Blog

  • La vecina del bikini amarillo

    La vecina del bikini amarillo

    Llevaba una semana en mi nueva casa. Mi vida se había descompuesto. MI pareja se fue con mi mejor amigo, y no me quedó otra opción que marcharme a otro pueblo a vivir.

    Llevaba una semana en mi nueva casa, y después de terminar la mudanza decidí tomarme una cerveza en la terraza. Vivía en una casa de pueblo adosada a lado y lado por otras casas. Todas tenían dos pisos con su patio trasero.

    Yo estaba en la terraza, en el segundo piso. Tenía una panorámica de todos los alrededores a la vez que veía los patios de los vecinos.

    Me encendí un pitillo mientras disfrutaba de la cerveza, con la satisfacción de haber terminado de la mudanza. La primera cerveza desapareció en un santiamén y fui a buscar otra. El calor era sofocante, así que decidí sacarme la camiseta. Estaba disfrutando de la mañana pensado que todo era perfecto, no esperaba lo que estaba a punto pasar.

    De repente oí una puerta cerrándose, era en la casa de al lado. Curioso, me asomé por la barandilla para ver quien sería. Todavía no concia a mis vecinos. Mi sorpresa fue al ver una muchacha de unos 30 años. Enseguida me escondí detrás de la barandilla, no sé porqué lo hice, pero me salió.

    Era una chica perfecta. Llevaba una toalla atada al cuerpo, por encima de su pecho. Se fue directa a una tumbona que tenía en el patio. Mi suerte es que me quedaba a la vista. Intentando que no me viera, yo no me perdía detalle. Se sacó la toalla y la estiró. Un cuerpo perfecto apareció ante mis ojos. Tenía una figura curva, unos pechos enormes sobresalían de su figura. Llevaba puesto un bikini amarillo que resaltaba su piel morena. Enseguida se tumbó para tomar el sol.

    Yo me quedé alucinado, vaya vecina tenía. Sin querer empecé a notar como mi polla empezaba a ponerse morcillona. Ella se tumbó de cara a mí, pero no podía ver si me veía porque llevaba la gafas de sol puestas. Al poco empezó a ponerse loción bronceadora. ¡¡¡Que vista!!! No podía creérmelo. Mi polla ya estaba totalmente dura. Empezó por los hombros, con suaves movimientos iba esparciendo la crema, después los brazos. Poco a poco iba moviendo las manos hacia sus pechos. Sin dejar verlos pasó sus manos por debajo del bikini, dejando asomar esas voluptuosas formas que me estaban volviendo loco. Mi nerviosismo hiso que sin querer tirara la cerveza al suelo, y ella lo escuchó. No sé si me vio, pero giró la cabeza hacia mí. Como si nada ella siguió con su masaje, moviendo sus manos primero por la barriga y luego bajando a sus piernas. Me estaba volviendo loco, mi mano ya tenía mi polla agarrada y como no me podía ver nadie la movía sutilmente masturbándome suavemente.

    Cuando acabó de ponerse la loción se tumbó y durante unos minutos se quedó quieta. No sabía que hacer, seguir mirando, ir a por otra cerveza, pero no quería que ningún ruido me delatase, aunque no tenía claro si ya me había descubierto. Decidí no moverme a ver que pasaba. Estaba tumbada con la piernas medio cruzadas, quieta, sin moverse. El espectáculo era increíble. Yo seguía tocándome poco a poco para no correrme.

    Al rato empezó a moverse. Abrió sus piernas dejándome imaginar cómo sería su coño. Se insinuaba que lo tenía con vello, pero bien arregladito porque no asomaba ningún pelo por los lados. Sus movimientos me parecían sensuales, era como si estuviera inquinándose. Poco a poco sus manos empezaron a acariciarse, primero sus lados, la barriga y poco a poco las subió hacia sus pechos. Se los masajeaba por encima del bikini y poco a poco pude ver como se erizaban sus pezones. Eran enormes, los podía ver como apretaban esa tela amarilla cada vez que sus manos me lo permitían.

    A veces metía las manos por debajo del bikini dejándome ver parte de sus pechos, pero al poco se volvían a esconder. Yo cada vez me masturbaba más rápido. Notaba como su respiración se aceleraba, igual que la mía. Su mano derecha dejó de jugar con sus pechos para dirigirse a su coño. Sin preámbulos se la metió debajo de su braga y empezó a masturbarse. Veía como asomaba su negro vello por encima de la braga, mientras se masajeaba su monte de venus. Su cuerpo de arqueaba, moviéndose acorde a su mano. De repente se incorporó y sin pensárselo se desnudó.

    Guau no podía creer lo que estaba viendo, tenía la vecina desnuda enfrente mía. Tenía un cuerpo de escándalo. Yo ya me había desprendido de mis pantalones y también estaba desnudo, pero a mí no podía verme nadie, solo ella podía ver como asomaba la cabeza por encima de la baranda, aunque no tenía claro si me había visto o no.

    Una vez desnuda se volvió a estirar y continuó tocándose. Con una mano acariciaba sus pechos, mientras que con la otra se frotaba su coño. Al principio acariciaba su clítoris suavemente, y poco a poco empezó a moverse más y más rápido. De repente escuché un gemido. Había tenido su primer orgasmo. A mí me costaba mucho frenar mi mano para no correrme, pero lo estaba consiguiendo. Después del primer orgasmo suavizó sus movimientos, centrándose otra vez en sus pechos, pero poco a poco empezó otra vez a moverse más rápido. Ahora tenía una mano en su clítoris y dos dedos metidos en su vagina. Se notaba que quería metérselos hasta el fondo, pero su posición no se lo permitía. Así que se sentó. La tenía de cara a mí, con las piernas abiertas dejándome ver todo su rosado coño.

    Empezó a masturbarse muy rápido, sus dedos entraban y salían de su coño dejándome oír el «chof chof» que hacían sus fluidos, la velocidad que vez era más rápida, igual que la mía. De repente levantó sus piernas y de su coño salió un chorro enorme con un grito de placer que hizo que me corriera yo también. Siguió masturbándose un rato más, emanado líquido sin parar. Poco a poco sus espasmos fueron disminuyendo y se tumbó a disfrutar del éxtasis que estaba sintiendo. Yo hice lo mismo, pero sin dejar de observarla.

    Al cabo de unos minutos se levantó y se envolvió con la toalla y se dispuso a entrar a su casa. El espectáculo se había acabado. Justo antes de entrar a su casa se quitó las gafas de sol y me miró. Me escondí como pude esperando que no me hubiera visto. Pero escuché:

    -¡Espero que la próxima vez vengas a ayudarme!

  • Nos desvirgamos mutuamente, por confiados terminó embarazada

    Nos desvirgamos mutuamente, por confiados terminó embarazada

    Actualmente tengo 41 años y lo que voy a contar paso ya hace mucho tiempo, pero lo recuerdo como si fuese ayer, aunque parezca mentira los dos cumplimos años el mismo día y tenemos la misma edad.

    Todo comenzó el día de nuestro 18 cumpleaños en una tarde de calor del mes de agosto En aquel entonces ella era una chica gordita con unos cuántos kilos de más que la hacían muy atractiva y muy guapa cosa que hoy por hoy lo sigue siendo. Eran como las 18 h de la tarde cuándo ella llegó a mi casa ya que habíamos quedado para salir a tomar algo y celebrar nuestro cumpleaños nos conocemos desde siempre y encimas vivimos en la misma calle ese día cuando ella llegó yo todavía no me había arreglado y estaba en mi casa disfrutando de un baño en la piscina cuando ella llegó se veía preciosa con un vestido que le quedaba requetebién y aparte marcaba todo su cuerpo cuando la vi salir lo primero que hice fue salir de la piscina acercarme a ella y felicitarla nos dimos un abrazo y un beso en los labios ya que llevábamos saliendo juntos algo así como 1 año de forma informal aunque nuestros amigos todos sabían que había algo más.

     En ese momento fue cuando me percaté que la había mojado toda ya que yo no me sé qué al salir de la piscina me lo reprochó y me volvió a empujar al agua pero fui un poco más hábil que ella y me la llevé conmigo terminando empapada y así pudiendo aprovechar para besarla en el agua y aprovechar un poco más para meterle mano ja ja ja ja ja ja ja ya me entienden 18 años hormonas desbocadas y solo en casa.

    Cuándo nos separamos para tomar un poco de aire ella me dijo que no traía otra ropa ya que no esperaba terminar empapada en mi piscina le pedí perdón y le dije que no se preocupase que con el buen tiempo que hacía su ropa se caería rápido así que decidí salir del agua y fui a buscar una toalla para que se pudiese secar y sacarse la ropa para poderla poner a secar fui dentro traje la toalla ella me pidió que me diese la vuelta cosa que yo hice de inmediato me giré mientras ella se desvestía por completo y se liaba en la toalla una vez hecho esto pusimos su ropa a secar y mientras esto pasaba pues yo aproveché para ducharme y adecentarme un poco mientras que yo hacía esto le presté un secador de mi madre para que se secase el pelo una vez ya duchado pues ella aprovechó para ducharse un poco y así arreglarse mejor sacarse el cloro de la piscina y quedar un poco más decente.

    Mientras esperábamos que se secara su ropa nos fuimos a mi habitación a ver la televisión ambos liados cada uno en una toalla mientras yo sacaba mi ropa para vestirme ella no paraba de mirarme al igual que yo a ella entonces se me ocurrió acercarme de nuevo a ella y volverla a besar pero esta vez de una forma diferente y sumamente apasionada cosa que me llevó a pasar mis manos por su espalda como ya había hecho infinidad de veces acariciar sus pechos hasta depositar mis manos en sus nalgas y atraerla más hacia mí para que pudiese notar que estaba empezando a tener una erección ella Por su parte acariciaba mi espalda mi pecho y también sin nalgas seguimos así durante un buen rato acariciándonos mutuamente hasta que llegado un momento yo decidí dar el paso y le quité su toalla y por primera vez pude verla completamente desnuda era un cuerpo precioso no me importó que fuese un poco gordita para mí era la mujer más bonita del mundo nos seguimos besando y saqué mi toalla estábamos ya los dos súper excitados, seguimos besándonos y acariciándonos pero ella se paró y se separó de mí para preguntarme:

    -¿Estás seguro de lo que estamos haciendo? ¿y porque quieres hacerlo conmigo? Si yo no soy delgada ni bonita.

    Me senté en la cama la acerqué hacia mi y haciendo que se sentará a mi lado y mirándola a los ojos le dije:

    Si, si estoy seguro de lo que estamos haciendo y pase lo que pase nunca te dejaré amor mío y quiero hacerlo contigo porque te amo y eres la mujer más bonita del mundo y la belleza no lo es todo tu eres muy bonita eres preciosa y sobre todo te quiero por lo buena que eres y lo bien que me tratas no hace falta que seas delgada para quererte.

    Mientras le decía esto y la miraba a los ojos una y la abrazaba con una mano acariciaba uno de sus brazos y con la otra acariciaba el interior de una de sus piernas entonces ella me preguntó:

    -¿te gusta lo que ves?

    -Si me gusta lo que veo, me encanta eres preciosa te lo digo totalmente en serio y te amo.

    -Sabes eres el primer hombre que me ve desnuda eres el primer hombre con el que estoy así y quiero ser tuya para siempre quiero que me hagas tu mujer.

    Cuando terminó de decir esto yo le pregunté:

    -¿Y a ti te gusta lo que ves?

    -Sí me encanta eres el primer hombre qué veo desnudo y te quiero muchísimo por todo el amor que me das.

    -Sabes al igual que tú, tú también eres la primera mujer que me ve desnudo Y al igual que tú quiero que me hagas tuyo.

    Mientras la miraba a los ojos me di cuenta que le caían un par de lágrimas por su rostro las cuales aproveché para limpiar con muchísima suavidad y procedí a besarla de igual manera con mucha suavidad el beso se fue tornando cada vez más apasionado parecía que ya no había marcha atrás nos estuvimos besando de esa forma durante un buen rato no recuerdo exactamente cuánto tiempo pero sí recuerdo que fue el mejor beso que nos dimos en todo el tiempo que estuvimos de novios.

