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  • Ruta en moto (1): La ruta

    Ruta en moto (1): La ruta

    Salida en ruta con sorpresa incluida.

    Saludos a todos los lectores.

    Somos un matrimonio maduro con muchos años de convivencia, hemos superado la mayoría de las etapas que a lo largo de un matrimonio se suelen atravesar, desde los momentos iniciales de sexo y deseo continuo, a que esto pase a un segundo plano, pero con el refuerzo de otros sentimientos más firmes y tranquilos que suplen los anteriores y que permiten una vida en común con menos expectativas, pero también agradable y placentera.

    Una evolución que cuando serenamente se piensa nos hace pensar en los cambios que la mente sufre, de molestar que alguien mire el culo a tu mujer por la calle, a desear que su ropa sea provocativa para lograr que aumente el morbo con esas miradas de deseo. De pensar que ese pastel es para ti solo, a desear que ese sabor de gloria lo prueben otros, y sobre todo verla gozar del sexo y placer que ya no le das con la misma pasión que antes.

    Poco a poco notas esa evolución y no solo consientes, sino que animas para que se insinué a otros en un baile, que se despelote en una playa o a cosas inimaginables en la primera fase.

    Ha pasado el tiempo y ya somos maduros, mi mujer Noel ya cumplió los 61, fue una mujer no muy alta, pero con una figura muy bonita, de unos 68 kg, vientre plano, de caderas marcadas de ensueño, un pecho mediano y enhiesto de una talla 90, castaña pero siempre teñida de rubia, guapa, de labios sensuales y un carácter abierto y tranquilo.

    Es pasional llegado el momento, pero no lo busca, nunca da el primer paso, no es morbosa, pero disfruta mucho con una buena y larga penetración.

    Era profesora en Bellas Artes, muy implicada en su labor, responsable y con don de trato con los compañeros y amigos.

    Yo Juan, de 71 años, Perito de mantenimiento en una empresa que funcionaba las 24 horas, con la obligación de realizar guardias programadas en cada turno de trabajo, 1.76 m, 78 kg, musculado y también con buena planta.

    Nuestra vida era muy normal, trabajo, cena los fines de semana, baile y una gran pasión, las motos.

    Teníamos una Honda Goldwing 1500, comodísima, (un sofá con ruedas) y entre nuestros amigos, unos con especial compenetración con los que solíamos salir los fines de semana, cenar o hacer alguna ruta por carreteras sinuosas; y fueron esas salidas en moto lo que motivaron un cambio en nuestras vidas.

    Lola, una morena de ojos negros, profundos, con labios carnosos y boca grande, que en mis pensamientos morbosos tendrían que dar placeres maravillosos a su afortunado marido; sus pechos siempre insinuantes por sus camisas o escotes entreabiertos que mostraban el canal que separaban dos tetas magnificas, medianas pero duras, con pezones punzantes. De estatura similar a Noel, algo más delgada, con ropa muy ajustada y marcada le daban un aspecto muy sensual permanentemente.

    Carlos, de características similares a las mías, tres años más joven que yo, buen conversador, picante en sus insinuaciones, atrevido, con buena planta, buen sentido del humor y las manos un poco volátiles siempre en su justa medida y arriesgado en la búsqueda de situaciones novedosas.

    Su moto, una nakert BMW 1000 Z, color verde pistacho, con mucho genio, era su mayor pasión terrenal.

    Nuestra relación estaba muy consolidada, solíamos quedar los festivos y fines de semana, planificábamos rutas moteras, salíamos a cenar juntos, a bailar, tomar una copa y algún viaje, nuestra confianza era muy alta y nunca hubo problemas por cambiar de pareja para bailar, respetábamos nuestra amistad, aunque a veces vi a Carlos arrimarse algo más de lo que se puede considerar involuntario, (yo también pecaba con Lola por lo mismo, así que pelillos a la mar).

    Una semana, planeamos una ruta y comida a un Mesón con un buen restaurante de comidas caseras, que estaba en una sinuosa carretera comarcal a unos 280 km de nuestra localidad, situado entre una impresionante arboleda de pinos y un mirador donde el Mediterráneo se abría y brillaba en un inmenso panorama azul de agua y cielo.

    Quedamos como otras veces en el punto de salida o punto de reunión con nuestros amigos Lola y Carlos, y tras los saludos y café obligatorio, partimos hacia nuestro destino.

    Era Junio y se presumía que el calor iba a ser el protagonista, llevábamos un equipo ligero, botas de moto, vaqueros, una camiseta negra de manga corta y los chalecos de la moto en prevención de una caída.

    Carlos y Lola salieron en primer lugar, el culo de Lola apretado en aquellos vaqueros elásticos marcaban unas braguillas muy pequeñas, elevado en el asiento trasero se apreciaba prieto y duro, despertando deseos inalcanzables, se reclinaba agarrándose a Carlos, su piloto.

    Nosotros salimos tras ellos, mi silenciosa Goldwing siseaba su poderoso motor sin dejar distancia y nuestros intercambiadores de voz permitían mantener entre mi mujer, Noel y yo, una conversación permanente de cosas de escasa importancia. Después de rodar una hora, las señales de Carlos me indicaron que íbamos a parar, era ya medio día, sobre las 12 h y hacia calor.

    Nos detuvimos en una gasolinera y estiramos las piernas, bebimos un poco de agua y nos dispusimos a continuar.

    Lola dijo: ¡Me duele la espalda hoy, ayer estuve en pilates y parece que me he hecho daño!

    Mi mujer, Noel contestó: ¡podías haberlo dicho, cámbiate a mi moto que el asiento es muy cómodo, y yo me paso a la tuya!.

    La idea era buena y como partió de las chicas se aceptó sin objeciones, se cambiaron los intercomunicadores y nos subimos a las motos.

    Como era habitual Carlos salió delante, al pasar junto a mí y ver a mi mujer en aquella posición sobre Carlos, el bajo vientre me dio una contracción.

    ¡Joder, exclamé!

    Lola me oyó por el intercomunicador y me preguntó: ¿pasa algo?

    ¡No que va, que he visto a mi mujer en tu moto y se le hace un culo divino!

    ¡jajaja. ¡Parece que no has visto nunca un culo bonito, jajaja!

    ¡Sí el tuyo, que es precioso, jajaja! ¡y con pantalón, así que al natural tiene que ser un jardín! Le respondí.

    ¡Es verdad, jajaja, un jardín, pero para un capullo que no le hace mucho caso!

    Me quedé un poco sorprendido pero no comenté nada de aquella matización.

    Cambiamos de conversación por entrar en una zona de curvas sinuosas y la atención debía ser extrema. Un camión circulaba delante y Carlos llegó a tiempo de pasarlo antes de entrar en la raya continua, nos quedamos rezagados y vimos a Carlos y Noel alejarse y perderse en las curvas.

    El camión fue perdiendo velocidad por la fuerte rampa y nos obligó a seguir tras él.

    El ascenso de aquel largo puerto de varios kilómetros y la circulación en sentido contrario, nos hizo perder más de 20 minutos, por lo que Carlos llego con mucha diferencia, antes que nosotros.

    Después de una lenta subida llegamos a la cima desde donde se veía el restaurante; a unos 200 metros estaba el viejo caserío, rodeado de una pinada impresionante y matorrales que le daban un aspecto salvaje al paisaje, más allá a la caída de la sierra un fuerte acantilado natural formaba el espléndido mirador.

    Nos salimos de la carretera y enfilamos el carreterín que conducía al restaurante, desde allí no vimos la moto verde pistacho, pero conforme nos acercamos Lola la vio.

    Lola: ¡Mira allí, a la izquierda, debajo de aquellos pinos están!, pero no solo vio la moto, vio algo más, estaban casi ocultos, conforme avanzábamos comenzamos a verlos cada vez mejor, por un momento los vimos completamente antes de perderlos de nuevo de vista.

    Noel mi mujer, semiculta, estaba reclinada en un gran pino inclinado con su espalda apoyada en el tronco, encima de ella Carlos le había levantado la camiseta y le cogía las tetas, las besaba y se las comía, Noel tenía el pantalón bajado a medio muslo y había abierto la bragueta a Carlos, sujetando su polla con la mano derecha, mientras la izquierda, luchaba con desabrochar el pantalón de Carlos.

    ¿Has visto lo que yo? Me preguntó Lola alterada.

    ¡Claro, pero que cabrones son!

    Al avanzar los pinos nos taparon la vista y continuamos despacio al parking del restaurante.

    Posiblemente oyeron llegar la moto y tal vez vernos, no lo sé, creo que no.

    Fue un momento, los árboles nos taparon la visión, el ruido de la moto los avisó y recomponiéndose la ropa se fueron hacia su moto, llegamos a la puerta del restaurante y decidimos dejar la moto a la sombra bajo un pino, por lo que nos dirigimos a donde estaba la de Carlos, cuando llegamos estaban allí sentados junto a ella, como si nada.

    Lola: ¡No les digas nada, vamos a averiguar hasta donde están liados, asi que por favor te lo pido, como si no hubiésemos visto nada!

    ¡De acuerdo, Juan!

    Al vernos llegar Noel nos dice: ¿cómo tardáis tanto, empezábamos a preocuparnos?

    Menuda preocupación tenías tú, pensé yo, pero me callé a duras penas.

    Yo: ¡Un camión no nos dejó pasar y nos ha jodido la subida, casi llegamos! ¿Habéis cogido mesa?

    – ¡Nooo estábamos viendo el paisaje desde el mirador, es precioso!

    -¡Hala pues venga vamos a ello que vengo seco y me voy a tomar una cerveza fresquita!

    ¡Menudo paisaje estabas viendo tú! Pensé.

    Lola y yo nos mirábamos durante la comida y todo era tan natural que nos convencimos que no se habían percatado de que los habíamos visto

    Terminamos de comer, un café y nos salimos al mirador a reposar bajo los pinos, el fresco de la brisa contrastaba con el fuerte calor de la carretera, nos tumbamos y relajados gozamos de aquel lugar y de su paz, pero mi cabeza no paraba de recordar lo que había visto, dos sentimientos se encontraban, rabia por un lado y morbo por otro, el ver unas manos distintas a las mías sobar las tetas de Noel y una boca comerse sus tiesos pezones, el recuerdo me tenía excitado.

    ¿Qué me ocurría?, ¿me gustaba?, por otro lado, su traición me dolía, ¿qué le ocurría a Noel, no me deseaba ya, no me amaba? Tendría que averiguar desde cuando mantenían ese secreto, ¿habría follado con Carlos o sería un calentón por ir en la moto con él? Aunque yo sabía que una vez empezado el melón no se acaba con una tajada, y más si era una fruta tan apetecible y excitante Noel.

    Mis pensamientos los interrumpió Carlos.

    Carlos: ¡Esto es precioso y se está bien entre los pinos, no hace ningún calor, podríamos volver el viernes que es festivo y pasar el día por aquí!

    Lola: ¡Yo no puedo, el viernes por la tarde he quedado con las compañeras de trabajo para salir y cenar juntas!

    Yo: ¡Yo tampoco, tengo guardia hasta las 12 de la noche!

    Noel: ¡No me habías dicho nada, marido!

    Yo: ¡Creí que te lo había dicho ya!

    Carlos: ¡No pasa nada, lo dejamos pendiente, la verdad es que esta ruta me ha gustado mucho!

    Lola y yo nos miramos, como por telepatía nuestras mentes habían pensado lo mismo; habíamos puesto los anzuelos, ya veríamos si pescábamos algo.

    No os desaniméis, el relato continúa, veremos qué ocurre, pero sin premeditación preparábamos un complot para averiguar lo que ignorábamos.

    Saludos.

  • Mi primera vez, él 55 y yo 31

    Mi primera vez, él 55 y yo 31

    Hola, ¿cómo va? Soy de Buenos Aires, actualmente tengo 34 años.

    Siempre tuve una vida heterosexual hasta que conocí a Mariano. Un hombre de 55 años, lo conocí por una aplicación. Yo tenía 31.

    Él me envió solicitud al principio no lo acepte porque yo estaba en esa app buscando mujeres.

    Pero no sé porque me empezó a llamar la atención su solicitud. Se la acepte, empezamos hablar y luego nos pasamos el WhatsApp, me pareció una buena persona, atento. Pasaron meses entre si y no.

    Hasta que un día tome valor y acepte que nos veamos en ese momento yo ya estaba bastante caliente.

    Nos encontramos en Devoto, fuimos a almorzar yo estaba realmente nervioso porque nunca había tenido una cita con un hombre y menos de su edad.

    No parecía de 55 años, estaba bastante bien, flaco de mi estatura 1.70 súper blanco, colorado, divino.

    Pasamos todo el almuerzo charlando, terminamos de comer y fuimos al baño pero porque yo realmente me estaba orinando pero se ve que los gays confunden el ir al baño con coger me intención en principio era orinar.

    Orine y el también y cuando nos estamos por ir, me beso, al principio como que no quise pero lo bese y nos dimos un beso re hot tanto que le toque el paquete nunca había tocado a otro hombre. Nos miramos y dijimos que hacemos? El 55 y yo 31 ya bastante grandecitos para dar vueltas y le dije vamos al telo, conoces alguno?

    Fuimos a uno que queda entre el límite de Devoto y Villa del parque. Muy lindo lugar, entre con una vergüenza por entrar con un hombre.

    Entramos nos besamos y cuando quedamos sin casi ropa y ya estábamos en la cama le dije estoy nervioso no sé como seguir.

    Y él con su forma de ser tan hermosa se sonrió y me empezó a llevar él.

    Le chupe la verga, nunca había hecho eso, y la verdad que chupar pija me re calienta

    Tenía una linda verga, de unos 13 cm, cuando me la metió lo hizo con toda la paciencia del mundo, fue un amor, fue suave, me cogió en todas las posiciones piernas al hombro, de costado, boca abajo, me gustó mucho. A los días le dije que la experiencia no me había gustado y que no lo quería ver más, la realidad era que tenía miedo. Miedo a sentir algo por un hombre.

    En el siguiente relato les cuento como terminó todo.

  • Conozco a mi hija, la modelo (padre e hija)

    Conozco a mi hija, la modelo (padre e hija)

    Mientras me encuentro cambiando a mi hijo para llevarlo a su primer día de pre escolar, observo que con una sonrisa fascinante, se encuentra de brazos cruzados y recostada contra el marco de la puerta, Gaby, que decir de Gabriela… es lo que mejor me pasó en esta vida, al verla hoy tan sonriente, me vienen a la mente el recuerdo el día que nos conocimos… les cuento.

    Al llegar de mi trabajo, soy profe de gimnasia y tengo un gym, me doy un reparador baño y me siento en un cómodo sillón antiguo heredado, cuando escucho la campanilla del timbre, grande fue mi sorpresa al abrir la puerta, una mujer impresionante aparece delante de mis ojos.

