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  • El hombre misterioso (parte 2)

    El hombre misterioso (parte 2)

    Tras casi una hora de espera y varios orgasmos fallidos, por fin teníamos nuestro reservado. Liam se acercó a nosotros para guiarnos hasta el lugar, ya que, con tanta gente, era imposible ver el punto exacto al que teníamos que ir. Mi novio entrelazó sus dedos con los míos y tiró de mí, a modo de señal, para que le siguiera entre la marea de personas que disfrutaban de la noche del sábado, aunque mis ojos solo podían fijarse en mi nuevo amigo, que me miraba atónito mientras pasaba por delante de su mesa, me imaginé que no le hizo mucha gracias que me fuera, cuando empezaba a disfrutar de la noche.

    Por fin llegamos al reservado y pude ver con mis propios ojos, como realmente merecía la pena el lugar, para esperar todo lo que habíamos esperado. Antes de entrar nos explicaron el funcionamiento de la pantalla, si estaba en rojo, significaba que nadie podía entrar, ni siquiera el personal del bar, mientras que, si estaba en verde, el acceso era libre para cualquier persona, sin embargo, cuando la pantalla se ponía en amarillo, significaba que solamente tenía acceso la persona que tuviese un código. Tras explicarnos todo, Liam, por fin, tecleó un código y la puerta se abrió, permitiéndonos pasar.

    Tras cruzar la puerta, nos encontramos con una terraza increíble, con unas vistas impresionantes del skyline de la ciudad, tan maravillosas que resultaba imposible fijarse en el resto de la estancia.

    – A ver chicos os voy a contar como va todo esto. Cuando queráis pedir algo, lo podéis hacer a través de esta tablet, seleccionáis vuestras bebidas y nos mandáis el código. Cuando queráis que os las sirva, ponéis la luz en amarillo y vengo. – Nos explicó Liam.

    – Vaya cuánta privacidad, te tengo que dar permiso para que me sirvas jajaja. – Bromeó mi novio, mientras clavaba sus ojos llenos de lujuria en mí.

    – Mucho código y muchas luces, para esa pared es toda de cristal y da justo para la terraza pública. Se ve toda la gente al lado nuestro como si estuviésemos en una terraza normal. – Protesté, mirando hacia la cantidad de gente que había en el lado contrario.

    – No os he contado una cosa. Esa pared de allí, es un espejo bidireccional, como los que se usan en las salas de interrogatorios de la policía. De un lado es un espejo y del otro es un cristal, vamos que no os pueden ver, pero vosotros si podéis verlos a ellos, pero tenéis que tener en cuenta la luz. Para que no os vean no podéis dar la luz, porque el efecto del espejo puede fallar. – Nos terminó de explicar mientras salía del reservado a por nuestras bebidas.

    Mientras esperábamos a Liam de vuelta, con nuestras consumiciones, comenzamos a inspeccionar la espaciosa estancia. Siguiendo sus consejos, no encendimos la luz, pero con las luces de la ciudad, la que venía de la terraza de al lado y las pequeñas velas repartidas por toda la terraza, el lugar tenía un aspecto mágico. En el centro había un enorme sofá negro, en forma de U con una mesa de cristal en el medio y dos más pequeñas en los laterales y justo a cada lado, dos sillones grandes, a juego con el sofá. Sin duda, eran muebles más propios de un salón, que, de una terraza de un pub de moda, pero le daba a la estancia, un aire moderno y elegante.

    Yo no podía apartar la mirada de las vistas, he vivido en esta ciudad desde que nací, tendría que estar acostumbrada a ver los rascacielos llenos de luces iluminar las noches oscuras, pero cada vez me impresionaba más.

    Seguía apoyada en la barandilla de cristal del increíble mirador, admirando las vistas tan impresionantes que tenía ante mí, mientras el aire fresco de la noche me daba en la cara, cuando note unas manos en mi cintura. Evan se iba pegando cada vez más a mí, hasta el punto que noté su tremenda erección contra mi culo, mientras él me envolvía en sus brazos. Poco a poco me fui girando hasta quedar de frente a él, sus manos iban bajando por mi vestido, hasta que las puso por debajo de este, acariciando mi culo desnudo, ya que seguía sin bragas.

    Comenzó a besarme, su boca se apoderaba de la mía, de una manera salvaje, nuestras lenguas jugaban una con la otra, mientras nos devorábamos uno al otro. Sus manos seguían apretando mi culo y las mías estaban alrededor de su cuello. Poco a poco fui bajando mi mano derecha, acariciando todo su cuerpo, hasta que llegué a la altura de su entrepierna. Comencé a acariciarle por encima del pantalón y notaba como su polla se movía en su interior. Me moría de ganas de que me follara y por lo que noté, él también, seguíamos besándonos y acariciándonos como locos, hasta que sonó un pequeño timbre.

    En ese momento se abrió la puerta y apareció Liam con nuestras bebidas, mientras nosotros nos separábamos, intentando disimular que no estábamos haciendo nada.

    – Chicos aquí tenéis vuestras bebidas, os dejo para que disfrutéis del reservado. Por cierto, una última cosa antes de que me vaya, en el reservado no os pueden ver, pero sí os pueden oír. – añadió Liam en tono de burla, mientras desaparecía por la puerta.

    De nuevo estábamos solos, me volví a girar sobre la barandilla, con la intención de seguir admirando las vistas. Evan se acercó a mí, posando sus manos en mi cintura tal y como había hecho minutos antes. Comenzó a besarme suavemente por el cuello, a la vez que me susurraba al oído.

    – Me encantaría follarte aquí, sobre esta barandilla, delante de toda la ciudad. – Me susurraba sobre mi oído.

    – No sé qué te ha dado hoy con follar en público.

    – ¿En serio, no te da morbo follar aquí? Mira todos esos rascacielos, con tantas ventas, piensa que detrás de cada una de esas ventanas hay una persona mirándote, mientras tú estás a punto de correrte y que solamente con mirarte, esa persona, también quiere correrse.

    – Pues no sé, nunca lo he probado, asique no sé si me gusta o no.

    – Eso tiene fácil solución, vamos a probarlo ahora mismo.

    Volvió a girarme entre sus brazos para comenzar de nuevo a besarme de una manera desesperada, mordiendo mis labios como un animal hambriento. Metió uno de sus dedos en mi coño y acto seguido el segundo, yo estaba más que lista para que me follara, de hecho, creo que llevaba lista varias horas, pero él seguía torturándome con sus dedos dentro de mí, volvía a estar cerca, pero sabía de sobra que no iba a permitir.

    Como pude me liberé de su boca y de sus manos, me agaché, quedando mi cara a la altura de su entrepierna y le desabroché los pantalones, su polla dura saltó como un resorte y en cuanto la tuve en mis manos no pude resistirme a llevármela a la boca. Empecé a chupársela de manera suave y lenta, notaba como cada vez que me la metía en la boca, ese trozo de carne se estaba poniendo más y más duro. Su respiración era agitada, cada vez más y no tardó mucho en colocar su mano sobre mi cabeza para empezar a follarme mi boca cada vez más rápido.

    – Mira nena, todos esos edificios de alrededor, están llenos de personas que está viendo cómo me la chupas y todos saben que ahora mismo estás muy caliente y que lo único que quieres es que te folle muy duro.

    No podía hablar con su polla dentro de mi boca, pero sus palabras calaron muy hondo dentro de mí. Por mi mente empezaron a pasar todas esas fantasías de hombres y mujeres observándonos y posiblemente la mayoría de ellos se estaban tocando o incluso follando mientras no miraban a nosotros, era una sensación rara, entre miedo, vergüenza y placer, mucho placer y eso hacía que chupara de manera frenética esa polla que me atravesaba la boca hasta llegar casi al principio de mi garganta.

    – Ufff como no pares me voy a correr. – Me decía Evan, mientras tiraba de mi pelo con intención de que parara.

    – Quiero que me folles ya, lo necesito. – Le rogaba, casi llorando de la desesperación.

    Me ayudó a levantarme, sin apartar su mirada llena de lujuria, de mí. Me volvió a besar y me obligó a apoyarme en la barandilla de la terraza. Él se colocó detrás de mí, con sus manos en mi cintura y su polla dura como una piedra, rozando mi coño, si me movía un poco conseguía metérmela, pero él no me dejaba.

    – Si quieres que te folle, tiene que ser así, mirando a todas esas ventanas, que todo nuestro público vea como disfrutas de mi polla.

    – Vale, fóllame como quieras, pero por favor hazlo ya.

    Me la fue metiendo poco a poco, mientras me agarraba del pelo, para sujetar mi cabeza y evitar que apartara la vista de todos esos edificios. Cuando terminó de metérmela, vimos que, en el edificio más cercano, salía un grupo de cuatro o cinco personas a la terraza.

    – Vaya, al final si vamos a tener público. – Me susurraba Evan en mi oído.

    En ese momento no podía hablar, no sabía que quería, por un lado, estaba muerta de miedo y de vergüenza por si esas personas nos podían ver, pero por otro, estaba tan caliente que lo único que quería era que me follase, sin importarme nada lo que pasase a mi alrededor.

    – Nena, ¿quieres que pare?

    – ¡No! Fóllame ya, necesito que me folles y no me importa quién nos mire.

    En ese momento Evan, empezó a moverse dentro de mí, al principio fue suave, pero poco a poco fue aumentando el ritmo y metiéndomela cada vez más fuerte. Yo no paraba de mirar a esas personas, pensando si nos estarían viendo o no. Empecé a notar como el orgasmo crecía dentro de mí y sabía que sería muy fuerte.

    – Nena, estoy a punto de correrme. – Me susurraba Evan, con la respiración acelerada.

    – ¡Y yo! – Conseguí decir entre gemidos.

    – Recuerda, que sí nos pueden oír, tu sabrás que clase de espectáculo quieres dar. – Me dijo en tono de burla.

    Ya no aguantaba más y él tampoco. Como pude me incorporé buscando su boca. Nos devoramos uno al otro, ahogando nuestros gemidos, mientras nuestros orgasmos llegaban casi a la vez. Sin duda fue increíble.

    Nuestras lenguas seguían entrelazadas mientras nuestras respiraciones se iban calmando poco a poco de los orgasmos que habíamos tenido. Poco a poco nos fuimos separando uno del otro, mis piernas todavía temblaban, sin duda había sido sexo salvaje, muy salvaje y en ese momento por mi cabeza pasaba la idea de que hubiese sido de esa forma, por el morbo de que alguien nos pudiera haber visto.

    Evan tiró de mí, para llevarme al enorme sofá, nos sentamos y comenzamos a hablar de cosas sin importancia. Al cabo de un rato y de varias copas, empezó a acercarse más a mí, mientras su mano acariciaba mis muslos, sin llegar al interior del vestido.

    – ¿Te ha gustado lo de antes? – Me preguntó cambiando de tema de manera radical.

    – Sí, me ha gustado. – Contesté tímidamente.

    – ¿Solo te ha gustado? A ver nena, ha sido increíble y los dos sabemos el motivo por el que ha sido tan increíble. Reconócelo, te ha gustado el saber que había gente ahí y que nos podían ver.

    – Bueno, vale, sí me ha gustado mucho, ha sido increíble y sí, me ha calentado mucho la idea de ver a esas personas y ser descubiertos.

    – Sabes, este sitio es perfecto para volver a follar. Esta vez, sería más cerca de las personas, ya sabes tú puedes verlos, pero ellos a ti no.

    Mientras seguíamos hablando, a mi mente volvió el increíble orgasmo que había tenido hace escasa una hora y sí, fue tan increíble debido al miedo y a la vez morbo de ser descubiertos por desconocidos.

    No sé qué me pasó por la cabeza, cuando me lancé a Evan y empecé a besarlo de una manera desesperada, mientras tanto mis manos fueron directas a su pantalón. No tardé más que unos segundos en liberar su tremenda erección. Era increíble como después de semejante orgasmo, volviera a estar duro como una piedra. Nos quedamos mirándonos uno al otro, aunque mis ojos querían mirar esa tremenda polla que tenía para mí. Poco a poco me fui agachando, quedando de espaldas a la pared de cristal, con la intención de metérmela, de nuevo en la boca, hasta que él me frenó.

