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  • El amigo de su hijo (IV): Sodomizada

    El amigo de su hijo (IV): Sodomizada

    Había anochecido cuando llegaron y cenaron una pizza que compraron por el camino, Julia recogió la cocina y Oliver le dijo que se pusiera la lencería que había comprado en el centro comercial, Julia fue a su habitación y se puso el liguero y las medias mientras Oliver la observaba en silencio.

    – Así me gusta que te pongas puta para mí – le dijo Oliver mientras la agarraba por el pelo y la hacía agachar – voy a darte lo que nadie te ha dado.

    Oliver le metió la polla en la boca y Julia comenzó a chupársela en tanto le agarraba la polla con las manos, él le quitaba la polla de la boca y le pasaba la punta por los pezones y luego le incrustó la polla en medio de las tetas y obligo a Julia a agarrase las tetas con las manos y apretando su polla moverlas de arriba abajo.

    – Voy a enseñarte a ser una buena puta – le exclamaba él mientras le movía la polla en medio de sus tetas – mírame mientras me haces una paja con tus tetas marrana.

    Julia le obedecía mirándolo morbosamente, cada vez se sentía más dominada y a la vez excitada, Oliver le volvió a meter la polla en la boca y sujetándola con las manos en la cabeza empezó a meter y sacar su polla de la boca de Julia.

    – Tu hijo no puede imaginarse lo puta que voy a hacer esta noche a su madre – le decía él denigrándola, a lo que ella respondió golpeándole con las manos en el pecho, lo que provoco que él la penetrase hasta la garganta y ella se sacase la polla y empezase a toser.

    – Todo lo que tu marido no te hizo o no le dejaste hacer, te lo voy a hacer esta noche – le adelanto él – Julia lo miró con los ojos bien abiertos atemorizada y le hizo un gesto negativo con la cabeza, Oliver le volvió a meter la polla profundamente en la boca lo que provoco que Julia volviese a toser fuertemente, Oliver la levanto y la estiro en la cama.

    – Cómo tienes el chochito para mí… gorda – le dijo él abriéndole las piernas y abriendo con sus dedos le paso la lengua por toda la raja, Julia se estremeció – te huele el chochito a marrana y lo mojadito que lo tienes… hoy te voy a abrir el chochito puta. Oliver le lamía el coño pasando su lengua suavemente y lamiéndole el clítoris con celeridad, Julia se retorcía en la cama mientras le agarraba la cabeza con las manos y gemía fuertemente.

    – Cómeme así el coño – balbuceaba ella – me vas a volver loca – y se agarraba el liguero con las manos.

    – ¿quieres que te folle gorda? – le preguntó él – pídeme que te folle marrana

    Julia se puso en posición y se abrió de piernas esperando que él la penetrase.

    – Dime que eres mi puta – le exclamaba él – y solo quieres que te folle yo

    – Soy tu puta – le dijo ella suavemente mientras con sus dedos se abría los labios de su coño – Fóllame cabrón – le grito entonces

    Oliver le subió las caderas y la penetró en un golpe, Julia soltó un grito placentero y él empezó a deslizarse dentro y fuera de su coño con movimientos constantes y profundos.

    – Dame así – le susurraba ella mientras le pellizcaba los pezones – cómo me follas, solo quiero que me folles tú… Mi coño te desea.

    Él la siguió follando constantemente y ella gemía y cerraba los ojos y se retorcía encima de la cama, Oliver dejó de follarla y empezó a penetrarla de un golpe con fuerza.

    – Voy a abrirte bien el chocho marrana – le dijo él que sacaba su polla del coño, le pasaba la punta por la raja y la volvía a penetrar profundamente una y otra vez, Julia gritaba con cada penetración – tu chocho es mío puta… dime a quien le vas a dar tu chocho.

    – A ti, me dejare follar siempre que quieras – le contestaba ella – soy tú putita

    Oliver la volvió a follar con intensidad y Julia comenzó a temblar y agitarse y se corrió, él la siguió follando y se puso los pies de ella en sus hombros y empezó a morderlos por encima de las medias.

    – Me gusta cómo te huelen los pies, eres una cochina – le decía él

    – Me voy a volver loca si me follas así – le susurraba ella – me va a estallar el coño

    Oliver le saco la polla y del coño de Julia salió una cantidad de líquido a chorro y se estiro encima de la cama, Julia sin que él le dijera nada se puso encima y dejo caer su coño encima de la polla de Oliver y empezó a montarlo con destreza.

    – Te gusta que sea así de guarra – le dijo ella mirándolo morbosamente – estas contento con lo puta que es la madre de tu amigo

    – Sigue así – le dijo él – me pone cachondo ver cómo se mueven tus tetas

    Julia lo siguió cabalgando con entusiasmo y voracidad, Oliver veía por primera vez lo puta que podía llegar a ser la madre de su amigo, los dos se miraban fijamente a los ojos, Julia tenía una mirada desafiante e incitante.

    – Que polla que tienes cabrón – le susurraba ella mientras los ojos se ponían en blanco – vas a conseguir que sea muy mala y muy puta.

    Oliver la agarró por las caderas y empezó a penetrarla con fuerza y profundidad, Julia se apoyo con las manos en las rodillas de él y empezó a gritar cómo una loca y empezó a temblar y se corrió saltando y quitándose la polla de su coño y se quedo agazapada con las manos en su coño, Julia se estaba meando de placer y su coño palpitaba con fuerza mientras Oliver observaba como ella llegaba a ese estado de clímax sonriendo. Él la ayudo a ponerse de rodillas y le metió la polla en la boca y Julia empezó a chupársela.

    – ¿ té gusta que me corra en tu boquita, marrana ? – le exclamaba él, Julia lo miraba morbosamente – quieres que te llene la boquita de puta que tienes con mi leche calentita

    – córrete dentro de mi boca – le autorizó ella – dame tu leche calentita

    Oliver empezó a temblar y a correrse dentro de la boca de Julia que recibió su leche y lo trago con voracidad y luego siguió chupándole toda la polla un buen rato. Oliver fue a la cocina a beber un poco de líquido y cuando volvió recogió los preservativos y el lubricante y volvió a entrar en la habitación Julia estaba estirada boca abajo y él se situó entre las piernas de ella y empezó a masajearle las nalgas y a mordérselas, Julia dejo caer su cabeza en las sabanas y dejó que él siguiese con aquellos excitantes tocamientos sin conocer cual eran sus intenciones, Oliver se puso un preservativo sin que ella se diera cuenta y le abrió las nalgas y le paso su dedo por el ano.

    – Por ahí no – le advirtió ella

    Oliver hizo caso omiso y abrió el bote de lubricante y untó un dedo, abrió las piernas de Julia y le embadurno el agujero.

    – Te he dicho que no me toques por ahí – le grito Julia con furia y se giro violentamente y le dio un manotazo a la mano de él.

    Oliver se abalanzó sobre ella y con una mano en la nuca le bajo la cara y con la otra le busco otra vez su preciado ano, Julia soltó un grito y cerro las piernas, pero el dedo de Oliver se abrió paso y penetro el culo de ella que soltó un grito.

    – Te lo suplico eso no – le rogó ella con lagrimas en los ojos – no quiero que hagas eso

    – Voy a darte por el culo marrana – le grito él – eres una mama virgen por detrás – le insinuó Oliver

    Julia intento apartarse de él y casi lo consigue, pero Oliver era muy fuerte y la inmovilizó junto a la cama y la obligo a ponerse en pompa, Julia rehusaba y se resistía.

    – Por favor eso no me lo hagas – le volvió a suplicar ella

    – No querrás que tu hijo sepa lo puta que es su madre – le amenazó él

    – No me hagas esto – le imploró ella llorando – respétame – pero quedo paralizada, sabía que el amigo de su hijo la iba a sodomizar.

    Oliver le abrió las piernas y volvió a penetrar y embadurnar el agujero de Julia y se puso lubricante en la punta del preservativo y la agarró fuerte por las caderas y empezó a penetrarla despacio, Julia soltó un grito de dolor.

    – Eres un ser despreciable – le dijo ella girándose – te odio

    Oliver la penetro con fuerza y julia soltó un grito desgarrador, sus manos apretaban las sabanas con rabia.

    – De ti depende, que te lo haga suave o te rompa el culo de malas maneras – le advirtió él

    – no me hagas daño por favor – le imploró ella

    Oliver empezó a moverse lentamente y meter y sacar su polla con suavidad pero cada vez más hondamente, Julia gritaba de dolor y Oliver empezó a follarla con movimientos más rápidos, los gritos de Julia inundaban la habitación.

    – chilla lo que quieras guarra – le dijo Oliver – no voy a dejar de follarte el culo apretadito que tienes para mi

    Julia dejo caer derrotada su cara encima de las sabanas mientras lloraba y gritaba entre tanto Oliver seguía humillándola con sus palabras

    – Tu hijo no se enterara que la puta de su madre se deja violar por el culo… será nuestro secreto marrana

    Julia estaba totalmente rendida a la vejación a la que la estaba sometiendo Oliver y empezó a dejarse follar dócilmente y los gritos se empezaron a volver gemidos placenteros.

    – Te va a gustar que te folle por el culo marrana – le dijo él al notar el cambio de actitud de ella – déjate follar gorda.

    Oliver subió a Julia encima de la cama a cuatro patas y la volvió a penetrar otra vez y empezó a follarla.

    – Me gusta romperle el culo a mamas como tu… Vas a suplicarme que venga a follarte por detrás gorda… te vas a volver adicta a mi polla

    Julia empezó a gemir fuertemente y empezó a gozar y participar de la follada.

    – Dime que te estoy haciendo puta – le ordeno él

    – Me estas follando por el culo – le respondió ella incomprensiblemente – me lo estas rompiendo

    Oliver la penetraba con fuerza y Julia soltaba gritos de dolor, Oliver le paso el dedo por el coño y empezó a masajearle el clítoris y julia se estremeció.

    – Te gusta gorda… te sigo follando marrana

    Julia tuvo un orgasmo y Oliver se quito el preservativo ensangrentado y la volvió a penetrar por el culo y la follo hasta que se corrió dentro de ella, Julia se quedo estirada en la cama mientras un hilillo de esperma salía de su culo.

    – Has sido una buena puta – le dijo él mientras le acariciaba la cara

    Oliver le abrió las piernas y empezó a comerle el coño y Julia se dejo follar por todos lados toda la noche.

  • La contadora madura

    La contadora madura

    -Tengo alguien para traerte para que te de una mano con la contabilidad.

    -Uh… qué bueno porque estoy complicado con las conciliaciones bancarias.

    -Olvídate mañana le digo que venga.

    Soy contador, trabajo en una oficina con 3 chicas más repartiéndose las tareas, pero no lograba ayuda para la parte contable. El gerente me facilitaba el tema de la nada.

    -Medio día estas bien, no. No hay mucho presupuesto entendes

    -Si, me puede ayudar con la auditoria también.

    El lunes llego Susana, unos 40 y pico largos, rubia, con melena, ojos claros, pollera a la rodilla un poco más arriba, botas de cuero, camisa blanca, una autentica MILF con unas muy buenas piernas.

    -Encantado, Raúl, vamos a trabajar juntos con la parte contable….

    Se sentó al lado mío en mi escritorio y note casualmente como me tocaba la pierna con la punta de la bota, seria casual no me voy a hacer la idea.

    A partir de ahí empezó a venir medio día, cambio algunas veces la pollera por un pantalón muy entallado en la cintura exhibiendo su hermoso y gran culo. Petisona, 1,60 m, pero muy sexy, además de un perfume muy atractivo.

    -Que rico perfume, me encanta, embelesa

    -Te gusta , me lo puse para venir acá especialmente, me encanta que te guste.

    -Si, muy rico, cuesta concentrarse, cuando lo combinas con la pollera y las botas ufff… Discúlpame

    -No no, gracias a vos por los halagos, estoy separado con dos hijos grandes y poco tiempo para mí, no lo vas a creer, pero el hecho de venir, cambiarme, me hace sentir más rejuvenecida, cuanto me das, de edad digo no

    La mira y generoso le tire un:

    -45 tenes

    -Gracias Raúl, no, tengo 55, mucho gimnasio y cuidarme.

    -Se nota tenes un cuerpazo

    -Bueno gracias contador

    Así comenzamos a intercambiar galanterías, sentía siempre su pierna cerca de la mía o sus tetas cuando venía a mostrarme algún trabajo, y ese perfume a esta altura tenía que decir afrodisiaco.

    Era buena, rápida, con su ayuda terminamos la auditoria y el balance un mes antes del cierre.

    -Bueno Susana, el balance está listo. Igual vas a seguir con las conciliaciones, tarjetas, pero esto hay que festejarlo, te invito a almorzar cuando quieras cuando salís al mediodía.

    -Gracias Raúl, bueno acepto, mañana puede ser así me preparo. Mira que me gusta ir a lugares buenos, y te acepto el almuerzo, pero el postre lo invito yo, sorpresa

    Nos dimos la mano y cerramos el trato. Al otro día cuando la vi entrar quede loco. Botas negras de cuero, una pollera gris un poco más corta que la anterior exhibiendo principio de sus muslos, una camisa blanca otra vez con un chaleco negro que mostraba que no llevaba corpiño. Me asombro la firmeza de sus tetas, seguramente con algún toque, y el perfume más intenso. El día paso eternamente hasta las 13 h, por una cuestión de imagen yo salí antes y la esperé en la esquina. Subimos a un taxi, al sentarse la pollera se subió y ahí descubrí que las medias eran con portaligas exhibiéndose casi intencionalmente.

    -Vamos a almorzar a Valdo’s conoces

    -Pescado, me encanta si si vamos, acordate que el postre lo invito yo, sorpresa

    Con mis 43 era un carocito para la señora Susana. Pedimos vino blanco y sugestivamente comencé a mantener su copa siempre llena. De la seriedad de la oficina paso a sonrisas y risas, con roces a mi mano y sobre todo a mis piernas. No sé si fui yo, pero de pronto riéndose apoyo su mano en mi pierna. Yo hábilmente me había sentado en un box a su lado.

