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  • El tendero la tenía de burro

    El tendero la tenía de burro

    Hola, y gracias por seguir leyendo mis relatos, les recuerdo mi nombre: soy Paulina, una mujer Trans a tiempo completo, esto básicamente quiere decir que hoy en día realizó todas y cada una de mis actividades en mi rol femenino, pienso, siento y respondo en todo como la mujer que soy desde mis primeros años.

    El relato que hoy les contaré nos lleva a una etapa en mi vida en la que mi familia ya estaba totalmente consciente y había aceptado mi homosexualidad por completo, para mis padres yo era una hija más, para mis hermanos era una hermana más, para mis abuelos era una nieta más, para mis tíos era una sobrina más y para mis primos era simplemente otra prima, así mismo en las zonas aledañas a la casa de mis padres, lugar en donde crecí para los vecinos era simplemente una chava Tv homosexual, este relato tuvo lugar en la ciudad de México, sucedió en el año 2008, cuando tenía yo 21 años, ya para ese momento era yo mucho de lo que hoy ven, salía algunas veces a la calle con ropas femeninas, realizaba ya algunas de mis tareas y pendientes del hogar y podía acudir a casi todos mis compromisos familiares y de amistades en mi rol femenino, y justamente en uno de estos compromisos familiares es donde comienza mi relato, ojala les guste.

    Todo empezó en una de las típicas tardes de domingo, uno más de los consabidos festejos de la familia en casa de los abuelos. Mis primos comentando sobre videos o música, tratando de pasar desapercibidos para llegar hasta donde estaba el bar y robarse un par de tragos; las chicas, primas entre si y jovencitas llenas de dudas, sensaciones nuevas y preguntas sin contestar y claro… deseos insatisfechos, estábamos sentadas en unas sillas plegables que los abuelos tenían en su patio, simplemente para matar el aburrimiento jugábamos con nuestros celulares, presumiendo entre nosotras los nuevos modelos que nos habían comprado nuestros padres, los tíos Hugo y Alfredo atareados con la carne asada pero con su respectiva cerveza cada quien en su mano cerca Mario y mi papá platicaban y daban cuenta de su tercera cerveza, más allá otros invitados, todos disfrutando de la tarde y de los tragos; las adolescentes intercambiaban miradas, Bárbara comentó «a este paso, antes de las seis terminarán bien borrachos», Fanny agregó: «te quedaste corta, antes de las cinco ya estarán bien pedos y discutiendo», Bárbara y yo asentimos convencidas. En eso algo distrajo mi atención, así que le hice señas a Bárbara y Fanny para que voltearan y nos dijimos entre nosotras:

    P: Ya vieron quien llegó?

    Bárbara volteó extrañada y no supo porque mi asombro, por lo que solo dijo:

    B: Es don Javier, el empleado del abuelo… Y?

    F: Si, qué tiene, sabemos que es el gato del abuelo pero porque tanto alboroto de que llegó?

    Bárbara es una prima, mayor que yo por apenas año y medio, sin embargo y dado a que es un poco llenita no había tenido tanta experiencia sexual a diferencia de mi, y Fanny es nuestra prima más pequeña, entre ella y yo son poquito más 3 años de diferencia, por lo que en aquella fiesta ella debía tener 18 años, por tal motivo era la más verde e inocente de nosotras 3 y la más preguntona del grupo, por estas razones yo para ese entonces ya era la más experimentada y pues si… Aventada y puta en cuestiones de hombres, por lo que mis 2 primas y en ocasiones mi hermana menor me preguntaron muchas veces todas las dudas respecto a la sexualidad, obvio no me importaba ayudarles, para eso es la familia. Y ese día les iba a ayudar nuevamente, por lo que les dije:

    P: Es que a don Javier en la calle le apodan “El Burro”, y no es porque sea tonto, dicen las malas lenguas que su apodo es porque se carga una, de tamaño familiar ¡enorme!

    Mi comentario provocó las risitas nerviosas de mis primas, por lo que motivada por el momento continue:

    P: Si manas, a don Javier le dicen “El burro” porque tiene una verga igualita a la de ese tipo de animalitos.

    Evidentemente yo era la más experimentada en estas cuestiones de nosotras 3, por lo que de repente me daban aires de muy sabelotoda y en ese momento les estaba exponiendo el tamaño del miembro masculino de Don Javier “El burro” separando las manos lentamente para ofrecer con ellas una medida, «así, o más o menos». Entonces Bárbara me cuestiono:

    B: Ah sí? ¿y tú como lo sabes?, ¿ya se la viste, pendeja?, ¿se la mediste o qué?, ¡qué pendejadas dices pinche Paulina!, será mejor que te calles la bocota y no hables sin saber!

    P: Pues no, no se la he visto… pero… lo se y de buena fuente… mira… ¿recuerdan la pasada fiesta aquí en casa de los abuelos? Bueno… ya casi de noche estaban las tías Leti y Claudia en la cocina platicando, ya estaban medio pedas, ¿recuerdan?, bueno, yo estaba lavando los trastes sucios y… algo hablaban entre ellas y lo que dijeron me impacto: «si, Don Javis la tiene de burrito, no, corrijo, de burrote!, ¡una vergota enorme, casi de 30 centímetros!», dijo asombrada la tía Claudia y la tía Leti «¿a poco se la mediste?»; «pues si, con la regla de la oficina de la tienda y mira», dijo Claudia…. «le pasa de los 23, casi 24 centímetros»… oír aquello me sorprendió y en ese momento Lety descubrió que estaba escuchando y me corrió: «¿y tú, chamaca, qué tanto oyes?, ¿eh?, ¡estás muy atenta, verdad!, anda, vete a la sala, luego terminas de lavar los trastes, déjanos platicar cosas de adultos» y tuve que salir, por eso sé que el apodo de don Javier se debe a que tiene muy grande el… miembro masculino».

    B: Ya no digas tarugadas, pinche Paulina, tú qué sabes del pobre don Javier, le dicen el burro porque trabaja como burro para el abuelo, supongo…

    Está fue la réplica de Bárbara, y después las 3 guardamos silencio. Y como sin querer miramos al empleado del abuelo, mucho mayor que nosotras 3, cabello pintando canas, de cuerpo fornido y espaldas anchas, que estaba en la fiesta como invitado pero no dejaba de lado su típico espíritu servicial, pues repartía cubas de ron con Coca cola entre los invitados a la comida de los abuelos, y sin embargo, mi curiosidad sumada por la calentura de conocer el fondo de este asunto no me dejo contenerme, entonces les dije:

    P: Ahorita veran si no, pinches viejas desconfiadas.

    Entonces, llame al empleado:

    P: Oiga don Javier ¿cuando termine puede venir un momentito?

    El fuerte hombre asintió, y Bárbara y Fanny me cuestionaron sorprendidas:

    B: F: Que haces wey??!!

    P: Pinches par de mocos!!! Lo que miden Uds. Dos juntas de estatura es lo mismo en centímetros que yo me he comido de vergas!!

    B: Que puta eres!!

    Y enseguida llegó don Javier a donde estaba el grupo de chiquillas y pregunto cortésmente:

    J: Hola niñas guapas, díganme…. Que puedo hacer por ustedes?

    P: Oiga don Javier, ¿nos regala una cubita?, ¿sí?, ande no sea malito.

    J- No niñas, están muy chamacas para tomar alcohol.

    P: Entonces queremos… que nos aclare una duda, ¿sí?

    B: No wey…. Ya no le digas!!

    P: Shhhh… cállate pendeja!!

    J: A ver niñas, digan pa´que soy bueno.

    P: Es que mis primas quieren saber por qué… le dicen el burro, ande díganos, ¿sí?

    El hombre sonrió bonachón y respondió:

    J: No, no, niñas, no deben hacer caso a rumores, son puros chismes los que inventan, y ustedes están muy chiquitas para averiguar ciertas cosas… a su tiempo, niñas, todo a su tiempo, ¿eh?, bueno ya me voy, porque si me ven los señores que me la paso platicando con ustedes capaz y me regañan.

    Entonces, una vez que don Javier se alejó de nosotras Bárbara y Fanny volvieron a regañarme, me dijeron:

    B: F: Ay pinche Paulina!, ¡descarada!, mira que preguntarle pendejadas al pobre de don Javier, ¡ya ni chingas!, pinche vieja puta!, seguro nomás te la pasas pensando en sexo o en vergas o esas pendejadas!!!

    P: Hay sí, ¿y de seguro tú no?, ¿a poco no piensas en eso?

    B: No hables mamadas….

    P: Ya cálmense cabronas! Verán que don Javis al rato viene, verán, ya verán, no podrá aguantar la curiosidad.

    Dije segura de mi misma. Un rato después, don Javier paso a dejarnos una cuba de ron, y ese fue el pretexto perfecto para volver a tocar el tema, primero nos dijo:

    J: Por favor que nadie las vea tomando eso, ¿eh? Y sobre lo que preguntaron… ¿por qué tienen esa curiosidad?, a ver díganme…

    Nosotras intercambiamos risitas, Bárbara moviendo la cabeza con desaprobación. Y fui yo la que hablo, la más experimentada, la más lanzada, la más puta, le dije:

    P: Bueno don Javier es que… usted sabe, estamos creciendo y tenemos nuestras dudas, ya sabe… y pues… humm, digamos que… tenemos curiosidad… científica, eso es, queremos aprender sobre algunas cosas y… pues, que mejor viendo algo sobre… eso…

    F: Sí, eso es!, estamos en formación y necesitamos aprender… y es eso… curiosidad científica, solamente eso, ¿entiende?

    J: Curiosidad científica, vaya, vaya… con que curiosidad científica… ¡ay estas niñas de ahora!, miren… lo que traman es algo indebido… si alguien se entera o sabe algo… no saben el problema en el que me meten, ¿eh?, pero bueno, curiosidad científica, vaya, vaya, pero sólo un momento, ¿eh?, miren ya saben que al fondo de la casa está la bodega de la casa de sus abuelos ¿eh?, está abierta, vayan para allá y procuren que nadie las vea, ¿eh?, al ratito las alcanzó… y a propósito, ¿quiénes tienen esa… curiosidad científica?, ¿eh?

    P: Nada más yo, Bárbara y Fanny, sólo las tres.

    Respondí con ciertos nervios, y minutos después sigilosas caminábamos con disimulo hacia la bodega, luego don Javier dijo en voz alta a mis tíos que se estaban encargando de la carne:

    J: don Hugo, voy a la bodega por más carbón para el asador ¿eh?

    Mi borracho tío jamás sospecho lo que su hija Bárbara y sus 2 sobrinas estaban por conocer, solo asintió empinando su vaso de ron con coca y don Javier se dirigió al sitio que nos había indicado. Cuando don Javier entró a la bodega reinaba el silencio y la parcial oscuridad, caminó entre cajas y muebles viejos hasta el fondo, justo a donde estábamos las tres jovencitas, de pie, nerviosas y en actitud expectante lo esperabamos, entonces nos dijo:

    J: Con que curiosidad científica eh? ¿con que quieren saber por qué me dicen el burro eh?, a ver, a ver, vamos a ver niñitas curiosas!

    Don Javier se detuvo ante nosotras que no movíamos un músculo, nos miró a los ojos, estábamos temerosas, quietas y casi temblando, y con lentitud pasmosa bajó el cierre de su pantalón de vestir y de entre la tela blanca de algodón de su boxer fue sacando su gigantesco miembro, despacio, ante nuestras jóvenes y ansiosas miradas, hasta que el enorme pene, parcialmente flácido, muy moreno y en definitiva, muy grueso, quedó por completo a la vista, en ese momento el «aaah» en conjunto que exclamamos por la sorpresa las 3 primas resonó en la silenciosa bodega, y don Javier así se quedó, con la verga de fuera, colgante, mediría sus 15 centímetros, pero estaba dormida, flácida. La expectación fue rota por este hombre que con su barra de carne bien merecido tenía el apodo de “el burro”, que con gesto de orgullo en la cara tomó su virilidad con la mano derecha y comenzó a balancearlo frente a nosotras, al mismo tiempo que nos pregunto:

    J: Y bien, niñas? Ahora ya saben por qué me dicen el burro, a ver digan, qué opinan.

    Nosotras no salíamos de nuestro asombro, hasta que yo logré articular un par de palabras apenas y sin dejar de admirar está rareza de la naturaleza masculina, dije:

    P: Ay don Javier!, ¡con razón le dicen el burro!, ¡está enorme su… cosototota!!!

