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  • Sometido en el vestuario del gimnasio

    Sometido en el vestuario del gimnasio

    Yo me estaba duchando en los vestuarios del gimnasio después de un entrenamiento durísimo, estaba solo. De repente entra ella, no sé cómo llego allí, trabo la puerta, y me dice con vos dura:

    – Así que vos sos el que está poniendo en ese grupito de wasap que compartís con tus amigos pajeros que me querés coger.

    Nos habíamos conocidos en la adolescencia y a mí siempre me quedaron las ganas de tenerla en mis brazos y amarla, mis amigos también la conocían y conocían a su marido, por eso yo bromeaba en el grupo que en mis sueños ella era mía apasionadamente, 20 años después de conocernos.

    Llevaba puesto solo con una tanga con volados, una remera blanca que solo le cubría un hombro y tenía puesto medias blancas y borceguíes, lo que no es extraño porque es policía.

    – A ver de lo que sos capaz. Me dijo y metiéndose bajo la ducha junto a mí me llevo contra la pared me obligo a levantar los brazos y me sostuve así.

    Sentí su lengua entrar en mi boca con una furia y movilidad increíble. Estaba sometido.

    Siguió con pasión besándome por todo mi pecho, luego mi vientre, cada tanto un suave mordisco, hasta que llego a mi pene y con decisión lo tomo con su mano derecha, lo introdujo en su boca y empezó a lamerme la punta sin suavidad, lo chupaba como si estuviera apurada, ansiosa.

    Yo estaba que reventaba y ella se dio cuenta. Me tomo los testículos con fuerza y me dijo:

    – Si acabás antes de que yo te diga te los corto. ¿Me entendés?

    Entre dientes y casi susurrando, totalmente sorprendido, le dije que sí.

    Estuvo usado su boca y su lengua como 5 minutos, gloriosos.

    Un banco de madera fue el lugar que uso para acostarse boca arriba y llevarme a que mi boca se dedicara a su vagina, corrí esa tanga tan femenina y comencé a deleitarme con su olor y sabor tan propio de una hembra hecha y derecha para gozar de la vida.

    Yo estaba todo mojado, al igual que ella, yo todo desnudo, su remera blanca empapada dejaba notar unos pezones divinos. El vapor de la ducha creaba un ambiente incomparable casi mágico.

    De repente veo que rompe su remera deja sus magníficos pechos al aire y me pide que la penetre. Me endulce con sus pezones de pechos duros, erguidos, mientras me movía dulcemente para lograr que la penetración le diera el placer que estaba buscando, tuvo su primer orgasmo allí, sus gemidos fueron fuertes y me pidió que no parara.

    Luego ella adopto la posición de cuatro patas apoyando sus manos en el banco, sus piernas bien rectas y su culo magnifico bien parado, no podía yo creerlo, tan mujer.

    Nuevamente la penetre y cuando estaba llegando a su segundo orgasmo, me dijo:

    – Termina, quiero que lleguemos juntos.

    Y así fue, tremenda eyaculación, sus gemidos, su vagina contrayéndose, su culo que iba y venía. Un paraíso que yo deseaba que no terminara nunca.

    Se tomó unos minutos recostada sobre el banco para recuperar el aliento, y allí pude apreciarla, su pelo corto, sus rasgos tan femeninos (a pesar de pertenecer a una fuerza de seguridad y por ejemplo andar armada), su cintura tan pequeña, sus hermosos pechos, su vientre plano. Que magnifica criatura que son las mujeres, todas.

    Se levantó, se envolvió en mi toalla, me tomo del mentón, me beso apasionadamente y sin decirme nada se fue.

    ¿Y ahora con que me seco?

  • Marcela mi vecina (V): Nuevas vecinas

    Marcela mi vecina (V): Nuevas vecinas

    Cada tanto se produce un recambio habitacional en nuestro edificio, algunos se van y otros vienen. En este caso se mudó una familia al lado del departamento de Marcela y Nacho.

    La nueva familia que venía a habitar el departamento lindero al de la rubia del culo perfecto estaba formada por Adriana, una mujer de 50 años, Carlos el marido de unos 47 y la hija de Adriana, Stefy, una linda chica de pelo color castaño y hermosas facciones. Medirá tal vez unos 1.60 de estatura y 23 años de edad.

    Yo en particular me sentí atraído por Adriana, una gringa hermosa con cara de pocos amigos, muy escueta e introvertida a lo mejor pero para mi gusto tiene un culazo grande y llamativo, no tan perfecto como el de Marcela pero me atrajo su buena forma y el hecho de como se le metía la ropa interior. Un terrible culo traga tela tenia la veterana recién llegada y está más que bien mantenido para una señora de esa edad.

    Adriana más bien es de tetas pequeñas y carita finita, no tiene nada de panza y se ensancha un tanto en caderas y lo mejor de su anatomía es que termina en un hermoso orto.

    Curioseando con vecinos supe que era brasilera, nacida en Goiás más precisamente en Goiania y desde la adolescencia se vino a vivir a Argentina con su familia y de aquí nunca más se fue. Tuvo un primer marido quien la embarazó y nació Stefy su única hija. Después enviudó y pasados muchos años volvió a formar pareja ahora con Carlos, un hombre muy bueno y de bajo perfil que se hizo cargo de ambas.

    Aunque a decir verdad su hija Stefy no está nada despreciable, tiene el cabello súper lacio de color castaño, un rostro mezcla de inocente por sus abundantes pecas en los pómulos pero a la vez cuando te mira es como que te provoca, tiene una mirada de putita que te enamora.

    Si bien su cuerpo se inclina más bien a ser un tanto gordita tiene buenas formas y eso la hace muy deseable. Calculo que su madre habrá tenido un cuerpazo así o mejor cuando más joven aunque la chica viene aún mejor que su mamá.

    Stefy es más bien rellenita, tiene curvas, buenas tetas, caderas prominentes y un tremendo culazo para su corta edad y enseguida captó la atención de nosotros los leones del edificio hambrientos de carne fresca, en especial de Nacho que desde que la vimos cuando hacían la mudanza se quedó muy caliente con la chica nueva.

    Y no se por qué pero por intuición supuse que más tarde Nacho se iba a sacar toda esa calentura con Marcela ya que estaba excitado con Stefy, así que para la noche no hice planes y me dispuse a estar atento al más mínimo ruido del departamento de abajo.

    Y así fue, la rubia llegó después de un día de guardia en la clínica atendiendo pacientes, escuché el sonido de llaves abriendo la puerta y sus tacos con ese inigualable sonido entrar al departamento.

    Los tres hijos de la rubia ya dormían, por lo que Nacho la llevó directo a la habitación lo supe porque ese ruido tan sensual propio de los zapatos con tacos de mujer se aproximaban cada vez más, yo tirado cuerpo a tierra con la oreja pegada al piso escuchaba a la perfección.

    Risas cómplices, muchos besos e imagino Nachito le habrá metido manos sin discreción a su mujer y para hacerme peor es que a Marcela le encantaba, nunca le decía que No, o estoy cansada o me duele la cabeza, esas excusas que a cualquiera de nosotros nos habrán dicho miles de veces. En cambio Marcela quería… lo dejaba seguir… la sentó en la cama y le fue sacando los zapatitos. Juro que habré tenido la pija más dura que la de Nacho en ese momento, pasa que Marcela me calienta y demasiado, tuve que ponerme boca arriba y sacarmela del bóxer.

    Mientras tanto los vecinos de abajo estaban dando inicio a «la previa». Nacho de sacarle los zapatos con tacos que la rubia tuvo todo el día en sus pies se los fue masajeando y así la relajó, lo que habrán sido esos piecitos blancos tan hermosos tras un día de trabajo, transpirados y con ese olor mezcla del cuero y el sudor.

    Mientras me hacía una paja en su honor lo que más quería era ser yo quien esté rendido a sus pies… Pero bueno la vida es así y no tuve esa suerte, pero con Nacho teníamos una conexión como por telepatía y le hacía a la rubia eso que yo deseaba y aún más.

    –Mmmmm siii… –dijo Marce, Nacho le comió los dedos y le pasaba la lengua por la planta y los talones, la rubia lo disfrutaba y ya se sacó la parte de arriba quedando tetas al aire. Cómo le chupó los pies ese muchacho… la tenía hiper caliente a su mujer, supo encender el motor de Marcela que estaba excitadísima y reclamaba ser cogida.

    Le habrá comido los pies a su hembra un largo rato, y ella no daba más de las ganas, Marce por su parte le bajó el cierre del pantalón y se la chupó con desesperación. Para mis preferencias a la hora del sexo Nacho era un tanto brusco con la pobre Marcela, literalmente le cogía la boca porque de a ratos ella es como que se atragantaba de tenerla toda adentro hasta llegarle a la garganta, chupaba y no dejaba de chupar, esa química sexual entre ambos nunca la vi en una pareja, se entendían y se deseaban mutuamente.

    No dio lugar a que le chupe la concha y el culo, ella se dio vuelta subiendo al borde de la cama y poniéndose en cuatro Nacho le sacó la tanga y le dio su tan buscada cogida sin previo aviso. Se la daba muy fuerte porque su cuerpo golpeaba contra las redondas y blancas nalgas de Marce quien no paraba de gemir. Yo en el piso de arriba eyaculé, no me pude contener pero Marcela y Nacho seguían.

    Cambiaron de pose y ella lo montó y la acción volvió a medida que se daba sentones sobre su macho con total confianza. Otra vez los gemidos de la rubia iban en aumento. Yo ya sin fuerzas y con la mano llena de semen tras mi acabada me perturbaba oírla. Por como gozaba con el marido mis chances de algún día hacerla mía iban decreciendo, estaba mas que a gusto con él.

    Hasta que al fin llegó al clímax. Ella primero y Nacho se la dio unos minutos más y la inundó hasta lo más profundo de su ser. Marce estaba enlechada y feliz quedando rendida diciéndole un desvanecido –Me encantó –a su marido que se quedó adentro de ella.

    El tema es que al día siguiente algún integrante de la familia recién llegada fue a quejarse al consorcio por los «sonidos molestos» y Nacho y Marcela recibieron bajo la puerta una notificación por tal motivo.

    Ese día de la queja nos juntamos con Nacho a jugar fútbol por la noche y en el tercer tiempo me hizo saber lo de lo que pasó con el consorcio y él tenía por sentado que quien los expuso fue Adriana, «la vieja mal cogida de al lado», de ese modo se refirió a la nueva.

    Volvimos al edificio y cuando bajábamos del auto nos las cruzamos en la entrada, madre e hija volvían del gimnasio, yo estaba embobado por la mayor y Nacho por la hija, las vimos de atrás y esos culos eran fabulosos, las dos estaban muy buenas. A Nacho se le pasó el enojo al ver esos cuerpos, el era más directo y me dijo Yo me la juego, apresuró el paso y las alcanzó, todo era muy bizarro algo similar a los argumentos de las películas porno de la década del 90, dos tipos tratando de seducir a un par de mujeres que se cruzaron en la calle. Yo me les acerqué y me presenté también. Nacho tuvo inmediata química con Stefy, un desubicado total, la hablaba y se manoseaba el bulto, ya tenía una notable erección.

    Yo por mi parte con la veterana me pasó algo similar, pues con su vestimenta deportiva sumado a que estaba toda transpiradita me pudo, se mostró muy amena y gentil, charlamos banalidades pero la idea era romper el hielo y al menos poder tratarlas.

    Las acompañamos hasta la puerta de su departamento y nos despedimos. Nacho no pudo bajar su erección, estaba muy caliente por la chica.

    Y otra vez mi mal presentimiento, Nacho se la va a culear a Marcela.

    Y esa noche le volvió a hacer el amor a Marce y los gemidos de la rubia eran melodía para mis oídos. Las vecinas nuevas habrán escuchado todo también pero ya sabían al menos quien era el masculino, les faltaba conocer a la mujer de los gemidos de actriz porno.

    Quejarse con los del consorcio fue algo contraproducente, ya que el matrimonio de la rubia veterana y su macho joven cogían ya como algo cotidiano, y Marcela era por demás expresiva en sus encamadas, es como que lo hacían a propósito.

    Una mañana madre e hija decidieron hacer su queja formal golpeando la puerta de Marcela, la rubia las recibió de forma cordial y amable, y a ambas les sorprendió porque a simple vista era una señora común y corriente, anteojos con aumento, el pelo recogido, descalza y en short y remera holgada. Entraron a su departamento y charlaron, Marce desde el primer momento supo manejar la situación y el motivo principal que fue la queja por sus gemidos se evaporó en el aire, lo trataron muy sobre lo bajo y la dueña de casa les pidió disculpas por no dejarlas dormir, ahí en eso Nacho regresó del supermercado con Francesca, la pequeña hija de ambos y Marce se justificó diciéndoles que su joven marido la tenía muy enamorada y que era un bombón irresistible, las tres coincidieron y hubo risas, después de ese instante hasta diría que nació una amistad entre Adriana, Stefy y Marcela. Nacho estaba feliz, halagado por esas tres hermosas hembras, si fuera por él las desnudaba y se las enculaba a las tres juntas ahí mismo. Lo conozco muy bien y se lo pervertido que es, por eso nos llevamos tan bien.

    Ya en su departamento madre e hija hablaron más distendidas, se llevaron una buena imagen de sus vecinos, aunque a las dos les revolvió el pensamiento de como esa rubia de 40 y tantos tenía un marido de veintipico y muy en el fondo les dio una envidia sana, más que nada a Adriana, quien fue invadida por pensamientos pecaminosos desde que los vió juntos, entró a la ducha, se bañó con agua fría y se tocó para calmar sus necesidades, hace mucho que no sentía un deseo sexual así.

    A la noche Nacho y Marcela volvieron a hacer el amor. Esa cama matrimonial hacía mucho ruido y la rubia de los anteojos con aumento estaba con las hormonas revolucionadas, se la notaba con todas las ganas. La que la pasaba mal y escuchaba todo era Stefy pared de por medio y para colmo Adriana su madre empezó a coger con Carlos de un modo muy hot también. Era la primera vez que escuchaba coger a su mamá, ya que siempre mostró discreción al hacerlo pero esta vez no, esos vecinos tan sexuales la mal influenciaron porque lo sobre exigía a Carlos quien no duró mucho y explotó tras las sentadas de Adriana quien quedó insatisfecha y quería seguir.

    Pobre Stefy estaba aturdida. De la pieza de al lado su madre y su padrastro y tras la pared sus vecinos. Todos la pasaban bien y ella en soledad no le quedó otra que masturbarse para desahogarse y conciliar el sueño… y así fue.

    Los días fueron pasando, hasta que el fin de semana asomaba.

    Sábado por la mañana recibí un audio de WhatsApp de Marce:

    –Hola Martín, soy yo Marce. Te invito a casa esta noche a cenar, van a venir los vecinos nuevos, vení con Gaby ya le avisé y me dijo que si. Besitos Mar. Te quiero mucho.

    Y bueno acepté, arreglamos con Gaby para que venga a mi departamento y de ahí salir juntos. Así fue, Gabriela llegó temprano y yo estaba saliendo de darme una ducha. Estaba preciosa con un denim negro, sus zapatitos boca de pez, arriba un saquito liviano de hilo color verde pálido y debajo un corset negro que le dejaba unas terribles tetas y una cintura de avispa. Le abrí la puerta envuelto en un toallón ya que como dije se me adelantó en su llegada, pasó, la vi y como por instinto animal se me paró la verga, la tenía enorme y dura y ella en forma automática se arrodilló y sin mediar palabras se la llevó a la boca.

    Nos entretuvimos un rato, Gaby tiene un don para el sexo oral y me la chupó con ganas. Yo tenía unas ganas de seguir, quitarle la ropa y cogerla ahí mismo contra la puerta pero ella no quiso. Fue materia pendiente para cuando regresaramos de cenar con los vecinos, se puso un caramelo de menta en la boca, se volvió a pintar los labios y fuimos.

    Al llegar nos recibió Marcela algo molesta porque nos retrasamos, ya estaban sentados a la mesa Nacho, Jorge y Adriana y la comida arriba de la mesa, en cuanto a Marce estaba fatal con un pantalón blanco calcado a su piel, nunca la había visto con una prenda así. Le triplicaba el tamaño de sus caderas esa tela de color blanco tal vez de gabardina elastizada, sumado a su aroma, un perfume importado tan sutil, su rostro, sus anteojos, maquillaje lo justo y necesario y su pelo lacio además de unos tacos aguja que la erguian de un modo señorial. Y cuando giró me fue inevitable mirarla de atrás, ese culazo era incomparable, con una redondez única y para peor no usaba cinturón, ella orgullosa lo meneaba como tentandome, y se notaba a la perfección el contorno de la vedetina blanca que tenía debajo. Se me volvió a parar al verla así.

    Tomamos asiento, después de saludar a los comensales. Nacho al lado de Adriana, Carlos sentado en una de las cabeceras, Gaby y yo nos dispuestos a acomodarnos de frente a Adriana y Nacho y la rubia del pantalón de gabardina blanco en la otra punta de la mesa oficiando de anfitriona.

    Los hijos adolescentes de Marcela fueron a pasar el fin de semana a casa de su padre, y la pequeña Francesca dormía en su habitación, por lo que la velada era solo de gente adulta. La gran ausente fue Stefy, a quien su madre justificó que desde horas tempranas fue a pasar el fin de semana con amigos.

    En mi mente me fue inevitable pensar en la cogida que le iban a dar sábado y domingo a la culona menor. Con Marce de blanco, Gaby con esas tetazas que iban a explotarles en ese corset e imaginando lo mal que se portaría Stefy dos días seguidos no se me bajaba la erección.

    No dejábamos de cruzar miradas con Adriana, en tanto Carlos su marido siempre formal no soltaba palabra, igual no perdía el tiempo en mirarle las tetas a mi pareja y ella para romper el hielo le pudo sacar conversación, resultó ser que el hombre era contador y Gaby es profesora de matemáticas en un colegio secundario y bueno… los números eran pasión para ambos y gracias a las ciencias exactas surgió una afinidad entre ellos.

    Yo estaba encantado con la milf brasilera, su pelo rubio, las pecas que tenía sobre sus pechos, sus manos tan delicadas y esos ojos marrones que de a ratos me miraban y dejaba deslizar una leve sonrisa mostrándome su blanca dentadura tan perfecta. Eso sí, bebía con ganas y quizás el vino la ayudó a soltarse y ser un tanto más sociable. Y con Nacho al lado se liberó aún más, conociéndolo a mi vecino amigo sabía que a la menor oportunidad aprovecharía y se la llevaría a la cama, pero se cuidaba al tener a su mujer en la punta de la mesa haciéndole marca personal. En cuanto a Adriana debo decir que tenía una necesidad de pija urgente. Se sentía a gusto con ese semental joven a su lado, le urgía una alegría, y no sé, o era Nacho o era yo pero esa noche la veterana estaba regalada, podría entregarse a cualquiera.

    Pidió permiso para pasar al baño y se levantó, deseé tanto verla de la cintura para abajo y al fin se me dio. Se paró y se dio vuelta en dirección al sanitario y pude apreciar el tamaño orto que tenía cubierto por un pantalón de vestir tremendamente ajustado de color azul marino con un par de bolsillos atrás. Tenía las nalgas más grandes que las de Marcela pero era como fofas, le faltaba consistencia a simple vista, cuando se fue esas cachas se movían cual gelatina pero igual era sensual. Estaba un tanto descuidado, no por ella que se mataba haciendo ejercicios sino por el marido, se notaba que no le hacía el amor como ese cuerpo se lo merecía, ya que Adriana se mostró interesada tanto de Nacho y Marce como de lo mío con Gaby, le comía la cabeza como dos mujeres casi contemporáneas a ella se nutrían de dos machos jóvenes.

    No aguanté las ganas y disimuladamente me dirigí a la cocina a buscar hielo casi a la par de esa mujer ajena. Necesitaba mirarle el culo, seducirla, manosearla, no sé… deseaba que pasara algo entre los dos allí mismo en esa casa ajena.

