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  • Me entregué al jefe de mi marido (parte 2)

    Me entregué al jefe de mi marido (parte 2)

    Hola lectores aquí Nina contándoles la segunda parte de esta travesura.

    La semana siguiente a la fiesta donde el jefe de mi marido me cogió por primera vez. Mi esposo llegó a casa del trabajo para decirme que lo habían asignado a un puesto fuera del estado que requería que tuviera un apartamento local y que se quedara allí durante la semana, pero que podría volver a casa los fines de semana. Solo sería por unos 6 meses, y le pagarían muy bien.

    Estaba feliz por él y por nosotros, pero sospechaba que había más en esto. Dos días después de que se fuera para comenzar con su nuevo puesto, sonó el timbre a la hora de la cena y lo abrí para encontrar a Carlos en mi puerta. Debo admitir que no me sorprendió, pero definitivamente me complació. Le abrí la puerta para que entrara.

    Pasó junto a mí hacia la entrada, y cuando me di la vuelta después de cerrar la puerta, él ya había puesto una botella de vino en la mesa auxiliar del pasillo y sus manos inmediatamente pasaron a agarrar mis tetas. Siempre ando sin sostén en la casa, así que mis senos estaban libres y rebotando cuando metió la mano debajo de mi camiseta. Sonreí y cerré los ojos, disfrutando de sus manos manipulando mis grandes tetas, apretándolas y masajeándolas, y ocasionalmente pellizcando y tirando de los pezones. Los pezones se pusieron rígidos de inmediato y mi coño comenzó a gotear con anticipación.

    Empecé a masajear su enorme verga a través de sus pantalones y recordé lo enorme que era. Le desabroché la bragueta, saqué su monstruosa polla y comencé a acariciarla. Era semiduro en este punto, y fácilmente de 18 cm. de largo. Me lamí los labios con anticipación mientras él seguía jugando con mis enormes tetas con sus manos y boca.

    Me quitó la camiseta por la cabeza, los pantalones y mis pantis en un instante. Todavía en la entrada, me arrodillé frente a él y tomé su hermosa y enorme verga, que aún sobresalía de la parte delantera de sus pantalones, en mi boca y comencé a chupar toda su longitud, pasando más tiempo alrededor de la bulbosa cabeza, continuó poniéndose dura en mi boca.

    Me levantó, me dio la vuelta y me inclinó para que quedara de cara a la pared, con las manos en la mesa auxiliar del pasillo. Con sus manos apretando firmemente mis grandes tetas mientras se alejaban de mi cuerpo, movió la cabeza de su verga hacia la abertura de mi coño mojado. Metió su enorme polla en mi coño. Mis jugos fluían como locos, por lo que se deslizó fácilmente. Aun así, la fuerza del empuje me sorprendió un poco y soltó un gemido, que se convirtió en suaves susurros y gemidos cuando encontró un ritmo y golpeó su gruesa verga dentro y fuera de mi coño. Una vez más, llenó cada milímetro de espacio en mi coño, y los golpes me llevaron muy rápidamente a mi primer orgasmo. Como una descarga eléctrica, me atravesó y mis rodillas se doblaron un poco, mientras mi clímax me inundaba, creando un hormigueo hasta mis pezones.

    Movió sus manos desde mis tetas hasta mis caderas y aceleró el ritmo de sus embestidas. Su respiración se aceleró y, con un fuerte gemido, empujó profundamente en mi coño y lo mantuvo allí mientras comenzaba a descargarme su corrida. Después de un par de segundos, empujó profundamente de nuevo y lo sostuvo, arrojando más de su eyaculación en mi coño. Hizo esto unas cuantas veces más, hasta que vacío toda su leche. Luego se apoyó suavemente en mi espalda, conmigo todavía inclinada sobre la mesa auxiliar en el pasillo, mientras nuestra respiración se calmaba y nuestros latidos cardíacos se volvían más lentos a la normalidad.

    Poco a poco, su enorme polla se suavizó y salió de mi coño. Me di la vuelta y me arrodillé frente a él, mientras le limpiaba la polla con la boca y la lengua, acariciándola suavemente para drenar hasta la última gota de su semen. Le di un beso a su hermosa verga, luego me puse de pie para mirarlo.

    Charlamos un poco mientras yo continuaba acariciando su polla blanda. Nuevamente me sorprendió lo grande que era, incluso cuando estaba flácida. Mientras tanto, jugaba con mis grandes tetas, tirando o pellizcando de vez en cuando los pezones, lo que aumentaba y prolongaba mi placer posterior al clímax.

    Necesitaba llegar a casa con su familia, así que de mala gana dejé de acariciar su polla, se la metí de nuevo en los pantalones y le subí la cremallera. Les dio a mis senos un último apretón, besó cada pezón y luego se fue a casa. Sabía que esta no sería la última vez que nos reuniríamos así. Sonreí mientras cerraba la puerta detrás de él y, aún desnuda, caminaba por el pasillo hasta el baño para darme una ducha, mis tetas rebotaban y se balanceaban mientras caminaba.

    Gracias si llegaste hasta este punto deja tu valoración o comentario si quieres saber que pasó después.

  • Esta tarde en el hotel

    Esta tarde en el hotel

    Estaba en mitad de una reunión con uno de mis clientes más importantes cuando noté que el WhatsApp me hacía vibrar el teléfono. Estaba seguro de que era Raúl.

    “Esta tarde en el hotel”

    Vaya. La tarde se presentaba movida. Creo que todos los que estaban en la mesa de reunión me notaron la sonrisa; soy muy transparente. Llevaba cuatro meses saliendo con Raúl, y cada cita que teníamos resultaba más interesante. Procuré concentrarme en la reunión. Uno de los ingenieros de mi cliente se estaba quejando de que nuestra última versión de software no era muy estable. Miré a nuestro director técnico y me dijo con los ojos que lo dejara en sus manos. El teléfono volvió a vibrar.

    “Encontrarás instrucciones sobre la cama”

    ¿Instrucciones? Un sofoco me subió desde los pies hasta la entrepierna y posteriormente hasta mis mejillas. Noté como me ruborizaba. ¿Me estaban mirando de reojo los demás desde sus sillas o eran imaginaciones mías? Nuestro director técnico estaba dando explicaciones acerca de la calidad del software. Yo hacía esfuerzos por concentrarme en el asunto, pero no podía.

    ¿Habíamos llegado hasta el punto de que me diera “instrucciones” en un papel sobre la cama del hotel? Mi irritación era solo comparable a la excitación que sentía en mi entrepierna. Raúl había dado muestras de que le gustaban los juegos de dominación. En una de nuestras citas entre risas me había insinuado que le gustaría atarme las manos a la cabecera de la cama para follarme. Era la época de la moda de las “50 Sombras de Grey” y le dejé hacer. La verdad es que disfrutamos como animales. Tuve un orgasmo inolvidable. Ahora parece que quería ir un paso más allá.

    “Yo llegaré a las 7 en punto. Estate preparada”

    O sea que tenía que estar preparada a las 7 en punto. La palabra “preparada” se repetía en mi cabeza. Como una comida. Como un banquete. Eso es lo que íbamos a hacer, darnos un banquete probablemente –o por lo menos él se iba a dar un banquete. La risa me estallaba por dentro y mis esfuerzos porque no me lo notaran en la mesa de reuniones cada vez eran más inútiles. La reunión acabó y solo pude balbucear unas palabras de despedida. Me miraron con extrañeza. Pasé el resto de la jornada laboral pensando en los conceptos “instrucciones” y “preparada”.

    Llegué a casa con tiempo para arreglarme tranquilamente y disfrutarlo. Me depilé el vello púbico cuidadosamente. Tuve que hacer grandes esfuerzos por no masturbarme. Me duché y perfumé adecuadamente. Me puse la ropa que más le gusta: una blusa sin mangas y una falda ajustada por encima de la rodilla. Por debajo llevaba unas medias con liguero, unas pequeñas bragas a juego, y un sujetador muy escotado. Tan escotado que casi dejan los pezones a la vista. En los pies, unos tacones finos clásicos. Estas cosas le gustan a Raúl. El también suele ir bien vestido al estilo clásico. Y no sería la primera vez que estando él en traje, me quita toda la ropa –excepto los tacones por supuesto- sin dejarme que le quite ni la chaqueta. Nos daba morbo estar así. Y a él le gustaba hacerme sentir un poco desvalida e indefensa.

    Me senté en la parte de atrás del taxi. Y como siempre que iba con ligueros en un taxi –la verdad es que solo me pongo los ligueros cuando tengo citas amorosas- me acordé de una de las primeras escenas de “Histoire d’O” en la que su amante le sube la falda a la protagonista dentro del taxi hasta que sus muslos quedan al descubierto y su culo en contacto con la piel del asiento. A Raúl le gusta también subirme la falda con la mano al tiempo que me acaricia el muslo, y aprovecha la ocasión igual en un taxi que en un ascensor, aunque nunca ha llegado al punto de que alguien se haya dado cuenta de la maniobra. Lo que no es obstáculo para que nos ponga a cien y corramos a echar un polvo en cuanto podemos.

    Como no sabía lo que implicaba “estar preparada”, llegué al hotel mucho tiempo antes de las 7:00. Pregunté por nuestra habitación, que él ya había reservado. Siempre vamos a la misma habitación, con una enorme cama de dos por dos metros, una mesita pequeña con 2 cómodos sillones y un magnífico ventanal con vistas al Paseo de la Castellana. En el frigorífico siempre había una botella de champagne. El recepcionista me dio un sobre donde estaba escrito mi nombre, aunque la letra no era de Raúl. Dentro estaba la llave. O sea que él ya había estado allí, probablemente para dejar las “instrucciones”. Ya habíamos utilizado el mismo procedimiento para dejarnos la llave de las habitaciones en otras ocasiones, aunque la letra con mi nombre en el sobre solía ser la letra de Raúl. A veces me preguntaba qué pensarían de nosotros el personal de recepción, aunque estaba seguro de que otras parejas hacían lo mismo.

    Cuando entraba en la habitación el corazón me palpitaba a toda velocidad. La cama estaba abierta y la sábana y el edredón se habían retirado hasta los pies de la cama. Sobre la elegante sábana de lino blanco había un sobre y al lado un antifaz de color negro como los que te dan en los aviones en los vuelos transatlánticos para poder conciliar el sueño. Abrí el sobre: eran las “instrucciones”.

    “Desnúdate, ponte el antifaz y espera sobre la cama. Cuando se abra la puerta empieza a masturbarte. Cuando estés cerca de llegar al orgasmo, para. No te quites el antifaz.

    Raúl”

    El corazón me ardía. Esas eran las instrucciones. Quiere que me acaricie para él. Quiere que me ponga sobre la cama y que le haga el espectáculo como en un peep show. Y a ciegas. Sin que pueda mirarle a los ojos o ver el tamaño de su polla. Quiere explorarme desde todos los ángulos mientras yo gimo y me acerco al orgasmo, pero sin llegar. Será cabrón. Todavía faltaban varios minutos para las siete. Notaba como la humedad de mi coño crecía sin control. Me quité toda la ropa y la coloqué en el armario mientras pensaba cómo lo iba a hacer. Cuando faltaban 5 minutos para las 7:00 yo estaba de rodillas encima de la cama sentada sobre mis talones, completamente desnuda y con el antifaz puesto y las manos sobre los muslos.

    Con puntualidad inglesa la puerta de la habitación se abrió. Se oyeron pasos, la puerta se cerró y los pasos se movieron hacia la zona de la habitación donde estaban la mesita y los sillones. Oí ruido de ropa, probablemente se estaba quitando el abrigo. Sabía que no debía de decirlo pero no me contuve:

    -¿Eres tú Raúl?

    Silencio.

    Los pasos cesaron y se oyó el ruido que alguien hace cuando se sienta en un sillón. Notaba los latidos del corazón en la garganta. Estaba hiperventilando.

    Empecé a acariciarme los muslos con las manos. Desde las rodillas hasta la vulva. Por dentro y por fuera. Me elevé un poco sobre mis talones y acaricié con mis manos mis pantorrillas hasta llegar a los pies. Me acaricié la planta y los dedos de los pies por debajo de mi culo mientras el propio movimiento de los brazos hacia atrás, hacía mi pecho más prominente y mis pezones más visibles. Me giré un poco para estar de frente a donde sabía que estaban los sillones. Al fin y al cabo lo que se espera de una chica de un peep show es que todo se haga bien visible a los ojos del cliente. De esta forma era posible verme desde allí la profundidad de mis muslos y mi pubis depilado.

    Fui subiendo con mis manos por mi cintura hasta mis pechos y me los acaricié suavemente. Tenía los pezones de punta. Me sujeté mi pecho izquierdo con mi mano izquierda y metí dos dedos de la mano derecha en mi boca, me los llené de saliva con ella mojé la aureola y me apreté el pezón. Repetí la operación con mi pecho derecho. Varias veces. Los pezones me dolían pero me ayudaban a mantener mi mente en la realidad de la situación. Y sabía que le gustaría. Es lo que se espera de un buen espectáculo porno. Yo llevaba un rato gimiendo, pero me di cuenta de repente, como con un susto. Estaba ya de lleno en mi papel.

