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  • La señora Lucía (caso real)

    La señora Lucía (caso real)

    Me escribió un correo una lectora de mis relatos, concretamente sigue “La polla de Tomás”. La llamaré Lucia. Nos hemos estado escribiendo por e-mail llegando a un punto de confianza que nos dimos los teléfonos.

    Hace poco se dio la coincidencia que las dos íbamos a visitar la misma feria de Turismo en la capital. Quedamos para tomar una cerveza. No fue una, fueron más, nos reíamos de cualquier cosa, fue agradable. Quedamos para cenar juntas y me contó una historia suya. Me pidió si podía escribir un relato con ella, que le haría mucha ilusión.

    No me negué. Aquí está. Intentaré contarla como si fuera ella misma.

    Lucia.

    Os voy a contar una historia que me ocurrió hace unos diez años. Yo había cumplido ya los cincuenta, estaba en camino de los cincuenta y dos. Soy una mujer erótica, sin ser una belleza, se cómo sacar provecho a mis encantos, por ejemplo mis pechos, motivo por el cual mis escotes siempre son generosos, los considero una preciosidad. Son grandes sin ser exagerados, y se me aguantan firmes, tengo una areola totalmente circular y un pezón grueso y largo siempre apuntando hacia arriba. Suelo ir sin sujetador, y más de un atontado mirándome lo pezones marcados en la camisa, o mi escote, se ha dado un traspié. Me gusta provocar estas situaciones. Aunque más bien soy delgada y de estrecha cintura, tengo un culo en forma de pera que no son pocos los hombres que se quedan embobados cuando observan el movimiento de mis glúteos. Mis piernas son largas y creo que bastante sexys. Suelo usar en verano zapato abierto o sandalias, siempre con un poco de tacón, me estiliza aún más las piernas y además me gusta pintarme las uñas de los pies y lucirlos, soy una mujer de metro setenta.

    Reconozco que soy muy calienta braguetas, me gusta excitar al personal, aunque no llego a más de eso la mayoría de veces, menos cuando salgo de caza, como yo digo, ir a ligar.

    En aquel entonces yo llevaba dos años separada de mi marido y como quien dice de toda la familia, ya que mi única hija emprendió el vuelo de joven y tiene su propia vida. Aunque nos llamamos muy a menudo, nos vemos poco, por la distancia, ella vive a tres cientos kilómetros de mi casa. Mis padres por desgracia ya no están, se despidieron juntos de la vida en un lamentable accidente.

    Un día me llamó mi hija diciéndome que quería presentarme a su novio, resulta que ya estaba embarazada de él y se iban a casar. Yo no sabía ni que tenía novio, le había conocido una vez uno, pero era de esos amores de adolescencia que siempre son efímeros. Mi hija se gana bien la vida, es profesora, y además emprendió un pequeño negocio de arte y antigüedades que le rentabiliza mucho.

    Físicamente ha salido bastante a su padre, ella no tiene unos grandes pechos como los míos ni un gran culo, aunque no está nada mal, es más bien delgada, y mucho más guapa que yo. Es preciosa, sus ojos, sus labios y en general sus rasgos faciales, la hacen tremendamente bella.

    Me llamó por teléfono y me dijo el día que vendrían. Se quedarían dos o tres días en casa para arreglar varios temas de papeleo en el hospital que ella precisaba. Yo contenta, siempre hemos hablado de todo entre nosotras, ella tiene un carácter de independencia como yo, se emancipó joven y se ha ganado los estudios y la vida por ella misma. Aunque muchas veces la he ayudado económicamente, siempre me ha querido devolver el dinero, a pesar de que yo lo rechazara. Yo también me gano bien la vida, cree hace años un portal turístico por internet que dirijo con bastante tranquilidad, y buenos rendimientos, los empleados y empleadas que tengo hacemos todas teletrabajo desde nuestras casas, eso permite que pueda dedicar tiempo a mi vida.

    Para el día que vinieron a casa, yo decidí preparar para la ocasión, la comida, unos mariscos y un buen pescado al horno para celebrar el encuentro y el acontecimiento, mi hija iba a hacerme abuela.

    El hecho de ser abuela me producía satisfacción y me emocionó felizmente, y así se lo hice saber por teléfono. Ella estaba radiante de felicidad, tenía ganas de ser madre y me dijo que había encontrado a la pareja perfecta por compartir su vida y formar una familia.

    El día que llegaron empezó el suceso que les voy a relatar. Intentaré describirlo incluso con los diálogos que hubo, algunos, no todos, no de todos me acuerdo, pero sí que intentaré narrar fidedignamente lo que ocurrió.

    Llegaron a media mañana y me encontraron preparando la comida. Yo no los esperaba tan temprano, y me cogieron de improviso vestida solo con una camiseta holgada de tiras, dejaba casi mis pechos fuera y un tanga de los más finos que tengo. Me gusta andar cómoda por casa, y mis pechos se mostraban debajo de la fina prenda y el tanga poco culo y coño me tapaba. Mi hija al verme así, se rio y encima se cachondeo un poco de mi indumentaria, ella sabe cómo soy y le encanta.

    – Francisco esta es mi madre, Lucia.

    – Mucho gusto en conocerla señora Lucia, Margarita me ha hablado mucho de usted.

    – El gusto es mutuo Francisco, aunque no puedo decir lo mismo, a mí no me han hablado de ti, ja, ja, ja…

    Cuando mi hija me presentó a Francisco, al pobre lo vi tragando saliva y rojo como un tomate intentando disimular su mirada que no podía apartarla de mis pechos y de mi culo. Era un chico guapo, metro ochenta, poco musculoso, más bien delgado, pero se le veía fibroso y fuerte con una cara de niño que no se aguantaba, me tuve que reír para adentro, no aparentaba ni los veinte años que tenía, hubiera podido pasar por un chaval más joven tranquilamente.

    Mi hija me explicó su plan familiar y a mí personalmente me pareció perfecto a pesar de la diferencia de edad que se llevaban. En aquel entonces mi hija había cumplido los treinta y dos, su novio y futuro padre de mi nieto, tenía los veinte justos, se llevaban doce años. Me chocó su juventud, pero no le reproché nada, ya que a mí los hombres más jóvenes que yo, son los que me atraen. En eso hemos salido igual, me dije a mi misma.

    Normalmente cuando tengo ganas de sexo, me busco chavales en el gimnasio o el club donde voy, en algún concierto, depende, soy bastante depredadora sexual y corro con la ventaja de no enamorarme nunca y ser eficaz en la caza. Mis voluptuosidades ayudan, pero me he dado cuenta que poseo un arte de seducción letal, y analizo muy bien al muchacho antes de flecharlo y acostarme con él, debe de reunir muchas condiciones, una de ellas, es que debe de ser dócil, sumiso y tener un pene un poco considerable, más que nada porque me gusta jugar con un pene en la mano, puede parecer extraño, pero todas tenemos nuestras manías libidinosas.

    Los instalé en la habitación que les preparé, es una suite que hice construir en la casa precisamente para invitados, gozan del dormitorio, un amplio cuarto de baño, incluso con un pequeño jacuzzi y un salón con una amplia terraza y con vistas y acceso a la piscina. Era verano, la podrían disfrutar.

    Cuando tuve ya la comida casi lista solo a falta de los toques finales para la hora de comer, serví para los tres un vermut con hielo, sifón y con unas aceitunas, para tomar mientras hablábamos sentados alrededor de la mesa. Mi hija iba contándome cosas de ella y de él. Siempre hemos hablado ella y yo muy claro, mas como dos amigas que como madre e hija, me dijo que conoció a Francisco cuando era un alumno suyo en el instituto, que entablaron cierta confianza llegando a ser novios y ahora ya vivían juntos. Los padres de él no aceptan la relación que tiene con su ex profesora por lo que decidieron irse y cambiar de domicilio, viven en un pueblo cerca de la ciudad y así pueden pasar de los comentarios mal intencionados, y también de los chismorreos de su círculo de familiares y amistades.

    Francisco continuaba asistiendo a la universidad, ella le obligaba y con lo que ella ganaba de profesora y con su negocio del arte y las antigüedades vivían muy cómodamente.

    Teníamos buen ambiente en la mesa, empezamos a contarnos anécdotas de recuerdos felices y nos reíamos rememorándolos. Ya nos habíamos tomado dos rondas de vermut, cuando les propuse irnos al jardín y a la pérgola de la piscina. Propuse comer allí y mi hija aceptó encantada.

    – Sí mamá, mejor comemos en la pérgola del jardín, y un baño ahora ¡Qué bien!

    – La verdad que sí hija, después de estar al lado del horno y los fogones ahora un baño me irá de perlas ¿A ti te apetece Francisco?

    – Claro, señora, como a usted le vaya bien.

    – Mira Francisco y me da igual que mi hija este delante, pero si me vuelves a llamar señora, te voy a dar de guantadas de aquí a la capital.

    Mi hija se rio y Francisco también.

    – ¿Tan vieja me ves Francisco?

    – No, no, para nada Julia, al contrario se la ve a usted muy joven.

    – Margarita, le dices tú a tu novio que me tute, o si se lo digo yo, le hago tragar agua en la piscina.

    – Ja, ja, ja. Ya te imagino haciéndole tragar agua, no ves que no podrías.

    – ¿A qué te juegas que lo hundo?

    Me empecé a dar cuenta que él hacia todo lo que mi hija le ordenaba. Más cuando ya en la pérgola del jardín le mandó desvestirse.

    – Francisco, desnúdate, y antes de bañarte pasas por debajo de aquella ducha.

    – Sí Margarita

    El hecho es que nos desnudamos todos, mi hija sabe perfectamente que yo siempre en casa me baño desnuda y yo sé que ella también. Me sorprendió el futuro marido de mi hija, me felicité por ella, tenía un pene de muy considerable tamaño y el pobre no sabía cómo esconder su erección. Mi hija se dio cuenta y se echó a reír.

    – Francisco, no hagas esfuerzos en taparte, mi madre no se asustará al ver tu pene erecto, ya ha visto y ve muchos cada día, ja, ja, ja…

    – Vale Margarita.

    – ¿Te gusta mi madre cariño?

    – La verdad es que está muy bien.

    – ¿Quién te ha puesto caliente, mi madre o yo?

    – Tú Margarita

    – Mentiroso, ja, ja, ja…

    – Perdona Margarita, es por la novedad, la situación…

    – Ya te daré yo a ti novedad ni puñetas, venga échate a la piscina a ver si con el agua se baja esto, no vayas a lastimarnos con esta polla tuya.

    – Sí, Margarita.

    Francisco se echó al agua. Mientras mi hija me contó que el ginecólogo la había mandado a un especialista para ver su embarazo, ya que el niño que llevaba en la barriga estaba mal posicionado dentro de la matriz. Eso requería mucho reposo, pero que había venido aquí, para ver a este especialista en el hospital. Me contó también que debido a esto llevaba ya un mes sin follar, el ginecólogo le ordenó no hacer el acto sexual hasta saber a ciencia cierta si el feto se posicionaría, que si no, tendría que estar los últimos dos meses estirada en la cama, y que tendría que parir por cesárea. Esto me entristeció un poco, al ver que a ella le resbalaba una lágrima también.

    Para cambiar de tema y alegrar un poco nuestra conversación fui a por las cazuelas, platos y cubiertos y una botella de cava dentro de la cubitera. Mientras yo ponía la mesa, Margarita con su barriga se fue dentro de la piscina con su marido. Los veía jugar, abrazarse besarse, se les veía felices.

    Imaginé que el sexo lo debían de solucionar a base de mamadas y chupadas mutuas, si mi hija no podía follar, algún remedio le tenía que buscar para que aquel mocetón tuviera sexo, y ella también. Sexo oral. Estaba yo en esta divagación cuando salieron los dos de la piscina. A Francisco no le había bajado el rabo ni con el agua, y seguramente jugando con mi hija en el agua, aún más caliente se habría puesto ya que su empalme era bestial.

    Tengo que reconocer que mi chichi reaccionó ante la vista de aquella enorme polla que se gastaba el muchacho. Si no hubiera sido el marido de mi hija, seguramente ya lo tendría sometido a mi lívido y dando placer a mi coño.

    Mi hija se debía percatar de mi estado, y se reía de la situación.

    Comimos, bebimos y después fui a por los postres, el café y mi cajita de marihuana. Mi hija dijo que ella no fumaria, desde el embarazo y además con la situación que atravesaba no quería arriesgarse. Lo entendí. Yo me lie mi canutillo y Francisco también se lio uno.

    Los efectos, del cava, el wiski y la marihuana llevaron la sonrisa en mis labios y los de Francisco, nos reíamos por cualquier cosa. Mi hija estaba feliz de ver como de bien se lo estaba pasando su marido conmigo.

    Margarita decidió irse a acostar, debía de descansar, le dijo a Francisco que se podía quedar conmigo y en la piscina, si a mí no me molestaba, y que si iba a acostarse intentara no despertarla si dormía. A él, pareció agradarle la idea por la cara de felicidad que puso.

    Yo me fui dando cuenta como cada vez el muchacho estaba más pendiente de mí. De la forma que miraba mis pechos, mi trasero cuando me movía por el jardín. No le bajaba la polla ni con el wiski, ni con la marihuana ni con nada, la continuaba teniendo tiesa.

    – Oye Francisco, una cosa personal que quiero comentarte.

    – Dime Lucía.

    – ¿A ti no te baja el pito? ¿Siempre lo tienes tieso?

    – Es que… No sé… a veces

    – ¡Caray! Aclárate que no entiendo nada ja, ja, ja…

    – Ja, ja, ja… pues te seré sincero, cuando estoy frente a una mujer se me pone así y no hay remedio ja, ja, ja… me da vergüenza decirte eso.

    – Así ¿Soy yo la culpable de esta erección?

    – Pues sí Lucía.

    – Vaya, no sabía que a mi edad yo pudiera excitar así a un muchacho tan joven.

    – Estas muy buena Lucía

    – ¿Tú crees? ¿Qué te excita de mí?

    – Todo, y esos pechos que tienes son sensacionales, pocas mujeres que conozco tiene unas tetas así de grandes y firmes ¿Son operadas?

    – Todo natural Francisco, ya verás tócalas, tócalas, compruébalo por ti mismo.

    Francisco extendió su mano y me manoseó un pecho. Vi que su polla se puso aún más dura, le vi las venas que parecía querían salir del pito y el capullo más rojo y gordo. Mi coño empezó ya a humedecerse mucho. Mi calentura iba en aumento, soy mujer caliente y entre el manoseo que hacía a mi pecho y la visión de su polla, estaba ya completamente húmeda.

    Estaba Francisco ya manoseándome las dos tetas y mi mano instintivamente agarró su polla. Palpitó entre mi mano, gorda, caliente, dura. Al darme cuenta que la cosa ya se complicaba me levanté y di por terminada la manoseada.

    – Hasta aquí podemos llegar Francisco. Eres mi yerno.

    – ¡Me gustas tanto Lucía!

    – Tendrás que desfogarte con mi hija ¿No te gusta ella?

    – Mucho, estoy loco por ella, pero llevo tantos días sin follar.

    – Algún remedio tendréis, ¿No te la mama? ¿No le comes el chichi tú?

    – Hasta hace poco me la mamaba al menos cuatro veces al día, pero de hace una semana que no lo hace porque dice que le da no sé qué.

    – Vaya, pues ya sabes a darle con la manita.

    – Sí, es lo que hago

    Me lie otro canutillo de marihuana, él también se lio uno y nos servimos dos wiskis más con hielo.

    Estirada en la tumbona con el frescor de la sombra, mi coño empezó a arder aún más. Después de fumarme el canutillo me tiré a la piscina. Él se vino detrás de mí. En el agua me di cuenta del pedo que llevaba yo ya encima, entre vermut, cava, wiskis y canutos la sonrisa y el desmadre me llevaron a empezar a jugar con mi yerno a tirarle agua.

    Él con ganas de juego también, de tirarme agua, empezó a querer hundirme. El roce de su polla conmigo era inevitable y cada roce me provocaba un chispazo en el chichi. En un momento del juego un agarrón por la espalda, aplastó toda la dimensión de su erecto rabo a mi culo. La noté caliente, quemaba y mi chocho ya era un lagrimal. Me giré de golpe, y me encontré rodeada con sus brazos y su polla pegada a mi barriga, me llegaba al canalillo de las tetas. Se la agarré y cuando él intentó darme un beso en la boca, me di cuenta de lo que pasaría si no paraba aquello. Me deshice de él, ante su disgusto, del abrazo, le solté la polla muy a mi pesar, y salí de la piscina. Él se quedó quieto dentro del agua sin reacción. Continuaba con la polla tiesa.

    Entré en la casa y lo deje ahí. Me puse una camiseta y un pantaloncito holgado y corto. Fui a ver a mi hija si continuaba durmiendo. No dormía.

    – Entra mamá siéntate aquí conmigo.

    – Dime hija.

    – Mamá llevo un rato reflexionando, no podía dormir y he salido al jardín. Ha sido una sorpresa verte jugar con Francisco dentro de la piscina, me ha alegrado que os hagáis amigos. Conozco su cara y la que le he visto era de deseo y de calentura, y tú mamá no me lo niegues, que tú también. Es lógico, es un chico encantador y tremenda polla se gasta, ja, ja, ja… Ahora no puedo darle el sexo que necesita su juventud, es un toro follando mamá. Es dócil, sumiso y caliente, tal como a mí y a ti también nos gustan los hombres.

    – Bien para que negarlo, sí, además, como a ti, también me gustan jóvenes, ja, ja, ja, en eso has salido a mí. No ha pasado nada más que juego en la piscina, estate tranquila que no te quitaré el marido ja, ja, ja.

    – No te lo digo por eso mamá, ja, ja, ja, ya he visto que no habéis hecho nada, te digo esto porque quiero pedirte una cosa.

    – No, sé, tú dirás, pídeme lo que quieras.

    – Quiero que tengas sexo regularmente con Francisco hasta que yo haya parido y pueda volver a follar conmigo.

    – ¡Dios! ¿Sabes lo que me estás diciendo?

    – Sí mamá, y si quieres ayudarme debes hacerlo.

    – ¡Hija! No sé, ahora mismo no sé qué decirte.

    – Mira mamá, tú estoy convencida que no te enamoraras de él, además así evito que cualquier pelantrusca de la universidad lo conquiste, y es difícil encontrar a alguien como él. Piensa que es muy sumiso y si alguna pícara quiere, lo somete. Prefiero que me ponga los cuernos contigo, que con cualquiera, y además así lo controlas. Debes ayudarme mamá.

    – Hija, te entiendo. Y ¿Cómo has pensado que debo actuar? ¿Se lo dirás a él, no se lo dirás? Explícame cómo quieres que sean tus cuernos ja, ja, ja, perdona que me ría, pero es mejor que me lo coja así. Ja, ja, ja…

    – Gracias mamá, sabía que podía contar contigo ja, ja, ja… Tranquila se lo diré ante ti, y solo deberás ordenarle y él obedecerá.

    – Joder, parece que todo esto sea surrealista, pero bueno venga, no te vayas a poner celosa ahora de mí, ja, ja, ja…

    – Eres tonta, ja, ja, ja. Verás llámalo

    – ¿Lo haremos contigo presente?

    – No lo he pensado, a ver dejemos que pase lo que pase.

    – Estás loca, ja, ja, ja…

    Salí de la habitación de mi hija y llamé a Francisco. El muchacho aún tenía la polla tiesa. Cuando entró en la habitación mi hija le dijo que se sentara, él así lo hizo. Margarita le explicó que debido a la situación sexual que había en aquel momento en casa, la que se ocuparía de satisfacerle sexualmente seria yo.

    Al muchacho le apareció una sonrisa, y me fije que su polla ya daba pequeñas palpitaciones sola. Me hizo gracia, mi hija me miró y me dijo adelante. Me quedé un poco sin que decir ni hacer, no sabía que decirle a Francisco y al notar mi indecisión mi hija le ordenó que me hiciera el amor. Él se vino hacia mí, pero se quedó frente mío, mirando a mi hija, sin saber qué hacer y por primera vez le vi el pito en estado de reposo, le bajó de golpe, ja, ja, ja, me hizo gracia la situación.

    Mi hija se descojonó al igual que yo de risa y decidimos que ya surgiría la situación, que supiéramos que por su parte teníamos vía libre de satisfacernos sexualmente. Francisco el pobre estaba en una nube con lluvia, negro y llorando, pero no creí oportuno, así de golpe ya meter un polvo con él, por lo que me fui de la habitación y los deje ahí con sus razonamientos.

    El resto del día no ocurrió nada transcendente, y yo me fui a mi ordenador hacer un poco de trabajo y ellos al rato salieron a la ciudad a dar una vuelta.

    Me llamó mi hija diciéndome que estaba con una antigua amiga de universidad y que se quedarían a cenar en su casa, que no los esperara despierta que llegarían tarde. Y así fue. Llegada la hora me acosté y la verdad que ni los oí llegar por la noche.

    Al día siguiente me levanté tarde, serian sobre las nueve de la mañana, hice lo habitual en verano, levantarme, café y salir a tomarlo al jardín. Con el café de la mañana me gusta fumarme un cigarrillo y mirar por el móvil las redes sociales para ver cómo va todo. Normalmente ando desnuda por casa, o con ropa muy ligera, recién levantada siempre voy en pelotas.

    Tenía dos mensajes interesantes en el móvil, uno era de un chaval que conocí en un mercadillo de antigüedades y objetos vintage y viejos. Se llamaba Jorge y tenía un puesto en el mercado. Le compré una vez dos tinajas grandísimas de cerámica para el jardín y con el precio cerré el transporte hasta mi casa y llevarlos al sitio donde los quería. Vino con otro muchacho, Pedro a llevármelos ya que una persona sola no podía mover aquellas enormes tinajas.

    Después de colocarlos en el lugar donde los quería, no sin esfuerzo y mil y una filigranas, los invité a que tomaran algo y si querían refrescarse en la piscina. Ambos eran dos chavales que no llegaban a los treinta años. Jorge además era guapísimo y tenía un cuerpo atlético y fuerte. Pedro era simple, con un poco de barriga incluso, pero con una polla increíble.

    Me lie con ellos, con los dos, dentro del agua de la piscina, fuera en el jardín, en mi habitación, en el comedor, estuvimos toda una mañana follando por toda la casa, la verdad que fue agradable y nos lo pasamos genial. Les vi el morbo que les daba follar con una mujer ya madura, que podría ser su madre.

    Otro día en que yo estaba en celo, lo llamé para que viniera a casa a apagar el fuego de mi coño. Jorge se portó como un campeón y me gustó, porque además hacia lo que yo le pedía, le ordenaba y el obedecía y cumplía. Me gustó especialmente con él montarme encima de su cara y hacerle comer el coño y el culo. Lo hacía de maravilla.

    El mensaje decía que tenía ganas de verme otra vez, que lo tenía muy olvidado. Y que cada domingo cuando montaba el puesto de venta, tenía la esperanza de que pasara por su parada y verme. En aquel momento y con el ajetreo en casa con mi hija y mi yerno, no consideré oportuno decirle que viniera, aunque no era por ganas ya que el muchacho me ponía a mil y yo andaba unos días ya sin follar, pero este mensaje me hizo entrar en una calentura atroz. Me fui a la ducha y ahí con mis juguetes sexuales me desahogué.

    Después de masturbarme y ducharme, me puse una camiseta larga que me llegaba a medio muslo y salí de nuevo al jardín a desayunar. Estaba comiéndome mi tostada con zurrapa de lomo en manteca cuando aparecieron mi hija y mi yerno. Ambos desnudos. La barriga de mi hija era graciosa, era redonda totalmente, sus cinco meses de embarazo se notaban en su silueta, pero tenía la hermosura crecida. Guapa, guapa. La polla de mi yerno erecta.

    – Oye Francisco ¿Siempre con la polla tiesa?

    – Disculpa Lucía, pero es que es irremediable, es ella la que se empina, no puedo hacer nada.

    – Échate a la piscina a ver si te baja, hombre ja, ja, ja…

    – Mamá no seas cruel con Francisco el pobre lo mal que lo pasa y encima tu no quieres nada con él, además frustrado. Ja, ja, ja, ja…

    – Hay hija, ya llegará su momento, es que ponerme así de golpe, venga a echar un polvo, tampoco se yo misma como ponerme ja, ja, ja…

    – Creo que lo que te corta es que este yo presente, pero mañana tendrás que estar todo el día y toda la noche con él, ja, ja, ja… Yo entro en el hospital a las ocho de la mañana y paso día y noche ahí, o sea que tendrás tiempo para lanzarte, ja, ja, ja…

    – Bueno a ver, ya te contaré, ja, ja, ja…

    – Te va a gustar, verás, y sobre todo mamá cuando te la esté metiendo tu dirígele la velocidad, coge un ritmo que te asombrará y gustará, además le puedes decir cuando quieres que se corra, ordénale desde el principio que no se corra hasta que tú se lo órdenes. Fliparás.

