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  • Giro de vida: Ahora mi hijo

    Giro de vida: Ahora mi hijo

    Lo que decía nos fuimos a la playa los cuatro, aunque mi hija había quedado con unas amigas para irse a otro sitio por lo que en pocos días nos dejó solo a mi marido y a mi hijo.

    Mi marido como otros años siempre se vuelve a Santiago como un par de veces a lo largo del mes de agosto, para dar una vuelta por el negocio, suele estar entre uno o dos días y regresa, por lo que como sobre el día 10 de ese mes nos quedamos mi hijo y yo solos en el apartamento, mi marido se fue por la tarde pero esa noche me acosté y mi hijo aún no había vuelto al apartamento.

    Al día siguiente, como otros días fui a la playa mi hijo iba y venía sin estar fijo en un sitio, fuimos a comer a casa, no siempre íbamos, y después de descansar fui a la piscina de los apartamentos, a mi hijo no le vi ni a la hora de cenar, vino ya tarde cuando yo recogía la cocina de la cena.

    Carlos: hola que haces, me dijo

    Yo: pues recoger, no lo ves

    Venía algo bebido se le notaba en el habla.

    Carlos: si lo veo, lo veo

    Yo: y tu de donde vienes, además has bebido mucho o que.

    Carlos: yo bebido para nada y tu que?

    Yo: yo que de que no te entiendo

    Carlos: vamos como hoy estabas sola

    Mi hijo y su padre nunca se llevaron bien del todo, eso de ser dos hombres.

    Yo: sola? Que quieres decir, estabas tu, no?

    Carlos: si bueno quiero decir sin papá ni Diego

    Me sorprendió esa afirmación, ni Diego.

    Yo: como sin Diego, si tu hermana ya no sale con él además no vino a la playa? No te entiendo

    Carlos: bueno que no salga mi hermana con él, no quiere decir nada tu podías seguir saliendo

    Me quedé perpleja, paralizada casi sin saber que decir.

    Yo: como saliendo, saliendo a que, no se que dices vienes borracho o que.

    Carlos: como que no sabes a que me refiero, pues a tu Diego a las folladas que te has dado con él, las metidas de mano que te daba en la cocina, a escasos metros de papá

    No sabía que decir parecía saberlo todo, era como si nos hubiera visto o Diego se lo hubiera dicho.

    Yo: que tonterías dices, lo que digo estás borracho y no sabes lo que dices

    Carlos: venga ya, que crees que soy tonto los oí un día en el trastero no abrí la puerta pero oía tus gemidos de gusto desde ese día estuve espiando, me escondía y veía como te metía mano en la cocina, te besaba, te tocaba el coño, el culo y como te quitaba las bragas y tu le dejabas o me vas a decir que no eh eh

    No sabía que decir me quedé con las manos apoyadas en la mesa de la cocina mirándole sin decir nada.

    Carlos: ya veo que no lo niegas, te llamaba puta verdad? No lo niegues

    Me eché a llorar mirándole sin poder articular palabra.

    Carlos: venga ya ahora lloras pues cuando te follaba gemías de gusto, que puta eres mamá

    Se acercó a mi lado y medió un paño de cocina.

    Carlos: toma límpiate

    Me tapé la cara con el paño cuando sentí su mano bajando por mi espalda.

    Carlos: joder mamá, si no tienes suficiente con papá podías haber recurrido a mí

    Nada más acabar la frase sentí como sus manos me cogían el culo y lo apretaban. Me aparté.

    Yo: que haces, no se te ocurra tocarme, entendido!!!

    Dije con voz severa.

    Carlos: esto si que es bueno ahora se hace la estrecha

    Me tocó el pecho con una mano, en ese instante me di la vuelta y salí de la cocina medio corriendo, pero él me cogí del pelo en el salón haciéndome parar.

    Carlos: donde vas, aún no he terminado

    Yo: déjame, no me toques, que vas a hacer, estás loco o que

    Se pegó a mi cuerpo desde atrás cogiéndome el pecho con ambas manos, pegando su polla a mi culo.

    Carlos: sientes mi verga verdad, ya ves como me tienes

    Intenté irme, separarme de él, quitarle sus manos de mi pecho, pero no podía era más fuerte que yo.

    Carlos: eso putita lucha así me pone más

    Me apretaba el pecho con sus manos y una la bajó hacia mi coño, se la cogí con las mías.

    Yo: déjame estás loco, bebido, borracho eres un degenerado

    Carlos: eso eso, lucha puta, me la pones más dura aún, joder que tetas tienes, seguro que te las dejabas sobar bien por Diego verdad, pues ahora lo haré yo

    Metió una mano por dentro de la camiseta que llevaba y me amasó el pecho mientras yo seguía luchando para que no llegara con su otra mano a mi coño. Me dio la vuelta poniéndome frente a él e intentó besarme en la boca, yo la aparté mientras le miraba a los ojos, estaba encolerizado casi bufando del esfuerzo. Le miré a los ojos mientras le volvía aparar su mano hacía mi coño y le repetía que si estaba loco, bebido que me dejara que era un degenerado.

    Me empujó hacía la pared, cuando me subió la camiseta y bajó su boca a mis pechos que besó y mordió, sentía la presión de su fuerza en mi cuerpo y como la pared paraba el empuje haciéndome estar enlatada entre mi hijo y la pared. Ya no pude más y con un movimiento se liberó la mano que ya casi tenía en mi coño y pudo tocármelo.

    Carlos: joder, lo tienes sin pelos como las zorras, uh eso me pone más

    Mientras cerraba las piernas lo que podía bajé mi cabeza y le mordí en el hombro a la vez que le daba golpes en la espalda con mis manos. La mordedura le hizo daño porque se quejó y subió la mano que tenía en mis pechos y me dio un bofetón sonoro.

    Carlos: estate quieta y disfruta, puta -Me dijo con ojos rojos.

    Me cogió con su piernas la mías y me tiró al suelo, intenté irme pero me sujetó de las piernas y me puso boca arriba tumbándose encima, yo encogí mis piernas pero el luchaba más y más hasta que puso todo su cuerpo encima del mío metiendo sus piernas entra las mías, luego tiró de mí camiseta arrancándomela, solo me tenía sujeta con una mano por lo que pude liberar una de mis manos, mientras él me mordía el pecho con su boca y me babeaba con su lengua y con la otra mano intentaba quitarme las bragas.

    Yo en todo el rato estuve insultándole, dándole golpes con la mano liberada, mordiéndole si podía y llorando. Noté como cogía mis bragas y tiraba de ellas hasta romperlas y quitármelas luego con su mano se desabrochó el pantalón y sacó su verga poniéndola a la entrada de mi coño, en ese momento con su mano libre cogió la que yo tenía liberada.

    Carlos: ahora te la meteré de golpe como les gusta a las putas

    Seguí protestando cuando él me volvió a dar otro bofetón en la cara y cogió mis bragas y me las metió en la boca, en ese instante con un golpe de riñones sentí como su polla entraba en mi coño y como gemía de gusto mi hijo a la vez que me decía cosas como: disfruta, vamos puta sé que te gusta… Sus manos tenía cogidas las mías tiradas hacía arriba de mi cabeza, su cuerpo se movía para poder sacar y meter su verga en mi coño, en ese instante cerré los ojos y dejé de luchar, era inútil.

    Al verme así dejó mis manos y me cogió las piernas haciendo que las pusiera dobladas, luego acercó su boca a mis tetas y me las comía y sobaba con sus manos, me besaba en la cara y en los labios.

    Y así con palabras fuertes y golpes de riñones acabó por llenarme de leche el coño.

    Luego se levantó y se fue del apartamento, yo me quedé quieta aun un buen rato, luego saqué mis bragas rotas de mi boca y casi sin aliento y me incorporé y me fui a duchar. Después de eso me acosté temiendo que cuando volviera fuera a mi cama y repitiera lo sucedido. No podía dormir y ya muy tarde sentí la puerta de la calle abrirse y como los pasos de mi hijo se encaminaron hacía su habitación, en ese momento me quedé relajada y al poco me dormí.

    Me desperté temprano e inquieta, no sabía como actuar sobre lo sucedido y aprovechando que mi hijo dormía me fui a la playa a despejarme y penar como afrontar todo. Sobre las 12 llegó mi marido que había estado en el apartamento y me dijo que Carlos seguía durmiendo, si había llegado tarde, le dije que sí. Y seguí con mis pensamientos, tumbada en la toalla en la playa.

    Había una cosa que no entendía, cada vez que recordaba con más detalles lo que ocurrió no es que me atormentara lo sucedido si no todo lo contrario, recordar como me cogió con sus manos, me rompió la camiseta, sus bofetones, como me forzó con sus manos y piernas, como me metió las bragas en la boca, sus besos y su polla en mi coño no solo me molestaba, todo lo contrario me estaba poniendo cachonda allí tumbada en la playa. La calentura que tenía no era por el sol era por el recuerdo. Incluso vi como mis pezones se marcaban en el bikini por lo que me tumbé boca abajo para evitar miradas de la gente.

    Al mediodía me puse el pareo atado al hombro, cogí la bolsa de la playa y le dije a mi marido que comiera solo en el bar, que yo volvía al apartamento a ver si nuestro hijo estaba bien. Mi marido dijo que ya no era un crio y le dejara dormir si quería. Desde luego lo que ya no era un crio podía dar fe de ello.

    Llegué al apartamento y dejé la bolsa y fui a la habitación de mi hijo, estaba todo a oscuras y abrí la persianas de golpe.

    Yo: que pasa no piensas levantarte

    No dijo nada estaba como escondido en la cama mirando a la pared, con una sábana puesta por encima.

    Yo: sé que estas despierto, no creas que soy tan tonta

    Carlos: déjame por favor

    Su voz fue temblorosa, dubitativa, seguro que con los remordimientos de lo que hizo. Le quité la sábana, estaba con slip y camiseta.

    Yo: vamos que hay que ventilar esto, huele a alcohol en toda la habitación. Le miré el bulto de su verga en el slip

    Yo: que pasa solo eres un hombre si bebes o que?

    Se dio la vuelta para mirarme.

    Carlos: déjame no pienso levantarme, te enteras!

    Note su mirada en mi cuerpo a la vez que se sentaba en la cama.

    Yo: lo que decía solo bebido eres un machote y ahora no eres nada

    Carlos: déjame, déjame que no respondo, no me insultes

    Por fin vi la puerta de entrada hacia lo que buscaba, los insultos le hicieron reaccionar y mirándome a los ojos con desafío.

    Yo: que no te insulte, mocoso, diré lo que quiera, entérate bien, eres un mocoso que borracho se cree algo pero no lo eres.

    Se puso de pie alzándome la mano.

    Carlos: deja de insultarme que te doy una hostia que te enteras, joder déjame no ves que no quiero ver a nadie

    Yo: lo que digo un valiente bebido y un cobarde sereno

    Me cogió del pelo llevándome hacía él bajándome la cabeza, entonces le intenté morder el hombro y empujó con su mano mi cabeza poniéndome de rodillas.

    Carlos: me dejas o que

    En ese momento acerqué mi boca al bulto de su slip y puse mis manos en su culo haciendo fuerza para que el enorme bulto de su verga se pegara a mi boca. Entonces le di pequeños mordiscos en su polla con el slip por medio, no dijo nada pero se vio sorprendido por mi aptitud. Así como estaba le baje el slip con mis manos dejando su verga a la vista. Aunque ya la había tenido dentro era la primera vez que la veía, se la cogí con mis manos, era enorme, gorda, grande y sin decir nada me la metí en la boca, en ese instante sentí un gemido de placer de mi hijo, ya no me sujetaba por el pelo, me puso sus manos en mi cabeza. Se la lamí por todas partes, se la comí despacio con deleite, con pasión, con entrega, con dulzura, con amor y con lujuria. A la vez le sobaba los huevos

    Carlos: joder mamá esto es lo que buscabas verdad, mi verga, que puta eres y que bien la comes.

    Deshizo el nudo de mi pareo dejándolo caer al suelo, quedándome como estaba, de rodillas, en bikini. Bajó su mano hasta alcanzar un pecho metiendo la mano por dentro del bikini y sobármelo, luego tiró de esa parte del bikini hacía arriba dejándome las tetas al aire, bajó sus dos manos y me cogió los pezones tirándome de ellos. Por lo caliente que estaba tuve que gemir a pesar de tener en mi boca la polla de mi hijo.

    Carlos: te gusta que te soben bien las tetas y los pezones verdad -Para luego añadir- quiero follarte a 4 patas putita, levántate y quítate tu misma el bikini.

    Me puse de pie, terminé de quitarme la parte de arriba y dejé caer al suelo la de abajo, le miré a los ojo y le besé en la boca, luego recogí la braga del bikini del suelo y se la di en la mano.

    Yo: toma, por si quieres metérmela en la boca

    Me puse a 4 patas encima de la cama esperando que él me tomara por donde quisiera. Sentí como su verga se ponía a la entrada de mi coño, después ponía sus manos en mi cintura y como poco a poco su polla se abría paso por mi mojado coño hasta notar como su pelvis daba en mi culo, la sacó despacio y la volvió a meter muy despacio, así varias veces.

    Carlos: así te gusta o la quieres salvaje como las auténticas zorras

    Tenía la cabeza apoyada en la almohada, respirando con dificultad para que mis gemidos no salieran de la habitación, pero le respondí a su pregunta.

    Yo: ahora salvaje amor, salvaje par que veas que soy tuya, tu puta

    En ese momento sentí una embestida brutal que me hizo parecer que me partiría en dos.

    Carlos: que rica estás, como me pones, con razón mis amigos decían que debías ser un zorra en la cama por lo buena que estabas

    Yo: si soy una zorra, tu zorra amor, la tuya.

    Sus embestidas brutales me hacían morir de placer, tanto era así que mis gemidos eran casi gritos y mis corridas eran continuas. Tiró de mi pelo y me puso pegando mi espalda a su pecho, me giró la cabeza y metió su lengua en mi boca mientras me sobaba con una mano los pechos y me pellizcaba los pezones y con la otra me la pasaba por mi clítoris haciéndome llegar una y otra vez. Así me tuvo hasta que sentí como en un golpe de riñones me llenaba de leche caliente mi coño, moviéndose para que me entrara toda la leche, tumbándome en la cama y él encima de mí, totalmente exhaustos los dos.

    Sacó su polla de mi coño y me dio la vuelta, le miré a los ojos y me puse a llorar.

    Carlos: porque lloras

    Le atraje hacía mí le abracé con fuerzas y le dije:

    Yo: porque soy muy feliz, por eso lloro

    Me besó en la boca y nos quedamos desnudos encima de la cama mucho tiempo.