    Me giré sobre mí misma y me puse a cuatro patas. Empezaba el segundo acto. Agaché los hombros hasta que casi tocaban las sábanas y me pasé una mano entre los muslos, tocándome el ano con el dedo anular, que todavía estaba mojado de saliva. Recorrí todo lo despacio que pude el espacio entre mi ano y mi clítoris. Metí el dedo en mi vagina y lo saqué completamente mojado. Era evidente que la artista estaba disfrutando del espectáculo tanto como el público. Repetí la escena y un espasmo sacudió mis piernas. El orgasmo estaba a la vista.

    No se oía el más mínimo ruido en la habitación. Ni un suspiro, ni una respiración. Me tumbé sobre la sábana mirando hacia el techo. En todo momento cuando me movía procuraba seguir las normas del espectáculo. Movimientos sexy. El pie siempre estirado y de punta. Separé las piernas de forma que mis pies apuntaban a las esquinas de la cama y mi vulva quedaba visible. Con mi mano izquierda me acariciaba los pechos y con mi mano derecha el clítoris. Me apretaba los pezones hasta que no podía soportar el dolor. Me costaba mantener las piernas abiertas, mi coño me decía que las cerrara para facilitar el orgasmo que se avecinaba. “Cuando estés cerca de llegar al orgasmo, para”. Las palabras las tenía grabadas mi cabeza. Tenía las piernas abiertas y en tensión, duras como piedras, con los pies estirados y apuntando al infinito, los dedos de mi mano derecha en mi clítoris y aquello iba a acabar si no hacía algo pronto.

    Dejé de acariciarme y puse las manos sobre mi cabeza, tocando el cabecero de la cama. Un dolor salía de mi clítoris hacia todas las partes de mi cuerpo protestando por ese orgasmo interrumpido. Junté mis piernas y una sensación dulce subió por ellas. Mi vagina estaba chorreando, esperando que alguien acabara el trabajo.

    Pasaron unos segundos interminables. Yo seguía frotando una pierna contra la otra para consolarme del orgasmo interruptus con las puntas de los pies siempre apuntando hacia delante y las manos encima de mi cabeza. Por fin se oyó algo de ruido desde el sillón. Unos pasos se acercaban hacia mí con parsimonia. Me agarraron de un brazo y me obligaron a ponerme de rodillas de nuevo sobre mis talones, pero esta vez estaba dando la espalda a la mano que me sujetaba. Me cogió las dos muñecas y me las juntó en mi espalda, atándolas con algo que parecía como el cinturón de un albornoz. Cuando terminó, tiró de ellas hacia arriba obligándome a inclinar mi torso hacia delante hasta que mi cara se apoyó en la cama, dejando mi culo completamente expuesto. De nuevo no pude resistirme:

    -¿Eres tú Raúl?

    Silencio. Me dejó en esa posición y los pasos se alejaron unos segundos. Oí ruido como que buscaba algo en una cartera y los pasos se acercaron de nuevo. Me levantó la cara apoyando su mano en mi frente y me colocó una bola en la boca que ató con una cinta por detrás de mi cabeza. Según parece había hablado demasiado. Volvió a empujar mi cara hacia la cama y mi saliva empezó rápidamente a desbordarse por los lados de mi mordaza y a mojar la sábana. Sospechaba lo que iba a pasar después.

    Yo estaba de rodillas en el borde de la cama, con mi cabeza agachada hasta la cama y mi cara pegada a la sábana. Mis manos estaban atadas a mi espalda, exhibiendo mi culo, mi vulva y mis muslos a quienquiera que me estuviera viendo, suponía que Raúl. Había estado a punto de llegar al orgasmo pero lo había interrumpido, y ahora estaba deseando que quienquiera que fuese me follara con unos buenos empujones para acabar con esta tortura. Ni siquiera podía suplicarlo pues según parece ya había hablado demasiado y mi boca estaba cerrada con una mordaza para que no pudiera pedir, quejarme ni preguntar nada.

    Mis súplicas debieron de llegar a buen puerto, pues después de un breve ruido de ropas, noté como unas manos me separaban los muslos, me levantaban más todavía el culo e inmediatamente después de una única embestida, una polla de importante tamaño entraba en mi coño hasta el fondo haciéndome retorcer de dolor y placer. Yo intentaba cerrar los muslos para favorecer que llegara el orgasmo pero las manos me sujetaban fuertemente los muslos y me lo impedían. Sufrí los empujones con creciente placer mientras notaba como mis pechos se bamboleaban rozando la sábana con mis pezones.

    Mi cara se frotaba contra la sábana mojándola con la saliva que salía de entre mis labios y mi mordaza. Así estuvimos unos minutos mientras que yo notaba cómo la excitación de Raúl (o quienquiera que fuese) iba en aumento, hasta que al final, con unos empujones espasmódicos noté como eyaculaba dentro de mí al tiempo que poco a poco reducía las embestidas y terminó sacando su polla, empujándome de lado y dejándome caer de lado en la cama, de forma que ahora yo estaba en posición fetal sobre mi lado izquierdo, con las manos atadas a la espalda, el antifaz, la mordaza y mi entrepierna llena de semen. Yo no había llegado al orgasmo, ya que necesito la estimulación del clítoris para hacerlo, y en la posición que habíamos tenido era imposible.

    Noté pasos en dirección al baño de la habitación y después ruido de agua saliendo de un grifo. Se estaba limpiando. Me preguntaba que pasaría ahora conmigo. Al cabo de un rato oí de nuevo pasos acercándose. Me tumbó boca arriba y me abrió las piernas, aunque no me desató las manos, que seguía teniendo atadas debajo de mi espalda. Me puso una toalla húmeda y caliente entre las piernas, con la que me limpió el semen que tenía extendido por la vulva y los muslos. Cada vez que la toalla pasaba por mi clítoris yo reventaba de placer y levantaba la pelvis para que el placer durara más. Al cabo de unos minutos se deshizo de la toalla y empezó a acariciarme los muslos y la vulva con una mano al tiempo que con la otra me acariciaba los pechos. Yo me encorvaba a uno y otro lado para disfrutar más del placer, y cerraba las piernas intentando atrapar su mano entre mis muslos. Al cabo de unos minutos, entre mis gemidos que salían como podían de la mordaza, tuve el orgasmo más intenso y duradero que había tenido en toda mi vida. Mi cuerpo se retorcía de placer mientras una de sus manos me apretaba la vulva y la otra los pezones y los pechos. La saliva se desbordaba de mi mordaza a raudales.

    Estuvo acariciándome hasta que me fui calmando, extendiendo las caricias por todo mi cuerpo: las piernas, los pies y la cintura. Así estuvo un buen rato, mientras mi respiración se ralentizaba. Sentía sus manos suaves y cálidas con un inmenso placer. Yo sentía una paz y un bienestar que nunca había tenido en ninguna otra aventura sexual. Finalmente me giró ligeramente sobre la cama, me quitó la atadura de las manos, dejándome tumbada sobre la cama con la mordaza y el antifaz puesto y las manos libres. Oí sus pasos primero en dirección a los sillones, después de una breve pausa en dirección a la puerta. Oí cómo la puerta se abría y después se cerraba. Podría haberme quitado el antifaz rápidamente para asegurarme de que quien salía por la puerta era Raúl, pero no quise hacerlo, preferí respetar sus deseos y guardar aquel recuerdo tal y como él quiso dármelo. Así que cuando ya se había perdido el ruido de sus pasos por el pasillo del hotel me quité la mordaza y el antifaz, me incorporé despacio, me duché, y después de ponerme la excitante ropa que había elegido para mi amante (Raúl o quien hubiera sido) y que él no había visto, salí de la habitación y pedí un taxi en la puerta del hotel.

    Al día siguiente no nos llamamos. A los dos días Raúl me llamó.

    – ¿Quieres quedar para comer?

    Comimos juntos en un restaurante al lado de mi oficina. Tuvimos una conversación trivial. No hablamos de sexo. No mencionamos la cita del otro día. Después de comer nos despedimos porque él tenía que hacer un viaje corto por la tarde.

    A los cuatro días (ayer) quedamos en el mismo hotel de La Castellana. Nos vimos en el bar. Subimos juntos a la habitación e hicimos el amor como siempre. Nadie mencionó el antifaz, ni la mordaza, ni la toalla caliente. Estuve escrutando toda la tarde su cara para ver si encontraba alguna sonrisa, rastro de ironía, o cualquier indicio que me confirmara que él había sido la persona que me había follado y llevado a la cota de placer más intenso que había sentido en toda mi vida.

    No lo encontré.

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    Si deseas hablar de este relato, no lo dudes, envíame un mensaje a mi email [email protected]. Muchas gracias.

  • Una aventura inesperada

    Una aventura inesperada

    Era una noche calurosa de verano. Salí a tomar algo con unos amigos para divertirme y olvidar un rato el calor. Entre cervezas y música se pasaron las horas y, ya de madrugada, decidí que era mejor volver a casa. La calle estaba vacía, alumbrada por los focos de luz y prácticamente silenciosa, solo se oían mis pasos y los cantos de algunos grillos cada tanto. Todavía seguía un poco mareado por el alcohol cuando escuché un ruido diferente.

    Llegué a una esquina y al ver hacia mi derecha descubrí la figura entre sombras de una mujer con un vestido ajustado al cuerpo que dejaba ver una figura magnífica. Caminaba sobre tacones altos que se escuchaban con fuerza a cada paso que daba. Me quedé mirándola mientras se acercaba cada vez más a mí, y cuando estuvo a poco más de tres metros la saludé con un simple «hola», estando yo aún un poco desinhibido por las cervezas.

    -Buenas noches- Me contestó ella con una voz suave y sensual.

    -¿Hacia dónde vas con este calor?- Le pregunté yo.

    Ella en ningún momento dejó de caminar hacia mí, haciendo resonar sus zapatos en la soledad de la noche.

    -Hacia aquí justamente es donde vengo- Dijo ella y puso sus manos sobre mis hombros.

    La miré fijamente, sin poder creer lo que estaba ocurriendo. Me devolvió la mirada y me besó. Antes que pudiera entender nada su lengua jugaba con la mía y nos acariciábamos por todas partes.

    Mi cabeza daba vueltas y mi corazón latía con fuerza. Temía despertarme de ese sueño tan maravilloso. Me aferré con mis manos a sus nalgas firmes, como creyendo que podía escapárseme en cualquier momento. Una de sus manos se dirigió a mi entrepierna y acarició mi creciente paquete con suavidad. Yo hice lo mismo. Levanté su vestido y acaricié su cálido coño por sobre su ropa interior, una tanga negra con el dibujo de un corazón en el frente. En eso estuvimos un corto tiempo. Me dediqué a sentir su humedad a través de la tela y ella a estimular mi verga a través del pantalón.

    La miré a los ojos. Ella me sonrió con una mezcla de excitación y picardía. Me tomó de la mano y me llevó con ella. Con la incomodad de una enorme erección, caminé a su lado 3 calles hasta llegar a un coche estacionado frente a un edificio de más de diez pisos. Ella lo abrió y nos metimos directamente en los asientos traseros.

    Lo primero que hizo dentro del coche fue bajarse la parte superior del vestido dejándome ver unas tetas preciosas con unos pezones rosaditos que me lancé a chupar de inmediato. Comenzó a gemir mientras mi lengua y mis labios devoraban sus tetas. Se las apretaba con mis manos y las chupaba como si fueran la última bebida del desierto. Ella empezó a intentar desabrochar mi pantalón y yo me separé de sus tetas para ayudarla. Pronto estaba con el pantalón y el calzón bajos, y mi verga apuntando al techo del coche. Se quitó su tanga y la tiró a un costado para subirse sobre mí y besarme mientras su caliente coñito se frotaba contra mi pene.

    En seguida volvió a mirarme a los ojos fijamente y se introdujo ella sola mi verga. Podía notar perfectamente la humedad, la calidez y la presión que su apretada vagina ejercía en mi pene durísimo. Empezó a montarme de a poco, subiendo el ritmo a medida que el tiempo pasaba. Apreté sus nalgas animándola a que lo haga tan rápido como quisiera. Hundí mi cara en sus tetas y disfruté del mejor sexo que había tenido en mucho tiempo. Sus gemidos eran ya fuertes, se escuchaban tanto como los golpes de sus nalgas contra mi cuerpo, una y otra vez. Entregado por completo a la pasión me movía yo también, haciendo que la penetración sea lo más profunda posible.

    Mientras lo hacíamos así, pasé una de mis manos hacia atrás suyo y busqué con mis dedos su ano. Me volvió a sonreír en señal de asentimiento y le metí uno de mis dedos en ese culo cerradito. Lo dejé ahí dentro y sentí como ella se estremecía de placer por los estímulos en ambos orificios. No tardamos mucho en acabarnos. Ella contrajo su vagina y se entregó a un orgasmo que dejó mis piernas y el asiento empapados. En cuanto ella terminó lo hice yo. Mi verga palpitó con fuerza y expulsó varios chorros de semen adentro suyo. Quedamos abrazados, descansando de un polvo fantástico.

