Blog

  • De como realmente comenzó mi historia (2)

    De como realmente comenzó mi historia (2)

    Al despertar me metí a la ducha rápido y me fui a casa para cambiarme e ir al partido de mi equipo, Tania estaba en el comedor tomando café, parecía que quería conversar de lo de la noche anterior, pero yo estaba muy apurado. Nos dimos un beso y me recordó de llegar temprano esa noche para la fiesta de ‘inauguración’ de su apartamento.

    Para ser franco, estaba evitando tener esa conversación, todo había pasado muy rápido y aún habría que hablar de Tania y su actitud conmigo y con ese chico de la semana pasada. Durante el partido estaba desconcentrado y de repente me cayó una patada descalificadora en el costado del pie, no solo que mi contrincante salió expulsado, pero yo también tuve que salir para que me lleven a la posta médica. La radiografía no mostraba nada, pero sí que me dejó el pie hinchado y con mucho dolor, el resto de la tarde me la pasé tirado en mi cama.

    Sin ganas de ir debido a como tenía el pie, llegué a la reunión un poco tarde, la gente ya bailando, Tania en especial con el idiota ese de la semana pasada. La sala y el comedor estaban separados por una pequeña pared, así que me fui a sentar en una de las sillas altas del bar de la cocina y no de buen humor. Después de unos 10 minutos llegó Diego, ufff, llevaba una camisa blanca semi transparente que dejaba ver sus brazos fuertes, sus hombros anchos y sus tetillas apretadas contra la tela por esos pectorales muy bien definidos.

    Tenía los 2 primeros botones abiertos, mostrando un collar de oro rodeando su cuello, la camisa iba afuera de su pantalón que eran unos jeans vaqueros un tanto apretados, con botones en vez de cierre. ¡Qué hombre tan divino de verdad!, Se sentó a mi costado y empezamos a beber juntos y a conversar toda la noche, una vez más me sentía atraído a él, pero esta vez sí me percaté que era su magnetismo animal, de macho, de hombre. Era la primera vez que veía a un hombre con ojos de mujer (o de marica, no sabía), no podía dejar de reírle, mirarlo fijamente a los ojos, una qué otra vez inclusive fijando mi mirada en sus labios, a veces su pecho, pero trataba de no bajar la mirada más, estaba extremadamente confundida y en un conflicto interno de niña adolescente.

    Con el pasar de las horas la gente empezó a retirarse, ya no había música de fondo, la cual venía del mismo móvil de Tania vía Bluetooth, es más, Tania ni siquiera estaba en el apartamento. No me preocupé por ello, seguía pasándola bien con Diego el cual se encontraba parado y recostado contra la barra del bar, mientras que yo estaba en frente de él. Francesca, la mejor amiga de Tania, se encontraba ya totalmente dormida en el sofá de la sala.

    Diego se percató de que me sentía muy incómodo parado.

    – ¿Estás bien? Parece que te fastidiaran los tenis

    – Bueno si, bastante, le dije. Tuve un golpe fuerte jugando esta mañana y no creo tener una fractura, pero si está muy hinchado y morado mi pie derecho

    – Déjame ver.

    Así que me quité la zapatilla y las medias y de verdad estaba peor que hace unas horas.

    – ¡Mierda! No puedes estar así, quítate los zapatos

    – No me gusta estar descalzo Diego

    – Entonces vamos al cuarto y encontremos las sandalias de Tania, porque no puedes estar así.

    Me cogió del brazo y me llevo a la habitación, no es que yo sea chiquita pero semejante hombrón me manipulaba como una muñeca de algodón. Yo encontré las sandalias y me las puse, me di la vuelta y él ya estaba en el ropero viendo los zapatos de Tania. Cogió unos abiertos y relativamente bajos y me los dio.

    – ponte estos

    – Diego, ¿cómo crees? Jajaja

    Se acercó, me sentó en la cama, me quitó las sandalias y me puso los zapatos de taco él mismo.

    – ¿ves? Te quedan muy bien y así te proteges mejor para no tocar el piso

    Me volvió a coger del brazo y me llevó otra vez a la barra y seguimos la conversación, me hacía reír mucho y se me olvidó todo lo demás. Unos minutos después me cuenta que había tenido un accidente en el gimnasio esa mañana también.

    – un amigo dejó una barra parada y se cayó y me golpeó aquí; me lo dijo agarrándose la verga.

    Entonces Diego se desabrocha el pantalón y me muestra su pene.

    – Acá es donde me cayó la barra esa

    Me dijo mientras movía su pene a un costado para mostrarme, pero en verdad no vi ningún golpe, lo que si es que vi una verga hermosa y no podía quitarle la mirada, creo que no volví a decir una palabra el resto de la noche. Estaba hipnotizada, aunque no estaba dura del todo, Diego al verme así de perpleja agarró mi mano y la llevó a su verga para tocarla, me deje llevar, primero la agarre y nada más y Diego dio un pequeño gemido, lo cual me invitó a más. Comencé a acariciar ese pene que empezó a crecer en dimensión, uummm, estaba descubriendo su textura, sentía como las venas se hinchaban, agarraba grosor, uummm, me cogió la mano y la movió para que lo pajeara y así hice, sin dudar, sin pensar, sin decir una palabra y sin dejar de mirar ese pollón.

    Ya estaba erecto completamente y era de 18 cm, un poco menos gruesa que la mía, pero eso no era lo que pasaba por mi mente, ¡estaba masturbando a un hombre!, parados en el bar del apartamento de mi novia, y no podía parar. Primero lo masturbé con una mano, después empecé con las dos a la vez, empecé a explorar sus huevos, estaban duros y grandes y Diego seguía gimiendo casi en mi oído, aprobando mi primera pajeada a un hombre.

    Seguí sin poder levantar la mirada, todo estaba lejano, solo importaba Diego, su verga y la pajeada que le estaba dando, Francesca era solo un mueble más. De repente se abrió la puerta y entraron al apartamento Tania y Carlos, me quedé congelado, Diego atinó a apretar mi mano para no soltar su polla y nos quedamos muy callados, Tania debe haber pensado que ya todos nos habíamos ido de su apartamento y solo escuché cuando entraron a la habitación y cerraron la puerta. Diego se quedó callado y continué pajeándolo, debíamos haber estado en esto unos 10 minutos, usaba ambas manos, acariciaba sus huevos, de cuando en cuando él escupía en su pene y yo lo usaba de lubricante, solo veía su pene, mis manos, sus piernas y mis pies con zapatos de mujer.

    En esos momentos empecé a oír a Tania gemir desde la habitación, me detuve por un segundo y Diego me cogió la mano otra vez para no parar y con su otra mano empezó a acariciar mi rostro, no volví a prestar atención que mi novia estaba cogiendo en la habitación del costado. Diego soltó mi mano y siguió acariciando mi rostro, jugaba con mi cabello y de repente con la otra mano me apretó el culo, uummm, gemí y cerré los ojos mientras me mordía el labio inferior, recosté mi cara en su mano y Diego aprovechó ese momento para plantarme un beso en la boca y yo…me entregué totalmente. Ahora con las dos manos me tocaba el culo, la espalda, me apretaba la cintura, subía y acariciaba mi cabello y empecé a gemir en su boca con nuestras lenguas entrelazadas.

    Lo seguía masturbando con una mano y con la otra le acariciaba el cuello y lo apretaba más a mi para besarnos más fuerte, yo tenía los ojos cerrados y estaba en las nubes. Dejó de besarme y abrí los ojos, pero seguía mirando su verga en mis manos, pasó su dedo índice por su uretra y recogió su líquido preseminal, lo subió a mi boca e instintivamente separé mis labios y me introdujo su dedo en la boca. Disfruté de eso y cogió más líquido y me lo introdujo en la boca otra vez, empecé a chuparle el dedo y a saborear de su lechita, en eso me coge del cabello por detrás y me da la vuelta, yo volteé mi cuello para seguir besándolo mientras que mi colita se rozaba con su verga, soltó mi cabello y me abrazó por la cintura y a empujones me llevó al sofá. De espaldas a él me desabrochó el pantalón y me lo bajó, me quitó los zapatos para así sacarme el pantalón, me quitó la camisa y me dejó con mi bóxer el cual lo jaló hacia arriba y me lo metió en el culo como si fuera una tanga, gemí, estaba mareada, estaba intoxicada con la situación tan morbosa y excitante que estaba viviendo.

    Mientras tanto Diego se desnudó completamente y se sentó al lado izquierdo del sofá, Francesca estaba inconsciente al lado opuesto, sabía lo que él quería, me volví a poner lo zapatos de Tania y me arrodillé en frente de él, no había escape, si antes estaba entregada al morbo, ahora era claro que era la prisionera de Diego. Por primera vez abrí los ojos y lo miré, era increíble, tenía unos hombros y pechos hermosos y duros, totalmente lampiño, rasurado como los fisicoculturistas, sus brazos y sus piernas estaban perfectas, era un macho musculoso y solo podía apreciar su cuerpo. Cogí su verga con mi mano derecha y con la otra exploraba y acariciaba ese cuerpo de macho alfa, no podía creer lo que estaba haciendo y a su vez lo afortunada que era de tener semejante hombre para mí.

    Lo miré fijamente a los ojos y me metí su verga en la boca, el sabor y su aroma me intoxicaban más, le daba besos a su glande y lo chupaba, poco a poco empecé a meterme cada centímetro de su verga en la boca, uummm, me cabía todo, pensé que me produciría arcadas, pero nada. Se la seguía mamando y comencé a chuparla a la vez que con una mano lo masturbaba, así como me gustaba que Tania lo hiciera conmigo. Alcanzó a coger su pantalón y sacó del bolsillo algo, yo seguía en mi mamada que estaba disfrutando como loca, él empezó a inhalar aquel polvo blanco y poniéndose un poco en la mano lo colocó en mi nariz, pero con los ojos le dije que no, igual y se lo sopló él mismo.

    Nunca pensé que sería tan rico el darle una mamada a un hombre, no sé por cuanto tiempo estuve así disfrutando de su polla, pero me cogió de la cabeza y se corrió en mi boca. La sensación fue demasiado, sentí chorros de leche en mi garganta y me lo tragué en su mayoría, un poco se salió de mi boca, pero con la mano lo recogí y me lo metí en la boca mientras lo miraba fijamente a los ojos con cara de puta golosa. En eso lo veo pasar su mirada atrás de mí, me di la vuelta y Tania estaba en su bata con las dos manos tapándose la boca y con una mirada de horrorizada, no atiné a mucho, ni Diego tampoco, él se quedó sentado donde estaba y yo me recosté en su pierna y sentada en el piso. Tania apagó la luz y se metió al cuarto, unos segundos después salía con Carlos y lo acompañó a la puerta y se despidió de él, regresó, prendió la luz y me dijo que vaya a la habitación, cerró la puerta cuando entré y se quedó en la sala.

    – ¿Qué le pasó a Francesca? Preguntó Tania

    – Creo que bebió demasiado y está dormida ahí desde hace casi dos horas

    – ¿y ustedes dos? ¿ahora resulta que son gay?

