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  • Feliz y con el paladar sabor a semen

    Feliz y con el paladar sabor a semen

    Hola, soy Alyssa y este es mi primer relato con mi hombre Roge, espero les guste.

    El cómo llegué con Roge a esta situación es parte de otra historia que pronto les contaré.

    Me sentía muy caliente, mi boca y mi culo estaban listos para ser tomados por una gran verga, me deshacía de ganas de sentir unos testículos rebotar contra mis nalgas. Me puse mis bragas negras de encaje, unas medias blancas de red, un vestido corto blanco y mis zapatillas rojas de tacón super alto.

    Perfumé mi culito con todo cuidado, retoqué mi maquillaje, resaltando ese labial rojo que hacía ver mis labios carnosos y ansiosos, eché una última mirada en el espejo de cuerpo entero que se encontraba en ese baño y decidí que ya estaba lista para mi hombre. Sali decidida, resonando mis tacones en el piso del departamento, en cuanto me vio Roge me devoró con la mirada.

    Corrí hacia él y lo rodeé con mis brazos fundiéndonos en un delicioso beso. Yo me extasiaba con su lengua mientras el acariciaba frenéticamente mis nalguitas, pegándome fuertemente contra él, sentí su enorme bulto en la entrepierna, lo que me excitó aún más. Me empezó a subir el vestido y metió su mano debajo de mis bragas, me empezó apretar fuertemente las nalgas mientras me besaba con mayor fuerza, obvio yo respondí de la misma manera, de repente suavizó y empezó a pasear su lengua tiernamente por debajo de mis labios, y al mismo tiempo con su dedo índice empezó a buscar mi culito y empezó a masajearlo, yo sentí una descarga de placer increíble.

    Con ansias puse mi mano en su entrepierna, sintiendo toda su verga dura por encima del pantalón. Le quité el cinturón, bajé su cierre y metí mi mano. Al sentir esas venas en la palma de mi mano, mi mente solo pensó en tener todo eso dentro de mi boca, así que me fui agachando poco a poco, besándole el cuello, el pecho, una mordidita en sus pezones hasta quedar de rodillas y de frente a su hermoso miembro.

    Lo estuve acariciando con mucho cariño, viéndolo embelesada, saboreando cada instante antes de empezar a devorarlo. Fui acercando lentamente mi boca, empecé a darle pequeños besos, en su glande, en medio, en sus testículos hasta que no pude mas y me lo metí totalmente, levanté mi vista para posarla en los ojos de Roge con mirada de puta consumada, el colocó su mano detrás de mi nuca para meterme su verga hasta el fondo de mi garganta, embistiendo fuertemente una y otra vez, yo sentía que me ahogaba pero estaba gozando enormemente, cuando paró y pude sacar su verga de mi boca junto con grandes hilos de saliva, me los limpié y empecé a mamar de nuevo, ahora más tranquilamente, tragándome todo su liquido pre seminal que sabia delicioso.

    Así estuve unos minutos más, hasta que de golpe me levantó, me cargó fácilmente, ya que soy menudita y me llevó a la recamara, ahí de forma brusca me aventó a la cama, y me puso en cuatro, se acercó y empezó a pasarme su verga por mis nalgas y por mi culito, yo le supliqué que ya me penetrara, ya quería sentirlo todo dentro de mí, respondió a mis suplicas con ‘ahorita te voy a reventar ese hermoso culo puta suplicante’, me abrió mis nalguitas y poco me fue penetrando, “ayyy poco a poco papi que me duele!”, “uuuf si así, velo metiendo papi, reviéntame el culo mi amor!”

    Y de repente embistió con todo y solo pude ver estrellas entre el dolor y el placer, empezó a sacarlo y meterlo, ‘si roge, no pares, así, ¡así!’, apretaba con todas mis fuerzas la sabana para resistir las embestidas tan ricas que me estaba dando, yo gemía y gemía de placer al sentir sus huevos rebotar en mis nalgas, tal como anhelaba instantes antes.

    Me siguió penetrando en varias posiciones, con mis piernas en sus hombros, yo encima de él, en 45, entre otras, me estaba cogiendo maravillosamente, mi culito ya adaptado a su verga, la dejaba entrar sin problemas, ya cuando estaba a tope, me hizo la espada en la pared, penetrándome con todas sus fuerzas, yo sentía hasta el fondo cada mete y saca, hasta que mi querido Roge no pudo mas y saco su verga para eyacular sobre mí, el primer chorro cayó en mi pecho, me incorporé de inmediato con la boca abierta para tomarme el resto de su leche, los siguientes chorros me llegaron directo a la cara y a mi boquita ansiosa, Roge gritaba de placer: ‘trágatelo todo putita!’, yo con un enorme placer sentía como resbalaba su semen en mi cara, por supuesto no deje ni una gota, me lo devoré todo, estaba espeso y delicioso.

    Roge se recostó y yo me acurruqué a su lado, sintiéndome dichosa, con una mano le acaricié su verga, y con la otra agarré la mía, para masturbarme y llegar al clímax al lado de mi hombre.

    Nos quedamos dormidos, yo con una sonrisa de oreja a oreja y todo el sabor de su leche en mi paladar.

  • Toda mojada en carnavales

    Toda mojada en carnavales

    ¿Te acuerdas? Esos carnavales que teníamos la casa para nosotros solos…

    Saliste a comprar una caja de cervezas y mientras estabas afuera puse en marcha mi plan de ataque.

    Recuerdo la sonrisa en tu cara cuando llegaste a la reja y te grité que te la había dejado sin candado. Podías empujarla para que abriera sin soltar la caja de cerveza que cargabas con ambas manos.

    Lo que no anticipaste es lo que te hice apenas cruzaste el umbral.

    Ni yo misma imaginé que tendría tan buena puntería…

    ¡Paf!

    Te explotó la bombita de agua en todo el pecho, dejándote la camisa empapada.

    Otra persona pudiera haber soltado la caja de cerveza con aquel golpe inesperado, pero no tú. Ahí la tenías agarrada. Miraste tu pecho y luego alzaste la cara, tu mirada penetrante me encontró de inmediato, apenas asomada por la esquina de la casa, muerta de la risa por aquel ataque con el que te había sorprendido.

    -¡Ahí tienes munición!- grité y te lancé otra bomba de agua, que ahora advertido esquivaste sin problema.

    Yo te conozco, y sé muy bien que no lograría darte si no lo hiciera de esta manera… a traición, cuando menos te lo esperas.

    Te había dejado la nevera con hielo al lado del balde de agua con las bombitas llenas flotando.

    Miré como te dedicaste a guardar una por una las botellas de cerveza. Tu paciencia sin prisa llenándome de adrenalina.

    Aproveché el momento y me largué corriendo por el pasillo externo de la casa hacia el patio trasero.

    Me escondí detrás del árbol de mango, con dos bombitas en las manos que cogí del balde que había dejado allá atrás para mí.

    El corazón me latía a mil por hora, yo sé que en fuerza y velocidad voy a perder, pero nadie me quitará la victoria de haber atinado esa primera bombita en tu pecho.

    Te vi llegar hasta el patio con dos bombitas en cada mano, apenas me viste detrás del árbol corriste hacia mí.

    Grité, te lancé una de mis bombas y fallé. Parecías un toro enfurecido corriendo hacia mí.

    Hui de mi escondite y corrí hacia el otro lateral de la casa.

    ¡Paf!

    Solté un pequeño grito con el impacto, ahora la tela de mis cortos pantalones de vaquero estaban mojados, me has dado en todo el culo con una de tus bombitas.

    Llego hasta la esquina de la casa, y desde allí te lanzo mi última bombita. Gruño frustrada por mi mala puntería.

    De vuelta en el patio delantero tomo dos bombitas de tu balde, pero mientras estoy doblada para agarrarlas siento el golpe en el costado.

    Aquellos dos golpes incendian mi lado competitivo, al menos uno más te voy a pegar.

    Empiezo a lanzarte las bombitas del balde una tras una. Alcanzo darte en la pierna.

    -¡Ja! -exclamé y te dejo apenas una bombita antes de volver a huir.

    -¡No me puedes dar! -te provoco mientras vuelvo al patio de atrás.

    -Tú sabes lo que te voy a dar -dices con la voz acelerada por este maratón que nos estamos echando corriendo de aquí acá.

    Mi meta es llegar al segundo balde, pero apenas me detengo un instante para mirar por encima de mi hombro, estás prácticamente encima de mí, me sobrepasas y llegas al balde antes que yo.

    Me doy la media vuelta y corro otra vez al frente, pero esta vez cuando me giro a mirar no estás allí.

    Me quedo asomada en aquella esquina, esperando a que me vengas de frente.

    Pendeja yo… porque de repente suelto aquel chillido de susto que siempre hago cuando me sorprendes.

    ¡Chaaas!

    El agua fría me empapa de pies a cabeza. Ya perdiste el interés en darme con las bombitas, así que tomaste el balde de agua y te viniste con el sigilo de una pantera por detrás y me la vaciaste encima.

    Me paso las manos por la cara e inmediatamente te pego con una palmada en el brazo.

    -¡Tramposo!

    -¿Tramposo yo? Mira quien habla.

    Hago una mueca, no estás equivocado.

    -Pero es que si yo no te hago un ataque de sorpresa nunca te puedo dar -digo malcriada.

    -Ahora los dos tenemos el pecho mojado.

    -Tú solo el pecho y la pierna -digo de brazos cruzados- yo sí que estoy toda mojada.

    -¿Toda? ¿Estás toda mojada? -tu voz grave con ese tono sugestivo que me encanta.

    Yo ya sabía que terminaría más mojada que tú en esta guerra, y la verdad es que aunque no me imaginé que serías tan bestia como para echarme el balde de agua completo, ahora resultaba bastante bien para la segunda parte de mi plan. A pesar del calor del sol, la brisa acariciando mi piel mojada me tenía completamente erizada y no era un accidente que no llevaba puesto nada debajo de mi camiseta que había elegido blanca a propósito.

    La tela mojada está pegada a mi piel, mis pezones prensados contra la tela.

    Creo que ya llegó el momento de acabar con la guerra…

    La manera que me miras definitivamente hace que me moje entre las piernas. Miras mis tetas como una fiera hambrienta, te acercas y coges lo tuyo, tus manos grandes las juntan y aprietan. La camiseta está chorreando, y el agua acumulada cae en hilos a medida que me las tocas y estrujas.

    Rozas tus pulgares sobre mis picos erguidos, me provocas un escalofrío; bajas la cabeza a mi pecho y muerdes uno de mis pezones prensados contra la tela, sacando un gemido de dolor placentero de mis labios.

    -¡Qué rica estás! -dices con voz gruesa antes de besarme en los labios, tu lengua entrando a mi boca y enredándose con la mía.

    Tus manos bajan a mis nalgas.

    -Te voy a llevar para atrás.

    Hago un saltito y abrazo tus caderas con mis piernas. Quiero refregarme contra tu erección, pero así no llego.

    Sujetas mi peso agarrándome por el culo y caminas cargándome así hasta el patio trasero. Mis tetas presionadas contra tu pecho, voy besando tu cuello y lamiendo tu oído a medida que nos acercas al mueble de mimbre.

    Me sueltas antes de sentarte en el mueble y pasas a desabotonar mis pantalones cortos de vaquero. La tela mojada parece pegada a mi piel, las deslizas con esfuerzo por mis muslos hasta que quedan como un charco arrugado a mis pies.

    Me devoras con la mirada, contemplas mi pequeña tanga blanca. Juntas las piernas sentado y yo estoy de pie, tan cerca de ti, parada con tus piernas entre las mías. Mi pecho sube y baja al ritmo de mi respiración, están tan cerca de tu cara, quiero sentir tu boca en mis tetas otra vez, pero primero extiendes el brazo y arrimas la tela mi tanga a un lado, tu dedo deslizando entre mis labios.

    -¡Qué rica! ¡Estás mojadísima!

    -Tú me pones así -respondo ondulando involuntariamente las caderas.