    Continuará…

  • El hombre oscuro (capítulos 1 y 2)

    El hombre oscuro (capítulos 1 y 2)

    Yo -lo admito- siempre quise tener una aventura, era para mí una fantasía conocer a una persona y que suceda lo que tenga que suceder. Pero eso no significa que deje de querer a la persona que está a mi lado y al círculo que me rodea. De hecho, gracias a ese círculo y a la persona que me sorprendió casi hasta la locura, pude volver a los míos y a vivir una vida normal. No importa mi nombre, voy a poner que soy Lorena y que la persona involucrada es Felipe.

    Felipe es para mí un hombre oscuro (no hablo de un hombre de color) si bien es bastante morocho, no me refiero al color de piel, sino a lo parco, misterioso, callado, de pocas palabras y ausente. Él jamás me invadió en mi privacidad y en mi familia. Jamás se aprovechó y se puso en una situación dominante, él solo preguntaba en algún texto o lo ponía con palabras, pero debo admitir que era implacable. Cada ocurrencia era como que me tocaba hasta lo más íntimo de mis fibras del placer, como si conociera todo lo que yo había -de alguna forma- fantaseando o deseado. Aun así, lo más increíble era su discreción, el hombre no prendía una vela si sabía que lo iba a delatar en medio de la noche y eso lo hacía al menos implacable, casi invisible. Y cuando se tuvo que dar a conocer, lo hizo y así como apareció, también desapareció.

    Caminaba junto a mi marido por el centro del pueblo, era un día apacible de verano, todo el mundo vacacionaba y el pueblo estaba sumamente tranquilo. Decidimos ir a tomar un café, eran las 19 h. Al llegar a un clásico bar de la ciudad, nos sentamos en el interior junto a la ventana. En otra mesa, había un grupo de muchachos jóvenes, no digo chicos, pero si claramente menores que mi esposo y yo y se divertían tomando algunos cafés, otra cerveza y otras distintas bebidas.

    Mi cabeza siempre estuvo llena de fantasías, pero nunca las pude ordenar, porque no todas apuntaban a lo mismo y siempre tuve pereza de sentarme a revisar mis locuras.

    En ese momento, este grupo de personas se disponía a pagar y a retirarse de local, cosa que hicieron, mi marido se levantó para ir al baño en el momento que estos se iban -reconozco que hay mucha casualidad en esto- uno de ellos paso, me miró sería y profundamente y me dejó un papel en la mesa, no sin antes de irse guiñarme un ojo. Admito que quedé sorprendida y nerviosa, tomé el papel con la nota en mis manos y miré a mi alrededor a ver si estaba siendo observada, -por suerte no- así que lo metí en mi cartera. Mi marido retornó del baño, conversamos unas pavadas más pagamos y nos fuimos.

    Ya me había olvidado de lo ocurrido en aquel café, hasta que 3 días después veo al mismo muchacho caminando por la calle. Inmediatamente después de terminar mi jornada de trabajo volví a mi casa casi con desesperación de que la nota continuara en mi cartera donde yo la había dejado. Para mí tranquilidad ahí estaba, en un pequeño bolsillo interno. Encerrada en el baño, tomé la nota y me dispuse a leer una frase que me dio vida. «Sos muy hermosa, me encantaría poder compartir algunos momentos contigo. Felipe teléfono… si quieres llámame».

    Ahí es donde claramente pude ver algunas de mis fantasías y notar que sexualmente tenía dos: una de ellas tenía que ver con conocer a un extraño en cualquier circunstancia. Y la segunda, con hacerlo en un jacuzzi en una fiesta también con un extraño.

    Mi cuerpo se revolucionó al tener el teléfono de Felipe, si bien tenía esas fantasías, también era casada, tenía 3 hijos, una contención familiar y también mucho morbo apagado que lo iría descubriendo con este hombre oscuro.

    Una semana después, salgo de mi trabajo, y caminando hacia mi casa, me atreví a llamarlo, bah… Texto.

    -Hola Felipe, buenas tardes, espero no ser inoportuna, vi tu nota que me dejaste y quería saber más de vos. Soy Lore y te conocí en el bar de…

    -Hola Lorena, si, me acuerdo de esa tarde. Dime cómo y cuándo puedo dejarte un texto o llamarte. Sé que tenés esposo y lo que menos quiero es complicarte la vida, pero me encantaría que hablemos.

    Al otro día lo puse al tanto de mis horarios disponibles para conversar con él, mis ocupaciones laborales, familiares y personales.

    El respondió: Sabes solo de verte hace un par de semanas, entendí que eras la dueña de mis fantasías y quisiera poder vivir las con vos, pero entiendo que tus tiempos son bastante acotados. Aun así, si fuera posible solo tienes que decir si aceptas y los tiempos los vemos.

    Por primera vez, mi cuerpo se estremecía, mi corazón se aceleraba y mi estómago se hacía un nudo, sensaciones fuertes que no experimentaba hacía mucho tiempo.

    Comencé a revisar mis horas, mis momentos libres, mis deseos y mi cabeza me jugaba en contra casi todo el tiempo, mi excitación podía más que todo lo que yo quería organizar, mi trabajo, mi casa, mis hijos, mi esposo… Había allí un conglomerado de cosas que me hacían dudar, pero debo admitir que me había abandonado en el sexo al no poder compartir con mi esposo mis más oscuros deseos y fantasías, era imposible hacerlo.

    Una tarde la llamé, le dije que saldría a caminar y que quería verlo.

    -No salgas a caminar, sal en bicicleta y pedalea un rato, si te demoras estando conmigo, te permitirá volver a casa más rápido que caminando.

    Lo preveía todo, no pensaba solo para él sino para mí, y así evitarme pasar un mal momento en mi casa.

    -Cuando salgas, da un par de vueltas, y luego ve a la vieja estación, no me verás llegar, pero ponte ahí con tu bici, espera el crepúsculo donde ya nadie andará.

    Cuando llegué a la estación, él ya estaba ahí, simplemente tomo con fuerza el manubrio y descaradamente me beso, un beso largo y profundo que hizo explotar mi corazón en emociones fuertes, me mojé, sentí que me mojaba como hacía años no me pasaba, luego me abrazó y me dijo «Hola» y ambos rompimos a reír, conversamos algunas cosas y después de besarme muchas veces y meterme un par de manos, me dijo… Vuelve. Esto recién empieza, y tenemos tiempo, cada vez que salgas vamos a robar 5 minutos más. Pero no debemos llamar la atención de nadie.

    ¡¡¡Me encantó!!! Hubiera querido más? Si claro que si, pero el tipo la tenía clara y era un pendejo ocho años menor que yo!!! Hablé con mi esposo, y le dije que el día menos ocupada de la semana me iría a andar en bici o a caminar porque estaba muy estancada. Le comenté a Felipe y el me dio un (tip) que me sorprendió pero que a la vez me sirvió y mucho… Chicas (no lo puedo decir).

    Capítulo 2:

    En el segundo encuentro no pude contenerme. Recibí un mensaje de Felipe que decía «avísame cuando sales a caminar».

    Lore: Está semana salgo el jueves

    Feli: Bien, saldrás con un soltero, y en una bolsa o tu cartera meteras una braga y un sostén. No llevarás otra ropa que el solero puesto e iras completamente desnuda por debajo de eso…

    No aguanté, un calor me invadió al leer el mensaje, estaba trabajando y sentí que me mojaba, salí de mi escritorio y fui al baño rápidamente y me masturbé encerrada en el baño, con la desgracia de tener que contener mis gemidos. Aun así y de solo imaginarme en bicicleta con solero y completamente desnuda, no podía calmar mi excitación, se hizo muy difícil llegar al final de mi jornada.

    Al llegar a casa, mi esposo, se iba a su segundo turno de trabajo y mis hijos estaban en clase, que quite la ropa entre a la ducha y dejé que el agua me apagara el cuerpo regulando la temperatura del agua a lo más fría posible… No pude, mis manos eran caricias delicadas y el jabón un lubricante perfecto para aprovechar esa soledad del momento.

    Puse el tapón en la bañera mientras jabonaba mi cuerpo y dejaba que se llenará, me recosté y dejé que mis manos acariciaran mí cuerpo, mis manos apretaban y amasaban mis pechos deliciosamente, y luego una de ellas bajo por mi vientre hasta llegar a mi sexo, al meter mis dedos, podía notar el calor qué irradiaba de allí, aún con el agua tibia; deje que mis manos hicieran de mi cuanto quisieran, era ese momento, la soledad de mi hogar, la tranquilidad de una ducha relajante, y mi cabeza que no podía quitarse ese mensaje de encima, todo fue el combo perfecto para estallar en un tobogán de sensaciones dulces y placenteras.

    Sali de la ducha, me seque me tire en mi cama completamente desnuda y relajada, hacía mucho tiempo que no vivía una cosa así, estaba feliz y de solo pensar encontrarme con Felipe, quería que fuera jueves, y aún faltaba un día. Rato más tarde, me desperté de una profunda siesta de 2 horas, estaba. Completamente relajada, unos instantes después llegaron los chicos del colegio y mi vida volvió a la realidad cotidiana. Los ayude con sus tareas y me dispuse a pensar la cena para la noche cuando llegara Santiago por la noche.

    Después de cenar mientras limpiaba la cocina y dejaba todo en orden, volvieron los pensamientos y otra vez las sensaciones de mi cuerpo empezaban. A hacer mella en mí. Termine de limpiar mientras mi esposo miraba las noticias, me acerque y le di unos besos, unos mimos y me fui a bañar, me puse el baby doll y al salir del baño fui en busca de mi esposo… Ya estaba en la cama, para dormir, lo abrace, le di unos besos, necesitaba estimularlo, estaba muy excitada y Felipe había despertado mi sensibilidad sexual, necesitaba tener sexo y quién mejor que mi marido… Pero él solo me dio unos besos y me dijo hasta mañana amor.

    Desnuda, solo con el baby doll, que mi esposo no vio o no quiso ver, me imaginé la invitación de Felipe y con mi esposo a mi lado, sentí que mi cuerpo ardía y que el hombre oscuro aparecía para apagarlo… Comencé a pasarme crema para refrescarme y fue inútil, mis manos cálidas comenzaron a frotar mi cuerpo y al tocar mis zonas erógenas fue como meter aire en el fuego, lo que derivó en otra tremenda paja antes de quedarme dormida.

    ¡¡Por fin jueves!! Me levanté ansiosa, contenta, me arreglé y me fui a trabajar, más puntual que de costumbre, me prepare un café y trabaje como nunca poniendo al día muchas cosas que tenía atrasadas, y de paso haciendo limpieza en mi computadora. Estaba distinta, sentía mi cuerpo vibrar como hacía mucho tiempo no pasaba, y que felicidad sentía que fuera así, me sentía viva!!!

    Mi jornada de trabajo se pasó muy rápido, y me fui directamente a casa, Santiago aún estaba en casa lo que me sorprendió y también él se sorprendió al verme llegar tan temprano, le dije como había sido mi día hoy y se río. Le pregunté si no trabajaba me dijo que estaba preparando todo para irse. Eran las 13:50, así que tenía desde las 15 hasta las 18 h para hacer bicicleta ya que mi esposo trabaja en lo suyo desde las 16 pero siempre se va una hora y media antes para hacer papeleos y acomodar mercadería.

    Esperé a que se fuera, preparé la ropa interior en la cartera y me fui a bañar, busque el solero y me lo puse… bastó con ponerme encima para notar la sensación de libertad al no tener ropa interior puesta. Y a su vez comencé a excitarme terriblemente. Le mandé un texto «Felipe, estoy saliendo, voy a la vieja estación?»

    – No, vas a bajar y dejar la bici en el espacio que hay para bicicletas en la oficina de correos y vas a caminar por la calle tal.

    Hice como me dijo, y al llegar al lugar aparqué mi biciclo y comencé a caminar, estaba muy excitada porque literalmente me sentía desnuda, mis pechos denotaban que claramente no llevaba sostén y la brisa por debajo de mis piernas me excitaban más aún, paro un coche a escasos 20 metros y pude ver que era él. Subí al coche con vidrios polarizados y rápidamente partió hacia la carretera, me besó, acaricio mis rodillas y su mano fue como una descarga eléctrica, me atrevo a decirle que estaba muy excitada, a lo que el respondió bajando si cremallera, y sacando su verga de entre los pantalones, no me demore, lo puse entre mis manos y lo comencé a masturbar, rápidamente estuvo rígido y comencé a mamar mientras el conducía.

    Quería tragar todo su glande parecía que iba a reventar mientras que él sacó una mano del volante y comenzó a sobarme la cola. Y levantando mi vestido me dejaba prácticamente desnuda, comenzó a jugar con mi sexo desde atrás de mi cola, estaba completamente húmeda a lo cual el con sus dedos llegaba a mi sexo, los humedecía y los ponía en mi cola y así repetía la operación, yo estaba en las nubes y al parar el auto, subí la cabeza, noté que estábamos en medio de un campo debajo de un árbol. Se bajó, fue al baúl del auto, sacó y tendió una manta sobre el pasto.

    Me bajó del auto y se bajó los pantalones hasta los tobillos, sacándose la camisa por completo, me pidió que me sentara de espaldas a él sobre su verga y que comenzara a cabalgar. Sentir entrar su miembro en mis entrañas, sentir el calor de su verga dentro de mí me fue potenciando, y comencé a cabalgar lentamente a la vez que el acariciaba mis cadera. Y mi espalda, no aguanté y me quité el solero mientras lo cabalgaba, quería estar completamente desnuda para ese hombre, mis pechos se movían a ritmo, y al ser grandes y verlos con tanta libertad me excitaba aún más, se incorporó, se abrazó de atrás y amasó mis pechos con frenesí.

    -No aguanto mas, me vengo Felipe, estoy a punto de explotar

    – No pares de moverte, seguí cabalgando, me encanta lo puta que te pusiste para mí, amasar tus pechos, tenerte hasta los huevos…

    -Hooo Feli, Haaa, voy a acabar, siii, siii me encanta, haaa…

    Más sucio me hablaba, más me excitaba, no me gustó que me diga puta en un primer momento, pero admito que en ese polvo sacó lo mejor de mi… Cómo necesitaba una cogida de esas, cuánto tiempo a pasado de disfrutar tanto… Nos besamos, nos acariciamos, y yo seguía con mi mano acariciando su verga, en poco rato y entre besos, estaba nuevamente erecto y yo no podía calmar mi calentura. Me tomo de la cintura, me paró, me abrió las piernas y comenzó a penetrarme con las manos apoyadas sobre el capot del auto.

