Blog

  • Pepe, ¿un nuevo amor?

    Pepe, ¿un nuevo amor?

    Hacía una semana escasa que me habían dado por el culo hasta tres pollas seguidas en los servicios del Nervión Plaza y nuevamente me encontraba en el centro, aunque en esta ocasión no iba de caza, estaba allí para comprarme algo de ropa, me encanta comprar en una de sus tiendas, era viernes y se acercaba la hora del cierre, estaba en la caja para abonar lo que me llevaba.

    – ¡Hola!

    Me volví al notar un toque en mi hombro y me encontré con un desconocido que sin embargo me resultaba familiar.

    – ¡Hola!

    Era evidente por mi actitud que no acababa de situar al hombre que me había interpelado.

    – ¿No me recuerdas? La semana pasada disfrutamos mucho aquí.

    Joder, era el viejo del pollon, ¿como era posible que no lo hubiera reconocido? Fue el último que me enculo aquel día y su enorme polla fue toda una experiencia, incluso consiguió que me meara de gusto… literalmente.

    – ¡Claro que sí! Lo que ocurre es que aquél día yo estaba pendiente de otra cosa – y mi mirada por un instante se fijó en su bragueta.

    – Creo que no llegamos a presentarnos, me llamo Pepe – me tendió la mano que yo estreche inmediatamente.

    – Encantado, yo soy Einar.

    En nuestro encuentro anterior no me había fijado demasiado en ninguno de los tres que me follaron y aunque el cani y él me invitaron después a una cerveza en uno de los locales del centro en mi defensa debo de decir que yo estaba en una nube, me habían preñado el culo tres pollas que habían descargado toda su lefa en mis entrañas y además el ojete me ardía así que no presté demasiado interés a la conversación que además fue corta, una cerveza y cada mochuelo a su olivo.

    Pepe era un hombre muy atractivo, de labios finos, ojos verdes, pelo muy blanco, corto y peinado con raya al lado, impecablemente afeitado le calculaba sesenta y cinco años ( luego supe por el mismo que setenta y dos), vestía de forma casual aunque con elegancia, era algo mas bajo que yo y se apreciaba que se encontraba en muy buena forma física.

    – ¿Qué te parece si nos tomamos una cerveza?

    – Claro que sí Pepe pero esta vez pago yo.

    Subimos a la terraza del centro y nos tomamos unas cervezas y comimos algo en uno de los locales, Pepe me contó cosas de su vida, vivía cruzando la calle, en unos pisos detrás del colegio que se encuentra cerca lo que me llevó a deducir que era un hombre con un alto poder adquisitivo ya que esa zona es de las mas caras de Sevilla, se veía un hombre culto y educado, me contó que hasta los cincuenta años había sido sacerdote pero que la tentación de la carne era más fuerte que su fe así que decidió abandonar, se colocó como administrador de una tía viuda y sin hijos a la que el «alivió en su soledad» y cuando falleció el lo heredó todo.

    – Ahora vivo de las rentas y muy bien

    – ¿Y no tienes mas familia?

    – Un hermano pero no le sentó nada bien lo de la herencia.

    – Hombre, normal que se enfadara.

    – Es un descerebrado, me habla por que su hija es mi ojito derecho, pero bueno, ¿por qué no seguimos en mi casa?

    Me quedé mirándolo, sabía lo que ocurriría en su casa, aquel pedazo de polla iba a poner a prueba mi esfinter otra vez, sólo de pensarlo un escalofrío recorrió mi cuerpo.

    – Claro que sí.

    El piso era enorme, amueblado con gusto.

    – Sientate, ¿qué quieres tomar?

    – ¿Tienes vodka?

    – En realidad no tengo ni idea de lo que hay.

    – Bueno, no te preocupes creo que ya hemos bebido bastante, ven, siéntate aquí a mi lado.

    Hizo lo que le dije, tomé la iniciativa, me acerqué y le besé en los labios, pasé la punta de mi lengua por ellos y el abrió la boca así que se la introduje, mordí sus labios mientras le abría la camisa, ante mí un torso cubierto de abundante vello blanco y unos pezones gruesos y rosados, nuestras lenguas siguieron entrelazandose mientras acariciaba su pecho y pellizcaba sus pezones, me respondió con un lamento, dejé su boca, mordí y chupé su cuello y fui bajando hasta que agarré con mis dientes una de sus tetillas y apreté.

    – Uuuh, siiii.

    – Levántate.

    Desabroché el cinturón y la bragueta, bajé el pantalón y los calzoncillos y allí estaba, aquella enorme polla, gorda, larga, cabezona, con unos huevos grandes y pesados.

    – Joder padre, que divinidad.

    La agarré, noté en la mano el calor y esas contracciones involuntarias que se producen cuando un miembro empieza a crecer y a ponerse duro, lo levanté y lamí sus huevos, sabían salado por el sudor, los chupé, me los metí en la boca, jugué con ellos…

    – Si padre, una divinidad.

    Bajé con mi mano la piel dejando al descubierto el glande, recorrí con mi lengua todo el tronco, desde los cojones hasta el frenillo, lo lamí y luego lamí todo el borde del cabezón, metí la punta de mi lengua en el agujero mientras agarraba y masajeaba aquellos testículos.

    – Toda una divinidad padre.

    – No seas blasfemo hijo mío.

    Me puso las manos en la cabeza como para darme su bendición, yo abrí la boca y me metí la punta de la cabeza de aquel carajo que estaba ya duro y en todo su esplendor en la boca, comencé a mamar aplicando mi lengua y Pepe apretó, todo el glande y parte de aquel monstruo entró en mi boca, creí que me desencajaba la mandíbula.

    – Arrrg

    Pepe comenzó a mover las caderas follandome la boca, conseguí tragarme casi un cuarto de aquella polla monstruosa.

    – gloup glup glup.

    – sii, siii, siii, que boca, tu boca si que es divina, oh.

    Algunas de sus embestidas a punto estuvieron de hacer que su miembro llegara hasta mi campanilla, me saqué la polla de la boca y con mi mano extendí por toda ella la baba espesa que había provocado mi mamada, me gustaba el sonido que hacía mientras la acariciaba.

    – Ven blasfemo, vamos a la ducha.

    Me tomó de la mano y me condujo al dormitorio, entramos al cuarto de baño que era enorme, me condujo ante la cabina de ducha y abrió el agua.

    – Desnudate, vamos.

    Ahora fue el quien tomó la iniciativa, mientras desabrochaba los botones de mi camisa me besó con pasión, metiendo su lengua en mi boca y recorriendo todos sus rincones, sus manos me dejaron desnudo.

    – Eres muy hermoso Einar.

    Nos metimos bajo el agua, nos abrazamos y continuamos con los besos apasionados, sus manos agarraban mis nalgas mientras nuestras pollas se rozaban, lo empujé contra la pared, fui bajando recorriendo con mi lengua su cuello hasta llegar luego a sus pezones, me fui agachado hasta que nuevamente delante de mi cara su enorme verga y me metí en la boca todo lo que pude, coloqué mi mano como tope y comencé a mover mi cabeza adelante y atrás.

    – Ohh Einar, si, siii.

    Ayudado con mi mano me tragaba aquella polla con glotonería, Pepe suspiraba y noté como las piernas le flaqueban.

    – oh Einar, me corro, me corro.

    Lo sentí venir, saqué casi toda la polla de mi boca dejando sólo la punta dentro y recibí la primera descarga que me apresuré a tragar, luego dejé que eyaculara sobre mi cara, el agua que caía desde la ducha arrastraba su semen.

    – Joder, que boca tienes maricón.

    Me levantó y me volvió a besar en la boca, tomó una esponja y echó abundante gel, comenzó a pasármela por el pecho, la polla, los huevos, las piernas, los pies…

    – Eres muy hermoso, date la vuelta

    Hizo que colocara las manos en la pared, con el pie me indicó que abriera las piernas y tomándome de las caderas tiro de mi obligándome a ofrecerle mi culo.

    – Muy muy hermoso, te quiero para mi.

    Al decirme eso senti un chorro cálido en mi expuesto esfinter, se estaba meando en mi culo, levantó el miembro y su orina llegó a mi espalda, luego volví a sentir la potencia de su chorro de orina en mi ojete.

    – Oh Pepe.

    Comenzó a enjabonarme la espalda, iba bajando mientras me la besaba, agarró las nalgas, metió la esponja entre ellas y me lavó a conciencia el agujero del culo, luego las abrió y noté su lengua.

    – Oh siii, si Pepe, que rico.

    Lamia mi ojete, chupaba, mordía, me agarraba las nalgas con fuerza metiendo toda su cara mientras el agua recorría mi espalda, me follaba con su lengua haciendo que me retorciera de placer deseando el enorme monstruo que tenía entre las piernas.

    – oh dios, que rico, que rico.

    Se puso de pie y comenzó a hacer círculos con un dedo en mi ojete hasta que lo introdujo.

    – Que culito tienes mi niño.

    Aprovechando el gel de baño, a ese primer dedo siguió otro dentro de mi culo y después otro más.

    – Siii, Pepe, si, dame ya tu polla, damela.

    – Ven conmigo mi niño.

    Salimos de la ducha, tomó una gran toalla de baño y nos secó a los dos mientras no paraba de besarme, morder mis labios, chupar mi lengua, me condujo de nuevo al dormitorio y me señaló la enorme cama.

    – Tiendete boca abajo y abre bien esas piernas.

    Hice lo que me pedía, me abrí bien de piernas y apoyándome en las rodillas alcé un poco el culo, Pepe se colocó entre ellas, volvió a agarrarme las nalgas y las abrió dejando al descubierto mi esfínter, su lengua volvió a follarmelo haciéndome lanzar gemidos de deseo.

    – Si, oh padre, mi culo, dame tu polla, metemelaaa.

    Mi culo pedía verga pero Pepe sabía que tenía que prepararlo, de la mesita de noche sacó un bote de lubricante, noté el frío cuando me lo puso en el ojete, introdujo un dedo y enseguida otro moviendolos en círculo, haciendo que se fuera dilatando, metió un tercer dedo.

    – siii Pepe, si, dame mas , quiero mas, dame tu polla, siiii, por favor, por favor.

    Colocó la punta de su miembro contra mi culo y fue apretando muy despacio, muy poco a poco, introduciendome aquel cabezon como yo le suplicaba, cuando rompió la resistencia de mi esfínter un ramalazo de dolor recorrió mi espina dorsal, tuve que agarrar las sábanas con fuerza y morder la almohada.

    -Ay, ayyy, ay mi culto, mi culitooo – no pude evitar que se me escaparan algunas lágrimas.

    – ¿No querías polla? Ahora aguanta maricón.

    Esperó a que el dolor pasara, a que mi agujero se adaptara al tamaño de aquella cosa y empezó de nuevo a empujar.

    – Oooh, siii, mi vida, siii, como entra, como entra ohhh, como me abreee.

    Su enorme miembro iba deslizándose dentro de mi, abriéndome en canal, haciéndome sentir repleto, lleno…

    – Ay padre, ay que polla, ay, ay.

    Pepe dejó caer el peso de su cuerpo sobre mi, tenía su polla metida hasta los huevos, el culo me ardía, sudaba como si tuviera fiebre, el placer y el dolor que sentía en esos momentos hacía que dudará incluso de mi cordura, aquel carajo me tenía poseído.

    – Ven aquí putito

    Pepe me agarró por las caderas y tiró de mi hasta que me tuvo a cuatro patas.

    -Así es como me gusta reventaros el culo.

    Poco a poco fue sacando su verga hasta casi el final.

    – Dame padre, dame.

    Volvió a meterla, muy despacio, de una sola vez, hasta los huevos.

    – oh padre, que rico, esto no puede ser pecadooo.

    Fue incrementando el ritmo de sus embestidas.

    -oh si si si Mi culo, mi culo, que me lo rompes

    – Oh mi putito

    – si Pepe si, tu putitooo

    – Ay cariño, me corro, me corro

    – Aguanta maricón, aguantaaa.

    El orgasmo fue tan intenso, tan salvaje, se inició en los geniales, me subió por el vientre y el pecho hasta la cabeza y me explotó en todo mi ser haciendo que un río de semen saliera de mi pene, mi cuerpo empezó a temblar empapado en sudor dejandome agotado, derrengado, desmadejado sobre la cama con Pepe encima, al mismo tiempo de mi orgasmo, el viejo había enterró su polla en mis entrañas descargando toda su carga de lefa en mi interior.

    – Ostia pupa padre, que polvo – pude decir después de unos instantes.

    – no blasfemes pecador.

    Sacó la polla de mi culo y quedó acostado a mi lado, el esfinter me ardía, me lo toqué y comprobé que estaba abierto como un coño.

    – Me has destrozado el culo padre.

    No obtuve respuesta, miré al lado y Pepe dormía, el ardor de mi ojete se iba mitigando al mismo tiempo que me quedaba dormido, desnudo, con la leche de mi amante saliendo de mi culo y cayendo sobre las sábanas.

  • Mi padrastro también me ama a mí

    Mi padrastro también me ama a mí

    Hola a todos, soy Karina, tengo 19 años, de piel canela, tetas pequeñas, cintura marcada, culo mediano y piernas anchas y duras.

    Mi madre y él llevan muchos años de relación, pero apenas se casaron hace 2 años y por lo mismo hemos vivido juntos, me agrada mucho, es muy lindo con las dos y aparte bastante sexy, todas las cosas iban normales, hasta el día que me empezó a ver diferente.

    Yo normalmente práctico un deporte donde tengo competencias y mi madre y él siempre están en ellas así que notan bien como al final de cada una termino en un baño de sudor y con la ropa que por si sola es corta y pegada queda aún más marcada en mi, desde ahí mi padrastro empezó a notar más mi cuerpo atlético y femenino.

    En casa las cosas iban aumentando pues me tenía más a la vista y era más indiscreto, en ocasiones cuando podía tomaba fotos de mi y mi mamá juntas con la excusa de darnos un halago o si estábamos solos iba a espiarme a mi habitación, para su mala suerte cada que volvía de entrenamiento o competencia mi madre estaba en casa y yo me metía a la ducha o me desnudaba en mi cuarto.

    Igualmente yo había desarrollado algunos sentimientos hacia el pues en un par de ocasiones por accidente lo había visto en toalla y en varias veces escuchaba como él y mi madre tenían sexo en su habitación, la cual está al lado de la mía.

    Pero todo eso concluyó una ocasión en la cual mi madre tuvo que salir de casa un par de días para visitar a un familiar, yo tenía una competencia así que decidí quedarme y él con la excusa de cuidarme decidió quedarse también, todo estaba tranquilo ese día, volvimos de la competencia la cual perdimos y para darme ánimos de sorpresa me dio un abrazo por detrás, me pareció algo divertido hasta que en una de mi nalgas sentí por un par de segundos un bulto un tanto extraño.

    Le dije que iría a ducharme y de inmediato me metí al baño, durante la ducha estuve pensando todo el tiempo en ese bulto si era algún objeto suyo o directamente había tenido una erección conmigo, se me hacía algo lógica la respuesta por sus antecedentes sin embargo me llegó a sorprender e incluso excitar, me toque un poco en el baño pero me detuve para no tardar tanto en la ducha.

    Al salir me lo tope de enfrente, estaba usando solo bóxer y llevaba su toalla en mano, ambos nos asustamos y nos disculpamos rápido, no tenía nada de malo solamente que nunca antes me había visto en toalla, después de la disculpa nos dio algo de risa la situación, me dijo que me parecía mucho a mi madre y que era igual de linda, me puse más nerviosa y él se me acercó para darme un beso en la mejilla y justo antes de que llegara moví mi rostro y dejé que me lo diera en la boca.

    En cuanto sintió mis labios se iba a despegar pero mi mano fue detrás de su cabeza y lo mantuvo, segundos después no se resistió y me jalo de la cintura hacia él, nos separamos del beso y nos vimos unos segundos hasta que le dije «¿Quieres ir a mi cuarto?» Dijo que si rápido y tomando mis piernas me cargó hasta mi cuarto donde al entrar y cerrar la puerta nos tiramos en la cama con más besos y toqueteos.

    Entre el movimiento en la cama el nudo de mi toalla se deshizo y quede desnuda con mi cuerpo chocando con el suyo, mis pies se movían y tocaban su bóxer para que en un momento entre besos le dijera «quítatelos» me hizo caso y ambos quedamos desnudos, su verga ya bastante dura se frotaba en mi vientre y se dejó caer más sobre de mi sintiendo sus bolas en mi entrada y teniendo una pequeña idea de que tan profundo podía llegar.

    Bajo besando mi cuello y mordiendo un poco hasta llegar a mis pequeñas tetas que si bien no podía apretar con sus grandes manos si lograba chupar y jalar mis pezones duros, bajaba cada vez más y sentía el roce de su verga en todo mi coño, en un momento creí que la iba a meter y cerré los ojos esperando ser penetrada, pero en su lugar detuvo sus besos y al abrir los ojos lo vi subirse a la cama y recostarse en la cabecera.

    Le pregunté porque se había detenido y me dijo que ahora el quería sentir mis besos, miró un segundo su verga y luego yo volteé a verla, me sorprendió y sonrojo verla de cerca, obviamente no era la primera que veía sin embargo creo que es la más larga que había visto hasta ese momento, mi coño es bastante apretado así que siempre me había fijado en las vergas largas que me llegaran a profundidad y esa era perfecta, incluso me hacía preguntarme si mi madre lo había elegido por la misma razón.