    – Nena, ¿no crees que es mejor que te pongas de lado? Así me la puedes chupar, mientras ves al resto de la gente. Seguro que te gusta más.

    No dije nada, solamente me giré tal y como él me había indicado. Intentando no pensar en lo que pasaba tras ese cristal, me metí la polla en la boca y comencé a chupar. Me fui relajando poco a poco, a medida que me olvidaba de donde estábamos y me centré en hacerle a mi novio una mamada espectacular. Sabía que lo estaba haciendo bien, cuando noté su mano sobre mi cabeza, le encantaba acariciarme el pelo cuando se la chupaba y de vez en cuando empujar mi cabeza para que me tragara todo su miembro, lo cual hacía gustosamente.

    Mientras me intentaba colocar en una mejor posición para continuar mi tarea, desvié la mirada hacía el cristal, en ese momento, una persona se acomodaba en la mesa más cercana a la pared y no era otro que el hombre misterioso que unas horas antes me había estado mirando. No sabría decir si me gustó o no su presencia, lo que sí sé es que seguí devorando esa polla, como una loca. Mientras tanto, mi novió empezó a meterme los dedos en el coño y un nuevo orgasmo no tardó en empezar a crecer en mi interior.

    Evan, me paró de nuevo, me obligó a sacar su tremenda erección de mi boca, me tumbó en el sofá y el sobre mí. Comenzamos a besarnos, mientras sus manos, recorrían todo mi cuerpo, una vez más, la única diferencia es que esta vez, tiró de mi vestido hasta conseguir quitármelo. Empezó a bajar, besando todo mi cuerpo, torturándome, mientras pellizcaba y lamía mis pezones, que estaban muy duros y sensibles. Continuó bajando por todo mi cuerpo, mientras me llenaba de besos, hasta que llegó a la altura de mi coño. Nuestras miradas se cruzaron y sonriéndome me dijo:

    – Te recuerdo una vez más, que no nos pueden ver, pero sí escuchar.

    Y sin darme opción a contestar, se lanzó a devorar de una manera salvaje mi coño. Intenté contener mis gemidos, al principio no me costó mucho, hasta que desvié mi mirada hacia la pared de cristal.

    Ahí seguía él, el hombre misterioso, que llevaba mirándome toda la noche. Era curioso, como el resto de las personas, estaban sentadas de espaldas a la pared, la mayoría disfrutaban de las vistas, pero él no, él estaba mirando hacia la pared, como si estuvieses castigado. Miraba con interés, como si realmente estuviese viéndonos. No podía apartar la vista de él y un nuevo orgasmo empezaba a crecer dentro de mí. Cada vez me resultaba más difícil aguantar mis gemidos, Evan no paraba de torturarme con su boca y mi amigo no paraba de mirarme o al menos eso pensaba, estaba a punto de correrme.

    En ese momento, Evan, metió un segundo dedo en mi coño, cada vez era más difícil ahogar mis gemidos. Empezó a follarme con sus dedos, cada vez más rápido y yo no podía apartar la mirada del cristal y vi algo que realmente me impactó.

    – ¡Evan, mira el cristal! – Conseguí decir en un susurro.

    Alzo su mirada, quedando perplejo de lo que veía, al igual que yo. El hombre misterioso, se había sacado la polla y estaba masturbándose.

    – ¿Nos está viendo? – pregunté en un ataque de pánico.

    – Tranquila, nadie nos está viendo. Fíjate en el resto de las personas, nadie se ha dado cuenta de que estamos aquí. Además, cuando te dije de venir a aquí, yo ya sabía cómo era esto. Liam me contó lo que suele hacer la gente en este sitio y también me dijo que nadie del otro lado, había visto nada. – Me contó con intención de tranquilizarme.

    – Entonces, ¿qué hace masturbándose en una terraza llena de gente mirando hacia un espejo donde supuestamente no ve a nadie? – Protesté bastante nerviosa.

    – Pues no sé, le gustará el riesgo. ¿Quieres que siga y vemos si es cierto que nuestro amigo sabe lo que hacemos? Total, el resto de la gente no se ha fijado en nosotros.

    – Bueno, vale, puedes seguir, pero si alguien más se fija en nosotros, paras y nos vamos.

    – Tranquila, que eso haré.

    Volvió a tumbarse sobre mí, para volver a besarme. Esta vez me besaba de manera suave y lenta, quería tranquilizarme y la verdad es que lo estaba consiguiendo. Sus manos volvieron a acariciarme todo el cuerpo. Sus dedos volvieron a mi coño, seguía tan caliente o quizás mas que antes, sabiendo que ahora alguien nos miraba, aunque no estuviese muy segura de ello.

    Mientras Evan, seguía follándome con los dedos y jugando con su boca en mi cuello, yo no paraba de mirar a el hombre misterioso, como se masturbaba suavemente y con mucho cuidado de no ser visto.

    – ¡Fóllame ya! – Susurré desesperada.

    – ¿Segura?

    – ¡Si! Te necesito dentro ya.

    Y sin hacerse de rogar mucho, me la metió de un solo golpe. Me mordí los labios tan fuertes como pude para poder ahogar mis gemidos. Evan empezó a follarme, mientras nuestras miradas iban hacia el cristal. Nuestro amigo, seguía con la polla fuera, cada vez se le veía más grande y más dura y eso hacía que nosotros nos excitáramos mucho más.

    Evan cada vez me follaba más duro, estábamos a punto de corrernos los dos y por lo que pudimos ver, el hombre misterioso también. Evan paró, salió de dentro de mi y se sentó, tiró de mí, para que me sentase sobre sus piernas y seguir follándome, lo único que me pidió es que me sentase mirando al cristal, para que los dos pudiésemos ver lo que pasaba en el otro lado.

    Al igual que antes, empezó a follarme de una manera fuerte y salvaje. Yo ya no podía más, necesitaba correrme otra vez más y sabía que el próximo orgasmo sería mucho mas fuerte que los anteriores.

    Evan cada vez me follaba más rápido y con una de sus manos, me sujetó la cara para que dejara la mirada fija en el cristal.

    El hombre misterioso, seguía masturbándose, cada vez más rápido, su orgasmo también era inminente. De repente vimos como hacía unos pequeños movimientos con su cuerpo y de su polla salían chorros de semen que impactaron contra el cristal. En ese mismo momento, Evan y yo nos corrimos casi a la vez, afortunadamente, él puso su mano sobre mi boca y su boca mordiendo mi cuello, para evitar que alguien nos escuchase. Fue realmente increíble.

    – ¿Te ha gustado? – Me preguntó, con su polla dentro de mí.

    – Ufff si, ha sido increíble. – Contesté como pude, ya que todavía me faltaba el aire después del tremendo orgasmo. Lo que mas me ha sorprendido es lo mucho que me ha excitado saber que ese hombre estaba ahí detrás masturbándose. Al principio me ha asustado un poco, pero luego me ha gustado muchos.

    – Ya sabía yo, que te iba a gustar.

    – Pero, ¿cómo sabe lo que estábamos haciendo? El resto de las personas ni se han enterado.

    – No sé, no tengo ni idea. Lo único que sé es que nosotros nos lo hemos pasado muy bien y él parece que también.

    Tras vestirnos, volvimos a pedir unas bebidas y aprovechar el poco tiempo que nos quedaba en el reservado. Cuando Liam nos las sirvió, vimos que, a el hombre misterioso, también le habían servido la suya. Seguía mirando hacia el cristal, tomó su copa y levantándola, parecía que nos quería saludar.

    Cuando terminamos, salimos del reservado, nos despedimos de Liam y cruzamos el bar para llegar de nuevo al ascensor. Cuando llegó, entramos los dos solos en el ascensor y en el momento en el que las puertas se cerraban, una mano desde fuera lo impidió, era él, era el hombre misterioso. Estábamos los tres solos en el ascensor, en silencio hasta que nos miró y nos dijo:

    – Buenas noches, os he visto antes en el pub. Vi que entrasteis a uno de los reservados. Sois muy afortunados, hay mucha lista de espera para conseguir uno. ¿Es cierto que son tan espectaculares como dicen? – Nos preguntó de manera agradable.

    – Sí, están muy bien y tienen unas vistas maravillosas. – Respondió Evan por los dos.

    – Vaya, espero conseguir uno algún día. ¿Venís mucho por aquí? – Nos preguntó de nuevo.

    – De vez en cuando. – Volvió a contestar Evan.

    – Yo sí, vengo todos los fines de semana. Me llamo Fran, este es mi número de teléfono. Llamadme cuando volvías, seguro que pasamos un rato divertido los tres. – Nos dijo, mientras nos entregaba su tarjeta con sus datos.

    Por suerte, las puertas del ascensor se abrieron y salió Fran despidiéndose de nosotros.

    – Un placer haberos conocidos, chicos. Pasarlo muy bien. – Se despidió Fran de nosotros.

    – Muchas gracias, igualmente. – Contestamos Evan y yo a la vez.

    – Por cierto, muy bonito tu vestido, te queda realmente bien. Espero poder verte algún día sin él. – Me dijo, mientras desaparecía entre la gente la ciudad.

    No pude ni contestarle, la verdad es que no me esperaba lo que dijo. A las pocas semanas, volvimos al pub, Evan lo llamó, pero el número no existía. Nunca mas lo volvimos a ver, ni supimos si realmente nos vio o no.

  • Profesora particular

    Profesora particular

    Yo he terminado la carrera i aún no he encontrado trabajo. En realidad, tampoco lo busco. Nunca he tenido problemas de dinero, al contrario, podría decirse que soy rica. Mi familia siempre ha nadado en la abundancia. Debo reconocer que fui una niña muy consentida, mimada como la que más. Como todos mis hermanos. Bueno, quizá yo un poco más, al ser la única hija i la menor entre siete hermanos.

    Hace unos días, para hacer un favor a unos de sus mejores amigos, mis padres me pidieron que diera clases particulares a Fernando, que estaba cursando segundo de un grado de tipo técnico y le costaban las matemáticas. Yo me quejé algo, pero mis padres insistieron e insistieron, que mientras no encontraba trabajo, que sólo serían unas horas a la semana, que los padres del chico eran tan buena gente, sus mejores amigos… Lo cierto es que mis notas habían sido perfectas, las más altas de la clase y no me supondría ninguna dificultad ayudar al chico. Así que acepté, más que nada para contentar a mis padres. Y sí, se pusieron muy contentos. Al igual que los de Fernando, que me querían como a una hija desde siempre.

    Hacía bastantes años que no veía a Fernando, desde antes de que yo empezara en la universidad, cuando había cumplido los dieciocho y él tendría unos trece o catorce. Le recordaba como muy tímido y que estaba algo gordo, a diferencia de su hermano mayor, Leo, que era muy extravertido y atlético. Hablé con sus padres y se les notaba muy alegres cuando supieron que ayudaría a su hijo. Insistieron en pagarme las clases y aunque yo me negué y me negué, al final tuve que claudicar y aceptar cobrar, mucho más dinero del que me hubiera imaginado, pero me dijeron que la confianza que me tenían y mis notas extraordinarias bien lo merecían. Quedamos que iría a su casa los martes y los jueves al atardecer, que son las horas que él tenía libres. Y a mí me daba igual, porque no tenía nada concreto que hacer ningún día, aparte de ir al gimnasio y perder el tiempo con cualquier tontería.

    Mi primera sorpresa es cuando me abre la puerta Fernando y casi no lo reconozco. Me saca al menos un palmo, y yo no soy bajita, más bien al contrario. Se le ve un cuerpo fuerte y grácil. Que se ha puesto muy guapo, vaya! Nos saludamos encajando la mano, muy formales.

    – Fernando, casi no te conozco! Estás hecho todo un hombrecito!

    – Eh, ya, claro, Esther, hace tiempo que no nos veíamos.

    – Cuantos años tienes?

