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  • La amiga

    La amiga

    Me habías dicho de que iba a venir una amiga.

    Pero no me esperaba esto cuando entré en el dormitorio.

    Cuando abro la puerta, la primera cosa que veo es el culo gigante desnudo de tu amiga. Ella tiene un culo gordo, pero encima de tu cara parece más grande todavía.

    Porque tú estás debajo de ella en posición 69 y estas disfrutando de su chocho pelado. Veo que estás saboreando su clítoris y su coño con tu lengua, se ve que ella está muy mojada y al punto de correrse.

    Ella igual te está comiendo el cocho, y obviamente me pone muy caliente. Prefiero primero mirar, así me bajo los pantalones, cojo mi polla con la mano, y me toco mientras os ponéis chorreando.

    Cuando ella se corre en tu boca -parece que te gusta el sabor de los líquidos de su coño, porque le metes tu lengua entera en su agujero más dulce- yo no aguanto más. Te quiero comer.

    Así me pongo a cuatro patas delante de tus piernas abiertas, me meto tu clítoris en la boca y chupo lo mejor que puedo.

    Mientras veo que te estas acercando al orgasmo, noto una lengua chupándome mis huevos. La lengua sube, ahora ella me está mojando el culo y sin aviso, me está follando el agujero de mi culo con su lengua!

    Me pone a tope y chupo más fuerte tu coño.

    Justamente cuando te corras, ella saca su lengua y me mete, otra vez sin avisar, un butt plug en el culo.

    Me polla se pone duro como piedra, pero esto obviamente llama a un castigo. Ya nos hemos entendido con una mirada y le dices que se ponga a cuatro patas.

    Ella se pone y espera que yo la folle ahora. En vez de esto, le echas mucho gel en el culo y le dices: “Me has dicho que eres una virgen anal, ¿no? Creo que vamos a cambiar esto hoy”.

    Antes de que ella pueda responder, ya le has metido tu dedo índice en el culo. Y no solo un poco. Entero. Su cara muestra claramente de que si, nunca ha tenido un dedo en el culo. Con tu dedo en su culo notas porque a los hombres nos gusta tanto meter la polla en el agujero más pequeño. Su culo está apretando bastante tu dedo, como si lo estuviera chupando.

    Parece que está cómoda con un dedo, así le metes un segundo dedo, y lo mueves rápido. Yo aprovecho mientras y me folló su boca, quiero tener la polla dura y muy mojada.

    Porque ahora si me puedo follar su culo que tú lo has preparado tan bien.

    Solo meto mi capullo y lo saco otra vez. Otra vez, con un poco de resistencia de su musculo anal, meto el capullo. “Déjate de juegos” me dices y me empujas para que poco a poco, lentamente, meto mi polla entera en su culo. Ahora sí, seguramente ya no tiene un culo virgen.

    Tu mientras te habías preparado como una buena putita anal y te habías metido un dildo gordo bien dentro.

    Te tumbas de espalda delante de mí, echas gel en tu cocho gordo y tu culo. Coges mi polla y la metes lentamente en tu culo. Aunque ya eres un experta de sexo anal, tu culo es incluso más estrecho que el culo de ella. La cojo por los pelos mientras folló tu culo y aprieto su cara contra tu coño para que coma bien.

    Miro tu cara. Me pone tan caliente ver tus ojos cuando tengo mis polla en tu culo.

    Me haces una señal, así saco mi polla de tu culo y se la meto en la boca, pero no solo un poco. Aprovecho y se la meto hasta la garganta y empiezo a follar su boca muy fuerte. Ella tiene que mojarme la polla para que la pueda volver a meter fácilmente en tu culo.

    Ya no aguanto más, explotó en tu culo tan estrechito. Tú te corres mientras el se come tu culo abierto y tu chocho, llenos de semen.

    Miro tus ojos, que brillan después del orgasmo. Y me pregunto, si quizás quieres que un día me traiga un amigo…

  • Me zumbé el chumino jugoso de un chico trans gay

    Me zumbé el chumino jugoso de un chico trans gay

    Alberto enviudó hace siete meses. El fallecimiento de su mujer fue algo repentino e inesperado. Un golpe muy fuerte para Alberto tanto anímica como existencialmente, hasta el extremo de hacerle replantearse sus valores morales y su modus vivendi.

    Hace pocas semanas comenzó a salir los fines de semana por la noche. La casa se le cae encima y necesita airearse, socializar. El problema es que se siente desactualizado. El twerking y el reggaetón no son lo suyo. Se siente como un hombre de cera de otro siglo, como si se hubiera escapado de algún museo.

    Apoyado en la barra de un pub, se contenta con observar a las muchachas, casi todas adolescentes, menear el trasero como si fuera una coctelera.

    –Creo que a eso lo llaman perrear –le comenta el hombre que comparte barra a su lado.

    Alberto tiene 50 años y se quedó congelado en La Movida. El hombre que está a su lado tiene algunos años menos, quizás 41, y se presenta con estas palabras:

    –Me llamo Harry. Parece que esta noche no hemos tenido suerte. Nos vamos de vacío para casa. Con los años cuesta más ligar.

    –Con los años cuesta más todo –y se echan a reír–. Yo me llamo Alberto. Encantado de conocerlo. Por lo menos hemos aireado la vista un poco, aunque no mojemos el churro –comenta Alberto.

    Harry es un hombre apuesto. Viste de traje y lleva el pelo niquelado. Luce una ligera barba recortada.

    Entablaron una amena charla. Salir solo de noche tiene el inconveniente de que no puedes comentar con nadie tus observaciones.

    Abandonaron ese pub y fueron visitando otros de la zona. Se hicieron buenos colegas e iban invitándose a copichuelas alternativamente.

    Cuando ya habían intimado lo suficiente, gracias a los efectos del alcohol, Harry le hace esta confesión a Alberto:

    –¿No te has dado cuenta de que soy un chico trans?

    –Pues la verdad es que no. Tienes un aspecto muy varonil. De todas formas a mí eso me da igual. A partir de ahora seremos dos buenos colegas depredadores, a la caza de chuminos –contestó Alberto.

    –Bueno, también soy gay. Yo salgo a la caza de un buen macho.

    –Pero si te cambiaste de sexo será porque te gustan las churris, ¿no? –quiso indagar Alberto, todo intrigado.

    –Yo era un gay atrapado en el cuerpo de una mujer. Quise cambiar de género para ser lo que soy hoy y disfrutar del sexo con hombres… siendo yo hombre.

    –Seguro que los cirujanos te pusieron una polla más grande que la mía. ¡Qué suerte tenéis los trans!

    –Me cambié de género pero no de sexo. Tengo una almeja, que en este momento está toda empapada, por lo cachondo que me pones. Si quieres mojar el churro conmigo, mi almeja está abierta y receptiva –le soltó con socarronería.

    Alberto estaba en un dilema moral: o se iba para casa solo y se la pelaba (como lleva haciendo desde la muerte de su esposa); o se enrolla con Harry, que aunque es un hombre, tiene un buen chocho depilado y muy húmedo esperando a ser penetrado por su gorda polla. Y pensó para sus adentros “Un chocho es un chocho, al margen de quién sea su propietaria… o propietario”.

    Con Harry ganó un amigo con el que salir a tomar unas copas y ya en la intimidad de la alcoba, le ofrece una buena boca, un jugoso y chorretoso chumino y un estrecho y acogedor ojete anal, para descargar el esperma que sus huevos fabrican a diario abrasándole la entrepierna. ¡No se podía quejar!

    Harry le comentó lo siguiente:

    –No me cambio de sexo porque de esta forma tengo acceso a un amplio público de machos heteros hambrientos de un buen berberecho y reacios a la sodomía. Si tuviera pene, mi nicho de mercado amoroso y sexual se reduciría muchísimo. Podemos ser amigos con derecho a roce, no es necesario pasar por la vicaría.

    Alberto asintió con la cabeza. Le echó un vistazo a Harry, de arriba a abajo, buscando algún resquicio oculto de su feminidad anterior con la que activar su libido y contestó:

    –Acepto tu propuesta, Harry. Vayamos a tu apartamento que te quiero bombear el conejo, pero bien.

    Fueron en busca del coche de Harry. Es un Ferrari rojo. Un deportivo de dos plazas.

    –Por dar un voltio con este buga dejo hasta que me sodomices si quieres –comentó Alberto, echando unas carcajadas los dos.

    Ya en el apartamento de Harry, este puso un disco de Duke Ellington (Swing del bueno), para amenizar el encuentro. Se tomaron unas copas y hablaron del amor, del sexo y de la vida.

    En esto que Harry se acerca a Alberto y comienza a lamerle una oreja. Le pasa la lengua por el lóbulo y por el resto del pabellón auditivo, mordisqueando todo el cartílago. Luego le lame el interior de la oreja, buscando algo de cerumen que llevarse a la boca, y le suelta:

    –Esto y mucho más se lo haré a tu polla dentro de un rato. No vas a notar la diferencia entre una furcia y yo.

    –La barba es lo que me echa un poco para atrás. En un futuro, ¿no te apetecería afeitártela? –le sugiere Alberto.

    –Sin barba me parecería a la chica de la que estoy huyendo, perdería mi masculinidad. No te preocupes, te harás a ella. Además, en la entrepierna estoy depilado y podrás saborear mi conejo y mi ojete sin el inconveniente de tener que escupir pelos cada dos por tres. No tendrás excusa para despistarte en la faena.

    Se desnudaron los dos en un plis plas.

    A Alberto la visión de un hombre con barba y chumino, al principio le chocó un poco. Estaba más acostumbrado a ver a chicas trans pon pene.

    –Eso se debe, mi buen amigo, a la sociedad heteropatriarcal y falocéntrica en la que vivimos. Los chicos trans con vagina estamos invisibilizados. Por eso a tu mente le cuesta más asimilarlo –comentó Harry.

    –Tienes razón, amigo Harry. Como bien dijo el ilustre físico Albert Einstein, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, pero esta noche yo voy a desintegrar un prejuicio y te voy a hacer el amor como nunca nadie te lo ha hecho. A partir de ahora voy a ser tu empotrador oficial –y después de unas risas se dieron un morreo de lujo.

    Se colocaron en la postura del 69 con Harry arriba. Este le iba lamiendo la vaina a Alberto. Le chupeteaba el glande dejándoselo más rosado de cómo lo suele tener habitualmente.

    Alberto, abrazándose a los muslos bien trabajados de Harry, hincaba su cara en aquel coño ya pringoso y chorretoso, succionando sus caldos y saboreándolos con verdadera devoción antes de tragarlos. Tampoco se olvidaba de lamer y besar el ojete y la raja que las hermosas nalgas de Harry escondían.

    Alberto se dio cuenta de que aquel ojete hacía tiempo que había perdido el precinto, como él sospechaba. A Harry se lo habían tirado por los tres orificios naturales, al muy guarro. Alberto no se iba a ir aquella noche sin probarlos, por supuesto. ¡Qué menos!

    Después de un buen cuarto de hora comiéndose la entrepierna, deciden colocarse en la postura del misionero. Alberto clavó su pollón en el chumino de Harry en dos arremetidas. Hacía tiempo que no experimentaba la sensación placentera y excitante de un chocho acogedor, calentito y húmedo, abrazándole el pene. ¡Estaba en la gloria!

    Compaginaba su folleteo con lametones y chupeteos en los pezones de Harry.

    A continuación, subió por el cuello llegando a las orejas. No paraba de lamer y chupar la piel de su amante.

    Fueron cambiando de postura cada diez minutos (a cuatro patas, de lado, sentado Harry sobre Alberto de cara o dándole la espalda). En esta última postura, por fin se corre Harry, soltando unos berridos que parecería un becerro en el matadero y empapando de jugos vaginales la polla y huevos de Alberto. Este, entonces, le comenta a Harry:

    –He probado tu encantadora y sensual boca, tu jugoso y acogedor chumino y ahora me toca el atravesar tu esfínter. Nunca di por el culo a nadie, pero al comprobar que no eres virgen por ahí, me da morbo el saber qué se siente al meterla por un orificio tan estrecho.

    –Eso está hecho, cariño. Rómpeme el culo todo lo que quieras y córrete dentro si te apetece. Me pone mucho el sentir tu rabo tan duro y grueso perforando mis tres orificios –aseveró Harry.

    Harry se colocó a cuatro patas y esperaba con ansiedad que su macho le atravesara el ano. Quería sentir cada centímetro de aquel cacho de carne calentita y palpitante en todo su recto.

    Alberto se postró de rodillas y acercando su miembro al ojete de su improvisada hembra, se lo fue introduciendo, poco a poco, en el interior del trasero al guarro de Harry.

    Al principio le fue bombeando el culo a un ritmo muy lento para, poco a poco, ir subiendo la cadencia de las emboladas, hasta llegar por fin, a una follada salvaje.

    A Alberto le encanta la postura de que su pareja se siente sobre él dándole la espalda y sugirió a Harry ponerla en práctica. Ya la habían hecho antes, pero metiéndosela en el conejo, ahora entraría por la puerta de atrás.

    Alberto se recostó en uno de los sofás del salón y Harry se posicionó en cuclillas sobre él, colocando sus pies sobre los muslos de su empotrador, y se fue hincando en el culete todo el rabo de su hombre. Alberto sujetaba por la cintura a su chico ayudándole a subir y a bajar por su largo mástil. Después, con la mano derecha le iba frotando el chichi para que Harry obtuviera su segundo orgasmo a la vez que él eyaculaba en el interior de su recto. Esto aún tardó en ocurrir, pues antes, Alberto tenía pensado disfrutar por lo menos durante veinte minutos, del taladro del culo de su chico.