    Estando en la cocina la imaginé sentada en el inodoro con los pantalones y la bombachita bajas a la altura de sus tobillos y mi mente fantaseaba cosas chanchas, la imaginación mandaba y el corazón bombeaba mucha sangre al pene que se me paró de tan solo pensarla así.

    Cuando salió del baño vino hacia mí y me pidió un hielo para ponerse sobre una ampolla que le había sacado su zapato bien arriba del talón.

    Me ofrecí a ayudarla y arrodillado ante ella le saqué muy despacito ese calzado.

    Ufff… Tenía un pie hermoso, sus uñas pintadas de color rosa perlado, un detalle que me tentó y el amigo de abajo estaba parado y con ganas de salirse del pantalón. Le quité el zapato de su otro pie algo grande, talle 39 tal vez y me ofrecí a masajearlos, de estarle tocando ambos pies a la vez y tal vez por una mala decisión, sobre su ampolla apoyé un cubito de hielo y por reflejo reaccionó y con el talón me dio un golpe sobre mi endurecida verga.

    Prácticamente casi me la estrangula del golpazo, me pidió mil perdones ya que yo fingí exagerando un tanto el dolor, y sin querer, pero queriendo me la tocó. Creo que se me puso más dura aún y viendo que abrió grande los ojos al notar el tamaño de mi pito erecto más entrada en confianza puso su mano de nuevo, muy sumisa se dejó y la recorrió en su contorno por fuera de mi pantalón, como estaba entretenida y con ganas de mas le hice meter su curiosa mano adentro y me la estrujó con ganas. Me pajeó y su mano se sintió pegajosa por el líquido pre seminal que me hizo soltar.

    Enceguecido la llevé al baño, cerré la puerta con llave y ahí se arrodilló, me bajó el cierre y se la llevó a la boca con sumo entusiasmo. Chupó, chupó y chupó, el glande se dibujaba adentro de su mejilla, se quedó quieta y era yo quien le cogía la boca, la saliva chorreaba por sus comisuras y se la clavé tan profundo que hasta le dio arcadas.

    Nunca lo hice así tan violento con ninguna mujer, ni con Gaby que es «todo terreno» y soporta todo. Es más, a Adriana estando así tan poseídos hasta la traté de Puta y le tiré fuerte del pelo haciendo que me mire a la cara mientras se la tragaba entera.

    –sos más puta de lo que imaginé

    –te gusta chupar pijas ehhh…

    –Mmmm siiii… Y vos la tenés enorme –alcanzó a decirme y me enloqueció aún más.

    La hice ponerse de pie, le manoseé el orto e intenté desprender el botón y bajarle el pantalón pero no quiso.

    –Acá nooo… Estás loco!!! Está mi marido afuera!!!

    Deseé sentir su humedad, beberme todos sus fluidos y chuparle el culo desaforadamente pero no era el lugar ni el momento indicado, igual la hice sentar en el bidet y se la metí de nuevo en la boca.

    –Dale acabá rápido por favor, nos estamos demorando un montón –me dijo sacandose la pija de la boca y mirándome a la cara desde allá abajo. Se la volví a meter bien profundo y sin avisarle estallé en su cavidad y atragantandose se tragó hasta la última gota de leche. Sus ojos lagrimearon pero fue por toda la adrenalina de lo vivido. Se limpió en la pileta y yo de atrás me adherí a su cuerpo y recorrí sus nalgas redondas. Salió ella primero y yo después al rato.

    Cada uno llegó por su lado, teníamos que disimular, obviamente Nacho se dio cuenta, me miró lleno de complicidad como diciéndome Bien Martincito!! En cuanto a Adriana se sentó sin decir nada y yo estaba agitado y con algo de transpiración, eso sí, me traje la champañera colmada de hielo para disimular mi demora.

    En tanto Gaby y Carlos continuaban su charla sin inmutarse, cuando Marcela le hace una seña a Nacho y ambos se pusieron de pie. Nos iban a dar un anuncio.

    –Gente linda, amigos, vecinos. El motivo de reunirlos ésta noche es para anunciarles algo demasiado importante… me pone súper feliz anunciarles que… tengo una pequeña gestación de tres semanas… estoy embarazada… voy a ser mamá por cuarta vez, y bueno quería que ustedes fueran los primeros en enterarse.

    –Vení amor –le dijo a Nacho y con lágrimas en sus ojos lo abrazó tiernamente y se dieron un lindo beso ante nosotros ahí presentes.

    –Ni el lo sabe –dijo en referencia a su marido quien quedó descolocado con la noticia que anunciaba su rubia esposa.

    –Ayy Marce en serio estás……???

    –Si Amor… vas a ser papá por segunda vez, querés?

    Nacho lagrimeó de la emoción, ella también lloró emocionada y esta vez los besos fueron más subidos de tono, estaban súper apasionados adelante nuestro y por poco se cogen arriba de la mesa.

    Gaby por su parte feliz por el embarazo de su amiga Marcela hizo una pregunta un poco zonza: Y como fue que…

    –Ay Gaby por favor… Lo hicieron como todos sabemos cómo se hacen los bebés, es algo obvio no? –le respondí un tanto ofuscado, admito que la noticia del incipiente embarazo de la rubia del culo perfecto me partió en mil pedazos… Nunca me lo hubiese imaginado, si bien se la pasaba cogiendo con el marido yo no quería eso, me puse celoso, antipático, molesto… Era una mezcla de todo. Nunca se me hubiese pasado por la mente que el motivo de la cena era para contarnos que estaba preñada.

    En cuanto a Adriana retomó con algo que parecía haber quedado zanjado: los gemidos.

    –O sea que ese bebé estaba siendo buscado, digo… Por como todas las noches… emmm… ustedes dos… va, los gemidos de Marce no dejaban dormir a medio edificio.

    Me hice el tonto y la dejé expresarse aún más.

    –Estas segura Adri, yo nunca escuché nada –(mentí descaradamente obvio).

    –Vos porque estás en el piso de arriba querido, pero nosotros pegaditos a la pared somos testigos noche a noche del amor de estos dos tortolitos, y hay noches que lo hacen una y hasta dos veces no sabes lo apasionados que son–dijo algo entrada en copas, el vino le pegó y estaba algo excitada la rubia caderona.

    –Marce!!! Nacho!!! –Exclamó Gabriela, como es eso de que no dejan dormir a los vecinos!!

    –Bueno, perdón… Es que nos amamos y mucho… Verdad amor? –Le dijo la rubia cuarentona a su joven marido quien la tomó de la cadera y la sentó sobre él, no hacían más que mimarse y de tenerla sentada en su regazo Nacho estaba con la verga al tope, lo supe porque yo no dejaba de mirarla a Marce quien al sentirla esbozó una expresión de deseo, le hablaba al oído y sonreían complices. Todo daba indicio que ni bien nos retiraramos se iba a venir una encamada épica.

    Destapamos una botella de champagne y brindamos por esa pequeña vida que se gestaba en el vientre de Marcelita, fruto de las constantes y pasionales encamadas con su marido veinte años menor y dueño de una envidiable virilidad.

    Si bien la milf confesó que no estaban buscándolo era una bendición y una felicidad enorme, Nacho estaba feliz, y yo moría de envidia.

    –Nena o nene? Preguntó Carlos… Marce dijo yo quiero darle un heredero a este papito hermoso.

    Nacho por su parte se sintió súper halagado, tremenda fue la declaración de su amor, por lo que él redobló la apuesta: –Marce ya tiene dos nenes y me hizo papá por primera vez con Francesca mi princesita hermosa, y a decir verdad amaría darle una hermanita. Yo quiero otra nena, una Marcelita segunda.

    Con eso la terminó de humedecer a la milf, era un campeón en todo ese chico.

    –Adri vamos retirándonos querida –Le dijo Carlos a su esposa, ella y yo no dejábamos de mirarnos, pasó todo tan vertiginosamente que el sexo oral que me hizo en el baño casi me lo borré de la mente tras la noticia, no tan feliz para mí, de la incipiente gestacion de la madura del culo más increíble que conocí en mi vida y que tanto me gustaba.

    Me despedí de Carlos y luego de su mujer, y con un beso en mi mejilla me susurró –Hablamos luego –claro está que quedó algo súper pendiente entre ambos.

    Nosotros hicimos lo propio y nos fuimos con Gaby agradeciéndoles la hermosa velada y más que nada por ser los primeros en saber de la buena nueva.

    Llegamos a mi departamento y ella me notó molesto, en otro mundo, ya que no paraba de hablar de su amiga.

    –Estás celoso? –Fue lo que dijo primero luego de una larga pausa.

    Y si… Estoy muerto de celos, no te das una idea de cómo me calienta Marcela, desearía ser yo quien le baje la tanga, cogerla sin descanso y para coronar dejarla bien preñada!!!

    Todo eso lo maquiné en mi mente, se lo quise gritar en la cara pero me contuve.

    Con toda mi amargura contenida muy adentro de mí ser, el plaf plaf plaf de los vecinos de abajo no tardó en llegar. Nacho se la estaba culeando con todo y Marcelita con todo el alcohol que ingirió no hacía otra cosa más que gozar, al parecer estaba en cuatro patas por el retumbar de sus carnes contra el cuerpo de su marido que se la cogía sin piedad.

    –Ayyy nooo… Escucha como cogen, se están matando!! –me dijo Gaby tapándose la boca, yo me tiré al piso para oír mejor y ella a su vez conmigo.

    No me importó la presencia de Gabriela ahí a mi lado, me saqué el boxer y me masturbé al ritmo de las embestidas del matrimonio de abajo. La profe de matemáticas se quedó desnudita y se me subió. Cogimos a la par de nuestros amigos del piso de abajo, es más, como ya pasó en nuestra primera vez en el departamento, fuimos más ruidosos que ellos, Gaby terminó empapada y yo le descargué hasta la última gota bien adentro. Fue algo hermoso y hasta se me pasó el enojo.

    Quedamos rendidos en el piso y no se ella, pero yo me dormí en ese mismo instante, fue mi tercera descarga de leche de la noche, estaba casi débil.

    Ese domingo nos levantamos a eso de las 9.45 am, desayunamos e intenté convencerla a Gabriela que se quedara a pasar el día, me respondió que era una «oferta tentadora» pero debía irse más que nada porque su hija quedó sola en su casa. Se puso ropa un tanto más cómoda que quedó en mi departamento de noches anteriores que estuvimos juntos y se fue.

    Me volví a dormir muy profundo y a eso de las 11.50 am siento que alguien tocó el timbre. Me levanto a abrir y para mi sorpresa era Adriana. Estaba por demás linda, tenía unos bucles en el pelo, algo maquillada y con el mismo pantalón azul marino que usó en la cena y arriba una linda camisa blanca de mangas largas.

    La invité a pasar y tomamos asiento, y luego de un electrizante silencio procedió a tomar la palabra.

    –Mirá Martín, lo que pasó anoche fue algo impensado, quiero dejarte en claro que yo no soy una mujer de esas… digo… no me ando encamando con cualquier tipo, tengo un marido y una hija que lo es todo para mí, y siento una vergüenza enorme por mi comportamiento. Pasa que tomé mucho y me dejé llevar.

    Las cosas con Carlos no vienen del todo bien y verte a vos con Gaby y a Marce con Nacho… ayy no sé cómo seguir… Pero necesito decírtelo: Carlos es eyaculador precoz, me coge horrible y desde que llegamos a este edificio me atormentan los gemidos de Marce… Y la paso mal, tengo necesidades físicas sabés, y para peor ellos lo hacen todas las noches y yo debo taparme la cara con la almohada para no oírlos pero me es imposible… Y lo que más rabia me da es que Carlos cada día me ignora más y si algo pasa entre nos es porque yo tomo la iniciativa. Pero es algo inútil, nunca más tuvimos una previa, no hay lugar para ese jueguito antes del acto sexual, el me la mete en forma casi mecánica y acaba al tercer o cuarto movimiento… Y eso a mí no me llena, quizás estoy muy vieja y fea por eso no se fija en mí como antes.

    Se puso a llorar pero se descargó… y vaya confesión. El rímel negro se le salió íntegro con sus lágrimas y su carita estaba colorada. La consolé en mis brazos y fue calmándose.

    Se apresuró y quiso irse pero la retuve. Le pregunté por Carlos, su marido y me contó que previo a qué viniese a tocar a mi puerta discutieron y el se fue a comer a lo de su madre, esa vieja arpía que me odia, agregó y ya más calmada soltó una sonrisa.

    –Y si te quedas y pasamos el domingo juntos? –le dije ya jugado. No sé por qué pero me gustaba su compañía, me llevaba muchos años pero me atraía, y me la chupó increíblemente bien en casa de Marcela.

    –Y tu novia?

    –Quedate tranquila que no está, y además Gaby no es mi novia… Es… mmm bueno es una larga historia que ya te la contaré –le dije y Adriana asintió con la cabeza y logró distenderse más.

    –Que querés comer?

    –Lo que vos quieras hoy sos mi invitada.

    –Mmmm pastas… Te parece?

    –Adri me encantaría pero no tengo fideos… Me esperas voy a comprarlos ya mismo.

    –Y si vamos a mi departamento? Dale?

    –Y si vuelve tu marido… O Stefy que le decimos?

    –Stefy va a volver recién mañana lunes y Carlos va a tener para rato en casa de su amada madre, así que vos relajate… además te estoy invitando a comer… No te voy a succionar el pito otra vez ehhh… No te hagas ilusiones bebé.

    Me bajó el autoestima con eso de «No te hagas ilusiones bebé», pero las ganas de coger estaban latentes, busqué mis llaves, apagué las luces y nos dispusimos a bajar a su departamento. Ella se adelantó, yo un tanto más retrasado no le sacaba la vista de esas caderotas y del culo que estaba semitapado por la camisa blanca que la traía afuera. Llegamos a su morada, entró ella primero y dejó la puerta abierta.

    Nos pusimos mano a la obra, sacó los fideos y yo me ofrecí a hacer la salsa, y estando ambos ocupados sobre la mesada y en el reducido espacio de a ratos mi cuerpo la rozaba estando ella de espaldas y ya me tenté y algo dura se me puso.

    Llegó la hora de almorzar, pusimos la mesa y procedimos a comer. Se manchó un poco el mentón con salsa y la limpié suavemente, al tocarla se le erizó la piel, estaba mas que necesitada de afecto, cerró sus ojitos cuando estuve tan cerca de ella y fue un lindo momento.

    La comida estaba exquisita, y mientras permaneciamos sentados Adri hizo silencio, tragó saliva y me dijo así:

    –Si vos querés que pase algo más entre vos y yo no tengo problema, pero necesito que me seas sincero desde el minuto uno, me harté de los hombres mentirosos y a juzgarte me tenés algo indecisa, así que de ahora en más háblame con la verdad.

    Ok, respondí mirándola a sus dominantes ojos marrones.

    –Voy a ser aún más explícita y me doy cuenta de todo y necesito saberlo: a vos te pasan cosas con Marcela no?

    Dudé… Elaboré una respuesta y la medité, no me sacaba la vista de encima y me estaba poniendo a prueba.

    –Es la amiga de mi pareja, yo no podría.

    –Ves que mentís? Recién en tu departamento me dijiste que ustedes no eran novios… y ahora de repente le das el título de «pareja».

    –Bueno perdón… Con Gabriela nos une el sexo, nos buscamos solo para eso, pero no somos ni novios ni pareja, cada uno vive su vida y ni yo le reclamo nada ni ella a mí.

    –Ahh bien… Me mataste con tu respuesta, sos muy hábil y eso me gusta. Pero volviendo a la primera pregunta, te gusta Marcela? Digo por como la mirabas toda la noche, tengo más años que vos y capté todo desde que entraste.

    –Y bueno que querés que te diga… Mi respuesta es Sí, es hermosa, es la mujer perfecta y cualquier hombre gustaría de ella.

    –Desde que entraste le miraste el culo sin descaro, creo que hasta el marido se dio cuenta… igual no te culpo, ese pantalón blanco le resaltaba la figura, es más, te confieso que como mujer odié que ese pantalón le quedase tan bien, no puede tener semejante culo, es una cosa perfecta y me mató la envidia.

    Pero más me mata la envidia de que gustes de ella… Mmmm bueno perdón me desubiqué, olvidá lo último que dije, mala mía.

    –Adri ya que estamos me gustaría disculparme por haberte dicho otra mentira anoche…

    –Mmmm a ver… Recordame porque tengo una memoria de pocos gigas…

    –Ehhh… yo también la escucho gemir por las noches, y me vuelve loco… no te das una idea. Desde el día que llegué la escucho disfrutar con su marido… Y me calienta tanto que me tengo que masturbar para calmarme… perdón por ser tan pajero.

    –Nooooo nada que ver… No te sientas mal, esa no era la idea Martín… Yo también me volví re pajera por culpa de ellos dos, es más, me cansé de quejarme con el consorcio pero no me dieron respuesta alguna, así que aprendí a convivir con sus alaridos, porque ya son gemidos y algo más no?, y bueno… me altero me enojo y lo miro a Carlos y ni se inmuta… Entonces tocándome me desahogo… Si si… A los 50 encontré mucho placer en la paja.

    Reimos al unísono, quien iba a pensar que ambos nos hacíamos la paja por culpa de Marcela. En fin, yo estaba excitado y ella no aguantaba las ganas.

    –Bebé… que más puedo decirte, me pusiste cachonda con tu confesión pero más me calentó tu sinceridad.

    Lo que sí me pone triste porque me dejaste en claro lo mucho que te gusta… y yo sinceramente no soy competencia para ella. Soy fea y no hace falta que me lo digas, lo sé.

    Tengo una cola muy grande y tu amor imposible la tiene firme y divina, además su carita es angelical y mirame a mí, estoy llena de arrugas y patas de gallo. Bajó su mirada y de la efervescencia se puso algo depresiva.

    –Nada que ver, sos hermosa, vení acá –le dije y se vino a mí. Me puse de pie y la besé con timidez, quería que se recupere de ese momento de bajón y fue tomando confianza.

    Uy siii… Adriana me la levantó de un modo tremendo, me abalancé sobre ella y nos fuimos a su dormitorio.

    Adriana moría de ganas, estaba mas exultante que una adolescente, sus hormonas estaban en ebullición y entre toqueteos y besos apasionados con el hombre que eligió para que se la monte fue despojandose de las sandalias y la blanca camisa rumbo a la habitación matrimonial.

    Ya al pie de la cama donde dormía con Carlos, su marido, me bajó el pantalón hasta las rodillas, vió mi bulto haciendo presión dentro de mi ropa interior y me la sacó, mirándola fijamente me dijo La tenés enorme!! Así, con mucha efusividad, la recorrió desde la base hasta el glande e hizo un movimiento inverso.

    –Puedo? Me dijo cachondisima y se la llevó a la boca. Cabeceaba muy bien y me la chupaba como si nos conociéramos de toda la vida y otra vez la saliva se le escurría por las comisuras, era una chupapija hermosa, como me calentó, y lo hacía divinamente bien que no me pude resistir y una bocanada de semen salió con prisa, claro está que se bebió hasta la última gota.

    –No pretenderas dejarme con las ganas no? –me dijo desafiante, mientas se puso en cuatro sobre el somier, se sacó el apretadisimo pantalón quedando con una micro tanga blanca que se le adentraba toda en la cola, y tenía unos labios vaginales que se escapaban por los costados de esa blanca tela de algodón. Se la agarré de los costados y la fui sacando. Estando en esa postura es como que se podía apreciar el tamaño de ese modelo orto y lo más peculiar fue que tenía un agujerito muy cerrado. Me acerqué, abrí sus blancas nalgas y asomé curioso mi lengua a ese culito apretado.

    –Que hacés degenerado!! –me dijo e intentó salirse, al parecer no estaba habituada a qué alguien le chupe el culo, y yo quería hacerselo. La masturbé lento para volver a relajarla y cuando se entregó otra vez hice el intento… Ahí ya se dejó y pude ensalivarselo. Tenia un rico gusto y me confesó que era la primera vez que alguien le hacía eso.

    En un punto paró más la cola y se puso un almohadón bajo el vientre.

