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  • Cumpliendo fantasías (I)

    Cumpliendo fantasías (I)

    Hola otra vez queridos lectores, desde que publiqué mi relato anterior no he dejado de recibir correos preguntándome si había probado la doble penetración con dos vergas de verdad, y la respuesta es que sí. Así que hoy vengo a contarles cómo fue esa experiencia. Posiblemente algunos de los diálogos van a ser inventados porque no recuerdo exactamente todo lo que dijimos ese día, pero la historia es real.

    En los correos que he recibido también me han pedido que describa cómo soy así que ahí va. Soy una chica con curvas marcadas, mido 1,72 y tengo el pelo largo de color castaño y liso. Mis ojos son de color verde oscuro. Mis tetas no son muy grandes, son del tamaño perfecto para agarrarlas con la mano, pero lo que no tengo de tetas lo compenso con el culo, firme y respingón.

    Aclaración: Obviamente los nombres han sido modificados por motivos de privacidad y los diálogos no se ciñen al cien por ciento a la realidad ya que esto pasó hace ya algunos años.

    Ahora sí, vamos con el relato.

    Una de mis mayores fantasías desde siempre ha sido un trío con dos hombres. De hecho esa siempre ha sido mi categoría favorita de porno y relatos eróticos, siempre tuve la curiosidad de saber cómo se sentiría tener dos vergas dentro de mí al mismo tiempo.

    Durante mi primer año de carrera viví en una residencia universitaria. La verdad es que no fue la mejor experiencia, no tenía la libertad que quería, la mayoría de las personas me caían mal y desde luego la privacidad era casi inexistente. Lo único bueno que me quedó de la residencia fueron mis dos mejores amigos Rubén y Adrián. Nos conocimos durante la primera semana de clases y nos volvimos inseparables. Las demás personas de la residencia nos caían mal a los tres.

    Al terminar el primer año de carrera decidimos alquilar un piso entre los tres para el año siguiente. Nos adaptamos fácilmente a vivir juntos, no teníamos problema para comunicarnos y si algo no nos gustaba o nos molestaba teníamos la confianza suficiente como para decírnoslo.

    Todo iba bien en la convivencia, estábamos muy feliz viviendo los tres juntos ya que éramos como una pequeña familia. Cuando en marzo decretaron el confinamiento los tres nos alegramos bastante, esas dos semanas nos venían de lujo ya que estábamos bastante agobiados con la universidad.

    De las primeras cosas que hicimos cuando empezó la pandemia fue ir al supermercado y comprar alcohol, además de la comida obviamente. Las primeras dos semanas fueron muy tranquilas, nos quedamos bebiendo hasta tarde, jugamos play y no pasó nada fuera de lo común.

    Luego de un mes de estar encerrada me estaba volviendo loca, necesitaba follar. Ya mis dedos no eran suficiente y no querían que Adri y Rubén escucharan mis vibradores, sobre todo Rubén que compartía pared conmigo. Necesitaba una verga de verdad, el contacto con otra persona.

    Una madrugada no aguanté más y decidí usar mi vibrador a la mínima velocidad. Eran las cuatro y media de la madrugada, así que pensé que el riesgo de que me escucharan era menor. Podría haberlo usado sin encender, pero en parte me daba morbo que Rubén pudiera escucharme.

    Me desnudé, me acosté en la cama y busqué un audio erótico para escuchar. Empecé a jugar con mis tetas, apretándolas y tirando de mis pezones. Mientras mi mano derecha se ocupaba de mis tetas, fui bajando la mano izquierda por mi cuerpo, acariciándome el abdomen, la cadera hasta llegar a mis muslos.

    Llevé la mano hasta mi coño, estaba empapada. Deslicé dos dedos por mis labios extendiendo la humedad hasta llegar a mi clítoris y comencé a hacer círculos alrededor de él. Me mordí el labio para evitar gemir en voz alta.

    Cuando ya estaba lo suficientemente mojada, agarré mi vibrador y puse la punta sobre mis labios, moviéndolo hacia arriba y hacia abajo para empapar la punta con mis jugos. Presioné la punta sobre mi clítoris y lo encendí.

    Llevé el vibrador a mi entrada y lo metí hasta de fondo, de una sola estocada. Cada vez me costaba más mantenerme callada. Movía el vibrador rápido y duro, follándome a un ritmo constante. Sabía que no iba a aguantar mucho más con el ritmo que llevaba. Necesitaba correrme, y ya estaba cerca, lo sentía.

    Sentía la presión acumulándose dentro de mí. Di un par de estocadas más y me dejé llevar por el clímax. Me quedé tendida en la cama unos minutos, aún con el vibrador en mi coño, mientras recuperaba el aliento, seguía sintiendo las contracciones de mi vagina. Después de aquel orgasmo me quedé profundamente dormida.

    Al día siguiente todo siguió como de costumbre. En la noche estábamos aburridos así que decidimos jugar verdad o reto. Aplicando algunos cambios a las reglas. Si elegías verdad tenías que beber un shot antes de contestar y si elegías reto la persona que preguntó debía tomarse el shot. En pocas palabras la idea era emborracharnos de la forma que fuera.

    Empezó a preguntar Adrián.

    —Rubén, ¿Verdad o reto?

    —Verdad

    —¿Cuándo fue la última vez que te masturbaste?

    —Empezamos fuerte. —dije riéndome.

    —Hay que hacer las cosas entretenidas, además sabemos la mayoría de las cosas los unos de los otros. —contestó Adri.

    —Anoche. —respondió mirándome.

    Sentí cómo empezaba a ponerme roja, no era casualidad, por la forma en la que me miraba daba a entender que me había escuchado mientras me masturbaba anoche.

    —Vas Ru, pregunta. — dijo Adrián.

    —Princesa, ¿verdad o reto?

    —Reto. —obvio no iba a decir verdad, teniendo en cuenta la información que manejaba en su poder.

    —Te reto a cambiar de ropa con Adrián.

    —Joder, eso es más un castigo para mi que para ella.

    —Un reto es un reto. —dije riendo.

    Unos minutos más tarde reanudamos el juego, con la diferencia de que ahora yo tenía unos pantalones cortos que se me caían a juego con la camisa de Adri que me quedaba como un vestido. Y el pobre Adri tenía un top deportivo que le quedaba super ajustado con unas mallas a juego.

    —¿Verdad o reto, Adri?

    Entre risas y shots fue pasando el tiempo y el juego iba subiendo de intensidad. Volvió a ser mi turno y esta vez me preguntó Adri.

    –¿Verdad o reto?

    —Reto.

    —Te reto a hacerle un chupetón a Rubén en el pecho.

    Volteé a mirar a Rubén y ya se había quitado la camiseta. La verdad es que Rubén además de ser guapo tenía muy buen cuerpo. Me senté sobre él y acerqué mis labios a su pecho. Primero le di un beso húmedo, mientras pasaba una mano por su abdomen marcado. Empecé a lamer y succionar durante unos minutos.

    Solo se escuchaban los sonidos de mi boca succionando la piel de Ru. Adrián no perdía de vista mi boca y yo sentía cómo Ru se estaba empalmando. Yo también estaba caliente, sentía los pezones duros y las bragas húmedas. Cuando terminé y volví a mi sitio me di cuenta que la escena no solo nos había afectado a nosotros, al mirar a Adrián pude ver que el bulto de sus pantalones también había crecido. Al parecer el alcohol nos estaba haciendo perder la vergüenza a los tres.

    Nadie dijo nada y seguimos con el juego. Esta vez era mi turno de preguntar.

    —¿Ru, verdad o reto?

    —Reto.

    —Te reto a quedarte en ropa interior.

    Sin despegar los ojos de mi se sacó la camiseta que se acababa de poner y lentamente se sacó los pantalones, dejando así expuesta su más que evidente erección. Podía detallar perfectamente su verga a través del bóxer.

    Otra vez hubo un silencio, los tres sabíamos lo que podía llegar a pasar si no parábamos ya, pero ninguno quería terminar el juego.

    —Me toca. —dijo Rubén mirándome. —¿Verdad o reto?

    —Verdad.

    —Cobarde. —dijo Adri bromeando.

    —¿Has sido follada alguna vez por el culo?

    La pregunta me sorprendió y por la cara que puso Adri a él también. Por un momento pensé en mentir, pero la vergüenza se fue al pensar que podía estar a punto de cumplir mi mayor fantasía sexual. Esperé unos segundos antes de responder para dar un poco de suspenso.

    —No. —dije y volví a esperar unos segundos antes de volver a hablar —No me han follado por el culo, me he follado yo misma por el culo con un vibrador.

    —Joder. —reaccionó Rubén.

    —¿Solo tienes un vibrador? —preguntó Adrián con curiosidad.

    —Si lo que quieres saber es si he probado la doble penetración, la respuesta es que sí. —me adelanté.

    —Te reto a que la beses. —soltó de repente Rubén.

    Adrián no reaccionó lo suficientemente rápido, así que fui yo la que se acercó a él y lo besé. No tardó en responder al beso con la misma intensidad que yo. Metí mis manos por debajo de su camisa y empecé a pasar mis uñas por su pecho, sentía como se le iba erizando la piel.

    Estuvimos unos minutos besándonos sin descanso hasta que sentí a Rubén detrás de mí, así que me volteé y lo besé a él también. Mientras, Adri me besaba el cuello y metió sus manos por debajo de mi camisa, desabrochó mi sujetador y se dedicó a jugar con mis tetas. Un gemido salió de mi garganta cuando Adri le dio un pellizco a mi pezón, pero fue callado por la boca de Rubén. Una de las manos de Adri fue bajando por mi cuerpo hasta llegar a la cinturilla de mi pantalón, lo desabrochó y empezó a frotar mi coño a través de las bragas.

    —Joder, estás empapada. —dijo con voz ronca, a lo que yo respondí con un gemido.

    —Dinos que es lo que quieres Sa. — dijo esta vez Rubén. En respuesta restregué el culo contra la erección de Adri y agarré la polla de Rubén a través del bóxer.

    —Quiero que me follen. Los dos. —añadí para dejar claro mi deseo. Rápidamente se deshicieron de mi ropa.

    Adri me hizo sentarme en el sofá y él se arrodilló entre mis piernas. Fue dejando besos húmedos por mis piernas hasta llegar casi a mi coño. Estaba tan excitada que sentía cómo mis jugos estaban empezando a mojar el sofá. Por su parte Rubén estaba sentado a mi lado, lamiendo y chupando mis tetas mientras se masturbaba por encima del bóxer.

    —Por favor Adri. —dije con voz entrecortada.

    —¿Por favor qué preciosa? Dime que es lo que quieres.

    —Cómeme el coño.

    —Sus deseos son órdenes.

    Manteniendo sus ojos en los míos Adrián acercó su boca a mi coño y dio un primer lametazo lento, recogiendo con su lengua mis jugos. Al llegar a mi clítoris empezó a succionar, yo llevé una de mis manos a su cabeza para que no se alejara. Mientras su boca se ocupaba de mi clítoris, dos de sus dedos se ocupaban de mi coño, no podía dejar de gemir y retorcerme por placer, sentía el orgasmo cada vez más cerca.

    Volteé hacia Rubén y le hice señas para que se acercara, cuando lo tuve lo suficientemente cerca liberé su erección de los calzoncillos y empecé a bombear con la mano. Tenía el pene de Rubén a unos pocos centímetros de la cara. Era grande, unos 18 centímetros, pero no muy gorda y ya estaba goteando líquido preseminal.

    No pude resistirme y lamí el glande de Rubén, recogiendo con mi lengua las gotitas saladas de semen que había soltado. Rubén respiró profundo y me agarró del pelo para que siguiera. Primero lo lamí unas cuantas veces como si fuera un helado, desde las bolas hasta el glande. Lo hacía lentamente, para provocarlo. Hasta que abrí la boca y relajé la garganta hasta meterlo casi por completo. Así que mientras Adri me comía el coño y me hacía un dedo, Rubén me follaba la boca.

    —Adri, no pares. Me voy a correr. —dije entrecortadamente después de sacar la polla de Rubén de mi boca.

    —No pensaba hacerlo. —respondió Adri y acto seguido volvió al ataque pero esta vez con más intensidad.

    No aguanté más y me corrí cómo una loca en la boca de Adri. Era mi primer orgasmo en meses que no fue provocado por mí.

    —Voy a follarte ya princesa, no aguanto más. —dijo Adri mientras se ponía de pie.

    —Espera, voy a buscar unas cosas.

    Fui a mi habitación a buscar una caja de condones y lubricante. Cuando volví al salón ambos chicos estaban sentados en el sofá. Me puse de rodillas frente a Adri, le quité los calzoncillos, la verga de Adri era un poco más pequeña que la de Rubén, unos 15 centímetros, pero era bastante más gorda. Le di un par de lamidas y le puse un condón.

    Me puse encima de Adri y alineé la punta de su polla con la entrada de mi coño y fui bajando hasta quedar totalmente empalada. Sentí cómo su gorda polla iba estirándome. Joder echaba tanto de menos la sensación de tener un pene dentro de mí. Me volteé hacia Rubén que se estaba haciendo una paja mientras nos veía.

    —Fóllame el culo Ru, traje el lubricante. —sentí cómo la polla de Adri daba un espasmo al oírme decir aquello.

    —Joder princesa. ¿Estás segura? —preguntó.

    —Es mi mayor fantasía, por favor ayúdame a cumplirla.

    —No te muevas mucho Adri, no quiero que te corras antes de tiempo.

    —No te aseguro nada princesa.

    Rubén se arrodilló detrás de mí, abrió mis nalgas y empezó a lamerme el ano. Al mismo tiempo Adri empezó a jugar con mis tetas chupando y pellizcando mis pezones. Un escalofrío recorrió mi cuando sentí un dedo de Rubén abriéndose paso a través de mi ano. No podía creer que estaba a punto de cumplir mi mayor fantasía.

    Rubén siguió trabajando en mi ano hasta que estuvo lo suficientemente dilatado, entonces se puso un condón, puso más lubricante en mi entrada y empezó a presionar la cabeza de su polla con mi abertura, un gemido ahogado escapó de mi cuando el glande entró. Poco a poco fue penetrándome hasta llenarme por completo.

    —Nunca me había sentido tan llena.

    —Mierda. Rubén te siento dentro de ella.

    —Joder, que qué apretada estás.

    —Muévanse ya por favor, háganme suya.

    Al principio fue complicado encontrar un ritmo, pero lo logramos. Cuando Adri salía Rubén entraba y algunas veces entraban los dos a la vez. Y por mi parte me sentía en la gloria. No podía dejar de gemir y gritar barbaridades. Me sentía realizada, eufórica. Estaba cerca de llegar al orgásmo. Los tres estábamos sudados del esfuerzo.

    —Mmm. Estoy muy cerca chicos.

    La respuesta que obtuve fue Rubén llevando su mano a mi clítoris y masajeándolo fuertemente.

    —¡Me corro!

    Eran demasiados estímulos al mismo tiempo y me corrí como nunca antes. Chorros de jugos salieron de mi coño mojando la polla de Adri, colapsé encima de él. Sentí como a los pocos segundos ellos se corrían también casi al mismo tiempo. Los sentí derramarse dentro de mí con el condón puesto y no pude evitar pensar que me gustaría sentir su semen inundándose y resbalando por mis muslos.

    Nos quedamos un rato en la misma posición, asimilando lo que acababa de suceder y recuperando la respiración.

    —Mierda. Esto en serio acaba de pasar. —soltó de repente Rubén.

    —Si, acaba de pasar, y espero que no sea la última vez. —dije yo.

