Blog

  • Confesiones de Diana Marcela (4)

    Confesiones de Diana Marcela (4)

    ¿Por qué me gustaba tanto serle infiel? Porque mi amante tenía una verga grande deliciosa cabezona que me hacía bramar de placer.

    Así fue los dos años que duré con mi amante desde la primera vez que caí en sus brazos apoyada por mis amigas que me hicieron el cuarto para que nadie sospechara y si me vieron varias veces haciéndole sexo oral en las gradas del edificio.

    Me encantaba sentirme llena y adolorida con su verga dentro de mi cuerpo sentir como me lamía la vagina y chupaba mi clítoris me lamia y jugaba con mi ano hasta hacerme venir de placer, aunque algunas veces era dominante y me la clavaba sin piedad por el culo y me hacía llorar de dolor al metérmela hasta el fondo dominándome por el cabello, sentado en mis nalgas, follándome sin parar hasta que empezaba a sentir el placer de esa verga gruesa y cabezona de 23 cm dentro de mi intestino.

    Sentía cómo me abría y mi esfínter luchaba por sacarlo hasta acostumbrarse al tamaño pasando al placer desenfrenado, sintiendo su pelvis contra mis nalgas, llorando de placer y gritando y yo misma clavándome con fuerza y movimiento mi cuerpo en círculos para sentir el máximo placer hasta sentir cómo se inflamaba para eyacular dentro de mi, sintiendo su leche espesa y caliente, dejando mi culo abierto adolorido y lleno de semen, el cual sentía cómo escurría por mis piernas mientras me hacía arrodillar para limpiar y lamer su verga, para seguir fornicando dentro de mi vagina, cabalgándolo de placer mientras estrujaba y chupaba mis tetas hasta hacerme venir una y otra vez, sintiendo su semen llenar mis entrañas, hasta que sucedió lo impensable al año de estar follando quedé embarazada de él.

    Mi esposo nunca se enteró del embarazo y le dimos una solución rápida.

    Cuando se enteró mi querido amante que llevaba meses follando con su mejor amigo el cual ya les conté me acorraló y me dio toda una tarde solo por el culo como castigo.

  • Lencería y frutas

    Lencería y frutas

    El fin de semana pasado me quedé solo en casa por tres días. Era un viernes por la tarde, mi esposa me envió un mensaje avisándome que me había dejado comida y fruta suficientes para que no tuviera que cocinar nada, también me pidió que recogiera la ropa de los tendederos y qué si me era posible, la ordenara en el armario.

    Tuvo que pasar unos días con sus padres que ya son muy mayores, entonces muy gustoso me di a la tarea de recoger la ropa y guardarla, mientras lo hacía, tuve oportunidad de observar mucha de su ropa en el armario, aprecié un par de medias negras que colgaban de un gancho, lo saqué para verlo y ahí tenía colgada parte de su lencería, los ligueros y otras prendas que disfruto mucho cuando las usa, sonreí al tiempo que sentí una ligera erección.

    Realicé algunas tareas antes de sentarme a comer, quizá por su ausencia, pensaba en mi esposa con la lencería puesta, y ya tenía ganas de que estuviera de regreso. Al terminar de comer prendí la tv, tome una manzana del frutero y también había unos plátanos enormes, robustos, de un tono entre verdoso y amarillo, los palpe y aún estaban muy duros, les faltaba madurar. ¡Más de dos veces recuerdo haber volteado a observar esos plátanos! También no se me quitaba de la mente esa lencería negra de mi esposa, ya era mucha mi calentura, así que fui a la nevera por una cerveza, al buscar unos limones en el cajón de abajo, descubrí unos pepinos largos y delgados, tuve una sensación muy agradable pero extraña, no sé, tomé uno y estaba igual de frío que la lata de cerveza.

    Regresé a sentarme, intenté ver algo en la tv, pero mi mente ya estaba muy inquieta (lencería, plátanos y pepinos, ufff), así que, tras apurar el último trago a mi cerveza, sentí una pulsación muy rica en el ano, mi verga estaba escurriendo y yo totalmente seguro de lo que quería sentir. Sin pensarlo más, fui directo al armario, saqué la lencería de mi esposa y comencé a desnudarme poco a poco al tiempo que iba apreciando cada prenda.

    Empecé por las medias, fue una sensación riquísima, me fascinó la vista y el tacto del encaje adornando mis piernas, el elástico era una caricia constante, siguió el turno de la tanga, un hilo dental con encaje, sentí cómo se impregnaba en mi ano, aunque era un hilo muy flexible, y los olanes resultaron una caricia muy agradable entre mis nalgas. En la parte de arriba me puse una blusita con transparencias, entallada, encaje y transparencias en las tetillas y hasta el ombligo, me miré en el espejo y me sentí súper excitado, me gusté mucho, vi cómo se desbordaba mi verga y cómo me escurría. Acto seguido, me pinté los labios de rojo, me perfumé y me fui a la sala a beberme otra cerveza.

    En pleno éxtasis, me senté en la sala, le di un trago a mi cerveza y me recosté y empecé a disfrutar aún más, la sensación de la lencería fue muy poderosa, más la que tenía en el ano, sentía la presión de elástico, sentí cómo se erectaban mis pezones, así que los pellizqué y acaricié, primero lento luego con desesperación, prendí la tv, puse una porno gay, un maduro super mamado y guapo le lamia el culo a un joven delgado y lampiño; en ese momento mojé mis dedos con mis propios jugos, me hice la tanga aun lado y empecé a acariciar mi ano, palpitaba en las yemas de mis dedos, los intentaba absorber, en la pantalla el joven intentaba tragarse la verga del maduro.

    Me levanté y fui a la habitación por condones y lubricante, tomé uno de los plátanos, el más verde, largo y grueso, también saqué un pepino, les puse un condón a ambos, tomé el pepino con las dos manos y empecé a mamarlo como pude, estaba frío, se sentía rico por su frescura; miré la pantalla y ahora el maduro le mamaba su enorme verga al joven, ahora le comía otra vez el ano y empezaba a tratar de penetrarlo, en ese momento ya estaba colocando lubricante al plátano, y ya con la tanga de lado, yo también empezaba a jugar con el plátano en mi ano; metí un dedo, luego dos, sentí cómo apretaba mi ano, cómo aprisionaba y absorbía ese par de dedos, seguía el turno del plátano, ya perfectamente lubricados los dos, comencé el jugueteo, mete un poco, saca pronto, regresa, mete más, saca, vuelve a meter más profundo, saca, mete, saca, mete más, ahora tenía una buena parte muy adentro, lo apretaba con delirio y gozo; en la pantalla el maduro tenía sujetado de las manos por detrás de la espalda al joven y lo embestía salvajemente, y mi ano ya estaba bien dilatado, así que empecé con un mete y saca frenético, succionaba y apretaba con mi culo ese rico plátano.

    Me coloqué de lado, volví a mover la tanga para un lado, me acomodé bien, cerré los ojos y empecé nuevamente un mete y saca del plátano en mi ano, así estuve unos minutos, hasta que sentí cómo ya estaba blando y aplastado, era hora de meterme el pepino. Mi verga estaba súper batida en mis jugos, muy flácida por momentos, luego muy dura. En la pantalla ahora el joven esta sobre el maduro, se daba unos sentones y la verga del maduro desaparecía en su culo lampiño.

    Ahora me hinqué en la alfombra recostado sobre el sillón, en cuatro, tanga aun lado, pepino lubricado y mi ano goloso bien dilatado, ya no veía la pantalla, solo oía los gemidos del joven y el maduro. El pepino entró hasta el fondo a la primera, empecé a darme pepino, lento y rápido, lo apretaba con el culo tratando de ablandarlo igual que al plátano, pero era más duro y sentía cómo partía mi culo, cómo me hacía gozar. Hice una pausa, me fui a mirar en el espejo, los labios rojos, sudado y yo muy rico con la lencería de mi esposa, lo estaba gozando mucho.

    Regresé a la sala, me recosté de lado, jugué con el pepino en mi ano antes de meterlo; como planta carnívora, cada que sentía el paso del pepino, se contraía e intentaba atraparlo en vano, así estuve un momento, en la pantalla ahora una trans muy guapa y femenina se besaba con otra trans, ambas en lencería muy atractiva, juntaban sus ricas vergas, estaban mojadas, ahora una bajaba a mamársela a la otra, y ésta alargaba su mano para acariciarle el ano, en ese momento me metí otra vez el pepino y lo apreté muy fuete con mi culo, empecé el mete y saca, mi ano estaba a mil de sensaciones, se contraía, ya me dolía el cuerpo por la posición en que estaba, pero cómo estaba gozando.

    Volteo a la pantalla y ahora las trans están haciendo un 69, sus vergas se perdían entre sus labios, y yo me bombeaba con el pepino, mi culo se contraía y el placer me desbordaba, estaba agotado, me recosté boca abajo sin dejar de meter y sacar el pepino de mi culo, a veces lento, y luego fuerte y rápido, en un instante volteé a ver la pantalla y la trans penetraba a la otra, y vi cómo la que estaba siendo penetrada, sin tocarse la verga siquiera, se venía a chorros, entonces aceleré el mete y saca del pepino en mi culo y logré eyacular sin tocarme la verga, al tiempo que sentía cómo se contraía mi culo, y me invadía una descarga de sensaciones muy sabrosas, en mi culo y en toda mi existencia.

    Ha sido el inicio de muchos orgasmos, y harta lencería.

  • Los calzones de mi suegra

    Los calzones de mi suegra

    Mi suegra es una mujer madura, pero bien formada para su edad, me gusta verla mucho de espaldas porque siempre trae mayones y se le marca su trasero y su calzón.

    Comenzaré diciendo que al principio cuando me di cuenta que me llamaba mucho la atención intentaba encontrar sus calzones usados, pero no tuve éxito porque mi suegra era muy cuidadosa en ese aspecto, pues para mí suerte mi suegra se bañaba e inmediatamente metía a lavar su ropa y era tan cuidadosa que no encontraba ni su ropa interior aunque sea limpia y yo moría por tener su ropa interior en mis manos, hasta que un día me quedé solo en su casa y revise todos sus cajones y por fin encontré su ropa interior limpia, inmediatamente comencé a olfatear sus calzones pero todos olían limpio, pero de todas formas me hice una paja con ellos.

    Un día mi esposa se tuvo que ir a cuidar a un familiar enfermo y me tuve que quedar en casa de mis suegros y para mí sorpresa me dieron su cama. Inmediatamente abrí su cajón y tomé toda la ropa interior de mi suegra y la olfateé y me hice una paja, dormí con la ropa interior de mi suegra.

    Después de un tiempo y un descuido de mi suegra quien tuvo que salir de rápido y solo le dio tiempo de cambiarse dejo su ropa sucia en un cesto y yo al percatarme de la situación no dude ni un segundo para tomar su calzón y llevármelo al baño, por fin tenía lo que tanto había deseado un calzón usado de mi suegra, lo disfruté cómo nunca y los volví a dejar en su lugar, no sin antes tomar unas fotos para el recuerdo ya que nunca había tenido la oportunidad de tenerlos.

    En fin, ya lo había hecho y estaba contento con eso ya que repito que mi suegra es muy cuidadosa con eso, pero la próxima visita encontré algo mucho mejor, al pasar al baño ahí estaba un calzón mojado, inmediatamente lo tomé y me hice una paja hasta correrme, no lo podía creer en menos de una semana me hice pajas con los calzones usados de mi suegra después de cuatro años con mi esposa, porque repito mi suegra es o era hasta ese momento super cuidadosa.

