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  • Sorpresa en el Metrobús de CDMX

    Sorpresa en el Metrobús de CDMX

    Me encuentro al borde de contarles una experiencia que viví hace no más de tres meses en el Metrobús de la Ciudad de México.

    Había terminado la jornada laboral, por lo que ya me disponía ir a casa y descansar, este maravilloso evento se presentó alrededor de las 8 de la noche. Cómo es costumbre, en un martes cualquiera, el Metrobús con dirección a Tepalcates se encontraba totalmente lleno, así dejaras pasar 3, 4 o 5 camiones, la cantidad de gente seguía siendo la misma. De tal forma que me encontraba esperando un pequeño espacio en la última puerta, abordando en la estación de Amores.

    Platicando un poco de mi persona, les puedo decir que físicamente tengo la altura normal de un hombre, de complexión delgada, barba recortada y con unas piernas y glúteos bien desarrollados gracias a practicar futbol en mí juventud. Retomando el evento, me encontraba ya al borde de poder tomar el siguiente camión, cuando por la parte de atrás llega uno que se dirigía a la dirección contraria, dejando bajar a varios usuarios, momento justo en el que llegaba el camión al que me llevaría a casa.

    De reojo veo como personas que bajaron del camión de atrás, se dirigían al mismo camión que me encontraba por abordar, entre ellas, una dama que debería de rondar entre los 28 y 30 años de edad. Era una mujer que llevaba unos leggins negros y una playera blanca, de complexión un poco robusta y de estatura algo baja. A primera vista se veían unos pechos normales, sin ser grandes pero tampoco pequeños, sin embargo, al ponerse prácticamente a mi lado, denotaba un trasero voluptuoso, realmente llamativo. Eso hizo que mi miembro respingara un poco, pero no le di mucha importancia, con tanta gente y al ingresar al camión, era hasta probable que ni entráramos de una forma sincronizada.

    Al momento de abrirse las puertas del Metrobús, dimos salida a dos usuarios para luego abordar, de tal forma que logré ser el primero en ingresar, seguido de la dama con divino trasero. Una vez dentro del camión, logré posicionarme en el barandal del fondo, teniendo solo a una persona delante de mí cuya posición indicaba que su vista iba dedicada a lo que pasaba a través del otro lado de la ventana, a esto logré dar un giro de 180 grados y quedar de frente al abrir y cerrar de las puertas, viendo que la dama venía justo hacia mi posición y lograr tomar el último hueco que daba cierta comodidad en aquel barandal, finalizando con la misma vuelta que acababa yo de realizar hace unos segundos atrás.

    El espacio que se encontraba entre el divino y gran trasero de la dama y mi miembro que empezaba a despertar, era demasiado pequeño, sin embargo, no lo suficiente para tener un primer contacto. De tal forma, que el camión empezó a andar, momento en el que me encontraba pensando lo maravilloso que sería tener un primer roce, pero sin llevarlo a cabo. De eso se encargó el movimiento del camión, frenó en cierta forma brusca que hizo que la dama diera un paso hacia atrás, presentándose así el primer contacto. El sentir como recargaba en su totalidad su glúteo izquierdo en mi miembro, hizo que este se endureciera de una forma veloz. Podemos decir que una característica adicional de mi ser, es que cuento con un tamaño que alcanza los 18cm erguido y sobre todo la que más realza es el grosor, por lo que una potente erección es imposible de disfrazar. De esta forma, el tener el mástil totalmente levantado, eliminó el espacio que nos separaba a ella y a mí, sintiendo como la punta de mi pene se negaba a separarse de su leggins negro.

    Me encontraba sonrojado por no poder evitar el contacto, pero a la vez empezaba a sentir como subía la temperatura a mil por hora, y el deseo de seguir sintiendo su prenda con la mía, sabiendo lo que se encontraba por debajo de ellas. Sin embargo, no sabía si era algo en la que ya se había dado cuenta y de forma tácita aceptaba el acercamiento, o todo lo contrario, por lo que decidí averiguarlo, al mismo tiempo al que llegábamos a la siguiente estación. Aproveché el momento para que cuando ingresaban los nuevos usuarios, diera yo un pequeño paso adelante y centrarme un poco mejor al punto medio de sus glúteos. Adicional a que recibí un poco de ayuda de los que ingresaron para que ella se pegara ya en su totalidad a mi ser.

    De nueva cuenta se pone en movimiento el camión, lo que ayudó a generar un vaivén entre los dos, empezaba a darse un movimiento de arriba hacia abajo y viceversa, momentos en los que yo me sentía ya en la gloria, no podía creer que tremendo trasero estuviera estimulando de esa forma a mi miembro. Antes de llegar a la siguiente estación, siento como se separa de mi, por lo que pensé que ese era el fin de tremenda aventura e incluso un cierto miedo me invadió al pensar que voltearía a verme de una mala forma y que ahí se daba todo por terminado. Tremenda sorpresa me llevé que solo lo hizo para poder colocar uno de sus brazos hacia atrás, para dirigir su mano izquierda hacia mi miembro, logrando así palpar en tres ocasiones lo que se encontraba detrás de ella.

    Después de la tercera apretada, regresa su brazo hacia adelante y saca su celular, donde empezó a escribir un mensaje, por el diferencial en estatura logré ver que estaba escribiendo en su celular, en mi interior pensé que era alguna respuesta a algún mensaje de wasaps, pero mayor fue mi sorpresa cuando levantó el celular, acercándolo hacia mi, era una nota que decía lo siguiente:

    – La tienes demasiado rica, no dejes de moverte por el centro.

    Haciendo caso a lo que decía el mensaje, apoyé con mayor fuerza mi pene en su trasero e imprimir mayor velocidad en el sube y baja. De esta forma pasamos dos estaciones más.

    En la siguiente estación, aprovecha para escribir un nuevo mensaje, llevándolo inmediatamente a mis ojos:

    – puedes tocar mi nalga si gustas, me la aprietas mientras sigo sintiendo tu rica verga.

    Cuando uno se encuentra en un alto nivel de excitación y ponen esas palabras en un medio de comunicación, se desvanece la palabra vulgar para incrementar el deseo del momento que se está viviendo. Momento que seguí haciendo caso a los mensajes, llevando mi mano derecha hacia su glúteo derecho y abriendo toda la mano para intentar abarcar lo mayor posible en ella. Para ese momento ya me encontraba inundado en líquido preseminal, totalmente excitado y apretando en varias ocasiones un poco fuerte en su glúteo, de tal forma, que me fui aventurando un poco más, e ir llevando la mano hacia su sexo, de tal forma que me encontré con una nueva sorpresa, el leggins se encontraba totalmente humedecido.

    Sin desaprovechar la ocasión, empiezo a llevar el dedo medio hacia donde se concentraba el mayor fluido en la prenda, empezando a dar movimiento de arriba hacia abajo, momento en el que soltó un leve gemido. Este me encantó y nos dimos cuenta que por el ruido del camión, la calle y la gente en el interior, pasó desapercibido. Logra escribir un nuevo mensaje:

    – sigue así, quiero venirme con tu mano y seguir sintiendo tu deliciosa verga, no sabes cuánto deseo darte una mamada ahorita.

    No pasó ni un minuto en el que el primer orgasmo fue ocasionado a mi ser, me salía semen como si nunca hubiera eyaculado, manchando todo el pantalón que llevaba del trabajo, minutos después no sabía cómo hasta la rodilla se veía humedecido mi pantalón. Pero no podía dejar que ella no tuviera la misma sensación que yo, por lo que ya me concentré totalmente en ella y otorgarle el mismo orgasmo que ella me acababa de dar. Seguí dando movimiento al dedo medio e incorporando uno nuevo para darle mayor velocidad, mientras incrementaba el ritmo, ella intentaba no gemir, pero en repetidas ocasiones lograba ganar la excitación y salían aunque leves, unos cuantos gemidos. Finalmente, en la mayor rapidez que llevaba mi mano, siento como cierra sus muslos, apretando mi mano y efectuar un par de convulsiones, arqueándose un poco hacia delante, sabía que en ese momento estaba recibiendo el tan deseado orgasmo.

    Pasó un breve momento en el que me escribió un nuevo mensaje:

    – que rico me hiciste venir, ¿mañana misma estación y misma hora?

    Me acerqué a su oído y le dije en un susurro, claro que si, mañana nos vemos. Esta experiencia la tomamos por dos semanas más, en la última ocasión me escribió que le entregaban su coche al día siguiente y ya no tomaría el Metrobús, pero que estuviera atento al reencuentro.

  • Mi primera vez por dinero

    Mi primera vez por dinero

    Me casé muy joven, a los 23 años. A los 25 tuve mi primer hijo. Cuando tenía 26 años, mi esposo se quedó sin empleo. Ese momento me llevó nuevamente a mis terribles 20 años, cuando estaba en quinto ciclo de contabilidad y mi papá, al igual que mi esposo, se quedó sin empleo. Tuve que dejar los estudios. Como hablo bastante bien el inglés, no me fue difícil conseguir un empleo como mesera en un restaurante en Miraflores, en la zona turística de Lima. Por sus precios, solamente frecuentado por turistas o peruanos con un nivel de ingresos medio o alto. Mi hoy esposo era uno de sus clientes.

    En aquellos años, él solía ir con sus colegas a almorzar. Siempre era el más joven. Tenía sólo 28 años y, seguro todos sus colegas por encima de los 40s. De aquella época recuerdo que siempre dejaba muy buenas propinas. Muchas veces iba a comer solo, se sentaba siempre en la misma mesa, pues solía llegar temprano. Me tocaba atenderlo pues era mi zona asignada. Ni una sola vez me dijo algo fuera de lugar. Siempre cortés y amable, educado y respetuoso. Y con muy buenas propinas.

    El día que cumplí 21 años, tuve que trabajar pues no conseguí nadie que me reemplace. Nada grave, pues mi turno terminaba a las 4 pm y desde ese momento, a celebrar. Mi hoy esposo llegó a almorzar solo. Me acerqué a atenderlo y antes que decirle algo, me deseo un feliz cumpleaños y me entregó un pequeño presente. Me pidió que lo abra al final del día.

    No resistí la curiosidad y lo abrí en la cocina. Un perfume de lujo, de aquellos que sabía que existían, pero que nunca había ni siquiera visto. Me acerqué y le agradecí. Se sonrió y me dijo que era una traviesa. Le pregunté cómo se había enterado. Con una sonrisa me mostró un panel del restaurante, junto al bar, donde entre otras cosas, se indicaba los cumpleaños del mes. Me sonreí y le pregunté como sabía que iría a trabajar. Me dijo que no lo sabía, pero que, si no estaba ese día, volvería al siguiente con mi regalo.

    Poco a poco, cada vez que llegaba conversábamos algo más. Finalmente me invitó al cine. Acepté.

    Desde allí todo fluyo. Era un hombre parco, poco hablador, pero a la vez, lleno de detalles, amable y generoso. Me enamoré muy rápidamente y por como me miraba, sabía que él también. Había tenido antes varios novios y una vida sexual bastante activa. Pero llevaba meses saliendo con él, y ni siquiera un beso furtivo. Moría de amor, me sentía especial, sentía su amor, pero él no avanzaba.

    Una tarde, sentados en el Parque Kennedy en Miraflores, me dijo que tenía algo que decirme. Pensé que me pediría ser novios y estaba dispuesta a un si rotundo. Pero no fue lo que esperaba, se saltó todo. El noviazgo. La primera relación sexual. El vivir juntos. El presentarnos a nuestras familias. Me pidió que sea su esposa. Acepté.

    Lo lleve a mi casa. Les encantó a mis padres. Me llevó a Cuzco, de donde era, les encanté a sus padres. De lo que conversábamos me quedó claro que él deseaba trabajar y vivir en Cuzco. Me pareció genial esa idea, pues la ciudad me encantó.

    Mientras hacíamos los preparativos para la boda, consiguió su empleo soñado en Cuzco. Nos casamos y al mes nos vinimos a vivir acá. Alquiló un lindo y amplio departamento a unas pocas cuadras de donde viven sus papás y empezamos nuestra vida juntos. Estaba feliz, muy enamorada. Nuestra vida sexual no era (ni es) espectacular, pero creo es suficiente. Al mes de llegar, luego de poner en orden nuestro departamento, empecé a trabajar. Como mesera en un restaurante turístico, que era lo que me gusta hacer.

    A los 25 años quedé embarazada. A los cuatro meses de embarazo, la jornada de mesera se me hacía dura y renuncié. Mi esposo me apoyo. De hecho, trabajaba por mi propio gusto, no por necesidad, él ganaba como mínimo 10 veces lo que yo, incluidas mis propinas.

    Nació nuestra hija. Y antes que cumpliera el año. Mi esposo quedó desempleado.

    Al principio todo siguió igual. Lo tomó como vacaciones. A los 2 meses de desempleo, lo empecé a notar preocupado. A los 4 meses me preguntó si podíamos ir a vivir donde sus padres, para ahorrar. Acepté, es hijo único y la casa es enorme. De hecho, ya pasábamos mucho tiempo allí.

    Cuando estuvo 5 meses desempleado, le dije que buscaría trabajo. Me sonrió y me dijo que le parecía buena idea. Fui al restaurante donde trabajaba, pero estaba copado, sin vacantes disponibles. Me recomendaron ir a un Irish Pub, donde había vacantes. Fui y había un puesto para el turno de mañana, de 8am a 2pm. Un horario con muy pocos clientes, y casi nulas propinas. Nadie lo aceptaba por eso. A mí me pareció genial. Mi suegra me podía ayudar por las mañanas con mi bebe y yo ya dedicarme a ella por las noches.

    Como esperaba, el movimiento en el Irish Pub era mínimo. Turistas llegando a desayunar. Algunos a tomar unos tragos matinales. Trabajo descansado y, lo malo, de pocas propinas. Algunos, que se pasaban de tragos, a pesar de ser de mañana, me piropeaban discretamente o me decían cosas subidas de tono o incluso me hacían propuestas indecentes. No chocaba con ellos, pero tampoco les daba cuerda. Tengo un cuerpo que destaca en Cuzco, pues son muy nalgona y acá las mujeres son “planas”. Lo que me decían me subía la moral, más que molestarme.

    Como a los 3 meses de trabajar allí, mi esposo seguía sin empleo. Un turista, que estaba ya una temporada larga por Cuzco, se hizo habitual, casi dejando un día iba a tomar. A mi zona. Un inglés de algo más de 50 años, fornido, siempre serio. Un maduro muy atractivo. Se tomaba dos o tres gin tonics y se iba tranquilo. Luego del segundo tonic, algunas veces, me decía algunos piropos, sobre todo sobre mis nalgas, pero nunca más. Me sentía cómoda con él pues no lo sentía invasivo.

    En algún momento, luego de 3 gin tonics me propuso salir. Le dije que no, que le agradecía, pero no. Una semana después me lo volvió a proponer, ofreciéndome una propina de 100 dólares. Le volví a decir que no. Aunque necesitaba, y mucho, ese dinero.

    Unos días después, en la tienda del barrio, en la que fiaba pañales para mi hija, me dijo el tendero que “tenía que encontrar la forma de pagarle ya”. En su mirada sentí lo que sus palabras no dijeron. Que el pago era sexo. Me sentí repugnada. Es un tipo repulsivo, de los que no me gustan ni como amigos. Me pagarían aún unos 15 días después y no tenía efectivo, ni a quien pedirle.

    Esa noche no pude dormir bien, con el asco y sabiendo que, sin el fiado, no tendría como comprar pañales. Me daba mucha vergüenza pedirles más dinero a mis suegros.

    Al despertar, tras esa noche horrible, mi esposo me comentó que iría a una entrevista de trabajo, en un pueblo a unas 3 horas de Cuzco. Llegaría por la noche. Se fue animoso y desee que al fin lo logre.

