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  • Prostituida por sumisa

    Prostituida por sumisa

    No era nuestro primer encuentro, compartíamos nuestro gusto por vestir ropa femenina y comportarnos como mujeres de forma privada, mientras yo me inclinaba a ser una hembra sumisa y pasiva, ella era activa y dominante.

    En esa ocasión nuestro encuentro había comenzado la noche anterior y ya ella había hecho de todo para feminizarme, humillarme y dominarme, por lo que estaba todo el tiempo excitada y caliente, desde que estaba en su apartamento había tenido que usar varios vestidos, pantis, medias, faldas, camisas, zapatos, sostenes, disfraces, uniformes y todo tipo de accesorios femeninos, me había castigado metiendo dildos adentro de mi culito, me había dado nalgadas, amarrado, penetrado y hasta se había masturbado encima de mi tirando toda su leche en mi boquita, mis labios y mi carita de mariquita, también me había obligado a dormir usando una pijamita con pantis de algodón blancos y toalla higiénica femenina.

    Para feminizarme y humillarme me había obligado a hacer todo el aseo del apartamento, había lavado cada baño con un juguete diferente adentro de mi culito, había cocinado vestida como una sirvienta y arreglado la cocina vestida como toda una dama, ella me había usado como su muñeca y me había vestido como una hermosa princesa, me había castigado por manchar mi ropita y mojarla y luego me había obligado a vestir como una campesina, también varias veces me había ordenado vestir como una prostituta callejera.

    Durante nuestra sesión habíamos mirado pornografía y habíamos ingresado a salas de chat en las que ella me enseño como coquetear como una mariquita travesti, también me había tomado fotos y videos que compartió para enseñarme a ser una linda mujer que complace a los hombres que quieren ver su cuerpo femenino.

    Luego de comer arregle la cocina solo en ropa interior femenina como ella me había ordenado y cuando termine me ordeno que me vistiera con el traje de princesa que me había puesto la noche anterior, yo fui obediente a la habitación notando que ella estaba en una de las salas de chat que habíamos explorado en la tarde, después de desnudarme me volví a vestir completa lo más rápido que pude pues sé que a ella no le gusta esperar, me retoque el maquillaje y me puse los mismos zapatos altos de princesa que había usado antes con el vestido, me los coloque con unas medias de liguero, luego me puse unas pantis blancas de seda y encaje con unos sostenes a juego, luego me coloque varias enaguas que iban con el vestido y me hacía ver más femenina y termine con el vestido rosado de princesa que ella quiera que usara.

    Cuando regrese ella seguía en el computador y me ordeno que me sentara en un sillón de la sala, yo me senté y ella me tomo una foto, luego escribió un par de cosas más y se paró de la silla, primero fue a la habitación y regreso con la bolsa en donde sabía que estaban las cuerdas, traía además un collar rosado de perrita con su cadena, solo verla me excito y me puso muy caliente, ella me ordeno ponerme arrodillada en el sillón de espaldas, parando mi colita lo más que pudiera y con las piernas abiertas, así me amarro bien de manos y piernas.

    Luego me levanto la falda y me tomo otras fotos, poniendo especial atención en los pantis blancos de seda y encaje que había elegido, tomo la correa de perrita y una mordaza para mi boquita, cuando me tuvo así vestida me dijo que era una linda sumisa mariquita, una travestida, sumisa y feminizada, como ella sabía lo mucho que disfrutaba de tener una verga dura y gruesa en mi culito, estaba segura de que era una hembra y me encantaba ser una puta, así que desde hace algún tiempo tenía la fantasía de prostituirme, de venderme como una puta a un macho y mirar mientras un hombre me rompía el culito y me dejaba abierta y disponible como una puta barata.

    Yo la mire asombrada, también muy excitada, no podía creer lo que me decía, iba a ser prostituida y no podía hacer nada para evitarlo, estaba amarrada en su apartamento, no solo estaba vestida como una princesa, me sentía completamente feminizada y sometida, como ella sabía que todo era una sorpresa y no quería que me resistiera me dijo que había puesto algo en la mordaza y que ahora ya me debía estar sintiendo un poco mareada y cada vez más excitada.

    Luego me recordó que era su sumisa, su perra así que debía obedecer y me pregunto si iba a dejarme tratar como una puta, yo conteste con mi cabeza con un SI, ella paso atrás de mí y luego de levantar mi vestido me coloco lubricante en mi culito sin bajar mis pantis, y cuando estaba terminando alguien golpeo la puerta.

    Ella me arreglo bien las pantis y me bajo el vestido y fue a abrir, yo seguí inmóvil, atada y cada vez más excitada, mientras los escuchaba me sentía humillada pues ella me describía como una puta, como una perra en celo que deseaba ser penetrada, que necesitaba que le llenaran el culito de leche, se colocaron frente a mí y ella tomo la correa de mi collar de perrita mientras él sacaba algo de dinero de uno de sus bolsillos, no sé si sería casualidad pero sentí que ella quería que viera como me vendía, como negociaba mi culito para que me sintiera más humillada, más feminizada.

    Él solo quería penetrarme y ella iba a filmar como lo hacía, como él ya estaba excitado, ella repitió el precio que había acordado y él le entrego el dinero rápidamente, después de comenzó a soltar su correa y desabotonar su pantalón, entonces saco su verga justo frente a mi carita, era grande y muy gruesa, ya la tenía muy parada, se veía muy dura, el me la mostro y tomando el collar de las manos de ella se colocó detrás de mí, primero me levanto el vestido y cuando vio mis pantis mojados me dio una nalgada llamándome perrita cochina, puta sucia.

    Me bajo las pantis solo lo suficiente para penetrarme toda de un solo golpe, yo grite con mi mordaza, me moví por el dolor, me estaba partiendo, él no le dio importancia y comenzó a montarme como a una hembra, sentía su verga dura y caliente adentro de mí, sentía que me partía en dos, el mientras me montaba me seguía diciendo que era una puta, una perra y halaba de la corra de mi collar de perrita para que pusiera mi culito más parado a su disposición, el dolor de su penetración había ido disminuyendo, pero la excitación seguía aumentando, me sentía muy caliente, disfrutaba mucho de ser penetrada y él me estaba partiendo en dos, sentía su verga dura y gruesa abriendo mi culito.

    Él se movía adelante y atrás diciéndome que era una perra, una puta sucia, yo me sentía así, como una hembra en celo, como una puta que disfrutaba la verga de un macho por trabajo y placer, me sentía una perra caliente, ella nos filmaba, tomaba fotos y él se ponía cada vez más caliente, le encantaba montarme así vestida, le gustaba que ella mirara como me penetraba, como rompía mi culito, como me hacia una hembra, entonces comenzó a montarme más duro, más rápido y ella me quito la mordaza de la boca para dejarme gemir como una puta, yo agradecida gemía más duro, lo hacía de la forma más femenina que podía, como una puta en celo.

    El disfrutaba de mis gemidos y me penetraba más adentro, más duro hasta que sentí como su verga se puso dura, caliente, se puso más gruesa y comenzó a disparar su semen adentro de mi culito, sentí cuatro chorros muy grandes, me sentí llena de semen como una puta, preñada como una hembra, él se dejó caer encima de mi un momento y sentí como su verga iba perdiendo tamaño, iba saliendo de mi culito abierto, mojado y caliente, él se puso de pie y luego de sacudir su verga encima de mi, subió sus pantalones y salió del apartamento, no sin antes pedir una copia del video.

    Yo quede inmóvil, muy excitada, me encantaba sentir mi culito abierto, sentía como el semen comenzaba a salir y mojaba mis pantis que aún estaban sobre mi verguita y la parte de debajo de mi culito, ella termino de tomarme algunas fotos así, luego sentí como metió un plug en mi culito mojado y subió mis pantis mientras me decía que no quería que saliera todo el semen de mi culito todavía, después comenzó a soltar mis manos y mis piernas no sin antes decirme que debía quedarme así como estaba, yo me quede quieta y sumisa, me sentía muy excitada, muy sumisa y femenina, ella me soltó fácilmente y luego tomo el collar de perrita y me ordeno que me fuera caminando en cuatro patas como una perra atrás de ella.

    Fuimos hasta la habitación y allí me ordeno que me subiera a la cama, mientras lo hacia ella abrió un cajón de donde saco unas esposas y me las coloco, luego ato mis manos con las correa de perrita dejándolas sobre mis pechos y me tiro a la cama, después de ir por algunos juguetes y lubricantes comenzó a desnudarse, cuando solo faltaba que se quitara las pantis se subió a la cama y se arrodillo con las piernas abiertas a los lados de mi cabeza y justo encima de mi carita, ella me ordeno que sacara mi lengüita y bajo sus caderas para que comenzara a lamber tus pantis,

    Yo lamia excitada y comenzaba a sentir con mi lengua y mis labios como su verga se ponía cada vez mas dura adentro de sus deliciosos pantis, ella entonces comenzó a meter sus manos entre mis piernas, levanto mi vestido y las metió adentro de mis pantis llegando hasta mi culito, allí seguía el plug, ella lo estuvo metiendo y sacando un rato mientras me bajaba las pantis y me acariciaba haciéndome poner muy caliente, luego saco el plug y lo limpio en sus pantis para volver a ponerlos en mi boquita, ahora con un sabor al semen que tenía en mi culito y comenzó a meter un vibrador por mi culito haciéndome gemir como una hembra caliente.

    Estuvo un rato penetrándome con el vibrador y mientras lo hacía se acostó a mi lado y después de quitarme las pantis sucias y mojadas las metió en mi boquita para que dejara de gemir, así apago el juguete y me comenzó a penetrar así toda mojada, toda caliente, así llena de semen, ella me penetro, me monto así sucia y caliente, metió su verga por mi culito abierto, mojado y lleno de leche mientras me decía lo puta que era, lo perra.

    Me decía que era una mariquita travesti, una sumisa, una hembra en celo y mientras lo hacía me penetraba cada vez mas duro, mas rápido, hasta que sentí como ella se venía adentro de mí, como me llenaba el culito con su leche y cuando termino me soltó las manos, me entrego un vibrador y me ordeno que sacara las pantis de mi boquita y me las volviera a poner porque quería me masturbara como una hembra delante de ella, quería que me mojara en las pantis así como una puta, como una mujer, yo me volví a poner las pantis y después de prenderlo metí el vibrador en mi culito y me comencé a tocar así en pantis, me sentía excitada, me sentía feminizada y humillada estando así toda caliente y tocándome delante de ella, todo me hacía poner mucho más caliente, mucho más sumisa, así que me toque metiendo y sacando ese vibrador de mi culito como una hembra, hasta que sentí como me mojaba, como me venía en mis pantis mientras ella me miraba satisfecha.

    Como siempre agradezco a quienes leen y disfrutan de mis relatos de fantasía, me encanta escribirlos y siempre me anima mucho recibir mensajes de quienes se excitan leyéndolos. Espero volver a publicar relatos de varios capítulos en el futuro para poder describir mejor las situaciones de feminización, sumisión y humillación que tanto me excitan.

  • La leche de mi madre

    La leche de mi madre

    Me despertaron los gritos de mi padrastro. Mi casa era un caos. Mi padrastro gritaba que no iba a volver y que lo dejara en paz. Se lo decía a mi madre que en lágrimas también le pedía que se fuera y que ya dejara de gritar pues iba a despertar al bebé. Yo era ya un joven de 18 años que entraba a la universidad.

    Oí la puerta de nuestro apartamento cerrarse con fuerza y mi mamá en llanto.

    Salí de mi habitación y la acompañé. Le dije que yo nunca la iba a dejar.

    Me abrazo fuertemente y me quedé a dormir con ella.

    En medio de la noche, los movimientos de mi mamá me despertaron nuevamente y ella estaba tomando sus senos y tratando de sacar leche de los mismos claramente adolorida.

    Mi mamá no podía dar de lactar a mi hermanito por incompatibilidad sanguínea. Y al vivir en condiciones no muy buenas no teníamos un extractor.

    -Estás bien mamá le pregunté

    Ella me respondió que le dolían sus senos por estar tan llenos de leche, tratando de ocultarlos de mi con su mano.

    -Te puedo ayudar? Le dije

    -No sabría cómo. Me respondió.

    -Yo puedo intentar sacar la leche succionando. Lo dije de la manera más inocente convencido de querer ayudar.

    -Estás seguro? Me preguntó

    -Claro le dije. Total ya lo había hecho de niño.

    -Está bien me dijo, pues el dolor era intenso y el doctor había advertido a mamá de que debía sacarse la leche.

    Descubrió uno de sus senos con vergüenza, yo me acerque tímidamente puse mis labios alrededor de su pezón y comencé a succionar. Tenía temor de que me diera asco pero todo lo contrario su tibia y dulce leche me agrado.

    Hice lo mismo con el otro seno de mi madre y ella claramente se alivió. Dormimos bien esa noche. Al día siguiente mi mamá me despertó en la mañana y me dijo si podía volverla a ayudar que tenía leche nuevamente.

    Acepté con gusto y ella descubrió sus senos y comencé mi tarea. Fue un abreboca delicioso para el desayuno.

    Me acariciaba la cabeza mientras lo hacía y me agradecía por ayudarla.

    En la tarde lo volvimos a repetir y la verdad no me molestaba al contrario me gustaba, está vez con más confianza comencé mi labor pero comencé a tocar sus senos poniendo lo manos como un apoyo. Ella no me dijo nada, hasta que decidí pasar mi lengua por su pezón.

    Sentí que el cuerpo de mamá se estremeció. Y me dijo -no hagas eso por favor.

    Me disculpé y volví a mi labor hasta terminar.

    Ya en la noche nos preparamos para dormir. Así que mamá me pidió ayuda.

    Nuevamente me dispuse mi labor pero nos acomodamos de manera distinta. Nos recostamos cuan largos éramos en la cama ella boca arriba y yo de lado.

    -Así vamos a estar mejor. Me dijo.

    Comencé de igual manera acabé uno con normalidad y al siguiente cuando sentía que ya no tenía mucha leche comencé a rozarlo con mi lengua, era evidente los espasmos de mamá pero no decía nada.

    Ya no estaba succionando después de un rato sino que le estaba mamando una teta, la teta de mi madre. Lo hacía con entusiasmo y ella lo permitía. Me recosté de lado mi mamá abrió su brazo para recostarme en el, puse mi mano en su seno libre y coloqué mi pierna a por encima de sus piernas y su vulva.

