Blog

  • De como pensé que iba a empezar mi historia (1)

    De como pensé que iba a empezar mi historia (1)

    Mi historia comienza cuando tenía 21 años, estaba en mi tercer año de ingeniería y las vacaciones de verano recién empezaban. Yo soy Sandy, una chica lady boy, crossdresser o como quieran llamarme, mido 1.82 m y en esas épocas pesaba 76 kilos, cabello un poco largo con ondas, y tenía un buen cuerpo, modestia aparte. Iba al gimnasio 3 veces por semana donde lo primordial para mí siempre fue entrenar piernas y por ello las tenía musculosas y con un culo que ya lo quisieran todos los hombres y la mitad de las amigas de Tania, mi novia en esa época. En verdad entre el gimnasio, los entrenamientos y los partidos de todos los sábados con mi equipo de fútbol, se me veía muy bien físicamente.

    En esos tiempos aún vivía en casa con mis padres y hermana, y atrás de mi casa vivía Tania, mi novia con la que llevaba más de 2 años. Ella era una chica bellísima, 1.70 m, cabello negro azabache y lacio hasta un poco antes de la cintura, unas tetas bellísimas 36 D, cintura normal, un culazo!, y unas caderas y piernas largas, anchas y envidiables, iba al gimnasio 5 veces a la semana y se le veía increíble a sus 22 años. Ella había estado estudiando arquitectura, pero lo abandonó el último año.

    Una semana antes de qué mi novia se moviera a su nuevo apartamento, al cual teníamos pensado en mudarnos juntos en unos meses, una amiga de ella de la universidad, Giulia, tuvo una fiesta en su casa obviamente en la zona exclusiva de la ciudad. No soy de bailar mucho, y mucho menos salsa, así que Tania estaba bailando con sus amigas y sus amigos mientras yo estaba sentado tomándome una cerveza en la sala aledaña a donde estaban ellas.

    Como a las 11 de la noche me percaté que Tania estaba bailando muchísimo con un muchacho que yo no conocía, pero quería que ella disfrutara de la noche así que seguí con mi cerveza. Ahí es cuando llega a la casa Diego, el hermano mayor de Giulia, que recién llegaba de trabajar. Hasta estos momentos Diego y yo nos habíamos conocido una vez quizás, él era un chico muy pero muy atractivo de 25 años y que definitivamente iba al gimnasio todos los días, se vestía muy bien con ropa muy moderna y muy apretada a su cuerpo lo cual quizás no era su culpa ya que tenía un cuerpazo. Llegó muy amable a saludar a todo el mundo y me vio sentado en una mesa con una cerveza, se acordó de mí y me dijo:

    – ¿Ya te aburriste de estas creídas?

    Jajaja, me reí bastante de lo que me decía.

    – tienes toda la razón Diego

    Fue la cocina y trajo un vodka que tenía en el freezer y dos vasos y se sentó a mi costado, empezamos a charlar, nos empezamos a reír, y me percaté que Diego era un muchacho muy interesante, me pareció muy inteligente, educado, una presencia muy asertiva y una voz que te capturaba. Un poco más acerca de él, ya desde el punto de vista de cómo lo veo ahora, tenía el cabello corto muy moderno, unos ojos verdes hermosos, un cuello fuerte y unos hombros que te podían hacer suspirar de sólo pensar en estar atrapada entre ellos y sus brazos, una barba bien rasurada, de verdad que su cuerpo era como Daniel Craig en Casino Royale, uummm mejor lo dejo ahí porque me excito mucho de sólo contarles esto.

    Después de estar conversando un buen rato, seguíamos en la mesa y se sentaron unas diablas a coquetearle, pero aparte de una sonrisa, no les hacía caso y prestaba atención más a nuestra conversación, a estas alturas ya ni me acordaba de Tania, me estaba divirtiendo conversando con él. Cuando Diego me dijo que iba al baño le dije que lo acompañaba.

    – ¿me acompañas? ¿quieres ver o algo?, Jajaja

    – no, no, te espero afuera. Me hizo reír y sonrojar.

    Mientras él iba, vi a Tania bailando salsa como si fuera la lambada con ese chico, que después me enteré que se llamaba Carlos. Apenas salió Diego me dijo que me esperaba y regresamos a la mesa. Sí me di cuenta de que algo de él me atraía, pero ni sabía lo que era, ni reconocía el sentimiento en esos momentos.

    Como a la 2 am viene Tania y me dice: “llévame a tu auto papacito”, estaba muy mareada y bueno, no le hice caso a que nunca me llama “papacito”, siempre me ha dicho “amor”. Me despedí de Diego con un abrazo fuerte y me llamó la atención que me sobaba la espalda, me produjo una sensación de electricidad, ufff, ummm, rarísimo.

    Ni bien empecé a conducir, Tania se mostró muy cachonda.

    – quiero ver lo que tienes ahí papacito, muéstrame esa polla, seguro está deliciosa, ummm.

    Empezó a desabrochar mi pantalón y sacó mi verga y me empezó a masturbar poniéndome al palo de forma inmediata.

    – ummm, tenía razón, la tienes grande y rica, ummm,

    Y con eso me empezó a dar una mamada como si su vida dependiera de ello, aproveché para meter mi mano entre su faldita y tocar su sexo, wow, su tanguita estaba empapada, de verdad que estaba super excitada. Quise meterle mis dedos en su concha mojada, pero me movió la mano y ella sola empezó a masturbarse, decidí concentrarme en manejar y en disfrutar la mamada que me estaba dando. Entre mamada y pajeada, Tania no paraba de hablar entre gemidos y gritos:

    – ummm, así papacito, que rico, ¿te gusta?, ¿te gusta cómo te la chupo?, me has calentado toda la noche, ¿ves cómo tienes de mojado mi coño?, ummm que rico, aaah, tu falo está delicioso.

    Me empezó a pajear duro y rápido, tuve que dejar de acelerar y estacionar al costado de la calle.

    – así papacito, toca mi coño, es tuyo esta noche, aah, penétrame, vamos, así, aaah, que gusto

    Solo gemía mientras veía a mi novia teniendo sexo con otra persona, no estaba seguro si era de lo borracha que estaba o si estaba jugando conmigo, pero me tenía muy cachondo todo esto.

    – dame tu leche papacito, seguro sabe riquísimo, dame, dame, ahhh.

    Tenía los ojos cerrados, gozando de esa mamada y paja, solo escuchaba sus dedos entrar y salir rápido de su concha empapada.

    – ¡aahhh!, ¡me corro! ¡me corro!!

    No pude más y me corrí en su boca al mismo tiempo que ella, fue mucho morbo y estaba seguro de que me acaba de convertir en un cuckold por primera vez, era claro de que todo lo había hecho pensando en el muchacho de la fiesta, pero me excitó mucho… muchísimo diría.

    Al llegar a su casa me besó y se fue sin decir más. Llegando a casa me masturbé pensando en ella chupándole la verga a ese desconocido mientras yo los veía sentado, definitivamente no tenía idea de lo que se venía en mi vida.

    La semana pasó sin mayores acontecimientos, Tania me dijo que estaba muy ocupada así que no la vi hasta el viernes en que mudamos sus cosas junto con mis amigos del equipo. Para la noche ya estaba todo casi en su sitio, así que nos bañamos, cenamos y fuimos a estrenar la cama. Tania es muy cachonda pero una vez más la sentía descontrolada, lo cual me ponía más excitado también. Mientras me la mamaba en un 69 volvía a decirme que le encantaba mi polla, que le daba gusto que era como se la imaginó desde el comienzo.

    – así papacito cómete ese coño que es tuyo ahora, aaah, así, si!! Que gusto papacito!!

    Con mucho más gusto se lo comía todito, estaba realmente mojada, nos separamos y la quise coger de misionero, pero ella tenía otros planes, se dio la vuelta en cuatro, puso la cabeza contra la cama y levantó su culo casi hasta el techo, cada vez estaba más puta mi novia.

    – méteme tu polla papacito!, quiero sentir cada centímetro de tu miembro, ummm, necesito que me revientes el coño y me llenes de tu leche, ¡préñame papacito!

    Le empecé a dar con fuerza, estaba muy mojada, seguía gimiendo y diciéndome todas esas cosas sin voltear su rostro, sentía como mis huevos golpeaban y rebotaban contra los labios de su coño y mi barriga contra su culo, mientras más hablaba, más morbo me daba pensando en que la verga dentro de ella no era la mía sino de otro hombre.

    – ummm, así papacito, ¡dame duro!, ¡como has querido hacerlo toda la semana!, aaah, ya veo que sabías culear, ¡aaah!, que rico tu pollón, te siento tan adentro de mí!, ¡hazme tu puta!, ¡necesito que me hagas tu perra!!

    No cambiamos de pose en todo ese tiempo, sus palabras eran demasiado y me empecé a correr en su coño, chorro tras chorro de leche, llenándola completa, lo cual le produjo un orgasmo muy fuerte. Nos echamos juntos, sudados, extasiados, no me dio tregua y me dijo:

    – ahora límpiame toda esa leche amor, vamos, límpiale su coño a tu novia

    Me puse entre sus piernas y le empecé a besar y lamer sus piernas, poco a poco moviéndome hacia sus labios, estaba completamente mojada toda, abrí mi boca y me metí toda su concha de un golpe, chupando y succionando todos los líquidos que tenía por fuera. Tania gemía de placer y acariciaba mi cabello.

    – así amor, así mi putita, ahhh, límpiame todito, mmm, ábreme y chupa esa leche

    Que morbo tan grande me daba todo esto, la palabra ‘putita’ me calentaba mucho, le comí el coño con dulzura, despacio, metiendo mi lengua al fondo y extrayendo de su vagina toda mi leche mezclada de su propia eyaculación.

    – así putita, ¿te gusta tomarte la leche del macho que me llenó?

    Solo atiné a mover la cabeza en aprobación y gemir en su coño, el sabor era nuevo para mí, pero me estaba poniendo cachondo el tomar mi semen y pensar en que podía ser el semen de alguien más.

    – ya veo que si putita, te está gustando, dale, pon toda esa lechita en la boca y muéstrame

    Así lo hice, la miré a los ojos y le mostré el semen en mi boca, me dijo que me lo tragara y que no me mueva, estiró el brazo y de la mesa de noche sacó su vibrador, un tubo blanco que le daba placer cuando no estaba yo, de unos 12 cm. Metió su vibrador en su coño y lo mojó de leche, lo sacó y me lo puso en frente.

    – dale putita, limpia el pene de mi macho, el hombre que me acaba de preñar

    Sin pensarlo dos veces empecé a chupar aquel aparato de plástico y a saborear del semen que tenía, ella me lo sacó y repitió el proceso varias veces.

    – sabía que eras una perrita, así cariño, chúpalo todito, te gusta, ¿verdad?, si ya veo que si te gusta.

    Me dijo que me pusiera de costado para seguir chupando ese dildo y su coño, y para que a su vez con su mano tenga acceso a mi colita. Me acariciaba con sus uñas, despacio, se sentía muy rico, cogió el dildo, lo encendió y empezó a pasarlo por mis huevos, mi periné y rozaba mi ano con él.

    – así cariño, goza, disfruta putita, se siente delicioso, ¿verdad?, ummm lo sé.

    Me estaba poniendo cachonda, pero Tania se detuvo una vez que ya la había limpiado completita, me ordenó que la besara y me dijo que era suficiente por hoy. Con eso nos quedamos dormidos, pero esa noche tuve varios sueños húmedos.

  • Sabor a helado (parte I)

    Sabor a helado (parte I)

    La pornografía arruinó mi vida, a mis veinte años aún no he podido tener alguna novia y en cambio solo unos cuantos «casi algo», era el único virgen entre mi grupo de amigos y en ocasiones solo me quedaba escuchar sus historias o anécdotas que tenían respecto al sexo. Solo escuchaba y nada más.

    Siempre he sido adicto al porno pero últimamente he tratado de dejarlo y aunque en ocasiones me resulta fácil existen ciertos momentos en los que recaigo, pongo un vídeo porno y me masturbo. Pero resulta que hace tiempo logré evitar ver pornografía por poco más de una semana, lo hice con la intención de mejorar un poco mi vida y por fin, después de desexualizar mi cerebro conseguir una novia. Todo iba bien pero entre mi grupo de amigos había una chica llamada Marbella, por cuya personalidad podría entrar en la categoría de «puta» además de su forma de vestir con minifaldas ajustadas y blusas muy cortas para su cuerpo. He de decir que es un poco gorda pero en forma, al menos para mí que siempre he tenido ese fetiche por las gordibuenas, y sinceramente a pesar de que me cae un poco mal en ocasiones por ser muy grosero, bipolar, criticona y contradictoria, no le diría que no a la oportunidad de follar con ella.

    Pero bueno, ella tiene novio y la historia que voy a contar empieza cuando nos mandaron a hacer nuestro servicio social de la universidad a ella, una amiga y a mi en una misma empresa. Teníamos que ir siempre vestidos de traje formal y el hecho de que yo estuviera solo con dos chicas muy buenas a decir verdad, fue una de las causas por las que mi racha de semana y media sin ver porno pendía de un hilo, trate de llevarme bien con ambas, ser un caballero con ellas y demás, sobre todo a la hora de la salida en qué nuestra compañera se iba por un camino distinto al que nosotros tomábamos para tomar el camión. Era un camino largo y ella al traer tacones siempre llevaba unos tenis para al finalizar la jornada cambiárselos y así evitar cansarse mucho, pero un buen día los olvidó.

    El mayor acto caballeroso que he hecho fue el haberme ayudado yo mis zapatos y dárselos a ella para que caminara con ellos. Era evidente que yo no podría caminar con los tacones por lo que fue mejor caminar yo descalzo. Desde días antes ya me había empezado a portar bien con ella, por lo que nuestra relación de amistad ya había entrado en un círculo de confianza que nunca creí tener con ella y el hecho que yo le diera mis zapatos a ella para evitar que se cansará fue lo mejor que pude haber hecho, incluso lo publicó en uno de sus estados de WhatsApp. Camino a tomar el camión pasamos por un helado el cual ella me invitó como agradecimiento de mi acto, comenzaba a llover y caminamos un poco más rápido.

    Tomamos el camión y estando en el se me ocurrió decirle sin pensarlo «que rico lo chupas» ella me volteo a ver y aunque creí que le había molestado solo se río un poco y dijo «solo en eso te fijas». Para ese momento mi racha de no ver pornografía y sobre todo no masturbarme no se había roto, llevaba ya dos semanas pero en ese momento creí que no soportaría más al llegar a mi casa y masturbarme por qué estando todo el día con ella, viéndola con su traje «formal» super ajustado y ahora viéndola saborear su helado me tenía tan excitado y mi pene estaba muy duro tanto que el líquido preseminal comenzaba a chorrear y manchar mi bóxer.