    – no Tania, a mí me gustan las mujeres, pero siempre se me pegan mariquitas que se animan a chupármela y me gusta feminizarlos después, creo que a tu novio le gusté desde ya tiempo…voy a pedirme un taxi, lo siento.

    Eso fue lo que pude escuchar pegada a la puerta de la habitación, de ahí entró Tania, sacó una frazada y se lo llevó para cubrir a Francesca, de ahí solo escuché cuando Diego cerró la puerta y se fue. Tania entró a la habitación y todos mis temores se acumularon

    – lo siento amorcito no se…

    Me interrumpió

    – ¿ahora me vas a decir que ya no te gusta comer coños y solo vergas?

    – no amorcito para nada, no se que..

    Me tapó la boca con la mano y se fue a la cama, se quitó la bata, estaba desnuda y se echó abriendo sus piernas

    – ven acá y cómete este coño

    Le obedecí de inmediato y le empecé a chupar esa conchita que había comido tantas veces antes, estaba muy mojada y sabía distinto.

    – así perrita, chupa todo y rico, chupa mis jugos y la leche de Carlos, uummm, así aaahh, que rico, chupa todo

    La verdad es que el que me dijera eso me excitó bastante y seguí gozando de su coño usado, se paró de golpe y fue a sus cajones. Sacó una tanga rojita que me gustaba que se pusiera cuando estaba conmigo y me dijo:

    – ven acá perrita, quítate ese calzoncillo de hombre

    Me lo quité y ella me puso su calzón

    – que linda estás así, las perritas tienen que usar cosas bonitas

    Y con eso me echó en la cama y se sentó encima de mí rozando su coño con mi verga que estaba enjaulada dentro de ese calzoncito, el roce de la telita con mi piel era riquísimo.

    – ay cariño tu verga está durísima, parece que te ha gustado la leche de mi amiguito, ummm, así que rico

    Sacó mi verga a un costado del calzoncito y se clavó encima, estaba muy lubricada y empezó a follarme

    – así cariño, goza de ese coño mojado, está mojado desde la semana pasada que mi amigo me dejó con ganas de follármelo en la fiesta de Giulia, ummmm, así, toma, ¿te gusta?, ¿te gusta perrita?

    No solo me estaba gustando, pero la verdad es que me estaba volviendo loca, así que le di vuelta echándola en la cama y la empecé a follar encima de ella

    – umm así perrita, así, dame rico, como me dio Carlos acá en esta cama hace una hora llenándome toda, así cógeme, ummm que rico, ¿sabes por qué no nos vimos el jueves cariño? Ummm ahhhh

    Seguía gimiendo la muy puta.

    – me fui al cine con él el jueves y nos sentamos al fondo, no recuerdo la peli, ahhhhh, me volví toda una puta y se la mamé, ahhh, ¿te lo imaginas perrita? Se la mamé casi toda la película, casi 2 horas y me dio su leche dos veces en mi boca, uummm

    Ella seguía contándome lo puta e infiel que fue y yo seguía dándole más fuerte y también gemía con ella.

    – sigue cariño, ayyy que gusto, que rico, dame toda tu verga, aaahhh, ¡quiero más leche en mi chochito!, ¡no pares!!No pares perra!, aaaahhh ¡me corro, me corro!!

    Tania se vino en esos momentos apretándome fuerte a ella con las piernas y no pude más, me corrí muy fuerte dentro de ella, que experiencia tan rica de verdad. Caímos los dos exhaustos en la cama, me dijo que la limpiara

    – así perrita tómate toda la leche de las dos vergas que me han llenado esta noche

    Cuando terminé me dio un beso, me dijo que al día siguiente hablábamos y nos quedamos dormidas.

  • Bailando norteñas

    Bailando norteñas

    Me acabo de despertar de un sueño riquísimo. ¡Te cuento!

    Soñé que salíamos de fiesta. Nos íbamos a bailar los dos solos, liberados de los hijos y las demás cargas familiares. Primero bailamos salsa muy rico, pero luego pusieron norteñas y nos sentamos. Estábamos tomando ron. Tú estabas muy alegre, relajada y animada y querías seguir bailando… Pero, como yo no «jalaba» en las norteñas, te invitó un chavo… No lo conocíamos. Te había estado mirando de reojo desde una mesa vecina. Te sonreía y te miraba discretamente. Estaba joven, treintañero, alto, fornido, bien parecido y rasurado. Su rostro tenía rasgos gruesos, mestizos, de piel morena. Llevaba botas de cuero, pantalones vaqueros de mezclilla y camisa de cuadros, cinturón con hebilla grande. Debajo de la tela de su camisa se adivinaba un cuerpo torneado y con buen tono muscular.

    Te agarró por la cintura, con seguridad. Sentiste muy rico cuando su mano grande y fuerte se apoyó en tu costado y su otra mano cubrió por completo la tuya. Te llevaba por la pista muy bien, con fluidez y seguridad, como buen macho norteño y… ¡Eso te gustaba! Te reías mucho, te sentías “agarrada”, «suya». Platicaban muy a gusto. Le dijiste que eras maestra y él te dijo que le gustaría ser tu mejor alumno. En ese momento pensaste que estabas lista para darle, verdaderamente, una clase magistral a este «chamaco». Se entendieron muy bien.

    Te tenía bien agarrada, apretadita y tú te dejabas llevar. Tenías un vestido oscuro, «vaporoso» a media pierna, suelto y tacones altos sin medias. Se veían tus piernas ricas y se adivinaba la curva generosa de tus caderas. Tus senos resaltaban. Olías muy rico. Tu cuerpo sudoroso desprendía un aroma sutil entre piña coco y sal. Debajo del vestido ligero, te habías puesto un arnés con los pezones descubiertos y unas tanguitas brasileras negras, semi-transparentes y muy sexys. Te habías depilado tu sexo y te habías dejado un «triangulito matemático» de vellitos cortos, muy coqueto en la parte de arriba. Como un «bigotito» que apuntaba hacia tu sexo y decía «cómeme, papito».

    Mientras bailaban sentías que sus manos grandes y toscas, con sus dedos gruesos, te asían fuerte, te apretaban rico la cintura. Estabas pegadita a él. También empezaste a sentir algunos roces ligeros su «paquete», grande y muy duro, por cierto… El baile se calentaba y se calentaba. ¡Qué rico! Se te hacía agua la boca. Sentías sus muslos, sus brazos duros, sus manos y también su verga cada vez más dura, creciendo. Olía a «limpio» y también a sudor, en una mezcla muy rica y masculina que te hacía salivar. Los dos lo estaban disfrutando bastante. Tú me echabas un ojo «pícaro» de vez en cuando y yo te sonreía con una mirada cómplice. Yo te mataba el ojo como diciendo que «todo estaba bien», adelante, «no hay pedo», disfruta la noche… El vaquero te preguntó en el oído que «¿Qué onda con tu marido?» y tú le dijiste que tu esposo no era celoso, ¡¡Jajaja!! Tú sabías que yo también estaba gozándolo y que de sólo verlos ya tenía mi verga completamente dura y empalmada. En efecto, yo también lo estaba disfrutando mucho. Yo estaba muy excitado y nervioso, a la expectativa, esperando el desenlace del encuentro.

    Bailaron otras cuatro canciones y te dijo que quería llevarte a su coche para enseñarte «algo». Tú le preguntaste que si ya quería su clase magistral. Te miró fijo a los ojos, te sonrió y apretó fuerte tu mano y tu cintura. Justo, en ese momento, sentiste una corriente eléctrica que salía de tu sexo, notaste que tu tanguita estaba empapada y que tu sexo estaba hirviendo. Lo abrazaste fuerte y frotaste tu sexo contra su pierna. Sentiste de nuevo esa corriente eléctrica que salía de tu clítoris y recorría tu cuerpo entero desde los pies hasta la cabeza. Tú también lo miraste directo a los ojos, le sonreíste, apretaste su mano y moviste tu cabeza en señal de aprobación. Caminaron pausadamente tomados de la mano hacia el estacionamiento.

    Volteaste para verme por última vez antes de salir de la pista. Esta vez tú me mataste el ojo. Yo te miré y pensé ¡¡Que riiico, amor!! ¡¡Cómetelo enterito!! ¡¡Compórtate como la perrita de la que estoy enamorado y que me encanta!! ¡¡Sentí que mi verga era un hierro al rojo vivo!! Terminé de un trago mi bebida y los seguí, discretamente, hasta el estacionamiento. Y observé lo que estaba pasando. Estaban junto a su enorme camioneta oscura de doble cabina…

    Se besaban apasionadamente. ¡¡Se comían a besos!! Sus lenguas se movían como serpientes entrelazadas, como peces hambrientos en sus bocas. Le mordías sus labios gruesos y carnosos y le chupabas con fuerza su lengua, como si fuera un anticipo de esa verga que ya querías tener entre tu boca. En medio de la intensidad del abrazo y de la humedad de los besos, tú le rasguñabas el pecho sobre la camisa y luego pasabas a sus nalgas redondas y duras. El te agarraba todo tu trasero a manos llenas. Ese culo grande y delicioso que tienes apenas llenaba sus manotas toscas y fuertes. Sentías el calor y la aspereza de sus manos en tus nalgotas, piel contra la piel, porque él había metido las manos por debajo de tu vestidito.

    Cuando el apretaba tu trasero el hilo de tu tanguita se perdía entre la raja profunda de tus nalgas. Tú también quisiste sentir su piel, desfajaste su camisa y metiste tus manos por debajo. Agarrabas y rasgabas su pecho y su espalda ancha y maciza. Los dos se devoraban, se querían comer allí mismo, en ese momento, era imposible evitarlo. Yo busqué un lugar para poder mirarlos a gusto, sin interrumpir. Se siguieron besando, un buen rato. Él buscaba con sus dedos gruesos el hilo mojado de tu tanguita y tu le apretabas su vergota dura por encima del pantalón. Mientras fluían ríos de saliva entre sus bocas, él te acariciaba los labios vaginales con sus dedos húmedos, los recorría de arriba a abajo, se detenía en tu clítoris…¡¡¡Mmmm!!!

    Después, te metió dos dedos en tu vagina hasta que no pudiste reprimir el gemido que salió de tus entrañas. ¡¡Aaaaah!! Dejándolos dentro los movía hacia adelante y hacia atrás. Ágilmente te presionaba tu vagina desde dentro, justo detrás de tu clítoris. El primer orgasmo fue un relámpago, violento e instantáneo. ¡¡Aaaagh!! Apartaste su mano de tu sexo, entonces te metió en la boca sus dedos mojados con tus propios jugos amorosos. ¡Qué ricooo! Después te volvió a besar para compartir contigo el sabor delirante de tu sexo salvaje. Tus pezones estaban duros y se veían por encima del vestido…

    El chavo abrió la puerta trasera del coche, te levantó con sus brazotes y te puso en el asiento con las piernas hacia afuera. Te las abrió, se agachó, corrió tu micro-tanguita negra hacia un lado y clavó la cabeza en tu entrepierna. Tú, con una mano te sostenías y con la otra apretabas su cabeza contra tu sexo. Te lamía tus labios vaginales, te los chupaba, te los mordía quedito. Te recorría tu raja con su lengua de arriba a abajo y viceversa. Estaba embriagado, enloquecido con el aroma, con el sabor de tu sexo y con el licor salvaje que fluía de ti. ¡Lo entiendo perfectamente! También te metía la punta de la lengua y te chupaba con pasión tu clítoris duro, erecto y enrojecido mientras te agarraba las nalgas.