    En el bar estuvo todo tranquilo. Hacia las 11 llegó el inglés. A la 1 ya tenía tres gin tonics encima y me volvió a proponer los 100 dólares por ir a su hotel. En ese momento, la necesidad me hizo aceptar. Le dije que saldría a las 2pm. Le pedí los datos de su hotel. Se retiró.

    Pasé la hora más larga de mi vida.

    Al salir del bar me temblaron las piernas. Eran los 100 dólares de un gringo que me resultaba atractivo, o acostarme con el tendero por una deuda que justo era equivalente. La segunda opción con un tipo que me parecía horroroso y además en el mismo barrio, con todas las habladurías que seguro se generarían.

    Cerré los ojos un instante y cuando los abrí, enrumbé al hotel del gringo.

    Pedí en recepción que me dejen pasar. No se hicieron problema. Toque su puerta, me abrió desnudo.

    Titubee, pero me dijo que pasara rápido. Cruce el umbral. Me dijo que cogiera los 100 dólares de la mesa y que me desnude.

    Los tome. Los puse en mi cartera. Se acostó en la cama. Con el dinero ya en la cartera pensé huir. Pero sabía que él conocía donde trabajaba. Pensé no volver a trabajar, pero lo imaginé denunciándome en el bar y ellos sabían dónde yo vivía. Decidí desnudarme y dar el siguiente paso.

    Mientras me denudaba pude ver como se masturbaba y como su pene que flácido ya era grande, ponerse enorme. Mi esposo tiene un pene promedio. Mis anteriores novios, poco más poco menos que mi esposo. Ningún hombre que hubiera conocido tenía un pene así.

    Me apuro. Me dijo, en su castellano medio chaporreado “puta venir y chupar”. Escuchar esas palabras, al contrario de lo que hubiera imaginado, me prendieron.

    Me senté a su lado en la cama y comencé a chupársela lo mejor que sabía. Tener ese miembro en la boca me excitó. Y comencé a sentir placer de chupársela. Me dijo que cogiera un condón del velador y se lo pusiera.

    Jamás había puesto un condón en mi vida. Abrí el paquetito y se lo coloqué lo mejor que pude. Volvió a ordenarme “subir puta”. Y me subí en su miembro. Sentir su largo y su grosor me hizo llegar muy rápido, tuve un orgasmo intenso y gemí mucho.

    Le gustó y sin darme tiempo para reaccionar, me levantó. Me acomodó como perrita y me empezó a coger así. El morbo de hacerlo por dinero, de ser la primera vez que engañaba a mi esposo, en esas condiciones, me hizo volver a llegar.

    Me dijo “querer tu culo, dar 200 dólares”. Le dije que sí, que los quería. Sentí que sus dedos untaban mi culo con saliva y antes que pudiera reaccionar, su enorme verga estaba entrando en mí. Sin cuidado ni pausas, en una sola brutal penetración anal.

    Fue terrible. Si en mi concha sentía la diferencia de tamaño, en mi culo la sentí más. Se dio cuenta de mi sufrimiento y eso lo excitó más. No tuvo piedad y por unos minutos sólo sentía dolor mientras él me disfrutaba. Hasta que el morbo, la libido, hicieron que el dolor se apague y se encienda la pasión. Comencé a disfrutar como nunca antes. Tuve un orgasmo, luego otro. Me cambió de posición, boca arriba, con mis piernas sobre sus hombros y su enorme pene llenándome el culo. Así me escupió. En el rostro. Jamás un hombre había hecho algo así.

    Luego de séptimo u octavo orgasmo, o quizás más, la sacó, se quitó el condón y me tiró todo su semen, mucho semen, en mi vientre y senos.

    “Tu vestir e irte” me dijo. Con papel del baño me limpié lo mejor que pude. Me dio los 100 dólares adicionales. Cambié sólo 100. Me guardé los otros 100. Tome un taxi a la bodega. Le pagué al tendero. Disfrute su cara de frustración. En casa me bañe bien. Cuando llegó mi esposo, sin haber conseguido el empleo, se acostó triste a mi lado. Esa noche empezó a ser, además de desempleado, un cornudo.

  • Pasó lo que tenía que pasar con mi novio

    Pasó lo que tenía que pasar con mi novio

    Después de haberme follado a dos desconocidos a espaldas de mi novio diría que sentía remordimientos o culpabilidad, pero no era el caso. No tenía la sensación de haber hecho algo prohibido ni de haberlo engañado, en ningún momento habíamos establecido que estábamos en una relación, y mucho menos que esa fuera exclusiva. En mi cabeza no entra que alguien le pertenezca a otra persona y que esta no pueda hacer lo que le plazca cuando quiera, eso siempre y cuando ninguno de los dos sufra por ello. Aclarado esto procedo a contar lo que pasó a continuación después de aquellos dos encuentros.

    Era domingo y mi vida continuó con normalidad, a pesar de lo sucedido la noche anterior. Mi plan para ese día era pasar tiempo con mi papá. Después de su larga semana de trabajo los domingos lo único que quería era descansar y pasar tiempo conmigo, para él todavía seguía siendo su niñita adorable que es incapaz de romper un plato. Así quería que me siguiese viendo y por nada del mundo le confesaría lo que su inocente hija había hecho recientemente.

    Como el verano se acercaba decidimos ir pasar la tarde a la playa que estaba a unos veinte minutos de dónde vivíamos. Me puse un bikini rojo, ese color me agrada ya que resalta con el moreno de mi piel, era discreto ya que la parte de abajo era de braguita no de tanga y la de arriba cubría holgadamente mis pechos. Por encima me puse un vestido ligero de verano y de calzado unas chanclas. Iba de lo más normal vamos, no quería llamar mucho la atención de otros hombres, ese día le pertenecía a papá.

    Llegamos a eso de las cuatro, el plan era pasar el resto de la tarde allí y acabar cenando en el restaurante de camino a casa. La playa estaba bastante repleta de gente, pero no tuvimos ningún problema en encontrar sitio donde colocar la toalla.

    Nos fuimos a dar un chapuzón y después nos tendimos al sol como lagartijas, al poco rato mi papá se quedó dormido tomando la siesta. Sin saber que hacer empecé a mirar a mi alrededor, a ver el ambiente, a un lado mío había una pareja de ancianos que debían llevar allí desde bien temprano en la mañana y al otro un grupo de chicas no mucho más mayores que yo, continuando con la exploración me percaté que en la orilla de la playa había un grupo de chicos en bañador jugando al vóley, tendrían entre 20 y 25 años, un poco mayores que yo, pero eso no importaba.

    Cuando vas a la playa a tomar el sol siempre buscas como matar el rato y aquel partido de vóley era el mejor de los pasatiempos. Uno de ellos me llamó especialmente la atención. No era muy alto, pero tenía un cuerpo fibroso y su piel al estar sudorosa brillaba por la luz del sol, no le quitaba ojo y me estaba empezando a calentar y no precisamente por estar tirada al sol. Pensé que lo mejor sería darme otro chapuzón para bajarme la calentura o podría empezar a tener un problema. El agua estaba muy buena y me relajó bastante, cuando regresé a la toalla mi papá estaba más que despierto, de hecho, no le quitaba el ojo a nuestras vecinas.

    – Oye viejo verde que podrían ser tus hijas cortate un poco. -le dije en broma mientras me sentaba a su lado.

    – Jaja no sé de qué estás hablando, yo estaba mirando las palmeras de allí en el fondo.

    – Si si, seguro que fue eso jaja.

    Nunca había cachado a mi papá viendo a otras mujeres y me sorprendió. Hacía ya un par de años que se había divorciado pero para él mi mamá siempre fue la única mujer en su vida o al menos eso me había contado todo este tiempo. Por eso mismo se pasaba la vida trabajando y el poco tiempo libre que le quedaba lo pasaba durmiendo o junto a mí, el vivo recuerdo de su exesposa. Estaba empezando a anochecer y llegaba el momento de regresarnos a casa previo paso por el restaurante donde nos tomamos una bandeja paisa.

    Ya en casa nos turnamos para ducharnos, él fue primero siendo conocedor de que yo siempre tardo más que él. Llegado mi turno no pude evitar recordar a aquel chico de la playa, mis dedos empezaron a jugar con mi botoncito imaginando qué hubiera pasado si no hubiese ido acompañada de mi papá y si llevase un bikini más provocativo. Tras unos minutos de combinar dedos y chorro de agua alcancé un rico orgasmo. Esa noche dormí placenteramente previo a la vuelta a la rutina.

    Era lunes, el peor día de la semana. Me levanté desganada y sin motivación ninguna, llegué con el tiempo justo a tomar el bus. En la puerta del instituto me encontré con Lucas, durante el fin de semana habíamos intercambiado varios mensajes en los que no hablamos de lo que días antes hicimos en su cuarto.

    – Hola Lauri te traje un café, que como hoy es lunes pensé que lo necesitarías.

    El pobre estaba totalmente pillado por mí, seguro que estuvo pensando en este momento todo el fin de semana, mientras yo en cambio… bueno ya lo sabéis.

    – Gracias eres un sol, nos vemos luego- le di un beso en la mejilla y entramos a clases.

    Apenas quedaba un mes de clases y los exámenes decisivos estaban a la vuelta de la esquina. Estaba en juego mi futuro en la universidad así que debía prestar la máxima atención posible en clase, por lo que pasé toda la mañana concentrada.

    Al salir de clase había quedado con Lucas para “darle un repaso a matemáticas” pero mi verdadero plan para esa tarde era continuar en donde lo habíamos dejado el otro día. Quería llegar hasta el final. Sería una forma de redimir los pecados que había hecho a sus espaldas.

    Cuando llegamos a su casa nos encontramos que a diferencia del otro día ya había llegado su madre de trabajar por lo que no estábamos a solas. Mis sucias intenciones se iban al garete una vez más.

    – Bienvenida Laura, otra vez por aquí.

    – Sí señora Natalia no hay forma de que me aprenda esa dichosa lección.

    Esta vez nos fuimos directos al salón, llevábamos estudiando un rato, ya había perdido la esperanza de que algo fuese a ocurrir. Cuando entonces entró su mamá:

    – Luqui voy a salir a hacer la compra, ¿necesitas que traiga algo?

    – No mamá, gracias.

    – Vale pues nos vemos en un rato, hasta luego chicos.

    No se había acabado de cerrar la puerta cuando yo me abalancé sobre Lucas empezando a comerle la boca.

    – Ven siéntate en el sofá. Te has ganado un premio por ser un profesor tan paciente jeje.

    Mientras él estaba sentado yo me puse frente a él y comencé a sacarme la ropa al ritmo de la música que sonaba en mi cabeza, nunca hasta ese momento había hecho un striptease, pero me parecía morbosa la situación y me calentó la idea. Poco a poco fui bajándome la falda de espaldas dejándole una vista perfecta de mi culo en tanga, ese día llevaba uno negro, mis manos recorrían mis nalgas subiendo hasta la tira del tanguita donde la estiré al límite y la regresé a donde estaba. Mis manos siguieron subiendo por mis caderas recorriendo mi vientre hasta llegar al siguiente obstáculo, la camisa, me la subí poco a poco hasta sacarla por la cabeza hice un manojo con ella y se la lancé a mi novio a la cara. En aquel momento ya me encontraba en ropa interior, me volví a girar para abrir el broche del sostén el cual me deshice de él lanzándolo hacia atrás, ahora ya solo llevaba puesto el tanga me volteé de nuevo tapando mis pechos desnudos con el brazo, me sorprendió lo que me encontré, Luqui por fin mostraba algo de iniciativa por su parte. Se había sacado la polla y se estaba haciendo tremenda paja mientras me veía.

    – Ya veo que te gusta el espectáculo jiji.

    – Me está encantando, nunca te había visto de esta forma bufff.

    Su osadía merecía premio moví mi brazo dejando a la vista mis pechos desnudos, eran pequeños y con una aureola morena grande.

    – ¿Te gustan mi pechitos cielo?

    – Ufff me encantan

    Vi cómo aumentaba el ritmo de su paja. Su polla se veía muy apetecible, decidí acercarme y arrodillarme frente a él viéndole a los ojos.

    – Ya que tu me ayudas con otras cosas ¿que te parece si yo te ayudo con eso que tienes ahí?

    – Me parece justo. -dicho eso se bajó los pantalones hasta los tobillos y se abrió de piernas.

    Nunca había visto esta versión de mi chico se estaba empezando a soltar y eso me encendió como una moto, acerqué mi boca a su miembro y me lo metí en la boca. Estaba muy duro y me encantaba su sabor, comencé a mamar como un becerrito muerto de hambre, mi cabeza bajaba hasta tenerla totalmente dentro de mi boca, su pene no era muy grande mediría unos 15cm por lo que me entraba entera fácilmente. Continué chupando mientras escuchaba como sus gemidos se acrecentaban.

    – Buff Dios me voy a correer, que rico se siente estoo.

    Yo seguí como si no escuchase lo que había dicho y comencé a aumentar el ritmo, sentí como se le hinchaba la polla y comenzaba a vaciarse dentro de mi boca, me pilló por sorpresa la enorme cantidad de leche que salía de su miembro, mi boca no daba a vasto para mantenerla dentro y comenzó a desbordar por la comisura de mis labios.

    – Hacía tiempo que tenía todo eso reservado para ti.- nunca me había mirado de esa forma.

    Yo le mantuve la mirada mientras me sacaba su polla de mi boca y comencé a tragar lo que me había regalado.

    – Mmm gracias por reservarme este manjar cielo.- dije mientras me limpiaba con el dorso de la mano la leche que se había escapado de mi boca.

    Nunca había sentido mis pezones tan duros y no fui la única en darme cuenta, su mirada reparó en ellos.

    – ¿Los quieres chupar?

    – Me encantaría, la verdad.

    Me subí a horcajadas suya sentándome en su regazo, rápidamente sin perder un segundo sentí como se metía mi pezón izquierdo en la boca. Me estaba matando esa sensación, chupaba mis senos como si de una paleta de helado se tratase. Comencé a gemir y a mover mis caderas de forma inquieta. Me sorprendió sentir como su polla se ponía dura como una piedra de nuevo. No dije nada simplemente bajé una de mis mano para retirar la tira del tanga hacia un lado mientras que con la otra agarré su polla por el tronco y la dirigí a la entrada de mi vagina. Con un rápido movimiento de cadera la clavé en mi interior, se sentía muy rico tenerla adentro a pesar de no ser muy grande era más que suficiente para llenarme sin llegar a molestarme.

    – Uff Lauri que rico se siente estar dentro de ti, te adoro.

    – Calla y disfruta.

    – Comencé un rápido movimiento de caderas que hacían que su polla se moviese dentro de mí sin llegar a salir del todo, sentí que si seguía así me iba a correr por lo que no bajé mi ritmo.

    – Mmm uff vas hacer que me venga.

    – Shhh calla.- dijo poniendo sus manos en mi cadera, comenzando a llevar él el ritmo.

    Este cambio de guion me pilló de imprevisto e hizo que acto seguido comenzara a correrme, noté como mis jugos lo mojaban todo, nuestros sexos ahora chocaban haciendo que resonara un chop chop por todo el salón.

    – Ufff jodeeer, me voy a correr otra vez.

    – Ven correte en mis pechos. – le dije bajándome y volviendo a ponerme de rodillas mientras me juntaba mis senos.

    Luqui se agarró la polla y comenzó a meneársela de arriba abajo hasta que no aguantó más lanzando su leche por todas mis tetas. A pesar de que hacía apenas unos minutos que se había corrido me sorprendió de nuevo la cantidad que de allí salía. Cuando todo terminó fue cuando nos dimos cuenta de la situación en la que nos encontrábamos, su madre había salido de casa a comprar hacía aproximadamente una hora tiempo más que suficiente para ir y volver del supermercado más cercano, nunca descubriré cómo hubiera reaccionado ella si en aquel momento al volver de su encomienda se encuentra en su propio salón a su hijo con la polla fuera del pantalón y a su futura nuera vestida solamente con un tanga y las tetas llenas de la leche de su querido hijo.