    Comenzó a llover un poco y era evidente que no tardaría mucho en llover muy fuerte, llegamos a la parada, aún tenía que caminar bastante para llegar a mi casa pero la de ella estaba más cerca y sin importarme que podría empaparme por la lluvia, decidí acompañarla como todos los días a su casa, otra razón por la que me trataba mejor.

    Llegamos a su casa y yo había olvidado que estaba descalzo hasta que me dijo que entrara para que ella se cambiara los zapatos y me regresará los míos. Yo aceite, no había nadie en su casa, ella fue a su habitación a cambiarse los zapatos pero se tardó demasiado tanto que ya había comenzaba llover más fuerte. Cuando salió estaba vestido como acostumbraba ir a la escuela, con un short de mezclilla super pequeño para sus nalgas gordas pero atractivas, dejando ver por completo sus piernas carnosas, además llevaba una pequeña blusa un poco escotada aunque ella tenía unos senos muy pequeños.

    Total que me dio mis zapatos, me los puse y de reojo vi que se revisaba el culo en un espejo posando, en eso únicamente se me ocurrió decirle «¿Que tanto te ves, si ya sabes que te ves bien?» y ella al voltear a verme solo me dijo «ay, en qué cosas te andas fijando» y yo, sin pensar en como podría sonar por mis comentarios le respondí que además de en la forma en que lo chupa (el helado) también en su cuerpo.

    Ella se sorprendió y no lo tomo a mal, como comenté ya teníamos cierto tipo de confianza por lo que solo jugó un poco conmigo realizando cierto comentarios hacia mí y o yo a ella pero en ese punto mi pene ya me dolía, trate de ponerme de pie para despedirme e ir a mi casa a pesar de que aún llovía. Ella noto mi erección y se burló de mí un poco, pero luego el momento tomo un tono serio, después de decirme que les diría a todos nuestros amigos ella se acercó a mi, y aún si go sin entender en qué momento se le ocurrió besarme.

    Yo me senté en el sofá de nuevo y ella se sentó sobre mí continuando besándonos. Comenzó a mover sus nalgas sobre mi pantalón meneando mi pene dentro del bóxer provocando que comenzará a eyacular pero por un momento pude soportarlo. Dejo de besarme, creí que había recordado a su novio pero continuó inhalando y exhalando con euforia, luego se puso de pie solo para ponerse rodillas frente a mi, y mientras me decía «no se lo digas a nadie, en serio, a nadie ni siquiera a tus amigos» comenzó a desabrochar mi cinturón, bajo el pantalón y ese momento me dio un poco de vergüenza porque mis boxers grises estaban un poco empapados por el poco semen que eyacule, pero ella al parecer no se dio cuenta.

    Bajo los boxers miro mi pene y lo segundo que me dio vergüenza fue que me dijo «pequeño» riéndose un poco pero aún excitada, me dio vergüenza y era algo que me tenía porque mi pene solo es de 12 centímetros. Introdujo mi pene en su boca, meneo un poco su lengua alrededor del mismo y comenzó a haber gárgaras teniéndolo dentro, dos semanas sin porno ni masturbarme para esto y solo duró cinco o diez segundos. Si, me vine en su boca y lo único de lo que podría estar orgulloso es de la gran cantidad de semen que expulse directo en su garganta, tanto semen acumulado en dos semanas solo para ella. Tanto que aunque pude notar que trato de tragárselo no pudo hacerlo y lo escupió sobre mi pelvis y mi abdomen.

    Creí que se burlaría por lo rápido que fui, pero en cambio no dijo nada y simplemente se sacó mi pene de la boca para después comenzar a chupar mis testículos cubiertos de semen, limpiando uno por uno a chupadas y mi pene lamiéndolo, para luego saborear el semen que había dejado caer cobre mi abdomen.

    «Sabe a helado» me dijo riéndose y yo también me reí, no sé si fue en serio pero me reí y me relaje al saber que no le había molestado el venirme tan rápido y luego menos en su boca. Después de eso solo se puso de pie y yo también y mientras me abrochaba el cinturón ella en tono serio y algo preocupado mirando si celular, me dijo que me tenía que ir.

    Aún seguía lloviendo muy fuerte pero no me importa ni a ella tampoco y antes de irme pude ver qué en su pierna y en el suelo tenía semen embarrado, no le dije nada porque se me hizo un poco excitante la idea de que alguien se diera cuenta también, alguien de su familia o incluso su novio aunque podría meterme en problemas. Pero aun así, nos idea de dejar un poco de mi semen en el suelo de su sala, en su pierna y sobre todo en su boca y ahora en su estómago me excito de nuevo tanto como para poner erecto mi pene otra vez.

    Creí que habría algo más en ese momento pero eso fue todo ese día, más tarde me envió un mensaje diciendo que no me dijera a nadie nada sobre lo que pasó y después me bloqueó. Esto ocurrió un viernes de la primer semana de nuestro servicio social y para el lunes casi ni hablamos, nuestra compañera pareció darse cuenta que había algo mal entre nosotros porque se mostraba incómoda y he de admitir que a pesar de haber perdido mi racha de nos semana sin porno ni masturbación a causa de una jugosa mamada no me arrepiento, y aunque aún sigo sin ver porno, ese mismo día, el sábado y domingo me masturbe recordando ese momento. Incluso el lunes después del servicio, aunque como dije, casi no hablamos.

    El martes se me ocurrió llevar piña para almorzar al servicio, nuestra compañera hizo un hizo sobre eso pero Marbella no solo se río también, sino que además comento que era una lástima que eso no aumentará el tamaño.

    Era más que obvio que empezaría a haber chistes sobre lo que pasó haciendo indirectas pero esa ocasión no fue la única vez que casi lo hacemos ni mucho menos los dos solos.

  • Problemas de vestuario

    Problemas de vestuario

    Andrea admiró el cuerpo de Joselyn desde el primer momento que la vio llegar por la puerta para presentarse a su entrevista de trabajo, llegó con su pelo rubio sus brazos descubiertos, un pequeño tatuaje de cascada y lagos en su hombro derecho, en el cuál Andrea se imaginaba nadando bajo el sol del atardecer.

    Aquella mujer llevaba un escote que trataba infructuosamente de cubrir su imponente busto por completo, su cintura a pesar de ser lo suficientemente estrecha era resaltada por unas caderas voluptuosas cuyo final es indetectable en sus gruesas piernas, a pesar de su estilo recatado sus características no podían pasar desapercibidas para los hombres.

    Andrea no dejaba de verla cada vez que tenía oportunidad, sin importar lo ocupada que estuviera, Andrea era una chica heterosexual y estaba saliendo con un chico seriamente, por lo que la consideró una simple señal de admiración y competencia sana.

    Andrea estaba en su computadora concentrada en el momento en que Joselyn se para junto a ella.

    -Disculpa, me dijeron que me comunicara contigo para la obtención de los uniformes-. Le susurra tímidamente Joselyn.

    Andrea se gira y su levanta su rostro para verla desde abajo, no sin haberse tomado su tiempo, los labios de Joselyn se mueven, pero viéndola desde esa posición sólo hay una parte a la que se puede prestar atención.

    Cuando los ojos de ambas se encontraron y se miraron intensamente una sonrisa se dibujó en el rostro de Andrea, a la cuál Joselyn responde con cordialidad.

    -Sígueme, bienvenida a la empresa

    Le indica Andrea mientras se dirige a una solitaria bodega, preguntándose por qué su corazón late más fuerte. Andrea le indicó el estilo del uniforme y le informó que el tipo de tela la podría escoger, Joselyn le indicó algunas de sus preferencias.

    Andrea como una fanática de la ropa, y alguien que había modelado e incluso vendido prendas, quedó fascinada con encontrar a alguien con gustos tan afines, por lo que el tema se desvió para centrarse en ropa, hobbies y sus vidas personales, parecían dos gotas de agua.

    Joselyn le terminó confesando que tenía una vida muy apresurada y no le quedaba tiempo para ella, de pronto notaron que había pasado mucho tiempo, casi una hora charlando, por lo que se apresuraron y Andrea le llevó a Joselyn unas blusas del uniforme para que se las probara en el vestidor.

    Joselyn al verlas notó que era una talla inferior a la que le había indicado, sospechó que lo había hecho a propósito, pero decidió confiar en quién parecía ser una buena persona, así que se dispuso a desvestirse para ponerse la ropa del nuevo uniforme.

    Han pasado más de 15 minutos hasta que Andrea escucha un tímido grito de ayuda, atiende el llamado y se dirige inmediatamente al interior del vestier encontrándose con una escena difícil de definir.

    Andrea abre la puerta y encuentra a Joselyn, en ropa interior, con la camisa a la altura del pecho, le fue imposible ponérsela y se le quedó atascada, su cabeza estaba cubierta por la camisa y sus brazos atrapados en las mangas.

    Entró para ayudar, pero por una extraña razón se quedó inmóvil en la entrada contemplándola, el cuerpo de Joselin estaba de frente a ella y tenía un espejo detrás que le dejaba ver sus movimientos de cintura y saltitos al intentar zafarse. Andrea fingiendo haber llegado después se acercó.

    -Tranquila déjame te ayudo.

    Decía mientras intentaba introducir su mano entre su espalda y la blusa para liberarla.

  • Solo una noche mas

    Solo una noche mas

    Al bajar del auto y tocar el timbre, mi amiga toda exaltada me abrazó y con lágrimas me dice que sus padres se habían separado esa misma mañana, automáticamente la consolé y cerré la puerta.

    Al adentrarme a la casa pude observar cómo se encontraba todo ordenado, había muchos tonos de grises y negros que a mi gusto era hermoso, estaba la sala que llevaba a tres puertas y una escalera, la primera puerta que observe llevaba a una cocina, la otra a el jardín de atrás, una de esas puertas me llamo la atención ya que pude observar a un hombre que estaba sentado en un sillón.

    Habían pasado como dos minutos que me quede parada observando a ese señor, mi amiga con los ojos aguachentados me dice que aquel hombre era su padre. Mi amiga me termino arrastrando a su habitación y mi idea era entretenerla para que dejase de llorar un rato, mientras más hablábamos el tiempo había pasado y ya eran las nueve de la noche y no habíamos comido nada entonces le dije que bajaba a cocinar y que ella descanse.

    Mi amiga se quedó dormida al segundo y yo ya estaba pisando el último escalón que daba directo a la cocina, me adentré a la cocina, empecé a sacar fideos de un mueble blanco cuando vi que detrás de los fideos había botellas de whisky vacías y vasos, tomé unos de los vasos y me serví un poco, cuando me di vuelta había una presencia que me hizo erizar cada vello de mi cuerpo, observe esa figura de aquel hombre que estaba sentado anteriormente por la mañana, cargaba consigo un vaso al igual que yo solo que este estaba casi vacío, yo ya para ese momento ya había colado los fideos y el hombre me miraba como si nada pero no dijo nada entonces decidí romper silencio y dije:

    -quiere un poco? Sucede que a su hija le dio hambre y se quedó dormida – el hombre solo escuchaba y al abrir su boca me dice.

    – que atenta eres.

    Escuchar su voz tan varonil me dejo perpleja, necesitaba que aquel hombre me desnudase allí mismo y me cogiese tan fuerte que me deje muerta, procese tan lento lo que me dijo que se acercó para dar vuelta la salsa que se me estaba pasando, su perfume me destrozo, un calor se apodero de mi al ver que llevaba unos botones abiertos y podía observar algunos pelos asomarse.

    –se te va a quemar, por favor si quieres me invitarías un plato de lo que cocinas- me dijo y se marchó hacia su oficina.

    Termine de servir los platos y toque la puerta para adentrarme a la oficina, pero estaba cerrada, volví a tocar y apareció el hombre con la camisa desabotonada y arrugada con pequeñas manchas en su pantalón. Lo observe muy atenta y le entregue su plato, él estaba todo exaltado al igual que su voz que se encontraba toda temblorosa –gracias linda- me dijo y se quedó parado allí como diciendo quieres pasar, pero me di vuelta y me marche arriba para dar a mi amiga su plato y comer juntas, vimos películas y pasamos la noche.

    De madrugada me desperté y solo pude escuchar como mi amiga roncaba me levante para ir al baño, pero a medida que bajaba las escaleras escuchaba unos gemidos que se iban intensificando, cuando llegue al último escalón me fui hacia donde se escuchaban los gemidos y vi cómo se masturbaba, subía y bajaba su mano por su erección la cual me dejo babeando por él, pero sin querer se me escapo un suspiro el cual hizo lo suficiente de ruido para que el hombre me viese. Se me acerco tanto que me empezó a tocar su erección y me pregunto:

    – ¿quieres tocar?

    Mi respiración se agito tanto, y de un manotazo me metió dentro de su oficina me tomo de mi cabeza y metió su lengua dentro de mi boca con fuerza, movió aquí y allá, nuestras lenguas bailaban juntas, fue un beso tan duro que a terminar mi lengua quedo al aire por mas pero él me dijo que no, luego me hizo agachar y sin mas me dijo “chúpamela” a lo que sin mascullar hice, me guiaba indicándome como le gustaba que se la chupara, lamiéndole los testículos primero, luego que se la recorriera con la lengua desde el nacimiento hasta su hinchada cabeza se la rodeaba con la lengua con mucho tacto, recorría sus venas hinchadas a todo lo largo de su tronco con la punta de mi lengua y después me decía que la engullera, primero el glande, succionándolo suavemente y después que la dejara resbalar entre mis labios hasta mi garganta, siempre tratando de que entrara más y más dentro de mi boca, quería que me la comiera toda, lo cual era imposible.

    Luego de un tirón me tiro a la mesa y me penetro tan fuerte que sentí que me desgarro, salió y metió en mi cada vez peor y más fuerte, luego salió de mí y me dio vuelta haciendo que me agache para que le siga chupando, me hizo volverla a chupar, pero esta vez logro atragantarme de lo fuerte que me pego, agarro mi cabeza y la pego hacia su pene.

    Me volvió a levantar y me empezó a lamer, hubiese jurado que allí mismo me haría pis del orgasmo, pero antes de que llegue me embistió otra vez y otra vez de mil y unas formas, yo era un mar de orgasmos y mi cabeza no entendía nada, ya había perdido el razonamiento y el no paraba, yo ya estaba en mis últimas, pero cuando se cansó de tanto coger me alzo y me llevo a bañarme, me puso bajo de la ducha y con poco de razonamiento me ayudo a bañarme.