    Me metes el dedo, untándolo con mi humedad para frotar mi clítoris y me estremeces. Me tienes tan excitada que me desespero, despego la tela adherida a mi piel, me la subo casi hasta el cuello, liberando mis senos grandes y redondos, buscando tentar tu boca para satisfacer mi deseo.

    Abres los labios y me chupas un pezón con hambre voraz a medida que metes y sacas el dedo de mi raja, luego lo sacas y frotas mi clítoris hinchado. Haces eso una y otra vez, tu boca devorando mis pechos.

    Me agarro de tus hombros, buscando aferrarme a tu cuerpo sólido y fuerte porque haces que me flaqueen las rodillas.

    Me vuelves loca con todo lo que me haces, me siento deliciosamente obscena, perversamente excitada, me acercas cada vez más y más a la cima.

    Pero no quiero acabar, quiero… pero no quiero.

    -¡Métemelo! -suspiro- ¡Por favor te quiero adentro!

    Me aparto para que puedas sacarte la camiseta y dejarte los pantalones por los tobillos. Tu verga surge gruesa y dura entre tus piernas.

    Me inclino y me lo meto en la boca, te chupo y te lamo un poquito, dejando tu deliciosa asta lubricada con mi saliva.

    Me monto sobre tu regazo, estamos en una de mis posiciones favoritas, porque tu boca puede seguir chupando mis tetas mientras tu verga se entierra por completo dentro de mí.

    Que rico como me abres, encajas perfectamente en mi interior, mi sexo te recibe con hambre, siempre deseosa de ti.

    Subo y bajo lentamente al principio, sintiendo cada centímetro de tu longitud, como entra y sale de mi raja. Redondeo la espalda y busco tu boca con la mía, nuestros labios fusionados en un beso, mientras subo y bajo en tu regazo, empalada con tu miembro tieso.

    Con cada segundo que pasa el deseo sube la velocidad, soltamos el beso y así me muevo más rápido sobre ti. Tus manos agarran mis nalgas, aprietas mi carne, manoseas mi culo para tomar todo lo que quieres sentir, me impulsas a moverme más duro, más rápido sobre ti.

    Mis tetas rebotan junto al resto de mi cuerpo, logras atrapar uno de mis pezones en tu boca y me la chupas duro, tu lengua estimulando mi pico tan sensible.

    Me refriego y me muevo lo más duro que puedo, en esta posición no necesito tocarme, ya casi llego.

    -¡Qué rico! ¡Ay que rico! ¡Estoy cerca!

    -Quiero que acabes para mí -dices con ese tono dominante que me encanta, que me llama a complacerte.

    Me muevo frenética, ese roce me lleva más y más alto, hasta que llega arriba del todo y caigo por aquel abismo que me envuelve en un placer donde no veo nada, solo te siento a ti y lo que le haces a mi cuerpo.

    Todos mis músculos se contraen y trato de no parar. Tu verga entra y sale, mi sexo te abraza y mi clítoris palpita una y otra vez con la fuerza del orgasmo.

    Me detengo un momento, necesito recuperarme un segundo antes de continuar.

    -¿Acabaste rico?

    -Divino -jadeo.

    Vuelvo a moverme pero no tengo la fuerza de antes.

    -Ponte en cuatro.

    Te desmonto con piernas temblorosas, tu verga dura se sale de mi cuerpo aún duro como una roca.

    Me pongo de rodillas sobre el mueble del patio y me agarro del respaldar.

    Posicionas tu miembro en mi entrada y lo metes entero, arrancado un gemido hipersensible de mi garganta.

    Así se siente más grande, yo me siento más apretada. Estoy desecha por la cogida que me diste, pero saco todas mis fuerzas para darte el placer que aún no has llegado.

    Te aprieto y te empujo con los músculo de mi coño. Me lo metes rápido y duro, mis nalgas suenan contra tu cuerpo mientras me follas. Mis tetas se bambolean y el mueble rechina.

    -¡Lléname de leche papi! ¡Llénamela toda!

    Me lo metes cada vez más duro hasta que oigo el suave murmullo del gemido. Tu verga se prensa en mi interior, siento como se aprieta, exhalas otro de tus gemidos masculinos y vacías tu semilla dentro de mí, chorro tras chorro de tu semen en lo más profundo de mi vientre.

    Tú vacío y yo repleta, tras llenarme con tu leche, te sales de mi cuerpo. Me das una nalgada mientras me enderezo.

    Me bajo la camiseta para cubrir mis tetas, pero la tela mojada se siente fría, así que me la quito. La cuelgo en el respaldar de una de las sillas y luego te doy un beso.

    -¿Rico? -pregunto.

    -¡Riquísimo!

    -¿Te gustó la guerra sorpresa de bombitas de agua?

    -No me lo esperaba para nada -me dice-. Me gustó. Me gustó mucho -dices y me aprietas las nalgas.

    -¿Quieres que te busque algo para limpiarte? -preguntas.

    Me encanta que siempre eres tan atento conmigo.

    -No gracias, voy a darme una ducha rapidito.

    Un besito más y me doy media vuelta para entrar a la casa, la evidencia de tu orgasmo deslizando por la parte interna de mi muslo izquierdo.

  • La chica de la App

    La chica de la App

    Hola a todos otra vez, este es un hecho real, pasó hace un par de años y aun sigo en contacto con una chica que conocí en una app de citas.

    Quien no ha entrado alguna vez a alguna de estas páginas, ya sea para buscar amistad, buscar una cita o ver que hay en ellas.

    Yo me encontraba una tarde aburrido sin saber que hacer y se me dio por entrar en una de estas solo para saber como era el tema, así que abrí una subí una foto y espere a ver que pasaba, me puse a mirar perfiles de chicas la verdad hay muy lindas y hasta algunas parecen modelos pero no es lo que yo buscaba, en eso caían infinidad de mensajes diciendo “hola Bebe quieres jugar conmigo” “Estoy mojada quieres verme” “Quieres divertirte un rato papi” y muchas más que casi ni siquiera le prestaba atención hasta que una si llamo mi atención que decía.

    -“Hola hombre difícil?”

    -“Como pretende Ud. Que lo saluden?”

    -“Aquí no va a encontrar demasiada cultura”

    Y ese fue tan interesante que no pude negar a responder así que le puse

    -y que te hace pensar que soy un hombre difícil?

    -mire tu perfil y sigues apenas a 4 mujeres

    -vaya vaya que observadora eres, siempre analizas todo así

    -solo cuando algo me llama la atención

    Y la verdad que ella también había llamado la mía, en sus fotos se veía a una mujer alta de tés muy blanca deportista con piernas bien formadas y largas, una cola chica redonda y bien dura, sus personas también eran chicos pero acordes a su delgadez.

    Entablamos una relación que con el tiempo iba subiendo pícaramente nuestras charlas.

    Ya nuestras charlas se ponían cada vez mas picantes y acaloradas acompañadas de muchas imágenes sensuales y algunas un poco mas subidas que decidimos empezar con los audios que ya subían a otro nivel al escuchar nuestras boses, nuestros gemidos la excitación seguía en aumento y los dos lo sabíamos y ambos queríamos mas y mas es así como llegamos a mandarnos videos mas explícitos pero no nos alcanzaba el deseo era cada vez mayor, fue ahí como empezamos a hablar por video jugábamos con nuestros cuerpos sin que aparecieran nuestros rostros (así lo quería ella) masturbándonos la par pensando que cada uno se lo hacía al otro y eso nos daba más morbo aun, los meses pasaban y ya sentíamos que nos estábamos quedando, necesitábamos algo más.

    Los dos vivimos en ciudades lejanas dentro del mismo país ella vive en una ciudad de montaña muy rica en la Argentina y yo en la plena ciudad de las furias como decía Cerati.

    Nos pusimos de acuerdo y yo viajaría a su ciudad para poder estar juntos, esperamos un fin de semana largo para poder estar tres días juntos, hice una reserva en un hotel de montaña para poder estar más tranquilos y que nadie nos molestara.

    Todo estaba planeado yo tomaría un vuelo, ahí en el aeropuerto alquilaría un auto y llegaría al hotel a esperarla (así lo quería ella).

    Mientras seguíamos hablando se nos hacía larga la espero los dos estábamos ansiosos y esperábamos con ansias ese encuentro, porque será que siempre lo prohibido nos excita mas, los dos habíamos buscado excusas para poder tener nuestro tan ansiado encuentro.

    El día llego, trabaje hasta mediodía, deje todo ordenado y me dispuse a ir al aeropuerto le avise en que horario salía y cuando llegaba para que ella tuviera tiempo de ordenar todo lo suyo, mientras estaba en el aeropuerto miraba para todos lados para no encontrarme con nadie conocido no tenía ganas de distraerme tenía en mi mente todo lo que haríamos juntos, tantas charla que cada uno sabía lo que quería y como nos gustaba el uno del otro, al llegar a destino deje que todos bajaran primero no me gusta estar chocando con los pasajeros que quieren bajar rápido y después están todos esperando las maletas, yo como solo llevaba una maleta conmigo no tenía que hacer la espera.

    Al salir de la zona de embarque siempre hay mucha gente que espera a algún familiar a algún amigo o los que van a buscar a alguien y lo esperan con un cartel, yo no prestaba atención solo quería salir rápido para tomar un auto, hasta que vi un cartel que decía “Dulce Tentación” me llamo la atención y cuando mire era ella no lo podía creer estaba parada a pocos metros de mí y me quede inmóvil sin reaccionar fue tanta la sorpresa que me hizo cara de puchero y cuando reaccione sonreí y se abalanzo hacia mí me abrazo y nos fundimos en un beso interminable no nos importo que estuviésemos en el medio de todos.

    -veo que no me reconociste amor

    -en realidad nunca pensé que me pasarías a buscar, estaba ansioso de salir a buscarte

    -entonces te gusto la sorpresa

    -me encanto cada día me vuelves más loco

    -ahhh que dulce amor, ven tengo mis maletas en el auto, no quería ir sola al hotel, quería entrar como una pareja de enamorados.

    Wow cada día me sorprendía mas, esta chica tenía todo calculado y no se le pasaba nada por alto.

    Puse mi maleta en el auto junto a la de ella, me dio las llaves y me dijo maje tu amor.

    Después de unos 45 minutos llegamos a un hotel chiquito pero muy encantador, se lo notaba en todos los detalles que estaba preparado para parejas que querían desenchufarse o esconderse de todos, nos dieron la habitación con un ventanal hacia las montañas se veía muy romántica la habitación, cerré la puerta y al darme vuelta Ale (así se llamaba) se ve abalanzo empujándome hacia la puerta y me estampo un beso que parecía querer sacarme el aire estaba como poseída, ardiente y desesperada, al igual que yo pero trataba de ocultarlo, ella quería tomar el control y lo estaba haciendo.

    Me empezó a desvestir con una rapidez que asombraba y yo no me quedaba atrás, me saco la camisa, me desabrocho el pantalón lo dejo caer y empezó a bajar despacio besando mi cuello, siguió por mi pecho, me apretó una de mis tetilla con tanta fuerza que me hizo casi gritar del dolor pero estaba tan excitado en ese momento que fue una sensación rara, mientras lo hacía con su otra mano me estaba acariciando el pene sobre mi bóxer, cuando bajo aún mas con sus manos me despojo ya de todo lo que le molestaba, me miro con cara de lujuria y me beso el glande, uff que sensación tan rica yo estaba que explotaba parecía una piedra como lo tenía, empezó a lamerla pasaba su lengua por todo mi tronco de arriba abajo me estaba volviendo loco, se puede decir que me tenía contra la espada y la pared literal

    Me chupaba los huevos mientras me masturbaba, quise agarrarla de la nuca y me saco la mano me miro como clavándome un puñal y se la fue tragando centímetro a centímetro, ella no quería dejar de tener el control así que la deje que siga total yo estaba disfrutando y bastante.