    J: Y necesitas verla totalmente despierta niña Paulina!!! Mi niñote esta dormidito, ¿eh?

    Respondió el señor, orgulloso de su verga. Aquello despertó la ansiedad de Bárbara, que dijo:

    B: Dormida? ¿dice que está dormida?, ¡pero eso ya esta muy grande!, ay don Javier!! Mire nomás que cosota, y…

    Mi prima Bárbara no pudo terminar la frase, pues ante nuestros cachondos ojos “el burro” empezó a frotarse su vergota, con lentitud, con suavidad, ante nosotras que disfrutabamos del erótico espectáculo, hasta que poco a poco la enorme espada de don Javier fue tomando fuerza, creciendo, alzando su amenazadora presencia, morena, venosa, como de hierro, la verga alcanzó los más de 23 centímetros o poco más o poco menos, y el grosor, ¡qué gruesa estaba la enorme verga!; la tremenda lanza hizo temblar de miedo a Fanny y a Bárbara, que ahora se frotaban las manos nerviosas, ahora trataban de esquivar la mirada de aquella cosa monstruosa, y yo? Descaradamente admiraba esa vergota con la boca muy abierta, “el burro” se percató que a mí era a la que más me había emocionado mirar semejante barra de carne masculina, pues me estaba dedicando de frente su espectáculo y me miraba fijamente a los ojos, hasta que de pronto la función terminó y don Javier nos dijo:

    J: Bueno niñas…. ¿ya quedó satisfecha su curiosidad científica… ¿o no?, y les recuerdo que nadie debe saber de esto ¿eh?

    Y con cierto trabajo se acomodó el miembro dentro del pantalón y luego con paso lento se encaminó a la salida. Nosotras quedamos mudas, temblorosas, el sudor nos recorria las frentes y puedo asegurar que las 3 sentíamos en conjunto una curiosa comezón entre las piernas, ninguna hablaba, al menos hablo por mí, mi cachonda cabecita no paraba de recrear una y otra vez la visión de aquella gigantesca víbora que crecio ante nosotras y nos tenía como hipnotizadas. Asi pasaron algunos largos minutos de silencio hasta que las 3 fuimos capaces de mirarnos entre nosotras y lentamente nuestros labios formaron el inicio de una sonrisa, que luego se tornó en pícara mueca y luego en sonora carcajada, los «ja, ja, ja», y «¿vieron?, ¡que vergota, por todos los cielos!, Yo agregue:

    P: Se los dije!, ¡yo sabía!, ¿eh? ¡no qué no nos mostraba su vergota don Javis!!

    F: Ay sí!, no me explicó como le hará ese hombre para coger, seguro no hay mujer que le aguante tan tremenda… verga!!!

    B: Ay Fanny!, no digas pendejadas, don Javier es casado, tiene tres hijos, no creo que a su señora le cueste trabajo darle su cena a ese tremendo animalito, además, don Javier tiene sus aventuras, si no, como es que las tías Lety y Claudia tenían está información?

    F: Ay, no se ustedes manas, pero ver esa… cosototota me puso toda inquieta, temblorosa, hasta las piernas me tiemblan!!

    P: Querrás decir que estás caliente y no aguantas las ganas de ir al baño a frotarte la panocha con el dedo, chamaquita cochina, ¿o no? Jajaja!!!

    Cuando salimos de la bodega, todas intercambiamos una sonrisa de complicidad con el viejo Javier, y Bárbara y Fanny entraron casi corriendo a la casa, tal vez a buscar un rincón solitario para poner en paz sus jóvenes y calientes cuerpos, mientras tanto yo busque una silla vacía y un tanto apartada, y para poder tomarme tranquila la cuba que anteriormente nos había llevado don Javier, de pronto sentí sobre mi joven y transformado cuerpo la sensación de una mirada persistente y al girar la cabeza me encontré con los ojos lujuriosos de mi nuevo amigo el señor Javier, así que decidí intentar jugar su juego y le sostuve la mirada temblando de emoción o de ansiedad quien sabe, pero de pronto volví a sentir palpitaciones en mi pequeño orificio anal.

    Sin embargo, era evidente que don Javier no intentaría más en aquella ocasión, pues toda mi familia estaba presente. Pase un largo y aburrido rato, mis calenturientas primas no daban señales de vida, pensé que obviamente se estaban masturbando así que se me hizo de mal gusto ir a interrumpirlas, mis tíos ya borrachos discutían acalorados sobre asuntos de trabajo, ganancias y deudas y esas cosas, las mujeres platicaban entre ellas, algo borrachas también; los primos tomaban a escondidas de una botella de ron y jugando Xbox, fue entonces que sin querer, como suelen pasar las cosas, me percaté de aquella escena: Isela, «la prieta y chichona», empleada de la casa de los abuelos, de lacio cabello largo y negro, platicaba algo con don Javier, con mi don Javier….. Con mi burro, y luego de algunos momentos, al retirarse la chica de 27 o 28 años, no más, de cuerpo llenito pero chichona, como sin querer le dispensó al maduro burro una pícara caricia con la mano en la entrepierna y se retiro como si nada, meneando con lubricidad su firme trasero, mirando al frente como si nada hubiera pasado, para mezclarse con los tipos que brindaban con cubas de ron. Aquello fue como una llamada de alerta para mí, pues en ese momento pensé:

    P: Qué?, ¿Cómo?, ¿O sea… qué?… El viejo Burro y esa pinche negra chichona… se entienden, ¿eh?, andarán… ¿cogiendo?… ¡hijos de su mala madre! Seguro que Don Burro se quedó caliente de hace rato y buscará aplacarse con esa prieta!!… pero… ¿intentarán algo aquí?, ¿dónde?… ¡en la bodega!, ¡seguro!

    Y con paciencia segui con mirada atenta las evoluciones de aquella pareja hasta que… la chichona Isela se dirigió sigilosa a la bodega y… momentos después don Javier El burro fue tras de ella, estaba indecisa y ansiosa, no sabía que hacer, al final, la ansiedad acompañada de calentura pudo más y decidí ver si podía utilizar esto a mí favor, por lo que sigilosamente me escabullí detrás de ellos a la bodega.

    Cuando entre de nuevo en aquel gran cuarto semi oscuro de forma sigilosa busque a la pareja, pero nada, no se escuchaba un solo sonido, ni murmullos, camine cuidadosamente hasta el fondo y… ahí, recargado sobre unas cajas estaba el maduro burro, con el pantalón parcialmente bajado, y entre sus piernas, hincada, la chica de grandes tetas, que con habilidad le mamaba la tremenda vergota al hombre, que cerrando lo ojos y entregándose por completo al deseo, suspiraba y gemía pidiendo más, yo con ojos sorprendidos, miraba atenta como la mujer con lujuria y deseo besaba, lamía y chupaba la cabeza del enorme miembro del burro, suspirando, lengüeteando la verga, tragándose todo lo que podía del vigoroso miembro masculino, succionando amorosa agarrada con ambas manos de la dura barra.

    En eso una repentina idea me vino a la cabeza, y pensé para mi misma “algo tengo que poder sacar de este cochino secreto, ahora verán estos 2”, así que me aleje un poco y grite en voz alta hacia el fondo, donde estaba la pareja haciendo sus eróticos ejercicios:

    P: Don Javier, don Javier!, ¿no ha visto a Isela?, ¡le llaman por teléfono!, ¿sí?, oiga si la ve le avisa por favor, además a usted lo anda buscando mi abuelo que tiene que comprar más hielo y cocas.

    Momentos después junto a mi pasó la chichona Isela arreglándose el vestido y caminando presurosa para salir de la bodega, y sobre todo… sin atreverse a mirarme. Entonces confirme con esto que tenía al viejo burro a mi merced, bien agarrado de los huevos, algo tenía que hacer por mi o de lo contrario le contaría al abuelo los «sucios y horribles juegos a que se entregaban el burro y la prieta y chichona de Isela» y… así se lo hice saber al maduro tipo que con ojos sorprendidos no alcanzaba a entender que cosa quería yo de él, pero… ni yo misma sabía que pedir a cambio de guardar silencio, hasta que, adoptando una pose de mujer seria sentencie:

    P: Con que si ¿eh? Don Javier, ¿con qué esas tenemos?, usted y la cochina vieja esa haciendo ese tipo de porquerías, aquí, en casa ajena, la casa de sus patrones, aprovechando que todos están de fiesta, como dice el dicho «cuando el gato no está… los ratones hacen de las suyas», ¿eh?

    Y acercándome más aún a el añadí:

    P: Ahora Ud. Se va a portar buena gente conmigo, pues para no decir nada a nadie Ud. Me va dejar hacer algunas cositas con su… cosa de burro, ¿eh?

    J: Está bien chiquilla linda, debo aceptar que me tienes agarrado de los huevos, sin embargo también puedo decirte que no es necesario que tomes esto para amenazarme, pues no necesitas tú personalmente tener una ventaja para que yo quiera meterte la verga.

    P: En serio?

    J: Desde luego, ya hace un rato cuando decidí mostrarte lo que me cuelga entre las piernas, fue con plena intención de dártela a desear, si no hubieras venido con tus primas te hubiera cogido aquí mismo.

    P: Y porque a ellas no? Ellas son iguales a la chichona prieta que metio a la bodega a que se la mamara.

    J: Porque me dejaste caliente chamaca nalgona!!! Isela está chichona, igual que tu prima Bárbara, y Fanny solo es una niña torpe, tu en cambio, con esas nalgotas que la vida te dio, esa carita de puta que tienes. Me la pasaría cogiéndote todo el tiempo.

    P: Pero yo no soy mujer.

    J: Biológica?? Y que?? Estas más rica que mi vieja, que la Isela, que tus primas y que cualquiera en esta casa. Siempre he dicho que los mujercitos como tú se cuidan más que una verdadera mujer. Así que, porque no dejas la actitud de mujer sería y regañona y te pones de rodillas a hacer con la vergota de don Burro, lo que la Isela no termino de hacer, yo se que te mueres de ganas por hacerlo… anda ven aquí.

    El viejo burro tenía razón, no había nada más en ese cachondo momento que yo quisiera hacer que no fuera mamarle su vergota, así que sumisamente me arrodille ante el para abrirle el pantalón y sacarle de entre la ropa su verga monstruosa, prieta, casi negra, muy gruesa, olorosa a hombre, pero flácida, colgante y mustia.

    Levante mi cabeza para mirar una última vez a don Javier, como buscando su aceptación, la cual me llegó en forma de una pícara sonrisa, para enseguida tomar con ambas manos la gorda verga del viejo burro y con amorosos gestos hacer que reaccionara, no era nueva en esta arte de mamar vergas, sin embargo, está me causaba respeto, en aquel momento andaba con un chavo que me gustaba mucho, pero sexualmente me dejaba a medias, así que en ese momento tener la oportunidad de satisfacer mi parte femenina con una verdadera vergota de este macho maduro era un sueño para mi lívido que iba en aumento, comencé a acariciar con ternura y suavidad el tronco prieto.

    Luego la levante con ambas manos, pues debido al peso de la masa muscular de este gordo miembro quedaba de manera cabizbaja aún cuando la sangre estaba ya bombeando a su máxima capacidad, fue entonces cuando tuve de frente a esa gordisima verga y con un gesto casi místico, como rezando ante una imagen religiosa, lleve la cabezota a mis labios carnosos y suspirando, le di un beso tierno, luego comencé a besar de manera golosa toda la extensión del tronco de la larga verga de don Javier, quien con ojos sorprendidos me miraba atento pues en verdad creo que no esperaba que yo supiera mamar verga de la forma en que lo estaba haciendo, y en verdad que mi deseo era darle una mamada para el recuerdo a su «niñote» como don Javier le decía a su inmenso atributo masculino.

    Así que me tome mi tiempo para satisfacer a este macho con mis labios cuando decidí posarlos con suavidad sobre la inflamada cabezota, mire para arriba para deleitar mis ojos con los gestos que don Javier el burrote dibujaba ante mis caricias, enseguida abri lo más que pude mi boca para rodear la circunferencia de la verga ya erecta y comenzar a lamer, succionar y mamar el monumento de verga que tenía ante mi, y pasaron los minutos más agradables para mí en aquella tarde, en tanto que don Javier se abandonaba al placer que recibía, permitiéndome jugar con su virilidad y disfrutarla, aferrado con las manos a las cajas de cartón en las que estaba recargado, suspirando y gozando, entregándose a mi.

