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  • Mi hijo ahora es mi marido

    Mi hijo ahora es mi marido

    Mi nombre es Gloria, actualmente tengo 51 años de edad, tengo un hijo que se llama Carlos de 19 años que es estudiante universitario y una hija de 26 años ya casada viviendo con su esposo en Barcelona, España.

    Mi esposo Darío es mayor que yo en 15 años, es decir que actualmente tiene 66 años y por su trabajo se ausenta de casa por varios días, pero nos da la tranquilidad económica que nos permite tener una buena casa con piscina incluida. Soy una mujer de buen cuerpo por donde se la mire, por algo asisto al gimnasio diariamente; mi piel es blanca, de cabello oscuro y ojos color café, de temperamento muy ardiente, me da morbo llamar la atención de los hombres y también de algunas mujeres cuando estoy caminando por la calle agregando que me encanta vestir sexy.

    Con mi esposo las relaciones íntimas ya se terminaron hace más de dos años, como dice una amiga: “dormimos como hermanitos”. Después de todo no me gusta serle infiel y para aplacar este temperamento me masturbo todos los días y en algunos días más de una vez.

    Con mi hijo Carlos nos llevamos muy bien, mas que madre e hijo somos amigos y últimamente estoy notando que me mira con otros ojos, no como madre sino como mujer, aparte que como todo joven tiene la libido a 1000 y será también porque en casa me gusta usar ropa bien ligera, camisones de tiritas semi transparentes que llegan a mitad del muslo con aberturas a los costados, se puede ver fácilmente el brasier y la tanga, que hacen resaltar mis grandes y redondas nalgas como mis senos prominentes.

    Carlos es bastante cariñoso y amoroso, todo lo opuesto a su padre, pero últimamente tiene el hábito de darme nalgadas cada vez que llega a casa, claro está que son suaves, lo tomo como muestra de cariño y luego me saluda con un beso en la mejilla.

    –Hola ma, ¿cómo está la mujer más bella del planeta?

    −Aaay hijo, bien mi amor, así como me ves la misma rutina de todos lo días −le respondí– y tú ¿qué tal los estudios? ¿cómo vas con la novia?

    −Con los estudios bien mamá, pero con ella ya hace varias semanas que terminamos, ahora estoy solterito, mmm, creo que no te lo conté.

    –No, no me dijiste nada, pensé que seguías con ella. Se te veía bien acaramelado.

    −La verdad mamá es que las últimas semanas que estuve con ella la noté muy distante, aparte que no teníamos buen sexo y decidimos ambos terminar la relación, así que ahora estoy en busca de una mujer madura, así como tú.

    –Jajaja, así que ahora te gustan las viejas como yo.

    –Pero tú no eres vieja mamá, tú eres una milf, y de las buenas ¿eh? −me respondió mi hijo, dándome otra nalgada.

    –Oye sinvergüenza, respeta a tu madre −le dije con una sonrisa coqueta– ¿y qué es una milf?

    −Es una mujer madura que está como se quiere −al mismo tiempo con sus dos manos me acariciaba las nalgas por encima del camisón haciéndome provocar un respingo, una ligera excitación.

    –Oye loco, amarra tus manos o te las corto, recuerda que soy tu madre −le dije sin estar molesta solamente para que no continuara con esa actitud.

    Bueno mamá, voy a darme una ducha para sacarme este calor y salgo al instante para almorzar.

    Al escuchar que le gustaban las maduras más las caricias de Carlos sobre mis glúteos sentí un hormigueo en mi vientre y a la vez se humedeció mi vagina. Me puse a pensar: “¿No será que mi adorado hijo me desee y quiera hacerme suya? ¿También será que yo siento lo mismo? ¿Por qué estoy húmeda?”.

    –Listo mamá, ya puedes servir el almuerzo −yo me encontraba en la cocina y cuando lo vi, casi se me cae el plato de las manos, mi hijo había salido del baño solamente cubierto por un calzoncillo slip, le miré el paquete que lucía de un buen tamaño y disimulé para no darle importancia, seguramente por el calor de la estación estival– ya cariño, toma asiento mi amor, ahorita te sirvo.

    Durante el almuerzo estuvimos conversando cosas triviales. Terminado el almuerzo él se retiró a su habitación para cambiarse y luego marchó para la universidad. Mientras tanto yo me quedé en la cocina lavando el servicio y pensando en el cuerpo atlético de mi hijo que parecía un adonis con semejante bulto que tenía entre las piernas. Mi mente era un alboroto de sensaciones y pasiones. ¿Estaba deseando a mi hijo o mi cuerpo me estaba haciendo una mala jugada producto de mi arrechura por tanto tiempo sin sexo? Luego me fui a mi habitación a dormir una siesta, pero no podía dormir discerniendo lo sucedido con mi Carlos. Mi mente decía que eso estaba mal por ser un sentimiento incestuoso, por otro lado, la arrechura de mi cuerpo estaba a tope, no quería serle infiel a mi marido y luego de pensarlo por unos instantes me pregunté: ¿y si convierto a mi hijo en mi amante? Si bien es cierto es una relación incestuosa, pero tiene sus ventajas, ya que lo tendría siempre en casa, difícil de descubrir la relación, es un hombre a quien conozco bien, la mayor parte del tiempo estamos los dos solos y sobre todo la potencia viril de todo joven.

    Entonces comencé a ejecutar un plan de seducción con Carlos y también sacarme el clavo si en realidad mi hijo me deseaba o no.

    Al día siguiente como sucedió el día anterior, llegó Carlos de la universidad, pero debajo de mi camisón en lugar de tanga me puse un hilo dental de color rojo al igual que el brasier, encontrándome lavando los platos a espaldas de la puerta de entrada de la cocina.

    −Buenas tardes señora Gloria –algunas veces Carlos me saluda así o simplemente me llama por mi nombre, sintiendo que se detuvo a la entrada de la puerta por unos segundos, con seguridad disfrutando de la buena vista que le daba mi cuerpo. Luego se me acercó y me dio dos nalgadas, una en cada nalga, pero con un poco de frotamiento por unos segundos, claro yo me hice como si conmigo no fuera, luego me dio un beso en la mejilla.

    −Hola mi amor, ¿cómo te fue? –le respondí.

    −Bien mamá, aprobé el examen –sentí en la parte posterior de mi cuerpo que estaba pegado a mí y sus manos recorrieron mis dos costados desde el comienzo de mis senos hasta las caderas y mi vientre− ¿Y cómo le fue a esta reina voluptuosa?

    –Igual como todos los días cariño, con la excepción que salí un rato al autoservicio para hacer unas compras y aquí me tienes amor. Mas bien hijo me haces un favor, mientras me doy un baño rapidito me vas poniendo la mesa.

    –Claro que sí mamá, vaya usted a ponerse más bella, no se preocupe yo pongo la mesa.

    Ya estando en la ducha completamente desnuda y lavando mi cabeza con champú, llamé a mi hijo para que me alcanzara el acondicionador que a propósito lo había dejado en mi tocador, además había dejado la puerta abierta de mi dormitorio y la del baño y la cortina de la ducha a medio cerrar para darle facilidades a la vista.

    − ¡Carlos, hijo, me escuchas! –comencé a llamarle.

    – ¡Sí mamá! Voy en seguida.

    Ingresó a mi habitación y luego al baño encontrándome desnuda lavándome el cabello con el champú. Yo estaba de costado y él estaba disfrutando de mis senos y el tamaño provocativo de mis nalgas. Se quedó estupefacto unos segundos, luego me dijo:

    −Sí… sí mamá, ¿qué pasó?

    –Cielo, por favor pásame el acondicionador que está encima de mi tocador, recién recuerdo que ya no tengo y lo acabo de comprar en el super mercado −mientras sentía que él se deleitaba por unos segundos con la desnudez de mi cuerpo y con mi vulva bien depilada. Yo me encontraba con los ojos cerrados.

    –Aquí está mamá −estiré el brazo y me lo colocó en la mano.

    –Gracias cariño, en unos instantes termino de ducharme para almorzar, no tardo.

    −Ok mamá, termino de colocar la mesa y de allí voy a mi habitación para darme un baño también –sentí que no había salido todavía ya que imaginaba que disfrutaba del cuerpo desnudo de su madre por unos segundos.

    Salí de la ducha y no sabía que ponerme, entonces vi el ropero de Darío mi esposo, lo abrí, comencé a buscar y encontré un polo rojo sin mangas como usan los basquetbolistas, me lo puse y me quedó fantástico: apenas me cubría los pezones y por debajo llegaba apenas a cubrir mis glúteos. Me veía provocativa para Carlos, adicional me puse un tanga hilo dental del mismo color y salí para servirle el almuerzo para mi niño.

    Yo estaba entre nerviosa y excitada, terminé de colocar los respectivos platos sobre la mesa y lo llamé.

    − ¡Carlitos cariño, ya está servido el almuerzo! –le grité.

    Vi que salía de su cuarto y se dirigía al comedor y otra vez apareció solamente con un calzoncillo slip de color negro y pude darme cuenta que estaba ligeramente excitado, ya que el bulto se veía más grande que el día anterior. Él al verme no pudo controlar su excitación pudiendo ver que el glande estaba saliendo por encima del slip, se sentó rápido y yo disimulé retirando la mirada.

    −Mmmm… se ve sabroso mamá, y no solamente la comida, jajaja… –me lanzó la indirecta.

    − ¡Mañosón! Jajaja ¿Y cómo ves a esta milf? –me levanté y giré 360 grados para que pudiera apreciar mi cuerpo.

    –¡Caray! Veo a una mujer super sensual y hermosa, te va bien lo que estás luciendo. Cualquier hombre querría ocupar el lugar de papá. Siempre debes vestir así. Lo bello y voluptuoso siempre hay que exhibirlo como las flores que están en los jardines.

    –Gracias mi hijo, eres tan tierno y lindo, ¿no te incomoda que tu madre se vista así en casa?

    –No tengo por qué molestarme, todo lo contrario, quiero que te explayes conmigo, estamos solos los dos, recuerda que también soy tu amigo −me tomó una mano y me la besó. Seguramente él deducía en su interior que con su padre ya no había ninguna actividad sexual, aparte que cuando su padre estaba en casa no era cariñoso conmigo, eran completamente distintos los dos.

    −Bueno preciosa me voy a mi cuarto a cambiarme e irme a la universidad, más tarde regreso.

    –Ok cariño, voy a lavar el servicio y después hago una siesta, si no te veo que tengas una bonita tarde. Cuídate.

    Bueno, así pasaron como diez días. Quería que él diera el primer paso para no sentirme tan mal y ser cómplices ambos de esta futura relación incestuosa. Yo me moría de ganas de sentir su verga en mi vagina, hice todo lo posible durante estos días para mostrarme más provocativa, incluso una vez salí de la ducha desnuda para almorzar, cubierta solamente por una toalla que me cubría los pechos y el trasero, dirigiéndome a la mesa donde Carlos estaba sentado y a medio metro de él forcé disimuladamente a que se me cayera la toalla y mi hijo me vio completamente desnuda.

    –No se preocupes señora Gloria, ahorita se la alcanzo –recogió la toalla del suelo me la envolvió en mi cuerpo delicadamente sin antes deleitarse con una mirada a mis senos, vulva y culo, vi que su glande asomaba por encima del slip producto de la excitación– caramba Gloria tienes un cuerpo exquisito. Me dio una nalgada, estoy segura que le fascinaba mi culo, ya que es grande y paradito.

    −Ay mi amor, ¡qué cosas le dices a tu madre! Creí que mi cuerpo ya no atraía a nadie, sobre todo a un joven guapo y vigoroso como tú.

    − ¡Cómo que no mamá! Te voy a mostrar algo, pero ¿me prometes no escandalizarte? −preguntó Carlos.

    –Cariño, a mi edad ya nada me escandaliza.

    −Entonces allí va –se puso de pie, se bajó el calzoncillo slip y asomó una pinga grande y venosa, con cierta inclinación hacia arriba. Yo me quedé con la boca abierta y los ojos como plato. Nunca había visto una verga de monumentales dimensiones e inmediatamente mi vagina empezó a humedecerse.

    −Ay Carlitos, ¡pero qué cosa tan inmensa, mucha más grande que la de tu padre!

    –¿Eso crees mamá? −guardando la pinga dentro del slip– dime Gloria, ¿qué te pareció?

    –Tienes un pene de los dioses, estoy seguro que la mujer que se case contigo lo va a disfrutar muy bien. Dime cariño y disculpa la pregunta amor, ese pene duro que me mostraste ¿yo te lo he provocado? −le pregunté ingenuamente.

    –¿Y quién más mamá? Si no hay otra mujer en esta casa. Además, tienes un cuerpo tan hermoso que provoca tomarle fotos y mostrarles a mis amigos para que se echen unas buenas pajas, porque a ellos también les gusta las mujeres maduras como tú.

    –Ay no, Carlitos las cosas que dices, pero eso sería contraproducente, ¿qué pensarían de mí esos jóvenes?

    −No te preocupes, las fotos te las tomaría sin que apareciera tu rostro, les diría a ellos que conocí a una mujer madura que le estoy dando guerra.

    −Bueno, bueno, déjame pensarlo –le dije− pero todas estas cosas deben permanecer entre nosotros mi amor.

    −Por supuesto preciosa, esto es entre tú y yo, aparte que estamos a mano, ¿sí? Jajaja…

    –Sí, estamos a mano, jajaja…

    Luego comenzó la rutina de siempre. Cuando me fui a mi habitación para hacer una siesta, otra vez no pude conciliar el sueño, ahora era el pene de Carlos que me tenía alborotada y nunca pensé que lo tenía tan grande, fue tanta mi excitación que me masturbé pensando en la herramienta de mi niño.

    Puesto que Carlos todavía no tomaba la iniciativa y mi vagina se mantenía llorosa casi todo el día, comencé a vestir en casa como siempre, pero ya no usaba brasier, por lo que mi hijo al saludarme no solamente magreaba mi culo, sino también con sus dedos me apretaba los pezones.

    −Aaay amor, no me toques mis pezones que son muy sensibles, ¡eres un arrecho incurable! Jajaja…

    −Jajaja, es que mamá, los tienes espectaculares, jajaja. Me voy a duchar mamá, de aquí salgo para almorzar juntos y esperarte que también te duches.

    −Ok libidinoso, jajaja…

    Llegó el sábado por la noche, eran aproximadamente como las 9.00 y le pregunté a Carlos si iba a salir o se quedaba en casa.