    Mientras pensaba eso no dejaba de masturbarlo y él me despertó de mi trance tomando mi cabello con una mano y empujando suave mi rostro hacia su verga, siempre he buscado ser elástica así que con la práctica de yoga que había hecho pude ponerme en 4 bajando mi cabeza, él no se hizo esperar y manejo mi cabeza hasta meter directo su verga a mi boca, mi lengua entro en acción empezando a lamer y su verga tenía un sabor algo raro aunque tal vez era sudor de estar guardada tantas horas en sus pantalones.

    Me parecía pervertido estar limpiando su verga con mi lengua, él parecía disfrutarlo mucho pues entre sus gemidos su mano izquierda me presionaba más hacia abajo mientras la derecha recorría toda mi espalda y nalgas, una de mis manos se apoyaba en la cama mientras la otra tocaba la base de su verga llena de largos y suaves bellos haciéndome pensar en mi coño que estaba recién depilado y liso, empujaba mi cabeza tratando de hacer una garganta profunda que yo aceptaba pero al oír mis arcadas sacaba su verga.

    Estuve un rato más chupando hasta que ya estaba bastante húmeda y decidió sacarla de mi boca, soltó mi cabeza y me dejó sentarme, me subí a él para darle un beso el cual sorpresivamente acepto, le pregunté si ya quería hacerlo a lo cual dijo que si acomodando su punta un poco dentro de mis labios vaginales, me sonrojé al sentirlo y luego al verlo él me dijo que quería verme saltar como en mis competencias pero está vez sobre su verga.

    Le dije que si con la cabeza y apoyada en sus hombros empecé a bajar despacio cubriendo su verga con mi coño apretado que me hacía sentir cada vena de él, muchos chicos antes me habían dicho que mi coño era profundo, pero solo para sus vergas porque está me estaba entrando muy bien y al fondo, conforme me penetraba yo solo pensaba en que tan larga era calculando unos 18-20 cm, de tanto que pensé me tomo de sorpresa sentir la punta chocar en la entrada de mi útero, lo mire sonrojada y el sonrió mientras presionaba mis pezones.

    Solo una vez había llegado ahí y había sido con un pepino delgado y largo que mi madre había comprado una vez, pero ahora era muy diferente pues entre más trataba de llegar a la base más sentía que me iba a romper, él me agarró de la cintura y me hizo dar un sentón que dio una descarga eléctrica por todo mi cuerpo impulsándome a dar mas, lo miré excitada y empecé a saltar sobre de él, mis gemidos empezaron a salir sin límites y mis manos bajaron a apretar sus costillas.

    Me recosté en él y en cada salto nuestros cuerpos se frotaban en todo sentido, sus manos iban de mi cintura a mis nalgas y al subir en ocasiones me recibía con un beso que me hacía estirar el cuerpo al bajar para mantenerlo, cada que la punta tocaba la entrada a mi útero sentía como si fuera un botón que me acercaba cada vez más a un orgasmo, entre nuestros gemidos decíamos nuestros nombres como unos sexys amantes hasta que a él se le escapó decir «Si hijita rica».

    Cuando escuché eso me puse más caliente pues siempre me había llamado por mi nombre y para regresar esa excitación al estar cerca de su oído le dije «me encantas papi» lo escucho muy bien pues rápido se aferró a mi cintura y levanto sus caderas dando una serie de embestidas fenomenales, gemí más fuerte y dije muchas veces papi hasta que lo abrace con fuerza y pude gozar de mi orgasmo que dejaría empapada su verga.

    Sin darme cuenta había mordido su hombro y poco después de tener mi orgasmo detuvo sus penetraciones, lo miro y le pedí disculpas por la mordida, el sonrió y me besó diciendo que se le hacía muy rica mi boca, tomo mis nalgas y me levanto hasta sacar su verga, lo mire algo confundida y me dijo que quería tenerme en otra posición, me acosté del lado en la cama mientras lo veía levantarse y ponerse detrás de mi, levanto mis caderas y conservo mi cabeza pegada a la cama, había cambiado mucho de estar arriba de él y a mí ritmo a estar completamente a su disposición.

    Me acomode un poco y lo veía de reojo frotar su verga entre mis 2 agujeros y juntando mis nalgas para masturbarse, estaba más húmeda que antes, el pareció no aguantar más y me dio una fuerte nalgada, creo que por la excitación la sentí muy bien y solo me hizo apretar un poco el cuerpo, sus 2 manos fueron a mis nalgas y en casi un abrir y cerrar de ojos pude sentir como me penetraba de nuevo, mis ojos se fueron hacia arriba y mis gemidos aumentaron, la metió rápido y sin piedad y siguió así con sus embestidas.

    Me sentía demasiado sumisa en esa posición, solo podía mirar hacia arriba y jalar las sábanas mientras mi coño recibía la rica verga de mi papi, en ese momento solo pensaba como mis amigas me decían ser algo ruda con los chicos jóvenes y ahora como un hombre maduro y mayor que yo dominaba mi cuerpo entero, era más rudo conmigo que antes y eso me empezaba a gustar, me dio varias nalgadas y apretaba mi cintura con tal de presionarme más hacia él, incluso en un momento me levanto y por la excitación junte mis piernas, una mala y rica idea a la vez, eso hizo que mi coño se presionará y apretara casi al doble que antes, trate de separarlas pero él ya las había atrapado entre las suyas.

    Cada que escuchaba como salía solo era un aviso antes de recibir otro fuerte empujón en mi útero, sus bolas estaban grandes y pesadas, las sentía chocar con mis labios vaginales cada que la metía, empecé a sentirme más pesada y al mirarlo note que se estaba recostando en mi, mi culo se presionaba en su vientre y sus manos ya lograban tocar mis tetas, estaba cargando parte de su peso, no era molestia pues mis piernas eran fuertes pero cada golpe a mi útero las hacía temblar.

    Ya entendía porque siempre escuchaba los gemidos de mi madre a través de la pared, era imposible contenerse ante la sensación de ser penetrada por él, ya podía sentir todo su cuerpo sobre del mío y su verga se frotaba más en la parte superior de mi coño, apenas alcance a mirarlo cuando me dio un empujón extra duro que me llevo a otro orgasmo, todo mi cuerpo se tenso y luego se libero en una corriente de jugos.

    Mis piernas temblaron y estaban a punto de caerse pero él me sostuvo por la cintura con tal de seguir dentro de mi, no sé cuánto duro mi orgasmo pero al terminar el ya estaba arrodillado en la cama y mis piernas ya estaban acostadas, lo mire jadeando y se me hizo algo raro que no se moviera hasta que empecé a sentir algo caliente y líquido dentro de mi, le dije «¿lo hiciste dentro verdad?» El respondió que si con la cabeza mientras acariciaba mis nalgas y espalda, saco su verga y se acostó a mi lado, me pidió disculpas por acabar dentro y le dije que no había problema y me había parecido rico, nos abrazamos y rápido caí dormida sobre de él.

    Al día siguiente estuvimos los 2 como una pareja recién enamorada, tome la pastilla y por suerte salió todo bien, ya con el regreso de mi madre nos volvimos más discretos aunque él ha tenido la idea de decirle pues según sus palabras es tan pervertida que aceptaría tener una relación los 3, yo no estoy del todo segura pero igual me gusta la idea, bueno gracias por leerme y espero que lo disfruten jeje, chao.

  • Mi prima me sedujo y terminó mamándome la vagina

    Mi prima me sedujo y terminó mamándome la vagina

    Era jueves en la tarde y Ericka había regresado de haber hecho compras. Ella, una chica de 20 años con poca experiencia en la vida, en sentido general, nunca había aprovechado los piropos y las miradas de los chicos lindos para su beneficio de querer salir con alguno de ellos. Antes de entrar a la casa ya se habían metido bastante con ella ya que es una chica muy hermosa con unos rasgos como los de un ángel, trigueña, de cabello largo, ojos de color verde, delgada, pero con un cuerpo bien armado.

    Al entrar a la casa no se esperaba que iba a recibir la visita de su tía Sofía y su prima Laura, ellas habían ido a visitar a Ericka y a su madre, ya que hace tiempo que no se habían visto por circunstancias laborales y demás.

    -Hola ¿cómo están?- dijo muy contenta Ericka para luego darle un beso a cada una.

    – Bien mi vida estamos bien, eso como has crecido y te has puesto muy hermosa – dijo su tía con cariño, pero su hija miraba a su prima con otros ojos, y Ericka se dio cuenta.

    – Gracias tía- diciendo esto la abrazó y le entregó las bolsas de compras a su madre y luego subió a su cuarto.

    Su madre le había dicho a su prima Laura que si quería podía subir a la habitación de Ericka para que conversaran un poco antes de bajar a comer lo que ella iba a prepararles. Laura subió y tocó la puerta y sin esperar a que le respondieran: ¡Pasa!, entró. Se quedó estática y sin decir ninguna palabra, con la mirada fija en el cuerpo desnudo de su prima. La muy descarada había subido rápido a su cuarto y se había desvestido para llamar la atención de Laura y que ella llegara a su cuarto.

    – Vaya, vaya así que mi prima es toda una hembra en ruina que no tiene a nadie que la posea- dijo Laura mirando el chochito de Ericka y saboreándose los labios. Entró y cerró la puerta.

    – Bueno podría decir que si, pero también podría decir que me estabas observando mucho allá abajo y con una mirada bastante penetrante, ¿no pensaste que me iba a dar cuenta?

    – ¿Y te gustó eso? esto?- le preguntó Laura acercándose a sus piernas abiertas.

    – Pues si, me sentí atraída y sabía que tú querías verme así, entonces subí para que me callaras atrás.

    – Mmm ya, muy astuta la niña. ¿Y jamás te han probado el chocho?

    – Una vez que perdí la virginidad con un chico de 25 cuando yo tenía 18 años, y ya más nunca tuve un revolcón, solo me consolaban mis dedos. – dijo Ericka tocándose con lujuria mientras miraba fijamente a los ojos a su prima.

    – Ya veo, bueno yo te puedo dar ese placer que tanto te gusta sentir con los dedos, pero te lo daré con la lengua, te voy a mamar el toto hasta que se te salga la leche y luego tu me lo harás a mi ¿quieres?

    – Si quiero, pero aún no me he lavado, me levanté en la mañana y salí a hacer compras y regresé ahora.

    – No importa, el sabor de un toro así es más rico, no te preocupes.

    Laura se quitó también la ropa y comenzó a besarle las tetas a su prima hasta llegar a su vagina ya muy húmeda. La olió y le encantó su olor.

    – Tienes un aroma riquísimo, a perra deseosa de que le mamen el chocho.- dicho esto Laura comenzó a mamarle el toto a Ericka, le introducía la lengua y la sacaba, para provocar placer en ella.

    – Si si dale mámamelo así, sácame todo la leche que tengo ahí desde hace mucho, dale cómete mi toto rico todo enlechado.- Ericka estaba tan excitada al igual que Laura, que no sintieron cuando la puerta se abrió.

    – Pero que rayos hacen- dijo la madre de Laura.

    – Mamá es que Ericka estaba muy caliente y pues…- no pudo terminar de hablar porque Sofía cerró la puerta y se desnudó completamente- Ericka tú madre está abajo preparando la comida y le dije que iba a subir a verlas a ustedes, así que ahora me dejarás comerte también el chocho sino quieres que le diga lo que estaban haciendo aquí.- Ericka se ruborizó, pero prefirió eso antes que su madre se enterara de todo. La madre de Laura procedió a mamarle el chocho a la chica y luego se quiso hacer un facesitting con ella (o sea ponerle el chocho en la cara a Ericka para que esta se lo mamara) mientras su hija le chupaba el chocho a Ericka, en fin un trío.

    – Dale, así así, cómeme el chocho Ericka y tómate mi leche. Dale hija haz venir a tu prima, abre bien las piernas Ericka para que Laura te meta la lengua y te vengas como toda una perra.- Ericka se comenzó a venir con la rica mamada que le dio su prima y luego se vino en su cara y su boca su tía haciendo que ella se tomara toda la leche que salía de su chocho ya que Sofía le pegó la boca directamente a este para que lo mamara todo y no dejara leche en él. Luego de esto Laura se acostó y le hicieron lo mismo a ella, pero esta vez era Ericka quien le mamaba el toto y su madre se colocó encima de ella para volverse a venir como una perra, se abría bien el toto con sus dedos para que su hija se lo mamara rico y le metiera la lengua.

    FIN

  • Me tuve que prostituir con un policía

    Me tuve que prostituir con un policía

    Esto ocurrió hace un año cuando estaba a mediados de los 18 años. Estaba con mi novio porque fuimos a comprar unas cosas, y nos pusimos algo caliente y decidimos coger.

    Así que pasamos a una farmacia por condones, para esto eran como las 7 de la noche, ya estaba oscuro. Mi novio se baja por los condones y yo venía manejando así que ya, nos llevó a una calle donde hay muchos carros estacionados y nos paramos ahí. Yo traía un vestido como floral así que iba a ser fácil, me quito mis panties y me monto en mi novio.

    Empiezo a moverme y todo, el me baja el vestido de arriba para dejar mis pechos descubiertos, estuvimos como unos 5 minutos así hasta que de la nada tocan la ventana.

    Era un policía, así que ya me bajo de mi novio y me tapo, y mi novio se baja a hablar con él.

    Para esto, no traíamos dinero para sobornar al policía porque acabamos de ir a comprar cosas al súper, entonces no sabía que íbamos a hacer, y mi novio andaba hablando con el afuera.

    Entonces ya, regresa mi novio y me dice que nos quieren llevar, y que no tenemos dinero para darle al poli, y qué hacíamos. Yo estaba en pánico porque apenas tenía 18 y mis papás me matan si se enteraran. Entonces ya, decidí bajarme a hablar con el poli, y ahí estábamos los tres.

    El policía dice, “nos podemos arreglar de otra forma”, y mi novio pregunta que como, entonces el policía nos empieza a interrogar que si somos novios, cuantos años tenemos, mi nombre y así, entonces nos dijo que su oferta era no hacernos nada, a cambio de mí.

    Mi novio se quedó fuera de onda, y yo el doble, y yo le pido que explique mas a detalle que implica eso. Entonces dice que iríamos a la patrulla en la parte de atrás mientras mi novio está enfrente de la patrulla simulando ser el policía. Y prácticamente dijo que íbamos a seguir lo que estaba haciendo con mi novio, pero con él.

    Le pedimos que nos diera chance de conversarlo, y al final llegamos a la conclusión que era lo mejor y la única opción, así que ya, vamos con el policía y nada más me sonríe y me jala. Me pide que le de un beso, entonces ya lo beso mientras agarra mi cintura y mi trasero, y ya cuando nos separamos, me dice, abre la boca, lo hago, y acto seguido me escupe adentro. Entonces vamos a la patrulla y ya nos acomodamos como él nos dijo, así que ya estando atrás, él se quita el pantalón y me pide que se la chupe, la verdad si la tenía un poco grande pero le sabía horrible, pero no tenía alternativa, entonces el empieza a empujar mi cabeza para que me entre toda, y ya con trabajos podía respirar, entonces cada vez que me lo sacaba, me daba una cachetada.

    Después me dice que me quite el vestido, me lo quito y quedo totalmente desnuda, entonces me empieza a chupar las tetas mientras me mete los dedos en mi vagina y mi culito, le dije que atrás no porque era virgen de ahí, y me dijo “tú no estás para poner condiciones”, entonces me pide que me monte en él y me meta su pene, pero le dije que se pusiera condón, y me dice que no, que el da las órdenes, entonces no me queda de otra que hacerlo, y me pide que lo bese mientras subo y bajo, y así estuvimos unos 5 minutos, luego sacaba su lengua y me pedía que la chupara como si fuera un pene.

    Luego me pide que me pare viendo hacia enfrente y que me incline, lo hago, y en eso empieza a comerme el culo, y a pasar su lengua por mi ano, intento no gemir, pero entre suspiros y gemidos le pido que por atrás no, y me dice, bien que te está gustando zorrita, ya eres una puta y lo mejor es que ni cobras.

    Ya cuando mi culito estaba bien chupado me dice que me siente en su verga, pero la pone apuntando a mi ano, y me pide que baje lento, siento su cabeza en mi ano, y siento como se va estirando, costo que entrara porque se iba de lado porque no entraba, estaba muy chiquito, después logro que entrara la cabeza y me azota, me entra toda su verga de golpe y yo grito de dolor y le ruego que pare, que me duele mucho y que siento como si me hubiera roto mi culito, empiezo a llorar del dolor mientras el me sube y levanta agarrando mis caderas, después de un tiempo me acostumbre y dejo de doler, para cuando acabamos me levanto y él me dice “maldita puta barata, dejaste cagada mi verga”, y le digo que pues no tenía planeado que me metieran algo por ahí, y me dice “tu castigo va a ser dejarla limpia pero con tu lengua” y tuve que chupársela, casi me vomito pero logré evitarlo, tenía miedo que si me vomitaba me fuera a hacer algo peor, finalmente se lo deje limpio.