    Y cuando don Javier suspiraba sintiendo que su corrida era inminente, suspendí mis eróticas y sensuales caricias, entonces me puse de pie, me gire y dándole la espalda me incline un poco sin soltar la vergota de don Javier que mantenía aferrada con una mano, con la otra levante mi falda que llevaba ese día, mostrandole mis nalgotas enfundadas apenas en mi diminuta tanga que casi era tragada por las redondas protuberancias femeninas que la vida me regaló, en esta posición restregaba la verga morena y dura como el fierro por todo mi culo, entonces le dije:

    P: Ahora mi don burrito, vamos a jugar un poquito, ya que tengo hambre y usted… está más que puesto para darme lechita, verdad?

    J: No sabía cómo pedirtelo pequeña puta!

    Ante los ojos lujuriosos de don Javier comencé a frotar sobre mi ansioso ano la punta del miembro erecto, lentamente, me sentía totalmente húmeda y caliente, entre suspiros de ambos, y con ayuda de don Javier que aplicó un poco de presión para adelante, logramos que el garrote endurecido fuera engullido por mi agujerito que estaba demostrando ser tragón y estar a la altura de semejante verga, sin embargo, bien sabía yo que esto nada más había sido la gruesa cabezota y algunos pocos centímetros, entonces volví a sacarla y de nuevo la introduje la venosa verga dentro de mi jugoso y caliente hoyito, así lo repetí varias veces, en que de la manera más lujuriosa posible jugaba con el grueso mástil del viejo burro que se dejaba hacer de todo por mi, hasta que la excitación de este macho fue mayor al deseo de seguir aguantándose, y tomándome fuertemente por mis anchas caderas, comenzó a embestirme desde atrás de una forma deliciosa, el burro estaba demostrandome que a pesar de su madura edad, aún tenía pila para coger jovencitas putitas como yo, y esa tarde yo era la afortunada.

    Don Javier estuvo cogiéndome en esta posición cerca de 15 minutos para después permitirme ahora a mi recargarse en las cajas en donde previamente estaba el pero ahora yo de frente, es decir que nunca deje de darle la espalda a este delicioso hombre que estaba haciéndome maravillas con su dote masculino adentro de mi, hasta que al cabo de unos 10 minutos más don Javier comenzó a bufar y decía:

    J: Voy a terminar ricura de puta!! Voy a terminar!!

    El burro me sacó su gorda vergota de mi ano y entonces pude apreciar el delicioso espectáculo mientras su escopeta expulsaba fuera el primer y más abundante chorro de semen, y luego el segundo y el tercero y más y más, pude observar su vergota palpitando. Nos regalamos un par de minutos bien merecidos para reponer fuerzas y recobrar la realidad, entonces mi burro me dijo:

    J: No pudimos llegar a más hoy niña deliciosa, pero ahora que ya fuiste mía una vez, quiero que vuelvas a serlo.

    P: Tu dime cuándo don burrito!!

    J: Siempre que quieras puta! En la tienda de tu abuelo del mercado hay espacio suficiente, yo siempre me quedo a hacer corte y a acomodar mercancía en los anaqueles y en los refrigeradores, el día que quieras yo cierro a las 7 de la noche. Lleva ropa de puta cuando me vayas a ver, estaré ansioso de meterte de nuevo mi vergota.

    Así conocí al madurito don Javier, alias “el burro”, un apodo más que bien merecido por sus atributos masculinos. Volví a verlo? Claro que sí!! Fui su amante oficial por mucho, mucho, mucho tiempo… pero eso se los contaré en el siguiente relato.

    Fin.

    Espero sus comentarios a mi correo:

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  • No soy una prostituta

    No soy una prostituta

    Soy Kari, tengo 21 años, estatura mediana, tetas entre pequeñas y medianas, culo mediano, piel blanca y cintura y piernas marcadas.

    Había salido a una cita con mi novio, todo estaba bien hasta que tuvo que irse por una supuesta emergencia, le pedí su podía acercarme a mi casa, pero se negó y me dijo que tomara el autobús aún ya siendo algo tarde.

    Llevaba bastante tiempo esperando el autobús y ya era algo tarde, mi ropa era unas botas negras con tacón, medias de red negras, una falda corta roja con negro, una blusa semi transparente que dejaba ver mi top con escote, maquillaje oscuro y 2 coletas como peinado, todo el estilo de una E-girl, estaba algo nerviosa pues no había nadie más en la parada del autobús así que para calmarme encendí un cigarrillo, me ayudó a calmarme y en eso un auto se paró frente a mí.

    Bajo la ventanilla y ambos nos quedamos viendo unos segundos hasta que el soltó la primera palabra preguntando cuando costaban mis servicios, al escuchar eso me sentí algo molesta y me acerque al auto a decirle que no era una prostituta, se vio un tanto decepcionado, me preguntó que hacía y le expliqué que esperaba el autobús, me dijo que ya no iba a pasar nada por la hora que era, no le dije nada porque sabía que era cierto y en un modo más amable me ofreció acercarme a algún lugar más transitado.

    Mis opciones eran muy limitadas así que acepté y subí a su auto, era buen tipo fuimos conversando en el camino y él me contó que estaba buscando una prostituta joven para tener una aventura como su esposa que se cogía a uno de sus estudiantes jóvenes, mientras más me contaba estaba impresionada y entendía el porque quería el también una aventura, él estaba molesto con su esposa y mientras hablaba pensé como mi novio era igual a su esposa.

    En ese momento estaba muy molesta con mi novio así que mientras hablaba lo interrumpí diciendo «podemos hacerlo por 500» me vio raro unos segundos y pregunto si estaba segura a lo cual respondí que si, no sabía cuánto cobra una prostituta así que fue lo primero que se me vino a la mente, el acepto y condujo su auto en otra dirección, llegamos a lo que parecía ser su casa y que al entrar confirme que si era, tenía fotos con su esposa y al verla solo pensaba lo perra que era.

    Mientras veía las fotos sentí como metió su mano bajo mi falda y apretó mis nalgas, no llevaba short solo bragas, lo voltee a ver y me dio el dinero en la boca, lo quité de ahí y lo guarde en mi bolsa, me beso lamiendo toda mi boca mientras me seguía tocando y yo me ponía de puntas pues aún con tacones era más alto que yo, nos dejamos de besos y me llevo a las escaleras donde insisto en que fuera yo primero y con razón pues mientras subía el veía debajo de mi falda.

    Me pareció algo sexy así que fingí agacharme por algo para que viera más bajo mi falda, al entrar al cuarto sin esperar más me quitó las bragas y nada más, me confundió un poco hasta que vi como él se empezó a desnudar, al verlo desnudo me empezó a excitar su cuerpo de maduro casado y en especial su verga que era muy ancha y larga en comparación a las de los chicos de mi edad.

    Me abrazo para quitarme la blusa y el top y mientras lo hacía descubrí porque me quitó las bragas, su verga se empezó a frotar en mi coño y abrí un poco mis piernas para que se tocaran mejor, saco mis tetas y mientras su boca succionaba mis pezones sus manos abrieron mi falda hasta sacarla y quedar desnuda junto con él, me sonroje pues él pudo ver lo depilado y húmedo que estaba mi coño y yo su verga con algo de bello al rededor, su bello me daba cosquillas y parecía un tanto sexy.

    Nos estábamos besando cuando él levanto una de mis piernas y acomodo su verga para meterla, sentí un leve empujón y me separe del beso para decirle «espera, te la voy a chupar» su rostro estaba algo sorprendido y por supuesto excitado, baje mi pierna y me puse de cuclillas con su verga en mi mano que se veía mucho más grande cerca de mi, como una suave paleta moví mi lengua desde sus bolas a la punta, tenían un sabor y olor fuertes.

    Ya en la punta la empecé a meter mientras lo veía a los ojos como me acariciaba la cabeza y gemía un poco, en lo personal se me hace sexi ver un hombre gemir así que movía más mi boca y lengua, su verga era muy ancha así que no pensaba en hacer una garganta profunda, en su lugar cada que llegaba a mi límite la sacaba y escupía en ella para esparcir más mi saliva.

    Baje a sus bolas que se sentía pesadas en mi boca y su bello tocaba mi rostro, me quedé pegada un buen rato lamiendo su verga pues no había tenido la oportunidad de comer una verga así antes y su sabor me había cautivado, cerré mis ojos y mientras estaba lamiendo con muchas ganas separó su verga de mi, abrí los ojos y mientras lo veía de forma tierna me dijo que fuera a la cama para que me diera su vergota, me levanté y dejé mi bolso al lado de la cama mientras me acostaba boca arriba y él se empezaba a frotar en mi coño, mientras lo hacía me preguntó si quería que usará condón.

    Me levanté por completo y busque en mi bolsa hasta sacar unos condones L que le intente poner pero le quedaban muy apretados y él me dijo que solía usar XL, escuchar eso despertó algo más sexual en mi y le sonreí preguntando si tenía uno, busco unos segundos hasta que encontró uno y me lo dio, lo mire unos segundos como estaba de duro y excitado y le dije «gracias papi, lo usaremos la próxima vez» mientras abría más mis piernas.

    Me miró unos segundos y pregunto porque no lo ponía y le dije que si en verdad quería vengarse de su esposa me tenía que coger sin condón, ambos sabíamos que era mentira pero él no se podía negar a esa oferta y me abrazo rápido empujando la punta en mi coño, me empezó a penetrar mientras me besaba el cuello y a cada centímetro que entraba confirmaba que el no usar condón era buena idea, su verga era ancha y con varias venas y mi coño sensible y apretado.

    La metió toda mientras chupaba mis tetas y la dejo dentro unos segundos para que me fuera acostumbrando, lo abrace con mis piernas y le dije al oído «muévete papi», sus caderas se empezaron a mover siguiendo con sus besos mientras yo sonreía con los ojos cerrados, trataba de imaginar algo pervertido que me calentará más pero no pensaba nada más que un hombre maduro que acababa de conocer me cogiera como a una prostituta.

    Me estaba cogiendo cada vez más duro y me hizo abrir los ojos al sentir su mano alrededor de mi cuello apretando, lo empecé a ver de forma sexi con mis tetas rebotando sin parar y nuestros cuerpos siendo lubricados por el sudor que nos generaba, me abrazo fuerte y volvió a besarme el rostro mientras yo pasaba mis manos en su espalda y mi boca tocaba su cuello y hombros, se movía de forma salvaje sobre de mi, levantando mis caderas y con su verga casi dentro de mi útero no aguante más y todo mi cuerpo se envolvió en un fuerte orgasmo que saco jugos mojándolo a él y a la cama.

    Durante el orgasmo mis uñas rasguñaron su espalda y entre gemidos su hombro tocó mi boca y lo mordí de forma sexi, el al sentir mis dientes hizo lo mismo con mi hombro ambos dejando marca, no bajo la velocidad en ningún momento y baje mis manos para acostarlas en la cama mientras él seguía usando mi cuerpo para satisfacer su dura verga.

    Todo mi cuerpo se movía al igual que la cama, estando boca arriba escuché como mi celular empezó a vibrar y como pude lo tome, le pedí un momento y solo se movió más lento, conteste y era mi mamá preguntando dónde estaba, le dije que me había quedado a dormir con una amiga mientras contenía mis gemidos, no dijo más y colgó, de inmediato volvió a sus movimientos bruscos mientras yo le trataba de enviar un mensaje a mi amiga para que me cubriera.

    Sus movimientos empezaron a bajar pero aun siendo brusco, mis manos lo volvieron a tocar lleno de sudor mientras el jadeaba y me seguía tocando, lo mire unos segundos y le dije «¿quieres que me mueva yo papi?» Dijo que si con la cabeza y saco su verga, se acostó en la cama y yo me subí a él estando frente a frente, pero antes de meterla me detuvo y dijo que quería ver mi culo moverse así que me di media vuelta para montarlo.

    Cerré un poco sus piernas para poner las mías a sus lados y me senté en su verga despacio hasta que toco la entrada a mi útero, ya me había acostumbrado un poco así que apoyando mis manos en sus piernas comencé a moverme, arqueé mi espalda para empinar más mi culo, él acariciaba mis piernas hasta mis nalgas mientras iba saltando más. Su verga golpeaba muy fuerte dentro de mi y eso dolía un poco pero era más la excitación que me causaba y me hacía moverme.