    Comencé a tomar su pezón libre con mis dedos y mi pierna rozaba su vagina. Comencé a mover mi pierna de arriba a abajo frotando su vagina y mi boca lamiendo su pezón. Ella me apretaba contra su cuerpo claramente excitada. Mi miembro estaba erecto y rozaba el costado de su cadera. Lo hice hasta que terminé en mi ropa interior, sentía chorros de semen salir de mi.

    Mi mamá se relajó y me dijo.

    -Hijo es hora de que duermas, anda a tu habitación.

    Me fui de cierta manera decepcionado pues quería dormir ahí. Ella acomodo su camisón y se volteo dándome la espalda.

    Al siguiente día fui a la uni y al volver esperé a que mamá me pida ayuda. Pero nunca lo hizo, en realidad lo que había pasado había cruzado una línea que no debía cruzar.

    Pasaron las horas y mamá no me dijo nada y actuaba naturalmente. Así que pensé que no me lo volvería a pedir así que fui a dormir.

    La voz de mamá me despertó en medio de la noche.

    -Hijo ayúdame por favor me duele. Pero por favor quédate quieto está vez.

    Fuimos a su habitación, nos acomodamos como la última vez, bajo su camisón y comencé a succionar la leche de mama.

    De igual manera al terminar el segundo seno comencé nuevamente a pasar mi lengua. Vi a mi madre que tenía los ojos cerrados pero en ese momento que la toque con mi lengua mordió su labio inferior.

    Así que comencé nuevamente a mamar las tetas de mamá. Lo hacía con más experiencia y me permitió cambiar de pecho está vez. Mientras acariciaba el seno libre.

    Mama solo estaba recostada y abandonada a lo que estaba pasando. Me permitía hacer lo que quería Yo estaba casi con todo mi cuerpo sobre mi madre.

    Llevaba un bóxer que tenía un orificio frontal en caso de que quisiera ir al baño, por lo que mi verga parada ya estaba fuera de mi bóxer.

    Baje mi mano para subir su camisón, me dejó hacerlo sin problema, sus braguitas de dormir eran cómodas, flojitas y no muy grandes. Con cierta transparencia que dejaban ver los pelos de su vagina.

    Miraba el cuerpo de mamá con deseo y lujuria. Ella permanecía con los ojos cerrados como dormida.

    Me coloque sobre mi madre, y para mí sorpresa ella abrió sus piernas para que yo quedara sobre ella en medio de su piernas pegando nuestros sexos solamente separados por las bragas de mamá.

    Seguí mamando esas tetas, y sentía mi pene peleando con las bragas de mamá por buscar una entrada. Pero rozar su vagina de esa manera me tenía muy excitado.

    Casi se me desmayo cuando mamá, decidió tomar acción. Me abrazo fuertemente. Me soltó, bajo sus manos hacia su braga. Se la hizo a un lado, tomo mi pene y lo puso en la entrada de su vagina.

    Yo estaba helado de lo que estaba pasando, pero la calidez de su cuerpo y estar rozando los labios vaginales de mi madre con la punta de mi verga, me llenaron de valor y empuje mis caderas.

    Un pequeño grito salió de la boca de mamá cuando comencé a entrar. Estaba tan húmeda que resbalaba fácilmente como cuchillo caliente en mantequilla. Entre totalmente mi madre me abrazo, me miró fijamente y me dijo:

    -Te amo.

    Comencé a bombear a mi madre mientras nos veíamos y por instinto nuestras bocas se unieron y sentía su lengua que jugaba con la mía.

    La sensaciones eran tan placenteras y mi excitación tan grande que comencé a eyacular dentro de mi madre a los pocos minutos de estar bombeando.

    Ella recibió mi esperma con agrado y una sonrisa en su rostro. Me quede unos momentos arriba de mamá.

    Y le respondí.

    -Yo nunca te voy a dejar.

    Ella sonrió y me dio un apasionado beso.

    Continúe ayudando a mi madre cada vez que me lo pedía y yo le ayudaba a sacar su leche y ella me sacaba la mía.

    Nuestro sexo se volvió más como el de pareja. Ella me montaba como poseída. Me entregaba cada centímetro de su cuerpo, incluso hemos tenido sexo anal. Y en verdad culear con mamá era lo mejor que me había pasado en mi vida sexual.

    Ahora era yo el hombre de la casa y mi mamá se convirtió en mi puta…

    Éramos marido y mujer.

  • ¿Soy un mal amigo?

    ¿Soy un mal amigo?

    Mi amigo Víctor estaba en pareja hacía ya más de un año con Candela (más conocida como Candy), una mujer preciosa: morena, como de 1,65 m de estatura, buenas tetas, unas piernas hermosas y carnosas que iban perfectas con un culo grande y redondo, que resaltaba más gracias a su pequeña cintura y sus amplias caderas. Además, llevaba un look muy sensual de chica gótica, con tatuajes en los brazos y la parte posterior de los muslos.

    Ella se había integrado bastante bien al grupo y nos caía muy bien a todos, aunque era indudable que su sensualidad nos llamaba demasiado la atención.

    Ninguno de nosotros pensaba realmente avanzar, por respeto a nuestro amigo, pero un buen día recibo una respuesta de ella a una historia en Instagram. Algo que realmente tomé como simplemente una inocentada, que derivó en una conversación que fue subiendo de tono de forma orgánica. Me sentía raro, pero no quería parar.

    Unos días después ocurrió el primer acercamiento: en una fiesta, por un momento nos perdimos de todos y nos besamos por varios minutos. Mis manos recorrían su cuerpo mientras nuestras lenguas danzaban juntas y ella tocaba mi erección a través de mi ropa.

    Pensamos que eso sería un hecho aislado, pero llegó la semana siguiente, en el departamento de mi amigo. Éramos él, su novia, otro amigo más y yo. Llegado cierto momento, ella sugirió que debíamos comprar más cigarrillos. Víctor y el otro amigo terminaron yendo, ante la insistencia de ella. Nos habíamos quedado solos.

    No necesitamos muchas palabras, ni bien sentimos que ellos se fueron, me abalancé sobre ella y la empecé a besar, a manosear y a sacarle la ropa. Cuando quise darme cuenta, la tenía desnuda en el sofá, la masturbaba con mis dedos estimulando su ponto G mientras le lamía el clítoris; ella se deshacía en gemidos de placer. Luego saqué mi verga (19 cm) y se la ofrecí, ella asombrada por el tamaño, comenzó a chuparla. Me decía que era mucho más grande que la de mi amigo, que le encantaba chupármela.

    Pasados unos minutos, ella me dijo casi con tono de súplica «métemela. Por favor, métemela». Estaba demasiado excitado, así que la puse en cuatro y justo cuando estaba por penetrarla, escuchamos que los chicos volvían. Rápidamente ella huyó al cuarto de Víctor y yo entré al baño. Nos habíamos quedado con las ganas.

    Esa noche continuó con más besos rápidos en momentos en los que los otros dos se distraían o conmigo tocando sus piernas y su culo sin que el resto se dé cuenta, pero ambos sentíamos la necesidad de coger.

    A la mañana siguiente, me despierto con un mensaje de ella, pidiéndome encontrarnos en mi casa para terminar lo que empezamos. Ella llegó cuando caía la tarde. De vuelta no necesitamos mediar demasiadas palabras: repetimos prácticamente la escena de la noche anterior, sólo que está vez en mi cuarto y sin prisas.

    Cuando llegó el momento de penetrarla, busqué un condón; me sorprendió muchísimo que ella me diga «no hace falta, quiero sentirte todo». La pija se me endureció aún más. Segundos después, ya la tenía en posición para por fin metérsela.

    No tengo palabras para describir todo lo que hicimos esa tarde hasta bien entrada la noche. La pasión, el sexo, la traición; todo era más leña al fuego. Probamos varias posiciones, ella siempre me pedía más.

    La penetré con fuerza, hasta que el sonido de nuestros cuerpos chocando retumbó en toda la habitación. El sudor de ambos y los fluidos que chorreaban de su vaina le daban humedad a un festival de ahorcadas, cachetadas, nalgadas, palabras sucias y denigrantes, penetraciones muy pero muy fuertes. Ella nunca se quejó de mí brutalidad, al contrario, siempre me pidió más.

    El rebote de sus tetas ante mis embestidas, sentir su enorme culo pegando contra mis muslos, agarrar esa cinturita hermosa; todo se sentía perfecto. A ninguno de los dos nos importó que eso podía ser un antes y un después en el grupo de amigos.

    Ella experimentó varios orgasmos, me empapó la cama con sus fluidos hasta que finalmente no pude más y sucumbí ante el clímax, llenando su matriz con mi semen espeso y caliente, que fue disparado en grandes cantidades.

    El silencio posterior al acto debía ser incómodo, pero terminó siendo satisfactorio. Ni ella ni yo nos sentíamos mal por lo que hicimos, era la respuesta de nuestros cuerpos a un deseo inesperado que nadie podía explicar.

    Besos, caricias y charlas hasta que llegó la hora de que ella se vaya. Dejamos atrás ese momento mágico con la promesa de volverlo a repetir, y así fue.

    De esa noche han pasado 3 años. Víctor y Candy llevan 6 meses casados y ella y yo continuamos nuestra aventura, manteniendo todo en el mejor guardado de los secretos.

    Todo esto me lleva a preguntarme: ¿soy un mal amigo?

  • Mi primera experiencia con Karla

    Mi primera experiencia con Karla

    Hace unos años, cuando yo tenía 19 años, después de pandemia, comencé a querer conocerme un poco más. Desde que era una niña, me gustaban las niñas, sentía la necesidad de besarlas, pero me confundía porque también me gustaban los niños. Cuando fui creciendo, solo me relacioné con hombres, pero siempre existió esa excitación y curiosidad por las mujeres, así que un día, soltera y caliente me descargué una app de citas.

    No soy el tipo de persona que utiliza estas apps, porque siento que vulnera mi privacidad, pero tenía tantas ganas de estar con una mujer que no pude resistirme, y así, pasando y pasando perfiles, me encontré con Karla.

    Al ver sus fotos, tenía fotos en top donde se notaban sus enormes senos y no pude evitar imaginarme chupándolos, me excité más. Le di like y para mi sorpresa, era un match. Comenzamos a hablar y ambas estábamos en negación, decíamos que éramos heterosexuales con curiosidad de tener sexo lésbico, lo que nos hacía hetero curiosas.

    Karla me enviaba foto de sus tetas cada noche, y le dije que no podía esperar para chupárselas, así que, esa misma noche tomé un Uber, ella sin pensarlo me dio su dirección y nos vimos.

    Karla me estaba esperando con un babydoll divino, vino, chocolate, y sobre todo, con una ropa interior divina que solo de pensar lo que estaba debajo se me hacía agua, y no la boca.

    Empezamos a ver una peli, porque Karla estaba un poco nerviosa de besarme, así que la tomé entre mis manos y la besé, el beso se hizo más y más intenso y fui bajando por su cuello hasta sus tetas, por fin, esas hermosas tetas en mi boca, comencé a chuparlas y Karla se retorcía de placer, gimió mi nombre y eso hizo que me excitara aún más, fui bajando por su abdomen y al llegar a su entrepierna, besé su vagina por encima de la ropa, a lo que ella me gritó «¡Chúpamela ya!».

    Rodé su panty hacia un lado y no podía creerlo, una vagina rosada, húmeda, solo para mí, era la primera vez que me comería una vagina y era una inexperta, pero con mi lengua comencé a lamer su clítoris y a chupárselo mientras que toda mi boca y mi cara se empapaba con sus jugos, Karla me pedía más, y más, y yo más y más le daba, metía mis dedos, y su deliciosa conchita se ponía cada vez más caliente y húmeda, Karla se retuerce y deja caer sobre mí su delicioso orgasmo, me mira a los ojos y me dice «Mi turno».

    Karla, empieza a quitarme la ropa interior y me dice «Tienes una vagina preciosa, y ahora es mía» y comienza a chuparme el clítoris de una manera salvaje, de solo acordarme ya me estoy tocando. Karla continúa con sus dedos y su lengua en mí, no podía resistir mis gemidos así que no me importó gritar, le propuse hacer un 69 y ella accedió, me lamía todo, desde la vagina hasta el culo, metió su dedo en mi ano y siguió chupando mi clítoris, estaba extasiada. Tuve el mejor orgasmo de toda mi vida y el motivo fue una desconocida de la app de citas.

    Karla no quería parar, nos fuimos a la ducha y ahí seguimos chupándonos el coño como si fuese la última cosa que hiciéramos en la vida. Me dijo que sus padres estaban fuera y que llegarían en la madrugada, le dije que no me importaba. Ella me interrumpió y me dijo «No saben que me gustan las mujeres» respeté eso y procedo a vestirme, pero las ganas eran tantas que Karla no dejó que yo pasara de la sala así que me metió a la cocina, me subió mi falda y me la mamó de nuevo, me dijo «Un toque de chocolate», y puso chocolate sobre mi clítoris y lo chupó, «Karla, nos pueden pillar, ahh, ahhhh» y en eso se abre la puerta de su casa y era su papá, nos ve en la cocina y se toca el pene, se puso erecto, pero le dice a Karla que va a distraer a mamá y que regresa pronto. Karla se queda en shock y me dice que mejor paremos y que me acompaña al Uber. Acepto.

    Llega el Uber y para mi sorpresa, Karla se sube conmigo, «¿Qué haces?» Le digo. «Tengo que hacerte venir». Karla le pide al conductor que nos ignore y le pasa unos billetes para que acepte lo que ella quiere hacer. El conductor le pregunta que a qué se refiere y Karla le responde «Quiero que la llevemos a su casa, luego tú me regresas a la mía, mientras yo hago venir a mi mujer» El conductor se ríe, acepta y dice que sí.

    Karla me sube la falda y comienza a mamármela en el asiento trasero del carro, jamás tuve sexo en público y menos con una mujer, intenté frenarla pero es que esa mujer me encanta y cómo podía negarme a semejante mujer? Karla me la chupó todo el camino, luego se sentó encima de mí y comenzamos a rozar nuestros clítoris, el conductor se estaba masturbando. Nos reímos y seguimos. Llegué a casa, me despedí de Karla con un beso y subí.

