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  • De vacaciones por el sur me tiré a una del norte

    De vacaciones por el sur me tiré a una del norte

    En los años 90, cuando yo tenía 21 años, en plena era grunge, me cogí prestada la autocaravana de un tío por parte de madre y me dirigí al sur, a una localidad andaluza.

    Aunque podía estacionarla en cualquier lugar, preferí hacer una reserva en un camping cerca de la playa.

    Una vez que entro en el recinto me encuentro con un lugar paradisíaco. Había palmeras por todas partes, bancos de piedra, mucho césped y fuentes.

    Estacioné frente a la autocaravana de un matrimonio de franceses de unos cincuenta años de edad. Tenían una hija de 19 años. Era rubia y con ojos verdes. Muy pecosa.

    Se sorprendieron al ver que llegaba solo, sin padres o amigos. Intimaron mucho conmigo, considerándome como a uno más de la familia.

    Yo ocupaba el día haciendo algo de footing por el paseo marítimo, sobre todo por las mañanas. Por las tardes me pegaba algún chapuzón en la playa y me bronceaba algo, aunque no mucho (no me gusta abusar del sol), y leía alguna novela de piratas tumbado en la arena, mientras de fondo escuchaba el oleaje del mar.

    Por la noche, no podía faltar el frecuentar algunos locales de moda. Techno y ritmos latinos no faltaban en pubs y discotecas por las que me moví. También visité con asiduidad un local para motoristas donde echaban Rock, aunque en este lugar escaseaban las chicas sin pareja. Por desgracia, en este pub había buena música pero pocas oportunidades de mojar el churro.

    Camile, que así se llamaba la hija del matrimonio francés del camping, se aburría un poco, al no tener amigas con las que salir por la noche. Ella no se atrevía a andar sola por ahí.

    Entonces una tarde le comento, que podría sugerirle a sus padres el que ella me acompañase de juerga, como amigos, y así saldría a divertirse de noche sintiéndose segura.

    Con la aquiescencia de sus padres, esa misma noche salimos de marcha juntos y nos fuimos a un local de Techno. Camile estaba muy hermosa con su melena rubia suelta, una blusa blanca que trasparentaba y dejaba ver un sujetador negro, unos jeans rotos y zapato plano.

    Mientras yo fui a la barra a pedir unas consumiciones, ella se dirigió a la pista de baile. Yo observaba en la distancia, cómo Camile con sus contoneos sensuales les iba calentando la bragueta a tres o cuatro guiris cazurros. Cuando me acerqué a ella con las bebidas, me dice:

    –Ya ves que tengo unos cuantos pretendientes, pero esta noche quiero follar contigo.

    –No debes sentirte obligada a nada. Para mí es un placer acompañarte e invitarte. Tu presencia me hace la noche más grata –le suelto yo.

    –Si te echo un polvo esta noche no es por cumplir, por agradecimiento, sino porque me pones mucho. Además, somos vecinos de camping y eso da mucho morbo.

    La verdad es que en aquel camping me sentía como Huckleberry Finn en su cabaña del árbol. De noche parecíamos una caravana de un western haciendo una parada, dirección a California.

    En fin, que Camile y yo recorrimos casi todos los locales de la villa. De madrugada todas las músicas son buenas, sobre todo si vas acompañado de una hermosa francesa de ojos verdes.

    A última hora decidimos acudir al local de motoristas en donde echan buen Rock Clásico. En aquel momento estaba sonando “The boys are back in town” de Thin Lizzy, ¿qué más se podía pedir?

    En un rincón de la barra, mientras esperábamos por las consumiciones, se me ocurre preguntarle:

    –Oye, ¿es cierto eso de que todas las francesas casadas tienen sus amantes, que allí se ve como algo normal, o es un cliché?

    –Es cierto. Por lo menos en un porcentaje alto. Mi madre también tiene sus amantes. Y yo también los tendré cuando me case, por supuesto –me contestó.

    Sentados en un sofá del pub, me acerco a su carita de niña mala y le doy un tímido pico en los labios. Camile reacciona cogiéndome por la nuca y pegándome un morreo intenso. Estuvimos unas buenas dos horas magreándonos de lo lindo, calentándonos mutuamente las braguetas.

    Decidimos ir al camping y meternos en mi autocaravana. Eran sobre las cuatro de la madrugada y todo estaba en silencio. El interior de la autocaravana de los padres de Camile tenía las luces apagadas, eso era buena señal.

    Le comento a Camile que es mejor no encender las luces de la mía, por si están desvelados y se acercan a preguntar por su hija. Era noche de Luna Llena y había buena visibilidad, no era necesario correr riesgos.

    Nada más subir al vehículo, Camile se me lanza al paquete, lo desembala y ahí asoma mi butifarra acompañada de sus dos huevos. Ella poco a poco se va introduciendo toda mi tranca en la boca. Para mi sorpresa, no solo se metió la picha, sino también los testículos. Por si fuera poco este gesto, ella se sintió tan desahogada que aún tuvo la ingeniosidad de que al tiempo de tener todo mi paquete en el interior de su boca, iba sacando la lengua, para lamerme el perineo. La estiraba al máximo intentando llegar al ojete.

    ¡Menuda garganta profunda que me obsequió la muy puta!

    Se sacó y metió entero mi paquete en su boca varias veces seguidas. ¡Full Pack!

    Cuando mi rabo estuvo erguido a su máxima potencia le costaba más el llevar a la práctica ese peculiar Full Pack. Pero lo conseguía, eso sí, a costa de provocarse algunas arcadas, llenándome la entrepierna de una buena cantidad de líquido viscoso.

    Camile estaba muy salida y quería zamparse, literalmente, todo mi paquete. Yo la separé de mi entrepierna y le comenté que este menda también quería saborear su chocho, que tenía hambre de hembra y me lo quería manducar.

    Entonces Camile, después de despelotarse en pocos segundos, se acostó en mi cama y separando bien las piernas me dijo:

    –Acerca tu rostro a mi cueva. Lame y relame bien las paredes vaginales y el clítoris. Estoy a diez lengüetazos del orgasmo.

    Así lo hago y efectivamente, a los pocos minutos noto que inunda mi cavidad bucal con sus caldos calentitos y sabrosos.

    Luego se pone a cuatro patas y me suelta:

    –¡Jódeme fuerte! Soy multiorgásmica y si eres un buen amante y no pierdes el ritmo del folleteo, puedo enlazar varios orgasmos extensos e intensos.

    ¡Pues a la faena se ha dicho! Se la enchufo de una sola estocada y me la cabalgo a un ritmo de dos embestidas por segundo.

    Por la ventana observo que el padre de Camile está fuera de su auto, fumando y observando las estrellas. Seguro que está preocupado, pendiente de la hora. Su niña todavía no ha vuelto de la juerga nocturna.

    Me dio mucho morbo el estar a unos metros de distancia de sus padres dándole caña de la buena a la chica. Tenía miedo que la autocaravana se moviera demasiado con las arremetidas que le estaba proporcionando (ahora ya de tres a cuatro emboladas por segundo), y que su padre se diera cuenta, pero no podía bajar el ritmo pues Camile no hacía más que decirme:

    –¡Qué rosario de orgasmos me estás proporcionando, cabrón! Sigue así, no pares. Eres un buen puto ¡Joder!

    El padre de Camile se volvió a meter en su autocaravana y entonces, ya sin importarme si mi vehículo se movía mucho o no, cogí a Camile por la cintura y poniéndola de pie, me la fui empotrando contra uno de los laterales del auto.

    Ella jadeaba como una auténtica perra sedienta de agua… o esperma. Apoyaba su cara en el vidrio de una de las ventanas, dejándolo empañado por el vaho.

    Perdí la cuenta de las veces que se había corrido aquella zorra, pero yo ya no pude aguantar más y le sugerí:

    –Me corro cariño. Ponte de rodillas para recibir mi lechada en tu carita pecosa de niña traviesa. ¡Eres muy puta, cariño! Mi polla quiere soltar toda la carga de esperma que llevo en mis huevos sobre tu rostro.

    Camile se desacopló de mi verga y poniéndose en cuclillas esperó su peculiar ducha.

    A los pocos segundos le suelto unos siete u ocho chorros de semen que voy dirigiendo hacia mejillas, nariz y boca. Cuando acabo de correrme, Camile me chupetea la punta del glande un poco, buscando las rezagadas y últimas gotitas.

    No se limpió la cara. Simplemente se restregó la lechada por todo su cutis (imitando a una mascarilla facial), y vistiéndose, se despidió de mí con un beso.

    Quedamos para el día siguiente para seguir con las juergas (la de música, baile y consumiciones; y la de folleteo).

    Aquellas vacaciones fueron inolvidables. Aquel matrimonio me invitó a ir a visitarlos a París en alguna ocasión. Por supuesto que fui. Me consideraban como a un hijo. La verdad es que casi me convierto en hijo político.

  • En el avión

    En el avión

    Era un vuelo corto, en una hora y media llegaría a destino, el tiempo no parecía pasar y estaba aburrida.

    Era de noche y las luces estaban apagadas, pero igual no podía conciliar el sueño. Todos a mi alrededor dormían, y yo pensaba, ¿cómo es posible? Porque les resulta tan fácil dormir y yo no podía ni mantener los ojos cerrados. Estaba inquieta, ansiosa. No sabría explicar por qué.

    Y dije ya fue, hay algo que siempre me relaja y voy a poder dormir un ratito antes de llegar, así que disimuladamente metí mi mano dentro de la calza y llegué con mi dedo medio a tocar el encaje de la tanga. Era una de mis tangas preferidas, negra, de esas que te sentís una diosa porno. Y ya podía sentir la humedad de la entrepierna.

    No era solo el contacto, era la adrenalina de la gente al rededor, del movimiento del avión y cada vez me ponía más cachonda, más excitada. Podía sentir los pezones como se me estaban poniendo cada vez más duros, rozando con la tela del corpiño y generando sumar un poco más a la excitación.

    No podía controlarme, quería más, sentía mi respiración agitada, escucharme, el miedo a que los demás me escuchen, hacía más excitante todo. Cerraba los ojos y me daba placer, ya había perdido la cordura, no me importaba nada más que llegar a explotar de placer.

    Cada vez más rápido, un dedo, dos dedos estaba en el cielo, literal, cuando me doy cuenta que había alguien más que estaba gozando como yo, dos asientos de distancia, dos personas de por medio, pero ahí estaba el, mirándome con cara de placer, su mano también estaba dentro de su pantalón y se podía observar su excitación desde donde estaba. Nada más que seguir mirándonos, sin ninguna palabra, sin ningún gesto.

    Ambos seguimos dándonos placer, mirándonos, y al cabo de unos minutos explotamos en un profundo orgasmo. Se podían escuchar nuestras respiraciones agitadas, ver nuestras caras de gozo.

    Al cabo de unos minutos se prendieron las luces y el piloto anunciaba nuestra llegada a destino por el altavoz.

    Con una mirada nos despedimos con picardía, sabiendo que no volveríamos a cruzarnos pero que recordaríamos ese orgasmo en cada vuelo que tomáramos.

  • Gracias a los jefes me cogieron los amigos de mi esposo

    Gracias a los jefes me cogieron los amigos de mi esposo

    Enlace al relato anterior al final de este relato.

    Llegó la fecha del Super Bowl, el partido de campeonato entre los Jefes de Kansas City y los Cuarenta y nueves de San Francisco, como les había comentado, nuevamente mi marido me apostó y ya había pasado casi un año desde los eventos del relato anterior, mi marido llevaba una racha ganadora increíble, había ganado la apuesta por la final del torneo de clausura, la apuesta por el superclásico y la final del torneo de Apertura, así que estaba muy confiado en prolongar su racha, sin embargo, creo que ya todos, incluyendo mi marido, deseábamos que terminara, si bien los amigos de mi esposo se me habían insinuado en este tiempo, no había caído, ni le había propuesto nada a mi marido, quería que todo se repitiera como esa noche, me encantó ser empalada por dos machos al mismo tiempo, había sido mi mejor experiencia sexual hasta la fecha y el que mi marido fuera testigo, le había añadido mucho morbo.

    Les había pedido a mis padres que me cuidaran a la niña porque pensábamos salir esa noche (mentira), a fin de no tener ninguna interrupción.

    Me di un buen baño, me perfumé y me vestí en forma similar a aquel día, tal vez, sea cierto lo de las cábalas, pensé, elegí un shorcito de licra negro y un top ajustado y escotado de color blanco, quería que fácilmente me desvistieran y me hicieran suya, solamente cambiaba que ahora llevaba una tanguita de encaje negra muy sexy.

    Pronto llegaron y salí a recibirlos,

    – Te ves hermosa amor, siempre tan sexy, que les parece mi vieja chicos- expresó Fernando, mi marido.

    – Mmmm, está para comérsela enterita- expresó Luis.

    – Si, ufff, siempre te he dicho que tienes la mejor vieja de todas, es una ricura, me pone tan cachondo que ya quisiera encularla.- Agregó Daniel

    – Tranquilos chicos, seré su premio, pero solamente si ganan los Jefes, de lo contrario, voy a estrenar ropa con mi dinerito- expresé sonriendo.

    Se sentaron y pusieron la TV, les llevé los bocadillos que había preparado y sentí las miradas sobre mí cuerpo al ir a la cocina, por lo que contoneaba mis nalgas descaradamente.

    Empezó el partido, si de fútbol soccer se muy poco, de fútbol americano menos, mi marido me invitó a ver el partido a un lado suyo, pero recordando los toqueteos que me dio Luis la última vez que me cogieron preferí sentarme coquetamente en sus piernas, no consideré prudente arriesgarme a que Luis me volviera a toquetear el culo y mi esposo o Daniel se dieran cuenta, era afortunada, no importa quien saliera vencedor, podía ganar un buen dinero o una rica cogida de esos machos cachondos, pero después de tantas apuestas ganadas, me moría de ganas por perder y nuevamente ser cogida, por lo que fingía apoyar a San Francisco por mi marido, aunque realmente quería que ganara Kansas City,

    Los veía sumamente emocionados y no dejaban de gritar, aplaudir, celebrar y lamentarse en casa jugada.

    Terminó el primer cuarto empatados y fui por más cervezas, nuevamente contoneando mi culo y Luis comentó en voz alta.

    – Mmmm, que rico culito me voy a comer hoy.

    Volteé y coqueta le respondí:

    – Eso falta por ver, ja, ja, mi marido va enrachado y creo que nuevamente te quedarás con las ganas, ya quiero mi dinerito para renovar mi guardarropa.

    – Ya sabes que Kansas es el actual campeón, no cantes victoria, se me hace que hoy termina la racha de Fernando y nuevamente te vamos a empalar Luis y yo,- añadió Daniel.

    – Ya cabrones, se siente gacho que estén hablando de cogerse a mi mujer en mi presencia, no sean así, respétenme- reclamó mi marido.

    Todos reímos de la puntada de buena gana.

    Traigo las cervezas y se las doy a cada uno, mi marido abre sus piernas y me pide sentar en medio de ellas, ya que se le había “dormido la pierna”, así que me senté, y me recliné apoyando mi cabeza en su pecho, en esta posición mis nalgas quedaban pegadas a su pelvis y pude sentir que su verga estaba dura, señal que se había excitado con los comentarios morbosos de Luis y Daniel.

    Empieza el segundo cuarto y San Francisco se adelanta en el marcador con un gol de campo para ponerse 3-0 y poco después hacen otra anotación ahora por tierra para ponerse 10-0. Mi marido gritó y festejó cada anotación a todo pulmón, no lo podía creer, parecía que la racha de mi marido se alargaba y nuevamente me iba a quedar con las ganas, aunque de premio de consolación tendría una cogida de mi esposo, que tenía la verga tremendamente dura, fingía festejar con mi marido, y les dije a los chicos.

    – Lo siento chicos, creo que nuevamente van a perder y tendrán que irse a jalársela a su casa – comenté, ocultando mi decepción.