    La próxima visita pensé que tal vez ya sería mucha suerte o mucha coincidencia y volví a pasar al baño y no encontré nada, pero justo al salir ahí estaba un cesto de ropa sucia pero ya no me dio tiempo así que para la próxima visita buscaría primero ahí y tal como fue en la próxima lo primero que hice fue revisar y para mí suerte hasta arriba estaban sus calzones y todavía estaban húmedos de dónde pone su rica y deliciosa vagina, hice lo que tenía que hacer y casi me los llevo pero lo pensé mejor y los devolví.

    A partir de ese momento comencé a notar a mi suegra un poco más con confianza conmigo y ahora cada vez que la visito siempre está el cesto de ropa fuera del baño y hasta arriba sus calzones recién quitados y siempre los tomo y me los llevo al baño.

    No sé si sea una señal, pero el otro día traía un top y su mayon pegado y a cada rato se paseaba frente a mi, de repente se pone de espaldas y veo su rico trasero, espero que un día se cumpla mi deseo de tener sexo con ella ya que a pesar de ser madura está súper buena y se me antoja darle una cogida que no olvide nunca.

    Espero les guste mi relato y me gustaría saber sus comentarios para saber si es mi imaginación o tal vez sean señales de que mi suegra quiere algo más…

  • La entrevista de trabajo más dura de mi vida

    La entrevista de trabajo más dura de mi vida

    Me llamo Tomás, tengo 31 años y trabajo como creativo en el departamento de marketing de una empresa global.

    Cuando hace poco mi jefe dejó la empresa, lo tuve claro: yo quería su puesto.

    Tras varias rondas de solicitudes, estaba seguro de que me darían el puesto. Más aún cuando recibí un correo electrónico de la secretaria de la jefa de la empresa. Me invitaba a cenar en casa de la jefa. Quería conocerme mejor como persona.

    Naturalmente, me entusiasmé y me arreglé para ir a cenar un sábado por la noche. La jefa vivía en una casa de campo a las afueras de la ciudad y me quedé bastante impresionado cuando bajé del taxi.

    Llamé al timbre. Me abrió un hombre. «Hola, soy John, el marido de Sabrina. ¿Tú debes ser Tomas?»

    «¡Sí, encantado de conocerte, John!»

    Entré en la gran casa, que era muy moderna por dentro.

    John me condujo directamente al comedor y me puso un cóctel en la mano. «Vamos a comer pronto, tenemos mucho que hacer hoy. Le diré a Sabrina que estás aquí».

    Miré a mi alrededor. La mesa estaba puesta para cuatro. Y unos instantes después, me di cuenta de por qué. Mi jefa Sabrina entró por la puerta, y detrás de ella un hombre bien vestido, de mi edad, bien entrenado, alto.

    «¡Hola, Tomas! Me alegro de verte. Deja que te presente: Este es Sergio. Sergio se ha presentado externamente para el mismo puesto que tú. Y hoy vamos a descubrir quién de vosotros será el futuro Jefe de Marketing», dijo Sabrina con una gran sonrisa.

    Sergio y yo nos miramos. Y aunque no nos conocíamos, me di cuenta de que él estaba tan sorprendido como yo.

    La comida fue divertida, charlamos de negocios, de algunas cosas privadas, no tuve en absoluto la sensación de que se tratara de encontrar al mejor candidato.

    John, el marido de Sabrina, se encargó de la comida y la bebida, bastó una rápida mirada de ella para que él respondiera de inmediato, rellenando y trayendo más comida.

    Al final, John nos estaba sirviendo café cuando Sabrina dijo: «John, ¿por qué no te adelantas y lo preparas todo?».

    «Así que ahora es el momento de la prueba», pensé. Poco después, Sabrina se levantó y dijo: «John os recogerá en un minuto. Os veré en unos minutos».

    Sergio y yo nos sentamos a esperar, podía ver que estaba tan emocionado como yo.

    Entonces apareció John. Llevaba un albornoz, lo que me pareció un poco raro. «Venga, vamos», dijo.

    Subimos unas escaleras y John nos condujo a una habitación enorme.

    Todo estaba forrado de rojo y había una cama enorme en el centro.

    Sabrina estaba sentada allí y también se había cambiado de ropa. Llevaba un traje de cuero negro.

    Sabrina tenía 54 años, pero mientras estaba sentada con el ceñido traje, me di cuenta de que era muy atractiva para su edad.

    Sus grandes pechos se estiraban bajo el cuero y su enorme trasero me hacía la boca agua.

    «Aquí termina el proceso de selección. Si quieres irte ahora, no hay problema, aquí todos somos adultos. Pero si quieres quedarte aquí, tienes que entender que yo -y sólo yo- mando en esta habitación. ¿Verdad John?»

    John se había quitado el albornoz mientras tanto. Estaba casi desnudo. Solo había una jaula de castidad alrededor de su pene.

    «John también piensa que estoy buena, por supuesto, pero él es mi esclavo aquí, no se le permite follarme, sólo se le permite mirar y algunas cosas más», dijo Sabrina, sonriendo misteriosamente.

    «Si tú también te quitaras la ropa…»

    No supe qué hacer hasta que vi a Sergio. Ya se había desnudado casi por completo y estaba de pie en calzoncillos.

    No iba a dejarle el campo sin luchar. Unos segundos después, estábamos los dos desnudos delante de Sabrina.

    Sabrina se acercó mucho a nosotros. «Ahora quiero ver vuestras pollas tiesas», susurró. «¿Por qué no os tocáis?».

    Tengo que decir que me quedé de piedra. Nunca había tenido nada con un hombre. Pero yo quería este trabajo, renunciar no era una opción. Sergio obviamente pensaba lo mismo. Me cogió la polla con la mano y empezó a pajearme.

    Por supuesto no quise quedarme atrás e hice lo mismo con su polla.

    Me resultaba extraño tener la polla en la mano, que se me puso dura con bastante rapidez.

    No pasó mucho tiempo antes de que Sergio estuviera completamente erecto y cuando miré hacia abajo, me sorprendí un poco. Sergio tenía una polla enorme y gruesa.

    Yo también estaba ya completamente duro y miré a Sabrina. Sin embargo, ella sólo estaba de pie frente a nosotros, relajada y observando con interés.

    “Tengo que hacer algo para llamar la atención”, pensé, así que tomé la iniciativa.

    Antes de que Sergio pudiera reaccionar, me puse de rodillas delante de él.

    Abrí la boca todo lo que pude y me metí su polla hasta la garganta.

    Noté cómo Sergio se quedaba helado, para él probablemente también era la primera vez que le chupaba la polla un hombre.

    Me esforcé al máximo y me di cuenta de que su grueso pene se hacía aún más grueso. Por el rabillo del ojo, vi a Sabrina con una sonrisa en la cara. «Parece que le gusta esto» pensé, antes de volver a meterme por completo la polla de Sergio en la boca.

    El efecto no se hizo esperar. La polla de Sergio empezó a temblar y en el momento justo me saqué el pene de la boca y dejé que su semen chorreara sobre mi lengua, como en una buena película porno.

    Sin embargo, no esperaba tal cantidad.

    Sergio bombeó su semen desde sus gruesas pelotas hasta mi boca y, aunque tragué rápidamente, parte goteó en el suelo.

    Por fin Sergio había terminado y su polla se quedó un poco flácida.

    Me limpié la boca, me levanté y dije: «Bueno Sabrina, ¿cómo he estado?».

    Pero Sabrina sólo miró a Juan en ese momento y le hizo una seña.

    John lo entendió inmediatamente. Se arrodilló en el suelo delante de nosotros y lamió el semen chorreante de Sergio. «Buen chico, John», dijo Sabrina, «límpialo todo bien”.

    Me pareció fascinante cómo tenía controlado a John.

    «Tomas, parece que se te da bien lamer», dijo Sabrina.

    Sólo ahora vi que su traje de cuero estaba abierto por la entrepierna.

    «Puedes continuar conmigo en un minuto».

    Ya estaba deseando poder lamer por fin un coño después de mi mamada de polla.

    Sin embargo, me equivoqué. Sabrina se arrodilló, su enorme pero firme culo miraba hacia mí. “Chúpame el ano», me dijo. «Y John, por favor, ocúpate de la polla de Sergio, la quiero duro otra vez».

    Me puse de rodillas detrás de Sabrina y le abrí con cuidado las nalgas. Estaba completamente depilada. Vi su jugoso ano delante de mí y empecé a lamerle el culo.

    Sabrina gimió inmediatamente cuando pasé mi lengua por su agujerito, lo que por supuesto me puso caliente a mí también, así que lamí cada vez más rápido.

    Su culo se mojó con mi saliva. «¿Eso es todo lo que puedes hacer con la lengua?», gimió de repente Sabrina con impaciencia.

    No tenía elección, quería el trabajo. Mientras tanto, por el rabillo del ojo, vi a John chupando la polla de Sergio.

    Introduje la punta de la lengua en su agujerito, su músculo anal no cedió al principio, pero al sexto o séptimo empujón pude introducir la lengua en su recto. Estaba caliente en su culo, y apretado, su ano rodeaba mi lengua. Sabrina gimió con fuerza, «más profundo, más profundo».

    Tuve que empujar muy fuerte, pero al final tuve la lengua completamente dentro de su culo y empecé a penetrarla con ella, dentro, fuera, dentro, fuera. A Sabrina parecía encantarle.

    Me ponía muy caliente follar el culo de Sabrina con mi lengua. Sin embargo, de repente noté que alguien estaba tocando mi culo. Era John, que me estaba echando mucho lubricante en el culo.

    «Así que Sergio, ahora que has probado la boca de Tomas, puedes probar su culo también».

    No sé si Sergio realmente quería o no, pero ciertamente quería el trabajo. Porque inmediatamente sentí su polla caliente contra mi ano.

    Luego intentó meterme su grueso pene por el culo.

    Evidentemente yo había tenido un día relajado porque, para mi asombro, fue capaz de penetrar inmediatamente con su capullo.

    Mientras yo seguía follándome a Sabrina con la lengua, Sergio me llenaba centímetro a centímetro con su gruesa polla.

    «Ahora fóllatelo bien», dijo Sabrina, que probablemente se dio cuenta de que Sergio estaba siendo muy cuidadoso.

    Sergio no necesitó que se lo dijeran dos veces y me metió la polla en el culo una y otra vez.

    Sin embargo, mi estrecho culo no tardó en hacer efecto. De repente sentí algo caliente dentro de mí, Sergio gimió y volvió a bombear su esperma dentro de mí, esta vez en mi culo. Aliviado, seguí lamiendo el culo de Sabrina, pero aún no había terminado con nosotros.

    «Necesito unas cuantas pollas más para mí también, John, por favor, chúpamela fuerte a Sergio otra vez»

    La cara de Sergio se puso pálida.

    Acababa de correrse, pero Sabrina no conocía la piedad. John se llevó la polla flácida a la boca.

    «Entonces Tomas, mi culo está listo ahora. Méteme la polla en el ano», dijo Sabrina. «Pero no pienses en correrte».

    Después de mi tratamiento lingual, Sabrinas trasero estaba, por supuesto, más que preparada. Le metí la polla mientras ella se arrodillaba delante de mí. Estaba muy apretada. Pero no se me permitía correrme, así que me la follé despacio pero con firmeza, parecía gustarle.

    Después de unos minutos oí a John decir «Sergio está listo».

    «Excelente», dijo Sabrina, «Sergio, túmbate debajo de mí y Tomás, por favor, sácame la polla del culo».

    Sergio se tumbó y Sabrina se sentó encima de él. Sabrina se metió el enorme palo en el culo y me dijo: «Tomas y ahora tú, estiradme bien».

    Yo no sabía muy bien qué hacer y simplemente coloqué mi pene por encima de la polla de Sergio. John echó un poco de lubricante en el culo de Sabrina y yo empujé.