    -Hacía mucho no la pasaba tan bien Raúl, y con un galán como usted

    -Vamos Susi, tutéame por favor

    -Dale Raúl, si sos un bebe para mí, un bebe muy lindo eh

    Diciendo esto ahora si su mano se apoyó en mi muslo y comenzó a apretar un poco y subir sutilmente. Invitado por su atrevimiento me atreví a lo mismo. Suspiro hondo y me dejo hacer, cuando llegue al límite de su liga se estremeció y suspiro muy hondo.

    -Nos pueden ver Raúl, porque no vamos a comer el postre a otro lado mejor

    Pague mientras iba al toilette, al regreso saco de su cartera un sobre papel madera y me lo dio

    -Me faltaba esto darte para el cierre

    Abrí el sobre y había una tanga tipo culotte negra. Se acercó por atrás y tocándome un poco la cola me dijo al oído

    -Vamos a casa, los chicos están con el padre, no hay nadie, estamos solos

    Subimos al taxi, se cruzó de piernas exhibiéndome sus muslos casi obscenamente y rodeándome la cabeza con sus manos me dio un beso de lengua que me dejo sin respiración. Había olvidado hablar de sus labios, de su boca carnosa que ahora tenía en mi boca.

    -La mejor forma para que nadie nos vea en el viaje es mantenernos así

    Fuimos besándonos y tocándonos hasta su departamento, mi mano ya tocaba su piel al final de la media y subía más hacia su sexo ya sin la tanga, presentía una conchita toda depilada y muy mojada. Al meter dos dedos mordió mi labio un poco y hundió mas su lengua en mi boca, jadeaba, respiraba fuerte y me apretaba la pija por arriba del pantalón.

    -Entro yo primero, baja en la esquina, aguanta que te mando un WhatsApp toca el portero, 10 D te abro de arriba acomodo un par de cositas, me aguantas

    Bajé del taxi, prendí un cigarrillo mientras esperaba el mensaje de Susana, inquieto, nervioso, al palo.

    5 minutos eternos después sonó el mensaje, vení, toca el portero y subí ponete cómodo te dejo entreabierto.

    Un lindo edificio, los diez pisos eternos, pasillo y la puerta entreabierta, yo venía en camisa, me saque la corbata y me acerque tímidamente.

    Un lindo departamento, luces tenues, un velador y en el fondo ella, Susana, con unos tacazos, un conjunto sexy de medias con portaligas, un corsé y una bata transparente, se acercó lentamente y se colgó de mi cuello, al pasar en un espejo observe su culo grande, redondo perfecto y la tome de la cola y la levante. Me tiro al sillón, se sacó la bata y trepo sobre mi cuerpo, me quito la camisa el pantalón mientras su lengua, ya a esta altura un arma letal recorría primero mi pecho, se detenía para chupar en mis pezones y sus dedos hábiles apretaban mi bóxer.

    Tapo mi boca con su mano y mordió mis pezones, como si supiera lo que me calienta. Después subió y me dio un beso de lengua que me dejo jadeando y después empezó a bajar con su lengua por mi cuello, axilas hasta llegar a mi bóxer. Empezó a dar mordiscos a mi pija incontenible bajo mi bóxer y después lo saco de cuajo eyectando mi pija firme, dura.

    -Mira el contador lo que escondía, picarongghhh – mientras hundía toda mi verga en su boca, con sus labios envolviéndola y mojándola. Entraba y salía, engullía hasta el final en cada embestida haciendo alguna arcada.

    Al tiempo que entraba y sacaba mi pija metía su mano en su conchita empapada, totalmente depilada y apretadita, lo que pude verificar. Me pare, la tome de la cintura y la gire poniendo sus piernas en mis hombros cabeza abajo mientras seguía chupando frenética y yo quedaba con su concha a la altura de mi boca. Empecé a chupar, lamer, jugar con mi lengua en su clítoris. Ella empezó a aullar, gritaba con mi pija en su boca ininteligible.

    -Mmm baja mmghhh…

    La baje me empujo al sillón y subiéndose encima mío mientras me hundía su lengua otra vez se sentó sobre mi pija y empezó a cabalgarme a un ritmo enloquecedor. Sus tetas duras, se movían igualmente y chupaba y mordía sus pezones, en la medida que ubique el tronco en su clítoris empezó a chorrear una cantidad de fluidos mientras jadeaba y gritaba, se tomaba sus pelos desde abajo y los movía, se abalanzaba sobre mi boca y chupaba frenética mi lengua, de pronto encajo mi pija y empezó a gritar desaforada

    -Ahhh seee… Siii hijo de puta que pija tenes turro me estas rompiendo toda, pero me encanta, acabame todo adentro así acabamos juntos dale, daleee… daleee… ah… ahhh…

    El grito fue brutal, la mezcla de leche y fluidos se derramaba sobre mi pelvis, se levantó y empezó a beber todo con su lengua ávida, mi pija apenas se sostenía, pero iba a querer más.

    Se subió a un sillón y exhibiéndome el culo me dice: -Dale que esperas, no me vas a comer la cola, no te gusta.

    Toda una provocación, me abalance sobre ella y rodamos por el sillón, chupando sus tetas, metiendo dedos, manoteo un pomo de lubricante y empezó a meterse los dedos mientras se humectaba la cola la cual quedo grande y brillosa, todo un tesoro.

    -Y que te parece, toda para vos potro, rómpeme el culo, partime en cuatro, sos una bestia.

    El agarre de los brazos atrás primero, después del pelo tirándole la cabeza para atrás, la visión de ese culo grande, sin una estría, encima aceitado me puso la pija a mil de nuevo, le pase una mano de gel y la ensarte de una. El grito fue tremendo, intente taparla un poco con mi mano, las piernas se le aflojaban, me asuste de pronto.

    -Si me la sacas te mato hijo de puta, rómpeme bien el orto puto

    Obedecí sin chistar y tomándola de la cintura empecé un traqueteo un taladrar casi en ese culo hermoso, palmadas en la cola, seguía y seguía. De pronto giro y poniéndome patita al hombro la penetre en su culo otra vez.

    -Quiero verte esa cara de hijo de puta cuando me rompes el orto guacho daleee… no te da el cuero, rompeme toda.

    La provocación actuó como un afrodisiaco y mi pija se endureció mas y más, apretaba sus tetas con las manos, metía mis dedos chorreando jugos en su boca. Sentía el anillo de su ano apretándome la pija cuando la sacaba toda y la volvía a meter lo cual me volvía loco, cada embestida volvía a gritar hasta que sentí que relajaba y gozaba a pleno. Con mi pulgar derecho comencé a masturbar su clítoris, el cual sentí totalmente duro al tiempo que sus jugos volvían a empapar mi vientre.

    -Me vengo, me vengo guachooo me vas a hacer acabar de nuevooo ah… ahhh

    Sentía como iba toda mi leche en su culo, caliente, tres descargas abundantes. Dejo caer sus brazos en cruz y quedo con la boca abierta en el sillón.

    -Tengo que volver a la oficina Susana, me doy una duchita rápida

    No tenía aire para responderme, fui al baño y abrí la ducha para poder seguir, había pasado una hora desde que salimos del restaurante sumamente intensa. Cuando giro la cabeza la veo entrar, totalmente desnuda, aun con rastros de mi leche chorreando por sus piernas.

    -Me uno, te prometí el postre ahí va

    Arrodillándose tomo mi miembro con algunos pequeños rastros de sangre y lo envolvió con sus labios sensuales, traía un pote de helado en la otra mano, metió la pija en el pote y comenzó a comer de mi pija. El frio del helado contrastaba con lo caliente de su boca, chupaba y chupaba, la engullía todo hasta el fondo, jugaba con sus dedos en mis pelotas lo cual hizo que acabara rápidamente. Junto toda la descarga en el pote de helado y se lo fue tomando todo. Con la boca aun con rastros de leche y helado me dio un beso jugoso y asfixiante.

    -Volve a la oficina, no quiero que hablen de más. Mira que a la noche estoy sola hoy todavía, te espero con una sorpresa, venis

    (Continuará)

  • Viaje de hermanos Ana, Juan y yo (hermanos-hermana)

    Viaje de hermanos Ana, Juan y yo (hermanos-hermana)

    Estimado Luisfa, luego de varios años de amistad e infinidad de intercambios de mail, me decido a contar mi historia, historia que por primera vez, alguien que no forma parte, se entera de ella, estuvo guardada bajo siete llaves por respeto a los involucrados.

    Como bien sabes, me dedico a realizar fotonovelas erótico -pornográficas hace mucho tiempo (agradezco tus aportes a ellas)

    Para poner en contexto a los lectores estas fotonovelas están compuestas por fotos pornográficas, relatando esa historia con globos que van narrando el dialogo. Estas se crearon en Italia a fines de los cuarenta, extendiéndose en popularidad por Francia, España y luego se diseminaron en Latinoamérica, siendo México donde más éxito tuvo.

    La intención de estas, es crear contenido para que quien la lea pueda, mediante su fantasía ser ese protagonista.

    Hecha la presentación de rigor, te entrego mi historia para que hagas un relato, va en agradecimiento a tu buena voluntad y tiempo invertido en brindarme apoyo y material para poder expresarme en mis comics.

    Nacidos en el seno de una familia de laburantes, solo los tres hermanos, teníamos una obligación, estudiar. Nuestros padres dicen siempre que es fundamental el estudio para poder ser alguien en la vida y viendo el esfuerzo de ellos para que lo podamos hacer, todos nos dedicamos a no defraudarlos.

    Tres hermanos, Juan, Erik (yo) y Ana (la menor). El mayor y la menor estudiantes de Educación Física y quien escribe estudiante de Filosofía.

    Habiendo terminado el periodo de estudios, nuestros padres le pidieron prestada la casa que tienen en el campo mis tíos para compensarnos el esfuerzo durante todo el año, cosa que accedió a facilitar la vivienda ya que ellos irían en otra fecha.

    Luego de la despedida de rigor, montamos en el vehículo de Juan para comenzar a recorrer los trescientos y pico de kilómetros que nos separaban del lugar. El viaje fue placentero, nos reímos mucho y hasta mi hermano me prometió que me iba a iniciar en el manejo, hablamos de amoríos y proyectos. Yo muy escuetamente les conté de mi hobby, no quería que pensaran que era un pervertido, por eso les explique bien el concepto de lo que hago.

    Ya arribados a la finca, acomodamos todo para nuestra estadía, repartiendo los dormitorios, la casa tiene varios de ellos por eso decidimos ocupar tres contiguos, elegimos los tres de la planta alta, cenamos algo rápido y nos fuimos a descansar para arrancar al otro día a full.

    Ni bien nos levantamos hicimos desayuno y mis hermanos se fueron a correr, aprovechando la soledad tome mi laptop para hacer el final de la novela que estaba escribiendo, busque fotos en internet y estaba poniendo los diálogos cuando llegaron, todos transpirados y al grito de “cambiarse para la pileta” “el ultimo cocina”, ni lerdo ni perezoso me puse la ropa de baño y salí corriendo, llegamos casi juntos al agua, pero quien debía hacer el almuerzo era Juan.

    Me detuve a observarlos como se divertían en el agua, pero puse especial atención en mi hermana, como había crecido Ana.

    Esa diminuta malla que dejaba ver su redondo y firme culo, que se bamboleaba a su paso y dos preciosas tetas, que por su edad se veían duras, daban ganas de tomarlas, el pelo largo por debajo de los hombros se adhería a su rostro por efecto del agua, tapando esos hermosos ojos azabache.

    Luego del refrescante baño, almorzamos lo que habíamos llevado, al no quedar más provisiones nos fuimos con mi hermano mayor a la proveeduría para hacer una compra y tener para los cinco días que nos restaban.

    Esa tarde transcurrió todo con normalidad, salvo algunos pequeños detalles que observe en mi hermana, no estaba como es habitualmente conmigo, diría estaba más cariñosa, hasta hizo una cosa que hasta el día de hoy no me había pedido nunca.

    -Erik por favor me podes traer la ropa interior que me olvide en la cama y una toalla grande.

    -Si Ana ya te llevo.

    Al ingresar en su habitación estaba la ropa interior, un corpiño y una diminuta tanga color blanco junto a una remera y una calza corta, los tomo y se la quiero dar desde afuera.

    -Pasa nomas estoy aun en la ducha.

    Al ingresar y para mi sorpresa, la cortina muy sugerentemente estaba en una posición que me dejaba apreciar su desnudo cuerpo, pudiendo ver su depilada vagina, comprobando lo que me imaginaba, la dureza y firmeza de sus redondas tetas.

    Ya con mi miembro totalmente duro, me retire para ayudar en la preparación de la cena, luego merecía una ducha y una paja a nombre de Ana, quien sería mi musa inspiradora del día de la fecha.

    Luego de la cena nos retiramos cada uno a su cubículo, yo por lo pronto a terminar o iniciar el final de mi próximo trabajo, para después bañarme y dormir relajado.

    Me senté como una hora redondeando la historia, fui al baño y luego a mi cama, al entrar en la habitación la veo a mi hermana sentada observando la fotonovela a medio terminar, sorprendido le disparo.

    -¿Ana que haces ahí?

    -Viendo como sigue la historia.

    -Pero…

    -No te hagas problema, somos grandes, no sabía de tu calidad de escritor, ¿hace mucho que lo haces?

    -Si, hace rato que escribo y publico en internet.

    -Y estas historias ¿son ciertas?

    -No, todas salen de mi imaginación.

    -Esta, que leí hoy por la tarde, me pareció excitante, al punto que tuve que “ayudarme” un poco.