    Lo metía y lo sacaba de su boca como si fuera un chupetín, yo hacía fuerza para no venirme quería que todo continuara mas allá de una mamada pero ella tenía otras intenciones quería su leche caliente toda en su boca, acelero los movimientos y con la otra mano apretaba mis huevos como mientras seguía masturbándome le dije que ya me estaba por venir se podía notar en el tamaño de mis venas abrió su boca para esperar mi esperma que en ese momento salió con tanta fuerza que entro hasta el fondo de su garganta, no dejo caer ni una cota al piso me miro y se rio y me dijo.

    -esto se que es lo que te gusta amor

    -siii !!! Tu sabes bien todos mis gustos así como yo se los tuyos.

    Se levanto y me dio un beso con todo el sabor de mi esperma uff que sensación más placentera que es esa, (para el que nunca lo hizo se la recomiendo).

    Me tomo de la mano me llevo hacia la cama y se recostó boca arriba y me hizo señas señalándome su sexo el cual aun estaba con sus pantalones, se los quite tenía una tanga negra tan diminuta y mojada que me ponía a mil, cuando se la seque abrió sus piernas invitándome a comérsela y así lo hice era mi turno ahora de darle placer a tan deliciosa mujer y no me demore mucho enseguida puse mi cabeza entre sus piernas el aroma que emanaba era tan delicioso que me excitaba cada vez más, se la veía bien cerradita a simple vista, la tenía totalmente depilada y ya se podía ver que estaba bastante hinchada, pase mi lengua por su raya húmeda muy húmeda que de solo tocarla con mi lengua empezaba a chorrear al primer contacto, ella se estremeció arqueo su cuerpo recorrí todo su contorno dando pequeños intervalos para hacerla desear estaba en su punto justo de excitación que cuando toque su clítoris mando sus primeros gemidos

    -mmm ahhh siii asiii mmmm

    Ambos sabíamos lo que queríamos y así lo estábamos haciendo, seguí lamiendo su clítoris y cada tanto lo succionaba sentía como le gustaba sus manos agarraban con fuerza las sábanas su cuerpo se movía hacia movimientos pélvicos para que mi lengua entrara en ella y así lo hice la introduje como penetrándola con mi lengua cuando ella agarro mi cabeza para que yo no saliera y me apretó con sus piernas, parecía su presa casi no podía respiras cuando ella se vino tuvo su primer orgasmo trague la mayor parte de sus jugos pero eran demasiado.

    Cuando se aflojo un poco puse mis manos debajo de su cola y la levanté un poco yo seguía lamiendo pero esta vez me deslice hacia su pequeño orificio ella está totalmente entregada a mí y empecé a hacerlo un beso negro recorrí todo su contorno haciendo círculos alrededor del esfínter estaba bien cerrado y no iba a hacer por mucho tiempo estábamos decididos a usar cada uno de sus agujeros ese finde, presione e introduje mi lengua abriendo con mis manos sus nalgas ella solo gemía y disfrutaba.

    Volví a su vulva que seguía empapada subí por su monte de Venus lamiendo cada centímetro de su exquisita piel seguí subiendo hasta sus senos besando y dando pequeños mordiscos a sus pezones, sus tetas eran chicas pero sus pezones eran puntiagudos y bien parados como a mí me gustan, me encanta chupar las tetas y que me digan que quieren mas y mas, llegue a sus labios le bese y le dije ahora eres toda mía mientras mi pene jugaba en un charco de flujos lo pasaba por su vulva y lo bajaba hasta su ano una y otra vez.

    -no sean malo méteme la ya que no doy mas

    -si quiero que seas toda mía pero aun no

    -por favor la quiero ya voy a explotar si sigues así ahhh

    Tan húmeda estaba que la cabeza de mi pene se deslizo suavemente en su interior, le metía la punta y la sacaba así varias veces ella hacia movimientos pélvicos para intentar metérsela adentro y se la volvía a sacar así varias veces hasta que en un momento se la metí de una hasta el fondo con tanta fuerza que parecía que hasta los huevos iba a entrar.

    -ah siii ahhh no aguantaba mas siii asiii ya te deseaba no daba más malo

    -shhh tranquila que recién arrancamos y hoy te voy a coger con tantas ganas que no vas a querer que esto termine

    -sii quiero mas no pares ahhh mmmm siii como me gusta siii ahhh

    Sus gemidos se empezaron convertir en gritos cada vez mas fuertes cuando tuvo un nuevo orgasmo, la tuve que hacer morder una almohada para que no se escuchara demasiado afuera de la habitación.

    Yo me estaba por venir estaba aguantando lo mas que podía para no hacerlo entonces se lo saque me subí un poco más arriba y se lo apoye entre ambas tetas lo cual intento con sus manos apretarlas para masturbarme con ellas era una sensación exquisita cuando ya no aguantaba más le hice una seña la cual entendió muy bien y abrió su boca para recibir toda su leche, me miraba y se reía parecía que habíamos cogido muchas veces por cómo nos entendíamos el uno del otro, una vez que me volvió a lamer para dejarlo bien limpio me recosté a su lado la abrace ella se subió a mi me empezó a besar y a la vez frutaba su concha con mi pene, se movía en todas direcciones con tanta maestría que consiguió ponérmela dura otra vez.

    Ahora la agarro con su mano y la apunto en la entrada de su ano pero estaba muy cerrado la metió en su concha para lubricarla y otra vez intento metérsela fue cediendo poco a poco estaba muy apretado y dolía un poco pero consiguió metérsela hasta el fondo uff parecía que me lo estaban comprimiendo lo dejo un reto ahí bien metido hasta que se fue amoldando ambas partes, empezó a cabalgar primero despacio y fue aumentando cada vez más el ritmo, yo seguí sintiendo lo apretado que estaba y eso hacia efecto sopapa y lograba que mi pene creciera mas y se pusiera bien tieso sus movimientos empezaron a ser intensamente fuertes se movía para todos lados como si lo quisiera arrancar, le daba y le daba ten fuerte que hasta por algunos momentos sentía una mescla de dolor y placer a la vez.

    Mientras yo le estimulaba el clítoris con mis dedos ella tiraba su cabeza para atrás y seguí gimiendo, nunca habías estado con una mujer que tuviera tan fuerte gemidos aunque a los hombres nos excita mas sentirlas gritar o gemir, en un momento pego tal grito que cayó desplomada en mi pecho estaba exhausta nuestros cuerpos estaban totalmente mojados nos recostamos un rato para descansar y nos dormimos varias horas.

    Al otro día me despertó con una rica mamada a lo cual yo agarre y la subí arriba mío pero de espada la puse para yo también chupársela hicimos un 69 riquísimo esa mañana después nos duchamos juntos acariciando nuestros cuerpos y besándonos mientras el agua caía sobre nosotros, después fuimos a desayunar y a una sesión de masajes para que nuestros cuerpos se aflojaran un poco, esa tarde nos volvimos a encerrar en la habitación pedimos la cena al cuarto y seguimos disfrutando de nuestro encuentro ese fue el primero de varios que tuvimos.

    Que linda es esta época que sencillo se hace querer tener sexo, si uno quiere.

    Las redes ayudan mucho si uno busca encuentra.

    Ya les voy a contar otra historia real de una joven de la mitad de mi edad que viajo 1000km solo para que la coja bien duro, pero esa es otra historia.

    Se les gustan me lo pueden decir, quisiera saber sus opiniones.

  • Así inició mi adicción al sexo

    Así inició mi adicción al sexo

    Un poco después de haber cumplido los 18 años, me topé con la madre de mi ex novia de hacía un par de años, una mujer blanca, castaña y bajita, su trasero era más o menos pequeño, pero muy rico a decir verdad, lo que más destacaba de su cuerpo eran sus grandes pechos, le era difícil ocultarlos.

    Como referencia visual al tipo de cuerpo es parecido a la actriz porno Maggie Green. En ese encuentro tuvimos una pequeña conversación que comenzó con el típico énfasis de lo que había pasado en estos años, comentándome que su esposo estaba trabajando en USA desde hace un tiempo, y que mi ex estaba estudiando allá, y ella si venía algunas veces al país (esto en México) me comentó lo sola que estaba sintiéndose, la consolé diciendo que todo eso era temporal y pronto volverían, una cosa llevó a la otra y me invitó al día siguiente a comer con ella con el pretexto de «No quiero comer sola está semana». Por la presión de quedarle mal a una mujer que siempre me trató bien, acepté.

    El día llegó y me acerqué a su casa para la comida, al recibirme me metió con prisas y mirando a los alrededores, ella vive en un cerro (típico de México al menos) y me parecía extraño ese comportamiento de preocupación, pero imaginé que no quería que los vecinos que me vieran entrar malinterpretaran que yo estuviera entrando en su casa una tarde. Comimos bastante rico, platicamos un rato largo sobre sus experiencias de cuando ella tenía 18, muy diferentes a las mías puesto que ella fue madre muy joven, más interesante de lo que se puede pensar. Oscurecía y por obvias razones debía retirarme, y fue cuando lo dijo:

    – Discúlpame, no te quiero espantar pero una de las razones por las que te invité es porque no quiero pasar sola otra noche está gran casa – dijo con tristeza

    – Y quiere que duerma aquí? – Pregunté

    – Sí, bueno, creo que no fui muy clara, quiero que te quedes conmigo está noche – Respondió con vergüenza, Como hombre joven me imaginé a qué se refería, pero no quería malinterpretar la situación

    – Pues no tengo problema, solo avisaré en mi casa que estoy en casa de un amigo, pero dónde dormiría? – pregunté con curiosidad de su respuesta

    – … Seré más clara, quiero que duermas conmigo, en mi cama… Y hagamos lo que quieras y como quieras – Me dijo lenta pero contundentemente

    – Oh entiendo – respondí con mi Tono de asimilación, no quería arruinar la situación pero pregunté – Y su esposo? No tendrá problema con él si se entera? – Cuestioné temeroso

    – Mi esposo se fue a USA a trabajar porque llevamos tiempo separados, tiempo que llevaba sola con mi hija hasta que también se fue, y tiempo que no me ha tocado ningún hombre, desde que estuviste con mi hija me pareces muy atractivo y amable, y si voy a dejar que un hombre venga y me haga todo tipo de cosas, pues prefiero que seas tú. Además eres joven y me puedes dar lo que otros no – Dijo con tal seguridad que no tuve otra respuesta que no fuera – Pues sí usted quiere – con una sonrisa.

    Comenzamos a besarnos, sus labios y saliva sabían deliciosos, mientras me quitaba la ropa y yo casi le arrancaba la suya, quedamos en ropa interior y estábamos haciendo un pre muy delicioso, le agarraba el trasero y olía sus bubis profundamente, era exquisito el olor que expedían esos melones.

    Después del toqueteo pasó a retirar su brasier revelándolas ante mi, eran hermosas como pocas, apetitosas (Busquen Maggie Green, es lo más cercano que hay a sus tetas) me las abracé mientras ella reía se felicidad, deliciosas, apetitosas y olían exquisito, nada podía superarlo en ese momento… Hasta que bajó a mi miembro y me mostró lo que esa boquita madura sabía hacer, la mamada y la rusa de mi vida, se atragantaba con mi verga de 14 cm y lo aplastaba entre esas grandes tetas, siempre manteniendo la mirada con la mía, sonriendo siempre que podía, sabía lo que hacía, fácil estuvo unos 7 minutos haciéndome eso, el olor de su saliva me excitaba cada vez más, ella le escupía y decía que era su nuevo dueño definitivamente.

    Llegó el momento de la verdad, mi turno de devolverle el favor, había visto videos de como hacerlo así que concentré, usé mi lengua y mis dedos, los introducía mientras lamía su clítoris, sus jugos eran deliciosos, bien dicen que algunas mujeres con como el buen vino, parecía que estaba encantando, al punto que me aventó sus jugos a la cara y boca, tenían un sabor parecido pero más concentrado, era hermoso el momento.

    – Ya! Te quiero a dentro! Ahora! – me dijo con desesperación mientras me besaba y masturbaba, hasta escupía en su mano para lubricar mi amiguito.

    – Deja me pongo el condón – le dije mientras la besaba y trataba de tomarlos pero me detuvo.