    –Lo tengo casi virgen sabés. Hace un montón que no tengo sexo anal.–

    Gauuu… Fue música para mis oídos eso, la pija se me puso durísima otra vez tanto que hasta yo mismo me sorprendi de como se recuperó tan rápido, le metí más lengua para dilatarlo y estaba a punto, apunté mi misil a su puertita trasera pero Adri no quiso… Y no hubo forma de convencerla.

    –No bebé estás loco, me vas a romper el culo con esa cosa enorme… además no estoy lista…

    –Adri por el amor de Diossss… No te das una idea del culazo que tenés no me digas eso!! Respondí algo ofuscado.

    –Es nuestra primera vez, ya vendrán más y ahí si, te lo prometo te lo voy a dar, quiero que me hagas la cola pero hoy no, entendeme. No te enojes Martu… es que me da un poco de miedito porque la tenés enorme…

    Se dio vuelta y me la volvió a chupar como loca.

    La empecé a tratar de puta otra vez, y ella lejos de ofenderse lo disfrutaba, es como que yo la estaba halagando por tragársela toda, me hacía un oral como los dioses y de repente se detuvo y me dijo Dámela toda.

    Se volvió a dar vuelta poniendo el culo en pompa y jugué un rato con su concha antes de hacersela entrar, eso lo aprendí de Nacho quien se la hacía desear así a su mujer, y vaya que los resultados fueron fructíferos, Adriana suplicaba ser cogida, no daba más de lo mojada que estaba y de la desesperación con sus manos la apuntó y se la hizo entrar.

    Y ese primer gemido es lo que cuenta, ahí uno sabe si hizo bien las cosas y al parecer sí… Era estrecha, pegaba unos alaridos peores a los de su vecina de al lado que tanto criticó.

    Era una rubia muy puta, sus ganas de coger eran infinitas y se la bancaba muy bien. Tenerla en cuatro y sentir el golpeteo de mi cuerpo contra ese culo grande pronto iba a hacerme explotar, la cogí más fuerte y Adri acabó. Fue una expresión fuertisima, es como que necesitaba eso. La noté feliz.

    Nos besamos antes de seguir y estábamos más que entregados, es como que no había nadie más en kilómetros a la redonda. Solo éramos ella, la cama y yo.

    –Ahora vamos a jugar a que yo soy Carlos tu marido, querés mi putita hermosa?

    –Sí amor… Hace de mí lo que quieras.

    –A ver… Carlos te come las tetas?

    –… a veces.

    Me posé en medio de las dos y las disfruté.

    –Carlos te chupa la concha?

    –A veces…. Pero vos me la comés demasiado rico.

    Se la chupé largo y tendido y tuvo su segundo orgasmo, la rubia se retorció en mi boca y yo no me quería despegar.

    Yo quería seguir, tenía batería para rato y cuando se tranquilizó retomamos el jueguito de preguntas y respuestas

    –A ver mamita… Su marido se la coje por el orto?

    –Mmmm no mi amor… jamás de los jamases, es más creo que no le gusto más como antes, ya ni me desea… además tengo un culo horrible y muy grande… A ningún hombre le gustan las mujeres culonas como yo.

    –A mí me fascinas sabés, tenés un orto divino. Se río y ya estaba lista.

    Otra vez con un hambre voraz quería pija. Se me subió y de a poco fue cabalgandome, se movía y disfrutaba, era insaciable. Y así seguimos, me pedía que se la entierre toda y así fue, le entró hasta el infinito y fue hermoso, cuando me suplicó que quería lechita caliente en la boquita, la puse en cuatro otra vez, la penetre con furia y cuando me sentí venir se la saqué, se arrodilló y le enchastré la cara con mi semen. Algun disparo fue a darle en el ojo y se río a carcajadas. –No me dejes ciega eh. La escena era digna de una película porno. Que rubia más puta resultó ser la brasilera.

    Se limpió, nos despedimos y salí de su departamento mirando para todos lados. Por suerte no había espectadores afuera.

    Se nos complicaron los encuentros entre semana porque su hija estaba todo el tiempo en su casa, el contador solo venía por las noches y a veces tenían relaciones, pero todo muy precoz, casi mecánico. Ella me escribía contándome como fue y yo le respondía y le mandaba fotos de mí pija parada. Eso era como un anzuelo porque Adri se excitaba y a altas horas de la noche cuando todo el mundo dormía tocaba la puerta de mi departamento y venía a sacarme toda la leche.

    No podíamos coger pero moríamos de ganas, por lo que todo se reducía a un pete rápido, le acababa en la boca y se iba calmada a dormir. Carlos ni notaba que su santa mujercita se venía al piso de abajo todas las noches a escondidas.

  • La casa de la playa (parte 6 y final)

    La casa de la playa (parte 6 y final)

    A diferencia de Pedro y Pablo, quienes desde el amanecer habían estado haciendo algún tipo de actividad física, no necesariamente relacionada con sus oficios de carpinteros, mi novio había estado bebiendo sin realizar el más mínimo esfuerzo; por lo que era lógico que el alcohol hubiese hecho efecto en él mucho antes que nosotros.

    Salí de la ducha sujetando a ambos chicos por el brazo, caminando alegremente hacia la recámara con actitud desenfadada; tambaleándonos un poco, pero sin dejar de bailar, deseosa de que esa noche nunca terminara.

    —Disfruta el espectáculo amor —dije a mi novio al pasar a su lado, lanzando un beso con actitud de niña traviesa y mujer fatal simultáneamente, dejando en claro que lo que yo estaba por hacer era únicamente en su honor.

    Como si fuera una actriz de películas para adultos en la audiencia para conseguir mi primer protagónico, yo estaba dispuesta a dar todo de mí con tal de que esa noche fuera inolvidable para todos. Aunque al parecer por el estado actual de mi novio, no tendría mucha audiencia en mi debut.

    —Claro que sí… —respondió él sin poder concluir la frase, luchando por subir sus pantaloncillos y trastabillar al buscar donde sentarse.

    Al haber alcanzado el clímax tan sólo un par de minutos antes, la estamina de mi novio había desaparecido de su torrente sanguíneo, por lo que la fuerza de gravedad lo atrajo hacia un sofá detrás de él, cayendo pesadamente. Y conociéndolo, como yo lo conocía, supe que en un par de segundos caería en los brazos de Morfeo. ¡Pendejo!

    Yo preocupada por fornicar con aquel par de chicos, como si fuera una especie de tributo, y él se lo iba perder por no ser capaz de mantenerse despierto un poco más. ¡Definitivamente era un pendejo!

    Aunque, por otro lado el que mi novio no estuviera en sus cinco sentidos, me daba carta abierta para disfrutar con Pedro y Pablo sin limitarme por el hecho de que él me estuviera observando. Hacía casi tres meses que yo no había estado con otro hombre, quizás menos no lo recuerdo con exactitud, por lo que era mejor que aprovechara la oportunidad. ¿Quién podía saber cuando volvería a agarrarlo tan borracho?

    —Ésto es por ti amor —dije estirando la mano para alcanzar la cabeza de mi novio, simulando querer despeinarlo con actitud juguetona.

    Ese aparentemente inocente gesto de mi parte no tenía otro objetivo que hacerlo perder el conocimiento al zarandear un par de veces su cabeza, lo que por lo visto funcionó al notar como cerró los ojos, cediendo ante una habitación que giraba a su alrededor, perdiendo la consciencia. ¡Perfecto!

    Inmediatamente me arrodillé en medio de los dos chicos, pasando mi mano izquierda por debajo de la entrepierna de Pedro y la derecha por la de Pablo, para agarrarlos por los testículos. Apretando, suave pero firme, esos dos pares de albóndigas cubiertas de gruesos pelos despeinados.

    —¡Pendeja! —exclamó Pedro en el momento que cerré mis dedos un poco más, jalándolos hacia abajo por sus partes nobles de manera que las puntas de sus glandes golpearon en mis mejillas.

    Como había sido durante todo el día Pablo prefería guardar silencio ante mis perversas caricias, aun cuando su rostro reflejaba lo mucho que lo disfrutaba. Sonreí con malicia.

    Mis labios saltaron de un miembro a otro sin poder decidirme por cual de los dos degustar primero. Deslizando mi lengua por toda su extensión, olfateando cada centímetro de aquellos dos enormes pedazos de carne. Sus olores eran rancios y agrios, picantes e inmundos, penetrantes e hediondos, pero me encantaban.

    Todo aquel arduo trabajo físico que mi novio despreciaba se reflejaba en aquellas dos entrepiernas e ingles, al haberlas cubierto de sudor, arena y sal creando una mezcla de olores y sabores que curiosamente me tenían fascinada o intoxicada, ¡no importaba!, el resultado era el mismo, yo deseaba tener esos dos enormes miembros viriles en mi boca. ¿A caso mi pequeña cavidad en medio de mi rostro sería capaz de engullirlos? Yo contaba con eso o moriría en el intento, hablando en sentido figurado.

    Primero probé el de Pedro, después de todo de los dos chicos era el que más me agradaba, abriendo la boca al máximo para poder introducir todo su glande y un poco más. Me encantaba como su miembro abarcaba cada centímetro del diámetro de mi cavidad bucal. ¡Delicioso!

    —¡Qué rico! —exclamó Pedro al sentir como mis labios avanzaron y retrocedieron sobre su apéndice un par de veces.

    Luego probé el de Pablo, el chico había resultado el ganador de la competencia de fotografía después de todo. Metí todo lo que pude de su anatomía hasta conseguir que su glande golpeara en la campanilla de mi paladar, provocandome temblar de emoción. La sensación fue grandiosa.

    Tuve que abrir los ojos para percibir una fugaz y sutil sonrisa posarse sobre los labios del silencioso chico. Sino fuera por ese involuntario gesto hubiera pensado que yo no era buena practicando sexo oral. Afortunadamente su miembro fue más expresivo, tornándose rígido como una barra de hierro, sino yo podría haber terminado traumada por sentirme despreciada.

    Extraje el pene de mi boca produciendo un gracioso sonido, al romper el efecto de succión de mis mejillas, que bien podría compararse con el de una ventosa pegada al vidrio por medio de un efecto de vacío, solo para inmediatamente volver a ocupar mi cavidad bucal con el miembro de mi otro amante.

    De pronto, fui poseída por una inexplicable necesidad de pasar mis labios de un pene a otro, introduciéndoles cada vez más profundo en mi garganta, cada vez por más tiempo, cada vez más hambrienta, cada vez más voraz. Inundando mi paladar con una mezcla pegajosa de saliva y semen que burbujeaba de forma efervescente, al ascender por mis fosas nasales con un delicioso cosquilleo; en lo que un par de hilillos de un color blanco comenzaron a escurrir por las comisuras de mis labios. ¡Me sentía como una niña en una confitería!

    “¡Diantres! ¿Cómo haré para tragarme todo ésto?”, pensé mientras degustaba el que, a mi juicio, parecía ser el más grande de aquellos dos miembros viriles; aunque no por mucho. En la posición actual, de rodillas con mi rostro a la altura de la cadera de los chicos, me era imposible alcanzar con mis labios los testículos de cualquiera de ellos al momento de engullirlos, ya que la cabeza de sus penes chocaba en la parte posterior de mi garganta.

    “Algo se me ocurrirá”, me respondí a mí misma al conjurar que tendría que alinear el paladar con mi tráquea, al igual que un ‘traga sables’ circense, si quería comerme sin masticar ese suculento par de ‘chorizos’.

    —¡Qué rico chupa la verga ésta puta! —exclamó Pedro al poner sus ojos en blanco. Era obvio que lo estaba disfrutando como loco. No lo culpo.

    —Así es… —respondió Pablo en voz baja entre graves y ahogados quejidos, mientras mis manos jugaban con sus testículos al tomarlos por un par de pelotas anti estrés.

    Sin poder contenerme más, extraje un lubricado pene de mi boca y tirando hacia arriba por su glande me lancé contra el primer par de albóndigas. ¡Las más gordas y carnosas que había probado en mi vida! Aunque podría equivocarme, recuerden que estaba muy borracha.

    —¡Mierda, que delicia! —exclamó el afortunado dueño de ese órgano sexual.

    Provoqué un vacío en mi boca para que el par de bolas de carne entrara sin esfuerzo, eso y el que la base del pene se encontrara obstruyendo mi nariz me hicieron perder el aliento por un segundo. ¡Ni siquiera cuando ambos chicos me mantuvieron bajo el agua de la piscina, sentí que me faltó el aire como en ese momento! Juro que casi me desmayo.

    Pero haciendo gala de mi excelente condición física, aspiré fuerte para llenar mis pulmones con la pesada fragancia que se desprendía de aquella pestilente ingle. Con grandes lengüetazos comencé a peinar los gruesos cabellos púbicos que cubrían, casi en su totalidad, la superficie rugosa y áspera de aquellas deliciosas albóndigas. Estaba en el paraíso.

    A regañadientas me desprendí del que consideraba el platillo principal en aquel ‘banquete’, sólo para prenderme ahora de las partes bajas del otro chico y rendirle la misma cortesía, mientras que con la mano masajeaba frenéticamente un bien lubricado pene.

    Estuve así un par de minutos más, cambiando el miembro viril enfrente de mi rostro hasta que Pedro tuvo ganas de explorar otro de mis orificios.

    —Arriba perra —ordenó de manera enérgica.

    Pedro me puso en pie y empujó mi torso hacia al frente, de manera que mi tronco superior quedó a 90 grados con mis piernas.

    “Gracias”, pensé en mi interior agradeciendo al universo, al reconocer que en esa posición, con mi paladar en línea recta con la garganta, cualquiera de los dos miembros pasaría limpiamente por mi boca hasta perderse dentro de mi cuerpo.

    Pedro dirigió la cabeza en forma de hongo de su pene hacia mi vagina, en lo que Pablo se preparaba para fornicarme por la boca sin misericordia. Definitivamente tendría mucho que agradecer aquella noche.

    Cual si fuera una serpiente, el enorme miembro de Pedro pasó por entre mis muslos para colocarse justo a la entrada de mi vagina, siendo ayudado por un par de mis dedos para facilitarle dar en el blanco.

    —Así me gusta, flojita y cooperando —dijo el chico al notar mi mano en la cabeza de su pene.

    Por su parte, Pablo me sujetó por el cabello en lo que colocaba su glande justo al frente de mi boca

    De pronto mi cuerpo fue embestido por dos fuerzas opuestas, de casi igual magnitud, provocando que mi columna se doblara cual una acordeón en cada ocasión en que los chicos embestían, penetrándome coordinadamente, contra el delicado y hermoso objeto de deseo entre ellos.

    Pedro embestía mi trasero con su pelvis, sujetándose a mi cadera con ambas manos. En lo que el miembro de Pablo golpeaba en lo profundo de mi garganta, frotando la punta de su glande contra mi amígdala de manera tan enérgica que llegué a pensar que terminaría por extirpármela. ¡Estaba completamente segura que mi otorrinolaringólogo no había llegado tan profundo en mi último examen médico!

    Estuvimos así por varios minutos, con los chicos intercambiando posiciones en mi rostro y mi trasero, hasta que Pedro decidió que era momento de ir a la cama, por lo que bruscamente interrumpió nuestra coreografía.

    —Ahora si te vamos a coger hasta por las orejas de manera que no te vas a sentar en una semana, puta de mierda —amenazó Pedro, ¿quién más si no él?

    Ambos chicos extrajeron sus completamente lubricados miembros de mi cuerpo, en lo que Pedro, el macho alfa que se había hecho con el liderazgo esa noche, me jalaba por el cabello para ponerme en pie bruscamente, amenazando con penetrar todos mis orificios con el poderoso taladro que tenía bajo su cadera. Pobre ingenuo.

    Si tan sólo él supiera, de cuantos hombres había escuchado esa misma promesa vacía no se sentiría tan confiado.

    —¡No me amenacen cabrones, sólo háganlo! —exigí dejando claro que ansiaba tener esas enormes trancas dentro de mí, preferentemente al mismo tiempo.

    Una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios de Pedro al escuchar mi desafío, complacido por mi actitud altanera y soberbia, que impedía dejarme amedrentar por sus amenazas, aunque realmente lo estuviera.

    El chico me empujó de espaldas sobre la cama, coloco mis piernas sobre sus hombros y en esa posición volvió a colocar su pene en la entrada de mi vagina; y utilizando todo su peso, unos 85 kilos aproximadamente, comenzó a penetrarme brutalmente. Prácticamente en la primera estocada consiguió llegar hasta lo más profundo de mi alma.

    —¡Ay, así cabrón! —exclamé al no poder contener el enorme placer que experimenté al ser invadida con su enorme miembro—. ¡Cógeme más duro!

    —Pablo, tápale la boca a ésta puta de mierda, que estoy harto de sus ‘mamadas’ —ordenó Pedro al referirse a mi actitud soberbia y altanera, no a mi habilidad para practicar sexo oral, de ésta nunca he recibido quejas.

    Pablo saltó sobre la cama, cayendo con las rodillas justo a mi lado, y montándose sobre mi rostro consiguió hundir su pene justo en mi boca, de manera que sus testículos golpeaban en mi nariz y mi visión era tapada por su esfínter; y en esa posición comenzó a cabalgarme con pequeños saltos. ¡Era como si estuviera clavando una estaca en medio de mi rostro! Me encantaba.

    Los chicos estuvieron penetrándome brutalmente hasta que de nueva cuenta el director de la ‘orquesta’ decidió que era momento de cumplir una promesa.

    —¡Vamos, pinche puta de mierda, ponte en cuatro para darte verga! —exclamó Pedro al citar su frase final de conquista, la que había invocado en conjunto con Pablo más temprano ese mismo día, cuando los tres estuvimos jugando en medio del mar. Yo sonreí por el ‘romántico’ detalle.

    Con una sola mano Pedro hizo girar mi cuerpo de manera que yo terminé encima de la cama apoyada en mis cuatro extremidades. No me importaba cual de los chicos se colocaba en cada uno de mis extremos; para ese momento a mi juicio los dos eran igual de viriles e imponentes. Quizás sólo uno de ellos contaba con alguna minúscula ventaja física sobre el otro en sus partes nobles; pero al final su gran amistad les había llevado a compartir todo. ¡Hasta las putas! ¿Quién era yo para romper esa amistad?

    Pedro se colocó frente a mi rostro en lo que Pablo daba cuenta de mi trasero y de inmediato reanudaron su labor, embistiendo con energía contra mi frágil anatomía.

    Ya me era imposible contener dentro de mis cavidades, la abundante mezcla de fluidos corporales de aquellos dos bien dotados machos y los míos propios.

    Mi vagina hacía tiempo que segregaba una gran cantidad de mis propios jugos, que en combinación con el presemen de los chicos saturaron el ambiente con un olor rancio y visceral que quedaría impregnado en las sábanas por varios días, yo no pensaba lavarlas.

    Mientras que por enfrente, los hilillos del liquido blanco que hacía un momento salían por las comisuras de mi boca, fueron remplazados por borbotones de una espuma espesa y pegajosa, la cual era expulsada a gran velocidad, como por una especie de volcán en erupción, en cada ocasión que el intruso atorado en mi garganta avanzaba y retrocedía frenéticamente; rasgando en el proceso mis cuerdas vocales.

    “Quizás pueda quedar afónica una semana, pero valdrá la pena”, pensé aceptando los pro y contras de la salvaje faena sexual en que me encontraba.

    El murmullo de las olas rompiendo en la costa que debería entrar por la ventana, el que había seducido al futuro propietario de la casa, fue remplazado por un rítmico jadeo de tres perfectos cuerpos fundidos en un sólo ente, vibrando sobre la cama, y los graves ronquidos de mi novio durmiendo en un pequeño sofá justo a lado.

    De vez en cuando, los chicos tenían a bien intercambiar posiciones sólo para degustar el orificio en mi cuerpo que el otro poseía. A veces caminando de rodillas sobre la cama hasta su nueva posición, otras veces haciendo girar mi cuerpo con relativa facilidad.

