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  • Otra vez nos volvíamos a encontrar

    Otra vez nos volvíamos a encontrar

    Otra vez en la ruta, camino a un nuevo encuentro, anhelando que sea tan lindo o mejor que el primero que nos encontramos con nuestros cuerpos. Quiso el destino que el punto de encuentro sea coincidente del primero.

    Esta vez fui quien tuvo que esperar, Anna no podía “escapar” de su almuerzo familiar; “encima se sirvieron postre de nuevo” decía el texto de su mensaje. En cuestiones de minutos nuevamente subía a mi auto para irnos al mismo alojamiento que había sido testigo de nuestros cuerpos disfrutándose mutuamente.

    Al llegar nos fundimos en un abrazo, uno de esos que tantos nos deseábamos a diario por mensajes. Entramos, nos acomodamos y al descalzarnos se paró sobre mis pies dándome la espalda, pero viéndonos a través del enorme espejo en la pared, la abrace y mientras besaba su cuello su respiración se aceleraba. Se voltio y al cruzar nuestras miradas volvimos a fundirnos en un nuevo abrazo que llevo a besarnos intensamente. Al tenernos más confianza no dudo en tirarme sobre la cama y quedar sobre mí, nos besábamos frenéticamente y rápido comencé a retirar sus prendas, quería y deseaba tocar su piel, acariciarla y con el aroma de su cuerpo calmar mi ansiedad. Fue como un ansiolítico que me trajo al presente para disfrutar del momento y tener todos mis sentidos puestos ahí.

    Saqué su remera, seguí por su brazzier quedando sus pechos frente a mi boca, no me pude contener, comencé a lamerlos y a morder sus pezones como tanto le gusta y disfruta. Sus gemidos eran señal que debía seguir, al unísono retiraba su calza y casi al mismísimo tiempo su less, la timidez de aquella primera vez se había vuelto confianza y esa confianza disfrute, toda su piel a merced de mí, como tomando revancha de mi avance me despojo de mis prendas y al cabo de segundos estábamos desnudos rozándonos la piel.

    Todas esas fantasías que intercambiamos por mensajes de lo que nos íbamos a hacer uno al otro no son fáciles de cumplir cuando el deseo está a flor de piel y nos disfrutamos al 100. Esta vez debía ser yo quien comenzara, pero tomó el control de la situación y no me costó mucho entregarme a disfrutar.

    Compartimos la curiosidad por probar cosas nuevas para uno u otro y nuestro acuerdo es la aceptación del otro sin lastimarnos. Encontrándome recostado en la cama coloco una almohada bajo mi cabeza, comenzó a besarme los labios, luego bajo recorriendo todo mi cuerpo con sus labios. Mi cara de bobo disfrutando el momento y el placer que me causan sus besos no hacen más que suspire deseando que sea eterno ese momento. Al llegar a mi pelvis interrumpe sus besos y se acerca a buscar un caramelo que había dejado sobre la cómoda, “yegua” exclame, tenía preparado el caramelo halls que había fantaseado. Ya con el caramelo en la boca tomo mi mano he hizo que sostuviera su cabello como aquella primera vez, su cara tiene un aire de picardía, intuyo que es porque está por cumplir algo que fantaseaba hacerme.

    Siguió besándome suavemente mi pelvis, mi glande se encontraba deseoso de que sus labios llegasen a él y la liberación de mis líquidos seminales demostraban el interés. El recorrido de sus labios siguió por mis testículos, le dedico un tiempo a ellos y beso uno a uno sin que ambos se sintiesen celosos del otro, mi disfrute era enorme. Siguió por el tronco de mi pene suavemente hasta llegar a mi glande. Al entrar a su boca la sensación fue distinta pero no menos placentera que la primera vez, se debía al caramelo de su boca, una sensación de frescura, pero a su vez muy caliente por el placer que estábamos viviendo.

    Mi respiración se aceleraba con cada lamida, su lengua jugaba en la base y mi éxtasis era insaciable, le dije al oído que me encantaba como chupaba mi pene y lo repetí varias veces mientras lo hacía. Me encuentro narrando el momento y piel vuelve a erizarse como ese momento (que bien lo hace y cuanto lo disfruto) podía ver en su cara como disfrutaba también de ese momento. Se interrumpió la felatio y fue para untar sus dedos en vaselina, esta vez quería estimular mi ano diferente a la primera vez y al mismo tiempo seguir chupando mi pene.

    En el momento que la euforia se apoderaba de Anna la guiaba y calmaba sus movimientos para que sea más placentero, intentábamos nuevamente con el fin de mejorar todo aquello que íbamos experimentando con el fin de darnos placer. Mi piel se erizaba y todo mi ser disfrutaba de todo lo que me daba, a medida que iba disfrutando se acrecentaban mis ganas de eyacular, le advertí por si no quería seguir y correrse para no hacerlo dentro de su boca, por más que me lo haya pedido. “La quiero probar” fue su respuesta, “quiero conocer que se siente y que sabor tiene” agrego, y fue en ese momento que me vine dentro de su dulce boca, sus labios acompañaron el momento y siguieron chupando mientras eyaculaba, “esta vez fue poca cantidad, esperaba tomarme más de tu lechita” bromeaba, creo que la vergüenza hizo que me contenga por las dudas fuese desagradable para ella. “No fue desagradable”, dijo mientras limpiaba sus labios, “algo salado” nomas, sumo al comentario. Le agradecí su atrevimiento para mi disfrute, nos besamos y abrazamos sin decirnos nada, pero sintiendo todo.

    La volteé en mis brazos y la recosté sobre la almohada, comencé a besar su cuerpo recorriendo cada centímetro con mis labios a la vez que acariciaba su cuerpo. Sus labios, y no precisamente de su boca, atraían mis dedos; el pacer de tocar su vagina húmeda, muy húmeda, hacia que mi corazón latiese más fuerte.

    Entre besos y beso llegue a su vulva con mi boca. Disfruto de sobremanera el sexo oral y hacen que mi euforia vaya en contra de su goce, me paso de rosca y ella disfruta de la suavidad, de la lentitud intensa, aun no aprendo y no puedo ver en su cara un disfrute pleno. Decido cambiar mi estrategia para que disfrute el momento de su entrega, quiero buscar y encontrar su punto G. Explorando con la yema de mis dedos, noto todo húmedo y suave al tacto, una sensación inigualable. Comienzo a introducir mi dedo mayor y a buscar en el interior. Sus gemidos se intensifican, su placer aumenta, me siento entusiasmado y sigo por ese camino. A la vez muerdo sus pezones y su placer aumenta, sus gemidos se convierten en pequeños gritos. “Voy bien”, digo para mis adentro. Intento sumar mi dedo índice y sin resistencia se une al mayor, ambos acarician el interior de su vagina, uno mis labios a la fiesta de su vagina y mis dedos, disfruto de hacerlo y aun más de ver que ella lo disfruta, toma mi pelo con sus manos y aprieta mi cabeza sobre su pelvis para que siga lamiendo y en un lapso de tiempo se viene, su cuerpo se extrémese, su respiración se torna más agitada, veo su cara exhausta pero feliz, con una mirada tierna me agradece el momento vivido.

    Nos recostamos a la par para una pausa y tomar aire. Volteo y quedo boca abajo, empieza a morder mis glúteos, “no me vayas a marcar yegua” le digo, “un poquito, total a tu esposa no la vez por unos días más y se te borran” me dice. Cedi a su pedido, lo hizo dos o tres veces. Comenzó a acariciar mi espalda con sus pezones, me rozaba con fuerza y disfrutaba a cada movimiento; en un lapso de tiempo comenzó masajear mi espalda con sus manos hasta que casi quedarme dormido, volvió a morder mi glúteo para que me despertase. Me dio vuelta y comenzamos a acariciarnos nuevamente, tomo mi pene entre sus manos y dándole amor suavemente se erecto muy rápidamente. Busco un profiláctico y pidió que le enseñe como colocarlo, nuevamente volvió a derretirme con ese pedido. Una vez en su lugar coloqué otra almohada en mi espalda para poder quedar más erguido y le pedí que cabalgue sobre mí. Sus caderas empezaron a menear y acompañé sus movimientos como pude; mis manos la tomaron de sus nalgas para seguir el ritmo. El placer aumentaba y el disfrute de ambos también, ambos comenzamos a gemir y a cansarnos, invertimos y se recostó sobre la cama, seguí penetrándola a un ritmo más vertiginoso, al colocar sus pies sobre mis hombros su goce creció, lo noté en sus gemidos, continuamos así hasta que ambos llegamos al orgasmo nuevamente.

    Nuestros cuerpos ardían y sudaban. No fundimos en otro abrazo como agradeciéndonos lo bien que nos hacemos cuando compartimos tiempos como estos.

    Nos duchamos, nos besamos, nos entregamos al amor y el momento compartido se volvía único una vez más. Ahora, era el tiempo que ponía fin a nuestro encuentro y nos avisaba que teníamos que volver nuevamente a nuestras vidas cotidianas.

    Descendió en el mismo lugar donde había subido a mi auto. Nos despedimos con un fuerte abrazo y un intenso beso deseándonos buen viaje de regreso y anhelando pronto encontrarnos nuevamente.

  • Despedida caliente

    Despedida caliente

    Faltaban 25 minutos para poder llegar al trabajo y ya tenía que salir del departamento si es que quería llegar a tiempo.

    Busqué las llaves en mi bolsa y me giré buscando a Abigail.

    Estaba recostada en el sofá todavía con la pijama puesta. Una pijama rosa de palo oscuro con flores de un tono de rosa más claro, la pijama era afelpada a pesar que el clima ya no era frío, a veces pienso que se pone esa porque le da pena usar una más corta y acorde al clima por pena a que le vea más piel. Aunque eso es imposible pues nos hemos visto desnudos en varias ocasiones, pero aún no tenemos ese nivel de intimidad que se requiere para estar en pura ropa interior frente al otro.

    Yo iba de prisa porque se me hacía tarde y ella hoy no salía a ninguna parte así que iba pasar un día en casa.

    La miré hermosa, con esa sonrisa que tanto me fascina, con esos labios que me invitan a besarla así que eso hice.

    Me incliné a besarla para despedirme, pero mientras la besaba puse una mano en su entrepierna, ella recibió mi caricia mordiendo un poco mi lengua así que comencé a frotar mi palma contra su sexo por encima de su ropa.

    Nuestras bocas estaban unidas en un beso caliente solo se separaron cuando el aire en los pulmones fue insuficiente, la vi recostada con los ojos cerrados y disfrutando las caricias, ya que mi mano seguía subiendo y bajando por su entrepierna, mi boca busco su pecho y se prendió de su pezón derecho al mismo tiempo que introducía mi mano entre su pijama y sus bragas.

    Estaba mojada y lista, pude sentir la humedad por encima de la tela y comencé a acariciar nuevamente, ahora solo la delgada tela de sus bragas impedía el contacto directo de mi mano y su piel, fui despacio, primero un dedo y luego otro, fui lento, sus reacciones me indicaban el camino y en donde le gustaba que la tocara.

    Cuando sus piernas temblaban le susurraba aún con su pecho en mi boca:

    -Le atiné al lugar correcto

    Ella solo sonreía y seguía disfrutando, mis dedos fueron más rápido al ritmo de su respiración, fue sublime sentirla temblar cuando llego el orgasmo, fue fantástico sentir su miel mojando sus bragas, su magia pura escuchar sus jadeos cerca de mi oído, fue surreal llevarla al clímax de esa forma.

    Seguí frotando más lento unos minutos más hasta que ella se levantó y comenzó a acariciar mi falo por encima del pantalón, abrió la bragueta y sacó mi erección para ponerla en su mano y regresarme el favor.