    Morocha para el infarto, sus ojos verdes destellaban, esos hermosos, firmes y duros pechos que pugnaban por salir de la remera, eran una invitación al placer, sus carnosos labios que dejaban ver su sonrisa blanca, esas piernas perfectas, apenas cubiertas por un short de jeans y la falta de maquillaje dejaba la impresión de la suave piel, la de su rostro apenas cubierta por unos alargados rizos caoba.

    – Hola buenas tardes me llamo Gabriela ¿vos sos Adriano?

    – Si el mismo.

    Se arrojó a mis brazos llorando desconsoladamente, no sabía qué hacer, si apretarla fuerte contra mí o no tocarla, me encontraba entre el desconcierto y sus pechos duros que se habían pegado al mío.

    – ¿Qué sucede Gabriela? Te paso algo.

    – Por favor déjame pasar y te explico.

    – Si pasa, toma asiento.

    Sin pronunciar palabra desplego sobre la mesa una batería de papeles y comenzó a explicarme.

    – Antes que nada te debo aclarar que yo me entere hace muy poco tiempo, a raíz que mi madre desapareció de la faz de la tierra, siempre anduvo en malos pasos y con la gente equivocada, por casa pasaron varios hombres que hicieron nuestra vida un calvario.

    – Bien Gaby, por favor vamos al punto.

    – Bueno, no hay otra forma de decirlo, vos sos mi papa, aquí están las pruebas de lo que digo.

    No supe que responder, tiré lo primero que se me vino a la mente.

    – ¿Estás a sabiendas que esto es verdad?

    – Totalmente, te cuento, cuando mama se fue de tu lado ella ya estaba embarazada de mí y decidió ocultártelo, no me dio bien los motivos pero si las pruebas y las fechas coinciden, según me dijo te lo iba a decir y la separación ocurrió antes.

    Luego de haber revisado yo todos los papeles, llegue a la conclusión que si era cierto, ella es mi hija.

    Fue difícil asimilar todo de una vez, me conto las desgracias de su madre, drogas, alcohol, malos pasos en general. Ella de muy chica se fue a vivir sola y se veían esporádicamente, Gaby había estudiado modelaje, por eso su gran físico y gracias a ello podía mantenerse económicamente, vivía en una pensión de la agencia.

    Quería generar un vínculo conmigo, pues tenía la impresión que la madre había tomado la drástica decisión de quitarse la vida, nunca más supo de ella, la busco por cielo y tierra sin encontrarla.

    Para no hacerla tan larga, con el tiempo fuimos generando ese famoso vínculo que ella quería tener conmigo, salíamos a cenar, lo hacíamos también en casa, duro mucho tiempo el periodo de adaptación de ambos, pero se logró empatizar y cada vez éramos más padre e hija.

    Llego un día en que me agarro el padrazo y la soledad, así que le propuse, para recuperar ese tiempo perdido, que se venga a vivir conmigo, así no pagaba más el alquiler de una pieza y no tendría que compartir habitación con siete compañeras.

    Acepto de gran gusto y se acomodó en una pieza libre del departamento, la que arreglo como los dioses.

    La verdad, es una verdadera ama de casa, nunca el departamento estuvo tan bien acomodado y limpio.

    Cierto mediodía, me dice.

    – Papa esta noche tengo pasarela, ¿querés ir a ver? tengo dos pases.

    – Con todo gusto, obvio que me gustaría verte en tu trabajo.

    – Bueno comienza a las veintiún horas, puntual, te voy a estar esperando.

    – Allí voy a estar.

    Esa noche veinte cuarenta y cinco estaba ocupando mi silla, justo en la cabecera de la pasarela.

    Comenzó el desfile, una mujer más linda que la otra, pero Gaby descollaba, esos vestidos le quedaban hermosos, hasta que quede absorto cuando, encima, fue ella la primera, comenzó el pasaje de ropa interior. La veía venir con ese cadencioso y sensual paso que solo las modelos saben hacer, un conjunto blanco impoluto, que dejaba ver el rosado contorno de sus labios vaginales totalmente depilados, mi miembro cobro vida, ya no era yo responsable de sus actos, al girar para retirarse, vi ese hilo que se perdía entre sus glúteos, casi tengo un orgasmo sin tocarme, ella en todo momento miraba fijamente a mis ojos, incluso cuando giro lo hizo clavando su mirada en los míos, me tiro un beso muy disimulado y se retiró.

    Al finalizar nos fuimos juntos en el auto, la invite a cenar y ni tocamos el tema desfile, solo me pregunto si me había gustado, mi respuesta fue que no, cuando puso la cara de sorpresa le dije que no me había gustado, me había encantado, enfatizando la frase, echamos a reír a carcajadas.

    Al terminar esa cena, fuimos a casa y nos sentamos a la mesa, para tomar otras cervezas y ahora si hablar del desfile.

    Pasaban las charlas, las cervezas y las horas, el efluvio del alcohol iba haciendo su efecto, que no buscamos.

    – Adriano, ahora bien, decime, contame ¿qué te pareció mi modelaje?

    – Bellísimo como vos, creo que elegiste la carrera justa.

    – Cual de todas mis pasadas te gusto más.

    – Es más que obvio, la de ropa interior, esa que me permitió ver toda tu belleza en el más puro esplendor.

    – ¿en serio?

    Sin más palabras se comenzó a sacar la ropa bastante entorpecida por el alcohol, traía un conjunto muy similar al que había lucido en el evento, camino hacia el equipo de música, dándome la espalda para buscar un C.D. se agacho sin doblar las rodillas dejando expuesto todo su sexo, apenas cubierto con un pequeño trozo de tela, puso un tema de marcha, esas que usan las modelos y como dije antes, con pasos medio entorpecidos tuve mi desfile particular.

    Luego de varias “pasadas” tropezó cayendo justo sobre mi (días después, me confeso que fue a propósito)

    Nuestras miradas se cruzaron al tiempo que las cabezas, en cámara lenta se acercaron para unir nuestras bocas en un apasionado beso que nos permitió por primera vez intercambiar saliva. Mis manos tomaros con avidez sus firmes pechos, un suspiro se escapó de su boca, se posiciono a horcajadas en mis piernas rodeando mi cuello con esos suaves y delicados brazos, la pelvis se acercaba peligrosamente al miembro ya duro por la excitación, bajo su mano diestra y hábil a mi pantalón para tomarlo y jugar con él por sobre la tela. Sentí la humedad de su sexo traspasar el jeans y humedecer mi pierna. Sentí como con delicadeza desabrochaba el botón y bajaba la cremallera para poder introducir la mano, mis piernas se iban abriendo lentamente para facilitarle la tarea, creo que ella interpreto otra cosa, pues en un solo movimiento se paró, hizo a un lado mis piernas arrodillándose entre ellas con tomo mis pantalones por la cintura y empezó a bajarlos junto con mi bóxer, mi verga presurosa salto como un resorte, cuando mi ropa estaba casi por mis rodillas bajo su cabeza haciendo contacto visual, me miraba tan sensualmente que me excitaba cada vez más, me acariciaba y daba pequeños soplidos por la zona que rodeaba a mi sexo, casi estaba por suplicarle que lo metiera en su boca y con esa dulce lengua que hace un momento había besado afuera, la puso a funcionar en el capullo del miembro palpitante, una electricidad me recorrió todo el cuerpo, ese mismo que recorría cada milímetro con sus suaves dedos, parecía estar identificando cada uno de los poros de mi piel.

    Sus pechos a la altura de mi boca eran la invitación perfecta, alternadamente metí sus pezones en la boca, sentí como con cada pasada de mi lengua se endurecían más, que rico sabor tienen, alcance a mordisquear suavemente esos redondos pechos, haciéndola gemir sobre mi verga, la sensación de sentir ese aire tibio sobre ella me transmitía una sensación casi indescriptible. Mientras pasaba la lengua por todo el tronco de mi aparato, lleve las manos a su cabeza con la intención de guiarla a engullir esa verga deseosa de ser chupada, no hizo falta, pareció transmisión de pensamiento, de una sola vez mi verga se perdió en el interior de su boca, dulce y cálida boca, iba y venía con una lentitud impresionante, con sus ojos clavados en los míos.

    Comencé a sacarle el corpiño que le había levantado un poco para ocuparme de sus tetas y poder pasar a sacarle la tanga, se incorporó sacándosela ella misma, apenas quedo total y completamente en bolas, acerco su vagina a mi boca, en esa posición nos quedaba incomodo, incorporándome termine de sacarme mi ropa y fuimos hacia el dormitorio más cercano, el de ella, se dejó caer sobre el cubre cama y me zambullí a disfrutar de su vagina húmeda, que destilaba pequeñas gotas perladas esperando ser recogidas. Me arroje a esa breva esperando ser explorada, la lengua rodeaba su contorno, la humedad reinante hacia que fuera hacia su interior, ese sabor a sexo inundando mis papilas exacerbo mi excitación, hundí mi lengua en la base inferior todo lo que el largo de la lengua me permitió, para ir subiendo por ese camino hasta llegar al tan desea clítoris, lo chupaba con fruición, suavemente, por momentos lo rodeaba con la punta, sentí su gemido gutural que me indicaba su orgasmo.

    – Si Adriano ahí los tenés, tómalos todos te los ganaste por tu trabajo.

    Me dijo algo con entrecortadas palabras mientras disfrutaba de su sensación.

    Aun jadeando se puso sobre la cama a gatas.

    – Ahora si quiero sentirte adentro.

    Lo dijo mientras me ofrecía la mejor visión que he tenido en los últimos tiempos de un culo y una vagina espectaculares. Si dudarlo me avance sobre ella y tomándola del pelo enfile la punta a su entrada, como no quería perderme nada de esa visión, la fui penetrando muy despacio, hasta que desapareció de mi campo visual, mis movimientos a partir de ahí fueron en cámara lenta, salía casi toda y luego ingresaba.

    – Hermoso, me gusta, la siento, me siento llena, ahora dame con todo.

    – Su pedido es una orden mi reina.

    A partir de esas palabras mis movimientos fueron frenéticos, los fluidos vaginales hacían música al compás de las embestidas, como coro teníamos nuestros gemidos y como publico nuestros cuerpos. Casi en la misma sintonía de esta sinfonía de sexo los dos tuvimos nuestros respectivos orgasmos, caí rendido sobre su espalda, ella solo reía, con esa risita cantarina que la caracteriza.

    Nos acurrucamos en la cama a propinarnos caricias varias y besos por doquier. Hablamos mucho de lo sucedido, y convenimos que si bien fue extraño por la situación y la relación parental, ambos no sentíamos culpa y que era el comienzo de una nueva etapa de felicidad, volvimos a hacernos el amor.

    Que delicia era estar sobre su cuerpo entrando y saliendo de su interior, sentir esos pechos chocar con el mío y el beso que me dio cuando estaba acabando fue para la epopeya.

    A mí me estaba costando llegar al segundo orgasmo, pero elle tenía un as en la manga, y su sensualidad en esa mirada penetrante, sabía bien lo que me gustaba aunque era la primera vez que lo hacíamos, me pidió ponerme boca arriba y sentándose sobre mi miembro de espaldas a mí, con sus propias manos llevo mi verga a destino para dar inicio a su cabalgata. Tenía ante mí la visión perfecta de nuestros sexos en acción, con el plus de su esfínter anal en primer plano, se daba vuelta para mirarme de tanto en tanto.

    – ¿Te gusta lo que ves?

    – Me encanta, se ve delicioso, es una obra de arte digna de Miguel Ángel.

    – Sabes que es todo tuyo.

    Salivo sus dedos llevando su mano hacia ese rosado y pequeño punto de placer humedeciéndolo en varias oportunidades, posicione ambas manos en sus glúteos para comenzar a jugar con mi dedo pulgar en torno al orificio terminal de su recto, hizo un movimiento hacia atrás, sin dudarlo ejercí presión para que se introduzca mi dedo, lo hizo con relativa facilidad, una vez adentro comencé a moverlo de afuera hacia adentro, al cabo de unos minutos saco mi verga de su vagina y haciéndose hacia atrás puso su maravilloso culo en mi cara, lo lamí con desesperación, la lengua dura entraba y salía, sus gemidos eran más intensos que los anteriores, como pude estimule su clítoris provocándole un orgasmo increíble.

    – Adriano, el resto lo dejamos para más adelante, todo hoy no se puede, la magia del sexo está en el deseo y quiero que lo desees.

    Accedí sin reproches, y bien que hice, se abalanzó sobre mi miembro para, como al comienzo, hacerme un oral de película. Pasado un rato con toda la experiencia que tenía, se dio cuenta que era inminente mi descarga, sus movimientos tanto bucales como de masturbación se hicieron un poco más agiles, llene su boca con mi semen el que se corría por la comisura de sus labios, abrió la boca y mostrándome todo lo que contenía, se lo devoro, se acercó y ahí conocí el famoso beso blanco, dándome de probar mi propia descarga.

    A partir de ahí no volvimos a separarnos nunca, hace ya siete años que vivimos como marido y mujer. Por mutua decisión tuvimos hace tres años un hijo, tan hermoso como ella.

    A partir de mi separación de su madre, me había prometido nunca más tener pareja estable, pero llego ella para cambiar mi vida y mi forma de pensar, nos llevamos espectacularmente bien en todo orden de la vida.

    Ya no somos más papa ni hija, hace siete años que somos Gabriela y Adriano.

  • Una tarde de mayo en su carro

    Una tarde de mayo en su carro

    Era ella, tan hambrienta y deseosa de sentirlo, cada vez que lo observaba lo quería tener en su boca. Sus ojos oscuros, profundos, esa boca que la deleitaba y ese cuerpo que la ponía tan candente como la sonrisa que él le regalaba mientras coqueteaba, ese era el juego, como él la hacía sentir, la más puta por querer estar con otro hombre cuando tenía pareja. Le gustaba destapar las cartas mientras él la invitaba a pecar.

    Esa tarde de mayo… él la esperaba en su vehículo, ella salía apurada por llegar a casa cuando se lo encontró. La invito a subir mientras bajaba la bragueta de sus pantalones, los mismos que escondían una verga tan sublime, tan grande y tan dura, digna de saborearla de principio a fin. Ella, con algo de temor agarro ese miembro tan gustoso a la vista entre sus manos, mientras él enganchaba el cabello de su puta con mucha fuerza entre sus nudillos, le decía lo rica que la veía chupar, y sus líquidos la recorrían mientras lamía su tronco cargado de palpito venoso. Ella y su boca lo abordaron por completo y lamiendo su cabeza hasta meterlo de forma profunda empezó a succionarlo tan rápido y tan fuerte que él solo gemía de placer, ese placer que a ella la hacía sentir plena y cachonda, su tanga estaba desbordada de líquido genital, se retorcía en su asiento y solo pensaba que quería que él la penetrara tan profundo, tan duro, tan animal. Él, gimiendo más rápido solo le pedía a ella que no parara hasta que exploto en su boca y la invadió por completo de su leche, espesa, caliente, vibrante y abundante.