    Mientras yo me vestía rápidamente Lucas intentaba sin éxito ocultar la mancha de humedad que había quedado en el sofá por culpa mía.

    – Dale la vuelta al cojín bobo.

    – Ah cierto cierto.

    Había vuelto el Lucas de siempre pero ahora sabía que detrás de ese chico tímido e indeciso se encontraba un amante el cual me haría gozar del sexo.

  • Como me terminé cogiendo a la más linda

    Como me terminé cogiendo a la más linda

    Recién me había mudado a este complejo muy top de mi ciudad.

    Separado hacía poco tiempo, llegando a los 40, sabía que este era un lugar donde había muchas mujeres solteras, o recién separadas, que aprovechaban la piscina del complejo durante el verano.

    Apenas comenzado el calor fuerte, bajé del gym después de entrenar fuerte, y me dispuse a tomar sol y, porque no ver si podía ver algunas mujeres en esas microbikinis tan clásicas de las chicas de mi país, esas que hacen que cuando salen del agua son aún más sexys que verlas desnudas.

    Recién me tiraba en una reposera, bien cerca del agua, cuando la vi llegar.

    No podía creer que la mujer más sensual de mi país estaba ahí, apenas a 5 metros míos, tirada boca abajo, con su cuerpo escultural y dorado apenas cubierto por una diminuta tirita que desaparecía entre sus nalgas.

    Las piernas perfectas, el culo parado, duro, producto de sus 23 años y su infaltable entrenamiento diario, el pelo rubio , largo, y esa carita de ángel que tantas veces había visto en televisión, cine y pasarelas de moda.

    Su nombre era Susana. Era la modelo devenida en actriz más famosa y deseada en mi país. vale decir que más allá de su carita deliciosa, su culo era su marca registrada, era el culo más fotografiado, y el primer plano cada vez que aparecía en cualquier medio.

    Viéndola ahí, en vivo, no podía creer lo increíble que era.

    Al lado de ella, muy tranquilo al sol estaba su perrito de raza Yorkshire, esos chiquitines, que también estaban de moda.

    Sabía por los medios que estaba de novia con el hijo del presidente de la nación, y por supuesto eran la pareja más perseguida en cualquier ámbito.

    No podía despegar mis ojos de su culo, cuando en un momento ella giro su cabeza, y nuestras miradas se cruzaron durante un breve instante.

    Intente un saludo , cordial, como de vecinos, y ella me devolvió una mirada gélida y despectiva, que me molesto bastante, pero bueno, así suelen ser estas estrellas famosas.

    Al rato volví a mi casa, me di un baño y me puse a trabajar en la computadora, pero no podía concentrarme, la imagen de ese culo perfecto no se salía de mis ojos, y comencé a fantasear con meterla en mi casa y hacerle de todo, pero el recuerdo de esa mirada despectiva me traía a la realidad, no había ninguna chance en el mundo que semejante mujer se fijara siquiera en mi, un tipo normal, deportista, bastante bien para mi edad pero ni famoso ni millonario.

    Esa noche me fui a dormir tarde , no podía dejar de pensar en ella, me la imaginaba en algún departamento del complejo…

    ¿Estaría garchando con su novio? La veía en 4 patas, mientras se la metían desde atrás, gimiendo y gozando, pero a la vez, me obsesionaba y me daba celos, quería ser yo el protagonista de esa fantasía.

    Cuando me desperté a la mañana siguiente, medio dormido, una idea delirante me fue apareciendo en la cabeza. De a poco fue creciendo parecía algo tan ridículo que hasta de a ratos me reía solo.

    Pero mientras me duchaba y preparaba mi desayuno, la idea fue tomando cuerpo, y si… veremos…

    ¿Por qué no?

    Casi sin querer un plan retumbaba en mi cabeza, y por más loco que pareciera, me di cuenta que por tener a esa mujer increíble a mi merced, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa.

    A mi me gustan los perros, pero los perros grandes.

    Mi idea, era mudarme y luego conseguir un compañero, un mastín inglés, un gran Danés, nunca había pensado en un Yorkshire, pero…

    Puse manos a la obra.

    Fui a un criadero que me habían recomendado, y me traje una cachorra hermosa, de apenas 60 días.

    Claro está que mi plan para acercarme a Susana incluía al perro pero no acababa allí.

    Hacía falta algo más, algo especial y yo creía saber por donde entrarle.

    Después de averiguar pacientemente sus horarios (en esos complejos todos hablan de todo) puse en marcha mi plan.

    Una mañana de calor allí estaban, ella, infartante como siempre y su perrito.

    El corazón me latía fuerte, pero decidí interpretar mi rol.

    Me senté casi al lado de ella, acompañado de mi nueva perrita princess, y con la voz más afeminada que pude lograr la salude.

    -Holaaa! Que divinooo tu perritooo…

    Ella me miró, y yo hice un gesto muy femenino con la mano, y le dije, que preciosa esa bikini que usas donde la compraste? ¿Te las dan en la tele?

    Ella me sonrió, convencida que era un muchacho gay que solo quería charlar con ella.

    -No, estas las diseño yo…

    -Ayyy pero que divina!! ¿Y ese perrito ? ¿Cuanto tiempo tiene? Princess tiene 2 meses.

    -Rocco tiene casi un año es re cachorron aun…

    – Te molesta si juegan un rato?

    -No, dale si les encanta!

    Los perritos comenzaron a saltar y jugar juntos, de verdad se divertían, yo mientras tanto, hablaba de tonterías en mi rol de amigo gay, y ella parecía cómoda y divertida.

    Le invente que estaba saliendo de una relación, que mi pareja me había dejado, que estaba tratando de recuperarme… bla bla bla.

    Ella era muy dulce, me escuchaba, empatizaba, me daba consejos, nada que ver con esa mujer presuntuosa y distante que tenía en su rol público.

    Casi que me daba pena lo que tenía preparado para ella. Pero de pronto, miraba de reojo sus tetas y su culo infernal, su abdomen trabajado y liso, y se me iba cualquier atisbo de remordimiento.

    Fueron pasando los días, nos hicimos amigos, la invite a cenar a mi casa, vino por supuesto con su perrito, tomamos un par de vinos riéndonos, yo le contaba mis desventuras con ese novio imaginario y ella no paraba de reírse, un poco por lo que le decía pero sobre todo por el alcohol.

    Le pregunté como iba con su pareja y me contesto algo que me dejó helado.

    – El hijo del presidente es un idiota, y coje horrible, no acabo nunca con el, se cree un campeón y no sabe lo que hacer, yo finjo los orgasmos y me lo saco de encima, es un tarado, pero a mi la relación me re sirve somos la pareja que está todos los días en todos los medios, y en mi carrera eso es clave, yo hago de la novia perfecta, y el se lo cree.

    – Y entonces? ¿Con alguien cojes de verdad? Le pregunté.

    Ella se rio, ya estaba un poco borracha…

    -Te lo cuento pero nadie lo puede saber jamás!

    -Prometido, claro!!

    -Con el guardavidas de la piscina.

    Ese si que me coje en serio, terrible macho es me hace de todo , no sabes como me gusta chuparle la pija, que acabe en mi boca y limpiarle la pija con mi lengua, hasta la última gota de leche.

    Después de un ratito, me pongo en cuatro patas, y le ofrezco mi concha, yo se que lo alucina eso, me abro los cachetes con las manos, para que me vea bien el orto, el mete de un saque ese terrible pijon que tiene me vuelve loca cuando me acaba en la concha, yo me toco y acabo junto con el, ese es mi verdadero macho.

    Yo estaba en llamas, pero tenía que disimular. Seriamente pensé en arrancarle la ropa ahí mismo, pero tenía que disimular, mi plan iba tal como estaba planeado, aunque no sabía como iba a terminar.

    -¿Y la cola? Le pregunté, ¿se la entregas?

    -Nooo, soy re virgen del culo, no me animo, soy re chiquita, tengo miedo que me duela demasiado!

    -Claro, dije yo… mientras sentía mi verga dura y tenía que disimular por debajo de la mesa.

    Un día finalmente, llegó la oportunidad que esperaba.

    -Te tengo que pedir un gran favor me dijo:

    Mañana grabo todo el día en la tele, y el paseador de Rocco está enfermo, vos no serias tan divino de buscarlo por casa pasearlo un rato con Princess y después me lo tenes un rato en tu casa hasta que vuelvo? Te dejo la llave de casa debajo de la alfombrita de la entrada.

    -Si claro, le dije, para que estamos los amigos…

    Esa noche casi no pude dormir de la excitación.

    Tenía todo listo.

    A la hora señalada puse todo lo que necesitaba en una mochila, y fui a su departamento.

    Entre, y con la tranquilidad de saber que tenía tiempo, instale varias cámaras espías, de esas que son casi invisibles, y las conecte para que se vieran en mi celular y mi computadora.

    Dos cámaras en el cuarto, una en el baño, una en el comedor, una en el baño. Toda la casa cubierta.

    Luego saque a Rocco a un breve paseo, y espere pacientemente a que mi víctima llegara a su departamento.

    Ella paso por mi departamento al llegar a la noche, yo estaba con su perrito aun…

    Llego y me dio un beso y un abrazo, y a mi se me erizo la piel.

    -Gracias, me salvaste, me voy a dormir que estoy muerta.

    En cuanto salió de mi casa, prendí mi computadora, ansioso y caliente.

    La vi entrar, cerrar la puerta de casa, y empezar a desvestirse camino al baño.

    Mi calentura ya era incontrolable, el morbo de verla era increíble, no recordaba estar tan caliente desde la adolescencia.

    Entro al baño, se desnudó por completo, y se metió en la ducha.

    Comencé a tocarme y acabe rápido, pero la calentura no se me iba, al rato, ya estaba caliente otra vez.

    Salió de la ducha, se envolvió en una toalla y se fue al cuarto.

    Dejo la toalla y completamente desnuda, se acostó en la cama, abrió sus piernas perfectas y empezó a acariciarse.

    Se tocaba suave, bajando sus dedos de sus tetas a su abdomen y acariciando sus muslos antes de tocar su concha con tres dedos, los giraba en círculos sobre su clítoris, y se calentaba cada vez más, gemía muy suave, respiraba agitada, hasta que, girando sobre si misma, se estiro, abrió el cajón de su mesa de luz y sacó un vibrador de inmensas proporciones. No podía creer que se iba a meter todo eso, y que yo estaba grabando todo en mi computadora.

    De a poco, se lo empezó a meter, con esa carita angelical, se estaba metiendo un consolador del ancho de la pija de un caballo y lo gozaba como loca.

    Cuando finalmente acabó, yo acabe otra vez tocándome. No podía creer lo que había visto.

    La vi apagar la luz, e irse a dormir.

    Al día siguiente la vi en la tele, con su «novio» en un evento social, estaba preciosa, yo sabía que la tenía en mis manos pero para que mi plan fuera infalible, necesitaba aún algo más y estaba dispuesto a conseguirlo.

    Un par de días después, una tarde en la piscina, casi a la hora del cierre, pesque como se cruzaban un par de miradas cómplices con Hernán, el afortunado guarda vidas.

    Me di cuenta lo que estaba a punto de pasar.

    Me apuré a llegar a mi departamento y prendí la computadora.

    Enseguida llego ella, se dio una ducha rápida, desnuda se perfumo y se puso un disfraz de colegiala sexy.

    Una pollera cortita por la mitad de su culo perfecto, una camisa blanca transparente y sus tetas increíbles sin sostén.

    Cuando llego Hernán y la vio, literalmente se le tiro encima.

    La agarro de los pelos, la hizo agacharse, ella, obediente, se arrodillo, bajo su traje de baño y tomó con sus manos la pija de su macho, ya erecta, ya lista.

    Lo miro con esos ojitos celestes hermosos y abriendo la boca, saco la lengua y comenzó a recorrer de ida y vuelta esa pija que tanto le gustaba, comenzó a besar y chupar los huevos, mientras lo pajeaba con una mano.

    El la levantó, la puso en 4 patas y le metió la pija de a poco en la concha empapada.

    Después de un rato de bombearla, le ordenó.

    – Abrite el culo!

    Y ella lo hizo con placer. Se abrió los cachetes y le ofreció a la vista ese agujero increíble. El comenzó a chuparle el culo y meterle la lengua y ella se retorcía de placer mientras se pajeaba.

    Al rato, él le volvió a meter la pija en la concha y a bombearla en cuatro patas, cuando ya no aguanto más ella se dio vuelta y el chorro de leche exploto sobre esa carita perfecta.

    Ahora si, tenía todo lo que necesitaba para convertir a esa bomba en mi esclava sexual. Miraba una y otra vez los videos no podía creer lo guarra que era, disfrutaba en mi mente saber que la tenía en mis manos y que iba a poder hacer con ella lo que quisiera.

    No espere mucho. Al día siguiente la convoque a mi departamento con la excusa de la perrita. Ella estaba en la piscina, subió casi desnuda, cuando entró, cerré la puerta con llave, la miré intensamente, de arriba a abajo, sin disimulo, disfrutando de antemano la cogida que le iba a pegar.

    -Porque me miras así? Estas raro, me dijo.

    La respuesta fue una risotada.

    Y cuando le hable ni rastros quedaban de esa voz y esa entonación afeminada.

    -Veni Su, te voy a mostrar algo que vas a querer ver…

    La senté frente a la tele, y puse el compacto de 2 minutos que había editado, ella metiéndose el consolador inmenso, ella chupando la pija de Hernán, ella gimiendo con su concha llena, ella abriéndose el culo para que se lo chupen… a medida que lo miraba se sentía desvanecer.

    Su respiración se aceleró, el pánico se apoderó de su cara, medio llorando me pregunto:

    -De donde sacaste eso? Por favor, que queres de mi?

    En ese momento supe que la mujer más fuerte y más deseada de Argentina estaba entregada a lo que yo quisiera.

    -Como me llego no te importa, lo importante es que lo tengo y lo puedo subir a cada red, sabes que fortuna me pagarían en los programas de chimentos del mundo por un video así? Ya veo los títulos, escándalo mundial la novia del presidente lo gorrea con el guardavidas…

    – No por favor, me decía mientras lloraba, eso sería el fin de mi carrera, por favor, hago lo que quieras pero por favor no mandes ese video!

    -Sabes que pasa? Te mereces que lo mande, por despectiva, por tratar mal a las personas, por mirar con cara de asco a los hombres que quieren solo saludarte…

    Ella lloraba desconsolada, por favor no, pedía entre sollozos.

    Me calentaba mucho el poder que tenía sobre esa terrible hembra.

    Era mi momento.

    -¡Basta de llorar! le ordene. Vamos a ver como te portas conmigo y después voy a decidir lo que hago.

    Ella comprendió en el acto, y entendió que no tenía salida.

    Acomode 3 cámaras apuntando a mi cama, y le dije,.

    -ahora vas a hacer todo lo que te diga, a la menor negativa, ese video viaja para todo el mundo, entendiste?

    -Si, me dijo con un hilo de voz. Voy a hacer todo lo que quieras.

    -Primero que nada, te desnudas, venis gateando a donde yo estoy parado y me vas a besar la parte de atrás de las piernas, y después me vas a chupar bien el ano, entendiste?

    Nunca me intereso que las mujeres jueguen con mi culo, pero quería romperla, obligarla a hacer de todo antes de cogerla.

    Obediente, movía su lengua en círculos alrededor de mi ano, yo tenía la pija muy parada, cuando no aguante más le dije.

    -ponete en cuatro patas que te voy a romper bien el culo más deseado del país!

    N-o por favor, el culo no, nunca lo hice, por favor no!

    Solo la mire y comprendió.

    Ella, resignada y lagrimeando, se preparó para recibirme.

    Me acerque por atrás, puse por primera vez mis manos en esos cachetes preciosos, apoye mi pija (por cierto, es bastante larga y muy gruesa), y con toda la fuerza de mis caderas, de un solo caderazo, perfore ese culo virgen y perfecto.

