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  • Mi sitio favorito

    Mi sitio favorito

    Uno de mis sitios favoritos es estar entre tus piernas. Y no como piensas, no follándote. Me encanta estar entre tus piernas con mi lengua.

    La lengua es increíblemente sensible, mucho más que mi polla tiesa. Cuando me dejas entre tus piernas y la punta de mi lengua toca tus suaves labios vaginales, no hay nada mejor.

    Aún no estás mojada, lo que significa que hay trabajo para mí, mmmh, delicioso.

    La punta de mi lengua abre cuidadosamente tu coño y se abre camino hasta tu clítoris.

    Una vez que llego a esta bola mágica, empiezo a lamerte con toda la anchura de mi lengua, quiero que todo ahí abajo se moje.

    Luego me ocuparé de tu clítoris. Mis labios se apoderan de ella. Cierro los labios y empiezo a chupar, noto que tu clítoris está cada vez más grande y caliente. Empiezas a gemir. Mientras tengo tu clítoris completamente en la boca, lo trabajo al mismo tiempo con la lengua. Empujas mi cabeza entre tus piernas y me encanta.

    Ahora puedo recoger los frutos de mi trabajo. Con el masaje de la boca y de la lengua te has puesto muy húmeda y quiero probar tu dulce jugo. Vuelvo a lamerte el coño con la lengua de arriba abajo, un poco de tu dulce culo también, y saboreó el gusto de tus fluidos.

    Ahora empiezo a masajear el coño desde dentro mientras sigo chupándole el clítoris

    Con mis dedos, noto cómo tus músculos vaginales se contraen cada vez más, todo entre tus piernas está húmedo.

    Un temblor recorre tu cuerpo. Tu clítoris es grande y rojo, casi tan grande como la punta de un dedo, y no puedo dejar de acariciarlo.

    Gimes cada vez más fuerte y, mientras mi dedo sigue estimulándose por dentro, me doy cuenta de que estás a punto de explotar.

    Segundos después, te corres y todos tus fluidos corporales, el sudor, los jugos de tu coño, corren hacia mi boca, que lo absorbe y traga todo con avidez.

    Tu cuerpo sigue retorciéndose mientras sacas mi cabeza de entre tus piernas. Es una pena, porque podría quedarme aquí para siempre y seguir lamiendo…

  • Secretos de alcoba (parte I)

    Secretos de alcoba (parte I)

    Soy Javier, analista en sistemas. Quisiera decir que tengo un físico atlético, pero nunca he tenido la disciplina de pasar más de una semana en el gimnasio, considero tener un cuerpo promedio, tal vez perder un par de kilos me haría bien.

    Tengo un matrimonio de 9 años con mi amada Gabriela. Casi tenemos la misma estatura, 1.68 m. Su cabello es negro y largo a petición mía. Es muy delgada, ha logrado ser más constante en el gimnasio y aunque no es un cuerpo con tendencia voluptuosa lo tiene bien tonificado. Sus pantorrillas están bien marcadas y sus muslos son firmes y fuertes, vaya que son fuertes. Su cadera ligeramente amplia se luce mejor por su cintura. Sus nalgas son pequeñas, bien redonditas y formadas. Sus senos son pequeños, copa B, redondos en su base, un poco separados y con terminación en punta y sus pezones erguidos. Me encanta como son.

    Como es común en los matrimonios, de recién casados el sexo no paraba, al paso del tiempo las relaciones a veces eran una a la semana. Por platicas de amigos con algo de tiempo de matrimonio me doy cuenta que a muchas parejas les pasa.

    Gabriela tiene una predilección por dormir de cucharita. “Abrázame Javi…”. No necesariamente amanecíamos abrazados solo que así le gustaba conciliar el sueño, esa posición la hacía sentirse segura, protegida. Esa petición es frecuente hasta la fecha.

    Nunca hemos tenido algo preestablecido para tener sexo, a veces ella preparaba alguna cena romántica en casa, en la mayoría de las veces terminaba en un encuentro sexual. Algunas veces salíamos a un bar y terminábamos en un hotel cuando la pasión no daba tiempo de regresar a casa. A veces simplemente descansando o viendo televisión alguno de los dos iniciaba el cachondeo.

    Con el tiempo, supongo que, por cuestiones rutinarias, la flama no alcanzaba a encenderse.

    -Estoy cansada, vamos a dormir y el fin de semana salimos a tomar algo. No te molestes por favor. ¿Me abrazas?

    Me acostaba junto a ella tratando de mantener una distancia entre sus nalgas y mi pene erecto. No quería que sintiera que debería ser una obligación además de que no quería recibir algún tipo de estimulación que me pusiera más caliente.

    Un verano, en una de esas pocas noches en que no alcanzó a encenderse la pasión, estuve despierto un rato esperando que la erección pasara.

    De una manera involuntaria Gabriela se acomodó haciendo su trasero hacia mi cuerpo encontrándose a mi hambriento pene erecto, como un reflejo hice un poco de presión hacia ella, empuje un poco más, un poco más, acomodé mi pene como si la fuera a penetrar, Gabriela emitió un liguero gemido de placer.

    Me quedé quieto, sentí algo de culpa, estaba cansada, era mejor dejarla dormir. En lo que pensaba esto, movió nuevamente su trasero, como si buscara nuevamente esa sensación. Puse mi mano en su cadera y empujé nuevamente, ahora con un poco de más firmeza.

    Gimió suavemente “parando” sus nalgas, presione con firmeza hacia su cuerpo, esta vez sin soltar.

    -Mmm, ¡mmm! Se siente bien Javi… métemela.

    Jalé su tanga alrededor de su nalga para dejar su entrada libre, abrí mi bóxer, saqué mi pene y lo deslicé entre sus nalgas, no quería perder tiempo bajándolos y quitándolos.

    Yo ya estaba caliente, esos jugueteos sirvieron para que mi glande estuviera totalmente cubierto de mi lubricante natural, se deslizaba fácilmente buscando penetrar una vagina que había estado fría.

    Gabriela levantó su pierna para dar fácil acceso, nuestros sexos estaban tan mojados por la posición mi pene se deslizaba sin poder penetrarla.

    Pasando su mano entre sus piernas alcanzó mi pene, masajeo un poco mi glande y lo puso en su entrada, entendí que esa era la señal para empujar, metí la punta y me detuve, su vagina estaba calientita, al sentir que me detuve contrajo su vagina y retiré mi pene. Aún no lo había soltado, ahora ella tomaba la iniciativa, empujo sus nalgas mi pene se introdujo casi entero.

    Como un caballero sostuve su pierna mientras la penetraba despacio y con firmeza, con determinación incrementando el ritmo.

    -¡Mmm! ¡Si! ¡Rico! Que dura está…

    Aceleré las embestidas que se sincronizaban con nuestros jadeos que también iban en aumento.

    Su mano ahora masajeaba mis bolas como tratando de sujetarlas el movimiento no se lo permitió, empujé con fuerza y me detuve dejando mi pene adentro de su vagina, sentí como su vagina apretaba y soltaba.

    -¡Dame más! ¡cógeme más! No te detengas Javi.

    -Querías agarrarlas, sujeta mis bolas, juega con ellas.

    Arañó suavemente mi escroto, retire un poco mi pene y volví a empujar ligeramente, lentamente para que pudiera seguir dándome ese masaje.

    Había dejado fuera del juego a esos senos tan ricos que tanto me gustan, pellizque suavemente uno de sus pezones y lo libere para sujetar su otro seno y acariciarlo recorriendo su forma.

    Reinicié lentamente mis movimientos, en uno de ellos jalé lo suficiente para sacársela, como si lo estuviera esperando lo atrapó y acomodó para que volviera a introducirlo.

    -Mastúrbame con tu clítoris Gaby…

    Pegó mi glande a su clítoris, presionó mi pene para evitar que pudieran separarse, hice pequeños movimientos, solo lo suficiente para que clítoris y glande se acariciaran. Recorrí su cadera, deslicé mi mano hacia su trasero para apretar su nalga.

    La penetre nuevamente y empezamos a incrementar el ritmo, entre en ella una y otra vez, nuestros jadeos rompían el silencio nocturno de la habitación.

    -Ya, Javi ya, ya, siénteme, aaah… mmmh… es para ti Javi… ¡AAAH!

    Su cuerpo vibraba, su espalda se arqueaba pegando con fuerza sus nalgas hacia mi cuerpo. Su respiración se entrecortaba con sus gemidos.

    -Vas Javi, vas… vente…

    -Un poco más Gaby…

    -Cuando quieras venirte amor, que rico…

    Seguí bombeando, ahora con más fuerza, con más determinación ya la había llevado al orgasmo, lo que pasara ahora sería ganancia.

    Puse mi mano en su hombro para empujarla mejor, bajé mi otra mano a su cadera, jalándola hacia mi desinhibido pene.

    Mis gemidos y los sonidos de sus nalgas chocando contra mi cuerpo se incrementaban. Eso me excitaba aún más.

    De repente Gabriela de manera impertinente interrumpió.

    -Ah Javi, otra vez, sigue, dame duro…

    -Espera un poco…

    -Ya, ya estoy, no te tardes…

    Los movimientos de su mano frotando su clítoris rozaban a ese entrante y saliente pene juguetón.

    -Ya casi Gaby apriétalo…

    -Si Javi, dime cuando mi amor… Ya no puedo más, me vengo… Lléname Javi…

    Como pude contuve un poco mi orgasmo, esperaría a que ella terminara de venirse. Tan solo sentí su cuerpo que se estremecía y escuché unos gemidos ahogados, como silbantes.

    Sin dejar de jadear su cuerpo empezaba a relajarse.

    -Lléname amor… vente Javi.

    Embestí un par de veces con fuerza, quedé inmóvil dejando mi pene adentro de Gaby, movió sus caderas para tomar el control, ahora ella se encargaba de mi placer.

    -Ah, así Gaby… que rico… ¡YA… YA!

    -Lléname… aah siento tus chorros calientitos… que rico amor…

    Mantuve mi cuerpo pegado al suyo, no la solté hasta que inevitablemente mi pene no pudo mantenerse adentro.

    -¿Qué me hiciste? Estuvo delicioso.