    −No mamá, hoy día no quiero salir, mas bien quiero quedarme en casa. ¿y tú vas a salir con a tus amigas?

    –No, también prefiero quedarme en casa, creo que mejor lo pasaré contigo que con mis amigas −le respondí.

    – ¿Qué te parece mamá si vemos algunas películas para adultos, pedimos una rica pizza con un buen vino?

    − ¡Me parece una excelente idea mi cielo!

    Dije: hoy es mi día, sí o sí. Comimos la deliciosa pizza con el buen vino y luego nos sentamos en el sofá a ver la película, siempre acompañados con el vino que se encontraba en el centro de mesa.

    Me senté al centro del sofá con las piernas dobladas encima de éste y a mi costado izquierdo tomó asiento mi hijo; él solamente vestía un slip verde donde se podía ver su bulto, yo como siempre con un camisón con tiritas de color violeta, sin brasier y con una tanga hilo dental del mismo color. El sofá se encontraba al frente del televisor y la película era japonesa, donde la trama consistía en que el hijo intentaba seducir a la madre hasta que por fin lo logró. Se podía ver que la madre se retorcía del placer ya que su hijo le estaba chupando las tetas y la madre a su vez le masturbaba el descomunal pene. En esos momentos Carlos puso su brazo derecho encima de mi hombro como si fuéramos novios, yo miraba de reojo que el pene de mi hijo ya estaba levantado y la mitad de su tronco sobresalía de su calzoncillo. Con mi mano izquierda comencé acariciar el muslo derecho de él he iba subiendo hasta su entrepierna pero en forma suave y en círculos, sin apuro.

    Ya mi hijo estaba con su pichula casi salida del calzoncillo, entre tanto bajó su mano y empezó a pellizcarme la teta derecha suavemente y su mano entera frotaba todo mi seno. Yo me encontraba super mojada, los fluidos de mi vagina comenzaron a humedecer la tanga.

    En la siguiente escena porno, vimos que el hijo le estaba metiendo verga a su madre y ella lanzaba unos gritos exorbitantes de placer. Entre tanto yo seguía acariciando el muslo de Carlos y con su mano izquierda tomó mi mano y la llevó encima de su tranca para que la acaricie, ¡no lo podría creer! ¡al fin se estaba cumpliendo mis deseos! Ni corta ni perezosa comencé a masturbar el garrote de mi hijo, ¡qué duro y grande lo sentía! Entonces mi hijo me tomó de la mejilla volteó mi cara hacia la suya y me estampó un beso con lengua, ¡Qué delicioso morreo que nos estábamos dando!, parecíamos un par de novios que por primera vez tienen su encuentro sexual. A la vez le fui sacando el slip hasta que se quedó completamente desnudo, él al mismo tiempo que me estaba besando me sacó el camisón y el tanga que se quedaron tirados en el suelo y así como él me encontraba totalmente desnuda.

    –Gloria mi amor −me hablaba mi hijo al oído– chúpame la pinga. Quiero sentir tu boca y tus labios.

    Obedecí inmediatamente, bajé la cabeza y me metí a la boca el inmenso garrote de mi hijo: le pasaba mi lengua, le chupaba el glande, metía mi boca hasta donde podía, ya que era bastante larga y gruesa.

    −Ooooh, síííí, así mamá, qué rico, mmmm, mámale la pichula a tu hijo, se siente delicioso –Carlos gozaba de la buena chupada que le estaba dando, hice un paréntesis y vociferé:

    −Cariño, al fin puedo disfrutar de este maravilloso instrumento que tienes entre las piernas, mmmm, sluuuup, mmmm –continué chupándole la verga a mi retoño por más de 10 minutos.

    Luego mi hijo me propuso que cambiásemos de pose: hizo que me sentara en el sofá con los pies encima de ésta y con las piernas abiertas. Enseguida Carlitos se puso de rodillas y comenzó a chupar cada uno de mis pezones, disfrutaba cada uno de ellos sin mucha prisa, yo me estaba alocando de placer, mis jugos bajaban abundantemente por mi vagina que humedecían el sofá.

    −Aaaah, cariño, qué delicia, sigue, sigue, sigue mamándole las tetas a tu madre, ooooh, que desde que eras un bebé no lo hacías, mmmm, cómo me haces gozar mi amor –estaba disfrutando de las mamadas de tetas que me estaba regalando mi Carlos.

    Mi retoño me seguía dando un gran disfrute en mis tetas, era fenomenal, no lo podía creer. Podía ver también cuán inflado tenía su verga, una verga hermosa, bella, yo me encontraba feliz, feliz, de tanto gozo que me proporcionaba mi propio hijo. Estoy segura que el morbo de cachar con tu propio hijo es totalmente diferente que hacerlo con otro hombre. Es un placer indescriptible.

    No sé cuánto tiempo mi Carlitos me había estado chupando mis pezones, que después fue bajando por mi abdomen muy lentamente, besando cada centímetro de éste, para llegar a mi vulva, comenzó ha aspirar muy lentamente y con mucho placer a esa hendidura que tenemos las mujeres en la entrepierna.

    −Ooooh Gloria, ¡Qué aroma tan exquisito emana de tu vulva cariño! Déjame olerte un poco más –mi hijo estaba oliendo mi vagina y yo marcaba 1000, ¡no lo podía creer! Se notaba que disfrutaba mucho de ello.

    Después comenzó a pasar su lengua por los labios mayores de mi vagina, luego los labios menores para que finalmente su lengua frote a mi clítoris.

    −Aaaah, rico, –era todo lo que yo decía, el placer que me daba mi vástago era inefable, no se podía explicar con palabras. Continúo así por varios minutos, chupando mi clítoris, pasando la lengua en mis labios vaginales, ya no podía más, después de esperar por más de dos años una lamida de concha de semejante calidad exploté en un profundo orgasmo.

    −Aaaag –después de unos segundos le dije a mi hijo− ay cariño, has hecho de tu madre la mujer más feliz del mundo.

    –Todavía falta preciosa, esto todavía no ha terminado −me respondíó.

    Enseguida levantó su cabeza, tomó con la mano su inmensa pichula, la dirigió a mi chorreante vagina y me la incrustó de un solo viaje hasta lo más profundo, llegando a tocar el cuello de mi útero.

    –Aaaah, hijo, ¡Has llenado a tu madre con tu potente, mmmm, pichula toda su vagina, ooooh, la siento todita amor! −le expresé henchida de gozo. He inmediatamente mi Carlitos comenzó a bombearme la concha profusamente, era un mete y saca un poco lento y que se fue acelerando poco a poco.

    –Aaaar , sí, sí, sí, cacha a tu madre cariño, ooooh, cáchala bien ya que hace tiempo, aaaah, no tiene una pinga dentro, haz lo que quieras con tu madre mi amor −el placer que me estaba dando mi hijo era insuperable.

    –Sí mamá, hace tiempo que te deseaba, ooooh, −me decía mi hijo– solamente estaba esperando mmmm, para cacharte. Ahora eres mi mujer, ooooh…

    Seguidamente mi hijo me puso en la pose del perrito y continúo taladrándome el coño, en un vaivén interminable. Así estuvimos por varios minutos, maravillosa juventud, eso es lo que venía buscando, un hombre con bastante potencia y quien mejor que mi propio hijo. Luego mi él le puso bastante saliva alrededor y dentro de mi ano, metió primero un dedo luego dos y enseguida me incrustó toda su verga dentro de mis intestinos, todo mi recto estaba ocupado por la grande pinga de mi Carlos, se quedó quieto por un momento.

    −Aaaag, pendejo, mmmm, me has rellenado todo el culo cariño, mmmm, espera un segundo Carlitos para que se vaya acomodando mi culo a tu pinga… ahora sí, anda bombeando lentamente mi amor, despacio, es la primera vez que me meten una pichula en mi ano, ooooh, así mi cachero, ya le estoy agarrando gusto, mmmm, hazme sentir una puta cariño, sííí, qué rico, qué rico, qué rico lo siento amor –ya me encontraba trastornada de tanto placer que mi propio hijo me proporcionaba. Comencé a sentir el segundo orgasmo que me salía consecuencia de la culeada que me daba mi propio hijo. Carlos era una máquina del sexo, me otorgaba tanto placer, tanto gozo, que a mi mente le parecía inconcebible todo lo que estaba gozando, mi hijo le estaba taladrando el culo a su propia madre. Luego me llegó el tercer orgasmo.

    −Ay mamá, ya estoy por venirme, ya no puedo más, te voy a llenar el culo de leche, ooooh –mi hijo arrojaba todo su semen dentro del recto de su madre.

    −Yo también cariño, ya no aguanto más, me corro, me corro, –tuve un cuarto orgasmo. Fue placentero todo esto. Mi bebé sacó su tranca de mi ano y se sentó en el sofá, yo también enseguida me recosté. Nos quedamos un rato mirándonos a los ojos, agitados los dos.

    −Ay cariño, me has dado el placer más espectacular de toda mi vida. Eres un cielo mi vida –le dije a mi Carlitos.

    −Ay mamá, tú también has estado maravillosa, cachar contigo ha sido lo máximo, mis novias no te llegan ni a los talones.

    –Jajaja mi amor, no seas exagerado. Ahora somos amantes cariño, pero esto debe quedar entre nosotros, ahora mucho más −exclamé.

    –Claro que sí preciosa, de ahora en adelante voy a dormir en tu cama mientras papá no esté con nosotros. Yo soy tu marido Gloria de aquí en adelante seré tu marido, tu amante, tu follador; te voy a llamar por tu nombre, excepto como repito cuando papá no esté. Vamos a cachar todos los días princesa. De acuerdo mi amor.

    −Estoy totalmente de acuerdo cariño, quiero que me cojas todos los días, ya sabes que soy una mujer muy arrecha y tú vas a satisfacer todas mis necesidades lujuriosas, ya que tu padre hace mucho tiempo que no me hace nada.

    Y fue así, que con mi hijo empezamos una nueva vida. Se convirtió en mi amante y marido, excepto que disimulamos cuando su padre se encontraba en casa. Todos los días cachábamos con Carlitos, yo estaba feliz, era mi macho y lo hacíamos en cualquier lugar de la casa, en la cocina, en algún baño, en la piscina, etc.

  • Una infiel de vacaciones

    Una infiel de vacaciones

    Me llamo Ivana tengo 35 años, soy de piel oscura o café, tengo tetas y culo grandes, un poco rellena, pero mantengo mi figura, me gusta verme a mí misma como una milf en potencia jeje.

    En este relato quiero contar la vez que al salir de vacaciones con mi esposo tuve una pequeña aventura con algunas citas inesperadas jiji, bueno sin delatar más les cuento que paso.

    El hotel era muy bueno y habían organizado una fiesta ahí mismo en la piscina, mi esposo tenía la idea de salir a buscar algún bar sin embargo lo convencí de quedarnos en el hotel e ir a esa fiesta, acepto y yo me puse un vestido rojo y corto que él me compro, junto con tacones negro y finalmente me arregle de lo demás, él también se vistió bien y bajamos, estuvimos bebiendo y hablando con otras personas, en si pasándola bien, aunque yo quería ir a bailar pero desde siempre a mi esposo no le ha gustado el baile, ya eran cerca de la 1 am y mi esposo ya estaba bastante ebrio así que decidí subir al cuarto con él.

    Al entrar después de casi cargarlo lo tiré en la cama y para tenerlo fresco le quite la ropa y en lo poco que le quedaba de consciencia me pidió un oral, estaba duro y sabía que no iba a dormir así, entonces me arrodille y se la empecé a chupar, incluso pensé en que si aguantaba podría al menos divertirme en montarlo o tener algo de sexo, pero poco después de que empecé el oral no aguanto y termino acabando en mi boca, me sentí algo decepcionada, me fui a lavar la boca y al volver del baño ya estaba dormido.

    Pensé en simplemente quitarme el vestido y acostarme con él pero la música seguía fuerte y aún tenía ganas de bailar y divertirme, estaba bien dormido así que solo lo tape y me escabullí hasta estar en la fiesta de nuevo, pedí algo de tomar y me metí directo a la pista de baile, ya todos estaban muy ebrios y animados, un chico sin camisa y musculoso se puse frente a mi y empezamos a bailar juntos, luego llegó otro y tras saludarse con el que estaba frente a mi empezó a bailar de tras de mi tocándome.

    Paso sus manos de mi cintura a mis nalgas y yo seguía bailando para los dos, el de enfrente tocaba mis brazos y rostro, hacia mucho calor donde estábamos y en cada movimiento mi cuerpo rebotaba todo, el de atrás se pegó a mi y yo movía mi culo frotándome con él, lo voltee a ver pero al regresar la vista hacia enfrente el que estaba ahí me recibió con un fuerte beso en la boca, bajo su mano a mi cintura e hizo que me pegará a el presionando mis tetas en su pecho, por un segundo me separe del de atrás pero rápido se pego a mi haciendo presión de mi cuerpo entre los dos, nos separamos del beso y el otro me hizo voltear solo para también probar mis labios y lamer mi boca por dentro.

    Iba jugando entre sus bocas llena de besos y el de enfrente ya me estaba tocando apretando directo las tetas sobre el vestido que ya estaba a nada de descubrirlas por los tirantes de abajo e igual el de atrás no dejaba de apretar mis nalgas, ya ni siquiera estaban los bailando solo nos frotábamos para ponernos más calientes el de adelante me acaricio el rostro después de besarnos y me dijo «mamita, ven a nuestro cuarto y te vamos a hacer el amor bien rico» estaba muy excitada y como mi esposo no estaba dije que si.

    Nos salimos de la fiesta y entramos rápido al hotel. Desde aquí empezaré a llamar a los chicos 1 y 2 ya que no se sus nombres, 1 era alto, con músculos, moreno y unos tatuajes. 2 era más blanco, algo delgado e igual alto. 1 me llevaba abrazada de la cintura mientras 2 acariciaba mis nalgas, me daba algo de vergüenza pasar frente a las personas que recorrían los pasillos y nos miraban a los 3. Finalmente entramos a su cuarto y volvimos a los besos pero más calientes, iban de boca en boca de nuevo y ellos metían sus manos bajo mi vestido mientras yo empezaba a meter las mías dentro de sus pantalones.