    Paso una y otra vez la mano por mi vagina hasta que de pronto me volví a excitar y el me tomo de la cadera alzándome y sin mas dijo – me estas dejando loco y apenas puedo conmigo- volvió a penetrarme más fuerte, me corrí y caí en el piso mojado, él se arrodillo y siguió hasta que me desmaye.

    Desperté limpia con mi amiga que seguía roncando, al ver la hora eran las dos del mediodía y yo estaba adolorida, creo que hasta dolía más que cuando me corte con el cuchillo y me abrí la mano, le pegue para que se levante y al levantarse se marcha a lavarse los dientes a lo cual yo también junto a ella.

    Luego nos marchamos hacia abajo y le dije que me iba porque ya me quedé mucho, me tomé unos analgésicos y antes de irme me despedí de ella y cuando me di vuelta estaba el padre de ella que me despidió y al acercarse me dijo al oído –solo una noche mas- y me dio un beso en el cachete.

  • Degustándote

    Degustándote

    (Versión censurada)

    En la quietud dorada del ocaso, en mi mano reposa un manjar divino,
    Tu miembro, fruto suculento y peregrino, joya que al paladar se torna vino.
    Con labios carmesíes y deseo inocente, mi piel lo acaricia con dulzura,
    y en mi boca, el éxtasis perdura, con cada bocado, un deleite ferviente.

    Tu falo encendido, su exquisito néctar, que despierta ansias en mi ser,
    tu aroma embriaga el aire y hace florecer, mi deseo, mi hambre sin tregua ni pactar.
    Cierro mis ojos, saboreo el instante, en el éxtasis suculento me sumerjo,
    tu pulpa, un festín que mi ser se adueña, y en cada bocado, la gloria me ofrezco.

    Tu piel tersa y morena en mis dedos, me regalas caricias de miel y arrebato,
    el jugo que mana, me embriaga en el acto, y mi alma se embarga en tu sabor sin miedos.
    Eres fruto prohibido, dulce y salvaje, mi lengua te explora, saboreando tu esencia,
    tu miembro, espléndida indulgencia, que en mi paladar se vuelve sublime encaje.

    Como en cada lamida me embriagas, en cada beso me entregas tu esencia,
    un placer que se vuelve experiencia, en tu erección que en deleite me halagas.
    Así, entre suspiros y sensaciones, tu tronco carnoso danza en mi boca en su esplendor,
    y en un torbellino de sabores y pasión, se unen mis emociones.

    En cada gota que se derrama, en cada instante que se desvanece,
    Mis labios y tu miembro se envuelven, en una danza de placer que se enciende.
    Sexo bendito que me inspiras, a plasmar en versos este rito sagrado,
    que con gusto y dulzura es disfrutado, como una cortesana, que en ti se admira.

    En este instante, yo me pierdo, deleitándome en tu sabor ardiente,
    Como una ramera, junto a tu lanza de fuego, en un lazo unido, en un verso que nunca se desentiende.

    (Versión sin censura)

    En la quietud dorada del ocaso, en mi mano reposa un manjar divino,
    Tu verga, fruto suculento y peregrino, joya que al paladar se torna vino.
    Con labios carmesíes y deseo inocente, mi piel lo acaricia con dulzura,
    y en mi boca, el éxtasis perdura, con cada bocado, un deleite ferviente.

    Tu verga encendida, su exquisito néctar, que despierta ansias en mi ser,
    tu aroma embriaga el aire y hace florecer, mi deseo, mi hambre sin tregua ni pactar.
    Cierro mis ojos, saboreo el instante, en el éxtasis suculento me sumerjo,
    tu semen, un festín que mi ser se adueña, y en cada bocado, la gloria me ofrezco.

    Tu dura piel tersa y morena en mis dedos, me regalas caricias de miel y arrebato,
    el jugo que emana me embriaga en el acto, y mi alma se embarga en tu sabor sin miedos.
    Eres fruto prohibido, salado y salvaje, mi lengua te explora, saboreando tu esencia,
    Tu verga, espléndida indulgencia, que en mi paladar se vuelve sublime encaje.

    Como en cada mamada me embriagas, en cada chupada me entregas tu esencia,
    un placer que se vuelve experiencia, en tu erección que en deleite me halagas.
    Entre suspiros y sensaciones, tu verga carnosa danza en mi boca en su esplendor,
    y en un torbellino de sabores y pasión, se unen mis emociones.

    En cada eyaculación que se derrama, en cada instante que se desvanece,
    Mis labios y tu verga se envuelven, en una danza de placer que se enciende.
    Sexo bendito que me inspiras, a plasmar en versos este rito sagrado,
    que con gusto y dulzura es disfrutado, como una ramera, que en ti se admira.

    En este instante, yo me pierdo, deleitándome en tu sabor ardiente,
    Como una puta, junto a tu ardiente verga, en un lazo unido, en un verso que nunca se desentiende.

  • Ligando con el as de picas

    Ligando con el as de picas

    Con el paso de los años, ya no me sorprenden las ocurrencias de mi mujer a la hora de buscar pretextos para ligar por ahí, de manera que, ese sábado en la noche, cuando salió del baño luciendo un sugerente baby doll negro, muy transparente, fue inevitable ver que tenía tatuado en sus pantorrillas, arriba de los tobillos, el famoso as de picas que utilizan los hotwives. En principio no dije nada y traté de hacerme el desentendido del tema.

    Pero, recostados los dos en nuestra cama, viendo la televisión, fue inevitable hacer referencia a ello, pues los movimientos de su cuerpo, acomodándose en una u otra posición, exponían a cada instante, los famosos tatuajes, hasta que, pasados unos minutos, no tuve remedio y pregunté, ¿Oye, y eso qué? Te gustan, respondió ella. Pues sí, llaman la atención. ¿Son permanentes? No, replicó ella. Están pintados con Jenna y se desvanecen naturalmente. Pero también se pueden quitar, si uno lo desea. Supuestamente pueden durar hasta tres días.

    Bueno. ¿Y para qué te los pintaste? Ya sabes, dijo ella, que este símbolo significa que quien lo porta es una mujer casada, con permiso para ligar con otros hombres con el consentimiento del marido. Si, eso lo sé. ¿Y? Pues que me causa curiosidad ver cómo reaccionan los hombres conmigo si me ven ese tatuaje. Ya, entendí. Tu lo que quieres es revolcarte con alguien el día de hoy. No seas tan agresivo. Hace días que no salimos y se me ocurrió que esto pudiera ser algo diferente para conocer a alguien y propiciar un encuentro.

    Puestas las cartas sobre la mesa, las intenciones eran claras. Entonces, dije, qué propones. Lo de siempre, respondió. Vamos a algún sitio, nos tomamos algo y esperamos a ver si alguien se acerca. Me parece, dije yo, sin embargo, que con la poca luz que hay en esos sitios, difícilmente se va a notar esos tatuajes. Más aun si estas vestida. Ya lo había pensado dijo ella, así que pienso no usar medias, ir con las piernas desnudas, al natural, para lucir los tatuajes y ver qué pasa. Entonces, todo planeado, respondí. Veamos qué pasa dijo ella.

    De acuerdo en la propuesta, ella procedió a alistarse para la ocasión. Se vistió de negro, por lo cual su piel blanca resaltaba a la vista y, claro, era inevitable fijarse en los tatuajes. ¿Será que quienes estén por ahí saben de qué se trata y se prestan para algún tipo de intercambio? Eso era lo que ella, en medio de su calentura, quería comprobar. De todos modos, funcionara o no, ya sabía yo que iba terminar teniendo sexo con alguien de su gusto.

    Se me ocurrió, entonces, siendo sábado, ir a un hotel frecuentado por visitantes extranjeros, muy elegante, con la excusa de tomarnos algo antes de ir a los sitios donde sabíamos con certeza que íbamos a ligar. Pero surgió en mi imaginación, la imagen de algún hombre acercándose a mi mujer con la curiosidad de saber de qué se trataban aquellos tatuajes.

    Como es habitual en aquellos lugares, el área de la recepción está bastante iluminada, así que procuré acomodarnos cerca a la entrada de la discoteca, esperando que fuera un poco más tarde y aprovechar el momento para ver qué tipo de personas ingresaban allí. La noche aún era joven, así que podíamos esperar un rato y, si las cosas no iban como esperábamos, pues arrancábamos para los antros de siempre, con la certeza de que algo se presentaría.

    Pedimos unos cocteles y nos pusimos a hablar de muchas cosas. Por esos días andábamos estudiando psicología, así que el tema de las sensaciones, las percepciones, los juicios y los comportamientos caían como anillo al dedo para la situación. Varias parejas habían ingresado a la discoteca del hotel y unos pocos hombres, de diferentes pintas, habían desfilado delante de nosotros.

    Pasado el tiempo, uno de los meseros que atendía en la discoteca se acercó a nosotros para preguntarnos si teníamos intenciones de ingresar a la discoteca. Bueno, la verdad, contesté, no lo hemos decidido aún. ¿Por qué lo pregunta? Hay algunos huéspedes que han preguntado si ustedes están alojados aquí. Y, para tener una respuesta, quise preguntarles. Entiendo, dije yo. Bueno, entramos aquí para conocer el hotel, es nuestra primera vez, y no conocemos a nadie, así que, si nos animamos, de pronto nos damos una vuelta en un rato. Claro que sí, dijo el muchacho, los esperamos.

    Entre charla y charla, nos habíamos tomado unos cuatro cocteles, cuando, de un momento a otro, se acercó a nuestra mesa un señor, diría yo que no tan joven, madurito más bien, que muy educadamente entabló conversación. Hola, buenas noches, nos saludó. Hola, ¿nos conocemos? Dije yo. Creo que no, respondió. Es solo que ando de paso por esta ciudad y quisiera compartir conversación con alguien para no estar solo. Y como los he visto aquí hace ya bastante tiempo, me tomé el atrevimiento de venir. ¿Por qué no?

    Pierda cuidado, no hay problema. Quisimos conocer este hotel y, para pasar el rato, decidimos tomarnos algo y conversar aprovechando este ambiente. Nos pareció agradable. Me llamo Enrique y ella es mi esposa Laura. Encantado, respondió dirigiéndose a ella muy amablemente. Me llamo Ramón y vengo de Asunción en el Paraguay. Soy ingeniero químico y trabajo para FAPASA, la empresa farmacéutica líder en mi país. Y asistí a un congreso que se llevó a cabo hasta ayer. Mañana estaré de regreso y, digámoslo así, esta noche estoy un poco desprogramado.

    Tranquilo, contesté. Podemos hacernos compañía y pasar un rato juntos, comenté. Sin embargo, mirando de reojo a mi esposa. La noté un poco desencantada con la situación, pues ella tenía en mente otros planes. De todos modos, pensé para mis adentros, que bien podíamos charlar con aquel un rato y que, no habiendo opciones diferentes, pronto diríamos que teníamos algo que hacer y nos despediríamos en busca de la aventura que mi mujer tenía en mente. nos parece agradable.

    Empezamos a conversar con Ramón sobre los temas habituales y preguntarle cómo le fue en su evento, cómo lo han atendido, es su primera vez en nuestro país, ya había estado antes en esta ciudad, qué aficiones tiene y demás datos propios de ese tipo de vínculos. Dijo no ser casado y, al expresarlo, vi un rostro de complacencia en mi esposa, lo que me dio a entender que el tipo, que se expresaba muy bien y educadamente, de alguna manera, le gustaba.

    A la par de eso, era evidente que Ramón, educado, discreto y muy cortés, no dejaba de observar a mi mujer, tratando de no ser imprudente, pero sus ojos bajaban con frecuencia para detallar sus piernas y, de seguro, los tatuajes que había en ellas. Mi mujer, curiosa, como siempre, le pregunto si entre sus aficiones estaba la música y el baile, a lo cual él respondió afirmativamente. Manifestó que le encantaban los ritmos del caribe, el merengue y la salsa y que, cuando se daba la oportunidad, cedía a la tentación de moverse un rato al vaivén de esa música.

    Fue ella, entonces, que, dando muestras de cortesía y atención, le propuso que, si gustaba, podían bailar un rato y aprovechar la música que en ese momento se escuchaba procedente de la discoteca. El, claro, encantado, aceptó la propuesta, mirándome en busca de obtener mi aprobación, que, sin decirnos nada, solo con los gestos que nos prodigamos, entendió que la tenía. Así que nos levantamos y nos dirigimos a la discoteca.

    Cuando ingresamos allí le pedí al mesero que nos había interrogado que nos acomodara en un buen lugar, que, curiosamente, era la esquina más apartada y oscura. Oiga, me dirigí al mesero y le pregunté ¿de casualidad este señor era el que preguntaba por nosotros? Si señor, así es. ¿Manifestó algún interés especial? Continué. Bueno, parece que estaba fascinado con la dama y quería conocerla. ¿De verdad? ¿Dijo algo acaso? Le pareció guapa, fue lo que mencionó. Pero nada especial. Estaba como desprogramado.

    Nos acomodamos en la mesa y como se había prometido, mi esposa no dudó en llevar a Ramón a la pista de baile. Y, por lo visto desde la mesa, como pareja de baile pasaba la prueba. Se le veía divertidos y entregados a la actividad, haciendo piruetas, vueltas y pases de todo tipo. Ramón de seguro tenía experiencia en eso y lo estaba haciendo bien. De modo que, entrados en las faenas del baile, se olvidaron que yo existía.

    Al rato, pasadas varias tandas, regresaron a mi lado. Yo ya me iba a ir, comenté sarcástico. Que pena, se apresuró a comentar él, no era mi intención. Baila muy bien, dijo mi esposa, y la hemos pasado rico. No nos hemos dado cuenta y es que cuando algo gusta y se disfruta, el tiempo pasa volando y uno ni cuenta se da. Así es, ciertamente, comentó Ramón. La verdad es que Laura baila muy rico y se siente uno a gusto en su compañía. Les agradezco que me hayan acogido.

    Nos tomaos algo mientras reposaban de su faena bailable y, en algún momento le comenté a Laura, bueno, dame chance de bailar contigo un rato, porque después de lo que vi, imagino que ya no hay que buscar a nadie esta noche. No está mal, me dijo, pero nada, solo bailamos y la pasamos rico. Si, dije, pero en ese pasarla rico ya le habrás calibrado el tamaño y dureza de su verga y, si se mueve bien, ya te lo imaginarás montado encima de ti. ¿O me equivoco? No digas eso. El tipo tiene lo suyo, pero nada se ha dicho del tema. Pero ¿te gustaría? Pudiera ser, ¿por qué no? Pero es todo un caballero. Y muy educado. ¿Y es que acaso, los caballeros educados no culean? Ella solo sonrió.