    Ella se levantó, sacando mi pene de su interior y se sentó a mi lado para volver a ponerse su tanga y arreglarse el vestido. Yo me subí el calzón y los pantalones y estuve a punto de preguntarle su nombre cuando vi a alguien saliendo del edificio y dirigiéndose hacia el coche en el que estábamos. Ahí fue cuando ella me dijo que saliera rápido del coche y yo lo hice. El hombre que venía nos vio salir, se quedó quieto un par de segundos mirando fijamente la escena y luego una expresión de ira se dibujó en su rostro. Comenzaron los gritos entre ambos mientras yo, en silencio y con un poco de miedo, escuchaba todo. En ese momento, a través de la discusión, comprendí todo lo que ocurría. Entre insultos la mujer le recriminaba que el hombre le había sido infiel y que ella estaba al tanto de todo. Le confesó que esto era una venganza, quería que el hombre sienta el mismo dolor que sintió ella cuando vio a su marido con otra.

    Entre gritos y amenazas la discusión continuó. El hombre no se fijó en mí más que unos segundos y no me dirigió la palabra. El haber sido descubierto y haber recibido de su propia medicina ya era suficiente como para preocuparse por un extraño que estaba ahí de casualidad. Nervioso y atento a todo, yo ni intenté moverme de donde estaba. Me mantuve estático incluso cuando la pelea terminó, el hombre se subió al coche y se fue. En el frente del edificio quedamos ella y yo. La miré y estaba muy agitada, con los ojos llorosos y respirando rápidamente.

    Luego de unos minutos se calmó, me miró y me dijo que era mejor que me vaya. También dijo que iba a entrar a su apartamento en aquel edificio para recoger sus cosas e irse a la casa de una amiga. Entonces me miró fijamente, como ya había hecho varias veces esa madrugada, se quedó en silencio unos segundos, sonrió y me dijo:

    – Me encantó cuando me metiste el dedo por atrás. Amo el sexo anal.

    Me guiñó un ojo y se fue.

    Aturdido por todo lo ocurrido, me fui a mi casa caminando y pensando, o quizá deseando, que con un poco de suerte, tal vez podría volver a verla. Entré a mi habitación y me acosté. Lo único que tenía en mi mente era su cuerpo, su calidez, su sonrisa y la imagen de su marido yéndose en ese auto que, sin duda, olía mucho a sexo.

  • El lote de la pasión (2): La bruja del 34

    El lote de la pasión (2): La bruja del 34

    Unos días antes de que nuestro protagonista se cogiera a Thais, la bruja estaba haciendo una poción de amor por ahí de las 2 de la madrugada. Cuando releyó las cosas que había puesto, solo hacía falta algo más y eso era el semen de un muchacho virgen. Haciendo memoria, al parecer el único chico con esa cualidad era más que…, no obstante, debía cerciorarse de que lo fuera, ya que al no serlo estaría cometiendo un error y esta no obtendría los mismos efectos.

    Pero, ¿cuál sería la motivación para que ella necesitará ese brebaje? Antes de mencionar el motivo, me parece, justo el mencionar su aspecto el cual es de una mujer de unos 38 años, la cual no es flaca pero tiene un buen trasero unos pechos, grandes pero no exagerados pero hay un defecto al menos para el autor y es que era una vieja fodonga en toda la expresión de la palabra, ejemplificado esto, muy rara vez se bañaba, su casa era cuchitril, se vestía con la misma ropa a diario, su frente estaba siempre lleno de fierros viejos, madera de algunos muebles, juguetes de su hijo menor, dejaba salir a sus gatos sin un control aparente, tenían algunas plantas pero no muchas ya que ella no es una persona a la que se le de la jardinería, sin mencionar que salía y entraba durante la madrugada, por estás cosas se le creció una mala fama y el apodo de bruja pero al menos nadie había comprobado lo antes dicho pero era claro que era una realidad, será por eso o más pero el papá de su hija mayor la engaño pero ella se desquitó con el otro fulano del cual es de dónde sale el chiquito.

    Un día en un cerro cualquiera empezaron a llegar las brujas en grandes escobas, a una hora cercana a la media noche, donde la primera al llegar tenía que encender la fogata donde se llevaría a cabo la reunión. De poco en poco llegaron ahí. La última en llegar fue la más anciana pero también la más joven. Agatha era quien tenía el título de ser la bruja líder, la cual se presentó ante todas con una voz segura que emanaba un gran liderazgo y una sensación de poder, expresándose de esta manera:

    —¡Compañeras! ¡Compañeras! Se abre la sesión de hoy. Para comenzar, comenzaremos con pasar la lista correspondiente, discutiremos acerca de lo que vimos la sesión pasada, tomaremos un pequeño intervalo, veremos cosas que se quedaron pendientes, les diré cómo hacer algunos hechizos, y, por último, tomar la lista nuevamente y recuerden que yo seré la que apagué la fogata, pero si tienen dudas que solo me quieran externar a mí, lo pueden hacer antes de que lo haga.

    Es así que esta secta comenzó a hacer todo lo que Agatha había dicho hasta que al ser casi las 4 am se empezaron a ir, pero ella se quedó con ella para la duda que necesita saber. Edith se le acercó con una voz algo apenada.

    —disculpe, ya tengo la pócima, pero me falta el último ingrediente.

    Agatha, al escucharla con una voz calmada, le dijo:

    —El último ingrediente lo tienes que traer de manera presente a mi local donde yo puedo hacer el último paso, pero debo advertirte que este brebaje, si es de amor, debe tener agua de calzón con una braga tuya que debiste haber usado. Debes meterlo en agua como si hicieras un té y lo viertes, pero si es de lujuria, entonces haces lo mismo, pero es importante que tengas que tener un orgasmo en él, pero de todas formas debes hacer el paso siguiente.

    Bruja Edith — pero ¿cómo sabré si es virgen?

    Agatha — eso es algo muy simple, pero tendrás que sacarle su leche y conforme al sabor debería de tener un sabor a dulce.

    La bruja Edith, al escucharlo, se sintió asqueada, preguntó: —Le tengo que…

    Agatha — Si es sexo oral, no sé de qué te asqueas si se la vas a chupar al otro.

    La bruja Edith — ¿Y no sería mejor si trajera su leche?

    Agatha —no, porque si no ya no me sirve.

    Una vez apagó la fogata, se fue a su casa donde durmió. En su sueño, ella estaba en un prado lleno de hierba alta que se encontraba cerca de un río que era chico, pero en la forma en que corría provocaba una tranquilidad sin límites. Estaba completamente desnuda. Al estar en el pasto, sintió cómo esta alfombra le daba cosquillas y un poco de comodidad que la relajaron. Vio de frente al joven desnudo de pies a cabeza. Su verga estaba completamente erecta y su vagina al verlo hizo que se mojara, pero con unas ganas inmensas de quererla ahí adentro, pero en eso despertó. Pero sin quererlo se había venido, pero empezó a pensar que sería mejor que el efecto fuera hacia un apetito sexual, es por lo cual metió esa prenda al agua.

    Otra noche, todo el lote estaba durmiendo, ella estaba montada sobre su escoba cuando se aseguró que al menos todos dormían, cuando ella específicamente fue atrás de la casa para asomarse por la ventana de la recamara, para entrar lo que uso fue una pastilla de chiquitolina para entrar por la ventana del baño, regresar a su tamaño normal para entrar a la habitación del joven el cual dormía plácidamente, se dio cuenta que este estaba con la verga de afuera mientras a su al rededor estaban unas revistas xxx, en eso ella pensó que realmente no era tan inocente como lo creían todos, esparce unos polvos mágicos los cuales hacen que tenga sueños húmedos para evitar que se despierte, por lo que empezó a besarla pero su lengua inicio a masajear su glande mientras entraba en su prepucio para hacer que se agrandará un poco, en el fin de poder masajearla muy lentamente mientras checaba que no se moviera, cuando de repente se le paró pero muy apenas se asomaba su glande al quererlo chupar fue que aquel capullo floreció, siguió chupando, masajeando, lamió sus huevos pero en eso le empezó a encantar el sabor de aquel miembro la cual quería recuperar, con tanta furor que hizo que viniera y de acuerdo a lo que le habían dicho su espeso esperma era de un sabor tan dulce que no desperdició ni una gota hasta dejarla completamente limpia.

    A partir de ese día esperaba ansiosa a que solo quedarán horas antes del ritual. A lo que se convirtió en una lechuza para saber si ya estaba dormido al ver que estaba cansado en su cuarto, pero todos los demás de su familia ya lo estaban. Fue lo que lo transformó en un calabacín. Se lo llevó a su casa, pero se sentía con ganas de tener sexo con él, pero recordando que en el momento en que su polla tocó su vagina, dejaría de ser virgen.

    Por eso es que mejor se acostó en su cama, cerró la cortina que tiene de frente para evitar que alguien entrara, dejó al niño viendo una película que sabe que la iba a poder dejar disfrutar. Tomo el calabacín; era grueso, pero un poco largo. Lo empezó a masajear, acariciar y chupar como si fuera una verga. En lo que estaba mamando, se empezó a masajear sus senos. Su mano buscaba su clítoris para acariciarlo al compás de las lamidas que le daba a esa verdura, hasta animarse a meterlo dentro de ella mientras era víctima de un placer tan grande que era digno de gozarse. La hacía temblar cada vez que la metía y sacaba, sin mencionar que sus jugos vaginales y los del ambiente daban una mezcla perfecta al momento donde sin duda alguna era excitante.

    Estaba exhausta pero debía vestirse. Su hija llegó y la dejó a cargo de su hermano. Antes de salir, convirtió al calabacín en una maceta, se subió a su escoba para llegar al local de Agatha en la calle Felipe Carrillo. Fue la última en llegar, ahí la esperaba a la antes mencionada. Betty y Millicent, amigas de Agatha, las que trajeron a la vida como humana, pero fue amarrado en una cruz de San Andrés, la cual estaba sobre un pentagrama dedicado a Asmodeo. Todas vestían unas túnicas blancas con rosas; la de Agatha era completamente roja con decoraciones en blanco. Mientras agarraba un libro, conjuraría una invocación; es por ello que dentro de las tinieblas, Asmodeo se presentó ante todas con una gran voz que exclamó el motivo de su consulta. Edith respondió:

    —Necesitamos hacer un hechizo que solo puede ser ilustrado por su presencia. Asmodeo presenció el cuerpo del joven amarrado. Abrió un portal del cual dos demonios con cuerpos exuberantes, que vestían ropajes elegantes de colores negro y blanco, pero su piel es descolorida, cuernos cortos, colas delgadas, y alas de murciélago que eran de un tamaño acorde a su cuerpo.

    Agatha aceptó el trato conseguido.

    En ese momento las ataduras de ambas desaparecen, y se presenta la de pelo blanco como la nieve habla y dice:

    —Soy Blanca, era una yegua salvaje que la amasaron para ser montada por cualquier jinete. Su vestido es negro como la noche.

    Clara continúa con su presentación.

    — Las formas en las cuales se obtienen las cosas fueron un medio para poder desarrollarme hasta que el polvo blanco me durmió. Una vez ambas expresarán su presentación, por lo que Blanca toma su libro, por lo que le pide a Edith que todo lo ya obtenido lo ponga a hervir. Clara se desviste, desvanece la ropa del chico. Blanca hace un pentagrama sobre el que ya estaban reunidas, ora un conjuro mágico que sea de pasión, en el cual estaban Clara y él. Esto hace que su libido suba y su pene se ponga duro.

    El demonio también hace que su cola se vuelva más grande, pero de la punta que tiene forma de corazón. En su cabeza sus cuerpos crecen, sus colmillos pasan por ese proceso. Una vez los dos estuvieron listos, ella fue directa a chuparle su pene. Al ver la escena, Blanca no se esperó para poder darle unas lamidas a la vagina de Clara por en medio de su ano, la parte antes mencionada y un poco solo con la pura saliva en los labios exteriores. Las cuatro brujas eran testigos de aquel festival de lujuria. Al estar lista la polla, lo soltó de la cruz, se montó el hombre. Ella se puso en la posición de la vaquerita invertida de forma anal, su culo subía y bajaba con un frenesí de no haberlo hecho nunca, pero una idea rondó por su cabeza y exclamó:

    —¡Doble equipo! —donde tomó procesión de aquel cuerpo inerte.

    Dónde se separó, ella, haciendo uso de ambos, se puso en la posición de perrito. El joven le dio una nalgada bien fuerte y metió su verga dentro de su ano. Al principio, Clara no estaba acostumbrada a sentir esa clase de placer, pero la incomodidad pasó al éxito cuando le agarró el pelo. Su cabeza se fue para atrás, le hizo una señal a Blanca para decirle que se prepare porque está por acabar, pero en eso saca la polla y deja de usar doble equipo. Lo pusieron en una cama de ordeñamiento para hacerle un beso negro, donde metieron la verdura en uno de los hoyos. Blanca, en un recipiente, pone la verdura. Su compañera encontró su punto G y vino. Todas las brujas quedaron atónitas al ver esa cantidad de esperma eyaculado.

    Blanca detecta algo extraño. Agatha, al verla reaccionar así, le preguntó:

    —Tiene algo extraño.

    Blanca le contesta:

    —No es eso solo que.

    — Chupa los restos de lo que estaba en ese miembro y solo puede relamerse los labios mientras dice:

    —Señoras, en todos mis años como demonio de la lujuria nunca había visto una leche que sea tan dulce, de un tono un poco más claro y espeso, no hay duda de que este chico es especial. Pero bueno, creo que ya sabes qué hacer, Agatha.

    Agatha — muchas gracias.

    Blanca — no hay de qué.

    Clara — para mí fue todo un placer.