    Los ojos de ella lo observaban con intensidad, mientras lamia su verga caliente, y a su vez tragaba ese viscoso líquido. Él le grito ¡Esa es mi puta!, cuando ella se limpiaba como acabando de comer postre y satisfecha de su encuentro, salió del carro y él se retiró con la sonrisa de malvado, acabando de conseguir lo que quería… sin saber que ella, se quedó en su espacio totalmente extasiada, tocando su vulva mojada y caliente, e imaginando que sería el turno de ella. Se vino, con el pensamiento y con sus dedos entre sus labios inferiores, se encontraba sola, en su carro oscuro y silencioso, gimiendo como gata recién cogida y vibrando porque acababa de sentirlo como hasta ahora. Nunca abandono ese pensamiento hasta hoy que lo escribe y lo revive.

    Ella, volvió a casa y besó a su novio en los labios, dejándole saber que su felicidad era solo por aquel que le acaba de regalar un espacio de locura y placer. Desde entonces no quiso abandonar ni dejar de ser esa puta.

  • En el fulgor de su cama

    En el fulgor de su cama

    En el fulgor de su cama

    Sus piernas me envuelven.

    Absorta, colorada, mágica doliente;

    Llena de flores en su boca

    crea el lenguaje de la carne fresca.

     

    De la idea a la palabra,

    De la palabra los hechos;

    El encuentro mortal de los cuerpos,

    proceso del juego cómplice de la unidad.

    Hace florecer una llama de incienso 

    Y colinas húmedas.

     

    Tú! Mujer melancólica, 

    Que desatas los demonios 

    Que haces caer los ángeles; 

    Diosa que crea turbulentos los ríos de sangre;

    Con tus temblores

    Solo esperas la muchedumbre 

    De flechas en el volcán solitario. 

     

    Lluvia de besos,

    Ternura de las manos,

    Humedece las rosas

    Con el rocío del manantial secreto de tus piernas.

    Todo lo consigues tú, todo lo consigues, 

    Eres la culpable de este juego cómplice. 

     

    En el fulgor de tu cama

    Tus piernas me envuelven.

    Ebrio de miel 

    Y de pensamientos oceánicos

    Guardas dentro tí el tesoro del verbo.

    Descansa en torno a tu rostro la noche temerosa,

    Y un ave azul se posa sobre tus ojos.

    Tiembla, tiembla la tierra,

    Destruye las piedras,

    Abre los mares tibios

    Y crea otra vez ese salvaje mundo

    Del que estoy dispuesto a recorrer.

  • La secretaria (parte 1)

    La secretaria (parte 1)

    En ocasiones mi trabajo es muy aburrido, cuando mi jefe no me necesita, sin embargo, cuando me necesita siempre estoy disponible para él.

    Un lunes, estaba casualmente llegando a mi trabajo, cuando mi jefe de una manera molesta me marco, que me acercara a su oficina, para hablar de un tema que traemos con pendiente desde el jueves pasado. Entré como de costumbre, el tomaba su típico café de las mañanas, el molesto desde que entré, comenzó a reclamar sus pendientes, que en mi trabajo son órdenes desde que el las expresa. Sin saber mucho de ese tema entré, de momento solo escuchaba sus reclamos, yo molesta por la situación salí de esa oficina donde yo realmente no quería estar más.

    Cuando se me pasó el coraje volví a entrar a pedirle de la manera más atenta que me explicara detalladamente el problema, pero él seguía muy molesto. Reclamaba y reclamaba, de pronto tiró su café al mover su brazo rápidamente. Yo me agache para limpiar ese desastre que el hizo. Traté de limpiarlo con lo primero que encontré, cabe mencionar que había solo papel canela, y así que lo limpié. Terminado de limpiar él se acercó a mi, de una manera muy tierna me pidió disculpas por el trato. Yo sabía como él era cuando tenía algún problema, así que lo dejé continuar, se acercó a mí, me tomó de mi cintura y me dijo:

    – Soy un tonto al no darme cuenta cuando moví mi brazo, no es justo que tengas que limpiar mis tonterías.

    Solo asentí con la cabeza, y le dije que todo estaba bien, que yo entendía su frustración. Bajó su mano lentamente por mi cintura hasta mis pompis, me quedé ahí confundida, mi reacción fue rodear su cuello con mis brazos, me acerqué más, en contraste yo me sentía muy bien al dejar que tocara mis nalgas, besó a mi cuello, y yo solo sentía mucha calentura, una calentura que en cada momento se hacía más notable. Al estar cerca de él, sentí como su miembro se sentía duro, sabía que ese era el camino que debía seguir.

    Lo besé lentamente, baje a su cuello, afloje su corbata y desabroché su camisa, deslizando lentamente deje en descubierto su torso, para mi era grandioso ver su silueta de hombre muy varonil frente a mi. Quité su corbata y su camisa también, de una manera muy tierna lo despojé de su ropa, tirándola al suelo, me dejé llevar como si fuese mi primera vez. Acariciando sobre su pantalón ese gran miembro, le dije al oído:

    – Amor no tienes porque ponerte asi, si necesitas cogerme para quitar esa molestia lo puedes hacer, esta bien?

    Después de decirle eso decidí agacharme y aflojar su cinturón, bajé su cremallera para ver ese gran monstruo que aún estaba medio dormido. Lo tomé con mi mano y empecé a acariciarlo, caricias que se convirtieron en masturbación muy pronto. Mientras lo sujetaba con mi mano lo metí a mi boca para chuparlo, lo chupé con gran deseo de poderlo hacer sentir bien, ya que como su mujer, era mi deber complacer a mi hombre. El gemía con un placer excepcional.

    Continúe tocándolo, creí que él se vendría en ese momento ya que pasaron algunos minutos mientras lo masturbaba, pero no fue así. Por lo tanto me quité mi camisa y mi brasier, le dejé ver mis pechos, aunque él sin darse cuenta de eso solo gemía cada vez más fuerte, me daba pendiente que se escuchará fuera de la oficina, y los demás se dieran cuenta del suceso. Él me ayudó tocando su miembro mientras yo tocaba mis pechos, abrí mi boca para recibir ese gran miembro, entonces él asotó su gran miembro sobre mis labios y mi lengua. Pasaron unos segundos cuando me levanté y me volteé sobre un escritorio que tenía en esa oficina.

    Él se agachó y comenzó a lamer mi vagina, lo hacía tan delicioso con esa lengua veloz que tenía, rápidamente me mojé y él lo notó. De poco a poco paso de mi vagina a mi ano, realmente eso era muy delicioso. Me daba más placer, lamiendo con una sutileza por poco me venía, pero pensé en otra cosa y lo aplacé para después, yo continuaba gimiendo de placer y disfrutando ese momento que no quería que terminara. Con su miembro de fuera él lo colocó en la entrada, y lo metió poco a poco, yo sentía una sensación muy rica, me dejé llevar nuevamente, y sin darme cuenta ya lo tenía muy dentro de mí.

    Mis piernas temblaban pero aun así aguanté mientras el seguía metiéndomela a un ritmo constante, simplemente escuchando como resonaban sus testículos en mi vagina…

  • Noche de pasión en la playa

    Noche de pasión en la playa

    Me encontraba en la playa a altas horas de la noche, serían como las 1 de la madrugada, yo soy de esas pocas personas a las cuales les gusta pasear por la playa cuando es de noche, me gusta la tranquilidad, la brisa y el silencio. Tenía puesto mi bikini que consistía en un apretado sostén y en una tanga bien pequeña de hilo que se me perdía entre mis nalgas, mi ardiente conjunto era de un color rosa fuerte.

    Tenía una sábana de flores con fondo blanco que decidí colocarla sobre la arena para poder acostarme viendo las estrellas, permanecí así unos minutos hasta que algo me hizo levantar la vista y vi a un chico desde la distancia con una tabla de surf subido a una gran ola, parecía manejar la situación con gran habilidad hasta que sus ojos se encontraron con los míos y perdió su distracción eso hizo que terminará abajo de la ola y por la fuerza del agua termino casi a la orilla.

    Yo me fui corriendo a su dirección y levanté su cabeza con ambas de mis manos mientras le preguntaba si estaba bien y le quitaba el agua mezclada con arena de su bello rostro.

    Puse su cabeza en mis muslos y lo volví a mirar una vez más, era el típico chico surfista, tenía el cabello rubio bien dorado como el sol, lo usaba completamente lacio y sus ojos eran de un bonito color celeste, tenía unas pestañas largas bien bonitas que le adornaban sus ojos y el cuerpo lleno de músculos.

    Abrió del todo sus preciosos ojos y me miro con curiosidad y asombro.

    -¿Eres un ángel?- levanto su brazo y me acarició suavemente el cabello.

    -Solo soy la chica que te ha hecho perder la concentración.

    -No hay problema, no se suelen ver bellezas como tú muy a menudo a estas horas de la noche ¿qué haces por aquí?

    -Me encanta la playa cuando esta de noche.

    -A mí también y en especial por su tranquilidad- fue su respuesta, luego su mirada fue a mis senos que parecían que se iban a salir por debajo de mi sostén en cualquier momento.

    Lo ayude a sentarse sobre mi manta y el atractivo surfista coloco una mano en mi cintura y la fue subiendo hasta mi espalda para empezar a acariciarme.

    -Apenas te conozco- susurré.

    -Conozcámonos- me propuso llevando una de sus manos a mi seno con total descaro y lo empezó a mover hasta que lo saco completamente del sostén, hizo lo mismo con el otro y yo lo mire sorprendida.

    No me dio tiempo a protestar, me tomo la nuca y me dio un beso apasionado con fuerza que me quito el aliento.

    Me quite la parte de arriba del bikini y él me miró con lujuria y aprobación.

    Pase mis manos por su pecho hasta que entrelace mis brazos en su cuello y me subí a horcajadas encima de él.

    -¿Cómo te llamas?- Le pregunté con mis labios pegados en su cuello.

    -Eric ¿y tú?

    -Sol.

    Le acaricie el cabello y seguí besándolo suavemente en la boca mientras Eric me clavaba sus dedos fuertemente en mis nalgas y tiraba de mi braga hacia arriba para que se me pierda mucho más dentro del trasero.

    Mi vagina quedó apretada y la tela de mi tanga se metió dentro de mi vulva entonces Eric tomo una parte y me empezó a masturbar mi clítoris con la tela, era lo más extraño y delicioso también.

    Nunca me habían masturbado de esta manera, pero me estaba excitando mucho al sentir como la braga entraba, salía y me ponía húmeda.

    Cuando pensé que desbordaría de tanta humedad el atractivo chico me quito la braga rápidamente y puso la palma de su mano abajo de mi vagina y me empezó a masturbar más rápido haciendo movimientos adelante y atrás, mientras yo me estremecía y me arqueaba de tanto placer abriendo cada vez más las piernas para recibirlo con gusto a que haga conmigo lo que él quisiera.

    Puse los ojos en blancos y gemí bien alto sin detenerme cuando sentí cuatro ansiosos dedos que me penetraban con rudeza la vulva, mis piernas temblaron y mi humedad termino por desbordarse acompañada de mis largos gemidos. Tuve el orgasmo más poderoso de mi vida y él se inclinó a besarme con fuerza mientras hundía más sus dedos y luego los sacaba.

    Después puso ambas de mis piernas en sus hombros y comenzó con las primeras lambidas, ahí fue cuando me volví a encender mucho más que antes y empecé a mover las caderas con velocidad como si le quisiera dejar para siempre el olor a mi sexo impregnado en su lengua, él me la chupaba de maravilla y me sostenía fuerte de las piernas a la vez que aumentaba el fuego de la pasión en mí, yo ya estaba insaciable y mi deseo sexual había sido despertado.

    Antes de dejar de lamberle Eric escupió varias veces en el interior de mi vagina y me dio la sensación como si hubiese derramado su semen caliente dentro de mí.

    Entrelacé mis piernas en su cintura y él se acomodó para que quedemos a solo un par de centímetros de distancia.

    Me sentó a horcajadas de él y me empezó a besar nuevamente hasta que en el medio de tantos besos sentí que su verga estaba adentro mío, se detuvo para mirarme un poco a los ojos y luego seguimos besándonos todo el tiempo que duro el acto sexual, yo le apretaba fuertemente su cintura cuando las embestidas de él se volvían salvajes y cuando estaban más suaves me arqueaba hacia atrás y hacía movimientos con mi pelvis yo sola.

    Luego él me volvía a atraer contra su cuerpo y me besaba en el cuello dándome unas suaves mordidas y me agarraba de las nalgas para que yo saltara con su verga adentro.

    Después yo me volteé provocadoramente y él se acostó por completo, me metí yo sola su verga en mi trasero y empecé a moverme hacia adelante y hacia atrás y también hacia los costados mientras Eric estaba apoyado utilizando sus codos y él solamente podía ver mi culo moviéndose frenéticamente y mi cabello que caía en cascada sobre mi espalda a causa de mis movimientos, el efecto de mi pelo producía un condimento muy erótico a esta situación y yo lo único que veía era la tranquilidad y la belleza de la playa a estas horas sumado al enorme placer que estaba sintiendo con un chico completamente desconocido.

    Me agarro suavemente de mi nuca e hizo que me acostara por completo sobre el aunque nunca retiro su miembro de mi interior, apoye mi cabeza en su hombro y pude sentir su respiración agitada por la pasión de estos momentos, me tomo del abdomen y las embestidas siguieron, cuando estábamos en esta posición Eric no dejo de lamberme el lóbulo de la oreja, nuestra pose final fue de costado y derramó su semen en mi interior con una profunda embestida.

    Nos dimos otro beso con lengua y él me dijo:-Nos estamos conociendo bien.

    -Vamos a conocernos aún más- le respondí.

    Me incorpore y me lleve su verga a la boca mirándolo a los ojos, su erección se hizo presente otra vez al instante y en unos pocos minutos yo ya estaba encima de Eric moviéndome otra vez.

    -Eres insaciable- me dijo con una sonrisa.

    -Sigamos hasta que amanezca.

    -Entonces nos tenemos que dar prisa, hermosa, solo falta una hora- fue su respuesta final acompañada de unas intensas embestidas.

    Eric y yo pasamos esa noche juntos y muchas noches más, nos dimos nuestros números de teléfono y hoy por hoy somos amantes, lo hacemos bien rico en la playa o en su casa o en cualquier otro lugar público durante la madrugada.

  • Queridos suegros

    Queridos suegros

    -Vamos, cariño, dame el aperitivo antes de la cena -le digo mientras le rodeo el cuello por detrás y sintiéndome hambrienta.