    – El partido no acaba, ya verás que Kansas le da la vuelta y se chinga a San Francisco y Daniel y yo te chingaremos a ti.- replicó Luis.

    – Falta ver eso, por mientras ya vamos 10-0 y cerca del medio tiempo, así que quien se va a chingar este bomboncito soy yo y además me los chingo a ustedes con la lana- replicó mi marido.

    El partido siguió y faltando 20 segundos para terminar Kansas mete un gol de campo para dejar el marcador 10-3 al medio tiempo, Daniel y Luis festejaron esa anotación gritando estrepitosamente y casi me les uno en la celebración.

    – Ya solamente estamos a una anotación de empatar, vas a ver que en la segunda mitad le damos vuelta al partido- celebró Luis.

    Me sentía tremendamente caliente y tanto mi esposo como Daniel y Luis estaban igual porque se les había formado una carpa en sus respectivos shorts.

    Voy a la cocina por más bocadillos y mi esposo se mete al baño, en eso me alcanza Luis y tomándome de la cintura me repega su verga contra mis nalgas, sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo y mi coño se humedeció al instante, me dejé hacer y moviendo mi culo me repegué más a él, cerré los ojos y disfruté el contacto de su verga a través de la ropa, en eso escucho la voz de mi marido.

    – ¿Hey cabrón que haces?

    Me quedé estática, nerviosa, había sido descubierta por mi marido, pero Luis no se inmutó y respondió:

    – Nada, solamente una probadita de lo que me voy a comer esta noche.

    – Eso está por ver, ven amor, vamos a ver el show del medio tiempo.

    Mi marido no estaba molesto, y me fui con él, Luis se me quedó viendo con una mirada lasciva.

    Me volví a sentar en medio de sus piernas, nuevamente su verga estaba durísima y abrazándome me la dejaba sentir a través de la ropa, sentí ganas de quitarme mi shorcito de licra y que me cogiera allí mismo enfrente de Luis y Daniel, pero me contuve.

    En la televisión veía que el campo se había convertido en un escenario impresionante y estaban dando un show fabuloso, condenados gringos pensé, como son capaces de hacer un espectáculo así en tan poco tiempo, pero con la verga de mi marido pidiendo guerra en medio de mis nalgas, la verdad poco interés le puse al show, cerré mis ojos y me concentré en las sensaciones que sentía, empecé a mover mi culo hasta que escuché a Daniel decir:

    – Puta madre, par de calientes, van a hacer que me masturbe, la verdad que vieja tienes, Fernando, está tan buena y es tan caliente y tan putita, me muero de ganas de cogerla, ¿que tal que nos la cogemos entre los tres sin importar quien gana?

    – Ni madres, que dijeron, ya nos cogimos a la palomita, no, será suya solo si ganan.

    Consideré prudente levantarme y me dirigí al baño a arreglarme un poco y después a la cocina para preparar más bocadillos, el ambiente ya estaba muy tenso y caliente.

    Ya había empezado la segunda mitad y escuché desde la cocina los gritos de Daniel y Luis celebrando un gol de campo y posteriormente otra anotación, increíblemente Kansas City le había dado la vuelta al marcador y se ponía arriba 13 a 10, mi corazón empezó a palpitar de emoción.

    Ya había pasado mucho tiempo en la cocina y les llevé más bocadillos, todos se me quedaron viendo con cara de deseo, Daniel y Luis empezaron a burlarse de mi marido.

    – Ya te jodimos, tu esposa será nuestra wey, vas a ver que cogida le vamos a dar, nos desquitaremos todas las ganas que le tenemos, ya verás- sentenció Luis y al pasar junto a él me da un apretón de nalga exquisito, metiendo sus dedos entre mis nalgas, hasta alcanzar mi ano, todo mi cuerpo se estremeció y a punto estuve de tirar los bocadillos.

    – No seas cabrón, aguanta, el partido no ha terminado, wey, falta un cuarto y San Francisco puede dar la vuelta – expresó mi marido.

    – Ya cabrones, dejen todos de manosearme, son unos calientes- expresé simulando enojo, pero estaba que ardía y tenía ganas de encuerarme ahí y me hicieran suya entre los tres.

    – Traje una silla del comedor y me puse a ver el partido lejos de los tres, ya no aguantaba y al siguiente toqueteo podía caer rendida y encuerarme ahí mismo.

    El último cuarto no fue apto para cardiacos, cada jugada era tensa y llena de emociones, sentía las miradas de deseo de los tres y se empezaron a tocar la verga por encima de sus shorts mostrándome descaradamente sus bultos, primero anotó San Francisco para dar vuelta al marcador y ponerse 16 a 13, pero fallaron el punto extra, después respondió Kansas City y con un gol de campo empató el partido 16 a 16, todo eran gritos de emoción de uno y otro bando, faltaban menos de 2 minutos cuando nuevamente anota un gol de campo San Francisco y parecía que ganaba el partido, pero faltando 3 segundos para terminar el partido anota Kansas City y empata nuevamente. El partido se iba a tiempo extra.

    No pensé que un partido de fútbol americano pudiera ser tan emocionante, Luis se para y le hace una seña a Daniel, se van ambos a la cocina y empiezan a murmurar entre ellos, trato de agudizar mi oído para descubrir que traman, pero no tengo éxito.

    Después de unos segundos regresan con cervezas y me traen una a mi y otra a mi marido, ambos lucen sus vergas paradas formando una carpa bajo sus shorts en forma descarada, no puedo dejar de ver sus bultos.

    Empieza el primer tiempo extra, Luis nota que le veo el bulto y se acomoda el bulto de tal forma que deja descubierta la cabeza que sobresale por un lado del short por la abertura de una de sus piernas, cabezona, roja y brillante, se me hizo agua la boca y casi me paro a mamársela, cuando escucho los gritos de júbilo de mi marido, San Francisco ha anotado un gol de campo y se ha puesto arriba 22 a 19, Luis se guarda la herramienta para que no lo descubra mi marido, pero cuando termina de celebrar mi marido la deja nuevamente fuera, recreando mi vista y poniéndome bien caliente, se la veo sin recato y Daniel se da cuenta pero solo sonríe en forma libidinosa.

    Mi marido estaba tan contento que no se daba cuenta de nada, absorto en el partido, parecía que alargaba su racha de suerte, cuando en el último instante, faltando solamente 3 segundos para terminar el tiempo extra, Kansas City anota y da la vuelta al marcador ganando 25 a 22. Daniel y Luis gritan de emoción y no puedo evitar gritar también, revelando mis ganas de que ganara Kansas City, ante la mirada de sorpresa de mi marido, que estaba cabizbajo.

    Sin esperar, Luis se quita el short junto con su bóxer y Daniel lo imita.

    – Ganamos Fernando, tu mujer es nuestra, vamos Daniel por nuestro premio- señaló Luis.

    – Está bien, ganaron mi vieja es suya- expresó mi marido resignado, pero no se veía molesto, al contrario, tenía una mirada pervertida.

    Se levantaron y me levanté también, los vi acercarse con sus enormes vergas completamente erectas y duras como rocas, Luis fue el primero en llegar a dónde estaba y me plantó un tremendo beso en la boca que mostraba su pasión contenida, un beso de macho lujurioso parecía querer comerme la boca, mordía mis labios y su lengua filosa como una navaja se coló en mi boca y exploró mi interior, encontró mi lengua y se enredó con la suya, parecía querer cogerme con ella, en eso Daniel llega por detrás y me baja el short de licra que llevaba de un solo jalón y empieza a besar mi cuello al tiempo que sus manos apretaban mis nalgas, susurra en mi oído:

    – Que rico hueles mamita, me encantas, no sabes cuanta leche me he sacado imaginando que nuevamente eres mía, eres la mejor hembra que he tenido y moría por cogerte de nuevo.

    Vaya pasión contenida que tenían esos dos machos, desde el primer instante demostraban que estaban obsesionados por cogerme como una puta, así que no los quise hacer esperar más:

    – Vamos a la recámara- les dije, agarrando a cada uno de sus vergas.

    – Ven amor, quiero que me cojan entre los tres- le dije a mi esposo, sabiendo que también estaba muy caliente y deseoso de coger.

    – Ni madres- protestó Luis.

    – Fernando perdió la apuesta, así que se aguanta sin coger como castigo, pero lo vamos a dejar ver la verguiza que te vamos a dar, chiquita, como la ves anterior.- agregó.

    La idea de que mi marido fuera testigo nuevamente como me iban a coger esos sementales me excitó sobremanera, era algo que le añadía mucho morbo y creo que a Fernando tampoco le disgustaba la idea de ver a su mujercita siendo empalada por esos machos, porque no protestó.

    – Es justo cabrones, hagan con mi esposa lo que quieran, yo solamente miraré- contestó mi esposo y los cuatro nos dirigimos a la recámara, no dejaban de apretarme las nalgas mientras íbamos caminando.

    Llegamos a la recámara y Fernando se sentó en el sillón a observar como su mujercita sería empalada.

    Luis volteó a ver a mi esposo y dijo:

    – Hoy nos cobraremos todas las veces que nos has ganado, le vamos a dar verga a tu esposa hasta por las orejas, te la vamos a dejar completamente llena de leche por todos sus agujeros, la vamos a hacer más puta de lo que ya es.

    Lo escuchaba y me excitaba todo lo que decía y no conforme con eso todavía los reté:

    – Ya veremos si pueden conmigo, puedo con los dos y más, van a caer rendidos.

    – Wauuu, a huevo, así me gustan las viejas, bien entronas y putonas, que suerte tienes de tener semejante puta como esposa- agregó Daniel.

    Me hicieron sentar en la cama y acercaron sus vergas a mi cara, no hacía falta saber que querían, tomé cada verga con una mano y las acerqué a mi boquita.

    El olor a verga inundó mi nariz, era excitante, un olor a macho que me volvía loca, acerqué mi lengua y lamí la punta de la verga de Daniel, que se estremeció, de la punta salía un líquido transparente y viscoso, un sabor salado y ligeramente dulzón inundó mi boca, recorrí toda la cabeza de su verga con mi lengua y empecé a masturbar con mi otra mano a Luis, seguí recorriendo el tronco con mi lengua hasta llegar a sus huevos, lo escuché suspirar, así que abriendo la boca me metí toda la cabeza dentro de mi boquita y alce mi vista para ver su cara, poniendo mi mejor cara de puta, tenía una mirada de perversión, hacia muecas de placer cada que succionaba la cabeza de su verga, en eso estaba, cuando sentí la verga de Luis en mi oreja, tersa y caliente, recordé su frase sobre cogerme hasta por las orejas y parecía querer hacerlo, continuó restregando la cabeza de su verga en mi mejilla, chorreaba líquido preseminal en abundancia, estaba pidiendo su turno, así que sacando la verga de Daniel de mi boca me metí la de Luis y empecé a succionar, Luis era más ansioso, me agarró la cabeza y empezó un movimiento de mete y saca de su verga en mi boca, me aferré a sus duras nalgas mientras seguía mamando, solamente me cabía en la boca un poco menos de la mitad, lo miraba a los ojos y el a mi, observando como su enorme verga entraba y salía de mi boca, Daniel regresó a la batalla, azotando su verga contra mi cara y recorriendo mi mejilla hasta llegar a la comisura de mis labios, ahora era Daniel que reclamaba su turno, saqué de mi boca la verga de Luis que salió con un hilo de saliva mezclado con su líquido preseminal y seguí con la verga de Daniel, esforzándome por darle el máximo placer posible, le daba succiones profundas a la cabeza de su verga, haciéndolo gemir, su verga latía en mi interior e inesperadamente me la sacó y me dijo.

    – Ya basta corazón, me vas a hacer acabar y no quiero, necesito dejarte mi lechita dentro de tu culo y coño.

    Miré a mi esposo y estaba desnudo y masturbándose lentamente, así que seguí con la verga de Luis que todavía pedía más guerra, escuché a Daniel hablarle a mi marido:

    – Fernando, dejé mi short en la sala, traje un botecito de lubricante porque quiero encular a tu mujer, ¿me lo traerías?

    Alcancé a ver por el rabillo de mi ojo como mi esposo obediente salía por el encargo de Daniel, cooperando para que su amigo me enculara.

    Luis me toma de la cabeza y nuevamente empezó su mete y saca, dando gruñidos de placer, empezó a acelerar el mete y saca hasta que en un momento me tomó fuerte de mi cabeza y me la enterró lo más profundo que pudo, sentí la punta de su verga tocando mi garganta, lo que me causo arcadas, la tenía tan adentro que sentía que no podía respirar, mi cara se puso roja y un par de lágrimas recorrieron mis mejillas, el miraba mi cara divertido y expresó:

    – Aguanta un poco, putita, me encanta tener toda mi verga dentro de tu boquita.

    Alcancé a ver a mi marido, en la puerta de la recámara, regresaba con el frasco Daniel de lubricante en la mano.

    Ya no aguantaba, me faltaba el aire, sentía que me ahogaba cuando de pronto me la sacó, permitiendo que tomara bocanadas de aire desesperada, y sin previo aviso me la volvió a enterrar hasta el fondo, dando un suspiro de placer, pensé que se correría en mi boca, cuando me la saca nuevamente y dice:

    – Puta madre, que rico, pero tienes razón Daniel, casi me corro en su boca y vale la pena esperar para darle caña toda la noche.

    Me levantaron y me hicieron acostar boca arriba en la cama, mi esposo le entregó el frasco de lubricante a Daniel, Luis se recostó a mi lado y buscó mi boca mientras Daniel me tomó de los tobillos y abrió mis piernas, mi rajita quedó expuesta, su lengua rasposa recorrió toda la brecha desde mi culito a mi clítoris, me estremecí, Luis seguía comiendo mi boca con pasión, su larga lengua entraba y salía de mi boca como si me estuviera cogiendo con ella, después de un rato la sacó y su lengua recorrió mi cara, me lamía las mejillas como un perro, alcanzó mi oreja y la punta de su lengua la recorrió por dentro, todo mi cuerpo se retorció y lancé un gemido de placer, Daniel succionaba mi clítoris y tenía dos de sus dedos dentro de mi vagina, espasmos recorrían mi cuerpo, Luis continuó lamiendo mi piel, siguió por mi cuello y llegó a mis pechos, los recorre con su lengua y abriendo su boca succiona uno de mis pezones, su mano pellizca suavemente mi otro pezón, Daniel saca sus dedos de mi coño y escupe en mi culo, su dedo pulgar acaricia mi arrugada entrada trasera en círculos y empujando suavemente su dedo me lo mete dentro, sin dejar de succionar mi vagina, ya no aguanté, espasmos recorrían mi cuerpo y mi vista se nubló, exploté en un orgasmo larguísimo entre gemidos intensos, mi primer orgasmo de la noche, Daniel bebió mis fluidos con gula, Luis seguía pegado a mis pechos, cuando me recuperé me hicieron poner en 4, con las piernas bien abiertas y el culo parado, sentí un par de azotes en mis nalgas y un líquido frío y viscoso recorriendo el surco entre ellas.

    Luis se levantó y azotaba mi cara con su verga, abrí la boca para mamársela, pero solo me la restregaba en la cara, la cabeza tersa y caliente de su verga recorría mis mejillas, justo hasta las comisuras de mis labios, sin meterla en mi boca, chorreaba líquido preseminal y dejaba la piel de mi cara viscosa, estaba jugando conmigo, poniéndome más ansiosa por su verga. Daniel ya tenía dos dedos dentro de mi culo y los metía y sacaba cada vez más rápido, Luis por fin metió la punta de su verga en mi boca, pero en vez de meterla profundo la movía de un lado a otro, hasta estirarme las mejillas por dentro, dibujando la punta de su verga en mi cara.