    Mientras nos besábamos acariciaba su espalda de arriba abajo hasta llagar a sus nalgas y volvía ha subir y empecé ha recuperar mi erección, puse su mano sobre mi pene y bajé a besar su cuello y sus hombros mientras ella empezaba a acariciar mi pene con sumo cuidado para no lastimarme al mismo tiempo que besaba su cuello iba bajando por sus hombros así hasta llegar a sus pechos esos pechos de tamaño medio tan ricos y duritos que a mí me traían loco hacía ya mucho tiempo los cuales pude amasar besar mamar chupar lamer todo lo que os podáis imaginar disfruté de ellos muchísimo nos tumbamos en la cama quedando ella tendida y yo sobre ella fui bajando por su vientre su ombligo el cual besé introduje mi lengua en él así hasta llegar a su vagina con un poco de vello púbico nada del otro mundo irá preciosa aún recuerdo su olor empecé a acariciar avisar incluso a pasar mi lengua era la primera vez que hacía algo así pero parecía que lo hacía bien ya que ella empezaba a emitir gemidos de placer estuve así un rato hasta que decidí parar y subir para besarla de nuevo.

    Estábamos los dos muy excitados por el momento que estábamos teniendo coloque mi pene en la entrada de su vagina y le pregunté:

    -¿Estas segura de esto? ¿quieres seguir?

    -Si mi amor estoy segura y quiero seguir, hazme tuya quítame la virginidad

    -Vale mi amor entonces hoy perderemos nuestra virginidad, si te duele o te hago daño avísame para parar.

    -Vale mi amor yo te digo.

    Ella separó un poco más sus piernas y yo termine de acordar mi pene en la entrada de su vagina y comencé a penetrarla poco a poco sentía como iba entrando hasta llegar al himen retrocedí un poco y empuje fuerte mientras la besaba con pasión y note como se rompía y conseguía penetrarla por completo Ya habíamos perdido nuestra virginidad yo estaba sobre ella disfrutando de ese momento sintiendo como su vagina se acoplaba a mi pene pasado un poco de tiempo tras permanecer quietos le pregunté:

    -¿Estas bien, quieres seguir, te duele?

    -Sí estoy bien y claro que quiero seguir, no me duele solamente me molesta un poco pero todo será con tiempo hasta acostumbrarme a ti.

    Comencé a penetrarla de nuevo con suavidad muy lentamente viendo su cara todo su cuerpo como se estremecía con cada una de mis arremetidas Estaba súper excitado al igual que ella sentía como su vagina apretaba mi pene y esto me estaba provocando muchas ganas de eyacular pero no quería acabar todavía quería hacerla disfrutar de su primera vez así que seguí muy despacio para dilatar el tiempo todo lo posible y poco a poco fui aumentando el ritmo se empezaban a escuchar nuestros gemidos como gemíamos los dos de placer.

    -Ah Ah sí sigue no pares no te pares por favor no la saques ah.

    Así estuvimos un rato no fue mucho tiempo hasta aquella no pude más empecé a aumentar el ritmo cada vez más rápido.

    -Ay sí así sigue, sigue por favor no pares no la saques no importa no la saques.

    Y sin saber cómo ella llegó al orgasmo noté como su vagina apretaba fuertemente mi pene lo cual hizo que yo empezara a eyacular dentro de ella sin que me diese tiempo a sacarla no podía soltarme no paraban de salir chorros de semen dentro de ella Permanecí dentro de ella hasta que su vagina dejó de apretarme en mi pene dejó de soltar semen el orgasmo de los dos fue brutal una vez que noté que ya no salía más semen y su vagina ya no me apretaba procedí a sacar mi pene al sacarlo me di cuenta que junto con nuestros fluidos había una pizca de sangre sin duda nada de que preocuparse.

    Quedamos abrazados en la cama sonriéndonos y mirándonos a los ojos y besándonos y le pregunté:

    -¿Qué te ha parecido nuestra primera vez? ¿Te ha dolido? ¿Te ha gustado?

    -Me ha encantado ha sido mejor de lo que yo esperaba nunca pensé qué perderíamos la virginidad los dos juntos y al contrario de lo que decían mis amigas no me ha dolido para nada en absoluto solamente he sentido una pequeña molestia cuando has entrado y me ha encantado sobre todo el final ha sido lo mejor de todo y quiero que me digas la verdad cuando yo me he corrido he sentido que dentro de mí dejabas tú semen, ¿te has corrido dentro?

    -Sí mi amor me he corrido dentro no me ha dado tiempo a sacar mi pene pero ya no hay remedio está todo dentro de ti solamente espero que no quedes embarazada y si quedas pues no pasa absolutamente nada porque yo no te voy a dejar.

    -No te preocupes que me ha encantado sentir como te corrías dentro de mí todo ese semen saliendo de tu pene y quedando en mi interior y no voy a quedar embarazada porque todavía no estoy en mis días fértiles así que puedes estar tranquilo.

    -¿Y a ti te ha gustado nuestra primera vez? ¿Te ha gustado correrte dentro de mí? ¿Qué has sentido al penetrarme por primera vez? ¿Y he sangrado mucho?

    Me ha encantado nuestra primera vez ha sido increíble el sentir como mi pene entraba dentro de ti por la primera vez y cómo tu vagina me apretaba es una sensación maravillosa me ha encantado correrme dentro de ti y espero repetir esa sensación muchas veces más y lo mejor de todo es que solamente hay unas gotas de sangre así que lo hemos hecho genial.

    En ese momento nos empezamos a besar de nuevo empecé a acariciarla de nuevo todo su cuerpo acariciar sus pechos su barriga su vagina con mucho cuidado sus nalgas y ella volvió a acariciarme a mí el pecho la barriga las piernas el pene que volvió a ponerse duro de nuevo con lo cual me volví a colocar sobre ella y volví a colocar mi pene en la entrada de su vagina volvíamos a empezar de nuevo la empecé a penetrar otra vez pero esta vez no tan lentamente si no con más fuerza sintiendo desde el principio como mi pene llegaba hasta el final así estuvimos un rato hasta que cambiamos de posición y ella se colocó sobre mí cabalgándome hasta que llegamos al orgasmo de nuevo volviendo a corrernos los dos al mismo tiempo y volviendo a eyacular dentro de ella con otra gran cantidad de semen en su interior.

    Después de eso estuvimos descansando unos minutos y nos fuimos a la ducha fui a buscar su ropa y salimos a celebrar nuestro cumpleaños aunque ya lo habíamos celebrado de la mejor manera posible perdiendo nuestra virginidad y haciendo el amor por dos veces en una tarde.

    Después de ese día seguimos haciéndolo a diario hasta que pasadas unas semanas y cómo no le bajaba la regla supimos que estaba empezando y era obvio que fue el día que perdimos la virginidad por terminar dentro por la cantidad de semen y por no poner medios. Pero hoy por hoy seguimos juntos y con tus hijos en común y una vida sexual muy satisfactoria.

  • Con dolor de garganta

    Con dolor de garganta

    Mira, realmente fue sin premeditación, a mí en serio me dolía la garganta, te juro, y ella por celular me dijo que pasara a buscar un remedio que tenía en su casa, es enfermera y vive a dos cuadras de donde yo vivo.

    Cuando abrió la puerta y me miro con su pelo renegrido con rulos, largo, sus hermosos ojos grandes, bien criollos y su boca de labios carnosos, no resistí, y aplique eso de que los besos no se piden, se roban. La bese primero suavemente, sus labios me conmovieron, blandos, suaves, atrapantes.

    Yo la había tiroteado varias veces en el barrio, siempre tan elegante, formal y muy femenina, nunca ni siquiera me contesto. Y yo ahora la besaba salvajemente. Se separó y me dijo:

    – Si no me soltás y te vas voy a gritar.

    – Si, por favor, los gritos me excitan mucho. Y arremetí de nuevo.

    La lleve suavemente contra un pilar, ella allí apoyada de espaldas respondía a mis besos.

    Empecé a acariciar su cuerpo. Cada vez que dejaba libre su boca emitía un grito los que fueron bajando de intensidad y volumen hasta desaparecer.

    Cuando ya tenía sus piernas alrededor de mi cintura y sentía su respiración agitada, me dijo:

    – Tengo una horrible cicatriz en medio de mis pechos. Su rostro estaba serio y parecía expectante.

    – Toda mujer desnuda dispuesta a amar y ser amada es bellísima. Es lo que se me ocurrió contestar. No es mía la frase, en algún lugar la leí, me gusto y realmente siento eso.

    Nos desnudamos muy rápidamente, comprobé lo de su cicatriz, y ame ese hecho de que haya vencido su inhibición, haya dejado de lado su vergüenza, para que pudiéramos amarnos. Alguien que derrota sus temores por mí, alimenta mi amor propio.

    Todo en ella me parecía bellísimo.

    Y allí en el piso de su living empezamos a sentirnos. Yo recorría todo su cuerpo con mi boca, mi lengua no dejaba nada de ella sin ser lamido. Baje hasta su hermosa vagina la cual me lleno la cara de sus líquidos mágicos. Sus muslos no me dejaban salir de esa situación, yo ya explotaba, mi erección era tremenda, busqué penetrarla, su desnudez me maravillaba, pude apreciar sus escalofríos, la dulzura de sus ojos cerrado, sus labios, todo generando una situación que parecía irreal.

    Y así llego el milagroso momento de sentir como se abre una mujer que ya no soporta más la necesidad de sentir un hombre dentro suyo, mi pene abriéndose paso entre sus piernas, siento su carne lubricada dando lugar a mi penetración, nuestras transpiraciones y salivas fundidas en una sola y lograr ese ritmo loco de sincronizar el movimiento de ambos que termina con un gran orgasmo de ella que lo declara sin temor ni pudor con gritos y gemidos pidiéndome más. Y cuando el que no puede más soy yo, saco mi pene y sus manos apretando sin compasión me terminan masturbando para derramar mi semen en sus maravillosos pechos, empecé a sentir alternativamente frio y calor, todo mi cuerpo más que sensible cuando sus manos no dejaban quieto mi miembro a pesar de haber terminado que sacar todos mis fluidos.

    Nos llevó unos minutos recuperarnos de nuestra agitación echados allí en su alfombra. Y cuando yo no sabía que más pasaría, ella pone su mano en mi frente y dice:

    – Tenés fiebre, no podés ir a ningún lado, te quedas que te voy a cuidar.

  • Siempre hay tiempo para una mamada

    Siempre hay tiempo para una mamada

    Con quince minutos aun para salir por la puerta, pensé, ¿qué puedo hacer para ayudarlo a que se vaya menos estresado? Y tuve una excelente idea… Fui al baño y me hice dos coletas, sé que te encantan… No había tiempo para perder, dentro de poco te tenías que ir, así que con la ropa que ya llevaba puesta, nada especial, vaqueros azules y una camiseta manga larga, pero el detonante eran las dos coletas…

    -¿Tienes tiempo para una mamadita rápida antes de irte? -pregunté.

    Tus ojos se iluminan con lo que te acabo de decir. ¡La sonrisa de tu rostro me encanta!

    -Siempre hay tiempo para eso.

    Despierto a la gata dormida en mi cama y la saco de la habitación. Este momento somos solo tú y yo.

    Me siento al borde del colchón y te invito a que te acerques. Meneo la cabeza de un lado al otro, meciendo las coletas altas que me hice para ti.

    Te desabotono el pantalón y claro, esto fue muy espontáneo, aún está dormido, pero tú tranquilo, que a mí me encanta despertarlo, hacer que te crezca entre mis labios.

    En estos momentos me cabe entero en la boca, me encanta tu olor, el sabor de tu piel, y a medida que se pone más grande, chupo y lamo hasta que está firme y duro.

    Te chupo la punta, una y otra vez, mi lengua recorre cada curva de tu glande y acaricia tu frenillo hasta que lo meto todo lo que puedo en mi boca. Cuando tocas el fondo de mi garganta sueltas un suave gemido, quiero oír tu placer, así que muevo la cabeza de adelante hacia atrás, que llegues al fondo de mi boca con cada arremetida.

    En este momento es cuando tus manos quieren sujetarse de algo aparte de las caricias que le hacías a mis tetas cuando empecé. Agarras mi cabello en dos coletas y así sé cuál es el ritmo que te da más placer.

    Tu verga entra y sale de mi boca una y otra vez, te tengo completamente lubricado en saliva porque no me da posibilidad de tragar o respirar, necesito sacarte de mi boca un momento para recuperar el aliento, te empuño en mi mano unos segundos antes de volver a meterte en mi boca.

    Te chupo la punta un poquito, pero sé que lo que más te excita es meterlo todo en mi boca.

    Me encanta cuando te coges mi cara, ya siento ese despertar sexual entre las piernas, ese zumbido de mi clítoris que quiere ser frotado.

    Pero no hay tiempo…

    Aprieto los muslos y disfruto cuánto me excito mamándotelo.