    Yo estaba caliente y me corrí en la palma de su mano luego de un par de minutos, me limpie y salí faltando 10 minutos para mi entrada sabiendo que no llegaría a tiempo y a toda prisa prometiendo que por la tarde al llegar continuaremos con lo que terminó inconcluso.

  • Retomando la relación con mi hermanastra

    Retomando la relación con mi hermanastra

    Tengo una hermanastra llamada María, ella es hija de la actual mujer de mi padre, de forma que entre ambos no hay ningún lazo de sangre, aunque sí muy buen rollo.

    Tiene un par de años más que yo, el pelo liso, negro, y un cuerpo que realmente nunca he podido ver bien, pero que me muero de ganas por hacerlo.

    Nosotros nunca hemos tenido una relación muy estrecha, a pesar del parentesco por la parte de nuestros padres siempre hemos hecho vidas separadas, sin embargo, ahora que somos adultos nos hemos dado cuenta de que realmente tenemos muchas cosas en común, y que lo pasamos bien juntos.

    Para ir estrechando esa relación un poco inexistente la invité hoy a mi casa, a tomar una birra o un café y charlar un rato.

    Estuvimos hablando sobre los trabajos, sobre nuestros compañeros de piso y nuestros ex, siendo de hecho una noticia muy agradable el enterarme de que ella ya no tenía pareja.

    Estuvimos hablando durante aproximadamente 1 hora, la calefacción (que había puesto a tope) empezó a surtir efecto, y dijo:

    – Estoy asada, voy a quitarme el jersey que me muero de calor.

    Y yo me hice el despistado, como si no fuera conmigo la cosa. Sin embargo, en el momento de quitárselo no le aparté los ojos de encima. Se lo sacó lentamente por la cabeza, dejando al descubierto un top transparente con una camiseta interior muy cortita debajo.

    Podía notar dónde estaban sus pezones, marcados sobre el negro de su camiseta, pero mirando con disimulo, porque no quería que ella se diera cuenta de que la estaba mirando, ya que no sabía que tenía ella en mente.

    Poco después de eso, y como quien no quiere la cosa, le pregunté que de dónde había venido ese rozón que tenía en el costado izquierdo, me dijo que haciendo ejercicio se había arrastrado por el suelo y se había quemado con un suelo de madera, una cosa superficial, pero que dolía lo suyo.

    Yo no pude por menos que hacerle una suave caricia en ese momento. Noté cómo se estremecía su piel, y me miraba con una sonrisa.

    Abrimos la siguiente cerveza, y como era ya costumbre brindamos y apoyamos en la mesa (porque el que no apoya no folla), esto mientras me miraba a los ojos y bajaba la mirada de forma aparentemente inocente.

    Yo estaba completamente despistado, porque no sabía si ella quería algo, o si realmente solo era amable conmigo, pero el que no arriesga no gana, de manera que decidí subir la apuesta, a lo que le dije:

    – Me encanta cómo huele el perfume que te has echado hoy. – Mientras me acercaba poco a poco a su cuello, oliendo realmente la mezcla de sudor, acondicionador y perfume que destilaba, y aposté todo lo que tenía en el momento, dándole un tímido beso en el cuello.

    Ella me miró sorprendida, y yo reaccioné echándome para atrás y retirando mi mano, pero rápidamente ella cogió mi mano y la apoyó sobre su pecho. Nos quedamos unos segundos así, respirando de forma agitada y sujetando suavemente su teta derecha, hasta que ella rompió el hielo y se inclinó para besarme.

    Fue un beso largo, húmedo y suave que me excitó muchísimo. Llevaba años soñando y masturbándome con la imagen de ese beso, con esos labios carnosos en esa cara preciosa, con los mechones de su flequillo cayendo sobre mi frente. Mientras nos besábamos yo me fui dejando caer sobre el sofá, y ella con todo su peso encima de mí. Rápidamente se puso a horcajadas encima de mi polla, ya muy dura a estas alturas, y se empezó a restregar contra ella, soltando de vez en cuando unos gemidos, mientras me besaba y se iba quitando las pocas prendas que le quedaban.

    Se quitó el top transparente azul, dejando al aire la pequeña camiseta interior que ya le veía antes, y acto seguido me quitó a mí mi camiseta, momento que yo aproveché para sacar sus tetas, sus preciosas tetas que veía por primera vez pero que eran tal como me las imaginaba. Disfruté durante un instante del contacto piel con piel, de cómo jugaban sus pezones con los pelos de mi pecho, cómo se aplastaban al echarse hacia delante, pero rápidamente las cogí y me las llevé a la boca, besándolas sin parar, succionándolas, chupando una y otra sin decidirme cuál me gustaba más. Enterré la cara en su pecho hasta sentir que podría correrme solo con la suavidad de su piel, momento en que decidí quitarle los pantalones vaqueros que llevaba.

    Por fortuna ya se había quitado antes las botas para estar más cómoda, así que simplemente desbroché su pantalón y se lo bajé un poco, permitiéndome ver el pequeño tanga de encaje negro que llevaba. Aproveché que ella se lo terminaba de quitar para deshacerme de mi pantalón y mis calzoncillos, dejando al aire como un resorte mi polla empalmada.

    En cuanto la vio se echó a ella impulsivamente, besándola, oliéndola, saboreándola. Me dio unos besos muy lentos en el glande, y pasó su lengua por todo el tronco, poco a poco, con ambas caras de la lengua, mientras me miraba a los ojos, y yo le suplicaba que se la metiera en la boca. Eso fue lo que hizo al instante. Se metió mi polla en su boca, y se la metió entera, y empezó a jugar con la lengua dentro de su boca, dándome un gusto en el frenillo que pensé que iba a correrme al segundo.

    Se sacó la polla de la boca y aproveché para besarla, saboreando de su boca todo lo que había saboreado de mi polla, lamiendo con ansia su boca y su lengua.

    Me recliné una vez más y ella se sentó de nuevo sobre mí, pero ahora sin ningún impedimento entre medias, sujetó mi polla con su mano y se la metió con un solo movimiento.

    El placer que sentí fue indescriptible, fue un placer cálido, cariñoso, húmedo, que conjugaba perfectamente con los besos que me daba, en los labios, en la frente, en las mejillas, haciéndome sentir muy afortunado, y cada vez más cerca del clímax.

    Dejé por un instante de amasarle las tetas y las bajé a su culo, un culo redondo y bien formado, suave y grande, que estuve agarrando y acompañando cada movimiento que ella hacía arriba y abajo botando sobre mi polla.

    En ese momento éramos bestias enfocadas únicamente al placer, y, entre gemidos, ella alcanzó a decirme:

    – Méteme un dedo.

    Y yo obedientemente estiré la mano, bañando mi dedo corazón en su lubricación, y lo ubiqué a la entrada de su culo, empujando poco a poco hasta que noté las paredes rugosas por dentro.

    Sentía con cada vaivén mi polla dentro del coño y mi dedo en su culo, de alguna manera conectados. Ella gritaba de puro placer, diciéndome al oído que no iba a aguantar más, y yo aceleraba el ritmo perfectamente acompasado, hasta que noté que ella se quedaba completamente quieta, apretando mi polla con su coño, apoyando sus manos sobre mi pecho, y un líquido caliente recorría mis muslos. En ese momento metí un poco más mi dedo en su culo, arrancando un último gemido, y me corrí dentro de ella entre espasmos y semen.

    Ella se tumbó apoyando su pecho sobre el mío, y sin sacar mi polla estuvimos unos cuantos minutos acariciándonos, oliendo el olor a sexo en el ambiente, el pelo, la piel, y haciendo pequeños movimientos de cadera que nos producían muchísima satisfacción. Poco después nos limpiamos y nos metimos en la cama completamente desnudos, durmiendo abrazados, y cogiendo fuerzas para el día siguiente, ya que no había hecho más que empezar.

  • Madre luchadora (2): La preparación con su hijo

    Madre luchadora (2): La preparación con su hijo

    María Fernanda había dominado al chico y a este lo había fascinado todo lo que había pasado, desde la pelea hasta el momento que tomó su virginidad. Una vez eyaculó dentro de ella, la diosa se levantó y puso un pie sobre su pecho.

    Después de su sesión de sexo, fue tirado al suelo y desde ahí miró a la Diosa que lo había desflorado de la manera más maravillosa posible.

    – “Chico, al final, ¿Cuál es tu nombre?”

    – “Aiden”

    María Fernanda quedó pensativa un momento ya que ese nombre le parecía familiar, pero le restó importancia y siguió su conversación.

    – “Interesante conocer el nombre de mi nueva víctima, ahora te toca admirar este espectáculo.”

    María Fernanda se colocó con un pie encima de su pecho, levantó los brazos a la altura de los hombros, doblando los codos y cerrando las manos en puño dirigiéndolas hacia abajo para contraer los bíceps, los cuales eran prácticamente del tamaño de una bola de softball.

    El muchacho siguió admirando el cuerpo de aquella diosa, que derramaba todo su sudor sobre el suyo, acción que solo encendía más sus pasiones.

    Admiraba ese tonificado cuerpo, aquellos abdominales que eran tan duros como una tabla de lavar, esas piernas gruesas y trabajadas, y las maravillosas tetas de colgaban de sus fuertes pectorales.

    – “A partir de ahora, espero que sepas quién manda en este club.”

    Aiden sabía que mientras estuviera en ese club, María Fernanda dominaría en la forma que ella quisiera. Ella eventualmente le dijo que fuera a vestirse y que podía marcharse

    Tras el combate, María Fernanda llegó cansada a su casa y estaba muy hambrienta, pero sintió el olor de la cena que su hijo estaba preparando, lo cual le hizo olvidar lo que había pasado en el día y fue a buscarlo inmediatamente.

    – “Aarón, mi amor, que estás preparando?”

    La diosa rodeó a su hijo por la cintura y le plantó un beso en la mejía. Aarón era un estudiante de 18 años que siempre había sido un muchacho muy estudioso y cariñoso con su madre, por quién el sentía una gran admiración, ya que es la mujer quién cuidó de él toda su vida.

    Ambos cenaron juntos la ensalada de patatas que el joven estaba preparando y hablaban de como habían ido sus días.

    – “Mi amor, después de haber luchado contra un tipo del club, estoy algo tensa y quisiera que me dieras un masaje.”

    -“Claro, mamá, solo acuéstate en tu cama y ponte cómoda, yo vuelvo en un rato.”

    María Fernanda se puso una tanga blanca que hacía resaltar su piel morena, y se recostó de espalda en su cama, cuando Aarón llegó tenía una botella de aceite, con la que frotaría el cuerpo de la gigante

    Aarón admiró el físico de su madre, ya que la conoció desde el primer momento que había sido seducida por la intensa emoción de caminar en el escenario en un diminuto bikini, con su cuerpo musculoso aceitado hasta brillar bajo las brillantes luces de la arena, y flexionando sus poderosos músculos ante una audiencia entusiasta y claramente excitada de cientos de mirones

    El muchacho también se puso cómodo en unos bóxer, se subió encima de sus musculosa espalda de su madre, la cual estaba desnuda excepto por una tanga, para darle un masaje sensual con aceite después de una lucha.

    Sintió cada centímetro de su espalda. Pasó más tiempo masajeando sus trapecios y sus increíbles hombros. Esos eran los músculos que normalmente recibían masajes, ¿verdad? En realidad no sabía lo que estaba haciendo, pero María Fernanda sentía una gran satisfacción al saber que a su hijo le encantaba su trabajado físico.

    Aarón sabía que se suponía que ahora debía pasar a su trasero. Nunca había sentido un trasero tan duro, tan musculoso… era como cualquier otra parte de ella. Tenía unos glúteos perfectos al igual que todos sus otros músculos

    Bajó hasta los muslos de María Fernanda. Los enormes muslos que perfectamente podrían romperle el cuello. Intentó realmente clavar su dedo en su músculo duro y darle un masaje adecuado, lo cual fue difícil porque sus piernas eran solo músculos y era muy duro. Todo su cuerpo estaba tonificado.