    Finalmente me pide que me monte otra vez, me lo mete por la vagina y otra vez me empieza a coger, esta vez ya nada más fueron como 2 minutos hasta que me dice que se va a venir, y le digo “por favor nada más vente afuera” y me dice que no, así que se viene adentro.

    Ya terminado me dice que ya es todo, que me vaya pero que antes quería uña foto de recuerdo así que me toma una foto desnuda aunque me medio tape la cara.

    Mi novio y yo fuimos a la casa por dinero y luego salimos otra vez para comprar una pastilla post day, y pactamos que no volveríamos a hablar del tema, que quedaría como si no hubiera pasado. Y desde ahí no hemos vuelto a coger en un coche.

  • Una mansión que acoge infinidad de orgías (3)

    Una mansión que acoge infinidad de orgías (3)

    Araceli está a punto de terminar su jornada laboral como segurata en esta mansión de lujuria y sadomaso a raudales.

    Hace ya hora y media que despidió al esclavo que le estuvo comiendo la panocha ensangrentada por la menstruación.

    Después de pegarse una ducha, ponerse una compresa, su ropa interior y su ropa de calle, está esperando a Jorge que es el segurata que la va a sustituir en su puesto.

    Jorge es un hombre de 42 años, 1,90 m de altura y 100 kg de peso. Es el típico chico obsesionado con la vida fitness. Es un armario empotrado. Araceli desea ser, a su vez, empotrada por él. Pero Jorge está muy enamorado de su esposa, con la que se casó recientemente, y de momento no tiene ojos para otras hembras.

    Jorge entra en la garita, saluda a Araceli con dos besos y le pregunta qué tal la jornada. Ella le hace un pequeño resumen de lo ocurrido en las habitaciones de la mansión (omitiendo la sesión de sexo que tuvo con el esclavo), y se despide de Jorge deseándole buena jornada.

    Araceli antes de abandonar la garita le echó un vistazo al paquete de su compañero, se relamió los labios y se fue, diciendo para sus adentros “Madre mía que hombrón. A ver si se cansa pronto de adorar a su esposa y se fija en mí y me empotra como a una yegua en celo”.

    Una vez que Jorge se quedó solo en la garita comenzó a hacer zapping por los monitores para ver qué había de nuevo. Quedó estupefacto cuando en la habitación 9 vio al párroco de su barriada, Don Benedicto. Pero el asombro no quedó ahí. Estaba acompañado por un matrimonio que son vecinos suyos. Rafael y Martirio viven dos pisos por arriba de Jorge. En las reuniones de vecinos se muestran muy estirados y recatados.

    En esta habitación, los tres ocupantes estaban aún vestidos cuando el segurata los interceptó haciendo zapping. Don Benedicto es rechoncho y lleva su habitual sotana y está sentado en una butaca. Enfrente de él, de rodillas como si estuvieran en confesión estaba el matrimonio.

    Martirio va con un traje pantalón color gris, blusa blanca y el pelo recogido en un moño. Muy sobria, en su estilo, y sin casi maquillaje. Es una mujer de unos 45 años.

    Rafael tiene 50 años, es de mediana estatura, con incipiente alopecia y va con pantalón de tergal negro y camisa azul.

    Jorge se pregunta qué hacen esos tres carcas mojigatos en esta mansión del desenfreno sexual, y afinó el oído.

    –Os he citado en esta mansión, de la que soy su mayor accionista y que todas sus alcobas o celdas están dedicadas a la meditación e introspección, para que me desarrolléis con pelos y señales lo que me contasteis ayer de forma atropellada y precipitada sobre vuestra hija –comentó Don Benedicto, mintiendo en lo de que la mansión es un refugio de paz espiritual.

    –Pues verá Don Benedicto –comenzó Martirio– nuestra hija nos hizo una proposición sexual degenerada a no poder más. Nos dijo que haría un sandwich sexual con nosotros si le subíamos la paga semanal y la dejábamos ir en verano con sus amigas a Las Vegas. Estamos consternados. ¿Qué podemos hacer?

    –Nosotros habíamos pensado –continuó Rafael– ingresarla en un convento, a ver si se le quita el puterío que se está apoderando de ella.

    Don Benedicto se quedó un rato reflexionando. A los pocos minutos, por fin, se decidió a darles su opinión:

    –Miren ustedes. No sean ingenuos. En el convento solo conseguirían que la Madre Superiora y el resto de sus compañeras monjas abusaran sexualmente de ella. ¡Menudas son estas! La reclusión en colegios internos, cárceles y conventos solo sirve para exacerbar más, aún si cabe, los instintos sexuales que intentamos reprimir.

    –Pero entonces, ¿qué nos aconseja? –preguntó con ansiedad Rafael.

    –Que se la follen. Y cuanto antes, mejor.

    –¿Pero estoy oyendo correctamente o es una alucinación? –soltó con estupor Martirio.

    –Oigan bien lo que les voy a decir. La especie humana sobrevivió y hoy somos casi 8000 millones de personas en el mundo gracias al incesto. Cuando el Ser Supremo se dignó a consentir que dejáramos de ser simples simios para alcanzar la categoría de homo sapiens, los Caín y Abel de turno se acostaron con Eva, su madre, para reproducirse. En varias épocas de la Prehistoria y de la Historia tuvimos que recurrir al incesto para no extinguirnos. El incesto es una ley natural como el matar para alimentarse o el morir para no sobrecargar el planeta. Son leyes emanadas de Dios. La Biblia defiende el incesto. Se narran varios casos, el más conocido es el de Lot y sus dos hijas. El Ser Divino dijo “Creced y multiplicaos”, no puso restricción alguna a esta máxima de su pensamiento. Así que, sin más dilaciones, os aboco a que os folléis a vuestra hija sin ningún tipo de reserva moral ni mojigatería.

    –Bueno, nos lo pensaremos –dijo humildemente Martirio.

    –No hay nada que pensar. Al César lo que es del César y a la golfa de vuestra hija, mucha polla y coño de sus progenitores y a dejarla preñada. He dicho.

    –Muchas gracias Don Benedicto por sus consejos espirituales. Aquí estamos para lo que necesite –dijo ingenuamente Rafael.

    –Un momento. Antes de irse deben pagar el diezmo.

    –Claro que sí, Don Benedicto. Usted dirá a cuánto asciende.

    –En esta mansión todo se paga en especies. El vil metal lo emponzoña todo. El trueque platónico-comunista es nuestra seña de identidad. El diezmo es el derecho de pernada. Me follaré vuestras bocas y culos y el chumino de Martirio. La igualdad de trato es una máxima para mí.

    –Pero esto es inmoral, Don Benedicto. ¡Cómo me exige que le preste a mi esposa y que le ponga el culo! –comentó Rafael.

    –Mi lema es “La moral es para los débiles” –sentenció el párroco–. Usted no me presta nada. Es una deuda que tiene que saldar. Las deudas con la Santa Madre Iglesia no se cancelan ni se suprimen per saecula saeculorum amen.

    Martirio estaba decidida a convertir su vida en eso, en un martirio. Así que, dócilmente comenzó a desabrocharse la blusa y, poco a poco, a despelotarse.

    Don Benedicto se quitó en un santiamén la sotana, quedando como Dios lo trajo al mundo. Se recreaba en su butaca.

    Martirio, de rodillas, se acercó al rabo del párroco y se lo fue engullendo por la garganta hasta no dejar más que dos dedos de polla fuera de la comisura de sus labios. Don Benedicto le hizo un gesto a Rafael para que se desprendiera de su ropa ipso facto. Rafael obedeció y una vez desnudo, el cura le indicó lo siguiente:

    –Acércate de rodillas, como hizo la puta de tu mujer, y ayúdale a manducar mi morcilla. Es mucha carne para ella sola.

    –Por ahí no paso. Una cosa es que se trajine a mi mujer. Pero obligarme a mí a comerle la picha, no. ¡Es lo que me faltaba, vamos! –protestó Rafael haciéndose el digno.

    –Si no quieres que por el WhatsApp de la parroquia difunda que vuestra hija os propone hacer un trío, ya te estás bajando al pilón –amenazó con caridad cristiana Don Benedicto.

    Ante este argumento tan convincente a Rafael no le quedó más remedio que agacharse y compartir menú con su mujer.

    –Estarás contento, mi querido Rafa. En menos de dos minutos te he convertido en cornudo y maricón –comentó Don Benedicto, y soltó unas carcajadas diabólicas.

    Don Benedicto tenía los ojos en blanco de lo mucho que estaba gozando con la comida de polla a dos bocas que le estaban practicando Rafael y Martirio. Esta dejaba la verga bien llena de babas para que el cabrón de su marido se las tragara, por no haber sabido defenderla como es debido.

    Después de estar casi un cuarto de hora mamándole la polla, dejándosela bien ensalivada, Don Benedicto ordenó a Martirio subirse sobre él y cabalgarlo a ritmo medio. Rafael hacía de mamporreo lamiéndole la raja anal a su esposa, los huevos a su macho ocasional y los cachos de polla y coño que iban quedando a la vista.

    –Prepárate que dentro de poco vas a subir tú al potro –le informó el sacerdote a Rafael.

    Para sorpresa de Rafael, su mujer estaba jadeando y babeaba, del gusto que le estaba proporcionando su párroco. A los pocos minutos alcanzó un orgasmo tan intenso, que se animó a azuzar a Don Benedicto diciéndole:

    –Joder, ¡Qué placer me ha proporcionado, Don Benedicto! Fóllese el trasero de mi esposo sin miramientos. Dele caña de la buena. Córrase en su recto. Lléneselo de su lechecita.

    –Eso haré, mi querida cortesana. Ahora bájate del tiovivo y permite que el cornudo y maricón de tu marido me monte.

    Rafael se subió a la polla del párroco y colocándose de espaldas al susodicho comenzó a clavarse el falo largo y gordo de su amante.

    Rafael era virgen por la puerta de atrás y los gritos que soltaba eran tremendos. El cura y Martirio se tronchaban de risa comprobando lo exageradamente quejica que era aquel improvisado chapero.

    Rafael estaba deseando que Don Benedicto se corriera y se lo pedía insistentemente.

    –No te queda nada, Culoinquieto. Acabamos de empezar. Todavía tengo que bombearte el ano unos buenos veinte minutos, a tres empellones por segundo, ¡3600 empellones en los 20 minutos que pienso aguantar! Con cada embolada te meteré y sacaré mi rabo casi entero –y se carcajeaba Don Benedicto.

    Martirio arengaba al Padre para que le horadara con ganas el culo a su marido, y se unía a las risotadas del sacerdote.

    Por fin, el párroco dijo:

    –¡Me corro, joder, en el culo de este guarro! ¡Estoy regando su recto e intestino grueso con mis chorros de lefa! ¡Joder, qué gusto me ha dado este ano virgen de esfínter estrecho!

    Cuando Rafael se bajó de su peculiar carrusel, a los pocos segundos comenzó a resbalarle por los muslos una cantidad ingente de esperma.

    Don Benedicto descolgó el teléfono y llamó a la habitación 8, en donde había siete enanitos con su peculiar Blancanieves practicando una orgía y les invitó a allegarse a la habitación 9 para ampliar la orgía. Luego llamó a la habitación 6, en donde había tres chicas trans con pene y dos chicos trans con vagina montando un trenecito sexual y les sugirió lo mismo, aceptando elles, encantades.

    Martirio y Rafael pensaron que a Don Benedicto se le había ido la pinza. ¡16 personas en una orgía! Por lo menos, pensó Martirio, no todas las pollas iban a ser para ella. Los pollazos se irían repartiendo entre diversas bocas, coños y culos. ¡Coños solo cuatro! Y comenzó a preocuparse.

    Jorge no pudo evitar desenfundar de la bragueta su pollón y cascársela de lo lindo ante la golfería que tenía delante, en el monitor.

    En la próxima reunión de vecinos se les insinuaría, a ver si pescaba algo.

  • Descubriendo un gloryhole

    Descubriendo un gloryhole

    A los 18 años una es muy ingenua y no conoce ciertas cosas: términos, palabras clave, códigos internos; cosas que gente con más experiencia maneja.

    Cuando escuchaba a algunas chicas hablar de que «en la estación de servicio cerca de la carretera, en el kilómetro 143, en el último cubículo hay un gloryhole», no entendía a qué se referían; pero tampoco quería preguntar y quedar como estúpida, así que quise averiguarlo sola.

    Llegué al lugar me metí a ese cubículo del baño y esperé. Pasaron un par de minutos y nada raro ocurría, aparte del agujero ubicado a mi izquierda. En un momento, siento un ruido en la puerta, intento abrirla, pero había sido trancada desde afuera. Me asusté.

    Aún más asustada quedé cuando por aquel agujero, ingresó una enorme verga negra, de unos 23 cm de largo y 18 de gruesa. No supe como reaccionar. La curiosidad me ganó.

    Comencé a chuparla, motivada por lo sucio que se sentía todo, literal y figurativamente. Estar succionando el pene de un completo desconocido, en ese oloro lugar; se sentía como algo que jamás había experimentado antes. Sentía como que no era yo, era una persona distinta que se despertó dentro de mí y no pretendía parar hasta que esa pija gigante explote de placer.

    Chupe y chupe, la metí lo más profundo que pude en mi boca, hasta mi garganta. La pajeé, la acaricié y cuando la sentí muy dura, me desnudé y me penetré la vagina con semejante armamento.

    El enorme miembro estiraba mis tejidos hasta límites desconocidos, exploraba en mi placeres que no conocía, conectando el color con el goce. El portador de semejante monstruosidad me penetraba con fuerza, moviéndose con vigor mientras yo gemía como una puta en celo y trataba de responder a sus embestidas con movimientos de mi cadera.

    Es un momento en el que me sentí poseída por un deseo impresionante de sumisión y aventura, lubriqué el enorme pene con mi saliva, lo dirigí hacia mi ano y lo fui metiendo poco a poco. Me dolía y mucho, lágrimas brotaban de mis ojos, pero por alguna razón, eso me gustaba. Cuando logré meterla toda, la sensación de dolor e incomodidad parecía no estar relacionada con algo negativo, sino todo lo contrario, por eso gritaba como endemoniada «cogeme, cogeme fuerte. Rompeme el culo»; mi amante anónimo no dudó en demostrarme toda su fuerza y brutalidad, descargando su energía sexual en mi hasta entonces virgen esfínter, que ahora se abría acomodándose a su tamaño digno de un caballo.

    Apoyé las manos en la otra pared y fui moviéndome, tratando de replicar sus fuertes embestidas, haciendo que esa monstruosidad me penetre hasta lo más profundo. Sentía esa verga abriéndose paso en mis intestinos. El rebote de mis tetas, el sudor, mis fluidos y los suyos mezclándose, sentir la pared del cubículo en mis nalgas mientras sus huevos rebotaban en mi clítoris y su poronga me destrozaba toda; fue una experiencia única.

    Mis alaridos de dolor y placer se debían escuchar a cuadras. Realmente estaba gozando algo que debía ser un sufrimiento. En un momento le pedí a aquel hombre misterioso que me dé una señal cuando estaba por eyacular, quería sentir su semen en mi boca y tragarlo todo.

    Perdí la cuenta de cuantos orgasmos tuve, hasta llegué a tener un squirt. Finalmente él retiró su pene de mi ya destruido ano, entendí que era la señal de que estaba al borde del clímax. Me arrodillé y no necesité pajearlo tanto para que descargue una cantidad de leche digna de un semental equino. Su espesa descarga lleno mi boca y cayó en mis pechos. Me lo tragué todo. El sabor amargo y salado me encantaba. Se la seguí chupando hasta que él me terminó meando encima. Sentía que era el punto final a una jornada de entera sumisión a alguien claramente fuera de serie.

    La caminata a casa apestando a sudor, semen y orina, ni el desgarro anal el cual me mantuvo yendo al hospital y requirió puntos de sutura; no fueron suficientes para que me haya arrepentido de tan grandiosa experiencia.

  • Infiel a mi novio con extranjero de verga enorme

    Infiel a mi novio con extranjero de verga enorme

    Enlace al relato anterior al final de este relato.

    Después de aquella experiencia con esos cuatro sementales venezolanos, mi vida cambió, la relación con mi novio ya no me satisfacía, no era mal amante, pero le faltaba esa pasión, esa creatividad, esa forma de moverse tan candente y esa profundidad, eso era realmente coger, con mi novio era simplemente sexo, extrañaba esa tremenda cogida que me habían dado esos machos, pero no me atrevía a buscarlos nuevamente, me sentía culpable con mi novio e intentaba que todo regresara a la normalidad.

    Las semanas pasaban y no podía quitármelos de la cabeza, extrañaba sobre todo a Nelson, el líder y el que más rico me cogió, tenía con frecuencia sueños eróticos que me despertaban a la mitad de la noche y no podía dormir hasta que me masturbaba o me ponía boca abajo con una almohada entre las piernas y me apretaba contra la cama y las sábanas imaginándome ser poseída por Nelson o alguno de sus amigos.