    Me tienes agarrada por el pelo y arremetes contra mi cara, una y otra vez, casi se me chorrea la baba y tengo que chuparte la punta para poder tragar y respirar.

    Haces unos sonidos muy ricos.

    Me encanta que saques tu placer de entrar y salir de mi boca una y otra vez.

    Sacas tu verga embadurnada con mi saliva y empujas mi cabeza más abajo, tu saco está apretado, la piel rugosa, te estremeces cuando la recorro con mi lengua antes de meterme una de tus bolas a la boca y chupar suave, mi lengua te acaricia mientras te chupo. Las acuno en mi mano, con un dedo presiono sutilmente en la base y trato de meter las dos en mi boca mientras tu mano se mueve rápidamente de arriba abajo.

    Te chupo las bolas golosa mientras te masturbas, hasta que me tiras del pelo y apuntas a mis labios. Abro la boca y siento tu verga prensándose una y otra vez, eyaculando tu orgasmo. Tu leche espesa y caliente, tu sabor salado. Me lo trago todo, dejo tu miembro limpio con mi lengua, regalándote unos pequeños espasmos de exceso de placer, chupándotelo limpio hasta que te suelto.

    -¡Qué rico! -exhalas en un suspiro masculino.

    -Rico estás tú! -respondo.

    Te guardas tu miembro aún hinchado, pero ya vacío.

    -Así te vas más liviano. Espero que te haya aligerado el estrés que cargas.

    -Eres la mejor.

    Tus halagos siempre me hacen sonreír.

  • La visita inesperada de mi cuñada y su hijastro

    La visita inesperada de mi cuñada y su hijastro

    Me llamo Carolina, tengo 45 años y vivo en una ciudad tranquila del interior de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Soy casada y convivo felizmente con Néstor, mi marido. Convivir es una manera de decir, ya que él es camionero y la mayor parte del tiempo se encuentra sentado en su camión haciendo su trabajo. El poco tiempo que Néstor está en casa nunca fue un motivo de conflicto; él mantiene el mismo trabajo desde mucho antes de conocernos y fue una de las primeras cosas que me aclaró al considerar la idea de mudarnos juntos. El tema de los hijos fue una de las coincidencias que nos llevó a formar una vida juntos; ninguno quiso cambiar pañales ni tener esa necesidad imperiosa de trascender por medio de la descendencia.

    La historia que voy a contar transcurre durante un caluroso verano. La noche que todo empezó Néstor estaba en casa preparándose para hacer un viaje en su camión que lo mantendría ausente durante tres días. Cómo cada vez que él se iba de viaje, yo aprovechaba la soledad de nuestro hogar para mantenerlo limpio y ordenado. Obviamente, siempre me sobró tiempo para relajarme, leer, mirar mis series preferidas y disfrutar el día con la mejor compañía que puede disfrutar el ser humano: uno mismo.

    Antes de compartir con Néstor la última cena en varios días, tomé una larga ducha y, mientras el agua caía en cascada sobre mi cuerpo, tuve una especie de presentimiento o sexto sentido de que algo iba a modificar la normalidad de mi rutina; si nada hubiera pasado no estaría contando esa extraña sensación, pero lo que sucedería después de secarme y vestirme le daría la razón a mi instinto.

    Mientras salía del baño pude escuchar el ringtone de llamada del celular de Néstor. El atendió y, para mi sorpresa, escuché como saludaba a su hermana menor, Karina. No era extraño que Karina se comunicara con Néstor para saludar y saber cómo estaba la familia, pero el horario de la llamada me desconcertó. Pude confirmar que algo extraño pasaba porque Néstor abrió la puerta del patio y salió para continuar afuera la conversación con su hermana. Pasaron algunos minutos y mi marido regresó del patio.

    Antes de continuar con el motivo de la llamada de mi cuñada, debo informarles sobre algunas particularidades de su familia. La hermana de Néstor tiene 40 años y se encuentra casada con Pablo. Él es un poco más grande que Karina; tiene 52 años y, no menos importante, un hijo de 25 años de su primer matrimonio; Esteban. Son una familia ensamblada funcional pese a algunos malos momentos que han debido afrontar; sobre todo Pablo y Esteban. La madre biológica del joven había fallecido de una enfermedad letal hacía apenas cinco años. La muerte de unos de los pilares fundamentales de su familia fue uno de los golpes más duros; pero la ayuda de Karina, segunda esposa de Pablo y madrastra de Esteban fue de mucha ayuda para que ellos puedan superar el duelo. Los tres miembros de la familia tenían muy claro que Karina no venía a reemplazar a ninguna esposa ni madre, solamente era una mujer madura que amaba a Pablo y que había ocupado con creces el lugar de una buena madrastra para Esteban.

    Al igual que mi marido, Pablo suele pasar mucho tiempo fuera de su hogar por motivos de trabajo. Su amor por el estudio y la informática lo habían llevado a un mejor pasar que Néstor en cuanto a lo económico; tanto así que Karina convenció a Pablo de comprar nuestra propia casa y darnos un plan de pagos que ningún otro banco otorgaría nunca. Pablo era gerente general de una prestigiosa empresa de software de seguridad y gran parte de su semana visitaba todas las ciudades que su empresa tenía distribuidas por el mundo.

    La ausencia de su marido hacía que Karina llevara una vida muy similar a la mía, con la enorme diferencia de que ella debía convivir con un joven de 25 años en uno de sus últimos años de facultad. Esteban parecía haber heredado la inteligencia de su padre y las ganas de progresar en la vida. La muerte de su madre a sus 20 años lo había devastado emocionalmente, pero centrarse en sus estudios y la posterior llegada de Karina lo ayudaron a recuperarse de su perdida rápidamente.

    Había un solo defecto en Esteban, el cual no era su culpa; siempre fue un joven muy mimado y con poca tolerancia a la frustración. Desde que nació, su padre ya era considerado un afamado empresario y millonario. Ser hijo único le permitió a Esteban poseer todo aquello que el dinero pudiera comprar. Su padre nunca tenía un “no” como respuesta ante los pedidos de su hijo. La opulencia y las primeras marcas siempre giraron alrededor de la vida de Pablo, Esteban y Karina. Al principio, esto había sido un motivo de diferencias entre la pareja, pero el lugar de madrastra de Karina no le daba la suficiente autoridad para tomar decisiones en el vínculo padre e hijo entre Pablo y Esteban.

    Vuelvo al motivo de la charla de mi marido con su hermana y al de unos días realmente extraños: Néstor regresó del patio con un gesto de preocupación en su rostro. Al notarlo, le pregunté qué pasaba mientras pensaba en que podía haber sucedido algo grave; Néstor me tranquilizó y me dijo que no era grave, pero que su Karina y Esteban habían tenido que irse a un hotel porque la caldera de su lujosa casa había sufrido un desperfecto y los había dejado sin agua. Además de ser personas que nunca estuvieron acostumbradas a prescindir de ciertos lujos, el calor en esa época del año era realmente agobiante, por lo que el agua no podía ser considerado un lujo, sino una necesidad básica.

    Cuando Néstor me dijo lo que le pasó a su hermana, sabía lo que pensaba: que su hermana fuera responsable de que tuviéramos un techo sobre nuestra cabeza nos ponía en el compromiso de ofrecerle asilo a su hermana y a su hijastro. Ese tipo de situaciones me lleva a pensar a que todo se debe pagar, incluso las buenas intenciones.

    Néstor me comentó que Pablo ya estaba al tanto de la situación y que la solución ya estaba en marcha; como toda solución que es requerida por alguien adinerado. Pero la reparación de una caldera para una casa tan grande y lujosa llevaría tres días, aún para el millonario cuñado de mi marido.

    Mientras me vestía, no dude en decirle a Néstor que llame a Karina y que le diga que la habitación de huéspedes estaba disponible. Es cierto que lamentaría romper con la costumbre de mis ratos de soledad, pero si no fuera por Karina y Pablo, quien sabe si podría tener un techo para esos ratos. Además, no me disgustaba la idea de tres días con la compañía de familiares a los que no veía tan seguido. Al fin y al cabo, Karina y yo teníamos muchas cosas en común; sobre todo el buen gusto por el vino.

    Al enterarse de mi buena predisposición para los invitados de improvisto, Néstor se acercó con una sonrisa y me dio uno de esos abrazos que me gustan tanto, con amor verdadero y sincero. Siempre supe que nuestro amor era de esos, lo único que nos faltaba era más tiempo para compartir juntos.

    Mi marido se volvió a comunicar con su hermana para ofrecerle nuestra casa mientras arreglaban la suya. Tanto Néstor como yo sabíamos que nuestra casa no era ni la mitad de grande, lujosa y cómoda como la casa de su hermana, pero cualquier cosa era mejor que pasar tres noches en un hotel de mala muerte. Al colgar, Néstor me comunicó que su hermana y su sobrino postizo estaban en camino, por lo que me dispuse a ordenar la habitación de huéspedes, provista de dos camas individuales lo suficientemente grandes y cómodas.

    Faltaba apenas una hora para que Néstor se subiera al camión y comenzara su viaje. Un Uber se detuvo en la puerta y del auto bajaron Karina y Esteban. Ambos llevaban una pequeña valija de plástico duro de color metalizado. Desde lejos se podía oler el perfume importado de mi cuñada.

    Néstor les abrió la puerta antes de que llegaran a tocar el timbre y le dio un cálido abrazo fraternal a su hermana mientras yo saludaba cordialmente a Esteban, y viceversa. Ambos representaban el estereotipo de gente adinerada: Karina era una típica mujer de 43 años con un marido trabajador y exitoso e invirtiendo la mayor parte de su tiempo y el dinero de su esposo en su apariencia. Y con eso no quiero decir que sea mala gente; todo lo contrario, ya que mi cuñada siempre fue una mujer muy simpática y sin la necesidad de sentirse superior por su apariencia o su estilo de vida. A ella nunca le interesó la vida del resto, ni lo que el resto dijera de ella. A Karina la vida le dio una oportunidad y ella la aprovechó.

    Mi cuñada siempre fue una mujer bellísima; Su cabellera negra azabache de peluquería adornaba su bello rostro de forma perfecta. Ni una imperfección se hacía presente en su piel. Esa noche estaba sin maquillar y aun así se podía apreciar la belleza de sus ojos color negro intenso y su boca pequeña y seductora al hablar. Un delicado lunar en el lado izquierdo de su mentón adornaba el final de su delicada cara. Su chispa y simpatía la hacían sonreír la mayor parte del día y, como ya estábamos acostumbrados, ella nos saludó con un enérgico abrazo a ambos. Su cuerpo tallado a mano y con algunas cirugías encima se lucía con un conjunto deportivo de primera marca que calzaba perfectamente en su escultural figura. Su delgada cintura y su culo de gimnasio se llevaban miradas todos los días, acompañados por un par de implantes en sus tetas lo suficientemente grandes para darse cuenta de que esos senos no eran naturales.

    Mientras Karina daba detalles sobre el desastre que había dejado en su hogar la rotura de la caldera, yo me dedicada a observar disimuladamente a Esteban. Se podía decir con certeza que la simpatía y la sociabilidad no eran virtudes del joven de 25 años. Como la mayoría de los jóvenes de su edad, el teléfono celular era una extensión más de su cuerpo y apenas sacó su vista de la pantalla para saludarnos y agradecernos a Néstor y a mí.

    Esteban era una versión de su padre mucho más joven y atlético. En los ratos que no se la pasaba estudiando, el joven entrenaba a diario en un completo gimnasio que su padre había mandado a construir en la casa. El muchacho de un metro setenta de altura había heredado los rulos de Pablo y la encantadora sonrisa de su madre. El verano y las horas de sol junto a la pileta le habían dado a Esteban un tono de piel muy caribeño y las ondulaciones de sus músculos lo convertían en unos de esos chicos muy deseables cuando las hormonas te controlan. A tal punto que me vi obligada a sacar la mirada de esa remera musculosa más ajustada de lo normal y sus bermudas de jean. No me había dado cuenta del desarrollo físico del joven hasta esa noche.

    Los invitados entraron a nuestra casa y Karina dedico los primeros minutos a mostrar su encanto por nuestra decoración y cada cosa que teníamos. Nos miramos un microsegundo con Néstor en un gesto de complicidad; ambos sabíamos que nuestro humilde hogar no era nada comparada con la opulencia de la suya.

    Antes de que Néstor emprendiera su viaje, todos cenamos alrededor de la mesa. A pesar de ser una mujer adinerada y sin problemas, Karina no se consideraba el centro del mundo. Desde el principio, pudimos tener una conversación muy amena y se la notaba realmente interesada en los temas de conversación o los problemas que traíamos a la charla.