    Salimos a bailar, entonces, para no pasar yo la noche en blanco. Ella, a mi parecer, ya tenía su prospecto de aventura, así que tenía que aprovechar esos momentos de esparcimiento, porque después solo iba a ser espectador de lo que suponía yo vendría a continuación. Ramón, sin embargo, se mostraba en extremo prudente y tal vez medía con cautela su forma de proceder. Así que, después de haber bailado un rato con Laura, volvimos a la mesa y entablamos una conversación un poco más atrevida.

    Ya entrado en confianza, dije, bueno Ramón, díganos la verdad, que motivó que se acercara a conversar con nosotros. Aquí había más gente, así que por qué nos escogió. La verdad, dijo, me pareció una pareja especial, no sé por qué, y simplemente me atreví a acercármeles y conversar con ustedes. ¿Algún interés especial? Pregunté. Bueno, dijo sonriendo, que les puedo decir, Laura es una señora atractiva, destaca y llama la atención, no puedo negarlo. Así que tuve la curiosidad de acercármeles. Eso es todo.

    Laura, interrumpiendo, dijo, bueno Ramón, ya no más conversación y vamos a bailar. ¿Le parece? Si, respondió, por mi encantado. No sé si le molesté, dijo dirigiéndose a mí. Para nada, contesté. La pista es toda suya. Así que aproveche y disfrute que la noche aun es joven. Y así, presurosos, se dirigieron a la pista y empezaron a bailar. Las tandas de música fueron transcurriendo y, al ver cómo se acoplaban y juntaban sus cuerpos, ya sabía yo donde iba a terminar aquello.

    Sin embargo, Ramón parecía no querer tomar la iniciativa. Tal vez no quería echar a perder la velada. Llegados a la mesa, entonces, pregunté, bueno Ramón, quiere hacer algo más, ya se está haciendo tarde. Pues, la verdad, el sitio está agradable y no conozco, de modo que estoy en sus manos. Bueno, si quieres, damos una vuelta por acá cerca y conoces algo del ambiente nocturno por este sector. Sí, dijo él, me parece bien. Entonces, siguiendo las intenciones de mi esposa, pagamos la cuenta y salimos de allí en dirección a otro lugar, a juicio de ella, me diría después, menso expuesto y más reservado.

    Nos dirigimos a los sitios de siempre, ya conocidos por nosotros, con un ambiente bastante sugerente para que las parejas de amantes desfoguen su energía y hagan derroche de sus más anheladas pasiones. Andamos por ahí, caminado por varias calles, deslumbrando a Ramón con las luces de neón que caracterizan estos lugares y despertando su curiosidad sobre el qué pasará ahora. Y, entonces, entramos a uno de los lugares frecuentados, oscurito, reservado y con fácil acceso a las habitaciones.

    Laura, no más entrar, tomó de la mano a Ramón y lo llevó a la pista de baile, por demás oscura como el resto del lugar, dejándome a mí la responsabilidad de acomodarnos y disponer lo que fuera conveniente. Y sabiendo lo que se venía, Sali del lugar para reservar habitación en un lugar conocido, ubicado a unos metros de allí. Y, con todo dispuesto, incluidos los condones para el caballero, por si acaso, regresé al lugar.

    No me extrañó, para nada, que una vez nos reuniéramos en la mesa que había conseguido, Laura apareciera algo despelucada y desacomodadas sus ropas, por lo que intuí que aquellos ya se habían dado una buena sesión de masaje corporal mientras bailaban y que ya conocían su intimidad. Ya nada era secreto. Faltaba el punto final. Laura, como siempre, diligente, mencionó que ya era tarde y que era había que apresurarnos, sin decir específicamente, apresurarnos para qué. Dijo que se iba a arreglar un poco y nos dejó solos mientras tanto.

    Bueno, pregunté a Ramon, tratando de mantener la conversación mientras ella estaba ausente. ¿Cómo le fue? Bien, respondió. La he pasado muy bien en su compañía. Y ¿falta algo para terminar la velada? Se quedó mirándome, como buscando las palabras adecuadas para dirigirse a mí y, algo dudoso e inseguro, me dijo, me gustaría hacer el amor con Laura. Fingí sorpresa y respondí preguntando, ¿de verdad? Sí. Vi los tatuajes en sus piernas y supongo, si no me equivoco, que es una mujer libre para tener relaciones sexuales consentidas con otros hombres, si ella así lo quiere. ¿Y ella así lo quiere? Continué importunándolo. No lo sé, no lo hemos hablado, pero por el rato que hemos compartido juntos bailando, pensaría que ella lo desea tanto como yo la deseo a ella, si usted está de acuerdo, claro está.

    Llegada Laura nuevamente, acicalada y dispuesta. Alenté a Ramón a que le manifestara a ella su deseo, si es que antes ya no lo había hecho. Me juró que no, así que yo tome la iniciativa. Oye, me dirigí a mi esposa, le pregunté a nuestro invitado si faltaba algo para que su velada fuera completa. Y ella, dirigiéndose a él, preguntó, ¿acaso falta algo? Sí dijo él, quisiera que me dieras la oportunidad de hacer el amor contigo. Si te parece. Ella, con una sonrisa cómplice y coqueta, solo dijo, por qué no y, extendiéndole la mano, lo invitó a bailar nuevamente. Mientras se iban, le susurré a ella, ya todo está listo, el lugar de siempre, habitación 202. Allá los espero.

    Yo pagué la cuenta y me dirigí para revisar la habitación y verificar que estuviera dispuesta. Casi media hora después de haberos dejado aparecieron. No más entrar, Ramón abrazó a mi mujer para besarla con mucha intensidad y pasión. Era la continuación de lo que habían iniciado en la pista de baile, así que ya venían encendidos. Ella, mientras él la acariciaba, iba soltando discretamente el cinturón de su pantalón para, con delicadeza, introducir su mano y palpar el miembro erecto de aquel que, para ese momento, ya debería estar más que dispuesto.

    Ramón no se puso con más preámbulos y, siguiendo a mi mujer en su iniciativa de acariciarle, se dispuso a desnudarla de inmediato, alternado el retiro de prendas. La blusa de ella, la camisa de él, el sostén de ella, la camiseta interior de él, pausada por las correspondientes caricias para palpar y sentir cada uno la textura de la piel del otro. Que decir que Ramón se deleitó acariciando con especial dedicación los senos de mi mujer, lo cual alternaban besándose una y otra vez.

    Luego, otra vez con el ceremonial; primero despojándose él de su pantalón antes de despojar a mi esposa de su falda, luego retirándose su pantaloncillo antes de retirar los pantis de ella. No sé, pero mi esposa tiene suerte para dar con pollas grandes, y en este caso, gordas, que disfruta plenamente, porque la llenan hasta el fondo de sus entrañas hasta decir no más.

    No fue más sino ver ese tremendo miembro que, de inmediato, sintió la necesidad de tenerlo dentro de su boca y chuparlo, como no. Así que, colocándose en cuclillas, frente a él, procedió a saborear con muchas ganas ese reluciente y erecto miembro. Algo estaba haciendo bien ella, porque Ramón hacia gestos de satisfacción y gemía, conteniendo quizás su prematuro orgasmo. Ella lamió y lamió, y masajeó esa verga por todas partes, mientras aquel retorcía y retorcía su cuerpo, poniendo sus ojos en blanco cada vez que ella movía sus labios sobre su pene.

    Ramón estaba al borde del éxtasis y no esperó más. Le pidió a ella que interrumpiera sus caricias, la llevó a la cama, acostándola de espaldas, pero, antes, le pasé el condón, por si acaso. Se lo puso veloz, como una flecha, y se abalanzó sobre ella, penetrándola sin demora. Laura debía estar ansiosa de ese momento porque, no más sentirse penetrada, empezó a gemir de lo lindo y a contorsionar su cuerpo, seña de que está excitadísima y muy caliente. El bombeaba con intensidad y cubría con su cuerpo el cuerpo de mi esposa, besándola con mucha pasión. Los dos, al parecer, estaban gozando de lo lindo ese momento.

    Mi mujer, por lo visto, disfrutaba de ese macho a plenitud. No se había equivocado en la elección. Y Ramón, como no, para nada desperdiciaba la oportunidad que se le había dado y taladraba a mi esposa sin parar, tanto, que, en un momento dado, contorsionó sobre ella hasta quedarse inmóvil. Había llegado por fin y, para disimularlo, continuó besándola sin parar, masajeando sus nalgas una y otra vez. Luego, poco a poco, se fue retirando, acostándose a su lado sin dejar de tocar su cuerpo. Todavía quería más.

    Laura es una mujer que disfruta sus encuentros, sea como sea. Agradece las oportunidades que se le presentan y no encuentra reproche en lo que le ofrecen sus circunstanciales amantes. Y Ramón no era la excepción. Ya bastante se habrían disfrutado mientras bailaban y creo, sin duda, que ya sabían que esperar el uno del otro al llegar al contacto sexual ansiado durante toda la noche. Estoy seguro que él, desde que nos vio, sentados a la entrada de la discoteca del hotel, ya se imaginaba montándola como lo estaba haciendo ahora.

    Poco a poco volvió a coger ánimos. Mi esposa ayudo en el proceso, pues no dejó de masajear delicadamente su pene para que estuviera duro y en condiciones de ser disfrutado otra vez. Y al rato, ya, de nuevo vigoroso, a Ramón se le ocurrió penetrarla en posición de perrito. Y ella, obediente se dispuso a recibirlo, tal como él lo sugería. Mi sorpresa es que, en la base de su espalda, también se había tatuado un as de picas, así que aquel, al ver ese símbolo, se envalentonó para penetrarla con mucha intensidad y darle toda la verga de la que fuera capaza para satisfacerla.

    Ella estaba complacida. Gemía con cada embestida de él y le correspondía en sus movimientos, tratando de disfrutar de ese miembro en todos los rincones de su vagina. El empujaba y ella hacia lo mismo de vuelta. Hasta que, cada uno por su lado alcanzó el orgasmo. Estaba chiflada con su amante ocasional, y eso que al principio pareció no gustarle. Pero así es la vida y así son estas cosas. Sin planear mucho las situaciones se dieron y, ciertamente, el as de picas capturó la atención de -Ramon para el disfrute de mi hembra en celo.

  • Mi hijo me regala unas tangas y me ayuda a estrenarlas

    Mi hijo me regala unas tangas y me ayuda a estrenarlas

    Enviudé a los 37 años, hace ya poco más de un año. Mi único hijo tenía 19 años cuando sucedió. Mi esposo murió en un accidente de tránsito, algo totalmente imprevisto. Nos dejó sumidos en la mayor tristeza. Nos quedamos, con mi hijo, solos en el apartamento.

    Mi esposo siempre fue un hombre precavido. Como ingeniero que era, tenía todo en orden. La pensión de viudez que me tocó recibir, me permite tener una vida holgada y tranquila, sin necesidad de tener que trabajar, pero, para llenar mi mente, sigo haciéndolo. Además de la pensión de viudez que me correspondió, mi esposo se había protegido con tres seguros de vida, que en caso de accidente me otorgaban unas pólizas que fueron muchísimo dinero. Las recibí, y siguen depositadas en el banco, como ahorro a plazo fijo. El seguro de desgravamen pagó el apartamento y algunas deudas que tenía mi esposo. Al final, en lo económico quedé con la vida resuelta.

    Sin embargo, en lo anímico me costó muchos meses poder superarlo. Mi hijo fue un soporte impresionante, lo tomó con madurez y realismo, en eso salió igual a su padre, pragmático, eficiente, proactivo. Pocas semanas después de la muerte de mi esposo empezó a decirme “el gordo quisiera verte feliz”. Así le decía siempre a su papá “gordo”, tenían una relación maravillosa, jovial y horizontal, pero con respeto siempre, nunca le faltó el respeto ni se excedió de ninguna manera, pero desde los 14 o 15 años, su papá era “el gordo”.

    Al principio me sonreía. Pero con las semanas él insistía. Me decía que debía empezar a salir, que era una mujer joven, que debía rehacer mi vida. Yo no pensaba en eso, no deseaba otro hombre en mi vida. Seguía deprimida y en mis recuerdos.

    Fueron pasando las semanas, se hicieron meses y cuando celebramos la misa de 6 meses de difunto de mi esposo, mi hijo me invitó a cenar (su padre también había tenido un seguro de vida para él, de un monto que le permitiría terminar la universidad sin ningún problema y, además, tener una vida bastante cómoda también). Como vivíamos juntos, yo asumía todos sus gastos, incluso el pago de la universidad, lo que le permitía ahorrar y tener bastante dinero disponible.

    Lo cierto es que me invitó a cenar. Luego de la misa nos despedimos de los familiares y amigos y cuando quedamos solos, partimos a donde había hecho la reserva. Un restaurante italiano, sobrio y elegante, pequeño pero sofisticado, precios exorbitantes, pero sabía tenía holgura y no me preocupó.

    Tomamos un vino, luego otro, ya estábamos ambos muy “conversadores” cuando me dijo a bocajarro “mamá, necesitas otro hombre en tu vida”. Me quedé pensando un instante largo y finalmente le respondí que sí. Hubo un silencio largo y luego empezamos a hablar de otros temas.

    Al día siguiente, al llegar de la universidad me dijo que nos había inscrito en un gimnasio, a un par de cuadras de la casa. Le dije que estaba loco, pero acepté. Había ido esporádicamente en el pasado y no me desagradaba la idea de volver.

    Al día siguiente se apareció cargado de ropa para el gym, para él y para mí. Empezamos a ir todos los días, cuando el volvía de la universidad y yo de mi trabajo. El esfuerzo físico, el salir de la rutina me dio mejor ánimo y estaba cada día más recuperada.

    Comencé a conversar con algunos señores del gym y finalmente uno me invitó a salir.

    Se lo comenté a mi hijo. Él lo conocía. Divorciado. 45 años. Ingeniero como mi difunto esposo. Un tipo que parecía serio. Mi hijo se puso muy contento.

    Al siguiente día, viernes, apareció en casa con dos bolsas cargadas de ropa para mi y, entre ellas tres tangas. Al verlas me sonrojé. Nunca había usado una y ver el juego de tres, negra, turquesa y lila, tres colores que me encantan, me hizo sentir muy rara.