    Nos separamos de los besos y ellos se empezaron a desnudar, iba a hacer lo mismo pero me dijeron que me detuviera que ellos lo harían, espere hasta que quedaron desnudos y luego ellos me bajaron el cierre del vestido, 1 levanto mi vestido hasta quitarlo y 2 me bajo las bragas para dejarme desnuda, iba a quitarme los tacones pero me dijeron que los dejara. Después de mirarnos enteros los 3 ellos se pegaron a chupar mis pezones, se sentía muy rico como los succionaban y ponían duros con sus lenguas, sus manos fueron a mis nalgas y mis manos a sus vergas para masturbarlos, esa imagen era muy excitante, sabía que ya no había vuelta atrás y estaba condenada a dejar satisfechos a esos 2 hombres.

    2 me iba a meter los dedos en mi coño pero 1 lo detuvo y le dijo que primero iban a probar que tan bien sabía chuparla, me hicieron ponerme de cuclillas y ahí pude ver mejor sus vergas, como era de esperarse la de 1 era morena y gruesa, no era muy larga pero estaba llena de venas y era recta, la verga de 2 era blanca y bastante larga, algo delgada pero igual con venas y curveada hacia arriba, las 2 parecían mucho mejores que la de mi esposo. Empecé con la verga de 2 que es el que se veía más emocionado, la metí a mi boca y empecé a chupar succionando y moviendo mi lengua.

    Era mi primer vez en un trío así que a veces se me olvidaba la verga de 1 pero él me lo hacía recordar al tirar de mi cabello, sacar la verga de 2 y meter la suya en mi boca, poco a poco fui aprendiendo a mantener felices a los 2, se las seguía chupando hasta que ambos se separaron, me iba a poner de pie pero 2 me dijo que los siguiera a gatas, 1 se sentó en la cama y me hizo volver a chupar su verga, 2 se fue atrás de mi y sentí de sorpresa su lengua lamer mi coño y ano, se sintió rico y baje la guardia, cosa que 1 aprovecho para dominar mi cabeza y usar mi boca a su voluntad, 2 me estaba comiendo muy rico los agujeros y cada que trataba de voltear a verlo 1 me sostenía con ambas manos y mantenía mi mirada en él.

    Ese sentimiento de dominación me parecía muy caliente pues mi esposo siempre me daba libertad en la cama pero ahora el sentimiento de ser usada me gustaba, 1 me saco la verga de la boca y me bajo a lamer sus bolas, 2 se separó de mis agujeros pero luego sentí como se empezó a frotar en mis nalgas, estaba tan caliente que olvide decirles del condón y de sorpresa lo siguiente que hizo el 2 fue empujar la punta de su verga en mi ano, apreté los ojos y empecé a sentir como me penetraba despacito, no estoy acostumbrada al anal, solo lo hacía con mi esposo en ocasiones especiales, creí que esa noche sería una de esas así que me había limpiado bien, mientras más la metía estaba agradecida de que fuera 2 quien me la metiera y no 1, no sabía si mi culo aguantaría su gruesa verga.

    1 me separó de su verga dejándome a pocos centímetros de ella, solo me veía gemir mientras se masturbaba, 2 cambiaba bastante el ritmo dándome duro y luego suave, estaba consciente de qué mis expresiones eran pervertidas y 1 disfrutaba verlas, cada que quería acercaba su verga y la frotaba en mi rostro para mojarme de saliva, estaba apoyada en mis manos para estar en 4 y 2 me tomo de sorpresa al jalar mis brazos y llevarlos atrás de mi, me levanto e hizo que mi espalda se pegará a su pecho, su ritmo aumento bastante y me hizo gritar de placer, 1 se levantó y con su mano en mi barbilla me hizo mirar hacia arriba, con un dedo abrió mi boca y con su verga empezó a follar lo más duro que podía mi garganta.

    Por reflejo trate de cerrar la boca pero uno de sus dedos estaba en mis muelas y no me dejaba moverme, por la posición su verga iba directo a mi garganta así como la verga de 2 llegaba a lo más profundo en mi, estaba hipnotizada por los ambos y mi mente no pensaba en nada más que el placer, me sentía cerca de un orgasmo y casi perdiendo la razón sentí como 2 me saco la verga y luego 1 también lo hizo, me soltaron y rápido escupí el exceso de saliva para tomar aire, mire a 2 y dijo que quería beber algo antes de seguir, luego mire a 1 el cual ya me estaba ofreciendo la mano para levantarme, me puse de pie y me llevo a la cama, una cama king size bastante grande y desordenada, estaba claro que tenían planeado acostarse con alguien y yo había sido la afortunada.

    Me senté en la cama y aprovechando que estaba de pie el 1 se acercó y froto su verga entre mis tetas haciendo una pequeña rusa, sentí muy rico cuando apretó mis tetas, estaba enserio caliente y necesitaba algo en mi coño, se separó de mis tetas y me dio un beso mientras me empujaba suave hasta acostarme boca arriba y él entre mis piernas, mis brazos lo rodearon del cuello y sus manos corrían por todo mi cuerpo hasta que una paso debajo de mi muslos y la otra lo ayudo a acomodar su verga, empezó a empujar y penetrar mi coño, me separe del beso para gemir pero rápido lo regreso, me mantuvo pegada a él todo el tiempo en que su verga entraba por primera vez, hasta que la base de su verga tocó mi coño libero mi boca y pude gemir.

    No sé si estaba muy sensible o porque su verga si era muy ancha pero me estaba abriendo bastante y más que el no espero a moverse, estaba siendo rudo conmigo y en respuesta mis piernas se cerraron alrededor de él y se cruzaron, para bien o mal lo tomo como impulso para ser aún más brusco, mis gemidos era ya gritos de dolor y placer con sentir así su verga, trataba de distraerme un poco mirando la habitación pero siempre regresaba mi mirada a él y me sentía avergonzada de ver cómo me llenaban el coño mientras mi esposo dormía en otro cuarto, 2 regreso y se sentó a nuestro lado, 1 le dijo que usará mi boca pero él le dijo que después, tomo una de mis manos y la llevo a su verga para que lo masturbara, se me hacía algo difícil concentrarme mientras recibía las embestidas de 1 pero aun así tocaba lo mejor que podía a 2 el cual también jugaba con mis tetas.

    El sonar de mis jugos que excedían mi coño y chocaban los las bolas del 1 sonaba por todo el cuarto igual que mis gemidos, sentí que estaba haciendo demasiado ruido y le pedí al 2 que me follara la garganta, se sorprendió al oír eso pero acepto, fue a mi boca y tras frotarse suave en mi lengua me metió su verga hasta lo profundo de mi garganta, fue muy sorpresivo y rápido le apreté la pierna para que la sacará pero él no lo entendió y se empezó a mover, su verga llegaba más profundo que la de 1 y al ver cómo me estaba tratando 1 empezó a apretar mi cuello con mi mano, 2 empezó a gemir de lo apretada que sentía mi garganta mientras yo sentía que iba a perder la conciencia porque cada vez tenía menos aire, su verga me tapada y sus bolas cubrían mi nariz al meterla toda.

    Ambos me lo hacían sin piedad, 1 se inclinó a besar mis tetas y eso hizo que se frotara en una parte sensible de mi coño, todo mi cuerpo tembló y tuvo espasmos mientras mi coño lograba alcanzar el orgasmo, mis manos se movieron y creo que rasguñe a 1 durante el orgasmo, abrí mis piernas y después ambos sacaron sus vergas de mis agujeros mientras yo terminaba mi orgasmo, cuando acabe me estaban acariciando y yo estaba más relajada y recuperando algo de aliento, me senté en la cama y vi que había hecho un charco con mis jugos, me pareció muy sexi y tras ver a ambos les pregunté quién quería ser el siguiente en follarme.

    El 2 se acostó en la cama y me pidió que lo montará, le sonreí y fui en 4 hasta él, me senté en su verga y mientras frotaba mis labios vaginales en él imaginaba que tan profundo llegaría en mi, me dijo que la metiera y al acomodar su verga y hacerlo sentí como la punta golpeó duro mi cérvix, fue una sensación de dolor y placer, saque un poco su verga empecé a montarlo teniendo cuidado con eso, aunque en ocasiones bajaba de mas para tener esa sensación, movía mis caderas en círculos para que su verga se presionara en mis paredes, él se acomodó hasta estar casi sentado, tenía mis tetas cerca así que aprovecho a morderlas y besarlas.

    El 1 se acercó y le beso la boca mientras llevaba una de mis manos a su verga para tocarlo, una de sus manos estaba acariciando una de mis nalgas y luego me dio una fuerte nalgada, gemí bastante mientras el hacía eso y luego él 2 se le unió con mi otra nalga, el 1 dejo los besos y se fue detrás de mi masturbando su verga con mis nalgas y me preguntó si quería probar una doble penetración, estaba perdida en ese momento y solo pude decir que si, 2 me mantuvo quieta unos segundos mientras 1 acomodaba bien su verga y empezó a empujar, grité de placer mientras me abría el ano que aún después de la follada anterior del 2 se expandió más.

    1 acabo de meterla toda y mientras lo miraba se empezó a mover, lagrime un poco, pero trate de aguantar, 2 con sus manos movió mis caderas para moverme y rápido respondí volviendo a saltar, ahora mi cuerpo se movía tratando de satisfacer las dos vergas que, aunque no parecieran, encajaban perfecto con mis agujeros, la larga verga de 2 golpeando mi cérvix y la gruesa verga de 1 abriendo mi ano, 2 aún jugaba con mis tetas mientras 1 tocaba y besaba mi espalda y cuello, le pedí no ser tan brusco para que no dejará marcas, el acepto y nos quedamos gozando el placer mas fuerte de ese trío.

    Para ese momento ya ni siquiera pensaba en mi esposo, el amor de esos dos jóvenes me llenaba toda, literalmente, ya casi no tenía que hacer nada y podía escuchar sus gemidos y ver sus caras de placer, mi mente poco a poco se ponía en blanco y me enfocaba mas en la sensación de orgasmo que se acercaba a mi, me tire sobre 2 dejando que ellos hicieran el trabajo, de un segundo a otro mis manos empezaron a jalar de las sábanas y mi respiración se agitó, sabía lo que venía y lo acepte con felicidad, una rica explosión de placer me inundó dejando que tuviera otra fuerte orgasmo.

    Lo goce bastante y mientras tenía los ojos cerrados solo escuché como uno de ellos dijo «quiero acabar dentro de ti mami», estaba muy suelta en ese momento y dije que si sin importar quien fuera pasaron unos segundos más y en un fuerte tirón sentí la verga de 2 palpitar y soltar su semen en lo profundo de mi coño, ambos gemimos mucho y mientras me llenaba con su carga 1 se siguió moviendo, ambos me sacaron sus vergas y rápido 2 me puso boca arriba en la cama, se subió en mi y al masturbarse rápido soltó su rico semen sobre mis tetas, ambos se acostaron a mis lados y nos dimos unos besos más.

    Tenía que ir a mi habitación, pero estaba muy cómoda y al final ellos me convencieron de quedarme un rato más a descansar, me quité los tacones y recosté con ellos, no sé cuánto paso pero al despertarme ya estaba el sol, me levanté rápido y tomé mi vestido, ellos seguían dormidos y antes de irme les dejé mi número de teléfono en una nota y un agradecimiento por la noche.

    Me vestí y salí corriendo a mi cuarto, al llegar mi esposo seguía dormido, así que me metí al baño a darme una ducha, fue ahí cuando noté que les había dejado algo mas a los hombres aparte de mi nota, si, había olvidado mi ropa interior, ya al final no le di importancia y me duche, salí y me acosté con mi esposo, ya no dormí, solo esperé a que el despertara y actúe normal, de ahi pasamos bastante bien nuestras vacaciones, hice algunas cosas para ocultar ciertas marcas en mi cuerpo pero todos parecía normal.

    Al terminar volvimos a casa y si se lo preguntan si recibí mensaje de los chicos, que desafortunadamente vivían lejos de mi, pero he pensado en armar algún encuentro jeje, ¿Ustedes que dicen? Tal vez sería bueno otra pequeña aventura.

  • Gracias al trabajo (6)

    Gracias al trabajo (6)

    Debía despertarme temprano, tenía que auditar una de las secciones y no quería ir muy tarde, puse la alarma para que sonara a las 6:30, Jorge debía levantarse temprano también, y Eva… bueno, Eva dijo que trabajaría todo el fin de semana en el bar de copas de un amigo.

    Nos metimos en la cama desnudos, yo en el centro. Nos besamos y nos deseamos buenas noches, nos gusta oler a polla, a coño, a flujo, a sexo en una palabra. No sé qué hora sería cuando noté algo húmedo y caliente en mi boca, era una lengua, además notaba movimiento en la cama, como un traqueteo, como si fuese en un viaje en tren…pero no, no iba en tren, la lengua que entraba en mi boca era de Eva, y el movimiento…el movimiento era el de Jorge que la estaba enculando, le estaba dando por el culo, a 4 patas, la cara de Jorge era de auténtico placer, me guiñó cuando vio que lo miraba.

    – ¿Te hemos despertado? Ufff, es que la muy puta se puso a toquetearme la polla hasta que ha conseguido empalmarme… ummm, dios, que caliente y cerradito tienes el culo, Eva…

    – Ahhh, sigue dándome cabrón, dame fuerte por el culo. Óscar, ¿a qué esperas para follarme el coño? Quiero vuestros nabos duros empalándome… mmmm, joder, como me gusta… ¡¡¡me estáis convirtiendo en una auténtica zorra… y me encanta!!!

    Me incorporé, besé a Jorge metiendo bien mi lengua en su boca mientras le acariciaba los cojones, toqué el coño de Eva, lo tenía empapado, le dije:

    – Eva, lo tuyo no es normal, vaya calentón que tienes, y eso que hace un rato acabaste que ni podías respirar… jajaja

    – Calla joder, calla y túmbate para que me siente en tu polla mientras Jorge me da por el culo…

    Me tumbé en la cama y se sentó sobre mi nabo, Jorge se acomodó entre mis piernas para encularla, tenía la polla bastante dura y mojada, me lanzó un beso y me dijo:

    – Bueno, vamos allá… jajaja, voy para dentro Eva… ¡¡¡ufff que culo tienes, cabrona!!!

    Se la fue metiendo lentamente y yo iba notando en mi polla como entraba la suya, ella no paraba de gemir mientras me comía la boca, metía su lengua hasta el fondo. Yo le magreaba las tetas, le pellizcaba los pezones que los tenía muy duros.

    – ¡Acelera cabrón! -le dije a Jorge-, ¡¡¡vamos a llenarla de leche por todos los boquetes!!!