    Desde ese día no hablamos más hasta que cada una tenía novio. Nos presentamos con la pareja de cada una y decíamos que éramos mejores amigas. Pero éramos amantes, nos veíamos solo para hacer el amor. Terminamos con nuestras parejas, nadie se enteró y hasta el sol de hoy, Karla sigue siendo mi amante y hemos hecho el amor en lugares inimaginables. No estoy enamorada de ella, estoy enamorada de su vagina preciosa y mía.

  • Manual de cómo manducar coño y polla en condiciones

    Manual de cómo manducar coño y polla en condiciones

    Para deleitarse con los aromas y efluvios de un hermoso chocho;

    es conveniente que la chica adopte la postura de litotomía, mostrando el bizcocho.

    ¿En qué consiste esta postura? ¿Sois acaso pioneras?

    Pues acostada boca arriba con las piernas bien abiertas y sujetas a perneras.

     

    El chico, como ginecólogo, exploraría el exterior e interior del suculento coño abultado;

    la verticalidad de esos peculiares labios no impedirán el morrearlos, con buen resultado.

    Lamer, chupar, mordisquear y sorber la sabrosa almeja en extensión y profundidad;

    es fundamental para que la hembra llegue al clímax varias veces y con intensidad.

     

    Sin remilgos ni miramientos el hombre, con su puntiaguda lengua, debe repasar las internas paredes vaginales;

    succionar, saborear y tragar los deliciosos y pegajosos caldos, con actos ceremoniales.

    Y sin descuidar perineo, ojete y raja anal lamer restos de chocolate que pudiera haber;

    ser un bidé humano aumenta la libido y es una costumbre que no se ha de perder.

     

    Los mal llamados preliminares en verdad son sexo del bueno;

    si utilizas con destreza tu lengua, la chica puede en dos o tres ocasiones cantar pleno.

    Si sufres de impotencia y a tu esposa no quieres perder;

    bájate al pilón, que no te canse de la Fuente de la Vida el beber.

     

    Ahora vayamos a polla y escroto, la chica debe ensalivarlos en abundancia;

    el tronco, sobre todo por la base, ha de lamerse con jactancia.

    Al macho, aunque hetero, también se le besa y lame el trasero;

    a nadie le amarga un dulce. ¡Regala cosquillitas en raja y ojete, con mucho esmero!

     

    Si quieres que el fulano de turno se corra enseguida;

    céntrate en el glande. Mama y succiona, ¡qué tu boca le preste una buena acogida!

    Para que sus descargas no te pillen desprevenida y te manchen el rostro;

    mientras le zurras la sardina métele un dedo meñique en la uretra, frenarás al calostro.

     

    Si por el contrario prefieres que la felación dure algo más, para disfrutar del manduque;

    has de ser astuta para evitar que llegue al clímax o se le vuelva morcillona. ¡Qué la erección no caduque!

    Besitos húmedos y cortos por todo el capullo y el resto del tronco son una buena opción;

    juguetear con su rabo, a fuego lento, sin correr el riesgo de adelantar la explosión.

     

    Cuando el rabo comience a manar su blanquecina y espesa lava, calca fuerte el dedo en la uretra, de forma incisiva;

    a los pocos segundos, cuando saques el dedo, el esperma saldrá casi sin fuerza ofensiva.

    Es un buen método para no estropear el traje de noche;

    y tener que discutir con él o hacerle un reproche.

  • Controlando a una madre sumisa (capitulo 1)

    Controlando a una madre sumisa (capitulo 1)

    Kiara es una mujer de 36 años cuyo cuerpo está en excelente estado de forma física. Tiene la piel blanca y el cabello rubio, lo que le da un toque de elegancia y distinción. Su figura es delgada y atlética, con unas caderas firmes y redondeadas que llaman la atención de cualquier hombre. Sus senos son grandes y firmes, sin dejar de ser proporcionados con el resto de su cuerpo. Tiene unos ojos azules profundos que reflejan su personalidad tierna y cálida. Su piel es suave y tersa, y su trasero es grande, perfectamente redondo y en forma. A pesar de su edad, Kiara no ha perdido su pasión ni su lujuria. Su cuerpo es un símbolo de belleza y deseo que atrae a todos los que la ven.

    Manuel es el esposo de Kiara. Ellos se conocieron en la Universidad de América, donde ambos estaban estudiando diferentes carreras. Ambos estudiaban Administración de Empresas. Los dos se hicieron buenos amigos y pronto comenzaron a salir.

    Una noche, durante una de las fiestas organizadas por la universidad, Kiara y Manuel bebieron demasiado alcohol. Ella estaba un poco descontrolada y rebelde, lo que hizo que Manuel se sintiera atraído por ella. Ella lo llevó a su habitación y ambos terminaron pasando la noche juntos. Sin embargo, no estaba tomando medidas de seguridad para evitar el embarazo. Meses después Kiara se enteró de que estaba embarazada, se sintió asustada y confundida.

    Le dijo a Manuel lo que le sucedía y él, inicialmente, no supo qué hacer. Pero con el tiempo, se convirtieron en una pareja fuerte y decidieron criar al bebé juntos.

    Aunque no estaban preparados para ser padres, ambos se comprometieron a hacer lo mejor por su bebé. Kiara se graduó de la universidad y encontró un trabajo como gerente de ventas en una importante empresa de tecnología.

    Manuel también se graduó y encontró un trabajo en una empresa de construcción. Con el tiempo, se convirtieron en una familia feliz y lograron mantener una relación amorosa a pesar de su carrera y sus horarios laborales exigentes.

    A medida que Kiara y Manuel comenzaron a construir sus carreras, el tiempo que pasaban juntos se volvió cada vez más escaso. Manuel trabajaba muchas horas extras en su trabajo como gerente general en una empresa, encargada de construir edificios. Esto hizo que Kiara se sintiera sola y abandonada, y comenzó a extrañar la atención y el amor que Manuel solía darle. Su relación se volvió distante y fría, y comenzaron a tener menos y menos intimidad. El deseo de Kiara de sentirse amada y deseada comenzó a disminuir, y se volvió más consciente de la falta de apetito sexual de Manuel. A medida que pasaba el tiempo, Kiara intentó hablar con Manuel sobre sus sentimientos y su creciente distanciamiento emocional. Sin embargo, Manuel estaba tan absorto en su trabajo que no parecía darse cuenta de lo que realmente estaba sucediendo en su relación. A pesar de los esfuerzos de Kiara por comunicarse con Manuel, la brecha entre ellos seguía creciendo. Kiara se sentía cada vez más insatisfecha y sola, mientras que Manuel seguía absorto en su trabajo sin disponer tiempo para su esposa.

    Kiara comenzó a buscar otras formas de satisfacer su deseo sexual sin la participación de Manuel. Por las noches, mientras él dormía profundamente, ella tomaba su consolador de color rosa y se masturbaba suavemente. La vagina de Kiara se humedecía al tacto del consolador, y ella cerraba los ojos mientras imaginaba que era Manuel quien la penetraba. A medida que pasaba el tiempo, Kiara se volvió más experimentada y atrevida en el uso del consolador. Comenzó a probar diferentes técnicas y movimientos, buscando encontrar el placer más intenso posible. Aunque la masturbación le proporcionaba cierto alivio, Kiara anhelaba tener una vida sexual satisfactoria con su esposo. A medida que Kiara continuaba sintiendo una creciente insatisfacción sexual, comenzó a considerar la posibilidad de utilizar un dildo más grande y realista. Ella había escuchado que podía proporcionar una experiencia mucho más similar al sexo real. Kiara comenzó a investigar sobre diferentes tipos de dildos, leyendo opiniones y comparando características. Finalmente, se decidió por uno de tamaño considerable y con una textura muy similar a la piel.

    Kiara esperó hasta que Manuel se durmiera profundamente una noche antes de sacar su nuevo dildo de su escondite. Lo miró con anticipación, sintiendo una mezcla de nerviosismo y excitación. Kiara toma el dildo en su mano, acariciando suavemente la textura realista de la superficie. Ella se desliza entre las sábanas, abriendo su vagina para recibir al nuevo invitado. Kiara siente una oleada de placer al introducir lentamente el dildo en su vagina. Su cuerpo se estremece de gusto mientras el objeto toca sus paredes internas.

    «Ahhh, sí… así está bien.» Kiara susurra en voz baja mientras empuja suavemente el dildo dentro de su vagina. Ella gime nuevamente, esta vez más fuerte, al sentir la profundidad y la plenitud que el objeto le da. Kiara cierra los ojos y su respiración se acelera mientras se mueve el dildo dentro de ella. Ella suspira de satisfacción, sintiendo cómo el objeto la penetra completamente.

    «Oh, Dios… oh, Dios… oh, Dios…» Kiara repite en un susurro mientras comienza a mover el dildo con más fuerza y rapidez. Su vagina se humedece aún más, haciendo que el objeto se deslice más fácilmente. Kiara suelta un gemido largo y profundo, sintiendo la oleada de placer que recorre su cuerpo. Su respiración se vuelve entrecortada mientras el dildo continúa entrando y saliendo de su vagina.

    «Sí, así…» Kiara se mueve el dildo con aún más intensidad, sus gemidos se vuelven más fuertes y prolongados. Ella está cada vez más cerca del clímax y su cuerpo se tense en anticipación.

    «Oh, Dios… aquí voy…»

    «Oh, Dios, ¡sí, sí, sí!» Kiara grita mientras su cuerpo se estremece de placer. Su último gemido se prolonga mientras experimenta un orgasmo intenso y satisfactorio. Después de ese poderoso orgasmo, Kiara se siente completamente relajada y satisfecha. Su respiración se normaliza poco a poco, y sus ojos se cierran mientras el sueño la invade.

    Al día siguiente mientras tomaba desayuno, su hijo Alonso dice preocupado: «Mamá, estás viéndote muy cansada últimamente, creo que deberías hablar con alguien sobre lo que estás pasando con mi papá».

    Kiara suspira profundamente antes de hablar. «Lo sé, mi amor. Estoy pasando por un momento difícil con tu padre», responde Kiara, con tristeza en su voz. «Pero gracias por preocuparte por mí. Tal vez debería considerar hablar con alguien sobre esto». «Quizás podrías hablar con el psicólogo de tu trabajo.», sugiere Alonso, intentando ayudar a su madre. Kiara reflexiona por un momento antes de asentir. «Sí. Tal vez podría ser una buena idea.»

    «Lo sé, mamá. Creo que sería bueno para ti», anima Alonso.

    «Está bien, mi amor. Voy a programar una cita y ver cómo me va», dice Kiara, con un leve tono de optimismo en su voz.

    «Estoy seguro de que te irá bien, mamá. ¡Te quiero!» «Yo también, mi vida. Voy a llamar al psicólogo de inmediato».

    Kiara busca en su correo el número de teléfono del psicólogo de la empresa y marca el número. Después de una breve conversación, Kiara programa una cita para el día siguiente. «Hola, soy Kiara. Me gustaría programar una cita con el psicólogo, Lucas», dice Kiara en tono dulce. Después de una breve pausa, Kiara anota la cita en su agenda. «Muchas gracias, Lucas estaré encantada de venir a tu consulta mañana a las 10 am», dice Kiara antes de despedirse cordialmente.

    Al día siguiente, Kiara se viste con cuidado para su cita con Lucas. Kiara ha elegido un conjunto conservador pero elegante para su cita con Lucas. Un blazer negro combinado con una blusa blanca y una falda gris a juego. Sus zapatos de tacón altos resaltan sus piernas largas y delgadas. Kiara llega a la oficina de Lucas a tiempo para su cita. La recepcionista la saluda con una sonrisa y le indica que tome asiento en la sala de espera. Kiara aprovecha el tiempo para revisar sus notas y trata de organizar sus pensamientos.

    Kiara es llamada por Lucas, el psicólogo, y lo sigue a su oficina. Una vez sentados, Lucas comienza la sesión preguntando cómo se siente Kiara en este momento.

    Kiara toma un breve momento para recoger sus pensamientos antes de comenzar a hablar. «Bueno, Lucas, he estado pasando por un momento difícil en mi matrimonio», comparte Kiara, con un tono de voz vulnerable. Lucas, el psicólogo, asiente con la cabeza y anima a Kiara a continuar. «¿Podrías decirme más al respecto?», pregunta Lucas con un tono comprensivo y amable.

    Kiara toma una respiración profunda y continúa. «Mi esposo, Manuel, trabaja mucho en su empresa, y cuando está en casa, a menudo está cansado o distraído con su trabajo,» explica Kiara. «Es como si ya no hubiera tiempo o energía para nosotros, y me siento muy sola y descuidada», agrega Kiara, con una nota de tristeza en su voz. Lucas anota algunas notas en su cuaderno y luego pregunta: «¿Ha hablado sobre esto con Manuel?».

    Kiara niega con la cabeza y dice: «No, realmente no.»

    Lucas, notando la vulnerabilidad de Kiara, se esfuerza por mantener su enfoque en su problema matrimonial y no dejarse distraer por su atractiva apariencia. Él asiente y le da algunos consejos a Kiara. «Es importante que hables con Manuel sobre cómo te sientes,» dice Lucas, mirando a Kiara con compasión. «La comunicación es clave en cualquier relación, y puede que él ni siquiera se dé cuenta de que estás pasando por esto».

    Lucas continúa dando consejos a Kiara. «Además, es importante que encuentres tiempo para cuidarte a ti misma y atender tus necesidades,» dice Lucas, con un tono suave pero firme. «Es posible que necesitemos más sesiones para trabajar en estrategias específicas y herramientas de comunicación efectiva», agrega Lucas. «¿Qué te parece si programamos otra cita y vemos cómo avanzamos?». Kiara está de acuerdo con Lucas y programa otra cita. Durante la semana, Kiara sigue los consejos de Lucas y se esfuerza por comunicarse más abiertamente con Manuel sobre sus sentimientos de soledad y descuido.

    Sin que Kiara lo supiera, Lucas no era el psicólogo ético y compasivo que aparentaba ser. Había sido despedido de su trabajo anterior debido a graves faltas éticas y había desarrollado una obsesión con Kiara desde su primera sesión. Lucas había quedado profundamente enamorado de Kiara, fascinado por su belleza y su figura de caderas anchas, tetas formadas y culo grande. Aprovechando la información que Kiara le había proporcionado durante sus sesiones, Lucas comenzó a desarrollar un plan para controlar mentalmente a Kiara y tenerla a su disposición. Lucas dedicó largas horas a leer libros y artículos en internet sobre técnicas de control mental y manipulación. Pasó días enteros viendo videos y leyendo foros en línea en busca de la información que necesitaba para llevar a cabo su plan.