    Estabas a punto de venirte, por segunda vez, cuando abriste los ojos y me viste empalmado, con mi verga al aire masturbándome. Eso te prendió mucho más. En ese instante cerraste de nuevo los ojos y tuviste tu segundo orgasmo. Esta vez más grande, más intenso, más prolongado… Apretaste tu puño y agarraste su cabello. Apretaste los dientes echaste tu cabeza hacia atrás y gritaste fuerte ¡¡¡Aaaaagh!!! Apretaste su cabeza contra tu sexo mientras le bañabas a chorros su cara con tu eyaculación. Al verte, también ¡El semen salía disparado de mi verga! ¡Yo también me vine! ¡¡Muy rápido como siempre!! Pero esta vez sí era distinto, aquí si tendrías más candela… Respiraste profundo un par de veces. Volviste a mirarme con fuerza, con gusto y con rabia y te bajaste del asiento.

    Abriste el cinturón del vaquero con su gran hebilla y le bajaste el cierre de su pantalón. Tenía un bóxer oscuro y pegado del que se desprendía un olor a macho. Te arrodillaste y acercaste tu nariz para sumergirte en su aroma, le mordiste suave su verga por encima del bóxer. Lo bajaste despacio, gozándolo y liberaste su poderosa herramienta. Estaba dura y erecta apuntando hacia arriba como un asta venosa. La empuñaste con tu mano derecha y apenas podías abarcarla… La pusiste frente a tu cara y jalaste hacia abajo el pellejo para liberar su cabeza. Observaste la humedad que salía del glande y la probaste con la punta de tu lengua. Te gustó mucho su sabor. Escupiste su verga un par de veces para mojarla mucho más y empezaste a mamársela como solo tú sabes… Succionando con fuerza, disfrutando, con deseo, con ganas, con «rabia».

    Te enloquecía el olor de su sexo, degustabas el sabor de su piel y de su líquido preseminal. Tu lengua jugaba en su glande, gozabas con su sabor y su textura y recorrías la verga de arriba a abajo. Se la mordías quedito, se la jalabas con fuerza mientras se la chupabas. Te azotabas con su verga en tu boca, en tu nariz y en tus ojos. Te frotabas fuerte la cara con ella. Y luego le escupías más para lubricar la increíble «Manuela» que le estabas dando. Él se dejaba, gozaba y gozaba, mientras cerraba los ojos y echaba para atrás su cabeza… Le chupabas con fuerza sus testículos y la cabeza morena de su vergota, la empapabas con tu saliva mientras te la metías hasta el fondo de tu garganta. Él te empujaba con su mano hasta ahogarte un poco… Yo seguía mirando esa increíble mamada, extasiado, perdido, sintiendo una mezcla loca e indescriptible de excitación, deseo y orgullo. ¡¡Esa es mi putita preciosa!! ¡¡Toma tu clase magistral vaquerito!!

    Entonces, él te agarró del cabello y tú te levantaste, él te volteó de espaldas, te puso en cuatro y tú te apoyaste en el asiento de la troca. Él te subió el vestido y apartó la tanguita y tú separaste un poco las piernas. Sin soltar tu cabello, él apoyó la punta de su herramienta enorme contra tu panocha húmeda, soltó un par de palmadas sobre tus nalgas sudorosas y, sin piedad, te metió su vergota morena hasta el fondo.

    Otra vez pude escuchar tu ¡¡Aaaagh!!! 20 centímetros de verga dura y gruesa te penetraban con violencia, duro y parejo mientras te jalaba con fuerza del pelo. Te daba con ganas, con ritmo, con fuerza, nalgueándote a gusto. Tus nachas se enrojecían y tus gemidos iban «in crescendo». Ah, Ahhh ¡¡¡Aaaaagh!!! Era tanta la excitación y la fuerza de la cogida que mi verga estaba dura nuevamente (¡Un milagro!) ¡¡Tú te viniste a chorros, una vez más, eras una pequeña cascada de gritos, temblores y placer!! Tus jugos amorosos bañaban su verga, tus piernas y tus tacones. Pero, lo mejor de todo era que el vaquero no paraba. Iban «tres a cero» y él «cómo si nada». Nada que ver con tu esposito que no aguanta ni aunque le eche ganas. Tu vaquero era una verdadera máquina de follar. Él también le estaba dando una clase estelar a su maestra madurita. Te nalgueaba y te decía «Putita… ¿Esto era lo que querías? ¿Te hace falta verga? ¿Cierto? No te llena tu maridito… Putita ¡¡Toma toda la verga que quieras!! ¡Aquí si hay pa’ dar y convidar!».

    Entonces te levantaste para detenerlo, me miraste fijo, una vez más, como diciéndome con los ojos: «Mira cabrón como voy a cabalgar a este macho en tu cara. Disfrútalo cornudito. Jálate tu verga con gusto mientras ves como le saco la leche a mi macho. Disfruta una clase magistral de tu maestra putita»… Entonces, llevaste al vaquero hasta el asiento de la troca y de frente te sentaste sobre su verga erecta para montarlo. Se besaron una vez más y él te bajó el vestido para besar tus senos. Te echaste hacia atrás y tus pezones estaban paraditos y muy duros, apuntando hacia su cara. Te los besó, te los chupó y te los mordió suavecito… Así empezaste a balancear tu cadera, adelante y atrás, mientras lo abrazabas y le decías al oído…

    «¿Te está gustando tu clase chamaco? ¿Te esperabas una putita madura así de caliente y de jariosa? Te voy a sacar tu lechita vaquero, y se la voy a llevar al cornudo de mi maridito. Ándale, lléname de mecos, papi ¡¡Dámelos todos, vaquerito». ¡Rellena mi donita caliente y hambrienta!». Sentías su orgasmo cerca, lo abrazaste y aceleraste tu movimiento para vaciarlo. Tú también estabas al borde. Sus dedos se clavaron en tu espalda y sentiste las palpitaciones de su verga y el chorro caliente de su semen en tu vagina. Lo abrazaste con fuerza y lo cabalgaste con violencia, tu respuesta fue tu cuarto orgasmo, está vez, compartido, triple, explosivo y desgarrador… ¡¡Aaaagh!! Gritamos los tres… ¡¡Que rico, yo también me vine!!

    Después de la tormenta vino la calma. Te temblaban las piernas y no podías borrar una hermosa sonrisa gigante de tu cara. Lo miraste con tus ojos enormes y bellos. Al despedirte le diste un beso en la mejilla a tu vaquero y una tarjeta con el número de celular de «la maestra». «Me voy con mi maridito que me espera -le dijiste-. Si quieres otra clasecita, ahí me envías un mensaje. ¡Cuídate papito! Nos la pasaremos muy rico».

    Yo te estaba esperando en la mesa, con un ron en la mano. «¿Quieres un trago, Amor?» Te pregunté al llegar. No, -Me dijiste- ¡Quiero descansar, ya no estoy para estos trotes! Y te reíste pícaramente hasta con tus ojotes hermosos… «¡Vamos ya a casa, te tengo un regalito bien caliente entre mis piernas, cornudito. Ese es tu premio por portarte bien esta noche. Prepara tu lengüita para labores de limpieza doméstica». Y nos besamos profundamente, amorosamente, compartiendo los sabores intensos de una jornada de placer.

    Fin.

  • Bailando para mi macho

    Bailando para mi macho

    Juan y mi novio se alejaron de los invitados a la parte de atrás de la casa, y se sentaron a platicar en las jardineras, cuando los vi de inmediato me fui a sentar a un lado de Juan, preguntándole:

    -cómo te la estás pasando?

    -Bien gracias y tú Jenny, ¿cómo estás? -me contestó Juan.

    En ese instante mi novio se levantó y dijo:

    -traeré una ronda de cervezas, te encargo mucho Jenny.

    Me volteo a ver y sonrió conmigo.

    Me dijo: -te ves muy hermosa…

    A lo que le respondí: -Gracias me arreglé para ti corazón.

    Conforme transcurrió la noche, empezaron a poner música de reguetón para bailar y mi novio traía más cervezas y empecé a bailar enfrente de ellos, en esos momentos mi tanga estaba empapada, solo quería llamar la atención de mi macho, con el aroma de mi intimidad.

    Mis movimientos eran más sensuales y provocativos, cuando les di la espalda procuré que mi trasero quedara enfrente de la cara de Juan, mis leggins dejaban ver mis nalgas y el hilito rojo de mi tanga.

    Y para que no se viera tan obvio le baile también enfrente de mi novio.

    -que rico bailas mi amor -dijo mi novio.

    No le dije nada solo me limite a seguir bailando y a mover mis caderas con más frenesí, al ritmo del reguetón, en eso sentí una caricia fuerte en mi nalga derecha, al voltear a ver era la mano de Juan, quien arrebatado por la excitación ya no pudo más y me acarició.

    De inmediato le tomé la mano y me puse nuevamente, enfrente de él.

    Mi novio nos hizo señas de que iba por otra ronda de cervezas, a lo cual, Juan solo se limitó a decir que si, con la cabeza, yo llena de pasión no le respondí estaba concentrada en la letra de la canción.

    Antes de que acabara la canción volví a ver ponerle mis nalgas enfrente de su carita esta vez me empine un poco más y mis movimientos eran más eróticos y sensuales, ahora si mis nalgas quedaban a su disposición, en eso recargue mis manos en sus rodillas y le abrí las piernas le restregué mis nalgas en su virilidad, cuando sentí él estaba muy duro eran todas para el solito.

  • La calentura controla mi vida

    La calentura controla mi vida

    Soy una mujer joven, sumamente sexual sobre todo cuando encuentro un hombre que logre despertar en mí toda la pasión que contengo; y así fue, conocí a este hombre, sacaba de mí, mi lado más erótico.

    Cómo aquella ocasión en la que llevábamos casi dos meses sin vernos, él me había vuelto a buscar de nuevo, habíamos acordado ir a almorzar, un día entre semana, cuando íbamos a confirmar la cita, me dijo que no podía, justo en una reunión virtual en la que estaba se había prolongado más tiempo, aun así seguimos hablando, en un momento de nuestra conversación me dice:

    -«Vas a pensar que estoy loco por lo que te voy a decir»

    Le respondo: «¿Por qué lo dices?»

    Él contesta: «No paro de imaginar tu culo, ni tu vagina»

    No esperaba esa respuesta, lo cual me asombra, pero me excita de forma increíble, me excitaba tanto que mi vagina empieza a sentir un hormigueo.

    Al momento, él me escribe otro mensaje, diciéndome que me deseaba tanto, que por favor le enviara una foto, acostumbraba a enviarle nudes, muy muy sensuales, obvio en mi galería tenía un buen reportorio, así que decidí enviarle una.