    – Yo? Veinte. Pronto veintiuno!

    – Ah, ya te digo, todo un hombrecito!

    – Pues… sí. – se sonroja y veo que sigue siendo tímido.

    – Y muy guapo!

    – Yo… gracias, Esther! Eres muy amable!

    – Es la verdad. Y a mí, no me dices nada, cómo me ves? – pongo las manos en mi cintura e hincho algo el pecho, sonriendo.

    – Ah, bueno… estás muy… muy bien! – parece que sus mejillas van a incendiarse de un momento al otro.

    En esa clase vi que a Fernando le costaba bastante entender la materia. Aparte de que le sorprendí en un par de ocasiones mirándome el pecho y en otro momento, admirando mis muslos.

    – Oye, Fernando, debes mirar hacia el esquema que te estoy explicando, no…

    – No, si no… si estoy… mirando el libro.

    – Ya!

    Su cara estaba a punto de arder.

    Bueno, este primer día me sirvió para tener una primera ilusión en meses, un primer objetivo: tirarme a Fernando!

    Con lo tímido y cortado que es, creo que tendré que poner mucho de mi parte. Así que, para la clase siguiente, decido vestir lo más provocativa posible: escojo una faldita plisada de cuadros rosas y negros, muy corta para que me pueda ver bien los muslos, y una camiseta blanca sin mangas y muy escotada, para que pueda admirarme el pecho. Y sin sostén, para que pueda adivinar mis pezones sin dificultad. Por si en algún momento la falda es demasiado corta y enseña más de lo debido, me pongo el tanga más pequeño que tengo para que disfruten sus ojos. Los zapatos de tacón y mi perfume preferido completan el conjunto y creo que me hacen irresistible.

    Es jueves y algo nerviosa y ya excitada, llego pronto a casa de Fernando.

    – Oh, hola, Leo! Cuánto tiempo sin verte! Vengo a dar la clase de repaso a tu hermano.

    – Ya, sí, entra, entra, Esther. – nos saludamos con un par de besos – Fernando todavía no llegó de entrenar. Habrá encontrado tráfico.

    – Bueno, en realidad todavía es pronto. Vine un poco antes.

    – Oye, estás hecha un pibón!

    – Ya, vale, ya ves. Gracias!

    – Ven, ven, vamos a esperar a Fernando en el salón. -me acompaña y noto que me devora con los ojos. Mi excitación crece. Cuando me siento en el sofá y él me sirve una copa, él mira mi pecho y mis piernas sin disimulo.

    – Así que vienes a enseñar…

    – Sí, sí, a enseñar… a tu hermano.

    – Ya, veo que enseñas bien.

    – Eh… bueno… – me sonrojo y más al darme cuenta que al estar sentada la falda me sube tanto que incluso enseño las bragas – eso… matemáticas.

    – Sí, ya, y algo más.

    – Oye… no, no… matemáticas y ya está. – estiro la falda para taparme algo, pero solo consigo alargarla unos milímetros.

    – Ya, vale, tú no querrías también enseñarme a mí?

    – Cómo, a ti? Es que también estás estudiando?

    – No, realmente, no. Pero nunca me han ido muy bien las matemáticas. Y seguro que tu enseñas muy bien. – guiña un ojo.

    – Ah… bueno, ya… – se oye la puerta- Uy, mira, aquí está tu hermano.

    – Vaya, qué inoportuno! Bueno, os dejo con las matemáticas.

    – Hola, Leo. Y Esther!

    Fernando abre los ojos como platos cuando me ve tan sexy, pero enseguida los baja, tímido, y me acompaña al salón para la clase de repaso. Aunque estoy muy amable y cariñosa con él, apenas consigo que me mire, con disimulo. Casi no aparta la vista del libro y de la hoja. Me insinúo, pero él hace como si no se diera cuenta. Y la clase termina sin que haya conseguido dar ni un paso hacia mi objetivo. Al salir del salón me encontré con Manuel, el padre de Leo y de Fernando.

    – Hola, tito! – le llamo así desde pequeña.

    – Hola, Esther. Ven, ven que te dé dos besos. Oye, estás muy guapa! – me ruborizo y me avergüenzo que me vea vestida así – Qué, cómo van las clases?

    – Bien, bien, Fernando está muy atento y aplicado.

    – Ja, ja, no me extraña, no me extraña, con una profesora particular así… así cualquiera – diría que mira mi escote descaradamente.

    – Bueno, adiós, tito! – voy a darle dos besos en la mejilla y él me acerca con la mano en la cintura, que baja sin reparo hasta la minifaldita, y alarga unos segundos los besos, y me voy enseguida. – Oh, tito, adiós!

    Parecería que he gustado a todos los hombres de esa casa, menos a Fernando. Me pregunto si es solo por la timidez o es que no le agrado. En ese momento no sabía que apenas crucé la puerta, Fernando corrió a masturbarse pensando en mí. Y que lo volvió a hacer esa noche ya en la cama. Y los días siguientes. Bueno, debo confesar que yo también me he masturbado mucho pensando en él.

    Las siguientes clases han ido bien, en el sentido de las matemáticas, pero sin avances en lo que me interesa a mí. He probado distintos tipos de ropa y complementos, pero nada. El jueves pensé que se había fijado especialmente en los pantalones apretados, que me lo marcan todo, pero nada. Y tampoco tuve éxito con el vestidito verde que enseña más que esconde. Ni con el traje chaqueta, con la falda muy corta. Por suerte, no me he encontrado más ni con Manuel ni con Leo, porque habrían pensado que iba a la casa a hacer un desfile de modelitos.

    Ayer recibí un mensaje de Fernando preguntando si esta semana podía ir a darle la clase también el lunes, que tenía un examen pronto y estaba preocupado. Como no tengo nada que hacer, le dije que claro que sí. Quedamos pronto, a las cuatro de la tarde.

    Yo me presento con un vestidito negro de poco más de dos palmos, decidida a ganarme al chico. Voy sin sostén y sin braguitas. Enseño casi todas las tetas, los muslos y el culo. Y me he puesto más perfume que nunca. U hoy o nunca! A ver qué.

    – Eh, ah, hola, Leo!

    – Hola, guapa!

    – Y Fernando?

    – Pasa, pasa, ven, siéntate, aquí, en el sofá.

    – Eh? No, no. – sé si me siento, el microvestido me subirá y enseñaré los muslos y quien sabe si algo más.

    – Sí, mujer, sí, siéntate, que Fernando va a tardar.

    – Cómo? Si me dijo que a las cuatro!

    – Ya, ya. Pero… siéntate! – me acompaña al sofá y me sienta cariñosamente.

    – Oh! – mira mi escote – Que bien hueles!

    – Gracias!

    – Mira, te sirvo una copa.

    – Bueno, cuando vendrá Fernando?

    – Va a tardar mucho en venir.

    – Pues quizá es mejor que me vaya y vuelva más tarde.

    – No, no, Esther, le esperas aquí, conmigo, y así me haces compañía.

    – Bueno, tú tendrás cosas que hacer. Y yo…

    – No tengo nada mejor que estar aquí contigo, guapa!

    Me sirve la copa y me doy cuenta de que desde su posición, al estar de pie, me ve casi todas las tetas; noto que me excito y que mis pezones parece que van a atravesar el vestido. Me lo subo un poco para cubrirme el pecho, pero sólo consigo acortar más la falda y casi enseñarlo todo. Leo pone música de fondo, se sienta a mi lado y empieza una charla intrascendente. Se va acercando cada vez más. Me dice algo al oído, que no acabo de entender, pero sé que es solo para acariciar mi oreja con sus labios y olerme a fondo.

    – Hueles de maravilla, Esther. Y seguro que sabes muy bien también. – vuelve a acercarse a mi oído y susurra algo como si puede comprobarlo, si le dejo saborearme, que se muere de ganas.

    – Leo! A ver… Fernando debes estar a punto de llegar!

    – No, en realidad, hoy es lunes y no llega hasta las nueve o más tarde – me susurra.

    – Qué? – me besa la oreja, noto que me huele el cuello, también me lo besa y me lo lame.

    – Que hoy Fernando no vendrá hasta muy tarde. – me baja la tira del vestido y pone una mano en mi muslo.

    – Pero…? Ay, Leo! Qué haces?

    – Ya ves qué hago. – me susurra al oído- Y sé que te gusta, estás ardiendo.

    – Leo! Por favor! – su mano ya está bajo la faldita y enseguida descubre que no llevo bragas.

    – Vienes muy fresquita, Esther!- me acaricia la vulva muy cariñosamente. Encuentra mi clítoris ya muy respingón. – Me encantas!

    – Leo, yo…

    – Sé que te mueres de ganas. – me susurra, mientras acaricia directamente mi sexo – Si no, no vendrías así vestida a dar las clases, a enseñar, a exhibirte casi desnuda. Y haces muy bien. Estás chorreando, Esther.

    – No, yo me visto así porque… ay, hmm! – me introduce un dedo en mi vagina y enseguida otro en el culo.

    – Te vistes así porque estás muy buena y quieres que los hombres te admiremos! Y ya ves que sí!

    – No, no es eso, Leo, hmmm! – me acaricia hábilmente el clítoris y pasa de besarme la oreja y el cuello, a besarme la boca. Yo le devuelvo el beso y enseguida permito que su lengua me atraviese hasta el paladar. – Ay, estoy muy caliente.

    – Sí, sí, a ver? – huele sus dedos, los lame – tu coño y tu culo huelen muy bien.

    – Ay, Leo, hmmm! Ay… pero, y Fernando?

    – No te preocupes, no va a venir. El mensaje te lo envié yo, con su móvil, je, je, je!

    – Serás cabrón?! He picado como una tonta! Y tus padres?

    – Tampoco, de verdad, estate tranquila. No vendrán hasta la noche.

    – Ay. No sé, bueno, si es así… Eres un cabrón, pero… hmmm!

    Le beso apasionadamente, nuestras lenguas se entrelazan, vuelve a acercar su mano bajo mi vestido, me toca el clítoris, el perineo, el culo. Me penetra con dos dedos el coño y con dos el ano y me encanta. Me abro de piernas, el vestido me sube hasta la cintura y me muevo para que juegue dentro de mí sin dificultad. Con la otra mano me baja el escote e inmediatamente me acaricia el pecho.

    – Qué tetas tan sexis, Esther, hmmm! – me las lame, me las chupa, les da mordisquitos y yo las tomo y se las ofrezco para que me las mame como un bebé y tengo tanto placer que me corro con una sinfonía de gemidos y suspiros y me doy cuenta que se abre la cremallera de la bragueta y se saca su miembro completamente parado. Yo se lo agarro con las dos manos y empiezo a masturbarlo.

    – Quieres que te la chupe, Fernando?

    – Sí, sí, por favor!

    – Sólo si tu me comes el coño antes!

    – Pero si ya te has corrido, guapa!

    – Soy multiorgásmica… guapo! Verás que sabros que tengo el chocho – me tumbo boca arriba en el sofá, abro y doblo las piernas, el vestido ahora es poco más que un cinturón, pongo un cojín debajo de mi culo para que me vea bien expuesta para él, me toco y masajeo y Leo no resiste la tentación y me empieza a oler, a lamer, a chupar, me introduce la lengua en la vagina, que abre con sus dedos para dejarla un momento y jugar con mi clítoris y después con mi ano, me introduce varios dedos en el coño y varios en el culo, empieza un metisaca frenético, yo gimo, suspiro, me corro varias veces en su cara y él sorbe toda mi abundante ambrosía y se relame.

    – No dejes de darme placer, Leo, pero ven, así, ponte así, vale, bien, va, que te la chupo mientras me comes el coño y el culo, hmmm, qué rica! – está encima de mí y ya le chupo la verga mientras él sigue jugando con sus labios y su lengua en mi sexo, en un sesenta nueve fantástico, y me sigo corriendo como una loca y él estalla en mi boca que me llena de su leche caliente y sabrosa – Oh, Leo, qué buena que está tu lechecita! Dámela toda, hmmm, así, hmmm! Agárrame fuerte las tetas, sí, así! Oh, que sabrosa tu lefa!