    Había perdido la cuenta de orgasmos que alcancé hasta ese momento, por lo que estaba agradecida por el esfuerzo sobre humano que ambos chicos estaban haciendo para evitar eyacular; pues en mi manera egoísta de pensar, aprendida de mi novio, esa noche sólo importaba mi placer y nada más.

    —¡Prepárate pendeja, que vamos a darte el especial! —exclamó Pedro, sin poder ocultar el esfuerzo físico que le costaba evitar eyacular para mantener la erección, al extraer su miembro de mi vagina, cubierto con una sustancia babosa y traslúcida.

    ¿De que podría tratarse el ‘especial’ al que se refirió Pedro? No lo sabía, pero me moría de ganas por averiguarlo.

    Casi de inmediato, un cosquilleo se apoderó de otro de mis orificios, uno que tenía reservado para utilizar sólo en ocasiones muy especiales, como si de una fina champagne se tratara: mi ano.

    Era el miembro de Pedro que haciendo círculos alrededor de el que en otro momento debería ser un orificio de salida, se aprestaba a entrar sin invitación, como el macho que tanto me gustaba que fuera.

    —¡Sufre cabrona, sufre! —exclamó orgulloso al momento en que, utilizando todas sus fuerzas, me empaló sin contemplación.

    Por supuesto que la practica del sexo anal era parte de mi repertorio sexual, y no con miembros de tamaño promedio como el de mi novio dormido a un costado, sino de penes de hombres de verdad, de machos reales, grandes y gruesos, de buen calibre y longitud considerable, de esos con los que es una delicia fornicar por horas, aún así no pude evitar sentir un fuerte dolor punzante que hizo estremecer todo mi cuerpo, desde mi coxis hasta la nuca. Casi lloré.

    Por fortuna el miembro de Pablo en mi boca ahogó mis gritos, de lo contrario quizás hubiera terminado por mostrarme débil ante ese chico al sentir ese enorme intruso perforar mis intestinos. No lo permitiría, disfrutaría de su virilidad y vitalidad al mismo tiempo que les dejaría claro que nunca volverían a estar con una mujer como yo, esa sería mi venganza final; aunque a decir verdad, ya no recordaba porque quería vengarme de esos humildes chicos en primer lugar.

    —¿Querías verga? ¡Pues, come verga! —sentenció Pedro, bien convencido de que me estaba dando el mejor sexo de mi vida. Hasta ese día, eso era parcialmente cierto.

    Los chicos detenían sus embestidas sólo para intercambiar lugares como se estaba haciendo habitual. Durante los pocos segundos en que mis cavidades se encontraban vacías aprovechaba para tomar ‘un segundo aire’, e incitarlos a continuar.

    —¿Es lo mejor que tienen? —pregunté en tono de burla, obligándolos a retomar su afrenta sexual con excelente resultado.

    —¡Ahora prueba tu propia mierda, pinche puta! —sentenció una vez más Pedro, después de haber cambiado lugar con Pablo.

    No estaba en posición de negarme a nada, además de no querer hacerlo. Era un milagro que yo no me hubiera ahogado en la extraña mezcolanza que inundaba mi boca; la que ya no sólo sabía a semen y saliva, sino también tenía un ligero sabor amargo que debería deberse a mi propio material fecal, raspado de mi colon por ese par de penes con cabeza de hongo que luego introducían en mi boca para limpiarlos con mi lengua.

    —¿Ves como si te gusta la mierda? —preguntó Pedro haciendo mofa de lo que él pensaba debería ser una humillación. No podía estar más equivocado

    Yo sólo podía gemir de placer al sentir como ambos monstruos marinos, similares a las anguilas en tamaño y forma, intentaban encontrarse en medio de mi sistema digestivo al arremeter contra mí sin piedad; uno cavando por el orificio de entrada, el otro por el de salida. ¡Sublime!

    Debo reconocer que ambos chicos tenían excelente condición física; de no ser así, hace mucho que ambos se hubieran ‘venido’ expulsando su semen dentro de mí. Seguimos así por un par de minutos más hasta que uno de ellos tuvo una brillante idea.

    —Vamos a empalarla… —propuso Pablo en voz baja entre jadeos y gemidos.

    ¡Qué cosa! ¿A caso era posible lo que acababa de pasar? ¿Después de un día completo siendo el patiño de Pedro, finalmente Pablo, habiéndose emancipado, había tenido el valor para tomar la iniciativa y proponer como deberían ellos continuar gozando con mi cuerpo? Si ésto en realidad había pasado quiero pensar que fue gracias a mí. A la inspiración que una chica tan linda y elegante como yo, le había otorgado a su patética y mediocre personalidad.

    —¡Vamos a empalar a ésta puta de mierda, para que nunca se le olvide quienes somos! —repitió con una clase de firmeza y autoridad que nunca había visto en ningún hombre, incluyendo a mi orgulloso novio. Estaba impresionada.

    Ambos chicos detuvieron intempestivamente su labor extrayendo de mi cuerpo sus miembros, aun duros, cubiertos con una película blanca de nuestros fluidos corporales. Se pusieron de pie sobre la cama y jalándome por el cabello me pusieron en medio de ellos sin darme oportunidad a limpiar la espuma blanca que escurría por mi cuello.

    Pedro se colocó frente a mí, en lo que Pablo, sujetándome por la cintura, me levantó para que su amigo colocara mis piernas en sus hombros y así mi cuerpo formara una “V” en medio de ellos; y en esa posición me clavaron sus duros miembros a la primera estocada. Pedro se apoderó de mi vagina y Pablo hizo lo mismo con mi ano, preparándose a sodomizarme.

    —Ahora si vas a saber lo que es bueno —comentó Pedro, con mis piernas en sus hombros.

    Era obvio lo que los chicos planeaban. ¡Me iban a dar una doble penetración estando yo en el aire! ¡Excelente!

    Una vez que sus miembros estuvieron en posición prácticamente me dejaron caer sobre éstos, penetrándome tan violentamente que tuve que morderme los labios para evitar gritar. ¡Sentí que me moría! Pero valiente, contuve mis gritos y colocando mi mano derecha en el cuello de Pedro y la izquierda en el brazo de Pablo los incité a darme más duro.

    —¿Ésto es todo lo que tienen, o quieren que despierte a mi novio para que les enseñe a coger como un verdadero macho?

    ¡Nunca los hubiera retado de esa manera! Ofendidos, y poseídos por una rabia demoníaca, comenzaron ha hacerme saltar sobre sus duros penes, aumentando la frecuencia de los saltos, impulsando mi cuerpo hacia arriba, lo suficiente para tomar impulso, pero no tanto como para abandonar mis orificios, para después dejarme caer nuevamente, utilizando la fuerza de gravedad a su favor para llegar más profundo en mi interior. ¡Cielos santo, juro que sentí las cabezas de sus penes ascendiendo por mi garganta! Estaba completamente fascinada.

    —¿En serio crees que tu novio pueda cogerte mejor que nosotros? —preguntó Pedro con sarcasmo.

    Mi silencio respondió por mí en lo que una sonrisa traviesa se dibujó en mis labios y la primera lagrima de alegría y placer escurrió desde mi ojo izquierdo; había sido atrapada en mi propia mentira en conjunto con los ronquidos de mi novio.

    Estuvimos así un par de minutos más hasta que los chicos presa de su enorme excitación ya les fue imposible contenerse.

    —Ya no aguanto Pablo —comentó Pedro frunciendo el ceño, indicándole a su amigo que ya estaba listo a descargar el contenido de su entrepierna.

    Como su mejor amigo Pablo entendió el mensaje, por lo que sin previo aviso me dejaron caer de rodillas sobre la cama en medio de ellos y colocando las cabezas hinchadas de sus penes en frente de mi rostro, ordenaron con un par de golpecitos en mis mejillas que abriera la boca para recibir todo el fluido seminal que permanecía dentro de esas enormes bolas. Yo obedecí.

    Y de pronto, como si estuvieran conectados telepáticamente, ambos chicos eyacularon casi al mismo tiempo, trazando dos sendos chorros de liquido blanco sobre mi rostro, inundando mi boca y mis fosas nasales con una cantidad impresionante de su ‘leche’, tibia y espesa. Al parecer, esos enormes pares de testículos no sólo eran ornamentales, sino perfectamente funcionales. Delicioso.

    Totalmente fatigados, pesadamente se dejaron caer sobre la cama, en lo que yo, como si fuera una linda gatita sumisa y obediente, me dediqué a limpiar con mi lengua los residuos de esa tibia y rica ‘lechita’ que continuaba impregnada en los ahora languidecidos miembros de los chicos y sus marchitas bolas.

    No estaba segura cuando exactamente había sido la última ocasión que había bebido tal cantidad de semen, pero de lo que si estaba segura es que esa no sería la última, pues la noche era larga y mis ganas de continuar fornicando aún más grandes.

    Me sería posible describir con lujo de detalle toda la actividad nocturna que experimenté con aquellos dos bellos y bien dotados chicos hasta antes del amanecer, ya que en más de una ocasión las remembranzas de esa noche de sexo salvaje han asaltado mi memoria y la zona baja de mi abdomen; pero creo que caería en lo repetitivo. Sólo digamos que terminé con una fuerte jaqueca y un más fuerte ardor en la entrepierna y el trasero.

    Al día siguiente, casi al mediodía, los chicos se despertaron para retirarse; mi novio se levantó con ellos para despedirlos, mientras yo fingía dormir para evitar tener que hacer lo mismo; al final de cuentas, en mis clases de Educación Sexual durante mi etapa de colegiala me enseñaron muchas cosas, pero ‘dar las gracias’ no fue una de ellas.

    Cuando Pedro y Pablo finalmente se marcharon, me puse de pie rápidamente ignorando el dolor que invadía mi cuerpo. Salí de la habitación buscando a mi novio desesperada por saltar a sus brazos; agradecida por el excitante fin de semana que me había regalado. Él sorprendido se dejó consentir en silencio.

    —¡Gracias amor! —agradecí genuinamente con voz dulce, deseando comérmelo a besos.

    —No, gracias a ti preciosa —respondió él con una pícara sonrisa en su rostro—. ¡Ese par de pendejos ni siquiera me cobraron!

    Ambos soltamos una fuerte carcajada al unísono con el comentario de mi novio. Definitivamente les habíamos hecho el día a aquel par de chicos, mi novio había conseguido ahorrar un poco de dinero y yo por mi parte había disfrutado de un excitante fin de semana, ¡cómo nunca hubiese podido imaginar! Todos habíamos salido ganando de una u otra manera.

    Toda ésta singular experiencia me había hecho amar a mi novio aún más y confirmar lo afortunada que era al tener un hombre como él; dominante y completamente seguro de sí mismo, incapaz de sentir celos de otros hombres. Aunque claro está, siempre podría presentarse la oportunidad de terminar en la cama con uno que otro bien dotado chico; sólo para reafirmar lo acertado de mi decisión. Besos.

  • La perversión de mi hijo (III)

    La perversión de mi hijo (III)

    Habían pasado tres días de mi encuentro lésbico con Cora y aquella noche cenamos los tres y yo me quede a recoger la cocina y note como las manos de Cora me abrazaron por la cintura y me giro y me beso en los labios.

    – Estás loca – le susurre – esta mi hijo

    – Eso es lo que me pone – me contesto ella – llevarte a la cama con tu hijo en casa y comerte toda putita

    Las manos de Cora se metieron por debajo de mi jersey y me masajearon las tetas y mis pezones se pusieron duros y ella me beso en el cuello.

    – Por favor – le suplique – mi hijo puede vernos

    – Está bien – me dijo Cora – te voy a dejar y te iré a visitar a tu habitación, espérame desnuda putita

    Yo le asentí con la cabeza, estaba excitada y mi coño se humedeció, me recogí el jersey y le di un beso en los labios y acabe de recoger la cocina, me fume un cigarro y fui al comedor. Cora estaba en el sofá viendo un programa de televisión y mi hijo estaba en su cuarto con el ordenador, le dije que me iba a acostar y me fui a mi habitación y me acosté en la cama y espere que pasara el tiempo, mi coño estaba húmedo y me pase los dedos por la raja, pensar que Cora me iba a venir a hacer una visita con mi hijo en casa me puso cachonda al máximo.

    Escuché como se abría la puerta de mi habitación y Cora entro sigilosamente a oscuras y se metió en la cama conmigo y nos besamos y me quito las bragas y me las puso en la boca y yo flexione mis rodillas y le abrí las piernas sin que ella me lo pidiese.

    – Tienes el chochete muy mojado – me dijo Cora mientras me pasaba el dedo – eres muy putita.

    Yo solté un sollozo seco y mi excitación iba en aumento.

    – Quieres que te coma el chochito putita – me dijo Cora mientras me miraba morbosamente y yo le hice un gesto con la cabeza – y sus dedos me abrieron el coño y empezó a lamerlo con sabiduría, yo cerré los ojos y me deje llevar, mis manos se agarraron a la cabeza de Cora y empecé a respirar fuertemente y a soplar con fuerza, mis gemidos quedaban mitigados al llevar y morder las bragas en la boca

    – Como me gusta comerte el chochito – me susurraba Cora – hueles a perra en celo

    Yo me retorcía en la cama, la lengua de Cora me provocaba un placer inmenso y no tarde en tener un orgasmo y me quede temblando en la cama y Cora se puso a mi lado y me beso en los labios y me hizo un gesto para que estuviera en silencio y salió de la habitación.

    Escuche los pasos de Cora al volver y abrió la puerta de la habitación y le dio al interruptor de la luz, venía con mi hijo, yo me tape y me quede sentada en la cama avergonzada al ver a mi hijo. Cora se sentó a mi lado y retiro las sabanas y yo solté un grito de exclamación, Cora me abrió las piernas y se puso entre ellas y me abrió el coño.

    – Mira que chochito que tiene mama – le dijo a mi hijo y cada vez me abría más el coño – ¿la habías visto así?… tienes una mama muy mala

    Yo tuve un gesto de pundonor e intente cerrar las piernas y taparme con las sabanas pero Cora me lo impidió.

    – Por favor – le suplique – que me estás haciendo… no quiero… déjame

    – Ahora no me vengas de mujer decente – le dijo Cora y le metió dos dedos en el coño – vamos a enseñarle a tu hijo lo putita que eres

    Yo solté un grito pero los dedos de Cora entrando y saliendo de mi empezaron a provocarme placer y intente evitar que Cora me siguiese penetrando pero note como dos manos me agarraban fuertemente y vi cómo mi hijo me sujetaba por los brazos y me miraba de una manera muy especial.

    – Mira como me deja que la folle la muy marrana – le dijo ella a mi hijo – tiene el chocho muy mojado… está muy caliente

    Mi hijo se acerco y me puso la mano en el cuello y me atrajo hacia él y me puso la polla a la altura de mi boca.

    – quiero metértela en la boca mama – me dijo mi hijo

    Yo intente apartarlo pero él era muy fuerte y me puso su glande en la comisura de los labios y poco a poco me metió el glande en la boca.

    – que boca más caliente que tienes mama – me dijo él – chúpamela un poquito

    Yo le puse las manos en sus caderas y le hice un gesto de negación con la cabeza, pero él empezó a meter y sacar de su boca el glande que cada vez lo tenía más erecto y duro.

    – Mira cómo me pones mama – le exclamo – me la estas poniendo dura, así me gusta

    Yo hice un gesto para sacarla de la boca y él me penetró hasta la garganta y me dejó sin respiración y lo mire con los ojos bien abiertos como suplicándole que no lo volviera a hacer y el empezó a penetrarme la boca suavemente y yo le puse la mano en el tronco para que no volviese a penetrarme hasta el fondo de mi boca. Cora sacó sus dedos y me acariciaba el coño y con sus dedos me acariciaba el clítoris y eso me produjo algún espasmo de placer.

    Así mama házmelo así – sin darme cuenta se la estaba chupando a mi propio hijo – y el sacaba la polla y me daba golpes en la cara con ella – te voy a follar mama, he soñado mucho con esto.

    – Te la voy a poner bien caliente – dijo Cora y empezó a comerle el coño – para que te la folles

    Sentía como la lengua de Cora me fundía el coño y yo agarraba el tronco de la polla de mi hijo y le pasaba la lengua por el glande y se la chupaba y empecé a sentir como me llegaba otro orgasmo.

    – Córrete putita – me dijo Cora al notar que me iba a correr

    Mis piernas empezaron a temblar, me corrí mi coño lanzo fluidos en exceso, Cora me giro y mi hijo apunto con la polla a la entrada mi coño.

    – Te voy a follar mama

    – Por favor hijo no me la metas – le suplique – soy tu madre

    Mateo me penetro con el glande y yo lance un grito y lo saco y paso su glande por toda la raja de mi coño provocándome un placer indescriptible y que hizo que mi cuerpo sufriese un espasmo.

    – Que coñito mas mojado que tienes mama – Me dijo mientras me volvió a penetrar con el glande

    – fóllala bien follada – le dijo Cora

    Mateo me penetró con su enorme polla en dos golpes, yo solté unos gritos de dolor y me la metió hasta el fondo de mi coño y yo solté un bufido enorme al sentirme empalada e incluso me falto el aire y Mateo empezó a moverse dentro de mi coño entrando y saliendo lentamente, yo le puse las manos en el pecho.

    – Despacio por favor házmelo despacio – esas palabras salieron de mi boca inexplicablemente

    La polla de mi hijo se deslizaba fluidamente entrando y saliendo de mi coño y yo gemía placenteramente.

    – Como me gusta tu coño mama – me decía mi hijo mientras me follaba y Cora se puso de rodillas detrás de mí y me sujetaba la cabeza y sus dedos me pellizcaban los pezones – tienes el coño muy apretado te lo voy a abrir

    Yo sentía un placer enorme, me retorcía en la cama y mi hijo empezó a follarme con intensidad y profundidad y empecé a gritar de placer.

    – Fóllala así – le dijo Cora a mi hijo mientras me miraba morbosamente – como chilla la muy guarra

    Mi hijo me levanto por las caderas y me follo profundamente, yo mordía los brazos de Cora y gritaba con fuerza.

    – ¿te gusta que te folle así? – me preguntó

    – Fóllame así – le grite – sígueme follando – le suplique

    Mi cuerpo empezó a temblar y convulsionar y me llegó un orgasmo salvaje y estuve un buen rato temblando mientras de mi coño manaban una gran cantidad de flujos vaginales y Cora y mi hijo se besaban y ella le hacía una paja con la mano.

    Mi hijo se sentó en la cama y Cora me puso encima suyo, yo sabía lo que quería y me deje caer encima de la polla de mi hijo y me la clave en mi coño y lo abrace por el cuello y empecé a montarlo.

    – me gusta que seas tan guarra mama – me dijo mi hijo mientras me miraba fijamente – me encanta tu coño y como chillas y te corres

    Las palabras de mi hijo me estaban poniendo muy cachonda y empecé a montarlo con fuerza y notaba como mi coño engullía toda su polla.

    – ¿te gusta lo que te hace mama? – le pregunte – quieres que sea así de puta

    Mi hijo me cogió fuerte por la cintura y ayudó a cabalgarlo con fuerza, Cora me acariciaba las nalgas y su dedo se abría paso hacía mi preciado culito y me penetró con su dedo y yo solté un grito de exclamación la sentirme penetrada por mis dos cavidades a la vez, mientras mi hijo me mordía los pezones.

    – me vas a volver loca – le exclame

    Mi hijo me giró y me puso mis pies en mis hombros y empezó a follarme con fuerza mientras Cora me besaba y me daba la lengua.

    – Dame así – le grite – como te siento… ¡fóllate a mama!

    – Tienes un coño muy calentito y mojado – me decía – voy a follarte cada día

    Yo no pude contenerme y me volví a correr salvajemente, mi hijo me puso de rodillas y me metió la polla en la boca.

    – quiero correrme – me pidió – quiero correrme en tu boca

    Yo me negué y le hice un gesto negativo, pero Cora me agarraba las manos y mi hijo por el cuello y se corrió dentro de mi boca, su semen me bajaba por la comisura de los labios y Cora me beso y se trago el semen que no cabía en la boca mientras sus dedos me recorrían la raja de mi coño y me estiro en la cama, me abrió las piernas y empezó a comerme el coño y meterme un dedo por el culo.