    – ¡Vamos! ¡¡¡Que me voy a correr de nuevo, joder y quiero vuestra leche dentro!!! –decía entre gemidos y jadeos Eva- ¡¡¡Ummmm, me cooorrooo, diooos!!! ¡¡¡Ahhhgghh, más fuerte, más, más mmmm!!!

    Noté como me mojaba el vientre, vi como salía un líquido espeso del coño de Eva, en ese momento Jorge comenzó a jadear y a acelerar el movimiento de su cadera, notaba su polla como se frotaba con la mía a pesar de estar cada una en un orificio distinto y eso hizo que acelerara yo también mis embestidas de cadera.

    – Me voy correr… mmmm diosss. Toma leche, puta -dijo Jorge- ufff, ¡¡¡santo dios… que gusto follarte el culo!!!

    – Aaaggh, ¡¡¡me coorrrooo!!! ¡¡¡Ummm, jodeeeer!!! -decía yo.

    Noté en mi polla las contracciones de la polla de Jorge cuando se corría, y eso aceleró mi corrida. Jorge cayó sobre la espalda de Eva y Eva sobre mí, aún notaba mi polla con las contracciones. Jorge se echó a un lado, y en ese momento noté como mi polla salía del cuerpo de Eva, derramando toda mi leche sobre mis muslos. La besaba en la boca y en las tetas cuando Jorge dijo:

    – Ufff, qué buena corrida…Bueno, son las 6:15 -y mirándome dijo- putita prepara el desayuno, pero antes límpiame el nabo con la boca.

    – ¿Cómo? -le dije.

    – ¿Ya no recuerdas que yo era tu criada ayer y hoy eras tú la mía?

    – Uff, perdón no me acordaba señor.

    Así que me incorporé, gateé sobre la cama hasta llegar a Jorge que estaba sentado con las piernas abiertas, me besó en la boca y, agarrándome de la nunca, me bajó la cabeza hasta su entrepierna. La cogí con la mano y lamí la punta del capullo, olía a culo de zorra y sabía a lefa, abrí la boca y comencé a limpiársela, le frotaba la lengua por todo el capullo, por el tronco de la polla. Me excitaba lo sumiso que me había vuelto en nada de tiempo. Seguí chupándosela, ya no era una limpieza, era una mamada a una polla  sin empalmar… le masajeaba los huevos, sabía a semen, a lefa, a leche…, me estaba excitando cuando Jorge me tiró de la barbilla hacia atrás y me dijo:

    – Para ya, joder. ¿Es que quieres dejarme seco? Jajaja, voy a la ducha, prepárame el desayuno. Eva, dúchate conmigo.

    Me levanté caliente, la polla la tenía ya morcillona, y bajé a la cocina para preparar el desayuno. Mientras, oía risas, besos, cachetadas… y algún que otro gemido. Salieron de la ducha y bajaron a la cocina. Al verme Jorge, me dijo:

    – ¿No te has puesto el delantal de putita? ¿Es que quieres que te castigue?

    – Perdón señor, lo olvidé, me lo pongo en nada -lo encontré en el salón y me lo puse- ya lo traigo puesto, señor.

    Al mirarme, comenzó a reírse, Eva me miró y se puso a reírse también, miré hacia abajo, y tenía el delantal levantado a la altura de mi polla, estaba empalmado. En ese momento sonó la alarma del reloj de pulsera, ya eran las 6:30. Le pedí permiso a Jorge para ducharme, tenía que ir a trabajar, desayunaría una vez que estuviese en la empresa. Era viernes y si podía hoy o mañana por la mañana, tendría que volver a casa, mi mujer me esperaba. Lo hablé con Jorge y me dijo que él se pasaría por su casa, su mujer llegaría sobre el mediodía, pero que le encantaría pasar esta noche de nuevo los tres juntos. Eva dijo que esta noche trabajaría en el bar de copas del amigo, que no sabe si podría venir pronto.

    Subí a ducharme y recibí un WhatsApp de mi mujer preguntándome si estaba operativo para llamarme, le contesté que iba a ducharme y me mandó un audio:

    – Ummm, date por la entrepierna bien, que este fin de semana no tengo ganas de salir, quiero quedarme en casita contigo…

    No entendía nada, de pasar de ser un maniquí en la cama a comportarse de una manera totalmente opuesta. Le comenté que no sabía sobre qué hora acabaría hoy, si terminase no muy tarde me volvería a casa, de lo contrario me quedaría aquí y regresaría mañana por la mañana temprano, ya le iría informando. Me dio un “ok” y me mandó muchos besos.

    Llegué al trabajo a buena hora, me dediqué a cotejar informes, cuentas… etc., y salí con uno de los compañeros de la sede a visitar una de las delegaciones. Al llegar comenzaron a presentarme a trabajadores y me pareció ver una cara conocida, joder no era conocida… ¡¡¡era Eva!!! Me la presentaron como la secretaria de dirección, me sonrió me estrechó la mano y me plantó dos besos en la cara y el típico saludo de “encantada”… ”¿encantada? -pensé- y tanto que encantada, sobre todo cuando se te da por el culo” Me quedé sin saber qué decirle, no entendía nada, pero esperaba que me lo explicara, y pronto.

    Hice todo lo que tenía que hacer acabando antes de lo esperado, así que decidí entrevistarme con algunos trabajadores, para disimular de que estaba informándome bien a nivel base. Y por supuesto me entrevisté con Eva, en cuanto entró en el despacho cerró la puerta, me sonrió y me dijo:

    – Jajaja, ¿te ha gustado la sorpresa? Por cierto, lo de que trabajo en el bar de copas de mi amigo es verdad, está noche no creo que vaya. Prefiero quedarme en la casa… ya me entiendes, jejeje.

    – Serás puta, ¿a qué viene esto? No le veo la gracia.

    – No te enfades Óscar, cuando mi madre mi dijo que la casa se la alquilaba la empresa donde yo trabajo, me picó la curiosidad por saber de quién se trataba, por eso fui con ella para entregarte las llaves. Ya, cuando te vi, me gustaste, me gustan los hombres bastante más mayores que yo, aunque aguantáis menos asaltos, tenéis más imaginación. Así que pensé en hacerte una visita por la noche, es verdad que me gusta ser una puta en la cama, eso es cierto.

    Cuando llegué a la casa la primera noche, Jorge aún no estaba allí, vi como te bañabas en bolas en la piscina y me pusiste a mil, te saliste, te tumbaste en la tumbona, y me di cuenta que tu polla se estaba levantando ¿en qué pensabas? Jajaja, en ese momento iba a salir para comértela pero sonó el timbre, te levantaste y abriste la puerta desnudo a Jorge, vi como te agarraba la polla, decidí quedarme a ver qué pasaba… ¡¡¡y vaya lo que pasó!!! Pero no te enfades conmigo, de verdad, estoy disfrutando muchísimo con vosotros.

    – ¿No pretenderás sacar algún beneficio de esto, verdad? Debes saber que sólo soy un mandado y que las decisiones no las tomo yo…

    – ¡¡¡Por Dios, para nada!!! Ese no es mi estilo, de verdad. No pienses eso porque no es cierto. Además, estoy deseando llegar a la casa para demostrarte lo caliente que me ponéis, aunque si quieres, en 10 minutos entra al wc que hay en la planta de arriba, es compartido por ambos sexos, y entra en la tercera puerta, descuelga el rollo de papel higiénico y mira dentro, voy a dejarte mis braguitas, que las tengo muy mojadas por esta situación. Ahora mismo daría lo que fuera porque me la clavaras sobre esa mesa, primero por el culo y después por el coño…

    – Calla zorra, anda y vete al wc, quiero oler esas bragas y lamerlas

    – Recuerda, sube en diez minutos.

    Al cabo de los diez minutos subí donde me indicó, el rollo de papel higiénico estaba sobre la cisterna del inodoro, y dentro había unas braguitas de las que hacen el culito respingón, blancas con encaje, mojadas por la parte de la entrepierna, muy mojadas y olían de maravilla. Me las puse en la boca y aspiré, comencé a lamerlas… me estaba calentando. Me desabroché la correa, bajé el pantalón y los slips, me senté en el váter y comencé a pajearme lamiendo y oliendo las braguitas de Eva, mi polla comenzó a segregar el lubricante preseminal, estaba a mil. En ese momento oí como se abría la puerta de acceso al baño y unos zapatos de tacón que pisaban con fuerza, quien fuese hablaba por teléfono:

    – Sí mi vida, esta noche nos vemos… también quiero verte, es más lo necesito… claro, y yo… sí, pero si tu mujer se entera me crucifica -se oía el chorro del pis cayendo al váter- bueno a ti y a mí… ¡uy! Estoy mojada…  jajaja… ummmm, siii, tengo ganas de comerme lo que tienes entre las piernas… jajaja, no, entera no entra en mi boca… claro, si ya lo sabes…

    Sonó el agua de la cisterna caer, el sonido de como se subía las braguitas y la falda, se abrió la puerta, y se marchó.

    Me puse las braguitas de Eva en la boca, las lamía, las chupaba, con una mano me la meneaba y con la otra comencé a meterme un dedo por el culo mientras tenía las braguitas en mi boca… Ufff, empecé a notar como mis huevos se ponían más duros, iba a correrme, mi dedo dentro del culo se movía en círculos y hacia dentro y hacia fuera. Apretaba con fuerza las braguitas de Eva con mis mandíbulas para que mis jadeos no se oyeran. No aguantaba más y solté el primer trallazo que salió despedido hasta la puerta, ya los siguientes cayeron en el váter porque me incliné para eso. Me encantó la paja, me limpié, guardé las braguitas en el bolsillo de la chaqueta, limpié la lefa de la puerta con un poco de papel, salí y me lavé las manos y la boca, no quería que me oliese a coño caliente…

    Al bajar, me esperaba uno de los directivos de la sede, me invitó a un café fuera de la empresa, y acepté. Vi como Eva me seguía con la mirada y bajaba su mano hacia su coño, disimuladamente, mientras sonreía, le solté media sonrisa y una inclinación de cabeza y salí junto al directivo. Se dio cuenta de que la miré, y ya en el coche mi dijo:

    – Yo tú no intentaría nada con Eva, la secretaria de dirección.

    – No hombre, para nada, no es mi tipo.

    – ¿Qué no? Joder, pues está tremenda, pero es demasiado puritana, no ha habido manera ni de sacarle un beso y créeme, más de uno lo ha intentado.

    – Imagino que sabe que no es bueno mezclar placer con trabajo…

    – No lo sé, dicen que es muy puritana, no se le conocen parejas, o novios o amigos con derecho… igual es tortillera… jajaja

    – Bueno, igual sí –o le gusta más una polla que a un tonto un lápiz, pensé-

    Llegamos a la cafetería y tomamos algo, al ratillo se unieron varias personas de la empresa, entre ellas Eva. Nos sentamos a una mesa y estuvimos charlando y riéndonos, yo miraba la hora, viendo que se acercaba la hora de comer, me propusieron de comer allí mismo y después ir a tomar algo. No descarté la idea, así que salí del bar y llamé a mi mujer:

    – Hola cariño, ¿qué tal todo?

    – Holaaa, todo bien, deseando que vengas… pero imagino que a la hora que me llamas eso quiere decir que no vendrás hoy…

    – Eso quería comentarte, ahora vamos a comer, y después seguiremos un poco más -mentí- tengo ganas de repetir lo de la ducha…

    – Jajaja, bueno… te llevarás una sorpresa… ahora mismo van a depilarme entera… culito incluido -esto lo dijo bajando la voz- Estoy en el centro de depilación… y solo de pensarlo me estoy excitando… jejeje. Lástima que no puedas venir hoy, bueno mañana aprovecharemos…

    Me sentía mal por haberla engañado, me había excitado lo que me había dicho, la polla comenzó a despertarse…

    – Parece que alguien te ha alegrado un poco -me dijo Eva que venía de frente- te cuesta dominar la polla, ¿eh? Jajaja

    – Levanté la mirada del teléfono y ahí estaba, parada frente a mí mirándome el paquete y sonriendo.

    – Ufff calla, hablaba con mi mujer, no creo que me vaya hoy.

    – ¡¡¡Bien!!! No sabes la alegría que me das, te la comería ahora mismo… jejeje

    – Shhh calla. Me han dicho que te han estado tirando los tejos pero que eres una puritana, te aprecian aquí…

    – Sí, quieren lo que quieren pero no saben como cogerlo… jejeje deberían aprender de vosotros…

    – Bueno, tomaré una copa y me iré a la casa, tengo que llamar a Jorge para saber si la mujer ha venido y qué va a hacer…

    – De acuerdo, me iré contigo, diré que me acercas a casa, como vives más o menos cerca…

    – Vale, vamos a comer algo y vamos viendo.

    Comimos bien, fuimos a otro bar a tomar una copa y ya dije que debía irme, en ese momento Eva me preguntó hacia donde iba y le dije la dirección de la casa, me pregunto delante de todos si podía venirse conmigo, vive cerca y había bebido más de la cuenta, que no estaba acostumbrada a beber, le dije que sin problemas, nos despedimos y nos marchamos en su coche, yo lo llevaba.

    Cuando nos montamos y al ponerse el cinturón de seguridad, echó mano a mi paquete y me dijo:

    – Joder, ¿puedes creerte que lo echo de menos? ¿me vas a echar un polvo ahora, verdad?

    – ¿Ahora? ¿en el coche?

    – Nooo, en la casa, ¡¡¡necesito una polla!!! Aunque si quieres… puedo ir poniéndote a tono… jejeje

    Y ya, para el relato siguiente. Saludos

    vantheway

  • ¿Es cierto esto? (padre e hija)

    ¿Es cierto esto? (padre e hija)

    Recibo a mi mail un correo con el asunto: ¿es cierto esto?

    Habitualmente me voy escribiendo con un lector con el cual he generado un vínculo como con muchos de ustedes que me han escrito, con el cual hablamos de variados temas, sobre todo, pues él se encuentra en condiciones similares a las mías, somos viudos. Aunque yo me encuentro felizmente en pareja.

    Hablamos mucho sobre los temas que publico y sus fantasías relativas al sexo. No podría poner todo el intercambio de correos, por eso voy directo a “es cierto esto”

    -Hola Luis, mi nombre es Elena, pero usted ya lo sabe, tuve la oportunidad de ver en el correo de mi papa (Julián) (quien dejo su mail abierto) habitualmente habla con usted, quisiera saber si ustedes están locos, que les ocurre.