    Posteriormente siguió con las pantorrillas, sin querer descuidar ni el más mínimo músculo.

    Entonces María Fernanda se dio la vuelta para que volvieran a estar uno frente al otro. Ella lo guio para que su rostro subiera, de tal forma que ahora estaba justo al lado de sus abdominales.

    Aarón no pudo resistir, puso sus manos en sus caderas y comenzó a lamer sus abdominales. María Fernanda disfrutó de esta exhibición de adoración de abdominales. Ella puso sus manos sobre su cabeza y lo hizo quedarse allí, lamiendo con avidez sus filas de músculos abdominales. Su lengua se deslizó entre sus surcos. Ella tensó su paquete de 8 para que él realmente pudiera sentir y saborear su poderoso músculo. Saboreó el bien definido cinturón adonis de su madre con su lengua.

    -«Está bien, sé que te encantan mis abdominales», dijo María Fernanda, «a todo el mundo le encantan». Pero hay otras partes de mí, ¿sabes? Levántate, cariño”.

    Aarón llegó hasta los enormes pechos de su madre, los cuales chupo y manoseo con gran pasión

    Por su parte, María Fernanda no hizo otra cosa más que gemir y disfrutar los besos y caricias de su hijo.

    -“¡que rico, Aarón!”- exclamo ella, mientras su hijo seguía saboreando sus glándulas mamarias- “¡vamos, dame un beso!”

    Ella lo acercó a su boca y lo besó con gran pasión. Aarón comenzó a golpear sus caderas contra las de su madre. Ella dejó escapar un gemido de placer mientras sus genitales se rosaban, solamente separados por la ropa interior.

    Entonces, abrazándolo fuerte usando sus pectorales y brazos mientras hace gruñidos, sus pectorales empujando su pecho. ella dio algunos lindos apretones. «Veamos si puedo hacer que te corra».

    Finalmente, después de casi media hora, madre e hijo tuvieron un gran orgasmo, quedando la ropa interior de ambos en color blanco a causa de todo el semen que su hijo liberó.

    Posteriormente, con su hijo acurrucado entre sus brazos, María Fernanda empezó una conversación:

    – «Hijo, mañana va a ser un día entretenido, tendré básicamente un reto abierto en el club» «¿Reto abierto?»

    – «Bueno, cualquiera del club tendrá chance de luchar contra mí»

    – «¿Qué quieres decir?» «Sí, cualquiera que esté dispuesto puede intentar a luchar contra mí en el ring».

    – «¿Pero qué tiene que ver conmigo mamá? ¿Puedo verlo de cerca?»

    «Sí, puedes ver las peleas que tenga contra los miembros del club»

    «Por eso te pregunto si quieres venir, Aarón»

    «¿Yo? No sé nada sobre lucha libre» «

    “Está bien, cualquiera puede ir, aunque sea como espectador. Como tu mamá me gustaría que fueras a verme luchar»

    «Mamá, yo…»

    “Por favor, bebé, mamá quiere que la mires”

    “Está bien. Quiero ver como mi reina domina a todos sus oponentes”

    Aarón la abrazó, sintiendo las manos de su madre acariciando su cabeza, mientras utilizaba sus pechos como almohada.

    Continuará…

  • Cómo logré que el ex-jefe de mi mamá me rompa el culo

    Cómo logré que el ex-jefe de mi mamá me rompa el culo

    Después de semanas de soñar como don Jairo me follaba el culo, puse un plan en marcha para lograr que me folle. Cómo sabía dónde vivía ya que había acompañado a mi madre una vez a su casa a hacer el aseo, y que aún él no encontraba trabajo, era claro que estaría todo el día en su casa. Mi plan era chantajearlo con una supuesta denuncia por acoso sexual y violación de su parte a mi madre, le pedí a unas amigas de la Universidad que me dejarán un escrito ficticio con datos falsos pero que sea creíble.

    El viernes tenía solo clases en la mañana y terminaron temprano, volví a mi casa, me duché, me depilé bien mi vagina, estaba excitada de pensar qué me haría don Jairo, bajo la cálida ducha me masturbé pensando en él terminando en un orgasmo.

    Me vestí con la tanga roja que le saqué a mi madre y que sabía que se la había regalado don Jairo. Tomé el plug anal de mi madre y me lo inserté en mi culo el que lo recibió gustoso.

    Me puse una faldita roja que me llegaba a medio muslo, un top que combinaba con la tanga, me perfumé y salí de mi habitación. Mi madre me pregunta «¿dónde vas vestida así?»

    ¡Mamá! Es viernes y con las chicas saldremos, no te preocupes ya tengo 22 años no soy una niña. – Bueno hija, solo cuídate y vuelve temprano. Sí mamá, le respondí.

    Tomé el micro bus el que estaba lleno, sentía las miradas de los hombres en mí, lo que me hacía sentir caliente, los roces de los cuerpos en el microbús, los hombres chocaban con mi trasero que, como recordarán, es grande como el de mi madre, con una cintura pequeña y mis pechos que no son tan grandes pero si paraditos. El plug anal se insertaba más en mí lo que me hacía estremecer, mojarme y enrojecer mis mejillas.

    Mi plan era llegar a la casa de don Jairo, chantajearlo, reclamarle todo lo que le hizo a mi madre, decirle que le diría a mi padre ya sabía qué había pasado y que si no me da una gran suma de dinero, lo denunciaría.

    Me bajé del microbús y caminé las cuadras que faltaban a llegar su casa, la cual era grande y con puertas eléctricas.

    Toqué el timbre y como supuse sale don Jairo, vestido con un pantalón corto y polera, el que me mira con cara de asustado ya que sabía que era Miriam, mi madre.

    -¿Qué haces acá? Me pregunta.

    – Vengo a hablar con usted don Jairo ¿me permite entrar?

    – No tengo nada que hablar contigo, no he vuelto a ver a tu madre y no me interesa tener problemas.

    – Los problemas ya los tiene, tengo acá una denuncia por acoso y violación que le vengo a dejar, usted sabe que estoy en la Universidad tengo amigos que estudian Derecho. Ellos me ayudaron con esta denuncia. O me deja pasar, o lo llevo a tribunales.

    Se quedó en silencio un momento.

    – Bueno, pasa entonces.

    Me abre la reja y me deja pasar primero a su casa, estaba excitada, me sentía muy caliente pero no quería demostrárselo. Sentí su mirada en mi cuerpo y en mi culo.

    – A ver niñita, me dice, que es lo que quieres de mi.

    – Don Jairo, quiero que se aleje de mi madre, ya es suficiente todo lo que sufrido por su culpa, mi madre llora en las noches y sufre por todo lo que le hizo y mi padre no sabe que pasa. Lo que hizo a dañado nuestra familia.

    – Ella se buscó eso, me dice, no la obligué, tu madre es una mujer muy caliente y lo que pasamos fue solo sexo y nada más. Es una puta que le gusta que le den duro por su culo, es lo que es.

    – No diga eso de mi madre, ella no es una puta , cayó en su trampa y usted la violó.

    – ¡¿Que yo la violé?! Jajaja se río.

    – Vieras como disfrutó mi verga tu madre, la hice terminar muchas veces y por su culo, de la misma forma como nos descubriste en la cama de tu cornudo padre.

    Me sentía con rabia, sabía que este hombre era un manipulador, pero quería saber hasta dónde llegaría.

    – Miré don Jairo, o me da dinero para mis estudios o esta denuncia se va a tribunales. Acá ganamos los dos, usted se queda en su casa, viviendo de lo que su señora le da o se va derechito a la cárcel.

    No le gustó para nada lo que le dije.

    A ver pendeja, ¿vienes a mi casa a chantajearme y a pedirme dinero por disfrutar del culo de tu madre? ¿Ella sabe que estás acá? Me preguntó acercándose queriendo tomar el documento. Di un paso atrás, titubeé… «no lo sabe» le dije.

    Vi su mirada cambiar, me miró de pies a cabeza rodeándome diciendo. «no lo sabe… mmm… no lo sabe» me dice. Sé a lo que vienes, me dijo. Tragué saliva. Se acercó a mi y me rodeó -Vienes a esto y me da una fuerte nalgada que hizo que rebotará mi culo y que el plug anal que tenía se introdujera más provocándome un gemido el que no pasó desapercibido por don Jairo.

    Me tomó de la cintura, por mi espalda, y apoyo su verga en mi trasero. -Hueles rico, me dice a acercándose a mi cuello. Déjeme, le dije intentando separarme de él, siendo inútil mi esfuerzo. – Tienes un trasero igual a tu madre, de seguro ya te lo han roto… Me decía mientras bajaba una mano y me agarraba una nalga. Estás deliciosa, tienes un culo de infarto. Con la otra mano la subió a uno de mis pechos, los que al tacto se me pusieron duros, gemí. – No me han roto mi culo, no me lo han hecho por ahí, le dije.

    Don Jairo me giró y me dio un beso metiendo su lengua hasta mi garganta, le respondí el beso succionando su lengua, sus manos bajaron hacia mi culo, los apretaba fuertemente, abría y cerraba mis nalgas, una de sus manos siguió la línea de mi tanga hasta mi anito, y descubrió que tenía el plug anal. Dejó de besarme y me miró mientras tocaba el plug y lo metía más adentro. – Eres una putita como tú madre, mira lo que tienes dentro de tu culo.

    Me gira bruscamente y me hace caminar hacia la mesa del comedor, haciendo que me agache y dejándome apoyada en la mesa y el culo parado. Me sube la faldita que traía… -vaya sorpresita que me encuentro, la misma tanga de la perra de tu madre y el plug anal que le regalé. Empezó a sacar y meter el plug de culo, ¡basta! Le decía, ¡no siga! Pero no me escuchaba, me corrió a un lado la tanga, – voy a saborearte tal como a tu madre, dicho esto, se agacha y me da una lamida de mi vagina que me hace gemir, me abre de piernas, juega con mi culo, el plug anal lo mete y saca, me sentía en la gloria, cuando lo retira fuerte de mi culo, deja de lamerme, se pone de pie y siento como su verga se abre camino a mis entrañas. ¡No por favor, déjeme, me duele, nunca me lo han hecho por mi culo! Le supliqué. – Igual que la puta de tu madre, el cornudo de tu papá nunca le hizo el culo, pero qué crees, así como estrené y lo rompí hasta que me suplicó que solo me la follara por ahí, así mismo te pasará a ti, eres una perra como ella y te romperé el culo hasta saciarme porque estoy acumulado desde que tu vieja no quiso más.

    Dicho esto me mete entera su verga en mi culo el que entró fácilmente por lo dilatado que estaba con el plug anal, siento que me rompe por dentro hasta que sentí sus huevos chocar con mi vagina. – aaaah grité!

    Lo miré y se veía como poseído, miraba mi culo con unos ojos de ira mientras me tenía fuertemente con sus manos en mis caderas.

    – Te gustará esto putita, me dice…

    – Soy tu puta, dame tal como a mi madre, soy tu perra.

    Me sacó su verga despacio dejando solo su cabeza, y me lo metió duro hasta los huevos. Así lo hizo varias veces.

    Aaah, siii, duurooo dameee durooo! Le decía mientras gemía.

    Me penetraba a tu antojo, sentía su verga en mi interior que estaba como un palo, nunca había sentido tanto placer, mi cuerpo empezó a estremecerse… Voy a terminar… le decía y mi cuerpo se arqueó, una serie de espasmos involuntarios se apoderó de mi cuerpo, Jairo me seguía follando duro, me daba nalgadas las que me excitaban más, mi vagina botaba mis fluidos mientras llegaba al orgasmo.

    -eso puta, sabía que te gustaría mi verga, eres como la puta de tu madre, aquí mismo me la follé, y me suplicaba por más verga!