    Se regresaron a su casa donde ya las estaba esperando la pizza. Todas las brujas al terminar el acto se fueron menos que Edith, la quien esperaba a que el elixir estuviera listo.

    Cuando quedó listo, le explicó brevemente que el brebaje es solo para cuando quiera que la otra persona tenga deseos.

    Cuando ella se la llevó, volvió a soñar con el lugar con pasto y un pequeño río que daba una tranquilidad inmensa. Ella estaba excitada donde apareció el mismo muchacho con su pene erecto para ablandarse sobre ella en posición del misionero, donde bombeó con fuerza mientras gemía como una loca rogando por más.

    La siguiente postura fue la de la posición de Andromaca, donde ella ahora estaba arriba de aquel pedazo de carne, la cual controlaba de mejor manera el ir estimulando a su pareja hasta hacer algún que otro círculo sin mencionar hasta el momento de explotar gimiendo de una forma en la que despertó, se había mojado otra vez, pero dentro de su vagina notó la salida de un esperma y era el de ese joven y pronto se lo cogería.

  • Me volví la puta de un maduro

    Me volví la puta de un maduro

    Esta historia comienza cuando descargué una app, ya había tenido experiencias con varios hombres, pero quería algo más, algo fijo, buscando en la app encontré a una persona madura, unos 56 años, serio, amable y directo (es lo que me encanta de los maduros), fue directo y me dijo que buscaba un pasivo.

    Nos pusimos de acuerdo lo visite a su casa que está como 8 minutos caminando de la mía, obviamente yo estaba nervioso porque no lo conocía, entre a su casa después a su cuarto y ahí empezó todo, es un macho de gran edad, pero lo que resalta de él es su verga, es gruesa y de unos 20 cm lo que me encantó cuando lo vi, la primera vez fue algo normal podría decir, le hice oral, me lubricó el ano y me cogió rico, ambos creo yo estábamos nerviosos.

    Me dijo que le había gustado y que yo le había gustado, «un joven con un buen culo».

    No nos pasamos el número, pero él se conecta seguido en la App, tiempo después andaba muy caliente, le mandé mensaje y me dijo “ven”. Cuando llegué a su casa le dije que me había gustado mucho que quería que los dos lo disfrutemos el solo sonrió y dijo “que va”.

    Desde ahí me dijo:

    -quieres ser mi puta?

    -si papi quiero que me cojas como a nadie

    -serás mi puta, me encanta como coges y lo caliente que eres

    Ese día me cogió como nunca, me destrozó el culo con su gran verga, me nalgueo, me dio de cachetadas me hablaba muy puerco. Lo acostaba para montar su verga deliciosamente también nos besamos como novios, algo que me gusta mucho de mi macho es que dura bastante, así que cada vez que me coge me destroza el culo y ahora siempre me pide que su semen lo deposite dentro de mi a lo que accedo.

    Me encanta mi macho, coge como nadie me calienta saber que lo complazco en todo me coge en todas las posiciones que quiere y siempre termina viniéndose dentro de mi.

    Sentir como bombea su semen ufff aparte que después de venirse su pene sigue erecto entonces la sensación de que me sigue cogiendo a pesar de que se vino es deliciosa, como puedo gemir a voluntad (los que han leído mis relatos anteriores saben que gimo mucho) de verdad deberían escucharme, jejeje como me hace gemir parece ser que quiere que sus vecinos escuchen como se está cogiendo a su perra.

    Ya llevamos varias veces que cogemos está última nos quedamos desnudos abrazados besándonos solo sentía su pene en mis nalguitas.

    Ahora quiere un trio quiere compartir a su puta y yo seré feliz en cumplirle esa fantasía.

  • Cogotes (2)

    Cogotes (2)

    Cómo les venía diciendo mí compañero me contestó «hoy tomas la chechona cogote». Haciendo alusión a que le mamaria la verga hasta tomarme la leche, yo no dije nada y como dice el dicho el silencio otorga… yo me estaba masturbando con una mano y con la otra leyendo nuestra conversación.

    Pasados unos 15 minutos me llama que ya estaba llegando cuando venía el en su moto, mi casa tiene un pasillo donde entra justo la moto, corrí la mía más adelante y cuando llego el lo primero que me dijo: «vengo te alzado cogote mí novia me dejo y estoy requebrado» mí corazón parece que había bajado a la punta de mí pene ,sentía todos los latidos, cosquillas en los huevos , me corría la saliva unas ganas de arrodillarme sacarle el choto en la entrada con la puerta abierta ya no me importaba nada.

    Pasa el su moto y quedaba un pequeño espacio entre él y su moto para que yo pase a cerrar la puerta, obviamente pase de espaldas afirmando mí culo en toda su verga, llegué a sentirla parada más que el me dio como un tipo arrimón yo me reí y le dije «que haces cogote? Mira que el que busca encuentra no después no te achiques» se río mientras tocaba su vergota.

    Bueno pasamos le ofrecí gaseosa conversamos fumamos un cigarro y yo le dije: «vamos a la cama?» Y el me respondió espera que me cambio y vamos, yo tenía en una pieza una cama grande y en la otra una cama chica, es decir de 2 y de 1 plaza, no sabía dónde ir, me decidí por la cama grande, aquí dormimos le dije, bueno me respondió.

    “Vení acompáñame mientras me cambio y de paso charlamos” me invita cuando yo me dirigía ya a la pieza accedí envuelto en calentura, llego y se cambió primero la remera y de repente como si nada se sacó el pantalón, no despegue mis ojos de su paquete, vi por encima de su ropa interior una verga a medio parar cabezona, muy cabezona y venosa, yo me quería tirar con la boca abierta y meterme la hasta la garganta.

    Me pregunta «duermo así?» Ya para dormí así dormí desnudo total no pasa nada. El tipo se sacó el bóxer que traía puesto y le cayó una hermosa verga ,cabezona, venosa casi parada del todo, yo en esos momentos sentí algo raro sensación de querer pero a la vez no, no sé porque si era miedo o que. Lo que hice fue decirle no si vos dormís así yo también y me puse de espaldas y me saqué mí short que era lo único que traía puesto dejando mí culo regalado, el no despegaba sus ojos de mí nalgas, «que lindo culo tenés» jajaja me reía entre nervios y deseos.

    Nos acostamos, nos tapamos, él se tocaba cómo masturbándose a la par mía y me habla de que su novia lo había dejado que estaba medio mal que hace rato que no tenía sexo, y que hice yo?

    En medio de la conversación me di la vuelta poniéndome de espaldas y destapando mí culo, el me miraba y se masturbaba debajo de la sábana, medio me di la vuelta estirando la mano y lo roce, muy duro y caliente lo sentí, pensaba que si me agarraba me mataba de la culiada, el río como que hizo la cadera para atrás como mezquinando su verga yo entendí eso y tome distancia.

    Estando boca abajo estire mí mano para su lado y me recosté totalmente boca abajo dejando una posición para que él haga lo que quiera, pasaban minutos y nada ,desnudos erectos y sin nada de sexo ni oral ni Analía ni besos nada. me levanté a tomar gaseosa y traje dulce de leche a la cama.

    ¿Para qué traes eso? Y para comer respondí. No traje cuchara y comía con los dedos el me miraba me hablaba y se pajeaba, bueno como aún seguíamos sin el coraje de arrancar decidí darle la espalda para que el de afirmarse con su verga en la raya de mí culo, el accedió gustoso y yo me anime a manotear directamente su pija, comencé a pajearlo y el apuntaba su pija a mí culo, sexo anal no quería yo quería su leche en mí boca, me decía al oído, «cogote mira como me pones abrirte la nalgas» yo lo pajeaba en mí culo, muy grande caliente y gruesa.

    Y bueno me anime me di vuelta él se acomodó se destapó se pajeaba me agarró de la nuca con una mano y me guio la boca a su cabezona, yo feliz mamaba la punta, abría grande la boca, sentía sabor salado y el comenzó a empujarla cada vez más adentro y más y más y me puso boca arriba y me cogía por la boca, parecía una máquina iba y venís sus venas por mis labios yo debes en cuando la sacaba un poco y la escupía un descontrol total.

    Pasado unos 5 minutos me preguntó si me avisa o no cuando esté por acabar, yo le pedí que todavía no que quería más que no vaya a terminar que yo todavía estaba muy caliente, agarre sus bolas y me las metí a las dos en la boca, succionaba cómo podía mientras pajeaba su pija.

    El tocaba mis nalgas, pero no mí pija ni mis huevos. En un momento se acuesta de costado y me dice ponerte cómo 69 . Obediente accedí, era un 69 pero el me chúpame el culo mientras yo comía pija.

    En un segundo lo hundió lo más posible gimió como loco y me lleno completamente todo de leche, un sabor agitó amargo, semen caliente pero muy mucha cantidad yo tragaba a medida que él iba acabando, me tomé hasta la última gota.

    Bueno si hasta ahí les va gustando comenten y cuento lo que pasó después que es muy caliente.

    Cogote te mando un beso en pija.

  • Lío en los grandes almacenes

    Lío en los grandes almacenes

    Me hacía falta comprar algo de ropa, me gusta vestir muy bien y de estilo juvenil, sin descuidar las últimas tendencias de moda, así que me armé de valor, por la pereza que da salir de casa y me dirigí a los grandes almacenes de la ciudad, que no están muy lejos de mi pueblo.

    Una vez aparcado, cogí la escalera mecánica y me dispuse a subir a la planta correspondiente de la ropa juvenil, había novedades y ya empezaba a encapricharme de las últimas prendas, camisetas ajustadas, vaqueros tipo pitillo, que siempre me han gustado por resaltar la figura, y que marquen un buen culo y un buen paquete, que gracias a mis últimas semanas yendo a diario al gimnasio se me estaba quedando un buen cuerpo.

    Allí los vi, los vaqueros de los que yo hablaba a los demás, unos que había visto de un color azul ceniza que me gustaron nada más verlos anunciados, y como soy muy caprichoso, ya me dije, estos serán para mi.

    Escogí la talla que me servía a mi y un par de camisetas para poder hacer una composición que conjuntase todo y me fui al probador, me gusta mirarme y tocarme delante del espejo y ver si el pantalón se ajusta bien y marca el paquete como es debido.

    Me estaba probando las camisetas y no estaba del todo convencido, así que dejé mis cosas un momento en el probador y me fui a buscar otras diferentes, más de estilo veraniego, con un cuello más abierto, y las encontré, estaba convencido que esas me irían bien.

    Ya contento con mis camisetas me fui de nuevo al probador, estaba seguro que con los vaqueros aquellos me quedaría todo de primera, y al abrir la puerta del probador vi que estaba ocupado, me asusté, me habría equivocado? No, estaba allí dentro un chico de espaldas, y me dijo:

    -Entra entra, es tu probador, solo te estaba esperando

    Cuando se dio la vuelta dio la casualidad que era el chico de la obra, me había visto entrar, él trabajaba allí, me siguió y se fijó en que probador me adentraba, y cosas de la vida cuando salí a cambiar las camisetas él estaba allí escondido y aprovechó para colarse dentro y darme la sorpresa al momento de volver yo.

    -¿Que haces aquí? -Le pregunté yo

    -Esperarte, quiero que follemos en el probador, me da morbo.

    Estaba seguro que él ya lo había hecho alguna que otra vez, pero no se lo pregunté, directamente se lanzó a darme un morreo mientras me tocaba mi paquete que iba cambiando de tamaño por momentos, y me excitaba exageradamente, y mi mano también se dirigió a su paquete que mientras los dos nos besábamos y nos íbamos tocando el cuerpo con mucho deseo.

    Me quitó la camiseta, al igual que yo también se la quité y nos empezamos a comer los pezones. Me gustaba que se pusiesen duros, a pesar que los míos son pequeñitos, pero se erigen con facilidad.

    El chico empezó a bajar su lengua por mi abdomen y poco a poco me empezó a desabrochar el pantalón, estaba completamente empalmado y se marcaba un buen paquete, que bajándome el slip aprovechó para llevarse mi polla a su boca, y hacerme una mamada de campeonato, mientras se iban escuchando las voces de otros compradores, el morbo estaba asegurado.

    No podía parar de gemir por el placer que me daba aquella forma de comerme mi polla dura, saboreándome el capullo con la lengua hasta dejarlo completamente rojo y duro, daba la sensación de que estábamos haciendo algo malo, por el lugar y el momento, él se había escapado de su puesto de trabajo para atenderme a mi, pero no dejaba de succionar mi polla mientras el se iba tocando su paquete que marcaba tras aquel pantalón fino del uniforme que les obligaban a llevar, el grado de excitación de ambos era máximo.

    -Fóllame, me dijo

    Se dio la vuelta se apoyó en la pared de pladur de aquel probador en el que se oía todo, abrió sus piernas, me puse un condón, le humedecí su ojete con mi lengua y le metí mi polla dura y gorda por aquel agujero que no hacía más que pedir que lo follasen, y bajo unos simples gemidos de placer no dejé de empujar y follarme aquel culo que ya había probado en la obra.

    La pared se movía y los gemidos cada vez eran más escandalosos, pero en ese momento nos daba igual lo que se oyese, me gustaba ver como mi polla entraba y salía de su ojete, era nuestro momento y estábamos disfrutando dando rienda suelta a nuestra fantasía de follar en un sitio público.

