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  • Volvimos a Génesis una esposa muy infiel (parte 1)

    Volvimos a Génesis una esposa muy infiel (parte 1)

    Hola amigos, somos Yesica y Gery. Luego de algún tiempo sin escribir, aquí estamos de nuevo esperando que les gusten nuestras anécdotas.

    En el último relato escribimos del interés que mi suegra Melinda tenía por Josué, el esposo de Génesis, la primer pareja con la que intercambiamos en la plaza donde trabajábamos. Mi suegra hizo nuestras delicias en el sexo por al menos un año mientras vivimos juntos. Tanto Yesica como yo, sabíamos que en algún momento se encontraría a alguien con quién pudiera tener una relación sentimental, así que la disfrutábamos haciendo tríos bien ricos casi a diario. Ella nos tenía bien atendidos en la comida y nosotros la atendíamos bien rico en la cama. Ya contaremos más adelante de algunas locuras que realizamos con ella.

    El punto de este relato es dar a conocer, que después de tanto insistir, Josué logró conquistar el corazón de mi suegra. Pero también hacerles saber, que esta fue una de varias razones por las que su hermosa esposa, terminó siéndole infiel con Yesica y conmigo, pero también con varios hombres. Aquí les contamos como estuvo el asunto.

    En el tiempo que mi suegra vivió con nosotros, interactuamos con Génesis y Josué 2 o 3 veces al mes y sólo en las mañanas. El día que yo descansaba me salía con Yesica diciéndole a mi suegra que íbamos a visitar a mis abuelos, pero en realidad nos íbamos a intercambiar pareja. En cada encuentro yo disfrutaba mucho a Génesis, mientras que Josué empezó a cometer errores en la relación que habíamos acordado, pues le pedía a mi novia verse a solas, sin que su esposa o yo nos enteráramos.

    Además que pedía que una semana antes de nuestros encuentros, mi novia no cogiera conmigo, para que así él pudiera hacerle sexo oral, en pocas palabras quería que mi esposa me engañara a escondidas, igual que él a su esposa. Yesica me contó de esa situación y no se nos hizo justo que Josué le hiciera eso a Génesis, quien había sido muy buena onda desde que empezamos los intercambios. Así que le pedimos a Génesis vernos a escondidas, pues debíamos decirle algo importante de su esposo.

    Le inventó una excusa a Josué para no acompañarlo a trabajar durante una mañana, y nosotros pasamos a verlo a su negocio, para que no sospechara que se iría con nosotros. Cuando nos encontramos con ella, nos dijo así, directo, que fuéramos a un hotel para platicar y aprovechar que se había escapado. No lo dudamos, tomamos un taxi y nos metimos al hotel. Le contamos de las propuestas de Josué hacia mi esposa, ella sólo se rio y nos contó una serie de sucesos que la tenían muy molesta con él. Resulta que andaba invitando a varias mujeres a salir, e incluso sabía de algunas que ya habían aceptado salir con él, o sea que ya le había sido infiel. Nos contó de mensajes de texto en su celular, de lápiz labial encontrado en sus playeras o chupetones que traía él en su cuello. Esas y otras cuestiones la tenían muy molesta, una de las razones por las que aceptó vernos a escondidas era que se quería desquitar con nosotros. Y nosotros encantados.

    Fue una plática rápida, cinco minutos cuando mucho.

    – ¿Me lo prestas verdad? – le dijo a Yesica, quien contestó que si.

    Venía muy ansiosa, molesta y decidida a desquitarse. Me tomó de la mano, me puso de pie para luego aventarme a la orilla de la cama, al instante desabrochó mi pantalón y me sacó la verga, tan dura ya, que me dolía. Yo ya le había contado a Yesica de las mamadas tan violentas que hacía Génesis, y quería verla haciéndomelas, ese día se le concedió.

    Acostado en la cama, con los pantalones hasta los tobillos, los pies colgando en la orilla de la cama, Génesis me daba unas mamadas deliciosas, sujetaba mi tronco con ambas manos, las subía y bajaba casi como si quisiera despellejarme la verga, me dolía mucho, pero lo disfrutaba mucho más. Se provocaba arcadas, pues se metía lo más que podía mi verga en su boca, mejor dicho hasta su garganta. Yesica estaba muy caliente también viendo subir y bajar esa carita hermosa mamándome la verga, se desnudaba de a poco, sin perder detalle de ese rico oral que yo recibía.

    Génesis tenia sus hermosos ojos clavados en mis gestos, esperaba que yo la apartara por el dolor que me provocaba, pero le gustaba verme soportar y disfrutar de ese dolor tan rico que sentía, el cual me hacía evitar venirme. Una vez que Yesica estuvo desnuda fue a montarse sobre mi cara, la recibí abriendo la boca y parando mi lengua, degustando ese rico sabor a panocha que tanto me encanta. Tomé sus ricas nalgas con ambas manos y mientras las masajeaba, de a poco se las abría, buscando también meter mi lengua en su rico ano, virgen aún. Sentí cómo mi novia se inclinó a tomar de la cabeza a Génesis, dirigiendo sus mamadas, pero también presionándola para que casi se ahogara con mi verga en el fondo de su garganta, sentía mi tronco y huevos escurriendo su saliva. Era música para nuestros oídos las arcadas de Génesis, y la tos que provoca el tener una verga obstruyendo su garganta.

    -¡Móntalo ya! -Fue casi una orden que le dio mi novia a Génesis.

    Ella me soltó, y en ese instante sentí cómo Yesica me ponía un condón, el cual sirvió de alivio en mi tronco que sentía arder, por las caricias tan fuertes de la hermosa Génesis, quien sólo se tardó unos segundos en desnudarse y meterse mi verga hasta el fondo de un solo sentón, acción que también me dolió por la violenta montada, pero que igual sirvió de alivio para mí ardiente verga, su calor interior tan rico. Yesica se movía sobre mi boca buscando un orgasmo, que no tardó en obtener por lo caliente que estaba y el movimiento que hacía sobre mi lengua, se vino con mucha humedad, seguramente disfrutando el espectáculo de ver a esa hermosa güerita montándome.

    Génesis se movía de arriba a abajo en mi tronco, mientras Yesica se retiraba de mi boca, para colocarse sobre mi cabeza, dejándome ver a esa hermosa mujer, con el rostro enrojecido, con saliva escurriendo aún por sus labios, llena de sudor por el movimiento que hacía sobre mí, gimiendo muy fuerte y en algún momento nos dió a entender que llegaría su orgasmo, justo cuando esto pasaba, Yesica se abalanzó sobre sus labios y por el momento en que estábamos, Génesis no se negó, correspondió ese beso tan caliente, entrelazando sus lenguas y mezclando sus salivas. Duró varios segundos su orgasmo, instantes en los que ninguna de las dos separaron sus labios.

    Yo aunque disfrutaba mucho esa escena tan rica, seguía sin vaciarme. Génesis se fue calmando, sentía mi verga dura dentro de ella, así que poco a poco se la sacó y retiró el condón. Se volvió a poner entre mis piernas y ahora con más calma me mamó la verga de manera suave, hasta un poco tierna, sin dejar de verme a los ojos. Aunque tardé un poco, con esa caricia tan dulce que recibía terminé por vaciarme en su boca, pensé que los iba a escupir, pero en lugar de eso se bebió todo mi semen y viéndonos a Yesica y a mí, dijo:

    -Para que ese cabrón de Josué, aunque no se dé cuenta, que yo puedo ser más cabrona que él, que disfrute el sabor de otro hombre en mis labios, porque ahorita que llegue al negocio, lo voy a besar. -Yesica y yo solo le reconocimos que él se lo tenía bien merecido.

    Se relamió los labios y saboreó mi leche. Luego se comenzó a reír, preguntándole a Yesica por lo que habían hecho, el beso que se dieron. Mi novia le dijo que desde la primera vez que intercambiamos ella tenía la inquietud de besarla, pero que si era franca, quería llegar a más con ella. Génesis no supo que contestar, solo se puso colorada como jitomate, se sonrió nerviosa y dijo que lo pensaría.

    Le propusimos tomar algo, pero ella no aceptó, ya quería irse al negocio de su marido y llegar a besarlo, esperando que aún llevará el sabor a semen en sus labios, para de algún modo desquitarse. Así que nos vestimos y al poco rato salimos del hotel, ella se dirigió al negocio y nosotros a nuestra casa, para comer con mi suegra y recuperar energías para coger con ella en la noche.

    Génesis se volvió muy calculadora, se veía más desenvuelta, más feliz. Después de ese día. Era y es muy inteligente, así que lo que siguió fue muy rico para Yesica y para mí, pero la actitud que tomó ante lo que le estaba pasando fue de una apertura en la cuestión sexual, en poco tiempo parecía otra persona, se volvió muy abierta, por no decir muy puta.

    Contamos más en el siguiente relato.

  • Pedido con premio

    Pedido con premio

    Me recuerdo muy bien de este día, pues este día yo estaba con Esteban mi novio y él en este día estaba sin ganas de tocarme pues ya habíamos tenido sexo muchas veces y estaba cansado.

    Pero yo estaba necesitada, en ese momento recordé muy bien que cada vez que pedía en un restaurante me mandaban al mismo domiciliario el cual ya me había hecho muchas miradas morbosas, tomé mi celular rápido y escribe el restaurante para pedir lo más sencillo del menú pues yo quería una buena verga no una cena. Al ver que me aceptaron el pedido me fui a cambiar y me puse un brasier de encaje rosa con una camisa de mi novio y nada abajo solo mi pug anal.

    Al cabo de media hora sonó el timbre. Baje a abrir la puesta y al abrirla estaba el mismo chico que siempre me traía el domicilio, un chico alto, con un cuerpo muy atlético y fuerte

    Al abrir le dije «Ay mira cómo estás de mojado corazón, entra, entra para ayudarte a secar y a pagarte». Mientras decía todo este lo tome de la mano y lo arrastre hacia a dentro de mi casa. Cuando ya estaba adentro él me dice «No no tranquila, así estoy bien, igual tengo que entregar más pedidos» yo le daba palmadas en la camisa pero siempre bajando un poco de más y siendo muy provocativa y él lo estaba notando «Seguro que no necesitas alguna toalla o algo» le decía yo mientras seguía bajando mi mano poco a poco. «Si estoy bien» me dice él y me agarra la mano y la quita de su pecho. Yo le digo que bueno que me espero que vaya por el dinero

    Me acerco a una mesa que tenía y me agacho dándole toda la espalda con la vista de mi gran culo blanco. Al agacharme escuche un suspiro pesado de él pero me hice la desinteresada, tome el dinero y me volví a acercar a él. «Ten aquí está el dinero, espera que lo cuento» le digo esto frente a él y muy cerca, al «intentar» contar el dinero lo tiro al suelo y me agacho a recogerlo al agacharme rozo mi cara con todo su bulto duro.

    En ese momento él me toma del cabello de forma brusca y me rempuja contra la pared «Deja de comportarte así putita que sé que no vas a poder soportar mi verga» me dijo mientras me seguía tomando del cabello, yo solo me hice la que no quería y le dije «Que cosa? No estoy haciendo nada por favor suéltame».

    El me miro de una manera muy provocativa «Segura que no querés que te ponga en cuatro y te destroce ese hermoso culo que tienes» yo solo le dije «no no quiero, además mi novio está arriba» y el «Bueno entonces tendrás que disfrutar en silencio putita».

    Mientras me decía esto bajo su mano a mi vagina y me metió 3 dedos de golpe, «ahhh, ahhh» suelto sin darme cuenta «No pues que no querías puta, mira cómo estás de mojada que 3 dedos entraron de golpe» mientras acelerada la velocidad de cómo me penetraba con sus dedos, «ahhh, ahhh dame más» salía de mi boca «Cállate o quieres que tú estúpido novio venga y te dañe la fiesta».

    Al terminar de decir esto me da una cachetada y me hace arrodillarme, cuando estoy arrodillada a su merced, se desabrocha el pantalón y sale a relucir una bestia porque eso no era una verga promedio, fácilmente era del tamaño de mi cara, al ver mi rostro de terror «Que? Ahora si no andas de culi suelta, te da miedo sentir esto dentro de ti?», me lo dice en tono burlón mientras yo abría la boca, me penetro de una sola la boca sin piedad y obvio no me entró toda, me entró solo un cuarto de esta a la boca, pero él seguía intentando que entrara más «Abre la boca puta, ábrela bien que entre”.

    Mientras yo me estaba ahogando con toda esta verga, seguimos así un rato más hasta que ya yo quedaba sin respiración por varios minutos. «párate puta, no más con esa boquita porque me vas a hacer venir que la fiesta contigo no acaba». Me pone contra la pared de espaldas a él y me empotra la vagina de una sola «ahhh, nooo, sácala que me duele, sacalaaa» decía yo con mucho dolor mientras él ponía su mano en mi boca para que no saliera más sonidos de esta.

    En unos cuantos minutos lo escucho «ahhh, que apretada esta puta, se nota que tú novio tiene verga de marica» sin yo darme cuenta mis caderas empezaron a dar círculos para tener más contacto con esta gran verga «veo que ya tu hermoso cuerpo espera que yo me mueva» empezó a penetrarme muy duro y rápido sin darme cuenta ya había tenido 3 orgasmos de lo llena que me sentía «ahh, ahhhh, siii , que ricooo» gritaba yo y él me silenciaba con la mano mientras al oído decía «que dejes de gritar puta estúpida, quieres que tu novio verga chica nos quite la diversión!?».

    Seguimos así varios minutos no tengo noción del tiempo con lo rico que lo estaba sintiendo, solo sentí un gran y largo chorro de esperma que me llenó hasta que sentí que me empecé a chorrear «ahhh que puta tan deliciosa» repetía el mientras salía de mi interior, me penetro con dos dedos y me los metió hasta el fondo de mi garganta «mmmm que ricooo» dije yo.

    Me tomo del cabello para que quedáramos cara a cara y me dijo «Ahora eres mi puta» yo solo me quede en silencio «Entendiste» me dijo él haciendo más presión en mi cabello. «Si» dije yo con algo de miedo y de entusiasmo a la vez. «Dame tu teléfono» me lo pido con un tono muy autoritario, rápidamente fui a hasta él y lo tome y se lo pase.

    Veo que llama a un número y es al celular de él «Te voy a llamar cuando yo quiera y vas a estar a mi disposición siempre perra» diciendo esto sale de mi casa y me deja ahí con mi vagina destrozada, pero con los mejores orgasmos de mi vida.

  • La peor o mejor decisión de mi vida, aún no lo sé

    La peor o mejor decisión de mi vida, aún no lo sé

    Mi esposa y yo somos de una pequeña comunidad, donde la gente vive sujeta a tradiciones y es muy conservadora.

    Duramos dos años de novios y nos casamos, ella de 19 años y yo de 20 siendo ella virgen, tal como se acostumbra en estos lugares.

    El primer año de casados lo vivimos en casa de mis padres, ya que era muy grande, pero esto nos quitaba mucha privacidad, así que, aprovechando mi trabajo me puse a buscar casa en renta en la ciudad.

    Yo trabajaba en una pequeña ciudad a 8 kilómetros del pueblo. Trabajaba como chofer vendedor de una marca de refresco de cola muy conocido. En poco tiempo encontré un pequeño departamento que, para mi fortuna estaba ubicado dentro del recorrido de mi ruta de venta. No era muy grande, pero suficiente para los dos. Era un módulo de 10 departamentos, dos líneas de cinco, una frente a otra separados por un jardín central; cada uno constaba de una cocina comedor, una habitación muy grande que hacía las veces de recámara y sala a la vez, un patio de servicio lateral y su baño con entrada por el patio y por la habitación, eso era todo, pero estábamos protegidos por una reja de entrada y un portero pagado por todos los inquilinos que nos garantizaba la privacidad.

    De inmediato nos mudamos y, por decirlo así, ahí comenzó nuestra vida de casados, ya que por fin teníamos privacidad.

    Cuando yo entré a esa empresa, inicié como ayudante de chofer a mis 17 años; así que ahora a mis 21 ya era jefe de ruta y la empresa me proveía un ayudante. A los ayudantes le daban rotación enviándolos un par de meses en cada ruta para que las conozcan todas.

    En ese tiempo traía de ayudante a Leonardo, un individuo un poco mayor que yo; un individuo muy bien parecido que se sentía irresistible con las mujeres.

    Cada martes, jueves y sábado en mi recorrido pasaba cerca de casa y, para no gastar en desayuno llegábamos a desayunar a la casa e invitaba a mi ayudante Leonardo y de esa manera se conoció con mi esposa Elena.

    Todo estaba muy bien, hasta que cierto día las cosas cambiaron. Para que me entiendan les explicaré que yo no era muy tomador y mucho menos mi esposa, pero si nos gusta el fútbol a ambos y los sábados como terminábamos la jornada más temprano que el resto de la semana, varios compañeros íbamos a ver el fútbol a un centro botanero cercano a la embotelladora y ahí conocí a ciertas mujeres con las que tuve relaciones, claro de esto mi esposa no sabía.

    Pero sucede que las autoridades cierran un tiempo ese lugar por un desorden que ocurrió, y se me ocurre invitar a Leonardo a mi casa a ver el fútbol. No llevamos algunas cervezas y veíamos el juego. Esto le agradó a mi esposa pues ya llegaba temprano los sábados y nos acompañaba.

    Cierto sábado se nos acaban las cervezas y voy por más a la tienda. No tardé ni 20 minutos y al regresar muy serios y en silencio. Mi esposa sentada hasta el otro extremo de la sala. Se me hizo muy sospechoso, pero yo confiaba en ella, así que no dije nada, pero ya que se fue Leonardo si le pregunté la razón de su actitud.

    Ella me dice: «No pasa nada, solo que tú compañero se puso muy galante y me propuso ser más que amigos».

    Esto me sorprendió y me enfureció contra él, pero Elena me tranquiliza diciéndome: «No te alteres, no vale la pena, yo lo puse en su lugar. Le dije que para llegar a ser más que amigos, primero tendríamos que ser amigos y para mí el es solo tu compañero de trabajo y no mi amigo. Se sintió ofendido, pero ni modo»

    «Bueno, a ver cómo lo veo el lunes. Y me da mucho gusto que sepas darte tu lugar, es que este siente que todas se derriten por él”. -Fue mi respuesta. Pero nunca imaginé lo que Elena me diría.

    Ella me contesta: «Es cierto, tu compañero no me atrae nada. Tal vez si fuera del tipo que me gusta o que me gustará un poco, quizás me atreviera a darme un resbalón, pero no, no me gusta ese hombre».

    Yo me quedé helado, nunca me hubiera imaginado esa respuesta, así que le dije muy disgustado: «¿Que estás diciendo? ¿Me estás diciendo que si un hombre te gusta te atreverías a meterte con él?».

    Si su primer respuesta me dejó helado, lo que siguió diciendo me derrumbó: «¿Y por qué no? Ustedes tienen mujeres a espaldas de nosotras, y se supone que somos iguales y tenemos los mismos derechos. ¿Por qué ustedes si pueden y nosotras no?».

    Ya muy violento le digo: «No te das cuenta lo que estás diciendo? Yo me case con una mujer decente, no con una aventurera. Y a mí no me puedes señalar de que ande con mujeres, yo me dedico a ti”.

    Ella insiste: «Mira, yo no te estoy diciendo que ande deseosa de hombre. Solo te dije que si me hubiera gustado ‘quizás’, porque considero que tenemos los mismos derechos. Pero no te preocupes, ni siquiera sé si algún día me atreva».

    No quiero hacer tan largo el relato, pero ya se imaginarán que discutimos mucho más, pero ella quiso dejar claro que si yo tenía derecho a una aventura, ella también. Además me dijo que sabía cosas de las cuales nunca me había querido reclamar.

    La relación con mi ayudante siguió normal, no quise dar a sospechar nada debido a la revelación de mi esposa, aunque sentía un fuerte antipatía contra él. Luego, todo se complicó más. Me cambian de ayudante y me dan a un recién ingresado. A Leonardo lo colocaron en otra ruta y mi nuevo compañero era un hombre de más de 40 años que debido a su situación económica no tuvo reparos en trabajar de ayudante. Fue un cambio favorable para mí, porque este hombre era muy eficiente y una compañía agradable y se ganó mi confianza.

    Cerca de tres meses después del incidente con Leonardo y mi esposa, éste dejo el trabajo, no sin antes hacer alarde de sus dotes de conquistador. Le platico a otro compañero que, aquella ocasión, aprovechando mi salida momentánea, el tuvo tiempo de echarle un rapidin a mi esposa. El compañero me aseguro no haberle creído sabiendo lo engreído y pedante que era, pero los celos hicieron presa de mi, aunque me controlé un poco y nuevamente interrogué a Elena.

    Como es lógico, mi esposa se molestó y me dice: «Mira, el día que yo decida hacer eso de que me acusas, no va ser a escondidas como tú lo haces, yo te lo voy a decir. Yo ya había olvidado eso y como te dije, ese tipo no se me antoja para nada. El único hombre con quién he estado eres tú. Pero te doy sincera, estoy tranquila y no tengo nada que me inquiete, pero si algún día tengo una tentación, ¿Por qué no darme un pequeño gusto? Tú lo has hecho ya varias veces y yo no te he reclamado nada. ¿Crees que no estoy enterada de lo que haces?».

    Nuevamente sentí que el mundo se me vino encima y tuve que aceptar mi culpa. Ella no fue cruel conmigo y me dijo algo que me obligó a cambiar mucho mi actitud de celos con ella: «No te preocupes, yo entiendo que para ustedes los hombres a veces la rutina en casa los enfada, lo sé por lo que viví en casa de mis papás y hermanos, yo te entiendo y no te voy a estar cuidando; pero si quiero que un día, no sé cuándo, si algo se me llega a antojar y me atrevo, no quiero que me juegues mal ni me vayas a hacer pleito. Yo no te lo estoy haciendo».