    La voz de Esteban apenas se escuchó durante la cena. El joven se dedicó a asentir o a mencionar algún breve comentario sobre alguna afirmación de su madrastra. El resto del tiempo siguió con su celular en una mano y con el tenedor en la otra. Como la crianza nunca fue un tema de nuestro interés, ni Néstor ni yo hicimos un comentario al respecto.

    En la mesa, Karina se había sentado a mi lado y en el lado opuesto, Esteban se sentó junto a Néstor. La ubicación me permitió ver de frente a mi sobrino postizo durante toda la cena y pude notar que en las pocas ocasiones que levantó la mirada, algunas veces lo hizo para clavar sus ojos en el marcado escote de Karina. Debo reconocer que sus tetas de quirófano eran realmente llamativas; lo que no me pareció normal fue que su hijastro las mire tanto después de más tres años de convivir juntos en la misma casa. En ese momento me convencí a mí misma de que era una actitud aislada de un joven de 25 años al cual le llamaban la atención todos los pechos turgentes sin importar de quien sean.

    Terminamos de cenar y Néstor comenzó a alistarse para su viaje. Minutos después me despidió con un beso y un amoroso abrazo y puso en marcha su camión. Era viernes a la noche y, repentinamente, tenía a dos huéspedes en mi casa. Apenas se dejó de escuchar el motor del camión, mi cuñada salió de la habitación con una caja blanca y dorada.

    – Caro, yo sé que a mi hermano no le gusta que gastemos en regalos, pero no podía venir con las manos vacías después de semejante favor que nos hacen – dijo Karina mientras ponía en mis manos la brillante caja.

    – ¡Ay! Kari, no era necesario. Cómo no le vamos a abrir las puertas de casa después de todo lo que hicieron por nosotros – le respondí mientras abría la caja y sacaba una pesada botella de champagne. Mi sorpresa fue mayúscula; era una botella de primera calidad, impensada entre personas de clase media como Néstor y yo – Esto es demasiado Karina. Esto vale una fortuna – exprese con una mezcla de asombro y felicidad.

    No importa lo que vale, cuñada. Lo que importa es que la vamos a compartir juntas – expresó ella mientras sacaba dos copas de la alacena.

    Respondí al entusiasmo de Karina con una sonrisa. Descorché la botella y la invité al patio. El verano hacía que las noches sean especiales para tomar una copa de ese lujoso champagne al aire libre. Preparé una pequeña mesa junto a la piscina y nos sentamos frente a frente con Karina a disfrutar de una charla y champagne del bueno.

    Mi cuñada me contó muchos detalles acerca de su vida como esposa de un afamado empresario; mucho tiempo sola, gimnasio, noches en bares con amigas, redes sociales, shopping, tarjetas de crédito sin límite y todo lo que desearía una mujer que no tiene otro objetivo en la vida más que disfrutar de banalidades. Mientras la escuchaba, me imaginaba a mí misma en su lugar y llegué a la conclusión de que no me quejaría de llevar una vida similar a la suya. Habíamos vaciado media botella cuando recordé que Karina no había venido sola.

    – Kari, ¿Esteban ya se acostó?

    – Si, Caro. Está medio sensible con esto de no poder estar en su casa. – respondió ella. Pude notar el desánimo que sintió cuando saqué el tema de su hijastro.

    – Perdón, Kari. No quise meterme en temas que no me interesa – me disculpe mientras servía otra copa para ambas.

    – No, Caro, está bien. De alguna manera es tu sobrino y está bien que preguntes, pero es muy difícil convivir con un chico tan cerrado y con tan poca presencia de los padres. La pérdida de la madre y la ausencia constante de Pablo no ayudan para nada – expresó ella mientras comenzó a dar sorbos más largos de su copa. Parecía que el alcohol apagaba un poco la angustia de sus palabras.

    – No me quiero imaginar lo que debe ser, Kari. Con Néstor no tenemos hijos y no puedo saber lo que implica semejante responsabilidad -respondí tratando de mostrar algo de empatía.

    – Gracias, Caro. Seguramente debes pensar que con tanta plata y sin que falte nada material la vida está solucionada, pero a veces hacen falta otras cosas aparte del dinero. – dijo ella casi con tono triste y terminando la copa de un sorbo.

    – No pienso eso, Kari. Esteban perdió a su mamá hace no tanto tiempo y de repente se encontró con un padre que no para de viajar y una madrastra super amorosa, pero que no es su madre. La cabeza de ese chico debe ser una revolución de emociones.

    – No hay mejores palabras para describirlo, Caro – contestó ella mientras volvía a llenar las copas. – Y lo peor de todo es que esas emociones no las expresa, no las habla con nadie. Y cuando las quiere hablar con su papá, lo único que recibe es un regalo o más plata.

    – Seguramente, el tiempo hará lo suyo y cambiará. No puede estar así siempre, Kari. – le contesté a mi cuñada tratando de tener una mirada optimista sobre el futuro de su hijastro.

    – Eso espero, Caro. Yo hago todo lo posible por Esteban; tengo muy claro que no soy la madre, pero se nota que es muy buen chico y me preocupa su bienestar. A veces pienso que tuvo una vida tan desafortunada que lo único que pudo recibir fue plata. – expresó Karina con un tono que mostraba la preocupación por su hijastro.

    No sé si habrán sido las burbujas del champagne, pero al escuchar la congoja de mi cuñada por su hijastro no podía dejar de pensar en la mirada de ese joven en las tetas de su madrastra mientras cenábamos. Esas mismas tetas estaban frente a mí y hasta a mí se me hacía difícil no desviar la vista hacia abajo. Ese pensamiento me trajo más ganas de indagar acerca de la vida de Esteban.

    – Kari, estoy seguro de que la actitud de Esteban va a cambiar con una sola cosa – expresé con la mayor seguridad posible. Karina se quedó mirándome con expresión de sorpresa. – Cuando consiga donde ponerla – dije casi riéndome por la expresión. Mi cuñada se tapó la boca y estalló en una carcajada.

    – Vos sabes que pensé exactamente lo mismo, Caro. – contestó ella todavía risueña y arrastrando las palabras por el alcohol; ya casi nos habíamos terminado la botella. – Pero no la va a poder poner ni conseguir novia si sigue tan tímido y vergonzoso.

    – No pienses cualquier cosa, Kari. Pero se mata en el gimnasio y es un pibe con mucha facha, alguna chica se tiene que interesar en todo eso – respondí y me di cuenta al instante que tratar a mi sobrino postizo como “todo eso” fue demasiado.

    – Yo pensé exactamente lo mismo, cuñada. Al fin alguien más lo dijo sin escandalizarse – dijo Karina casi gritándolo – Esteban podría estar cogiéndose a quien quiera, pero no. Sigue ahí encerrado estudiando o entrenando.

    El alcohol ya nos estaba haciendo efecto e hizo que la charla fuera entrando en confianza. Luego de hacerme prometer que no le iba a decir nada a nadie, Karina me contó que había intentado presentarle a su hijastro a algunas hijas de sus amigas. A muchas les había parecido atractivo, pero su falta de simpatía y confianza debido a su encierro no dejaron que el joven haya tenido una vida social ni sexualmente activa desde la muerte de su madre biológica.

    Mi cuñada también me confió que la falta de deseo sexual no era el problema en Esteban, ya que más de una vez lo había sorprendido masturbándose frente a la pantalla de su computadora o su celular. Al escuchar sus palabras no pude dejar de imaginarme en la situación de encontrarme a ese joven con su pene en la mano y una minúscula electricidad recorrió mi cuerpo. No sé si Karina se habrá dado cuenta de las imágenes que recorrieron mi mente, pero una vez más pensé en que no me quejaría de tener una foto mental de esa situación, al menos para “relajarme” en mis largos ratos de soledad.

    Ella había intentado hablar de la falta de socialización de su hijo y lo preocupante de la situación con Pablo, pero él papel de padre presente nunca había sido su fuerte y la mayor parte de su tiempo estaba dedicado a hacer más dinero del que se podía gastar. Karina ya se había acostumbrado a esa situación y había dejado de insistir para lograr más presencia paterna en su casa.

    Luego de una larga charla y de una exquisita bebida, el reloj marcaba las dos y media de la mañana. La temperatura de la noche era ideal para seguir nuestra charla, pero el sueño proveniente del alcohol nos había invadido a ambas, al punto que nos costó un poco levantarnos de nuestros asientos. Fuimos adentro entre tropezones y carcajadas y nos dirigimos cada una a su habitación: ella a la de huéspedes en donde Esteban ya se había acostado hacía horas, y yo a mi cómoda cama grande.

    Me despojé de toda mi ropa y me acosté totalmente desnuda. Las burbujas del champagne no solamente se habían ido a mi cabeza; los labios de mi vagina estaban a muy alta temperatura, quizá ayudados por la imagen de mi sobrino postizo masturbándose. En cierto momento, me dije que lo que pensaba estaba mal, pero al final, los pensamientos son solo fantasías; solo hay que preocuparse por mantenerlas en ese plano. No debí haber sido la única persona que sorprendió a ese joven mirar con lascivia las tetas de su madrastra. Si nadie le dijo nada a él, tampoco estaría mal que yo me masturbara sola en mi casa con una simple creación de mi cabeza. Después de haber pasado esos tres días de locura, debo reconocer que no me iba a conformar con una simple imagen mental.

    Bajé mi mano hacía mi entrepierna y comencé a masajear suavemente el clítoris. Podía sentir esa humedad en aumento en la yema de los dedos y correando por la palma de mi mano. Estaba a mitad de camino al orgasmo cuando la voz de lo que no se debe hacer se prendió en mi cabeza; recordé que la obsesión por la seguridad de mi marido lo habían llevado a instalar cámaras en todas las habitaciones de la casa, incluido el patio.

    Saqué los dedos empapados de mi concha y agarré mi celular. Sabía que estaba a punto de cruzar un límite del que iba a ser difícil volver. Mi calentura me iba a llevar al punto de buscar ver a un miembro de la familia mostrando algo para que yo pueda aumentar mi excitación. No lo pensé dos veces y accedí a la aplicación por la cual veía todas las cámaras de la casa. Otro detalle que me dejaba tranquila es que Néstor nunca había sido amigo de la tecnología y cada vez que el intentaba ver las cámaras en su celular se terminaba frustrando y desistiendo de verlas.

    Puse mi usuario y contraseña y accedí al link que decía “habitación de huéspedes”. El reloj mostraba que eran las tres y diez de la mañana y para mi sorpresa, Esteban seguía despierto. La luz de la habitación estaba apagada, pero las cámaras de visión nocturna mostraban todo el cuarto con claridad; se podía ver al joven tapado hasta el pecho y con su rostro iluminado por la pantalla de su teléfono. En la cama de al lado, Karina estaba acostada de espaldas a la cama de su hijastro, probablemente borracha y en un sueño muy profundo.

    Podía ver a ese joven lleno de músculos y testosterona acostado en mi propia casa, a pocos metros de mí y, una vez más, una leve descarga eléctrica recorría mi cuerpo. Instintivamente, bajé una vez más mi mano a los labios empapados de mi concha, mientras con la otra mano sostenía mi teléfono. Lo único que se movía en Esteban era su dedo pulgar arrastrando el táctil de su celular; verlo ahí acostado era todo lo que necesitaba como estimulante para esa noche, pero el destino quiso que no me conformara con eso solo.

    Estaba segura de que Esteban desconocía que había cámaras instaladas en todas las habitaciones y su siguiente movimiento me lo confirmó: dejó su teléfono apoyado a un costado y se destapó lentamente hasta por debajo de la cintura. Sin correr la vista de la pantalla, bajo su ropa interior, sacó su enorme verga erecta y comenzó a subir y bajar lentamente su mano. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Al igual que yo, Esteban estaba respondiendo a sus más bajos instintos, con la enorme diferencia que yo estaba sola en la habitación y su madre dormía a dos metros de donde el amasaba ese falo de carne endurecida. La imagen de ese joven masturbándose ya no era solamente un producto de mi imaginación, sino que la estaba viendo en vivo y en directo. No podía medir con certeza el tamaño de su verga, pero la nitidez de la cámara me permitía saber que, por lo menos, eran 17 cm de pija con un grosor realmente apetecible.

    Hacía mucho tiempo que no me masturbaba con tantas ganas como aquella noche. La luz de su celular seguía alumbrando su rostro, probablemente reproduciendo una escena porno de su agrado, mientras el aumentaba el ritmo y la presión de su mano izquierda sobre su deseable pija. Creo que me bastó poco más de un minuto para sentir como el deseo se descargaba por mi cuerpo en una espesa catarata de fluido, haciéndome retorcer de placer y dejando una mancha espesa sobre mis sábanas.