    Habrían pasado unas 5 o 6 semanas, era mediados de diciembre, justo había iniciado el llamado Maratón Guadalupe-Reyes, la temporada de fiestas más larga de México que inicia el 12 de diciembre y se prolonga hasta el 6 de enero, la noche anterior mi novio y yo habíamos asistido a una posada al salir del trabajo y llegamos tarde, mi novio tenía que ir a estudiar y trabajar y se acababa de despedir de mí, en cambio, era mi día de descanso y pensaba quedarme un rato más en cama, cuando recibí una llamada de mi compañera de trabajo, me preguntó dónde había dejado las llaves del archivo clínico, ya que no las encontraba, tampoco recordaba, pero me levanté y busqué en mi bolso, allí estaban, no podía creer mi estupidez, por mi apuro por salir del trabajo e ir a la fiesta había olvidado guardar las llaves en su sitio, le dije a mi compañera que por error me las había traído, pero que me daba un baño rápido e iba a dejarlas.

    Me bañé rápidamente, maldiciendo ser tan bruta y salí apresuradamente rumbo al metro para llegar al hospital.

    Una vez que entregué las llaves me dispuse a tomar el metro para regresar a casa y descansar un poco, cuando veo a Nelson en el andén, su varonil figura era fácilmente reconocible, llegó el tren y abrió sus puertas, la hora pico había pasado y al entrar al tren observé que me vio, había asientos disponibles y me senté en el primero que encontré, lo vi acercarse y mi corazón empezó a latir, su mirada estaba fija en mi cuerpo, me veía de pies a cabeza como si me desnudara con los ojos, cuando llegó frente a mi, me vio descaradamente las piernas y me dijo:

    – Hola, chama, ¿me puedo sentar?

    Afirmé con la cabeza, estaba en shock y apenada por la forma en que me veía, pensé que llamaría la atención de la gente, pero también me excitaba tremendamente su descarada forma de mirarme.

    – ¿Me recuerdas?- señaló.

    Claro que lo recordaba, como podría olvidar la increíble cogida que Nelson y sus amigos me dieron, había sido la mejor cogida de mi vida, me dieron con todo y por todos mis agujeros, lo que ni en sueños imaginé, pero me quedé callada.

    – Veo que estás molesta y tienes razón, te dimos tremenda culeada mis panas y yo, pero me cortó una bola si no gozaste un puyero.

    – Sabes, desde aquel día me tienes arrecho, estoy empepao contigo, nunca había conocido una catira tan caliente- agregó.

    – Lo que pasó, pasó, no puede volver a ocurrir- señalé.

    – ¿Y por qué?, ¿acaso no estuvo chévere?

    No respondí, me daba pena que los demás pasajeros escucharán.

    – Anda, vamos a soplar el bisté, no te arrepentirás, chama.

    Seguí sin responder, pero me quedé pensando, ese chico me atraía mucho y me gustó muchísimo como me cogió.

    – Vamos, solo un polvo y ya – insistió

    – Mira, eres muy atractivo, pero estoy arrepentida de lo que pasó – por fin respondí.

    – Acaso no gozaste chama?, si gemías y gritabas como loca.

    – Ya baja la voz que te van a oír-exclamé

    – Mira chama como me tienes.

    Tomó mi mano y la llevó a su entrepierna, sentí su trozo de carne en mi mano, caliente y grueso, mi cuerpo se estremeció y retiré mi mano al instante.

    – Espera, que haces, nos pueden ver – reclamé.

    – Vamos, chama, acompáñame a mi apartamento, vamos a rellenar la arepa.- insistió mirándome a los ojos, con su sonrisa pícara y encantadora.

    No soltó mi mano, quedó entrelazada con la suya y recargada en su pierna, debí retirar mi mano, no lo hice, la acariciaba suavemente, el suave contacto de su piel sobre la mía me ponía la piel de gallina, mi coñito estaba empapado, estaba ardiendo en deseo y mis defensas se derrumbaban rápidamente.

    Acercó su boca a mi oído y me susurró:

    – Anda chama, anímate, te voy a dar la cogida de tu vida.

    Mi corazón latía a mil por hora, quería que ese guapo chico me cogiera, pero no quería ir a su pequeño departamento y encontrarme con alguno de sus amigos o que llegara de imprevisto, llegando a la estación Copilco, se levanta y jala mi mano para levantarme, me rehusó y le digo con un hilillo de voz.

    – No, mejor vamos al mío, vivo sola. – mentí.

    Una sonrisa se dibujó en su cara, una sonrisa de triunfo al saber que estaba en sus manos, no se volvió a sentar, quedó parado frente a mi, su verga ya formaba una gran carpa, que me tenía hipnotizada.

    La estación Universidad era la siguiente y la última de la línea, todo mundo se bajó, veía que algunas mujeres e incluso algunos hombres se le quedaban viendo el enorme bulto que se le había formado, pero no parecía importarle, caminaba orgulloso, conmigo agarrada de la cintura con su enorme bulto balanceándose a un lado y a otro, estaba nerviosa, sentía que todo mundo se daba cuenta que aquel hermoso macho me llevaba para ser empalada.

    Caminamos rápidamente el trayecto hasta llegar a mi departamento, todo el trayecto no dejó de decirme cosas y acariciar mi cintura y nalgas.

    Tan pronto entramos al departamento, nos dirigimos al dormitorio sin escala, me besó apasionadamente mordiendo mis labios suavemente y me fue quitando la ropa sin dejar de acariciarme, me recostó en la cama y siguió besándome de una forma extremadamente excitante, su lengua entraba y salía de mi boca, recorriendo mi lengua y paladar.

    – Te extrañé chama- susurró en mi oído.

    Siguió besándome con pasión, nuestras bocas se fundían, sus manos acariciaban mis tetas y pellizcaban suavemente mis pezones, sentí su verga dura y gruesa entre mis muslos, la punta suave y caliente escurría su viscoso líquido sobre mi piel, cuando su mano tocó mi entrepierna sentí un espasmo que recorrió mi cuerpo de pies a cabeza y un gemido escapó de mi boca.

    – Cógeme – alcancé a exclamar.

    Su boca bajó a mis tetas, las recorrió besando cada centímetro de mi piel, el tibio aire de su respiración me hacía cosquillas, abrió su boca y empezó a succionar uno de mis pezones como un bebé, mis pezones se pusieron erectos al instante, mis manos fueron a su cabeza y acariciaba su pelo, siguió con mi otro pezón, lo lamió y mordisqueó un rato antes de succionarlo, mis pezones se hincharon, su saliva escurría por mis tetas.

    Su mano seguía en mi entrepierna acariciaba suavemente mi clítoris y mi vagina seguía poniéndose ya chorreaba, recorrió mis labios vaginales, lubricando sus dedos con mis fluidos y apartando mis nalgas con sus manos, empezó a acariciar con la yema de uno de sus dedos mi apretado esfínter, no pude evitar dar un respingo al sentir la suave caricia en mi zona más íntima, me miró a los ojos con una sonrisa maliciosa y sin dejar de mirarme empujó su dedo y se fue introduciendo lentamente en mi interior, muy lento y suave, me llegó muy profundo y lancé un gemido ahogado, debí poner cara de placer, porque sonrió satisfecho, empezó a moverlo en círculos, besó mi vientre y fue bajando hasta llegar a mi sexo, abrí las piernas entregando mi tesoro y su lengua se hundió en mi coño, recorrió mi rajita hasta alcanzar el botoncito de mi clítoris y lo lamió pasando su lengua en forma circular, mordisqueándolo suavemente y succionándolo, sin dejar de mover su dedo dentro de mi culo, mis gemidos aumentaron de intensidad y mis fluidos ya escurrían, cerré mis ojos y en ese momento metió un segundo dedo en mi culo, me ardió ligeramente, pero pronto sentí placer, su boca se apoderó de mi vagina y empezó a succionar mis líquidos vaginales, ya no pude aguantar más, espasmos empezaron a recorrer mi cuerpo y me corrí dando un alarido de placer, fue un orgasmo larguísimo, mi esfínter se contraía apretando sus dedos y mis líquidos fluían abundantemente, los mismos que recogía con su boca y bebía golosamente, mi respiración se agitó y daba bocanadas de aire, me desplomé en la cama tratando de recuperar mi aliento.

    Sacó sus dedos de mi culo y se incorporó, me miró y luego miró a su hinchada verga, no hicieron falta las palabras, era mi turno de darle placer, me acerqué a su hermosa verga, dura y gruesa y con esa cabeza tan roja y brillante, la tomé con mi mano, estaba caliente y palpitaba, abrí mi boca y recorrí con mi lengua la suave y sedosa piel de su hinchado hongo, el olor a macho llenó mi nariz, abrí mi boca lo más que pude y su enorme nabo se introdujo en ella, saboreé su sabor, un sabor salado y ligeramente ácido inundó mi boca, líquido preseminal salía por la punta y lo succioné con glotonería, me encantaba chupar esa enorme verga, la seguí mamando un largo rato, lo escuché gemir y succioné con mayor ímpetu, me agarró la cabeza con sus grandes manos y comenzó a mover su cadera hacia atrás y adelante, la cabeza de su verga me llegaba a la campanilla, eso me provocaba arcadas y aguanté las ganas de vomitar, deseaba darle todo el placer que pudiera a mi macho, respiraba con dificultad atragantada de la verga de Nelson, llegó un momento que ya me dolían las mandíbulas, hasta que dando un golpe de cadera y dando un gruñido lanzó el primer chorro de su caliente y espeso semen directamente en mi garganta, era tan espeso que casi me atraganto, tuve que sacarme su verga de la boca para lograr tragarme su semen, los demás chorros se estrellaron en mi cara, usando la cabeza de su verga como cuchara, recogió los restos de su corrida y la metió nuevamente en mi boca, mirándolo a los ojos chupé los restos de semen y los degusté, dejándole la verga limpia y brillante.

    Una vez que terminé de limpiar su verga con mi lengua y tragarme todo su semen me levantó y me dio un beso largo e intenso, un beso con sabor a semen, nuestras lenguas se entrelazaron y me fue recostando en la cama, besó mi cuello y lo lamió, fue subiendo su lengua hasta alcanzar mi oreja y la metió dentro, mi cuerpo se estremeció con esa inesperada y húmeda caricia, sentí entre mis piernas que su verga se ponía nuevamente dura, me abrazó y me apretó contra su cuerpo ambos de costado, nuevamente buscó mi boca, me besaba y acariciaba mi espalda, bajó mis manos a mis nalgas, las acarició y apretó suavemente, su verga ya estaba totalmente erecta y acariciaba mis labios vaginales, mi coño palpitaba y mirándome a los ojos empezó a presionar, sentí como su enorme instrumento se abría paso, disfruté cada centímetro de su largo y grueso trozo de carne, hasta que sentí sus huevos chocar con mi vagina, me sentía tan plena, tan llena de carne, la sacó hasta dejar solamente la cabeza dentro y me la volvió a meter hasta el fondo, empujaba fuerte y movía sus caderas en forma circular, haciéndomela sentir en lo más profundo, así lo hizo un innumerable número de veces, siempre mirándome y besando mis labios y mi cara, sin acelerar, tomando su tiempo para disfrutarme y gozar, el tamaño y grosor de su verga me estiraba la vagina al máximo y sentía riquísimo como se movía y estimulaba mis paredes internas.

    – ¿Te gusta?, me encanta tu cuca tan estrecha, aprieta bien rico mi verga, y es tan suave y caliente que te estaría cogiendo día y noche sin parar.

    Me excitaba escucharlo, no paraba de hablar mientras me penetraba, su acento caribeño se me hacía tan seductor, después de estar penetrándome un largo rato se incorporó y me dio vuelta.

    – Ahora es el turno de gozar tu divino y blanco culito, chamita hermosa.

    Me puso en 4 patas, con el culito bien levantado, me incliné hasta apoyar mi cara en una almohada para levantar más el culo y abriendo mis piernas, decidida a entregarle mi orificio en sacrificio, sabiendo el tamaño y grosor de su verga, recordé que en un cajón tenía un tubo de lubricante, del que se usa en el hospital y le señalé donde encontrarlo:

    – Abre ese cajón, ahí tengo un botecito de lubricante.

    Sonrió y extrajo el tubo de lubricante.

    – Bien, chama, estabas preparada para darme el culito, que bien, me gusta.

    Me tomó de la cintura y sus manos separaron mis nalgas y dejó mi apretado y tembloroso esfínter al descubierto, colocó su cara entre mis nalgas y su lengua hurgó en mi entrada trasera, todo mi cuerpo se estremeció y mi piel se puso de gallina al contacto, siguió lamiendo mi esfínter un par de minutos, introduciendo la punta de su lengua y moviéndola en forma circular, sus dedos encontraron mi clítoris y lo acariciaba suavemente, abrió el tubo de lubricante y aplicó una generosa cantidad en sus dedos, y empezó a masajear mi arrugado anillo de carne en forma circular, hasta que presionó y mi esfínter se abrió, su dedo me acaricio por dentro y lubricó mis paredes internas.

    – Relájate chama, afloja el cuerpo, tienes el culito muy estrecho y tenemos que abrirlo bien para que te entre mi verga.

    Pronto fueron dos dedos repletos de lubricante en mi interior, y cada que los sacaba aplicaba mas lubricante antes de volverlos a meter, sentía mi colita cada vez más dilatada, sus dedos entraban y salían con facilidad, entonces se embadurnó la totalidad de su verga con el lubricante y se incorporó, sus manos me tomaron fuertemente de la cintura y sentí el ardiente trozo de carne deslizándose en la raja entre mis nalgas, pronto encontró la punta de su verga la entrada de mi culito, intentó penetrarme un par de veces, sin éxito, su verga era demasiado gruesa y salía disparada hacia arriba.

    – Relájate chamita, relájate, entrégame tu culito.- me decía.

    Aplicó más gel lubricante en mi orificio y nuevamente sentí la sedosa y caliente cabeza en la entrada, abrió mis nalgas lo más que pudo y volvió a empujar, cada vez mi anito se abría más hasta que la cabeza lo traspasó y apreté el culo dando un grito de dolor.

    – Relájate chama, relájate- intentaba tranquilizarme.

    Dejó la cabeza dentro un rato, sin moverse, esperando pacientemente que mi culo se adapte al visitante, efectivamente el dolor disminuyó y me relajé completamente, entonces siguió presionando y me la fue metiendo toda, lento, pero sin detenerse hasta que sus huevos chocaron con mis nalgas, dí un largo gemido que debió escucharse por todo el edificio, me sentía tan llena, una sensación de que estaba a punto de explotar y tan plena a la vez, mi mirada se nubló y mi cuerpo vibraba de placer combinado con punzadas de dolor, se quedó un rato quieto esperando pacientemente que mi culo se adaptara al diámetro y longitud de su instrumento, el dolor nuevamente disminuyó y se lo hice saber, iniciando un mete y saca, lento y profundo, en cada estocada mi cuerpo temblaba y daba una bocanada de aire mordiendo la almohada para ahogar mis gemidos, sus manos me sujetaban fuertemente de la cintura y me empalaba con potencia, hasta el fondo, pero sin aumentar su lento ritmo, cuando la tenía hasta el fondo me apretaba contra su cuerpo y se movía en forma circular, restregándome bien su verga en mi interior y haciéndome ver estrellas, daba gritos de placer, era un experto, de cuando en cuando se detenía y me la dejaba enterrada hasta el fondo sin moverse, de esa forma prolongaba su orgasmo.

    Después de un largo rato cogiéndome lentamente fue acelerando sus movimientos y se recostó sobre mi cuerpo, abrazándome y apretando mi cuerpo al suyo, me embistió con fuerza, como si quisiera clavarme a la cama, mientras mordía, lamía y besaba mi nuca, mi cuello y mis orejas , me deshacía en sus brazos y giré mi cara para darnos un beso húmedo y cachondo.

    Me estaba cogiendo con todo su vigor y ya no aguanté más, mis piernas se tensaron, empecé a retorcerme en la cama, mis ojos se pusieron en blanco y un orgasmo intenso y largo sacudió mi cuerpo, sentí escurrir mis fluidos y mojar las sábanas, su aguante era impresionante, siguió cogiéndome como si nada hubiera ocurrido, con toda su fuerza, con toda su potencia otro largo rato, llegó un momento que pensé que me volvería loca, ya tenía el culo al rojo vivo de tan larga cogida y empecé a culear apretando mi adolorido culo, lo escuché gruñir y seguí, aflojaba el culo para que entrara toda y apretaba el culo al salir, quería darle el máximo placer posible y al mismo tiempo acelerar su orgasmo, lo escuchaba gruñir de placer y funcionó, aceleró sus movimientos y me empezó a coger a un ritmo bestial, mis gritos y gemidos aumentaron de intensidad y eso lo excitaba más, prácticamente me estaba taladrando el culo, su pelvis chocaba con fuerza y rapidez contra mis nalgas sudadas, nuevamente estaba próxima al orgasmo, en ese momento susurró en mi oído.

    – Ya no aguanto chama, me vas a sacar la leche, tu culo es fantástico.

    Pude sentir como su verga se engrosaba y lanzaba su primer chorro de leche ardiente en la profundidad de mi culo, al instante mi cuerpo empezó a temblar y me corrí también entre intensos gemidos, todo mi cuerpo convulsionaba, siguió lanzando chorro tras chorro de su ardiente néctar, llenando mi culo de leche, hasta que se desplomó sobre mí espalda, mi cuerpo quedó tendido con su cuerpo sobre el mío.