    Tuve que aceptar ese convenio con ella, porque me aseguro que tal vez eso nunca ocurriera. Pero lamentablemente ocurrió más pronto de lo que yo me esperaba.

    Se que esto que les platique no tiene nada de emocionante ni erótico, que es lo que todos buscamos, pero es el preámbulo de lo que sigue y lo relate de esa manera para que entiendan lo que sigue, ya que todo es totalmente real y esperaré sus opiniones.

    Continúa…

  • Mi tío me vio desnuda

    Mi tío me vio desnuda

    Tenía 21 años en ese entonces y vivo con mi mamá y mis hermanos. A inicios del veranos fuimos a nadar con mi tío que no es mi tío de sangre. Cuando salí del agua mi ropa se apegó a mi cuerpo y como no traía ropa interior y solo pantalón y blusa, mi tío llegó a mirarme.

    Días después me escribe y desde ese momento me empezó a hablar mas seguido. Y me confesó que me vio todo el cuerpo aquel día en especial me vio los senos y le encantó.

    Él y yo empezamos a agarrar mas confianza al conversar, empecé a mandarle fotos mías desnuda para provocarlo y eso se volvió mas consecutivo.

    Un mes después mi tio vino de visita otra vez y decidió quedarse unos 5 días porque tenía unos asuntos. A media noche cuando todos estaban dormidos, yo estaba despierta porque aún no tenía sueño, él entró a mi habitación sigilosamente y me susurro diciendo que se sentía solo y si podía dejar que me haga unas cosas. Yo tímidamente acepte. como mi habitación queda en el último piso no nos iban a escuchar.

    Me pare y él me toco los senos. Y después me quito la ropa interior y me pidió que me acueste en la cama y así lo hice. Se monto encima de mí y comenzó a tocarme todo y besarme el cuello.

    Luego se bajó el pantalón y me hiso tocar su polla, era muy grande y gruesa como unos 18 centímetros de largo. Lo masturbé unos minutos.

    Luego nos paramos y me hiso agacharme en la cama y me metió su polla lentamente para que nadie nos escuche, fue de los mas delicioso. Después nos echamos en la cama y tuvimos sexo en diferentes posiciones, yo no tenía mucha experiencia y él me fue enseñando. Estuvimos así hasta 4 de la mañana y luego se despidió y me dijo que el resto de los días que se iba a quedar haríamos lo mismo. Y se fue no sin antes chuparme las tetas.

    Y entonces tuvimos relaciones las 5 noches de su estancia.

    Suele venir de visita los días festivos y en los cumpleaños así que hacemos el amor bastante seguido. Solo somos amigos, no hay sentimientos de por medio, lo hacemos para pasarla bien.

    Somos cautelosos para que la familia no nos descubra, no me gustaría que un miembro de la familia entre a mi cuarto a media noche y me vea con su polla metía dentro de mí.

    Ahora ya tengo 24 años, ya vamos 3 años desde que él y yo empezamos a tener relaciones sexuales.

    Yo sigo con mi vida, he tenido novios y él también es estable con su matrimonio.

  • De viaje (segunda parte)

    De viaje (segunda parte)

    Octavio, apoyando su gran verga sobre mi culo, sediento para ser saciado esa noche, me ayudó a levantarme, mientras me levantaba vi a contraluz esa gran verga grande, curvada y larga, esa verga que ya había tenido dentro de mí, pero no me había dado cuenta de cuan grande era.

    De pie, el me orilló a la pared dejándome desprotegida, ante un gran hombre muy caliente que tenía frente a mi. Mi estómago sentía como tocaba la punta de su verga, sintiéndola mojada como si hubiera sido sumergida en un líquido viscoso que no se secaba con nada. Octavio comenzó a besarme, mientras me tomaba de la cintura, me acercó con gran fuerza a él, en ese momento sentí como ese gran animal acechaba, y cabe mencionar que lo sentí completo a lo largo de mí estómago. Entre besos, él sujetó mis brazos y me volteó de una manera rápida y fuerte, para después apoyarme contra esa pared fría, que era testigo de esa cogida entre Octavio y yo. Apoyó su gran mano en mi espalda y me empujó, de una manera ruda pero a la vez delicada. Lejos de sentirme ultrajada, me sentí la más puta de todas, me sentí muy caliente por ese momento.

    Se acercó pasando su verga entre mis piernas, me besó el cuello, recorriendo mi cabello a un lado siguió besándolo, yo volvía a gemir de placer por ese hombre, por su gran verga que tenía entre mis piernas, que llegaba hasta enfrente de mi vagina, y disfrutaba de ese momento como no tenía una idea. Empecé a mover mis caderas, rosando su verga entre mis piernas.

    Escuchaba como su respiración constantemente agitada gemía, con una mezcla de gemidos casi imperceptibles, que al unísono de la noche se encontraban a la entrada de mi oído. Rodeando mi cuello esa noche, yo sentí como sus manos recorrían mis pechos, pasando por mi estómago, deslizándose sobre mis nalgas, que terminaban de recorrer todo mi cuerpo.

    Sinceramente yo adoraba como él jugueteaba conmigo, sentía que yo debía complacerle en todo lo que el quisiera esa noche. Jugando con esas nalgas, que cabe mencionar no son grandes, pero para él eran un manjar que desde un rato ya estaba comiendo. Yo solo las movía al compás de su respiración, mientras su gran verga rosaba mi ano.

    Extasiada totalmente por la calentura que sentía, salí de él, y caminé a la ventana, por donde unas rendijas entraban tenues rayos lunares. Abrí la ventana, con un deseo incomprendido hasta ese momento, caminé hacía la cama, me recosté boca abajo, mostrándole todo lo que esa noche se estaba devorando, se acercó y toco mis nalgas, parecía que esto le agradaba.

    Metiendo su dedo en mi vagina poco a poco el disfrutaba ese momento. Tomó su verga con sus manos, la masturbó un poco y de una la metió. Yo sentí como esa verga abría todas mis entrañas. Metiéndola con un ritmo lento, me hacía gemir de dolor envuelta en un placer que me gustaba, fue acelerando su bombeo mientras con su dedo lo metía en mi ano, realmente me sentía tan puta por dejarme manosear tanto, debo de confesar que nadie me había cogido así antes.

    Continuaba metiéndola constantemente mientras yo estaba tan excitada que solo deseaba ver como entraba esa verga. Tomó mis caderas, y orillándome a levantarme, levantó mi culo y comenzó a coger de perrito, en ese momento sentí realmente el placer, sentí como entraba toda su verga en mi, sentía como en cada metida movía todo dentro de mí. Me cogía tan delicioso que solo me quedaba disfrutar esas embestidas. Abriendo mis nalgas, solo disfruté esa gran verga que me daba un placer inigualable. Dejó de cogerme, yo muy excitada, me empecé a masturbar, el detuvo mi mano, tiernamente se acercó a mí y al oído me dijo:

    – Que rica puta, eres tan puta que estoy disfrutando tanto cogerte, no quiero que te vengas aún amor-

    Al escuchar esas palabras, me sentí muchísimo más caliente. Me tomó de mi cintura y me volteó, quedando frente a él, con mis piernas abiertas y toda mi vagina a su merced, se acercó a mí, lamiendo un poco, humedeciendo aún más, me escupió y froto con dedo mi clítoris, dándome así más placer. Realmente fue algo desagradable en ese momento, pero debo confesar que me gustó. Poniendo su verga en mi entrada, la metió esta vez de una manera rápida y fuerte. Era lo que yo quería…ver como entraba su verga.

    Mientras pasaba el tiempo, yo sentía una gran satisfacción, él me cogia muy rico, sentí como el empezó a darme más rápido y duro, asumiendo que él se vendría, me adelanté y quise venirme antes que él para terminar juntos, sin embargo no fue así, en ese momento él sacó su gran miembro y apunto de sacarlo arrojó un gran chorro de leche, que me salpicó desde mi vagina, mi estómago y finalmente llegué a tener ese rico semen en mis labios, ¡vaya que delicia!

    Créeme que fue una delicia poder probar esa lechita caliente, recién sacada de esa verga palpitante y roja. Él seguía masturbándose para dejarse seco, mientras que con mis dedos juntaba la leche derramada en mis tetas, y para placer de él, la degustaba en mi boca. Untándome esa leche en mis labios, sentía ese sabor salado en mi lengua que me daba ese rico semen. Al verle aún masturbándose, le ayudé, lo toqué y me metí esa verga a mi boca. Mamándosela hasta sacarle todo, esperé unos minutos para dejarlo vacío.

    Después de esto él se recostó sobre la cama, cansado de haberme cogido, él descansaba, mientras yo aún con mi vagina palpitante y húmeda me quedé esperando a terminar, aunque sé que puedo complacerme, esperare a que vuelva a estar listo, para que me meta esa gran verga y esta vez, me haga terminar y termine dentro de mí, pero ahora deseo tanto hacerlo venir dentro de mi culo, que por hoy, se quedó muy ansioso de ser abierto.

  • El destino y la madre de mi pareja

    El destino y la madre de mi pareja

    Llevaba ya mucho tiempo con mi pareja, varios años, gozábamos de una relación llevadera en todo sentido, en el sexual también, habíamos perdido la virginidad juntos, con el tiempo experimentamos cosas deliciosas, la monotonía no era parte de la relación.

    Ella, tenía una mamá joven, con quien llegué a entablar una relación muy linda, solía vestir siempre provocativamente por así decirlo pero más era porque ella venía de la costa, del mar, donde el calor hace que las personas quieran estar lo menos vestidas por así decirlo, usaba faldas, blusas ligeras que dejaban ver su linda figura pese a ser madre dos veces, su contextura era delgada, de rostro delicado, senos pequeños, una cintura envidiable, un trasero y piernas que levantaban miradas donde fuera, al principio jamás se me paso por la cabeza verla de otra forma, pero esa misma confianza que teníamos, hacía que cuando visitaba a m novia ella muchas veces me recibía en pijama, en shorts, digamos sin vergüenza alguna, aun así, digamos que admiraba su belleza pero nada más.

    Recuerdo que ella y su marido viajaban mucho, eso me agradaba, podía pasar tiempo a solas con mi novia y la verdad la pasábamos exquisito. Un día al visitar a mi novia me pidió que le ayudara a buscar unos documentos importantes de sus padres que debían ser enviados urgentemente, así que empezamos la búsqueda en escritorios, muebles y demás de la casa, dividimos esfuerzos y yo busqué en una caja debajo del velador de la cama de sus padres, habían muchas cosas, varios papeles, en eso me llamó la atención un sobre y lo abrí, en el, se encontraban fotos instantáneas, de las pequeñas, me quedé sin palabras, eran fotos de la madre de mi novia muy sugestivas, me quedé atónito ante lo que mis ojos veían, no lo podía creer y me dediqué a observarlas con detenimiento, cada una de ellas, estaba ahí desnuda en la bañera llena de jabón y la espuma cubría uno de sus pezones, pero dejaba ver mucho pelo en su zona intima, confieso que me gustó.

    Otra estaba en la cama tendida insertando sus dedos en la vagina, rosadita, otra de pies de espaldas abriendo sus nalgas y mostrando su ano delicioso, mi favorita aquella que estaba gateando en el piso de espaldas en un zoom que mostraba su espectacular trasero y vagina rosada peluda, deliciosa…

    Las guardé por temor a ser descubierto, pero en mi mente quedaron grabadas esas imágenes para siempre. Por obvias razones no mencioné nada a mi pareja, pero mi sorpresa fue mayor cuando mi novia me dijo que encontró algo raro, me mostró un bolso, en el, habían muchos objetos sexuales, videos en VHS, cremas, lencería y un consolador de tamaño bastante grande diremos… – mis padres son unos ocurridos- mencionó… Yo solo confirmaba mis sospechas, aquella señora era tan ardiente como se veía, pero yo la había estado ignorando todo este tiempo, como dije antes nunca la vi con deseos profundos por decirlo así, admiraba su belleza pero nada más, recuerdo que solo cuando estaba tomada se ponía cariñosa, me abrazaba e incluso una vez me dio un beso cerca de los labios, pero yo solo lo atribuí al alcohol, pero ahora no dejaba de pensar en esas fotos, ahora en todo el material de ese bolso, la imaginaba desnuda, insertándose ese consolador y gimiendo de placer.

    Esa noche incluso le propuse a mi novia divertirnos con lo encontrado pero se negó, así que lo guardamos y fuimos a descansar no sin antes tener una noche de sexo delicioso como era costumbre, pero esta vez imaginaba a su mama mientras se lo hacía.

    AL siguiente día enviamos los documentos, regresamos a casa y mientras mi novia preparaba la cena, inventé una excusa para subir al cuarto, fui directo a la caja y saque aquel sobre, necesitaba esas fotos así que saque mi teléfono y copie todas, ahora las podría disfrutar para mi.

    La siguiente semana transcurrió con normalidad, mi novia me comentó de un evento que tendría al final de la semana así que no podríamos pasar juntos, en ese momento vi una oportunidad única y lo planeé todo. Llego el fin de semana y salí temprano del trabajo, fui a prepararme como siempre, colonia, bien afeitado en todas partes y fui hacía la casa de mi novia sabiendo que no la encontraría pero que si estaría mi querida suegra.

    Llegué y toque el timbre, salió ella con un short y camiseta holgadas, pude notar que no tenía brasier, me dijo que mi novia no estaba que tenía un compromiso y llegaría tarde, asentí con la cabeza y dije que lo había olvidado, dije a propósito que me retiraba nomás pero ella me dijo si no quería pasar a tomar algo a lo que con todo gusto acepté, me ofreció una cerveza y le dije que no, sabiendo su gusto al vino le insinué si mejor podíamos tomar una copa de vino y aceptó inmediatamente, abrimos la botella y comenzamos a conversar y jugar cartas, sin darnos cuenta la botella se había terminado, me dijo que podría abrir otra si quería y esta vez el que aceptó fui yo.

    Así luego de un tiempo yo ya sentía como el vino se me subía a la cabeza, lo noté también en ella por sus risas y manera de actuar, le pregunté por su esposo y me dijo que seguía de trabajo y de viaje pero que no le tope ese tema ya que se ponía mal, me atreví a preguntar ¿por qué? Y me dijo que mejor no hablar de ello, que él no la valoraba y que ella sabía que él andaba en sus «cosas» por allá…

    La miré, tenía en mi mente las fotos, varias veces se agachó y pude ver de reojo sus senos, solo imaginarla me ponía duro, le dije que no se ponga así que no entendía como un hombre podía ignorar a alguien tan hermosa, me animé por los efectos del vino, me miró y dijo que yo lo decía con ojos de cariño, me preguntó si de verdad le parecía guapa?

    – Claro que sí, igual de hermosa como en las fotos.

    Hubo un silencio, yo pensaba en lo tonto que fui al decir eso pero el vino como dije me había dado valentía, ella me miró y pregunto:

    – como en las fotos? ¿Cuáles fotos?

    En ese momento pensé, ya lancé el primer golpe ahora es hora de terminar la pelea, saqué mi teléfono y le dije

    – estas fotos, que encontré por casualidad.

    Se las mostré, se sorprendió, se ruborizo mucho y me dijo:

    – que vergüenza, perdóname… Ocurrencias de mi marido -luego agregó- de verdad te parecen bonitas esas fotos?

    La mire y le dije claro que si! Son hermosas! Se levantó y me dijo vamos a verlas bien al cuarto… No podía creerlo, respiraba a mil, sentía una erección tremenda y unas ganas de sacarle todo lo que llevaba puesto y hacerla mía, la seguí, no paraba de mirar su culo hermoso, tomó la caja y sacó las fotos, me las dio y me pidió que le contara cual era mi favorita, no fue difícil, le mostré aquella donde estaba gateando y dejaba ver todo su hermoso culo y vagina tan cerca que hasta la imagen parecía tener olor.

    Se levantó y subió a la cama, me dijo:

    – ahora quiero que tú me tomes esa foto.

    Se sacó la camiseta, en efecto no tenía bra, sus pechos eran pequeños pero hermosos, se bajó el short y el panty dejándome ver por primera vez su vagina, con pelo en efecto pero me encantaba, se agacho me dio la espalda, no podía creer lo que estaba viviendo, de verdad no lo podía creer, se puso en cuatro patas, agacho la cabeza y dejo ver su espectacular figura.

    – toma la foto me dijo.

    Yo medio torpe, saqué el teléfono y procedí a tomar no una, sino varias fotos, diferente ángulo, zoom en fin no podía mas!!! Volteó su cabeza y me dijo:

    – mejor no?

    Y en ese momento sabía que debía actuar, no volvería quizás a tener una oportunidad así, lancé el teléfono a la cama y me acerque a su culo, lo lamí y escuché como se quejó, lo tomé como un SI, comencé a lamer de abajo hacia arriba toda su vulva y terminaba en el ano, era delicioso, olía demasiado bueno, lamí mi dedo y se lo metí lentamente en el culo mientras seguía lamiendo todos los jugos que brotaban de su vagina, ella gritaba, gemía, quería hacerla mía, se dio la vuelta y se levantó me pidió que me desnudara, lo hice de inmediato.

    – recuéstate dijo.

    Así lo hice y ella giró y se puso sobre mi, con su culo en mi cara y se agachó mientras tanto y se metió mi verga a la boca, confieso que prefiero dar placer uno a la vez pero en esa ocasión disfrutar de ella con mi boca mientras me lamia la verga fue una sensación única.

    – Meteme los dedos dijo.

    Así lo hice , se movía demasiado y comenzó a gritar de placer, ahora era mi turno de tener la iniciativa, la aparte lentamente, quería probarla toda, la hice recostar y comencé a besarla, a coger sus senos, a besarlos, notaba como lo disfrutaba, baje por su cuerpo y vi su monte de venus poblado pero al abrirlo había algo rosadito lleno de jugos que no dude en disfrutar, gritó varias veces, yo no podía más, tenía que hacerla mía y recordé la foto.

    -ponte en 4 le dije.

    Sin temor, me miro y obedeció, me acomodé y se la metí suavemente y hasta el final, el golpeteo de mis testículos contra su cuerpo se escuchaba y ella gritaba, la tome del cabello por detrás y así estuvimos un rato hasta que ella se alejó y se tumbó en la cama.

    – metemela así ahora.

    Obedecí, yo estaba de pie, ella me abrazaba con sus piernas y le metía la verga con mucha fuerza,

    – termina dentro mio por favor me dijo.

    Así lo hice, la llené de leche, mi verga por alguna razón seguía erecta y yo seguía empujando ella gritó nuevamente, luego de un rato la saqué… Se levantó y se puso en 4 nuevamente.

    – toma una foto más.

    Me quedé atónito, pero así lo hice, al hacer zoom note como por su vagina chorreaban mi leche mezclada con sus jugos, tome varias.

    – ahora ya tienes mejor material que el que viste me dijo.

    Se levantó y se fue a la ducha, yo estaba ahí tendido en la cama, sin poder creerlo aún, parecía un sueño, ya el efecto del vino había pasado y poco a poco me daba cuenta de lo que había hecho, tomé un paño húmedo del velador, me limpié y cambié. Ella salió con la toalla, me dijo que por favor me fuera porque era probable que su hija pronto llegara, así lo hice no sin antes decirle lo hermosa que era, le di un beso en la boca y me fui.

    Contrario a lo que muchos piensen, no volvió a ocurrir jamás, ella siguió actuando como siempre fue, atenta, una hermosa mujer, yo de igual manera, pero luego de varios meses yo terminé con mi pareja y no volví a saber de ellas, ahora de vez en cuando tomo mi teléfono y observo las fotos para masturbarme en honor a ella, mi deseo prohibido.

  • Dos lesbianas, una ducha caliente

    Dos lesbianas, una ducha caliente

    Esto pasó justo el mismo día que escribo este relato y me hacía ilusión contarlo ya que muchas veces he narrado mis experiencias en la cama pero nunca en uno de mis lugares favoritos para tener sexo, exactamente, la ducha.

    En casa de mi chica, concretamente en su habitación, hay un pequeño baño con ducha solo para ella. Es un baño muy lindo y hogareño, huele a vainilla y la pequeña ventana al lado de la ducha hace que entre luz natural y sea el doble de acogedor. Cada mañana que despierto con ella me doy una ducha disfrutando y relajándome en privado.

    Esta mañana me desperté sobre las 9, mi desnudo cuerpo estaba tendido sobre aquella acogedora cama que compartía con mi pareja que también estaba desnuda, la mitad superior de mi torso estaba expuesto dejando mis pechos al aire y a la vista de cualquier inquilino curioso. Me di la vuelta para mirar a mi novia y ella estaba de espaldas, expuse poco a poco su hermoso y esbelto cuerpo dejando a la vista su dorso blanquecino marcado por lunares y la huella del sujetador. Pasé mis dedos suavemente sobre ella tratando de no despertarla para disfrutar del tacto con su piel. Después de contemplarla me entretuve con mi móvil pasando el rato por Instagram, respondiendo mensajes y sacarme fotos eróticas que mandaría a mi chica en algún momento.

    Después de casi una hora tumbada, me levanté echando a un lado la sábana dejando al descubierto el resto de mi cuerpo, fui directamente al baño para meterme en la ducha, abrí la ventanita, puse el agua caliente y empecé a ducharme. Después de un rato disfrutando del agua recorrer cada curva y esquina de mi mojada figura, me percaté de que alguien estaba entrando al baño, miré curiosa y era mi novia, desnuda y con el pelo deshecho me miró regalándome una sonrisa, entró conmigo al plato de la ducha, la dejé su espacio para que pudiese empapar su cuerpo, tras ello me dio el turno mientras echaba champú en su pelo. Aproveché y también me eché champú manoseando mi cabello con mis dedos mientras el agua caía sobre mi cabeza. Ella se acercó y mojó también su cabeza dejando caer la espuma del pelo por su espalda.