    Finalmente, después de una semana de intensa investigación y planificación, Lucas sintió que estaba listo para poner su plan en acción. Durante las sesiones, Lucas empleaba juegos psicológicos y técnicas de manipulación sutiles para influir en los pensamientos y emociones de Kiara. Utilizaba el tiempo de las citas para sembrar ideas en su mente, convenciéndola poco a poco de que sus problemas matrimoniales eran aún más graves de lo que pensaba.

    Con el tiempo, Kiara comenzó a depender cada vez más de las sesiones con Lucas, creyendo que él era la única persona que podía ayudarla a salvar su matrimonio. Sin darse cuenta, estaba cayendo más y más bajo el control mental del psicólogo.

    Mientras tanto, Lucas seguía adelante con su plan, manipulando sutilmente a Kiara para que actuara de acuerdo con sus deseos. A través de juegos psicológicos y técnicas de influencia, logró tener un dominio casi completo sobre su mente.

    Lo que Kiara no sabía era que cada vez que salía de la oficina de Lucas, se alejaba un poco más de su verdadera identidad y de sus propias decisiones. Estaba atrapada en una red de manipulación sin siquiera darse cuenta, mientras Lucas continuaba tejiendo su siniestro plan para controlarla por completo. Después de meses de asistir a las sesiones con Lucas, Kiara aún no notaba ningún cambio significativo en su matrimonio. Mientras tanto, la ausencia prolongada de Manuel debido a su viaje de trabajo a Alemania solo empeoraba las cosas. La falta de tiempo juntos y la distancia física aumentaban el distanciamiento entre ellos.

    Un día, durante una sesión con Lucas, Kiara compartió su frustración por la falta de intimidad y deseo en su matrimonio. «Siento que nos estamos alejando cada vez más», admitió con tristeza.

    Lucas asintió con comprensión. «Entiendo tu dolor, Kiara. Pero estoy aquí para ayudarte a recuperar el control de tu vida y tu relación».

    Con el tiempo, Lucas continuó investigando sobre técnicas de control mental y descubrió la posibilidad de usar la hipnosis para tener un control completo sobre Kiara. Planeó una sesión especial para poner en marcha su plan y lograr que ella lo obedeciera a través de una palabra clave: «kadabra».

    Durante la sesión, Kiara se encontró en un estado de trance mientras Lucas le hablaba suavemente. «Ahora, Kiara», dijo Lucas con voz calmada, «cuando escuches la palabra ‘kadabra’, obedecerás mis órdenes sin cuestionarlas».

    Kiara asintió débilmente, completamente sumida en su trance.

    Lucas se sorprendió al ver que funcionó y que tenía a Kiara a su merced, lo cual significaba que iba a comenzar a convertirla en su perra. Lo primero que le dijo Lucas fue: «Quiero que cambies tus hábitos y tu forma de vestir». » Lo primero que vas a hacer este fin de semana es ir de shopping, quiero que compres ropa más provocativa, corta, faldas, blusas transparentes, lencería de encaje, dijo Lucas. Quiero que seas mi esclava y muestres tu figura a todos, eres mi perra y yo soy tu amo, continuó. Lucas finalmente le dejo en claro que a partir de ahora solo lo llamaría como “amo”.

    Kiara, debido al trance en el que se encontraba, asintió obedientemente, y respondió “Si amo”.

    Para terminar la sesión Lucas dijo, “A partir de ahora eres mi perra solo me obedeceras a mi cada vez que pronuncie la palabra kadabra, quedaras sumergida bajo mi completo dominio, ahora haras caso a lo que ya te dije anteriormente”. Finalmente Lucas pronuncio la palabra mágica y Kiara quedo libre del trance, se sentía relajada pero no recordaba lo que había pasado en la sesión, agradeció a Lucas y regreso a su oficina.

    A medida que pasaban los días, Kiara hizo cambios en su comportamiento y su apariencia. Comenzó a usar ropa más ajustada y provocativa, mostrando su figura con confianza. Visitaba tiendas de ropa y compraba lencería muy sexy, siguiendo las órdenes implantadas en su mente por Lucas.

    Sin embargo, Alonso, su hijo, comenzó a notar el cambio en su madre y se preocupó. «Mamá, ¿qué te está pasando? Nunca te he visto vestir así antes», comentó con desconcierto.

    Pero Kiara solo sonrió con dulzura y respondió en un tono monótono: «Estoy bien, cariño. Solo estoy explorando mi nuevo yo».

    Lo que Kiara no sabía era que cada vez que Lucas pronunciaba la palabra clave, caía en un estado de trance donde solo obedecía las órdenes de su amo, dejando atrás su verdadera identidad y libre albedrío. Lucas, por otro lado, se regocijaba del control que tenía sobre la hermosa mujer que había deseado tener como suya desde el principio. Un día por la tarde en la oficina, Kiara recibió una llamada a su anexo, era Lucas, solicitándole que fuera a su oficina para una sesión de terapia. Sin sospechar nada, Kiara se dirigió hacia allí con prontitud, confiando en la ayuda que creía estar recibiendo.

    Al entrar a la oficina de Lucas, Kiara se sorprendió al ver que no había signos de la terapia habitual y sonaba una música muy sensual. Lucas la miró con una sonrisa maliciosa y le ordenó: «Kiara, quiero que bailes para mí».

    Kiara se sintió incómoda e insegura. «Lucas, que te pasa. ¿Por qué me estás pidiendo eso, acaso hice algo mal?»

    Lucas respondió con firmeza: «No me cuestiones, Kiara. Baila para mí ahora mismo».

    Kiara se resistió e insulto a Lucas. «Eres un cerdo, no puedo creer que llevo terapias contigo, te voy a denunciar con recursos humanos», dijo con voz firme.

    En ese momento, Lucas pronunció la palabra clave: «kadabra».

    De repente, Kiara sintió una sensación de sumisión abrumadora y su mente se nubló. «Sí, amo, estoy a su merced», murmuró obedientemente, dejando de lado sus dudas y deslizando sus caderas al ritmo de la música que sonaba en su mente.

    Lucas observaba con satisfacción mientras Kiara se movía con gracia, mostrando su cuerpo curvilíneo bajo su control. Para él, era solo el comienzo de un control total sobre la mujer que tanto deseaba. Mientras tanto, Kiara seguía danzando, aparentemente feliz y contenta bajo el influjo de la palabra clave, ajena a la manipulación a la que estaba siendo sometida.

    Lucas, con una sonrisa en el rostro, dijo: «Kiara, ahora quiero que te quites las prendas de vestir lentamente, una a una, al ritmo de la música que suena en tu mente». Kiara, en un estado de trance, asintió sin objeciones y comenzó a despojarse de sus prendas. Primero, con movimientos lentos y suaves, desabrochó los botones de su blusa blanca, revelando poco a poco su sostén de encaje negro. Lucas miró con deleite mientras Kiara continuaba con su tarea, deslizando la blusa de sus hombros y dejándola caer al suelo. A continuación, Kiara se desabrochó el sostén y se lo quitó, dejando al descubierto sus senos grandes y firmes adornados con un sujetador de encaje negro. Lucas sintió un cosquilleo en su estómago al verla. A continuación, Kiara desabrochó el cierre de su falda negra y la dejó caer al suelo, quedando solo en su lencería de encaje. Lucas no pudo evitar sentir una oleada de excitación al verla casi desnuda frente a él.

    Lucas, con voz suave pero firme, dijo: «Ahora, Kiara, quiero que te sientes en el escritorio frente a mí, con las piernas abiertas. Lentamente, quítate el brazier y déjalo caer al suelo». Kiara, en su trance, obedeció sin cuestionar las órdenes de Lucas. Se acercó al escritorio y se sentó en el borde, abriendo sus piernas como se le indicó. Lentamente, Kiara deslizó el brazier negro por sus brazos y su cuerpo, dejándolo caer al suelo junto a su falda y blusa. Lucas no pudo evitar sentir una oleada de excitación al ver a Kiara tan vulnerable y desinhibida. Mientras tanto, se desabrochó el cinturón y el botón de su pantalón, dejándolos caer al suelo junto con su ropa interior. Lucas, ahora completamente desnudo desde la cintura para abajo, se acercó a Kiara, quien seguía sentada en el escritorio con las piernas abiertas y el torso desnudo. Su piel blanca y sus senos grandes y firmes eran el centro de atención en la habitación.

    «Ahora, Kiara, quiero que me mires a los ojos y me digas que eres mía», dijo Lucas, con una mirada llena de deseo y control. Kiara, en su trance, lo miró fijamente y murmuró: «Soy tuya, amo». Lucas, complacido con la obediencia de Kiara, no pudo contenerse más y se acercó a ella. La tomó en sus brazos y la besó apasionadamente, sintiendo la suavidad de su piel y el calor de su cuerpo.

    Lucas continuó acariciando suavemente el cuerpo de Kiara, recorriendo cada curva y cada centímetro de su piel con sus manos. Kiara, sumida en su trance y bajo el control de Lucas, comenzó a gemir suavemente mientras sus caderas se movían al ritmo de las caricias de Lucas. Sus pezones se endurecieron bajo las manos de Lucas, y su respiración se aceleró. Entonces, Lucas decidió llevar las cosas más lejos. Acarició suavemente sus pechos y sus pezones, haciendo que Kiara gimiera más fuerte. Luego, Lucas deslizó sus dedos hacia la intimidad de Kiara, encontrando su punto más sensible. Kiara jadeó y su cuerpo se tensó bajo las hábiles caricias de Lucas. Lucas comenzó a masturbar lentamente a Kiara con sus dedos, sintiendo su cuerpo reaccionar con cada movimiento. Kiara gemía cada vez más fuerte, sus caderas se movían al ritmo de los dedos de Lucas. «Lucas…» Kiara susurró el nombre de Lucas entre jadeos, su cuerpo arqueado de placer mientras él continuaba tocándola suavemente. Su respiración se agitaba y sus pezones se endurecían aún más bajo sus dedos. Lucas, sintiendo el placer de Kiara aumentar, aceleró un poco el ritmo de sus caricias. Kiara respondió con un gemido más fuerte, sus caderas se movían sin cesar al ritmo de los dedos de Lucas.

    Lucas, con confianza y deseo, deslizó las bragas de encaje de Kiara por sus caderas y las dejó caer al suelo, revelando por completo su intimidad. Lucas entonces, sin perder un momento, se agachó y comenzó a lamer suavemente la vagina de Kiara, saboreando su dulzura y humedad. Kiara jadeó y se arqueó de placer mientras Lucas exploraba su cuerpo con su lengua. Luego, Lucas decidió llevar las cosas más lejos. Mientras continuaba lamiendo y saboreando a Kiara, deslizó uno de sus dedos en su ano, una zona extremadamente sensible y erógena. Kiara se sobresaltó al sentir el dedo de Lucas en su ano, pero pronto se relajó y comenzó a gemir de placer. Lucas comenzó a mover su dedo en círculos, aumentando gradualmente la presión y la velocidad. Kiara gimió más fuerte, empujando su cadera contra la boca de Lucas. Su cuerpo se estremeció de placer mientras Lucas continuaba lamiendo y tocando su vagina y ano.

    Lucas, sintiendo el placer de Kiara alcanzar su punto máximo, aceleró un poco más el ritmo de sus caricias. Su dedo se movía con más profundidad en el ano de Kiara, mientras su lengua continuaba lamiendo su vagina.

    Lucas agarró el cabello de Kiara con fuerza, tirando de su cabeza hacia atrás mientras la miraba fijamente a los ojos. «Ahora, eres mi perra», dijo Lucas, con una voz ronca y llena de deseo. Kiara, jadeante y completamente sometida al control de Lucas, asintió con la cabeza en señal de obediencia. «Sí, soy tu perra», susurró.

    Lucas sonrió con satisfacción mientras seguía agarrando el cabello de Kiara. «Bien, mi perra. Ahora voy a darte lo que tanto deseas», dijo Lucas, con una voz sucia y llena de lujuria. «Quiero que sientas el placer más intenso que hayas experimentado jamás». Lucas tomó una de las tetas de Kiara y comenzó a apretarla y amasarla con fuerza, haciendo que Kiara soltara un gemido de placer. Lucas, sin perder el tiempo, levantó su mano y abofeteó una de las tetas de Kiara, dejando una marca roja visible en su piel. Kiara jadeó de placer y dolor, su cuerpo temblando bajo las manos de Lucas.

    Lucas, con una sonrisa sádica en el rostro, escupió sobre las tetas de Kiara, humedeciéndolas aún más. Luego, levantó de nuevo su mano y le propinó otra bofetada en las tetas haciéndolas moverse horizontalmente. Kiara jadeó y gritó de placer y dolor, su cuerpo temblando bajo las manos de Lucas. Él admiró sus tetas hermosas y, como un cumplido, escupió sobre ellas, humedeciéndolas aún más. «Ahora, mi perra, voy a usar tu cuerpo como desee», dijo Lucas, con una voz ronca y dominante. Sacó su pene, erecto y grande, y lo colocó en medio de las tetas de Kiara. Lucas, con una sonrisa sádica en el rostro, ordenó a Kiara: «Empieza a mover tus tetas arriba y abajo, hazme una paja rusa como solo tú sabes hacerlo».

    Kiara, en su trance y bajo el control de Lucas, comenzó a mover sus tetas arriba y abajo con pasión, acariciando el pene erecto de Lucas. Lucas cerró los ojos y disfrutó de la sensación de las tetas de Kiara moviéndose arriba y abajo en su pene. Mientras Kiara continuaba masturbando a Lucas, él notó que su vagina comenzaba a humedecerse. Lucas sonrió vilmente, disfrutando de la situación. «Mueve tus tetas más rápido, perra», ordenó Lucas, con una voz ronca y dominante. Kiara obedeció sin dudar, aumentando la velocidad de sus movimientos. «Sí, amo», respondió ella, con voz entrecortada por el placer. Lucas jadeó de satisfacción mientras sentía el placer aumentar. Finalmente, Lucas no pudo resistirse más y se corrió en toda la cara y tetas de Kiara, emitiendo un gran gemido de placer. Kiara, aún en su trance, no pudo evitar sentir una sensación de satisfacción al ver a Lucas disfrutar tanto.