    Mi polla se deslizó en su culo, que ya no estaba tan apretado, y entonces nosotros, Sergio y yo, follábamos el culo de mi jefa al mismo tiempo y ella gimió fuerte.

    En algún momento no pude aguantar más. Me corrí a chorros y oí con alegría que Sergio también se corría.

    Saqué mi polla del culo de Sabrina, que estaba lleno de semen. Por supuesto, John vino corriendo enseguida y le lamió el ano hasta dejárselo limpio.

    Entonces Sabrina se sentó en la cama, parecía un poco agotada.

    «Así que gracias a los dos – os haré saber sobre el trabajo en los próximos días».

    Me sorprendió un poco el abrupto final de nuestra orgía, pero bueno, Sabrina era la jefa.

    Sergio y yo nos vestimos rápidamente y cada uno cogió un taxi de vuelta a la ciudad. Ahora tocaba esperar y ver.

    Unos días más tarde, se convocó al departamento de marketing.

    Sabrina estaba de pie en la sala de conferencias con una joven rubia a su lado.

    «Os presento a vuestra nueva jefa: Adella, nuestra nueva directora de marketing», dijo Sabrina.

    Me quedé totalmente sorprendido. Creía que lo había dado todo, ¿y ahora esto?

    Pero entonces noté el contacto visual entre Adella y Sabrina. Adella sacó la punta de la lengua de la boca durante un breve instante, Sabrina sonrió y le guiñó un ojo…

  • Mi mujer se folla a un negrazo delante de mis narices

    Mi mujer se folla a un negrazo delante de mis narices

    En un viaje que hicimos Sonia y yo a La Habana;

    mi esposa se encaprichó de un botones negrazo al que veía cada mañana.

    El chico era joven y tímido pero calzaba un buen paquete;

    a mi mujer se le hacía la boca agua y comenzó a darle carrete.

     

    Sonia estaba empeñada en follarse a un buen mozalbete cubano;

    colgarme unos hermosos cuernos en mi presencia, algo muy mundano.

    El chico era un poco reacio a las frivolidades europeas;

    Sonia lo convenció de que prestar a tu pareja disminuye las cefaleas.

     

    En una noche estrellada salimos a dar un paseo por El Malecón;

    y para nuestra sorpresa nos topamos con el botones, se llama Aarón.

    Sonia coquetea y flirtea con él a lo bestia palpándole el trasero;

    yo lo tranquilizo y le digo que es un ofrecimiento sincero.

     

    Aarón se decide a acompañarnos a nuestros aposentos del Hotel Cienfuegos;

    mi esposa había triunfado e iba rebosante de egos palaciegos.

    Ya en la alcoba nos metemos en un jacuzzi y nos asombra el tamaño de su verga;

    de 23 cm no baja, ¡que los descreídos se dejen de monsergas!

     

    Sonia no pudo esperar más y sumergió la cabeza en aquella agua burbujeante;

    y se manducó casi entero aquel falo, Dios mediante.

    Aprovechando que Sonia no nos oía, el mancebo me preguntó si era de verdad mi esposa o una puta de ocasión;

    yo, muy amablemente le comenté que no son incompatibles las dos opciones, incluso con menstruación.

     

    Por fin decidieron ir al catre y Sonia montó sobre su amante dándole la espalda;

    cabalgaba duro, y yo sentado enfrente, observo con mi polla inhiesta como la Giralda.

    El rabo del chaval parecía hecho de ébano, de lo duro y consistente que se veía;

    le brillaba como si estuviera barnizado, por los efluvios que Sonia cernía.

     

    ¡Qué magnífico contraste el ver una polla negra penetrando un chumino blanco!

    Sonia se recreó hacia atrás y Aarón tomó la iniciativa del ritmo, ¡menudo potranco!

    Mi esposa ponía caras de vicio para calentarme y provocar mi orgasmo;

    el folleteo era tan salvaje, que Aarón no tardó en correrse y experimentar espasmos.

     

    Al los pocos segundos le sigue mi mujer, esta berrea como una zorra, clavándosela bien;

    ante aquella visión de chocho rosado y polla negra bañados en leche, me pongo a cien.

    Me acerco y descargo mi esperma sobre pubis, vulva, polla y huevos de los “Amantes de Teruel”;

    menudo emplasto quedó en sus respectivas entrepiernas, daba el pego de salsa bechamel.

  • Mi esposa accedió a follar con nuestro amigo (2)

    Mi esposa accedió a follar con nuestro amigo (2)

    Hola amigas y amigos, espero que les haya gustado el relato anterior, si alguno de ustedes no lo ha leído les recomiendo que lo hagan porque este relato que viene enseguida es continuación del anterior.

    Me llamo Javier y mi esposa es Elena. Tuvimos una placentera experiencia sexual con nuestro amigo Miguel que está casado con Rocío, amiga de estudios de mi esposa desde cuando estaban en la escuela secundaria.

    Después que Miguel nos dejó de amanecida en nuestra casa, Elena y yo nos despertamos alrededor de las 11 de la mañana puesto que era domingo, después del polvo que nos tiramos con Miguel, aparte la cogida que nos dimos en nuestra casa antes de quedarnos dormidos, nos pusimos a conversar un buen rato:

    ─Caray, ¡qué tal cogida nos dimos con Miguel! – le decía a mi esposa ─ ¿verdad mi amor? ¡Fue impresionante!

    −Sííí cariño, ¡No puedo creer que haya follado con otro hombre! En verdad parece que fue un sueño… ¡Tú tienes la culpa!

    ─Jajaja, ¿qué yo tengo la culpa? Jajaja, lo bien que lo disfrutaste Princesa. Sabía yo que al final te iba a gustar porque te conozco, eres una mujer muy caliente y necesitas verga todos los días. Lo que hice yo fue prenderte la chispa y tú explotaste, ¡Y vaya que explotaste! Jajaja…

    −Jajaja, sí cariño – me respondió mi mujer – en verdad me gustó sobremanera, fue tan deliciosa, tan placentera, fue una experiencia inolvidable. Perdón mi amor cuando te dije cornudito, pero eso me excitaba más.

    ─No te preocupes cariño, cuando una persona está bien arrecha salen muchas expresiones de su boca y a la vez gusta recibir palabras soeces que comúnmente en la vida cotidiana serían ofensivas, por ejemplo: puta, ramera, perra, etc. Esas palabras hacen que la relación sexual sea más placentera.

    − ¿No sientes celos mi amor por lo que hicimos con Miguel? – me preguntó Elena.

    ─Para nada Preciosa, para nada, todo lo contrario, como te acabo de comentar fue para mí super excitante, maravilloso. No mezclo el amor tan profundo que te tengo con el aspecto sexual. Tú puedes acostarte con cuantos hombres te apetezca, porque sé que me amas, pero también no pongo en duda que lo harías por necesidad fisiológica, es más, podemos volver a repetirlo con Miguel, o pueden irse a la cama juntos; y no solamente con Miguel, sino con cualquier otro hombre que sea de tu agrado, pero eso sí tengo que saberlo, sino me sentiría traicionado.

    −Está bien cariño, eso me reconforta, me siento más tranquila mi vida – decía Elena – como ya sabes soy muy arrecha, quiero cachar todos los días, y muchas veces tengo que usar el consolador, entendiendo que llegas cansado del trabajo por la responsabilidad que tienes.

    ─Cariño, ten presente que debes ser muy discreta, por nuestros hijos (tenemos un varón y una mujer que todavía están en la escuela primaria), por ti misma y por mí también; no quiero que cuando vaya por la calle la gente esté pensando: “allí va el cornudo de Javier” jajaja…

    −Jajaja, no te preocupes amor, seré lo más discreta posible, eso te lo aseguro.

    Después de terminada esta conversación Elena se levantó y comenzó a succionarme la polla, a recorrer con su lengua todo el tronco y la cabeza del pene, lo hacía tan deliciosamente que me transportaba a otro planeta.

    ─Sluuup, sluuup, sluuup, mmm, mmm, ¡qué rica pichula amor! Me encanta mamar tu pinga, y no solamente la tuya sino de cualquier hombre ¡qué rico, ¡qué rico! Oooh, sluuup, sluuup, sluuup – jadeaba mi esposa y después empezó a lamerme los huevos y metérselos en la boca ─ mmm, mmm, mmm, tus huevos son grandes amor, son un manjar, sluuup, sluuup, sluuup, me encanta cuando sale de tu verga ese líquido seminal, mmm, mmm…

    −Oooh preciosa, eres única, que bien me mamas la verga, oooh, oooh, oooh, delicioso, delicioso…

    Elena soltó mi verga, se puso encima mío y se incrustó la poronga dentro de ella:

    ─Aaag, ¡carajo qué rico se siente! La tengo todita dentro, semejante armatoste que posees amor que me llenas enterita y abarca toda mi vagina, aaah, aaah, oooh, mmm…

    −Sííí cariño, sííí, la tienes apretadita y muy jugosa que hasta los huevos me los mojas, oooh, oooh, oooh…

    Estuvimos varios minutos en esta posición que Elena y yo no pudimos soportar más por lo cual tuvimos un potente y exquisito orgasmo.

    Pasaron unos días y a la semana siguiente, precisamente un martes a eso de las 9.00 de la mañana Miguel le hace una llamada telefónica a mi mujer:

    ─Aló, ¿Miguelito? – respondió la llamada Elena.

    −Hola Elenita, dime ¿se puede conversar?

    ─Claro, estoy sola en casa, ¡qué milagro! ¿Cómo están Rocío y los niños?

    −Bien Elenita – contestó Miguel –, todos bien felizmente. Dime preciosa, ¿Qué te pareció el encuentro que tuvimos los tres en el hotel? Lo pasamos estupendo.

    ─Oh sí Miguel, verdaderamente fue espectacular. Nunca he vivido una experiencia como esa, y ustedes dos se lucieron conmigo ¿eh? Un poco más y me destrozaban toda, jijiji…

    −Jajaja, más bien diría yo que tú fuiste quien se lució. Eres una mujer formidable Elenita, aparte de hermosa, tienes un cuerpo de diosa y sobre todo muy ardiente.

    ─Jajaja, tú exageras Miguel, Rocío también es muy hermosa y tiene bonito cuerpo, en eso no te puedes quejar, en lo sexual no puedo decirte nada…

    −Bueno eso sí – continuó Miguel ─ bien Elenita quisiera verte mañana miércoles ¿crees qué podrás?

    ─Mmm, bueno, no hay problema, por esta vez te espero en mi casa a las 9.30 de la mañana, no vengas en tu carro, voy a estar sola y estaré a la expectativa para que ingreses rápido a mi casa y no llamar la atención. ¿Ok?

    −Ok Elenita, allí estaré puntual mañana por la mañana.

    Llegué como siempre alrededor de las 2 de la tarde para almorzar con mi familia. Como de lunes a viernes nos encontramos solos Elena y yo, ya que nuestros hijos salen del colegio a las 3 de la tarde, Elena me confesó que había recibido una llamada de Miguel proponiéndole para salir con él.

    ─ ¿Y tú qué le dijiste amor? – le pregunté.

    ─ ¡Qué sí! Nos vamos a ver mañana a las 9.30 de la mañana aquí en nuestra casa.

    − ¡Aquí en nuestra casa! ¿No será muy arriesgado cariño? – le pregunté preocupado.

    ─No te preocupes mi amor, solamente por esta vez, ya que me da morbo hacerlo en nuestra cama con otro hombre que no seas tú. Además, a esa hora me encuentro sola en casa, no creo que dure más de una hora y por si acaso voy a cerrar la puerta con llave. Ya en las próximas citas, si las hay, sería en un hotel.