    Mi pareja tomó una esponja de baño y echó gel, tras frotarlo un rato empezó a pasárselo por su cuerpo. Yo estaba de espaldas a ella disfrutando del caer del agua sobre mi, de pronto sentí como una mano pasaba por mi abdomen tirando mi cuerpo hacia el suyo y con la otra mano empezó a pasar la esponja por mi cuerpo, empezando primero por mi vientre a la vez que pasaba su otra mano a una de mis tetas encerrando mi pezón entre sus dedos. Pasó de frotar mi vientre a poco a poco acercar la esponja a mis húmedos labios, me estaba excitando y en respuesta comencé a frotar mi culo con sus caderas moviéndolo en su resbaladizo cuerpo lentamente dejándome llevar por la caliente situación. Ella en respuesta empezó a besarme el cuello, yo puse mis manos sobre sus empapados glúteos estrujándolos animándola a que siga complaciéndome.

    Dejó caer la esponja, comenzó a pasar sus dedos sobre mi esponjosa vulva, con cada pasada yo soltaba un suspiro y tras un rato jugueteando con mi cuerpo introdujo los dedos dentro de mi. Los movía dentro en un movimiento de vaivén que me estaba dejando sin aliento y que inconscientemente hacía que mis piernas se juntasen encerrando mi entrepierna con sus dedos dentro de mi. Me apoyé con mis manos a la pared que tenía al lado ya que el placer no me dejaba mantenerme recta y temía resbalar. Sus movimientos aumentaron de velocidad y cambió de mover sus dedos dentro de mi a taladrar mi vagina con ellos haciendo que su palma chocase y sonase contra mi monte de venus haciendo chapotear el agua y causando en mi un placer que me llevó a un pequeño orgasmo el cual me hizo finalmente soltar un agudo gemido que llevaba aguantándome todo el proceso.

    Me di la vuelta para empezar a besarla y pasar mis manos sobre su húmedo cuerpo, chocando nuestros labios apasionadamente e intercambiando saliva, juntando nuestros cuerpos y metiendo mi mano entre sus nalgas para pasar uno de mis dedos sobre su ano. La puse contra la pared de la ducha, me arrodillé y comencé a pasar mi lengua entre los pliegues de su vulva a la vez que ella removía su clítoris con una de sus manos, después con la otra agarró mi cabeza suavemente y la empujó hacia su vagina, pegando los labios de mi boca con los suyos de la vulva, comencé a besarla y pasar mi lengua más apasionadamente a la vez que acompañaba dichos movimientos con los de mi cabeza, mi boca se empapaba cada vez más y ella movía su pelvis sensualmente para hacer fricción con mi cara, decidí girarla y empotrarla contra la pared, teniendo de frente su sexy culo, me acerqué y empecé a lamerle el ano haciendo círculos por los bordes e introduciendo un poco la punta mientras sus glúteos se cerraban en mis mejillas.

    Abrí una de sus piernas para tener más espacio y llegar a lamerle también su rosado coñito, cada vez que bajaba a sus vagina mi nariz entraba en contacto con su ano, subía para relamer su agujerito y luego bajaba de nuevo a su preciosa vulva. Ella comenzó a gemir y mover sus dedos más rápidamente a la vez que sus piernas temblaban con mi cara entre ellas, mi rostro se llenó de su líquido vaginal, sentía su sabor por toda mi lengua, la textura de sus pliegues y el de su ano, el vibrar de sus muslos y sus glúteos entre mi cara, alcanzó un pequeño orgasmo que la dejó gimiendo y riéndose del placer, me levanté de nuevo para besarnos con mi cara llena de sus fluidos, me agarró la cara con ambas manos y pasó su lengua por mis labios y parte de mis mejillas, empapando aún más mi rostro y mezclando su saliva con su líquido vaginal.

    Después ella salió aún empapada del baño, me quedé mirando como su culito rebotaba con cada paso que daba, al volver la vi con un dildo morado muy grueso quizás de unos 20cm y un bote de aceite de coco, ya sabía lo que íbamos a hacer. Me dijo de ponerme en cuatro en el suelo, la obedecí sin mediar palabras. Me puse en cuatro con el culo hacia arriba y orientado hacia ella, dejó caer una buena cantidad de aceite sobre mi ano a la vez que lo masajeaba con su dedos haciendo círculos por el exterior, después echó aceite en la punta del juguete dejando que el líquido se esparciese lentamente por todo su cuerpo morado y venoso, puso en contacto mi ano con la punta del aparato y fue introduciéndomelo poco a poco, yo no tenía donde agarrarme por ello hacía fuerza con las palmas contra el suelo ya que sentía como el gran dildo iba abriendo mi ano e introduciéndose en mi poco a poco y de forma placentera, por el exterior de mi agujero anal podía sentir la textura del dildo y conforme se iba metiendo mi chica iba echando aceite asegurándose de que se deslizase con normalidad.

    Con la mitad del juguete metido sentí cómo se deslizaba por mi recto chocándose con la pared intestinal, como era muy elástico dicho juguete se torció para adaptarse a mi intestino grueso y seguir introduciéndose hasta estar completamente dentro de mi. Mi novia reaccionó impresionada mientras yo temblorosa sentía un placer inmenso, ella se fue rápido al cuarto y volvió con un vibrador rosa especial que servía para estimular el punto G y el clítoris a la vez, le echó aceite también y me lo introdujo en la vagina para luego encenderlo mientras ella me metía y sacaba el dildo del culo repetidas veces aumentando poco a poco el ritmo de las penetraciones.

    Yo estaba embelesada por todo el gozo que estaba experimentando, tanto mi vagina como mi ano estaban siendo excitados a la vez que yo gimoteaba casi a gritos haciendo eco en el baño, retemblaba todo mi cuerpo haciendo que mi voz también lo hiciese y mis pechos que estaban colgados en esa posición oscilasen y balanceasen en el aire. Estaba tan excitada que sin percatarme mi vulva expulsó un gran chorro a presión que empujó y sacó el vibrador de mi coño y mojó todo el suelo haciendo que este fuese más resbaladizo de lo que ya era antes, formándose una capa de aceite y agua. Mi chica agarró el vibrador, me lo introdujo de nuevo y a los segundos solté un segundo chorro. «¡¡Sí cariño sí!!» soltó ella, volvía a repetir el mismo proceso para hacer que mi vagina expulsase chorros a la vez que me penetraba violentamente el culo con su gran dildo, con cada squirt mi cuerpo se retorcía a la par que soltaba un chillido de placer, repetimos este proceso muchas veces hasta que no pude más.

    Mi novia sacó el dildo lentamente de mi culo lo que también me generaba placer hasta dejar mi recto totalmente vacío y lubricado, el ano sin embargo quedó abierto dejando entrever el interior del mismo, no era la primera vez que me pasaba y era totalmente normal pero por fascinación hicimos una foto a mi culo abierto y un video para el recuerdo. Me puse de pie sintiendo como mi ano estaba algo adolorido y tenso, me senté en la encimera del lavabo abriendo las piernas, mi chica se pegó a mi y nos besamos lentamente acariciándonos y dejándonos tocar por la otra.

    -Me has reventado el culo cielo.- Dije entre risas-.

    -Perdóname pero es que tienes un culo muy follable.

    Hicimos una pausa para compartir unos besos.

    -¿Qué puedo hacer para que me perdones querida?

    -Muchas cosas, primero besarme las tetas.

    Ella hizo caso y puso su boca sobre mis húmedos pezones empezando a besarlos y morderlos, movía mis mojadas tetas, las acariciaba, las botaba mientras yo apoyaba mi espalda contra el espejo dejando caer algunas cosas del mueble. Agarré su cabeza y la empujé en dirección a mi vulva diciendo «ahora mi coño», me lo comenzó a comer con el mismo ritmo que me comía los pechos, me retorcía de placer y excitación, cerré mis piernas para tener su cabeza entre mis muslos, ella aumentó el ritmo del oral que me estaba haciendo y yo soltaba suspiros repetidamente por la forma en que me estaba metiendo la boca en mi vulva, solté un pequeño chorro que dejó su cara mojada acompañado de un inocente chillido. Se puso de pie de nuevo y me besó otra vez mientras me agarraba las tetas con pasión.

    Agarré el vibrador que estaba tirado en el suelo, nos metimos de nuevo en la ducha encendiéndola. La puse enfrente de mi pero de espaldas, rodee su cuerpo con una de mis manos que tenía el vibrador y se lo metí en la vagina, puse en marcha el aparato y dejé que hiciese su magia. Estaba abrazada a mi novia desde su espalda, se retorcía del placer y se agarraba de uno de mis brazos que rodeaba sus clavículas, metía y sacaba el vibrador rápidamente deslizándose suavemente entre sus labios y dándola el placer que se merecía, ella soltaba gemidos agudos y discontinuos a la vez que me pedía «más rápido».

    Sus tetitas rebotaban y su culo se apoyaba en mis muslos. Hecho todo esto su rosado chochito chorreó a la vez que ella soltó un grito de placer mientras todo su cuerpo temblaba, dejé el vibrador teniendo mi otro brazo libre para poder abrazarla y sentir su tembloroso cuerpo contra el mío, pasé tímidamente mi mano sobre su vulva y su excitación era tal que un leve contacto con sus sensibles labios hacía que todo su cuerpo se retorciera y ella soltase un leve suspiro. Estuvimos un buen rato así hasta que se relajó, se dio la vuelta y terminamos nuestra aventura en la ducha con un largo beso bajo el agua, limpiando nuestros cuerpos y riéndonos de todo lo que habíamos hecho.

    Espero que os haya gustado este relato y espero también que contar mis numerosas experiencias con mi novia no se os haga pesado, por ello también intento escribir variedad para que podáis disfrutar leyendo mis pequeñas obras y experiencias.

    Un beso húmedo para todos vosotros jajaja.

  • Cambiando por aquel hombre (I)

    Cambiando por aquel hombre (I)

    Laura y Tonya son lo que muchos dicen «las mejores amigas».

    Laura es una mujer blanca casada de 26 años, creció en el seno de una familia conservadora, y cuando se fue a la universidad, conoció a quien sería su esposo, Tom, comenzaron a salir y se enamoraron. Salieron durante toda la universidad y se casaron el verano después de su graduación.

    Mientras tanto, Tonya también tiene 26 años, era una mujer negra que creció con una madre soltera. Su padre nunca se casó con su mamá y se mudaban de un lado a otro. Tonya terminó en la misma universidad que Laura y en su misma clase. Pronto, se convirtieron en las mejores amigas, haciendo viajes juntos, pasando incontables horas hablando de sus vidas.

    Tonya incluso fue la dama de honor de Laura en su boda. Tom consiguió un buen trabajo e insistió en que Laura no trabajara, pero ella todavía quería usar su título de marketing, por lo que encontró un trabajo a tiempo parcial que le permitiera trabajar desde casa. Significaba que tenía mucho tiempo y que pasaría el rato todo el tiempo con Tonya.

    Laura era una mujer hermosa, rubia y notoriamente con gran busto. Tiene un aspecto inocente y se viste con clase. No hace falta decir que llama la atención de muchos chicos, y muchos se sorprenden de que alguien como Tom la haya conseguido, incluida Tonya a veces.

    Las dos mejores amigas se reúnen todos los sábados por la mañana para tomar un café. Les encanta charlar y ponerse al día.

    —Hey, Laura, ¿No te dije? Tonya habla mientras toman un café. «Mi papá se va a mudar aquí».

    —»Oh, no, no me había dicho. pero… ¿Cómo te sientes al respecto?», preguntó Laura.

    —»Siendo honesta, no sé qué pensar», dice Tonya. «Creo que será bueno. Ya sabes, mis padres nunca se casaron, aparte que no pasé mucho tiempo con él cuando era niña porque se la pasaba en el ejército».

    Laura asiente, escuchando.

    —»Pero ahora, parece que quiere compensar eso», dice Tonya. «Además, creo que necesita un lugar donde quedarse cuando se retire».

    —»¡Oh, eso es genial! Realmente me alegro por ti, Tonya», dice Laura.

    —»De hecho ya lo conociste antes», dice Tonya. «No estoy segura de si te acuerdas, pero lo vino a tu boda.

    —»¡Oh, ya recuerdo!» Dice Laura.

    Tonya le había presentado brevemente a su padre, un hombre negro grande, alto y de complexión fuerte. Sean mide 190 cm. Todavía tiene mucho músculo. Además, era el único hombre negro en la boda y destacaba mucho.

    Unas semanas más tarde, Sean se había instalado. Encontró un lugar para vivir, una casa en un lago a unos 30 minutos de la ciudad. Sintió que sería un buen lugar para escribir y hospedar a su hija y a sus invitados.

    —»Tonya, creo que estoy listo para volver a las andadas», dice Sean. «Tengo 58 años y, si no te importa que te lo diga, todavía tengo amor para dar».

    Tonya se ríe.

    —»Sal y relájate, papá, lo necesitas», bromea Tonya.

    —»Bueno, ya sabes lo que realmente importa: ¡Se debe ser sexualmente compatible!» Dice Sean.

    Tonya se sorprende. «¡Papá!»

    —»¿Qué?», pregunta.

    —»No es así como funciona», dice Tonya.

    —»Bueno, así funciona para mí», dice Sean. «Al menos deberías ayudarme a encontrar a alguien, o buscarme una cita».

    —»¡Papá! No conozco a nadie de tu edad», dice Tonya. «¡Peor sabiendo que buscas acostarte con alguien!»

    – «Tonterías, Tonya. En primer lugar, dormir es lo que menos pienso hacer» Sean dice de una manera alegre. «De hecho he pensando a quien follar».

    Tonya jadea, pero también sonríe incómodamente un poco.

    —»¿Qué me dices de tu amiga Laura? Está caliente», dice Sean.

    —»¡¿Qué?!» —exclama Tonya—. «¡¿Laura?! Es mi mejor amiga».

    —»Aún mejor. Es más fácil para ti conseguir que salga conmigo», dice Sean.

    —¡Pero papá! ¡Está casada!» Dice Tonya, conmocionada.

    —»Vamos, vi a su esposo en la boda. Es un idiota», dice Sean. «Y como dije, creo que es perfecta para mí».

    —»¡Papá! No, no está bien. Ella es inocente… está… casada… y es mi mejor amiga», dice Tonya. «No lo sé, papá».

    —»Piénsalo. Tómate tu tiempo», dice. «¡Pero haz que suceda!»

    Llego otro sábado de charla con su amiga, y Tonya solo menciona cómo su padre le habló de volver a las andadas. Habla de cómo su padre compró un lugar junto al lago. Menciona lo divertido que sería visitarlo, y que tal vez incluso podrían pasar un fin de semana los tres.

    Una noche, después de cenar, Sean se acerca al sofá y le pide a Tonya que se una a él.

    —»Toma tu teléfono», le dice. «Quiero que me muestres todas las fotos que tienes de Laura».

    —»Oh, está bien, papá», dice Tonya nerviosa.

    Sean y Tonya se sientan juntos. Saca su teléfono y le muestra las fotos. Hay algunas selfies de Laura y Tonya tomando un café y yendo de compras.

    —»Oh, esa está buena», dice Sean. «Mírala con ese vestido de verano!»

    Tonya sigue desplazándose. «Ah, y su en esos jeans. Mierda», dice Sean.

    Tonya no puede creer que su padre esté diciendo todas estas cosas sobre su mejor amiga. Sí, Tonya sabe que Laura es sexy. Han salido juntas cuando los chicos le han silbado. Sin embargo, esto viene de su padre, que tiene 58 años. Pero a medida que sigue desplazándose por las fotos, no puede evitar acercarse a su padre mientras muestra las fotos.

    —»Oh, te gustará este, papá», dice Tonya, sacando uno del verano anterior en la piscina. La foto muestra a Laura en bikini.

    — «¡Mierda, mira sus tetas! Son grandes. Supongo que son naturales, ¿verdad?» Dice Sean.

    —»Oh, claro que lo son», dice Tonya.

    Sean y Tonya continúan revisando fotos, incluso miran las fotos de su boda.

    —»Todavía no puedo creer que un nerd como él la haya conseguido estar con semejante mujer», dice Sean. «Apuesto que apesta en la cama».

    —»Papá… esas cosas no se dicen».

    —»¿Qué? Será mejor que me lo digas, Tonya, ¡Vamos!»

    —»Bueno. Sé con certeza que tanto Laura como Tom eran vírgenes en su noche de bodas», dice Tonya. «No puedo creer que te haya dicho eso».

    —»¿Bromeas?», dice.

    —»No, no estoy bromeando. Es verdad», dice.

    —»Ahora me gusta aún más», dice Sean. «Apuesto que debe estar bien apretada».

    —»¡Papá!»

    Durante su siguiente café, Tonya continúa hablando de su padre. Está siendo presionada por su padre, pero sabe que no puede decir que su padre quiera salir con su mejor amiga. Tiene que jugar bien sus cartas. Así que durante las siguientes tres semanas, no deja de hablar de lo bueno que es su padre, de lo genial que es su casa en el lago y mucho más.

    —»Ya sabes, Laura», dice Tonya. «Mi papá sigue preguntando por ti».

    —¿Cómo? Dice Laura. «Mmm … ¿Para qué?»

    —»¡Sí! Bueno, él sabe que somos mejores amigas y quería conocerte más a fondoi», dice Tonya.

    —»Oh… ya veo…», dice Laura vacilante, sin saber hacia dónde van las cosas.

    —»Él también dijo que…», dice Tonya. —»Oh, no, mejor no lo digo».

    —»¡Tonya! Vamos, qué dijo», dice Laura.

    —»No, no debería», responde Tonya.

    —»¡Oh, vamos, ¡Sabes que puedes contarme todo!», le recuerda Laura a Tonya.

    —»Está bien. ¿Pero promete no enfadarte conmigo?

    —»¡Lo prometo!»

    —»Él dijo… ¡Dijo que le pareces sexy!» Tonya finalmente dice.

    Laura jadea. Ella se sonroja. Mira hacia abajo.

    —»¡Oh, Dios!» Dice Laura. «No sé qué decir. ¡No esperaba que dijeras eso!»

    —»No tienes que decir nada. Solo para que lo sepas», dice Tonya, antes de cambiar de tema a un chisme que escuchó sobre un antiguo compañero de clase.

    El sábado siguiente, mientras toma un café, Tonya se sumerge en él, de inmediato.

    —»Mi papá volvió a preguntar por ti», dice mientras se sientan con sus cafés. «Dijo que todavía no puede creer lo caliente que estás y lo provocador que es tu cuerpo».

    Laura se pone roja al instante. «TONYA!!»

    —»¿Qué le pasa?» Dice Laura.

    —»Mi papá es muy directo. De eso no hay duda», dice Tonya. – Creo que le gustas.

    Laura se queda boquiabierta. Conmocionada.

    —»¿Le gusto? Tonya: Soy una mujer casada. Soy tu mejor amiga. Es tu papá. Es mucho mayor que yo. ¿Cuántos años tiene?», dice.

    —»Tiene 58 años», responde Tonya.

    —»¡58 años! Eso es mayor que mis padres. ¡Dios mío, Tonya! Dice Laura.

    —»Sé que eres una mujer felizmente casada. Sé que eres mi mejor amiga. Solo te estoy diciendo que le gustas a mi papá, y piensa que eres sexy», dice Tonya.

    Laura da un sorbo a su café, sin saber qué decir o hacer a continuación.

    —»Gracias por decírmelo. Por qué… Sé que dices que le gusto. Pero ¿por qué crees que te está contando todo esto? Dice Laura. «¿Tú crees… que él realmente piense… a mmm… salir conmigo o algo así?»

    —»¡Por supuesto que sí!» —exclama Tonya—. «¡No me estaría contando todo esto si no quisiera salir contigo!»

    —»¡¡Pero estoy casada, Tonya!! ¡Está tan mal!» Dice Laura.

    —»Solo estoy siendo honesta contigo y manteniéndote informada, Laura», dice Tonya. «¡Para eso están las amigas!»

    —»Lo sé. Lo sé y aprecio eso… Tonya».

    Luego, las dos mejores amigas pasan a otro tema y luego se dan un cálido abrazo y un abrazo al partir.

    Durante la cena del martes siguiente, Tonya le cuenta a su padre sobre la conversación.

    —»Está bien, vas bien. Dile que quiero salir con ella».

    —»Papá, ¿estás seguro? No creo que esté de acuerdo», dice Tonya.

    —»Lo sé. Pero ella es tan sexy. Puede que ella diga que no, pero tú sigues presionándola, ¿de acuerdo? Dice Sean.

    —»Pero papá, ella es mi mejor amiga», dice Tonya.

    —»Lo sé.», dice Sean con firmeza. «Solo díselo. Pregúntale a ella. Y sigue preguntándole hasta que diga que sí».

    En su siguiente café semanal, Tonya simplemente lo suelta.

    —»Laura, mi papá quiere salir contigo», dice. «Me pidió que te preguntara por él».

    —»¡Oh, Dios! » Dice Laura. «No puedo. Sabes que estaría mal. Pero… ¿Puedes decirle que no amablemente? Es tu papá y no quiero que se ponga mal».

    —»Claro, pero no te sorprendas si vuelvo aquí la semana que viene preguntando de nuevo. Es bastante inflexible», dice Tonya.