    -Ayyy! Sacala, sacala, me duele!!! Gritaba mientras lloraba.

    Yo estaba en éxtasis total.

    Miraba ese culo hermoso y mi pija entrando y saliendo, y veía un hilito de sangre escapar de su culo partido.

    La sacudí sin piedad.

    Durante unos 15 minutos, me moví rápido y duro, ella solo gemía de dolor y lloraba, cuando no aguante más, le llene el culo de leche. Acabe con un grito feroz, gozando cada espasmo, apretando con las manos sus tetas ,y trayéndola de las tetas contra mi pija.

    Cuando finalmente la solté se desplomó en la cama. De su culo salía mi leche, con un tono blancuzco amarronado, sabía que era leche mezclada con sangre.

    – me duele, me arde, me duele! Lloraba con la cabeza contra la almohada.

    Tomé una cámara de mano, le hice un primer plano a su culo roto y a su carita.

    Y le avise:

    -Prepárate mi amor, tengo tu vida y tu futuro en mis manos, vas a seguir haciendo tu vida, pero vas a ser mi putita cada vez que yo quiera, para mi, y para entregarte a quien se me ocurra, estamos de acuerdo?

    -Si, me contestó con un hilo de voz.

    Le pegue un chirlo en la cola, se la deje colorada.

    -De ahora en más cuando te dirijas a mi, me vas a tratar de dueño o amo, entendiste???

    -Si, mi amo.

    -Vestite y anda a hacerte ver ese culo, puede que te tengan que dar algún punto de sutura.

    Ella se fue llorando despacito, tomando conciencia que, a partir de ahora, su vida, su cuerpo y su culo me pertenecían.

  • Necesitaba leche y mi joven vecino me llena con la suya

    Necesitaba leche y mi joven vecino me llena con la suya

    Enlace al relato anterior al final de este relato.

    Hola, Paty nuevamente, ya tenía rato que no escribía, disculpen mi ausencia, la verdad no tenía mucho que decir, estaba intentando enderezar mi vida, mi hijo ya tiene 8 años y tengo una vida feliz con mi esposo, por lo que había decidido dejar de andar en puterías, por el riesgo de ser descubierta por algún vecino y ser el blanco de los chismes de la colonia.

    Pero como dicen, el diablo tienta y la carne es débil y volví a caer en la tentación, la historia que les voy a contar sucedió apenas hace un par de semanas y con quién menos podía imaginar.

    Era domingo y hacía un calor infernal en esta ciudad del sureste, a pesar de ser febrero, todavía invierno, empezaban los primeros calores intensos en esta región tan calurosa de México.

    Mi esposo estaba en etapa de trabajo, cómo les había comentado, él trabaja en plataformas petroleras marinas y trabaja 14 días y descansa otros 14, casi terminaba su etapa de labor y en un día estaría en casa, por lo que estaba cachonda por la falta de sexo, pero sabía que pronto acabaría la espera, ya que mi marido siempre llega muy ganoso después de estar dos semanas aislado en el mar.

    Por el calor, vestía solamente con una blusita ligera y unos shorts cortitos, que hacían lucir mis piernas y se ajustaban muy bien a mi cuerpo, como saben me gusta vestir sexy, aún en ausencia de mi marido.

    No había hecho despensa, no me gusta ir sola al supermercado y decidí esperar a que llegara mi esposo para ir juntos, pero al preparar la comida me di cuenta que me hacía falta leche y jamón para la cena.

    A un lado de mi casa hay una tiendita de abarrotes tradicional, donde hago las compras de emergencia, de esas pequeñas tiendas casi extintas ante la propagación de tiendas de conveniencia de cadenas como Oxxo y otras similares, sin embargo, por ser domingo cierran temprano, a las 2 de la tarde y ya casi era hora, de lo contrario tendría que caminar un par de cuadras al Oxxo más cercano y con el calor intenso que hacía no me apetecía.

    Fui a ver a mi hijo a su recámara, por si quería acompañarme y me dijo que no, la verdad no lo culpo, a mi tampoco me daban ganas de salir, así que le dije que iba a salir a comprar algunas cosas y que cualquier cosa me llamara por celular, le dejé un viejo celular que ya no uso, por cualquier emergencia.

    La tienda en cuestión era propiedad de un matrimonio, don Ernesto y su esposa doña Candelaria y tienen un hijo, que hacía mucho tiempo no veía, del mismo nombre del padre.

    Salí y al llegar a la tienda un joven apuesto y atlético estaba a punto de cerrar la cortina metálica, lo reconocí de inmediato, era Ernestito o Nesty como yo lo llamaba, el hijo del matrimonio y que conocía desde que era un niño de unos 9 o 10 años.

    – Hola Nesty, ¿Todavía me puedes atender?

    – Claro señora Paty, será un placer atenderla- respondió

    – Que va a llevar?

    – Solamente un litro de leche y medio kilo de jamón.

    Me despachó y me dio el cambio, pero justo cuando iba a salir empezó a llover en forma torrencial, una de las clásicas lluvias tropicales de esta parte del país, donde empieza a llover como si fuera a caerse el cielo y a los veinte minutos sale un sol radiante.

    – ¡Que aguacero!, ¿Me aguantarías a que pase?

    – Claro que sí, señora Paty, será un gusto, pero déjeme cerrar la cortina, que ya hice corte de caja y no pienso atender a nadie más.

    Así lo hizo, cerró la cortina y quedamos ambos adentro, no me preocupé, tenía confianza en este chico, al que conocía desde infante.

    Me invitó una cerveza, la acepté de inmediato debido al intenso calor y empezamos a platicar, esperando que parara la lluvia, ambos nos sentamos encima del mostrador

    – Hace mucho que no te veía Nesty.- le dije.

    – Si, es cierto, lo que pasa es que me fui a estudiar a Puebla y solamente vengo a casa en los periodos vacacionales, ya voy en séptimo semestre y me faltan solo dos para terminar mi carrera.

    – Que bien, te felicito, me sorprende lo que has crecido, ya eres todo un hombre, y muy guapo, nada que ver con ese chiquillo travieso y risueño que conocí y fui viendo crecer.

    – Así es doña, pero ya no me llame Nesty, ya soy mayor y no me gusta que me sigan diciendo así.

    – Ok, Nesty, perdón Ernesto, pero en serio que fue una sorpresa el cambio, seguramente en la Universidad que estudias debes tener muchas chicas buscando conquistarte. ¿Tienes novia?

    – La verdad, si he salido con muchas chicas, pero ninguna reúne las características de esa mujer ideal que tengo en mi mente como para ser mi novia.

    – Uyyy, que selectivo me saliste, – dije sonriendo y acercándome un poco.

    – Dime, cuéntame, ¿cómo es esa chica ideal?- Agregué, curiosa.

    Se puso nervioso y un poco sonrojado.

    – Pues, doña, que le puedo decir, crecí soñando con una chica, que fue mi amor platónico desde niño y quiero que mi novia se parezca a ella.

    – Y quién es esa niña afortunada, la verdad es que estás muy guapo y si fuera esa niña, ya hubiera intentado conquistarte- agregué, pensando que sería una chica de su edad, tal vez alguna compañerita de escuela o vecinita de la colonia.

    Se puso más rojo todavía y con voz temblorosa me dice:

    – Es que mi amor platónico, esa mujer que desde adolescente es mi fantasía y con la que he soñado tantas veces, eres tú.

    La respuesta me dejó sin habla, no la esperaba, me ruboricé un poco, y no contesté.

    – ¿Que pasaría si te robo un beso?- añadió.

    – No lo harías, porque soy una mujer mayor y además casada, por lo que no me dejaría tampoco.

    – ¿Segura?

    – Si, eres un chiquillo, te llevo como 12 años.

    Di un sorbo a la cerveza y tan pronto dejé la botella en el mostrador me dio un beso directo en los labios que me tomó desprevenida, se bajó del mostrador y me sujetó fuertemente de la cintura, haciéndome bajar también, un beso pasional, cachondo, mi cuerpo se estremeció y me quedé estática, sin saber que hacer, sabía que no era correcto, pero no puse resistencia a su avance, cerré los ojos y me dejé llevar.

    Sus manos bajaron a mis nalgas y me apretó contra su cuerpo, alcancé a sentir un bulto largo, grueso y ardiente contra mi vientre.

    Eso no estaba bien, pensaba, yo era una mujer casada y él un jovencito y en un momento de lucidez, me aparté de él, empujándolo con mi mano.

    – Espera, no vuelvas a hacer eso. ¿Qué te ocurre?, ya te dije que soy una mujer casada y con un hijo.

    Traté de retirarme, pero me alcanzó y me abrazó por la cintura,

    Forcejeé, intentaba librarme de su abrazo, era más fuerte que yo, me arrastró aprisionándome contra el mostrador, sentí su miembro duro contra mis nalgas, besó mi nuca y una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, lancé una amenaza:

    – Suéltame por favor, si no me sueltas voy a gritar y se armará un escándalo.

    No le importó, bajó mi short y mis nalgas quedaron expuestas, solamente llevaba una tanga de encaje muy pequeña, una de sus manos se deslizó debajo de mi tanga y palpó mi húmedo coñito.

    – Ya mami, no te resistas, tu coño está empapado, estás excitada y te está gustando.

    Era verdad, mi cuerpo me traicionaba, pero no era correcto y seguí forcejeando, sentí que hundió dos de sus dedos dentro de mí y di un respingo, apreté los dientes para no gemir y delatar lo rico que sentí.

    No paraba de tallarse contra mi cuerpo como si me fuera estuviera cogiendo, sus besos en mi cuello erizaban mi piel y las obscenidades que decía en mi oído, me tenían a mil, pronto sentí sus dedos masajeando mi clítoris, un torrente de placer recorrió mi cuerpo, me retorcí y no pude contener un ligero gemido, sus dedos me estaban volviendo loca, mis jugos vaginales se desbordaban.

    Me dio vuelta y buscó mi boca, intenté resistir apretando los labios, su lengua insistente logró escabullirse y vencer mi resistencia, sentí como recorría mi paladar y se fundía con mi lengua, hasta allí llegó mi resistencia, ese beso me desarmó e hizo aflorar mi alma de puta, dejé de forcejear y correspondí a su beso, mordía mis labios en forma divina, poco a poco aprovechando que no reaccionaba, me fue desnudando, solamente quedé con mi tanguita puesta, como por arte de magia el también se desnudó, no supe ni como, sentía el calor de su piel juvenil acariciar la mía.

    Bajó a mis tetas, su lengua recorría mi piel, lamia, mordisqueaba y succionaba suavemente uno de mis pezones para después seguir con mi otro pezón, con una dulzura que me volvía loca.

    Estuvo algunos minutos recorriendo de un pecho a otro pecho en forma alternada, acariciaba su pelo, el placer de sus labios era mayúsculo. Lo escuché decir:

    – No sabes las veces que soñé con chuparte las tetas, que ricas, son deliciosas…

    Su verga pegada a mi vientre palpitaba, se sentía gruesa, dura, caliente, emanaba un liquido viscoso de la punta, que quedaba impregnado en mi piel, su mano bajó nuevamente a mi vagina y hundió dos dedos profundamente, los metía y sacaba y me hacía gemir, llegó un momento en que ya no pude más y le rogué:

    – Cógeme, cógeme, cógeme ya por favor, estoy ardiendo.

    Con una sonrisa maliciosa, me subió al mostrador boca arriba y me fue quitando mi tanguita completamente empapada, lo vi acercarla a su nariz y aspirar, con cara de deseo y cerrando sus ojos, abrió mis piernas y me dio un cálido beso en el vientre, estaba empapada, ansiosa por que me cogiera, pero en lugar de eso sentí su lengua rugosa y ardiente separar mis labios vaginales e introducirse ligeramente en mi vagina, un gemido salió de mi boca, di un nuevo respingo, me tomó de ambas piernas y las empujó contra mi pecho, de forma que mis nalgas y coño quedaban a su alcance, su lengua recorría mis nalgas y se escabullía entre ellas hasta tocar mi ano, para seguir por mi vagina, y llegar a mi clítoris, no lo podía creer, me estaba comiendo la raja completita, me sentía en las nubes, su lengua no paraba, mi coñito y mi culito le pertenecían, empecé a gemir como demente y ya no pude más, mis piernas se tensaron y empecé a temblar, un fuerte orgasmo estremeció todo mi cuerpo.

    Ernesto pegó su boca a mi vagina para succionar mis fluidos con gula, sin dejar de masajear mi clítoris, cuando terminé de correrme me enterró sus dedos profundamente en mi vagina y abriendo mis nalgas con fuerza comenzó a lamer rápidamente mi anito, sentí como su lengua empujaba mi esfínter hacia adentro y entrar la puntita, fue el acabose, otro orgasmo sacudió mi cuerpo, mis jugos escurrían por los dedos de Ernesto, quien no dejaba de meter la punta de su lengua dentro y fuera de mi anito, no podía respirar, era tanto el placer que mi cuerpo convulsionaba y le rogué desesperada que me cogiera.

    Ahora sí no me castigó, se levantó y posicionó su enorme verga en la entrada de mi coño, cuando la sentí entrar casi lloro de la emoción, disfruté centímetro a centímetro como entraba esa rica verga dentro de mí, me llegó muy dentro, definitivamente estaba muy bien dotado, me empezó a bombear, lento y profundo, el placer era máximo, empecé a gemir sin cesar, sus manos acariciaban mi vientre y pellizcaban mis tetas suavemente, que rico se movía, vi su cara, me miraba con deseo, no podía creer que un muchacho tan joven fuera tan buen amante, su verga me llenaba completamente, tenía el tamaño perfecto, me la sacaba hasta dejar solamente la cabeza dentro y me embestía con fuerza hasta que su pelvis chocaba contra mi vagina y sus huevos rebotaban contra mis nalgas, así estuvo cogiéndome como por 20 minutos, con su vigor juvenil y un aguante digno de un macho con experiencia, poco a poco fue aumentando su ritmo, hasta alcanzar una velocidad increíble, todo mi cuerpo se zangoloteaba, mis gritos se volvieron alaridos, aullaba de placer sin importarme que alguien escuchará, mi vista se nubló y empecé a convulsionar, mi cuerpo se retorcía, sentía espasmos recorrer mi cuerpo, grité mi corrida.

    – Me corrooo, me corrooo papi, me corrooo

    Ernesto gemía y gruñía, el sudor recorría su rostro que estaba completamente rojo, mis espasmos apretaban su verga y anunció que se corría también:

    – Ayyy, ya no aguanto, ya viene mi leche, aghhh, que rico me aprietas la verga, aghhh, que placer.

    Sentí sus trallazos de leche caliente en mi interior, su verga se engrosaba y dando pulsaciones depositaba su néctar en mi interior, la sentía palpitar, cuando terminó de correrse se desplomó y me dio un beso en los labios.

    – Está ha sido la mejor experiencia sexual de mi vida, no sabes cuántas veces me masturbé imaginando como te cogía, no puedo creer que al fin fuiste mía y fue mejor de lo que pude haber imaginado- me dijo sonriente y con cara de triunfo.

    Me sacó la verga y me ayudó a levantarme, pensaba que todo había terminado, pero me equivoqué, su verga a pesar de haberse corrido, lucía erecta, sólida, imponente, una muy hermosa verga, estaba totalmente llena de mis jugos y brillaba, un poco de semen escurría todavía por la punta y quería más guerra.