    – Caray niña, en vez de marido parece que tengas a un robot ja, ja, ja…

    Ellos estuvieron todo el día fuera, yo me decidí a salir un poco por la tarde a dar una vuelta por el club y a ver qué ambiente se respiraba en la ciudad. Quedé con una amiga y me encontré algún que otro conocido, pero nada interesante. Cené en un bar unas tapas con mi amiga Carolina y me fui a casa. Al llegar no había nadie y me fui a dormir. Al rato oí como llegaban, hicieron mucho ruido, pero no me alerté y me quedé durmiendo.

    A la mañana siguiente, acompañé a mi hija al hospital, los llevé con mi coche hasta la zona hospitalaria. Después de dejar a mí hija ahí y quedar que a la mañana siguiente cuando pudiera irse me llamaría para recogerla, me fui con mi yerno.

    Debido a la hora que era le dije que le invitaba a visitar y a comer en un pueblo medieval cercano. A él le pareció fantástica la idea.

    Como si fuéramos una pareja de turistas andamos por el pueblo y reservamos una mesa en un restaurante debajo de un puente medieval. Visitamos varias iglesias, unas ruinas, y recorrimos algunas tiendas comprando productos típicos de la zona, entre ellos un licor de hierbas.

    La comida fue sensacional y con mi yerno me lo estaba pasando en grande, tenía más humor del que aparentaba cuando llegó a casa y cuando estaba con mi hija, parecía más suelto, creo que este grado de libertad sin las ordenes constantes de ella, le hacía sentirse más gusto. A lo tonto nos bebimos dos botellas de cava y el remate ya fue el licor de hierbas después de la comida.

    Para hacer un poco la digestión fuimos a andar alrededor del río que cruza el pueblo. Nos estábamos riendo mucho, seguramente el licor de hierbas y el cava tenían la culpa, en un momento dado para bajar unos escalones me apoye en él, con el traspié quedamos uno frente al otro mirándonos a los ojos fijamente. Nos besamos, yo cerré los ojos y me deje llevar por mis emociones sexuales. Del beso pasamos al magreo, y este muchacho tenia los dedos hábiles, busco mi coño y encontró rápido el puno del placer y mi humedad. Él tenía la polla tiesa como una garrota.

    – ¿Vamos a casa Francisco?

    – Sí Lucía, te tengo unas ganas tremendas, desde que te vi que me tienes con la polla tiesa.

    – No te corras por nada hasta que yo te lo diga ¿Vale?

    – Vale, Lucía.

    Al darle la orden de no correrse, me permitió pajearle durante todo el camino. Es algo que me gusta hacer con alguno de mis amantes cuando ligo, conducir con una mano y pajear una polla con la otra. La suya es tremenda, fantástica, como me alegraba por mi hija que tenga semejante pija en casa.

    Cuando llegamos a casa, fue fantástico, empezamos a besarnos nada más entrar, nos desnudamos y enseguida nos fuimos a mi habitación. Empecé a mamarle la polla y me entretuve un tiempo largo con ella ¡Que delicia! Francisco además tiene unos huevos enormes, tenerlos en la boca y jugar con ellos me ponía a mil. El preliminar fue largo, él me estuvo haciendo maravillas con la boca en mi coño, su lengua es larga y la movía bien al igual que sus labios succionaban con delicadeza intensa mi clítoris. Me corrí copiosamente en su boca, él lo disfrutaba mucho. Le entró una especie de pasión loca con el ojete y los picotazos que me daba con su lengua me hacían vibrar. Me folló literalmente el culo con su lengua.

    Dos veces ya me había corrido antes de que me la metiera. Recordé las palabras de mi hija y se me ocurrió decirle, antes de que me llegara el tercer orgasmo, en la posición del misionero que estábamos, que acelerara el ritmo del mete saca lo más rápido que pudiera ¡Dios mío lo que le dije! cuando recuperé conciencia le tuve que suplicar que parara y menos mal que paró, o de mi coño hubiera salido candela.

    Fui recuperando poco a poco la respiración y me puse su polla en la boca, tenía unas ganas tremendas de hacerle una mamada, me gusta tener una polla así grande en la mano y acariciarme con ella, cuando llevaba un tiempo ya mamándosela, le miré a los ojos y vi que el pobre estaba sufriendo, seguramente aguantando la eyaculación, en aquel momento me dio hasta pena y me tuve que reír.

    Le dije, ordenándole que podía eyacular. Lo suelo hacer con pocos hombres, deben de ser de mucha confianza para que yo reciba su semen en la boca, incluso, casi siempre cuando follo les hago poner un condón. El caso es que se vació en mi boca, lógicamente no me lo tragué todo, pero lo poco que degusté me supo a gloria. He de reconocer que soy una cerdita. Me recree durante mucho tiempo con la polla en mis manos y en mi boca, también le bese y sus besos eran tiernos, con aquella carita de niño travieso, estaba bellísimo. La polla no le bajaba. Rompimos en carcajadas los dos.

    Nos dimos una tregua, quedaba aún mucha tarde y noche, y presentí que sería intensa. Nos fuimos al jardín y yo me di un baño en la piscina. Dentro del agua, vendría la segunda ronda sexual con él. ¡Cómo me folló! ¡Dios mío! Tan fuerte a sus veinte años, con aquella cara de niño pícaro que se le ponía cuando follaba, yo me puse como una burra encelada dentro del agua, me dejé follar y follé como hacía años y años que no lo hacía dentro del agua.

    Leí en un relato publicado aquí “La polla de Tomás” que la postura preferida del muchacho, era follar de pie con una mujer sentada y ensartada a su polla, y andando y follando hacia llegar a sus amantes a una catarata de orgasmos. Pues esto es precisamente lo que me ocurrió. Francisco me sacó de la piscina sentada y ensartada a su polla y andando y follando hizo que mis orgasmos se enlazaran y casi desfallezco cuando me poso sobre el camastro de la pérgola.

    Que deciros que aún no había llegado la hora de la cena y yo ya había perdido la cuenta de las veces que me había corrido.

    Me llamó mi hija desde el hospital. Me contó todas las pruebas que le habían hecho durante el día y que ya pronto le servirían la cena. Mañana le darían los resultados a las once. Quedamos que estaríamos ahí a esta hora, para escuchar de mano del médico el diagnóstico, y estar a su lado para después irnos juntos. Me preguntó cómo me iba con Francisco. No me extendí, me dio no sé qué y le pase el muerto a su marido, diciéndole que se lo preguntara ella misma, que lo tenía ahí al lado y le pase el móvil.

    Francisco le estaba diciendo a mi hija lo buena que yo estaba, y lo bien que se lo estaba pasando follando conmigo. Me tuve que reír por la situación, parecía todo tan surrealista, que me estuviera ocurriendo todo esto a mí, a mis cincuenta y dos años vividos, una situación semejante no se me hubiera pasado nunca por la cabeza.

    Con el teléfono en la mano, él continuaba hablando con mi hija, y me entró un morbo atroz comerle la polla mientras hablaba con ella. Me agaché y empecé a comerle los testículos y lamerle el tronco ¡Vaya tranca! Ensalive bien su capullo y se le puso dura, dura. Me pasó el teléfono otra vez a mí, me encontré hablando con mi hija con el móvil en una mano y la otra agarrada a la polla de mi yerno. Mi hija algo debía percibir en mi habla, o algo, a lo mejor lo que estaba haciendo se lo había dicho él, sin que yo me enterara, concentrada como estaba en la mamada, porque me dijo buen apetito y buenas noches y me colgó.

    Ahí en el camastro Francisco me dio otro buen repaso, el muchacho no paraba, y el pito siempre tieso. Me daba risa del pobre las caras que ponía cada vez que empezábamos a follar. La noche fue larga y corta a la vez.

    Debían ser sobre las cinco de la mañana que paramos de follar, me quedé rellena de su semen por todos los agujeros. Cuando me la metió por el culo por orden mía y despacito y con cuidado, fue de lo más sublime. Con delicadeza total me penetró el ano, y hasta que no estuvo el recto bien adaptado al tamaño de su polla no empezó a embestirme. Cuando le ordené que se corriera dentro del culo, la explosión de semen que soltó me quemó las entrañas y me corrí como una loca, si es que las locas se corren así.

    Nos quedamos como os he dicho sobre las cinco de la mañana dormidos, menos mal que puse el despertador del móvil y pudimos llegar a la hora al hospital con mi hija.

    Las noticias no pudieron ser peores, mi hija debía guardar tanto reposo que los dos últimos meses antes del parto los debía pasar completamente en cama. Ya en casa y después de las lágrimas por la noticia, decidimos que se quedarían a vivir conmigo en mi casa, hasta que hubiera parido. Era la opción más acertada, yo sabría cuidarla a ella y a su novio, como así fue. Durante cuatro meses hice de madre y de amante del marido de mi hija. Fue divertido y la verdad que muy caliente. Muchas anécdotas e historias ocurrieron.

    Lucía, este es el relato de lo que me contaste, espero que te haya gustado. He intentado explicarlo tal cual tú me lo narraste. Un beso.

    Si les ha gustado una valoración o un comentario se agradece.

  • El rancho

    El rancho

    En una variedad de formas el 2020 fue un año difícil para casi todo el mundo. Aun cuando se gozara de una buena condición física y económica los estragos de salud pública alrededor del planeta eran imposibles de ignorar, afectando el grado de movilidad de las personas; más aún para aquellos que, como mi novia Leslie y yo, se consideraban así mismos viajeros frecuentes.

    De un día para otro innumerables vuelos fueron cancelados a la par que las fronteras se cerraban para todo aquel viaje que no fuera de naturaleza esencial; según los criterios establecidos por las autoridades del destino en cuestión.

    Esta situación echo por tierra los planes de millones de personas de tener sus vacaciones soñadas, resultando en pérdidas económicas incalculables; pues no sólo los vacacionistas se vieron afectados en su bolsillo, sino también aquellos trabajadores que recibían sus ingresos principales del turismo. Gracias al cielo no era nuestro caso, pues hasta ese momento mi novia y yo no contábamos con ninguna reserva.

    Aun cuando no habíamos resultado directamente afectados por esta contingencia el estrés derivado por la pandemia psicológica nos obligó, a mi novia y a mí, a considerar la posibilidad de tomar un descanso de la ‘jungla de asfalto’ y la psicosis colectiva que nos rodeaba (pues por varios meses nuestra rutina se había reducido a ir del departamento al supermercado y de regreso al departamento).

    Pero, ¿adónde podíamos ir para escapar de la paranoia relacionada con este evento global aunque fuera sólo por un fin de semana? Para nosotros sólo había una respuesta: El rancho.

    Todo habitante del norte de México se jacta de al menos una vez en su vida haberse hospedado en alguna cabaña campestre o rancho, haya sido por necesidad o sólo por turismo; pues después de nuestra dosis semanal de contaminación citadina un par de días al aire libre pueden resultar muy gratificantes.

    Lejos de ser una zona conocida por su densa vegetación el noroeste del país es más bien árido, inclinándose a un desierto; caluroso por el día y frío por las noches. Aun así cuenta con una amplia variedad de ‘oasis’ como manantiales y ríos subterráneos, ideales para vacacionar en un ambiente apacible sin la necesidad de abordar un avión; lo que dado las circunstancias de ese momento era lo ideal.

    Tan pronto las autoridades levantaron el toque de queda a los hoteles y actividades turísticas Leslie y yo nos apresuramos a buscar una cabaña donde pasar un par de días. Como era de esperarse no éramos los únicos con la misma idea por lo que no resultó fácil conseguir una cabaña que se ajustara a nuestro presupuesto e itinerario.

    Para nuestra fortuna un amigo nos recomendó un hotel en el que se había hospedado el verano anterior, el cual se ubicaba en una antigua autopista que conectaba con el estado vecino.

    Por ser esta carretera poco transitada por los paseantes tenía la ventaja de casi siempre tener habitaciones disponibles; pero contaba con piscina, manantiales de aguas termales y un acceso casi exclusivo a la majestuosa cordillera montañosa de la región.

    Después de ponernos de acuerdo mi novia y yo acerca de los días que solicitaríamos permiso en nuestros respectivos empleos llamamos al hotel para hacer la reserva; para nuestra grata sorpresa pudimos conseguir habitación para esa misma semana a muy buen precio, pues el hotel intentaba recuperarse después de estar varios meses cerrado al público.

    —¿Cómo ves amor? —pregunté a mi novia por la posibilidad de adelantar nuestros planes una semana y así aprovechar la oferta.

    —La verdad me gusta la idea, pero tendría que avisar mañana temprano para salir éste mismo jueves —respondió mi novia ansiosa por escapar en un par de días de la monotonía que regía nuestras vidas desde hacía varios meses.

    Como ambos estábamos en ese momento, gracias a la tecnología de las comunicaciones, laborando de manera remota desde nuestro departamento no encontramos problema en escaparnos un par de días de nuestras responsabilidades laborales.

    —Si surge algo en la oficina, igual lo podemos solucionar por teléfono o internet —sugirió mi novia con actitud despreocupada; pues la verdad debido al paro técnico de la actividad comercial había poco movimiento en nuestros empleos.

    —Espero que no se acabe el mundo de aquí al lunes; pero si llega a suceder, al menos estaremos juntos en un lugar paradisíaco —dije a modo de broma de mal gusto, pues la realidad era que para muchas personas eran momentos sumamente difíciles al haber perdido algún familiar.

    Después de avisar en nuestros empleos hicimos la reserva y preparamos nuestras maletas para salir de paseo el siguiente jueves.

    Salimos ese día temprano, poco después de la 7 de la mañana. Como el tráfico era escaso en esos días vaticinábamos llegar a nuestro destino en un par de horas. Sin embargo como el camino era antiguo y poco utilizado no recibía mantenimiento periódicamente; por lo que el trayecto resultó más movido de lo esperado por el mal estado en que se encontraba.

    —Esto es mejor que mi vibrador —dijo mi novia en modo de broma después de que la camioneta rebotara en un par de baches.

    —Espero que lo hayas empacado, porque yo vine a descansar —dije devolviendo la broma, haciendo alusión a las largas sesiones de sexo que habíamos sostenido mientras estábamos confinados a nuestro departamento.

    Como muchas parejas jóvenes el primer día que nos tocó trabajar desde casa fue recibido como una especie de mini vacaciones no solicitadas; aprovechando cualquier ventana de tiempo durante la ‘doméstica’ jornada laboral para realizar actividades de índole personal.

    Ver una película, cocinar en pareja nuestro almuerzo, hacer algo de ejercicio o retomar un viejo pasatiempo abandonado por la presunta falta de tiempo (el que extrañamente ahora parecía sobrar); son sólo algunas de las actividades con las que la mayoría de las personas en nuestras circunstancias intentaban hacer mas llevadero el enclaustro. Y por supuesto el sexo.

    De un día para otro, el más sublime de los placeres carnales vino al rescate para liberar el estrés acumulado por la pandemia. Y no es que Leslie y yo no tuviéramos sexo regularmente; de hecho sosteníamos relaciones sexuales varios días a la semana. Era sólo que éste, como en la mayoría de las parejas, había sido limitado a un horario específico.

    Por la noche antes de dormir o muy temprano por la mañana los fines de semana, son los períodos de tiempo regularmente asignados para que las personas se puedan entregar a sus instintos más básicos. Por lo que el hecho de pasar ahora el día entero con tu pareja proporcionó una innumerable cantidad de oportunidades para tener sexo; al menos para las parejas sin hijos.

    Pues sin la necesidad de salir de casa o conectarse en video conferencia remota, Leslie solía vestir regularmente una camiseta holgada sin ropa interior; otorgándome acceso total a su hermoso cuerpo en el momento que yo deseara (o cuando ella lo demandara).

    En cuestiones de sexo mi novia y yo siempre fuimos del tipo abierto y travieso; atrás habían quedado los absurdos prejuicios de generaciones anteriores que gustaban tanto del sexo como nosotros, pero que consideraban tabú hablar del tema.

    Nuestra generación era una que no tenía reparo en hablar de algo tan natural y valioso como la vida misma. Por lo que acostumbrábamos intercambiar experiencias y consejos con nuestros amigos en el afán de enriquecer nuestra propia vida sexual.

    “Se la chupé mientras estaba en una junta”, confesó una de nuestras amigas, al presumirnos como le había practicado sexo oral clandestinamente a su novio; mientras este participaba en una conferencia remota de su empleo por video. Orgullosa de haber puesto en serios aprietos a su pareja en lo que él trataba infructuosamente de continuar con su reunión virtual ignorando los pícaros estímulos bajo su cintura.

    De pronto este tipo de anécdotas entre parejas eran la norma en las reuniones sociales virtuales que la nueva normalidad nos imponía; con cada uno de nosotros intentando superar las ‘hazañas’ domesticas de otra pareja. Pues parecía que la falta de cercanía física nos estaba volviendo más desinhibidos en todo lo relacionado con el sexo.

    “Bueno, él próximo que salga de cámara ya sabemos que se encuentra bajo la mesa”, concluimos entre risas todos los participantes de aquella reunión donde nuestra amiga había confesado su travesura.

    Siendo este tipo de reuniones a distancia la única forma en que podíamos seguir manteniendo contacto con nuestros familiares y amigos.

    Pero el tiempo paso y los pronósticos iniciales para la duración del confinamiento distaron mucho de ser precisos. Y las iniciales 2 semanas se extendieron a 12 o más dependiendo de la región. Y lo que originalmente parecía una bendición, el tiempo con tu pareja, se transformó en una condena compartida.

    De pronto ya no había nada que decir entre tu pareja y tú, la habitual pregunta de “¿cómo estuvo tu día?” perdió valor pues pasábamos todo el día juntos. Todas las películas que valieran la pena ya habían sido vistas (algunas hasta más de una vez), crucigramas y rompecabezas se amontonaban ya resueltos sobre la mesa. Y el sexo, ése del que pensabas nunca te ibas aburrir, ahora sólo se practicaba por los escasos 5 segundos del orgasmo; dejando los jugueteos y caricias previas de lado.

    Esta era la principal razón por la que Leslie y yo necesitábamos un cambio de aire tan desesperadamente; la urgencia de salir de la rutina en que nos encontrábamos enfrascados. Por lo que cuando surgió la oportunidad de adelantar nuestras vacaciones no lo pensamos dos veces.

    Tan pronto abandonamos la autopista para internarnos en los caminos rurales comenzamos a disfrutar del aire libre, aun cuando tuviéramos las ventanas arriba. Pues lo que despertaba nuestro aletargado espíritu de aventura era la indómita vista del amarillo y rojizo paisaje desértico, tan diferente a las grises edificaciones de concreto que se divisaban desde la ventana de nuestro hogar.

    —Descuida, traje baterías de sobra —agregó mi novia entre risas, completando mi broma previa acerca del consolador.

    Después de demorar un poco más de lo previsto a causa de las condiciones del camino llegamos a nuestro destino antes de mediodía.

    El hotel tenía la fachada de una antigua hacienda de la región, con un edificio principal donde se encontraba el hotel y algunas otras edificaciones de soporte.

    La fachada que era de un fuerte color amarillo contrastaba con la verde cordillera detrás de ella. Sus puertas ostentaban rojizos errajes propios del tiempo de la revolución. Y frente a la entrada principal una antigua noria de ladrillos nos trasportaba a una época más simple.

    Nos estacionamos a lado de la entrada principal en lo que uno de los empleados se acercó a recibirnos, abriendo la puerta de lado de Leslie para ayudarla a bajar.

    —Buenos días, mi nombre es Antonio, sean bienvenidos —saludó el chico con una voz potente y una blanca sonrisa al saludarnos de mano.

    El chico era de tez blanca, aunque bronceado por el sol, cabello castaño, alto y fornido, con una edad muy similar a la nuestra (unos 24 años), de apariencia algo hosca; pues no vestía propiamente un uniforme como los mozos de la mayoría de los hoteles, sino más bien un atuendo apto para el lugar donde nos encontrábamos.

    Una camisa de manga larga que lo protegía de los fuertes rayos del sol, unos pantalones vaqueros en color azul, un par de botas en tono naranja que lo hacían lucir imponente al darle más altura y, por su puesto, un sombrero de ala ancha color café. Todo un vaquero. Quizás la idea del hotel era crear un atmósfera del viejo oeste y ése era realmente su uniforme.

    El tono de su voz tampoco ayudaba mucho a suavizar su imagen; pues ésta era profunda y grave muy acordé a su apariencia ruda. Tal parecía que era el mismo John Wayne quien nos recibía, sólo que mucho más joven (yo sólo había visto algunas de sus últimas películas).

    —Buenos días, gracias —respondimos nosotros un poco intimidados (especialmente yo, Leslie no tanto), por la franqueza y firmeza de su saludo. ¡Juro que sentí los callos en su mano, producto de la vida en el campo, al saludarlo!

    Contrario a su apariencia Antonio resultó ser muy amable y cortés ofreciendo ayudarnos con nuestro equipaje. Por ser un destino poco glamoroso viajábamos ligeros; prácticamente sólo llevamos una maleta de tamaño medio, una mochila donde Leslie llevaba sus artículos personales y nuestras chaquetas para las frías noches que se pronosticaban en esos días.

    Después de registrarnos la recepcionista nos entregó un par de folletos con las actividades que podríamos realizar en la zona; excursiones nocturnas, montar a caballo, escalar riscos y espeleología para algunas de las cuales se ocupaba guía.

    Otras actividades como las caminatas por el bosque o las visitas a las aguas termales eran bajo consideración propia; aunque se recomendaba ser cauto y responsable para no perturbar la flora y la fauna.

    Cualquier cosa que nos hiciera salir de la rutina, aunque fuera una simple caminata, era bien recibida por Leslie y por mí; pues teníamos meses que ni a un gimnasio podíamos ir, por lo que ésta era una oportunidad para estirar las piernas.

    De camino a nuestra habitación Antonio nos mostró las instalaciones, las cuales incluían una piscina en el patio central, un restaurante y un pequeño bar en la que anteriormente había sido una biblioteca o estudio.

    —La hacienda data de antes de la revolución, fue hecha para durar más de un siglo —comentó nuestro anfitrión enfatizando lo bien que había sido construido el edificio al señalar los gruesos muros de éste.

    —Fuerte y hermoso —dijo mi novia al tentar con su mano una columna de soporte del pasillo principal, admirando la arquitectura del lugar.

    —Gracias señorita —respondió el chico de buen humor fingiendo sentirse aludido por el comentario de mi novia—. Usted también es muy hermosa —agregó pícaramente.

    La broma de Antonio hizo que Leslie y yo soltáramos una pequeña carcajada; pues nunca nos hubiéramos imaginado que alguien con su apariencia tuviera tan buen humor rompiendo con su imagen de hombre recio.

    Ya en nuestra habitación, la cual era sencilla pero enorme, el chico nos dio algunos consejos básicos para que nuestra estadía fuera lo más agradable.

    —Si salen a caminar procuren llevar agua y algo con que cubrirse del sol para que no sufran un golpe de calor —dijo Antonio recordándonos lo elevado que podía ser la sensación térmica durante el día—. Hay varias veredas que conducen a la montaña; traten de no salirse de ellas que así hemos perdido varios huéspedes —agregó en tono de broma sacándonos otra sonrisa.

    Al parecer el chico tenía aspiraciones de comediante pues no dudaba en hacer comentarios jocosos tratando de ser simpático.

    —No tengo señal —dijo mi novia al revisar su teléfono inteligente.

    —Tampoco yo tengo —asentí con ella.

    —Descuiden, si necesitan comunicarse con alguien se pueden conectar a la red del hotel —ofreció el chico indicándonos la clave de acceso escrita en un papel sobre la mesa de noche.

    Por la ubicación del hotel la señal de las compañías telefónicas era bloqueada por las cumbres montañosas, no así con la conexión de internet el cual era satelital.

    —En caso de que necesiten utilizar su teléfono pueden subir a aquella colina —dijo el chico señalando por la ventana un montículo que se encontraba como a medio kilómetro de distancia—; es lo que yo hago cuando quiero utilizar mi teléfono o sí prefieren los puedo llevar en mi caballo —agregó con una sonrisa dirigiéndose a Leslie; no perdiendo la oportunidad de presumirle sus dotes como jinete.

    A pesar de su apariencia, se veía que Antonio era un chico de un carácter alegre y despreocupado por lo que fue fácil simpatizar con él. Quizás lo prolongado de la cuarentena le había hecho apreciar más a sus huéspedes o podía ser que él realmente se sintiera atraído hacia mi novia; lo cual no me sorprendería pues Leslie siempre solía tener varios pretendientes detrás de ella (figurativa y literalmente).

    Debido a que Leslie y yo estuvimos laborando en nuestro departamento por varias semanas, era común que yo escuchara algunas de las video conferencias que mi novia sostenía con sus compañeros de trabajo. La mayoría eran concernientes a las actividades que ella realizaba en su puesto; sin embargo otras no tanto, tocando en estos asuntos meramente triviales.