    -Siii, así Feli, asiii no pares por favor, dame pija así que me volves loca, hooo, si haaa.

    En un movimiento, me dio vuelta, me recostó sobre el coche y comenzó a penetrarme poniendo mis pies sobre su hombro derecho, de manera de tenerme ensartada hasta los huevos con mis piernas cerradas, lo que hacía friccionar mas el roce, produciendo un placer enorme y mi cuerpo no paraba de temblar, era inminente que iba a acabar, y en un momento mi cuerpo nuevamente explotó hermosamente… ¿Qué puedo decir? Ya no queda nada por decir, hacía mucho tiempo que no disfrutaba el sexo de esta manera, que me atrapara, que me sorprenda como lo hizo el hombre oscuro… Y esto acaba de empezar…

    Continuará.

  • Mi casa es tu casa

    Mi casa es tu casa

    Un par de años después de iniciar a mi hijo mayor, tuvimos una reunión de amigos y familia en casa.

    Me puse un vestido entallado arriba de la rodillas y zapatillas del mismo color: blanco.

    Mis muslos y nalgas se acentuaban con el vestido y me gustó el efecto de milf que proyectaba.

    En eso pensaba cuando mi marido se acercó a mí y me dio un beso intenso mientras me acariciaba y me dijo:

    -Sigues estando deliciosa mi vida, eres la mujer más cachonda que he conocido en mi vida sin duda!

    Me dio tremenda nalgada y me invitó a bajar a la sala.

    Empezaron a llegar los invitados y yo feliz recorría la sala atendiéndolos, mi marido no perdía detalle de cómo los demás me veían con miradas lujuriosas y se veía contento de saberme tan puta.

    Llegaron los dos amigos que “atendí” el mismo día que inicié a mi hijo mayor con sus novias y de inmediato se acercaron a saludarme efusivamente.

    -Holaaa d-ijeron ambos mientras me abrazaban efusivamente acariciándome la espalda felices de verme de nuevo.

    Seguro estaban pensando en repetir y después de saludarme me presentaron a sus parejas.

    Hola, les dije a ambas mientras notaba como recurrían mi cuerpo en una mezcla de curiosidad y lujuria.

    Una de ellas se acercó a saludarme de beso y me sorprendió un poco al sentir sus labios casi tocar los míos en el beso.

    Se quedó abrazándome por la cintura mientras me decía al oído:

    -Se lo que les hiciste a ellos y vengo por lo mío!

    Riendo le correspondí el abrazo tomándola por la cintura también acercándola deliciosamente a mi cuerpo mientras le decía:

    -¿Te gustan las mujeres? -Acercando mis labios de nuevo a los suyos mientras la jalaba hacia mis caderas hasta que nuestros cuerpos se tocaron deliciosamente.

    -Me gustas tú, -dijo ella provocativamente mientras se acercaba a besarme dándome su lengua y empezaba a darme un tremendo beso.

    Me di cuenta mientras besaba a esta joven que mi hijo y mi esposo no perdían detalle de mis acciones mientras los demás invitados empezaron a murmurar.

    Mis otros dos hijos también miraban atentos y seguro esperaban curiosos a ver qué sucedería, sabían de mi adicción al sexo y que su papá estaba de acuerdo también en mi estilo de vida.

    Justo después de terminar de besarla, mi hija Ximena se acercó de inmediato y me tomó de la mano llevándome a la cocina.

    -Sí sabes porqué es está reunión mamá?

    Me preguntó Ximena curiosa, era de verdad bellísima mi hija:

    Su cuerpo era ya el de una mujer joven dos años menor que Chava mi hijo mayor y podía intuir ya que había heredado mi intensidad y su cuerpo era de verdad muy lindo, solo el ser güerita era diferente en la familia, pero por lo demás encajaba perfectamente con nosotros.

    -Pues… es una reunión de amigos de la familia no?

    -Jajaja -río Ximena dándome un giro llevando su mano arriba de mi cabeza- ¿De verdad mamá? Eso crees? La reunión de hoy la organizó Chava para presentarte y ofrecerte a los invitados, hombres y mujeres! -Dijo cachondamente mientras se me acercaba de nuevo diciendo:- tener 18 años ya ha sido lo mejor que me ha pasado! para poder participar!

    Riendo con ella en complicidad le dije:

    -Te haré una reunión muy especial… ¡ya sabes a qué me refiero!

    -Eso espero con ansias, ven vamos de regreso a la sala

    Regresamos a la sala y me di cuenta que la mirada de los invitados se centró en mi.

    Sonriéndole me fui a sentar en medio de dos amigos de mi hijo en el sofá de la casa y casi de inmediato uno de ellos volteó a de decirme:

    -Señora Mariela, sé que le gusta el baile, nos regalaría uno?

    Dejando de lado todo pudor, me puse pie mientras mi esposo ponía música para la ocasión.

    Era la primera vez que mis tres hijos me veían en esta situación sin límite así que decidí darles lo que seguramente ya habían escuchado muchas veces cuando traía machos a la casa y los llevaba a mi recámara.

    Eran como 15 o 16 personas entre hombres y mujeres jóvenes, deben haber estado entre los 18 y 22 su mi mirada no me engañaba, todos conocidos de mi hijo Chava.

    Volteando a ver a mi marido, le guiñé el ojo y empecé a bailar cachondamente acercándome a uno de ellos que estaba sentado en el sofá todo serio.

    Al acercarme moviendo las caderas sugerentemente de inmediato me tomó de las nalgas y me acercó más a él.

    Sentándome en su regazo seguí moviéndome como su estuviéramos cogiendo sentí sus manos subirme el vestido hasta la cintura dejando mi tanga blanca al descubierto.

    Dándole un beso de lengua intenso me puse de pié de nuevo y así con el vestido hasta la cintura me acerqué a la jovencita que me había besado hacía unos momentos y le dije:

    -Quítamela!

    Rápidamente se puso de pie y no solo me quitó la tanga, me quitó el vestido y quedé desnuda frente al grupo de invitados que entre aplausos y aullidos me animaron a seguir.

    Giré y seguí bailando moviendo mis caderas, ofreciéndome como lo hacía desde que era una adolescente y salía con amigas a una fiesta de la universidad.

    Me fui acercando de nuevo a todos y dejé me acariciaran el cuerpo, me fui sentando en cada uno de ellos y para mí sorpresa las mujeres resultaron ser las más atrevidas.

    Dos de ellas me metieron los dedos en la raja y ano mientras me besaban con lujuria y yo les dejé hacerme lo que querían.

    Lentamente, me puse de pie ya caliente y me acerqué a mi marido y le pregunté:

    -¿Quieres que me los coja enfrente de todos?

    -Cómo quieras, aunque ya sé que te excita mucho todo esto. -Dijo mi marido volteando a ver a nuestros hijos que no perdían detalle de todo lo que estaba pasando.

    Me acerqué de nuevo a Ximena y me senté en su regazo de frente mientras sus brazos se abrían para recibirme caliente como seguramente ya estaba.

    Sí sabes que has sido mi fantasía por varios años, ¿ verdad? Le dije besándola en la boca mientras nuestras lenguas se acariciaban por primera vez sellando un pacto de lujuria que había soñado tener con mis tres hijos desde que nacieron.

    -Ella me recibió excitada y note emoción en su voz cuando me dijo:

    Mamá, te he deseado desde hace mucho y saber que ya pasaste por mis hermanos y muchos hombres y mujeres más me hace la hija más orgullosa de tener una madre tan o más caliente que yo!

    Decidí entonces tener el primer encuentro con ella, sin planearlo, hoy completaría la triple corona!

    Ser la mamá y la hembra de ellos me hacía tan feliz!

    Tomando de la mano a mi hija me puse de pie y la llevé escaleras arriba rumbo a la recámara para tener relaciones sexuales por primera vez con ella.

    Excitada por la situación, anuncie emocionada:

    ¡Regresamos en un rato!

  • De profesora a puta del gimnasio (partes 1 y 2)

    De profesora a puta del gimnasio (partes 1 y 2)

    El año nuevo trae muchas cosas y a ella, como a muchas personas le trajo el ánimo suficiente para entrar al gimnasio.

    Claudia era una mujer hermosa, ni tan alta ni tan baja. Con unos ojos lindos y una sonrisa amplia, además de unos labios provocativos que como veremos más adelante no solo eran usados para besar.

    Para los hombres que la veían era difícil estar cerca de ella y no ver su gran par de tetas debajo de sus camisas que solían dejar un gran trabajo a la imaginación.

    En su día a día Claudia era mamá, profesora y puta, no de las que cobran sino de las que se deja someter cada vez que escucha esa palabra por parte de un hombre, de aquellas que saben perfectamente su lugar, de aquellas que un día escucho como un hombre la llamaba así e inclinó sus rodillas a la par que doblegaba su mente. Claudia era sumisa, tenía amo y creía que ese secreto estaba a salvo.

    Lo tuvo hace un año, sometió su mente y su cuerpo a él y jugaban en los momentos en que el tiempo lo permitía pues vivían en otra ciudad. Gracias a estos juegos ella había creado una cuenta alterna en Instagram donde mostraba el culo, las tetas, las piernas y sobre todo su disposición a servir, a arrodillarse, a mojarse cuando la humillaban.

    Su primer mes en el gimnasio fue tranquilo, lo único que la sorprendió fue la felicidad que le generaba estar allí, sus cercanos se sorprendieron con el hecho que durara más de una semana asistiendo. Lo otro que disfrutaba era ver a su entrenador, un hombre fuerte con el cuerpo musculoso que a ella le encantaba, le gustaba ver pero hasta ahí pues junto a los dos también entrenaba la novia de él.

    Fue salir de vacaciones y olvidar cualquier cosa… dejo de ir al gimnasio una semana y por la emoción subió fotos similares en la misma cuenta, su entrenador quien ya estaba a gusto siguiéndola en redes empezó a buscar más a fondo y le llamó la atención que seguía una cuenta de una sumisa a la cual él empezó a seguir también sin tardarse en darse cuenta que era la misma Claudia que veía en las clases.

    «Sumisa en propiedad» decía la Bio de la cuenta y adentro fotos de ella mostrando el culo, las tetas, los pies, en 4 patas tomando agua, siendo ella. Una puta que buscaba la aprobación masculina porque sabía de la superioridad de los hombres ante ella, una puta regalada.

    Claudia volvió al gimnasio totalmente desprevenida, sin darse cuenta de nada y lo primero que la hizo ponerse alerta fue que a la primera vez que hizo mal un ejercicio su profesor la corrigió.

    – Claudia así no se levanta, ¿entendiste?

    – Si

    – Si señor se dice

    Un escalofrío le recorrió el cuerpo, su humanidad estaba pronta a verse reducida, su instinto la obligó a obedecer.

    – Si señor.

    Volvió a casa a revisar su celular y noto que su entrenador la seguía en su cuenta de sumisa, nuevamente el escalofrío.

    Corrió a contarle a su amo quien no hizo más que burlarse de su torpeza al dejar tantas pistas en el camino, además de advertirle que esto le iba a salir caro.

    Su amo empezó a plantearle escenarios, a hacerla imaginar cosas que pasarían si estuviera a solas con su entrenador, le hizo imaginar sus grandes manos azotándole el culo y apretándole el cuello con fuerza, sus fuertes brazos alzándola mientras la llenaba de verga, Claudia se mojó, Claudia transpiro y le confesó a su amo que deseaba estar así, empotrada por su entrenador, usada, incluso limpiándole el cuerpo con la lengua tras un largo entrenamiento.

    Parte 2:

    Pasaron los días y el trato de su entrenador no cambio mucho, su amo le indicaba que subiera historias en su Instagram que le permitieran confirmar al entrenador que su alumna era la misma mujer del perfil. El entrenador reaccionaba a todo y ella por indicación de su amo le pregunto en su cuenta de sumisa por qué ponía fueguito.

    – Porque me gusta lo que subes, le dijo él a su WhatsApp

    Ella respondió con evasivas, argumentando que ya se iba a ocupar, pero ya era un hecho, él estaba seguro que esa mujer que se exhibía por redes era su misma alumna, callada, tranquila y sobre todo riquísima.

    Había quietud, ahora ella iba en las horas de la tarde y él daba clase en la mañana, los cruces eran menores y así mismo la oportunidad de que pasarán cosas.

    Sin embargo las cosas tenían su oportunidad de pasar, en una ocasión con ella haciendo abdominales él se puso lo suficientemente cerca como para que cuando ella subiera estuviera muy cerca de tocar su verga, esa que se ponía dura cada vez que la veía. En otra ocasión delante de un entrenador le dijo a Claudia que hiciera las sentadillas como si estuviera mostrando algo, ambos rieron con el comentario, poco a poco le perdían el respeto a esa mujer que aparentaba tanta seriedad pero que no era más que una puta, una puta necesitada de verga.

    Pocos tiempos juntos hasta que ella tuvo dificultades subiendo la cuerda, la soga que había en el gym, lo comento y él se ofreció a ayudarla a mejorar su técnica, la iba a volver a tener cerca durante toda una clase.

    Su amo lo supo y la preparo para ese momento, le volvió a pintar escenarios, le volvió a recordar su lugar y la puso a ver porno antes de clase. Le mando tres vídeos donde los hombres usaban a las mujeres, ella los vio con la mano rozando su vagina, ella los vio imaginándose en el lugar de estas mujeres. Ella los vio y llegó a la clase de cuerda bastante mojada.

    Fue llegar a clase y él olvidarse de los demás alumnos. Fue llegar y el dedicarse a ella. Fue llegar y romper el límite corporal que había entre los dos, lo que normalmente hubiera sido un apoyo en los muslos, él aprovecho para convertirlo en un manoseo constante del culo de Claudia, la impulso y la impulso manoseándole el culo a mano abierta, impulsándolo y haciéndola sentir excitada, más mojada que cuando llegó. En un momento él la vio cansada y aprovecho para azotarle el culo a gusto.

    -Suba pues, dijo tras el azote

    -Gracias señor, respondió ella a ese azote que deseaba sentir durante toda una noche completa

    -Suba, le repitió

    -Si señor, le respondió sumisamente.

    El resto de la clase siguió con la mano del profesor descaradamente en el culo de Claudia.

    La siguiente semana la orden para ella fue igual, miro porno antes de clase y cuando llegó todo fue más sutil pues la novia del entrenador estaba en la misma clase. Él solo se limitó a mirarla, con morbo, con ganas de que esas miradas se dieran en el baño mientras la alzaba y la empotraba contra la pared, parecía que no pasaba nada y ella ya salía del salón cuando él la llamo.