    Contesté intentando ser romántico; El amor Gaby…

    Alcanzo mí ya flácido pene para acariciarlo suavemente.

    -Esa fue una gran cogida Javi.

    Se incorporó para alcanzar la caja de pañuelos de su buró, puso un par entre sus piernas y tomó otro par para limpiar mi pene. Su cabello caía sobre su rostro sonrojado y sonriente.

    Desechó los papeles, regresó a la cama, se acostó de lado.

    -Abrázame Javi…

    Tarde un poco en dormirme, reflexionaba en lo que había pasado, estaba cansada y aun así despertó con total disposición. La diferencia fue pegarme a ella con el miembro erecto.

    Al amanecer desperté antes, ella dormía de lado, yo estaba boca arriba. Pensé en mi teoría, ¿fue coincidencia o podría volver a pasar?

    Estimulé mi pene, contemplando su espalda y su trasero facilitaron mi erección.

    Lo desenvainé de mi bóxer, me acomodé junto a ella cuidando de no despertarla, apunte hacía en medio de sus nalgas, presioné suavemente y solté, repetí un par de veces, un poco más fuerte en cada movimiento.

    ¡Ocurrió nuevamente! “paró” su trasero, dirigió sus nalgas hacia mi cuerpo haciendo que mi pene resbalara escondiéndose entre sus muslos.

    -Qué rico… mmh, ¿quieres más Javi?

    Sujeté mi pene para ponerlo a la altura de su entrada y presioné nuevamente.

    -Si quieres hacerlo levanta la pierna como ayer Gaby.

    Las cosas pasaron nuevamente casi como si fuera una repetición dirigida por un guion.

    En la noche ya dispuestos a dormir decidí intentar nuevamente, debía experimentar por la ciencia. Mi pene no estaba tan firme como las dos veces anteriores, aun así, era suficiente para presionar con firmeza la entrada de Gaby.

    Gimió, levantó su trasero y me pidió hacerlo. Tanto tiempo de casados y no conocía ese secreto, algo tan simple la encendía una y otra vez. Obtuve un gran poder, y debía ser responsable como decían en una película.

    En ocasiones posteriores tuve la oportunidad de constatar que era una acción infalible, presionar mi pene duro contra su entrada en esa posición la ponía caliente. En cuanto levantaba su trasero no había vuelta atrás.

    Como casi siempre en la vida, debe haber un punto negativo. Debía evitar abusar de ese secreto, dejar que las cosas también fueran espontáneas y no solo a mis antojos.

    El mayor problema ahora era evitar ponerme caliente Cada vez que me dijera: “Abrázame Javi…”.

  • Así inicié a mi mujer

    Así inicié a mi mujer

    Dicha historia trata del afán e ingenio que puede aflorar en una persona con el simple fin de forzar situaciones para suplir morbos y fantasías.

    Quise realizar un juego.

    Como decía mi madre, “en la guerra y el sexo todo se vale”.

    No coincido mucho con la frase pero entiendo lo que quiere expresar.

    Mi mujer es hermosa, tenemos 50 años, preciosas piernas, tetas medianas pero redondas con unos pezones que me encantan chupar.

    Su culo se lleva el premio, esta para cogerlo todo el día.

    Pero soy humano, y no me basta.

    Tengo otras fantasías.

    Personalmente una de mis fantasías sin cumplir era bastante sencilla, lograr realizar un trio con mi mujer, y otro hombre o sea un HMH.

    Ella nunca menciono nada al respecto, pero si le gustaba que la penetrara doble con el amiguito el de goma, pero a veces solo hace falta un pequeño empujoncito.

    No quería realizar de la forma tradicional esta petición a mi mujer.

    Mis maneras nunca fueron las directas, siempre el “trabajo de hormiga” me dio resultados, tengo la paciencia necesaria para llevar una situación hacia el punto que deseo.

    Me siento mas cómodo en este rol.

    Sin dudas ella ya me conoce, y sabe de mis delirios de manipulador, pero siempre hay una abertura por donde entrar a ese inocente lugar donde todo parece real y fortuito y no parte de un plan.

    Decidí que la mejor opción era empezar por tratar de armar un trio con otro hombre y follarla entre los dos.

    En principio fui metiendo ideas en su cabeza, como mensajes subliminales, pero más directos.

    Me encargue que cuando estábamos teniendo sexo, y notaba que estaba en un momento de mucha excitación, hacerle discretas, disimuladas, pero muy calientes, pequeñas menciones de lo necesario que sería una segunda pija. Yo, no quería que ella piense que yo tenía una fantasía que ella no me podía cumplir, pues tal vez, resultaría frustrante.

    La idea es que ella sintiera la necesidad y el deseo de ingresar a ese juego.

    Para ser sincero, quería que ella me lo pida.

    Quería que me pida otra polla mas follándola.

    De esa manera yo sería el que accede a una fantasía que ella creería que es de ella, pero en realidad es mía. En situaciones en las que se la estaba poniendo mientras estaba en cuatro sobre la cama, con el consolador, le exclamaba si no le gustaría en ese momento tener una pija en la boca, de carne y afirmaba excitada y gimiendo, posiblemente relamiéndose imaginando justamente lo que proponía.

    Cuando estaba recostado y ella encima mío la invitaba a imaginarse que es tomada por su cintura con una mano, y con la otra jalada suave pero firmemente del cabello y se lo ponían por el culo mientras yo me la follaba y le chupaba esas hermosas tetas.

    Todo surte mayor efecto cuando se aplican las menciones en estado de clímax.

    En ese momento puedes mencionar que quieres que la folle un elefante y te va a decir que la polla del elefante es hermosa.

    Yendo hacia otra dirección en la historia comencé con el objetivo.

    En principio le comenté durante algunos días lo contracturado que me sentía y de lo bien que me vendría un masaje.

    Acto seguido afloraba mi generosidad y le invitaba a que ella también sea parte del masaje, que la notaba con muchos nudos y que de seguro le vendría muy bien.

    Al cabo de algunas semanas ella sentía la necesidad de un masaje.

    Y era justamente por ese lado donde llevaría direccionada mi fantasía.

    Lo emocionante estaba comenzando, organizar toda la puesta en escena e imaginar el final me calentaba mucho.

    Opte por buscar masajista hombre en una página web de scorts.

    Encontré lo que buscaba.

    Era un muchacho de cabello rubio pero rapado casi al ras, arito en su oreja, alto, de muy buen físico, con un gran tatuaje en su espalda que hacia un giro hasta la pelvis.

    Según su info era algo más dotado que yo (no mucho más).

    Era estéticamente la persona que estaba buscando.

    En principio nos contactamos por whatsapp y le hice un resumen de lo que estaba necesitando de sus servicios.

    El juego consistía en que mi mujer iría allí suponiendo que él era un masajista tradicional.

    Él debía realizarle un masaje descontracturante en todo el cuerpo, siempre sin forzar ninguna situación.

    La idea era que el la caliente al punto de que ella quiera que se la folle.

    Le explique que todo esto era parte de una fantasía y me respondió que no hacía falta que se lo aclare, que estaba bastante acostumbrado a lidiar con situaciones de este tipo, y que muchas veces recibía propuestas mucho mas insólitas.

    Muy profesional.

    Ahora debía encargarme del “masaje” desde la perspectiva de mi mujer.

    Le comenté que había estado averiguando pero que aún no había decidido nada.

    Acepto luego de una leve insistencia.

    Me pidió que antes llame y me cerciore de que todo estaba correcto con el lugar y la persona.

    Al día siguiente le comenté que había llamado y que era un muchacho que se estaba iniciando en el tema, que por el momento atendía en su casa porque estaba poniendo a punto un salón, y que me dio referencias para que llame a clientes y me asegure de la calidad de su trabajo.

    Todo esto dejo más que conforme a mi mujer.

    Le aclare día y hora a la que debía ir.

    Llego el esperado día.

    Llego por la tarde de trabajar y ella se estaba bañando para pasar a retirarse rumbo a su masaje.

    Le mencione que lleve ropa cómoda.

    El clima estaba caluroso.

    Le hice saber que seguramente allí le darían una bata o la taparían con algo, que no tenga pudor y lleve la menor cantidad de ropa posible.

    Me hizo caso, se puso una musculosa blanca, una tanga hilo pequeñísima (me pregunto cual se ponía y le dije serio que esa estaba bien, aunque por dentro tenía placer de demonio con que llevara esa tanga), un short vaquero, y zapatillas botitas.

    Tomo su cartera y salió rumbo al encuentro.

    Y me quede mirando televisión y tomando mi cerveza hasta que termino de ducharse, fue a la pieza y volvió a la mesa solo con una tanga y su corpiño.

    Comimos mientras miramos una película.

    Al terminar de comer, le dije que me daba un baño y me iba a acostar.

    Respondió que me esperaba en la cama.

    Salgo del baño totalmente desnudo, ella se encontraba acostada con su móvil.

    Me recuesto, deja el móvil en la mesa de luz, se arrodilla en la cama, y empieza a bajar hasta ponérsela en la boca.

    Me la chupo perfecto.

    Fueron como diez minutos que la chupo sin parar un segundo.

    Para cuando se subió encima mío estaba completamente mojada.

    La manoseaba y le hacía correr flujo por todo el culo, el dedo patinaba y entraba suavemente.

    Prácticamente no me dejo hacer nada, me folló como quiso.

    Todo lo hizo ella.

    Estaba muy pero muy caliente.

    Para cerrar una cogida hermosa me pidió que le llene la cara de leche, lo cual obviamente no me negué, y la hice recostar me puse encima de su cara masturbándome mientras con la cabeza le acariciaba los labios y le mojé toda la cara.

    En ningún momento hice ninguna mención de las que acostumbraba sobre otro más que se la folle junto conmigo. Al día siguiente cuando llegue del trabaja

    A la noche follamos y ella estaba muy caliente, le susurro si no le gustaría, justo en ese momento que me la estaba follando en cuatro, tener otra polla metida en la boca.

    Me dice que le encantaría ahora una polla en la boca.

    Le empiezo a dar cada vez mas fuerte diciéndole lo mucho que me calienta cuando me dice que quiere otra polla, y empieza a decirme que si me calienta que le consiga otra, que quiere dos pollas follándola.

