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  • El alumno favorito de la profesora

    El alumno favorito de la profesora

    El muchacho solitario leía ávidamente su ejemplar de Germinal en francés, deteniéndose por momentos en algunas páginas especialmente reveladoras. Mientras el resto de chavales saldaba la prohibición de usar sus teléfonos móviles en el avión con gritos y risotadas, él se hundía aún más en su propio mundo. Aunque ya tenía dieciocho años, como la mayoría de esos alumnos, a su profesora Marina le parecía aún un muchacho solitario que se escondía en los recreos. También era su mejor estudiante, y prácticamente bilingüe en Francés, pero tenía la sensación de que aquello no le ayudaría mucho en la vida.

    -A ver, chicos, controlaos -pidió a las bestiecillas que pronto crecerían hasta convertirse en bestiezulas, en cuñados de bar, adictos a la coca, cotillas de portal o gurús de las criptomonedas. El futuro de su sociedad y (más importante) de su pensión estaba frente a ella, frente a Mauro, el profesor de Matemáticas que roncaba a su derecha; frente a Verónica, la profesora de Inglés que tocaba sus lentejuelas como si fueran un rosario para hacer frente al aterrador despegue del avión. Pero no había nada más terrorífico que ese futuro encarnado en alumnos que se llamaban a sí mismos «bro» y en chavalas grabándose para TikTok como monas en celo.

    Bah, seguro que pensaba en eso porque ya rozaba los cincuenta. Ella misma, a su edad, había sido tan atolondrada como ellas, aunque se hubiera casado pronto. Pero después había ido cambiando el alcohol por los zumos de naranja y las noches de fiesta por yoga y sentadillas, y su indumentaria de noche por un corto pero recatado vestido de motivos florales. Era irónico, pensó, que hubiera cultivado con tanto esmero esas formas atractivas y firmes, dado que el estilo de vida que las había alumbrado era el mismo que le impedía disfrutarlas al máximo. Pero a veces se decía a sí misma «ay, si yo quisiera…» cuando sorprendía a un padre o alumno intentando taladrar con la vista el lugar donde sus piernas se encontraban.

    -Leticia, apaga el móvil de una vez, anda.

    Su hija obedeció desde el asiento de delante, poniendo los ojos en blanco. Había heredado su talla 100 de pecho, el rubio de su cabello y su interés por la lengua de los franchutes, pero poco más. Era más revoltosa incluso que ella a su edad, y eso le daba miedo. No tanto como el futuro de su pensión, pero sí un temor ligero y controlado.

    El avión despegó, como tantas otras veces. Como siempre que viajaba, su subconsciente conjuró visiones idílicas de su vida en el extranjero, en Francia, donde fuera. Lejos. Libre.

    Suspiró, relajándose cuando los chicos volvieron a sacar el móvil para perderse en su pequeño mundo de retos virales y ombliguismo extremo. Menos ese chaval, Sergio, que maltrataba su mente con las condiciones penosas de los mineros del siglo XIX, con un rostro grave y sombrío de concentración.

    Cerró los ojos sabiendo que, por lo menos, una de sus recomendaciones literarias no había caído en vano.

    Marina siempre había preferido el vino a la cerveza. Cuando bebía vino, pese a la culpabilidad que a veces le provocaba ese renuncio, se sentía una con esos vetustos emperadores, con esos filósofos clásicos, con los que habían aprendido a tratar la uva de un modo que pudiera convertirse en el manjar favorito de Baco. Cuando bebía cerveza, se sentía como un alemán en Ibiza, y su experiencia le decía que el vino, frente al embrutecimiento vil de la cebada, solía revelar cosas interesantes sobre los demás.

    Ahí estaba, por ejemplo, la joven Verónica hablando con Mauro, ese señor bajito y fondón a través de cuyas gafas de culo de vaso ella parecía ver al mismísimo Apolo.

    -Sí, las matemáticas son el único lenguaje universal, en verdad. Es lo único de lo que podemos estar seguro, porque son verdades que se definen a sí mismas…

    -Ah, very interesting…

    Esos dos acaban liados fijo, pensó. No sin cierta envidia, a decir verdad. Y es que, en un restaurante como aquel, donde se habían dejado los riñones para que los chavales comieran la comida local en vez de una hamburguesa, en ese lugar que parecía la postal de alguna clásica pensión, le habría gustado tener a su lado alguna mano cálida y tranquilizadora que se apretara contra la suya. O incluso, si no había más remedio, la mano de su marido.

    Suspiró. Qué iluminación tan romántica, tan candente y anaranjada… para ella solita.

    En fin. Prefirió centrarse en lo que había pensado, en la veracidad del vino. Y, como esos chavales ya tenían edad para joderse la vida de manera perfectamente legal, pudo mirarlos sin filtros. Revelados en su descarnada veracidad, era divertido ver en qué mutaban esos chicos en comparación con los que había conocido en las aulas.

    Ahí estaba Roberto, tan atolondrado para contentar a sus compañeros, que bajo los efectos relajantes del alcohol tomaba un rol más pasivo. Ahmed, el pobre, se lo comía con los ojos, lejos de la mirada inquisitiva de su religiosa familia. La despampanante Eva empezaba a soltarse, hablando con esa lengua de serpiente que haría que más de un palurdo le pagara las copas esa noche. Su hija Leticia se controlaba más porque estaba su madre delante, pero podía ver ese brillo pícaro en sus ojos.

    Y, por otra parte, estaba Sergio.

    La copa de vino semivacía que llevaba en la mano ese chaval, y el efecto que provocaba, era la prueba inequívoca de que su soledad no se debía a una introversión natural, sino a las cadenas plúmbeas de la timidez. Ahora, frente a unos compañeros que no sabían si reír o llorar, filosofaba de todo un poco, con sus ojos brillantes paseando de vez en cuando por los escotes generosos de algunas de sus compañeras.

    -No, no… el Estado nación no está muerto. ¡Qué va! Pasará por un período en el que tendrá que dormitar, pero ya se le está viendo las orejas al lobo. La gente se está dando cuenta de que las multinacionales no son sus amigas, y el papel de los agentes supranacionales empieza a ser quirti… critin… criticado. Y, tarde o temprano, imitando a China y otras potencias menos convencionales…

    Cuando hablaba de literatura todavía podían tolerarlo, pero sus discursos sobre política eran recibidos con la más absoluta indiferencia. Ese chaval, que había tenido algunos problemas de convivencia en su viejo instituto, no era odiado por sus compañeros, al contrario. Pero su amor era más bien como el amor que se tiene a un pug estúpido que no sabe valerse por sí mismo y que, por más que dijeran los animalistas, no es un miembro real de la familia.

    Tenía relaciones cordiales de respeto con algunos compañeros, sí, pero no se podía hablar de amistad. Mucho menos de romance. Aquel muchacho de pelo pajizo y lacio, con gafitas redondas y un afeitado exhaustivo que dejaba ver su piel suave, no era feo. Pero era… raro. Raro como había sido ella, más preocupado de sus libros y de las noticias que de las redes sociales, pero para las mujeres siempre es más fácil, y Marina había conseguido abrirse. Pero, hostia, era algo injusto que un chaval tan mono y tan interesante estuviera sin novia. Si tuviera alguien que le enseñara, que le guiara con una mano más firme y más madura…

    Se masajeó la frente. Quizás ella también hubiera bebido demasiado.

    Cuando se tumbó en la cama de su habitación de hotel, Marina no pensó en dormir. Tampoco pensó en vigilar a los chavales, ni en el marido que dejaba atrás en España. Al tumbarse en esas sábanas blancas como la inocencia de un niño, con el rostro colorado y los botones superiores de su vestido desabrochados, solo pudo pensar en ese calor que le corría por las piernas y que poco tenía que ver con su inminente menopausia.

    La puerta estaba cerrada, ya era la hora de dormir, nadie la veía. Se mordió el labio y dejó que su mano explorara el recóndito lugar que se encontraba entre sus piernas, húmeda sima que los exploradores habían abandonado hacía mucho. Pero sus dedos servían, al menos, para hacer un apaño.

    Qué triste mi vida, pensó, mientras las efigies de Rupert Everett y Hugh Grant se peleaban para formar parte de su fantasía. Una fantasía (su dedo índice dibujó círculos alrededor de su clítoris) en la que había cena, velitas, poemas (como el soneto de su dedo pulgar, humedeciéndola), donde podía converger con otro hombre en una intersección donde todos sus problemas llegaban a su fin.

    Se imaginó en mil escenarios, con esos dedos convertidos en hábiles soldados que la penetraban con dureza. Se imaginó violada por un nazi en un campo de concentración, se imaginó penetrada por una cárcel entera de presidiarios, compartiendo un tórrido romance con un pirata secuestrador. Aventura, morbo. Todo lo que le faltaba.

    Se mordió el labio inferior, mojándose los dedos, sintiendo cómo el placer iba en aumento. Cerrando los ojos, empañados de lágrimas agridulces, y dejando que aquel éxtasis creciera descontroladamente, amenazando con manchar las sábanas, haciendo que abriera la boca en un intento patético de reprimir sus gemidos…

    …hasta que oyó un ruido en el pasillo. Se planteó ignorarlo, emitió un gruñido de frustración. Sin embargo, la amenaza patente de una sanción por no vigilar a esos cabestros borrachos hizo que se levantara. Se chupó los dedos para ocultar la humedad (estaban salados, sabían bien), tiró las bragas bajo la cama y se bajó la falda. Y, con su mejor cara de mala leche, salió de su habitación.

    Allí se lo encontró a él, dando tumbos contra la pared, con una mirada terca en dos ojos vidriosos que habrían bastado, sin el olor que los acompañaba, para sentenciar a su portador como un borracho. Y Sergio, aunque parecía llevarlo con relativa dignidad, estaba borrachísimo. La miró de arriba a abajo, como si no pudiera creerse que estuviera allí.

    -Anda… hola, profe.

    Ella reprimió una risita al verlo tan sonriente, tan animado.

    -Parece que nos lo hemos pasado bien, ¿no?

    Se encogió de hombros, incapaz de reconocer la autoridad implícita en esa pulla. Por el contrario, aquello le parecía una conversación normal y corriente.

    -Pues no sé, profe -respondió, con una chulería inédita en él-. A veces tomo alcohol para desinhibirme, y me intoxico para olvidar un poco toda la mierda que me rodea… pero, cuando se pasa el subidón, la mierda vuelve. ¿Merece la pena ese bajón por el éxtasis que ha hadi… habido antes? Nunca lo sabremos.

    Comprobó que sollozaba.

    -Oye, ¿estás bien?

    Apartó la mirada, con una lágrima ya asomándose a su aniñado rostro.

    -Pues no mucho, profe.

    -¿Y eso?

    Miró a su alrededor, como si las paredes estuvieran literalmente tapizadas con ojos y oídos.

    -No sé, ¿no podemos hablar en… en otro sitio?

    Marina puso los ojos en blanco.

    -Bueno, pero no se lo digas a nadie, que la gente se puede pensar cualquier cosa…

    A decir verdad, pensó mientras le invitaba a su habitación, confiaba plenamente en ese muchacho de modélico comportamiento y expediente intachable. Pero, a pesar de eso, comprobó varias veces que nadie les mirara. Y, cuando cerró la puerta, lo hizo con un escalofrío.

    Le invitó a sentarse en la cama, algo que él hizo tras reparar durante unos segundos en lo desordenada que estaba. Se sentó a su lado y le puso la mano en su espalda. Estaba caliente.

    -A ver, dime qué te pasa. Pero que sepas que esto es muy irregular: por muy buen alumno que seas, no soy tu madre.

    El chaval asentía, entre la risa y el llanto.

    -Lo sé, lo sé. He estado dando una imagen lamentable. Pero, en fin, así es la vida. Es solo que… mira, si te soy sincero, no necesito muchos amigos. Puedo quedarme en mi mundo durante horas, y entrar en contacto con los sabios de todas las épocas a través de los párrafos que ellos escribieron. Pero a veces, más que con los sabios, quiero entrar en contacto con los labios.

    La ocurrencia le hizo reír. Claro que era eso. La historia más vieja del mundo.

    -Ya. Entonces, te gusta una chica.

    El chaval rechazó esa idea con una mano.

    -¿Una? No. Más de una, muchas más. Son necesidades fisiogo… filo… físicas. Y, sí, me siento atraído hacia algunas de forma intelectual o humana. Pero no creo en el amor ni nada de eso. Solo que… bueno, me jode. Me jode, es verdad, que se me excluya. Y no es que no haya conseguido echar un polvo hasta ahora, sino que las mujeres no me ven como un potencial compañero. No creo ni que se lo planteen, y no por malicia, sino porque no soy atractivo. Pero qué se le va a hacer. En el fondo, es bueno: no sé si soy autista o qué tipo de trastorno me ha hecho diferente a los demás, pero quizás sea mejor que no se reproduzca en un futuro hijo mío. Mis neuras son malas para la supervivencia.

    A Marina le conmovió ver esa mezcla de seca madurez y de impotencia juvenil en un muchacho tan joven. Estaba claro que no se hacía ilusiones, y tal vez tenía razón, pero era descorazonador oírlo.

    -Venga, no digas eso. Seguro que encuentras algo-le aseguró, cumpliendo su función de profesora. Ebria aún, colocó su mano en la espalda de él, tal vez tomándose demasiadas confianzas-. Ahora estás pensando en tu pequeño mundo de instituto, pero te aseguro que hay chicas que se van a morir por ti. Mira, eres guapo, bastante mono y con ese puntito de intelectual atormentado que a las universitarias de letras les chifla. No te va a ir mal. Y esas poesías que haces y que cuelgas en redes… a más de una le van a hacer babear.

    Ella misma, al leerlas, no se había creído que las hubiera escrito un chaval de su edad. Pero ahora, ese muchacho de dieciocho añitos no parecía tener lugar en su mente para el arte ni las letras. Por el contrario, su mano temblorosa se movía en el aire, como intentando superar la última barrera de su timidez.

    -Gracias.

    -De nada.

    -Usted… usted también está muy bien, profe.

    Ella no procesó aquella frase al instante, sino que permaneció unos segundos con su estúpida sonrisilla, mirándolo. Solo se dio cuenta de lo que había dicho cuando esa mano trémula rozó su pantorrilla y, tras dudar, se posó en ella. Y la mirada encendida de ese muchacho se posó en su rostro.

    -Oye, Sergio…

    -Dime-sonrió él, a punto de perder el aliento por su nerviosismo. Sus dedos masajearon la piel desnuda de Marina, que no pudo reprimir esa elocuente mordida de labio.

    -Oye, no te lo voy a tener en cuenta porque has bebido mucho, pero me estás poniendo en un compromiso y… esto que haces no está bien. Anda, quita la mano de ahí.

    El chaval obedeció, pero siguió mirándola con esos ojos de clavo ardiente. Ella, en consecuencia, notó cómo un rubor se extendía por su semblante.

    -Vale, pero sigue siendo verdad. Es usted muy guapa…

    Le acarició el pelo, algo que la hizo sonreír instintivamente. Era un gesto cariñoso, casi infantil y, aunque sabía que escondía otras intenciones, disfrutó de él. Cuando acercó sus labios a los de ella, pensó en retirarse en el último segundo, tal vez en dejar que le rozara la boca un poco y poder decir que no había podido evitarlo.

    Al final, sin embargo, acabó aceptando aquel ofrecimiento. Cuando sus labios se juntaron, sintió cómo la sangre le hervía, y no precisamente por enfado.

    Hubo mordiscos torpes, hubo caricias en el rostro, hubo contactos con la lengua. Hubo dudas ígneas y tormentosas, y unos latidos que estuvieron a punto de destrozar la caja torácica de Marina. Hacía tanto que no se sentía así…

    No. No. No. Recuperó la cordura y, sobre todo, recuperó el miedo. Apartó gentilmente al chico, cuya boca alcoholizada se relamía satisfecha, y tuvo que tomar aire antes de poder hablar:

    -Sergio, yo… lo siento mucho. Soy tu profesora, estás bajo mi supervisión y no tendría que haber hecho esto.