    Se paró muy lentamente y me sorprendió con un beso en la boca en un principio me resistí, pero ante su insistencia no pude evitar ceder a los impulsos, la abracé y correspondí su beso. Tomándola del culo pude sentir por primera vez su firmeza, la atraje hacia mí para que nuestros sexos se tocaran, ella sintió como iba creciendo mi miembro, bajo su mano hacia él y sobando por sobre el short dijo algunas palabras que no comprendí, para ir metiéndola por debajo hasta poder tomarlo con firmeza.

    Besándonos fuimos sacando las prendas que nos cubrían hasta quedar piel a piel, subió una pierna a la cama tomo nuevamente el miembro y lo frotaba contra su vagina húmeda por demás, iba de arriba hacia abajo, quería perderse en el interior pero ella no lo dejaba.

    Abandonando todo se arrodillo entre mis piernas para hacerme una mamada de película, mientras succionaba y lamia, su penetrante mirada se clavó en la mía, su gesto lascivo me hacía hervir la sangre, estábamos en lo mejor del comienzo del sexo que pensábamos tener cuando nos dimos cuenta de la presencia de Juan observándonos, su mano derecha estaba con su verga que iba y venía, Ana le hizo señas para que se una, Juan no se hizo de rogar y se acercó con pasos torpes producido por querer sacarse la ropa caminando.

    Tomando los miembros con ambas manos se ubicó entre ambos para poder, con total comodidad, lamer ambos miembros duros como una roca, alternaba entre uno y otro, a veces nos acercaba para intentar engullir los dos con una habilidad de profesional, que yo solamente había visto en las películas porno.

    La excitación reinante en el ambiente iba in crescendo, su vagina dejaba escapar gotas brillantes que descansaban en la parte interna de sus muslos, primero descargo Juan, varios chorros de semen impactaron entre sus pechos, algún hilo del espeso líquido quedo colgando de su pezón derecho abandonando mi verga tomo su teta acercándola a la boca para lamer el producto que pendía de ese rosado y duro pezón. Una vez que lo probo, ya no hubo un detenerse, volvió a la tarea con el mío más ávidamente retomo la tarea con mayor intensidad para hacerme explotar dentro de su cálida boca sin desperdiciar ni una gota. Una vez que finalizo la degustación de mi producto, con sus dedos recogió lo que había depositado mi hermano y se lo llevaba en ellos para también sentir con más intensidad su sabor.

    Entre los dos la levantamos del piso y le llevamos a la cama, mientras yo me encargaba de su vagina, mi hermano lo hacía con el resto del cuerpo, ocupando su accionar mayormente en las tetas y sus hermosos pezones.

    Mientras succionaba su clítoris duro y palpitante introduje dos dedos en su cavidad vaginal produciendo un orgasmo impresionante, se contorsionaba y temblaba de pies a cabeza quedando tendida en la cama como si se hubiera desmayado.

    No voy a decir que no nos asustamos, volvimos a tomar nuevamente la compostura al escucharla hablar.

    -Guau, es el mejor orgasmo que he tenido en mi puta vida, no me equivoque cuando pensé que sería así.

    Volvió a tomar nuestros miembros, siempre acostada entre medio de ambos, nos masturbaba suavemente, intentando que se endurecieran de nuevo, le costó trabajo y tiempo, pero lo logró.

    Una vez recompuestos nos pidió que la penetráramos, Juan quiso probar el sabor vaginal de Ana, cosa que ella no puso oposición.

    Le hizo un sexo oral que la tenía en un solo gemido.

    Juan la levanto en vilo poniéndola de perrito, me hizo acostar debajo de ella, quien también se recostó sobre mi cuerpo, mi hermano tomo mi miembro y lo ubico en su vagina para que la penetre, poniendo también el suyo en ese agujero precioso, mi delicada hermana estaba recibiendo dos al precio de uno y por los gemidos y gritos de placer lo hacía de buen agrado, en realidad no pude saber cuántos orgasmos tuvo, pero fueron varios.

    Cuando ya estaba por descargar yo, mi hermano paro y me pregunto.

    -¿culo, vos o yo?

    -Por favor que sea Erik, la tiene más pequeña.

    Sin saber que hacer ¿reír o llorar? cambiamos las posiciones , Juan lubrico con una crema que tenía yo en mi mesa de noche, tanto el esfínter de mi hermana como mi miembro (era la primera vez que un hombre tocaba mi verga) luego de poner muchísima crema la dilato suavemente con sus dedos y acerco mi pene a ese agujero tan deseado por la gran mayoría de los hombres, debo reconocer que me deje llevar por la excitación del momento y lo introduje todo de golpe, provocando un grito de dolor a mi hermana, pare en seco y me quede quieto.

    Pasados unos minutos dijo.

    -Ya está, para la próxima hacelo con más cuidado animal, ahora espero que me cambies ese dolor por placer.

    Comencé bombear muy suavemente, que bien se sentía el culo Ana, la lubricación excesiva hacia todo más rico. Juan comenzó, con un poco de dificultad a introducir su aparato en la vagina.

    Para que la danza sea perfecta cuando uno salía el otro entraba, esta vez el que primero lleno las entrañas de Ana con su semen, fui yo, ella acuso recibo del líquido gimiendo como loca, lo que hizo acabar a Juan también, y ella nuevamente comenzó a temblar, en este punto creo que es su manera de avisar y expresar sus múltiples orgasmos.

    Rendidos por el esfuerzo quedamos todos recostados de lado en la cama por un rato pequeño.

    -Me voy a dar un baño, miren como me dejaron.

    Al levantarse, tenía semen en el pecho, tanto de su culo como vagina salía nuestro fluido a borbotones, quedando como muestra las manchas en el piso.

    Al otro día al levantarnos hablamos sobre lo sucedido, convenimos que ninguno tenía culpa de haberlo hecho, la pasamos bomba y lo que vendría sería mejor, nuestro secreto de hermanos.

    Los días y noches restantes, Ana “dormía” un día con uno y otro día con el otro, lo hicimos solos en la pileta y también los tres juntos, en casi todas las habitaciones de la casa, en realidad donde se nos venía en ganas, la verdad no sabíamos con Juan, ni se nos había ocurrido ni pasado por nuestra mente lo sexual que era nuestra hermana.

    De regreso a casa siempre encontrábamos alguna ocasión para tener sexo, tanto mi hermano como yo, cuando queríamos estar los tres juntos íbamos a un hotel.

    Cada vez se hicieron más frecuentes las escapadas a la casa de campo de nuestros tíos, nuestros padres felices que, como hermanos, nos lleváramos tan bien.

  • Lujuria sin límites

    Lujuria sin límites

    Es una noche cálida de verano. La habitación estaba impregnada de un aura sensual, con velas que irradiaban suavemente el espacio y aromas que excitaban los sentidos.

    Los protagonistas llenos de anhelo y curiosidad se entregaron por completo al encuentro de los placeres sexuales. Ellos son Laura y Gabriel. Ambos se miraron fijamente a los ojos reconociendo el deseo que uno y otro tenían.

    La mirada fue la primera forma de comunicación, enseguida fueron las caricias suaves que exploraban cada parte de sus cuerpos. Sus manos se movían con destreza y delicadeza. Por mucho tiempo anhelaban ese instante tío y sobrina.

    Laura con 25 años siempre lo miró con deseo, Gabriel igualmente sentía un inmenso apetito sexual hacia ella.

    Los besos se convirtieron en el lenguaje ardiente de sus fantasías sexuales. Ambos se encontraban en un estado de fascinación que los impulsaba a desearse de manera mutua. Esas ganas de comprender y satisfacer las necesidades del otro, era un placer compartido. Exploran sus cuerpos, descubren sus zonas erógenas y las preferencias sexuales de cada uno.

    Laura en la expresión más sincera del deseo carnal de su tío no tuvo prejuicios. El placer se hizo evidente en cada gemido de ella en cada suspiro. Se entregaron por completo al deseo libidinoso, lo añoraban lo deseaban. Por fin estaban logrando entrelazar y realizar ese deseo intenso ya no eran tío y sobrina. Eran dos seres que compartían la búsqueda del éxtasis sexual.

    Era un encuentro prohibido un secreto que solo ellos conocían, pero en ese momento, en ese espacio íntimo todas las normas y convenciones sociales desaparecían. Solo había lugar para la lujuria y el deleite mutuo. Se dejaron llevar por el éxtasis de sus cuerpos sin inhibiciones ni remordimientos. Cada caricia, cada beso era una expresión de su deseo desenfrenado.

    Las manos de Pablo se movían con destreza explorando cada centímetro de piel. El placer los envolvía elevándolos a un estado de embelesamiento indescriptible. No había lugar para el pudor ni el juicio. Solo existía el momento presente la conexión intensa entre ambos cuerpos que se entregaban por completo.

    En ese instante se olvidaron de las normas sociales y morales impuestas por la sociedad. Se liberaron de las cadenas del juicio y se sumergieron en un mar de placer y pasión sin límites puesto que, en esa habitación, en ese momento solo existía el disfrute mutuo y la búsqueda del embeleso sexual.

    Tendidos en la cama él la besaba. Eran besos suaves recorrían su cuerpo pasando suavemente por sus pechos voluptuosos. La intensidad de fogosidad era cada vez más intensa en la medida que la lengua de Pablo presionaba y succionaba aquellos maravillosos pezones. Ella gemía. Gemía de placer. El placer se hizo evidente en cada gemido, en cada suspiro que escapaba de sus labios. La piel se le erizaba con cada caricia, cada roce, Sus cuerpo convulsionaba, su corazón latía con intensidad.

    El lentamente con su lengua llegó hasta su vulva. La besó tocó y succionó su vagina. Saboreó sus fluidos vaginales. Con su lengua recorrió toda la zona, con movimientos circulares y poco a poco, con mayor intensidad. Los gemidos de ella eran cada vez más fuertes, más intensos. También jugó con sus dedos colocándolos en la entrada de la vagina, lentamente fue introduciéndolos, desencadenando en ella, el máximo placer.

    Ella disfrutaba gemía y todo este movimiento le provocó un orgasmo, otro y otro. Mordía las sábanas para no gritar se contorneaba entera en esos momentos ambos olvidaron quienes eran, se entregaron por completo al placer.

    La comunicación entre ellos se volvió profunda. Se expresaron y compartieron sus fantasías, descubrieron nuevas formas de placer mutuo.

    Fue un encuentro fugaz, una conexión que ninguno de ellos la buscó. Se dio porque ambos disfrutaban la sexualidad. Durante mucho tiempo estuvieron reteniendo los deseos lujuriosos.

    Su lujuria desafiaría los límites del placer y la liberación sexual. Se sumergieron en los deseos más oscuros y prohibidos.

  • ¡Qué puta es la guerra! (Kiev)

    ¡Qué puta es la guerra! (Kiev)

    Febrero de 2022. Palacio de Vladimir Putin (cabo Idokopás).

    -¡No puede ser! Es absolutamente imposible que mi poderoso ejército no haya arrasado a esa basura de ucranianos

    -No es tan sencillo, señor, contesta Serguéi Surovikin, el nuevo jefe militar al mando del ejército militar ruso. El invierno se acerca y los caminos se han vuelto impracticables para nuestros vehículos acorazados. Nuestros soldados están obligados a caminar a pie por terrenos que no conocen, y la resistencia ucraniana está luchando con toda su alma por defender su territorio. ¡Incluso han regresado a su tierra los emigrantes bien situados en Occidente para respaldar a sus compatriotas!

    -¿Entonces es un problema de número de hombres? ¡ordenaré una movilización general! ¡Enviaré al frente a cualquier ciudadano que sea capaz de portar un arma!

    En la humilde vivienda de Sergei no se podían creer que hubieran recibido una orden de alistamiento inmediato.

    -“En mi vida he manejado un arma. Tendrían que instruirme, y eso les haría perder un tiempo muy valioso”, repetía continuamente a su honrada esposa Sonia, y a sus bellas hijas Anastasia e Irina, que acababan de cumplir veinte años y solo pensaban en divertirse con sus amigas.

    No había terminado de pronunciar estas palabras cuando se abrió la puerta con estrépito para que entrara un individuo alto, con el rostro pétreo. Su nombre era Dimitri, y era un curtido oficial ruso que había combatido en la Segunda Guerra Mundial.

    -¿Quién de vosotros es Sergei? Recoge los objetos que consideres más imprescindibles, guárdalos en una bolsa y acompáñame. Nos vamos a la Akademiya, donde te enseñarán a utilizar las armas necesarias para entrar en combate cuanto antes.

    -¡Nooo! Chilló Sonia. No os podéis llevar a mi marido. Sin su trabajo en la granja no podremos sobrevivir al próximo invierno.

    Dimitri sonrió por primera vez. Sabía que ocurriría esto, pero no esperaba que fuera tan sencillo.

    -“Lo cierto es que podría decir que su marido padece de Endocarditis, por lo que quedaría exento de acudir al ejército. Pero no se me ocurre ningún motivo para arriesgar mi carrera salvando a una basura como ésta”. Un brillo iluminó los cálidos ojos de Anastasia. Se le había ocurrido una idea, aunque no sabía si iba a ser capaz de realizarla. Se acercó lentamente hacia su hermana Irina, y abrazándola, ambas mujeres se fundieron en un beso lésbico.

    -“Vaya, resulta que no sois tan idiotas como parecéis”, exclamó Dimitri guardando su arma reglamentaria.

    Anastasia, recuperada del inesperado beso de su hermana, comenzó a desabrochar su tosca blusa de lana, dejando al descubierto un pequeño sujetador que a duras penas podía ocultar su generoso busto.

    -“¿Por qué no entráis en mi alcoba? Allí tenemos la cama más grande de la casa y podréis hacer lo que estáis pensando con mayor comodidad.

    No hizo falta que le repitieran la sugerencia a Dimitri que con una sonrisa de satisfacción se encaminó hacia el cuarto que le indicó Sonia.

    Una vez en el interior se sentó en la cama con la mirada recorriendo las paredes hasta que encontró lo que buscaba, una lampara de aceite.