    “¿Esto quieres ver?”, escuché a mi novia preguntar a uno de sus compañeros mostrando su hombro, al amagar con quitarse la blusa, cuando este le había solicitado desnudarse frente a la cámara de su computadora. Excusándose el chico en lo mucho que extrañaba ver a mi hermosa novia. ¡Conmigo del otro lado de la mesa!

    Obviamente el compañero de oficina de Leslie ignoraba que yo estaba en la misma habitación que ella, sino supongo que nunca se hubiera atrevido a pedirle tal cosa. Sin embargo mi novia no se molestó en hacerle saber la situación al chico y por el contrario lo vio como una oportunidad para salir de la rutina, al fingir acceder por un segundo a la solicitud de aquel pervertido.

    Leslie tiraba de su blusa hacia abajo mostrando primero un hombro y luego el otro dejando ver a su espectador que no estaba utilizando sostén. En determinado momento ella se puso de pie y se levantó la camisa hasta la altura del busto para mostrar lo plano y marcado de su abdomen, provocando la algarabía de su ingenuo compañero a través de los parlantes de su ordenador.

    Lejos de molestarme por su actitud traviesa me limitaba a sonreír sin siquiera levantar la mirada, aprobando tácitamente sus jugueteos, en lo que yo realizaba las tareas de mi empleo. Pues consideraba normal que mi novia necesitara divertirse un poco para salir de la rutina, creándole falsas expectativas a uno de sus compañeros.

    Una fantasía que le duro poco al chico cuando Leslie terminó la conferencia abruptamente cerrando su computadora, no sin antes levantar la voz llamándole pervertido y terminar riéndose de él. Sólo esperaba que mi novia terminara ese tipo de conversaciones de la misma manera cuando yo no estuviera frente a ella.

    Aunque debo confesar que el hecho de saber que mi novia era capaz de excitar a un hombre que se encontraba a kilómetros de distancia despertaba en mi una sensación difícil de explicar. Por lo que en ocasiones la animaba a continuar con sus travesuras, aconsejándole que cuando un chico le pidiera que se desnudara para la cámara le exigiera a su interlocutor que él debería hacerlo primero. Ignoro cuanto de sus anatomías alcanzaron a mostrarle aquellos chicos a mi novia antes de que ella diera por terminadas las conferencias.

    —No te preocupes, con el internet del hotel es suficiente para nosotros; gracias de todos modos —dije a mi novia sin darle importancia al hecho de estar parcialmente incomunicados; pues habíamos llegado hasta ese lugar precisamente para salir de la rutina, ahora no podíamos quejarnos por esto.

    —Pero el paseo a caballo ese sí me lo debes —dijo mi novia comprometiendo a Antonio con llevarla de paseo con él.

    —Cuando usted guste, será un placer señorita —dijo el chico sin limitarse por mi presencia; lo cual no me molestó pues yo ya estaba acostumbrado a que mi novia recibiera halagos de todo tipo. Pues al final sabía que yo era quien dormía con ella.

    Antonio se despidió cortésmente, ofreciendo atendernos personalmente en cualquier momento; pues por la situación actual había poca ocupación en el hotel y el personal era reducido, aunque esperaban un repunte en la actividad en las próximas semanas. Ya en la intimidad mi novia y yo tuvimos tiempo para consentirnos como pareja.

    —¿Te gusta amor? —pregunté a mi novia cruzando mis brazos por la cintura al abrazarla por la espalda, en lo que ella observaba por la ventana la belleza indómita del lugar donde nos encontrábamos.

    Hacía tanto tiempo que Leslie y yo no teníamos un minuto para estar sólo nosotros dos disfrutando de nuestra compañía que no lo podía recordar.

    Y no es que no durmiéramos juntos todas las noches en nuestro departamento; era sólo que al estar en ese lugar, tan familiar y diferente a la vez, sin tener que estar preocupándonos por la crisis mundial que habíamos estado viviendo los últimos meses, ofrecía la oportunidad de realizar una depuración de nuestras prioridades como pareja. Aunque fuera sólo por un par de días.

    —Me encanta —respondió ella girando su rostro hacia mí para sellar nuestro reencuentro con un delicioso beso en la boca.

    Instintivamente giré el cuerpo de Leslie para tenerla de frente y así prolongar la unión de nuestros labios mientras mis manos la sujetaban por la cintura. Ella se colgó de mi cuello apasionadamente en lo que yo me dejaba caer de espaldas en la cama arrastrándola conmigo.

    Desde que Leslie y yo nos conocimos en la universidad hubo química entre nosotros. Teníamos casi las mismas aficiones e intereses como la de ejercitarnos al aire libre y el deseo de viajar; por lo que de inmediato nos comprometimos en una relación.

    Al terminar nuestros estudios decidimos mudarnos juntos para experimentar la vida de pareja antes de casarnos, pues ésta ya era una práctica común entre nuestras amistades. Periodo en que aprovechamos para viajar y conocer un poco de la cultura y belleza de distintos lugares.

    Leslie es muy hermosa, de bello rostro, tez blanca y ojos claros enmarcado perfectamente por su cabello rubio ondulado. Favorecida por su genética, su cuerpo luce espectacular con un par de senos redondos y firmes al frente que, gracias a su vientre plano, aparentan ser más exuberantes de lo que realmente son.

    Su afición al gimnasio y al entrenamiento físico le ha proporcionado un trasero firme y respingado que, junto a un par de largas piernas, le crean una estilizada figura difícil de ignorar a donde quiera que va.

    El acostumbrarme a verla desnuda caminando por el departamento, casi a cualquier hora durante las últimas semanas, había ocasionado que yo diera por sentado la suerte que tenía de tenerla a mi lado. El aparentemente inocente gesto de Antonio al coquetear con ella me lo había recordado. Pues una máxima del confucianismo dice “que lo que uno da por sentado otro lo anhela”.

    Sacando ventaja de su atractivo físico Leslie gustaba de vestir ropa bastante reveladora o sugestiva; sin preocuparse por llegar a mostrar de más en la oficina o en cualquier otro lugar al que asistía. Utilizando principalmente blusas con profundos escotes que favorecieran su senos; que combinándolas con mini faldas y pantaloncillos para lucir sus piernas le creaban una imagen muy atractiva y seductora para el sexo opuesto.

    Lo cual lejos de molestarme como su novio me hacía sentir una extraña sensación de orgullo por estar a su lado; pues casi podía sentir las miradas de envidia de sus amigos y conocidos, lo cual debo reconocer es una sensación muy gratificante.

    Pero lo mejor de mi novia es algo que no suele saltar a primera vista, al menos no para todos, y es su voracidad en la cama y todo lo relacionado con el sexo. Libre de prejuicios Leslie siempre has sido una mujer que le gusta experimentar de todo sin complejos; poniéndonos frecuentemente en situaciones algo desafortunadas.

    Como la vez que quisimos tener sexo en un lugar público y escogimos un parque natural al que acostumbrábamos ir a caminar para realizar esto. Escapando a pocos segundos de ser atrapado por uno de los guarda parques. ¡Juro que yo nunca había eyaculado tan rápido!

    O la vez que fuimos a un bar gay para mostrar nuestra solidaridad con la comunidad LGTB. Lo cual no sería nada fuera de lo ordinario para una pareja con conciencia social como nosotros; si no fuera por el hecho de que Leslie se encargó de conseguirme una pareja sólo por diversión en el momento que me ausenté para ir al cuarto sanitario. Un chico muy apuesto por cierto el que aún guardo su contacto.

    De igual manera en la intimidad de nuestra alcoba Leslie era igual de aventurera y no solía negarse a nada; lo cual era genial, excepto por el detalle que ella exigía ser pagada de forma recíproca después de cumplir mis fantasías. En ocasiones me arrepiento de haberle pedido sexo anal… otras no tanto.

    Sentándose sobre mí Leslie se transformó en el ser insaciable que conocía, comenzando a despojarse de su ropa como desesperada; como sí un ente extraño la hubiera poseído obligándola a saciar su libido a través de mí. Lo cual me resultaba sorpresivo pues la noche anterior habíamos tenido sexo. Para mí era obvio lo que sucedía; la conversación con el joven mozo la había excitado.

    En segundos nuestra ropa voló por la habitación mientras nuestros cuerpos desnudos se fundían en uno solo al revolcarnos en la cama; desatando toda la pasión acumulada durante el largo período de confinamiento en lo que mutuamente arañábamos nuestras espaldas. Daba la impresión de que no nos habíamos visto en meses; quizás realmente así era.

    Tomando la iniciativa Leslie se sentó en mi cadera y sujetando mi ahora duro miembro en sus manos, lo introdujo lentamente en su tibio y húmedo sexo. Introduciéndolo de a poco en su vagina lo masajeaba con las contracciones de ésta a medida que mi pene se abría paso en su interior.

    —¡Mierda! —exclamé al sentir como penetraba a mi novia casi por completo.

    Ella sonrió al escuchar mi lamento; pero lejos de compadecerse soltó una ligera bofetada en mi vientre como preludio de lo que estaba por ocurrir.

    Apoyada en sus rodillas, repentinamente mi novia comenzó a elevar y bajar su cuerpo sobre mi cadera. Aprisionando mi miembro cada vez que subía para tirar de él cruelmente por unos segundos, apretujándolo con sus labios vaginales, antes de dejarse caer sobre mí para que éste pudiera llegar más profundamente dentro de ella. ¡Leslie me estaba cabalgando como si yo fuera un animal de carga, un caballo! Quizás esto debería agradecérselo al chico que minutos antes había salido por la puerta.

    —¡Arre, cabrón! —gritó mi novia sacando su lado vaquero; retándome a soportar la tortura que me infringía hasta que ella quedara satisfecha.

    Lejos de acobardarme acepté su desafío con valor y apoyándome en mis piernas y los músculos de mi espalda comencé a hacer empujes de cadera con el peso de mi novia justo encima de mi pelvis. No perdiendo la oportunidad de bramar en varias ocasiones simulando ser un potro salvaje.

    —¡Eso cabrón, así me gusta! —exclamó mi novia en voz alta, sin detenerse a pensar que sus gritos podían ser escuchados por algún otro huésped, pues era casi medio día, complacida por la frecuencia con que la hacía subir y bajar con mi miembro bien clavado en su vagina.

    Gracias al cielo esta rutina de gimnasio era de mis favoritas (levantando hasta 80 kg sobre mi cadera); pues es bien sabido que no sólo tonifican los glúteos, sino también te preparan para satisfacer a tu pareja en la cama. Sin embargo, la falta de práctica comenzó a hacer mella en mi desempeño.

    Sorpresivamente sentí una leve punzada en mi dorsal izquierdo; si no fuese por las endorfinas que invadían mi torrente sanguíneo hubiese parado. Pero el placer era tanto que hice lo que cualquier hombre haría en mi posición: apreté los dientes y seguí complaciendo a mi novia con el subir y bajar de mi cadera.

    —¡Así!… ¡Así!… ¡Cógeme duro! —exclamó Leslie levantando la vista hacia arriba, ausentándose de la habitación para dedicarse a gozar con la ‘cabalgata’ que estaba realizando— ¡Cógeme bien duro!

    “¡Una verdadera amazona!”, no pude evitar pensar al observar como sus hermosos y voluptuosos senos rebotaban alegremente como un par de globos que se blanden en la mano de un infante. Sólo que éste par de globos no eran del insípido hule, sino rosados, jugosos y de carne.

    Cuanto deseaba poner mis labios en sus rosados pezones e intentar inflar un poco más aquellos enormes globos. Pero no, eso tendría que esperar para otra ocasión, ésta era la fantasía de mi novia; la de sentirse como una vaquera que domó el más salvaje de los potros en la zona.

    No importaba que la inicialmente leve punzada se hubiera transformado en una ardiente daga que se incrustaba en mi espalda. Valiente ignoré el dolor y, sacando fuerzas de flaqueza, aumenté la amplitud de mis empujes levantando mi cadera lo más alto que pude para inmediatamente después dejarme caer bruscamente y así clavar mi miembro más profundo gracias a la inercia de su peso.

    —¡Mierda! —exclamó ella al sentir como la estaca en su entrepierna se clavaba sin piedad; mordiéndose el labio para aclarar la sensaciones que su cuerpo experimentaba, al estar confundida entre el placer y el dolor al que estaba siendo sometida.

    Yo sonreí, pues ese gesto era la señal de que Leslie estaba pronta a alcanzar el orgasmo; por lo que procedí a repetir mis empujes experimentando mi propia confusión un par de series hasta que ambos alcanzamos el clímax casi al mismo tiempo.

    —¡Mierda! —exclamamos al unísono al tiempo en que una descarga de endorfinas se liberaba en nuestra sangre.

    Leslie se deslizó de sobre mi cadera para terminar recostada a mi lado sobre la cama, sin siquiera haber removido el elegante edredón sobre ésta. Visiblemente excitados y satisfechos por nuestra primera sesión de sexo de ese fin de semana.

    Sólo el sudor en nuestros cuerpos nos hizo notar la escasa circulación del aire en nuestra habitación; pues aparentemente el sistema de aire acondicionado había sido desactivado para reducir los costos provocados por la falta de visitantes.

  • Podría ser mi hija (pero por suerte no es) – 2

    Podría ser mi hija (pero por suerte no es) – 2

    Lucía venía dos veces por semana a casa y se quedaba a dormir. Eran nuestras noches de sexo y charlas, de cocinarle y que me mime. El sexo fue siempre fácil, plácido, placentero y dulce. Se dejaba llevar y se entregaba al placer sin reparos. También, de a poco fuimos charlando más de nosotros, nuestras vidas y experiencias. Al mes de esta relación, le traje un regalo. Ya le había comprado lubricantes, cremas para masajearla, vibradores para masajear el clítoris. Por eso no se sorprendió cuando estábamos ya desnudos en la cama y le di una cajita.

    – “¿Que regalo le trajiste a tu nena?, preguntó.

    – “Abrilo”

    – “¿Qué es? Parece un consolador, pero muy chiquito”

    – “Es un consolador, pero para tu colita”

    – “Ayy, no sé si me gusta”, dijo como anticipándose a un dolor

    – “Si no te gusta, no lo usamos, pero dejame probar cuando te estoy acariciando y me decís, ¿querés?”

    – “Siempre me dolió cuando intentaron por ahí”

    – “Si te duele, no me gusta. Todo tiene que ser placentero para ambos. Pero, ¿me dejás probar? ¿Tenés confianza en mí?”

    – “ Totalmente papi, si me duele te aviso”

    Y ese día, en medio de las caricias y cuando estaba lamiéndole la conchita y metiendole el dedo para acariciarla por dentro, le puse lubricante y empecé a acariciarle la entrada al ano con mi dedo pulgar, masajeándolo mientras seguía lamiendola. No solo no se quejó, sino que de a poco fue acompañando mis masajes. Después la puse boca abajo y empecé a lamerle el culito, mientras le jugaba con el consolador anal. Cuando sentí que se había aflojado y empezaba a disfrutarlo, le introduje despacio la puntita mientras volví a lamerle la conchita. La volví a poner boca arriba y mientras le lamía y chupaba la conchita le iba muy lentamente introduciendo el consolador y lo movía apenas. No se quejó. Cuando su calentura estaba a punto del orgasmo, la colita se abrió para que penetre todo el dildo anal y acabó asi, con el juguetito todo dentro de su cola.

    – “¿Te gustó?”

    – “Mucho. Me gusta la dulzura con la que me acariciaste y me hiciste que me abra. Nada que ver con mis experiencias anteriores. ”

    – “Me alegro que disfrutes conmigo la colita. Ahora tenes todo el juguetito dentro de tu colita”

    – “Si, me gustó y me calentó”

    La puse de costado, la acaricie toda, la besé y jugué con el didlo y después se lo saqué.

    – “Ahora te voy a poner un juguetito más lindo”. Le dije mientras llenaba mi pija de lubricante y le arrimaba la punta a su culito.

    – “Despacito papi”

    – “Muy despacito mi vida”

    Estaba tensa y temerosa. La besé le iba hablando al oído, diciéndole que me gustaba que fuera mi nena, que tenía un culito hermoso y quería comérselo, que me encantaría llenarle de lechita la cola. Se fue aflojando y calentando. Su colita de a poco fue cediendo paso y cuando le entró la cabeza de mi pija, dio un pequeño grito

    – “Esperá, no sigas”

    Me quedé quieto, sin sacarla, la acaricié, le di besos en el cuello mientras acariciaba sus pechos y le dije

    – “Quedate quietita, mientras se acostumbra. ¿Te duele?”

    – “Ahora no. Se me va pasando. Pero tengo muchas ganas de tenerte todo adentro. Hacémelo muy despacio”

    – “Cuando tu colita se acostumbre, te va a gustar. Sin sentirlo vas a ver como de a poco va entrando toda”

    – “Es que es muy grande papi.”

    – “¿Te parece? Porque de a poco va entrando. Me parece que ese culito tiene muchas ganas de que lo cojan ¿o no?”

    – “Si papi, quiero que seas vos quien me abra la cola. Te quiero entregar todo”

    – “Ya esta casi toda dentro tuyo, hermosa. Dame un beso”

    Cuando me besó, la abracé por la cintura y suavemente terminé de meterla

    – “Ahhh, ahhhh, despacio papi”

    – “Ya está toda en tu colita bebé. Ahora quedate quietita un rato”, le dije mientras le ponía una mano sobre la conchita y la apretaba contra mí.

    – “¡¡Se siente mucho!!”

    . “¿Querés que la saque?

    – “¡¡Nooo!!, dejámela. ¿No me dijiste que es mía? La quiero toda ahí”

    – “Te está empezando a gustar”

    – “Es raro, ya no me duele y me gusta tenerte ahí dentro mio. Movete despacito”

    Empecé a hacerlo y ella misma fue moviendo su cuerpo. Al poco rato estaba cogiéndole la cola mientras ella me acompañaba en los movimientos y gemía, abrazada a la almohada.

    – “¿Te gusta?

    – “¡¡Siii!! Mucho.”

    – “¿Sentís como te estoy cogiendo todo el culito?”

    – “Si papi, cogémelo todo”

    – “Te gusta darle la colita a tu papi?”

    – “Mucho, mucho. Hacé un poquito más fuerte”

    La puse boca abajo, acompañando su cuerpo para quedar arriba de ella y empecé a entrar y salir con más fuerza. Poco después, se tensó todo su cuerpo, y soltó un ronco gemido. Esperé que se recuperara y le dije:

    – “Estas bien”

    – “Muy bien papi”

    – “¿Me dejás que te coja un rato más para acabarte?

    – “Esta nena es toda para vos papi. Cogeme toda”

    Ya sin resguardos, empecé a sacarla y penetrarle la cola con fuerza, mientras ella me acomodaba su cuerpo para que pueda penetrarla toda y me calentaba más cuando me decía

    -”Tomá mi colita papi, cogela toda a tu putita y llename de leche. Poneme toda esa hermosa pija dentro. Vení, así, vení, acabame en la colita.”

    Acabé como hacía rato no recordaba haberlo hecho. No sé si grité, ni sé si la mordí o le hice doler. Solo sé que me llevó al clímax y que volví en mí cuando la estaba abrazando y aplastando contra la cama.

    – “¡¡Qué potrillo desatado!! Me vas a ahogar”

    Nos pusimos de costado sin sacarla y le pregunté

    – “¿Te hice daño, hermosa? Perdoname”

    – “No. Me cogiste muy fuerte, eso sí. Pero me gustó verte estallar de esa manera arriba mío, mucho. Me gusta sentir que te hago calentar así.”

    – “Me hacés calentar mucho”.

    – “¡¡Qué lindo!!! Me encanta coger con vos y me gusta mucho que te calientes conmigo. Y me encantó como acabaste”

    – “Es que sos una putita divina.”

    – “Tu putita, papi”

    Continuará.

  • El día que un negro me cogió a mí y luego a mi madre (I)

    El día que un negro me cogió a mí y luego a mi madre (I)

    Hola, mi nombre es Fernando, como este es mi primer relato voy a dar un poco de contexto para que entiendan mejor la historia.

    Soy de México, tengo 22 años, mido 1.70m, soy de tez blanca, soy lampiño (ósea no tengo o tengo muy poco vello), voy al gym y tengo un cuerpo delgado y definido, pero con unos muslos grandes y un buen culo por entrenar pierna, y sí, soy gay.

    Mis padres están divorciados, pero llevan una buena relación, ellos siempre han sido muy abiertos sobre temas sexuales conmigo y yo desde muy joven tuve claras mis preferencias sexuales, sobre todo mi madre es muy abierta conmigo y le comparto muchas cosas intimas al igual ella conmigo, y un día me confeso que una de las razones por las que se divorció de mi padre fue por insatisfacción sexual al tener un pene pequeño (esto ya lo había supuesto puesto que por genética mi pene también es pequeño, mide 10cm en erección, pero esto nunca me ha acomplejado)

    Actualmente tengo una relación con un chico negro llamado Gamal que es 3 años mayor que yo, es un refugiado que llego al país desde África buscando una mejor vida, lo conocí es un gimnasio cerca de mi casa y rápidamente nos hicimos buenos amigos al tener muchos gustos en común, el mide 2 m, un cuerpo bien formado y musculoso, es un chico bastante alegre y que disfruta de los videojuegos y anime.

    Nuestra relación comenzó justamente el mismo día que tuvimos sexo por primera vez, un día saliendo del gimnasio y que mi madre no estaba en casa lo invite a jugar unos partidos de FIFA y pasar un buen rato. Llegamos a casa y estábamos jugando y pasándola muy bien, pero yo no estaba muy concentrado ya que estaba viendo su entrepierna debido a que se notaba su pene muy marcado y se veía de un gran tamaño, y al parecer Gamal notó que lo observaba porque pauso el juego.

    Gamal: Dime ¿Por qué estas tan distraído?

    Yo: No, no es nada, simplemente estoy pensando en algunas cosas.

    Gamal: Se en lo que estás pensando, he notado como ves mi entrepierna con tanto deseo.

    En ese momento yo me sonroje y Gamal río, después tomo mi mano y la puso sobre su pene que no estaba erecto aun y ya tenía un tamaño considerable, yo lo frote un poco y le hice una seña para que subiéramos a mi cuarto para tener más privacidad y el asintió con la cabeza.

    Ya en mi cuarto me puse en cuclillas sobre mi cama y sacó a relucir su enorme pene negro, había estado con otros chicos antes, pero ninguno tenía uno tan grande y grueso, media 20cm en completa erección, a mí se me hacía agua la boca así que lo tomé con mis dos manos y empecé a lamer su glande, sabia delicioso y cada que metía un poco más en mi boca más me iba gustando más y más hasta que lo empecé a devorar como si fuera un rico postre.

    Yo en este momento también ya tenía una erección y Gamal lo noto porque saco su pene de mi boca y me quitó la ropa a mí, donde incluso mi pene en erección palidecía al lado de la gran herramienta de Gamal, aunque esto a mí no me molestaba, con sus grandes músculos me tiro sobre la cama en posición de misionero y estaba comiéndome el culo de una manera que me hacía gemir y gritar de placer, mientras hacía esto también empezó a insertar sus gruesos dedos en mi ano y tocando mi próstata, lo cual me hizo sentir incluso mejor y sabía que pronto me iba a penetrar, así que lo hice a un lado y saque unos condones y lubricante de un mueble cerca de la cama.

    Abrí un condón y se lo puse con mi boca, acerqué su enorme pene a la entrada de mi ano y él lo frotaba haciéndome desear tenerlo dentro, se puso lubricante y empezó a entrar de a poco, con cada centímetro que entraba yo me sentía en el cielo, cuando entro completamente me sentí lleno como nunca, así que el empezó a bombear mis entrañas metiendo y sacando su herramienta, con cada embestida yo sentía como me llenaba y su glande golpeaba mi próstata lanzando oleadas de placer por todo mi cuerpo y haciéndome gemir como nunca antes.

    Yo sabía que estaba cerca de eyacular y se lo hice saber a Gamal que siguió bombeando incluso más fuerte haciéndome temblar y gritar, Gamal retiro su pene de mí, lo que me hizo sentir vacío, pero lo hizo para quitarse el condón y luego seguir bombeándome a pelo, con esto yo eyacule como nunca, fue tanto que llegó hasta mi cara y mi boca, al tensar mis entrañas debido a esto, Gamal empezó a bufar y se puso tenso descargando su semen en mi interior y haciéndome llegar al mayor orgasmo de mi vida.

    Cuando Gamal terminó, saco su pene de mí y me hizo limpiar el espeso y salado semen que había quedado en la punta de su pene con mi boca, lo chupe hasta dejarlo completamente limpio.

    Debido al placer que había sentido, en ningún momento note que mi madre ya había llegado a casa y nos estaba viendo por la puerta de mi habitación.