    – Oh, la puerta, Esther!

    – Eh? Cómo?

    – Hola, papá!

    – Oh, tito! – nos sorprende Manuel con el pene de su hijo mayor en mi boca y la suya en mi sexo. -No, no es lo que parece. Yo… no…

    – Esther! No, no, tranquila, no es cosa mía. Os dejo hacer, ja, ja, ja! Vaya con la maestrita! Seguid seguid! – mira sorprendido y enseguida, sin disimulo, mis tetas y mi culo, y se va del salón.

    – Oh, qué vergüenza, Leo! – me pongo el vestido enseguida.

    – No busques las bragas que no las vas a encontrar, ja, ja, ja!

    – Ay, Leo, no hagas bromas. Qué va a pensar tu padre?!

    – Pues qué va a pensar? Lo que es. No pasa nada.

    – Ay, no sé. Yo no quería.

    – Has venido sin bragas! Vienes a casa como una…

    – Eso no es cosa tuya!

    – Y te has corrido como una loca!

    – Eso, sí! Me ha gustado, Leo.

    – Sólo que me he quedado con las ganas de follarte, Esther!

    – No te quejes!

    – Bueno, otro día.

    – No, no, yo no soy así.

    – Ya, ya. Una cosa, por favor, si acaso, no le cuentes a nadie lo que ha pasado. Es que tengo novia y no quisiera que se enterara. Iba a tener un disgusto.

    – Tienes novia? Y aun así…

    – No tiene nada que ver. Tú estás muy buena. Y desde que te vi el otro día que…

    – Eres un cabrón! Pero no le diré a nadie lo que hemos hecho. Pero tú no se lo digas a tu hermano, vale?

    – Por qué? Es que hay algo entre vosotros?

    – No, qué dices? Es solo que prefiero que Fernando me vea únicamente como una profesora.

    – Ya, por eso vienes vestida así, no? Casi desnuda!

    – Vale ya, tú no lo cuentas a tu hermano y yo no se lo digo a nadie, sí?

    – Sí, sí, tengo mucho que perder. Firmamos el pacto con un besito, venga! – me besa en la boca y me atraviesa con su lengua mientras me agarra las tetas.

    – Ay, Leo, hmmm! – me separo de él aún con ganas de más. Noto que mi coño chorrea. Seguro que habríamos follado, si no hubiera sido porque llegó Manuel! Me lo encuentro, como por casualidad, al salir del salón, pero intuyo que me estaba esperando.

    – Ya te vas, Esther? – me mira el escote sin disimular – Te lo has pasado bien con Leo? Por mí no hace falta que…

    – Tito, de verdad que no pasó nada, te ha dado una falsa impresión.

    – Ya, ya, tranquila! Seguramente me confundí! Pensé que…

    – Sí, sí, estaba esperando a Fernando y…

    – Fernando? Los lunes no viene hasta muy tarde.

    – Ya, no sé, habré entendido mal su mensaje. Adiós! – al darle los besos de despedida, me acaricia las nalgas el muy descarado. – Tito!

    – Esther, ay, perdona, je, je, je! Qué bien hueles! – me dice muy sarcástico.

    – Me puse mi perfume favorito.

    – Ya, ya! – me guiña un ojo pícaramente y veo que se debe referir a que huelo a sexo. Me marcho apresurada y avergonzada y con la seguridad que me mira el culo cuando me doy la vuelta. Vaya con el tito Manuel! Si lo supieran mis padres!

    Ya en casa, me quito el vestido y me masturbo pensando en Leo y después con Fernando, cuando alcanzo el clímax. Aparece también Manuel en mis pensamientos y también me excita. Ya estoy pensando en mañana martes y cómo me presentaré a la clase de repaso. Espero que no le digan nada a Fernando!

    Si te gustó este relato y quieres saber cómo sigue la historia, no dudes en contármelo en comentarios.

  • Irene y sus primos (parte 5)

    Irene y sus primos (parte 5)

    La cofradía sexual del departamento entró en una nueva etapa con el ingreso de Paula. Ahora éramos dos las hembras del grupo y las juntadas se fueron haciendo más interesantes. Con Pau, superado el choque inicial, no teníamos ni celos ni choque de egos. Las dos nos asimilábamos a todas las variantes que se dieran. Podíamos besarnos y acariciarnos mientras cada una se comía una pija o podíamos atender las dos a uno de nuestros muchachos o ver como la otra se encamaba con uno o con dos. O, algunas veces, quedarnos las dos solas para mimarnos. De cualquier manera, las sesiones de las dos con Omar seguían siendo nuestras preferidas.

    La primera baja del grupo fue Pedro. Se encajetó con una piba de su barrio y se puso de novio, con exclusividad y todo. Se terminaría casando años después y, por lo que sé, aún sigue con su mujer y una parejita de hijos. Poco después, Roque se fue a San Pablo a trabajar con Julián. De modo que Pau y yo nos quedamos con una sola pija (pero que valía por tres).

    Omar fue intensificando las maneras de dominación con nosotras. A veces nos ataba a las dos, una al lado de la otra y nos iba lamiendo o penetrando a gusto y a veces nos dejaba un largo rato así, atadas y cada tanto nos atendía hasta hacernos estallar. Le encantaba tenernos totalmente en sus manos y bajo su dominio.

    Una de esas veces, atada y vendada, estaba disfrutando de una hermosa cogida cuando sentí gemir a Pau. Y gemía de una manera entrecortada y rítmica, como si respondiera a las embestidas de una pija penetrándola. Es más, sentí a alguien jadear y no era Omar. Al rato salió dentro mío Omar (o creo que era él) y al rato volví a ser penetrada, esta vez por la cola, pero estaba segura que era otra pija. Las dos teníamos esas mordazas con pelota y no podíamos más que gemir. Unas manos empezaron a acariciarme la espalda y me dieron un chrilo ¡¡Ese seguro no era Omar!! ¿Quién me cogía? Me debatí pero estaba atada y cuando empecé a gemir, recibí unos cuantos chirlos y ahí sentí a Omar hablándome al oído

    – “Quedate quieta. ¿No disfrutas esa pija que te está penetrando? Demostrame que sos mi putita”.

    Me quedé quieta y esperé que termine de cogerme quien sea que lo estaba haciendo. Pasó un largo rato antes que me desate. Me di vuelta, miré para todos lados, pero solo estaba Omar, desatando a Pau.

    – “Acá había alguien más Omar. ¿Quién estuvo?”.

    -”¿Te preocupa? ¿No disfrutaste?”

    – “Sos un hijo de puta. A quién trajiste para que me coja”

    – “Yo voy a traer a quien quiera y me voy a preocupar que te traten bien. ¿Cuál es tu problema?”.

    – “El problema es que yo elijo quien me coge. No vos”.

    – “Me voy a comprar cervezas. Habla con Pau y que ella te explique”

    Se puso un pantalón corto, unas sandalias y salió con una remera en la mano. Yo fui a Pau a preguntarle que era lo que me tenía que explicar.

    – “No te enojes, no es nada malo. Yo hace rato que sé que el me ata y me venda e invita amigos para cogerme. Pero todos me tratan bien y me cogen lindo y a mi me encanta probar pijas sin preocuparme de quien son. Es parte del juego. Incluso a veces me ata al revés e invita a amigas. Me han pegado unas lamidas de locura y ni sé quien fue. Es sexo Irene, solo sexo”.

    Ni me dio para contestarle, me lavé rápido, me vestí y me fui. Ni quería cruzarme con Omar. Tenía una bronca que volaba. Había terminado siendo una puta entregada a otros y ni estaba seguro que no hubiera cobrado por mis servicios. Otras veces había sentido ruidos y sentí como si hubiera más personas, pero pensé que eran locuras mías. No podía imaginar todo lo que pudo haber pasado. Fotos mías cogiendo o chupando pijas, o tipos pajeandose mientras miraban como me hacían el culo. O mirándome coger con Pau. Tuve que parar en un bar y tomarme un wiskhy para poder serenarme algo.

    Desde ese día no pisé más el departamento y me llevó tiempo entender todo lo que me costaba volver a una vida “normal”. Había despertado al sexo cogiendo con mis tres primos y se me hizo habitual tener sexo con varios y nunca había tenido un “novio”. Solo tuve machos para coger. Intenté varias parejas sin lograr sentirme bien con ninguna, Incluso salí con dos mujeres pero tampoco me satisfacían. Me llevó cinco años de terapia y conocer a Raúl para poder empezar, solo empezar a construir una relación duradera con un hombre. Y solo pude hacerlo por la enorme paciencia de Raúl.

    Hoy estoy en pareja con él desde hace 15 años y tenemos un hijo que está en primaria. No volví a verme con nadie ni a tener sexo con nadie que no fuera él. Bueno, salvo con Julián al cual me lo crucé en una reunión. Estaba de visita y se volvía a San Pablo, yo sabía que estaba casado. Charlamos y terminamos en un telo recordando viejos tiempos. Fue la única vez que le fui infiel a mi pareja. Y la experiencia ni siquiera llegó al 10% de lo que pensé que sería. La vida se había llevado a esos dos pendejos que cogieron en la boletería de una estación.

  • Maestra en mini (partes 1 y 2)

    Maestra en mini (partes 1 y 2)

    Es día de super y voy con mi marido a hacer las compras al almacén cercano a casa, ambos somos profesores en una escuela de educación para adultos que no saben leer o escribir, gente entre los 20 años en adelante.

    -¿Le lavo la camioneta patrón? Dice uno de los lava coches del super, al cual se le borra la sonrisa al verme, es ¡Luciano! Un ex alumno de mi esposo con quien en alguna ocasión tuve alguna salida ya que aún no me casaba, obviamente mi marido no está enterado, nuestras miradas chocan por unos instantes, trato de recordar por qué acepté salir con un tipo como el, de casi 60 años, no gracias, dice mi marido mirándonos tratando de averiguar lo que sucede.

    Una rara sensación de emoción, nerviosismo o ¿alegría? Me invaden y estoy segura que le ocurre lo mismo ya que de reojo lo observo siguiéndome con la mirada a pesar de que a su lado esta su esposa mirándome desconfiadamente, no se, de vez en vez paso por los pasillos e inconscientemente volteo hacia el estacionamiento tratando de encontrarlo a través del grueso vidrio de los ventanales sin éxito.

    Absorta en mi tarea de ama de casa de repente intuyo su mirada y se que es el porque es ese tipo de mirada que deseas sentir inconscientemente, que te hace estremecer, una especie de punzada me recorre toda la columna vertebral, poniendo mis cinco sentidos en alerta, giro sobre mí para buscarlo entre la multitud que nos separa, minutos o quizás tan sólo unos segundos que se me hacen eternos hasta que por fin lo encuentro, nos sostenemos la mirada por unos instantes, mi marido me observa y lo observa, nos miramos fijamente, ve a los probadores, interrumpe mi esposo sacándome de concentración lo miro dirigirse a Luciano, le dice algo mientras yo me dirijo al probador que está fuera del área de cajas

    Mi marido me alcanza poniéndome e la mano un negligé negro con bra, liguero y tanga de encaje negros igual, cuando termines me marcas, me dice guiñándome el ojo, no se que decir, ¿terminar? ¿de que?, Aparece Luciano mi marido le pide a la encargada que lo acompañe dejando libre la entrada, entiendo el mensaje e ingreso al último probador dejando deliberadamente entreabierto, Luciano me alcanza, le sonrío, ingresa lentamente con el corazón latiéndole a tope así como el mío, mira mis tetas que ya están duras, me tomo un segundo para mirar el neglige que mi marido me ofreció, negro, brillante, demasiado provocativo, precioso, levanto la mirada, lo miro a él, después al vestido, de nuevo a él, otra vez al vestido, lo dejo a un lado y me quito la ropa para probármelo así delante de el, dejándole ver mis hermosas tetas, un ligero temblor asoma en su boca, se le hace agua de solo verlas, presiono mis pezones para que se ericen a través del gran espejo de cuerpo completo del probador miro su entrepierna y esa gran carpa que se le forma de bajo del pants dando un brinquito de emoción ¡me gusta su reacción!