    Me hizo dar vuelta y apoyar mis brazos sobre el mostrador, mi culito paradito quedó a su alcance y empezó a acariciar mis nalgas, las apretaba muy rico y lo dejé hacer, sentía su semen escurrir por mis piernas, entonces se agachó y abriendo mis nalgas sentí la punta de su lengua afilada recorrer mi pequeño orificio trasero, mi cuerpo se estremeció al contacto, que rico se sentía, escupió justo en mi hoyito y con un dedo empezó a acariciar los rugosos pliegues de mi esfínter, pronto empujó la punta de su dedo en mi interior, lo hacía lento y en forma circular, era notorio que me quería encular, y que no era la primera vez que enculaba a una mujer, abrí más las piernas y me recliné completamente sobre el mostrador, entregando mi culo, como trofeo a mi joven amante, viendo que me entregaba completamente, hundió su dedo hasta el fondo y empezó a meterlo y sacarlo lentamente, dilatando poco a poco mi ano, pronto fueron 2 dedos en mi interior, los movía magistralmente, cuando los sacó de mi culo, casi le pido que me los volviera a enterrar, pero sentí su verga caliente posarse en medio de mis nalgas y me intenté relajar, apoye mis puños en un extremo del mostrador, abrí más las piernas y doble mi cintura hasta que mi cuerpo se recostó completamente en el frio mostrador, comenzó a subir y bajar su verga por mi canal, se sentía muy rico el contacto de la cabeza de su verga recorriendo mi piel, tan tersa y caliente, chorreaba precum, lo cual ayudaba a que se deslizara con mayor facilidad, entonces sentí otro escupitajo en mi esfínter y el contacto de la punta de su verga en la entrada de mi arrugado agujero, empezó a presionar y mi culito se fue abriendo sin oponer resistencia, hasta que la cabeza de su verga me traspasó, mi esfínter se cerro alrededor del tronco de su verga y lancé un gemido, me había penetrado magistralmente y sin usar lubricante, el enorme hongo de carne palpitaba en mi interior.

    – Mi amor, ya tienes la cabeza dentro. ¿Te duele?- me preguntó preocupado.

    – No corazón, me la metiste divinamente.

    – ¿Puedo seguir?

    – Siii, pero métela despacio, por favor.

    Me tomó de la cintura y me la fue enterrando lentamente hasta que sentí su pelvis pegada a mis nalgas.

    – Ya la tienes toda dentro, y que rico, me encanta tu culito, es tan apretadito, caliente y suave.

    – Si, la siento toda, toda, aghhh, me encanta sentirla, me llega tan profundo, me siento tan plena.

    – Sabía que eras una putita que te gusta dar el culo, ¿o me equivoco?

    – No, Ernesto, no te equivocas, me encanta que me cojan por el culo, me hace sentir tan puta, tu putita, anda, cógeme.

    No me hizo esperar y se empezó a mover, las embestidas eran lentas y profundas, me agarraba las nalgas y me las abría lo más que podía para empalarme lo más profundo que se pudiera, pronto empecé a gemir, me estuvo dando por el culo por cerca de 20 minutos, demostrando nuevamente su maestría en el arte de coger, a pesar de su juventud, me cogía en forma lenta para prolongar su orgasmo y yo quería que no acabara nunca de cogerme, me apretaba las nalgas, las acariciaba y abría, hasta que nuevamente me dijo que iba a descargar.

    – Aghhh, ya viene, ya viene, te voy a llenar el culito de leche, – gruñó.

    Empezó a cogerme a un ritmo desenfrenado, sentía su verga rozando y estirando mis paredes internas de una forma deliciosa e increíble, su pelvis chocaba contra mis nalgas con fuerza, sus huevos azotaban mis nalgas, mis gemidos aumentaron de intensidad y sentí próximo mi orgasmo, su verga se ensanchó y justo cuando recibí su primer trallazo de leche caliente, mi cuerpo comenzó a convulsionar, fueron varios chorros de leche, una corrida abundante a pesar de ser su segunda corrida, sentía como me iba llenando por dentro, ambos nos retorcíamos y gruñíamos, hasta que el orgasmo fue menguando, fue un orgasmo larguísimo que me dejó exhausta y me desplomé sudando sobre el mostrador, Ernesto se desplomó sobre mi cuerpo, sentía su respiración entrecortada en mi nuca y yo tomaba bocanadas de aire, mi corazón parecía salirse de mi pecho, buscó mi boca y me dio un beso interminable, después de un rato fuimos recuperando la respiración y por fin, su verga empezó a perder rigidez, hasta que haciendo un plop salió de mi culo, un chorrito de semen escurrió por mis nalgas.

    Hasta entonces recobré la lucidez, ya era tarde y mi hijo se encontraba solo en casa, me levanté rápidamente y me puse mi ropa sin siquiera limpiarme el semen que escurría por mi cuerpo, preocupada por mi hijo, al levantarme, le dije:

    – La verdad me cogiste muy rico, jamás pensé que alguien de tu edad pudiera coger así, pero te recuerdo que soy una mujer casada y esto no puede volver a repetirse.

    Le pedí a Ernesto que continuaba desnudo abrirme la portezuela de la cortina metálica, lo contemplé y tenía un cuerpo magnífico, parecía un Dios, pero con una tremenda verga, que a pesar de estar flácida lucía hermosa, Ernesto abrió la portezuela de la cortina y salí apresuradamente, llevando mi leche y mi jamón, había parado de llover y el sol resplandecía nuevamente, la calle lucía desierta y olía a tierra mojada, sentía el semen de Ernesto escurrir por mis dos agujeros y empapar mi short, mi pelo era un desastre, afortunadamente vivo casi al lado y en un minuto llegué a casa.

    Rápidamente fue al cuarto a ver a mi hijo y seguía pegado a la televisión, jugando un videojuego, lo saludé y ni me volteó a ver absorto a la pantalla, no parecía haberme extrañado y respiré tranquila.

    Me metí a bañar para quitarme todo el semen pegado a mi cuerpo y me cambié de ropa, la ropa sucia la metí a lavar ya que al otro día llegaba mi esposo, y aunque era algo remoto que me descubriera, no quise correr riesgos.

    En la noche, al preparar la cena, descubrí un texto marcado con plumón en la caja de leche que decía [email protected], ese debía ser su correo electrónico, no pude resistir anotarlo en mi agenda.

    La siguiente semana se fue nuevamente Ernesto a Puebla para seguir sus estudios, mi esposo ya en casa, estoy ansiosa, no sé si escribirle, o tal vez esperar las próximas vacaciones para ir a comprar nuevamente a la tienda, justo antes de cerrar, esperando que sea Ernesto hijo quien me atienda.

    Cualquier comentario, les dejo mi correo, [email protected].

    Relato anterior:

    “Cogida en el autobús (2): un trío inesperado con 2 machos”

  • Me follé a mi novio delante de su hermano

    Me follé a mi novio delante de su hermano

    Después de practicar sexo con Luqui y más que todo ver de lo que era capaz, me sentí por primera vez atraída de verdad por él. Aquella tarde salí de su casa profundamente satisfecha de cómo había salido todo y llegué a la mía deseando volver a repetirlo.

    Fuera de eso ya solo quedaban apenas unas semanas para el final de las clases y como podréis suponer lo que se venía eran días muy estresantes de estudiar y hacer exámenes, mi futuro en la universidad estaba en juego.

    La dedicación y el esfuerzo obtuvieron sus frutos, había conseguido aprobar todas las materias y algunas incluso con notables. Ahora ya solo me faltaba realizar el examen de estado y el próximo curso me podría matricular en la carrera de enfermería que imparten en la ciudad de Medellín.

    Entre una cosa y otra ya habían pasado dos semanas de aquella tarde en la casa de Luqui y desde entonces no había vuelto a follar, de hecho, apenas tuve tiempo de hacerme un dedo rápido y sólo para aliviar tensiones. Era momento de volver a repetirlo mi cuerpo lo deseaba de hecho solo de imaginármelo se me humedecía mi sexo. Es por ello que decidí sorprenderlo presentándome sin avisar en su casa, supuse que él al igual que yo también estaría muriéndose de las ganas de verme, e iba a hacerlo pero de una forma que nunca antes había hecho me iba a vestir de la forma más provocativa posible, siempre me veía con el mismo uniforme del instituto así que verme con un vestido corto que resaltaba de sobremanera la forma de mi culo le iba a encantar, debajo me puse un diminuto tanga de hilo que se me clavaba en mi rajita con cada paso que daba.

    Como la tela del vestido era oscura se me ocurrió que no era necesario llevar sostén debajo ya que no se me transparentaban los pezones. Fue así que una vez vestida y arreglada para la ocasión salí de mi casa para tomar el autobús, el conductor de siempre se me quedó mirándome sorprendido no se esperaba verme a esas horas de la tarde y mucho menos vestida de esa manera, estoy casi segura que usando el espejo del pasillo le dió un buen repaso visual a mi trasero aunque nunca pude confirmarlo.

    Tras llegar a la ciudad me dirigí con decisión al departamento de Lucas y le timbré.

    – Aló quién va?- esta voz masculina no la reconocí, debía de ser uno de sus hermanos o su padre.

    – ¿Hola está Lucas? Soy Laura su compañera de clase

    – Salió un momento, si quieres puedes subir y esperarlo aquí.

    – Mmm vale, gracias.

    Al salir del ascensor me estaba esperando en la puerta un chico de unos veintipocos años alto y atlético, vestía ropa de andar por casa llevaba puesto una camisa de baloncesto, un short holgado y unas chanclas. Cuando me fijé en su cara rápidamente deduje que se debía tratar del hermano mayor de Lucas. Según me había comentado estaba estudiando en la universidad y como el curso había terminado supuse que estaría de vuelta por casa hasta reanudar el nuevo curso. Nada más salir del ascensor ví como inspeccionaba mi cuerpo de arriba abajo sin cortarse un pelo, su atrevimiento me resultó halagador.

    – Hola Laura, pasa pasa. Bienvenida.

    – Gracias que amable.

    Cuando pasé por su lado sentí como clavaba su mirada en mi culo. “Pfff joder” escuché como murmuraba.

    – ¿Perdona has dicho algo?

    – No nada, me presento. Yo soy Pablo el hermano del tonto de tu compañero de clase. Aunque ahora veo que lo he subestimado, no sabía que tenía amigas como tú.

    – Así que no te ha contado nada de mí, de hecho soy su novia.

    – Vaya, vaya con el pardillo ese. Que calladito se lo tenía.

    Nos fuimos al salón, allí nos sentamos en el mismo sofá donde hacía unos días estaba montado a su hermanito pequeño, solo recordarlo hacía que subiese mi calentura. Me senté tratando cubrir lo máximo posible mis muslos tirando de la corta tela del vestido hacía abajo, una vez sentados los dos me dí cuenta que su mirada había reparado en otra zona de mi cuerpo. Recordar lo que había pasado ahí mismo hizo que mis pezones se marcasen de forma descarada atravesando la fina tela del vestido, no sabía qué hacer si me tapaba descubriría que me había percatado de la situación y sería aún más incómodo, por lo que decidí hacer como si nada.

    Hacía ya un tiempo que exhibirme delante de otras personas alimentaba mi autoestima y es por ello que no lo evitaba, de hecho siempre me gustó vestir con ropa ajustada que resalte la forma de mi cuerpo y si se puede evitar llevar sostén pues mucho mejor, el pequeño tamaño de mis pechos me permitía ese lujo. La tensión sexual se respiraba en el ambiente, no pude evitar mirarlo de reojo, estaba con los brazos por detrás de la cabeza y las piernas abiertas. Permanecimos callados un rato sin saber qué decir ninguno de los dos. Estábamos sentados a menos de medio metro el uno del otro.

    – Oye una pregunta ¿Acaso tienes frío?- dijo por fin rompiendo ese silencio.

    – No, porque lo preguntas- aunque yo sabía la respuesta perfectamente.

    – Por nada por nada. Es que esta casa es muy fresca aún estando en verano.

    Cuando lo volví a mirar de reojo me pareció ver que algo se asomaba entre su pierna y el short. No puede ser, pensé, es imposible, mi mente calenturienta me estaría jugando una mala pasada. Pero necesitaba asegurarme por lo que decidí darle otro vistazo y en efecto, aquello claramente era la punta de su verga. ¿Cómo podía ser que llegase hasta ahí?

    – Si quieres te la presento ya que tanto la miras.- mierda me había cazado.

    De qué me hablas ahora.

    – De esto.

    Con un rápido movimiento se había sacado su miembro del pantalón por completo, a pesar de estar en reposo aquella cosa debería medir sus buenos veinte centímetros como poco. No sabía dónde meterme aquello me había superado por completo, tenía que hacerme la indignada ya que en cualquier momento podrían llegar y pillarnos de aquella manera sería un problema.

    – ¿Oye pero tú de qué coño vas?

    – Como no le quitabas el ojo de encima pensé que te gustaría verla jeje

    – Pues no, guardate esa cosa que nos pueden pillar.

    – Si es por eso no te preocupes, la puerta se escucha desde aquí.- Yo de hecho, aquello lo sabía perfectamente por experiencia.

    – No importa, te has pasado. Soy la novia de tu hermano, acaso no te importa.

    – No pasa nada, no soy celoso y él no tiene porqué saber nada.

    – ¿Saber qué?

    – Qué me estabas mirando la polla

    – Bueno tú tampoco me has quitado el ojo.- no debía pero decidí seguirle el juego a ver que ocurría, él tenía razón si llegase alguien tenía tiempo de sobra de hacer como si nada

    – Anda como para no hacerlo. Mira como vas vestida, por no hablar de cómo se te marcan los pezones.

    – Cuales, ¿estos?- dije mientras bajaba los tirantes del vestido dejando a la vista mis pechitos

    – Uff joder pero que zorra eres. Mira lo que has conseguido. -dijo señalándose la polla que ahora la tenía completamente erecta.

    – Jeje ya veo que te gustan. Eso debe cosa de familia aunque no todo se pega. – le dije mientras le miraba la verga.

    – Que pasa, que el pardillo de mi hermano no calza lo que su hermano mayor a que no.

    – Pues no.

    – ¿Te gustaría probarla?

    Estaba en un punto de no retorno si cruzaba esa línea quien sabe cómo afectaría a mi relación con Lucas. No podía no debía, pero de repente y sin saber como me vi de rodillas delante suya a punto de metérmela en la boca cuando de repente escuchamos la puerta de la entrada abriéndose. Como pude me compuse el vestido de nuevo y me senté en el sofá mientras Pablo hacía lo propio consigo mismo.

    – Pero Laura que haces aquí, qué sorpresa. – dijo Lucas al verme en el sofá junto a su hermano.

    – Esa era la idea jaja.

    – Te la estaba cuidando hermanito en lo que tú llegabas. – mientras le decía eso me lanzó una última mirada que hizo erizarme la piel

    – Ah pues gracias supongo. Si quieres vamos a mi cuarto Laura así te muestro lo que fui a comprar.

    Mientras me marchaba junto a Lucas noté como Pablo no me quitaba la vista de encima. Si hubiese tardado apenas unos minutos más se habría llevado una buena mamada por mi parte pero así es el destino. Cuando entramos al cuarto hice como que cerraba la puerta pero no lo hice del todo, tenía algo en mente.

    – Mira esto fue lo que compré. – dijo enseñándome una patética lámpara de lava.

    Sin dirigirle palabra alguna lo empujé a la cama quedándose boca arriba con las piernas dobladas y los pies en el suelo, yo en tanto me deshice del vestido quedándome prácticamente desnuda en un solo movimiento. Le agarré los pantalones y se los bajé hasta los tobillos.

    – Pe pero Laura está mi hermano, que estás haciendo.

    – Cállate pardillo, en esta relación se hace lo que a mi me apetece, ¿te queda claro?

    – Va vale

    Acto seguido se la empecé a mamar y en cuanto vi que estaba lo suficientemente dura acabé de desnudarme del todo lanzando mi tanga junto a la puerta. Realmente estaba muy mojada todo aquello con su hermano me había puesto demasiado cachonda. Me subí encima de Lucas y dirigí su miembro a la entrada de mi vagina, sin perder ni un segundo me dejé caer sintiendo como se hundía por completo dentro de mí.

    – Bufff joder Laura que mojada estás entró de una.