    (Continuará)

  • El edificio

    El edificio

    Esta historia trata sobre un departamento que tiene 100 pisos en total y en cada uno de esos pisos están sucediendo cosas muy ardientes que serán reveladas a lo largo de este relato de historias mezcladas.

    En el piso 30 se encuentra un hombre llamado Julio de 42 años con dos chicas que se llaman Katherine y Jazmín, ambas son muy hermosas y son sus sobrinas de parte de su hermano mayor.

    Jazmín es inexperta en el tema del sexo, ya que aún es virgen, pero Katherine ya lleva un año cogiendo con su tío Julio.

    -Te va a encantar su verga, la sabe usar muy bien en la cama- le dice Katherine a Jazmín mientras ven a Julio que se baja el bóxer y su miembro queda afuera.

    Julio se sienta en la cama con las piernas separadas y Katherine se abalanza sobre la verga de su tío haciendo aterrizar sus labios sobre ese miembro que tanto le gusta, lo empieza a chupar de arriba a abajo con total desenfreno y Julio entre gemidos le dice a Jazmín que ella también lo debe chupar así de rico como su hermana, la chica avanza hacia Julio y le agarra el pene sacándoselo a Katherine de la boca, le pone la lengua en la cabeza y su saliva se mezcla con la de la otra cuando recorre todo el miembro a lo largo.

    Katherine agarra el pene de Julio otra vez y le da una lambida rápida, luego va hacia abajo y se encuentra con la lengua de Jazmín, se ponen indecisas durante un segundo, pero rápidamente toman la decisión de unir sus lenguas en un apasionado beso. Luego de unos minutos Julio se encuentra siendo estimulado oralmente por sus dos sobrinas y disfrutando mucho ver como le chupan ambas su verga como las dos zorras que en realidad son.

    Cuando Jazmín se percató de que le encantaba tener la verga palpitante de su tío en la boca la empezó a chupar de la misma manera que su hermana, además le encantaba encontrarse con la húmeda lengua de Katherine, ya que ella también le estaba practicando un delicioso oral a Julio, después Julio agarro a Katherine fuertemente de la cintura y le clavo su verga de una embestida.

    Jazmín pudo ver como el hermoso culo de Katherine se tragaba la verga de Julio con cada salto que ella daba y también veía como el tío le manoseaba el trasero de una manera deliciosa, se dio cuenta de que cada vez la penetraba más fuerte y que ella también quería tener esa pija adentro.

    Jazmín se estaba por masturbar cuando la voz de Julio la interrumpió diciéndole que ya le tocaba a ella, miro a Katherine y vio que tenía una buena cantidad de semen dentro del trasero y fuera de él también.

    El tío Julio se acostó sobre Jazmín, ella entrelazó sus piernas en su cintura luego el hombre se inclinó para darle un suave beso en los labios.

    -No tengas miedo, amor mío, solo será por unos segundos luego vas a sentir un placer enorme- le susurro con toda su dulzura en el oído.

    Jazmín suspiro y le dijo: -Estoy lista, quiero hacerlo.

    Julio deslizo su pene por la línea de la vagina de su sobrina hasta que ella se puso húmeda, después hizo un movimiento con su pelvis hacia adelante y la punta del miembro ingreso dentro de Jazmín seguido de un estremecimiento de parte de ella, espero unos segundos y la penetro por completo, se quedó unos segundos adentro de ella hasta que la chica se acostumbró a la sensación de una verga adentro y después cuando ya estaba todo bien empezó a moverse acompañado de los gemidos de placer de Jazmín, por su parte sintió un poco de dolor cuando su tío la penetro entera de una sola embestida, pero luego sintió mucho placer que la hacía desear querer mucho más, ahora ella deseaba que esta unión tan linda no terminará nunca y que las salvajes embestidas de Julio sean eternas.

    En el piso 40 de ese edificio en una habitación grande se encuentra una chica llamada Belinda, tiene 19 años y un cuerpo espectacular, está en compañía con su atractivo cuñado Paulo de 25 años que es hermano de su feo novio, Paulo para Belinda es el mejor hombre que existe en la tierra y Belinda para Paulo es la mujer más hermosa del planeta, ambos se aman con locura y en secreto.

    Se besan con todo el amor que se tienen y Paulo deposita a Belinda en la cama con mucha ternura, se coloca detrás de ella, la hace levantar una pierna y la penetra de una sola embestida, la chica apoya la cabeza en el hombro de su cuñado y empieza a gemir del placer que él le brinda con esas fuertes embestidas.

    -Te amo- le dice él.

    -Te amo- responde Belinda dándose la vuelta para darle un beso de lengua, después cambian de posición y él la empieza a embestir por el trasero tomando sus senos con mucha fuerza.

    En el piso 50 de aquel edificio en otra habitación se encontraban 3 chicas universitarias, estudiaban la misma carrera que era el profesorado de literatura, todas ellas eran hermosas, la primera era rubia con el pelo planchado, la segunda era morena con el pelo rizado con volumen y la tercera era una bonita pelirroja. Estaban haciendo una práctica muy ardiente de que se trataba que las tres se masturben frenéticamente hasta que eyaculen en un vaso.

    Las tres universitarias estaban completamente desnudas y los gemidos de esas bellezas se mezclaban entre sí produciendo una bella melodía.

    La rubia con cara de ángel saco un vibrador de su bolso rojo lo ubico en el medio de su vagina y empezó a hacer movimientos circulares mientras recibía deliciosas vibraciones que la hicieron eyacular en el vaso en cuestión de minutos.

    Las otras dos chicas miraron maravilladas como los jugos vaginales de su compañera caían en el vaso, pero la chica no espero mucho y lo que hizo fue hundir su cabeza en la concha de la pelirroja pasándole la lengua frenéticamente por el interior del clítoris.

    -Ay, mi cielo, que rico, sigue, sigue- gimió la pelirroja acariciándole el cabello a la rubia.

    La morena las observo y luego dijo que ella también quería su merecido sexo oral.

    Luego de unos minutos las piernas de la pelirroja empezaron a temblar.

    -Me voy a correr y es por ti cariño- tomo a la rubia de la nuca y le dio un apasionado beso en los labios al mismo tiempo que se relajaba por completo y sus jugos vaginales llenaban el vaso. Ahora solo faltaba la morena deliciosa, la rubia fue hacia ella y le dijo:-Te voy a hacer algo mejor que sexo oral- la empezó a besar en los labios, fue bajando hacia el cuello y luego se encontró con sus gigantes tetas que empezó a apretar.

    Después le puso el vibrador en máxima potencia a la morena en el centro de la vagina y le dijo que lo sostuviera ahí mientras ella se encargaba de sus pechos.

    Después de unos cuantos minutos las piernas de la morena ya estaban temblando rápidamente, pero no alcanzaba para que eyacule así que su compañera la rubia le saco el vibrador y lo reemplazo por su lengua que se movía mucho más rápido que cualquier otro consolador sobre el interior de su amiga hasta que sintió la abundante humedad que estaba saliendo de la concha, le alcanzo el vaso y con esos nuevos jugos vaginales pudieron llenarlo.

    La rubia agarro el vaso y bebió un poco de ese delicioso líquido que tenía sus jugos y los de sus amigas mezclados, luego le paso el vaso a las otras dos chicas y ellas se acabaron el contenido.

    En el piso número 80 se encontraban dos chicos de 21 años en la sala de estar, eran parecidos físicamente, ambas tenían la piel pálida y el cabello negro, eran primos, ya que sus madres eran hermanas, ellos se estaban besando apasionadamente con mucha lengua mientras se acariciaban sus cuerpos desnudos. Luego el que se iba a entregar se puso en el sofá en una posición donde levantaba su gran trasero con algo de pelos y sus huevos quedaban colgando a la vista.

    -Hazme tuyo- le murmuro el chico a su primo soltando un suspiro.

    El otro hombre agarro a su familiar de la cintura y lo penetro de una sola embestida, al penetrarlo se dio cuenta de lo apretado que estaba ese culo, eso lo excito mucho más y empezó a moverse despacio, luego cada vez más fuerte hasta que estuvo a punto de eyacular.

    Cambiaron de posición, el que penetraba se sentó esta vez en el sofá y el otro se le subió encima para clavarse profundamente esa verga, después empezó a saltar y su culo hacia un contacto muy rico con los testículos y los penes de ambos se mezclaban a causa de los movimientos.

    El contacto de ambos penes excito mucho a ambos chicos y el que estaba en el papel de activo agarro al otro de los pelos, le metió su miembro adentro hasta el fondo de la garganta y ahí le derramo una gran cascada de semen que salía de las comisuras de la boca del que lo recibió

    Finalmente en el piso 100 que era el más alto de todos se encontraba un chico de 18 años en su habitación mirando videos pornográficos en su computadora con música de fondo, estaba con su verga bien dura y encima de ella tenía una braga color negra de su mamá, se estaba masturbando lentamente mientras fantaseaba lo rico que sería cogerse a su deliciosa madre que era una mujer de 40 años con un cabello rubio hasta la cintura, ojos azules y unas enormes tetas que lo estaban enloqueciendo, nunca podía apartar la vista de los pechos de su madre, se imaginaba teniendo sexo con ella en todas las posiciones existentes, se la imaginaba de costado con una pierna elevada, saltando y haciendo rebotar los pechos en su rostro, tenía la fantasía de poner las dos piernas de su mamá sobre sus hombros y de darle bien duro por el trasero.

    Cuando todos estos pensamientos y el video llegaron a su fin eyaculo una gran cantidad de semen en la tanga.

  • Cuando todos se van de la oficina

    Cuando todos se van de la oficina

    La tensión sexual y el deseo que nos teníamos era evidente, casi insoportable para nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestra alma.

    Y la primera vez que se dio simplemente fue de casualidad, me llamaste para que veamos juntos una presentación a enviar a contrarreloj. Vos sentada en tu silla y yo parado al lado, viendo la pantalla y haciendo los últimos retoques, hasta que pudiste enviarlo correctamente…

    Te paraste de un salto de la silla y me abrazaste con tanta dulzura, tanto amor para agradecerme, que ese fue “el momento”. Nos besamos de una manera apasionada como dos adolescentes que están descubriendo el mundo nuevo, nuestra lenguas se cruzaban y la respiración se agitaba cada vez más. Nuestros brazos se movían frenéticamente en abrazos y caricias, hasta que mi camisa se desabrochó, y tu blusa terminó en el piso, junto con nuestros pantalones.

    Nos fuimos a la sala de reuniones y allí en la mesa grande te recosté para empezar a hacerte un sexo oral que todavía recuerdo el sabor dulce y el aroma perfumado. Gritaste, te estremeciste, casi que se podían sacar chispas de la electricidad que recorría tu cuerpo.

    Ahora era mi turno, me sentaste en la silla y te subiste arriba mío. Nos hicimos uno solo mientras tus uñas querían hundirse en mi espalda y mis brazos te apretaban para que nunca más te despegues de mí. Nuestras miradas se cruzaban a cada instante, pero nuestros ojos miraban la intensidad de nuestra pasión, nuestra saliva era una sola ahora, y el ambiente se respiraba “sexo”.

    Terminamos y paso un rato hasta que pudimos recomponernos. Nos limpiamos. Nos despedimos como dos colegas y cada uno se marchó en dirección a su hogar, para encontrarse con su familia, pero nuestra mente estaba el uno con el otro…

  • El rancho (parte 2)

    El rancho (parte 2)

    Después de descansar por unos minutos nos metimos a la ducha para a asearnos antes de ir a buscar algo que comer, pues la realidad es que no habíamos probado un bocado en todo el día, sin perder la oportunidad de acariciarnos mutuamente al compartir la ducha.

    Aprovechando el clima decidimos comer a lado de la piscina la cual no era muy grande; quizás 15 metros de largo. Ése fue el momento en que más visitantes vimos en el hotel y no eran muchos; una docena de personas aproximadamente.

    Antonio nos había recomendado no salir de paseo por la sierra montañosa con el sol en la cúspide para evitar una insolación; para ese tipo de actividades era mejor madrugar al día siguiente cuando la temperatura era más agradable. Siguiendo su consejo, salvo una caminata por los alrededores de la hacienda, el resto de la tarde la pasamos jugando en la piscina.

    —Qué suerte que empacamos nuestros trajes de baño —dijo mi novia mostrándome su diminuto bikini rojo de dos piezas al ajustar las tiras de su tanga ante la vista de los demás huéspedes.

    —Seguro eso no te hubiera impedido meterte al agua encuerada —susurré en su oído a modo de broma al sujetarla por la cintura acusándola de vestir demasiado provocativa.

    —Es probable —respondió ella con actitud traviesa sin negar lo dicho por mí.

    Con la excepción de una familia de 4, ambos padres y sus dos hijos varones; el resto de la tarde tuvimos la piscina casi exclusivamente para nosotros. Animándonos incluso a participar en algunos juegos de pelota con los hijos y compartir una cerveza con sus padres.

    Obvio los chicos (y el padre también, supongo), estuvieron más que contentos de pasar un tiempo jugando en el agua a lado de una mujer tan hermosa como mi novia. Pues las acciones ofensivas y defensivas que realizaba Leslie, ocasionaban que su traje de baño se corriera accidentalmente, mostrando más de lo recomendado para un lugar familiar.

    Poco antes de la puesta del sol la familia decidió retirarse previniendo que sus hijos se resfriaran, cuando la temperatura del agua descendiera al oscurecer. Nosotros decidimos permanecer unos minutos más para tener tiempo de ‘juguetear’ entre nosotros.

    —Vamos cariño tira al aro —invité a mi novia a lanzar la pelota a una canasta de baloncesto a un lado de la piscina; mientras yo simulaba taparme los ojos para facilitarle las cosas.

    Leslie lanzó la pelota por encima de mí; pero para su mala fortuna ésta estaba demasiado inflada por lo que rebotó en el aro cayendo detrás de ella.

    —¿Adonde vas? —pregunté en forma retórica al sujetar su tobillo para evitar que nadara hacia donde el balón había caído.

    Pero en lugar de yo intentar recuperar el balón antes que ella, como en cualquier competencia deportiva, jalé a mi novia hacia mí para sujetarla por la cintura y fundirnos en un beso antes de zambullirnos en el agua apasionadamente.

    Aprovechando la clandestinidad submarina mis manos recorrieron el cuerpo de mi novia como dos lampreas que buscaban adherirse a las partes ocultas bajo la tela de su traje de baño; específicamente bajo su tanga, al tiempo que mi novia imitándome deslizaba su suave mano por dentro de mi bañador hasta sujetar mi miembro.

    En un par de segundos Leslie y yo nos encontrábamos masturbándonos mutuamente debajo del agua conteniendo la respiración por un par de minutos; intoxicados no sólo por la falta de oxígeno, sino también por lo morboso de la situación.

    Esto ocasionó que mi miembro se tornara rígido como un palo; pues las expertas manos de mi novia habían conseguido excitarme en un instante, al tiempo que yo introducía mis dedos en su vagina buscando emparejar las cosas.

    Tan pronto mis dedos acariciaron el interior de su sexo un espasmo se apoderó del vientre de mi novia confirmándome que había conseguido mi objetivo. Un segundo después, cuando la falta de oxígeno ya era peligrosa, emergimos a la superficie a tomar aire.

    —¡Cielos… qué rico! —exclamé entre jadeos en lo que Leslie continuaba apretando mi miembro con su mano.

    —¿Quieres jugar un poco más? —preguntó ella traviesamente, una vez que ambos recuperamos el aliento.

    —¿Qué tienes en mente?

    —Algo simple, que tal un concurso de desafíos —respondió Leslie retándome con una sonrisa.

    Conociendo a mi novia su aparentemente inocente juego de desafíos podía salirse de control rápidamente, más aun cuando ambos nos encontrábamos muy excitados. Aun así no tuve problema en acceder a su propuesta.

    —De acuerdo, tú primero —exigí a mi novia intentando averiguar que tan audaces serían los desafíos que tenía en mente.

    Leslie giró la cabeza de un lado a otro, mordiendo los labios, para sondear si realmente nos encontrábamos solos en el área de la piscina. Una vez confirmado esto lanzó su reto.

    —Yo te desafío a que te quites el traje de baño —dijo mi novia retándome al clavar sus hermosos ojos en los míos.

    Yo sonreí; pues su desafió no tenía nada de especial. ¡Yo hubiera lanzado el mismo reto! Estábamos supuestamente solos, en medio de la piscina, sin nada más que nuestros trajes de baño; ¿en qué otra cosa podíamos pensar?

    Sin decir una palabra solté el cuerpo de mi novia y rápidamente me agaché dentro del agua para sacarme el bañador y restregárselo en la cara (literalmente).

    —¡Estas loco! —exclamó ella sorprendida de que lo hubiera hecho sin protestar; quizás esperando que renunciara antes de empezar.

    —Mi turno —exigí dibujando en mis labios una perversa sonrisa.

    —De acuerdo, ¿qué quieres que haga? —preguntó ella fingiendo no prever que le exigiría cumplir el mismo desafío.

    —Encuérate —ordené sin dejar de sonreír.

    Leslie se encogió de hombros al tiempo que sonreía nerviosa por tener que cumplir la misma acción. Giró nuevamente la cabeza para verificar nuevamente que no hubiera nadie en la cercanía que pudiera atraparla infraganti. Sólo el bullicio del personal de la cocina preparando la cena se escuchaba a lo lejos.

    Una vez que mi novia sopesó las probabilidades de que alguien pudiera verla desnuda volvió a centrar su mirada en mí; y levantando ambas cejas aceptó cumplir con el reto.

    Ella se sumergió en el agua hasta el cuello y sin perder contacto visual conmigo, cruzó las manos por su espalda para batallar unos segundos con el nudo de su top antes de liberar su busto. El de su tanga fue mucho más sencillo; pues este estaba sujeto a ambos costados de su cadera con dos nudos.

    —¡Listo tonto! —exclamó mi novia victoriosa arrojándome ambas prendas a la cara al levantar su brazo por encima del nivel del agua.

    —Eso es trampa amor, tienes que levantarte —exigí a mi novia que se pusiera en pie para que su busto desnudo quedara por encima del nivel del agua.

    —Claro que no, eso no era parte del desafío —protestó ella negándose a erguirse.

    Aun cuando en teoría nos encontrábamos solos Leslie había decidido no arriesgarse a que alguien pudiera verla desnuda; por lo que tuve que aceptar su postura en ese momento. Sin embargo, esto sólo quería decir que mis siguientes desafíos tendrían que ser más específicos.

    —Mi turno cariño —dijo mi novia, preparándose para lanzar un nuevo desafío sin dejar de sonreír—. Tienes que ir por el balón —sentenció.

    Una tarea sencilla, aparentemente, si no fuera porque el balón con el que habíamos estado jugando había flotado hasta el otro extremo de la piscina; lo cual significaba que tendría que ir nadando a traerlo con el riesgo de ser visto por alguno de los huéspedes o un empleado.

    —De acuerdo —respondí para echarme a nadar inmediatamente a toda velocidad.

    Afortunadamente yo soy un buen nadador; por lo que resolví nadar por debajo del agua en el regreso en caso de que alguna persona se presentara en el área.

    Al llegar a la otra orilla todo seguía ‘sin moros en la costa’, por lo que pude regresar con mayor tranquilidad; al grado de tontear con el balón al nadar lentamente empujándolo con la nariz antes de entregárselo a mi novia.

    —Eres un tonto —dijo mi novia desilusionada porque su desafío no hubiera representado gran dificultad.

    Yo sonreí malicioso pues esta vez no pensaba desperdiciar mi próximo turno para vencer a mi novia en su propio juego por causa de la semántica; al pronunciar un reto mal redactado.

    —Ahora ve tú por el balón amor —sentencié.

    Repetir el mismo desafío que mi novia había formulado sólo unos minutos antes parecía ser muy condescendiente de mi parte; esto si evitamos aclarar que en ese momento arrojé el balón fuera de la piscina, hasta caer detrás de una jardinera.

    —¡Eres un cabrón! —exclamó mi novia al ver como le estaba dificultando las cosas.

    —Si no quieres no vayas por él cariño; pero entonces yo gano —ofrecí aceptando su negativa a continuar con nuestra competencia como una derrota por abandono.

    La sonrisa desapareció del rostro de mi novia mordiéndose los labios al sondear una última vez los alrededores. Sólo las sombras tras las cortinas del salón comedor era lo que se alcanzaba a percibir; indicando que próximamente la doble puerta que lo conectaba con el patio central estaba por abrir; arruinando nuestro privado y atrevido juego.

    Quizás lo prudente hubiera sido dar por concluido nuestra competencia, declarándome vencedor a mí. Sin embargo el carácter audaz y temerario de mi novia se lo reprocharía su vida entera (o sólo lo que faltaba del fin de semana), por lo que en un segundo decidió aceptar cumplir la encomienda.

    Sin decir una palabra Leslie se deslizó por el agua hasta el borde de la piscina y apoyando sus manos en éste levantó su peso para salir rodando sobre el adoquín rojo del piso, con la gracia de una foca embarazada, muy cómico.

    No pude evitar reír al ver como mi novia casi gateó por entre las mesas para llegar a la jardinera donde había caído el balón, ¡completamente desnuda! Temerosa de ser vista por alguna persona tal como había venido al mundo. Una vez que alcanzó su objetivo lo lanzó de nuevo al agua y dando un par de zancadas se zambulló con un clavado justo antes de que se abrieran las puertas que conducían al comedor.

    —¡Bravo amor! ¡No creí que lo hicieras! —exclamé entre risas sujetando a mi novia por la cintura antes de darle un apasionado beso.

    —¡Ni yo! —exclamó mi novia sorprendida de haber conseguido ‘escapar a tiempo’.

    Discretamente bajo el agua volvimos a ponernos los trajes de baño antes de salir de la piscina; pues ya sentíamos un poco fría el agua además de tener hambre una vez más.

    Completamente empapados nos dirigimos a nuestra habitación para tomar una ducha caliente y cambiarnos de ropa; y así poder regresar a cenar y beber un par de copas antes de dormir.

    La mayoría de los huéspedes optamos por cenar al aire libre. Justo en el área de la piscina donde Leslie y yo un momento antes estuvimos nadando desnudos.

    El ambiente durante la cena resultó ser muy ameno y cordial. La comida, el alcohol, la iluminación y la música de fondo creaban un atmósfera que invitaba a la relajación y convivencia. Animándonos a entablar algunas conversaciones con los otros huéspedes que, al igual que nosotros, habían llegado hasta ese lugar buscando escapar de la psicosis colectiva que reinaba en las grandes urbes.

    —Salud —brindamos con copa en mano mi novia y yo con una pareja mayor, la cual no tenía reparo en compartir la alegría de haber celebrado su aniversario semanas antes con todos los presentes.

    Sin temor a equivocarme me resultaba obvio que Leslie era la mujer más atractiva entre los escasos comensales. Por lo que la mayoría de los hombres, incluso los chicos con los que habíamos estado jugando horas antes en la piscina, le dedicaban disimuladamente una sonrisa cada que hacían contacto visual con ella.

    —¿No te sientes acosada, amor? —pregunté al oído de mi novia en tono de broma pues yo estaba plenamente consciente de lo mucho que a ella le agradaba ser el centro de atención para el sexo opuesto (y en ocasiones para su mismo sexo).

    Por ser este un lugar de estilo rústico el atuendo de mi novia distaba mucho de ser glamoroso o revelador. Un sencillo vestido amarillo de tirantes y discreto escote, que le llegaba arriba de las rodillas, y unas zapatillas deportivas era lo que ella había escogido para esa noche.

    Sin una gota de maquillaje, Leslie había utilizado una liga para recoger su larga cabellera rubia. Aun así se veía hermosa; pues la sonrisa en su rostro era el mejor de sus adornos.

    —Claro que no —respondió mi novia al negar con la cabeza antes de dar un trago a su copa de vino tinto—. Es más, creo que invitaré a bailar a ese chiquillo —agregó divertida, al referirse al más pequeño de los chicos quien no paraba de sonreírle desde la mesa de al lado.

    Leslie movió los hombros al ritmo de la música para ver la reacción del pequeño quien no quitaba la vista de ella al no haber más niñas de su edad. Éste se limitó a reír desconcertado dirigiendo la mirada a su madre al no entender el gesto de mi novia.

    —La señorita te invita a bailar cariño —dijo la madre al chico al momento que éste inclinaba la cabeza sobre su hombro visiblemente apenado.

    Leslie dio un último trago a su copa antes de ponerse de pie para dar un par de pasos hasta donde se encontraba sentado el chico.

    —Buenas noches señora, ¿me permite bailar con su hijo? —preguntó mi novia a la madre en lo que sujetaba al niño por los hombros desde atrás de él.

    No era la primera vez que Leslie tenía este tipo de detalles con los más pequeños; pues en las tradicionales reuniones de fin de año con su familia o la mía, mi novia solía invitar a bailar a sus sobrinos favoritos.