    Si, soy tu puta! Dame tu verga, me encanta!!!

    Tomé mis nalgas y las abrí para que entrara mucho mejor.

    -dame más papi que me tienes loca! No creía lo que le decía, pero era verdad, me tenía ensartada con su verga en mi culo en un mete y saca freneticente… Termina en mi culo, quiero tu leche dentro… Le abrí lo que más pude mi culo. -te encanta la verga puta, te la daré toda…

    Aceleró el ritmo, me tomó del pelo haciendo levantar mi cabeza, la otra mano estaba en mi cintura empujándome hacia atrás así la embestida era más dura, más intensa, lo que me hacía gritar de placer… Aa ah, ahhh, ahhh, siiii, mmmm… Aa ah aaaah aaah, dame duro, dame tu leche en mi culo… Aceleró más, sentí que su verga pulsaba en mi culo cuando se detuvo, dió un grito – toooma putaaa!!

    Y me lleno los intestinos de su leche varios chorros me inundaron, en ese momento me llegó otro orgasmo más intenso que el anterior… Aaaah… Mmm me llegaron espasmos. Dios, nunca había sentido tanto placer en mi vida, entendí a mi madre, este hombre usaba tan bien su verga que mi madre debió sentirse muy satisfecha.

    Se quedó por unos momentos en mi culo, sentí que se ponía menos duro y lo sacó, y en su lugar me puso el plug anal que entró fácilmente y me dejó la tanga en su lugar. -así te quedarás, con mi leche en tu culo. Cómo aún me tenía del pelo, me dio un tirón que me hizo hincarme. -Ahora me lo dejaras bien limpio puta, y pobre de ti si me muerdes o lastimas con tus dientes. -no don Jairo, esta sucio, le dijé. -Abre tu boca puta! Me dio un fuerte tirón en el pelo haciendo que miré hacia arriba y por el dolor abrí la boca el que aprovecho para meter su verga. Su sabor era fuerte, me llevaba la cabeza hacia su pelvis, haciendo que su verga me atragante lo que me hacía toser, pero me tenía fuerte de la cabeza y no me dejaba respirar.

    Siguió así por un rato hasta que nuevamente se puso duro y grande, mi boca me dolía ya no aguantaba más, pero me estaba gustando. Lo tomé con mi mano, y lo masturbaba, lo miraba a los ojos, se veía nuevamente con ganas de partirle, succionaba su cabeza, pasaba mi lengua por todo su glande, lamía sus huevos, me llevaba su verga dura hacia mi boca, ya no me daba arcadas entraba todo, le hice garganta profunda. -ah que buena puta, que bien lo mamas. Cómete toda mi verga, me decía mientras seguía en mi faena, no sé cuánto pasó pero en un momento me tomó con ambas manos la cabeza y con su cadera me follaba la boca, saqué mi lengua para que entrara todo ese miembro -¡Me vas a hacer terminar putaa! Me gritaba. -Ah siii toma mi leche puta, tragatela todaaa!! En eso siento como vaciaba su leche en mi garganta la que paso directo a mi estómago. No entendía como tenía tanta leche que se salía por la comisura de mis labios. Traté de tragarme todo lo que pude. Se vacío completo en mi garganta. Me lo sacó e instintivamente lo limpié con mi lengua, no dejé un poco de su leche en su verga. Me sentía una perra, una puta.

    Sentí celos de mi madre, porque estuvo varios meses disfrutando a este hombre y a su verga.

    -¿Te gusta esta puta? Le pregunté

    – Está mucho mejor que su madre puta.

    – Le sonreí… Le besaba la cabeza de su verga y hasta que se puso flácida.

    -Debes irte, me dijo. Ya es tarde y en un rato más llega mi señora.

    Me sentí decepcionada, quería más. Me puse de pie y me arreglé la ropa.

    -Para la otra vez llega más temprano, así podré usar tus agujeros a mi antojo, me dijo y me dio una fuerte nalgada.

    Arregle mi cabello, la ropa. Me dejó en la puerta , lo miré y le di un intenso beso.

    -¿Quedaste con ganas de más putita?

    -Sí, le dije suavemente.

    – Te espero el lunes, a las 12.

    -No puedo, tengo clases a esa hora.

    – Di que estás enferma o inventa otra cosa. Ahora vete, perrita. Dándome otra nalgada.

    Caminé al paradero, me sentía agotada, pero muy satisfecha.

    Tomé el microbús, lo bueno es que había asientos y al sentarme me acordé que tenía el plug insertado en mi culo, el que lo cerré para que no se manchara mi falda o el asiento. Lo mantuve apretado con mi culo. Lo pulsaba y se sentía rico. Me empecé a mojar de nuevo. Pero respire profundo, abrí la ventana y me despeje un poco.

    Llegando a casa mi madre estaba en la cocina con mi padre el que estaba en la mesa viendo la televisión.

    -¿Hija que te pasó que llegaste tan temprano?

    – Me sentía mal mamá así que me vine temprano, aparte estaba aburrida no había chicos guapos. Hola papá, como te fue hoy.

    -Bien hija.

    – Ya anda a ducharte que ya está lista la cena… ok le dije.

    Fui a mi habitación, me sentía agotada. Llevé mi ropa limpia y toalla al baño. Me saqué todo y la tanga de mi madre, pero no el plug.

    Me metí a la ducha, estaba deliciosa el agua. Me sacó el plug anal y tal como cuando se libera el tapón del lavaplatos con agua, así se escuchó saliendo de mi culo y la leche de Jairo salió como un chorro al piso, lo que quedó se deslizó por mis muslos. Me toqué mi culo, estaba caliente pero muy abierto. Me metí dos dedos, 3 dedos… El cuarto ya entro apretado. Lo tenía muy abierto.

    Terminé de ducharme, salí muy relajada. Bajé a cenar, mamá dice ¿Que te pasa hija? Estás con una cara rara y distinta.

    – No pasa nada mamá. Solo estoy cansada.

    Terminé de cenar, le di las buenas a mis padres y me encerré en mi pieza, me puse el pijama, guarde el plug anal y la tanga la que lavé mientras me duchaba y me quede dormida casi al instante.

    Las sesiones de sexo con don Jairo continuaron por varias semanas… Me compró cosas para usar, como ropa sexy, tangas, zapatos altos para que se defina mejor mi culito y un vibrador que funcionaba por wifi, el que podía controlar a distancia con su celular, estas cosas las guardaba él… así estuvimos por semanas, hasta que mi madre nos descubrió. Pero esa es historia para otro relato.

  • El ladrón de Neumo

    El ladrón de Neumo

    Ocurrió un martes a la noche, el frío normal a mitad de invierno se hacía sentir y el viento intenso acentuaba la sensación del bienestar hogareño. Neumo era un barrio tranquilo a las afueras de un estado que rara vez veía actuar a las fuerzas del orden, salvo algún accidente de tránsito no poseo memoria de haberlos encontrado actuando, también por eso elegimos vivir ahí, y por la cercanía a la fábrica de ensamblado automotriz donde trabajábamos Paula y yo.

    Ella tenía 27 años y yo 31 en el desafortunado día del acontecimiento y hacia 5 meses que vivíamos en esa casa grande, antigua de techo de teja y estufa amplia que decoraba el comedor. Era un día más a pesar del clima embravecido de exterior, la leña crepitaba encendida en la estufa cuando nos fuimos a acostar a orillas de las 22 horas. Paula leía una biografía no autorizada y yo trataba de encontrar un capítulo de los Simpson cuando Zeus (nuestro perro) comenzó con un ladrido insistente.

    -Te dije que era mejor entrarlo. Avisó mi mujer algo molesta. No le presté atención y continúe cambiando la tv de canal. El can siguió porfiado y agotó mi paciencia.

    -A que le ladrará ?… pregunte saliendo de la cama.

    -Seguro que a una comadreja o un gato. Dijo mi polilla pasando la página.

    Así que salí a ver porque tanto escándalo, bajé las escaleras puse un tronco más al pasar por la estufa y salí apresurado para ver al barbilla enloquecido con la soga estirada enseñando sus colmillos al álamo que se mecía con fuerza, entre la niebla espesa. A unos veinte metros se hamacaba el coloso entre el frío y la lúgubre visión, Zues se aplaco y la curiosidad hizo que fuera a corroborar que era lo que inquietaba al animal. Un golpe seco y fuerte me llevó al suelo de repente y me encontré mirando desde abajo a tipo pardo y con una careta de de payaso.

    Totalmente aturdido intente ponerme de pie, y otro golpe aterrizó mi humanidad. El acero de un cuchillo se posó en mi garganta y una voz de ultra tumba resonó en mi cabeza.

    -Levántate, despacio. Y vamos a casa. Sugirió el extraño de manera convincente. El errático vaivén de mis pasos llevaron al sujeto dentro de mi casa. Zeus lloró cuando pasamos cerca como presintiendo lo que vendría.

    – ¿Cuantos hay? Retumbó la voz dentro de la máscara.

    -Dos, mi esposa y yo. Llévese lo que quiera… supliqué.

    Momentos más tardes llegamos a la habitación, Paula quedó petrificada. Sus ojos turquesa saltaron de las gafas y la boca tembló cortando un grito aterrador, el libro voló por los aires y de un salto se puso en pie. Se había quitado el pantaloncillo de la pijama probablemente para darme mi premio y las bragas lila adornaban su piel a la altura de sus muslos.

    El tipo me ato con un precinto las manos a la espalda y los pies y ante las súplicas fervientes de mi mujer hizo lo mismo con ella. Luego nos empujó a la cama y salió.

    -No quiero gritos. Me llevó unas cosas y me voy. Era negro y alto casi un metro noventa, espigado muy atlético. La voz se le distorsionada con la careta, escuchamos sus pasos bajar la escalera a prisa. Teníamos mucho miedo, Paula no dejaba de sollozar y fui preso de una total impotencia.

    – que haremos? mira como te dejó… decía mi polilla embargada totalmente en desesperación.

    – Tranquila, roba y se va. Le asegure mientras se escuchaba el revoltijo que estaba haciendo abajo.

    Cuando pareció haberse ido porque no escuchábamos más nada, otra vez los pasos anunciaron que escalaba la escalera. Traía una bolsa de tela al hombro, repleta de nuestras pertenencias y se quedó parado en el marco de nuestra puerta, contemplándonos. Extrajo la faca de entre sus ropas y Paula grito, él le dijo que no mostrando su juguete y se dejó caer en medio de nosotros. Puso su cuchillo helado, debajo de mi oreja y comenzó a sobarle las nalgas a mi mujer. Cerré mis ojos y oí cuando cortó el precinto de la piernas de ella, cuatro o cinco minutos después se paró, La pija empinada de potente perpetrador relucía cerca de unos de sus muslos y el jogging deportivo delató su imponente presencia…

    -Hay dos maneras de hacer esto, dijo quitándose el pantalón y el bóxer de un tirón.

    -Una es la rápida sin gritos ni violencia y la otra es mas salvaje. Ustedes elijen.

    La suerte estaba echada. Mi corazón empezó a cabalgar extasiado y mi esposa no quitaba la vista del tremendo pedazo del afro que lo de ver cuando apagó la luz. Me tiro de la cama junto con la escaza ropa que le quedaba a Paula.

    Los primeros quejidos de mi mujer me avisaron que el payaso había entrado y poco después en un arrebatador vaivén de sacudidas la primera eyaculación del visitante en un venerado grito de gozo. La segunda cogida fue menos intensa pero mucho más larga.

    El desgraciado cumplió su palabra, y se marchó sin más daño que ya había hecho. Se llevó su bolsa repleta de cosas y se llevó varios polvos de mi mujer, que a juzgar por lo que confesó mucho más tarde le encantaron, a pesar del miedo en un principio.