    -Ya sabes que no estoy cómo con mis padres en casa, nos pueden oír.

    -No hacemos ruido, además… Tengo un regalito para ti.

    -Otro día, ¿vale?

    Me siento resignada en su cama mientras Iván no aparta la vista de la pantalla del ordenador y se mantiene impasible en la silla de su escritorio. Ni se interesa por el regalo que le tenía preparado.

    -Otro día… Seguro que tus padres follan más que nosotros -digo en voz baja. Está tan absorto en el juego que ni me escucha.

    Llevamos casi más de tres meses sin tener relaciones. ¿Por falta de ocasiones? Para nada, tenemos tanto su casa como la mía solas constantemente. Él es hijo único así que no tiene problemas de interrupciones cuando sus padres trabajan o salen, lo cual hacen muchísimo, y mi hermano mayor se independizó, así que tampoco aparece por sorpresa por casa. Tenemos el coche, sitios como probadores, parques de noche… Pero no, él no quiere. Tras dos años y medio de relación tengo la impresión de que definitivamente se ha cansado de mí, que ya no me ve atractiva o que ya no le interesa el sexo, y yo estoy que me subo por las paredes.

    Me levanto y me miro en su espejo. A mis veintitrés años estoy en una de las mejores etapas de mi vida, con unas tetas considerables, redondas y muy poco afectadas por la fuerza de la gravedad gracias a que me salieron tarde, una figura estupenda de gimnasio con piernas fuertes, glúteos abultados de las cientos y cientos de sentadillas que hago, vientre plano, tatuajes allí y allá que adornan mi cuerpo, algunos que hasta me excita mirármelos, como dos pequeños pájaros, uno a cada lado de mi cadera, que tienen la dirección de vuelo hacia mi entrepierna o el que tengo en el entrepecho. Mi melena rubia, nariz ligeramente ancha adornada con un septum y que compagina a la perfección con lo redondita que es mi cara, ojos grises, boca que siempre me la han definido como provocativa…

    No entiendo cómo no tiene ganas de ponerme ahí mismo contra el espejo o que me diga que se la coma mientras él juega. Ya hemos hecho todo eso antes y muchas cosas más y es de lo más excitante y placentero. Él es bastante atractivo, digno hijo de sus padres que son espectáculos andantes y nos encoñamos el uno del otro en secundaria, pasando meses de idas y venidas hasta que nos oficializamos como pareja. Los primeros meses fueron de escándalo, con la adrenalina y el morbo por las nubes aunque él solo quería hacerlo o en la cama o en el coche, pero me daba igual pues éramos muy buenos, teníamos química, pero poco a poco parece que se fue perdiendo. Lo que antes era un incendio imparable ahora son cenizas que se lleva el viento con poco ánimo de volver a prenderse. Llevo tiempo pensando en acabar, ya no solo por el sexo, sino porque parece que me descuida, que me da por sentada, que estoy ahí y ya está… cada vez menos risas, cada vez menos planes, cada vez menos polvos…

    Mis amigas me han dicho todas que lo deje. Miro hacia él y para colmo se ha puesto los cascos. La adrenalina sube por mi cuerpo. Esta noche sus padres, Selene y Alberto, me invitaron a cenar con ellos y con Iván, su hijo y mi probablemente ex dentro de poco, por el cumpleaños de su madre. La rabia me invade por segundos. Mi mente alterna entre el ultimatum definitivo o el dejarle directamente, disculparme con sus padres que son un encanto, darle el detalle que he traído a su madre e irme a mi casa. Resoplo. No lo aguanto más. Son las siete, llevo más de una hora en su casa y prácticamente no hemos intercambiado palabra porque no me hace ni caso. Se acabó, no puedo más. Me giro y me dispongo a tocarle el hombro cuando, de pronto y haciendo que me dé un vuelco el corazón, la puerta del cuarto se abre al ritmo de varios golpes en la misma y la voz de su madre llenando el vacío que nosotros habíamos dejado.

    -Hola, ¿estáis ocupados?

    Me giro hacia ella al instante.

    -Bueno, Iván está jugando, yo pues entre mi teléfono y verle a él.

    -Este chico… ¿Quieres ayudarme a hacer el postre? Tenía pensado hacer una tarta y Alberto ha salido a comprar la decoración, así que podemos empezarlo y así cuando llegue estará casi hecho.

    -Vale, vamos -digo tras un suave resoplido, que habría sido mucho mayor si no estuviera ella, pues en él liberé solo un poco de la rabia que me da toda esta situación. Definitivamente no voy a seguir así.

    Bajamos al piso de abajo. Su casa tiene tres, con la habitación de Iván, la de invitados, un baño y algún despacho en la segunda, el salón, cocina, otro baño y sala de estar que mezcla cosas de hacer ejercicio con entretenimiento como un futbolín. En el último piso, lo que normalmente sería el desván, está la habitación de matrimonio. Nunca me he atrevido a subir, pero tiene que ser enorme, me da curiosidad. Selene y Alberto se conocieron en la carrera universitaria, trabajan en la misma empresa de comercio internacional donde tienen puestos bastante altos y ganan mucho dinero. Ojalá algún día tenga una casa como la suya, pero parece cada vez menos claro que sea con su hijo. Llegamos a la cocina donde tiene ya varios ingredientes sobre la isla central.

    -Vamos a hacer una de dos chocolates, blanco y negro, esa te gustaba, ¿no?

    -Sí, me encanta.

    Me sonríe dulcemente. Su piel ligeramente morena está cubierta en un vestido rosa que resalta su impresionante figura. Hoy mismo cumple 44 años, uno menos que su marido, y parece que esté en sus treinta, es una locura. Su piel lisa y ligeramente morena, ojos verdes, pelo marrón oscuro liso y largo hasta casi su cintura, labios gruesos, un cuello de cisne, precioso, una figura espléndida, con más pecho que yo, pero le gano en el culo. Siempre sonriente, siempre agradable, siempre desprendiendo sensualidad con cada paso. Definitivamente follan más que nosotros, si yo fuera Alberto la tendría cada día en la cama, o donde fuera, pero navegando entre sus piernas. Empezamos a cocinar, hablando de su cumpleaños, de su vida, de su trabajo, de mis estudios y de cómo estoy estudiando márketing después de un grado superior… hasta que de repente me asalta con una pregunta que nunca habría imaginado de ella.

    -La vida sexual no te va tan bien, ¿no? Te lo percibo en la cara, yo estuve igual hace mucho.

    -Eh… -el corazón se me paró y me hice pequeña a pesar de que somos de la misma altura.

    -No pasa nada, puedes hablar de sexo perfectamente conmigo, mi mente no puede ser más abierta, te lo aseguro.

    -Bueno, estamos en una época difícil, sí, pero… -iba a decirle que no sabía si debía hablar de esto con la madre de mi novio, pero no me deja.

    -Sí. La verdad es que Iván es muy guapo, pero la verdad me ha sorprendido que lleve tanto tiempo contigo, siempre ha sido muy así. Le gustan cuatro cosas contadas y es eso lo que hace, y nunca ha manifestado demasiado interés por la vida amorosa, entonces…

    -Bueno… Yo ya no sé qué puedo hacer para llamar su atención -¿le he dicho eso a mi suegra?

    -Mira, te voy a contar algo que tal vez no debiera, pero la vida es una entonces… -dejó lo que estaba haciendo y se acercó a mí-. Yo una vez tuve un novio parecido, que era un poco… soso. ¿Sabes lo que hice? -negué con la cabeza esperando la continuación de la historia-, intenté llamar su atención de todas las formas posibles, como seguro que has hecho tú, hasta le propuse un trío con una amiga mía, pero el tío pasaba todo el rato, así que me fui tirando a sus compañeros de clase hasta que finalmente le dejé -mis ojos se abrieron como platos-. ¿Y sabes lo mejor? No me arrepiento. Intenté por todos los medios que me hiciera caso. La primera vez que le engañé sí me sentí horriblemente mal, pero cuando fui a contárselo, a pesar de decirle que era algo importante, se mostró impasible, despreocupado, como si le diera igual. Así que acabé arrasando con otros tres chicos y otras dos chicas de su clase que al menos no eran de su grupo de amigos, pero me hicieron darme cuenta de que la vida es una, no hay que ir suplicando, sino que lo que quieres vas y lo tomas. Eso me dio fuerzas para dejarle. Me sumergí en una vorágine de follar hasta que en la universidad conocí a Alberto y, por suerte, esa vorágine no solo no paró, sino que fue a más. Sé que con esto parece que te estoy diciendo que engañes a mi hijo, tú haz lo que creas mejor, pero no dejes de vivir ni de experimentar por nadie.

    Acabó su historia con su clásica sonrisa y acariciándome cariñosamente la mejilla.

    -Muchas gracias, de verdad.

    Retomamos la cocina pero una duda me invadió y no era capaz de retenerla.

    -Y, ¿Alberto sabe esa historia?

    -Claro, fue de las primeras cosas que le conté y lo comprendió perfectamente. Él sí quiso hacer ese trío y fue maravilloso, y los demás que hicimos también. Lo importante de la química sexual es encontrarla y luego mantenerla, y él y yo la mantenemos igual que el primer día.

    Verla hablar con tanta pasión de su pareja y de él me hizo temblar algo por dentro. Alberto era un hombre alto, recio, fibrado, la mandíbula marcada en su justa medida con una corta barba que mezcla de forma perfecta el negro con el blanco que le empieza a aparecer, su pelo oscurísimo un poco largo que se peina hacia arriba, nariz ancha, ojos marrones claros y una sonrisa que te cautiva y parece que te quita el aliento. Tiene presencia. Tiene que ser un espectáculo verles en acción. Iván ha sacado una simbiosis casi perfecta de los rasgos físicos de sus padres, pero para nada su carácter.

    Seguimos manejando los ingredientes y mezclas, intercambiando ahora pocas palabras cuando, de golpe, estando de espaldas nos giramos a la vez, nos chocamos y el bote de harina cae entre las dos, manchando nuestra ropa y la piel que no cubre. Nuestra reacción es separarnos al instante, pero con el blanco ya sobre nosotras.

    -Joder… Perdona, Paula, nos he puesto perdidas.

    -No te preocupes, estas cosas pasan.

    -Pero te he puesto perdida, ven.

    Me toma suavemente de la muñeca y me lleva con ella a las escaleras, subiendo al segundo y tercer piso, a su cuarto. Iván ni nos escuchará con los casos. Más aún con el volumen tan alto al que se los pone, no sé cómo no está sordo ya la verdad. El corazón se me acelera ligeramente. Tengo ganas de ver su cuarto. Nada más subir las escaleras hay un pequeño descansillo y una puerta. Se abre y veo una habitación enorme, tres veces la de Iván, con las paredes en un azul claro que recuerda a la playa, varios muebles blancos, entre ellos un armario inmenso, la cama es gigante y veo hasta un sillón tantra negro que me hace esbozar una sonrisa; nunca he probado uno. Me guía a una puerta que da paso a un baño.

    -Ahí tienes para darte un agua en el cuerpo. Me das la camiseta y el pantalón y te los lavo y otro día que vengas los traes. Te dejo algo mío.

    -Me va a sobrar, no tengo tus tetas -al instante aprieto los labios. Joder. Mi suegra ahora sabe que me fijo en su pecho, bueno, y en todo. Esboza una sonrisa.

    -Ni yo tu culo, así que espero encontrar algo suelto de cintura para abajo.

    Desaparece tras la puerta. Me desvisto completamente. El baño es igual de grande que el otro que tienen, pero también muy bien decorado, muy relajante. Entro en la ducha, me hago un moño y enciendo el grifo. Solo tengo que quitarme la harina del escote, el cuello y los brazos, pero así no me mojo la ropa interior. Apago el grifo rápido. Tomo de una percha la única toalla que hay y me seco, enrollo mi cuerpo con la toalla y salgo por la puerta. Veo ya algunos trapitos puestos en uno de los muebles.

    -Mira, creo que alguno de estos te puede quedar bien, échales un vistazo mientras yo me aclaro también el cuerpo.

    Entra y escucho cómo el grifo de la ducha se abre y cierra en cuestión de segundos mientras yo veo los vestidos que me ofrece. Son bastante bonitos. Joder, no he cogido la ropa interior. Pocos segundos después la puerta del baño se abre. Me giro instintivamente por el sonido para ver a mi suegra Selene desfilar completamente desnuda. Me quedo pillada. No soy capaz de apartar la mirada. ¿Qué me pasa? Joder, es más atractiva de lo que pensaba, y el listón estaba alto. Las curvas de su cintura son para perderse en ellas, su piel es lisa y casi brillante, sus tetas redondas, ligeramente caídas e hipnóticas ¿Por qué no dejo de mirarla? Me sonríe mientras se acerca a mí, y yo con la boca abierta, literalmente.

    -¿Te gusta lo que ves?

    -Sí, a ver… Ya intuía que estabas muy bien pero… Guau.

    -Tenías tú la toalla, entonces tenía que salir así.

    -Lo siento, yo…

    -No lo sientas, me ha permitido saber algo que sospechaba y que realmente quería que pasara -sigue caminando imparable hacia mí.

    -¿El qué? -está muy cerca.

    -Esto.

    Sus manos se posan con ternura en mi mandíbula y une sus labios a los míos. El corazón se me dispara, la respiración se me agita y mi sangre empieza a correr como loca, especialmente a una dirección concreta. Separamos nuestras bocas después de un dulce beso.

    -Selene, yo… Eres mi suegra.

    -Ya te he dicho que no debes esperar nada, debes ir a por ello, y a tí llevo queriéndote mucho tiempo. Y por la forma en la que me miras, tú también me quieres.

    Intenta volver a besarme, pero camino un poco hacia atrás. No sé si esto está bien. No voy a negar que he fantaseado con ella, y con mi suegro Alberto, bueno, y con los dos juntos en ese espacio de tiempo en el que me confesó que hacen tríos hasta que la harina hizo que ahora estuviéramos en esta situación.

    -Es que no sé…

    -¿No te gustan las mujeres?

    -A ver, una vez me enrollé con una amiga y fue muy divertido, pero no sé si…

    -Te aseguro que te puedo devorar como nadie lo ha hecho.

    Mi cadera choca contra el mueble donde descansa la ropa que me iba a prestar. Sus manos se apoyan en el mismo rodeando mi cuerpo. Su boca lenta pero decididamente se hunde en mi cuello, con sus labios posándose sobre mi piel para al instante dejar que su lengua húmeda me haga sentir un escalofrío por todo el cuerpo.

    -Además, te he escuchado decir que tenías hambre y una sorpresita. ¿Me la quieres enseñar a mí? Yo quiero verla, y también quiero darte de comer.