    No aguantaría mucho más, mi excitación era mucha y estaba a punto de correrme, así que en el momento exacto saqué mi polla de aquel abierto culo, me quité el condón le di la vuelta y acabando con mi mano derecha le eché toda mi lefa sobre su pecho. Salían chorros de leche, caliente y espesa, mientras él también se masturbaba y enfocaba su polla hacia mi cara.

    Abrí mi boca y esperé a que descargase dentro de ella, su leche tenía un sabor dulce, me llenó la boca y me la tragué, no tenía otra opción.

    Respiración profunda, se fue a su puesto de trabajo y seguí probándome la ropa que quería comprar, objetivo cumplido, otra fantasía hecha realidad.

  • Un regalo para mi esposa

    Un regalo para mi esposa

    Era sábado en la tarde cuando mi esposa y yo nos disponíamos a ver una película. No sabíamos cuál seleccionar, la mayoría de las que estaban en la programación ya las habíamos visto; pero hubo un nombre que llamó mi atención, por motivos de derechos de autor no puedo decirlo en este relato, lo cierto es que es basada en la trilogía de un libro muy famoso, aunque nunca lo he leído me han dicho que es bueno, por lo que quise ver esa película, lo interesante es que era para adultos del género erótico. Le comenté los detalles, los pocos que conocía a Madelein y ella también se interesó y decidimos verla.

    Primero decidimos hacer algo ligero para cenar, y aprovechamos para hacer unas palomitas de maíz para la película, de pronto ya son las 8 pm, nos disponemos a lavar los trastes y dejar todo nuevamente en su lugar, lo más seguro es que la hora de cine termine tarde y no íbamos a querer ordenar entonces.

    Son las 9 pm, ya tengo todo arreglado, la temperatura del cuarto es ideal, las luces están apagadas, las palomitas están en la cama esperándonos y la película solo aguarda un play para iniciar.

    ⎯¿Por qué no nos bañamos primero? ⎯ Sugirió mi amada.

    ⎯Claro es buena idea.

    Nos desvestimos y dirigimos a la ducha juntos. Muchos dicen que a pesar del tiempo que llevamos casados aún parecemos novios o recién casados. Una vez en la ducha comienza el juego de calentamiento, un besito por aquí, otro por allá; una nalgadita, tal vez un apretón; una chupadita en las tetas; yo le pongo el jabón a ella y aprovecho para acariciar hasta el último centímetro de su preciosa existencia; y aunque ese jugueteo me calienta enseguida, no pasó más, terminamos de bañarnos, nos secamos y aun desnudos nos fuimos a la cama para ver aquella película de la que tanto me habían hablado.

    Como la mayoría de las películas eróticas, es de una chica pobre que se encuentra con un joven multimillonario se enamoran y comienza su historia; al principio ella se niega, pero tiene curiosidad y termina accediendo a las condiciones de aquel poderoso caballero. Lo interesante estaba en las escenas sexuales, ya que no era un sexo clásico (se puso buena la historia), resulta que practicaban era sadomasoquismo, donde el chico era dominante y la chica hacia el papel de sumisa.

    Con cada una de las escenas subidas de tono yo llevaba mi mano a la entrepierna de Madelein quien la abría felizmente para que la masturbara mientras veíamos aquel espectáculo. Eso me tenía excitado, y aunque a mi esposa también, ella hacia caso omiso a la erección que yo presentaba.

    Gracias a aquella película mi chica conoció el mundo de los juguetes sexuales, y hacia preguntas al respecto, por lo que sabía que se había interesado. Consoladores, vibradores, bolas chinas, arneses, esposas, antifaces, látigos, chutos, pinzas para pezones, eran algunos de los artefactos más resaltantes del filme.

    Hubo cierto momento donde inició una escena de sexo, pero esta vez no fui yo quien tomó la iniciativa para calentarnos mientras veíamos, sino que, Made se giró un poco colocándose de espalda hacia mí y me agarró la mano, la puso sobre una de sus nalgas y yo comencé a apretársela, pero no era eso lo que quería, me sostuvo por la muñeca y me levantó y bajó la mano llevándome a que azotara suavemente su glúteo. Rápidamente entendí la idea, y comencé a darle pequeños azotes.

    ⎯Ah… ⎯ Salía de su boca con cada azote.

    Cada vez que le golpeaba el culo gemía y movía las caderas de forma muy sexy y excitante, y la golpeaba de nuevo.

    ⎯Rico… ⎯ Dijo esta vez.

    Así jugamos durante toda esa escena sexual de la película y fue muy excitante. Ya estoy conociendo mejor a mi esposa, le gusta el morbo, los juguetes sexuales, el sadomasoquismo, es increíble.

    La película terminó, y yo estaba con la calentura a mil. No esperé que acabaran los créditos cuando me lancé sobre ella y comencé a besarla como si mi vida dependiera de eso, ya la excitación de ambos era evidente, no podíamos esperar un segundo más; pero ella me hizo esperar, se puso en cuatro y dijo:

    ⎯Primero quiero que me azotes el culo.

    ⎯¿Sí? ¿Quieres que de muchas nalgadas?

    ⎯Sí, nalguéame.

    Comencé a nalguearla muy suavemente y preguntaba:

    ⎯¿Te gusta?

    ⎯Sí, pero dame más fuerte.

    Lo hice un poco más fuerte y repetí la pregunta:

    ⎯¿Te gusta?

    ⎯Sí papi… Así… Sígueme azotando duro.

    Alcancé mi cinturón de cuero que estaba colgado en el espaldar de la cama sin que ella lo notara, y entonces la azoté con él.

    ⎯Sí papi… Duro… Así me gusta…

    Le di un par de correazos más, pero no aguantaba el deseo de follármela y la penetré así en cuatro y ella gritó. Instantáneamente comencé mis embestidas.

    ⎯Sí… Dame así… Pero no dejes de azotarme…

    La excitación en ese momento ya no era normal, sus palabras me calentaban cada vez más, y a ella le excitaban los azotes. Pronto terminamos los dos en un orgasmo simultaneo. Después dormimos abrazados.

    En la noche nos pusimos románticos nuevamente, nos besamos de forma profundamente apasionada, su lengua recorría mi boca y se entrelazaba con la mía mientras nuestros labios eran ligeramente succionados mutuamente.

    ⎯Voltéate. ⎯ Le ordené.

    Cuando la tuve de espalda hacía mí le di una suave pero firme nalgada.

    ⎯Ah… Que rico… ⎯ Dijo y levanto su culo para ofrecérmelo.

    Le propiné otro azote al que también respondió con un pequeño gemido. Tome una tela de color negro y se la coloque para vendar sus ojos.

    ⎯¿Qué estás haciendo? ⎯ Preguntó, pero no se opuso.

    ⎯Solo déjate llevar, vamos a jugar.

    La llevé a la cama e hice que se acostara boca arriba, tomé unas cuerdas que ya había preparado de ante mano y le até de las muñecas con los brazos abiertos; de la misma forma amarré sus piernas separadas a las patas de la cama. En ese momento es mía, no puede defenderse, está a mi merced y me aprovecho de eso. Comencé dándole un masaje en las tetas, seguido de unos pequeños chupetones a sus pezones; me subí a horcadas sobre ella, le aprete los senos uniendo sus picos y los introduje los dos al mismo tiempo en mi boca, los succionaba y mordía alternadamente.

    Minutos después me bajé y comencé a lamerle el coño, a ella le encanta que le de sexo oral, se retorcía, pero no podía librarse de mis atenciones.

    ⎯Que rico lo haces papi… ¿Quién te enseñó a comer coño así, ah?

    Cuando ya estaba extasiada por el placer, decidí buscar el regalo que compré ese día. Le separé los labios vaginales con dos de los dedos de mi mano izquierda y con la derecha le introduje el consolador; su espalda se curvó al sentir la intromisión y suspiró. No dejé que se opusiera, rápidamente me dediqué a lamerle el clítoris mientras metía y sacaba el juguete de su sexo.

    ⎯Sí, papi… Sigue así… Sí…

    Dejé el artefacto dentro de ella y llevé mis manos a sus tetas, con los dedos índices jugueteaba con los pezones moviéndolos de un lado a otro muy rápidamente mientras con la lengua hacía lo mismo en su clítoris. Ella se retorcía, movía sus caderas de arriba abajo al ritmo de mis cariños eróticos. De pronto comenzó a gemir y gritar más fuerte, era un muy fuerte orgasmo, se estremecía descontroladamente.

    ⎯Ya papi, ya… No puedo más…

    Arqueó un poco su columna y presionó los músculos de su pelvis, no sé cómo lo hizo, pero expulso el consolador de su interior, haciéndolo caer a la cama, yo lo tomé y lo introduje a mi boca para tomarme los jugos vaginales que aún estaban en él. Desaté a mi esposa y ella se fue corriendo al baño a orinar, y yo podía oir como gemía mientras lo hacía.

  • Papá me visita

    Papá me visita

    Cuando era joven tuve sexo muy rico con papá. Por algunos años nos acostamos a escondidas de mamá, aprovechando sus turnos de enfermera. No fue mi primer hombre, pero creo que él fue el que más me ha enseñado. Con él empecé a tener orgasmos múltiples, por mi concha y por mi culo.

    El sexo con él era libre, sin rollos. En paralelo yo tenía mis novios y él tenía a mi mamá (y una vecina con la que lo pillé, seguro otras pues es demasiado bueno en la cama). No cogíamos siempre, solo cuando coincidíamos en deseo y momento, y siempre nos entregábamos sin complejos.

    A los 26 años conocí al que ahora es mi esposo. Desde el inicio supe que con él era distinto, que nos casaríamos. Le comenté eso a mi papá y sin planearlo ni decirnos nada específico, dejamos de tener relaciones. Fue como un acuerdo tácito entre ambos.

    Las cosas sucedieron como lo esperaba. Mi novio pidió mi mano. Nos casamos. Tuvimos dos hijos. Con papá nunca volvimos a hablar de nuestros encuentros sexuales. Ni siquiera con indirectas.

    En octubre del año pasado, mi esposo se fue a su mes presencial de una maestría que llevaba en una escuela de negocios en Costa Rica. Por dos años tuvo clases en Lima, de 5 días intensivos al mes, pero el último mes fue completo allá. Para no quedarme sola, les pedí a mis papás que vinieran a quedarse conmigo. Vivimos en un departamento amplio, con cuarto de visitas. Mi papá es ya jubilado, pero mi mamá no.

    Al final, mi mamá logró unas vacaciones cortas y pudo venir 15 días. Mi papá si podía quedarse todo el mes. Cuando mamá tuvo que regresar a casa, nos quedamos mi papá, yo y mis dos hijos. Ellos van al colegio temprano y vuelven a media tarde. El tiempo a solas con papá era muy grande. Pero para ser sincera no me puse a pensar en ello, ni en el pasado entre ambos.

    Pero, cuando los astros se juntan, las cosas pasan y pasan para bien.

    La segunda mañana, luego que mis hijos se habían ido al colegio, estaba lavando los servicios del desayuno, aún en pijama. Un pequeño vestido corto sencillo. De pronto sentí que mi papá se me pegaba y me decía al oído “hijita tienes las nalgas más grandes que antes”.

    Sentí como sus manos recorrían mis nalgas por sobre el vestidito. El morbo escaló en segundos. Sentir sus manos fuertes apretujando mis nalgas fue más de lo que podía resistir. Entre suspiros solo dije “te he extrañado papá”.

    Me cogió de la mano y me llevó hacia mi habitación conyugal. Me acostó boca abajo sobre la cama y sin más preámbulos me bajó la tanga y subió ligeramente el vestido. Yo, como cuando era joven, me dejaba hacer, sabiendo que él me llevaría placenteramente a su antojo y gusto.

    Comenzó a besar mis nalgas. Con besos cortos y lascivos. Con mordiscos suaves. Yo suspiraba de deseo y repetía “papito como te he extrañado”. Tras unos minutos mordisqueándome, besándome, oliéndome, se concentró entre mis nalgas. Sentí sus resoplidos recorrer entre ellas hasta que sus manos, lentamente, las separaron.

    Sentí su lengua recorrer despacito, tímidamente, los bordes de mi culito, pero fueron instantes, luego empezó a embestir mi culito con su lengua poderosa, que tanto me había hecho gozar varios años antes.

    Estuvo varios minutos lamiéndome el culo, yo estaba desencajada de tanto placer y cada tanto él me decía “te ha crecido el culo hijita”. Me sentía plena y dichosa con papá, en su lengua tenía un placer intenso, profundo que no había tenido en tantos años con mi esposo.

    Metió uno de sus brazos debajo de mi vientre y como antes, tantas veces, me acomodó en perrito sobre la cama. No me había dado cuenta, pero mientras me lamía, él ya se había desnudado completamente. Se puso de pie sobre la cama, detrás mío, sin más preámbulo, sabiendo que tenía el culo entregado a él, me penetró con su pene largo y grueso.

    Sentí como entraba en mi y antes de tener todo adentro tuve un orgasmo que surgió lentamente y llegó a un clímax prolongado que se mantuvo por muchos segundos, ya con su pene completamente dentro, moviéndose suavemente en forma circular. Al terminar mi orgasmo, él empezó a moverse con violencia, tan distinto a la ternura de mi esposo y su sexo romántico y dulce.