    Lo estaba montando muy duro mientras él me daba nalgadas o levantaba mis piernas tomando los tacones de mis botas, sentía mucho calor dentro de mi así que iba acelerando cada vez más, volví a cerrar mis ojos para enfocarme en su verga, el ruido de nuestros cuerpos estaban en todo el cuarto junto a mis gemidos y el trataba de decirme algo que no alcanzaba a escuchar, sentía que yo estaba cerca así que lo monte de la forma más fuerte y sexy que sabía hasta que la metí hasta el fondo y con unos espasmos tuve otro delicioso orgasmo.

    Mientras terminaba de disfrutar mi orgasmo sentí un chorro de semen salir dentro de mi, respondí al instante sacando su verga la cual soltó un poco de semen en mi coño y el resto en mis nalgas, lo mire y su rostro mostraba lo satisfecho que lo había dejado, se disculpó por acabar un poco dentro y le dije que no había problema que se sentía rico un poco de su semen dentro de mi.

    Me acosté sobre de él con mis nalgas cubiertas de semen y nos miramos con unas risitas pervertidas, me levanté a quitarme los zapatos y saque un cigarro, le pregunté si le molestaba a lo cual dijo que no, me fui a una ventana de su cuarto a fumar y unos segundos después me abrazo por detrás y llevo mi mano con el cigarro a su boca succionando un poco para después besarme y pasar el humo, fue algo lindo y sexy, de no ser que su verga estaba dormida hubiéramos cogido de nuevo ahí, nos acabamos el cigarro juntos y nos metimos a su cama a dormir.

    A la mañana siguiente ambos despertamos un tanto calientes y entre unos besos y caricias terminamos cogiendo de nuevo, al terminar nos dimos un baño y me arregle, me ofreció otros 500 por el sexo mañanero pero los rechace y dije que era de regalo mientras le dejaba mi número de teléfono por si quería repetir alguna vez, me llevo a una parada de bus y ya finalmente regresé a mi casa.

    Poco después visité a mi amiga y le conté todo y ella me recomendó contarlo aquí así que denle las gracias, desde entonces he tenido algunos mensajes con él como amigos pero he pensado en pedirle otra cita para volver a coger así de rico y bueno gracias a ustedes también por leer, los amo, bye.

  • Gracias al trabajo (4)

    Gracias al trabajo (4)

    Al día siguiente de aquella tarde con Jorge, estuve entretenido con el trabajo toda la mañana, era miércoles y quería volver a casa el viernes, Jorge me llamó por la mañana para saber si quedábamos por la tarde, su mujer había tenido que salir por un tema de males y seguramente no volvería a dormir. Decidí acabar un poco antes, quería preparar lo que tenía en mente para Jorge y para mí.

    Llegué a la casa sobre las 18 h con todo listo, había comprado comida para las cenas y almuerzos pendientes, algo de bebidas, y lo más importante: un delantal de esos que te cubren desde el pecho hasta por encima de la rodilla y que te dejan libre la parte de atrás, por la parte delantera tenía una imagen en 3D de una mujer desnuda, con unas tetas impresionantes, el coño depilado, lógicamente no llevaba ni cabeza, ni brazos.

    En cuanto llegó Jorge le expuse mi idea, sería mi criada por esa tarde y esa noche, mañana cambiaríamos los papeles, pero esa tarde sería mi sirvienta, tenía que ir por la casa sólo con el delantal, le gustó la idea porque su paquete aumentó de tamaño, señal de que le daba un aprobado al juego, se desnudó completamente, ya tenía la polla morcillona y se colocó el delantal, le dije que fuese a la cocina para preparar la cena, y que me trajese una cerveza bien fría.

    Se marchó a la cocina y en poco tiempo venía comuna bandeja con la cerveza, un bol con unas aceitunas para picar y una servilleta, colocó todo sobre la mesa de café delante del sofá donde yo estaba sentado, y se retiraba cuando le dije:

    – ¿No olvidas algo?

    – ¿El qué? He traído todo, señor.

    – No es algo que debías traer, es algo que me debes hacer, por si no te has dado cuenta estoy vestido, desnúdame.

    – Sí, señor, lo siento, señor.

    – No te preocupes y desnúdame, pero que no vuelva a pasar.

    Se arrodilló ante mí y me quitó los zapatos y calcetines, aún de rodillas me quitó la camiseta y aproveché para besarlo en la boca, el delantal ya marcaba que su polla estaba “contenta”, me levantó del sofá y comenzó a quitarme el pantalón, se puso de rodillas de nuevo y tiró del pantalón hacia abajo, llevaba puesto el slip que nos cambiamos la primera noche que quedamos, eso le dio alegría, pegó su cara a mi paquete y empezó a olerlos, aspiraba como si quisiera dejarlo sin olor, ya tenía la polla que quería salir de allí.

    Levanté los pies y me sacó el pantalón, me bajó el slip e hizo lo mismo, me besó la punta del capullo, y pasó su lengua por él, ya tenía un poco de lubricante preseminal saliendo de mi verga. Me senté en el sofá y le dije que recogiera mi ropa y que lavara los slips a mano, olían demasiado a polla caliente. Me senté a tomar la cerveza y, una vez que recogió la ropa se dispuso a lavar los slips.

    Salió al patio donde tenía una pila de lavar, le echó detergente y se puso a frotar, me acerqué, sin que me oyese y lo observaba limpiar los slips mientras cantaba, con el movimiento del frotar, veía como sus nalgas se movían, sus huevos se balanceaban y a mí se me levantaba la polla del calor que me estaba entrando.

    Me acerqué a él por detrás y le agarré las nalgas mientras le besaba el cuello, no se lo esperaba y se sobresaltó, echaba la cabeza hacia un lado para que mis besos le llegaran bien, le acaricié la polla y la tenía muy dura y chorreando, ¡¡¡le excitaba que lo tratara como mi criada!!!

    Me agaché, le abrí las nalgas y metí mi cara entre ellas, olía a puta caliente y así se lo dije, pasé mi lengua por su ojal y suspiró, no paraba de frotar el slip. Metí el dedo índice mientras mi lengua lamía su ojal en círculos.

    Me levanté y le dije que enjuagara el slip y lo tendiera, y que se pusiera a preparar la cena, que me sorprendiera con una buena cena.

    Se giró y tenía el delantal marcado por su polla, tendió el slip y me siguió hasta dentro de la casa, su respiración estaba muy alterada, y yo me había puesto muy caliente, pero quería hacerlo sufrir un poco más.

    Me senté en el sofá con la polla muy dura, yo tampoco iba a aguantar mucho más así, por lo que me fui a la cocina, abrí una botella de “Ribera del Duero” y serví dos copas, me lo agradeció con una sonrisa y brindamos por mi criada.

    Él seguía preparando la cena, me acerqué por detrás y le puse mi polla entre sus piernas, sus huevos posaban en mi nabo y empecé a moverme hacia delante y hacia atrás, como si lo estuviese follando, él se ponía de pie para intentar meterse mi polla por el culo, yo no podía más, le empujé la espalda para que pusiese su pecho sobre la encimera, su culo quedaba a la altura de mi polla, se lo abrí y le puse el capullo en el ojal. Suspirábamos y gemíamos.

    Apreté mis caderas contra él y el capullo entró de una vez, dios ese culito caliente, que me apretaba el tronco de la polla, aceleré el movimiento, Jorge jadeaba como nunca, yo le preguntaba:

    – ¿Te gusta cómo te doy por el culo, zorrita?

    – Me encanta, señor, quiero que me preñe señor. Ufff, siga más, la tiene muy dura señor, y eso me pone muy putaaa. Me queda poco señor, me voy a correr.

    – Bueno, después limpias con la lengua lo que ensucies con tu lefa, zorra.

    – ¡¡¡Por supuestooo señooor… me corro, me corrrooo!!!

    Empezó a gemir y noté en mi polla las contracciones de su culo al correrse, cuando acabó de correrse, se la saqué y le hice que se pusiera de rodillas:

    – Ahora voy a follarte la boca y te tragarás mi lefa

    – Claro que sí señor, tengo hambre.

    Abrió la boca, y le puse la polla en los labios, me lamió el capullo y abrió grande la boca, se la metió hasta que le dieron arcadas, me ensalivaba todo el nabo, le caían hilos de saliva por la comisura de los boca. Le agarré la cabeza y empecé a bombear mientras él me acariciaba el ojal con un dedo.

    Ufff él sabe que eso me pone a mil. Aceleré los movimientos mientras él hacía ruidos con la boca por las arcadas que daba y el sonido de lo ensalivada que me tenía la polla, se la saqué y me miró con ansias:

    – Cómeme las pelotas, putita.

    – Sí señor, se las lamo, se las chupo y las beso señor.

    Se metía un huevo en la boca y después el otro, los turnaba sin parar de lamerlos, mientras se acariciaba la polla que aún no la tenía dura. Le metí de nuevo la polla en la boca, le agarré la cabeza y empecé a bombear mis caderas, le dije:

    – Prepárate para lo que viene, zorra. Voy a alimentarte con mi leche.

    No podía hablar, solo movía la cabeza asintiendo, aceleré los movimientos cuando me empezó a meterme un dedo por el culo ufff, sí que me gustaba aquello. Le dije:

    – ¡¡¡Voy a correrme, zorra. Tómate parte de mi leche, quiero pringarte la cara también y que la rebañes!!!

    – Sí señor, sí. Deme leche, tengo hambre señor.

    Dejé de moverme y en nada salió el primer trallazo de mi leche, le llegó hasta la campanilla, el segundo también fue dentro, ya le saqué la polla y le regué la cara de lefa. Tuve que apoyarme con los brazos en la encimera de la cocina mientras él me limpiaba la polla con la boca y se relamía la leche que le había dejado por la cara.

    En ese momento sonó algo en el jardín y por la ventana vimos a alguien de se movía hacia la puerta de salida, tal y como estaba salí corriendo hacia la puerta, si me aligeraba podría cortarle el paso para que no pudiese salir. Dando grandes zancadas llegué primero a la puerta cortándole el paso al intruso, que no pudo frenar y se chocó conmigo cayendo los dos al suelo. Cuando me incorporé, de rodillas estaba la hija de la dueña de la casa, la que esperó que yo llegara para darme las llaves el primer día que llegué. Le pregunté:

    – ¿Qué está pasando aquí? ¿por qué nos espías? No creo que a tu madre le guste la idea de que tiene a una hija muy cotilla, sin contar lo que pueda decir mi empresa…

    – Bueno, tampoco creo que a mi madre le haga mucha gracia el saber que tiene la casa alquilada a un maricón que se trae a sus conquistas para follarlas en casa y a su empresa creo que tampoco, ¿o sí?

    Jorge llegó donde estábamos, con un pantalón corto puesto y sin el delantal, preguntó lo qué pasaba, quién era y se echó las manos a la cabeza, se agobió bastante, intenté serenarlo pero no había manera hasta que ella dijo:

    – Bueno, por lo que veo esto tiene un arreglo, beneficioso para todas las partes, no es la primera vez que os veo follar.

    – A ver qué beneficios dices -le contestó Jorge.

    – Pues fácil, quiero lo mismo que quieres tú, quiero esas pollas, quiero comeros y que me comáis, quiero vuestro semen, en definitiva, quiero disfrutar de vuestro juego.

    Ya lo siguiente que pasó, lo dejo para el siguiente relato, un saludo.

    Vantheway.

  • Por fin logré cogerme a mi cuñada

    Por fin logré cogerme a mi cuñada

    Mi cuñada la esposa de mi hermano mayor era chaparrita, colochita, de buen cuerpo, todo bien puestecito. Él se la llevó a vivir a la casa. Empecé a llevarme bien con ella, bromeábamos, yo la llevaba en la moto a hacer mandados, ella me lavaba ropa y planchaba, me hacía de comer. Me iba a su cuarto a ver tv o comer con ella, nos llevábamos super.

    Al inicio no la miraba con deseo, hasta que empecé a verla salir de bañarse en toalla y una vez sin querer vi que se quitó la toalla y solo llevaba cachetero sin bracier. Entonces cada vez que se bañaba la espiaba. Y una vez ya era de noche; yo quería algo se su cuarto y abrí sin tocar, mi hermano la tenía en 4 haciéndose. Ella se dio cuenta y al día siguiente me dijo que estaba apenada, le dije que no pasaba nada.