    Laura parece preocupada, pero asiente.

    El sábado siguiente, tal y como predijo Tonya, vuelve a contarle a Laura que su padre quiere salir con ella. – Tiene muchas ganas de tener una cita contigo, Laura. No sé qué decirte», dice.

    —»Quiero decir», dice Tonya. «Podrías salir con él, ya sabes. Una vez. ¡Alegrarle el día!»

    —»¡¡Tonya!!»

    —»Solo estoy diciendo», dice Tonya. «¿Cuál sería el daño de una cita? ¡No estás engañando a nadie si solo es una cita!»

    —»¡Estaría engañando a mi esposo!»

    —»Oh, vamos, ¿En serio no puedes solo tomar un café o cenar con él?», dice Tonya.

    —»¡No!» —exclama Laura—.

    Tonya dejó de insistir en el resto del día.

    Pero el sábado siguiente y al siguiente sábado y así sucesivamente. Tonya mantuvo la presión. Incluso llamaba a su amiga y le mandaba mensajes hablando de lo mismo.

    —»No lo sé, Tonya», dice Laura por teléfono un día. «Supongamos que acepto ir a una cita para tomar un café, ¿Y si quiere algo más?

    —»Laura, estoy segura de que él querrá algo más. ¿Quién no lo haría?», dice Tonya. «¡Mírate, eres jodidamente caliente!»

    Laura se sorprende. Tonya no suele decir esas cosas con ella cerca a su alrededor.

    La presión continúa durante varias semanas más.

    Un día, durante una cena en el condominio de Tonya, Sean decide subir las apuestas. Simplemente no puede soportarlo más. Realmente quiere a Laura. Él quiere tenerla. Quiere follársela. Quiere meterle su enorme polla en lo más profundo.

    Ahora Sean quiere volver a verla en persona.

    —»Escucha, Tonya. No creo que Laura acepte tener una cita conmigo, ni nada por el estilo. Han pasado meses. Así que aquí está el nuevo plan», dice.

    Tonya escucha.

    —»Averigua algún fin de semana en el que su marido salga de viaje. Dile que estaré fuera y que tú y ella pueden disfrutar del lago».

    —»»Oh, esa es una buena idea», dice.

    Mientras tomamos un café el sábado siguiente, Tonya lo menciona.

    —»Laura, escucha. Sé que he sido implacable con el tema de mi padre. Lo entiendo», dice. «¿Por qué no hacemos un fin de semana de chicas? Mi papá se irá un poco y podríamos pasar el fin de semana en su casa en el lago. Llevábamos tiempo queriendo ir allí».

    Laura se anima y sonríe. «Eso suena bien. No este fin de semana, pero tal vez el próximo. Tom tiene que ir a una conferencia. Sale el jueves. Y luego vuela desde allí a la casa de sus padres para ayudarlos a mudarse a un condominio. No regresará hasta el miércoles.

    —Perfecto, entonces tendremos nuestra noche de chicas.

    Tan pronto como termina el café, Tonya se va a su auto y llama a su padre. «¡Papá, la tengo! ¡No será este fin de semana, sino el siguiente! Tom se va el jueves para una conferencia y luego ayudará a sus padres. No regresa hasta el miércoles».

    —»Perfecto. Esto es genial. No puedo esperar a …» Dice Sean, con las palabras entrecortadas.

    —»¿No puedes esperar a qué?» Dice Tonya.

    —»Ya sabes», dice Sean.

    —»Papá, recuerda que es mi mejor amiga. No quiero lastimarla», dice.

    —»No te preocupes. Todo va a estar bien», le aseguró Sean. «Pero seré claro. Llevaré su cuerpo a una prueba de manejo. No voy a perder mi tiempo conociéndola. El sexo es importante para cualquier relación. ¿Entendiste?».

    Tonya ha visto a su padre ser firme antes, pero no lo había visto de esta forma.

    —»Entiendo», dice Tonya en voz baja. —Entiendo.

    —»¡Bien!»

    Laura le cuenta a Tom sobre el fin de semana y él piensa que es una gran idea. Se irá, y aunque nunca ha sido muy amigo de Tonya.

    Laura hace las maletas. Lleva unos vestidos de verano. Un par de bikinis y cosas por el estilo. Empaca algunos de sus libros favoritos y está lista cuando Tonya viene a recogerla el viernes alrededor de las 5 pm.

    Lleva un elegante vestido blanco de verano para el viaje. Tonya no consultó con ella lo que se pondría, pero sabe que su padre lo aprobará.

    En el viaje de 30 minutos, las dos amigas no hablan de Sean. En cambio, cuentan historias, cantan en la radio, ríen y se divierten.

    Cuando se acercan a la casa del lago de Sean, de repente se vuelve en silencio. Laura ve un coche aparcado allí. El coche de Sean.

    —»Tonya, pensé. Pensé que tendríamos la casa para nosotras solas», dice Laura mirando a Tonya. «¿Qué está pasando?»

    Tonya se estaciona. «Entremos».

    De repente, Laura se pone nerviosa. Respira con más fuerza mientras ella y Tonya salen y entran en la casa. Saca su equipaje del maletero del coche de Tonya. Incluso por el nerviosismo, deja su bolso y su teléfono en el auto.

    Laura y Tonya suben y entran en la bonita y encantadora casa del lago. La propiedad está aislada. No hay vecinos cercanos.

    Entran en la casa y en la sala de estar está Sean.

    —»Hola Laura, es un placer conocerte», dice Sean, mirándola de arriba abajo mientras entra. «Te ves increíble».

    Laura respira con dificultad. Mira a Tonya, que está en silencio. Está empezando a darse cuenta de que todo esto fue una trampa. Está atónita.

    —»¿Qué está pasando?» —pregunta Laura, mirando a Tonya y luego a Sean. Sean se eleva por encima de ella. Es poderoso. Lleva unos jeans y una camiseta. Ella puede ver sus brazos musculosos. Tiene algunos tatuajes.

    —»Esto es lo que va a pasar, Laura», dice Sean mirándola de pie frente a él. «Primero, déjame decir. Me gustas mucho y quiero conocerte».

    —»Oh», Laura tartamudea, pero Sean sigue hablando.

    —»Pero hay algo que necesito primero», continúa Sean, con los ojos fijos en los de Laura antes de moverse audazmente hacia arriba y hacia abajo de su cuerpo.

    —»En cualquier relación, y definitivamente para mí, el sexo es lo más importante. Es lo número 1″, dice con confianza. «Así que necesito ver si una mujer encaja bien sexualmente antes de llevar las cosas más lejos. Porque si no lo es, si su cuerpo no es sexualmente compatible conmigo, mi tamaño y mi resistencia, no tiene sentido conocerla».

    Laura jadea. Está atónita con lo que escucha. Respira con dificultad. Mira a Tonya, pero su amiga solo le hace un gesto para que se dé la vuelta y escuche a Sean. Laura nunca había escuchado a alguien expresar puntos de vista como este.

    Sean continúa: «Así que esto es lo que va a pasar. Tonya se va a ir un rato, mientras tanto te voy a comer el coño. Y luego te voy a follar».

    Laura jadea audiblemente. Se queda boquiabierta. Sus ojos se abren de par en par. Ella trata de objetar.

    —»Pero… Estoy casada…»

    Sean sigue hablando. «Si, lo sé., pero si por alguna razón, no eres buena o tu cuerpo no es compatible con el mío, entonces llamaré a Tonya para que te lleve a casa.

    Nunca se le había hablado a Laura con tanta imponencia. Estaba temblando del susto. Tom, su esposo, nunca le habla así.

    —»Pero si eres buena y eres compatible conmigo sexualmente», continúa Sean. «Entonces pasaremos el fin de semana juntos conociéndonos y empezaremos a salir».

    Laura se queda atónita. ¿Si es buena? ¿Empezar a salir? Se pregunta qué está pasando. Es tan surrealista para ella. Todavía está conmocionada. Todo esto está sucediendo muy rápido. Vuelve a mirar a Tonya, pero ella solo la ignora.

    —»Pero. Pero. Sean… Tonya… Yo… Estoy casada. Solo he estado con Tom», suplica.

    A medida que respira con más dificultad, sus senos se mueven hacia arriba y hacia abajo de manera sexy, lo que excita más a Sean.

    —»Shhh. Este es el camino. De la manera correcta», «¡¿Entiendes?!»

    Laura mira a Tonya y luego a Sean. Es tan grande y poderoso que se eleva por encima de ella. Y tan oscuro. Lo opuesto a Tom. Una parte de ella quiere salir corriendo por la puerta. Pero ¿a dónde iría?

    Todo esto corre por la mente en cuestión de segundos.

    Cuando termina de escuchar las palabras de Sean sobre si entiende, Laura asiente y mira hacia el suelo.

    —“Etendido” susurra…

    —“Bien», dice Sean. «Tonya, puedes irte ahora. Te llamaré y te avisaré si necesitas llevarte a Laura».

    Tonya pronuncia en silencio las palabras: «Estarás bien» a Laura y se da la vuelta y sale de la casa.

    Tan pronto como la puerta se cierra, Sean se acerca a Laura. Pone sus grandes y fuertes manos en sus caderas. Él se eleva por encima de ella. Mira su pequeño cuerpo. Él mira su hermoso escote.

    Le pasa las manos por los costados.

    Ella se retuerce un poco. Nervioso. Respira con más dificultad.

    —“»Pero yo sólo… he estado… con… Tom», dice mientras las manos de Sean se mueven hacia arriba para apretar y amasar sus tetas por encima de su vestido y sostén.

    —»¡Oh!», jadea mientras Sean va directo a sus tetas.

    A Sean le encanta lo que siente. Él se inclina, le echa el pelo hacia atrás y le besa el cuello. Él se acerca para desatar su vestido.

    Laura tiembla de nerviosismo cuando Sean le quita el vestido de los hombros. Tira de ella y la pasa por delante de sus pechos.

    Una vez que el vestido ha pasado sus grandes tetas, se cae más fácilmente y le llega hasta los tobillos. Ahora jadea mientras está de pie frente a Sean solo con su sostén y bragas.

    Sean da un paso atrás para admirar la vista. Es más sexy de lo que pensaba. Sus ojos van desde los de ella hasta sus pechos cubiertos de sujetador y hasta su coño cubierto de bragas.

    Se acerca a ella de nuevo y vuelve a poner sus manos en sus caderas y luego alrededor para apretarlas y vuelve a pasarle las manos por los costados.

    Sean luego le da la vuelta para que ella esté de espaldas a él, mira su bonito culo y sonríe. Luego se acerca para desabrocharle el sostén.

    Sean lo desabrocha y le quita el sujetador por detrás. Sus tetas se liberan, el aire golpea sus pezones. Sean se inclina, una vez más apartando su cabello para besar su cuello.

    Luego se acerca con sus dos grandes y fuertes manos negras y le agarra los pechos. Los aprieta y los amasa.

    Mientras los aprieta y amasa, le sopla en el oído. Ella respira con más dificultad, mira hacia abajo para ver sus grandes manos negras en sus tetas. Se da cuenta del contraste de color. Es erótico. Por mucho que no quiera admitirlo, lo es y siente un hormigueo en el coño.

    Sean guía a Laura hasta el sofá. Ella se sienta y él la hace recostarse en el sofá. Admira sus grandes tetas mientras se desliza hacia abajo para colocarse entre sus piernas. Le pasa la mano por las caderas y le tira de las bragas. Fácilmente puede hacer que levante las caderas para poder quitarle la tanga.

    Ella jadea cuando Sean le quita las bragas mientras él agarra sus piernas y las abre para exponer completamente su coño. Laura había discutido con su esposo para que le practique sexo oral, pero él siempre ha insistido en que no se siente cómodo haciendo eso, y que no es para parejas casadas.

    Mientras tanto a Sean le gusta lo que veía. Laura tiene vello púbico rubio y, a pesar de ser conservadora, lo tiene recortado.

    Él se inclina y comienza lentamente, besando la parte interna de su muslo y subiendo para besar alrededor y cerca de su coño, pero aún no lo besa. Ella jadea. Respira con más dificultad.

    Laura mira hacia abajo para ver a este gran hombre negro entre sus piernas, y mientras Sean pasa su lengua por los labios de su coño para llegar a su clítoris.

    —»¡Oh, ¡¡Dios!!», jadea mientras siente que él le acaricia el clítoris y le lame los labios del coño. «¿Qué… ¡Dios mío!»

    Sean gira su lengua alrededor de su clítoris, luego lame hacia arriba y hacia abajo los labios de su coño. Él repite esto, una y otra vez, enviando olas de placer a través de su cuerpo.

    Laura no quiere sentirse bien, no quiere que su cuerpo responda. Es una infidelidad, piensa para sí misma, y no está bien. La engañaron para llegar a esto, piensa.

    Pero ¿por qué se siente tan bien?, se pregunta. Nunca había sentido nada parecido mientras el placer recorre su cuerpo. Sean juega con su coño, pero sigue sin hablarle nada.

    Laura arquea la espalda, gime, respira con más dificultad.

    —»Oh, nunca… me… oh… habían… hecho… esto…», jadea. «Ohhh… Nooo…”

    No puede evitarlo. Ella gime de profundo placer, allí mismo, en el sofá, mientras este hombre negro grande y mayor devora su coño.

    Nunca supo que podía sentirse tan bien.

    —»Oh mmm oh mmm», gime.

    A Sean le encanta el sabor de su coño. Si bien no dice palabras, sabe que ella cada vez está más cerca al orgasmo.

    Laura gime más profundamente y siente que su orgasmo está por venir. Ella gime y no lo puede creer.

    Luego, Sean extiende una mano y aprieta una de sus tetas mientras lame su clítoris.

    —»Oh, mmm, oh, mmmm, nunca supe, oh, mmm», se queja.

    —»Oh, sí, oh, Dios», gime Laura, el placer se apodera de su cuerpo. «Oh… oh… Voy a…»

    Ella no pronuncia las palabras mientras se corre con fuerza, su espalda se arquea, su cuerpo tiembla, sus caderas empujan hacia arriba, empujando su coño hacia la cara de Sean.

    Laura jadea y jadea. Respirando con dificultad.

    Sean hace una pausa, pero no por mucho tiempo. Pronto, vuelve a pasar la lengua por su coño y esta vez mete un dedo en su apretado coño.

    —»¿Oh ahhh otra vez?» Laura jadea. «¿Qué está pasando… ¿Oh, mmmmm”?

    Sean comienza a follarla con los dedos mientras ella le lame el clítoris y gira su lengua alrededor de él. No pasa mucho tiempo antes de que él la lleve a un segundo orgasmo masivo.

    —»Ohhhh me vengooo», grita esta vez.

    A estas alturas, Sean se ha quitado la camiseta. Se pone de pie y Laura puede ver su pecho peludo, sus brazos musculosos, lo grande que es. Todavía está recuperando el aliento cuando lo ve quitarse los pantalones y los calzoncillos.

    La enorme polla de Sean se libera. Es enorme. Ella jadea. Sus ojos se abren de par en par. Se queda boquiabierta.

    —»Oh, Dios. Es demasiado grande», dice, todavía respirando con dificultad, mirando una polla negra que debe medir 10 pulgadas o más. «¡Me va a doler!

    Laura todavía respira con dificultad por los dos intensos orgasmos, incluso cuando de repente tiene un nuevo nerviosismo al ver lo grande y gruesa que es la polla negra de Sean. Ella asume que él la llevará a un dormitorio. Después de todo, ese es el único lugar donde ella y Tom tienen relaciones sexuales.

    Sean tiene otras intenciones. Él la agarra con fuerza y facilidad y la levanta por completo.

    Ella de la sorpresa envuelve sus brazos alrededor de su cuello para sostenerse. «¡¡Oh!!», jadea.

    Sean ahora guía su polla dura hasta la entrada de su coño. «No, no, demasiado grande», jadea.

    Sean lo guía y empuja la cabeza en su apretado coño. No puede evitar gemir un poco. Está apretada. A él le encanta cómo se siente, y simplemente tiene la cabeza dentro de ella.

    —»Demasiado grandeee», jadea.

    Pero Sean, sosteniéndola con una mano en cada una de sus nalgas, comienza a moverla sin esfuerzo hacia arriba y hacia abajo en su gran polla negra. Guiándola hacia él cada vez más.

    —»Ahhh señora…», gruñe.

    Laura chilla. Nunca había sentido nada tan grande. Nunca se sintió tan llena. Nunca había hecho esa pose y sabía que Tom nunca sería capaz de hacerle eso.

    —»Oh, oh, tan grandeee, oh diooos», jadea.

    Sean la toma con calma al principio. Él la mueve hacia arriba y hacia abajo en su polla, unos centímetros hacia adentro y hacia afuera para comenzar. Y más. Después de unos minutos, él la tiene jadeando y jadeando mientras ella se aferra a su cuello y tiene sus piernas envolviéndolas. Pero, sin embargo, hasta ahora solo tiene la mitad de su miembro en ella.

    Pronto, él tira de ella hacia abajo más. Y más. Y más. Y luego, finalmente, la tira hacia abajo con fuerza y se la entierra todo en ella. Sus ojos se abren de par en par. Se queda boquiabierta. Ella jadea de placer y un poco de dolor.

    —»¡Ahhh”

    Sean no puede creer lo apretado que está su coño y lo perfecto que se siente envuelto alrededor de su polla. Ahora gime y empuja con más fuerza.

    —»Oh, sí, mierda», es todo lo que dice mientras la sostiene por el culo y solo la usa y la mueve hacia arriba y hacia abajo sobre su polla, golpeándola con fuerza.

    Laura cierra los ojos y jadea, jadea y gime. Nunca, nunca se había sentido tan llena por dentro.

    Sean mantiene esto durante al menos 15 minutos. Él sigue follándola de pie así, metiendo su hombría en su apretado coño y amando cada embestida, amando cómo se siente envuelta.

    Laura se aferra a su cuello, pero de repente se aprieta más, sus tetas presionan a Sean y ella grita en el orgasmo, el tercero hasta ahora.

    —»¡Ohhh”

    Mientras Laura todavía respira con dificultad y jadea por su orgasmo, Sean se retira rápidamente, la deja caer y la empuja hacia atrás para que se siente en el sofá. Ella se desplomó respirando con dificultad, con las tetas agitadas y, pero se da cuenta de lo que está pasando, Sean se acerca acariciando su polla.

    —»Oh sííí mmmm», gime y comienza a disparar su semen sobre ella.

    Laura se sobresalta cuando los chorros calientes de semen golpean su cuello. Un chorro de semen aterriza en su cara. Otro en la teta izquierda. Otro a su derecha. Otro justo entre ambas, y el último en la frente.

    Sean agarra sus bragas y las usa para limpiarse la polla. Luego, Sean se aleja hacia la cocina.

    Laura jadea. Respirando con dificultad. Está atónita por todo lo que ha sucedido y lo rápido que ocurrió.

    No puede creer que haya sido infiel. Sin embargo, no puede negar cómo se sintió. Nunca antes se había corrido así, y mucho menos tres veces.

    Laura usa sus propias bragas para limpiar todo el semen que Sean acaba de disparar sobre ella.

    Mientras hace esto, Sean toma una botella de agua y toma su teléfono. Llama a Tonya.

    —»Hola papá», responde Tonya. «¿Todo bien?»

    —»Oh, sí», dice. «¡Maldita sea, Laura es increíble!»

    En el sofá, Laura permanece desnuda, pero se ha acurrucado con una pequeña manta mientras su mente se acelera sobre lo que acaba de suceder. Ella puede escuchar a Sean en el teléfono y sabe que está hablando con Tonya, pero solo puede escuchar su versión de la conversación.

    —»Entonces, papá, ¿necesitas que vaya a buscar a Laura?» —pregunta Tonya.

    —»No. Ella se va a quedar conmigo. Sé que ella es tu amiga y todo. Pero maldita sea, su cuerpo es increíble. Su coño es perfecto. ¡La forma en que se ajustaba a mi polla!», dice. «¡Debo tener más!»

    Laura jadea al escuchar a Sean hablar sobre su cuerpo. Oye más. Sean no está susurrando.

    —»Sus tetas son increíbles. Son naturales y si supieras lo bueno que es su coño… Cómo aprieta. Su marido debe ser un pequeño cobarde», le dice a Tonya.

    Laura jadea cuando escucha la palabra coño y hablando mal de Tom. Sean la oye jadear.

    —»Bueno, papá, me alegro de que te guste. Prométeme que no le harás daño. Sigue siendo mi mejor amiga», dice Tonya.

    —»No lo haré. No te preocupes», dice Sean.

    —Vaya. Dejó su bolso, su cartera y su teléfono aquí en el coche. ¿Vuelvo y lo dejo? Tonya le dice a Sean.

    Sean sonríe ante la idea de que Laura esté aislada aquí con él sin su teléfono y siente que su polla se endurece un poco ante la idea de que Laura esté desnuda todo el fin de semana.

    —»No vuelvas», le dice, lo que Laura escucha. «No es necesario. La dejaré en casa cuando sea el momento».

    Sean cuelga el teléfono y bebe un sorbo de agua. Luego se dirige a la oficina de su casa, que da al lago y es donde escribe, para revisar algunos correos electrónicos. Permanece desnudo. Pero sigue pensando en Laura, en su cuerpo, en lo inocente y sexy que es, en lo bien que se sintió mientras él se la follaba. Se pone más duro. Piensa en sus pechos calientes. Se pone más duro. Piensa en cómo su esposo Tom probablemente no tiene ni idea de lo que está pasando, y cómo probablemente no pueda complacerla ni un poco. Ella se sorprende de que Tom haya conseguido un bebé como ella.