    -Hola Elena, no veo el motivo por el cual dices eso, soy solamente un escritor de relatos eróticos, el cual plasma en letras lo que les ocurre a personas que llevaron a cabo actos de amor con sus familiares y quieren compartirlo anónimamente (o no) a través de la página donde escribo, “cuentorelatos.com”

    -Si he leído varios de sus relatos y todos los mail que han intercambiado, si bien sus relatos me han llamado la atención, quiero decirle dos cosas, me cuesta creer esos “cuentos” sean reales y no puedo creer lo que le dice y piensa mi padre de mí.

    -Estimada Elena, en relación a tus dos inquietudes, te puedo decir que, los relatos son reales, ya quisiera tener esa capacidad de crear tanta cantidad de historias diferentes y segundo, como abras leído, tu padre te ama, sos su todo en esta vida y no solo te ama como hija.

    -Luis, es que me cuesta creer que mi papa este enamorado de mi como mujer.

    -Elena, date la oportunidad, habla con tu papa, creo que es necesario que estén un poco más unidos, sus ocupaciones los han separado como padre e hija y a su vez vas a entender un montón de cosas.

    A partir de ese correo, por un tiempo no tuve más novedades ni de Julián ni de Elena.

    A continuación transcribo el correo que llevo a Elena a ponerse en contacto conmigo.

    -Mi estimado Luis, hoy he vuelto a soñar con mi hija, te cuento.

    Despierto sudoroso, agitado y muy sobresaltado, trato de hacer memoria el por qué, y mi mente me hace su jugada, trae a mi recuerdo el sueño, que como sabes, es recurrente, pero esta vez algo cambio.

    En este sueño yo me encuentro haciendo una reparación en mi vehículo, medio cuerpo bajo el capot revisando algo, de repente siento una delicada mano apretar mi glúteo izquierdo, me sobresalto e irguiéndome, allí la veo, de pie delante de mí, con todo su esplendor, su metro sesenta y ocho de belleza, totalmente desnudo, sus dos firmes y juveniles pechos adornados en su parte media por dos areolas que contienen esos pezones duros que me observan mirándome fijamente, la recorro con la mirada devorándole cada centímetro de piel, hasta llegar a su entrepierna, en ese monte de venus adornado por unos, prolijamente recortados vellos ensortijados, sus torneadas piernas hacían juego con su torso, tan exacta proporción me apabulla. Rodea mi cuello con sus delgados pero fuertes brazos y me besa apasionadamente, a continuación hacemos el amor sobre el capot del auto luego de bajarlo, cuando estoy por llegar al orgasmo es cuando me despierto.

    Queridísimo Luis, ya no es como los otros sueños, que eran solo toqueteos o insinuaciones oníricas que finalizaban en la nada misma, llegamos a consumar el acto sexual.

    -Julián, lamentablemente no soy psicólogo para poder ayudarte en profundidad, pero yo creo que deberías dialogarlo con tu hija, ella que te conoce bien puede llegar a ayudarte mucho mejor que yo, igualmente sabes que acá estoy y podes contar conmigo aunque sea para descargar tus sentimientos.

    Pasaron dos largos meses sin tener novedad de Julián, no quise pasar por pesado, hasta que me decidí a escribirle.

    -Hola amigo, ¿cómo va la vida? Tanto tiempo.

    Al rato, a vuelta de correo recibo dos correos con horas de diferencia, uno de Julián y otro de Elena, aclaro que ambos decían cosas casi idénticas, transcribo el de Elena.

    -Hola Luis, ante todo te pido disculpas por la forma agresiva con la que te trate en mi primer mail.

    Recién acabamos de llegar de un crucero que contrato papa luego de la conversación que tuvimos según sugeriste vos a ambos, jajaja, viste ¡¡¡te hicimos caso!!! Y desde ya gracias por la sugerencia.

    Te cuento así podes hacer un relato relativo a nuestro tema, con papa estamos de acuerdo en que así sea, él te iba a escribir en la semana, pero ganaste de mano.

    La cuestión es así, creo que fue dos o tres días después de hablar con vos, el ambiente después de cenar se cortaba con un cuchillo, sentados ambos uno en frente del otro en la pequeña mesa que hay en el comedor, dijimos a la vez, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, tenemos que hablar, hubo un silencio y luego unas risas nerviosas de ambos. Le conté que había hablado con vos luego de revisar su correo, él se enojó un poco por haber invadido su privacidad revisando sus correos. Luego me conto de su sueño y sus sentimientos hacia mí, que no podía verme como su hija, que me veía como una mujer, dialogamos un rato expresando nuestros sentimientos, (debo reconocer que esa charla hizo que mi tanga se humedeciera) pero sin más, nos fuimos a descansar luego de dos horas de hablar.

    A la semana viene con dos pasajes para hacer un hermoso crucero, cosa que sin dudarlo me arroje a sus brazos y lo llene de besos, (alguno, ¿sin querer?, se me escapo en su boca).

    Ya embarcados en un hermoso barco, nos acomodamos en el camarote, pequeño por cierto, con dos camas, una arriba de la otra, creo se llaman literas, una mesa pequeña con dos sillas y un cubículo para poner la ropa, ocupados en acomodarnos nos perdimos la salida del puerto. Alcanzamos a subir a la cubierta antes de abandonar los últimos metros de ese hermoso puerto.

    Recorrimos todo el barco, luego dormimos una siesta y al levantarnos fuimos al salón comedor. Mientras cenamos vimos varios artistas que amenizaron ese momento, luego vino el baile, papa tenia vergüenza pero lo pude arrastrar a la pista. Después de varias horas y varias cervezas, llegaron los lentos, nos miramos, abrazamos y comenzamos a girar. Cada minuto que pasaba sentía como me apretaba más contra su cuerpo, mi vagina se humedecía al ritmo que su miembro crecía, lo sentía al roce de nuestras pelvis, hubo un momento en que no pude aguantar más y en cámara lenta, esperando su reacción fui acercando mi boca a la suya, junte nuestros labios sintiendo una pequeña resistencia de su parte, pero el alcohol y su excitación me permitieron vulnerar esa carnosa muralla de rosados labios, los que abrió para fundirnos en ese beso que sin equivocarme, puedo decir, ambos esperábamos.

    Estuvimos bailando y besándonos tan abstraídos del mundo que ni nos dimos cuenta el cambio de música, estaban pasando música disco y nosotros seguíamos con los lentos en nuestra mente, al darnos cuenta de ello nos separamos un poco y haciendo como que bailamos, nos tomamos de las mano, el hizo un cabeceo que interprete como “vamos, es el momento” para encaminarnos al camarote con la media botella de champagne que había quedado.

    No fue más entrar a la reducida habitación y dejar la botella sobre la mesa que retomamos nuestros fogosos besos, casi arrancándonos la ropa quedamos piel a piel, para disfrutar de nuestros cuerpos desnudos. Nunca había visto con otros ojos a mi papa, su físico era imponente, un metro ochenta y cinco, anchos hombros, casi sin abdomen, sus piernas a puro musculo marcado de su pasado como ciclista y un culo redondo y parado, calculo que por el mismo deporte.

    Sin más, me alzo en vilo y me sentó en la litera superior, mi vagina ardiendo de deseo, quedaba a la altura de su cara, ya me palpitaba su intrépida lengua recorriendo mi entrepierna buscando el clítoris que necesitaba con urgencia entrar en acción, más allá de eso a manera de hacerme desearlo acariciaba mis piernas contorneando mis músculos hasta llegar casi al destino, para desandar el recorrido y recomenzar. Tire mis brazos hacia atrás, el torso acompaño, todo mi sexo quedo expuesto y a su merced. Con esa tranquilidad y parsimonia que lo caracteriza fue hasta la mesa y tomo la botella de champagne, regreso tan lento como fue.

    Ahora si su lengua comenzó a transitar el mismo camino que lo habían hecho sus manos, se me erizaba la piel a medida que se acercaba, una explosión de colores y un latigazo sacudió todo mi cuerpo al momento de hacer contacto con mi vagina que palpitaba, a cada contracción dejaba escapar un poco de los jugos que humedecían el cobertor de la litera. Alzando esa misteriosa botella comenzó a arrojar su contenido cerca de mi ombligo, el líquido que se deslizaba, acariciaba la zona con miles de sensaciones nuevas, lo verdaderamente fascinante fue la sensación del frio y burbujeante champagne haciendo contraste con la tibia lengua que pugnaba por separar los labios. De a poco se fueron abriendo y el líquido penetrando. Bebió un gran sorbo directamente de mi sexo, haciendo según me dijo luego, la mezcla perfecta para un buen coctel con los agridulces fluidos que salían a mares del interior.

    La bebida aun caía cuando sus labios se posaron en el clítoris, el cosquilleo que anunciaba mi orgasmo comenzó de menor a mayor, se dio cuenta de ello, aprisiono con firmeza pero suavemente el erecto botón y succiono de una manera tan dulce que nuevamente una electricidad corrió por todo mi cuerpo para acabar en un tremendísimo orgasmo.

    Sin tiempo a recuperarme me deslizo en sus brazos y sentándose en una de las sillas, alzándome en brazos me sentó sobre su miembro que no tuvo resistencia para ingresar en su totalidad, ya frente a frente y mirándonos a los ojos, comenzaron mis movimientos, arriba, abajo y cada tanto, algunos movimientos de cadera hacia ambos lados, esos ojos marrones que me observaban se comenzaron a poner en blanco, solo escuchábamos las olas golpear contra el casco del barco y el ruido de nuestros sexos emulando ese sonido. Estire ahora yo, mi brazo para alcanzar la botella, hice lo mimo que mi papa, derramando sobre su pecho el líquido contenido, que se hacía su derrotero lentamente hacia nuestras pelvis, otra vez ese choque de temperaturas que exacerbo nuestra excitación, otro orgasmo y otro orgasmo, haciéndoselo saber con mis gemidos, ya en forma desaforada. Sentí como el comenzó a moverse, sabía lo que venía, su verga, más dura, comenzó a palpitar descargando su semen en mi interior, tibio y sabroso semen de papa.

    Quedamos en esa posición por largo rato, abrazados, de tanto en tanto, sorbíamos un trago directamente del pico de la botella hasta acabarlo.

    Todo el semen comenzó a caer en el piso, deslizándose lentamente por nuestras piernas, mire hacia nuestros sexos y se veía un aro blanquecino que rodeaba su verga, como testigo del momento ocurrido.

    Nos recostamos, durmiéndonos casi al instante, producto del agotamiento y el alcohol.

    Fue una semana espectacular, entre otras cosas conocimos Punta del Este, en Uruguay y localidades únicas del sur de Brasil como Itajaí o Ilha do Mel. En el buque participamos de todas sus comodidades, pileta, pistas de baile, espectáculos, cenas y lo más importante a partir que subimos para realizar ese viaje, esas noches de sexo casi descontrolado, en donde todo valía, menos, estar con ropa.

    Ya estando en casa…

    – Elena, veni un segundo, sentate.

    – Si papa, que necesitas.

    – Es algo que vengo meditando desde hace dos días, quiero pedirte una cosa, necesito que te mudes.

    – ¿querés que me vaya de casa?

    – (sin aguantar la risa) no mi cielo, quiero que te mudes a mi pieza, que estemos juntos en mi cama.

    Me arroje a sus brazos, lo bese lo más apasionadamente que pude, note como su bulto crecía debajo de su pantalón. Bajando el cierre, salió disparado como un resorte hacia afuera, me arrodille entre sus piernas metiendo toda esa rica verga en mi boca, haciendo un oral tan violento que su semen acabo dentro de mí en pocos minutos.

    -Estimado Luis, gracias por todo, te envié esto, como te dije, con la anuencia de mi papa, hace con él lo que gustes, si es un relato, joya está estupendo, si lo quieres guardar también me parece correcto, lo dejamos a tu elección, igualmente seguiremos en contacto, y espero algún día nos podamos conocer personalmente. Abrazo inmenso, mío y de mi padre.

    Y si, ahora puedo afirmar que sí, esto es cierto…

    Esta demás decir que con Elena y Julián, seguimos en contacto, me llegó la noticia que viven como pareja feliz, ya están programando otro crucero para el año que viene y un viaje de fin de semana para que podamos conocernos.

  • Mi vecina madura milf (parte 2): La máquina del gimnasio

    Mi vecina madura milf (parte 2): La máquina del gimnasio

    La noche anterior con mi vecina Lucy había sido demoledora, una milf voluptuosa, opulenta y hambrienta que seguramente me iba a traer muchas satisfacciones.

    Como retome las tareas habituales en la oficina ya no la cruce ni lunes ni martes. Miércoles cuando venía entrando a la noche entreabrió la puerta con una bata de seda negra que dejaba traslucir que poco había abajo.

    – Raúl hermoso como estas. Querés venir mañana jueves al gym para ver las maquinas nuevas que trajo Lu, de paso probas un poco si te gusta. Todavía no las instalo así que me dijo que pasemos a ultima hora después de las 20 h, todavía las tiene en un cuarto aparte.

    – Si dale Lu, me vendría bien estoy un poco entumecido no estoy haciendo mucha gimnasia

    – Dale, te paso la diré y nos vemos allá. Y de paso fíjate si el viernes o sábado estas libre todavía no programe nada mmm…

    – Yo tampoco así que podríamos hacer algo, nos vemos mañana entonces.

    – Mira que ayer fui a la cama solar para estar más linda para vos fíjate

    Se abrió la bata tenía solo una tanguita blanca que resaltaba más el efecto de la cama, hermoso físico muy durito y además todo tostadito.

    – Mmmm Lucy que ricammgh

    Me comió la boca y me manoteo el bulto, pero lamentablemente tenía un zoom del laburo

    – No me puedo quedar amor tengo un maldito zoom del laburo, la puta madre

    – Ayyy… que lastima lindo, yo en un rato tengo que salir, bueno mañana arreglamos

    A la mañana siguiente me arme un bolso con ropa para el gimnasio y lo deje en el auto. Alrededor de las 19 h cuando empecé a guardar todo para irme recibí un WhatsApp de Lucy.

    – Me compre un par de ropitas nuevas para estrenar con ustedes, llegare pasaditas las 20 h, anda para el gym pregunta por Luciano y nos vemos allá.

    Cerré todo 19:30 y me dirigí al gimnasio para ir estudiando el terreno, sabía que Luciano era un pirata de aquellos así que esto seguramente terminaría bien.