    -No pasa nada, profe -insistió él, con una chulería inédita-. Nadie se va a enterar. Se nota que también le apetece, yo soy mayor de edad… con todas las putadas que suceden en el mundo, no hay que perder la cabeza por algo que no va a hacer daño a nadie.

    Colocó de nuevo la mano en su pierna, y ella no la retiró. Se dejó llevar mientras esos cinco dedos ascendían, deslizándose por su piel con un tacto culpablemente placentero. Dejó escapar un suspiro.

    -No, yo… cariño, yo tengo marido.

    Una sonrisa taimada se asomó al rostro del muchacho.

    -La verdad, profe, me suda la polla que tenga marido. Y creo que a usted también.

    Sus labios volvieron al asalto, y los de ella no se quejaron. De hecho, su propio brazo, como por ensalmo, se deslizó por el pantalón de traje que llevaba el chaval.

    -Madre mía… -susurró, con los ojos abiertos como platos, al tocar lo que eso escondía. No supo decir si Sergio estaba orgulloso o avergonzado, pero sí que hacía tiempo que no probaba una polla de ese calibre.

    Con una lentitud agónica y morbosa, la acarició. Escuchó cómo el gemía como un animal salvaje, disfrutando por primera vez del papel de macho que le había reservado la naturaleza.

    -Joder, qué manos tan suaves tiene, profe…

    Sonrió. El chaval tenía labia, después de todo. O quizá ella estaba muy cachonda y muy desatendida.

    -Y tú tienes un pene… tienes un pollón enorme.

    -¿Sí? ¿Dónde lo quiere?

    -Adivínalo, machote… -respondió, acariciando su entrepierna con un guiño malévolo. Ya no había lugar para la ambigüedad, ya no podía fingir que se trataba de un malentendido. Era todo o nada, y lo quería todo.

    Sergio tragó saliva y asintió, pero no se la sacó. Por el contrario, se incorporó para luego agacharse delante de esos muslos generosos que su maestra se había esforzado en esculpir. Ella adivinó lo que pretendía, y le indicó con la mano que lo hiciera.

    -No llevo bragas…

    -Vaya, profe, parece que es usted más viciosa de lo que pensaba.

    Y, sin más dilación, enterró la cabeza en el lugar donde sus piernas se encontraban. Marina supuso que había leído sobre el sexo oral en Internet y estaba deseando probarlo. Por eso, empezó a moverse por debajo de su falda con el entusiasmo vigoroso de la juventud, con acercamientos torpes pero efectivos.

    Cuando su lengua finalmente tocó su clítoris, Marina dejó escapar un jadeo.

    Sergio lamió su coño sin grandes alardes de destreza sexual pero de manera digna, eficaz. Ella se sintió como una reina, siendo masajeada en su interior por esa juventud insolente que quería tocarlo todo, chuparlo todo, probarlo todo, recoger todas las rosas de la campiña hasta dejarla desierta. Vibraciones constantes de placer recorrieron su cuerpo maduro, y se empapó de su juventud mientras él se empapaba de los jugos que su sexo rezumaba sin mesura.

    -Joder, para esto no necesitas profesor, cabrón… me cago en Dios, qué bueno eres…

    Y era cierto: una vez superados sus reparos iniciales, Sergio convirtió su lengua en un proyectil que no se cansaba de golpear su interior. De penetrar no solo su coño, sino sus tabúes, su moral, su fidelidad a su marido y a su trabajo. Se tapó la boca para que nadie pudiera oír cómo gemía por culpa de ese niñato. Pero los chillidos huyeron de su boca de todos modos, conforme el éxtasis iba en aumento. Como una olla a presión, el placer fue en aumento de manera excesiva y barroca, desbordante, húmeda.

    Hasta que explotó.

    Gritó como si no hubiera un mañana, y solo se tapó la boca después de unos segundos. Tiritó, tembló. Sergio se retiró, consciente de que había conseguido por primera vez que una mujer se corriera. Marina jadeó, sudorosa, mientras su alumno se levantaba. Clavó su vista en ese bulto de sus pantalones.

    -La necesito… -gimió, convertida en una colegiala tonta y enamorada-. La necesito…

    El chaval sonrió.

    -Claro, guapa. Enseguida…

    Se detuvo, tocándose el estómago.

    -Espere, profe. Voy al baño un momento.

    Y fue, dando tumbos, hasta el lavabo. Ella se mordió el dedo índice, esperándolo.

    Pero, cuando lo oyó, supo que esa noche no pasaría nada.

    Entró al baño, todavía con las piernas trémulas por el orgasmo, para ver a ese pobre chico arrodillado en el váter, vomitando toda su valentía.

    -Ay, pobrecito… -se lamentó, agachándose para acariciarle el pelo-. Venga, sácalo todo y te llevo a tu habitación.

    El chaval sacudió con la cabeza.

    -No. Todavía… todavía puedo. Esta es una noche… bonita, la… la mejor de mi vida. Y quiero que… quiero…

    Pero la madura cachonda había vuelto a ser la profesora, y negó rotundamente con la cabeza.

    -No. Estás borracho, Sergio.

    -Por favor…

    Volvió a acariciarle.

    -Mira, vamos a hacer esto. Yo te doy mi número y, cuando volvamos al pueblo, tú me llamas. Y, entonces, acabamos con esto. ¿Te parece bien?

    Él la miró con cierto resentimiento, seguramente acostumbrado a excusas como esa.

    -Vale. Vale, profe. Esto ha estado muy bien. Gracias.

    Marina le besó en la frente.

    -Gracias a ti, galán. No me lo he pasado tan bien desde hace mucho tiempo.

    -Y mejor que te lo vas a pasar… cuando nos veamos.

    Cariñosa, Marina le limpió con agua los restos de vómito y de jugos vaginales que adornaban su rostro. Luego, apuntó en un papel su número de teléfono y se lo metió en el bolsillo. Estuvo a punto de cambiar de opinión al rozar su generoso pene, pero la sensatez se impuso.

    -Venga. Te voy a llevar a tu cuarto, guapo.

    Tras arreglarse y revisar bien el pasillo para comprobar que no había nadie, y lo guio hasta su habitación con rapidez. Solo al llegar se dio cuenta de que lo había estado llevando de la mano. Pero es que su piel se sentía tan bien…

    -Bueno, guapito, te dejo aquí-le dijo a su mejor alumno, que tanto tenía que aprender-. He pasado una muy buena noche.

    -Yo también, profe.

    Con esa despedida, se alejó por el pasillo, sonriente y pizpireta, joven y experimentada al mismo tiempo. En ese instante, aunque sentía cierta culpabilidad por el patán de su marido, no pudo sino pensar en que se estaba llevando un buen recuerdo al cementerio.

    Durante el viaje de vuelta, pudo observar que Mauro y Verónica estaban más cariñosos el uno con el otro. Si esos dos también habían encontrado algo en ese hotel, bien por ellos. Ella no podía esperar a que esas vacaciones llegaran a su fin, a que pudiera dejar de apartar la cara cada vez que su mirada se cruzaba con la de ese chico.

    Lo vio, de nuevo en su asiento. De nuevo solo. Con el rostro agachado en su libro, que ya estaba terminando.

    Se preguntó cuánto recordaba, se preguntó si se arrepentía. Se preguntó si podría mirarlo a los ojos alguna vez y pedirle perdón. De lo que estaba segura era de que ese desdichado muchacho tímido no tendría el valor de llamarla de nuevo. Eso era un alivio, era una alegría.

    ¿Lo era?

    Porque, a decir verdad… a decir verdad, era una pena. Podría haber enseñado a ese chaval muchas cosas, podría haberse convertido en otro tipo de profesora para él. Y podría haber gozado, sí, de todos los orgasmos que el cuerpo le pedía y que las circunstancias no estaban dispuestas a darle.

    Ay, Sergio, qué cosas tan buenas le podría haber dado a ese muchacho…

    Cuando llegó al aeropuerto, su marido las recogió en el coche y se las llevó al pueblo. Desde el asiento de delante, habló por el móvil con sus compañeros, paseó parsimoniosa por las noticias de prensa nacional que se había perdido. Cuando le llegó una notificación desconocida, pensó que se trataba de spam. Al menos, hasta que tuvo que esconder el teléfono para que no se viera esa polla erecta y deliciosa que había entrado en su chat.

    Se apoyó en su asiento, respirando entrecortadamente. Sonriendo. Cachonda como nunca antes. Y agradecida, pletórica, porque ese muchacho había decidido incidir en su error.

    Le envió un mensaje detallando una fecha y una hora en la que su familia no estaba en casa. Y que fuera lo que Dios quisiera.

  • La putita de mi primo

    La putita de mi primo

    Hace unos años gané una beca para un curso de inglés en otra ciudad. La beca cubría alimentación y estudios, pero no hospedaje. Para mi fortuna en esa ciudad vive la hermana de mi mamá con su familia; su esposo, 3 hijos y 1 hija. La casa es de dos pisos. El piso de abajo es más que todo un garaje y una oficina sin uso. Mi tía me dijo que podía hospedarme en esa oficina que tiene su propio baño. Solo tuve que conseguir una cama y ya tenía mi propio mini departamento. La privacidad es algo muy importante para mí porque siempre he sido un travesti de closet.

    Desde la niño siempre que tuve oportunidad usé en secreto cosas de mi madre como labial, tangas, faldas, etc. A medida que trascurrió la adolescencia este gusto fue creciendo más ya que su ropa me empezó a lucir más sexy. Mi cuerpo es poco masculino, casi neutro con un extra de nalgas. Mi rostro es bonito, sin barba y mis labios son bonitos (boca de mamona me decían en el colegio los chicos burlones).

    Pasó el primer mes sin novedad, los estudios se me hacían fáciles y tuve tiempo para comprar unas tanguitas (una negra y otra rosada), labial y bisutería. Las usaba solo para mirarme al espejo hasta calentarme mucho y tocarme viendo porno. Imitada durante todo el vídeo a la chica y me sentía muy puta. Pero una vez que se tiene algo, uno quiere más. Cuando salían mis familiares alcancé a ver varias veces a mi prima con ropa linda y coqueta. Ella tenía 16 años en ese entonces, pero toda una mujer físicamente. Empecé a desear su ropa. Yo no me atrevía a comprar ropa de mujer porque imaginaba que alguien podía entrar y descubrirlas. Lo poco que compré se podía meter fácilmente en un zapato y guardarlo al fondo del closet.

    Para mi suerte un día mi tía se acercó a mí y me comentó que saldrían a la playa desde el jueves y regresaban el domingo de noche. Me dio las llaves e instrucciones para que la casa esté segura. Además, me dio las llaves del piso de arriba para que consuma lo que quiera de la refrigeradora para que nada se desperdicie. Apenas me quedé a solas, mi mente empezó a volar imaginando las posibilidades, sobre todo la de usar la ropa de mi prima y caminar libremente como una chica. Pensé que tenía que hacer las cosas bien, así que una vez que ellos salieron, salí a un centro depilatorio. Llegué con gorra y mascarilla para proteger mi identidad. Las señoras que depilan se reían, pero no me importaba, fue un precio bajo para el placer de verme en el espejo sin nada de vellos, todo despejado y suave: axilas, pubis, ano, piernas, todo.

    Esperé un poco hasta que vi las fotos de mi tía en la playa (la cual está a 5 horas) y supe que era el momento. Subí e inmediatamente localicé el cuarto de mi prima. Entré y sentí algo muy bonito al ver su habitación. Era muy rosado, olía a perfume y cremas. Tenía peluches y cajitas con joyas y maquillaje. También vi un gran armario con mucha ropa, pero no quería arriesgarme a dejar huellas así que fui a buscar su ropa sucia. Sentí mucha emoción al ver que tenía mucha ropa pendiente para lavar, empecé a indagar y encontré trajes de baño, faldas, vestidos y ropa interior. Me puse todo y cada cosa que usaba la iba a modelar un espejo de cuerpo entero en la misma habitación. Después de casi 2 horas me calmé un poco y me dije «ok, es hora de sentirme 100% hembra».

    Seleccioné un vestido negro cortito con la espalda descubierta y mangas largas con vuelos, una tiara y aretes falsos muy bonitos que tenían forma de dragón, pero en el espejo se veían brillantes y femeninos. Bajé a bañarme y solo me puse la tanguita rosada, me pinté los labios y arreglé mi cabello de forma muy femenina, no es largo, pero es ondulado y me llega hasta medio cuello sin estirar. Subí y me puse el vestido. La sensación fue maravillosa. Esa tela suave ceñida a mis nalgas y abdomen y las mangas cubriendo mis brazos, pero dejando descubierto mis hombros. Luego me puse la tiara y los aretes. Finalmente, pasé al cuarto de mi tía y tomé unos zapatos de tacón negros brillantes. Salí del cuarto caminando despacio para no torcer mis pies. Me sentía super sexy. Caminé por casi toda la casa así durante 1 hora. Me encantaba verme en el espejo como una mujer sexy, de piernas blancas y gruesas, con un mini vestido que pronunciaba mis nalgas deliciosamente y un rostro bonito, el peinado y la tiara me hacían ver tierna y coqueta.

    Ya satisfecho volví a dejar todo en su lugar y regresé a mi cuarto. Sentí tanta felicidad y excitación. Esa noche me masturbé varias veces de la emoción. Al día siguiente me despertó de un salto el sonido del garaje. Me asomé discretamente por la persiana de la ventana y vi que era uno de mis primos, Raúl. Miré la hora y eran las 12.30 h, había dormido mucho. Noté que bajó del auto y caminó hasta mi puerta. Me alejé de la ventana porque estaba casi desnudo solo la tanguita rosada. Golpeó la puerta y dijo: Gabriel, ¿estás ahí? Me quedé en silencio un rato.

    Volvió a golpear y tuve que responder. Solo dije «¿Raúl? Perdona, acabo de despertar». Me dijo: «te llegó un paquete, te lo dejo en la puerta». «¿Paquete?», pensé, «ok, gracias», le dije. Esperé que se alejara hasta que escuché que subió. Me puse un poco nervioso pensando que quizás algo olvidé arriba. Pero me dije: «no, hasta tomé fotos del antes y después para evitar sorpresas, tranquilo». Abrí la puerta y tomé una bolsa negra. Empecé a revisar y casi me desmayo a descubrir que eran fotos del interior de la casa de la noche anterior en donde estaba yo con la ropa de mi prima. Entré en pánico, no entendía nada. Respiré profundo y volví a revisar.

     En las fotos estaba yo de piernas cruzadas en el sillón, en otra estaba frente al espejo y en otra estaba con las manos en la cintura. Sonó mi teléfono. Lo revisé y era Raúl: «arréglate, bajo en 30 minutos». «¿Arréglate?», pensé. Saqué una bolsa más pequeña de la bolsa grande, la abrí y era una lencería erótica roja. Tanga, bra, portaligas, pantimedias y un lacito para el cuello. Sonó mi teléfono otra vez. «Se lo que hiciste porque revisé las cámaras de seguridad desde mi celular, me gustan las putitas de closet como tú», decía su mensaje.

    No sabía qué hacer, solo se me ocurrió responder «Ok». Me metí a la ducha, me bañé y me puse esa lencería. Arreglé mi cabello y me puse labial. Ordené el cuarto y esperé pacientemente como 40 minutos. Se escuchó un golpe en la puerta. Abrí lentamente y lo vi, estaba sin camisa y bóxer. «A ver, abre más», me dijo. Abrí y entró. Tomó mi mano y me hizo girar. «Ufff, que rica», susurró. Me sentí muy hembra en ese momento.

    Se paró detrás de mí pegando su cuerpo al mío y empezó a comerme el cuello a besos. Mientras me besaba decía que este será nuestro secreto. Sentí que se alejó un poco de mí y luego vi volar su bóxer por la puerta. «Siéntate en la cama», me dijo. Me senté y se puso al frente de mí. Pude ver su verga erecta, gruesa y curvada hacia arriba. Lo miré y me dijo empieza por la bolas. Estaba un poco impactada porque no estábamos hablando del tema. Él asumió que porque soy travesti de closet querría tener sexo con él. O quizás le daba igual porque sabía que me tenía en sus manos. Es decir, me puse la ropa de su hermana menor, no sé si eso era ilegal, pero no quería averiguarlo. En ese momento solo entendí que yo le gusté a mi primo y quería usarme.