    Saco mi polla y le tiro todo en la espalda, para luego desparramárselo como aceite y masajearle la espalda

    Me imagino lo que se le habrá venido a la cabeza.

    Al día siguiente contacte a un masajista, y me puse a cuadrar con el para el día que llevaría a mi esposa.

    Esta vez diciéndole que la intención era ir yo, que ella me acompañe y en fin, follárnosla.

    Acepto sin pensarlo.

    Se lo propuse como una oportunidad de tal manera que el parezca el beneficiado, y funciono.

    Accedió a hacerlo sin cobrar.

  • Me estrenaron (4): Manuel

    Me estrenaron (4): Manuel

    Luego de haber sido enculado dos veces, probado y chupado tres hermosas vergas y haberme bebido el semen de dos de ellas, recostado de costado en la colchoneta, cansado y un poco adolorido, sentí ganas de ir al baño.

    – Puedo ir al baño? – pregunté.

    O más que preguntar, pedí permiso de forma instintiva, tal vez por estar en un salón de clases en donde siempre se pide permiso para salir. O tal vez había surgido en mí de manera inconsciente un comportamiento natural sumiso. El caso es que la pregunta salió con una voz delgadita, mirando a todos, como un perrito que aún no identifica quien es o será su dueño.

    Todos me miraban, pero nadie respondió, así que levantando la cabeza y moviéndola de lado a lado, mirándolos expectante volví a preguntar con una vocecita temblorosa de niño (o de niña):

    – ¿Puedooo ir… al bañooo? – insistí con un tono que sonaba a suplica.

    – Está bien, pero hazlo rápido – comentó Gabriel.

    – Apúrate que me toca meterte la reata a mi – dijo Manuel con una leve sonrisa a la que correspondí con una sonrisa igual, como muestra de mi gratitud.

    Me acerqué a tomar mi pantalón, pero no me dejaron. No me dieron permiso.

    – Vete así para que no te tardes, está sola la escuela y nadie te verá – escuché de nuevo a Manuel.

    Sumiso, obediente y sin protestar, salí del salón completamente desnudo y crucé el patio grande, porque los baños estaban hasta el otro extremo. Me hubiera ido corriendo, pero apenas podía caminar, así que con las piernas temblando y sin abrirlas demasiado, me fui caminando apurado con pasos cortos, porque aún sentía punzadas en el culo además de las ganas que traía de orinar y cagar.

    No había nada de qué preocuparse, como habían comentado, la escuela estaba vacía y sentía al caminar el viento leve que acariciaba mi cola, una libertad deliciosa que duró poco, solo el trayecto de cruzar del salón hasta los baños.

    No había espejos, no había forma de mirar mi estado. Y no es que me sintiera mal, dañado ni lastimado, simplemente tenía curiosidad. Me daba la impresión de que tenía un boquete enorme considerando el tamaño y grosor de la verga que me acababan de meter minutos antes. Pero ya no me dolía, las punzadas eran más bien contracciones automáticas que fueron aminorando cada vez más.

    Fui a sentarme en la taza del baño y empezó a salir mierda y leche de mi culo de una forma suave y constante, como puré, acompañado de gases con poco ruido como de globo desinflándose o llanta ponchada.

    Si cuando te meten el garrote se siente como “cagar pa´ dentro”, evacuar después de coger es agradable, el culo abierto hace que lo que sale fluya libre, sin necesidad de pujar o forzar su salida. Ahí descubrí algo más que ignoraba hasta ese momento, cagar se siente parecido a cuando te sacan la verga del culo y eso es algo que, desde ese día, siempre que voy al baño, me produce un recuerdo placentero.

    Tenía un poco de extrañeza de que mi verguita minúscula no se ponía dura ni se paraba, parecía muerta. A pesar de sentirme caliente, la excitación me producía punzadas en el culo, pero adelante nada.

    ¿Como hacían los demás para ponerla dura? ¿Había alguna técnica? ¿algún secreto? ¿lo aprendería con el tiempo? ¿Había nacido para ser putito y no lo sabía? A mi me gustaban mucho (y me siguen gustando) las mujeres ¿Debía aceptar que mis amigos eran machos y los delicados como yo éramos de naturaleza distinta?

    A pesar de tener tantas dudas, lo curioso era que no me molestaba eso, ni le di tanta importancia. Las emociones placenteras de ser sodomizado, acariciar y mamar, hasta el momento tres instrumentos de hombre y beber su delicioso semen llenaban mi mente casi por completo.

    Me levanté y luego de limpiarme con papel seco, humedecí un poco para limpiar mejor mi cola por fuera y un poco por dentro, solo para sentirme más fresco.

    Cualquier dolor que había experimentado un poco antes se había esfumado y saberlo me proporcionó tranquilidad y alegría. Estaba viviendo un momento único y fabuloso, no había ninguna razón para detenerme ahora, aún faltaban dos vergas que mi cuerpo tenía que conocer, con todo el sentido bíblico que significaba “conocer”.

    Así que me di prisa y con ansiedad, casi corriendo, regresé al salón con una enorme sonrisa en mi rostro y el brillo en mis ojos. Me instalé de nuevo en la colchoneta y sin que nadie me lo pidiera, me arrodillé con las piernas un poco abiertas y exclamé con júbilo:

    – ¡Estoy listo! ¿Quién sigue?

    Como si se hubieran puesto de acuerdo y tal como me lo había anunciado antes de ir al baño, Manuel se quitó los zapatos, subió a la colchoneta, se quitó el pantalón y se acercó a mí.

    Ya tenía su verga parada y al estar de pie frente a mí, quedaba a la altura de mi cara. No tuvo que decirme ni pedirme nada, estiré mi mano izquierda para tocarla y acomodarla frente a mi boca comenzando a lamerla, como un helado, descubriendo con mi lengua su textura, su sabor, percibiendo su olor penetrante, diferente a las anteriores pues como ya comenté, todas son diferentes. El sabor y el olor de esta era más fuerte; un olor penetrante que no lograba asociar con alguno conocido. Tal vez se debía a que Manuel era mayor que nosotros y, con la edad, las vergas maduran como los buenos vinos.

    Había otra notable diferencia, la cual también debía ser por la edad. Percibí que estaba frente a una verdadera reata de hombre, sus rugosidades y venas saltadas le daban un aspecto más rudo, no que fuera mucho más grande, sino más bien algo parecido a los árboles, el tronco más grueso, la cabeza más ancha y todo el garrote mucho más duro y firme que los anteriores.

    Manuel tenía agarrada mi cabeza, mi lengua recorría desde el tronco hasta la punta de su verga y sentía como latía ante cada lengüetazo, abrí más la boca y me la enterré un poco más profundo, hasta donde pude, luego la volví a dejar salir para reconocer toda su longitud pasando por mis labios hasta llegar a lo profundo de mi garganta.

    Era una verga cabezona, tenía el glande gordo y picudo, no como el de Andy que parecía hongo, sino más bien como punta de flecha. La naturaleza es sabia, me imagino que este tipo de verga se diseñó para entrar y quedarse atorada adentro, habiendo más seguridad de preñar con su semilla.

    Pero a mí no me preocupaba ni lo uno ni lo otro, no podía preñarme y por supuesto en ese tiempo yo aún no entendía que, la forma de punta de flecha también se atoraría en mi cola una vez que entrara.

    Así que emocionado y ansioso, en movimientos rápidos, sin esperar a que me lo pidiera dejé de chupar, le di la espalda, me puse en cuatro, sujeté mis nalgas con ambas manos, me abrí el culo y le dije:

    ¡Cógeme Manuel, quiero sentirte!

    Pero no lo hizo. No de inmediato.

    Al saberse dueño de la situación, procedió a colocarse tras de mi con calma, posando una mano en mi espalda y la otra por debajo de mí, deslizándola de mi cintura a mi abdomen, acariciando la zona de mi ombligo y subiéndola hasta mi pecho, sobando mis tetillas que inexplicablemente se endurecían al tacto. Con su verga apenas punteando mi cola, como dándomela a desear, lentamente, sin prisa, provocándome.

    ¡P-Por favor, c-cógeme! Méteme la verga Manuel, ¡Quiero sentirte dentro de mí!

    Comencé a rogarle ya sin ningún pudor o vergüenza de que todos supieran que estaba desesperado y deseoso de ser penetrado de nuevo. Y volví a asumir el papel de nenita, la voz aguda, rasposita y jadeante como había descubierto que les gustaba.

    En muy poco tiempo, en un solo día, me descubrí a mí mismo siendo toda una putita caliente, deseosa de complacer un hombre, satisfacer un macho, ser dominado y tratado como hembra complaciente y, aunque me parecía que Manuel se estaba haciendo del rogar, no era así; él tenía experiencia, nosotros no. Él sabía que el sexo era más que meter y sacar, era crear expectación con juegos previos de calentamiento para aumentar el placer y el deseo.

    – No sé si te va a caber mi verga – Me dijo.

    Frotaba suavemente mis pezones con una mano, mientras con la otra acariciaba mi abdomen desde el ombligo hasta mi verguita diminuta en la que se sentía una pulsación insignificante, que seguía como muerta, sin endurecerse ni por casualidad. Luego alternaba el uso de sus manos, una debajo y otra arriba, sobándome desde la espalda hasta la rayita de mi cola o amasando mis nalgas. Tanta frotación me calentó descontroladamente y me hizo rogarle por tercera vez.

    – ¡P-por favor C-cógeme! ¡Yaaa… Méteme tu verga! ¡Sí me cabe! ¡Ya la medí con mis manos y con mi boca y sé que si me va a caber!

    – Te va a doler, te va a hacer llorar ¿O crees que la aguantarás como los machos? -señaló.

    – ¡Siii – yo la aguanto! ¡Te prometo que no voy a llorar! ¡Necesito que me la entierres yaaaa! – era mi ruego que no sé de dónde surgía.

    Y entonces empujó mi espalda hacia abajo para posar mi pecho en la colchoneta y hacerme levantar más el culo.

    Hacia rato que la palpitante cabeza punteaba la entrada de mi orificio anal, así que, sin retirarse, con sus manos separó mis nalgas y me dio una estocada sorpresiva metiéndomela como flecha (valga la redundancia) y dejándola momentáneamente ahí, en la entrada del culo, pero por dentro.

    – ¡Uuuu aaaaah!