    – Hola Luciano, soy Raúl

    – Querido, como estas – me dio un apretón fuerte de manos – Lucy me hablo de vos, es un avión viste la veterana

    – Si, tremenda

    Charlamos me mostro el gimnasio, todo muy lindo. Era en persona un poco más alto que lo que vi por la mirilla, musculosa, mucho brazo trabado, un short corto. Por caballerosidad evitamos hablar del tema Lucy, pero su primer comentario más lo que vi aquella mañana me daba pie a que podía pasar algo

    – Hola hermosos como están

    Entro Lucy con varias bolsas de casa de deportes con un camperon largo que poco dejaba ver, zapatillas fluo, nos dio un beso en la comisura a cada uno

    – Lu, ya estas liberado para poder ir a ver las maquinas nuevas

    – Si Lucy, recién se fue la última chica así que esperame que cierro, bajo las luces así no nos molestan y vamos. Vayan a cambiarse si quieren.

    Me fui al vestuario, me cambie rápido, no quería perder de vista a Lucy y a Luciano no sea cosa que me quede afuera de nada. Salí con un short, una remera y mis zapatillas. Lucy seguía en el vestuario, Luciano venia de la puerta de cerrar el gimnasio y bajar las luces

    – Veni Raúl, es por acá así te muestro las maquinas nuevas mientras Lucy se termina de cambiar

    Fuimos a un cuarto adjunto, había varias máquinas de gimnasia nuevas muy lindas listas para usar. Luciano me explicaba cómo funcionaban varias cuando escuchamos la voz de Lucy

    – Y chicos, que tal como estoy para iniciar la rutina

    Los dos giramos la cabeza al mismo tiempo y nos quedamos literalmente con la boca abierta. Lucy apareció con una calza blanca hiperajustada tipo pescador a la rodiila y arriba una tanga negra que se le incrustaba en la concha mal, en la parte superior un top blanco uno o dos talles más chicos que le traslucía los pezones y apenas le contenia las tetas y unas zapatillas rosas, pelo recogido

    – Vueltita para los muchachos, les gusta el look, arrancamos

    Apenas pudiendo articular palabra nos miramos con Luciano y nos fuimos acercando, Luciano tomo la parte trasera y yo la encare de frente. Le tome la cara con las manos y la bese con mi lengua jugando en sus labios carnosos y brillosos con algo que se había puesto.

    – Mmmm Raúl como estas

    Por atrás Luciano apoyaba su miembro en la cola de Lucy, metía manos por todos lados, culo, piernas, ataco directo el cuello con su lengua mientras yo fui directo a sus tetas. Tomé el top por abajo y la deje con las tetas al aire y empecé a chuparle los pezones, subiendo por su cuello hasta su boca y volviendo a bajar. Luciano le giraba la cabeza y le comía también la boca, le saco la tanga y la calza totalmente transparente dejo ver un hilo dental debajo. Luciano le bajo la calza y la dejo casi en bolas, solo con el hilo. Nuestros shorts volaron rápidamente, ambos quedamos con un slip bultero que apenas contenía nuestros miembros.

    Lucy no perdió un instante y empezó a chupar y mordernos la pija por arriba del slip a ambos, mientras nos apretaba los pezones. Con una destreza plena engullía nuestras pijas hasta el tronco, la de Luciano un poco más gruesa que la mía, pero la mía más larga. La madura comía de ambas pijas desesperada, insaciable, arrodillada entre los dos, una capacidad oral notable, mi pija parecía tocar tu campanilla de momentos, y ni un gesto de arcada nada. La acomode sobre una maquina boca arriba y me ubique para cogerle la boca mal mientras Luciano bajaba por sus piernas con su lengua y descorría el hilo dental. Cuando metió su lengua sentí que me apretaba la pija con sus labios y suspiraba, pero no paraba.

    Se estremecía, se retorcía un poco pero no paraba, Luciano ya iba con lengua y dedos en su concha y su culo, subía y bajaba, se detenía un poco en su culo y sequia cogiéndola en su clítoris mal. La calzó patita al hombro, y mientras la sacaba las zapatillas para chuparle los pies empezó a acomodarse para cogerla. Yo gire para hacer una turca con sus tetas mientras me chupaba los huevos y el culo, de pronto Luciano mando a fondo y me apretó los huevos con sus labios, gimió y se estremeció mientras la ensartaba de una y le bombeaba frenético , largo mis huevos y empezó a gritar y aullar, gire y le comí la boca mal para ahogar los gritos y me clavo las uñas en mi espalda mientras Luciano la seguía garchando a full. Me miro, me guiño un ojo, se paró y la levanto con las piernas alrededor de su torso agarrándola de los muslos y abriéndole el culo.

    – Dale Raúl, entrale por atrás

    – No hijos de puta que van a mmmghhh… – ahogo sus palabras con un chupón y me indico un bolsito, de ahí saque un frasquito de lubricante, me unte la pija, me dio como un calor tremendo y me puso más dura la pija y brillosa. Me agaché y le abrí el culo con la lengua y los dedos untándole el lubricante.

    – Ahí vaaa… tachame la doble

    Dije en chiste y sosteniéndola por sus glúteos y abriéndola un poquito más la embestí y le clavé mi pija en su orto, el cual ya había sido mío. Entro despacio y apretándola por atrás la metí a fondo. Pego un grito y Luciano le tapó la boca y seguía moviéndose. Ahora los dos parados sosteníamos a Lucy en un sandwichito de milf a full, Luciano la cogía de frente y yo de atrás, abriéndole la cola con las manos. Me apoye en una máquina y la hice girar, así la ensarte de frente con sus tetas frente a mí y Luciano le tomo el culo y se la metió mal.

    Lucy pego otro grito y yo le tomé la cara y le comí la boca, Luciana la bombeaba y le daba unos sonoros chirlos en la cola, yo le comía las tetas y la boca por igual mientras la garchaba, la yegua estaba totalmente sacada como poseída, los ojos en blanco y la boca entreabierta. La pija más ancha del profe parecía que hacia mella y gemía, así que la acomode y se tiró sobre mí y empezó a bombear cada vez más fuerte, más y más. La tomaba de los pelos y la clavaba con todo, haciéndole sentir el rigor, yo le metía los dedos en la boca, seguía retorciéndole los pezones, y de pronto sentí que mi tronco entraba en sintonía con su clítoris y se venía, se venía. Empezó a mover la cabeza para los costados, se agarraba los pelos y los levantaba, aullaba.

    – ayy… ayyy… ahhh… mseee… vamos que acabo guachos, toda adentro la leche por favor mis potros

    Apenas alcanzo a decirlo sentí que mi leche se aceleraba y se venia, Luciano me guiño un ojo y entrecerró los suyos mirando al techo porque también venia

    – Ahh… Ahhh…. ahhhh Lucy que perra que sos dios

    Acabe con 5 lechazos en su conchita jugosa, ventaja de acabar con una MILF, mientras sentía que Luciano descargaba varias veces en su cola y Lucy gritaba, aullaba, insultaba y sus piernas temblaban como poseída

    – Ahhhh… hijos de puta que pedazos de pija que tienen como me gustaaan

    Caímos los tres, rendidos, a los costados de la máquina, el piso alfombrado nos amortiguo y quedamos exánimes mirándonos en los espejos de alrededor

    – Que maquina Luciano por favor jajaja. Infernal

    – Lo dicen por las máquinas de gym o por mi

    – Por vos Lucy, sos una máquina de sexo total.

    Un rato después nos levantamos y nos duchamos los tres juntos en un baño privado de Luciano muy lindo con ducha y algunas cosillas extras. Mi vecina madura lo había hecho de nuevo. Y habría mas.

  • Maite, mi culo favorito del bachiller (III): De buena mañana

    Maite, mi culo favorito del bachiller (III): De buena mañana

    Tras el accidentado encuentro del día anterior, Maite me había invitado a pasar la mañana en su casa. Me presenté en la puerta de su casa a eso de las 10:30.

    Tardó un par de minutos en abrirme. Lucía un hermoso bikini gris con una bata de rayas semitransparente por encima.

    Maite: Hoola!!! Pasa, pasa.

    Marcos: Gracias. Madre mía, pensé que me había confundido de casa, como no abrías.

    Maite: Es que eres un poco inoportuno, que me estaba cambiando para tomar el sol hasta que vinieras.

    Marcos: A bueno, pues te acompaño entonces.

    Entré al baño, me cambié y estuvimos charlando mientras tomábamos el sol al lado de su piscina.

    Hablamos de cosas cotidianas, como amigos, ignorando el hecho de lo que había pasado el día anterior, hasta que al final ella me dijo en tono de broma -«Bueno, ¿entonces has venido a hablar trivialidades o has venido para rematar lo de ayer? jaja».

    Tras esto, yo me lancé sobre ella en dirección a su boca, a la par que ella me envolvía con sus piernas. Me volteó quedando yo echado en la tumbona y ella encima con nuestras caderas alineadas. Restregaba su culo contra mi pene, haciendo círculos con sus caderas.

    Separé mi mano derecha de su culo y la llevé lentamente en dirección a la bragueta de mi bañador con la intención de liberar mi pene. Ella lo notó enseguida y comenzó a moverse más bruscamente encima de mi pene. Yo por mi parte separé un poco la tela de su bañador y comencé a masajear su coño con mis dedos. Acto seguido, ella agarró mi pene y me dijo: «Ahora te voy a dar lo que quieres», mientras colocaba mi pene en la entrada de su vagina y se sentaba encima de él.

    Acomodé mis manos en sus caderas y acompañé los movimientos de ella. Se movía lentamente con sus manos en mi pecho, produciendo pequeños gemidos y haciendo movimientos cortos metiendo y sacándose el cacho de mi pene que alcanzaba a salir a través de la bragueta. Tras unos minutos de lentos movimientos, se la saqué y me bajé el bañador hasta los tobillos, para posteriormente volvérsela a introducir. Ya liberado de mi bañador, agarré su culo y comencé a bombearla con mayor intensidad.

    Marcos: Cuanto había soñado con este momento. Ahora si que te voy a dar lo que te mereces- tras lo cual le pegué una cachetada.

    Maite: ¡¡Ahh, si, si, si. Follame más fuerte.

    Ella se arqueó, pegando su boca a mi oreja, mordiéndome el lóbulo y comenzando a gemir más fuerte en mi oído. Posteriormente, se incorporó y comenzó a brincar sobre mi pene poniendo sus manos sobre mi pecho. Yo ya estaba acercándome a mi clímax.

    Marcos: Maite, me voy a correr en nada

    Tras esto, Maite se sacó mi pene de su vagina y comenzó a masturbarlo hasta que me corrí, llegando algún disparo a impactar en su cuerpo.

    Maite: Joder, que bien. Eres un afortunado, no lo suelo hacer a pelo con casi nadie. Ven, vamos a darnos una ducha, que me tengo que limpiar “tus restos”.

    Me subí el bañador y la seguí al interior de la casa en dirección al baño, nos quitamos la poca ropa que llevábamos y nos metimos juntos en la ducha.

    Ella empezó a tirarse el agua desde arriba, cerrando los ojos y dejando caer el agua, mojándose el pelo y limpiándose los restos de semen que le había dejado.

    Con la mano derecha sujetaba la alcachofa de la ducha y se pasaba la mano izquierda por el cuello, los pechos y el abdomen, provocándome una enorme calentura adicional a la que yo ya tenía. Me acerqué a besar su cuello y comencé a descender por su torso en dirección a su coño. Comencé a jugar con mi lengua en él, a la par que colocaba mis manos en su culo, tras lo cual ella apagó el agua y colocó sus manos en mi cabeza, apretándome hacia ella. Mi boca pasaba de manera intermitente entre meter mi lengua en su coño y succionar su clítoris.

    Maite: Oh, oh, oh. Marcos, por favor, no pares. Estoy a punto de venirme

    Tras esto, aumenté el ritmo, haciendo que ella comenzará a gemir más rápido, hasta que finalmente estalló en mi cara emitiendo un sonoro gemido.

    Me levanté y la besé con la totalidad de mi cara cubierta por su jugos, agarrando su culo con mi mano derecha y dándole posteriormente un cachetazo.

    -«Ahora me toca a mi» -masculló ella sensualmente mientras se agachaba e introducía mi miembro en su boca. Movía su lengua en círculos alrededor de mi polla, introduciéndosela hasta casi la garganta y volviéndola a sacar casi entera.

    La agarré de la mano, tirando de ella para levantarla y cargarla sobre mi agarrándola de las piernas. Ella pasó sus manos alrededor de mi cuello y sus piernas alrededor de mi torso, entendiendo perfectamente lo que pretendía. Coloqué mi pene en la entrada de su vagina y se lo introduje lentamente, acompañado de un leve gemido al unísono por parte de ambos.

    Comenzamos lentamente, con pequeñas embestidas mientras nos mirábamos a los ojos lascivamente y nos besábamos de forma intermitente. Empecé a aumentar el ritmo, causando que ella acabara por apoyar la cabeza en mis hombros, dejando caer su pelo aún húmedo sobre mi espalda. Sus gemidos no cesaban, y no nos estábamos cortando un pelo en el volumen ninguno de los dos.

    Maite: Aaah, aaah

    Marcos: Aaah, aah, ahh, Maite, estoy a punto.

    Maite: Yo también, yo también. Sigue, por favor, no pares.

    Comenzamos a emitir los gemidos previos al clímax, y ella me abrazó más fuerte hacia ella a la par que yo me descargaba en su vagina.

    Nos besamos con mi polla aún introducida en su coño, y mi descarga goteando en el suelo de la ducha. Nos acabamos de duchar(ahora ya sin más «incidentes»), nos vestimos y me despedí de ella con un beso, tras haber completado mi trabajo.

    Que gran mañana.

  • El ácido come sin mirar qué

    El ácido come sin mirar qué

    Mi noviazgo con Elisa comenzó con una cierta oposición de sus padres, quienes estimaban que pertenecíamos a estratos económico-sociales distintos y que, pasada la efervescencia juvenil, aflorarían las diferencias dando al traste con la unión. No les faltaba razón en cuanto a que eso era lo más probable, sin embargo nos adaptamos bien cediendo algo cada uno en favor de la relación. Llegado el momento del casamiento mis suegros estaban en la postura “Estamos conformes, pero no totalmente”.