    Cerré los ojos y empecé a besar sus testículos y mientras lo hacía sentí su verga palpitando en mi cara. Eso me transmitió que yo le gusté mucho y empecé a calentarme. Me dijo «mírame mientras mamas». Lo miré a los ojos y me metí su verga en la boca. Su mirada era penetrante, pero relajada. Gemía con su voz grave y a veces sonría. Yo recorría su verga con mi boca y envolvía su glande con mi lengua. Me dijo «mírame putita y no dejes mirarme». Sentí chorros calientes en mi boca mientras seguía conectada con su mirada. La boca se me llenó y se alejó. Lo seguí mirando y me dijo «muéstrame la boca limpia». Me tragué todo y abría la boca para que vea que no había nada. Dijo «ufff así me gustan obedientes». Yo dije «sí Raúl lo que tú pidas». Me dijo que me masturbé hasta terminar. Empecé a masturbarme, pero no duré ni 1 minuto y me vine. Me dijo que ponga en 4 que quiero más.

    Tomó mi semen, corrió la tanguita hacia un lado y me lubricó el ano metiendo sus dedos. La situación me volvió a calentar, pensé «Wow este hombre me hizo tragar su semen y ahora me está lubricando el ano con mis líquidos para penetrarme». No tuve que pensar más porque puso su cabeza en mi ano y la dejó deslizar. No fue todo de golpe, pero en 10 segundos ya me la había metido toda. Yo tuve que morder la almohada y gritar así porque fue muy doloroso, pero no me atrevía a reclamar porque me sentía culpable por usar la ropa de su hermana.

    Sonó mi teléfono y él lo tomó. «Aló», dijo. Era mi tía. «Hola mami, sí, aquí estoy ya en casa con mi primo, todo está en orden. En un rato saldré para la reunión de trabajo que me hizo regresar de la playa. Si, si, ok, ok mami, espera». Me pasó el teléfono y me dijo «saluda a mi mami». Dije con voz nerviosa «hola tía, sí, sí todo en orden, ninguna novedad, sí, ok gracias, pasé bien».

    Colgué el teléfono y lo miré, estaba sonriendo y me dijo «vuelve a morder la almohada primita». Dije «¿Cómo?» y empezó a culearme metiendo y sacando su verga. Se me salían los gemidos de placer y algo de dolor y busqué la almohada para morderla. Aceleró sus embestidas hasta hacer sonar mis nalgas como aplausos. El gemía mucho y me agarró el cuerpo envolviéndome son sus brazotes y sentí como eyaculaba dentro de mí. Me soltó y caí en la cama con mi cara en el colchón, pero todavía en 4. Sentí como sacó su verga y se la limpió con mis sábanas. Se puso su bóxer y salió de mi habitación.

    Me levanté, cerré la puerta y fui al baño. Tenía todo el cabello despeinado y el labial desgastado. Me vi al ano y seguía abierto y de ahí brotada su semen que se deslizaba por la parte interna de mis muslos y se absorbía en las portaligas. Caminé temblorosamente a la ducha y me bañé con todo y ropa. Pasé mucho tiempo debajo del agua procesando lo ocurrido. Me sequé y quedé mirando a la nada varios minutos. Me sacudí la cabeza y me tiré en la cama. Me levanté y vi una mancha en la cama, era semen que seguía saliendo de mi ano. Eso me calentó y me masturbé hasta terminar y no sé porqué pero recibí el semen en mi mano y me lo tragué.

    Quizás fue porque quería recordar la sensación del semen de Raúl deslizándose por mi garganta o porque imaginé que eso me hubiese pedido Raúl, no sé. Limpié la cama y me tiré dormir. Desperté como a las 5 de la tarde. Revisé mi teléfono y tenía un mensaje de Raúl: «estás riquísima, desde ahora serás mi novia secreta, tranquila, ya borré el archivo de seguridad de las cámaras». Ese mensaje me dio tanta tranquilidad que me sentí como enamorada de él, ni yo me entendía, solo le respondí «cuando tú quieras mi amor».

  • Infidelidad inconsciente (2)

    Infidelidad inconsciente (2)

    Llevaba casi 2 años viviendo en Madrid, y un año con Raúl, mi amante. Seguía compartiendo el piso con Bea, quién no me lo dice, pero me doy cuenta de su molestia por las veces que Raúl se queda conmigo. En fui a Chile, por vacaciones de invierno de allá y de verano de acá. estuve por 3 semanas.

    Aproveché de estar con mi marido y de ver a mi hija, ya de 3 años. También estuve con mis padres y mi hermana. Pude disfrutar de mi familia, y esperaba aclarar un poco mi cabeza respecto de Raúl y Alfredo. Pero eso quedó igual. No puedo evitar volver a España, ni después a Chile. Recibía todos los días algún mensaje de Raúl por mi Facebook.

    Al volver a Madrid me estaba esperando en el aeropuerto Raúl. Llegué algo cansada, así que me fui prácticamente directo del avión a mi cama. Al día siguiente quedé en almorzar con Raúl. Había estado muy calmado, sabía que no tardaría mucho en volver a ser el de siempre. Almorzamos, tranquilos, me pregunto por mi viaje, como me sentía y estaba muy romántico. Llegué a pensar que el haber estado lejos 3 semanas pudo haberlo hecho cambiar. Pero sólo hasta ahí llegó el cambio.

    Cuando terminamos de almorzar nos subimos al auto, rumbo a mi piso, yo andaba con una blusa escotada y un brassiere rosado. Apenas puso el auto en marcha me dijo: – déjatelas tetas al aire – Algo desconcertada no supe qué hacer, entonces el mismo hizo a un lado mi blusa y me dejó ambas tetas al aire. Todo el camino en auto fui en el asiento del copiloto con las tetas afuera. Algunos automovilistas lo notaban. La situación claramente ponía caliente a Raúl. Me dejó en mi edificio, y me dijo -vuelvo en una hora – Aprovecharíamos que Bea no estaría.

    En una hora casi exacta llegó Raúl. Lo recibí. Entró y rápidamente me arrinconó contra la pared, agarrándome fuerte las nalgas. Una vez contra el muro, tomó mi pelo me lo jaló y me dio un beso casi salvaje. En un momento me dijo que dejara juntos mis labios. Lo hice, y el comenzó a pasar su lengua por sobre ellos, varias veces, hasta que no resistí más y abrí mi boca haciendo entrar su lengua en mi boca. Metió uno de sus dedos en su boca y acto seguido lo puso en la entrada de mi culo. Me levantó en brazos, y me cargó en uno de sus hombros, con mis caderas a la altura de su cabeza.

    Durante el trayecto de la puerta a mi cuarto, iba metiendo su dedo en la entrada de mi culo, mis piernas estaban juntas, mis bragas estaban en la mitad de mis muslos y mi culo mirando el techo, mi pelo colgando en su cintura… Me tiró en la cama y me quitó las bragas. Iba depilada sólo con el triángulo, como le gusta a él. Me agarró de los muslos y levantó mis caderas en el aire, dejando mi cabeza en el colchón.

    Empezó a pasarme la lengua por el coño. Separaba mis labios con su lengua y también me la metía en el ano. Estaba poniéndome loca.

    Yo, mirándolo desde abajo, agitaba mis manos, apretaba las sábanas, me estrujaba las tetas. hasta que Raúl, me dijo lo que probablemente había querido decirme desde que volví: – ¿Así que el cabron de tu marido te folló? – Yo no respondí nada. Eso pareció molestarle y calentarlo a la vez, porque me metió profundo su lengua en mi culo. -Responde – me dijo. Respondí; -Si, le dije. -«¿Cuántas veces?» -«Todos los días.» Me dejó en la cama y siguió comiéndome el coño.

    Separó mis labios con 2 dedos, los acariciaba con su lengua y dejó un dedo en la entrada de mi vagina. Yo agitaba mi lengua en el aire. Y el pareció darse cuenta, pues estuvo mucho tiempo haciendo lo mismo, Luego le dedicó tiempo a mi clítoris, hasta que me hizo correr. Sin darme tiempo a descansar, me sacó la camiseta y mis tetas se bambolearon unos segundos.

    Las sentía duras y mis pezones muy erectos. Empezó a engullirse mis tetas, a besarme todo el contorno, a recorrerlas desde su base hasta la punta del pezón. Ceremoniosamente, tomándose su tiempo, su lengua corrió por cada centímetro de mis mamas. Hasta terminar con muchos besos de lenguas muy muy lujuriosos. Se puso un condón y le puso mucha crema, se sentó en la cama, me sentó sobre él, dándole la espalda y empezó a clavarme por el culo, sostenida por mis muslos.

    Sentía como de a poco iba entrando hasta tener su polla profundamente enterrada y empecé a sentir un cosquilleo delicioso, mientras tanto mordía mi espalda y me apretaba las tetas mientras me culeaba. Hacía fuerza hacia arriba, clavándome cada vez más. Había estado muy callado para lo que es su costumbre, hasta que me dijo: – Por si no te has dado cuenta, este es el escenario; a dos días de tu vuelta de Chile, yo ya te estoy ensartando mi polla por el culo, ya he comido tus tetas y tu culo, mientras que el cornudo de tu marido se quedó en Chile. Yo le he quitado a su mujer, tú eres mía.- Me decía esto mientras me tenía muy clavada, profundamente clavada por el culo y me masturbaba el chocho con una mano y las tetas con la otra.

    Estuvo culeandome un buen rato, hasta que hizo algo imprevisto. Diciéndome «voy a correrme», me sacó de encima de él, se sacó el condón, me la metió profundo por el coño y se corrió dentro mío. Me dijo: -Ya te había dicho que iba a embarazarte para que te quedes acá, conmigo. Luego subiremos fotos de nuestro bebé a tu Facebook.» No me dio tiempo de reaccionar, y ya sentía su corrida dentro mío. No daba crédito a lo que se atrevía a hacer Raúl. Esa tarde se corrió 5 veces dentro de mí.

    Cada vez que se corría, me hacía chupársela para que volviera a endurecerse y me montaba de nuevo. Sin condón. Al finalizar, volvió a clavármela en el culo y me agarro por los brazos de las muñecas desde atrás. Me hizo caminar por todo el departamento con su verga clavada en mi culo. Antes de correrse me llevó a la mesa de la cocina, y me la ensartó por el coño. Mis tetas estaban aplastadas en la mesa y mi culo vibraba con sus embestidas. Mi pelo estaba pegado en mi cara sudada.

    En total, esa tarde, se vino 6 veces dentro de mí. En Madrid yo era su mujer, me culeaba cuando quería, hasta que llegó el día inevitable, terminó mi posgrado y tuve que volver a Chile. Lo hice, pero evidentemente mi relación hacía mi marido no era la misma, me calentaba mucho más culear con Raúl, el morbo hacia más fuertes mis orgasmos. Volví en 2016, pero yo ya era otra. Me gane un puesto de profesora en una universidad. Creo que soy bonita, desde adolescente he sentido las miradas de los hombres. Fue solo cosa de tiempo para que terminara enfrascándome en un affaire con un alumno ayudante.

    En todo ese tiempo, Raúl no dejaba de escribirme por Facebook, incluso teníamos cibersexo, pero no le conté que me estaba acostando con un alumno. Hasta que un día, de sorpresa, Raúl me dijo que iba a venir a verme a Chile. Llegó el día y se lo presenté a mi marido como un colega español. Él se quedó en otra casa, pero cuando mi ex marido tenía turnos, él es médico, Raúl no tardaba en ir a mi casa y culearme en todos los lugares posibles; en mi cama matrimonial, incluso en la de mi hija, en la cocina, donde fuera. Yo conseguía dejar a mi hija con mi hermana o con alguna amiga, no les decía la verdad, pero sospechaban.

    Raúl estuvo 2 semanas y volvió a España. A punta de culiadas de Raúl y de mi ayudante ya había dejado de querer a mi ex marido. Terminé con mi alumno. Finalmente, Alfredo y yo nos divorciamos. Alfredo se fue de la casa y acordamos que nuestra hija se quedaría una semana por medio con cada uno. Y así fue, como 10 años después de la noche en que me culeó Raúl en Madrid soy una mujer divorciada, activa sexualmente, con una hija de 11 años.

  • De puro caliente

    De puro caliente

    Tengo un amigo que se llama Sebastián, no es guapo, un poco gordo, moreno, fiestero, bueno para el trago, es decir, todo lo contrario a mí. no soy una belleza, pero no soy feo, trato de cuidarme mucho por salud. Así es que no estoy gordo, las fiestas me gustan, pero la verdad, prefiero una buena conversa con amigos, un poco de música, ir al cine, caminar o salir al campo… en otra palabras no tenemos nada en común con Sebastián, sin embargo, somos amigos desde pequeños, prácticamente desde que nos conocimos en la escuela. Fuimos creciendo y le confesé que soy gay, él lo aceptó sin problemas y continuamos nuestras vidas como mejores amigos, le he conocido sus mujeres y sus andanzas amorosas.

    Hace poco más de un mes comenzó una nueva etapa en nuestra amistad. Sucedió que fuimos a una de sus fiestas y terminó bastante ebrio, lo llevé al departamento, lo desnudé y lo metí a la cama, sin embargo cuando estaba desnudo sobre la cama, me di cuenta de lo hermoso que era su pene, tal vez hacía tiempo que yo no tenía acción sexual, así es que traté de alejar todo tipo de malos pensamientos para con Sebastián y lo tapé, me dispuse a ir a dormir a la otra habitación donde siempre lo hacía cuando me quedaba a dormir en su departamento, no podía dormir, me mentí a mí mismo diciéndome que iría a verlo, por si necesitaba algo, cuando en realidad quería ver su verga de nuevo, llegué hasta su cama, dormía.

    Levanté las cobijas y ahí estaba su pene, me latía el corazón, lo acaricié mirando que Sebastián no se despertara, luego me incliné y comencé a darle besitos por todo el tronco, sentí arder mi cuerpo, con sumo cuidado lo metí a mi boca, para mi sorpresa el miembro de Sebastián fue adquiriendo una mayor proporción y pronto estuvo erecto completamente, a esas alturas no me importaba si se despertaba estaba loco por esa verga, la tragué entera, lamí sus testículos grandes jugosos, mientras me pajeaba.

    Deseaba sentarme en ese fierro caliente, abrir mi culo con mis manos y entregarle todo mi agujero ardiente hasta que se corriera, pero me contuve y mientras chupaba esa deliciosa verga me metí dos dedos en mi culo para hacerme gozar, tragué lo que más pude esa cosas rica, dura como fierro toda mía, hasta que sentí un chorro, luego otro y otro inundando mi garganta, me comí toda la leche que pude y la que se escurrió de mi boca la tomé entre mis dedos y la metí en mi culo mientras me corrí en mi mano.

    Unos días después nos fuimos a la playa un grupo de amigos, Sebastián iba con su nueva amiga especial, felizmente no se había percatado que le había comido la verga. Nos acomodamos en el departamento, Sebastián se quedó en una habitación con su amiga, Ignacio con su novia en otra y yo en la última solo. Nos divertimos, mis amigos me animaron a conocer hombres, me decían que no había problema en que lo llevara al departamento.

    Al quinto día conocí a un hombre, se lo presenté a mis amigos, fuimos a tomar unas cervezas y luego nos fuimos a dormir, yo estaba muy caliente, así es que apenas entramos a la habitación me arrojé sobre el pantalón del hombre, le bajé el cierre y comencé a comerle la verga hasta hacerlo correrse, la verdad es que me gusta mucho mamar verga, me pasaría todo el día mamando jeje.

    Después de un rato quería más así que me senté sobre el hombre hasta que se corrió dentro mío llenándome el culo de leche, yo me corrí luego en su boca. El hombre me dijo que no se podía quedar a dormir porque trabajaba muy temprano, la verdad tampoco me interesaba mucho, se fue y yo me dispuse a irme a dormir al parecer ya dormían todos.