    -Claudia ayúdame limpiando la colchoneta.

    -Nooo, no seas abusivo con ella, contesto la novia

    -Tranquila que a ella le encanta ayudar, dijo el entrenador.

    Claudia quedó fría por un momento hasta que sus pensamientos de puta sumisa se apoderaron de ella, tomo el trapo, se arrodilló y mientras balanceaba el culo pensando en su entrenador dejo impecable las colchonetas bajo la mirada atenta del entrenador quien observaba ese culo balancearse.

    Al contarle a su amo la orden fue clara, la próxima tú te vas a ofrecer a limpiar las colchonetas y las vas a dejar impecable, Claudia prometió obedecer mientras su cabeza seguía pensando en el momento en que su entrenador le terminaría poniendo encima por completo el pie en su cara.

  • Como me inicié en el mundo de los swingers

    Como me inicié en el mundo de los swingers

    Mi nombre es Yami, tengo 42 años y hace casi 2 años conocí a mi pareja actual Juan, él tiene 44 años un hombre maravilloso y activo sexualmente.

    Desde que nos conocimos hemos tenido una fuerte atracción el uno por el otro y sobre todo en el sexo nos hemos entendido muy bien, hemos experimentado de todo.

    Les voy a contar un poco de lo que era mi vida sexual antes de conocer a Juan: soy una mujer divorciada y siempre fui muy dedicada a mi hogar, mi esposo y a mis hijos, pero no me satisfacía sexualmente como yo deseaba siempre había tabú y limitaciones entre nosotros a la hora de hacer el amor y pese a eso, nunca le fui infiel, pero siento que esas mismas limitaciones hicieron que se perdiera el amor que sentí un día por él y llegue a creer que yo era la del problema que hasta a un médico fui.

    Luego de unos años de mi divorcio conocí a Juan y empezó todo, comencé a sentirme tan mujer y libre de hacer todo lo que quisiera sexualmente, allí me di cuenta que no era yo la del problema simplemente estaba reprimida por una relación que no tenía sentido de nada.

    Un día en una de nuestras tremenduras me llevo a un sex-shop, cosa que yo nunca había estado en una tienda de estas, me dijo que escogiera el juguete que yo quisiera, compramos algunas cosas y seguimos experimentando, luego sin querer quede embarazada de él y aun así no hemos perdido el apetito sexual ahora es aún mejor.

    Un día me comento que el había experimentado en el ambiente swingers con una amiga y sentí una gran curiosidad de saber de que se trataba, el me explico y me mostro una página dedicada a este estilo de vida y sentí que quería experimentarlo, se lo dije y su respuesta fue que eso sería lo mejor que le podría pasar y continuamos viendo videos sobre este interesante estilo de vida. Un día decidimos abrir un perfil en esa página para nosotros y subimos fotos mías y de él para hacer más atractivo nuestro perfil.

    A los pocos días quede muy asombrada cuando él me muestra todos los comentarios que en tan poco tiempo empezaron a llegar de personas que les encantaría conocerme y estar con nosotros, desde ese momento seguimos viendo comentarios, hasta que un día se comunica un chico muy atractivo invitándonos a conocernos y que si había química seriamos capaces de compartir en un trio. Juan me pregunta que si me gustaría que experimentáramos ya, que si me sentía preparada para disfrutar de los placeres del swinger, en realidad yo me sentía dispuesta, deseaba hacerlo pero a la vez estaba muy nerviosa y más por mi embarazo, pero le dije que sí.

    Llego aquella noche que habíamos quedado con el chico en conocernos, Juan me dice que me ponga hermosa porque esta noche seria especial para mí, nos fuimos al hotel llegamos a la habitación, conversamos mientras el chico llegaba yo estaba muy nerviosa y aún más cuando tocan a la puerta y era el chico que estábamos esperando, un hombre muy caballero y educado, conversamos un poco para romper los nervios.

    Luego de un rato comenzó a besarme me quita la blusa para ver mis senos que fue lo que mas le había gustado de mis fotos y yo miraba a Juan porque era mi primera vez y el solo me decía que me amaba y eso me excitaba más, luego empezaron las caricias más besos por muy lago rato fue algo que no tengo palabras como describir simplemente fue demasiado rico y mas al ver la cara de Juan cuando el chico me hacia el amor, me hizo sexo oral por un largo rato, besos, chupo y acaricio mis senos, todo muy rico.

    Llego el momento en que me penetro y a pesar de que se sentía cohibido por mi barriguita me lo hacía muy duro me hacía gemir de placer y excitación hasta que ya no aguante las ganas de estar con los dos en la cama y entro Juan fue aún mas excitante porque siempre quise experimentar una doble penetración aunque fue un poco incomodo por mi embarazo lo disfrute como nunca y fue una explosión de placer.

    Luego al pasar el rato el chico se retiró y nosotros quedamos con mas ganas de hacer el amor seguimos hasta agotarnos, pero el día siguiente al amanecer seguimos haciéndolo aún más rico.

    Siento que a Juan le gusto tanto verme disfrutar ese día que ahora me quiere más que antes y eso me encanta en realidad nunca conocí a una persona que disfrutara tanto del sexo como yo, siento que somos el uno para el otro y volvería a experimentarlo las veces que los dos lo deseemos.

    Espero le haya gustado mi relato, es cien por ciento real y si les gustó dejen sus comentarios y próximamente le contaré de otras fantasías que de seguro cumpliré, me despido de ustedes dándoles las gracias por leerme.

    Yami.

  • Deseo inexplorado

    Deseo inexplorado

    Milena y Vanesa se conocían desde hacía tiempo, ya que trabajaban juntas en la misma empresa. Aunque siempre habían sido cordiales y profesionales, había algo en su relación que las atraía mutuamente. Las miradas prolongadas, los roces intencionados y las sonrisas cómplices habían creado una tensión que se fue acumulando con el tiempo.

    Una noche, después de una larga semana de trabajo, ambas decidieron ir a un bar cercano para relajarse y disfrutar de unos tragos. Las luces tenues creaban un ambiente íntimo mientras bebían licor y charlaban. La conexión entre ellas era innegable, y la conversación fluía fácilmente.

    Milena, con su melena negra y su piel morena, jugaba con su vaso mientras hablaba sobre su vida. «Estoy buscando algo nuevo… Una aventura, tal vez. Después de mi divorcio, siento que me falta algo. Quiero explorar más mi sexualidad, mi propio deseo».

    Vanesa la miraba con interés, sus ojos azules centelleando. «Entiendo esa necesidad. A veces, salir de la rutina nos ayuda a redescubrirnos a nosotras mismas. Yo he tenido mis propias experiencias, algunas con mujeres, otras con hombres. Para mí, lo importante es la conexión, sentir algo real».

    Milena se sentía atraída por la sinceridad de Vanesa. «¿Y qué es lo que más disfrutas de estar con una mujer?», preguntó con curiosidad, sus mejillas sonrojándose un poco.

    Vanesa sonrió con una chispa traviesa. «Es diferente, ¿sabes? La forma en que podemos entendernos sin decir mucho. Hay algo íntimo en tocar y ser tocadas por alguien que comparte tus mismos deseos. La piel, los susurros… Es una experiencia única».

    Milena asintió, sintiendo la creciente tensión entre ellas. «Sí, me gustaría experimentar eso… Algo nuevo y diferente».

    «Podríamos explorar eso juntas», sugirió Vanesa, sus palabras cargadas de promesas. «¿Quieres ir a mi apartamento? Podemos seguir charlando y ver a dónde nos lleva la noche».

    Milena aceptó, su pulso acelerado por la anticipación.

    Una vez en el apartamento de Vanesa, la atmósfera se volvió más íntima. Se sirvieron más bebidas y se sentaron juntas en el sofá, sus cuerpos cerca, conversando sobre sus deseos y experiencias pasadas. El licor fluía y, a medida que las palabras se volvían más sinceras, la conexión entre ellas se hacía más palpable.

    «¿Y tú?», preguntó Vanesa, tomando un sorbo de su copa. «¿Qué es lo que más te atrae de la idea de estar con una mujer?»

    Milena se mordió el labio inferior, sus ojos nunca apartándose de Vanesa. «El deseo… La curiosidad de sentir algo nuevo. Me gusta la idea de ser tocada por alguien que entiende mis necesidades. Quiero experimentar algo intenso, lleno de pasión».

    Vanesa sonrió, su mirada cargada de lujuria. «Entonces, déjame mostrarte cómo se siente».

    Con el licor en sus sistemas, la tensión se transformó en acción. Vanesa se acercó a Milena, sus labios encontrándose en un beso apasionado. El calor de sus cuerpos se fusionaba mientras las manos de Vanesa exploraban a Milena con deseo. El diálogo se transformó en susurros de excitación, mientras ambas dejaban que la pasión tomara el control.

    El beso se hizo más profundo, sus lenguas se entrelazaban con urgencia. Las manos de Milena se deslizaron por la espalda de Vanesa, agarrándola con firmeza. Vanesa la empujó hacia el dormitorio, sin romper el beso.

    Una vez en la habitación, la ropa voló rápidamente y ambas quedaron desnudas. Vanesa se detuvo un momento para admirar el cuerpo de Milena, su piel morena y su figura curvilínea. Milena sintió el deseo arder en su interior bajo la mirada hambrienta de Vanesa.

    «Déjame probarte», susurró Vanesa con voz ronca, y Milena no pudo más que asentir.

    Vanesa llevó a Milena a la cama y la tumbó sobre las sábanas. Comenzó a besar su cuello, bajando por su pecho hasta llegar a sus pezones, lamiéndolos y succionándolos hasta que Milena gimió de placer.

    Vanesa continuó bajando, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar al centro del placer de Milena. Abrió sus piernas y se adentró con su lengua, explorando sus pliegues y su clítoris con movimientos precisos y provocadores. Milena se arqueaba, gimiendo con cada toque, cada lamida.

    «¡Oh, sí!», jadeó Milena, aferrándose a las sábanas mientras el placer la invadía.

    Vanesa no se detuvo, llevando a Milena a un punto de éxtasis con su lengua. Cuando Milena alcanzó su clímax, temblando de placer, Vanesa se incorporó y la besó apasionadamente, dejándola saborear su propio deseo en sus labios.

    Ahora era el turno de Milena para devolver el favor. Hizo que Vanesa se recostara y comenzó a besarla con intensidad, recorriendo su cuerpo con sus labios y sus manos. Milena exploró cada centímetro de la piel de Vanesa, saboreando su sabor salado y sus gemidos de deleite.

    Milena llevó a Vanesa a una posición de tijeras, sus piernas entrelazadas mientras se acariciaban mutuamente. Los gemidos de ambas resonaban en la habitación, sus cuerpos moviéndose al ritmo del deseo. Milena y Vanesa se estimularon hasta alcanzar un clímax conjunto, sus gemidos llenando el aire mientras se agarraban con fuerza.

    La pasión no se detuvo allí. Las mujeres continuaron explorando sus cuerpos en posiciones íntimas, como la «cuchara» y el «69», llevando su placer a nuevas alturas. Cada toque, cada beso, encendía una nueva llama de lujuria que no parecía apagarse.

    Finalmente, después de una noche llena de deseo y exploración, ambas alcanzaron un último clímax, sus cuerpos agotados pero satisfechos. Se abrazaron bajo las sábanas, jadeando y sonriendo por la intensidad compartida.

    A la mañana siguiente, Milena y Vanesa se despertaron juntas, una sensación de felicidad y complicidad entre ellas. Se levantaron, se vistieron y se dirigieron a desayunar, compartiendo risas y planes para el futuro. La noche anterior había sido un comienzo emocionante para ambas, marcando un nuevo capítulo en sus vidas.

  • En la ciudad…

    En la ciudad…

    Ya tenía algunas semanas disfrutando de un sexo y una pasión como no había sentido en años, era como volver a mi adolescencia y según palabras de ella, también sentía lo mismo, aquella vez salimos a ciudad de México, fingiendo una salida fraternal con algunas amistades tomé el auto y la recogí a un par de calles de su casa, peligroso y tonto, si claro, excitante por supuesto que si.

    Ese día ella llevaba una blusa blanca de tirantes, una minifalda negra, medias oscuras y botines negros que le llegaban a la pantorrilla, cosas que ella tenía muy en claro que encuentro demasiado eróticas. Platicábamos, ella se sentaba y giraba de forma que pareciera presumir sus piernas, acariciaba la mía y de cuando en cuando pasaba su mano por sobre mi miembro riendo ligeramente al notarlo un poco duro.

    —respira vaquero —me decía riendo sin dejar de acariciarlo.

    Nuestro destino era un acuario muy reconocido de CDMX y posteriormente a comer algo; tras la diversión viendo a los animalitos acuáticos y entre besos y caricias discretas todo el día, mi energía se encontraba al rebozar, la suya también pues me pidió parar en el primer sitio que encontramos, un pequeño motel ligeramente oculto y claramente de paso pues la tarifa era minúscula y las paredes tan delgadas que escuchábamos a una pareja dándolo todo en su habitación, las recamareras de ese sitio deben tener mil cosas por contar.

    Ni bien entramos a la habitación ya estábamos envueltos en nuestros brazos, besándonos con pasión y disfrutando las formas del cuerpo del otro, la cargue con cierta facilidad en una barra de concreto, retire su blusa y el sostén para liberar ese par de senos que me volvían loco, sus pezones ya firmes exigían ser repasados por mi lengua, su respiración se agito y liberaba ligeros gemidos que ya conocía muy bien; al mismo tiempo procedí a bajar mi mano a su entrepierna acariciando por sobre las medias y la ropa interior, ella gemía un poco más fuerte y excitada, su respiración se aceleraba.

    Yo me saque el miembro y comencé a tocarme mientras hacía mi trabajo oral, retire las capas de tela extra dejando libre una vagina delicadamente rasurada, sorprendido y excitado la admire un par de segundos antes de plantar mi rostro allí chupando, lamiendo e introduciendo mis dedos, sus gemidos eran cada vez mas sonoros, mas enérgicos, mas excitantes, sus piernas temblaban y el área se humedecía mas y más hasta que llegó al clímax.

    —dámelo, lo quiero dentro —fue una mezcla entre orden y súplica, por mi parte estaba tan excitado que no tenía que pedirlo dos veces.