  • Esposa en topless (I)

    Esposa en topless (I)

    El equipo de fútbol 5 de Juan, había llegado a la final del torneo amateur que se jugaba los sábados en un predio muy grande, como de 4 hectáreas, con canchas de pasto natural.

    La final era a las 9.30 am y solo con empatar ya serían campeones. Ese día Nati, la esposa de Juan, lo acompañó a hacer de hinchada, ya que regularmente suelen ir varias de las esposas y familias de los demás integrantes del equipo, pero esta vez, solo fue Nati, por diferentes motivos ninguna más pudo ir ese día.

    Era diciembre y ya el calor era insoportable en Buenos Aires, para ese día pronosticaban 40 grados. Nati se había vestido para la ocasión con un short de tela floreado, y una remera tipo musculosa blanca. El cuerpo de Nati es envidiable, a sus 33 años y con dos hijos a cuestas, es una bomba, lo que se dice una MILF. De cara es hermosa, con facciones suaves, pelo largo castaño claro con reflejos a la moda, cintura marcada, muy nalgona, tiene un culo grande y redondo. Y sus tetas 110, naturales, muy grandes, pero bien puestas. La maternidad la había dejado con unos pocos kilos de más, pero que le quedaban perfectos. Acude al gimnasio 2 o 3 veces por semana, por lo que se mantiene siempre en forma.

    Nati se sorprendió al ver que ninguna de las demás esposas estaban para alentar por el equipo, por lo general siempre algunas acompañan, pero esta vez coincidieron en que ninguna pudo asistir. Así que se sentó sola en las pequeñas gradas que había para mirar el partido.

    Comenzó el juego, el sol no daba tregua, y el equipo contrario tampoco que rápidamente se puso en ventaja 1 a 0. Final del primer tiempo. Ya en el segundo tiempo, a los pocos minutos llegó el empate de la mano de Damián, el mejor jugador del equipo. Y finalmente, a 2 minutos de terminar el partido, llegó el segundo gol, también de Damián, para así convertirse en campeones del torneo.

    Todo era alegría al terminar el partido, se abrazaban y cantaban canciones de cancha. Pedro, el defensor del equipo, propuso ir todos a la casa quinta que tiene a tan solo media hora de donde estaban y hacer algo a la parrilla para celebrar. Todos aceptaron, incluso Juan y Nati, esta última un poco resignada ya que no había ninguna otra mujer para pasar el rato, pero no quería que su marido se quede sin disfrutar del campeonato así que aceptó ir sin decir nada.

    Al llegar cada quien en sus vehículos, se encontraron con un lugar hermoso, una casona enorme, con varias ventanas y ambientes y un parque muy lindo y bien cuidado, con una pileta de unos 8 x 4 metros, con el agua cristalina, rodeada por un hermoso deck de madera y seguida por unos vestuarios. A unos 10 metros de la piscina, un quincho bien equipado, con una parrilla. Más al fondo el parque seguía, con espacio más que suficiente como para armar un picadito de fútbol. En fin, una casa quinta tipo mansión, muy hermoso lugar.

    Al ver esto, lo primero que pensó Nati fue “¡no tengo la maya!”.

    Enseguida Juan y Darío se pusieron manos a la obra con la parrilla, por lo que Nati quedó un poco rezagada de su marido. Pedro comenzó a preparar mojitos para todos, y el calor era tal que enseguida los vasos se vaciaban por tanta sed.

    -Vamos a la pileta – dijo Pedro

    -Dale vamos, hace un calor infernal – agrego Santiago

    -Pero primero ducha muchachos, venimos de jugar al futbol, no quiero que me dejen el agua de la pileta hecha un caldo. Y ni se les ocurra meterse con el short sin lavarlo, en la ducha también lo mojan y lo escurren!

    -Eh che, pero esto tiene más restricciones que la pileta de un club! – dijo Santiago medio en broma medio en serio.

    -Dale Pedrito, quedate tranquilo que entramos impecables al agua. – agregó Damián como para dejar tranquilo al anfitrión.

    Enseguida se encaminaron a los vestuarios Santiago, Damian y Pedro. Dario y Juan estaban en la parrilla.

    -Que lo disfruten chicos – dijo Nati con un tono de víctima

    -Pero vos no te vas a meter Nati? – le preguntó Pedro

    -Es que no traje maya, no imaginé que íbamos a terminar acá el día.

    -Por eso no te preocupes, ahora me fijo en el placard que seguramente Jimena (su esposa) tiene alguna maya acá guardada.

    -Si? Ay que bueno gracias

    Pedro se fue adentro de la casa y a los 5 minutos regresó.

    -Acá tenés Nati, por suerte encontré este bikini

    -Gracias – dijo Nati tomándolo en sus manos – cuando salgan ustedes del vestuario entro yo.

    -Dale, yo voy yendo que me quiero asegurar que estos sucios se duchen jaja

    Esto hizo reír a Nati.

    Mientras esperaba se fue acercando a la pileta, tocó el agua con el pie, y la sintió hermosa. Mientras la iba rodeando, escuchaba las voces inentendibles y risas de los chicos en el vestuario, inevitablemente tuvo que pasar a escasos 3 metros de la puerta del vestuario, y sin querer queriendo miró hacia adentro, lo que encontró la dejó boquiabierta. El vestuario era un rectángulo largo de unos 3 x 5 metros, con un banco de madera de varios cuerpos en el medio, un baño individual en un costado, 1 bacha del otro costado y en el fondo 3 duchas, sin separaciones ni cortinas.

    Y en las duchas tres hombres desnudos bajo el agua, los tres de frente, con sus pijas colgando, No pudo evitar fijarse en cada una de ellas, la de Pedro era de un tamaño medio, aunque bastante gorda, la de Santiago era un poco más larga y mas flaca, y la de Damián era descomunal, debería tener unos 13 cm en estado de reposo, circuncidado y totalmente depilado. Por suerte ninguno se dio cuenta de su paso, y siguieron en la suya como si nada. Nati siguió su camino y haciéndose la tonta volvió más cerca del quincho, pero con una sensación de nervios y aunque le costaba admitirlo, de calentura también.

    A los pocos minutos los vio salir del vestuario y tirarse de una a la pileta, como si fuesen niños de 12 años.

    -Listo, ya podés cambiarte vos! Y acordate de la ducha que las mujeres también transpiran!

    -No se como te banca tu mujer siendo tan obsesivo – le dijo Santiago

    -Jajaja pollera – le dijo Damian

    -Boludos – les respondió Pedro riendo

    Mientras estaban en la pileta, Nati fue al vestuario, y cuando quiso cerrar la puerta, se dio cuenta de que no había puerta, “con razón se estaban duchando con la puerta abierta”, pensó enseguida. Se iba a tener que duchar, y los chicos estaban en la pileta, justo frente a la puerta del vestuario. Al llegar más al fondo a la altura del banco, se dio cuenta que la luz del vestuario era un reflector que estaba posicionado arriba de la puerta de entrada, por lo cual, el efecto de la luz, impedía que uno desde adentro pueda ver para afuera, pero ella sabía muy bien que desde afuera se veía todo perfecto hacia adentro.

    Su cabeza empezó a dar vueltas, quizás el calor, los dos mojitos que había tomado, las tres pijas que había visto hace menos de 5 minutos la hizo pensar en hacer una locura. Ellos no tenían porque saber que ella sabía que desde afuera se veía todo el vestuario, así que decidió actuar como si nada.

    Mientras tanto, afuera se percataron de la situación, Pedro, dueño de la casa, sabía muy bien que desde afuera se ve todo el vestuario, y alertó a sus compañeros. De repente se quedaron callados, ya no hablaban a los gritos.

    Esto a Nati la hizo dar cuenta de que estaban observando. “Ya estás Natalia, no lo pienses más, ahora o nunca” se dijo a sí misma.

    Se quitó la remera y después el short de perfíl a la puerta, luego se giró de espaldas y se desabrochó el corpiño y se bajó la tanga, dando una hermosa visión de su culazo y así caminó hasta las duchas. Su mente empezó a delirar “que estoy haciendo!?” Se decía a sí misma, mientras su calentura iba creciendo cada vez más. Fue directo a la ducha del medio para así darles una mejor visión, abrió la canilla y espero que salga tibia y se metió. Afuera seguía sin escucharse nada, estaba segura que era el centro de atención, y claro que lo era, afuera no perdían detalle.

    Ella seguía de espaldas, con el agua recorriendo su cuerpo, se armó de valor, y con muchos nervios y el corazón a mil se dio media vuelta, dejando que el agua caiga en su espalda, y dando una visión perfecta a los espectadores de sus tetas con pezones ya duros, muy duros y una concha perfectamente depilada. Se quedó así unos 30 segundos (que le parecieron una eternidad) fregando su cuerpo con sus manos, incluso sus tetas, y luego cerró la canilla, no quería levantar sospechas tardando mucho. Caminó hasta el banco y recién en ese momento prestó atención al bikini. Era de un color crema, muy clarito, casi blanco.

    La parte de arriba eran dos triángulos unidos por dos tiras. La parte de abajo era un triángulo, unido por tiras, es decir, solo un trozo de tela que le cubría la concha, el resto tiras. Enseguida pensó que Jimena, si bien es de su misma altura, es mucho más delgada, con muy poco de tetas y un culo mucho más chico que el de ella. A todo esto, seguía desnuda de pie dando el espectáculo más morboso de su vida a tres amigos de su esposo.

    Se puso manos a la obra y se colocó primero la parte de abajo, el triángulo cubría lo justo, menos mal que estaba depilada, sino los pelos saldrían por los bordes. El problema eran las tiras, que en la parte del culo, desaparecen completamente, dando la sensación de no tener nada puesto. Como una gata en celo, y sabiéndose observada y cada vez más excitada, se colocó la parte de arriba del bikini. Apenas cubrían un poco más que los pezones, y gran parte de sus enormes tetas quedaban al descubierto. “No puedo estar haciendo esto, me volví loca” pensaba Nati, pero sin intenciones de detenerse.

    Se miró al espejo, estaba muy puta, no dejaba nada a la imaginación, sus tetas se salían por los costados y por el generoso escote y los pezones se marcaban, y en la cola parecía no tener nada puesto. Ya estaba con el bikini, no podía seguir dilatando el momento, tenía que salir. Tomó aire, y como si nada se dirigió afuera del vestuario.

    Al salir vio como los tres espectadores se hacían los tontos y miraban para otro lado y se ponían a nadar.

    -Veo que te quedó bien el bikini – le dijo Pedro como si nada

    -¿Te parece? ¿no es un poco chico? – respondió Nati haciéndose la tonta y posando con los brazos en la cintura.

    -No, te queda perfecto! – se apuró a decir Damián.

    -Bueno, si ustedes lo dicen…

    Nati caminó directo a la pileta y se tiró de palito. El agua fresca le vino muy bien para poder bajar un poco la calentura que tenía. Se puso a nadar, tratando de relajarse. En eso Juan y Dario entraron al vestuario a ducharse, ya habían dejado la parrilla encaminada.

    Pedro fue a preparar mojitos para todos.

    A los 5 minutos se unieron Juan y Darío al agua fresca de la pile y Pedro apareció con mojitos, que no duraron nada, había mucha sed. Mientras los chicos charlaban sobre el partido y el campeonato que habían ganado, Nati siguió nadando sin prestar mucha atención a su alrededor.

    Así pasaron unos minutos, hasta que Juan se fue a ver como iba todo en la parrilla, ya era momento de tirar la carne al asador.

    En eso Pedro también salió y volvió al minuto con un porro en la mano, se ve que ya lo tenía armado, esperando el momento. Todos se secaron las manos como pudieron y le dieron mecha.

    -Nati, ¿querés fumar? – le preguntó Pedro

    -Mmmm no se, hace mucho que no fumo, tengo miedo que me pegue mal…

    -Dale! No seas miedosa! Es buena calidad, aparte el día se presta – intentó convencerla Darío mientras le daba una pitada larga

    -Uff bueno, pero solo un poco – respondió Nati acercándose nadando hasta donde estaban ellos.

    Al llegar, se paró haciendo pié en la pileta, por lo que el agua le quedó justo debajo de sus tetas, y estas asomando y lo que Nati no había notado todavía es que la tela al estar mojada se transparentaba muchísimo. Los cuatro hombres se quedaron embobados mirando ese par de melones, coronados por areolas grandes y pezones duros que luchaban por atravesar la tela semitransparente del bikini mojado mientras Nati fumaba una larga pitada de marihuana. Un ataque de tos incontrolable la atacó.

    -Tomá un poco así se te pasa – le dijo Darío ofreciéndole su vaso.

    Nati sin pensarlo lo tomó todo haciendo fondo blanco. Su cabeza empezó a dar vueltas, el calor, el porro, los mojitos y este último vaso en particular le estaban pasando factura. En eso lo vio regresar a Juan y la escena que encontró lo dejó pasmado, su mujer con un bikini diminuto semitransparente que lucía sus pezones casi a la perfección, delante de ella sus cuatro amigos y compañeros de equipo, mirando sus tetas sin ningún disimulo. Lo primero que sintió Juan fue su corazón latir más fuerte, sus sentidos de alerta se encendieron, sintió una punzada de celos en el pecho y al mismo tiempo otra punzada en la punta de la pija, no entendía porque esta situación de ver a su esposa casi desnuda, delante de sus compañeros de equipo lo calentaba tanto, así que rápidamente para no generar un momento incómodo, como si nada raro pasara se metió a la pileta.

    -Vení Juan, fumá un poco de esto! – le dijo Damián estirando la mano con el porro.

    -Dale gracias

    Quedaron todos charlando y boludeando en el agua un rato, los varones hablando mucho del partido y el torneo granado, y Nati disfrutando el agua. Pero siempre todos mirando a Nati, a veces con disimulo, otras no tanto. Esto Juan lo notaba fácilmente, de hecho él también disfrutaba del espectáculo de su esposa, tenía suerte de tener una mujer tan hermosa y despampanante.

    En un momento decidieron salir todos un rato a las reposeras mientras se cocinaba el asado. Al salir, el panorama cambió, el culo y las piernas de Nati entraron en el área de visión, era increíble mirarla de atrás, no se veía absolutamente nada entre sus nalgas, era como estar desnuda, y de adelante, el triangulito mínimo que marcaba sus labios y lo semi transparentaba, aunque bastante menos de lo que transparentaba la parte de las tetas.

    Nati se percató en todo momento de como los hombres, incluido su marido, no le perdían la vista, siempre tenía como minimo a 2 o a 3 de ellos mirándola, si no eran unos, eran los otros, pero siempre estaba siendo observada. Esto, aunque no quería reconocerlo, la excitaba mucho, sentirse deseada y admirada la calentaba. En eso miró su pecho, y recién ahí se dió cuenta de su transparencia “Ay! Por Dios! Que transparente!” Y que calentura y que vergüenza, con todo eso en su cabeza no se sintió capaz de seguir así, y se encaminó al vestuario donde había dejado si ropa para ponérsela.

    -A donde vas? – preguntó su esposo.

    -A vestirme, ya vengo.

    -Pero si ya estás vestida.

    -Si pero vos viste esto? – le dijo señalando sus pezones – y además me queda muy chico

    -Bueno pero con ropa te vas a cagar de calor, acá estamos en confianza, podés usar el bikini tranqui…

    Nati no se esperaba esto, su marido la estaba incitando a quedarse así, mostrando su cuerpo casi desnudo, esto la calentó aún más de lo que ya estaba.

    -Está bien amor, es verdad, así a parte me puedo broncear bien

    -¡Claro amor!

    Juan, a su vez, tampoco sabía muy bien porqué dijo lo que dijo, quizás a él también lo estaba afectando el calor, el alcohol, la marihuana y por supuesto, la calentura que le generaba su mujer semidesnuda.