    —Claro que sí querida; bueno, si logras hacerlo que se ponga de pie porque es muy penoso —respondió la madre dispuesta a seguirle la corriente a mi novia con tal de divertirse un rato a costa de su hijo.

    Todo aquel que vio la escena echo a reír por la genuina reacción del chico, quien cambió su semblante en un segundo de nervioso a aterrorizado ante la imprevista situación que se le avecinaba.

    —Vamos campeón, no rechaces a la señorita —dijo el padre instando a su ‘Benjamín’ a ponerse en pie y ‘salvar el honor de su familia’.

    Sin poder desobedecer, el chico lentamente bajó de la silla para quedar de pie frente a mi novia. Leslie lo tomó por la mano para llevarlo a la orilla de la piscina para tener espacio donde moverse, separándolo de la seguridad de sus padres.

    En el lugar no había música en vivo amenizando la noche, como en los lujosos resorts, sólo los parlantes exteriores del sistema de sonido portátil que el personal del hotel había instalado; reproduciendo conocidas melodías para bailar.

    Como el chico debería tener escasos 10 años su altura era moderada, afortunadamente para él mi novia no llevaba zapatillas de tacón alto, de lo contrario la diferencia en estatura hubiera sido mayor.

    Con su mano izquierda mi novia tomó la mano derecha de su acompañante para poder dirigirlo; mientras que colocó la mano izquierda del chico en su cadera para después sujetarlo por el hombro. Estoy seguro que los ‘niños más grandes’ en los alrededores imaginaron y desearon mucho más que sólo eso.

    —¡Vamos hijo! —exclamó el hombre de edad madura quien había brindado con nosotros momentos antes; animando al chico a aprovechar la oportunidad de tener a mi novia como pareja de baile (como si el chico tuviera alguna otra opción).

    Suavemente, mi novia comenzó a balancear su peso de un pie a otro doblando las rodillas ligeramente para sincronizar sus pasos con el ritmo de la música; mientras el niño, como cualquier principiante, daba pequeños pasos laterales en lo que sus ojos buscaban desesperadamente los de sus padres.

    —Lo haces muy bien guapo—dijo mi novia a manera de cumplido intentando tranquilizar al chico quien se había puesto nervioso al escuchar las risas burlonas de su hermano mayor—, eres un bailarín nato.

    El chico sonrió levantando la mirada para hacer contacto visual con mi novia; intentando seguirle el paso a medida que ella lo hacía girar lentamente como un satélite a su alrededor.

    Una vez que completaron un par de giros Leslie comenzó a acentuar el movimiento de su cadera moviéndola en forma de 8; de izquierda a derecha sólo doblando sus rodilla sin despegar los pies. Un par de veces para terminar remarcando el último movimiento alzando ligeramente su glúteo a manera de muletilla; como sí de pronto un espasmo se apoderada de su cadera al finalizar cada secuencia.

    —¡Excelente mi amor! —exclamó mi novia inclinándose para dar un tierno beso en la mejilla a su acompañante para después abrazarlo antes regresarlo a sus padres. Sonriendo satisfecha por haber hecho pasar al pequeño un rato agradable.

    Con los modales que correspondía, Leslie acompañó al niño de nuevo a la mesa para dejarlo justo en el lugar de donde lo había tomado; en la silla a lado de su hermano mayor, quien con natural envidia había observado toda la coreografía que mi novia y su hermanito habían realizado.

    —Mami, ¿puedo bailar yo también? —preguntó el otro chico a su madre si él podía bailar también con mi novia, suponiendo que esto dependía de su progenitora y no de mi novia.

    —No lo sé hijo, pregunta a la señorita.

    El chico miró tímidamente a mi novia quien estaba de pie justo al lado de él; era obvio que no se atrevería a preguntarle directamente, pues aunque pronto estaría en edad de que le comenzaran a gustar las chicas, algo muy distinto era el contar con el valor para hablarle a una en ese preciso momento. Para su fortuna Leslie estaba de muy buen humor esa noche.

    —Claro que si cariño —dijo mi novia tomándolo de la mano para llevarlo a la pista improvisada de baile.

    El relevo del bailarín de Leslie no resultó mucho más apto que su predecesor, sólo un poco más alto.

    —¡Qué suerte tienes amigo! —dijo el hombre de edad madura—; tienes una novia que no sólo es hermosa, sino también muy dulce —agregó enfatizando la actitud generosa y paciente de mi novia con los dos niños.

    —Gracias, ella es un encanto —dije yo levantando mi copa para agradecer el comentario del hombre antes de beber el remanente de ésta.

    Aunque igualmente torpe de movimientos el nuevo bailarín resultó ser menos tímido; animándose a realizar estrambóticos movimientos que tenían más que ver con patadas de kárate que con los de una canción de rumba; obteniendo una sonrisa no sólo de Leslie sino también de su público.

    —¡Que buen paso! —exclamó mi novia entre risas al ver los curiosos movimientos del chico.

    Después de un par de melodías, como lo hubiera hecho con el otro chico, mi novia le dio un beso en la mejilla antes de abrazarlo. Una vez más Leslie regresó a su acompañante con sus padres, en lo que yo pedía una nueva ronda de copas de vino antes de ponerme de pie para acomodarle la silla a mi novia.

    —¿Me extrañaste? —preguntó mi novia con voz dulce colgándose de mi cuello al ignorar la silla que le ofrecía.

    —Un poco —respondí dándole gusto a su ego—. ¿Y tú me extrañaste?

    —Claro —respondió con una sonrisa pícara.

    —¿Quieres ir a la habitación amor? —pregunté en voz baja.

    Leslie me miró traviesamente sin parpadear confundida en si aceptar mi propuesta para irnos a la habitación a tener sexo o esperar para ver si al avanzar la noche, una vez que los menores de edad se retiraran a descansar, las cosas se ponían mejor en aquel sitio.

    Hacía tanto tiempo que no estábamos en una fiesta o en un bar conviviendo con otras personas, que no fuera de manera virtual, que ella no quería desaprovechar la oportunidad de embriagarnos con este grupo de desconocidos. Pues a final de cuentas no estábamos seguros de cuándo tendríamos la oportunidad de volver a salir a divertirnos.

    —Esperemos un poco más —respondió mi novia cruzando los dedos porque el ambiente mejorara.

    —Como gustes amor —dije dándole un tierno beso en los labios al acceder a sus deseos.

    Al igual que la pareja mayor que celebraba su aniversario Leslie y yo nos pusimos a bailar a un lado de la mesa en lo que esperábamos que uno de los meseros volviera a rellenar las copas.

    —Que bonita pareja hacen —dijo la esposa del hombre mayor al momento que quedaron danzando a nuestro lado.

    —Gracias son muy amables —respondió mi novia.

    Una vez que terminamos de bailar nos invitaron a su mesa para seguir conversando. Ellos eran Mary y Frank una pareja como de 60 años, quizás el hombre un poco mayor por un par de años, que al igual que nosotros habían llegado hasta ese lugar por no haber más opciones para viajar; pues al ser ellos un poco mayores de edad, la idea de pasear a caballo o explorar montañas y cuevas no los atraía mucho.

    —Perdimos un crucero por el caribe —dijo Frank en tono de queja al contarnos como la pandemia global había afectado sus planes para celebrar su aniversario navegando en un barco—. Pero así es la vida, no hay que llorar por la leche derramada —agregó resignado antes de dar un gran trago a su bebida.

    —Que mal —dije yo al escuchar su amarga experiencia.

    La pareja resultó ser muy interesante. Con bastantes kilómetros recorridos alrededor del planeta; razón por lo que era de esperarse que hubieran sido de los primeros afectados cuando las regulaciones para los viajeros se tornaron más estrictas.

    La noche avanzó y la temperatura exterior descendió rápidamente por lo que la mayoría de los presentes optó por retirarse a sus habitaciones. Sólo unas pocas parejas decidimos continuar la velada en el bar del interior.

    —Bonito lugar —dijo mi novia al entrar en la habitación que originalmente había funcionado como una biblioteca para los propietarios originales de la hacienda.

    La habitación era casi tan grande como nuestro propio dormitorio con una ventana quedaba directamente a el área de la piscina y decorada con muebles de un estilo rústico. Una barra de bar de caoba oscuro en el fondo con algunos bancos altos acolchados enfrente, un par de sillones individuales en medio de la habitación y un sillón de dos plazas pegado a la ventana.

    Detrás de la barra del bar un rostro conocido nos recibió con una sonrisa. Antonio, el ‘mozo’ que nos había recibido por la mañana a Leslie y a mí al llegar al hotel aquel día; quien al parecer estaba encargado del bar aquella noche.

    —Buenas noches, ¿qué les gustaría beber? —preguntó el chico detrás de la barra; dedicándole una sonrisa a mi novia visiblemente entusiasmado por volverla a ver.

    —Bebamos algo muy mexicano —respondió Frank por todos sacando su orgullo patrio—, ¡tequila!

    Las tres parejas que nos encontrábamos en el bar aceptamos la propuesta del hombre de buena gana; por lo que Antonio se dispuso a sacar una de sus mejores botellas de tequila y llenar 6 vasos tequileros o caballitos.

    —Salud —dijimos todos al verter en nuestras gargantas la ardiente bebida junto con la sal y la lima.

    De no ser por las bebidas previas que habían adormecido nuestra garganta, el escozor del tequila hubiese sido mucho mayor limitando sus efectos a un leve mareo. Aun así nos atrevimos a solicitar un par de rondas más, animados por la música en el lugar.

    —¡Súbele o apágalo! —exigió mi novia a Antonio groseramente que elevara el volumen del altavoz que emitía la música; amagando con comenzar a bailar al reconocer la melodía que se reproducía en ese momento.

    Todos rieron con la actitud desinhibida de mi novia; a quien visiblemente ya se le había subido un poco el alcohol a la cabeza. Yo igual sonreí un poco apenado; pues conociéndola bien sabía que muy pronto la velada podía salirse de control con mi novia estando ebria.

    —Amor, recuerda tus modales —reprendí a mi pareja por el hecho de haber alzado la voz.

    —No te preocupes… Tony y yo… somos amigos —dijo mi novia con voz entrecortada; tratando al chico con toda la familiaridad del mundo al guiñarle un ojo.

    Relajados por el alcohol que corría por nuestras venas mi novia y yo continuamos bailando torpemente en medio de la habitación; mientras las otras dos parejas conversaban entre ellos sentados en frente de la barra.

    —Es que ellos todavía son jóvenes —dijo el otro hombre a su esposa al ver como mi novia y yo todavía teníamos energía para seguir bailando después de un largo día.

    —No es la edad, fue el encierro —dije yo, aludiendo a que debido a la cuarentena teníamos mucho tiempo sin salir a divertirnos.

    Dándonos la razón el otro par de parejas se unieron brevemente a nosotros, tomando turnos para bailar en medio de la habitación debido a la falta de espacio. Aprovechando los breves lapsos de descanso para tomar un nuevo trago en la barra.

    Durante todo ese tiempo no pude evitar notar como el fornido mozo no despegaba los ojos de mi novia sin importar que ella estuviera conmigo. Era obvio que mi novia lo había impresionado bastante.

    “Es natural”, pensé excusando al chico al recordar que de las mujeres presentes Leslie no sólo era la más joven sino también la más hermosa y sensual.

    —Tienes otro admirador —susurré en voz baja al oído de mi novia mientras la abrazaba por la cintura.

    —Lo sé —dijo ella sin darle importancia al hecho, colgándose nuevamente de mi cuello con actitud traviesa.

    Después de casi una hora de estar bebiendo y bailando alegremente la primera de las parejas se despidió para retirarse a descansar a su habitación, para inmediatamente ser seguida por la otra pareja.

    —Hasta mañana, que tengan una buena noche —dijo el hombre de edad madura al retirarse en compañía de su esposa.

    —Gracias, hasta mañana —dije yo de pie a lado de la barra terminando de beber mi copa.

    Leslie se sentó en una silla alta en la barra quedando de frente a Antonio, quien no pudo disimular su alegría al haberse quedado sólo con nosotros en el bar; pues sin ningún otro huésped presente podía olvidarse un poco de la formalidad, pues al tener él y nosotros casi la misma edad todos nos sentíamos más cómodos.

    —¿A qué hora cierran el bar amigo? —pregunté para hacer conversación tratando de romper el hielo.

    —En realidad a medianoche señor; pero igual hoy me toca guardia por si alguno de los huéspedes necesita algo —respondió el chico amablemente sin ningún apuro por terminar su turno.

    Antonio pasó a explicarnos que con la baja afluencia de turistas el hotel había tenido que reducir su planilla. Afortunadamente el chico era conocido de los dueños del lugar por lo que había podido mantener su empleo durante la crisis; sin embargo, por en aquellos días contar con escaso personal estaba doblando turnos o realizando labores extras.

    —¿Qué tal les ha parecido el lugar? ¿Se han divertido? —preguntó el chico con una sonrisa pícara.

    —El lugar nos ha gustado mucho —respondí yo sólo por ser cortés, pues en realidad no habíamos conocido mucho.

    —Sí, el lugar es muy bonito —concordó mi novia conmigo—; pero la verdad, nos hubiera gustado que hubiera más personas de nuestra edad —agregó con un gesto de fastidio a modo de broma—. Tú sabes para mejorar el ambiente y divertirnos un poco más con chicos de nuestra edad.

    —¿Cómo cuando estuvieron jugando en la piscina? —preguntó el chico con una sonrisa sarcástica dando a entender que nos había observado desde esa habitación cuando mi novia y yo terminamos desnudos nadando en la piscina.

    Leslie y yo soltamos una carcajada al entender lo que el chico había insinuado. Al parecer Antonio había tenido la oportunidad de apreciar el cuerpo desnudo de mi novia. Sin embargo; ella lejos de avergonzarse lo tomó de buen humor.

    —¿Y siempre espías a los huéspedes? —preguntó mi novia jugando con la posibilidad de que el chico fuera un fisgón asiduo.

    —En esta ocasión sí —respondió el chico descaradamente; dando a entender que mi novia era tan hermosa que bien valía la pena el ser despedido—. Pero la verdad no alcancé a ver mucho debido a la falta de luz —agregó descaradamente.

    —De acuerdo, hoy nos vistes desnudos; la próxima vez quizás sea al revés —amenazó mi novia sin acobardarse por que el chico hubiera admirado su cuerpo desde la clandestinidad; dejando claro que ella pensaba cobrar revancha.

    Antonio sonrió al escuchar la amenaza de Leslie; pues ahora le quedaba claro el tipo de pareja que nosotros éramos. Una que le gustaba divertirse y estaba abierta a conocer nuevas amistades en busca de excitantes experiencias.

    —¿Quieren beber algo más? —preguntó el chico con actitud acomedida recordando que él era nuestro anfitrión al intentar embriagarnos un poco más.

    —Sí, pero sólo si tú también bebes una copa con nosotros —respondió mi novia siendo empática con nuestro nuevo amigo.

    —Sería un placer —aceptó el chico la invitación de mi novia—; en realidad estaba esperando que me invitaran —agregó con actitud alegre y desenfadada al reconocer que se moría de ganas por probar una cerveza helada después de su larga jornada laboral.

    Antonio pasó a abrir tres botellas de cerveza y las colocó en la barra para beber con nosotros aprovechando que no había nadie más presente en el bar, pues todos los huéspedes se habían retirado a sus habitaciones. Hasta las luces del área de la piscina ya habían sido apagadas.

    —Pero, siéntate aquí —ordenó mi novia señalando la silla vacía a su lado antes de brindar con el chico.

    —Como usted ordene señorita, después de todo el cliente siempre tiene la razón —agregó el fornido joven en tono de broma saliendo detrás de la barra para acompañarnos a brindar.

    “¡Salud”, exclamamos los tres chocando nuestras botellas en alto; Leslie y Antonio sentados uno frente al otro, conmigo de pie a lado de mi novia. Aun cuando en su posición el chico tenía una vista inmejorable de las piernas de mi novia él no parecía cohibirse en lo absoluto.

    —¡Ya necesitaba esto! —exclamó el chico después de dar un gran trago a su botella de cerveza oscura.

    Como Antonio era principalmente un mozo de exterior, no estaba acostumbrado a pasar largos períodos en lugares cerrados como en esos días. Sus tareas extras eran una tortura para él.

    —Principalmente doy mantenimiento al establo y atiendo a los animales de la granja —explicó el chico—. Arreglar las cercas, alimentar el ganado y guiar paseos a caballo.

    Aunque los ingresos principales del hotel provenían de los turistas y paseantes; éste contaba con un establo y una granja para crear una atmósfera propia de una hacienda de la época de la revolución, por lo que contaba con personal para atender estas tareas.

    —Ahora entiendo tus botas —dijo mi novia señalando las botas naranja oscuro de nuestro anfitrión; pues ese tipo de calzado no era lo que uno esperaba ver en el personal de un hotel.

    —Es la costumbre —dijo el chico dando otro trago a su cerveza.

    Antonio en realidad era un hombre de campo que amaba trabajar al aire libre y cabalgar por espacios abiertos; ésta era una de las razones por las que había entrado a trabajar en el hotel hacía casi cuatro años. Y aunque había otros empleados que pudieron haber sido ‘promovidos’ para desempeñarse en el interior del hotel en lugar de él, había una razón importante para que esto hubiera sido de esa manera.

    —¿Y porque te eligieron a ti? —preguntó mi novia con curiosidad al dar un nuevo trago a su cerveza.

    —Era el más guapo de todos —respondió el chico con una sonrisa altanera.

    Leslie casi regresa la cerveza por la nariz al escuchar la respuesta de Antonio, llevándose la mano al rostro para intentar contenerse. No es que no fuera verdad que el chico tuviera una gran presencia, pues sus rasgos faciales, estatura y complexión muscular le creaban un porte imponente; sino más bien el modo en que lo había dicho con cierto aire de soberbia y vanidad que no eran propio de su imagen ruda.

    En ese momento entendimos que aun cuando su apariencia y modales podía ser los de un hombre de campo; Antonio era un chico que, al igual que nosotros, le gustaba divertirse y pasarla bien (no podíamos haber conseguido mejor anfitrión durante nuestra estadía).

    —Disculpa, no me pude contener —excusó Leslie su reacción preocupada por haber avergonzado al chico.

    —¡¿Qué pasó?! ¿No me crees? —preguntó el chico fingiendo estar molesto—. Imagina como estaban los demás de feos —agregó sacándonos a ambos una gran carcajada.

    Desde el punto de vista de Antonio sus compañeros eran mayores que él y con modales más burdos y simples, por no estar acostumbrados a tratar directamente con los turistas. Además estaba el aspecto estético; por lo que al ser Antonio el más joven y pulcro de los mozos de exterior sus jefes consideraron que él era la mejor opción para promover, al menos por esos días, en lo que se recuperaba el mercado del turismo.

    —Estoy seguro que no les gustaría que el mismo hombre que extrae el semen del ganado fuera el encargado de llenar sus copas —comentó el chico en tono de broma.

    Este último comentario provocó que en esta ocasión Leslie sí regresara la cerveza por la nariz de manera jocosa para beneplácito del chico. Era obvio que esa había sido su intención al hacer tan insólito comentario.

    —Si ese fue el caso, espero que al menos te hayas lavado las manos —dije yo en tono de broma, aludiendo a que el encargado de realizar tan singular tarea era justamente nuestro anfitrión.

    —Sí, claro que me limpié el semen del toro —agregó el chico al fingir examinar su mano libre por unos segundos como si estuviera inspeccionando su propia higiene personal—; en cambio el mío… —agregó continuando con la broma provocándonos una nueva carcajada al aludir a que recién se había masturbado.

    Aun cuando Leslie y yo nos habíamos hospedado anteriormente en algunos ranchos y fincas campestres, nunca habíamos recapacitado en lo duro de las jornadas laborales de los rancheros; los cuales deberían de efectuar una gran cantidad de tareas que podrían parecer algo escatológicas para nosotros, como limpiar el excremento de los animales o ayudar en su fertilización.

    —Y eso no es lo más duro —continuó relatando el chico—. Imagínense tener que limpiar el trasero de una vaca antes de fertilizarla —agregó sin inmutarse antes de dar un último trago a su cerveza.

    Leslie casi se dobla de la risa con la charla y ocurrencias de Antonio; especialmente cuando el chico simuló oler su propia mano después de su último comentario, la verdad nos la estábamos pasando muy bien con él y creo que él también sé dio cuenta de esto; por lo que su semblante se tornó más relajado.

    Ignoro si esto se debía a que el chico tenía una gran simpatía además de tener casi nuestra misma edad; o al hecho de que mi novia y yo teníamos mucho tiempo anhelando pasar un buen rato con otra persona además de nosotros.

    Entre risas y anécdotas de Antonio terminamos de beber la cerveza para inmediatamente el chico regresar detrás de la barra por una nueva ronda. Por Leslie y yo haber comenzado a beber mucho antes que él, los efectos del alcohol comenzaron a mermar nuestra lucidez y buen juicio.

    —¿Y cómo sobrevivieron al encierro? —preguntó el chico al comenzar a beber la nueva cerveza.

    —Lo normal —respondí yo abrazando a mi novia brevemente por la espalda—, con televisión y mucho sexo —agregué con una risa forzada intentando hacerme el gracioso, lo cual creo no conseguí.

    Antonio observó a mi novia en silencio por un segundo dando a entender que no estaba de acuerdo con mi respuesta (al menos en lo relacionado con lo del televisor).

    —Es lógico con una mujer tan hermosa —dijo el chico con un tono condescendiente en su voz; asintiendo sólo con la segunda parte de mi respuesta.

    —Gracias —agradeció mi novia el genuino halago del chico con una sonrisa cambiando la posición de sus piernas al cruzarlas hacia el otro lado, con la clara intención de atraer la atención de él hacia ellas.

    No estaba seguro si había hecho lo correcto al aludir a mi relación con Leslie en nuestra conversación de ‘amigos’; pues lo último que quería era mostrarme como un novio celoso o posesivo delante de nuestro anfitrión, pues sabía que esto podía terminar súbitamente con nuestra noche. Por lo que en el afán de remediar la situación jalé una tercera silla para sentarme a lado de ellos sin que pareciera que trataba de controlar a Leslie. Lo cual al parecer dio resultado.

    —¿Y cómo es extraer el semen de un toro? —preguntó mi novia sin poder olvidar lo comentado por el chico hacía unos minutos; con evidentes signos de ebriedad.

    —Sabía que me ibas a preguntar eso linda; tienes una mente muy pervertida —dijo el chico con actitud relajada y divertida al saber que se había ganado nuestra confianza—. ¿Alguna vez has masturbado a tu novio?

    Una vez más Leslie se llevó la mano a la boca intentando contener la risa que la indiscreta pregunta del chico le había provocado; pues en su condición de hombre era lógico que Antonio supusiera que yo no desaprovecharía la oportunidad de pedir a mi novia que me masturbara ocasionalmente.

    —Es lo mismo pero con una verga de un metro de largo —remató el chico con una sonrisa sarcástica separando las manos para ejemplificar lo descomunal del pene de un toro.

    Una vez más Leslie se sintió apenada llevándose la mano a su enrojecido rostro (no sé si por la pena o por el alcohol), tratando de ocultar el morbo que le provocaba la imagen que describía nuestro anfitrión.

    —Podemos llenar varias botellas con su leche —dijo el chico refiriéndose a la cantidad de esperma que expulsaba el ganado cuando este era masturbado—. Y antes de que lo preguntes linda; sí, sí lo he probado aunque debo aclarar que eso fue un accidente —remató sacándonos otra gran carcajada.

    Era tanto el volumen de nuestras risas y algarabía que a esas alturas ya me preocupaba que el ruido ocasionado impidiera conciliar el sueño a los demás huéspedes del hotel. Pero Antonio nos tranquilizó señalando lo gruesos que eran los muros de la hacienda por lo que esto era poco probable.

    El chico pasó a relatarnos como, cuando entró a trabajar en la hacienda hacía casi cuatro años, le tocó aprender a las malas muchas de las tareas de la granja.

    —El capataz me ordenó extraer el semen de un toro sólo para desestresarlo —comentó.

    Debido al temperamento de algunos animales era necesario extraerles el semen periódicamente para evitar que estos se pusieran de mal humor; pues no sólo se tornaban peligrosos, sino que también tendían a escapar.

    En esos casos en lugar de utilizar una botella para guardar el semen, utilizaban una especie de capucha con la que envolvían el pene del animal y lo frotaban hasta conseguirlo hacerlo eyacular.

    —Obvio está tarea es más complicada que sólo jalarle la verga a tu novio —enfatizó el chico—; pues si lo llegas a lastimar este te puede llegar a patear.

    —A veces pasa —interrumpió mi novia a modo de broma; haciendo alusión a que en algunas ocasiones ella había salido golpeada cuando me masturbaba enérgicamente; provocando que ahora Antonio y yo soltáramos una gran carcajada.