    Luego de acabar, me invadió la típica culpa después del orgasmo; sabía que lo que había hecho estaba mal, pero me tranquilizaba pensar que nunca nadie lo iba a saber. Luego de sentirme satisfecha por semejante acto de amor propio, seguí observando un rato más como mi sobrino postizo se masturbaba; la curiosidad me llevó a querer ver como el hacía lo mismo que había hecho yo, pero lo cierto es que lo que iba a suceder me iba a dejar estupefacta.

    Antes de que Esteban expulsara su leche, pude ver algunos movimientos en la cama que Karina ocupaba a su lado. Esteban también lo notó y, como pudo, tapó su verga endurecida con las sábanas y bloqueó rápidamente su teléfono. Masturbarse junto a su madrastra fue un riesgo que Esteban decidió correr, pero se notaba experiencia y velocidad a la hora de cuidarse cuando sus hormonas lo obligaban a descargarse.

    Me había olvidado de mi orgasmo y seguía con la atención pegada a lo que sucedía en la habitación de al lado. Karina se movió un poco más en su cama y noté como prendía la luz de su teléfono; se había despertado y por poco no había visto a su hijastro, una vez más, con su falo en la mano, o al menos eso creía.

    Ella se levantó lentamente de su cama e hizo dos pasos para ponerse junto a la cama de Esteban, lo miró por algunos segundos y se sentó en el borde de la cama. ¿Lo había visto? Si lo vio ¿Por qué se le acercaba a la mitad de la noche? Además, ella estaba en un conjunto de ropa interior negro. Me costaba mucho creer que hubiera tanta confianza en su vínculo como para mostrarse tan provocadora.

    Ella sonreía. El ángulo de la cámara me dejaba ver su sonrisa. Parecía ser esa mirada con ternura, esa con la cual una madre ve dormir a su hijo, pero además de eso podía jurar que Karina sabía lo que su hijastro estaba haciendo antes de que ella se despertara.

    Las acciones de Karina eran realmente desconcertantes, pero a la vez no podía sacar los ojos de esa extraña escena que la cámara me estaba mostrado. Esteban seguía acostado, disimulando estar dormido de una manera casi profesional; cualquiera que lo hubiera visto juraría que estaba en un sueño muy profundo, Karina sabía que no.

    Ella pasó su mano por su frente muy despacio, una vez más, con una actitud propia de una madre, Esteban seguía inmóvil. Luego de acariciar unos segundos la frente de su hijastro, Karina tomó el celular del joven y pasó su pulgar por el táctil y comenzó a ver atentamente lo que se reproducía. Probablemente, el ruido del teléfono haya hecho reaccionar a Esteban; el movió su cabeza lentamente y fijo la mirada en su madrastra. Ella lo volvió a mirar con una sonrisa y apoyó su dedo índice en sus labios haciendo el típico gesto de silencia, el asintió con la cabeza. Karina volvió a fijar la mirada en el teléfono de Esteban y la misma mano que usó para acariciarlo con ternura, ahora la estaba usando para bajar la sábana que cubría a su hijastro.

    Ya me había dado cuenta por donde venía la situación, y hasta el día de hoy me sigo preguntando como ver eso me generó tanto nivel de excitación y ningún tipo de indignación. Casi sin darme cuenta, había vuelto a bajar mis dedos a mi vagina empapada.

    Al bajar las sábanas por debajo de la cintura de Esteban, Karina dejó ver una vez más el enorme trozo de carne que escondía su hijastro. Ella lo admiró sin perder la sonrisa y lo tomó firmemente con sus finos dedos adornados por sus hermosas uñas. Comenzó a bajar y a subir suavemente la palma de su mano y Esteban no pudo ocultar el placer en su rostro. Mi propia cuñada estaba masturbando a su hijastro en la habitación de al lado y yo estaba extremadamente caliente al verlo.

    Karina subía y bajaba su mano como una profesional; incluso podía ver como la excitación en Esteban iba en aumento con cada movimiento. Con su mano libre, ella tomo suavemente la nuca de su hijastro y llevó su cabeza a sus enormes tetas. El joven no dudo un momento en saborear cada centímetro de esos implantes perfectos. La pija de Esteban parecía a punto de explotar mientras el mordisqueaba los endurecidos pezones de Karina.

    Como si lo que había visto no era poco, faltaba un condimento más. En un momento, Karina detuvo su mano, se paró junto a la cama y se agachó para dejar su boca a la altura del pene endurecido de Esteban. Ella comenzó a mamarle la verga como una verdadera actriz porno; sus labios y subían y bajaban desde la base hasta la punta de la pija endurecida. Al cabo de unos minutos, Esteban miró al techo y su cuerpo se tensó de tal manera que casi se podía ver como su semen llegaba a la punta de su pene. Karina no dejó de succionar hasta que el cuerpo del joven se relajó. Pude ver a mi cuñada como pasaba por su garganta toda la producción de leche de su hijastro.

    Esteban se volvió a tapar y la miró casi con vergüenza mientras ella guardaba sus enormes tetas de vuelta en su corpiño de encaje. Ella lo volvió a mirar con su sonrisa tan tierna como desconcertante, lo acarició con sus adorables manos un par de veces más, lo ayudo a taparse con las sábanas y bajó su cabeza para darle un largo y delicado beso en los labios. Esteban le devolvió el beso, se dio vuelta y se durmió plácidamente. Karina volvió a su cama y se volvió a dormir.

    En el lapso de tiempo en el que Karina se levantó de su cama y terminó con la boca llena de leche de su hijastro, yo ya había acabado dos veces. La culpa se iba disipando con cada orgasmo, y al día de hoy no puedo responder al porque me excitó ver semejante situación. Al día siguiente, ambos se levantaron y se comportaron como si nada hubiese pasado, confiando en que nadie los había visto. Pero ninguno contaba con que yo había visto cada detalle en la pantalla de mi celular y había disfrutado cada segundo de tan morbosa y rara situación.

    Continuará…

    (Gracias a todos los lectores por tomarse el tiempo de leer mi relato. Sigo trabajando en la continuación y cualquier sugerencia es bienvenida. En mi perfil tienen a disposición mi casilla de mail para escribirme cualquier crítica, halago o sugerencia que quieran. Saludos y felices fantasías)

  • Me volví infiel (III): Mi amigo Fernando

    Me volví infiel (III): Mi amigo Fernando

    Hola a todos soy Mony nuevamente y está vez les contaré una infidelidad más.

    Después del rico momento que viví con Luis, ahora ya era otra, la verdad muchos me escribían por Facebook o Telegram y yo me divertía dándole alas a algunos y eso, pero la verdad no me interesaba conocer a nadie, más porque pensé que como Luis no encontraría un amante.

    Eran finales del 2019 y pensé que volvería a hacer la misma esposa fiel y sumisa de siempre hasta que el me escribió.

    Su nombre es Fernando, un viejo compañero de trabajo, por el año 2013 entre a trabajar de cajera a una farmacia y el era repartidor, desde que entré me tiró la onda, pero yo puse una pared y solo le ofrecí mi amistad ya que en aquel entonces no se me pasaba por la cabeza ser infiel.

    F: Hola Mony, tantos años que no se de ti, como te va?

    M: Hola amigo! Bien, que gusto que me escribes.

    F: Esque me mudare a Chiapas y quería invitarte a mi fiesta de despedida!

    M: y cuando es?

    F: Mañana, en la chilanga.

    Pues no le ví problema, le comenté a mi marido y el no le vio tema, por lo que acepte ir, además algunos muchachos que conocí me caen bien entonces pensé que sería algo divertido y amistoso.

    No me vesti tan sexi, me puse una licra café claro, mis botas y mi blusa negra, mi marido me llevo al lugar y luego se fue, al entrar ahí estaba el y otros amigos, nos saludamos y comenzó el ambiente.

    Fernando no se separaba de mi, me platicaba todo lo que había hecho, como le había ido en el amor y sus nuevas metas, la verdad me tenía entretenida y empecé a mirarlo diferente.

    Bailamos y cada que terminaba una pieza el me abrazaba, tomábamos a gusto y veía como me miraba morboso y eso no me molestaba, al contrario me incitaba a moverme más y ser más llamativa.

    Finalmente la hora de despedirnos llegó, el se ofreció a llevarme a mi casa, yo acepte y subí a su Moto pero a medio camino se detuvo para fumar, a mi no me molestó e incluso fume con el.

    F: Sabes, eres la chica más especial que conozco, que lastima que sea la última vez que te voy a ver.

    M: Tu también eres un buen amigo, pero seguiremos en contacto.

    F: Mónica quiero confesarte y pedirte algo, se que esto puede arruinar todo pero ya no aguanto, te deseo y quiero hacerte el amor!!

    M: Ah, vaya fuiste al grano, ay amigo sabes que te quiero pero no sé, no quiero arruinar esto.

    F: Por favor, te deseo tanto y no quiero irme sin poder estar contigo.

    Sus ruegos me convencieron y acepte ir con el, además esa noche la había pasado muy bien y que mejor que cerrarla con un acostón.

    Nos metimos a un hotel cerca de Santa Ana, al entrar en la habitación Fernando se me lanzó como desesperado, sus manos apretaban todo mi cuerpo, yo trate de calmar las aguas, besándolo y quitándole la ropa suavemente.

    Lo desnude totalmente, Fernando tenía un cuerpo musculoso aunque no era tan dotado, le media unos 14 cm, aún así eso no me detuvo y empecé a besarle todo su cuerpo, sus piernas, abdomen, mordí sus tetitas el se erizaba todo y finalmente baje a probar a su amigo.

    F: Mony, no pensé que harías esto, uff.

    M: Quiero que nunca olvides está noche.

    Le daba un rico oral, lamía todo devoraba por completo a su amigo, levantaba su prepucio con mis dientes y mi lengua estimulaba su glande y escroto, Fernando solo se retorcía.

    Estaba ahí como sandijuela, succionando cada fluido de Fernando y el retorciéndose y apretando mi cabeza hasta que no se pudo contener y empezó a sacar su leche.

  • Aún no me la creo (Silvana)

    Aún no me la creo (Silvana)

    Había llegado a mi paradero después de trabajar todo el día maldito día y no quería saber nada de nada, esperando otro autobús que me lleve a mi casa me tocan la espalda y escucho «mira a quien acabo de encontrarme» doy vuelta y era la esposa de mi tío Carlos, me hizo un ademán de que espere mientras hablaba con mi tío, a los 2 minutos me dice que mi tío quería hablar conmigo.

    -Dime tío

    -Escucha sobrino, yo me ido a la playa con tus primos y tu tía no ha querido ir con nosotros pero se siente sola, se amable y hazle compañía por unas horas, te recompensare, tú sabes que soy agradecido.

    -Y tío podría pero estoy re cansado

    -Hazme esa sobrino, te prometo que serás bien recompensado.

    -Bueno tío dale.

    Que te dijo me pregunto Silvana ni bien colgué.

    -Quiere que le busque precios de un carro que quiere comprar.

    -¿Tienes planeado hacer algo esta noche?

    -Y la verdad no, pensaba llegar y ver el partido, hoy juega Racing.

    -Fútbol fútbol y más fútbol, mejor vente a mi casa y nos tomamos un café, justo me acaba de llegar uno que olvídate, te mueres.

    (Me encanta el café)

    -Y bueno listo, vamos.

    -Vamos en taxi, si esperamos el colectivo no llegamos a tiempo.

    Durante el viaje que duró 30 minutos la note diferente, Silvana nunca me trato mal pero si la note siempre arisca como que solo existe para su familia y no importa nada más, pero en el viaje la note liberada, más suelta y hablamos de todo qué la economía está jodida (yo trabajo de pizzero y ella administra un remise) de los chorros y de todo un poco, que bien cayó esa manera de ser de ella.

    Llegamos al departamento y me dijo ponte cómodo ahora mismo preparo ese café que está buenísimo.

    Encendí la TV y puse la previa del partido de Racing (soy hincha muy hincha de Racing, como Francella) en eso se aparece Silvana ya cambiada con ropa más sport con el café que olía riquísimo.

    -Huele increíble

    -Te dije y cuéntame sobrino que hay de nuevo, alguna novia o saliente

    -Y por ahora nada, pasa que es jodido con los tiempos, además quiero retomar mi carrera, me faltan dos años creo.