    Nos quedamos así un largo rato, en silencio, con su cuerpo pegado al mío, sudorosos y con su verga todavía metida en mi culo, la sentía palpitar, hasta que fue perdiendo la erección, nos incorporamos, fui al baño a asearme con semen escurriendo por mis nalgas, tenía el culo tremendamente adolorido pero me sentía satisfecha y feliz, me aseé y al salir del baño ya se encontraba vestido, afortunadamente ya se iba porque no tardaba mucho en llegar mi novio.

    Se despidió y me dio su número telefónico y yo le di el mío, apenas había cambiado las sábanas y puesto un short y blusa, cuando llegó mi novio y salí a recibirlo.

    Esa noche mi novio también me cogió, tenía miedo que se diera cuenta que estaba recién cogida, pero ni cuenta se dio, al contrario, me cogió en una forma muy intensa y me dijo que ese día tenía mi coñito bien rico y jugoso, que me entraba bien rico su verga y que le gustaba mucho lo caliente que estaba.

    Había vuelto a serle infiel a mi novio e incluso había llevado a un desconocido a cogerme en la misma cama, me había vuelto a dejar llevar por el deseo y no había pensado bien las cosas, aquel extraño pero guapo extranjero ahora sabía dónde vivía, algo riesgoso, no sabía que esa falta de prudencia provocaría que mi vida y la de mi novio dieran un giro radical e inesperado, pero eso se los cuento en el siguiente relato.

    Me encanta que me escriban y me cuenten sus experiencias y fantasías, me pueden escribir a [email protected].

    Relato anterior:

    «Cuatro machos extranjeros me cogen y me preñan»

  • Infidelidad inconsciente

    Infidelidad inconsciente

    Hace un año me vine a Madrid a estudiar un postgrado. Yo soy dentista, chilena, tengo 32 años, soy casada y tengo una hija de dos años. En el aeropuerto conocí a otra chilena, que también viajaba a Madrid para lo mismo que yo, salvo que ella es abogada y su master es en derecho. Nos llevamos bien de inmediato y al poco de conocernos acordamos arrendar un piso juntas, así se nos hacía mas barato a ambas y teníamos la ventaja de ya conocer a alguien en un paisaje nuevo. Mi nueva amiga se llama Beatriz, también de 32 años. Ella es mas extrovertida que yo y más amistosa, cosa que me agradó desde un principio, pues nos complementamos bien, de inmediato supe que el ser amiga de ella, me traería nuevos amigos.

    Al año de estar acá, y luego de mucho estudio para ambas, Bea me dijo que había quedado de invitar a 6 amigos al piso, consecuente con su forma de ser formal y respetuosa, antes de hacerlo estaba pidiendo mi aprobación. Yo no tuve mayor problema, le dije que encantada y que además a mi también me vendría bien algo de distracción. Mi esposo se quedó en Chile con nuestra hija, yo decidí hacer el postgrado aprovechando la poca edad de ella, hablaba todos los días con el por chat y pese a la distancia me sentía a gusto la situación.

    Llegó el día en que venían los amigos de Bea, era un día viernes, pero en vez de llegar 6 personas llegaron dos tíos y una chica. No me molestó, pero le pregunte a Bea que por qué llegaron menos, y me dijo que los otros 3, como nosotras eran extranjeros y que aprovecharon de ir a Barcelona por unos días. Todo bien, pero a uno de los chicos, lo conocía de antes de alguna parte. Cuando llegaron, yo aun estaba en short y camiseta, dado el verano, los saludé y les dije que volvía al rato.

    Ellos venían con algunas botellas de licores y picoteos, no me pareció nada malo ni extraño. Eran las 21:00, pero la sensación ambiental era calurosa, así que me puse una falda, ni tan corta ni tan larga, unos dedos sobre la rodilla y una blusa. Así me integré con el grupo que estaba muy divertido jugando al juegos de penitencias de responder o beber. Yo no fumo ni tengo la costumbre de beber así que en principio solo miraba como jugaban, y me reía con ellos.

    Hasta que uno de los chicos, el que me pareció conocer me dijo: «hace poco te he agregado al Facebook, te acuerdas» y entonces lo reconocí. Pese a no conocerlo lo acepté porque teníamos de amiga en común a Bea. Conversamos un poco, el, al igual que los otros invitados son españoles. Ya había corrido algo la hora y eran cerca de las doce. La chica del grupo, Francisca estaba algo afectada por el alcohol, así que llamó a su hermana menor para que fuera a buscarla. A los pocos minutos estaba ahí. Así que Bea se quedó jugando sola con los dos chicos, para no dejar a mi amiga entré yo también al juego. Javier, el otro chico me hizo una pregunta algo incómoda; con cuantos hombres había estado, pasé de responder así que me toco beber ron.

    Luego otra pregunta de Raúl de la que también pasé, y ya tenía dos copas en el cuerpo. Vino el turno en que le preguntaron a Bea, pero ella respondía todo el tiempo así que no tuvo problemas con los licores. Pensé que o empezaba a responder o terminaba borracha. Al rato pensé «da lo mismo, estoy en mi piso y si quiero puedo irme a acostar sin problemas» Así que jugando, no respondí a nada y tomé dos copas más antes de sentirme mareada. Les dije que no quería ser aguafiestas, pero que por ahora prefería acostarme. Todos se rieron y siguieron jugando. Cerré la puerta y me acosté sobre la cama, se me levantó algo la falda, pero me dio igual, era mi cuarto y nadie entraría. Escuchaba las risas y las respuestas subidas de tono, yo también reía desde mi cuarto hasta que me dio sueño y me dormí.

    De pronto desperté, suavemente, pero me dije a mi misma, quizás por efecto del alcohol, que seguía soñando. Estaba teniendo un sueño erótico, eran comunes en mi por esos días, ya que no estaba con mi esposo ni con nadie más desde que había llegado a España. Me desperté sintiendo mi falda subida, mis bragas bajo mis glúteos, mis nalgas separadas por una mano en cada una y una lengua entrando y saliendo, paseándose por los contornos de mi ano. Me sentía muy a gusto con el sueño, pensé, así que me dejé llevar y puse el culo en pompa. Pero entonces sentí la lengua recorriéndome el interior de las nalgas en lametones suaves y largos, y un mordisco fuerte en mi nalga derecha seguido de un chupón. Eso lo sentí muy real.

    Reaccioné, giré mi cabeza, y había un tipo sobre mi, solo lo divisaba por las luces de la calle que entraban por la ventana. Como pude estiré la mano y prendí la luz del velador. Tremenda sorpresa me llevé al ver a Raúl entre mis nalgas, mirando y sonriéndome. De inmediato reaccioné y me levanté, muy enojada le di un bofetón y le dije «¡que te has creído imbécil!» Me levanté rápido y salí del cuarto al salón, en eso escuché un sonido que reconocí de inmediato, estaba encendida una de las lámparas y lo que vi me dejó petrificada.

    Javier está sentado en el sillón y Bea le daba la espalda, sentada en sus piernas con la camiseta en la cintura y las tetas al aire. Javier se las estrujaba y Bea se relamía de gusto. No supe que pensar ni decir ni hacer. Sólo atiné a fijarme en las tetas de Beatriz, son grandes, muy paradas y redondas, como melones en su lugar pensé. En lo absorta de la visión me olvidé de Raúl, que de pronto se puso detrás de mi, apoyándome su bulto, en el culo y con su boca respirándome en el oído me dijo: «desde el principio planeamos esto con Javier y ahora es tu turno de estar como tu amiga» Con una mano rodeo mi cintura, la otra la puso bajo mi falda y sobre mis bragas, apoyándose en mi entrepierna, algo aturdida, algo sorprendida y algo enojada, solo le dije en un suspiro «estoy casada y tengo una hija» a lo que él me respondió «ahora tu marido soy yo, y ahora mismo voy a hacerte otro hijo» Dicho eso me llevo un par de metros a la habitación y cerró la puerta con seguro.

    Me arrinconó desde atrás contra la pared, restregando su pico en mi culo, había subido mi falda y su pantalón con el bulto duro estaba en contacto directo con mis calzones. Me punteaba contra la pared, ya empoderado y agarrado, adueñado de mis tetas por sobre la blusa y el sostén. Empezó a decirme un montón de obscenidad, pero una me llamó más la atención; «no sabes cuanto he fantaseado con esto desde que vi tus fotos» entre el alcohol, la imagen del tipo con mi amiga ruborizada y Raúl prácticamente clavándome la polla en las nalgas por sobre la ropa, estaba algo encendida, pero aun molesta, lo empuje hacia atrás con mis caderas, me di vuelta quedando frente a el, lo mire fijo dos segundos y le di un bofetón.

    El respondió dándome un beso de lengua en la boca. De mi parte otro bofetón, el respondió con otro beso esta vez atrapando entre sus labios mi labio inferior y estirándolo hacia él. Otro bofetón, y de su parte otro beso. Esta vez no hubo un bofetón… Me había gustado los besos y sentirme poderosa al abofetearlo… Sólo baje mi cara en dirección al suelo, porque estaba algo avergonzada. Tomó mi mentón y vino otro beso, su lengua acaricio toda mi boca por dentro. Esta vez lo respondí. Y comenzaron besos ansiosos, cargados de lujuria, terminó con mi lengua pasando de abajo hacia arriba por sobre su boca.

    Se separó de mi y me miro. Me atrajo hacia el agarrada del culo y me restregó su bulto. Volvió a girarme contra la pared, dándole yo la espalda, bajos mis bragas y puso su pene entre mis nalgas y aferrado con fuerza de mis tetas me respiraba en el oído y me decía: «esto es mil veces mejor que las pajas que me hice mirándote las fotos». Se movía como culeandome, me tenía prisionera entre sus brazos, agarrándome las tetas, yo agitada, moviendo mis caderas a su ritmo y hacia el, entregada al que en ese momento era mi amante.

    Desde atrás soltó mi blusa y pasando las manos por dentro y debajo del sostén se apodero de mis tetas, por primera vez piel con piel y me dijo: » ya no es en foto, al fin son mías» puso todo mi pelo a un costado de mi cabeza, y por el otro lado devoraba mi cuello, me daba chupones muy sonoros, le dije «no que me dejas marcas» y respondió «si, de que eres mía» seguía moviendo su pico y yo apretándoselo con las nalgas, con una mano me agarraba las tetas y con la otra se adueñó de mi frente al tiempo que mordía mi cuello; mientras me tenía aplastada en la muralla lamiendo mi cuello.

    Me dijo: «te encanta mi polla, tu culito lo está apretando» y era cierto, por un poco de pudor deje de hacerlo y aflojé mis nalgas.

    Se sentó al borde de la cama y me sentó en sus piernas, mirándolo de frente, con mis piernas abiertas. Mi sostén en su lugar, pero ambas tetas afuera y con marcas del contacto. Lamia suave mis tetas al principio, de a una, hasta deshacerse del sostén, juntaba ambos pechos y los besaba en la punta, les pasaba la lengua a mi pezones, recorría desde la base a la punta del pezón con su lengua, en cada teta; mis tetas suaves como flanes y a la vez duras como rocas. Como dos peras algo crecidas en sus manos.

    Yo se las apretaba en la cara; sacaba mas las tetas para que me las mordiera mas. Intentaba tragarlas enteras. Intempestivamente se puso de pie y me arrincono contra la muralla; levanto mis dos manos por sobre mi cabeza tomada por una de las de él, y con la otra me daba cachetadas en las tetas. Al principio no supe como reaccionar, pero a la quinta ya me tenia caliente; me calentaba de ninguna otra forma que me cacheteara las tetas, debió notarlo en mi cara porque volvió a apoderarse de mi boca con la suya. Me quitó del todo las blusa y la tiró con violencia al suelo. Me miró fijo.

    Y de pronto una interrupción. Se escuchó la voz de Bea decir «por el culo no» Raúl abrió la puerta, que estaba a mi costado, con mis manos en alto y mis tetas aun vibrando y agitadas por mi respiración, pude ver a mi amiga a cuatro patas sobre la alfombra del salón y a Javier detrás de ella. Raúl sonrió, cerró la puerta y dijo en un murmullo «a lo nuestro». Soltó mis manos y se arrodillo frente a mi, subió mi falda y tomando de los costados mis bragas las deslizó hacia abajo por mis piernas, yo levante una y luego la otra.

    Ya sabía lo que iba a pasar. Íbamos a culear, a follar. Me llevo hasta la cama y me recostó. Me dijo: «tranquila, solo te voy a meter la puntita para ver que se siente estar dentro tuyo y la saco»… Una vez entro la punta, la metió toda. Me tenía presa del culo por sus manos y por mi misma por mi deseo. Pero todavía me resistía un poco, en contradicción conmigo misma. Atine a susurrarle despacio «sácala» Entonces me agarro fuerte de los muslos empezó a ensartarme en círculos, como si su pico estuviera bailando dentro de mi chochi. Me estrujaba fuerte del culo y me miraba fijo, quiso besarme, pero yo cerré la boca.

    Entonces apretó suave mi nariz y yo abrí mi boca. Su lengua entro de inmediato y se dio gusto en hacerla pasar por mis dientes por todo el tiempo que quiso, ya no tenía moral para resistir, su lengua en mi boca y su pene en mi vagina, así que lo abracé con mis brazos por su cuello, con mis piernas por su cintura y empecé a besarlo también, con todas las ganas que me traía esa noche. Me dio vuelta, me puso a cuatro patas sobre la cama y me agarro de los brazos, uno de cada una de mis muñecas y bien ensartada desde atrás como me tenía, se puso a lamerme las axilas desde atrás, soplaba suave mis brazos, mis muñecas, mis axilas por el interior desde atrás. Yo estaba derretida.

    Ahora lamia el centro de mi espalda, me daba besos, chupones, lametones, mordisco en los hombros y en mis espalda, yo solo atinaba a decirle que siguiera. Mis tetas colgaban, se movían adelante y atrás, se bamboleaban. Se acerco a mi desde atrás, con delicadeza levanto mi torso pegándolo al de él, devorándose mi boca y yo la suya, apretando, esta vez con sus manos como dos prensas mis tetas, masajeando mis pezones, yo pegada a el, penetrada por el. Abrazándolo hacia atrás, el revolcando su lengua contra la mía dentro de mi boca.

    Empujando mi torso hacia abajo con su mano, me dejo apoyada de boca sobre la cama con el culo en pompa. Aun con la falda. Solo con la falda. Me dijo «voy a seguir donde me quedé cuando despertaste». Se ubicó por sobre y detrás de mi, a la altura de mi culo, separo bien mis nalgas y me clavó su lengua en el culo. Yo estaba que explotaba de calentura, la punta de su lengua entraba y salía, daba lametones en mi culo y volvía a introducir su lengua divina en mi ano. No pude evitar pensar que mi esposo jamás me había hecho sentir así de deseada, de calentona, de morbosa…sopló suave mi ano, y me preguntó sin mover un centímetro su cara, echándome el aliento, «¿Te gusta?», yo sólo respondí «me encanta».

    Eso lo envalentonó parece porque estuvo un buen rato literalmente comiéndome el culo, no solo lamidas y lametones, eran chupones también. Se irguió y empezó a frotarme el coño, a deslizar sus dedos por los costados de mis labios, por entre ellos y dejaba su dedo ubicado, sin hacerlo entrar en mi coño. Estaba volviéndome loca. Puso otro dedo en la entrada de mi culo, sin hacerlo entrar, y mantuvo el otro, yo solo me dejaba hacer, pero me notaba muy húmeda, muy excitada.

    Desde afuera se escuchaban los gemidos y grititos de Bea, la situación de ser infiel a pocos metros de mi amiga siendo fornicada por otro tipo, me ponía muy cachonda: Raúl tomo una de las cremas de mi velador y empezó a untarme el ano, esta vez fui yo, la que girándome le dije «por el culo no», el me jaló del pelo y me dijo mirándome fijo «por tu rico culo si» sin perder tiempo, juntó mis piernas, se puso encima de mi y me clavó la punta. Yo me quedé en stop…lejos de dolerme, era una delicia de morbo y sexo. Puso mas crema en mi culo e introdujo más su verga, repitiendo varias veces, hasta que me sentí profundamente penetrada, y por el culo.

    Mientras lo hacía lamía con dedicación y tomándose su tiempo mi cuello, hasta que me pregunto «¿El cornudo te encula?» guardé silencio un momento y luego respondí «si», me volvió a preguntar «¿Mejor que yo?», respondí «no» entonces la culeada ya no era suave, sino que a buen ritmo, y yo la gozaba como una cerda. Me decía «¿te gusta putita?» yo gozaba y guardaba silencio, volvía a preguntarme «¿te gusta putita?», yo gozaba y guardaba silencio, me pregunto un montón de veces, y yo callada, hasta que en una de sus preguntas, mientras me culeaba, me acariciaba el coño con una mano, la otra la tenía en mi boca y yo lamiéndole un dedo, y su boca besuqueándome detrás de mi oreja, me corrí y sin importarme nada grité con todas mis fuerzas «Siii». Sacó su pene de mi ano y me dejó descansar, yo temblaba, casi convulsionaba. Y él me tenía abrazada.