    – Que puta te ves así, me encanta tu cara de putita come vergas.- exclamó

    Daniel por su parte, sacó los dedos de mi culo, se arrodilló detrás de mí y lubricó su verga, abrió mis nalgas y sentí la punta de su verga punteando la entrada de mi culo, lentamente metió la cabeza dentro, sentí como mi esfínter se abría y se cerraba apretando el tronco de su verga, no me dolió, solamente una pequeña incomodidad al estirarse mi esfínter, a dejó quieta un instante, la sentía palpitar, poco a poco la incomodidad se convirtió en placer, extrañaba esa verga, quería gozarla toda, así que empujé mi culo hacia atrás para que entrara un poquito más y darle la señal que podía avanzar, me tomó de la cintura y me la fue metiendo lentamente, con firmeza y sin detenerse hasta que sus huevos chocaron con mis nalgas, abrí la boca para lanzar un fuerte gemido y Luis aprovechó para tomarme de la cabeza y meterme la verga hasta la garganta.

    Estaba completamente llena de carne por mis dos agujeros, se quedaron un momento quietos antes de iniciar la culeada, Daniel empezó un lento mete y saca, la sacaba hasta dejar solamente la cabeza dentro y me la volvía ensartar hasta el fondo, con mucha calma, pero sin detenerse, se notaba que no quería apresurar las cosas y aguantar lo máximo posible, Luis lo imitó, empezó a cogerme por la boca muy lento y profundo, así estuvieron unos diez minutos, entre gemidos y gruñidos de placer de ambos, hasta que Luis sacó su verga de mi adolorida boca y pidió cambiar, pensé que sacaría Daniel la verga de mi culo, pero en un movimiento sorpresivo, metió su mano abrazando mi vientre y cargándome me hizo girar, junto con su cuerpo, sin sacar la verga de mi culo, quedé boca arriba, encima de él, su verga se enterró profundamente en mi culo, impulsada por el peso de mi cuerpo, pegué un grito estruendoso, mezcla de placer-dolor por el brusco movimiento, me dolía, pero era un rico dolor, estaba completamente empalada, como una bandera en un mástil, Luis se acercó y se arrodilló frente a mí en medio de las piernas de Daniel, su cara reflejaba malicia, me dí cuenta que me iba a empalar cuando me agarró de los tobillos y separó mis piernas, acercó su verga a mi coño empapado y mirando mi cara me fue enterrando su maravillosa verga, siento su caliente trozo de carne abriéndose paso en mi interior, despacio, lentamente, mi coño se había estrechado por tener otra verga enterrada en mi culo, por lo que la fricción era muy intensa, me la enterró hasta el fondo, no lo podía creer, nuevamente me tenían doblemente empalada, mi marido miraba incrédulo la acción.

    – Me van a matar, cabrones, Aghhh, exclamé.

    – Te vamos a matar de placer putita, llevamos meses añorando cogerte nuevamente entre los dos y hoy vamos a desquitarnos.- replicó Luis

    Se empezaron a mover, el placer de ambas vergas en mi interior era infinito, indescriptible, sentía que me desmayaba, gemía intensamente lo que no pasó desapercibido por mis machos.

    – Vaya, se nota que te gusta tener dos vergas dentro, putita.- dijo Luis.

    – Fernando, no sabes que rico es empalar doblemente a tu mujer, es lo máximo, cuando quieras nos invitas a Luis o a mí, para que goces como nosotros, verdad Silvia.

    – Aghhh, cabrones, siento que me parten en dos, pero el placer es tan intenso.

    Poco a poco fueron aumentando el ritmo de sus penetraciones, lo hacían de forma sincronizada, cuando Luis embestía nos hacía gemir a Daniel a mi, que disfrutaba de la fricción de la verga de Luis a través de mi cuerpo, lo mismo pasaba cuando embestía Daniel y éramos Luis y yo los que gemíamos, sentía como sus vergas se friccionaban entre ellas, solamente separadas por una delgada membrana, el placer era máximo, es glorioso sentir como se mueven dos tremendas barras de carne caliente, llenándote por completo, al máximo, una sensación de que te revientan por dentro, friccionado y estimulando cada rincón de tu cuerpo, los embistes se fueron haciendo cada vez más rápidos, embistiendo los dos al mismo tiempo, se sincronizaban perfectamente, todos gemíamos sin parar, mi cuerpo se zangoloteaba sin control, sentía espasmos en todo mi cuerpo y me puse como en trance mis ojos se pusieron en blanco y empecé a convulsionar.

    – Me corrooo, me corrooo, aghhh, me corrooo -grité entre gemidos y con la voz entrecortada.

    Mi orgasmo fue intenso, y larguísimo, no dejaba de sentir espasmos y ellos no dejaban de taladrar mi cuerpo, hasta que sentí que Daniel me daba una embestida profunda y descargaba un potente chorro de semen ardiente muy dentro de mi culo, sentía su verga engrosarse en cada chorro de leche que me depositaba y Luis aceleró todavía más sus embestidas hasta que gritando como un demente inundó mi vagina con su ardiente néctar, sentía como tensaba su cuerpo cada que me lanzaba un chorro de su espeso semen, quedamos rendidos, empapados de sudor, mi corazón latía con fuerza, sentía sus vergas palpitar dentro de mi cuerpo, seguían completamente erectas, duras.

    – Ha sido fenomenal, reina, eres la mejor puta del mundo, ¿lista para el segundo round?- exclamó Luis, todavía con su verga dura en mi cuerpo.

    No lo podía creer, estaba agotada y ellos querían más guerra, pero el placer había sido tan intenso que no me negué, solo le pregunté a mi esposo.

    – Amor, que dices, ¿me pueden seguir cogiendo tus amigos?

    Mi esposo tenía la mirada extasiada y a diferencia de Luis y Daniel ya tenía su verga relajada, pero todo el piso alrededor del sillón lleno de semen.

    – si quieres, adelante, y amigos, para que vean que los consiento, pueden seguir cogiendo a mi esposa.

    Sus vergas seguían enterradas en el interior de mi cuerpo sin perder un ápice de dureza y les pedí un poco de clemencia.

    – No sean malos dejen recuperarme, cabrones, aghhh- ya sáquenme sus vergas, necesito asearme un poco.

    Así lo hicieron, pronto sentí mis orificios vacíos, pero muy dilatados y con un pequeño escozor, con paso tembloroso me dirigí al baño y me aseé.

    Cuando regresé estaban los tres tomando una cerveza y Luis y Daniel seguían al palo, lo cual no era normal, así que les pregunté.

    – Chicos, como le hacen para seguir con la verga parada.

    – Ja, ja, esa era nuestra sorpresa, al iniciar el tiempo extra, fuimos a la cocina y nos tomamos una pastilla de Viagra, y de la versión más potente, creo que exageramos porque no se nos baja con nada y ya hasta nos duele la verga de tan dura que la tenemos- confesó Luis.

    – Cabrones, debería dejarlos así por tramposos, a la otra, compren un Viagra menos potente, ya estoy lista para el segundo round, ¿como quieren cogerme?

    – Ven mamacita quiero que nos cabalgues como una buena yegua.

    – Ok, pero pónganse frente a mi esposo, el pobre es el único que no tiene la verga parada, así que quiero que se excite nuevamente.

    Así se pusieron, ambos, acostados boca arriba con su mástiles apuntando hacia el techo, imponentes y venosos, no sabía con cuál comenzar, pero preferí a Luis porque sabía que era más ansioso.

    Puse una pierna a cada lado de su vientre y lentamente fui descendiendo hasta que la punta de su verga tocó mis labios vaginales, poco a poco fui descendiendo muy lentamente y mirándolo a los ojos, primero entró la cabeza, lo ví dar un suspiro y empecé a moverme, movía la cadera en forma circular, al momento que seguía descendiendo, me excitaba ver su cara de gozo, pero impulsivo como era me tomó de la cadera y me hizo descender hasta que mis nalgas chocaron con su pelvis, ahora fui yo quien lanzó un fuerte gemido, sus manos me agarraban fuerte de las caderas y me empujaban contra su cuerpo, empalándome duro, haciéndome sentir su verga hasta lo más profundo, me encantaba ese macho, lo tomé de las manos, las quité de mi cintura para ponerlas en mis pechos y empezar a cabalgarlo, empecé a subir y bajar combinando movimientos lentos y rápidos y en forma circular, mirando las muecas de placer que hacía y repitiendo aquellos movimientos que lo hacían gemir y gruñir con más fuerza, me encantaba, ahora era yo, quien controlaba la cogida, mientras el disfrutaba y acariciaba mis pechos, después de un rato, sus manos bajaron y se aferraron a mis nalgas, empezó a moverme a su antojo, me levantaba y me dejaba caer sobre su verga al tiempo que él también levantaba su pelvis para embestirme, enterrándome la verga una y otra vez, cada vez más rápido, pensé que se correría cuando escuché el reclamo de Daniel.

    – Ya mamacita, es mi turno, cabálgame también.

    Así que me levanté y saqué la verga de Luis de mi interior, giré la vista y mi marido ya tenía la verga tiesa y se estaba masturbando lentamente, así que me acuclillé sobre Daniel para repetir la operación que había hecho con Luis.

    Cuando ya estaba cabalgando a Daniel a placer, se levanta Luis y le hace una seña a Daniel que me toma de la espalda y me empuja contra su cuerpo, haciendo que levantara el culo, pronto siento el chorro frío del lubricante entre mis nalgas, me di cuenta que me iban a empalar nuevamente entre los dos, me recosté totalmente sobre el pecho de Daniel y traté de relajarme esperando el embiste de Luis, pronto sentí la cabeza de su verga acariciando mi agujero en forma circular, como afinando la puntería y empezar a empujar, a pesar de lo dilatado que tenía el culo, me dolió cuando entró la cabeza ya que tenía el culo lastimado por el intenso uso que le dio Daniel, pegué un pequeño grito y un largo gemido, y siguió empujando hasta que me la metió entera, la verdad dolía bastante pero sabía que pronto estaría gimiendo de placer, además el morbo de sentirme nuevamente llena de carne por mis dos orificios valían la pena, empezaron a moverse, y el roce de sus vergas me hicieron temblar, el placer era muy superior al dolor que sentía.

    – ¿Recuerdas que en esta posición te empalamos los dos por primera vez?- me susurró al oído Daniel.

    Era verdad, con la diferencia que en aquella ocasión Daniel me empaló por el culo y Luis por mi coño, ahora era al revés, pero igual de intenso.

    Empezaron a embestirme con mayor potencia, embestidas largas y profundas, taladrándome sin piedad, mis gritos de placer eran estruendosos, mi vista se nubló y perdí la noción del tiempo, solo escuchaba sus bufidos de placer, hasta que nuevamente me corrí en un largo e intenso orgasmo, mi cuerpo se estremecía y mil espasmos recorrían mi cuerpo, sin importarle, siguieron taladrándome, hasta que sentí los chorros de leche de Daniel inundando mi vagina, seguido de los chorros de leche de Luis que se corría intensamente dentro de mi culo, dando un alarido espectacular, nuevamente se desplomó sobre mi cuerpo, su segunda corrida de ambos en la noche y sus vergas seguían duras, vaya que era potente ese Viagra que tomaron.

    Quedamos rendidos sobre la cama, tratando de recuperar fuerzas y sus vergas profundamente en mis agujeros, las sentía palpitar en mi interior y semen escurriendo por mis nalgas y coño, empapados de sudor.

    Después de un rato, ya recuperado Luis me abrazó por mi vientre y me levantó como una muñeca sin sacarme la verga del culo, la verga de Daniel se salió de mi coño, y se le quedó viendo a Luis, quien le hizo una seña para que se parara, así quedé en el aire con la verga de Luis enterrada profundamente en mi culo, intentaba ponerme de puntillas pero no alcanzaba el suelo, eso me ponía ansiosa, Daniel se acerca, me levanta una pierna y Luis levanta la otra, acerca su verga a mi coño y me penetra lentamente mirándome a los ojos, alcancé a abrazar el cuello de Daniel buscando un punto de apoyo, otra vez estaba empalada hasta lo más profundo con todo el peso de mi cuerpo sobre sus vergas, en sincronía subían y bajaban mi cuerpo, por lo que sus vergas entraban y salían al mismo tiempo de mi coño y culo, me sentía completamente ultrajada, abierta, empalada, como una muñeca de trapo sin voluntad, levantándome y haciéndome caer sin compasión, enterrándome sus enormes trozos de carne que parecían quererme partir en dos y al mismo tiempo estaba extasiada de placer, una sensación difícil de explicar, todo mi cuerpo se estremecía, la vista se me nubló y sentía que en cualquier instante perdería el conocimiento, no dejaba de gritar y gemir de placer, aumentaron el ritmo y ya no pude aguantar más, empecé a correrme gritando más fuerte que nunca y el orgasmo que tuve fue aún más largo que los anteriores y que cualquier orgasmo que haya sentido antes en toda mi vida, empezaron a gruñir y casi al mismo tiempo me llenaron nuevamente de su semen, no fue tanto como en las corridas anteriores, se notaba que sus huevos ya no tenían más leche y se habían quedado completamente secos.

    Nos desplomamos los 3 en la cama para recuperarnos y por fin sus vergas perdieron firmeza, aun así no estaban completamente flácidas, sentía mi culo y mi coño arder y palpitar, completamente hinchados, escurría semen por mis piernas y mis dos huequitos repletos de su leche, necesitaba asearme, mis piernas no me respondían, le pedí ayuda a mi esposo y me ayudó a levantarme e ir al baño, me ayudó a sentarme en el WC y luego a darme un baño, me ayudó a bañarme como un bebé y a secar mi cuerpo, e incluso me quiso revisar cómo me había quedado el coño y el culo preocupado por tan salvaje cogida. Al revisarme me dijo.

    – Tienes tanto el culo, como la concha hinchados y al rojo vivo, pero no hay sangre, creo que en un par de días estarás bien.

    – Gracias amor, te amo por ser tan comprensivo, déjame descansar un par de días porque tus amigos me dejaron mis dos hoyitos muy maltratados y tengo un ardor tremendo, no voy a poder ni caminar ni sentarme en un par de días, y le di un tierno beso en la boca.

    Al regresar a la recámara ya estaban ambos levantados y tomando una cerveza, vieron mis dificultades para caminar y sonrieron maliciosamente.

    – Parece que te dejamos fuera de combate- exclamó Luis

    – Si, cabrones, vaya que se desquitaron de todas las veces que les ganó mi marido, la próxima apuesta si perdemos, no sean tan cabrones.

    – Si, yo también creo que se pasaron, son muy brutos- añadió mi esposo.

    – Pero si tu esposa gimió y gritó de placer como loca, se corrió varias veces, le encantó como la cogimos, ¿O no, Silvia?

    Era verdad, no respondí, no hacía falta hacerlo, fue muy evidente.

    Ambos sonrieron con mi silencio y pidieron permiso para bañarse, la habitación tenía un fuerte olor a sudor y sexo.

    Primero se metió a bañar Luis y luego Daniel, se vistieron y salieron.

    Ya no quisimos cambiar las sábanas y nos fuimos a dormir a una recamara que tenemos por si tenemos visitas.

    Antes de dormir estuvimos platicando un rato:

    – Eres fantástica amor, tengo como esposa a la mejor puta, me da un morbo tremendo ver cómo te cogen, pero sabes, me gustaría también participar.

    – Y porque no invitas a tus amigos y me cogen los tres sin apuestas- le señalé

    – No, no me gustaría, la apuesta le da una emoción tremenda, además si gano, gano buen dinero, ¿no crees?

    – Y si le digo a Luis que me gustó mucho como me cogió y que te imploré me dejaras coger con él, pero que aceptaste a cambio de 2,000 pesos y que tú también puedas participar y lo mismo le digo a Daniel, pero que todo en secreto y no lo vaya a contar.

    – Tienes una mente maquiavélica, amor, pero no creo que vaya a funcionar, a esos cabrones les gusta presumir entre ellos, así que tan pronto te coja uno, el otro lo sabrá de inmediato.- aseguró mi esposo

    – Tu déjamelo a mí y ya veras que no es así- le respondí.

