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  • Culeadita rica con el vigilante maduro de mi edificio

    Culeadita rica con el vigilante maduro de mi edificio

    ¡Hola a todos mis amorcitos!

    De antemano me disculpo por dejarlos abandonados tanto tiempo, pero la vida adulta de godín es muy aburrida y realmente no había hecho nada interesante hasta hace unos días que cambiaron al vigilante del edificio donde vivo y con quien he tenido algunos encuentros casuales.

    Los pondré en contexto: Desde hace casi medio año tengo un horario laboral bastante apretado, y debo salir de casa antes de las 7 am para evitar tanto tráfico como sea posible, y saliendo de la ofi, hago tiempo hasta la noche para evitar el mismo fenómeno que sufrimos en la Ciudad de México. Estoy llegando a casa prácticamente solo a ver pelis y dormir.

    Hasta donde yo sabía, el vigilante de mi edificio siempre había sido el mismo; David, un muchacho serio que incluso a veces parecía molesto, motivo por el cual, aunque yo pensaba que era algo guapo, nunca me animé a tener algo más que un saludo por educación. Hace unos días tuve un problema con mi auto, motivo por el que tuve que salir caminando por la recepción para esperar Uber, y cuando me esperaba encontrar a David con sus carotas, me di cuenta que ahí estaba un nuevo vigilante a quien llamaremos «Don Beni».

    – ¡Buen día, joven! – Me saludo él, y yo cortésmente le devolví el saludo. En lo que llegaba mi transporte, me contó que era su primer semana en el edificio y que apenas estaba reconociendo a quienes entraban y salían y sus horarios y que trataba de dar una buena primera impresión.

    Permítanme describirlo: Don Beni es un señor de 65 años de edad, cabello cano, bajito de estatura y delgado; un señor bastante normal, pero con una actitud hermosa y muy amable. Mi rutina durante los primeros días era la misma, bajar a recepción y quedarme platicando con Don Beni en lo que llegaba mi Uber y por la noche, llegar, saludarlo, platicar con él antes de subir a mi departamento y lo mismo al día siguiente. Se convirtió en la primer persona con la que hablaba en el día y también la última.

    Una noche que yo regresaba al edificio, escuché gemidos viniendo de algún lado, y él al darse cuenta que me acercaba, nervioso escondió su teléfono.

    – ¡Joven! ¡No lo escuché llegar!

    – Jaja, descuide, Don Beni, pero ¿Qué anda viendo?

    – ¡Nada, joven! Videos que luego mandan al grupo del personal del edificio.

    – ¿Pero algo bueno? Se escuchaba bien… Le dije

    – No, joven, y disculpe, pero ya casi me voy.

    Nos despedimos como en días anteriores, pero yo subí a mi departamento sumamente fascinado por la actitud tímida de Don Beni, y eso comenzó a excitarme tanto que pensé regresar e invitarlo a subir a tomar algo para después empezar a seducirlo y lograr que me cogiera. La idea me dio vueltas en la cabeza toda la noche, tanto que no podía dormir por estar pensando cómo podría convencerlo para que me hiciera su putita. Dando vueltas en la cama, comencé a tocarme y a acariciar mi cuerpo pensando en él. Estaba decidido a hacer mi primer movimiento por la mañana.

    Al día siguiente me puse una tanga color de rosa pequeñita bajo mi pants y bajé más temprano con el pretexto de recoger un paquete que intencionalmente pedí me dejaran en recepción. Cuando bajé noté que el edificio estaba más silencioso que en otros días, y ahí estaba Don Beni, ahora, aunque trató de negarlo, lo sorprendí por el reflejo del cristal, viendo fotos de senos y culos enormes.

    – ¿Ahora qué anda viendo, ehh, Don Beni?

    – ¡Nada! Respondió nervioso. Mensajes de trabajo. Ya ve cómo son los muchachos.

    – Pura cochinada se mandan en ese grupo ¿Verdad? Jajaja, ¡Nomás antojan!

    – Jaja, pues ¿Qué le digo? Respondió más relajado.

    – ¡Don Beni! ¿Me llegó un paquete?

    – ¡Sí, joven! Aquí se lo dejaron los de anoche…

    Pasé a donde estaba él para «buscar» mi paquete entre otras cosas que tenía, no sin antes acariciar su pierna antes de agacharme frente a él para que pudiera verme el culo. Me tardé un poco más con esa intención, e incluso la tanga se asomó un poco de mi pantalón en lo que yo fingía no encontrar mi paquete.

    Cuando volteé la mirada para hablarle a Don Beni, noté que aunque discretamente, sí me estaba mirando las nalgas mientras estaba ahí en cuclillas.

    – ¡Ashh! ¡No lo encuentro!

    – Yo le ayudo. Aquí está…

    Al dármelo, acaricié sutilmente su mano y le dije: ¡Es usted un lindo! ¡Muchas gracias! Ya puede seguir viendo a sus muchachas, pero que no lo vean, ehh.

    – Sonrío tímidamente y nos despedimos.

    Subí a mi departamento con el corazón súper acelerado, el glande húmedo y el ano palpitando de tan excitante que había sido para mí ese momento tan casual. Esa noche se lo propondría.

    Pasé todo el día pensado cómo hacerle para decirle, ya que siempre me da algo de miedo que alguno de mis encuentros salga mal, pero en ese momento mis ganas de verga eran tantas que decidí correr el riesgo. Llegué al edificio casi a la media noche y ya no había nadie en recepción, excepto claro, Don Beni.

    – ¿Cómo le fue hoy, joven?

    – ¡Agotador! Con muchas ganas de meterme a la cama, pero no a dormir. Jajaja

    – Se entiende. Hoy me toca quedarme hasta mañana a las 7 am que llega el otro turno.

    – ¿Y cómo va a pasar la noche? Viendo sus fotos y videos cochinos ¿Verdad?

    – Jaja, pues es que no hay de otra, joven.

    – ¿Y si hubiera de otra?

    – No le entiendo… Respondió.

    – Pues si usted gusta, puedo darle unas mamaditas para que no se le haga tan pesado pasar la noche. Yo le prometo que nadie sabrá nada.

    – ¡Nooo, joven! ¡Hay cámaras y me pueden hasta correr!

    – En el baño no hay. Piénselo, mientras voy a subir para refrescarme un poco y si se decide, me llama por el Interfon. Le prometo que no pasará nada…

    Subí despidiéndome coquetamente, contoneando un poquito el cuerpo pero con un poco de dudas de si Don Beni se decidiría o no a llamarme, y aunque algo me decía que sí, también dudaba si se animaría porque no tiene ni un mes trabajando en el edificio. Me di una ducha rápida. Me puse cremita rica y debajo de mi pijama me puse un cachetero rojo de encaje. Me serví una copa de vino y a esperar.

    Casi dando las 2 am sonó mi Interfon. Tímidamente escuché a Don Beni diciendo: ¡Está bien! Nos vemos abajo.

    Bajé un gloss para labios, lubricante y un par de condones y bajé de inmediato. El edificio estaba súper silencioso, entonces mis pasos se escuchaban hasta donde ya estaba esperándome Don Beni. ¿Cómo le hacemos? Me preguntó. Usted déjemelo todo a mí, le respondí.

    Los empleados de seguridad tienen en la parte baja del edificio, un cuartito donde pueden dejar sus cosas, cambiarse y descansar, y ellos mismos lo han acondicionado con colchonetas y cojines para hacer más llevaderos los turnos largos. Entramos a ese cuartito y procedí a volverme loca. Me hinqué frente a él, saqué su pene de sus pantalones, me puse gloss en los labios y comencé a besarlo y a lamerlo suavemente hasta que poco a poco comenzó a ponerse durito. No sé si fue por mi tiempo de abstinencia, pero su delgado pene se sentía delicioso dentro de mi boca, entrando y saliendo, dejando cada vez un poquito de su leche en mis labios. Él lo estaba disfrutando mucho, pude notarlo por sus gestos y por cómo intentaba no hacer ruido, pero poco a poco tomaba más fuerte mi cabeza para que se lo chupara más duro. Y ahí estuve, mamándolo y deseando que aceptara la siguiente parte de mi plan.

    – ¿Le enseño algo, Don Beni? Le dije en un momento que logré sacarme su verga de la boca y me alejé para quitarme el pants y viera mi culito con ese cachetero precioso.

    – ¡Está muy rico eh! Me dijo antes de acercarse para arrimármelo y pasarlo por mis nalgas.

    Le pasé un condón y el lubricante para que me pusiera y después de una buena manoseada a mis nalgas y mi ano, me metió la verga de un solo empujón, directo hasta el fondo de mí. No pude evitar gritar, a lo que inmediatamente Don Beni me preguntó preocupado: ¿Te lastimé? – No, ¡Pero tápeme la boca o voy a gritar!

    Así lo hizo Don Beni, me tapó la boca con su mano, por lo que mis gemidos se ahogaban en ella, mientras con la otra me tomaba por la cadera mientras me cogía bien duro contra la pared. Y sí, me dolía mucho el culo, pero no quería que terminara. Por alguna razón el no poder gritar me prendió muchísimo y yo también estaba con el pene erecto y súper mojado. Así estuvo cogiéndome hasta que después de unos minutos terminó. Mis piernas temblaban horrores, no podía sostenerme en pie, por lo que me quedé un momento con las rodillas abiertas en el suelo, y Don Beni frente a mí sudando, por tremenda cogida que me había dado.

    Salgo yo primero y después usted, me dijo.

    Y así pasó. Seguí por el sótano hasta las escaleras de mi piso y subí a mi depa, después de una rica y muy deseada cogida con este nuevo amante.

    Unas horas más tarde volví a verlo antes que terminara su turno. Le dejé un termo con café y nos dimos los buenos días como lo habíamos venido haciendo con anterioridad.

    Hasta el momento, todo bien.

    Sin testigos, puro placer…

    ¡Hasta la próxima!

    Besitos.

    Bellota.

  • La polla de Tomás (2)

    La polla de Tomás (2)

    Si les gusta el relato, agradezco comentarios. Gracias por leerme.

    Capítulo anterior:

    “Tomás la contempló en su desnudez y le dio besos cálidos a sus pechos y termino haciendo un camino de besos hasta sus labios, le cerró los ojos y Carmen, creyendo que vivía en un sueño quedó dormida. Después de taparla con la sabana, Tomás abandono la habitación de Carmen cerrando la puerta y en silencio”

    La polla de Tomás capítulo 2:

    El día amaneció tarde para los de la casa. La noche había sido larga para todos. La casa olía a sexo nocturno. Tomás fue el primero en levantarse. Como era habitual un día de sábado que lo pasaría en casa, se dio una ducha y se dirigió a la cocina. Tomás andaba como era de costumbre algunas veces cuando no había prisas para hacer nada y todo el día por delante, en pelotas por la casa. La oscilación de su polla al andar, le recordó que Carmen estaba en la casa, por lo que regresó a su habitación a ponerse un bóxer, no quería causar incomodidad a la invitada por su madre, aunque ayer por la noche se la había follado y bien y tenía en mente durante su estancia follársela más de una vez.

    Recordar el polvo con Carmen le puso la polla morcillera. ¡Joder que tetas, que coño y que buena esta la cabrona! Espero que no se haya cabreado por lo de ayer. Tomás andaba en estos pensamientos mientras se hacía una tostada y un café. Se tomaba el café solo y amargo, nunca le echa azúcar. Terminó de desayunar y nadie aparecía por ahí, tampoco él necesitaba a nadie. Se dirigió después, como solía hacer por costumbre, al gimnasio de la casa a practicar sus ejercicios habituales, que eran lo que le mantenían este cuerpo en forma y fibroso.

    Ángela, se había levantado y apareció también en la cocina, observó los restos del desayuno de su hijo. Tomás ya se levantó, pensó, y le vinieron en mente las imágenes que contemplo ayer junto a su marido, de su hijo follándose a Carmen, sonrió. Esto había conllevado que ayer con su marido tuvieran un calentón que provocó una noche de sexo desenfrenado. Luego pensó en Carmen, se preguntó si aún dormiría. Decidió ir a despertarla y así desayunar juntas.

    –Toc, toc ¿Carmen estas despierta?

    –Si Ángela, ya me levanto.

    Carmen contestó y percibió que aún debía estar acostada en la cama y entró en la habitación. Así la encontró, medio envuelta aún en una sábana que tenía enrollada a su cuerpo; su media desnudez dejaba a la vista una pierna larga con un gran culo, impresionante de bien hecho. Le dio un cachete a la nalga.

    –Venga, a levantarse, que ya casi es media mañana. ¿Qué tal has dormido?

    –Bien Ángela, he dormido muy bien la verdad. Esta cama es grande y muy cómoda.

    –Venga ven a desayunar conmigo y así de pasada te comento los papeles que me tienes que preparar para el divorcio.

    –Voy

    –Te espero en la cocina.

    Cuando Ángela llego a la cocina su marido ya estaba tomándose un café. Ángela se abrazó a él, le beso y con unos buenos días juguetones le dio a su marido una palmada en el culo. Estaba enamorada ciegamente de su marido, y así llevaba toda su vida, ella era consiente que pocos hombres podría encontrar con las virtudes de Eduardo y que follaran como el seguro que ninguno. La noche anterior mientras observaba a su hijo follándose a Carmen, entendió que Tomás había heredado de su padre esta virtud y eso la enorgulleció.

    –¿Tomás se ha levantado ya?

    –Creo que sí, en el fregadero hay un plato y su tazón de tomar el café. Debe de andar por el gimnasio.

    –¡Joder! con el ejercicio de ayer no entiendo que tenga ganas de más gimnasia ja, ja, ja.

    –Calla y no te rías, que ahora bajará Carmen y no quiero que sepa que ayer los observamos, y tampoco le digas nada a tu hijo ¿entendido?

    –Ja, ja, ja, vale corazón bonito, mutis ja, ja, ja, pero hay que ver el polvo que le metió a tu amiga ja, ja, ja…

    –Calla Eduardo, no te rías de la pobre Carmen.

    –¿Reírme de ella? Si seguro está en la gloria y quizás fue el mejor polvo de su vida, ¡vaya! casi seguro, estará en una nube.

    Y en una nube estaba Carmen cuando apareció en la cocina, su rostro trasmitía esa felicidad que tanto Ángela como Eduardo conocían muy bien. Ángela hizo zumo, tostadas y café para todos. Mientras desayunaban Carmen recibía las instrucciones de Ángela de toda la documentación que debía prepararle. Escritura de la casa, la de sus bienes comunes, la nómina del marido, recibos, facturas, empadronamiento, documentos matrimoniales etc…

    Carmen nunca desde casada se preocupó de nada por esas cosas, mejor dicho, ni de estas ni de nada porque su vida durante el matrimonio fue de señora total, o sea, nunca había dado un palo al agua, los papeles siempre habían sido función de su marido. Muchas cosas se las tuvo que explicar Ángela lo que eran y donde debía buscarlas, ella solo conocía donde estaban las boutiques, el club, los salones de belleza, el gimnasio, los locales chic y los buenos restaurantes y hoteles. La verdad que Carmen estaba muy buena pero de tontita también lo era un rato largo. Ángela temía que al no tener hijos, dependiendo del contrato matrimonial a lo mejor, se quedaba sin nada, pero no se lo dijo porque no quería aún que se levantara un drama antes de leer ese contrato matrimonial.

    Apareció Tomás. Saludó los buenos días a todo el mundo, en especial a su madre a la que dio dos besos, y se fue. No le había pasado por alto a Carmen ver como se marcaba su polla dentro del bóxer de hilo blanco casi transparente y le vinieron recuerdos de la noche anterior, se mojó. Carmen en realidad era una mujer muy caliente, Tomás lo había podido comprobar, primero por la seducción fácil, y por la manera que tenia de soltar flujos y correrse. La polla de Tomás le ocupó su cerebro y se marchó de la cocina a ducharse.

    Este sábado Eduardo y Ángela habían quedado con una pareja de amigos para salir a visitar un pueblo y a cenar. El pueblo aunque ya lo conocían siempre era un lugar pintoresco y agradable para dar un paseo y rematar el día en un acogedor restaurante del lugar donde ya habían reservado mesa.

    –¿Qué hacemos con Carmen? ¿Le decimos si quiere venirse con nosotros?

    –No sé Ángela, yo preferiría no viniera, además tendrá cosas que hacer de las que le has encargado, y además de desparejada tener que aguantar sus llantos de herida emocional no me apetece mucho, la verdad.

    –De acuerdo, le diré que debe quedarse, ya le di una llave de casa y que vaya a su bola, ya tiene coche por si quiere moverse.

    –Y si no estate tranquila que el niño ya la entretendrá ja, ja, ja.

    –Como eres ja, ja, ja.

    –Esta tarde vendrán de la lavandería a buscar los sacos de la ropa sucia y traerán la limpia. Ya la deje preparada ayer. También viene Remedios le encargué que viniera a limpiar la cocina, el gimnasio y esta zona del jardín.

    –Bueno Tomás se encargará de ello, nosotros saldremos después de comer.

    Tomás había cogido uno de sus libros y se encontraba en una tumbona bajo la sombra de un árbol a la fresca, leyendo y fumándose su canutillo de marihuana. Aparecieron su madre y Carmen, las dos en bikini a darse un chapuzón en la piscina. Al poco rato apareció su padre con tres Martini, aceitunas, chips y una bolsita de marihuana y tabaco. Los tres estaban debajo de la pérgola y Tomás los observó un momento, pero pasó de ellos y ya no les volvió a dirigir la mirada, como siempre, a su bola. El paquete de la polla del padre de Tomás en bóxer tampoco había pasado desapercibido para Carmen. En su cabeza pensó que de ahí le venía la polla al niño y mirando a Ángela le entro una celosía amigable pensar lo bien servida que debía estar si el padre follaba como el hijo.

    Llegó el servicio de catering y dejaron el pedido, fue abrirles Eduardo, y se presentó en la pérgola con la comida. Montaron la mesa y Ángela llamo a su hijo para que se acercara a comer. La comida transcurrió divertida, Eduardo era un hombre con salidas cómicas y tenía repertorio de chistes y anécdotas graciosas que inundaron de risas la mesa. El biquini de Carmen era minúsculo, apenas tapaba sus pezones y este detalle no pasó de largo para Tomás, la polla se le estaba poniendo morcillona dentro del bóxer. No había pasado tampoco desapercibido para ella el paquete de Tomás que lo miraba de reojo, pero con disimulo. Los padres se ausentaron un breve momento, y este aprovecho para acercarse al oído de Carmen para susúrrale. Carmen se electrizó

    –Ahí frente aquel Rosal esta tu salto de cama, en aquel arbusto tienes el sujetador y el tanga lo tienes en mi habitación. Esta noche lo vienes a buscar. Al ser tan finos el aire se los debe haber llevado de tu balcón.

    Cuando Carmen iba a responder algo, aparecieron Eduardo y Ángela con postres y café. Ángela expuso todo el plan diario, con Eduardo no tardarían en marchar, que Carmen fuera a buscar los papeles que le pidió y que Tomás estuviera pendiente para los de la lavandería y de Remedios. Terminaron de comer, recogieron y Ángela se percató que en el jardín había dos prendas y fue a buscarlas. Al ver que eran un sujetador y un salto de cama, le volvieron imágenes de la noche anterior de su hijo follándose a Carmen.