    En eso Silvana empieza a llorar.

    -¿Qué pasó? Silvana perdón dije algo.

    -Disculpame, en serio, perdón, pasa que la semana pasada me enteré que el hijo de puta de tu tío me engaña.

    Me quede helado, mi tío Carlos siempre fue A1 se le ve siempre contento y hablando de la familia, no lo podía creer.

    – Y lo peor de todo es que lo intuía, como la odio la odio a la yegua esa

    -¿Sabes quién es?

    -La hija de puta de su socia, como la odio

    -Dale tía ya está, estoy casi seguro que eres más bella que ella, de seguro que es así.

    Me miró con los ojos sollozos y acercándose lentamente me beso, perplejo me separé y me pare del sofá asustado. Ella se levantó y me dijo «escúchame el cabron de tu tío me está engañando quiero igualar las cosas, así que ahora me la vas a meter por todos mi agujeros y lo vas a hacer bien».

    La miré sorprendido y le dije

    -Mira Silvana esto no puede ser

    -Que pasa, la tenés pequeña o que, eres tan poco hombre que no le puedes cumplir a una hembra como yo, de seguro la tienes pequeña, por eso estas soltero por que la tienes de un maní jajaja debí elegir a otro, poco hombre.

    Esas palabras me nublaron, me ardió en el alma lo que me dijo, primero no quise entrarle por ser la mujer de mi tío pero esta no me iba a ofender de esa manera, se dio vuelta y ya se estaba yendo, le agarré el pelo y la jale bruscamente hacía mí y le dije

    -Escuchame bien puta, a mi me respetas, te voy a enseñar lo que te puedo hacer.

    -Solo palabras, seguro la tienes de 11 cm como tu tío, que tanto fanfarroneas, a ver, muéstrame esa poronguita.

    La arrodillé y agarre su mano e hice que me sobe el pene.

    -Jajaja solo siento un manicito

    -Hija de puta, te la voy a meter entera y no me importa que te duela, te voy a sacar la mierda con mi verga

    Me saco la verga y se en frente de su cara, le dije acaso son 11 cm puta, son 22 cm de pura carne perra, carne qué te le vas a tragar puta de mierda, ella miraba mi pene algo sorprendida y me dice, no sabía que la tenías así, definitivamente es más grande que la de tu tío, mientras me dijo eso le tiré una cachetada y le dije.

    -Callate el osico perra, me vas a chupar el pene hasta que vomites, maldita puta.

    -Maldito imbécil que te crees para

    Le tiré otra cachetada y le metí mi miembro en su boca, solo le cabía la mitad, al parecer estaba muy acostumbrada a la de mi tío.

    -Mírate puta, metiéndote la mitad de mi verga, traga puta traga.

    Silvana trataba de zafarse pero tenía mi mano izquierda detrás de su nuca y con la derecha la cacheteaba la cara.

    -Te gusta mi verga te gusta, si tus hijos te vieran así, con mi verga en la boca de su madre, hay decirle a esos niños lo puta qué es su madre

    Mis primos eran poco menores que yo pero eran una patada en el culto, lo tuvieron todo en la vida y aun así eran unos inútiles, mi tío y su madre les daban todo y nunca lo aprovecharon, en parte le sentía bien de tirarme a su madre.

    -Usa bien esa lengua puta, ahhh mierda, que rico es una manada de verga, que pasa, no puedes tragartela entera, yo sé que puedes, hazlo puta, más más entera puta tragatela entera.

    En eso, mientras estoy tratando de meterle todo lo miembro la muy hija de puta me pellizca los testículos.

    -Maldito quien mierda te crees para hacerme eso, casi me desmayo hijo de puta

    -Aquí los únicos hijos de puta son tus hijos perra, ni se imaginan lo zorra que puede ser su madre.

    -Lárgate de mi casa cabron o llamo a la policía, nadie me había humillado de esa manera

    Me acerque a ella y le rompí la ropa, agarre su blusa y la partí en dos después su falda también la rompí.

    -Suéltame imbécil suéltame – gritaba ella

    La mire y le dije.

    -Me has ofendido y a mi nadie me ofende así me pida disculpas.

    La puse en cuatro y en la primera penetración se la metí entera en su vagina.

    -ahhh ahhh maldito suéltame

    -Qué no querías esto puta, una buena verga en tu vagina, ahora toma, por puta.

    -ahhh ahhh ahhh – decía ella, a los minutos podía peesivir que su ira iba cambiando y que empezaba a gozar la cogida.

    -Ya me canse, creo que voy a parar

    -Si paras te mato hijo de puta, esto si es una verga, no como la de el imbécil de tu tío, sigue hijo de puta

    -Ya te dije acá los únicos hijos de puta son tus hijos, que daría porque te vieran ahorita metiéndote toda mi verga, maldita puta

    -ahhh ahhh ahhh sigue cabron sigue no pares no pares

    -Hablame de tu marido, dime que te coje mejor yo ese idiota

    -tu definitivamente tu, ahhh ahhh ahhh sigue no pares, ese idiota solo sabe hacer plata pero nunca me lo ha hecho bien, siempre finjo con él, pegame y pisame la cara.

    -repitelo

    -Nalgueame y pisame la cara

    -Ruegame que lo haga

    -te lo suplico nalgueame cabron ¡nalgueame!

    Hice lo que me pidió, que manera de resistir mis embestidas, no paraba de darle en cuatro, entonces decido aumentar la intensidad y es entonces donde ella empieza a gemir más de placer.

    -Sigue sigue cabron sigue, no pares no pares no pares ahhh

    -Estoy por venirme, ya no aguanto puta

    Se salió y se puso al frente mío arrodillada.

    -Dáme toda tu leche, dámelo por favor dámelo dámelo, lo necesito dámelo dámelo

    -Abre bien la boca puta.

    Bote una cantidad de semen espectacular, ni yo imaginé que podía botar esa cantidad, bañe todo su rostro y buena parte de sus tetas, ni bien bote el último chorro me empezó a limpiar el pene con su lengua, desde las bolas hasta el glande.

    -Escuchame bien Silvana de ahora en adelante vas a ser mi puta personal, te la meteré cuantas veces se me pegue la gana y de ahora en adelante a solas te portaras como mi esclava, estamos

    Me miro con odio y placer se limpio el semen de sus tetas con sus dedos y se los trago, mientras saboreaba mi semen me dijo.

    -Lo qué tu digas, te odio pero me calienta que me trates así, ups veo que se está poniendo otra vez, bendita juventud, quiero que me la metas otra vez pero lo quiero más sucio quiero que me humilles qué me escupas qué me jales el pelo y más, tú si sabes darle placer a una hembra

    -otra cosa, si yo me entero que tuviste sexo con mi tío esto se termina puta

    -pero es mi marido, tengo que cumplirle

    -te voy a ayudar a dejarlo estúpida, vamos a ver cuanto tiempo puede estar sin sexo, después lo agarramos en el acto y te quedas con la mitad de todo y tal vez un poco

    Me miro con entusiasmo y encantada de la idea.

    -no se que cabeza es mejor esta o esta – tocandome el glande con suavidad

    -Eres una puta

    -no soy una puta, soy tu puta

    Volvimos a coger y estuvo mejor que el primero, después nos bañamos juntos y me despedí de ella llevándome su calzón como trofeo de guerra, antes de irme le dije.

    -quiero que me mandes fotos y vídeos tuyos masturbándote

    -lo que digas mi amor

    -No soy tu amor, de ahora en adelante soy tu amo

    -lo que tu digas mi amo

    Horas después ya en mi pieza viendo el resumen deportivo me llama mi tío.

    -sobrino como te fue

    -todo de 10 tío, estuvo muy rico el café-en mi mente decía, si supiera que le saque la mierda a su mujer con mi Verga no me hablaría tan animado

    -te mande una propina por el favor de hoy sobrino, revisa tu cuenta

    -no era necesario tío, pero muchas gracias por el detalle

    -descansa sobrino, nos juntamos algún día de estos – cuando escuche descanso casi me parto de la risa, obviamente que necesito descansar de tremenda cogida que le di a su mujer.

    A los 15 minutos Silvana me manda unas fotos de ella en lencería con un mensaje qué decía, sigo mojada amo cuando vuelve a darle órdenes a su puta

    Yo respondí.

    -Déjame organizar el encuentro y preparate que esta vez castigare tu culo

    -que rico, lo espero amo

  • Visita a un club swinger

    Visita a un club swinger

    Hola a todos los lectores de cuentorelatos. Para los que no han leído nuestros relatos, somos una pareja madura en los 50 iniciándose en este mundo liberal, mi esposo es Jhonny y yo Carmen.

    Después de un rato de no hacer algún relato, les voy a contar, sigo saliendo con Jaime nuestro corneador de planta (lean nuestros relatos anteriores), en este rato que no hacer relari hice algunos tríos con el y mi esposo Jhonny, y también sali con Jaime a solas con permiso de mi esposo con la condición de que le cuente todo con detalles y que tome algunas fotos o video, regresando con leche de jaime , y se lo cumplo, se que eso lo pone muy caliente, la verdad me la he pasado muy bien disfrutando y gozando mucho de está nueva etapa de nuestra sexualidad.

    Ahora voy a contarles algo que pasó en estos días y que cambio mi postura para seguir explorando este ambiente.

    Resulta que a Johnny se le ocurrió pedirme visitar un club swinger, cuando vio mi cara de sorpresa y enojo me dice que no estaba obligada a nada, solo podíamos ir a ver el show y el ambiente, yo no quería, de verdad que estaba a gusto con nuestro corneador, pero la insistencia de Jhonny y la curiosidad me ganaron y acepté con la condición de que solamente íbamos a ver, que yo no iba a participar y que si yo no me sentía a gusto por algo, nos salíamos de inmediato y nos regresariamos a casa.

    Se puso feliz y me enseñó algunas páginas de clubs swinger para escoger uno, algunos solo aceptaban parejas jóvenes , otros estaban muy lejos, al otro extremo de la ciudad, otros muy caros pues pagas cover y consumo, por fin decidimos uno que está por la colonia Anáhuac cerca de Marina Nacional, solo pagas cover, tiene barra libre, incluye los shows, las instalaciones se ven bien y en la página ofrecen mucha seguridad dentro de las instalaciones, te ofrecen también el body paint y masaje erótico, puedes interactuar con los strippers hombres y chicas, participar en los shows y tiene algunas otras amenidades.

    Jhonny reservó para el sábado, me pareció mejor el sábado de parejas, miércoles jueves y viernes entran hombres solos, de esa manera en sabado estaría menos expuesta con un single y podría hacer amistad con alguna chica con su pareja y conocer más el ambiente del club.

    Cada día que abren tienen un tema de participación, ese día lo anunciaron cómo chicas en transparencias, otras veces chicas en lencería, etc., las chicas que llevan el tema obtienen algún regalo, a veces pases gratis, de acuerdo a los comentarios que dejan de la pagina, Jhonny me pidió que me pusiera lencería cachonda negra y un vestido transparente para participar, le dije en tono molesto que ni loca, que no iba a mostrarme así con desconocidos, que me pondría ropa coqueta pero no para ofrecerme, que aceptara mis condiciones o no vamos, así que me lleve una mini negra con pantimedias abiertas color roja brillosas, una tanga de encaje negro y una blusa negra escotada que me hace lucir el busto sin sujetador.

    En el auto camino al club me sentía muy nerviosa, Jhonny me dijo que me relajara, metió su mano en mi entrepierna hasta tocar mi tanga y me dijo, traes la tanga nueva que compraste para estrenarla con Jaime, me disculpé diciendo que fue la primera que saque, pero era mentira, quise estar preparada por cualquier oportunidad que se presentará y siguió diciendo además vienes muy mojada y caliente, le dije que sí me excita la aventura, pero también estoy nerviosa ante lo desconocido.

    Llegamos y estacionamos el auto afuera pues el local no cuenta con estacionamiento propio, sin embargo hay personas que cuidan afuera con una propina y según el club son de confianza.

    Al entrar nos dieron la bienvenida fuimos a la barra para desde ahí ver el ambiente, pedimos unas margaritas mientras nos acostumbrábamos a la semi oscuridad que tiene el local.

    Jhonny en la barra me quiso tocar las nalgas y yo le retiré la mano y me dijo,

    ¡entonces a qué venimos!

    Le dije, yo no quería, tú me obligaste con tu insistencia sembrando en mi la curiosidad, y además quedamos en la casa que sólo a ver.

    Jhonny me respondió tienes razon, pero ¿de lo que ves aquí algo te excita tan siquiera un poquito?