    – Sabes toda la conversación me ha puesto cachondo, me darías una mamadita.

    Así lo hice le di una mamada un largo rato hasta que se corrió y me tragué su semen y cansados nos dormimos.

    En la semana le hablé a Luis y le comenté que me había encantado que me cogiera, que le había suplicado a mi esposo y había aceptado, pero a cambio quería $2,000 pesos y participar en la cogida, si estaba de acuerdo, de inmediato me respondió que sí, pero le advertí que todo debía ser muy secreto y cauteloso, que no le podía contar a nadie, ni a Daniel, ya que era una mujer casada y cuidaba mucho mi reputación y si me enteraba que le contó a Daniel o a alguien más, se acababa todo, que nunca más en su vida me iba volver a coger y que perdería la amistad de mi marido para siempre y que si se lo cuenta a Daniel yo me daría cuenta enseguida porque las mujeres tenemos un sexto sentido y me daría cuenta solo viendo el comportamiento de Daniel, ya que los hombres no saben disimular. Escuchó con atención y estuvo de acuerdo.

    Quedamos en que el encuentro se realizaría el domingo y que debería acudir como todos los sábados a ver el fútbol en casa de mi esposo y aparentara normalidad, como siempre.

    Ese sábado todo transcurrió con normalidad, e incluso se fijó la siguiente apuesta que será el 13 de marzo a quien resulte vencedor de la eliminatoria entre América y Guadalajara por la liga de campeones de Concacaf y que la apuesta se pagaría en caso de perder América el sábado 16 de marzo, después del superclásico en el torneo de clausura, dónde se apostarían otros cinco mil o que me cogieran todo el fin de semana si América perdía ambos encuentros, pero solamente doble penetración el domingo para poder aguantar, está última condición mía. Una apuesta muy interesante. No noté ningún comentario o actitud rara con Luis o Daniel, por lo que estaba segura que Luis no había dicho nada y seguramente no lo haría ante la amenaza de nunca volver a cogerme.

    El Domingo tuve mi primer encuentro con Luis y mi esposo y fue espectacular y ayer le hablé a Daniel y le hice la misma propuesta que a Luis y estuvo de acuerdo, este fin de semana tendremos el encuentro y seguramente también será maravilloso.

    Me encanta que me escriban y me cuenten sus experiencias y fantasías, me pueden escribir a [email protected].

    Relato anterior:

    “Por culpa del América me cogieron los amigos de mi esposo”

  • Mi esposa accedió a follar con nuestro amigo

    Mi esposa accedió a follar con nuestro amigo

    Cada vez que mi esposa y yo follábamos siempre le decía que me gustaría hacer un trío con la participación de otro hombre, o simplemente verla cachar con otro. En un comienzo ella se escandalizaba y me respondía:

    –¡¿Estás loco Javier?! Tú eres y siempre serás el único hombre con quien hago el amor. No me veo ni me gusta hacerlo con otro, sólo contigo.

    Mi esposa se llama Elena, es de piel blanca, bonita de cara, ojos color café, cabello castaño, buen cuerpo, resaltan mucho sus piernas y trasero, de senos más grandes del tamaño standard, de estatura mediana, ambos tenemos 36 años. Mi nombre es Javier y trabajo como gerente de ventas en una empresa comercializadora de productos de consumo masivo en una ciudad al norte del Perú.

    Siempre insistía en mi fantasía de verla follar con otro hombre, aparte que mi esposa es de naturaleza muy ardiente, por lo cual quería que la atendiera todos los días. Aproveché esta situación y sacar ventaja diciéndole que ella necesitaba que otro macho podría hacer mis veces como “suplente”. Ante esta disyuntiva fue cediendo poco a poco y utilizamos esa fantasía cuando hacíamos el amor:

    –Cariño qué rico culo tienes –le decía– me encantan tus piernas, tus tetas, todo tu cuerpo. Me gusta follar contigo, me encanta cuando me chupas la verga uuum ¡qué delicia! Imagínate que no fuera yo sino otro hombre que te estuviera taladrando el coño, ya sabes que no te puedo complacer todos los días, así como tú quieres, con otro hombre ya podrías follar todos los días, como te gusta.

    –Sííí mi amor, sííí ¡qué rico, ¡qué ricooo! –me respondía bien arrecha- ¡oooh sííí! sentir otro tronco dentro de mi concha, que me chupe las tetas, que me meta su lengua en mi culo, sigue cariño, sigue, sigue, no saques tu verga de mi concha mojada, taládrame con este mete y saca aaaah… ricooo… ricooo… sííí… sííí, amor me vengo, me vengo, me vengooo, aaah

    Elena terminaba con un fuerte y espectacular orgasmo, ese orgasmo como todos los orgasmos que tenía mi esposa me estimulaban tanto que a los pocos segundos yo eyaculaba inundando su vagina a borbotones, luego ella bajaba sus dedos hacia la entrada de su vagina, recogía un poco de semen para luego chupárselos, esto siempre lo hacía.

    –Me gusta el sabor de tu semen, me excita amor –decía ella– ummm… qué rico, pero recuerda que eso de otro hombre es una fantasía ¿eh?

    –Pero no me vas a negar que te gustaría hacerlo con otro, tu cuerpo te lo está pidiendo mi vida, aunque tu mente manifieste lo contrario.

    –Sí mi amor, pero no sé, me da temor… no sé. Tú siempre has sido el único hombre que ha estado dentro de mí. Tengo miedo que si eso se hace realidad luego te vas a poner mal, te van a dar celos y nuestro matrimonio se pueda resquebrajar, no quiero perderte porque te amo mucho, a pesar que mi cuerpo me pide sexo todos los días y muchas veces he tenido que masturbarme en tu ausencia para saciar esta calentura, aunque no es lo mismo cuando se hace con un hombre.

    –Te entiendo princesa –le respondí– no te preocupes por mí, aunque tú no lo creas, a pesar que yo también te amo con locura lo nuestro va a estar unido más que nunca. No te imaginas la arrechura que me produce el hecho de verte cachando con otro hombre, que te meta la pinga en tu jugosa vagina, viendo tu hermoso cuerpo desnudo… caray… aunque no lo creas eso me pone a mil.

    –Jajaja ¡qué loco eres mi amor! Por si acaso, por mi parte yo no soportaría verte con otra mujer. Ya sabes, ni siquiera se te ocurra mencionármelo. Está bien, voy a pensarlo, pero eso sí, con un hombre que me guste, no con cualquiera mi amor.

    –Preciosa, ¿hay en nuestro entorno algún hombre que te guste? ¿Alguno que yo conozca? –le pregunté.

    –Pues sí, pero no te vayas a poner celoso ¿eh?

    –No, no te preocupes mi vida –le respondí.

    –Bueno, es Miguel, el esposo de Rocío. Hace tiempo que me está enamorando a tus espaldas, claro está que yo no le hago caso, pero siempre me coquetea, me gusta el desgraciado ese. Me invita a salir, cuando nos encontramos ya sea en su casa o en cualquier otro sitio me saluda con besos en la mejilla casi en la comisura de mis labios, yo le digo que se comporte, que nos pueden descubrir Rocío o tú.

    Rocío y Miguel son una pareja de esposos que son amigos nuestros que siempre nos frecuentamos ya sea en su casa o en la nuestra. Miguel trabaja en un banco de la ciudad y tiene fama de mujeriego, entre tanto que Rocío es ama de casa, que por cierto está como se pide y ella sabe de las correrías de su marido por chismes de amigas, pero como nada se ha comprobado la relación entre ellos sigue sin ningún problema.

    Después de un par de semanas Rocío y Miguel nos invitaron a su casa para cenar, nosotros por supuesto aceptamos el invite. Llegamos alrededor de las 8 pm.

    Durante la cena conversábamos de muchas cosas, había mucha cerveza que nos gusta mucho a nosotros los varones, mientras que las damas tomaban pisco sour una bebida alcohólica propia del Perú. Tragos van tragos vienen y nos puso a los cuatro muy “entonados”, después de terminar la cena continuamos con las bebidas y la conversación se volvía más amena y picante, contábamos chistes colorados relacionados con el sexo y después pasamos a la antesala continuando con nuestra conversación. A eso de las 12 de la medianoche Rocío se levanta y nos comunica:

    –Ay chicos, creo que me ha caído un poco mal la bebida que he tomado, voy a descansar un rato, ustedes sigan con Miguelito por favor, no se vayan a ir, por favor discúlpenme.

    –No te preocupes Rocío, nosotros también ya nos íbamos –le contesté.

    –Caray muchachos, no sean aguafiestas, todavía la “noche está virgen” –reclamó Miguel- si ya estamos en la madrugada del domingo así que no hay por qué ir a trabajar. La estamos pasando bien, quédense por favor, mas bien disculpen a Rocío ella es poco de tragos y creo que esta vez se ha excedido.

    –Sí, sí chicos, tiene razón Miguelito, ustedes no tienen por qué irse, por favor discúlpenme otra vez – insistió Rocío.

    –Bueno, dada la insistencia y si no hay ningún inconveniente nos quedamos, ¿qué dices tú mi amor? – le pregunté a Elena.

    –Por mi parte no tengo ningún inconveniente, es mejor que descanses Rocío, más tarde amanecerás más tranquila – le dijo mi esposa a Rocío.

    –Que descanses amiga, y gracias por todo – le respondí a la esposa de Miguel.

    Después que nos quedamos solos los tres, Miguel, Elena y yo, continuando con nuestra amena conversación de sexo, yo veía que mi esposa ya estaba más entonada como consecuencia del alcohol que estaba ingiriendo y sé que cuando está en copas se pone más cachonda de lo normal hasta el punto que entre ella y Miguel se miraban en forma libidinosa.

    Aprovechando del tema de la conversación en que estábamos, dirigí la misma hacia el tema de los famosos tríos, básicamente dos hombres y una mujer.

    –Dime Miguel ¿qué opinas de los famosos tríos, en donde cogen una mujer con dos hombres? – le pregunté.

    –En verdad debe ser super excitante, nunca he tenido esa clase de experiencia – me respondió Miguel – Y tú Elenita ¿cuál es tu opinión?

    –Ayyy, no sé Miguel, nunca me he imaginado esa clase de relación. Aunque creo yo que todo depende con quién estés. Eso es importante.

    Antes que nada, debo mencionar que Elena tenía puesto una minifalda de licra roja en donde mostraba sus hermosas piernas y le agrandaba el culo; la blusa de licra de color blanco con tiritas en los hombros se podía notar en alto relieve sus pezones ya que no vestía brasier; los pies hermosos cuyas uñas tenían el mismo color de la minifalda calzaba unas sandalias de tacón alto del mismo color rojo. En verdad estaba despampanante.

    –Les propongo una cosa, ¿qué les parece si hacemos un trío entre nosotros? – lancé la pregunta.

    –¡Estás loco Javier! ¿Cómo se te ocurre pedirnos eso? ¡Yo soy tu esposa! ¿Vas a querer compartirme con Miguel? ¿Sabes muy bien que Rocío es mi amiga, que nos conocemos desde que estudiábamos en el colegio? ¡Qué va a pensar Miguel!

    –Pero Elenita, eso quedaría entre nosotros tres – replicó Miguel – nadie tendría por qué saberlo. Esto sería una excitante y bonita experiencia. Muchas veces la rutina ocasiona aburrimiento en una relación de pareja y qué es mejor que salir de los parámetros que nos impone la sociedad. Yo soy de mente abierta y te confieso que desde que te conocí siempre te he deseado con todo el respeto que se merece Javier.

    –No te preocupes Miguel, te entiendo, con una mujer tan hermosa y con ese cuerpo espectacular que posee Elenita no es para menos.

    –Mi Princesa, como siempre lo conversamos – me dirigía a Elena – esto sería el comienzo de una relación más emocionante, más placentera, fuera de lo común y lo que es lo más importante esto quedaría entre nosotros, ya que Miguel es una persona confiable y madura. ¿Qué dices mi amor?

    –Ay no sé Javier, pero si digo que sí, dónde lo haríamos, porque aquí no puede ser, podría levantarse Rocío o cualquier otra persona, ya sabes que soy muy chillona… jijiji disculpa Miguelito, yo soy así – nos dijo mi esposa.

    –Caray Elenita, me encantan las mujeres gritonas en la cama, no te preocupes… jajaja escuchen chicos, para todo hay solución, vámonos a un motel que conozco, allí nadie nos va a molestar ¿Qué tal? – sugirió Miguel.

    Apenas terminó de hablar Miguel, tomé de la mano a Elena y nos fuimos directamente al auto de Miguel y nos encaminamos los tres al motel.

    Enrumbamos a un motel que se encuentra a las afueras de ciudad, ingresamos al establecimiento y nos estacionamos frente al cuarto No. 8. Bajamos del auto. A mi esposa se le notaba algo nerviosa y a la vez excitada. Ingresamos a la habitación, que por cierto era muy bonita, con luces bajas, una cama bastante amplia, al frente de la cama estaba una mesa con dos sillas y al lado derecho al terminar la pared se encontraba el baño. En la pared que se ubicaba al costado izquierdo de la cama había una ventana grande con cortinas que daba al patio donde se estacionan los autos.

    –Miguelito, para que te enteres es la primera vez que voy a hacer esto, así que tenme paciencia y comprende mis nervios – comentó mi esposa.

    Después de inspeccionar el cuarto, el baño y ponernos cómodos encendí la música.

    –¿Saben chicos? Quiero que ustedes dos comiencen a calentarse. Yo prefiero verlos.

    –¿Tú no vas a participar mi amor? – me preguntó Elena.

    –No Princesa, primero quiero verlos coger – le respondí – esa ha sido y es la ilusión más grande de mi vida y no me la quiero perder. Probablemente más tarde participe cariño.

    Luego que dije eso, Miguel abrazó a mi esposa y le estampó un beso largo y con lengua, estuvieron cerca de cinco minutos en ese estado, y mi mujer correspondía excitada esos besos que le prodigaba su amante ocasional, después Miguel fue bajando al cuello y comenzó a darle besos suaves en toda esa área, Elena se dejaba estimular, es una de las partes más erógenas de ella. Enseguida le fue quitando la blusa y él se sacó la camisa, aprovechó que los pezones de Elena estaban erguidos producto de la excitación cuando comenzó a chupárselos. Mi esposa comenzó a jadear:

    –Oooh Miguelito, que rico me las chupas, aaah, es una sensación deliciosa. Mira como tengo las tetas a tu merced, uuum, me las chupas deliciosamente rico, oooh y delante de mi esposo, ummm, sigue cariño, sigue, aaah – exclamaba Elena producto de la excitación.

    –Sííí Elenita, en verdad envidio a Javier de tener a un monumento de esposa y sobre todo muy arrecha, me gusta que seas arrecha. Tus tetas son increíblemente hermosas y sensuales, es un regalo poder mamártelas, ummm – le respondía Miguel excitado.

    Después de esta escena Miguel la llevó a la cama acostándola boca arriba y allí comenzó a desnudarla por completo y él también hizo lo mismo, ya cuando ambos estaban completamente desnudos tomé la silla donde estaba sentado observando y me puse al lado izquierdo de la cama para no perderme ningún detalle.

    Miguel dejó de lado las tetas de mi esposa fue bajando por su vientre dando besos y pasando su lengua por toda su piel, hasta que llegó a la vulva y comenzó a meter su lengua dentro de su vagina, pude observar que lamía su clítoris. Ella se retorcía de placer.

    –Aaah Miguel, Miguelitooo, síííí ¡qué delicia sentir tu lengua dentro de mi coño, oooh, aaah, sigue, sigue, sigue cabronazo, sigue disfrutando del cuerpo de la mujer de tu amigo, aaah, mira Javier, ummm, cómo tu amigo está saboreando mis líquidos… aaah, que salen de mi vagina – completamente cachonda y fuera de sí exclamaba Elena. Vale mencionar que Elena cuando está cachonda emana de su vagina abundante cantidad de fluidos que incluso llegan a mojar su culo y la sábana.