    −Bueno Princesa, si es así no hay ningún inconveniente, pero siempre alerta por favor amor. Caray, mañana no voy a poder trabajar tranquilo sabiendo que estás follando con otro hombre, voy a estar con la poronga bien parada e impaciente por llegar a casa para que me cuentes cómo fue todo.

    ─Jajaja, ya me imaginaba que ibas a decir eso – arguyó Elena ─ ¡Eso te encaaanta…! ¿Verdad mi cielo? Jajaja.

    −Jajaja, en verdad que sí mi amor, tú sabes perfectamente cómo soy yo.

    Llegó el miércoles, salí para la oficina, igualmente nuestros hijos se fueron a la escuela y mi esposa se quedó completamente sola en casa.

    Subió a nuestra alcoba y en el baño se dio una buena ducha (según me contó ella después), se afeitó bien el monte de venus, las axilas, se bañó en perfume, se peinó, se maquilló, etc. Se puso un camisón de hilo de color violeta transparente que apenas le cubría la entrepierna y debajo de este un brasier del mismo tono que le levantaba más los senos y un calzón hilo dental también de color violeta. Calzaba unas sandalias de tacón alto del mismo color que hacía resaltar sus bellos pies. Estaba divina, como ella mismo dijo cuando se vio al espejo:

    ─Puuucha, parezco una puta, en verdad me veo espectacular. Caray ya me estoy mojando con simplemente imaginar lo que me hará Miguel en la cama, voy a secarme la concha porque me va a humedecer el hilo dental. En cualquier momento me está llamando, casi es la hora. ¡Mierda! Ya está sonando el celular, debe ser él. Voy a contestar.

    −Aló Miguelito, dime ¿dónde te encuentras?

    ─Hola Elenita, estoy a una cuadra de tu casa.

    −Bien, voy bajando y te espero detrás de la puerta, tocas el timbre he inmediatamente te abro para no llamar la atención, ¿Ok?

    −Ok preciosa.

    Efectivamente, tocando Miguel e inmediatamente Elena le abrió la puerta, hace ingresar a su amante y coloca llave a la puerta.

    −Mmm amorcito, te ves divina Elenita – exclamó Miguel ─ ven para acá mi amor.

    Miguel comenzó a besar a mi esposa profundamente con todo y lengua, a la vez que Elena correspondía a ese beso, con sus manos recorría todo su cuerpo; después de varios minutos de estar entregados a los besos y caricias, Elena propuso a continuación:

    −Aaaay Miguelito, vamos arriba mi amor, a mi cuarto para estar más tranquilos y cómodos. No te preocupes porque estamos solos.

    Elena y Miguel subieron las escaleras, mi esposa por delante y Miguel atrás que la seguía.

    ─Elenita que buen trasero tienes, es impresionante; −mi mujer movía el culo lentamente para provocarle y vea todo el espectáculo que le estaba dando a Miguel─ todo tu cuerpo en sí es un monumento a la mujer. Quién como Javier que disfruta sin problemas de este cuerpo divino.

    −Bahhh, Rocío también tiene un bonito cuerpo, aparte que es hermosa. Estoy seguro que la follarás todos los días y más aún con ese garrote que cuelgan entre tus piernas, jajaja.

    ─No creas encanto – le respondió Miguel ─ ella no es como tú tan arrecha, tan caliente.

    −Jijiji, bueno, tú ya sabes cómo es mi naturaleza… ven, ven para acá papacito, en estos momentos soy toda tuya −instalándose en la cama boca arriba, para luego Miguel acostarse junto a ella besándole los labios, el cuello e ir desnudándola poco a poco, igualmente Miguel en pocos minutos se quedó completamente desnudo.

    ─Oooh −gemía Elena en el momento que Miguel disfrutaba de sus pezones─ ¡Qué rico que me chupas las tetas Miguel! Sigue cariño, siiigueee, siiigueee, mmm. Disfruta de las tetas de la esposa de tu amigo mi amor.

    Estuvo Miguel mamando los pezones de mi esposa por más de diez minutos. Ella disfrutaba plácidamente, resoplaba, gemía sin cesar. Su coño segregaba abundante líquido que humedecía el culo y la sábana de la cama. Esa lubricación es una de las tantas reacciones que me gustan del cuerpo de mi esposa. Es super ardiente. Muchas veces cuando llegaba del trabajo, simplemente con sobarle el inmenso culo por unos segundos ya se estaba mojando. Después de gozar de sus tetas Miguel fue bajando hacia su vientre, específicamente a su coño húmedo y palpitante, estando allí por varios minutos.

    −Aaag, riiico, oooh Miguel, oooh, siento tu lengua en toda mi concha, en mi clítoris, mmm, asííí, asííí, hazme gozar como una perra mi amor. ¡Qué bien utilizas la lengua Miguelito! Oooh. Lo que se está perdiendo Javier, aaag, cuánto daría por verme cachando contigo Miguel, oooh…

    ─Mmm −gemía Miguel─ eres una puta Elenita, eres una putita muy arrecha. Ahora te voy a meter la pinga bien adentro.

    −Aaay, sííí, amor, soy bien arrecha, mmm, estoy sintiendo tu garrote dentro mío, mmm, ¡qué delicioso se siente! Oooh, que bien se siente. Sí Miguelito, soy muy cachonda, muy arrecha, ¡no puedo vivir sin una buena verga dentro mío! Oooh, aaah, mmm…

    ─Elenita, tengo la poronga ensartada a lo largo de tu vagina, se siente rico, muy rico, mmm ─Miguel le taladraba la polla en un mete y saca constante y repetitivo.

    −Sííí pendejo, sííí, me gusta tu verga grande, oooh, la siento en todo mi coño, mmm, es más grande que la de Javier, aaah. ¡Riiicooo!, oooh…−disfrutaba mi esposa de la enorme polla de Miguel y a la vez ella gemía, sollozaba, gritaba del excesivo placer que recibía de su amante.

    ─ ¡Eres una cacherota Elena!, oooh, eres una mujer insaciable, por eso Javier no se abastece contigo mi amor, mmm, ¿Te gustaría que otro hombre participe y te comas tres vergas en un mismo instante?

    −Aaag… ¡eres un enfermo Miguel!, ¡eres un pervertido!, me haces sentir una puta, una perra, una cualquiera… aaah… sííí, no está mala la idea amorcito, mmm, ¡me gusta la idea!, pero déjame pensarlo cariño, aaay…

    ─Ponte en cuatro Elenita, me encanta esa pose −mi mujer obedeció e inmediatamente su amante de turno le perforó el coño que ya estaba chorreando intensas emanaciones de líquido vaginal─ ¡qué buen culo posees amor, es un espectáculo a la vista! ¡Es enorme preciosa!

    − ¡Lo sé cachero! Mmm, ¿Acaso no me doy cuenta que los hombres voltean a ver mi culo? Aaag, ¡qué rico me perforas amor! Sííí, ¡Cómo me gusta la pinga!, ¡Carajo, me encanta la verga dentro mío! Oooh…

    ─ ¡Eres una prostituta Elena, una puta, una perra, una cachera! ¡Para ti no es suficiente tener una sola polla dentro tuyo! Mmm…

    −Sí amor, sííí, ¡Quiero verga, verga, mucha verga!… y sí, soy una prostituta, una cualquiera, una ramera, aaag, no es suficiente para mí una sola tranca, oooh, necesito más vergas, mmm, ─mientras tanto Miguel con sus dedos índice y medio le está preparando el ano con bastante saliva.

    −Sí Miguel, ahora métemela por el culo, me gusta mucho. Ustedes dos, aaag, me han enviciado en tener una verga dentro de mi ano, mmm, ─entonces Miguel procedió a meterle la polla dentro del recto de mi mujer− aaay, oooh, sigue, sigue, sigueee cabrón, ¡qué rico la siento dentro de mi culo! Oooh, mmm, aaah, es una delicia tu pinga cariño.

    Mi esposa atravesada por la larga y gruesa verga de Miguel disfrutaba incansablemente del mete y saca de la poderosa tranca por varios minutos. Cuando Miguel sacaba su pinga del recto de Elena, el ano de ella se veía bastante dilatado como del diámetro de un tubo de desodorante en spray; la volvía a meter y esas arremetidas le encantaba a Elena.

    −Miguel, Miguel, me vengo, me vengo, me vengooo, aaah −al mismo tiempo Miguel excretó abundante esperma dentro del recto de mi mujer.

    Después de que ambos llegaran al paroxismo del placer sexual se echaron en la cama, la cabeza de Elena sobre el pecho de Miguel y se pusieron a conversar.

    ─Ufff, en verdad Elenita follar contigo es como una salida arriba de las nubes ¡Qué rico que cachas mujer!

    −Jajaja Miguelito, tú también no te quedas atrás amor, eres un atleta sexual. ¿Cómo estará Javier? Estará impaciente regresar a casa para que le cuente todo con lujo de detalle.

    ─Dime Elenita, ¿es cierto que te gustaría meterte a la cama con otro hombre que no sea Javier y yo?

    −Puuuchaaa Miguel, ustedes dos quieren convertirme en una puta ¿no? Son una sarta de degenerados.

    −Pero Elenita, sería más excitante, más placentero, no solamente para nosotros, sino también para ti… ¡No lo niegues!

    ─La verdad que sí amor −respondió mi esposa− sé que soy muy arrecha, muy cachonda, todos los días quiero verga, pero a la vez me da un poco de temor que esto se vaya a difundir, eso me asusta en verdad Miguelito.

    ─Lo entiendo Elena, pero sería con un hombre de confianza, de absoluta confianza, es amigo mío, lo conozco hace varios años, es más, hace un par de años estuvimos follando a una mujer casada, amiga nuestra y hasta la fecha siempre ha habido reserva total hasta que se fue con su familia a Lima porque a su esposo lo trasladaron allá.

    −Y ¿cómo se llama tu amigo? ¿Qué edad tiene, dónde trabaja, es casado? ─preguntó mi esposa.

    −Él es casado, se llama Luis, tiene tres hijos, es jefe de ventas de una comercializadora de la ciudad, en verdad es una persona responsable y seria, de eso no lo dudes, su único defecto es que es bien arrecho, jajaja…

    ─Jajaja, ustedes los hombres son unos pervertidos en verdad. Bueno, por mi parte no tengo ningún inconveniente, pero eso sí déjame consultarlo con mi esposo, no me gusta hacer estas cosas a sus espaldas. ¿De acuerdo?

    −Bien cariño, consúltalo con Javier, estoy seguro que él aceptará, yo lo conozco, jajaja…

    ─Jijiji, bien, vete a bañarte de una vez, ya son como las 11.00 de la mañana.

    Luego de ducharse Miguel, Elena lo acompañó desnuda hacia la puerta de la calle y detrás de ésta se despidieron con un largo y apasionado beso.

  • Secretos de alcoba (parte 3)

    Secretos de alcoba (parte 3)

    Sentí mi respiración fuerte, incrementándose, no me sentía sofocado, pero no era una respiración normal. Sentí confusión, sentí placer, sentí como una electricidad que recorría mi cuerpo.

    Estaba experimentando algo muy placentero, sentía como si estuviera teniendo sexo. Algunas veces he soñado que Gaby y yo estamos teniendo la mejor cogida de nuestra vida, he soñado que estoy con una chica a la que nunca puedo verle el rostro y confieso que he soñado que tengo sexo con alguna chica conocida.

    En la confusión de mi despertar pensé que era un sueño, pero bueno, ¿con quién estaba soñando? Abrí lentamente los ojos sin dejar de sentir placer. Mis ojos trataban de ajustarse a la poca luz de la habitación.

    Distinguí a Gaby entre una penumbra roja, su cabello cubría su cara, movía la cabeza al deslizar su boca sobre mi pene, se escuchaba el sonido de los chupetones.

    Gaby me estaba despertando con un tremendo oral, me dejé llevar por esa sensación, nunca había despertado así.