    Mientras tanto, Laura está tumbada en el sofá, boca abajo, con la mente todavía pensando en todo lo que ha ocurrido hasta ahora. Los seis meses previos a esto, la presión de salir con Sean, las peleas que ha tenido con Tonya por eso. Su mente se acelera pensando en cómo Sean le dijo de inmediato que planeaba comérsela y follarla de inmediato. No puede negar lo bien que se sintió cuando Sean se la comió, algo que Tom siempre se ha negado a hacer. No puede evitar pensar en los orgasmos alucinantes. No puede evitar pensar en cómo Sean la levantó tan fácilmente y se la folló mientras estaba de pie, y el tercer orgasmo que le dio mientras lo hacía.

    Sin embargo, la realidad es que acaba de engañar a Tom. Ella acaba de romper sus votos matrimoniales. Ella comienza a llorar. La manta se resbala, cae al suelo mientras permanece desnuda.

    Sean es duro. Necesita a Laura de nuevo. Sale de la cocina y regresa a la sala de estar y la ve desnuda. Se pone aún más duro.

    —»¿Qué pasa, nena?», dice.

    Laura no levanta la vista.

    —»Yo… Yo… No puedo creer… Yo… lo engañé… solo he estado con Tom», dice. «¡Qué he hecho!»

    —»Shhh. Hiciste lo correcto. Tu cuerpo es perfecto para mí», dice Sean acercándose al sofá, deseándola, necesitándola. «Nos conoceremos».

    —»Pero…», intenta decir Laura.

    —»Tengo algo que te ayudará», dice.

    Sean agarra un poco de lubricante que había colocado estratégicamente en una mesa cerca del sofá. Se lubrica la polla y se sube al sofá para montar a Laura. Ella jadea. «¿Qué…?», dice ella, con lágrimas en los ojos.

    —»Esto ayudará», dice Sean guiando su polla dura hacia la entrada de su coño por detrás. «Esto», dice él, metiendo la cabeza de su polla dentro de su apretado coño. «¡Esto ayudará!»

    Él hunde su polla dura y completa de inmediato en lo profundo de su coño. Ella jadea. Ella chilla. Sin juegos previos. Nada de besos. Esta vez no hay que comer coños. Sean simplemente entierra su polla dentro de ella por detrás, dejándola sin aliento.

    —»¡Oh, sí, maldita sea!», dice mientras inmediatamente comienza a empujar hacia su boca abajo. «¡Oh, joder, sí! Esto. Será. ¡Ayuda!»

    —»Oh, pero… oh… oh, pero…» Ella jadea. «Oh, entonces…”

    Sean sigue empujándola boca abajo, más fuerte y profunda. Él tiene su polla completa en ella. Lo sostiene profundamente, luego lo saca casi todo y luego lo vuelve a sumergir profundamente. Luego se lo clava rápidamente, follándola boca abajo. Esta vez, no se queda callado sobre el placer que le está proporcionando su coño.

    «Oh, sí, toma mi polla. Oh, sí», se queja. «¡Joder, sí, eres buena! mmm mmmm»

    Laura chilla, jadea y jadea. A estas alturas, las lágrimas se han ido. Su mandíbula abierta. El placer se mueve por su cuerpo mientras se deja follar por detrás. Al igual que antes, esta es una posición completamente nueva para ella. Ella jadea, gime y jadea. «Oh, sí. Venga, sí. Venga, sí. Oh tan deeeppp», gime, acercándose a su cuarto orgasmo del día.

    Sean sigue follándola boca abajo. A veces se inclina sobre su espalda y se la folla. Otras veces más erguido. Pero él solo mantiene un ritmo constante.

    —»Oh oh… ¡me corro! oh ¡oh sean! oh oh», Laura gime en el orgasmo mientras Sean sigue follándola.

    —»Sí nena, sí, déjalo ir, córrete por mí», dice Sean mientras se la folla.

    Sean se folla a Laura boca abajo durante 20 minutos antes de que esté listo para correrse de nuevo. «Oh, sí, piensa en esto… como… nuestra segunda cita», dice Sean, gimiendo. «¡Sí!»

    Luego se retira y comienza a disparar su semen por toda su espalda y culo. Otra carga enorme. Ella jadea cuando le golpea la espalda.

    Sean se levanta del sofá, camina hacia la cocina, le trae a Laura una botella de agua con gas y regresa.

    —»Toma, nena, probablemente tengas sed», dice, dejando el agua sobre la mesa de café. «Puedes usar la ducha de mi habitación. Es la habitación de la derecha, al final del pasillo» Sean luego se aleja.

    La espalda de Laura está cubierta de semen y ya usó sus bragas para limpiarse una vez antes. Ella se levanta, abre la botella de agua y comienza a caminar por el pasillo, desnuda, con semen en la espalda y el culo. Sus tetas se mueven sensualmente mientras camina. En su camino, mira las fotos en la pared. Una foto familiar con Tonya. Fotos de Sean con sus uniformes militares. Mira una de Sean con su uniforme de gala. Ella se sonroja. No puede evitarlo. Tal vez sea porque Sean ya la ha hecho correrse cuatro veces. Pero hace una pausa y en el fondo reconoce que él es guapo, incluso cuando una parte de ella dice que todo está mal.

    Entra en la habitación de Sean. Está muy bien decorado. Una bonita cama. Se asoma y ve el lago. Lo admira. Es una gran vista. Incluso hay una entrada a un largo porche fuera de la habitación de Sean. Se dirige al baño y comienza a ducharse.

    Mientras tanto, Tonya se alejaba de la casa, mira y ve el bolso y el teléfono de Laura. Ella sonríe maliciosamente.

    Cuando Tonya regresa a casa, toma el teléfono de Laura. De repente se da cuenta de que puede conocer el código de acceso de Laura. Hace unos meses, Laura le dijo que podía comprobar algo. Tonya lo intenta. Funciona.

    Tonya decide entonces enviarle un mensaje de texto a Tom. «Oye, cariño. Aquí en la casa del lago. Es hermoso. Pero mal servicio celular. Puede recibir mensajes de texto, pero no llamadas», escribe Tonya haciéndose pasar por Laura.

    De vuelta en la casa, mientras Laura se ducha, Sean recoge el vestido, las bragas cubiertas de semen, el sujetador y los tacones de Laura y los guarda donde no los encuentre. Sale al porche con vistas al lago y enciende la hoguera. Vuelve a entrar y coge una botella de vino y dos copas.

    Vuelve a salir y se sienta, desnudo, para disfrutar del vino, el lago y la puesta de sol.

    En la ducha, Laura se da cuenta de que dejó su bolso, su bolso y su teléfono en el coche de Tonya. ¿Qué hará?, se pregunta. ¿Qué pasa si Tom llama o envía un mensaje de texto?, se preocupa.

    Termina de ducharse, se peina, pero todavía está un poco mojada mientras se envuelve en una toalla y sale a buscar su vestido, pero no lo encuentra, mira hacia afuera y ve a Sean sentado en el porche. Ella sale para unirse a él.

    Laura jadea cuando dobla la esquina y ve a Sean sentado desnudo. —¡Vaya!

    Sean levanta la vista. Sonríe. Él la mira de arriba abajo.

    —»Oye, hermosa», dice él, lo que en realidad hace que ella se sonroje. «Ven aquí. Te serviré una copa de vino».

    Laura se acerca y no puede evitar ver y notar la enorme polla de Sean. Colgado allí flácido, es mucho más grande de lo que es Tom cuando Tom está duro.

    Sean le sirve un vaso mientras ella está de pie frente a él.

    —»Sean, yo… Yo… No tengo mi bolso ni mi mmm… teléfono… mmm mmm», dice.

    Sean le entrega la copa de vino y, cuando ella la toma, le quita la toalla. «¡Oh!», jadea.

    —»No necesitas esto», dice Sean, tirándolo en la silla a su lado. Luego la mira, baja a sus tetas, baja a su coño y vuelve a subir a sus tetas y luego a sus ojos nuevamente.

    —»Dios mío, eres hermosa», le dice, lo que hace que ella se sonroje.

    Él bebe un sorbo de vino y ella también, mientras está de pie frente a él desnuda en el porche con vistas al lago.

    —»Hablemos», dice.

    Pero mientras dice eso, extiende la mano y comienza a frotar suavemente su coño. Lo frota mientras empieza a hablar con ella. Pasa los dedos por los labios de su coño y luego le frota el clítoris.

    —»Oh, Dios, por favor. Sean», jadea, pero luego bebe un sorbo de vino.

    —»Así que cuéntame algunas de las cosas que te gusta hacer», dice Sean, mirándola mientras ella está de pie frente a él desnuda. Él sigue frotando su coño, sintiendo que comienza a mojarse.

    Laura respira con más dificultad. «Me mmm… gusta mmm… leer, también viajar, y me encanta descubrir mmm… mmm… nuevos restaurantes mmm», dice.

    —»A mí también», dice. —¿Has estado en el lugar italiano de Santa Lucía?

    —»No, mmm, mmm, es nuevo y aún no he ido, mmm, mmm», dice mientras Sean mete un dedo en su apretado coño.

    Sean vuelve a estar duro. Ella se da cuenta de eso y sus ojos se abrieron de par en par al ver lo grande que es. Sean la atrae hacia él. Toma su vaso y lo deja en la mesita junto a la silla. Él la hace subirse encima de ella y guía su polla hacia su coño. Lentamente la baja sobre él. Laura apoya los brazos en sus hombros. Sus ojos se ponen en blanco de placer cuando Sean la baja sobre su enorme miembro viril. Ella no puede negarlo. A pesar de lo incorrecto que es todo esto, también se siente increíblemente bien.

    Sean la mueve suavemente hacia adelante y hacia atrás en su polla, amando cómo se siente envuelta alrededor de su virilidad. Pero no empuja con fuerza. Todavía no empieza a golpearla. En cambio, Sean se acerca y le entrega la copa de vino. Luego bebe un sorbo de la suya, mientras ella está sentada en su polla.

    —»Piensa en esto», dice Sean, «como nuestra tercera cita».

    Laura jadea.

    Durante los siguientes 30 minutos, Sean y Laura siguen hablando, incluso mientras ella se sienta sobre su polla dura y está enterrada dentro de su coño. Cuanto más pasa esto, más fuerte respira. No lo puede creer. Aquí están, teniendo una conversación sobre la vida, sobre sus intereses, sobre su familia y sus trabajos. Se están conectando, todo mientras él mueve suavemente su polla dentro de ella, mientras permanece duro y enterrado dentro de ella. Está sorprendida por la cantidad de tiempo que ha pasado.

    A Sean le encanta cómo se siente, le encanta cómo se sientan sus grandes senos naturales en forma de D. En un momento dado, incluso vertió un poco de vino en una de sus tetas y se la lamió. Mientras hablan, él también deja su vaso en otro momento para sostener sus senos y amasarlos mientras la hace hablar sobre cómo estudió literatura y escritura en la universidad, un interés compartido ahora que está escribiendo thrillers militares en su nueva carrera, pero luego cambia de tema.

    —»Sabes, Laura», dice, «las terceras citas son muy importantes».

    Ella jadea ante la embestida. Conoce las historias sobre terceras citas.

    —»¿Es eso… Oh mmmm… Cuando… dicen… Deberías… tener sexo», jadea.

    —»Eso es lo que muchos dicen», responde.

    Laura y Tom esperaron hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, y Tom ni siquiera la besó en su tercera cita. Tom no la besó en los labios hasta la décima cita.

    —»Realmente necesitas averiguar si una persona es sexualmente compatible contigo». dice Sean.

    —»Porque si tu pareja no es un buen compañero sexual, entonces estás perdiendo el tiempo”. continúa Sean, empujándola un poco más y luego estirando la mano para frotar su clítoris a la vez.

    Todo esto pone a Laura en la cima. Ella grita en el orgasmo, casi dejando caer su copa de vino. «Oh, oh, dios, oh, oh, mmmm», gime.

    Sean le permite recuperar un poco el aliento.

    —»¿Sabes por qué las terceras citas son especiales para mí?», dice Sean, poniendo sus dos manos en sus tetas de nuevo y mirándola directamente a los ojos.

    Laura no está segura de lo que quiere decir. Después de todo, Sean se la folló de inmediato. Ella se da cuenta de que la primera cogida fue la primera cita, en su mente.

    —»Yo…», todavía jadea. «Yo… No sé… ¿Por qué?

    Ella no está pensando en Tom en este momento. Está pensando en Sean. Ella no puede negar su masculinidad. Ella no puede negar lo que él siente dentro de ella. Ella no puede negar cómo él la llena. No puede negar que Sean ya le ha dado cinco orgasmos solo hoy.

    Sean hace una pausa. Él la mantiene quieta en su polla. Él la mira, de repente una mirada más seria en su rostro. Ha estado dentro de ella durante 40 minutos y permanece duro como una roca.

    —»En terceras citas, Laura», dice. «Permítanme ser claro, no aceptaré un no. ¿Entiendes?

    Laura no ha roto el contacto visual. Ella asiente.

    —»En terceras citas, siempre. Permítanme repetirlo. Siempre me corro dentro de una mujer», dice.

    Laura se queda atónita. Ella no quiere que Sean se retire de ella en este momento. Se ha sentido tan bien dentro de ella. Pero su mente está acelerada. Sean no lleva preservativo, algo que Tom siempre lleva. Ella no toma píldoras anticonceptivas porque siempre se le sientan mal, razón por la cual Tom siempre usa una condón.

    Se queda boquiabierta. Hay una larga pausa de silencio.

    —»Pero yo… Yo… Yo no soy…», sus palabras se desvanecen.

    —»Entonces…», dice Sean, todavía mirándola profundamente a los ojos, pero extendiendo la mano para acariciar y amasar sus tetas. Quiero que ahora me montes hasta que me corra dentro de ti».

    —»Oh, Dios», gime. «Pero…»

    Laura se detiene. Ella pone sus brazos sobre los hombros de Sean para apoyarse y comienza a balancearse hacia adelante y hacia atrás. Mueve sus caderas, moviéndose hacia arriba y hacia abajo, hacia adelante y hacia atrás en la polla de Sean. Respira con más dificultad. Ella comienza a gemir más profundamente. No puede evitarlo. Sean se siente tan bien dentro de ella así.

    —»Oh mmm oh mmmm», gime, mientras comienza a montar más a Sean. «Oh… tú… Dios… tú… Siéntete tan bien, oh, tan profundo, mmmm».

    Ahora monta más. Ella se inclina sobre un poco y sus grandes tetas se mueven sexy en la cara de Sean. Luego se inclina hacia atrás, arqueando la espalda mientras monta, dándole a Sean una vista increíble mientras sus tetas se mueven sexymente. «Oh oh oh sí. ¡Oh, mierda!»

    Es como si ahora fuera una mujer nueva con la polla de Sean enterrada dentro de ella. Sean extiende la mano, agarra, acaricia y amasa sus tetas mientras ella lo está montando con fuerza. Ella está a punto de correrse, al igual que Sean.

    —»Sí, nena, súbeme, oh sí, te sientes genial, eso es todo, nena», dice. «Eso es todo. Sí, eso es todo. Súbeme. Haz que me corra. Haz que me corra en lo más profundo de ti».

    «Oh, oh Sean. Oh, sean», gime. «Oh, yo también estoy cerca».

    Sean gime profundamente. Laura lo ha estado montando como un bronco durante 15 minutos, lo que significa que ha estado dentro de ella durante casi una hora.

    —»Sí, sí, oh sí», se queja Sean. «Oh, Laura, nena, tu coño es increíble. ¡Toma mi semen!»

    Sean comienza a correrse, también lo hace Laura y ella gime y jadea con su sexto orgasmo del día, jadeando. Ella se derrumba sobre Sean, abrazándolo mientras se sienta sobre él y él termina de disparar a su vientre sin protección.

    Laura luego mira a los ojos de Sean mientras permanece sentada sobre él y por primera vez lo besa.

  • Es muy tarde para intervenir (capitulo 3)

    Es muy tarde para intervenir (capitulo 3)

    Soy Samantha, la hija mayor, confieso que la gente me ve como un monstruo por la forma en que me comporto y la verdad es que me encanta, no me importa lo que opines de mis acciones, simplemente prefiero no ser yo la persona que saldrá herida, supongo que es parte de crecer en una familia rota.

    Seré sincera, estoy harta de los patanes, estoy cansada de que me vean como un objeto, estoy hasta la madre de pensar que «quizá este chico es un buen ser humano» y simplemente descubrir que solo es otra escoria.

    No necesito a ningún hombre, soy una chica hermosa y ya no haré lo que ellos me digan, por dios, tengo los atributos necesarios para hacer que cualquier hombre se ponga a mi servicio, sin embargo eso no significa que no haya tenido problemas en el pasado.

    Seré sincera y no voy a andar con rodeos, de cualquier manera no estoy escribiendo bajo mi verdadero nombre, hace algunos años comencé a tener algunos cambios en mi cuerpo, sabes cómo todos los demás y con ello vino la curiosidad y el buscar nuevas sensaciones, así que en la intimidad de mi alcoba empecé a practicar un poco de estimulación anal y descubrí que lo amaba.

    Aún recuerdo esa noche, habían relámpagos mientras que el intenso viento se estrellaba contra los cristales de mi ventana, había fallas en las telecomunicaciones, sin internet, sin televisión, y algunos bajones eléctricos que me obligaban a estar a oscuras, únicamente contaba con unas pequeñas velas que mamá guardaba en la cocina.

    Con las horas que pasé aislada y en total aburrimiento, decidí entrar a la habitación de mi hermano menor, en ese tiempo mamá lo había enviado a un campamento, no recuerdo exactamente de que, solo sabía que eran artes marciales y algo para control de impulsos, mi hermano como ya saben es bastante impulsivo y solia romperle la boca a cualquiera que dijera algo sobre mí o mi estatura, no siempre tuvimos una mala relación.

    Buscando entré las cosas de mi hermano para distraerme un poco, encontré unas revistas, algunas eran ñoñerias, pero hubo algunas que me llamaron la atención, supongo que fue por mi etapa hormonal pero encontré unas cuantas revistas eróticas, nada muy explícito, solo eran chicas en paños menores, supuse que mi hermanito pasaba sus noches tocando su pene mientras fantaseaba con algún día follarse a alguna de estas esculturales mujeres.

    Sin embargo nada de esto llamó mi atención, hasta que en un momento un pequeño recorte de papel calló de entré las páginas de las revistas, supongo que la imagen influyó bastante en mi.

    Se trataba de una chica aparentemente pequeña, con grandes anteojos negros, piel blanca y pálida como la mía, cabello largo y rizado, con unos lindos brackets con tonos en azul celeste, un busto pequeño pero que hacía contraste con sus grandes caderas y su hermoso trasero, sin embargo no fue el tamaño de su trasero lo que me cautivó.

    Adherido a una especie de espejo en el suelo se encontraba un enorme juguete sexual, tenía la apariencia de haber salido de un ser de alguna novela mitológica o de algún dragón, eso era impresionante, sin embargo lo más impresionante fue lo que este había ocasionado en su recto, pequeños hilos de fluidos viscosos revelaban que ese enorme juguete había estado dentro del ano de la chica, jamás fui una chica que consumiera pornografía, muy pocas veces llegué a masturbarme, pero esta imagen me provocaba muchas sensaciones, mi corazón latía muy rápido, mi respiración se hacía lenta y pesada, sentía como mi piel aumentaba su temperatura.

    Mi mirada estaba clavada en el orificio de la chica, como una aureola rosada, extremadamente lisa, de un diámetro que me parecía prácticamente imposible, sin embargo, no lo sé, me pareció algo hermoso, además la expresión de la chica me parecía algo increíble, sus hermosos ojos perdidos en alguna preciosa dimensión, con el semblante de una derrota, una placentera derrota en la cual sus únicas pérdidas fueron sus delicados fluidos color nácar y sus energías por las constantes embestidas que realizó por cuenta propia hasta alcanzar el mayor punto de éxtasis.

    Sabía que debería intentarlo, así que rápidamente me apresuré para ir a mi habitación, pero primero requería algo que me sirviera como lubricante así que rápidamente me dirigí hasta la habitación de mi madre, sabía que quizá algún aceite para el cuidado de la piel podría funcionar.

    La alcoba de mamá en esa antigua casa era enorme, simplemente al entrar te recibía una enorme oficina que mamá utilizaba para cuando trabajaba desde casa, unos enormes libreros de caoba que se encontraban repletos de pesados libros de leyes, expedientes de clientes y las novelas favoritas de mamá, era como estar en una habitación salida de Harry Potter, los muros eran adornados por los titulos y diplomas de mamá, así como nuestros exámenes más sobresalientes, las medallas deportivas de mi hermano y mis reconocimientos y trofeos que gane cuando practicaba gimnasia, pero lo que hacía más hermosa esa área de la habitación era el hermoso y lujoso escritorio adornando con hermosos acabados de caoba, con lindos detalles metálicos en dorado que mamá había heredado de mi abuelo cuando el falleció.

    Recuerdo que Samuel a sus 5 años amaba dibujar en el y yo me sentaba a su lado, adoraba lo concentrado que se mantenía mientras dibujaba esas increíbles historias en las que el y yo teníamos aventuras asombrosas, yo jugaba con su cabello lacio y castaño, veía sus ojos llenos de luz y escuchaba una y otra vez como el me protegería de incontables calamidades, ojalá se hubiera quedado así, todos los hombres crecen para ser unos idiotas.

    Después de revivir algunos recuerdos y rebuscar por toda la habitación de mamá encontré su «caja del placer» era una pequeña caja de cartón con algunos condones y 3 juguetes sexuales, eran pequeños y de colores pastel, junto a estos juguetes había un pequeño frasco con un gel transparente, inmediatamente mis ojos se me iluminaron, sabía que había encontrado justo lo que necesitaba.