    –Carmen ¿No es tuyo este sujetador y este salto de cama? Es raro que estén aquí ¿Los has dejado tu aquí?

    –Al ser tan finos el aire se los debe haber llevado del balcón.

    Carmen agradeció a Tomás haberle dado solución a la situación con esa respuesta, y le dedicó una sonrisa de complicidad, ya ni se acordaba que su camisón, el tanga y el sujetador se habían quedado en el jardín. Ángela le dijo que los pondría con el resto de ropa que se llevarían para lavar.

    Fue desfilando todo el mundo para sus habitaciones y quehaceres, menos Tomás que permaneció en el jardín al lado de la piscina con su libro. Tomás veía a Carmen en la ventana de su habitación con las tetas al aire vistiéndose para salir. Cuando la vio salir de la casa observó su vestimenta. Se limitaba a un mini vestido ceñido negro que le llegaba justo debajo del culo para tapar las bragas. Le dijo adiós con la mano desde la piscina. Salieron también Eduardo y Ángela, su madre iba preciosa con una mini volada plisada de color rosa que parecía una colegiala y una camiseta blanca y ajustada que subía sus tetas hasta casi sacarlas por el escote ¡Que buena esta mi madre! Pensó. Se despidieron y se quedó solo en la casa. Continuó leyendo y a la vez que aguantaba el libro con una mano, con la otra se jalaba la polla. Opus Pistorum, de Miller le estaba gustando y poniendo cachondo, Al poco tiempo tocaron el timbre. Seguro eran los de la lavandería.

    Tomás abrió el portal automático y entro la furgoneta de la lavandería a cargar el saco de ropa sucia, que una vez por semana, los sábados, recogían de la casa. Se bajó un muchacho, poco mayor que él.

    –Buenos días

    –Buenos días, el saco de la ropa esta debajo del porche grande.

    –¿Dónde le dejo la limpia?

    –Ahí mismo, ya la entraré yo a la casa

    Tomás se percató que el muchacho no dejaba de mirarle el bulto de la polla dentro de su bóxer, seguramente era maricón porque solo le faltaba soltar babas ante la visión de su paquete y decidió jugar un poco. Tomas se colocó con disimulo la polla hacia un lado de la pierna y su gran capullo medio salía por el borde del bóxer. El chaval de la lavandería se puso nervioso e intentaba entablar algún tipo de conversación con Tomás. Tomás también se percató que al tío se le había puesto la polla dura, por el bulto que apareció bajo su pantalón. Se rio para adentro, había cumplido el objetivo de poner caliente al muchacho. Una vez hubo cargado en la furgoneta el saco, se despidieron y se fue. Justo terminar de irse el de la lavandería volvió a sonar el timbre. Seguramente Remedios. Fue a abrir y se encontró de frente a una mujer de unos cuarenta años.

    –Buenos días.

    –Buenos días, mire me llamo Anna, soy la hermana de Remedios, ella se ha indispuesto y me ha pedido si podía venir yo a hacer la limpieza, ya ha hablado con su madre ¿no se lo ha dicho?

    –Pues no, seguro me ha mandado un mensaje pero yo no tengo el móvil encima.

    –Bien pues usted dirá lo que tengo que hacer.

    –Pase, sígame.

    Tomás observó a la mujer, muy menudita debía medir poco más de metro cincuenta, enfundada en su bata de trabajo, se le percibían grandes pechos, llevaba el pelo largo con coleta. Muy largo, la cola del pelo le llegaba hasta casi al culo. No era guapa, pero tampoco fea, era lo que se llama una marujita, tenía aires y andares toscos y nada finos. Su voz era grave, parecía la de un hombre, esto le sorprendió a Tomás, una mujer de aquel tamaño no se le esperaba una voz tan grave. Se rio

    Tomás la acompaño al cuarto de la limpieza donde le mostro donde estaban todos los utensilios y productos que necesitaba, luego le mostró donde estaba la cocina, el gimnasio y la pérgola del jardín. Le dijo que si lo necesitaba para algo él estaría por la casa o en el jardín, que pegara un grito que él ya la oiría. Con todo lo chicharrera que estaba la mujer cuando entró a la casa, ahora parecía que le hubiera caído el mundo encima, no articulaba palabra, parecía que estaba en otra dimensión.

    –Anna ¿Le ocurre algo? ¿Se encuentra usted bien?

    –¿eh? Ah…si disculpe, voy a empezar, gracias.

    Lo que a Anna le ocurría es que se había percatado y había observado el tremendo paquete que se marcaba Tomás y quedó absorta. Notó como se le había mojado el coño. Nerviosa, no sabía cómo reaccionar y Tomás percatándose tomó la alternativa

    –Puede empezar por la cocina, después hace la pérgola del jardín y por último termina con el gimnasio.

    –Si, gracias, así lo hare.

    Tomás volvió a su tumbona y continuó con su lectura. Anna se puso a limpiar y ordenar la cocina y cuando terminó al rato salió a limpiar la pérgola. Ahí no muy lejos estaba Tomás estirado en la tumbona, ella le iba dedicando miradas furtivas al paquete y al cuerpo del chaval mientras limpiaba y pensó en la suerte de la muchacha que pillara a semejante bombón de hombre ¡y lo guapo que es! Ya el chocho le amenazaba de llenarse de fluidos cuando observó que Tomás se tiró al agua a nadar. ¡Qué buena vidorra se tiran los ricos! Pensó.

    ¡Madre mía como está el nene! Iban circulando estos y más pensamientos por su mente cuando Tomás salió de la piscina y se fue hacia el lugar donde ella estaba ya casi terminando de limpiar. Tomás llevaba un bóxer de hilo fino y de color blanco que al estar mojado se ceñía y trasparentaba toda la polla marcando todo su volumen y longitud. Anna estaba aturdida ante la visión y Tomás se dio cuenta de la estupefacción de la mujer. Se dirigió a una nevera que había ahí y abrió una cerveza de la que bebió.

    –Anna ¿Quiere usted beber algo?

    –No gracias señor.

    –Por favor no me diga señor, llámeme Tomás, si no le molesta, no me gusta lo de “señor” ¿De acuerdo?

    –Entendido Tomás, gracias por la confianza que me dispensa.

    –¿Quiere una cerveza Anna?

    –Jajaja, muy temprano para empezar a beber, que luego a mí se me sube enseguida a la cabeza.

    –Tómela, mire lo fresquita que está y con esta calor y limpiando le sentará bien. Descanse un poco está usted sudando mucho, hace mucha calor.

    –Gracias, es muy amable Tomás. La verdad es que sí que hace calor. Mi hermana Remedios ya dice que son ustedes una familia de muy buena gente. A ella le gusta trabajar en esta casa.

    –Es evidente que usted es más joven que su hermana, pero no se parecen mucho, nadie diría que son hermanas.

    –Somos hermanas de madre, pero no de padre, nuestra madre enviudó del padre de Remedios y luego se casó con el que es mi padre.

    Fue por la calor, por sed o por los nervios de estar junto a Tomás charlando que Anna se bebió la cerveza de dos tragos. Antes no intercediera palabra alguna, Tomás ya había abierto otra cerveza y la puso frente a ella.

    –¿Otra? Madre mía como voy a ir, a mí me sube enseguida a la cabeza la cerveza.

    –Permítame por ser indiscreto quizás ¿Está usted casada? ¿Tiene hijos?

    –No es indiscreción, tranquilo. Estoy separada desde hace un año y tengo una hija de más o menos su edad, quizás un poco más joven, ella tiene diecisiete años. Al separarme nos fuimos a vivir a casa de mi hermana las dos. Aunque mi ex tiene una orden de alejamiento, decidimos marcharnos nosotras del pueblo donde vivíamos. Aquí estamos más tranquilas y seguras.

    –Vaya, lamento su situación ¿No es usted muy joven para tener una hija tan mayor?

    –Uyyy… gracias por el cumplido pero tengo ya cuarenta años Tomás, no soy tan joven jajaja

    –Pues no lo aparenta la verdad, nadie le echaría más de treinta.

    –Jajaja es usted muy zalamero, aunque no sea verdad le agradezco el cumplido.

    –No es un cumplido, es la verdad

    –Bien, si no le importa Tomás voy a terminar de limpiar esta esta zona y me iré al gimnasio. Gracias por las cervezas.

    Anna empezó de nuevo a terminar de limpiar la pérgola. Tomás se quedó ahí sentado observando a la mujer mientras limpiaba. Esto a ella le empezó a poner nerviosa. Cuando terminó estaba completamente sudada.

    –Bien ya terminé esta zona. Ufff que Calor tengo. Entre el calor de la tarde y las cervezas me voy a derretir jajaja.

    –Anna, dese un baño en la piscina y refrésquese, le sentará bien.

    –Jajaja, solo me faltaría esto, seria abusar de la confianza que me dispensa, además tampoco tengo biquini, he venido a trabajar no a echar un rato de placer jajaja. A Anna se le empezaba a notar la alegría por el efecto de las cervezas.

    –Ambas cosas son compatibles Anna, el trabajo mezclado con el placer es más llevadero. Aquí no le hace falta biquini, seguro lleva bragas y sujetador que viene a ser lo mismo y un chapuzón le sentará bien. Dentro de su cabeza Tomás ya estaba poniendo en marcha el plan para follarse a Anna.

    –No sé Tomás, me da un poco de corte la verdad.

    Sin mediar palabra, Tomás se levantó, cogió de la mano a Anna y la acercó a la piscina. Cuando Tomás se levantó, Anna pudo ver como se marcaba bajo el bóxer su gran polla. Eso la dejó incapaz de cualquier reacción y se dejó llevar. Fue Tomás quien le desabrocho la bata. Anna llevaba un sujetador vulgar que sostenían sus dos grandes tetas y observó sus bragas blancas también vulgares con una mancha en la zona del coño, eso descubría los líquidos que había soltado su coño y le certificaba que la hembra estaba caliente. Anna llevaba un año separada y además no había tenido relación sexual ninguna hacía tiempo, por lo que esta situación la había calentado a tope. Cogida de la mano de Tomás se fueron adentrando en la piscina.

    –No sé nadar Tomás hasta aquí me refresco yo jajaja. Cuando el agua le llegó a sus pechos.

    –Yo te enseñare a nadar

    Sin mediar palabras, tal y como siempre actuaba y sin dejar capacidad de reacción alguna a Anna, Tomás ya la había agarrado y tumbado boca abajo sobre el agua. Le pasó un brazo con total descaro por sus tetas y el otro por su cintura y con ambas manos la tenía agarrada del coño y de las tetas. Empezó a darle instrucciones de como tenía que mover las piernas y los brazos, pero Anna era torpe, quizás por los nerviosa que tenía al notar la mano de Tomás agarrando una de sus tetas y la otra sobre su coño, se hundía y no se mantenía a flote. Se reían los dos dentro de la piscina por la situación, Anna se estaba divirtiendo. Tomás maliciosamente había ido avanzando hacia una zona más profunda de la piscina y cuando comprobó que ella ya no haría pie en uno de los ensayos de natación la soltó.

    Esto provocó que Anna se hundiera enseguida y tragara agua. Ante el hundimiento no tuvo más remedio que colgarse del cuello de Tomás tosiendo al haber tragado agua. Tomás paso las piernas de Anna alrededor de su cintura y le agarró con ambas manos el culo. El coño de Anna quedó aplastado con la polla ya fuera del bóxer de Tomás, que con pequeños movimientos iba rozando con su gran rabo aquel coño, que seguro estaba encharcado, mientras ella seguía tosiendo.

    Cuando Anna quiso abrir la boca para decir algo, se encontró con la boca de Tomas y su lengua dentro. A Tomás le parecía la repetición de la jugada con Carmen la noche anterior, misma escena, mismo escenario, solo cambiaba la protagonista, de una mujerona cincuentona, a una pureta que era como un gorrión con grandes tetas. Porque la verdad que Anna le gustó a Tomás, aquel pequeño cuerpo de poco más de uno cincuenta era esbelto, y con formas, su cadera daba paso a un culo duro y redondo y cada nalga le llenaba la mano a Tomás. La mujer ya estaba vencida y rendida a los besos de Tomás y a los roces de su polla.

    Tomás le sacó el sujetador y las bragas que se perdieron en el agua y colocó su capullo en la entrada del coño de Anna. Con ambas manos cogiendo sus glúteos fue abriendo las nalgas de la mujer totalmente aferrada con sus piernas alrededor de la cintura de Tomás y al notar el enorme capullo en la entrada de su vagina, esta se mojó tanto que ella misma con un solo empujón se metió media polla dentro. Tomás le mordió el cuello, un bocado de vampiro prolongado y de posesión donde sus dientes marcaban la sumisión de la hembra. Separó los cachetes del culo aún más y de un golpe de cadera le metió toda la polla dentro.

    Anna se corrió en el mismo momento que recibió toda la polla, empezaron sus espasmos de placer y lloró de gusto. Tomás le relamía las lágrimas que resbalaban de sus ojos con su lengua vivara mientras empezaba un mete saca a ritmos cambiantes al tiempo que andando, muy despacio, al igual que con Carmen la noche anterior, la fue sacando de la piscina poco a poco y follándola cada vez con más intensidad, duro y fuerte. Anna insertada en aquella polla y sentada sobre ella la cabalgaba con las manos de Tomás en su culo. Tomás le metió dos dedos dentro del ano, marcando el ritmo del folloteo. Anna se corrió de nuevo. Esta vez Tomás notó la gran cantidad de líquido que soltó. Empezó a hacerle un mete saca, ya fuera del agua tan frenético y a tal velocidad que aullando, gritando y llorando Anna empalmó otro orgasmo con el anterior.

    Tomás sabía que ahora ya podía hacer con aquella mujer lo que quisiera, la tenía en total sumisión y recordó pasajes de libros leídos ideales para poner en práctica. Los libros eran los maestros del sexo para Tomás.

    Anna estaba agarrada al cuello de aquel muchacho que podía ser su hijo, y pese a haber estado casada y haber tenido sus escarceos sexuales durante su vida con varios hombres, jamás se hubiera imaginado que se podía llegar a tal grado de placer. Jamás se la habían follado dentro del agua, jamás se la habían follando andando, jamás se había corrido tres veces seguidas y jamás la habían tratado tan dulce y a la vez tan duro, nunca; era ella la que buscaba la boca del muchacho y le sabía a gloria cuando se llenaba la boca de su saliva.

    Andando y follando con la polla dentro del coño los huevos de Tomás chocaban ahora con su ojete al andar, Tomás lo mantenía abierto después de haberle metido los dos dedos dentro, los pezones los tenía erectos y por primera vez Tomás empezó con el chupeteo de uno y otro para cada vez meterse más teta dentro de la boca, hasta casi llegar a metérselas enteras. Estas succiones mantenían en vilo a Anna.

    Tomás la llevo así hasta el gimnasio, sin sacarle la polla de dentro la vagina, la estiró sobre un potro de gimnasia. La descabalgo de su polla y haciendo surcos de besos desde sus tetas hasta su coño, con sus patas agarradas y bien abiertas al máximo empezó a comerle el coño, primero despacio, más que comer, acariciaba su clítoris con sus labios, su lengua se paseaba dando un masaje por la entrada del coño separando los labios vaginales y chupándolos suave, pausadamente. Hasta que pilló su clítoris entre labios y empezó a succionarlos cada vez más rápido, sin pausa, irremediablemente Anna se corrió. Se dio cruces de sentir y ver de qué manera se estaba corriendo de nuevo, su squirt fue como una meada, empapó la cara de Tomas, que abandono el coño para comerle el culo. Le metía la lengua con cantidad de saliva dentro del ojete, y con la nariz jugaba con su clítoris y su coño.

    Anna había llegado al mismo estado en el que llegó Carmen la noche anterior en una semi conciencia inconsciente, este mundo ya no era el suyo, sucumbida a la felicidad, sonreía, gimoteaba, lloriqueaba feliz, riéndose entre suspiros. Tomás cogió un bote de aceite corporal que había en el gimnasio, se puso un chorro en la mano y extendió el aceite en el ojete de Anna, le metió también dentro del culo una gran cantidad de lubricante y hasta tres dedos enteros dentro del recto. Anna quería decir que por ahí no, que no quería, pero era incapaz de articular palabra alguna. Tomás la bajó del potro, la colocó de espaldas, restregó su polla por el ojete del culo y le metió el capullo dentro. Anna gimoteó entre el dolor y el placer, pero más gimoteó, cuando le agarró la larga cola de caballo del pelo, la puso recta en pie y de una estocada le metió toda aquella gran polla dentro del culo levantándola casi del suelo. Le pareció que la habían partido en dos.

    Ahora si Anna lloraba quizás por el dolor. Con la polla totalmente metida dentro del culo Tomás empezó a nalguearla; con una mano la tenía agarrada por el pelo y con la otra hacía sonar fuerte sus nalgadas; plis… plas… Cuando notó que la polla ya se le había acomodado dentro del culo y que Anna iba en camino de pasar del dolor al placer, empezó a follársela. Despacio, con pequeños movimientos laterales y en círculo ayudaban a acomodar aún más su polla dentro del recto, Anna empezó a notar placer, un placer diferente que nunca antes jamás había experimentado y fue más cuando Tomás le dijo que por entrepiernas le agarrara los huevos y jugara con ellos, metiéndoselos dentro del coño y que frotara con ellos también su clítoris. Así obedeció Anna que cuando llegó a meterse un huevo dentro, se corrió de nuevo.

    Carmen había llegado hacia veinte minutos a la casa, miro en ella, miró al jardín y no vio a nadie. Se fue hacia el gimnasio a mirar también y antes de llegar escucho los sonidos del polvo que estaba metiendo Tomás a Anna. Se acercó sigilosa a la puerta y miró en el momento que Tomás descabalgaba a Anna del potro y le aceitaba el culo. Se quiso quedar escondida, pero fue descubierta por Tomás, que solo la miró fijamente, le clavó la mirada, sonrió y continuó ignorándola con el folleteo. Se quedó observando hasta que Tomás descorcho aquel culo con su polla y la sacó, Pudo ver la cantidad de leche que escurría piernas abajo de la mujer.

    El coño de Carmen se encharco ante el espectáculo ofrecido por Tomás y de aquella mujer desconocida de la que celó. Se fue a su habitación sin poderse sacar de la cabeza la polla de Tomás, le venían en mente escenas suyas vividas ayer con aquella polla, la dulzura del muchacho, sus besos, los orgasmos que la llevaron al séptimo cielo y con todo esto rondándole por la cabeza, se estiró sobre la cama y sus dedos supieron a donde tenían que ir y que hacer.

    Cuando Tomás saco la polla de dentro del culo de Anna y la soltó del pelo, esta se desplomó, agotada, abierta, incapaz de levantarse por si misma del suelo. Tomás la cogió en brazos como si fuera un bebé, ella se agarró suavemente a su cuello y se fundieron en un beso mientras la llevaba hacia la ducha. Una vez bajo el chorro del agua Tomás enjabonó a Anna y se enjabonó él. Volvió a coger de la coleta a la mujer y la hizo arrodillar, ella supo enseguida lo que tenía que hacer. Empezó a pajear aquella inmensa polla a la vez que intentaba metérsela dentro de la boca, casi llegó a meterse hasta la mitad de ella dentro, la lamia, chupaba, le comía los huevos. Tomás se giró y acerco el rostro de Anna a su culo.