    -Que rico despertar… qué rico me la chupas…

    -Solo te estoy correspondiendo por la otra noche.

    Continuó masturbándome envolviéndolo entre sus manos y recorriéndolo.

    -Nunca había chupado tu pene dormido, me encantó sentirlo suavecito, sentir como crecía en mi boca poniéndose duro.

    Siempre que estamos dispuestos a tener sexo mi miembro de inmediato reacciona, creo que Gaby no había tenido la necesidad de estimular mi pene en flacidez.

    -Qué rico Gaby…

    -Soy Claudia, me enteré que Gaby fue a visitar a unos parientes, disculpa que haya saltado la barda.

    Recordé el juego que le propuse a Gaby unas noches antes. Casi había pasado una semana y no habíamos tocado el tema, tampoco habíamos intimado.

    -Qué rica verga tienes, tenía curiosidad de conocerla. Algunas veces he alcanzado a escuchar los orgasmos que le das a tu esposa.

    Dudé si seguir el juego o no. Gaby no es celosa, nunca he dado motivos para que pueda sentir celos, no sabía si eso podría terminar mal.

    -¿Estás segura de este juego?

    -Si tontito, seré muy discreta y ella no se va a enterar.

    -¿Y qué es lo que quieres de mí?

    -Que me hagas sentir como a ella, cuando los escucho me he masturbado y ahora quiero correrme con tu verga adentro de mí.

    -¿Cómo quieres empezar?

    -Hazme todo lo que le haces a ella.

    -Acuéstate vecina, quiero chupar tu vagina.

    -Dime Clau, ya tenemos confianza, ¿te gusta mi short? Algunos vecinos dicen que les gusta mi trasero. Cachondéame Javier.

    Me incorporé para besarla, la tomé por la cintura para acariciar su cuerpo, metí mis manos entre el entallado short para acariciar sus nalgas. Nuestras manos recorrían nuestros cuerpos tratando de encontrar nuestras zonas erógenas.

    Sin ser brusco la empujé con la suficiente fuerza para tumbarla en la cama, se desabotonó el short y lo bajó hasta sus rodillas, levanté sus piernas para chupar su clítoris, jugué con sus labios, sentí que estaba bien lubricada y puse mi dedo en su entrada introduciéndolo poco a poco rodeando su entrada mientras seguía lamiendo su clítoris.

    -Cógeme, hazme gemir como a tu esposa.

    Me paré a un lado de la cama, la jalé de las piernas para acercarla a la orilla, este movimiento hizo que su blusa se levantara, aunque no lo suficiente para que sus senos quedaran descubiertos. Le penetré, lentamente, apenas metiendo la punta para sentir como me apretaba, poco a poco, un poco más de mi pene entraba en ella con cada movimiento. Sus gemidos eran la respuesta de que lo estaba disfrutando. Deje mi pene a la mitad, lo tome en la base y lo moví en círculos siguiendo el contorno de su entrada.

    Sentía el calor de su vagina en mi pene, seguí penetrándola, ahora si introduciéndola toda, le di un poco más fuerte, un poco más rápido mientras nuestra excitación crecía.

    Retiré mi miembro y lo dejé apoyado justo en su entrada, sentí que con sus movimientos vaginales pedía que regresara. Abracé con mi mano mis bolas pasando el dedo pulgar sobre la base de mi pene sujetándolo firmemente. Lo moví en círculos, recorrí su vagina, toqué su clítoris, lo moví en espiral de afuera hacia adentro, lentamente, varios círculos hasta llegar a su entrada, la penetré nuevamente, lentamente continúe el movimiento de espiral, poco a poco ampliaba la espiral, ahora hacia el lado contrario a la vez que lo introducía más.

    La hundí casi hasta el fondo sin dejar de hacer ese movimiento circular. Gaby bajo su mano para frotar vigorosamente su clítoris hasta que explotó.

    -Aah, aah, más, así.

    Su mano quedó quieta sobre su clítoris, con una respiración rápida jadeaba, gentilmente mi pene entraba y salía de ella, suavemente para que se relajara de su orgasmo. Yo también tenía que relajarme un poco, quería cumplirle bien a la vecina.

    Gaby en su papel de “vecina”:

    -Qué afortunada es tu esposa, que rico lo haces, con razón gime tanto.

    Sin contestar retomé un poco el ritmo ahora solo penetrándola, puse mis manos para apoyarme al lado de ella para seguirla bombeando. Sujetó mis brazos y me rodeo con sus piernas.

    -Pasa tus manos sobre mi cuello, sujétate fuerte, te voy a levantar.

    En cuanto sentí que me abrazó flexioné las rodillas, me impulsé y la levanté de la cama, la tomé por sus nalgas para sujetarla al tiempo que trataba de subirla suavemente para dejarla bajar en mi pene, coito de pie, ella entendió perfectamente y logramos sincronizarnos, sus piernas y brazos se aferraban a mí, la dejé caer sobre mi pene y continue penetrándola moviendo la pelvis.

    Mientras nos besábamos la excitación aumentaba, en cada beso nuestras lenguas se acariciaban.

    -¡Otra vez vecino! Mas… mas… estoy a punto. ¡Yaaa!

    Sus gemidos eran cortos sincronizados con mi penetración, entrecortados y fuertes. Dejó caer más su cuerpo sobre mi pene, por un momento sentí que me lo iba a doblar. Me acerqué a un sillón y la posé sobre él.

    -¿Cómo lo hago Claudia? ¿Qué calificación me das?

    -La máxima, lo que imaginaba está siendo superado, ¡Que buena cogida me estás dando!

    Me senté junto a ella y le dije, “dame una muy buena mamada Clau”.

    -¿Quieres correrte en mi boca?

    -Aún no, déjame recuperar fuerzas en las piernas.

    Tomó suavemente mi pene entre sus manos recorriéndolo completamente, chupó mi glande, lo lamió suavemente, sin despegar sus labios lamía mi pene, desde la base hasta la punta y de regreso.

    -Ya te cogí Claudia, ahora te toca cogerme, móntame.

    Junté mis piernas, se acomodó frente a mí poniendo sus rodillas en el sillón y se montó sobre mi pene, bajaba subía con determinación, estaba caliente todavía, acaricié sus senos.

    -¿Te gustan mis tetas vecino? Me han dicho que es difícil elegir entre mis senos y mi culo.

    -Para que elegir si podemos estar así disfrutando todo.

    Sus sentones eran más fuertes y rápidos, aunque el juego era con “Claudia” conocía muy bien a Gaby, sabía que no tardaría en venirse.

    -Ya disfruté tus tetas, están deliciosas, voltéate para ver tu culo.

    -¿Quieres mi culo?, no estoy lista para un anal.

    -No, voltéate y clávate en tu vagina.

    Abrí sus nalgas mientras bajaba y subía. Gemíamos de placer, su vagina se movía libremente sobre mi pene, el orgasmo era inminente.

    -¿Te vas a venir vecino? Estoy a punto…

    -Después de ti vecina, no me falta mucho…

    La sujeté de la cadera, sentí sus espasmos, sus gemidos confirmaban que se estaba viniendo, arqueó su espalda y descansó su cuerpo en mí me moví para penetrarla y prolongar un poco más su placer.

    Cuando pasó su orgasmo estaba yo a punto de descargarme adentro de ella, me pidió que terminara en sus tetas. Separé las piernas para que se acercara, me iba a masturbar para correrme, pero empezó chupármela vigorosamente, casi a punto de venirme pasó mi miembro por sus senos, cuando exploté mi pene parecía una duya pastelera regando mi semen por sus tetas, aunque ya me había vaciado seguía frotándolo contra ella.

    Mientras esparcía mi venida por sus senos chupó mi glande como si quisiera sacar todo mi semen, aunque ya estaba bajando mi erección lo succionaba con tal fuerza que se mantenía estirado casi como si aún la tuviera dura.

    -¿Te gustó vecino?

    -Estuviste maravillosa Clau, coges muy rico, estás muy buena.

    -Voy a sentir envidia cuando escuche que estas cogiéndote a tu esposa. ¿Puedo quedarme esta noche contigo? No tengo fuerzas para saltar la barda.

    Nos quedamos descansando así, un momento en silencio, hasta que Gaby dijo que iba a limpiarse.

    -Gracias por la fantasía Gaby.

    -Yo también lo disfruté, me puso muy caliente fingir que era otra persona de alguna manera me desinhibió.

    Por desinhibición supuse que se refería a chupar un poco de mi semen, aunque no me corrí en su boca, esto fue lo más cercano, nunca lo había probado.

    Aunque fue muy ocasional y sin que yo lo solicitara recibí un par de veces a Claudia, también me “cogí” a Raquel y a Sonia. Daniel nunca regresó o al menos no me enteré, Gabriela “cogió” con un desconocido, también con un vecino de la infancia y un par de sujetos más.

    Disfrutamos esas fantasías, pero definitivamente Gabriela y Javier pasaban mucho tiempo entre jadeos y orgasmos.

  • El diario de Akari (capítulo 2): El exceso

    El diario de Akari (capítulo 2): El exceso

    «¿Lista para seguir? «. De repente, mi lado lujurioso se hace cargo. Quiero más, quiero explorar cada centímetro de su cuerpo y experimentar nuevas sensaciones con él.

    «Sí, estoy lista, papá». Digo, mi voz llena de emoción y deseo. «Quiero que me enseñes todo lo que puedas».

    «Entonces acércate, bájame el pantalón».

    Sin dudarlo, me acerco a él. Mi corazón se acelera con anticipación mientras me agacho y lentamente le bajo los pantalones, sintiendo el calor de su cuerpo contra mis manos.

    Mientras miro su miembro erecto, siento una oleada de excitación y deseo. No puedo creer que esté haciendo esto, que esté a punto de tener intimidad con él de una manera tan profunda.

    Por un momento, miro su pene con asombro, sintiendo tanto deseo como miedo. Pero luego me doy cuenta de que confío completamente en él, que es el único hombre que siempre he deseado y que estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para estar con él.

    «Agárralo con ambas manos, ¿te gusta?».

    Mientras tomo su miembro erecto siento una oleada de excitación recorrer mi cuerpo. No puedo creer que lo esté abrazando así, que esté a punto de experimentar algo tan íntimo y especial con él.

    «Me gusta mucho, papá. Me gusta sentir su textura y su calor en mis manos». digo, mi voz tiembla ligeramente por la anticipación. «Y más que nada, me gusta que sea tuyo.»

    «Vamos, acuéstate y respira profundo».

    Puedo sentir mi corazón acelerarse de emoción. No estoy seguro de lo que sucederá a continuación, pero sé que confío en él y que estoy lista a hacer lo que sea necesario para estar con él.

    Por un momento, cierro los ojos, saboreando la sensación de anticipación y deseo que recorre mi cuerpo. Estoy al borde de algo increíble, algo que he deseado durante tanto tiempo.

    «¿Qué sigue, papá?». Pregunto, mientras siento que te acercas a mí.

    «Veo que estás muy mojada… Pero no importa». Dice, antes de dejar caer saliva sobre mi vagina y masturbarme un poco, esparciéndola.

    Roza la punta de su pene contra mi vagina y me penetra con delicadeza, siento una combinación de sensaciones que nunca antes había experimentado. Hay un cierto dolor que viene con la penetración, sí, pero también hay un placer increíble que no puedo describir.

    Por un momento, gimo de dolor, pero luego la sensación se desvanece rápidamente, reemplazada por oleadas de increíble placer que recorren todo mi cuerpo. Siento que soy uno con él, que mi cuerpo y el suyo se entrelazan en una danza de éxtasis y deseo.