    Su sensual voz pegada a mi oído me hace estremecerme. Las piernas me tiemblan. La presión me sube y mi respiración ya está agitada. Joder, es magnética. Otra vez su lengua pasa por mi cuello. Mis riendas están a punto de soltarse. Siento su mano rozando mi pecho y sujetando la toalla.

    -¿Me dejas ver lo que escondes debajo de esta toalla? Quiero ver si realmente ese culo es más grande que el mío, y si estas tetas son tan apetitosas como me las he imaginado.

    Riendas sueltas. Me pierdo. Me desboco. Tengo una fantasía sexual aquí delante, mi suegra, que está dispuesta a darme todo lo que quiero que me den. A la mierda todo. Yo misma subo las manos a mi toalla, tiro de la doblez que la mantenía sujeta a mí y cae al suelo.

    -Buena chica -me susurra.

    Mis manos asienten como una exhalación a su mandíbula y pego su boca a la mía. Empiezo a mover mis labios. Me sigue el ritmo. Mi lengua al segundo invade su boca y es recibida por la suya. Danzan entre ellas, chocando y batiéndose en duelo, quedando en empate pues ambas son muy diestras. El beso es intenso, con fuerza y pasión. Tras varios intercambios de golpes de lengua, nos separamos.

    -Vaya, vaya -me dice sorprendida por mi cambio tan brusco de actitud.

    -Necesito que me follen bien. Estoy que me subo por las paredes.

    -Genial.

    Sus manos aferran mi cadera, me giran en dirección a la cama, me hace retroceder y me da un pequeño empujón dejando que caiga de espaldas sobre el colchón.

    -Procura no hacer mucho ruido, aunque voy a hacer todo lo posible por que grites de placer -dice a la par que coloca sus manos y rodillas a los lados de mi cuerpo. Estoy convencida de que podemos hacer que arda Troya que con los cascos Iván no se va a enterar de nada.

    Nuestros labios se unen de nuevo, con mis manos yendo a su cuello. Deja caer su cuerpo sobre el mío y nuestras tetas entran en contacto. Mis pezones se rozan con la mullidez de sus senos, al igual que los suyos se hunden en los míos. Su lengua es ahora la que manda, llevando la iniciativa y dirigiendo con marchas rápidas. Se separa de mí. Nuestros ojos se miran fijamente, nadando cada una en el iris de la otra. Es guapísima. Nos une un pequeño hilo de saliva. Lo rompo de un lengüetazo, ella apresa mi labio inferior entre sus dientes y lo libera lentamente. Sus labios vuelven a descender hasta mi cuello. Mis manos aferran su culo, apretándolo con fuerza y ahogando un gemido. Empieza a bajar hasta que llega a mi entrepecho, donde da un lento lametón. Sus manos rodean mis tetas, las sujeta firmemente y hunde sus dedos en ellas. Me mira, yo la contemplo deseando que lo haga. saca la lengua y la desliza lentamente por mi pezón izquierdo. Gimo sin dejar de perder el contacto visual. Hace todo con una sensualidad que abruma.

    Pasa a la otra y repite el movimiento sobre mi durísimo pezón. Sus manos masajean mis senos de abajo arriba y su lengua empieza a dibujar espirales de dentro a fuera, rodeando mi pezón para introducirlo en su boca y aplicarle fuertes lametazos alternados con suaves mordidas. Mi espalda se arquea mientras me aferro aún más fuerte a sus caderas. Repite el proceso varias veces en cada teta, recreándose, saboreándolas y llenándose la boca y las manos de ellas para mi deleite. Por puro impulso asciendo mis manos hasta su cabeza y la empujo contra mí, hundiendo su cara en la mullidez de mi pecho. Gimo aún más. Lo recibe de buen grado, pues aumenta el ritmo de su boca. Le paso a mi otra teta y me muerdo el labio hasta que un profundo y tenso gemido sale de mí. Quién me iba a decir cuando vine hoy aquí que acabaría con mi suegra comiéndome las tetas, y eso solo parecía ser el principio.

    -No sé qué detalle dices que me habías traído por mi cumpleaños, pero es imposible que mejore tus tetas.

    -Espérate a ver el otro regalo -le digo con una sonrisa provocativa.

    Eleva su cuerpo y empieza a gatear sobre mi cuerpo hasta que sus tetas están a la altura de mi cara. Es imposible dejar de mirarlas, más aún cuando las tienes en frente de tu cara.

    -¿No tenías hambre? -me pregunta.

    -Se ven apetitosas.

    Mis manos suben por su abdomen y se hunden en ellas. Son tan masivas que con mis dos manos en solo una de ellas aún me faltaría un poco para abarcarla entera. Es un placer tremendo madrear unas tetas, más aún cuando a la receptora parece gustarle tanto. Sus gemidos se coordinan con el movimiento de mis dedos, que hacen todo lo posible por no dejar ni un centímetro sin recorrer. Deja caer lentamente su cuerpo como si un tesoro se acercara lentamente a mí. Su pezón cae justo a la altura de mi boca y lo recibo con mi lengua en modo torbellino, moviéndose a toda velocidad de lado a lado. No corta sus gemidos. Sabe que su hijo no nos escucha.

    Sigue bajando hasta que toda mi cara está hundida en su teta izquierda. No puedo respirar, pero me da igual. Lamo y manoseo, manoseo y lamo, no puedo frenar, como un mal vicio. La levanta en el momento justo cuando parecía que mis pulmones estaban por suplicar aire, aguarda un par de segundos y hunde mi cara en su otra teta que la recibo con el mismo tratamiento. Es un desfase absoluto esta sensación. De pronto, me arranca el pezón de mi boca y empieza a moverse de lado a lado, con sus tetas golpeando mi cara por ambas partes una y otra vez. Gimo del mero placer que me da eso, no sé por qué me lo da, pero lo hace. Es una escena más morbosa de lo que jamás habría imaginado.

    -¿Sabes? -dice bajando su cara a la altura de la mía, que está desencajada por la lascivia que desborda mi cuerpo-, a mí también se me ha abierto el apetito.

    Y empieza a bajar. Mis manos se van directamente a las sábanas y antes incluso de que haya llegado a su destino ya las agarro con fuerza.

    -Estos tatuajes de pájaros me indican el camino, qué considerados…

    Y le da un beso a cada uno. Sus manos se deslizan desde mi ingle por el interior de mis muslos hasta mis rodillas y vuelve quedándose a nada de acariciar los labios de mi entrepierna.

    -Huele que alimenta. Y… así que este es el regalo…

    Era de esperar que viera de refilón la joya rosa que resalta entre mis nalgas.

    -¿Te gusta?

    -Lo adoro. Le queda estupendo a tu culo, aunque le quedará aún mejor otro juguetito que yo tengo. Pero de momento…

    No pasa ni un segundo desde su última palabra cuando su lengua recorre todo mi sexo de abajo arriba. El gemido se me atraganta en la garganta siendo incapaz de salir, pero mi cuerpo retumba con tal fuerza que casi lo despego entero de la cama. Siento al punta de su lengua paseándose por mis labios. La miro; está atenta a todas las reacciones de mi cuerpo.

    Empieza a pasearse por todas partes con una maestría sin igual. Cada trazo que dibuja su lengua sobre mi coño se traduce en un gemido cada vez más alto. ¿Me escuchará Iván? No lo creo, pero me produce una extraña excitación el riesgo de que me oiga, de que descubra a su madre comiéndole el coño a su novia… Pero lo que no siento es culpabilidad, él se lo ha buscado. Su lengua amenaza con atacar mi clítoris cuando dos de sus dedos entran en mi vagina. Las sábanas escapan de mis manos y las llevo a mis tetas. Las estrujo con fuerza y pellizco mis pezones. Sus dedos con gran habilidad recorren mi punto G cuando su lengua alcanza la joya de la corona. Ya estamos todos. Sus lametones no se centran solo en él, pero le tienen como destinatario, yendo por los puntos que más placer me generan, como si en poco más de un minuto hubiera descubierto la forma más placentera de comerme la entrepierna. Es un don divino.

    Al poco tiempo mi cuerpo empieza a temblar sin control. Gimo más y más alto. Su otra mano asciende a mi boca para bloquear los gemidos. Eso me pone aún más. Sus dedos y su lengua trabajan en equipo perfectamente dándole a mi cuerpo el mayor de los placeres. Esa inconfundible descarga recorre mi columna. Ahí está. Mis gritos de placer se vuelven más duros, más salvajes. Mis manos agarran mis tetas como si no hubiera un mañana, con mi espalda casi en su totalidad levantada del colchón y millones de terminaciones nerviosas haciéndome romperme de placer durante varios segundos. Acabo y vuelvo a tumbarme por completo, relajo las manos y Selene disminuye la velocidad hasta que acaba. La veo relamerse los labios.

    -Tienes un manjar entre las piernas -me dice-. Siempre que necesites que te lo coman, ven a verme, que yo nunca lo rechazaré.

    Vuelve a escalar por mi cuerpo, con sus tetas volviendo a caer sobre las mías, su boca a centímetros de la mía pudiendo sentir su respiración en mis labios, con mi corazón bombeando sangre sin parar.

    -¿Quieres que acabemos? -me pregunta.

    -¿Qué dices? Ya te he dicho que necesito que me follen bien, esto solo es el comienzo.

    -Genial. Y, oye, ¿no te da morbo que luego le cuente todo esto a mi marido Alberto?

    Lo reflexiono un poco y se lo confirmo. No lo había pensado, pero, ¿podrán hacer este tipo de cosas? ¿Qué pensará Alberto de que la novia de su hijo folle con su mujer? Pero viendo la relación que parecen tener debe ser excitante ser quien soy y formar parte de su historial.

    -¿Te parece atractivo sexualmente?

    Asiento al segundo, eso no tengo que reflexionarlo.

    -Sois como esculturas griegas, cualquiera con ojos puede ver lo atractivos que sois los dos.

    -Genial, mira.

    Su cara se gira hacia la puerta. La imito y ahí veo a Alberto, de pie, apoyado en la pared, con su mirada penetrante, con su imponencia ahí presente. ¿Cuándo ha entrado? Joder…

    -¿Qué te parece? -le pregunta Selene a Alberto.

    -Sois un espectáculo. Si Paula quiere me voy y os dejo a solas, si prefiere que me quede y me una, yo encantado.

    Miro a Selene, que me mira a mí con una sonrisa de oreja a oreja, como si supiera lo que voy a decir.

    -¿Necesitabas que te follen bien no? Dos mejor que uno, eso te lo aseguro por experiencia.

    Vuelvo a mirar a Alberto, a su porte, su presencia, su cara, lo que esconde entre las piernas…

    -¿A qué esperas? Muéstrame lo que tienes ahí.

    Su expresión facial es de plena satisfacción como no podía ser de otro modo y empieza a desabrocharse los botones de su camisa blanca. Selene suelta una pequeña risa que se me contagia. Una de sus manos agarra mi cuello, la otra desciende hasta uno de mis senos y lo estruja, sus labios se posan en los míos y al momento su lengua me invade. Ofrezco resistencia y ataco de vuelta llevando la guerra al interior de su boca. Hago fuerza, rodamos por la cama y ahora me coloco yo encima. Nos sonreímos. Su mano que estaba en mi pecho ahora recorre mi cuerpo hasta aferrar una de los nalgas, apretando y soltando repetidamente.

    -Tu culo es una pasada -me susurra. Estoy de acuerdo con ella, que lo disfrute ella y su marido ya que otros no quieren.

    Medio río y la vuelvo a besar. Al separarnos, Alberto se une subiendo a la cama que parece una enorme ruedo listo para el espectáculo. Le veo un tatuaje que nunca antes había visto y que adorna su pectoral izquierdo hasta su hombro. Su cuerpo fibroso hace que involuntariamente me muerda el labio y suspire profundamente por la nariz. Aún mantiene su bóxer, pero deja ver la forma de su gran miembro erecto.

    -Qué ocurre, cariño, ¿te has vuelto tímido de repente? -le dice Selene arrancándole a su marido una sonrisa medio tímida-. Nuestra invitada tiene hambre, no seas descortés y muéstrale la comida.

    Los ojos de mi suegro y los míos se entrelazan. Se baja el bóxer pero logro seguir mirándole a su iris marrón claro, resistiendo la tentación de mirar hacia abajo solo durante unos segundos, hasta que al final cedo. Bajo la vista y ahí está su polla, imponente, firme como él, ligeramente gruesa, no sé de cuántos centímetros pero es ciertamente grande, para mí del tamaño ideal, con el glande medio cubierto y las venas haciéndole de tatuaje. La boca se me hace agua. Se ve extremadamente apetitosa.

    -No, no -escucho decir a Selene que me llama la atención-. Sé lo que estás pensando y sé que nada más verla sientes el impulso de llevarla a tu boca, pero tienes ya un plato aquí que debes comer primero y que es igual o más delicioso.

    -No sabía cuándo me ibas a decir que la comida estaba lista.

    La doy un fugaz beso en los labios, cargo de saliva mi lengua y empiezo el descenso de su escultural cuerpo, pasando por su cuello, entreteniéndome algunos segundos en sus tetas con mis manos hundiéndose también como si fueran un reclamo permanente para ellas, bajando por su plano abdomen, mientras abre las piernas al máximo para darme total acceso. Voy hasta una de sus rodillas y desde ahí lamo hasta su ingle, repito el mismo proceso en la otra pierna escuchando sus suspiros y sus ganas.

    -Ya verás lo delicioso que está su coño, yo lo he probado una vez y ya me he hecho adicta -le dice Selene a Alberto antes de que empiecen a besarse. Es una escena curiosa el ver a mis suegros comiéndose la boca y conmigo a punto de navegar entre las piernas de ella.

    No aguanto más. Su olor penetra mis fosas nasales y me lleva inconscientemente a él. Huele tan bien como luce, brillante por los flujos, ligeramente abierto, con el clítoris hinchado adornando la cabeza. Me vuelvo a relamer, la beso una vez más, esta vez con sus labios inferiores, y mi lengua lo cata por primera vez. Mi pecho se hincha, mi respiración se acelera y siento mi propia entrepierna palpitar. Está aún más delicioso de lo que esperaba. Empiezo a devorarlo, no soy capaz de ir gradualmente, despierta mi instinto más primitivo. Mi mano derecha sube hasta sus tetas, de nuevo como un reclamo, y como buena zurda meto mis dedos izquierdos en su vagina tal y como ella había hecho hace poco. Mi lengua lo degusta sin parar, como un plato delicioso que nunca te sacia y nunca se acaba.