    –Elenita, me he tragado buena cantidad de tus jugos – comentaba Miguel – son una delicia para cualquier paladar. Caray amor, emanas abundante líquido por tu coño que moja tu culo y la sábana. Ahora voy a meter mi tranca dentro concha para que sientas la arrechura en su máxima expresión.

    Fue entonces que Elena levantó la mirada y pudo ver la semejante polla que se manejaba Miguel.

    –¡Miguel tienes una tranca descomunal! ¿Crees tú que semejante verga me va a caber en mi conchita? ¿Qué dices tú mi cornudito? Porque si bien es cierto la tuya es grande pero la de tu amigo es super grande.

    –No te preocupes mi amor – le respondí a Elena – yo sé que la vas a disfrutar mucho. Esa pinga te va a volver loca.

    –Uuuy, ni modo mi amor, aaah, aquí se va hacer tu voluntad. Miguel ya no aguanto más, estoy super cachonda, oooh, yo no puedo vivir sin una buena verga dentro de mi vagina, así que métemela por favor quiero sentirla.

    –Que se te haga tu voluntad mi putita – respondió Miguel – allí va, te va a encantar.

    Miguel comenzó a meterle su poronga en la cueva de mi esposa lentamente, pero sin detenerse.

    –Oooh, pendejo, me siento clavada por tu inmensa verga, aaah, se siente rico cariño, ummm, me vas a reventar el coño Miguel, oooh, ya la siento todita dentro de mi cuerpo, aaag, quien como Rocío, oooh, que disfruta frecuentemente de esta verga, oooh, mira Javier, mira cómo me taladran el agujero, mira como otro hombre coge a tu mujer, aaah, metiéndole la pichula gigante que se maneja, ummm, se siente rico mi amor, es una delicia, sigue cariño, sigue reventándome la concha, sigue por favor, oooh…

    En esos momentos Miguel sigue con un mete y saca continuo y sin parar, disfruta cada milímetro de la vagina de mi esposa. Aprovecho para sacarme toda la ropa y quedarme completamente desnudo con la verga bien parada emitiendo permanentemente líquido seminal por la punta de mi verga producto de la excitación que tenía al ver que otro hombre le estaba perforando la concha a mi mujer.

    –Uuuy Elenita, qué rica vagina que tienes, bien apretadita y bien húmeda – exclamaba Miguel – siento tus jugos bañarme todo el largo de mi polla, estás mojadita mujer. Eres bien cachonda preciosa, te gusta mucho la verga, eres insaciable, eres toda una puta.

    –Sííí Miguel, sííí, soy una puta, soy una ramera, una zorra, así me gusta que me traten, como una prostituta, aaah dímelo siempre vergón. Me arrecha más que estoy siendo fornicada por el esposo de mi amiga, ummm, aaaah, oooh, ummm, siento cada centímetro de tu tranca, aaah, se siente delicioso cariño ummm…

    Ya mi esposa estaba fuera de control producto de su excitación, sintiendo la potente y grande polla de Miguel que le taladraba profundamente el coño en un mete y saca incansable. Luego de varios minutos, Miguel le dijo a Elena que se pusiera en cuatro, a lo que ella accedió comenzando por atrás a taladrar el coño de mi mujer. Aproveché la situación para acercarme a ella y meter mi polla dentro de la boca de Elena.

    –Ummm, sluuup, sluuup, siempre tu pinga es una delicia mi amor, sluuup, qué rico – me decía Elena – aaay qué rico regalo, sluuup, ven Miguelito, quiero chuparte la pinga también – ordenó Elena y éste obedeció – y tú Javier cáchame el coño, aaah qué rico, me ensartaste la pinga amor, ummm, sluuup, sluuup, Miguelito, tu poronga apenas entra en mi boca, aaaah, Javier, amor, qué rica está tu pinga, así, así… métemela toda, oooh, sluuup, sluuup, sluuup ¡qué rica tu poronga Miguelito! oooh es una delicia estar empalada por dos hombres a la vez, ummm ¡son ustedes una sarta de degenerados!… oooh, no tienen compasión de mí, sluuup, sluuup, Miguel tu polla está riquísima amor, aaah, al igual que la verga de Javier aaah….

    –Ahora vas a ver lo que es estar bien empalada mi cielo – le dije a Elena. Cambiemos de pose Miguel, échate en la cama y tú amor cabalga la pichula de Miguel.

    –Muy bien cariño – me respondió Elena – esa es mi pose favorita.

    Después que mi esposa se encontraba montada encima de Miguel engullendo dentro de su vagina la poderosa verga, la empujé hacia adelante recostándola sobre su pecho, que él aprovechó para darle un impresionante morreo, enseguida me puse detrás de ella y comencé a meterle y pasarle la lengua en su ano como brochazos de pintor.

    –Aaag, oooh, ricooo cariño, hummm, sigue ¡qué rica lengua! – deliraba mi mujer – aaaay Miguelito, chúpame las tetas amor, mientras el cornudito, oooh, de mi marido me mete su lengua en mi culo, hummm, aaaag…

    Después de más de cinco minutos en que le metía mi lengua y le daba de lametazos al ano de mi mujer, mientras que Miguel le introducía su poronga dentro del coño de ella en un mete y saca incesante subiendo y bajando sus caderas, Miguel también aprovechó en mamarle las tetas a mi esposa. Entonces me puse de pie detrás del culo de Elena con el fin de meter mi verga dentro de su ano, para ello solté un poco de saliva en mi verga para lubricarla mejor y comencé a introducirla dentro de su ano. Al darse cuenta Elena la maniobra que iba a hacer exclamó:

    –Aaay ¡No Javier, no me jodas, por el culo no mi amor!, ¡Sabes que por allí me duele!, nooo ¡Sácalo, sácalo por favor! ay, ay, ay, por favor cielo, oooh…

    Ya de nada sirvieron las protestas de Elena, mi pichula estaba completamente abrazada del recto de mi ella.

    –Aguanta un poco mi amor, vas a ver que dentro de poco te va a gustar – le consolaba de esta manera a Elena – me voy a quedar con la polla unos segundos dentro de tu ano para que se vaya adaptando, ¿sí mi Princesa?

    –Ten paciencia Elenita – decía Miguel – muy pronto vas a pedir que Javier te siga taladrando el orto, no te preocupes preciosa, vas a terminar tomándole gusto.

    –¡Ustedes dos son un par de mierdas, como el culo no es de ustedes! ¡Carajo, ahora sí me encuentro bien empalada por dos pingas grandes! Ay, ay, ay, ay. Felizmente no hay otro cabrón en esta habitación sino estuviera con otra polla dentro de mi boca – se quejaba Elena.

    Enseguida comencé a mover mi pinga en un mete y saca suavemente para no lastimar a Elena, igualmente Miguel hacía lo mismo con el coño de mi mujer, pero no por lastimarla sino para que no se saliera su verga, a la vez que continuaba mamándole sus pezones.

    –Oooh, así mi amor, así, despacio, despacio, aaaah – gemía Elena – ya le estoy sintiendo el gusto, ummm, despacio por favor Javier, no me vayas a destrozar el culo, sííí, asííí, asííí…

    –¿Ya ves Elenita? ¿No te dije que vas a terminar disfrutándolo? Disfruta cariño, no son muchas las mujeres que tienen este privilegio de tener dos pingas dentro de su cuerpo.

    –Eres un hijo de puta Miguel – le decía mi mujer a nuestro amigo – ummm, te saliste con la tuya desgraciado, aaah y tú también Javier, eres una mier, oooh, eres una mierda, aaah ¡qué rico se siente tener dos trancas en mis agujeros! Aaaag, sigan chicos, sigan por favor, oooh ¡Me siento una puta! Ummm, sííí, soy una prostituta, aaah, díganme que soy una puta, ummm ¡díganlo carajo! oooh…

    –¡Eres una prostituta Elena! – gritamos al unísono Miguel y yo.

    Y así estuvimos Miguel y yo taladrando el culo y la vagina de mi esposa por un buen tiempo, en un mete y saca persistente, aparte que Miguel continuaba chupándole las tetas. Elena parecía estar fuera de sí, se encontraba enajenada, disfrutando de las dos porongas. Los tres nos mirábamos al espejo que se ubicaba al lado derecho de la cama, parecía una película pornográfica.

    –Mira mi amor – le decía a Elena – mira al espejo, nunca te imaginaste verte en ese estado cariño, es una vista espectacular.

    –Oooh sííí, mi amor – respondió Elena – es sorprendente, aaah, para saberlo lo hubiésemos filmado, ummm, me siento una puuuta, denme duro cabrones, aaag, denle duro a esta puta ¡qué delicia estar ensartada por mis dos maridos! Ummm, sííí, ahora tengo dos maridos, qué rico, que rico. Chicos, ya no aguanto más, me vengo, me vengo, me vengooo, aaaah, oooh, ummm, aaag…

    –Oooh, yo también me vengo Princesa, ummm – descargué toda mi leche dentro de su ano.

    –Yo también acabo Elenita – profería Miguel – aaah, sííí, oooh…

    Después que Elena terminó con un potente y prolongado orgasmo, Miguel y yo al mismo tiempo eyaculamos en la vagina y el recto de mi mujer respectivamente, fue espectacular. Tanto Elena como yo nos dejamos caer en la cama, ella a la derecha de él y yo a la derecha de ella.

    Después de algunos segundos de silencio mirándonos los tres en el espejo que se encontraba en el techo Elena musitó:

    –Caray chicos… puuuchaaa ha sido el polvo más rico de toda mi existencia, se pasaron en verdad, me han hecho delirar de arrechura. Seguramente me dejaron el orto abierto como una flor y el coño todo hinchado como una puta por tanta pinga jajaja…

    –Jajaja ¿Ahora entiendes amor que te falta otra verga más? – le decía a ella – eres una mujer super arrecha, yo estoy seguro que conmigo no te es suficiente, ahora tienes a Miguel, que de seguro que te va a dar buenas metidas de polla de vez en cuando. ¿Estás de acuerdo Miguel?

    –Claro que sí Javier – respondió Miguel – he disfrutado mucho de tu mujer, es verdaderamente espectacular, además de hermosa, tiene un cuerpo de infarto, también es una sensacional cachera, folla como las diosas.

    –Jajaja Miguelito, no exageres – respondió Elena – creo yo que soy una mujer como todas, lo excepcional es que mi esposo es partícipe y cómplice de lo que hemos iniciado.

    –Más bien chicos, ¿podemos volver a repetirlo algún día? – exclamó Miguel – o en todo caso Javier, cuando se me apetece ¿puedo tomar prestado a tu mujer para follarla?

    –Por mi parte no tengo ningún problema. ¿No sé qué dirá Elena?

    –Ummm, bueeeno, pero Miguelito, me llamas un día antes – respondió mi esposa.

    Después de ducharnos Miguel nos dejó en nuestra casa. Nos despedimos como siempre amigablemente. Elena y yo volvimos a cachar y después haciendo planes para el próximo encuentro nos quedamos dormidos.

  • Mis inicios en el exhibicionismo (3): Reto

    Mis inicios en el exhibicionismo (3): Reto

    Hola nuevamente a todos, soy Andrea y vengo a contarles otro de mis excitantes y calientes anécdotas practicando el exhibicionismo, he visto que varias personas han leído mis vivencias y además de hacerme muy feliz para mí eso también es una especie de exhibicionismo, el solo pensar que más gente conoce mi secreto y que me imagina totalmente desnuda haciendo «travesuras» hace que me excite muchísimo, así que déjenme decirles que más de un orgasmo delicioso me han provocado con su apoyo.

    Sin más preámbulos les contaré mi nueva anécdota/vivencia.

    Habían pasado unas 2 semanas desde mi última anécdota, donde me masturbe con el culo hacia la calle y unas personas me vieron al pasar, después de ese día los paseos antiguos no eran lo mismo, repetí varias veces el salir totalmente desnuda desde el principio dándome uno de mis «paseos» clásicos por el terreno, el sentir el viento rozando mis pechos, mi concha y mi culo era excitante por supuesto, pero no lo suficiente como para satisfacer mi calentura, quería mucho más, el desvestirme estando ya afuera se había convertido en mi forma favorita de practicar mi «hobby», a medida que lo hacía me proponía más cosas y sobre de uno de esos retos trata mi siguiente anécdota, debía salir con unas medias gruesas que llegan hasta mis muslos muy parecidos a las de lencería, que son perfectas para moverme sin que mis pies hagan mucho ruido, una faldita negra antigua que tenía de cuando era estudiante que ya no es de mi talla porque se me ve la mitad del culo, pero para mis «paseos» es más que perfecta porque deja mis muslos a la vista y da ese toque cachondo de putita que me había gustado tener cuando salía de noche y por último un top muy pequeñito con botones que se abre fácilmente el cual era para tapar mis senos superficialmente en caso de encontrarme con alguien, pero vamos, el top no deja mucho a la imaginación jeje.

    En esa ocasión mi intención era moverme desde mi casa, hasta la punta opuesta del terreno dejando por supuesto mi ropa por el camino en distintos lugares, pero lo bueno o más bien mi «reto de placer» era que una vez estando en la otra punta debía volver a la puerta de mi casa gateando en 4 como una perra tomar una mochila pequeña que uso para ir al gimnasio ajustarla a mi cintura y luego volver por mi ropa e ir guardándola en la mochila obviamente todo eso desnuda y en 4, debía recorrer la mayor cantidad de terreno así excepto las zonas donde hubiera piedras para no lastimarme las manos ni las rodillas, sin embargo, en este caso para mi «reto» personal debía pasar igual por esos lugares, pero totalmente erguida y cuál es el problema dirán ustedes de ir erguida, ya que muchas veces al principio solo me agachaba un poco, bueno les cuento sucede que una de esas zonas está frente al ventanal de la casa grande de los dueños entonces aumentaba mucho más el peligro, pero en mi cabeza aumentaba mucho más el placer y excitación que podría sentir, entonces comencé con mi «reto» al salir note que uno de mis vecinos tenía su luz encendida y se escuchaba música y varias personas hablando, no le di mucha importancia porque ya había salido a mis paseos con vecinos despiertos solamente evitaba pasar por fuera de sus casas o ventanas, mi primera parada fue el cordel para secar la ropa, en el deje mi top así que ya estaba desnuda para arriba, les juro que la sensación de desnudarme fuera de casa y quedar totalmente desnuda me provoca espasmos de placer en mi conchita solo recordarlo, así que cuando deje mi top metí mis dedos en mi conchita para ir dándome placer mientras avanzaba.

    Llegue a una especie de almacén que tienen para guardar herramientas, una escalera, etc., en el deje mi faldita, con eso ya tenía mi culo totalmente libre al mundo, quiero mencionar algo sobre mi culito, cuando comencé mis «paseos» mencione que era paradito y acorde a mi cuerpo, pero yo no pensaba que solo por ponerme en 4 ya se podía ver mi conchita y mi hoyito, es decir no era necesario abrir mis nalgas del todo para verlas, eso lo comprobé porque en uno de mis paseos grabe un pequeño vídeo desde mi puerta con mi teléfono, bueno volviendo a lo importante seguí avanzando y llegue a la reja de la última vez donde deje mis medias gruesas ya para ese momento me había tocado un montón y me quedaba poco para llegar al orgasmo, seguí avanzando hasta la punta del terreno, una vez allí, mire a todos lados y solo se veía luz en la casa de mi vecino de antes, pero ahora tenían la música mucho más fuerte, así que ya con la excitación que me dominaba y las ganas de sentir mucho placer que tenía, me arrodille lentamente… antes de avanzar me regocije un poco en mi situación levanté mi culito como la vez pasada en la reja, metí mis dedos dentro que resbalaban totalmente, gemí muy despacio lleve mis dedos a mi boca y los lamí con mucha lujuria, apreté un poco mis senos y cuando ya estaba lista empecé a andar, meneando mi culo como una puta que quería sexo, como si quisiera que cualquier viniera y me tomará en ese momento, ofrecida totalmente al mundo y a quien sea.