    Ese hombre al verla casi enloquece, le había enviado una foto donde mis nalgas se venías más provocativas que nunca y los acompañaba mi cabello negro y largo, el cual alcanza a tocar mis nalgas.

    Él me dice que la tiene muy dura, que su pene está casi que explota, justo en ese momento a mí me programan una reunión virtual de última hora en el trabajo, lo cual no me impide seguir teniendo esta conversación tan excitante con él.

    Me envía un mensaje diciéndome que quiere meter su pene en mi vagina y devorarme todo mi culo, a lo cual le respondo que me encantaría que me comiera completa y me hiciera gemir de placer.

    Le comento que había entrado en una reunión y él me responde:

    -«Estuviera debajo de tu escritorio lamiendo tu vagina»

    No se podrán imaginar como mi cuerpo se estremeció de placer al leer eso, mi vagina estaba demasiado mojada, me encontraba tomando esta reunión en la sala de mi apartamento, en la cual se encontraban mi amiga con la que vivía y su novio, así que todo sea había más tensión y muy emocionante.

    Él ya sabía que me encontraba volando de excitación y me dice que le envíe una foto de mi vagina totalmente humedecida, ingresó al baño a realizarlo, le envío la foto en la cual se podía ver como mi ropa interior estaba empapada.

    Así que, ninguno de los dos aguanta más y empezamos a coordinar cómo podíamos vernos, él también tenía programado un viaje familiar y pasaban en un rato por él, era tantas las ganas que teníamos de devorarnos, de saciar este deseo que estábamos buscando la forma de vernos, así pareciera imposible.

    Acordamos que no importaba que fueran solo unos minutos, él se iba a de viaje por todo el fin de semana y yo no iba a permitir quedar así de excitada, con todas las ganas acumuladas.

    Él me confirma que su reunión había terminado, por mi parte aún seguía en mi reunión, pero me conecte desde el móvil y tome un servicio de transporte para ir a su apartamento, me inundaba los nervios, nunca había hecho algo así, no me importó sabía que tenía tantas ganas de tener sexo que nada lo iba a impedir.

    Iba ya en camino, él me empieza a escribir, preguntándome donde iba, que si me demoraba, vivíamos muy cerca, se notaba que ambos el deseo nos dominaba, ante esa presión por parte de él, le digo al conductor que por favor vayamos rápido, que necesitaba llegar rápido, mi dopamina estaba a mil.

    He llegado al apartamento de él, me recibe con un beso, pero no era un beso normal, era un beso con el que sentí sus ansias por comerme, me dice que descargué mi bolso y que vayamos a la habitación.

    No podemos olvidar que me encontraba en un reunión de trabajo, así que fui muy prevenida, con mucho cuidado dejé mi móvil en su mesa de noche, verificando que la cámara y el micrófono estuvieran apagados, aún con la reunión de fondo, él me desviste toda, de una forma tan salvaje que no logró describir.

    Toca mi vagina y se sorprende de lo humedecida que estaba, goteaba; motivó por el cual se enloquece de excitación, él me dice que está muy muy excitado que desea que le chupe el pene, lo cual me encanta y sin responder, él estando de pie, empiezo a lamer y succionar su pene con un el mayor de los gustos.

    No teníamos mucho tiempo, iban a pasar a recogerlo para ir a la reunión familiar, así que me dice que pare, yo me levanto, me toma del abdomen y me pone en cuatro en su cama, empieza a introducir su miembro. Debo de confesar que mi vagina es muy cerrada, se cierra aún más cuando tengo semanas sin estar con una persona, así que a medida que él la va introduciendo, me duele, al estar tan estrecho, es esto lo que más le excita, siente mi cavidad vaginal tan estrecha que gime al introducirlo, junto a mis gemidos que son una combinación de dolor con placer.

    Una vez ya adentro, empieza a entrar y sacar su pene en esta posición, se escucha el choque de su cuerpo con mis nalgas, con la fuerza en la que realiza estos movimientos.

    La reunión termina, tengo que despedirme y mi voz está aguda por el nivel de excitación, estaba muerta de nervios ¡Como podía despedirme! Si hace menos de un segundo me estaban clavando en cuatro y yo estaba sollozando de placer, así que tome aire, respire profundo y me despedí súper rápido.

    Sin la reunión de por medio, mi deseo toma control sobre mí, continuaba aun apoyada en cuatro, habíamos parado para poder despedirme, así que le digo que deseo que cambiemos de posición y que quería hacerme encima de él, tenía claro que teníamos poco tiempo y que esa posición al ser una de mis favoritas iba a lograr el orgasmo rápido.

    Él se acomoda y me hago encima de él, fue un nivel de excitación ¡Muuuy alto!, estar encima de él, con su pene todo dentro de mí y mi clítoris rozando su pelvis, él me nalguea mientras yo saciaba de placer y me balanceo de arriba a abajo sin dejar que su miembro salga de mí.

    Luego me jala el cabello, mis gemidos se intensifican, me encontraba tan caliente, le digo que me ahorque, ya en ese punto siento mi alma salir de mi cuerpo es mi punto máximo de excitación, su penetración, su forma salvaje de jalarme el cabello y ahorcarme, me hacen venir de una manera estremecedora, la forma en la que gemí de placer es aún música para mis oídos.

    No quería parar, quedé alrededor de un minuto en un éxtasis de placer, él me dice que quiere que retomemos a la posición inicial, en cuatro, ya sin reunión en mi móvil, él me dice que si puede grabar, desde mi celular, a lo cual accedo, cada vez que veía ese recuerdo, escuchar su miembro entrar y salir en mi vagina totalmente húmeda, el choque de su cuerpo con mis nalgas, su respiración y gemidos cerca al micrófono de mi celular, de fondo mis gemidos al sentir su pene entrar y salir, también el ver mi cuerpo en esa posición, mi cabello, mi espalda, el tatuaje de mi espalda, mi cintura y cadera, mis glúteos cimbrando…

    Es un momento que nunca podré olvidar, un momento en el que la calentura controlo mi vida, sin importar nada, solo quería placer y adrenalina en mí, por unos minutos dejé mi vida a un lado y me permití disfrutar mi sexualidad sin cohibirme.

  • Me follaron entre dos

    Me follaron entre dos

    Odiaba cuando Kev tenía que viajar fuera de la ciudad por asuntos relacionados con el trabajo. Lo odiaba porque en esos días no tenía con quien follar y solo me dedicaba a ver un video porno y a masturbarme. Lo bueno, y dicho sea de paso, es que podía hacerlo en donde se me diera la gana y como yo quisiera. Cuando mi esposo se marchaba, era la hora de abrir el cajón con todos mis juguetes sexuales y pegar el chupón de estos donde me fuese más fácil utilizarlos.

    Aquel día no era la excepción. Me había puesto una tanga de hilo diminuto y un sujetador de encaje color rojo. Llevando una copa de vino me dirigí a mi habitación y me preparé para encender el televisor, cuando de pronto, mi móvil comenzó a sonar.

    El nombre de mi mejor amiga, Ximena, apareció en la pantalla.

    —Supe que tu semental se fue por negocios.

    —Lo puedes creer.

    —¿Te apetece si te propongo una salida?

    —¿Qué tipo de salida? —pregunté. Ximena siempre se planeaba las mejores salidas de la vida.

    —No preguntes, solo ponte algo de ropa y paso por ti en media hora.

    No tenía ni idea de lo que urdía, pero igual me puse unos jeans, un top y un par de tacones. Lo más lógico era pensar que me llevaría a un bar cercano. Y es que a nuestros veinticinco años es normal que vayamos a discotecas a beber y coquetear un rato.

    Pasó por mí a la hora acordada y entonces yo subí a su auto. Lo que nunca imaginé es que se detendría en una gasolinera cercana.

    —Te traje ropa.

    —¿Acaso no ves que ya traigo ropa? —le contesté.

    —Pero para el lugar que visitaremos, necesitarás esto.

    Los trajes de las prostitutas parecían decentes en comparación con lo que me dio. Cuando di el primer paso, el borde del diminuto vestido se subió y una parte de la tanga quedó al descubierto. Pero por algún motivo no discutí con ella, pues en el fondo, el simple hecho de tenerlo puesto comenzaba a mojarme la concha. Mis pezones duros también se lograban ver por encima de la tela, a pesar de llevar sostén debajo.

    Ximena manejó por un laberinto de calles hasta que por fin aparcó frente a una sencilla y discreta puerta en un callejón solitario.

    —Vamos, pasa —cuando se bajó del auto y abrió dicha puerta, me di cuenta que tenía puesto un vestido similar al mío, solo que ella no llevaba sostén y se le notaba hasta la aureola del pezón.

    El lugar era un sitio de strippers masculinos que al parecer estaba cerrado. Sin embargo, los bailarines estaban ahí dentro. Cuatro guapísimos hombres de cuerpos llenos de músculos y utilizando únicamente un bóxer negro.

    —¿Y su jefe? —preguntó ella, lo que me dejó en claro que ya los conocía.

    —Está hablando por teléfono, pero nos encargó que te recibiéramos —uno de los chicos se puso de pie y acudió a por ella para saludarla con un beso en la mejilla.

    —¿Recuerdan la amiga de la que les hablé? Se las presento. Sarah, ellos nos van a dar la mejor noche de nuestras vidas.

    El resto de los tres hombres se pusieron de pie y caminaron hasta nosotras. No me dio tiempo de hablar, ya que cuando fui consiente sus enormes cuerpos, mucho más altos que el mío, me rodearon y comenzaron a acariciarme la cintura, el culo y los senos.

    —No sé limiten —dijo Ximena—, pueden tocar y hacernos lo que quieran.

    Hasta donde yo sabía, los stripper solo se dedicaban a bailar. No obstante las vergas erectas de estos me indicaron que deseaban hacer todo lo contrario.

    Ximena se tomó su tiempo a parte, en cambio a mí me nalguearon y envolvieron entre sus cuerpos. Uno de ellos deslizó su mano de deliciosos dedos largos debajo del diminuto vestido y retiró el hilo de la tanga para tocarme el coñito que ya estaba bastante mojado. Su dedo se deslizó rápido, arriba y abajo mientras yo comenzaba a gemir y otro me besaba el cuello.

    Me azotaron con fuerza una vez más y un par de manos me subieron el vestido a la cintura, mientras que otro me bajaba el escote sin tirantes y abría el sostén, dejando a la vista mis senos desnudos y los pezones duros y rositas.

    Estaba caliente y deseaba más. Uno de los sujetos deslizó su dedo cerca de donde su compañero lo metía y sacaba de mi coño y comenzó a trazar suaves círculos alrededor de mi ano.

    De pronto, sentí que alguien me chupaba los pezones y entonces vi a Ximena mordiendo y restirando la suave piel mientras uno de los strippers la masturbaba.

    Caminamos hasta uno de los sillones largos y uno de los chicos me puso en cuatro sobre los cojines, arrodillándose por detrás de mí y chupándome la concha que ya escurría de excitación.