    La última vez dejamos algo pendiente, le comento pasándome el neglige con lentitud sobre mis hombros, el roce de la tela me estremece, termino de colocarme el liguero y la tanga después me veo ante el espejo, es perfecto, cualquiera diría que está dibujado sobre mi piel.

    Se acerca sus manos amasan mis tetas y yo jadeo mientras noto su erección clavada en mis nalgas.

    ¿Y qué dirá tu marido si nos viera así? Me dice, mientras atrapa mi pelo con las dos manos y lo sube creando una especie de recogido, sus dedos intencionados suben con suavidad por mi cuello, coloca su cabeza encima de mi hombro desde atrás de tal forma que vemos estupendamente su cara y la mía juntas en el espejo, no sé, ¿le preguntamos? Le digo mientras posa sus labios sobre mi cuello dejando en él un húmedo beso que me estremece, nuestros ojos chocan en silencio a través del espejo de nuevo, le envío una sonrisa lasciva, mi amante me da la vuelta, deshace el nudo del listón que sujeta la fina prenda y se pone a comerme las tetas.

    Gimo al sentir su boca húmeda rebosante de erotismo, mama mis pezones con habilidad, los muerde, jala de ellos para succionarlos y lamerlos descaradamente, siempre desee probar tus tetas, masculla arremetiendo contra ellas, acaricio su pelo entre cano con mis manos, dándole vía libre a mis pezones, me voltea hacia el espejo de nuevo para que podamos vernos bien, me empuja suavemente sobre el espejo, separa mis piernas con suavidad, sus manos suben el negligé hasta mi cintura, me gusta, me siento tan sexy, tan estimulada, me quita la diminuta prenda comienza a besarme con deleite la columna, me deja así recargada en el espejo mientras observo como se saca su tremenda verga, por fin la observo en plenitud, grande, prieta, retadora, me quita la tanga, la echa a un lado, para posicionarse a la entrada de mi vagina y frotarla en mi humedad aferrado a mis caderas, jadea como un perro, el alma casi se me sale al desviar mis ojos a la puerta y ver a mi marido observándonos, quieto, impávido, intento hacerme a un lado justo cuando Luciano entra en mí, gimo con fuerza, pero trato de desprenderme, mi esposo me hace señas de que no haga nada, sonríe dispuesto a disfrutar el espectáculo, haciéndome una señal de que no hagamos ruido.

    ¿La quieres dentro? Comenta Luciano tanteando la entrada de mi vagina con su cosota con una lentitud pasmosa.

    Por favor, Hazloo, cogeemmee, lo estoy deseando desde hace mucho

    Me premia con una sonrisa, me separa los cachetes y me penetra de golpe arrancándome un resuello Ahh, no llego a visualizar la longitud y el grosor de su cosota, la siento atiborrar mi útero, martillando mi interior, una vez y otra y otra, dentro, fuera, dentro, fuera.

    Mmm, mujo extasiada, Aaah, aah, ssíii, mi amor, sssi, ricura, ah, su mano se pone a acariciarme el clítoris expuesto, mientras me taladra, a tirar de mis labios menores y a esparcir mi flujo mientras me coge, nuestros ojos se encuentran en el espejo, mírame murmura con una sonrisa en la cara.

    Sus manos ascienden a mis tetas sin dejar sus embestidas, suaves, constantes, placenteras, me pellizca los pezones, los retuerce con violencia, Aah gimo abandonada. Mientras me penetra con ahínco.

    Muerde el lóbulo izquierdo de mi oreja al ver la mueca de excitación que le muestro ante aquel espejo.

    Así mi vida, así, que grande la tienes, mmmm, ufff, qué rico, qué vergota me quejo fuera de mí mientras observo a mi marido masturbarse por encima del pantalón, mi amante me hace señas de que me ponga de rodillas frente a el, obedezco mientras se masturba apuntando a mis tetas, una gigantesca oleada de semen cae sobre ellas, un poco salpica en la comisura de mi labio, saco la lengua y lo lamo para no quedarme con la duda del sabor del semen fresco

    Luciano gime excitado, mi marido explota viéndonos, se retuerce agarrándose del marco de la puerta con una mano mientras la otra aprieta violentamente su miembro, Luciano me pasa su vergota aún firme por mis pechos para nutrirlos con su lechita tibiecita, estoy tan excitada que quiero que me monte de nuevo.

    Lucio, ¿estás ahí? Dice una voz femenina desde fuera.

    Mi amante me hace la señal de silencio mientras empuja su verga contra mis labios para que se la limpie, la chupo de inmediato, succiono alimentándome de un último golpe de placer, me tiene así unos segundos, hasta que su verga se pone flácida en mi boca, después me separa y se la guarda en el interior del pants, se inclina y besa mis labios impregnados con su sabor mientras mi marido sale sigilosamente, Luciano me da un último beso saliendo dejándome ahí de rodillas para ir en busca de su mujer, mi movil suena, es un mensaje de mi marido avisándome que ya puedo salir sin problemas, me visto apresuradamente y salgo sonriendo, para terminar de hacer gustosa las compras.

    Parte 2:

    Mi historia no es muy diferente a las que se cuentan en este tipo de sitios, mujer, profesora en una escuela de educación para adultos, 28 años, bella e interesante, blanca, 1.57 m de estatura, rubia natural, ojos bonitos de color azul cielo, una bella sonrisa que cubre mis dientes aperlados, poseedora de un cuerpo bien cuidado, de pechos grandes pero no enormes, una cintura bien conservada plana y reducida, un trasero redondito y bien formado y unas piernas muy bien torneadas, en fin, la envidia de las mujeres y el sueño de todo hombre, casada con el director de la escuela dos años mas grande que yo, la mayoría de la gente, incluida mi familia, me preguntaba porque me había caso con el, aunque guapo y de buenas formas y familia es apocado, sumiso, algo cobarde e inestable y ahora descubro que perverso o enfermo, pues permitió que su esposita cogiera delante de el con otro hombre en un probador de centro comercial.

    Después de este hecho, no cruzamos palabra al respecto, seguimos inmersos en nuestras vidas, quizá pensando que el decir algo sería contraproducente, en fin, es viernes y para colmo nuestro auto se descompuso, sin más, caminamos hacia la parada del camión que pasa por el plantel, al llegar, los alumnos en su mayoría viejos nos ceden el paso hacia el interior del camión que ya viene casi lleno de gente de otros barrios, como puedo me abro paso casi a la mitad, logrando aferrarme al maneral de un asiento ya que o alcanzo el tubo del techo.

    De un momento a otro me encuentro completamente rodeada de gente, todos apretados, mirándonos unos a otros tratando de no caerse en medio de los saltos que da el camión por los baches o topes de la carretera, en medio de tanto apretujón y movimiento siento la presencia de alguien exactamente detrás de mi, no de la forma habitual como cuando alguien se coloca con respeto detrás de otra persona sino repagándose con más confianza haciéndome sentir incomoda, doy un paso hacia adelante haciendo de hinojos una mueca de molestia sin embargo éste a su vez dio también un paso hacia adelante haciéndome ver que no me dejaría en paz, fue cuando pasando unos minutos siento claramente como coloca sus manos en mis caderas.

    Por un momento pienso que es mi esposo, pero no, el se encuentra del otro lado platicando con uno de los maestros compañeros del plantel, de inmediato retiro con autoridad mi cuerpo y le digo a mi esposo al oído que alguien me estaba tocando, pero como siempre, solo sonríe el muy pendejo y sigue en su plática, pasado unos minutos, de nuevo siento esa presencia ajena detrás de mi posando su mano en mi trasero perfecto firme y paradito acariciándolo lentamente por encima de mi minifalda azul de mezclilla strech pegadita a mis curvas, combinada con mis botas negras altas a medio muslo mi blusita negra de tirantitos con bra integrado y una chamarra cortita de mezclilla, volteo de reojo y veo que se trata del mismo tipo, viejo, gordo, feo, maloliente, un poco mas alto que yo y con una gorra del América para acabarla de chingar.

    Pero bueno, el muy cabrón miraba hacia el frente como si no pasara nada, con su manota posada en mi cadera sobándome de un lado a otro, la situación no me gusta para nada, no se si sentir miedo o vergüenza, volteo a ver a mi marido quien sigue sonriente absorto en su plática así que en lugar de reclamarle al viejo hago mi cuerpo hacia atrás acoplándome a su cuerpo, por un momento se quita desconcertado, la expectativa es angustiante, de una buena vez se anima o me deja en paz, no tarda mucho, se acerca de tal forma que puedo olfatear su feo aroma a perfume barato ya que su cara quedaba exactamente por encima de mi cabeza, sigue tocándome las nalgas, aprovechando lo repleto del camión lo siento apoderarse de mi colita abarcándola por completo con sus gruesas y calientes manos como si nada estuviera pasando sigo tomada con una mano del maneral del camión y en la otra mis libretas y libro de clase, sintiendo como este tipo afortunado amasa y aprieta mis nalgas una y otra vez.

    En un movimiento ágil retira sus manos para dar paso a su grueso paquete restregándolo contra mí, es evidente que el tipo esta excitado y erecto, aferro mis libretas contra mi pecho entrecerrando los ojos decidida a saber hasta dónde llegarían los alcances de este atrevido señor, coloca su paquete en la curva que se forma entre mi cintura y la cadera, es increíble sentirlo, comparado con el de mi marido es más largo y gordo, por mucho, se coloca exactamente a la mitad de mis nalgas de inmediato siento emanar ese rico calorcito que tienen los penes correspondo levantando mis caderas parándome sobre la puta de mis botas pero el movimiento de la gente hace casi imposible nuestro acoplamiento.

    Pensando en que nos puedan descubrir, discretamente le tomo el pito con la mano muy fuertemente por encima del pantalón y empiezo a restregárselo contra mi cuerpo, subiéndolo de mi cadera hacia mi cintura y viceversa amasándolo, pelándolo, masturbándolo violentamente aprovechado el movimiento del camión ya que hay un tramo de terracería y baches por donde vamos pasando, el viejo de repente explota en mi manita, es tal la cantidad de semen que empieza a salirse por la tela del pantalón y se embarra en mi mano y mi faldita, la mirada de mi marido me saca de mis pensamientos, me limpio el semen en mi chamarra y continuo el viaje a casa mientras el viejo se abre paso hacia el fondo del camión.

  • Ninfómano (capítulo 2): Mi profesor y el trasero de David

    Ninfómano (capítulo 2): Mi profesor y el trasero de David

    Al día siguiente entré a mis clases de Historia bien temprano; David, el hijo de mi vecino era mi amigo desde hace mucho tiempo, y un pícaro de primera, también veía Historia conmigo de vez en cuando, unas dos veces a la semana, pues era un chico ocupado y repartía su tiempo como podía entre todas sus actividades, ese día le tocó estar conmigo en clases, y yo sin perder tiempo, apenas tuve la oportunidad, le comenté lo que habíamos hecho el profesor de Historia y yo el día anterior; él, por supuesto, quedó maravillado, y aproveché para comentarle que queríamos incluirlo en otra travesura después de clases, así que me preguntó en dónde sería, y le dije que no tenía conocimiento sobre eso, que al salir de clases planearíamos mejor el encuentro.

    La clase se terminó, y tanto el profesor como David y yo nos quedamos de últimos en el salón, para hablar sobre nuestro encuentro sexual, (como pudieron ver David no puso ningún pero); ya los tres estabamos acostumbrados a estas travesuras en la Universidad, y teníamos tanta suerte que jamás nos habían descubierto.

    Comenzamos a debatir para ver en dónde tendríamos sexo, y tendría que ser rápido porque nuestro tiempo límite siempre era de unos 20 minutos; David en un momento de arrebato dijo: «este salón está vacío y los demás también, y el pasillo suele estar solo, ¿qué estamos esperando?