    Allí sentada en la orilla de la barra comencé a penetrarla, su vagina envolvía mi miembro de forma deliciosa, con mis brazos sujetaba sus piernas para mantenerlas elevadas, aquella posición apretaba un poco más por lo que ella gemía con cierta fuerza que a mí me fascinaba y continúe haciendo un poco más antes de que ella me pidiera cambiar de posición pidiendo una vieja conocida y favorita de ambos, coloco sus manos en la barra levantando hacia mi sus caderas y separando un poco sus piernas, con su mano tomo mi miembro y lo acomodo para que lo empujara dentro de ella, así lo hice, ella se paró en las puntas de sus pies cuando lo hundí hasta el fondo.

    —si, sabes que me gusta así

    Sujete sus caderas con ambas manos para jalar hacia mi y comencé a meterlo y sacarlo, una y otra y otra vez, sus gemidos ya eran fuertes y sin tapujos, yo la acompañaba ligeramente y al ritmo, el vaivén de nuestros cuerpos no hacia otra cosa más que impulsar la excitación, el sonido ya conocido de la piel aplaudiendo no tardo en hacerse presente, me incline incliné un poco más sujetando sus senos empujando con más velocidad, podía sentir la premonición del clímax, me moví más fuerte y más rápido mientras ella gemía con fuerza.

    —si… Así… Ya casi… Ya casi…

    Eyaculé, el condón relleno por completo, pero a ella le faltaba un poco, tuve que continuar por el bien de su orgasmo, unos segundos que se me hicieron eternos debido a la sensación que recorría todo mi miembro pero logré mi cometido por muy poco, ella gimió con fuerza, sus piernas se doblaron de la manera instintiva y casi se deja caer en el suelo pero se sentó en la cama a mí lado besándome e intentando calmar su pulso y respiración.

    Paso un rato cuando sentí sus manos acariciando mi cuerpo, bajando lentamente a mi miembro, con una risa atrevida comenzó a masajearlo mientras tomaba mi cabeza y la hundía entre sus senos, comencé a chuparlos y a lamer sus pezones, tras unos minutos empecé a masturbarla de igual manera; cuando sintió que ya estaba bien erecto de nuevo procedió a ponerme el condón y por su cuenta a sentarse en el dándome la espalda, hundiendo lentamente mi miembro en su vagina de nuevo ya muy húmeda.

    —tu solo disfruta —susurro poniendo mis manos en sus senos.

    Comenzó a penetrarse ella sola con mi miembro, movía su cadera de una manera demasiado sensual, por mi cuenta con una mano acariciaba sus senos y con la otra estimulaba su clítoris de la manera en que sabía que ella lo disfrutaba, en esta ocasión era yo quien parecía gemir más fuerte conforme aumentaba la fuerza y velocidad, ella gemía, mis piernas temblaban, sus senos rebotaban, podía sentir como su vagina me estrujaba con fuerza, no paro en ningún momento, simplemente continuo hasta que sentí como llegaba al orgasmo, eyacule de nuevo, ella se giró ligeramente sonriendo pero no se detuvo, de nueva cuenta fueron segundos eternos para mí hasta que paro lentamente.

    Se levantó y admiro su obra antes de besarme e ir al baño a darse una ducha, yo la seguí, entre con ella, nos enjabonamos por completo, nos besamos y tras vestirnos procedimos a retirarnos mientras una pareja un poco mas joven que nosotros ingresaba al lugar, nos sonrieron con complicidad y diversión cuando escuchamos los gemidos de una mujer al final del pasillo que evidentemente exageraba su sesión de pasión.

  • Primera vez que compartí a mi esposa con otro hombre

    Primera vez que compartí a mi esposa con otro hombre

    He de mencionar que el presente relato es totalmente verídico.

    Somos un matrimonio de la Ciudad de México, ambos contamos con 38 años de edad y ya varios de casados.

    Tenemos 3 hijos y nuestra vida es mas o menos como la de muchas parejas.

    Ella es morena, bonita, estatura mediana, muy buen cuerpo y sumamente femenina. Me encanta comprarle ropa muy sexy, sobre todo la íntima, encajes, transparencias, ligueros, etc. Y cuando algo de eso se le puede ver en público aunque sea un poco, me fascina. Ella lo sabe y aunque en un principio no le gustaba, poco a poco lo fue aceptando, me imagino que solo por complacerme, y al paso del tiempo ya lo disfrutábamos ambos, claro está, yo más que ella.

    En especial me gusta que luzca pantalones blancos de vestir algo ajustados y de tela delgada de tal manera que se transparente su ropa interior, casi siempre blanca y con algo de encaje. Cabe decir que posee unas muy buenas nalgas, por lo que provoca cualquier cantidad de miradas con bastante morbo.

    En una ocasión le dije que vestida así, debía parar cualquier cantidad de vergas por la calle, ella me dijo que por supuesto eso no era cierto, hasta que me comentó que un día que llevaba un atuendo similar, entró a un centro comercial y al poco tiempo se le acercó un joven y le dijo que no se molestara por lo que le iba a decir, pero que de solo verla así y sobre todo permitiendo que se le viera un poco de su pantaleta con encaje ya se le había parado su verga y ella lo pudo corroborar al ver discretamente hacia el bulto en su pantalón. El joven se retiró no sin antes darle las gracias por vestirse así, lo que según él era un regalo para la vista de quienes apreciaban lo femenino de mujeres como ella.

    Le pregunté como se sentía con eso y me comentó que obvio le sorprendió y que al principio le molestó un poco, pero al no haberle faltado al respeto y habiendo visto que efectivamente había causado el efecto que el joven mencionó y el hecho de retirarse y hacer el último comentario, se sintió a gusto y desde luego por sentirse admirada, aunque fuera de alguna manera por su pantaleta.

    Así continuamos con esto que a mi me encantaba.

    Cuando hacíamos el amor me gustaba preguntarle si le gustaba saber que de alguna manera haya parado ya muchas vergas. Al principio decía que no, pero al paso del tiempo fue aceptando que ya sentía algo de gusto por eso.

    Ocasionalmente íbamos a bailar a algún salón, a ella le encanta el baile, aprovechando eso, le compré algunas faldas con mucho vuelo, de manera que al dar vueltas bailando se le subiera y dejara ver sus lindas piernas y de vez en cuando su ropa íntima, poco a poco le fue gustando el hecho de provocar miradas de todo tipo. Al grado de aceptar llevar ropa íntima por demás provocativa, pantaletas con encaje y con algo de transparencias, blusas con escotes que dejaban ver una buena parte de sus pechos e incluso a veces medias con liguero.

    A veces bailaba con otros hombres quienes de seguro ya se habían dado un buen taco de ojo con las delicias que mi esposa les dejaba ver.

    Incluso varios de ellos le hacían mención de lo que ya les había dejado ver y la felicitaban por tan buen cuerpo y por mostrarlo tan generosamente.

    Desde luego no faltaron algunos que aseguraban que debido a lo anterior sus vergas se habían parado más de lo habitual y para que ella lo comprobara, en algunos momentos del baile pegaban lo más posible sus cuerpos al de ella con el obvio contacto de sus miembros en las piernas y nalgas de mi esposa.

    Eso me lo comentaba ella con una muy pequeña muestra de disgusto, pero también podía yo apreciar una cierta dosis de morbo y hasta podría decir que algún grado de excitación, lo que me parecía de lo más erótico.

    También pude darme cuenta que al abrazarla bailando alguna vez las manos de ellos intentaban bajar más de la cuenta y en más de una ocasión llegaron a tocar parte de las nalgas de mi esposa.

    Ella me comentó al respecto que si los dejaba que la tocaran o dejaba de bailar con ellos, le dije que ella tenía la decisión y que yo la apoyaría en ello, pero que lo viera como un juego o una travesura, y hasta donde ella se sintiera bien.

    Seguía bailando y de paso dejando ver parte de su cuerpo y de su prenda íntima.

    Mas tarde vi como un hombre joven que se veía encantado de bailar con ella, le tocaba algo más sus nalgas y no quitaba la vista de sus pechos, que se veían preciosos por el gran escote que llevaba. Me di cuenta que a mi esposa no le desagradaba, además de que se acoplaban muy bien bailando.

    Con música mas suave, se acercaban mucho sus caras al grado de quedar en ciertos momentos mejillas con mejillas. Era obvio que a él no le faltaban ganas de darle un beso en los labios a mi esposa.

    Ella me lo comentó y también que eso la había puesto algo nerviosa, a pesar que él sabía que ella iba acompañada. Le dije que se tranquilizara, que como yo le había dicho, que lo tomara como un juego o una travesura y que en todo momento yo estaba al pendiente ante cualquier situación.

    Ya más segura continuó bailando, nuevamente sus mejillas de acercaron, ví que algo conversaron y entonces él le dio un beso suave en la mejilla, ella lo aceptó como si nada.

    Era evidente como él cada vez tenía su mano más cerca de sus nalgas, de hecho en algunos momentos sus cuerpos se juntaban.

    Ella me dijo que en uno de esos momentos pudo sentir que él ya estaba excitado habiendo sentido la erección de su verga en sus piernas.

    Más tarde, aprovechando la música suave, él la giró quedando ella de espaldas a él pero ligeramente separados, así continuaron bailando, y él le dio otro beso en la mejilla pero ahora mucho más lento.

    Ella se fue a la mesa conmigo, le pregunté como se sentía, me contestó que aun algo nerviosa pero menos que antes, me dijo que el le preguntó que si yo era su esposo, ella le dijo que sí, pero que no se preocupara, que ella y yo estábamos de acuerdo en todo lo que pasaba, por lo que él nos felicitó por ser un matrimonio tan especial.

    Siguieron bailando, otra vez él la volteó, aun algo separados, pero unos momentos más tarde, la abrazó, de tal manera que sus cuerpos quedaban pegados y obviamente por lo delgado de la tela de su falda, ella sentía muy bien lo duro de su verga. Pensé que debido a eso ella se iba a voltear o al menos a despegarse de él, afortunadamente me equivoqué.

    Estuvieron así bailando muy rico, parecía que nunca se iban a separar, ambos lo estaban disfrutando mucho y la verdad yo también, con mucho morbo, viendo a mi esposa abrazada y bien pegada a un hombre que le estaba demostrando lo mucho que la deseaba.

    Finalmente él la volteó solo para pegarse de nuevo a ella pero ahora de frente, le dio otro beso prolongado en la mejilla y tomándola de la barbilla le dio un suave beso en los labios.

    Ahí sentí una mezcla de sentimientos, por un lado, algo de celos al ver que otro hombre besaba a mi esposa y que ella no solo lo permitía, sino que estoy seguro lo disfrutaba, y por otro lado un placer debido al morbo que me producía eso y a lo relacionado que estaba todo eso con lo sexual, pero estaba decidido a continuar con todo ello, especialmente al ver que ella lo estaba disfrutando y desde luego con la incógnita de no saber hasta donde pudiera llevarnos.

    Ella se fue conmigo a la mesa, me preguntó si me di cuenta de los besos, le dije que sí, le comenté de los sentimientos encontrados, le pregunté si a ella le había gustado, me dijo que sí, le pregunté sobre lo que había sentido al estar pegada a él y sentir claramente su miembro ya bien parado y la obvia excitación de su compañero de baile. Ella me preguntó si eso de verdad no me había molestado, le dije que no, ella me dijo que sinceramente le había gustado, e incluso la había excitado un poco. Me dijo que si yo lo decidía así, hasta ahí lo dejábamos todo porque ella suponía que él iba a querer algo más, por lo excitado que ya estaba.

    Le comenté que no se trataba solo de mí, que me importaba mucho lo que ella sentía, deseaba y que en verdad me gustó que estuviera disfrutando del baile, la compañía, los besos y porqué no, hasta la excitación que le provocó el sentir la verga pegada a su cuerpo. Y por otro lado, no sabíamos si esto se volvería a repetir o no.

    Me dijo que tenía razón, pero que le preocupaba el hecho de que en algún momento algo me pudiera molestar y que eso que iba muy bien, terminara mal.

    Mira, le dije, para que estés tranquila, vamos a los hechos, ambos lo están disfrutando, bueno, a decir verdad, yo también, ambos están excitados, puede pasar que en un rato más nos retiremos, agradecidos todos de lo que ha pasado y hasta ahí. Pero veamos otro escenario posible, son hombre y mujer, repito, ambos ya excitados, imaginemos que esto sigue aumentando de tono y que finalmente, de una u otra forma llegaran a más, es decir a que llegaran a tener intimidad sexual, con esto no hablo precisamente de penetración, sino de muchas cosas que pueden pasar y que por lo visto a ninguno nos molestaría.

    Desde luego, por mi parte no solo no habría objeción, pero creo que me parecería bien, toda vez que tú lo disfrutarías, ya fuera que hicieran poco o mucho, eso solo tú lo decidirías.

    Y por parte de él, ya ni se diga, lo que hicieran si es que se da, lo disfrutaría al máximo.

    Pero te repito, tú eres quien lo decide, si deseas que nos retiremos, así lo haremos, no sin antes agradecerle el buen rato que te hizo pasar o si quieres continuar hasta donde ambos lo deseen, yo estoy de acuerdo.

    Ella me dijo, si estás tan seguro me gustaría continuar, aclaro, no precisamente con la idea de tener sexo con él, pero si seguir con esto que por lo que dices, estamos disfrutando todos.

    Se levantó nuevamente a bailar, muy tranquilos de inicio, solo con algunos acercamientos, algo platicaron, él la abrazó pegándola bien a su cuerpo, le dio otro beso leve en los labios y unos momentos después la estrechó mas y le plantó un gran beso en los labios, ella reaccionó algo sorprendida pero sin rechazarlo, apenas un rato mas se trenzaron en un beso de telenovela que parecía interminable. Pude ver como sus cuerpos estaban prácticamente pegados, muy seguramente sus partes genitales en pleno contacto y desde luego ambos ya con cierta humedad producto de la gran excitación que tenían ya en ese momento.

    En ciertos momentos, él le daba discretamente unos breves apretones en las nalgas de mi esposa y también muy discretamente le llegó a dar unos besos en sus pechos que debido al escote se veían al menos la mitad de ellos.

    Yo experimentaba una gran cantidad de morbo mezclado con excitación al ver a mi esposa manoseada muy rico y lo mejor de todo es que ella lo estaba gozando.

    A ella le encanta chuparme la lengua cuando la beso y me di cuenta que en ciertos momentos en que se besaban hacía eso a su compañero de baile, después ella me dijo que él le comentó que eso le fascinaba.

    Regresó mi esposa a la mesa pero ahora acompañada de él.

    Nos saludamos, él se llamaba Luis, ella Yolanda (no lo había mencionado), se sentaron, platicamos un poco de trivialidades, después nos comentó lo sorprendido que estaba de encontrar a un matrimonio como nosotros, le dije que sí, que somos una pareja especial, que preferimos hacer todo de común acuerdo en lugar de tener infidelidades o engaños.