    Ella entendió y lo lamió, le chupaba y alenguaba el ojete y le metía la lengua dentro con una devoción placentera de sumisa dócil dando placer a su macho. Tomás se giró, le puso la polla delante de la boca y la agarró por el mentón, le mantuvo la boca abierta hasta que se corrió dentro de ella después se la cerró y ella entendió perfectamente que se la tenía que tragar y así lo hizo. Tomás la miró desde la altura, él de pie y ella con aquel diminuto cuerpo arrodillada. Se sintió orgulloso de ver como se relamía sumisamente los labios con su leche.

    Tomás levantó a Anna del suelo, y la volvió a cargar en brazos, se la llevó bajo la pérgola y la colocó sobre el camastro balines. Le acarició las mejillas en un acto maternal, le dio un beso cariñoso en los labios y le dijo que descansara durante un tiempo y que después ya terminaría con la limpieza del gimnasio, la dejó sola y él se fue. Anna creía estar en el cielo y que un ángel la abandonaba. Se quedó dormida.

    Cuando Anna despertó y volvió a la realidad, fue cuando realmente se dio cuenta que había echado el polvo de su vida. Con sus agujeros abiertos como nunca y doloridos pero llenos de gozo, primero empezó a buscar su sujetador y sus bragas. Las vio en la piscina flotando en el agua. Se tuvo que valer de un salabre con el que se limpiaba la piscina para recuperarlos, se los puso aun estando mojados, encontró la bata de trabajo en un sillón y se la puso también, La situación la había dejado flotando en una nube, sonriente, relajada y feliz. Le hubiera gustado que aquel adonis que se la había follado hubiera estado allí, pero ya no lo volvió a ver más. Terminó de hacer la limpieza del gimnasio, cantando y mojada y una vez terminó el trabajo se fue, dio un grito dentro de la casa de despedida, pero nadie respondió.

    Tomás había estado durmiendo y descansando en su cama hasta que el hambre le avisó. Llamó al catering y se pidió una pizza y unas alitas de pollo. Se bajó a la bodega y eligió un vino fresco y rosado de aguja del Ampurdán, se fue a la cocina y puso a temporizar la botella en un cubo con hielo y sal. Puso música para ambientar la zona, Rok Blues suave. Se abrió una lata de berberechos que aliñó con una salsa avinagrada. Abrió la botella de vino, se sirvió una copa y apareció Carmen.

    –Hola Tomás.

    –Hola Carmen.

    –Vaya Tomás como te cuidas

    –¿Quieres una copa de vino? ¿Unos berberechos?

    Sin darle tiempo a responder le acercó una copa y se la llenó. Pincho un berberecho en un palillo y se lo dio directamente a la boca.

    –Tomás puedes estar tranquilo por mi parte que no diré nada a tu madre de lo que he visto esta tarde.

    –Jajaja jajaja no me hagas reír Carmen ¿Lo de ayer si se lo contaras? ¿Quieres que se lo cuente yo? Carmen, me da absolutamente igual si quieres contárselo, con mis padres no tengo secretos, pero tampoco voy contando cosas que para nosotros carecen de importancia.

    –Vaya como eres Tomás, no te lo cojas así por favor que estoy muy sensible y en un estado de desesperación que no sé qué hacer. A ver mañana que me dice tu madre, pero llevo un cabreo.

    –¿Qué te ha ocurrido? Ahora vuelvo. Mi cena.

    En aquel momento llamaron al timbre de la puerta. Cogió el dinero preparado y salió a buscar la pizza y las alitas. Cuando Tomás entro de nuevo Carmen admiró aquel muchacho guapo, atlético, con una polla tremenda y que folla como nadie, lleno de recursos para todo, su seguridad y tranquilidad, sin alteraciones, su forma razonada y segura de hablar, le parecía imposible que con su edad obrara con aquella madurez. El muchacho cautivaba.

    –¿Quieres un tozo de pizza, unas alitas?

    –No gracias Tomás, he quedado ahora con Rosi y Pili para contarnos y comer algo en el club de tenis.

    –Lo que te iba diciendo Tomás; he llegado a casa y mi marido no me ha dejado pasar, me ha dado un sobre. Me ha comentado que no hace falta que pida el divorcio, que ya lo ha hecho y que ya correrá él con los gastos que ocasione el proceso y ya me avisará su abogado. Me dijo; que supiera que no tengo nada aparte de una cuenta que está en nombre de los dos y que en ella hay solo seis mil euros, de los cuales míos son tres mil. Que nuestro contrato marital es por separación de bienes. Me dijo también que en el sobre esta todo apuntado y toda la documentación que necesito y también la dirección y una llave de un trastero donde se trasladará el lunes toda mi ropa y mis enseres personales para que los recoja, que el trastero esta pagado por un mes. Que también hay fotos mías con mis amantes de un año hasta hoy y que serán presentadas como prueba para el divorcio. Que le diera el sobre a tu madre que ella ya sabría qué hacer. Que fuera feliz, me dijo adiós y me cerró la puerta.

    Tomás mientras se zampaba la pizza y las alitas había ido escuchado atentamente lo que estaba explicando Carmen, aunque no lo pareciera por la indiferencia que mostraba. No decía nada, ante la desesperación de Carmen, él ni se inmutó. Tomó la botella de vino y relleno la copa de Carmen y después se sirvió él.

    –¿No dices nada Tomás?

    –¿Qué te voy a decir Carmen?

    –Pues algo, tu opinión ¿No ves como me siento?

    –¿De verdad quieres que te diga lo que pienso?

    –Pues ayudaría, creo, vamos.

    –Que te has quedado sin un puto duro y en la calle.

    –Vaya manera sarcástica de compadecerme tienes. No te burles de mí. Esto no puede ser, que ganas tengo de que llegue tu madre para saber ya que es todo esto que me ha vomitado Raúl y darle el sobre.

    –Hoy no creo que la veas, y aunque la vieras te aseguro que mínimo hasta mañana no va a mirar nada. Veo que la conoces poco a mi madre, mis padres cuando salen de fiesta, salen también de todo.

    –¿Tu entiendes algo de todos estos papeles?

    –No lo sé, no los he visto.

    –Si te los dejo ¿Me podrás decir exactamente lo que dicen?

    –Podría, seguramente, pero mira Carmen, te seré sincero, no tengo ningún interés en tu divorcio.

    –¡Joder con el niño! Vaya manera de animarme y colaborar.

    –Deja el sobre encima de la mesa, cuando regreses de tu cita a las doce, ni minuto más, ni minuto menos porque si no, no me encontraras, vienes a recoger tu tanga a mi habitación y te digo lo que dicen los papeles y demás.

    –¿Sabes que te digo? Que eres un carbón y el tanga te lo puedes guardar como recuerdo.

    Cabreada Carmen se fue a su habitación. Al poco rato salió vestida de puta pija madura como siempre, pintada y arreglada. Llevaba el sobre en la mano. Se dirigió en la distancia a Tomás solo para decirle secamente.–Aquí te dejo el sobre. Adiós. Y se fue.

    Cuando Tomás terminó de cenar, se lio un porro de marihuana, conecto la música al jardín, cogió la cubitera con la botella, el vaso y el sobre que dejó Carmen y se fue a tumbarse al camastro balines bajo la pérgola.

    Tomás miraba las copias de las fotos de Carmen con sus amantes. Realizadas por un detective contratado por Raúl, estaban clasificadas por fecha, hora y con nombre y dirección del amante y una breve anotación en cada foto contando detalles de las mismas. Tomás se rio. Ahí había un año de cornamenta. Se rio aún más imaginando la cara que se le pondría a su madre cuando viera las fotos de Carmen donde era pillada con algunos conocidos y amigos comunes, la mayoría casados y del entorno de ellos. Se leyó también todos los papeles que había dentro del sobre; las explicaciones y documentos firmados entre ambos, el contrato marital etc… y relajado y satisfecho su mente empezó a maquinar. Podía tener si quisiera a Carmen bajo su control absoluto.

    Carmen regresó a la casa un poco borracha, eran solo las once, pero decidió ir a la habitación de Tomás. Llamó a la puerta, pero Tomás no le abrió, volvió a llamar y le gritó y Tomás no abrió la puerta. Cabreada y maldiciendo palabras inteligibles por su estado ebrio se fue hacia la cocina. Abrió el mueble bar y se sirvió un licor 43 con hielo y empezó a mandar mensajes por el móvil a sus amantes, sin ser consciente que de esta manera se le estaban cerrando puertas que quizás hubieran sido de apoyo.

    A las doce Carmen llegó a la habitación de Tomás. Estaba borracha. Tomás le abrió la puerta, al ver el estado embriagado de Carmen, no la dejó entrar.

    –Carmen, vas muy borracha para entrar a mi habitación.

    –Por favor Tomás dime algo de los papeles del sobre, me moriré si no sé qué ponen y en que me afectan.

    –Dudo que en tu estado puedas entender algo.

    Carmen llorando se echó a los brazos de Tomás. Tomás la abrazó y Carmen se sintió compadecida y dejo que fluyera libre su llanto intensamente. Tomás al ver el estado en el que estaba Carmen la acompañó hacia el jardín. Allí empezó a desnudarla, le quitó el vestido, el sujetador, las medias, el tanga y los zapatos. Carmen lloriqueando ahora se dejaba hacer sin oponer resistencia alguna. Tomás también se desnudó. Abrazado a ella la acerco hasta la ducha que estaba frente a la piscina y se pusieron bajo su chorro. El agua fría de media noche iba estabilizando a Carmen. Tomás le metió dos dedos en la boca hasta que tocaron su campanilla y Carmen vomitó. En sus arcadas salieron solo líquidos apestosos, eso era señal de que Carmen no había comido nada, solo bebió y además no poco. Carmen fue recomponiéndose poco a poco y Tomás la sentó en un sillón bajo la pérgola.

    Se fue a buscar un albornoz y la cubrió con el. Ya más calmada Carmen empezó a contar a Tomás los motivos que le habían llevado a estar en aquel estado. Le contó que sus amigas le habían comentado lo que en el círculo social se contaba de su divorcio. Le dijeron que se comentaba que su marido tenía pruebas de sus infidelidades y que en el divorcio la iba a dejar sin un puto duro. Que había mal ambiente entre muchas amistades que ella tenía debido a que tanto con los que mantuvo relaciones como los que no, tenían miedo a verse salpicados en su relación por el caso. Que lo pudo comprobar porque ninguno de sus amantes le había cogido el teléfono ni contestado a sus mensajes y que además la bloquearon para que no les llamara. Que muchas de sus amigas quizás temiendo ser víctimas de sus cuernos ni la saludaron apenas y que rehusaron entablar conversación ninguna con ella y los saludos en el club de tenis eran efímeros y la gente la evitaba, a ella, a ella que habitualmente era como la reina a la que todos los moscardones se acercaban, nadie quería compartir con ella una conversación.

    Tomás estaba en la gloria, esta situación le encantaba, aunque ante ella mostró compasión, la levantó de la butaca, le puso el albornoz bien, le entro primero un brazo por una manga y después el otro. Aquel roce inevitable de su polla con aquel cuerpazo de mujerona y aquellas tetas perfectas con sus pezones erectos por la fresca de la noche le pusieron a Tomás la polla como un mástil. A pesar de su estado esto no había pasado desapercibido por Carmen, que entre gimoteos, se abrazó a Tomás para soltar en su hombro lágrimas de desespero, en el abrazo y por la altura del muchacho su polla se colocó entre el canalillo de sus tetas. Tomás la sentó en el banco de la mesa de la pérgola. Le dio un beso en la frente y otro en la boca, los repitió varias veces, eran besos que parecían de amor, tiernos y que ella necesitaba, una muestra de cariño de alguien, después del repudio que su presencia causó entre sus amistades, eso la reconstituyo, necesitaba esta muestra de afecto. Carmen ya se estaba recomponiendo.

    –¿Qué dicen los papeles Tomás? ¿Has podido entender algo? Dime que no es verdad que mi marido me puede dejar sin un duro.

    –Carmen, voy a prepararte un café y miraré en la nevera si hay algo para que puedas comer. No has comido nada ¿verdad?

    –No, no he comido nada, pero tampoco tengo hambre.

    –Necesitas comer y no por hambre. Tu cuerpo es el que necesita comer y te lo agradecerá.

    Tomás se dirigió a la cocina y volvió con un tazón de café y una bandeja con tostaditas, mantequilla, paté, membrillo y varios quesos. Carmen lo observó llegando con la bandeja, no pudo evitar mirar aquella polla del muchacho balanceándose con toda su dimensión entre piernas. Le llega a medio fémur y no esta erecta ¡dios mío que polla! pensó. Tomás colocó la bandeja en la mesa y le untó una tostadita con mantequilla y se la puso en la boca. Carmen se la comió, y así continuó hasta que se zampo unas cuantas tostaditas. El café caliente le sentó de maravilla y comprobó que el muchacho tenía razón y eso era lo que su cuerpo necesitaba.

    Carmen a medida que iba conociendo a Tomás, le sorprendía cada vez más, su actitud, siempre inalterable, tranquilo, su seguridad en como decía las cosas y saber en cada momento que hacer y decir. Le estaba fascinando el carácter de Tomás. Carmen se encontraba cada vez más cómoda delante de su presencia.

    –Carmen, he leído todos los papeles y documentos que hay en el sobre, he mirado las fotos que te sentencian definitivamente como adultera. Tu contrato matrimonial es por separación de bienes, esto significa que lo suyo es suyo y lo tuyo es tuyo, eso quiere decir que todo lo que ha ganado económicamente él, es para él y todo lo que has ganado tú, es para ti. Te ha cerrado el acceso a sus cuentas bancarias, solo puedes disponer de una que es la única que está a nombre de los dos. En esta cuenta hay seis mil euros, por lo que te tocan tres mil. Pide también para ti una orden de alejamiento a su persona y a su casa, dice que eres peligrosa y teme que puedas hacer daño o incordiar con tu histerismo a sus padres ya muy mayores. Para sostener esta orden presenta un montón de facturas de un psiquiatra llamado Luís Liñán al que visitas cada quince días por problemas de histeria.

    –Esto es mentira, acordé con Luís el psiquiatra que me diagnosticara esto para poder ir cada quince días a follar con él.

    –Pues te han salido caros estos polvos Carmen, además muy bien debe follar este señor porque cada polvo te ha salido por un dineral, te hubiera salido mejor contratar a un puto para follar, por cada visita te ha cobrado quinientos euros. O sea que has pagado quinientos euros por cada polvo que te ha pegado este psiquiatra.

    –¡Hijo de puta! Le he llamado dos veces y no me coge el teléfono, me ha bloqueado.

    –Normal, es un hombre casado, debe temer que le montes alguna escandalera, aunque este no aparece en las fotos, es inteligente debíais follar solo en su consultorio, no debíais salir nunca a la calle juntos.

    –Si solo follamos en su consultorio.

    –Carmen, ahora te aconsejo que te tranquilices y no cometas más errores, no llames a nadie, ya la has cagado llamando a tus amantes, Eso ha hecho ponerlos en guardia. Piensa que ahora para tu círculo social eres una puta que le pones los cuernos con sus maridos, con gente del mismo círculo y todos temen salir salpicaos con el caso. Te van a repudiar.

    –Vaya panorama me presentas Tomás, parece que disfrutas con mis desgracias. Carmen volvió a ponerse a llorar.

    –Carmen, es la realidad, y la debes asumir, me has pedido leyera y te explicara todo esto y lo he hecho. Verás como mi madre te dirá lo mismo. Por cierto no regresan hasta mañana por la noche. Al final se tiran el fin de semana con sus amigos.

    –¿y yo que hago ahora?

    –Podrías empezar a comerme la polla, pero ahora no me apetece.

    –Eres un cabrón.

    –Y tu muy puta.

    Carmen en un ataque de ira se fue hacia su habitación llorando. Se tumbó en la cama y se quedó dormida. Al rato y después de fumarse un porrito de marihuana Tomás observo la ropa de Carmen tirada en el césped del jardín, recogió solo su tanga y también se dirigió a su habitación a dormir, no sin antes pasar por la habitación de Carmen y apagar la luz que se dejó encendida. La vio dormida con el albornoz puesto, se acercó sigilosamente hasta ella y le abrió un poco el albornoz, aparecieron sus tetas, estas tetas tan grandes y perfectas le pusieron la polla tiesa y empezó a pajearse. Cuando se corrió lo hizo encima de ellas. Se limpió la polla con el albornoz y se fue a dormir.

    A la mañana siguiente Tomás cuando se levantó, continuó con su rutina habitual, bajó a la cocina, se preparó su café, sus tostadas, se las tomó con tranquilidad y después del desayuno se fue al gimnasio a practicar sus ejercicios habituales. Cuando terminó, se duchó, agarro el libro que estaba leyendo, puso música, se hizo un canutillo de marihuana y fue a tumbarse a la hamaca bajo la sombra de la morera a leer.

    El sol empezaba a apretar y el calor se hizo presente. Tomás de vez en cuando se daba un chapuzón para refrescarse y volvía a su hamaca. Carmen se despertó y al tener la ventana abierta escucho la música que sonaba en el jardín. Al levantarse notó y vio los restos de la corrida de Tomás en sus tetas ¿Me habrá follado este cabrón mientras dormía? Se tocó el coño y no le pareció que por ahí hubiera entrado nada, y menos aquella polla, seguro que aunque hubiera estado dormida la hubiera notado, era imposible no notar aquella polla por muy dormida y borracha que una estuviera. Se ducho y su corta mente empezó a rebobinar todo lo acontecido el día anterior y volvió a llorar.

    Se asomó a la ventana y vio a Tomás, desnudo, tumbado en la hamaca y leyendo ¿Qué leerá? Pensaba, ella jamás se había leído un libro. Abrió el armario para elegir que ponerse, la ropa que se había traído de su casa era casi toda de puta pija madura para salir a la calle. Se puso unos pantaloncitos finos de seda rosa que algunas veces utilizaba para dormir y una camiseta blanca con tirantes y se sentó en la cama a esperar si se le aparecía algo en la cabeza, alguna solución y que hacer. Ya no le salían lágrimas, aunque estaba asimilando todo lo que le había dicho su marido y Tomás. Solo estaba ahí sentada, su pequeño cerebro no discurría ninguna solución para su futuro. No tenía familia a la que recurrir, solo un hermano mayor que se le había perdido la pista en América hacia años. Las que creía eran sus amigas y sus amigos la habían repudiado, sus amantes ya no querían saber de ella y en sus círculos era considerada como una vulgar puta a la que evitar.

    Ahora se arrepentía de haber montado aquella escandalera a su marido cuando se enteró que tenía una amante. Se dijo tonta a si misma por no haber planeado bien sobre todo económicamente su divorcio, se dejó ir por la ira y por los celos a su rival, y ahora pagaba las consecuencias ¿Qué iba a hacer ella solo con tres mil euros? si esta cantidad no le duraría dos meses. Ahora si volvió a llorar. Se asomó de nuevo a la ventana y vio que Tomás ya no estaba en el jardín.

    Era ya mediodía y el estómago avisó a Carmen que tenía hambre. Bajó a la cocina y ahí vio a Tomás en pelotas hablando por teléfono. Por el tono y las pocas palabras que oyó, intuyó que debía de estar hablando con su madre.