    -“Tú, la de las tetazas, coge esa lampara, derrama un poco de aceite en tus manos, y frótate los pechos, voy a necesitar que resbalen un poco. Anastasia, como un autómata, obedeció las órdenes del oficial, dejando sus ‘montañas de carne’ con un brillo muy tentador. Una vez cumplida la orden, se arrodilló frente a Dimitri ofreciendo sus pechos con las manos. Dimitri, que tenía su miembro duro como una roca, lo colocó entre los pechos de Anastasia, y la ordenó que lo frotara con ellos.

    El oficial quedó sorprendido con la suavidad de los pechos de Anastasia, solo había visto pechos de ese tamaño en los prostíbulos de Donetsk, y ninguno igualaba la suavidad natural de los senos de la joven Anastasia. Naturalmente, no tardó en eyacular, regando el dulce rostro de la joven. Lo que el cruel oficial nunca soñó es que su hermana limpiara con su lengua su rostro manchado, hasta dejarlo completamente limpio. Ambas jóvenes creyeron que su humillación había terminado, pero el miembro de Dimitri al ver como se limpiaban las hermanas volvió a endurecerse, y decidió que había llegado el momento de penetrarlas.

    -¿Sois vírgenes? Preguntó rudamente.

    -¡Sí, lo somos, nunca hemos yacido con un hombre!

    -Pues si no os puedo penetrar por un agujero, tendrá que ser por el otro.

    -¿Qué otro agujero? Preguntaron, nosotras solo tenemos uno, nuestro sexo.

    La sádica sonrisa de Dimitri les hizo entender que ese ‘otro agujero’ tendría que ser su ano, pero eso era imposible. ¿qué hombre querría introducir su miembro en un orificio destinado a la expulsión de excrementos?

    Dimitri no les dio tiempo a que se siguieran haciendo preguntas, ya que cogiendo las caderas de Anastasia apuntó con su miembro al pequeño agujero, y tras una breve lucha se lo introdujo. El chillido de la joven retumbó en la habitación, y lejos de amilanar a Dimitri multiplicó la fuerza de sus embestidas hasta conseguir que el orificio de la joven se adaptara a la intrusión. Los pechos de la joven ucraniana se balanceaban al ritmo de las embestidas del oficial, que tras un rugido de placer llenó con su semilla el estrecho conducto de la joven ucraniana.

    Dimitri dedicó unos minutos a recuperar el aliento, después se ajustó el uniforme, cogió su arma reglamentaria y se dispuso a abandonar la casa. Sin embargo, se detuvo unos instantes para decirle algo al horrorizado Sergio:

    ¡Eres un hombre afortunado! Si mi familia hubiera hecho esto por mí el día que me llamaron a filas no me hubiera convertido en el monstruo que soy ahora.

  • De toreros y cornadas

    De toreros y cornadas

    –Qué puto asco, tía.

    Ainhoa contemplaba la pantalla de su televisión mesmerizada, sin hacer caso a los comentarios de su novia. Sin embargo, tenía razón. La periodista no podía sino recordarse a sí misma que solo estaba viendo esa corrida para documentarse sobre su siguiente entrevista.

    –Ainhoa, mi amor, ¿no puedes decirle que se la encarguen a otro? Es que esta barbaridad no debería ir ni siquiera en la sección de Cultura. Tú te metiste… pues para escribir sobre pelis de Almodóvar, o sobre novelas de María Dueñas. No sobre esta brutalidad.

    Ainhoa sonrió y acarició las rastas de su novia Anisia. La besó en la frente, sintiendo sus temblores. Por Dios, qué llorica era a veces… aunque, para ser sincera, eso era lo que le había hecho enamorarse de ella en la Facultad.

    –Sabes que no puedo hacer eso, Anisia. De las dos, soy la única que tiene un curro fijo, y…

    –No me lo tienes que recordar, ¿eh?

    Acarició de nuevo a su pareja, dándole ánimos, después de todos los currículums infructuosos y las oportunidades desperdiciadas por su propia pereza.

    –Lo sé, solo te quiero decir que no puedo permitir que me echen. Si tengo que hacerle una entrevista a un matador de toros, se la hago.

    –Claro, y a Hitler también…

    –Oye, pues si me dan la oportunidad, después llevo a Núremberg al muy cabrón, pero seguro que tendría algo interesante que decir.

    Su novia le dio un golpe en el hombro, claramente contrariada con esa salida de tono.

    –Joder, para que te burles de mí de esta forma, me salía más a cuenta seguir con un tío…

    Ainhoa soltó una carcajada y consoló a su celosa novia mientras miraba de reojo la pantalla. Aquel espectáculo bárbaro, por suerte, llegaba ya a su fin. La bestia había caído, su conquistador se golpeaba el pecho con un furor guerrero que ni siquiera otros de su profesión sabían imitar.

    La cámara enfocaba al Carajillo, el torero que había llevado a cabo la faena. Su mandíbula cuadrada todavía se mantenía tensa, esos ojos verdes y fríos parecían mantener la tensión. Un moreno vitalista cubría toda su piel, desde su tez cincuentona hasta esas manos callosas que sostenían un estoque manchado de sangre. Después de su explosión de euforia triunfadora, dedicó a la cámara una única sonrisa chula pero respetuosa, casi indiferente, como si le importara poco su vida. Teniendo en cuenta su modo de ganarse el pan, no le extrañaría.

    –Oye, pero por lo menos pon a este desgraciado en aprietos, ¿no? Creo que no le han preguntado nunca por los antitaurinos. Puedes tirar por ahí. Hacerle sudar, manteniéndote neutral.

    –Ay, cómo se nota que tú sacabas más nota que yo en la Facultad…

    –Ya, y aun así eres tú la que está trabajando de periodista. No es justo, tía.

    Le acarició el cabello, consolándola.

    –Venga, guapa, no te pongas así. Ya encontrarás algo… y, si no, bueno… nos seguimos teniendo la una a la otra… y puedo demostrarte mi amor siempre que quieras…

    La reportera mordió la mejilla de su novia, que la rechazó con cierto fastidio.

    –No, hoy no me apetece. Ando cansada.

    “Siempre andas cansada” –pensó Ainhoa, pero de nada le serviría decirlo. Pasaron el día viendo su podcast favorito sobre veganismo y haciendo un tofu algo desagradable para cenar.

    Cuando Ainhoa se metió en la cama y cerró los ojos, no vio a su novia, ni a su perro, no tampoco el retrato de Frida Kahlo que tenía colgado en la pared. En la oscuridad, esos ojos de tequila barato parecían fulminarla.

    La arena se le metía a Ainhoa en el coño, su desnudez se asaba bajo el sol. Se sentía observada, se sentía vigilada. Las risas. Ahí estaban las risas de todas las chicas que se habían metido con ella por su condición, por su peso, por todas las taras que había ido acumulando a lo largo de una vida de inseguridades.

    En su piel aparecieron heridas sangrientas de saetas, heridas como orgasmos, orgasmos como heridas.

    Despertó sudando, respirando entrecortadamente.

    Gruñó, y tuvo que hacer un esfuerzo mayúsculo para no golpear la cama en la que su novia seguía durmiendo el sueño de los perezosos. Cuando no follaba, siempre tenía pesadillas.

    Apagó el despertador y se preparó para la entrevista: vestido corto con un estampado de margaritas, ahora que venía el verano. Su pelo rizado y castaño, recogido en una coleta. Se colocó sus gafas redondas, deseando poder rendirse a ese miopía relajada con la que miraba el mundo cuando no había nada que hacer. Pero había que reconocer que se miraba bonita en el espejo… aunque, pese a todos sus artículos sobre positividad corporal, también había que admitir que habría estado más bonita con diez o quince kilos menos.

    Sonrió, pícara, y se agarró las tetas delante del espejo. Eso también tenía sus ventajas.

    Abandonó la casa y cogió el coche. Recorrió en él las calles de Sevilla con una mirada de forastera enamorada, ignorando el reloj y el calendario mientras se perdía en sus rincones. También, para qué negarlo, centrarse en las esquinas de tan bella ciudad era un modo de postergar el encuentro con aquel profesador de una barbarie que llevaba denunciando más de una década en sus redes sociales, de retrasar la enunciación de unas preguntas que no sentía como suyas ni podría formular adecuadamente.

    “En fin, así es la vida. Un curro es un curro”.

    Ver la casa de aquel torero no ayudaba en nada. Su superficie blanca e imponente la empequeñecía desde una altura señorial, su pulcritud sencilla era más apabullante que el barroquismo de cualquier mansión. Tuvo que llamar por el telefonillo desde detrás de la valla para recordar que no estaba en el siglo XIX, y para ser recibida por una anacrónica modernidad.

    –Buenos días –saludó una voz grave y tranquila desde el otro lado–.  Supongo que viene por la entrevista, ¿verdad?

    Ella cruzó los dedos, encomendándose a sus influencers de autocuidados favoritos para poder hacer frente a ese mal trago. Al menos, era un tío educado: poca gente hablaba con tanto detenimiento por el contestador.

    –Sí, soy yo, Andrea Riveiro. ¿Puedo… puedo entrar?

    –Sí, por supuesto.

    Prácticamente al segundo, se oyó el timbre, que le permitió entrar al patio. Allí, una figura alta y altiva atravesaba el umbral de la puerta.

    Estaba vestido con un sobrio traje negro y una camisa cuyos botones desatados permitían apreciar un pecho peludo y viril. Su pelo engominado ya peinaba algunas canas, pero a juzgar por la sonrisa chulesca de su rostro duro y moreno, poco le importaba. Costaba creer que ese hombre tan seguro de sí mismo fuera el mismo energúmeno al que había visto acabando con la vida de otro mamífero.

    –Buenos días –saludó el matador de toros, dándole dos besos. Olía a desodorante y varón Dandy–. Andrea Riveiro, ¿verdad? Está usted más guapa aún que en las fotos.

    –Gracias –contestó ella, con la sonrisita tonta que esbozaba siempre que tenía miedo.

    –Perfecto. Entremos. Por cierto, me encantó su artículo sobre Vicente Aleixandre. Es uno de mis poetas favoritos, pero rara vez se le hace justicia.

    Notó que, mientras cerraba la puerta, le miraba el escote de forma disimulada. Sin embargo, aquello que normalmente habría suscitado asco y tal vez incluso alguna respuesta verbal, no le importó demasiado. Supuso que se debía a lo cansada que estaba de discutir con su novia, como para ponerse a discutir con desconocidos.

    La guio por el recibidor, en el que un cartel taurino marcaba la pauta para el resto de la casa, hasta una habitación que parecía un estudio.

    –Si quiere tomar fotos, adelante.

    Lo hizo, claro: cómo perderse esa oportunidad de añadir a su portafolio esos cuernos de toro colgados en la pared, ese cartel taurino que tanto le había llamado la atención, la inesperadamente amplia biblioteca. Se sorprendió de que, entre libros sobre toreo y, con la presencia prominente de Sangre y arena de Blasco Ibáñez, hubiera una gran cantidad de novelas y ensayos de gran calado que, por la novedad de sus ediciones, no parecían heredadas de algún familiar más culto que él. Se preguntó cómo un hombre de letras, un hombre que había visto mundo y había tenido oportunidades, se había dedicado a esa forma de entretenimiento tan sádica.

    –Bueno, creo que ya estamos listos. Para le entrevista, quiero decir.

    La risita del torero le hizo morderse los labios instintivamente. La guio hasta las dos sillas de la mesa del comedor, donde se sentaron. Le tomó algunas fotos más, enfocando a su pecho mientras él se deleitaba en el de ella. Y, entonces, dio comienzo a la entrevista.

    Empezó con preguntas inocentes sobre su carrera y sobre sus perspectivas de futuro, con alguna que otra pregunta personal para que estuviera relajado. Contestó de manera sucinta, con una actitud positiva que no había esperado en un asesino. Y, aun así, había cierta perversidad en esas sonrisas y en el brillo pícaro de sus ojos. Como si estuviera delante de un toro manso. Domesticado, sí, pero con más de media tonelada de puro potencial destructor.

    Por supuesto, la pregunta tenía que salir.

    –La tauromaquia está en crisis. Se está prohibiendo en algunas comunidades y países, el público decrece, hay polémica… ¿es el fin?

    El Carajillo chasqueó la lengua, movió sus pupilas hacia arriba con tanta fuerza como sus estocadas. Sin duda, estaría harto de la preguntita de marras.

    –Bueno, esto es como los propios toros, ¿no? A veces, las pobres bestias se rinden cuando les clavan muchas banderillas, y casi no tiene mérito acabar con ellas de la sangre que han perdido. Pero, a veces, un toro bravo se revuelve contra la muerte. Es su momento de gloria en el que sus cuernos son como dos guillotinas y en el que te puede llevar por encima casi sin proponérselo. Con nosotros, igual: cuanto más nos ataquen, más reivindicaremos nuestra forma de vida. Y yo cada vez veo a más jóvenes en las plazas, seguramente por la tabarra que sus padres les habrán estado dando con lo malos que son los toros. La juventud es rebelde y el toreo es vanguardia de nuevo, aunque a algunos no les guste.

    Quiso vomitar con la respuesta, pero se limitó a pensar en su contraataque.

    –Ha hablado de los pobres animales. ¿Usted siente lástima por los toros?

    Pareció casi ofendido por la pregunta, aunque esa ofensa se saldó solo con una sonrisa fiera.

    –¿Yo? Claro que sí. Yo respeto mucho al toro y, por eso, nunca lo hago sufrir innecesariamente.

    –Un animalista diría que, aun así, lo mata…

    El Carajillo enarcó una ceja, disfrutando de su incomodidad.

    –Ya, igual que un animal mata a otros animales o un herbívoro se come las plantas. Y no solo por sobrevivir: los animales se matan para competir por las hembras, para defender a sus crías… y, sí, por diversión. El toreo, amiga mía, es una ritualización de todos los instintos que es mejor dejar a un lado para vivir entre nosotros. Igual que el boxeo o las artes marciales, permite que la gente desahogue su lado sádico sin peligro para terceros. Aunque a algunos les parezca cruel, es necesario.