    ¡Cómo entraba de ajustada la polla por aquel túnel oscuro! Había que tener la verga muy inhiesta, pues a la mínima flacidez, era imposible introducirla por aquella puerta.

    Alberto le lamía la espalda, ya empapada en sudor, a Harry. Este no hacía más que decir:

    –Me corro, cariño. Frótame el coño con tus dedos índice y corazón, con ímpetu, y pégame unas buenas estocadas con tu sable, por el culo. ¡Esto es el Paraíso, joder!

    Por fin llegó el momento del clímax. Los dos se corrieron a la par. Alberto resoplaba y jadeaba con las fuertes enculadas que le endiñaba a su chico, llenando todo el interior de su recto de una buena cantidad de esperma de su cosecha. Harry, también bufaba y gemía poniendo los ojos en blanco, al tiempo que experimentaba un orgasmo brutal, como pocos en su vida.

    Ya de vuelta a la cama, se acurrucaron haciendo la cucharita y se quedaron dormidos.

    Alberto y Harry llegaron a una buena entente. Amistad verdadera y sexo del bueno los unieron de por vida.

  • Mi primera vez con una milf

    Mi primera vez con una milf

    Como algunos sabréis soy muy joven, actualmente tengo 20 años, pero cuando sucedió esto tenía 18, bien pues hoy leeréis como follé con una milf que casi me duplicaba la edad.

    Esto pasó una noche de fiesta en una discoteca, yo y mi grupo de amigas habíamos decidido ir a una discoteca en la que permitían pasar tanto a jóvenes como a los más adultos. Todo iba bien en la noche, no había pasado nada raro. Una amiga me pidió que fuese a por un cubata para ella y que el siguiente día me lo pagaría, yo accedí. Ya en la barra esperando a que me lo preparasen, una mujer que tenía al lado me dijo sin aviso alguno «¿tú no eres muy joven para estar aquí?».

    Era una mujer rubia, ojos marrones claros, con un piercing en la nariz y con unos labios gruesos, llevaba un vestido negro que le tapaba el culo de milagro (casi igual que el mio he de decir), lo más llamativo de ella era su gran escote decorado con un colgante que se dejaba caer entre sus tetas con una cruz de oro. Ella me miraba con una sonrisita en su cara y al igual que yo a ella, me miró de abajo a arriba como analizando mi cuerpo.

    -He venido con unas amigas a pasar la noche, queríamos probar a ver qué tal.

    -Ya veo, normalmente viene gente de treinta o cuarenta años, tu pareces muy joven.

    -Tengo 18 años, ¿y usted?

    -34, aunque no me digas «usted» que ya me haces sentir vieja jajajjaja. Llámame Sandra.

    -Pues a mi me parecías más joven.

    -¿Eso es un piropo?

    -Puede ser jajaja. Yo me llamo Mónica.

    -Encantada Mónica.

    -Igualmente.

    -¿Tienes pensado liarte con alguien de aquí?

    -La verdad es que no -dije sorprendida por esa pregunta tan atrevida y repentina-.

    -Normal, aquí todos los tíos parecen tener más años de los que dicen tener. También te digo que soy lesbiana y muy pocas chicas me convencen la verdad.

    -Si te soy sincera tienes razón, algunos nos miraban y la verdad no me agradan. Yo soy bisexual por cierto.

    -¿Ah sí? ¿Has tenido relaciones con chicas también?

    -Bastantes jajaja.

    -Normal, con ese cuerpazo qué chica no se resistiría -me dijo mirando de nuevo mi cuerpo-.

    -¿Tú tienes pensado liarte con alguien? -dije sonriente-.

    -Pues quizás sí, pero según lo que surja.

    El cubata ya me lo habían preparado y yo tenía que volver con mi grupo. Me despedí de Sandra pero antes de irme nos compartimos nuestros instagrams.

    El resto de la noche no pude pensar en otra cosa que no fuera en ella, me tenía calada y obsesionada, su voz, su cuerpo, su forma de hablar ya que hablaba suavemente y de una forma muy cálida que me atraía. Yo la busqué con la mirada y la encontré junto a lo que supongo que era su grupo de amigas, y por azares del destino ella también me miró, estuvimos cruzando miradas continuamente e intercambiando sonrisas, le miraba los labios, el culo y las tetas, imaginándome como sería tener su cuerpo pegado al mío, y estoy al cien por cien segura que ella también me miraba el cuerpo, por eso realizaba movimientos sensuales mientras mantenía mi mirada en ella, cosa que ella también hacía: se tocaba por encima del vestido, rozaba su escote con sus uñas, movía sus caderas, hacía twerk con su culo mirando hacia mi, me estaba volviendo loca.

    Tras un buen tiempo así, jugueteando desde la distancia y contándolo a mis amigas, ella me hizo señas, dándome a entender que fuésemos al baño, tras comunicárselo a mis chicas, eso hice. Llegué al baño, entré y ahí estaba ella, mirándose al espejo.

    Volteó su mirada hacia mi, yo me quedé mirándola, ella sonrió, nos acercamos y empezamos a compartir besos tímidos sin mediar palabra, puse mis manos sobre sus caderas mientras ella pasaba las suyas sobre mi culo, apretándolo y agitándolo. Para no ser pilladas in fraganti, entramos a uno de los baños cerrando la puerta, ella se sentó y yo me puse encima de ella para seguir besándonos y semidesnudarnos: Sandra me levantó la falta de mi vestido dejando mi culo al aire y al tacto de sus dedos, yo en respuesta dejé sus pechos al descubiertos dejando a la vista sus dos grandes tetas que se dejaban caer con firmeza, elegancia y que además presumían de tener unas areolas grandes alrededor de sus pezones los cuales también tenían piercings.

    Tras largos besos húmedos fui a comerle los senos, aún con el sabor ferroso de sus piercings, lamerle, chuparle y comerle las tetas fue delicioso, ella por su parte dejó mis pechos al descubierto, los cuales dejaron caerse mostrando unos pezones rosaditos pequeños pero firmes por la excitación del momento. Acercó su boca a mis tetas y empezó a chupetearlas.

    -Son tan grandes como las mías.

    Dijo ella haciendo referencia a nuestro par de tetas. Mientras me las comía yo movía mis caderas frotando mi cuerpo contra el suyo mientras soltaba ligeros suspiros. Yo quería tener sexo con ella esa misma noche. Tras un buen rato así, acordamos en ir a su casa a terminar lo que habíamos empezado. Se lo dije a mis amigas obviamente y luego salimos a su casa, pillamos un Uber que ella misma pagó, las dos íbamos detrás, la miraba y no me creía que iba a tener sexo con una mujer tan madura y elegante como lo era ella y tampoco podía aguantarme las ganas pero tenía que comportarme, el viaje se me hizo largo hasta que conseguimos llegar a su portal.

    Subimos las escaleras y nada más entrar a su morada nos empezamos a besar de nuevo, empujando mis labios y mi cuerpo contra la pared, nos quitamos los tacones, los vestidos y los tangas que ambas llevábamos, quedándonos totalmente desnudas en mitad del pasillo de la entrada. Nos besábamos, gemíamos, frotábamos nuestros cuerpos, nos agarrábamos del culo y las tetas.

    Ella comenzó a bajar su cabeza desde mis labios superiores hasta los inferiores besando y lamiendo el cuello, las tetas, mi vientre, mi ombligo hasta finalmente llegar a mi vulva, la cual besó y comenzó a lamer suavemente aumentando el ritmo poco a poco, ella en rodillas y yo de pie apoyada de espaldas en la pared, le agarré la cabeza y empujé su cara contra mi coño el cual empecé a mover poco a poco inconscientemente.

    También comenzó a meterme uno de sus dedos para masturbarme a la vez que me lamía el clítoris a gran velocidad, nunca antes había sentido una lengua tan rápida moverse sobre mi clítoris, bajaba la mirada para observar como me comía el coño para luego volver la cabeza hacia arriba por el placer que me estaba dando. Escupió en mi coño, se levantó para volver a besarme mientras me masturbaba con una de sus manos, yo me limité a agarrar su culo y gemir diciendo «si, si» mientras la miraba, estaba llegando al éxtasis, las piernas me empezaron a agitar y tuve el esperado orgasmo acompañado de un squirting que empapó el suelo entero y mis piernas a la vez que soltaba un ruidoso gemido.

    Nos besamos de nuevo para luego ir a su habitación, tumbarnos y seguir besándonos. Yo tomé iniciativa y fui directa a su coño para empezar a lamerlo y juguetear pasando la punta de mi lengua por sus labios, metiendo poco a poco mis dedos a la vez que lamía su clítoris, de la misma forma que hizo ella conmigo, quise ponerlo en práctica. Sus gemidos y jadeos con su cálida voz me prendían y me animaban a intensificar mi masturbación hacia ella, me levanté y metí mis dos dedos dentro de ella para masturbarla mejor y con la otra mano jugueteaba con unas de sus tetas que rebotaba al mínimo movimiento que su cuerpo hacía. Tras un buen rato dedeándola el coño conseguí que ella alcanzase su orgasmo soltando un tímido chorro que empapó mi mano entera, la cual acerqué a mi boca para saborear sus fluidos, luego se lo acerqué a ella para que lamiese mis dedos mojados.

    Mi mujer se re incorporó, cruzamos nuestras piernas poniendo nuestros coños enfrentados, empezamos a frotarnos lentamente mirándonos la una a la otra, sus pechos rebotaban mucho al igual que los mios, sus ojos me miraban fijamente mientras su largo y rubio pelo se meneaba al ritmo se nuestros empujones y su boca rodeada de sus carnosos labios me deleitaba con sus gemidos y jadeos.

    Poco a poco fuimos aumentando nuestro ritmo hasta hacer la cama sonar y mover exageradamente, yo no pensaba en nada más que sentir el orgasmo acercarse pero debía resistir hasta que ella desistiese primero, por suerte ella se estaba rindiendo, entre los empujones ella terminó tumbada en la cama y yo sobre ella aún frotando mis labios contra los suyos hasta que por fin Sandra tuvo su orgasmo, dejando empapado con sus fluidos mi coñito. Me puse encima se ella y la besé, rozando nuestras tetas y gran parte de nuestros cuerpos húmedos por el sudor, no podía parar de besarla y sentir sus gruesos labios que me tenían hechizada.

    Después de ese gran descanso ella me preguntó si quería hacerlo con juguetes, cosa a lo que yo accedí encantada. Sandra se levantó, abrió uno de los cajones de su mesilla de noche y me enseñó dos dildos dándome a elegir uno de ellos: uno era morado, parecía más elástico que el otro que era más grande, grueso y de color negro, yo le propuse que usase los dos y que me los metiese a la vez por el culo y el coño, a lo que reaccionó sorprendida y a la vez impaciente por metérmelos.

    -Ponte en cuatro cielo.

    Yo obedecí, ella dejó caer lubricante en mi ano que se fue deslizando hasta mi coño que ya de por sí estaba mojado, pasó sus dedos sobre mi ano masajeándolo, acariciándolo y lamiéndolo.

    -¿Cual quieres que te meta por el culo?

    -El más grande -Dije mirándola sonriente-.

    Primero me metió el morado por el coño, empezó a penetrarme suavemente y luego me fue metiendo el dildo más grueso, sentir cómo se iba metiendo poco a poco y abriendo mi culo a la vez que tenía otro dildo en mi coño me hizo sentir en otro mundo, ya al metérmelas enteras por mis dos agujeros ella empezó a penetrarme reiteradamente con ambos juguetes aumentando poco a poco la velocidad, yo me agarraba a la cama y gemía tanto del placer como del ligero dolor que sentía cuando el dildo penetraba completamente mi culo.

    Tanto mi culo como mi vagina dejaban que ambos juguetes se deslizasen sin fricción alguna, Sandra empezó también a azotarme las nalgas, cosa que yo recibí con agrado y excitación, a cada nalgada yo respondía con un «más fuerte» que ella obedecía encantada. Incluso podía sentir los dos juguetes rozándose entre ellos dentro de mi. Yo chillaba, jadeaba, gemía y quejaba, todo en uno, hasta que tuve un squirting y el pertinente orgasmo que me dejó totalmente debilitada y tirada en la cama.

    Me giré sobre mi misma para tumbarme boca arriba con la cabeza apoyada en una de las almohadas, Sandra dejó los juguetes en la mesilla, se puso encima de mi, yo agarré sus dos tetas para jugar con ellas y toquetearlas, ella me empezó a besar de nuevo pero esta vez muy suavemente, tenía su cuerpo completamente encima del mío, yo la toqueteaba donde podía: las tetas, el pelo, el culo… Luego nos separamos y nos tumbamos a la par pero pegadas una a la otra y nos dormimos.

    A la mañana siguiente me desperté con ella aún dormida, su cuerpo, su cabello, sus grandes pechos con los pezones perforados eran perfectos. Aun estando ella dormida la besé mientras toqueteaba una de sus tetas, Sandra se empezó a despertar y a besarme también mientras me daba los buenos días.

    -¿Qué tal has dormido?

    Me preguntaba ella mirándome con sus ojos claros y su sonrisita.

    -Muy bien, he estado muy cómoda.