    – Te tengo un regalo de 18 años atrasado, conmigo jamás vas a necesitar usar eso, soy tuya y un globito no va a evitar que sientas lo que te pertenece – Dijo mientras me miraba y tomaba mi pene con su mano y lo ponía en posición.

    Comencé a penetrarla poco a poco, luchando por aguantar y darle un round respetable, a pesar de que sus labios vaginales estaban algo arrugados, apretaba como adolescente, era una mujer que me estaba dando la follada de mi vida, comenzamos a hacerlo lento y luego fuerte, gritaba que quería más, que no me detuviera, que esto necesitaba. Hicimos misionero y de perrito, me pidió venirme en su boca y eso hice, podía ver su rostro complacido y con algo de mi leche en ella, se lo bebió, se limpió y dijo:

    – Pasaste la última prueba, me hiciste venir, duraste un buen rato y tu leche y el sabor de tu pene me gustó, así que lo haremos cada que tú quieras – Dijo contenta

    – No me digas que el día termino, si me voy a quedar aquí, no creo que vaya a dormir – Dije sonriendo y esperando que ella me dijera que tampoco quería dormir

    – Bueno, vamos a la siguiente ronda – me dijo mientras limpiaba mi semen de su cara, y fuimos a la cocina, se subió en la mesa, y lo hicimos de nuevo en misionero.

    Al acabar respiré un poco y nos fuimos a la sala y lo hicimos en el sillón a la vaquera, en el suelo de perrito. Luego fuimos al cuarto vacío de su hija, lo hicimos en la cama de varias maneras, en su mueble de misionero y en el suelo alfombrado a la vaquera invertida. Estábamos tan calientes que acabamos en su cochera/patio, haciéndolo también ahí, detrás de su carro y mientras me daba sentones. Terminamos en el baño ya que planeábamos ducharnos para ir a dormir, terminamos haciéndolo ahí también, casi rompemos el escusado, y su ducha casi se queda sin agua caliente.

    – Fue el mejor día de mi vida, nunca había sido tan expresiva con el sexo, elegí un buen dueño – dijo entre risas

    – Sí, ya solo falta que tengas mi nombre en esas tetas para hacerlo oficial – dije en tono de broma, reímos y poco después nos dormimos

    A la mañana siguiente como podía ser de otra manera, volvimos a hacerlo con un delicioso mañanero y una ducha para irme a casa.

    A partir de ahí estuve yendo mínimo 3 veces a la semana a dormir con ella durante unos 7-8 meses, en los cuales incluso me plantee salir con ella oficial y públicamente, pero debido a las críticas que ella podría tener, preferí no exponerla a eso, aun así, fue la pareja más sexual más sumisa que tuve, y a la vez, la de mayor iniciativa, esto me hizo un adicto y desde entonces follo como loco allá por dónde voy.

  • Mi primera penetración

    Mi primera penetración

    Era de noche y traía unos vinos encima, hubo reunión con amigos, y yo me sentía muy caliente.

    Circulando por una avenida se pone rojo, paro, volteo y veo una chica que de lejos se veía muy sexi, dejo auto y voy nos arreglamos en precio y entramos.

    Al verla con luz me di cuenta que era trans, bueno eso lo vi desde el coche, pero lo que me sedujo fueron sus piernas morenas, torneadas, brillosas perfectas, cadera no exagerada, en fin imaginen delgada, pero bien hecha.

    Me siento y ella me baja el cierre sale mi amigo y me da un beso en la boca, yo correspondo e intercambiamos lenguas muy rico.

    Comienza a hacer el trabajo de una manera muy sexy y me veía y luego cerraba los ojos.

    De momento me dice “¿quieres verme desnuda?”. Dije “claro si”, habló de precio y dije si, pero yo quería verla, vestida se veía genial, uf desnuda…

    No me equivoqué era un cuerpo perfecto, bese sus bubis, lamí, chupe y ella gemía muy rico.

    -¿Me quieres coger?

    -Si

    -Te cuesta… No la deje terminar y la volteo y bajo a sus nalgas, redondas lisas brillosas con un olor delicioso y chupo su ano, lamo, mi lengua tenía fiesta, pues exploró esas nalgas deliciosamente.

    La penetro de frente a mi y al bombear veo sus expresiones dignas de una cinta de sexo xxx.

    Al terminar de cogerla me pregunta “¿y a ti ya te han penetrado?”

    -No -con firmeza respondí, me abraza y me besa riquísimo y me da vuelta, ahí pensé hijole sigo!

    Pero no dije nada ella se puso delante mío y pregunto, “¿te gusta?” Refiriéndose a su pene, dije si, y en eso lo pone en mi boca me dice “chupala”, dije “¿como?”. “No sé, solo abre y haz presión con los labios, no dientes porque lastiman”.

    Y lo hice, 2 veces empujó y sentí devolver, pero al final ella cerró los ojos y suspiro.

    Se acuesta encima mío y pone su miembro en la entrada de mi ano, le dije “por favor despacio”, y empujó, al entrar su cabeza sentí un dolor terrible, ella paro estuvo quieta, y al decirle no sácalo, empujó y entro el resto, dolió pero fue soportable, luego bombeo y termino.

    La abracé y le dije “te volveré a ver”.

    Laura estuvo conmigo otras 3 veces más, fue linda conmigo y le agradezco mucho su educación.

    No hubo cuarta vez, ella dejo de ir a ese lugar y nunca más la volví a ver.

    Gracias por leer.

  • Educando a las caseras (I)

    Educando a las caseras (I)

    Hola, antes que nada, decir que uso esta categoría ya que mi idea es que dure muchos capítulos. Estoy intentando probar cosas nuevas y usar diferentes estilos de escritura, cualquier sugerencia es bienvenida en mi correo. Poco más que decir, espero que os guste.

    Knock knock knock

    Ya estaba otra vez Rubén llamando a la puerta de enfrente.

    –Tío, eres muy pesado.

    –No soy pesado, solo soy una persona que está intentando concentrarse en su casa, pero sus vecinas no dejan de hacer ruido. Solo pido que bajéis la tele un poco.

    –Mira, has venido hace media hora, nos has pedido lo mismo, la hemos bajado y ahora estás de nuevo aquí.

    –No creo que la hayas bajado.

    –Déjame en paz anda. – Una mano se interpuso en el umbral de la puerta, para que no se pueda cerrar. – ¿Se puede saber qué haces?

    –No quiero volver a venir.

    –Te voy a decir una cosa, recuerda que antes que tus vecinas, somos tus caseras, así que, si no quieres que en menos de una hora estés de patitas en la calle, te recomiendo que no me toques más el coño.

    La puerta se cerró en las narices de Rubén, que maldecía frente a la madera. Dichoso el día que decidió mudarse del centro de la ciudad a un barrio más pequeño, solo para alejarse de los ruidos frecuentes de los coches y las personas. Lo que no iba a saber es que al mudarse a un sitio tranquilo, iba a encontrarse con que sus caseras vivían enfrente y no es que fuesen muy silenciosas.

    Rubén dio media vuelta para entrar en su casa y cerrar la puerta con un portazo, no soportaba los ruidos, principalmente porque él era una persona tranquila, reservada. A sus 28 años llevaba fuera de casa diez años, ya se había acostumbrado a su forma de vida, hasta que en un momento de crisis, su empresa decidió prescindir de él y despedirle. Decidió cambiarse de ciudad y empezar de cero, saliendo de su zona de confort.

    Físicamente era una persona promedio: 1,80 m, pelo corto, moreno, con los ojos marrones. Iba al gimnasio, no para ponerse como un armario, sino para mantenerse en forma. Por ello, tenía músculos, pero no estaban definidos ni tonificados.

    Antes tenía la casa para ir a dormir únicamente, pero desde que fue despedido, pasaba más tiempo del que le gustaría entre esas paredes.

    Se tiró en el sofá a ver una serie de Netflix, mientras escuchaba perfectamente lo que veían sus vecinas. Dos gemelas insoportables de 27 años que tenían dinero por ser hijas de papá y creídas a más no poder. Por lo que Rubén sabía, siempre han estado juntas y decidieron montar su negocio en este barrio, obviamente financiado por su padre, una pequeña tienda de zapatos. Compraron dos pisos, uno enfrente del otro, uno para cada una, pero al tiempo empezaron a alquilar uno de ellos para así llevarse un dinero extra.

    Knock knock knock

    ¿Quién llama ahora? Pensó Rubén mientras se dirigía a la puerta. Abrió y se encontró a una chica justo enfrente. Más bajita que él, pelo moreno liso sobre los hombros, con unos ojos color café, labios finos y una nariz respingona. Iba con una camiseta ajustada y sin sujetador a juzgar por la marca de sus pezones. Una de las vecinas.

    Fue a abrir la boca para preguntar qué quería cuando recibió un bofetón que le cruzó la cara.

    –Ni se te ocurra volver a quejarte del ruido, ¿me entiendes?

    –Pero a ti qué te pasa.

    –Si no te gusta, te vas. Pero tanto Marta como yo estamos cansadas de tus quejas.

    No dijo nada más y se fue dirección a su casa, dejándole plantado con la mano en la mejilla. Era el colmo, pero quién se creían para poder pegar a la gente y salir indemne. La mente de Rubén iba muy rápido, si antes su prioridad era encontrar trabajo, ahora era vengarse de esas dos arpías.

    ********************

    Debido a su trabajo, tenía bastantes conocimientos sobre redes informáticas, dispositivos, aplicaciones… todo. Estudió ingeniería informática por ser una carrera que tenía salidas, para luego acabar así. En su trabajo se dedicaba a arreglar todos los problemas informáticos además de la ciberseguridad. En ningún momento se le pasó por la cabeza utilizar sus conocimientos de “hacker” para su propio beneficio fuera de la empresa. Pero eso fue cuando tenía trabajo, un sueldo estable y unos caseros majos, tranquilos y agradables.

    No se volvió a encontrar en varios días a ninguna de las dos. Empezó a controlar sus horarios y saber a qué hora se iban a trabajar, al gimnasio o quedaban con las amigas. Parejas no tenían, o al menos no se los llevaban a casa. Al tener la tienda entre las dos, se turnaban entre mañana y tarde. Entonces, cuando una estaba en casa, la otra estaba en la tienda.

    La ventaja de ser su inquilino es que ya poseía los números de teléfono y correos de las dos. Escogió el número de Marta y con un móvil distinto al suyo, le mandó un SMS y un correo electrónico típico de que su cuenta del banco iba a ser bloqueada, con el fin de que pinchase en el enlace de abajo y así tener todo acceso a su teléfono móvil. Es una forma muy fácil para los hackers de conseguir tus datos y lo que quieran.

    A la noche fue a comprobar si Marta había pinchado en el enlace con la sorpresa de que sí. Ahora tenía total acceso a ese dispositivo, sin que ella se enterase, podía controlar los mensajes, las fotos, notas, correo, cámara…

    Revisando sus fotos encontró varias en las que aparecía ella desnuda o en posiciones muy sugerentes. Estuvo varios minutos admirando esas fotos, y con más de una se masturbó hasta correrse. Como imaginaba, no tenían un cuerpo de escándalo, pero sabían cómo sacar el lado seductor. Tenían unas tetas un poco pequeñas para su gusto, pero con unos pezones duros junto con un culo respingón.

    A los días ya tenía bastante información sobre Marta, desde fotos y mensajes hasta contactos con los que podría interactuar, pero nada de eso era demasiado fuerte como para darle una lección. Lo que le sorprendió a Rubén era ver que tenía una tendencia sumisa en las relaciones y algunos mensajes que mantenía con sus novios. – ¿A quién no le gusta tener a una persona sumisa a tu disposición? – Pensaba cada vez que veía una foto de ella desnuda.

    Se conocía de memoria su habitación, en cuanto tuvo acceso al móvil, activó la cámara y almacenó todas las grabaciones en un servidor privado que se creó. Pero a pesar de tener bastante información e imágenes, no conseguía nada que de verdad hiciese que su casera se amedrentase. Sabía que le tenían las dos un amor incondicional a su padre y que era recíproco, así que podría ir por ahí.