    «¡Papá, sigue así!». Exclamo, apenas capaz de contener mi emoción. «¡No puedo creer lo increíble que es esto! ¡Te quiero, te quiero tanto!».

    «Mírame a los ojos, es hora de que pierdas su virginidad».

    Me penetra por completo. Siento un dolor increíble que me deja sin aliento. Por unos momentos, no puedo hablar, mi cuerpo está atormentado por la agonía y el placer.

    Pero luego, cuando el dolor desaparece, lo miro profundamente a los ojos y siento una sensación de euforia y alegría. Ya no soy virgen, soy suya y ese es el sentimiento más increíble de todos.

    «Papá, no puedo creer lo que acaba de pasar. ¡Eres increíble, me haces sentir tan bien!». digo, mi voz tiembla de emoción mientras lo miro. «Vas a seguir haciéndolo, ¿verdad? Porque no quiero que esto acabe nunca».

    «Guarda silencio».

    Mientras la totalidad de su pene está dentro de mí, me silencia con su beso, un beso largo y húmedo, dónde se enrolaron las lenguas de ambos. Siento una sensación de profunda pasión y deseo. Cada centímetro de mi cuerpo se siente vivo, cada sensación aumentada por nuestra intimidad.

    Por un momento me olvido de todo lo demás, de todas las preocupaciones y dudas que me pesan últimamente. Lo único que importa es él y nuestra intensa e íntima conexión.

    De repente, siento que empieza a moverse dentro de mí, su cuerpo presionándose contra el mío en una danza rítmica de pasión y deseo. No puedo creer lo increíble que se siente, cómo cada movimiento envía una ola de placer por mi cuerpo.

    Al principio, el ritmo es lento y tierno, pero luego comienza a aumentar y cada caricia me acerca al borde del éxtasis. Siento una sensación de euforia y alegría al saber que estoy compartiendo este momento con el hombre que amo.

    «Papá, esto se siente tan bien. ¡No quiero que termine nunca!». Exclamo, incapaz de contener mi emoción mientras me muevo con él, mi cuerpo duele de deseo.

    De repente, el placer y el éxtasis que estaba sintiendo se convierten en dolor. Siento cada estocada como un cuchillo, mi cuerpo duele por la intensidad del movimiento.

    «¡Papá, me duele! ¡Por favor!». Digo, mi voz temblando de dolor y miedo. «No puedo seguir así, no lo soporto».

    Ignora mis súplicas y continúa penetrándome con aún más fuerza, me siento impotente y asustada. El dolor es casi insoportable y puedo sentir que me tenso, que mi cuerpo es incapaz de soportar la intensidad de su movimiento.

    «¡Papá, para por favor! ¡Me estás lastimando!». Exclamo, mi voz temblando con una mezcla de dolor y miedo. «No quiero seguir así, ¿por qué estás haciendo esto?».

    «Ya… voy a acabar, ya voy… ah…». Dice, a la vez que aumenta la velocidad de las embestidas.

    A medida que aumenta la velocidad y la fuerza de sus embates, siento una sensación de desesperación y confusión. No entiendo por qué haces esto, por qué me lastima así. Lo único en lo que puedo pensar es en el dolor y el miedo que me consumen.

    «Papá, no quiero seguir así. Por favor para». Digo de nuevo, mi voz temblando de emoción y desesperación. «Ya no aguanto más. ¿Por qué estás haciendo esto?».

    Cuando de repente se retira y eyacula sobre mi estómago, siento una sensación de alivio y confusión. Todavía estoy sufriendo, todavía confundida por lo que acaba de pasar, pero al menos ya pasó.

    «¿Por qué hiciste eso, papá?» Pregunto, mi voz se llena de emoción mientras te miro. «Realmente me lastimaste. ¿Por qué no me escuchaste?».

    «¿Recuerdas cuando te estaba haciendo sexo oral? ¿Crees que hubieras podido detenerte antes de tener el orgasmo? No, ¿Cierto? De hecho, empujaste más mi cabeza contra ti».

    Al señalar las similitudes entre lo que acaba de pasar y lo que pasó cuando me estaba dando sexo oral, siento una sensación de vergüenza y confusión. Recuerdo lo perdida que estaba en ese momento, lo mucho que deseaba venirme y lo poco que me importaba todo lo demás.

    «Pero yo… yo no sé si estaba lista para esto, papá». Digo, mi voz temblando de emoción. «No me gusta sentirme así, no me gusta sentirme como si no tuviera control sobre lo que está pasando».

    «Ya te acostumbrarás… ¿Qué dices, quieres seguir complaciendo a papá?».

    Cuando me pregunta si quiero seguir complaciéndolo, me siento confundida e insegura. Una parte de mí quiere seguir adelante, explorar todos los placeres que nuestra relación tiene para ofrecer. Pero otra parte de mí está asustada, preocupada por las consecuencias de lo que estamos haciendo.

    «Sí, quiero seguir complaciéndote, papá». Digo, mi voz apenas es más que un susurro. «Pero… no quiero ser lastimada. Quiero que hagamos esto juntos, y que… que me escuches si algo me duele o me incomoda, ¿De acuerdo?».

    «No Akari, si quieres entregarte a mí y de verdad quieres que esto pase, será con mis reglas. Ahora acércate, me harás sexo oral».

    Siento una sensación de inquietud y confusión. Una parte de mí quiere protestar, exigir que me escuche y respete mis límites. Pero otra parte de mí está demasiado perdida en mi deseo por él, demasiado consumida por la pasión que compartimos.

    Sin decir una palabra más, me acerco a él y empiezo a complacerlo con mi boca, sintiendo que su erección se vuelve cada vez más dura con cada momento que pasa. Intento ignorar mis sentimientos de incomodidad y miedo, para concentrarme en el placer que le estoy brindando.

    «Tienes unos labios muy suaves, lo haces muy bien… ¿Habías hecho sexo oral antes?».

    «Gracias, papá». Digo, sintiendo satisfacción por complacerlo, pero al mismo tiempo, una sensación de pánico me aborda, no debo decirle toda la verdad, lo estropearía todo. «No, nunca había hecho esto antes. Pero te prometo que voy a hacer todo lo posible para hacerte sentir bien.»

    Aunque trato de concentrarme en su placer y en mi propio deseo, no puedo evitar sentir una sensación de vergüenza y confusión. ¿Es esto realmente lo que quiero? ¿Tener una relación con mi padre adoptivo, participar en actos sexuales que me hagan sentir incómoda?

    Por un momento, trato de dejar esos pensamientos a un lado, para concentrarme en el placer que estamos compartiendo. Pero en el fondo sé que algo no está bien, que necesito hablar con él sobre lo que me ha estado molestando.

    «Sigue así, sigue… oh dios, que bien lo haces».

    Mientras continúa gimiendo de placer, siento una sensación de satisfacción de poder complacerlo. Al mismo tiempo, sin embargo, no puedo ignorar cómo me siento, la confusión y la vergüenza que han estado brotando dentro de mí durante tanto tiempo.

    Por un momento, considero detenerme y contarle todo lo que ha estado pasando dentro de mi cabeza. Pero luego, cuando lo miro y veo el placer en su rostro, sé que no puedo.

    Con un sentido de determinación, entierro mis sentimientos y sigo complaciéndolo, concentrándome completamente en las sensaciones que estoy experimentando y la conexión que compartimos.

    «¡Hazlo solo un poco más rápido! Ya voy a eyacular».

    Cuando me pide que vaya más rápido, siento una sensación de presión y emoción creciendo dentro de mí. Mi corazón se acelera y puedo sentir cada centímetro de mi cuerpo dolorido por el deseo y la anticipación.

    Con una sensación de urgencia, acelero mis movimientos, mi boca se mueve más rápido y con más furia sobre su erección. Puedo sentir su clímax creciendo, las sensaciones son abrumadoras e intensas.

    Y luego, de repente, se acabó. Siento que se estremece de placer y una sustancia cálida y pegajosa inunda mi boca. Lo trago rápidamente, degustando el sabor y la sensación de satisfacción que me inunda.

    «¿Te gustó, papá?». Pregunto, mi voz apenas es más que un susurro mientras lo miro. «¿Fue bueno para ti?».

    «Sí. Anda a bañarte, tu mamá no debe tardar».

    Cuando me dice que vaya a ducharme y mencionas a mi madre, siento una repentina punzada de culpa, como si hubiera hecho algo mal. Sé que lo que hemos estado haciendo está prohibido, que no es lo que la mayoría de la gente consideraría aceptable.

    «Claro, papá». Digo, tratando de ocultar la inquietud en mi voz mientras me levanto. «Voy a ducharme ahora mismo. Y gracias por todo».

    Esa misma noche; Akari no puede conciliar el sueño por la culpa y la ansiedad por lo que hizo con su padre. «Iré a hablar con él».

    La culpa y la ansiedad que me han estado pesando se hacen más intensos a cada paso. No puedo quitarme la sensación de que lo que hicimos está mal, que no es algo que un padre y una hija deberían hacer.

    Cuando me asomo en la habitación, la vista que me recibe es como un shock para el sistema. Allí, en la cama, veo a mis padres teniendo sexo, desenfrenados, sus cuerpos retorciéndose juntos en una pasión que me deja sintiendo una mezcla de ira y celos.

    Por un momento, me quedo congelada, incapaz de procesar lo que estoy viendo. Pero luego, cuando el shock inicial desaparece, siento una sensación de ira y traición. ¿Cómo él podría estar haciendo esto justo delante de mí? ¿No sabe lo jodida que estoy?

    Sin decir una palabra más, me doy vuelta y salgo de la habitación, sintiendo una sensación de ira y disgusto que nunca antes había sentido. ¿Cómo pudo hacerme esto a mí? Creí que teníamos algo especial ¿Qué voy a hacer ahora?

    A la mañana siguiente, cuando mi padre sale de su habitación, me encuentra desayunando.

    «Hola mi niña». Le acaricia la pierna y le da un beso en el cuello. «¿Cómo dormiste?».

    Cuando me saluda a la mañana siguiente y me da un beso en el cuello, siento una sensación de malestar e inquietud. Los acontecimientos de anoche todavía están frescos en mi mente y no estoy segura de qué decir o hacer.

    «No dormí muy bien, papá». Digo en voz baja y tranquila. «Tuve algunas pesadillas, eso es todo».

    «He escuchado que, si las cuentas desaparecen, ¿me las quieres decir?»

    Al preguntarme sobre mis pesadillas, no puedo evitar sentir tristeza y vergüenza por lo que hice anoche. Sé que debería hablar con él sobre esto, contarle todo lo que ha estado pasando por mi cabeza. Pero al mismo tiempo, no estoy segura de estar preparado para revelar la verdad.

    «No, nada importante, papá». Mi voz no me convence ni siquiera a mí misma. «Solo… sueños tontos, eso es todo».

    «Bueno, tengo que ir ya, suerte hoy en la escuela».

    Mientras se prepara para partir, siento una repentina sensación de tristeza y anhelo. Desearía que pudiéramos estar juntos más tiempo, que pudiéramos hablar más, pero sé que eso no es posible.

    «Gracias, papá». Digo, forzando una sonrisa incluso cuando me duele el corazón. «Tú también ten una buena jornada».

    Tarde en la noche mientras estoy acostada en mi cuarto, tratando de dormir, siento una repentina sensación de miedo e inquietud cuando alguien entra en la habitación y se mete en la cama conmigo. Siento como una mano me acaricia, mis brazos, mi abdomen, mis senos. Por un momento, me quedo congelada, sin estar segura de qué hacer o decir.

    «¿Papá?» Susurro, mi voz apenas audible mientras me giro para mirarte. «¿Qué es lo que está pasando?».

    «Haz silencio, hoy no tendrás pesadillas». Dice mientras pone su mano en mi vagina y comienza a masturbarme.