    Porque yo si estoy muy caliente.

    Mira, toca… Ummm, ves… ¿que te parece?

    Le digo, siento que lo tienes bien parado porque eres un cabron caliente, mira que traerme aquí siendo yo tu esposa, aunque hemos abierto nuestra sexualidad con un tercero aún conservo un poco de recato, no tienes perdón, retiré mi mano pero Jhonny volvió a tomar mi mano y me la pⁿuso de nuevo en su pene diciendo. Acaricialo, así, así mmmm.

    Yo me cortaba y le decía nos van a ver, Jhonny.

    Y Jhonny me responde que nos vean, ¿no ves tú lo que están haciendo las otras parejas? Mira bien Carmen, la mujer de allá, la que viste de verde, se lo está chupando a su pareja.

    Y la señora de azul, mira voltea la de la mesa de la esquina, tiene los pechos de fuera y su marido, el bigotón, se los está chupando y agarrando sus nalgas, mira la cara de placer que pone ella y además lo está masturbando que rico.

    Así quiero mamar los tuyos mi cielo.

    Le dije estate quieto, Jhonny esas parejas hacen lo que quieren, pero en este momento yo no,

    No voy a dejar que mames mis pechos aquí delante de todos.

    Carmen, si a eso se viene al club, anda sigue acariciandome la verga aunque sea sobre el pantalón.

    Mira donde tiene la mano ese chavo, el de adelante. Le esta tocando su cosita a su mujer y ella no se preocupa de nada, sólo disfruta.

    Aguántate Jhonny, te estás quieto o me paro nos vamos.

    Sólo besos, Jhonny, nada más besos, ¿Ok?.

    En eso estábamos cuando salieron los strippers, Jhonny me dice ¡mira Carmen!

    Ya los vi, no estoy ciega, ni sorda.

    Me dice Jhonny,

    ¿Te gusta el stripper?

    -Bueno, pues tiene buen cuerpo y baila bien.

    Y dime ¿qué más?,

    Eso nada más, tiene ritmo y debe pasar horas en el gimnasio.

    Mira ya se saco la verga, mi amor, ¿te gusta?

    Ya callate, Jhonny.

    Tiene la verga muy grande, ¿te gusta, Carmen?

    Y lo tiene bien parado, ay cómo puede tenerlo así de grande.

    ¿Te gusta su verga? ¿Te excita?

    Cómo jodes Jhonny, mejor te la acarició otro poquito más a ver si así te calmas,

    Sí, Alicia y además dame otro beso, así, ummm, otro más, muchos, ummm, que bien me tocas la verga.

    Me calienta que nos hablemos así quedito, en el oido… ¿Te atreves a sacar mi pene?

    -Claro que no, además la pareja que llegó está muy pegada a nosotros. Y él está rozando mi antebrazo con el suyo.

    Mejor ya vamonos.

    Déjalo un ratito, no pasa nada, además ahí viene el stripper, ¿se lo vas acariciar como lo están haciendo las demás?

    Cómo crees Jhonny no, yo no, mejor te sigo acariciando así sobre el pantalón…

    Al acercarse el stripper me invitó a tocarle la verga, y la chica a qué Jhonny le agarrara las nalgas, aunque se veían ricos me dio pena y dijimos,

    No muchas gracias, nosotros no.

    Me dice Jhonny, ya que no quisiste acariciar al stripper y que no quisiste que yo acariciara a la chica, al menos dejame acariciar un poquito tus pechos aunque sea sobre la blusa, anda, Carmen.

    Sólo un poquito,

    Le contesté, ummm, solo un poquito,

    Sí, chiquita, sólo un poquito sobando tu pezón que está bien paradito, y tu sigue así acariciandome la verga ummmm. Qué rica estás carmen. Que tetas tan deliciosas tienes

    De repente la pareja que estaba junto a nosotros juntos con otras parejas se levantaron y se fueron por un pasillo, pregunté a Jhonny

    ¿A donde se van esas parejas?

    Al cuarto oscuro, Carmen. ¿Vamos? Ahí es donde se hace la orgía. ¿Te animas?

    Dije no, mejor aquí nos quedamos otro rato.

    Pasando un rato Jhonny me dice, mira Carmen, la pareja que estaba a un lado ahí viene.

    El señor que te estaba tocando en tu antebrazo mmmm su señora, que guapa esta, ¿verdad? Vienen del cuarto oscuro.

    Respondí sí, pero vienen casi encuerados.

    Mira su verga, la trae bien parada, y ella tiene bien rasurado todo su chochito.

    Jhonny me pregunta ¿Te gusta el pito del tipo? Es casi tan grande como la del stripper, le dije, sí está bien grande y grueso, pero ya callate y abrazame, no quiero que me vuelva a tocar. No sé como pueden tener tan poca vergüenza y sentarse así junto a nosotros como si nada, como si no trajeran todo de fuera.

    A la mejor viene a darte a desear su cosota, mi amor, jajaja. Pero no hagas caso y sigamos en lo nuestro Carmen, que me tienes bien caliente, me encantan tus besos, ummmm y tocar tus tetas.

    Jhonny se bajó el cierre de la bragueta o, espera, no te lo saques… Bueno, pues ya lo hiciste… Ayyy qué mojadita tienes la cabeza, Jhonny y qué duro lo tienes.

    -Así, masturbame, Alicia.

    -No, Jhonny espera, amor, que tratas de hacer.

    Solo terminar de desabrochar tu blusa para meter, mi mano y acariciar tus tetas, asi, grandes, ricas, duras, ummmm.

    Con las caricias de Jhonny me calenté más y empecé a aflojar mi cuerpo, sí son tuyas, besame, Jhonny, besame mientras yo sigo masturbándote, besame asiiiii, ummmm.

    Me dice Jhonny, te siento caliente como nunca, Carmen.

    Solo le dije, si mi amor, estoy muy muy caliente , aggg, que bien me sabes acariciar mis pechos.

    Pero en eso siento que el tipo de junto ha puesto su mano en mi pierna, y le digo a Jhonny que me está acariciando y me responde, creo que se dio cuenta que te gustó su cosota, Alicia.

    ¿Qué hago? Está moviendo su mano hacia arriba quiere tocar mis nalgas.

    Relájate Alicia y disfrutá, mientras yo te voy a mamar las tetas bien rico, así, asi, ummmmm, que parado y duro está tu pezón, ¿te gusta mi lengua, ummm?

    Sí, Jhonny, me encanta como me chupas, ummm, me vuelves loca amor, pero el tipo ya subió su mano, ummmm, y la tiene entre mis muslos, Jhonny, ayyyy, la está moviendo, mi cielo, ¿qué hago?

    Disfruta, Carmen,

    Trato de quitarme y le digo al tipo con voz suave casi imperceptible, pero qué hace usted, ummmm, yo, ni lo conozco, ayyyy, y trata de darme un beso y le digo no, estoy con mi marido, ummmm, pero más que negación pareció invitación.

    Pregunta Jhonny, ¿te esta besando rico?, ¿te gusta que yo te hable al oido mientras él te besa tan apasionadamente y te mete mano en tu vagina y te faja toda?, ¿por qué no terminas de abrir las piernas, chiquita, y dejas que te suba la falda?, ¿te encantó su verga desde que la viste, verdad?, ¿te puso caliente aunque lo niegues?, ¿te está masturbando y tu lo dejas porque te ganó la calentura, mi amor?

    -Ummm, ayyy, Jhonny, no puedo más, me acaba de tomar la mano y la lleva a su cosota y la estoy acariciando, está muy grande y gruesa, que cabezona y le sale líquido de la punta, ¿no te enojas?

    No, mi amor, me encanta ver como te tiene, como le haces una chaqueta.

    -Sí, mi cielo.

    -Su esposa está moviendo las mesas porque él te va a coger, no lo dudes, las mueve para que sea más facil, Carmen preparate, te va a meter la verga, vas a sentir por primera vez una de ese tamaño ¿Quieres?

    Sí quiero,

    Jhonny, está muy grande.

    -¿Más grande que la mía y la de Jaime?

    -Sí, más grande y más dura.

    Me pregunta Jhonny ¿crees que te quepa, nunca te han metido una de ese tamaño?, sí, mi cielo, quiero que me la meta toda, ya, ya la quiero, estoy empapada y él me acaricia muy rico mi clitoris, siento que va a resbalar sin problema hasta el fondo.

    Para ese momento yo mis paredes vaginales qué delicia, dios mio, ayyy, más, así, ummmm.

    Sí, alicia, te está cogiendo y su esposa me la está chupando a mí, aggg.

    Ayyy, qué delicia, Jhonny nunca había tenido adentro una así de grande y gruesa, ayyy, se está viniendo y yooo, yooo también, mi amor, aggg, también me vengo aaay.

    Fue un orgasmo intenso, fuerte que me noqueó por completo, después de semejante venida, me dejó llena de leche, tomé unas servilletas para limpiarme, todavía Jhonny me agachó para que limpiará con mi boca ese pitote, no me hice del rogar, apenas si me cupo una, parte pero sabía muy rico su semen, se separó de mi, acomodé mi tanga y mi blusa, baje mi falda,

    La esposa del tipo hizo que Jhonny también se viniera en su boca y se la dejo bien ordeñada y limpia, se notaba que le encanta mamar verga.

    La pareja se separó de nosotros solo nos dijeron estuvo muy rico, gracia, y se alejaron abrazados comentando la aventura.

    Me dice Jhonny ¿entonces sí te gustó, diría que te un encantó, te volvió loca, verdad,

    Alicia?

    Ya con la cabeza fría le respondí, si fue una locura momentanea que no se repetirá Jhonny y no quiero hablar más del asunto. Vamos a casa.

    Sí, Carmen, pero no estás enojada ¿o sí?

    No lo estoy.

    ¿Entonces podemos volver la semana que entra?

    Tal vez podamos venir mañana aunque sea sólo a ver.

    No le respondí, mi mente daba vueltas tratando de asimilarlo.

    No hemos vuelto a pesar que Jhonny insiste, pero no lo descarto pues sigo sintiendo aún la metida de esa cosota en mi vagina.

    Creo que le concederé ir otra vez.

    Bueno queridos lectores ahí se los dejo para que se den una buena pajeada jajaja.

    Gracias por leer este relato hagan su valuación y sobre todo hagan muchos comentarios quiero saber que les pareció.

  • Maestra en mini (4)

    Maestra en mini (4)

    Es catorce de febrero y realizamos nuestro clásico convivio e intercambio de obsequios en el plantel, primero con nuestros alumnos y luego con el personal en la dirección, para nuestra sorpresa este año se nos une el supervisor de la zona, con algo de desdén las compañeras me piden que salga a recibirlo ya que parece que me vestí especialmente para la ocasión, y es que en realidad me veo espectacular con mi minifaldita con estampado de cuadritos en blanco y negro embarrada en mis inquietantes curvas, mi blusa blanca favorita de manga corta y botones al frente, me gusta porque me queda justa, haciéndome ver mas femenina con los botones necesarios abiertos, mas que suficiente para parecer una edecán triple A, combinadas con mis botas negras a medio muslo de plataforma y ropa interior de encaje negro, en fin, sonriendo al ver sus caras de envidia me encamino hacia el portón para recibirlo, como me faltan algunas cosas por comprar decido esperarlo en la esquina de la escuela, los piropos y palabras subidas de tono no se hacen esperar por los vagos que esta en la calle o los tipos que pasan en sus autos o motos.

    ¡Sabrosa! me dice un tipo, muévelo, te lo compro, dice otro, ¡mamacita!, son las frases que acompañan mi caminar rumbo a la tienda de la esquina, ha de ser por su faldita maestra, me dice Hermilo el supervisor de zona, quien aún a pesar de que usa bastón me alcanza antes de llegar a la tienda.

    ¿Cómo puede andar? es demasiada apretada ¿no?

    ¿Le parece que está muy apretada? respondo coqueta, se sonroja, me espera a que haga las compras y nos encaminamos hacia la reunión, ¿puedo decirle algo así en confianza? Sin despegar los ojos de mi escote, si, dígame, le contesto, es usted muy bonita, cualquier hombre daría lo que fuera por usted, lástima que ya no tenga edad para eso, me detengo, lo miro fijamente a los ojos coqueteándole, de verdad, ¿lo que fuera? Traga saliva, no sabe que contestar, no se ponga nervioso, sonrío encaminándome hacia la reunión y el detrás de mi, ya en la reunión entre risas, ocurrencias y baile transcurre la noche, Hermilo utiliza cualquier momento para acercárseme, rosarme o hacerse notar por mi, los compañeros y compañeras lo notan pero no dicen nada, miran a mi marido y luego a mi, la forma como inconscientemente o conscientemente le falto al respeto con el anciano supervisor dejándome tocar o abrazar por este, en fin, como es temprano, decidimos seguir la fiesta en casa de una compañera ya que es la mas cercana, al final nos ofrece su casa para quedarnos, la mayoría acepta entre ellos mi esposo y yo a quienes nuestra compañera nos asigna su recámara.