    Fue a la semana cuando consiguió algo por donde tirar. Era por la tarde, unos minutos antes de que Marta cerrase la tienda. En el momento entraron tres personas, dos chicos y una chica, se pusieron a hablar mientras que los visitantes pasaban detrás del mostrador, lo que le hizo pensar a Rubén que se conocían.

    –¿No era mañana? – Dijo Marta.

    –Sí, pero hemos decidido venir hoy. No creo que por un día la cosa cambie.

    –Bueno, aún no tengo todo. Pero no os preocupéis, mañana lo tengo.

    –Ya, pero hemos venido hoy, y lo queremos ahora.

    –Pero el trato era hasta mañana, por favor. Mañana lo tendré todo.

    –Acuérdate de que con nosotros no se juega, como mañana no lo tengas te juro que te romperé ese culo virgen que llevas.

    Lo malo en ese momento es que Rubén sólo podía escuchar, ya que el móvil de Marta se encontraba en su bolsillo.

    –Bueno, bueno, tampoco nos precipitemos. Hoy hemos venido principalmente para ver cómo ibas y si lo tenías todo. Por cierto, que tacones más chulos. – Dijo la chica.

    –Llévatelos, son tuyos. – Dijo Marta.

    –Ayy, gracias, qué considerada por tu parte, pero esto no baja la deuda. En fin, nos vamos, mañana volveremos y procura tenerlo todo. Estos me los puedo llevar también, ¿no?

    –Eh sí, sí.

    –Perfecto, hasta mañana.

    Sonó la puerta de la tienda lo que le dio a pensar a Rubén de que ya se habían ido. No sabía dónde estaba metida su vecina, pero tenía claro que usaría eso para acabar con ella y hacerla suya. Sus objetivos cambiaron en cuanto vio las fotos, antes solo quería darle una lección, pero después tener total acceso a su vida, quería hacerla suya, follarla, poseerla, humillarla…

    *******************

    No esperó ni un día y en cuanto supo que estaba en casa, se dirigió a su puerta. Ya tenía todo preparado, solo faltaba el plato estrella, Marta. Esta vez abrió su hermana Noelia, la que le soltó el bofetón.

    –¿Qué quieres?

    –Está tu hermana, ¿no? Tengo que hablar con ella.

    –¿Con mi hermana?

    –Sí.

    Ante el grito de “¡¡Martaa está aquí el pesado!!”, Noelia se fue y al segundo vino su hermana. Si no llega a ser porque Marta usa gafas y Noelia no, no se les distinguiría. En cuanto ella vio a Rubén puso cara de asco.

    –¿Me acompañas un momento a casa? El grifo de la ducha gotea.

    –Pues te lo vas a arreglar tu solito. – Decía mientras entraba en casa.

    –Eres mi casera, se supone que cualquier desperfecto. Pero bueno, ahora que estamos solos, lo que quiero es que me la chupes.

    En cuanto escuchó eso, Marta se dio la vuelta y arremetió contra Rubén, dándole un bofetón que le dejó la mano marcada. Se quedó mirándola y lo volvió a repetir, por lo que recibió otro tortazo en la otra mejilla.

    –¿Pero tu eres tonto o qué te pasa?

    –Para nada soy tonto. Dime una cosa, ¿qué es lo que tienes que entregar mañana?

    La cara de Marta tuvo que ser un poema por la carcajada que soltó Rubén. Estaba blanca, pálida, como si le hubiesen dicho que se acababa de morir su padre.

    –¿Cómo sabes eso?

    –Contéstame.

    –¡Cómo sabes eso!

    –Será mejor que no grites, no querrás que tu hermana se entere de que tienes cuentas pendientes con alguien, además de que dejas que roben en la tienda contigo delante.

    –Como se lo digas, te echo de casa.

    –No se lo voy a decir porque antes prefiero daros una lección. Aparte, no me vas a echar de casa en ningún caso, ya que no quieres que tu hermana y tu padre se enteren de que tienes que pagar una deuda, además de ver todas las fotos y conversaciones subidas de tono que tienes con la gente, a lo mejor a tu hermana le da igual, pero no sé yo como va a reaccionar tu padre.

    –No, no, a mi padre no. – Fue hablar de su padre y cambiar toda la actitud altanera que tenía.

    –Entonces dime en qué estás metida.

    –Hace tiempo estaba metida en el mundo de las drogas, ahí conoces a gente mala y acabé debiendo a gente dinero y hasta que no se lo devuelva no me van a dejar en paz.

    –Y te follan el culo.

    –Eso es algo que siempre dicen y nunca hacen, pero claro, la fecha límite es mañana así que no sé que pasará, porque no tengo ahora mismo 1000 euros para darles.

    –Vale, ahora arrodíllate y chúpamela.

    –Que no voy a hacer eso. – Volvió la actitud arrogante de siempre.

    –Vale, pues vete, pero entonces no vas a conseguir el dinero.

    –¿Tú estarías dispuesto a dármelo?

    –Tenerlos, los tengo, y a ver si te los doy, la deuda la tendrás conmigo después. No te preocupes que a mí no me tienes que devolver dinero, solo hacer lo que yo diga.

    –Vale, dame el dinero.

    –No, no, bonita, primero me obedeces.

    Otro bofetón le cayó a Rubén en la cara. – No me llames bonita. – Dijo Marta muy segura de sí misma. Sin tiempo a reaccionar, él le agarró los hombros y empujó hacia el suelo, haciéndola arrodillar.

    –Como me vuelvas a pegar no vas a recibir una mierda, te follarán el culo mañana y además me encargaré de entregar personalmente estas fotos a tu padre. – Encendió la tele y en ella aparecían todas las fotos de Marta desnuda, mostrando una por una.

    –Como has conseguido eso.

    –Ya te enterarás, ahora desnúdate antes de chupármela.

    Con una mirada de odio profundo llevó sus manos al borde de la camiseta para quitársela. No llevaba sujetador, así que mostró sus tetas. Ahora en persona se veían un poco más grandes que en las fotos.

    –Todo. – Dijo al ver que no seguía. Marta se levantó y llevo sus manos al pantalón, de un tirón hacia abajo, cayó hasta los tobillos, dejando unas bragas lisas de color negro. Apartó el pantalón con los pies y dudó un instante antes de bajar sus bragas, pero un bofetón de Rubén le hizo reaccionar. Igual que el pantalón, las bragas cayeron al suelo mostrando un coño totalmente depilado. – Date la vuelta.

    La mirada de odio no se iba de la cara de Marta, pero obedecía. Se dio la vuelta para que Rubén pudiese ver su culo. Sin pedírselo se inclinó un poco hacia delante y abrió las piernas para que tuviese una perfecta visión sobre su entrepierna.

    –Muy bien, ahora vamos al baño que lo de la ducha no era mentira.

    Fue a recoger la ropa pero un azote se lo impidió, entendió que debía ir desnuda y delante de él, para que pudiese contemplar sus nalgas.

    –A ver, qué le pasa. – Dijo Marta como si nada.

    –Pues que gotea, ya te lo he dicho, llama al seguro o me lo cambias, lo que tú quieras. Asómate.

    Se asomó a la ducha y en cuanto se agachó un poco, sintió una mano en su coño. No quería admitirlo pero estaba cachonda, y el coño no engañaba.

    –Vaya, vaya. Parece que el grifo no es lo único que gotea.

    –Por favor, vamos a acabar con esto de una vez y nos olvidamos.

    –No no, de esto te va a costar salir un tiempo bonita. – En cuanto escuchó la palabra, le entró una furia que la hizo ponerse roja, pero se contuvo de pegarle.

    –Cuánto tiempo. – Dijo.

    –No lo sé, pero bastante. Dóblate por la cintura y enséñame el culo.

    –No.

    Rubén no dijo nada, mantenía una mano en el coño de Marta, acariciándolo. Con la otra, de un movimiento rápido azotó sus tetas, provocando que soltase un gritito. Lo que él percibió es que con cada golpe, su coño chorreaba más.

    –Sé que me odias, y me vas a odiar más por esto. Pero yo también sé que eres una zorra que le gusta este trato, aunque quieras matar a la persona que te trata así. Así que si no quieres que no tiremos toda la noche y que te duela todo el cuerpo, enséñame el culo.

    –Has acertado en lo de que te odio, ten cuidado por las noches, no querrás que te mate mientras duermes. – Dijo mientras obedecía, se dobló por la cintura y con las manos en sus nalgas, las separó hasta enseñar su ano. Un agujero muy pequeño que parecía que nunca había sido follado.

    Un dedo se dirigió ahí, en el momento que lo tocó. Marta se apartó de un salto.

    –Por favor, soy virgen del culo, dejo que me folles el coño, pero el culo no.

    –Ya te enterarás de que haré lo que me da la gana, pero bueno, por ser hoy te lo voy a dejar pasar, decidir no decides, te voy a educar para que seas una sumisa de verdad. ¿Nunca nadie te ha dado por culo?

    –Nunca me he dejado, no me gusta y cuando lo he intentado me dolía. Por eso, cualquier cosa menos el culo.

    –De rodillas ahora mismo perra.

    –No soy una perra. – Dijo con la mirada de odio típica en ella. Desafiante y desnuda como estaba, acabó posando las rodillas en el frío suelo del baño.

    –Bueno eso ya lo veremos. Ahora chúpamela, de esto depende que te deje el dinero o no.

    –Con cada palabra que dices, te odio más. Eres un pervertido y abusador.

    Después de esas palabras, agarró mi polla y se la metió en la boca. La introdujo entera, hasta posar sus labios en mis huevos, para sacarla acompañada de un hilo de babas. Comenzó a besarla, acariciarla, se la volvió a tragar y la lamió entera como si fuese una piruleta.

    Al minuto, Rubén ya estaba con los ojos en blanco, esa perra le estaba haciendo una de las mejores mamadas que ha recibido en su vida. Agarró su pelo y comenzó a controlar él el ritmo mientras escuchaba algunos gemidos de Marta. Como pudo, se las apañó para dirigir una mano a su entrepierna, estaba completamente mojada, chorreando. Marta decía unas cosas, pero luego su cuerpo demostraba otras, efectivamente se ponía muy cachonda con este trato.

    –Uff, uff. Aguanta, no la saques que me corro.

    No dejó tiempo a nada y una carga de semen, acabó en la garganta de Marta. Estaba a punto de quedarse sin respiración, completamente roja y los ojos llorosos. En cuanto Rubén sacó su polla limpia de cualquier rastro de semen que hubiese, vio que ella estaba tumbada en el suelo, tocándose y gimiendo a punto de correrse.

    –No, no, no, aquí me corro yo, tú de momento no. – Dijo Rubén agarrando su pelo y levantándola.

    –Pero, yo no he acabado.

    –Me da igual, ahora vete. Y como te toques en tu casa verás. Que me entero de todo.

    –¿Y el dinero?

    –Mañana te lo doy, antes de que vayas a la tienda, vienes a casa y te lo ganas de nuevo.

    –Eres un gilipollas, te odio.

    Salió del baño dirección al salón a coger su ropa, excepto las bragas que ya no estaban. –Las bragas se quedan aquí de recuerdo. –Dijo Rubén con ellas en la mano. En ningún momento hubo una queja por parte de ella, solo se puso la camiseta y pantalón y se dirigió a la puerta.

    –Antes de que te vayas, estate atenta al móvil porque cuando te escriba tendrás que contestarme. Harás lo que yo diga aunque no esté delante, y creo que te ha quedado claro que sabré cuando mientes o no.

    –Vale.

    –Y ni se te ocurra volver a pegarme. Mañana quiero que estés aquí dos horas antes de que entres a trabajar.

    –Vale, ¿algo más?

    –Sí, baja la tele.

    Al escuchar esto último, Marta con un bufido se dio media vuelta y abandonó la casa bajo las risas de Rubén.

    Continuará…

    Como siempre digo, espero que os haya gustado, ya sabéis que cualquier cosa que queráis comentar, podéis escribirme al correo [email protected].