    Estaba en cama fumando un cigarrillo cuando tocaron a la puerta, era Sebastián, entró en calzoncillos y se sentó sobre la cama quitándome el cigarro de los labios y llevándoselo a los labios, siempre me quitaba el cigarro, me preguntó que tal con el tipo y le contesté que bien, pero tenía que trabajar.

    Él me dijo que su amiga especial estaba dormida, luego se quedó en silencio, yo le pregunté qué pasaba, y me confesó que no se sentía bien con su amiga especial, que no lo satisfacía en la cama, que no le mamaba la verga.

    Yo le pregunté que iba a hacer y él me miró sonriendo, me dijo que se había dado cuenta la vez en que me comí su verga y que le había encantado la forma en que lo hacía, como lo tragaba entero con desesperación hasta hacerlo correrse.

    Yo no sabía que contestar, él me dijo que no pasaba nada, que era cuestión de darse placer entre amigos, acabó de decir eso y mi mano extrajo su miembro ya erecto, de pie al borde de la cama mientras yo me colgaba de ese hermoso aparato, después de un rato, me separé y le dije que lo quería sentir adentro y él sonriendo me dijo okey, me abrí las nalgas con mis manos y él fue metiendo su falo hasta tenerlo todo, me sentí ensartado, comenzamos a movernos cada vez más rápido hasta que no pudimos más y ambos nos corrimos a la vez, sentí su leche dentro mío hasta lo más profundo, seguí moviéndome hasta que su verga salió de mi culo chorreando gotas de leche.

    Me he vuelto adicto a su verga, todos los días la tengo para mí, he descubierto que Sebastián es muy caliente y no le importa nada, me ha ensartado en los lugares más increíbles, la última vez fue ayer en casa de su abuela, mientras ella nos preparaba un café, Sebastián me tenía la verga hasta los huevos en el sillón. Según él, no es gay y lo hace conmigo sólo de caliente.

    Según yo, él no me gusta y lo hago con él sólo de caliente. Lo cierto es que todos los días al menos unas 5 veces nos damos placer hasta quedar exhaustos.

  • Aquella vez…

    Aquella vez…

    Mi matrimonio no era el más feliz en aquel punto, tampoco era un desastre insalvable, simplemente era una temporada oscura en la que la intimidad escaseaba y el deseo había escapado por la ventana.

    Fue entonces que apareció; a mi trabajo había llegado una nueva compañera, no se trataba de una belleza despampanante sin embargo tenía un encanto y energía que enseguida captaron mi atención, ella era bajita pues no superaba el metro sesenta y cinco, siempre amarraba su cabello en una coleta de caballo pequeñita, sus ojos oscuros siempre irradiaban energía y tenía un físico por demás atractivo, el uniforme hacia un gran trabajo ocultando unos senos medianos, suaves y bien formados, no tanto con sus caderas que eran amplias resultando en unos glúteos y piernas mas bien exuberantes, era una delicia verla recorrer los pasillos a toda velocidad.

    Enseguida hicimos amistad la cual comenzó más temprano que tarde a convertirse en flirteo, un jugueteo de miradas, de insinuaciones, juegos de palabras de doble sentido e incluso mensajes que subían cada vez más y mas de tono hasta ese día, el día.

    Logramos escaparnos después del trabajo, ni mi pareja, ni la suya parecían sospechar y honestamente no lo pensamos mucho; la habitación del hotel era agradable, y la compañía aún mas, ella dio el primer paso, se abalanzo a besarme de forma pasional empujándome contra la cama y colocándose encima, correspondí, mis manos repasaron su espalda, cintura y lentamente sus caderas y glúteos, fue abriendo mi camisa, besando mi pecho, abdomen y finalmente bajo con sus manos hasta mi muy endurecido miembro el cual acaricio por sobre el pantalón un momento hasta que decidió sacarlo, ego aparte, sigue siendo satisfactorio recordar su expresión al vérmelo y más escucharla decir:

    —no esperaba algo así de grande.

    Pero poco tiempo me dio para enorgullecerme pues enseguida comenzó a recorrerlo con su lengua mientras con su mano masajeaba mis testículos y el tronco, sus labios eran muy suaves y su lengua se movía con maestría alrededor de la punta y el cuerpo de este, de cuando en cuando bajaba a lamer y succionar ligeramente mis testículos, el placer era demasiado para mí en aquel momento pero antes de poder llegar al éxtasis se detuvo lentamente para comenzar a abrirse su blusa.

    Procedí a ayudarla, besando su cuello y bajando a sus clavículas, al retirar su sostén por fin pude ver y sostener aquellos excitantes, suaves y sensitivos montes de placer, una forma perfecta, con pezones no muy grandes, cafés, y muy paraditos en ese momento, la acomode boca arriba mientras tomaba mi turno de bajar e irla desnudando, un abdomen plano y más allá su sexo recubierto por una ligera capa de vello púbico que no hizo mas que excitarme aún mas, hundí mi rostro entre sus piernas acariciando sus muslos y saboreando su clítoris y labios, sondeando mi desempeño en base a sus gemidos de placer y ligeros murmullos:

    —así… Sigue… Eso me gustó

    Tras un rato estimulando con mi lengua y dedos pude sentir como ella comenzaba a estremecerse de forma más bien un poco agresiva y con la respiración entrecortada solo me dijo:

    —lo quiero dentro

    Preparado con la respectiva protección procedí a acomodarme entre sus piernas besándola, cuando lo hundí dentro de ella sentí como lo apretaba de forma deliciosa, ella por su parte arqueo la espalda y dejo escapar un gemido suave y a sujetar con cierta fuerza mi espalda, comencé a mover las caderas y a penetrarla no con fuerza pero si con pasión, ella gemía, se mordía los labios, me clavaba las uñas mientras yo hacía lo mío un poco más rápido y fuerte cada vez.

    —déjame cambiar -me dijo de forma entrecortada.

    Se coloco boca abajo con el pecho en la cama y las caderas bien levantadas, una posición perfecta, sujete sus caderas y la penetre de forma apasionada, una y otra y otra vez, veía mi reflejo en un gran espejo a nuestro lado, el reflejo me mostraba su expresión llena de placer y sus senos rebotando.

    —sigue… Ahhh… Sigue… —gemía ella apretando los puños.

    No sé cuánto más dure hasta que comencé a sentir el rictus de placer que lleva al orgasmo, posiblemente ella también lo sintió pues por su propia cuenta comenzó a mover las caderas de forma rápida hundiéndose hasta el fondo mi miembro, sujete firmemente sus caderas y la penetre con fuerza hasta sentir como llenaba el condón, ella se dejó caer en la cama con la respiración entre cortada y sonriendo.

    —que rico —balbuceo.

    Me quite el condón, me limpie y me recosté con ella acariciando su abdomen.

    —descansa, aún hay otros dos —me dijo jocosamente mientras recuperaba el aliento— pienso aprovechar esa cosa lo más posible eh

    Lo hicimos, aquella noche aprovechamos los otros dos condones liberando estrés, preocupaciones y más, fue la primera más no la última vez que fui infiel con ella, siempre fue un torbellino de pasión, un pecado que admito y que no me arrepiento de haber cometido.

  • Profesora particular (IV)

    Profesora particular (IV)

    Llegó el jueves por fin y fui a dar mis clases particulares a casa de los mejores amigos de mis padres. Iba con una chaqueta que me llegaba un poco por encima de las rodillas, muy elegante y cara. Quería dar una sorpresa a Manuel.

    –Hola, Esther!

    –Hola!

    –Qué puntual!

    –Tenía ganas de verte, tito! – le doy un beso en los labios.

    –Esther, cuidado, los vecinos! Entra, entra! Vas muy tapada, hija!

    –Te gusta mi chaquetatita?

    –Sí, sí, muy elegante! Eres toda una señorita!

    –Por supuesto!

    –Una señorita fina y elegante! Pero hoy vas muy abrigada!

    –Sí, tito! Voy muy tapada porque tengo una sorpresa: mira!

    Decidida a no perder tiempo, me quito la chaqueta y Manuel descubre que debajo solo llevo ropa interior muy bonita y sexy de encaje.

    –Carai, Esther!

    –Te gusta? Es lencería muy cara. O sea, me gasté todo el dinero que me diste el otro día en este conjunto.

    –Estás muy guapa! Irresistible!

    –Y así, por detrás, me queda bien?

    –Genial! Se te ve un culo magnífico!

    –Ven, tito! Hmmm! – le abrazo y él me aprieta contra su cuerpo y noto que mojo las braguitas y que los pezones se me endurecen. – Notas mis tetas?

    –Sí, sí, hmmm! – nos seguimos besando y él ya baja sus manos hasta mis deseadas nalgas y juega con ellas y me las separa y enseguida me baja las bragas hasta los tobillos y me introduce varios dedos en el culo, creo que de las dos manos porque siento que me abre mucho el agujero y me tumba en el sofá, boca abajo y le oigo exclamar palabras soeces.

    –Te voy a dar porculo, niña, de hoy no te escapas que te de porculo!

    –No, tito, no, eso no! – me aprieta la cabeza contra unos cojines mientras me levanta la cadera y flexiono las piernas y él sigue penetrándome con sus dedos y abriéndome el culo – Ay, no, nunca he tenido sexo anal, Manuel, no, no! Déjame!

    –Qué? Cómo? Una putita como tú y todavía tienes el culo virgen? Eso aún me lo hace más apetecible! – noto su aliento en el agujero mientras me huele y luego me lame – Qué sabroso tienes el culo, Esther!

    –Gracias, tito! – noto que me ruborizo, así en pompa ante su cara. Dudo de si me gustaría que me follara por el agujerito trasero. Pero no.

    –Tengo la polla más dura que nunca en mi vida! Verás como te voy a romper el culo!

    –No, no, tito! Eso no! Mira, si quieres, méteme los dedos en el ano y yo te la chupo!

    –Hoy te quiero encular, niña! Sueño con tu culo! Llevas mucho tiempo viniendo aquí exhibiéndote, como la cerda que eres!

    –No, tito, yo solo…

    –Mira, de hoy no pasa que te de porculo! – me lo abre mucho y casi me duele, pero la verdad es que eso me excita y siento que el flujo me resbala por los muslos.

    –Tito, ya te digo que no! Muchos novios y amigos me han querido encular y nunca se lo he permitido. Todo menos eso, Manuel!

    –A ver, Esther, mira, te voy a dar el doble de dinero, pero quiero desvirgar tu ano! Es que es muy apetecible!

    –Tito, no, una señorita no… eso no es correcto, no… y menos con alguien que no es tu pareja, no, no!

    –Bueno, tú misma, pero… sabes qué te digo? Que ya puedes vestirte y marcharte. No te obligaré, no temas. Ningún problema!

    –Pero tito, no te enfades! – me levanto y le abrazo y quiero besarlo.

    –No, no. Mira, ya está, dejémoslo por hoy.

    –Tito, venga, va, hombre! – intento tomar su pene totalmente erecto pero él me lo impide – Deja que te masturbe, tito, y si quieres, me eyaculas en la cara! O en mis nalgas!

    –No, Esther, creo que me he estado portando muy bien contigo. Mejor que bien!

    –Sí, es cierto. Pero el culo, no!

    –Sabes qué? Ya te puedes ir y no vuelvas. Diré a mi mujer y a Fernando que ya no puedes venir más a darle clases y ya está.

    –Tito! No me digas eso! El trato es que no me obligarías a hacer nada que no quisiera!

    –Y no te obligo, ya ves. Ponte la chaqueta y márchate, tranquila. –me sube las bragas y me alcanza la chaqueta.

    –Ay, no sé, tito! Me sabe mal que te pongas así! Mira, ven, va, me tumbo y te corres en mis nalgas, va! – le doy la espalda, me inclino, me vuelvo a bajar las braguitas y me apoyo con los codos en el sofá para darle una visión irresistible – Va, tito, venga! Eyacula encima de mí!

    –No, Esther! Te quiero dar porculo y si no, nada!

    –Pero, es que… yo nunca… además, tú la tienes muy gruesa! O sea, no me iba a caber!

    –Eso no debe preocuparte. Tienes el culo muy flexible! Pero si hoy casi te he metido los diez dedos de las manos hasta el fondo!

    –Ay, no sé, siempre he pensado que daría mi culo a alguien especial, quizá cuando me case!

    –Yo soy especial para ti, Esther! Pero si te conozco desde que eras muy niña. Mira, ya verás, iré con mucho cuidado.

    –Tito, es que el culo… querría que la primera vez fuera para alguien con quien esté prometida. Y tú, o sea, estás casado, con la tita.

    –Venga, Esther, nadie tiene por qué saberlo. Mira, te meteré solo la punta y ya está.

    –Es que me hará daño! Y enseguida tendré que ir a dar la clase de matemáticas a… oh!… tito! Ay!

    –Esther, ya está, ya tengo el glande en tu culo. Lo tienes muy dilatado. A que no te duele, verdad?

    –Ay, no sé… no, lo cierto es que no… ay… me gusta la sensación… hmm! – Manuel me baja el sostén hasta debajo de los pechos y me los agarra y juega con mis tetas y mis pezones muy duros para él, me pongo a cien y yo misma me meto varios dedos en la vagina inundada de mis jugos y me masturbo con placer. Mi sexo rezuma.

    –Tienes el culo hirviendo, Esther! Me encanta!

    –Oh, gracias, tito, eres muy amable y cariñoso. Por favor, acaríciame el clítoris!

    –Sí, me enamora tu clítoris! Mi polla arde en tu ano!

    –Hmmm, ay, tito! Qué bien me acaricias! Ay, hmmm! Oh! Siento tu verga dentro!

    –Te hago daño, hija?

    –No, no, es que estoy muy caliente. Introdúcela un poco más si quieres.

    –Sí, seguro?

    –Algo más, sí. Me siento muy guarra, pero me da morbo también, tito!

    –Ya ves que soy muy delicado contigo, Esther!

    –Sí, tito! Acaríciame un poco más deprisa el clítoris! Y méteme tus dedos en el coño, por favor!

    –Claro, tus deseos son órdenes para mí! Estás empapada, niña! Te resbala el flujo por los muslos! Qué cerda!

    –Ay, es que estoy muy caliente! Si quieres, puedes metérmela un poco más adentro, tito!

    –No, Esther, imposible! Es que ya la tengo toda en tu culo!

    –Oh, sí? Pero tan larga y gruesa! Hmmm!

    –Mira, toca, ves, esto ya son mis cojones, tocando tus nalgas! Sabía que te gustaría, Esther!

    –Hmmm, sí, tito! Fóllame el culo! Más adentro!

    –Sí, toma, toma, guerra, cerda! – me la mete y saca y también sus dedos en mi vagina y me corro y gimo y suspiro y él me pega algunes nalgadas – Tu culo quema, niña! Me encanta y a ti también que te de porculo, a que sí! Puta!

    –Ay, sí, Manuel! Oh! Ay! Lléname con tu leche, tito, por favor, ay, hmmm!

    –Quieres que te llene el culo de semen, guarra?

    –Sí, sí, ay. Me corro, tito, ay! Méteme más dedos en el chocho!

    –Tengo los diez dentro, hija! Y mi polla en tu ano!

    –Sí, sí, ya la siento, ya, oh, ah, qué caliente, oh, hmmm, tito, así, sí, así, más, más, oh, ah, dios!

    –Toma, toma, puerca, te follo el culo y te gusta, cochina!

    –Ay, sí, sí, oh! Más, más!

    –Toda mi leche en tu culo, guarra, toma, toma, ay, oh, ah! – noto que me inunda las entrañas con su lefa hirviendo y como rebosa y me resbala por el perineo y la vulva hasta las piernas y él aparta sus manos de mi coño y yo lanzo tanto squirt que forma un charco. – Qué cerda, mira como nos estás dejando el suelo! Toma, toma!

    –Si, sí, tito,venga!

    Al cabo de unos minutos, Manuel saca su pene ya algo flácido de mi ano, me tumba en el sofá, boca arriba y él se pone de rodillas y nos besamos en la boca y me agarra los pechos y me los acaricia y baja su cabeza hasta mi sexo y me lame el coño inundado y el culo rebosando de semen y me penetra el chocho con sus dedos y lengua y yo le ofrezco todas mis ambrosías como si fuera una fuente.