    –¿Estás hablando con tu madre Tomás? Déjame hablar con ella por favor, lo necesito.

    Tomás le dijo a su madre que había aparecido Carmen y que quería hablar con ella, su madre le dio permiso para que le pasara el teléfono. Tomás le pasó el auricular a Carmen.

    –Ángela por dios, te necesito, si supieras todo lo que me ha ocurrido, es espantoso.

    –Carmen, ahora tranquilízate, escúchame y no me interrumpas por favor. Raúl, tu marido, bueno tu ex, me ha llamado esta mañana para ponerme al día de la situación. Tomás me ha contado también todo el papeleo del sobre, lo de las fotos y demás y la verdad es que lamento la situación en la que te encuentras. Al parecer tu marido tiene muy bien atado el divorcio, es un hombre de empresa y ha tenido buen asesoramiento por sus abogados, y por lo que veo pocas cosas podemos hacer. Raúl ya no quiere saber más de ti, ni verte, esto lo tienes que empezar a asumir. Y me apena decírtelo, pero si vamos a juicio aún saldrás más perjudicada, se aireará tu vida extramatrimonial y la sociedad aún te apartará más y si perdemos el caso que es seguro ni con los tres mil euros que te ha dejado podrás pagar las costas judiciales.

    –Y ¿Qué hago Ángela?

    –De momento nada, hoy tampoco vendremos a casa, al final nos hemos quedado los cuatro en un hotel y mañana vamos a una ruta en yate hasta una isla solitaria a pasar el día. Si necesitas algo se lo dices a Tomás él sabrá darte lo que necesites y tranquila que él sabe qué hacer, aunque lo creas un crio, no lo es, hazle caso en lo que te diga, saldrás ganando. Tengo que dejarte ya. Nos vemos el martes.

    –Ángela, me voy a morir

    –Adiós Carmen, nos vemos.

    Ángela cortó la comunicación, Carmen soltó el auricular y se puso a llorar. Tomás la rodeo con sus brazos y la abrazó. Carmen notó la polla de Tomas apretarse a su abdomen, pero no le importó, necesitaba este abrazo de alguien que se compadeciera de ella. Reposo su cabeza en el pectoral del muchacho y lo abrazó también.

    –Carmen, ve a vestirte, ponte guapa, arréglate y baja, nos iremos a comer fuera hoy, yo te invito.

    –¿A comer fuera? ¿Dónde iremos?

    –Tu ponte guapa, no quiero verte llorar más, venga espabila que tengo hambre y nos lo vamos a pasar bien.

    Carmen obedeció a Tomás. Al rato estaban los dos con hambre y listos para salir.

    –Coge las llaves del coche, lo vamos a necesitar.

    Carmen estaba preciosa, Tomás le extendió el brazo para que se cogiera a él como si de novios se tratara y salieron al parquin. Tomás le pidió las llaves del coche a Carmen y esta se las dio. Tomás había reservado una mesa en el restaurante de un pueblo cercano con un lago. Había reservado una mesa discreta en la terraza y con vistas. Cuando llegaron el camarero reconoció a Tomás, habían ido con sus padres muchas veces a este restaurante, y lo saludó amigablemente, esto a Carmen le gustó, la hizo sentir bien. Los acomodaron en una mesa y les dieron las cartas. Tomás preguntó a Carmen que le apetecía comer y le aconsejó alguno de los platos de la carta. Ante la indecisión de ella Tomás tomó la alternativa y sugirió compartir unos mariscos y un pescado, con una botella de cava bien fría, a ella le pareció perfecta la idea y así Tomás hizo la comanda.

    Durante la comida intercambiaron pocas palabras

    –Tomás ¿no tienes novia?

    –No

    –Es extraño, deberías de tener, eres un muchacho guapo, seguro que encuentras una pronto.

    –No quiero tener novia. Esto compromete a la fidelidad.

    –Mira que eres raro muchacho

    –Me gusta follar con marranas como tú, si tuviera novia no podría hacerlo.

    –Oye un poco de respeto, la otra noche me follaste porque me pillaste en un estado de desconcierto por todo lo que está pasando.

    –¿Te gustó?

    –Para que te voy a engañar, sí, me gustó, aunque es algo que me hace sentir mal eres menor y es como si traicionara a Ángela.

    –¿Te sentiste también mal cuando te follabas al marido de tu amiga Pili?

    –Tomás por dios, no me hables así por favor.

    –¿Cómo hay que hablarte?

    –Joer Tomás, pues normal, sin atacarme, ya sé que he cometido errores de los cuales ahora estoy arrepentida, pero no me trates como una vulgar puta, por favor, me hace sentir mal.

    –¿Querrás un café? ¿Un licor?

    –Pues sí, no me vendrá mal.

    –¿Has comido bien?

    –Muy bien Tomás, te agradezco de verdad que me hayas llevado a comer contigo. Al menos me he relajado y ya no me martilleo con mis problemas.

    –Bien Carmen, uno de los motivos por los que te he traído aquí, es para hacerte una proposición.

    –Ya está, ya me imaginaba yo que querrías follarme.

    –Es una proposición comercial, escúchame, no me interrumpas y no digas nada hasta que haya terminado de hablar. Es por tu bien y para que tengas algo de futuro.

    –¿Una proposición comercial? ¿De qué se trata, de vender?

    –Bueno, más o menos. Ahora quiero que me digas si vas a escucharme o no.

    –Bien habla, escucharé mi futuro jajaja

    –Debido a tu situación actual, se puede decir que estas sin un euro y en la puta calle, nadie te va a contratar para ningún trabajo, perdona que te diga pero no tienes aptitudes para ninguno. No te imagino trabajando en una fábrica ni de cajera en un supermercado y en mi casa tampoco puedes quedarte eternamente. Tendrás que comer, vestir y sobre todo vivir en algún lugar, tampoco te veo como una sin techo durmiendo bajo un puente.

    –Puedes trabajar en un club como puta, estás muy buena, clientes tendrás, pero estas mafias de la prostitución siempre terminan quedándose con todo lo que ganas. Si quieres hacer de puta por tu cuenta, necesitarás un sitio donde follarte a los clientes. Si los llevas a hoteles esto además de bajar tu rédito puedes encontrar que no te paguen e incluso que te roben lo que lleves.

    –Viendo que los caminos a tu salida es hacer de puta, debes pensar que te quedan pocos años para dedicarte a vender tu cuerpo, tienes ya cincuenta años, cuando tengas sesenta posiblemente nadie quiera pagar por ti para echarte un polvo, quizás algún degenerado que es más el peligro que pueda llevarte que el beneficio.

    –Tengo una idea empresarial, que creo es buena idea, te la contaré si quieres que te siga hablando.

    –Me estás dejando de piedra Tomás, no tengo palabras. No sé cómo puedes hablarme así. No sé si enfadarme contigo o pegarte o darte la razón. Me tienes muy confundida Tomás.

    –Reflexiona lo que te he dicho Carmen. No me contestes nada ahora, tampoco te escucharía, aprende a reflexionar una vez en tu vida antes de hacer algo. Ya ves cómo te ha ido al final obrar sin conciencia. Cuando lo hayas meditado si quieres me cuentas tu reflexión y yo te diré como hay que proceder, si no me dices nada, lo acepto y amigos igual, yo no soy el que lo necesita, tu sí.

    –Tomás ¿Tu de dónde has salido? La verdad es que tu madre me ha dicho que te escuchara, pero ¡joer! con el nene. No sé qué decirte la verdad, además hablas de una forma tan rara a la vez tan segura siempre, me das miedo.

    –Ahora olvida este tema, lo reflexionas y si decides tirar para adelante me lo dices. Tienes hasta el martes para decidirte. Si no me dices nada el miércoles esto para mi estará ya olvidado.

    –¿No me puedes decir ahora de que va?

    –No.

    –¿Por qué?

    –Porque ahora lo que vamos a hacer es ir a dar un paseo por el lago. Es bueno para la digestión.

    –¡Joer con el niño!

    Tomás pago la cuenta del restaurante. Agradeció el servicio al camarero con una buena propina, cogió del brazo a Carmen y salieron hacia el lago a dar un paseo. Bajo los chopos de la orilla, juntos de la mano pasearon románticamente. Carmen le sentaba bien el paseo, respiraba y observaba a Tomás; en su cabeza pensaba que como era posible que aquel muchacho hasta en lo del paseo tuviera razón, la comida perfecta, el paseo ¡Qué bien sentaba! rodeo por la cintura con su brazo a Tomás y este la abrazó por su hombro, como si de una pareja de enamorados se tratara caminaban en silencio, solo el cantar de los pájaros ponía sonido a su paseo ¡Qué romántico! Carmen estaba en una nube ahora, esa paz es lo que necesitaba. Tomás la condujo a un recodo de vegetación en la orilla del lago, la apoyo a un árbol y la besó. Ella se dejó besar, este beso le sabía a gloria. Tomás empezó a acariciarle el culo mientras se besaban, después pasó a acariciarle sus tetas. Cogió la mano de Carmen y la llevó a su polla. Carmen empezó a magrear el bulto.

    –¡Qué polla tienes mi niño!

    –Sácamela, aquí no nos ve nadie.

    Carmen sacó la polla de Tomás y que no cesaba en su morreo y esta apareció enorme, erguida y creciendo en la mano de Carmen. Ella la palpaba, la acariciaba, no podía rodearla entera, sus dedos dibujaban una “C” con su mano, ella misma empezó a restregarla por su coño, puso la polla por debajo de su falda y apartó un poco el tanga a un lado para ponerla en contacto con sus labios vaginales. Carmen ya tenía el coño encharcado, se agacho y llenó aquel enorme capullo de saliva con su boca y volvió a dirigirla a su vulva, se acarició el clítoris con ella y la colocó a la entrada de su coño. Fue ella misma que con movimientos de cadera fue metiéndose la polla dentro.

    Ahí de pie, en un escenario hecho para el romanticismo su coño fue tragando polla. Tomás le sacó las tetas y las magreó, besó, chupó y mordió, mientras ella con sus manos agarradas a la polla y se iba follando con ella. Así estuvieron un rato hasta que Carmen se corrió. En este momento Tomás cogió la alternativa y empezó a follar él a Carmen, no la follaba, la empotraba en aquel árbol donde se encontraba apoyada, le colocó sus piernas alrededor de su cintura, dejó el romanticismo para clavarle la polla hasta que sus huevos chocaron con su ojete. El ritmo era frenético provocando un segundo orgasmo a Carmen, él se corrió a la vez llenando aquel coño de su leche. A besos le fue sacando lentamente la polla que continuó erecta. Se fundieron en un beso.

    –Tomás eres un ser especial, te has corrido y la polla no te baja. Se rio.

    Tomas se guardó la polla, ella se recompuso la falda, metió sus tetas bajo el sostén y se fueron del rincón. Regresando andando al coche se partieron de risa porque Carmen al andar notaba en cada paso como salían de su coño restos del semen de Tomás.

    Continuará.

    Si les ha gustado el relato agradezco comentarios. Gracias.

  • Marcela mi vecina (VI): Siempre hay lugar para alguien más 1

    Marcela mi vecina (VI): Siempre hay lugar para alguien más 1

    Stefy necesitaba una charla de mujer a mujer, si bien su madre era su confidente estaban algo distanciadas y María Julia su mejor amiga viajó a Chile a acompañar a su novio por asuntos laborales. La hija de Adriana necesitaba desahogarse y estaba necesitada de una oreja que la sepa escuchar, pues era un tema un tanto más íntimo.

    Le mandó un mensaje de WhatsApp a Marcela, su vecina del departamento de al lado, y la rubia al instante le respondió que la esperaba.

    Al minuto sonó el timbre, Stefy estaba firme detrás de la puerta y Marcela abrió y la invitó a pasar.

    La notó algo tensa y nerviosa a la chica y en el reducido espacio era casi imposible alcanzar una charla amena. Nico y Joaquín, los hijos adolescentes de la milf jugaban a la PS5 con la tele a todo volumen y Francesca su hijita de 5 años miraba videos de YouTube en la tablet. Un desorden auditivo total, por lo que Marcela la tomó de la mano a su joven vecina y fueron las dos a charlar al dormitorio de la rubia.

    Ya sentadas las dos en la cama y con Stefy no calmada del todo aún Marce intentó sacarle palabra para comprender que la aquejaba.

    -Marce me da un poco de vergüenza… Ay no sé si hago bien pero con vos me siento súper cómoda… Apenas nos conocemos pero me das una paz inmensa y te veo súper madura y segura de vos misma.

    -Gracias mi amor… Me súper halagan tus palabras y quiero que sepas que yo te considero una amiga, es más me das tanta ternura que hasta si querés podes verme como una mamá…

    -Ay Marce gracias ojalá fueses mi mamá, te veo súper libre y me inspiras confianza, ya que con Adriana (la llamaba por el nombre de pila a su propia madre) me resulta imposible, está cada día más histérica y según ella todo lo que hago está mal.

    -Bueno calmate mi corazón y contame que te está pasando.

    -Marce… El tema es así. Resulta que el fin de semana salí con amigas, fuimos a una fiesta en un country club y me sentí atraída por un chico, él se acercó a mí, bailamos y fue todo muy hermoso, tomé un poco, me hago cargo, bueno después buscamos un lugar más privado, nos matamos a besos y el intentó seguir, y como él me gustaba me dejé hacer, la noche estaba espectacular y hacía mucho calor. Me llevó a una habitación de la casa y tuvimos relaciones.

    -Guau Stefy!! Tener relaciones sexuales es algo hermoso y más si lo haces con la persona que te gusta!

    -Si Marce, todo bien. Coincidimos, el problema es que hasta que nos quedamos completamente desnudos yo no sabía que el chico tenía un pito demasiado grande.

    Marcela al escuchar eso abrió grande los ojos y se tapó la boca, es más un cosquilleo se apoderó de su cuerpo, cambió de postura y flexionó su pierna derecha quedando sentada sobre su pie con el talón haciéndole presión sobre la concha. Intrigada le pidió que continúe, por lo que Stefy reaunudo su alocución.

    -Y bueno estábamos más que entregados pero tenía una cosa enorme e intenté detenerlo pero me fue imposible, me tomó por la fuerza y me la metió toda…Ay Marce me muero de vergüenza por lo que te estoy contando.

    Y Marce con el talón estimulandole la concha quería más detalles.

    -Al principio me costó no te das una idea como me la partió, además yo de un metro sesenta y el habrá tenido 1.80 o más me rompió la concha, es más hasta sangré un poco.

    -Pero se cuidaron? Digo, tu chico usó profiláctico?

    -Si amiga, claro que sí, era una pareja casual y siempre que lo hago o cuando lo tengo pensado hacer llevo protección en la cartera.

    -Nena o sea vos siempre tenés parejas casuales ?

    -Mmmm… si… Me gusta demasiado coger y bueno..si hay química con esa otra persona me tiento y algo tiene que pasar.

    El tema es que esta vez la cosa se me fue de control, me sangré toda pero Joel me dió la cogida de mí vida. El problema es que quedamos en volver a vernos… Y aquí viene mi pedido de auxilio Marce… necesito tu ayuda.

    -Mmmm a ver en qué puedo ayudarte… Ojo con lo que me vas a decir ehhh.

    Stefy tomó aire, recalculó su oratoria y tomando fuerza se animó:

    -Marce… Joel está loco por hacerme la cola… Me la quiere meter por atrás y a mí me da terror. Y bueno… nada… Me invitó a salir y yo sé que en esa salida van a pasar cosas y no me voy a poder escapar de su pedido… está por demás insistente. Esa noche le dije que No, discutimos, después nos reconciliamos y le prometí «eso» para una próxima vez.

    -Pero vos querés que te haga la cola o no, si no querés con un No tendría que entenderte y respetarte.

    -Marce vos tenés sexo anal con tu marido?

    -Ayyyy nena!!! Es demasiado personal eso no te parece? Marce levantó la voz algo incómoda, cuando vio el gesto de susto en su vecina que tan solo la buscó para contarle algo tan íntimo, y relajándose se remontó a la época en que ella tenía veintipocos años y empezó a descubrir su sexualidad sola, ya que no tenía demasiadas amigas que la guíen y enseñen.

    -Perdón Stefy, no quise levantarte la voz, pasa que me descolocaste con esa pregunta…

    -Respondiendo a tu pregunta mí respuesta es Sí, con mi marido tengo sexo por atrás pero es diferente a tu caso, con el lo hacemos de mutuo acuerdo, el quiere… y bueno digamos que yo también- Respondió Marcela toda sonrojada, nunca habló de algo tan íntimo así con nadie.

    -Sabes? Me mata cuando te escucho tener relaciones con él.-

    -Ahhh bueno… Vos también escuchas todo como tu madre? Porque al igual que vos en la cena de la otra noche me lo dijo así sin rodeos.

    -Y si Marce que querés si la pared que nos separa es tan permeable como un cartón.

    Las dos rieron distendidas, se dio una charla tan íntima pero a su vez relajada.

    Stefy después de tantas risas le contó a Marcela algo más que la angustiaba:

    -Marce cambiando de tema quiero pedirte que me des una manito con algo más: Necesito saber que está pasando entre mi mamá y el chico del piso de abajo.

    -Martin??? – Preguntó Marcela sorprendida. Se aceleró su corazón.

    -Si. Ese mismo. A Adriana la noto rara y ese chico la anda rondando… Mmmm no sé pero para mí que se estan viendo a escondidas.

    Marce tragó saliva. Ya que ella tenía una buena imagen de mí y si bien con Gabriela, su amiga, no éramos lo que se dice «novios» era consciente de las encamadas que nos dábamos.

    -Dejá que yo te averiguo, le dijo a Stefy y la acompañó hasta la puerta, Marce quedó aturdida, es como que pensar que Adri y yo nos veiamos mucho no le simpatizó.

    Y se inició en su rol de detective.

    A todo eso las cosas en el matrimonio de Marcela y Nacho no estaban del todo bien, y el descadenante del problema fue que el joven marido de la milf iba a emprender un viaje con amigos a la provincia de Mendoza, y no era un simple viaje turístico, Nacho iba a practicar raffting en un caudaloso río de aquella provincia cuyana y a Marcela nunca le gustó que se adentre a tal aventura, pero Nacho muy testarudo y motivado por seis amigos que irían decidió hacer la suya.

    Y llegó la noche previa al viaje. Nacho partiría al amanecer con sus amigos y Marce enojada no le dirigía la palabra. Ella volvió del gym, estaba con una musculosa negra y una calza short drapeada color azul Francia que era demasiado cortita y tenia un detalle por demás erótico: atrás tenía un frunce que daba un efecto visual como que ese terrible culazo se devoraba la tela. De más está decir que le quedaba mortal.

    El marido la vio y digamos que ese orto perfecto revestido por esa calza diminuta levanta cola azul con detalles negros que su mujer estaba estrenando lo motivó. El se puso a armar su mochila de viajero sobre la cama matrimonial y ella enojada se paseaba por la casa moviendo el culo, se agachaba y de a ratos se inclinaba como haciéndole a propósito.