    Me preguntó si me gustaban. Ruborizada aún, le dije que sí. Pero que nunca había usado ese modelo. Me dijo que lo sabía pues usamos el mismo tendedero. Nos reímos ambos. Al dejar de reír me dijo “mamá sé que te quedaran muy bien”.

    Le dije que no estaba segura. Que me daba vergüenza ponerme algo así. Él insistía en que me quedarían perfectas, que había escogido los colores que me gustaban y que una mujer “tan bonita” debía lucir sexy.

    Seguía indecisa. Finalmente me dijo “porque no te pruebas una, yo te digo si te queda bien”. Le dije que estaba loco, que era su mamá, no una modelo de lencería. Me respondió, que nos habíamos visto en “ropa interior” muchas veces. Lo que era cierto. Finalmente acepté.

    Estábamos en la sala. Entré a mi habitación. Me desnudé. Me coloqué la tanga turquesa. Me vi en el espejo y me sentí bien. Tenía ya 38 años, pero me sentí muy bien. Realmente bien. Me quedaba muy linda. Mi hijo tenía razón.

    Me puse un brasiere que tenía por allí y salí a la sala así nomás. En tanga y brasiere. Mi hijo me quedó mirando. Le vi la cara, por primera vez, de admiración y deseo y me dijo “mamá eres una mujer muy sexy”. Me descoloqué. No supe que responder.

    Me di cuenta que su verga se había erectado debajo de su buzo. Desde la muerte de mi esposo no había tenido sexo con nadie. Algunas noches me había masturbado, pero nada más que eso. El momento era caliente, loco, pervertido. Yo en lencería y mi hijo con la verga erecta.

    Para salir del paso le pregunté si quería que me probara la tanga negra. Me dijo que sí. Que resaltaría con mi piel blanca. Regresé a mi habitación. Cerré la puerta. Por un largo momento pensé no salir. Finalmente, el morbo me venció. Me saqué la tanga turquesa y me puse la negra.

    Salí. Miré directamente la entrepierna de mi hijo. Seguía erecto. Caminé hacia él y le pregunté como me quedaba. Me volvió a decir “eres demasiado sexy mamá”. Me puse de espaldas a él y le volví a preguntar ¿cómo me queda? No me respondió.

    Lo sentí pegarse a mí. Su verga erecta pegada a mis nalgas, nada cubiertas por la tanga.

    Sus manos en mi vientre. Suspiré. Me dijo “te deseo mamá”. No respondí. Volví a suspirar.

    Me fue empujando hacia la pared. Me pegó contra ella. Con sus piernas separó las mías. Puso la tanga de costado y me penetró si dilaciones. Así, de pie, fui suya por primera vez. Muy rápido tuve un delicioso orgasmo que lo hizo llegar también. Nos separamos. Sin hablar. Volví a mi habitación. Mi nueva vida había empezado.

  • Rutina de pies

    Rutina de pies

    Pasadas las 10 de la noche terminé el entrenamiento en el gimnasio, pude haberme ido nada más acabar, pero la fatiga me detuvo. Me senté sobre una banca cerca de la entrada del salón de yoga, sudando y jadeando, tenía los bíceps y antebrazos duros y bombeados, no tenía suficiente aire y casi me derrumbaba.

    Un entrenador me preguntó sí estaba bien, supongo que se preocupó de verme con ese aspecto, tan machacado por la intensidad de la rutina.

    Fue un tipo muy amable, me regaló algo de agua y abrió el salón de yoga para mí diciendo que ahí podría recostarme un rato si me apetecía, porque ya no tenían clases programadas por esa noche. Yo le tomé la palabra. Él se fue. Me tumbé sobre el piso de madera y estuve algún tiempo. Pasados tal vez dos minutos la vi llegar.

    Una mujer mayor, de unos cuarenta y tantos, bajita y con caderas muy marcadas entró extendiendo su mat de pilates y soltándose el pelo rubio. Por su figura y sus expresiones daba la apariencia de estar casada con algún cabrón adinerado. Tal vez lo está.

    Iba con unas mallas elásticas que parecían expandirse demasiado por su descomunal trasero y muslos, y a esa sexualidad se le sumaba una tela roja de encaje asomándose por sobre los mallones. De arriba usaba un sujetador deportivo que le apretaba las tetas hasta marcar sus pezones finamente, eran unos pechos redondos y brillantes por los cuales bajaban líneas de sudor los que los contenían.

    Sin notar mi presencia suspiro como cansada, estaba roja. Puso su tapete en el suelo y se acomodó los leggins tapando de nuevo el elástico de su tanga, luego se sentó con las piernas cruzadas en posición de meditación.

    La madura comenzó a hacer sus estiramientos. Primero una pose boca abajo, sus tetas tocando el suelo, las manos extendidas y las nalgas elevadas al aire, se le notaban unos labios carnosos entre las piernas debido a su sobresaliente coño. Para ese momento mi verga ya se marcaba sobre el pantalón, buscando ser vista.

    Su siguiente posición fue una especie de misionero, extendiendo sus piernas a los lados como en «V» y tomando con sus manos los tobillos, como buscando ser penetrada. Al verla tan abierta y transpirada no pude evitar acariciarme por encima de la ropa.

    Luego se levantó, respiró hondo, cerro los ojos y separando las piernas lo más que pudo bajo el torso, tocando el suelo con las manos dejando ver más la pequeñez de su cintura. Pude escuchar un leve gemido cuando logró bajar completamente. Yo me manoseaba la polla como si estuviera en un trance.

    De pronto abrió los ojos y me vio. La sorprendió verme con la mano por debajo de la ropa. Yo me aterré porque pensé que iba a llamar al de seguridad.

    Primero se cubrió los ojos, y soltó un grito, como ofendida por mi indecencia, se le notaba asustada. En seguida respiró hondo, parecía estar pensando, fue directo a la puerta.

    Yo ya estaba viendo la demanda por acoso y se me iban las tripas al piso. Me incorporé para escapar y solo la escuché decir «shhh…» de manera calmada, sonriendo levemente.

    Me hizo la seña de silencio y se oyó el seguro en la puerta. Yo estaba genuinamente confundido. Se me acercó lentamente y con una cara de guarra, venía soltando risitas, y en ese pequeño trayecto pude apreciar mejor su figura, sus caderas tan anchas, sus piernas tan gruesas, sus tobillos tan finos.

    Ella se sacó las zapatillas de correr junto sus calcetines olorosos y se paró frente a mí. Sus deliciosos pies con esmalte rojo y aroma transpirado me hipnotizaron, uno de ellos comenzó a sobarme tímidamente la polla por sobre el pantalón.

    Me hizo una seña con el dedo para que me bajara la prenda y la obedecí, ella se acomodó en el suelo frente a mi, y con ambos pies empezaba a masajear mí verga erecta, lubricada ahora más por su sudor descalzo.

    Se notaba que aquella madura sabía cómo hacer gozar a un hombre, pues utilizaba los pies como una diosa, a la cuál, de ahora en adelante iba a adorar. Estaba fascinado con ese espectáculo visual, ese sube y baja aceitoso y con ritmo. Ver esas piernas extenderse hacía mí con naturalidad femenina. Ver su vulva marcarse por sobre sus mallones, transpirada y con aroma. Ver esos deditos redondos y enrojecidos en sus pies retorcerse acariciando las marcadas venas de mi miembro. Presenciar esas nalgas tan inmensas que eran visibles desde frente, y su cintura tan pequeña que acrecentaba aún más el tamaño de esas caderas.

    Yo comencé a respirar más fuerte, más hondo, porque me costaba más. Ella se dio cuenta de esto y sonriendo me guiño un ojo.

    La muy golfa fue experta en calentarme y aumento la velocidad con un movimiento de rebote en sus tobillos, las plantas sus pies ruborizadas se deslizaban en mi polla radiante y lubricada, emitiendo un resbaloso sonido.

    Los movía ansiosamente de arriba hacia abajo y luego los curveaba delicadamente. Con el pie izquierdo me masajeaba la cabeza y con el derecho el tronco, atrapando mi glande entre sus dedos pulgar y anular. Sus dedos daban la apariencia de arándanos colorados y dulces frotándose de arriba hacia abajo, sobando. Arriba, abajo, masaje y repetía. Arriba, abajo, masaje y repetía, disfrutando de verme aguantar ese tormento tan orgásmico.

    Yo estaba a punto de explotar, ella me miró a los ojos y se mordió los labios con una cara lujuriosa. Esa mirada de puta me hizo estallar. Chorro tras chorro, tras chorro, tras chorro, salieron disparados sobre sus pies brillantes y llenos de color, hilos blancos y viscosos que la impregnaban, mientras mi polla seguía palpitando rojiza por el flujo sanguíneo y la fricción. Ella jadeó sonriendo y le dio una última caricia a mí glande con la planta del pie derecho, como despidiéndose de mi polla. Yo también jadeaba.

    Al final tomo sus cosas, abrió la puerta y se fue descalza cargando su calzado y riéndose de sí misma la muy cerda, satisfecha de su logro.

    Al irse me regaló un último vistazo a ese magnífico y descomunal culo. Desde entonces no me pierdo una clase de yoga.

  • Complaciendo a mi esposa (1)

    Complaciendo a mi esposa (1)

    Mi nombre es Alejandro, tengo 43 años mi estatura es: 1.72 m, soy moreno claro, cuido mucho mi salud, hago ejercicio y soy originario de una provincia mexicana. Actualmente estoy casado desde hace más de 12 años con una bella mujer de 29 años llamada Andrea, es muy bonita de la cara, sus labios son redonditos, tiene cabello negro y largo, de piel apiñonada y posee grandes y hermosos ojos. ¡De cuerpo ella se conserva muy bien a pesar de que ya tenemos hijos, de los cuales no tiene caso hablar! Ella mide 1.69m, tiene unos pechos pequeños pero apetecibles, unas largas y grandes piernas las cuales ha trabajado muy fuerte en el gym durante los últimos años, obviamente posee unas pompas grandes redondas y bien paraditas dignas de una mujer a quien hay que hacerle el amor bien rico.

    Durante toda mi vida he tenido la dicha de tener sexo con muchas mujeres hermosas, pero nunca había conocido a una persona como mi esposa Andrea. Desde que éramos novios me di cuenta que a ella, no le daba pena intentar cosas como darme sexo oral, ponerse ropa sexy cuando íbamos al hotel, hacer posiciones donde podía gozar al máximo su belleza y sin embargo cabe mencionar que ella era una mujer con un cuerpo muy delgado y casi no tenía pompis cuando éramos novios jejeje. Conforme fueron pasando los años, me di cuenta de cómo le iban creciendo las nalgas, sin necesidad de hacer ejercicio, fue ahí donde me di cuenta que ese era el regalo y la herencia de su abuelita! la cual también gozaba de esos privilegios, ¡pero, aclaro algo! “Nunca me llamo la atención la abuelita ni nada por el estilo” simplemente son cosas de lo más natural y que sin querer uno se da cuenta. Bueno sigamos y espero que les guste esta historia que es real y 100% verídica.

    Desde siempre hemos tenido sesiones de sexo muy apasionado lleno de lujuria, ya que ella es una mujer muy fogosa. A ella le encanta hacerme sexo oral, le gusta estar arriba de mí y se mueve con una fuerza tan frenética que a veces no aguanto y tengo que decirle que pare tantito porque ¡ya me voy a venir! Me gusta ponerla de a perrito y disfrutar su culo ya que sus nalgotas son dignas de una diosa del placer y la lujuria. Estoy seguro, que soy la envidia de muchos ya que ella es mucho más joven que yo, está bien buena y me ama con todo su corazón. Sin embargo, siempre eh tenido una inseguridad muy grande respecto al tamaño de mi miembro el cual no mide más de 15 cm y tiene longitud normal, tanto que cuando mi esposa me hace sexo oral puedo ver como desaparece todo mi miembro en su boquita y se lo come como cualquier artista de las películas xxx.

    Conforme fue pasando el tiempo me di cuenta que ella poseía una cavidad la cual yo no llenaba con mi miembro, por lo tanto, mis movimientos deben ser más frenéticos y cuando teníamos sexo yo terminaba antes que ella dejándola con ganas. También hemos tenido sesiones de sexo en donde la hago venir y le he provocado squirting en muchas ocasiones. Al pasar de los años comenzamos a explorarnos un poco más y comenzamos a ver películas porno para después acabar en sexo salvaje.

    Cuando ya teníamos como siete años de casados, un platicando con ella; salió el tema de que, si en algún momento de nuestra vida habíamos probado marihuana, ¡yo le dije que sí!, ella también asumió que en sus años de estudiante, tuvo la oportunidad de fumar y después ver una película de miedo en su casa, me platico que fue un viaje muy raro, pero que si le había gustado la sensación de lo que había experimentado con la hierba. Para lo cual yo le comenté:

    ¿Y no te gustaría volver a repetir esa sensación?

    -Si! pero un día que estemos solos, no me gustaría que se diera cuenta de ello.

    Ok vere con quien puedo conseguir y fumamos.

    ¡Está bien que sea un día sábado entonces para que veamos una película de terror!

    Paso algún tiempo y un día sin querer, llego mi suegra un viernes. Me dijo que si le prestaba a mis hijos para pasar un fin de semana con ellos.

    Sin más el día viernes estuvimos mi esposa y yo solos, aprovechamos para hacer compras e ir a cenar. fuimos al centro de la ciudad a dar la vuelta y cuando pasamos por una sex shop, decidimos comprar un conjunto de lencería para ella. Al llegar a la casa le pedí que se lo pusiera. ¡Ella me dijo que no! que ya se había bañado en la mañana y que no quería volver a bañarse, además que ya era noche, que mejor descansáramos porque el otro día yo me tenía que levantar para ir al trabajo y ella al gym. Lo cual me pareció razonable, aunque yo ya traía unas ganas de verla con ese conjunto de lencería como no se imaginan. Nos acostamos, apagamos las luces y al darme la espalda repego con mi miembro esas nalgotas, pude sentir como las movía y las frotaba con mi pene que poco a poco se puso bien rígido. Al cabo de un rato ya estábamos en cucharita y yo le metía mi verga y ella jadeaba de placer, también recuerdo que ese día me dieron ganas de ponerle mis dedos en su boca y comencé a sentir como ella sacaba su lengua como queriendo chupar mis dedos, como si lo estuviera haciendo con un pene, eso me calentó mucho y no tarde en venirme, al cabo de unos minutos me quede dormido.