    – te gusta que te coma el chocho delante de tu hijo guarra – me humillaba Cora

    – me vuelves loca con tu lengua – le conteste

    – ven y cómele el chocho – le pidió Cora a mi hijo – que se puso entre Cora y yo y empezó a pasarme su áspera lengua por mi coño arrancándome gemidos de placer

    – te das cuenta como le huele el chocho – le preguntó Cora a mi hijo – él le hizo un gesto afirmativo – ésta muy caliente la guarra quiere seguir follando

    Cora me metió un dedo por el culo y lo sacaba y lo volvía a meter y eso me provoco una calentura que nunca antes había sentido y me paso la lengua por mi ano, Cora me puso de rodillas y mi hijo me volvió a poner delante su polla y yo la agarre sin que nadie me dijese nada y me la lleve a la boca y empecé a chupársela, sentí como Cora se había ido un momento y que volvía ( había ido a buscar un preservativo y el bote de lubricante ) y sentí un frio en mi ano cuando ella me metía el dedo y me untaba el lubricante y le dio el preservativo a mi hijo que se lo puso, yo al adivinar sus intenciones me negué e intenté levantarme pero entre los dos me sujetaron y me abrieron bien las piernas y me pusieron el culo en pompa.

    – no me hagáis eso – les suplique – no quiero – les grite

    Cora me sujeto la cabeza contra las sabanas y mi hijo me penetró con el glande y yo solté un grito de dolor desgarrador al sentir como mi propio hijo me estaba violando y rompiendo el culo.

    – Te va a doler pero ya te acostumbraras – me decía Cora – te va gustar que te follen por ahí

    Mi hijo me siguió penetrando con fuerza y yo podía notar como mi esfínter se doblegaba ante su majestuosa polla y seguía chillando y gritando de dolor.

    – te voy a romper el culo mama – me humillaba él – a partir de ahora vas a ser mi putita

    – ya esta putita ahora va a dejar de dolerte – me animaba Cora mientras me daba la lengua y mi hijo empezó a follarme el culo lentamente

    – como me aprieta tu culito mama – me susurraba mi hijo – mientras a mi me caían las lágrimas por las mejillas, lloraba de dolor y por el hecho que mi propio hijo me estuviese sodomizando, pero a medida que me follaba empecé a sentir que el dolor se volvía más soportable e incluso placentero, Cora que era una experta lo notó y se lo hizo saber a mi hijo

    – Ya ésta disfrutando – le dijo ella – y mi hijo aumento el ritmo de las penetraciones y yo empecé a gemir suavemente

    – Te gusta que te folle por el culo mama – me susurraba él – que guarra que eres

    – Tiene el chocho muy mojado – dijo Cora al meterme un dedo en el coño – y yo volví a sentir un placer enorme al sentirme otra vez penetrada por mis cavidades y empecé a temblar y me corrí salvajemente y me quede tirada en la cama temblando, Cora le quito el preservativo a mi hijo y le hizo una mamada y dejo que se corriera en su boca.

    A partir de aquel día yo me convertí en la puta de mi hijo y su amante.

  • Celebrando la nueva familia pervertida

    Celebrando la nueva familia pervertida

    Me llamo Melanie, tengo 42 años, soy de piel oscura, tetas y culo grande, mi cintura es algo ancha, pero con curvas a la vez, piernas anchas y cabello lacio. Mi hija de 20 años es igual de piel negra, tetas medianas y culo igual mediano, tiene cintura pequeña y curveada y con piernas algo delgadas pero sexis e igual cabello lacio.

    Actualmente Iván (el ganador de esta historia) y yo ya estamos casados, pero para este momento aún estábamos comprometidos, cuando mi hija había cumplido los 18 noté que Iván la veía de otra forma y eso me daba curiosidad, así que un día directamente le pregunté y tras hablarlo un rato me dijo que se sentía un tanto atraído por ella, más tarde se lo dije a ella e igual contesto admirar el cuerpo de Iván, desde ahí empecé a tener una idea.

    Le conté a mi hija que si lo deseaba podía dejarlos una noche para que lo hicieran entre los 2 sin embargo ella llegó a sorprenderme con una mejor propuesta… Un trio. Desde ahí empezamos a planear todo y quedamos que fuera en su cumpleaños, una cena elegante en la casa, compramos vestidos sexys y llegando el día Iván estaba impresionado de vernos así, nos sentamos a cenar y durante todo el tiempo estuvimos seduciéndolo entre las dos, mientras bebíamos bastante para ponernos en ambiente.

    Acabado de cenar y estábamos algo ebrios por el vino, me puse a lavar los platos y sentí la mano de Iván alrededor de mi cintura, era muy tierno hasta que escuche algo extra y volteé, al voltear vi a Iván con su otra mano en la cintura de mi hija y sus labios juntos, presencie su largo beso unos segundos y al separarse sin permitirme decir nada Iván junto sus labios con los míos.

    Durante el beso metió su lengua en mi boca lamiendo el interior, siempre que hacía eso significaba que estaba caliente, sentí una satisfacción pues el plan había funcionado, se separó de mi boca con su particular mordida suave en mis labios y al voltear a ver mi hija su mano acaricio mi mejilla y me jalo hacia ella para igual besarnos, los primeros segundos estaba confundida pero esa confusión fue reemplazada por mi curiosidad, durante nuestros beso Iván nos estuvo tocando sobre la ropa con un claro deseo sobre las dos.

    Terminamos el beso y al verlo el apretaba nuestras nalgas diciendo «vamos a hacer un trio amores» caminamos cada una a su lado hasta entrar al cuarto, al entrar el se empezó a desnudar hasta quedar solo en boxers mientras yo le ayudaba a mi hija con su vestido y ella con el mío, nos paramos frente a Iván y dejamos caer nuestros vestidos, ninguna llevaba sostén y nuestras tetas quedaron al aire, yo llevaba unas bragas color vino de encaje con medias y tacones negros y mi hija un hilo negro con medias de red y tacones rojos.

    Al vernos note como la verga de Iván palpito unas veces y el se acerco a nosotras para juntarnos y besarnos los 3 al mismo tiempo, metió sus dedos entre nuestro cabello y poco a poco nos hizo arrodillarnos frente a el, lo mire y el con los ojos señaló a mi hija que miraba la erección dentro del bóxer sorprendida, le di un beso en la mejilla a mi hija y le dije «¿La quieres sacar tu?» Dijo que si suave con la cabeza y usando ambas manos bajo su bóxer, la verga salió y cayó en su rostro dándole un pequeño golpecito, solté una risita mientras lo empezaba a masturbar.

    Me puse detrás de mi hija con mis tetas en su espalda y poco después ella también uso su mano para tocarlo, la verga de Iván es curva hacia arriba así que solo me estire un poco y pude chupar la punta, baje la verga y mi hija se la metió a la boca chupando cuánto quería, me acerque a lamer las partes que no entraban en mi hija mientras Iván acariciaba nuestras cabezas y soltaba suaves gemidos de placer, en un momento me acerque mucho a la punta y mi hija la saco para besarme en la boca con rica lujuria, al terminar el beso metió la punta a mi boca y ahora ella se encargaba de lamer.

    Ya conocía su verga por lo cual se me hacía más fácil chuparla así que la saqué y le recogí el cabello a mi hija mientras le decía «tienes que aprender a tragarla amor», estaba nerviosa sentí sus latidos mientras tocaba sus tetas, le tome el rostro y volví a besar de forma más cariñosa, apenas separe mis labios de los suyos Iván le metió la verga a la boca moviendo sus caderas mientras yo movía su cabeza, ver cómo lo disfrutaba me excitaba mucho y no pude resistirme a darle un empujó hasta penetrar su garganta, mi hija pego un grito ahogado y rápido metí mi otra mano en su hilo para tocarla, los gritos se estaban haciendo gemidos e Iván igual gemia de lo apretada que estaba.

    Después de unos segundos la sacamos y mientras ella recuperaba aire yo la seguía lamiendo, ya que tomo aire nos dimos un último beso justo en la punta para después levantarnos, Iván nos besó y nos terminó de quitar la ropa interior, tome a mi hija de la mano y nos subimos a la cama, yo me senté sobre mis pies y ella se acostó boca arriba abriendo las piernas para cuando se dio cuenta Iván ya se estaba frotando en su coño y le dije «está bien nena, ya te tenía ganas desde hace tiempo» mientras yo me tocaba un poco.

    Nos miró a ambos algo sonrojada e Iván bajo a darle un sexy beso en la boca el cual sería interrumpido por un fuerte gemido de mi hija, al ver bien me di cuenta que Iván ya se la estaba metiendo, (tiene hecha la vasectomía así lo puede hacer al natural) metí mis manos para tocar las tetas de ella mientras él se empezaba a mover embistiendo su dulce coño, las pierna de mi hija primero se levantaron y después se volvieron a juntar abrazando a Iván mientras esté ya tenía toda su verga dentro.

    Por un segundo me estaba sintiendo ignorada, pero Iván paso su brazo por mi cintura y jalo hacia el chupando mis tetas, mi hija se metió entre mis piernas y me empezó a comer el coño, la situación era muy excitante para los tres, ver un bulto en el vientre de mi hija cada que entraba la verga y sentir sus gemidos en mi coño igual que la fuerza de Iván en sus embestidas y su deseo de tenernos a ambas tocando cada parte de nuestros cuerpos.

    Me senté en el rostro de mi hija mientras ella seguía trabajando con su boca cuando de repente se separó rápido y empezó a gemir fuerte al igual que apretó las piernas alrededor de Iván unos segundos hasta que se quedó totalmente quieta, me quite de su rostro, era claro que había tenido un orgasmo, le dimos un beso en la mejilla cada uno, Iván saco su verga y me miró aún caliente acostándome del lado, abrió un poco mis labios y sin decir más la enterró toda.

    Mis gemidos salieron de inmediato al igual que él me lleno de nalgadas con una mano tocando mi cuerpo y con la otra tocando a mi hija que estaba recuperando aliento, después de unos minutos mi hija se levantó y nos dio un beso en la boca a cada uno, saco la verga de Iván de mi y al preguntarle porque me ordenó ponerme en cuatro, lo hice y de nuevo Iván me la metió toda hasta sentir sus bolas pegadas a mi.

    Esa posición me parece algo humillante y lo fue aún más cuando mi hija se sentó en mi espalda obligándome a bajar hasta tener el rostro en la cama y el culo bien arriba, mordía las sábanas del placer mientras escuchaba como ellos se estaban besando e Iván igual le daba nalgadas a mi hija, todo estaba «normal» hasta que sentí como ella abrió mis nalgas y empezó a lamer mi ano, se sentía raro al inicio pero poco después me puso más caliente.

    Con mi hija desnuda y caliente encima de mi lamiendo mi ano y mi novio a punto de penetrar mi útero no podía pensar en nada más que no fuera el sexo, Iván no dejaba de disfrutar follar mi coño y tocarnos a ambas, saco su verga un par de veces solo para que mi hija la volviera a lubricar con su lengua y garganta, ella metió una mano de mi y empezó a frotar mi clítoris, los dos me tenían al límite y no fue hasta que mi hija me dio una sexy mordida en la nalga que tuve mi orgasmo, Iván dio unas embestidas más y la saco apreciando el pequeño squirt que tuve.

    Me quedé unos segundos en esa posición mientras Iván se sentaba al borde de la cama y mi hija le seguía, vi como se besaban y ella de sorpresa volvía a meter la verga en su coño y a montarlo, nos sorprendimos los dos, y más a Iván que ya estaba sudando bastante y con la respiración agitada, como lo conozco sabía que no tardaba mucho en acabar.

    Me levanté y llegué por detrás de el a besarle el cuello y frotar mis tetas en su espalda, su corazón estaba latiendo bastante rápido y como seguía caliente lo acosté por completo y me senté en su rostro, una de sus manos estaba en la cintura de mi hija y la otra en mis nalgas, su lengua se movía muy rápido por todo mi coño y está vez yo tomé la iniciativa y empecé a besar a mi hija la cual se movía más rápido durante el beso.

    Iván apretaba mucho las manos, se estaba aguantando el orgasmo, seguía sensible de mi orgasmo y más que Iván no dejaba de jugar con mi clítoris no duré nada hasta tener el otro, con mi mano frotaba el clítoris de mi hija la cual se movía de forma bestial buscando el orgasmo, después de un un minuto o dos se quedó quieta y sacó la verga de Iván teniendo su orgasmo con un squirt mojándolo.

    Nos besamos e Iván tomó a ambas y nos acostó boca arriba con los rostros juntos, le di un besito a mi hija sonriendo mientras él se estaba masturbando encima de nosotras, mientras le sonreía a mi hija sus chorros de semen nos tomaron de sorpresa y llenaron el rostro de ambas, nos besamos estando cubiertas de semen y también besamos su verga, nos sentamos y mi hija lamió mi rostro tomando el semen e hice lo mismo.

    Iván se acostó y cuando acabamos de limpiarnos nos acostamos cada una a su lado y nos dormimos los tres juntos. Desde ahí nuestra vida cambio para bien, nos volvimos más sexualmente activos ya sea yo con Iván o mi hija con él o en algunas ocasiones solo mi hija y yo, como sea la pasamos rico, ¿ustedes la pasaron rico leyendo? Si si escribanlo, gracias por leerme, chao.

  • Mar Sensual: Otro que abusa de mi en la oficina

    Mar Sensual: Otro que abusa de mi en la oficina

    Cierto día en mi trabajo me quedé más tarde a terminar mis labores. Se habían acumulado las cosas y tenía que acabarlas. Hace días a la oficina llegó un colega, más joven que yo, de 26 años, podría ser mi hijo. Ernesto, así se llamaba, era muy trabajador y atento, desde que me conoció mostró cercanía hacia mí. Durante los primeros dos meses todo era normal, servicial y algunas veces coincidimos para ir a comer. Su plática era amena y entretenida, teníamos gusto por la lectura y otras cosas más. Noté que a partir de esos momentos se interesó más en mí, se mostraba más atento y ocasionalmente actuaba un poco más de la cuenta.

    Era discreto y respetaba el espacio, pero cuando estábamos solos era más abierto. Yo no le di importancia a ello y mi actuar era normal. Un día que estaba sacando copias, observé su reflejo a través de la puerta de vidrio y vi cómo me miraba mis caderas, yo seguía sacando copias y no se movía de ahí. Ese día llevaba falda algo corta, medias de liguero y tacones. Me incliné para desatorar unas hojas y vi como él también se inclinaba, supongo para ver debajo de mi falda, pero lo que me sorprendió fue ver que también se agarraba su bulto por encima del pantalón al estar observándome. Eso me dio mucho coraje, pero a la vez me excitó, me calentó el hecho de saber que le llamaba la atención a pesar de mi edad.

    Permanecí unos momentos más inclinada para calentarlo. De repente volteo y lo descubro con la mano en la masa, rápidamente la quita de ahí y se voltea. Paso cerca de él y lo saludo:

    – Hola ¿Cómo estás?

    – Bien, todo bien, esperando para sacar copias, con las hojas ocultaba esa parte de su cuerpo.

    – Con toda la intención le pedí me las mostrara y pude observar su palo parado, se le veía a través del pantalón y además se le veía una mancha de humedad en él. ¿Son muchas las que vas a sacar?

    – Algunas, me contestó nervioso.

    – Estaba excitada y coqueta le pregunté ¿Quieres que te ayude?

    – No, no, yo puedo solo, me respondió.

    – Ok, nos vemos después. Me di media vuelta y contoneándome provocadoramente me alejé de ahí.

    A partir de ese momento decidí jugar con la situación para ver hasta donde llegaba. Hay compañeras más jóvenes y atractivas que yo como para que se fije en una mujer madura, pero en fin, decidí seguirle la corriente cuidando las formas. Cuando iba a mi oficina, se quedaba más tiempo platicándome cosas de su vida, de su novia, de sus aficiones, del trabajo. Yo sólo lo escuchaba y ocasionalmente le preguntaba al respecto. Se sentaba al lado mío y de reojo me daba cuenta que con su mirada repasaba mi cuerpo, sobre todo cuando llevaba falda y cruzaba las piernas. Este atrevimiento contrastaba con su actitud hacia mi cuando platicábamos. No pasaba los límites y sus comentarios no eran insinuantes, hasta ese momento. De hecho, era yo quién en ocasiones en la conversación hacía expresiones pícaras o de doble sentido y él sólo se reía o sonrojaba.

    Un día que salimos a comer, me preguntó que como iba en mi vida marital, sorprendida lo cuestioné diciéndole:

    – ¿Y por qué la pregunta?

    – Sólo es tema de conversación.

    – Sonreí y le conté la relación que llevo con mi marido, que tengo dos hijos grandes de la edad de él, que somos maduros, que tenemos problemas como cualquiera, que nos gustar divertirnos y que existe mucha confianza como pareja.

    – Oye, ¿te puedo hacer una pregunta indiscreta?

    – A ver dímela.

    – Tu esposo no se pone celoso por vestir como te vistes.

    – Le dije ¿por qué?, los celos son inseguridad, pero además soy una mujer madura y yo soy la que tomo las decisiones en lo que ha mis gustos corresponde.

    – ¿Y te da permiso de salir a divertirte con tus amigos?

    – Hahaha… no es que me de permiso, si decido salir lo hago con responsabilidad. Frecuentemente salgo a fiestas y llego tarde sin mayor problema, le dije sugerentemente.

    Terminamos y regresamos a nuestras labores. Esa tarde fue a la oficina a preguntarme algunas cosas sobre las que tenía duda. Se puso detrás de mí, cerca de mi espalda y sentí como se acercaba más de la cuenta. No hice mayor caso y continué explicándole. En cierto momento se acerca más y me toca mi hombro por unos instantes con su bulto. Lo sentí duro. Dos veces más lo hizo y sin más explicación se fue. Me dejó caliente, se ve que tiene un miembro grande. Perversamente pensé en ir a su lugar de trabajo para hacer lo mismo, pero dije “no”, tenía que guardar las formas. No sé qué pensaba él, pero creo que se dio confianza y ocasionalmente repetía esos arrimones a mi espalda y hombros. Yo lo dejaba hacer. Un día noté más duro que de costumbre su miembro, estaba caliente y su respiración, aunque disimulada, se oía entrecortada. Yo creo que estaba muy excitado.

    El viernes teníamos que entregar un reporte, por lo que había mucho trabajo y él tenía dudas sobre ciertos procesos. Fue a mi oficina y al estar explicándole sentí en tres ocasiones «distraídamente» cómo apoyó su bulto en mi hombro, tocándolo. Eso me calentaba y excitaba. Ese día, llevaba falda y medias de silicón. Yo creo que se dio cuenta y se emocionó, se insinuaba más. Bajo el pretexto de desconocer algunas cosas se acercaba y me rozaba “discretamente”. Yo hacía como si nada pasaba. En un momento que estaba cerca de mí, rozándome, las medias asomaban por debajo de la falda. Distraída dejé que me las viera, provocando que se echara un taco de ojo.

    Así, finalmente terminamos de trabajar, aunque un poco tarde y nos despedimos todos. Fui al tocador antes de salir y cuando regresé ya no estaba nadie más que él, en mi lugar. Observé que traía alguna cajas cargando y otras sobre mi escritorio, me dijo si le ayudaba a llevarlas al archivo, el cual se ubica en un extremo de las oficinas, pasando el almacén y la papelería, sitio que generalmente se encuentra solo y más ese día a esa hora. Dudé, pero le dije que sí. Al llegar ahí le pregunté que en donde ponía esas cosas y me señaló un archivero ubicado al fondo, fui y las dejé, pero en eso sentí que me abrazaba pegándose todo en mi por atrás. Sorprendida, le reclamé que qué le pasaba y me dijo que nada, que estaba muy caliente, que le gustaba y que le excitaba como mujer; me dijo que quería estar conmigo a solas. Molesta, le dije que estaba loco y que me soltara, que nos podían ver o que alguien podría darse cuenta. Me dijo que puso seguro a la puerta y que nadie entraría, que ya era tarde y se habían ido todos. Me soltó y al volverme me volvió a abrazar y me besó en la boca, me quise zafar, pero no pude. Me pegó su miembro más y se empezó a sobar en mi pierna.