    – Ah aaah aaaah así de caliente me pones.

    – Por favor córtate un poco, nos pueden escuchar.

    Al escuchar decir eso le lancé una torta a la cara sin dejar de gemir.

    – Cállate y fóllame, no tienes derecho a protestar.

    Decidí cambiar de postura y ponerme de espaldas ahora él tendría el primer plano de mi culo subiendo y bajando en su verga. Mientras que yo, como suponía, la de su hermano viéndonos por la rendija de la puerta. En cuanto Pablo confirmó que yo lo estaba mirando y que su hermano no tenía forma de verlo decidió abrir un poco más la puerta y sacar su miembro del short para seguir con lo que estaba haciendo más liberado, mientras una de sus manos acariciaba sus enormes testículos con la otra recorría su tronco de arriba abajo sin descanso. Se estaba haciendo una paja a dos manos viendo como su hermano pequeño era follado por la zorra de su novia.

    – Ah aaah aah aaaah que bien lo haces, me encanta.- le decía a Lucas mientras miraba a su hermano a la cara.

    – De verdad te gusta amor.

    – Siii me encantaaa ufff ah aaah. Sigue así no pares mmmm más rápido.- vi como Pablo lo había pillado y aumentaba el ritmo de su paja.

    – Estoy apunto bufff.

    – Córrete, haz que salga todaaa.

    Yo también aumenté el ritmo de mis caderas sin dejar de mirar a Pablo y a su pedazo de polla.

    – Ah aaaah aah que rico Lucas aaaah – en ese momento alcancé el orgasmo y Pablo viendo como lo hacía hizo lo propio lanzando chorros contra su mano desocupada para no dejar rastro en el suelo.

    Cuando sentí que Lucas no aguantaba más me la saqué y acabé el trabajo con mi mano sintiendo como llenaba mi culo de leche, me volví a girar dejando mi culo pintado a la vista de su hermano mayor. Permanecimos besándonos unos minutos hasta que decidimos salir a tomar un helado.

    Cuando me fui a vestir la puerta estaba cerrada, me puse el vestido y más nada ya que mi tanga no estaba donde lo había lanzado, alguien se lo había quedado de recuerdo. Por suerte Lucas no se dio cuenta y nos fuimos a la calle.

    Después del helado me acompañó a la parada del autobús, allí me dijo que se iba a ir de vacaciones con su familia y que no sabía hasta cuándo nos volveríamos a ver.

    Iba a pasar la vacaciones sola y en pleno descubrimiento sexual…

  • El amigo de su hijo

    El amigo de su hijo

    Julia y su hijo Daniel se habían establecido en un pueblo de la costa valenciana después de su divorcio y habían alquilado una casa en una urbanización, su hijo empezó la carrera universitaria de informática en valencia a una hora de camino a su nuevo hogar y Julia empezó a trabajar de horario diurno como oficinista en una residencia de ancianos.

    Daniel hizo nuevos amigos pero uno en especial que era Oliver, un chico 3 años más mayor y con el que iba a su casa a menudo y que era del agrado de Julia, muchos días se quedaba a cenar e incluso algún día se quedó a dormir. Uno de esos días y mientras cenaban Julia notó que Oliver la miraba de una manera distinta, sus miradas se cruzaron varias veces y eso provoco que ella sintiese un extraño hormigueo recorriendo su cuerpo, después de cenar él se ofreció a ayudarla a recoger la cocina y cuando ella fue a prepararle las sábanas en la cama para que él se quedase a dormir y estaba agachada él paso por detrás, le puso sus manos en la cintura y le paso todo el paquete por su trasero, ella se echó hacía delante al notarlo y Oliver se disculpó con una sonrisa.

    Julia se fue a dormir con una extraña sensación y aquella noche en la cama pensando en lo que había pasado y preguntándose si fue casual o no, le dieron ganas de masturbarse.

    Al día siguiente Julia fue a trabajar sin poder quitarse de la cabeza lo que había pasado con Oliver, por un lado le preocupaba y por otro se sentía halagada, Julia se divorció de su marido por sus constantes infidelidades, incluso con su mejor amiga, mientras ella le había sido fiel todo su matrimonio, aquello le provoco una exasperación que todavía le duraba. Julia no podía considerarse una mujer espectacular, tiene 40 años, mide 1.62 y pesa 70kg, un poco de sobrepeso, pero con unas buenas tetas y un buen culo, morena y media melena, aquel día cuando acabo de trabajar fue a hacerse la manicura y comprarse algo de ropa.

    Daniel llamo a Julia el fin de semana para decirle que no iría, se quedaba a estudiar. Julia aprovecho para hacer compras y relajarse todo el fin de semana, al volver a su casa se encontró con Oliver.

    – ¿Qué haces aquí? -le pregunto Julia- Daniel no va a venir este fin de semana

    – Creo que el otro día me deje el portátil -le contestó Oliver- ¿me dejas entrar a buscarlo?

    – Claro que si… anda ayúdame a entrar la compra -le pidió Julia con una sonrisa

    Oliver le ayudo a entrar la compra en la casa y dejo las bolsas en la cocina y le ayudo a guardarlo en los cajones y Julia volvió a notar otra vez la penetrante mirada de Oliver y otra vez una extraña sensación recorrió su cuerpo.

    – ¿por qué me miras así? – le pregunto Julia

    – Tu hijo me ha explicado por qué te has divorciado – le dijo Oliver mientras la arrinconaba contra el mármol de la cocina y sus manos se posaron en la cintura de Julia – una hembra como tu tiene unas necesidades y yo puedo satisfacerte.

    – ¿qué quieres decir? – le pregunto ella mientras sus manos intentaron apartarlo

    – ¿cuánto hace que no follas? – le pregunto él

    Julia lo miro sorprendida y se quedo paralizada sin saber que decir, Oliver le paso las manos por detrás y le apretó las nalgas y ella soltó un grito

    – Soy la madre de tu amigo – le dijo ella – respétame… Julia le golpeo con las manos en el pecho y Oliver se abalanzo sobre ella y su boca quedo a la altura del oído de ella y Oliver la obligo a que le pasara sus brazos por encima de su hombro

    – dime cuánto hace que no follas y te suelto – le susurro Oliver en su oreja

    Julia se quedo un buen rato en silencio y Oliver no dejaba de magrearle el culo y empezó a pasar sus manos por encima de su camisa y magrearle las tetas.

    – hace ya 9 meses que no follo – le susurro Julia, también al oído

    Oliver le quito las manos de su pecho y se apartó un poco de ella, las manos de Julia siguieron abrazando por el cuello y estuvieron un momento así sin moverse y mirándose a los ojos, Julia lanzo un suspiro y Oliver le desabrocho los botones de la camisa

    – ¿qué me vas a hacer? – le pregunto Julia

    – Quiero verte las tetas – le respondió él mientras le abría la camisa y sus manos se desplazaron por la espalda de ella y le desabrocho el sujetador y las tetas de Julia aparecieron delante de él, Julia intentó apartarse y Oliver la agarró con fuerza y quedo claro que él podía imponerse.

    – Por favor déjame – le pidió ella – no puedo hacerlo

    Oliver le masajeo los pezones retorciéndoselos y Julia lanzo un suspiro mientras le recorría un escalofrío por el cuerpo y los pezones se le ponían erguidos.

    – Te voy a poner cachonda y no vas a poder evitarlo – le dijo Oliver – que tetas que tienes

    – no sigas – le rogó ella – no podemos hacer esto

    Oliver le cogió la mano y la llevo a su pantalón, Julia notó como la polla de Oliver estaba durísima y parecía que iba a hacer estallar el pantalón

    – Mira lo que tengo para ti – le susurraba él mientras su mano hacía que la mano de ella se moviese magreando su paquete

    Oliver se desabrocho el pantalón y saco su polla y con su mano llevo la mano de Julia que agarró la polla y empezó a moverla lentamente acompañado del movimiento de él. Julia bajo la mirada y se quedó asombrada del tamaño de la polla, Oliver soltó su mano y la mano de Julia siguió moviendo lentamente aquel enorme falo.

    – Me gusta cómo eres – le decía Oliver – Gorda, divorciada y la mama de amigo

    Oliver hizo agacharse a Julia y le dio golpes en los labios con la punta de la polla mientras que Julia lo miraba como pidiéndole compasión y agarro la polla de él con la mano para apartarla.

    – te lo suplico – sollozaba Julia – no me hagas esto.

    Oliver le abrió los labios con los dedos y le metió la polla en la boca, Julia soltó un gruñido y con las manos el golpeo el pecho.

    – Toda para ti – le dijo él – te voy a dar lo que necesitas… y empezó a meter y sacar la polla de la boca de Julia mientras la agarraba por el cuello, la penetró profundamente y Julia se sacó la polla de la boca tosiendo.

    – Chúpamela bien y no volveré a metértela hasta el fondo – le ordeno él – ella asintió con la cabeza se sentó en el suelo, agarró la polla con las dos manos y empezó a chupársela y pasarle la lengua por la punta y acariciarle los testículos.

    – Sabía que en el fondo eres una marrana – le dijo Oliver – eres buena haciendo mamadas

    Julia siguió chupándola y su mano le hacía una paja a la vez lo que hacía que Oliver suspirara fuertemente y se pusiera tenso

    – sigue así y te voy a llenar la boquita de leche calentita – le dijo él – quiero correrme en tu boca marrana…

    Julia hizo un gesto negativo con la cabeza, pero Oliver la agarró por el cuello y empezó a correrse en la boca de Julia y por encima de su cara.

    – sigue chupándomela y déjamela bien limpia – le ordenó Oliver

    Julia lo miro y le agarró la polla y le lamio y la dejo bien limpia. Oliver la miraba sonriendo, tenía a la madre de su amigo espatarrada en el suelo y con la cara llena de semen.

    Aquello tan solo era el principio.

  • Los primeros cuernos de mi esposo (parte 1)

    Los primeros cuernos de mi esposo (parte 1)

    Estaba totalmente confundida cuando descubrí la infidelidad de mi esposo. Nunca se me pasó por la cabeza serle infiel y por eso nunca hubiera pensado que él lo hubiera hecho.

    Fue un año difícil en el matrimonio, pero logramos superarlo. Fue una noche que mi esposo me propuso que nos tomáramos unas margaritas cuando todo comenzó. Yo ya estaba mareada y mi esposo también, salió el tema de la infidelidad en medio de la conversación y entre lágrimas y risas decidimos dejarlo atrás y nos comenzamos a besar y terminamos teniendo relaciones muy apasionadas, sin embargo la imagen mental de mi esposo con otra mujer mientras mi esposo metía su verga en mi húmeda vagina, lejos de cortarme, me excitaba hasta que le pregunté:

    – ¿Así fue como te culeaste a tu puta?

    El sorprendido pero extasiado me relato paso a paso de cómo se culeo a la puta esa. El relato me prendió tanto que terminé muy fuerte y mientras mis fluidos se regaban en nuestra cama me preguntó:

    – ¿Buscas venganza?

    Recobre fuerza y retome mis movimientos de cadera su verga resbalaba tan delicioso y en momento de locura, con una risa marcada en mi rostro y siguiendo su juego conteste a su pregunta:

    – Si, voy a vengarme de lo que hiciste, te voy a hacer cornudo

    Hasta ese momento ni siquiera lo había pensado, mi esposo había Sido el único hombre en mi vida, pero a él no le disgusto la idea, mientras alardeaba yo con mi esposo mientras me imaginaba actuando como puta con otro hombre, diciendo que quería tener otra verga en la boca, para que después me penetre y darle hasta mi culo , las embestidas de mi esposo fueron más frenéticas hasta que sentí toda su leche caliente en mi vagina, y esa sensación me encanta y yo también terminé fuertemente.

    De ahí en adelante nuestras relaciones de volvieron más frenéticas, y mi esposo poco a poco me confesaba que quería que me deje culear con otro hombre, que siempre seré su puta, me decía que tengo una vagina deliciosa y que quiere compartirla.

    Yo siempre lo tome como un juego sexual, excitante, fogoso pero un juego.

    Sin embargo al parecer algo si cambio dentro de mi. Tengo un compañero en el que nunca me había fijado pero siempre fue sutil en su coqueteo. El había terminado una relación con su novia recientemente y sus coqueteos se habían intensificado conmigo. Por cuestiones de privacidad lo llamaré Alonso.

    Alonso era normal, simpático, inteligente pero a la final nada fuera de lo común. Pero cada vez que me coqueteaba se me veían imágenes de las relaciones con mi esposo y eso me mojaba y me coloreaba por la calentura.

    Mi esposo siempre me cuida, cada que puede y el trabajo se lo permite, me recoge y me va a dejar y no es celoso, me permite salir con mis compañeros.

    Era un viernes, mi esposo trabajaba hasta tarde en esa ocasión, yo le había mencionado que tenía una reunión de compañeros en el apartamento de una compañera a la que considero también mi amiga, a la que mi esposo conoce bien, pues ha compartido también con mis compañeros y en especial con ella ya que nos visitamos frecuentemente. Quedó en recogerme después del trabajo para ir a casa, a lo cual accedí.

    De antemano habíamos estado bebiendo disimuladamente en la oficina, todos uniformados, los hombres con terno y las mujeres con falda y blusa pero tomando aguardiente entre risas calladas y complicidad, era el cumpleaños de mi amiga y era nuestra jefa también por lo que la fiesta comenzó desde antes de llegar.

    Yo me sentí ya un poco mareada en el departamento de mi amiga y la verdad es que de la felicidad se les pasó la mano a algunos y aunque la noche era joven ya pocos quedaban en pie y los que quedábamos estábamos también con unas copitas adentro. Alonso era uno de los que quedaba. Había una pista de baile improvisada en medio de la sala del pequeño apartamento. Interesantemente Alonso no me coqueteo en todo el día, hasta ese momento donde me invitó a bailar. Nuestro compañero encargado de la música, se imaginaba en un concierto y apagó las luces de un momento a otro mientras el reggaetón sonaba. Las parejas en la pista de baile se volvieron más atrevidas y Alonso también quería lo suyo.

    – Que guapa que estás hoy – me dijo

    – Que bueno que estás sola

    Yo solo sonreí mientras seguía bailando, esos comentarios me encendían, el tomo mi cintura suavemente y me acerco a lo cual accedí sin ver nada de malo, después de un momento, pude sentir su miembro a un costado de mi vientre bajo a través de su pantalón, al parecer ya estaba creciendo y su pierna estaba ya contra mi vulva. Nuestros cuerpos se apretaron como por inercia, sin pensarlo. Me estaba calentando.

    – Que rico que huele tu cabello, me encanta como cae en tu espalda.

    Me decía mientras sutilmente me pedía dar la vuelta como para olerlo también por atrás, yo accedí y le di la espalda, y se pegó a mi, por el ritmo de la música saque mis caderas y las comencé a mover, era. La primera vez que sentía otro miembro en mis nalgas que no sea el de mi esposo. Me encantaba esa sensación de estar portándome como puta. Y el alcohol ayudaba muchísimo. Disfruto de mis nalgas en su miembro un buen rato y la verdad ya estábamos calientes.

    Me di la vuelta buscando un poco de cordura, pero su erecto pene golpeaba en mi vientre y sus piernas rozaban mi vulva y yo inconscientemente la apretaba contra el. Alonso busco mis labios y alentada por la poca luz, los pocos testigos y el alcohol deje que me bese, suavemente al inicio pero se volvió más pasional que a los pocos momentos nuestras lenguas jugaban entre si. Un momento de lucidez y una extraña culpabilidad hizo que sin explicación me separara y buscará a mi amiga para detener eso ahí.

    Entre a la habitación y ella estaba tumbada en su cama con otra compañera, intenté ir al baño pero estaba ocupado. Tome mi bolso y fui al cuarto de cocina a beber agua para recuperar el aliento y la cordura, pero la verdad seguía muy caliente. Sentí unas manos que se deslizaban detrás de mi tomando mi cintura. Otra vez sentí ese miembro en mi. Me di la vuelta rápidamente alejando sus manos. Le dije

    – Alonso, para, esto no puede pasar.