    Avance lentamente, cada meneo, cada movimiento de mi cuerpo en esa posición era un chispazo de placer para mí, la experiencia era perfecta, no podía pedir más en ese momento, avance hasta llegar a la casa grande donde rentan habitaciones pase por debajo de la misma escalera de mi primera vez, hice una sonrisa cómplice a mí misma y seguí avanzando, ocasionalmente me detenía en algún rincón oscuro para meterme los dedos, pero siempre lo único que hacía era abrir mis piernas y meterme de a 3 dedos aguantándome los gemidos luego meterlos en mi boca y continuar, llegue a la casa principal entonces me erguí lentamente mire hacia dentro que no hubiera nadie y pase caminando lentamente como si no me importara nada, por dentro mi corazón ya se me salía de los nervios y la adrenalina, en cuanto pase volví a ponerme en 4 y seguí avanzando, jadeaba un poco por lo que había hecho el pasar desnuda por la casa principal donde si me vieran se acaba todo, no podía creer lo que estaba dispuesta a hacer por sentir placer y saciar mis deseos.

    Continúe y llegue a las casas que están frente a frente volví a detenerme en el mismo lugar de la última vez, pero ahora dejando mi culo hacia las demás casas y mi rostro hacia la parte trasera de esas casas, es decir si alguien se asomaba desde cualquier ángulo lo más seguro era que me vería metiéndome los dedos, pero yo solo quería placer y hacerlo así era mucho más excitante que ocultar mi culito en las sombras, me toque mucho estaba a punto del orgasmo así que decidí detenerme y darme duro cuando ya estuviera segura, finalmente llegue a la puerta de mi casa abrí despacio mi puerta y con mi mano trate de alcanzar mi mochila, sin embargo, lo primero que tome fue mi pote de crema, el mismo que use la última vez para metérmelo en la concha y sentirme llena, cuando lo vi sentí como mis deseos aumentaron, pero no para ese momento quería meterlo fuera…, meterlo en algún lugar del terreno…, un lugar que fuera peligroso…

    Y entonces se me vino a la mente el ventanal de la casa grande… en el momento que esa imagen de mí metiéndome eso frente al ventanal sentí como si ya fuera a venirme como si hubiera estado tocándome con mucha intensidad en ese mismo momento, y como si hubiera estado poseída por mi lujuria deje mi mente en blanco, tome mi mochila y puse el pote de crema dentro, volví a dejar mi puerta junta y volví por mis cosas lentamente…, con mi concha goteando con cada meneo de mi culo, llegue al cordel nuevamente, tome mi top y lo guarde rápidamente, mientras avanzaba hacia el almacén no podía quitarme de la cabeza la idea de tocarme frente al ventanal, sabía que era una locura, pero no me importaba ya era esclava de mis deseos carnales y no podía hacer nada para frenar esa calentura más que cumplir esa fantasía.

    Llegue al almacén y tome mi faldita para también guardarla, en ese momento escucho que sale gente desde la casa que tenían música, entonces del pánico trato de entrar al pequeño almacén, entre como pude un poco doblada y a oscuras, no podía estar en 4 dentro por qué estaba muy lleno así que tuve ponerme de pie y ocultarme lo mejor que pude, miraba a través de la puerta entrecerrada que sucedía y eran invitados que salieron a fumar, no podía esperar en ese lugar porque no veía nada, era viejo y me dio miedo que hubiera arañas o algo peor, así que tuve que salir lentamente porque si metía mucho ruido podían ir a revisar, no estaba a su vista así que salir discretamente era seguro, que hubiera «obstáculos» como esos siempre me calentaban más porque añadía una pequeña cuota de peligro a mis «paseos», salí como pude y continúe.

    El problema ahora es que debía pasar por la reja principal y esa si estaba a la vista de las visitas, me acerque lo más que pude a la reja y decidí esperar unos minutos, mientras tanto saque mi pote de crema para satisfacerme, ya que estaba totalmente loca por el placer ya no media muchos riesgos, lo introduje lentamente en mi vagina que estaba super dilatada y comencé un movimiento lento mientras mordía mi brazo para no gemir y contenerme de hacer ruidos fuertes, así paso un minuto en los que solo me di placer, cuando ya vi que acabaron de fumar saque el pote de crema de mi conchita y lo lamí con mucha intensidad, era riquísimo chuparlo estando cubierto de mis fluidos cuando acabe esa faena jeje, tome rápidamente mis medias gruesas y las guarde, entonces solo me quedaba ir a la casa principal y follarme a mí misma frente al ventanal hasta llegar a mi tan deseado orgasmo.

    Avance discretamente por afuera de la casa de la fiesta para llegar más rápido, una vez que estuve frente al ventanal mi cuerpo se estremeció y escalofríos me recorrieron todo el cuerpo, me puse de espaldas en las piedras, apoyándome en una columna de concreto sin importarme el dolor e introduje el pote en mi vagina, comencé a follarme frenéticamente justo en el lugar más peligroso miraba haciendo dentro y solo veía mi reflejo, mi rostro sudado y con una expresión de puta total, pero lejos de desanimarme me calentaba más abrí mis piernas lo más que pude y seguí dándome duro, saque mis medias para ponerlas en mi boca y no gemir fuerte, pero no podía evitar hacer ruidos de placer, mientras entraba y salía mi pote tocaba mis senos y me retorcía en el suelo hasta que llegue al clímax y tuve un orgasmo memorable, solté un «Aaaah…», «qué rico…» decía despacito mientras movía el pote lentamente de adentro hacia afuera masajeaba mi clítoris para disfrutar los espasmos de placer del orgasmo tan intenso que tuve.

    Cuando ya estaba recuperándome veo como la luz del segundo piso de la casa grande se enciende y luego rápidamente la luz de la escalera que daba directamente al ventanal donde estaba tirada yo, como pude me arrastre en 4 hasta la esquina de la casa rezando que no me hubieran escuchado, aun con las piernas temblorosas me oculte bien y vi que era el dueño del terreno, avanzo directamente a la casa de la fiesta y creo que les pidió que bajaran la música y no hicieran tanto escándalo en el lugar, porque de inmediato la música se apagó y la gente empezó a irse, cuando lo veo avanzar devuelta a la casa, veo que se detiene justo donde estaba yo y veo que recoge algo que después tira a la basura, era mi pote de crema! Con la impresión lo deje tirado en las piedras, lo había perdido para siempre…, aunque me regalo un orgasmo que jamás olvidaré jeje.

    Ya con todo más calmado decidí volver, no pase por el ventanal, evidentemente porque las luces del segundo piso aún estaban encendidas, así que me escabullí por detrás de la casa grande, llegando por última vez a mi puerta, entrando y habiendo cumplido mi «reto» auto impuesto… esa noche fue la de mi primer reto, he cumplido varios hasta el día de hoy, pero esas historias serán para otro día como cuando también llegaron a mi vida los «accesorios» para complementar mis paseos nocturnos y algunos no tan nocturnos jeje.

    Espero de corazón que disfruten de mis anécdotas porque les aseguro que yo sí las disfrute mucho y me encanta compartirla con ustedes, disculpen que quedara tan larga, pero fue una noche bastante intensa y era novata en mis propios retos jeje, besos a todos.

  • Madura se entrega después de 22 años sin coger (2)

    Madura se entrega después de 22 años sin coger (2)

    Al día siguiente recibí un mensaje de ella, siendo que le dolía en culo, que no había podido ir al baño, que no se podía sentar, que le seguía sangrando, pensé que eso sería el final de todo, pero me sorprendió cuando me dijo que quería verme de nuevo, después de eso se volvió en mi esclava, literal hace todo lo que le digo.

    Pasaron 2 días desde nuestro primer encuentro, cómo había terminado mis prácticas en el hospital ya no la pude ver, le escribí un mensaje preguntando si estaba libre, no tardo ni 30 segundos en escribir que salía a las 4 pm, le dije que quería cogerla de nuevo, pasaría por ella, así que a las 4 pm puntual estaba en la entrada del hospital esperándome, se subió al coche y sin cruzar alguna palabra durante el camino entramos a un motel.

    Nada más entrar se me fue encima, me empezó a besar la boca pero era muy torpe y me lastimaba, así que le dije se calmara y fuéramos despacio al final teníamos 4 horas para nosotros, la desnude despacio y pude notar que los bellos púbicos aún sobresalían de su ropa interior así que fui muy directo con ella, dejándole en claro que a partir de ese día debía tener su coño bien depilado siempre y que debía cambiar su ropa interior por tangas, ya que son mi gusto culposo ver cómo se hunden entre las nalgas de las maduras culonas, ella solo asintió con la cabeza, le retire la ropa interior y comencé a chupar su vagina la cual está vez pedo a segregar una sustancia un poco viscosa, muy espesa, ahí entendí que su cuerpo ya estaba reaccionando después de tantos años.

    Le pedí ella me hiciera un oral, su respuesta fue que nunca lo había hecho, que le daba asco, ya que cuando su marido se lo pidió ella se negó ya que juro jamás se pondría un pene en la boca, vi su cara de asco pero como mencioné en el relato anterior, me gusta que me obedezcan y sabía que está zorra haría lo que quiera, así que tome su cabeza con ambas manos y grité, abre la boca puta e intenté meter mi pene a la fuerza, pero ella no habría la boca y se movía intentando escapar, así que con la mano izquierda tome su cabello duro así como estaba de rodillas y con la derecha solté una cachetada la cual impacto en su mejilla, instintivamente abría la boca y aproveché a meter mi pene en ella.

    Ella intento escapar pero mi fuerza era mayor así que sostuve su cabeza firmemente pegada a mi sin dejarla respirar, solté lentamente su cabeza lo cual ella aprovecho para tomar aire, así que me tire en la cama y solo le ordene, chúpalo, me miró con cara de enojo pero hizo lo que le dije, la forma en que lo hacía era muy brusca y tosca, me lastimaba mucho, así que le dije que lo hiciera despacio, que usará su lengua, que imaginara que es un helado lo que está saboreando, que recorriera desde el tronco hasta la punta y se detuviera a dar pequeñas succiones sobre el glande, y que pusiera especial énfasis en mis testículos los cuales son mi debilidad.

    Cada vez que veía que se separaba, que no hacía lo que le dije o que paraba le daba una cachetada, y ella solo seguía chupando, me cansé de eso así que le dije que se colocara en 4, así lo hizo, tuve que enseñarle cómo colocarse para que levantara más las nalgas, coloqué lubricante en su vagina y metí mi pene rápidamente.

    Solo se oyó un quejido ahogado, seguí bombeando a una velocidad constante me seguía sorprendiendo lo estrecha que era y lo bien que se sentía, de repente saque mi pene de ahí y con el mismo impulso sin lubricar o haber preparado su culo antes me deje ir, instintivamente ella se echó sobre la cama intentando escapar y gritando de dolor, pero la aprisione con mi cuerpo, mi pene seguía introducido en su culo, así que tome sus brazos y los coloque detrás de ella, tomándolos con mi mano izquierda y con la derecha la tome por el cuello, con mis piernas y rodillas separé sus piernas haciendo que se abriera un poco más y mi pubis cupo excelentemente entre sus nalgas.

    Y en esa posición empecé a cogerla violentamente, de su boca apenas se escuchaba un quejido ya que con mi mano estaba casi estrangulándola, mire su cara y estaba llorando del dolor, le pregunté al oído si le dolía, solté un poco mi mano para oír su respuesta y me dijo que si, que le dolía demasiado, volví a preguntar por qué no me decía que parara y su respuesta me encantó, solo dijo: Porque a ti te encanta.

    Esta frase me desconectó, había logrado lo que quería, que se entregará completamente, que solo pensara en complacerme y en nada más, así que seguí bombeándola pero con más fuerza cada vez mis embestidas eran más fuertes, me gustaba ver cómo lloraba pero aguantaba como la puta que era, mientras la cogía no dejaba de decirle que era un puta, una zorra, que le encantaba que le rompieran el culo, y que me encargaría de hacer que ese culo tan pequeño y estrecho quedara hecho mierda.

    Pasaron 30 minutos los cuales ella soporto sin quejarse, me vine en su culo nuevamente, cuando salí de ella le dije se colocara en 4 nuevamente y la imagen que vi tenía que capturarla en una foto, su culo abierto, rojo, con sangre y semen combinados, tomamos un descanso en el cual hablamos de cosas “x”.

    Ese día la cogí 3 veces más por el mismo orificio, no deje que se levantará de la cama o se limpiará, al terminar la 4ta vez le pase su ropa, la cual se colocó y salimos de ahí, nuevamente la lleve a su casa y al bajar tenía la mancha de semen en su pantalón, le dije que no se quitará ese calzón, y que quería que al día siguiente llevará el mismo lleno de semen puesto a su trabajo, al día siguiente cuando sabía que estaba trabajando le mandé un mensaje ordenándole que me mandará una foto en ropa interior y tal y como lo pedí, estaba trabajando con el calzón lleno de semen…

  • Podría ser mi hija (pero por suerte no es) – 3

    Podría ser mi hija (pero por suerte no es) – 3

    La relación con Lucía siguió durante meses. Un día me dijo que había conocido a un chico que le gustaba y la alenté a que salga con él.

    – “¿No te molesta?

    – “No puedo cambiar la realidad de la enorme distancia de años entre nosotros. Vos tenes que buscar una pareja de tu edad. Yo disfruto de cada momento que me regalás, pero sé que alguna vez vas a irte y quiero que lo hagas bien, sin dramas.”

    – “¿Y me vas a dejar venir de vez en cuando a estar con vos?

    – “Sos libre mi cielo. Vos venís cuando querés. No viniste a este mundo para hacerme feliz a mí. Vos tenes que ser feliz. Vení cuando quieras y dejá de venir también cuando quieras”

    Estuvo tres meses viniendo poco, una vez cada quince días o a veces menos. Nunca le pregunté nada sobre su relación. Esperaba que, si quería, ella me contara. Sin quererlo, empecé a tener miedo de perderla, pero sabía que ese era el destino en algún momento. Un día me llamó y me preguntó si podía venir a quedarse todo el día. Por supuesto le dije que sí. Llegó al mediodía, comimos, preparé un mate y nos sentamos a charlar.

    – “Nunca me preguntaste nada”, me dijo

    – “Hermosa, yo sé que algún día te vas a ir, es lógico. Y tu vida no me pertenece, tenés todo el derecho que te respete tu intimidad. Si querías contarme algo, lo ibas a hacer. Yo te voy a querer igual, aun cuando te vayas y espero que te pase lo mismo. Pero, si necesitas charlar algo, hacelo sin problema. Aun cuando sea pedirme consejos sobre tu pareja”

    – “No tengo más pareja. Parecía todo bien, aun cuando el sexo no se compara con el que tengo con vos. Pero de a poco intentó controlarme, quería que le cuente todo mi pasado y que hacía a cada hora. Se metió en mis cosas con indicaciones que tenían mucho de exigencia. Aguanté más de lo necesario porque pensé que era mi incapacidad de relacionarme. Pero ayer lo corté. Se enojó, me dijo que no podía hacerle eso, que yo era suya. Me dio miedo. Por eso hoy quería estar acá con vos”

    – “Lo lamento bebé. Son cosas que pasan. Pero no creas que siempre es así. Ya vas a conocer a alguien con quien hacer una pareja que te haga sentir bien.”

    – “¿No podés tener treinta años menos, la puta madre? No voy a encontrar a nadie como vos.”