    Estaba en completo desacuerdo con eso, pero asintió como una tonta. Ver a alguien defender algo con tanta pasión era indeciblemente atractivo.

    “Venga, Ainhoa, no pierdas las bragas. Es un puto asesino”.

    Pero un puto asesino al que apuntaba con sus rodillas con la actitud sumisa de una colegiala.

    Cuando la entrevista terminó, el bravo sacó una botella de vino.

    –Ha sido una charla muy fructífera. Por favor, tome al menos una copa de esta botella. Es un licor muy bueno, y usted se lo merece.

    Ainhoa aceptó con gusto: después de haber estado recortando gastos durante meses por culpa de la vaga de Anisia, estaba bien darse un lujo como ese. El primer trago hizo que se le encendieran las mejillas.

    Hablaron de sus respectivas carreras, y descubrió en ese matador a un ser galante, sensible a su manera como un pintor. Los cuadros de su estudio, obras de carácter figurativo frente a las birrias abstractas de los que solo compraban pinturas para ostentarlas, eran la prueba fehaciente de que le importaba el arte.

    –Entonces, sea sincera. ¿Es usted antitaurina?

    Le pegó un respingo.

    –¿Por qué lo dice?

    –Porque tengo dos ojos y dos orejas, y he visto lo incómoda que estaba.

    –Pues… pues sí, soy antitaurina. Espero que no se ofenda.

    –¡No, no, por supuesto! Estoy más que acostumbrado. De hecho, ha hecho usted una entrevista magnífica pese a su animadversión a los toros.

    –A los toros no –corrigió, sonriente, mientras ese hombre se acercaba a ella. Su sudor se le metió en la nariz, su pecho se desbocó–. A la tauromaquia.

    –¡Ja! Bien llevado, sin duda. Pero, en fin, parece usted una mujer culta y con las ideas en su sitio… y, bueno, dos personas con pensamientos distintos se pueden entender…

    La cogió de la barbilla con delicadeza y, dándole tiempo a reaccionar, posó un encendido beso sobre sus labios. Ella se dejó besar, tensó sus manos, sintió cómo el mundo se le venía encima y cómo, después de tanto tiempo sin gozar de un cuerpo ajeno, volvía a girar.

    Se retiró, colorada.

    –Oiga, yo… tengo novia.

    –¿Sí? No parece haberle importado mucho.

    Y, sin dejar de sonreír, la besó de nuevo. Y Ainhoa sintió el feminismo disolverse en la humedad de su entrepierna, que ese apuesto carnicero acariciaba ya con sus dedos.

    Sintió un escalofrío delicioso. Era acoso, era una agresión, pero… pero, joder, cómo le ponía.

    –Oiga, por favor…

    –¿Qué?

    –Yo… yo nunca he estado con ningún hombre…

    –Una pena, una chica tan guapa como usted… qué desperdicio…

    Él guio su mano hasta ese bulto que sobresalía en su pantalón, ese bulto que tanto se marcaba en las mallas y que tantos escándalos de la prensa del corazón había protagonizado. Era grande y duro, pero con un tacto más caliente que el consolador que su pareja se metía a veces en las piernas como patético sucedáneo de la carne real. De la carne que, ahora se daba cuenta, llevaba echando de menos toda su vida.

    –Nadie… nadie se puede enterar…

    –Por supuesto. Ya hace tiempo que me puse firme con los paparazzi.

    Ella asintió, dejando que esa mano firme acostumbrada a matar la agarrara de una de sus generosas nalgas. Él la guio hasta el sofá con calma, tumbándola. En ese momento, supo que estaba aún a punto de salir corriendo cual vaquilla asustada. Pero, en su lugar, esbozó una sonrisa y se agarró las ubres, comprobando risueña que ese animal se volvía loco con ellas.

    Entre los dos le quitaron el vestido, dejándola en ropa interior. Las tetas se le salían del sujetador, sus jadeos eran ya notorios.

    –Qué guapa eres…

    El torero lamió sus pezones tras retirarle el sujetador. Su habilidad con la lengua no era tan precisa como la de su novia, pero había una pasión que a esta le había faltado desde hacía tiempo. El Carajillo, que seguramente quedaba con mujeres distintas todas las semanas, acudía de todos modos a sus pechos como si fueran un delicioso maná, como si los necesitara para vivir. Y Ainhoa gozaba como una perra de esa devoción.

    –Así, joder, así…

    Gozó aún más cuando sintió el aliento del matador en su ombligo, cuando sus mordiscos fueron descendiendo hasta sus amplios muslos.

    Retiró las braguitas de corazones como quien retira algo sagrado, con la misma reverencia y el mismo entusiasmo impúdico. Sin perder un segundo, enterró la lengua en el hoyo agradecido de una mujer que no había sido estimulada en mucho tiempo. Y esta respondió como era preceptivo responder, con un gruñido gutural de agradecimiento.

    Esa mamada de coño fue breve y rápida, feroz y tempestuosa. El torero hizo una demostración de destreza dibujando círculos en su clítoris, haciendo que tuviera que agarrarse al sofá para contener su furor y no caerse al suelo.

    –Sí… sí, por favor, no pares, no vayas a parar… por Dios…

    Hacía mucho que no invocaba el nombre del Altísimo con tanta fuerza, tal vez desde que había declarado a sus padres que no haría la confirmación. En ese momento, moviendo las caderas de forma tan potente y entusiasta, no pudo sino agradecer a Dios el haberla puesto en el camino de esa tormenta arrasadora con forma de lengua.

    –Así… ah, joder, no pares, no pares…

    Y no paró. Su saliva acarició los límites de su vagina, la hizo temblar. Y, después del temblor, el orgasmo. El dulce néctar que le hizo taparse la boca para no chillar, como si Anisia la pudiera oír aún desde tanta distancia. Pero, al sentir ese placer sin ataduras, su compromiso con Anisia le importó más bien poco.

    Dejó que el éxtasis se apoderara de ella y que se fuera, su fuerte respiración fue un indicador suficiente para que la cara del torero saliera de entre sus piernas. Pero, a juzgar por aquella creciente protuberancia en sus pantalones, no había terminado con ella.

    Se desabrochó con lentitud, dejando que Ainhoa degustara el momento, dejando que captara fragmentos de ese pedazo de carne antes de liberarlo por completo. Cuando lo hizo, ella se relamió del gusto y de la expectación.

    –Madre mía, eso sí que es un rabo de toro…

    La mano derecha del matador se cerró en torno a su cuello.

    –Sí. Seguro que la bollera de tu novia no puede darte esto…

    Ese comentario, que en cualquier otra circunstancia le habría ofendido, le hizo reír. Abrió las piernas, reconociendo instintivamente a ese hombre como el compañero perfecto. Presa de sus pulsiones más atávicas, ni siquiera le pidió que se pusiera un condón. La punta de ese miembro rozó la entrada a su interior.

    –Empieza despacio…

    Entró con delicadeza, incrustando en ella ese trozo de carne que provocó una mordida de labios y que, sin esa barrera, habría suscitado abundantes gemidos. La posición del cuerpo de ese hombre, por encima de ella, era una muestra de superioridad que hizo que su coño se derritiera.

    Ese tipo sabía controlar los tiempos. Primero le clavó su banderilla con movimientos rápidos pero gentiles, como los primeros cautos acercamientos a una bestia aún en perfecto estado de salud. Pronto, sin embargo, sus estacadas se fueron tornando más violentas, haciendo que su amante se retorciera de un delicioso dolor. Ainhoa expulsó un chillido, disfrutando por primera vez en su vida de un macho. Había gozado de consoladores mucho más grandes que ese miembro, sí, pero guiados por una mano débil de mujer, no por esas hábiles caderas. Y sin ese calor que la llenaba por dentro, colocando en su interior la pieza de puzzle que le faltaba.

    –Venga, di la verdad… –susurró él, dándole palmadas en las tetas. Estas rebotaron, jubilosas–. Di la verdad, a ti te hacía falta polla…

    La transformación de ese hombre elegante en aquel salvaje no le resultó chocante sino, por el contrario, muy atractiva. Se tomó unos segundos para responder mientras la taladraba con aquella despreocupación tan deliciosa.

    –Sí, joder… no sé cómo he vivido sin polla durante tanto tiempo…

    Eso hizo sonreír al Carajillo, que redobló sus esfuerzos. Aquel semental golpeó su punto G con la fuerza entusiasta del conquistador.

    –Si es que todas las tías sois iguales… –musitó, dándole un suave manotazo en el cuello–. A todas os va que os manejen… y, cuanto más feminazis, más sumisas sois…

    –¡Sí! ¡Sí! ¡Sí, joder soy tuya! ¡Soy tu perra feminazi! ¡Penétrame más, por favor! ¡Hazme tuya!

    Esas súplicas solo hicieron que aumentara la rapidez y brutalidad de sus embestidas, que creyó que la volverían loca. Se preguntó qué pensaría Anisia si la viera. Siendo tan débil como era, seguro que se pondría a llorar y caería en una depresión. Seguro que, aun así, le suplicaría que volviera con ella y le haría sentirse culpable. Seguro que amenazaba con suicidarse y le echaba la culpa al heteropatriarcado.

    Imaginarse a su novia tan destrozada hizo que riera, malvada y animal, mientras aquel hombre seguía empeñado en destrozar sus entrañas.

    La agarró de los hombros, tratándola como si fuera una muñeca de trapo y mirándola desde una posición prominente y de autoridad. Atacó, atacó sin piedad, dándole lo que siempre había necesitado sin saberlo, tratándola como a una bestia derrotada. Y así era.

    Cuando se corrió dentro de ella, ni siquiera hizo un amago de escapar. Dejó que su semen la llenara, que empapara su interior de ese calor de homínido dominante. Dejó escapar un suspiro de futura preocupación, de futuros quebraderos de cabeza. Y, sobre todo, de placer.

    –Bueno, no ha estado mal –observó el torero–. Anda, vístete y vete, que tengo cena pronto. La verdad es que me gustaría verte otra vez, tal vez… ¿qué tal te vienen los miércoles?

    Como había sucedido a tantas otras mujeres antes que ella, la pérdida de la virginidad la llevó a una repentina decepción. Aunque seguía jadeando y rojiza en su semblante, se arropó los pechos con las manos y asintió, temerosa y volviendo de nuevo a la realidad.

    –Va… vale. Pues… encantada –dijo ella, sonriente–. Ya veremos cuándo quedamos.

    Se vistió con rapidez, abandonó la casa y, con la cabeza gacha (miró a ambos lados para comprobar que nadie la veía) se metió en una Farmacia para comprar la píldora del día después. Joder, joder, joder…

    Volvió a casa con una sensación ambivalente de soledad y vergüenza, no queriendo admitir que había pasado uno de los mejores ratos de su vida. Pero hacía mucho tiempo que no se sentía así… tan deseada, tan guapa… tan zorra…

    “No. No, no. Todo esto ha estado mal –pensó, imaginándose a sí misma en la piel de su novia–. Eres… eres una hija de puta, una cabrona”.

    No, tampoco era eso, ¿verdad? Un error, un error tonto que podía tener cualquiera y que, de hecho, muchos tenían. Un error que olvidaría mientras trataba a su novia como a una princesa durante toda su vida. Y entonces, tal vez, pudiera dejar de sentirse culpable.

    Al volver a casa, dio un beso a Anisia, que se lo tomó con cierta guasa.

    –Anda, que podrías haberme comprado un helado ya que estabas fuera. Joder, nunca piensas en mí…

    Cualquier rastro de empatía que pudiera haber tenido por ella se esfumó. Se retiró a su cuarto, donde cerró el puño y lloró. Lloró recordando las oportunidades perdidas, los desprecios, las constantes recriminaciones de esa morsa perezosa que no podía aceptar que tuviera más éxito que ella.

    Después de llorar, sonrió. En cierto modo, era liberador.

    Lo siguiente que hizo fue descargar el Tinder y hacerse un perfil con las fotos subidas de tono que se había hecho durante las semanas anteriores y no le había mandado a Anisia con pereza. No se le veía el rostro, solo un camisón en el que se apreciaban sus dos pechos del tamaño de su cabeza. Temblaba de excitación al subir esa imagen. Los cuernos en la cabeza de su novia estaban bien, pero ahora quería limarlos, regarlos, dejarlos crecer. Para que, si algún día se lo contaba, fueran más que un breve escarceo con un matador de toros.

    Su móvil vibró.

    “Hablando del rey de Roma…”

    Una foto de su contacto: «Carajillo». Su polla, de nuevo. Venosa, grande, magnífica. Se tocó el clítoris, recordando orgullosa cómo se había rendido ante él. Cómo se había hecho una con ese galán anacrónico y engominado.

    Bloqueó el contacto. Sí, el Carajillo follaba bien, pero no quería dejar a una persona tóxica para empezar a salir con otro cabrón. Ni con un cabrón ni con nadie: ella, acababa de descubrirlo, no era mujer de un solo hombre. Ni de una sola mujer.

    Se masturbó furiosamente, apoyada en la encimera del baño, mientras iba pasando de un perfil a otro.

  • Mi nueva muñeca (parte 2)

    Mi nueva muñeca (parte 2)

    Nos decidimos a volver a mi casa y explicarle esto a Claudia mi esposa, como podría ser posible que Mónica y yo intercambiáramos cuerpos, es una locura, pero me dije encontraré la manera de convencerla y volver a mi cuerpo, así que le pedí a Mónica que hablara primero por teléfono, además que de seguro Claudia no estaría tan contenta que hubiera pasado la noche en el departamento de Mónica y creo que el confesarle que Mónica ahora era su esposo pues no pone las cosas fáciles.

    Le dije solo dile que ya vas para allá que el carro no quiso arrancar por la lluvia y por eso te quedaste pero que ya encendió, yo pensé que con esa mentirilla sería un poco más fácil hacer acto de presencia y ella no estaría tan enojada, llamo y puso la llamada en altavoz.