    Pero ellos peleaban mucho y se separaron. Yo seguí en comunicación con ella, y me dijo en donde vivía. Una vez que la visité entre broma y juegos la acaricié por encima de la ropa, y al fin de tanto le hice a un lado el short y ropa interior y le hice un rapidin. Para mí fue sueño cumplido, pero ella de inmediato me dijo que era un error y no debía pasar. Transcurrió algún tiempo y no hablamos del tema.

    Hasta que un día le dije que quería llegar a verla, pero me dijo que llegara a las 11 pm. Mi sorpresa fue que cuando llegué estaba solo en camisón y cachetero, me excitó muchísimo verla así. Empecé a besarla y acariciarla, al principio puso un poco de resistencia, pero le empecé a hacer un oral y entonces cedió, escuchaba sus gemidos, luego ella me hizo un oral hasta hacerme acabar.

    Abrí sus piernas y la empecé a penetrar mientras besaba sus pechos y le decía al oído (Por fin me la estoy cogiendo), se lo hice en diferentes poses. Luego le dije que quería cogérmela por atrás y me lo cumplió, se puso en 4 y se lo hice por atrás hasta que acabé… Lo hicimos varias veces durante la noche.

    En ese entonces yo tenía 20 años y ella 32, fue una fantasía cumplida. Y hace como un año me cogí a su sobrina de 18 años, pero eso lo cuento en otro relato.

  • Mi primera infidelidad de casada

    Mi primera infidelidad de casada

    ¡Hola! Me llamo Susana (me dicen Susy o Sus) y esta es la primera de muchas confesiones; espero no me juzguen. Vivo al sur de la Ciudad México, tengo 40 años, vivo con uno de mis hijos (20 años), el mayor de 22 años vive con su novia en el Estado de México; soy casada desde los 18 años cuando mi novio me embarazó, pero desde hace casi dos años mi esposo vive en otro estado, ya que tuvo que mudarse por cuestiones de trabajo; viene a pasar el fin de semana cada dos meses y a veces pasa más tiempo en venir, ha tardado hasta cuatro meses sin venir, pero pues así es cuando trabajas lejos, lo bueno es que sí viene y nos sigue mandando dinero.

    La verdad es que desde chica fui inquieta para el sexo, desde la adolescencia sentía la necesidad de unos buenos fajes, unas buenas manoseadas y algo de sexo oral; no tardé mucho en tener sexo con novios o amigos de la escuela. Si mi novio no me atendía seguido, era muy común que buscara con quién quitarme las ganas, por eso era conocida como una de las golfas, de las putitas del barrio, pero cuando me embaracé sólo cogía con mi novio, además él también era muy cogelón. Raúl, mi esposo, es mayor que yo, cuando nos casamos yo tenía 18 y él 23, ya había acabado la carrera, y enseguida consiguió trabajo en una empresa por ayuda de su papá. Se iba desde las 6 de la mañana y volvía después de las 9 de la noche, así que estaba todo el día sola, cuando nació mi primer hijo era igual, por suerte mi mamá o mi suegra me ayudaban a cuidarlo, eso me permitió buscar trabajo y ayudar al ingreso familiar.

    Un día mi suegra me dijo que doña Laura y don Pepe estaban buscando quién les ayudara en su tienda y pues fui. Por suerte me dieron chance y al día siguiente empecé a trabajar en la tienda; iba de 10 a 2 y luego de 4 a 8, así que podía dejar desayunado a mi hijo, luego darle de comer y después llegar para darle de cenar, acostarlo y esperar a Raúl. En ese entonces siempre andaba de falditas o jeans súper pegados –bueno, todavía uso eso jajaja- y playeritas que resaltaran mis tetas, que además estaban más grandes que de costumbre ya que apenas había dejado de dar pecho a mi hijo, por eso varios clientes, proveedores y el propio don Pepe me comían con la mirada y siempre además de piropearme me saludaban de beso abrazándome de la cintura, a veces me rozaban las nalgas.

    A veces atendía sola y a veces me acompañaba doña Laura o don Pepe, sobre todo don Pepe, ya que su esposa se hacía cargo de la casa. Desde el principio me comía con la mirada, pero con el paso de los días y la convivencia fue tomando más confianza, sus piropos eran más lanzados y vulgares, era un poco incómodo, pero por otra parte siempre me ha gustado que me halaguen, que me deseen, además empezaba a necesitarlo porque Raúl ya llegaba cansado y el sexo era poco frecuente, entre una y tres veces cada dos semanas.

    Ya siendo mamá y esposa quería ser fiel, pero mis necesidades me estaban ganando, así que era un poco receptiva y coqueta con don Pepe; a veces me abría más la blusa o me desabrochaba un botón de más “por accidente”, me subía más la faldita, dejaba que se me asomaran mis calzones en los pantalones o me ofrecía a acomodar los estantes altos para subirme a la escalera o a algún banco y me viera las nalgas. Él se dio cuenta, así que fue yendo más allá, cuando pasaba atrás de mi me tocaba las nalgas con la mano, cada que podía me arrimaba su paquete y hacía preguntas sexuales algo indiscretas.

    Una noche estábamos cerrando, yo estaba contando el dinero de la caja cuando se puso atrás de mi don Pepe, sentía su paquete en mis nalgas, la verdad me sorprendió:

    Don Pepe: Estás bien rica, chamaca –me agarró las tetas toscamente-.

    Yo: Qué hace, Don Pepe?!

    Don Pepe: No aguanto más, Susy, desde que viniste pedir chamba que quiero agarrarte las tetas y las nalgas; te caes de buena, tienes tetas y culo firme, mamita, mi vieja ya está aguada y quiero carne joven, Susy –yo forcejeaba un poco, quería coger, pero Don Pepe tenía más de 50 años y yo sólo 18.

    Yo: No, don Pepe, déjeme por favor.

    Don Pepe: Tranquila, Susy, déjate llevar, putita, déjate coger por un cabrón hecho y derecho, no por esos chamacos pendejos que ni saben a los que se las das.

    Yo: No, ya no soy así, don Pepe; déjeme ir, por favor –seguía apretándome las tetas, pero ahora me bajaba la blusa de tirantitos- no engaño a Raúl.

    Don Pepe: Siempre vas a ser una puta, Susy; te gusta demasiado la reata. Además, bien que me las quieres dar, pinche chamaca, ni te hagas pendeja. Seguro ya tienes la papaya mojada, pinche güila –metió la mano debajo de mi falda y me tocó la panochita encima de mi mojada tanga- ya ves, Susy…esa papaya quiere ñonga –negué con la cabeza; me puso a lado de la caja, sobre el mostrador para poder inclinarme más, me abrió las piernas, se la sacó, me hizo a un lado la tanga y me la metió de un empujón-.

    Yo: No, don Pepe, qué… ay, cabrón!

    Don Pepe: Ay, qué rica estás, pinche Susana –empezó a bombearme, me bajó bruscamente la playerita y el bra para agarrarme bien las tetas- puta madre, qué ganas tenía de ensartarte, cabrona!

    Yo: Ay, Don Pepe, no tan fuerte; no mames, la tiene bien dura –y grande.

    Don Pepe: Te gusta, verdad putita? –asentí- dime, Susy, te gusta mi verga, verdad putita?

    Yo: Sí, don Pepe, la tiene muy rica, ay, cabrón!

    Don Pepe: La vamos a pasar de poca madre, pinche Susy; dándote verga cuando quiera, cabrona –aceleró sus embestidas- voy a gozar de este perro culo; apriétamela verga con la papaya, zorrita.

    Yo: No termine adentro, don Pepe.

    Don Pepe: Cállate, putita –en ese momento se vino adentro- aaaa… ay, hija de la chingada, me sacaste un chingo de leche, pinche Susy –todavía me la sacó y acabó de escurrirse en mis nalgas; me embarró sus mecos por todas mis nalgas y luego me acomodó la tanga evitando que me limpiara y mandándome a casa toda embarrada y llena de sus mecos adentro y afuera; empecé a acomodarme la ropa.

    Yo: La tiene muy dura y me cogió bien fuerte, me dejó adolorida.

    Don Pepe: Eran muchas las ganas, culito. Así que ya sabes, Susy.

    Yo: Me puedo ir, don Pepe?

    Don Pepe: Ándale pues, Susy. No diga nada, eh, yo la recompenso. –asentí y me fui a casa.

    Pasé por mi hijo y enseguida me lo llevé a casa, le di de cenar, lo acosté y rápido me iba a limpiar y bañar, pero en mientras acostaba a mi hijo llegó mi esposo, ni tiempo me dio. Le iba a dar de cenar a Raúl pero enseguida se puso cariñoso, jarioso mejor dicho y acabamos cogiendo en la sala. La verdad es que mientras cogía con mi esposo, yo pensaba la cogida que me había dado don Pepe imaginando que seguramente habría muchas otras. Así fue.

  • En Halloween

    En Halloween

    Teniendo ya algunos meses haciendo de las mías acompañado de mi amante, aquella señorita que ante el público general era una simpática y risueña personita, pero que en privado me había demostrado, en reiteradas ocasiones, cuan pasional y sexual podía llegar a ser llego otoño, específicamente la temporada de Halloween, ella me invitó a una fiesta organizada por una amiga suya.

    —es de disfraz obligatorio eh —nos instó entre risas.

    Para ese momento mi matrimonio era historia por lo que ya podía salir y pasear sin problema alguno; ese día salí tarde del trabajo por lo que fui rápido a mi casa, metí en una mochila mi disfraz para la fiesta y me encamine en el auto a recoger a mi acompañante quien apareció vestida con una falda escocesa entablillada, una blusa blanca, medias largas negras y zapatos formales, traía gafas y una mochilita de dora la exploradora.

    —¿En serio? ¿Colegiala? —bromeé, claramente era un disfraz que estaba disfrutando ver.

    —Ay no molestes, no se me ocurrió nada más ¿tú de que vas? ¿Vagabundo?

    —Ahora veras, me cambio antes de llegar a la fiesta

    Lo dicho, un par de calles antes me estacioné y rápidamente me cambié por mi grandioso disfraz de diablito, un moño rojo con colita engrapada y una diadema de cuernitos, un disfraz que en otra fiesta de Halloween había tenido un éxito apabullante, que de igual forma lo tenía en este momento, ella lanzó una risotada y me tomó una foto.

    Llegamos a la fiesta, su amiga nos recibió ya un poco enfiestada y no tardamos en entrar en sintonía con ella, la música en su mayoría era reggaetón por lo que mi acompañante bailaba al son del mismo, movía las caderas y presionaba los glúteos contra mi, aún ya sabiendo como sentían incluso sin ropa, admito que aquel disfraz le daba un plus erótico muy grande, imposible no tener una erección en aquella situación y ella solía jugar mucho con eso.

    Tras bailar, beber, bromear e incluso juguetear y tocar un poco con ella, ya estábamos ciertamente alcoholizados, lo suficiente como para evitar desplazarnos en auto, pero también lo suficiente para sentirnos desinhibidos, ella ya me acariciaba un poco, por mi parte podía evitar saborear con las manos todo lo que pudiese saborear, llegados a ese punto fue mi iniciativa el tomarla por la muñeca y discretamente dirigirla a un punto de la casa al cual ya le había echado un vistazo en una ida al baño, unos cuartos pasando el patio que parecían algo apartados, abrí el primero y enseguida cerré al descubrir a una brujita practicándole sexo oral al que parecía ser un Alíen, solo me disculpe y les guiñe el ojo para que continuarán; la segunda habitación estaba libre.

    Asegure la puerta para evitar interrupciones y empuje boca abajo a mi joven amante ella se giró con una expresión que conocía bien, queriéndome decir «adelante, quiero lo mismo, tómame» abrí el mono y lo deje caer mostrándole una erección explosiva, preparada para disfrutarla.

    Ella sonrió y lo tomó entre sus manos, comenzó a masturbarlo con ambas sin perder contacto visual conmigo, continuo un poco más antes de abrir su blusa y sostén, sus senos me encantaban, como sus pezones se erectaban cuando ella estaba excitada, más aún, que estos eran lo suficientemente grandes para poner mi miembro entre ellos y sentir un buen masaje con ellos mientras chupaba la cabeza del mismo, con sus manos sujetaba sus senos y los movía placenteramente, con sus labios succionaba y con su lengua repasaba el glande, ella ya sabía cuando estaba por correrme por lo que siempre andaba atenta y jugaba con ese límite.