    La solución para evitar que los animales se tornaran peligrosos era amarrar los pies del toro o caballo al que le estuvieran extrayendo el esperma; o en su defecto doblarle una pata posterior por la rodilla para que el animal no se sintiera confiado de tirar una patada.

    Por ser la primera vez que Antonio realizaba esa tarea no conocía bien al toro que en aquella ocasión le tocó hacerlo ‘feliz’; por lo que inmediatamente se puso nervioso y comenzó a frotarle el miembro rápidamente intentando terminar con la tarea lo antes posible.

    Para su mala fortuna el toro no disfrutó sus precipitadas caricias por lo que este terminó saltando a pesar de encontrarse amarrado por las patas traseras.

    —Para no hacerles el cuento largo la verga del toro terminó escapando de mis manos bañándome con el semen que había alcanzado a salir; cayendo algunas gotas en mi rostro. Bueno, quizás me baño casi por completo —remató el chico entre risas haciendo burla de el mismo sin ninguna clase de complejo.

    Por ser Leslie y yo habitantes de una moderna metrópoli no estábamos acostumbrados con las idiosincrasias y vicisitudes propias de la vida de campo; por lo que la situación que describía Antonio nos resultaba muy graciosa.

    Obvio para quienes si tienen la oportunidad de vivir de una manera más próxima a la naturaleza este tipo de eventos no pasan de ser simples anécdotas en el peor de los casos.

    La amarga experiencia (o dulce, dependiendo del toro), no terminó ahí; pues el capataz de Antonio le ordenó que volviera a frotar el miembro del animal hasta que este terminara de eyacular completamente sin darle oportunidad de limpiarse.

    —No se imaginan lo difícil que fue volver a agarrar la verga del toro estando completamente cubierta con su propio semen —dijo el chico sin inmutarse—; pero nos hicimos buenos amigos después de eso —agregó en modo de broma al aludir que el toro había quedado más que satisfecho con aquel ‘favor’, sacándonos una última carcajada.

    —Ya lo creo que se hicieron buenos amigos después de eso —comenté yo intentando nuevamente hacerme el gracioso.

    Leslie y Antonio sonrieron sólo por compromiso después de haber escuchado mi soso intento de broma. Definitivamente esa noche yo no era el más simpático en ese bar.

    —¿Y a qué te supo? —preguntó mi novia con actitud pícara poniendo al chico en aprietos.

    Antonio casi se asfixia al escuchar la pregunta de mi novia; teniendo que golpearse repetidamente en el pecho con su puño para recuperar la compostura.

    —En realidad no tuve tiempo de saborearlo —respondió el chico con una sonrisa—, estaba más preocupado porque el toro no me golpeara con su verga en la cara; pero creo que me supo un poco amargo, algo parecido al yogur. Sólo espero no tener que volver a probarlo en mi vida —agregó con una sonrisa nerviosa preocupado porque mi hermosa novia pensara que tenía alguna tendencia homosexual.

    En su afán de aparentar ser simpático; Antonio no había considerado la posibilidad de que Leslie se creara un imagen errónea de él, por lo que se apresuró a corregirlo dejando en claro que él era un verdadero hombre. ¡Todo un vaquero!

    —Ese tipo de cosas ocurren todo el tiempo cuando trabajas con animales —enfatizó en tono serio—; pero por nada del mundo me gustaría trabajar en un lugar diferente.

    Desde el punto de vista de nuestro nuevo amigo, los incidentes con los fluidos corporales del ganado eran una picota en comparación con los beneficios de vivir y trabajar al aire libre.

    —No te preocupes, que lo hayas probado por accidente no te hace menos hombre —dijo mi novia tranquilizando al chico—; sólo tenía curiosidad por saber si tenía algún sabor diferente —agregó sin inmutarse refiriéndose al sabor del semen de aquel toro en comparación con el de un hombre. ¡Específicamente el mío!

    Perteneciendo Leslie y yo a una generación que gusta de vivir nuestra sexualidad libres de tabús y prejuicios irracionales; era normal que el asunto del sabor del semen hubiese salido en algunas conversaciones con nuestros amigos.

    —La primera vez que lo probé igual no me supo a nada —confesó mi novia totalmente desinhibida al acomodar su vestido para mostrar un poco más de sus bien torneadas piernas al chico frente a ella.

    —No hablas de mí, ¿verdad amor? —pregunté casi en automático preocupado porque a mi novia no le gustara el sabor de mi semen.

    —Claro que no amor —respondió dando un beso en el aire—. ¿Recuerdas a mi primo Juan? —preguntó mi novia en forma retórica dando a entender que había sido uno de sus primos de quien había probado el sabor del semen por primera vez.

    Con una cerveza en mano Leslie pasó a relatarnos como en aquella ocasión, una apuesta con su primo la había orillado a tener que masturbarlo como pago por haber perdido.

    —Él siempre se me había hecho guapo; pero como era mi primo no me hacía muchas ilusiones.

    Como la mayoría de las personas antes de liberarse sexualmente Leslie veía las normas de la sociedad como algo inquebrantable. Con el tiempo aprendería que pocas personas la siguen realmente.

    —Yo ni siquiera tenía novio en aquel momento, por lo que vi la oportunidad no sólo para ver el pene de un hombre por primera vez, sino también para tocarlo —dijo mi novia entre risas captando no sólo la atención de Antonio, sino también la mía pues yo desconocía esa historia.

    Como Leslie se sentía atraída a su primo Juan, no dudó en aceptar pagar la apuesta una vez que la hubo perdido; pero entre sus condiciones le pidió al chico que se vendara los ojos para no sentirse nerviosa.

    —Sólo se la iba a jalar hasta que se viniera —aclaró mi novia—. No hablamos nada de chupársela o lamérsela.

    El hecho de que su primo Juan tampoco tuviera experiencia con una mujer hizo que este se viniera rápidamente sobre la mano de Leslie, después de sólo unas cuantas caricias de la suave mano de mi novia. Quedando su pene cubierto de una sustancia blanquecina y viscosa.

    —Era espumosa y pegajosa —dijo mi novia al recordar como aquel liquido escurría impregnando su mano cada vez que jalaba el miembro de su primo.

    Excitada por el momento Leslie consideró el probar por primera vez el sabor de aquella tibia sustancia aprovechando que su primo se encontraba con los ojos vendados; pues ella no estaba segura de cuando volvería a tener el miembro de un hombre entre sus manos.

    —Me cercioré de que no me estuviera viendo y con mi otra mano me llevé un par de gotas hasta la lengua —dijo finalmente mi novia doblándose por el vientre al confesar su travesura.

    Según Leslie ni siquiera recuerda el sabor de aquellas primeras gotas. Era tanta la adrenalina del momento que sólo recuerda que se sentía un poco tibia.

    —Claro que se la volví a jalar otro par de veces después de eso y entonces ya le encontré el sabor cremoso y dulce —confesó mi novia sonriendo con actitud desvergonzada.

    La cercanía con su primo le dio a Leslie la oportunidad de repetir la singular experiencia hasta que él se consiguió una novia de verdad.

    —Juan ya no se conformaba con que sólo se la jalara por lo que se consiguió una novia con quien poder coger de verdad, una puta de su colegio —dijo mi novia resentida con su primo.

    —¿Y sólo lo masturbabas? —preguntó Antonio con una sonrisa pícara interesado en saber si mi novia y su primo habían llegado más lejos.

    Según Leslie en aquellos encuentros lo realmente excitante era la adrenalina que envolvía la experiencia de acariciar un pene por primera vez; pues ella realmente no recibía ninguna gratificación sexual directa.

    —Sí solo eso, tampoco te emociones de más cariño —respondió mi novia deteniendo la pervertida imaginación del chico al suponer que ella había llegado a tener sexo con su primo.

    —Es una lástima. De haber crecido por esta zona quizás hubieras podido realizar tu fantasía con tu primo —agregó el chico recordándonos que este tipo de relaciones filiales son muy comunes en las comunidades apartadas.

    Fue sólo hasta que nos hicimos novios que Leslie llegó a desarrollar un gusto por el semen durante nuestras sesiones de sexo. Aunque este gusto era relativo.

    —Si quiero venirme en su boca me hace comer mucha piña primero —dije yo sin ningún tipo de vergüenza; aludiendo a que la dieta del hombre tiene un efecto directo en el sabor de su semen.

    Al parecer el alcohol que había ingerido ya había hecho que afectara mi buen juicio; pues aunque Leslie y yo acostumbrábamos tratar estos temas con nuestros amigos más cercanos, nunca me hubiera pasado por la mente hablar de nuestras prácticas sexuales de pareja con un desconocido. Afortunadamente yo no era el único que esa noche había bebido de más.

    —Gracias al cielo, tengo una amiga nutrióloga que me explicó como hacer para que el semen tenga un sabor dulce —dijo mi novia con actitud divertida estirando la mano para tocar mi rodilla sin darle mayor importancia a mi indiscreción.

    Según la amiga de Leslie una dieta rica en proteínas y carbohidratos ocasiona que el semen de un hombre tenga una saturación de ácidos grasos, por lo que su sabor tiende a ser amargo principalmente. En cambio, al llevar una dieta rica en frutas con un alto contenido de azúcar natural se consigue que el sabor de éste sea más bien dulce.

    —Entonces creo que no te gustará probar el de un toro —dijo el chico a modo de broma con actitud burlona, al escuchar cual era el efecto de los alimentos en el sabor del semen.

    Por la dieta de los animales de granja Antonio dedujo que su semen debería tener un sabor principalmente amargo; pues los animales no suelen comer frutas frescas.

    —Supongo que eso depende de que tan guapo esté el toro y que tan ebria me encuentre —remató mi novia con un tono sugestivo en su voz ocasionando que Antonio y yo soltáramos una gran carcajada; pues implícitamente había sugerido que estaría dispuesta a probar el semen de un animal de granja para comprobar su sabor sólo por diversión—. Sabrás, en las parrandas de la universidad llegué a chupársela a chicos de los que estaba segura que estando sobria ni un saludo les doy —comentó mi novia provocando que el joven mozo y yo estalláramos con otra fuerte carcajada.

    Como siempre la actividad sexual es más que sólo una experiencia física o carnal entre dos individuos; siendo ésta retroalimentada por la parte emocional de los involucrados.

    Era por este factor que Leslie había accedido a masturbar a su primo o practicarle sexo oral a algún amigo sin que aparentemente ella hubiese recibido una gratificación directa; pues con la emoción de aquella experiencia su cerebro había liberado suficiente endorfinas para que hubiera disfrutado de ese evento. Por lo que mi novia fue vaga al responder si se atrevería a probar el sabor del semen de un toro.

    —Como dije eso depende del ‘animal’; si es un buen semental y lo pide gentilmente, puede ser —reafirmó ella a modo de broma sin dejar de sonreír, sin comprometerse del todo, pero dejando espacio para el suspenso. Todos reímos.

    Me resultó curioso que mi novia hubiera utilizado el sustantivo de ‘animal’ para referirse al toro en su último enunciado. ¿Sería acaso que ese fin de semana ella estaba abierta aprobar el semen de otro tipo de animal además del toro, uno de dos patas para ser más exacto? La excitación y el morbo se apoderado de mí, por lo pronto solo podía especular.

    Aun cuando Leslie y yo estábamos pasando un buen rato en compañía de Antonio decidimos que ya era hora de irnos a descansar, pues además de haber bebido demasiado el reloj ya pasaba de la una de la mañana, no sin antes tomarnos la foto de rigor en compañía de nuestro nuevo amigo.

    —Sonrían —dije yo al estirar la mano para tomar la clásica foto con mi teléfono inteligente, donde saliéramos los tres recargados en la barra del bar. Al menos para esto si funcionaba mi teléfono.

    —¿Me puedes tomar una foto con tu novia? —preguntó el chico entregándome su propio teléfono para realizar esto.

    —Claro amigo —acepté yo sin objetar; pues me parecía bastante natural que el chico quisiera un recuerdo de la noche en compañía de mi hermosa novia.

    Me puse de pie para conseguir un mejor ángulo con el cual capturar la imagen en lo que Antonio se colocó de pie a lado de Leslie; pasando su brazo izquierdo por sus hombros, mientras que ella lo sujetó por la cintura con toda la naturalidad del mundo. Tal parecía que eran amigos de mucho tiempo atrás.

    —Sonrían —sugerí antes de tomar un par de fotografías.

    —Gracias —dijo el chico al momento en que le regresé la cámara para que revisara las fotos.

    —Déjame ver —solicitó mi novia exigiéndole al chico que le permitiera ver las imágenes que yo había capturado—. ¡Oh no, que mal salí! —exclamó con falsa modestia; pues recién recordaba que no llevaba ni una gota de maquillaje además de lucir un poco ebria—. Por favor no la subas a la red y mañana nos tomamos una foto mejor —prometió mi novia.

    —De acuerdo —aceptó el chico tomándole la palabra.

    Nos despedimos de Antonio comprometiéndose nuestro anfitrión a darnos un paseo a caballo por la región al día siguiente; oferta que aceptamos pues prácticamente todo ese día no habíamos salido del hotel y teníamos ganas de estirar un poco las piernas (aunque fueran las del caballo).

    —Procuren descansar bien esta noche —recomendó el chico—, que mañana a esta hora serán unos verdaderos vaqueros —agregó en tono de broma.

    —Lo haremos querido —dijo mi novia al acercarse al chico para despedirse con un beso, agradecida por sus atenciones.

    El regreso a la habitación fue algo tortuoso; tropezando con cada objeto que se ‘atravesaba’ a nuestro paso. Ya en nuestra habitación en lo que nos despojábamos de nuestras ropa tuvimos tiempo de conversar un poco acerca de que nos había parecido nuestra primera salida nocturna en meses.

    —¿Te divertiste amor? —pregunté a mi novia en lo que me sacaba los pantalones trabajosamente.

    —La verdad sí amor; bebimos y bailamos bastante —respondió mi novia al recordar haber bailado con los chicos al comenzar la noche—. Y Tony me pareció muy simpático —agregó con una sonrisa traviesa en lo que se despojaba de su vestido sacándoselo por encima de la cabeza.

    —Parece que te agradó mucho ese vaquero —dije yo en tono de broma después de desnudarme y subirme a la cama a esperar por mi novia.

    —La verdad es que sí, me pareció muy apuesto; un poco rudo y descarado quizás. Además recuerda que nos debe que lo veamos desnudo —comentó mi novia dando a entender que pensaba cobrarse la indiscreción del chico al habernos visto a ambos en la piscina, tal como habíamos venido al mundo .

    —Si tú quieres cobra revancha por los dos, yo paso —dije yo argumentando que no me interesaba ver desnudo a un hombre.

    —De acuerdo, como tú quieras. Siempre tuve la fantasía de estar con un vaquero de todos modos —confesó mi novia con actitud pícara una vez que terminó de desnudarse subiéndose a la cama.

    —¿Con un vaquero? —pregunté sorprendido; pues yo no recordaba una ocasión en que mi novia hubiese mencionado esa fantasía; siendo que no teníamos reparo en confesarnos este tipo de cosas.

    A decir verdad, creo que a esas alturas si Leslie y yo hubiéramos decidido ir a la playa en lugar de un rancho ella me hubiera confesado que su fantasía era hacerlo con un pescador; pues desde mi punto de vista mi novia sólo buscaba salir de la rutina. Si hubiéramos ido a la luna me estaría diciendo lo mismo de un astronauta (me pregunto ¿cómo será hacerlo en gravedad cero?).

    —¿No estarás celoso, verdad amor? —preguntó mi novia gateando sobre la cama para recostarse a mi lado con actitud traviesa.

    —Claro que no, el chico me pareció muy amable y gracioso; si quieres desnudarte con él, ese es tu problema —dije aclarando que no me importaba que ella y el chico tuvieran alguna clase de encuentro en el que ninguno de los dos llevara ropa—. Yo sólo espero que ese cabrón no nos haga mañana jalársela a un toro —agregué en tono de broma al recordar la anécdota que nos había relatado sacándole una sonrisa a mi novia.

    Leslie se abrazó a mí tiernamente mirándome fijamente a los ojos con actitud juguetona, feliz de que yo no me mostrara celoso o posesivo después de escuchar su fantasía de estar con un vaquero.

    —¿Qué prefieres? —preguntó mi novia haciendo una pausa antes de terminar su pregunta—. ¿Masturbar un toro o un vaquero? —agregó con una sonrisa sarcástica.

    —¡Qué! ¡¿Cómo me preguntas eso?! —exclamé sorprendido por la extraña pregunta.

    —¡Vamos responde! —insistió ella.

    Sudé frío. No sabía a que venía la pregunta de Leslie y tenía miedo de apresurarme a responder algo que me comprometiera más adelante; pues mi novia tenía la costumbre de utilizar en mi contra cualquier comentario que yo hiciera, sobre todo aquellos relacionadas con el sexo.

    Podría ser que mi novia estuviera considerando la posibilidad de poner un rancho ganadero y quería saber si yo estaba dispuesto a apoyarla; o era sólo que tenía ganas de divertirse un poco a mis costillas apropósito del último tema de la noche: la masturbación del ganado y el manejo del esperma.

    —Si estuviera obligado a elegir, supongo que al toro —respondí una vez que lo pensé bien—. Al menos sé que el animal no se burlaría de mí después de hacerlo —agregué justificando mi respuesta.

    Leslie soltó una carcajada después de haber escuchado mi ingenioso argumento; reclinando su cabeza en mi pecho aparentemente cansada después de un largo día.

    —De acuerdo amor, yo me haré cargo del vaquero —dijo mi novia dibujando una sutil sonrisa en sus labios antes de quedar dormida.

  • Una mañana en el chat

    Una mañana en el chat

    Esa mañana me había levantado sedienta de emociones…, como casi siempre sucedía desde hacía ya dos años…, dos largos años…

    Sentía en mí una incesante sensación de sentirme viva. Anhelaba sentir como la vida traspasaba cada poro de mi piel, y me sacudía la monotonía que mataba día a día a la mujer sexy y exuberante que luchaba de forma infernal por salir a la superficie, y poder tener algo de protagonismo en mi agónica rutina diaria.

    Debatiéndome entre la Mónica ama de casa y madre responsable, y la mujer seductora, sexy y con ganas de devorar la vida…, así es como afrontaba esa “magnifica” mañana de diciembre. Tras una lucha encarnizada entre mis dos “yos”, finalmente, y tras una derrota poco decorosa de mi yo más formal, ganó la sexy y exuberante Mónica que quería comerse la vida a mordiscos. Así tomé la firme decisión de sentarme frente al ordenador, poner en el buscador «chat de amistad», y decidí una vez más aprovechar mi flamante victoria hasta sus últimas consecuencias.

    No era la primera vez (por suerte) que ganaba la batalla la Mónica seductora y sexy, y doy gracias a Dios por eso… Creo que no seguiría viva si no fuera así. Siempre que sucedía este maravilloso y milagroso acontecimiento, entraba en un chat de amistad y buscaba desesperadamente eso que tanto anhelaba y que creía que solo era producto de mi imaginación…

    ¿Os preguntáis que era?

    Buena pregunta… Yo también me lo preguntaba. Me di cuenta de que, sistemáticamente, cada vez que entraba en un chat y hablara con el hombre que hablara, siempre acababa, a pesar de mi resistencia (os prometo que me resistía), expresando mi anhelo más profundo. De esto os hablare más tarde, pero creo que no sería justa si no resumiera de forma muy ilustrativa la jungla, fauna y flora, que se puede encontrar en un chat tan “inocente” como puede ser un chat de amistad…

    Puedo prometeros que siempre que entraba, lo hacía con renovada ilusión, pues a pesar de la múltiple variedad de especímenes y caballeros de armadura reluciente que me había encontrado, yo siempre creía que cada vez que buceaba por aquel mundo inhóspito, era una nueva oportunidad de encontrar “algo”. ¡Ains! Ese “algo” me estaba matando.

    Bien, no me desviare del tema, se me da genial divagar, que se le va a hacer… es parte de mi naturaleza, la cual me permite viajar fuera de mis propios patrones…, y soñar que hay algo más! Algo que todavía no he encontrado, ¡dios! lo vuelvo a hacer… vuelvo a divagar y a hablaros de mi “algo”. Bien… Prometo ser más responsable de ahora en adelante, y adherirme al relato estrictamente descriptivo… Bueno, al menos lo intentare, aunque no prometo nada duradero… Jajaja!… Ya veis, que de tanto chatear, tengo “deformación profesional”, y ya escribo como hablo en los chats, aunque me figuro que nos será muy útil para la historia que os contare.

    Bien, reconduciéndome a la historia…, a ver si ahora consigo no divagar… Os contaba que he encontrado de todo en los chats, por ejemplo, hombres dulces y esponjosos como los osos amorosos, lo cual si necesitas casarte y tener una casita de fresa y chocolate es genial, pero como ya os habréis dado cuenta a la Mónica sexy y seductora esto le valía de más bien poco. Sentía que necesitaba más emoción. Así, una vez detectado el error y subsanado con gran eficacia (hay que reconocerlo), decidí poner en el chat una energía más… digamos de forma suave, más tenebrosa.

    Claro está, no sé por qué me sorprendió, que entonces empezaron a llegarme hombres que practicaban el BDSM. Para los pocos instruidos en el tema, como lo era yo entonces, esto significa por sus siglas en inglés, bondage -atamientos ‘eróticos’-, dominación, sadismo y masoquismo.

    Me di la oportunidad de hablar con algunos de esos hombres, y enseguida mi percepción fue, básicamente, esta disciplina es, traducido a cristiano: el dominante hace lo que le da la real gana con el sumiso, y además para más inri el sumiso solo puede obedecer y estar sumamente agradecido por dejarse hacer casi cualquier cosa, y por no poder decir ni mu al respecto. Bien, no creáis que no analice detenidamente explorar esta posibilidad, por las múltiples sensaciones que pude intuir… Ni de coña, me dije. Salí por patas, tan deprisa como pude, descartada una posibilidad más de explorar mi personalidad oculta. Sentía que se iban deshaciendo poco a poco mis posibilidades de encontrar mi “algo”, y no saber si lo encontraría o si existiría. Esa incertidumbre me estaba matando.

    ————————-

    Aun así, decidí (como buena guerrera que soy) no rendirme, y seguir explorando aquel mundo, que a pesar que era muy ajeno a lo que yo conocía con respecto a cómo se establecen las relaciones entre humanos, decidí que era una oportunidad de oro para encontrar en el basto mar de humanos nadando a la deriva, ese “algo” que no podía quitarme de mi cabeza, sobre todo si analizamos la realidad más brutal que se me imponía, yo vivía en un pequeño pueblecito perdido en una comarca pequeñita, en la que la posibilidad de encontrar mi “algo” se reducía drásticamente entre una población no más grande de 200 habitantes en la cual el 70% de las personas que respiraban eran mayores de 70 años.

    Con este panorama, el basto océano inhóspito de los chats no parecía tan mala idea, mi madre siempre decía: apurada te veas… una vez asumida tan dolorosa sabiduría popular y analizando todos los recursos de los que disponía, que si soy sincera no eran muchos, decidí de forma firme no ¡doblegarme ni rendirme! y seguir pese a toda inclemencia, navegando.

    Para ser sincera y veraz tengo que reconocer que conocí a personas estupendas y maravillosas, cada una me traía algo diferente y único, y aprendí que esas personas me aportaba un maravilloso y único color a mi paleta de colores, y además de encontrar colores radiantes y vibrantes me dieron sin saberlo pistas para encontrar ese “algo” que seguía buscando y que cada vez se reafirmaba más en mi alma, a la vez que parecía ser menos posible que existiría, me fui dando cuenta que ese “algo” que buscaba era encontrar en una sola persona todos los colores juntos… el arco iris completo, ya sé lo que me vais a decir… que eso no existe que soy una ilusa y que de pequeña vi muchas pelis de Disney, quizás tengáis razón, pero no me quitéis la ilusión, ya podréis ir comprobando que una gran fuente de alimento para mí, es pensar que la magia se puede manifestar de cualquier forma y en cualquier lugar, y estoy decidida a encontrar mi arco iris (lo he cambiado por el “algo”) que he decidido que me da más cache como escritora, no creéis…?

    Una vez que me he elevado en la categoría de escritora… ya me siento con la capacidad de seguir con el relato. Preparada para asumir mi búsqueda de forma consciente, ¡si he dicho consciente! Esa palabreja la voy a empezar a usar más veces, aunque solo me sirva para rellenar este texto con palabras intelectuales y que suenan muy elaboradas.

    Bien, una vez armada de valor y con escudo y espada afilada, como guerrera que se precie, ya estaba preparada para empezar a contaros eso que paso una mañana “magnifica” de diciembre y que cambiaría mi vida; mi pasado, mi presente y mi futuro para siempre.