    Podría estar comiéndolo hasta la más devastadora extenuación, hasta que hubiera que irse a cenar de verdad, hasta que tuviera que irme a casa, hasta que amaneciera al día siguiente o hasta que la mandíbula se me cayera a cachos, lo que ocurriera antes. Era el segundo coño que me comía pero, con perdón a mi amiga con la que disfruté mucho de aquella experiencia, este sabe diferente, este te atrapa. No sé si el morbo de que sea mi suegra tiene que ver, tal vez, pero eso solo hace que me encante más y más. Se lo como igual que me gustaría que me lo hicieran a mí, como ella lo había hecho antes, yendo de abajo arriba, rozando sus labios, acariciando de forma intermitente su clítoris causándole espasmos a su cuerpo, con mis dedos entrando y saliendo y paseándose por la zona G de su interior, con mi otra mano tratando de saciar la creciente necesidad de madrear sus tetas, lo cual es otro vicio al que me acabo de hacer adicta y al que no le veo el fin. ¿Qué hechizo me ha hecho para cautivarme de tal manera? Sus gemidos suenan ahogados.

    Miro hacia arriba y veo que, apoyada en sus codos, sus labios se deslizan por el glande de Alberto, que alterna la mirada entre su mujer y yo. No sé cuántos tríos habrá hecho, pero desde luego tiene cara de un placer inigualable. Los gemidos que le causo a Selene acaban rebotando en la polla de su marido y cada vez son más y más fuertes. Es Alberto el que ahora los emite, graves, profundos, que combinados con lo que emite Selene me llenan los oídos como un constante orgasmo auditivo. Todos mis sentidos están siendo estimulados a la vez; mi cuerpo casi tiembla ante semejante cascada de sensaciones. Me focalizo en el clítoris, quiero llevarla al culmen. Con mi lengua abarcándolo constantemente, mis dos manos moviéndose frenéticas y ágiles, no tarda en aparecerle los temblores en las piernas, los golpes de cadera, los gemidos más feroces.

    Veo que saca el miembro de su boca y me mira a mí. Me gime con nuestros ojos haciendo contacto, diciéndonos todo con la mirada, yo comiendo, ella disfrutando de ser la comida. Mi lengua y mis dedos la llevan al orgasmo, corriéndose en mi boca, pasa de gemidos a gritos, siendo la suya nuevamente invadida por el miembro de Alberto para que los amortigüe tras una primera exaltación de placer que debe haberse oído en toda la casa. Espero que Iván tenga el volumen alto, como siempre hace. Tras acabar, cae sobre el colchón. Yo freno lentamente y me reincorporo en mis rodillas con la barbilla empapada, observando mi obra: su cuerpo reclamando oxígeno mientras aún tiene leves temblores. Alberto se me acerca.

    -¿Lo compartes conmigo?

    Asiento. Su mano pasa a mi cuello, su lengua se desliza por mi barbilla y luego nuestros labios se unen. Nuestras lenguas comparten el orgásmico sabor de Selene, que nos observa desde su éxtasis.

    -¿Me das mi segundo plato?

    Alberto sonríe y se levanta mientras que yo aguardo ansiosa de rodillas. La coloca justo a la altura de mi cara. Su intenso olor también hace que me sea imposible aguantar lo más mínimo. Me llama. Mi lengua se desliza desde sus huevos hasta su punta, con una amplia, lenta y fuerte pasada. Está caliente como un volcán. Alberto gime. Me encanta que exprese el placer. Repito el movimiento, pero esta vez más ladeado, una vez más por el otro, acabando por dibujar círculos en su glande. Mi mano izquierda va a masajear sus huevos al mismo tiempo que mis labios se pasean por su glande ya completamente descubierto. El sabor de su sexo también me cautiva, también me atrapa, y también me despierta algo insaciable. Empiezo a deslizarme por su miembro, apretando más mis labios cuando paso por su glande que está atrapado dentro de mi boca y mi lengua lo castiga con esporádicos latigazos que hacen que le tiemblen las rodillas. Mi otra mano se pega a mis labios para hacer la experiencia más «alargada». Sigo felando sin frenar, con movimientos rectos y girando levemente la cabeza para darle sensaciones diferentes, disfrutando cada segundo, satisfaciendo un hambre que me consumía desde hace mucho, el comerme una polla, y la suya es increíble en todos los aspectos.

    -Como la chupe tan bien como come el coño debes estar viendo las estrellas.

    Selene se había reincorporado sin que me diera cuenta; estaba demasiado centrada en mi tarea. Empiezan a besarse hasta que le baja la cabeza a sus tetas para que se las coma. Ella me mira a mí mientras disfruta de la boca y las manos de su marido en su pecho. Pocos instantes después se arrodilla a mi derecha para acompañarme.

    -Veamos si eres capaz de mantener de pie -dice retándole.

    Una de sus manos va a mis tetas, y de seguido la acompaña su lengua sobre mi pezón. Me da descargas de placer que hacen que aumente el ritmo de mi boca, como si pisara mi acelerador. Su mano desciende a mi húmeda entrepierna y empieza a escarbar entre los pliegues. Su boca asciende a la vez que yo la saco de mi boca, solo para dársela. Observo con mis pupilas dilatadas, disfrutando de la vista, cómo se la chupa y a la vez siento sus dedos recorriendo mi sexo, mientras que su otra mano agarra mi culo y, tan despacio que casi ni lo noto, se acerca a mi ano. La suelta y la devuelve a mi boca. Trato de aumentar mi velocidad, como si fuera una competición por ver quién de las dos le da más placer. Alberto mientras tanto permanece de pie, pero con sus piernas tambaleándose y no parando ni un segundo de gemir. Selene con dos dedos agarra el tope de mi plug y da un pequeño tirón. Le gimo a la polla de mi suegro, que gime más fuerte aún al sentir mis ondas sonoras.

    -En un ratito quiero follarte el culo -me susurra al oído. Más gasolina, más velocidad en mis movimientos. Su mano sale de su entrepierna, me arrebata el miembro de Alberto y empieza a lamerlo mientras me mira con sus profundos ojos verdes.

    -Te dejaré que me hagas lo que quieras.

    Mi lengua la acompaña y, como su hubiéramos hecho esto mil veces, nos coordinamos a la perfección. Lamemos cada una un lado de la polla, saboreando cada milímetro, de abajo arriba, dándole especial cariño a la punta, con nuestras lenguas encontrándose cada dos por tres, besándonos sensualmente con su glande en medio, con Alberto apoyándose en sus piernas, con su glande cada vez más y más hinchado. Si fuera tío estaría a punto de correrme. Las dos bajamos a la vez a sus huevos, yo uno, ella otro, lamiéndolos y llevándolos a nuestras bocas para aplicarles succión. No sé cuál de las dos le da más placer, pero su cara es un divertidísimo poema. Selene abandona su posición y va más abajo, aplicando lengüetazos a su perineo, quedando yo con todo su escroto, con mi mano ahora aplicando un suave masaje a su salivado glande. Tras unos segundos, Alberto no resiste más. Nos toma a cada una de la cabeza y nos coloca una al lado de la otra mientras nosotras reímos. No se ha caído, pero no aguataba tantísimo placer.

    -Sois como dos perras hambrientas -nos dice.

    Me lo tomo como un gran complido, Selene parece que también. Nos junta las cabezas, una pegada a la otra, y nos hace sacar las lenguas. Comienza a aterrizar su miembro como un meteorito primero en la lengua de ella, luego en la mía, vuelve a ella, a mí… Así alternativamente durante no sé cuanto, he perdido la cuenta de las veces que ha castigado nuestras lenguas con su dureza.

    -Anda, ven aquí -le ordena su mujer.

    Alberto desciende y nos besamos entre los tres, con nuestros labios uniéndose, nuestras lenguas entrelazándose en un perfecto caos mientras no dejo de pensar que esto era más de lo que necesitaba y más seguro de lo que imaginaba, y no puedo estar más contenta y excitada. Mis suegros empiezan a bajar a mi cuello, por mi pecho hasta que cada uno se apodera de una de mis tetas y las madrean al mismo tiempo que las lamen. Echo la cabeza hacia atrás dejándome sentir, con mi piel erizada y la sensibilidad al máximo, notando todo multiplicado por cien, con la otra mano de Alberto yendo a mi entrepierna y la de Selene a mi culo. Vuelve a aferrar mi plug y, esta vez, no duda en sacarlo, despacio, haciendo que clame al techo mientras siento esa presión tan deliciosa salir de mí. Le enseña a Alberto el secreto que guardaba antes de dejar que se pierda entre las sábanas, que sonríe y vuelve a lamer mi seno, mostrándose también adicto a ellos. Una mano de Selene empuja mi cuerpo y hace que caiga bocarriba, toma un cojín y lo coloca debajo de mi cadera para que gane elevación. Siento los nervios al saber lo que viene.

    Alberto eleva mis piernas apoyándolas en sus hombros, acerca su cuerpo al mío y desliza su polla sobre mi sexo. Gimo. Selene contempla expectante mientras tiene su cuerpo pegado al de su marido. Alberto la baja, la sitúa y empieza a empujar muy despacio. El calor en mi cuerpo se extiende hasta casi abrasarme con cada centímetro que mete en mí. Gimo cada segundo que tarda en chocar su pelvis con mi cuerpo. Está completamente dentro. Contraigo las paredes de mi vagina de forma involuntaria, apretándole a él, dándome también más placer a mí. Selene le besa y empieza a mover sus caderas, entrando y saliendo de mí, haciendo que nuestros cuerpos aplaudan, con su mano derecha acariciando mi clítoris. Selene gatea, se coloca sobre mí, con su cuerpo casi pegado al mío, y lleva sus tetas a mi boca. Las recibo ansiosa, casi más excitada que antes, con Alberto acometiéndome cada vez más y más fuerte, mi cuerpo entero temblando, el placer haciendo que se me tensen hasta los dedos de los pies, mi boca de nuevo llenándose de los senos de mi suegra, que impiden que mis gemidos salgan al exterior.

    -Eres muy buena chica, una perra increíble -me dice con su dulce voz. Cada palabra me enciende más.

    Mi lengua es como una turbina ante la inmensidad de sus pechos. Siento que Alberto sale de mí y, de pronto, Selene empieza a gemir al mismo tiempo que su cuerpo empieza a rebotar. La está follando ahora a ella. Soy casi capaz incluso de sentir su placer en mí. Sus tetas se deslizan por mi cara ante cada golpe de cuerpo que recibe sobre su culo. Escucho los azotes que le propina, los gemidos de ella que van a más cuando durante un instante frenan y Alberto vuelve a penetrarme a mí del tirón, llenándome de repente, haciendo que casi se me rompan las cuerdas vocales. Me cuesta respirar con sus senos sobre mi cara, recibiendo de nuevo repetidas embestidas que me hacen sentir placer hasta en la punta de mi pelo, con mi cabeza en blanco, solo sintiendo, solo disfrutando, siendo bien follada como tanto anhelaba.

    Vuelve a cambiar a Selene, de nuevo a mí, y una vez más a su mujer. No sé cuánto tiempo hemos pasado en este intercambio, pero se me ha hecho corto aunque tenga el cuerpo entero temblando. Este intercambio acaba con Selene poniéndose de pie y llevando su coño a la boca de su marido, quien ahora divide su atención. Sus golpes de cadera siguen produciéndose, viendo yo cómo se contrae su cuerpo entero, sus músculos tonificados esforzándose, con mis manos alternando el placer extra en mis tetas y en mi coño, viendo como él se come el de Selene que, a los pocos minutos, se gira y toma asiento en mi cara. Mi lengua está agotada, pero parece saberlo. Es ella quien se mueve, quien baila sobre mi rostro, deslizando su sexo por mi boca y mi lengua que permanecen quietas puestas para darle todo el placer que quiera, con Alberto yendo cada vez más fuerte como un toro desbocado, con mis gemidos saliendo directos a la entrepierna que me usa como asiento.

    -Cámbiame el sitio que estoy a punto -me dice Selene.

    Alberto sale de mí, ruedo hacia un lado y Selene rápido toma mi lugar en exactamente la misma posición. Al instante Alberto está embistiéndola tan duro como hacía conmigo. Los gemidos de mi suegra no se hacen esperar. Es increíble verles follar.

    -¿A qué esperas? Dame ese manjar que tienes entre las piernas.

    Me mueve como puedo y me siento sobre ella. Su lengua entra en acción como un resorte. Mis manos se apoyan en sus tetas mientras mito a Alberto, que también parece haber perdido el contacto con el mundo, como esa habitación y esa enorme cama fuera un mundo paralelo en el que solo estamos los tres. Su lengua se mueve más fuerte que antes. Me aproximo a Alberto y le beso, entrando los tres en contacto, como el triángulo más sensual del mundo. Las manos de mi suegro se reparten una de mis tetas y el clítoris de su mujer, que vuelve a explotar eyaculando sobre la pelvis de Alberto, gimiéndole a mi coño que solo me daba placer y más placer, con su cuerpo agitándose como loco llegando al clímax más absoluto. Cuando acaba los dos salimos de ella para dejarla respirar y remontar el aire, pero parece que su batería no se acaba nunca. Al minuto es capaz de bajarse de la cama.

    -Cómele el coño, cariño, que sé que lo estás deseando.

    Alberto se lanza sobre mí. Me tumba y baja directo a su objetivo, dándome un lametón que me hace golpear la cama con mis puños. Pasa de 0 a 100 en un instante. Desata una tormenta en mi entrepierna. Joder. JODER. Clamo al cielo en forma de gemidos. Es tan bueno como Selene, pero con técnica diferente. Ella es más precisa, él es más intenso. Mi cuerpo parece que vaya a salir disparado desde el colchón hasta el cielo cuando, de repente, veo a Selene girarse con un arnés con un dildo rosa y un bote de lubricante. Se acerca a mí y mientras Alberto sigue sumergido en mi coño sin bajar ni un ápice la velocidad de su lengua, Selene introduce su dildo en mi boca. Tiene una cara de intensidad y lujuria que me embelesa. Mueve la cadera follándome la boca con el dildo durante unos instantes, para sacarlo y golpear mi cara con él. Saco la lengua para recibir los golpes, pero los reparte por todo mi rostro una y otra vez. Gimo fuertemente, descontrolada. Mi respiración está desacompasada. Están satisfaciendo en este encuentro todas las necesidades que tenía y más. Nunca me había sentido tan dominada por mi lascivia.

    -Se una buena perra y ponte en cuatro para mí.