    Al otro día me levante temprano y todo transcurrió normal, llegue a mi casa y ella me preparo de comer para que después fuéramos a comprarle ropa ya que con los hijos luego es muy difícil porque no se están quietos y no podemos concentrarnos en las tiendas y es todo un show hacer comprar con los niños gritando. Recuerdo que cuando estábamos viendo los tenis y al cabo de una hora ella no se decidía lo cual me empezó a desesperar y le dije que ahí se quedara y que yo iría a echar un vistazo a la tienda de música. Cuando entre a la tienda de música, me encontré a un amigo que era un marihuano de primera, había ido a comprar un disco y nos saludamos y aproveche para decirle que si no traía un poco de esa hierva y me dijo que ¡no! Pero que si lo acompañaba cerca de ahí… conocía a un wey que vendía. Y pues para no hacerles el cuento más largo me fui con el rápido comprar un poco de marihuana. Recuerdo que no tardamos mas de 10 minutos cuando ya estábamos tocando y comprando fue de ahí donde me despedí de el y decidí hablarle a mi esposa para decirle si ya había comprado los tenis:

    Que paso amor ya te compraste tus tenis?

    Ya amor!

    Ok; entonces voy por ti

    Espera! Solo voy por mi crema y ya vienes va?

    Ok.

    Ya sabia que el ir por su crema eran otros 15 minutos así que pues no queda de otra mas que esperar, de regreso pase por la sex shop y no se porque me dieron ganas de entrar otra vez y al ver los consoladores me di cuenta que uno solo era como una funda y le pregunte a la señorita que estaba ahí que eso que era? y me dijo que era una extensión de pene y que sirve para usarlo como condón y que además da al miembro más volumen y tamaño para un mejor placer. Entonces lo compre al mismo tiempo que compre una pastilla para mejorar el desempeño durante el sexo. Después de esperarla y pasar a la sex shop, nos encontramos y me dijo:

    -Ya compré mi crema! ¿Y tú que compraste?

    -¡Un poco de hierba para los dos! ¡Y para ti!… Un consolador (Y le enseñe lo que llevaba la bolsa)

    – Alex! Te pasas jajaja.

    – ¿Vamos a cenar?

    – Si!

    Estuvimos conversando y nos tomamos algunas cervezas, pasamos un buen rato disfrutando de nuestra compañía, hasta que decidimos que era hora de irnos. Subimos a la camioneta y me di cuenta que las cervezas ya habían hecho efecto… Llegando a nuestra casa después de cerrar la puerta, le di un beso y pude sentir como su lengua, me indicaba que mi esposa linda y hermosa, ¡ya venía caliente! ¡Nos seguimos besando y yo le apretaba sus nalgotas! Entonces le dije que se pusiera la lencería negra que habíamos comprado un día anterior…

    Se metió al baño, y yo me puse la extensión de pene que había comprado. Me quede sorprendido al ver como se veía de grande mi bulto, también estaba pesado, sentí la longitud y me dio mucha confianza. Mi esposa tardo en salir de cambiarse ella ni siquiera sospechaba que mi miembro, había crecido y había aumentado su longitud. Pase de 14 o 15 cm a 22. Me abroché mi pantalón e hice un cigarro y me dispuse a esperarla con una película xxx.

    Cuando salió del baño… Se veía hermosa, y bien cachonda, delante de mi tenia a una hembra, con ganas de que le dieran un cogidon… me quede con la boca abierta.

    Ella: Como se me ve?

    Se dio la vuelta, y vi sus nalgas cubiertas por la lencería, me dieron ganas de irme sobre de ella, pero me aguanté.

    Yo: Te ves bien buena mi amor!

    Prendí el cigarro y después se lo pasé jejeje… pude ver como le daba unas fumaditas, pero con eso nos bastó para ponernos bien calientes. Después de un minuto sentimos el efecto y con las cervezas que nos tomamos durante la cena, nos mareamos aun mas. Jejeje Nos desconectamos de la realidad y quedamos callados cerca de un minuto después comenzamos a ver la película xxx. La película era de un trio HMH, yo deje que acabara la película y cuando le le puse mi dedo índice, en sus labios y comenzó a chuparlo y mamarlo con los ojos cerrados, como si fuera un pene… Comencé a jugar un juego de roll y le dije…

    Yo: Que ricas nalgas tiene “señora” ¿me deja morderlas?

    Ella: Si joven!

    Yo: Oiga señora y nadie viene aquí? no quiero problemas!!

    Ella: No! nadie viene hoy

    Yo: Entonces si me la puedo coger toda la noche?

    Ella: Si!!! Hazme lo que quieras no te preocupes.

    Le bese su espalda hasta bajar por sus nalgas, le quite la tanga, meti mi cara en medio de ellas y le bese su ano con la punta de mi lengua, (ella gemía). Me quite mi pantalón y playera quedándome en bóxer,

    me puse nuevamente detrás de ella y bese su cuello y por primera vez le di un arrimon con la vergota que traía exclusivamente para ella. ¡Ella no dijo nada! no se si no se dio cuenta el tamaño de mi paquete, ¡yo creo que sí! sin embargo no dijo ni una sola palabra. Entonces tomé su mano y la puse en mi pene gigante, el cual estaba cubierto por la extensión y ella comenzó a masturbarme, mientras yo masajeaba su clítoris.

    Yo: Te gusta mi pene señora?

    Ella: Si!! me gusta!! me encanta tu vergota papi!

    Yo: Me la quieres chupar?

    Ella: Si!!! déjame chupartela!

    Yo: es toda suya.

    Se la acerque a su cara sin quitarme el bóxer y ella sacaba su lengua, chupaba mi bóxer, se notaba claramente que estaba llena de lujuria y en sus ojos veía a mi querida esposa bien fascinada con nuestro nuevo juguete grande y grueso, estábamos solos en nuestra casa jugando a un juego de roll y cada uno dejaba ir su mente como si se tratase de algo real con un extraño, ella cerraba sus ojos y con el efecto de la hierba pudo escapar de su realidad y disfrutar del juego de roll.

    ¡La jale de sus manos hacia mi! Y le di un beso apasionado, rosábamos nuestras lenguas, luego besé su cuello y ella solo gemía de placer… Me dispuse darle unas ricas chupaditas en su conchita mojadita, baje por su pelvis y pude sentir el dulce y saladito sabor que desprendía, le pasaba mi lengua por todos lados muy despacito y luego subía a su clítoris, estuve un buen tiempo gozando su conchita. Después la giré y pude ver nuevamente esas pompis, que me enloquecen, las mordía y besaba, le pasaba mi lengua en su ano y le daba nalgadas. La puse en posición de perrito y mi esposa encantada porque se iba a comer una verga de 22cm. Le metí la puntita muy lentamente haciendo movimientos pequeños, le daba nalgadas, se las deje bien rojitas de tanto pegarle y le dije:

    Yo: Te gusta mi vergota señora?

    Ella: Si me encanta joven!! ,me encanta esa vergotaaaa uuufgh

    Yo: Te la meto toda?

    Ella: mmmm aahh si!! Pero poco a poquito joven!! La tienes muy grandeee aaagh

    Yo: disfrútela señora porque me la voy a coger toda la noche

    Ella: Si! Toda toda la noche quiero sentir tu vergotaaa aghhh!!

    Yo: Pero esta segura que no viene su esposo?

    Ella: jajaja

    Yo: (nalgada fuerte) Le hice una pregunta?

    Ella: aaay No!!! No viene!

    Yo: Segura?

    Ella: si joven, no viene, estoy segura!

    Yo: Entonces disfrute de mi vergotaaa!

    Ella: Si papito métemela toda bien rico, coogeme!! Mmmmm uuufghh

    Cuando se la metí toda y comencé a moverme lentamente, fui subiendo poco a poco la intensidad de mis embestidas, empecé a moverme rápidamente y a darle unos metidones y pude escuchar como se quejaba de placer, vi como apretaba las cobijas con sus uñas disfrutando como nunca, empezó a gritar de placer y decía “métemelaaa papi así así… aggh aghhh mmmm…. métemela no pares!!! Dame toda tu vergaaa ohhh!! por favor aggg” Unos minutos después saque mi pene, le di la vuelta, levante sus piernas en mis hombros y se lo meti todo de un solo golpe!! fueron pocos los segundos que pasaron cuando sentí el squirting que le estaba provocando. Saque mi pene de su conchita y se lo puse en su boca para que mamara y después le metí otra vez la vergotaa y le provocaba otro squirting, después fue otro, y otro y otro ¡y no se cuantos mas! hasta que sentí que ya no aguante y me salí para derramar mi lechita en su cara!

    Ese día quedamos super cansados y le pregunte si le había gustado jugar asi. y me dijo que mientras solo fuera un juego no había problema!

    Después de esa noche, mi esposa y yo nos volvimos más abiertos en el sexo, cada que podíamos dábamos rienda suelta a nuestro placer, las fantasías y jugar a los juegos de roll fueron parte de nuestra esencia, los juguetes de la sex shop que adquirimos se convirtieron en nuestros cómplices de noches le locura y placer. Se podría decir que experimentamos casi todo lo que los esposos pueden probar.

    Por otro lado, mi esposa se inscribió al gym y después de cinco años se fue poniendo más y más buena, el ejercicio dio grandes resultados y esas nalgotas comenzaron a crecer de una forma tan hermosa que a donde quiera que íbamos, siempre llamaba la atención de los hombres, muchas veces vi a más de uno, pillándola y comiéndosela con la mirada, aunque ella no usara ropa sexy en la calle. Simplemente llamaba la atención por su físico y su hermoso rostro.

    Un día sin querer le dije:

    -Oye amor la dieta y el gimnasio me salen muy caro ehh, y al final yo no gano nada.

    – Hay amor, ¿apoco no te gusta que este buenona y que me disfrutes?

    – Si amor si me gusta, solo que siempre usas ropa floja y no te veo muy bien.

    -Pues si me visto así, es porque luego hay hombres muy groseros.

    -Tú no te fijes en eso amor, no te estoy diciendo que te vistas como una piruja, solo que si me gustaría, ¡que la ropa que usas este un poco más pegadita!

    -Pues un día acompáñame cuando me valla a comprar ropa y me dices cual te gustaría que me compre, va?

    -Yo, sí!

    Y así pasó, ahora cada que íbamos de compras yo la acompañaba a comprarse ropa, le escogía prendas de calidad, que hacían verse de forma educada y al mismo tiempo que marcaran esas curvas que tiene. Le compre vestidos formales y pegaditos, faldas un poco cortitas, pantalones entallados, y mucha lencería. Sobre todo, me gustaba mucho como se veía con un pantalón blanco que usaba con una tanga que se le transparentaba un poquito jejeje. También la acompañe a comprar ropa deportiva para que pudiera ir al gimnasio y ella se sintiera mas bonita y sexy.

    Los resultados no se hicieron esperar, muchos hombres se volvieron super educados con ella, sobre todo el instructor del gimnasio quien era un chavo más o menos de su edad. Recuerdo que en una ocasión estaba lloviendo muy fuerte y le dije que me quedaría más tiempo a trabajar y que no podría ir por ella al gym, como normalmente lo hacía. Ella no llevaba dinero, para el taxi, ni tampoco iba a esperar el camión por la fuerte lluvia. Me preguntó: ¿Y ahora como le hago para irme? Le dije que pidiera de favor a su instructor, si la llevaba a casa y que yo le pagaba la gasolina. Al poco tiempo sonó mi celular y era mi esposa comentándome lo siguiente. Oye me dijo Roberto (el instructor) que si me lleva pero que espere a que cierre el gym porque no puede salir en este momento. El gym lo cerraban a las 10 pm normalmente, para ese entonces ya pasaban de la 9. Le dije a mi esposa que no había problema, que lo más importante era que ella llegara segura a casa.

    Ella asintió. Enseguida, me llego un mensaje de mi jefe que decía… “Ya vete a descansar, mañana le seguimos”. Así que arranqué el coche y me fui al gimnasio para caerle de sorpresa a mi amor. Cuando llegue eran las 9:30, me sorprendí al ver que el gym ya estaba cerrado y solo estaba el coche de Roberto, pensé que seguramente acababan de cerrar y ya no tardarían en salir. Le marque al celular, de mi esposa y no me contesto, hasta la tercera llamada.

    -Bueno?

    -Hola amor que haces?

    -Estoy en el gym esperando a que cierren y tú?

    -Ahhh; pues aquí en el trabajo aun (así le dije para ver que me decía)

    -Órale amor, pues Roberto ya casi va a cerrar, cuando valla para la casa te aviso ¿vale?

    -Si amor.

    Espere y espere, desde las 9:30 y hasta las 10:15 salieron del gym. Observe como ella se subió rápidamente al coche mientras Roberto cerraba las instalaciones. Por la lluvia, no notaron que yo estaba a lo lejos, con el coche observando “todo parecía normal”. ¡Pero yo por dentro sentía celos y coraje! Mientras me preguntaba “¿Porque tardaron tanto en salir?” Después, sonó mi celular.

    -Bueno!!

    -Hola amor ya voy para la casa.

    -Si amor, está bien con cuidado. Yo también ya voy de salida, entonces llegaremos casi igual.

    -Si amor!

    -Dile a Roberto que no se valla a ir que me espere para darle lo de la gasolina.

    -Si amor yo le digo!

    -¡Oye amor, pero no te vayas a quedar en el coche platicando con él, porque luego los vecinos son chismosos. Si llegas antes… hazlo pasar a la casa!

    -Si amor.

    Los seguí con mi coche hasta nuestra casa, todo seguía “normal”, doblaron la calle para llegar al domicilio, Roberto estaciono el coche justo fuera de la puerta de mi casa y mi esposa se bajó, se despidió con un beso en la mejilla y saco las llaves para abrir la casa. Entonces llegué y ella dijo… ¡Mira ya llego! ¡Me baje y salude a Roberto y le di las Gracias por ayudarnos! El me dijo, que no me preocupara, que tampoco le pagara la gasolina. Se despidió muy gentilmente y se fue!

    Entrando a mi casa, saludé a mi esposa y le di un beso, los dos dijimos que veníamos muy cansados y que nos dormiríamos después de cenar. Ya en la noche al estar a solas me dijo ¡que se sentía muy sudada, que se iba a enjuagar el cuerpo para dormir bien! Entro al baño, se quitó la ropa y se comenzó a bañarse. Yo aproveche para entrar al baño con el pretexto de lavarme los dientes y aprovechar para salir de mis dudas. Entré, ella tenía la cortina de la regadera, no me podía ver, voltee y vi su pantalón y su tanga en el bote de la ropa sucia, lo tome en una pequeña fracción de minuto, lo mire y me di cuenta que la tanga negra, estaba empapada de los fluidos de mi querida esposa. Me fui de nuevo a la recamara y la cabeza me daba vueltas, no podía estar tranquilo, sentía que ella había tenido relaciones con su instructor, se habían fajado, o algo así.

