban hasta mis labios, sólo después de haber visitado algún otro de mis orificios; permitiéndoles introducirse por mi boca para degustar el sabor de mis propios fluidos corporales, combinado con la savia de aquel par de bellos chicos. ¡Sabía exquisito!

    Cada cierto tiempo mi novio encendía la luz por sólo unos segundos, logrando atrapar a ambos chicos infraganti, acariciándome con ambas manos o frotando su miembro contra mi cuerpo. Sólo para él terminar señalándonos con su dedo acusador, fingiendo estar reprendiéndonos antes de volver a apagar la iluminación.

    Estuvimos en esa morbosa situación por unos minutos más hasta que mi novio finalmente eyaculó, dejando la luz encendida. Esto me pareció injusto pues yo ni siquiera había tenido el placer de sentir uno de esos hermosos y duros penes dentro de mí. Pero antes de que pudiera protestar, mi novio abrió la puerta del tocador, indicándonos que era hora de ir a la recámara para continuar con nuestra pequeña orgía.

    —¿Se van a quedar ahí? —preguntó mi novio en forma retórica en evidente estado de ebriedad.

  • Me entregué a mi hijo en un viaje a Punta Cana

    Me entregué a mi hijo en un viaje a Punta Cana

    Tenía 16 años de matrimonio cuando mi esposo me abandonó. Fue un golpe terrible para mí, entre las muchas cosas horribles me que dijo, hasta hoy recuerdo dos. Que estaba gorda y que no era buena en la cama. Se largó de casa y me dejó con mi hijo que tenía solo 15 años. Fue un trauma imprevisto para ambos.

    Se fue con una mujer joven en esos tiempos, 20 años menor que él. Al poco tiempo lo dejó, pero eso no importa.

    Sus palabras me hirieron mucho. Pasé tres meses derrotada y destruida. Decidí renovarme. Una mañana desperté y a mis 38 años tenía que mirar al frente. Decidí empezar el gym, renovar mi armario. Logré darle ánimos a mi hijo y poco a poco, él se adaptó a una vida sin su papá.

    En pocos meses, bajé 12 kilos, volví a tener una silueta atractiva. Contraté una asesora de estilo y cambié completamente mi peinado y mi look. Me volví a sentir atractiva y sensual y, por cierto, deseada.

    Un año después de la rotura de mi matrimonio, me acosté, después de muchos años, con un hombre distinto a mi esposo. Me dejé llevar por él y en pocos meses era una mujer muy distinta en la cama. Mi esposo había tenido razón. Fui sosa y aburrida, pero esa Sofía no existía más. Descubrí el sexo anal, algo que mi esposo me pidió y nunca acepté. Disfruté del sexo en posiciones y formas que con mi marido jamás me había atrevido, a pesar de su insistencia, que debo reconocer, fue paciente por muchos años.

    Fueron pasando los años, pasé de una pareja sexual a otra, y a otra, decidí no volver a tener nada serio ni intenso con un hombre, al menos hasta mis 50 años, quizás luego ya encuentre alguien con quien terminar mi vida. Ahora a los 45, todavía deseo seguir libre y experimentando.

    Cuando mi hijo alcanzó la mayoría de edad, empezó a trabajar, además de ir a la universidad. Llenaba su tiempo con el estudio y el trabajo. Era de pocos amigos y no le conocía ninguna novia. Cuando cumplió 20 años, me dijo que había ahorrado y había comprado un tour a Punta Cana para los dos. Siendo madre e hijo, alquiló una habitación doble por cuatro noches. Me pareció correcto.

    Al llegar al hotel, tras todo el tedio del vuelo, pasar migraciones y el traslado, llegamos sudorosos por el calor, cansados, justo empezando la noche.

    Me preguntó si deseaba ducharme primero y le dije que lo haga él antes. Aceptó y sin más, se desnudó delante mío. Me sorprendió lo marcado de su cuerpo, le pregunté si iba al gym y me dijo que no, que hacía ejercicios en su habitación. A pesar de vivir juntos, nunca lo había notado.

    Se desnudó de espaldas a mí, pero al hablarme, se dio la vuelta y pude apreciar su enorme miembro. No tenía idea que era tan dotado. Lo tenía dormido, pero era claramente mucho más grande que el de su papá.