    Entre una vez más al chat… ese día pensé seriamente en dejar de ser una ilusa soñadora y resignarme a aceptar que ese “algo” ahora convertido en “arcoíris” (que ya hemos quedado que me aporta cache), no existía y que era hora de bajar a los mundos realistas y aceptar la más cruda realidad… lo que yo buscaba no existía. Por suerte decidí que ese día no era en el que me rendiría y me arme de valor y entre nuevamente al chat. Empecé como siempre…un “buenos días” discreto y tímido, pues siempre era mi forma de hacerme ver, no me gustaba ser muy llamativa en el chat común, me encantaba sentir todo lo que podía surgir de un simple “buenos días”, mi chat empezó a tener algo de vida, cada vez que se abría una ventana privada no podía evitar sentir en lo más profundo de mis tripas que ese día podía ser en el que mi suerte cambiara y algo distinto y excitante pasara.

    Tengo que reconocer que los primeros chats eran más de los mismo… algunos más majos que otros, abundantes ofertas de sexo matutino y poco más que eso. Me disponía a abrir un chat más que me acababa de tintinear como recién llegado, su nombre a priori no era nada del otro mundo, “Adrián” he de reconocer por más que me pese que, aunque su nik no era nada del otro mundo y en otras ocasiones un nik tan soso habría sido descartado sin contemplaciones, algo me hizo abrirlo, os diré que lo que vi en aquel chat, lo primero me desconcertó y luego me genero una mezcla entre curiosidad y por que no decirlo… algo de morbo. Era el comienzo de una especie de relato en el que alguien me proponía una entrevista de trabajo y me preguntaba si aceptaría trabajar para una gran empresa….

    ¿Cómo se os queda el body? Yo no entendía muy bien que significaba lo que estaba leyendo, era una propuesta literal, totalmente profesional ofreciéndome trabajar para una gran empresa y ser la secretaria personal del dueño de la empresa, después de describirme con detalle el puesto de trabajo, me pregunto si querría trabajar para dicha empresa, y yo de momento decidí seguir el juego y decir que sí aceptaba, (quería saber dónde me llevaría tal propuesta) reconozco que cuanto menos me pareció original y estimulante, así que me deje llevar, total la mañana no estaba siendo demasiado productiva, cuando acepte el puesto de trabajo la secretaria que se “supone” que me estaba entrevistando, me dijo que a continuación tendría una entrevista personal con el dueño de la empresa para especificar con más detalle todos los puntos del contrato… Imaginaros que ahí, ya pude empezar a olerme que la acción empezaría a manifestarse de forma prominente y he de confesar que aunque no tenía ni idea de que iba todo eso, me sentía muy interesada en saber las condiciones específicas del trabajo y por supuesto saber el aspecto físico de mi jefe… creo que esta última parte era la que más, muy muy me interesaba, jajaja.

    Hasta ese momento en todo el relato mi única interacción con la otra persona, fuera quien fuera (hombre o mujer) se había limitado a responder un sí, a la pregunta de si aceptaba el trabajo, y ya me estaba hirviendo la sangre por poder interactuar más con aquel “ser” (cuyo nik era Adrián) que se encontraba al otro lado de dicho chat, esperaba impaciente a que me hicieran pasar al despacho de mi “nuevo jefe”, y saber de qué iba todo eso.

    No se describiros muy bien en la situación que me encontraba cuando me llevaron en presencia del tal “Adrián” y empezó a hablarme él en persona… no sabía si me sentía en medio del rodaje de 50 sombras de grey, no sé cómo una se sentiría en esa situación, pero lo que si os puedo decir es como me sentí yo… empezó a hablarme y a describirme con “más” detalle, las condiciones “especificas” del contrato, y para ahorraros los detalles menos importantes, os diré que básicamente me proponía trabajar para él, y el requisito fundamental era ir siempre desnuda y acompañada de otras secretarias en mis mismas condiciones, en ese momento sentía una mezcla de emoción/curiosidad/excitación que no podía gestionar adecuadamente y no sabía bien de donde procedía tal mejunje de emociones, si procedía de la situación en sí (la cual me pilló por sorpresa) quien diría que me había pasado meses pidiendo algo de emoción, y ahora que la tenía servida en bandeja… me había pillado en paños menores.

    Bien obviando mi incompetencia para gestionar todo lo que estaba sintiendo, me arme de valor y coraje (o eso al menos pretendía) y como buena guerrera que soy me propuse salir airosa de aquella situación, que no se dijera…Y al menos de cara al tal “Adrián” me llene de dignidad y le dije: ¿Que sueldo me pagaría? Y él me respondió que el que marca la ley, he de confesar que eso me indigno, pues el trabajo con tantas “especificaciones” no se encuadraba en ningún convenio laboral, y le dije que con ese salario no sería posible… el sin vacilar me contesto que pusiera yo el precio adecuado, que eso no sería un problema, no os voy a detallar la cantidad acordada para salvaguardar mi dignidad, que tampoco es que voy sobrada de eso ni de nada.

    Una vez acordado salario, me dijo que empezaría a trabajar en ese mismo instante… como podréis estar imaginando, se me aflojaron las entretelas y todo lo que podía temblar, se puso a temblar. Él sin más dilación empezó a darme ordenes (sutiles pero contundentes), antes de especificar qué cosas me demandaba, quiero poneros en contexto. Estaba de pie en medio de un despacho que cuando menos era intimidante y con mucho carácter, decía mucho de su dueño, y la palabra dueño es muy apropiada, pues Adrián siempre es dueño de todo lo que desea o se propone.

    El despacho estaba medio en sobras, al menos la parte de su escritorio, él estaba delante de la mesa de su escritorio, de pie, yo le percibía medio en sobras, solo conseguía vislumbrar parte de sus rasgos y su anatomía, eso me hacía sentirme más nerviosa si es que eso era humanamente posible, y con más inquietud y ansiedad por saber más o sentir más… esto no es digno de mi (y os aseguro que yo solía ser muy digna) pero es que esa situación desbordaba todo lo que yo habría imaginado, sin tener ni idea de donde me llevaría todo ese vendaval de sensaciones, lo único que quería era controlar de la forma más digna en la que fuera capaz mi deseo y mis pulsaciones, que dicho sea de paso se iban incrementando por segundos.

    Una vez descrita la escena hasta en ese momento… ya se, ya se, me vais a decir que se queda coja la descripción, pero es que yo tampoco tenía nada más hasta ese momento, solo podía dejarme arrastrar por lo que sentía en ese momento y confiar que todo eso me llevara a buen puerto…o quizás lo que quería de forma muy profunda era todo lo contrario, navegar por aguas turbulentas y sin control a la deriva, os puedo asegurar que muy pronto lo descubriría…

    Adrián comenzó a hablarme y a darme ordenes muy concisas y explicitas, ya iréis descubriendo que Adrián no goza de la virtud de pedir, más bien todo lo que expresa son ordenes, aunque os pueda parecer que es un machista o un desconsiderado, os puedo jurar por lo más sagrado, que sus órdenes sonaban a peticiones divinas, y llenaban mi ser de anhelos y deseos no confesados. Comenzó a decirme que me quitara la ropa y me quedara en ropa interior, yo no sabía si salir corriendo de allí con las pocas fuerzas que me quedaban, o rendirme al momento más erótico que jamás había vivido hasta el momento (os confieso que fue el primero, pero ni de lejos fue el más intenso ni el más erótico que viviría) como buena guerrera que soy y para no decepcionaros, me quede… que sería de mi reputación después de tanto cacareo de querer vivir algo excitante, que a la primera de cambio saliera corriendo, bueno ahora justificada de forma muy contundente mí no huida… Tomare un momento de aliento, y comenzare a contaros la historia de amor más grande que jamás anhele pudiera existir, llena de deseo, pasión, sexo, desenfreno, locura, morbo y en muchas ocasiones rozando la locura o el delirio.

    Segundo Capitulo – Choque de titanes

    Aquí comienza la historia en mayúsculas, os pido perdón por tomarme la licencia de alargar el comienzo, pues necesitaba tomarme unos instantes infinitos para poder seguir contándoos como empezó todo… a partir de aquí las cosas dejan de ser frívolas y se convierten en trascendentales y transformadoras, todo lo que os contare en las siguientes líneas y capítulos, cambio la percepción de mi vida, del mundo y hasta de lo que yo percibía como la existencia de la vida en sí misma.

    Comenzaremos como toda buena obra, de menos a más, in crescendo (se aplica a lo que avanza progresivamente, cada vez más rápido o más intenso) no puedo describirlo de una forma más concisa y explicita, todo lo que desde ese instante sucedió fue “in crescendo”, hasta llegar a los confines de la razón, de la locura y del amor en mayúsculas.

    Comencemos…

    Adrián me ordeno que me quitara la ropa y me quedara en ropa interior, su voz cuando empezó a hablar era dulce y serena, a la vez que desprendía una seguridad y una energía abrumadora, ya solo la vibración de su voz me abrumo, no quise ni pensar que más tendría que asumir… y recién comenzábamos.

    Yo con toda la valentía de una guerrera despojada de sus armas (pues es indecoroso aceptarlo, acabábamos de comenzar y ya no tenía ninguna defensa) empecé a bajarme la cremallera de un vestido ceñido de color negro de raso, con escote palabra de honor, baje mi cremallera muy despacio, mirando a Adrián a los ojos me arme de valor y puse mi cara más seductora, como si esa vivencia se me quedara “pequeña”, nada más lejos de la realidad, pero no era plan de además de estar indefensa, demostrarlo, ¡al enemigo ni agua!, empecé a deslizar por mis hombros el vestido que fue resbalándose por mi cuerpo hasta caer al suelo, Adrián me miraba fijamente a los ojos, no bajo ni un solo segundo su mirada al resto de mi cuerpo, no podía suponer que el hecho de que no mirara mi cuerpo semidesnudo me pondría más nerviosa que si lo hubiera hecho, eso hizo que mi respiración se acelerara aún más, él estaba en silencio clavando sus ojos en los míos, se fue acercando poco a poco a mí, entonces pude percibir más su rostro, su forma de vestir y su olor… dios mío!!! Su olor, eso me dejaría marcada para siempre.

    Según se iba acercando lo primero que percibí fue el color de sus ojos, un chocolate intenso, que parecía no tener fondo, cuando clavaba su mirada en la mía, sentía como si me sumergiera en las profundidades de un océano de sensaciones indescriptibles para mí, se acercaba muy despacio y en silencio, se detuvo a unos tres pasos de mí, entonces comenzó a bajar su mirada… lentamente, sentí como percibía cada rasgo de mi cara, cada centímetro de mi piel, como detenía su mirada en cada recoveco de mi cuerpo, o más bien de mi ser.. porque sentía que no solo miraba mi cuerpo, sino que se adentraba hasta lo más profundo de mis entrañas, de mis deseos, de mis emociones más animales. Os puedo jurar que creí que me desintegraría en aquel instante, sentí que era eterno, era el momento más excitante que jamás había sentido, sabía que aquel ser que acababa de irrumpir en mi vida, cambiaria todo para siempre, aunque no lograba darle algún tipo de coherencia a todas esas certezas que se clavaban en mí de forma inevitable.

    Cerré los ojos por un instante para intentar recomponer y controlar todas aquellas emociones que me sobrepasaban, entonces fue cuando percibí su olor, no os puedo describir a que olía, jamás había sentido un aroma así, me embriagaba y me hacía sentir aun si cabe más deseo por tocarle o besarle, no os puedo decir si aquello que percibía era el resultado de un perfume o era el olor que desprendía su esencia, me podréis decir que estoy loca pero yo me decantaría más por la segunda opción, aunque no puedo descartar que fuera una mezcla de ambas posibilidades.

    Cuando sentí que ya no quedaba ningún espacio de mi ser para recorrer son su mirada, fueron escuchados mis ruegos… comenzó a acercarse a mí, yo deseaba desde lo más profundo de mi ser que se acercara a mí, que me dejara sentir sus manos, su piel, su boca. Volví a cerrar los ojos, pues no podía sostener cada vez que me miraba de forma tan profunda e intensa, sentía como su esencia se acercaba más y más a mí, sentía su calor, su respiración profunda y pausada, su aroma era aún más intenso si es que eso era posible, me embriagaba y me aturdía, sentí como su aliento me llegaba cálido y dulce en mi nuca, estaba detrás de mi… todavía no había rozado ni un solo centímetro de mi cuerpo y yo ya sentía que me estaba haciendo el amor de forma intensa, comenzó a susurrarme al oído que era preciosa, y que quería que me quitara el resto de la ropa interior, el seguía sin rozar ni un solo pelo de mi cuerpo, cuando me hablaba al oído su voz se colaba hasta lo más profundo de mí, sentía que recorría todo mi cuerpo y su vibración hacía que yo comenzara a fluir de una forma irrefrenable.

    Comencé a quitarme la ropa interior, sentía que con cada corchete que soltaba de mi sujetador, también soltaba estructuras y prejuicios que había en mi interior, de alguna forma inexplicable, aquella experiencia hacía que en el fuego de la pasión que sentía ardieran mis conceptos de lo que moralmente está establecido como honorable, saltaban en mil pedazos todos los condicionamientos y barreras que había construido durante toda mi vida, sobre lo que está “bien” o “mal”. Cuando mi tanga resbalo por mis piernas hasta el suelo, sentí que con el caían todos los tabús que habían condenado a mi sexualidad a una tediosa normalidad y castrado a mi cuerpo a sentir la vida y el sexo de una forma brutalmente intensa y arrolladora.

    Cuando estuve totalmente desnuda, Adrián comenzó a respirar de forma más intensa y acelerada, seguía sin tocar ni un centímetro de mi piel, pero yo ya sentía de una forma inequívoca que todo su cuerpo luchaba con uñas y dientes para resistir el deseo de tocarme. No recuerdo con claridad el traje que llevaba, pero sé que llevaba un traje, y una camisa, tenía algunos botones desabrochados, cuando se acercó más a mi espalda sentí el roce de su camisa entre abierta en mi piel, y eso me hizo sentir un profundo escalofrió por todo mi cuerpo…sentía a través de su camisa abierta el calor de su piel, su respiración se aceleraba y se hacía más profunda, me pidió que con la yema de mis dedos tocara mi entre pierna, que le dijera que sentía, yo gritaba en silencio que lo que deseaba es que fueran sus dedos quien lo hicieran, pero fue un grito sordo que solo oyeron mis entrañas, de algún modo que no puedo explicar, mi voluntad se veía de alguna manera afectada seriamente por sus deseos, me sorprendí tocando mis muslos por la parte interior y sentía como fluía en mi todo el fuego que él despertaba. Adrián me pregunto: ¿estás mojada?… creo que lo sabía sobradamente, le conteste rozando mis dedos por su pierna y dejando que sintiera todos mis fluidos en él, quería que sintiera mi aroma y se envolviera en el fuego que me quemaba, era lo justo, pues él era el causante de semejante despropósito.

    Sentí como mi humedad en su piel, le dejo sin herramientas para seguir resistiéndose a tocarme, bendito cáliz que manaba y bajaba entre mis piernas…

    Se puso de cuclillas, seguía detrás de mí, y empezó a rozarme de forma muy sutil en la cara interna de mis piernas, empezando por mis tobillos y subiendo de forma muy lenta por la parte interior de mis piernas, en un momento sin palabras me agarro de los tobillos y me abrió las piernas, dios!!! no os puedo describir lo que sentí, ese momento fue una mezcla de erotismo y seducción a la vez, sentí todo su poder, y a la vez sentía su deseo por que fuera suya, por ser dueño de mi cuerpo, pero lo más importante… quería ser dueño de todo mi ser, y a la vez sin decir una palabra sentía como su ser rogaba por mezclarse con mi esencia, en un juego macabro y consciente; el cazador y la presa estaban siendo vencidos por el deseo mutuo de mezclarse y entretejer una sola maraña que los apresara a ambos.

    Cuando empezó a subir por mis piernas con la yema de sus dedos, mi deseo ascendía a la vez que sus dedos, y sentía que no podría parar aquel desenfreno sin sentido que se había apoderado de mi mente y de mi alma. Sentí que si no salía huyendo de allí como alma que llevo el diablo, jamás podría salir de su influjo, y que esa maraña me atraparía para siempre.

    Me asusté tanto, que le dije que me tenía que ir de inmediato, no pudo reaccionar, recogí mi ropa y salí huyendo de aquel lugar.

    Aterricé con mi consciencia de golpe en la realidad más dura, estaba sentada delante de mi ordenador y con mis dedos puestos en mi teclado, cuando pude ser consciente de todo lo que me había sucedido, salí del chat general tan pronto como pude y apagué el ordenador. Las piernas me temblaban cuando me levante de la silla del escritorio y solo había una pregunta en mi cabeza… ¿que era todo aquello que había pasado?

  • El sueño de Martha

    El sueño de Martha

    1.

    —¿Te falta mucho? —preguntó Constanza besándole el cuello.

    —Es que no puedo con condón… siempre tardo más. ¿Me lo quito? —Benjamín detuvo bruscamente las arremetidas y se separó un poco de ella. Constanza sopesó la pregunta de su joven su amante y se quitó el sudor con la mano.

    —Ya te dije que no me gusta que lo hagas sin condón.

    —Si te gusta —, respondió devolviéndole los besos en el cuello —ándale, así nos tardamos menos. —Constanza odiaba que la chantajeara de esa manera, aunque por otro lado, le encantaba sentir su virilidad a pelo.

    —Si no terminas en 10 minutos nos vamos a ir así, y quién sabe hasta cuándo volvamos a hacerlo. —Benjamín se incorporó rápidamente y se quitó el preservativo, arrojándolo a la papelera que estaba junto a la cama. Le pasó el pene a lo largo de la raja varias veces, sobándole el clítoris con el glande. Constanza cerró los ojos y se acarició sus enormes pechos, algo molesta por la manera como la podía manipular tan fácilmente, pero ¿cómo decirle que no? Y sobre todo, ¿cómo resistirse a semejante herramienta? —Métemela, Benji, deja de jugar.

    Le agarró las tetas con firmeza y le clavó la verga hasta el fondo. Constanza gimió fuertemente, arqueando la espalda. Ciertamente, Benjamín estaba mejor dotado que su esposo, por lo que cada sensación era mil veces más placentera. Además, la manera como la penetraba y la cambiaba de posición súbitamente la volvían loca, tornando casi cada encuentro en una maravillosa “primera vez”. Sus movimientos eran firmes y con cada empujón llegaba un poco más adentro de su madura vagina; jamás imaginó que sería el deseo más ardiente alguien tan joven. Sus tetas bailaban al compás de sus empujones y los gemidos se hacían más intensos cada vez.

    —¡No te corras dentro! —gimió Constanza cuando aumentó el ritmo —Córrete afuera, amor, por favor… —Él no dijo nada y después de un par de arremetidas más, sacó el pene justo a tiempo para eyacular abundantemente en su vientre y parte del ombligo. Constanza levantó la cabeza para ver como su amante “exprimía” con la mano los últimos chorros de semen que fueron a parar a su monte de venus. —¡Pero si no aguantaste nada! —Exclamó entre risas, y apenas terminó la frase cuando Benjamín introdujo dos dedos en su vagina y comenzó a penetrarla. Ella gimió con la boca abierta y se detuvo de la cabecera de la cama. Se recostó junto a ella y la besó mientras movía los dedos como gancho, acariciando su clítoris con el pulgar. No pasaron ni 2 minutos, cuando le apartó la mano bruscamente para correrse, arqueando la cintura; fue un orgasmo violento y prolongado. Benjamín la besó nuevamente y se quedaron un rato así, acariciándose, con la ternura de dos amantes que apenas conocen su cuerpo.

    —¿Ya te tienes que ir, verdad? —preguntó sobándole los pezones, que no habían perdido su dureza.

    —Desde hace rato, jovencito —le dio un beso en la mejilla y se levantó de la cama de un salto. Recogió su ropa interior y fue corriendo de puntillas al baño. Benjamín se recostó en la cama y le sacó un paquete de cigarrillos de su bolso. —¿Vas a venir en la noche?

    —No. Tengo práctica todavía. —Constanza asintió arreglándose el cabello y lo miró a través del espejo. Su pene seguía erecto, acomodado sobre su muslo.

    —Ya volví a subir de peso otra vez. Esto no me quedaba así hace un mes. —Se quejó abotonándose la blusa con algo de esfuerzo, sin dejar de mirarlo. Benjamín notó como se veía en el espejo y se levantó para abrazarla por detrás, apoyándole el bulto con fuerza en las nalgas.

    —Hace un mes no estábamos cogiendo… Así estas bien. Así me gustas.

    —Benji… Ya me tengo que ir. Y tú también —gimió cuando las manos de Benjamín acariciaron sus pechos por debajo de la blusa. Le besó el cuello despacio, dándole ligeros lengüetazos. Eso le encantaba a ella y le ponía la “piel de gallina”. Su aroma le parecía fantástico, y aunque casi se había bañado en perfume, quedaban esos restos de sudor que delataban su pecaminosa intimidad. —¿Nos vemos mañana para comer?

    — Antes. Solo tengo dos clases por la mañana.

    —Me avisas, entonces. —Constanza se giró y al abrazarlo le dio un largo beso en los labios. Tomó su bolso y salió de la habitación.

    2.

    Justo cuando Constanza entró al estacionamiento, vio a Martha, su hermana, que ya estaba esperándole junto a la entrada del aeropuerto. Apenas detuvo el auto, la mujer arrojó las maletas al asiento trasero y entró a toda prisa. No se veían desde navidad y por la expresión de su rostro había mucho que contar.

    —¿Cómo esta Álvaro? ¿Ya se resignó a su calvicie? —preguntó Martha en tono burlón. A su hermana le hacía mucha gracia la manera como su cuñado, el esposo de Constanza, estaba perdiendo el cabello y no habían dejado de hablar de eso en días. Siempre fue un hombre vanidoso cuyo terror era, en efecto, quedarse calvo.

    —Ya lo conoces. No tardará nada en usar peluquín. Anda de gira en Pachuca, por lo de la nueva constructora. —contestó con la mirada fija en el semáforo.

    —Gilberto también ya empezó a perder cabello. Apenas y tiene canas, pero no se le nota con el sombrero.

    —¿Lo mandaron otra vez de misión? —Martha guardó silencio un momento como si no hubiera escuchado la pregunta.

    —Tiene rato queriendo subir de rango. Ya no soporta al general. Ojalá se lo den… ¿Y tu crío? Pensé que nos acompañaría ahora. —Constanza entendió la indirecta de su hermana y decidió no tocar más el tema. Pero la mención de su hijo le provocó una extraña sensación en el estómago.

    —En la escuela, todavía no se desocupa. Hablé con él en la mañana y te mandó saludos.

    —Por fin encontró algo que le gusta… Por cierto ¿Si terminó con Leticia? No quiero preguntar una imprudencia cuando lo vea. —Apenas y escuchó la pregunta de su hermana pues entre los transeúntes le pareció ver a Benjamín. No pudo evitar sentirse acalorada por la visión ni tampoco humedecer su entrepierna. Estaba segura de que aún tenía restos de semen en el panty y movió las piernas para sentir los fluidos embarrados en la tela. Había durado más que otras veces y eso le encantaba. Le parecía formidable. El tacto de sus manos permanecía en todos sus rincones y, sobre todo, la calidez de su lengua explorando cada milímetro de su raja.

    Las palabras de su hermana se perdían en la imagen fresca de su polla entrando y saliendo de ferozmente de ella en cada embestida que le dio en esa habitación de hotel; deseó haberla mandado en Uber con cualquier pretexto. “Podríamos estar cogiendo ahora mismo”, pensaba mientras seguía en automático la plática sosa de su hermana. Llegaron nuevamente a otro semáforo y aprovecho para acariciarse disimuladamente los pechos, recreándose aún en cada minuto de su encuentro. Notó que sus pezones estaban duros y, al tocarlos, se humedeció aún más. Se moría por llegar a casa y masturbarse en la ducha.

    — …Tierra a Constanza, ¿hay alguien ahí?

    —Perdona, Martha —exclamó espabilándose—, es que el trabajo me trae loca…

    —El trabajo… ¿Y ese “trabajo” es güero o moreno como Álvaro? —Constanza fingió reírse y le dio un codazo a su hermana. Estaban a unos minutos de llegar a casa por fin.

    Pasaron la tarde poniéndose al día y por la noche cenaron en el pequeño patio trasero. Nuevamente, se mostraba distraía pues no podía esperar a quedarse sola y tocarse recreando cada minuto de su reciente encuentro; después de correrse un par de veces, se quedó dormida desnuda con el masajeador aun entre sus piernas.

    3.