    Nacho buscándole conversación le pidió si podía plancharle un pantalón y una remera que llevaría puesta al partir. Ella de muy mala gana agarró las prendas y sobre el mismo colchón se dispuso a plancharlas. Marcela es una taurina de carácter, y cuando se enoja es mejor no cruzarse en su camino.

    Tenerla a su mujer así inclinada plancha en mano dándole la espalda y con semejante orto exhibido Nacho no pudo contener sus ganas, se abalanzó sobre Marcelita y la manoseó con locura. La rubia no omitia palabra pero en cierto modo se le estuvo ofreciendo al joven marido. Hay que reconocer que la blonda tenía ganas, en primer lugar por aquella charla con la chica de al lado que la tentó un poco, y en segundo lugar hacer el amor enojada a la larga le traía sus frutos, terminaban reconciliados y más enamorados que nunca.

    Nacho estaba enloquecido, se agachó a la altura de esas nalgas y metió su cara allí, asfixiandose con el aroma más íntimo de su rubia esposa toda transpirada tras estar largo tiempo en el gimnasio. Le gustaba olerla, era como un ritual animal, un cortejo de apareamiento infaltable. Se enviciaba con ese aroma tan íntimo hundiendo su cara y nariz justo allí, permanecia largo rato sintiendola toda y sacaba su rostro solo para respirar. Era algo más que estimulante adorarle el culo a su mujer.

    Le bajó la calza y se encontró con otra prendita de estreno. Una tanga hilo dental de microfibra color blanca con una argolla color plata haciendo de nexo en el punto tripartito dónde se unian los laterales y la escasa tela que se le metía toda en la zanja. Era algo sumamente erótico.

    La rubia permanecía seria, ni abría la boca, simplemente se limitaba a dejar que su marido le escarbe el culo porque a ella le gustaba y mucho.

    Nacho le bajó ese hilo diminuto de microfibra y le pasó la lengua por su transpirado ojete, al sentirlo ahí en esa zona hiper sensible ella tuvo su primer retorcijon, apretó fuerte sus nalgas pero al instante fue cediendo, cerró los ojos, abrió el esfínter y disfrutó lo que le hacía su hombre.

    Sinceramente era perfecta, tenía un culo que invitaba al pecado, redondo, sin imperfecciones, súper suave al tacto y con un ano rosadito que hasta le regalaba un rico y salado sabor a la juguetona lengua de Nacho. Amaba chuparle el culo a su rubia, era su mayor vicio.

    Esta vez no hubo tiempo para una ducha luego de una tarde en el gym, Nacho se bebió todo el sodio que brotaba de esa zona del cuerpo de su rubia, de a ratos subía a sobar la transpiracion de la espalda y volvía a enterrarse en esas nalgotas blancas.

    Marce por su parte se empezó a masturbar y los chasquidos de los dedos daban clara señal de su abundante humedad. Le fascinaba como Nacho le chupaba el orto, era un placer único para esa mujer, y lo degustaba más estimulando su vulva de un modo frenético. Tenía el clítoris saliente como un botón y mojado por sus propios fluidos.

    Se acordó de Stefy que estaría oyendolo todo detrás de esa débil pared, esa chica que necesitaba consejos para entregarle la cola a su novio, Marce asumió el rol de maestra y le dijo a Nacho: -Rompeme el orto Amor soy toda tuya-.

    Obviamente fue la melodía más dulce para los oídos de Nacho, quien de darle terrible ensalivada y sumado a que tenía la verga durísima y con el glande cubierto de líquido preseminal ahí nomás procedió y se la hizo entrar de a poco. Era un maestro haciéndole el culo a Marcela, tenia una infinita paciencia para hacersela entrar. Jugaba con la cabezota sobre el humedo esfínter de la milf y ella no dejaba de colarse los dedos en la concha. Paró más el culo sobre el colchón y se puso un almohadón debajo, mordió la sábana cuando le entró la cabezota y algo mas de la pija de Nacho. La quería adentro pero Ya.

    No me voy a cansar de elogiar a Nacho por la calidad que tenía para hacerle el culo a su mujer. Se la daba con un ritmo parejo, pero con constancia y sobre todo muchas ganas. Cualquier mortal hubiese acabado al minuto de estar cogiéndola en cuatro a la veterana más codiciada del edificio. Ese estímulo visual era placer para selectos, y ella agradecida olvidó su enojo y con los dedos empapados empezó a gemir hasta alcanzar un merecido orgasmo.

    Quedaron callados por un momento, ella tenía los 22 centímetros de la verga de su marido totalmente metidos en el culo, se la hizo entrar toda y sus pelotas hacían tope con las blanquisimas nalgas de la rubia. El semental envuelto en sudor se desplomó sobre la espalda de su hembra y ella provocativa le decia cosas chanchas al oído y Nacho retomó las embestidas. Marce ya había acabado pero su marido era incansable.

    Con un plaf plaf plaf incesante aguantó lo más que pudo y a pedido de ella se sintió venir, no pudo contenerse y le descargó una potente bocanada de leche en el taladrado ojete de la milf.

    Y tal como pensé la premonición se cumplió. Con semejante cogida la enamoró aún más a la rubia y si no fuese por ese maldito viaje después de ducharse volverían a la cama y lo harían una vez más.

    Ella se duchó primero y él lo hizo después, lo esperó despierta vestida con su viejo remeron de dormir y una bombachita colaless color rosa con sus piernas alzadas apuntando al techo untandolas con una emulsión para mantenerlas con firmeza y suavidad mientras se entretenia con las redes sociales en su celular.

    Cuando Nacho regresó ella lo buscó para un segundo encuentro pero él le restó atención pues retomó el armado de su mochila para el viaje.

    La rubia enojada otra vez se puso culo para arriba y escondiendo su cara debajo de la almohada como haciendo un berrinche y llena de furia concilió el sueño.

    Llegada la hora de partir lo acompañó descalza con su remeron de dormir puesto y la calcita drapeada, esa misma que motivó a la hermosa enculada que le dio su marido horas atrás.

    Ya se le pasó el enojo, no lo podía resistir porque lo amaba con locura. Llegaron hasta el palier y allí se quedaron muy juntitos y tras miles de recomendaciones de la rubia se despidieron.

    Volvió a su cama un poco triste, era la primera vez que se iba a «separar» por un lapso de 15 días de su amor, lo extrañaba mucho y eso que solo pasaron 30 minutos.

    Ya con el sol a pleno se despertó, desayunó con sus hijos, se puso ropa cómoda y salió a hacer las compras junto a su hija de 5 años. Y no hacía otra cosa más que pensar en su marido.

    Entrada la siesta y acostada en esa cama que le parecía enorme y fría buscó distracción en el celular, y le escribió a sus amigas: Gaby le respondio que estaba camino a Las Toninas junto a su hija y recurrió a Analía pero tras enviarle un WhatsApp sólo marcó una tilde, por lo que Marce supuso que la flaca tenía apagado su móvil por estar cogiendo con algún macho de turno, ya sabía lo puta que era su amiga y que no perdía tiempo, con Analía era imposible contar y más aún un fin de semana.

    Estaba aburrida, frustrada, odiosa y nada le gustaba. Intentó poner su mente en positivo y como tercera opción pensó en su veinteañera vecina.

    Buscó ese contacto en el móvil y con el clásico «Que hacés perdida» entabló una conversación con Stefy quien le respondió al segundo.

    Stefy también estaba súper aburrida. Ávida de salir ideó una visita al shopping, mirar vidrieras, distraerse un poco y gastar la tarjeta de crédito allí les vendría bien a ambas, y tras mucho insistir la convenció a Marce quien muchas ganas no tenía.

    A eso de las 6 PM llegaron al shopping, Stefy con indumentaria deportiva típico estilo adolescente y Marcela se puso unas ojotas de alta plataforma estilo gomón, una remerita blanca bien al cuerpo que terminaba al raz del ombligo, anteojos negros y un short de vestir muy formal de tiro alto color rosa chicle aprisionado por un elegante cinturón color blanco haciendo juego con la entallada remera y con sus ojotas livianas de goma.

    Su ajustadisimo shortcito le resaltaba ese culazo de araña galponera y observándola de atrás el triángulo de la bombachita se le marcaba a la perfección.

    Hay que reconocer la vanidad y el egocentrismo de la blonda, le gustaba provocar y lo hacía con suma habilidad.

    Obviamente era el centro de las miradas, hasta unos adolescentes que andaban en manada le sacaron un par de fotos cuando la milf miraba una vidriera. Estaba hermosa y despertaba suspiros en la platea masculina.

    Decidieron dejarla a Francesca en un local de juegos infantiles, quien entretenida se zambulló en el pelotero y Marce y Stefy se sentaron en el local de comidas rápidas contiguo a dónde la dejaron a la pequeña.

    Marcela se cruzó de piernas y estaba impaciente por saber si Stefy pudo concretar o no el encuentro con su chico.

    En unas mesas mas alejadas estaban sentados tres hombres cuyas edades habrán rondado los 35 y 40 años, y las miraban con insistencia a las dos. Marce se dio cuenta y permaneció con las piernas cruzadas y jugaba con su ojotita de gran plataforma balanceandola sostenida solo de sus deditos.

    -Ayyy Marce aquellos tipos te están violando con la mirada- le dijo Stefy a lo que ella distendida le respondió -Dejalos deben ser unos pajeros bárbaros. Son los típicos que se creen los machitos pero después arrugan.

    -Prestá atención- le dijo la madura y se levantó rumbo al mostrador a hacer el pedido. Se puso la ojota y meneando el orto súper provocativa se dirigió a la barra. Siendo la última de la fila paraba la cola como una yegua en celo apuntando hacía la mesa de los tres solitarios sujetos. Stefy observaba atenta. Al instante de verla así ofreciendo el culo uno de los muchachos se levantó y fue hacia donde estaba esa infartante rubia. Era de los tres el que ella había elegido. El flaco cuarenton de pantalón elastizado y barbita moldeada milimétricamente. Era un hombre muy elegante y bien vestido, algo ya metrosexual pero a ella lo atrajo ese no sé qué. Se le puso atrás y despojado de toda timidez algo le dijo. Ella le sonrió e intercambiaron palabras. Siempre respetando la fila, ella adelante y el se le arrimó un poco más, ya muy atrevido casi le arrimaba el bulto al impoluto culo de la mujer de rubia cabellera. No dejaban de intercambiar palabras cuando le llegó el turno de ser atendida y se despegaron un poco.

    El tipo quedó como loco, y ya Marce con la bandeja de sus pedidos en mano dispuesta a volver a su mesa fue interceptada otra vez por el insistente hombre, charlaron un tanto más y la hizo reír y mucho, vaya uno a saber las cosas que le dijo, cuando el muy atrevido sacó su celular del bolsillo y algo agendó: Le había pedido el número a la rubia!!

    Ya en la mesa Stefy le recriminó de como le iba a dar su número a un desconocido, a lo que ella más relajada le respondió que no se preocupe, que los tipos eran así, se la daban de machos cabríos y después todo quedaba en la nada.

    Cambiando de tema Marce le contó a Stefy de su incipiente embarazo de unas pocas semanas. La chica enloqueció de alegría tanto que se anticipó y antes que otras mujeres la ganen le pidió ser la madrina de ese bebé que apenas empezó a gestarse en el vientre de la doctora. Y Marcela le dijo que sí, vas a ser tía y madrina a la vez y estaban más que felices.

    De reojo miró al atrevido sujeto que la avanzó, quien típico de un hombre cuando está en manada se olvida del comportamiento individual y actúa imitando a su grupo. Los tres se reían cómplices como alabando el trofeo que consiguió tras su osadía. Sacó su celular del bolsillo y se dispuso a escribir. Al instante vibró el celular de Marcela en su cartera pero decidió ignorarlo, sabía que era él y de ver lo inmaduro que era hasta se arrepintió de sus actos.

    Volvieron a la charla y Stefy le contó que a la noche se vería con su chico. Marce le dio un par de consejos e insistió en que si no se sentía del todo convencida que por favor no lo hiciera.

    Salieron del local de comidas, recogieron a Francesca y se dirigieron a una farmacia, Marcela compró unos protectores diarios y antes de pagar pidió un gel íntimo y dos cajas de preservativos. Los chicos que atendían la farmacia quedaron turbados cuando la despampanante rubia hizo tales pedidos así con total naturalidad y se los dispensaron poniéndose nerviosos sin dejar de mirarla de arriba a abajo. Stefy estaba fascinada con el magnetismo que provocaba su amiga en los hombres. Primero con los adolescentes que le sacaron fotos, después con el sujeto que la abordó en la fila y le sacó su número de celular y por último los dos chicos que atendían en la farmacia.

    Ya en el auto la rubia le dio una caja de profilácticos y el gel íntimo a Stefy para que lo use a la noche con Joel recalcandole una vez más que si no se sentía preparada para tener sexo anal con su chico que no lo haga.

    Y de haber comprado dos cajas de preservativos una se la quedó ella…. Habría que ver qué intenciones tenía en mente.

    Ya a la noche cuando sus tres hijos dormían se dio una relajante ducha, se lavó el pelo y con una toalla envuelta en la cabeza se tiró a la cama a mirar televisión. De a ratos miraba el celular para ver si Nacho le escribía pero nada… Sin dudas eso acrecentaba su mal humor.

    Se acordó del muchacho de barbita incipiente que la atocigó en el local de comidas rápidas en el shopping. Buscó ese mensaje de WhatsApp de aquel número desconocido y se tentó. Lo abrió y decía -Hola rubia soy Gustavo este es mí número -, seguido de otro con una diferencia de 30 minutos diciéndole -No puedo sacarte de mi mente me volviste loco.

    Al parecer el tipo estaba expectante de la respuesta de la rubia, o al menos que ella haya leído sus mensajes, tanto que al haberle marcado las dos tildes de color azul era señal de que mordió el anzuelo.

    En ese mismo instante le escribió -Hola rubia, al menos decime como te llamas.

    -Provocaste miles de sensaciones en mí pero no tuve el valor de preguntar tu nombre.

    -Hola… me llamo Marcela cómo estás?- respondió ella agregando un emoji a su texto.

    Le estaba dando vía libre a que fluya una conversación.

    -Uyyy Marcela!! Me encanta ese nombre. Es más, es tan hermoso que hace juego con quien la porta.

    -Ahora me vas a salir con que tu abuelita se llamaba Marcela? Andá al grano mejor – respondió ella ya desafiante.

    Y la respuesta llegó al instante…

    -Mirá rubia desde que te vi me volviste loco y para colmo vos no dejaste de provocarme un solo segundo y tengo toda la impresión de que sos una veterana que le gusta demasiado la pija.

    -Aclaremos los tantos:

    1) Si vos te hiciste la cabeza pensando que yo te estuve «provocando» es problema tuyo. Tenés una mente súper imaginativa.

    2) Me parece de pésimo gusto que te refieras a mí con el término «veterana», además vos pinta de adolescente no tenés más bien sos un viejo verde que se la da de pendejo y ganador.

    3) En eso sí te doy la razón. Me gusta demasiado la pija.

    Y con eso la rubia iba ganando el match. Esas verdades tuvieron que doler. Y ahora tendría que esperar munición pesada de parte de quien intentaba seducirla mensajeandola desde un ignoto teléfono móvil.

    Y Gustavo redobló la apuesta, le mandó una foto acostado con la verga totalmente dura, se la sacó con la mano izquierda pues se veían parte de sus piernas, dos pelotas bastante cargadas sin ningún vello púbico, estaba íntegramente lampiño en esa zona como a ella le gustaba y su pija habrá tenido un tamaño normal, no era delgada pero tampoco gruesa y en ese tronco le resaltaban unas venas y tenia una cabeza grande.

    Marcela quedó tiesa, era la primera vez en su vida que recibía la foto de una pija parada en su celular. Sin dudas Gustavo algo de efecto causó en la rubia culona.

    En ese mismo instante las sospechas de Stefy se hicieron realidad: Adriana su madre estaba comenzando a gemir en el piso de abajo acompañado de unos intensos plaf plaf plaf. No podía creer que estaba cogiendo con Martín, ese Martín de quien ella tenía una intachable imagen.

    «El todo vuelve» o el karma como quieran llamarlo lo estaba sufriendo en carne propia, ahora era ella quien en soledad debía oír a sus vecinos cogiendo desaforadamente. Para colmo Adriana gemía y no paraba de gemir, su vecino se la daba sin parar de un modo parejo. Su adorado Martín le estaba poniendo los cuernos a su amiga Gabriela. Pensó en ir a golpear a puerta y pedirles que la corten con los ruidos y la dejen dormir, estaba con la mente perturbada porque su tan querido vecino le estaba dando la culeada de su vida a la muy necesitada Adriana.

    Entonces decidió desahogarse, llevó una mano a su entrepierna y lentamente se fue tocando al compás de sus vecinos de abajo que tan bien la estaban pasando.

    Estaba empapada, era una merecida paja, sus dedos cubiertos por una espesa baba no dejaban de adentrarse en esa concha insatisfecha, esa concha envidiosa que deseaba tener algo duro adentro. Sin dudas se iba a hacerle cuesta arriba estar tantos días sin Nacho, su marido que la tenía por demás acostumbrada a largas sesiones de sexo. Lo extrañaba y mucho.

    Se distrajo tanto con los vecinos del piso de abajo y con el feroz castigo que le dio a su concha su teléfono quedó a un costado.

    Se metió los dedos bien profundo, casi le cabía la mano completa en su interior, se tocó muy fuerte y explotó en un intenso orgasmo.

    Cuando recobró fuerzas manoteó su móvil y tenia varios mensajes de Gustavo recriminandole el por qué dejó de responderle, y chicaneándola que se había «asustado» por la foto de su pija parada.

    -Y éste idiota quien se cree que es?-

    Se dijo a si misma, redobló la apuesta y celular en mano se sacó una foto de su húmeda vulva con las rodillas levantadas y los pies haciendo fuerza sobre el colchón. Tenía los labios salientes y abriéndosela más captó el momento en que una espesa gota blanca le brotaba desde lo más profundo para terminar metiendose en su rosado esfínter que absorbía cual arena movediza todo ese néctar emanado de su concha.

    Era la primera vez que hacía algo tan osado y más aún con un desconocido. Configuró el modo fotografía y se la envió a su atrevido admirador.

    Por apurado o torpe, el cuarentón abrió la foto pero no prestó atención a que ella muy tramposa seleccionó la opción 1 redondeada y la fotografía se envió en modo temporal. Si la vió o no se quedó con las ganas de mirarla otra vez, y tampoco hubo chance de reenviarla a sus «amigotes inmaduros».

    Marcela no dejó cabos sueltos y salió triunfante una vez más.

    -Rubia sos muy malvada, mirá toda la leche que me sacaste – le escribió seguido de una foto de su pito tendido casi sin vida sobre su vientre y con abundante semen que le saltó por el ombligo y parte de la panza.

    -Te suplico que me mandes otra fotito mi amor-

    -Veni a mi casa y te recontra cojo rubia calienta pijas. Decime que si y te paso la ubicación y te pago el Uber. Por favor mamita me tenés re caliente.

    -No puedo, estoy sola con mis hijos.

    -Pasame tu dirección y voy para ahí, te buscaría hasta debajo de las piedras. Te quiero cojer!

    -Estas loco, ni se te ocurra que te voy a dar mi dirección, desubicado!