    – “No, no se puede. Si tuviera treinta años menos, estarías viviendo conmigo compartiendo la vida. Me encantaría despertar con vos todos los días. Pero la realidad no es esa, preciosa”

    – “Mimame papi, haceme olvidar la tristeza”

    – “Vení”, le dije, abrazándola y besándola. “Vamos a ver una película, te voy a cocinar algo rico y después te voy a acariciar, a masajear y a besar hasta que te duermas con una sonrisa”

    – “¿Me vas a querer igual, aunque no cojamos ni sea más tu putita?, me dijo cuando estaba contra mi pecho y la abrazaba.

    – “Sí. Yo no me relaciono con alguien como lo hice con vos solo por coger, aunque debo aclarar que coger con vos es un placer de los dioses. Te quiero por todo lo que sos y que vas a seguir siendo aunque no te acuestes más conmigo”

    – “Gracias, no quisiera perderte”

    – “Me estas preparando para decirme que no vas a coger más conmigo?”

    – “¡¡¡Nooo!!! Ni lo sueñes. Es que estoy triste y melancólica y vos sos, para mí, una roca que me da seguridad y confianza. Saber que te tengo me alegra la vida. Y lo que me decís me tranquiliza y, además ¿sabés qué, papi?”

    – “No, ¿qué?”

    – “Me dan más ganas de cogerte”, dijo acercando su boca a mi oreja y susurrándome.

    – “Me alegro. ¿Qué peli queres ver”

    – “Una donde un señor mayor se aprovecha de una nena inocente y la coge por todos lados, ¿querés?”

    – “¿Y la nena inocente sos vos?”

    – “Ponele”, me dijo con una sonrisa pícara.

    – “Vamos a hacer algo distinto”, le dije mientras iba a poner el aire acondicionado a 30 grados. ”Primero, vamos a poner este living como para estar desnudos sin problema. Y ahora, nenita inocente, vení con el papi a la pieza”

    Se levantó, se descalzó y vino conmigo. Bajé del armario una caja y le mostré lo que tenía; un disfraz de colegiala, con pollerita tableada a cuadros, coletas, anteojos sin vidrio, medias tres cuartos y camisa de colegio para ella y un delantal, una regla larga y anteojos para mí, de profesor.

    – “Vestite de colegiala y venía al living, que te voy a tomar examen”, le dije. Me miro saboreando anticipadamente el placer y me dijo, haciendo pucherito.

    “Si profe, pero mire que no estudié mucho. ¿me va a ayudar?”

    Le di un chirlito en la cola con la regla y contesté.

    – “No sé. Va a tener que hacer méritos señorita si quiere que no la aplace”

    – “Si profe, estoy dispuesta a todos los méritos que haya que hacer”

    – “La espero en el aula señorita. No tarde”, y fui al baño a cambiarme.

    Cuando apareció, me la quería comer toda. Era un caramelito sensual vestida de colegiala, con la pollera que dejaba a la vista la parte inferior de su hermosa cola, con el pelo atado en dos colitas, los anteojos, la camisa fina que dejaba ver sus tetitas empujando la tela y los pezones marcados. Todo acompañado con un gesto de putita inocente que me puso al palo solo de verla. La hice sentar en una silla y empecé a hacerle preguntas de Educación sexual.

    – “Señorita Lucía, ¿cuáles son los órganos sexuales secundarios en una mujer? ¿Cuáles los principales? ¿Cómo se ubican los labios mayores y menores en la vagina? ¿Cuál es el miembro sexual principal en el hombre? ”

    A todos ponía cara de vergüenza y contestaba “No sé”

    – “Lo lamento señorita Lucía, pero tengo que reprobarla”

    – “No profe, porfi. Hago lo que usted diga. Pero no me repruebe”

    – “En consideración a que en el resto de las materias tiene buenas notas, voy a tratar de ayudarla. Pero vamos a hacer dos cosas. Primero la voy a castigar por no estudiar y después le voy a dar una clase así aprende. ¿De acuerdo?”

    – “Lo que diga profe. Le hago caso en todo”

    – “Bien, levántese y apoye los brazos sobre esa mesa”, a lo cual obedeció.

    Yo le indiqué que separe las piernas golpeándole la parte interna de los muslos y le ordené que se agache sobre la mesa. Lo hizo, dejando a la vista su hermosa colita.

    – “Ahora la voy a castigar por no estudiar, señorita”

    – “Bueno profe, pero despacito”

    – “Nada de despacito señorita, no puede venir sin estudiar”, le dije mientras le iba dando golpecitos con la regla en las nalgas. “Va a aprender a ser una buena alumna”

    – “Ayyy. Si profe. Soy una nena mala. Ayyy. Merezco esos chirlos en la colita profe, me decía haciéndome pucheritos”

    – “A ver como está esa cola, no quiero pegarle muy fuerte y lastimarla”, le dije mientras le acariciaba su cola. “¿Duele mucho?”

    – “Si profe, acariciela un poco más, porfi. Así profe, así. Que bien que sabe acariciar profe”

    – “Ahora venga acá, jovencita” le dije poniéndola de pie a mi lado mientras me sentaba. “Estos son su órganos sexuales secundarios” le explicaba mientras le abría la camisa, acariciaba sus tetas y le chupaba los pezones. “Entiende señorita”

    – “Explíqueme un poco más profe”, me dijo mientras me sostenía la cabeza contra sus pechos.

    Le encantaba que le juegue con las tetas y los pezones, la calentaba mucho. Después de un rato de estar saboreando esas delicias, la llevé al sofá, la hice sentar y le levanté las piernas.

    – “Déjelas así jovencita que le voy a explicar la anatomía de la vagina”

    – “Si profe, explíqueme, que usted explica muy bien”

    Me quedé un rato largo lamiendo su clítoris, su conchita, su ano, mientras mis dedos jugaban libremente, hasta que tiró la cabeza hacia atrás, me gritó “lameme papí” y acabó con un largo gemido.

    – “Bien alumna”, le dije cuando se repuso. “Ahora venga a aprender la anatomía del órgano sexual masculino, le dije sacando mi pija entre los botones del delantal.

    – “Si profe”, dijo con entusiasmo y se dedicó a darme placer con su boca, con sus manos, pasando mi pija por sus tetas.

    – “Bueno, bueno. Sigamos la lección”

    La levanté, me senté en la silla, la atraje hacia mí y la puse a horcajadas mías, de frente a mi.

    – “Ahora le voy a enseñar el coito vaginal. Venga señorita, baje despacito, así, hasta tener dentro suyo todo el miembro masculino”. “Muy bien, veo que va aprendiendo”

    – “¿Si profe? ¿Lo estoy haciendo bien”

    – “Así alumna, suba y baje para que el hombre entre y salga de su conchita. Así señorita. Usted es una buena estudiante”

    – “¿Si profe? Y si de paso me recuerda lo de las tetas”, me dijo llevando mi boca a sus pezones. “Ayyy, profe, siga, siga. Chupe los pezoncitos de su alumna” me decía mientras aceleraba el ritmo. “¡¡¡Ahggg!!!”, gimió abrazándose. “¿Voy a aprobar profe?”

    – “Faltan algunas materias. ¿Cómo está con lo del coito anal?”

    – “No lo estudié, profe. ¿Me lo explica porfi?”

    La levanté, le hice pasar una pierna para que quede sentada de costado sobre mis piernas, la levanté y le dije

    – “Señorita, tome el miembro e introdúzcalo en su vagina”, lo cual hizo, obediente, mientras la apoyaba contra mi pecho y así, en el aire iba haciéndola subir y bajar

    – “Eso me gusta profe. Enséñemelo bien. Así, así” me dijo mientras se abrazaba a mi y escondía su cabeza en mi hombro. Al rato se tensó toda y, mientras la dejaba descansar sobre mí penetrándola hasta el fondo fue acabando un rato largo.

    – “¿Falta más profe, dígame que falta más?

    – “Señorita”, le dije mientras volvía a levantarla. “Tome el miembro masculino y ponga la puntita en su culito”

    – “Ayyy, profe, no dolerá”

    – “Señorita, me extraña, quien es el profesor”

    – “Usted profe”, dijo haciendo lo que le indicaba

    – “Abrazame”, le dije y obedeció. “Ahora te voy a bajar suavecito. Mantené mi pija hasta que entre en tu colita”. Hizo lo que le decía y, entre gemidos y suspiros, fui dejando que lentamente entre totalmente dentro de ella. La dejé un rato así hasta que se acostumbre y después empecé a levantarla y bajarla. Al principio, respiraba hondo y gemía en cada vez, pero al rato se aflojó, empezó a besarme y a pedirme al oído

    – “Así papi, así. Entra mucho en esta posición. Metela toda que me gusta, Cogeme toda papi. Así, haceme tu putita, papi, Asííí´”

    Fue subiendo su calentura hasta que acabó y otra vez la dejé bajar hasta apoyarla en mis piernas. Quedó un rato jadeando, me dio un beso y dijo

    – “Así entra hasta el fondo y además, se te pone al palo. Y cuando está al palo es muy grande papi”

    – “¿Te lastima o te duele?”

    – “No tonto. Soy tu putita hace rato y ya me acostumbré a tu pija. Me encanta.

    – “Ahora ponete de vuelta a horcajadas frente a mi”. Cuando se puso, le besé las tetas y le dije “De a poco, andá bajando, metiéndotela en tu colita. Pero mirame”

    – “¿Por qué?

    – “Porque pones una hermosa cara de putita caliente cuando te penetro el culito”.

    Se sonrió, hizo como le indiqué y fue bajando lentamente, regalándome todo el espectáculo de esa hembrita joven y hermosa con toda la sensualidad que le daba la calentura que sentía.

    – “¿Así mi señor? ¿Así le gusta ver a su putita?”

    – “Si. Te filmaría para verte cuando no estés, de linda que sos”.

    – “Filmame. Y después mostrame como soy cuando estoy caliente”.

    – “Bueno, pero ahora, bella y querida putita, dejame llevarte”, le dije, agarrándola de la cintura y haciéndola subir y bajar, sacando y entrando mi pija en su hermoso culito. “Mirame putita, te voy a acabar”

    – “Esperame papi, esperame que voy con vos”

    Y terminamos juntos en un largo orgasmo, que siguió mientras ella movía lentamente en círculos su cintura hasta sacarme la última gotita de leche. Me miró con una sonrisa, me dio un beso, me abrazó y dijo.

    – “Yo sé que te enoja, pero no me importa. Gracias. Gracias. No tenes idea lo bien que me hace estar con vos” y se quedó un largo rato abrazada a mi. Después se levantó y dijo, con una sonrisa:

    – “Esta película estuvo buenísima. Ahora haceme algo rico para picar y ponemos alguna otra en la tele, ¿querés?”

    De la tristeza con la que había llegado, no quedaba ni rastro.

    Continuará.

  • Vi a mi esposa cabalgando

    Vi a mi esposa cabalgando

    Somos una pareja joven, ella tiene 27 años, es una mujer muy guapa mide 1.60, tiene unas caderas muy ricas, un culo grande, de cara es bella, pero sobre todo es muy calienta vergas. Yo 28 años. Nos habíamos iniciado en el mundo del swinger unos meses atrás.

    Les cuento que durante la semana mi esposa había estado muy caliente, habíamos estado cogiendo muy rico yo le decía que tenía la fantasía de verla bailar en el tubo y que los demás la estuvieran viendo, antojándoles sus movimientos de cadera, para que los hombres singles se acercaran a platicar con nosotros y ella eligiera con quién ir a coger, eso la calentaba mucho, así que un día antes de ir se compró una falda de tablones muy corta que dejaba ver la mitad de su culo, junto con una bonita tanga.

    Se llegó el día de ir al club era un sábado como a las 11 de la noche, ella se estaba arreglando se puso un vestido corto color negro muy entallado, con la tanga que iba estrenar era igual en color negro, no llevaba bra, se colocó unas mallas de red y tacones altos y un abrigo largo por qué hacía frío y evitar que vieran de mas los vecinos, aparte llevaba una maleta pequeña, dónde puso su falda de olanes, y un top que solo cubría sus tetas, además de condones.

    Llegamos al club, había poca gente solo cuatro parejas y la mayoría eran parejas maduras y aún no había singles, para mi sorpresa había un compañero que estuvo conmigo en la escuela aunque nunca le hable sabía que nos conocíamos, ya se imaginaran me hice el desentendido y como si no lo conociera, así que le pedí a mi esposa que subiéramos al segundo piso del club, dónde estaban los play rooms y había una pista con dos tubos, espejos y una sala, estuvimos ahí cercas de una hora mi esposa pedía bebidas y nos las llevaba un anfitrión del club un hombre de unos 40 años, un poco robusto, mi esposa para esto ya me bailaba en el tubo, y el anfitrión buscaba la excusa para quedarse a verla. Mi esposa se dio cuenta y se calentó le meneaba el culo a la dirección donde el estuviera, así que me perdí unos minutos en el baño para dejarlos solos, me dijo mi esposa que en ese tiempo estuvo bailando se bajó la mitad del vestido para que le viera las tetas, y así quedó.

    Transcurrió la noche llegó más gente y la persona que conocía se retiró con la pareja que llevaba, su pareja era gordita así que no me llamo la atención, entonces mi esposa me pidió permiso de ir a ponerse su outfit que había preparado, se veía muy puta la verdad, llegó un chavo joven que se veía de nuestra edad y era la primera vez que iba a club, le estaban enseñando las instalaciones y demás, mí esposa me hizo una mirada diciéndome que el sería con el que iba a estar, el media 1.80 delgado, se sentó a ver cómo mi esposa bailaba, paso un rato mi esposa se sentó a descansar, le hicimos una seña para que se acercara con nosotros por qué estaba solo y comenzamos a platicar era buena onda, tenía buena plática, mi esposa ya mas tomada le decía que si quería escoger una canción para que ella la bailara el un poco apenada eligió una, mi esposa se sentó en sus piernas le movió el culo al ritmo de la música.

    Pasado un rato y mi esposa mojadisima de su conchita me pide que hagamos un trío en uno de los play rooms, le dije que si, y nuestro nuevo amigo igual aceptó, le dije que iría al baño y tarde unos 10 minutos para asearme y darles tiempo de interactuar a solas, cuando entre al play room mi esposa estaba hincada mamándole la verga, ya sin nada en las tetas, él la tocaba, para esto mi verga empezó a palpitar a mil, me coloque en la cama mi esposa cambio y ahora a mí me mamaba la verga, ella estaba en posición en cuatro o de perrito, nuestro amigo se la estaba cogiendo con gran deseo, yo miraba como le rebotaba el culo a mi esposa y escuchaba como le salían sus gemidos, hicieron una o dos posiciones más y para mala suerte de mi esposa nuestro nuevo amigo se des lecho. Mi esposa se fue al baño a asearse y a ponerse ropa nuevamente, yo me salí a la sala a tomarme algo, nos despedimos de nuestro nuevo amigo que habíamos hecho y él se retiró,

    Yo pedí que nos trajeran las últimas bebidas, ya que era algo tarde, para esto mi esposa me dice que se le quedo una pertenencia en el baño del play room y que iría a buscarla, en eso el anfitrión me lleva las bebidas y empieza ver qué los play rooms estuvieran en orden, y para mí sorpresa también pasa al que había entrado mi esposa, pasan unos 15 minutos y no salía ninguno de los dos, voy al cuarto a ver qué pasaba y veo que mi muy puta esposa está cabalgando al anfitrión, él tenía sus manos entre sus nalgas y le ayudaba subir y bajar en su verga, me dice mi esposa perdón amor no me pude aguantar las ganas entre gemidos, así que les dije que no pasaba nada que ellos disfrutan, me quedo viendo cómo ellos cogían y como terminaban en las tetas de mi esposa.