    Al cabo de más de una hora de mis continuos orgasmos, Manuel para de darme placer y se levanta:

    –Se ha hecho muy tarde, niña!

    –Ya? Pero… ya? O sea… Es que estoy aun muy caliente, tito!

    –Esther, eres insaciable, hija!

    –Yo todavía…

    –Pues… está por llegar Fernando.

    –Ay, sí, es verdad! – me pongo de pie – Uy, me tiemblan las piernas, tito! Ay, parece que me vaya a caer!

    –Es que no me extraña. Te has estado corriendo durante horas!

    –Hmmm, sí! Ay, me duele el culo, tito. Te has pasado. Ay!

    –Pero si me has pedido que te la meta hasta el fondo!

    –Es que… o sea… no sé… me he sentido como muy guarra, pero también me ha dado mucho morbo! Y contigo, el mejor amigo de mis padres!

    –Me ha encantado encularte, hija! La verdad, Esther, es que no pensaba que te gustaría tanto que te diera porculo, y más siendo la primera vez!

    –Es que has sido muy cariñoso, tito! Ay, pero ahora me duele. Oh, y el chocho también!

    –Es normal que estés irritada, niña, es mucho tiempo de mete-y-saca y de correrte!

    –Ay, sí! Que gusto!

    –Oyes la puerta? Es Fernando!

    –Oh, hoy sí que querría ducharme! Me siento sucia!

    –Pues es lo que hay, Esther! Corre, ve a dar la clase!

    –Ay, sí, pero primero me visto.

    –No, no, espera! – Manuel me arranca el sostén.

    –Tito!

    –Me quedo tu ropa interior! Me gusta mucho y será un buen recuerdo de la primera vez que te he dado porculo! Bueno, que te han dado porculo!

    –Ay, sí! Pero, Manuel, cómo quieres que vaya a dar la clase así desnuda? No, dame las bragas por lo menos!

    –Hola, papá? Ya estás en casa?

    –Corre, ponte la chaquetita, Esther!

    –Ay, sí!

    –Fernando! Estoy aquí en mi despacho!

    –Hola, sí que vienes pronto! – entra.

    –Ya ves, hoy ha ido así, hijo.

    –Oh, Esther! Tu también llegaste!

    –Hola, Fernando! Sí, acabo de entrar. Mira, aun llevo puesta la chaqueta. Bueno, vamos a dar la clase. Hasta luego, Manuel! – le miro pícaramente y le mando un besito.

    El chico se sorprendió que no me quitara la chaqueta durante toda la clase de repaso.

    –Esther, no hace frío! Oye, y por qué no te sientas?

    –Mira, hoy estoy mejor así, de pie.

    –Ya veo. –no para de mirarme el escote y las piernas, que sé que están sucias de mis jugos y de la lefa de su padre. No sé si se da cuenta. Me parece que me huele cuando me acerco para explicarle algo.

    Me dolía mucho el culo, la verdad. Siento que estaré días sin poderme sentar. Varias noches he estado soñando que es Fernando quien me encula y me encanta. Y seguro que, a él, le encantaría igual o más. Me despierto empapada. Quizá alguna vez Fernando me folle. Que sea pronto

  • Me dejé manosear en el parque por dos viejos

    Me dejé manosear en el parque por dos viejos

    Hola a todos chicos, soy Andrea con otra anécdota para ustedes, en esta ocasión les contaré cómo en el camino al gimnasio me encontré con dos ancianos que dejé que me manosearan en un parque muy concurrido.

    Estaba de camino al gimnasio, desde que comencé a exhibirme con más soltura durante el día, decidí cambiar la hora de ir al gimnasio, normalmente iba después del trabajo de inmediato, pero cambie mi horario a las 9 porque el gimnasio estaba abierto hasta las 23:30, ir a las 9 me daba la oportunidad de que ya estuviera algo oscuro, pero no lo suficiente era un atardecer muy lindo, pero para mí representaba solo excitación y oportunidades para exhibirme.

    Yo desde siempre paso por un parque para acortar camino, el parque tiene árboles muy altos y frondosos, también pasa por el centro un pequeño rio por lo cual esta divido en dos partes, después de un tiempo de empezar a salir con ropa más reveladora durante el día me di cuenta de que había siempre dos señores sentados en una banca del parque, la banca estaba bajo un árbol muy grande y rodeada su base como de arbustos muy frondosos también ya saben perfecto para cubrirse del sol los días calurosos.

    Yo la primera vez que los vi decidí exhibirme un poco frente a ellos, pase por su lado, vi que había una pequeña papelera pública así que tome una botella de agua usada que tenía y me incline al lado de ellos para botarla, me agache lo suficiente para que ellos quedaran a la altura de mis tetas y pudieran verlas a través de mi polera, estaba segura de que las vieron al momento de inclinarme porque cuando levante la cabeza, los vi con los ojos bien abiertos mirándome, yo les sonreí y seguí mi camino meneándoles el culo de manera exagerada mientras caminaba lentamente solo para divertirme y provocarlos un poco.

    Lo gracioso es que desde ese día, casi siempre estaban en esa misma banca, así que yo cada vez que pasaba les daba una pequeña vista de mi cuerpo, otra cosa importante es que yo había decidido no ir vestida con mi ropa de gimnasio desde casa, sino que cambiarme en el mismo gimnasio, por lo que me vestía con ropa ajustada o un poco más provocativa en el camino de ida y después para volver a casa y por supuesto ese día no era la excepción.

    Lo único malo si puedo mencionarlo es que las veces que llevaba alguna faldita, no podía ir sin bragas, ya que en el gimnasio eran algo serios con la política de no mostrar de más, eso era lo único que me molestaba, pero bueno tampoco era tan grave porque en esas ocasiones simplemente usaba bragas pequeñas o tangas con encaje muy sexi tipo lencería, ese día en específico llevaba una faldita con una tanguita azul de encaje y una polera que dejaba mi ombligo al aire, sin olvidar por supuesto mi siempre confiable plug para adornar mi hoyito.

    Cuando estaba llegando al parque vi a lo lejos a los dos señores sentados en la misma banca de siempre yo me emocione un poco porque sentía que estaban ahí solo por mí, pensar en eso hacía que mi conchita se mojara un poquito, me aproxime a ellos lentamente cuando ya estaba cerca vi que uno de ellos tenía una especie de carpeta con unos papeles.

    Yo mientras me acercaba a ellos pensaba en como exhibirme ese día, entonces cuando ya estaba cerca el señor que tenía la carpeta la dejo caer frente a ellos de una manera tan intencional, yo me frené de golpe al ver caer los papeles y me di la vuelta para verlos, ellos me dijeron.

    -«Señorita, disculpe, ¿Usted sería tan amable de recoger los papeles, por favor?».

    Yo en mi mente no podía creer que ese par de viejos verdes usaran un truco tan malo y evidente para intentar ver a una chica agacharse para verle la ropa interior, me dio un poco de risa la verdad, pero también me gusto porque siempre era yo la que ideaba situaciones para mostrarles mis tetas o por debajo de mi falda, así que me encanto que por una vez ellos tomaran la iniciativa eso provoco que mi conchita se mojara a un más porque me sentí deseada por ese par de viejos, ellos querían verme más detenidamente y eso me excitaba mucho así que decidí darles algo más que solo verme las tetas a través de mi polera, me saque la mochila y les dije.

    -«Claro, señor, no tengo problemas».

    Entonces en vez de simplemente inclinarme de frente a ellos y mostrarles debajo de mi falda, me aproximé y les pedí sostener mi mochila, ellos la tomaron, yo me di la vuelta dándoles la espalda, entonces comencé a inclinarme lentamente, mostrándoles todo mi culo y mi tanguita, con mis manos tomé mi falda mientras me inclinaba y me la subí totalmente, al llegar abajo empecé a recoger lentamente sus papeles, mientras les movía el culo con toda mi falda levantada.

    Yo me movía provocativamente para ellos, me percate que uno de los papeles estaba un poco más lejos así que no lo alcanzaba desde donde estaba parada, mire a ambos lados por si venía alguna persona muy cerca, había personas por el parque, pero no parecía que fueran a pasar por ese lugar por el momento, entonces me arrodille y me puse en 4 para alcanzar el papel, me subí la falda nuevamente dejando todo mi tanguita al aire.

    Obviamente fue para provocarlos más porque yo moviéndome un poco más para adelante estando de pie fácilmente podía alcanzar el papel, pero quería dejarlos bien calientes conmigo, que me desearan más de lo que ya lo hacían, ya que se habían tomado la molestia de idear un plan para verme las tetas, pensé en recompensarlos con algo más, tome el papel y los junte todos nuevamente en la carpeta muy lentamente meneaba mi culito de manera coqueta, empecé a retroceder en 4 hasta estar cerca de ellos, mis nalgas tocaron la banca levemente, entonces sentí como uno de los señores me puso la mano en mi nalga izquierda y me dijo.

    -«Cuidado, señorita, no se vaya a golpear».

    Yo giré la cabeza rápidamente para ver al señor que tenía su mano en mi nalga, le sonreí pícaramente y le dije.

    -«Gracias, señor, por no dejarme golpear muy duro, es usted muy considerado».

    Él comenzó a pasar su mano lentamente por mi nalga, la acariciaba muy delicadamente mientras sentí cómo su mano empezó a recorrer mi culo totalmente, las caricias en mi culito me provocaron escalofríos y mi conchita por supuesto, se mojó aún más, el señor me dijo mientras me acariciaba.

    – «Por supuesto, la ayudo como agradecimiento por recoger nuestros papeles, es usted una jovencita muy linda y considerada».

    Yo miré al otro señor, note que estaba como nervioso, pude notar que quería sumarse a su amigo, pero no se atrevía del todo a ponerme una mano encima, seguramente no podía creer que una chica fuera tan zorrita como para dejarse manosear en medio de un parque por un par de desconocidos, lo que el señor no sabía es que esa misma zorrita deseaba esa situación, la buscaba constantemente y la disfrutaba como zorrita en celo, pero aun así no podía simplemente decirle que me manoseara porque siento que eso hace perder el erotismo y la complicidad de la situación cuando me exhibo ante extraños, me gusta que las personas también tomen la iniciativa o que en su defecto me sigan el juego y me toquen como me gusta, así que para animar al señor más tímido volví a mirar al otro señor que para ese momento ya estaba tocándome la conchita por encima de la tanga, le dije al señor.

    -«¿Dígame, su amigo es igual de considerado que usted?».

    El señor me respondió.

    -«Sí, lo que pasa es que mi compadre es más tímido, pero es muy considerado también, le gusta ayudar a la gente».

    Yo le dije.

    -«Qué bueno, porque sabe, al agacharme me dolió un poco la espalda, y como usted ya está protegiéndome muy bien para que yo no me golpee, pensé que quizá su amigo pudiera darme un pequeño masaje en la espalda».

    Mientras decía esa frase, me di la vuelta para mirar al señor más tímido otra vez y puse mi mano justo en la parte baja de mi espalda, le guiñé el ojo, le sonreí y le dije.

    -«Justo aquí, ¿puede ayudarme, por favor, señor?»

    Se lo dije en un tono muy tierno, pero caliente y erótico a la vez, el señor sin demora se animó de sobre manera, porque sentí como su mano comenzó a recorrer la parte baja de mi espalda y rápidamente el bajo a mi culo, acariciando mis nalgas totalmente mientras el otro señor ya había movido mi tanguita de mi conchita y estaba con su dedo metido entre mis labios inferiores, acariciando mi conchita por fuera de una manera suave, yo me sentía en el cielo en ese momento, disfrute cada segundo de esa experiencia mientras los señores me acariciaban en público.

    Estaba sumamente mojada y sentía que podía empezar a gemir en cualquier momento, sin embargo, mi felicidad y disfrute no duro casi nada porque escuche como se acercaba gente hacia donde estábamos, yo abrí los ojos mire a ambos lados y vi a un señor con un niño pequeño, el señor venía pendiente del niño por lo que no me había visto, así que yo en un acto reflejo, me enderece para ponerme de pie rápidamente, una vez de pie deje los papeles sobre la banca y me acomode la ropa nuevamente, mi aventura era muy excitante, pero era riesgoso hacerlo de manera prolongada, además ya había hecho más de lo que normalmente hacía para los señores, así que estando ya lista para irme, me di la vuelta para ver a los señores, mientras pasaba el señor con el niño, les dije.

    -«Aquí tienen sus papeles, tengan cuidado que no se les caigan de nuevo».

    Les extendí la mano con sus papeles, el señor de mi derecha el que había sido más activo, hizo el gesto de tomarlos, pero en el último segundo retiro su mano, yo solté los papeles y volvieron a caer sobre la banca, desperdigándose otra vez, pero esta vez más cerca de la banca, yo lo mire sorprendida e incrédula, él me dijo.

    -«Qué tonto soy, señorita, disculpe a este viejo, ¿podría recogerlos de nuevo?».

    Al principio pensé en negarme y simplemente irme, pero considerando que yo misma fui la que acepte entrar en su juego la primera vez y me gusto mucho que me tocaran en el parque, decidí hacerlo una última vez, volví a mirar a los lados, ahora ya había menos gente en el parque y el señor con el niño ya estaban lejos y de espalda a nosotros, además era más tarde y empezaba a oscurecer, así que lo mire amablemente y le dije.

    -«No se preocupe, señor, yo le ayudo otra vez».

    Me puse de rodillas lentamente frente a ellos, como los papeles ahora quedaron bajo sus pies, no podía mostrarles el culo, pero si las tetas un poco, empecé a recogerlos, estaba tomando uno que estaba entre las piernas del señor más activo, me acerque para tomarlo entonces sentí como me sujeto con fuerza de la cabeza y sin poder reaccionar el señor llevo mi cara directo a su entre pierna, me paso con fuerza por todo su bulto, que debo decir estaba duro y se sentía bastante caliente a través de su ropa, yo solo podía emitir pequeños ruidos «mmm… Mmm… mmm».

    El señor me empezó a subir de arriba a abajo la cabeza, yo me deje llevar un poco me erguí un poco más y puse mis manos en sus piernas para sostenerme, abrí un poco mi boca para complementar los movimientos del señor luego de unos instantes me suelto, yo me aparte y respire un poco, mire a todos lados, pero no había nadie, respire profundo porque pensé que alguien podía haberme visto así, sin decirle nada, simplemente continúe recogiendo los papeles, pude notar como su entrepierna estaba húmeda por mi saliva, había algunos detrás de la banca así que me puse de pie lentamente, me incline por sobre la banca justo en medio de ambos señores, ese dejo mi estómago apoyado en la banca y mi culo levantado justo a su lado, empecé a moverlo y rápidamente sentí como sus manos volvían a estar sobre mí.

    Me tome mi tiempo para tomar los papeles, les moví mucho el culo y ellos lo acariciaban bien, me sentía muy excitada por la situación, finalmente tome el último papel y empecé a volver, rápidamente el señor de mi derecha el más activo, puso una mano en mi nalga y la otra mientras yo me incorporaba, la puso sobre una de mis tetas haciendo como que me ayudaba a enderezarme nuevamente, me apretó el culo y las tetas, entonces ya de pie nuevamente frente a ellos, simplemente les deje los papeles en la banca y tome mi mochila, les dije.

    -«Que estén bien, señores, por favor, cuiden que sus cosas no se vuelvan a caer».

    Les guiñé el ojo y me fui, meneándoles el culo que pocos segundos antes habían estado manoseando con pasión, mi concha chorreaba líquidos, estaba muy caliente, pero ya era hora de seguir mi camino al gimnasio.

    Este es el fin de esta anécdota, espero que les guste, les mando un beso a todos.

  • La Conmemoración

    La Conmemoración

    Hola, ya no había entrado a la página porque olvidé mi contraseña jeje pero ya estoy de vuelta y trataré de irles contando algunas cosas nuevas que me han pasado, pero quiero empezar con algo que me pasó apenas el mes pasado en semana santa jeje.