    Lo que siguió fue un dolor sorpresivo e intenso, que nació en el culo y subió hasta mi garganta; que tensó mi cuerpo y acalambró mis piernas.

    – ¡Aaaaaw!

    Con mis quejidos logré reprimir los gritos, cerrando fuertemente los ojos, con la boca abierta en señal de sorpresa, aguantando la presión que hacía la cabeza de su verga dentro de mí, presión hacia dentro y hacia afuera, metida y enganchada al interior de mi culo. Lo que me estaba introduciendo en el trasero no era una verga como las anteriores, lo sentía como un palo grueso y caliente atorado dentro, sin posibilidades de que saliera si yo pujaba.

    Me tenía sujeto de las caderas, pero sin presionarme, mas bien como caricias, moviendo alternadamente una u otra mano de mi cintura a mis nalgas, frotando, y dándome ánimo.

    – Ya bebé… ya pasó lo más difícil, lo lograste. Respira profundo y lento, para que te relajes y tu cuerpo se adapte a lo que sigue. Eres muy elástica, ya sabes que tu precioso culito es muy tragón. Yo creo que si naciste para ser enculado. Vas a ver que si te adaptas a mi verga te adaptas a cualquiera.

    -¡Siii… Aaaah! ¡D-duele un p-poco! Pero se siente bonito. ¡M-me gustaaa tenerla adentro! ¡Pero déjala así un ratito, no la muevas porque me duele!

    Así estuvimos como dos minutos y dándose cuenta por mis movimientos circulares de cadera que yo estaba más calmado y receptivo, fue empujando su verga hacia adentro suavemente y esta se deslizó como las anteriores, como cuchillo en mantequilla, provocándome sensaciones indescriptibles de dicha y éxtasis.

    Aquello era maravilloso, una verga en el culo, una vez que el dolor cede, es algo glorioso. Quienes lo han experimentado saben de lo que hablo. Aquellos que nunca lo han sentido, no saben de lo que se pierden.

    Ya con la verga enterrada hasta el fondo, con sus huevos pegados a mis nalgas, comenzó a meterla y sacarla rítmicamente; yo empujaba mi cola hacia él y apretaba su verga cuando podía con mi esfínter, tratando de que ese maravilloso instrumento masajeara por dentro sin salir de mi cuerpo.

    Era la cuarta verga en un solo día y al igual que las otras también me sentía orgulloso de que era toda mía ¡Yo era su dueño! Ellos podrían considerarme como su objeto, su juguete, su nenita, su muñequita, su putita… o lo que ellos quisieran de mí, pero el que estaba en el paraíso era yo.

    Las embestidas que me daba se deslizaban adentro con facilidad. Por alguna razón se sentía bastante lubricado. No era caca, eso lo supe cuando fui al baño; es como si yo tuviera fluido o lubricante natural dentro del ano parecido al líquido preseminal, producido por mi cuerpo para amortiguar el dolor y para disfrute de los machos que quisieran cogerme.

    – ¿Te gusta putita? ¿Vas a ser mi mariquita desde ahora?

    Expresaba con su voz grave y rasposa, sujetando fuertemente mis caderas, apretándome a su cuerpo, moviéndose cada vez más rápido, con el sonido producido por el choque de su pubis con mis nalgas, casi en forma violenta, mete y saca más rápidos, deteniéndose al fondo de la estocada con su verga completamente adentro de mí, unos segundos cada cierto tiempo, como controlando su deseo de eyacular.

    – ¡Ahhh! ¡Siii!

    No podía hablar, estaba extasiado, en otra dimensión, y empezaba a desear que descargara su semilla dentro de mí. Yo sabía cómo hacerlo, mi técnica se estaba perfeccionando gracias a la práctica.

    Por largo rato, Manuel me disfrutaba, repitiendo su estilo de movimientos rápidos entrando y saliendo, descansando cada cierto tiempo para no venirse. En cambio yo, en cada movimiento de él, al meter y sacar su palo de mi hoyito, apretaba ese mástil fuertemente y lo soltaba de manera constante en cada penetración, mis contracciones lo estaban masajeando con tanta habilidad que no pudo aguantar más y estalló en chorros de leche caliente muy dentro de mí.

    – ¡Aaaah! ¡Mamitaaa! ¡Que putita tan rica! ¡Eres toda una profesional!

    Exclama totalmente pegado a mi cuerpo mientras descarga chorros y chorros de semen que yo sentí delicioso y caliente dentro de mi culo.

    – ¡Aaaah! ¡Siii papiii! ¡Graciasss! – Exclamé en una sensación en ese tiempo desconocida para mí, que hoy sé, se trataba nada más y nada menos que de ¡mi primer orgasmo!

    Mientras esto sucedía, empecé a darme cuenta que me calentaba y llenaba de placer el hecho de complacer y satisfacer a los hombres, a los machos; saber que los llevaba a la gloria y me adueñaba por momentos de su mente y de su cuerpo. Cuando me estaban poseyendo, no existía nada ni nadie a su alrededor, solo yo… yo era su centro de atención, su reina, su único motivo de felicidad.

    Eso me excitaba, me calentaba y me llevó a zonas desconocidas de sensaciones y emociones… ¡eso era felicidad absoluta!

    Después de un rato de descargar y depositar su semen en mi interior, se destrabó de mí y al hacerlo, al desclavarme su cabeza de flecha, ésta se desatoró con dificultad provocándome un leve dolor, algo incómodo por lo sensible que tenía el culo, hasta que luego de varios intentos por fin salió con un ¡plop! Dejándome la sensación de tener el hoyo como una caverna enorme, sintiendo en la entrada un aire fresco, mientras un hilo de leche salía de mi ojete abierto.

    Manuel se levantó, caminó frente a mí, alzó mi cabeza y me hizo limpiarle la tranca con la boca. Se la chupé un poco sin esmerarme demasiado, no se trataba de hacer una buena mamada; esta vez era sólo un ejercicio de limpieza. Luego de un minuto se retiró y yo recosté de nuevo mi cabeza en la colchoneta, con el culo totalmente levantado y las piernas abiertas, disfrutando las sensaciones posteriores a la fabulosa cogida de Manuel.

    Hubiera querido quedarme así, dormirme un rato… soñar y recrear todo lo vivido hasta el momento, pero quedaba una tarea por delante. Aún faltaba una verga por palpar, sentir, conocer y disfrutar. Yo lo sabía, ellos lo sabían y, aunque era parte del trato que hicimos, yo ya no pensaba para nada en que al final me tocaría de acuerdo a lo acordado, cogérmelos a todos. Ya no era algo que ocupara espacio en mi mente. Estaba bloqueado desde que me di cuenta de que mi verguita no reaccionaría ante nada, por más caliente que estuviera.

    Así que resignado y sumiso, sólo les pedí unos minutos para reponerme, para recuperarme y seguir con lo que faltaba.

  • Una sorpresa muy gorda

    Una sorpresa muy gorda

    La noche del sábado con los chicos había sido corta. Quería trabajar en la oficina en casa el domingo y me fui poco después del partido de fútbol.

    Llovía y, por supuesto, era imposible conseguir un taxi. Me estacioné en un portal y probé una y otra vez en la central de taxis. Había otros a mi lado intentando hacer lo mismo.

    Al final, ¡tuve suerte! Un taxi estaba libre. Di mi dirección y me quedé encantado. Una joven, que también se había refugiado de la lluvia, se acercó.

    «Hola, dime, la dirección a la que vas está cerca de mí. ¿Podrías llevarme?».

    «Claro, ¿por qué no? Será más barato para todos».

    Llegó el taxi y subimos los dos, bastante empapados.

    En el coche, nos quitamos rápidamente las chaquetas y no pude evitar mirar sus largas piernas.

    Miré un momento de más, porque ella me vio, se inclinó y susurró: «Bueno, ¿te gustan mis piernas?».

    Sonreí un poco tímido.

    «¿Quieres saber lo que tengo entre las piernas?».

    Obviamente ella no parecía nada tímida, yo seguía sonriendo, pero empezaba a ponerme caliente.

    Entonces, de repente, cogió mi mano derecha y la metió entre sus piernas.

    Esperaba sentir su coño mojado, pero allí había algo duro y grande.

    «No te sorprende, ¿verdad?», dijo ella. «Me llamo Paulina los sábados por la noche. ¿Vamos a tu casa o a la mía?»

    Yo no sabía qué hacer. Nunca había tenido sexo con una transexual. Pero mi pequeño amiguito entre mis piernas me indicó el camino y me puse duro como el acero.

    «Vamos a tu casa», dije excitado.

    Diez minutos más tarde, estaba sentado en el sofá de Paulina.

    Pareció que ella no tenía tiempo que perder, ya estaba tiesa en el taxi.

    Se bajó la falda, no llevaba bragas.

    Allí estaba su preciosa polla y me dio un poco de miedo. Probablemente tenía 20 centímetros de largo y era grueso, bastante grueso.

    Paulina se puso de pie en el sofá y me metió la polla en la cara.

    Luego simplemente empujó su pene en mi boca.

    Wow. Así que esto es lo que se sentía al ser follada por la boca.

    Aparentemente no hice un mal trabajo -sólo un minuto después Paulina gimió y sentí líquido caliente en mi garganta- un montón de esperma.

    «No me he corrido en quince días, tengo los huevos bastante llenos».

    No hizo ningún esfuerzo por sacarme la polla de la boca, sino que siguió follándome. No tuve más remedio que tragar.

    Cogió su polla con la mano y apretó.

    «Tu boca también es perfecta para dejarme la polla bien limpia, lame el semen de mi capullo».

    Como en trance, le limpié la polla y me lo tragué todo.

    Pero Paulina aún no había terminado conmigo.

    «Quiero tu polla en mi culo» me dijo.

    Simplemente se dio la vuelta y vi sus largas piernas delante de mí y su culo bien tonificado.

    Se echó hacia atrás y abrió su culo.

    Esta vez no pude contenerme. Separé sus nalgas y lamí su dulce agujero.

    Cuando todo estaba mojado, dijo: «Y ahora ábreme con tus dedos».

    Introdujo con cuidado un dedo en su agujero, que luego desapareció por completo en su culo.

    «Más», me dijo.