    Y así Marcela se hizo la ofendida y dejo de escribirle (al menos por esa noche) a Gustavo, un macho nuevo que estaba llegando a su vida.

    Dejó el celular sobre la mesa de luz y al rato lo sintió vibrar. Se ilusionó con que sea el amor de su vida escribiéndole desde Mendoza… pero no… Era Stefy con un mensaje de voz.

    -Amiga vení a buscarme, no me siento bien.

    Se alertó y pidiéndole que le pase la ubicación se vistió apresurada, tomó las lleves del auto y dejando a Nicolás, su hijo mayor a cargo de la casa se dispuso a partir en auxilio de su joven amiga.

    Muy nerviosa conducía e iba decidida a romperle la cara a ese tal Joel ya que pensaba que le había roto el culo a Stefy con la semejante pija que su amiga le habría descripto días atrás.

    Veremos qué pasará cuando Marce se encuentre con Stefy.

    ¿Se animará a acostarse con Gustavo? Ese macho que de a poco y a su modo la estaba seduciendo.

    En esas semanas sin Nacho en casa puede pasar de todo y de seguro habrá motivos para seguir narrando.

    Queda un final abierto.

  • Mi primera vez fue con un hombre mayor

    Mi primera vez fue con un hombre mayor

    Todo sucedió hace unos quince años más o menos, acababa de alcanzar la mayoría de edad, en aquel momento nunca había tenido sexo ni tenía prisa por tenerlo, no era el caso de muchas de mis amigas que ya lo habían hecho hasta en varias ocasiones y hasta con chicos diferentes. Por aquellas vivía a solas con mi papá y además de estudiar tenía que hacer las tareas del hogar ya que se las pasaba casi todo el día trabajando. Yo por mi parte estudiaba el último año de instituto en la ciudad próxima a mi pueblo, cada día me tenía que despertar bien temprano para tomar la línea de bus que me llevaba hasta bien cerca de mi instituto, era un fastidio madrugar tanto pero no me quedaba de otra.

    Como cada día me dispuse a tomar el bus hasta mi cárcel particular, pero ese día fue distinto a los demás. Acostumbrada a las mismas caras de todos los días, en su mayoría ancianos que toman la primera ruta de la mañana para realizar sus compras y volver a tiempo para preparar el almuerzo, ese día me encontré un hombre de unos treinta y pocos como mucho. Desde el primer momento que lo vi subirse me sentí atraída por él, es el típico que ves en las novelas que echaban a todas horas en la televisión, alto y fornido era la clase de hombre que realiza trabajos físicos y se mantiene en esa forma sin necesidad de pisar el gimnasio.

    Yo me encontraba sentada al fondo del autobús, él en cambio se sentó varias filas más adelante. Su mera presencia me ruborizaba y soñaba con la idea de que se fijase en mí aunque eso no creo que fuese posible, como ya dije en mi presentación que podéis encontrar en mi perfil, soy una chica normal no destaco sobre las demás y mucho menos se iba a fijar en una cría como yo. El trayecto transcurría sin más novedad así que me dispuse a estudiar un poco ya que ese día tenía examen y necesitaba repasar.

    Eran las ocho de la mañana cuando el bus puntualmente había llegado a mi destino, me dispuse a bajar, no pude evitar en mi camino a la puerta darle un último repaso visual a ese apuesto hombre que tanto me había llamado la atención, pasé por su lado deseando que se voltease para verme pero no fue el caso estaba demasiado ensimismado mirando por la ventana y como era de esperar no reparó en mi presencia. Sin embargo algo sucedió… lo sentí, sentí su mirada cuando estaba bajando ¿será que me estaba viendo el culo? el verano se estaba acercando y las temperaturas hacían que vistiese digamos que de forma más ligera, llevaba el clásico uniforme de instituto de camisa y falda.

    Cuando bajé me hice la despistada para corroborar mis sospechas, decidí cruzar por delante de su ventana para ponerme de espaldas fingiendo buscar algo en mi mochila en esas estaba cuando me giré y mis sospechas se hicieron realidad allí estaba mirándome, una ráfaga de calor y autoestima recorrió mi cuerpo, había logrado llamar la atención de un hombre mayor y no sabía el porqué, la parada del bus había llegado a su final y se fue para continuar con su camino. Yo hice lo propio y me fui a clase.

    El día continuó como de costumbre cuando acabé me volví a casa en la línea de las cuatro pensando en lo improbable que sería encontrarme a ese hombre otra vez y así fue, no estaba. Llegué a casa y después de hacer las tareas propias de casa para ayudar a mi papá me desvestí para meterme en la ducha, me detuve un instante para verme en el espejo, la pubertad hace ya tiempo que había hecho su trabajo conmigo recorrí mi cuerpo de arriba a abajo, deteniendo mi mirada en mis pechos pequeños pero bien puestos con una aureola morenita y de un tamaño, comparadas con las de mis amigas, más grande, la vista siguió su camino y se detuvo en mi pubis lleno de vello el cual nunca me había planteado depilarme ya que no veía necesidad en ello, por último me gire y me detuve mirando mi culo sin duda de lo que más segura estoy es que tengo buen culo, grande y en su sitio, el imán de las miradas indiscretas… fue entonces cuando me acordé otra vez de aquel hombre, será que me deseaba o solo me había mirado por casualidad, quizá nunca obtendría la respuesta.

    Me metí a la ducha y mientras me enjabonaba noté como mis pezones se estaban endureciendo mi mano bajó y empecé a frotar mi vulva, algo me había alterado estaba demasiado sensible cada roce de mis dedos me acercaba más y más al orgasmo en un tiempo récord realmente estaba caliente ese día, mi mente no pudo evitar recordar a ese hombre y como me miraba fue ahí cuando alcancé el clímax. Me aclaré el jabón, me puse el pijama y me dispuse a cenar con mi padre ya que es el único momento del día en el coincidimos en casa, hablamos un rato de cómo había sido mi día ignorando por mi parte, obviamente, lo de ese hombre y lo mal que me había salido el examen. Cuando terminamos y después de recoger me fui a dormir.

    A la mañana siguiente me desperté como cada día, desayuné algo rápido y me dirigí a esperar el bus. Como siempre llegaba un poco tarde así que fui corriendo, afortunadamente llegué justo a tiempo, el conductor ya me conocía nos dimos los buenos días como de costumbre y me dirigí a mi asiento habitual, las paradas transcurrían y el bus se empezaba a llenar. Entonces pasó… ese hombre había vuelto a subir y se dirigía hasta donde yo estaba, apenas quedaban huecos libres y uno de ellos era donde yo tenía mi mochila justo al lado mía, se paró junto a mi:

    – Buenos días, ¿puedo sentarme aquí?- me preguntó mirándome a los ojos.

    – Por supuesto.-le dije yo de forma tímida tomando mi mochila y poniéndola en mi regazo.

    – Ayer me pareció verte, sueles tomar este bus?- me preguntó

    – Si, lo uso todos los días para ir a clase.

    – Ah entiendo, que bien. Bueno yo no suelo usar el transporte público pero mi coche se averió y es lo único que me deja cerca del trabajo.

    – Oh que fastidio debe de ser y en qué trabajas?- le pregunté

    – Trabajo en la fábrica metalúrgica de la ciudad.

    – Aham- mis sospechas eran ciertas por algo estaba así de fornido.

    Discretamente lo volví a mirar, llevaba una camisa ajustada que marcaba su cuerpo y unos jeans. En eso estaba cuando me pilló y me sonrió educadamente. Yo por mi parte llevaba mi uniforme de todos los días.

    – Así que estudias- me dijo.

    – Sii ya me queda poco para terminar e ir a la uni

    – Entonces tienes ya dieciocho? Pareces más joven.

    – Sii me lo dicen mucho, los cumplí el mes pasado.

    – Pues estás bien linda con ese uniforme de instituto, lastima que ya te quede poco ahí.

    Me sonrojé, no supe ni qué contestarle, acaso ese hombre me acababa de alagar de esa forma. Un calor empezó a brotar en mi interior.

    – A ti también te queda bien esa camisa- al momento me sentí ridícula pensando en la pendejada que le acaba de decir.

    – jaja gracias- me dijo educadamente.

    Realmente ese hombre tenía algo que me encendía, el trayecto transcurría y no seguíamos hablando pero yo necesitaba hacer algo para volver a llamar su atención así que lo que se me ocurrió fue bajar la mochila al suelo y así mostrarle mis piernas.

    – Uff como pesan estos libros, mejor la pongo en el suelo- dije haciéndome la inocente

    – Me imagino que si deben pesar si, no entiendo como en las escuelas hacen cargar con tanto peso a los estudiantes.

    – A que sí- le dije para seguirle la onda

    Me hice la despistada mirando por la ventana, al rato sentí esa misma intuición que había sentido ayer. Me está viendo, me está mirando las piernas lo siento. Continué como si nada y al rato hice que me recolocaba en el asiento al hacerlo se me subió más aún la falda, en ese momento ya solo me cubría lo justo para no enseñarle mis braguitas.

    Me giré y lo vi, claramente estaba viendo mis piernas sin cortarse un pelo, al momento pareció sentirse incómodo y empezó a colocarse él también en su asiento. Entonces yo también lo mire y encontré el motivo de su incomodidad claramente había un bulto más grande en ese pantalón en donde antes no lo había. Le había provocado una erección a ese hombre.. la calentura ya era insoportable sentía como mis bragas se empezaban a humedecer. En esas estábamos intercambiando miradas indiscretas sin mirarnos directamente cuando por desgracia llegué a mi parada.

    – Ay esta es mi parada, me tengo que bajar aquí. – le dije

    – Bueno, pues estudia mucho. Igual coincidimos otro día, mi coche aún tardará varios días en ser reparado.

    – Ah que bien.. digo.. vaya fastidio lo del coche. Chaoo.

    – Hasta otra- sentí otra vez esa sensación y lo miré, esta vez me estaba mirando a los ojos, le mantuve la mirada durante apenas un par de segundos, lo suficiente para sentir el deseo en sus ojos.

    Me bajé corriendo del bus necesitaba hacer algo con urgencia no podía soportarlo llegué al instituto y directamente me dirigí a los lavabos alli me baje las braguitas que en ese momento ya hacían lo imposible para taponar la humedad y me empecé a masturbar como una loca como era aún temprano no habían entrado los alumnos por lo que estaba sola en los baños, no me pude contener decidí meterme los dedos y calmar semejante calentura. Mis dedos entraban y salían sonando un lógico chof chof debido a lo mojada que estaba, fue entonces cuando me imaginé lo que se escondía debajo de ese bulto que yo había provocado momentos antes.

    Mi mano se movía sin parar algo estaba por salir de dentro de mi, algo que nunca había sentido hasta ese momento, seguí dejándome llevar por el placer y fue entonces cuando un chorro salió de mi interior mojando todo el suelo del baño entre convulsiones, nerviosa por el desastre que había hecho esquivé como pude el charco y salí del baño corriendo para dirigirme a clase como si nada hubiese ocurrido. Nunca me había corrido de esa manera pero eso no era suficiente necesito más y mañana voy a conseguirlo.

    Después de lo que había hecho en el baño, la mañana pasó sin mayor novedad, mi cabeza sin embargo no dejaba de darle vueltas a lo que había sucedido en el bus y no podía concentrarme en las clases. Afortunadamente pasé inadvertida y ningún profesor me dio la vara. Eran las tres de la tarde y por fin otro día de instituto había llegado a su final. Me disponía a irme cuando escuché que me llamaban, era mi novio, por aquellas estaba empezando a salir con el que sería mi pareja durante muchos años.

    – Lauraaa espera, no te acuerdas que habíamos quedado hoy?- me dijo, yo obviamente me había olvidado por completo pero hice como si no.

    – Claro que no me olvidé bobo, solo estaba haciendo que me iba para ver lo mucho que te importaba el quedar conmigo jaja

    Lucas había llegado a mi instituto en este curso y desde un primer momento se interesó por mí, sacándome conversación y dándome detallitos de regalo. La verdad es que al principio me parecía un poco desesperado pero con el paso del tiempo me acabé por resistir ante su insistencia y me decidí a darle una oportunidad. Ser la devoción de una persona siempre me ha gustado y claramente yo lo era para él. Por el momento nuestra relación no había pasado más allá de lo romántico todavía no nos habíamos visto desnudos ni mucho menos tenido sexo. Lo más lejos que llegamos por el momento fue a darnos algún que otro morreo al salir de clase.

    Nuestro plan para hoy era ir por un helado y pasear por el parque, lo típico de las primeras citas. Una vez llegamos a la tienda de helados de mi confianza me pedí un cono con una bola de arequipe y otra de naranja, él por su parte uno de chocolate con vainilla, seguimos nuestro paseo mientras charlabamos de como nos había ido el día, no pude ser totalmente sincera con él así que me limité a contarle que había transcurrido con monotonía y sin ninguna novedad. Llegamos al parque de la ciudad y allí nos sentamos en un banquito donde nos dimos la mano y seguimos charlando durante otra hora. Pasado ese tiempo mi mente ya no le prestaba atención y se fue a otro sitio, a recordar lo que me había pasado hace apenas unas horas, volver a revivir ese momento empezó a calentarme así que decidí besar a mi novio para aumentar todavía más esa sensación, con eso no era suficiente así me dispuse a hacerle alguna que otra caricia para que él hiciese lo propio conmigo.

    – Vente conmigo. – le dije levantándome, él como buen mandado que es se levantó sin rechistar y me empezó a seguir.

    – ¿A dónde vamos?

    – A un sitio más discreto para estar más tranquilos.- Aquel parque estaba lleno de padres con sus hijos jugando y el espectáculo que estábamos dando, empezaba a llamar la atención.

    Decidí llevármelo a un lugar más apartado en donde no nos molestaran, afortunadamente conocía el lugar idóneo, el aparcamiento privado de la ciudad, nunca estaba lleno y mucho menos el segundo sótano por lo que las escaleras entre el sótano uno y dos era el lugar perfecto. Nos metimos por la puerta de acceso de peatones y cuando llegamos al descanso de las escaleras lo empujé contra la pared y empecé a besarlo nuevamente. El pobre no sabía ni que hacer así que me decidí a llevar yo la iniciativa, tomé sus manos que hasta entonces las tenía educadamente en mi cintura mientras nos besábamos y las bajé hasta mi culo.

    – Dale no seas tímido.- le susurré al oído.

    Luqui empezó a soltarse y a besarme con más intensidad mientras me manoseaba el culo, yo por mi parte me arrimé más todavía apretando nuestros cuerpos, al hacerlo no me sorprendió encontrarme con su dureza ya que más de una vez la había notado mientras simplemente nos abrazábamos. En esta ocasión se estaba recreando con mi culo por lo que obviamente iba estar empalmado. Una de mis manos también dejó su cintura y bajó para sobarle la polla por encima del pantalón del uniforme. Allí me encontré con una mancha de humedad, el líquido preseminal había atravesado las finas telas de su ropa y se empezaba a notar afuera, yo por mi parte hice como si nada y se la empecé a acariciar por encima de la ropa me estaba poniendo demasiado cachonda con la situación, pero fue entonces cuando lo escuche gemir y noté como mi mano se mojaba más aún, se estaba corriendo sin mi. Una mezcla de morbo y decepción a partes iguales me inundó, el pobre al ver lo que le había pasado se sonrojó y se quedó cortado.

    – Lo siento mucho. – me dijo

    – No pasa nada, es normal.- Le dije para tranquilizarlo y me separé para ver la situación.- Has hecho un buen desastre ahí abajo espero que tengas otro pantalón jaja.

    – Si tengo el de deportes que hoy tuvimos clase.

    – Ah que suerte pues póntelo y acompáñame a esperar el bus que en como lo pierda tengo un problema.

    Eran las seis de la tarde y me dispuse a tomar el último bus del día en dirección a donde yo vivía, ya era de noche y estaba deseando llegar a casa y tomarme una larga y relajante ducha. Mientras me imaginaba eso el bus llegó, le di un beso de despedida a Luqui y me subí dirigiéndome a mi asiento habitual. El bus a esas horas iba ya bastante vacío por lo que no había nadie a mi alrededor, sin pensarlo mucho y dejándome llevar me empecé a acariciar por encima de las braguitas, nunca había estado tan caliente como ese último día y eso me llevaba a correr riesgos que mi antigua yo nunca hubiera corrido, allí estaba yo acariciandome la vagina en pleno transporte público y como lo estaba gozando, lo hacía suave y disfrutando de cada movimiento de mis dedos calentando lo que se estaba por venir en cuanto llegase a casa.

    Después de la media hora de camino de costumbre llegué a mi casa, me desvestí rápidamente y me metí a la ducha donde jugando con el chorro de y con mis dedos alcancé el segundo orgasmo del día. Lo poco que quedaba del día lo agoté haciendo la colada y la cena para mi papá y para mi. Hecho esto solo quedaba irme a dormir y pensar en el día que me esperaba mañana.

    El despertador sonó como cada mañana aunque esa vez fue diferente porque yo ya estaba despierta desde hacía tiempo, por primera vez en mi vida estaba deseosa de tomar ese bus que me llevaba hacia mi instituto y el motivo no era por ver a mis amigas o a mi novio, era para encontrarme otra vez con ese hombre necesitaba volver a sentir esa mirada que altera cada milímetro de mi cuerpo. Me dispuse a desayunar lo que de costumbre y a vestirme con el uniforme de todos los días pero con una pequeña diferencia no iba a llevar nada más debajo, no era la primera vez que iba sin brasier pero nunca antes había ido sin eso y sin braguitas, el motivo no era otro que evitar lo que ayer me había pasado con ellas y ponerlas secas una vez llegado al instituto.

    Por primera vez también, llegué a la parada con tiempo de sobra. La anciana que cada día compartía trayecto conmigo se quedó sorprendida al verme tan temprano y no corriendo apurada como de costumbre. Era una mañana de primavera, no hacía frío pero si corría una brisita que acariciaba mis piernas, subiendo hasta mi entrepierna desnuda. Era una sensación muy agradable que nunca había conocido. El bus llegó en su hora, procedí con la rutina de siempre saludé cortésmente al conductor y tomé dirección a mi asiento. Me senté impaciente sabiendo que algo estaba por venir, pasaron las primeras paradas e igual que ayer los asientos se fueron completando a excepción de unos pocos. Llegó la tan esperada parada en ella se subió el objeto de mi deseo y se dirigió al igual que ayer hasta donde yo estaba.

    – Vaya, que casualidad tu otra vez por aquí, me puedo sentar?- me dijo.

    – Si claro, no hay problema.- Agarré mi mochila y al contrario de lo que ayer hice la puse directamente en el suelo, dejando a su vista mis piernas desnudas.

    Se sentó no sin antes darme un repaso visual de arriba abajo, cosa que yo también hice. Hoy vestía de forma más informal que ayer, lleva una camisa deportiva y un chándal, pero a mi eso no me importaba cualquier cosa que llevase puesta le quedaba bien a mi parecer.

    – Ya veo que hoy has puesto la mochila en el suelo directamente, gracias por cierto.

    – ¿Gracias? Y eso por qué? – me hice la inocente.

    – Pues que así no me tapa la vista jeje

    No me esperaba que fuese tan descarado, claramente no le importaba que lo escuchasen pero a mí sí ese bus lo uso todos los días y la gente que va en él ya saben quien soy. Qué pensarían si le sigo la corriente y me escuchan hablar con un hombre mayor de esa manera.