    Nunca hicimos la denuncia por vergüenza y de vez en cuando , cuando el perro ladra salimos a ver si hay reincidencia.

  • Los primeros cuernos de mi esposo (parte 3)

    Los primeros cuernos de mi esposo (parte 3)

    ¡¿Qué pasa aquí?!

    Se vieron interrumpidos mientras culeaban sobre mi cama. Vi como una cabellera rubia extrañamente familiar se escondió tras las sábanas dejando a mi esposo descubierto y claramente sorprendido.

    Salí de ahí, furiosa hacia la planta baja. Mi esposo me siguió hasta que logro detenerme en la sala. Tomo mi mano y me trató de tranquilizar. Estaba desnudo con su verga seminerecta. Yo estaba claramente ofendida aún que con ninguna razón por que venía culeando con otro hombre.

    No pude más y me recosté en su pecho mientras lo abrazaba. Mi esposo me recordó lo bien que me veía y ágilmente alzo mi falda. Quise interrumpirlo pero me tomo con fuerza y me beso apasionado. Llegó a hacer contacto con mi vagina llena del semen de Alonso.

    Metió sus dedos, los puso a la altura de su rostro, sonrió y me dijo eres una tramposa. ¿Ves para que eran los anticonceptivos?

    Te conozco, se que eres una puta, pero siempre serás mi puta. Me dijo sonriendo como un cómplice. Metió sus dedos embarrados en mi boca. Yo automáticamente me prendí. Y los chupe dejándolos limpios. Total el semen de Alonso ya había estado antes en mi boca.

    Caí de rodillas y comencé a mamar su verga, tenia el sabor de la vagina de la puta con la que estaba culeando mi esposo. Me incorpore nuevamente y susurré al oído de mi esposo.

    ¿Quieres hacer un trío con la puta que escondes arriba?

    Mi esposo sonrió y me devolvió el susurro.

    Creo que ya se te adelantaron, me dijo. En ese instante sentí un par de senos que se apoyaban en mi espalda y unos brazos que nos rodeaban a mi esposo y a mi.

    Me sobresalté y volteé rápidamente, y para mí sorpresa me encontré con unos ojos azules preciosos y ese cabello rubio que ahora viendo su cara todo encajo.

    Pamela se estaba culeando a mi esposo en nuestra cama. Era mi esposo quien la retiro del festejo de la empresa. Yo estaba aún razonando en encajar las piezas, cuando Pamela se inclino frente a mi esposo a meterse su verga en la boca. Mi esposo la recibió gustoso tomándola de sus rubios cabellos. Vi a Pamela y tuve un pensamiento fugaz, Que trasero más bonito que tiene Pamela.

    Mi esposo tomo mi mano y me invitó a unirme, yo un poco confundida me incline y busque mi lugar. Mientras pasaba mi lengua había momentos que topaba los labios de Pamela o su lengua, esto me comenzó a exitar y trataba de ser más intensional en estos roces.

    Mi esposo con panorama preferencial lo noto rápidamente y unió nuestras cabezas, yo abrí mi boca para sentir por primera el beso de una mujer. Nuestros labios se entrelazaron y nutras lenguas bailaron juntas ambas con el sabor de la verga de mi esposo. Pamela veía a mi esposo tratando de agradarle en todo momento. Yo veía a Pamela pues está experiencia nueva me tenía a mil.

    Mi esposo nos llevó a la habitación. Me recostó y abrió mis piernas e invito a Pamela a lamer mi concha junto a el. Sentir esas lenguas que me limpiaban el semen de Alonso me tenía muy excitada. Mi esposo se colocó detrás de Pamela. Metió su verga y comenzó a bombear, mientras ella seguía lamiendo mi vagina. Yo gemía como poseída.

    Mi esposo dejo su posición, me tomo de la mano, se recostó y me hizo cabalgarlo. Pamela poso su vagina frente al rostro de mi esposo quedando frente a mi. La verga de mi esposo resbaló en mi con mucha facilidad y con su lengua lamía la vagina de Pamela.

    Ella me miró, hipnotizada por esos ojos azules sin dudarlo me abalance a sus labios para darle un húmedo beso. Movía mis caderas con fuerza mientras metía mi lengua en la boca de Pamela que a causa de la mamada de mi esposo ya no respondía mis besos por sus gemidos y gritos.

    Mi esposo volvió a cambiar de posición puso a Pamela recostada y a mi en cima de ella formando un 69. Puso su verga en la entrada de Pamela y comenzó a bombear, sacaba su verga y me la metía en la boca para volverla a meter en la húmeda y rosada concha de Pamela. Pamela me estaba dando un oral con su lengua en mis labios vaginales y clítoris.

    Que trasero más rico tienes Pamela. Dijo mi esposo. Quiero comérmelo. Complemento.

    Pamela dijo, nadie lo ha hecho antes por favor ten cuidado.

    Mi esposo puso verga en mi boca, automáticamente supe que debía de dejarla muy húmeda para que penetrara a Pamela por el culo. Lo hice con gusto y con el encanto del sabor de la vagina de Pamela, pues estaba en primera fila de lo que iba a acontecer.

    Puso su verga en la entrada del culo de Pamela.

    Despacito por favor le dijo Pamela. La cabeza de la verga de mi esposo había desaparecido ya en el ano de Pamela y poco a poco resbalaba desvirgando su apretado hoyito. Pamela gemía con dolor y placer. Mi esposo ya adentro dejo que se acostumbre y empezó a bombear. Pamela se arqueaba del dolor y excitación pues yo también estimulaba su vagina con mi lengua y dedos. Pamela no resistió más y le pidió a mi esposo salir.

    Mi esposo saco la verga del culo de Pamela y volvió a meterla en su vagina. Entre los dos nos estábamos culeando a Pamela. Mi esposo se comenzó a mover más rápido, se iba a venir. Pensé que la iba a sacar y meterla en mi boca, pero para mí sorpresa dejo toda su leche adentro de la vagina de Pamela.

    Yo limpie la vagina de Pamela del semen de mi esposo, hasta que ella se reincorporo, me acostó y entrelazó sus piernas con las mías. No sabía que pasaba hasta que sentí su vagina chocando con la mía. Era una sensación totalmente nueva y excitante.

    Me invitó a mover mis caderas buscando fricción entre nuestros labios vaginales. Mi esposo disfrutando del hermoso espectáculo que le brindamos.

    Acabamos casi al unísono, con fuerza con gemidos con nuestras vaginas pegadas.

    Estaba exhausta, había Sido una noche con demasiadas cosas. Le había cuerneado a mi esposo con un hombre y con una mujer. Pero había algo que me faltaba.

    Me venció el sueño, nos recostamos en la cama los 3 y nos quedamos dormidos. Se que mi esposo volvió a tener relaciones con Pamela a medio de la madrugada o eso me pareció la verdad no estaba consciente de la hora. Estaba enojada con mi esposo pues aunque disfrute mucho me había vuelto a cuernear.

    Por lo que mi venganza aún no está terminada.

    Continuará…

  • En Semana Santa me reúno con mi familia política

    En Semana Santa me reúno con mi familia política

    En Semana Santa, mi mujer, mi hija y yo solemos reunirnos con la hermana de mi mujer, su marido, su hija de 20 años, su hijo de 18 años y mis suegros, en casa de estos, para pasar unos días.

    Mi suegro es miembro de la cofradía del Cristo del Pene Circuncidado y mi suegra es miembro de la cofradía de la Virgen del Himen Perpetuo. Son ultra conservadores y muy beatos los dos.

    Mi suegro, hace más de veinte años, tuvo un amago de infarto al descubrir que sus dos hijas eran más “liberales” que las gallinas. Por si fuera poco, hace cosa de tres años, le volvió a repetir otro amago de infarto (este, más fuerte), al descubrir que su único nieto pierde aceite, que tiene más pluma que McNamara cantando “Voy a ser mamá”.

    Con estos antecedentes, yo intuía que la reunión iba a ser un desastre… sobre todo para los viejos, aunque no son tan mayores, rondan los sesenta y pico.

    Algunas escenas que voy a narrar ocurrieron en la realidad, otras, sin embargo, son fabulaciones añadidas para darle más colorido, aún si cabe, a la historia. ¡A ver si consiguen distinguir unas de otras!

    El Jueves Santo por la mañana, mi mujer, mi hija y yo llegamos al chalet de mis suegros. Allí estaban ya mi cuñada, su marido y sus dos hijos, que habían llegado la noche anterior.

    Mi suegra para tener 63 años no está nada mal, tiene un buen revolcón. De cara se parece mucho a sus hijas pero con veinte años más, claro. Su media melena plateada te deslumbra. Se llama Tere y aunque viste muy clasicona, no puede evitar mostrar un cierto atractivo y una sensualidad desbordantes. Tiene un contorno corporal exuberante y unas piernas tan bien delineadas que te hacen la boca agua.

    Mi suegro se llama Gilberto, aunque yo lo llamo Gilipollas en petit comité. El hombre no anda bien de salud, por lo anteriormente expuesto, y además, sufre de una diabetes muy complicada. Es un secreto a voces que es impotente desde hace por lo menos diez años. Su mujer no es frígida (de esto se percata cualquier hombre perspicaz a simple vista), por lo que tendrá, seguro, algún juguetito sexual por casa escondido.

    Mi cuñada es dos años más joven que mi mujer. Se llama Eva y está casi escuálida comparada con su hermana, la cual tiene más carnes. También Eva es más alta que Sonia, mi esposa. Mi cuñada es una cachonda mental… y sexual, por supuesto.

    En alguna salida nocturna que hacemos los dos matrimonios surge el tema, medio en broma medio en serio, de hacer un intercambio de parejas entre nosotros. Una vez pasados los efectos del alcohol, todo queda en nada, pero mi cuñado y yo en ocasiones hablamos del tema. Cuando estamos solos, él me relata cómo es Eva en la cama y yo le narro cómo es Sonia en el catre. Fantaseamos con la idea de intercambiarnos a las hermanas. A mi cuñado le pone mucho mi mujer porque tiene más carnes donde agarrarse. A mí, su mujer también me la pone bien dura, pues las mujeres escuálidas, planas como una espátula, son más manejables, al pesar menos, y las puedes follar con más comodidad mientras cuelgan de tu cuello como un koala.

    Mi cuñado es alto y robusto, su oficio se lo requiere, ya que trabaja en los bosques tronzando árboles.

    Mi sobrina tiene 20 años y es muy atractiva. Se llama como su madre (¡Qué manía con ponerle el mismo nombre a los hijos que el de sus padres!). Tiene un aire a Emma Watson, la actriz que hacía de Hermione en la saga de Harry Potter.

    Su hermano tiene 18 años y se llama Alejandro, aunque se hace llamar Jandra. Es muy femenino y viste muy a la moda andrógina. Admira mucho a la escritora y filósofa Elizabeth Duval y quiere seguir sus pasos, parecerse a ella, incluso físicamente.

    De mi hija ya hablé en otro relato. Tiene 18 años y en esta ocasión se nos presenta con una estética a lo Pipi Calzaslargas (con dos coletitas a ambos lados de la cabeza, una camiseta de tirantes, una minifalda de pana color verde, pantis a rayas horizontales y tenis). Ella sabe que me vuelven loco los pantis de colores y por eso se los puso. La muy puta me quiere provocar un buen calentón, para que me la empotre en cualquier estación de servicio que paremos, a ser posible.

    El primer día, los nueve miembros de la familia lo pasamos de conversación, tomando unos buenos vermús.

    El salón de visitas es gigantesco y decidí sentarme en uno de los sofás. En esto que Jandra, mi sobrino, se me sienta al lado. Vestía un top corto color naranja, enseñando ombligo, y unos pantalones cortos rosados. Su media melena color azul la peina con la intención de que le tape algo un ojo. Utiliza un ligero maquillaje facial.