  • Mamadas en el estacionamiento del supermercado

    Mamadas en el estacionamiento del supermercado

    Antes de comenzar con la historia me gustaría presentarme, soy un chico de 19 años, moreno, bastante peludo y de 1,71cm.

    La historia comienza cuando estaba caliente por una mamada, y estuve paseándome por algunos baños de la ciudad buscando algo de diversión que nunca llegó. Tuve muchas conversaciones cortas con chicos en páginas de citas, pero con ninguno llegué a concretar, en ese momento ya me estaba haciendo a la idea de irme a mi casa para hacerme una paja, hasta que me llegó un mensaje de un hombre que estaba cerca.

    -Wena andai cerca, te tinca hacer algo?

    -Dema que si po, pero tienes lugar?

    -Tengo el auto estacionado en el super que está cerca, igual son piolas

    -Yapu, te apaño

    -Espérame en la entrada del estacionamiento

    -Buena

    En ese momento comencé a caminar hasta la entrada del supermercado, mientras veía el perfil del hombre. Tenía 31 años, blanco y se le miraba un pecho bastante peludo, como me gustan. Cuando llegué le avisé y me dijo que lo esperaba unos minutos, en esos minutos comencé a ponerme algo nervioso e la situación, pero mi calentura adolescente me ganó.

    Después de varios minutos el hombre llegó, un poco más alto que yo, blanco y de barba. Nos saludamos y entramos al estacionamiento, me señaló cual era su auto y entré al asiento del copiloto. Su auto estaba casi a la entrada, por lo que nos movimos hasta el fondo. Cuando nos llegamos nos cambiamos a los asientos de atrás.

    -Ponte cómodo nomás

    En ese momento comenzó a tocarme sobre el short corto que llevaba, mientras que con su otra mano subió mi polera para comenzar a chupar mis pezones que estaban duros de la excitación, pasó su mano por debajo y comenzó a masajearme las bolas, yo me sentía en el cielo. Levanté mis caderas y el bajó totalmente el short con mis boxers y empezó a comerse todo mi pene que se iba endureciendo de a poco.

    -La chupas muy bien weon, me está encantando

    El solo se dedicaba a seguir chupando, parecía que hubiera nacido para eso. A su vez, su dedo se fue abriendo paso por mi culo, hasta que llegó a mi entrada y me masajeó mi ano mientras no paraba de comerse mi pene, Yo solo atinaba a echar mi cabeza hacía atrás y ver estrellas. Después de un rato paró y se desabrochó el pantalón y dejó ver su pene, mas grande y peludo que el mío.

    -Querí probarlo?

    No dudé ningún segundo y me metí ese pene a la boca, comenzaba por su enorme cabeza y me hacía paso a todo su tronco. El empujaba mi cabeza mas al fondo y inundaba toda mi garganta con su mástil hasta llegar a sentir sus pelos en mi nariz. Seguí con ese movimiento unos minutos mas, mientras saboreaba y sacaba todo el sabor a su pene.

    -Lo haces muy bien weon, me encanta

    Lo masturbaba mientras chupaba la punta de su pene y pareciía estarle gustando, cosa que me encantaba. Paré y comenzamos a masturbarnos, después se puso sobre mi y juntó nuestros penes para hacer una paja doble, sentir esa fricción y calor era lo mejor del mundo.

    -Voy a acabar

    Yo lo incité a que lo hiciera y tiro todo su semen sobre mi pene y pelvis, el cual ocupé como lubricante para pajearme y terminar acabando mientras me dedeaba el culo.

    Me dio papel para limpiarme y me dejó en la entrada del estacionamiento. Me fui a casa satisfecho.

  • El joven y la dama

    El joven y la dama

    Entre a un nuevo trabajo, siempre me conversaban de una tal Rosa, que era buena para el carrete, que gustaba de las fiestas, etc.

    Sin embargo yo no la conocía porque ella estaba fuera del trabajo por permiso médico, hasta que llegó el día en que retornó, nos presentamos, yo siempre muy cordial, muy caballeroso, pero con aquella sensación de que algún día iba a estar dentro de ella, nunca demostré nada, pero siempre tuve la curiosidad de que pasaría si pudiera poner en práctica todas las formas de amar que he ido adquiriendo por los años, fantaseaba mucho con poder hacerle de todo, que ella no tenga que mover ningún pelo, quería descubrir cual era el olor de su piel, cómo era la textura de sus pechos, realmente quería entrar en ella, tocar sus pies, lamer su entrepierna y pasar mi lengua por su ano.

    Todo esto pasaba por mi mente, por la parte de ella, se notaban las miradas, yo creo que por los comentarios que podrían hacer las otras «señoras» del trabajo siempre intentó que pasaran desapercibidas, haciéndome preguntas por temas de pega de manera desinteresada, pero acercándose lo suficiente para que aquella electricidad que hace que el corazón latiera con fuerza, que hace que tú sangre fluya y que por la anatomía, el pene se enanche a tal punto de llegar a una erección tímida pero que con el mínimo de estímulo llegue a su máximo vigor en fin…

    Los días pasaron hasta que empezamos a salir, obviamente acompañados de otros compañeros de trabajo en juntas separadas semana por medio, como es de costumbre, el alcohol, el cigarrillo y las risas, eran parte del ambiente que formaban aquellas salidas, era típico que los compañeros de trabajo iban desapareciendo uno a uno, como Rosa era de «tiro largo» y yo con mi juventud ni me preocupaba de la hora, nos quedábamos cerveza tras cerveza en el X bar, hablando de quizás que cosa.

    En eso llegaron amigos de ella, nos dijeron que tenían un departamento cerca, seguimos con las cervezas, pero en una ida al baño yo tenía ese presentimiento de que ella también iba a ir, por lo que esperé en el pasillo que separaba ambos baños, en cuanto apareció, la miré a los ojos, la seguí con la mirada hasta la puerta del baño, cuando entró, se detuvo en la puerta e hicimos contacto visual sostenidos por 3 segundos, esos segundos que se hacen eternos, ella entró cerró la puerta y yo miraba la puerta como cual león espera a su presa, cuando ella salió, las intenciones de ambos eran claras.

    Nos acercamos y nos comimos la boca a besos como si tuviéramos 18 años, ella gemía solo por mis besos, en mi vida había pensado que yo podía hacer eso, me sentía tan poderoso que solo quería besarla más y más, en ese momento nos acordamos de que sus amigos aún estaban en la mesa e intentamos bajar las revoluciones, ella peinándose con los dedos y yo quitándome de manera apresurada el labial con el brazo, acomodando la erección en la pierna para que no se notara.

    Las cervezas no pararon y ni me acuerdo de la forma mágica en que nos teletransportamos a aquel baño del departamento de los amigos, en donde realmente pude sentir todo de ella, todo lo que había pensado en hacerle lo hice y aun así dando espacio para la creatividad, si hasta arriba del lava manos e inclusive en el suelo del baño la hice mía.

    Los encuentros fueron varios, nos comíamos en cuanto lográbamos arrancarnos del grupo, siempre como una pasión «escondida» del resto, todos lo sabían, pero para nosotros era mucho más excitante pensar que lo hacíamos a escondidas, aunque si bien es cierto que los baños eran nuestras alcobas y que esos pequeños espacios hacían que pudiera ambos nos sintiéramos más vivos que nunca.

  • La cantante (parte 1)

    La cantante (parte 1)

    Conocí a Roxana hace cinco años atrás, la vi, mejor decir porque en ese momento apenas si cambié unas palabras con ella.

    Estábamos en un crucero con mi esposa de esa época, mi ex actual. Esas vacaciones inútiles que hace una pareja con más de veinte años de matrimonio para revivir algo que ya está muerto desde hace tiempo.

    Ya habíamos cenado, estábamos bebiendo una copa en el piano bar, yo había visto un piano de cola pero no le presté mucha atención, no soy un melómano precisamente.

    Comencé a escuchar una canción en inglés, pero en realidad ya digo que no le prestaba atención.

    –¿Te has fijado que guapa es la cantante? –dijo mi esposa

    –¿Si? –dije, me di vuelta para evitar discusiones, porque hasta que no miraba algo que me señalaba, no me dejaba en paz.

    Y entonces la vi. Cantaba con los ojos cerrados con el micrófono en la mano, de pie frente al piano.

    Era una chica alta de 1,70 o más, con el cabello oscuro, muy largo, hasta la cintura, morena de piel.

    Y entonces abrió los ojos, por dios que ojos, eran espectaculares, grandes y oscuros con unas largas pestañas, como de princesa árabe, pues tenía unas cejas densas, delicadas pero maravillosamente densas.

    El ovalo de su cara era perfecto, tal vez con el mentón un poco retraído y una boca contundente y de labios carnosos, la nariz recta y fina.

    Pero en ese rostro lo que dominaban eran los ojos, que en gran parte del tiempo los tenía cerrados, pero al abrirlos, generalmente cuando daba una nota más aguda, producía una sensación de inmensidad inmediata. Cada vez que abría los ojos, sentía yo una punzada en el estómago.

    Y por supuesto esa boca, que por el hecho de estar cantando dejaba ver parte de los blancos y fuertes dientes, la lengua rosada y pequeña.

    Y su cuerpo era algo increíble, llevaba un vestido, negro, sin nada especial, el clásico vestido que usa una cantante como ropa de trabajo. Se adivinaban unos pechos exagerados y llenos, la cintura pequeña, unas caderas poderosas. El vestido era largo con una abertura que por momentos dejaba ver una pierna morena y estilizada, recuerdo que me llamó la atención las finas pulseras en su brazo moreno y una pulsera en el tobillo, un poco más gruesa y que parecía ser de oro, usaba zapatos de tacón, también negros.

    –¿Es guapa no? –dijo mi esposa.

    Poe dios, no podía dejar de mirarla, darme vuelta finalmente para encararme con mi esposa fue una verdadera tortura.

    –Si, guapísima –dije

    –Siéntate a mi lado, así la puedes ver bien –dijo ella.

    Le agradecí, por dentro, ese gesto a Isabel, fue un hermoso gesto de su parte. Aunque unos meses más tarde en pleno divorcio, ya no era tan amable.

    Demás está decir que esos diez días del crucero estuve pendiente de esa cantante, pude averiguar que se llamaba Roxana Abraham y era argentina y el pianista, un chico rubio y delgado de aspecto triste y torvo, era su pareja.

    Al día siguiente estábamos en la piscina y fue otra vez mi esposa quien me alertó.

    –Mira, ahí viene la cantante –dijo

    Fue girar la cabeza y el universo entero estalló.

    Llevaba un bikini blanco de tipo brasileño es decir la parte de abajo era un tanga diminuto metido en su increíble culo. Comprobé lo que me había parecido durante la noche, sus pechos eran exagerados, llenos, opulentos, lamenté que no estuviese permitido hacer topless en el barco.

    Sus piernas eran morenas y musculadas y en el tobillo llevaba esa pulsera de oro que había llamado mi atención.

    Por desgracia llevaba anteojos de sol que ocultaban sus ojos oscuros.

    –Es bellísima esta niña –dijo mi esposa

    –Si, es verdad –dije como si apenas lo hubiese notado

    –Pensaba que la tripulación no podía acceder a la piscina –dijo Isabel

    –Debe tener un trato especial –dije yo

    Las pocas veces que se levantó de la tumbona, mi corazón comenzaba a dar brincos, su vientre liso, exquisito, sus hombros morenos, su pequeña barbilla, sus pómulos.

    Su culo era algo de otro mundo, liso, impoluto, dos globos carnosos divididos por una fina tira de tela blanca.

    Solo una vez hable con ella, yo estaba en la barra, ella acababa de cantar, se acercó como con cierto fastidio, mis ojos se perdían en su escote, el vestido era rojo esta vez

    –Cantas muy bonito –le dije

    –Gracias–dijo ella con una sonrisa de compromiso que despareció de su rostro en cuanto se dio la vuelta

    Debo confesarlo, yo en ese entonces tenía cuarenta años, era padre de dos hijos adolescentes, soy universitario, ejecutivo de una gran empresa, un tío normal con gustos normales pero esos diez días del crucero, me hice al menos dos pajas diarias pensando en esa chica, me masturbaba con su imagen incluso los pocos días que follábamos con mi esposa. Por supuesto pensaba en Roxana mientras follábamos con Isabel, estaba obsesionado con esta chica.