    Se fueron ubicando en las reposeras, la música sonaba, otros tragos, charla, risas, realmente todos se estaban divirtiendo, y en todo momento estuvieron las miradas a Nati, quizás fueron cesando un poco con el correr de los minutos, pero ahí estaban…

    Pedro se levantó y volvió al minuto con un pomo de crema.

    -Tengo el mejor bronceador del mundo, 100% natural y 100% efectivo, o ¿cómo creen que tengo este color? – era cierto, Pedro tenía un color de piel de modelo de bronceadores.

    -¡Pero qué trolazo! – se rieron los muchachos (si, pleno 2024 y los hombres siguen haciendo esos chistes)

    -No entienden nada ustedes, lo único que al ser tan aceitoso lo mejor es que alguien te lo aplique, así que quien es el valiente?

    -Jajaja tomatelaaas, en serio?? – acotó Darío

    -Si boludo en serio

    -Que te ponga Nati entonces

    Pedro miró a Nati, esta vez sin disimulo.

    -Si por mi no tengo problema, dale – y se puso de pie, momento en que los 5 aprovecharon para mirar su cuerpo.

    Se puso un poco con el pomo en la palma de la mano, y se le fue para el piso gran cantidad.

    -Es mejor ponerlo directo sobre el cuerpo porque si no se termina desperdiciando mucho, por eso es mejor que te lo pase otra persona.

    Era cierto. Nati le tiró en la espalda y se la frotó esparciendo el aceite, otro poco más pero esta vez salió un chorro mucho mas grande del pomo, y rápido a esparcir con la mano. También le pasó rápidamente por el pecho y por la cara, y cuando era el turno de las piernas le dijo.

    -Listo, las piernas podés vos solito

    -Si si de una, gracias Nati

    Terminó y una vez más preguntó.

    -Seguros nadie quiere? Es muy bueno eh!

    -No Pedrito, gracias – dijo Damián con sorna.

    -¿Vos Nati?

    -Y no sé…

    -Probalo y te vas morena de la quinta

    -Bueno dale

    En eso Juan se acordó de que en la parrilla estaba el almuerzo de todos, tenía que ir si o si a revisar como iba.

    -Amor me ponés un poco de bronceador? – le dijo

    -No puedo, tengo que ir si o si a ver la parrilla y poner más carbón.

    -Bueno te espero…

    -Naa, te pone Pedro que ya está todo aceitoso

    ¿Qué estaba pasando? ¿como que “te pone Pedro”? Nati no entendía a qué jugaba su esposo, pero le gustaba.

    -Bueno dale. Pedro, tu turno.

    Nati se quedó de pie, casi en el medio de donde estaban todos, y mientras su marido se alejaba hasta la parrilla, Pedro se colocó detrás de ella, también de pie, y comenzó a pasarle aceite por la espalda. Un chorrito del pomo, desparrame con las manos, otro chorrito, más desparramo. Le habían faltado los hombros, y esta vez un mal movimiento hizo que saliera un super chorro de líquido aceitoso, calló sobre la nuca y hombros de Nati, pero en lugar de deslizar hacia la espalda, deslizaron hacia sus pechos.

    Rápido Pedro, como si nada, pasó sus dos brazos por los costados de Nati, y comenzó a desparramar el aceite con la yema de los dedos, suave, como pidiendo permiso, y lo tuvo. Seguía cada vez más confiado, hasta que tomando las tetas por los costados las amasó una, dos, y tres veces desparramando el aceite por toda su extensión, incluso la tela del bikini.

    En ese preciso momento Juan regresaba de la parrilla. Lo que vió lo dejó helado, y ardiendo al mismo tiempo. No dijo nada, solo se limitó a mirar, tal cual como hacían los otros espectadores.

    Las manos de pedro regresaron atrás, volvió a poner aceite, esta vez en los cachetes del culazo y poniendose en cuclillas comenzó el masaje.

    Todos estaban en silencio, embobados mirando el espectáculo, valga la redundancia.

    La parte superior del bikini, al estar embadurnada en aceite, ahora transparentaba muchísimo más de lo que lo hacía el agua, se notaban sus pezones perfectamente, los cuales estaban durísimos, puntiagudos, erguidos, largos. Para colmo, ahora sentía masajes en las piernas, la excitación seguía en aumento. La mano pasaba por sus cachetes, y por su raya también, lento y suave, pero firme. Tuvo un momento de lucidez.

    -Gracias Pedro, del resto me ocupo yo – como si fuera mucho lo que quedaba!

    -De nada Nati, vas a ver que hoy de acá te vas negra – le respondió Pedro como si nada.

    Enseguida siguieron hablando todos, pero ahora si, los 5 hombres no dejaban de mirar a Nati, sus pezones se transparentaban mucho, encima el brillo del aceite le daba un toque muy sexi.

    Al ratito ya estaban comiendo el asado, que estaba muy bueno, siempre con las tetas de Nati siendo parte del paisaje de la mesa, una tira de asado argentino, un chorizo de cerdo, unos chinchulines, las tetas de Nati con sus pezones totalmente visibles y duros, chimichurri… era muy Dantesco. Finalizado el almuerzo decidieron jugar a las cartas, y Nati prontamente se puso a levantar la mesa y era increible ver a semejante hembra recorrer la mesa, estirarse para agarrar platos, cubiertos, fuentes.

    Todos estaban hipnotizados e idiotizados mirando su culo a la altura de sus caras, su monte de venus, el cual se notaba claramente muy bien depilado y marcando unos labios carnosos, y ni hablar de sus tetas, que en una de esas estiradas a levantar una tabla con sobras, se le mueve el bikini dejando expuesto su pezón derecho. Nati no se dio cuenta de esto y se fue hasta la cocina con una teta afuera, cuando se dio cuenta de esto, su calentura subió. Ella no había estado ajena a las miradas de los 5 hombres, tanto en el almuerzo como en su provocador roll de mesera. No entendía qué le pasaba, porque estaba tan lanzada, quizás la excitación se había hecho dueña de sus decisiones.

    Por su parte, Juan, estaba enloquecido con la situación. Su mujer excitando salvajemente a sus amigos, semidesnuda, con los pezones visiblemente duros. Y sus amigos, mirándola con lascivia, tan excitados como lo estaba él mismo. Sus celos siempre presentes, pero siempre dispuestos a llegar un paso “más allá”.

    Nati regresó (ya con su bikini acomodado) y pasó un trapo a la mesa, tuvo que frotar fuerte ya que habia estaba todo muy aceitoso, y fue un show digno de presenciar, un bamboleo de tetas sublime, y obviamente, como no podía ser de otra manera, esta vez fueron sus dos pezones los que asomaron facilmente. Siguió con la limpieza con sus dos tetas afuera.

    -Ay! La puta madre, este bikini es muy chico! – dijo Nati acomodando “rapidamente” sus tetas dentro del bikini

    -Si la verdad que es muy chico – agregó Damián

    -Y se te escapan las tetas cada dos por tres – acotó Santiago

    -Y encima se te transparenta todo, – dijo Pedro – creo que ni deberías usarlo, total, por lo que te cubre…

    -Y además así podrías broncearte más pareja, sin marcas – siguió Darío

    -Tienen razón amor, total ya se te vieron todas, lo mejor sería que no uses la parte de arriba – Juan no comprendía cómo esas palabras habían salido de su boca, estaba regalando en bandeja a sus compañeros de equipo, la estaba incitando a que haga topless delante de ellos, siendo ella la única mujer.

    Nati estaba perpleja, que cuatro casi desconocidos hasta hoy esten hablando de sus tetas delante de ella, invitandola a que se saque el corpiño del bikini y que encima su propio marido apoye ese pedido, la tenía descolocada, pero super, super, excitada. Sentía el deseo de esos 4 machos, de esas pijas que hacía un rato pudo observar a la distancia, y su esposo siendo participe de esto la calentaba aún más.

    -Ustedes estan locos??! – atinó a decir Nati.

    -Es la realidad, ya te las vimos todos, se te transparentan, es lo mismo… – dijo Pedro con mucha practicidad.

    -Si es cierto, además tampoco es para tanto, son solo un par de tetas y nada más – sumó Damián, como para quitar importancia y gravedad al asunto.

    “¿Solo un par de tetas?” Pensó Nati, esa frase había tocado su orgullo, ¿cómo que “solo un par de tetas? Esto fue la chispa que encendió la mecha. Iba a hacerlo, ya no había vuelta atrás, querían toples? Tendrían topless.

    -Bueno, si mi marido no tiene problema, yo tampoco, aparte es cierto que eso es diminuto y transparente… – dijo mientras llevaba las manos a la nuca y desataba el nudo, dejando al descubierto sus dos tetas, que rebotaron unos segundos, y los 5 hombres embobados.

    -Claro mujer, así vas a poder broncearte bien y estar más cómoda, por nosotros no te preocupes – le dijo Santiago para que no se sienta cohibida.

    -Bueno jugamos al truco o que? – dijo Nati para cortar con esta escena. Si bien estaba caliente, en ese momento sintió un poco de vergüenza y quería seguir adelante y no dilatar más ese momento.

    Asiduos jugadores de truco tiraron los reyes: Juan – Nati – Pedro vs Damian – Santiago – Darío. Jugar al truco con Nati sentada en topless era muy difícil, para colmo, en muchas oportunidades apoyaba las tetas sobre la mesa y eso era muy provocador. Además, sus pezones en todo momento estaban duros, grandes y puntiagudos. Ella estaba muy caliente, muy húmeda, sentirse así de exhibida, la calentaba enormemente, algo totalmente nuevo en su vida.

    Así estuvieron casi 1 hora, donde jugaron un par de partidos, siendo un triunfo para cada uno. Decidieron tomar un descanso e ir a refrescarse a la pileta, el calor estaba muy picante. Nati con sus tetas al aire y los cinco hombres fueron rápidamente al agua. Ahí estuvieron un rato, esto a Nati le sirvió para bajar un poco sus niveles de excitación. En un momento Pedro fue a la cocina a preparar más bebidas, pero rápidamente volvió.

    -Malas noticias muchachos, no hay mas nada para tomar

    -Uuuh no te puedo creer, ya nos escabiamos todo?

    -Si, no hay ni soda… lo bueno que acá en la ruta hay un mercadito, serán 15 minutos en auto. – acotó Pedro

    -Y quien va? – soltó Damián

    En ese momento nunca nadie se había hecho tanto el boludo como estos tipos, era evidente que nadie tenía ganas de ir al chino a comprar.

    -Ya se, el que hace menos jueguitos con la pelota va – propuso Darío, dicho sea de paso, gran mágico del balón.

    -Dale – dijeron todos, menos Juan, que se sabía era muy malo haciendo jueguitos

    Como era de esperar, Juan no pudo hacer más de 8, y le tocó ir a comprar, Pedro le explicó cómo llegar.

    -Te acompaño amor – le dijo Nati saliendo de la pileta

    -No gorda, no te preocupes, quedate acá disfrutando del agua que yo voy y vuelvo – respondió Juan

    -Seguro??

    -Si si, quedate tranquila

    Se fue Juan, Nati se quedó sola, en tetas, con cuatro tipos que se la cogían con la mirada.

    Continuará…

  • Amigo de club

    Amigo de club

    Lo conocí en el club. Me lo presentó un amigo común y desde el primer momento nos caímos bien. Ese día comimos juntos y platicamos buen rato. Nos despedimos con la promesa de vernos otra vez.

    El siguiente fin de semana me lo volví a encontrar. En esta ocasión jugamos tenis. Al terminar me invitó una cerveza y luego nos dirigimos a los baños. Al desvestirnos no pude evitar fijar la vista en su bien torneado cuerpo y sobre todo en su paquete, que se veía de buen tamaño pero no demasiado grande. Me lo imaginé bien parado y se me hizo agua la boca. Él se dio cuenta, pero no dijo nada.

    En las regaderas me devolvió la mirada, hambriento.

    –¿Qué onda? –le pregunté.

    –Nada. ¿Tú?

    –Pues vi cómo me mirabas en el vestidor.

    –¿Cómo?

    –Como con ganas, no sé.

    –Y tú también a mí, ¿no?

    –Pues sí.

    –¿Y qué vamos a hacer al respecto?

    –El que hambre tiene… se la quita de algún modo.

    Acordamos ahí mismo irnos a su departamento. Dejé mi carro en el estacionamiento del club y me fui con él en el suyo. Por el camino puse una mano sobre su pierna y fui acercándola al bulto que se dibujaba en su pantalón. Empecé a acariciarlo despacito y sentí cómo crecía y se ponía duro. Me dijo, “Me vas a hacer chocar. Espérate a que lleguemos”. Me tranquilicé un poco, aunque me moría de ganas.

    Nomás entrar a su departamento nos abrazamos y besamos con labios y lenguas, mientras él me acariciaba las nalgas y yo su paquete. Empezamos a desvestirnos. Cuando le quité el calzón brincó su pene completamente erecto. Le brillaba la piel, de tan duro que estaba. Tenía el tamaño ideal para mí, no muy grande, pero lo suficiente como para darme a llenar. La cabeza bien torneada, peladita como me gusta.

    –Qué rica verga, papi –le dije. ¿Me la vas a meter?

    –Claro, chiquito.

    –¿Toda?

    –Todita, hasta donde es pelo.

    Me llevó a su recámara, desnudos los dos. Me sentó en el borde de la cama y se paró enfrente de mí, su miembro rígido cerca de mi boca. Le pasé la lengua por la punta, repetidamente. Él temblaba de placer. Se la empecé a mamar, chupando solo un pedazo, acariciando con mi lengua, y comiéndola toda, hasta sentirla en mi garganta. “Así, así…”, suspiraba. Sentí como le crecía y se le afirmaba todavía más.

    Después de mamársela un buen rato me hizo acostarme boca abajo en la cama. Se puso detrás de mí, me separó un poco las piernas y empezó a acariciarme la raya con sus dedos, metiéndolos cada vez más adentro, pero sin llegar a penetrar. Se inclinó, me abrió las nalgas y arrancó a lamerme mi colita y a darme besos en ella. Nunca me habían hecho eso. Yo jadeaba y gemía; no podía creer la inmensidad de placer que experimentaba. Cuando ya me tenía al borde de la explosión, se paró y sacó un tubo de lubricante anal de un cajón. Me embarró bien mi culín y me dedeó a gusto. “Te estoy distendiendo, preparando”, me dijo, para luego embadurnarse de lubricante su machete.

    “Ven, ponte de perrita aquí”, me ordenó.

    Me puse en cuatro en el borde de la cama. Él se paró detrás de mí, posó una de sus manos sobre mi cintura y con la otra dirigió la punta de su verga erecta hacia mi hoyito. Empezó a darme piquetitos cortos, jugando conmigo hasta que no pude más y le dije, “Ya métemela toda, por favor”. Él se inclinó sobre mi espalda y me susurró al oído, “Relájate, putito”.

    Entonces empezó a empujármela, de manera suave pero firme. Sentí su fierro duro y caliente deslizarse dentro de mi culito. Cuando ya tenía la mitad adentro me tomó por la cintura con sus dos manos, preparándose para el asalto final. Me la clavó hasta que sentí la caricia de su vello y el calor de su pubis en mis nalgas. Gemí de placer.

    Me la dejó metida hasta el fondo y me dijo “Aprieta”. Obedecí, sintiendo como mi chiquito abrazaba su palo. Él bramó, diciéndome con voz ronca, “Eso, así”. Empezó a limar, suavecito al principio, apurando el paso después. Le supliqué, “Suavecito, papi, por favor”. Bajó un poco el ritmo, manteniendo un compás de cuatro o cinco clavadas cortas rápidas intercaladas con un empujón hasta al fondo, una y otra vez. Me estaba volviendo loco.