    -Has sido de las mejores noches que he tenido con nadie -me decía antes de plantarme otro beso- Sabes que puedes venir a mi piso cuando quieras, esta es tu segunda casa cariño.

    -Te lo agradezco mucho Sandra, no sabes cuanto disfruté la noche anterior.

    -¿Te duele el culo? -al decirlo agarró una de mis nalgas agitándola

    -Un poco pero mereció la pena jajaja.

    -Que atrevida jajaja. ¿Nos duchamos?

    -Si venga.

    Tras la ducha y un desayuno rápido, Sandra me dejó en casa de mi amiga, concluyendo así esta maravillosa experiencia. Para los más cotillas, sí, sigo en contacto con ella y también he podido tener sexo en más ocasiones, a día de hoy es como una amiga muy cercana a mi.

    Espero que lo hayáis disfrutado. Muchos besos.

    PD: el nombre «Sandra» no es su nombre real, es por motivos de privacidad.

  • Elda, la instructora de la Sección Femenina (II)

    Elda, la instructora de la Sección Femenina (II)

    Castillo de la Mota, 25 de agosto de 1950.

    Son las siete en punto de la mañana. Hace cosa de una hora y media que ha amanecido en tierras vallisoletanas. Como cada día, después de abrir puertas y ventanas, vamos todas al patio interior y puedo ver como todas las mujeres, instructoras y futuras instructoras rezan las plegarias de la mañana y acto seguido izan las tres banderas: la rojigualda con el águila de San Juan, la de Falange y la carlista. Acto seguido, como entonan el Cara al Sol con el brazo bien alto haciendo el saludo fascista. Las aspirantes a instructoras detrás, las instructoras delante. Elda, como directora, en el centro. E

    s increíble lo que destaca e impone. A pesar de tener todas muy mala leche, ella es la más temida, sumándole también su increíble alta estatura y su corpulencia al lado de todas las demás. Ver a Elda con su cara de mala leche, su uniforme paramilitar, con el brazo derecho en alto y la manaza bien abierta con sus largos y gorditos dedos bien juntos entonando el Cara al Sol a pleno pulmón y con ese rabioso fervor patriotero me atrae en sobremanera. Me da algo de reparo pensarlo, y más proviniendo de donde provengo, pero debo de reconocer que, a mis ojos, toda la parafernalia fascista tiene un gran atractivo, que absolutamente nada tiene que ver con la de izquierdas.

    Ella, bien imponente. Su inquisitiva mirada de pequeños ojos cafés, sus carnosos labios y su rostro de sargento autoritaria con mala leche, su larga y preciosa cabellera castaña clara bien recogida dejando a la vista su largo flequillo peinado de lado, su blanquísima piel, su cuerpo de abundantes curvas, bien proporcionadas por su alta estatura. Su atractivo uniforme paramilitar. La camisa azul con el yugo y las flechas bordados en rojo y repleta de condecoraciones militares y de órdenes religiosas de origen medieval, debajo de la cual puedo intuir sus colosales ubres y en varias ocasiones sus carnosos pezones bien entumecidos.

    Su falda negra, bien ceñida con el cinturonazo a su gorda barriga y a su cintura, debajo de la cual intuyo unos buenos michelines y unas colosales nalgas y caderas. Suele llevar una porra extensible y una pequeña pistola pendiendo del cinturón, siempre previniéndose ante cualquier amenaza de ataque por parte de los maquis. A partir de algo por encima de las rodillas deja al descubierto unas largas, abundantes y blanquísimas piernas, estilizadas con sus atrevidas botas o chanclas negras de cuero, plataforma y taconazo, esos atrevidos calzados que acentúan todavía más su sensualidad y al mismo tiempo su aire autoritario y dominante. Estoy descubriendo que me gustan mucho estos calzados de cuero, plataforma y tacón ancho, en demasía, pero no precisamente por placer estético y para llevarlos yo, en absoluto, sino de una manera muy diferente.

    A mis ojos, Elda es toda una mujer empoderada de pies a cabeza, muy hecha y derecha. Ni punto de comparación con muchas mujeres de izquierdas o liberales tan abanderadas del feminismo. Es contradictorio que Elda, que forma parte de un entorno en el que tanto se llenan la boca de sumisión y delicadeza de la mujer, sea todo lo opuesto y todavía más teniendo un alto cargo. De la misma manera que varias feministas marxistas y anarquistas que he conocido en mi entorno se llenen tanto la boca de liberación de la mujer del yugo patriarcal pero después acaben siendo sus maridos quienes tiran más del carro. En parte pienso que esto se debe a que en las ideologías, prediquen los valores que prediquen a nivel racional, siempre pesa más la visceralidad que otra cosa. Y el fascismo es una ideología muy agresiva y de carácter fuertemente autoritario y militarista, entre poco y nada que ver con el comunismo y todavía menos con el liberalismo o el anarquismo. Aunque se intenten imponer unos valores, por ejemplo, en el caso de las mujeres, ser obedientes, sumisas y delicadas, si estos van acompañados de una ideología como es el fascismo, lógicamente ellas mismas también pueden llegar a ser igual o más agresivas y temidas que sus camaradas hombres y dejar de lado lo que tanto predican de boquilla.

    Sí que es cierto que las republicanas fueron mujeres muy empoderadas y que en la República se ganaron muchos derechos en pos a la mujer, sí. Aunque no sé, irracionalmente no puedo evitar que me atraiga mucho más y me parezca mucho más poderosa una fascista de tomo y lomo y con muy mala leche como Elda, tan o más temida que un hombre de su misma ralea, que mil milicianas rojas en tropel en el frente de batalla. Me estoy percatando de que el mundo es mucho más complejo de lo que siempre creí.

    Me pesan un poco los ojos. Tengo sueño. Últimamente estoy durmiendo más bien poco por las noches. Cuando estoy en la intimidad de mi habitación esa sensación de calor y humedad dentro de mí pensando en Elda es demasiado irresistible. Es una sensación dulce, muy dulce, demasiado dulce, adictiva. La imagen de Elda se ha apoderado de mi mente, hasta el punto de traspasar mi subconsciente y soñar con ella. Es increíble cuánto la deseo. Además, pasan por mi mente recuerdos de las veces que le he entrevisto las braguitas mientras se encuentra repanchingada en el sillón leyendo el periódico Arriba o libros de historia de España medieval y moderna y alabando a Franco, a José Antonio y a la Falange o a personajes heroicos de la historia de España, sus grandes referentes de patriotismo, como en sus sesiones de FEN (Formación del Espíritu Nacional). También que bajo el pretexto de pasar mucho tiempo las dos, hemos ido juntas al cuarto de baño (la verdad es que no se corta ni un pelo, desvergonzada lo es un rato y bueno, de finura y decoro nada) y además de acompañarla algunos sábados sujetándose de mis hombros porque no se aguanta derecha cuando camina y aguantándole la cabeza mientras vomita a causa de sus desvaríos con el alcohol (algo de ella que, en cierta manera, me tiene bastante preocupada), pasa también por mí mente el recuerdo del resto de veces, como la primera, cuando empezamos a hablar. Lo mismo que la primera vez, le veo las braguitas, siempre de color negro, bajándoselas por sus voluptuosas, largas y blanquísimas piernas hasta las botas o las chanclas (algo que, no sé por qué, me excita demasiado) y después subiéndoselas. Además, me da muchísima vergüenza reconocerme a mí misma algo que puede parecer asqueroso, pero no sabía que me atraía y provocaba tanto calor en mí ver y escuchar a una persona orinar y también lo otro… Hasta ahora. Bueno, no me gusta realmente, pero con Elda es todo muy diferente. El deseo y la morbosidad pueden más que todo.

    También me imagino y hasta sueño con que ella y yo tenemos una relación de pareja y nos besamos los labios y acariciamos y besamos nuestros cuerpos con sumo frenesí. Primero ella a mí, tratándome con delicadeza, como una princesa, haciéndome suya. Después yo a ella, fundiéndome ante sus encantos, presa de su voluptuosidad. Que hacemos el amor, entre otras situaciones románticas y eróticas. Y también con un toque más fuerte, por ejemplo, que mientras hacemos el amor estoy agachada ante ella, besando y lamiendo sus botas de cuero, plataforma y tacón o sus pies con las chanclas de cuero y plataforma como si no hubiera un mañana.

    Sobre todo, en mi fantasía romántica y erótica ella, por su fuerte y dominante carácter y su grande, robusta y fuerte constitución física, juega un rol como si fuera la parte más «masculina» de la relación. Yo, en cambio, por mi docilidad y mi candidez (como ya bien dice mi nombre) y mi menuda y delicada constitución física, la parte más «femenina». No sé si me explico. Es como que me atraen las mismas cualidades que a las demás mujeres en los hombres pero a mí en otra mujer.

    Con la belleza, sensualidad y al mismo tiempo la rudeza de Elda y estos recuerdos e imaginaciones pasando por mi mente, muevo muy sensualmente mi cuerpo y siento como lentamente se humedece mi entrepierna y se endurecen mis pechos y pezones. Instintivamente, mis delicadas manos empiezan a acariciar mis pechos, a pellizcar y amasar suavemente mis pezones y también a acariciar mi estómago y mi vientre hasta llegar a mi rosa del amor, que empiezo a tocarla por los laterales, nunca directamente, haciendo más intensa esa dulce sensación, así como mojando todavía más mi ropa interior, mi fino camisón y las sábanas, tanto del néctar del amor y el deseo como de sudor. Continuo dando amor a mi cuerpo durante un lapso de tiempo relativamente largo, suspirando con más intensidad a cada segundo, con mis dedos de una mano recorriendo mi clítoris y hundiendo el dedo corazón y el anular de la otra mano en mi vagina. Me imagino los largos y gorditos dedos de Elda dentro de mí, haciéndome suya, poseyéndome… Mientras tanto, mi cabeza entre sus grandes pechos… Me muerdo el labio inferior… Me tumbo boca abajo… Muerdo la almohada, dejándola empapada de mi abundante saliva, fruto de la excitación… Mmmmm… Hasta que esta sensación se transforma en una dulce e irresistible explosión que me provoca un suspiro todavía más ardiente e intenso. ¿Será esto tener un orgasmo?

    Un fortísimo pitido hecho con un silbato seguido de un discurso a voz en grito me despabilan de mis cavilaciones. Elda dirigiéndose a sus alumnas mientras con su mano sostiene una bolsa de basura medio llena del suelo.

    –¡¡La próxima vez que me encuentre ESTO –saca de la bolsa envoltorios de caramelos y de botellas de agua y de refresco– Y ESTO, una puta compresa llena de sangre –saca la compresa en cuestión y la enseña con suma desfachatez– os juro por Dios y por el Caudillo que agarro de los pelos y de la oreja a la marrana en cuestión, se lo hago recoger con la boca y se lo hago tragar!! ¡¿Queda claro?!

    –Sí, directora. A sus órdenes –responden todas al unísono. Puedo intuir el pavor en el tono de voz de muchas de ellas.

    –¡Bien firmes os voy a poner yo! ¡Con mano de hierro! ¡A ver si espabiláis de una puñetera vez! –acto seguido, se pone el silbato en la boca y suelta otro pitido a modo de pistoletazo de salida de un nuevo día, capaz de ensordecer a cualquiera y con el que bastantes se sobresaltan, yo incluida.

    –Tú conmigo, Cándida. Tú siempre conmigo –me dice en voz baja y confiadamente mientras me toma delicadamente del brazo, dirigiéndonos otra vez al edificio y estando ambas delante de todas las alumnas y demás instructoras, como cada día desde que soy su secretaria y trabajamos juntas codo con codo.

    Mientras Elda me toma del brazo y está ya completamente de espaldas a las demás mujeres, me percato de como más de una alumna me lanza una mala mirada seguida de una mueca de desdén. Desde que soy secretaria de Elda y las estudiantes nos ven juntas con mucha frecuencia, con el paso de los días he empezado a notar malas miradas y algunas risitas y cuchicheos malintencionados por parte de algunas de las alumnas, un grupo en concreto, cuando me ven sola. Son precisamente las que Elda tiene más en el ojo de la tormenta y coleccionan más reprendidas en forma de gritos por parte de ella. Me han escupido y puesto la zancadilla más de una vez. Hago como que no le doy importancia, pero realmente no paso un buen rato y me empieza a afectar. Siento que revivo bastantes momentos traumáticos de mi infancia y adolescencia en los que mis compañeras de clase se metían conmigo, me acosaban y no sabía defenderme. Y a mis 27 años sigo sin tener la fortaleza de carácter para hacerlo. Aprovechan que soy más jovencita que ellas y entre eso, mi tímida vocecilla y mi carácter (o ausencia de él, mejor dicho) también me ven vulnerable. Obviamente cuando me cruzo con ellas en presencia de Elda, nos miran mal de reojo y con sumo disimulo esquivando con habilidad precisa la inquisitiva mirada de Elda o directamente ni se atreven, porque saben que les puede caer la del pulpo. Reaccionen de la manera que reaccionen está más que clara una cosa y es que la temen en sobremanera. Lo puedo intuir en su lenguaje facial y corporal cada vez que caminan cerca de ella.