    Tomé el frasco y me dirigí a mi habitación a toda velocidad, mi corazón latía como caballo de carreras, sin embargo una idea me detuvo inmediatamente al salir de la habitación.

    — Estoy sola, no hay nadie aquí, solo yo y este hermoso frasco de lubricante, puedo hacer lo que quiera, puedo hacerlo dónde yo quiera— mi mente comenzó a maquinar la idea de hacerlo sobre ese hermoso escritorio, no dejaba de imaginar lo sexi que me vería montada ahí, totalmente desnuda y experimentando con mi fetiche recientemente descubierto.

    Fui por mis audífonos, en mi ipod de la época coloqué mi playlist de Kittie, una banda que me encantaba pero que mamá odiaba, sin embargo no me contendría, daba igual, el cielo rugía como nunca lo había hecho, las ventanas crujían y no había nadie a la redonda para escucharme a mi, portaba una pijama rosada de dos partes con estampados de cerezas, solía no usar sostén cuánto me encontraba sola, tomé ese pants y lo dejé caer al piso, sí soy sincera no recuerdo que panties llevaba puestas ese dia, pero lo que recuerdo con certeza es que las llevaba empapadas.

    Me subí al escritorio y comencé a jugar con mi clítoris por encima de mis panties, mis dedos palpaban la viscosidad de mis fluidos vaginales, deslizaba mis dedos entre mis pálidos labios mayores aún con mi ropa interior puesta, mis pezones estaban tan rígidos y listos que podian verse a través de la blusa de mi pijama, tomé mi boobie izquierda y comencé a lamerla, los eventuales relámpagos iluminaban mi piel pálida, tome mis panties y las deslice hasta mis tobillos, y comencé a acariciar mis muslos internos partiendo desde mis rodillas hasta mis ingles y de vuelta a las rodillas, la ligera corriente de aire que lograba burlar la barrera de las ventanas y se colaba al interior del estudio de mamá provocaban que mi piel se erizará dando a mis dedos una hermosa textura y haciendo que mi vagina totalmente inundada en mis jugos se helara.

    Jugué un poco con las yemas de mis dedos, acariciando entre mis ingles y eventualmente jugando con mis labios mayores, mi excitación iba creciendo hasta el infinito, cada vez era más difícil respirar, mi cuerpo aumentaba su temperatura a tal punto que deje de percibir el frío de la habitación y mi pecho retumbaba como loco, mis pezones se encontraban firmes y a pesar de no poder ver mi rostro, se que se encontraba sonrojado, con ese hermoso rubor rosado que suele adornar mis mejillas y pómulos, ya no podía más, me recosté por completo en el escritorio de mamá, levanté mis piernas con la gracia que me había proporcionado años de práctica en gimnasia, pase mis brazos frente a ellas y puse mis pies tras mi cabeza, yoganidrasana es el nombre de la posición, de pequeña siempre me parecía un ejercicio inútil, pero ahora, ahora me sentía en la posición mas hermosa que existe para poder acceder al interior de mi cuerpo, irónicamente frente a mi se iluminó el medallero de mis competencias de gimnasia, gracias mami, gracias a tí puedo esparcir todos estos fluidos viscosos que emanan de mi vagina por toda mi hermosa, blanca y regordeta vulva en una posición tan lasciva, mis dedos índice y medio de mi mano derecha frotaban incesantemente mi palpitante clítoris, sentía que no era suficiente, sabía que mi cuerpo me exigía más.

    Quienes somos nosotros para poder negarle a nuestro cuerpo lo que necesita, entre gemidos que dejaba escapar sin miedo a ser escuchada y la embriagante música en mis oídos moví mi mano izquierda apuntando a la entrada de mi vagina con mis dedos anular y medio, presionando poco a poco mientras se hundían en mis tibios y resbalosos interiores, emití un escandaloso gemido haciendo que mis ojos dieran media vuelta y se refugiaran tras mis párpados.

    Con mis dedos palpaba el techo vaginal, presionando contra mi vejiga, explorando las sensaciones y texturas que mi vagina resguardaba, en medio del intenso placer que sentía, la imagen de la chica de la revista aparecía una y otra vez, aun no estaba llena, aún faltaba algo, quería experimentar los placeres anales, mientras frotaba mi vagina intenté palpar mi ano con mi dedo meñique, al parecer mis fluidos se deslizaron hasta ése pequeño rincón.

    Embriagada de placer me animé a introducir mi dedo en mi poshi( es el nombre que le puse, aunque amo la palabra anal, la palabra ano me cuesta un poco decirla).

    En ese momento sentí como si mi vida entera hubiera estado vacía, era una sensación extraña, en un inicio si es un poco preocupante, es como sí algo buscará salir, sin embargo el placer que experimentaba con mi vagina se sintió complementado con las nuevas sensaciones, así que no me detuve ahi, seguí varios minutos jugando con ambos orificios y mi clítoris, de cuanto en cuanto me animaba a agregar un nuevo dedo a la fiesta en mi puerta trasera, hasta que empezó a ser complicado el destinar recursos para un lado u otro, así que digamos que me comencé a ponerme creativa.

    Una hermosa pluma resaltaba sobre el escritorio, se trataba de una hermosa Montblanc de color dorado con relieves en espiral con una terminación anillada en el final con tonos verdes, y una linda tapa que mezclaba colores marmol, dorados y jade, en ese momento mi mente estaba siendo controlada por la lujuria y el placer, así que corrí por un condon, la metí en el y lubriqué a más no poder el exterior.

    Estaba extasiada, pero con temor aun así la lujuria y la expectativa me llevaron a hacerlo, coloque el extremo de la reluciente pluma contra mi rosadito poshi, presione de forma suave pero firme mientras ayudaba a separar mis glúteos con mi otra mano, poco a poco mi ano se dilataba para dar cabida a tan hermosa pieza de caligrafía, sin embargo mi inexperto poshi solo logro recibir alrededor de 3 centímetros antes de sentir algo de molestia, así que me detuve y lo mantuve en esa área, introduje dos dedos a mi vagina y acudí a mi lengua para dormirme de un poco de mi lubricante natural (la saliva), mi boca se llenó de un sabor diferente, era un tanto ácido, con notas dulces y toques avinagrados, era un sabor que me encantó, me parecía sorprendente, siempre creí que las vaginas sabían a frutas, a flores, pero como podrían, soy una linda chica, no una heladería, mientras mis papilas gustativas saboreaban el interior de mi coñito impregnado en mis destacadas, mi otra mano luchaba sin descanso por mantener el placer mientras frotaba mi clítoris y contraía mi recto para mover la costosa pluma de mamá que reposaba en mi cavidad anal.

    Las plantas de mis pies se contraían y mis dedos se engarrotaban, mis gemidos salían sin control, no había forma en que me detuviera, unas pequeñas contracciones en mi pelvis y mis piernas debilitadas, temblorosas, fueron la señal de partida que hicieron de mi vagina una hermosa fuente de líquidos que no paraban de emanar de mis orificios, mi cabello en ese entonces castaño se encontraba mojado por mi sudor, sin embargo mis piernas, abdomen y espalda se encontraban inundadas por aquel hermoso orgasmo que me había obsequiado con mis propios dedos (y una lujosa pluma).

    Desde ese momento comenzó un hermoso ritual, casi a diario llegaba a casa y me otorgaba los mejores orgasmos posibles, algunos eran mejores que otros, pero definitivamente estaba gozando de mi sexualidad.

    Quería experimentar esto con mi novio del momento, sin embargo el idiota era un imbécil que solo disfrutaba de complacerse a si mismo, ya sabes, precoz, desinteresado y poco romántico, pocas veces teníamos sexo, debido a que sentía que no se interesaba por mi placer, cuando me decidí a contarle que amaba el sexo anal el me vio a los ojos con cara de desprecio y me llamó una zorra, mis ojos comenzaron a enrojecerse y algunas lágrimas salieron de ellos…

    «¿Ahora vas a empezar de dramática por tus gustos de puta? No tengo tiempo para eso» fueron sus palabras antes de marcharse y abandonarme, al día siguiente mis amigas de la facu comenzaron a evitarme, realmente no entendía nada hasta que una de ellas dijo «miren, así se ve una zorra gigante», todas reían, después todo el salón comenzó a llamarme «zorranal, gigantorra, urgida» pero ahí no paro todo, los estúpidos hombres no perdían la oportunidad de insinuarse, mandarme fotos de sus grotescos y regularmente diminutos penes, incluso comencé a recibir acoso de profesores, estos amenazaban con suspenderme sí no les permitía hacerme sexo anal, por supuesto jamas acepté, me hicieron sentir sucia, degradada y objetificada, solo por tener un pequeño fetiche, todos tenemos uno, mamá hizo lo suyo, les sacamos mucho dinero a la escuela y logramos poner en su lugar a muchos bastardos.

    Mamá mudó el despacho a otra ciudad, sin embargo la espera fue lenta y un infierno, mi hermano creció y entró a la universidad en esta nueva escuela, sin embargo yo no pude recuperarme de ese suceso.

    Yo no me dejaré de ningún idiota, no permitiré que nadie me vuelva a tratar de esa manera, así que ahora soy la perra que tengo que ser, me veo como me quiero ver y trato a las personas como las quiero tratar, siempre amé el estilo nu goth, que suelo combinar con mall goth y un poco fetish goth, realmente no tengo un estilo muy definido, algunas veces el idiota de mi hermano me llama e-girl.

    La relación con mi hermano se fracturó cuando comencé a cambiar, quizá los cambios lo asustaron, quería que su hermana fuera la princesa perfecta, quizá su instinto de hombre queriendo decidir que es mejor para mí, el se metió en muchas peleas cuando sucedió mi problema, en ese entonces era más joven que los chicos de mi universidad, así que perdió muchas de las peleas, quizá sintió que no pudo protegerme, de cualquier manera, solía desaprobar mis formas, me llamaba inservible, y presumía su estúpida vida universitaria perfecta, con medallas de deportes y calificaciones, venía conmigo y mamá a mostrarnos lo perfecto que era el pobre imbécil.

    Cuando mamá no estaba el solía llevar chicas a casa, se que mi hermano a pesar de no ser muy alto es atractivo y el practicar deportes lo ayuda bastante, así que tantas noches escuchaba a jóvenes gemir al otro lado del pasillo, escuchaba el cómo aplaudían los genitales de Samuel contra los cuerpos de las chica que se follaba.

    Empezó a ser aún más molesto cuando comenzó a explorar las vaginas de mis amigas, escucharlas a través de las paredes, e imaginar que el pene de mi hermano se deslizaba dentro de ellas, era incómodo, ¿Como sales a una noche de chicas con dos amigas que se han follado a tu hermano menor mientras gemían de placer a escasos metros de ti?

    Incluso en una ocasión vi como Karen mi mejor amiga le daba una intensa felación mientras estaba «esperando a que estuviera lista», no supe cómo actuar en esa situación, solo los observé desde la distancia, esperé a que mi hermano depositara su semen en su boca, volví a abrir la puerta y la azoté para que pensaran que justo había salido de la habitación, ella me saludó con el olor del esperma de mi hermano menor en su boca.

    Debo aceptarlo, había algo sexy en ello, con los tres idiotas con los que estuve en mi vida apenas y me hicieron sentir algo, pero estás chicas seguro se la pasaban bien, sin embargo eso me causó más repudió por mi hermano, utilizaba a todas esas chicas como sí fueran juguetes con los que liberar sus deseos sexuales.

    Nuestras peleas comenzaron a ser más intensas y comenzó a volverse insoportable, estoy segura que lo que el hace es con el propósito de relucir sobre mi, estoy segura que me desprecia, pero el sentimiento es mutuo.

    Sin embargo todo empeoró en el cumpleaños de mamá dónde discutimos bastante, el sigue intentando ponerse sobre mi, sigue creyendo que puede decirme que hacer, que no hacer y el como vestirme, así que aproveche mis encantos para hacerlo caer, un poco de sacudir mis senos, acercarme a el de forma sensual y amenazante, noté como su piel se ponía roja con las pocas prendas que portaba, notaba como eventualmente me miraba mis gruesos muslos, quizá debía presionarlo un poco más, así que le dí un pequeño vistazo de mi vulva sin perder el misterio de como se veía, lo noté perplejo, el como trataba de evitar lamerse los labios o el tragar saliva, sabia que lo habia atrapado, sabia que ni siquiera podia confiar en mi propio hermano menor, sabia que todos los hombres eran unos cerdos, incluso el niño que alguna vez cuidé, que pasé horas dibujando y escuchando sobre su caricatura favorita.

    Pero el momento que cruzó la raya fue cuando me llamó «zorra gigante», no sé sí lo hizo para ocultar su atracción hacia mí, o sí buscaba realmente herirme, quiza realmente era lo que el percibía de mí, pero eso no importa, el sabía por lo que pase, el estuvo ahí y supo cuánto sufrí, muchas veces lloré en sus brazos hasta quedarme dormida y hoy como sí nada decide llamarme de esa forma.

    No lo soporté, estaba confundida y herida como jamás pensé, ese hijo de perra era igual que todos los hombres, un maldito cerdo, quizá en el fondo aún siento cariño por el niño que alguna vez fue mi amigo, por eso me dolió tanto.

    Estaba enojada y lastimada, ¿cómo es posible que un hombre volviera a lastimarme de esa manera? ¿cómo pude permitir algo así?, ya no soy la estúpida Samantha, me arrojé mi cama y mi mente daba vueltas, me sentía derrotada, me sentía triste y frustrada y tras mucho tiempo de reflexionar no sabía por qué mi hermano se habia vuelto así, queria al niño de vuelta, pero la idea de hacerle pagar por su estupidez y su maldito carácter de macho era cada vez más tentador.

    El momento que me dio la estocada final fue cuando ese imbécil se dirigió a mi cuarto, me llamó por mi nombre y después de tantos años me volvió a decir como cuando éramos pequeños, «samita», eso era un golpe muy bajo y no podía creer que estuviera haciendo algo tan bajo, apelar a mis sentimientos para absolver sus jodidos actos.

    Lo escuché salir, ¿cómo era posible que ese idiota fuera tan sínico?, después de lo que hizo salió de la casa como sí nada hubiera pasado, ¡A LA MIERDA! Yo también puedo ser una maldita cínica, también puedo joderle la vida, el la ha tenido fácil toda su vida, el no se saldrá con la suya, mamá y yo estábamos bien hasta que el llegó, lo cuidé y lo traté tan bien y ahora el me trata como basura, no ha pasado ni pasará por lo que yo pasé, a los hombres nunca les ocurre nada de eso.

    Tomé las llaves de la vieja camioneta que me regaló mamá, arranque y salí a la calle, una enorme tormenta azotaba las calles y formaba riachuelos en las aceras, mi mente estaba nublada por el coraje, me sentia tan molesta, deseaba que algo malo le ocurriera, quería mi venganza de todas formas, he hecho que idiotas se arrodillen ante mi, he hecho que laman el puto suelo para dales mi numero, a un imbécil le rompí la jodida nariz por decirme que tenia un buen culo, voy a hacer que samuel sufra eso muchas veces más.

    Mi visibilidad en el camino se veía afectada por la lluvia torrencial, manejaba lento, con las luces preventivas encendidas y con toda la adrenalina para hacer pagar a mi hermano, sin embargo creo que la sangre llama, y en el momento en que ví a un chico tirado en la acera, retorciéndose del dolor, con el agua deslavando su sangre me dí cuenta de que esa persona era mi hermano, un profundo temor se apoderó de mí, creí que había muerto, creí que el peor temor de mamá se había cumplido.

    Preocupada bajé del auto para tratar de auxiliarlo, solamente gruñía del dolor, así que rápidamente lo subí a la camioneta, claro que tengo fuerza para levantar a un chico de 70 kg, mido 1.86 metros y puedo levantar mi propio peso en handstand.

    Lo tomé con miedo y lo subí en la parte trasera del auto, baje los asientos para darle más espacio se veía mucha sangre a través de su pants que creo era color blanco o gris, así que mi adrenalina me hizo desprenderlo para poder ver qué estaba ocurriendo, una gran herida en su muslo dejaba salir mucha sangre, sin embargo algo me sacó un poco de situación.

    Durante mucho tiempo se quejó de mi vestimenta, diciendo que me veía como una cualquiera, cuando utilizaba ropa cómoda dentro de la casa, pero el andaba por la vida con un ligero pants que por cierto me costó como 5 segundos arrebatarle y sin calzoncillos, supongo que fueron unos pocos segundos que me quedé distraída por su pene, por qué me pareció algo «llamativo» no es normal ver el pene de tu hermano.

    Era de un tamaño normal supongo, pero su glande era algo ancho y parecía una linda cabeza de serpiente, no sé cómo explicarlo pero era rosa, por desgracia recibí muchas asquerosas imágenes de penes, sin embargo el de Samuel era el más rosa que he visto en mi vida su pelvis estaba parcialmente depilada, únicamente había un pequeño triángulo bien delineado, era como una flecha que te invitaba a observar ese rosado pene, sus testículos también eran muy claros y estaban recogidos por el frio, formando un cascaron protector, pero este también era rosa, tuve dos parejas sexuales y cuando esto ocurría se veía más oscuro, sin embargo a Samuel se le seguía viendo de un llamativo color rosa.

    En ese momento tenía puesta una camisa negra con mangas largas, así que me la quité y traté de hacer un torniquete improvisado, apreté bien su ingle esperando reducir la salida de sangre, por suerte estábamos cerca del hospital, mis senos quedaron expuestos, sin embargo mi sentido de urgencia era mayor a la pena que pudiera sentir, subí al frente y conduje hasta estar cerca del hospital.

    Me detuve cerca de la clínica, pues pensé que llevar a tu hermano con su pene listo para ser visto por todo el mundo no sería buena idea, mucho menos yo lo llevaba a dentro con mis pechos empapados y mostrando mis pezones endurecidos por las frías gotas de la lluvia.

    Bajé y le coloque su pants de nuevo, le quité su sudadera y lo llevé adentro, fue bastante tiempo de espera, mi cabeza ardía como sí me vaciaran hierro ardiente, mis pensamientos luchaban entre si al igual que mis sentimientos, aún sentía un profundo resentimiento con mi hermano, pero a la vez estaba preocupada por su seguridad, sin embargo algo en mí sentía que se lo merecía, al mismo tiempo disfrutaba escuchar sus lamentos, sí, me preocupa, pero al mismo tiempo siento placer por verlo sufrir, quiero que los hombres sufran por lo que yo sufrí.

    Aun así estoy muriendo de miedo, estoy atemorizada, quiero que Samy esté a salvo, no quiero que mamá sufra, pero ella estará devastada sí se entera de esto, la hará sufrir, quiza terminé sacandolo de casa, estará furiosa, un momento, eso es, está es la forma de hacerlo pagar, el no podra resistirse, lo haré a mi manera y si se resiste, lo obligare a obedecer.

    Después de unos cuantos minutos una enfermera bajó y me indico que todo estaba bien, únicamente hacía falta realizar el pago de la factura médica, así que me dirigí a pagarla para que me entregasen a Samuel.

    Cuando lo ví de nuevo en esa silla de ruedas me sentí aliviada, el estaría bien, mamá podría tener a su problemático hijo un día más y yo podría tener mi venganza

    Ya estando en la camioneta tenía un poco de curiosidad por lo que le habían hecho, era gracioso, parecía como sí estuviera drogado, bueno, de hecho lo estaba.

    Con fuerza tomé su pants y lo tiré hacia mí el ni siquiera puso un poco de resistencia, acerque mi rostro a sus ingles, a pesar del frío intenso su piel emanaba calidez que era palpable en mi rostro que se encontraba aproximadamente a 15 cm de su pelvis.

    Mientras observaba la herida y las 6 puntadas que el doctor me dijo que le aplicaron me distraje pensando en el nombre de las dos arterias, que me dijo el médico hace unos momentos, creo que una de ellas era la arteria femoral y la segunda era algo como prudencia interna o algo así, sin embargo los testículos de mi hermano se encontraban reposando cerca de la herida, así que con cuidado los moví un poco para poder apreciar mejor la herida, mi hermano balbuceaba algunas cosas sin embargo estaba sumamente débil.

    Acerqué un poco más mi rostro hasta estar a escasos centímetros de la herida, me quedé embobada con como se veía eso, no era grotesco pues los doctores ya la habían tratado y según me dijeron por suerte no fue tan profunda, así que se recuperaría en aproximadamente una semana y media, con suerte en unos cuantos días, sin embargo esa zona suele sangrar bastante, y lo que dejó a mi hermano tan mal fue la fatiga de correr tanto con la pierna lastimada y el choque de adrenalina, además me dijeron que presentaba un caso de Burnout por estrés.

    Mientras reflexionaba una ligera caricia me transmitió su calidez y suavidad en mi mejilla, que rápidamente se convirtió en un ligero empuje que se volvía cada vez más insistente, quizá parezca que tardé mucho en reaccionar pero apenas y fueron unos poquísimos segundos.

    Sin embargo mi error fue la manera en que actúe al sentir ese «objeto», giré mi rostro con un poco de cautela a una velocidad media para ver qué era eso que sentía, el rosado glande de mi hermano se deslizó por mis mejillas y rozó un poco mis carnosos labios, al darme cuenta de esto me levanté rápidamente hasta quedar de rodillas frente al erecto miembro de mi hermano, de forma casi instantánea sentí como un líquido viscoso se enfriaba por la mitad de mi rostro, además de que se extendía desde mis labios hasta su meato ( el orificio del glande), de inmediato traté de limpiar mi mejilla y presioné fuertemente mis labios y saque mi lengua como reacción de desagrado, pero lo único que logré fue expandir su líquido preseminal por mi rostro y degustar un poco de esa sustancia con gusto a agua de mar con textura untuosa.