    Y al contestar pregunto Claudia, ¿que paso, ya vienes? ¿Te abro la puerta?, ¿desayunaste?

    A lo que conteste, hola tía buenos días ¿cómo esta?

    Claudia cambio su tono de voz a algo más tranquilo, estoy bien mi niña ¿y ustedes?

    -Pues cayó un aguacero, pero todo está bien, también nos quedamos sin luz gran parte de la noche y el carro apenas y llego casi se queda tirado mi tío, respondí.

    -Que suerte -contesto Claudia.

    A lo que Mónica contesto con mi voz, -ya salgo para allá en un rato más te veo.

    -Ok contesto Claudia, te espero para desayunar y colgó.

    Bueno el primer paso del plan parece haber funcionado, pude pasar por Mónica y Mónica pudo hacerse pasar por mí aparentemente sin ningún problema.

    Una vez más nos quedamos viendo después de colgar el teléfono y dije:

    -pues vámonos tu manejas, tienes mis identificaciones así que no debes tener ningún problema para conducir.

    A lo que me contesto, -he… hay un problema, no se conducir y nunca he tenido automóvil por lo que no tengo licencia tampoco

    -Bueno -le conteste- dame las llaves yo manejo, si nos detienen en el camino tu pon la cara seria, no te rías y yo sonreiré y diré que eres mi tío y me estas enseñando a conducir y le enseñas tus identificaciones.

    A lo que contesto -de acuerdo vámonos.

    Nos subimos al auto, sentí raro, todo desde mi nueva perspectiva era más grande, Mónica también dijo, ahora siento que el auto es más pequeño, si que ahora soy un hombre grande.

    Ajuste el asiento del auto, los retrovisores a mi nueva altura y salimos hacia mi casa, donde nos espera Claudia mi esposa para recibirnos.

    En el camino fui preparando a Mónica con las preguntas que de seguro le cuestionaría Claudia, me imagine la enorme lista, ¿y por qué? ¿y por qué?… A lo que nos dio un momento de risa y relajación mientras nos acercábamos más y más.

    Mónica antes de llegar me dijo, la veo y mi rostro se ve muy bien desde aquí, incluso cuando se pone serio se ve bonita.

    Solté una risa un poco burlona y pensé. ¿Primero intercambiamos cuerpos sin razón y ahora que lleva unas cuantas horas como hombre me quiere seducir?

    Por fin llegamos a mi casa, Claudia nos esperaba en la entrada con la cerca abierta, y se sorprendió cuando me vio conduciendo el auto, cuando bajamos del auto, se dirigió conmigo y me pregunto, a poco ya sabes muñeca.

    Si tía conteste, aprendí antes de venir a la ciudad, pero mi tío Joel me quiso enseñar como manejar en la ciudad y conociera las calles antes de ir hacer mi prueba de manejo.

    En verdad respondió Claudia, aquí normalmente no quiere hacer nada y no me dijo nada, pero pasen y siéntense, como has estado.

    Entramos a la casa, Mónica se sentó en la mesa en el lugar que normal uso yo y yo me pase al de los invitados.

    Claudia pregunto: Ya desayunaron, les voy a preparar algo.

    A lo que respondí: yo les quiero preparar el desayuno, quédense ahí sentados.

    Fui a la cocina y le empecé a llamar Claudia seguido para que me dijera donde estaban los sartenes, el aceite hasta que logre que pasara más tiempo conmigo y no darle oportunidad a que hablara con Mónica y fuera a decir algo que nos metiera en problemas en ese momento.

    Terminamos de comer y como lo había planeado con Mónica en el trayecto a casa, dijo que le dolía la espalda, se levantó, le dio un beso en el cachete a Claudia y se fue al cuarto a ver TV a lo que Claudia dijo que delicado eres, no puedes pasar ni una noche en una cama que no sea la tuya sin que te duela nada, con una voz sarcástica.

    Yo estaba nervioso porque no encontraba la manera de iniciar la plática cuando Claudia me dijo.

    Hay mi niña, te quedo muy rico el desayuno, tienes la misma sazón para cocinar que tu tío, al menos eso me gusta mucho de él.

    Gracias tía, conteste.

    Sabe me gustaría platicar algo personal con usted, le dije.

    Cuando me interrumpió y me dijo sabes que, ahora tengo que ir a recoger a la tienda unas cosas que compre por internet, si quieres vamos para que la conozcas, hay muchas cositas que de seguro te van a gustar y ahí podemos platicar a gusto, desde el cuarto se escuchaba la televisión como normalmente yo la veía.

    ¿Le pregunte y mi tío?

    Ni se va a dar cuenta que nos fuimos no te preocupes.

    Tomamos un taxi y nos llevó a la tienda, tuve que fingir que me impresiono mucho pues yo ya había acompañado a Claudia muchas veces a esa tienda, sobre todo cuando estábamos de novios.

    Una vez dentro, fuimos a donde estaba la ropa, poco a poco se me hacía más difícil fingir gusto pues a mí nunca me ha gustado comprar ropa, últimamente cuando íbamos a esa tienda yo me escapaba al área de electrónica y televisiones, pero dije tengo que aguantar, al menos esta vez mientras le explico la situación entre Mónica y yo.

    Ella empezó a buscarme blusas, pantalones, zapatos, ropa interior y yo me empecé a probar todo lo que traía a petición de ella, cuando escuché que dijo:

    No lo puedo creer, pruébate este vestido

    A lo que no me quedo de otra que entrar al probador y ponerme el vestido, yo creo que el enfado que sentía ya no lo podía ocultar, cuando me probe el vestido, salí del probador y me vi en el espejo, el reflejo fue el de una jovencita con un vestido bello que resaltaba su belleza natural, no era que Mónica tuviera grandes atributos de mujer, pero, aun así, el reflejo en el espejo decía otra cosa.

    Claudia dijo: ya viste que bien te queda, este te lo voy a regalar quieras o no para que lo estrenes el primer día de clases.

    A lo que conteste gracias tía.

    De ahí recogimos las cosas que había ella encargado y me pregunto, en la casa me dijiste que querías hablar de algo conmigo, ¿de qué se trata?

    De verdad tía no quisiera hablar de ese tema aquí, hay mucha gente, prefiero un lugar más tranquilo, que le parece si vamos a algún otro lugar y ahí le contare todo.

    De acuerdo, vamos a pedir un taxi conozco un parque cerca de aquí y ahí platicamos.

    Se lo agradezco conteste.

    Una vez llegamos al parque, ese parque tenía algo especial, en ese parque después de salir por meses, ahí fue donde Claudia y yo nos enamoramos y pensé tengo que aprovechar esta oportunidad.

    Me pregunto dónde te quieres sentar y señale una banca del parque, que sabía que era especial para nosotros.

    Y me dijo que tino tienes niña, sabes por qué.

    Y guarde silencio para que ella me dijera.

    En esa banca tu tío me pidió que fuéramos novios y años después también ahí me propuso matrimonio.

    ¿En verdad? Conteste

    Bueno dijo Claudia, no vinimos aquí tan solo para revivir mis recuerdos de mi juventud, dime que es lo que te da tanta pena decirme y que te has guardado hasta llegar aquí.

    Y antes de que pudiera contestar me preguntó.

    ¿Extrañas tu casa? ¿Quieres volver con tus amigos? ¿O extrañas a tu novio? ¿O peor, estas embarazada?

    A lo que conteste, no, haciendo gestos y moviendo la cabeza, nada de eso le quiero confesar.

    Entonces, porque sería muy bonito que tuvieras un bebé, sería el primer nieto en la familia aunque apenas estas empezando tus estudios de seguro tu tío y yo te ayudaríamos económicamente para que puedas criarlo.

    A lo que replique, no estoy embarazada, ni tengo novio y pues es muy difícil de explicártelo porque ni siquiera yo soy capaz de entender este problema.

    Entonces pregunto, ¿estás enferma?

    Cambie mi tono de voz y dije seriamente: No, lo que le voy a platicar es algo muy extraño, es increíble, y espero que no se altere, estoy segura que al inicio no me lo creerás pero me alegro que hayamos venido a este lugar.

    Bueno ya cuéntame.

    Bien dije, yo sé que Joel.

    Me interrumpió y dijo, ese condenado ya me imagino.

    Y la detuve, déjeme continuar y después diga lo que quiera de él, yo lo único que sé es que el la ama mucho aunque últimamente se han distanciado, como el día que le pidió ser su novia en esta banca.

    Si te lo mencione hace un momento.

    Si, pero también ese día usted llevaba puesta una blusa rosa con un pantalón negro, y vinieron a la banca por que acababan de salir del cine, él había ahorrado de su primer trabajo como mesero, por dos meses y le regalo un anillo de plata con sus iniciales grabadas.

    Me pregunto: él te platico eso.

    También sé que usted no quería ponerse de novio con él porque no sabía si su familia la aceptaría a usted por su enfermedad, que de seguro la dejaría al poco tiempo y no quería usted terminar con el corazón roto.

    Bien dijo Claudia, pero hasta ahora no entiendo que me quieres decir con todo esto, por lo visto has hablado mucho con el en el poco tiempo que has estado viviendo aquí.

    Y dije: iré directo al punto sin más rodeos, tome un respiro agarre fuerzas y le dije, yo no soy Mónica, soy tu esposo Joel, y Joel que lo viste que se acostó en la habitación es tu sobrina Mónica.

    A lo que soltó una risa en burla y dijo: hay niña como crees que voy a creerte eso, seguro anoche tu tío y tú se pusieron de acuerdo para jugarme una broma de mal gusto.

    Dije Dulzura, no te acuerdas cuando nos conocimos por que tu compañera de cuarto me invito a una fiesta que darían en su departamento, y que ahí te conocí, tomamos y bailamos toda la noche y sin duda fue la mejor de mi vida y de ahí no nos hemos separado ni un día desde entonces.

    Claudia pensó todo lo que le dije y me dijo, pues es increíble lo que me estas confesando sobre todo que me estas contando detalles de nuestra vida que Joel no le cuenta a cualquiera.

    Además, que ganaría yo aparte de quedar como un tonto, con hacerte una broma de este tipo, no sé qué fue lo que paso y lo único que me gustaría que me dieras en este momento es tu apoyo, eso es lo único que necesito de ti en este momento.

    Me pregunto Claudia, entonces esto paso de la noche a la mañana, ¿solo despertaste así?

    Pues es lo que recuerdo en este momento, si hay más espero acordarme pronto, omití contarle la parte que amanecimos completamente desnudos en cama.

    Nos quedamos en el parque un rato más, platicando como hacía años no lo habíamos hecho, casi como cuando estábamos de novios y entonces me pregunto algo que para mí estaba fuera de lugar:

    Entonces ahora como le haces para orinar.

    Conteste, pues como todas las mujeres, me siento.

    ¿Y se siente diferente?

    Si es diferente, y no diré más.

    Además, vas a tener que aprender a cambiarte y a verte como mujer.

    A lo que conteste, espero no estar así por siempre.

    Volvimos a la casa, bajamos las cosas, Mónica salió a recibirnos y dijo cariño a Claudia, a lo que contesto, ya me dijo que no eres Joel, que eres Mónica así que no pretendas ser el conmigo, porque yo sigo siendo tu tía, a lo que como niña regañada bajo la cabeza y dijo en voz más tenue, si tía claro.

    De ahí en adelante pues pensamos en un plan para mantener las apariencias, Joel tenía un trabajo como ingeniero del cual obviamente Mónica no sabía nada y Joel en el cuerpo de Mónica tendría que ir a la escuela mientras encontraban una solución para este problema. Por lo pronto acordaron que los tres se quedarían en la misma casa y mientras arreglaban este problema Joel llamaría al trabajo para pedir algunas semanas de vacaciones, siendo el último recurso renunciar por que tenía una oferta mejor y no darles tiempo de negociar.

    Mónica se quedaría en la habitación de invitados y yo dormiría en la habitación con Claudia.

    Las primeras noches fueron un poco extrañas, pues estaba al lado de mi esposa y tenía muchos deseos de tocarla, los primeros días aguante las ganas y lograba conseguir dormir, pero la cuarta noche, no soporte más y la abrace como lo hacía normalmente cuando era Joel, subí mi pierna sobre la suya, con una mano abrace su abdomen y recargue mi cabeza en su seno.

    Al rato no soporte más fui subiendo mi mano por su cintura y al llegar a su seno me detuvo y me dijo, estas seguro, a lo que dije si, tengo muchas ganas de tocarte, a lo que me dijo solo esta vez porque veo que tienes muchas ganas, coloque mi mano sobre su seno y la empecé a acariciar, ahora mis manos eran más pequeñas eso hizo que sus senos se sintieran más grandes, moví mi cabeza buscando darle un beso a lo que ella voltio su cara y termine besando su mejilla, no me molesto mucho eso dada la situación, decidí sacar su seno de su pijama y comencé a besar sus pezones mientras con mi otra mano acariciaba su otro seno, a lo que la escuche dar un gemido, indicándome que lo estaba disfrutando.

    Después con su mano aparto mi mano de su seno y la dirigió hasta su vagina, hasta que toque su clítoris el cual empecé a acariciar, yo cada vez me sentía más excitado y continue tocándola hasta que termino en un orgasmo muy intenso, a lo que me quede acostado sobre su seno mientras que ella recuperaba el aliento y me dijo, ahora te toca a ti, ella se dio vuelta hacia mí y me levando la blusa de la pijama y con una mano empezó a acariciar mis senos, que no eran tan grandes como los de ella pero si muy sensibles, a lo que me empezó a dar más ganas, que me tocara más, que fuera más afondo, baje mi short y mi panti hasta los tobillos y me acomode abriendo las piernas invitándola a tocarme.