    Me parecía tan exótica como una princesa de oriente, tan sensual, exuberante y delicada al mismo tiempo y hasta busqué videos suyos cantando en YouTube.

    Había algunos videos cantando en los cruceros y eran bastante antiguos, seis o siete años. Deduje que hacía bastante que estaba dedicándose a lo mismo.

    Su Instagram fue una desilusión, muy pocas fotos rescatables, parecía que no daba bola a las redes.

    Me divorcié, otras cosas ocuparon mi mete, vino la pandemia, la cuarentena, de vez en cuando me acordaba de ella y pasaba por su Instagram, casi nada de nuevo.

    Hará unos diez días atrás, habían venido unos Ceos de la sucursal de Barcelona, fuimos a beber algo al bar de un gran hotel, era un último piso de una torre de la Castellana, tenía unas vistas increíbles de la ciudad.

    Había un piano, fue escuchar su voz, cantando en inglés y mi mente se nubló.

    Era ella, estaba igual de exquisita que hacía cinco años atrás, su largo pelo, uno de esos vestidos de noche que ella llenaba con su cuerpazo increíble.

    Esto era un viernes por la noche. Éramos cuatro o cinco tíos de la misma edad, cincuentones la mayoría, entre ellos estaba Jordi, un tío golfo y bastante graciosillo, que me hacía reír en general con sus ocurrencias.

    El ambiente era exclusivo, relajado se podría decir, la música de piano y voz acompañaba perfectamente.

    Noté que el pianista era otro, un chico moreno de aire ausente.

    Pronto el comentario fue lo buena que estaba la cantante

    –Vaya globos –dijo Jordi quien estaba sentado a mi lado

    –Yo la conozco, cantaba en un crucero que hicimos con mi esposa

    –Oye ¿por qué no la invitas a nuestra mesa?

    –No, en realidad apenas he cambiado palabra con ella

    –Joder que boquita, a esta me la follo yo por mis cojones –dijo Jordi

    Era un tío de 56 años, con una gran barriga y si no calvo, tenía unos pocos pelos canosos y engominados a ambos lados de la cabeza, su piel sebosa, su cara con verrugas, grandes ojeras bajo los ojos.

    Debía estar loco para pensar en ligar con ella.

    –Se llama Roxana –dije como en un sueño

    –Vaya nombre de puta –dijo Jordi

    Me informé por un camarero que ella cantaba allí de jueves a domingo.

    La noche pasó, yo no podía despegar mis ojos de ella.

    Cuando hacían un descanso y ella se acercaba a la barra para conversar con el barman, estaba tentado de acercarme, pero me daba corte con todos estos buitres a mí alrededor.

    El sábado tenía compromiso con una de mis hijas y el domingo estuve pensando en ir, pero no suelo salir los domingos.

    Ahora sabía dónde podía encontrarla, recordé cada detalle de su cuerpo, esa larga pierna morena que asomaba por la abertura lateral del vestido, con su pulsera de oro en el tobillo.

    El jueves estaba allí, en mi puesto como un soldado, había ido solo, incluso antes de que el show comenzara, nunca me ha gustado especialmente la música, es decir, alguna cancioncilla allá y aquí, pero no tenía una banda o cantante favorita.

    Pedí un Old fashsioned y estaba ansioso como un adolescente.

    Ella apareció de la nada, llevaba ahora un vestido blanco, con una falda tubo, joder, contrastaba con su piel morena de una manera tremenda, que brutal estaba esta tía, no recordaba que ninguna mujer me hubiese puesto así.

    Comenzó a cantar, la mayoría de las canciones en inglés, también algún bolero, ella decía unos tímidos gracias, luego de los indiferentes aplausos.

    Esos ojos de ella, eran algo que no se podía explicar, el movimiento de sus manos, sus largos dedos morenos al cantar, yo estaba fascinado como hacía cinco años atrás o más, estaba completamente pillado por ella, antes de hablar una palabra.

    Luego de cuarenta y cinco minutos, hicieron un pequeño descanso y ella se acercó a la barra, reuní coraje como pude y me encomendé a dios.

    Debo decir que soy un hombre alto, que me cuido bastante, que no soy mal parecido y que desde mi divorcio, había ligado con muchas tías, incluidas un par de noviazgos con mujeres de mi edad o unos pocos años menores. Calcule que esta niña andaría por los treinta o treinta y pocos.

    –Perdona, quiero felicitarte, cantas muy bonito –dije

    –Gracias –dijo ella con una sonrisa en automático, sentada en un taburete de la barra.

    –Ya te había escuchado en el crucero tal y tal… con mi esposa.

    –Ah, mirá hace un tiempo ya, que no canto en cruceros –su voz era ligeramente nasal y con un acento que no me sonaba del todo argentino

    Ver esos ojos de cerca me producía como un mareo y tener ten cerca de mí esas tetazas, esa piel morena tan tersa, con pequeñas venas azules, era algo difícil de manejar, pero seguí adelante.

    –En ese crucero estabais con otro pianista, un chico rubio

    –Si, Matias, pero ya no estamos juntos –dijo, con un tono de tristeza

    Me alegré por dentro, si era su pareja, quería decir que ya no estaban juntos.

    –¿Y ya no vuelves a los cruceros? Por cierto mi nombre es Javier –dije tendiendo la mano

    Ella tendió su mano por compromiso, al sentir ese tacto cálido y suave tuve una erección, así de sencillo.

    –Roxana, encantada, no… fueron muchos años… doce años estuve cantando en cruceros

    –¿Si? ¿Pero qué edad tienes tú?–comprendí que me había precipitado, pero estaba ansioso quería saber todo de ella

    –Treinta y seis tengo… una vieja.

    –Pero que dices criatura… yo te daba menos todavía.

    –Bueno… gracias –dijo ella, alisándose el pelazo, largo hasta la cintura

    El pianista se acercó a ella, le dijo algo. Ella se dio la vuelta

    –Permiso eh, un gusto –dijo y se fue con él

    –Que guapa es ¿No? –dijo el barman cuando se alejaba, su culazo enfundado en ese vestido ceñido era bestial.

    –Ya te digo que si –dije yo para mis adentros

    –Y maja además –remató el barman

    Y ya escucharle decir eso me puso un poco celoso.

    Luego escuché como si fuera un niño, esos cuarenta y cinco minutos siguientes de música.

    Estaba embobado, prendado, completamente pillado por ella y lo poco que habíamos conversado me daba la sensación de una tía normal y simpática, no una diva vanidosa.

    Miraba yo su largo cuello moreno, las pulseras abundantes sobre su brazo, sus tetones exagerados, sus piernas, sus curvas descomunales, era demasiado.

    El show concluyó, ella se quedó luego a un costado del piano con su bolso y un abrigo en la mano.

    Me acerqué con algo de temor.

    –Perdona Roxana, no quiero parecer pesado pero… me gustaría conversar un poco más contigo, quisiera invitarte una copa.

    Noté como su rostro se contrariaba, hizo una mueca.

    –No… disculpa… pero yo no hago esas cosas… solo me pagan por cantar –dijo

    Se me vino el alma a los pies.

    –Si… si… perdona… no he querido ofender… para nada… es que… te digo la verdad… sinceramente… en ese crucero en que te escuché cantar… es que quedé… tan fascinado contigo… con tu voz, tu personalidad… perdona no he querido sugerir nada… –dije atolondradamente, tratando de ser sincero.

    –Está bien… está bien… perdóname vos también… pero no quiero que se confundan las cosas… aquí esto es un hotel y yo… –dijo esto desde una cierta vulnerabilidad que no parecía coincidente con semejante tía buena, con ese cuerpazo.

    –Oye déjame invitarte a tomar un café o a cenar entonces… en otro sitio.

    –No… por las noches yo estoy cantando aquí y…

    Parecía tan incómoda con la situación que preferí desistir.

    –Bueno vale no te molesto más Roxana, perdona no he querido ofenderte, ha sido una alegría volver a verte –dije ya resignado y me disponía a irme

    –Esperá… esperá… Javier me dijiste que te llamás ¿no es verdad?

    –Si, Javier… –dije yo

    –Lo que pasa… no es que yo sea una… perseguida por así decir… pero es que fueron muchos años de trabajar en los barcos y ahí… es que todo estaba más claro… y es la primera vez que estoy sola… trabajando sin mi pareja quiero decir… y es todo un poco raro ¿viste?

    –Claro entiendo, pero no te preocupes chica… podemos tomar un café… uno de estos días… durante la tarde si prefieres… –yo me aferraba a la más remota posibilidad y no entendía bien porque se había puesto tan tensa de repente

    –Bueno… –ella parecía estudiarme detenidamente con el bolso colgado del brazo, esos ojos oscuros me perforaban el corazón

    El pianista se acercó y le dijo que ya había llamado un coche.

    –¿Qué te parece el sábado por la tarde? –dije

    Pensé realmente que iba a decir que no.

    –Bueno, está bien, te paso mi número–dijo por fin

    No cabía en mí de la alegría, tener ese entusiasmo por salir con alguien a los 45 años no es poca cosa.

    Pasó el viernes con una lentitud exasperante y el sábado por la tarde, quedamos en las puertas del Parque del Retiro.

    Era como una cita de adolescentes casi. Ella llevaba un vaquero ajustado, bastante ajustado a decir verdad y una camiseta con tirantes que dejaba sus hombros morenos y torneados al desnudo, era la primera vez que la veía vestida así, sin su vestido de cantar o en bikini.

    Nos dimos dos beso en las mejillas, su aliento era fresco, su perfume, Uff que pillado estaba, no podía creerlo a mi edad.

    Era caminar a su lado y sentir que volvía a vivir. Me contó que era de la provincia de San Juan, lugar que yo ni sabía que existía por supuesto y que era descendiente de sirio libaneses, salvo por una abuela italiana por línea materna. Finalmente no estaba tan equivocado en ese aire oriental que le encontré desde el principio.

    –Yo estoy divorciado desde hace cuatro años, dos hijos, grandes ya –le dije

    –Yo me separé hace dos meses –dijo otra vez con tristeza

    –Joder que pena ¿hacía mucho que estabais juntos?

    –Dieciséis años con Matías, desde los 20

    –¿Desde los veinte? –dije yo sin poder creerlo

    –Si, es difícil creerlo ¿no? Yo creo que no daba para más… pero…  Compartíamos todo, la música, los sueños, el trabajo…

    –¿Y en los cruceros habíais comenzado juntos?

    –Si, nos presentamos a un casting, parece increíble que hayamos pasado doce años arriba de un barco

    –¿Tan así fue ?

    –Bueno eran contratos de seis meses, pero no parábamos, algunas vacaciones de dos o tres meses en Argentina y luego otra vez a embarcarnos, no podíamos dejarlo, hasta pasamos la cuarentena en un barco.

    Miraba sus sandalias que dejaba los delicados dedos de sus pies al desnudo, sus uñas eran casi blancas, tenía un andar felino alucinante, era como una pantera. Vislumbré su pulsera del tobillo.

    –Por cierto, eres alta ¿Cuánto mides?

    –1,71 ¿Y vos?

    –1,80 –dije

    –Nos separan nueve centímetros –dijo ella, por momentos me parecía cándida como una niña

    –Nueve centímetros y nueve años también –dije

    –Yo creo que la edad no importa, si se es joven de espíritu –dijo ella

    Hasta ese lugar común, dicho por ella, me pareció encantador.

    La tomé de los hombros y la besé, se dejó hacer, el calor y el sabor de sus labios eran un néctar de los dioses.

    No podía creer estar besando a esa diosa inalcanzable con la que me había hecho tantas pajas durante el crucero.

    –Javier, lo que si… quiero ir despacio…

    –¿Ir despacio?

    –Si teneme paciencia… fueron muchos años con Mati y todavía… como que estoy haciendo el duelo ¿sabés?