    Entonces todas entramos al edificio y las alumnas se dirigen al comedor a desayunar, junto con las demás instructoras. Elda y yo nos dirigimos a su despacho, ella tomándome de la cintura con delicadeza. Estas muestras suyas de afecto y confianza para conmigo se han vuelto más que habituales en nuestro día a día. Entre mucho trabajo documental, administrativo y de limpieza, poco a poco va surgiendo un bonito vínculo entre nosotras. Elda conmigo es diferente que con las demás. Poco a poco, conmigo se muestra más confiada, humana y sensible, sin dejar de lado su tono de sargento que tanto me atrae. Pienso que ella habla así por mera costumbre, independientemente del trato que tenga con el interlocutor. No dejo de preguntarme por qué es así conmigo y solo conmigo. Está sumamente contenta con mi trabajo y también por el respeto que muestro hacia ella.

    –Es que de verdad… ¡Algunas llegan a ser tan descaradas! Es que de verdad, te lo digo con toda confianza, Cándida… Parecen tan modositas cuando estoy yo presente y con el miedo que me tienen… ¡Pero realmente tienen una buena patada en la boca las muy víboras y arpías! ¡Son cierto grupito a las que tengo ya bien caladas, ya! ¡Desde el primer día! ¡Son el puto demonio en calzoncillos, de verdad te lo digo! Sí, sí, cara a cara me tienen mucho miedo, pero por las espaldas y sin mi presencia… ¡Muy poca vergüenza es lo que tienen! –se queja, con un tono vehemente y enfadado– Si tienes algún problema con ellas no dudes en decírmelo, me dice, tomándome suavemente de la mano.

    Mientras me dice esto no puedo evitar pensar en las mujeres que me miran mal y se ríen de mí.

    –Sí, de acuerdo. Gracias por avisarme de ello. Alucino con la poca vergüenza de la gente, de verdad… –le respondo indignada, mordiéndome la lengua de decir más cosas. Realmente no me atrevo a contarle nada.

    –A la próxima tontería, te juro por Dios y por el Caudillo que las voy a expulsar. Ya me ha tocado lidiar mucho con gentuza de mierda durante toda mi juventud… Liándome a hostias con rojos y pijos liberales de toda índole… Tanto con mujeres, sobre todo milicianas, como con hombres… Y yo sola… Demasiado… No será la primera ni la última vez… Porque no he tenido una vida fácil, ¿sabes? ¡Nada fácil! –deja escapar un amargo suspiro.

    –Entiendo… –le respondo, sin saber bien qué decir.

    –En fin… –me dice, soltando otro amargo suspiro mientras toma el monedero y saca las pesetas– Ten –me dice.

    Ya sé muy bien lo que debo de hacer. Bajo a la cafetería y le compro el desayuno: su bocadillo bien grande de siempre de pan con tomate, aceite y sal, jamón serrano y queso manchego y su café con leche y azúcar. También voy al estanco con la rojigualda del águila de San Juan bien izada en la fachada a comprarle su paquete diario de tabaco y después al quiosco a traerle unos caramelos de eucalipto y el periódico Arriba, siempre con el yugo y las flechas en la portada, el que siempre lee como buena adicta al régimen y falangista del tres al cuarto.

    Regreso al castillo con la bolsa de la compra para mi hermosa Elda, dirigiéndome a su despacho. Tengo que pasar sí o sí por el claustro. De repente, me cruzo con tres del grupo de mujeres que me acosan, justamente las que son más las cabecillas. Están allí escondidas escaqueándose de seguir el horario, esta vez de desayunar, como de costumbre. Y comiendo caramelos, chucherías y tomando refrescos. ¡Ajá! ¡Ahora ya sé quiénes son las que lo dejan todo hecho un asco! Pero igualmente empiezo a entrar en pánico cuando sus crueles miradas se centran en mí. Me duele el estómago de los nervios. Ellas huelen mi miedo. Me dirigen miradas intimidatorias acompañadas de sonrisas burlescas y de desprecio.

    –¡Hola! ¡Jajaja! ¿Dónde te crees que vas??

    –Por cierto, ¿cómo te llamabas? ¿Candidiasis vaginal?

    –¡Jajaja…! –se ríen las tres al unísono, fuerte y a carcajadas.

    Una de ellas me pone la zancadilla y caigo al suelo. Empiezo a llorar.

    –Por favor, parad… No os he hecho nada… ¿Qué queréis de mi…? Parad… Os lo ruego… –respondo, temblando y entre lágrimas y sollozos, intentando levantarme del suelo.

    Acto seguido, una de ellas toma un palo de tronco bastante largo y grueso y empieza a darme golpes en la cabeza como si fuera un perro. Estoy paralizada y no dejo de llorar.

    –Te gusta ser la putita de la mala bruja de Zorrelda, ¿no, Candidiasis? ¡Jajaja! –me pregunta en un tono chulesco la que me golpea con el palo, riéndose con maldad.

    –Ser secretaria de la puta loca y borracha de Zorrelda implica hacerle favorcillos de más, ¿no? –grita una de las otras dos, con un tono chulesco –¿Cuánto te paga de más? ¿Eh? ¡Responde, coño!

    –¡Sí! Desde que los rojos le mataron a sus padres y a su hermana gemela está ida de la cabeza y que no puede con sus vicios con el alcohol y el tabaco y su amargura y mala leche… En el fondo no levanta cabeza… Va muy necesitada de amor la pobre… Jajaja –grita la otra, riéndose con maldad.

    –¡Jajaja! ¡Qué hijaputa eres, amiga! –se ríen las otras dos al unísono.

    Sigo paralizada y continuo llorando desconsoladamente y temblando. Acto seguido la que me golpea con el tronco me lo mete en la boca. Se vuelven a reír a carcajadas al unísono.

    –¡Esto también te gusta, eh, cerda degenerada! ¡Tú le das a todo! –me dice otra de ellas, cruelmente, agachada hacia mí y gritándome al oído.

    Siento como empieza a sangrarme la boca. Empiezo a reaccionar y opongo resistencia, pero la otra de las tres también se agacha hacia mí y sostiene fuertemente mi cabeza mientras me dice, también gritándome al oído:

    –Bueno, y aunque no te guste, ¡la tontería te la vamos a quitar entre nosotras, no te hará falta ningún hombre!

    –¡Quien no llora no mama, eh! ¡Jajaja! ¡Ahora responde, coño! ¡Que no tenemos todo el día! ¡Eres muda, o qué! ¿Se te ha comido la lengua el gato? –me dice la que me mete el palo en la boca.

    –O… ¿Tienes la lengua muy cansada por tus trabajitos de más para Zorrelda?

    –¡Jajaja! –se ríen todas al unísono.

    Finalmente, logro deshacerme del palo mientras me sangra la boca. Me han hecho unas cuantas llagas. Sigo paralizada, indefensa y llorando dolorosamente.

    Acto seguido, la que me ha metido el palo en la boca me pega una patada en la cabeza y hace amago de pegarme otra, pero de repente escucho a Elda voz en grito y más iracunda que nunca, al compás de sus rápidos taconeos.

    –¡Eh! ¿Qué pasa aquí? ¿Qué os creéis que hacéis? ¡Que sepáis que lo he escuchado todo! ¡Os voy a reventar, hijas de puta! ¡Os vais a acordar de mí todo lo que os queda de vuestras putas vidas!

    Elda se acerca corriendo a ellas, se saca la porra extensible del cinturón y empieza a hincharles la cara y el cuerpo entero a puñetazos y a hostias con la porra.

    –¡Aaaah! No, no es lo que crees…

    –Perdón, señora Elda…

    –¡Mucho miedo y muy poca vergüenza es lo que tenéis! ¡Tratar así a quien no os ha hecho nada y que además es una excelente trabajadora y que os da mil vueltas como mujer y como persona! ¡Os debería de dar vergüenza! ¡Tratarla así a ella y encima hablar así de mí! ¡De mí, pero sobre todo de mi familia, metiendo el puto dedito en la llaga! ¡Con todo lo que hago por vosotras! –les grita, con la cara bien roja y llorando de la ira, mientras las golpea fuertemente y las patea con sus botazas de plataforma y taconazo– ¡Sois unas hijas de puta!

    Llegan el resto de alumnas e instructoras en tropel, alertadas. Es la primera vez que veo a Elda en este estado.

    –Te lo rogamos, no nos hagas esto…

    Acto seguido, cuando están las tres retorciéndose del dolor y con las caras bien heridas e hinchadas de la somanta de hostias que se han llevado, Elda empieza a desnudarlas agresivamente.

    –¡Fuera la ropa! ¡Sois unas puercas sin ningún honor ni principios! ¡No sois dignas de llevar este uniforme! Es que… ¡Ya os tenía caladas desde el primer día que entrasteis aquí…! ¡Y no me equivocaba, eh…! ¡Joder si no…! ¡Joder! ¡Hostia puta! –grita Elda, coléricamente y entre lágrimas de ira, mientras les quita la ropa sin ningún miramiento. Puedo sentir el dolor emocional en sus gritos. Es más que obvio que le han tocado un tema muy sensible para ella y del que todavía no me había hablado en nuestras conversaciones en nuestros tiempos libres y que por lo tanto yo tampoco sabía. Hasta en este violento instante.

    Mientras tanto, ellas siguen retorciéndose del dolor. Puedo ver como tienen el cuerpo bien rojo y lleno de moretones.

    –¡Así merecéis estar! ¡Como Dios os trajo al mundo! ¡Ratas de cloaca es lo que sois, no mujeres! ¡Estáis expulsadas! ¡Fuera!

    Con su descomunal fuerza, agarra a las tres de los pelos y de las orejas y se las lleva a rastras por el claustro y el cortísimo pasillo hasta la puerta del castillo. El resto de instructoras contemplan impasibles el escenario. Con la misma cara de mala leche pero al mismo tiempo aplaudiendo con la mirada. Imagino que también las tenían más que caladas. El resto de las alumnas contemplan el escenario perplejas y con el miedo en el cuerpo y sus miradas se centran en mí, que estoy con un pañuelo en la boca limpiándome la sangre y al borde de un ataque de ansiedad, con el rostro lleno de lágrimas, temblando y mareada. Caigo rendida sentada en el suelo, arrambada a la pared, tapándome la cara con las dos manos y llorando con más desesperación. Me siento tan y tan culpable…

    –¡A la puta calle os váis! ¡Sin ropa y sin nada! ¡En bragas! ¡No os merecéis ni esto! ¡Os buscáis la vida! ¡Lo que os pase no es asunto mío sino vuestro! ¡Por mí, como si abusan de vosotras! ¡Os lo habéis buscado a pulso con vuestras putas actitudes y con lo malas perras que sois! ¡Hasta nunca!

    Las empuja hacia la calle y cierra dando un fortísimo portazo. Acto seguido, regresa de nuevo al claustro, se dirige rápidamente a mí, se agacha frente a mí y me abraza.

    –Ya está, ya está… –me dice en un tono dolorido mientras me acaricia el cabello y me besa la frente. Continuo llorando en sus brazos.

    Me ayuda a levantarme lentamente, me toma delicadamente de la cintura y me lleva con ella.

    –¡Y todas vosotras vigilad! ¡Porque a la primera tontería será esto que acabáis de ver lo que os va a pasar! ¡A ver quién será la siguiente! –grita, dirigiéndose a las alumnas– ¡Y vosotras! –grita, dirigiéndose a las demás instructoras– ¡Controladlas más! Y a la que se desvíe ni esta, ¡la zurráis sin piedad! –se dirige a todas de nuevo– ¿Ha quedado claro?

    –Sí, señora Elda –responden al unísono.

    Nos dirigimos las dos a su despacho, ella, como siempre, tomándome de la cintura. Yo con la bolsa intacta con mi compra diaria para ella.

    Me siento muy y muy protegida a su lado. Es que es tan diferente conmigo… Conmigo tiene un trato más humano y delicado. Eso sí, no dejan de caer lágrimas de mis ojos. Me siento fatal por ella y culpable.

    Continuará.

  • El día que mi poto de sissy conoció a Taladro

    El día que mi poto de sissy conoció a Taladro

    Retiré de mi rostro una suave y blanca sábana que me cubría por completo en la cama, la luz que entraba por la ventana era muy tenue y sensual, el sol ya se estaba poniendo y no había mucho ruido en la calle, tuve un sentimiento especial en aquel momento, no sé cómo describirlo, nostalgia quizás.

    Me había quedado dormida desde las 3 pm y me desperté con el arpegio inicial de “Sextape” de Deftones, me encanta esa canción, el escucharla solamente hizo que mi despertar aquella tarde en esa habitación de hotel fuese más surrealista de lo habitual. El audio era envolvente, muy fiel y eso me encantaba. A veces me duermo escuchando música.

    Bueno, ya faltaba muy poco para mi encuentro con Leandro “Taladro”, como él mismo se autodenominaba. Bueno, mi expectativa en comprobar aquel apodo invadía mi imaginación. Pensaba que quizás esta vez sería mejor esperarlo desnuda como él mismo me lo pidió, era un tipo que por teléfono era muy directo, cuando hablamos me pidió que no quería nada de lencería, ni coqueteos, ni ropa sensual, ni nada.

    Lo único que me pidió fue el poder entrar a la habitación del hotel como acordamos y encontrarme desnuda completamente y en posición de can, en cuatro patas y con el culo bien levantado y abierto con mis manos, dando pase al coito anal tan deseado. Te haré mi hembra nena, solamente deja que haga mi trabajo, te taladraré el agujero, me aseguraré que te quede una vagina anal si aún no la tienes, concentrarás solamente el placer en el culo, no tocarás tu pene, solamente dejaré que te toques las tetitas de travesti que tienes, eso es todo, sentirás un fierro caliente dentro de tu culo el cual no sacaré hasta concluir con la faena.