    Después de un rato me la sacó y me dijo, “Ponte boca arriba y levanta las piernas”. Hice lo propio, doblándome y apoyando mis piernas sobre sus hombros. “Échame la mano,” me dijo. Tomé su herramienta lubricada y la guie hacia mi entrada. Él hizo lo suyo y me la clavó toda. Cuando me la dejó allá adentro lo premié apretando mi culo, acariciando al máximo su verga, bien parada y caliente. Y vuelta a la limada, una y otra vez. Mientras me cogía riquísimo se inclinaba a ratos y me besaba, metiendo su lengua en mi boca, y me decía, “Eres una putita deliciosa”.

    Aprovechando la posición me empecé a masturbar, porque yo también la tenía bien parada. Entre eso y la cogida que me estaba propinando mi macho no tardé en venirme, entre jadeos y gemidos. Eso lo excitó más todavía y aceleró el compás, metiendo y sacando su herramienta a muy buen ritmo, hasta que llegó al clímax. Sentí su leche caliente inundar mi agujerito. Después de terminar todavía se quedó un rato adentro de mí, hasta que por fin me la sacó. Sentí cómo su lechita chorreaba y corría por fuera de mi culo distendido. Se tendió a mi lado, ambos satisfechos.

    No tardó mucho en recuperarse. Se le volvió a parar la verga y sin muchos preámbulos me hizo sentarme en ella. Así estuve mucho rato, deliciosamente empalado, subiendo y bajando para clavarme y desclavarme, manteniendo un ritmo que alimentaba nuestro goce. A ratos me quedaba quieto y entonces él subía y bajaba su pelvis, ensartándome a placer.

    “Quiero terminar contigo de perrita”, me dijo. Volví a ponerme en posición para recibir otra cogida estupenda. “Qué rico me montas”, le dije. “Y tú qué rico culito tienes. Me encanta que seas tan puta”. Así estuvimos hasta que él me llenó otra vez la cola con su lechita caliente.

    Debajo de la regadera seguíamos abrazándonos, besándonos y acariciándonos.

    –¿Te gustó, chiquito? –me preguntó.

    –Me encantó, papito.

    –Pues hay que hacerlo de nuevo.

    –Claro que sí.

    Hemos seguido viéndonos y cogiendo, cada vez acomodándonos mejor y disfrutando más. No cabe duda de que hay gente con suerte.

  • Se la mamé al albañil

    Se la mamé al albañil

    Hola ¡les quiero compartir mi experiencia con un desconocido.

    Era un domingo por la mañana, no había nadie en la casa, mis padres habían salido de viaje de fin de semana y tenía la casa sola para mí.

    Ese día me dispuse a vestirme con lo más sexy que tenía; me bañe, saque todos mis accesorios y me dispuse hacerlo. Me maquillé lo mejor que pude, mis pestañas son largas así que no tengo que ponerme postizas, me puse labial y me dispuse a vestirme; me puse mi tanga con un liguero y medias de red, me puse unos senos de silicón y un bra negro, minifalda blanca con flores rojas pegadita y una blusa negra de tirantitos, me puse mis zapatillas altas, unas uñas postizas y obviamente mi peluca rubia.

    Me mire al espejo y me encantó como me miraba, super sexy, toda una putita, justo como me sentía, anduve un rato por la casa haciendo el quehacer, pero la excitación se verme así me llevo a tener ideas mas allá, para disfrutar todo el vestuario que llevaba, así que decidí salir a la calle en el auto de mis padres, me asome que no me viera nadie y rápidamente me subí al auto, salí a dar una vuelta por la colonia, es una colonia, le verdad que sentir la sensación de andar vestida como putita entre la gente me excito mucho, andaba toda caliente, así que decidí hacer algo más.

    Unas cuadras antes de llegar a mi casa había unos departamentos en construcción, todos los días pasaba por ahí y me daba cuenta que trabajaban los albañiles y fantaseaba con tener uno de ellos dentro de mi culito. Los domingos sabía que no trabajaban así que me dispuse a entrar a dar una vuelta: estacioné el coche dentro de la construcción y me cercioré de que no hubiera nadie, me bajé del auto y comencé a merodear por el lugar. La sensación de sentirme putita caminando por el lugar lleno de escombros me excitaba mucho, el sonido de mis tacones por el lugar me hacía sentirme toda una zorrita.

    De pronto escuche unas voces, que no se apreciaba de donde venían, me asusté mucho, había caminado muy lejos del auto, solo alcancé a meterme a un lugar que parecía un baño, estaba oscuro y me agache para que no me vieran, eras los veladores del lugar que al escuchar mis tacones fueron a ver quien era.

    Estaba super nerviosa, mi corazón latía al mil por hora, me quede en silencio, ya no se escuchaba nada, decidí salir para irme del lugar, pero al salir me encontré con uno de ellos que estaba parado justo delante de mí, me quede helada, paralizada, sin poder moverme, era un tipo alto como de unos 50 años, moreno, delgado un poco musculoso, tenía una camisa roída por el trabajo un pantalón de mezclilla y botas de trabajo.

    – ¡Vaya! ¡Vaya! Que tenemos aquí.

    Con mi voz lo mas femenina que pude y bajando mi minifalda:

    – Por favor señor no diga nada. Solo entré a caminar un poco señor, ya me iba

    – Voy a tener que reportarte

    Sentí un escalofrío al pensar que se pudiera hacer un escándalo con mas gente en el lugar.

    – ¡No por favor! No me reporte ya me iba señor

    Acercándose lentamente y yo haciéndome hacia atrás.

    – Que me pusieras dar a cambio de que no te reporte, la verdad tendría que llamar a mi compañero y a la policía.

    – no! A la policía no señor, hare lo que usted me pida (el acercándose más y yo haciéndome hacia atrás hasta que pegue con la pared y ya no puede seguir alejándome de él, aunque la situación me tenía prendida al mil).

    Al irse acercando mas y mas al punto de estar a unos centímetros de mi no puede evitar que se me notara una erección por la excitación que traía a lo que mi extraño se sorprendió y me dijo:

    – pero si eres una mariquita! Sabes lo que le hago a las maricas como tú?

    – No señor

    – Ahorita lo vas a ver putita

    – Pero nos van a ver señor

    – Mi compañero se fue a la otra sección tardara unos minutos en regresar

    Me tomo de la cintura y me jalo hacia él, al sentir sus manos rasposas en mi piel me erice completamente y se me escapo un suspiro. – ¿te gusta la verga verdad? Me dio un beso que me puso a temblar, estaba paralizada no podía moverme solo sentía sus manos en mi cintura y sin darme cuenta como fue ya tenía mi mano en su verga por encima del pantalón, lo empecé acariciar y sentía como se ponía cada vez mas duro, era una locura para mí, mi sueño hecho realidad estaba punto de probar un pene de un desconocido; seguí tocándolo por encima y poco a poco instintivamente comencé a bajar, no olía mal el señor era un olor solo como a tierra y a cemento pero no era desagradable.

    Cuando estuve de frente al cierre de ese gran bulto que se le notaba desabroche su pantalón para lamer debajo de su ombligo, el respiraba más rápido, le baje el pantalón hasta la rodilla quedando solo el bóxer que lentamente bajé y con mi lengua iba sacando aquel pedazo de carne que estaba muy caliente, termine de bajar el bóxer y saltó aquel gran pene erecto que ya estaba mojadito, era lo mas grande que había visto; unos 20 centímetros y no estaba tan grueso, pero si se le marcaban su venas (solo he tenido dos vergas en mi boca y ninguna de las dos había podido darme lo que yo quería, ni siquiera se vinieron), al tenerlo de frente me sentí hipnotizada, lo tome con mi mano izquierda, y con la derecha acariciaba sus huevos, se sentía muy suave la piel, lo masturbe unos segundos.

    Mi hombre tomándome de mi cabeza me jalo hacia su verga, saque mi lengua le pase por su cabecita en círculos lentamente, le besaba la cabecita lo mejor que podía, realmente todas las noches fantaseaba con es momento así que sabía perfectamente lo que tenía que hacer, me lo metí a la boca y empecé a mamar solo la mitad lo sacaba de mi boca y empecé a lamer los huevos, pasar mi lengua por ellos, morderlos suavemente y volver a mamar un poco mas a fondo el gemía del placer

    – Así puta lo haces muy bien

    – Te gusta papi?

    – Me encanta, coméntela toda.

    Y jalándome de mi cabeza mas fuerte me la metió completa, hasta mi garganta sentía que me ahogaba pero no hice por sacarla de ahí, al contrario la quería más adentro.

    Sus bellos púbicos me hacían cosquillas en la nariz y con mi mano seguía acariciando sus bolas. -así putita cómetela. La sacaba de mi boca y pasaba mis labios por su cabecita y por el frenillo que también le hacía círculos con mi lengua.

    Por ratos me azotaba la cara con ese pedazo de carne que me estaba llevando a la gloria, lo pasaba por toda mi cara, y lo seguí mamando cada vez más rápido, chupaba sus huevos y lo masturbaba con mi mano, el gemía más rápido – ¿quieres leche putita? – si dame tu leche quiero tu leche en mi boca – sigue puta ya casi tienes tu premio.

    Me la metí a la boca cuando sentí que estaba a punto de venirse se lo chupe lentamente y lo mas adentro que pude, sentí como el primer chorro de semen golpeaba mi garganta, Él jadeaba de placer, trague el semen (era muy espeso pero delicioso), lo saque un poco para contener toda la leche que estaba saliendo, seguí mamando lentamente y seguía sacando chorros de semen que era demasiado, su sabor era deliciosos un poco espeso y saladito pero muy rico, no pude tenerlos todos en la boca así que la saque, los últimos disparos fueron en mi cara, trague lo que pude, la volví a meter a mi boca para terminar de limpiarla, mi albañil con su dedo limpio el semen de mi cara y me lo dio en la boca – no desperdicies nada puta.

    – Que rico lo haces mi amor

    – ¿Te gusto papi?

    – Claro que si

    – Ahora vete que está por llegar mi compañero

    Me quité las zapatillas y sali lo más rápido que pude, sin limpiarme por completo la cara, aun levaba algo de semen escurriendo, pero satisfecha de haber hecho mi fantasía realidad; mamársela a un albañil y mas desconocido.

    Me subí al auto conduje hasta mi casa, me bañe (ya estaba anocheciendo) me masturbe recordando cada segundo de aquel instante y pensando en volver a salir a conseguir otra aventura.

  • Los cuñados viven una nueva aventura con sorpresa

    Los cuñados viven una nueva aventura con sorpresa

    Pasaron unas cuantas semanas que enfriaron el encuentro clandestino entre cuñados con total normalidad. Las rutinas, dueñas del tiempo de cada uno, hacían que el transcurso de los días no dejase pie siquiera a hablar entre ellos de lo que había pasado. Se acercaba Viernes Santo, fecha en que la familia al completo se reuniría en el chalet de Miguel y Victoria, tía de Javier y Mateo por parte paterna, fecha que obsesionó a Javi con la posibilidad de repetir lo que hasta entonces había sido su experiencia más morbosa y satisfactoria.

    La primera vez lo tenía todo completamente planeado, sabía que iba a hacer en cada momento, y jugaba con la ventaja de estar seguro que ella lo deseaba en secreto. Ahora era distinto. Aunque sabía que ella disfrutó seguramente tanto como él, nunca llegó a saber cómo se tomó ella el final, cuando se corrió sin permiso dentro de su boca. Desde entonces no se habían vuelto a ver, y tampoco hablaron por WhatsApp, lo que le hacía dudar si, como acordaron esa noche, ella de verdad lo dejó todo allí en el momento y no se repetiría nunca.

    El domingo anterior a Semana Santa, Javi se encontró con su hermano Mateo casualmente en casa de sus padres. Venía a recoger unas cosas con María, y se iban a cenar con unos amigos. Javi subió a su habitación, y , pasando junto a la puerta del baño, esta se abrió, apareciendo María que salía recién maquillada.

    – Menudo angelito me acabo de encontrar en el baño- saludó Javi sonriente, antes de agarrarla por la cintura para plantarle 2 besos.

    – Uy si angelito, será por el maquillaje, cuidado no te manches- fue la respuesta de ella, que lo miraba nerviosa y esquivaba su mirada.

    – Me encantaría mancharme de ti- dijo Javi guiñándole el ojo en busca de complicidad.

    – Me tengo que ir que llegamos tarde- ella lo regateó, haciendo dudar más aún a Javi, que le dijo al oído mientras pasaba, jugando su última carta.

    -El viernes a ver si te veo con unas mallitas bien sexys, que no te apague ese soso-. Giro María su rostro hacia el justo antes de llegar al primer escalón, regalándole una sonrisa picarona por un par de segundos, y bajando sin decir nada más mientras Javi observaba apoyado en la pared, tratando de descifrar esa sonrisa.

    Mateo y María llegaron los últimos al chalet, parece que se habían entretenido haciendo la tarta que María se empeñó en llevar. Solo ellos sabían que también tuvo que ver su reciente discusión, en la que María consiguió dejar muy claro a Mateo que nunca le volviera a hacer sentir mal por la ropa que se iba a poner.

    Se acercaron a saludar a todos, Mateo con un polo azul claro y bermudas, sabiendo el calor que llevaba haciendo toda la semana, y María con un conjunto deportivo que estrenaba ese día, sorprendiendo a todos con un estilo que no acostumbraban a ver en ella. Su suegra alabó lo guapa que iba nada más abrazarla, dando a Mateo una imaginaria patada en los huevos, sintiéndose incómodo con su novia tan provocativa.

    Javier le plantó dos besos con total naturalidad, igual que María, con sus mejillas ruborizadas, que siguió con el protocolo saludando a todos los allí reunidos. Javi miro su figura, dibujada perfectamente con esos pantis rosas resaltándole el trasero, a juego con la camiseta de tirantes que se ajustaba a su espalda. Eufórico se deleitaba mirándola, y, al volverse ella hacia él, atrapó su mirada la sombra dibujada en la entrepierna, marcando sobre la tela Rosa palo los labios vaginales de María, creciendo dentro de él el deseo incontrolable de hacerla suya.

    Espero paciente la oportunidad, charlaban unos y otros con el picoteo, y pasaba el tiempo, alguien tenía que ir a por leña para empezar las brasas. María y Mateo se hacían los remolones cuando les dijeron de ir a ellos, y Javi enseguida dijo venga vamos María, que Mateo lo de trabajar no le va muy bien.

    Pero Mateo también se levantó después de ella, así que fueron los 3 frustrando el primer intento. Llevaron algo de leña hasta las parrillas, algo lejos de donde estaban cogiendo, y tras un primer viaje Javi le dijo a Mateo que fuese empezando el fuego que ahora le traían más. Mateo se puso inocente, en sus ganas de demostrar que él era el que mejor podía encender el fuego y asar la carne, y así quedo allí, ajeno a lo que su hermano mayor tenía planeado para su noviecita.

    Se alejaron, y nada más quedar ocultos tras la pared, Javi espero a María aguantando a duras penas las ganas de abalanzarse sobre ella.

    – No sabía cómo hacer para estar solos- le dijo al pararse ella, sorprendida al verlo ahí parado.

    -No estamos solos, aquí está toda tu familia- ella permanecía sería, y el continuo, mirándola a los ojos.

    – Me ha encantado verte así de sexy por fin, no sabes lo buena que estas María- paso la mirada de arriba a abajo por el cuerpo de ella, que sintió esos ojos casi rasgando la tela de su ropa al moverse sobre ella. Sintió un escalofrío en ese momento, e intentó contener sus emociones.