    La fuerza y ritmo de papá me hicieron tener pocos minutos después un segundo orgasmo. Cuando concluyó, me dio la vuelta, me movió al borde de la cama y me comenzó a penetrar, analmente, piernas al hombro. Ver su cara de placer me puso más loca y le pedí “papá bésame”. Volver a sentir sus labios y su lengua me hizo tener un tercer orgasmo. Como antes, como tantas veces, yo estaba exhausta y él seguía fresco, con la verga tan dura como siempre.

    Me dio su mano. Me levantó de la cama. Me puso contra la pared y siguió usando mi colita. Sus embestidas me pegaban la mejilla a la pared. Sentía que me hablaba, muchas cosas, al oído, pero estaba completamente ida. En un nuevo orgasmo, él llegó conmigo.

    Nos acostamos, nos abrazamos, dormimos con los amantes que fuimos más de 10 años antes.

  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (III)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (III)

    Al llegar a casa era de madrugada, entramos a nuestra alcoba y nos abalanzamos sobre la cama tuvimos sexo hasta al amanecer como en nuestros mejores tiempos, la carga sexual por lo vivido primero en la orgia y después con la confesión de nuestros amigos así como aceptar participar con sus hijos nos llevaron a un nivel de carga sexual inédito…

    “¡Que noche!”

    “De las mejores cariño” Le respondí antes de dormir.

    A la mañana siguiente nos levantamos después del mediodía, nos encontramos con nuestra hija en la sala acompañada por una de sus amigas más frecuentes jugando en la consola de videojuegos, le preguntamos por su hermano y nos informó que tendría juego de soccer y pasaría el resto del día en casa de uno de sus compañeros de equipo. Nuestros hijos son excelentes deportistas, de tez morena clara como su mama, había desarrollo un físico estético y con músculos tonificados en piernas, brazos y abdomen. Mi nena con su cara angelical y gesto adusto sostenía en sus manos el control del juego respondiendo a mis preguntas sin molestarse en voltear a vernos, lo cual me dio la oportunidad de observarla con detenimiento, una blusa holgada caía sobre sus desarrollados senos, su largo y lacio pelo atado en una cola de caballo la hacían verse más alta a pesar de no medir más de 1.65 de estatura (cuerpo compacto y bien formado), nuevamente vestía con su diminuto short, una pierna cruzada sobre la otra le daba una forma imponente y relevante a sus musculosos y bronceados muslos. Fue inevitable mirarla con lascivia.

    Desayunamos en la cocina y después de una sobremesa de más de una hora salió el tema:

    “Martha hablara con sus hijos para vernos el próximo fin de semana ya que es la noche que habían planeado reunirse con ellos”

    “No sabía que sería tan pronto” Conteste dándole un largo sorbo a mi taza de café fingiendo tranquilidad, por dentro sentí que algo me quemaba.

    “Antes de salir cuando te despedías de Juan me comento que en la semana hablarían con ellos, si había algún cambio de planes nos avisarían”

    “Sera una larga semana, no tienes idea como me excita, se me está poniendo dura”

    Tuvimos que cambiar de tema al entrar nuestra hija a la cocina por unas viandas.

    “Llegaron algo tarde anoche, imagino que estuvo emocionante la fiesta” Dijo con ironía y algo de sarcasmo.

    “Si una bonita reunión de amigos” le contesto mi mujer.

    “De esas fiestas especiales?” Pregunto mi hija casi para salir.

    “Si con tres parejas más” Mi esposa no dudo quizá tratando de quitarle la sonrisa de burla a nuestra hija.

    “Al parecer sus fiestas son más divertidas que las mías”

    “Digamos que sabemos divertirnos, nuestra generación de hecho es más divertida que la actual”

    “Me conto Enrique como ibas vestida al salir y que sus amigos casi se infartan, está bien que se diviertan son adultos pero deberían ser más discretos con nuestras amistades”

    “Lo tomaremos en cuenta hija” Le respondí apenado antes que abandonara la cocina. El movimiento de sus nalgas fuertes y paradas dentro del ajustado short era hipnótico.

    “Esta chiquilla se cree muy lista y con derecho a decirnos que hacer y qué no hacer” Comento mi esposa algo molesta.

    “En cierto sentido tiene razón amor, pero fue muy divertido hacer esa travesura a su hermano”

    “Y excitante” Añadió mi esposa.

    “También es excitante que estén enterados que su padres son swingers no crees? Lo externe quizá tratando de normalizar un sentimiento que en realidad me excitaba sin medir el contexto en sí.

    “Me parece que el ser swingers en la actualidad ya es un estilo de vida sexual del tipo “normal”, pero el que una pareja involucre a sus hijos y que además nos inviten a una orgia con ellos me parece eso si les causaría un trauma” Mi esposa soltó la carcajada al comentarlo.

    “Sera algo que nos llevaremos de secreto a la tumba amor” Le respondí.

    Durante la semana nos comunicamos con Juan y Martha, la reunión seria el próximo sábado, Mario su hijo estaba muy emocionado de participar por primera vez como si se tratara de una pareja swinger en compañía de sus padres y hermana, nos recordaban vagamente de la fiesta de aniversario en la que nos presentaron. Juan nos pidió algunas fotos de preferencia en ropa sexy o sugestiva, su hijo se sorprendió de la belleza y cuerpo de mi esposa, estaba ansioso de conocerla, lo cual para mí fue un halago por supuesto. Como parte del juego también les pedí unas fotos de sus hijos y no podía creer lo bella que es Lily; rubia, quizá algo pálida, delgada y alta, poco expresiva en las fotos. Estábamos listos y ansiosos.

    El viernes por la mañana mi mujer me pidió la llevara a comprar su sexy atuendo para la reunión, le sugerí que para esta ocasión quizá no fuese necesario me parecía que ambos deberíamos ir lo más juveniles e informales posible para romper hielo y agradar a los hijos de nuestros amigos. Creí que era una buena idea que nuestros hijos fueran quienes nos sugirieran que atuendo usar.

    “¿Estás loco?”

    “Bueno, quien mejor que ellos para aconsejarnos que ropa llevar”

    “Y que les dirás… ¿qué es para la reunión anual de ex compañeros de bachillerato?”

    “Es malo mentir amor, no es la educación que queremos para nuestros hijos. ¿No crees?, les diremos que iremos a una reunión y que habrá jóvenes de su edad” Hasta ese punto no había pensado lo excitante que estaba resultando que fueran nuestros hijos quienes nos ayudaran a elegir el atuendo y hacerles saber que era para que sus padres fueran a tener relaciones sexuales con otras personas y no solo de nuestra edad como supondrían.

    “Vaya, vaya. No termino de conocerte”

    Al día siguiente después de comer en familia y platicar de distintos temas y tópicos individuales así como planes familiares para las fiestas decembrinas que se aproximaban, mi esposa les pidió a nuestros hijos que nos apoyaran.

    “Chicos, necesitamos asesoría sobre vestimenta”

    “A caray. ¿Qué tipo de asesoría? Pregunto mi hijo

    “Hoy tenemos una reunioncita informal y nos gustaría ir juveniles”

    “¿Qué tipo de reunioncita?” pregunto mi hija mirándome con sus bellos y grandes ojos marrones.

    “Una reunión de adultos liberales Sandy” Le respondí.

    “Y en esta ocasión ira una pareja joven solo unos años mayor que ustedes” Agrego mi mujer.

    “¿Es en serio? – Pregunto mi hija con asombro.

    “Si, además asistirá otra pareja madura, la pareja joven hoy se iniciaran” Continuo mi mujer recogiendo platos y cubiertos de la mesa – “Es por ello que nos gustaría nos ayuden a elegir algo más juvenil”

    “¡Vaya ahora tenemos que ayudar a nuestros pervertidos padres para verse adecuados en una orgia swinger! Exclamo Enrique.

    “Me parece recordar que tuvimos una plática abierta sobre el reconocer que somos swingers, y Sandra estaba interesada en saber más sobre nuestro estilo de vida, solo que el tímido de su padre no tuvo las pelotas de contarles un poco”

    “De acuerdo, ¿si les ayudamos nos contaran como la pasaron? – Propuso Enrique.

    “¿Algún problema con eso amor?” Pregunto mi mujer con cara de picardía.

    “Ninguno, les contaremos a detalle si lo solicitan” Respondí

    “Muy bien, ve a mi habitación te prestare algo de ropa y para ti papi solo lleva calzado deportivo, pantalón de mezclilla, que te preste Enrique una camiseta y una chamarra con capucha, eres bastante juvenil” Sandra resolvió nuestro “problema” con facilidad, aunque el hecho que ellos nos ayudaran era lo excitante de la propuesta.

    A las 8 en punto llegamos a la residencia de nuestros amigos, confieso que tanto mi mujer como yo íbamos más nerviosos y expectantes que de costumbre, si bien en cada reunión hay una nueva emoción esta sin duda tenía un toque totalmente diferente, la excitación me asfixiaba y estoy seguro que también a mi mujer aunque no lo expresara. Nos recibieron Juan y Martha como siempre efusivos y cariñosos, evidentemente también nerviosos y excitados. Nos condujeron a la sala, nos informaron que habían citado a sus hijos a las 9 para tener tiempo de platicar con nosotros. Nos ofrecieron algo de tomar para relajarnos.

    “Les agradecemos que estén aquí, nuestra complicidad a partir de esta noche nos unirá mas, será nuestro secreto compartido, siempre pensamos en ustedes para llevarla a cabo” Nos confesó un nervioso Juan.

    “Al contrario, gracias a ustedes por la confianza. No sabemos a ciencia cierta que delito estemos cometiendo al ser cómplices, pero es muy excitante” Le respondí

    “Ningún delito, todos somos adultos y hay consenso, es algo que todos queremos hacer” Comento Martha

    “¿Qué edad tienen sus hijos?” Pregunto mi mujer.

    “Mario 27 y nuestra hija recién cumplió 29”

    “¡Wow! Entonces ya tienen varios años participando con ellos”

    “La otra noche les comentamos que al inicio era más frecuente, y fue Mario quien propuso la idea de participar con alguna pareja amigos de nosotros, nuestra hija esta aun un poco renuente pero finalmente acepto a probar cuando le informamos de que sería con una pareja de muchísima confianza y además también con hijos que los aceptaban como pareja swinger, que la discreción estaba asegurada” Agrego Juan.

    “¿De qué edad son sus hijos? Pregunto a su vez Martha

    “Cumplieron 21 años en agosto, son mellizos”

    “¡Mellizos! que sorpresa, deben ser muy lindos, a quien se parecen?”

    “Afortunadamente se parecen a su madre” Respondí.

    “¿Tienen fotos de ellos?”

    Busque algunas imágenes actuales en mi celular sin éxito (tuve una extraña sensación de excitación al buscar fotos de mi hija para mostrar) fue mi esposa la que encontró algunas fotos recientes.

    “Ambos son muy lindos con cuerpos muy atléticos. ¿Son deportistas?” Pregunto Martha que junto a Juan veían las imágenes de nuestros hijos en el móvil de mi esposa.

    “Si, en la universidad están catalogados deportistas para alto rendimiento, muy buenos hijos, sanos, deportistas y estudiosos” Conteste con orgullo.

    “¿Y como tomaron la noticia de que son swingers? Pregunto Juan que no dejaba de ver las fotos de nuestros hijos, incluso ampliando algunas imágenes de mi hija en leotardo de gimnasia para verla con más detalle.

    “Bastante normal, son muy maduros y hemos sido muy abiertos en cuanto a hablar de sexualidad y salud sexual sobre todo. De hecho saben que hoy salimos a una reunión con dos parejas, obvio no dimos más detalles, pero si comentamos que una pareja era muy joven y se iniciaba, nos ayudaron a elegir que ropa usar” Respondí.

    “Que interesante, en realidad las nuevas generaciones ya se han quitado muchos tabúes y que bien que entiendan que ustedes son aun jóvenes y eligen vivir su sexualidad de forma abierta y la respetan, lo entienden y no tienen más cuestionamientos” Opino Juan

    “En realidad si tienen cuestionamientos, están interesados en que les contemos como es ser swingers, solo que no hemos tenido aun la apertura de contarles, y precisamente quieren que les demos detalles de esta reunión.” Confeso mi esposa

    “¿Y a ustedes les inquieta o les excita?

    “Aún no lo defino” respondió mi mujer

    “A mi si me excita de alguna manera, pero al igual que mi mujer aun no defino cual es el sentimiento al respecto, me excita saber lo que ustedes nos han compartido que hacen con sus hijos y también lo abierto que son nuestros hijos al hablar sobre sexo” Respondí

    “Sin ánimos de ofender o molestar, alguna vez han visto a sus hijos de otra forma… digamos ¿sexualmente?, es decir a todos los padres nuestros hijos nos parecen hermosos, son una extensión de nosotros mismos, ver como pasaron de críos a adolescentes y luego a adultos, en alguna etapa de ese crecimiento cuando notas que tu hija le crecen los senos o a tu hijo se le ve algo abultado en el pantalón, ustedes saben a qué me refiero, no les ha pasado por la cabeza mirarlos como algo atractivo o… ¿Sexual?” Cuestiono Juan

    “No lo había pensado, mi hijo me parece el hombre más bello del mundo, sin embargo nunca lo he visto de otra forma, en una ocasión entre de súbito a su habitación y lo vi totalmente desnudo haciendo ejercicio, me pareció muy hermoso ver un cuerpo joven y musculoso.” Contesto mi esposa

    “En mi caso, sucedió algo extraño, a partir de las confesiones de ustedes veo de otra forma a mi hija, empecé a notar que ya es una mujer, ahora noto lo atractiva que es, ya no me siento del todo cómodo que use ropa corta como shorts o blusas escotadas, ya que entiendo que mi hija es muy exuberante, con caderas amplias, senos grandes, piernas muy atractivas de deportista, espero mi mujer no me lo tome a mal. No logro definir si es algo para llamarlo “sexual” pero si me resulta sumamente atractiva y sexy” Me desahogue al fin.