    Escupí en mis dedos y le metí tres en el culo. Su agujero estaba muy apretado y caliente. Quería meterle la polla por el culo.

    Ya tenía el culo bastante dilatado. Paulina se sentó encima de mí. Mi polla tampoco es precisamente pequeña, pero obviamente no era un problema para su culo. Deslizó lentamente su músculo anal sobre mi pene, cada vez más profundo, hasta los huevos.

    Nunca había tenido una sensación tan apretada en mi polla.

    Estaba tan caliente. Tiré a Paulina de espaldas en el sofá y volví a meterle la polla en el culo.

    Por su sonrisa, me di cuenta de que estaba disfrutando.

    Su gruesa polla ya estaba dura de nuevo.

    Aquello era demasiado para mí. Empujé mi pene con fuerza en su culo hasta el fondo y sentí mi esperma caliente vertiéndose en su coño de shemale.

    «Como puedes ver, yo también la tengo dura», dijo.

    «Déjame mimarte el culo»

    Tengo que decir que sentí cierto respeto. Pero después de no haber hecho un mal trabajo con la boca, quería llegar hasta el final.

    «Tengo algo para ti», dijo Paulina, sacando bolas anales del cajón.

    «Arrodíllate, estira el culo hacia arriba y relájate”

    Estaba de rodillas en el sofá, a cuatro patas, cuando noté que Paulina me echaba abundante lubricante en el culo.

    Luego me introdujo la primera bola anal, que era bastante pequeña y se deslizó enseguida.

    Luego la siguiente, luego la siguiente. Ya la cuarta me costó, Paulina se dio cuenta.

    «Si quieres sentir mi polla en tu culo, tendrás que aguantar un poco más».

    No sé exactamente cómo, pero me metió las seis bolas en el culo.

    Luego empujó su pene en mi boca de nuevo y dijo «Haz que mi polla sea húmeda para tu agujero»

    Dicho y hecho.

    Paulina me sacó las bolas del culo y me cogió la mano. «Métete unos dedos en el culo y verás lo bien que está estirado».

    De hecho, pude meterme tres dedos en el culo sin problemas.

    «Ahora haz sitio para algo de verdad», me dijo y noté que su capullo me tocaba el ano.

    Esta vez Paulina se tomó su tiempo. Primero mi agujero se tragó su capullo y después introdujo el resto de su enorme polla. Hasta los cojones. Estaba llenísimo.

    Volvió a sacar toda su polla y enseguida volvió a metérmela hasta el fondo del culo.

    «Esta es la mejor manera de entrenar tu músculo anal, quiero tenerte en forma para la siguiente vez».

    No sé lo abierto que tenía el culo cuando Paulina por fin se corrió.

    Hecho su semen caliente por todo mi culo y mi agujero.

    Luego me dejó volver a lamerle la polla y nos quedamos dormidos en el sofá.

    Por supuesto, no funcionó con el trabajo en el escritorio al día siguiente. Tenía problemas para sentarme…

  • La sumisión de la viuda

    La sumisión de la viuda

    Ana se quedó viuda muy joven, su marido falleció en un accidente de tráfico y ella y su hijo Luis se mudaron a la costa, tenían un chalet en una urbanización que utilizaban como segunda residencia y allí iniciaron una nueva vida.

    Ana hizo amistad con su vecina una chica llamada Nadia, era de ascendencia alemana muy joven de unos 28 años y su hijo se relacionaba con un amigo suyo: Carlos de unos 23 años y estudiante de informática y que iba mucho por su casa. Luis su hijo de 21 años empezó a ir a la universidad y se desplazó a la ciudad y se instaló en el piso que tenían allí y Ana se quedó en el chalet sola, ya habían pasado 9 meses del accidente de su marido y Ana empezó a descubrir las infidelidades de su marido y un día acudió a casa de su vecina y le conto que estaba muy sorprendida por las infidelidades y se tomaron una botella de vino.

    – Has de empezar una nueva vida – le animo Nadia – eres una mujer joven y atractiva

    – A lo mejor tienes razón, pero todavía no estoy preparada – se excusó Ana llorando

    Nadia se levantó y abrazo a Ana y sus manos le masajearon la espalda, Ana sintió que un extraño escalofrío recorrió su cuerpo

    – Lo primero que has de hacer es echar un buen polvo – le dijo Nadia – y que te quedes bien satisfecha… ¿cuánto hace que no follas?

    La pregunta arranco una sonrisa de Ana que hizo un gesto con la mano

    – Anda tonta dime… desde cuando no follas – le reprocho Nadia

    – Hace mucho tiempo, mi marido me tenía muy abandonada – contesto Ana avergonzada

    – Lo ves, así que podamos nos vamos de fiesta las dos y a ver si pillas un buen semental que te empotre – le dijo Nadia riendo mientras sus manos se deslizaron por la cintura de Ana y la mano de Nadia le araño con las uñas el brazo de Ana y le dio un pico en los labios, Ana quedo paralizada nunca había estado con una mujer y aquello le despertó mucha curiosidad y excitación.

    Aquella noche Ana se fue a dormir pensando en las palabras de Nadia y como sus caricias la habían excitado, Ana era una mujer joven, tenía 40 años y aunque estaba un poco regordeta, tenía unas buenas tetas y un buen culo, media melena pelirroja y se conservaba y cuidaba mucho, aquella noche Ana estaba bastante excitada y acabo masturbándose.

    El fin de semana Carlos el amigo de su hijo llego a su casa a esperarlo, Ana y Nadia estaban en el jardín hablando y Luis su hijo la llamo al móvil y le dijo que le había surgido un imprevisto y que no iría.

    – Mi hijo que no puede venir – se lamentó Ana

    – Pues vámonos de fiesta esta noche – dijo Nadia alegremente – os invito a cenar una pizza

    Ana tuvo que conformarse y Nadia fue a cambiarse y cuando volvió Carlos las estaba esperando y Ana estaba en su habitación cambiándose de ropa, Nadia accedió a la casa y encontró a Ana en su habitación poniéndose un pantalón con una camisa.

    – ah no – le dijo Nadia – así tu no sales… ponte un vestido atrevido

    Ana la miro sorprendida y saco del armario una falda y Nadia le regalo un gesto afirmativo y Ana se quitó el pantalón y se puso la falda.

    – Espera que te voy a buscar una camisa que te vaya bien – dijo Nadia mientras buscaba en el armario y saco una camisa y se la dio a Ana

    – Ponte esta camisa, pero quítate el sujetador – le dijo Nadia

    Ana se quedó mirando a Nadia riendo y se quitó el sujetador delante de ella y Nadia se le acerco y la acaricio

    – Mira que tetas más bonitas que tienes – le dijo Nadia mientras sus dedos le acariciaron el pezón y Ana tuvo otra vez aquel extraño escalofrío y sus pezones se pusieron duros y se apartó de Nadia instintivamente mientras Nadia la observaba morbosamente.

    – Anda vamos – le exclamo Nadia mientras le pasaba unas sandalias de tacón que Ana se puso apresuradamente

    – Oye y el amigo de mi hijo – pregunto Ana

    – Que se venga – contesto Nadia

    Ana cogió su vehículo y fueron a cenar a una pizzería y después fueron a un pub y bailaron animadamente y tomaron unos gin tonics y unos chupitos, Nadia se abrazó varias veces a Ana en la pista.

    – Que buen culo que tienes – le dijo Nadia mientras sus manos le masajeaban las nalgas – Ana quedo paralizada y no supo que responder y Nadia le dio un pico en los labios – vámonos a casa ordeno Nadia.

    Ana fue al lavabo mientras Nadia y Carlos la esperaron en el vehículo, cuando salió los busco con la mirada y los encontró esperándola apoyados en el vehículo y mientras Ana se dirigía hacia ellos, Nadia y Carlos se fundieron en un abrazo y se besaron.

    – Pero esto que es – preguntó Ana sorprendida

    Nadia se giró y la miro morbosamente, mientras Carlos se puso detrás de ella y la agarro por la cintura, Ana se quedó paralizada otra vez y Nadia se abalanzo sobre ella y sus manos le sacaron la camisa de la falda.

    – Ahora lo importante eres tú – le dijo Nadia mientras sus manos se metieron hábilmente por debajo de la camisa y masajearon sus tetas, sus dedos le acariciaron los pezones y los pellizco, lo que provocó que se endurecieran mientras Ana sufrió un espasmo y lanzo un gemido placentero.

    La boca de Nadia busco la boca de Ana y empezó a darle unos pequeños picos en los labios, Ana intentó apartarse de ellos, pero Carlos la sujeto fuertemente por la cintura y las manos de Nadia le desabrocharon la camisa y saco una teta y empezó a lamerle y morderle el pezón.

    – Por favor… no quiero dejadme – pidió Ana entre sollozos

    – Mira como tienes las tetas guarra – le susurro Nadia al oído – estas deseando que te follen

    Nadia le agarro las tetas con las manos mientras Carlos la sujetaba por detrás y empezó a morderle y pasarle la lengua por los pezones, Ana echaba la cabeza hacia atrás y gemía suave y placenteramente.

    – Vas a disfrutar mucho esta noche – le decía Carlos suavemente al oído – desde que te vi por primera vez quise follarte.

    -Por favor os lo suplico dejadme – imploro Ana – nos pueden ver

    – vamos a meterla dentro – sugirió Nadia – y Carlos hizo entrar a Ana dentro del vehículo y la sentó delante mientras él se sentaba en la parte de atrás y la sujeto por las tetas mientras Nadia se sentó en el lado del copiloto y agarro la barbilla de Ana con la mano y empezó a besarla en los labios, mientras Carlos le masajeaba los pezones.

    – Por favor os lo suplico… no quiero – sollozaba Ana mientras sus manos se agarraban con fuerza al volante.

    Nadia la seguía besando y empezó a darle la lengua y su mano bajo por la falda y le subió la pierna por encima del cambio de marchas y le quito la sandalia y el pie de Ana quedo apretando la guantera y su mano acaricio por encima de las bragas el coño de Ana, que la miro suplicándole que no lo hiciera y intento apartarla con las manos, pero Carlos la sujetó con fuerza por los brazos y por el cuello y Nadia la volvió a besar en los labios y le dio la lengua, Ana empezó a flojear y demostrar signos de excitación y saco su lengua y se dejó morrear por Nadia.