    Le quito a Alberto su comida, que me la ha dejado palpitando a mil por hora, y contempla la escena. Le doy la espalda a mi suegra, arqueo la espalda y saco culo, que recibe varios azotes. Su dildo no tarda en entrar por mi vagina. Alberto se tumba delante de mí y me ofrece su polla, la cual acepto con gusto. Al sabor que ya tenía ahora se le suman los fluidos del orgasmo de Selene, haciendo una combinación perfecta. Es el mejor sabor que he probado en mi vida. Mi lengua se mueve como loca por su glande mientras siento la cadera de Selene chocando con mi culo, mis nalgas botando, recibiendo azotes, mi vagina invadida una y otra vez. Bajo a los huevos y de ahí Alberto me lleva a su perineo. Siento cómo se masturba y sus huevos rebotan en mi cara. Escucho el bote que había traído Selene abrirse y al poco tiempo su dedo entra muy despacio por mi ano. Mis ojos se ponen en blanco. Esa dulce presión en mi culo que lo multiplica todo aún más. Nunca había sentido que absolutamente todo lo que me hicieran me diera un placer extremo, que encima fueran mis suegros, nunca me había sentido tan guarra, y nunca me habría imaginado lo muchísimo que lo disfruto…

    Selene sale de mí y llama a la orden a Alberto.

    -¿Quieres sentirnos a los dos a la vez?- me pregunta.

    Se me ha olvidado hasta hablar, así que tengo que asentir. Alberto se coloca debajo mía, con mis brazos a los lados de su cara y sus manos aferrando mis tetas. Me empalo en su miembro, que se sentía como meter más fuego en una hoguera. Al poco tiempo, es el dildo de Selene el que animaba mi pequeño agujero. Empieza a entrar sin problemas, completamente lubricado, abriéndose paso sin la menor resistencia. Alberto me besa y le traspaso mis gemidos a su garganta. Qué buen trato me están dando mis suegros. La pelvis de Selene vuelve a entrar en contacto con mi culo, el cual agarra con ambas manos y empieza el viaje. Los dos se mueven al unísono, entrando y saliendo de mí.

    La sensación de estar llena es algo que nunca había podido imaginar así. Te sientes repleta. Dos cuerpos follándome, mi clítoris rozando la cadera de Alberto, sus manos en mis tetas, las de Selene llenándose de mi culo, mi lengua y la de Alberto cruzándose una y otra vez… están estimulando todos mis puntos de placer. Aumentan levemente la velocidad de la doble penetración. Mi cuerpo parece que se va a romper, no aguanta tantísimo disfrute. Esa descarga eléctrica por mi columna, pero esta vez mucho más intensa, todos los pelos de mi piel de punta, mi corazón palpitando sangre a la velocidad de la luz, mi interior gritándome, yo explotando del placer más puro que me han dado en mi vida. Ni la boca de Alberto es capaz de contener semejante orgasmo, semejantes gemidos. Me corro como no lo había hecho nunca. Siento que se me olvida todo, hasta el hablar, solo sé gemir, solo gritar de forma salvaje, no siento nada más que placer, y caigo. Mi cuerpo cae sobre el de Alberto, que me rodea con sus brazos. Ambos salen de mí. Las manos de Selene me acarician la espalda y lo adorna con un tierno beso en mi nuca.

    -Nunca había sentido algo así -soy finalmente capaz de decir.

    Miro a Alberto y Selene sumamente satisfechos, sonrientes, besándose. Me tumbo bocarriba y contemplo el duro miembro de Alberto que parece que fuera a explotar.

    -¿Me ayudas? -me pregunta Selene.

    -¿Acaso hace falta pedirlo? Pero no sé si me podré mover.

    -Tranquila.

    Alberto se mueve y se coloca sobre mi cara, dejando a mi alcance sus huevos y su perineo. Mi interior ha explotado, pero el fuego sigue ardiendo, más que nunca. Deslizo mi lengua y me aseguro de darle lo mejor que tengo. Veo de reojo a Selene comiéndosela en cuatro, con la mayor de las pasiones. Hago lo mismo, a mi mayor velocidad, con mi lengua paseándose ampliamente por su zona baja. Noto cómo los músculos del perineo se le contraen. Gime profundamente al tener de nuevo dos lenguas para su placer. No tarda ni un minuto y se quita de encima mía, colocándose de lado. Selene se tumba junto a mí y abrimos las bocas y sacamos la lengua para recibir el premio a nuestro gran trabajo.

    Se masturba durante unos segundos, rompiendo a gemir y a eyacular sobre nuestras bonitas caras durante segundos, como una cascada. Alberto cae rendido sobre la cama. Selene me lame la cara, yo la suya, y nos besamos compartiendo el premio como buenas chicas, como buena suegra y nuera. Pasamos varios minutos lamiéndonos y besándonos lentamente, con la mayor de las sensualidades hasta que en nuestras caras solo quedan pequeños restos del tremendo orgasmo de Alberto. Nos tumbamos juntos, conmigo en medio, sin acabar de creerme lo que ha pasado, sin extrañarme mucho que Iván no nos haya escuchado.

    -Joder… Qué suegros mas buenos tengo -los tres reímos.

    -En verdad esto está mal… De verdad que nunca un coño me ha sabido tan bien como el tuyo. Ahora cualquier otro no me va a ser lo mismo -me dice Selene. Sus ojos verdes son una pasada.

    -Yo creo que nunca me lo había pasado tan bien en un trío, ha sido explosivo y muy morboso -añade Alberto.

    -Podemos repetir cuando queráis, vuestro hijo no tiene por qué enterarse.

    -No sabes lo que nos alegra oír eso -dice Alberto con una sonrisa.

    -Queremos que seas nuestra perra, que cada vez que quieras follar nos avises, que cada vez que queramos follar te avisemos y repitamos encuentros como este.

    -Encantada -y sellamos nuestro nuevo estado de relación con un beso entre los tres.

    Pasamos un par de minutos ahí tirados, desnudos, hablando de todo, del encuentro que acabábamos de tener, del regalo que le había hecho a Selene que era una blusa, pero para nada comparable con esto. Decidimos ducharnos para quitarnos el olor a sexo, pero Selene dice que, como era la invitada, no podían dejarme ir con el mismo número de orgasmos que ella, así que, con el calor del vapor de agua, con el opacante sonido de la ducha de fondo, con mi cuerpo de pie apoyado en la pared, mis piernas abiertas, Alberto y Selene se arrodillaron ante mí y me comieron el coño durante minutos en equipo, perfectamente coordinados gracias a la práctica que seguro que han tenido, sin descanso hasta que tuve mi último orgasmo del día con mi cuerpo empapado en agua y flujos. Nos secamos, cogí uno de los vestidos que Selene me ofreció, acabamos la tarta y avisé a Iván que había que cenar.

    -Oye, me ha parecido escuchar algo, ¿qué estabais haciendo?

    -Nada, cocinar una tarta con música de fondo mientras tomábamos el aperitivo antes de cenar -ni si quiera se dio cuenta de que me cambié de ropa.

    La cena se desempeña con una normalidad apabullante, solo con miradas furtivas y sonrisas cómplices con mis suegros al otro lado de la mesa. Cenamos, comemos la tarta, le soy a Selene la blusa y al poco me voy a casa. Esa noche la duermo como nunca. A los dos días Iván me dice que si quiero ir a estar la tarde con él. Voy nerviosa por si sabe algo, con el mismo vestido que me dejó su madre, excitada por lo que pueda pasar. Llego y me recibe él. Vamos directamente a su cuarto y, tras media hora de hablar, vuelve a ponerse a jugar. Me pongo con el móvil en su cama me pongo vídeos. Se pone los cascos para que no le moleste el sonido de mi móvil y pueda sumergirse en su juego. ¿Debería dejarle? Pero si le dejo tal vez termine con el pacto con Alberto y Selene… Recibo un mensaje de mi suegra. Es una foto. La abro y al instante mi corazón palpita. Están ambos frente a un espejo de su cuarto, desnudos, ella de rodillas con la polla de Alberto en su boca y un mensaje: ‘te esperamos aquí ansiosos, tenemos ganas de volver a saborear tu coño’. ‘Subo en seguida’, les respondo. Y mientras mi entrepierna vuelve a palpitar me levanto y miro a Iván.

    -Sube el sonido, que voy a hacer ruido.

    Parece que me escucha porque veo la barra del volumen elevarse. Salgo por su puerta, subo las escaleras, abro la puerta y la cierro tras de mí. Alberto, tumbado en la cama, me recibe con una sonrisa. Selene, a cuatro patas dándome una vista perfecta de su parte inferior, se gira y me sonríe también con su mano aferrando la polla de Alberto. Me quito los tirantes y dejo caer el vestido al suelo, descubriendo que no llevo nada debajo. Los tres reímos de forma cómplice y me encamino a la cama.

    Vamos a pasar otro buen rato, queridos suegros.

  • El amigo del trabajo se convirtió en un amante exquisito (1)

    El amigo del trabajo se convirtió en un amante exquisito (1)

    Hola a todos. Soy Alonso. Vivo en el norte de Chile, trabajo en la minería, soy homosexual, lo que me costó distanciarme de mi familia, que de hecho viven en otra ciudad.

    Vivo con Jordan, mi pareja; que también por su orientación sexual, vive alejado de su familia, en resumidas cuentas, estamos los dos con amigos con los que compartimos ya nuestra vida. Vivimos más de 4 años juntos, incluso trabajamos juntos en la minería y por obvias razones, nadie conoce o sabe que somos ya pareja homosexual.

    En nuestro trabajo, empezamos un nuevo contrato y tuvimos que traspasar algunos trabajadores de un área al área que empezamos a trabajar ahora. Y está Samuel amigo de ambos que vive en otra ciudad, pero, que quiere quedarse en la ciudad para poder trabajar sin tener que trabajar.

    Samuel, es muy atractivo, aunque siempre lo hemos visto con ropa de trabajo, aun así se nota que tiene buenas piernas, y un buen culo. Es simpático y nos llevamos muy bien.

    En el trabajo, pasamos harto tiempo juntos, mas los fines de semana, en que la rama administrativa o está en obra, y solo estamos nosotros en las oficinas y el resto de la gente que está en la obra en terreno; lo que significa que las instalaciones quedan a disposición de nosotros.

    Donde está ubicada la obra, hace mucho calor, de echo está enclavada en la cordillera en el desierto mismo. Por lo que yo opto con cambiarme de ropa, no si antes darme una ducha. Así que entrada la tarde, tomo mi mochila y voy al pabellón donde están las casas de cambio y me ducho.

    Eso lo hago todos los días de los fines de semana, y solo porque no hay nadie mas que en la faena; nadie mas aparte de Samuel. Él ya sabía que lo hacía y que resultaba más cómodo, y que en algún momento lo haría, que igual resultaba cómodo, terminar el turno algo mas cómodo, y con ropa también más cómoda. Y un fue justo este fin de semana, que le dejo un mensaje en su celular avisando que me iba a perder un rato, y que el quedaba a cargo, por cualquier cosa, pero, no me respondió, me dejó el visto en el WhatsApp. Como no me demoro mucho solo me fui.

    Estaba en la ducha, me estaba sacando la ropa para dejarla ya ordenada, me estoy metiendo en la ducha, cuando siento veo que Samuel, que viene a hacer lo mismo, y me dice que iba a aprovechar de ducharse en ese momento, ya que estaba toda la faena en el comedor almorzando, y que nadie iba a ir a las oficinas.

    Ya no había nada que hacer, yo desnudo en la sala de cambio listo para entrar a la ducha y el quitándose la ropa para los mismo. Cuando de repente siento un grito estremecedor desde el cubículo donde se duchaba Samuel, el agua en esa ducha salía congelada, ni mas ni menos, simplemente congelada y mas fría, caso distinto era la ducha donde yo estaba, porque después de revisar las demás duchas, la que yo tenía era la única que tenía agua tibia, para ducharse. Este loco no midió nada y no hayo nada mejor que meterse en mi ducha conmigo aun duchándome; solo se metió y empezó a ducharse.

    No sé si por el agua fría, no se dio cuenta o no se quiso dar cuenta, pero, la cosa es que terminamos los dos desnudos duchándonos en un espacio de nos más de un metro cuadrado, con roces y más roces, que analizado la situación no nos molestó en lo más mínimo; considerando también que yo hago lo mismo muchas veces con mi pololo. Pero, en un momento se dio cuenta y se dio cuenta justo cuando estábamos de frente, mirándonos, y nuestros penes también mirándose de frente y apuntándose.

    Su cara era un tomate, mi cara por otro lado también, porque entre todo nos miramos no solo a la cara, sino que también nos miramos la entrepierna y de parte de los dos, con gusto y fomentando una erección.

    Yo abrí la ducha, y salí, el quedó ahí un rato y ninguno dijo algo, solo él se secó se vistió y salió después de mí. Esa tarde, no hablamos del tema, solo nos avocamos al trabajo, pero, ya terminando el día, lo invito a un café en la oficina, ya que no habíamos almorzado, y nos tomamos un café y obviamente el recordó lo de la ducha y lo puso en conversación. Yo le dije que no se preocupara, que no había sido nada, que, siendo hombres ya adultos, podíamos tomarlo con más ligereza, como lago fortuito, pero, no fue para mas que sacar el tema todo el resto de la tarde incluso de regreso a la ciudad, porque, bajamos los dos en camioneta. Pero ya era con menos incomodidad incluso con bastante más gracia. Esto fue solo el primer día en que estábamos solo nosotros, nos quedaban aún los días sábado y domingo. Días en que yo por lo menos hago lo mismo e imagino que Samuel iba a hacer lo mismo de aquí en más.

    Al día siguiente, molestamos toda la mañana con lo que había pasado en la ducha, incluso Samuel señaló que no le había parecido tan mal estar en la misma ducha y que si la ese día había nuevamente una solo ducha con agua con temperatura para una ducha, no iba a dudar en entrar, aunque yo estuviera dentro, después de eso nos reímos, y le dije que entonces nos duchábamos juntos, y que fregaba la espalda.

    En la tarde, los móviles salían con la gente hacia el comedor, yo pedí algo para servirme en la oficina ya que tenía mucho trabajo, y Samuel que tenía tanto trabajo como yo, hizo lo mismo; mientras llegaba la comida, me fui a duchar para cambiarme de ropa, ya estaba en la ducha y Samuel no hizo ni el intento de revisar las demás duchas si no que se quitó la ropa y se metió en el cubículo en el que estaba yo. Entro se mojó y se duchó y entre eso se esmeró en que su cuerpo se rosara con el mío, en que nos tocáramos los dos, en eso de que la ducha era rápida, el espacio de mero cuadrado se nos hizo chico, los dos somos de contextura grande. Por lo que en varias ocasiones mi pene quedó sobre sus nalgas o su pene sobre las mías o, mi pene se cruzó con el suyo, y eso son mas que otra cosa solo nos excitó y mucho. Resultado de eso, tuvo una erección, una exquisita erección, y yo no me quedé atrás y también dejé que mi pene se parara hacia él. Nos miramos y por primera vez en días tuvimos miradas entre nosotros derechamente de dos hombres con ganas de sumirse en sexo gay.