    Se duchó y salió desnudo. Entre al baño. Me duché y salí vestida. Me esperaba ya listo para salir. Subimos al restaurante del hotel, en el último piso, junto a la piscina, y tuvimos una cena algo tensa. Yo estaba perturbada por lo que había visto. No encontraba hilo a la conversación y él se daba cuenta.

    Finalmente se mandó y me dijo mamá, tengo algo que decirte.

    Su formalidad me asustó un poco. En ese momento no tenía ni idea de que me quería decir con tanta formalidad y en un viaje que él había pagado. Llegué a pensar que me diría que era gay. Le pedí que hablara.

    Tras un silencio embarazoso, habló.

    Habló por unos 20 minutos. Yo sólo lo escuchaba. En resumen, me dijo que me admiraba, que me amaba y que me deseaba. Que se masturbaba con mis tangas cuando yo no estaba. Que le hacía feliz que yo sea feliz. Que quería estar conmigo, como hombre y como mujer.

    Cuando terminó de hablar siguió otro largo silencio. Él me miraba perturbado y yo pensaba en su verga enorme. Siendo su madre, pero siendo mujer, sentía un choque entre el deseo y la responsabilidad.

    Le dije que quizás estaba confundido. Que yo era su madre, que no podía verme como mujer. Insistió con sus argumentos.

    Nos levantamos. Volvimos a la habitación. Estuvimos más de una hora ambos distraídos con el celular, sin hablarnos. Yo muy perturbada, seguro que él también.

    Decidí dormir. Pero tenía aun la ropa puesta. Pensé que mi pijama era un short demasiado sensual y un polito semi transparente. Las otras opciones eran dormir con la ropa puesta o desnuda. Decidí cambiarme en el baño. Lo hice.

    Al salir del baño, mi hijo estaba solo con el bóxer puesto. Me miró con deseo. Me sentí deseada. Sentí la adrenalina y el morbo subir en mí.

    Me acosté en mi cama. Lo miraba de reojo. Pude darme cuenta como su verga se iba levantando, poniéndose dura. Su bóxer resultaba escaso para el enorme paquete que guardaba. De pronto, sin más, sin preámbulo, se sacó el bóxer y quedó desnudo. Me dijo simplemente “me incomoda el bóxer para dormir”.

    Mi excitación era creciente. Era y soy su madre, pero soy mujer. No soy de fierro.

    Él me miraba sin decirme nada. Yo lo miraba pensando mil cosas. Ninguno se atrevía a dar un paso más allá. Me dieron ganas de orinar. Me levanté de la cama. Fui al baño. Mientras bordeaba su cama (el baño estaba de su lado), no podía dejar de admirar el mástil que tenía.

    No cerré la puerta del baño, pensé sólo sentarme a orinar y el inodoro no se veía desde el cuarto. Mi hijo entendió que era una invitación y se metió al baño.

    Antes que pueda reaccionar, sentada en el inodoro, tenía su enorme verga a la altura de mis labios. No pude resistir más, ya era demasiado. Empecé a chupársela. No podía ni con la mitad de ella. Pero quería más. Me levanté, lo cogí de la mano. Nos volvimos a la habitación.

    Sin pensarlo mucho, me puse en 4 patas al borde de su cama. Se paró detrás de mí. Sentí como me untaba la concha con su saliva y de pronto sentí el empujón. Con el apuro de los jóvenes, la metió sin medias tintas, en una sola empujada la llevó lo más adentro que pudo.

    No era un experto. Me resultó claro. Pero el enorme tamaño de su verga compensaba su poca pericia. Tuve un orgasmo en pocos minutos. Luego le pedí que se sentara en el sofá. Me obedeció. Me puse de espaldas a él y le entregué mi concha nuevamente. Era yo quien me movía, a mi ritmo, a mi estilo. Tuve dos orgasmos casi continuos y él seguía erecto. Volvimos a su cama, me puse en perrito y luego en cucharita, sentí como se aceleraba su respiración y sentí como me llenaba la concha con su semen, eso me hizo llegar por cuarta vez.

    Agotada volví a mi cama. Él se quedó dormido antes que yo. Pensaba en lo incorrecto de mi proceder. En el daño que podía estar haciéndole. A la mañana siguiente, no me importo. Los siguientes tres días fuimos amantes.