    Pues resulta que hace unos meses empezaron a visitarme los testigos, ya saben de los que andan predicando. Pues un día decidí salir a escucharlos, eran dos hombres uno mayor y uno joven y pues les presté atención… No tanto a lo que me decían jeje y creo que ellos también me prestaban atención y a mis pechos también jeje. Pero al parecer si los escuchas más de una vez te anotan y te empiezan a visitar más frecuente. Al principio me visitaron los mismos hombres y ya después me dijeron que me pasarían con unas mujeres para que no se prestara a malas interpretaciones, y pues cuando me dijeron eso pensé en decirles que ya no podía, porque solo lo hacía porque me encantaba sentir sus miradas nerviosas y en mis pechos jeje.

    En fin que la siguiente vez llegaron con una pareja de mujeres una era la esposa del hombre mayor y la otra una chica. Me visitaron dos veces más y entonces me invitaron a una reunión, decían que era especial y que vendría un señor que discursa bonito y ya se imaginarán, en fin que pensé que sería buena idea ir para volver a ver al esposo de la señora y al otro chico.

    Pues acepté ir, le dije a mi esposo que quería ver qué hacían, incluso le dije que me acompañara (ya sabía que me diría que no jeje) pues se llegó el domingo y fui, muchos se me acercaron, me dieron la bienvenida, el esposo de la señora de reojo me volteaba a ver. Entonces ella me dijo que iba a ver a otras personas que había invitado y se fue a verlas, cuando él se dio cuenta que no había nadie se acercó y me felicitó por haber ido y que le daba gusto verme y obvio sentí que me comía con la miraba «disimuladamente», me dio un abrazo y pude sentir como apretó mis pechos contra él, solo me sonrió y de nuevo me dijo me da mucho gusto verte otra vez, yo también le sonreí y entonces llegó su esposa y nos sentamos.

    Acabó todo se empezaron a saludar todos, otra vez… Eso sí todos parecen llevarse muy bien. Pero yo lo único que sentía era que se reojo mi miraba el chico que me visitó la primera vez, pero nuca se me acercó, solo nos sonreímos y ya. Entonces se acabó todo nos salimos y me invitaron casi todos a la siguiente semana que iba a ser una conmemoración y pues les dije que si podía iría, porque decían que sería ya en la tarde casi noche.

    En fin que nos fuimos y pues entre esa fecha fue a ver la señora otra vez, y está vez fue con su esposo, la verdad es que me alegró verlo, notaba lo nervioso que se ponía de verme y pues me daba algo de gusto jeje terminó la visita, durante la visita mientras la esposa leía algo del libro, el esposo me miraba y cuando coincidíamos yo le sonreía, notaba que miraba mis pechos, entonces decidí bajar un poco mi blusa para que los mirara un poco más, obvio se dio cuenta y de reojo miraba a su esposa a ver si ella no lo notaba también jeje.

    Al final me recordaron la invitación a la conmemoración y me dijo la señora que si tenía alguna falda larga, sería mejor, que así sería más cómodo para todos los asistentes, y me dijo que porque el pantalón que lleve la vez anterior estaba muy pegado y era muy revelador, obviamente me ofendió, pero no dije nada solo le sonreí algo hipócritamente la verdad, pero le dije que sí, que tenía una y que esa me llevaría (obviamente es super pegada jaja).

    Pues bien, se llegó el domingo, de nuevo invité a mi esposo nada más por no dejar y empezó a burlarse de mí que ya era hermana y que después iba a andar predicando, etc., en fin, que me dijo que iría por mi cuando saliera, que le avisara e iría por mí. Entonces me fui y llegué al salón, de nuevo todos me felicitaron y que les daba gusto verme otra vez y de nuevo las miradas uff está vez más, tal vez por la falda jeje.

    En cuanto me vio la señora se me acercó y con una sonrisa casi falsa me dijo “que bueno que viniste, ya veo que sí tenías falda larga”, le dije “sí casi no la uso, pero hoy es especial”, entonces se acercó su esposo y me saludo, me barrio de arriba a abajo y me felicitó por ir y que gusto de verme, ya saben, suelen decir mucho eso ahí, por lo que veo. Entonces se fue que por que estaba muy ocupado, que ya después nos veríamos. Y pues ya, nos sentamos, empezó eso algo raro la verdad, pasan una como galleta por todos pero nadie la come y después pasan una copa de vino y tampoco nadie toma, solo la pasan. Acabó eso y empezaron a tomarse fotos con las copas y la galletas y me invitaron a algunas fotos y pues ahí me deba cuenta más de como me miraban jeje había un grupito atrás y los miraba decirse cosas y me volteaban a ver.

    Pues por fin se empezaban a ir todos de apoco se fue quedando vacío y le mandé mensaje a mi esposo, la señora me dijo que ella iría a dejar a otras personas que invitó que sí quería me pasaba a dejar a mi, le dije que mi esposo vendría por mí, que no se preocupara que de hecho ya le había mandado mensaje. Entonces me agradeció por ir, me dio un abrazo y se fue. Adentro todavía había algunas personas y el esposo se la señora también estaba ahí, de repente lo miraba pasar y voltearme a ver y solo sonría. Al poco rato me contesta mi esposo que no iba poder, que había salido fueras a ver un carro y que me fuera en taxi, me enojé con él, le dije sus cosas y ya no le escribí otra vez.

    En fin, que estaba en la esquina esperando que pasara un taxi, y en eso que sale el esposo de la señora, me vio en la esquina y se acercó, me preguntó que si aún no llegaba mi esposo y entonces le dije que no iba a poder venir que había salido fuera y que iba a llegar tarde, entonces me dijo que lo esperara tantito que iba a ir a ver a uno de los hermanos. Se fue al salón y como en 5 minutos salió y me dijo que sí quería ellos me llevaban, nada más que teníamos que ir a dejar unas cosas a casa de un hermano y ya después me llevaban, lo pensé un ratito y le dije que sí.

    Entonces él sacó su celular y le marcó a su esposa, y bien amoroso le dice “mi amor, voy a llegar algo tarde iremos a casa del hermano García a dejar unas bocinas y otras cosas y vamos a tardar, así que voy a llegar algo tarde”, todo esto lo decía mientras me miraba y me sonreía, entonces colgó y me preguntó, que si me regañaban por llegar tarde, y le contesté que si avisaba con tiempo no había problema, entonces le marqué a mi esposo y le dije que la señora me había invitado a cenar a su casa que solo la estaban esperando a que terminara unas cosas y nos íbamos, me dijo que entonces ellos me llevaran a la casa y le dije que sí, que ellos me llevarían.

    Entonces me dijo el señor que nos fuéramos al salón, ya estando ahí saludé a los otros eran 2 señores y un chico, uno de ellos estaba hablando por celular, diciendo también que llegaría tarde jeje. En fin, se acercó el esposo de la señora que me visita y me dijo que está vez no me había dado el abrazo de felicitación por haber ido, le dije que no, entonces me dijo pues a ver venga y que me abraza, esta vez me apretó un poco más contra él, apretando más mis pechos y un poco más largo el abrazo (mientras los demás nos miraban casi con la boca abierta), me soltó, me miró y me sonrió…

    Entonces volteó a ver y les pregunto que sí ellos ya me habían dado mi abrazo?… Rápido contestaron sonriendo que no y se acercaron, obviamente uno a uno me abrazaron y de todos el más tímido fue el chico, el más joven, por eso fui yo la que lo abrazo más fuerte y taye mis pechos contra su pecho, lo otros se dieron cuenta y dijeron que querían otro abrazo, entonces un dijo, mejor nos vamos a la casa del hermano y ya nos damos más abrazos, no creen? Y me volteo a ver y me dijo: ¿cómo ve? Los miré y le dije que “sí, que mejor nos fuéramos a otro lado más cómodo”.

    Rápido uno se fue por su carro y todos nos subimos, uno de ellos dijo, que si no era bueno que pasaran a comprar algo al Oxxo y se voltearon a ver entre ellos y dijeron que sí , entonces les dije: “si van a comprar condones, no hace falta ya estoy operada para no tener hijos” y les sonreí, un señor dijo: “bueno, entonces ya no pasamos a comprar nada y se rio”. Así que nos fuimos a casa del más joven, era soltero y vivía solo. Obviamente el esposo de la señora se sentó a mi lado, entonces me dijo, “qué te parece si empezamos con eso del abrazo desde aquí o prefieres llegar a la casa del hermano?”, le contesté que si a los de adelante no les molestaba por mi estaba bien…

    Así que sin pensarlo empezó a acariciar mis pechos y me dijo, “tenía ganas de sentir estos con mis manos desde que los sentí en mi pecho la semana pasada. El más joven se sentó del otro lado, no hacía nada así que tomé su mano y le dije, “sí quieres también puedes comenzar a abrazarme por aquí y puse su mano en mis piernas, le dije “puedes meterla bajo la falda”, y algo nervioso pero lo hizo, subió un poco la falda y con algo de trabajo empezó a meter su mano y acariciar mis piernas, entonces el esposo de la señora me dijo, “yo también puedo meter las manos bajo la ropa?” Le dije claro desabrochó mi blusa, levanto mi bra y empezó a acariciar y besar mis pechos tan rico que empecé a gemir, el que iba de copiloto dijo, “apúrese hermano que ya quiero llegar” y yo le dije, “estira la mano y métela aquí” subí mas mi falda, ya casi a la cintura y abrí mis piernas y el esposo de la señora dijo “yo primero, yo la traje” el otro dijo, “pero me dijo a mí“ y él respondió “ten acaricia sus pechos” y entonces empezó a tocar mi vagina, hizo a un lado el cachetero que llevaba y metió dos dedos y me dijo “ya estás bien mojada, esto te gusta verdad?” Y le dije “me encanta” y le agarré el pene a él con una mano y con la otra al chico, y ya estaban bien duros. Y le dije al que iba manejando “apúrese hermano que también ya quiero llegar”.

    Por fin llegamos y solo se fijaron que no hubiera gente afuera, en cuanto se metió una señora que estaba en la banqueta, no bajamos y nos metimos a la casa del chico, en cuanto entramos empezaron a manosear me por todos lados, les dije que esperaban para quitarse la ropa, ya todos estaban bien duros, mientras los otros se desvestían, el esposo de la señora me dio un besote en la boca mientras me masturbaba, después me empezó a besar los pechos al mismo tiempo que se desabrochaba el pantalón y se sacaba su pene, que no era muy grande pero si algo grueso, le dije que lo quería adentro, entonces me dio la vuelta, levantó mi falda por completo, me bajó el cachetero y me acomodo su pene y lo metió sentí tan rico de lo excitada que estaba, los demás se pusieron frente a mi ya completamente desnudos me quitaron la blusa y el bra y se repartieron mis pechos para chuparlos mientras yo trataba de masturbarlos, porque por ratos sentía tan delicioso cuando me la metía que no me podía ni mover jeje

    Habrán pasado unos 5 minutos más o menos y empecé a sentir los chorritos de semen adentro, sentí calientito y muy rico, lo voltee a ver y tenía una cara de satisfacción muy rica, mire a los otros y le dije: “¿quién sigue? Un señor dijo “yo” y se puso detrás de mí, me metió los dedos unos segundos y entonces metió su pene de un empujón. Les dije a los otros “déjenme chupárselos”, me agaché y empecé, entonces uno le dijo al chico que trajera unas cobijas y unas almohadas, rápido se fue por ellas, el esposo de la señora ya empezaba a reponerse, no sé si fueron mis chupadas o fueron las ganas que me tenía pero sentí como se fue poniendo duro mientras lo hacía.

    Llegó el chico con las cobijas, le dijeron que las acomodara y una vez que acomodaron todo, me acomodaron en cuatro, el de atrá se me siguió dando rico hasta que también terminó y lo hizo adentro también. El esposo de la señora dice yo ya estoy listo otra vez, el otro señor rezongó que ya había pasado y que le tocaba a él jeje, el más joven no dijo nada, entonces le dije “¿por qué no me lo metes en mi culito?, me contestó: “claro” y le dije al otro: te toca a ti, al chico se lo seguí chupando, mientras el otro se acercaba también para que lo masturbara y se lo chupara, entonces se acomodaron y me lo empezaron a hacer al mismo tiempo.

    El que me lo hacía por atrás empezó a decir que ya todo se estaba escurriendo y sí, ya lo sentía bajar por mi pierna jeje este tardó un poco más y eso que me lo hacía más duro y así me encanta. En cuanto se vino, el esposo de la señora seguía dándome rico por mi culito sin parar, solo se detuvo para que el chico se acomodara para metérmelo, en cuanto me lo metió empezó a moverse con un ritmo bien rico y al ritmo del esposo de la señora, y no sé si fue el sentir esos movimientos o que tenía a los dos adentro moviéndose al mismo tiempo, que me vine, fue una sensación tan rica que me detuve por un momento porque las fuerzas se me fueron.

    Así seguimos cambiando turnos y posiciones, les pedí que me cargarán entre dos y me lo metieran los dos, esa posición me hizo venirme de nuevo, ya no me escurría todo, me encantaba la sensación de tener tanto semen adentro, cambiaban de lugar y de turno a como querían, y yo no decía nada, estaba tan excitada por la situación de como se dio, por quienes eran, por todo. Habremos estado teniendo sexo una hora y media, se vinieron unas 3 veces cada quien o talvez más, pero yo estaba exhausta.

    Entonces les dije que ya tenía que irme, estuvieron de acuerdo porque también ya se habían tardado mucho ellos y solo me pidieron que los chupara a todos juntos lo hice y el joven se iba a venir de nuevo así que se lo pedí en mi boca y me lo trague… Nos cambiamos y yo solo miraba las cobijas en el piso y recordaba como me lo habían hecho, todavía me manosearon un poco en lo que se alistaban bien los otros y nos fuimos al carro. El chico ya se quedó en su casa, el esposo de la señora se fue atrás conmigo y uno de los señores, que me iban manoseando y chupando mis pechos mientras yo acariciaba sus penes por encima de la ropa, deseando tener más tiempo, en fin, pasamos a dejar al uno de los señores, entonces me quedé nada más con el esposo de la señora y le dije que lo quería sentir otra vez, me dijo que sí…

    Se desabrochó su pantalón y lo saco, yo me subí la falda y hice a un lado el cachetero y me senté sobre él, lo hicimos otra vez, se volvió a venir y yo también, su grosor me encantaba… Entonces se detuvo el que iba a manejando para que el esposo de la señora se pasara adelante, entonces me pidieron mi celular, les dije que me dieran el de ellos y yo les escribiría cuando pudiera, me lo dieron y por fin llegamos a mi casa, me bajé y me despedí de ellos de mano, como si no hubiera pasado nada, mi esposo no siquiera salió a asomarse, así que ni por enterado jeje.

    Ya en la casa le di de cenar a mi esposo (yo tuve que medio picarle a la comida en la cocina mientras la calentaba, porque se supone que ya había cenado jeje) mi esposo me volvió a hacer burla de que ya soy hermana y cosas así, sí supiera lo que fui a hacer jeje. Cuando nos fuimos a la cama quería hacerlo conmigo y le dije que no, le dije que por burlarse de mí, obviamente no quería que se diera cuenta de lo mojada que estaba, tarde para dormirme por estar recordando lo que paso.

    Y eso es algo de que ha pasado, ya después le estaré contando más cosas. Por cierto, he vuelto a ver al esposo de la señora jeje.

  • La contadora madura (parte 6): Fiesta de fin de año

    La contadora madura (parte 6): Fiesta de fin de año

    Después de la fiesta en casa de Silvia retome mis tareas, se venía fin de año y además de la fiesta de la Empresa, las chicas estaban organizando algo me habían dicho. No sé porque me olía a fiesta de sexo y que estaba todo cocinado ya.

    – Buen día contador como esta.