    Todo eso me dijo, y la verdad que me causó mucha excitación, esas palabras hicieron que me mojara automáticamente, mi clítoris de travesti comenzó a gotear y a humedecer mi ropita interior, mis pezones también se me pusieron en punta y sentí una picazón intensa muy al fondo de mi recto. Esta historia tiene ya algunos años, pero estuve recordando algunos detalles, porque fue especial y me hicieron más zorra, más sissy.

    Dieron las 5.30 pm, salí de la ducha y solamente me maquillé, arreglé y perfumé todo mi cuerpo. En treinta minutos entraría por aquella puerta Taladro, el macho que aseguraba hacerme su hembra de manera inmediata. El reloj de la habitación marcó finalmente la hora de la cita. Taladro fue puntual, la puerta se abrió suavemente y mi corazón latía mucho, estaba acelerada, me dispuse a empinar más el culito para que lo viera listo para la acción.

    Cerré los ojos y solamente oí su voz mientras trataba de abrir y cerrar mi huequito, como haciéndole guiños. Hola Milka, oh por Dios que espectáculo tan bello, perfecto, seguiste mis instrucciones, estás desnuda, hermoso cuerpo, que lindo culo, veo que ya te desfloraron hace tiempo, tienes una vaginita anal, pero pasarás a otro nivel esta vez, agrandaré un poco más este agujero.

    Se desnudó de inmediato, no pude mantener los ojos cerrados, los abrí y lo conocí en persona, fue delicioso verlo, era medio moreno, era bien alto, tenía abdominales marcados, su pene y bolas estaban completamente depilados y era muy bien dotado, sus bolas le colgaban bastante como un toro bravo y eran prominentes, se notaba que estaban llenas de leche.

    Terminaba de quitarse la última prenda y ya estaba sobando aquel falo hermoso, era grande, me entró un poco de temor mezclado con excitación. Me abrió las nalgas con sus manos, dejó caer saliva en mi hoyito caliente y me metió su verga a la primera, lentamente. Acostúmbrate al grosor zorra, ¿lista? Ahora acostúmbrate al largo de mi herramienta, ¡toma! Ay! Ah! ¡Me duele! Recuerdo que solté muchos gritos porque fue bien brusco, felizmente mi culito ya estaba entrenado con dildos.

    Pasaron diez minutos de calentamiento con movimientos rápidos de golpe, pero calentamiento al fin. Pero después conocí verdaderamente a Taladro, comenzó a darme con mayor rapidez y mantener un ritmo de penetración bien intenso, comenzó a entrar un poco de aire a mi culo porque iba muy rápido y yo no paraba de gritar y gemir como una desquiciada, no tuve más remedio que aguantar y tratar de pujar un poco para ceder paso, es una sensación como un intento de defecar, no tuve otra opción a emplear esa técnica, de verdad que me llevó a un trance, no me daba tregua, no paraba de embestirme muy rápido, cada cierto rato me sacaba el pene y me decía que yo era profunda, que tenía un súper hueco aguantador, me quedaba abierto y latiendo pidiendo más y más pene.

    Mi culito soltaba algunos pedos porque ya estaba bien dilatada y es normal, mis sonidos lo excitaban más y me taladraba el ano con más y más entusiasmo, ya no podía parar, estaba fuera de sí. Yo me sentí bien rara, estuve prácticamente en un viaje, y seguíamos en la pose de perrito, sentía que su pene me estaba penetrando muy adentro y no paraba por nada, comencé a sobar mis pezones, tenía muchas ganas que me los chupe pero él seguía concentrado en taladrarme, ni cuenta me di que ya me había corrido de la excitación, mi cosita estaba muy encogida, parecía un capullito de rosa húmedo muy pequeñito, goteaba mucho pero ya mi lechita estaba sobre las sábanas.

    Taladro me seguía dando y yo ya estaba en automático, era su juguete en ese momento ya, sentí cómo se le hinchaba la verga. Sácamela por favor, ya no puedo más, creo que voy a terminar de nuevo, ¡Ay! Siento que me desfondooo, y me corrí de nuevo, me salía más lechita pero esta vez sí estuve consciente, y mi recto tuvo contracciones, fue una sensación increíble, tuve un orgasmo anal muy rico, me sentí su hembra. Taladro había cumplido, me la sacó dejándome con el ano muy abierto y me puso su pene en la boca, descargó toda su leche, fue muy rico saborearla toda, me tragué un poco y el resto lo escupí, le salió espesa, parecía leche condensada.

    Yo siempre mirándolo a sus ojos dejando caer su néctar, que zorra me sentí. Tuve que colocarme compresas de hielo en el culo al día siguiente, me lo dejó irritado y sentía un vacío enorme pero placentero. Fue la única vez que Taladro y yo tuvimos sexo, creo que era un soldado, su rendimiento y actitudes eran de la milicia, yo fui obediente y serví a mi país dando la talla, me sentí honrada de darle mi culo y rendir lo suficiente para sacar una sonrisa de su rostro al final antes de retirarse.

    Bien putita, ahora sí tienes una vagina anal digna para follar, has demostrado aguante y entereza. Felicitaciones. ¡Clap! (nalgueada).

  • Un trío con trampa (1)

    Un trío con trampa (1)

    Hola, me llamo Mika, Esto que compartiré con ustedes sucedió hace muchos años, tenía 19 años y mi novio Carlos un poco más, 25. Él había sido el único hombre con quién tuve relaciones. Nos llevamos muy bien en la cama, además que él ya tenía algo de experiencia supo enseñarme muchas cositas. Desde un principio fuimos muy morbosos, veíamos porno, utilizábamos algunos juguetes para mejorar la relación, conversábamos sobre nuestras fantasías, etc.

    Una fantasía que teníamos en común era realizar un intercambio o trío, siempre charla amos al respecto, os quedábamos re calientes.

    Él ya tenía algo de experiencia, en cambio yo lo único que conocía era mi relación con mi marido.

    No lo hacíamos ya que había un pequeño problema que generaba inseguridad, bueno, la inseguridad era de parte de Carlos porque el se sentía incómodo con el tamaño de su pene, aunque no lo era pequeño, normal de unos 14 cm y de grueso proporcional a esa medida.

    Entonces cuando nos decidimos a realizar nuestra fantasía Carlos piso como condición que el que elijamos para acompañarnos debería tener una dotación igual o parecida.

    Quedamos en qué el elegiría algunos candidatos entre gente extraña y algunos conocidos y yo terminaría eligiendo de entre los candidatos.

    Se inició la búsqueda de candidatos, pero entonces se generó una situación incómoda, que era condicionar a los muchachos a qué no sean bien dotados.

    Al final consiguió 3 candidatos pero ninguno era de mi agrado y entonces quedó todo ahí.

    Yo la verdad quería probar y sentir algo diferente, yo me sentía satisfecha con mi novio pero deseaba probar otras cosas y si sería más de lo mismo no tendría sentido.

    Luego de unas semanas volvimos a conversar con mi novio al respecto, yo estaba decidida a realizar esa fantasía y él también tenía ganas, entonces llegó al acuerdo de que en el día que elijamos vamos a salir a bailar en un local que no acostumbramos frecuentar para no ser reconocidos, yo iría con un vestidito bien insinuante y Carlos se comportaría como un amigo y con cierta distancia así los hombres intentaría acercarse, y si se acercaba alguien que me agrade entonces le proponemos y no los llevamos sin saber que dotación tiene entre las piernas.

    Ya teníamos el plan, solo faltaba ponerlo en práctica, pero… si queda para una segunda parte.

  • Salí desnudo a las calles

    Salí desnudo a las calles

    No soy alguien demasiado atractivo ni tengo el mejor cuerpo pues hace solo un mes decidí entrar al gimnasio, mido 1.78 y no me siento muy alto por aquí, pero siempre me sentí orgulloso del tamaño de mi polla mide 19 centímetros y aun así a mi edad soy alguien virgen, el tamaño me hace sentir tan bien que durante un tiempo entre a grupos de WhatsApp para mostrar mi polla a desconocidos totales y hace un tiempo usaba un chat en línea para masturbarme frente a las cámaras o incluso mostrar el ano si aparecía algún chico gay conectado. No soy gay, pero me gustaba ser visto así.

    Un día comencé un plan para salir a mi patio desnudo pero se me fue de las manos. Una noche que mis padres habían salido y solo estaba mi hermana en casa tome la decisión de hacerlo.

    Eran las 2 am, me quite la ropa estando en mi habitación y abrí la ventana para salir por miedo al ruido de la puerta, sintiendo algo de frío por el exterior salte al otro lado sosteniendo mi polla dura por la emoción agachado me dirigí hacia donde están los autos y ya seguro me levanté y pensé que hacer estando fuera.

    En eso escuché como los perros de mi casa ladraron y corrieron hacia mi ya que me habían visto. Una vez cerca los perros solo me olieron un poco para después irse dándose cuenta quien era, aun así me escondí ya que mi hermana estaba a cargo de la casa y pronto salió a ver qué pasó. Regreso rápido a dentro y espere unos minutos para volver a levantarme.

    Pronto una idea llegó a mi y me dirigí a la parte de atrás de la casa donde había una ventana que comunica a la habitación de mi hermana, me asome un poco y la vi durmiendo en ropa interior por el calor, sabiendo que estaba dormida me pare en su ventana estando desnudo y me comencé a masturbar viéndola.

    Solo podía alcanzar a ver un sus pechos con un brasier blanco y sus bragas algo cubiertas por una sábana, hice varias poses extrañas mostrando mi cuerpo por la ventana hasta que mi hermana se movió un poco y yo me quite, cuando volví a asomarme ella seguía dormida pero mirando al lado contrario y casi completamente tapada, decidí irme de ahí.

    Cuando volví a la zona donde están los autos tuve una nueva idea que era masturbarme en el portón de mi casa que da a la calle y dejaría ver todo de mí, me aleje de los autos estando expuesto a mitad del patio y me acerque temblando al portón, mis piernas estaban temblando pero yo me seguí masturbando sabiendo que era muy tarde para que alguien estuviera despierto, aun con miedo todo me emocionaba y termine por correrme.

    El chorro de semen callo a la calle mientras yo me senté en el suelo por el placer y ahí recordé algo ya que mirando a un lado vi una cubeta de cabeza.

    La cubeta estaba así para una emergencia dónde olvidáramos las llaves del portón ya que debajo hay una copia de las llaves, gateando saque las llaves y mi plan de estar desnudo en el patio de casa salió del límite, abrí el portón y heche un vistazo para luego poner un pie fuera y salir con cuidado, estaba desnudo en la calle y sentía que no podía parar ahí.

    Camine al centro de la calle y por 20 segundos camine en círculos teniendo la polla dura una vez más. Quería cada vez más y comencé a caminar por la calle corriendo hacia algo que me cubriera cada que escuchaba un sonido pero volviendo por más, pase por las casas de mi vecino hasta llegar a la siguiente calle, estaba demasiado excitado por la situación y en vez de volver decidí pasar por la otra calle sin saber si en esta habría alguien que pudiera ver.

    Llegué a una casa donde había luz en una ventana, eran 2 chicos y una chica jugando videojuegos, en lugar de regresar caminé rápido frente a la ventana con el riesgo de ser visto, al no ver respuesta decidí pasar otras 2 veces para después continuar el camino y dar casi toda la vuelta a la cuadra.

    Otro día medí la distancia y camine 400 metros estando desnudo dónde solo me pudieron ver los perros y gatos de la colonia aunque me sentía extremadamente excitado a tal punto de que caminando me corrí otras 3 veces sentado en puntos visibles o a mitad de la calle yo quería que alguien me viera pero tampoco quería ser reconocido era de noche y estaba en una parte donde no conocía a ningún vecino, mire un lugar para esconderme en caso de emergencia y fui a la casa de una señora divorciada de la que había escuchado chismes antes, toque al timbre y me fui a una esquina donde no pudiera ser visto a la primera, escuché pasos y la puerta se abrió.

    Una mujer madura con tetas grandes y cara cansada salió, ella tiene 41 años pero se conserva bastante bien, he visto sus fotos en Instagram donde está en traje de baño y hablo en serio cuando digo que hasta sus pies me parecieron sexys a pesar de no estar en la mejor condición física.

    Me acerque rápido a la mujer con la mano en la polla y está solo se hizo hacia atrás cubriendo su rostro, me acerque hasta tocarle una mierda y ella se metió a su casa viéndome correr desde la ventana, lo había conseguido, alguien me vio desnudo y seguramente no sabe quién soy.

    Me escondí unos minutos y luego camine tranquilo hacia mi casa, entre despacio y recordando como esa mujer me vio solo me tire a mitad de mi patio y me masturbe por quinta vez, se sintió increíble caminar desnudo por las calles y solo puedo imaginar cómo sería hacer esto de día o en lugares llenos de gente, entre a mi habitación y me puse la ropa, recordé como camine, pose frente a ventanas y baile un poco completamente desnudo, cuando me acosté dispuesto a dormir recibí un mensaje que era de mi hermana…

  • Nuestra invitada Naty haciendo de las suyas

    Nuestra invitada Naty haciendo de las suyas

    Como ya les mencioné en el anterior relato, Naty amiga de mi esposa Rudy, se quedó por un par de semanas en nuestra casa, a propósito de que su marido salió de viaje. Como era de esperarse, invité a un amigo y éste vino con su primo y entre los tres las follamos deliciosamente.