    Cuando volví más en mi, me fijé en la hora, eran las 4:13 am. Raúl se percató y me apresó entre sus brazos, abrió grande su boca alrededor de la mía y como tratando de engullirme a través de ella me dio el mejor beso que jamás alguien me haya dado, follaba mi boca con su lengua, las puntas de ambas lenguas se tocaban y escapaba y volvían, ambos mirándonos de frente, me hizo sentir entregada y lujuriosa, muy lujuriosa. Me miró fijo y me dijo «es viernes, me quedo acá en tu cama hasta el domingo». Me hizo mamársela, pues el aún estaba duro y se corrió en mis tetas. Después de eso volví a mamársela para que me enculara de nuevo. Me estuvo culeando hasta las 11 am, cuándo decidimos dormir.

    Desperté a las 5 de la tarde con una pierna sostenida en un brazo de Raúl y el montándome, lamiéndome la cara y las tetas. Ese fin de semana me hizo chupar, tragar, sentarme, recibir, dónde, cómo y cuánto quiso. Javier también se quedó con Bea, sólo nos vimos el sábado por la tarde y el domingo por la mañana para desayunar. Esa semana quedamos con Raúl todos los días, a dos semanas de los ocurrido, Raúl se convirtió en mi amante y Javier en el de Bea.

    Al mes y medio de vernos y follar casi a diario, decidí que debía terminar con Raúl, puesto que no estaba bien que una mujer casada se comportara de dicha forma. Lo llamé y le pedí que hablásemos en serio de la situación, porque yo ya no estaba tranquila. Él me dijo que lo entendía totalmente y que nos juntáramos a conversar en un bar para poder quedar como amigos. Me pareció muy racional su propuesta y su forma de abarcar el problema, así que accedí. Ese mismo día nos juntamos a las 8 pm mas o menos. Me expliqué y el me escuchó. Sólo me pidió una última vez como despedida. Algo reacia, pero en vista de su buena disposición y de todo lo que habíamos pasado, acepté. Quedamos de salir el día viernes a bailar y luego a nuestra despedida.

    Sabía que el sexo iba a ser efervescente, así que me vestí para la ocasión: me puse una minifalda, tacones y una blusa que dejaba expuestos mis hombros. Sabía que después de esa noche dejaría de ser una mujer adúltera y volvería a ser una esposa fiel. A la distancia, pero fiel. Raúl paso por mi en su carro y nos dirigimos a la disco. Llegamos, bailamos. Parecíamos una pareja muy normal. Hasta que a eso de las 2 am recibo una llamada al móvil; era mi esposo desde Chile. Con la salvedad, de que mi móvil lo tenía Raúl, pues yo deje mi bolso en la guardarropía y él tenía bolsillos donde guardarlo. El sintió la vibración del teléfono y me lo entregó.

    Me separé de la multitud para contestar, se escuchaba el ruido y le dije a mi marido que fui a bailar con mis amigas. Raúl no se había separado de mi. Hasta que un momento, mientras hablaba con mi marido, lo sentí muy pegado a mi. De pronto, mientras hablaba y le preguntaba por nuestra hija, me da un lametón largo detrás de la otra oreja. Eso me hizo temblar un poco la voz. Para empeorar las cosas mordió suave el lóbulo. Me arrebató el teléfono y le dijo a mi marido «lo siento, la seguridad no permite teléfonos dentro del local» y le cortó.

    Sorprendida y enojada le dije que por qué había hecho eso, a lo que respondió: «porque a llegado la hora de follarte» Fuimos por nuestras cosas y nos dirigimos al estacionamiento. En todo el trayecto mi móvil no paraba de sonar. Era mi marido. Llegamos al auto, me puse en la puerta del copiloto, pero Raúl, me hizo subir a la parte trasera, y entró conmigo. Me ubicó de tal forma que mi cabeza quedó en el asiento, mis caderas en el aire y levantadas, y su cara ubicada frente a mi tanga, con mis muslos en sus hombros. Empezó a pasar su lengua por mi vagina, pero sobre mi tanga, daba lametones. Mientras el teléfono no paraba de sonar. De pronto paró el sonido, Raúl hizo a un costado mi tanga, sopló sobre mi vulva expuesta y dijo «se cansó el cornudo». Se pasó al asiento del conductor y yo al del copiloto.

    Llegamos al edificio en que vivo. Iba a hacer parar el ascensor, pero me dijo que por las escaleras. Me hizo subir las escaleras con su mano al interior de mi tanga, con su dedo entrando y saliendo de mi culo, debíamos llegar al piso 8°, en el 4 o 5, me dijo que se la mamara… Sumisa obedecí… Me imaginaba la escena y debió parecer sacada de una película porno… Una mujer casada de 32 años, casi 33 arrodillada con la minifalda subida hasta la espalda y mostrando las bragas, la camiseta levantada y las tetas al aire, mamándosela un hombre 5 años menor y que no era su marido, y que me follaba cuando quería…

    El pensarlo me ponía mas calentona, le chupaba la polla con mas ganas: la tome con mi mano derecha y con la izquierda sobaba sus testículos, y pasé mi lengua rodeándosela varias veces por la punta, baje mi cara un poco y pasaba mi lengua desde la base hasta la punta, repetidamente… Puse mi cabeza de costado y empecé a subir a bocados por su verga ya dura, hasta que la tuve de frente, abrí grande mi boca y la engullí con placer morboso mientras no dejaba de mirarlo fijo, mi cabeza subía y bajaba con su polla dentro de mi boca y mi lengua la acariciaba al interior.

    Puso su mano sobre mi cabeza y se dejaba hacer, hasta que me agarro del pelo, no muy fuerte la verdad, y me hizo levantar, una vez de pie me lo tiro un poco mas fuerte, me soltó del pelo y rápidamente volvió a meterme su dedo en el culo… Casi en un segundo y me tenía caminando nuevamente hacia mi piso. Llegamos a la puerta de las escaleras de emergencia, quise acomodarme la ropa, pero no me dejo. Así que me apresuré en entrar y cerrar la puerta. Si alguien hubiese visto, de no ser por la hora, me habrían echado del edificio.

    Apenas entramos me llevo contra el sofá, me apoyó de boca en una de los brazos y me empezó a penetrar, suave, rodeando la entrada de mi vagina, mis labios, con su verga, hasta que la hizo entrar toda, luego la sacó lento, y volvía a penetrarme lento, haciéndome enloquecer. Entonces me dijo: «dime que eres mi puta» y yo le dije: «soy tu puta».

    Volvió a agarrarme del pelo y me llevó a la habitación. Cerró la puerta, y se desvistió. Yo aún estaba de pie cuándo él empezó a desvestirme. Me desvistió y se separó de mi un poco y me miró las tetas. Casi como si lo hiciera con sed o hambre o algo así. Me agarró fuerte del culo y levantada me llevó contra la pared. Me ensartó lento, al mismo tiempo me dijo que no dejara de mirarlo fijo mientras me penetraba. No pude evitar hacer una mueca con mi boca. Empezó a comerme la boca, con su lengua saboreando la mía. La puso debajo de la mía, y con su lengua hizo entrar mi lengua en su boca. El beso era una delicia. Abrió la puerta y conmigo en upa empezó a caminar por el departamento, yo agarrada a él de su cuello y el agarrándome del culo. Me llevó al balcón, y apoyada contra la rejilla siguió follándome. Sentía el frescor de la brisa en mis tetas, en mi culo desnudo y veía de reojo las luces de los autos que pasaban por la calle, pero no era lo importante, sino la calentura que llevaba en ese momento.

    Con furia lujuriosa lo besé y empecé a mover mis caderas al ritmo de las de él. Mis tetas se aplastaban como globos contra su pecho. Bien agarrada del culo como me tenía, al tiempo que lo masajeaba, me llevó hasta el sofá. Me fornicaba mientras me follaba el culo con un dedo, y lamia mi cara, mi nariz, mis mejillas, mi boca. Me nalgueaba y me hacía que le dijera que me gustaba como me follaba. Yo lo hacía. Me dio la vuelta y empezó a follarme dándole yo la espalda. En esa posición me agarró de los muslos y me llevó al cuarto. Sin dejar de follarme ni un sólo segundo. Me depositó de boca en la cama, con las piernas juntas. La gozada que me estaba propinando era increíble. Y mis gemidos se lo hacían saber. En medio de la vorágine de sexo, el teléfono vuelve a sonar. Pero esta vez Raúl no lo dejó sonando. Lo contestó. Y era mi esposo.

    Para mi sorpresa y espanto, escucho a Raúl diciendo: «déjate de molestar que me la estoy jodiendo» y cortó. Sin darme tiempo a reaccionar, sacó rápido su polla y la reubicó en mi culo. Grite… Por lo caliente, lo afligida y lo sorprendida. Las embestidas eran fuertes. Estaba segura que los vecinos de abajo y de arriba me escuchaban gritar y gemir. Pero no me importó. No pensaba en lo que Raúl había dicho mi marido. Sólo pensaba en la follada que me estaba propinando. Después daría explicaciones a mi marido, le diría que perdí el teléfono y lo encontró un pesado o algo así. Raúl se inclinó hacia mi y me dijo al oído «¿Aún quieres que cortemos?» Respondí con un No rotundo.

    Debió gustarle mi respuesta, porque me dio un beso que lo sentí desde la punta de mi lengua hasta la base de mi cerebro. Me giró, me puso de lado, él subido sobre una de mis piernas y la otra en el aire afirmada por su mano. Besaba mis dedos de ese pie, la planta. Me traía loca de morbo y placer. Y el teléfono volvió a sonar. Raúl contestó nuevamente, y lo puso en altavoz mientras me daba verga. Mis gemidos debieron escucharse, porque a los pocos segundos mi marido colgó. En ese momento nada me importaba. Raúl acabó dentro mío y sin condón. Se quedo a dormir conmigo esa noche. Me desperté unas horas después, 2 o 3 porque eran las 8, vi su polla a medio endurecer y empecé a mamársela, hasta que Raúl despertó y su polla terminó de crecer en mi boca. Se sentó en la cama y me hizo cabalgarlo. Yo movía mis caderas adelante y atrás, arriba abajo, en círculos. Él me nalgueaba y trataba de agarrar mis tetas con su boca, pero le resultaba difícil, porque botaban para todos lados. Estuve ensartada en su verga por todo el resto de la mañana.

    Luego de ese día, sencillamente no tuve argumentos frente a mis misma para cortar con Raúl. Le dije a mi marido que había perdido el teléfono y que seguramente alguien lo encontró. Raúl me ha fotografiado y grabado en todas las poses que ha querido. Muchas haciéndose pajas con mis tetas. En uno de los videos se le escucha preguntar: «¿Quieres que te lo meta por el culo», y a continuación se escucha mi voz diciendo: «me encanta por el culo». Me ha follado en mi trabajo, en el suyo, en su auto, en estacionamientos, en un cine, en la piscina de mi edificio, de noche. Incluso me ha hecho llamar a mi marido y decirle que lo amo, mientras el está montado arriba de mi clavándome por el culo, o me tiene sudada montándolo.

    Pero algo había cambiado, ya no era sólo sexo. Ahora buscaba empatizar emocionalmente conmigo. Los besos y los preámbulos eran más tiernos y largos. Hasta que llegaban las obscenidades y yo me corría como nunca. Me había estado diciendo hacía poco, pero en repetidas ocasiones que pretende dejar a su novia para que estemos juntos, pero todas las veces le he dicho que eso no puede ser porque yo estoy casada, tengo una hija y una vida de esposa fiel a la que volver en Chile.

    Esta vez no fue distinto. Nos metimos a la tina y besándonos me lo dijo. Yo simplemente no dije nada, cerré mis ojos, abrí mi boca sobre la suya y metí mi lengua dentro de su boca. Estaba sobre él abrazándolo por el cuello, arrodillada con mis piernas a los costados de sus caderas y el agua caliente nos rodeaba. Me dio vuelta, quedé yo abajo, el entre mis piernas, de frente a mi, yo apoyada en la tina de espaldas con el torso algo levantado y el me haciéndome un colchón en la espalda con sus brazos. Mis tetas en parte flotaban en el agua. Raúl empezó a chuparlas, como sólo él me lo ha hecho hasta ahora, y que al parecer le encanta.

    Habrá estado al menos una hora chupándome las tetas. Hasta que me hizo correr de tanto chupármelas. Me besaba, como captando el aroma de mi aliento. Puso su polla en la entrada de mi chochi y empezó a penetrarme muy lento y suave. Me dijo: «Di que dejarás a tu marido por mi», y yo como una autómata erotizada, con la mirada perdida y mi boca semi abierta, dije: «voy a dejar a mi marido por ti». Me hizo repetirlo muchas veces, y yo lo repetí todas las que mis gemidos me lo permitían.

    El me daba verga y yo mordía mi mano para acallar un poco los gemidos. Me dio vuelta, quedando yo a cuatro patas en la tina, con el culo en pompa, apoyada en el borde y solo mis pantorrillas dentro del agua. Se puso detrás de mi, separó mis nalgas y empezó a rodear el contorno de mi ano con su lengua. A introducir de a poco, muy lentamente su lengua. Besaba mi ano, lo lamía, lo succionaba. Paseaba su lengua por mi periné, entre mi vagina y mi ano. Acariciaba esa zona con la punta de su lengua y volvía a metérmela en el ano. Cuando me tenía a punto de llegar a otro orgasmo, me dijo: «di que me amas», y yo, en ese momento, mas de su propiedad que de mi misma, lo dije; le dije «te amo». Me sodomizó duro con su lengua, hasta que me corrí de la manera y con la intensidad más deliciosa que recuerde. Se levantó y me susurró al oído, «me calientas más que Isadora» (el nombre de su novia), y me dio un lametón detrás de la oreja.

    Me dijo: «vamos a la cama». Yo estaba muy caliente, y muy agresiva, lo conduje hasta la cama, caminando delante de él, agarrándolo de la polla. Se recostó en la cama y yo empecé a cabalgarlo. Pasé mi mano derecha por atrás de mis nalgas y le sobaba sus pelotas. Con mi mano izquierda me agarraba el pelo yo misma, el sobaba las tetas y decía «que sabrosas, chilena». Ahora con ambas manos yo misma me agarraba el pelo mientras me movía adelante atrás clavada en su verga. El me magreaba las tetas. Me dio vuelta, quedando el arriba y yo de frente a él. Empezó a fornicarme, hasta que de un momento a otro me dice: «voy a embarazarte, así tendrás que quedarte» Yo solo me di vuelta, quedando de boca en la cama y le ofrecí mi culo. Él no se resistió y empezó a encularme. Toda esa semana se repitió esa misma dinámica, el me lo decía, y yo acaba ensartada por el culo.

    Terminó con su novia. Ahora se pasea conmigo como si fuéramos una pareja normal; me da besos de lengua y me agarra el culo en público. Uno de los besos, lo recuerdo en particular: me arrinconó contra un árbol, puso sus labios juntos sobre los míos y los movía; me dijo «saca la lengua», lo hice, y el empezó a besarla, a lamerla, a chuparla. Me follaba la boca con su lengua. Cuando llegamos al piso, no me resistí y le sobé la verga sobre el pantalón; me arrodillé a mamársela; no me importaba nada, quería culear con él. Hasta me ha presentado a algunas amistades como su nueva novia. Me hace andar sin anillo. Ya sea saltando en su verga, o con mis piernas en sus hombros y mis tetas bailando descontroladas, o apoyada contra una muralla con mis piernas juntas y su lengua en mi ano, me hace decirle que dejaré a mi marido por él.

    No sé qué hacer.

  • Carla: Desfile con amigas

    Carla: Desfile con amigas

    1) Idea y planificación.

    Se aclara que en el desfile, Lu y Mica se presentaron con otros nombres, también ficticios, a fin de dificultar su identificación, por ser las únicas dos con compromisos.

    Todo comenzó en el mes de enero, en un encuentro casual de Carla y La Tejedora, muchas veces le diré simplemente L.T.

    Saludos, conversación, y L.T. le pregunta a Carla si tiene algunas amigas que pudieran estar interesadas en encuentros esporádicos, con damas, caballeros o parejas.

    Además, siempre según sus expresiones, cada vez registra mas interesados e interesadas en relaciones informales de todo tipo, y se le ocurría que quizás Carla pudiera ayudarla. El mundo actual y las redes sociales cada vez mas liberales, hacen que le pidan cada vez mas contactos.

    -Por supuesto! No solamente tengo amigas de hace tiempo, sino que una amiga desde hace cinco años, swinger, acaba de divorciarse y está de vuelta, ahora sola; y también llegará a Montevideo la hermana de mi amiga y futura colega abogada Pía, que viene a estudiar economía.

    —Y como las podríamos dar a conocer a todas las del grupo? Nada de publicar en página! Por favor!

    -No! Que horror, te reconoce todo el mundo! Tengo una idea. Y si haces una reunión de disfraz en Carnaval? Todos los concurrentes rigurosamente de máscaras de seda negra, para no ser identificados, y nosotras, las del grupo, a gusto, con o sin máscara.

    Podemos hacer una especie de desfile con prendas de un sex shop donde soy clienta conocida y de esa manera, nos ven lindas y sexies.

    —A ver, yo consulto a las posibles personas interesadas y vos a tus amigas, si?

    -Sí! Pero desde ya que aceptan! Somos muy liberales y amamos en sexo, todas.