    – Córtate un poco, que aquí me conocen- le dije susurrando.

    – Perdón se me escapó en alto lo que estaba pensando, menos mal que solo fue eso y no todo lo demás.- me dijo acercándose a mi oído

    Sentirlo susurrándome al oído erizó cada pelo de mi cuerpo.

    – Y qué más piensas?- no debía alimentar ese fuego pero era superior a mí no podía resistirme.

    – Pienso en lo mucho que me gustaría recorrer esas piernas con mis manos y no solo con mi mirada.

    Esas palabras acabaron por derretirme, necesitaba sentir su piel en contacto con la mía que ese momento ya estaba ardiendo. Una ráfaga de cordura quiso hacer acto de presencia reparando en que el bus estaba a rebosar y nos podían pillar. Pero no fue suficiente.

    – ¿Y por qué no lo haces?- le susurré al oído mordiéndole el lóbulo de su oreja antes de alejar mi cara.

    Como un resorte algo se movió en su pantalón, la tela de chandal no disimulaba tanto como la de los jeans que ayer llevaba y claramente se le notaba que tenía una erección. Sin perder ni un segundo movió disimuladamente la mano que más cerca tenía de mí y la posó encima de mi pierna, sentir su tacto acabó con la poca cordura que me quedaba. Suavemente empezó a mover su mano acariciándome con pequeños movimientos fue entonces cuando me di cuenta que no llevar braguitas igual no fue la mejor idea ya que la humedad ya era desbordante y empezaba a sentirla corriendo por mi culo.

    Su mano acariciaba el exterior de mi muslo pero ese territorio ya estaba más que conquistado por lo que fue adentrándose tierra adentro para explorar nuevos territorios, tanto se adentró que ya la sentía rozando la zona interior y subiendo cada vez más y más hasta llegar a donde el río de flujos estaba desbordado hacía ya tiempo. al llegar allí pude ver su sonrisa. Él sabía que la conquista ya estaba hecha.

    – Vaya una niña traviesa, ¿y tu ropa interior donde se quedó?.- me preguntó jocosamente

    – En la mochila, porque sabía que iba acabar molestando.- le dije ya de forma descarada

    Nuestras miradas se cruzaron y fue entonces cuando supe que sería él y no mi novio a quien le entregaría mi virginidad, se la debía regalar a un hombre de verdad y no a un crio.

    – Me tengo que bajar en la próxima parada. Me ayudas a llevar mi mochila está muy pesada otra vez.

    – Por supuesto, sin problema.- dijo guiñandome un ojo.

    Nos bajamos y sin dirigirnos la palabra lo conduje al lugar donde hacía menos de un día me estaba enrollando con Luqui. En ese mismo descanso de las escaleras fue él y no yo la que tomó la iniciativa empujándome contra la pared devorando mi boca con pasión, sentía el roce de su barba contra mi cara era algo que nunca había sentido, otra sensación nueva que me agradó. Sus manos no necesitaban que le enseñase ningún camino ya sabían lo que tenían que hacer ya desde un primer momento se posaron en mi culo y de allí solamente salieron para colarse debajo de la falda y ponerlas en contacto directo con mi piel.

    Yo en tanto decidí repetir la jugada de ayer y empezar a manosearle la polla por encima del pantalón, la tenía muy dura y claramente más grande que la de mi novio, años más tarde descubrí que no era ni de cerca la más grande que iba a usar. Pero en aquel momento así la sentía, seguimos con ese juego durante unos minutos hasta que decidí sacarla de su jaula, por primera vez estaba tocando directamente una polla, comencé a menearla de arriba a abajo suavemente.

    Estaba lista lo sentí y mi amante así lo hizo también, me levantó en el aire contra la pared y dispuso su polla erecta en la entrada de mi vagina.

    Por favor ve despacio, es mi primera vez. -Le dije sabía que la rotura de himen no iba a ser un problema ya que como a muchas chicas me pasó montando en bicicleta, pero quería que fuese despacio para no hacerme daño.

    – No te preocupes lo suponía, sé lo que tengo que hacer.

    Esas palabras provocaron en mi interior una enorme satisfacción, me sentía llena en ese momento. Él por su parte procedió a introducirla lentamente, sentía como se abría paso en mi interior poco a poco provocando en mí una mezcla de placer y dolor a partes iguales. Me encontraba entre la espada y la pared, literalmente. Nunca antes en tan poco tiempo había disfrutado de tantas sensaciones como en aquel momento, era el comienzo de lo que sería mi vida sexual.

    Cuando mi cueva se acostumbró a lo profundo de sus movimientos fue cuando comencé a gozar de verdad, mis gemidos brotaban de mi interior sin cesar al igual que su movimiento de cadera contra la mía, sentí que me iba a correr de un momento a otro pero fue cuando me levantó la camisa y comenzó a comerme los pechos cuando lo hice. Me corrí entre gemidos. Alcanzado mi primer orgasmo decidió bajarme al suelo y darme la vuelta yo me arqueé y subí una pierna a la escalera para facilitarle su trabajo, los siguientes minutos fueron un constante mete y saca sin parar por su parte, yo sentía como sus huevos chocaban contra mi enorme culo lo que me provocó el segundo de mis orgasmos fue entonces cuando me dijo que estaba a punto de correrse, yo me di la vuelta y me puse de rodillas para recibir en mi cara su eyaculación, mientras eso ocurría continué masturbando mi clítoris para alcanzar un nuevo orgasmo, su corrida me pilló por sorpresa justo en el momento que me estaba viniendo por tercera vez llenando mi cara por completo de su espeso y abundante esperma.

    Me limpié como pude y miré el reloj, eran las ocho y media, iba a llegar tarde a clases pero no había cosa que me importase menos en aquel momento.

    Él por su parte no podía llegar tarde a su trabajo así que se despidió apresuradamente y se fue dejándome allí a solas recomponiéndome de la que sería la primera de muchas veces más.

  • En Carnaval, Nerea saca a su esclavo a pasear

    En Carnaval, Nerea saca a su esclavo a pasear

    Nerea va de negro con un antifaz, un vestido de cuero muy corto y botas de tacón alto,

    lleva a su esclavo vestido de perro, sujeto bien corto y a cuatro patas sobre el asfalto.

    Se encuentran con un chicle aplastado en la acera,

    Nerea lo despega, se lo mete en la boca a su chucho y se carcajea, la barriobajera.

     

    De Sol a Callao por la calle Preciados dan varias vueltas,

    se cruzan con mascaritas de zombis, políticos y algunas más cruentas.

    Anouk, su chucho, de vez en cuando le lame las botas,

    la gente de a pie se ríe y piensa “¡Están como chotas!”.

     

    Nerea decide sentarse en una terraza y pedir un cubata,

    mientras el camarero la sirve, ella le guiña un ojo, le pone morritos y el culo le cata.

    Luego cogió un puñado de cacahuetes ofreciéndole las cáscaras a su esclavo,

    Anouk, las masticó y las tragó sin rechistar y sin mostrar en su rostro enfado.

     

    Su chucho llevaba un cinturón de castidad tan ajustado y ceñido,

    que cuando se empalmaba algo, el dolor que sentía le hacía soltar un bramido.

    También llevaba un dildo bastante largo y ancho introducido en su culo,

    Nerea por control remoto iba subiendo la intensidad de las vibraciones, horadando un zulo.

     

    No podían olvidar el ir a Chueca a dar un garbeo,

    Nerea se encontró con dos Drag Queens amigas suyas y les soltó un buen morreo.

    Las reinonas observaron a su chucho y para que no se celara,

    le ofrecieron sus almohadillados traseros, para que se los oliscara.

     

    Luego se fueron a una librería para adquirir “Testo yonqui” de Paul B. Preciado,

    para tener cuerpo y mente en un nivel elevado.

    Ya por la Gran Vía decidieron comprar unos discos de Sarah Jane Morris, de R&B,

    y a continuación ir a un bufé libre a comer cuscús.

     

    Después de este paréntesis cultural volvieron a la juergas carnavaleras,

    y se unieron con entusiasmo a unas carrozas discotequeras.

    En una calle unas chicas disfrazadas de putas daban el pego,

    estaban potando los excesos de un botellón, ¡mamma mia que ciego!

     

    Nerea chapoteó un buen rato en aquel charco de vomitona,

    para que al llegar a casa su esclavo lamiera sus botas, ¡le apasiona!

    A Anouk el dildo le ensanchó tanto el ojete,

    que su ama no tuvo que hacer mucho esfuerzo, ya en la alcoba, entrando a machete.

  • Mis inicios en el exhibicionismo (1)

    Mis inicios en el exhibicionismo (1)

    Hola a todos, soy Andrea. Me identificaré así para mantener mi privacidad. El siguiente relato es cómo descubrí poco a poco lo excitante que puede ser el mundo del exhibicionismo.

    Para empezar decirles que tengo 29 años, soy una chica algo tímida, mido 1.70 más o menos de pelo castaño oscuro y en cuanto a mis medidas no tengo senos muy grandes, pero si son pronunciados como para usar poleras escotadas y que se vean bien lo cual provoca la mirada de más de un hombre cuando voy por la calle, de lo que si estoy más orgullosa es de mi trasero, ya que es grande no lo suficiente como para que sea desproporcionado, pero si se ve muy lindo y paradito sobre todo cuando uso calzas o pantalones ajustados estoy orgullosa de mi trasero porque he hecho ejercicios para que esté así de lindo, dicho esto ahora sí contaré mi experiencia.

    Como mencioné siempre he sido una chica tímida y bajo perfil, siempre ejemplo de buen comportamiento desde niña y eso no ha cambiado al menos de cara a la gente, porque en secreto soy una completa pervertida me gusta mirar pornografía de todo tipo, menos de los fetiches muy extremos, pero si me gusta consumir pornografía, creo que eso empezó cuando descubrí en la computadora de casa algunas páginas porno que mi hermano visitaba y que no borraba del historial, desde entonces secretamente me masturbo con pornografía muchísimo, sin embargo, desde hace un año más o menos me aficioné mucho al porno de exhibicionismo ya saben ese donde las chicas van casi sin ropa por sitios públicos o derechamente tienen sexo en playas, plazas públicas, paradas de autobús, etc.

    Cuando veo ese tipo de vídeos siento muchísima excitación, tanto que no puedo evitar tocarme como loca y darme unos orgasmos muy intensos, más de lo normal por lo cual me interese mucho más en ese estilo y mientras veía esos vídeos en un momento surgió la idea en mi cabeza de intentar algo parecido, actualmente no tengo novio así que no podía tener sexo en lugares públicos, pero por suerte para mí, vivo en un lugar donde se ubican más casas, es un terreno muy grande por lo que comparto patio con otras personas, entonces me dije a mí misma «Por qué no?»

    Así que me puse manos a la obra y un día empecé con algo pequeño, lo cual fue esperar que sean tipo 1 o 2 am, para salir discretamente de mi casa totalmente desnuda y caminar un poco en el terreno sin que nadie me viera y luego volver rápidamente, al principio tenía muchas dudas, porque los dueños del terreno me conocen desde niña, ya que son amigos de mi familia entonces si algunos de ellos me ve caminando desnuda sería muy humillante y de seguro le contarían a mis padres, sin embargo, de solo pensar en hacerlo me producía una excitación muy grande que provocaba que se mojara mucho mi conchita, olvidé mencionar que soy bastante pálida de piel y no tengo pelos en ninguna parte aparte de mi cabeza.

    Pero volviendo a lo importante me decidí a hacerlo así que ese día me pare enfrente de mi puerta, apague todas las luces de mi casa para que ningún vecino me viera y supiera que era yo de forma inmediata y procedí a desvestirme lentamente, cada prenda que me quitaba me producía como toques en mi conchita era como si me estuviera tocando mientras me desvestía, fue muy excitante, una vez quede totalmente desnuda abrí la puerta y salí lentamente de mi casa, empecé a caminar despacio por el terreno mirando a varios lados y las ventanas de mis vecinos para ver si alguno estaba asomado o fumando, por suerte en ese momento no había nadie bueno era muy de noche así que sería raro que hubiera alguien a esa hora fumando, cuando empecé a caminar por el terreno me sentía muy excitada mis pezones estaban muy parados y sensibles, tanto que cuando el viento los tocaba me producían muchísimo placer era la mejor experiencia del mundo nunca había sentido tanta adrenalina ni excitación como en esa pequeña caminata.

    Luego de un par de vueltas por el terreno, sentí que uno de los vecinos estaba por salir a su puerta así que rápidamente me escabullí, suerte para mí que al lado de su casa está una escalera para entrar a una casa más grande donde también rentan habitaciones, entonces me escondí debajo de la escalera y me puse en 4 para que no se me viera nada, menos mal que su salida fue bastante rápida y volvió a entrar a su casa, pero mientras estaba debajo de la escalera el tiempo se me hizo eterno, mi corazón palpitaba muy fuerte por el miedo y la excitación del momento tanto era así que inconscientemente puse mis dedos en mi vagina cuando volví en mí estaba tocándome muy rico en mi conchita hasta yo misma me sorprendí de lo puta que era al excitarme así debajo de una escalera.

    Pero cuando todo acabó ya era hora de volver a mi casa así que rápidamente volví a mi puerta, cuando estaba por entrar miré una última vez a todos lados y me percate que había un vecino de la casa grande de habitaciones que estaba en su ventana usando su teléfono, cuando salí no lo vi para nada así que no sabía si vio todo, para mi sorpresa lejos de asustarme eso me excito mucho más, así que cuando volví a entrar a mi casa me masturbe como 3 veces seguidas donde tuve unos orgasmos deliciosos para quitarme toda la excitación y saciar mi sexo.

    Este es el primero de algunos otros relatos personales que iré subiendo. Espero que les guste mi experiencia con el exhibicionismo porque les aseguro que mi a mí me encanta. Besos a todos.

  • La cinta roja

    La cinta roja

    Había pensado en hacerle algo especial. El formato de sexo de Pier lo había interiorizado y me encantaba. Las circunstancias no permitieron que nos juntásemos ya que cuando nos conocimos yo trabajaba en un club nocturno y el acompañaba a mujeres muy mayores. Lo suyo fue muy temporal y dejó de “escoltarlas” al poco de conocernos, pero yo necesitaba todavía varios meses para ahorrar.

    Estuve al borde de la tentación de pedirle que me esperara, pero no fui capaz porque esos meses de espera hubiesen sido muy duros para un joven de veintitrés años. La esperanza era que cuando abandonase aquella vida pudiese pedirle comenzar una relación, con un chico como él que me hubiese respetado y al cual no le tenía que esconder mi pasado, ni él a mí el suyo.

    Fue un golpe muy duro cuando a las semanas me dijo que ya había una chica en su vida. Lo único positivo fue que pude dejar aquella vida y también encontré pareja. Se dejó con su novia, y a pesar de que nos encontrábamos rechazó mi ofrecimiento de dejar a mi pareja y emprender juntos el viaje de la vida

    Nuestro funcionamiento o entendimiento en la cama era pleno. Compartíamos y compartimos los mismos gustos. Somos amantes del Kama Sutra y de Pier aprendí a hacer las ataduras en la cama y disfrutar de ellas. Eso sí, guardando el máximo cuidado de no hacernos señales y mi obsesión siempre ha sido darle el mayor placer ya que ha compartido esa misma obsesión hacia mí. Nuestro problema es que somos personas que hacemos mucho ruido y se nos escucha en las otras habitaciones.

    A él le da vergüenza, pero no lo puede evitar, tiene un orgasmo tan potente como el que pueda tener una mujer. Tiene ese complejo hasta el punto que las primeras veces que lo hicimos se avergonzaba hasta casi llorar. Conmigo superó esa vergüenza ya que además verle así me hace sentirme más mujer y me arrastra al orgasmo.

    Quise hacerle algo especial y aunque estoy acostumbrada a atarle, quería darle más placer, solo su placer para que me arrastrase al mío. Esta vez le até los brazos en forma de cruz, pero le dejé libres las piernas porque le gusta moverlas. La segunda atadura a la cama fue en la cintura, para asegurarme de que no podría moverse. Tenía la cabeza sobre la almohada, y la tercera atadura fue al cuello, para que no lo pusiese mover ni siquiera besarme. Esperaba que le hiciese alguna travesura, pero se confundió. Lo que quería era pasármelo por la piedra, todo el placer para él sin dejarle moverse. Empoderarme, convertirme en Andrómaca dominante. Le tapé los ojos para que no se diese cuenta que había activado por detrás de la almohada una grabadora y le descubrí los ojos. Quedó sin saber que se estaba grabando, mi travesura.

    Comencé con su pene en mi boca hasta que me pidió que parase. Subí por su pecho hasta que nada separó a mi sexo y su boca, sintiendo su lengua en mi interior y con su movimiento circular en mi clítoris, hasta que me vi cerca del orgasmo llena de humedad y casi desesperada, me notaba totalmente abierta. Descendí, y le descubrí el glande para abrasarle con mi calor desde el primer momento. Así sucedió por la intensidad de su rostro al montar sobre él. Nada frenó porque yo lo tenía muy abierto y el pene, que no es precisamente pequeño, entró hasta el fondo sin ningún obstáculo.

    Varias veces noté el gesto de querer moverse para acompañarme en ritmo, pero le había dado caza como la araña a su presa. Tampoco sirvió su intento de abrazarme o de tocar y comer mis pechos. La araña le tenía sujeto, preso. Noté su excitación al ensancharse su pene dentro de mí. Una excitación bestial que reforcé cuando me incliné para que mis pechos tocasen su pecho y besarle. Pero besarle no cuando él quería, sino cuando yo quería. La araña se comía a su presa.

    Empecé a escuchar sus jadeos, cómo crecían en intensidad. Yo sabía que gemía pero solo intentaba escucharle a él, me excitaba y me destrozaba. Me notaba cada vez más húmeda. Los jadeos y gemidos se elevaban, debían hacer temblar las paredes. Su respiración que ya me destrozaba y me hacía arder se empezó a convertir en frases y palabras, unas muy cariñosas y otras verdaderas groserías, estado al que cuando llega pierde el control hasta el punto de que no sabe lo que dice y luego no lo recuerda. Tanto que una vez le dije sin darle importancia que me había llamado puta y en cambio se puso a llorar y a pedirme perdón. Esta vez le tenía atrapado, no solo a él sino también lo que decía, en aquella grabadora roja a la que ahora llamo la cinta roja. Y sin ser consciente yo también estaba en camino de quedar atrapada en aquella pequeña grabadora.

    Cuando empieza a decir esas frases y susurros sé que emprende su camino hacia el orgasmo. Y acompaso mi ritmo. Cuando noté su orgasmo me excité más, ya estaba desesperada, y le acompañé con el mío. Me posé a su lado e hice una cosa que es la que indica cuando Pier lo ha pasado en grande, que le he llevado a lo máximo, observé su cara. Estaba rojita y brillante, con los ojos cerrados y una sonrisa como la de cuando un niño sueña con algo que le gusta mucho. Me lo había pasado por la piedra, me sentía fuerte, mujer, empoderada. Se quedó varios minutos con los ojos cerrados con la respiración entrecortada como si todavía se proyectase su orgasmo, así que aproveché para parar la grabadora y le quité todas la ataduras. Descansamos y dormimos un rato.