    Mencionó que celebraba mucho que yo no tuviera problema con lo que hasta el momento habían hecho ellos. Le pregunté con cual de todo lo que habían hecho. Respondió que prácticamente con todo y bueno que tal vez sería porque estaban algo lejos de donde yo estaba, le dije que no, que no era por eso y para probarlo les pedí que se besaran ahí frente a mí. Él se acercó a mi esposa y la besó en los labios. Les dije, así no se besaban hace un rato, entonces él la abrazó y la empezó a besar muy rico, unos momentos después ella le estaba chupando la lengua.

    Aun así se ven muy seriecitos, les dije. Acto seguido él le propinó a mi esposa un beso en cada pecho.

    Tienes una esposa deliciosa, me dijo, así es, le respondí y me encanta verla disfrutar de lo mejor de la vida, una buena comida, un buen espectáculo, un buen viaje, un buen masaje, un muy buen baile y desde luego los placeres derivados de lo sexual.

    Me dijo, ya que mencionas lo del masaje, hace tiempo tomé un curso de masajes de relajación y creo no ser tan malo para darlos. Le dije y supongo que te daría gusto darle un masaje a mi esposa…por supuesto que sí, me dijo, sería un placer, pero desde luego lo mas importante es lo que ella desee y hasta donde ella quiera.

    Luis volvió a abrazar a Yolanda y a besarla, ahora fue mas lejos, discretamente tomó un pecho en su mano y se lo acarició un buen rato. La verdad ella se veía encantada.

    Ese día era sábado y eran como las 9 de la noche, le pregunté a Luis si tenía pendientes para lo que restaba de la noche, nos comentó que no, que lo que mas deseaba era seguir bailando con Yolanda y hacerla disfrutar en todo lo que ella deseara.

    Le pregunté a ella que como le caería un buen masaje después del maratón de baile, me comentó que no estaba cansada, pero que al parecer el baile aun no había terminado y un buen masaje estaría excelente.

    Le dije a Luis que sugiriera algo, comentó que si estábamos de acuerdo podíamos ir a cenar algo ligero, y después otro rato de baile y mas tarde el masaje.

    A Yolanda le agradó la idea y desde luego también a mi, para mayor seguridad propuse nuestra casa para lo del baile y el masaje, lo de la cena ligera podía ser en algún lugar que nos quedara de paso.

    Así lo hicimos, la cena fue en verdad muy ligera, nadie quería sentirse pesado del estómago y unos minutos después llegamos a casa.

    Puse algo de música, algunas botanas y algo de tomar. Me dirigí al baño, procuré tardarme deliberadamente algo mas de lo habitual, lo que produjo el efecto deseado, cuando regresé a la sala, ellos estaban bailando, él besándola y ella con la lengua de él dentro de su boca y chupándosela.

    Sus cuerpos completamente pegados y como buscando cada quien el sexo del otro.

    Luis me pidió que bailara yo con ella, ya que deseaba admirar mas sus lindas piernas y todo lo demás.

    Así lo hice, dándole muchas vueltas para que él pudiera deleitarse viéndola muy cerca suyo.

    Después siguieron bailando un buen rato ya bastante calientes hasta que él sugirió que se procediera al masaje, todos estuvimos de acuerdo, él preguntó si se podía dar una ducha ya que por el baile sentía que no estaba todo lo limpio que quisiera para atender a mi esposa.

    Mientras Luis se bañaba le sugerí a Yolanda que se pusiera la ropa íntima más sexy ya que sería una ocasión especial, así lo hizo, se puso un coordinado blanco de encaje que se le veía de lo más provocativo ya que además del encaje era transparente dejando ver muy rico las partes íntimas de mi esposa.

    Se puso solo una bata blanca muy transparente para esperar a Luis quien salió del baño unos minutos más tarde. Llevaba puesta solo una trusa que revelaba perfectamente el buen tamaño de su verga y lo parada que la tenía ya.

    Él al verla así la llenó de piropos y se dedicó unos momentos a contemplarla, la verdad es que se veía estupenda, ya que debido a las transparencias se le podía ver bastante bien lo mas íntimo de ella.

    Luis me dijo que deseaba bailar unos momentos más con mi esposa, claro si yo no tenía inconveniente, le dije que si ella quería, no había problema. Acto seguido la sacó a bailar y casi de inmediato se trenzaron en un riquísimo beso tan prolongado como apasionado.

    Ya en eso, Luis le desató la cinta de su bata, misma que al desprenderse del cuerpo de mi esposa colocó en un sillón.

    Y ahí estaba mi esposa, tan solo con pantaleta y brassier y zapatillas y su compañero de baile únicamente con trusa, besándose y casi a punto de hacer muchas cosas más.

    Luis la volteó de espalda y pude ver algo de lo más erótico y rico de la noche.

    Él la abrazó, la atrajo hacía él, y pude ver perfectamente como colocaba su verga aún dentro de su ropa interior justo en medio de las nalgas de mi esposa, ella lejos de resistirse empezó a frotar sus nalgas en la verga de Luis.

    Volvieron a quedar de frente, nuevamente se besaron, ahora sus sexos se buscaban con ansias, de hecho pude ver como la trusa de Luis ya presentaba humedad a la altura de donde quedaba la cabeza de su verga y obviamente la parte más íntima de mi esposa estaría en condiciones similares. Las manos de él ahora acariciaban descaradamente las nalgas de mi esposa.

    Él la cargó y aun besándola la llevó a nuestra recámara, la acostó en la cama boca abajo y se dispuso a darle el masaje que desde luego todos íbamos a disfrutar.

    La verdad es que Yolanda se veía espectacular, recostada boca abajo, solo con pantaleta y brassier, mostrando perfectamente sus nalgas debido a la total transparencia de su prenda y más que dispuesta a disfrutar de unas deliciosas caricias de un hombre que evidentemente la deseaba y que afortunadamente a ella no le era desagradable sino todo lo contrario.

    Luis se colocó al lado de la cama y empezó a darle el masaje por los hombros y el cuello, en realidad se notaba que sabía hacerlo, lo que me dio mucho gusto principalmente por ella, ya que no iba a estar en manos de un aprendiz, lo cual garantizaba un mayor placer.

    Él tomó un frasco de aceite que había yo puesto en el buró, con el que se dispuso a continuar con el masaje.

    Por lo del aceite él le desabrochó el brassier a mi esposa y se lo quitó ayudando en todo Yolanda.

    Prosiguió esparciendo el líquido por la espalda, hombros y brazos de ella, pude ver que al acariciar sus brazos y quedando suelta la mano de ella, él aprovechaba para llevar su mano hacia su verga haciendo que los dedos sintieran lo dura y caliente que ya se encontraba.

    Siguió con el masaje, en la espalda, la cadera, brevemente en las nalgas, las piernas y especialmente en los pies, lo que a ella le encantó.

    Volvió a subir por las piernas, llegó a las nalgas de mi esposa, procedió a retirar su pantaleta, lo que al parecer ella ya esperaba, yo diría que hasta deseaba, ya que ayudó levantando su cuerpo a fin de facilitar tan deliciosa labor.

    Le dijo a ella que para darle un mejor masaje a dos manos en la espalda, se iba a colocar sobre ella y acto seguido se subió a la cama poniéndose sobre mi esposa, quedando sus manos a la altura de sus nalgas y su verga aun dentro de su trusa sobre sus muslos.

    Continuó con el masaje, acariciando por completo las nalgas de mi esposa. Cada cierto tiempo le ponía aceite, debido a lo cual le preguntó a Yolanda si no tenía inconveniente en que se quitara la trusa a fin de evitar mancharla con el aceite, ella estuvo de acuerdo, por lo que él se bajó de la cama y se la quitó.

    Yolanda tenía los ojos cerrados, lo que creo que fue lo mejor, ya que al quitarse la prenda saltó su verga, completamente erecta y húmeda, era considerablemente más grande y gruesa que la mía.

    Volvió a subirse a la cama y a mi esposa en el lugar donde había estado, por lo que su verga, yo diría su vergota quedó sobre los muslos de ella.

    Era obvio que Yolanda sentía perfectamente el miembro de Luis.

    Siguió con el ahora más rico masaje, subiendo sus manos por la cadera y llegando a la espalda, teniendo que mover el resto de su cuerpo, quedando ahora su verga sobre las nalgas de mi esposa.

    Era un espectáculo de verdad hermoso y por demás erótico, mi esposa completamente desnuda, disfrutando de un muy rico masaje y sintiendo sobre ella a un hombre también desnudo y que era más que evidente que tenía claras intenciones de cogérsela, lo que de seguro ella también a esas alturas ya deseaba.

    Luis se dedicó a acariciar su espalda y a pasear su verga por las nalgas de mi esposa mojándola de paso con el líquido que debido a su excitación salía de su miembro.

    En esos momentos me acerqué a mi esposa y la besé en los labios, nos entregamos en un beso muy apasionado, tal parecía que eso era el signo de aprobación de lo que podía ocurrir en los momentos siguientes, y la verdad así fue.

    Me separé de ella, queriendo dejarla disfrutar al máximo del placer que estaba teniendo junto a Luis.

    Pude ver como él al frotar su verga en las nalgas de mi esposa, pasaba una y otra vez sus huevos por la división de sus nalgas. En un momento quedó la cabeza de su verga, que por cierto se veía reluciente a la altura de la entrada del culo de ella. Estoy seguro que ganas no le faltaron de presionar a fin de penetrarla por ahí, realmente la tenía a su disposición y sé también que ella lo hubiera aceptado de muy buen gusto, ya que de hecho le encanta la penetración por ahí, pero Luis tenía otros planes, lo que a decir verdad me agradó.

    Luis le pidió a mi esposa que se volteara boca arriba, ella se volteó, pudiendo ver por primera vez su verga desnuda. Después de mirarla, volteó un momento a verme, como diciendo: mira que vergota… y tal vez me la vaya a meter y no se equivocó.

    Habiendo quedado ambos de frente, él se colocó de nuevo sobre Yolanda quedando su verga a la altura de su estómago. Él continuó el masaje en los pechos de mi esposa, mismos coronados por unos pezones completamente parados, muy duros, desde luego eso producto de la gran excitación que su nuevo amigo y por lo visto futuro amante le estaba proporcionando.

    Ella me pidió que me acercara a ella ofreciéndome uno de sus pechos, lo hice y empecé a mamarle su pecho y muy rico su pezón, la verdad es que no recuerdo haberlo sentido tan duro.

    Luis al ver eso, se pegó al otro pecho con su boca y ahí estábamos los dos mamando los pechos y pezones de mi esposa y ella disfrutándolo al máximo.

    Me retiré un poco para que ellos siguieran disfrutando.

    Él dejó de mamar el pecho de Yolanda para subir y besar de nuevo su boca, desde luego con su lengua dentro de ella, al tiempo que también recorría su verga hacia arriba, quedando ahora en medio de los pechos de mi esposa.

    Frotó muy rico durante un buen rato su verga ahí, y en un momento dado subió un poco más, colocando la cabeza de su verga en la barbilla de mi esposa. Ella en ese momento e intuyendo lo que él deseaba, volteó a verme como pidiendo mi consentimiento para probar con su boca el instrumento de Luis.

    Yo hice un gesto de aprobación y momentos más adelante él tomo su verga acercándola a la

    boca de mi esposa y ella abriendo su boca la recibió, de inicio solo la cabeza empezando a mamársela de una forma deliciosa.

    Estuvieron así durante varios minutos en los que Luis logró meter algo así como la mitad de su verga en la boca de Yolanda. En eso, ella hizo algo que me sorprendió, se sacó la verga de su boca, solo para buscar con ella los huevos de su amante.

    Los tomaba alternadamente succionándolos de lo más rico, desde luego Luis estaba fascinado con lo que mi amada esposa le estaba haciendo. Momentos después ella se metió de nuevo la verga de él en su boca dándole otra mamada deliciosa, en poco tiempo Luis dio muestras de que estaba por venirse, por lo que sacó su verga de la boca de mi esposa, como para evitar venirse dentro de ella, sin embargo, Yolanda lo sujetó de las nalgas y enderezó su cabeza a fin de volver a meter la verga en su boca, Luis lo entendió y se dispuso a darle gusto y empezó a derramar su semen dentro de la boca de mi esposa.

    Por lo visto era mucho el semen que estaba saliendo de su verga, ya que mi esposa con trabajos lograba tragarlo todo, sin embargo lo siguió haciendo hasta que Luis dejó de llenarle la boca de su leche.

    Él se levantó algo cansado pero fascinado de lo que acababa de suceder.

    Mi esposa aun estaba tratando de tragar el resto de la leche de su amante y en eso hizo algo increíble, me hizo la seña de que me acercara a ella, tomó mi cabeza y me besó en la boca con el beso más apasionado que yo recuerdo, succionó mi lengua, la chupó y la llevó por todo el interior de su boca, donde aún quedaba parte del semen de su amante, al parecer eso era algo que le provocaba mucho morbo y la excitaba. A decir verdad eso no lo esperaba yo, sin embargo pensé que si con eso le podía dar gusto a ella, lo haría y así fue.

    En eso estábamos cuando me di cuenta de que Luis tenía su cabeza en medio de las piernas de mi esposa dándole una mamada en su parte más íntima de lo más rico. Ella por su parte lo disfrutaba al máximo ya que al parecer Luis también era un experto en eso.

    Cabe mencionar que debido a lo que Luis estaba haciendo, su verga había recuperado considerablemente su tamaño anterior.

    Dejé de besar a Yolanda para dejar que ellos siguieran disfrutando por completo.

    Él la siguió mamando un buen rato más, lo que le produjo a mi esposa un delicioso orgasmo en el que se movía de lo más delicioso.

    Dejándola descansar unos momentos, Luis aprovechó para preguntarme si podía cogerse a mi esposa, le contesté que no solo podía, sino que debía cogérsela, ya que ella estaba esperando eso. De paso le comenté que podía hacerlo sin condón.

    Se acercó de nuevo a ella, la besó muy rico, le dio a mamar un rato más su verga, lo cual quise presenciar más de cerca, por lo que me coloqué muy cerca de la cara de Yolanda viendo perfectamente como ella se la mamaba, mi esposa al verme tan cerca, en ocasiones se sacaba la verga de su amante como para que yo la viera en todo su esplendor, grande, reluciente y solo para volver a disfrutarla, primero con su lengua y labios en su cabeza durante un buen rato y después metiéndosela no se como pero casi toda en su boca. Era de verdad todo un espectáculo ver a mi amada esposa mamar tan deliciosamente la verga de su amante.