    Siguió haciendo aquella forma de masturbación un rato, cuando se detuvo se volvió a acostar boca abajo sacándose una tanga negra con encaje, la bajo hasta sus muslos y procedió a introducirse un dedo para mostrarme cuán húmeda estaba por dentro, me iba a apresurar a ponerme el condón cuando simplemente dijo:

    —no te lo pongas, así

    No pude evitar sonreír impresionado, pero más pronto que tarde caí en la cuenta, ya me había comentado que iba a comenzar a usar dispositivo, debió descubrir lo que pensé porque sonrió y abrió un poco sus labios vaginales para mí.

    Me recline sobre ella, coloque la punta de mi miembro y lo introduje, pude sentir muchas cosas al mismo tiempo, su vagina abrazándome con firmeza pero ya muy húmeda, el calor, y mi miembro palpitando, no tarde en penetrarla disfrutando la sensación de estar dentro de ella sin intermediarios, ella gemía diferente, un poco más fuerte, presionaba sus manos en puños.

    —ay que rico se siente —gimoteo entrecortadamente— sigue… Sigue… No lo vayas a sacar

    No planeaba hacerlo estaba disfrutando demasiado, la pose, su interior, sus gemidos, todo era demasiado excitante para mi, sentí el rictus del orgasmo, haciendo caso a su indicación seguí arremetiendo con fuerza hasta correrme, eyacule dentro de ella, por su parte ella lanzó un gemido apenas audible, ya la conocía lo suficiente como para saber que le faltaba un poco para llegar al orgasmo así que continúe penetrando un poco más hasta que llegó al clímax.

    Ella se levantó para limpiar los fluidos de ambos; puede que haya sido algo relacionado al alcohol, puede que ha sido algo psicológico relacionado al recién contacto directo, no lo sé, sólo sé que al verla con la falda levantada y sus glúteos redondos y firmes voló a tener una erección muy potente, tome su mano y la jale hacia mi con la intención que ahora ella quedará encima, sentado en la orilla de la cama, ella entendió y enseguida se sentó sobre mi miembro, penetrándose, una vez llegó a lo más profundo, ella comenzó a cabalgar, la sujetaba de sus nalgas.

    Ella me gemía en el oído, cada penetración soñaba acuosa y seguida de un ligero aplauso, sentía sus senos contra mi pecho, sus pezones bien firmes rozaban contra mi piel, entre la excitación general le di una palmada no muy fuerte pero si fue sonora, ella lo disfruto, le di una más fuerte, sonrió y asintió entre gemidos, le con ambas manos, ella gimió mas fuerte, pude sentir como aceleró sus movimientos, como se humedecía aún más y sus gemidos se hacían más fuertes, era momento, su segundo clímax había llegado, se presionó contra mi y hundió sus uñas en mis costados, pero yo no había terminado; la abracé por la cintura con un brazo, sujetaba sus glúteos con el otro y comencé a impulsar mis caderas, a penetrarla, ella gemía placenteramente.

    —ay que rico… Ay que rico… Córrete dentro… Ay que rico —repetía una y otra vez

    Poco me faltaba para llegar al orgasmo así que acelere el paso, el ritmo y la fuerza; por fin llegue al orgasmo, volví a eyacular dentro de ella y nos dejamos caer con la respiración completamente agitada, ella se bajó hasta que disminuyó mi erección.

    Limpiamos, nos alistamos para salir sonrientes y contentos, en la fiesta, la amiga nos vio y debió intuir de donde veníamos y de que, pues nos analizó con la mirada de forma desaprobatoria, no nos importó, nos fuimos al auto ya completamente sobrios, y nos dirigimos a mi casa a pasar el resto de la noche.

    Aquella no fue la última vez que tuve relaciones con ella, pero si fueron algunas de las memorables, aquí termina la trilogía con mi linda, alegre y muy sexual amante.

  • Mi suegra ebria no se controló

    Mi suegra ebria no se controló

    El relato que les contaré es real y sucedió el 2021, era la fiesta de todos santos que en mi país se celebra dos días el 1 y 2 de noviembre por lo que las familias aprovechan en reunirse alrededor de las ofrendas que esperan a sus seres que partieron para el más allá.

    En esta ocasión estábamos acompañando a mi suegra ya que había perdido meses atrás a su papá, y como era costumbre teníamos que armar una ofrenda con todos los gustos que la persona tuvo en vida. Sin más rodeo nos reunimos en familia mi cuñada con su esposo, mi suegra que estaba sola pues su pareja estaba en el trabajo y no tenía permiso por feriado, mi esposa y yo. Venia gente a visitar la «tumba» que armamos y a elevar una oración en nombre del difunto y posteriormente se iban pues el ambiente estaba apagado, no había nadie quien conversará o siquiera rompiera el silencio del ambiente. Así es que decidí comprar bebida pues no acostumbrábamos a beber en familia, pero en estas fiestas se suele hacer.

    En fin, así es que comenzamos a beber poco a poco ya iba prendiendo el ambiente ya inicial con mi cuñadita a reír a molestarnos con indirectas por los eventos pasados en pandemia. Y mi suegra al no entender lo suponía, pues para ella la vida en pareja se resumía en tener actividad sexual constante, y eso nos lo hacía saber en cada ocasión que podía. Es entonces que cayó la noche y sólo nos quedamos mi suegra mi esposa y yo ya que mi cuñada se fue a su casa por los niños.

    En eso mi suegra rompe el silencio con una pregunta directa.

    -Que me lo harás a mi hija con tu tamaño, me lo debes partir.

    Reímos todos ya que era un comentario que siempre lo hacía.

    Mi esposa ya bastante ebria respondió.

    -Ni te imaginas me da por todo lado.

    Al escuchar eso mi suegra se mordió los labios y exclamó.

    -Ya me lo imagino alguien tan joven debe hacer maravillas. O no?

    Dijo girando la mirada hacia mí.

    Yo estaba entre ebrio y pensativo imaginando que era un sueño o alucinación nunca mi suegra había insinuado algo así mucho menos delante su hija.

    Me armé de valor y le respondí. -Claro mami hay que tenerla satisfecha siempre.

    Mi esposa reaccionó un poco y me levanto de la mano como señal que nos fuéramos. Le di un beso y le dije que no pasa nada que solo estábamos hablando.

    S: ¿Qué pasa? ¿Ya te quieres ir?

    E: Si mamá no quiero que me quites a mi marido, seguro con tu seducción me lo enloqueces.

    -Tranquila amor solo es tema de conversación, ademas estas ebria no te pongas de mala copa que estamos compartiendo bien con tu mamá.

    E: Ok, pero no quiero separarme de ti.

    -Está bien tranquila.

    Se armo un silencio incómodo por la tensión del momento y rompí el silencio preguntando.

    -Entonces con su seducción me va a enloquecer?

    Nos reímos y cambiamos de tema, pero se notaba la lujurioso y deseo en los ojos de mi suegra. Paso poco más de media hora cuando mi esposa se quedó dormida tanto beber, yo y mi suegra reíamos cantábamos y pusimos música para bailar un poco, pues con ese ambiente ella solo quería olvidarse de la tristeza y superar el luto.

    En medio del baile me dice.

    S: Por qué no llevas a mi hija a la cama mientras preparo mas bebida. ¿O te piensas ir a dormir también?

    -No para nada, esto lo continuamos.

    Fui a dejar a mi esposa al dormitorio ella despertó y solo pudo darme un beso para caer rendida entre ebria y cansada no podía mas.

    Volví a la sala donde mi suegra había despejado la mesa y solo puesto una jarra de bebida y dos copas en ella. Apenas ingrese me dio un beso y susurro al oído

    S: hoy serás mío y más vale que aguantes porque nadie me cumple lo que yo exijo.

    – Claro suegra si me lo pide así, hay que satisfacer los deseos de la experiencia.

    Comenzamos a beber haciendo preguntas íntimas. Que posición era la favorita. Qué es lo más raro que hizo en la cama, y preguntas de ese estilo a tal punto que llegamos a evitarnos con la simple conversación.

    Y antes de darme cuenta ya la tenía besándola con lengua mientras ella me agarraba los glúteos y me exigía que la despoje de su vestimenta, lo hice poco a poco pues ella tiene unos pechos bastante respetables un poco caídos, pero con el tamaño y forma lo disimula muy bien, unos glúteos redondos y grandes que acompañan a la magnitud de sus piernas, con su estatura de casi 1.70 su cuerpo se ve bastante conservado para sus 45 años que tenía en ese entonces.

    Al desvestirla sentí como sus pechos caían con un rebote natural y no pude resistirme más y comérmelos sin parar ella gemía suave y dulcemente mientras hundía mi cabeza hacia sus pechos. La consume al sillón sin separarme de ella, me senté y termine de desvestirla, la monte en mi para seguir comiendo sus pechos, yo aún seguía con ropa, pero esos pechos no se podían desperdiciar, cuando pare para tomar aire ella aprovecho en quitarme el pantalón y empezó a realizar su tarea me dio una muy buena mamada mientras me decía. -que rica verga, con esto haces feliz a mi hija,  vamos demuéstrame como lo haces o no podrás conmigo.

    Al poco rato sentía que me iba a venir y se lo dije. – ya terminaré donde lo quieres?

    S: tan pronto? Si no es ni medio tiempo. Dame leche en la boquita y mientras te limpio aprovecho en levantar al titan nuevamente.

    Estas palabras llenaron de lujuria mi ser pues hasta ese momento no estaba notando lo especial que era este momento tuve una eyaculación muy intensa y no fue necesario que me limpie nada pues estaba tan excitado que me levante y le cambié de posición de una forma muy agresiva, ella solo emitió un gemido pidiéndome más rudeza. La puse de 4 en el sillón y le di un par de nalgadas ella grito de placer, por lo visto le gustaba el sexo duro, comencé a comerle el culito estando de 4 mientras alternaba entre su vagina y parte de su ano.

    Ella se acomodó con todo el pecho en el sofá, elevando su culito que estaba dispuesto para mi. De golpe soltó un grito. -métemela toda de una vez, quiero que me partas en dos, demuéstrame que mi hija es feliz contigo.

    Me levante y sin mucho que dudar empuje mi cadera hacia ese culo enorme que tenía en frente, comenzamos el vaivén poco a poco mientras ella gemía y gritaba deliciosamente.

    – ah ah ah si papito dale así sigue no pares… Dame mas… Pégame pégame.

    En un momento se detuvo y sentí su primer orgasmo bastante suave para lo intenso del momento pero fue sabroso sentir sus paredes vaginales contraerse en mi verga.

    -Ahora dame por el culito. Me dijo con una voz arrecha bastante sensualidad que me prendió al 100.

    La puse boca arriba puse sus pantorrillas en mis hombros y le dije.

    -Quieres por el culito como a tu hija? Aquí te va como a ella…

    Y se lo metí por el ano en esa posición, la doble tanto que sus rodillas estaban a la altura de su rostro y ella grito de dolor que poco a poco se convirtió en placer.

    -y cabron no me lubricaste ni nada…

    Había olvidado esa parte, pero tenía tan húmeda la verga que no lo pensé.

    -tu querías como a tu hija, ahí tienes rudo acomodar a ella le gusta…

    S: entonces dame más porque ya me gusto la posición.

    Empecé a metérsela más y más profundo mientras ella gemía con un ligero sonido de dolor, me detuve a preguntarle si estaba bien a lo que me respondió que si me detenía me mataba. Entonces continúe en esa posición, ahí sentí que ella estaba retorciéndose internamente, no sabía que estaba pasando, le saqué mi miembro y sus piernas cayeron a los lados, ella se arqueo enseñándome su pubis, me tomó del pelo y me metió en su vagina.

    En cuanto trate de besar su clítoris me ahogo en un tremendo squirt bastante abundante que disfrute muchísimo, ella no había emitido sonido alguno hasta ese momento, pego un grito bastante fuerte nombrando al todopoderoso, yo no podía creer lo que había logrado era mi primera experiencia así, nunca antes había logrado hacer eso con mi esposa, y mi suegra llegó punto máximo del clímax, despejando la humedad de mi rostro me sumergí en la piscina que había entre sus piernas evitando que el sofá se moje por completo, actuaba como perro sediento lamiendo todo rastro de agua que había a mi paso.

    Cuando terminé me di cuenta que mi suegra se había dormido. La desperté con suaves caricias, preguntando si estaba bien.

    Ella se incorporó a mí, me dio un beso muy sensual y me dijo.