    Dos matrimonios nos frecuentamos asiduamente, relación heredada por los hombres ya que la amistad entre Elisa y Patricia databa del secundario. Los cuatro estamos en la treintena, las mujeres ligeramente menores a nosotros, Enrique y yo, Lautaro. Con Elisa nos casamos un poco antes que el matrimonio amigo luego de un noviazgo de año y medio, ambos con un flor de metejón y convencidos de la firmeza de nuestros sentimientos.

    Hoy, a ocho años del enlace, seguimos en una buena y amorosa relación, estabilizados económicamente y pensando en traer un hijo al mundo. Mi señora trabaja en la empresa del padre, sin demasiado esfuerzo y con paga importante, mientras yo lo hago en el sector contable de una consultora, con un ingreso aceptable que cubre nuestras necesidades.

    La casa que hoy habitamos es amplia, cómoda, con espacios verdes y pileta; aprovechamos la oportunidad que nos dio un conocido y la compramos mediante los ahorros que teníamos más un préstamo hipotecario que, para ser otorgado, nos obligó a oficializar legalmente lo que mi señora percibía en su trabajo, un monto sensiblemente mayor a mi sueldo.

    Nuestra vida social se desarrolla en el ámbito familiar y un grupo de amigos, siendo los más cercanos Enrique y Patricia pues el tiempo transcurrido le otorgó a la relación mayor confianza y solidez.

    En cuanto a las características personales de nuestros amigos cabe destacar que mientras ella es una dama con destacada formación, culta, femenina, recatada y hermosa, él es un auténtico boludo, ególatra, superficial y vago, eso sí, muy pintón; tiene un físico trabajado pero con un solo fin, que es mostrarlo y atraer, o sea con una destreza corporal nula.

    Lo dicho hizo que los momentos de reunión de las dos parejas fueran de un intercambio según afinidad, mis conversaciones con Patricia son muy entretenidas e instructivas, mientras Enrique distrae con comentarios elementales y graciosos a Elisa que lo soporta mejor. A tal punto se trasformó en costumbre ese tácito acuerdo que una vez mi compañera de charla me preguntó.

    – “Amigo, alguna vez se te ocurrió pensar que la elección de pareja debiéramos haberla hecho justo al revés?”

    Y mi respuesta sincera fue.

    – “Sí, esa duda se me presentó tiempo atrás, pero después de reflexionar concluí que no me había equivocado, pues hice una elección por amor, y a eso se sumó disfrutar de tu amable amistad, lo que no es poca cosa”.

    Su reacción fue levantarse lo suficiente para darme un beso en la mejilla y tomando mi mano entre las suyas decirme.

    – “Yo también me siento muy bien a tu lado”.

    Esa expresión de genuino afecto entre amigos originó una reacción de los otros dos que me causó gracia, primero de mi mujer y luego de su transitorio compañero.

    – “Alto, alto, qué está pasando aquí, mi amiga de toda la vida levantándose al degenerado de mi esposo, que mansamente se deja besar y acariciar”.

    – “No pienso aceptar el desparpajo de estos dos, vení amiga no nos quedemos atrás”.

    A diferencia de nosotros se pusieron de pie y también hubo beso en la mejilla pero los cuerpos bien pegados prolongando esa postura. Ver eso y mirarnos con Patricia fue instantáneo, seguramente la expresión seria en su cara se verificó también en la mía y, parece ser, que ambos pensamos lo mismo “Esa demostración de afecto tiene un componente de calentura importante y sería bueno saber si es la primera vez o tiene antecedentes ignorados por nosotros”. Por supuesto, nada nos dijimos.

    Esa noche me costó dormir, pues en la cabeza me daba vueltas la escena de las pelvis bien pegadas sin que hubiera brazos haciendo presión para que eso suceda; en otras palabras, eso que nos había sorprendido era producto de algo totalmente deseado y sin un mínimo escrúpulo ante la presencia de los respectivos esposos.

    Y ese hecho me llevó a preguntarme qué razón podría estar detrás para que se hubiera dado ese matrimonio, a todas luces, desparejo; y la explicación más válida que encontré fue que la buena apariencia, gran desenvoltura y facilidad de palabra del varón, habían cautivado a la mujer.

    Por otro lado el engreído esposo era un experto vividor, pues su actividad productiva consistía en estar a la pesca de oportunidades donde su verba y escasos límites éticos le permitieran alzarse con algo de plata; lo que en estos pagos se conoce como “busca” en lenguaje vulgar, y usando el término que los hace lucir mejor son los “financistas”. Naturalmente el sostenimiento del hogar era obra de la mujer, no solo exitosa profesional sino con un respaldo familiar más que respetable.

    Al otro día, más calmado, decidí estar atento a la conducta de los causantes de mi insomnio, no echar leña al fuego en el ánimo de Patricia y por último instalar de inmediato cámaras disimuladas en los principales ambientes de la casa. No estaba seguro de necesitar esas filmaciones pero era mejor tener la espalda lo mejor cubierta posible.

    En mi trabajo, alguna que otra vez me encargan visitar clientes residentes en una ciudad relativamente cercana, tarea que, según necesidad, me lleva uno o dos días fuera de casa. En una de esas oportunidades fue que regresé bastante antes de lo previsto y en casa me encontré el espectáculo tristísimo de encontrar a mi esposa mamando el miembro del marido de su amiga de siempre.

    Tal era la concentración de ambos que no escucharon algún ruido que pudiera haber hecho al entrar y alertarlos; desde la puerta entornada del dormitorio la visión encendió mi bronca y, cuando estaba a punto de entrar para matarlos con mis propias manos, recordé un consejo repetido machaconamente por mi padre “Hijo, cuando estés muy enojado no pelees, la ira enceguece y un enfrentamiento ganado puede perderse por no razonar debidamente”, y lo seguí; con el corazón al galope, fuego en el estómago y la tristeza ocupando mi alma, silenciosamente salí.

    Debía pensar fríamente mi quehacer futuro, pero primero les iba a arruinar el momento de placer; llamé por teléfono a la infiel y le dije en que cinco minutos llegaba, pues un fuerte malestar generalizado me había obligado a regresar. Ese problema de salud indeterminado era la excusa perfecta para mantenerme lo más alejado posible de ella.

    Y por segunda vez tuve que recurrir a un esfuerzo sobrehumano de voluntad para no cruzar la calle y reventarlo a golpes. Desde el bar de enfrente vi entreabrirse la puerta, unos ojos que miraban haciendo un recorrido de ciento ochenta grados y luego aparecer el amante para alejarse por la vereda a paso rápido mientras la hembra cerraba nuevamente.

    Al entrar a casa no me fue difícil sortear el habitual beso de reencuentro y los primeros días las excusas para evitar las relaciones íntimas fueron fáciles de hallar; más adelante ya tuve que echar mano a la imaginación aunque parece que ella tenía bien satisfechas sus necesidades porque mis endebles razones no encontraron resistencia.

    Según las ganas y los compromisos, los hombres, nos reunimos algún día de la semana a jugar al truco; juego entretenido porque en su desarrollo se mezclan recitados alusivos, mentiras descaradas, expresiones exageradas y algún grito indicando un arrollante desafío. Por supuesto en esas reuniones pueden faltar hasta las cartas, pero nunca la bebida y, parejo al avance del tiempo corre la ingesta de líquido que, entre otras cosas suelta la lengua; ese era el momento aprovechado por Enrique para contar sus innumerables conquistas y las no menores hazañas realizadas en los encuentros amatorios.

    La cara de los oyentes iba del escepticismo sobre la veracidad de sus palabras, pasaba por el desagrado y terminaba en franca repulsión. Yo solía poner mi mente en blanco para volver a la conciencia al término de la autoalabanza, pero una parte del discurso atrajo mi atención a la luz de lo visto en casa y así, simulando estar en las nubes, escuché con detenimiento las palabras del galán.

    – “Tengo una novedad para ustedes, que me gustaría mostrarles para desatar la envidia de todos, pero a ella le prometí reserva; me estoy comiendo una hembra que conozco de tiempo atrás y siempre le tuve ganas; hace días se dio la oportunidad y comprobé que es insaciable, le gusta todo y en cantidad; con decirles que ayer le rompí el culo y pidió repetir, además le encanta chupar la pija y tragar la corrida pero con todo el sector despidiendo buen aroma, así que gastó el perfume del marido en mi entrepierna y bolas. Corto aquí para que no lloren al comparar lo que yo hago con lo que hacen ustedes”.

    Y una vez más se cumplió el sabio dicho popular “El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”. Relacionar el cuento del infatuado con el frasco de perfume, que uso poco, en el tacho de basura y la algo dificultosa forma de encontrar comodidad al sentarse de mi señora fue sencillo. Todo esto me convenció que el matrimonio había entrado en fase terminal y solo me quedaba darle fin, previa venganza.

    Estábamos tomando un café, las dos parejas en un patio de comida, algo muy frecuente cuando salíamos a estirar las piernas y entretenernos en algún centro de compra. Que mi mujer se levantara para ir al baño y Enrique lo hiciera para atender una llamada a nadie le tendría que llamar la atención, menos a mí, que estaba pendiente de ambos, pues era seguro que, cebados como estaban, algo intentarían.

    Y así fue, él, luego de dar unas vueltas caminando entre las mesas, y cuando mi esposa ya no estaba a la vista, enfiló en la dirección que ella había seguido. Esperé un lapso prudencial, dándoles tiempo de empezar la acción, y me levanté.

    – “Patricia, amiga querida, necesito de vos un favor enorme, y es que me permitas abandonarte por cinco minutos”.

    – “Seguro, andá tranquilo”.

    A paso rápido me dirigí a la zona de los baños entrando primero en el de hombres, viendo que todos los cubículos estaban vacíos; entonces fui al de mujeres donde había uno con la puerta cerrada. Aguzando el oído se podían escuchar algunos ruidos y quejidos moderados, que si bien no me sorprendieron, si desataron la bronca lógica al imaginar de quienes provenían, cosa que confirmé al agacharme y ver primero el talón de zapatos de hombre y detrás los conocidos de mi mujer, o sea, se la estaba dando de atrás.

    Poco me duró la parálisis generada por el odio, miré alrededor buscando algo que me facilitara la venganza y encontré cuatro cosas que se adaptaban a mi deseo. Un atomizador de alcohol diluido, toallas de papel y un secador de piso al lado del caballete que se usa para indicar que el local se está limpiando.

    Saqué el indicador de precaución para no ser interrumpido, al secador lo usé para trabar la puerta del reservado ocupado y, parándome en el inodoro de al lado volqué sobre los apasionados amantes el alcohol para después tirarles encima tres toallas encendidas. Tener encendedor en ese momento es lo único que me reconcilia con mi vicio de fumador.

    Cuando escuché los gritos y el forcejeo, intentando abrir la puerta trabada, salí, fui hasta la barra donde pagué la consumición de la mesa y regresé junto a Patricia a quien le pedí disculpas por la demora, los cinco minutos pedidos se habían transformado en siete. Departimos unos instantes más hasta que vimos correr gente hacia la zona de los baños.

    – “A qué se deberán esas corridas”.

    – “Seguramente nos vamos a enterar por algún chismoso que hará correr la voz de lo sucedido con el natural agregado de inventos propios”.

    En eso pasaron dos señoras que venían del sector convulsionado, ante lo cual mi compañera decidió calmar su curiosidad.

    – “Disculpen, saben que sucedió?”

    – “Sí, en el baño de mujeres, una pareja que estaba haciendo quién sabe qué cosa, terminó quemada, aunque parece que fue leve”.

    – “Llamaron una ambulancia?”

    – “No porque los interesados dijeron que era algo sin importancia”.

    Mientras las chismosas seguían su camino me entró una llamada al teléfono, era de mi mujer.

    – “Hola querida”.

    – “Lautaro, he tenido un pequeño percance, estando en el baño perdí pie y caí en el inodoro así que estoy asquerosamente mojada. Saldré disimuladamente por un costado y me voy a casa. Nos vemos luego”.

    – “Perfecto, hasta más tarde”.

    En ese momento apareció Enrique con el saco sobre el brazo, la parte posterior del cuello irritada y los pelos de la nuca quemados, dando pie a la pregunta de su mujer.

    – “Qué te pasó?”

    Después de esbozar una explicación increíble, a todas luces estúpida, dijo que se iba a comprar algún ungüento y luego a la casa. Como convenía romper el silencio que oprimía pregunté.

    – “Patricia, querrás repetir el café?”

    – “Te agradezco, pero lo que necesito es un whisky. Mientras pedís al camarero voy un minuto hasta la barra”.

    Hice el pedido viendo que mi amiga hablaba con dos personas y luego regresaba a la mesa; al ver su cara de tristeza me puse de pie y ella se arrimó tomándome de la cintura para luego apoyar la cabeza sobre mi hombro mientras en voz baja balbuceaba.

    – “Qué hijos de puta, qué basuras, qué malparidos”.

    Luego de un instante de silencio levantó la vista para mirarme y seguir hablando.

    – “Tiempo atrás tenía una pequeña duda que ahora ha desaparecido, estoy segura que me equivoqué de cabo a rabo en la elección de pareja, tendría que haberte seducido, conquistado y atado hasta que fueras mío. Te amo”.

    Y elevándose un poco me besó, cubriendo mis labios con los suyos y retirándose luego de hacerme sentir su lengua recorriendo de comisura a comisura; el abrazo lo continuó un poco más, pegando a mi cuerpo cada milímetro del suyo. Obligado a romper el silencio al terminar nuestro abrazo le dije.

    – “Espero que no hayas pagado la consumición porque era invitación mía”.

    – “No, fui a enterarme de primera mano qué sucedió en el baño. Al principio no querían hablar pero cuando les dije quién era y que, si no me lo contaban, iba a armar un escándalo largaron todo. Los protagonistas estaban en un cubículo teniendo sexo, alguien les trancó la puerta, les tiró encima alcohol diluido del atomizador y luego toallas de papel encendidas. Parece que mi marido estaba encima de tu mujer porque se llevó la peor parte pues con su espalda la cubría. El ruido y voces no fue tanto por efecto del líquido encendido sino porque no podían salir, vos hiciste lo del baño no?”

    – “Sí, yo lo hice”.

    – “Entonces sabías que estaban enredados”.

    – “Sí, hace una semana los sorprendí en casa pero ellos no me vieron”.

    – “Y no fuiste capaz de contarme”.

    – “Es verdad, pero el dolor me impedía pensar con cierta coherencia y no me pareció bien llevarte solo tristeza sin aportar algo para paliarla”.