    Pero cuando me toco sentí como una corriente eléctrica pasara por mi cuerpo lo que me hizo cerrar las piernas y agarrarle la mano, ella se rio y me dijo, ahora ya saber por qué cierro las piernas cuando me tocas muy brusco ahí con los dedos, se detuvo por un momento, me beso y dijo relájate me beso nuevamente, esta vez en la boca y deslizo suavemente su mano hasta alcanzar mi clítoris, lo empezó a acariciar rítmicamente hasta hacerme perder el control, empecé a gemir más y más sin control y comencé a sentir un deseo incontrolable de tener algo adentro de mí, hasta que por fin sentí un fuerte espasmo, era mi primer orgasmo y aprete las piernas y le dije ya termine, tratando de normalizar mi respiración, apartando sus manos de mi vagina, cuando por fin recupere la respiración me dijo que rápido terminaste, sí que tenías muchas ganas, además metió su mano un poco más adentro, y si estas muy mojaste, como toda una niña, he Muñeca.

    No sé si fueron las ganas, la curiosidad o el deseo de estar con ella, pero fue increíble, aunque termine me sentí que me había hecho faltaba algo más, tal vez este cuerpo es exigente pero después de esto al menos ya pude dormir de esa noche en adelante, más tranquilo sabiendo que tenía a alguien a mi lado que independientemente de lo que pasara estaría conmigo incondicionalmente.

    Continuará.

  • Madura se entrega después de 22 años sin coger

    Madura se entrega después de 22 años sin coger

    Esto sucedió hace aproximadamente 2 años, estábamos saliendo de pandemia, en ese entonces estudiaba medicina y hacíamos prácticas en un hospital privado, tenía 23 años aproximadamente, de tez morena, 1.80 cm de estatura, de complexión normal, conocí a Argelia, nutrióloga, 1.62 de estatura, tetas pequeñas pero un buen trasero, complexión delgada, piel blanca y pecosa, 44 años, desde que la vi llamó mi atención, retraída, callada, seria, todos en el hospital decían que era una mujer amargada, no se llevaba con nadie ahí, mientras desayunaba en la cafetería empecé a hablar con ella, de su día y cosas así, al principio se mostraba distante, conforme pasaron los días la conversación mejoro, el último día de prácticas le pedí su número, a los 2 días le mande mensaje, quedamos de vernos en un bar.

    Cuando llegó el día de vernos mi única intención era cogerme a esa madura, espere a que llegara, pedí unos tarros de cerveza para ambos, cuando llegó empezamos a hablar y a tomar, me contó que se casó a los 18, se embarazo tuvo una niña y se separó a las 22 años, así que tenía 22 años sola, le pregunté si en ese tiempo había estado con alguien más y me sorprendió su respuesta, me dijo que no, que después de su marido no había estado con nadie porque odiaba a los hombres ya que su marido la engaño y desde ahí no había tenido sexo.

    A mí esto me calentó, me imaginaba siendo el primero después de mucho tiempo, la tarde paso y los tragos también, me preguntó que si que buscaba en ella, que era vieja para estar con alguien de mi edad, así que fui directo, le dije que solo quería divertirme, no buscaba una relación, y que si ella quería lo mismo podríamos hacerlos, me dijo que si, pague la cuenta y salimos de ahí.

    A la esquina de ese bar se encuentra un motel, la subí al coche e ingresamos al lugar, me sorprendió la poca tolerancia al alcohol que tenía, ya que solo se tomó 2 tarros de cerveza y se veía borracha, estando en la habitación, empezamos a besarnos, fui recorriendo su cuerpo con mis manos, sentí como temblaba, le fui retirando la blusa poco a poco, quedando al descubierto un abdomen plano pero no firme, y un bra negro que cubrían unas tetas pequeñas, retire el bra y me sorprendió al ver un par de pezones algo grandes, redondos jamás había visto unos así.

    La recosté en la cama y fui tocando todo su cuerpo, al retirar su pantalón me encontré con un calzón algo grande para mi gusto, bese sus muslos, y poco a poco me acerque a su vagina, retire su ropa interior y ahí estaba una vagina llena de vellos, pequeñita, fui tocando poco a poco, intenté introducir mis dedos pero su vagina estaba completamente seca, seguí estimulando, ella gemía de placer pero su vagina seguía igual, (al estudiar medicina sabía que esto se debía a la falta de sexo en 22 años, ella me confesó luego que jamás se masturbo en todo este tiempo ni salió, o beso o se acostó con nadie más, difícil de creer pero cierto).

    Pedí servicio a la habitación y me trajeron un lubricante, coloque un poco en su vagina, seguí estimulando, la sensación era exquisita, una vagina muy pequeña, súper cerrada, parecía que fuera virgen, después de 22 años sin usarla ese es el resultado, gracias a dios su hija salió por cesárea y no agrando esa cueva, cuando todo estaba listo, introduje mi pene en ella lentamente, su cara era todo un poema, la sensación me tenía al límite, sus paredes vaginales apretaban mi pene como si no quisieran que saliera de ellas, estaba tan jodidamente estrecha, lo raro es que ella no se movía, solo gemía.

    Le dije que se colocara arriba, recibí una negativa, me dijo que su exmarido solo la cogía de misionero, ella solo se habría de piernas y esperaba a qué su marido terminará, así que ya imaginan lo desesperante que fue eso, eso me molestó, yo soy de las personas que me gusta me obedezcan, y que sean sumisas conmigo, así que levante la voz, le ordene que se subiera y se moviera o le rompería el culo, abrió los ojos como platos me dijo que jamás le habían dado por el culo, así que vi la oportunidad.

    Ella obedeció y se subió solo que no se movía, le dije que se colocara en 4 y lo hizo rápidamente solo que no arqueaba la espalda, por más que le gritaba que se colocara bien no lo hacía, entonces le dije que se vistiera que nos íbamos, ella me dijo que no, que haría todo lo que yo quiera pero que seguiríamos juntos, fue ahí donde descubrí su punto débil, soy muy bueno leyendo a las personas y supe inmediatamente que ella estaba débil emocionalmente, que buscaba afecto y aprobación y eso fue lo que explote.

    Le dije que se lo había advertido y que no quería quejas de nada, así que le dije se acostara boca arriba abriera las piernas le unté más lubricante en la entrada del culo y me coloque en el glande, la mire, coloque mi pene en la entrada de su ano, solo vi como cerro los ojos cuando de un solo golpe introduje mi pene, la sensación fue extraordinaria, sentí como cada fibra de su esfínter anal se rompía, dio un grito y empezó a llorar, pero jamás dijo nada, empecé a bombear desenfrenadamente, como si en ello se me fuera la vida, imagino que el dolor era insoportable para ella, pero solo lágrimas salían de sus ojos y gritos de su boca, no sé cuánto tiempo estuve bombeándola, perdí la noción del tiempo, la sensación de provocarle dolor a alguien y que por más que le duela o sufra lo soporte es indescriptible.

    Me corrí como jamás me había corrido, retiré lentamente mi pene y pude observar lo grande que había quedado su ano, semen salía de ahí combinado con sangre, tenía laceraciones en todo el esfínter, estaba rojo y palpitaba, después de eso solo le dije, vístete que nos vamos, se colocó la ropa y salimos de ahí, en el camino a su casa no dijo nada, iba seria.

    Cuando llegamos no nos despedimos, se bajó y pude ver cómo había dejado húmedo el asiento del copiloto y como su pantalón tenía una mancha enorme de semen en su trasero, esa tarde regresé a mi casa, no hablamos.

    Al día siguiente recibí un mensaje de ella, siendo que le dolía en culo, que no había podido ir al baño, que no se podía sentar, que le seguía sangrando, pensé que eso sería el final de todo, pero me sorprendió cuando me dijo que quería verme de nuevo, después de eso se volvió en mi esclava, literal hace todo lo que le digo, hay muchas anécdotas más, pero esa serán para la próxima historia.

  • Completos desconocidos

    Completos desconocidos

    Estuvimos conversando previamente por internet las últimas semanas, habíamos hecho match en una de esas apps de citas. Durante algunas madrugadas, y después de un par de fotos y diálogos sucios, coincidieron nuestras ganas de tener un encuentro para conocernos.

    El siguiente sábado, cerca de medianoche, me buscó en mi departamento, me había entrado un mensaje de texto en el celular que anunciaba la llegada del desconocido en cuestión.

    Vi por la ventana desde el tercer piso, él esperaba afuera, apoyado en el capó de su goltrend polarizado, hacía algo de tiempo fumando un cigarrillo. Bajé en un instante por las escaleras del edificio para encontrarme frente a él.

    Era moreno, de piel cálida, grande, mucho más alto que yo, quizás más de un metro ochenta. Tenía el pelo corto y oscuro, pero le crecía un poco rizado. Su perfil era hegemónico, linda nariz y labios carnosos.

    Dejó de fumar automáticamente cuando me vio, llevaba una remera negra con un pequeño cocodrilo bordado al costado del pecho, y pantalones oscuros de corte recto. Tenía una expresión seria, pero cambiaba rotundamente cuando sonreía al hablarme.

    Nos presentamos y saludamos con un beso en el cachete.

    Mi outfit era una remera de los Arctic Monkeys, combinada con una pollera mini que me ceñía bien las caderas y el culo, y unos borcegos negros a juego. Tenía las piernas algo pálidas, resaltando un par de moretones y raspones que tenía en las rodillas, a algunos sádicos les gusta ver ese tipo de heridas en la piel.

    Subimos al auto y dimos un paseo. Conversábamos de manera fluida de diversos intereses en común mientras él manejaba. Era un gusto charlar con un hombre tan encantador, teníamos el mismo sentido del humor y su inteligencia y perspicacia me resultaban sexys.

    Los demás detalles del encuentro, aunque agradables, resultan casi triviales, en comparación con los hechos que le siguen, aún más interesantes.

    Llegamos hasta el dique de la ciudad, era un lugar tranquilo y desolado, con espacios amplios y frondosos, a lo lejos se percibía la frescura del agua. La noche parecía ideal, podíamos admirar las luces de la civilización desde allí, era un buen panorama.

    Aquel hombre a mi lado, su nombre… No nos llamábamos por nuestros nombres, nunca, sólo nos decíamos “mon cher”, pequeña apreciación en francés que significa “mi querido/a”.

    A medida que charlábamos dentro del auto, tomó mis piernas y las acomodó sobre las suyas, acarició cada marca y hematoma, apretaba mis muslos y pantorrillas suavemente sin dejar de hablarme, me descalzó para darme masajes en los pies. Sentir sus grandes manos era una delicia, su tacto, su fuerza. Comencé a percibir un leve ardor en la piel, se me aceleró un poco el corazón.

    Me sonrojé, y se dio cuenta.

    – ¿Acaso te incomoda sentir mis manos, mon cher? – me preguntó, sin dejar de tocarme. Qué descaro, pensé, cuánta malicia de su parte querer evidenciar el goce que me transmitía su toque.

    – Sabes que me gusta lo que estás haciendo, hablamos de esto por chat. – dije, algo nerviosa.

    En realidad, platicamos de muchas cosas indecentes, sobre todo de nuestras preferencias en la intimidad. Él sabía de mis gustos peculiares: el maltrato, la humillación, el sexo duro, anal, vaginal, oral, en síntesis, la sumisión y el masoquismo.

    Casualmente, compartíamos cierta compatibilidad sexual; él era un auténtico sádico, disfrutaba de humillar y castigar, el dolor ajeno le causaba cierto deleite. En primera instancia, lo que me llamaba la atención de él fue su perfil de dominante.

    Me sonrojaba con la idea de realizar una felación a su miembro en ese mismo momento, lo anhelaba. Me miraba a los ojos, devoraba mi insignificante ser con esa mirada perversa, de pies a cabeza. Me tomó, agarrándome primero de la cintura, como si fuera una muñeca de trapo, a su antojo, y me colocó de frente, encima de él.

    Mis latidos eran como los de un colibrí. Pude sentir su deliciosa erección por encima de su pantalón.

    – Se siente bien estar encima tuyo, grande y fuerte mon cher.

    Me había comentado que le gustaría que le hablara así, con ese tono de sumisa deseosa, continué con ese rol.

    Puse mis manos sobre sus hombros, acariciando y tocando su pecho por encima de su ropa, me acerqué para besar su cuello, dulcemente.

    – Tu aroma me embriaga, hace que te desee más… bésame, por favor. – le susurré al oído mientras aún estaba cerca de su cuello.

    Me tomó del rostro, apretando levemente mis cachetes, y me besó, apasionado e insaciable, metió su lengua en mi boca, mordía mis labios y dejaba que mordiera los suyos, nuestras respiraciones se aceleraban un poco más entre cada beso.

    Sus labios encima de los míos recorrían mi cuello y detrás de mis orejas, al percibir mi perfume dejó escapar un suspiro de lujuria.

    Estaba ya excitada, sentía húmeda mi ropa interior a causa de tener a aquel hombre tan cerca de mi cuerpo, sus besos y sus manos explorando cada parte de mi me hacían sentir en la dicha, pero sentía mucho calor, quería estar desnuda para él.

    Ultrajó mi sexo, acariciándolo con la palma de su mano hábil, me apretó y eso agitó aún más mi libido. Me levantó la mini, y me corrió la tanguita con encaje que evidenciaba mi excitación.

    – Estas muy mojada mon cheeri, noto que disfrutas que te agarre bruscamente de esta pequeña parte tuya, ¿verdad? Dime, quiero que ruegues que te maltrate- dijo, mon cher estaba muy excitado, era como un animal, ansioso por hacerme sufrir.

    – Mon amour, maltrátame, por favor, hazme sentir tanto dolor que deba rogar que pares, y no me hagas caso si lo hago, quiero disfrutarte hasta el límite.

    Sentía que mi piel ardía por una cachetada bien puesta, no quería dejar de sentir sus manos encima.

    Esas exquisitas casualidades, de un hombre dominante con una mujer sumisa. Una suerte tan grande como su miembro, la voluptuosidad a flor de piel.