    – jamás experimente eso creo que mi hija está en buenas manos. Sonrió con picardía.

    Nos levantamos y limpiamos lo que pudimos pues estaba todo el lugar empapado, ella no podía estar en pie de manera correcta, mientras limpiábamos me pregunto si yo había terminado. Con el momento tan hermoso que viví no me di cuenta que no había terminado. Ella me empujó al sofá y comenzó a cabalgarme, de una forma bastante descoordinada, pero era por lo exhausto que se encontraba su cuerpo. Me veía con ojos de lujurioso y amor como cuando vez a tu persona ideal que te lleva al cielo con solo tenerla en frente, le pregunté.

    -Estas bien?

    S: Ni te imaginas me dejaste dormida y quiero que termines dentro de mi como señal de agradecimiento.

    Así es que la tome de los glúteos y la ayude con el movimiento mientras ella comenzaba el vaivén de sus caderas y doblaba su espalda de placer, sentí que eyacularía y así fue le deje ir toda mi leche acumulada por tan excitante experiencia.

    Ella se levantó y terminó de limpiar las gotas de semana de mi miembro con su boquita que me parecía lo más sensual que veía. Nos vestimos y terminamos de limpiar. Al ver la hora ya era las 4:30 am y me dijo que su pareja ya estaría por llegar pues su turno terminaba a las 5. Echamos la jarra de bebida en el sillón para disimular el olor mi suegra se fue a asear de forma disimulada y yo fui a la cama donde mi esposa dormía a la mañana siguiente me levanté a las 8.

    La pareja de mi suegra ya estaba desayunando y me reclamo por el desorden de botellas copas y descontrol que tuvimos en la sala. Me escuse por todo y ayude a recoger el desorden. Desorden que en la madrugada no se notaba por la excitación. Mi esposa se incorporó a nosotros con un malestar por el día antes. Mi suegra lógicamente ya estaba ahí como si nada y así se quedó en un secreto solo entre nosotros dos.

    Si tuvimos una segunda ocasión con mi suegra, pero ahora fui yo quien se rindió ante ella, eso se los dejo en otra historia.

    Los relatos de mi perfil son reales y si te gusta el contenido creare un correo netamente para compartir ideas y anécdotas tal vez hasta fotos de mi esposa mientras cogemos. Solo déjalo en los comentarios si te interesa. Actualmente estamos en busca de un single para un trio.

  • Prueba de cosméticos

    Prueba de cosméticos

    Soy vendedora de cosméticos junto con mi madre, ya que nos repartimos las ganancias de lo que vendemos. Un día nos hizo una compra una mujer llamada Mara de 35 años que es prima de mi madre, nuestra clienta nos dijo por teléfono que su marido Marcos vendría a buscar los cosméticos.

    Mi madre me aviso que ella saldría por unas horas y yo le dije que se quedara tranquila porque me quedaría a esperar que Marcos venga a buscar los cosméticos de su esposa, lo que no sabía era lo que sucedería cuando viera a ese hombre que llevaba un tiempo sin ver.

    Luego de unos minutos sentí unos golpes en la puerta, fui a abrir y me encontré de frente con Marcos, el hermoso hombre que es esposo de Mara.

    Llevaba su cabello negro peinado hacia atrás, sus ojos oscuros tenían un brillo único y estaba vestido con su chaqueta de cuero y su jean negro. Marcos seguía igual de siempre, el tiempo no cambiaba su belleza.

    -Hola Adriana- me saludo.

    -Hola Marcos- le di un beso en la comisura de sus labios y lo invité a pasar.

    Nos fuimos hacia la sala de estar donde tenía la bolsa con sus cosméticos.

    -¿Qué ha comprado mi encantadora esposa?- pregunto Marcos con curiosidad.

    -Una crema corporal de arándanos y un perfume de vainilla combinado con caramelo, el total de todo eso sería 12.000.

    Marcos agarro la bolsa y me dio la plata, pensé que se iría así nomás, pero antes de irse me dijo:

    -Me gustaría saber más del aroma de estos cosméticos, mi sueño que no he llegado a cumplir ha sido el de ser perfumista.

    Agarre la crema y le quite la tapa para que él sintiera el aroma de los arándanos.

    -Que bello- murmuro cerrando los ojos.

    -Me gustaría oler como queda en la piel ¿puedes probártela Adriana?.

    -Será un placer- le respondí.

    Volví a tomar la crema de arándanos y me puse un poco en ambos brazos.

    Marcos se acercó y sintió el aroma perfumado de mi piel.

    -Queda delicioso en ti.

    -¿Quieres sentir el aroma más cerca?- Le pregunté con picardía.

    -Si.

    Entonces me puse un poco en el cuello, me acerqué más a Marcos y entrelacé mis brazos en el cuello del hombre.

    Mi cuello quedó expuesto ante él.

    -Que delicia, dan ganas de comerte- dijo Marcos con la nariz pegada a mi cuello.

    -Haz eso que tanto quieres- le respondí y me apreté más contra su cuerpo.

    Me empezó a lamber el cuello con delicadeza y luego cuando los minutos transcurrieron sus lambidas se volvieron más hambrientas hasta me mordía un poco con total sensualidad y yo no pude evitar gemir, la lengua de ese hombre me estaba dando un placer increíble, me estaba haciendo derretir hasta el punto que se me aflojaron las piernas y él me rodeo mi cintura fuerte con sus brazos para seguir estimulándome.

    Sin dejar de lamber mi cuello fue bajando lentamente su mano derecha y la hizo entrar por debajo de mi pantalón, hizo contacto directo con el centro de mi vulva por encima de la tela de mi braga, empezó a frotarme rápidamente y yo lo único que podía hacer era gemir su nombre y quitarle su ropa a la vez que le acariciaba su espalda.

    Me quite la blusa quedando solo con mi sostén de encaje negro, Marcos me dio vuelta y quede de espaldas hacia él, me ayudo a quitarme el sostén y lleno de besos suaves mi espalda. Luego me quedé sin pantalón y sin bragas las cuales ya se habían mojado muchísimo.

    Marcos se inclinó hasta posar su rostro en mi trasero, su nariz quedó en el medio de mis nalgas y empezó a lamber como lo había hecho con mi cuello, luego con su mano libre me metió dos dedos en mi vagina para empezarlos a mover al mismo ritmo que a su lengua dentro de mi agujero.

    Sentí ese dedo de más entrando en mi vagina y no me pude contener por mucho más tiempo. Mi orgasmo fue una cascada de eyaculación femenina en abundancia, un potente descargo como hacía muchos años que no tenía.

    -Ay Marcos- grite.

    El dejo de lamber mi trasero para luego besarme con desesperación agarrando mis húmedas nalgas.

    Se separó de mí para lamber mis pechos y cuando lo hizo dejo unas marcas de sus mordidas en mis senos.

    Ya no podía aguantar más, estaba muy excitada y quería tener a Marcos adentro mío.

    Le quite su pantalón junto con su bóxer después él me dio vuelta y mi trasero quedo apoyado en su erecto miembro, me agarro las nalgas otra vez y las acomodo, luego se ubicó bien y empezó a embestirme, me puso una mano en la cintura y su otra mano libre apretando suavemente mi cuello. Me penetro el trasero estando en esa posición ambos de pie, pero eso no le quito para nada velocidad a la penetración hasta parecía que era más profunda y deliciosa a la vez.

    Marcos se apoyó contra una de las paredes de la sala de estar para penetrarme más salvajemente y darme todo el sexo que me merecía.

    Me tomo de ambas piernas y mi culo quedó más apretado contra su verga haciéndole más placentera la sensación.

    Quede suspendida en el aire y con mis piernas entrelazadas a su cintura, me tomo fuerte de las tetas y me siguió penetrando lo más rápido posible.

    Finalmente, para terminar me dio vuelta otra vez quedando de frente a él y me penetro por la vagina, así me llevo al sofá sin sacarme su verga, quede acostada con las piernas elevadas. Marcos se inclinó hacia mí y me dio un apasionado beso con muchísima saliva y lengua, me embistió hasta que eyaculo, pero en ningún momento dejó de besarme, yo le acaricié su cabello y su espalda en todo momento, hasta disfrute de que él me llenase de semen.

    Ambos suspiramos cuando salió de mi interior, me miró a los ojos con un brillo especial y acabamos de descubrir que algo nuevo surgió entre nosotros.

    Se quedó una hora más conmigo que aprovechamos para conocernos un poco más, hablamos de todo, hubo muchos besos y cuando se le puso dura de nuevo volvimos a tener sexo por unos segundos, lo hicimos como cuatro veces ese mismo día. Después llego mi madre, lo saludo y Marcos se fue.

  • Food & Sperm para mi chica

    Food & Sperm para mi chica

    Hace tres años me animé a hacer un curso de inglés. En clase intimé con mi compañera de pupitre. Se llama Vanesa y tiene 28 años. Mide 1,60 m y es muy delgada, casi escuálida. Lleva el pelo corto teñido de varios colores con un sexy flequillo y por el cuerpo le vi bastantes tatuajes de temática gótica.

    Yo, aunque le sacaba veinte años, le caí bien e hicimos buenas ligas.

    Al saber yo más inglés que ella (Vanesa en sus tiempos de estudiante había escogido francés), se apoyaba en mí para salir de algunos apuros con la lengua de Shakespeare. De vocabulario, ortografía y gramática inglesa Vanesa andaba muy floja. Fue la excusa perfecta para arrimarme más a ella.

    Tomando unos cafés en uno de los descansos de la clase me comentó que en sus redes sociales solía colgar videos en dónde exponía su opinión sobre cine, cómics, literatura y música. Al comprobar que a mí también me interesaban esos temas (que no era el típico hombre que solo habla de fútbol y coches), pues se animó a invitarme a ir a su casa y ver cómo grababa una de sus sesiones.

    Una semana después de su invitación, al salir del curso, me ofrecí a llevarla a su apartamento y ya de camino, que me enseñara su estudio de grabación. Ella aceptó encantada.

    Aquella tarde, Vanesa iba vestida con ropa sport: blusa blanca, pantalón vaquero muy ajustado marcando cachas y muslos, y tenis. En otras ocasiones va más en plan vampiresa.

    Ya en el interior de su apartamento, Vanesa se prepara para servirme una cerveza. Para ella se sirve una copa de anís. En una de las mesillas del salón observo que hay un ejemplar de “El Ser y la Nada” de Jean-Paul Sartre y otro ejemplar de “El Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir.

    –Son mis filósofos preferidos. Me encantan sus obras y sus estilos de vida. Eran una pareja abierta en dónde no había sitio para celos y reproches. Mi interés por el Existencialismo fue el motivo de apuntarme en francés en Secundaria. Quería irme a vivir a París –comentó Vanesa.

    –¿Vives sola?

    –Ahora sí. Hace tres semanas que rompimos mi pareja y yo. Mi café con leche ya no sabe igual.

    –¿Y eso?

    –Yo siempre grabo mis videos con un capuchino al lado. Entre reseña y reseña cultural le voy pegando unos sorbos.

    –Claro, y el tomarlo en soledad le da un sabor más amargo, ¿no? –digo, ingenuamente.

    –No es eso. Lo que pasa es que la leche condensada la sacaba de los testículos de mi novio y ahora tengo que buscar a otro productor de lácteos para mi capuchino, ¿querrás serlo tú?

    Yo me quedé de piedra, no sabía qué contestar. Una vez superados los primeros segundos de estupefacción reacciono diciendo:

    –La verdad es que llevo siete días sin masturbarme. Debo tener una buena carga de esperma en la recámara. Así que, si quieres aprovecharla y que la vacíe en una taza, yo por mí encantado.

    –Así habla un Macho Ibérico Progresista. Siempre dispuesto a servir a una dama –suelta con desparpajo Vanesa y se echa unas risas.

    Pues manos a la obra. Vanesa saca de la alacena un platito, una taza y una cucharilla, las coloca en la mesa y me ordena que desenfunde la verga.

    Yo me pongo de pie junto a ella con el rabo más tieso que un mástil y Vanesa comienza a masturbármelo.

    Me hace un buen ordeño. Me estruja el rabo, de dentro hacia afuera, apretando fuerte el glande en la zona uretral. Le pega unas buenas sacudidas. De vez en cuando le suelta un gargajo para lubricarlo y que fluya mejor la manuela. Yo me fijo en su cara de chica eficiente y hábil en su trabajo. Estaba concentrada.