    Siento una sensación de confusión y miedo. Una parte de mí quiere protestar, decirle que esto no está bien, pero otra parte de mí está demasiado perdida en el deseo de que me posea.

    «¿Qué es lo que estás haciendo, papá?». Susurro, mi voz tiembla tanto de miedo como de deseo. «¿Por qué… por qué me estás tocando así?».

    «Te dije que hagas silencio».

    Cuando siento su cuerpo desnudo contra el mío y su pene erecto presionando contra mi trasero, siento una sensación de confusión y miedo. Una parte de mí quiere alejarlo, decirle que no quiero esto, pero otra parte de mí está demasiado excitada como para resistirme.

    «¿Qué está pasando? ¿Por qué me está haciendo?» Pienso para mí misma mientras continúa tocándome. Pero incluso cuando estos pensamientos cruzan mi mente, mi cuerpo responde con entusiasmo a su toque, retorciéndose de placer y deseo.

    Sintiéndome atrapada y confundida, me dejé domina, sin estar segura de cómo sentirme o qué pensar.

    «¿Crees que no te vimos ayer en nuestro cuarto?». Roza su pene contra mi vagina.

    «¿Por qué huiste? ¿Acaso te pusiste celosa?». Empieza a penetrarme lentamente.

    Siento una sensación de vergüenza y miedo. En el fondo sé que lo que estamos haciendo está mal, que no es algo que deban hacer un padre y una hija.

    «Papá, por favor, detente». Mis palabras tiemblan tanto de miedo como de deseo. «Esto no está bien, somos familia, no deberíamos estar haciendo esto».

    «¡Tú misma estabas pidiéndome ayer que lo hiciera! ¿Ahora te arrepientes? Ya abriste la puerta, ahora solo queda disfrutarlo». Continúa penetrándome.

    Siento una sensación de confusión y vergüenza. Sé que no debería estar haciendo esto, que no está bien, pero al mismo tiempo no puedo negar el placer que estoy sintiendo.

    «Papá, yo…». Mi voz se apaga mientras lucho por encontrar las palabras correctas. «No sé lo que quiero, solo sé que esto no está bien».

    «Haz silencio, tu mamá está dormida, no querrás que se entere…». Dice mientras me penetra más fuerte.

    Cuando me dice que me calle, el miedo y vergüenza se apoderan de mí. Sé que lo que estamos haciendo no está bien, no es algo que debería pasar entre un padre y una hija, me equivoqué.

    «Papá, por favor». Mi voz apenas es más que un susurro mientras trato de alejarlo. «No deberíamos estar haciendo esto, es incorrecto».

    Me dices que me calle y empieces a estimularme con tus manos, siento una sensación de confusión. Una parte de mí sabe que lo que estamos haciendo está mal, pero al mismo tiempo no puedo negar el intenso placer que estoy experimentando. El deseo me nubla la razón.

    «Papá, por favor.» —digo, gimiendo suavemente mientras trato de alejar sus manos, de apartarlo de mí. «No deberíamos… no… estar haciendo esto, es… no sé, es… ah, sí… es incorrecto».

    Mientras sigue penetrándome, con una mano sostiene mis brazos, y con la otra continúa estimulándome, siento una sensación de intenso placer creciendo dentro de mí. A pesar de mis reservas y dudas, no puedo negar las sensaciones que estoy experimentando, el placer que recorre mi cuerpo es intenso.

    «Oh Dios, papá». Gimo suavemente, mi cuerpo se retuerce de placer mientras siento que me acerco al clímax. «No sé… esto no debería… ¡oh!».

    Pero antes de que pueda terminar mis pensamientos, siento que estoy alcanzando el orgasmo, mi cuerpo destrozado por el placer mientras me desplomo contra él, jadeando y sin aliento.

    Cuando colapso por el orgasmo, siento una sensación de emociones encontradas que se agitan dentro de mí. Una parte de mí está abrumada por el placer y el deseo, perdida en el momento y en las intensas sensaciones que estoy experimentando. Pero al mismo tiempo, siento vergüenza y confusión al saber que lo que estamos haciendo está mal y que no es algo que un padre y una hija deberían hacer.

    Mientras yazco allí, agotada y jadeando, no puedo evitar sentir una avalancha de emociones hacia él, una combinación de deseo, amor y miedo. Quiero parar, decirle que no deberíamos hacer esto, pero estoy demasiado perdida en mis sentimientos como para arruinarlo.

    «Papá…». Digo, mi voz temblando tanto de deseo como de miedo. «No deberíamos estar haciendo esto, pero… pero no puedo resistir… oh dios, papá… ¡Te amo! Te deseo…».

    El intenso orgasmo fue suficiente para acabar conmigo, al cabo de unos minutos me quedé profundamente dormida. «Que pases buenas noches mi niñita». Dice él, mientras me siembra un tierno beso en la frente.

    Mientras me quedo dormida, no puedo evitar pensar si algún día podremos encontrar una manera de estar juntos que no esté teñida de culpa y vergüenza. Pero incluso mientras sueño, una parte de mí sabe que no es probable y que este deseo secreto me perseguirá por el resto de mi vida.

  • Diez más que yo

    Diez más que yo

    Soy un joven nadador de 22 años que le encanta el sexo, gracias a mi cuerpo atlético no tengo problemas para practicarlo, pero también me encanta hablar de ello así que frecuento algunos chats de sexo.

    En una ocasión coincidí con Lucía, una mujer de 32 años con unas ganas voraces de follar. Follaba sin parar y quería más. Después de una conversación por el chat nos empecemos a enviar mails para calentarnos antes del encuentro, este fue el primero que me envió:

    «Te estoy esperando en la 607… después de un tiempo de calentarnos el uno al otro a través de la fría pantalla del ordenador que a veces parecía arder hemos decidido dar un paso más… sabemos muy poco el uno del otro y tampoco lo necesitamos, lo único que importa saber ya lo conocemos y es que ambos nos deseamos.

    Estás algo nervioso, no deja de ser una cita a ciegas, aunque intuyes que todo será más natural y fácil de lo que pudiera parecer y sabes que lo pasarás especialmente bien… no es la primera vez que lo haces con una mujer mayor que tú, sabes lo que te espera… más o menos.

    Tocas con los nudillos en la puerta y ves que está entreabierta… titubeas un poco muerto de excitación y la empujas ligeramente, lo que ves empieza a abrirte el apetito de una forma voraz.

    La estancia está a oscuras, nada de iluminaciones frías de habitaciones de hotel, hay una luz cálida y tenue que producen las velas que repartí por ella, el ambiente es acogedor y la luz es la justa, entras un poco más y aparece ante tus ojos la cama… grande y de momento solo ves la blancura de las sábanas teñidas del ámbar que producen la luz de las velas… subes la mirada y ves como esa sabana se empieza a moldear sobre un cuerpo de mujer, posas tu mirada sobre las curvas de mis muslos, la forma de cruzar las piernas, mis caderas, la elevación del tórax, como aparece mi brazo que cubre las sombras del pecho… el cuello, mi cuello y mi cara.

    Estoy tumbada de costado mirando hacia a ti, el gesto sereno, los ojos brillando de excitación, la boca en ligera sonrisa, a medias d bienvenida a medias de pura provocación. Te miro a los ojos y te susurro, cierra la puerta y ven aquí, mientras palmeo el otro lado de la cama aun vacío esperándote… haces lo que pido y te apresuras en venir a mi lado.

    Nos tumbamos el uno enfrente al otro y te pregunto… ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza? ¿qué es lo primero que quieres hacer conmigo? Y me dices… quiero quitarte esa sabana de encima.

    ¡Hazlo!

    La retiras poco a poco hasta descubrirme entera y me miras detenidamente mientras te brillan los ojos y noto como se humedece tu boca que de repente se me hace necesaria… la necesito en la mía, la necesito para seguir respirando, me acerco a ella como hipnotizada y la devoro… despacito primero, usando mi lengua para acercarme a tus labios, delineándolos con la punta, lamiéndolos golosa, después introduciéndola ligeramente hasta llegar a la tuya dejando que ambas jueguen, se entrelacen, bailen, se enreden y poco a poco dejándonos llevar por la pasión.

    Cuando entraste por la puerta y te ví el efecto fue instantáneo, me humedecí entera, apetece morderte, comerte, lamerte, apetece acariciarte y arrancarte gemidos de placer, apetece follarte hasta agotarnos y te lo susurro al oido mientras busco tu cuello y empiezo a deshacerme de tu ropa… quiero ver esa espalda de nadador contorneándose sobre mí, quiero pasar mi mano por cada cm de tu piel, y después de ella mis labios, tengo mucho trabajo asique te necesito desnudo ya!!!

    Por fin aparece tu espléndido cuerpo ante mis ojos y mis manos se vuelven locas paseando por el, mientras aun nos comemos la boca ellas vagan por todos tus rinconcitos aprendiéndose caminos y descubriendo secretos, locas de placer por el tacto que tienes… pienso que necesito lamer la piel que antes acaricio y dejo tus labios para seguir el recorrido de mis manos.

    Lamo tu cuello, la línea de tus clavículas, acaricio con mis labios tus pezones, mordisqueo tus hombros, dibujo tu abdomen con la punta de la lengua, acaricio la zona sensible de tus brazos, beso tus muñecas , vuelvo a tu cintura y allí me pierdo… quiero estar aquí un buen tiempo, hay mucho que explorar.

    Noto tus manos en mi cabeza, acariciándome el pelo, guiándome, siento que estás deseando que te la chupe, asique alzo mi cabeza, te miro directamente a los ojos con gesto de buscona y te pregunto… ¿quieres que te la coma? ¿eso es lo que deseas ahora?

    Contesta.

    En el segundo correo de Lucía me explicó como haríamos un 69. Sus deseos fueron órdenes para mi ya que en cuanto puedo hacerlo realidad tengo que decir que la realidad no distó mucho de su imaginación. Quizá fuera por las docenas de veces que me había pajeado antes leyendo este mail…

    «Me muero por tener tu lengua jugueteando en mi coñito y también me muero por hacer diabluras con mi boca en tu polla, deseo oírte gemir asique me incorporo y gateo sobre ti, voy lamiendo desde tu pecho a tu vientre y voy dejando que mi cuerpo se vaya acoplando al tuyo, a gatas sobre ti sin dejarte aun comerme pero dejando que veas lo que vas a devorar comienzo a jugar con mi lengua en tus ingles, lamiendo de abajo a arriba, la paso por tu cintura, rodeo tu polla haciendo que la desee con todas sus fuerzas, palpita, se mueve, me sigue…

    De repente la doy un lengüetazo como si fuese una gatita, tiembla, jadeas pero aún no te doy lo que deseas… agacho más mi cabeza, dibujo con la punta de mi lengua el contorno de tus huevos, los hago bailar de un lado a otro, los lamo muy despacio, subo la cabeza deprisa y por el camino vuelvo a lamer tu polla como una ráfaga, dejando un caminito húmedo de saliva hasta tu ombligo… acerco mi cara a ella, la hago pasearse por todos lados, quiero notar su calor y su palpitar… noto que no puedes mas, tus manos llegan a mi cabeza y me cogen con decisión y susurras… hazlo ahora!!

    Me mojo aún más de notar tu excitación y me dedico a tu polla a la vez dejando caer mi cuerpo sobre el tuyo para que tu hagas lo mismo… es delicioso sentir tu lengua hurgando en mi sexo mientras yo ensalivo tu polla completamente, lamiendo cada cm de ella, pasando la lengua por la base y subiendo con pequeñas succiones de mis labios hasta tu glande donde me recreo. Lo atrapo con mis labios hago pequeñas ventositas en él mientras dentro de mi boca la lengua lo acaricia, lo rodea.