    – Así me gusta que dejes de ser una mujer rebelde – le dijo Nadia – estas poniéndote cachondita

    – Mira como tiene los pezones – dijo Carlos desde atrás – a ver si la mama decente va a ser una buena putilla.

    Ana intentó zafarse otra vez, pero la tenían muy bien sujetada y empezó a desistir, Nadia se dio cuenta enseguida que Ana empezaba a ser un juguete para ellos y empezó a apartar con los dedos las bragas de Ana que la miro morbosamente.

    – A ver como tienes el coñito – le susurro al oído mientras sus dedos recorrían la raja del coño de Ana que echo la cabeza hacia atrás y soltó un suspiro – tienes el coñito mojadito… eres una mama muy marrana.

    Carlos soltó a Ana que dejo caer los brazos en señal de entrega y se llevo una mano a la cara

    – Porqué me haces esto… balbuceaba Ana mientras los dedos de Nadia recorrían toda la raja de su húmedo coño.

    – Ábrete de piernas guarra – ordeno Nadia – Ana incomprensiblemente obedeció y Nadia le metió un dedo dentro del coño y Ana tuvo una convulsión y lanzo un grito de sorpresa

    – Tiene el coñito bien húmedo la muy guarra – le dijo Nadia a Carlos – y bien apretadito

    Nadia le abrió el coño con los dedos mientras Carlos la sujetaba por la barbilla y Nadia le metió dos dedos y empezó a moverlos de adentro hacia afuera, Ana soltó un grito mientras sus manos se agarraban al volante y su pie golpeaba la guantera.

    – Desde aquí notó como le huele el coño… es una mama muy marrana – decía Nadia

    Ana no había tenido una vida sexual muy monótona con su marido y siempre le fue fiel, pero la forma en que la trataban la estaba excitando en exceso.

    – Cada vez tienes el coñito más húmedo guarra – le susurraba Nadia – ¿te gusta lo que te hago?

    Ana miro a Nadia y le hizo un gesto de negación con la cabeza, Nadia aumento los movimientos, Ana soltó otro grito y Nadia sonrió.

    – que putita que eres… te vas a correr con mis dedos – le dijo Nadia – no vas a poder soportarlo, eres muy marrana.

    – Dejadme por favor… me estas violando… le suplico Ana

    – Pero a ti te gusta que te viole guarra – le contesto Nadia que empezó a estimularle el clítoris y Ana se retorció en el asiento y empezó a gemir fuertemente.

    – Ahora sí que estas cachonda y tienes el coñito que se te derrite – le insinuó Nadia – te vas a correr guarra.

    Ana empezó a retorcerse en el asiento y su cuerpo tembló y tuvo una sacudida y quedo temblequeando… se acababa de correr placenteramente, miro hacia los lados y al ver que no había nadie se dejó caer encima del volante y ahí se quedó en silencio durante varios minutos mientras Nadia y Carlos se besaron y sonrieron satisfechos.

    – ¿nos vamos? – pregunto Ana mientras llevaba su pie a los pedales y se ponía la sandalia

    – Vamos a tu casa – ordeno tajantemente Carlos

    Ana arranco el vehículo y empezó a conducir camino de su casa. En un semáforo se pararon y Nadia le giro la cara y la beso en los labios.

    – Te voy a comer el coñito de putita que tienes – le susurró al oído y la volvió a besar en los labios – y luego te follare el coñito tan apretado que tienes.

    Ana la miro avergonzada y siguió conduciendo, estaba muy excitada y aunque no lo expresaba ni lo decía estaba deseando volver a correrse. En otro semáforo fue ella la que busco la boca de Nadia y la beso en los labios y empezaron a morrease.

    – Eres una putita – le dijo Nadia sonriendo – voy a hacer que te corras como nadie lo ha conseguido.

  • La mujer que mi padre abandonó

    La mujer que mi padre abandonó

    Yo vivo con mi padre y su pareja, curiosamente yo me quedé con ella por cuestión de mis estudios universitarios, después de una separación temporal entre ellos.

    Al poco tiempo ella se dio cuenta de que estaba embarazada, pero mi padre no quería saber de ella. Yo la escuchaba llorar y lamentarse por las noches tal situación.

    Una noche después de haberla escuchado llorar con una amiga donde le decía lo mal que sentía y sobre todo avergonzada, toque la puerta de su habitación para platicar con ella.

    Ya ella estaba como en el sexto mes de embarazo, su vientre había crecido y la forma de su cuerpo seguía siendo muy bella, aceptando con pena que la veía hermosa con su embarazo.

    Me escuchó y me llamó…

    – entra, pero no enciendas la luz.

    Me acerqué y la pregunté si todo estaba bien que si podía hacer algo, noté que estaba en ropa de dormir, con una playera y un diminuto short no tuvo inconveniente en exponer sus hermosas y torneadas piernas, me explico lo terrible que se sentía por la situación, notando sus pezones a través de la playera que usaba, lo cual encendió mi morbo como nunca antes lo había sentido y menos por ella.

    Esta situación me produjo una erección que no pude controlar y eso me llevo a una eyaculación espontanea dentro de mis pantalones.

    Ella volteó a mirarme y de inmediato noto mi terrible erección y me dijo…

    – creo que esto es mi culpa, lo siento -mirándome de manera socarrona.

    Acto seguido me retiré, con cierta felicidad dado que después de varios meses la vi sonreír. Está por demás mencionar las 3 pajas que me hice durante la noche pensando en ella.

    Al día siguiente al llegar de mis actividades como no sabía que hacer, esperé un momento y luego fui a su habitación.

    Ella estaba con su outfit playera y short, cabe mencionar que tiene 3 tatuajes extremadamente sensuales uno en el muslo, otro en el pie izquierdo y uno mas en la parte baja de la espalda, los cuales a la luz de la calle que se colaba por su ventana se tornaban realmente excitantes.

    Me agrado verla y admirar su bello, excitante y sobre todo torneado cuerpo que el embarazo le había llevado a un grado superlativo.

    Esta situación no tardo en generarme una erección que esta vez no disimule, y le dije simplemente “hola” a lo cual ella simplemente se volteó hacia mí, sonrió, bajo mis pantalones y tomo mi pene, el cual inicio a acariciarlo de una manera sublime, sentí venirme cuando vi que lentamente se lo acerco a la boca y lo introdujo totalmente, sintiendo el éxtasis de su saliva tibia y la dulce sensación de su mordidas en mis testículos.

    Aunque estaba en un clímax total, quería mas, mis manos llegaron a sus pechos algo crecidos por la leche ya anidada en los mismo, los cuales pude ver a media luz, simplemente perfectos. Fue una delicia, cuando tuve a mi madrastra frente a mi e inicie a succionarle los pezones, los cuales me otorgaron pequeños pero deliciosos flujos del líquido en su interior, mis manos recorrieron sus enormes y redondos glúteos, mis dedos no tardaron en llegar a su clítoris, primero el medio y después el índice, continue acariciando de manera circular, la agitada reparación, el cálido aliento y los quejidos de mi madrastra cerca de mi oído me tenía un la gloria total.

    Entonces vino el momento crucial cuando se quitó el short y me dijo…

    – ven a la cama

    Y separando sus piernas me invito a que me acomodara en medio de ellas.

    Luego dijo…

    «acércate».

    Lo hice y mi miembro quedo a escasos centímetros de su vagina que brillaba por la lubricación que ya venía fluyendo, aun con algo de temor, me volvió a sonreír y me dijo:

    “no tengas miedo, hazlo, te deseo!

    De solo recordar ese momento siento venirme, como joven «responsable» siempre cargo con preservativos, en el momento de querer ponerlo en mi miembro me dijo:

    «cariño, eres mi niño, quiero tenerte dentro de mí de manera natural”

    Eso hizo que me sonrojara, acto seguido tire el condón y mire hacia abajo, encontrando su vagina, era perfecta, depilada sin un solo vello púbico, extremadamente suave, con dos labios hermosos, eso complementado con dos enormes y torneados muslos adornado el derecho con una «calaverita de azúcar» o de día de muertos para los mexicanos, unos pies con una pedicura perfecta, con esmalte negro y rayas blancas, con un tatuaje tribal adornando su empeine izquierdo, adornando su tobillo derecho una tobillera con piedras brillantes, era la escena perfecta que cualquier hombre desearía, bese sus muslos, sus pantorrillas.

    Vino el momento de la penetración, con un quejido divino de su parte, iniciamos un vaivén increíble, sus hermosas y torneadas piernas se sujetaron de manera brutal como tenazas a mi cadera, nuestras lenguas se entrelazaron de una manera épica, su saliva fue un embriagante de otro mundo fueron alrededor de 5 minutos increíbles, cuando, me dijo:

    “me estoy viniendo”

    Exhalando un quejido divino, paso seguido me susurro al oído:

    “hazlo mi niño, te toca, no te aguantes, quiero tu leche dentro de mí”, provocando la eyaculación mas intensa y abundante de mi vida, sonriendo me dijo:

    “sentí todo”.

    Al finalizar me dijo:

    “¡Gracias!, lo necesitaba”

    Aún con el éxtasis se unieron dos situaciones, mi virilidad y todo el deseo reprimido de ella, solo bastaron escasos minutos de caricias para tener mi pene erecto de nueva cuenta, fue ahí cuando tuve otra imagen sublime, la mujer de mi padre desnuda se puso a cuatro, su largo cabello castaño claro la hacía ver divina, sobre decir que las enormes caderas y glúteos que vi por la posición, eran perfectas, un tamaño ideal, sin llegar a lo grotesco, redondas, suaves con algunas líneas de celulitis que las hacían aún más excitantes.

    Dicen que la perfección radica en la imperfección, y la imagen que faltaba llego su tatuaje bajo su espalda, sexy, hizo la escena perfecta, imposible el no recorrer con mi lengua cada milímetro de estas, su piel era suave, probe su vagina, la cual había limpiado previamente, llegue a su ano, limpio, cerrado, rígido…

    Su dulce y excitante quejido cuando la volví a penetrar me llevo a la gloria, los choques de nuestras caderas era lo máximo, sus gritos indicándome que ya había alcanzado el orgasmo me llevaron al excitante deseo de llenarla con mi semen, pero… cuando estaba a punto de hacerlo me dice:

    “aún no bebé, aun no”.