    Eran las 8 de la mañana cuando sonó el móvil de Constanza. “Buenos días. ¿Nos vemos para comer, entonces? Aunque preferiría comerte a ti. ¡Ya te quiero ver!”. Decía el mensaje de Benjamín. Constanza sonrió ruborizada y de inmediato contestó con emoticones de besos. “Buenos días, mi vida. Aunque buenos los empujones que me das (jajaja). Me dejaste con las ganas noche, mi amor. Muero por verte”.

    —¿Interrumpo algo? —Dijo Martha al entrar a su habitación intempestivamente. Su hermana arrojó el móvil a las sábanas y fingió desperezarse.

    —Buenos días, Martha. ¿Se te olvido tocar?

    —¿Vamos al centro a desayunar? Quiero comprar un par de cosas…

    —Vale. Me doy una ducha y estoy contigo. —Una vez que logró sacar a su hermana de su habitación, tomó el móvil y se encerró en el baño. Tenía dos llamadas perdidas de Benjamín.

    “Perdona, corazón. Martha entró y no podía cortarle el rollo. ¿Ya desayunaste?” Se sentó en el sanitario esperando respuesta como lo haría una colegiala, a escondidas de sus padres. Solo que en sus tiempos no había teléfonos celulares, sino notitas en hojas de cuaderno. Recordó cuando ella y Álvaro tenían una relación mas romántica y viva, hasta que los asuntos de la iglesia lo fueron consumiendo al grado de convertirlo, como ella decía, en un beato. A su esposo no le caía en gracia que criticara su lado espiritual y al cabo de largas discusiones terminaba todo en gritos y portazos. Así fue como se alejó de él y terminó acercándose a Benjamín, o más bien, sobre él.

    El celular vibró y al abrir el mensaje, apareció un video corto de Benjamín, masturbándose lentamente con la verga totalmente dura. Constanza se humedeció rápidamente reproduciendo el video varias veces. Aquel palo de escoba que acariciaba lentamente la tenía tan embelesada, que cedía fácilmente los caprichos de su joven amante. El paulatino abandono de su esposo la hizo fijarse en él hasta que, sin darse cuenta, un día se descubrió verdaderamente enamorada. Su trato cariñoso y gentil, aunado a sus constantes atenciones la cautivaron hasta la médula pues hacían una diferencia abismal con la sosa convivencia con su esposo. Sabía que estaba terriblemente mal, pero no podía evitarlo.

    Se quitó el panty y abriendo las piernas empezó a tomar video, acariciándose lentamente toda la extensión de su madura vagina. Estaba depilada pero ya brotaban algunos bellos, formando una pequeña sombra en su monte de venus. Se acariciaba el clítoris y se introducía la punta del dedo índice en su húmeda cavidad. Amaba recibir esos mensajes y, sobre todo, contestarle de la misma manera. “¿Te espero en la tarde, cariño?” Le escribió con el video. Pasados unos segundos contestó. “Que ricura. ¡Te quiero comer toda ahora mismo! Si, nos vemos a las 5 donde siempre. Tengo clase ahorita, pero ando cachondo”. Constanza sonrió ruborizada y le mandó una foto de sus pechos desnudos. Las aureolas se veían particularmente grandes y las venas de sus pechos se notaban más que otros días. Tenía los pezones duros como piedra. “Te esperan en la noche, cariño. ¡Mucha suerte en tu examen! Prometo recompensarte como te gusta…” Concluyó con un emoticono de un durazno y gotas de agua. Le puso play al video y se masturbó hasta correrse, tratando de no hacer ruido.

    La mañana se fue entre tiendas y recorridos largos por el centro. Le hacía bien la convivencia con su hermana, pero no podía dejar de pensar en Benjamín. Por un momento lamentó que el viaje de su esposo coincidiera con la visita de Martha, aunque eso le ayudaba a cubrir sus “huellas” y evitar sospechas. No estaba orgullosa de lo que hacía, pero tampoco se arrepentía en absoluto. Cerca de las 3 de la tarde regresaron a casa; casi era la hora de su cita y tenía que arreglarse bien para él. A escondidas de su hermana había comprado un par de conjuntos en una tienda de lencería que sabía le gustarían. Después de escoger la que mejor le pareció para la ocasión, la guardó cuidadosamente en su bolso junto con un paquete de condones. Tenía que cuidarse pues aún a sus 46 años, podría darse una sorpresa. Después de ducharse nuevamente, se recostó en su cama e inevitablemente se quedó dormida.

    4.

    El sonido del timbre de la entrada la despertó abruptamente. Se levantó de un salto y se horrorizó al ver la hora: 6:45. Buscó su móvil por todas partes en su habitación y, al no encontrarlo, recordó que lo había dejado cargando en su auto. Cuando salió hacia la cochera, se llevó el sobresalto de su vida, pues Benjamín apareció en el pasillo con solo una toalla en la cintura.

    — ¡Hola, mamá! Te volviste a quedar dormida… —Le dijo Benjamín con una amplia sonrisa en los labios.

    —¿Por qué no me dijiste que Benji venía ahora? —Preguntó Martha, que apareció también detrás de él. Constanza se ruborizó y abrazó a su hijo nerviosa, sintiendo la dureza de su paquete por debajo de la toalla.

    —¿Cómo te fue mamá, te cansaste?

    —Mucho. Tu tía no hace nada más que dar vueltas y no compra nada. Y a ti ¿cómo te fue en tu examen? —Preguntó con toda la normalidad posible, pero le costaba trabajo ocultar la excitación que le provocaba la sorpresiva presencia de su hijo.

    —Lo pasé sin trabajos. Alguien me debe algo —contestó guiñándole un ojo. Constanza le dio un golpecito en el brazo sintiendo como se humedecía su panty poco a poco.

    —Ya veremos… Por ahora ve a secarte y ayúdame a preparar la cena, que dormí mucho y tengo hambre— Concluyó dándole un rápido beso en la mejilla.

    Constanza salió a la cochera con las piernas temblorosas. Temía que los descubrieran y ahora no sabía que hacer. Revisó el móvil y tenía varias llamadas perdidas de su hijo, así como infinidad de mensajes. “Bueno, por lo menos se cargó el teléfono” se dijo a si misma ruborizada.

    Por la noche, los tres se sentaron a cenar en la sala. Habían preparado varios platillos, todos favoritos de Benjamín. Constanza no dejaba de lanzarle miradas a su hijo que disimulaba perfectamente. De cuando en cuando, le acariciaba la pierna y cuando su tía no los veía, subía la mano hasta su entrepierna y luego a sus pechos. Constanza inmediatamente se libraba de él pero continuaba con sus caricias, hasta que no tuvo más remedio que ceder pues estaba verdaderamente excitada.

    Martha de pronto se quedó dormida y Benjamín aprovechó para besar a su madre en los labios. Ella respondió sus besos sin quitarle la vista a su hermana, y cuando las manos de su hijo subieron nuevamente hasta sus pechos, apagó la televisión quedando toda la casa a oscuras. Se acariciaron un momento, siempre pendientes de la respiración de Martha que, al cabo de un rato, se despertó. Los tres se despidieron y sin más, cada uno fue a su respectiva habitación.

    Cerca de las 3 de la mañana, Martha despertó al escuchar ruido en el pasillo. Trató de ignorarlo, pero se volvía cada vez más insistente, por lo que se levantó a ver qué ocurría. Al acercarse al pasillo, Martha constató que los sonidos provenían de la habitación de su hermana, cuya puerta se había quedado entreabierta. No tardó en distinguir gemidos apagados y la voz de otra persona. “¿Álvaro? ¿Qué no estaba en Pachuca?”, pensó al escuchar la voz masculina, y presa de la curiosidad, salió de puntillas de su habitación hasta la puerta de su hermana. Estaba follando, no cabía duda, pero ¿con quién? —No me entró bien, te dije que estoy muy apretada todavía. —Se oyó la voz de Constanza, que hablaba lo más bajo que podía. —No… mejor por el otro, ¡me vas a lastimar! —Dijo ahora subiendo la voz. Se hizo un silencio y la escuchó gemir un poco más —No empujes, deja que yo me siente… —Martha sintió el calor de la excitación recorrer su entrepierna y aunque se moría de ganas por asomarse, se quedó inmóvil con la oreja casi pegada al borde de la puerta. Su hermana estaba follando y por lo que escuchó, estaba a punto de darle el culo a su amante. ¿Pero quién era? Se le ocurría al menos una decena de amigos mutuos que darían lo que fuera por cogérsela y al menos dos de ellos se lo habían propuesto en alguna ocasión. Sabía que su matrimonio tenía altibajos, pero no para llegar a una infidelidad; lo que sea que la haya motivado para hacerlo, tenía que ser algo definitivamente muy bueno.

    —¿La saco?

    —No… Métela toda, pero despacito. —contestó su hermana entre suspiros, luego de una breve pausa.

    —¿Así? Estas bien apretada… —dijo su amante. La cama comenzó a rechinar, seguramente por sus movimientos. “¿Estará sobre ella, o la tendrá en 4?” Pensaba Martha, ansiosa por asomarse, pero como la habitación estaba completamente a oscuras, era más fácil que ellos la vieran a ella, por lo que continuó inmóvil junto a la puerta. Era todo un nuevo nivel de excitación, pues imaginar a su hermana empalada, le recordaba la vez que accidentalmente vio a sus padres follar, cuando apenas entraba al colegio.

    —Ponme más lubricante, ya me dolió poquito. —dijo su hermana casi como si le estuviera hablando a un bebé. Por unos segundos no escuchó nada, hasta que finalmente su amante bufó al mismo tiempo que ella dejaba escapar un agudo gemido. —¡Me entró hasta el fondo!

    —¿Me muevo?

    —Si, pero despacito. —Martha no pudo aguantar el morbo y finalmente se asomó por la abertura de la puerta. Constanza estaba sentada sobre él, cubierta completamente con las sábanas. Ambos cuerpos se movían lentamente, y sus gemidos acompasaban el sutil movimiento de sus caderas. Estaban culeando despacio y de manera tan despreocupada, que daba la impresión de que no era la primera vez que lo hacían. “Pero ¿quién es?” Se preguntaba una y otra vez, tratando de identificar la voz, que de hecho, le parecía familiar. —¿Esto querías, cabrón? ¿Follarte el culo de tu madre? —Las piernas de Martha temblaron y abrió los ojos hasta casi salírseles de sus cuencas. Estaba helada, pero la excitación se había disparado al punto que sintió como su entrepierna empezaba a escurrir.

    —Estás bien apretada, mamá, ya casi me corro.

    —¡Ni se te ocurra venirte todavía! Que me costó mucho trabajo meterte… —Le dijo Constanza entre risas. Poco a poco el movimiento fue desplazando la sábana hasta que su cuerpo quedó totalmente al descubierto. Estaba desnuda, con el cabello amarrado en una cola y casi acostada sobre su hijo, que jugaba con sus tetas con ambas manos. Benjamín movía sus caderas despacio, embistiendo delicadamente a su madre, que gemía con cada movimiento. El también resoplaba y le decía cosas ininteligibles.

    De pronto su hermana se echó hacia atrás, exponiendo sus pesados pechos y parte de la cara de su hijo, que no le quitaba la vista a sus tetas que danzaban con el movimiento de su pelvis. Se habían acoplado perfectamente y habían aumentado el ritmo, acariciándose lentamente en la oscuridad. Martha no pudo evitarlo y bajó una mano hasta su entrepierna, que palpitaba húmeda debajo de la prenda. El flujo viscoso se estaba pasando a sus muslos y al sentirlo hundió un dedo dentro de su vagina. La sensación de su interior junto con los gemidos de su hermana y su sobrino hicieron que se corriera apenas lo empezó a mover. Fue un orgasmo breve pero intenso que para nada sació sus ganas, reiniciando el movimiento de su mano casi al mismo tiempo que su sobrino embestía a su madre por el culo.

    Durante su juventud, Constanza había tenido una figura envidiable, pero después del embarazo, no pudo recuperarse y subió bastante de peso. No era mórbida, ni mucho menos, pero el sobrepeso había aumentado todas sus tallas considerablemente. Sus pesados pechos se miraban firmes, pero ya con un ligero declive. Sus nalgas, grandes, redondas y con un poco de celulitis, eran masajeadas ávidamente por su sobrino, que no reparaba en ello en absoluto conforme le propinaba sentones y arremetidas.

    Miraba los brazos fibrosos de Benjamín sujetar el cuerpo de su hermana con fuerza y eso la excitaba todavía más. Metió la mano debajo de la camiseta y acarició sus pequeños pechos, haciendo círculos con los dedos en sus pezones, duros como piedras. Los apretaba y jaloneaba conforme recorría con la mirada el cuerpo grueso y atlético de su sobrino, que le encantaba presumirlo cada vez que podía. Metía y sacaba uno y dos dedos en su empapada cavidad sin dejar de ver el acto incestuoso de su hermana y su hijo. “¿Cuánto tiempo tendrán así? ¿Él habrá seducido a su propia madre?” Se preguntaba imaginándolos en otras situaciones a escondidas de su cuñado. Entonces, Benjamín aceleró el paso y los gemidos de su madre se hicieron más cortos y agudos.

    —Mamá, me voy a correr…—gimió sin soltarle las tetas. Ella se inclinó, apoyándose en su pecho y empezó a mover las caderas como desesperada.

    —¡Lléname, lléname, lléname! —Le respondió entre resoplidos y moviéndose más rápido, hasta que su hijo gruñó y se quedó quieto. Chorros de semen empezaron a brotar de su culo abierto al tiempo que su madre gemía tapándose la boca con ambas manos, pero sin dejar de moverse sobre él. Martha también se corrió y por poco deja escapar un gemido, que muy probablemente habría sido opacado por los de su hermana, cuyo orgasmo pareció durar una eternidad. —No la saques todavía, Benji. —Le dijo sobándose los pechos y jalando sus pezones. Su sobrino le acariciaba el vientre y movía ligeramente la pelvis.

    — Que buena estas, mamá.

    —¿Te corriste otra vez? —Preguntó Constanza divertida, aun con el pene de su hijo en el culo.

    —Me vine mucho, teníamos rato ya… —Su madre se inclinó sobre él y, por el movimiento de su cabeza, se dio cuenta de que lo besó. El sonido de sus labios la delataron. Martha continuaba viendo la escena sin dejar de acariciarse, disfrutando como el siguiente orgasmo iba y venía.

    Cuando Constanza se sentó a su lado, pudo ver por fin el pene de su sobrino, que palpitaba aun totalmente enhiesto. No era nada fuera de lo normal, pero seguramente más grande que el de su esposo o su cuñado. Su hermana lo sujeto de la base y lo masturbo despacio mientras le decía algo que no alcanzó a escuchar. Así estuvo unos minutos hasta que se acomodó bien junto a él y, luego de escupirle, se lo metió entero a la boca. Lo mamó un par de veces antes de dar la primera arcada y luego se entretuvo con su glande.

    Aunque la habitación estaba casi completamente oscura, alcanzaba a distinguir muy bien como la boca de su hermana engullía sin reparo la dura herramienta de su hijo. Su boca subía y bajaba al mismo tiempo que lo masturbaba con las dos manos. Benjamín le tocaba la cara y le acariciaba el cabello cuando tenía la polla totalmente dentro de su boca. El último orgasmo había dejado exhausta a Martha, pero no quería perderse de nada, y aunque estaba ciertamente horrorizada por todo aquello, el morbo la carcomía por dentro, esperando poder atestiguar su próximo encuentro. Se detuvo en su clítoris un momento mientras veía a su hermana quitarle hasta el último rastro de semen al pene de su hijo, cosa que logro al cabo de unos minutos.

    —Déjame quedarme hoy, mamá, ándale. —Le dijo Benjamín acariciando el brazo de su madre, que se limpiaba la cara y probablemente los restos de semen que tenía en la barbilla. Nuevamente le dijo algo ininteligible y se levantó. Martha se acomodó rápidamente el panty que había quedado en el suelo sin darse cuenta y se dispuso a regresar a su habitación.

    “Ahí está tu tía, claro que no” fue lo último que le escuchó decir antes de regresar a su habitación y meterse a la cama. La cabeza le daba vueltas y el último orgasmo le había dejado una punzada en la sien. Tenía mucho que no se corría de esa manera, ni siquiera con su esposo, y quería sentirlo nuevamente. “¿Cuánto tiempo tienen haciéndolo?” Se preguntó nuevamente y como acto reflejo, deslizó su mano dentro de su pantaleta.

    Cerró los ojos e imagino los brazos de su sobrino y el culo de su hermana subir y bajar sobre el juvenil mástil de Benjamín; tenía los gemidos y resoplidos de ambos dando vueltas en su cabeza. Acariciaba con fuerza su clítoris imaginando a su sobrino sobre ella, taladrándola sin piedad como a su madre, y cuando hundió los dedos en su vagina, imaginó besar a Constanza mientras su sobrino la penetraba por detrás. Aquella imagen la hizo despabilarse y detuvo el movimiento de su mano un segundo. Recordó aquella vez, siendo mucho más jóvenes, cómo jugaban a “practicar” el cómo besar. Y su mente la llevó de estar escondidas en un armario, a estar los tres en una habitación de hotel, ella besando a su hermana mientras su sobrino se turnaba para penetrarlas. Algo se había despertado en ella.

  • Primo de primo

    Primo de primo

    Soy Magda, una chica melliza, tengo un hermano de nombre Javier, desde que éramos bebés compartimos tiempo, juegos, habitación.

    Dormíamos en literas, yo en la parte de abajo y Javier en la de arriba, mi pijama consistía en camisones largos, Por su parte mi hermano siempre ha dormido en ropa interior, sea la que sea; eso era nuestra vida cotidiana.

    Cuando teníamos 18 años, mis padres nos llevaron a un bautizo en un salón de fiestas cercano a nuestra casa, ahí en nuestra mesa estaban amigos de mi padre con sus esposas, y unos compadres de mis papás que tenía un hijo (Efrén), él era unos meses mayor que nosotros.

    Con Efrén había confianza, crecimos juntos y nuestros padres nos trataban como primos; pero la biología y hormonas hicieron que en las reuniones mientras los adultos comían y bebían nosotros convivíamos con él; yo había tenido mi primer beso con Efrén, alguna ocasión en una kermes del colegio nos casamos, éramos noviecillos de mano sudada.

    La adolescencia llegó y De repente buscábamos estar solos nosotros; cuando estábamos solos Efrén yo, nos besábamos y me manoseaba por encima de mis ropas, me gustaba como jugaban nuestras lenguas jaja.

    Mi hermano mellizo era cómplice y tapadera en la relación que yo mantenía con Efrén. Efrén y Javier eran amigos y ahora un tanto cuñados.

    La fiesta del bautizo se prolongó del medio día hasta las 7 pm, a esa hora la comadre (Rosa) que es la mamá de Efrén, tenía la boca caliente y pidió seguir la fiesta en otro lugar, mi papá también entonado decidió proponer su casa, era realmente cerca.

    Llegamos a casa y la fiesta continuó y se subió de tono; Se hizo más noche y la comadre se le pasaron las cucharadas, la llevaron a vomitar al baño donde se quedó como una hora.

    Mi madre y la esposa de otro amigo de mis padres llevaron a recostar a la señora Rosa en el cuarto de invitados que estaba en la planta baja, ahí la acomodaron en la cama y prepararon un sofá-cama para Efrén; ya eran las 2 am, los amigos se comenzaron a despedir e irse a sus casas, excepto el papa de Efrén y el señor Elias que no estaba casado pero era bien fiestero; y mi madre estaba cansada y a las 3 am decidió irse a dormir no sin antes mandarnos a dormir a mi hermano y a mi.

    Nos despedimos de mi padre, del señor Elias, de Efrén y su papá; subimos los tres y nos despedimos en el pasillo, hacia la izquierda era el cuarto de mis padres y a la derecha el de los gemelos, el baño y el hueco de la escalera nos separaban.

    Me cambie mi vestido que use en el bautizo, también el brasier, lo deje en la ropa sucia y me puse un camisón, era uno viejo y me llegaba a los muslos, mientras que Javier solo lanzaba su saco, camisa y pantalón en el cesto de ropa y como siempre se metía en la cama solo en trusa.

    Habían pasado 15 minutos de nuestra ida a la cama, cuando tocaron la puerta de la habitación, era Efrén que buscaba a Javier para que le prestara una pijama o un short para dormir.

    Yo me levanté de la cama, encendí la lámpara del buró y recibí a Efrén, este entró y se acercó hasta las literas para pedirle a Javier de cerca la pijama; Javier le dijo -“cuñis duérmete en calzones, no tengo pijamas, yo no uso”.

    Efrén no le creyó e insistió por una pijama; mi hermano se destapó y de un brinco bajo de su litera, estaba vestido solo con su trusa blanca, y le dijo a Efrén: mírame, NO te miento.

    Pero aún Javier le buscó un short en el clóset y se lo prestó, ahora al subir a la litera Efrén le daba una nalgada diciéndole gracias Javier.

    Mi hermano se volvió a meter en las cobijas y Efrén se sentó en mi cama, me pregunto que si ya me dormiría o podíamos “platicar” un poco.

    Empezamos a platicar mientras nos tomábamos las manos, nos acercamos más y me dio un beso, yo le dije que se detuviera que estaba mi hermano.

    Me dijo al odio apaga la luz… Yo lo hice y ahora en silencio y oscuridad sentía de nuevo los labios de Efrén besándome, el me siguió fajando un rato y al cabo de media hora me había despojado el camisón, entre la penumbra noté sus manos recorrer mis pechos, luego su labios tocaron mis pezones, estaba realmente caliente, me deje chupar los pechos, me dejé y desnudar, para ese momento me baje la pantaleta y me senté en la cara de Efrén.

    Su lengua me recorrió mi panocha de arriba a abajo, era delicioso, me excitaba más saber que él seguía vestido con su traje gris (el atuendo que había usado en el bautizo) y yo estaba totalmente encuerada; luego me lamió el agujero del culo, nadie había llegado hasta ahí jamás.

    Podía ver en la sombra de la madrugada como Javier ya estaba despierto siendo testigo de cómo Efrén me hurgaba con la lengua todo mi coño y obvio escuchaba mis gemidos a medio guardar; la música de abajo impedía que los adultos escucharan los orgasmos que Efrén me estaba sacando a mi.

    Me dejo acostada boca arriba y cuando me jalo de las piernas para levantármelas y abrió mis piernas para separar mis nalgas para lamerme él agujero del culo; fue delicioso como hacía círculos con la lengua en mi orificio.

    Efrén jugaba con sus dedos en mi culo, metió primero el meñique, luego el índice y al mismo tiempo lengüeteaba mi clítoris a gran velocidad.

    Ya llevaba tiempo siendo chupada por el invitado, ya estaba amaneciendo y la luz entraba por la ventana; ya no podíamos refugiarnos en la oscuridad nocturna, ya era obvio que Javier estaba viéndome retorcer en la cama; era tan placentero el contacto de la lengua de Efrén sobre mi vulva y ano, no podíamos detenernos, ya era un punto de no retorno; me senté en la cara de Efrén y él siguió dándome lengua y dedos; no pude resistir mucho y comencé a venirme en la cara de Efrén.

    También fue mi primer orgasmo, nunca me había venido, menos de esa manera tan acuosa; era una escena que no creí que sucedería tan pronto y menos frente a testigos; ya siendo las 7 am me quedé hincada en la cama, estaba desnuda, cabello suelto, pezones paraditos, clítoris encendido, vulva mojada y abierta y mi ano palpitaba.

    Así me quedé cerca de 10 minutos, intentaba recuperar el aliento y dejar de sudar, estaba empapada y las sábanas también; mi querido Efrén me ayudó a levantarme, estaba escurrida; me dio una toalla y me pasó mi camisón y pantaleta, pero ya eran inservibles.

    De repente se escuchó cuando apagaron la música en la sala; Se oía a lo lejos a la mamá de Efrén diciendo que ya era hora de marcharse, y preguntaba por su hijo.

    El papá de Efrén le dijo, ya nos vamos mujer, solo despierta a tu hijo que debe estar en la recámara de Javier.

    Rápido nos pusimos a escombrar los tres la habitación, Javier me dio una nueva pijama de pantalón y una camiseta seca, mientras me vestía, los chicos quitaban las sábanas mojadas, abrían la ventana para disminuir los olores jajaja;

    Ya en pijamada me lancé al clóset y me escondí; Javier se subió de nuevo a la litera, Efrén se tapó con un sleppingbag y se acostó en mi lugar.

    Casi con precisión de reloj, Entró la mamá a buscar a su hijo y le regañó, que como había dormido en la misma habitación que una señorita; y mi hermano se levantó aún en solo ropa interior para explicarle que solo los dos varones habían estado en esa habitación, que yo dormí en la habitación de mi madre, que si quería nos despertaría.

    Efrén dijo a su mamá: oye madre, respeta la habitación de Javier, él me cedió un lugar y ahora lo estás molestando mientras está en paños menores; la señora recapacitó, me ofreció una disculpa y salió de la habitación para darle 7 minutos a Efrén para estar en la sala y marcharse.