    Sus ojos se abrieron con una expresión de miedo y arrepentimiento, sus pupilas se dilataron y yo solo lo observaba con odio, asco y repudio.

    Cómo podía ser tan asqueroso como para que su nabo se pusiera como una roca, asemejando un cable de acero sometido a tensión, era obvio que la irrigación de sangre no era ni medio normal, pues sus venas eran visibles a lo largo del tronco de su pene, contrastando con el rubor de su piel, nuestra familia se caracteriza por ser extremadamente blanca, con piel casi «transparente» de lo palida que es, y su pene me recuerda tanto al enrojecimiento de mis mejillas al ejercitarme o cuando me arrodillaba jugando de pequeña y parecía que tenía luces por rodillas, de ese tono es el pene de mi hermano.

    Y ahora había probado un poco de sus fluidos, fluidos que también impregnaron las vaginas de dos de mis amigas, líquidos que se combinaron con su saliva cuando bebían salvajemente de su glande con forma que asemeja ligeramente al símbolo de un corazón robusto, esto era una burla a mi persona, era un acto despreciable de su parte.

    Tras sus balbuceos comenzó a decir que me pagaría por todo y que lo siente, realmente se veía avergonzado, y eso puso una sonrisa en mis labios, oh hermanito, claro que me las vas a pagar, te convertiré en mi maldita mascota y haras lo que yo diga.

    Durante 5 días mi hermano ha estado en casa, silencioso, cauteloso, ocultando sus heridas de mamá, lo cual no ha sido complicado, pues mamá últimamente llega bastante tarde y corre directamente a su habitación, ya ni siquiera sale a cenar con nosotros, al parecer se encuentra bastante ocupada con alguno de sus casos, tanto que ya ni siquiera ha tocado su estudio, mientras que yo he estado planeando como hacer a mi hermano pagar por su actitud y darle una pequeña probada de la humillación que yo pasé y de la cual el se burló de forma tan insensible. Pero hoy, hoy será el día que todo comenzará.

    Así que decidí arreglarme para un momento tan especial, tomé una larga ducha caliente dentro de mi tina de baño, tomé mi tiempo y lavé cada centímetro de mi cuerpo, todo debía ser perfecto, limpié minuciosamente mis caderas, froté mis ingles con delicadeza y como cereza del pastel utilicé mi pequeño amigo el enema, busqué una pequeña falda de tablones color gris, tomé unas medias rasgadas color negro, tomé un corset con un acabado puntiagudo en las copas, adornado con detalles que asemejaban aquellas vestimentas de la época victoriana, además daba a mis senos una hermosa apariencia, haciéndolas lucir súper redondeadas y dando la impresión de que en cualquier momento estallarían para liberarse de la sensual prisión en la que se encontraban, coloqué un poco de mi lubricante de silicona con aroma a coco sobre ellas, haciendo que su resplandor las hiciera lucir aún más apetitosas, tomé un viejo liguero y lo até a mis medias, cogí mi corrector y lo coloqué en mi rostro, creé unas sombras en mis ojos con colores negros y carmesí para resaltar mi mirada con un efecto de mariposa en un estilo close set eyes, con un poco de plateado dí luz a mis lagrimales y la punta de mi nariz para dar un aspecto más inocente, por último mis labios se tiñeron de guinda resaltados por un negro difuminado que adornaba el contorno de mis labios, era un maquillaje que podria describir como grunge, cuidando mucho la estética pues me quería ver linda para la ocasión.

    Hice algunos «preparativos» necesarios antes de bajar, tomé una rebanada de pastel que habia guardado del cumpleaños de mamá, era un lindo pastel tres leches adornado con mermelada de cereza y un glaseado blanco, también tomé un poco de leche que restaba en un envase medio lleno, me dirigí al cuarto de lavado donde se encontraba mi hermano, de forma silenciosa entré sin decir nada para evitar ser detectada.

    Mientras tanto el se encontraba introduciendo sus prendas a la máquina de lavado de forma discreta para que mamá no viera las manchas de sangre ocasionadas por el accidente, al finalizar la cesta de ropa que cargaba bajo el brazo procedió a quitarse una camisa de spandex grisácea de mano larga, yo simplemente me quedé observando la forma en la que los músculos de su dorsal y trapecio reaccionaban para ayudarlo a quitársela, con las puntas de los pies se retiró las zapatillas, por último se retiró unos joggers color caqui y para sorpresa de nadie no llevaba ropa interior, al parecer no era la única con hoyuelos de Venus, además el ver sus glúteos y los gemelos en sus pantorrillas me hacían entender por qué las vaginas de mis amigas, en especial la de Karen babeaban por el, su figura delgada y atlética lo hacían muy atractivo para las chicas.

    Lentamente me acerqué a el por la espalda esperando que no escuchará el sonido de mis botas de plataforma alta (10 cm) a través de sus auriculares, estando justo tras de el lo sujeté del pecho, en ese momento dió un saltó por la sorpresa y un grito que fue amortiguado por la palma de mi mano que presionaba con firmeza sus labios.

    —shhh hermanito, no te pasará nada, soy yo «samita».

    —mphhh.

    Sabía que se liberaría rápido, puesto que practica bastantes artes marciales, así que al ver su pene revoloteando sabía que la pena sería mayor que las ganas de escapar.

    —¿Todo eso es tuyo hermanito? —dije con tono burlón e insinuante.

    Rápidamente quito sus manos de mis brazos tratando de ocultar su pene, lo solté y el continúo dándome la espalda tratando de ocultar sus partes privadas.

    —¡DESTAPATE!. — ordené con firmeza— o dime ¿Quieres que mamá vea estás y te saqué a patadas de la casa? —Lo miré desafiante mientras le mostraba fotografías de sus heridas y la factura del hospital.

    —Mira hermanito, está factura es algo que me debes.

    —ok, ok, solo Dame tu número de cuenta y te haré la transferencia bancaria.

    —hahaha,¿ En serio crees que me basta con tu dinero?

    —¿Entonces que quieres Samantha?

    —Tu obediencia, tu… Dignidad.

    —¿Estás loca?

    —tss, tss, tss, no estoy loca, estoy en control, tu me llamaste «zorra gigante», llenaste mi auto de tu sangre, pagué tu factura del hospital y como sí fuera poco restregaste tu verga en mi cara cuando prácticamente te salvé la vida.

    Sam se quedó en silencio, pensativo, estático, sin otra opción retiro sus manos dejando a la visita su miembro viril

    — Ya estás entendiendo pequeñín, bueno, al parecer no tan pequeñín. — Reí un poco y con un pequeño toque en su glande hice que oscilara unas pocas veces cuál péndulo— La obediencia te traerá cosas buenas, por eso te traje este pequeño regalo.

    Tomé el recipiente donde se encontraba la rebanada de pastel, pero en su interior no solo contenía eso, tres lindos plugs anales se encontraban en su interior, sujeté el primer juguete, este era especial, pues era el primer plug que había comprado en mi vida, era pequeño, hecho de acero inoxidable con una linda joya de plástico en tonos azulados en forma de estrella, aún recuerdo el frío metal sorprendiendo a una Samantha más joven, lo froté contra la capa de betún y lo adorne con un poco de mermelada de cereza.

    — limpialó Sam.

    — Ya entiendo, esto es una broma, compraste estás cosas únicamente para jugarme una broma? Créeme, has hecho mejores bromas. —sin vacilar pasó su lengua a través de la silueta del objeto que me había ayudado a alcanzar tantos orgasmos en el pasado, un poco de glaseado manchó su labio, con la yema de su dedo recogió la pequeña mancha y la deslizó por su lengua— que buen chiste hermanita? Ya me puedo ir?

    Al presenciar dicho acto mí piel se erizó y mi corazón comenzó a palpitar aceleradamente, un pequeño cosquilleo recorría mis grandes muslos hasta llegara mi entrepierna, estaba siendo humillado y ni siquiera se daba cuenta de que ahora en su boca se encontraba un objeto que hacía minutos se encontraba dentro de mi recto, el no me creía capaz de hacerlo, pues el jamás se enteró del por qué surgió el acoso en mi escuela, creía que solo eran cosas infundadas que buscaban manchar mi honor, creía que yo jamás sería capaz de algo así.

    Algo me impulsó a tomar más acción en el juego, de forma descuidada sumergí el segundo plug en el pastel y tomé a mi hermano por el mentón, coloque mi muslo entre sus piernas dejando que su pene y sus testículos descansaran sobre mi, inmediatamente sentí el calor de la cercanía con su cuerpo desnudo, se veía tan indefenso y pequeño a pesar de su cuerpo bien trabajado, el se veía minúsculo en comparación a mis 1.97 cm usando mis botas, su cara confundida y con rasgos tiernos me llamaban a hacerle aún más maldades, lo tomé por detrás de la nuca y lo acerqué a mis senos, inmediatamente sintió el olor a coco, producto del lubricante que coloque en mis hermosos pechos, mismo lubricante que utilizo para portarme mal y profanar mis sagrados orificios, de hecho en esos plugs aun se encontraban rastros recientes y mi hermano comenzó a darse cuenta.

    Con su rostro prácticamente en mis enormes bubis le introduje mi pequeño juguete también de acero inoxidable pero un poco más grande y con la forma de un rubí en el extremo, sin embargo por lo tropezado del acto algunas migajas cayeron sobre mi escote, así que lo hice comer las pequeñas boronas, lo estaba disfrutando de una manera que jamás imaginé, mientras él ejercía fuerza para alejarse yo lo sabía, sabía que había notado la similitud entre el sabor de mis senos y el de ambos juguetes, así que lo dejé ir, el siguiente juguete era especial, quería que probara lo que había en el sin contaminar el sabor, este juguete era una pequeña esfera de kegel, era hecha de silicona de grado quirúrgico de color negro, con una pequeña cuerda que facilitaba el tirar de ella, está tenía un tratamiento distinto, ya que con ella no utilicé el lubricante, está pequeña esfera estuvo cubierta de mis líquidos vaginales mientras frotaba mi clítoris para poder humedecerla aún más, después de unos cuantos minutos dentro de mi depilado coñito estaba listo para deslizarse a través de mi hermoso poshi.

    Cuando mi hermano lo introdujo en su boca y sus papilas gustativas hicieron contacto su semblante cambió, sin embargo creía que seguía siendo una broma, así que era momento de pasar al evento principal.

    Dentro del cuarto de lavado tenemos un sillón reclinable de plastipiel en colores marrones, así que me coloque en postura canina, sus ojos se centraron en la pieza de lencería qué llevaba puesta, una linda tanga, está la coloqué sobre el lindo liguero ya que así sería más facil de manipular, en la parte frontal se encontraba adornada por una linda mariposa en tonos guindas hecha de encaje, al igual que la tira que rodeaba mi cintura solo que está era de color negro, entre mis piernas se encontraban tres listones, los dos de los lados rodeaban mi vagina y el central tenía unas cuantas perlas que se hundían entre los labios de mi vulva, unos pequeños hilos de mis fluidos vaginales destilaban hasta el sofá, debido a la fascinación de ver a mi hermano humillando de tal manera.

    Levanté mi falda de tablones y para que pudiera observar las instrucciones que había escrito en mi culo, justamente en mi orificio anal se encontraba el más lindo de mis plugs, estaba hecho de cristal templado con una forma ovalada más que cónica, era el más grande de los 4, gracias a eso Samuel podría apreciar el interior de mi recto y admirar las hermosas entrañas de su hermana mayor.

    Las instrucciones eran:

    1.- acércate y observa al interior.

    Al principio Samuel se portó renuente, estaba asustado por la actitud que estaba tomando, se había dado cuenta de que esto ya no era un juego, se sentía ultrajado por haber probado los fluidos de su hermana, sin embargo el sabía que no tenía otra opción.

    2.- separa mis glúteos y toma el plug con la boca.

    Sin más opciones Samuel sujeto con firmeza mis sensuales glúteos y acercó su rostro con cautela, yo decidí ayudarlo un poco, así que ejercí presión en mi poshi para sacar ligeramente la base del juguete, poco a poco sentía como el cristal se deslizaba hacia el exterior de mi recto, al mismo tiempo que sentía el aliento de mi hermano, mi vagina estaba babeando cuál niño experimentando el crecimiento de sus molares, así que presioné mi mano derecha contra mi vulva, mi hermano no podía verme así, cuando el plug finalmente salió hizo un sonido similar a cuando se rompe el vacío.

    3.- separa de nuevo mis glúteos y admira mí dilatación anal.

    El viento soplaba en la habitación y podía sentirlo en mi interior, sabía que había logrado una linda apertura, sin embargo tenía que comprobar algo, le pedí a Samuel que se levantara y me mostrara su pene, quería verlo de cerca.

    Molesto se acercó a mi tratando de ocultarlo, sin embargo una erección de ese tipo no era fácil de ocultar, sabía que de alguna manera retorcida, sentia excitación por mi, era un maldito enfermo, un pervertido, le pedí que volviera a su lugar.

    4.- desliza lentamente tu lengua por las paredes de mi ano.

    -No lo haré, esto es demasiado Samantha, ¿Qué diablos te sucede?

    -¿Demasiado?, hijo de perra, me debes la vida, tu eres un maldito cerdo, eres un morboso que no para de ver a su hermana, no pierdes la oportunidad de verme cuando uso poca ropa.

    -pues siempre tienes poca ropa.

    -¿Entonces estás admitiendo que me ves siempre con morbo maldito desgraciado? ¿No te basta con meterle el pene a todas esas niñas ilusas?

    -Yo decido dónde meto mi pene, además no sabía que estabas tan celosa.

    -¿Creés que tengo celos imbécil? Estoy harta de que presumas tu estúpida vida perfecta frente a mi rostro, sabes muy bien que jamás podré tener las oportunidades que tú tienes y aún así te cuidé cuando eras pequeño y ahora eres otro estúpido hombre, únicamente buscando acostones con chicas y saliendote con la tuya, me diste la espalda y arruinaste mi vida.

    -Yo jamás te dí la espalda, tú te alejaste de mi, tu me atacas todo el tiempo y nunca soy suficiente para ti o para mamá.

    -desde que llegaste a nuestras vidas solo has empeorado todo Samuel, ah, y una cosa más, ¡DEJA DE FOLLARTE A MIS AMIGAS! No son discretos, claro que me doy cuenta.

    Samuel se dio la media vuelta y cogió una toalla color blanca, la enrolló en su cintura y dio unos cuantos pasos.

    -A dónde crees que vas maldito enano, ¿Se te olvidó que aún tengo las fotografías? Puedo destruir tu vida cuando se me plazca, ve esto como un acto de compasión.

    Tomé de nuevo el plug anal e hice que mi hermano lo impregnara con su saliva, me recosté boca arriba sobre el sillón, aun tapando mi vagina con mis manos viendo impotente como mis jugos se desbordaban de entre mis dedos

    Le ordené colocar la base de mi lindo plug en su boca y que introdujera esa belleza en mis adentros, así que lentamente aquel hermoso monolito de cristal se abrió pasó a través de mí, dilatando cada centímetro de mi ano.

    Finalmente después de unos intensos momentos siendo penetrada por el juguete anclado a la boca de mi hermano, mi poshi estaba listo, una hermosa dilatación a la orden, lista para ser acariciada por la suave y húmeda lengua de Samuel.

    Una hermosa sensación recorrió mi cuerpo al sentir que todo estaba saliendo de acuerdo al plan, la suavidad con la que su lengua y sus labios mojaban ese lindo aro rojizo que adornaba la división de mis torneados muslos, de alguna manera sentía que me liberaba, ellos se burlaron de mí por mi forma de disfrutar mi sexualidad, me llamaron asquerosa, me llamaron zorra, y ahora está mi hermanito menor pagando por todo eso, lamiendo hasta el más pequeño rincón de mi puerta tracera, con su cabello castaño revuelto, sus ojos grises y tristes, sus definidos brazos empujando sus fuertes manos contra mis lindos y grandes muslos pálidos.

    No pude soportarlo más, el placer era enorme, pero no suficiente, así que sin pensarlo comencé a frotar mi clítoris de manera eufórica, mis jugos vaginales fluían hacía afuera de mi vulva, creando un caudal que desembocaba justo en mi ano, ahora mi hermanito saboreaba los dos orificios prohibidos de su hermana mayor, y eso me volvía loca.

    Bajé el zipper de mi bota izquierda y la lancé al otro extremo de la habitación, ahora podía apretar a Samuel contra mi pelvis ejerciendo presión y asfixiandolo con mis muslos.

    La excitación fue tal que no pude más, me desborde de forma caótica, con cada mililitro de squirt que abandonaba mi cuerpo sentía como sí el placer se adueñara de cada célula de mi cuerpo, los espasmos en mis piernas eran cada vez más fuertes mientras que Samuel era cubierto por la tibia brisa que le regalaba.

    Samuel usó sus fuerzas para liberarse de mí y pronunció dos palabras que rompieron de inmediato mi trance de placer.

    -¡Mamá llegó!

    Rápido corrimos sin pensarlo hasta nuestras respectivas habitaciones, sin embargo algo estaba mal, terriblemente mal.

    Las evidencias de nuestro pequeño encuentro estaban a la orden para ser descubiertas por mamá.

  • Mi jefe me convirtió en Lucero

    Mi jefe me convirtió en Lucero

    Hola mi nombre es Javier, tengo 30 años, soy de CDMX, hacia 5 años que trabajaba en la misma oficina. Éramos 6 trabajadores, el jefe y su secretaria. Por motivos que no conocimos muy bien, el jefe se fue y con él su secretaria, y llegó Isidoro, el nuevo jefe. Y con él, vino también su secretaria personal, Lucero. Era una mujer explosiva, de 28 años, que cada vez que pasaba por enfrente nuestro no podíamos dejar de mirarla. Ni que decir tiene que los murmullos sobre la relación entre jefe y secretaria estaban al orden del día.

    Pero al cabo de medio año, Lucero se cambió de trabajo, y Isidoro me pidió si podía ocupar su sitio mientras buscábamos a una sustituta. Debo decir que Isidoro era un jefe algo autoritario, que sin llegar a ser desagradable, imponía su mando con firmeza, y yo no había podido evitar aún sentir algo de intimidación las pocas veces que había tenido que ir a su despacho. Su volumen corporal, como 1,85 de alto, no gordo pero si grandote, sus 50 años y su vestimenta impecable me hacían sentir como pequeño.

    La cuestión es que no pude negarme, además de que me ofreció un aumento de sueldo mientras estuviera ocupando esa plaza que no me irían nada mal. En pocos días me di cuenta que realmente me estaba convirtiendo en su secretario personal. No solo me encargaba de cosas del trabajo, sino también de llevarle el café, concertarle su agenda privada, irle a comprar regalos para su familia, etc. A veces incluso me contaba cosas de su vida personal.

    A las semanas de estar trabajando, un día me llamó a su despacho y me pidió que cerrara la puerta. La conversación no fue muy larga, me dijo que estaba muy contento de mi rendimiento, que quería que me quedase como su «secretaria» (uso esta expresión) y que me aumentaría el sueldo para compensarlo. Me dió un día para pensármelo, y antes de terminar, y ante mi sorpresa, me regaló una pulsera como agradecimiento. Era una pulsera más bien femenina. Me la puso él mismo, lo cual me provocó algo de vergüenza.

    Al llegar a casa y pensar, me dio rabia sentir como mi jefe me trataba más como a una mujer que como a un hombre. Me había llamado secretaria, había valorado positivamente el toque femenino que le daba a mi trabajo, y me había regalado una pulsera de mujer. Pero que podía hacer?

    Al día siguiente le dije a Isidoro que sí, y me contestó que seguro que nos entenderíamos muy bien y que estaba muy contento.

    A partir de ese día, mi jornada laboral iba alargándose. Me quedaba hasta tarde ayudando o simplemente esperando por si él necesitaba algo. Incluso le acompañaba a alguna reunión.

    Un día me comentó que le gustaría que vistiese más formal, y al día siguiente, con la oficina vacía ya, me obsequió con un par de pantalones, zapatos y camisas. Me pidió que me los probara allí mismo. No quise negarme pero fui al baño. Solo de ponérmelos noté que me iban algo ajustados, y que marcaban mi culo más de lo acostumbrado. Isidoro insistió en que me quedaban muy bien.

    Ese pasó a ser mi uniforme de trabajo. Notaba como Isidoro me miraba al salir del despacho, y algunas veces noté como su mano rozaba mi culo al pasar por detrás de mí mientras me mandaba tareas. No quise darle importancia. Algún día también estando sentado en mi mesa, se acercaba y mientras me felicitaba por haber hecho bien algún trabajo, me acariciaba el pelo. Eso me hacía sentir como una mascota. Incluso de vez en cuando me llamaba Lucero. Se disculpaba de inmediato pero yo tenía mis dudas que fuese por error.

    Todo junto hacía que me enfadase conmigo mismo por gustarme el trabajo. Me sentía bien atendiendo a Isidoro, ya que además con frecuencia reconocía mi trabajo. Pero me daba cuenta que me trataba como a una mujer. El siguiente paso en consolidar esta sensación fue el día que me dio una palmadita en el culo después de hacer una broma. Me sentí casi humillado pero me callé.

    Ese fin de semana no paré hasta encontrar un rollete en la discoteca y poder follarme a una mujer como un buen macho, pues necesitaba autoafirmar la masculinidad que en el trabajo quedaba escondida, apagada.