    Me extrañé cuando con su mano izquierda sacó mi pene y lo dirigió hacia su ano, la lubricación había llegado ahí, me dice:

    “ya hiciste que me viniera, ahora hazlo tú, pero ahí”.

    Esta vez no fue quejido, fue un grito mezclado entre dolor y placer.

    “despacio, despacio…”

    Fueron sus palabras mezcladas con un excitante quejido, esa sensación al tener mi pene aprisionado hizo que solo la penetrara 3 veces, inmediatamente eyacule, ahora ahí. Caí rendido, ella con su hermosa sonrisa me dijo:

    “Ve a tu habitación, mañana platicamos”, introduciendo su lengua en mi boca de manera circular.

    Sobra decir que tuvimos encuentros posteriores, que en un futuro compartiré, hasta antes de la reconciliación con mi padre por el bebé.

  • Trans gorda madura me termina cogiendo (encuentro con Gaby)

    Trans gorda madura me termina cogiendo (encuentro con Gaby)

    Antes de convertirme en Isis Valeria, yo era un hombre hetero “normal”; pero en el fondo siempre tuve una fascinación por la ropa femenina y por las chicas trans y tv. A los 19 años, comencé a usar sitios webs (antes de llamarlos “apps”) buscando mis primeras conversaciones con chicas trans y tv.

    Así conocí a Gaby, una mujer trans en proceso hormonal, madura, de cerca de 50 años, gordita y de rasgos faciales gruesos, no era una belleza estilizada y abusaba del maquillaje, pero todo eso me excitaba.

    Comenzamos a intercambiar mensajes amistosos; primero pensé que no estaba interesada en mí y por eso, un poco desesperado por no saber cómo llevar la situación al siguiente nivel, le escribí directamente que me parecía muy atractiva y que me gustaría invitarla a tomar algo. Ella no era de mensajes muy largos, pero me dijo que le gustaba el plan y me dijo cómo llegar a su casa; yo, sin mucha experiencia sobre el sexo, pensé que quería que pasara por ella para ahorrarle el traslado a un café o restaurante.

    Llegué a su casa una noche de viernes y salió a recibirme muy arreglada, con una peluca rubia con muchísimo volumen, maquillaje exuberante y una falda negra corta con vuelo. Como vivía en un edificio de departamentos, la seguí con mi mirada clavada en su culo mientras subía frente a mí las escaleras. Podía ver su calzoncito negro satinado bajo su falda y se me antojaba sentir esa textura en mi cara.

    Me pasó a su sala, me invitó agua y platicamos un poco antes de besarme; yo me dejaba hacer por esas manos y esa lengua traviesa de mujer mayor mientras ella me decía cosas como “estás bien chiquito, mi amor”, “me gusta tu barbita” o me preguntaba cosas como “¿ya has estado con una chica como yo?”

    Entre besos apasionados fuimos a su cama, yo la apretaba a mi cuerpo de su cintura y nalgas. Ella, más hábil, me había quitado sin que me diera cuenta el cinturón y estaba bajando mi pantalón y mi calzón para tomar mi pene entre sus manos, masturbarme apenas unos segundos y empezar a darme la mamada de mi vida: se metía mi verga completa, la cubría con sus labios gruesos, me miraba de reojo mientras deslizaba su boca hacia atrás, sólo para detenerse en mi glande, sacar su lengua y pasarla por todo el glande, para luego abrir la boca y volver a introducir toda mi verga en ella.

    Estaba tan a su merced que no noté cuando siguió besándome alrededor del pene, en mis ingles, mis testículos, mis caderas… Así seguía besando hasta que me rodeó… de pie, a la orilla de su cama, ella estaba en cuclillas de frente a mis nalgas y comenzó a besarlas, a morderlas, a nalguearlas…

    Me decía “Tienes buen trasero”, “están muy ricas tus nalgas”, “sí estás nalgón, corazón” y, mientras hacía todo eso, comencé a sentir su lengua traviesa abrirse paso en mi ano. Una sensación de placer y miedo me invadió, pues comencé a temer que ella quisiera penetrarme y no al revés. Mis temores pronto se confirmaron: me indicó con un movimiento de sus manos que me recargara en su cama, con el culo al aire… mientras se liberaba de su calzoncito negro que despertó en mí tanto deseo. Vi su verga gorda y vieja pero muy dura acercarse a mi culo mientras ella me decía, sin ningún recato y con una voz naca: “Para el culitooo”.

    Yo no supe cómo reaccionar. Le pedí que no lo hiciera, pero mi curiosidad y lo caliente de la situación me jugaron en contra: en lugar de decirle un no tajante, le dije que, como no se había puesto condón, no me sentía a gusto dejándola entrar. “No te preocupes, corazón, estoy sana… pero a mi edad ya se me duerme si busco ahorita un condón. Ándale, te voy a cuidar y te lo voy a hacer rico”. Esto lo dijo mientras se abría paso entre mis nalgas y me sujetaba bien para que no me zafara; yo, entre el miedo de no hacerla enfadar y lo cachondo que estaba por la situación, finalmente la dejé entrar: paré el “culitooo” como me lo pidió y, aunque de momento dolió un poco, la Gaby ya estaba dentro de mí, bombeando y gimiendo con su voz cada vez más grave, diciéndome “puta”, “perra”, “puerca”… “¿Te gusta que te cojan, putito?”, “¿Quieres mecos, putito?” mientras me nalgueaba fuerte y me enterraba las uñas en la cadera.

    La Gaby se vino rápido, se quitó la peluca sudada del esfuerzo y se acostó a mi lado. Platicamos mucho esa noche; me besaba los pezones, me apretaba las nalgas y me contaba de sus amantes.

    Estuvimos viéndonos así mucho tiempo más después de esa primera vez: ella me dio mis primeros tips de maquillaje, me vio convertirme en Isis Val, me presentó con otros hombres y compartimos machos en más de una ocasión. Pero eso, como dicen, es otra historia.

  • Es muy tarde para intervenir (capítulo ll)

    Es muy tarde para intervenir (capítulo ll)

    Mi nombre es Samuel, soy el hijo menor, considero que soy la oveja negra de la familia, mi madre y mi hermana constantemente están en contra mía, pero no es específicamente por mi, mi padre dejo embarazada a mamá dos veces, mismas que la abandonó, acabando con su inocencia y su confianza, mi abuelo la corrió de casa, mamá aun así siempre amó a mi abuelo, sin embargo su carácter impulsivo hizo que terminara muriendo a manos de un cobarde con un puñal, lo cual terminó afianzando más el odió/miedo hacía los hombres de mi madre, por otra parte mi hermana creció escuchando a mamá y recientemente tuvo una ruptura que la marcó por completo.

    (Trataré de no ahondar mucho en esa larga historia, por lo mismo hice otro relato dando un poco de contexto a la situación).

    Cómo decía mi «nombre» es Samuel, y siempre he buscado sobresalir, siempre he tenido el deseo de proteger a mi madre, y mi hermana mayor, debido a su rechazo he desarrollado una intensa búsqueda de aprobación por parte de ellas, así que soy un hombre atlético, estudio hasta el cansancio y por algunos problemas legales tengo un trabajo de mierda.

    ¿Por qué tengo problemas legales? Pues tengo un problema con mi carácter, suelo ser demasiado explosivo y por desgracia tiendo a la agresión, supongo que es algo que heredé de mi abuelo.

    Pero retomemos lo que ocurrió ese 2 de febrero, después del conflicto con mi hermana Samantha, mamá subió a su habitación, se veía destrozada y bastante triste, era su cumpleaños y los dos lo arruinamos, sin embargo no paramos de pelear.

    —¿Lo ves maldito imbécil? Todo es tu culpa, maldito enano—dijo Samantha mientras trataba de imponerse frente a mi, colocando sus senos por delante y frente a mi rostro, mientras desde arriba me veía con ojos de superioridad.

    —¿Mí culpa?— replique —también está molesta contigo, ve como estás vestida, sí es que acaso estás vestida, un tanga diminuto, con calcetas altas, tacones enormes, ¿para que quieres tacones? Ya eres gigante, tus senos apenas y están cubiertos— me coloque frente a ella sin bajar la mirada y desafiándola.

    Yo sabía que al llamarla gigante había tocado una fibra sensible, lo noté en su expresión facial, ver cómo sus cejas se curvaban, entrecerraba sus grandes ojos grisáceos y fruncía su pequeña boca con labios carnosos me indicaba que estaba furiosa, sin embargo ella no quería verse derrotada, así que inmediatamente cambió su rostro a uno de provocación y de falso cinismo.

    —¿no será que mi hermanito pervertido nota mucho los detalles en la vestimenta de su hermana mayor?, dime ¡pequeñín! ¿Te agrada ver la pequeña tanga de tu hermanita o es el tatuaje lo que te distrae?— Samantha tomó los dos listones laterales de su tanga color blanco con contornos en guinda, con algo de fuerza tiró de ellos hacia arriba, tapando parcialmente el tatuaje de un medio sol, en color negro que se posaba sobre su depilado pubis, pero teniendo como efecto secundario el ceñirse sobre los labios de su vulva, desplazándolos hacia los lados— o dime ¿te gusta estar cerca de los senos de tu hermana? Siempre que me acerco a ti, tu te mantienes fijo como sí esperarás que te los restregase en la cara— con las manos a los lados doblando sus muñecas de forma femenina se acercó a contonear su busto frente a mi rostro haciendo una risa burlona a la espera de alguna reacción mía que me hiciera ver como un degenerado— Sabes, ya se que es lo que más te gusta, son los listones como moños que tengo tatuados en mis grandes muslos y no te hagas el iluso, amas el como estos tacones hacen que mis glúteos se vean, apuesto a que quisieras que esos moños simbolizaran que soy un regalo para ti, pero solo eres un hombre insignificante que piensa únicamente en sexo y se pone a admirar el cuerpo de su hermana a escondidas.

    —¿Admirar? No, solo siento pena de ver a mi hermana que tanto quise, buscando su valor en aparentar ser una zorra que sé que en realidad no es.