    Lucas, sin perder tiempo, tomó el semen en sus manos y lo esparció por las tetas de Kiara, frotándolo en su piel mientras ella continuaba moviendo sus tetas arriba y abajo. «Buen trabajo, perra» Kiara, bajo el control de Lucas, sonrió débilmente y asintió con la cabeza. «Gracias, amo», susurró, mientras sentía un escalofrío recorrer su cuerpo al ver el semen de Lucas sobre sus tetas. Lucas asintió con satisfacción y le ordenó a Kiara que se levantara del escritorio. Ella obedeció sin decir nada y se puso de pie delante de él, con las caderas ligeramente inclinadas hacia delante. «Ahora, mi perra, vamos a probar algo nuevo», dijo Lucas, con una voz ronca y seductora. «Tú movías tus tetas para complacerme. Ahora, va a ser tu vagina la que te haga sentir bien».

    Lucas deslizó una mano entre las piernas de Kiara y comenzó a acariciar suavemente su vagina. Luego, despacio, comenzó a introducir un dedo dentro de ella, mientras la miraba fijamente a los ojos. «Kiara, tú eres mi perra y tú harás lo que te diga. Ahora, empieza a mover tu cuerpo de arriba y abajo», dijo Lucas, mientras acariciaba su vagina con los dedos. Kiara, bajo el control de Lucas, obedeció sin pensarlo. Comenzó a mover su cuerpo de arriba y abajo, siendo penetrada por los dedos de Lucas. Sus ojos se entrecerraron y su boca se abrió, dejando escapar pequeños gemidos involuntarios de placer. Lucas, viendo el efecto que estaba teniendo sobre Kiara, decidió aumentar la intensidad de su juego. Tomó su pene endurecido y lo colocó en el borde interno de la vagina de Kiara.

    «Ahora, mi perra, empieza a moverte para que este miembro se adapte a tu vagina», dijo Lucas, mientras empujaba ligeramente hacia dentro. Kiara, bajo el control de Lucas, comenzó a mover su vagina de manera rítmica, intentando adaptarse al miembro de Lucas. Sus gemidos de placer se hicieron más fuertes y ella sentía una oleada de sensaciones inusuales y excitantes recorrer su cuerpo. Lucas observó cómo la vagina de Kiara se adaptaba a su miembro, disfrutando de cada movimiento y gemido de placer que ella emitía. Lucas, satisfecho con el espectáculo que estaba teniendo frente a él, decidió tomar las cosas al siguiente nivel. Agarró a Kiara por los hombros y la levantó del suelo, colocándola en cuatro patas. Lucas, con una sonrisa en su rostro, se colocó detrás de Kiara y agarró su cadera con fuerza. “Vamos a ver si eres tan buena”, dijo Lucas, con una voz ronca y llena de deseo.

    Lucas se colocó detrás de Kiara y agarró su cadera con fuerza. «Estás a punto de experimentar un placer más intenso que nada que hayas sentido antes», dijo Lucas, con una voz ronca y llena de lujuria. Kiara, aún en su trance y bajo el control de Lucas, no pudo hacer más que asentir con la cabeza. Lucas, sin perder tiempo, posicionó su miembro en la entrada de la vagina de Kiara y empujó hacia adentro con fuerza. Kiara, jadeante y completamente sometida al control de Lucas, sintió como su vagina se estiraba para acomodar el miembro de Lucas. Él comenzó a moverse dentro de ella, aumentando gradualmente la velocidad y la profundidad de sus embestidas. Lucas sintió como el cuerpo de Kiara se arqueaba y temblaba bajo él, emitiendo pequeños gemidos de placer con cada embestida.

    Lucas, con una sonrisa en su rostro, continuó su embestida hasta que finalmente Kiara y el llegaron al orgasmo. Lucas volvió a vestirse con calma, observando a Kiara con una mirada llena de satisfacción por lo que había logrado. «Kiara», dijo Lucas con voz serena, «ha sido una sesión intensa pero necesaria. Ahora, quiero que te vistas y que te prepares para volver a tus responsabilidades. No recordarás nada de lo que ha sucedido aquí, pero te sentirás mucho más aliviada».

    Kiara, aún aturdida por la experiencia, obedeció en silencio las instrucciones de Lucas, vistiéndose lentamente mientras trataba de procesar lo ocurrido. Aunque estaba confundida, una sensación de calma y alivio comenzaba a apoderarse de ella.

    Antes de que Kiara saliera de la oficina, Lucas le dio una última instrucción: «A partir de ahora, te prohíbo tener cualquier acto de intimidad con tu marido. Además, a partir de mañana, vendrás a la empresa sin bragas y con faldas cortas».

    Con un gesto final, Lucas pronunció la palabra «kadabra», liberando a Kiara de su influencia y devolviéndole el control sobre su mente y su cuerpo. Kiara salió de la oficina de Lucas y regresó a la suya.

  • ¿Novios formales? (II)

    ¿Novios formales? (II)

    No mentiría si dijera que nunca estuve segura del paso que di. No fue fácil renunciar a tantas cosas que habían formado parte de mi día a día durante años. Pero, de un modo u otro, todos los caminos parecían llevar a ello; había algo dentro de mí que me gritaba que lo hiciera y, si de algo sí estoy convencida, es que estoy perdidamente enamorada de Lex.

    Tras decidir dejar los dos nuestras vidas promiscuas y poner punto y final a eso de follarnos a todo lo que se cruzaba en nuestro camino, pasamos juntos unos de los mejores días de nuestras vidas. A su lado no dudaba de nada y me sentía la persona más feliz del mundo. No paraba de reír, de divertirme, de follar, de sentirme cuidada, de sentirme bien… Pero ahora tocaba volver a casa y a una realidad muy distinta. Ahora tocaba esperar al próximo viaje y luego al siguiente, y así hasta que terminara esta etapa de mierda y lo volvieran a destinar aquí, a mi lado.

    En el avión no paraba de pensar en las pocas ganas que tenía de trabajar al día siguiente. La rutina y la normalidad me perseguían de nuevo: tenía que hacer la compra, planificar las comidas de toda la semana, regar las macetas, avisar a mi amigo Jack, que me estaba cuidando los gatos durante mi ausencia, de que ya volvía… Qué poco me gustaba esto sin que Lex estuviera a mi lado.

    Al llegar a casa, cargada de maletas y pensando en todo lo que tenía que hacer, mis dos bolitas de pelo salieron a saludarme. Se me fue el santo al cielo y, cuando fui a darme cuenta, casi había pasado una hora achuchándome con los gatos, sin hacer absolutamente nada. Me entraron las prisas y me puse a deshacer las maletas en el mismo salón. Le enviaba un audio a Lex para que no se preocupara cuando, al abrir la segunda maleta, los ojos me hicieron chiribitas. Acababa de ver, entre la ropa, el juego de dildos que compramos juntos y la voz se me cortó en seco. Tras unos segundos, seguí hablando al móvil para decirle que lo llamaba en un momento.

    Abrí la cajita de los dildos y los contemplé con una risita. El plug pequeño, el plug grande, el dildo básico, el finito pero curvado, el grande y rugoso y el obscenamente ancho. Era preciosos, parecían llevar grabado a fuego las horas y horas de placer que garantizaban. Llena de malos pensamientos, cerré las cortinas, fui a la habitación, me cambié y cogí lubricante de la mesita de noche.

    Coloqué el móvil en la mesa, frente al sofá, apoyado con lo primero que pillé, e hice una videollamada a Lex. “Hola, cariño. ¿Cómo has llegado?” fue su saludo, a lo que no contesté con nada más que una sonrisa. Me alejé del teléfono dejando ver mi sencillo atuendo: un simple liguero negro, de cintas anchas y lisas y argollas metálicas. Nada más. Nada arriba, nada más abajo. Lex se quedó mudo y tragó saliva. Se mordía el labio viendo como me sentaba en el sofá, abriendo las piernas y cogiendo el más pequeño de los dildos. Abrí las piernas a la vez que me llevaba el dildo a la boca, lamiéndolo y chupándolo con delicadeza al mismo tiempo que empezaba a tocarme. Lex, en su casa, tomó asiento, se metió la mano bajo el pantalón y se dispuso a disfrutar del espectáculo.

    El manantial de fluidos vaginales no se hizo esperar y, con una hilera de saliva colgando, el dildo viajó desde mi boca a mi coño. Lex se desabrochó el pantalón cuando el primero de mis gemidos, tímido y breve, se escapó de mi garganta. Mis movimientos eran lentos y fluidos, describiendo una ligera e involuntaria onda con la cadera al compás del dildo introduciéndose en mi coño. Cuando Lex se sacó la polla, próxima a la erección, me incorporé en mi asiento para ver mejor y, como un automatismo, agarré el dildo más fuerte y lo introduje más rápido y profundo.

    A cientos de kilómetros, conectados por la pequeña pantalla de móvil, nuestras masturbaciones se sincronizaron. Lex se la meneaba siguiendo mi mano, con cara de interés, sin perder detalle. Giré mi cadera hacia la izquierda para que se me viera bien el culo, quedando mi mano derecha con el dilo atrapada entre mis muslos. Con la mano izquierda, me agarré el cachete y abrí para que se viera bien. Llevaba el plug metido en el culo. A Lex casi se le salen los ojos de las órbitas. Reclinado hacia delante, olvidó nuestra sincronización y empezó a masturbarse como un desesperado. Sin dejar de meterme el dildo, me acariciaba el contorno del ano, jugando con la base del plug y amagando con sacarlo. Al cabo de un rato, con Lex comiéndome con los ojos, lo fui sacando muy despacito, dejando ver como mi ano se iba dilatando. Tras unos segundos y con un pequeño sonido que recordó al del vacío, el plug quedó fuera y mi culo abierto.

    Permanecí así unos segundos, para que Lex me viera… para verlo yo a él. En el breve trascurso de tiempo desde que vi los dildos en la maleta y fui a mi habitación había planeado toda una secuencia a seguir. Sin dejar en ningún momento de darme caña con el primero de los dildos, tomé de la caja el segundo. Era turno de ese chico tan sutil, pero de malas ideas, el dildo finito con curva endiablada destinado desde el día en que se diseñó a recorrer mi recto. Se acercó a la puerta de mi ano y ni siquiera tocó antes de entrar. La dilatación y su curva se aliaron para allanar el camino a mis entrañas. Cuando lo tuve dentro tuve, sentí como si un gancho me agarrara desde el culo pero, al tirar de él, salió con la misma suavidad con la que entró. Era maravilloso, solo que había un problema: el plug era tan gordo que, aun teniéndolo puesto solo unos minutos, me dejó el culo tan ensanchado que ahora me sabía a poco. No dudé mucho y di un salto de guion.

    Acto tercero: golpeando con La Maza. Así llamé al dildo más largo de la colección. No me cerraban los dedos por poco al cogerlo. Su punta estaba formada por grandes óvalos y esferas que cumplían una labor similar a la de las bolas chinas. Dándole la espalda al teléfono, dejé en la caja los dos dildos con los que ya había jugado y pasé al siguiente nivel. Me giré para mirar a Lex y que viera bien lo que venía. Como un reflejo de pasión, pasé la lengua por el dildo. Me pareció por instantes que la larga polla negra de la videollamada era lo que tenía entre manos. Su sabor se representó en mi mente y, salivando, mi lengua se aplastó contra el dildo en su ascenso. Rocié lubricante tanto en él como en la mano para aplicármelo después en el culo. Lancé una última mirada a Lex y me puse a cuatro patas, dejándole la visión de mi culo y mi coño. Las dos primeras bolitas entraron bien, resbalándose con el lubricante. Sin embargo, la tercera suponía un salto considerable. No lo esperaba y no puse delicadeza alguna en mis acciones. De golpe, mi culo se había abierto un centímetro más. Los ojos se me dieron la vuelta y noté un calambrazo en el ano. Con una mano hacia atrás usando a La Maza no era la postura más idónea para estimularme el clítoris, pero tenía que hacerlo. Con la cara aplastada contra el sofá y poniendo más el culo en popa, llegué hasta el clítoris con la mano tonta como pude. Mis abundantes fluidos se mezclaban con el lubricante que chorreaba por mi culo. Mi mano era una locomotora. Un temblor me recorrió por dentro desde el coño a las rodillas y desde el coño a la garganta. Una “A” vibrante y creciente se escapó por mi boca y la cuarta esfera entró en mi culo.

    Se hizo el silencio en mi mente. Mi mente se perturbó tanto como mi culo. Moví el dildo en la dirección opuesta, sintiendo como cada milímetro del relieve salía suavemente. Al volver a introducirlo, no hallé resistencia alguna. ¿Tan fácil?, pensé. Lo saqué y lo metí una vez más, un poco más rápido. Y después un poco más. Cuando vine a darme cuenta, estaba aporreándome el culo poseída por un apetito voraz hacia una cosa que no podía ni agarrar bien con una sola mano. Un dildo al que el sobrenombre de La Maza se le quedaba corto. Con fuerza y constancia perseveré en mi flagelo anal hasta que el brazo se me quedó dormido.

    Me dejé caer, agotada. Observé el dildo en la mano y asentí al ver todo lo que mi culo podía tragarse. Busqué a Lex en el móvil y los dos reímos como pícaros. Me tomé unos segundos para recuperar el aliento. Usando solo gestos, le indiqué a Lex que esto no había terminado.

    Quedaba un último amigo por conocer. Tenía forma de bala achatada, pero de tamaño obscenamente grande. Solo para expertos… como yo. En aquel momento no supe decir si era largo o corto, porque era tan jodidamente grueso que su longitud parecía ridícula. Haciéndome la remolona, dejé caer con pausa el lubricante por su superficie. Lex resoplaba retomando la sincronicidad conmigo al masturbarse. Me abrí de piernas y alcé la cadera, mi coño se veía brillante y mi culo negro profundo. Apoyé aquella herramienta de locura contra mi ano, cerré los ojos y empujé. Para sorpresa de nadie, mi culo hambriento y experimentado se tragó aquella aberración con suma facilidad. Mantuve los ojos cerrados y respiré profundo hacia el cielo. Oh, Dios. Creo que nunca tuve algo tan gordo dentro de mi, mucho menos de mi culo. Con ese tamaño no podía darme mucha caña, así que centré mis esfuerzos en reventarme el clítoris. Con el roce de mis dedos por mi coño se escuchaba un ligero chapoteo. Sentí un quemazón en mi interior que me impedía abrir los ojos, indicando que estaba a punto de correrme. Se venía, estaba llegando. Mi cuerpo ardiendo se tensó para recibir el orgasmo… y la puerta se abrió.