    Me contó mi esposa cuando llegamos a casa, que cuando ella estaba buscando sus cosas en al cuarto llegó el anfitrión y le empezó a ayudar a buscarlas, ella se empezó a empinar a propósito para que él se acercara y de esta manera empezaron a interactuar, me dijo que ella le empezó a preguntar que si le gustaba como se veía y él le decía que riquísima, y le dijo que aún no llenaba de coger que si le ayudaba a quitarse las ganas, y así se empezaron a desvestir lo único que le pido él fue que se dejara su faldita, ya que se veía espectacular, esto hasta que llegue yo y lo vi.

    Espero les haya gustado, nuestro relato, hasta la próxima.

  • Tragate tu proteína

    Tragate tu proteína

    Fue fácil llevarla al orgasmo.

    Tenía 5 días sin follar con mi mujer, su periodo había llegado el viernes así que: viernes, sábado, domingo, lunes y puede que el martes, no tenía oportunidad de follar con ella.

    Aunque a mí no me importa manchar mi armadura ella es muy tajante en ese aspecto cuando esta Andrés no se puede.

    Pero eso no quiere decir que no haya intimidad en esos días entre nosotros, por lo regular me ordeña manualmente un día sí y otro no cuando está en su periodo, aunque no me deja meterle mano porque dice que se calienta y luego le da un dolor molesto en su vientre, yo por supuesto como buen caballero me ofrezco a aliviar su malestar, pero solo se ríe y me dice relajate antes de continuar con la chaqueta.

    El martes por la noche ella ya debería andar muy ganosa de recibir cariño y traté de aprovecharlo.

    Nuestro hijo mayor todavía no llegaba a casa, la mediana estaba en su habitación grabando tiktok y el menor en su cuarto jugando con una pelota. Alicia estaba sentada con su celular en mano en el sillón frente a la puerta del baño de la planta baja, yo fui por una toalla para meterme a bañar, deje intencionalmente la puerta abierta para que Alicia viera todo, me saque la playera y baje mi pantalón hasta quedar solo en bóxer, comencé a tocarme la polla por encima de la tela. Alicia se dio cuenta y dejo aun lado su móvil. Cuando ya estaba completamente duro la invite a bañarse conmigo, pero con una sonrisa en su boca me dijo que no con el dedo índice e hizo una seña con su mano.

    Quería verme masturbarme, así que subió y bajo su mano para indicarme qué lo hiciera.

    Tome el lubricante qué ella tiene ahí para ponerse su copa menstrual, después metí mi mano debajo del bóxer unte el lubricante por mi polla y testículos hasta dejarlos bien aceitado y comencé a subir y bajar mi mano sobre mi falo por dentro de la tela, Alicia estaba atenta a mis movimientos, y a que ninguno de nuestros hijos fuera a llegar de improviso, sus ojos eran de lujuria y su boca de ganas por tenerme cerca.

    Una gota transparente traspasaba la tela cada que mi mano llegaba al glande yo la usaba para lubricar más mi falo que ya estaba muy sensible por la constante fricción contra la tela, sentí como me iba acercando cada vez más a eyacularte subí el ritmo de mis caricias, un minuto más y sería suficiente para derramar mi semilla dentro de mis calzones. Fue ahí cuando escuche la puerta de la entrada abrirse y tuve que cerrar rápidamente la puerta del baño, lleno de frustración pensé terminar ahí mismo, pero el tributo era para mi esposa y ella debería estar presente así que me contuve.

    Me duche con agua fría y me calme.

    Ya en nuestra cama ella me preguntó que como había sido mi orgasmo y le dije que lo estaba reservando para ella.

    Cuando llegué a la habitación Alicia ya estaba ahí lista para dormir, me senté al borde de la cama dándole la espalda con la toalla aun puesta sobre la cintura.

    -¿Te esperas para mañana?

    Dudé antes de responder que sí porque la verdad yo estaba muy caliente. Alicia lo entendió.

    -Jajaja ya debes traerlos casi de fuera.

    Sentí como el colchón se movía y el abrazo desde atrás acariciándome. Metió su mano por la toalla y comenzó a acariciar mi verga.

    Cuando estaba duro me quito la toalla y me puso de rodillas sobre el colchón, ella siguió acariciando desde atrás, no la veía solo sentía sus manos y caricias, de pronto su mano apretó mis testículos fuerte, muy fuerte. Se me escapó el aire y un bufido, ella se rio.

    -Te gusto.

    No me dejo responder, los volvió a apretar mientras susurraba:

    Yo se que sí

    Luego siguió masturbándome y de repente con la palma de la mano me pegaba en las bolas, me dio una pequeña sesión de ballbusting sin dejar de masturbarme.

    Cuando me sintió a punto de eyacular se recostó en la cama y me indicó que me hincara frente a ella. Deje una pierna a cada lado de su cuerpo aprisionándola, ella comenzó a jugar con mi falo y a buscar sacar mi leche, fue rápido y me derrame sobre sus tetas, ojos y boca, su cara quedó llena de mi esencia. Luego me dijo que comiera mi propia proteína y con mi lengua le limpie su cuerpo cubierto de lefa

    Nos dormimos enseguida.

    Al siguiente día lleve las bendiciones a la escuela y me fui directo a la oficina sin tiempo para nada así que a media mañana le mande un mensaje:

    -Tengo tantas ganas de ti

    -¡Yo también!

    -¿Hoy?

    Como respuesta solo me mando un emoji con la carita de traviesa.

    Yo sabía que ese día ella ya no aguantaría más, que su sexo estaría pidiéndole verga, qué las palpitaciones y la humedad serían la constante entre sus piernas y que yo estaría en sus pensamientos más sucios.

    Cuando llegué a casa Alicia estaba hermosa, ya se había bañado, perfumado y estaba más arreglada de lo que normalmente está en casa.

    Cenamos sándwich de jamón y queso fundido. Fuimos casi corriendo a la habitación en cuanto tuvimos la oportunidad.

    Comencé a besarla. Besos lentos que Alicia respondió con hambre, besos húmedos, lenguas entrelazadas, manos traviesas qué comenzaron a explorar los cuerpos.

    Se recostó en la cama esperando mis caricias, yo me tendí de lado junto a ella para poder besarla.

    Alternaba los besos entre su boca, su cuello y sus tetas.

    Mientras mi mano seguía explorando su cuerpo, deliberadamente tarde en poner mi mano en su entrepierna

    Sentí su sexo: húmedo, caliente y palpitante.

    Empecé deslizando las yemas por suavemente por su piel, regando su humedad por toda el área, acariciaba sus labios y frotaba su clítoris en suaves círculos, pasaba por la entrada de su sexo sin llegar a meterlos ni un poco y humedecía de nuevo mis dedos.

    Su mano busco mi dureza y comenzó a mover su mano arriba, abajo de forma constante pero lenta, me quería dispuesto, pero no quería que me corriera antes de tiempo.

    Ella me indicaba donde y como.

    -Más arriba…

    Más lento…

    A tu izquierda…

    Me deje llevar por sus instrucciones hasta que comencé a notar como sus piernas comenzaban a temblar y su respiración se hacía más entrecortada

    -Ahí

    Ahí

    Ahí no te muevas de ahí

    Ya casi

    Ya casi

    Deje de besar sus tetas y su boca, tratando de no quitar mis dedos de ese lugar, me incorporé y puse mi cuerpo entre sus piernas, deje la punta de mi falo en su sexo listo para entrar en ella, los temblores de sus piernas ya eran más seguido y fuertes, ya no me daba instrucciones ahora los gemidos qué escapaban de su boca eran mi guía, cerraba los ojos y sus manos se aferraban a la almohada lista para llevarla a su boca y mitigar sus gemidos para que nuestros hijos no la escucharán.

    Entre en ella en el momento exacto sin dejar de masturbarla. Lo hice fuerte y hasta el fondo.

    Fue fácil llevarla al orgasmo, un par de arremetidas bastaron para que el pacer explotara dentro de ella, es tan fácil gozar cuando se tiene al socio correcto, quito mis dedos de su clítoris hinchado y sensible, ahora necesitaba que lo frotara con mi falo cada que entraba y salía de ella, en un par de minutos ya se había corrido un mínimo de tres veces. Sudaba y respiraba rápidamente entre orgasmo y orgasmo. Escucharla me llevó al límite.

    -¿Puedo correrme?

    -Sí

    -¿quieres tu proteína?

    -Sí

    Fue un orgasmo brutal, sentí como descargaba chorros de leche dentro de ella, sentí cada descarga, cada chorro hasta quedar vacío.

    Pero no me tumbe sobre ella, salí con el falo duro y lleno de fluidos, me puse de rodilla sobre su pecho y la arrime a su boca:

    -Chupa, trágate tu proteína.

    Alicia sonrió y abrió su boca…

  • Me lo mete el domingo por la mañana

    Me lo mete el domingo por la mañana

    Sabes cuando has tenido una semana de esas que te desgastan por todos lados, tienes todo cansado, el cuerpo, la mente y el alma.

    Es el primer domingo por la mañana que puedo dormir hasta que mi cuerpo me pide despertar. Me levanto, sintiéndome mejor que en las últimas dos semanas. Voy directamente al baño y abro el agua de la regadera, pronto sale el vapor del agua caliente, el agua chorreando por mi cuerpo, lavando todo el cansancio. Me tomo mi tiempo, el tiempo es un lujo, así que lo aprovecho. Me lavo el cabello, lo desenredo, me afeito las piernas y entre ellas. Cuando finalmente salgo del cálido abrazo del agua, me envuelvo con una toalla grande y suave bajo mis brazos y otra para mi cabello mojado. Con la piel seca me echo mi crema humectante favorita que huele a flores de vainilla, me gusta consentirme, me siento renovada después de duchas así.

    Cuando salgo del baño te veo acostado en la cama mirando algo en tu teléfono, los niños están entretenidos viendo tele en la sala. Así que busco el body de encaje negro, hoy, después del estrés de las últimas semanas, ya por fin me doy un respiro para lo que yo quiero, y en este momento te quiero a ti, te tengo unas ganas…

    Suelto la toalla de mi cabeza, el cabello mojado cayendo por mis hombros, la toalla que cubre mi cuerpo cae a mis pies, eso hace que levantes la mirada de tu teléfono, una pequeña sonrisa alzando la comisura de tus labios.

    Me subo el body por las piernas, el encaje transparente negro como una segunda piel, la tela traslúcida deja ver mis pezones erguidos, la humedad de mi deseo ya recubre los labios de mi sexo, la sola idea de lo que vamos a hacer me excita. Me excita seducirte y provocarte, me excita que me mires con esa intensa lujuria en tus pupilas. Me doy media vuelta para que puedas ver el hilo del body metido entre mis nalgas mientras le paso el seguro a la puerta de nuestra habitación.

    Cuando termino de pasarle el seguro a la puerta estás de pie frente a mí, aprietas mi cuerpo suave contra el tuyo duro, nuestras bocas se unen, las lenguas enredadas, respirándonos, besándonos, tus manos agarran mis nalgas y suben hasta mis pezones. Pellizcas mis picos duros por encima de la tela efímera de mi lencería, los retuerces entre tus dedos, me haces jadear.

    Tu cabeza baja de mi boca hasta mi pecho, bajas la tela que cubre una de mis tetas, envuelves mi pezón entre tus labios y me chupas. Te agarro por la cabeza y me paro de puntillas, presionando tu boca hambrienta a mi pecho. Tu lengua revolotea por mi pezón y muerdes, esa presión de dolor placentero que me recorre entera y va en vía directa, haciendo que mi clítoris palpite entre mis piernas.

    Tu rostro contra el mío otra vez, tu lengua y mi lengua, te beso hambrienta y luego te pido que chupes mi otra teta.

    Me siento obscena, deliciosamente perversa cuando mis tetas cuelgan fuera de la ropa que llevo puesta, tus manos apretando la suavidad mis pechos mientras el otro pezón está deleitándose con tu lengua, con tus chupadas, con tus mordidas.

    –Ponte en cuatro –me dices.

    –Espera, primero te quiero en mi boca –respondo y me siento en el borde de la cama.

    Sacas tu verga dura e hinchada, me encanta el olor de tu miembro, el aroma de tu cuerpo cuando estás excitado.

    Este encuentro no es lento y romántico, tiene un sabor a desespero necesitado.

    Me meto tu verga en la boca, me lo meto todo lo que puedo, hasta lo más profundo de mi garganta, hasta que no puedo más, y te lo mamo así una y otra vez, la saliva lubricando tu asta, chorreando por mi mentón, te lo mamo con gula desesperada.

    La piel tersa de tu cabeza es diferente, es más suave que la piel de tu tronco surcado de venas, tu verga dura entra y sale de mi boca, alimentando mi deseo.

    Tus manos buscan la suavidad de mis tetas, las manoseas y pellizcas mis pezones.

    Con una mano sujetando la base de tu miembro mientras lo chupo, no sabes lo que me gusta tener tu verga en mi boca. Me siento divinamente perversa, deliciosamente obscena allí sentada al borde de la cama, mis tetas en tus manos, tu verga en mi boca, mi otra mano ahora entre mis piernas frotando mi pepita excitada.

    –Eso es. Tócate bien rico.

    Me la froto más rápido, estoy mojada, estoy tan mojada que mis dedos resbalan y patinan sobre mi clítoris y mis pliegos.

    –Ahora ponte en cuatro que te lo quiero meter –me ordenas.

    Le doy una última chupada a tu miembro tieso y me pongo de manos y rodillas sobre la cama. Ruedas el pequeño hilo que intenta cubrir mi intimidad y metes tu verga de una sola estocada, me dejas totalmente llena, desbordada, que rico me lo metes, es que me das demasiadas ganas.

    Arqueo la espalda y ahora me apoyo sobre mis antebrazos en la cama, mis tetas se bambolean con cada brusca empalada tuya, y así mis pezones sensibles rozan las sábanas. Me trago los gemidos que provocas con tu hombría dura y tiesa que entra y sale de mi cuerpo.

    –¡Tócate! ¡Me encanta cuando te tocas! –susurras mientras me coges en cuatro sobre la cama.

    Estiro un brazo hacia la almohada, mis tetas ahora presionadas contra el colchón, mi culo en el aire mientras lo metes y lo sacas de mi raja.

    Llevo la otra mano entre mis piernas y me la froto, mis dedos patinando sobre la humedad que provocas.

    Con dos dedos froto mi clítoris en movimientos circulares, mis dedos cada vez más rápidos. El deseo desesperado, aquella fiera necesitada de tu hombría se hace cada vez más salvaje.

    Me agarras duro por las nalgas, me penetras una y otra vez, me lo metes todo, me lo metes hasta el fondo, duro y fuerte como quiero en este momento.

    –¡Cógeme! ¡Cógeme duro que voy a acabar!

    Entierro la cara en el colchón para mitigar los ruidos de gozo que quieren escapar de mi garganta mientras el placer más divino del mundo se apodera de mi cuerpo. Mis músculos se contraen una y otra vez, mi sexo te chupa, te abraza, quiero sacarte la leche de las bolas para que me llenes toda.

    Cuando ya el orgasmo llegó hasta la cima dejo de tocarme, mi piel hipersensible a tu verga dura que no baja el ritmo, que entra y sale, entra y sale tan duro y tan rico entre mis piernas, hasta que lo siento, siento cuando se prensa y se hincha adentro. Conozco tus sonidos, me encanta oír tus gemidos masculinos mientras tu verga palpita dentro de mí, vaciando tu semilla en mi calor, eyaculando todo tu semen, dejándome llena de tu leche.

    Nos separamos jadeando, tengo las piernas temblando, te beso en los labios, te abrazo.

    –¡Qué rico! –te digo, y tu respondes–. Divino.

    Me quito el body negro y lo lavo inmediatamente en el lavamanos del baño, lo dejo colgado en la ducha para que se seque, la evidencia de nuestro encuentro desaparecida de mi lencería, pero totalmente presente entre mis piernas.

    Me visto, y aseguro de colocarme una compresa en la ropa interior para que tu leche no traspase la tela de mi tanga y deje un pegoste mojado y delatador en mis pantalones.