    Sus ojos se tornaron carmesí, una capa cristalina cubrió sus ojos, precipitándose hacia sus mejillas en forma de lagrima, creo que toque una última fibra sensible, se va molesta, tratando de contener sus lágrimas, no quería mostrarme que se estaba derrumbando, yo realmente nunca vi a mi hermana con morbo, era un templo que debía proteger, aun cuando siento miedo por lo que mi hermana se ha convertido, pero no es justo que la hiera de esa manera.

    Fui tras ella a su habitación, sé que está pasando por mucho y lastimarla no es algo que la ayude con su duelo personal.

    — oye sam, samita, lo siento mucho, no quise lastimarte, sé que estás pasando por mucho, te quiero mucho hermana y haría lo que fuera por ayudarte a qué te sientas bien, enserio haría lo que fuera.

    Me retiré al escuchar su llanto, sabía que las palabras gigante y zorra habían Sido palabras que la lastimaron mucho en el pasado, al pasar por el cuarto de mamá escuché algo que me pareció un sollozo, quizá todo era mi culpa, mi madre y mi hermana sufrían por mi culpa, estaba furioso conmigo mismo, salí a la calle para despejar mi mente, caminé bajo la lluvia hasta llegar a un pequeño parque, pero mi enojo seguía latente, quizá fui un error.

    Con mi ropa empapada, un pants gris que solía usar después de mis entrenamientos y una sudadera que hacía conjunto con el mismo, hacían que me sintiera cada vez más pesado.

    Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un sujeto en un evidente estado de ebriedad.

    —sabes que me tienes que pagar por estar en mi parque —dijo el tipo mientas se tambaleaba.

    — ¿Tu parque?, no estás en condiciones amigo, mejor vete.

    El tipo se rio y con torpeza se lanzó contra mi, fácilmente lo tomé de un brazo y no fue necesario romper su equilibrio, ya que carecía totalmente de este, lo arrojé al suelo y traté de calmarme, mi temperamento me ha traído problemas, pero quería cambiar eso.

    El tipo se levantó y yo lo arrojé al piso unas cuantas veces más, parecía que no se rendiría así que me di la vuelta y traté de alejarme del lugar, supongo que me confíe demasiado, el tipo sacó una navaja y atacó directo a mi muslo, el dolor fue enorme y con ello vino un ataque de ira y adrenalina.

    —no te quería hacer daño, no sé por que lo hice perdón, perdón—dijo el tipo, al parecer el miedo hizo que su briaguez desapareciera por un momento y se echó a correr.

    Mientras mi enojo era enorme traté de ir tras de él, hasta que no pude más con el dolor y caí desplomado al piso.

    Creí que era mi fin, pensé que me desangraría, que terminaría igual que mi abuelo, pero de todas las veces que pudo pasar, está no era mi culpa, quizá estaba bien, quizá era lo que merecía.

    —¿Samuel? ¿Samuel eres tú?, ¿qué te pasó idiota? ¿Otra vez metiéndote en problemas?

    Por suerte Samantha estaba pasando en la camioneta vieja de mamá, y llegó a rescatarme, me subió a ella, bajo los asientos traseros y encendió las luces.

    — ¿Que te pasó? Hay que parar el sangrado —se quitó una blusa de mangas largas para hacer un torniquete improvisado, tomó mis pants y me los sacó de un tirón— su mirada se clavó en mi por unos segundos, que para mí eran una eternidad— eres un hipócrita, hablas de mi vestimenta y tu te andas pavoneando por la casa con ¡esto! Sin ropa interior ni nada.

    —¿no crees que hay algo más importante? Ayuda, me siento mareado, por favor para el sangrado.

    Se dio prisa y apretó con fuerza su blusa alrededor de mí pierna, se bajó del auto para entrar al asiento del conductor, a toda velocidad se dirigió a un hospital, pero se detuvo una cuadra antes, y volvió a dónde yo estaba.

    — ayúdame a ponerte el pants, no puedes entrar al hospital mostrando tu cosa color rosado a todo el mundo ahí dentro.

    —me colocó el pants y me quitó mi sudadera para taparse y continúo su camino al hospital.

    Estuvimos ahí hasta las 4 am, por suerte no me dañaron ninguna arteria, solo fue muscular, perdí algo de sangre pero me recuperaría pronto de mis heridas con las suturas que me hicieron, me dieron un sedante para el dolor y podía regresar a casa.

    Al caminar hacia la camioneta con la ayuda de mi hermana se me subió el sedante un poco a la cabeza y me sentía bastante mareado. Durante el camino.

    —¿Todo está bien? ¿Qué te hicieron? — mi hermana se subió a la parte trasera y volvió a retirar mi pants con bastante facilidad debido a su tamaño y mi condición.

    — oye que haces— dije mientras otra ráfaga de mareos me impactaba.

    — Tranquilo, no me interesa ver, ehh, bueno, pues ver esto, o sea nada impresionante tu cosa rosada, todos tienen una, haha aunque quizá no así de rosa— trató de aclarar un poco su garganta carraspeando y tragando un poco de saliva —bueno, como sea, quiero ver por qué me cobraron tan caro, solo veo vendas y unos puntos, además ¿Era necesario que te sedaran?

    He investigado un poco y existe una minúscula posibilidad de tener una erección debido a la relajación muscular que otorga un sedante, es muy baja, pero es posible, sin embargo convencer de esto a mi hermana sí es imposible.

    — No pude ser, es en serio? Sabes, de por si es desagradable verle el pene rosado a tu hermano, y ahora estás experimentando una maldita erección frente a mi rostro, eres un hijo de perra, un pervertido y alguien totalmente desagradable.

    —lo siento, no es mi culpa enserio, seguro es algún efecto secundario, te pagaré lo que gastaste y haré lo que sea para que te sientas bien.

    — claro que me vas a pagar, y vas a hacer lo que yo quiera, incluso serás mi mascota — me observo con sus ojos llenos de ira, sujeto mis testículos con delicadeza y me arrojó una pequeña sonrisa llena de maldad con un ligero toque de lujuria

    El rencor era tan grande que al parecer no olvidó lo acontecido, el odió en ella hacia mí no había desaparecido y me esperaba algo mucho peor.

    Siendo sincero no recuerdo que paso después, simplemente desperté en cama, con un dolor terrible y con la sensación de que esto no pararía aquí.

    Y tenía razón, me adentraría en una relación que gozaría y sufriría a partes iguales con la bella pero retorcida amazona que tengo por hermana.

  • Gótica y culona (remember)

    Gótica y culona (remember)

    Me encontraba navegando en Instagram, matando el tiempo, viendo reels y esas cosas inservibles que la redes sociales inexorablemente te obliga a consumir y decidí ver las historias de amigos y conocidos. Generalmente, cuando estoy en Instagram solo consumo basura; como no soy muy activo de esas cosas, ni tampoco soy mucho de compartir lo que hago, me privo de ver las historias de los demás para evitar verme como un “psicópata”. Tengo claro que eso es una exageración, pero me paso me paso esos rollos por mi cabeza.

    Veía historias, deslizaba el dedo perfil tras perfil, y como de costumbre, pura mierda; cabezas calientes opinando de política, drogas, fiestas, alcohol, memes, videos graciosos (o esa es la intención).

    Hasta que llegué a las historias de Fernanda. Una chica con la tuvimos una relación sexo afectiva desde hace algunos años. Tengo lindos recuerdos de ella y viceversa porque le quité la virginidad cuando ella todavía era una liceana. En ese tiempo yo era un universitario y reconozco que me iba muy bien con las chicas. Pololeaba y ella fue mi amante durante algún tiempo. Eso la marcó. Cuando la conocí en la micro, ella era una chica muy depresiva y con una autoestima por el suelo. No tenía amigas y se burlaban de ella por su peso. Pues sí, es gorda, pero nada exagerado, puesto que sus curvas hicieron que me llamase la atención. Aunque en realidad, fue ella la que se me acercó primero elogiando mi “estilo”. Pero en realidad eso no importa. No importa nada en absoluto.

    Lo cierto es que Fernanda después de nuestra caótica relación es una mujer más empoderada en relación a su auto apreciación. Sigue siendo una mujer gorda pero rica. Una gordibuena. Le gusta mostrarse en tiktok e Instagram. Casi todos los días sube fotos en lencería que si toman de sorpresa, acostado en la soledad de mi departamento, las termino en una paja recordando aquellos tiempos en que por medio del sexo se fue autoafirmando como una mujer sexy. Yo siempre se lo dije. “Erí toda rica, que nadie te diga lo contrario”.

    Vi sus historias y por supuesto me calenté; foto en el espejo, poca ropa, un sostén que dejaba ver una diminuta parte de su oscuro pezón, mucho muslo y mucho maquillaje. No reaccioné. Pasé a la siguiente; su rostro y ella cantando una mierda emo que le encanta. Y la siguiente; de nuevo, foto en el espejo en un conciso boomerang de su prominente culo en el que literalmente hice de todo. Fue la gota que rebalsó el vaso. Era imposible no reaccionar. Le escribí:

    – Lo echo de menos.

    Pasó una media hora y ella reaccionó a mi mensaje con un simple:

    – Y tú?

    Le remarqué mi propio mensaje con otra carita triste. Esperé y esperé lo suficiente hasta que se hizo muy tarde y me dormí. Amurrado, pensando que mi sorpresiva aparición no le hizo gracia (ella tiene un carácter muy fuerte) y simplemente me ignoró. Más que mal, desde bien terminada la pandemia fue la última vez que estuvimos juntos y nuestra relación (nunca oficial) se daba siempre por temporada. Nos volvíamos a topar, teníamos sexo, así durante algún tiempo y luego la ignoraba, ya que salía con otra o me ponía a pololear. En ese sentido siempre he sido un hijo de puta con ella. Me aprovechaba sabiendo que siempre fui su prioridad y su primera vez en todo.

    Al otro día me levanté y fui al trabajo. Lo de siempre, gestionando reuniones, salidas a terreno de mis jefas, y tratando de truncar alguna que otra mierda que desprenda el más mínimo hedor de corrupción. Ser un burócrata en mi país no es más que ver en primera plana cómo se derrocha el dinero público. Una mierda, pero es así. Hasta que me llega un mensaje de Fernanda. De reojo veo mi celular:

    – Me extrañas a mí o a mi culo