    Antes de que pudiera alcanzar el orgasmo, Ximena se acercó y se deshizo de las pocas ropas que todavía teníamos puestas. Nos besamos mientras el resto de los cuatro hombres nos masturbaban y chupaban los senos y nuestras vulvas empapadas. Nos golpeaban el clítoris y metían sus lenguas hasta el fondo mientras con sus dedos nos follaban por el ano.

    —¡Aaah! Si, así papi, sigue así —mis manos se aferraron al respaldo del sillón mientras uno de los stripper me chupaba hasta el alma. Tenía el rostro hundido entre mis piernas y me besaba con fuerza los labios de la vagina. Cuando se puso de pie, terminó dándome un rico besito en mi culito y entonces vi cómo mi fluido le escurría por la barbilla.

    Comencé a ver estrellas. Aquellas luces se acrecentarían cuando uno de los chicos se recostó sobre el sillón totalmente desnudo, colocó sus manos detrás de su nuca y su verga recta, rosita y llena de venas fue lo primero que captó mi atención.

    Desde que comencé mi relación con Kev y hasta la fecha de nuestro matrimonio estaba llevando un anticonceptivo de control, por lo que no me preocupó montarme en su duro abdomen y dejar que un segundo chico llevara la verga de su compañero a mi centro.

    —¿Vas a querer la puntita? —me preguntó mientras sonreía.

    —La quiero toda —y entonces su pene entró por completo.

    Grité y apoyé mis manos sobre su pecho mientras comenzaba a moverme y el otro chico me azotaba por detrás.

    Estaba delicioso, caliente y de una firmeza que me costó mucho terminar de introducir.

    Detrás de mí, el segundo chico apoyó su verga desnuda en mis nalgas y sus manos me apretaron los senos. Entonces su puntita rosa buscó la entrada de mi ano y poco a poco fue metiéndose dentro de mí.

    Estaba segura que mis gemidos se escuchaban hasta por fuera del lugar, pero no me importó. Me moví y saqué mi lengua para que el hombre que se encontraba debajo de mí me follara la boca con sus dedos.

    Necesitaba más, mucho más así que llevé mis manos a mis nalgas y las abrí para que el pene del chico entrase más adentro.

    —¿Te gusta? —me preguntó.

    —Soy una zorrita caliente. Me gusta que me follen así de rico.

    Y entonces las embestidas de los dos aumentaron.

    Siempre me ha gustado ser una putita muy caliente. Me gusta que me follen y me abofeteen mientras me insultan. Me gusta, me calienta y ese día estaba a punto de estallar en un maravilloso orgasmo que me dejaría con las piernas temblando. Sin duda cuando Kev regresara, tendría que contarle esta historia y tendríamos que volver a repetirlo, pero esta vez con él incluido.

    El chico que se hallaba detrás de mí rodeó mi cuello con su brazo y siguió envistiéndome, mientras que el de abajo me apretó los senos hasta ponérmelos rojos. Un segundo después, me estaba vaciando y ellos dejaban su leche dentro de mí, al mismo tiempo que se recogían una parte con sus dedos y me la embarraban en la lengua y el rostro.

    Detrás de nosotros, a Ximena le estaban haciendo lo mismo.

    La noche concluyó con una entretenida historia para recordar.

  • La vecinita Rosy (parte II): El primer encuentro

    La vecinita Rosy (parte II): El primer encuentro

    Entonces llego el día en que finalmente sucedió; la misma situación se volvió a repetir: ella fue a buscarme, cabe recalcar que usualmente lo hacía cuando sabía que estaba solo; fue a pedirme ayuda con su laptop; no recuerdo para qué, si fue para instalarle un software pirata o para configurarle una impresora, ya ni recuerdo; el hecho es que ese día, según ella, tenía algo de prisa y tenía que ir a una fiesta con su novio, por lo que tenía que dejarme solo en su cuarto mientras ella se metía a bañar; que por cierto, el cuarto de baño quedaba dentro de su recamara.

    Mientras ella estaba en la regadera, yo permanecía en el escritorio sin hacer nada, en cabeza daba vueltas la idea de cómo podría hacerle para atreverme a entrar, pero mi consciencia me hablaba y me decía que no estaba bien. Así que mejor decidí desistir y opté por salirme de la recamara. Creo que ella me escucho, y desde adentro del baño me grito “¿Ya se va sin despedirse, vecino? ¿A poco ya quedo lista mi laptop?”. “Es que voy al baño” haciendo referencia que me dirigía a otro baño para visitas que tenían en la sala. Lo que siguió, fue la señal para retomar los planes para satisfacer mis pervertidas ideas; pues me respondió “el otro baño no sirve, si gusta puede entrar al de aquí” … hubo una pausa, y luego agrego “sirve que me hace compañía ¡Jajaja!” … eso hizo que agarrara valor, y entre a su cuarto de baño.

    Ahí estaba yo, parado, estático, con la cortina de baño como única separación entre la pequeña Rosy y yo; mi corazón estaba acelerado y mi miembro luchando por liberarse de lo apretado del pantalón. El solo imaginarla desnuda y mojada, me tenían con la adrenalina a todo lo que da. Nuevamente ella fue quien volvió a romper ese silencio misterioso “nada más no se vaya a asomar ¿he?”, que en mi cabeza sonaba definitivamente como una invitación a hacer exactamente lo contrario. “¿Por qué? ¿Qué puedo ver que no haya visto antes?”, le respondí. “Pues, así como yo, no creo” me replico entre risas. Ya no me aguante más, y me acerque hacia área de la regadera y con la mano recorrí la cortina hacia un lado de manera sorpresiva, dejándola expuesta totalmente desnuda frente a mí, mientras le decía “¡A ver si es cierto, vecinita!”.

    Ella reacciono tratando de taparse los senos con uno de sus antebrazos, y con la palma de la otra mano intentando ocultar su vagina, y con una sonrisa pícara exclamo “¡Ay vecino, que atrevido!”. Me quede asombrado al ver lo voluptuoso de su cuerpo, escaneaba todas sus curvas de pies a cabeza; sus senos, aunque algo grandes, se mantenían erguidas sin necesidad de traer sostén, sus caderas, aderezadas con un par de ligeros gorditos, y más abajo, sus glúteos bien redondos que sobresalían hacia atrás; y su abdomen, igual de apetecible con algo de carnita, pero sin verse llenita. Ya no aguanté más y me metí junto con ella a la regadera; así, con ropa y zapatos puestos.

    Cerré la llave para no mojarme, aunque ya me había salpicado algo de agua. Le retire el antebrazo de sus senos para irme directamente sobre ellos, tuve que inclinarme un poco, pues mi estatura es de 1.70 mts; ella no opuso resistencia, incluso levanto su pecho para que mi boca pudiera acceder libremente a sus pezones, mientras que sus bracitos intentaban abrazarme. Mi lengua se movía en círculos sobre sus pezones, alternando ambos senos cada instante. Mis manos no paraban de recorrer cuanto se podía; su espalda, su cintura, sus glúteos, cada pezón que quedaba libre de mi boca.

    Su carita mostraba una expresión de excitación dando pequeños gemidos. “¡Ay vecino! Ya se había tardado… ¡que rico usa su lengua!” me decía con la voz entrecortada y agitada. De los senos me pase a su cuello, besándolo más suave que sus pezones, mientras que peinaba con mis dedos sus húmedos cabellos pintados de rojo. Mis manos bajaron hasta manosearle los glúteos, se los masajeaba y apretaba; se sentían llenos de carne y suave a la vez. Le separaba las nalgas y le pasaba mis dedos por el ano, pero sin introducírselos; pero igual sentía su agujerito muy estrecho, que se estremecía cada que mis dedos le acariciaban. Luego, mis manos pasaron a su vagina. Sentí sus vellos, muy finos, aunque algo largos; deduje que era sus primeros vellos púbicos y que nunca se había depilado o rasurado; y eso me ponía más caliente.

    Después de hurgar entre su pequeño pelambre, y abriéndome paso entre ellos con los dedos, llegué a sentir la entrada de su rajita totalmente húmeda, pero no por el agua, si no por lo excitada que estaba. Le empecé a dedear suavemente, considerando que aún era virgen, no la quería lastimar. Si que realmente estaba excitada, mis dedos se empaparon de sus fluidos; instintivamente me los lleve a la boca para saborear de ese néctar, y ella me miraba con cara de asombro y excitación. Aproveche para besarla para que ella también degustara como yo lo hacía. Nuestras lenguas jugueteaban mientras que se mezclaban nuestras salivas junto con sus fluidos. Mis manos no dejaban de recorrer cada centímetro de su cuerpecito.

    Sin que ella se lo esperara, la tome en mis brazos y la cargue. Su cara de incertidumbre, porque no sabía lo que seguía. La lleve hasta su cama y la acomode para que quedara acostada en mero en medio del colchón. Tome una de las almohadas, y le levante cadera para colocarla por debajo de sus nalgas, quedando su pubis más elevado para mi comodidad. Apenas quedo recostada y dirigí mi paladar hasta en medio de sus piernas, y empecé a lamer los labios de su vagina, a darle lengua en todo alrededor de su sexo. Sus vellos púbicos quedaban peinados hacia afuera de su vagina en una mezcla de sus fluidos y mi saliva; dejando más al descubierto sus labios internos. Entonces empecé a hundir hasta donde podía mi lengua dentro de su vagina.

    Sus piernas temblaban y soltaban pequeños espasmos que hacían que las tensionara hacia adentro, obstruyendo mi técnica de cunnilingus. Lo que me obligo a sujetarla de los tobillos y abrirle sus piernas de par en par, quedando expuesto su peluda vagina frente a mi cara. Me fui directo a su clítoris, y ahí centré toda mi atención; primero con lengüeteadas suaves, después con pequeños chupones que incluían sus labios vaginales de derecha a izquierda, y viceversa. La almohada empezó a quedar mojada de lo que llegaba a escurrir desde su vagina, resbalando por en medio de sus nalgas.

    Aproveché esos fluidos para usarlos como lubricante, empecé a masajear la entrada de su ano, luego a introducir un poco mi dedo índice. El orificio de su ano se sentía muy apretado. Ella gemía y se retorcía mientras decía en voz baja y entrecortada “¡Que rico, vecino… se siente bien rico como me lo chupa… así, así!”. Intente introducir otro dedo, pero realmente estaba muy apretado, y soltó una pequeña queja “¡ay me duele, me duele!”, así que desistí y seguí jugando en su culito con un solo dedo, mientras le chupaba su clítoris cada vez con más intensidad.

    Vi que su espalda se arqueaba, empezaba a mover su cadera de arriba a abajo de manera cada vez más rápida, y sus manos me tomaron de la nuca empujándome hacia su vagina; entonces supe que estaba a punto de tener un orgasmo y empecé a succionar y empujar con el vacío de la boca su clítoris; su abdomen se tornó duro y una serie espasmos invadió todo su cuerpecito; del interior de su vagina emanaba chorros de fluidos cada vez más abundantes. Que no desaprovechaba, saboreándolo todo.