    Tras una ducha le cogí de la mano y le llevé a la cama de vuelta. Le mostré la grabadora y puse en marcha la grabación. Nos mirábamos fijamente, y cuando empezamos a escuchar nuestros jadeos y gemidos noté como se hacía muy intensa su respiración y a mí me entró un escalofrío de placer. Se me volvía a humedecer mi sexo y su pene estaba erecto como nunca. Tenía ganas de ser penetrada pero no fue necesario hacerle un gesto, me tumbó colocándose sobre mí penetrándome otra vez sin encontrar obstáculos. Solo había entrado y estaba a punto de correrme y noté que también hacía un esfuerzo atroz e inhumano por no correrse. La cinta roja nos atormentaba y se mezclaban los jadeos y gemidos de la grabación con los que estábamos haciendo. Fue muy poco tiempo el que tardamos en alcanzar un orgasmo que me dejó casi sin sentido y desorientada, y al como inmóvil y pensativo quince minutos. Como me vi recuperada, aunque me temblaba todo el cuerpo fui hasta el ordenador y copié la grabación para que no se perdiese. La cinta nos había vencido, no la habíamos aguantado. Ni Pier ni yo.

    Durante años la cinta roja convivió con nuestra sexualidad. A veces nos atrevíamos a ponerla cuando nos encontrábamos. Empezamos a aguantar un poco más haciéndolo con la cinta más que aquella primera vez, pero nunca fuimos capaces de vencerla, nunca hemos podido completar a escuchar la grabación, siempre terminando antes. Aquella cinta roja surgió de una noche especial de un momento concreto, surgió de aquellos minutos en que nos sentimos dioses o héroes, como Andrómaca y Héctor. La cinta roja es un objeto de dioses, y nosotros solo somos un hombre y una mujer. Por eso siempre nos ha vencido y torturado, como una maldición.

    Mientras escribo estas letras tengo delante la cinta roja y como no puede ser menos la observo y me excito. Aprovecho estas letras para confesar a Pier lo que hago casi todos los días, ya que es mucho lo que pienso en él y en aquella noche. Me desnudo y me tumbo en la cama, activo la cinta roja y la llevo al minuto en el que le escucho jadear y a mi gemir. Empiezo a acariciarme los pechos, pensando que es el quien me los acaricia. Y luego bajo la mano hasta mis partes más íntimas que escuchando la cinta ya están totalmente húmedas. Introduzco los dedos, imagino los suyos y su lengua en mi clítoris. Sus jadeos y sus palabras en la cinta me abrasan e imagino como me penetra. Todo se acelera, va muy rápido y vuelvo a culminar con un orgasmo. Me quedo mirando la cinta, me tiembla la mano porque quiero llamarle, que me vuelva a visitar, pero no me atrevo porque siento que me rechazará. Una verdadera maldición la cinta, la más bonita de las maldiciones, mi objeto preferido, mi fetiche.

  • Con el padre de un alumno

    Con el padre de un alumno

    Trabajo en la misma escuela primaria hace 5 años, actualmente tengo 30 años y soy maestra de tercer grado. Soy una apasionada por mi trabajo y me preocupo mucho por los asuntos de los niños, por eso mismo mis colegas y yo decidimos llamar a los padres de un alumno de 8 años que tiene problemas muy serios de conducta.

    Cuando el padre de mi alumno Valentín ingreso levante la vista de mis papeles y lo mire hasta que él estuvo al frente mío, me di cuenta rápidamente que este hombre es más atractivo de lo que yo imaginaba.

    -Soy Julián Lambes, el padre de Valentín.

    -Un placer conocerlo señor Julián, yo soy la señorita Valentina, la maestra que está a cargo de su hijo, tome asiento por favor.

    Él se sentó y apenas lo hizo me dijo que su esposa no pudo venir porque estaba trabajando en estos momentos.

    -¿Cuál es el problema de Valentín?- me pregunto dirigiendo una mirada nada discreta hacia mis senos que estaban a punto de salirse de mi camisa blanca.

    -El problema del alumno son problemas de conducta, tiene una energía bastante alta lo que lo hace bueno con los deportes y problemas de aprendizaje no tiene ninguno, pero me distrae a toda la clase cuando estamos en hora de lengua, termina de escribir antes que todos lo que le produce un alto grado de aburrimiento y no respeta las reglas de conducta de esta institución, es por todo esto que lo citamos a usted.

    -Voy a hablar con él, pero quiero que usted sepa que no se puede tener a los niños como un ejército- fue la inesperada respuesta del hombre.

    -Yo no pretendo tenerlos en un ejército, pero su hijo debe respetar las reglas de conducta de esta institución.

    -Es un niño de ocho años, señorita, ningún niño de esa edad entiende de reglas.

    -Los otros niños las respetan, lo que usted dice es una incoherencia- Aquí ya levanté un poco la voz.

    -Le voy a enseñar mi nivel de incoherencia maestra- me respondió Julián riéndose a carcajadas.

    El señor Julián se acerca a mí dando grandes zancadas y no pierde ni por un segundo su sonrisa en el rostro.

    -¿Qué hace?- logro murmurar.

    No estaba preparada para lo que este hombre hizo a continuación, puso su cara a centímetros de la mía, pensé que iba a besarme apasionadamente con mucha lengua, pero en vez de eso lo que hizo fue deslizar sus manos hacia la zona de mis senos y desprender todos los botones de mi camisa, lo hizo con tanta brutalidad que estuvo a punto de romper la tela de mi prenda, me lo quedé mirando boquiabierta y él solo me dijo:

    -Soy muy incoherente.

    A causa de mi sorpresa ni tuve tiempo a taparme los pechos que ahora estaban desnudos a la vista de este hombre, avanzo detrás de mi escritorio y fue ahí cuando me puse de pie, pero aun así no le he podido decir nada, no me ha dado tiempo porque me quito la falda de un tirón y empezó a darme nalgadas que cada vez sonaban más fuertes. Me cuesta admitirlo, pero Julián me estaba dando un inesperado placer con su actitud, dejo de darme nalgadas y se puso finalmente delante de mí y sin pensarlo fui directo hacia su boca, nos entregamos a la pasión de un húmedo beso.

    Cuando nos separamos él se desabrocha el pantalón y deja su miembro al aire libre.

    -¿Te gusta maestra?- me dice usando un tono de voz grave.

    -Me encanta- le respondo en un susurro.

    -Chupala- fue su respuesta final, me tomo fuerte de los pelos, me hizo ponerme de rodillas y sin soltarme en ningún momento me clavo su pene en mi boca con un solo movimiento y haciéndolo entrar todo entero.

    Al principio me dio una arcada cuando esa verga toco el fondo de mi garganta y por unos segundos no pude respirar, sin embargo, no entre en pánico y pude movilizar mi lengua lentamente hasta que hizo contacto con su cabeza y siguió bajando cada vez más profundo y rápido una vez que ya me había habituado.

    El como era un hombre dominante (lo supe apenas empezamos a hablar) estaba disfrutando de la situación de tenerme sometida con su pija en la boca.

    Le deje la verga completamente mojada con mi saliva, él me la saco de la boca sin dejar de tenerme tomada de mis cabellos, yo solté un suspiro de excitación y Julián hizo una leve sonrisa.

    Después agarro mi falda y me la quito con la misma brusquedad, me estaba encantando la rudeza que este hombre aplicaba en mi cuerpo.

    Hizo que me acostara en el suelo completamente desnuda, me tomo de las muñecas llevando mis manos hacia atrás y puso su verga en el medio de mis senos desnudos, me moví un poco tratando de resistirme y le dije que lo podría denunciar por esto.

    -No lo vas a hacer.

    -¿Por qué estás tan seguro?

    -Por qué estás disfrutando de todo esto al igual que yo, se le nota en la expresión de su rostro maestra- fue su respuesta final.

    Quede inmovilizada en esa posición y él empezó a embestir el hueco de mis senos, en el medio de las embestidas el señor Julián se inclinaba y lanzaba un poco de su saliva en mis pezones.

    Mis pechos se llenaron de su húmeda saliva y fue ahí cuando Julián decidió tomarme de mis dos muslos traseros para levantarme del suelo, yo enrede mis piernas en su cintura y luego él me lanzo arriba de mi escritorio donde solía corregir los trabajos de mis alumnos.

    Se colocó ambas de mis piernas en sus fuertes hombros, me puso una mano en mi cuello y me embistió de una sola vez. Abrí los ojos sorprendida de la rudeza de su embestida, él empezó a moverse dentro de mí y lo hizo sin ninguna compasión, su penetración era totalmente salvaje y hacia cada vez más presión en mi cuello.

    -Hermosa zorra, quiero que me digas ahora que soy muy incoherente- me dice con la voz ronca causada por los esfuerzos de sus embestidas mientras hace más presión en mi cuello.

    -Eres muy incoherente- le digo obedeciéndolo.

    -Así me gusta, hermosa- me responde, se inclina hacia mí y fundimos nuestras lenguas a la vez que sigo sintiendo su pene dentro.

    Se separa de mi boca y me dice:-Aún no he terminado- me acaricia el cabello y me hace darme la vuelta de modo que quedo en cuatro con mi trasero bien parado sobre mi escritorio.

    Doy un gemido bien alto cuando su miembro ingresa en mi culo, me agarra fuertemente de mis pechos y los masajea con rudeza mientras siento sus testículos chocando contra mi trasero que está siendo ferozmente penetrado, deja pasar unos minutos y finalmente hace una última fuerza para meterme hasta los testículos dentro, me abre mucho más con estas nuevas embestidas. Se retira un poco y luego me vuelve a penetrar para llenarme de su esencia, me deja bien llena de él, este hombre es inolvidable por lo bueno que es haciendo el amor.

    Yo caigo agotada en el escritorio y Julián aprovecha a vestirse.

    -Si Valentín causa más problemas no tardaré ni un segundo en venir- me dice antes de marcharse.

  • Mi despertar (3)

    Mi despertar (3)

    Lindos, aquí termino de contarles esta bella y excitante experiencia espero sus comentarios para motivarme y seguirles compartiendo mis aventuras.

    Después de que José terminará de hacerme un rico oral para limpiar el semen que Luis había depositado en mi vagina minutos antes, después de hablar de las sensaciones que había experimentado, porque todo era nuevo para nosotros, bese a mi esposo con mucho amor y pasión, me encamine, desnuda, a la habitación principal de la casa.

    Luis me esperaba totalmente desnudo y con el miembro semi erecto sobre su pierna izquierda, me lance sobre él y empecé a saborear su glande que tenía restos de semen de nuestra faena previa, poco a poco lo fui chupando y lamiendo lo besaba y le chupaba Los huevos él levantó un poco la cadera y me dio acceso a su ano que también lamí mientras me decía: zorra bella, puta deliciosa, mamona tragona y cosas así que me calentaban aún más.

    Luis se levantó de la cama y de forma dominante me coloco de espaldas al borde de la cama, puso mis pies sobre sus hombros, la cabeza de su verga en la entrada de mi húmeda y ansiosa vagina y lenta y continuamente me penetro hasta tener la inmensidad de su polla clavada en mi, me miró con lujuria y sadismo a los ojos y me dijo: ahora eres totalmente mia, yo le devolví la mirada con deseo y sumisión y le conteste con voz temblorosa por la pasión: siii úseme como quieras, deseo ser tu juguete sexual, amo su verga no me la saques nunca; Luis sin mover su verga de la profundidad de mi vagina pregunto: Te la puedo meter por todas partes? ¿Cuándo yo quiera? Seguí mirándolo con deseo y dije: sii me gusta mucho su verga, métamela por donde quiera, soy su esclava pero folleme, folleme por favor.

    Él empezó a meterla y sacarla alternaba el ritmo y la profundidad de las embestidas inundando mi chocho con ese tubo de carne caliente, me sentía camino al cielo, perdí la noción del tiempo, me salían lágrimas de placer y con voz entrecortada le decía: ricoo, ricoo, que chimbo tan rico y tan grande, amo tu verga, párteme el choco papasito Luis continuo por un rato donde experimenté por lo menos dos mini orgasmos, Luis aceleró la velocidad de sus embestidas y grito: me vengo ufff me vengo, llega conmigo maldita puta me vengo y empezó a llenar mi chocho de semen caliente en varias descargas que fueron perdiendo potencia mientras yo experimentaba uno de los tantos orgasmos de esa noche de placer infinito, Luis retiro su ya flácido pene de mi vagina que escurrió semen manchando la sabana, juagado en sudor y agotado Luis cayó a mi lado murmurando: ricoo puta, ricoo zorrita, así nos quedamos dormidos yo abrazada a su cuerpo.

    A la madrugada desperté cuando estando de espaldas en cucharita sentí la erección de Luis entre mis nalgas mientras me besaba el cuello y mordía y lamia mis orejas utilizando una mano para estimular mis pezones, con voz ronca murmuró en mi oído: hora de disfrutar de este lindo culo. En ese momento mi excitación era superlativa así que me puse en cuatro mis rodillas al borde de la cama, mi cabeza y mis tetas descansando sobre la sabana y con mis manos me abrí las nalgas y dejé expuesto y vulnerable mi ano.

    Luis procedió a darme un beso negro delicioso introduciendo alternativamente su lengua y sus dedos en mi chocho y en mi ano escupió sobe su verga y su mano y lubrico mi esfínter que palpitaba en anticipación de lo que le iba a pasar, puso la cabeza de su verga en la puerta de mi culo y con precisión introdujo el glande de su verga en mi esfínter. Experimenté un poco de ardor pero era mayor el deseo que me consumía: ufff deje escapar de mis labios; te hago daño, me detengo, te lo saco, pregunto Luis.

    Nooo, sigue lo necesito todo adentro uuuy y con determinación empuje hacia atrás enculandome en ese pedazo de carne caliente. Cuando sentí sus testículos en mis nalgas supe que lo tenía todo adentro. Follame el culo, es tuyo, soy toda tuya; Luis empezó a bombearme con fuerza al tiempo que con sus dedos acariciaba mi clítoris llevándome a niveles de excitación y entrega desconocidos para mi; después de hacerlo por un largo rato me cogió por mis hombros y aceleró el ritmo, donde quieres mi leche, pregunto.

    En medio de mi arrechera solo alcance a decirle: en mi boca, en mi cara, en mis tetas. Luis me la saco dejando un vacío inmenso en mi ojete, me arrodille y Luis disparo semen en mi cara mi cabello y mis tetas introduje su miembro en mi boca y empecé a lamer y limpiar los restos de nuestro delicioso pecado, nos besábamos, mordió mis pezones me pego dos nalgadas en mi culo y dijo: ve a ver a tu esposo.

    Jose me estaba esperando ansioso, me beso, sintió el olor a semen que salía de mi cuerpo se excito y me follo como nunca lo había hecho y limpió los restos de semen de mi rostro y mi cabello. Después de descansar y comentar como buenos cómplices nos duchamos y nos reunimos con Luis en el comedor; desnuda como me había ordenado Luis, corrí y me senté en sus piernas y empecé a besarlo mientras mi esposo ocupaba la silla de al lado.

    Desayunamos cordialmente mientras Luis felicitaba a José por la clase de puta que tenía por esposa, nunca había visto a mi esposo sentirse tan orgulloso. José tu tienes algún problema de que comparta a Vanessa con otras personas? Pregunto Luis: te pregunto porque la idea para esta noche es llevarla a ella a un club swinger dónde la voy a hacer pasar por mi esposa.

    Mi vagina desnuda estaba lubricando por el tema de la conversación y Luis lo noto. José le contesto: yo no tengo ningún problema con eso en tanto y en cuanto tu me la protejas y me garantices su bienestar. Por eso no te preocupes amigo José sé que a Vanessa la excita la idea porque mira como derrama jugos su chocho solo con escucharnos hablar del tema. Luis se dirigió a mi: Vane mi amor muéstrale tu chocho a José; obediente me senté en una silla subí una pierna sobre la mesa del comedor abrí mis labios vaginales y le dije: mira mi amor como estoy. José se arrodillo y me empezó a lamer la vagina. Luis se levantó y al salir del comedor dijo: esta noche toca swinger prepárate, yo le guiñe un ojo en un gesto de complicidad mientras disfrutaba la hábil lengua de mi esposo.

    Pero esa es otra historia.

  • Después de la cárcel

    Después de la cárcel

    Después de pasar cuatro años en la cárcel por robo, Eduardo finalmente salió y por supuesto allí estaba su madre para recibirlo. Ella había sufrido mucho con esta situación porque tuvo que hacerse cargo no solo de su casa, sino de hacerle llegar dinero a su hijo para los gastos (cigarrillos, ropa, comidas) siendo ella solo una empleada. Tal es así que no pudo seguir pagando el alquiler de la casita donde vivían, y tuvo que mudarse a un pequeño apartamento de treinta metros cuadrados, una cama, una mesa, un ropero, un baño y una cocina.

    Abrazo a su hijo y le hizo prometer que esta situación no se iba a repetir. Que iba a buscar un trabajo honorable y no volvería a juntarse con los que lo habían llevado por mal camino. El aceptó muy emocionado. La había pasado muy mal y no quería volver allí.

    Era tarde y llovía, tuvieron un viaje bastante largo. Llegaron empapados. Eduardo se sorprendió al ver el apartamento. Era muy pequeño para dos, ni siquiera la cama era doble, era de una plaza y media. Sería muy incómodo para ambos. Ella le respondió que cuando el consiguiera trabajo, buscarían algo mejor y más grande. Por ahora, solo podía pagar eso.

    Le dijo a Eduardo que se duchara con agua caliente por la mojadura, el se quitó la ropa dándole la espalda y se metió en el pequeño baño. Al finalizar se dio cuenta que no tenía toallón, así que llamó a su madre quien le trajo uno y le ayudó a secarse. Ella ya se había cambiado y estaba con una especie de enagua o camisón, sin corpiño. Mientras lo secaba, Eduardo no dejaba de mirarle los pechos desde arriba. Hacía mas de cuatro años que no veía ni tocaba a una mujer.

    Inconscientemente se excitó y se le endureció el pene. La madre enseguida se dio cuenta, así que le dejó el toallón sobre los hombros y salió del baño.

    Había preparado una cena especial de bienvenida con un rico vino. Estuvieron charlando hasta tarde, cuando decidieron ir a dormir. Eduardo solo tenía puestos unos calzoncillos, el resto de su ropa había sido puesta en el lavarropas. Cuando se acostaron, se animó y le dijo a su madre:

    -Hace cuatro años que no toco a una mujer, tengo necesidad de alguna, ¿tendrás dinero para eso?

    -apenas tenemos para comer… -contestó la madre.

    -¿Como voy a hacer mamá?

    Ella pensó un minuto, recordó lo del baño y le dijo:

    -¡¡Ven al baño!!

    Lo paró frente a la pileta de lavarse, mirando al espejo, y desde detrás, le puso la mano en el pene que enseguida se endureció. Comenzó a masturbarlo, firme y suavemente a la vez. Él no la veía, ella estaba detrás suyo, pero sentía su cabeza en la espalda y su delicada mano en el pene.

    En poco tiempo terminó eyaculando dentro de la pileta. Ella lo abrazó y le dio un beso en la espalda. Le dijo:

    -No puedes quejarte de tu madre. Espero haberte ayudado.