    Me habla sobre uno de los libros de Judith Butler que más le han influenciado “El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad”. También me comenta cosas sobre el movimiento Queer. Su tono de voz meloso y su sofisticación intelectual me ponen morcillona la polla, para mi sorpresa.

    Su abuelo lo mira de reojo con asco. Yo para provocarle un tercer amago de infarto al viejo, poso una de mis manos sobre los muslos de Jandra y le digo:

    –Si me pillaras soltero me casaba contigo. Eres muy culto y guapo.

    –Gracias, Jonathan. Que majo eres –me dice, y me da un pico en los labios.

    Noto que a mi suegro le cuesta respirar. Se levanta refunfuñando y se va a otra de las salas contiguas.

    Mi cuñada está espléndida. Es rubia como mi mujer, pero a diferencia de Sonia, Eva se cortó el pelo algo más y se puso unos reflejos verdosos.

    Al día siguiente, ya en Viernes Santo, mi suegra nos informa que por la noche iríamos a una de las procesiones. Es la más importante, así que, les hace ilusión a su marido y a ella el que vayamos todos juntos, al margen de nuestras creencias personales. Pero antes, celebraríamos una comida familiar conmemorando La Última Cena.

    Ya en la mesa, mi suegro comienza por bendecir los alimentos y suelta esta perorata:

    –Bendice Señor estos alimentos que vamos a tomar y haz que mi penitencia por ser un pecador en este mundo sea leve. Líbrame de estos dos yernos degenerados y que están echando a mi familia a la ruina económica y moral…

    No le dio tiempo a acabar su discurso cuando Juan, el marido de Eva, lo interrumpe con estas palabras iniciáticas:

    –Bendiga, bendiga la mesa, porque sobre ella me voy a follar el chumino de la golfa de su mujer.

    –Pero cómo te atreves, sinvergüenza –reacciona mi suegro todo indignado.

    –Tranquilo Gil, no se cele, que también su trasero recibirá su merecido –le contesto yo.

    –¡Qué está pasando! ¡Esto es un motín! –expresa todo alterado mi suegro.

    Mi suegra se desvanece en la silla. Mi cuñado la coge en volandas y tirando toda la vajilla de la mesa, la posa sobre esta. La va desnudando y cuando ella vuelve en sí, mi cuñado le dice:

    –Vas a probar lo que es un macho de verdad y no el eunuco de tu marido. Se acabaron los consoladores de látex. A partir de ahora, Jonathan y yo te vamos a saciar sexualmente siempre que te apetezca.

    –Estás loco, Juan. No sigáis con esto que vais a matar a mi marido. En tal caso quedamos para otro día y hacemos lo que queráis, pero no delante de él. Ojos que no ven, corazón que no sufre –contestó Tere.

    –Todo lo contrario Tere. A los cornudos les excita muchísimo ver como otros machos le revientan el coño a sus mujeres. Es una pose falsa la de que se enfadan. Son hipócritas. Al mismo tiempo que se les empina el rabo viendo el espectáculo, fingen enfadarse por miedo al que dirán y, sobre todo, al choteo de sus conciudadanos. Pero si tuvieran la seguridad de que nadie se enterara, como sería este el caso, pues se les hace la boca agua viendo a sus hembras siendo montadas por otros sementales –le discurseo yo.

    Juan, mientras yo hablaba, no perdía el tiempo. Ya había desnudado a Tere y se había desnudado él, también. En la postura del misionero, sobre la mesa, se dispone a consumar el acto sexual.

    Yo también me despeloté, me subí a la mesa y le metí mi falo casi entero, en la boca a mi suegra.

    Sonia y Eva se acercaron a su padre y le iban soltando al oído frases de sublime y colosal depravación moral y perversión sexual del estilo “Mira como gime la puta de tu mujer con los rabos de nuestros maridos bien adentro de sus cavidades corporales”, “Por fin nuestra madre va a saber lo que es la Gloria Bendita de verdad”.

    Gilberto no sabía cómo reaccionar ante tanta vejación. Echaba espumarajos por la boca y no paraba de decir “Esto es un ultraje”, “Nietos míos acudid en venganza de vuestro abuelo”.

    Yo para que estuviera entretenido le suelto:

    –Don Gil… ipollas, aproveche el tiempo y hágale un buen cunnilingus a su nieto en el trasero. Déjeselo bien lubricado, para así poder desvirgar el culo de Jandra sin ocasionarle demasiado dolor.

    Jandra se puso muy contento y se despelotó en un santiamén. Colocó su trasero delante de la cara de su abuelo y este no tuvo más remedio que lamer y succionar con pasión, si no quería que el chico se diera la vuelta y le metiera el nabo en la boca, lo cual sería peor remedio para el viejo.

    Mi mujer adoptó el rol de mamporrera y, de forma alterna, iba comiendo el chumino de su madre y el cipote de su cuñado.

    Cuando yo me salí de la boca de Tere para sodomizar y desvirgar a Jandra, Eva ocupó mi lugar y le aplastó su chocho en la cara a su madre, para que esta se lo chupara en profundidad y le regalara un intenso orgasmo.

    Me acerco a Jandra, que estaba de pie algo reclinado, mientras su abuelo que estaba sentado en una silla le lamía y relamía el ojete y acercándole mi polla a su boca, se la voy introduciendo poco a poco, para que la lubrique bien con su saliva.

    ¡Menuda mamada me comenzó a hacer el maricón! Hay mujeres que no le ponen tanta pasión.

    Cuando ya tuve mi falo bien brillante y duro, decido penetrar a mi sobrino por el trasero.

    –Don Gil… ipollas, esto sí que es una Noche de Pasión. No se puede celebrar mejor un Viernes Santo que rompiéndole el precinto anal a un mancebo afeminado de 18 años. ¡Qué placer me está dando el franquear este esfínter tan estrecho! –le digo a mi suegro para enfurecerlo aún más.

    Mi hija se acerca y aprovechando que Jandra está de pie recibiendo mis embestidas por detrás, ella se coloca de rodillas y le hace una felación.

    Llamo a mi sobrina, que estaba inactiva sin saber a dónde acudir, y le digo que se coloque debajo de mí y me vaya lamiendo los huevos. De vez en cuando saco la polla del culo de Jandra y se la meto a Eva Jr., para que la mame y me la deje bien empapada y así volver a la carga sin que le queme demasiado el ojete a mi sobrino.

    En la otra escena, mi suegra no paraba de jadear y con sus piernas abrazaba por la cintura a Juan para que le diera caña con más ímpetu. Al poco rato mi suegra soltó unos gritos de placer que Eva ahogó aplastando más si cabe, su chocho en la cara de su madre.

    Tere se desacopló y ocupó su lugar mi mujer, aunque esta prefirió apoyarse y reclinarse sobre la mesa, para que mi cuñado la calzara por detrás.

    Mi suegra, mientras tanto, se dirige a su marido y le dice que le lama el coño (ya que no vale para otra cosa), que lo tiene muy escocido.

    Jandra no puede resistir más la comida de polla que le hace la guarra de mi hija y se corre en el interior de su boca. Mi hija libera, muy despacio, su boca de la picha de su primo, se enjuaga la boca con el esperma, hace gárgaras y luego se lo traga todo, relamiéndose después.

    Yo en todo ese tiempo no podía evitar el darle unas buenas estocadas al trasero de Jandra, calcando con fuerza mi cipote en el interior de su ano. No me corrí de milagro en aquel habitáculo tan ajustado, pero tenía todavía una faena pendiente antes de llegar al clímax.

    –Mira, Jonathan, como me zumbo a la golfa de tu mujer. Su almeja chorrea como una fuente del gusto que le estoy dando –me suelta Juan.

    Yo entonces aprovechando que su mujer y su hija están en la postura del misionero morreándose, me dirijo hacia ellas y voy perforando de forma consecutiva ambas almejas.

    Mi hija se dirige hacia su tío y colocándose como mi mujer, le dice:

    –Mete tu verga en mi cueva, también. No te olvides de mí.

    Entramos en una competición de ver quién de los dos aguanta más y les provoca más orgasmos a nuestras respectivas hembras. Por si fuera poco, mi suegra se dirige a mí y me comenta:

    –Tu morcilla todavía no la probé, así que, quiero que me la claves y me proporciones otro orgasmo.

    Mi cuñado jugaba con ventaja, solo tenía que trajinarse a mi mujer y a mi hija. Yo, en cambio, tenía que follarme a su mujer, a su hija y a mi suegra. Esta última, tan macizorra y tan zorra que casi me excitaba más cabalgar sobre ella que sobre mi sobrina, que era más seca de carácter.

    Mi suegro tenía los ojos en blanco y la cara pálida de ver el puterío que teníamos formado en su casa.

    A Jandra le dejé el trasero tan horadado y dolorido que prefirió sentarse en un sofá y descansar un rato.

    Otra de las ventajas de mi cuñado Juan eran las medidas de su miembro. No cabía la menor duda de que era más grande y gordo que el mío. Las caras de vicio, de estar en el Séptimo Cielo, de mi mujer y de mi hija eran un cuadro.

    A los pocos minutos Sonia se corrió, chillando como una cerda. Ya solo le quedaba la guarra de mi hija.

    Yo le di caña de la buena a la puerca de mi suegra. Ella estaba a cuatro patas sobre el suelo. No tardó en tener su segundo orgasmo diciendo:

    –Gilberto, he descubierto el Paraíso hoy. ¡Qué dos machos me ha proporcionado la divina Providencia! Dame, Jonathan. Dame fuerte. ¡No pares!

    Al poco rato se corre mi hija. Bizqueaba y todo la muy perra. No podía haber esperado un poco más, para darme ventaja.

    Entonces Juan decide correrse en las nalgas de las dos. Echándoles un buen emplasto, que ellas fueron esparciendo con sus manos.

    Eva también llegó al éxtasis y yo no pude aguantar más y me vacié con ella. Le proporcioné unos buenos caderazos llenando el interior de su chochete de mi cuajada.

    A Eva Jr. le tuve que proporcionar su orgasmo haciéndole una buena comida de berberecho. Le succioné con tal fuerza la vagina que casi le provoco un prolapso uterino. La muy golfa de repente espabiló y comenzó a apretar su entrepierna contra mi cara.

    Cuando llegó al orgasmo profirió tal cantidad de blasfemias, que casi tiene un desmayo su abuelo.

    –Lo prometido es deuda Don Gil… ipollas. Dijimos que su trasero también recibiría su merecido y ha llegado la hora –le comento a mi suegro.

    –Sois unos degenerados poseídos por Satán. Abandonad mi casa cuanto antes. ¿Es qué no habéis tenido bastante desenfreno? –nos pregunta Gilberto.

    Entonces mi suegra interviene diciendo:

    –Se nos hace tarde para ir a la procesión. Es un compromiso social. Debemos guardar las apariencias. Pero yo me comprometo que mañana, tanto vosotros como yo, le romperemos el culo a mi marido. Pongo a mi honor por testigo.

    Aceptamos la sugerencia de Tere. Nos arreglamos y nos vamos a ver los pasos.

  • Tu lengua sobre mí

    Tu lengua sobre mí

    Era un edificio junto a la costanera, iba subiendo al décimo piso, llevaba falda, medias veladas y un abrigo, era una noche de invierno en Buenos Aires. Había bebido un poco de whisky, iba helada y ansiosa de llegar a la fiesta, en la puerta del ascensor subió él, un hombre de estatura alta, de brazos corpulentos y sonrisa mágica, me saludó de medio beso en la boca, eso me puso nerviosa, ya nos habíamos visto antes, como no recordarlo si era bellísimo.