    Salió del baño, después entre yo y nuevamente vi su tanga mojada, la olí, me di cuenta que ese líquido que venía de su vagina era como cuando tiene un squirt, entonces con mi lengua chupe la tanga y me di cuenta que era salado, transparente y me sabia como cuando yo le hacía sexo oral, Sali del baño apague las luces y me acosté. Yo sentía celos y tenía ganas de reclamarle, pero al poco rato me tranquilice, porque yo se que ella me ama y que ningún hombre puede bajarme a mi esposa. Después se me empezó a poner dura la verga al imaginar cómo se la cogía su instructor, asi que en la posición de cucharita, le chupe su nuca y ella se movió como retorciéndose del placer. Le dije:

    -Amor!

    -Mande amor?

    -Quieres verga? (Y le pegue mi miembro en sus nalgas.)

    -ayyy, ¡sí! ¡Si quiero!

    Me puse detrás de ella y sin más ni menos la penetré y me di cuenta que su vagina ya estaba mojadita y lista para que me la cogiera, Por el coraje o la excitación la empecé a penetrar fuerte y ella jadeaba y me chupaba mis dedos como si fueran una verga. Yo disfrutaba de sus nalgotas e imaginaba como el instructor se la cogía, no tarde mucho en venirme.

    Al otro día en mi trabajo, ya con más calma y la mente despejada pensé “No debería enojarme, todos sabemos que una mujer hermosa siempre va a tener quien se la quiera follar. Además, yo tengo la culpa por dejarle vestir así, sé que ella no me dejaría por ese wey”.

    Pasaron algunos días y entonces le dije:

    -Amor se ve que el instructor es buena onda no?

    -Si amor, es muy respetuoso, y siempre me ayuda con mis rutinas. Pero con todas es super respetuoso.

    -Pues yo estoy en deuda con él. Ese día te dije que lo invitaras a pasar a la casa para invitarle un trago.

    -¡Hay amor si, lo se! Pero pues, eso no se lo dije. ¿Cómo crees que voy a invitar a un hombre si no estás tu?

    -Amor yo no tarde nada en llegar ese dia!

    -Si pero no es bueno que una mujer meta a un hombre a su casa.

    -¿Porque no?

    -Pues porque luego se mal interpreta.

    -Eso si ¡tienes razón! Pues ojalá algún día podamos tomar una cerveza o algo.

    -Si gustas lo invito un dia de estos.

    -Invítalo el viernes.

    -Deja le pregunto vale?

    -Si amor!

    Se llego el viernes y al llegar a mi casa me di cuenta que mi esposa había preparado ya la cena, al verla se veía chulísima, tenía puesto, un pantalón de piel negro que se le ajustaba mucho y que hacía resaltar sus pompis, suéter de color negro un poco escotado. Yo me metí a bañar me cambié y me puse guapo. ¡Cuando llego Roberto mi esposa se miraba muy feliz! lo invitamos a pasar, cenamos y nos tomamos un Wiski, y estuvimos así, por un par de horas. Me platico que era soltero, que no tenía novia porque acababa de terminar con ella. ¡Y muchas otras cosas más! La verdad a mí me pareció muy tranquilo, educado y respetuoso.

    Entonces le dije:

    -Roberto! ¡Te encargo mucho a mi esposa, entrénala muy, muy fuerte!

    -sí señor no se preocupe así será.

    ¡Ella solo me volteo a ver! Al poco rato se fue Roberto y ella me pregunto ¿porque le dijiste a Roberto que me diera un fuerte entrenamiento?

    -Pues si amor, lo que quiero es que te pongas más sabrosa y que esas nalgotas se pongan más duras. Además, él es respetuoso y le puedo confiar que te cuide para que no te vayas a lesionar.

    -Este bien amor yo le voy a echar más ganas en el gym. ¡Gracias!

    Y así comenzó todo, el y ella se volvieron los mejores amigos, cuando él podía la traía a casa, le ayudaba a hacer sus ejercicios, sobre todo los de pierna. Se ponía detrás de ella y le ayudaba a mantener el equilibrio por el gran peso que le ponía a las barras. Aunque yo sabía que posiblemente ella me estuviera engañando, ya no sentía celos, al contrario cuando ella regresaba del gym, yo me sentía excitado. Nuestras relaciones mejoraron bastante y su cuerpo aún más.

    Un día mi sobrino de 5 años, le dijo si le dejaba jugar con el celular, ella se lo prestó. Al cabo de unos minutos mi esposa salió a la tienda y dejo al niño solo con el celular. Cuando ella salió le pedí el celular al niño solo unos segundos “para ver la hora” jejeje.

    Entonces entre a su carpeta de fotos privadas donde yo sabía que tenía fotos en tanga, escogí una no tan provocadora y se le mandé a Roberto. Rápidamente puse el celular en modo avión y se lo regresé al niño. Cuando ella regreso yo seguía normal como si nada hubiera pasado jejeje.

    Después en la noche ella me dijo:

    -No manches!

    -que amor?

    -te vas a enojar!

    -por qué?

    -ve lo que hizo este chamaco! ( Y me mostro la foto que había mandado).

    -Ay amor yo no sé, para que prestas tu teléfono!

    -no manches que va a decir Roberto?

    -pues ya le dices la verdad y ya!

    -Oye… no te enojes amor!

    -no, no lo estoy, además él siempre te ve empinada agachándote y así, no creo que se impresione!

    -jajaja pues sí, pero me da pena.

    -Pues ya ni modo lo hecho, hecho esta. Pero háblale de una vez y explícale!

    -Me da pena.

    -Pues sí, pero háblale porque no tiene que divulgarse esa foto.

    -Si está bien!

    Entonces tomo su celular y le marcó.

    -Roberto?

    -SÍ.

    -oye mi sobrino te envío una foto que no te debió llegar.

    -jajaja si ya me di cuenta.

    -Estoy con mi esposo. Él sabe de esto y pues te pido por favor que la borres y me disculpes.

    -No te preocupes lo hago de inmediato!

    Después le pedí a mi esposa, que me lo pasara por teléfono…

    -Roberto?

    -Que tal señor ¿cómo esta?

    -muy bien Roberto, antes que nada, una disculpa es que el niño pues envió esa foto. La verdad es que esas fotos yo se las tome a mi esposa para ir evaluando los resultados del gym y te felicito! Sin embargo, el niño al mover las aplicaciones te la mando sin querer. Espero no incomodar y nuevamente una disculpa.

    -No tiene por qué disculparse señor. En este momento la borro.

    -Gracias Roberto me caes muy bien y pues gracias por tu gran amistad.

    -Si está bien señor! ¡Buenas noches!

    -Buenas noches Roberto.

    Después de aquel suceso me di cuenta que mi esposa me era fiel, porque de ser otra persona, me hubiera ocultado lo de la foto. ¡La abracé y le dije que la amaba con todo mi corazón!

    Los meses transcurrieron y Roberto se fue convirtiendo en más que un amigo, a veces lo invitábamos a cenar o hacíamos actividades junto con él. A veces iba con una muchacha, luego con otra y así… se notaba que era un mujeriego de primera. Pero con mi esposa nunca vi nada raro.

    Un día, al final de una fiesta que tuvimos en mi casa, nos quedamos solos los tres tomando unos tragos. Ya en confianza y al paso de las copas, me pidió permiso para bailar con mi esposa. Yo accedí y puse una música de salsa. Ellos bailaron como tres canciones y yo hice como que “tomaba mucho y después que ya me estaba durmiendo”. Entonces me levanté y me fui a acostar sin decir nada. Ellos me alcanzaron rápidamente y mi esposa me pregunto ¿que a donde iba? y yo dije cosas sin sentido y actúe como si de verdad ya no pudiera más con el alcohol. Lo que no sabían era que yo había dejado mi celular grabando en un lugar estratégico. Cuando me acostaron Roberto le dijo a Andrea:

    -Ya me voy.

    -Si está bien.

    -¡Espérame en la sala y te acompaño a la puerta, nada más déjame acostarlo!

    -Si, no te tardes.

    Andrea me acostó, salió a de nuestra recamara y cerró la puerta con cuidado. Pasaron como 10 minutos, subió mi querida esposa, se quitó la ropa, se lavó los dientes y se acostó. Después de unos 15 minutos me levanté fingiendo que aún estaba super borracho y fui a la cocina por algo de refresco porque tenía mucha sed.

    Tomé mi celular y vi algo que me dejo en petrificado.

    Mi celular alcanzo a grabar el momento exacto en donde ella va bajando las escaleras y él está esperando, caminan hasta donde ya no se ve desde nuestra recamara y se dan un beso, luego el la besa del cuello y le agarra las nalgas. Ella lo hace para atrás como diciéndole que ahí no hiciera eso. El le dice algunas cosas que no se alcanzan a escuchar, y luego se saca la verga y pude ver que la tenía grande y gruesa. Vi que ella le empieza a masturbar mientras el le da besos en el cuello y le sigue tomando por las nalgas, después ella se bajó, se colocó frente a esa gran verga, y comenzó a mamarla con mucha lujuria el cerraba los ojos y le sujetaba su cabello. Claramente se vio que las mamadotas que le dio mi mujer a Roberto, lo hicieron sentir en el cielo y rápidamente comenzó a venirse. Ella dejo que él se viniera dentro de su boca, se comió su semen y lo despidió.

    Estaba más que claro, que ellos ya cogían desde antes. Entonces escuche:

    -Alex, estas bien?

    -Si ya voy para arriba.

    -ok

    Subí super caliente y me hice el borracho, me desnudé por completo y mi esposa al ver mi erección me dijo:

    -Ay Alex….

    -Que amorcita?

    -Lo tienes bien parado!

    -jajaja es normal.

    -Mmmm que rica verga tienes mi amor

    -¿Quieres?

    -¡Ya sabes que sí!

    Y se lo acerque a su cara, ella abrió su boquita, saco su lengua, cerro sus ojos tiernamente y comenzó a mamármelo bien ricooo. Con su lengua subía y bajaba, se lo metía adentro y movía su cabeza atrás y adelante, con su mano masturbaba mi tronco y le daba besitos a la cabecita de mi pene, yo estaba a punto de explotar pues me daba cuenta lo mucho que le gustaba mamar la virilidad de los hombres a mi querida esposa, me di cuenta que era la mejor mamadora de verga que había conocido, me daba cuenta que media hora antes ella había mamado la verga de otro y no se cansaba de mamar. Hasta que derrame mi lechita dentro de su boquita….

    Ella se comió todo mi semen. ¡Obviamente! Yo no la iba a dejar con las ganas. Me pegue a sus pompas y al cabo de un rato ya la estaba penetrando con mi verga bien parada y diciéndole que me gustaban sus nalgas, que había hecho crecer en el gym. Le di una nalgada y gimió, entonces tome una pequeña bandera que teníamos en el cuarto, le quite la varita y le pegue en sus nalgotas, grandes, carnudas y redondas, la puse de a perrito, la amarré de los brazos a la espalda, con la cara en la almohada y vi su colita bien indefensa jajaja. Tome nuevamente la varita y le di golpecitos que al principio le gustaron, pero poco a poco subí la intensidad y le di varias nalgadas y ella seguía gimiendo, baje mi cabeza y le hice sexo oral mientras ella seguía en posición de

    perrito, lamia a mi esposa desde su raja hasta su ano y luego bajaba y sentía como le escurría el líquido… Saque del cajón la extensión de pene que tenia y que me lo hacía crecer de 15 a 22 cm. Luego me puse un condón y la empecé a penetrar fuertemente, mientras ella gritaba de placer ah, ahh ahhh. Tome la varita y comencé a darle sus nalgadas cada vez más fuerte, se las deje bien rojitas de tanto pegarle con la varita, mi esposa se quejaba y sentía el placer de la fuerza de un hombre sobre de ella, gritaba y gemía de placer, desconectada de la realidad… oh, ohhh, , uhhm.

    Hasta que empecé a escuchar que me decía oh, ¡ya no!, ya no! Agggh… ¡¡Ya no aguantooo!! Yahaa!!! Uuugf.

    ¡Pero yo no paraba cada vez se lo metía más fuerte y ella se seguía quejando y gimiendo de placer ya amor yaaa! Ya papiii… yaaa, mmmm. La voltee subí sus piernas en mis hombros y ella seguía con las manos amarradas en la espalda y la tome fuerte de sus muslos y se lo metí de un golpe…

    Mmmm, yaaa! ouhhh.

    Y llego el primer squirting que me mojo todo mi vientre, luego otro, y otro y otro. Ella decía:

    Yaaah, no! Oooh, ohhh. Me voy a desmayar. En serio que fueron mas de 6 squirt los que tubo esa noche. Yo ya no aguate más, me quite la extensión y me empecé a jalar la verga, mientras veía su cara cansada, con sueño. Le acerque mi verga en su boca. Mi esposita saco la lengua y nuevamente derrame mi lechita en ella. Algunos le cayeron en su lengua otros en sus mejillas, otros en sus pechos.

    Se dejo car sobre la almohada, se volteo, me dio la espalda y me pego sus nalgotas de diosa, en mi verga rosada y flácida. Y nos quedamos dormidos.

    Continuará.

  • Acoso al hijo y derribo de la madre (III)

    Acoso al hijo y derribo de la madre (III)

    Habían pasado 3 semanas desde el encuentro entre Elisa y Luzbel y no se habían vuelto a ver. Elisa no sabía lo que pasaba con su hijo y sus amigos y la actitud de él era muy reservada y Elisa notó que le volvía a faltar dinero de su monedero. Una noche mientras cenaban Elisa no pudo reprimirse y le pregunto a su hijo:

    – Que te pasa… cuéntame, no éstas bien con tus amigos.

    – No nos llevamos muy bien – contesto Pedro.

    – Por eso no vienen por aquí – le dijo ella acariciándolo – ya encontraras otros amigos.

    Aquella noche Elisa se fue preocupada por su hijo a dormir y una parte de ella sintió un vacío por no volver a ver a Luzbel y se masturbo y antes de quedarse dormida pensó que era lo mejor para todos que su hijo se apartara de sus amigos y ella olvidara lo que había pasado.

    El fin de semana su hijo se iba pasarlo con su padre (cada tres semanas) y Elisa lo acompaño a la estación de autobuses y notó que su hijo estaba profundamente deprimido.