    Grité, pero no fue el orgasmo lo que me empujó a ello. Ajeno a mi presencia, Jack entró a la casa como hizo cada día durante mi ausencia para alimentar a mis gatos. No sé si por el grito o por la imagen que le recibió, su amiga desnuda y abierta de piernas con el coño chorreando y un consolador del grosor de su puño metido en el culo, Jack casi se cae del susto. Atropellando las palabras trataba de disculparse y dejar atrás este comprometido momento. “Perdón”, “no sabía que ya habías llegado”, “quedamos en otro momento”… decía todo a la vez mientras daba marcha atrás cerrando la puerta. Lex pedía explicaciones preocupado, pues no tenía ni idea de qué estaba pasando, ya que solo me veía a mí blanca como la leche, con cara de haber visto un fantasma y sacándome a toda prisa el troncho del culo. “Ahora te llamo”, le dije y colgué.

    Me tapé con lo primero que pillé y me asomé a la puerta para llamar a Jack. La vergüenza, el remordimiento o vete tú a saber qué sentimiento me estaba corroyendo. Jack era uno esos amigos a los que me follé innumerables veces en mi recién apartada vida promiscua y me había visto cientos de veces en pelotas (y con cosas dentro del culo), pero esto era diferente. Tenía la necesidad de justificarme, pedirle perdón no se muy bien por qué.

    -¡Jack! -grité asomada a la puerta, sin llegar a salir- Ven… lo siento. No pasa nada.

    -No te preocupes. Vengo en otro momento. Pensaba que aún no habías llegado y…

    -Ven, porfa. Si ya está. Si… -no tenía ni idea de qué decir-. Entra, porfa, y hablamos.

    Levantando los brazos, en señal de no tener otra opción, Jack se dio la vuelta y entró en la casa. Tapada solo con una camiseta de baloncesto de Lex, que me quedaba como un vestido y tenía para estar por casa, siempre tirada por el sofá, le di un fuerte abrazo. Nos sentamos en el sofá donde acababa de pillarme metiéndome una bala de cañón por el culo, me senté girada hacia él, nerviosa aún y torpe en mis movimientos por lo que acababa de ocurrir. De inmediato me di cuenta de que, al sentarme, el camisetón no me cubría mucho más del culo y no tenía nada debajo. Di un saltito tirando de la camiseta hacia abajo y me crucé de piernas tratando de preservar la poca vergüenza que me quedaba.

    -Muchas gracias por cuidarme los gatos y… Y perdona por lo que has visto. Se me ha olvidado avisarte cuando he llegado. ¡Lo siento, lo siento!

    -Tranquila, Hanna. ¿De qué tienes que disculparte? No estabas haciendo nada malo y… no he visto nada que hubiera visto antes.

    -Eso es verdad. No te vas a asustar después de todo.

    -Creo que en peores te he visto. Buenos, nos hemos visto.

    Nos reímos, normalizando, al fin, la situación. Sentí mucho alivio. Jack se reclinó en el sofá y dio un pequeño brinco para buscar por su espalda algo que le molestó. Lentamente sacó de entre los cojines el dildo gordo que había tenido en el culo. Me eché las manos a la boca en cuanto lo vi en sus manos. Aún pringoso de lubricante, lo observaba con cierta distancia y cara de asombro.

    -¡Dame, dame! -me apresuré a decir-. Toma, límpiate las manos. ¡Joder, lo siento!

    -¡Que no te preocupes, tonta! ¡Que es normal!

    -Bueno -miré el grueso del dildo-. Normal, normal…

    -Vale, ahí llevas razón. No quería ser yo quien lo dijera. Pero porque tú eres una campeona y esa alegría que te llevas -contestó Jack medio en broma medio en serio.

    -Sí, alegría me estaba llevando… pero ahora noto como me entra aire por el culo.

    A Jack se le escapó una risa sonora y se tapó la cara con la mano, mirando hacia otro lado.

    -¿Por el culo? ¿Eso? Ha sido muy rápido y no me ha dado tiempo a distinguir prácticamente nada. Pero, joder…

    -No te sorprendas ahora, amigo. Que sabes que mi novio que cumple el estereotipo de negro. Y, bueno, tú tampoco estás mal. Y, que yo recuerde, un par de veces lo hemos hecho por detrás -dije haciéndome la indignada, dándole palmaditas en la pierna.

    -Sí, un par de ves. Y tres, y cuatro.

    Me eché a reír colorada de la vergüenza. Le di un abrazo ocultándome la cara y el me zarandeó entre risas.

    -Soy lo peor.

    -No, simplemente disfrutas de tu sexualidad. A ver, déjamelo que lo vea.

    -¿Pero que dices, tonto? Si está lleno de lubricante y me lo acabo de meter por el culo.

    -¿Volvemos al principio? ¿Tú crees que me importa? -sin mucha convicción, le hice caso y se lo pasé-. ¡Joder! La verdad que es un buen troncho.

    -Ya te he dicho, he estado entrenada por los mejores. Entre unos y otros me habéis acostumbrado a lo bueno y uno normalito ahora me sabe a poco.

    Cuando acabé de decir esta última frase, cientos de recuerdos me bombardearon la mente y me hicieron estremecer. La maquinaria, que no había terminado de apagarse, se puso en marcha de nuevo, calentándose rápidamente, presa de un deseo olvidado, que nunca extinguido. Hubo silencio y proximidad; una mirada de sonrisa muda y todos los elementos de la futura culpabilidad se reunieron. Me gustaría decir que fue cosa de los dos y no mentiría mucho, pero fui yo quien se lanzó a su boca. Fui yo quien rompió la frágil barrera entre el mero tonteo de los antiguos amantes y la pasión de los nuevos. Hasta el culo levanté del asiento para ir a buscarlo y no perdieron tiempos mis manos en rodear su cabeza.

    La respuesta, eso sí, fue inmediata. Con cierto titubeo me rodeó la cintura mas, cuando mi lengua entro en su boca, sus manos entraron bajo mi escasa vestimenta. Me agarró el culo y me dejé caer sobre él. A la vez que caía mi cuerpo, cientos de pensamientos cayeron en mi consciencia. Todos los actores de mi cuerpo se detuvieron cuando entre ellos hallaron culpa. Culpa. Culpa por algo que hace nada no suponía un problema. Culpa por lo que iba a hacer, culpa por mi ser. Desprendí mis labios de los suyos y busqué en su mirada auxilio. Jack, confuso, me miró contrariado, con ojos de tierna preocupación. Mi cara se alargaba y este inesperado dolor preparó las lágrimas en mis ojos. Jack, con las manos aún bajo mi ropa, me acarició la espalda con cariño. Y fue el nuevo contacto de su piel con piel lo que avivó las ascuas del incendio en mi interior.

    Mordí de nuevo su boca como un depredador en la noche y le agarré la cabeza con ambas manos de tal forma que casi se la arranco. El fuego era el silencio de la culpa y más fuego necesitaba mi pesar. Casi con desesperación, le agarré el paquete, sin soltarle la cabeza, sin dejarle de morderle los labios. Con rápidos movimientos tuve en un instante su polla en mi mano. Jack se estremeció en ese momento y tiró de mi camiseta hacia arriba, mostrando el liguero y mi sexo desnudo. Había estado masturbándome durante quince minutos delante de un móvil, estaba chorreando y más que preparada. No quería esperar más. La culpa era grande, pero el deseo lo era más.

    -¿Ya? -preguntó sorprendido Jack.

    -Me has cortado la paja, los preliminares los traía ya hechos.

    Me levanté, dirigí con la mano y me dejé caer. Mi coño se tragó su polla. Ambos aspiramos un quejido al unísono. Sin esperas, sin calentamiento, sin ritmo ascendente… mi cadera golpeó con fuerza tras ese primer suspiro. Jack tragó saliva y apretó los dientes, incapaz de asimilar tanta pasión de golpe. Me agarré a su cuello para ganar potencia y estabilidad. Las sacudidas de mi pelvis eran limpias y poderosas como un ariete… a la inversa. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Mi cuerpo machacaba al suyo al caer contra él. Tratando de capear la andanada de golpes pélvicos, Jack despertó de su trance, me agarró del culo con las manos bien abiertas y se hizo con las riendas de mi galope. Con la fuerza que llevaba, al caer la siguiente vez, noté su polla tan adentro que sentí algo parecido a un calambre en el estómago.

    Estaba flotando en una especie de ingravidez sexual, dando botes en una nube. Los dos con sonrisas en la boca, nos miramos y supimos entender que estaba siendo tan divertido para el otro como lo era para nosotros. Había echado de menos a mi amante. Estaba tan guapo y tierno follándome con esa sonrisa. ¿Por qué dejamos de hacerlo? Oh, ya…

    Me sentí miserable. De la ingrávida nube caí al suelo firme, partiéndome en la caída. No por la imposición, sin por haber faltado tan fácil y rápido a mi palabra, a un acuerdo del que fui precursora a partes iguales. Y Lex… ¿En qué lugar le dejaba esto? Le estaba fallando, le había mentido. Pero, él era como yo, ¿por qué privarnos de lo que nos causa gozo? ¡Dios! No quería buscar respuestas, no quería indagar en esa tormenta. No ahora. Estaba echando un polvo y esas sombras no iban a joderme.

    La caída no fue solo metafórica, pues mi cuerpo, sin mente que lo gobernara, cedió hacia un lado. Jack se apresuró a cogerme y, cuando se despejó la bruma de mi cabeza, traté de disimularlo con risas, besos y mordiscos al cuello. De un empujón lo mandé de nuevo contra el respaldo del sofá. De un brinco me escapé y de otro me puse de rodillas frente a él. Le agarré la polla, le masajeé los huevos, desproveyendo a mi víctima de toda fuerza, y me metí todo lo que pude en la boca. Me encantaba verlo mientras se la mamaba, con el cuello retorcido, los ojos cerrados y gimiendo muy gracioso al paso de mi lengua por su pene.

    Me aventuré hacia regiones desconocidas. Manteniendo presa su polla en mi mano y, haciendo previa escala por esos huevazos que tenía, descendí por el perineo. Entendió rápidamente las señales y me facilitó el acceso levantando las piernas de forma obediente. Mi lengua descendió en vertical y, al hacer contacto con el ano, apretó los glúteos y emitió un sonoro suspiro. Tuve una idea malvada.

    Me acerqué a la caja de los dildos transparentes y saqué el plug pequeño, aún sin estrenar. Con la boca bien abierta, enseñando los dientes y frotándome las manos con mi juguete le pregunté como una niña traviesa “¿puedo?”. A lo que Jack, con un gesto que no indicaba mucha convicción, contestó “dale”.

    Volví a mi sitio para saborear de nuevo su polla, deslizando el plug por ella. Con un buen chorreón de lubricante, lo acerqué hasta su ano y, dibujando círculos con mi muñeca, se lo introduje muy, muy lentamente sin dejar de pajearlo en el proceso. “¡Hostia!” profirió cuando entró del todo en su culo. Consciente de cuál era mi labor en ese momento, mi boca se pegó de nuevo a sus genitales y se tragó sus casi veinte centímetros de carne. Me esforcé para que se olvidara del plug que acababa de meterle y así parece que fue. El otrora silencioso Jack gemía constantemente con sus músculos agarrotados. Cuando ya lo tuvo olvidado, volví a meter la polla al completo en mi boca como maniobra de distracción y aproveché para sacar y meter varias veces el plug. Las piernas de Jack se entrelazaron sobre mi cuello a la vez que su tragaba sus quejidos. Mi boca se separo de su polla, dejando por el camino abundantes hilos de densa baba blanca. Mi trabajo aquí estaba terminado.

    Sobre el sofá podía ver a dos de mis nuevos amigos. La bala gigante que Jack sacó de entre los cojines y, escondida en el lateral, se hallaba la Maza. Tomé mi arma en mano y me eché al sofá, de lado. Alcé mi pierna derecha e hice un candado con mi brazo izquierdo, dejando mi culo y mi coño bien a la vista. Llevé mi maza hasta el culo, aún lubricado, pensando que tendría que tomarme mi tiempo para dilatar nuevamente. No fue así, el camino aún seguía abierto. La Maza se adentró bien profunda en mi interior y Jack se quedó como un pasmarote viendo el espectáculo. Tuve que llamarle la atención, había otro camino esperándolo a él.

    Jack tomó posición sobre mí. De repente, mi pelvis estuvo rellena de plástico y carne. ¡Joder! Un subidón de pura energía me llego hasta el paladar. ¡Guau!, exclamé y me mordí los labios. Dio inició a las penetraciones y yo lo seguí machacándome el culo. Nos mantuvimos la mirada, los dos con la lengua casi fuera, viendo como disfrutaba el otro. Lo retaba a que me diera más duro aumentando la velocidad con la que me metía el dildo. Siempre me alcanzaba. Nuestro duelo fue in crescendo hasta que el arma de mi mano empezó a golpear en su cadera, haciendo muy difícil continuar nuestro reto. Así que me saqué del todo la Maza, sentía como se había quedado abierto de par en par, y, con decisión, le dije “fóllame el culo”.

    Sin perder tiempo, sacó la polla de mi coño, se escupió y me penetró el ano. Apreté los dientes cuando empezó a empalarme, hasta que mi garganta escupió un alargado grito. Apoyé la cara contra los cojines y me limité a recibir las embestidas. Dejé la pierna caer y apreté los muslos, rozándolos con la propia vibración de las acometidas, sintiendo en el clítoris una percusión salvaje.

    Las potentes sacudidas de un Jack envalentonado, me estaban dejando KO. Me dio un palmetazo en el culo, para después subir por mi muslo, agarrando bien en su ascenso; abrazó mi pierna para pegarse más a mí, piel con piel, y darme con toda su fuerza. La vuelta de su amante pródiga había sido recibida con una enérgica fiesta de machacantes penetraciones. Sin embargo, lejos de mermarme ante semejante vendaval, se despertó en mí un hambre vampírica que me hacía querer más por mucho que recibiera.

    Aprovechando una breve pausa que tomó para respirar, dejé mi posición y me puse en pie para besarlo, llena de babas de la mamada que le hice momentos antes. Estaba desquiciada y mis manos, al igual que mi boca, iban de un lado para otro, sin control, resbalando con nuestros sudores; le agarré el culito respingón que tenía (relativamente generoso para ser un hombre) y comprobé que aún llevaba el pequeño plug que le había metido. Me excitó muchísimo y pensé en el último polvo que eché con Lex y lo cerdo que se puso en la discoteca al ver que llevaba el plug gordo metido. Lex, joder… perdóname.