    –No hay prisas cariño, yo no tengo ningún prisa –quise volver a besarla, pero ella apoyó su cabeza en mi hombro.

    –Vayamos lento… por favor… –dijo

    Tomamos unos cafés, luego, ella me preguntó más cosas sobre mis hijos y mi trabajo.

    M confesó que estaba un poco cansada del trabajo de la música, que incluso desde el punto de vista económico notaba la ausencia de su ex pareja.

    –Antes no dividíamos el dinero, todo entraba al mismo pozo –dijo

    –Puedo aprender a tocar el piano –dije, nos reímos

    –Además, me sentía protegida con él, siempre canté con él, desde chica y los tipos como sea, al saber que él era mi pareja

    –En cambio ahora hay cada pesado que… –dije bromeando

    –No lo digo por vos… vos sos divino pero hay cada uno… hay cada hijo de puta en esta vida –dijo, yo miraba obnubilado el canalito de sus tetas, eran realmente exageradas y morenas, la forma de sus cejas tan densas y a la vez tan delicadas, me iba costar mucho ir despacio con ella.

    Nos volvimos a besar, un breve pico en los labios y al sentir la punta de su lengua en mis dientes, tuve una tremenda erección.

    Fue dejarla en el portal de su casa y llegar a mi piso y masturbarme frenéticamente, lo que me ponía esta argentina era algo bestial, me corrí sobre el sofá a los gritos, pensando en ella.

    Luego ese sábado por la noche, fui a escucharla cantar, ella parecía contenta con la situación, en esos descansos luego de los cuarenta y cinco minutos venía a sentarse a mi mesa.

    Y yo, por dios, miraba ese cuerpazo y pensaba que pronto sería mío y me ponía malo.

    Esta vez llevaba un vestido azul marino que la ceñía como un guante, falda larga con abertura lateral que dejaba ver esa piernaza morena hasta el muslo, abombado, musculado.

    Y esos pechos que eran como si la naturaleza se hubiese empeñado en cargar a esa pobre niña cono todos los dones posibles.

    Y esa boquita de la que ya había probado su sabor, cuando acercaba el micrófono a sus labios no podía dejar de imaginarla chupando mi polla con esos labios llenos.

    Me sentía un poco culpable de esos pensamientos tan vulgares, pero es lo que es.

    Era salida de las mil y una noches, una princesa árabe argentina con un cuerpazo del demonio.

    En el último descanso entre cante y cante, incluso le cogí la mano y ella no la quitó, esos ojazos oscuros me miraban de un modo.

    Pensé yo, a pesar de lo que me había dicho sobre ir lento y tal, que esa noche acabaríamos follando.

    Porque es que la notaba fogosa y apasionada, por momentos ingenua sí, pero cuando te clavaba esos enormes ojazos negros y veías esas tetazas emerger desde su escote, es que era puro fuego esa morena, se adivinaba, y ese culazo enfundado en el vestido, vaya tela.

    Es que tenía que ser la ostia follarse a semejante mujer.

    Y cuando salimos del hotel, yo cogido de su pequeña cintura, su cuerpazo pegado al mío, era increíble, me sentía en las nubes.

    Nos besamos antes de entrar al coche y luego al aparcar frente al portal de su casa nos comimos la boca a besos, era un morreo desesperado y la notaba cachonda y respirando agitadamente, buscando aire en mi boca y acaricié su vientre por sobre la tela y luego rocé con el dorso de mi mano uno de sus pechos increíbles.

    –Javier… espera… espera… no sigamos

    –¿No?–dije decepcionado.

    –Ya te voy a invitar a subir… pronto… pero hoy no…

    –Vale… –dije sin poder ocultar cierto abatimiento

    Me acarició la cara con una mano exquisita, fina y fuerte a la vez.

    –Sos divino –me dijo y bajó del coche

    Esa noche fue parecida a la tarde, regresar a la soledad de mi piso y pajearme hasta correrme como un loco pensando en ella.

    El domingo decidí no ir a escucharle cantar, tampoco quería parecer un pesado, me costó tomar la decisión, nos enviamos mensajes tiernos, de adolescentes.

    –Una noche que no venís y ya te extraño –me escribió

    –Me visto y voy –puse

    –No… ja,ja,ja… quédate en casita… ojalá yo pudiera –escribió.

    Me daba cuenta que estaba un poco quemada con la música y tal vez ya quería dejar de andar cantando, por esos sitios. Me imaginaba como el príncipe que rescata a la princesa, ofreciéndole vivir juntos y ¿Quién sabe? Tal vez hasta casándome con ella en un futuro.

    Volví a masturbarme pensando en Roxana.

    El lunes charlamos durante una hora por teléfono y la invité a cenar, me dijo que esa noche mejor no y que el martes no podría, quedamos para el miércoles.

    El martes por la mañana me sorprendí al recibir un mensaje de Jordi.

    –Estoy en Madrid tío ¿por qué no almorzamos juntos? Tengo que contarte una, que vas a flipar –me ponía

    –Yo también tengo algo para contar –le dije

    Pensaba en la cara que pondría cuando le contara que estaba casi de novio con Roxana.

    Nos encontramos, él con sus pintas de siempre, panzón, un poco achacado, era más bien bajo, no sé si llegaría al 1,70. Sus escasos pelos engominados al costado del cráneo. Tenía once años más que yo, pero a cierta edad si no te cuidas un poco.

    Cuando nos sentamos a la mesa, vi que sus ojeras ya eran bolsas bajo sus ojos, un poco inyectados en sangre, las verrugas prominentes de su cuello.

    –¿Qué haces tú aquí, cabrón? –le dije, nos conocíamos desde hacía mucho tiempo

    –Inventé una excusa para escaparme, mi mujer no veas como me tiene, mas marcado que a Messi

    –ja,ja,ja!! ¿Hoy tienes batallita o qué? –exclamé jovial

    –Oye ¿recuerdas a la cantante argentina esa que estaba tan buena? ¿La del bar del hotel?

    –Si… ¿Qué hay con ella?

    Pensé que alguien nos había visto y que Jordi se había enterado de lo nuestro.

    –Pues el sábado ese, a la noche siguiente que estuvimos con los chicos allí, volví a por ella, joder, vas a alucinar en colores cuando escuches esto –me dijo.

  • Las experiencias de P. (II)

    Las experiencias de P. (II)

    Esta vez se trata de un nuevo joven, del que fui su regalo de cumpleaños.

    Yo había tenido un pequeño accidente por lo que andaba con muletas, muy incomodas, por cierto. Eso no me detuvo para divertirme. Una noche salí con unos amigos a una discoteca, en mi estado todo debía tener más cuidado y esperaba que el resto de personas fueran igual, sin embargo, de ida al baño del local, un muchacho tropezó conmigo, me molesté porque me dolió, él intento disculparse, pero preferí seguir de largo.

    Después volví a la mesa con mis amigos y de pronto vino alguien a invitarme a bailar, era el mismo muchacho. Se volvió a disculpar, esta vez acepté sus disculpas y accedí a bailar con él, aunque era algo raro por mi situación, no paso nada más y después de un par de canciones me pidió mi número y se fue. Esa noche no paso nada más, no suelo descontrolarme en las fiestas, prefiero que me cojan cuando estoy sana para poder sentir mejor.

    Días después recibí un mensaje y era él, no imaginé que me escribiría, además que se veía mucho más joven, pero aún no sabía concretamente su edad. Me preguntó cómo estaba, algunas cosas sin importancia y me invitó salir, no sé por qué, pero le dije que sí. Salimos unos días después, me invitó a comer, parecía tranquilo y educado, buen conversador. Ese día le pregunté su edad, cuando me dijo cuántos años tenía quedé asustada, apenas era mayor de edad, pero como no había pasado y tampoco él había propuesto nada, pues no tuve problemas en seguir conversando.

    Seguimos saliendo unas cuantas veces más, me gustaba platicar con él. En una de esas salidas me comentó que se acercaba su cumpleaños, no le di mucha importancia. Pero ahí fue cuando cambió, a la siguiente salida, que por lo general se trataban de ir a comer algo juntos, me dijo sin filtros, que me quería coger. La verdad no me sorprendió, pero tenía mucho miedo, era muy joven. De inmediato le dije que no, el insistió, no puedo negar que me daba morbo, que quería probar su joven verga, pero mi ética estaba por encima de mis deseos.

    Sin embargo, no se rindió, además se acercaba el día de su cumpleaños, y me volvió a decir que quería que fuera suya, que quería mi culo como regalo. Esta vez cedí, le dije que sí, y acordamos una cita para unos días después. Mientras tanto el me preguntaba por mensajes y con emoción que me gustaba. No me limité y le dije que me encantaba el sexo duro, ser sometida, que den duro, que cojan fuerte de a 4, que dejen mis nalgas muy rojas de tanto azote, que me muerdan. Eso solo lo excitó más y ya estaba desesperado por nuestro encuentro, yo igual, hasta me mojé un poco de solo decirle lo que me gustaba, pero aún había algo de ética en mí y me daba miedo su edad.

    Entramos y me empezó a besar, venía a por todo, yo dejé que me besara, que sus manos recorrieran todo mi cuerpo, estrujaba mis nalgas, mis tetas por encima de la ropa, yo estaba aún nerviosa, pero excitada, quería darle su regalo. Me botó a la cama, ahí si dejé en claro algo, no podía quitarme toda la ropa, algo sin sentido, pero que para mí en ese momento era una forma de marcar límites, solo podía quitarme la ropa de la cintura para abajo. Eso no impidió que su boca llegará rápidamente a mis tetas, ya tenía los pezones duros, la vergüenza, el miedo ya no estaba, quería que me haga suya. No tardo nada en quitarme todo de golpe, ni se fijó en mis bragas, ni nada, saltó a comerme la vagina, ya húmeda pero conforme su lengua me recorría me mojaba más. Lubricaba más y más, me lamió todo, besaba mi vagina a arriba abajo, sentía su lengua por todo lado, solo me excité más y más, estaba demasiado mojada, ya quería sentir su verga, ya quería ser cogida.

    Se quitó la ropa, no es lo principal para mí, pero me fijé en su verga, estaba bien, no era ni muy grande ni muy pequeña, se puso el condón sin perder tiempo me la metió entera. Al principio fue lento, como si quisiera disfrutar de mi cuerpo, de sentir mi vagina, poco a poco fue aumentado el ritmo, como a mí me gusta y me pone como una putita. Él estaba encima de mí, me decía que le encantaba cogerme, yo gemía y le decía que estaba muy rico, ya estaba desatada, era suya completamente.

    Lo estaba disfrutando, me gustaba como me cogía, me gustaba ver esa cara de niño, pero llena de lujuria, me excitaba demasiado. Luego me puso en cuatro, me fascina que me cojan así, él la metió y empezó a decirme que le encantaba mi culo, lo tocaba, me daba nalgadas, yo solo gemía, sentía su verga entrar y salir, me sentía muy caliente, quería más y más. Terminó fuera y estaba agotada, acaricié su verga cuando ya empezaba a bajar su erección, luego me vestí y ya estaba lista para irme.

    Pero volvió a la carga, me empujó contra la pared, yo estaba de espaldas a él, me besaba apasionadamente, sentía de nuevo sus manos por todo mi cuerpo, no tardé en estar mojada otra vez. Recordó lo que me gustaba, empezó a morder mi espalda, a ser más rudo, bajo mi jean rápido y de inmediato volví a sentir su verga dura dentro mío, no hubo espera, fue directo, me encantó, gemí, gemí muy fuerte. Estaba ahí, con un joven siendo cogida con rudeza, gritando de placer, era suya, era su regalo y fue el único, nunca más nos volvimos a ver, él quería que fuera su novia, me dio un poco de ternura.

    Llegado el día, yo fui con una blusa y una chamarra, hacía un poco de frío, además de un brassier negro. Llevaba unos jeans y unas bragas rojas, con un poco de encaje. Me llevó directamente a un motel, no había tiempo que perder, un día antes había sido su cumpleaños y su regalo no podía esperar más.