    – ¿Qué te pasa hijo? Cuéntaselo a mama – le dijo Elisa.

    – Me preguntaste por mis amigos – contesto él – me están acosando mama.

    – ¿Qué te hacen cariño? – pregunto Elisa sorprendida.

    – Me obligan a darles dinero – contesto preocupado – y Luzbel cuenta mentiras sobre ti.

    – ¿Qué te dice de mí? -pregunto Elisa intrigada.

    – Que eres una cualquiera y que haces cosas que yo no me creo.

    – ¿Qué cosas dice que hago? – pregunto ella.

    – Que la chupas muy bien mama – le dijo él – y eso no es cierto ¿verdad?

    – Como va a ser verdad hijo – se excusó ella – eso son cosas que los hombre decís de las mujeres cuando no podéis conseguirlas… vas a creer eso de mí… eso lo dice por irritarte y sacarte de tus casillas… pero quédate tranquilo que tu mama lo arreglara… dame su móvil.

    Elisa se despidió de Pedro que se fue más tranquilo y le envió un whatsapp a Luzbel:

    ¨ quiero hablar contigo, estoy en casa… Elisa¨

    Elisa condujo hasta su casa furiosa y recibió un WhatsApp de Luzbel con un emoticono con una mano y el pulgar hacia arriba… Ok

    Elisa espero toda la tarde y ceno y se fumó un par de cigarros en la cocina, hasta que sonó el timbre de la puerta, Elisa fue a abrir apresurada y estaban los dos amigos/acosadores de su hijo.

    – Pasad – dijo enfurecida Elisa – y este que hace aquí – dijo señalando a Celio

    Ellos entraron y Elisa visiblemente enfurecida empezó a discutir con ellos

    – ¿Qué le estáis haciendo a mi hijo? – grito Elisa – y tú que le cuentas de mi – le aulló enfurecida a Luzbel

    – Tu hijo es muy imaginativo – se excusó Luzbel – y tú éstas muy enfurecida

    – Estoy como me da la gana – chillo Elisa – y le obligáis a quitarme dinero para dároslo a vosotros para saber qué.

    – Bueno eso es para fumar unos porillos – le contesto Celio

    – Tú te callas – le contesto ella malhumorada

    Celio se apartó a un lado y se puso detrás de ella mientras seguía discutiendo. Luzbel se acercó a ella y Celio por detrás la sujetaron los dos.

    – Estas muy disgustada – le dijo Luzbel – Después de follar ya estarás más tranquila

    Elisa se dio cuenta en aquel momento que estaba sola en casa con los dos amigos de su hijo dispuestos a abusar de ella.

    – No, no esto no va a pasar – dijo ella intentando apartarse de los dos

    – Vamos a follarte guarra – le dijo Luzbel mientras Celio la agarró fuertemente por detrás – Tú lo que buscas es que te follen bien follada.

    – Por favor dejadme – suplico ella llorando – esto no puede pasar

    – Estas provocándonos puta – le susurró Celio a la oreja – me han dicho que eres muy marrana en la cama.

    El móvil de Elisa sonó y ella les suplico que le dejaran cogerlo, Luzbel se lo acerco. Era su hijo y Elisa empezó a hablar con él mientras Luzbel la descalzaba y Celio le pasaba las manos por debajo del jersey y le desabrochaba el sujetador y le acariciaba las tetas.

    – Yo también me voy a dormir – le dijo Elisa a su hijo

    – Dile que esta noche te vas a hartar de follar – le bisbiseo Celio muy suavemente en la oreja, mientras Luzbel le quitaba los pantalones.

    – No hijo no he hablado con tus amigos – dijo Elisa – pero lo haré

    A Elisa se le escapo un refunfuño cuando Luzbel le quitaba los pantalones y ellos se rieron en silencio tapándose la boca.

    – Ah… es que estoy en la cocina – contesto incomoda Elisa cuando su hijo pregunto por los ruidos – estoy lavando los platos… Buenas noches cariño.

    Elisa colgó el móvil y Luzbel y Celio empezaron a reírse a carcajadas, Elisa le soltó una bofetada enfurecida a Luzbel y este la agarro por los brazos mientras una mano de Celio le pellizcaba un pezón y la otra se metía por dentro de sus bragas y sus dedos alcanzaron a acariciarle el coño.

    – Tiene el chocho bien calentito y mojado – le dijo Celio a Luzbel, Elisa soltó un gruñido y negó con la cabeza.

    – Ya te dije que es una buena guarra – contesto Luzbel mientras le quitaba las bragas – ésta deseando que la follen.

    Luzbel cogió a Elisa por los brazos y la llevo a su habitación y la obligo a agacharse mientras Celio se desnudaba y Luzbel le quitaba el jersey y el sujetador y Elisa quedo totalmente desnuda.

    Luzbel le agarro los brazos y Celio se puso delante de ella y le llevo su polla a la boca, Elisa cerro los labios y Luzbel le metió los dedos en la boca y le obligo a abrirla, Celio le metió la polla en la boca y agarrándole por el cuello empezó a follarla por la boca.

    Elisa agarro la polla de Celio con las manos se la saco de la boca y empezó a hacerle una paja, Luzbel vio que Elisa ya participaba y la soltó, Elisa se llevó la polla de Celio a la boca y empezó a chupársela, no era tan grande como la de Luzbel, pero si más grande que la de su exmarido.

    – Cómo me la chupas guarra – le dijo Celio – todas las feas hacéis buenas mamadas

    Elisa le lanzo una mirada y le dio dos lametones en el glande que le arrancaron un bufido de satisfacción.

    – os dejo solos voy a cenar algo – dijo Luzbel y se fue a la cocina

    – Así guarra muy bien – decía Celio satisfactoriamente – ¿te gusta chupar la polla de los amigos de tu hijo?… que puta que eres

    Celio puso a Elisa encima de la cama le abrió las piernas y empezó a comerle el coño, en aquel momento Luzbel venía de la cocina comiéndose un sándwich y se desnudó y se puso de rodillas delante de Elisa y ella se llevó la polla de él a la boca y empezó a chupársela mientras Celio le comía el coño.

    – Notas como le huele el chocho – le pregunto Luzbel a Celio

    – Le huele a prostíbulo… ésta muy cachonda – contesto Celio – no me podía imaginar que sea tan marrana

    – ¿Quieres correrte marrana? – le dijo Celio mientras le metía dos dedos en el coño y empezó a moverlos

    Elisa se sacó la polla de Luzbel de la boca y mientras la agarraba miro desafiante a Celio cómo le provocaba su primer orgasmo de la noche y se corrió salvajemente mientras su cuerpo convulsionaba y temblaba. Celio no la dejo descansar y la penetro profundamente, Elisa soltó un gruñido y se llevó la polla de Luzbel otra vez a la boca.

    – Que guarra que es – decía Celio – dos pollas para ella sola.

    – La maricona de su hijo no se imagina cómo se traga las pollas la gorda de su madre – dijo Luzbel humillándola – cómo se folla a los amigos de su hijo de dos en dos.

    – Me estáis volviendo muy puta – dijo Elisa con la voz entrecortada y Luzbel le daba golpes con la polla en la cara y ella abría los labios para chuparla.

    – No sé lo que le cuenta su hijo – se sumó a la humillación Celio – pero ella no le cuenta a él cómo se abre de piernas y deja que le follen el chochito calentito.

    – Quien va a venir a follar una gorda y fea cómo esta – dijo Luzbel – chúpale los pies verás cómo le huelen.

    Celio le subió los pies a sus hombros y los olio y los chupo mientras la follaba profundamente.

    – Cómo le huelen – dijo Celio – es una mama muy marrana

    Elisa empezó a temblar y agitarse y ellos vieron que le venía otro orgasmo y Luzbel le quito la polla de la boca y ella empezó a chillar sin control.

    – Cómo se corre la gordita – dijo asombrado Celio – que puta que es.

    Elisa se corrió salvajemente mientras Celio la siguió follando intensamente y empezó a temblar y bufar.

    – ¿Dónde quieres que me corra gordita? – le exclamo – ¿en tu chochito?

    Elisa le hizo un gesto para que se apartara – en mi coño no… córrete en mi boca – se llevó la polla a la boca y apretándole el tronco Celio le descargo toda su caliente corrida.

    – Te vamos a follar toda la noche gorda – le dijo Luzbel dándole la vuelta y penetrándola – te vamos a dar polla hasta que quedes satisfecha.

    Elisa enterró la cara en las sábanas y ahogo los gritos de placer que le provocaba Luzbel follándola sin compasión y no podía ver como Celio fue a buscar unos preservativos y un bote de lubricante que traía en su pantalón.

    – Me vais a matar follándome – suspiraba Elisa – me voy a volver a correr

    Luzbel la follo intensamente y Elisa se corrió otra vez y se quedo estirada en la cama temblando y con la respiración agitada, aquellos dos jóvenes la estaban llevando a un orgasmo detrás de otro.

    Luzbel se puso de rodillas detrás de ella y la cabeza de Elisa quedo en las piernas de él y le acariciaba el coño con los dedos.

    – Ahora vas a follar como nunca te han follado – le advirtió Luzbel

    Celio volvió a la habitación con un preservativo puesto en su tiesa polla y un bote de lubricante en la mano.

    – Sujétala – le dijo Celio y Luzbel le agarro de las pantorrillas y le subió las piernas y Elisa quedo bien abierta para Celio

    – ¿Qué me vas a hacer? – pregunto Elisa preocupada

    – Relájate marrana – le dijo Celio y puso dos dedos en el bote y los llevo a su ano embadurnándolo.

    – No por favor, no me hagas eso – rogó Elisa asustada – te lo suplico… no quiero hacerlo

    Celio se untó su propia punta de la polla y la llevo a la entrada del culo de Elisa, mientras Luzbel la sujetaba firmemente.

    – No dejes que me folle por el culo – le suplico a Luzbel

    – cállate marrana – le ordeno Celio – a las putas cómo tu hay que darles por el culo

    Celio la penetró sin compasión y una buena parte de su polla entro en el culo de Elisa que soltó un alarido de dolor y la volvió a penetrar más profundamente y Elisa se agarró fuertemente a los brazos de Luzbel y soltó unos alaridos de dolor, por un momento en la habitación solo se podía oir la respiración agitada de Elisa y los gritos desgarradores de dolor que parecía que iban a reventar los cristales de las ventanas, para desgracia de Elisa aquella noche no había mucha gente en la urbanización y su chalet estaba muy apartado y no podían oírla gritar.

    Celio la penetraba con dureza y dejaba la polla quieta en el culo de Elisa y la empujaba para que entrase más profundamente.

    – Que culo más apretado que tiene la gorda – se quejaba Celio – le voy a abrir el culo bien abierto a la muy puta

    – Oh. Mi culo – las palabras entrecortadas salían de la boca de Elisa – no me lo folles… me duele mucho

    – Relájate marrana – le dijo Luzbel abofeteándola en la cara – no estés tan tensa y no te dolerá tanto.

    Celio empezó a bombear, y el lubricante hizo que la polla de él empezase a deslizarse lentamente dentro del culo de Elisa que seguía gritando.

    – Ya te estoy follando el culo guarra… tienes que ayudarme- le pidió Celio – quiero que aguantes y te dejes follar puta, lo peor ya ha pasado.

    – fóllame despacio – suplico Elisa llorando – me duele mucho mi culo… por favor no me hagas daño.

    – Ya empieza a dilatar – dijo Celio – vete acostumbrando gorda, a que te follen por el culo

    – Fóllala bien follada a la marrana – dijo Luzbel – rómpele el culo

    – Despacio – te lo suplico – mi culito -susurraba Elisa mientras su mano estrujaba la polla de Luzbel.

    Celio la empezó a follar más intensamente lo que arranco gritos de dolor de Elisa

    – Quiero escuchar como chillas mientras te rompo el culo gorda – la humillaba Celio – le vas a contar a tu hijo cómo has dejado que te rompan el culo porque eres una puta.

    Luzbel dejo de sujetarla al notar que ya no oponía tanta resistencia, le metió dos dedos en el coño y empezó a meterlos y sacarlos y los gritos de dolor empezaron a ser gritos placenteros. Celio saco la polla de el culo de Elisa se quitó el preservativo manchado de sangre y heces, se untó la polla con lubricante y la volvió a penetrar analmente y Luzbel le pasaba los dedos por el clítoris.

    – Que me estáis haciendo – chillaba Elisa – me voy a volver loca

    – ¿te gusta que te den por detrás marrana? – le afeaba Celio – cómo me pone darte por el culo gorda

    Elisa aceptaba que la polla de Celio la follase intensamente y empezó a temblar los dedos de Luzbel entrando y saliendo de su coño la llevaron a otro orgasmo y de su coño salió un chorro de líquido seguido de una gran cantidad de fluido, Celio la siguió follando intensamente mientras que Luzbel le subió la cabeza y la obligo a mirar como Celio la estaba sodomizando, Elisa ya no dejaba de gritar placenteramente y de su coño salió una sorpresa.

    – Mira cómo se ésta meando de gusto la muy guarra – dijo Celio al darse cuenta – vas a suplicar que vengan a clavártela por el culo… mírame mientras te rompo el culo.

    Elisa lo miro avergonzada y ya dejaba que la follasen dócilmente por detrás.

    – ¿te gusta que te folle por donde nadie te ha follado gorda? – le exclamaba Celio burlándose

    – Sigue follándome – pidió Elisa incomprensiblemente para ella – me vas a reventar… pero sigue dándome.

    – De todas las milf que nos hemos follado, esta es la más puta con diferencia – le dijo Luzbel a Celio.

    Celio no aguanto más y empezó a follarla intensamente subiéndole las caderas, empezó a temblar y bufar aireadamente y le lleno de leche el culo a Elisa que al sentir aquel líquido tan caliente dentro de ella se quedó espatarrada en la cama con las piernas temblando.

    – Vaya polvo le he metido a la puta esta – dijo Celio apoyado en la pared agarrándose la polla y soltando leche todavía por el suelo.

    Luzbel le metió la polla en la boca a Elisa y empezó a follarla sin que ella opusiese ninguna resistencia y también se corrió llenándole la boca de leche.

    – Cada día eres más puta – le dijo Luzbel agarrándola por la barbilla

    Ellos se vistieron y se fueron y Elisa quedo tumbada en la cama agazapada con el culo dolorido y lleno de esperma, pero con una sonrisa en la boca, los amigos de su hijo la habían follado cómo nadie lo había hecho y se quedó dormida plácidamente.