    -Ni me lo he puesto por ti, ni me lo voy a dejar de poner por tu hermano- dijo orgullosa, recordando la discusión previa.

    -Claro que no, ya te dije que no aguantases los celos, que tu tienes que brillar- respondió sincero, admirando su belleza. – Te ha dicho algo? –

    -Le he cortado rápido el rollo. Para una vez que me visto como todas mis amigas casi se pone a llorar. Al final bien, pero la hemos tenido- se sinceraba con él, sintiéndose entendida y liberada con Javi, descubriéndose a gusto de poder hablarlo con alguien.

    – Dijimos que se quedaba allí Javi, que quieres ahora? – le preguntó hinchando el pecho, llena de poder.

    – Quiero repetirlo nena, no sabes lo que me gustó estar contigo- el se derretía a sus pies, cambiando así las tornas entre ellos por primera vez.

    – No me parece bien, no podemos hacerle esto a Mateo- decía mientras se acercaba a él, dejando sus labios unos centímetros más abajo de los suyos, ofreciéndolos con la cabeza erguida.

    – No se va a enterar, esto sólo lo vamos a saber tu y yo- dijo antes de inclinarse a besarla, metiendo la lengua en la boca de ella, que respondía enérgica entrelazando la suya, luchando por meterse en la boca de él. Javi la levantó contra él, agarrando sus nalgas con ambas manos, y la restregaba contra su cuerpo, sin parar de comerse la boca, frotando sus sexos con la ropa puesta. Ella gemía, el subía la intensidad, y, tras apoyarla contra la pared, busco con sus dedos la humedad de la calentura que acababa de invadirla. Sus dedos se movían dentro de su vagina, haciendo que sus piernas perdiesen el equilibrio. Hasta que una voz tras ellos paralizó completamente la magia del momento.

    – Pero que estás haciendo Javi? ¿Que estáis haciendo los 2? – era la voz de su tío, fría, rasgando centímetro a centímetro la autoestima de Javi, en shock sabiéndose descubierto.

    – Perdona Pepe, nos hemos rayado- contestó sin saber que decir.

    -Que os habéis rayado? ¿En serio ni a tu hermano respetas sinvergüenza?- y clavo la mirada en ella, que se colocaba las mallas deprisa – y tu engañas a Mateo con este pieza que no hace la O con un canuto? En serio? Te tenía por una chica 10 y te veo ahí. Se me cae la cara de vergüenza solo de pensar como contárselo a Mateo. Y a tu padre? Tu sabes lo que va a pensar tu padre?

    – Pepe no digas nada porfa, déjame explicarte- Javi suplicaba desesperado – Quieres ir tu para allá y lo hablo con él- dijo Javi mirándola, que se marchó a pasos apresurados sin decir nada.

  • Gracias al trabajo

    Gracias al trabajo

    Hola, soy un hombre de 52 años, casado y hetero morboso, me caliento bastante cuando veo un nabo empalmado. Mi matrimonio hace ya tiempo que perdió esa magia en el sexo, cuando hacemos el amor mi mujer y yo, ella se queda muy quieta, ya no es la persona con esa excitación como antes. Quizás por eso empecé a fijarme en las pollas de los tíos cuando veía porno hetero, después me pasé a ver porno bisexual y me excitaba muchísimo cuando veía esas pollas correrse.

    En el trabajo, y por motivos de hacer una inspección a determinadas sedes dependientes de la empresa en la que trabajo, me mandaron unas 2 semanas al arco de la Bahía de Cádiz, hacía bastante que no follaba con mi mujer, al menos 3 semanas, ni con mi mujer ni con nadie, bueno, con mi mano sí, ya me entendéis.

    Pues eso, cuando llegué al hotel y vi la habitación pensé en lo bien que estaría si hubiese un hombre conmigo allí, así que me dije que no podía desaprovechar el momento que me brindaba la empresa, así que cogí el portátil y me puse a buscar a hombres que cumplieran unas determinadas condiciones, por ejemplo: no me gustan los típicos tíos de gimnasio, musculitos y muy tatuados, no van conmigo, no me gustan los que tienen la polla gigantesca, los prefiero con pollas normalitas, imagino que será por el miedo de que si me la meten pueda doler más, no me gustan los pelos, me desagrada el notar un pelo en mi boca…

    En fin, después de mucho buscar y de entre todos los que me contestaron, me fijé en uno que cumplía con las condiciones, era un hombre de Sevilla que estaba por la Bahía de Cádiz también por trabajo, casado (esto es importante porque los casados cuidamos más la discreción) así que quedamos por la tarde, sobre las 20 horas en un conocido bar.

    Después de trabajar, acabé sobre las 18:30 me fui al hotel y me preparé con esmero, una buena ducha dedicando especial atención a determinadas zonas de mi cuerpo, así que bien vestido y perfumado lo justo, salí del hotel rumbo al bar en el que quedamos.

    Cuando iba llegando me iba poniendo cada vez más nervioso y pensaba si lo estaba haciendo bien o no, pero ya de perdidos al río, entré en el bar y me senté en una mesa que estaba vacía. Pedí una cerveza y me puse a esperar, ya faltaban 10 minutos para las 20 h cuando entró un hombre regordete, alto como de 1,80, yo mido 1,74, y muy nervioso, echó una mirada a todas las mesas y se sentó en una mesa vacía que estaba en la otra punta del bar. Pensé que era él mi cita cuando recibo un whatsapp de él en el que me decía que ya estaba en el bar, cuando levanto la cabeza veo a la persona que se sentó en la otra esquina del bar con el móvil en la mano, así que le dije:

    – mira hacia tu izquierda, el hombre que está solo en la mesa junto a la venta, soy yo.

    Me miró y se puso a reírse, se levantó con su consumición y se sentó junto a mí, ufff me puse más nervioso y él también lo estaba, así que le dije que mejor nos relajábamos charlando antes de hacer nada, cosa con la que estuvo de acuerdo.

    Ya me contó que sería la primera vez que iba a estar con un hombre, sentía mucho morbo de tocar una polla y unos huevos, y eso me estaba calentando, ya notaba como mi nabo empezaba a despertar, me acomodé el paquete y él me preguntó si me estaba empalmando, le dije que sí, que me había gustado y me producía bastante morbo a lo que me respondió que yo también le había gustado y que deseaba ver lo que tengo entre las piernas, no lo pensé más y pedí la cuenta dejando una buena propina, para irnos al hotel.

    Una vez que llegamos al hotel, ya en el ascensor me acerqué a él y con mi mano derecha le palpé el paquete y tuve muy buenas sensaciones, él se excitó y me besó en la boca, con un beso caliente que transmitía bastante.

    Llegamos a la planta de la habitación y con rapidez entramos en ella. Nada más cerrar la puerta me volví a él y le besé en la boca, su lengua se introdujo en mi boca buscando mi lengua, enredándose con ella, mientras mis manos le soltaban el cinturón, y le habrían el pantalón cayéndose al suelo, llevaba unos slips blancos que tenía una mancha de líquido preseminal, estaba caliente él ya me había quitado la camisa y el pantalón, y mi polla ya estaba bien dura y mojada, me bajó los bóxer y me agarró la polla con una mano mientras que con la otra me masajeaba los huevos, lo notaba suspirar, su respiración estaba acelerada le bajé el slip y le agarré los huevos, que eran grandes y colgones y totalmente depilados, su polla era algo más pequeña que la mía, la mía mide sobre los 17 cm, la de él sobre los 15, le dije:

    – ¡vas ganando puntos! Me encanta tu polla. Vamos a desnudarnos completamente, quiero disfrutar de ti y que disfrutes de mí

    Nos desnudamos del todo, se había depilado todo, desde el cuello para abajo, no tenía ningún pelo, me dijo:

    – Verás, sabes que es la primera vez que estoy con un hombre, y no me hago a la idea de que me des por el culo aún, aunque me lo he depilado completamente, prefiero que no me la metas hoy.

    Le contesté que sin problemas, también era mi primera vez con un hombre y estaba muy excitado, le pregunté:

    – ¿y qué te apetece hacer? ¿me pajeas y te pajeo o pajas y mamadas?

    – Lo segundo, me respondió, tengo ganas de tener tu polla en la boca

    Estábamos sentados en la cama, le agarré la polla y me incliné hacia su entrepierna, me cogió la cabeza y la guio hasta su polla olía estupendamente, olía a macho caliente y me excitaba, abrí la boca y metí su capullo comenzando a mamar, mi lengua se frotaba contra el frenillo y mis manos estaban ocupadas con su huevos y pajeandolo. Bajaba mi boca para chuparle los huevos y su respiración se aceleraba, la saqué de mi boca e hice que se sentara en el centro de la cama con las piernas abiertas, tenía el nabo muy duro y las pelotas hinchadas, solo me decía:

    – ¡Por Dios, no te pares, no te pares!

    Me volví a meter su polla en la boca y comencé a mamarla, mis dedos buscaban su ano, su ojal, su culito, y él levantaba el culo como indicándome el camino. Le puse mi dedo índice en su boca para que lo ensalivara, se lo comió cono si fuese una polla, lo dejó muy mojado y lo bajé buscando su puerta de atrás, el levantó las caderas y se sentó sobre mi dedo, gimió, jadeó, suspiró sin parar, me saqué su polla de la boca porque empecé a notar las contracciones para correrse, aceleré el movimiento de mi mano mientras mi dedo lo follaba sin parar, comenzó a gemir y jadear más fuerte diciéndome:

    – ¡dame cabrón, dame más, fóllame con el dedo! ¡me voy a correr!

    Y en ese momento soltó un trallazo de leche que me cayó en la frente, seguido de otros trallazos con menos potencia pero con la misma cantidad de leche, mientras mi dedo seguía en su culo, notando las contracciones de su corrida. Una vez que acabó le saqué el dedo y se tumbó en la cama, con la respiración alterada, me incliné sobre él para preguntarle, y me cogió la cabeza, la acercó a la suya y me besó, metiendo su lengua en mi boca, se separó y me dijo:

    – no quiero dejar de verte, ha sido, con diferencia, el mejor polvo que he echado, y ahora te toca a ti.

    Se inclinó sobre mi polla, y se la metió en la boca y comenzó a mamar, notaba su lengua como se frotaba con el frenillo, como lamía el capullo y mi polla se iba poniendo más dura cada vez, notaba como me salía el líquido preseminal y lo lamía. Me acariciaba los huevos, bajaba su boca por el tronco de mi nabo hasta llegar a los huevos, y los besaba, los lamía, los chupaba. Me iba poniendo a mil cada vez, hasta que se inclina más su lengua comienza a buscar mi ojal, mi ano, noté como me ponía más caliente aún mientras me comía el culo, me pajeaba, tenía la polla empapada en su saliva y en el precum que salía de mi polla.

    De nuevo volvió su boca a dedicarse a mi polla y ya notaba que me iba a correr, así que le dije:

    – ¡Más rápido, más rápido que me voy a correr, cabrón!

    Me dijo:

    – No, aún no por favor, quiero que me eches la leche en mi culo pero sin meterla, ¡¡¡quiero notar tu leche caliente en mis nalgas y en mi ojal!!!

    Le levanté la cabeza, lo giré, se puso a 4 patas y le coloqué el capullo en su ano, cuando pegué el primer trallazo de leche, le cayó en su ojal, y por las nalgas, mientras se pajeaba hasta correrse de nuevo.

    Caí encima de él, y él cayó sobre las sábanas, manchadas de leche de ambos, nos reímos bastante y nos volvimos a besar, mientras nos decíamos que había sido increíble y que teníamos que repetir, él se levantó y se puso a llamar a su mujer, como si estuviese a punto de acostarse ya. Mientras yo le limpiaba el nabo con la boca y tragaba parte del semen que había echado, él me hacía muecas con la cara, pero notaba que le excitaba.

    Y eso será para el siguiente relato.

    Es mi primera vez que escribo, porno o no, y me gustaría que me indicasen si gusta, si hay formas de mejorar las expresiones, etc., estoy «abierto» a todo, jejeje. Ruego me lo indiquen por email. Gracias de antemano.

  • La cojo mientras habla con su esposo

    La cojo mientras habla con su esposo

    Llegó a casa y enseguida sintió el cuero de mi cinto en su cuello, automáticamente se arrodilló casi al mismo tiempo que yo dirigía el cinto hacia abajo.

    Sabía lo que te iba que hacer y lo hacía muy bien, en cuclillas con la entrepierna bien abierta y empezando a mojarse, en unos minutos empezaría a gotear en el piso pero en ese momento, se dedicaba a saborear cada parte de mi pija e incluso a mojarme bien los huevos con su lengua bien abierta. Sabía lo que me gustaba y lo hacía muy bien, era mi puta bien amaestrada. Pero ese día, pasaría algo que no teníamos previsto.

    Y es que con tanto apuro por sodomizarla yo y ella en ser esclavizada, dejó el celular prendido al lado de su ropa que había quedado en el suelo. Estaba ya con la concha bien mojada apuntando a mi pija, recibiendo mis cintazos y pidiéndome por favor que se la meta toda, cuando sonó su celular. El susto la hizo salir un poco de su momento y mirando la pantalla me dijo lo que los dos ya sabíamos. «Ay la puta madre es aquél, pará».

    Cuando me fijo eso sentí muchísimas ganas de metérsela hasta por el culo de una nomás, pero me reí y le recordé que no era ella la de las órdenes, mientras le enterraba toda la pija y ella gritaba «¡ay si!» Enseguida cortó la llamada, pero el marido volvió a llamarla, cortó dos veces más, pero ante la insistencia de él y viendo que ella estaba confundida con la situación, le pedí que atendiera. ¿Estás loco? Me dijo, el llamado volvió a interrumpirla, entonces aproveché a sacarle casi todo de adentro, dejándole sólo un pedacito de la punta.

    Entonces te la saco, ¡No, no! ¡Por favor metela! Ya atiendo, pero metela. Así que esperé que atendiera y apenas dijera «hola amor ¿Qué pasó?» Se la metí de una y hasta el fondo buscando un gemido que apenas pudo ahogar pero que le hizo golpear el celular. Ya escuchaba, porque lo había puesto en altavoz, que el cornudo le pedía explicaciones de por qué no había atendido antes, ella le dijo que iba manejando y que no sabía que era algo urgente.

    Yo disfrutaba mucho, a punto de casi acabarme porque el tono de su voz y su relajación denotaban todo, sin embargo, para la persona que estaba del otro lado, que ni se imaginaba que eso podía estar pasando, no ocurría nada extraño. La charla siguió, el después de calmarse ante las explicaciones de ella, que encima le recriminó diciéndole que por qué no iba a atenderlo ¿Qué pensás? No nada amor, pero es que te estaba llamando y sabés que si repito el llamado es por algo importante, quería confirmar algo contigo.

    A esa altura yo se la había sacado y se la había puesto en la boca para que me limpiara la acabada que había dejado en mi piel, algo que le encantaba y que no quiso dejar ni aunque el marido le estuviera pidiendo una respuesta, ahí comprobé lo que ya sabía de ella, le encantaba dar placer con su lengua. Así que sin sacarse ni un poco mi pija de su boca le contesto a su marido con un mmmm (como si asintiera lo que él le decía) La conversación fue algo así.

    Amor es que te llamaba porque viste que hoy tu madre se queda en casa.

    – mmmh

    Bueno y pensaba que podíamos dejar a los chiquitines con ella y salir un rato.

    – mmmhh

    Si amor, pensé que te iba a gustar, pero tengo que arreglar en el trabajo porque capaz que nos quedamos después de comer, o vamos a aquél lugar…

    – mmmhhh

    Y nos podemos quedar la noche entera.