    ¡Teníamos amigos en común, me miraba insistentemente a los ojos… y de repente, me toma de la mejilla, me pasa su lengua rodeando mis labios… me gusto!, mis piernas entraron en pánico, sentí un corrientazo en el estómago y un deseo insaciable de coger con el… su energía me desbordo y mi vagina se humedeció de una forma irracional, empezó a palpitar, como si tuviera vida propia.

    Mis pulsaciones se triplicaron y el sintió que lo estaba deseando, sus manos fuertes empezaron a tocar mi cuerpo, teníamos mucha ropa, faltaba poco para llegar al destino y, en segundos él bloquea el ascensor, decide salir de él, agarrándome de la mano y encontramos una habitación de aseo… me subió al mesón y rompió mis medias, dejando al descubierto aquel panty negro (desde que me lo puse pensé que la noche iba a ser diferente), mientras me besaba desabrochaba mi abrigo, empezó a tocar mis senos, los pezones se pusieron tan duros, señal de que me fascinaba su recorrido, me quito la blusa y me observaba con fascinación.

    Mi vulva empezó a crecer, deseaba ser penetrada, mis líquidos empezaron a ser más evidentes y sus dedos me rozaban el clítoris, con una delicadeza que me ponía más cachonda, y él, tenía su pene grande y duro, lo sentía con el roce que tenía hacía mis rodillas, estábamos tan excitados, que nos olvidamos del mundo.

    Saco su miembro, era tan agradable a la vista, mientras ponía su cabeza en mi vagina y jugaba con ella, estaba empapada; su lengua recorría mis senos, mi cuello, mi boca, era tan excitante su olor… empezó a besarme lento, mordidas en mis senos, mi cintura, mis muslos… hasta que con su lengua llego a mi vagina, ¡exploto!

    Estaba tan caliente, y juguetona y mi clítoris aún más, me mira desde abajo y sonríe, cierra los ojos y toma mis líquidos mientras mueve su lengua furiosamente, quería venirme en su boca.

    Yo tocaba su cabeza y no quería que se alejara, estaba gimiendo tan fuerte y el ensañado con ella… no aguantaba más y cuando quería llegar finalmente, él me embiste y me penetra tan profundo que no tuvo más remedio que tapar mi boca.

    Su pene tan grande, tan firme, tan grueso hizo que lo sintiera tan duro… me cogía, me cogía, me cogía y decía a mi oído, lo rica que estaba, lo caliente que me sentía, lo perra que me veía, mientras yo soportaba el peso de su cuerpo y el golpe de sus huevos en mi… tan excitados, tan frenéticos…

    Se derramo en mis tetas, mientras me besaba la boca y sonría. Acabábamos de tener un sexo de segundos eternos y excitantes. Jamás lo olvide.

    A la fiesta llegamos cada uno por su lado, con la complicidad de las miradas y un brindis posterior. Mis medias quedaron en la habitación de aseo, inservibles, pero mis piernas temblaban y deseaban volverlo a encontrar, me dio una noche tan deliciosa que escribiendo estas palabras hace que lo vuelva a desearlo dentro de mí. Sonrío, esa locura tiene nombre propio, lujuria.

    ¡FIN!

  • Un desconocido me folla en la playa

    Un desconocido me folla en la playa

    Ya habían pasado unos días desde mi apasionante tarde de playa con mi amiga, después de lo que había pasado entre nosotras las cosas estaban raras no habíamos vuelto a quedar desde entonces solo nos habíamos escrito algún que otro mensaje suelto. La situación era un poco incómoda para decirle de quedar de nuevo para hacer algo juntas, por lo que pensé que darle unos días de margen sería lo mejor para ambas.

    Aquel día yo me encontraba aburrida en mi casa sin nada que hacer. Las tareas del hogar ya estaban hechas y mi papá como de costumbre estaba trabajando por lo que no tenía con quien pasar el rato. Como no tenía nada que hacer me puse a recordar lo que había ocurrido aquella tarde y el porqué. Luego de un rato llegué a la conclusión que todo había empezado a irse fuera de control justo después de quedarme en topless y sentirme el centro de atención de mis vecinos de toalla. Me excitaba su admiración y el deseo de poseerme que emanaban. Como no tenía nada que hacer ese día ni con quien pasarla decidí que sería interesante irme a la playa, pero esta vez yo sola.

    A eso de las doce pasaba el bus que usaba a diario cuando iba al instituto en Montería, solo que en sentido contrario es decir que en vez de dirigirme a la ciudad como casi siempre me subí para bajarme en la última parada la de Puerto Rey, donde había una pequeña playa en la cual podría pasar la tarde tranquilamente para luego tomar la última línea del día que me dejaría en mi casa.

    El sol brillaba en todo su esplendor cuando llegamos a mi destino, traer las gafas de sol había sido un acierto, cuando me bajé del autobús sentí la agradable brisa marítima subiendo por mis piernas, ese día llevaba puesto tan solo un vestidito de verano y unas chanclas, más nada. También había traído una mochila donde llevaba el traje de baño que me pondría allí mismo, la toalla y el protector solar.

    Cuando llegué al arenal enseguida me di cuenta que no era tan buena como la playa a la que siempre iba, esa es la playa Arboletes, pero me tendría que conformar con esta.

    El día era caluroso, a pesar de eso la playa no estaba ni mucho menos llena. La verdad es que podía haberme instalado en la parte más alejada del agua para no ser molestada, pero me apetecía tener vecinos. Me fui en dirección a la orilla, allí sí que había algo más de gente donde no sentirme tan sola. Estiré la toalla y me senté en ella para acomodarla, mientras lo hacía analicé a los vecinos que tenía, a mi derecha estaba una pareja de ancianos, a la izquierda un grupo de chavales, detrás mía otra pareja pero de treintañeros y delante ya no había más nadie hasta el agua donde en aquel momento había alguno que otro dándose un baño.

    Una vez acomodada era momento de ponerme el traje de baño, me incorporé e inclinada sobre la mochila empecé a buscarlo, de allí saqué el tanga que formaba parte del bikini azul que tanto me gustaba. Sin sacarme el vestido, para no quedarme desnuda, me fui subiendo el tanga por las piernas hasta las rodillas primero y luego hasta donde llegaba a cubrir el vestido, de un movimiento rápido me lo acabé de subir hasta la cintura, si alguno de mis vecinos me estuviera mirando podría haber visto fugazmente mis partes bajas desnudas ya que si o si tenía que levantar ligeramente el vestido para acomodar el tanga. Una vez puesto y sin pudor retiré los tirantes del vestido y lo dejé caer al suelo quedándome en topless, después de la libertad que mis pechos habían descubierto el otro día no iba a desaprovechar la ocasión de volver a hacerlo siempre que pudiese.

    Por entonces ya me había ganado la atención de todos los hombres de la zona, no pude evitar echar un vistazo a mi alrededor para así confirmarlo. Eso sí por lo menos tenían el decoro de girar la mirada en el momento en que los miraba a ellos. Ahora que ya había despertado su interés era momento de echarme protector, eché un buen chorro en mi mano izquierda y mientras con la derecha me la esparcía por el cuerpo. Comencé por los pies, seguí subiendo por mis piernas hasta llegar a mis muslos, la crema se sentía fría en contacto con mi piel, pero esta rápidamente recuperaba su temperatura habitual que en aquel momento era muy elevada por la situación. Mi mano izquierda siguió el contorno de mi muslo para aplicar también en los glúteos, firmes y voluptuosos, en esa parte me entretuve más de la cuenta buscando alimentar con esa imagen a los admiradores que allí tenía.

    Proseguí con el recorrido hacía la parte superior de mi cuerpo llegados a esta zona me decidí por lanzar un gran chorro de crema en el centro de mi pecho, allí usando las dos manos lo extendí por todo mi torso desnudo prestando especial atención a mis pechos en los cuales permanecí otro rato exagerado masajeándolos para que absorbieran correctamente la crema protectora, finalmente como pude hice lo propio por el resto de mi cuerpo que hasta aquel momento permanecía desprotegido.

    Todo aquello me había excitado en exceso, me tumbé un rato para relajarme un poco y luego me iría a dar un chapuzón, estaba boca abajo con las piernas mirando hacia el mar y el culo hacia el cielo. A pesar del ruido que hacía el mar no pude evitar escuchar a la pareja que estaba detrás mía discutiendo, ella parecía muy enfadada.

    – Siempre que venimos tienes que dar la nota de verdad.

    – De qué hablas ahora.

    – No te hagas el bobo, si solo te falta limpiarte la baba.

    – Ya estás tú con la tuyas.

    – Si es que no le quitas el ojo de encima a esa cría, eres un cerdo.

    – Son todo imaginaciones tuyas como siempre. Eres una loca.

    – ¿!Me acabas de llamar loca!?, pero tú de qué coño vas

    – Tranquilízate un poco anda.

    – Mira estoy cansada de ti y de tú forma de tratarme, será mejor que me vaya.

    – Si esperas que te ruegue que no te vayas estás muy equivocada conmigo…

    – Vete a la mierda capullo y ni se te ocurra volver a llamarme

    – Vale vale, cuando se te pase me avisas yo me quedo aquí que estoy bien a gusto.

    Después de la escenita yo estaba alucinando eran imaginaciones mías o todo aquello había sido por mi culpa. El caso es que ya había pasado un rato desde aquello y me apetecía refrescarme un poco. Me levanté con esa intención sin embargo no pude evitar dar un vistazo antes a aquel hombre que acababan de dejar allí tirado por mi culpa, era un hombre acabado de entrar en sus treinta años, al que todo el pelo que le faltaba en su cabeza lo tenía en el pecho y extremidades. A pesar de todo se veía que se cuidaba por lo menos en lo relativo al ejercicio físico porque no aparentaba sobrarle ni un solo kilo. En esas estaba acabando de mirarlo cuando entonces él se giró y levantando las gafas de sol me guiñó un ojo. Sin saber el porqué antes de voltearme y poner rumbo a la orilla le lancé un beso y me fui riendo.

    Me lancé al agua donde permanecí nadando durante unos minutos hasta que me dí cuenta que aquel hombre había abandonado su posición y se dirigía a la orilla. Yo como si tal cosa continué a lo mío, sabiendo que se acercaría a mí en cualquier momento. Y así sucedió. El agua nos llegaba por las rodillas y yo me quedé orientada mirando a la playa mientras que él se colocó frente a mí mirando al horizonte.

    – Hola chica

    – Hola

    – ¿Cómo tú estás?

    – Bien

    – Ya veo que no eres muy habladora, se te comieron la lengua o qué.

    – Mmm no, la tengo aquí ves.- dije sacándola entre mis labios.

    – Si, ya veo. ¿Y cómo es que estás solita en la playa?

    – Pues me apetecía venir y ya.

    – Me parece perfecto, así me gustan decididas. Que no esperen a que su chico las invite a ir, que vayan y punto.

    – Es que él no está se fue con sus padres.

    – ¿Se fue y te dejó sola?

    – Así es

    – Pues vaya idiota, si fuese yo no me separaba de ti ni un solo momento jaja

    – No sé yo, muy preocupado no pareces cuando tu chica se ha ido sin ti. ¿Por qué no fuiste tras ella entonces?

    – Nos escuchaste eh, esa tipeja si que grita cuando quiere.

    – Lo siento, no pude evitarlo.

    – No pasa nada… entonces también escuchaste por qué empezó todo supongo.

    – No eso no.- me hice la despistada para ver si sería sincero o le daría palo contármelo.

    – Pues me pilló mirándote más de una vez.

    – ¿Ah sí?

    – Pues sí y no se lo tomó muy bien. Es celosita la pobre.

    – Ya veo.

    – No es la primera vez que le pasa, pero siempre acaba volviendo tarde o temprano.

    – ¿Tan seguro estás?

    – Si claro, sus motivos tiene.

    – ¿Cuales?

    – Es mi zorrita nadie la hace gozar como yo. Por eso cuando otra llama mi atención se pone así de esa forma.