    Unos deditos que llegaron por sorpresa a mi coño evitaron que cayera de nuevo al pozo de la culpa. Di un respingo y me eché a reír. Le agarré del cuello, en un acto reflejo, y le pegué un manotazo en la polla. Sin preguntarle nada, me puse a su lado a cuatro patas, ya sabía que tocaba ahora. De inmediato recibí un mordisco en el culo, seguido de un buen lametón en el coño que me hizo retorcerme del gusto. Me agarró por las caderas como si le fuera la vida en ello y, de pronto, fui arrollada por un tren. Mi esfínter se apretó entorno a su polla y todo mi recto vibraba con cada penetración. La excitación era tal que, sin contacto alguno, el clítoris y todo el coño me palpitaba. En aquella posición sentía placer en cada terminación de mi cuerpo. Cuando llevé mi mano al clítoris para llevar más lejos aquella sensación, fui presa de una hipersensibilidad pasmosa que me hizo contraerme entera. Tensa, fruto del inesperado espasmo, mi ano se cerró de tal manera que a Jack le dificultó continuar.

    -Me voy a correr ya mismo -dijo tras mi espasmo.

    “¡No ahora, no! ¡Aguanta, Jack, aguanta!” Me dije a mí misma al borde de un orgasmo que prometía ser épico. Necesitaba solo un poco más. Sin pensarlo, de manera casi automática, escapé de mi posición y me giré deprisa. Cogí a Jack de los pelos y, sin tener en cuenta el daño que pudiera hacerle, arrastré su cabeza hasta mi coño. Él también, actuando bajo automatismos, se puso a comer en cuanto su boca hizo contacto. Este chico tenía un don, una lengua prodigiosa, pero, aunque me tuviera gimiendo descontrolada, no era lo que necesitaba ahora, fue casi que una maniobra de distracción para ganar unos segundos y tratar de emparejar nuestros orgasmos. De la misma manera que lleve su boca hasta mi coño, la separé después. Lo empujé con vehemencia y me senté sobre él; esta vez dándole la espalda, esta vez clavándome una polla por el culo hasta el estómago. Apoyé la espalda contra Jack y me eché la mano al coño. Mis caderas subían y bajaban violentamente.

    Mi culo caía como un martillo sobre él, su polla me golpeaba duro las entrañas y mis dedos casi me arrancan el clítoris. Jack estaba anulado, todo el control era mío, toda la fuerza, creciente, infinita. Un maremoto con epicentro en la barriga me advirtió que algo llegaba. Estaba aquí. Un prolongado grito fue la antesala de la catarata que escapó por mi coño. Un inesperado squirt se manifestó en tres caudalosos chorros que cayeron sobre nuestras piernas y el sofá. Y en esas olas se fueron mis fuerzas y mi pasión, quedando lánguida sobre mi amante. Sin demora, este tomó el relevo, no solo en cuanto a la fuerza motora que requería nuestro sexo, sino también al poner la voz al grito que se iba desvaneciendo en mi garganta y ahora crecía en la suya. Un relevo fugaz que acabó con el semen escapando lentamente por mi ano, aún ensartado por su miembro, y con un dueto a contratiempo de nuestros gemidos, profundos y cansados.

    Al romper nuestra unión, me hice un ovillo sobre mi compañero, que me recogió entre sus ahora tiernos brazos. No se pronunció palabra alguna durante largos minutos, no se limpiaron ni los múltiples fluidos que de nuestro coito fueron fruto. Me limité a estar, a sentir refugio entre aquellos brazos. Y al fin, cuando nuestros cansados gemidos cesaron y dieron paso al silencio, Jack, con un beso, me preguntó:

    -¿Cómo estás?

    -Bien -contesté acariciándole el rostro. Volví a mi refugio, cerré los ojos y, cuando escapó la primera lágrima, aún no supe decirme si decía la verdad o no. Lex, te amo… pero no me arrepiento. Y, no se por qué, me duele.

  • Lo que una hace para… ¿salir adelante? (parte 2)

    Lo que una hace para… ¿salir adelante? (parte 2)

    La situación era una mierda, sentía el peso de aquel taxista sobre mi cuerpo, era aplastante y sofocante, estaba inmóvil y vulnerable mientras me estaba prácticamente violando, cerré mis ojos mientras sentía como mi cuello se humedecía por los besos de aquel monstruo hambriento, sentía su lengua lamiendo mi cuello como si fuese un helado.

    -Pinche zorrita… hueles bien rico ¿Te arreglaste así para mi? Deseabas que un hombre de verdad te tocara… yo sé que lo deseabas…

    Las palabras de aquel hombre hacían que mi autoestima se desmoronara, me hacía sentir culpable como si todo fuese mi culpa, yo… llamaba a mi mamá y a mi papá en un susurro lleno de esperanza buscando su ayuda… ¿Por qué se habían ido y me dejaron sola? En ese momento buscaba culpables, pero yo era la única culpable ¿Verdad? Solo quería que alguien me ayudara. Quería gritar y pedir ayuda, quería maldecir todo, simplemente quería explotar por todo el miedo y enojo que tenía guardado. Pero… fui tan cobarde que no pude, no podía asustar a Sofi con mis gritos de desesperación, tenía esa responsabilidad de mantenerla a salvo…me gusta pensar que… en otro mundo… tal vez… en otro mundo grite…

    Recuerdo que mientras el taxista me tocaba los muslos con una mano, con su otra mano me sujetaba las muñecas, me sujetaba tan fuerte con tanta fuerza que sentía como se me cortaba la circulación a mis manos, sentía la inmensa presión de su agarre, quería vomitar, mi mandíbula me dolía de tanto apretarla por el coraje y la impotencia que sentía.

    Por si se preguntan cómo era aquel taxista, era de mi estatura, tal vez un poco más alto, de 1.77, era gordo, se le marcaba la papada, moreno, vestía una playera de un equipo de fútbol, una gorra, a pesar de que estuviera bastante gordo, sus brazos eran robustos y fuertes, sus manos eran rasposas y callosas, tenía una barba de chivo corta, tenía el pelo corto y tenía unos 47 o 50 años, yo no tenía oportunidad contra él, a pesar de ser atlética y hacer deporte y ejercicio ese hombre me podría destrozar con facilidad… de hecho lo hizo… él era un oso y yo una conejita.

    ¡¿Pero que mierda?! ¿Por qué? ¿Por qué mi cuerpo está reaccionando así? Acaso… ¿me está gustando? No… imposible, no puede ser, ¡no me gusta!… pero si no me gusta ¿por qué mi vagina se está poniendo húmeda ante el toque de este señor? ¡¡¡Mierda!!! ¿Qué me está pasando? ¿Acaso soy… una zorra?

    Sentí una vergüenza y pena invadir mi cuerpo y mente, me sentía culpable por tener estas reacciones… ¿Involuntarias? Aquel señor se dio cuenta de que mi cuerpo empezaba a reaccionar a su manoseo, pasaba de tocar mi muslo a tocar rudamente la entrada de mi feminidad, mi vagina reaccionó a su dedos rasposos explorándola, yo arqueé mi espalda intentado salir de sus garras, mi cuerpo se retorcía de la incomodidad tratando de buscar una salida, escuchaba cómo se reía sádicamente mientras dejaba de besar mi cuello y ahora ¿Besaba? mi boca… no… comía es una mejor definición pues el lamia y tragaba toda mi boca, mis labios se mojaban con su saliva, mientras escuchaba como me llamaba «putita fácil».

    -Jajaja lo sabía… todas las niñas ricas son unas putas y fáciles, tan solo mírate estas bien mojadita, vamos… abre esos ojitos tan chulos que tienes…

    Sentía asco, pena, miedo y confusión por la situación, pues aún que yo negaba con la cabeza aquellas afirmaciones del taxista, se contradecía lo que sentía con lo que mi cuerpo mostraba, yo no abrí los ojos hasta que el muy hijo de puta me apretó mi vagina con su enorme mano, sentía como la apachurraba y retorcía, sentía como si la quisiese arrancar de mi ser, abrí los ojos con enojo y miedo mientras intentaba ahogar mis gritos de dolor y asco.

    Cuando el vio que abrí mis ojos el muy cabron escupió en mi cara, un escupitajo fuerte y denso que impactó en mi mejilla y parte de mi párpado, giré mi cabeza por la repulsión que sentí, sentía su escupitajo deslizándose por mi cara hasta que llego a mi pelo, no se por que me escupió, bueno tal vez si… porque podía… así de simple, quería marcar dominio y poder sobre mi, quería que yo supiese que era una inútil que no se podría defender… tenía razón.

    Cuando lo mire a los ojos con miedo el dejo de apretar mi vagina, al soltarla sentía las palpitaciones y el ardor en mi zona íntima… sentía el ardor de aquella zona tan sensible y delicada que debía ser tratada con amor y respeto… el taxista se acercó y me miró más de cerca a los ojos.

    -Mira que ojazos tienes… ¿sabes por qué te pedí que los abrieras? Bueno… por qué quiero ver tu mirada cuando haga ESTO!!!

    Mis ojos se abrieron de par en par, estaban llenos de terror y asco, no pude evitar soltar un gemido pues ese hombre… ese monstruo me había penetrado de una sola embestida, sentí su pene estirando y abriéndose paso dentro de mi… lo describiría como cuando intentas ponerte un zapato muy apretado, con las agujetas atadas al máximo y le dé un solo intento rápido y preciso te lo pones a la fuerza… así sentí yo… yo era el zapato…

    Soltaba más lágrimas mientras trataba de no vomitar del asco, su mirada y la mía se encontraron, mientras miraba los ojos de aquel desgraciado, sentía como el cabron disfrutaba de mi cuerpo, yo suplicaba que todo se acabase, estaba adolorida de mis muñecas pues me las seguía apretando, incline mi cabeza hacia arriba quería evitar verlo más mientras sentía sus embestidas llenas de vigor de deseos hacia mi, escuchaba sus gemidos de placer al usarme, sentía su respiración en mi cuello, una vez con la cabeza inclinada vi por la ventana el cielo, miraba las nubes pasar mientras trataba de no escuchar los gemidos de animal de aquel hombre.

    Estire una mano pues soltó mis muñecas para tocar mis pechos mientras me embestía con más fuerza y el coche chillaba por sus movimientos, por “accidente” o tal vez por un deseo de libertad, tire de la palanca y la puerta del taxi se abrió, todo mi mundo se paró cuando sentí el aire en mi cabeza, una sensación de libertad, cerré mis ojos disfrutando de aquella suave brisa, mientras como mecanismo de defensa me imaginaba que estaba en la playa con toda mi familia…

    El taxista se enojó por mi acción y cerró la puerta estirando todo su cuerpo hasta alcanzar la puerta y cerrarla fuertemente Cuando se estiró sentía como empujaba su pene más dentro de mi, abriéndose paso por donde ya no se podía, cuando deje de sentir el aire en mi cabeza y sentí la puerta cerrarse con fuerza, volví a la realidad.

    -¿Te crees muy inteligente putita? ¿Crees que puedes escapar así de fácil de mi? Ahora verás lo que es bueno…

    Estaba confundida pues no trababa de escapar, al menos no físicamente, solo quería distraerme… y despejar mi mente de aquella situación.

    -Por… por favor señor… ya déjeme ir… ya se cobró mucho… no me lo merezco…

    -¿Quien chingamos te crees para decirme que hacer eh? Es más por que te portaste mal, voy a ir con tu hermanita que de seguro ella se porta mejor que tú…

    El mundo se me vino encima mientras veía como el sujeto dejó de embestirme para salir del taxi, el odio volvió a mi mientras él desgraciado pronunciaba esas palabras, con una chispa de esperanza y coraje, agarre al sujeto de la playera, evitando que dejase el taxi, forcejee con el mientras el me miraba con desprecio y superioridad, me ahorcaba fuertemente, me quedaba sin aire y me empecé a marear, hasta que mis manos fueron perdiendo fuerza de agarre y con todo el dolor de mi corazón lo solté por falta de aire.

    Lo vi mientras salía del taxi, como pude recuperando el aire le grité tratando de detenerlo con mis palabras pues mi cuerpo no pudo detenerlo.

    -Nooo!!! Bastardo!!! No entres a mi puta casa!!! Déjala en paz… no te atrevas a tocarla… por favor… te lo suplico! No…

    Él se detuvo y no salió del taxi, yo sabía que tenía que convéncelo de que se quedase y olvidara sus ideas degeneradas que pasaban por su mente. Con todo el dolor de mi ser dije tratando de imitar un tono sensual y provocativo.

    -¿Por que te vas si nos divirtiendo no? Ven papi… no me hagas esperar, sígueme dando fuerte que muero de ganas por sentirte dentro de mi ¿Si? Dale más verga a esta niña mimada y consentida!

    Me alegro que el cabron pensara con el pene pues se me abalanzó, se veía emocionado, mientras se acercaba, yo miraba a mi alrededor pero no encontraba a nadie que me pudiese ayudar, mi casa era tan grande y estaba tan alejada de las otras casas, que la casa más cercana estaba a unos 100 metros, sabia que tenía que entretenerlo hasta que decidiera irse.

    Cuando estuvo lo suficientemente cerca de mi me dio una cachetada, mientras al mismo tiempo sujeto mi cara con su mano, me ordenó que abriese la boca, sin mucho problema la abrí y me escupió dentro de ella, fingí que me gustó mientras tragaba con mucho asco la saliva de ese hombre.

    -No quiero que te hagas más la valiente ¿Me entendiste zorra malcriada?

    Yo solo asentí mientras trabara de sonreír, El manoseo mis pechos con sus manos rasposas, sentía como apretaba con furia mis pezones, mierda sentía que me los arrancaba, soltaba suaves gemidos de dolor y creo que eso le excitaba pues lo hacía más fuerte, sentía su hambre y desesperación, yo soltaba gemidos forzados para mantenerlo ocupado y distraído con mi cuerpo.

    -Hmmm si… que rico señor… ¿Por qué no me besas? ¿Acaso no te gustan mis labios sabor fresa? Me los pinté solo para ti…

    -Vaya vaya, sabía que debajo de esa chica linda estaba la zorra que tanto quería y deseaba…

    Lo único que pasaba por mi mente era mantener a mi hermana a salvo, en ese momento mi dignidad, orgullo y autoestima desaparecieron, sentía como el taxista me besaba con furia, mordía mis labios y los hacía sangrar sentía mi sangre mezclada con su saliva, cerré mis ojos mientras unas lágrimas salían ellos por el dolor y la intensidad con la cual mordía mis labios carnosos.