    Luego de la faena, Rudy y Naty se encerraron en nuestra alcoba y no salieron durante toda la noche. Al día siguiente abrí la puerta con unas llaves extras, entré a mi habitación y las vi a las dos desnudas, cubiertas parcialmente con una sábana y sus tetas se rozaban junto con sus vulvas; de inicio se me paró la verga solo de ver a este par de putas que estaban a mi disposición.

    Me apresuré y les hice un desayuno compuesto por pan integral, huevos, tocino, fruta y jugo de naranja; acomodé con dos rosas rojas y les llevé a la habitación. Cuando entré estaban despiertas y se alegraron de mi detalle del desayuno. Comieron y cuando terminaron, mi esposa Rudy tomó la charola y la llevo a la cocina, mientras tanto, Naty se dirigió a mí diciéndome: Marcos, ¡ahora ven a comer tu desayuno! me acerqué y la puta me llevo hacia sus enormes tetas, me desnudó y nos acostamos en la cama. Naty empezó a mamarme la verga y a escupirla, luego de unos segundos se subió y puso su chepa en mi boca para que le dé lengua por un rato… finalmente la puta bajo y se introdujo mi pene empezando a cabalgarme de una manera salvaje.

    Yo me dediqué a mamarle las tetas, las succionaba y le lamia los pezones alternadamente, mientras la cabrona cabalgaba duro, metiéndose mis 18 cm de carne. En un momento hasta sentí en mis labios que a la puta le salía leche de las tetas, las cuales estaban venosas, blancas y con la aureola rosada. En un momento sonó un celular y la cabrona me dice: es mi marido! le dije que conteste haciéndole señas.

    Mientras tenía clavada mi verga en su vagina, la puta de Naty empezó a decirle a su marido que como estaba, si había desayunado, que le extrañaba y un montón de huevadas. Creo que él le preguntaba dónde estaba y ella respondió que llegando a desayunar con Rudy. Podía escuchar que el cabrón le decía que la amaba y que extrañaba sus tetas… mientras tanto le agarré de las caderas y continué la embestida a la puta de arriba hacia abajo mientras ella hablaba con el marido. En ese momento llegó Rudy y nos ve en pleno coito a su amiguita y a mí, enseguida le dije que haga silencio pues estaba la perra hablando con su marido. Naty se hizo a un lado y tomé a Rudy de las caderas poniéndole en cuatro patas al lado de Naty.

    Empiné mi verga que todavía estaba con los jugos de Naty y lo dirigí hacia la chepa de mi mujer; le escupí y empecé a clavarle duro mientras ordené a Naty que se coloque en cuatro patas al lado de Rudy… Era increíble, tenía los dos culos a mi disposición. En un momento saqué mi pene de la chepa de Rudy y se la metí en medio de las nalgas a Naty… mientras la puta continuaba hablando con su marido. Rudy se acostó y Naty se subió en ella como si la fuera a cabalgar, entonces yo llegué por atrás y le metí mi verga en su ojete. La puta gimió y creo que el marido le preguntó qué pasó? ella respondió que se golpeó con una silla. Empecé a cabalgarle duro por el ano a Naty, podía ver un tremendo agujero que le dejaba mis embestidas en su orto, en un momento bajé la mirada y veo a Rudy succionando las tetas de Naty con un morbo que me hacía parar más la verga.

    Naty se despedía del marido aprestándose a colgar la llamada, mientras mi mujer le mamaba las tetas y yo le daba con todo por el ojete. Cuando finalizó le dijo a mi mujer: Rudyyy que cerdo es tu marido, que veeerga que tiene este puerco!!! me encanta y quiero cogérmelo siempre! Rudy empezó a besarse con la cochina de Naty mientras tomaban sus tetas y las hacían rozar lamiendo alternadamente la una a la otra; yo ya no pude más!! le cogí de las caderas a Naty y empecé a darle leche de una manera descomunal!!

    Le dejé hasta mi última gota de semen en su ano y me retiré mientras las dos putas culminaban su éxtasis. Nos metimos a la ducha los tres y al salir nos mudamos de ropa. Salí a comprar comida y al regresar las dos estaban tomando sol en el jardín. Al verme me dicen que estaba delicioso todo, pero que en la noche querían salir solas a un bar a tomar unos tragos. Les dije que no había problema y que estaría esperándoles con las ansias puestas! Supe más tarde que iban al bar restaurant el colibrí, un lugar donde llegan putas y cabrones sólo con ganas de follar, pues ni qué remedio.

    Al llegar la noche me aprestaba por terminar unos trabajos de la oficina y veo que estas dos se estaban arreglando… que como estaban pues ufff que par!! Que como les fue pues…

    Sólo diré que los leo en sus comentarios en este post o a [email protected] para continuar relatando como les fue y en que terminó esa noche de salida de Naty y Rudy… ufff!!! Los leo!!!

  • Japón nos cambió la vida

    Japón nos cambió la vida

    A mis 22 años estaba obsesionado con la cultura japonesa, yo diría que la pasión por el manga y el anime me sumergió en esa obsesión por su cultura. Mi nombre es Franco y vivía con mi madre Andrea a unos 9000 km de Japón, para mí era un sueño poder viajar y vivir ahí.

    Vivía solo con mi madre, a mi padre no lo conocía, solo sabía su nombre, nos había abandonado después de dejar embarazada a mi madre. Ella pasaba de un trabajo a otro, siempre buscando un mejor empleo para poder mantenernos, su objetivo fue darme un estudio y pudo lograrlo. Me recibí como diseñador gráfico, cosa que a ella siempre le gusto, en cierta forma era una artista que vio en mí, cumplir su sueño. Siempre le dije que cuando me recibiera iría de viaje a Japón y que tal vez me radicará para trabajar en lo que me gustaba, mi madre no estaba de acuerdo y eso me torturaba, por eso decidí proponerle que me acompañe en unas vacaciones, tal vez de un mes o dos, para que, en mi caso, decidiera que hacer y en el de ella, despejarse de tanto trabajo y disfrutar de la vida.

    Al principio mi madre no quería saber nada del viaje y menos que vaya solo a Japón, después de días de discusión la fui convenciendo y se decidió a dejar el trabajo para pasar dos meses en Japón conmigo, me dijo que igual estaba cansada de ese trabajo, trabajaba en el sector ventas, en un local de ropa de mujer. Ella es realmente hermosa, su cuerpo tanto atrae a hombres como mujeres, estaba cansada del acoso constante de clientes y jefes, no merecía soportarlo solo por la necesidad de mantener un trabajo. No lo pensamos más y decidimos planear el viaje lo antes posible.

    Tanta era mi pasión por todo lo relacionado con Japón que sabía hablar muy bien el idioma, años leyendo todo tipo de manga o sea historietas japonesas, en su idioma original, hasta que tuve la idea de dibujar varias, al principio con una calidad aceptable, pero con el tiempo fui creando un estilo propio que muchos amigos japones reconocían, amigos que no conocía en persona solo por las redes, ellos me alentaban a ir a Japón y me aseguraban que podría trabajar con ellos en una de las tantas empresas de manga que existen en Japón.

    Y un día llegamos a Japón, a Tokio, a la populosa localidad de Akihabara, cuna del manga y el anime. Quedamos en encontrarnos con uno de mis amigos virtuales, Hiroki, me lo imaginaba más alto, pero supongo que tiene una altura promedio, hablaba muy bien inglés lo que facilitó comunicarse con mi madre, aunque parecía que tenía vergüenza de hablar con ella, eso sí, no podía alejar la mirada de su cuerpo. Hiroki fue de gran ayuda para nuestra estadía, tenía todo preparado, se encargó de elegirnos un lugar de alquiler para nuestra estadía, Japón es muy caro y la escasez lo encarece más, por esta razón fue muy importante que haya elegido el lugar por nosotros.

    Cargados de bolsos seguimos Hiroki por unos callejones angostos rodeados de edificios, nos detuvimos en uno cuya entrada estaba llena de afiches con indicaciones, algo no muy sorprendente en esa ciudad. Subimos dos pisos por escalera y llegamos a lo que sería nuestro lugar de estadía, Hiroki hizo una reverencia y nos dejó las llaves.

    Entramos al apartamento y lo primero que hicimos fue largar una carajada, quedamos atónitos por el tamaño, ni en la aldea de Bilbo Bolsón se vio algo tan chico. No podíamos creer que tendríamos que vivir ahí, sabíamos que el lugar es de lo más escaso en Tokio, pero no imaginamos que tendríamos que convivir en un lugar tan pequeño. Prácticamente era como la celda de una cárcel y claramente para que viva una sola persona.

    Tenía una ventana que prácticamente era del todo el ancho de la habitación, a la derecha una mesa rebatible que dejaba lugar al plegarla, a una pequeña cama. No mucho más, solo lo más raro y lo que provocó nuestra carcajada, un exótico inodoro al costado del cubículo de la ducha, sí, así sin más puerta o separadores en el medio, una cosa rarísima, como si fuera la celda de una cárcel. Nos miramos y empezamos a reír.

    Andrea: Que cosa rara es ese inodoro, tantos botones y luces, yo lo quiero usar primero, estoy aguatando las ganar de hacer pis desde la estación.

    Franco: ¿salgo al pasillo?

    Andrea: No, ni loco, me vas a tener que ayudar con esos botones, ni papel hay

    Franco: Pero ¿no te da vergüenza?

    Andrea: como me va a dar vergüenza, si sos mi hijo, dale no pasa nada, ayudame.

    Mientras me hablaba se iba desabrochando el jean que llevaba puesto y se iba arrimando al inodoro, casi sin darme cuenta se había bajado el jean, la ropa interior y se sienta en el inodoro, puedo escuchar un fuerte chorro de pis que pegaba contra el inodoro, hasta que termina con el sonido de algunas gotitas.

    Andrea: Ahhh, que alivio, pero, ¡No hay papel! ¿cómo se usan estos botones, está todo en japones

    Franco: No sé, nunca usé uno

    Andrea: pero lees japones, mira que dice

    Así sentada como estaba se inclina para dejarme leer, yo no podía dejar de mirar su hermoso culo, hice un esfuerzo para leer la variedad de botones que había. Decido ponerles más atención a los dibujos que a los kanjis que rodeaban los botones y elijo uno que parecía para regular la temperatura, no hace nada y lo pulso varias veces.

    Andrea: ¿Funciona?

    Franco: Sí, ya va

    Me decido por un botón que indicaba el dibujo de una fuente de agua. Lo aprieto y primero hace un ruido como de algo que giraba rápido y de golpe sale un chorro de agua caliente a una velocidad increíble justo en el medio del culo de Andrea, casi como expulsada por un resorte salta y se agarra el culo gritando que se había quemado. Yo pensaba que no era para tanto, tal vez no era verdad, la cuestión era que gritaba como una desesperada.

    Queda arrodillada en el suelo pasando las manos por el culo, lo frotaba mientras se quejaba. Unos segundos después arrodillada como estaba se inclina y se abre el culo con las dos manos y me dice, casi suplicando.

    Andrea: ¡Sopla, por favor, sopla!

    No lo podía creer, me ofrecía el culo para que se lo enfríe soplando, como las velas de una torta de cumpleaños. No insistió mucho, ya me había arrodillado y estaba con la cara separada a unos centímetros de su culo. Tenía una imagen espectacular, nunca imagine estar en esa posición. Mi madre es flaca tiene una cintura muy angosta, pero tiene un culo grande, ella lo sabe y cualquiera que la ve también, es imposible ocultarlo, un culo en forma de gota, que sobresale con cualquier ropa que lleva, siempre se lo mire, al igual que cualquier hombre en el mundo lo haría y a ella parecía que también le gustaba lucirlo, cada vez que podía con alguna ropa ajustada. Alguna vez la vi en ropa interior pero no paso a mayores, nunca la vi desnuda, hasta ese día.

    No imagine que se depilaba por completo, podía ver los labios vaginales sobresaliendo brillosos por el agua y su rosado ano también húmedo. Mientras le soplaba el ano, ella sentía alivio y me lo agradecía, cuando tomaba aire por la nariz para soplar, podía sentir un olor especial que me atraía, una especie de perfume indefinido, era un elíxir de otro mundo. Mientras soplaba podía ver el ano latiendo, con cada latido apenas se abría un poco, algo impresionante.

    No sé cuánto tiempo pasó, creo que fue un minuto o dos en los que sople, hasta que se levantó de la posición y se volvió a vestir.

    Andrea: Gracias Franco, me arde menos, pero creo que me queme porque siento calor todavía

    Franco: ¿Te compro algo para las quemaduras?

    Andrea: Bueno, pregunta en alguna farmacia, mientras me voy a dar una ducha con agua fría a ver si me calma.

    Franco: Voy a preguntarle a mi amigo y vuelvo.

    Sali en busca de mi amigo y no podía creer lo que me había pasado, no me podía sacar de la cabeza la imagen de ese culo. Me encuentro con Hiroki y le pregunto si conocía alguna farmacia donde comprar algo para las quemaduras, no le dije donde, ni como se había quemado mi madre, pero su respuesta fue contundente, me dijo que era imposible que me vendan algo sin prescripción médica. Le explique que sólo teníamos un seguro médico, que no cubría una consulta y tampoco teníamos mucho dinero como para ir a una clínica privada. Se puso a pensar y me dio una solución poco ortodoxa, me pasó la dirección de un médico de la zona, no cobraba mucho y lo principal que no hacía muchas preguntas, él sospechaba que trabajaba para el bajo mundo y aunque no tenía un trato muy amistoso, siempre recetaba algo para comprar en una farmacia conocida del médico. Hiroki me dijo que el médico solo hablaba en japones y no le gustaban los gaijin o sea los extranjeros, los trataba con desprecio, pero los atendía. Me aclaro que si me preguntaba no le diga que era su hijo, que le diga que son pareja.