    – mmmhhhh

    La hija de puta ya estaba por sacarme toda la leche, la chupa de una manera increíble y la situación me excitaba muchísimo, así que la saqué tirándole el cinto para atrás. Ella sin dejar de mirarme a los ojos y con una sonrisa dijo al teléfono, «si amor, me encantaría tener una noche para nosotros ¿Sabes de qué tengo ganas?

    – ¿De qué amor?

    De que me la chupes toda y me comas con esa lenguota tuya que me saca todo lo que tengo adentro.

    – Ay amor, ya me empezás a excitar.

    Ahora ella me estaba dando la espalda y con las dos manos se abría toda la entrepierna para que viera su concha goteando, me mostraba lo excitada que la ponía esa situación mientras se reía. No esperé dos segundos y se la volví a enterrar, sentí que le toqué el fondo y que ella se estremeció tanto que no le pudo contestar al marido por un buen rato.

    Si, hace mucho que no hacemos algo para nosotros, así que nos merecemos amor un momento a solas ¿Te parece?… Seguro tu madre vaya a aceptar, ella siempre nos dice que lo hagamos… Amor… Amor ¿estás ahí? Si amor, estoy acá, es que me dieron ganas de ir al baño y estaba entrando acá en el centro. ¿Al baño? Pah, cómo serán las ganas para que te metas.

    Sentí que era el momento justo para zumbarle un par de cintazos en las nalgas, pensé que se iba a cerrar pero todo lo contrario, su cuerpo se aflojó todo y me dejó entrarle más profundo, confirmé también que al igual que cuando me la estaba chupando, recibir castigos era uno de sus placeres mayores y que practicaba sólo conmigo. ¿Qué pasó amor? Nnnada amor nada, se me cayó el cinto en el baño es que estoy nerviosa. ¿Nerviosa por qué amor? Es que me excitó tu plan para esta noche y apenas me bajé la ropa veo que estoy un poco mojada. Ahí dio vuelta su cara y me dijo «por favor cogeme toda que no doy más, quiero echarte mas de mi leche y quiero toda tu leche bien adentro de mi, es para que se la tome el cornudo este».

    Así que no precisé más nada que eso para empezar a metérsela y a sacársela con el único objetivo de juntar las leches de cada uno. Obviamente que tratando de no hacer ruido, pero sin poder ella, disimular su respiración y sus gemidos al teléfono.

    El marido escuchando eso dijo, amor ¿Estás en el baño? Si dijo ella y ya no dijo más nada. El resto fueron dos minutos de la cogida mas rica y morbosa que hayamos tenido con ella. El marido pensando que ella se estaba masturbando en el baño, mientras ella sólo se quejaba y se acababa toda mientras sentía toda mi leche caliente entrar bien hasta el fondo de su ser. ¡Amor la puta madre! ¡Me calentaste mucho! ¡Nunca habíamos hecho esto!

    Apenas con aliento para contestarle le dijo ¡Ay no amor! Perdoname que no te avisé, pero me excitó mucho tu propuesta y se ve que me agarraste bien caliente. Amor sólo te pido un favor, cuando salgas de ahí del baño, andá para casa y esperame. ¡No te bañes! Capaz que te sorprenda pero ¡quiero besarme toda esa acabada que te acabás de hacer por favor!

    Mientras ellos hablaban yo saqué mi pija recién acabada y antes que se empezara a relajar, la metí dentro de su culo, sólo para dejarla ahí quietita y que tirara otros chorros de mi leche ahí también, por las dudas, aunque según ella, su marido nunca se la había metido por ahí. Pero claro, cuando me sintió entrar por detrás hizo otro gemido pero siempre será un gemido distinto, mezcla de asombro, dolor y placer.

    Pero como dije antes, ella goza mucho de ser mi sometida, así que aceptó en el mismo momento y hasta lo disfrutó, porque él cornudo le preguntó preocupado si le había pasado algo. No nada amor, nada, es que me dejaste muy caliente y estoy toda acabada, ¿estás seguro que no querés que me bañé o me limpie? ¡No amor! ¡Por favor no! Si cuando yo te la voy a chupar tiene olor a jabón y no a acabada tuya o un poco de tu día normal, te juro que no te cojo. ¡Ay ay! Mis movimientos en su culo aún la hacían gozar. Bueno amor está bien, sólo quiero avisarte que me bañé al mediodía como siempre, y ta, ¡Ay que divino si! Amor (eso era para mi) ¿Tanto te gustó la propuesta de salir solos? Si amor dale me encantó.

    Sonaron de nuevo los cintos contra su piel y ya sin saber que inventar le dijo chau amor te dejo porque me están cogiendo toda. Después que cortó se dió cuenta lo que había dicho y se rió de manera muy nerviosa pero se la sentía aliviada en el fondo. Se dió vuelta toda, para terminar de limpiármela, le encantaba hacer eso cuando se la metía en el culo y es que tiene un sabor muy rico también esa parte de su cuerpo, así que la entendía. Obviamente enseguida llamó el celular de nuevo y era su marido. Me la terminó de limpiar, desde abajo me miró a los ojos me hizo un guiño y atendió el teléfono.

    Su voz era de reproche, quizás queriéndole ganar de movida a la molestia que presentaría el cornudo con su frase final antes de cortarlo. ¡Hola amor! ¿Qué pasó?…

    Continuará.

  • Me chupan el coño en la carretera

    Me chupan el coño en la carretera

    Llevaba casi dos años chingue y chingue que quería viajar a Sorrento, Italia, pero por una u otra cosa mi esposo y yo no lo habíamos podido conseguir. Yo tengo veinticinco años y Kev tiene veintiocho, no tenemos hijos, y no porque realmente no queramos, sino porque queremos disfrutar un poco más de la vida antes de concebir. Después de unos meses ahorrando y deslindándonos de caprichos innecesarios, por fin pudimos juntar el dinero y viajar.

    Estaba inmensamente feliz, habíamos alquilado un auto y ahora nos dirigíamos a una playa especial en donde se pudiera hacer topless sin incomodar a otros. Y es que desde hace un tiempo había pensado intentarlo. Mis senos son hermosos, grandes, redondos, de pezón rosita y mi piel es blanca. Kev había estado de acuerdo, y me comentó lo mucho que le excitaría ver cómo las personas, y en especial los hombres, se quedarían mirándome.

    Aquel día viajábamos por una carretera desolada, yo llevaba puesto un delgado vestidito floreado, no llevaba sostén y solo me había puesto una minúscula tanga roja de hilo. Llevaba el cabello suelto y me hallaba mirando por la ventanilla abierta cuando escuché que Kev se reía bajito.

    —¿Qué pasa? —me sonreí con él.

    —Estoy a punto de hacerte una travesura, amor.

    Me quedé sin habla, solo viendo cómo hurgaba en su pantalón y extraía una delgada pluma color rojo y blanco.

    —¿De dónde sacaste eso?

    —La recogí del suelo cuando las cotorras bajaron a comer semillas en el hotel.

    Los colores eran maravillosos, pero de pronto, agarró esa misma pluma y me hizo cosquillas con ella en la nariz. Aquello me hizo estornudar con tanta fuerza que me descoloqué un par de segundos.

    —¿Qué carajos te pasa, tío? ¿Te has vuelto loco?

    Kev siguió sonriendo, esta vez con las dos manos puestas en el volante y su mirada en la carretera.

    —Conozco muy bien tu cuerpo, Sarah, y sé cómo reacciona ante los estímulos.

    —Insisto con lo mismo; ¿te has vuelto loco?

    Pero entonces comprendí a lo que se refería. Con la fuerza del estornudo, mis pezones se habían endurecido tanto que quedaban totalmente visibles sobre la delgada tela del vestido. El simple hecho de rosarlos, me provocaba una sacudida deliciosa que me comenzó a mojar el coño.

    Kev volvió a reírse y de inmediato dio el volantazo para salir de la carretera e internarnos en una agrupación de árboles y arbustos. Una vez bien escondidos para que nadie que pasara sobre la carretera pudiera vernos, Kev se quitó el cinturón de seguridad y después me quitó el mío.

    Comenzó a tocarme por encima de la tela, primero mis piernas, mis muslos, la cintura y finalmente los senos. Cuando pasó sus dedos sobre la dureza de mi pezón no pude reprimir un quejido de placer y él me volvió a sonreír.

    Continuó desatándome el nudo de los tirantes que sostenían las copas del vestido, y cuando por fin pudo quitarlo, me bajó la prenda y mis enormes senos quedaron expuestos. Sentí el aire cálido y húmedo sobre mi piel y sentí una palpitación más sobre mi coñito que ya estaba húmedo.

    Kev se quitó la playera azul que llevaba puesta, pero sobre su bermuda pude ver perfectamente el enorme bulto que seguramente estaba tan caliente como yo.

    No dijo nada, salió del auto y lo rodeó por el frente hasta abrir mi puertezuela. Me hizo bajar, y una vez fuera, me quitó el vestido y mis nalgas con el hilito de la tanga metidas entre ellas quedaron totalmente expuestas.

    Al principio aquella acción me hizo sentir pena, pero de inmediato una oleada de excitación consiguió remplazarla. Kev me miró un par de segundos, seguramente buscando algún vestigio de arrepentimiento, furia o miedo para detenerse, pero al no encontrarlo, me sujetó de la cintura y me recargó en el costado del auto.

    —¿Te gusta que te vean desnuda, verdad putita? —él sabía lo cachonda que me ponían sus insultos—. Vamos mami, muéstrame ese coñito rosa.

    Pasó sus dedos largos sobre el hilito de mis nalgas y comenzó a retirarlo poco a poco hasta que finalmente estuvo fuera. Pero no se detuvo ahí, tiró de la parte delantera de la tanga y toda la tela se me metió entre mis labios vaginales. El orgasmo estaba a punto de consumirme.

    Finalmente me la quitó y mi coño perfectamente depilado sintió la brisa caliente. Sabiendo que sus bermudas quedaban por encima de sus rodillas, no le importó arrodillarse y montar mis piernas sobre sus hombros, a manera de que mi vagina quedara frente a su rostro.

    Comenzó a lamerme toda la piel; los labios y mi monte.

    —Qué rica estás —dijo y volvió a lamberme—. Hinchadito como me gusta. Todo rosita y suave.

    Su lengua se introdujo dentro de mi orificio y comenzó a moverse dentro de mí. Tan rico que me agarré mi propio cabello y comencé a gemir.

    Él entraba y salía, chupando y lambiendo toda mi parte carnosa. ¡Qué delicia! Su lengua se detenía en mi clítoris y pulsaba hacia arriba y hacia abajo, moviéndola y enloqueciéndome más y más.

    —¿Te gusta? —me preguntó.

    —Sí papi, qué rico. No pares, ¡Aaah! ¡Qué rico!

    —Qué zorrita te estás poniendo, una zorrita muy caliente.

    Mis gemidos aumentaron su fuerza, mis manos no podían estar quietas y en un momento le ayudé, moviendo mi campanita y entrando en mi hoyito junto con su lengua. Las manos de él apretaban mis nalgas y uno de sus dedos le estaba dando vueltas a mi ano. Delicioso. Moría de ganas por ver qué tan parada tenía la verga. Seguramente estaba riquísima, y esas bolas que adoraba cuando me las ponía en la cara.

    Finalmente el estremecimiento me alcanzó, mi flujo salió disparado a él y Kev se lo bebió hasta la última gota. Qué bueno que se había quitado la playera, de lo contrario habría quedado totalmente empapada.

    —Ahora es mi turno, vamos hermosa, abre esas piernitas.

    Con trabajos conseguí ponerme de pie, las piernas me temblaban y sentía cómo la temperatura volví a llenarme el cuerpo. Kev abrió la puerta del copiloto y me ayudó a sentarme. Abrí mis piernas y mi coñito todavía palpitando y todo rosita quedó ante su mirada hambrienta. Comenzó a desabotonarse la bermuda y después se bajó el bóxer.

    Dios, estaba buenísimo, gordita y sin un solo vello que le estorbara. La puntita rosa y carnosa se acercó a mi entrada y comenzó a jugar con mis labios.

    —¿La quieres toda?

    —Sí, toda.

    Poco a poco fue metiéndose hasta que sus huevos tocaron mi trasero.

    —Dios, qué grande la tienes.

    Él me sonrió y sus mejillas se pusieron rojas. Me agarró de la cintura y se ayudó de mi cuerpo para envestirme. Me estaba dando con una fuerza que seguido me arrancaba fuertes gemidos y me hacía poner los ojitos en blanco. Mi conchita rica se estaba llevando una buena tunda, y después le siguieron mis pezones que estaban cada vez más rojos y duros.

    Tomé la iniciativa de moverme, le dio un jugoso beso de lengua y mordida y me puse en cuatro sobre el sillón. Aquella postura le dio una perfecta vista de mi vagina, depilada y rosita, jugosa y carnosa lista para que me volviera a reventar.

    Sentí su peso sobre mí, su pequeña barriga sobre mis glúteos antes de que, con ambas manos, me diera varios azotes.

    Mi esposo comenzó a gruñir, poniéndome los cabellos de punta mientras me follaba y entraba todo en mi vagina de puta. Me moría de ganas por sentir su lechita escurrir sobre mis piernas, tomar un poco y llevármelo a la boca. Me encantaba comerme todo su semen y que un poco me lo untara en mi culito.

    —Que rica está tu conchita, amor.

    —Sigue, sigue, me gusta mucho. ¡Aaah! ¡Aaah! ¡Aaah! ¡Me corro, me voy a correr!

    —Mírame, quiero que me mires cuando te corras —Kev estiró su mano y me agarró de la mejilla, viéndome y disfrutando tanto como yo.

    Y entonces un electrificante orgasmo nos inundó a los dos a la misma vez. Él se vació dentro de mí, sacó su verga y me untó el resto en mi anito que comenzó a chuparlo, pidiendo más y más. Los dos caímos exhaustos, totalmente rendidos.

    Me agaché hasta donde él estaba y le limpié la verga con la boca, bebiéndome hasta la última gota que le salió.

    Esperando ya un acto de cariño, me besó la frente y me sonrió.

    —Iré a recoger tu ropa del suelo y nos iremos. Si seguimos así nunca llegaremos a la playa y no podré tener esa hermosa y sensual vista de tus tetas.

    Qué hermoso fue nuestro viaje a Sorrento.

  • Del intercambio en el baile al intercambio en la alcoba

    Del intercambio en el baile al intercambio en la alcoba

    Ágata y Dareck son una pareja de treintañeros. Llevan juntos más de diez años y siempre tuvieron claro que la monogamia y la heterosexualidad no son lo suyo. Les quedan estrechas esas etiquetas. Ellos se definen como pansexuales y son partidarios del poliamor y las relaciones abiertas.

    Todos los sábados suelen acudir a un salón de baile muy sofisticado que hay en las afueras de la ciudad. Allí suenan tangos, cumbias, merengues, Rock de los 50 y un sin fin de ritmos variados que hacen las delicias de las miles de personas que acuden a La Sabrosona (el nombre del salón).

    Ágata y Dareck disfrutan bailando durante horas todos esos ritmos. Se hacen buenas amistades, también, al intercambiarse las parejas de baile.

    Ágata es rubia con una larga melena ondulada. Tiene ojos verdes y algunas pecas en las mejillas. Mide 1,70 m y pesará unos 55 kg. Le gusta lucir largos vestidos de noche rajados hasta las caderas, acompañados de zapatos de charol con mucho tacón.