    —Todas sin límites?

    -Veremos Lore, la hermana de Pía, a quien Pía está explicando ciertas cosas, y que parece encantada con la idea, aunque hasta ahora no sabía nada de las actividades extra estudio de su hermana mayor. Solamente ella tenemos que ver hasta donde llegará, pero le tengo fe, ja ja.

    —Nos hablamos y lo vamos concretando en febrero.

    Así nació una de las ideas mas exitosas de Carla, que obviamente pulimos La Tejedora y yo, muy interesados por muy diferentes motivos.

    Pasados unos días, volvimos a hablar, esta vez los tres en un chat.

    -Que tal si lo hacemos después de Carnaval? Propuso Carla.

    —Perfecto, aceptó La Tejedora. Fijemos los límites, yo quiero que todos mis concurrentes estés de máscara de carnaval o de máscara de seda. Aunque algunos se puedan reconocer, el compromiso es de reserva total, además si se reconocen será entre personas que han ido, todos serán culpables ja ja.

    -Correcto acoté, y las amigas de Carla en principio una o dos quieren desfilar de máscara, son casadas, maridos profesionales conocidos. Además, para los que invites, para dos o tres, podríamos poner a disposición capas negras, de tela liviana, para que se cubran todo el cuerpo si quieren, o las manos o la ropa.

    —Ningún problema, además la idea es de que mi gente las vea, las conozco sin intimar, y que ellas se luzcan en el desfile.

    -Cual es el tipo de concurrencia?

    —Mirá, van a ser no mas de 15 a 18 personas, edad mediana o mayores, sobre todo los señores. Todos dentro de mi esquema; o sea señoras que buscan para bi o lesbi, o que buscan chicas para regalar a sus maridos o compartirlas con ellos, Sres. buscando chicas, y parejas buscando chicas. Siempre hay también Sras. insatisfechas buscando hombres, pero no las cité para esta vez, nos veríamos desbordadas.

    -Que lindo eso de que hablas de nosotras en plural! Me consideras casi casi amiga y colaboradora!

    —Claro que sí!

    Siguieron una cantidad de conversaciones para ajustar detalles, ubicación de concurrentes, cercanía de las chicas desfilando a los espectadores etc.

    No los aburriré con los detalles ni las ideas manejadas.

    Simplemente que finalmente el número de invitados quedó en 14, de los cuales dos parejas, seis caballeros y cuatro damas. Para otra ocasión, se hará una presentación de hombres, solamente para damas.

    Los invitados se ubicarían en tres filas, de cinco, cinco y cuatro personas, separadas al menos un metro entre filas, para que eventualmente pasara una chica entre las filas. Las sillas de una y otra fila no irían enfrentadas para no obstaculizar la visión desde atrás.

    La Tejedora, dueña de casa, recibiría a los invitados que llegarían rigurosamente de a uno, entregando máscara de seda o de papel maché tipo veneciana, y a quien lo pidiera, una especie de capa o poncho negro, para cobertura total. A cada uno o a cada pareja, una mini libretita de notas y un lápiz para tomar notas y recordar nombres.

    Como broche de oro se cerraría el desfile con un superdotado desfilando para solaz de las damas.

    2) La reunión/desfile.

    Llegado el día, apenas pasado carnaval, se realizó el evento. Dado que no habría mas acción que el desfile, sin contacto físico alguno, Lu y Mica, por ser casadas, fueron solas y pidieron máscaras, por ser esposas y madres. A mi se me permitió concurrir por mi relación con Carla; y Pía, su hermana Lore y Alice, no tienen compromiso y llegaron solas y no usarían máscara en el desfile.

    Alice, debo presentarla, es la ex swinger, recientemente divorciada; alrededor de 45 años, que se lucen y no son una carga!

    Necesitada de las dos cosas que puede obtener relacionándose con L.T. (dinero y sexo) aceptó encantada la invitación. Es amiga nuestra desde la pre pandemia, cuando conocimos a ella y a su marido, y como nos divertíamos!

    Alice es pelirroja, alta, pecosa en cara, pecho y hombros, senos hechos, muy bien hechos, y un culo de escaparate, que se desvive por entregar.

    Lore, hermana de Pía, vino este año a estudiar a Montevideo. Al igual que en el caso de Pía, los padres pasarían dificultades para financiarle su estadía y estudios, pero Pía se hizo cargo pues “ahora estoy bien económicamente”.

    Si los padres sospechan algo o no, no lo sabemos.

    Lore, de 19 años, una hermosura de cabello negro con tetas y culo de mármol, comienza estudios de Economía, y enseguida de llegar vio que su hermana tiene buen tren de vida, paga hipotecas de dos apartamentos y sus estudios. La sospecha de Lore fue inmediata y Pia debió contarle todo desde el momento en que conoció a Carla en adelante.

    La reacción de Lore, fue categórica según nos contó Pía. “Me encanta la pija y no tengo novio ni compromiso, y haré mis estudios tranquila!”

    Con los concurrentes ya sentados, y las chicas en otra habitación ya vestidas para el desfile, solamente faltaba dar inicio al mismo.

    Las primeras palabras fueron de La Tejedora: luego del saludo a la concurrencia expresó un par de reglas.

    -No puede haber contacto físico con quienes desfilan, ni siquiera si ellas deciden pasar entre filas o detenerse frente a alguien.

    -No se les dirige la palabra.

    -Cualquier expresión de interés, la recibe, en días siguientes, la organizadora del evento, o sea yo! Ja ja.

    —Y ahora! Las chicas! Cada una se presentará con una pocas palabras. Para que todas se luzcan por igual, lucirán todas ellas prendas iguales en cada pasada.

    Primera pasada, tacos, micro falda y top corto, sin corpiño. Colores a elección de cada chica. Obviamente, siempre las chicas de tacos, y las pasadas finalizaban con pequeño aplauso de cortesía

    -Hola! Soy Lu, casada, madre, mi esposo y yo somos liberales y él y Carla me iniciaron.

    -Hola! Mi nombre es Mica, casada y mamá. Y les digo, hay algo muy especial que me caracteriza y podrían disfrutar por ahora.

    Desde que entró, Mica al pasar por frente a la primera fila bajó un poco la vista frente a determinado caballero, como observándolo especialmente.

    -Hola! Soy Carla, liberal por decisión en conjunto con mi pareja y voyeur, me encanta el sexo, los juegos y las sorpresas. Y pasó por cada fila para que la vieran bien de cerca. A fin de año, seré abogada y estaremos en nuestro propio estudio junto a Pía a quien ya conocerán.

    -Hola, Soy Pía, soltera y totalmente libre. Seré abogada a fin de año, nos asociaremos con Carla, y esperamos brindarles nuestros servicios. Nos especializaremos en familia, sucesiones, y todo lo referente al agro.

    -Hola! Soy Alice, o también La Pecosa, si quieren llamarme así. Soy divorciada, muy muy fogosa, y mi trabajo como secretaria me deja libres los fines de semana, las tardecitas y noches y algún que otro día completo, planificándolo.

    -Hola! Soy Lore, hermana de Pía. Comienzo mis estudios de economía, y espero llegar rápidamente a ser parte del estudio de Carla y Pía. Tengo 19 años y muchas ganas de estudiar y aprender, no solamente economía!

    La segunda pasada, ya sin presentación fue mucho mas ágil. La indumentaria, aparte de los consabidos tacos, fue de conjunto de corpiño balconette y culotte o tanga, a elección, y encima, vestido mini de red. Red de abertura amplia, de unos dos por dos centímetros y de colores varios. Lu y Alice optaron por culotte, y el resto tanga.

    Todas pasaron por entre las filas de asientos, y nuevamente Mica observó con cierto descaro al mismo caballero de la primera fila.

    La tercera y última pasada, en lencería, corpiño media copa y tanga hilo haciendo juego, todas en negro o blanco, a elección. El frente de los corpiños y las tangas, de seda con bordados de lentejuelas o pedrería.

    Como premio la concurrencia les otorgó fuertes aplausos.

    Carla optó por conjunto blanco, con mini tanga hilo, que dejaba a la vista sus pelitos púbicos, y que provocaron mas de un suspiro cuando pasó entre las

    filas, deteniéndose frente a cada persona o pareja, y haciendo un giro para ser bien apreciada.

    Mica, hizo algo totalmente inesperado, volvió a dirigirse al público.

    -Se acuerdan que les comenté en la primera pasada que por ahora me caracteriza algo muy especial? Pues ahora saldrán de dudas!

    Lentamente se sacó el corpiño, acarició sus senos unos segundos, y luego los apretó. Al momento brotaron gotas de leche en los pezones, blancas, relucientes, bien visibles. Se oyó un ahhh unánime, y un nuevo y fuerte aplauso de despedida.

    La anfitriona se plantó enfrente de los concurrentes y anunció: “Les tenemos sorpresas extra!

    Adelante Carla!

    Y Carla hace su pasada, sola. Absolutamente desnuda, salvo por una gargantilla de cristales que adorna su cuello. Desfila por entre todas las filas, se para frente a cada persona dejando que la admiren. Hasta se nota que algunos aspiran su aroma de mujer. Luego de los aplausos nuevamente interviene L.T.

    —Y ahora, Paul… gran amigo de varias de nuestras chicas, funcionario de una embajada. Vino como una extra para nuestras amigas que me visitan hoy.

    Y aparece Paul, el negro chofer y security de la embajada en la cual estuviera uno de nuestros amigos embajadores(no el actual).

    Negro ébano, cuerpo aceitado, apenas lo cubre una espacie de mini sunga que induce a pensar que habrá debajo!

    Lentamente se quita la sunga y surgen esplendorosos e impresionantes sus 22 centímetros. Ohhh! Es la exclamación de las damas, pese a ver apenas semi erguido a ese monstruo.

    Un poco de caricias de su dueño lo endurecen un poco mas, y el dueño camina entre los presentes luciéndose, la verga se sacude de un lado a otro, magnífica, mas de una dama, suspiró al verlo pasar a centímetros de distancia.

    Y eso era todo, aunque La Tejedora dirigió a los concurrentes un último pedido. “Los que deseen, ya pueden dejarme una hoja de la libreta que les he dado con comentarios o expresando sus deseos o propuestas concretas, para obtener encuentros preferenciales”. “No olviden, hacemos de la reserva y discreción nuestra primera prioridad, las chicas, algunas son casadas, todas de excelente familia, y dos de ellas serán profesionales universitarias a fin de año”.

    Nada menos que ocho hojas fueron entregadas al instante, afortunadamente, todas con requerimientos y propuestas de la mayor seriedad, ninguna con cosas desubicadas. Una de ellas, llamó de inmediato la atención de L.T. y provenía de una de las parejas. En futuro relato les contaré que era lo que se solicitaba, pero en el próximo sabrán por que Mica miraba atentamente a uno de los caballeros, totalmente cubierto de negro, y que llegaron a una aventura que no involucra a Carla.

  • Sofía, mi aqua puta (parte 1)

    Sofía, mi aqua puta (parte 1)

    A la mañana siguiente Marie se disculpó.

    Marie estaba en el trabajo cuando llegué a casa. Así que, me preparé la cena, limpié la cocina y lavé los platos.

    Un poco más tarde esa noche, recibí una llamada de Sofía. Una amiga – novia que a veces viene a usar la piscina conmigo y a hacer “otras cosas”. Es una versión más joven de Marie, una morena atlética y musculosa cuyos pechos son un poco más pequeños que los de mamá.

    Sofia quería saber si podía darse una vuelta por la casa y contener la respiración para mí. Eso indicaba claramente que quería que le pagaran de nuevo. Sospeché que quería o necesitaba un poco de dinero extra para gastar.

    Le dije que estaba dispuesto. Acto seguido, dijo que vendría enseguida. Inmediatamente me excité al pensar en ver cuánto tiempo podía contener la respiración para mí.

    Sofia es probablemente la más aventurera de todas mis amigas. También puede ser bastante coqueta y a veces toda una puta, diversas veces nos hemos divertido de más en el agua.

    Ella es probablemente a quien más le gusta mi tía, le gusta su complexión y admira la forma en que Marie, se mantiene en forma. Ella sabe que así es como me gustan, por eso visita el gimnasio varias veces a la semana.

    Apenas llegó y sin saludar siquiera, Sofía corrió a cambiarse al baño.

    Que grata sorpresa verla salir con un diminuto bikini blanco, parecía como si sus pechos estuvieran tratando de salir de su sostén. La tanga, era excitante y apenas cubría su entrepierna. Se acercó y me besó dulcemente.

    Me pidió que me pusiera mi bañador blanco, eso me dijo todo lo que necesitaba saber. La puta quería cobrar y además poder ver cuán excitado me sentiría en su presencia.

    Salimos a la piscina, nos metimos al agua y juntos contuvimos la respiración tomados de la escalera. Después de un par de sesiones de práctica, fácilmente duraba dos minutos seguidos. Pero ella quería ir más lejos y contener la respiración mientras hacía algo desafiante por lo que valiera la pena pagarle.

    Ella sugirió la cuerda, la pelota rusa y las tobilleras, como las habíamos probado alguna vez, extendió su mano para tocar mi bulto rígido. «uumm tu verga dice que ‘sí’», dijo riendo.

    Sonreí mientras salía y cogía el equipo. También recuperé una máscara de buceo. Quería tener una vista clara de ella mientras estaba bajo el agua.

    “Alcánzame esa bolsita rosa por favor y ponla aquí en la orilla”

    “¿Cuál Sofía, ésta?”

    “Si Diego, esa, ponla en la orilla”

    Iba a revisar la bolsa cuando fui distraído al ver sus largas piernas asomarse por encima del agua.

    “Esta puta viene caliente y la voy a disfrutar” pensé.

    Me puse la máscara. Dejé la bolsa que me habían pedido en la orilla y nadé con la pelota rusa hasta el fondo de la piscina mientras Sofía se colocaba las esposas en los tobillos.

    Se le veía ansiosa por comenzar, ella misma se sumergió momentos antes de que yo saliera a la superficie. Tenía un extremo de la cuerda en sus manos y nadaba hacia el fondo con una patada de delfín hacia abajo con los tobillos ya asegurados, me mostraba que estaba lista.

    Al llegar al fondo, se sentó de modo que abriendo sus piernas pudiera ver lo pequeño del micro bikini blanco, ella misma pasó la cuerda por el mango de la pesa, entregándome el extremo de la cuerda, me volvió a tomar del bulto y nadó de regreso a la superficie.

    Estábamos flotando en el agua mientras ella sonreía. “Te encanta hundirme ¿No es así, Diego? te encanta ponerme al límite.

    Esta noche quizás incluso tengamos que probar algo de bondage. Me pagarás más por eso, ¿eh? ¿y si me ahogo para ti?

    Sonreí… «Probablemente, ya veremos».

    Sofía me devolvió la sonrisa mientras salía de la piscina y se sentaba en las escaleras,

    ¿Me atas los tobillos papi? preguntó.

    Mientras anudaba la cuerda a sus tobillos, se inclinó sobre mi oído y preguntó “¿Apostamos por tres minutos?”

    Comenzó a reír coquetamente mientras retiraba su rostro pero recorría mi brazo con sus dedos:

    -“La última vez que estuve aquí, me pagaste por dos minutos, y también me dijiste que no seguirías pagando, a menos que mejorara mis tiempos y por eso estoy aquí”.

    “Tres me parece un número bastante bueno al que apostar. Entonces Dieguito ¿Le pagarás a tu puta por aguantar la respiración durante tres minutos?”

    “Te pagaré por eso”, respondí.

    «Sigues mejorando tus tiempos, así que estoy seguro de que podrás lograrlo esta noche». Luego hice una pausa antes de preguntar: «¿Recuerdas la señal para que volvieras a subir?»

    Sus ojos brillaron con picardía mientras respondía inocentemente: “¿Me quedo flácida y sin vida?”

    Puse los ojos en blanco mientras ella se reía y entonces la miré de forma enfadada.

    -”aaaay está bien, es esta”- hizo entonces un movimiento cortante en el cuello con la mano.

    Sofía siguió jugando, se quedó boquiabierta y comenzó a sostenerse el pecho y toser como si estuviera tragando agua, volvió a reír mientras decía:

    “Apuesto a que te encantaría verme ahogarme;

    ¿Estoy en lo cierto, señor Diego?

    No le contesté.

    Se metió entonces en el agua, nadando hasta ponerse arriba de la bola que estaba debajo del agua.

    Antes de sumergirla le dije “No hay pago si subes antes de tres minutos. Y tú me pagarás a mí”.

    Ella respondió con orgullo: «¡Está fácil, prepara tu cartera, Diego!».

    «La última vez, luchaste en dos minutos”.

    «He estado practicando… ¿a menos que estés dispuesto a pagarme por menos tiempo?»

    «Quisieras, pero No esta noche.»

    Ella simplemente se río.

    «Eso me imaginé. Siempre empujando mis pulmones”.

    Oye «¿No tienes máscara de buceo esta vez?» le pregunté a Sofía

    “¿Preferirías que me pusiera uno, Diego?”

    «No precisamente.»

    Ella volvió a reírse.

    «Justo lo que pensé, al natural”.

    “Estoy lista papacito, húndeme cuanto quieras, jálame hacia abajo y no importa cuanto patalee, mantenme debajo hasta llegar a la meta, ahógame si es necesario.”