    – Por favor Mar, permíteme estar contigo, te me haces muy atractiva y me excitas mucho. Con todo respeto, quiero estar a solas contigo.

    – Estás loco, me confundes, tú que crees quien soy, nos pueden ver y que van a decir de mí, todos saben que soy una mujer casada y que tengo hijos. Me puedes comprometer.

    – Nadie se va enterar, voy a ser discreto, por favor quiero estar contigo.

    – No, por favor suéltame, no te confundas; además, tienes novia ¿no?, qué tal si se entera y esto lo puedes hacer con ella.

    – Si, pero perdón te me antojas mucho Mar, me excitas, tu madurez me excita.

    – Mientras me decía eso, no dejaba de abrazarme y de sobarse en mi pierna, mi falda se había subido y se veían mis medias de liguero. Sentía su palo completamente erecto y duro. Me volvió a besar, quise resistirme, pero no me soltó. Me vas a comprometer, aquí no, por favor, exclamé sin mucha autoridad. Me cerró la boca dándome besos muy cachondos. Su atrevimiento me calentó, me estaba excitando, no quería estar ahí, pero me calentó su actitud. El sentir su palo sobre mi pierna y lo ansioso de cómo se restregaba hizo que me humedeciera, mis instintos me traicionaban, sus besos y su lengua derrumbaban mis últimas barreras de pudor. Quise separarlo, pero me agarró de las nalgas y me pegó más a su cuerpo para agasajarme. Su palo, completamente caliente exigía ser liberado, se sobaba con mucho deseo ahora en mi vagina. No quería, pero me estaba dejando usar, la situación me excitó y finalmente dejé que cumpliera su deseo, terminé por abrazarlo por el cuello. Me dejé fajar y correspondí a su calentura, movía mi cadera para sobarme en él e instintivamente empecé a gemir de placer, lo besé con mucho deseo.

    – Qué rica estas Mar, eres muy sexy y me calientas. Siente como lo tengo de duro. ¿Lo sientes?

    – Sin inhibiciones, entre gemidos, le respondí: Si, está muy duro, lo siento muy rico, lo tienes muy rico.

    – Pues disfrútalo, es para ti, déjame disfrutarte con él, siéntelo todo.

    – Ayyy si, lo voy a disfrutar rico, hazme sentir rico, déjame disfrutarlo todo.

    – Seee, es todo tuyo, aprovéchate de él, hazlo como quieras Mar.

    – Ahhh, que rico se siente, lo tienes muy rico, lo tienes muy rico aahhh…

    – ¿Lo quieres sentir, lo quieres sentir?

    – Seee… todo, todo ahhh.

    Se separó de mí, se bajó el cierre de su pantalón y se sacó el palo, grande, duro, húmedo, caliente. Lo tomó con sus manos, lo masturbó unos segundos y me lo ofreció.

    – Mira Mar, aquí está para ti, es todo tuyo. Hazle lo que quieras. ¿Te gusta lo que vez?

    – Mmmm, se ve muy rico, ¡qué cosa tan grande tienes! Duro y caliente, se lo empecé a acariciar con las manos, jalándoselo suavemente y jugando con su glande.

    – Ahhhh, que rico me lo acaricias, disfrútalo, es todo para ti, hazle lo que quieras.

    – Lo tienes muy caliente, qué rico.

    Sin que me lo pidiera, me incliné y se lo empecé a mamar, le lamí su cabeza húmeda y babosa. Trataba de meterla toda, pero no podía. Se la succionaba y le mordía su cabeza. Desesperado comenzó a moverse con fuerza en mi boca, provocando que me atragantara. Él gemía al sentir como apretaba su verga con mi boca.

    – Qué rico lo mamás Mar, que rica esta tu boca, sabes cómo chuparla rico, me gusta como lo haces, me gusta cómo te la comes.

    – Mmmm, qué rica la tienes, caliente y babosa, disfruta mi boca en tu palo, glup, glup, rico palo no me cabe me ahogas, mmmm, no me la metas toda, aahhh… ¿Tu novia no te la mama, no te la chupa?

    – Si, pero no le gusta tanto, le da asco, no lo disfruta como tú, aahhh.

    Por cinco minutos se la estuve chupando, hasta que me paré, lo besé. Me volteó para darle la espalda, me inclinó y mis nalgas se ofrecían para recibir esa verga. Colocó su miembro a la entrada de mi vagina, empujó un poco y entró su cabeza húmeda, la sentí muy caliente. En eso reaccioné para pedirle que se pusiera un condón.

    – Ponte un condón por favor.

    – No traigo, me dijo contrariado, pero no te preocupes me salgo antes de echártelos.

    – ¿Y qué tal si te gana la emoción y me los echas? estas muy caliente.

    – No te preocupes, mira cómo me tienes

    – Sentí en mi vagina su palo totalmente duro y caliente. Dudé, pero le dije: está bien, pero te sales antes de venirte.

    – Si así lo haré…

    – Entonces métemela ya, méteme tu palo, lo quiero sentir adentro, todo adentro. Métemela ya, aahhh, toda aayyy.

    – Te la voy a meter toda, hasta el fondo,

    – Levantándome la falda y abriendo mis bragas abiertas acomodó su verga en mi panocha y de un sólo golpe me la metió toda. Seee, toda, rica; aayyy que rico la metiste, que rica está, aahhgg, que rica la tienes hummm, dame duro con tu palo, así

    – Tómala toda, siente mi palo caliente, muévete rico Mar para que lo disfrutes todo.

    – Seee, te las muevo rico, cómete mis nalgas rico, dámelo todo, fuerte, métala hasta el fondo, así, así muévete, así métemela, así, aayyy que rico siento tu palo, tu verga aahhgg, qué rica verga tienes aahhh…

    – Que ricas nalgas tienes, que rico las paras, así muévelas, aahhh que ricas nalgas.

    Esa palabra lo calentó y aceleró sus movimientos. Recargada en un archivero resistía los embates de su verga en mi panocha, me daba duro y su respiración delataba que terminaría pronto. Le volví a pedir que si se iba a venir que por favor se saliera antes, pero fue demasiado tarde, mientras le decía esto me tomo de los cabellos y de mi cadera para metérmela hasta el fondo y se vació todo, me echo una gran cantidad de mocos calientes en mi vagina, parecía que no lo había hecho en mucho tiempo. Siguió bombeando con mucha desesperación, hasta que dejó su última gota de semen en mi interior. Me abrazó y desde atrás me besó en la mejilla. Recuperó el aliento, se separó y arreglándose las ropas me agradeció el momento. Me prometió que iba a ser discreto con lo sucedido y que no me preocupara por ello. Limpiándome el semen que escurría por mis piernas, manchando mis medias y mis bragas, le dije que por favor no comentara nada para no comprometerme.

    Terminamos de acomodar nuestras ropas y salimos del archivo y en efecto ya no había nadie en el área. Tomamos el ascensor y estando en la calle nos despedimos, tomando cada quien su camino. Excitada aún, caminaba tratando de calmarme, me hubiera gustado estar más tiempo con él en ese momento, pero no se pudo. Pasaron los días y extrañamente no tuve mayor contacto con él, aunque después todo volvió a la “normalidad”. Les comento que tuve otra aventura muy excitante con él, que contaré más adelante.

  • Brenda, ella 19 y yo 56

    Brenda, ella 19 y yo 56

    Como he dicho antes, para un hombre como yo de 56 años, es mucho más difícil ligarse a una chica joven de una forma orgánica o en algo que se use métodos de la conquista. Primeramente, pues a mi edad las mujeres que orbitan en mi entorno son mujeres ya maduras, casadas y navegan en sus mediados 30 años o mayores y es por ahí que las mayorías de mis aventuras radican. Las chicas ya de alrededor de los 20, son chicas que diligentemente buscan una aventura con un hombre mayor y hay muchas otras que buscan o lo que se denomina un “sugar daddy”. La única aventura orgánica que tuve más reciente fue con la sobrina de un amigo, la cual relaté el año pasado y se me dio otra a finales de año que hoy les voy a relatar, pues a pesar de que tuve otras, esta me parece que vale la pena contar.

    Brenda es una chica que vengo tratando por varios meses y la conocí en uno de esos cafés mundialmente conocidos. Obviamente al principio fue algo de lo más normal; un saludo cordial, una sonrisa, la plática breve y trivial y, las veces que hizo tiempo para dedicarme más tiempo, siempre imaginé que era por la obvia razón de ganarse una buena propina. Soy consciente que una chica a su edad seriamente no buscaría a un hombre de mi edad para hacer pareja formal. Lo que yo intuía era que le caía bien con mi aspecto de hombre que le brindaba respeto, nunca le envié mensajes sugestivos o incomodos y creo que la primera vez que le hice saber de su carisma y su belleza fue algo que se dio con el debido respeto y estoy seguro de que Brenda así lo tomó.

    Para hacer el relato más breve, llegaré a ese punto donde todo esto da un giro sorprendente y para este punto Brenda piensa que me dedico a escribir guiones o pequeñas historietas y es como me gano la vida según ella. Nunca he mencionado que me dedico a bienes y raíces, pues ella solo me ve de vez en cuando con mi computadora en el café donde a veces paso hasta una hora. Algunas veces le he dado alguna historieta que he escrito y nada que ver con el erotismo y creo por obligación me ha dado cumplidos alrededor de ello y esta vez me interrumpe diciendo:

    -¿Escribiendo alguna de sus historias?

    -Si, como siempre.

    -¿Y, que escribe?

    -¡Uh… no sé sí es algo que tú deberías de leer! -le dije.

    -¡No me diga que ahora se dedica a escribir historietas de alta temperatura! No le creería.

    -Pues la verdad que algo así estoy escribiendo. Y si gustas, te haré una copia para que te lo creas. ¿Eres mayor de edad verdad? -le dije con una sonrisa.

    -Si, ya soy mayor de edad y cuando termine esa historia me gustaría leerla.

    -Bueno, yo te doy una copia cuando la termine y solo espero no te moleste o te incómode.

    -Pierda cuidado en ello. -Terminó diciendo.

    Aquella tarde me inventé una historieta donde un hombre mayor desea acostarse con una chica joven. En la historia cuento que el hombre no está enamorado de la chica más solamente busca tener esa experiencia con esa chica, que ya a su edad y con muy poca actividad sexual desea acostarse con esta joven y se imagina que haría con ella si esa oportunidad se diera. Cuento con lujo de detalles toda esa imaginación y prácticamente mi historieta es una insinuación hacia Brenda que me quiero acostar con ella. La verdad que nunca la había visto a esta chica de esta manera y la razón es que Brenda parece ser la chica de casa y la cual respeta los 20 mandamientos o más. No parece tímida ni nada de eso, pero si parece ser muy recatada, muy conservadora por decirlo. Siempre viste muy casual, nada de coqueterías ni mucho maquillaje y su aura es una simple que no muestra ni el más mínimo nivel de erotismo. Nunca me a hablado de novios y lo poco que conozco de ella es que es estudiante a tiempo completo de la universidad local.

    En unas diez paginas encierro la historia y la verdad que la pienso mil veces para compartir ese escrito con Brenda. Luego pensando que no tengo nada que perder y quizá mucho que ganar, e imaginarme gozando del precioso culo de Brenda un día que pasé por mi café y ya que ella me lo recordó le he dejado mi escrito en sus manos en un sobre sellado. Brenda es una chica que va a cumplir sus 20 años este próximo abril, ha de tener una altura de un metro sesenta y cinco, quizá unas 130 libras máximo de peso, cabello largo y oscuro, carita alargada con unos labios no muy gruesos y sonrisa muy bonita, como dije, parece la niña de mamá y papá. Su busto va acorde a su cuerpo delgado, no muy grande pero tampoco pequeño y regularmente la veo en pantalones, así que su trasero es una atracción para cualquier hombre. No sé si viste tangas o cacheteros, de eso nunca he tenido la oportunidad de observar, pues como he dicho, Brenda es muy conservadora.

    Por más esta decir que lo pensé varias veces para regresar al café. Sentía que había rebasado los límites, como que me había equivocado y que todo eso era un grave error. Recuerdo llegué al café y sabía que ella estaba ahí pues la vi desde las ventanas de cristal y no dejé de sentirme incómodo. Recobré mi temple y Brenda me sirvió a mi medida el café y mi croissant con jamón. Estaba un tanto ocupado el lugar y aun Brenda hizo el tiempo para llegarme a decir:

    -¡Que historieta! La verdad que no me lo podía creer que alguien como usted escribiera algo así.

    -Disculpa… te lo advertí. Realmente no era mi intención incomodarte.

    -No, no, no… para nada. La verdad que me gustó, realmente que usted lo hace vivir… es tan buena la historieta que no sé cuántas veces la leí. Ahora, ¿le puedo hacer una pregunta Sr. Antonio?

    -Las que quieras…

    -Solo hay dos personajes en esa historia; uno, el hombre mayor que desea acostarse con esa chica joven. El hombre mayor creo intuir quien es, ahora, ¿quién esa musa de su historieta?

    -La tengo frente a mí. -le contesté

    En ese momento me expuse a perder su amistad, pero no sucedió así, más creo se incrementó esa confianza. Con aquel papel sabía lo que yo me imaginaba de ella, de todo lo que deseaba hacerle si algún día la tuviese en mi cama. Pasó cierto tiempo y todo siguió con la misma rutina, pero un día menos esperado después de pagar la cuenta en el café, Brenda se me acercó y me dijo:

    -¿Qué hace este próximo domingo después de las cinco p.m.?

    -Realmente no tengo nada importante que hacer.

    -¿Qué le parece si tomamos unos bocadillos de cena en mi apartamento?

    -¡Me parece una estupenda idea! ¿Qué deseas que lleve… vino, algo por el estilo?

    -Realmente no soy muy de vinos, pero si gusta traiga unas cervezas.

    Desde ese momento sentí ese hormigueo que siento me invade cuando algo así esta cerca de pasar. La verdad el domingo tenía ya una cita con una chica conocida, chica casada que de vez en cuando cogemos, pero me disculpé por el inconveniente con mucho tiempo de anticipación y me mentalicé para ese accionar de ese domingo. Creo que muchos estarían de acuerdo conmigo, pues qué puede suceder sí una chica te invita a su casa a unos bocadillos después de insinuarle y prácticamente decirle lo que uno le quiero hacer en la cama; lo más lógico que te está invitando a coger.

    Domingo por la mañana salgo a hacer mi caminata, levanto algo de pesas porque siento que eso también me ayuda al grosor de mi verga y las venas por el simple sentido de la presión que conllevan con el ejercicio se notan en mi pene con cualquier pequeña erección y por lo que muchas chicas me han hablado, es algo que a la mayoría les gusta, ver un pene bien inflamado de excitación. La verdad no sé que tipo de experiencia tenga Brenda y eso es la incógnita del momento, no saber qué esperar, pues mi percepción hacia ella es de novata, pues se mira muy recatada y estos pasos son simplemente de mera curiosidad de parte de ella. Llegaron las cuatro p.m. y salgo hacia su apartamento vistiendo casual; unos jeans, zapatos tenis y una camisa polo. De ropa interior llevo un bóxer que ya comencé a mojar dado la excitación que tenía y de imaginar que esta chica había leído esa historieta y que lo más probable la había conducido a alguna masturbación pensando en ello. Si, mi historia de ese hombre mayor soñando en cogerse a esa joven era mucho más que implícito. No tenía dudas, esa historia la había calentado y de alguna manera la empujaba a experimentarlo.

    La puerta se abrió al segundo toque y me sorprendo ver a Brenda vistiendo una falda que apenas le llega a la rodilla, zapatos abiertos que me hacen ver por primera vez sus lindos pies y una blusa blanca con un escote que mostraba un poco más. Nos dimos un beso en la mejía y me invitó a tomar asiento en la sala donde se escuchaba música variable. Llevaba un doce de cervezas y prontamente me sirvió una con algunas tostadas o saladitas. Ella al igual se sirvió una y se sentó frente a mí y comenzamos con una plática trivial donde me da a conocer un poco más de ella y ella me hace preguntas acerca del porqué continuo soltero. En todo eso han pasado ya tres cervezas y creo que va a prisas con el alcohol para tener el valor de aventurarse y tirarse al ruedo del ambiente sexual. Llevaba bien coordinada la plática al punto que tocó el tema que ella quería: Mi historieta.

    -¿Realmente soy yo esa persona, la protagonista de ese relato?

    -Brenda, no me gustaría incomodarte, pero ya te di mi respuesta. Si… escribí esa historia pensando en ti.

    -Pero… ¿es algo que usted desea?

    -¡Honestamente y discúlpame! Si… me lo he imaginado y realmente lo he deseado.

    -¡De veras que me sorprende! Yo nunca me hubiese imaginado todo eso que usted escribe y le voy a ser honesta: He visto escenas pornográficas que a veces las he vuelto a ver, pero ese relato lo he leído más de cien veces. Hoy, esta mañana lo volví a leer y no sé cuántas veces más lo seguiré leyendo.

    -Al igual que tú, yo lo he imaginado más de mil veces. Brenda, ¿te puedo hacer una pregunta?

    -Bueno, hágala, pero no sé si tendré respuesta… a ver.

    -¿Te has tocado pensando en ese relato?

    -¿Usted que piensa? ¿Qué esta mujer es de palo?… Quizá le conteste de esta manera porque la tercera cerveza me quitó la pena, pero quien no conllevaría una masturbación con semejante relato. Una monja pude haber sido, pero le aseguro que hasta una monja se masturba leyendo tal relato.

    -¿De veras te masturbaste?

    -¿A poco usted no se masturbó pensando en ese relato?

    -Muchas veces. -le dije.

    La verdad que le mentía, no me gusta masturbarme y las pocas veces que lo hice fue porque alguna chica me lo pidió cuando ya casi me corría cuando literalmente me la cogía. Desde mis catorce conocí el sexo con una mujer y nunca tuve la oportunidad de imaginar a una mujer y masturbarme pensando en ella. Para mi siempre fue automático; penetrar a una chica y eyacular que, pensar en una chica desnuda y tocarme hasta llegar al orgasmo. La plática continúo y se extendió todo relacionado a la historieta que Brenda leyó. Me preguntó:

    -¿De veras deseas estar con una chica joven como yo y por qué?

    -La verdad que me pareces inalcanzable… ¿Cómo una chica como tú puede imaginar o desear a un hombre viejo como yo? Quizá para mi eso sea el reto. ¡No sé si me doy a entender!

    -No sé si logro entenderlo… ¿No sé si te provoca estar con una chica mucho menor que tú o si saber si esta chica al igual desea estar con un hombre de tu edad?

    -Creo que ambas cosas.

    -Te voy a ser sincera Antonio, cuando te conocí eras un cliente del café como cualquiera. Sé que eres un hombre elegante y muy guapo… pero nunca te vi como un hombre. Cuando leí ese relato todo cambió y no hay día que no dejo de pensar en ese escrito. Me da miedo todo esto, pero siéndote honesta siempre sentí un temblor en mis piernas cuando llegabas al café. Desde antes que me hablaras de ese relato me mojaba pensando en ti y siéndote honesta, me corrí varias veces pensando en ti. Nunca imaginé que desearas esto, pero quiero que me digas con palabra de hombre que esto pasara y que ambos olvidaremos al pasar de lo días. Honestamente, nunca imaginé esto entre tu y yo, pero si esto queda entre estas paredes o en un simple escrito, quiero vivir eso que imaginaste conmigo en tu relato.

    Este día me encuentro en San José, Costa Rica tomando un vuelo para Cancún. Si deseas que te cuente que es lo que sucedió después escríbeme una nota. Aquí te dejo mi email y lo único que te puedo decir, es que fue una noche inolvidable de fin de año con Brenda.

    [email protected].