    El se sonrió y volvió a buscar mis labios. Y como si no estuviera en mi, accedí a su beso devolviendo su juego de lengua con el mío.

    Decidí abandonarme y seguí su juego me llevo entre beso y beso al cuarto de lavado una pequeña habitación continúa al cuarto de cocina, escondida sutilmente.

    Dónde sus besos eran más candentes y húmedos y sus manos se volvieron traviesas. Saco los primeros botones de blusa revelando la mayoría de mis pechos con sujetador. Hábilmente me lo desabrocho y bajo mi corpiño rebelando mis senos. Los comenzó a lamer como un loco y a mi me encantaba. Mientras lo hacía libero su miembro, volvió a besarme y pude rosar con mi mano su verga, venosa y a reventar, caliente y firme, la tome y lo comencé a masturbar.

    Subió mi falda y su manos estaban en mi trasero. Talvez sabía desde esa mañana que algo iba a pasar que me puse ligeros y una tanga, no estoy segura pero eso llevaba puesto. De repente sus dedos buscaban mi vagina, yo separé un poco las piernas para que la pueda tocar, sus manos pasaron por mi tanga, la hicieron a un lado y sus dedos resbalaron en mi interior. Yo estaba muy caliente, pero aún sentía culpa e incomodidad.

    Subió una de mis piernas, y puso su pene cerca de mi vagina. Comenzó a buscar entrar, sentí su cabeza separando mis mojados labios pero lo detuve y le dije.

    – No por favor, Sin condón no.

    Alonso no traía un condón encima, me sentí de cierta manera aliviada. Desistió por un momento el querer penetrarme, pero estaba estábamos muy calientes y mientras me besaba, tomo mi tanga y la estiró de una de las costuras laterales. La tanga se rompió y me la saco fácilmente.

    Estaba sin nada entre su miembro y mi vagina. Volvió a tratar de acomodar su miembro para penetrarme, y aún no niego que sentir su cabeza separando mis labios me excitaba, en serio no quería ser penetrada sin condón. Así que me pare firme y apreté mis muslos, mientras nos besamos y el buscando contacto deslizó su miembro entre mis muslos, sentía su miembro deslizándose entre mis labios vaginales y mis muslos.

    Era una sensación deliciosa, soy una puta pensaba y el lo deslizaba, yo también movía mis caderas masturbándome con el roce de su pene en mi vagina, sus movimientos se aceleraron y me llevaron a un momento de locura. Si el me insistía una vez más. Dejaba que me penetre en ese momento y en ese lugar. Relaje único más mi piernas para insinuar y buscar su insistencia. Mis jugos chorreando por mis piernas llenando su miembro de humedad.

    Quería ser penetrada, pero el calor del momento y la excitación que el también sentía. Serruchando una chucha casada, a la mujer que no hacía caso de los coqueteos, la que siempre mencionaba al marido en todo. Ahí estaba el jugando con su pene en la vagina de esa mujer felizmente casada, no pudo más y explotó entre mis piernas. Sentía su leche chorreando y mezclándose con mis jugos.

    Nuestras lenguas aun jugando con la del otro , No sé cuánto tiempo paso, pero en medio del beso mi celular sonó. Volví en mi. Me separé, baje mi falda acomode mi blusa con mi sostén aún zafado. Conteste y era mi esposo, estaba afuera esperándome, no había oído por todo lo que estaba pasando pero me había llamado un par de veces más.

    No me despedí de nadie solo salí rápidamente.

    Al llegar al auto me di cuenta que de los nervios, ni siquiera había limpiado su semen de mis muslos. Además de estar sin interior.

    Subí al auto disimuladamente, me senté en el asiento del copiloto. Salude con un beso con mi esposo, con la misma boca que hace un momento había besado a otro hombre.

    Mi esposo arrancó con dirección a casa. Pero la culpabilidad y la calentura, me insinué al decirle.

    – Llévame a un motel.

    El accedió muy contento e inocente, toco mis piernas y sintió la humedad casi seca, no dijo nada. Yo estaba intranquila, deslizó su mano hasta mi vagina y se dio cuenta de que no traía mi interior. Me regreso a ver muy extrañado y me preguntó…

    – ¿Qué pasó?

    Continuará…

  • Una pareja de lesbianas me usó a su capricho

    Una pareja de lesbianas me usó a su capricho

    Hace cinco años más o menos, en una conferencia-charla que dio un sindicato, me senté al lado de dos chicas treintañeras con una estética rapera. Una, que luego supe que se llamaba Emma, llevaba una visera que cubría su melena rubia, una camiseta, mono vaquero con tirantes y tenis. La otra chica, que descubrí que se llamaba Rosa, llevaba una gorra que cubría una cabellera pelirroja corta, blusa, pantalón corto vaquero y sandalias. De cara eran muy atractivas y hermosas las dos, con algunas pecas en las mejillas de Rosa.

    La conferencia trataba sobre los libros “Doce pruebas de la inexistencia de Dios” de Sebastian Faure y “La Peste de Dios, La Bestia de la Propiedad y el Monstruo Social” de Johann Most.

    Después de una hora de charla, los conferenciantes abrieron una tanda de preguntas. Varias personas levantaron el brazo para dar su punto de vista o para que les aclararan algunas dudas.

    Para mi sorpresa, Emma levantó la mano para pedir la palabra y cuando le concedieron la vez, dijo:

    –La creencia en Dios es perjudicial hasta para experimentar un orgasmo intenso, verdaderamente placentero. Quien cree que un Ser Supremo lo vigila las 24 horas del día, tanto en sus actos como en sus pensamientos, se inhibe, por su ingenuidad, y, o se convierte en un ser frígido, u obtiene orgasmos muy pobres al no disfrutar de la sexualidad con naturalidad. Solo siendo atea, una llega a desinhibirse completamente y a disfrutar de una buena follada, sin remordimientos.

    Después de esta intervención, todos los presentes aplaudimos. En aquella reunión a nadie se le había ocurrido el unir la causa de la creencia en Dios con el efecto de obtener malos orgasmos. Fue una idea original.

    Decidí romper el hielo con mis audaces vecinas de butaca y me presenté.

    Cuando me dijeron sus nombres, Rosa apostilló:

    –Para recordarlos, asocia el nombre de mi compañera con el de Emma Goldman y el mío con el de Rosa Luxemburgo.

    –Muy interesante. Buenas referencias ideológicas y culturales –le contesté.

    Me comentaron que trabajan en una gasolinera.

    –Y tú, ¿a qué te dedicas? –me preguntó Emma.

    –Yo soy artista freelance. No me gusta tener amos. Soy punk aunque también me gusta el Rap Metal.

    –Pues esta noche hay un concierto tributo a Red Hot Chili Peppers organizado por diferentes grupos, ¿te apuntas? –me informó Rosa.

    –¡Cómo no! Buena música y excelente compañía. ¡Qué más puedo pedir!

    Decidimos hacer tiempo yendo de terraceo para refrescarnos e intimar más.

    Yo no sabía a cuál de las dos chicas le gustaba. A mi radar le costaba dar algún indicio sobre el tema. Las dos eran muy simpáticas y agradables conmigo.

    Después de dar varias vueltas por el centro de la ciudad y de hablar de todo un poco (música, tatuajes, filosofía, etc.), en otra de las terrazas en la que aterrizamos me decidí a preguntarles de forma directa y clara:

    –Bueno, y a todo esto, ¿quién de las dos está interesada en mí? Porque no acabo de captar los mensajes subliminales.

    Soltaron una carcajada las dos, a las que me uní yo también, después, al verlas reír con ganas. Al cabo, Emma me contestó:

    –¿Por qué tiene que ser solo una la interesada en ti?

    En ese momento mi verga comenzó a activarse. La conversación empezó a subir de tono y en momentos, me fui dando algunos piquitos con ellas de forma alterna.

    Ya en la sala de conciertos, después de pedir unas consumiciones, nos fuimos acercando al escenario.

    Yo le pasé una mano por la cintura a Emma, y acercando mi cara a la suya, le pegué un buen morreo. Ella me dijo al oído:

    –No te olvides de Rosa, que también quiere su ración.

    Por supuesto que no me olvidaba de su cachonda amiga. Le paso por su cintura el otro brazo, me acerco, y le doy su filete rebozado, también.

    Para mi sorpresa, luego, observo que ellas dos se abrazan y se morrean con tal intensidad, que me doy cuenta que son algo más que compañeras de trabajo y de piso.

    El concierto duró dos horas y media y en todo ese tiempo los magreos y besuqueos entre los tres fueron constantes, intercalados con bailes sensuales al ritmo de la música.

    –Somos una pareja lesbi que de vez en cuando mete en la cama a un hombre para que nos haga el trabajo sucio, ¿no te importa, verdad? –me confesó Rosa.

    –¡Qué me va a importar! Yo también debo confesaros que estoy casado. Somos una pareja abierta –le contesto–. Y el trabajo sucio, ¿en qué consiste? –le inquiero.

    –Es que a mí no me ilusiona en exceso el hacer cunnilingus. Emma me los hace muy bien, me corro como una golfa. Pero cuando me toca a mí, no puedo con ello.

    –Pues yo soy vuestro muñeco hinchable. A partir de ahora no busquéis más machos. Ponedme en plantilla como juguete sexual de recambio u apoyo a la pareja. Además, si os apetece, con el tiempo os puedo presentar a mi esposa. Ella es bisex y le apasiona el sushi.

    Rosa se echó a reír y me dijo:

    –Pues a mí el sushi no me va, y lo intento. ¡Vaya si lo intento!

    Después, Rosa se acercó al oído de Emma para informarla de lo que hablamos.

    Mi mujer me hace favores presentándome a algunas de sus amantes para que la distancia entre sus empotramientos extramatrimoniales mensuales y los míos no sea enorme. Yo, presentándole a estas dos pichoncitas, sé que la pondré muy contenta y me lo agradecerá.

    Emma después de escuchar a Rosa, se me acerca y me dice:

    –Si te portas bien y das la talla de amante discreto (de actor de reparto), te meteremos en nuestro grupo de WhatsApp. Lo de presentarnos a tu mujer, gracias pero no. Preferimos que la tercera persona sea hombre, por temas de celos.

    Comprendí su postura y asentí con la cabeza.

    Salimos de la sala de conciertos, cogimos mi coche y nos dirigimos hacia su piso.

    Ellas iban sentadas en el asiento de atrás y se daban el lote con desenfreno.

    Mi polla estaba a reventar con aquel espectáculo que a través del espejo retrovisor yo contemplaba.

    Cerca de su vecindario no había dónde aparcar. Entonces, Emma me dijo que lo metiera en el garaje de su edificio y que aparcara en la plaza de unos vecinos que el finde suelen ir a la sierra. Así lo hice.

    Al salir del coche no pude reprimir darles unos buenos lengüetazos por el cuello y la nuca a las dos. Había cámaras de seguridad pero no nos importaba. Emma y Rosa me palpaban el paquete por fuera del pantalón y me decían “Si te portas bien dejaremos que nos la metas”.

    Yo no dejaba de lamerles y succionarles las orejas mientras les comentaba que eso era solo un aperitivo de lo que les haría en sus mejillones y ojetes anales.

    Arrimados a una columna del garaje hicimos una buena exhibición de puterío para ponerle los dientes bien largos al encargado de ver los videos de seguridad.

    Una vez ya dentro de su apartamento me enseñan la casa. Observo que en la mesita de noche de su alcoba hay un ejemplar de “La filosofía en el tocador” del Marqués de Sade.

    –Es nuestro libro de cabecera –comenta Rosa, y adoptando una postura regia, continuó–. Franceses un esfuerzo más si queréis ser republicanos.

    Y nos reímos recordando uno de los pasajes más sublimes del libro.

    Emma puso música de La Mala Rodríguez y comenzó a hacer un striptease. Rosa y yo nos sentamos en un sofá a deleitarnos con el show. De repente, Rosa me desabrocha la cremallera de los vaqueros y me saca la picha toda tiesa ya. Empieza a masturbármela con cierta dejadez, sin poner mucho entusiasmo en el asunto. Curiosamente ese desdén me excitó más y se me puso más dura y palpitante aún si cabe.

    Una vez que Emma quedó en pelota viva, le tocó el turno a Rosa. Emma se sentó a mi lado y continuó el pajeo que su novia me estuvo haciendo antes. Emma le puso más interés al ordeño. Yo ya comenzaba a sentir algún cosquilleo de placer por el interior del nabo.

    Una vez acabado el striptease Rosa, decidieron colocarse de rodillas con las piernas algo flexionadas, una en frente de la otra. Mientras se sobaban e intercambiaban filetes, yo, acostado en el suelo les iba comiendo las panochas y ojetes, chupeteándoselos bien.

    A continuación hice el amago de penetrar con mi rabo el coño de Rosa, y al comprobar que no oponía resistencia, se la fui introduciendo poco a a poco, hasta hacer tope en mi pubis.

    Mientras lamía y martilleaba con mi lengua el coño y el esfínter de Emma, con mi falo perforaba con fuerza el chumino de Rosa.

    Cuando Emma se corrió, llenándome la boca con sus jugos, cambié de posición. Comencé a hacerle un buen lavado de bajos a Rosa mientras le hincaba mi polla bien adentro en el berberecho a Emma.

    Con la punta de mi lengua le martilleé el clítoris a Rosa con tanto ímpetu que no tardó mucho en vaciarse en mi cara.

    No pude aguantar mucho más tiempo el ritmo del folleteo y me corrí en el chocho bien dilatado y chorretoso de Emma. Esta dijo:

    –Le dejaste bien limpitos los orificios a mi hembra. Ahora déjame relucientes también los míos. Trágate tu propio esperma. Date prisa, está a puntito de salir de mi almeja.

    Yo estaba tan encantado con estas dos jacas en celo que no quería disgustarlas. Para que me volvieran a llamar accedí a la petición de Emma.

    Me coloco debajo de su cueva y comienzo a darle lengüetazos por la entrada de su vulva. Después le separo con mis dedos sus labios mayores y repito otra serie de lengüetazos, estos ya por el clítoris y la parte interna de la vagina. A los pocos segundos noto que inunda mi boca un chorro de mi semen. Tenía razón una novicia que conocí hace años cuando decía que el esperma tiene sabor a clara de huevo. Pero a mí no me gustan los huevos crudos. Gracias a sus deliciosos jugos vaginales fui camuflando el sabor de mi lechada.

    Del interior de su vagina salieron dos o tres chorros más de esperma. Me los tragué casi sin saborearlos mientras le succionaba el mejillón buscando algo más de sus caldos. También le dejé el esfínter bien lamido y relamido.

    –¡Así se come un chocho y un culo! La mayoría de los hombres lo hacen de prisa y corriendo, le ponen menos ganas que Rosa. Con qué pasión y dedicación hace el cunnilingus Jonathan. Aprende de este maestro, Rosa, a degustar un sushi –decía Emma con la voz casi ida.

    Mientras yo recuperaba fuerzas, las chicas decidieron seguir con la juerga.

    Emma se colocó un consolador con arneses. Rosa se puso a cuatro patas y esperó pacientemente a que su macho la penetrara con garra. Emma se la introdujo en dos embestidas. Con las manos en la cintura, adoptando una actitud de chulapa, le iba propinando buenos caderazos.

    Ante aquella visión, mi polla comenzó a tomar cuerpo, a ponerse morcillona. Opté por acercarme a Emma, por la espalda, y agarrándola por la cintura le fui besando el cuello, nuca y orejas. Emma me dijo:

    –Mientras me zumbo el chocho de Rosa, lámeme el culo. Hazme cosquillitas en el ojete.

    Me puse manos a la obra y separando sus nalgas con mis manos, le pegué unos buenos morreos en el ano. Le metí la lengua bien adentro buscando petróleo.