    Nuestro profesor dijo que era un poco arriesgado, pero que sin embargo no era mala idea; en el momento en el que el profesor dijo que no era mala idea, ya David se estaba quitando el pantalón y los calzones, dejó caer toda su ropa en el suelo, luego se agachó y se puso en cuatro, mostrándonos a ambos su enorme trasero y su jugoso ano que pedía ser perforado.

    Yo me acerqué a él enseguida, me llene uno de mis dedos con saliva y se lo metí en el ano mientras mordía y besaba sus nalgas, y mientras yo hacía eso mi profesor fue a la entrada del salón, cerró la puerta y se devolvió enseguida para unirse a nosotros, se quitó toda su ropa, se puso de frente a David, arrodillado, y le metió su pene en la boca para que se lo chupara mientras yo seguía penetrando su ano con mi dedo, no perdí oportunidad para bajarme mi calzón y ya que su ano estaba dilatado y mi pene bien duro, me llené de saliva mi pene, (coloque una cantidad bastante considerable de saliva), y le dije a David: «amigo, te lo voy a meter»…

    David seguía chupando el pene del profesor como un animalito hambriento y mi profesor disfrutando muchísimo, lo único que hizo para responderme fue alzar su trasero y el mismo darse una nalgada bien fuerte, con eso me quiso decir que estaba listo para ser penetrado, así que comencé metiendo mi glande poco a poco, luego ya iba entrando parte del tronco, hasta que por fin estuvo dentro, comencé a bombearlo sin consideración, le daba y le daba, y escuchaba sus gemidos de dolor y de placer; él no soltaba el pene del profesor por nada (yo tampoco lo haría, pues era un pene delicioso, muy velludo).

    Ya habían pasado unos 12 minutos desde que comenzamos a tener sexo, estábamos súper calientes, y eso se demostró cuánto de repente mi profesor suelta un gemido bien sabroso, todos esos minutos de sexo oral valieron la pena pues se vino a chorros en la boca de David, cosa que a David le encantó así que no dejó caer ni una gota en el suelo, se tragó todo el muy cerdo.

    Mientras tanto yo seguía penetrándolo y ya a punto de venirme, por lo que le pregunté si podía preñarlo, a lo que me respondió: «ya me conoces, hazme 3 hijos», me reí por un momento y ya cansado de tanto darle pene a su precioso trasero, por fin se me salió la leche, lo agarré fuerte por sus dos enormes nalgas mientras le afincaba mi pene hasta el fondo y solté todo mi semen en su interior, ya estaba todo sudado de tanto agitarme, pero valió la pena.

    Tanto el profesor como yo nos comimos a David, y él feliz por el resultado. El tiempo estaba más que comprometido, así que nos arreglamos, limpiamos los restos de fluidos que quedaron en el suelo, y salimos del salón. Antes de irnos le dije David que le debía una pequeña sesión de sexo oral, y que se la daría en cualquier momento, quizá en mi casa.

    Próximo capítulo: el jardinero con el pene pequeño.

  • Brenda: ella 19, yo 56 (última parte)

    Brenda: ella 19, yo 56 (última parte)

    Esta es la tercera y última parte de este relato. En la primera parte cuento de cómo conocí y de cómo terminamos teniendo una tarde de placer con Brenda, una chica de solamente 19 años y quien trabaja en un café que visito y también es estudiante universitaria a tiempo completo. Ella cree que me dedico a escribir y le hice llegar un relato erótico donde un hombre de 56 años desea acostarse con una chica joven que casualmente tiene la edad de Brenda. En otras palabras, le estaba diciendo en ese escrito de una forma muy explicita de cómo deseaba poseerla y con lujos de detalles le decía todo lo que le quería hacer. En la segunda parte comienza ese contacto sexual y Brenda experimenta su primer orgasmo con un hombre de forma oral y luego un multi orgasmo por vía vaginal. Ya en este último escrito ustedes descubrirán el último paso en esa la cual es mi típica rutina en este deporte exquisito de la cama.

    Había tenido un orgasmo múltiple y lo sabía porque su respiración se relajaba y segundos después se volvía profusa y entre sus gemidos me pedía que le sacudiera la verga en esa vagina. La verdad que después de sentir frío al comienzo de esta experiencia, terminé sudando entre las cobijas que cubrían nuestros cuerpos y, si no terminé con una segunda eyaculación es que ya a mi edad me toma mucho más tiempo correrme una segunda o tercera vez. Creo que eso es una ventaja para una buena experiencia sexual para una chica joven y con ese impulso joven para obtener un orgasmo y en este caso multi orgásmica, aunque creo que la mayoría de las mujeres son multi orgásmicas y solo falta alguien con el potencial para que una mujer lo experimente. Para mi la clave es tomarme el tiempo y ya que la mayoría de las mujeres son muy auditivas, pues ese sexo oral y, no me refiero al contacto de una conchita y mi boca, me refiero a usar palabras que calienten y exciten a cualquiera. Creo que eso le encanta a muchas mujeres y a Brenda le encantaba que le dijera las cosas que deseaba hacerle cuando lentamente la penetraba. Eso de penetrar a una chica y besarle los lóbulos y decirle o hablarle eróticamente las pone al borde del orgasmo, siempre me ha dado buenos resultados.

    Ahora mi tercer y último paso es conquistar y penetrar un buen culito y obviamente el sexo anal no es para todos, pero si lo vas a experimentar la primera vez o esta sea la veinteava vez, la clave es paciencia y mucha lubricación. Ahora, también debe haber una gran dosis de confianza y eso lograrlo en una primera vez es cuestión de hacer gozar sexualmente a tu pareja en esos primeros dos pasos. La mayoría de las mujeres creo que tienen el pudor y regularmente no te lo dejan probar en la primera oportunidad, pero si las tienes al borde del orgasmo, en ese punto no se piensa mucho y terminan cediendo y si se los haces bien, hasta se pueden volver adictivas al sexo anal. Con Brenda quien venía de gozar un múltiple orgasmo fue cuestión de seguir dándole placer.

    Después que se fue a dar una breve ducha al cuerpo, salió envuelta en una toalla donde yo la esperaba sentado contra el espaldar de la cama. Llegó a darme otra mamada ya que mi verga se encontraba flácida. Me la volvía a parar y luego se sentó sobre mis piernas y mi verga volvía a penetrarla no sin antes ponerme otro condón. En esa posición le chupaba las tetas, cosa que Brenda me decía que le encantaba. Ahora ya sin calzones, totalmente desnuda ocupaba la humedad de nuestras secreciones y comencé a masajear sus nalgas, pero sobre todo masajeaba delicadamente su ano. Le chupaba sus dos tetas, tenía mi verga en su vagina y mis dedos masajeando su ojete. Después de unos minutos en esa posición le dije al oído que me quería comer su culito y ella automáticamente se levantó y se puso en cuatro y me dijo: – Es todo suyo.

    Que precioso es ver y escuchar una chica que se te ofrezca de esa manera. Con eso me decía que me tenía confianza, con eso me corroboraba que lo que había vivido conmigo lo estaba disfrutando. Que delicioso era ver ese paisaje de un culito redondito y sólido de una chica de 19 años. Podía ver esos dos orificios que eran un bonito paisaje desde mi ángulo y podía distinguir esa sombra blanca en una piel de tez clara, de los calzones que deben ser bikinis los que regularmente usa Brenda. Comencé a besarle desde la última vertebra de su columna y tomé posición para besarle los pliegues de sus nalgas. Al principio la sorprendió la sensación de la cosquilla, pero luego le fue encontrando placer sexual cuando llegué a besar la entrada de su ano. Miraba como contraía su ojete, en esa piel corrugada del ano y que mi lengua se iba a dar gusto en chupar y que sabía Brenda también iba a disfrutar.

    La tenía en cuatro y miraba como la piel de sus nalgas se erizaba al contacto de mi lengua. Gemía pausadamente y le temblaron las piernas cuando de repente comencé a tocarle con un dedo su clítoris. Al principio fue un roce delicado con mi dedo en su clítoris mientras le chupaba el culo, hacía una pausa y solo le seguía chupando el culo y regresaba con mi dedo y se lo golpeteaba con un poco más de fuerza y Brenda solo me dijo entre un gemido pausado: Usted no sé si es un diablo o un ángel para coger, pero esto me va a volver loca… me lo imaginé en el relato, pero esto… que rico, me va a hacer acabar. – De esa manera continué pausadamente y cuando pasaron los minutos y su pelvis se movía como queriendo encontrar esa fricción de su clítoris con mis dedos, en ese momento solo fue un masaje de mi lengua en su rico culo mientras con mis manos le abría las nalgas. Muchas chicas me han dicho que en ese momento que sienten que les abro las nalgas con mis manos mientras mi lengua hace por penetrarles el culo me han dicho que es una sensación indescriptible y precisamente en ese momento Brenda comenzó a mover su pelvis como si mi lengua fuera una verga y solo ahogó su gemido llevando su rostro a la cama y solo me dijo: ¡Métame la verga, me está haciendo correr!

    Por lógica se la dejé ir por la conchita y esta mujer aullaba cuando se la metí. Le di un embate bestial y esa cama no sé cómo no se quebró, pues parecía que colapsaba. En ese orgasmo comencé a masajear con más presión su ano con mis dedos al punto que el primer falange de mi pulgar está adentro de su culo. Que rico, que delicioso era escuchar a esta mujer gozar este orgasmo. Cuando se recuperaba me abrazó y pude ver lagrimas de placer. Me tocó la verga que se ponía flácida y se agachó y me quitó el condón y me la comenzó a mamar con cierta desesperación. Me la volvía a parar con esa rica mamada y me dijo: Ábrame el culo, que es lo que usted quiere, ¿verdad?

    Se volvía a poner en cuatro y con ese culo dispuesta a recibir mi verga. Le eché saliva a mi verga y comencé la penetración. Su culo apretado me negaba la entrada, pero poco a poco con la dilatación con mis dedos ese anillo comenzó a ceder. Mi glande entró y centímetro a centímetro la mayor parte de mi verga entro. Se lo estaba haciendo sin condón y sentía como ese culo se comprimía. Escuchaba los gemidos de Brenda y de repente sentí como Brenda me tomaba en esa posición con su mano los huevos y me los comprimía también. La sensación fue tan rica, tan deliciosa y comencé un vaivén que solo pasó un par de minutos y sentí los espasmos en la espalda baja, una corriente subiendo mi cabeza y volvía a bajar a mis piernas. Mis testículos se volvían a fruncir y expulsaron mi segunda corrida. Se la saqué hasta que mi verga se puso flácida de nuevo y mi esperma comenzó a salir de ese culito primeramente con unas cuantas gotas y luego salió como un pequeño riachuelo que se extendió en su entrepierna.

    Nos fuimos a bañar y Brenda descubrió un pequeño sangrado de su culo y le dije que eso era normal. Nos secamos y nos recostamos en su cama y teníamos una plática trivial. Luego pensé que la sesión terminaría, pero esta chica me sorprendió con algo que me pidió y que ella quería vivir. Quería que le chupara la panochita, pero ella quería sentarse en mi boca. Tomamos la posición para que ella se apoyara con el espaldar de la cama. Me puso su panocha en la cara y comenzó con un vaivén semi lento primeramente y podía sentir como su concha soltaba un riachuelo de jugo vaginal y en minutos todo mi rostro estaba mojado. Movía las caderas friccionando su panocha sobre mi cara y sobre todo en mi boca y nariz mientras yo le tomaba de las nalgas sólidas que tiene y de esa manera explotó en minutos con un bestial orgasmo. Que rico olía esa panocha, que delicioso sabían esos jugos y ella me besó el rostro saboreando sus propios jugos. Me tenía a mil y se bajó a mi verga y a los minutos me hizo acabar causándome mi tercera corrida.

    Eran ya las nueve de la noche y fue una buena cogida. Ahora si me preguntan que fueron los bocadillos que me ofreció… ustedes se lo imaginaran. El mejor bocadillo que un hombre como yo desea y eso es disfrutar y comerse plenamente a una bonita chica y en el proceso darle el mejor placer posible.