    Mariana que siempre llegaba más temprano que las demás chicas llego con una mini de jean infartante, unas sandalias y maquillada, se había cortado un poco el pelo. Cuando entro no podía dejar de mirarla, tiro la cartera en su escritorio y dio la vuelta al escritorio, directamente me apretó el paquete y me comió la boca, con su lengua jugosa, así arrancamos

    – Holahmmgh Mariana, que linda te viniste

    – Te gusta, mira me puse un hilito dental para vos

    Giro y efectivamente dos tiritas negras se perdían en su culo, no aguante me arrodille y le chupe un poco separando las cachas. El sonido del ascensor interrumpió todo, la trola ya estaba en trance casi e intentaba abrirme la bragueta.

    – Guarda para después bombón

    Analía y Susana también entraron producidas, Susana con un pantalón tipo Oxford apretadísimo metiéndosele en el culo y Analía con una mini negra ajustada y una remera rosa que contenía apenas sus tetas.

    – Buen día jefe, como esta

    – Hola chicas, cuanta producción.

    Alejandra la más chiquita tenía un poco de producción, no se quería quedar atrás parece.

    – Contador, además de la fiesta de la empresa con las chicas organizamos algo, digamos, extra, para los de la oficina, seria hoy en casa de Susana que tiene el departamento libre, los chicos se le van con el padre.

    – Buenísimo, seriamos todos nosotros

    – Sí, no se quiere invitar a alguien mas

    – Había pensado en Silvia la inspectora de AFIP que me hizo un favor

    – Ahhh… Silvia yo la conozco – dijo maliciosamente Susana – invitala Raúl dale

    – Dale le mando mensaje y le paso la dirección.

    – Yo no puedo – dijo Alejandra tímidamente

    – Lástima bueno somos nosotros entonces. Un pedido contador nos podemos ir un rato antes

    – No hay problema si adelantan todo váyanse después del almuerzo a preparar todo y producirse si quieren.

    – ¡Gracias Raúl…!!!

    Así me encontré a las 14:00 solo en la oficina, las trolas partieron rápidamente a prepararse.

    A partir de las 15:00 me empezaron a llegar varios WhatsApp que me hacían prever que algo iba a ocurrir.

    Primero uno de Analía con un video de su clítoris totalmente depilado jugando con un consolador. Al rato Susana con una tanga de hilo negra con encaje adelante, después Mariana mostrándome su culo con una tanguita imperceptible, al rato Silvia en un sillón agradeciéndome la invitación envió un video chupándole la pija a Gilberto que seguía al palo y consultándome si lo podía llevar, a lo que asentí. Se venía algo fuerte.

    A las 17:00 cerré todo y me fui a casa a bañarme y prepararme. Las chicas me dijeron que fuera a las 21:00 horas aproximadamente, les dije que llevaba algo para beber y me envió un video Susana lamiéndole la conchita a Analía

    – Acá estamos chupando algo mientras nos preparamos jajaja, Ana se trajo algo para cambiarse acá así que te esperamos byeee

    Manga de trolas, ya estaban calientes todas, menos mal que era viernes y al otro día no trabajaba. Me calce un suspensor negro que tenía para una ocasión especial, me depile bien culo, pija y me calce un pantalón blanco, camisa negra manga corta y unos zapatos sin medias, perfume y me pedí un UBER, no creía estar en condiciones para poder manejar a la vuelta.

    Llegue un rato antes de lo previsto, la mensajee a Susana y me dijo que me iban a abrir que estaban produciéndose. Llegue toque el portero una voz masculina me aviso y abrió.

    Al llegar al departamento de Susana me abrió Gilberto

    – Que haces acá brother – le di un abrazo.

    – Y acá está preparando unos tragos caribeños mientras estas cachondas se están produciendo en la habitación de Susana, entraron con bolsas y ya están la 4 adentro.

    El ambiente una media luz tenue, música sutil cadenciosa, bebidas varias, algo para picar y un ambiente que destilaba sexo por doquier.

    – Te prepare algo especial amigo, tiene alguna cosita que te va a poner, ejem, más para arriba

    – Que droga

    – No no un yuyito natural de mi tierra, una raíz molida todo natural, pero pega como para bancar estas cuatro yeguas esta noche, a como se están preparando va a venir dura la noche

    Bebí el trago de Gilberto y sentí como algo caliente que me recorría el cuerpo, ufff… este colombiano, como si le hiciera falta. En eso escuche girar el picaporte de la puerta de la habitación de Susana.

    Nos sentamos con Gilberto porque venía potente el tema, con nuestro trago en mano.

    La primera en salir fue Analía, traía un body de encaje negro, con portaligas y unos zapatos de taco aguja bestiales, giro delante de nosotros. Se acercó a nosotros nos dio un chupón a cada uno y nos quitó la camisa mientras nos lamia el pecho a los dos, acto seguido se fue hacia el dormitorio exhibiéndonos su culo con una tanga de hilo dental minúscula. Atrás salió Silvia, un corsé de cuero que rebalsaba sus tetas y una tanga también de cuero con una cadenita con un pequeño hilo dental atrás todo con unas bucaneras negras. También paso y se encargó de sacarnos los zapatos y medias mientras nos comía la boca.

    También marcho al dormitorio y apareció Mariana, con un mini micro short de charol, con corsé y botas también de charol todo negro, el short se veía por delante por atrás solo el contorno y se perdía en el hermoso culo de la rubia. Se encargó de desabrocharnos el pantalón y dejarnos en bóxer dándonos una chupada por arriba del bóxer de Gilberto y mi suspensor. Finalmente apareció Susana, la reina de la casa. Un conjunto de corsé de red entero con un agujero libre entre las piernas y botas de cuero a la rodilla ultra altas para estar a la par de las demás. Se acomodó entre nosotros y nos tomó de la cintura y nos llevó hacia la habitación. A mí me bajo la mano y se fue directa a mi culo

    – Vicioso contador, le gusta el dedito me parece se excita no

    – Mal Susanmmmgh – no alcance a terminar que me comió la boca mal mientras íbamos a la habitación con las otras tres trolas.

    Al entrar el espectáculo era alucinante, desplegado a los costados de la cama varios consoladores, aceite, gel, algunas sogas y esposas, todo un arsenal, y en el medio de la enorme cama Analía, Mariana y Silvia habían empezado a tocarse y meter dedos y lenguas, a la vista del espectáculo Susana nos agarró a Gilberto y a mí de la pija y nos tiro al medio. De inmediato Mariana y Silvia se abalanzaron sobre mi mientras que Susana y Analía fueron sobre Gilberto sin dejar de tocarse.

    Susana y Analía estaban en un frotamiento de conchas entrando en éxtasis cuando Gilberto se paró delante de las dos para que le chuparan bien la verga. En combo con los roces empezaron a besarse con la pija de Gilberto en el medio. Chupaban y jugaban con sus lenguas que se enroscaban en el falo de una manera asombrosa, por momentos desaparecía en boca de Susana y Analía se prendía a los huevos y viceversa. Un tsunami de saliva, jugos bañaba todo. Mariana se acomodó sobre mi mostrándome el culo y poniendo su vagina en mi boca mientras Silvia devoraba mi verga. Un espejo estratégicamente ubicado me devolvía el culo de Silvia y las tetas de Mariana rebotando, se acomodaron y se prendieron en un chupón terrible con lengua por el cuello, boca, tetas.

    Otro espejo de costado me devolvía la imagen de ambas en primer plano chupándose, tocándose, frotándose las tetas sin sacar la concha de mi boca, ahora Silvia se había sentado en mi verga y se disfrutaban una a la otra. El tándem perfecto competía con Susana y Analía con sus piernas en medias de liga que alongaba y me ofrecía en el maremágnum que hacían con Gilberto. Chupe sus dedos con la media y acariciaba sus muslos mientras Silvia y Mariana seguían con lo suyo, Gilberto embalado empalo a Susana por su conchita y la levanto por el aire prácticamente de abajo hacia arriba, aullaba y gritaba mientras la bestia la agarraba de la cintura con ese conjunto de red tan cachondo. Me erguí y coloqué a Mariana y Silvia una al lado de la otra en cuatro, mientras se comían la boca a puro lengüetazo una al otro agarre un consolador de la mesa, lo encendí y empecé a jugar en el culo de Silvia mientras chupaba el culo de Mariana. Todo un poema ese culo grande, le quite el mini short y obviamente no tenía nada abajo, la conchita depilada, perfumada y procedí a aceitarla, cola, conchita tipo hamburguesa sabrosa con la vulva bien carnosa, al lado Silvia no se quedaba atrás, saco su tanga de cuero y quedo en bolas, también la bañe en aceite y quedaron los dos culos hermosos y brillantes a disposición.

    Encare para Mariana, a esta altura mi culo favorito por lo carnoso y opulento y embadurne el consolador y empecé a metérselo en el culo a Silvia. Silvia no se resistía a la tentación y mientras las cogía le empezó a chupar y morder los pezones a Mariana, esas tetas ricas, grandes, naturales. Yo seguía taladrando el culo de Mariana, embestía con todo y cuando gritaba Silvia la callaba comiéndole la boca. Del otro lado la bestia de Gilberto las había puesto contra el cabezal de la cama, les había atado las manos a ambas y les cogía la boca tapándoles la nariz para dejarlas casi sin respiración. A la otra le metía dedos en la boca embebidos por los jugos de su propia concha. De pronto la tomo del pelo a Susana y Analía y las tiro sobre la cama y las empezó a coger una por vez, pija y dedos a cada una alternando. Se retorcían mal en la cama, se chupaban, decidí enfrentarlas para que queden las cuatro en el centro de la cama y con Gilberto entrabamos de a dos rotando una y una, de pronto grito

    – Rotación – Y saltamos a las chicas que ya eran un solo manojo de mujeres que se chupaban lamian, ahora las cuatro boca arriba exhibiendo sus conchas brillosas

    Nos abalanzamos con el colombiano a chupar conchas a lo pavote, lamiamos y metíamos dedos mal, cambiábamos, pero no dejábamos nunca una sin lengua o dedo. Las putas se retorcían, se chupaban las lenguas entre ellas, se apretaban los pezones mal, Analía se metía dedos en la conchita también, Mariana le metía sus dedos a Silvia, Susana chupaba y mordía un consolador, las cuatro gozaban descaradamente. Entonces Gilberto dio un anuncio

    – A ver putarracas, las que quieran doble penetración de a una por favor arriba de Raúl que el colombiano les va a partir bien el orto, o viceversa como quieran

    Al anuncio a las 4 se les ilumino el rostro. Mariana salto eyectada de la cama y me tiro sobre la cama boca arriba.

    – Yo quiero tengo entendido que alguna de acá ya recibió la doble, cante primera

    Encima de putas, buchonas, seguro la trola de Susana no aguanto y conto todo, y ahora las otras dos envidiosas querían lo suyo. Mariana me cabalgaba con esas tetas hermosas rebotando sobre mí y miraba de reojo a Gilberto que se embadurnaba la verga. Mientras Susana cedía su lugar a Analía y se enrosco con Silvia ambos consoladores tremendos en mano y una tijereta uniendo sus dos conchas a pura lengua. Los dos eléctricos con esas cabezas giratorias se aplicaban en sus clítoris mientras se rozaban y cogían vagina a vagina. Analía miraba ansiosa y me besaba, me puso la concha en la boca y me empezó a cabalgar mientras en el espejo veía a Gilberto desencajado con el culo de Mariana directo a penetrarla.

    – Sin detrimento del resto pero que culo hermoso tienes Mariana por Dios. – al tiempo que le giraba la cabeza y le comía la lengua la ensarto de una con su pijon colombiano, tremenda verga.

    Mariana abrió la boca asombrada por semejante trozo y se dejó caer sobre mi mientras Gilberto la tomaba de la cintura y la bombeaba fuerte.

    – Yo quiero también – dijo Analía quien besaba el culo de Mariana y jugaba con otro consolador todo embadurnado.

    Mientras tanto Mariana con dos pijas adentro gozaba como poseída, de momentos se le ponían los ojos en blanco, se arrojaba sobre mí y me besaba cuello, la boca, giraba la cabeza para todos lados con sus pelos rubios. Las dos pijas entraban y salían totalmente cada vez, Gilberto la sacaba le jugaba un poquito y la ensartaba toda. En mi posición solo podía acelerar con movimientos de pelvis. Mariana se irguió y comenzaron a transarse con Analía, lenguas, boca, tetas, en un momento Analía le tapó la boca y le mordió fuerte los pezones al tiempo que Gilberto en un frenesí bombeaba desaforado, Ana con un strapon en su culo metido metía dedos, sentí que me venía y avisé para coordinar los 4.

    – Me vengo guachos – grito Mariana, lo que motivo que sintiera venirme también.

    – Arre que de Colombia baja la lechemmgh – Analía montada en un consolador le comió la boca al colombiano al tiempo que gritaba que se venía también.

    Las dos chicas en tijereta también venían, todos casi al mismo tiempo. El primer grito bestial fue el del colombiano, al unísono las chicas empezaron a jadear cada vez más fuerte, Mariana pego el primero cuando Gilberto descargo cuatro lechazos en su culo, casi al mismo tiempo que yo acababa en su concha, Susana y Silvia cayeron sobre la cama al mismo tiempo. Pero Analía no perdió tiempo

    – Ahhh no, yo quiero mi doble vengan acá guachos

    Nos tomó a Gilberto y a mí y nos llevó al sillón mientras las tres perras descansaban. Nos sentó y se arrojó sobre nosotros, primero tomo la pija de Gilberto y la engullo toda de un solo bocado, así adentro empezó a chuparla.

    – Dejame que te ayude – vino Mariana con su técnica milenaria de chupada y empezó a chupármela a mí.

    Así sentía como su lengua con toda mi pija adentro jugaba con mi tronco y pronto comenzó a tomar vida nuevamente, con sus dedos jugaba en mi próstata todo rápidamente. Analía no perdía tiempo a pura arcada engullendo todo el tronco de Gilberto, el hijo de puta le apretaba la cabeza y le tapaba la nariz, así la dejaba babeando y casi sin respiración, pero la pija lucia esbelta y dura. Tres o cuatro veces repitió la operación y ya estábamos listos para la doble a Analía. Mariana con su técnica más sutil me había dejado también impecable.

    – Bueno chicos toda de ustedes para la doble.

    Se sentó en el otro sillón a jugar con un consolador eléctrico con cabezal muy suavemente, los brazos aun le temblaban de la tremenda cogida que le habíamos metido.

    – Compañero, te cedo ese culo hermoso de Analía, voy abajo

    Se acostó en el sillón y Analía se le tiro y empezó a saltarle frenética sobre la verga del colombiano, se tiraba sobre su pecho, chupaba y mordía los pezones, los labios gruesos del caribeño, se levantaba su pelo con las manos y dejaba que el negro también le chupara y mordiera las tetas. El empuje suave sobre el pecho y quedo su culo todo para mí, un culo hermoso, paradito, le tire un poco de aceite, me embadurne la verga y la ensarte sin piedad. Levantando los dos brazos cayó sobre el morocho abriendo la boca la cual enseguida lleno Mariana comiéndole la boca. En la cama Silvia y Susana volvían a calentar esta vez con un consolador doble que compartían e iba cada punta a cada concha.

    Una vez adentro empecé un traqueteo intenso, casi un taladro sobre el culo de Analía

    – Puede ir algún chirlo

    – Pegame, puteame, haceme lo que quieras guacho, ayyy que pija tiene Gilberto y vos no te quedamgh

    El negro la tomo y le comió la boca lo que aproveche para darle tres ensartadas consecutivas a fondo mal.

    Seguimos así en trio unos 5 minutos con Mariana refregándome las tetas en la espalda, chupándome la oreja mientras me decía

    – Cogela papi, rómpele el orto dale guachito, como a mí cuando estuvimos solos, hoy me debes eh

    Entramos los tres en un descontrol total, chirlos, chupadas de tetas mal, de pronto después de 5 minutos intensos de traqueteo enfocamos y sentí que me venia.

    – Todo adentro amor

    – Todo papito, todo adentro – gimió Analía

    Gilberto la tiro y la pego a él y me dejo el culo servido para que le diera a fondo, le di varios chirlos fuertes que la estremecieron y metí a fondo, cuatro, cinco, la sexta venia.