    Al cabo de pocos días, Isidoro terminó tarde una reunión, y me invitó a cenar. Fuimos a un buen restaurante y estuvimos charlando de la vida … antes de despedirnos me entregó un regalo. Me dijo, casi con ternura, que quería agradecerme todo lo que hacía por él. Me pidió que no lo abriera hasta llegar a casa. Y así lo hice. Al hacerlo, comprobé que eran un conjunto de 4 tanguitas finas. Pensé que era un error, o una broma, pero la tarjeta que acompañaba el regalo no dejaba dudas:

    «Querido Javi,

    Creo que este es el complemento ideal que le falta a tu estilo personal y femenino de atenderme. Te agradecería mucho si las utilizas para venir a trabajar.»

    Intenté contenerme pero no pude evitar llorar de la rabia que sentía. Quería decirle a Isidoro que no pensaba ponerme esas prendas, ni la otra ropa que me había regalado. Que no quería ser femenino en el trato… pero a la mañana siguiente, considerando mi posición y mi sueldo, me puse, por primera vez en mi vida, una tanga de mujer. Al vestir el pantalón, noté el suave tacto en los glúteos… al andar era una sensación agradable y volví a enfadarme conmigo.

    Al llegar al trabajo, Isidoro me llamó enseguida a su despacho y me preguntó si me había gustado el regalo. Mi cabeza pensó No, pero mi boca dijo «Si, muchas gracias Isidoro».

    -Llevas unas puestas?

    -Si

    -Y que tal se va? te quedan bien?

    -Si – volví a contestar.

    Se mostró agradecido, y a partir de ese día las palmaditas y los roces más o menos involuntarios a mi culo aumentaron de frecuencia.

    Los días se fueron sucediendo y yo cada vez más dejaba mi personalidad en casa para ir a trabajar. El trato de Isidoro cada vez tomaba más confianza, y siguieron algunas otras cenas y regalos: un collar, unas medias… El protocolo siempre era el mismo: regalo sorpresa que no podía abrir hasta llegar a casa, y a la mañana siguiente las respuestas afirmativas a sus preguntas sobre si me gustaba o si lo llevaba puesto. Yo me resignaba a mi función intentando no sentirme más humillado de lo necesario, vestido con tanga, medias, brazalete, collar y anillo, todo de Isidoro.

    El día de mi aniversario recibí, en casa, un vale en un centro de estética para una depilación completa!!! En la nota de Isidoro se podía leer:

    «Estoy seguro que te sentará muy bien, y te hará sentir mejor contigo misma. Isidoro».

    Pero que pretendía mi jefe con todo aquello? Quería convertirme en una especie de afeminado? Donde llevaba todo eso?

    A la mañana siguiente, pedí permiso para entrar en su despacho:

    -Mire, Isidoro (el trato formal no lo había superado), quería hablarle sobre el regalo de ayer…

    -Acaso no te gustó? Acaso no te gusta todo lo que hago por ti?

    -Si claro, no es esto, pero es que no me encuentro a gusto…

    -Con que no te encuentras a gusto? Acaso te trato mal? Acaso no te pago bien tu trabajo? O quizas tienes alguna queja?

    -No señor solo que…

    -Solo que? No estarás pensando en rechazar mi regalo? Creo que sería una falta de consideración muy grave por tu parte.

    -No claro que no señor.

    -Así me gusta – mientras decía esto, se levantó, y dando la vuelta por el amplio despacho se colocó detrás de mí – Espero que el jueves utilices mi regalo, y por la noche nos vayamos a cenar para celebrarlo. Y ahora si no tienes nada más que comentar, vete a buscarme el café.

    Me dio un apretón en mi glúteo y yo, sin poder mediar más palabra que un -Si, me retiré, maldiciéndome por no haber sido capaz de decirle basta.

    Total, que el jueves me dispuse a irme a cenar con Isidoro vestido, como me había pedido, para la ocasión: Medias, tanga, el conjunto de brazalete, collar, anillo, pantalón ajustado y el cuerpo completamente depilado. El contacto de la ropa sobre mi piel fina producía una sensación especial que me calentó, cuando salía de casa. En el ascensor tuve que concentrarme para apagar la erección que empezaba a tener, para que Isidoro que me esperaba en un taxi en la puerta no notase nada.

    Fuimos a un lujoso restaurante en una mesa apartada y estuvimos tomando una cena deliciosa. Al terminar me preguntó:

    -Como te sientes con el cuerpo depilado?

    -Es una sensación extraña.

    -Pero te gusta, verdad?

    -No sabría que decirle…

    -Anda, no me mientas, dime que te gusta llevar el cuerpo peladito como una mujercita.

    -Bueno, el tacto con la ropa es agradable.

    -Ves como sabía que te gustaría. Te conozco y sé que vas a sentirte muy bien.

    -Sí señor.

    -Bueno, si quiero que te sientas tan bien y estés tan a gusto es porque la semana que viene tengo que ir de viaje tres días y quiero que me acompañes… necesito que me ayudes y también que me hagas compañía. Que te parece?

    -No lo sé señor, si puedo serle de ayuda?

    -Claro que si, y seguro que además tenemos ratos para pasarlo bien. Nos iremos el miércoles hasta el viernes.

    Y ahí estaba yo el miércoles por la tarde listo con mis vestimentas y recién depilado. Volamos a Monterrey, nos fuimos a un lujoso hotel y mientras dejábamos que los botones subieran el equipaje, nos tomamos unas copas.

    -Esta noche nos iremos a cenar y quiero que lo pasemos muy bien. Me apetece que sea una noche especial. Te apetece?

    -Si señor – respondí algo inquieto por su tono.

    Nos fuimos cada uno a su habitación y me pidió que cuando estuviera listo le pasase a recoger por la suya.

    Al entrar en mi habitación, encontré unos paquetes encima la cama. Empecé a abrirlos: un vestido de mujer de noche, unos zapatos de tacón, un bolso, complementos, ropa interior femenina muy sexy… y una tarjetita:

    «Hoy quiero que seas Lucero. Sé que en el fondo lo estabas esperando. Creo que con lo bien que me he portado contigo no puedes negarte a ello. Arréglate para mi y déjate atender por el servicio de habitaciones. Esta noche lo tenemos que pasar muy bien. Me lo debes. Para mi Lucero, Isidoro».

    Me quedé helado. Me senté en la cama para no caerme al suelo, y casi a punto de llorar, llamaron a la puerta, era el servicio de habitaciones. Abrí y entró una mujer vieja, más bien fea:

    -Hola Lucero, Isidoro me ha pedido que me encargue de tí. Vete a duchar que yo voy preparando todo esto, pero date prisa que no tenemos mucho tiempo.

    Todo esto era una locura… entre en el baño y, ahora si, me puse a llorar. Como me estaba pasando esto a mi? Que tenía que hacer? Podía largarme y mandarlo todo al carajo? O mejor ir a ver a Isidoro? No me atrevía ni a lo uno ni a lo otro. Tenía un buen trabajo, un sueldo que difícilmente hubiese imaginado hacía solo unos meses… y Isidoro me infundía un respeto, miedo… autoridad que no me atrevía a enfrentarme a él…

    Me metí en la ducha, salí envuelto en la toalla… y me entregué, resignado, a mi destino, deseando que la noche terminara cuanto antes.

    En media hora me miré al espejo y casi ni me reconocí: me había convertido en Lucero…

    Tanga fina a juego con un sostén con relleno. Medias y portaligas, falda corta ajustada, blusa ceñida, botas de tacón alto, todo negro, y también peluca, maquillaje, perfume, joyas. Realmente estaba distinta.

    Aquella mujer había hecho un buen trabajo, no se podía negar. Incluso me enseñó a caminar para que no me pegase una buena torta solo salir de la habitación.

    Antes de irse se despidió con dos besos en las mejillas y me susurró:

    -Estás preciosa. Olvídate de todo y pásalo en grande, mi niña.

    La mujer se fue y me quedé sola, pensativa. El vestido y la situación me humillaba. Me sentía como una especie de puta disfrazada. Pero también sentía un cosquilleo, una especie de excitación extraña, que atribuí al contacto suave de las ropas que vestía. Analicé por última vez esa noche la situación, me tragué mi orgullo y mi personalidad, tomé aire y salí de la habitación a buscar a Isidoro. Por lo menos podía dar gracias que esto sucediera lejos de mi ciudad.

    Llamé y Isidoro abrió la puerta enseguida y me hizo pasar. Me saludó como Lucero, me agradeció que me hubiese arreglado tan bien, me insistió en lo preciosa que estaba, y finalmente nos fuimos.

    Al salir de la habitación me ofreció su brazo al cual me tuve que agarrar, lo cual me ayudó a andar mejor con esos tacones.

    En la calle creía que todo el mundo se daba cuenta de quien era yo, pero en el lujoso restaurante donde fuimos empecé a tener la sensación que no, que pasaba como mujer. A media cena, me vinieron ganas de orinar. Me levanté y de poco no me meto en el baño de hombres. Pero por suerte me di cuenta y me metí en el de damas. Cuando me lavaba las manos, entró también una mujer a retocarse el maquillaje y me morí de vergüenza.

    La cena continuó con normalidad y bastante vino. Al terminar, Isidoro me propuso de ir a tomar una copa en un local cerca del hotel. Tomamos un taxi y aprovecho que sentado, la falda subió por mi muslo, para poner una mano encima y acariciándome, seguir hablando como si nada.

    Al entrar en el local, con poca luz y la música bastante fuerte, me acompaño hasta una mesa mientras su mano bajaba de mi cintura a mi culo, y notaba como su palma acariciaba mi nalga.

    Tomamos una copa de licor y me ofreció un cigarrillo. Seguimos charlando animados por el alcohol y de temas variados, que consiguieron que olvidara mi particular situación.

    Finalmente volvimos al hotel y me pidió que le acompañara a su habitación a tomar la última copa. Le dije que estaba cansada y que prefería irme a dormir.

    -Venga Lucero, una copita más y basta.

    Me tomó del brazo con firmeza y me acompañó hasta su habitación. No tuve más remedio que seguir a su lado y entrar. Sirvió las copas y cuando estaba tomando el primer sorbo, se acercó a mi por detrás y, agarrándome por la cintura, se pegó a mi. Sentí perfectamente su miembro duro y erecto pegarse contra mi culo y mientras me lo hacía notar con descaro, me susurró al oído:

    -Ay mi Lucero, no sabes los días que he estado esperando este momento. Esta noche vas a ser solo mía, voy a hacer que te sientas como una auténtica mujer.

    No pude evitar que una lágrima cayera por mi mejilla, pero consciente de que no había parado aquello cuando aún podía por la avaricia del dinero que ganaba, entendí que ahora solo me quedaba dejarme llevar y asumir las consecuencias.

    Isidoro acariciaba mi cuerpo y me abrazaba. Me dio la vuelta, quedé contra su cuerpo y me besó con pasión. Metió la lengua dentro de la mía. Me comía la boca y me inundaba de saliva. Yo le dejaba hacer pero casi con pánico noté como mi miembro empezaba a endurecerse.

    Isidoro tomó mi mano y la llevó a su paquete. Acercó su boca a mi oído:

    -Venga mi niña, acaricia el paquete a tu papito.

    Yo ya había apartado mi conciencia de hombre y empecé a acariciarle, sintiendo la dureza de su verga bajo el pantalón.

    -Ahora deja que te desnude para poder gozar de tu cuerpo.

    Con poca delicadeza y mucha prisa, me despojó de mi ropa dejándome solo con la ropa interior: sostén, tanguita, medias, portaliga y botas, y se fijó en mi erección.

    -Vaya, vaya con mi Lucero, veo que esto empieza a gustarte. Lo sabía. Sabía que te gustaría. Venga, ahora desnúdame a mí.

    Así lo hice y cuando le desabroché el pantalón, me forzó a arrodillarme de manera que mi cara quedó justo delante de su paquete. Le quité el pantalón y quedó solo con el slip ajustado blanco. Debajo luchaba por liberarse una herramienta de un tamaño algo mayor de lo habitual. No necesité que me lo dijera y empecé a acariciar ese bulto enorme bajo la tela. Lo notaba duro y caliente.

    -Ahora suéltala para poderla tocar bien.

    Le quité el slip y su verga saltó como un resorte, apuntándome directamente a mi cara.

    -Anda, bonita, tócala, acaríciala con suavidad.

    Llevé una mano hasta aquel pedazo de carne y la envolví con mis dedos. Estaba caliente.

    -Así, Lucero, muy bien. Ahora acaríciala toda y con la otra mano tócame los huevos.

    La mano que agarraba la verga de Isidoro empezó a recorrer el falo, sintiendo como se estremecía de placer. Con la otra mano agarré los dos testículos y también los acaricié con suavidad para no hacerle daño. Me sentía completamente humillada, pero mi personalidad, mi persona estaba totalmente anulada por una Lucero sumisa y obediente ante Isidoro. Y sin entender porque, sentí que no me daba asco, que el tacto caliente del falo de Isidoro se me hacía incluso agradable. Y mi verga no paraba de endurecerse. Isidoro estaba muy excitado y suspiraba de placer.

    -Muy bien, Lucero, muy bien. Lo haces muy bien.

    Me dejó tocándole un rato más.

    -Bueno ahora mi querida ha llegado el momento que pruebes el sabor de un buen macho. Verdad que te apetece chuparme la verga?

    Me miró hacia abajo. Yo le miré hacia arriba. Que me estaba pasando? Su mirada y sus ordenes se clavaban en mi cerebro. Notaba mi cuerpo excitado, mi verga erecta y sin poderlo entender, sentí la necesidad de obedecer a Isidoro.

    -Anda, no te hagas de rogar. Se que te mueres por comerle la verga a tu Isidoro.

    El glande tocaba ya mis labios y las manos de Isidoro, agarrando mi cabeza, apretaron justo lo necesario para que yo cerrara los ojos, abriera la boca y dejara entrar, por primera vez en mi vida, una verga en mi boca.

    -Muy bien, Lucero, muy bien, te estás portando muy bien. Ahora mójala toda con saliva, lámela con la lengua y luego dame una buena mamada.

    Y así lo hice. Recorrí con la lengua el falo de Isidoro de abajo a arriba, dejándolo bien untado en saliva. Repetí las lamidas una cuantas veces y cuando toda su verga estaba completamente empapada de mi saliva, Isidoro me metió toda su herramienta en mi boca. Yo la apretaba como podía con los labios mientras él empezó el vaivén con el que me follaba la boca. Yo ya no pensaba, pero ese gusto salado me gustaba, me agradaba sentir mi boca llena de la carne caliente y palpitante de la verga de Isidoro. Él no paraba de suspirar, de jadear:

    -Ohohoh, muy bien, sigue… no pares… que bien la chupas Lucero… no pares …

    Estuvo así un buen rato hasta que paró, separó mi cabeza de su cuerpo, por lo que dejé salir su falo de mi boca.

    -Te gusta comer verga, lucero? – me preguntó mirándome a los ojos sonriendo de satisfacción.

    Estaba avergonzada, me sentía humillada, pero mi respuesta fue, de echo, clara:

    -Si Isidoro.

    -Te gusta chupar verga como una buena niña?

    -Si señor – el tono algo autoritario que usaba y esas palabras no hacían más que aumentar esta excitación tan extraña que sentía.

    -Y sabes lo que viene ahora, verdad querida?

    En mi interior sabía que llegaría esta pregunta, que llegaría este momento. No quería que llegase, pero ahora sabía cual tenía que ser mi respuesta. Y en el fondo de mi interior sentía que empezaba a desearlo.

    -Si Isidoro.

    -Si verdad? A ver, dimelo?

    -Toca que me tomes – contesté avergonzada.

    -Que quieres decir, Lucero?

    -Que ha llegado el momento que tomes mi ano, que me folles el culo.

    -Bien dicho, Lucero, bien dicho. Te apetece verdad que te folle?

    Sentía como mi polla estaba a punto de reventar el tanga, y como un cosquilleo extraño, desconocido, recorría mis entrañas hasta llegar a mi ano. No podía negarme ni a mi misma la respuesta:

    -Si Isidoro.

    -Si que? Anda pídemelo, pídele a tu papito que es lo que quieres.

    -Quiero que me folles el culo, quiero que me metas tu verga hasta el fondo de mi culito – me salieron solas las palabras, sin poder creer que esto lo estuviera diciendo yo sola.

    -Pues ahora quiero que te pongas de cuatro patitas como una buena perrita, mientras me lo vuelves a pedir, Lucero querida.

    Me levanté, me quité el tanga dejando solo las medias y el portaligas y me puse encima la cama. Me coloqué de cuatro patas, abrí las piernas y arqueé un poco la espalda entregándole mi culito completamente virgen a Isidoro para que hiciera con él lo que quisiera. Un culito que, sin poderlo evitar, ardía de ganas de experimentar la sensación de ser follado.

    -Soy toda tuya, Isidoro.

    -Estás preciosa – me dijo mientras sentía sus manos en mis nalgas y como empezaba a masajear mi culo y mi ano.

    Las caricias de Isidoro me gustaban, no podía negarlo, y mi excitación crecía más y más por segundos. Y cuando sentí su lengua caliente y húmeda lamer mi ano, el placer era ya insoportable. Y entendí lo que Isidoro estaba esperando:

    -Isidoro, por favor, follame ya, no puedo más.

    -Ah si? Mi Lucero quiere que la folle?

    -Si por favor, me muero por sentir como me follas el culo. – No sabía muy bien como lo había conseguido Isidoro, pero en ese momento lo que más deseaba en el mundo es que Isidoro me tomara como suya y me follara mi culito que ardía de deseo.

    -Muy bien, muy bien, sigue hablando así, como me gusta, como me calientas – me dijo mientras empezaba a meter primero uno y después dos dedos embadurnados con alguna crema.

    -Quiero sentir tu verga en mi culo.

    -Quieres que tu papito te folle?

    -Si, por favor. Papito follame – ya todo me daba igual. Estaba dispuesta, a lo que fuese, pero en ese momento necesitaba sentirme llena de verga. No quería pensar como había llegado a sentir tan gran deseo, pero no me importaba, lo necesitaba.

    -Eres una niña mala con ganas de verga, Lucero?

    -Si, soy muy mala y quiero verga, papito.

    Isidoro sacó los dedos de mi culito. Sentí sus manos agarrar fuerte mi cintura y la punta de su falo colocarse a la entrada de mi ano. Mi corazón estaba a punto de estallar, al igual que mi polla.

    -Estás lista, Lucero?

    -Si, Isidoro, estoy lista.

    Y pude sentir como la gruesa verga de Isidoro empezaba a taladrarme. Primero solo sentía dolor, como un quemor en mis entrañas, como si algo ardiente me estuviera partiendo. Y no pude evitar gritar un poco de dolor.

    -Aguanta mi niña que ahora vendrá lo bueno.

    Sentía mi vientre lleno de verga caliente. Isidoro se quedó unos segundos quieto, esperando que mi ano se dilatara. Al poco tiempo empezó, lentamente, a meter y sacar su gruesa herramienta y yo empecé a sentir no solo el dolor, sino también un profundo placer desconocido hasta el momento. Un placer que me llenaba entera…

    Isidoro empezó a acelerar el movimiento y a follarme más duro, mientras yo empezaba a jadear de puro placer…

    -Te gusta, mi Lucero?

    -Siii, me gusta.

    -Quieres más?

    -Si por favor, no pares…

    -Te gusta como te folla tu papito?

    -Si, me encanta… ahahah.. no pares…

    -Como me gusta tu culito…

    Isidoro cada vez me daba más duro. Sentía sus testículos golpear mi culo cuando me clavaba su verga hasta el fondo… cada vez más rápido, cada vez con más fuerza… y yo cada vez sentía que quería más… sentía como me gustaba notar el culo lleno de carne dura y caliente…

    Isidoro enloquecía de gusto. Me daba alguna nalgada… y empezó a subir el tono de sus palabras. Pero yo ya estaba entregada, loca de placer, ya no había marcha atrás. Me gustaba ser Lucero y me gustaba ser follada por Isidoro. Me sentía suya, totalmente suya. Y me gustaba.

    -Ahahaha no pares de moverte, zorra !!! Como me gusta tu culo… eres una puta fabulosa…

    -Siii no pares… dame más Isidoro… dame más por favor…

    -Así me gusta, que me pidas más como una zorrita viciosa… eres una zorrita verdad Lucero?

    -Si…

    -Quieres ser mi zorrita verdad?

    -Si Isidoro, toda tuya…

    -Voy a vaciarme en tu culito Lucero

    -Si, dame toda tu leche… ahaha que locura dios… como me gusta…

    Y no hubo tiempo para más. Isidoro aceleró un poco más, clavó una mano en mi cintura con mucha fuerza, con la otra me agarró mi falo, que con solo tocarlo empezó a correrse como no lo había hecho nunca, justo en el momento que también podía sentir los espasmos del falo de Isidoro y como su leche caliente, húmeda, me llenaba las entrañas… entre jadeos de puro placer…

    Unos segundos eternos, de éxtasi absoluto, de placer desconocido y descomunal… hasta que nos derrumbamos… Isidoro cayó encima mía, aplastándome… y sintiendo su respiración entrecortada del orgasmo divino que acababa de tener… en mi culo.

    Estuvimos unos momentos mientras recuperábamos la conciencia. Isidoro se levantó para ir al baño mientras me decía lo fabuloso que había sido, y que me quedaría a dormir con él.

    Me sentía extraña. Sentía un terrible remordimiento de conciencia por lo que había pasado, y por haberme gustado tanto el placer que había sentido.

    Aquella noche me costó dormirme, por todo lo que me había sucedido. Pero cuando lo hice, mi pene estaba a media erección, pensando en como me había follado mi jefe un rato antes.

    Espero que les haya gustado, besos.