    Cuando Rosa llegó al clímax, después de estar cerca de un cuarto de hora jadeando y gimiendo como una perra, intercambiaron los papeles. En la postura de misionero, Rosa, después de colocarse el consolador con arneses, se iba follando el chumino de Emma a buen ritmo, mientras le chupeteaba los pezones. Yo adopté el mismo rol de antes, lamiendo y succionando esta vez, el esfínter de Rosa.

    Emma alcanzó el orgasmo acompañado con unos espasmos y gemidos endiablados.

    Nos tomamos un descanso y decidimos darnos una ducha, pues los tres estábamos bastante sudorosos. La melena rubia de Emma estaba humedecida y algo rizada por el acaloramiento que la sesión de sexo le estaba proporcionando.

    ¡La noche era joven y larga!

    Me senté en un sofá y le propuse a Emma que se sentara sobre mi polla dándome la espalda. No lo pensó dos veces y se subió a mi cabalgadura. Mientras esta me montaba, le sugerí a Rosa que hiciera de mamporrera y nos lamiera el coño y la polla durante el folleteo. Rosa puso mala cara y no quise insistir.

    Emma subía y bajaba a lo largo de mi mástil, su conejo comenzaba a chapotear. Yo, la sujetaba por la cintura. Le lamía la espalda a la altura de los omóplatos y le mordía los hombros.

    –¡Qué diferencia el meterse en el chocho una polla de carne en lugar de una de látex! La de carne está calentita y palpitante. Teniendo un amigo de confianza, que no se vaya de la lengua, es preferible esta opción. Jonathan lleva camino de ser ese amigo que necesitamos. ¡Qué aguante tiene! –comentó Emma.

    –Gracias Emma. Yo estoy a vuestra entera disposición. Y aguante, el que queráis. Solo me correré cuando vosotras decidáis –aseveré.

    Emma, al poco rato se corrió, calcándose mi rabo con fuerza, chocando pubis contra pubis. Después, se desacopló dejándole el sitio a Rosa. Esta, una vez que ensartó mi falo en el interior de su conejo, empezó a hacer círculos con la cadera.

    Emma no tuvo tantos escrúpulos a la hora de poner en práctica un buen cunnilingus, e iba lamiendo almeja y chorizo sobre la marcha del folleteo.

    A Rosa le ayudé un poco con mis manos, que tenía sujetas a su cintura, a subir y bajar por mi nabo, ya que ella estaba algo cansada y prefería solamente hacer un ligero hula hoop.

    Alrededor de unos veinte minutos después, Rosa alcanzó el clímax, reprimiendo un gritito y mordiéndose el labio superior. Se bajó del tiovivo dejándome la polla encharcada de sus jugos.

    Emma, entonces, tuvo una ocurrencia y quiso ponerla en práctica.

    Se tumbaron las dos, una enfrente de la otra, con las piernas en alto y con los pies formando una imitación de copa o de cuenco. Entonces, me dijo Emma que me masturbara y me corriera en el interior de ese improvisado recipiente, llenando las plantas de sus pies y los deditos, de mis descargas de esperma.

    Siguiendo sus indicaciones, me la fui sacudiendo con energía, fijándome en las caras de guarras que iban poniendo para provocarme un calentón intenso que me llevara pronto a la eyaculación.

    Mi polla por fin explosionó. Los primeros chorros los dirigí hacia la parte plantar de sus pies y el resto de las descargas las fui esparciendo por sus veinte deditos. Me la sacudí varias veces, hasta soltar las últimas gotas de esperma en el interior de aquel cuenco de carne.

    En esto que Emma me dice:

    –Ahora, lámenos los pies y trágate todo tu semen hasta dejarnos los pies bien limpitos y sequitos.

    Me arrodillé y comencé a lamer las cuatro plantas de sus esbeltos pies. Tragándome casi sin saborear mucho, mi propia lefa. Emma y Rosa se reían al ver la desagradable cara que yo ponía.

    Después fui chupando los veinte deditos, muy despacio. Succionaba y mordisqueaba cada uno de ellos. Lamía y relamía con verdadero placer cada uno de sus delicados dedos y recogía con mi lengua los restos de lechada que pudiera haber entre los huecos. Me tragué todo lo que fui recogiendo, dejando los cuatro pies tan relucientes como los chorros del oro.

    Durante casi dos años seguí viéndolas una vez por semana por lo menos, haciéndoles el “trabajo sucio”. Pero un buen día, Emma me informó que habían roto, ella y Rosa. Emma había conocido a otra chica, que al parecer, le hacía unos buenos lavados de bajo, sin los escrúpulos insuperables de Rosa, y decidió cambiar de hembra. Por lo tanto, prescindieron de mis servicios.

  • El amigo de su hijo (II)

    El amigo de su hijo (II)

    Julia se levantó y se lavó la cara, Oliver la cogió de la mano y la arrastró a su habitación y la estiró en la cama.

    – por favor no sigas – le suplicó Julia – no podemos seguir con esto

    Oliver le quito los zapatos y los aparto a un lado y le subió la pierna y le beso el pie.

    – Como te huelen los pies, eres gorda y marrana – le susurró él

    Oliver intento quitarle los pantalones y Julia cerro las piernas intentando evitarlo, pero Oliver tenía mucha fuerza y le quito los pantalones luego la camisa.

    – Déjame… soy una mujer decente – le pidió ella con lágrimas en los ojos

    Oliver le abrió las piernas y le beso los muslos mientras Julia le ponía las manos en la cara pese a saber que eso no lo detendría y él le quito las bragas y le abrió las piernas.

    – A ver como tienes el chocho marrana – le dijo mientras le paso un dedo por la raja – . Julia soltó un lamento

    – Tienes el chochito bien mojado – le exclamó Oliver – que marrana que eres

    – Suéltame – le grito Julia cerrando las piernas

    Oliver cogió su móvil le hizo una foto a Julia y luego hizo ademán de llamar.

    – ¿Qué haces? – le grito Julia

    – Voy a llamar a tu hijo y le voy a contar lo bien que me chupa la polla su madre y como la tengo en la cama con el chocho calentito.

    Julia le tapo la boca con una mano y con la otra intentó quitarle el móvil.

    – No hagas eso – le suplicó dócilmente

    Oliver la miro desafiante y dejo el móvil encima de la mesilla y le pego un cachete en las nalgas, Julia soltó un grito.

    – Ábrete de piernas cochina – le ordenó él

    Julia lo miro y empezó a abrir las piernas lentamente hasta mostrarse espatarrada delante de Oliver que llevo los dedos a su coño y empezó a abrirle los labios.

    – Que chochito más mojado y calentito que tienes gorda – le murmuró Oliver, Julia se retorció y soltó un grito de exclamación mientras Oliver le metió un dedo y inició un movimiento de entrada y salida.

    – Tienes el chochito muy apretadito… ¿tú crees que mi rabo te va a caber en el chochito?

    Julia hizo un gesto negativo y se llevo las manos a la cara mientras que el dedo de Oliver entrando y saliendo de su coño le comenzó a arrancar suspiros profundos. Oliver se sentó entre las piernas de ella y intensifico lo movimientos metiéndole también otro dedo.

    – Como te estas poniendo cachonda gorda – le increpaba él mientras Julia empezó a retorcerse en la cama y de su boca asomaba algún grito placentero.

    Oliver se agacho y le abrió bien las piernas y le mordió los muslos y comenzó a lamerle el coño suavemente, Julia soltó un gruñido y arqueo las piernas.

    – como te huele el chocho – le dijo él – éstas muy salida gorda

    Julia no podía disimular que estaba caliente y no quería demostrarlo, pero Oliver notó la excitación de ella porque cada vez tenía el coño más mojado.

    – ¿Quieres que te folle gorda? – preguntó él sin obtener respuesta más allá de unos suspiros profundos de Julia

    Oliver se levantó y le paso el glande por la raja del coño y Julia emitió un grito y sus piernas temblaban y le volvió a pasar el glande otra vez y la penetró con la punta, Julia le puso las manos en el pecho y soltó otro grito.

    – Te voy a follar marrana… no te resistas – le exclamó él y la penetro con fuerza, Julia tembló y soltó un alarido y sus manos se agarraron al cuello de él y Oliver la volvió a penetrar con fuerza varias veces

    – Tienes el chochito muy cerrado – se excusó él – te voy a dar lo que necesitas marrana

    La polla de Oliver empezó a deslizarse en el coño de Julia que se llevo las manos a la cabeza y cerró los ojos e instintivamente arqueo las piernas y facilitó las penetraciones que cada vez eran más profundas y constantes. Julia empezó a jadear con fuerza y sus piernas a temblar y sus tetas a moverse. Oliver le retorció los pezones y eso arranco un gesto placentero de ella.

    – Te vas a correr gorda – le dijo él – voy a hacer que te corras… porque te gusta que te la meta… tu marido no te follaba así.

    Julia miro morbosamente a Oliver, no quería decirle que su polla le llenaba el coño, no como la de su marido y la forma en cómo la estaba tratando y hablando soezmente la estaban poniendo muy cachonda y no pudo reprimirse y se le abrazó al cuello y tuvo su primer orgasmo con él.

    Oliver le saco la polla, la levanto y ella se quedo abrazada a él temblando, había tenido un orgasmo muy potente. Él se estiro en la cama y la obligo a ella a ponerse encima de él.

    – ¿quieres que te siga follando? – le susurró al oído

    Julia no dijo nada, pero echó su culo hacía atrás buscando que la punta de la polla de él se introdujese en su coño y cuando ya la tenía dentro soltó un grito placentero, puso las manos en el pecho de Oliver y comenzó a montarlo lentamente.

    – Tu hijo no va a saber lo marrana que eres – le exclamó él con una sonrisa provocadora

    Julia se echó hacía delante y busco su boca y le dio un beso en los labios y le dio la lengua y comenzaron a morrease, Oliver la agarró por las nalgas y empezó a moverlas.

    – muévete gorda – le ordenó él – cada vez me gusta más tu chochito

    – Si mi hijo no se entera de nada… follare contigo – le propuso ella con una sonrisa burlona

    – ¿te gusta que te folle gorda? – le preguntó mientras la agarraba por la cabeza

    – Tu rabo me llena el coño y me vuelve loca – le contesto ella – fóllame cabrón

    Oliver le agarro las tetas y le mordió los pezones y ella se agitaba con intensidad.

    – solo follabas con tu marido – le preguntaba

    – He sido una mujer muy tonta… fóllame bien follada – le pedía ella

    Oliver la levanto de la cama y la agacho y ella sin pedírselo se llevó la polla a la boca y comenzó a chupársela mientras él la miraba sonriendo.

    – Que polla que tienes cabrón – le dijo ella descaradamente – ¿te gusta que te la chupe así?

    – Así marrana pónmela bien dura y te follare bien follada

    Oliver la levantó, la giro y le pego la cara y sus tetas contra la pared, le separo las nalgas y la penetró con dureza, ella se apoyó con las manos en la pared y soltó un grito placentero.

    – Te han follado alguna vez así – le dijo él

    – No – contesto Julia – Fóllame tú

    – Te voy a follar donde nunca te han follado – le exclamó él – vas a ser una mama muy mala

    Oliver la comenzó a follar intensamente mientras la agarraba por la cintura y Julia chillaba placenteramente y sus tetas se movían violentamente y él paro y Julia soltó un grito de desaprobación y se giró.

    – ¿qué te pasa cariño? – le pregunto ella

    – Pídeme que te folle gorda – le grito él mientras le agarraba la barbilla con la mano

    – Fóllame no me dejes así – le suplicó ella – métemela mi niño

    Oliver sonrió burlonamente mientras la penetraba profundamente, tenía a la madre se su amigo donde él quería y en ese momento es cuando empezó a someterla.

    – métemela hasta el fondo – le pedía ella – quiero sentirme muy guarra

    – Voy a abrirte el chochito gorda…. Solo te voy a follar yo

    Julia gritaba placenteramente, Oliver la cambio de posición y la llevo al borde de la cama le subió una pierna y ella se apoyaba con las manos en la cama y comenzó a follarla de nuevo y Julia empezó a chillar otra vez.

    – Grita gorda… voy a follarte toda la noche

    – Cabrón me vas a reventar el coño… exclamaba ella – nadie me ha follado así

    Julia empezó a temblar de nuevo y Oliver al notarlo la agarro fuertemente por las caderas y la follo intensamente.

    – me voy a correr – le anunciaba ella – me estas matando

    Julia tuvo un orgasmo salvaje y se estiro encima de la cama y se quedo un rato temblando mientras de su coño emanaba una gran cantidad de fluidos. Julia se giro y se quedo sentada en la cama con la respiración entrecortada y una mirada avergonzada, el amigo de su hijo la estaba follando como nunca se imagino que podían hacerlo. Oliver la observaba con la polla tiesa y empezó a masajearle las tetas y ella respondió agarrándole la polla con la mano.

    – Vamos gorda quiero volver a follarte – le susurró Oliver

    – Me duele el coño – le respondió ella sonriendo – la tienes muy grande

    – Venga gorda dame tu chochito – le rogó él

    Julia se echo hacía atrás en la cama y apoyo su cabeza en la almohada mientras se abría de piernas y con sus dedos se abría los labios del coño, Oliver se abalanzo suavemente encima de ella, la penetró y empezó a deslizarse dentro de su coño, Julia se agarró al cuello de él.

    – Vas a hacerme tu putita – le susurraba ella al oído – métemela hasta el fondo

    Oliver sonreía placenteramente, la madre de su amigo se dejaba someter a su voluntad.

    – Dámela toda – le pedía ella totalmente deslenguada y fuera de sí – fóllate a la mama de tu amigo

    Oliver le subió las caderas y Julia arqueo las piernas y comenzó a embestirla con fuerza y profundidad, Julia estaba en trance gritando sin parar, no podía comprender cómo un chaval de 24 años podía follarla de aquella manera tan experta y provocarle tanto placer.

    – Te voy a dejar satisfecha marrana – le decía él mientras sus lenguas se fundían en un morreo

    – Cómo siento tu polla cabrón – jadeaba ella – la notó en el fondo de mi coño

    – No aguantó más – le avisó él – me voy a correr

    – No te corras dentro de mi – le pidió ella – córrete en mi boca

    Una cosa que ella no había dicho es que a su marido no le dejaba correrse en su boca. Oliver se puso de rodillas al lado de ella y le metió la polla en la boca y él empezó a temblar y se corrió dentro de ella que recibió y se trago su semen caliente, le agarró la polla con las dos manos y le lamio todo su tronco limpiándole los fluidos de su propio coño.

    – Ábrete de piernas – le ordeno él – te voy a hacer algo que tu marido no te hacía y le metió dos dedos en el coño y empezó a meterlos y sacarlos con rapidez y intensidad, Julia le agarraba la polla con fuerza y empezó a sentir un placer enorme

    – ¿Qué me éstas haciendo? – pregunto ella mientras se espatarraba encima de la cama

    – Te estoy haciendo un squirting marrana – le dijo él mientras le metía y sacaba los dedos con fuerza – ¿Es la primera vez que se lo hacen a tu chochito?

    Julia asintió con la cabeza mientras le mordía el tronco de la polla y empezó a temblar.

    – Sácame los dedos por favor no te soportó – le suplicó ella intentando cerrar las piernas

    Oliver se abalanzo encima de sus piernas y las mantenía separadas con sus codos mientras seguía los movimientos con los dedos.

    – vas a ver cómo te vas a correr marrana – le gritó él

    Julia empezó a temblar y arquearse y su mano cogió la almohada y al mordió mientras se corría salvajemente y notaba como una gran cantidad de liquido salía de su coño, era la primera vez que se estaba meando al tener un orgasmo.

    Julia se quedo temblando un buen rato y se levanto se fueron a duchar, cambio las sabanas y se quedaron dormidos placenteramente.