    Me quedé en shock, no daba crédito a lo que acababa de escuchar, Sofía comenzó a reírse, “-ups lo dije o lo pensé- jajajaj eh, uh… quiero decir… jálame hacia abajo y mantendré la respiración para ti.”

    A ese punto, ya tenía una erección, así que sólo le sonreí mientras contaba en voz alta hacia atrás, desde tres. Tiré entonces del extremo de la cuerda y Sofía fue arrastrada justo debajo, liberando algunas burbujas mientras descendía hasta que sus pies tocaron el mango de la bola rusa que se encontraba debajo.

    Metí la cabeza bajo el agua y observé, llevando la cuenta del tiempo con mi reloj mientras la mantenía sumergida. Mi polla estaba rígida en mi bañador mientras me sujetaba a la escalera de la piscina.

    La tela blanca de mi traje hizo poco para ocultar mi emoción.

    Los pezones erectos de Sofía se hicieron claramente visibles a través de su blusa una vez que el material se mojó. Supongo que estaba excitada y algo ansiosa porque sus pechos comenzaron a agitarse, como tratando de respirar libremente. No iba a durar mucho pero aun así era increíblemente excitante.

    Ella me dio la señal. Le di holgura, permitiéndole subir a la superficie con los brazos mientras daba patadas de delfín. Miré la hora cuando ella estalló y jadeó.

    «¿Cómo me fue, Diego?»

    Negué con la cabeza.

    “Apenas y duraste 2:25. Tienes un largo camino por recorrer si quieres que te pague, Sofía ”.

    «¿En verdad, apenas dos con 25?”

    Hizo un puchero por un momento antes de darme una sonrisa maliciosa.

    «De acuerdo. Supongo que tendré que hacerlo mejor, tal vez esta noche sea tu noche de suerte y puedas ahogarme. Vamos de nuevo, avísame antes de que me jales hacia abajo otra vez, para tomar aire; ¿OK?»

    La dejé flotar en el agua poco más de un minuto, en lo que ella se concentró. Comencé la cuenta regresiva. Tres… dos… Ella respiró hondo antes de que la volviera a sumergir… uno.

    El agua la cubrió dejando un rastro de burbujas mientras yo marcaba el tiempo. Se dispuso a contener la respiración durante un largo rato, tres minutos.

    Después de medio minuto, quizá por aburrimiento o para distraerse del tiempo de contener la respiración y mientras me miraba fijamente, comenzó a tocarse por todas partes. Soltó algunas burbujas mientras se manoseaba y acariciaba, estaba casi seguro de que probablemente se quitaría el microtop antes de que terminara la sesión.

    Acababa de levantar la cabeza sobre el agua cuando escuché:

    «¿Quién es esa que está bajo el agua, Diego?».

    Pillado por sorpresa, me volví sobresaltado perdiendo casi el control de la cuerda.

    «¿Tía Marie? ¿Qué estás haciendo aquí?»

    Parpadeé cuando vi que llevaba un diminuto bikini amarillo.

    «¿Cómo que qué hago aquí? Pues si vivo aquí, tonto”.

    «Quiero decir ¿Qué estás haciendo en casa tan pronto?»

    “Ahhh, no había tantos clientes, así que tuve el resto de la tarde libre y decidí venirme a practicar pero parece que ya tienes a alguien en el agua. ¿Te importa si me les uno?”

    “Tía, no lo creo. Ahora mismo, Sofía está bajo el agua conteniendo la respiración para mí”.

    “¿Sofía? esa chica me cae bien, hace ejercicio en el gimnasio, ¿no?

    «Si ella lo hace.» respondí desinteresadamente, esperando si mi tía se iba o algo

    Ella asintió. “mmmmh” y añadió: «Oye y ¿no crees que deberías dejarla subir a respirar?»

    «¿A quién o qué?» volteé a ver a mi tía.

    “pues a la chica que tienes ahí abajo» decía mientras apuntaba al fondo de la piscina

    ¡Carajo, Sofía!»

    La había olvidado momentáneamente por distraerme con mi tía. Hundí mi cabeza y entre las burbujas que estaban comenzando a brotar, pude distinguir a Sofía cortándose frenéticamente la garganta con el borde de la mano, esa era la señal de que ya no aguantaba más.

    Rápidamente le di mucha holgura, Sofía se impulsó con fuerza hacia la superficie, estallando y jadeando ruidosamente para recuperar el aliento.

    Ah, ah! jadeaba, -cof, cabrón, cof, «Ahogarme te va a costar más, Diego».

    Luego vio a mi tía parada a mi lado y saludó agitando la mano:

    «¡Hola, Marie!».

    Marie le devolvió el saludo. “¡Hola Sofía! ¿Qué tal el agua, cuánto te paga?

    Ella me miró mal antes de responder: «Aún no me ha pagado nada ¿tú crees? no he llegado a los tres minutos, el agua deliciosa». Luego hizo una pausa antes de preguntar:

    -¿El último si fue de tres minutos? Casi segura, estaba a nada de comenzar a ahogarme.

    «No, no lo fue, creo que llegaste por ahí 2:48. Lo siento, Sofía mi tía Marie me distrajo un poco”.

    «Ningún problema. Afortunadamente, no me ahogaste… bueno… al menos todavía no”.

    Ella se río entre dientes. Luego pareció preocupada mientras miraba a mi tía parada junto a la escalera cerca de mí. “No vas a parar ahora ¿o sí? Tenemos un trato”.

    «Pues con mi tía aquí, cómo que ahora, ya no…»

    “Por mí está bien”, saludó con desdén. «Marie puede bajar y observarme si quiere».

    No supe que responder, de por sí, ya era bastante malo la forma en que Sofía estaba provocando una reacción en mi bañador. Sumado a La presencia de mi tía con su diminuto bikini amarillo no iba a ayudar en nada.

    Sofía vio mi indecisión y gritó: “¡Tírame hacia abajo, Diego! ¡Tu puta necesita el dinero!

    “Ahhh ya de puta y toda la cosa ¿Cuánto le pagas, Diego?”

    «Hasta luego, Marie», dije con un gesto desdeñoso.

    Conté para Sofía y tiré de ella hacia abajo. Surgieron burbujas al sumergirse y hasta que sus pies casi tocaron el mango de la bola rusa.

    Marie miró hacia el agua. «Creo que bajaré a ver cómo le va, Diego».

    “Tía, no creo que sea ne…” Pero ya era demasiado tarde. Ella ya se había lanzado de cabeza al agua con un clavado. Nadó hasta Sofía mientras yo sumergía mi cara para echarle un vistazo. Mi amiga burbujeó cuando mi tía se acercó a ella, Sorprendentemente, le hizo un gesto para que se acercara hasta que las dos se abrazaron bajo el agua.

    Llevé la cuenta del tiempo mientras se tomaban de la mano. Mi tía miró el artilugio de bola rusa que había instalado. Podía verla resolviendo las cosas en su mente.

    Pensé que Marie subiría de inmediato, ya que esta era la primera vez que bajaba, pero me sorprendió al permanecer abajo mucho más tiempo del que esperaba. No pude evitar preguntarme cuántos problemas iba a causar y cuánto iba a intentar que le pagara.

    Comprobé la hora. Sofía se estaba acercando bastante a los tres minutos. Marie estaba allí con ella como si la instara a seguir adelante.

    Mi amiga comenzó a perder el aliento, su pecho empezaba a agitarse y mi polla se puso rígida de nuevo. Pero como mi tía estaba ahí abajo con ella, Sofía actuaba como si no quisiera subir todavía.

    De pronto, ella perdió una gran ráfaga de aire y con eso empezó a hacer señales frenéticamente. Le di mucha holgura mientras comprobaba la hora.

    Marie la ayudó a salir a la superficie. Subieron juntas, sin aliento. Entonces Sofía gritó: «¿Cómo me fue esta vez, querido?»

    Sonreí y respondí: «Esa fue de 3:04».

    “¡Guau! ¡Acabo de ganar cien dólares! Gritó Sofía

    Marie sonrió y gritó: «¿Qué gane yo, sobrino?»

    “Nada, Marie”

    «Oh, eso no es justo».

    “Lo sé”, le dijo Sofía con simpatía. “Es un tacaño. ¿Qué te parece si nos vamos al fondo y hacemos algo juntas, algo que haga que este calenturiento quiera pagarte a ti también?”.

    No me gustó la dirección que estaba tomando esto.

    “Hey mira aquí, Sofía”. “Esto es sólo entre tú y yo, no embarres a más gente por favor”.

    Sofía simplemente me ignoró y dijo: “Vamos, Marie. Bajemos y montemos un espectáculo para Diego, de esa manera tendrá que pagarnos a ambas”.

    «¿Cuentas hacia atrás, Diego?” preguntó mi tía.

    “Marie, mantente al margen de esto”

    -«¡No seas aguafiestas y cuenta hacia atrás, Diego, anda no seas sangrón!»- replicó Sofía.

    Hice un gesto de negación mientras miraba a Sofía y enseguida comencé con el conteo en voz alta, desde tres. Ambas inhalaron profundamente antes de que yo tirara de la cuerda de Sofía.

    Sofía fue arrastrada al fondo de la piscina, Marie la siguió para unirse a ella y pude ver cómo se abrazaban bajo el agua. Estaban lo suficientemente cerca como para empezar a tocarse. Al principio, sólo se acariciaron los brazos, hombros y el rostro.

    Después de un tiempo, sus caricias se volvieron más íntimas, comenzaron a tocarse el pecho la una a la otra, sonriendo, ambas voltearon a donde estaba yo y se envolvieron en un cachondo beso que hizo que liberaran algunas burbujas mientras yo miraba desde mi lugar junto a la escalera.

    Fue increíblemente erótico ver a mi tía ponerse manos a la obra con mi chica. No tenía idea de que a ella le excitaba tanto manosearse con otra mujer, a Sofía eso no le importaba lo más mínimo, ella se dejaba hacer.

    Recibí otra sorpresa cuando Sofía tomó con fuerza a mi tía por la cintura con una mano y con la otra, los dedos en su entrepierna.

    Eso hizo que Marie gimiera y arqueara la espalda un poco hacia atrás. Surgieron burbujas de la boca de mi tía y con un poco de fuerza, logró zafarse del abrazo de Sofía y entonces se alejó.

    Por un segundo pensé que tal vez se iba a enojar. Ella miró en mi dirección y entonces mi tía, agarró por la cabeza a Sofía y la besó muy fuerte.

    Mi polla se puso rígida instantáneamente.

    ¡Fue increíble! ¡No tenía ni idea!

    Se estaban besando y fajando por todos lados. Me avergonzaba un poco la forma en que me estaba excitando, después de todo, ¡estaba viendo a mi tía, con mi tía con quién compartía casa, besándose con mi amiga!

    Comprobé la hora, apenas iban a llegar a tres minutos, Sofía volvió a besar a mi tía a pesar de tener los pulmones agitados y entonces ella dio la señal.

    Inmediatamente le di mucha holgura. Ella subió enseguida. Mi tía la ayudó hasta que ambas estuvieron en la superficie, jadeando ruidosamente por respirar.

    «¿Cuánto estuve debajo Diego?»- preguntó Sofía

    -«3:18, Sofía.»- contesté.

    Ella se rio y añadió -«¿Me pagas un poco más por besuquearme con tu tía?»

    -«Supongo que tendré que gastar un par de dólares por eso».

    «Bien.» Se quedó pensativa un rato, antes de preguntar:

    “Entonces, ¿qué tengo que hacer para ganar aún más? ¿Tengo que usar las esposas?”

    Marie volteó a mirarme sorprendida. «Diego, ¿Quieres decir que esposas a esta chica en el agua?»

    «Eso no es de tu incumbencia, tía».

    Sofía se volvió hacia Marie y sonrió. “Oh, está bien, Marie. Me encanta; ¡Es realmente excitante! Y sé que aquí al calenturiento de tu sobrino, le encanta. Creo que puedo aguantar tres minutos con todo y las esposas”.

    Ella sonrió mientras se giraba y me llamaba: «¿Qué te parece, Dieguito?»

    ¿Me pagarás más para pasar tres minutos bajo el agua esposada y atado a tu pelota rusa?

    ¿O tienes que ahogarme primero?

    Hice una mueca por lo dura que se había puesto mi polla:-«Dame un minuto»- repliqué. Entonces coloqué el extremo de la cuerda alrededor de la escalera y salí a buscar las esposas. Mi erección era tal que se asomaba por encima del bañador.

    Rápidamente localicé las esposas, regresé a la piscina y las arrojé al agua.

    “¿Me harías el favor Marie?”

    “¿Qué obtengo si esposo a tu Puta acuática por ti, Diego?”

    «No es sólo esposarla, quiero que bajes con ella y te asegures de que no se ahogue en nuestra piscina, no quiero problemas con la policía.”

    “Ash, Diego ¡no eres divertido!»

    Marie nadó hasta el fondo, para recoger las esposas, una vez que las obtuvo, nadó de regreso a la superficie, para sujetar las manos de Sofía detrás de su espalda.

    Fue entonces cuando mi chica gritó: “Esto va a ser un desafío un poco mayor, Diego, pero sé que puedo hacerlo. Sólo espero que hagas que valga la pena”.

    -“No te preocupes Sofía, quédate abajo durante tres minutos y me aseguraré de que consigas algo de dinero.”- contesté.

    “¿Qué hay de mí, sobrino?”

    “Tú mantente al margen de esto, tía, ya de por sí es bastante malo que estés aquí, la idea de mi sesión era otra, pero en fin”.

    «¡Ay, Diego que aguafiestas!»

    Conté desde tres para luego tirar de la cuerda. Sofía fue arrastrada hacia abajo, dejando que algunas burbujas salieran a la superficie. Mi tía respiró hondo antes de bajar para unirse a ella. Sofía alcanzó el fondo y sus pies casi tocaron el mango de la pelota rusa, casi de inmediato, mi tía se puso a trabajar con ella.

    Comenzó acariciándola y mimándola por todas partes, se acercó y la besó. Entonces mi tía hizo algo absolutamente inesperado. Con una de sus manos, desanudó los hilos del top de Sofía, aflojándose y cayendo al suelo casi de inmediato. Lo siguiente que noté fueron lo duros que se habían puesto los pezones de Sofía, seguro estaba muy excitada.

    Marie empezó a tocar las tetas de mi chica. Incluso las besaba y lamía. Sofía burbujeó un poco mientras parecía retorcerse ante el agarre de la otra. La puta de mi tía la había tomado por la entrepierna, fue tan excitante que casi me corro en el bañador.

    Marie aprovechó al máximo a Sofía mientras estaban en el fondo de la piscina. Tal vez pensó que sería una distracción que la ayudaría a contener la respiración o quizás simplemente esperaba que yo le pagara algo a cambio.

    Avanzaron los segundo y Sofía se retorció en su correa mientras mi tía abusaba de ella. ¡Fue absolutamente increíble! Mi polla estaba dura como un palo.

    Seguí la cuenta del tiempo en mi reloj mientras observaba de cerca. No quería perder ninguna detalle. Además, ellas estaban en lo suyo, quizás ni siquiera estarían prestándome atención.

    Marie la besó de nuevo y después bajó a lamer y chupar los pezones de Sofía, esta perdió otro estallido de burbujas.

    En algún momento mi chica pareció luchar un poco, sacudió la cabeza de un lado a otro. Esa era la señal que habíamos propuesto para cuando sus manos quedaran aseguradas detrás de su espalda.

    Aunque le di un poco de holgura. Mi tía tenía otros planes y simplemente se aferró a ella. Era como si se negara a dejarla salir a la superficie. Sofía entonces, gritó en un gran estallido de burbujas. Marie finalmente la subió a la superficie, después de haber estado juntas más de tres minutos y medio.

    Salieron jadeando. Marie le preguntó a Sofía: «¿Estás bien?»

    “Cof, Sí, Marie. ¡Por un momento, cof, pensé con seguridad que me ibas a ahogar! No me lo esperaba.

    «Yo no te haría eso, cariño». Luego me miró y preguntó: «¿Cuánto tiempo hizo, Diego?».

    «Ella tardó menos de tres minutos y medio, tía».

    Sofía estaba emocionada. «¡Hurra! ¡Me pagan de nuevo!

    Grité con severidad: «Tía, deberías haberla dejado salir antes».

    «Estaba mirándola, además a esta putita le gusta que la sumerjan ¿no es así Sofía?», respondió ella indignada.

    “Sólo quería asegurarme de que le pagaran, eso es todo. Ella fue quien lo hizo, quien aguantó más de los tres minutos ¿o no?”

    Marie ayudó a Sofía a nadar hasta el costado de la piscina, mientras la cuerda se arrastraba suelta detrás de ella. «¡Eso fue fantástico, Marie!» ella jadeó.

    “Dios mío; ¡estuviste muy bien! se nota que tienes experiencia en esto.

    ¡Por un minuto realmente pensé que me ibas a a

    hogar! Ahora realmente necesito recuperar el aliento”. ufff

    ¿A ti también te gustó Dieguito?

    ¿Qué te parece si dejas que tu tía la cuarentona lo intente? me dijo Sofía

    “Sí, Diego; Yo también quiero ganar algo de dinero”. replicó Marie.