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  • Con Blanca de Monterrey

    Con Blanca de Monterrey

    Hola, saludos desde Monterrey, N.L. Mex. Tengo este otro relato.

    Resulta que allá por los 2014, conocía por Facebook a una deliciosa chaparrita, de nombre Blanca, en ese año ella de 27 y yo de 24 años, de esas chaparritas piernudas, cara bonita, nalgona, de tetas no grandes pero sabrosas, vestía muy sensual, deliciosa, en pocas palabras buenota la cabrona.

    Recuerdo que la agregue a Facebook y me comenzó a llamar la atención por su físico, subía sus fotos muy sexys, en mini faldas, vestidos cortos, chiqui short’s, luciendo sus piernotas, así que comencé a platicar con ella, al principio como todo de apoco a poco, hasta que tuve la oportunidad de decirle que me gustaba. 

    De ahí para adelante fue convencerla para vernos, primero para salir a pasear y conocernos, pero era inevitable platicar sexualmente, comencé a decirle que tenía bonitas piernas, que me gustaban un chingo, que ya quería tenerla cerca para abrazarla, darle besos en su cuello, besar sus piernas, todo de ella, le dije que yo no tenía experiencia, que con ella sería mis primeras veces y creo que eso fue lo que le dio curiosidad.

    La verdad si me llevo tiempo en convencerla, hasta que comenzó a ceder, eso sí, comenzaba a decirme que no me creía que fuera mi primera vez, que estaría rico estar con alguien sin experiencia. Hasta llegué a decirle que le daba $$ para que aceptara y cumpliera mi fantasía Y así estuvimos hasta que arreglamos vernos cierto día, en ese día estaba yo bien cachondo, quería chingarme un culito y todo el día estuve convenciéndola hasta que por fin acepto la Blanca.

    Nos vimos en el centro de la ciudad, acordamos vernos ahí en Interplaza saliendo del trabajo, ella trabajaba en una clínica en ese entonces así que ese día vestia ropa de ese tipo, aun así se le notaban sus riquísimas nalgas, desde que la vi esperándome para ir a coger traía la verga durísima, llegué, nos saludamos de beso y me dice: pues vámonos, ella fue la que sugirió a cual motel iríamos, porque se supone que yo no sabía nada de eso jaja y ella lo tomo a bien, nos fuimos al Cascada, nunca nos habíamos visto en persona pero si platicábamos a diario y era como si ya nos conociéramos de mucho tiempo.

    Llegamos, pedimos el cuarto, al entrar nos pusimos cómodos, ella tomo la iniciativa, puesto que era la de la experiencia, yo fingiendo no saber mucho jaja, se recostó, comenzamos a platicar normal, para entrar en confianza, me preguntaba: 

    B: ¿De verdad será tu primera vez? 

    Yo: Si Blanca, he tenido fajes y me la han mamado pero nada más.

    B: Está bien, te creo. 

    Platicamos un poco más, de pronto comenzó a acariciarme la verga sobre el pantalón, obviamente se me paro la verga a más no poder, estaba frente a esta delicia de mujer, comenzamos a besarnos, me saco la camisa, me quito el cinturón

    Yo: Déjame pedir condones.

    B: Por ser está tu primera vez te dejare que me cojas sin condón.

    Yo: ¿Estás segura?

    B: Si, te tocara bueno, hoy te haré hombre y tiene que ser al natural para que lo disfrutes . 

    Comenzó a quitarse la ropa, traía una tanguita color blanco y todavía me la modelaba y me decía 

    B: Mira, ¿que te parece? 

    Yo: Estás bien buena mi amor

    B: Mira las piernas que tanto te gustan y se agachaba parando su culito rico.

    Yo me le acerque, la abrace y comencé a besarla y acariciarla como loco, en su boca, su cuello, sus hombros, le saque las tetas y comencé a besarlas, le mordía sus pezones deliciosos, mientras le acariciaba sus nalgas, se las abría, pasaba mi mano tocando su culito, tocaba su panochita, le hice a un lado su tanguita y se la estire, ella solo gemía.

    B: Acuéstate bebé, me dijo

    Y tomo mi verga con una mano, paso la lengua por la puntita, después por lo largo y ancho y se la metió toda a la boca, comenzó una mamada deliciosa, Yo no podía creer que tenía mamándome la verga a esa mujer tan buenota, después de unos minutos de mamarla, se acomoda para sentarse y para irse clavando mi verga en su panocha y comenzó a cabalgar rico, 

    B: Que rica verga tienes papito, yo te voy a enseñar a usarla, todas las viejas que te cojas después me lo van agradecer, tienes buena herramienta, me calienta ver tu verga sin vello, me la quiero comer toda!

    Yo: Que rico Blanquita, enséñame todo lo que quieras!

    B: Que rico me entra, que rico me la encajas! me voy a venir!

    Y comenzó a subir y bajar rápido hasta que sentí como escurría un líquido caliente por la verga, yo cada que podía le agarraba sus nalgas y se las abría mas.

    B: Cabron, mira como me haces venir y eso que no sabes coger según tu!

    Se acostó en la cama y me dice, ¿aún no tienes ganas de venirte?

    Yo: No Blanquita, quiero más, quiero cogerte rico toda la noche, quiero llenarte de lechita 

    B: Ven bebe, métemela, dame más verga, mira como me tienes escurriendo cabrón.

    Acomodé la verga y ella acostada con las piernas abiertas de una se la dejé ir, empezó a gemir fuerte y rico:

    B: Dale así así ahhh ahhh que rico papi, dame más!

    Yo: te voy a coger por todos lados, dame tu culito

    B: Soy tuya, cógeme como quieras!

    Puse sus ricas piernas en mis hombros la hice a un lado y seguí metiéndole la verga, que rica imagen que aun tengo presente, esas piernas, su piel sudada, gimiendo de placer!!

    Estaba yo bien pinche caliente y le puse la verga en la entrada de su culito, pero cuando la sintió se arrepintió, me dice

    B: Me vas a lastimar, la tienes gruesa y grande, mejor otra ocasión.

    Yo: ándale Blanca, déjame metértela por atrás, pero no quiso en ese dia.

    La puse en 4 y se la volví a meter, ahí la tenía gimiendo jadeando intensamente, con las nalgas bien paradas, le daba de manazos en esas ricas nalgas, se las besaba uff recuerdo cómo chocaban nuestros cuerpos. Y así estuvimos cogiendo en varias posiciones por casi 3 horas.

    B: ¡ya nos tenemos que ir y no te has venido! Yo ya me vine varias veces, para ser tu primera vez no lo haces mal, pero ya tienes que venirte, se nos va acabar el tiempo del cuarto, no te vayan a doler los huevos por no venirte!

    Yo: ¿Dónde quieres que me venga?

    B: ¡Donde quieras papi!

    Yo: Quiero aventarlos en tus nalgas, en tus piernas, en tu cara, en tus tetas

    B: Hoy estás de suerte, así que te dejare venirte dentro de mi papi!

    Yo no lo podía creer, cogérmela sin condón y todavía venirme dentro de ella uff, comencé a darle duro para poder venirme, hasta que la inunde de toda mi leche y al mismo tiempo la veo como comenzó a temblar, se había corrido al mismo tiempo, es algo muy rico. Nos recostamos para descansar y tomar aire, yo no deje de acariciarla por todas partes, sus piernas en verdad me volvían loco!

    ya que recobramos energía, nos bañamos para quitar lo sudado, tenía ganas de cogerla en la regadera pero ya no había tiempo, le di $$ lo acordado y nos alistamos para salir, tomamos taxi hasta la estación del metro en Cuauhtémoc y de ahí cada quien para su rumbo, cogimos en otras ocasiones, también me llego a compartir fotos de ella desnuda, algunas con ropa erótica, pero eso tal vez serán para otros relatos.

    El relato siguiente es de como me cogía a una madura casada de nombre Lety, que vive ahí por Aztlán cerca de la estación talleres. 

    No soy escritor profesional, hago lo mejor que puedo, se aceptan comentarios, ¡saludos!

  • Entrampado (01): Contacto

    Entrampado (01): Contacto

    Había sido una gran metedura de pata. Lo que había comenzado como un juego había terminado convirtiéndose en una broma de mal gusto.

    Todo comenzó como algo inofensivo. Martin se instaló una aplicación de mensajería instantánea mediante la cual podía chatear de manera anónima con otros usuarios de cualquier lugar del mundo. Estaba tremendamente orgulloso de Natalia, su mujer, y en cierto momento comenzó a sentir la necesidad de mostrar a otros su belleza, para vanidosamente alimentar su propio orgullo. Pero obviamente, al ser emociones de carácter sexual, no podía mostrársela a cualquiera. No quería que nadie que les conociera pudiera llegar a saber de su vicio secreto. Así que se descargó la aplicación en su móvil, se hizo llamar “Marido Orgulloso” y así fue entablando conversaciones con unos y con otros, siempre de un alto contenido erótico.

    Por otro lado, desde otro lugar del mismo país, un pervertido que se hacía llamar “Semental”, también se había descargado la misma aplicación. Desde la intimidad de su hogar, comenzó a chatear de forma anónima con hombres a los que les excitaba hablar con otros hombres sobre sus parejas, y en ocasiones hasta se atrevían a compartir alguna foto. La verdad es que rara vez conseguía de ellos más que dos o tres fotos sugerentes de una mujer, a la que normalmente no se le veía el rostro, y de la que tras unas horas de conversación subida de tono con el hombre que vivía con ella, nunca volvería a saber más. Ni de ella ni de su amante.

    Y fue así cómo Martin llegó a ser uno de esos contactos. En un chat grupal en el que algunos hombres mostraban fotos sugerentes de mujeres que afirmaban que eran sus parejas, Semental observó cómo Martin acababa de subir una sugerente foto de Natalia. Semental no lo sabía, pero era la primera vez que Martin hacía algo así. Ni siquiera era una foto desnuda, como muchos otros mostraban a sus parejas, sino que simplemente era una foto de Natalia con un vestido cortito de verano, en la que a Martin le gustaba cómo se la veía. Eso sí, para evitar que alguien pudiera reconocer a Natalia, Martin había distorsionado la cara de su mujer. Pero incluso con tan solo eso, Martin ya estaba muy nervioso y totalmente excitado, sabiendo que hombres extraños contemplarían a Natalia con ojos lascivos.

    Para mayor precaución, Martin se había metido en un chat en inglés, donde los hombres que interactuaban eran en su mayoría de los EEUU. Por supuesto, nunca daría su localización auténtica, ni compartiría ningún tipo de dato personal. Semental, por su parte, afirmaba en ese chat ser un joven americano que se excitaba viendo cómo otros hombres mayores que él compartían a sus mujeres. Pero realmente, ni era joven ni era extranjero, era simplemente la estrategia que se había marcado para intentar engañar a algún ingenuo y conseguir invadir la intimidad de un hogar extraño. Y la foto que Martin compartió le llamó poderosamente la atención.

    No era una foto obscena, ni mucho menos, pero Natalia, aun sin poder ver su cara, era una mujer atractiva. Semental tuvo la sensación de que era una inocente ama de casa y le entraron ganas de ver más. Sabía que era la mujer de otro, sabía que a él no le pertenecía, y eso le excitaba enormemente. Así que abrió una conversación privada con el tal “Marido Orgulloso”, el pseudónimo que Martin había elegido a efectos de mantener su privacidad.

    Por parte de Martin, la verdad era que tras ver las reacciones y los halagos de otros hombres a la foto de su esposa, se había quedado con ganas de mostrarles más. Y cuando Semental le abrió un privado, estaba justo en esa tesitura de si debería compartir más o si por el contrario era más prudente retirarse a tiempo del juego. Así que con esas dudas aun en la cabeza, respondió al mensaje del tal Semental, pero por el momento decidió que no compartiría más fotos.