    La charla concluyo al escuchar que se abría la puerta y entraban los hijos de la pareja. Se dirigieron a nuestro encuentro, nos pusimos todos de pie y Juan nos presentó.

    “Chicos, ellos son nuestros buenos amigos y cómplices en el ambiente: Myriam y su esposo Miguel”

    “Encantados de conocerlos” Respondí estrechando la mano de Mario y saludando de beso en la mejilla a Lily.

    “Mucho gusto chicos, son más guapos en persona que en las fotos” Mi mujer hizo lo propio besando en la mejilla a los hermanos.

    “Nuestros padres nos han contado mucho de ustedes, tanto gusto conocerlos” Respondió Mario, su hermana se limitó a brindarnos una sonrisa, contrario a su hermano ella se veía nerviosa. Me impresiono la estatura de ambos, él debía medir más de 1.90 y su hermana sobrepasaba el 1.80 metros, contrastaba el carácter de los chicos, Mario extrovertido, de complexión corpulenta quizá un poco pasado de peso, en cambio Lily muy delgada, blanquísima algo pálida, a primera impresión me pareció una chica sumisa, nada que ver como la imaginaba en las escenas que nos describió su padre de los encuentros.

    “Hijo compre dos botellas de tu vino favorito y para mi princesa, Gin and Tonic?” Juan se dirigió a la barra para traer bebidas a sus hijos.

    “Perfecto padre ya inicio bien la fiesta” Exclamo Mario

    “Si papi, Gin and Tonic, espero que hoy si tengas buena ginebra” Contesto Lily sentándose junto a su madre.

    En la ausencia de Juan, trate de conectar con Mario invitando con un ademan de mano a mi esposa a unirse al sillón de Martha y su hija, en algún punto esta bizarra reunión tenía que iniciar.

    “Me conto tu padre que eres ingeniero y trabajas en la industria de ensamble automotriz. ¿En cuál compañía?

    “Ho si, trabajo para Ford Motors, ya tengo 2 años en la compañía, ¿a qué te dedicas Miguel?”

    “Somos abogados mi esposa y yo, compartimos el mismo despacho”

    “Que bien, ya sé a quién acudir de ser necesario”

    “Por supuesto Mario, cuenta con nosotros”

    “Los mejores abogados de la ciudad ¡sin duda!” Interrumpió Juan que regresaba con las bebidas de los chicos y reponiendo nuestras copas.

    “Sugiero que hagamos un brindis al centro de la sala para dar la bienvenida a Mario y Lily a nuestra cofradía swinger” Juan de pie al centro de la sala levanto su copa pidiéndonos que lo imitáramos, ritual que hacíamos cada vez que se iniciaban parejas o llegaban nuevos miembros a nuestro club de amigos y cómplices sexuales.

    “Mario y Lily, en el caso de ustedes es muy especial por obvias razones, los vimos crecer y nos unen lazos muy fuertes, como familia seremos siempre incondicionales, ahora que se integraran al ambiente swinger las reglas que tenemos en nuestro club serán las mismas para ustedes, ponderando el respeto, la discreción, No significa No, solo se permite el sexo consensuado con la otra persona o pareja, si algo les incomoda durante la reunión siéntanse libre de comunicarlo. Les deseo que disfruten de este estilo de vida y lo disfruten como nosotros, que nos acompañen en futuras reuniones con Miguel y Myriam, así como otras parejas que les iremos presentando aunque con otras parejas seremos más cuidadosos con su identidad. ¡Bienvenidos chicos, salud!”

    “Salud y bienvenidos” Exclame levantando y chocando mi copa al resto del grupo.

    “Muy bien, como sabemos tienen el tiempo limitado ya que deben regresar con sus familias vamos a dar inicio a la dinámica. Como anfitriones a nosotros nos tocan los juegos preliminares, Martha tiene algunos preparados”

    “Que les parece si iniciamos con un juego de cartas, en cada ronda pondré 6 cartas al centro, quien saque la de menor valor se quitara una prenda” Martha tenía una gran cantidad de juegos eróticos, en esta ocasión eligió algo básico.

    Todo el grupo nos trasladamos a una mesa, cada quien al lado de su pareja, aunque en este caso una de las parejas eran hermanos.

    La primera ronda la perdió Mario despojándose de su suéter, la segunda Juan haciendo lo mismo, la tercera Mario nuevamente quitándose la camisa, después de varias vueltas, Mario estaba solamente en calzoncillos, Martha en brassiere y pantaletas, Juan en pantalones y camiseta, mi esposa no había perdido ninguna prenda, Lily solo había perdido las zapatillas y por mi parte conservaba solo había perdida la chamarra.

    “Esto está muy lento. ¿Qué les parece si pasamos al evento de modelaje? Sugirió Juan

    “Muy bien chicos (dirigiéndose a sus hijos) Aquí se trata de entrar al vestidor y quedar en prenda íntima, primero lo harán los hombres, nosotras nos sentaremos y ellos nos bailaran un poco, cada quien a su pareja, después lo haremos las mujeres” Nuevamente Martha tomo la dirección de los preliminares.

    En el vestidor nos quedamos solo en calzoncillos, el primero en salir fue Juan, después yo y al final Mario, me dirigí a donde estaba mi esposa y trate de hacerlo lo más sexy posible aunque soy pésimo, voltee a ver a mis compañeros, Mario le bailaba como autentico stripper a su hermana, por primera vez la vi sonreír abiertamente, Juan hacía lo propio con su esposa. Al terminar la canción las tres mujeres se fueron al vestidor.

    “Esto está muy excitante…” Dijo Mario agarrándose la polla y sentándose a un lado de su padre.

    La primera en salir fue Martha, salió con los senos al aire, era la más madurita de las 3 mujeres, aunque algo rellenita tenía muy buenas formas. Al pasar junto a mí me acaricio el cabello y a su hijo le dio un beso en la mejilla para irse a colocar con su esposo iniciando su sensual baile. Enseguida salió mi esposa caminando sensualmente sobre sus altas zapatillas, su única vestimenta era un hilo dental rojo que apenas cubrían sus bellas y morenas nalgas, la diminuta prenda hacia juego con su brasiere, la punta de sus senos salían erguidos por una hendidura que le daban un toque adicional de erotismo, se detuvo frente a mí de espaldas mostrándome su gran culo bronceado y respingado, Mario no le quitaba la vista de encima, Lily tardo en salir y lo hizo a media canción, salió tímidamente y riéndose de la situación, paso junto a mí y se colocó enfrente de su hermano iniciando un baile cadencioso. Resaltaba su blancura y delgadez, pude adivinar unos senos pequeños cubiertos por un brasiere negro de gran tamaño, era entendible que no iban a venir vestidos de una forma sensual ya que regresarían a casa a media noche.

    “Siguiente dinámica chicos, (Continuo Martha) la pareja que se integra a la cofradía debe elegir besar a alguien, puede incluso elegir a su propia pareja, esa será la señal para iniciar la reunión, el resto que no participe de ese beso se acerca a los iniciantes para acariciarlos e irnos integrando, hay una última condición y aquí me detengo para preguntar a Juan si seguimos el protocolo…”

    “Si, el protocolo debe seguirse ya está definido que para nosotros son una pareja swinger que se integra…todas las eyaculaciones serán en cara o pechos de la iniciante, con eso se sella el pacto” Agrego Juan

    “¿Están todos de acuerdo en continuar?”

    Por respuesta Mario se dirigió a mi esposa que estaba sentada sobre mis piernas, le tendió una mano para que se pusiera de pie y ahí frente a mí la cargo en su brazos y le dio un beso profundo y apasionado tomándole la cara con ambas manos como si quisiera tragársela, mi pene estaba ya totalmente erecto. Lily se quedó estática no tuvo tiempo de reaccionar a la pregunta de su madre, Juan la tomo de la mano y la dirigió hacia mí, me pidió que me pusiera de pie y frente a su hija, a pesar que llevaba calzado deportivo era más alta que yo, ella simplemente cerro los ojos y lo tome como señal de que la podía besar. Fue un beso tierno al inicio, sentí levemente su respiración, busque abrir sus labios, no se resistió, fue un beso dulce, su respiración aumento.

    “Déjate llevar princesa, disfruta el momento, relájate…” le susurro Juan al oido mientras le acariciaba los hombros propinándole un masaje en hombro y nuca mientras nos besábamos. A un lado mío Mario coloco a mi esposa en un sillón, la besaba y acariciaba los senos apretándole con las yemas de los dedos los pezones que se asomaban por la abertura de su brasiere mientras Martha le daba suaves masajes en la espalda y cintura a su hijo.

    Fue el inicio de la orgia, a partir de ahí los hermanos eran una pareja más en nuestro estilo de vida, Mario le abrió la tanga a mi esposa metiendo su lengua profundamente, Juan se acercó a mi mujer brindándole su miembro erecto que de inmediato se lo llevo a la boca mientras su hijo le sacaba gemidos. Martha se acercó a mí bajándome de golpe los calzoncillos sacando mi miembro para mamarlo, Lily se separó de mí a la llegada de su madre y se alejó a la barra a servirse otra bebida.

    “¿Alguien más quiere algo de tomar?” Pregunto con su voz ronca mientras se confeccionaba otro Gin and Tonic. Mirarla en la barra preparando bebidas en panty y brasiere, su figura de madre joven, alta y delgada mientras su familia estaba sexualmente activa con nosotros era demasiado excitante.

    “Trae vino para tu hermano, whisky para Miguel y para mi” Ordeno su padre mientras tomaba con ambas manos la cabeza de mi mujer para sumergir su miembro más profundo en su boca mientras su hijo la penetraba de perrito. Juan y su hijo son corpulentos y altos en cambio mi mujer es de complexión menuda no supera el 1.62, el mirarla ser sometida y usada como muñeca me sobre excito.

    Lily nos acercó las bebidas en su lento andar y se sentó a observarnos cruzando sus largas piernas: En un sillón su padre y hermano compartían a mi esposa. Mario bruscamente la penetraba propinándole nalgadas mientras recibía el miembro de Juan en la boca. Martha y yo nos besamos y acariciamos de pie totalmente desnudos.

    “Que ricas nalgas tiene tu mujer Miguel” Expreso con el rostro desfigurado por el placer y la lujuria el hijo de nuestros amigos, las nalgas de mi esposa estaban rojas y marcadas por los azotes, los gemidos de mi esposa me demostraban que no le desagradaba, no conocía su faceta sado, nos íbamos transformando en el nuevo mundo de perversión que ahora vivíamos.

    “Y no has probado su boca” Remato Juan cediéndole su lugar…

    “Uff nada como una madurita sexy mamando” Exclamo Mario penetrando la boca de mi esposa mientras su padre ahora la cogía desde atrás.

    “Hermana ve con Miguel quiero ver como las coge a ti y a mama…”

    Lily ignoro el llamado de su hermano, se levantó a la barra a servirse otra bebida al parecer quería superar con alcohol su timidez. Martha hincada y totalmente desnuda me pasaba la lengua a lo largo de mi verga erecta, la visión de ver a mi mujer ser penetrada por padre e hijo y escucharla venirse mientras Mario le decía obscenidades a las que no estaba acostumbrada me tenían muy excitado, por el momento me olvide de Lily y me concentre en mi parte cuckold que tanto disfrutaba últimamente; ver a mi mujer gozar con otros.

    Mario dejo a su padre a que continuara solo con mi esposa y sin dejar de masturbarse se dirigió a su hermana que nuevamente tomaba asiento en el sillón, sin más le ofreció su miembro para que lo mamara, Lily no dudo un instante, lo chupo y masturbo, Mario aprovecho para sacarle el brasiere.

    “Chúpame las bolas hermanita como tú sabes hacerlo…”

    Juan se salió de mi mujer y se unió a su hijo para que Lily los mamara, mi esposa se incorporó en el sillón a ver lo que sucedía, su mirada me indicaba que a pesar de escucharla tener al menos dos orgasmos seguía excitada, le hice una seña para que se uniera con Martha y conmigo y entre las dos se apoderaron de mi polla dándome un placer inmenso, aunado a lo que sucedía frente a mí; Juan y su hijo de pie mientras su hija los mamaba alternadamente. Juan de pronto se derramo en senos y cara de su hija, no aguanto más, era demasiado lo que estábamos viviendo, su hija continua masturbándolo y dándole besos ocasionales hasta exprimirlo, en su cara y pelo había porciones de semen.