    Sus manos se dirigieron a mi cadera , la sujetaba con fuerza mientras me volvía a tumbar en los asientos del taxi, sentía su pene buscar la entrada de mi vagina y cuando la encontró me penetraba rápidamente, yo gemía de “placer” mientras el hacía comentarios sobre mi vagina y trasero blanco.

    -Ohhh mierda que jodidamente rica estás, por lo general las chicas blancas están planas pero tu… tu en especial eres la chica más sexy que me he encontrado… mierda estas tan apretada y mojada…

    Él me decía que era mejor la mejor puta a la que había penetrado, también me golpeaba y apretaba las costillas y me daba varios golpes y azotes por todo mi cuerpo en especial en todas mis piernas, eso mas varios comentarios que prefiero no decir por qué me dan asco pensar en ello.

    Yo seguía soltando gemidos falsos, sentía los moretones crecer en todo mi cuerpo por sus golpes y apretones violentos, me penetraba de forma rápida en la posición del misioneros mientras me seguía besando y mordiendo los labios y la lengua, yo le seguía el juego por ¿miedo o placer?

    A ese punto ya no sabía diferenciar mis emociones, ya que el placer de ser penetrada era innegable, mi cuerpo se mojaba instintivamente, algunos de mis gemidos eran reales, yo misma me daba asco al sentir placer de esa situación, tal vez no era mi culpa sentir placer pues es como cuando te hacen cosquillas ¿Saben esa sensación de diversión e incomodidad? Así me sentía.

    Mi cuerpo se sentía vulnerable al estar sometida ante aquel monstruo, pero el gusto de ser penetrada por aquel gordo me daba un morbo de emociones contradictorias.

    Ese taxista me empezó a penetrar más rápido, sus gemidos eran más fuertes y no tardó mucho en que el eyaculara dentro de mi, lo supe pues soltó un gemido parecido al de un oso gruñendo, sentía cómo lanzaba sus últimas embestidas dentro de mi, sentía su semilla ser depositada adentro de mi.

    Al final saco su pene de mi vagina, yo no quise mirar pero sentía su semen chorreando por mis piernas. Me sentía sucia.

    -Ufff sin duda eres la mejor zorrita con la que he estado, pinche niña fresa… bien que disfrutaste ¿no es así? ¡De seguro esas lagrimas son de placer!

    Me sentí feliz al ver como el hombre se subía sus pantalones, me sentía liberada aún que el muy cabron me dijo que se llevaría mis joyas y mi ropa interior como premio.

    ¿¡Ahhh!? ¡que hijo de puta!!! Me violo por no querer tomar como pago el anillo y demás joyas que le ofrecí desde un inicio y ¿ahora me las “pide”? Era un auténtico cabron, aún que sin dudarlo se las di pues yo quería que se fuera, mientras me quitaba mis dos anillos y mi pulsera de oro, el tiro con fuerza de mi collar de plata, una vez me lo arranco se subió al asiento del piloto y se fue.

    Yo cambiaba caminaba adolorida sentía la hinchazón en mis labios y legua pues el hijo de la chingada las mordió con mucha fuerza, sentía mi cuerpo adolorido aún que me sentía más adolorida psicológicamente por lo que hice; abrí la puerta y me tumbe en el piso empecé a llorar de alivio pero más de impotencia, no quería que Sofi me viese así, tenía mi camisa blanca desabrocha y rasgada, al igual que mis medias negras que estaban rotas, la falda un poco de lo mismo y no tenía ropa interior. Mientras lloraba en silencio, rogaba a dios para que Sofi no se haya asomado por la venta y haya visto algo, o que no hubiese escuchado nada.

    Me dirigí al baño para limpiarme y arreglarme, mis pasos eran cuidadosos pues aún que quería abrazar a mi hermanita, tenía miedo de ver a Sofi pues no sabía que decirle si me preguntaba que había pasado, antes de meterme a bañar suena mi celular dentro de mi mochila… tenia 10 llamadas perdidas de… mamá…

    Continuará…

    Gracias por leer hasta el final, esta parte fue un poco más extensa pues quiero acabarlo este relato lo más rápido posible, muchas gracias por leer hasta el final.

    Agradezco todos sus comentarios, gracias de corazón por leerme y “escuchar” mi historia.

    A los comentarios de que les hubiese gustado lo mejor para mi en esta continuación mil gracias, yo también hubiese querido que fuese mejor pero no todo es color de rosas.

  • Mi tanga me traicionó

    Mi tanga me traicionó

    Hola amores, les tengo a nuevos relatos frescos disculpen por no estar más activa pero mis actividades sexuales y mis eventos no me ha dado la ocasión en atenderlos bien.

    Me da alegría volver a contar relatos espero les agrade y pronto tendré WhatsApp, pero por lo mientras estaré aquí.

    Para no hacerlo tan largo el chisme hace 5 meses me invitaron a una fiesta en casa de mi yerno y pues fue bastante gente y pues conocí a mis consuegros, pero realmente no le caí bien a mi consuegro, pero a mi consuegra (Sara de 47 años) todo un amor me aceptó y me recibió bien.

    Ese día fui con un vestido flojo y largo y una blusa negra para poder ir un poquito decente jajaja con una tanga y unos ligueros y medias con tacones y de esos vestidos que los levanta el aire para mostrar a la gente el tipo de calzones que una mujer usa y se sienta deseada y cómoda.

    Mi consuegra me invitó a comer con ella a su lado, pero todo iba bien pero realmente me empecé a sentir incómoda cada vez que me miraba con una mirada pervertida cuando lo hacen los hombres jóvenes pero no hice caso y fue un error que con más ganas volvería hacerlo.

    Terminando de comer ella se ofreció a mostrarme su casa de 4 niveles con muchos pasillos y habitaciones, pero el error fue que yo acepte lo que pronto me sucedería y me gustaría definitivamente en el tercer nivel había una habitación desocupada ya que una de sus hijas se había ido de ahí cuando se casó hace 5 años, me invito a verla mas adentro camine unos pasos mas cuando escuche el cerrar de la puerta gire lentamente y ella solo sonrió y me dijo:

    -Quiero hablar contigo. Se que eres una mujer muy activa sexual ya que he oído que tienes tus encuentros sexuales con hombres y mujeres y no me importa si lo niegas, pero sé que es verdad y realmente eso me gusta de ti pero lo que más me gusta que usas unas tangas tan provocativas para ambos sexos y ahora hoy tú serás mía.

    Me quedé mirando en shock como me decía cosas que realmente tenía razón ya que ella aun no la conocía yo pero sabia mi historia de ser una golfa trate de corregirla pero fue inevitable ya que ella tenía razón en todo lentamente se acercó a mi me tomo de mi cintura y me hablo al oído (si meto mis manos debajo de esa falda te aseguro que encontraré una tanga que me enamorará de ti) la mire y trate de saber el por que haría eso me volvió a mirar y me sonrió sacando su lenga pasándola por sus labios.

  • Trío bisexual con mi novia y mi mejor amigo

    Trío bisexual con mi novia y mi mejor amigo

    Antes de empezar tiene que haber contexto, conozco a mi mejor amigo desde que íbamos juntos en la preparatoria, ahí descubrí mi bisexualidad y la empecé a llevar a cabo con él, ya nos habíamos besado en múltiples ocasiones y nos habíamos masturbado, pero nunca pasó a más, en futuros relatos les contaré mis experiencias sexuales con el jeje.

    Esta historia fue hace un par de meses aproximadamente, mi mejor amigo iba a hacer una fiesta por ser su cumpleaños, fiesta en la que claramente habría mucho alcohol y la posibilidad de tener sexo en su baño o incluso en su cuarto pues al ser tan buenos amigos, sin problema me lo prestaría.

    Previo a la fiesta ni pareja me había comentado que tenía la fantasía de tener sexo en una fiesta, así que hicimos una especie de preparativos, le compre una tanga que está abierta de la vagina, con la intensión de poder tocarla en cualquier momento de la fiesta, compramos condones y unas pastillas que se supone nos pondrían muy calientes, así que con todo esto llegamos a la fiesta de mi amigo.

    Llegamos a la fiesta y estuvimos bebiendo un rato, estaba muy bueno el ambiente, mucho alcohol y mucha gente muy prendida pasando la fiesta de manera muy amena, mi novia ya estando un poco ebria comenzó a besarme de manera muy sexy, me llevó a una parte donde casi no había nadie y llevo mi mano directo a su vagina para que comenzará a masturbarla, ella estaba muy mojada y mis dedos entraban y salían de manera muy fácil y deliciosa, sin embargo aún estábamos en la fiesta y era muy evidente, así que le saque los dedos, regresamos con nuestros amigos e hicimos como si nada hubiera pasado.

    Fue ahí cuando mi mejor amigo me pidió acompañarlo a su cuarto por una chamarra y yo sin dudarlo le dije que si, subimos a su cuarto, el cual tenia una luz roja muy tenue, entramos al cuarto y mi mejor amigo se me abalanzó a besarme como si fuera la última persona a la que besaría. Al mismo tiempo empezó a quitarse la ropa y a quitarme la mía, yo estaba confundió, no sabía que hacer, así que tomé la decisión de dejarme llevar, por lo que le desabotone el pantalón y se lo baje hasta la altura de las rodillas para comenzar a masturbarlo por encima de su bóxer.

    Mientras lo hacía le pregunté que a qué se debía que estuviera tan caliente, a lo que él me dijo que vio como le metía los dedos a mi novia y se excito demasiado, después de decirme eso el me beso y comenzó a quitarme la playera, cuando me la quito dirigí mi mirada a la puerta y observe algo que por un momento me dejó helado, pues la puerta estaba entreabierta y detrás de ella estaba mi novia viendo todo, con una mano en su pecho y otra adentro de su vagina.

    No supe que hacer, yo estaba en shock total, cuando ella se percató que la vi entró al cuarto, le puso el seguro a la puerta y sin decir nada y de manera muy sexy, dejo caer su vestido, quedando casi desnuda, pues lo único que le cubría era aquella tanga abierta que yo le había comprado, mi amigo y yo nos quedamos boquiabiertos, ambos estábamos viendo los hermosos pechos que tiene mi novia y con cara de sorpresa vimos como ella se acercó, se agacho, bajo mi bóxer y se metió mi pene en la boca, comenzando a chuparlo y lamerlo tan rico que pronto el cuarto se inundó de mis gemidos de manera muy intensa.

    Mi amigo no se quedó atrás, se desnudó por completo y se agacho para compartir mi pene con mi novia, ambos lo chupaban y lamian, por momentos notaba como sus lenguas se tocaban pero inmediatamente volvían a dirigirse a mi miembro el cual estaba duro y lleno de la saliva de ambos.

    Mi novia se levantó y me preguntó donde estaban los condones, yo seguía acostado y mi amigo me la seguía chupando así que le señale mi ropa y le mencione que estaban en una cajita de plástico que era de una baraja, dentro de mi pantalón, ella sacó uno y lo abrió, se acercó a nosotros y dijo «yo interrumpí algo, así que continúen por favor» le pidió a mi amigo que se levantara, le dio la vuelta y le dijo que me montara, mi amigo no lo pensó dos veces, tomó mi pene y lo dirijo directo a su culo, poco a poco se fue sentando hasta que mi pene entró por completo dentro de él, comenzó a moverse poco a poco, pero casi inmediatamente comenzó a moverse muy rápido y duro, ambos estábamos gimiendo muy fuerte y rico, gire la cabeza hacia mi novia y vi como se estaba masturbando de manera muy efusiva, ella se acercó a mí y puso su vagina en mi cara, sin pensarlo comencé a hacerle un oral mientras mi amigo seguía saltando sobre mi pene de manera muy rica.

    Mi amigo llego a su límite y vi como de su pene comenzó a volar semen hacia el piso, estaba teniendo un orgasmo muy intenso, cuando terminó mi novia dijo que era mi turno, así que mi amigo se quitó, me puse otro condón y ahora fue mi novia la que comenzó a cabalgarme, mi novia estaba muy mojada, mi pene entró muy fácil y tan pronto como entró comenzó a moverse muy muy rápido, ella gritaba de placer y se jalaba el cabello y sus pechos, tenía orgasmo tras orgasmo y yo estaba disfrutando de eso, tanto que comenzaba a sentir que estaba cerca de venirme, mi amigo acercó su pene a mi y yo comencé a chupárselo hasta dejarlo completamente limpio de tremenda corrida que acababa de tener, fue entonces cuando mi novia y yo llegamos al orgasmo y al mismo tiempo comenzamos a venirnos, yo sentí como se venía a chorros sobre mi y ella sentía como la comencé a llenar de leche a pesar de que traía el condón puesto. Cuando ambos acabamos ella se recostó a un lado mi al igual que mi amigo, estábamos desnudos los 3 sobre la cama de mi amigo.

    Estábamos recuperándonos de aquella sesión de sexo tan intensa cuando mi amigo dijo «¿cuanto tiempo llevabas ahí?» A lo que mi novia le respondió «yo me di cuenta que viste como me metía los dedos, vi como te tocaste encima del pantalón y cuando vi que subieron pensé que algo divertido pasaría y mira, no me equivoque jeje». Mi amigo comenzó a reír y dijo que tenía que vestirse y volver a la fiesta pues ya se había desaparecido mucho tiempo, aunque nos dijo que si queríamos podíamos seguir usando su cuarto, con la condición de que lo invitaremos a otra sesión de sexo.

    Mi amigo se fue, mi novia y yo nos tomamos las pastillas vigorizantes y volvimos a tener sexo como si fuera la última vez que lo haríamos, lo hicimos por horas, hasta que ambos nos quedamos dormidos y desnudos en cuarto de mi amigo. Al día siguiente desperté y salí del cuarto, la casa estaba hecha un caos por la fiesta, me dirigí al baño y vi la puerta entreabierta del cuarto de los papás de mi amigo, me asome y lo vi dormido sobre la cama, desnudo con otro sujeto el cual no conocía, solo sonreí, cerré la puerta y fui al baño.

    Si este relato te gustó no dudes dejar un comentario y una valoración, me ayudaría muchísimo y me motivará a seguir escribiendo más, si quieres que hablemos de algo mándame correo y nos pondremos en contacto, te mando un saludo y no dejes de tocarte.