  • Andre (parte 5)

    Andre (parte 5)

    Tal como habíamos arreglado con Andre y Alma, este finde nos vinimos para casa. Ya había preparado varias sorpresas para las chicas. Ni bien entramos a casa, serví una picada con tragos y nos sentamos en el living.

    – “Chicas, les voy a pedir total sumisión para poder llevarlas a volar bien alto. Les voy a indicar cuales son sus roles y que tienen que hacer. Van a cambiar varias veces de lugar y de rol. Lo que nunca va a cambiar es que son mis sumisas y hacen todo lo que les digo. ¿Ok?”

    – “Si papi. Andre ya me contó lo que le hiciste a ella cuando vino acá. Quiero eso yo también. Te voy a obedecer en todo”, dijo Alma.

    – “¿Y si te ordeno que la obedezcas a Andre?, le pregunté a la rubia.

    – “Si es tu orden, por supuesto”.

    – ¿Y vos, Andre ¿la obedecerías a Alma si te digo”.

    – “Por supuesto”.

    – “Bueno, entonces empecemos. Desnúdensen. No creo que vuelvan a usar ropa hasta el domingo que se vayan”

    Y los tres nos desvestimos. Después las llevé al cuarto que había preparado para ellas. Había un sillón revestido en cuerina separado medio metro de la pared y, en la misma varios ganchos, así como en el techo, sobre una mesa cercana había látigos de hule, esposas, vendas, mordazas, lubricantes, didlos, consoladores y otros “chiches”.

    – “Chicas, Esta es la única vez que deciden ustedes. ¿cuál va a ser la primera que amordace y ate y a la cual le propine chirlos y caricias?”.

    – “¿Podes empezar vos, Andre?”, pidió Alma.

    – “Con todo placer mi amo”, dijo la morocha con una sonrisa.

    – “Vos vas a ser mi ayudante Alma. Y no quiero que dudes. Hacé todo lo que te digo ¿está bien?”

    – “Si papi”

    Le fui pidiendo a Alma lo que necesitaba y procedí a colocarle a Andre la mordaza y la venda, las pulseras y a ponerla de rodillas en el sillón, la espalda hacia mí. Puse una soga rodeando el sillón a la cual até sus tobillos. Eso hacía que le quedaran bien abiertas las piernas, dejando tdo su sexo expuesto. La morocha permitía todo con ansia y deseo. Sabía que le esperaba. Cuando estuvo lista le puse unas orejeras que le impedían escuchar.

    Puse una música sensual de fondo. Cuando estuvo lista, le dí a Alma un aceite de romero y le indiqué que se lo pase por el cuerpo y después la acaricie toda y le recalqué “toda”. Cuando empezó a hacerlo, me puse detrás de ella y la empecé a aceitar a ella y le dije que le hiciera a su amiga lo que yo le hacía a ella. Empecé por masajearle todo el cuerpo incluídas sus tetas, su cola, su conchita y su culito. Cuando empezó a aflojarse, le dí un chirlo para después masajearle la nalga. La tomé a Alma del cabello, para obligarla a mirame y le dije.

    – “Si no le das chirlos como yo a vos, te voy a castigar más duro. Repetí lo que hago ¿entendiste?

    Asintió con la cabeza y le dio un buen chirlo a Andre para después masajearla. De ahí en adelante fue repitiendo lo que yo le hacía. La acariciaba, le daba un chirlo, le masajeaba la colita y la conchita, le apretaba las tetas mientras le daba besos en el cuello, le pasaba un cubito por la espalda para después besarla toda, o lo pasaba por el pezón para después chupárselo. Despacito, poco a poco se fue aflojando y saboreando no solo lo que le hacía, sino la calentura de su amiga, que se contorsionaba ante los mimos de Alma.

    Le desaté los pies a Andre y la di vuelta para que quede sentada en el sillón y le colgué los tobillos del techo. Le dije a Alma que mientras yo le chupaba las tetas ella le lamiera la conchita e íbamos cambiando. Me miró con asombro y dudas. La miré fijamente y le indiqué con el dedo la conchita de su amiga y me fui a chupar los pezones de la morocha. Con reticencia al principio, le besó la conchita y le dio besitos en el clítoris. Andre respondió a las caricias. Le dije que cambiemos y mientras le acariciaba las tetas yo trabajaba los dos agujeritos de Andre, agregando didlos y vibradores. La tomé del cabello a Alma y le llevé la cara hacia el sexo de su amiga

    – “Vamos a compartirla como compartiste mi pija con Andre. Lamela”.

    Y le llevé la boca a su conchita. La rubia puso su lengua sobre el sexo de Andre y yo me puse a su lado. Íbamos turnándonos. Cuando la vi ya suelta me fui detrás de ella y empecé a abrazarla, sobarle las tetas, masajearla el culo y la conchita.

    – “Chupale bien la conchita a tu amiga así puedo cogerte a vos, putita”, le dije y me fui detrás de ella para penetrarla y empezar a cogerla. Así estuvimos varios minutos. Andre se retorcía por las lamidas de Alma y ésta gemía por la cogida que le daba. Me levanté y le dije “Vamos a cambiar”

    Desatamos a Andre, le sacamos mordaza y venda y le pregunté si le había gustado.

    – “Mucho. Pero sentí dos lenguas ¿o me equivoco?”.

    – “No. Y vas a tener que devolver el favor. Atala a tu amiga”.

    Cuando Alma estuvo atada nos dedicamos con la morocha a trabajarla con mimos, chirlos, caricias, lamidas, cubitos, chupaditas, fustazos y juguetitos por todo su cuerpo. La rubia gemía como podía por la mordaza y se contorsionaba ante los estímulos del tratamiento. La tuvimos en ese sillón veinte minutos. Al terminar, le saqué las orejeras y le pregunté.

    – “¿Querés que sigamos”? Asintió con energía. “¿Querés ser mi sumisa y mi putita?”. Volvió a asentir. Le saqué la mordaza y la venda. Me acerqué a ella y empecé a puntearle el culito con mi pija a la vez que le indicaba a Andre que la bese y le chupe las tetas. Y así, mientras le cogía el culito, la morocha le pegaba chupones en los pezones y le daba besos de lengua o le lamía las tetas. En un momento se tensó toda y gimió profundamente más de un minuto, después se aflojó. Le solté las manos y los tobillos. Salí de su cola, la tomé a Andre, la puse de rodillas en el sillón por sobre Alma y le cogí la cola, mientras las dos se acariciaban y besaban. Pocos minutos después acabé en ese culito hermoso.

    – “Vamos a bañarnos los tres juntos que tengo que hacerles de comer”.

    – “¿Te podemos enjabonar, papi?, dijo Alma.

    – “Si, por supuesto. Y cuando tenga la pija limpia, quiero que me la chupen las dos”

    Desde ese fin de semana la pareja sexual que había logrado con Andre se convirtió en un trío permanente y mis dos nenas demostraron estar abiertamente dispuestas a explorar todo tipo de goce sexual que se planteara. Esa tarde misma, guiadas por mí, se prodigaron mutuamente caricias y castigos, jugaron con didlos y vibradores, lubricantes y masajes. Mientras yo penetraba a una de ellas, ésta lamía la conchita de la otra o cuando estaba haciéndole anal, la recostaba sobre mi y la otra la lamía o jugaba con un consolador en su vagina.

    En forma indistinta, el sexo lo practicabamos entre los tres o entre dos cualquiera cuando se daba. Y todo lo hablábamos para que quede claro y no haya problemas. Estaban encantadas con haber encontrado un ámbito en el cual se sentían seguras y cuidadas y a la vez podían desarrollar sus apetencias sexuales sin ningún límite más que el acuerdo de todos. Y nadie puso un límite ni se negó a ninguna práctica. Sumado a eso, les gustaba muchísimo dejar en mis manos el poder y el control, sabiendo que jamás lo usaría para algo que no les diera placer.

    Andre cortó con el novio ya que los fines de semana estaba con nosotros. De vez en cuando alquilábamos una cabaña y nos ibamos de paseo. Ellas pasaban como mis hijas. Había cuidado y ternura en el trato, pero jamás pensamos que pase de ahí. Eramos conscientes que era un acuerdo sexual y punto. Un día vino Alma sola porque Andre estaba con fiebre. Me preguntó si yo sabía algo de sexo tántrico. Le dije que había tenido una pareja que sí sabía y algo había aprendido de ella.

    – “La base central, por lo que sé al menos, es no darle importancia al orgasmo. Poner el foco en el placer y retrasar el clímax para sentir en forma no solo física sino emocional a tu pareja. Si querés lo probamos”

    Obvio que aceptó. Después de cenar fuimos a la cama, pusimos la habitación en penumbras y con una música suave, melódica e instrumental («Bolero» de Ravel) y estuvimos no menos de media hora masajeándonos con aceites y cremas sin tocar ningún punto erógeno. Abrazándonos, besándonos, mimándonos. Después comenzamos a acariciarnos completo, incluyendo las zonas erógenas sin darles una dedicación especial y así pasamos otra media hora, deteniéndonos cuando la excitación subía demasiado. Todo en el marco de muchas caricias y besos.

    Cuando estuvimos totalmente relajados y en armonía mutua, la llevé a Alma a una silla, me senté y la puse a horcajadas sobre mí, penetrándola hasta que se apoyó en mis piernas. La abracé y le dije que apenas se moviera, que sintiera el placer de estar así, acariciándonos, disfrutando del cuerpo del otro y de su excitación y deseo. Mientras seguimos besándonos, acariciándonos.

    – “Me encanta sentirme dentro tuyo. Tu calidez, tu olor, la tersura de tu piel, todo me gusta.”, le dije.

    – “A mi también. Mucho. Nunca había experimentado el sexo así. Es lindo. Me gusta besarte y me encanta sentirte dentro mío Hernán”, respondió

    Era la primera vez que le escuchaba mi nombre en el sexo y era la primera vez que la sentía tan entregada no solo al sexo, si no a la ternura. En general era de retacear sus sentimientos. Si bien era totalmente abierta a la sexualidad, su corazón lo cuidaba bajo fuertes corazas.

    – “¿Que sentís Almita?”, pregunté.

    – “Que me gustás mucho. Me abriste toda y me siento bien. Nunca pude estar así con alguien. Abrazame”.

    Yo tenía práctica en hacer durar el coito, pero ella estaba muy interesada en que no se acabe. La sentía muy flojita y suave, totalmente entregada al placer sexual y al placer de sentir a alguien con toda la empatía. Estuvimos largo rato así y después otro largo rato disfrutando su culito. En ningún momento permitió que la calentura la lleve puesta. Se quedaba quieta o me pedía que no me mueva, hasta bajar la tensión sexual. Después volvía a acariciarme.

    – “Vamos a tener que ir a la cama porque las piernas no me dan más”, dijo en un momento (cuando ya deberíamos haber pasado mas de 40 minutos en la silla), “pero quiero seguir”.

    Fuimos a la cama, la puse boca abajo para seguir penetrando su cola y así nos quedamos disfrutando. Y en ese momento, besándonos y hablando casi en susurros, me dijo “te quiero”. No contesté, seguimos un rato largo hasta que empecé a hacer mas fuertes mis movimientos y minutos después acabamos. No salí de dentro de ella. La besé y abracé y le dije “Sos un encanto” y me quedé pegado a ella. Luego me levanté. Nos bañamos en medio de caricias y chistes y fuimos a tomar mates al living.

    – “Me dijiste -te quiero- en medio del sexo ¿sabés?”

    – “Si, es que te quiero. Me tratas muy bien, nos tratás muy bien (aclaró rápido) y nunca me sentí tan cómoda, confiada y segura con alguien. ¿Te molesta?”.

    – “¿Cómo me va a molestar? Para nada. Pero no quiero que sea un problema en el sexo ni en esta relación de tres”.

    – “¿Por qué lo sería? Hoy el sexo me resultó fantástico. Más profundo y pleno que nunca”.

    – “Ok. Pero esto fue entre nosotros. ¿No te va a pasar nada cuando esté cogiendo con Andre? ¿Y si Andre no entra en esta sintonía?”

    – “¡¡¡Noooo!!!! A Andre la quiero también y me encanta que estemos juntos. Me gusta verlos coger a ustedes. Y, sobre si Andre va a sintonizar, ojalá que sí. Le voy a contar lo lindo que es.”.

    – “Si, pero no es solo mental, tiene que poder entregarse al sentimiento de empatía con el otro y no solo al sexo”.

    – “Tratemos, porque todo con vos es lindo, pero esto es lo más hermoso que conozco”.

    Y de a poco terminamos enredados en una relación extraña y atípica. Nos juntábamos exclusivamente para tener sexo, pero el sexo era con cariño y ternura. Con juegos de dominación, algo de sado y bondage, pero mucha ternura. Incluso cuando Alma consiguió un trabajo muy bueno, festejamos y brindamos como amigos… o pareja de a tres… o algo así. Pero el sexo se volvió más intenso, más prolongado, más pasional.

    Meses después, Andre se ligo con un pibe que la flasheó de entrada, fue retaceando sus visitas hasta que nos dijo que no iba a venir más. La despedimos con una tarde de sexo, abrazos, besos y cariños, como si se fuera a un viaje. Con Alma seguimos casi un año, hasta que también se le cruzó el amor. No volví a verlas. Solo nos mandamos mensajitos de wasap para cumpleaños o festejos de fin de año. Pero esas dos pendejas hermosas me dieron tres años de felicidad que no me esperaba.

  • El nuevo gerente de TIC

    El nuevo gerente de TIC

    Luego de haber sido contratado como Gerente de Aplicaciones, redes y Medios (TIC) de una buena empresa de Gestión Financiera, me fue asignado un vehículo a la semana de trabajo. Según el memo interno recibido, las llaves de este vehículo las podía retirar en la cabina de vigilancia del sótano.

    Como siempre, permanecía hasta altas horas de la noche en la oficina y más ahora que disponía de transporte propio. Cerré la oficina y ciertamente en ese piso sólo estaba yo. Fui en busca del ascensor y apunté al sótano. Llegué y me dirigí a lo que debería ser la cabina de vigilancia, al llegar no había nadie. Miré a un lado y otro, decidí caminar y buscar al vigilante de guardia, no creí conveniente llamar a viva voz o silbar fuerte, sería grosero. Al caminar sólo vi dos vehículos allí. Al fondo del estacionamiento me pareció ver una oficina y acudí hacia allá, seguro el vigilante estaba allí.

    Me encontraba cerca cuando escuché lo que parecían voces, más cerca aún pude oír con claridad.

    «- cuando vayas a acabar, déjame tragar tu leche»

    Vaya, no quise ser morboso, pero sonaba interesante la propuesta. Así que disminuir mi marcha y ya cerca de una ventana al lado de la puerta, pude observar lo que ocurría dentro; dos guardias de seguridad, debidamente uniformados en su torso, estaban sin pantalones, tocándose sus miembros, sentados cada uno en su silla, vaya, se masturbaban tranquilamente. Me quedé paralizado y temí interrumpirlos, lo más sabroso y me asombró fue sentir como mi miembro comenzaba a latir. Nunca había pensado en el sexo entre hombres, pero aquella imagen era algo nuevo y desconocía que efecto tendría en mi.

    El trigueño de la derecha, fornido, era como un vigilante de seguridad bancaria, pelo al rape y de verdad musculoso. El de la izquierda, delgado, pura fibra y cero grasa. Se tocaban lentamente sus vergas y conversaban tranquilamente,

    – Te digo Nelson que necesito un buen culo para llenarlo, tengo como una semana sin sexo.- dijo el trigueño musculoso, el otro respondió;

    – Yo me casé para poder tener sexo en mi casa, pero ver otra verga frente a mi, siempre me ha vuelto loco.

    Y seguían dándose caricias y yo ya deseaba cascarme una buena paja, pero eso era indecible, indebido y de verdad contraproducente. Elegí devolver mis pasos y hacer ruido a lo lejos, para darle tiempo a ellos de acomodarse y que no pasara nada. Ya giraba mi cuerpo y comencé a caminar, cuando me encontré con otro guardia de seguridad justo a mi espalda. Estaba aterrado y él me miró a los ojos, duro, serio, decidido a descubrir quién era yo.

    Sólo desvió mi mirada para ver mi bulto hinchado y hacerme el gesto de silencio, subió su dedo índice a sus labios y se acercó a mí. Su mano me apretó el bulto y se acercó más. Acarició con firmeza mi pantalón y con su otra mano, buscó la hebilla de su cinturón. No me podía mover, tenía su cara justo a la mía y podía sentir su aliento y su perfume, sus ojos azules, penetraban mis ganas. Sin ningún problema sentí como bajó el zipper de su pantalón, yo no dejaba de mirar sus profundos ojos. Fue entonces que desvió su mirada hacia abajo y yo le miré hacía allí. Su verga rosada, gruesa, venosa, inmensa se encontraba allí, desafiante.

    Subí los ojos y él colocó cada una de sus manos en mis hombros, presionó hacia abajo, primero suavemente, luego con mayor fuerza. Abrí mis ojos asombrado, este vigilante, calvo, con candado y bigote castaño. miró de nuevo hacia abajo. Quizá por la fuerza de sus brazos en mis hombros y quizá por temor, di un paso hacia atrás y doblé mis rodillas. Llegué a tener mi cara frente a su miembro y en verdad, mi boca se hacía, debo reconocerlo; agua.

    Lo olí, rayos! era un aroma atractivo, su pene era hermoso y recto como un mandato, un mandato divino. Cedí con temor, nunca lo había hecho, nunca lo había visto entre hombres y temía errar con creces. Tragué su glande con suavidad y lo que pensé sería algo asqueroso, me resultó algo agradable. con una mano lo tomé y lo mantenía en la posición adecuada para que cada entrada en mi boca no representara un riesgo entre mis dientes y la piel de este pene, que me permitía disfrutar de su presencia.

    Con cuidado subí mis ojos y él estaba con los ojos cerrados. Puso sus manos en mi cuero cabelludo y no ejerció ninguna presión, sólo quería indicarme la suave velocidad que deseaba. Así estábamos bien, mi forzador gentil y yo, cuando surgieron los vigilantes que estaban en la oficina.

    – Vaya Johan, trajiste compañía y nos dejaste fuera! – dijo el delgado.

    – Caramba Johan, entra y compartamos a tu amigo.

    Dejé de chupar y me levanté lentamente. Johan, mi forzador; me dijo:

    – te gustaría que ellos participaran o…

    Vaya, ese «o…» ¿podría significar que solos seríamos él y yo? quizá podría ser » te jodemos a coñazos aquí mismo» rápidamente decidí:

    – Lo que tu digas Johan.

    – Bien entremos.

    El flaco y el fornido, aún desnudos de la cintura para abajo, ya se quitaban uniformes y franelas. Entré y busqué donde ir colgando mi sweater y ropa toda. Ya estaba casi en bolas, solo con calcetines y Johan a mi lado , cuando desde la otra oficina

    llamó uno de ellos,

    -vengan, adelante.

    Avanzamos y al entrar, observé dos camas individuales, cada una bien amplia para dos personas. Aunque no creo que alguien duerma esta noche.

    Entre las dos camas, el fornido y el delgado de pie, sobándose los penes.

    – Ven, siéntate – indicó el fornido. Lo hice.

    Ellos de píe, se acercaron a mi y cada uno apuntó su miembro hacia mi cara, levanté los ojos y miré a Johan, hacia el dirigí mi boca, mientras cada una de mis manos fue a los otros compañeros. Al rato miré hacia arriba y Johan y el flaco se besaban, el fornido, sólo me miraba a mi. Mis labios y boca se desplazaban a cada tanto de una buena verga a otra, quería tragar todo.

    Johan se separó del grupo y se acostó en la cama adyacente, el flaco y el trigueño me hicieron ponerme de píe acercarme a Johan, quien me orientó a sentar mi culo cerca de su cara, comenzó una serie de lengüetazos y lamidas divinas, mientras separaba mis nalgas firmemente. El flaco se sentó en la otra cama y comenzó a mamar al fornido.