    – Ahí voyyy

    Acabe cuatro chorros de leche adentro, mal mientras Gilberto también le acababa en su conchita y la trola gemía agarrándose el pelo pego un grito tremendo. Gilberto me mostraba como dejaba caer jugos en su pelvis y con su mano los juntaba y los untaba en su boca.

    La fiesta siguió hasta el otro día con algunos escarceos más y Susana y Silvana que se pusieron al día con nuestras pijas que tardaron un poco en recuperarse. Una auténtica fiesta y todo por la contadora madura.

  • Infidelidad al límite

    Infidelidad al límite

    ¿Ya tenía que no escribí por aquí verdad? Ando sin trabajo y me es difícil sostenerme sola, ya estoy a finales de mi carrera y lo único que pienso es en regresar a CDMX. Por suerte ya tengo novio, es algo formal y creo que por eso me despediré de aquí o eso creo…

    Toda mi juventud he disfrutado mi sexualidad. Al principio no sabía si compartirlo ya que, hace tiempo a uno que solía ser mi amigo le confesaba lo que hacía cuando cogía con x o y personas y eso hacía que lo excitara (como a ustedes quiero creer) pero aparte de él a mi también me excitaba, de solo recordar como me sentía en ese momento me ponía demasiado caliente por eso comencé a escribir en este bonito medio.

    Ya tengo novio y espero sea el indicado. Como sea, entre la uni, el gym y en búsqueda de algo estable laboralmente hablado creo que no tengo tiempo para escribir ya que no he tenido estas “aventuras” o bueno si, que ahora les contaré: este chico ya me pretendía y viene de muy buena familia, ya sabía que yo vivo sola y pago por mis propios medios mi departamento así que eso le admiro de él (si supiera como soy seguramente me termina) pero equis.

    Tuve un “casi algo” con un maestro de la facultad, tenía que aprobar si o si una materia y la verdad olvidaba realizar los trabajo que me pedían ya que tengo una vida muy activa y esta materia decidí dejarla a un lado con la intención de tener una buena nota en los exámenes finales cosa que no fue así. Ya tenía un ultimátum así que un viernes ya sin clases (y sabiendo que lo profesores llegaban a subir calificación) decidí visitar en su espacio de trabajo al profesor. Recuerdo muy bien que llegue con mi ropa de gym, un pants rosa y una blusa blanca tipo oversize, lo topé en los pasillos y me dijo que a las 11 de la mañana me vería en su cubículo (su espacio de trabajo) decidí caminar para hacer tiempo, ponerme loción de vainilla y regresar donde me lo había topado.

    Ya a la hora establecida me dirigí a su cubículo, él ya estaba dentro así que cuando me vio se levantó de su asiento y me pidió que me sentara. Comenzó a darme los sermones que todo profesor dice, “te hubieras esforzado más”, “no puedo hacer más…” entre otras cosas. Yo fui sincera con el y le dije que tengo una vida muy ocupada y si habría una forma de aprobar mi calificación lo haría sin problemas. Al momento de decir esto se notó un ambiente silencioso y excitante. Un profesor como de 50 años con una joven estudiante vestía de gimnasio era un manjar para el, así que me vio completamente y me dijo: “¿Saldrías conmigo…?”, a lo cual yo le respondió con un: “Ay profe, tengo novio…”, bueno, esa es tu decisión, yo puedo cambiar tu calificación ahora mismo pero eso depende de ti, yo sabia que hacer así que decidí esperar unos segundos y le pregunte “¿Que tengo que hacer?”

    Y el me respondió: “Mira, si aceptas ahorita te cambio la calificación solo me esperas en el estacionamiento, yo pasaré ahí con mi coche y te subes rápido”, “Ay profe, bueno está bien…” le dije, me levante y comencé a caminar moviendo mis nalguitas de forma que viera lo que podría tener en ese momento.

    Me dirigí al estacionamiento y después de esperar 20 mugrosos minutos lo vi subiéndose a su coche para luego acercarse donde estaba y subirme lo más de prisa posible. Nos dirigimos a una calle que no era transitada a un lado estaban reparando y por lo mismo no había gente transitando y nada de vehículos. Me pidió que nos fuéramos al asiento de atrás así que ambo bajamos y ya estando atrás comenzamos a besarnos. Comenzó a tocarme toda, puso mi mano en su miembro y comencé a acariciarlo. Luego comenzó a abrirse su pantalón y noté su miembro un poco mediano con un poco de semen en la puntita. Seguía besándolo y en eso me pidió que se la chupara así que comencé a estirar mi cuerpo para estar cómoda en hacerle sexo oral y comencé a metérmelo en la boca muy lentamente.

    -¡Ay profe, que rico lo tiene, mmm

    -Desde cuando necesitaba que otra alumna me satisficiera ya lo necesitaba

    -¿Lo estoy haciendo bien profe? (Mientras me metía su miembro a mi boca)

    -Sigue así, ah…

    Yo seguía chupando su miembro con mis ojo cerrados mientras el ya estaba con sus manos acariciando mi cabello de forma que pudiera ver como me lo metía q mi boca.

    -Denisse sigue así…

    -mmm, profe, ¿lo hago bien? (Mientras le sonreía)

    -si Denisse, sigue chupando, chupa mis testículos

    -lo que usted ordene profe (comenzaba a masajear sus testículos con mis manos)

    Todo iba bien hasta que recibo una llamada de mi novio. Me despegué de su miembro y le dije al profe si podía contestar a lo cual me agarro del cuello y me pego de nuevo a su miembro.

    -Sigue Denisse que estoy a punto de venirme

    -está bien profe…(continúe haciéndole sexo oral mientras lo veia a sus ojos ya a punto de explotar)

    Me tomo del cabello y sentí dentro de mi boca el chorro de semen. Que maravilla Denisse, haz estado increíble ya sabía que tu carita de inocente decía lo contrario. Yo solo me reí, abrí la puerta del coche y tiré al piso todo su esperma, le pedí que me llevara a la uni ya que le había mandado mensaje a mi novio que ahí estaba. En el camino me preguntó si cuando se repetiría y yo le dije que ya veríamos (ja ja ojalá nunca), una vez en la uni solo espere un rato y mi novio paso por mi, le di un beso en la mejilla y le platiqué que había venido para entregar un trabajo y con eso aumenté una calificación cosa que me felicitó. Al llegar a mi departamento solo decidí cepillarme, volver a bañarme y acostarme ya tenía una preocupación menos.

    Al regresar a clases lo único que estaba pendiente era buscar un trabajo de medio tiempo como lo he venido haciendo. La salida con mi novio solo era en la escuela y a veces a las plazas o convivios que hacían sus amigos. Al salir de la uni me postulaba en páginas de trabajo para ver que caía. No tardo mucho hasta que me hablaron de un despacho de abogados, me citaron un día por la tarde así que fui lo más profesional vestida posible. Hablé con un señor en la entrada y me dirigió a una oficina, tomé asiento y me entrevistó un señor joven, como de 45 años, me dijo que le explicara que antecedentes profesionales tenía y le fui comentando poco a poco. Me dijo que necesitaba una asistente que se hiciera cargo de archivos y tomar llamadas casi como una secretaría pero con un poco más de carga. Decidí aceptarlo por mientras buscaba otro más de mi “giro” que es la administración.

    Hace como un mes me pidió que nos fuéramos a un lugar un poco lejos del centro de Mérida por cuestiones de trabajo no asistí el jueves a clases así que ese día fui de vestido un poco formal aun así con el calor que hacía. Subí al coche del abogado a nos dirigimos a donde teníamos que estar. Entramos a un pequeño despacho, me presentó con otros abogados (que cada quien tenía a su propia secretaria no más de 30 años) comimos y de nuevo nos dirigimos a Mérida. Alrededor de las 3 pm ya estábamos en su despacho así que comencé a realizar mi actividades para lo que fui contratada. Antes de salir de mi jornada laboral el jefe me comenzó a preguntar cosas personales como con quien vivía, si tenía novio, si salía los fines, cosas muy banales para mi hasta que me hizo la pregunta que me interesó:

    -¿Te gustaría ganar más dinero Denisse?

    -Me quede en silencio para luego responderle con un “Si jefe, a quien no…”

    -Mira Denisse, me gustas mucho, yo podría ayudarte a que tengas un futuro en los despachos más importantes de la ciudad siempre y cuando me ayudes a mi también

    -¿Pe, pe, pero como haría eso, jefe?

    -Acércate…

    Decidí acercarme para que luego comenzara a tocarme de la cintura y decirme lo bonita que era. Comenzó a besarme mientras yo lo abrazaba.

    -Híncate, me dijo…

    Comencé a hincarme mientras el desabrochaba su pantalón para enseñarme su miembro y pasarlo por toda mi cara. Yo sabía que en esa posición quería que le hiciera una felación así que proseguí a hacerlo.

    -Aggg, aggg, aggg…

    Comenzaba a escucharse en su oficina. Comenzó a tocarme la cabeza y comenzaba a metérmelo hasta la garganta. Mi ojos comenzaron a lagrimear hasta que suena mi celular.

    -Es mi novio, ¿me permite jefe?

    El me hizo señas que si así que respondí la llamada…

    -Mi amor, ¿Como estas? Aun no salgo de la oficina…

    -No te preocupes amor, cuando salga puedo pasar por ti? Me pregunto mi novio…

    -Ay amor, está bien, dame 20 minutos y te espero afuera. Cuando dije eso el jefe comenzó a tomar mi mano y la puso en su miembro para que comenzara a jalárselo.

    -Esta bien amor, en un rato paso por ti…

    -Besitos amor, bye! Cuando le colgué comencé a chupar de nuevo el miembro de mi jefe.

    -Dios debisse que puta eres…

    -Yo ya excitada le respondí con una sonrisa y un “SI”

    Seguí haciéndole sexo oral hasta que comenzó a venirse en mi boca. Sin titubeos comencé a pasarla por mi garganta y lamía mis dedos y un poco del resto de semen que le había quedado en su glande.

    -Denisse mañana ocupó que te quedes hasta tarde no quiero que te venga a buscar tu novio ¿Estamos?

    -Si jefe, lo que usted me pida…

    Comencé a arreglarme y a masticar un chicle que cargaba en mi bolsa. Salí un rato para esperar a mi novio hasta que lo vi llegar. Subí, lo besé y me dijo que fuéramos a cenar. De inmediato le cancele ya que le invente que estaba cansada y que mañana tendría un día difícil tanto en la escuela como en el trabajo, el entendió…

    El viernes fue fugaz. Al salir de clases me dirigí a mi trabajo, ya el jefe me esperaba con ciertas actividades. Cuando uno trabaja no se fija en la hora y noté que ya era hora de mi salida. Me dijo mi jefe que pasaría por mi a las 11 porque iríamos a una fiesta cortesía de uno de sus amigos abogados, cosa que acepte. Esa noche decidí llevar un vestido blanco y como “posiblemente” sabría que habría acción decidí ponerme una tanga azul que tenía un osito en la parte de enfrente y algunos más chicos por detrás. Me fijé que no se notará tanto la tanga por el color y para mi fortuna todo estaba bien. Escuché el pitido del coche de mi jefe así que bajé y me subí a su coche. Cuando nos dirigíamos a la fiesta mi novio me llamó así que a como pude le pedí a mi jefe que se estacionara y que no hiciera ningún sonido ya que no quería preocupar a mi novio. Le dije que ya estaba acostada a punto de dormir y le prometí que ya mañana nos veríamos, el con gusto acepto y me dio las buenas noches…

    Una vez llegando a una quinta muy bonita me fijé que tenían buena música y muy buen ambiente. Era mis muy pocos, con mi jefe eran 4 hombres y 4 mujeres. Comenzamos a bailar, a cambiar de pareja entre el baile, a tomar y a alguno hasta fumar. La noche se fue haciendo demasiado corta que con eso de las 2 de la mañana ya algunos estaban algo ebrios. Yo estaba con mi jefe sentado en una mesa abrazándolo mientras veíamos a los demás bailando y a otros como se besaban. Vi como los de la mesa de enfrente (los que estaban besándose) se levantaron y se fueron como a una especie cuarto tipo estacionamiento. La música se fue poniendo muy baja y algunos comenzaron a ponerse muy calientes ya que estando ebrios y en pareja todo podía pasar.

    Yo tomé la iniciativa así que comencé a besar a mi jefe, noté como lo demás hacían lo mismo. Mi jefe me despego de su boca y me incline para hacerle una felación. Mientras estaba entre sus piernas solo escuchaba algunos “aggg” “aggg” de otras chicas así que me asomé y noté que ya todas las chicas estaban haciendo sexo oral a sus parejas. Mi jefe me levanto y me comenzó a subir el vestido y quede solo en tanga y en bra. Para los demás asistentes fue ver agua en el desierto ya que mi tanga se veía algo inocente y noté como todos los hombres presentes me comían con la mirada. Noté que uno se despegó de su pareja ( no más de 20 años al parecer la chica) y se acercó a mi, mi jefe le hizo seña que no y con su miembro ya afuera me hizo la tanga a un lado, me pego contra la mesa y comenzó a embestirme. Poco a poco comenzaron a sonar los “aplausos” entre el abdomen de mi jefe y mis nalguitas.

    -AY, ay, ay…

    Comencé a gemir. Al parecer los presentes veían la escena que tenía. Mi jefe ya un poco ebrio comenzó a embestirme demasiado rápido y después saco su miembro y comenzó a vaciar su semen en mi espalda.

    -¿es todo? Dijeron los presentes

    -Si quieren pueden usarla ustedes también total es muy puta, les dijo mi jefe

    -¿Qué?, solo le dije

    Noté como los 3 hombres iban acercándose a mi, uno de ello me tomo de la cintura y comenzó a penetrarme.

    -Ay no, por favor, ayyy, ayyy

    Comencé a gemir mientras los demás esperaban su turno. Noté como las otras chicas se tocaba. Una de ellas se acercó a mi y comenzó a besarme para que no gritara tanto.

    -Uyyy ahí viene, va, mmmm…

    Sentí el chorro de semen en parte de mi espalda. Ya cansada en esa posición me levanté y noté como los otros dos esperaban hacerme lo mismo.

    -¿Se los chupo al mismo tiempo? Les dije…

    Ambos ya ebrios afirmaron así que como pude y ya muy caliente comencé a meterme sus miembros a mi boca. Después de ya lubricados uno de ellos me tomo de la cintura y noté como el glande iba en otra dirección…

    -Espera por ahí nooo…

    Demasiado tarde. Me había metido su glande en mi ano. Comencé a gritar demasiado y noté como mi jefe al ver esto comenzó a masturbarse.

    -A ver tú ayúdame, le dijo a una chica ahí presente, la acercó y ella comenzó a hacerle sexo oral.

    Mis nalgas ya estaban todas rojas y mis rodillas también. Me hincaron y me daban nalgadas quizá por lo ebrio que estaban no medían su fuerza hasta que ambos lograron rociar su esperma en parte de mi cara.

    -Ahhhh, ahhh…

    Comencé a sentirme satisfecha. Uno de los presentes me pidió mi tanga así que me la quite y se lq obsequie. El dueño de la finca nos ofreció su baño a las chicas y todas fuimos a cambiarnos. Ya una vez todas bañadas y arregladas continuamos ahí un rato hasta que mi jefe decidió llevarme ya que todos ahí seguirían y él quería disfrutarme solo a mi, con sus propias palabras. En el camino me comentaba que tiene familia pero está por divorciarse para quedarse conmigo, yo solo le seguía la corriente. Una vez llegando a mi departamento me quite toda la ropa y decidí dormir sin ver mi teléfono. En la mañana, al despertar, vi un mensaje de mi novio dándome los buenos días y lo feliz que está conmigo.

    Son días complicados para mi. El trabajo ahorita mismo me sirve. La uni está por terminar y mi novio aún no sospecha nada. Seguiré con esta rutina aunque el profesor aún sigue dando lata de cuando volver a salir a pesar de haberlo bateado. Mi jefe me recuerda mucho la tanga que regale ya que estaba muy bonita y le excitaba ya que me hacía ver demasiado inocente en mi cuerpecito. Cosas de la vida…