    Me pegó una cachetada en la cara tan fuerte que me dejó muda, mientras me agarraba fuerte de la cintura. Mi remera y sostén me fueron despojados.

    Seguía sentada sobre él, sentía su miembro cada vez más rígido y abultado, estaba ya con el torso desnudo y mis pezones erizados, la cara roja y las manos inquietas por tocarlo. Le acaricié el pecho y el estómago por debajo de su remera. Tan fuerte, un hermoso sádico, quería sentir más de cerca su piel.

    Dejó de besarme un momento, tomó apenas un poco de distancia y se desabrochó el pantalón. Me dejó jugar un rato con su miembro, me llené la mano de saliva para tocarlo, apretarlo suavemente, de arriba a abajo, tocaba su glande con mis dedos mojados, se me hacía agua la boca por engullir entera esa delicia de entre sus muslos.

    Mientras observaba lo entretenida que estaba, él me pellizcaba los pezones y golpeaba mis senos, notó que de verdad eso me enloquecía, se me escapaban de vez en cuando unos suspiros y gemidos. Me mordió la piel carnosa que estaba maltratando, dejando marcas de mordidas hasta a la altura de mi escote.

    Lo miré extasiada y con un dejo de súplica en mi expresión, me sujetó la mirada y comenzó a masturbarme.

    Con la ropa interior corrida, me apretó bien fuerte y le dio una palmadita firme a mis labios hinchados de deseo, para después jugar con lo mojada que estaba, pasaba toda su mano, lentamente, y con sus dedos acariciaba mi clítoris, dibujaba en círculos por cada parte de mí, en un ir y venir de orgasmos. Aumentaba cada vez la intensidad de sus caricias, me hacía temblar las piernas levemente.

    Culminó aquel sublime acto introduciendo un dedo en mi culo. A ese punto, apenas podía controlar mis exclamaciones de placer.

    Con cuidado y cierta gracilidad, me sentó de nuevo en el asiento del copiloto. Se sacó la verga, aquel miembro era de porte y diámetro considerables. Hegemónica, una delicia rígida y toda para mí.

    Me agarró de los pelos y bajó mi cabeza hacia su entre pierna para que se la chupase. Me obligaba y ahogaba hasta las lágrimas, me llenaba la garganta dejándome sin aire, podía estar toda la noche disfrutando esa agresividad, estaba sumida a su antojo.

    Qué curioso, ver cómo ese hombre se excitaba con verme ahí, toda desastrosa, felando su sexo, deseando complacerlo con mi boca, mientras lloraba y me ahogaba, lo disfrutaba tanto…

    Pude parar bien mi culo para que él me nalgueara fuerte mientras estaba ocupando mi boca, sentía cómo se hacía más grande, cuando más me hacía sufrir.

    Hinchada de deseo, quería sentirlo hasta el fondo de mis entrañas.

    Sin quitarme la mini, me sentó encima suyo. Estábamos de frente, me coloqué de cuclillas, abriendo mis piernas y entregándome a mon cher, a que me penetrara por donde él quisiera.

    Dejé su verga lubricada con mi saliva, yo me había mojado con mis propios jugos.

    Lentamente, empujó su erección hacia dentro de mis entrañas. Amaba que me doliera tanto, hasta el fondo. Me sujeté de sus hombros como pude, mon cher me sujetaba de las nalgas para que fuese más fácil subir y bajar, comencé a moverme con sentones sobre esa monstruosidad que tenía entre las piernas.

    Era un ir y venir de aquella danza de mis caderas sobre su pelvis, sus caricias y la vez su agresividad y me tenían a su merced.

    Me agarró de las muñecas y llevó los brazos detrás de mi espalda, me sujetó así con la fuerza de una mano, y con la otra me daba cachetadas en la cara, acariciaba mis labios y metía sus dedos en mi boca, yo los chupaba, deseosa, me ordenó que no dejara de moverme como la putita obediente que era.

    Sólo era una puta más en su auto, buscando desesperadamente complacerlo y rogando que la hicieran sentir insignificante, que me llenara los agujeros hasta dejarme satisfecha, era su sumisa esa noche, y se encargó de déjamelo en claro.

    Cuando me tomó del cuello, dejándome sin aire, aún tenía mis brazos sujetos a la espalda. Era aún más orgásmico cuando me dejaba sin aire.

    No podía más con tanto placer, miré sus ojos, y a su vez observé lo que estábamos haciendo. Su verga entrando y saliendo de mí, nuestros cuerpos unidos de ese modo, era interesante de ver, podía observar lo hinchado que estaba mi clítoris.

    – Mon cher, quiero ser soy sólo tuya desde ahora, quiero que me dejes tus marcas y rasguños como recordatorio de mi entrega ante ti.

    – Putita y complaciente, mi mon cheeri, creo que voy a llenarte con mi semen en reiteradas ocasiones desde ahora, tenerte así para mi hace que pierda el control.

    Me quitó el aire con sus besos, yo no dejaba de moverme sobre él, dejó mis brazos libres para que me sujetara de sus hombros, mis senos y su pecho estrechaban la distancia entre los dos.

    Sentí cómo le palpitaba la verga cuando acabó dentro mío.

    ¡Que exquisito sentir como me llenaba y rebalsaba con su semen! Me apretó fuerte contra sí cuando el orgasmo nos invadió, y me dejé caer en sus brazos, agotada y complacida.

    Al culminar, nos miramos un segundo, me besó dulcemente, apretándome contra su cuerpo.

    Suele ser incómodo el tener encuentros casuales con extraños, pero con mon cher resultaba ser todo muy cómodo y natural. Para darle fin a nuestro primer encuentro exitoso, me invitó un helado y me llevó de nuevo a mi departamento. Al llegar, me abrió la puerta del copiloto para bajar, y me besó con ternura.

    – Espero volver a verte pronto, pequeña sumisa- dijo mirándome a los ojos, me tomó por sorpresa. Le respondí.

    -Volverás a verme pronto, te invitaré a mis aposentos a saciar nuestras más perversas fantasías. Fue un encanto conocerte, al fin.

    Era lindo verlo entusiasmado por la próxima vez, nos deseamos las buenas noches, y nos despedimos con un beso y una nalgada de su parte.

    Oh, mon cheeri, ansío próximamente a que restaures la felicidad de mis entrañas con tu perversión.

    Dulces y húmedos sueños…

  • Los vicios de mi esposa y su amiga Naty

    Los vicios de mi esposa y su amiga Naty

    Como ustedes ya conocen, mi esposa Rudy y su mejor amiga Naty son dos personas de mente muy abierta, y disfrutan de los placeres de la carne a su antojo. Yo como su marido no pongo objeción alguna en los encuentros que llevamos, pero hay algunos que de verdad me cambian el casette y provocan que de solo recordar, mi verga se empine y empiece a salirme semen inmediatamente.

    Esta vez por medio de mi esposa, supe que el marido de Naty iba a salir del país por unos asuntos de negocios; ella me comentó que se iba a ausentar por dos semanas y me dio a entender que ella quería venir a pasar ese tiempo con nosotros. Le indiqué a mi mujer que no habría problema, sin embargo en mi mente se planteaba la idea de darle verga y estrujarle esas tetotas a la zorra de Naty.

    Efectivamente, el marido de Naty se había marchado el lunes temprano y al llegar de la oficina en la tarde ya la vi en nuestra casa. La saludé muy respetuosamente (a pesar de que se ha tragado mi leche a litros), sin embargo para que mi esposa no piense mal, la invité a que se ponga cómoda en nuestra casa. Empezamos a cenar y las dos empezaron a conversar sobre «aprovechar» las dos semanas. Yo les propuse que culearía con las dos esa noche y que desde la siguiente noche, dormiría con cada una de ellas saltando un día.

    Ellas lanzaron un rotundo NO. Su plan era dormir juntas en nuestra cama y si me portaba bien, me dejarían colaborar en sus cochinadas. Les vi el rostro a estas putas y pensé en una venganza. Terminamos de cenar y me quedé viendo una película, mientras escuchaba como reían esas dos. En un momento subí y entré al baño encontrando a Naty totalmente desnuda en la ducha rasurando su vagina. Entre y me puse a orinar sobándome las bolas mientras la puta me veía fijamente.

    Salí del baño y me encuentro con Rudy en la cama totalmente desnuda. Me dice: Marcos, compláceme por favor… dejame cogerla primero!

    Realmente estaba arrecho y quería darles pene, pero tenía otros planes en mente. Le dije que disfrutara porque luego me tocaría a mi!! Me situé en el sofá al lado de mi habitación y entró Naty cerrando la puerta con llave. Me senté y sólo escuchaba los gemidos de este par de putas que estaban comiéndose las tetas y lamiendo sus vaginas…, aproveché y me hice una paja con sólo escuchar como disfrutaban de ese sexo lésbico.

    Al día siguiente, día me encontré con un amigo a la hora del almuerzo. Jordan era su nombre y alguna vez me ayudó a ganar un proyecto con el municipio de la localidad haciéndome ganar mucho dinero. Me preguntó como estaba y me hizo alusión a que nunca le di algo por el favorcito de aquella época.

    Le dije que en este momento estoy viviendo con un par de putas bien buenas y que me gustaría que me acompañe a llenarles de leche el ojete. Me dice claro no hay problema, pero que al momento estaba un primo viviendo con el y que si podía invitarlo a lo que respondí que si, llámalo porque estas putas son insaciables.

    Llegamos a casa a eso de las 20 pm, y Naty y Rudy estaban viendo una película en la Sala. Entré y anuncié a mi esposa que venía con dos amigos. Ella se sorprendió y me dice que debí haberle avisado para estar mejor presentadas. Entraron y les presenté entre ellos; nos pusimos a comer unos bocadillos y destapamos el vino que trajimos. Jordan, Raul su primo y yo estábamos muy amenos con ellas y luego de un momento las féminas dijeron que regresaban en un momento.

    Seguíamos bebiendo vino cuando vemos llegar a Rudy y a Naty en babydoll…, Naty con babydoll rojo y Rudy con babydoll blanco. Estos cabrones tenían la verga totalmente paradas y enseguida empezamos la faena. Me dirigí a Naty y sus enormes tetas… nos sentamos en el sillón mientras le sobaba la vagina lamiendo sus melones; enseguida veo a Jordan quien atacó a mi mujer cogiéndole de las nalgas y sobándose los huevos en ellas… Su primo Raúl se desvestía mientras se sobaba un glande enorme esperando a su primera víctima.

    Decidimos desnudarnos todos, y los tres machos masturbábamos nuestras vergas invitando a las dos putas que nos mamen. Se acercaron y podía ver como estas dos colocaban cada pene entre sus bocas, mamándolo y escupiéndolo mientras se besaban. En un momento vi a Jordan como le creció en grosor su pene, mientras tomaba a Naty de su cabeza para ahogarla con su verga. Yo no daba mas, quería un ojete y me entró el deseo de culear a mi mujer por el ano. La tome de la cintura y la puse en cuatro patas… escupí en su ojete y empecé a bombear con toda mi fuerza. Rudy empezó a jadear mucho, empujaba mi verga con los espasmos de su ano, sin embargo yo con mas fuerza desfloraba sus intestinos dilatándolos mas y mas.

    Al lado de nosotros estaba Naty. El cabrón de Jordan estaba sentado en el sofá y ella apoyada de espaldas suspendida en su verga que le había metido por el ojete. El cabron la hacia subir y bajar mientras sus tetas ondeaban de arriba hacia abajo. Raúl mientras tanto se había sentado y le ofrecía su rabo a Rudy mientras ella recibía mi chorizo por su ojete.

    Jordan me dice: ¡¡Marcos quiero probar el ano de tu mujer!! Saqué mi pene del culo de Rudy y le hice una señal para que cabalgue a Jordan. Naty se quitó y Rudy se propuso cabalgar a Jordan de espaldas. Sólo pude ver como el cabron le lamia las nalgas a Rudy mientras esta se posicionaba, y en un momento, ese pene ancho y venoso atacaba el ano de mi mujer mientras esta empezaba a subir y a bajar.

    El cabron la cogió de las caderas y frenéticamente la culeaba muy duro mientras Naty le lamia la chepa a Rudy. Raúl estaba sentado al lado de Jordan en el sofá y le dijo a Naty que le cabalgue…, esta se acercó y se metió la verga de Raúl por la chepa mientras el cabron le succionaba las tetas sacándola leche. Naty dio la vuelta su cabeza y me dijo métemela!! Me acerqué y puse saliva en mi verga y le metí en su ano… Lo mas rico!!! sentía el cuerpo de la cabrona como recibía los dos penes…

    Ella me dice: no papito… lo quiero a los dos en mi cuca!! Saqué mi pene de su ojete y lo metí en la chepa de Naty que ya estaba con el pene de Raúl. Al principio no entraba pero luego se fue aflojando… Increíble!!!! esta puta empezó a correrse a chorros recibiendo dos penes por la vagina que estaba totalmente dilatada. Estuvimos dándole a la puta por unos largos minutos hasta que Raúl y yo empezamos a terminar dentro de Naty llenándola de semen mientras ella gritaba que estaba ovulando y que se podía preñar orinándose de la excitación.

    Me retiré y pude notar que no estaba Rudy…, me acerco lentamente a la habitación y le veo en cuatro patas en nuestra cama recibiendo verga del cabron de Jordan… realmente de locos!!! el cabrón la sujetaba del cabello hasta que empezó a terminar dentro de sus nalgas.

    Naty y Rudy fueron a la habitación y se encerraron… no sé que mas pasó en ese momento. Le dije a Jordan y a su primo que era hora de retirarse y luego de unos momentos agradecidos se fueron este par de cabrones exprimidos hasta la última gota de leche.

    Las dos putas nos salieron sino hasta el día siguiente que era feriado…, y la fiesta continuó pero esa es otra historia que ya subiré!

    Si desean que suba mas experiencias, escriban a:

    [email protected] o me dejan un mensaje por aquí, los leo!!