    Bien empapado mi culo, Johan me hizo colocarme en cuatro pata en la cama, detrás de mi, lamió un poco mi culo y de píe, apunto su verga para entrar, donde nadie había osado. Que fuerte es sentir que tu culo será perforado por primera vez. Johan se dio cuenta y de prisa busco, que se yo donde un gel o algo así y me untó el hoyo. De allí a sentir, como mi culo se dilataba poco a poco, lentamente y dejaba entrar la gruesa verga de Johan, duró un buen rato. Johan demostró pericia, paciencia y gentileza. Ya bien herido y aguantando entre el dolor y el placer, el ritmo fue subiendo y las ganas aumentando.

    El flaco se levantó y junto al trigueño, colocaron sus miembros al alcance de mi boca, no era fácil tragar y mover mi cuerpo por el ritmo de Johan. Quien de pronto se separó de mi y cedió su lugar al trigueño. Quien a pesar de poseer una buena tranca, no calzaba la talla de Johan. Esto hizo que el flaco tomara mi cabeza y empujaba con mayor libertad su bello miembro en mi boca.

    EL trigueño comenzó a gemir profundamente y el flaco lo miró. El flaco sacó su verga de mi boca y el trigueño la de él de mi culo. El flaco se movió rápido y metió la verga del trigueño, directamente de mi culo a su boca. Apenas logro tragar ese miembro, cuando el trigueño le apretó la cabeza hacia si, dejando ver que estaba eyaculando y el flaco feliz de tomar la lefa de su amigo.

    Así estaba yo admirando al Flaco tragar todo, cuando apareció Johan y me hizo acostarme en la cama y se colocó detrás. separó con una mano una nalga y con decisión penetró en mi, que ricura!, la tibieza profunda de su gruesa verga es inolvidable. Comenzó a entrar y salir, con suavidad pero a un ritmo ascendente. El trigueño se retiró, ya había sido secada tu verga por el flaco, quien se acariciaba la verga y nos miraba de cerca.

    Johan mantenía su frenesí sobre mi y yo los disfrutaba plenamente. De pronto el flaco se aproximó y se colocó cerca de Johan, cerca de su cara. Masturbándose, lo que hacía que Johan acelerara el paso, y a cada paso, más profunda la entrada. Fue casi un pacto entre ellos, el flaco jadeaba y se halaba la verga durísimo y Johan hacia lo propio, de pronto: el flaco eyaculo sobre la cara de Johan y Johan entró por ultima vez en mi culo, asegurando así que todo su semen quedaba en mi, Johan tragó la verga del flaco y chupo con ansías.

    Johan se retiró de mi y quedé allí, empapado en sudor y harto de semen en mi culo.

    Creí que sería todo, cuando el flaco, se acostó de prisa; y me hizo levantar para sentar mi culo en su cara, lamia mi raja y tragaba todo lo que mi culo expulsaba.

    Johan se acercó y se inclinó para besar mi verga, la manoseo, la tragó y comenzó una mamada, el flaco no dejaba de tragar el liquido marrón claro que fluía de mi lastimado culo. La mamada de Johan, era preciosa, sabrosa. digna de su estilo. Se levanto y puso su culo ante mi cara, inclinó su torso y quedó justo su culo ante mi boca, abrí esas firmes nalgas y al sacar mi lengua, llegó un profundo perfume.

    Lamí, lo hice como si fuera un alimento vital, como si de ella dependiera mi existencia.

    – Roberto, deja ya que voy a sentarme – el flaco se levantó y se retiró, Johan me hizo sentar en la cama y el se ubicó para sentarse en mi y ser penetrado. Así lo hice. Johan tenía la capacidad de apretar mi güevo con sus esfínteres, lo cual es, como pude comprobar; un arma de control sexual, me hizo sentir ganas de eyacular muy de prisa. Y eso fue lo que ocurrió. Johan, suspiró y dijo:

    – Roberto ven – acudió el flaco y se acostó, yo apreté a Johan y expulsé mi última gota. Johan de inmediato se levantó y puso su culo sobre la boca de Roberto, el flaco.

    Los miré y supe que Roberto era un tragador impulsivo y Johan todo un macho forzador. Fui al baño y me duché, no había una toalla, pero no importaba, me deje secar y salí. Allí estaban los tres. Nelson, el trigueño; debidamente uniformado, Johan y Roberto se fueron al baño. En silencio me comencé a vestir, aun estaba algo mojado.

    Nelson me ofreció café. lo tomé, Estaba bueno y fue acertado. a los minutos, ya terminando de vestirme. salieron Roberto y Johan. Dijo este último,

    – Que hermosa noche hemos tenido, como te llamas? -me preguntó Johan, le dije

    – Soy Santiago, Santiago Ferreira y tu?

    – Johan Torres, todo un placer conocerte.

    Miré a Roberto y él dijo:

    – Soy Roberto Cervantes, y mi amigo aquí es Nelson Arturo.

    De pronto Johan, frunció el ceño y preguntó:

    – ustedes no se conocen, creí que Santiago era amigo de ustedes – Roberto y Nelson, se miraron asombrados y dijeron casi al unísono;

    – No es amigo tuyo? – todos me miraron sorprendidos, con los ojos desorbitados

    Sonreí y pregunté:

    – Hacen estas fiestas con frecuencia? – no respondieron; continué – espero me inviten próximamente, Soy el nuevo Gerente de TIC y vengo por las llaves del vehículo que me asignó la Directiva.

    Todos quedaron boquiabiertos, ni se movían, nada estaban paralizados de asombro. Sonreí y agregué;

    – Descuiden, creo que podemos continuar siendo amigos, reunirnos de vez en vez, total, estoy agradecido a ustedes por haberme hecho descubrir esta área que desconocía. Tengan, mi tarjeta personal, estoy dispuesto a servirles de ayuda. veo que ustedes son buenos amigos, ¿aceptan a uno mas?

    – Si – dijo Johan – Estoy encantado de ti, fui tu primer hombre.

    Roberto y Nelson se miraron y comenzaron a reír profundamente, Johan y yo nos vimos y unimos nuestras carcajadas.

    Entregada mi llave, me despedí, contento. A mí, que siempre me costaba hacer buenas relaciones inter laborales, ahora tenía 3 amigos con todo el derecho de cogerme y yo a ellos.

  • El hombre misterioso (parte 1)

    El hombre misterioso (parte 1)

    Era una calurosa noche de verano, mi novio Evan y yo habíamos planeado salir a cenar fuera y posteriormente a tomar algo por ahí y pasar un buen rato.

    Como hacía tanto calor, decidí ponerme un vestido ajustado, con la espalda al aire, bastante corto y de color negro a juego con unas sandalias del mismo color. Era el vestido perfecto para esa noche, elegante, con tela suficiente para tapar lo justo y dejar el resto a la imaginación, debajo, llevaba unas braguitas de encaje negro, que tapaban más bien poco.

    Nos fuimos a cenar a un restaurante muy bonito, moderno y elegante, que estaba lleno de gente. Mientras cenábamos, comenzamos a hablar de la cantidad de gente que había y no sé cómo, nuestra conversación de se fue desviando al morbo que tendría follar delante de tanta gente.

    – Reconócelo nena, ¿no te gustaría follar delante de tanta gente? – Me preguntó con curiosidad.

    – Sí y no. Por un lado, estoy de acuerdo en que me da mucho morbo follar delante de tantas personas, pero por otro me daría mucha vergüenza, además nunca se sabe que loco te puede mirar. – Contesté con un poco de vergüenza.

    – Pues a mi si me gustaría. Solo de pensar que alguien puede ver como follamos, me entran unas ganas terribles de tirarme sobre ti y arrancarte ese vestido que tan loco me vuelve.

    – Jajaja, no será para tanto. La verdad es que no entiendo cómo te puede gustar tanto esa idea. Estás loco.

    Después de cenar, Evan me propuso ir al pub, en el que trabajaba un amigo suyo, Liam. Me contó que era uno de esos sitios que se habían puesto de moda, debido a que estaba situado en lo alto de un rascacielos, exactamente en el piso 130 y tenía una terraza espectacular, con unas vistas increíbles de toda la ciudad. También, le comentó, que, si íbamos esa noche, podíamos entrar en uno de los reservados, algo que no era fácil, ya que estaban muy demandados. A mí me pareció una idea genial.

    Cuando llegamos al edificio, donde se encontraba el pub, entramos en un inmenso hall, de mármol blanco, decorado de manera muy lujosa y moderna, lo que nos dio una idea de cómo sería el lugar donde íbamos. Nos fuimos directos a los ascensores, había mucha gente esperando y casualmente todos eran hombres. Fue difícil no darse cuenta de cómo todos me miraban y me comían con los ojos, unos de manera discreta y otros no tanto. Evan, me llevaba sujeta por la cintura y cuando notó las miradas de los demás, no dudó en bajar su mano hasta mi culo, en ese momento me vino a la mente nuestra conversación de antes y empecé a notar como crecía el calor entre mis piernas.

    Para mi desgracia, los ascensores no terminaban de llegar y yo empezaba a sentirme un poco incómoda viendo como esos hombres, se movían por el inmenso hall, buscando una mejor perspectiva de nuestro pequeño espectáculo. Empecé a mirar a todos lados y me encontré con una mirada penetrante que casi me deja sin respiración. Me quedé mirándolo fijamente, igual que él lo hacía conmigo.

    Era un hombre, de unos 60 años, bien vestido, se conservaba bastante bien y era muy atractivo. Era alto, por la forma de su cuerpo, se veía que era un hombre que se mantenía en forma. Su pelo era negro, con algunas canas y bien peinado, a juago con su mirada, que era muy oscura pero hipnótica, te podrías pasar horas y horas mirando esos ojos. Llevaba puesto un pantalón negro de lino y una camisa muy fina de color blanco. Sin duda era un hombre que se veía que atraía a muchas mujeres solo con su presencia.

    Unos segundos después, que para mí fueron eternos, por fin llegó uno de los ascensores. Todos los hombres se retiraron para dejarnos pasar y de paso, volver a mirarme de arriba abajo, como si fuera un premio por el que competir.

    Nos situamos en la parte trasera del ascensor, en una esquina. Mientras realizábamos el pequeño trayecto hasta el piso 130, notaba como la mano de Evan, volvía a apoderarse de mi culo, a la vez que me miraba con lujuria. Siguió jugando, con la mano debajo de mi vestido, a la vez que se iba moviendo hacia el interior de mis piernas, hasta que el sonido del ascensor, nos devolvió a la realidad. Al salir de la pequeña cabina, de nuevo, noté como todos los presentes, me devoraban con los ojos y volví a sentir el calor en mi cuerpo, más concretamente entre mis piernas.

    El pub era un sitio, muy amplio, con una enorme barra de madera a la derecha, el resto de la estancia estaba repleta de mesas, sofás y sillas, de colores, en tonos suaves, donde poder sentarte tranquilamente a tomar algo. De frente a la entrada principal, había grandes ventanales que daban a la amplia terraza, que tenía el local y cuyo acceso era libre para todos los clientes. A ambos lados de los ventanales, se veían cuatro puertas del mismo color que las paredes, como si quisieran camuflarlas para que nadie supiera de su existencia y en el lado derecho de cada puerta una pequeña pantalla, en ese momento, las cuatro, estaban en color rojo. Esas cuatro puertas, daban a los cuatro reservados y uno de ellos era donde íbamos a ir nosotros.

    Nada más entrar, nos encontramos con Liam, nuestro amigo, a pesar de la cantidad de gente que había. Nos saludó y nos dijo que teníamos que esperar 20 minutos, ya que nuestro reservado todavía no estaba listo. Encontramos sitio en la barra y mientras esperábamos empezamos a pedir nuestras bebidas.

    Debido a la cantidad de gente que había, el sitio que teníamos era muy pequeño, estábamos completamente pegados el uno al otro, algo que no me importaba, a pesar del sofocante calor que hacía.

    Mi cabeza no paraba de darle vueltas a lo ocurrido en el hall y posteriormente en el ascensor. Me decía a mí misma que eran cosas mías, realmente no habíamos hecho nada, pero lo que me preocupaba era lo que había sentido al ver como todos esos hombres me habían devorado con sus ojos.

    Mientras seguía con mis pensamientos, Evan colocó sus manos sobre mi cintura con la idea de acercarme un poco más a él, yo me giré, quedando de espaldas apoyada sobre su pecho. Comencé a frotar mi culo contra su polla, que ya se notaba que la tenía dura, mientras él bajó una de sus manos, para meterla por debajo de mi vestido y volver a jugar con mi culo. Su mano cada vez estaba más dentro de mí, llegando a tocar mi coño.

    – Sabes que nos pueden ver. Esto está lleno de gente. – Le recriminé a modo de broma.

    – ¿Ahora te preocupa que nos miren? Antes en el ascensor no pareció importarte tener todos esos ojos puestos sobre ti. – Me contestó en tono irónico.

    – Ya bueno, pero aquí hay más gente y antes simplemente me tocaste el culo.

    – Jajaja, seguro que si te hubiera hecho algo más lo habrías disfrutado. Al final voy a conseguir follarte delante de todos. – Me dijo mientras me miraba con deseo.

    – Ni loca, dejo que me folles delante de nadie. Quítate esa idea de la cabeza.

    – Ya veremos como termina la noche.

    Comencé a relajarme y a disfrutar de la noche y de lo que mi novio estaba haciéndome en ese momento. La gente seguía moviéndose a nuestro alrededor, pero ninguno de los dos éramos conscientes de lo que hacían, lo único en lo que pensaba en ese momento, era en cómo sus dedos, jugaban en el interior de mi coño. Apoyé la cabeza en su hombro, su mano izquierda, me seguía sujetando por la cintura, cada vez me apretaba más a él y con la derecha, seguía torturándome en mi interior. De vez en cuando acercaba su boca a la mía, para morder mis labios suavemente, algo que sabía que me volvía loca. No tardé mucho en notar, como iba llegando mi primer orgasmo.

    – Nena, estás a punto de correrte, ¿verdad?

    – Ummm si, sigue. – Gemí en bajito.

    – ¿Estás segura de que quieres correrte ahora? Esto está lleno de gente y alguien podría enterarse. – Me preguntó en tono de burla.

    – Cállate y sigue.

    – Sería una pena que parase ahora mismo.

    En ese momento paró, retiró su mano de mi interior y me giró quedando frente a él y mirándome, sonrió mientras me susurraba al oído, “no pensarías que te lo iba a poner tan fácil”. En ese momento me vinieron a mi cabeza mil insultos y palabras no muy agradables, hacia él, pero decidí callármelas.

    Nos pusimos a hablar, mientras seguíamos esperando, los 20 minutos había pasado ya y todavía no teníamos nuestro reservado. Yo ya empezaba a aburrirme de esperar, pero Evan insistía en quedarnos, ya que, según él, la espera merecería la pena.

    – Para que la espera se te haga más amena, vamos a jugar un rato. – me propuso Evan.

    – ¿A qué quieres jugar? – Pregunté con curiosidad.

    – Vete al baño, quítate las bragas y traérmelas.

    – Jajaja, estás loco, ¿para qué quieres mis bragas?

    – Ya te lo he dicho, para jugar.

    – Pero mi vestido es muy corto, es probable que, al intentar sentarme, se me vea todo. – Protesté.

    – Pues no te sientes. Hazme caso y tráeme tus bragas, te prometo que te lo vas a pasar muy bien.

    – Está bien, te haré caso, pero espero que merezca la pena.

    – Por supuesto que va a merecer la pena. Estoy seguro de que esta noche no las vas a olvidar en mucho tiempo.

    Fui al baño, que afortunadamente estaba vacío. Entré, me quité las bragas, las guardé en mi mano, apretando el puño muy fuerte, para evitar que alguien se diese cuenta de lo que llevaba.

    Cuando salí de allí, me sentía rara, como si todo el mundo se estuviese dando cuenta de que no llevaba bragas. No era la primera vez que lo hacía, pero esa vez fue diferente, quizá porque me había obsesionado con nuestra conversación sobre follar en público, y mi cabeza no dejaba de darle vueltas al tema. Yo sola intentaba calmarme, haciéndome creer que eran cosas mías, nadie se estaba fijando en mí, pero en ese momento, me di cuenta, que alguien a mi lado me miraba, justo en el baño de al lado, salió un hombre, que no apartaba sus ojos de mí. Era el mismo hombre que me había mirado fijamente en el hall, le aparté la mirada y me fui.

    Llegué donde estaba mi novio, que, en ese momento, hablaba con Liam, con disimulo le di mis bragas, las cuales guardó en el bolsillo del pantalón, mientras seguía con su animada conversación. Yo seguía mirando a la gente, notaba algo raro, hasta que vi algo que me sorprendió, el mismo hombre del hall, estaba en una mesa sentado, justo de frente a nosotros con su mirada puesta en mí.

    Por lo que pude ver, en su mesa, solo había una copa, que estaba a medias, por lo que llevaría allí un rato. Me extrañó no haberme dado cuenta de que estaba tan cerca, pero empecé a recordar que si no me había fijado en él es porque estaba concentrada en como mi novio no me dejó correrme. Nada más pasar esa idea por mi cabeza, me empecé a poner nerviosa, pensando que quizá ese hombre habría visto como Evan, me metía mano delante de todos y como había estado a punto de correrme. Estaba tan nerviosa, que pensé que iba a dar un ataque de pánico, hasta que me volví a fijar en su mirada, esa mirada tan hipnótica, que me impedía apartar la vista de él, hasta que algo me sobresaltó.

    Mi novio, había dejado de hablar con su amigo y se había vuelto a concentrar en mí. Uno de sus dedos había regresado al interior de mi sexo, mientras me susurraba al oído:

    – Ummm no sé qué es lo que estás mirando, pero parece que te gusta mucho, estás muy caliente.

    – Es la emoción de ir sin bragas. – contesté de manera sarcástica.

    – ¿Solo la emoción de ir sin bragas?

    – ¿Te parece poco?

    – A ver, has ido sin bragas muchas veces y no has estado tan emocionada como ahora. A lo mejor hay algo más.

    – Algo más… ¿Cómo qué?

    – Como que te encanta que te toque delante de tanta gente.

    – Jajaja, que ideas tienes, ya te he dicho que eso me parece una locura y si te dejo hacerlo, es porque sé que eres discreto y no vas a permitir que nadie nos vea. – contesté intentando parecer sincera.

    – Bueno, yo lo intento, pero si alguien se da cuenta, no es mi culpa, no puedo controlar las miradas de todos y aunque lo niegues, te encanta lo que estamos haciendo. Antes de que digas nada, te recuerdo que tengo un dedo en tu coño y ahora mismo estás muy mojada y no es tan normal que tu estés así sin haber hecho nada más.

    Para demostrarme su teoría, sacó su dedo de mi coño y con discreción me lo llevó a la boca para demostrarme todo lo que me decía. No dudé en limpiárselo con mi lengua, mientras el comenzaba a besarme y de nuevo a meter sus manos por debajo del vestido, lo único que esta vez, lo hizo a la vista de todos, algo que realmente me encantó.

    Me volví a fijar en el hombre, seguía mirándome y llegué a pensar que sabía lo que mi novio me estaba haciendo. Me fijé en que su mano derecha, se encontraba debajo de la mesa, aunque no podía ver lo que hacía con ella, debido a un sillón que tenía delante, con la mano izquierda, apretaba su copa, como si quiera romperla. Por los movimientos que se percibían de su brazo derecho, llegué a pensar que se estaba tocando.

    Mi respiración, cada vez estaba más agitada, no sabía si era por pensar que un desconocido se estaba masturbando mientras me miraba o por los dedos que tenía en mi interior torturándome, lo que sí sabía es que el orgasmo que estaba creciendo en mi interior iba a ser tremendo.

    Estaba a punto de correrme, por segunda vez, cuando una voz, lo paró todo. Los dedos de mi novio, se detuvieron en mi interior, el hombre que me miraba, dejó de mover su mano y por primera vez, apartó su mirada y yo, volví a frustrarme, de nuevo, por no tener mi tan ansiado orgasmo. Nuestro reservado estaba listo.

    Continuará…