    Luis sacó su verga de la boca de mi esposa, se subió a la cama, prácticamente se acostó sobre ella quien lo recibió con las piernas abiertas, la verga de él quedó sobre la parte más íntima de ella, se volvieron a trenzar en otro delicioso beso; Luis se movía sobre mi esposa pasando su verga sobre su monte de Venus pero sin penetrarla aun.

    Así estuvieron varios minutos, de hecho ella movía su cuerpo levantando su cadera en clara búsqueda de la verga de él. En un momento dado Luis levantó un poco su cuerpo y pude ver como ahora apuntando su verga hacia la vagina de mi esposa, en unos segundos más estaba metiéndosela poco a poco, él ya no la besaba, solo observaba la expresión de mi esposa al irle metiendo cada vez más su verga, ella estaba con los ojos cerrados pero con un gran gesto de placer disfrutando cada centímetro del delicioso instrumento de placer que cada vez se introducía más y más en ella.

    Unos momentos más tarde pude ver con asombro como ya casi toda la verga de Luis estaba ya dentro de la vagina de mi esposa, la verdad era sorprendente como le había cabido esa verga tan gruesa y tan larga y desde luego la explicación era más que obvia, la magnífica lubricación producto de la gran excitación que su amante le había provocado permitió tan fácilmente el alojamiento de esa vergota que tanto placer le estaba dando y que a decir verdad yo también estaba disfrutando, ya que era un placer ver a mi esposa bien ensartada por otra verga pero gozándolo al máximo.

    Ambos se movían muy rico, se escuchaba muy bien el sonido que producía la verga al entrar y salir de la panocha de Yolanda.

    Él se veía encantado con la cogida que le estaba dando a mi esposa y ella por su lado se notaba por demás a gusto con todo lo que hasta ese momento había ocurrido con su amante, en eso, noté que Yolanda estaba por tener un orgasmo, de lo que Luis también se dio cuenta por lo que aumentó el ritmo y en unos segundos ví como Yolanda se retorcía de placer al experimentar un delicioso orgasmo que su gran amante le provocaba y que estaba segura de que serían muchos más.

    Así estuvieron bastante tiempo, la verdad era que él era un hombre con mucha experiencia y de paso con mucho aguante, lo que a Yolanda le fascinaba y de paso a mí también, ya que era una delicia ver a mi esposa disfrutar tanto del sexo,

    En un momento dado, él le dijo a mi esposa que deseaba que ahora ella se subiera en él, ella aceptó y acto seguido Luis sacó su verga y se recostó boca arriba, su verga se veía de lo mejor y en su mejor momento; mi esposa se acomodó sobre él buscando colocar ese gran instrumento en la entrada de su panocha y una vez que la cabeza estaba en el lugar adecuado, poco a poco se fue sentando ahí metiéndose cada centímetro de esa verga y desde luego disfrutando todo ello y parecía imposible que le entrara esa cantidad de verga, sin embargo no solo le entraba, pero al parecer ella deseaba que él le metiera más y más.

    Estando así pude ver una imagen de lo más erótica, Yolanda sentada sobre su amante, metiendo y sacando esa gran verga mientras él se dedicaba a mamarle los pechos cuyos pezones se veían casi por reventar y a tomarla de las nalgas ayudándola a subir y bajar y de paso de repente le propinó una sonora nalgada, lo que al parecer le gustó a Yolanda, por lo que de vez en cuando lo repetía, lo que también de alguna manera también me excitaba a mí.

    Mi esposa buscaba con su mano los huevos de Luis acariciándolos de una forma tal que me daba la impresión de querer metérselos junto con su verga lo cual de haberlo hecho, hubiera sido todo un espectáculo, bueno como si lo vivido hubiera sido poco.

    Me sorprendía el aguante de ambos, ya que a pesar de no tomar yo el tiempo, estuvieron cogiendo por un muy buen rato y no daban muestras de agotamiento, sino por el contrario, de disfrutar cada vez más lo que estaban haciendo.

    Un poco más adelante Luis le pidió a mi esposa que se recostara de lado, ella lo hizo, él se colocó detrás de ella y le volvió a meter su verga por la panocha, ella obvio que en cualquier posición la hacía disfrutar al máximo, igualmente estuvieron cogiendo así bastante tiempo

    Unos momentos más tarde ocurrió algo que no pensé que fuera a ocurrir, pero que a decir verdad yo estaba deseando.

    Luis tomó su verga, la sacó de la panocha y la colocó en medio de las nalgas de mi esposa, era evidente que no creía yo que por las dimensiones pudiera siquiera intentar metérsela por ahí, (afortunadamente me volví a equivocar).

    Una vez colocada su verga en la entrada posterior de Yolanda, él la empezó a empujar poco a poco; a estas alturas mi esposa ya sabía cuales eran las intenciones de Luis: cogérsela por las nalgas, no mostró el más mínimo gesto de rechazo a ello.

    A mi esposa le agrada que yo la penetre por ahí, sin embargo dada la diferencia de tamaño y grosor no pensé que fuera a aceptar que su amante lo hiciera también.

    Luis siguió con lo suyo, empujando lentamente hasta detenerse al percibir que mi esposa dio una muestra de un poco de dolor al haberle entrado la cabeza de la verga de su amante, sin embargo ella permaneció sin moverse ni decir nada, mostrando con ello que aceptaba lo que estaba por venir.

    Él tampoco se movía, esperando a que ella se acostumbrara al instrumento que estaba entrando en medio de sus nalgas.

    Era un cuadro perfecto, Luis encantado de estarse cogiendo a mi esposa por ahí y ella solo dando tiempo para que su cuerpo estuviera dispuesto a recibir la mayor parte posible de esa gran verga.

    En eso, yo me acerqué a Yolanda, la besé muy apasionadamente, ella respondió muy rico a mi beso. Yo aproveché para acariciarle la panocha, misma que estaba completamente húmeda y muy caliente, al meter mis dedos ahí, pude sentir la verga de Luis, separada de mis dedos solo por algo muy delgado, parte del cuerpo de mi esposa.

    Eso a ella le encantó y pude ver que también la excitó aun más de lo que ya estaba, tanto así que me pidió algo que de verdad yo no esperaba y ni siquiera había imaginado: me pidió que le mamara la panocha, de hecho a ella le fascina que se lo haga, incluso le he provocado varios orgasmos de esa manera, pero la verdad estas eran circunstancias muy especiales.

    Debido a ello le pregunté: ahora mismo?, y ella me contestó muy segura: sí mi amor, ahora mismo, quiero sentir a los dos ahí.

    Ella había hecho tanto no solo por disfrutar de todo lo que había pasado, sino también mucho al saber que yo igualmente lo estaba gozando, que a pesar de que su petición era de lo más inusual, decidí aceptar.

    Me desnudé por completo, como pude me acosté de frente a ella pero al revés, es decir con mi cara cerca de su panocha. Luis aun sin moverse la tenía bien ensartada por las nalgas, le besé la panocha, pudiendo ver como nunca de cerca la parte de verga que no estaba dentro de ella así como sus huevos.

    Ella aprovechó para meterse mi verga en su boca y empezar a darme una de las mejores mamadas que yo recuerde.

    Empecé a mamar su panocha a pesar de lo cerca que estaba todo el instrumental genital de su amante.

    La excitación subió de tono para todos.

    Luis viendo que ella estaba aún más excitada, empezó a moverse lentamente introduciendo poco a poco algo más de su verga en mi esposa y yo me dedicaba a tratar de darle a ella la mejor mamada de panocha posible y creo que lo estaba logrando ya que Yolanda estaba cada vez más caliente, lo que a mí por supuesto me encantaba,

    Él la tomaba de la cadera y cada vez metía más verga en el culito de mi esposa; cabe mencionar que los huevos de Luis en varias ocasiones estuvieron a punto de hacer contacto con mi cara, lo cual significaba que su verga (no sé como), estaba ya casi toda dentro de mi esposa y que al parecer ella estaba disfrutando cada centímetro que él le metía.

    Desde luego ella estaba muy consciente de lo cerca que quedaba la verga y/o los huevos de su amante de mí, además creo que eso, debido al gran ambiente erótico que se había creado, lo estaba disfrutando bastante.

    Y ahí estábamos los tres, él y yo disfrutando a mi esposa y ella gozando de las atenciones de dos hombres dispuestos a todo con tal de darle la mayor cantidad de pacer posible.

    Me encantaba ver cada impulso de Luis, sabiendo que eso significaba un poco más de verga que entraba en ese lugar tan especial de mi esposa, aunque eso implicara tener cada vez más cerca sus huevos de mi cara, de hecho, cuando ya prácticamente se la había metido toda, era imposible evitar el contacto entre mi cara y los huevos de Luis.

    Era la primera vez que yo tenía algún tipo de contacto con alguna parte íntima de otro hombre, en ocasiones cuando teníamos sexo ella y yo y nos poníamos muy calientes, ella me comentaba que no le desagradaría por ejemplo que en algún momento yo tomara con mi mano la verga de otro hombre y se la metiera a ella por donde ese hombre quisiera, en aquellos momentos eso sonaba hasta algo erótico, pero ya en la realidad, era muy diferente, sin embargo me daba cuenta de que ese tema le producía a mi esposa un claro efecto de morbo y podría decir que hasta le llegaba a excitar.

    Por lo anterior y viendo lo que Yolanda estaba gozando con su amante y yo, me dediqué de lleno a mamar lo mejor posible su panocha, sin darle importancia al contacto que pudiéramos tener él y yo.

    En cierto momento mientras él acariciaba los pechos de mi esposa, su verga se salió, quedando muy cerca de mi cara, la verdad se veía estupenda, de hecho me daba gusto ver ese gran miembro que tanto placer le estaba dando a ella.

    Él intentó varias veces meterla nuevamente sin usar sus manos pero sin lograrlo, entonces Yolanda tomó una de mis manos y la llevó hacia la verga de Luis. No se requería ser adivino para saber lo que ella deseaba y sin pensarlo mucho tomé la verga de su amante y coloqué su cabeza justo en la entrada del culito de mi esposa, no necesitaba hacer nada más, él sintió que estaba en el lugar correcto, empujó un poco y entró de nuevo para beneplácito de mi amada esposa.

    Seguimos así un buen rato, él ensartando muy rico a Yolanda por las nalgas, yo mamando su panocha y sintiendo esporádicamente los huevos de él, y ella disfrutándonos a los dos.

    En eso me retiré, dejándolos coger muy rico, él volteó a mi esposa boca abajo sin sacarle su verga y continuó cogiéndosela así, pude ver como ella acariciaba los huevos de Luis como empujándolos hacia sus nalgas, me excité más solo al imaginar que ella lograra que esos huevos le entraran por completo y que ya dentro de ella aumentaran de tamaño y que ella y su amante quedaran por unos momentos literalmente “pegados”, fue una imagen que pasó fugazmente, pero que me pareció más que deliciosa.

    Finalmente Luis aceleró el ritmo de la cogida que le estaba dando a mi esposa dando claras muestras de que estaba por venirse y ella desde luego encantada de recibir toda la leche de su amante, ella estaba fascinada de tener por completo la vergota de Luis dentro de sus nalgas, escuchaba bien los gemidos de Yolanda, mismos que indicaban que también estaba por tener otro orgasmo, el último de esta ocasión, pero afortunadamente no el último que le provocara su nuevo amante.

    En eso estaban, cuando pude ver uno de los momentos más eróticos, Luis arremetiendo con todo por las nalgas de mi esposa y ella parándolas lo más que podía, recibiendo toda la descarga que esa verga y esos huevos le podían entregar y lo más delicioso fue que en esos momentos exactos ella tuvo su orgasmo, es decir que los dos se vinieron al mismo tiempo, lo que a Yolanda le encanta, solo que nunca lo había hecho cuando la cogía así, pero ahí estaba mi amada esposa, dando muy rico las nalgas, estando bien ensartada, recibiendo una gran cantidad de leche y viniéndose al mismo tiempo con su amante.

    Después de venirse ambos y de que Luis inundara por completo el interior de mi esposa, permanecieron así por mucho tiempo, él con su verga dentro de Yolanda y ella disfrutando de esos momentos y gozando que Luis la tuviera aun ensartada.

    Como podían se besaban, desde luego mi esposa mamándole la lengua a su amante.

    Luis sacó su verga de mi esposa, se levantó y se dirigió al baño para darse una ducha, Yolanda me volvió a sorprender cuando me pidió que la penetrara por las nalgas, de hecho me encantó que me lo pidiera.

    Me recosté sobre ella, coloqué mi verga en el lugar exacto y sin ningún esfuerzo se la metí casi toda de una vez. Su interior estaba caliente y completamente lleno del semen de Luis.

    Estuve bombeando ahí muy rico, era una sensación completamente nueva para ambos, no porque no me la hubiera cogido antes por ahí, pero nunca con esa parte inundada previamente por otro hombre.

    No tardé mucho en venirme, la verdad estaba también muy caliente, deposité todo el esperma que tenía dentro de mi esposa y estuve unos muy ricos momentos bombeando y mezclando dentro de ella mi semen con el de su amante.

    Este fue el inicio de una serie de encuentros con Luis, la mayoría en casa, pero también saliendo ellos solos, ya que consideré que deseaban hacerlo sin mi presencia, lo que más adelante pude comprobar que fue una muy buena decisión.

  • Gracias al trabajo (2)

    Gracias al trabajo (2)

    Al día siguiente de mí, mejor dicho, de nuestra primera relación con un hombre, me levanté totalmente excitado, la polla bien dura y mojada del líquido preseminal que brotaba de ella. Me estaba vistiendo cuando sonó el móvil del trabajo, me indicaban que había habido problemas en una de las sedes de Sevilla y que tendría que desplazarme en unos 3 días hasta la capital andaluza, pero antes tenía que volver a mi ciudad para recoger documentación de esa sede, y ese regreso estaba organizado para esa misma tarde.

    Torcí el gesto de la cara con desagrado, habíamos pensado Jorge y yo, así se llamaba mi «conquista» de la noche anterior, que esta noche repetiríamos, pero con follada de culo incluida, si nos calentábamos lo suficiente. Lo único bueno era que, en vista de que no se sabía el tiempo que necesitaría para estar en Sevilla, habían decidido alquilar una pequeña casa cerca de la ubicación de la sede sevillana.