    El agua nos caía encima, estábamos los dos sin nada de ropa, y evidentemente calientes y yo no quería desaprovechar esa oportunidad, era hacer algo para que eso pudiese continuar el curso que veíamos ahí o, iba a ser un quiebre o en el mejor de ese caso, seguir siendo amigos. Nos acercamos más, ya nuestros penes se besaban abajo, duros como roca. Y nosotros no acercamos mas hasta que sin decirle nada, lo tomé por la cintura y le di un beso, beso que el correspondió apegándose a mi y tomándome el por la cintura, y besándome mas rico aún. La ducha siguió un rato más, tallamos nuestros cuerpos en la ducha nos tocábamos todo y por todas partes, me tomaba y le tomaba el pene, igual que su trasero, y el, él mío. Tuvimos nuestro primer encuentro lo mas cercano al sexo, pero no pasó de ahí, terminamos con un rico beso, bien apegados para salir de la ducha y arreglarnos para volver al trabajo.

    En lo que quedó de la tarde solo nos dedicamos a trabajar, y solo nos hacíamos uno que otro cometario hasta que llegó el momento de irnos cada uno a su casa, pero, teníamos que irnos los dos en la camioneta de la empresa. Cuando íbamos de camino a la ciudad, no emitimos palabra, solo, el conducía y yo iba en el asiento del lado. El se quedaba con la camioneta, por lo que tenía que ir a dejarme a mi casa, así que, de camino, lo único que dijo fue: “me encantó lo que pasó y lo que hicimos hoy en la ducha. Espero que podamos repetirlo nuevamente”. Durante la tarde, fue hablarnos por WhatsApp, y escribirnos de lo que hicimos y cuanto nos había gustado y que más daba, aún nos quedaba un día, nos quedaba aún el día domingo antes en que podríamos hacerlo nuevamente, antes de terminar el turno y despedirnos por 14 días.

    Como saben y entendieron, yo tengo pareja y vivo con Jordan hace más de 4 años, y hacemos vida “marital” los dos y lo llevamos muy bien, aunque nadie fuera de nosotros, mucho menos en el trabajo y resulta que Samuel, es amigo de Jordan hace algún tiempo, y aun así él no sabe de nuestra orientación, solo que somos amigos Jordan y yo hace mas tiempo que ellos dos.

    Obviamente en la intimidad con Jordan, somos dos hombres teniendo sexo o haciendo el amor, sin una posición sexual fija, ese sería que tanto él me hace el amor, como yo se lo hago a él, a mi me gusta estar detrás de él como que él esté detrás de mí, nos hacemos sexo oral ambos, en cualquier parte de la casa y eso nos parece bien y normal. Y con eso me preguntaba, que pasaría con Samuel, si llegase a pasar algo más eso si llegaba a pasar. Él me había dicho que estaba en pareja, no se si hombre o mujer, pero que tenía pareja, y de ser así estábamos los dos engañando a nuestras parejas, pero, eso lo tendría que averiguar me imagino.

    Pasamos al día domingo, llegamos, hicimos la visita a terreno de rutina, llegamos a la oficina, y empezamos a trabajar la diferencia es que, estando solos, la forma de saludarme de Samuel fue totalmente diferente y me pilló desprevenido. Cuando quedamos solos se levantó se acercó a mi escritorio y parade detrás me tomó los hombros y llamándome me dio un beso y me dio los buenos días y a mí no me quedó mas que corresponder gratamente a ese beso. Se sentó y mientras trabajamos llegaba el tiempo de aclarar las cosas (pero, eso va a ser parte de un relato aparte, porque es una historia aparte) quiero contarles lo que fue el domingo.

    Trabajamos toda la mañana y entrada recién la tarde, la gente partía a almorzar, a mi me daba cosas, decir que iba a cambiarme ropa previa ducha, por lo que podría ser con Samuel, y cuando me dice que aprovechemos que todos están en el comedor, vamos a la ducha y nos cambiemos de ropa, pero, ante de eso, que por cierto quería ir y mas con él, había cosas que tenía que conversar.

    Entre todo el me dice que hasta ese finde semana, no había tenido tendencias homosexuales, que siempre tuvo parejas mujeres, pero, su última relación termino de mala forma, y abusando de la confianza que había entre nosotros, dejó fluir un sentimiento distinto que no paso de molestarle y que si, le incomodaba que sabiendo que yo tenía pareja (por el anillo en mi mano, el mismo por cierto que tiene Jordan en su mano) pudiese hacernos algún problema, yo le dije que efectivamente tenía pareja y no sabía si era mejor que dejáramos esto hasta ahí y que siguiéramos siendo tan amigos. Quedamos en eso y yo “mas tranquilo” me fui a duchar para almorzar después.

    Me fui a la ducha, estoy preparándome para entrar y Samuel entra se saca la ropa entra a la ducha y me invita su pene estaba durísimo y el mío no tardó en ponerse igual. Caliente entré a la ducha, lo tomé y le di un beso, lo apoyé en la pared, y le pregunté qué a que íbamos, que íbamos a hacer, y me dijo, que no importaba que quería que fuese eso mismo cada vez que pudiera ser y conocernos más. Cuando le pregunté por hacer el amor o tener sexo, me dijo que no sabía, pero que gustoso lo iba a averiguar. Que bien quería saber lo que es ser gay y con eso ser activo o pasivo, pero conmigo, que si iba a entregar su culo lo entregaría a mí, y que el único culo que quería es el mío y tomando mi pene, no hizo más, se arrodilló y con dificultad me chupó el pene, lo chupó tan rico que recibió mi leche en su boca, haciendo arcadas se levantó y sin querer botar mi semen de la boca, lo tragó y yo solo lo besé para quitar lo que le quedaba en la cara. Le pregunté si le había gustado, y me dijo que “le había encantado”, pero, su pene aún estaba ahí, duro, apuntándome directamente e imaginé que deseosa de que la chupara y le dije que ahora quería yo chuparle el pene y tomare su leche.

    Su pene se puso mas dura, y me agaché para chupar semejante verga, fue meterme y sacarme ese pedazo de carne de la boca, mientras sujetaba sus nalgas y hurgueteaba en su ano. Mientras caía el agua sobre nosotros siento como descarga su pene en mi boca, se lo seguí chupando hasta que se relajó me levanté y me dio un beso y me dijo que, teniendo mis dedos en su culo, quería saber como era ser penetrado, que quería que yo lo penetrara, despacio pero que lo penetrara, pero yo también quería que me penetrara, pero no en ese momento porque ya se nos había hecho nada el tiempo y la gente empezaba a volver.

    Ese día fue increíble, amo a Jordan me gusta mi pareja, pero, Samuel de una manera muy distinta se equipara a él, Jordan es más bajo de estatura que yo, me hace rico el amor, pero, le gusta más que se lo haga yo, es más pasivo que versátil incluso, pero me gusta. Y Samuel es mas fornido, es de mi estatura, definitivamente los dos son exquisitos. Y en el sexo estoy por contarles como es.

    Samuel está recién incursionando como homosexual, y se nota que le gusta, ahora quiere ser penetrado y obvio que le daré en el gusto, tiene un culo exquisito, y quiero ver que tanto le gusta penetrar porque obviamente quiero que me penetre, lógicamente después de mamárselo bien rico y el a mi si quiere. Pero, no teníamos lugar, ya la semana se terminaba y solo nos quedaba el día lunes en que terminaba el turno, que por cierto salíamos mas temprano, ya que todos se van a otra ciudad incluso Samuel, que mientras está en Calama, la empresa les arrienda un hotel campamento para después dejarlo para irse a su ciudad.

    El día lunes, la gente empieza a dejar las casas de cambio, a eso de las 11 para después empezar a trasladarse al campamento para irse al aeropuerto y viajar a casa. Si que no nos íbamos a poder ver para despedirnos o dejar algo mas en claro. Así es una de las revisiones a terreno, conversamos, me dice que tiene vuelo recién hasta las 20 horas y que tenía que dejar el campamento a las 12 y que iba a tener que ver que hacía hasta esa hora antes de viajar y que iba a tener que dar vueltas. Yo bajaba con el a la ciudad, el me tenía que dejar en mi casa y dejar la camioneta en la oficina central de la empresa. Y después iba a tener que divagar por la ciudad, pero, le comento que yo tengo un departamento desocupado, que puede ocupar antes de que tenga que irse y accede, pero, no solo. Así que acompañé y nos quedamos en el departamento.

    Fue solo entrar al departamento dejar lo que llevábamos en las manos en el suelo, y abalanzarnos uno al otro, nos besamos, nos besamos, nos tocamos, de a poco nos quitábamos la ropa, quedamos solo en bóxer, con una evidente erección de ambos, con la calentura caímos al sofá en la entrada del departamento, estaba el sobre mí, y lo aparto solo para decirle que, de cualquier cosa, no podíamos meter mucha bulla, dicho eso seguimos besándonos, muy rico. Yo solo quería sacarle el bóxer, verlo desnudo. Me levanto y me quito mi bóxer y él me toma el pene y me masturba. Me sienta en el sofá y me masturba, para meterse el pene en la boca y chuparlo bien rico. Lo chupaba, lo mamaba de forma espectacular, pero, no quería acabar aún, así que le pedí su pene para masturbarlo y chupárselo, terminé de quitarle el bóxer yo ya a esa altura acostado y él se puso a mi lado y metía su pene en mi boca, se veía exquisito. Se sentía exquisito era exquisito.

    Le chupaba el pene, y el se acomodó y en un 69 me chupaba el pene también, tenía su pene a la profundidad de mi tráquea, si es que no mas profundo y Samuel buscaba tener mi pene mas profundo en su garganta, y de tanto meter y sacar el pene los dos casi al mismo tiempo acabamos. Hacíamos arcadas, pero no nos quitábamos el pene de la boca, solo lo seguíamos chupando. Hasta que cansados, se acomodó a mi lado nos besamos mezclando el semen que teníamos en la boca.

    Descansamos un rato, y me dice después que quiere que lo penetre, quiere irse a su ciudad, sintiéndome en el culo, los 14 días que no va a estar aquí. Me levanté, lo tomé y lo llevé darnos una ducha, entramos a la ducha, y el dándome la espalda me presenta sus nalgas, pero, yo no quería penetrarlo ahí solo quería refrescarme un rato, pero si quería contemplar su culo, ver su ano y meter mi lengua y escucharlo gemir, eso antes de meter lentamente mi pene.

    Salimos de la ducha (rápida, por cierto) y nos fuimos a la cama, el se puso en el borde de la cama en cuatro esperando que lo desvirgue, con mis manos abro sus nalgas y nuevamente paso y meto mi lengua, escucharlo gemir fue delicioso, y verlo así, en cuatro con las nalgas en alto esperando a ser penetrado es magistral. Tenía el culo tan dilatado que mi lengua entraba sin problemas le paso un preservativo, el mismo me lo pone, y acomodándose en cuatro en la cama, me pide que se lo meta, y mientras entraba, le digo al oído que no haga ruido, así que le ahogué el grito con un beso metiéndole la lengua hasta la garganta.

    Mi pene, fue despacio abriéndose camino a través de ese culo exquisito, y por cada milímetro que entraba, gemía y para no escuchar su grito de placer metía la cara en la almohada y me pedía que siguiera, más y más, llegado un momento en que me pene entraba y ya no dolía solo lo disfrutaba y vaya que lo disfrutaba. Hicimos durar ese momento harto rato, entre besos, mamadas, penetraciones, hasta que no fue mas y el preservativo quedó lleno de mi semen, y su ano muy abierto, estaba dilatado y abierto, y mojado, el me saco el preservativo y dejó caer el semen en mi pene para chuparlo, me limpió el pene para acostarse al lado y besarme nuevamente.

    Se da vuelta y apoya el culo en mi, y yo busco su pene, que está duro todavía, enorme y duro y le abro las piernas, y me pongo en cuatro para chupárselo, para lubricárselo, y mientras se lo chupo, lo miro hacia arriba y le paso un preservativo, y le pregunto: “te lo pones tu o te lo pongo yo” y me responde “tu pónmelo” plastifico esa verga, y me pongo en 4, el deja caer saliva e el ano, y dilata con su dedo, lo único que quería era que me ensartara con su verga y fue exquisito cuando por fin sentí ese pedazo de carne entrar en mi culo, entrar y salir su verga de mi culo, una y otra vez, me dio vuelta y con mi piernas en sus hombros, me partía el culo, hasta que acabó sentía el semen caliente que pasaba el condón, puso su pene en mis manos para que le sacara el condón.

    Lo saqué, le quité el preservativo, le pedí que se pusiera boca abajo en la cama y levantara el culo, vacié el preservativo en su culo aun dilatado, y con su semen metí mi lengua para saborearlo entero y me dejé caer sobre el con su sabor en mi boca.

    Ya llegaba la hora de salir al aeropuerto, no lo iba a ver por 14 días, nos -volvimos a duchar- os vestimos y lo fui a dejar al aeropuerto, lo pasé a dejar al Hall y antes de despedirnos fui al baño, y el me siguió, entramos a unos de los habitáculos y volvimos a besarnos. Para despedirnos mientras tocaba volver nuevamente. Después del beso en el baño, el tomó el avión y, nos volvimos a ver después cuando tenía que empezar un nuevo turno y si que llegó el turno y volvió Samuel y esperábamos los fines de semana y poder ducharnos para cambiarnos ropa, entre otra cosa.

    Pero eso es otro turno para la otra parte de la historia.

    Voy a subir luego la otra parte del relato. Nos leemos en el próximo relato a continuación de este.

  • Mi fetichismo

    Mi fetichismo

    Me presento, soy Lalo tengo 27 años y voy a relatar sobre mi fetichismo.

    Soy un amante de oler los calzones sucios de mujer, la primera vez que lo hice fue en casa de mi tía con uno suyo. Desde aquella vez me enamoré del exquisito olor que dejan las mujeres en su ropa interior, pero en particular tengo una gran debilidad por las mujeres maduras, ya que como lo dije todo empezó con una tía y de ahí que es mi pequeña inclinación.

    He tenido novias de mi edad e incluso un par de años menores a mí pero soy un gran admirador de las mujeres maduras, cuando ando en la calle me encanta mirarlas, obviamente con disimulo pero me calienta mucho ver cuando se les marca la ropa interior, he tenido mucha suerte de ver tangas marcadas y eso me pone al mil, pero la verdad me gusta mucho ver sus calzones marcados y solo de imaginarme cómo dejan el olor en ellos es excitante para mí.

    La mamá de mi actual novia es una mujer de más de 40 años pero para mí está de buen ver aún, tiene un buen trasero y cuando la veo siempre aprovecho para mirárselo, han sido un par de ocasiones que la he visto agachada y ver ese gran trasero y su ropa interior marcada me calienta mucho, he tenido la gran suerte de oler sus calzones sucios, ya que he entrado a su cuarto, claro sin permiso y rápidamente pero les deja un olor riquísimo.

    Así como ésta tengo varias experiencias que relataré después.