    Regreso a apartamento y encuentro a Andrea recostada sobre la cama.

    Franco: ¿Te encuentras mejor?

    Andrea: Todavía me quema. ¿Pudiste conseguir una farmacia?

    Le explico lo que me dijo Hiroki y la alternativa que me propuso. Estaba en ella decidir qué hacer, supongo que si era una actuación lo de la quemadura, lo dejaría pasar o sino iríamos al médico.

    Andrea: Vamos al médico

    Franco: Como quieras, vamos

    Llevaba la dirección anotada en un papel, por suerte llevaba el GPS y era más fácil ubicarme, quedaba a pocas cuadras, pero había que atravesar un laberinto de callejuelas, en el papel Hioki me anoto algo que el médico entendería, una especie de contraseña para que nos atendiese. Llegamos a una puerta de madera con varios carteles pegados, pero ninguno que indicara que ahí había un médico. Golpeamos varias veces y sale una señora mayor de edad, le pregunto si se encuentra el doctor Hiro y le entrego el papel, lo lee sin decir y nos mira de arriba abajo, luego entra y cierra la puerta. Esperamos un rato hasta que abre a puerta nuevamente la señora y sin decir nada nos indica que la acompañemos. Caminamos por un pasillo hasta una puerta que se encontraba abierta y nos señala que entremos. Entramos a un consultorio muy iluminado, había una camilla y una banqueta, parecida a la que usan los pianistas, al frente de la camilla. Solo se escuchaba el mormullo de la gente que pasaba por la calle, esperamos unos minutos hasta que llega Hiro.

    Hiro era un hombre mayor, con un delantal blanco y un barbijo a medio colocar. Me mira y me pregunta cual era el problema, le explico que y como se había quemado. Por unos segundos no dice nada y le habla en japones a Andrea, pero ella no entiende nada.

    Franco: Dice que te tiene que revisar, que te saques la ropa.

    Andrea: ¿Subo a la camilla?

    El doctor asiente con la cabeza y señala la camilla. Mi madre queda desnuda de la cintura para abajo y se coloca en posición de perrito sobre la camilla. El Dr. Hiro se coloca una vincha con una linterna en cabeza y se acerca al culo de Andrea, iluminándolo, empieza a inspeccionar si encuentra alguna quemadura, separa las nalgas con las dos manos. Me mira y me dice que no ve ninguna quemadura y que le pregunte a mi madre si todavía siente algo.

    Franco: Me pregunta si te sigue doliendo o sentís algo

    Andrea: Si, me arde el ano

    Le comento a Hiro, se pone unos guantes de látex y se unta un dedo en vaselina. Introduce el dedo en el ano y empieza haciendo círculos hasta que lo saca. El dedo salió lleno de mierda, con naturalidad japonesa se lo limpia con unas toallas descartables y se envuelve el dedo con una gasa de algodón y vuelve a meter el dedo, hace estos dos o tres veces con distintas gasas hasta que sale limpia. Toma un especulo de plástico transparente y empieza a abrir el ano para mirar dentro.

    De pronto se escuchan unos gritos de una chica y un chico que discutían y entran de golpe al consultorio. Empezaron a discutir, el doctor les da un grito más fuerte y se quedan en silencio, todo era muy raro. La chica de unos 20 años estaba con los pechos al aire y el chico con solo un short, casi ni miraron a mi madre, era como si fuéramos transparentes, Andrea seguía con el especulo en el culo, que le hacía un agujero negro perfecto. No pude entender porque discutían, pero de repente llegó la anciana que nos abrió la puerta y les grita mas fuerte todavía, los toma del brazo y se los lleva mientras seguían discutiendo.

    Ya más calmado el doctor vuelve a mirar por el agujero y saca el especulo, luego me dice que se vista. Se sienta en el escritorio y anota unas cosas en una receta para que compremos en la farmacia, me comenta que era una crema que se la debería aplicar durante tres días y nos cobra unos 100 dólares.

    Cuando nos estábamos por ir me llama aparte y me ofrece una tarjeta. Me dice que si estábamos necesitando un trabajo que lo llame, le pregunto cuál era ese trabajo. Me dice que podíamos hacer videos para adultos y ganar unos 1500 dólares por video, que encajábamos bien en el papel de madre e hijo. Me sorprendió con la propuesta, no supe que decir, no entendía nada.

    Me voy con mi madre, ella me pregunta que me había dicho el doctor, pero esquivo la respuesta y vamos a la farmacia.

    Fuimos a comprar la crema y volvimos al apartamento, Andrea estaba contenta, se notaba en su cara, con ganas de llegar rápido, yo en cambio estaba nervioso, no lo podía controlar, tal vez era la excitación que tenía por suponer lo que vendría.

    Cuando entramos a la habitación, tuve que ir a orinar, no aguantaba más, lo hacía mientras le daba la espalda, tenia el pene erecto y no sabía en que podía pensar para que se me baje, pero era imposible, cuando termino me doy vuelta y la veo sentada en la cama.

    Andrea: Franco, me vas a tener que ayudar, primero me vas a enseñar a usar ese inodoro, no me quiero volver a quemar.

    Nos pusimos a un costado del inodoro y empezamos a ver como funcionaba, no era muy complicado, pero al estar todo en japones era muy fácil equivocarse de botón.

    Andrea: Tengo que cagar antes pasarme la crema, pero vas a manejar este inodoro, yo no quiero tocar esos botones sin saber y después me quiero duchar

    Mientras me hablaba se estaba sacando la ropa, pero esta vez toda la ropa, queda completamente desnuda y va con total naturalidad al inodoro, no lo podía creer, la veía bamboleando el culo mientras caminaba hacia el inodoro hasta que se sienta en él.

    Me quedo en un costado, medio inclinado hacia a la pared, ella no me veía, no podía sacar la vista de su culo, mientras la veía empezar a cagar. Se asoma un sorete por el ano y empieza a salir despacio mientras la escuchaba gemir por el esfuerzo, no podía creer el gran tamaño que tenía, el grosor y largo, como unos 15 cm salieron de su culo.

    Andrea: ¡Uf…! Por fin, ya no aguantaba más. jajajaja, Bueno, empieza tu trabajo, aprieta los botones, pero si quemarme.

    Yo no podía hablar, me temblaba la boca y empiezo a tocar primero el botón para el desagüe, salió el agua con una presión descomunal, luego aprieto un botón que tira un pequeño chorro de jabón y luego se activa un chorro de agua que pega sobre el ano con mucha fuerza, Andrea ayudaba a limpiar con el dedo, mientras esto pasaba por otro agujerito del inodoro se rociaba perfume. En 20 segundos estaba limpia.

    Andrea: Listo, me ducho y me ayudas con la crema, no te vas a escapar jajaja

    Me recuesto sobre la cama y miro como se ducha detrás de la mampara, tarda unos minutos y cuando termina se envuelve en una toalla y viene hacia la cama.

    Andrea: Ya sabes qué hacer con la crema, jajaja

    Franco: ¿Te la paso?

    Andrea: ¿Por qué, no te gusta? ¿Te da asco? Jajaja

    Tira la toalla y queda completamente desnuda y se sube sobre la cama y me ofrece el culo, mientras lo abre con las dos manos.

    Franco: Como no me va a gustar, si tenes un culo perfecto, es que no me quiero acostumbrar, jajaja

    Tomo el envase de crema que habíamos comprado en la farmacia, no había leído el envase hasta ese momento, me pareció algo extraño lo que decía, algo así como “gel analgésico lubricante”

    Franco: ¿Pero, es un gel para lubricar?

    Andrea: jajaja, se ve que Hiro quiere que no me lastimes, quiere cuidar su inversión de 1700 dólares

    Quedé mudo por unos segundos, sorprendido por lo que me decía.

    Franco: ¿Cómo sabes lo que me ofreció Hiro? Y me ofreció 1500

    Andrea: ¿Cómo que 1500? Jajaja viejo mentiroso. Te cuento, hace tres meses empecé a hablar con tu amigo, Hiroki

    Franco: ¿Cómo con Hiroki? Si habla solo en japones.

    Andrea: jajaja, viví dos años en japón cuando era adolescente, hablé japones antes que inglés. Un día dejaste la sesión abierta y veo que estaba Hiroki queriendo hablar con vos y empezamos a hablar, para mí fue recordar viejas épocas y tu amigo era muy vergonzoso, pero era más pajero. Para mí era como un juego hablar con él y lo hice muchas veces, un día me contó de que vivía su tío, Hiro.

    Franco: ¿Hiro es su tío?

    Andrea: jajaja sí, es su tío. Hiro se dedica al cine para adultos amateur, se especializa en películas de incesto con actores porno que se hacen pasar por familiares, me dijo que nunca había trabajado con actores occidentales y para él sería un buen negocio, en ese momento se me ocurrió la idea de ofrecernos para formar una pareja de incesto, se lo dije porque sabía que la idea calentaba al pajero de Hiroki, pero él se lo tomo enserio y enseguida fue con su tío a proponerle la idea y me dijo cuanto nos pagaría por hacer videos para él. Llegamos a unos 1700 dólares.

    Franco: Pero Hiroki me dijo que tenía un trabajo para mí.

    Andrea: Lo sé, pero me dijo hace unas semanas que ya no tenía esa propuesta y no sabía como contarte, fue ahí que decidí que podíamos hacer algunos videos juntos mientras consigues trabajo en Tokio y no perderías la oportunidad de conocer Japón, ahora es tu decisión

    Franco: pero ¿te tengo que coger?

    Andrea: jajaja, sí, pero solo por el culo ¿quieres? Eso le dije a Hiro, que solo lo haríamos por el culo.

    Franco: pero, me mentiste

    Andrea: Si y seguro estas enojado, acá está el culo para que me castigues, es todo tuyo, rómpemelo

    Franco: Te va a doler.

    Andrea: Es lo que quiero

    En ese momento pongo la cara entre sus nalgas y empiezo a lamer su ano, le meto la lengua varias veces hasta donde alcanza. Luego apunto mi pene erecto hasta tocar el ano, empujo y sin hacer mucha fuerza la penetro, mi pene se deslizó hasta el fondo, lo saco y meto una docena de veces hasta que acabo en su culo. Ese día lo repetimos creo que cinco veces.

    Hicimos del incesto nuestra forma de vida en Japón, ya van tres años, llevamos grabados más de 150 videos, su dilatado ano es uno de los más famosos en el mundo amateur y yo el hijo más feliz del mundo.

  • Delicioso trío en casa de nuestro amigo (parte I)

    Delicioso trío en casa de nuestro amigo (parte I)

    Por cuestiones de trabajo me tocó ir a Tijuana unos días y te pedí que me acompañaras para pasar a San Diego, aprovechando que tus responsabilidades laborales te permitían tomar unos días y atender algunas cosas en forma remota.

    Llegamos un jueves temprano, en el vuelo que aterriza en Tijuana a las 7:15 h y rápidamente nos instalamos en el hotel acostumbrado que, por su ubicación, nos permite cubrir múltiples compromisos, y cercanía a nuestros lugares de interés. El plan era dormir allí una noche y de viernes a domingo pernoctar en San Diego.

    Luego de terminar nuestras actividades y de visitar a un par de amigas, a una pareja conocida de allá y a un antiguo cliente de nuestras consultorías, más una deliciosa cena del jueves en un restaurante italiano en la zona del Río, el viernes nos trasladamos a San Diego donde pasaríamos el fin de semana.

    Allá tenemos algunos amigos también, con quienes organizamos vernos para cenar viernes y sábado y almorzar el domingo.

    La cena del viernes fue con un amigo, a quien llamaremos Arturo, que yo conocía desde hace tiempo, y que incluso habíamos colaborado en algunos proyectos, pero que nunca habías tenido tú la oportunidad de convivir con él en persona. Excelente profesional en su ramo, hombre responsable, pragmático, muy culto, de grandes ideas y soluciones, además de ser un gran conversador, dinámico, sensible, de extraordinario trato, amante del arte y del buen comer. También ha sido cuidadoso de su salud y consecuentemente, tiene una buena condición física lo que lo hace atractivo para las mujeres.

    Su casa en la zona norte de San Diego, en específico Sunset Cliffs, sobre la calle Cordova, tiene una vista privilegiada hacia el dorado pacífico. La ladera le obligó a una arquitectura en terrazas con escenas extraordinarias desde varios cuartos de la casa. Aun cuando esta fue construida en los setentas, él la adquirió en los 90’s y posteriormente la remodeló hace unos años atrás, imponiendo ahora un toque actual, con materiales modernos y de gran gusto.

    En la terraza de la estancia principal tiene un piso cubierto de madera que soporta unos mullidos sillones y una base para fogatas que usa con frecuencia. El espacio es rematado con un barandal de vidrio templado y a los lados unas mamparas que dan la privacidad necesaria, considerando las casas vecinas, que tienen similar conformación, y a la vez hacen un marco extraordinario para las fotografías de los atardeceres.