    Llamé a Jorge y lo primero que me dijo fue que tuve una excelente idea en intercambiarnos la ropa interior, yo me quedé con sus slips y el se llevó mis bóxer, lo tenía puesto y me dijo que llevaba empalmado desde el momento que se los puso, se lo agradecí, pensaba ponerme sus slips, y le comenté lo sucedido, lo lamentó muchísimo ya que había estado haciéndose ilusiones para esa misma noche, tendríamos que dejarlo para otro día, él era de Sevilla y podría desplazarse hasta la casa alquilada por la empresa en el momento que regresase, y volvía en dos o tres días, eso sería, dentro de lo malo, lo mejor que podría pasar.

    Una vez que regresé a casa esa misma tarde, mi mujer me recibió un poco distante, tenía muchas ganas de acostarme con ella, llevaba una camiseta ajustada, marcando bien sus pechos, incluso se le apreciaba los pezones un poco marcados, unas mallas muy ajustadas que le hacían un culo increíble, marcando bien su entrepierna.

    Acababa de llegar del gym y se iba a duchar, observé como se desnudaba mientras mi polla quería salirse de la prisión que eran los slips de Jorge,  me desnudé y me dirigí hacia el baño, vi como me miraba, y me preguntó si los slips que me acababa de quitar eran nuevos, no me los había visto nunca, le dije que no encontraba la ropa interior y salí a comprarme los primeros que vi, abrió la mampara de la ducha y tirando de mi polla me metió en ella, me besó metiendo su lengua bien hasta el fondo mientras mis dedos buscaba su raja y mi otra mano agarraba con fuerza el culo, mis dedos empezaron a jugar con su coñito, que lo tenía pringoso de lo excitada que se encontraba, me había visto con la polla dura y se excitó,  se giró, apoyó los brazos contra la pared y me dijo:

    – ¡Vamos, clávamela! ¡no aguanto más sin tenerla dentro!

    La despegué de la pared tirando de sus caderas para mí, coloqué mi capullo en la entrada de su coño y ella sola se movió hacia atrás, clavándosela hasta el fondo y gimiendo como una novia la noche de bodas, notaba lo caliente y mojado que lo tenía, mientras con un dedo le acariciaba el ojal, y eso le hacía suspirar y me recordaba el culo de Jorge la noche anterior, esos recuerdos me pusieron a mil y empecé a bombear con fuerza mientras me ella me pedía que no parase, que le diera fuerte,  algo había cambiado en ella, últimamente era muy pasiva cuando follábamos, más que pasiva yo diría que tenía el síndrome del maniquí enfocado al sexo.

    Siguió diciéndome que le diera más fuerte, sus gemidos eran ahora gritos de placer, me dedo se había introducido totalmente en su culo y lo giraba hasta que metí otro más, en ese momento empezó a decir:

    – ¡¡¡Dios, sigue, sigue que me corrooo!!! ¡No saques ningún dedo ni tu polla!

    Empezó a convulsionar y las rodillas se le doblaban, su respiración la tenía muy acelerada, y empecé a acelerar el movimiento:

    – ¡¡¡Me voy a correerrr!!! ¡¡¡Me corrooo!!!

    Con un movimiento muy rápido, mi mujer se la sacó y se arrodilló delante de mi polla con la boca abierta, no me dio tiempo ni a metérsela en la boca, me corrí en su cara, su boca, su cuello, mi leche le caía por las tetas, hasta que terminé, se metió mi polla en la boca y la limpió completamente, esperamos hasta coger aire y relajarnos, estaba muy extrañado, era la primer vez que me corría en su cara, y la primera vez que le metía un dedo por el culo, bueno dos dedos.

    Ya, cuando acabamos de vestirnos le dije que me había encantado, su contestación fue:

    – ¡¡¡Para que veas lo que te puedes perder si te pegas mucho tiempo en Sevilla y ahí lo dejo!!!

    A los dos días de aquello, salí hacia Sevilla, mi primera parada sería en la casa que la empresa había alquilado cerca de la sede, cuando llegué a ella era más de lo que me esperaba, un chalecito, no muy grande, 2 habitaciones en la planta de arriba más una más en la planta baja, un jardín ni grande ni chico, y lo mejor de todo, una piscina de unos 10 metros de largo, no le pegaba a la casa una piscina tan grande pero era genial, ya se sabe que en Sevilla, y cuando ya llega la primavera, la temperatura sube bastante, temperatura ambiental.

    Nada más llegar, había una señora con su hija esperándome para entregarme las llaves y explicarme el funcionamiento del calentador de agua y algunas cosillas más, me dejó su número de teléfono por si había algún problema y se marcharon.

    Acto seguido llamé a Jorge para decirle que ya estaba en Sevilla, en la casa, y que se podía venir cuando quisiera, me contestó que ya estaba entrando en Sevilla y que le mandase la ubicación porque no quería perder un momento más para vernos y ya sabes, así que le mandé la ubicación, me instalé en la habitación más grande, que tenía una cama «King Size», y me desnudé y me salí al jardín con intención de darme un baño en la piscina, me eché en la tumbona del jardín esperando con muchas ganas de que Jorge llamase a la puerta, me venían a la cabeza las imágenes de cuando follé con mi mujer en la ducha, las de Jorge y yo en el hotel y mi polla empezó a despertar, se puso morcillona cuando el timbre de la puerta sonó.

    Me levanté y llegué hasta la puerta, comprobé la mirilla y ví que era Jorge, así que le abrí la puerta tal y como estaba, se asombró al verme desnudo y, entrando, cerró la puerta, me agarró la polla y me dijo:

    – ¡¡¡Joder, esto sí que es un buen recibimiento, jajaja!!!

    Se acercó y me besó sin soltarme la polla, lo abracé sin parar de comerle la boca mientras notaba como su nabo crecía dentro de su pantalón.

    – Vámonos a la habitación, necesito todo lo que me puedes dar, le dije, y de la mano los dos, subimos hasta el dormitorio.

    Una vez allí comencé a desnudarlo, le quité la camiseta, solté su pantalón, y al caer al suelo, me fijé que llevaba un tanga de algodón de color blanco de caballero puesto, me dijo que lo había visto en una lencería y se decidió a probarlo, me dijo:

    – No sabes como excita el llevarlos puestos, con esa tirita que me roza el ojal y acabo con el tanga empapado de líquido preseminal por lo caliente que me pone, además, duermo con tu bóxer puesto, huelen a ti y me excitan mucho. Anoche tuve que pajearme del calentón que tuve.

    Esas cosas me ponían a mil, así que lo giré y observé su culo con el tanga puesto le hacía un culo precioso, un poco de mujer, y ya tenía yo la polla bien dura así que la acerqué a su culo mientras lo abrazaba y le besaba el cuello. Él respondió agarrándome los huevos mientras que se acariciaba la polla por encima del tanga.

    Me arrodillé y le quité el tanga con la boca, se lo bajé hasta el suelo y le abrí el culito, dios, solo quería follarme ese culo que parecía hambriento, le abrí las nalgas y apareció ese ojal sin un pelo, bien depilado, redondo, apretadito, él me dijo que se lo había lavado explícitamente para mí, que le hiciera lo que me apeteciera, apoyó sus manos en la cama y con mis manos abriendo sus nalgas, acerqué mi boca y comencé a lamerlo, su respiración empezó a acelerarse mientras yo el acariciaba los huevazos y el nabo, colocaba la lengua en la entrada pero no llegaba a entrar, apreté y entró un poco, en ese momento degusté uno de los sabores más excitantes y más raros que jamás había probado, ni el de mi mujer me había comido, eso me puso muy excitado y le metí un dedo, él de decía que despacio pero que no parara, que lo dilatase, que quería notar mi polla dentro de él, se recostó en la cama, con las piernas de rodillas en el suelo, me coloqué detrás y puse mi capullo en su ojal, me dijo:

    – No te muevas, ya me la clavo yo, tú quédate tal como la tienes.

    Eso hice y, muy lentamente fue pegando su culo a mí, yo veía como muy despacio mi polla le entraba, no tenía el culo tan cerrado como me pensaba o durante estos días había utilizado alguna «herramienta» para abrirlo, me decía:

    -Joder duele un poco, y quema, pero he leído que hay que dejarla dentro sin moverla y se pasa el dolor.

    Una vez que la tenía dentro, nos quedamos así un par de minutos, él tenía la respiración alterada, me decía que la notaba, que quería eso siempre en su culo para dormir, claro que no dormiría, jejeje, yo notaba el interior de culo en el tronco de mi polla, y estaba con ganas de empezar a moverme cuando me dijo:

    – Ahora, empieza a moverte despacio… así… ¡¡¡ufff siii, dame más, quiero ser tu putita y que tú seas la mía!!!

    Le agarré bien de las caderas y empecé a bombear mis caderas, gemíamos y jadeábamos como adolescentes follando, iba acelerando el movimiento, dios, era la primera vez que follaba el culo de hombre, bueno, en verdad era la primera vez que follaba el culo de alguien, que follaba con mi polla, lo de mi mujer fue con los dedos, y estaba disfrutándolo a tope, notaba que no me quedaba mucho para correrme, y me dijo:

    – Sácala, quiero que nos montemos en la cama y que me folles haciendo la cucharita, no te vayas a correr dentro, quiero probar varias posturas.

    Nos tumbamos en la cama, él estaba totalmente empalmado, se tumbó de lado, me coloqué detrás y se la metí ¡¡¡dios, esa sensación de follar un culo me tenía totalmente alucinado, me encantaba!!! mientras se la clavaba, le agarré el nabo y empecé a menársela, la tenía muy dura y mojada, no paraba de gemir, notaba en mi mano que su polla comenzó a palpitar en mi mano y él empezó a gemir.

    – ¡¡¡Me coorrrooo, cabrón, no te pares, sigue dándome hasta que te corras, quiero que me llenes el culo de ti, de tu leche!!!

    Noté como pegaba el primer trallazo de leche y como salía despedida hasta la otra parte de la cama y al suelo, ya empecé a notar que me iba a correr, y mi polla lo avisó dando los primeros envites.

    – ¡¡¡Échamelo dentro, cabrón!!! ¡¡¡Préñameee!!!

    Ni pude ni quise sacársela, y me vacié dentro de su culo, joder que alegría y qué placer, nos quedamos riéndonos y recuperando la respiración hasta que mi polla salió de su culo y con ella parte de mi leche, se levantó y fue al baño a limpiarse. Cuando salió me dijo:

    – Corazón, en un rato vas a ser mi puta

    Eso hizo que notara moverse algo dentro de mí, algo que sabía que me iba a gustar pero que me asustaba a la vez, pero quería probar qué se siente cuando alguien te encula.

    Pero eso será para el próximo relato.

    Lo dicho, se agradecen comentarios.

  • Madura se entrega después de 22 años sin coger (3)

    Madura se entrega después de 22 años sin coger (3)

    Conforme iban pasando los días su forma de vestir también iba cambiando, se deshizo de toda su ropa interior y fuimos a comprarle lencería, elegí para ella tangas, en su mayoría muy diminutas, de diferentes colores, modelos y texturas, todos los días me mandaba una foto de ella en el baño de su trabajo con la tanga que llevaba, me decía que se sentía incomoda ya que no estaba acostumbrada a usar eso, se hizo un depilado láser y su vagina así como su ano ahora estaban completamente sin ningún vello.

    Por motivos de tiempo no habíamos podido estar juntos de nuevo, hasta que un viernes llego a mi departamento con un abrigo completo, al entrar se lo quito y solo traía una tanga roja muy pero muy diminuta, lo más excitante fue saber que así venía en el Uber, eso me dio una idea, si ella ya había tomado la iniciativa y el valor de salir ahora era mi turno de exhibirla ya que esa era una de mis fantasías, humillar a alguien en público.

    Subimos a mi automóvil y conduje a las afueras de la ciudad donde se encuentra un bar/restaurante pedimos unas cervezas al llegar, me percaté que no había casi clientes y que los poco que había ahí eran hombres, empezamos a besarnos, y empecé a manosearla por encima del abrigo, de inmediato todas las miradas estaban sobre nosotros, sobre todo por la diferencia de edad, algunos empezaron a tocarse por encima de la ropa.

    Y fue ahí donde me pare de mi asiento y fui donde estaban 3 hombres, les pregunte si les gustó lo que veían y que si querían podría prestarles a mi zorrita pero con una condición, solo harían lo que yo les permitiera con ella, y que ha cambio ellos pagarían nuestra cuenta, de inmediato aceptaron y les indique que se acercaran cuando yo se los indicara.

    Regrese a mi lugar y le dije a mi zorrita que en unos momentos dejaría que esos hombres la tocaran, ella me reclamo diciendo que no era una puta para hacer eso y que solo era una puta conmigo, me puse serio y mi única respuesta fue, “tú eres mi puta así que harás lo que yo te diga”.

    Le hice señas a los hombres que se acercaran, les dije que podían tocar sus pechos por debajo del abrigo, al principio mi zorrita se resistió y con su mirada me rogaba que parara eso, pero solo me puse más serio ya que me estaba retando.

    Deje que los 3 hombres tocaran más a fondo llegando hasta su vagina, comenzando a masturbarla su cara era todo un poema, luchaba contra sus deseos, hicieron que se colocara encima de la mesa, y uno de ellos hizo de lado su tanga y empezó a chuparle su vagina depilada, otro a chupar sus pechos y el ultimo solo observaba la escena atónito.

    Tanto los meseros como los demás clientes se acercaron y me pidieron permiso para anexarse, les dije que si pero con la condición de que no podían penetrarla, solo tocar y chupar, así que todos estaban tocando, chupando o lamiendo alguna parte del cuerpo de mi zorrita madura.

    Unos estaban en sus pies, otros chupaban sus axilas, otros mordían su cuello, ahí fue donde ella se entregó por completo al placer y se vino en la cara de uno de los hombres en un poderoso orgasmo, cuando termino le dije que ya nos íbamos.

    Algunos ofrecieron pagar por ella pero ese no era el plan, le dije que se colocara el abrigo y se subiera al carro y así lo hizo, salí del restaurante y al entrar al carro le dije que se quitara el abrigo y solo fuera en tanga, y ahí fue donde otra idea se cruzó por mi mente.

    Conduje rumbo a su casa y cuando sabía que faltaban 5 cuadras para llegar le dije que se bajara del auto y se fuera caminando, quería humillarla, que las personas la vieran entrar a su casa en solo una tanga diminuta, ella me empezó a decir si estaba loco y que era un enfermo, le contesté:

    -solo, bájate y vete.

    Quiso tomar su abrigo pero no la deje, le dije que si no se bajaba ahí dejábamos todo y así lo hizo, se bajó del auto, yo solo arranque y por el espejo retrovisor veía a una madura en una tanga roja diminuta alejarse.