    Paulatinamente fueron disminuyendo sus convulsiones, y sus manos aflojaron la intensas con que me sujetaba mi cabeza, y de igual manera también mis lengüetazos. “¡Mas despacio, más despacio… por favor, vecino!”. Su clítoris había quedado sensible, y necesitaba recuperarse. Sin dejar de lamer y besarle su entrepierna, empecé a subir pasando por abdomen hasta llegar nuevamente a sus pechos, me entretuve un buen rato disfrutando de ese hermoso par de senos carnosos, duros y firmes, de aureola rosita y de pezón aun erguido.

    Disimuladamente me fui retirando el pantalón, pues hasta ese momento aun traía puesto la ropa semihúmeda por la leve salpicada de la regadera, y por haber abrazado su cuerpecito aun empapado por la ducha, pero sobre todo por su cabellera todavía escurriendo agua. Con algo de torpeza, pude liberar mi miembro totalmente erecto, como hacía mucho tiempo no lo experimentaba. Aun daba vueltas en mi cabeza una pizca de consciencia, que me dictaba que no debería de estar haciendo, aunque ya no había marcha atrás.

    Y es que, en verdad, el tener a mi merced ese cuerpecito virginal de Rosy, totalmente desnuda y dispuesta para mí, me tenía vuelto loco, me sentía en un estado de perversión totalmente poseído por el deseo. En medio de todo ese dilema, opte por determinar respetar su virginidad, pensaba que aún era una inmadura y la decisión de estar conmigo no era lo correcta. Aun así, en mi mente se justificaba que no iba a desperdiciar de todo lo demás. ¡Mi lado perverso aun prevalecía sobre mi consciencia!

    Coloqué el tronco de mi miembro sobre su vagina, y lo empecé a frotar de arriba abajo, pero sin penetrarla; sin dejar de descuidar sus senos con lengüetadas, lamidas y chupadas; poniendo énfasis en sus pezoncitos rositas. “¡Vecino! ¡Que rico y grueso lo tiene!… así, así… más, deme más!” decía en pequeños gritos. Empezó a moverse a mi ritmo y a presionarse más contra mi verga hinchada, en señal del inicio de otro orgasmo. “¡Métemela! ¡Métemela ya, por favor!” gritaba en tono exigencia. Omití su demanda, y seguí moviéndome con mayor intensidad. Nuevamente sentí como su vagina empapaba mi verga con sus jugos.

    En pleno orgasmo, tomé mi miembro por el tronco, y con la punta del glande se lo empecé a restregar en su clítoris como si sacudiera una brocha. Su espalda se arqueaba, sus piernas se tensionaban pasando por sus tobillos hasta las puntas de sus dedos de los pies; sus brazos, de igual manera se extendían a los lados como crucificada, y apretaban con sus manitas lo primero que alcanzaba; con una sujetaba una sábana y con la otra una almohada. Daba pequeños gemidos que empezaron a acompañarse de un llanto quedito, emitiendo sonidos parecidos a un globo al desinflarse; supongo que en su inexperiencia aun no sabía cómo exteriorizar todas esas sensaciones sexuales, reprimiéndose para gritar fuerte.

    Fue un largo instante de convulsiones, pujidos, gemidos y llanto. Luego, con su vocecita agitada me decía “¡Ya por favor, vecino! ¡Quiero sentirla dentro!”. “¿Quieres sentir mi lechita dentro, vecinita?” le pregunte; y de inmediato me respondió “¡Si, si, por favor!” “La vas a sentir, chaparrita… ¡pero no en tu panochita!” le respondí. Entonces me incorpore y me gire quedando acostado de lado, pero en posición de sesenta y nueve.

    Coloque mi miembro cerca de su boca, se le quedo viendo un rato, quizá contemplando algo nuevo y con una mano lo empezó a acariciarlo siguiendo con sus deditos por donde resaltaban las venas. Tenía mi verga que ya no aguantaba, y sentía que estaba a punto de estallar. “¡Tiene muchas venas, vecino! Se siente raro… muy duro” me decía aun agitada, sin dejar de acarícialo, en momentos, de manera algo torpe. “¿Te gustaría probarlo, chaparrita?” le pregunte, y me respondió “¡Si, me gustaría saber a qué sabe!”.

    Deduje entonces que tampoco había hecho una felación, nunca había hecho sexo oral; pero eso si no se lo iba a dejar pasar; tomé mi miembro acercándolo más a su carita, y acto seguido se lo introdujo a la boca. Se notaba su inexperiencia en las técnicas mamatorias, pues lastimaba un poco con sus dientes y lo hacía bruscamente. Por mi parte, seguía jugando con mis dedos y lengua con su clítoris, que ya se sentía hinchado; y por lo que notaba, también lo había dejado algo sensible. De vez en cuando volteaba a ver como mi miembro entraba y salía de su boquita; note como de su mejilla escurría pequeños hilos de fluidos y lágrimas de sus ojitos mientras que la alentaba a no desistir diciéndole “¡Que rico lo mamas, chaparrita! ¡Tienes una boquita devoradora de vergas!”

    Era una escena que me prendía de manera como hacía tiempo no me sentía; el ver su inocente carita intentando introducir mi grueso miembro en su boquita; su quijada abriéndose a su máxima capacidad, mientras que sujetaban mi miembro con ambas manos; que lo hacían lucir más grande en sus pequeñas manitas.

    A pesar de los pormenores de su falta de experiencia, me excitaba más la idea que ser el primero en introducir mi verga en su boca. Sentía que estaba a punto de terminar. Por un momento llegue a pensar en venirme afuera, pensando que al ser algo nuevo para ello le disgustaría, pero el ver que realmente lo disfrutaba mamando, me hice la idea de vaciarme dentro de ella. Aun así, primero le pregunte “¡Voy a terminar, chaparrita! ¡¿Quieres probar mi lechita?!”; tuvo que sacarse la verga de su boquita para poder responderme que “¡Si, quiero probar su lechita! ¡Quiero saber a qué sabe!”.

    Apenas me dijo eso, la sujeté de su nuca y con mis dedos enredados en su cabellera, volví a introducir mi verga en su boca y empecé a bombear como loco adentro y afuera, cada vez más fuerte y profundo. Su cuarto se invadió de ese sonido gutural característico de una mamada intensa. La pequeña vecinita no oponía resistencia, al contrario, a pesar de dar alguna que otra arqueada, trataba de abrir al máximo su boquita. Debido a su falta de pericia, sentía que sus dientes me lastimaban. Cuando así sucedía, le extraía la verga de su boca y sujetando de la base del miembro, le golpeaba la cara con el tronco y el glande emulando un pequeño bat de beisbol al tiempo que le decía “¡Cuidado, que me lastimas, cabrona!”.

    Ella buscaba mi miembro con su lengua como desesperada, lamiendo lo que pudiera alcanzar en cada golpecito, como una pequeña cría hambrienta en busca de alimento. Su carita quedaba salpicada de los fluidos, mezcla de su saliva y mi líquido seminal. Ya no pude aguantar más y cuando iba a terminar, empecé el meti-saca con más fuerza, en el momento en que me venía dentro de su boca, empujé mi cadera con fuerza y sumergí hasta donde pude mi miembro en su garganta; descargando todo mi semen dentro. En mi frenesí, no me percate que le estaba dejando sin respirar, por lo que empezó a patalear y manotear desesperadamente. Le extraje rápidamente mi miembro aun semi erecto.

    Ella se incorporó sentándose en la cama, mientras tosía de manera ahogada y se llevaba las manos a la boca; por donde escurría por su barbilla una baba espumosa. “¡Ni se te ocurra escupirlo! ¡Te lo tienes que tragar!” le dije en tono de orden. Se me quedo viendo con cara de incredulidad, luego de recuperar su respiración; se pasó de un trago todo lo que traía retenido en su boca.

    Luego, con la lengua se limpió todo lo que alcanzaba por fuera de sus labios. “¿Así, vecino? ¿Así está bien?” me pregunto, con una expresión en su rostro como esperando mi aprobación. “¡Muy bien, pequeña! Lo has hecho muy bien, para ser tu primera vez. Aunque aún te hace falta aprender algunas cosas” le respondí a la vez que la abrazaba y la volvía a recostar junto a mí, quedando acomodados en posición de cucharita. Ella se dejó acomodar restregándome sus nalgas en mi miembro ya flácido, aun mojado de nuestros fluidos. “¿En serio le gusto? ¿No me está mintiendo? seguía cuestionándome. “¡Te lo digo en serio, chaparrita? ¿Por qué no me crees? ¿Acaso no se notó?” le dije manoseándole los senos y luego las nalgas.

    Entonces me insistió “¿Entonces por qué no me quiso penetrar? no quiso ser el primero. ¿Acaso no es lo que a todos les gustaría, quitarle la virginidad a una mujer?”. “No lo sé, quizá a los demás hombres, pero tal vez, en nuestro caso, es porque aún te veo como la niña que una vez conocí, y quise dejarle ese privilegio a la persona que elijas de pareja” le decía en un tono de inseguridad, pues obviamente mis acciones denotaban una doble moral; luego agregue “si no hubieras sido virgen, te hubiera hecho mía completamente; aun y a pesar de tu inexperiencia”. “Pues enséñeme, por favor, vecino. Se nota que usted sabe mucho, y me encanto tenerlo en mi boca.

    Con mi novio no creo que vaya a aprender nada, él es muy distraído con otras cosas. Y su prioridad no es el sexo, más bien es el futbol y eso del Facebook” me pidió haciendo una carita de niña buena. Mis pensamientos estaban en un conflicto moral, a pesar de lo que acababa de pasar. Pero pues ya había cruzado la línea; así que me envalenté y le respondí “Ok, está bien. Pero nada de penetración. A pesar de desear ser el afortunado de hacerte mujer, desistiré hasta que no lo hayas hecho con otro; ya sabrás si es con alguien a quien ames o que solo sea por deseo”. “Se me hace que me tiene miedo, vecino” dijo en tono retador. “No, chaparrita. No es eso. Y no voy a seguir tu juego. Solo quiero que estés segura”, le respondí mientras le peinaba sus cabellos rojos con mis dedos de una manera cariñosa.

    Luego dejé de abrazarla y me senté junto a ella y le dije “Bueno, ya alístate que se te hace tarde”, me fui directo a una nalga para hacerle un chupetón. Ella rio diciéndome “Jajaja me hace cosquillas, vecino”. “Para que no te olvides de mi” le dije riendo. La cobije con la sabana de su cama, manchada con nuestros fluidos. Me vestí con mi ropa aun húmeda. “Luego le seguimos con la reparada de la laptop” le dije antes de salir de su recamara mientras le guiñaba el ojo. Ella me siguió con la mirada con una cara de satisfacción.

    Lo que siguió después, fueron una serie de encuentros ya sin ninguna otra excusa más que el simple objetivo de desahogarnos sexualmente de manera mutua; ella en su papel de aprendiz me había elegido como su maestro en las artes de la estimulación de las zonas erógenas. Y más delante, paso lo que tenía que pasar, pero de una manera en que ella no se lo esperaba.

    Continuará.