    – Ahá ya veo. Y qué te llamó la atención concretamente.

    – ¿De verdad lo preguntas?, después del espectáculo que estabas dando echándote protector solar. O yendo por ahí sin ropa interior.

    – ¿Y no puedo?, este sol quema mucho sabes.

    – Si ya, pero no de esa manera que levantas hasta a los muertos.

    – No era mi intención.

    – Porqué será que no te creo… Tienes pinta de que te gusta ir por ahí calentando al personal. ¿O me equivoco perrita?

    – Oye ¿¡que me acabas de llamar!?

    – Lo que eres. No te avergüences de ello.

    – ¿Te parece normal hablarme así?

    – Es como se le habla a las que son como tú. Porque en el fondo os gusta y os pone cachondas.

    En el fondo sabía que él tenía razón, había ido a aquella playa con solo la intención de volver a exhibirme.

    – Tú silencio me da la razón, perrita. Seguro que estás empapada y no por estar dándote un baño precisamente.

    -Volvía a tener razón… todo aquello me estaba poniendo muy cachonda.

    – No pasa nada, yo también lo estoy por tú culpa. Tendrías que haber visto lo dura que me la pusiste cuando esparcías esa crema por tu cuerpo.

    – Pues no me habría importado verlo la verdad.- dije al fin rompiendo mi silencio y dando mi aprobación a su forma de actuar.

    – Pues mira aquí la tienes.

    Llevaba puesto un bañador estilo short bastante holgado que facilitó su rápida maniobra. Con tan solo echar a un lado la tela consiguió sacársela dando un respingo hacia arriba. A pesar de no ser muy larga nunca había visto una polla tan gruesa.

    – ¿Qué te parece ah?

    – ¿Así te puse?

    – Ahá y así me has vuelto a poner ahora.

    Estar en la orilla no era el lugar más discreto del mundo por lo que me pareció mejor volver a la toalla para ver a dónde nos llevaba este juego.

    – Aish siento que este sol me está quemando la espalda, ahí no pude echarme crema como debía.

    – Vamos yo te ayudo, sería una lástima que te quemaras sin yo hacer nada al respecto.

    De camino a mi toalla me di cuenta que el grupo de chicos se había ido a jugar a la pelota en la pista que había en la entrada. Cuando llegamos yo busqué en la mochila mi protector y se lo pasé antes de tumbarme boca abajo, sentí como se sentaba dejando mis piernas en medio de las suyas. Al instante y tras echar una buena cantidad de crema en sus manos comenzó a masajearme la espalda, como no llevaba la parte de arriba no tenía obstáculos para poder esparcirla sin problema alguno.

    – Esta parte ya está pero creo que te has quemado los hombros deja que te eche un poco ahí también.

    Se recolocó encima mía quedando ahora muy cerca de mis nalgas casi encima. Mientras me echaba crema hacía un movimiento de vaiven que aprovechó para restregarme su miembro por todo mi trasero. Si alguien nos estuviese viendo podría pensar que estamos follando en ese momento.

    – Cortate un poco nos van a ver los de aquí al lado.

    – No te preocupes por eso, el viejo está durmiendo y su mujer concentrada en la revista.

    – Bueno dale pero no tardes mucho.

    – Ya casi estoy, pero creo que me hace falta un poco más de crema.

    – Voy yo te la alcanzo.

    – Tranquila ya tengo aquí el bote.

    – Eso no puede ser si lo estoy viendo aquí junto a mi moch…

    Al girar mi cabeza para decírselo vi como se había sacado la polla por un lateral del bañador nuevamente y se la estaba cascando encima mio con una de sus manos mientras que con la otra manoseaba mi culo. Al verme mirándole me sonrió y comenzó a correrse por toda mi espalda, a diferencia del protector solar esa crema no se sentía fría.

    – Listo ya verás como la crema que yo tengo te ayuda.

    Tras decir esto comenzó a esparcir su corrida por toda mi espalda hasta llegar a mis hombros, me sentía sucia pero tremendamente cachonda en aquel momento. Mi silencio cómplice alimentaba su autoridad.

    – Me fascina tu culo perrita.

    Mientras decía eso me lo seguía manoseando con descaro ahora con las dos manos, con una de ellas separó el hilo del tanga de mi cuerpo y se coló con sus dedos acariciando toda mi raja hasta llegar al final de mi vagina. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

    – Sabía que esto te estaba mojando. Estás empapada perrita.

    Tras decir eso se llevó los dedos a su boca para probar a que sabía mi sexo.

    – Estás muy rica, te comería ahora mismo.

    – Mmmm siii pues hazlo.- mi aprobación ya la tenía desde hacía rato

    – Ven conmigo.

    Levantándome lo comencé a seguir hasta la salida de la playa allí había una choza que hacía las veces de lavabo público, tras ver que nadie nos observaba me arrastró junto a él a su interior y pasó el seguro. Me agarró de la nuca inclinándome sobre el inodoro, yo me coloqué poniendo mis manos sobre la cisterna y mi culo en pompa para él. Agarró mi tanga y me lo bajó hasta los tobillos, allí totalmente expuesta se arrodilló tras de mí y acercando su cara a mi trasero comenzó a devorarme con hambre y lujuria, su lengua no dejaba rincón alguno de mi sin explorar sentía que mis piernas me temblaban debido a su ímpetu.

    – Pfff que rico sabes perrita. – dijo mientras recuperaba el aliento justo como para seguir con su tarea.

    – Ay siii, siii sigue por favor, no pareees.

    Sentía que me desfallecía, mis gritos de placer se mezclaban con el sonido de su cara mojándose con cada movimiento que hacía sobre mi. Fue cuestión de segundos en los que ya no pude contenerlo más. Un gran chorro salió de mi interior empapándolo a él por completo.

    – Bufff joder pero que perra eres mira como me has puesto.

    Incorporándose me lanzó un fuerte azote en cada una de mis dos nalgas poniéndolas completamente rojas, ante el impacto intenté incorporarme hacia arriba pero su mano volvió a agarrarme por la nuca para volver a dejarme en mi sitio.

    – Tu quieta ahí que aún no he acabado contigo.

    Tras decir eso escuché como su bañador tocaba el suelo tras deshacerse de él, yo por mi parte seguía con mi tanga por los tobillos pero sabiendo lo que se venía me lo acabé de quitar pudiendo así abrirme totalmente de piernas.

    – Así me gusta perra, ahora vas a ver lo que es bueno.

    Pude sentir como su cuerpo se pegaba con el mio y como su miembro me rozaba mi trasero. Con su mano lo movía de arriba a abajo restregándolo por toda la entrada de mi cavidad, sentía como su glande se quería abrir paso pero su dueño no dejaba que eso sucediese, me moría de ganas por tenerlo dentro de mí y no pude soportar más ese juego.

    – Jodeeer métemela de una maldita vez.

    – Eso quieres eh. Suplícame como la perrita que eres.

    – Por favooor metemelaaa hazme tu perrita mmmm.

    Sus movimientos se detuvieron en seco sintiendo como ahora si empujaba su glande que comenzaba a abrirse paso en mi interior. Nunca había tenido una polla tan gorda dentro de mi, le costaba avanzar.

    – Mmmm que estrecha eres. ¿Te duele?

    – Ufff un poco pero no importa, no pares.

    – No tenía intención perrita.

    Su avance siguió lento pero seguro hasta tenerla completamente en mi interior, ahí permaneció unos segundos en mi interior.

    – Mmmm ya la tienes toda adentro. Que rico como me aprietas con tus paredes.

    – Aaaah sii que rico papi, ahora follame.

    Comenzó lentamente a sacarla de mi interior para luego volver a metérmela nuevamente, sus movimientos pronto se hicieron más y más rápidos. Su polla me abría como ninguna otra antes lo había hecho, por primera vez me sentía llena de esa manera. Con sus manos en mi cadera me mantenía sujeta y al mismo tiempo usaba ese agarre para marcar el ritmo de sus embestidas.

    – Yo no soy tu papi perrita, pero qué suerte tiene él de poder ver este culito tuyo todos los días moviéndose por casa.

    Mi coño ya se había adaptado a lo ancho de su verga, pero con cada embestida que me daba era una nueva sensación. Ahora sé porqué estaba tan seguro de que esa mujer volvería con él, yo por mi parte estaba al límite nuevamente de correrme. Prueba de ello eran mis gemidos descontrolados.

    – Controlate perra que te van a escuchar.

    Tratando de callarme, me agarró del pelo atrayéndome hacía él haciendo que mi espalda se arquease. mientras tanto con la otra la puso en mi boca tratando así de amortiguar mis aullidos. Esa postura había hecho que mis piernas se cerrasen un poco provocando que su polla le costase más perforarme y también que se sintiese más rico como lo hacía.

    – Ummm umm ummmm.

    Mis gritos sordos por su mano se volvieron cada vez más intensos debido a lo que se aproximaba nuevamente, la mano que me agarraba por el pelo la cruzó por debajo de mis axilas para abrazarme al mismo tiempo que abarcaba con su palma todo lo ancho de mi pecho izquierdo. Sentirme tan pegada a él provocó por fin mi segundo orgasmo. Mis piernas temblaban tratando de recuperarse, él por fin ponía pausa a sus embestidas sacándola de mi interior y dándome un momento de respiro para recomponerme. Hasta entonces nadie me había dado polla durante tanto tiempo seguido sin haberse corrido, haberlo hecho en mi espalda hacía apenas unos minutos sería la más probable causa de su resistencia.

    – Ahora te toca a ti follarme.

    Tras decir eso me apartó a un lado de ese pequeño habitáculo y se sentó en el inodoro con las piernas abiertas y su polla palpitante mirando al techo. Yo deseosa me subí encima suya y con una de mis manos dirigí su grueso falo de vuelta en mi interior. Con pequeños saltos encima suyo su polla entraba y salía al ritmo que ahora yo marcaba.

    Plas plas plas sonaba mi cuerpo chocando contra el suyo una y otra vez, entonces acercó su cabeza a mis pechos y les prestó la atención que hasta ese momento apenas habían recibido. Su lengua jugaba con mis pezones que de vez en cuando metía por completo en su boca succionándolos al principio y mordiéndolos suavemente al final. Mi coño no dejaba de segregar fluidos que caían posándose en su regazo haciendo que ahora resonase un chop chop chop cada vez que me dejaba caer encima suya.

    – Bufff me tienes a punto perrita. Dónde quieres que me corra.

    – Mmmm siiii. Correteee en mis pechos papi.

    Apuré mis movimientos para alcanzar un último orgasmo antes de incorporarme de encima suya y dejarme caer de rodillas. Entonces él se puso de pie frente a mí, comenzando a menearse la polla, la tenía más hinchada que nunca, la tenía completamente mojada por mis jugos y las venas se le marcaban de forma notoria. Se me hacía la boca agua imaginándola en mi boca pero sin tiempo a reaccionar comenzó a correrse por todo mi torso, a pesar de haberse corrido hace relativamente poco me sorprendió la cantidad que de allí salió. Esta vez fui yo la que se esparció su corrida como si de una crema solar se tratase al mismo tiempo que lo miraba a su cara mordiéndome el labio inferior.

    – Bufff niña nunca había visto a una perrita como tú.

    Yo agarrándolo por sus piernas lo atraje hacia mí, metiéndome su polla en la boca aún medio morcillona para darle un par de chupadas y dejarla limpia al sacarla de mi. El sabor de su leche y mis jugos se mezclaron en mi boca.

    – Pues si que estoy rica jeje

    – Lo estás y mucho…

    Al salir de aquella choza, nos dimos un morreo e intercambiamos nuestros teléfonos. Tras eso me fui a dar un chapuzón antes de recoger mis cosas e irme corriendo a la parada para no perder mi último bus de vuelta a mi casa. Como imaginaréis no fue la última vez que vi a ese hombre…