    La casa la compró muchos años atrás y fue habitada por su familia hasta que los hijos fueron emigrando a sus estudios universitarios y la dinámica con quien fuera su esposa les llevó a un divorcio que le dejó a él la propiedad de la casa.

    En un par de ocasiones me había tocado visitarle y la invitación a seguir a su casa después de la cena había sido ya habitual.

    Mi amigo gusta de cocinar y es un excelente anfitrión, por lo que al saber él que tú me acompañarías, me dijo que cenáramos ese viernes en su lugar, no dudé en confirmarle y organizar todas las actividades para estar con él alrededor de las 18 h y aprovechar para pasar el atardecer en su casa.

    Cruzar una de las fronteras más transitadas de México con EUA es siempre complicado y lleva tiempo, pero logramos hacerlo a buena hora y eso nos permitió estar viendo la bahía de San Diego y sus imponentes barcos de la base de Coronado aún con la luz de día. Hicimos unas compras para llevar vino, unas botanas, quesos y un postre. Luego nos hospedamos en uno de los hoteles que están próximos a la Bahía, bajando las maletas del auto, y cambiarnos para dejar nuestros atuendos más formales que traíamos para estar más acordes para la cena.

    La temporada veraniega hace que el clima en la zona sea caluroso, fresco y sabiendo que estaríamos en su casa optamos por ropa más ligera, informal y cómoda. Yo me puse un pantalón de tela delgada, y camisa de lino de manga corta y tú llevabas un vestido liso, con botones al frente, que te llegaba ligeramente arriba de la rodilla, sin mangas, ceñido apenas a la cintura, que permite apreciar tu trasero firme y con escote en V que hace lucir tus atractivos y bien proporcionados senos. Un collar elegante y de buen gusto que es de tus favoritos y que luces extraordinariamente, una chalina de seda semitransparente en contraste con el color de la tela de tu vestido que cubre tus hombros y cae espléndidamente en tu cuerpo, bolso de mano pequeño acorde al atuendo y unos zapatos de tacón que acentúan tu figura, completaron tu arreglo dando un toque alegre, pero a la vez interesante que no permite que pases desapercibida a tu paso entre la gente, situación a la que estoy acostumbrado.

    Al llegar, nos abrió la puerta y se dieron los saludos de rigor y las presentaciones que permitieron a Arturo admirar tu persona y expresar su alegría de al fin conocerte y tenernos en su casa. Por nuestros trabajos, ya se habían dado sesiones remotas previas de revisión de algunos temas, talleres y cursos, donde habías participado tú, pero no se había dado el que se conocieran ustedes dos en persona. Excelente química desde el primer momento. Ese particular brillo en tus ojos fue el mejor testigo de ello, ya que Arturo no te fue para nada indiferente y las expresiones y lenguaje corporal de él se dieron en el mismo sentido.

    Nos hizo pasar a la cocina, para terminar de preparar la cena. Allí aproveché para abrir la primer botella de vino tinto de la región del Valle de Guadalupe (que sabemos disfruta nuestro anfitrión), que llevamos y brindamos por la ocasión, la servimos en las copas que nos proporcionó Arturo y vino el primer brindis. En un par de platones dispusimos los quesos, el jamón serrano, galletas y panecitos que acompañaron las bebidas, mientras los platillos terminaban su cocción.

    Entonces, nos trasladamos a los amplios sillones de la terraza, donde Arturo encendió la fogata y el ligero ruido al consumirse la leña y el calor del fuego fue un extraordinario complemento para la charla. Unas mesitas adecuadamente colocadas permitieron tener las copas a la mano, así como las botanas preparadas. Rápidamente pasamos a la segunda botella. Tú apresurabas el contenido de tu copa y Arturo te hacía segunda, brindando por el gusto de compartir, del momento, y también del esperado encuentro. Había buena química y los comentarios y expresiones que se daban lo respaldaban. Sabiendo que yo manejaría más tarde, opté por ir a un menor ritmo sin dejar de disfrutar del momento, las bromas y anécdotas que compartíamos.

    El sistema de altavoces que tiene en la terraza estaba a un volumen muy adecuado, permitiendo disfrutar de la música, la charla y el entorno.

    Tú no dejaste de aprovechar en varias ocasiones el decirme que era un lugar maravilloso y disfrutable, mientras me regalabas besos momentáneos y abrazos donde yo podía sentir tus senos ya turgentes y tus pezones ligeramente duros producto de esa excitación por todo lo que íbamos disfrutando. El horizonte nos obsequió una puesta de sol maravillosa y la noche le fue dando un toque más romántico y sensual.

    Llegó el momento de cenar y los platillos los pusimos al centro, en las mesas de la terraza, lo que nos ayudó a disfrutar de los mismos, en forma cómoda y en porciones adecuadas. Prácticamente fue seguir disfrutando de la noche y la tercer botella de vino acompañó perfectamente los alimentos. Lo disfrutamos mucho.

    El ambiente era relajado y la atmosfera y la interacción eran diferentes, abiertas, permitiendo que las sensaciones afloraran más. Juntos llevamos el servicio de regreso a la cocina y regresamos a seguir botaneando y brindando por la agradable noche, sintiendo que podría ser más grata y placentera. Nuestro anfitrión ya no podía disimular su admiración por ti, y no te quitaba la vista en momentos que te incorporabas por más botana o para traer algo de la barra de la cocina.

    En alguna ocasión, cuando estuviste alejada por momentos, me llegó a comentar que yo era un afortunado por estar contigo y le dije que sí, porque eras una mujer inteligente, brillante, plena, segura de ti misma y maravillosa. Mi comentario fue rematado por un así se aprecia de su parte y chocamos nuestras copas para brindar por ello.

    Te acompañé al baño y, justo antes de entrar, me abrazaste y me diste un beso muy pasional, diciendo que la noche podía prolongarse y que tú estabas dispuesta a que así fuera. Nuestra relación es muy abierta y esas señales son comunes entre nosotros. Te pregunté que si estabas a gusto, y tu respuesta fue positiva. Incluso, me pegaste tus senos al cuerpo y me dijiste que sintiera lo excitada que estabas. La presencia de Arturo y todo lo que iba pasando había disparado las cosas.

    Te dejé en el servicio y regresé a la terraza, donde nuestro amigo Arturo se recargó en el balcón y me enseñaba las luces de la costera. Momentos después, llegaste a nuestro lado y te colocaste en medio de los dos. Me abrazaste, me plantaste un beso rápido en la boca y mientras te explicaba que Arturo me mostraba la vista, volteaste hacia él y le diste un medio abrazo, que el aceptó y en correspondencia rodeó tu espalda con su brazo, mientras te describía las zonas y luces de la bahía, señalando con su mano opuesta. Tú aprovechaste para ponerte de lado, completamente hacia él, dejándolo sentir tu cuerpo, lo que no le pasó desapercibido, y llevaste tu otro brazo a su cuerpo.

    Debo decir que le fue complicado -y ciertamente cómico- verlo tratar de continuar su explicación de la vista, con la sensación de tu cuerpo abrazándolo. El mensaje estaba dado, volteó su cara hacia tí, se dió el encuentro de sus ojos, la cercanía de los rostros, tus labios hermosos en actitud de deseo antecedieron el primer beso de la noche entre ustedes, que se prolongó pasionalmente con las caricias de sus cuerpos. Le pusiste los brazos en el cuello y le dejaste sentir tu cuerpo en todo su esplendor. Lo siguiente fue regresar con cuidado, sin soltar el abrazo al sillón más amplio y acomodarnos los tres en él.

    Arturo te hizo un comentario al oído y le respondiste que no se preocupara. Las caricias y los besos se intensificaron, no había más ruido que la leña consumiéndose, la acertada música de fondo a un nivel adecuado y las caricias y besos que se prodigaban. Te separaste brevemente, volteaste hacía mi, dándome un beso pasional y delicioso, mientras él te acariciaba la espalda, tus hombros y tu cuello.

    Te incorporaste, levantaste un poco tu vestido, abriste tu compás para sentarte arriba de sus piernas y sabiendo que tenías toda su atención, comenzaste a desabrochar los botones superiores de tu vestido, bajando ágilmente el corpiño que traías, dejando a su vista y alcance tus ricos senos. No tardó en poner sus manos en ellos, acariciarlos, sentirlos, cubrirlos con las palmas de sus manos, constatar lo duro de tus pezones y llevarlos a tu boca, mientras que tú frotabas su ya muy evidente erección que se mostraba en el pantalón. Alcanzaste a decir con jovial asombro: ¡mmmm, qué tenemos aquí!… y todos reímos brevemente, rompiendo por momentos el hielo y la tensión que reinaba.

    Él regresó a chupar tus senos, alternando uno y otro en su boca y tu giraste un poco hacía mi para besarme y acariciarme también. Sin levantarte, liberaste su pene, que ya se observaba completamente erecto y de buen tamaño y lo acariciabas con cuidado, atendiendo la punta. Yo me aflojé la ropa y dejé a tu alcance mi pene, que también estaba completamente duro.

    Te escuchaba gemir y disfrutar de lo que pasaba. Se lo mucho que te gusta tener en tu boca un buen pene y que no dejarías de hacerlo en esta ocasión. Así que te separaste de él por momentos, lo besaste intensamente, te incorporaste para jalar sus pantalones hacia abajo, te colocaste entre sus piernas, nos empezaste a masturbar con cada mano y en un momento, comenzaste a pasar tu lengua a lo largo de su tronco hasta llegar a la punta, para luego meter el glande dentro de tu boca, saborearlo, jugar con tu lengua en él y succionarlo varias veces.

    Él estaba disfrutando del momento y sólo alcanzaba a acariciar tu cabello con cuidado. Te moviste un poco entre los dos, le diste un sorbo a la copa de él que estaba más a tu alcance y a continuación, sin soltar su muy hinchado pene con tu mano, te acercaste a mamar deliciosamente el mío, dejándole ver a él lo mucho que disfrutas hacerlo, frotando tu pelvis en su pierna y dejándole sentir la humedad producto de tu excitación. Alternando tus caricias orales entre ambos miembros, fuiste retirando tu ropa, hasta casi quedar desnuda frente a nosotros.

    En un momento, levantaste tu cara, y con la punta de su pene asomando por tus labios me dijiste: Amor, hay que agradecer al anfitrión sus atenciones. Asentí ligeramente, y acto seguido te montaste en él, para primero jugar con su pene, frotando su punta en tu clítoris y los labios de tu vagina y, posteriormente, abrirle paso hacia tu interior, sujetándote con una mano en sus hombros y la otra guiando su ya muy mojado pene hacia tu vagina. Ese movimiento lo observamos Arturo y yo. Fue muy excitante.

    Luego, pude ver la expresión de tu rostro conforme ibas sintiendo el acceso en tu cuerpo de ese pene de buen tamaño y grosor, mientras tu vagina se acoplaba a este ocasional visitante. Tus senos quedaron nuevamente a la altura de su boca y él no tardó en lamerlos y chuparlos intensamente de nueva cuenta. Eso te excitó mucho más y comenzaste a subir y bajar tu cadera para sentirlo recorrer tu interior. Arturo sólo se despegaba de tus senos para decir que cogías riquísimo, que estabas buenísima y que le encantaba tu respuesta tan pasional y la forma tan especial de coger.

    Tu excitación iba en aumento y el ruido de su penetración por la humedad de tu sexo lo hacía más evidente.

    Yo observaba todo, sabiendo que si seguías esos movimientos, nuestro amigo podría venirse muy pronto. El sudor en ustedes dos era mayor y perlaba tu frente, a la vez que las gotas se desplazaban por tu cuello y senos. Arturo disfrutaba de tenerte encima y no dejaba de acariciar tu espalda, cadera y apretar tus nalgas con ambas manos conforme te movías.

    En momentos bajabas la intensidad y desplazamiento de tu cadera, seguramente para prolongar tus sensaciones y la cogida con nuestro anfitrión. Mi pene estaba duro, mojado ya. Te diste cuenta de ello, me pediste que me pusiera de pie y me acercara para llevarlo a tu boca. Esa sensación de ser cogida y poder chupar un pene es algo que te agrada y lo disfrutas mucho. Me acomodé para que lo pudieras tomar, e inclinando un poco tu cuerpo, empezaste a lamer mi pene, tomando con tu lengua mis primeras gotas de líquidos preseminales. Te separaste brevemente de mí y le diste a Arturo un beso intenso, dándole a probar tu boca y lengua, para sin perder el ritmo de tu cogida, regresar a lamer mi pene con esa dedicación y deseo que te caracteriza.

    Ahora recorrías tu cadera hacia adelanta y atrás para frotar tu clítoris con el cuerpo de él. Las sensaciones y oleadas de deseo estaban al tope y no tardaste en abrazar fuertemente a nuestro amigo para sentir tu primer orgasmo intenso, mojando su pene, piernas y testículos profusamente. Te quedaste así por momentos para recuperar tu aliento, y te saliste de él para abrazarte conmigo, besarnos y decirme que había sido muy intenso y rico. Al separarte, viste que el seguía muy erecto y sólo le pediste unos minutos para recuperarte y poder seguir con esto. Me besabas y abrazabas con ese placer y complicidad de siempre, llevando mi mano a tu muy mojado sexo, diciendo que sintiera lo excitada que estabas y lo mucho que estabas disfrutando de ese momento, mientras acariciabas mi pene.

    Sabíamos que la noche daría para más.