    Ya en la cama, no sé cuánto tiempo trascurrió cuando por sorpresa siento que apartan las cobijas de mi cuerpo dejando mis espaldas al aire, no me toma por sorpresa ya que intuyo que es Raúl, mi esposo, siento como se recuesta en la cama, y pasa suavemente su mano por mis piernas, se acerca más a mí, noto su miembro hinchado frotarse contra mí de manera muy suave, empieza a excitarme, de reojo en medio de la tenue luz del pasillo, observo como con una mano se despojaba de su calzoncillo, mientras que con la otra pasa de acariciarme el muslo a acariciar por debajo de mi prenda íntima, como comprobando mi humedad, su voz entre cortada por la emoción susurra a mi oído: Creo que dejamos algo pendiente Laurita, ¿Hermilo?.

    Quiero reaccionar pero sus dedos en mi vagina batiéndola con fuerza y delicadeza me hacen desistir y por el contrario empiezo a gemir suavemente, mientras con delicadeza me quita el brasier y el cachetero para quedar completamente desnuda, lame mi vagina, mi cuerpo se estremece cada vez que su lengua roza mi clítoris, su lengua es gloriosa, larga, la mete encontrando sitios placenteros para mi, exploto en su boca, retorciéndome en espasmos deliciosos lo que el aprovecha para tumbarse encima de mi, separando mis piernas de tal manera que la punta de su verga toca los labios de mi vagina, quiero que me la meta, pero él no hace fuerza, la toma con una mano y la juega por el contorno de mi vagina haciendo círculos mientras besa mi cuello, aferro su cabeza con mis manos y lo llevo a mi boca besándolo de manera salvaje, asquerosa como una actriz porno haciéndole notar mi desesperación y ansias de ser poseída, después de jugar un minuto más rondando mi entrada, embiste con fuerza, su verga entra deslizándose y encajando perfectamente, estoy tan mojada y lubricada, como nunca lo he estado, mis gemidos son tan fuertes que por momentos coloca su mano en mi boca, me embiste fuerte y constante, quizá por cansancio se detiene por un momento a la entrada de mi sexo, no quiero que se detenga así que empujo con fuerza hacia su pelvis clavándome sin dificultad en el, esto anima a mi maduro amante ya que me fornica muy deprisa durante unos minutos más los cuales me saben a gloria, se desprende de mi sube como puede hacia mi cara y se vacía en ella, sus espesos y largos chorros fluyen por la delicada piel de mi rostro y mi pelo, recogiendo sus últimas gotas en mi boca.

    Después se queda tumbado en la cama, acariciándome, mi marido se asoma por la puerta al ya no escuchar ruido, feliz catorce de febrero mi amor, me dice, me levanto de la cama sin hacer ruido y le doy un beso embarrándole los espermatozoides que aun deambulan en mi boca, el se aleja mientras yo me acomodo en la cama con Hermilo hasta que nos quedamos dormidos.

    Es de mañana y mi fornicador se despierta primero, comienza a besar mi cuerpo, despierto y le hago lo mismo, me chupa, lame, pellizca, toca y soba mis jóvenes tetas, me retuerzo entre sonrisas y gemiditos, se coloca encima de mi, formamos un 69, mientras él hace su parte en mi clítoris, comienzo a besar y a lamerle el pene, es la primera vez que lo hago, de igual forma me emociona tener a mi primer hombre en la boca, me la meto de un solo bocado y comienzo a chupársela hasta que nos venimos los dos al mismo tiempo, lleno su boca de mi líquido y él me llena la mía de su cálida leche, me la trago toda sin dejar chorrear nada, nos abrazamos y besamos un largo rato, hasta que de nuevo siento su verga dura y retadora chocando contra mi cuerpo, lista para seguir, le digo que me penetre, con cuidado lo veo bajarse de la cama y separar mis piernas acomodándose en medio de ellas, ahora lo contemplo con más detenimiento, viejo, arrugado, casi sin pelo, decrépito, le sonrío mientras siento como acomoda su larga y gruesa verga a la entrada de mi útero, empuja, me penetra, poco a poco aumenta el ritmo se sus embestidas coloca mis piernas en su cuello y me dobla tomando mis redonditos senos amasándolos mientras me fornica deliciosamente, gimo, me estremezco, de nuevo me tiene en el paraíso y yo a el, lo aliento diciéndole que siga pidiéndole más y maas, gritando, gimiendo hasta dejarme ir en un orgasmo extenso y exquisito, mis estertores hicieron que pocos segundos después el se venga en espasmos iguales o mas fuertes dentro de mi quemando mis entrañas con sus semillas ardientes, después de un rato la saca, lo recuesto y se la chupo hasta limpiar los restos de leche que le quedan.

  • Gregor y sus dos hijas

    Gregor y sus dos hijas

    Esta historia que contaré a continuación se trata de un hombre llamado Gregor de 42 años, moreno, de ojos oscuros y el cabello lleno de unas canas que lo hacen ver encantador.

    Gregor tiene dos hijas llamadas Marina y Laura, ambas son dos rubias espectaculares con unos cuerpos perfectos (físicamente son igual a su madre, de la cual el padre de ellas se ha divorciado hace bastante tiempo). Marina tiene 20 años y Laura 22 años, las dos chicas adoran a su padre.

    Pero el amor que ellas sienten por su papá se debe a otro sentimiento mucho más fuerte: la intensa lujuria.

    Ambas son mujeres de Gregor o como él siempre les dice son sus hembras las cuales él disfruta cada noche de su sensual compañía, siempre hacen el amor con él las dos juntas y durante las noches ambas chicas duermen desnudas abrazadas a su padre.

    Hacían cosas muy ardientes los tres juntos, pero esa mañana fue inolvidable.

    Laura y Marina se encontraban sentadas en la mesa esperando el desayuno y Gregor estaba en la cocina preparándoles el desayuno a las chicas, pero ellas empezaron a sospechar porque su padre estaba demorando mucho en la preparación esta vez.

    -Voy a ver que está haciendo nuestro padre- le dijo Marina a Laura levantándose de la silla haciendo mover su trasero dentro del pantalón extremadamente corto que llevaba.

    Cuando fue a la cocina vio a su padre masturbándose frenéticamente y derramar su semen dentro del café de ellas, esa visión la excito mucho y tuvo ganas de entrar a chuparle el pene a Gregor y que la cogiera ahí mismo, pero decidió compartirlo con su hermana, pues, al fin y al cabo era el macho de las dos.

    Cuando Gregor volvió con los dos cafés para las chicas ellas ya sabían lo que su padre había hecho, se bebieron el café por completo con total deleite, terminaron de desayunar y se acercaron al hombre muy lentamente lambiéndose los labios.

    -El café estaba delicioso- dijeron ambas al unísono.

    -Me alegro mucho mis hermosas chicas- respondió el.

    Luego Laura y Marina se quitaron las blusas y quedaron con sus blancos pechos al aire libre.

    -Mis dos hembras- dijo el papá mirándolas alternativamente a las dos antes de que las chicas les pusieran sus tetas en el rostro y empezaran a bajarle el pantalón para chuparle la verga.

    Marina se sentó encima de su padre y empezó a frotarse contra el para que la verga se le ponga dura.

    -Ya sabemos que el café tenía tu leche y nos ha encantado- le dije en el oído, no le dio tiempo a responder porque ella agarró ambos de sus senos y se los puso a Gregor en la boca, a él este gesto le encanto, sacó su lengua y empezó a chupar esas dos maravillosas tetas mientras agarraba a Marina fuertemente de sus nalgas.

    Laura le quito el bóxer y comenzó a chupar esa verga que tanto le gustaba a ella y a su hermana, le hizo el sexo oral viendo todo el espectáculo erótico de Marina y Gregor, esto la animaba a chuparla con mucho frenesí y a tocarle con rápidos movimientos de sus dedos los testículos.

    Laura se sacaba el pene de la boca, le escupía un poco de saliva en la cabeza y luego volvía a deslizar su lengua sobre él, hizo eso hasta que Marina pidió a gritos que su papá le metiera la verga cuando llego al punto de que las nalgadas que le estaba dando el hombre la habían excitado demasiado.

    Se acostaron en el piso los 3 y Gregor penetro a su hija Marina que se volvió a sentar a horcajadas sobre él, luego la tomo de la mano a Laura y le dijo que deseaba chuparle su bella concha, entonces ella se sentó sobre el rostro de Gregor quedando frente a él y posicionando la vagina contra los labios del padre.

    Laura miro hacia abajo y vio como la lengua de Gregor entraba, salía y mordía suavemente sus húmedos labios vaginales, ella empezó a moverse un poco y él le chupo la vagina más rápidamente en respuesta a los movimientos de Laura, luego pasaron a oírse los altos gemidos de Marina que estaba saltando como toda una máquina sexual a un ritmo frenético mientras tenía la verga de su papá dentro de ella.

    Unos minutos después Marina había quedado agotada presa de un potente orgasmo, Gregor dejo de chuparle la vagina a Laura.

    -Chúpense las tetas- les dijo a sus hijas.

    Laura y Marina se colocaron la una frente a la otra y se fundieron en un apasionado beso con mucho intercambio de lengua, luego tomaron los senos de cada una y empezaron a chuparlos alternativamente.

    Marina le daba por unos segundos unas cuantas lambidas a Laura con un par de deliciosas mordidas en los pezones y luego Laura hacia lo mismo con su hermana masajeándole los pechos con mucha fuerza a la vez que los chupaba.

    Ante esta visión la verga de Gregor volvió a ponerse dura como una roca.

    Laura estiro su mano y la empezó a frotar sobre la vagina de Marina, noto la vulva de su hermana muy húmeda y un poco hinchada por las salvajes embestidas de su papá, esto la excito mucho y metió dos dedos dentro de la concha de Marina.

    La chica que estaba siendo estimulada soltó los pechos de Laura para poder gemir y abrió lo más que pudo sus piernas.

    Marina tomo con fuerza a Laura de la nuca y la hizo inclinarse hasta que la lengua de Laura ingreso con mucha fuerza en su vagina rodeándole el clítoris.

    Laura quedo en cuatro con el trasero bien parado entonces Gregor aprovecho esta situación, la tomo de la cintura y la penetro de una sola embestida mientras ella seguía haciéndole sexo oral a su hermana.

    Laura sintió la ruda embestida de su padre que ya la estaba embistiendo salvajemente como se lo había hecho a su hermana por la vagina que ahora ella misma estaba chupando como si su vida dependiera de ello, era como si no pudiera vivir sin esa concha, amaba chuparla, sentir la rica humedad de Marina al igual que amaba el pene de su padre cuando este le abría la vulva y el culo penetrándola todos los días y lo hacía mucho más fuerte cada vez.

    Marina tuvo su segundo orgasmo a causa del delicioso sexo oral que le brindo su hermana, esto hizo que acabara en la boca de la otra chica y Laura se bebió todos los fluidos con mucho gusto. Gregor retiro su verga del culo de Laura, le tomo su rostro con ambas manos y la beso apasionadamente para saborear los jugos vaginales de Marina que aún estaban en la lengua de Laura.

    Gregor tomo las dos tangas de sus hijas (ya le estaba palpitando mucho la verga, necesitaba sacar toda su leche contenida).

    Las dos bragas eran muy bellas, la de Marina era de un color rosa pálido, toda lisa, pero con un pequeño encaje y con un moño en la parte de adelante.

    La de Laura era una tanga mucho más atrevida perfecta para una noche de pasión, se trataba de un hilo de color rojo intenso y la parte de la vulva era muy finita de manera que le quedaba toda su concha casi afuera, en la parte trasera tenía una cadena de plata.

    Tomo la de Marina y la puso en el centro de su verga, de manera que la zona de la vagina quedó bien posicionada en la pija de él, se masturbó un poco haciendo suaves movimientos de arriba hacia abajo y eyaculo en la tanga de su hija dejándosela inundada de semen, luego tomo la de Laura e hizo lo mismo con la última cantidad de semen que tenía. Ambas hembras se pusieron las pantis con el semen de su hombre y cada una le dijo que lo amaba mientras lo besaban en la boca.