    A los diez minutos empiezo a notar un cosquilleo en el capullo. La pongo sobre aviso. Vanesa apunta la polla hacia el interior de la taza y comienzo a eyacular.

    La cantidad de esperma que vacié me sorprendió hasta a mí. Nunca había estado tanto tiempo sin correrme y cuando lo hago, tampoco me fijo demasiado en la cantidad que expulso. Pero ahora, al hacerlo en el interior de la taza pues…

    –Vaya cantidad de leche condensada que me has regalado, mi amor. ¡Qué chorros de esperma tan exquisitos! Muchas gracias cariño –decía Vanesa, mientras seguía exprimiendo el nabo, hasta comprobar que ya no salían más gotas.

    Después hizo un café y lo vació en la taza. Con la cucharilla iba removiendo el líquido, mezclando el café con mi semen. Esperó a que enfriara algo. Mientras tanto me fue enseñando su estudio de grabación.

    –Voy a grabar una reseña sobre música clásica mientras sorbo el capuchino que me preparé gracias a tus huevos. Si te apetece, dentro de un rato te la cascas sobre estas magdalenas y cuando estén bien glaseadas con tu crema, me las acercas y me las como de merienda. ¡Qué majo eres Jonathan! ¡Vamos a ser muy buenos amigos! –me soltó, la muy guarra.

    Efectivamente, comenzó a soltar su perorata frente a una cámara que tenía colocada en un trípode. Ella estaba sentada y solo se le veía la parte de arriba. En la parte de abajo, para ponerme más cachondo y conseguir sus objetivos, estaba en bragas y con descalzas.

    Comenzó a hablar de “El Clave Bien Temperado” de Johann Sebastian Bach. El piloto de la cámara estaba en rojo. Yo estaba sentado frente a ella, detrás del objetivo de la cámara, escuchándole dar sus opiniones. Su cadencia de voz, su tonalidad y ademanes corporales me comenzaron a poner morcillona la polla. También ayudó el verla sorber el café, y el decir a la cámara:

    –Uhhh, ¡Qué rico capuchino me preparó mi chico! El cambio de marca de leche ha sido para mejor. Este productor es de mayor calidad –y me guiñó un ojo.

    Yo me despeloté por completo y comencé a pelármela delante de las magdalenas. Le daba fuertes tirones al rabo. Observaba su carita de niña traviesa. Sus guiños cómplices al saber cosas que sus seguidores desconocían, como por ejemplo, que había un tío cascándosela detrás de cámara. De repente me dice socarronamente:

    –¿Ya está la merienda preparada, cariño? Tráeme unas magdalenas glaseadas para acompañar al café, por favor.

    Yo me zurraba con garra la sardina para correrme antes de que Vanesa terminara el capuchino. Ella seguía hablando de los Preludios y Fugas de la obra que estaba comentando de Bach.

    Por fin, me corro sobre las dos magdalenas que había sobre un plato. Riego con ocho chorros aquel manjar. Le quedaron glaseadas a su gusto, por la cara de satisfacción que puso. Le acerqué el plato con cuidado de no salir en plano. Vanesa se zampó las dos magdalenas en seis bocados. Con el último cacho rebañó el plato recogiendo los restos de mi cuajada.

    –¡Qué rico, mi amor! Mañana más, ¿sí? –era una pregunta retórica, conocía la respuesta.

    Aprovechando que estaba en bragas, me colé por debajo de la mesa. Mientras ella seguía hablando de Bach y sus Preludios, yo le obsequié con un preludio de los míos.

    A los pocos minutos comenzó a jadear y a perder el ritmo de la narración. ¡Mis lengüetazos no fallan! Son sumamente eficaces para hacer perder el hilo de cualquier conversación, lectura o visión de película a cualquier hembra que aún respire!

    Su chocho lubricaba como una fuente. Yo me tragaba sus caldos de la cosecha del 92 a gusto. Eran puro cava catalán. De repente soltó unos berridos y me dijo:

    –Méteme bien la lengua dentro del coño. Chupetéame y mordisquéame el botoncito. ¡Me estoy corriendo en tu cara, cabrón!

    Cuando acabé la sesión de comida de almeja, mi polla ya estaba otra vez en posición de firmes. Le dije a Vanesa que se acostara sobre la mesa boca abajo. Abrió un poco las piernas para darme acceso a su chumino, y una vez mi falo se introdujo dentro de él, volvió a cerrarlas. Mi folleteo notaba el frote de sus cachas y muslos. Vanesa estaba tan caliente que enlazó otro orgasmo, chillando como una zorra salida. Yo seguí dándole caña, pero en una ocasión mi verga se salió del coño. Continué. Ella me hacía una paja con sus muslos. Los apretaba para provocarme un orgasmo. Cogió la taza de café vacía y la llevó a su entrepierna. Metió mi capullo en el interior de la taza. Me comentó:

    –Fóllame las nalgas y los muslos. ¿Te dan placer mis carnes? Córrete en la taza. Quiero hacerme otro capuchino con tu esperma y glasear otras dos magdalenas.

    La muy puta iba a engordar cuatro o cinco kilos con tanto Food & Sperm que iba a probar en mi compañía.

    Me corro y ella se cerciora de que todos los chorros caigan dentro del habitáculo de cerámica.

    El video lo tuvo que editar cortando algunas escenas que podrían escandalizar a sus patrocinadores. Es una chica seria que habla de cultura para más de un millón de seguidores. No sé qué habrá hecho con las partes no editadas.

    Estuvimos liados unos dos meses. Pero enseguida se cansó de probar la misma marca de leche condensada y me cambió por otro productor.

  • Calor de medianoche

    Calor de medianoche

    Sus labios chocaban con los míos en una dulce comparsa al tiempo que nuestras lenguas bailaban sobre la melodía. Los roces de mi mano contra su piel me producían algo parecido a una corriente eléctrica. Su respiración aumentaba al igual que la mía. Solté sus labios y me alejé un poco para quitarle la blusa. Sus ojos denotaban deseo, lujuria y placer.

    Suspiré y traté de esperar para que se quitara la blusa, pero no aguanté y volví a sus labios, para soltarlos con un pequeño y suave mordisco. Comencé a moverme por su mejilla izquierda para bajar por su cuello, mientras que ella trataba de quitarme mi camiseta. Al llegar allá, baje dando besos lentos y algo largos, tratando de dejar mi marca en ellos. Mordí un poco su cuello y seguí así hasta llegar a su clavícula, la cual rocé mi lengua con suavidad. Sentía su respiración entrecortada y los pequeños espasmos de placer cuando mis labios chocaban con su piel.

    Sentía como ella trataba de bajar sus manos por mi abdomen, pero no logró su cometido, dado que le comencé a subir la blusa mientras le besaba suavemente el cuello escuchando como lentamente se le escapaba un suave suspiro. Me alejé unos cuantos centímetros para que pudiera terminar de quitarse la prenda, pude notar el sostén de color rojo que tenía puesto, pero este no duró ni cinco segundos en escena, dado que se lo quitó enseguida. La luz del cuarto me dejaba ver completamente sus dos senos blancos que resaltaban los dos picos de color rosado.

    No logré aguantar la tentación y volví a besar su clavícula y fui bajando de apoco en poco hasta llegar a uno de ellos, el cual introduje en mi boca y le pasé la lengua alrededor del pezón al tiempo que ella soltaba un largo gemido. Mi lengua jugaba con delicadeza y lentitud al tiempo que una de mis manos iba a agarrar el otro pecho. Al principio solo fue mi mano allí sin moverla, sintiendo su piel erizada y algo caliente, pero al poco tiempo agarraba aquel monte firme y lo soltaba, para volver a repetir los movimientos en compás de su respiración. Con una suave mordedura solté el que estaba atacando con mis labios, para ir por el otro y repetir la misma escena mientras que las manos de ella se encontraban en mi cabello y su respiración cada vez se hacía más pesada.

    Al terminar con ellos, comencé a bajar lentamente dando besos húmedos por su vientre hasta llegar a su cadera. Al llegar allí me encontré con la tela del jean, así que retrocedí con mis labios hasta llegar a su ombligo y pasar mi lengua dentro, para luego alejarme de su piel. Al incorporarme, pude notar como las sábanas de la cama estaban arrugadas, como sus ojos me pedían que siguiera y sus labios me pedían ayuda, así que a eso procedí. Le desabroché el jean, le bajé la corredera y de forma lenta comencé a quitárselo. Al deshacerme de la prenda, comencé a besarle los tobillos e ir subiendo con húmedos besos sus piernas hasta llegar a sus muslos, los cuales comencé a besar intercalándolos y al tanto ver su rostro, el cual estaba mordiendo sus labios para no gritar o lanzar un gemido. Con mis manos rodee su braga roja, la contornee completa y sostuve sus dos nalgas con algo de fuerza para levantarla y atraerla a mí.

    De un movimiento le levanté la cadera de la cama y con mis dientes le fui bajando de a poco su prenda que estaba algo húmeda. El olor era embriagante, tomé la prenda e inhalé un poco su aroma. Introduje mi cabeza en medio de sus muslos para con mi lengua jugar con su sexo. Los movimientos de esta eran algo libres y simples: Subían y bajaban por en medio de sus labios.

    Sus gemidos eran suaves, delicados en un principio. Luego la escuché agitarse con lujuria a causa del único dedo que estaba dentro suyo. Por instinto y placer su mano alcanzó mi cara para empujarla más cerca de su sexo, obligándome a quedar todo mojado, con la barbilla chorreando por sus fluidos. Sus piernas se enrollaban entre mi nuca y la espalda, su cadera comenzó a bailar al movimiento de mi lengua, deseando capturarla por completo como si quisiera ser follada por sí misma. Para provocarla y mejorar la experiencia hice giros con la punta que la llevaron a la sorpresa, entraba y salía de ella con tanta agilidad, incluyendo los dos dedos que iban abriendo paso, separando las paredes de su vagina. Era tan jodidamente hermoso verla recibir mi lengua y los dedos, tan glorioso sentir el calor de su vagina y cómo iba apretando mientras iba subiendo al cielo.

    Escuchaba su voz pidiendo que no me detuviera y la penetrara, pero no iba a pasar. Mi mano libre fue a parar en su ingle y mi dedo pulgar fue el encargado de acariciar y jugar en el clítoris. Su cadera se movía cada vez más rápido, pero mis dedos y mi lengua iban disminuyendo lentamente la velocidad, obligándola a ella hacer lo mismo. Sus gemidos entrecortados se mezclaban con súplicas para que aumentara la velocidad y no me detuviera, pero al final quedó rendida y se dejó llevar por mi ritmo tortuoso y lento.

    Fue entonces cuando ella comenzó a arquear su cuerpo. Saqué mis dedos, y mi pulgar aumentó algo su velocidad. Sus piernas comenzaron a apretar más mi cuello y su mano empujaba mi cabeza hacia adentro. La escuchaba gritar mi nombre con grandeza y me sentí el rey de su cuerpo, verla tan dispuesta, receptiva y abierta para todo lo que quisiera darle solo aumentaba mi necesidad, ella estaba balbuceando cosas inentendibles, contrayendo su cuerpo mientras cada oleada de placer corría por cada poro de su piel.

    Al terminar ella quiso terminar, pero no, no la iba a dejar así. Con un movimiento me quite mi pantalón y comencé a pasar mi miembro por los pliegues de su vagina, viendo como sus ojos me deseaban y querían que siguiera y la penetrara, sus palabras lo exigían, así que complaciéndola la penetré de un golpe sintiendo como sus paredes algo estrechas devoraban mi miembro y como el calor y la electricidad que provocó pasaba por nuestros cuerpos. El vaivén fue tortuoso, dado a que ella quería marcar el ritmo, pero mis respuestas eran de hacerlo lento y que sintiera dentro suyo toda la extensión de mi carne.

    Cuando los dos estábamos a punto de terminar, deje que marcara el ritmo, ella arriba mío, cabalgando de forma rápida. El cuarto tenía ese olor a sexo en el aire, las gotas de sudor que pasaban por sus pechos parecían perlas que terminaban en él mío. De un largo grito de ambos lados terminamos uno dentro del otro. Las sensaciones de cómo sus paredes devoraban mi miembro eran indescriptibles, el calor que se sentía dentro no tiene descripción.

    Terminamos con un largo beso que fue acompañado con una danza de lenguas hasta quedarnos dormidos.