    Dareck andará en el 1,85 m y es muy musculoso. Lleva el pelo largo hasta los hombros, color castaño. Sus ojos negros y su sonrisa a lo John Travolta derriten a cualquier hembra en edad de merecer. Es muy clásico vistiendo. Siempre va de traje gris o negro.

    En uno de esos bailes tan animados donde constantemente se están intercambiando las parejas hicieron migas con un matrimonio de Santo Domingo. Una pareja de negrazos con un cuerpo escultural y descomunal. Ella se llama Adela. Es de mediana estatura y su pelo, color azabache, lo lleva recogido en varias coletitas trenzadas y fijadas al cráneo. De cuerpo curvilíneo, con nalgas respingonas y muslos anchotes es un bellezón que hace girar la cabeza a todo hombre o mujer que se cruza con ella.

    Lautaro es el nombre del marido de Adela. Es un hombretón que ronda los dos metros de altura. Trabaja de escolta y se nota. Está muy en forma. Viste de traje pero más informal que Dareck.

    Sonaba el “Ready Teddy” de Little Richard y la pista de baile explosionó llenándose de parejas enfervorecidas. Los chicos cogían y levantaban al vuela a sus chicas pasándolas de un lado al otro de las caderas. Dareck soltó a su pareja para abrazar a Adela y Lautaro hizo otro tanto, para seguir con el baile con Ágata. Los dos minutos que duró la canción fueron suficientes para que aquellas dos parejas intimaran y crearan un vínculo que los unió por un largo e intenso semestre.

    Lautaro aprovechaba cuando cogía por la cintura a Ágata, para palparle bien los cachetes y el bajo vientre. Tampoco Ágata se quedaba atrás, no era manca, y sobaba a su ocasional pareja de baile por todo su dorso en forma de V.

    A Dareck le costaba algo más manejar a Adela, estaba más maciza y musculada, pero sacó orgullo de macho alfa y consiguió estar a la altura de las circunstancias mostrando una fuerza descomunal. Mientras Dareck la sujetaba por la cintura, Adela abría sus piernas y lo abrazaba, apretando sus muslazos y cachas contra el cuerpo de él. Sus caras en varias ocasiones llegaron a rozarse.

    Estuvieron casi una hora bailando e intercambiándose las parejas entre ellos. Lautaro y Adela son muy buenos con el Tango. Ponían en práctica unos pasos muy sensuales. La gente hizo un círculo alrededor de ellos para verlos bailar. Ágata y Dareck se estaban excitando con las poses morbosas de baile que sus amigos estaban exhibiendo, aprovechando que el Tango es un estilo que pide sensualidad a raudales.

    Las dos parejas decidieron sentarse en un reservado para refrescarse algo y pidieron unos cubalibres. Charlaron de música, baile y deporte, sobre todo. Tres temas que los unen mucho.

    Estuvieron hasta cerca de las cinco de la madrugada intercalando momentos de baile con momentos de charla en la barra o en unos sofás. Cada vez iban intimando más y hablando de temas más picantes. Ágata y Dareck invitaron a Adela y a Lautaro a ir a su apartamento, para tomar la última y conversar con más calma. Aceptaron.

    Por el camino, mientras iban en el coche, Ágata sacó el tema de la orientación sexual preguntándoles por la suya.

    –Nosotros nos definimos como heterosexuales. O mejor habría que decir heterocuriosos –comentó Adela–, ya que en alguna ocasión yo me comí algún mejillón y mi marido también probó alguna verga.

    –Eso está bien. Hay que experimentar. Mi marido y yo nos definimos como pansexuales. Nos atraen los buenos cuerpos, al margen del sexo con el cual se acompañen –explicó Ágata.

    –En las cárceles, me tienen comentado algunos funcionarios amigos míos, los presos se reparten el rol de macho o hembra en función de quién gane o pierda una pelea o un pulso. Los chicos que tienen buenos bíceps y tríceps tienen más posibilidades de salvaguardar su culo de perforaciones salvajes. Por eso los gimnasios están llenos –dijo Dareck de forma jocosa.

    –Yo soy más activo que pasivo –comentó Lautaro–, y tú tienes pinta de tener un buen paquete. Así que, si quieres perforarme el culo tendrás que ganarme un pulso. Si no, te quedarás con las ganas –y soltó una risotada.

    –Pues yo soy versátil, aunque tu entrepierna también me impone. Así que, lo mismo te digo. Si quieres romperme el ojete tendrás que ganarme un pulso –dijo Dareck y se echaron a reír los cuatro.

    –Esos debates no los tenemos las mujeres. Nosotras nos comemos lo que nos echen en el plato, al margen del tamaño. ¡Con vaselina todo entra, hasta un puño! –aseveró Adela.

    –Eso es verdad. Y en mi caso estoy deseando probar la almeja de Adela. Tiene pinta de ser muy jugosa y salada –comentó Ágata soltando unas carcajadas.

    Ya en el apartamento, Ágata pone un poco de música Soul, de Etta James en concreto, con la cual Adela guarda un cierto parecido físico.

    Dareck se encarga de servir unas copas de anís. Brindan los cuatro por el afortunado encuentro en la sala La Sabrosona y por su incipiente amistad.

    Lautaro le recuerda a Dareck, socarronamente, que tienen pendiente un pulso para saber quién de los dos hará de hembra esa noche, acompañando a las chicas a la hora de manducar butifarra por los diversos orificios naturales. Dareck le da la razón y se ponen en faena.

    Se sientan en la mesa, uno enfrente del otro, se remangan, colocan sus brazos en posición, y comienzan el duelo.

    Aunque Lautaro le saca casi 15 cm de altura a Dareck, este tiene unos brazos bien desarrollados que no desmerecen en nada frente a los brazos de Lautaro.

    Curiosamente, Ágata anima a Lautaro y Adela a Dareck. Ambas prefieren que sus respectivas parejas pierdan, para disfrutar del morbo de verlos sometidos a una cura de humildad.

    El pulso duró casi cinco minutos. Se iban tanteando las fuerzas. Utilizaban la táctica de la guerra de posiciones. Acabar en tablas sería una buena opción para Dareck, pero Lautaro no opinaba lo mismo. Después de un sin fin de forcejeos, por fin, uno de los dos muerde el polvo (posteriormente morderá la almohada), este fue Dareck.

    Ágata felicita a Lautaro pegándole un morreo de película romántica. Adela intenta animar a Dareck, aunque al ver que no está muy disgustado comienza a sospechar si no se dejó ganar.

    Ya repartidos los papeles se van despelotando todos al son de la música, practicando un striptease múltiple de forma simultánea. Finalizado este, Lautaro se sienta en un sofá y magreándose la verga solicita que las tres bocas de sus acompañantes se la pongan a tono.

    Ágata y Adela se colocan a ambos lados del sofá y se van turnando a la hora de meterse el capullo en la garganta. Dareck se coloca debajo, sentado en el suelo, y lame ojete, perineo y escroto de su amante.

    El miembro de Lautaro andará por los 23 cm de largo. Mucho rabo para hacer un Garganta Profunda, aunque las chicas le ponen empeño. La polla y testículos de Lautaro brillan como la cera de babeados que le están quedando. Ágata se acerca al oído de Dareck y le dice:

    –Morréale bien los huevos a mi macho.

    –¿Pero tu macho no soy yo?

    –Tú eres mi marido, que no es lo mismo.

    Ágata sabe que a su marido le va la humillación suave y continúa diciéndole:

    –Soy poliándrica. Tengo muchos machos pero solo un marido. El privilegio de lucir una hermosa cornamenta es solo tuyo, cariño –y le guiña un ojo en señal de complicidad.

    Cuando Lautaro comprobó que su verga estaba bien lubricada, le dijo a Dareck que se fuera colocando a cuatro patas, que lo quería empalar.

    Dareck con su melena suelta, su vientre plano y marcando tableta, y en la postura de perra, daba el pego de ser una fémina trans.

    No le costó mucho esfuerzo a Lautaro el meterle media butifarra de una sola estocada. Con dos estocadas más tenía todo el rabo dentro de las entrañas de su amante. Comenzó a bombearle el trasero muy despacio, para poco a poco ir subiendo el ritmo del fuelle hasta conseguir un mete-saca de tres emboladas por segundo.

    Lautaro cogía del cabello a Dareck obligando a este a erguir la cabeza. Adela aprovechó y, colocándose frente a Dareck, bajó un poco la cintura y le hundió el chocho en toda la cara, para que le hiciera un buen lavado de bajos.

    Ágata se colocó detrás de Adela y comenzó a lamerle el ojete con su raja correspondiente. Adela jadeaba, casi no podía mantenerse en pie de la excitación que estaba experimentando al tener a Dareck comiéndole la almeja y a Ágata chupándole el ojete.

    Lautaro no quería correrse tan pronto y después de estar unos viente minutos zurrándole el trasero a Dareck, aprovechando que su mujer se había corrido en la boca de su amante, quiso cambiar y probar el coño de Ágata.

    Lautaro se puso de pie y le dijo a Ágata que se colgara de su pescuezo y lo abrazara con sus piernas. Una vez que él la tuvo bien sujeta, Adela y Dareck hicieron de mamporreros y se dedicaron a introducir la polla, unas veces en la almeja y otras veces por el ano. También aprovecharon para morrearse bajo palio, pero sobre todo lamían, besaban y chupeteaban las entrepiernas de la pareja apareada.

    Después de estar un buen trecho calcándole la morcilla con fuerza a Ágata, y esta disfrutar de un orgasmo estremecedor, Lautaro no pudo evitar el llegar al clímax.

    Las sacudidas y los espasmos hicieron que la polla de Lautaro se saliera del coño regando las caras de su mujer y de Dareck de esperma. A los pocos segundos, unos dos o tres chorros de semen salen del chumino de Ágata. Adela y Dareck se morrean pasándose el esperma de boca en boca. Lamen y succionan chocho y rabo buscando las últimas gotas de nata merengada. Por fin, Ágata decide descolgarse del cuerpo de su amante y se agacha para morrear a su marido y a Adela. Quiere que le pasen su ración de simiente del macho que le proporcionó un orgasmo tan placentero.

    Mientras Lautaro descansa recostado en una hamaca, observa cómo Dareck se trajina a su mujer en la postura del jinete. Adela cabalga sobre el no despreciable falo de 20 cm que calza Dareck. Este le chupetea los pezones y le lame el cuello mientras le dice que es una jinete muy hermosa y que le encanta ver cómo los pechos le bambolean al ritmo del folleteo. Ágata se tumba en el suelo boca arriba y espera impaciente a que, una vez que su marido se corra en el chumino de Adela, esta se desacople y le aplaste el chocho en la cara a ella para comérselo bien y tragarse la lechada que vaya fluyendo.

    Efectivamente, a los pocos minutos Dareck obsequia a Adela con unos fuertes empellones e inunda el interior de su vagina con ocho o nueve chorros de lefa.

    Ágata está en contra de la bollería industrial, pero el bollo de chocolate de Adela regado con nata montada de su marido lo saboreó con ganas. Este bollo es más sano y con Denominación de Origen. Lame y relame los labios vaginales y succiona el berberecho a conciencia.

    Lautaro se puso tan cachondo que no pudo evitar acercarse a Ágata y pegarle unos buenos morreos, tragándose parte de la lefa de Dareck.

    Aunque Lautaro ganó el pulso, no quería irse sin probar la polla de Dareck en boca y culo. Después de mamársela fuerte y conseguir ponérsela dura a Dareck, este, en la postura del misionero, le da fuerte por el culo a Lautaro. Las chicas se van turnando para aplastar sus chochos en la boca de Lautaro y correrse en su cara.

    Cuando Dareck comienza a eyacular, le saca la polla del trasero a Lautaro y riega de esperma la caña de chocolate y los huevos de Pascua de su amante. Ágata y Adela no dudaron ni un segundo en acercarse a la entrepierna de Lautaro. Lamen y chupan su paquete. Se tragan el semen que se escurre por sus bajos. También Dareck bajó al pilón y quiso saborear su ración de bollería casera natural.

    Los cuatros amantes eran insaciables e incansables. La noche fue intensa y larga. Pero por desgracia, el idilio de amor y lujuria de estos cuatro Romeos y Julietas solo duró seis meses. Adela y Lautaro tuvieron que trasladarse a Alemania y poco a poco fueron perdiendo el contacto con Ágata y Dareck.

  • Todo inició en el parque

    Todo inició en el parque

    En mis años mozos conocí a Leticia en un grupo de jóvenes, una chica muy agradable, animada y hasta cierto punto ocurrente con algunas bromas. Sus ojos cafés muy vivos, labios delgados, sonrisa de ángel, cabello negro largo, casi siempre peinada de cola de caballo. Cuerpo delgado y bien formado. Entre semana usualmente vestía ropa de oficina y los fines de semana casi siempre usaba vestidos largos holgados. Siempre alegre, un tanto llena de curiosidad.

    No pasó mucho tiempo de convivir que me sentí atraído hacia ella, teníamos platicas muy amenas de temas variados. Había un par de muchachos interesados en ella, un día le pedí que saliéramos para conocernos mejor, ella aceptó y quedamos de vernos para ir al cine.

    Después de unas salidas en las que la pasábamos muy bien regresábamos a casa en autobús, ya era algo tarde y casi no había gente, el chofer apagó las luces del interior, viajamos en silencio disfrutando de la noche.

    Lety puso su cabeza en mi hombro acomodándose para estar un poco más cómoda, me sentí muy confortado con esa acción, oler su cabello, sentir que me tenía confianza.

    Descendimos del autobús y fuimos a un parque cerca de su casa. Platicamos un rato, le dije que me sentía muy bien con ella, que me gustaba mucho y le pedí que fuera mi novia, ella aceptó y sellamos el momento con un beso.

    El espacio del parque estaba entre dos construcciones, solo había una entrada, en la parte del frente había juegos y bancas, había una división de arbustos que no dejaba ver qué pasaba al fondo haciéndolo muy apropiado para “el faje”, por eso era conocido como el parque de los enamorados.

    Nuestro noviazgo fue muy inocente. Nuestras visitas al parque siempre eran para platicar un poco y darnos besos largos y húmedos, besos que ya llegaban a lo apasionado. No es que antes no lo fueran, pero Lety me gustaba en serio, no quería que fuera una chica más, no quería que pensara que solo la quería para pasarla bien. Algunas veces tuve erecciones mientras nos besábamos, pero nunca intenté algo más.

    Un día no me pude contener, y mientras acariciaba su brazo deslicé mi mano hacia su busto, sentí la firmeza de su forma sobre la tela. Lety emitió un sonido como suspiro, sorprendida por mi atrevimiento y a la vez como gemido porque le gustó la sensación. Me disculpe por el atrevimiento, no me dijo nada y continuamos besándonos. Pasado un tiempo la acompañé hasta su casa.

    No pude quitarme de la mente la sensación de su seno. Al otro día ya con malicia repetí el movimiento, esta vez no se sorprendió puedo decir que lo estaba esperando. Acaricié los dos senos, si así se sentían sobre la ropa, sería increíble sentir su piel. Los besos no paraban, ahora un poco más intensos. Decidí no avanzar más y nos abrazamos.

    -¿No te gustaron mis pechos?

    Le contesté que sí, me parecían muy hermosos, se sentía muy bien su forma, “entonces, ¿Por qué no seguiste tocándolos?”. Le contesté que me había dejado llevar, “no quiero que pienses que solo te quiero por tu cuerpo, en verdad me gustas mucho”.

    -Tú también me gustas mucho, pero creo que es mejor que aquí terminemos.

    Me fulminaron sus palabras, le pedí perdón, le dije que no volvería a pasar, que la quería mucho y quería una relación sería con ella.

    -No es por eso, -Titubeo un poco y continuó-. No soy virgen, ya he tenido relaciones antes.