    @DonBerna [email protected]

  • La putita de mi primo (2)

    La putita de mi primo (2)

    Después que Raúl me dijo que eliminó el archivo de las cámaras de seguridad me sentí tan relajado que tuve que salir. Salí sin rumbo, fui al cine, a ver ropa, a comer y caminar. Llegué a casa en la noche y al abrir la puerta me topé con una chica muy bonita y delgada, como una estrella de kpop. «Ho…, hola», dije. Detrás de ella estaba Raúl y dijo «mira amor te presento a mi primo, vino a hospedarse un tiempo». Nos saludamos, yo entré a la casa y ellos salieron a caminar.

    Me quedé pensando «¿Amor?, entonces él tenía novia, entonces soy la otra». Eso me hubiese hecho ver a mi primo como un canalla por serle infiel a su novia, pero como yo era la otra sentí más bien emoción o excitación. Ni yo me entendía. Me acosté en la cama y empecé a revisar las redes sociales de mi primo y descubrí que tenían apenas 2 meses saliendo juntos, pero él la presumía como un trofeo.

    Me estaba dando sueño cuando escuché la voz de Raúl del otro lado de la puerta. «Primita abre», dijo. Abrí y pasó. Me dijo «vengo durísimo, Allyson (su chica) solo me deja besarla y manosear un poco». No supe qué hacer, solo sentí un calor que me invadía y un impulso de apaciguar su sufrimiento. Me arrodillé y empecé a desabrochar su cinturón, bajé la cremallera y deslicé hacia abajo el pantalón junto con ropa interior. Mientras lo hacía le dije con voz sexy y femenina «pobrecito mi amor, déjame ayudarte».

    Seguí deslizando su ropa y descubriendo su verga dura que se liberó y dio un salto quedando frente a mi. Se me hizo agua la boca, su verga estaba tiesa y goteando líquido preseminal. Alcé la mirada para verlo a los ojos y empezar a mamar su bolas. «Mmmm eso qué rico, tú sí me entiendes primita», me dijo. Escalé con mis labios a lo largo de su verga hasta tener la cabeza adentro. Empecé saboreando su glande y recorriendo su forma.

    En ese momento vinieron a mi mente recuerdos de las peleas que tenían los chicos en el colegio cuando alguien le decía que era un mamaverga o un lamebolas. Incluso alguna vez yo denuncié a un compañero por acoso porque aprovechando tomó mis brazos y teniéndome casi arrodillado me hizo sentir su verga en mi cara. «Sé que te gusta, dale unos besos y te suelto», me había dicho. Aunque todo eso ocurrió con ropa de gimnasia, pude sentir claramente su erección en mis labios. Además, ocurrió frente a varios compañeros que solo se reían. El chisme voló en el colegio y quedé como una víctima que superó la humillación y decidió denunciar. Pero ahora ese héroe estaba disfrutando de lo que denunció. Mientras recordaba sentí que mi rostro se ruborizaba de la vergüenza de haber hecho un escándalo con la denuncia a estar de rodillas mamando la verga de mi primo, dándole el placer que su novia no le quiso dar.

    «Eres bien puta, te encanta tanto la verga, sigue así, uuufff, eso sigue mamando, sigue saboreando a tu macho», me decía Raúl. Recordar esos eventos del colegio me hicieron dar mucha vergüenza y no pude seguir mirándolo a los ojos, pero también experimenté mucha excitación. Seguí mamando unos minutos más hasta que Raúl sacó la verga de mi boca y se pajeó en cara eyaculando mucho semen en mí. La situación, los recuerdos del colegio y saber que era la amante de mi primo me hizo sentir un estado de humillación terrible. Pero todo eso se transformó en excitación cuando mi primo me dijo «te ves putísima, como actriz porno, límpiame la verga.

    Sentí un calor tremendo y le dije «sí Raúl, me encanta tu verga y me encanta ser una puta». Me metí su verga en la boca y se la dejé limpia, además con mis dedos tomé parte del semen en mi rostro y me los tragué. Él se arregló su pantalón, dijo «descansa primita» y salió de mi habitación. Cerré la puerta y fui al baño a limpiarme la cara y masturbarme en el lavabo. Me tiré en la cama con una sonrisa y con la piernas cruzadas de manera muy femenina. Me mordía los labios como saboreando mi situación actual. «Soy un la amante de un hombre» pensaba. Me levanté, me quité la ropa, me puse una tanguita y regresé a la cama. Abracé la almohada y me quedé dormida.

    Al día siguiente ocurrió algo que les contaré en el próximo relato.

  • Punto de quiebre

    Punto de quiebre

    El día que me quebré por completo fue cuando supe lo de termodinámica. Directo a recursar, sin posibilidad de examen extraordinario. Eso, sumado a las tres materias reprobadas que acumulé durante ese semestre me hundieron en una profunda y severa depresión. Recuerdo que era viernes por la mañana, tenía que presentar algunos trabajos finales y en su lugar estaba sumergido en la cama viendo hacia el techo, sin poder incluso levantar el móvil para distraerme del fracaso que me mantenía inmóvil.

    Ma entró a la habitación por tercera vez en el día y me preguntó si no estaba hambriento, o sediento, si no me sentía enfermo, si no quería hablar. Yo solo daba negativas y le repetía una y otra vez, “Quiero estar solo, cierra la puerta”, y ella volvía derrotada a sus quehaceres. Toda la primera semana de verano fue así, mi madre preocupada, el semestre suspendido, los compañeros subiendo fotos de la graduación, y yo ahí, sin poder mover un músculo, y el no ejercitarme como regularmente hacía, obviamente me hacía sentir peor.

    Un lunes muy caluroso se cansó de mis negativas y me levantó con una energía y asertividad que me sorprendieron.

    -¡Levántate ya! No sé qué es lo que te pasó, pero necesito que hables conmigo Ignacio ¡Eres lo único que tengo y no puedo verte que sigas así!

    Me vi acorralado por su inmediatez, y no hubo opción más que contarle todo. Tendría que repetir el último año de universidad. Me sinceré, y asustado le describí cómo me había sentido los últimos meses, como el intentar balancear escuela, trabajo y lo extracurricular me había llevado a la sobre exigencia. Inmediatamente después sentí entre un alivio de contarle, pero una tristeza aún más profunda puesto que creía haberla decepcionado. Su rostro al escuchar esto parecía desencantado, al menos eso pensé.

    -¡No te preocupes corazón! -Y me abrazó cálidamente mientras sollozaba. Solo pude llorar con ella.

    Le pedía perdón constantemente y ella movía la cabeza negándose.

    -Te dije ya que no te preocupes, no tienes nada que disculpar, yo sé todo lo que te has sacrificado, perdóname a mí que no he hecho el trabajo que me corresponde.

    Estábamos ambos a la orilla de la cama, abrazados en una unión y conexión absolutos, fue ahí cuando la vi al rostro y al verla llorar me pareció extraño el pensamiento de verla como mujer. De pronto caí en cuenta que la abrazaba de la cintura, y que mi rostro estaba muy cerca de sus pechos. Noté su vestimenta, unos leggins azules que se expandían debido al tamaño de sus muslos, su playera de tirantes lisa que marcaba algunos rollitos, su olor tan sano y femenino. No pude evitar la erección.

    Ella no se dio cuenta hasta que dejó de acariciarme el pelo. Yo pensé que nunca más volvería a querer abrazarme debido a eso. Se le notó incómoda, y se alejaba un poco, pero no terminaba de cortar el abrazo realmente. Sentía que ya nunca más me querría cuando empezó a separarse. La dejé ir sabiendo que ahora sería nada más que un hijo pervertido para ella, cuando de pronto la vi subiendo su playera.

    -Esto es solo para que te sientas mejor. – Dijo decidida. – Es por esta única ocasión ¿Entendiste?

    – Si. Comprendo.

    Aún no lo entendía del todo pero respondía que sí por la curiosidad y emoción de saber a donde iba a parar aquello. Me estaba acelerando de una manera extraña al observar sus inmensos pechos al aire, ver como sus areolas y pezones tan maternales invitaban a ser saboreados. Luego, subiendo por completo a la cama, se quitó los leggins con mucha naturalidad, dejándome ver sus bronceadas piernas, y sus delicados y rojizos pies.

    Me extendió sobre la cama y se subió sobre mí solo en bragas rojas con un lindo diseño de encaje.

    Se comenzó a frotar lenta y audazmente contra mí, disfrutando disimuladamente de ver como mi bragueta no podía contener más mi miembro. Me desnudó y me dio besos por encima de la ropa interior, incluso olfateaba como disfrutando el aroma la muy guarra. Cuando se percató del flujo de sangre que palpitaba en mi polla me bajó el boxer con cierta prisa, y comenzó a succionar mi verga como si estuviera hambrienta. Su boca subía y bajaba y sus labios envolvían y lubricaban cada una de las venas marcadas sobre mí tronco. Se escuchaba el chupeteo tan indecente y entusiasmado. Yo me retorcía del placer, pero ella no tenía planeado acabar.

    De nuevo se montó sobre mí, bajó la cabeza y me besó cariñosamente, como un recordatorio de nuestra conexión. Una mano la puso sobre mi pecho y con la otra acomodo mi verga, después se dispuso a rebotar sobre ella. Una y otra vez su coño resbalaba sobre mí, la fricción y la estrechez de sentirme dentro de ella me volvió a traer a la vida después de tanta pena.

    Escuchaba con vigor como sonaba como un líquido delicioso que nos lubricaba.

    A ella la hacía jadear.

    Mientras me montaba pude ver sus pies retorcerse y escucharla gemir continuamente, mientras su cabello caía sobre mí.

    Te gusta cogerte a tu mami ¿Eh cabrón? – Susurró.

    Estaba transformada en una auténtica zorra, y eso, por consiguiente, despertó en mí a un semental dormido. La tome de la cintura y la pude escuchar reír al ser dominada, la acosté al estilo misionero y comencé a mover la cintura con virilidad para penetrarla con más fuerza, al principio solo se reía mientras la besaba mas y mas, pero conforme encontraba mi ritmo paso de juguetear a ser sometida por el placer, me pedía más, “que la hiciera suya, me dijo que era y siempre sería la puta obediente de su hijo”, yo deslizaba mi polla más vigorosamente con cada palabra que me susurraba al oído.

    Mi punto de quiebre vino cuando me envolvió con sus pies, ella había tenido un par de orgasmos y solo necesitaba verme a mi disfrutar. Me amarró atrevida son sus piernas y entregó voluntariamente su cuello a mi inquieta boca, jadeaba más y más ruidosamente hasta que yo sentí una electrizante salida de semen llenar de crema su coño hinchado. Ella estaba retorciéndose a tal nivel que parecía poseída. Duró unos minutos extendiéndose y estirándose mientras me besaba, tanto cariño y tanta conexión nos habían hecho algo más, nos habían unido y enlazado, y desde ese entonces supe que no iba a estar solo, no importa que tanto fracasara, que tanto me quebrara, ella siempre unirá los pedazos.

  • Con mi lector Brian (2)

    Con mi lector Brian (2)

    Esta es la segunda parte del relato con mi lector, les recomiendo que lean la primera y que disfruten de la segunda.