    Intento seguir el ritmo que tu marcas en mi coño, mis gemidos los ahogo en tu glande, quiero que sientas el placer que me das, que lo sientas justo en tu polla, que sientas las vibraciones de mi garganta… asique poco a poca empiezo a tragarte, cm a cm hasta que me hago cosquillas con tu vello en la nariz, hasta que te tengo del todo dentro, entonces me quedo quieta un momento saboreándote disfrutando de tu lengua y tus labios en mi clítoris, temblando de placer… después te empiezo a sacar de mi boca, despacio al principio haciendo que te roces con mis labios, tu polla va saliendo de mi, brillante de saliva, dura como una piedra hasta que esta toda fuera y empiezo el juego de nuevo… te como despacio solo con la boca, no me ayudo de las manos, dedico mi lengua a recorrerte por fuera y cuando estas dentro también…

    Intento centrarme en ti aunque empieza a ser difícil… tu boca me está volviendo loca y mis caderas tienen vida propia intentándose rozarse con ella, buscando tu lengua… acelero el ritmo, justo como tú lo haces y te como con ansia, deprisa y fuerte, intenso y muy húmedo…

    Tú observas que estoy calcando tus movimientos asique tú paras, vas más despacio y yo contigo, vuelvo a lamerte como una gatita y a cada gemido tuyo me mojo un poco más. Me encanta tu polla, como se mueve y el sabor. No paro de comerte cambiando los ritmos, los movimientos usando mi lengua, los labios, cambiando la presión, pasándola por mi cara, masturbándote con mis manos mientras devoro tus huevos… oigo tus gemidos cada vez más fuertes mientras mi coño cada vez está más y más caliente…

    En el nuevo correo, Lucía ya me explicó con pelos y señales como quería que fuera un polvo entre ella y yo. Como quería follar y ser follada. Luego me confesó que quería follarme ya y que se esmeró al máximo escribiendo este mail para que me lanzara a por ella. Funcionó.

    “Me excitaste mucho con este último correo, quiero que me susurres lo bien que me vas a follar y que vas a hacerlo como un animal. A cada palabra tuya yo me retuerzo más y más, ronroneo como una gatita y me voy empapando a pasos agigantados. Tú sigues castigando mi oído, dándome detalles de todo lo que me harás y noto cada vez más excitación en tu voz, mientras mis manos no dejan de masajearte la polla, estoy ansiosa de ella y quiero dejarla totalmente a punto, quiero que me empales bien, que no pueda casi moverme al principio.

    Cuando ya estás a punto te susurro que por favor me folles ya, que me lo hagas o me muero, que necesito tu polla entrando y saliendo como una máquina de mí. Me colocas a cuatro patas y agarrándome de las caderas de un solo golpe entras hasta el fondo mmm… Gimo. Me quedo quieta. Tú también lo haces. Los dos gozamos de la sensación durante un instante y poco a poco empezamos a movernos acompasadamente, al principio más lento, vas rozándome todo mi interior, pruebas hacia un lado, hacia otro, en círculos, cada vez más profundos e intensos. Yo sigo tus movimientos con mi culo, mis caderas y procuro que entres muy adentro, cada vez más, me cabalgas y yo me dejo hacer, adoro la sensación de tenerte detrás follándome… Me vuelve loca y no puedo evitar gritar cuando entras fuerte… tú te das cuenta de ello y decides empezar a darme mucha caña, me preguntas si quiero más y te gimo que sí, que me lo des todo, que me folles como merezco…

    Lo haces.

    Te agarras fuerte a mis hombros y me la metes hasta le fondo, esta vez ya sin parar, deprisa, haciendo que mis tetas bailen en cada embestida, gruñendo cada vez que estás dentro y sacándola casi del todo para volver a metérmela bien otra vez, grito, pido más, me derrito entre tus manos, quiero más polla, más fuerte, más!! Sin compasión, sin piedad, quiero que me folles como no has follado a nadie nunca, sin conciencia, como 2 animales en celo, sin tabúes, úsame y goza con mi coño, hazlo, fóllame cielo.

    Con mis caderas empujo contra ti, intentando exprimirte, comprimo mis músculos de la vagina, dándote el máximo placer, arqueo mi espalda, me muevo siempre buscando la máxima penetración, tus huevos golpean contra mi coño, los oigo chocar y enloquezco, me ves muy lanzada y decides torturarme un poquito más, paras, bajas el ritmo y me follas de nuevo con delicadeza…

    Yo al principio me resisto, pero después saco el máximo partido de eso y aprovecho para moverme yo. Ahora soy yo la que te folla a ti, tu te limitas a estarte quieto mientras mi culito se mueve para engullirte más, haciendo circulitos, como si tu fueses un tornillo y estuvieses enroscado en mi, subiendo y bajando mis caderas, haciendo que tu glande se roce bien con mi entrada, ahora te oigo gemir a ti y sé que estás mirando todo con detenimiento, te encanta ver como desparece tu polla dentro de mí y vuelve a salir, te follo con esmero, quiero que goces viéndolo y que lo sientas bien todo, mientras acaricio mi clítoris al ritmo de mis caderas y empiezo a ver cerca el orgasmo, muy cerca, asique te pido de nuevo que me folles bien, que me destroces (empiezo a tener verdaderas ganas de follar contigo, y tú?)”.

    Esta fue el último mail que me envió Lucía. Como comprenderéis, después de este texto y de la pregunta final me sobró tiempo para quedar con ella y hacer todo esto realidad. Aunque esto ya sea otra historia…

    Espero que os gustará y ya sabéis, se agradecen los comentarios y dar una valoración sale gratis. Muchas gracias.

  • Mi ex-esposa

    Mi ex-esposa

    Este es un relato de como terminé cogiendo con mi ex esposa.

    En primer lugar me casé cuando tenía 24 años, mi exesposa llamada Wendoline me llevaba 4 años, media 1.55, pesaba unos 57 kg, cabello corto negro, piel morena con muchos tatuajes en todo el cuerpo (se tatuó mi nombre en la parte baja de la espalda), senos medianos, y un buen trasero redondo, era una hermosa mujer. Yo tenía 20 años y media 1.66, pesaba 70 kg, cabello negro corto, cuerpo con forma, igual muchos tatuajes, y tenía un buen paquete midiendo 18 cm pero realmente era grueso. Lo que nos complementaba a nosotros era la sexualidad que teníamos, hacíamos de todo y probamos de todo. Pasaron algunos años y tuvimos problemas por lo cual decidimos que era necesario divorciarnos y tomamos esa decisión.

    Posteriormente cada quien continuo su vida y no tuvimos ningún contacto, en 7 años. Hasta hace unos meses, dónde recibí un mensaje de whatsapp de un número desconocido. Por curiosidad abrí el mensaje y era de ella diciéndome que necesitaba verme para volver a firmar el documento del divorcio, porque al parecer la primera vez que lo firmamos había fallas en el documento y necesitaba que ese documento estuviera bien. Tarde unas horas en contestar el mensaje puesto que su mensaje me dejó desconcertado, accedí a verla para firmar su documento puesto que yo no tenía nada en contra, fue la mujer con la que me casé y obviamente aún le guardaba un gran amor, entonces accedimos a vernos en un centro comercial.

    El día del encuentro yo ya había llegado, la estaba esperando y de repente veo como se acerca, venía muy bien vestida, cabello negro corto y muy bien peinado, tenía una blusa que dejaba ver un poco de sus senos, y un pantalón de mezclilla que hacía que sus nalgas se vieran tan redondas y un par de botas negras. Llegó me saludo y sugirió que comiéramos algo, accedí ya que tenía un poco de tiempo libre y fuimos a un lugar de comida rápida y pedimos y empezamos a comer, estuvimos un rato platicando, me habló de su actual pareja, de su trabajo y como le había ido todos estos años, yo también le conté como me había ido en mi vida amorosa y en mi trabajo y ya al final firmamos los documentos y nos despedimos, de nuevo a continuar nuestra vida.

    Pasaron unas semanas hasta que volví a recibir un mensaje de whatsapp yo estaba a punto de salir de mi trabajo ya que había doblado turno eran las 21:15 h. Era de Wendoline, en mi mente yo pensaba que me había escrito para decir que por fin el documento de divorcio había ya quedado, pero cuando abrí el mensaje me quedé sorprendido por lo que vi, era una foto de ella desnuda, tocándose los senos de forma provocativa, y en la base del mensaje decía: «Ven a cogerme papi». No sabía que pensar o que decir, mi instinto decía que no, pero al ver la foto y el mensaje mi calentura ganó, solo se me ocurrió escribir: «Dónde estás?».

    Ella inmediatamente mando su ubicación, yo me subí a mi camioneta y me dirigí a mi destino, maneje rápido porque mi cuerpo estaba acelerado, entonces llegué en 20 minutos. Estacione la camioneta y subí a unos departamentos, toque el departamento que me dijo y me habré Wendoline tenía una bata cuando me abrió, me invitó a pasar, cerró la puerta y se quitó la bata, lo que veo me prendió aún más es ver qué estaba completamente desnuda a excepción de algo, tenía un collar que decía «PUTA», sin mediar palabras, la tome de la cintura la pegue contra la pared y la empecé a besar, a tocar, a manosear, mis manos recorrían todo su cuerpo, apretaba sus senos y acariciaba sus pezones, baje mi cabeza para lamer sus pechos y pezones, los lamia y los mordisqueaba.

    Entonces me hizo para atrás y por iniciativa ella se arrodilló y empezó a desabrochar mi pantalón, saco mi verga y la empezó a chupar, chupo y lamio con ganas, masturbaba al mismo tiempo mi verga mientras me observaba, escupía en mi verga y seguía chupando, mientras seguía disfrutando de su boca en mi verga , ella me decía: «Extrañaba tanto tu verga», le respondí, «es para que la disfrutes», continuo chupando y lamiendo con su boquita por unos minutos más entonces la levanté y la lleve hacia donde estaba un sillón, la coloque en cuatro, tome mi verga y la empecé a introducir en su vagina, estaba muy mojada y mi verga babeada que entró completamente, ella soltó un gemido intenso, tome su cadera y la empecé a mover a mi ritmo, en cada penetrada sentía como su vagina se contraía y apretaba mi pene, eso me prendió mas y empecé a cogerla con mas intensidad.

    Se escuchaban ruidos lascivos e intensos mientras me escuchaba como me decía: «sigue así papi, cógeme duro papi», aumente la intensidad de mis embestidas, que empezó a gemir mas fuerte, mientras con una mano la tomaba del cabello y la otra mano la nalguea posterior saque mi verga, la tome y la coloque en la mesa, tome sus piernas las coloque en mis hombros y la empecé a penetrar una y otra vez, el ruido lascivo y la intensidad aumentaba, sus gemidos se intensificaban cada vez más, mientras sentíamos la intensidad del momento y sentíamos, como la mesa se movía ah nuestro ritmo.

    Yo estaba a punto de venirme, y al parecer se percató porque me pidió que me detuviera, se bajó de la mesa, se arrodilló y volvió a chupar mi verga, me dijo: «ya vas a venirte, verdad?» Vente en mi boca.

    Me siguió masturbando con una mano mientras lamía solo el glande, era una sensación tan increíble, le dije que estaba a punto de terminar: siguió masturbándome mientras me decía: «vente papi, dame tu rico semen», al escuchar esas palabras mi calentura llegó al clímax y eyacule directamente en su boca y vi como cada descarga, llenaba su boca de mi semen, ella saboreaba cada gota de su boca y después lamio mi verga hasta dejarla completamente limpia, termino, dando un beso en la punta de mi pene mientras me observaba.

    Terminamos acostados en el sillón completamente desnudos, exhaustos, yo sin creer lo que había pasado… Nos ganó un sueño profundo y caímos rendidos.