    Mario le quito las pantaletas, le abrió las piernas y se montó en su hermana que empezó a gemir sin soltar el pene semi flácido de su padre que seguía viniéndose en seco entre estertores de placer proporcionados por lengua y boca de su hija. Mi mujer se montó sobre mí buscando un nuevo orgasmo, a pesar de haber hecho el amor infinidad de veces con mi esposa en esa ocasión la sentía diferente, no era ella sino alguien desconocida que temblaba encima de mí y me besaba con pasión, le apreté y abrí las nalgas, le bese el cuello mientras se empalaba, sentí en mis testículos la lengua de Martha y por primera vez mi esposa recibía la lengua de otra mujer en su vulva, sabia de las inclinaciones Bi de Martha pero mi esposa es totalmente straight. Nuevo nivel superado mi mujer se retorcía de placer al sentir la lengua al mismo tiempo que mi verga.

    En el otro sillón la escena era aún más candente, Mario penetraba a su hermana en posición de misionero y le decía obscenidades mientras Juan estaba sentado prácticamente en la cara de su hija que a su vez le chupaba el pene de nuevo semi erecto y recorría sus nalgas pasando su lengua por el ano de su padre.

    “¿Estas disfrutando hermanita?… levántale la verga otra vez a papa para que te la meta se lo que te gusta”

    Juan con el miembro nuevamente erecto le hizo la seña a su hijo que deseaba penetrar a su hermana, Mario le dio su lugar y se acercó a nosotros.

    “Insisto que ricas nalgas tienes Myriam…” Se colocó atrás de mi esposa acompañando a su madre, sumergió su cara en sus nalgas lambiendo como animal su ano a la vez que Martha lo hacía con la vulva pasando su lengua por mis testículos, entonces recordé lo que nos había contado Juan sobre su afición por la doble penetración algo impensable para mi esposa ya que jamás ha permitido el sexo anal.

    “¿Mami porque no subes a la cara de Miguel para que te de lengua? Mira cómo se abre el culito de Myriam me está invitando a que lo penetre”

    “Recuerda las reglas hijo… sexo consensuado. Myriam… ¿te gustaría probar?”

    Mi mujer parecía no escuchar ensartándose más profundamente mi polla hasta los testículos a punto de un nuevo orgasmo, evidentemente estaba sobre excitada. Finalmente contesto:

    “No lo se… quizá sea doloroso nunca lo he hecho por ahí…”

    “Con lubricante y cuidado, ¿Por qué no lo intentas?” Sugirió

    “Está bien… con cuidado, si te pido que te detengas lo haces Mario… si quiero probar”

    Mario se enfundo un condón y agrego abundante gel lubricante en el ano de mi esposa. Su madre ayudo a guiar su polla en el orificio, por mi parte abrase y bese a mi mujer detuve mis embestidas para dar oportunidad a que entrara el miembro de Mario…

    “Relájate amiga, mueve tu esfínter para ayudar a que entre…es delicioso créeme…”

    El rictus de dolor de mi esposa la puso tensa, decidí volver a moverme dentro de ella buscando que disfrutara y obtuviese placer en la doble penetración.

    “Uff me duele…! Espera!”

    Afortunadamente Mario respeto y se salió del orificio trasero de mi esposa y sin dejar de masturbarse se alejo, mi mujer se sintió apenada por no poder continuar.

    “Lo siento, quizá en otra ocasión…”

    Mi esposa se incorporó y se recostó a un lado mío buscando cobijo.

    “¿Mami porque no te montas en la verga de Miguel y le enseñas a Myriam como disfrutas la doble?”

    Sin dudar un instante Martha se montó sobre mí, su hijo repitió el procedimiento de embadurnarle de gel lubricante en el ano, se quitó el condón y antes de introducirlo llamo a mi esposa:

    “Me dejaste muy caliente Myriam ahora mi mama va a pagar las consecuencias pero antes quiero que me mames la verga como castigo y me ayudes a metérsela”

    Yo mismo le hice la seña a mi mujer que se acercara a Mario e hiciera lo que le pidió, diligentemente se arrodillo, ensalivo el miembro de Mario pasando la lengua hasta los testículos, lo masturbo y metió su pene en la boca propinándole mamadas profundas, mi mujer empezó a gemir, Martha inicio la cabalgata, las nalgas de mi mujer estaban expuestas a mi vista mostrándome su vulva algo hinchada y abierta, le introduje 3 dedos, su vagina estaba inundada. En el otro sillón Lily gemía fuertemente montada y ensartándose en su padre, la escena de ver como engullía la polla gorda entrando entre sus nalgas pequeñas y blancas era demasiado fuerte.

    “Ya métesela, mira como gime con la verga de tu esposo, mi madre necesita su doble porción de carne…”

    Myriam le dio una última ensalivada y se la fue metiendo, Martha rápidamente absorbió la verga erguida de su hijo ensartándose en ambos sentidos, la sensación de sentir la presión del miembro de Mario entre las paredes de la vulva de Martha era algo inédito, el roce de nuestros testículos le daba una nueva sensación, mi mujer estaba absorta mirando como desaparecían nuestras pollas en los orificios de su amiga.

    “¿Te gusta lo que ves Myriam?”

    Mario tomo de los cabellos a mi mujer acercando su cara a nuestros sexos para que mirara como era doblemente penetrada su madre. Martha gemía y se revolvía en su primer orgasmo. Juan al escuchar los gemidos de su mujer detuvo las penetraciones a su hija y se incorporó del sillón dejando a Lily nuevamente sola, vino y se colocó a un lado de su hijo para ver como penetrábamos a su esposa. Mario empujo bruscamente la cabeza de mi esposa contra las nalgas de su mama para que las besara y para mi sorpresa obedeció al punto de pasar también su lengua sobre su miembro cuando salía del ano de Martha. La visión era hipnótica, me sentí a punto de venirme, Juan acerco su miembro para que lo mamara mi mujer, el chasquido de mis dedos entrando y saliendo de su vulva empapada era evidente. Lily seguía en el otro sillón mirando la escena, no se animaba a unirse.

    “Agghhh que rico cabrones no paren!” Martha se derrumbó sobre mí en convulsiones en otro tremendo orgasmo, eso incentivo a su hijo a penetrarla con más fuerza.

    “¿Quieres más mami?… ¿Te gusta cómo te cogemos?… ¿quieres otra polla en la boca?” En respuesta Juan se colocó a un lado de mí para que su esposa se la mamara. Martha reinicio las empaladas ahora en tres diferentes orificios.

    “Quieres probar a estar así Myriam?… ¿Lo intentamos de nuevo?” Martha nuevamente se estremeció, se volvió a correr y se quedó inmóvil sobre mí.

    “Ya… fue muy rico… necesito un descanso” Martha giro sobre si misma saliéndose de las tres pollas que la penetrábamos. Mario fue de nueva cuenta a que su hermana lo mamara y le pedí a mi esposa que nos hiciera lo mismo a Juan y a mí, tomo ambas pollas y trato de introducírselas al mismo tiempo, mi mujer estaba súper caliente, me miraba con lujuria y pedía a gritos que alguien la penetrara para poder correrse. Mario y Lily tomados de la mano y totalmente desnudos caminaron hacia nosotros, fue una visión fugaz y demasiada erótica ver a los hermanos unírsenos. Mario no desaprovecho la visión mi mujer expuesta y la penetro de perrito, mi esposa a las primeras estocadas empezó a gemir y a correrse mientras nos mamaba a Juan y a mí.

    “Que rico se ensarta tu mujer Miguel, y mira como le gusta tener también tres pollas a su disposición, que suerte tienen tu y papa de tener dos esposas tan putas” Mario en verdad disfrutaba expresarse obscenamente. Lily se limitó a mirar como usábamos ahora a mi esposa. Martha recuperándose nos observaba tocándose los senos.

    No pude más, necesitaba correrme estaba a punto de hacerlo en la boca de mi mujer, Juan me hizo la seña que me detuviera, llamo a su hija, me pidió que me pusiera de pie junto a él, le indico a su hija que se arrodillara.

    Juan tomo las manos de su hija y las poso sobre nuestros miembros para que los masturbara.

    “Vamos hermana no seas tímida, mámaselas y sácales la leche” Mario no perdía detalle, seguía bombeando a mi esposa que se revolvía en nuevos orgasmos.

    Lily tomo ambas pollas masturbándonos al unísono y mismo ritmo, su hermano se unió usando la boca de su hermana, unos fuertes gemidos me hicieron voltear a ver a mi esposa de espaldas y con las piernas abiertas mientras Martha le chupaba la vagina. Jamás había visto a mi mujer en una escena lésbica. Mario se corrió en la boca de su hermana que lo siguió succionando sin dejar salir ninguna gota, fue demasiado solté un enorme chorro de esperma sobre sus pequeños senos y cara. Juan acerco su polla junto a la de su hijo a su boca, Lily lambio y succiono ambos penes sin soltar el mío.

    “Límpianos la leche hermana te tocan ahora a ti las tres pollas” Acerque mi pene aun erecto a su cara mientras chupaba las otras dos pollas, con maestría nos mamo a los tres tragándose el semen restante. Me deje caer a un lado de mi esposa totalmente exhausto, la tome de la mano, note sus pechos hinchados al igual que yo se recuperaba de un orgasmo.

    “Uff mi princesa, oficialmente ya son miembros de nuestra comunidad” Juan abrazo y le dio un breve y paternal beso a su hija en la frente. Por sus pechos corría parte de mi semen.

    “!Una de las mejores noches! La próxima vez hay que organizarnos para estar más tiempo” Exclamo Mario dirigiéndose a la barra y recogiendo su ropa, evidentemente debían regresar a sus hogares.

    Mi mujer y yo nos reencontramos, nos besamos apasionadamente, hicimos nuestro ritual de siempre, sellando cualquier duda sobre nuestro amor a pesar de habernos compartido con otras personas, ahí nos quedamos algunos minutos abrazados y desnudos, mientras tanto los chicos buscaban su ropa y se preparaban para retirarse. Para nosotros la noche aún era joven y pensábamos estar más tiempo con nuestros amigos.

    “No se molesten en despedirse sigan disfrutando la noche” Mario totalmente vestido al parecer tenía más prisa en salir que su hermana que aún estaba en el vestidor limpiándose los rastros de semen y arreglándose para ir a su hogar. Tanto sus padres como nosotros seguíamos desnudos. Se acercó a cada uno de nosotros saludándonos de mano o de beso a las mujeres.

    “Me dio mucho gusto conocerte Mario, bienvenido a nuestra comunidad y espero que nos sigamos encontrando, la hemos pasado muy bien con ustedes” Fue mi respuesta y despedida.

    Mi esposa le dio un beso en la mejilla y él no se guardó el acariciarle los senos y las nalgas.

    “Que ricas nalgas Miriam, las voy a soñar jejeje”

    Se despidió de su madre y Juan que en su desnudez lo acompaño hasta la puerta.

    Juan fue a la barra por otras bebidas y ya los 4 nos sentamos en la sala cada quien al lado de su pareja mientras salía Lily del vestidor a despedirse.

    “Nuestra hija es algo tímida pero sé que lo disfruto mucho, la próxima vez se va a soltar más. ¡Salud excelente noche!” Nos comentó Juan al chocar su copa con las nuestras.

    De pronto salió Lily del vestidor, con pasos apresurados se dirigió a sus padres, les dio un beso en la mejilla y con un ademan tímido de manos y una sonrisa se despidió de nosotros apresurándose a salir de la casa. Juan la siguió desnudo hasta la puerta.

    “Maneja con cuidado hija, saludos a Ricardo y mis nietos” Se despidió Juan.

    “Nuevamente les agradecemos mucho que hayan aceptado venir a nuestra noche especial con nuestros hijos, esperamos sinceramente que lo volvamos a repetir, pensamos llevarlos al club y que nos acompañen ustedes”

    “Gracias a ustedes Juan, disfrutamos mucho la reunión. ¿Verdad amor?” Le pregunte a mi esposa.

    “Perdí la cuenta de mis orgasmos, ahí está la respuesta, por supuesto que me encanto y quiero repetir, lo de la visita al club me parece muy excitante cuenten con nosotros”

    “Les parece excitante como a nosotros porque saben que ellos son nuestros hijos, ahora imaginen hipotéticamente lo siguiente: Que fueran sus hijos los que asistan con ustedes a un club swinger, sus hijos mellizos” Juan lo soltó tan de golpe que casi escupo mi bebida, no supe de momento que responder.

    “!Ups! hipotéticamente pero eso no sucedería jamás” Respondió mi esposa

    “Si claro… solo trato de poner en contexto lo excitante que nos resulta a nosotros como pareja swinger compartirnos y vernos con otras personas, igual les sucede a ustedes o a todos los del ambiente, nos excita ver como nuestra posesión o pareja nos genera ese celo o morbo, también nuestros hijos entran en ese entorno… me explico? Ver a mi hija con Mario es excitante o que este conmigo porque es incesto pero mirarla con Miguel o con otros hombres me causa un morbo muy especial…espero no lo tomen a mal les tengo tanta confianza y hemos rebasado otra barrera que me atrevo a confesarlo y me gustaría su punto de vista”

    “Te entiendo Juan y si me parece excitante esa posibilidad aunque solo como fantasía” Conteste aunque por primera vez me pasaba por la cabeza la posibilidad que nuestros hijos participaran como lo hacían los suyos, primero con nosotros como sus padres y además con otras personas y estar presentes…tuve una erección en imaginar a mi pequeña con Mario y que la poseyera brutalmente como lo hizo con su madre.

    “¿Que les parece si nos vamos al club? Propuso Juan.

    “¡Excelente idea!

    Continuara…