    Con Brian avanzamos mucho en nuestra relación, ahora yo y él somos novios oficiales a pesar de vivir en distintos países. Él con su sueldo me paga los pasajes cuando hay un feriado largo en mi país y cuando estoy de vacaciones que me puedo quedar tres meses enteros, a pesar de la distancia nos vemos con bastante frecuencia, pero hace un tiempo me planteo la idea de venirse a vivir para Argentina para estar juntos del todo, yo acepte y estamos haciendo los preparativos para eso.

    Ahora mismo me encuentro en México porque ya he entrado en vacaciones en la facultad, me quedan dos meses para disfrutar con mi novio aquí en este bonito país.

    Preparé una ensalada con unos trozos de pollo mezclados con salsa de tomate, decidí llevarle la comida al negocio que trabaja Brian. El local es gigantesco tiene 5 pisos donde venden cosas de almacén, ropa de bebe, ropa de dama, y zapatillas hasta hay un sector donde se venden toda clase de libros.

    Subí al 5º piso que era donde se encontraba Brian, termino de atender a una señora y se acercó hacia mí.

    -Mi hermosa escritora- me dijo cuando me abrazo y me dio un beso en el cabello.

    -Mi hermoso novio, te extrañaba tanto- le respondí llevando mis brazos a su cuello para presionar su cuerpo contra el mío.

    Le tendí la ensalada, me dio las gracias y luego me dijo: -Ahora lo único que quiero comer es a ti- sus labios buscaban mi cuello, dejo la ensalada en un escritorio y empezamos a besarnos como si nada más importara.

    -Brian, amor, las cámaras, la gente que puede llegar a venir- dije con la respiración agitada.

    -No pasa nada, he desactivado las cámaras durante algunas horas y ya le he puesto seguridad a la puerta, si viene algún cliente podrás acomodarte.

    Con estas palabras me dio la tranquilidad que necesito y no dude en entregarme a él como siempre hacía, ya que cuando estábamos juntos solíamos tener sexo con mucha frecuencia y durante las noches Brian dormía con su rostro entre mis senos, no tienen idea de lo tierno y lindo que se ve cuando hace eso mientras yo le acaricio su cabello negro.

    Brian paso sus manos por mi cintura hasta llegar a mis nalgas, detuvo sus manos en mi trasero para presionarlo y luego me levanto para colocarme encima del escritorio al lado de la caja registradora.

    Se acercó más a mí y pude entrelazar mis piernas en su cintura, me dio besos en el cuello y luego me quito mi blusa para besarme los senos que aún estaban en mi sostén.

    -Ana, tus besos son adictivos, siempre tengo ganas de más, quiero follarte hasta caer agotado- murmuro en mi oído a la vez que me quitaba el sostén y manoseaba mis pechos, sus caricias y sus palabras hicieron que mis pezones se levantaran preparados para ser chupados, para recibir una rica estimulación de su parte.

    -Follame Brian, hacelo- le pedí con insistencia.

    Con una de mis manos le desabroche su pantalón y luego le baje el bóxer, se apresuró a bajarme mi pantalón junto con mis bragas dejándome lista para follarme.

    Me clavo los dedos en mi cintura para atraerme hacia él, hizo un movimiento hacia adelante y me embistió profundamente.

    -Ana, no sabes lo hermoso que se siente estar adentro tuyo.

    -Llévame al paraíso, amor mío- le dije entre gemidos.

    Con estas palabras de mi boca él empezó a hacer esas embestidas tan frenéticas y salvajes que lo caracterizaban tan bien en la cama.

    Se inclinó un poco más y me lambía los senos rápidamente sin dejar de penetrarme y a la vez que podía también los apretaba para masajearlos llenos de su saliva que se estaba acumulando en ambos de mis pechos.

    Me apoye sobre mis codos, le di un apasionado beso en la boca a Brian y el cambio la posición poniendo mis piernas en sus hombros porque de esta manera las embestidas se volvían más profundas y a él le encantaba que yo lo sintiera bien adentro y a mí también me fascinaba.

    Luego pasamos a otra posición nueva que recién habíamos descubierto y que nos fascinaba a ambos.

    Me coloco de costado, eleve una de mis piernas y él la tomo con su mano, pero Brian siguió de frente y de esa manera me penetro.

    Brian eyaculo todo su semen dentro de mi vagina y luego me puso en cuatro y me embistió con mucha dureza por mi trasero que no dejaba de chocar contra su verga, estábamos los dos en nuestro mundo aparte en el cual entramos cuando tenemos sexo y de repente sentimos que golpeaban la puerta, mi novio me tapo la boca y sus embestidas se volvieron más lentas.

    -Brian, muchacho ¿estas?- dijo una voz masculina.

    -Es mi jefe y yo que quería seguir dándote duro- me susurro en el oído.

    Suspiro y se retiró de adentro mío.

    Me fui para el baño y Brian se apresuró a cambiarse para poder atender al jefe.

    -Hola Sergio- escuche que dijo Brian.

    -Hola chico ¿cómo estás?

    -Aquí todo bien, disculpe la demora lo que sucede es que estaba en el baño.

    -No pasa nada, solo vine para decirte que luego vallas para el primer piso y me lleves la recaudación.

    -Bueno jefe, así será.

    -Chau muchacho- le dijo el hombre y se retiró.

    Yo salí desnuda del baño y le dije a Brian.

    -¿Por qué no invitaste a que tu jefe se nos una?

    -pervertida ¿Deseas que él te folle también?

    -Si.

    -Te informo que ahora el que te va a coger más duro que nunca soy yo – fue su respuesta final, me puso en cuatro otra vez en el suelo y me dio mucho más fuerte que nunca.

  • Las redes, tú y yo

    Las redes, tú y yo

    Llevamos tiempo hablándonos por Instagram y luego por mensaje de texto, nunca nos hemos visto, pero no sé en qué momento empezó este flirteo que nos tiene desde hace años con unas ganas terribles.

    Hace un tiempo, recibí en mi casa un paquete de una tienda de lencería, me extrañó ya que sé que no había pedido nada.

    Cuando lo abro, era un set de corset con medias, color blanco espectacular y una bata negra de lo más mona. Al par de minutos me sonó el teléfono y era un mensaje de é «Espero te guste y que me lo modeles algún día».

    Con solo ese mensaje, mi calentura se puso a mil, él estaba en otra ciudad y sabía que iba a ser difícil, por ahora que eso pasara. Tenía que ponerme las pilas y hacer que al menos a larga distancia el gozara de esa ropa interior.

    No me he presentado, pero soy blanca, ojos verdes, senos tamaño 36 C, bien parados y puedo decir que un culo que no se queda atrás, de tengo unos cuarenta y tantos años.

    Llegó el día que dije que me tomaría unas fotos y se la enviaría con la ropa que me regalo. Tengo que decir que para él nunca haberme visto en persona, me quedó exacta la ropa, a la medida.

    Me tomé unas copitas de vino para ambientarme, puse música y empecé con el shooting. Trataba de hacerme fotos que se vieran sexys sin ser vulgar.

    Luego de varias fotos y con una calentura terrible, le envié la primera foto con el modo de que se desapareciera y no pudiera guardarlas.

    No tardo un segundo en tener respuesta de él.

    – «Eres una cabrona» – (Palabra que usamos los caribeños para cuando algo está o muy malo o muy bueno).

    «y lo sabes que es lo peor, eso no te puede quedar mejor y con solo verte ya me tienes grave, no veo cuando sea el día que te vea».

    Con esas palabras, la excitación que ya tenía iba en aumento. Me pidió mas fotos y yo de a ratos le enviaba una con alguna pose diferente. Ya mi entrepierna estaba sintiendo más y más la excitación. Le pregunte que pensaba y que me haría cuando me viera.

    «Que no te haría”, fue su respuesta.

    «Te metería la mano entre la ropa y empezaría a cucarte, te comería a besos el cuello y de poco la espalda”.

    “Te daría mordisquitos y jaloncitos de pelo».

    Mientras yo leía sus mensajes, me mojaba cada vez más, me retorcía evitando las ganas de tocarme, quería estar bien, pero bien excitada.

    Me preguntó que si me gustaba lo que me decía y solo pude enviarle un voice con voz entrecortada diciéndole que si.

    Él sabía que lo que me decía me estaba gustando…

    «te estaría chupándote el cuello y los pezones, bajar dos dedos y meterlos en ti, mojadita, para darte a probar y luego comerte a besos».

    Yo solo me tocaba las tetas y unía mis piernas para ejercer presión y sentir lo mojada que estaba.

    «Te deseo” fueron sus próximas palabras “te tengo ganas, te quiero calentar, ver tus pezones erectos y que me pidas que te lo meta, mientras veo que te sonrojas”.

    Llevábamos tanto tiempo que el conocía esa parte de mí, en las video llamadas cuando me decía cosas subidas de tono, aun luego de tanto, me sonrojo.

    Me pidió que me fuera desnudando y le dije que no, que cuando estuviéramos de frente me vería completa.

    ¿Su respuesta? «quiero tenerte de frente a ver como que es que me dices que no, mientras te arranco los pantys, a ver si de verdad, tú sabes rico».

    Esas palabras hicieron que mi piel se erizara y sentir como mi intimidad seguía latiendo y mojándose.

    De mis dedos salió bien natural el decirle que quería que cuando lo tuviera de frente no dejara de tocarme, tocarme entre suave y rudo, entre mordidas y apretones, que me muerda los hombros, eso tiene una reacción increíble en todo mi cuerpo y en este momento eso deseaba.

    Mientras escribía mi humedad iba creciendo y sentía que los pezones me iban a explotar la ropa interior. Solo quería tenerlo de frente, que fuera besándome el cuello, mientras me hala el pelo y llegar a los senos y darles mordiscos haciendo que grite de placer. Luego ir bajando por la barriga mientras da mordiscos en ella y en las caderas, buscando mi humedad y mi olor.

    En ese momento un mensaje de él «Me tienes grave, estoy en la oficina y no puedo tocarme ni pararme de esta silla, pero no pares, dime más… que solo estoy pensando en poder agarrarte de espaldas, pegarte bien cerquita y susurrarte al oído que eres mía».

    En ese momento, mi cuerpo ya no podía más, me retorcía en la cama mientras me tocaba las tetas y sentía mi piel de gallina.

    Se lo deje saber, que ya no podía más, que tenía que tocarme, que estaba tan mojada que hasta mis muslos lo estaban. Seguía tocándome, me toqué las tetas como hace mucho no lo hacía, fui bajando mis manos y esta vez no quería un juguete, quería sentir sus manos, al no tenerlas fui tocándome poco a poco, sintiendo toda lo mojada que estaba, con una mano me masajeaba las tetas y con las otra tocaba todo mi coño, me puse boca abajo para sentir la presión de mis manos y mis dedos tocándome.

    En ese momento, sentí la necesidad de enviarle un audio, mientras me masturbaba a su nombre, con la ropa que me había comprado, pensando en sus manos tocándome y gimiendo de placer hasta que exploté en un largo suspiro.

    «Suenas deliciosa, no veo la hora de tenerte conmigo para comerte y mojarme con todos tus líquidos”.

    Aun no nos hemos visto en persona, los juegos siguen… y mientras me acuerdo de esta historia, mis pantys siguen mojándose.