    Aun así, Semental decidió continuar con la conversación y limitándose a lo que tenía, comenzó a hablarle de lo que él veía en esa foto. De la forma del cuerpo de esa mujer, de sus delicadas piernas, de cómo esos muslos se ocultaban bajo su vestidito y de cómo le encantaría levantarle la falda para verle sus braguitas.

    Al cabo de dos largas horas de conversación, Semental se estaba ganando la confianza del marido. La verdad es que Semental habría preferido estar hablando con una mujer, pero las mujeres eran más difíciles de encontrar y mucho más difíciles aún de convencer de que enviaran fotografías íntimas. Los maridos, por la experiencia previa que ya tenía, eran más fáciles de manejar. Aunque casi siempre terminaban desapareciendo y se perdía el contacto. Sin embargo, aunque aún no lo sabía, iba a conseguir de este hombre mucho más de lo que se podría haber imaginado.

  • Un viaje en tren con gayola incluida

    Un viaje en tren con gayola incluida

    De veinteañero en el tren Estrella nocturno mucho anduve,

    con sus compartimentos cerrados y su pasillo lateral, la emoción contuve.

    Lástima que ya no exista aquella forma de viajar e ilusionar,

    con el avión y el AVE pocas aventuras amorosas puedes ambicionar.

     

    En uno de aquellos viajes una mujer de mediana edad se sentó frente a mí,

    en el compartimento éramos varios los pasajeros y a una charla amena accedí.

    La mujer era muy elegante y culta, y con su elocuencia me embaucó,

    hablaba de todo un poco y mi atención e interés captó.

     

    La mujer llevaba botas de tacón, falda larga plisada, blusa y abrigo de piel,

    el pelo recogido en un moño, gafas y en su angelical rostro algo de sombra de ojos y pintalabios color miel.

    A medida que se adentraba la noche los pasajeros iban apeándose,

    de madrugada, en aquel compartimento, solo quedábamos los dos y fue acomodándose.

     

    Me comentó que su marido, puntual, la aguardaría en el andén,

    que era un hombre afable y correcto. A todo le decía amén.

    Tampoco escatimó elogios hacia mi persona, por simpático y educado,

    yo le devolví los halagos. El cortejo empezaba. Lo tenía estudiado.

     

    Aprovechando que yo era un viajero de paso al cual nunca más vería,

    se lanzó a hacer algo que en su entorno laboral y social se abstendría.

    Sentándose a mi lado me espetó un morreo tan intenso,

    que no dudé en cogerle una mano y guiarla hacia mi paquete, ya inmenso.

     

    Ella, bajando la cremallera sacó del interior mi rabo a tomar el fresco,

    comenzó a machacarlo, con garra, hasta ponérmelo bien inhiesto.

    Cubrió mi entrepierna con su abrigo por si alguien asomaba por el pasillo,

    y sin perder el ritmo del machaque me iba lamiendo el cuello, sacando brillo.

     

    El tiempo se nos echaba encima y se quedó con ganas de montarme,

    pero era toda una experta zurrando sardinas, llegó a impresionarme.

    Por fin llegué al éxtasis manchando el abrigo de considerable lechada,

    ella exprimía mi polla, luego limpió su mano en la tela abrevada.

     

    Sin despeinarse el moño ni desmaquillarse demasiado,

    ¡qué deliciosa gayola me proporcionó!, quedé extasiado.

    Decidimos bajar del vagón por diferente puerta,

    le dio un piquito a su marido y se fue alejando de mí, la muy puerca.

  • Un encuentro casual con las amigas de mi esposa

    Un encuentro casual con las amigas de mi esposa

    Como ya les indiqué al principio, quedamos con unos amigos de la infancia en ir a un bar del centro histórico. Cuando estaba disfrutando de unas copas y risas veo a Juan quien es esposo de Naty, una amiga de mi mujer con la cual habíamos culeado en algunas ocasiones.

    Nos saludamos y seguido me llevó donde estaba Naty y su otra amiga Gabriela. Gaby es prima de Naty y alguna vez escuché a mi mujer hablar de ella, en donde resaltó que estaba divorciándose de su marido por un tema de infidelidad.

    Saludé a las damas y me invitaron a pasar con ellos. Mis amigos se embriagaron y fueron a continuar en otro lado indicándoles que me quedaba imaginando lo que iba a pasar. Tragos iban y venían hasta que se acercaron tres hombres fornidos… Dos caucásicos y uno de raza negra quienes empezaron a platicar con Naty y Gaby muy amenamente.

    En un momento le dije a Juan que si no le molestaba que esas dos estén muy coquetas con esos tipos… Juan esposo de Naty me dice que ellos son compañeros de trabajo de Gaby y que estaban de visita en el país desde otra subsidaria.

    Los tipos se llamaban Julián, Roberto y el negro era Ricardo. Nos invitaron a seguir la farra en un airbnb que habían contratado a dos calles de esa barra. Las chicas con sus tres amiguitos se adelantaron, y con Juan pasamos por una licorería comprando varios vinos para continuar la noche. Nos demoraríamos unos 25 minutos en ello, hasta que llegamos al departamento y no salía nadie a atendernos. Luego de casi una media hora tocando la puerta, sale Ricardo nos dice que pasemos. El tipo estaba como nervioso y nos dijo que «las chicas lo pidieron y por eso les hice pasar».

    No entendí bien, pero en la sala de abajo no había nadie. Ricardo nos invitó a subir y en el segundo piso había una cama con dos sofás… Un espectáculo de película porno se daba, y allí le veo a Naty con Julián y a Gaby con Roberto todos desnudos. Julián (hombre alto vigoroso con bastante barba y cabello) estaba parado mientras Naty le estaba dando una tremenda mamada de verga circuncidada de al menos unos 20 cm, le pajeaba y le lamia desde las bolas hasta la cabeza del pene. Por otro lado, Gaby una mujer con una tremendas caderas y nalgas pronunciadas estaba recibiendo una lamida de ojete por parte de Roberto. Este cabron le pasaba la lengua de arriba a abajo por toda la raya del culo de Gaby quien solo cerraba los ojos y disfrutaba de las succiones que le daba ese cabrón.

    Ricardo nos dijo que tomáramos asiento y así lo hicimos. Este empezó a desnudarse y pude notar que era muy fornido y dejo caer una verga negra y chueca (casi como un bumerang) de al menos unos 22 centímetros. Era gorda y venosa. Yo miré a Juan y el cabron empezó a masturbarse sabiendo lo que iba a pasar.

    Como ustedes ya saben, Naty tiene unas tremendas tetas. Julián se acomodó en el sofá y Naty empezó a cabalgarlo duro… Esta puta subía y bajaba entregándole sus tetas a Julián mientras su marido se masturbaba. Al lado de estos estaba Gaby quien había colocado encima de la cama a Roberto y de igual manera empezó a cogérselo cabalgándolo brutalmente. Ricardo quien ya se encontraba desnudo y con el mástil medio parado se dirigió hacia las parejas sacando algo de unas cajitas. Enseguida pude notar que se trataba de unos plug anal… Mientras Naty cabalgaba a Julián, Ricardo se acercó por atrás a ella y lamiéndole la oreja puso saliva en ese plug y lo fue insertando en el ojete de Naty. Asimismo, se acercó luego a Gabby quien, al mirarlo, solo sacó sus enormes y deliciosas nalgas abriéndoselas con sus manos, y Ricardo de la misma manera ensalivó el dispositivo y lo metió su ojete, mientras Gabby cerraba sus ojos del placer que sentía.

    Enseguida estos cabrones empezaron a culear y a gemir duro. Supuse que fue la sensación apretada de tener un pene en la vagina y los plug en el orto… Julián y Roberto estaban dándoles duro a estas putas y ellas terminaban a chorros a cada momento. Naty volteó su cabeza y se dirigió a su marido mientras este se sobaba los huevos, le hizo una señal de que se acerque y este llegó y se sentó al lado de Julián. La cabrona se levantó y se subió en su marido y este empezó a mamarle las tetas… Sólo vi que volteó mirando a Ricardo parando el culo para que este se acercara.

    Ricardo se situó atrás de ella. Tenía una verga completamente parada y torcida que latía por un hueco, pero ese cabron le sacó el dildo a Naty dejando ver un tremendo agujero anal que esa huevada le había causado por la dilatación. El cabrón situó la cabeza del glande en la entrada del culo de Naty y lo dejo entrar de lleno… La puta dio un tremendo grito de placer y en seguida el moreno empezó a bombear. Mientras este cabron de Ricardo le taladraba el culo a la mujer de Juan, éste succionaba sus tetas sacándolas leche. Ricardo se acomodó más y empezó a darle con todo provocando que Naty terminara una y otra vez encima de su marido quien soportaba con fuerza las embestidas que daba negro.

    Yo no perdí oportunidad y me situé al lado de Gabby quien de igual manera cabalgaba vaginalmente a Roberto. Le quité el Dildo y pude ver un tremendo agujero anal de la puta, mientras se contraía por las embestidas que le daba Roberto por la chepa. Como ustedes saben mi pene de 20 cm cabezón hace estremecer a cualquier zorra. Apunté a su orto y suavemente lo fui metiendo hasta que desapareció en sus nalgas. Era increíble… Sentía el pene del cabrón de Roberto que entraba y salía de la vagina de Gaby mientras la puta echaba chorros de líquidos por su clítoris y vagina… Estábamos dándole con todo a esta puta y yo empecé a tomarla de los cabellos mientras metía mi pene con todo en su humanidad. El cabron de Roberto succionaba las tetas mientras empecé a nalguearle a la cabrona por ser una buena puta.

    En un momento veo que Juan estaba penetrando vaginalmente a su esposa mientras Ricardo seguía perforándola el ojete… Estos culeaban duro, pero la puta de Naty no podía más…, ese negro la cogía de las caderas y la daba duro. Julián pidió turno a su amigo Ricardo y este empezó a comerle el orto a Naty mientras ella seguía con su marido vaginalmente. El cabron de Ricardo me vio y me dijo: ¡¡Hey Marcos déjame probar esas nalgas de esa perra!! Me hice al lado porque ya estaba por terminar…, ese negro se posicionó y le metió todo su tronco a la perra de Gabby mientras ésta susurraba que ya no aguantaba más carne.

    Gabriela pedía que no la preñáramos una y otra vez… Y tras unos instantes acordamos entre todos los machos darle semen a Naty, ya que Gabriela al parecer estaba ovulando y no valía preñarla; entonces nos pusimos los cinco en fila mientras Naty estaba en cuatro y Gabriela al lado de su culo… Llegó Juan y Julián sobándose la verga y dejaron toda su leche en las nalgas de Naty… Enseguida Gabby empezó a lamerle las nalgas para limpiarle. Seguido vino Ricardo quien tomó a Naty por la chepa y empezó a darle duro hasta que terminó dentro de ella. Leche salía de esa vagina y claro Gabby lamió y succionó todo ese semen del negro. Roberto prefirió la boca de Gaby quien mamo y mamo hasta que el cabron le terminó en la cara, seguido Naty y Gabby se besaron lamiendo cada gota de semen de Roberto. Me tocaba a mí y confieso que ya no aguantaba más… Naty me dijo que la cogiera por el ano y así lo hice… Le pegué unas buenas embestidas y cuando estaba por terminar la cabrona se sacó mi pene y se volteo para que le terminara en sus enormes tetas… Esta hdp me sacó hasta la última gota de leche, y luego Gabby la limpió mamando sus tetas y después finalizaron con un gran beso.

    Nos relajamos un rato y Ricardo pidió ir al cuarto con Gabby. Estos dos fueron y mientras nosotros bebíamos un rico vino, escuchábamos los gritos de placer de Gabby quien le pedía a Ricardo que la preñara insistentemente.

    Amanecía y debía ir a casa. Salimos con Naty, Juan y Gabby a quien le temblaban las piernas. La puta no podía caminar y como sea nos subimos al carro. Juan me pidió que vayamos a su casa a continuar…, a lo que dije que sí, pero esta es otra historia que ya les contaré.

    Espero les haya gustado este relato real que me pasó hace unas semanas… Si quieren más relatos o contactarme, no duden en escribirme a [email protected]