    Aunque no esperaba que me dijera eso, no fue algo que me molestara.

    -No me importa Lety.

    -Piénsalo Javier.

    -No tengo que pensar nada, te quiero bien.

    Por un par de días no quiso ir al parque por lo que solo nos veíamos un rato para platicar y la acompañaba a su casa.

    Le pedí que platicáramos, que aclaráramos las cosas. Fuimos al parque, está vez no alcanzamos banca y nos quedamos detrás de unos arbustos junto a un árbol.

    La tomé de la cintura y la besé, ella me correspondió, así pasamos unos minutos.

    -Tócame como el otro día, acaricia mis senos. -Me susurró al oído-.

    Sin dejar de besarnos acomodé su cuerpo un poco de lado para tener espacio y acariciarla, su cadera chocó con mi pene endurecido. Miré discretamente alrededor, no había nadie, aproveché y desabotoné su blusa, sentir su piel fue muy excitante, sentir el encaje de su brasier y la parte de su seno que no cubría me calentó más. Suavemente metí mis dedos para tocar su pezón y acariciarlo.

    -Mmh sí, me gusta como lo exploras.

    Levanté su sostén para dejar su seno descubierto y acariciarlo libremente. En ese momento me pidió que nos sentáramos en una de las bancas. Al sentarnos entre su blusa abierta pude ver su seno, redondo, levantado y en forma de cono en el pezón.

    -Soy muy caliente, me moría de ganas de que me tocaras, no ahorita, desde hace días, casi desde que empezamos de novios. No soy virgen, no quería que pensaras que soy fácil o una cualquiera.

    Le dije que no me importaba, en verdad era importante para mí y que este placer era parte de la pareja. Seguimos besándonos emanando la calentura por nuestros poros.

    Estábamos más a gusto de pie por lo que regresamos a dónde estábamos. Besé su seno, su piel era muy suave, su pezón levantado quedaba perfecto entre mis labios. Lety tocaba mi pene nuevamente erecto, excitado por el movimiento de su mano. Bajó el cierre del pantalón para introducir su mano y acariciarlo directamente, su mano inquieta recorría desde el escroto hasta la punta con movimientos de deseo.

    Hice lo mismo y bajé el cierre de su pantalón, el que usara ropa holgada facilitaba mucho la exploración de su cuerpo. Acaricié su sexo sobre la tela de su prenda íntima que se sentía mojada.

    -Imagina que tus dedos son tu pene y quieren penetrarme.

    Voltee a mi alrededor para saber si aún estábamos solos. Hice a un lado su prenda y sentí su vagina totalmente mojada, impregné dos de mis dedos en sus mieles y los metí suavemente, en ese momento Lety gimió de placer y apretó su cuerpo contra el mío, mi mano le estaba dando el placer que quería darle con mi pene. Movió su cadera marcando el ritmo en el que quería sentir placer, dejé mi mano quieta y sentí el balanceo de su pelvis.

    -Saca tu pene, no quiero lastimarte con el cierre si lo hago yo, quiero acariciarlo bien.

    Con la otra mano, con un poco de dificultad por el poco espacio lo saqué. Me la estuvo jalando bastante fuerte, me estaba haciendo sentir un placer intenso. Me sentía un poco incómodo por sentir que podían sorprendernos, tenía que hacer más rápido las cosas, pegué la falange de mi pulgar sobre su clítoris para estimularla más, su respuesta fueron unos gemidos ahogados intensos, sabíamos que era mejor evitar sonidos que nos delataran.

    Presionaba y soltaba su clítoris al ritmo de mis dedos entrando y saliendo. Sus movimientos eran más intensos, sus muslos se cerraban sobre mi mano, Lety se estaba viniendo de manera muy intensa, sus gemidos ahogados fueron volviéndose suspiros de satisfacción.

    -Quiero que te vengas en mis manos. -Dijo Lety juntando las manos como queriendo hacer una vagina-.

    Me la jalaba con rapidez, sentí mucho placer, sus manos suaves y húmedas con mi líquido resbalaban excitándome bastante, seguimos besándonos mientras ahora ella estaba dando mucho placer. No sé cuánto tiempo pasó, aunque estaba muy excitado no podía venirme, sentir que alguien podía cacharnos estaba evitando mi eyaculación.

    -Está bien Lety, tus manos me masturban muy rico, pero me falta para llegar.

    -Me diste placer, quiero que estés satisfecho también.

    -Me da miedo que nos puedan encontrar, es mejor así, sentir tu orgasmo es más que suficiente para mí.

    Me miró con mucha ternura, “me encanta tu pene, si duras tanto la vamos a pasar muy bien”.

    Yo me sentí como todo un macho, cumplidor que tenía bastante resistencia para cumplirle de sobra a su mujer. Nos acomodamos la ropa y nos sentamos en una de las bancas y nos besamos un poco más.

    -Mi mano huele a ti, me encanta el perfume de tu vagina.

    -Mis manos huelen a tu pene, me gusta mucho tu esencia.

    La acompañé a su casa y nos despedimos.

    Yo estaba muy caliente, con ganas de descargarme, al llegar a mi casa me encerré en mi habitación y me masturbé con la fuerza que hubiera querido penetrarla, el olor a ella aún estaba en mi mano con eso ya no podía estar más excitado y no tarde en tener mi orgasmo, traté de mantener mi semen en mi mano embarrándolo por todo mi pene pensando en que así hubiera quedado al explotar con ella.

    Al otro día nos vimos como siempre al salir del trabajo. Lety no quiso ir al parque, prefirió ir a otro lugar en el que pudiéramos platicar. Cerca de allí hay un camellón con bancas, a esa hora ya no había mucha gente.

    Ella me dijo que lo de ayer había sido una locura, no creía que casi tuviéramos sexo en ese lugar público, estuve de acuerdo yo quería decirle lo mismo.

    -Yo soy muy caliente, pierdo el control fácilmente, es por eso que no quería tener novio, quiero que tú me cuides y me ayudes a tener el control. Quiero tener una relación seria contigo, te pido que no juegues conmigo, si solo quieres sexo dímelo abiertamente y no hay problema, jugamos un rato, pero no quiero salir lastimada otra vez.

    Le dije que en verdad la quería, y que asumía la responsabilidad de que no volviera a pasar, al menos no en un lugar público y que mis intenciones eran serias con ella.

    El fin de semana nos vimos cerca del mediodía, quedamos en ir a comer al centro y tal vez ver alguna película. Película a la que no hicimos caso por el faje que nos estábamos dando.

    -Javier, estoy muy caliente, quiero cogerte, no creo que pueda contenerme.

    Le dije que nos fuéramos y que tomáramos aire para calmarnos.

    Caminamos un poco tratando de encontrar algún tema que nos bajara lo caliente. En el camino encontramos una farmacia, eso fue el detonante.

    -Vamos a comprar condones y buscamos en dónde podemos hacerlo. -Dijo Lety.

    Eso elevó nuevamente mi calentura. Entramos y tomé la primera caja de condones que encontré, no me importo ni la marca ni las características y nos dirigimos a la caja a pagar.

    Salimos y con prisa y sin platicarlo nos dirigimos a una parte en la que había hoteles, pedimos habitación y nos encerramos.

    Al entrar, Lety entre besos y caricias me quitó la ropa. Se hincó, bajó mi bóxer y chupó mi pene, sus labios se amoldaban a la redondez de mi miembro, su lengua jugaba alrededor de mi glande incrementando el placer, con una de sus manos lo sostuvo para pasar su lengua por todo mi tronco y con la otra jugaba con mis bolas. Instintivamente puse mi mano sobre su cabeza, solo como apoyo, no intervine en sus movimientos.

    -Ahh, no lo esperaba, que delicia.

    Mas que chuparlo, estaba succionando el glande, nunca me lo habían hecho así, “un poco más suave o me voy a venir”. Me miró, sonrío de manera coqueta mientras lo masajeaba con su mano, se puso de pie, se bajó la falda y se acostó con las piernas abiertas. “Dámelo”.

    Su calzón se había transparentado por lo mojada que estaba Lety. Me puse uno de los condones y me coloqué sobre ella para penetrarla.

    -Oh si, así te quería sentir, que dura está.

    Al ritmo que la estaba penetrando Lety movía un poco su cadera para permitir mejor la penetración, ella estaba buscando su orgasmo, no me estaba dejando todo el trabajo a mí. Apretaba y soltaba su vagina, no era algo que no hubiera experimentado antes de una mujer, solo que ella lo hacía con más fuerza, la intensidad de sus movimientos estaba bien sincronizada para apretar cuando entraba en ella y soltar un poco cuando la sacaba, no era una sensación de que no pudiera penetrarla, pero la fuerza que tenía hacía que la fricción fuera mayor. Yo estaba muy excitado con todos sus movimientos, quería bajar un poco el ritmo, era tan intensa que no había forma de hacerlo.

    -Lety, lo siento.

    -¿Qué amor?

    Perdí el control de mi cuerpo, la intensidad era tal que no pude contenerme y exploté, tuve uno de los orgasmos más intensos que había sentido, quedé paralizado mientras eyaculaba adentro de ella sintiendo sus espasmos vaginales. Lety nunca se detuvo casi sentía que me desmayaba de placer.

    -¿Te gustó amor?

    No tenía aliento para contestarle, y me dejé caer junto a ella para descansar un poco.

    Lety sujeto mi pene para retirar el condón y desecharlo. Nuevamente succionó mi pene para sacar el poco semen que había quedado. Estaba muy sensible y fue muy excitante, pero en definitiva en ese momento no lograría otra erección.

    Me disculpe con ella por mi falta de caballerosidad al no brindarle primero su orgasmo. Me dijo que estaba bien, que, de hecho, ella me debía un orgasmo. Le comenté de las contracciones de su vagina, que eran muy fuertes, dijo que eran por practicar ballet, esa zona y los muslos se habían fortalecido por la actividad.

    Lety me miraba con ternura, su rostro estaba sonrojado, seguía excitada, pero tenía la paciencia de esperar a que pasara mi periodo refractario.

    No tenía por qué hacerla esperar, Me sumergí entre sus muslos, los recorrí comiéndolos a besos hasta llegar al punto en que se juntan y encontrando su vagina húmeda, rosadita y carnosa, lamí sus labios mayores y poco a poco me adentre hasta su entrada palpitante, sus gemidos eran intensos, no había forma de disimular su placer, chupe su clítoris haciendo que su cuerpo se estremeciera, sus piernas vibraban anunciando su orgasmo, Lety se vino, no deje de chupar su clítoris provocándole de inmediato un segundo orgasmo.

    -Ahora te debo otro orgasmo. -Dijo de manera pícara y complacida-. Acuéstate, quiero estar lista cuando se te ponga dura.

    Se acomodó sobre mi para hacernos un oral mutuo. Abrí sus labios para chupar su clítoris. Lety devoró mi pene flácido, succionándolo tratando de darle volumen, por momentos se le escapaba y de inmediato lo atrapaba con su boca, estaba dispuesta a despertarlo como fuera.

    Moví mi lengua en círculos sobre su entrada, haciendo fuerza, introduje uno de mis dedos y lamí su clítoris. Después de unos momentos sentí que mi pene se empezaba a despertar, lo devoró entero y se quedó quieta sintiendo como se alargaba y engrosaba hasta que ya no había espacio en su boca y se concentró en chupar mi glande.

    -Qué bueno que despertaste amiguito, alguien te extraña.

    Rápidamente se dio la vuelta, lo acarició y lo enfundó en un condón, se montó sobre él, mi pene se abría paso con facilidad, Lety apoyó sus manos en mis piernas arqueando su espalda mientras subía y bajaba una y otra vez mientras yo acariciaba sus senos.

    Lety pasó sus manos para apoyarse ahora en mi pecho, su cadera cambió, su movimiento ya no subía y bajaba, ahora se movía de adelante hacia atrás, lo que ocasionaba que mi pene se doblara apenas un poco, ese movimiento estimulaba su entrada, lo hacía con muchísimo cuidado para no lastimar mi pene. La experiencia estaba siendo muy placentera ya que nunca había experimentado esos movimientos.

    La sujeté por la cadera dejando que mis manos acompañaran su vaivén, Lety me tenía totalmente excitado gimiendo de placer al igual que ella, dejó caer su cuerpo sobre mi pene, sentí que estaba por venirse y sujetándola con fuerza hundí mi miembro en ella con fuerza, movimientos rápidos entrando y saliendo para provocarle su orgasmo, quedó inmóvil y exploto, sentí su orgasmo, sentí su cuerpo vibrar mientras la seguía embistiendo. Se inclinó hacia mí y me miró mientras retomaba el ritmo sensual de su cuerpo.

    Le pedí que cambiáramos y sin preguntar cómo, se recostó boca abajo levantando su trasero redondo, bien formado como un corazón. Su mano ya estaba frotando su vagina, solo estaba esperando la penetración. Viendo esa zona totalmente expuesta se me antojó lamer su vagina, recorrí su clítoris y subí hasta su ano unas tantas veces haciéndola gemir de placer. Los dos estábamos tan mojados que mi pene resbalaba placenteramente.

    Lety movía su cadera de tal manera que mi excitación estaba llevándome casi al punto del orgasmo. Dejé mis brazos caer a mis costados y dejé que ella controlara ese momento de placer. Se movía hacia adelante, hacía los lados casi salvajemente nuestros jadeos estaban sincronizados, puse mis manos en sus nalgas y las masajeé entre apretones. Lety estaba a punto de venirse nuevamente por lo que la tomé de la cadera y la embestí con fuerza hasta que se vino, era excitante y hermoso sentir su cuerpo estremecerse, escuchar sus gemidos de orgasmo, fuertes, pidiendo más diciéndome el placer que estaba sintiendo.

    Casi exhausta Lety dejó caer su trasero y quedo completamente recostada, yo estaba tan excitado que mi cuerpo casi exigía un orgasmo. La seguí, mi pene se abrió paso entre sus nalgas hasta encontrarse con su vagina y entrar en ella.

    La penetré con movimientos rápidos, entrando con la fuerza que mi miembro duro podía, ya le había dado varios orgasmos sentí que ya venía el mío, aunque quisiera ya no podría aguantar mucho. Sus dedos chocaban con mi tronco, Lety estaba frotando su clítoris con firmeza, quería más y no podía dejarla así, ya no podía aguantar más dejé caer el peso de mi cadera sobre ella hundiendo todo mi pene tratando de reducir la fricción y aguantar un poco más, de repente las contracciones de su vagina fueron tan intensas que sentí la primera expulsión de semen, otra, y otra y otra, prácticamente estaba bufando al sentir mi orgasmo.

    Casi en el momento que mi pene estaba perdiendo su erección Lety se vino nuevamente, como pude empuje con la poca fuerza que me quedaba. Sus piernas vibraban, empujaba sus nalgas contra mí y jadeaba de placer. Traté de permanecer así lo más que pude, hasta que ya no tenía nada de erección. Sujeté el condón y me recosté junto a ella, nos miramos mientras tratábamos de recuperar el aliento.

    Aunque mi experiencia no era mucha en cuanto al número de chicas con las que había estado. Lety era completamente diferente, durante el sexo toda su expresión era corporal, prácticamente no hablaba, tomaba el control y dejaba llevarse, sabía que quería placer, sabía darse placer y dar placer, me había hecho cosas que antes no había experimentado.

    Durante casi medio año la pasamos muy bien, el sexo era intenso, cada vez me sorprendía con algo. Fuera del sexo tuvimos una muy buena relación. Lamentablemente nuestra primera pelea de novios no pudo ser sorteada, malos entendidos y orgullo hicieron que termináramos de manera irreconciliable.