    – “Y ahora?”

    – “Ahora sé qué hacer y tengo una idea de cómo llevarlo a cabo. En pocas palabras, pienso divorciarme pero antes tomar venganza”.

    – “Lo que hiciste en el baño estaba planeado?”

    – “No, fue algo espontáneo; cuando escuché las dos escusas simultáneas para alejarse supe que se iban a juntar y los seguí; lo que pasó después fue una improvisación con las cosas que tenía a mano”.

    – “Y yo qué hago”.

    – “Necesito de tu paciencia, una semana de aguante en la que tendrás que hacerte la tonta, como si no hubieras percibido lo que pasó; en ese tiempo podrás pensar qué hacer, y en esa decisión no debo influir, porque las consecuencias las vas a sufrir sólo vos; te voy a acompañar en todo lo que quieras pero por más fuerza que haga no puedo sentir dolor en tu lugar.

    Siguiendo a un conocido estratega de tres siglos atrás que decía “Solo lo sencillo promete éxito” organicé una venganza de simple ejecución y para ello programamos un asado el sábado al mediodía en nuestra casa para los dos matrimonios; Patricia solo tenía que seguirme la corriente; a la hora prevista comencé la tarea mientras ellos disfrutaban sol y pileta contribuyendo a que los dos infieles se confiaran.

    Atento a los movimientos de ambos amantes veo a Enrique ir hacia la casa, inmediatamente después que mi señora dijera que iba a lavar bien la verdura para preparar la ensalada.

    A mis espaldas estaba el amplio ventanal pegado a la larga mesada con la pileta de la cocina, así que levanté el celular apuntando hacia allí, viendo a Elisa atareada y en seguida aproximarse al galán ubicándose levemente atrás y al costado; el movimiento de ella llevando la mano como para sacarse algo que le molestaba a la altura de las nalgas, me llevó a pensar en alguna caricia atrevida por parte del varón, sobre todo porque ambos miraron en mi dirección.

    Parece que al constatar mi concentración en el teléfono les llegó la tranquilidad necesaria para seguir, pues ella continuó en la misma posición pero con la cabeza baja y los ojos cerrados mientras él permanecía mirando hacia donde yo estaba y moviendo disimuladamente el brazo que cruzaba hacia la parte baja de la espalda de la hembra.

    Luego de darles un minuto para que la excitación avanzara decidí que era el momento de arruinarles la diversión, y así, rápidamente me puse de pie y caminé en dirección a la puerta ubicada al lado del ventanal.

    – “¡Enrique, me acordé de algo que dejamos pendiente en el partido de truco!”

    No hay como el miedo para impulsar un escape a buena velocidad y, cuando el temor se presenta sorpresivamente, seguro que la carrera se realiza llevando por delante algo que produce un indeseado estrépito, y así voló la mesa ratona acompañada por el jarrón que tenía encima. Cuando apareció al lado del marco tenía la cara desencajada y no había rastros de la erección que seguramente tenía hace instantes. Su temor era algo totalmente razonable, éste que se decía mi amigo, había visto varias veces lo que yo era capaz de hacer en un momento de bronca, y si los encontraba en una actitud comprometedora, con toda certeza, no los iba a felicitar.

    – “Te escucho amigo, pero no recuerdo qué dejamos pendiente la noche que jugamos a las cartas”.

    – “Nada, pero no podía decir en voz alta lo que deseaba comentarte”.

    – “No entiendo de qué hablás”.

    – “Te acordás la vez pasada cuando me contaste que a la mina que te estás comiendo le gusta sentir tu entrepierna perfumada al chuparte la pija?”

    – “Y no te imaginás cuánto la disfruta, con decirte que agarra el mango con una mano, las bolas con la otra y, mientras huele y besa las ingles, se pasa el glande por las mejillas”.

    – “Bueno, traté de imitarte con mi mujer, y ella hizo lo que vos dijiste recién y después me la mamó hasta que le acabé en la boca y, por primera vez, tragó toda la corrida”.

    – “En eso te llevo ventaja, mi putita, desde la primera vez que se la puse en la boca, bebe todo el semen que soy capaz de largar; te diré que al comienzo tenía alguna duda pero ella me lo pidió”.

    – “El aroma que estoy usando me lo hice preparar por un perfumista amigo, está en el baño, vení que te lo muestro para que probés el olor”.

    Cuando entramos juntos mi mujer preguntó.

    – “A dónde van ustedes dos?”

    – “Como sé que le gustan los perfumes quería mostrarle el nuevo que tengo, es tan bueno como los de marca pero costando la mitad; para evitar dificultades me lo envasó en un atomizador que tiene una etiqueta con flores sin inscripción alguna”.

    – “Hiciste bien porque el que tenías, y usabas muy poco, se debe haber evaporado así que tiré el frasco vacío a la basura”.

    Llegados al baño tomé el envase de la repisa dándoselo para que lo probara; después de echarse un poco en la muñeca y alabar la fragancia lo volví a colocar en el lugar de donde lo había sacado; cuando íbamos saliendo le dije que volvería al baño a buscar pastillas para espantar los mosquitos y, ya con los sobres regresé al quincho a seguir con la preparación del asado mientras él permaneció en la cocina charlando con Elisa.

    Pasados dos o tres minutos, desde el asador, le hice señas a Patricia pidiéndole que se acercara; ya a mi lado la tomé de la mano para caminar, rodeando la edificación, y entrar por la puerta principal; a mi indicación de silencio me siguió sigilosamente y nos ubicamos en el pasillo que une dormitorios con cocina al lado de la puerta de ingreso a donde estaban ellos, allí podríamos escuchar claramente lo que hablaran.

    – “Dónde está tu mujer?”

    – “Seguramente hablando con el boludo de su amigo en el asador; ahora aprovechemos que el cornudo compró perfume y rociame bien, así disfrutás con tacto, gusto y olor”.

    – “Sí mi cielo, déjame levantar tu verga para rociar esas bolas llenas que después me van a alimentar con abundante lechita”.

    – “Ayyy, hija de puta, me echaste algo que me está quemando”.

    – “Ya lo sé pelotudo porque siento lo mismo en la mano, vos sos el estúpido que me diste el envase”.

    Y salieron los dos corriendo, subieron al auto de él y partieron, presumo que al hospital. Sin saber qué pensar Patricia se volvió hacia mí.

    – “Qué pasó?”

    Le conté lo del perfume y que me había hecho preparar dos envases iguales, uno con la colonia mostrada y otro con ácido sulfúrico diluido, habiendo hecho el cambio cuando fui a buscar las pastillas para espantar los mosquitos.

    Comimos poco, la carga emocional de lo vivido nos había quitado el hambre, primero le conté los pormenores de los tristes días que estábamos viviendo y luego ella aprovechó para sincerarse; estaba convencida de ser frecuentemente engañada por Enrique desde tiempo atrás y había decidido divorciarse de ese vividor, a quien ya no amaba pero esperaba el momento apropiado. El dolor evidenciado luego del suceso en patio de comidas fue solo por ser traicionada con su amiga y no por un desengaño amoroso.

    De sobremesa vimos la filmación de los últimos minutos de contacto entre los lujuriosos, en especial el momento en que el placer cede paso al dolor. La parte más ilustrativa comienza cuando la mujer, haciéndose de cortar las verduras, pregunta por su amiga, y el hombre, después de mirar y no encontrar, responde que debe estar en el asador, mientras tanto se pone detrás, desenvaina el miembro, le levanta el ruedo, hace a un lado la bombacha y la penetra de un solo envión.

    – “Se ve que andabas con ganas puta, estás chorreando flujo”.

    – “Y qué querés si a cada rato me metías mano”.

    – “Lo que deseo es una mamada aromatizada”.

    – “Primero seguí un poco más y acariciame adelante que en seguida me corro”.

    El frenético bombeo hace que se presenten las convulsiones de la hembra, que se tapa la boca para atenuar el volumen de sus gemidos. Algo repuesta le pide al macho que le traiga la colonia pues él sabe dónde está; ya con el envase en la mano se arrodilla, con la palma de la mano sostiene el tronco pegado al vientre y sus dedos se ocupan de mantener separados los testículos; luego con la otra mano agita el frasco y aprieta el disparador desde unos centímetros para cubrir mejor la superficie.

    Dos o tres segundos de continua aplicación habrán pasado hasta el momento de los gritos, insultos y corrida hacia el auto. Ahí me felicité por haber decidido la instalación de las cámaras.

    Dos horas después del intento de aromatizar el miembro a saborear sonó mi teléfono, era el padre de Elisa.

    – “Sabía que lo de ustedes iba a terminar mal, mi hija está acá, quisiera saber qué le hiciste”.

    – “Tiene tiempo para recibirme?”

    – “Sí, te espero acá”.

    Después de dejar a Patricia en su domicilio, quedando en hablar al término de la reunión, fui hasta el departamento de mis suegros; por supuesto fui recibido con mala cara y Elisa ni apareció.

    Pocas palabras cruzamos y como lo que yo dijera tendría poco peso para él, directamente le mostré, en el celular, la filmación. Impertérrito, aunque riéndome interiormente, me mantuve el corto lapso de duración de la muestra; cuando me preguntó qué pensaba hacer le dije que iba a tramitar mi divorcio.

    Su contestación fue que estaba de acuerdo e iba a colaborar para que todo fuera rápido y sin interferencias, pidiéndome solamente que no divulgara las imágenes; por supuesto le di mi palabra que así sería.

    Al regresar a casa veo que tenía una llamada perdida de Patricia; al devolvérsela me contó que al llegar encontró una nota de Enrique pidiéndole perdón y que no volvería, que sus cosas las retiraría más adelante un primo. Pasados unos días hizo la denuncia de abandono de hogar para darle mayor celeridad al tema divorcio. Nunca supimos sobre la evolución de las quemaduras sufridas por los amantes y por supuesto no buscamos saber algo de ellos.

    Pasamos dos meses tratando de restablecer el equilibrio, acompañándonos mutuamente y haciendo los trámites pertinentes para tener el camino despejado; ambos, conscientes de lo que queríamos, dejamos fluir naturalmente el profundo afecto que nos unía y que fue la base de un deseo carnal creciente.

    Ya más calmos en la nueva situación reiniciamos el contacto social al que estábamos acostumbrados y extrañábamos. La primera charla distendida fue en un café a la salida de los respectivos trabajos; después de las comunes palabras tras algunos días sin vernos le propuse salir esa noche y romper la rutina.

    – “Qué tenés pensado?”

    – “Nada en particular, pues primero quiero proponerte algo, y según tu respuesta ver qué hacemos”.

    – “Esperá que me prepare porque vos sos un tipo peligroso, me hacés acordar a un amigo de la familia a quien papá le decía “Víctor, cuando vos pensás, hacés ruido”, te escucho”.

    – “Bien, me encantaría tener con vos una relación más cercana que la actual amistad, algo que creo compartir con vos, según tus palabras después del suceso en el patio de comidas”.

    – “O sea que estás deseando ubicarte entre mis piernas”.

    – “También, pero no tengo urgencia; me encantaría retroceder a cuando nos conocimos e iniciar un noviazgo más corto del habitual, pero sin urgencias, disfrutando cada paso en la tranquilidad que la cama no se escapará, y además sin plazos a cumplir; ambos nos conocemos muy bien salvo ese aspecto del placer, y buscando ese conocimiento, podemos avanzar traviesamente, como dos jóvenes que tantean para descubrir qué le gusta al otro”.

    Su reacción fue igual a la de aquella vez, tomó mi mano entre las suyas y se levantó levemente para darme un beso, esta vez, sobre los labios.

    – “Te amo, y veo que tengo razón, cuando pensás, hacés ruido, maravillosa tu idea, qué hacemos esta noche?”

    – “Cine y cena”.

    A la hora acordada la busqué en un taxi y partimos al cine que exhibía una película al parecer entretenida; ya ante la boletería pedí dos entradas.

    – “Son asientos numerados señor, cuáles prefiere?”

    – “Usted que conoce mejor oriénteme cuáles me convienen, teniendo en cuenta que deseo franelear con mi novia”.

    Patricia me miró escandalizada mientras el empleado, al ver mi cara seria, volvió la vista al tablero y eligió, entre las que estaban en el centro de un sector sin ocupar, para dármelas.

    – “Pienso que acá van a estar cómodos, que disfruten la función”.

    – “Muchas gracias caballero”.

    Mi pareja siguió mis pasos pero con cara de poco convencida y apenas con sentamos apagaron las luces.

    – “Hijo de puta”

    – “Sí cielo, yo también te amo”.

    – “Pensé tener un amigo educado pero resultaste un degenerado”.

    – “Sí amor, un amigo degenerado que te quiere mucho”.

    Y pasé mi brazo por sobre sus hombros; su mirada amorosa, desmintiendo las palabras previas, me envolvió mientras tomaba mi muñeca que colgaba y la hacía bajar, apretando para que la mano solo tuviera que contraerse un poco para agarrar plenamente el pecho.

    – “No faltés a tu palabra y franeleame mucho o me iré a quejar al que nos vendió las entradas”.

    No hizo falta pensar, decidir y que el cerebro ordenara el movimiento, mi mano actuó por propia iniciativa, primero apretó por sobre la ropa, cuando notó la dureza del erguido pezón hizo a un lado blusa y sujetador para palpar en carne viva jugando y retorciendo la deliciosa protuberancia. El susurro en el oído redobló el estímulo.

    – “No vas a usar la otra mano y la boca?, sería una vergüenza que el boletero anotara la queja en el libro habilitado para ello”.

    Mi respuesta fue enrollar el vuelo del vestido en la cintura mientras la besaba con cierta ferocidad para después deleitarme con lo que ella mostraba sin recato.

    – “Qué maravilla, cómo me gustaría besar, lamer y saborear lo que tengo ante la vista”

    – “Me encantaría que lo hagas pero el lugar está en contra de nuestros deseos”.

    – “Es verdad, tendremos que buscar una solución, por lo pronto haré trabajar las manos pero pensando que es mi boca la que realiza una incursión en ese lugar atrayente”.

    – “Hay una alternativa a modo de adelanto, como un pequeño anticipo”.

    Y apenas terminó de hablar metió dos dedos por el costado de la bombacha y, después de mojarlos bien, los llevó a mi boca.

    – “Probá mi jugo tesoro, está hecho en una fábrica que solo trabaja para vos”.

    Y mientras lo decía, también con una mirada tierna, acercó las dos yemas brillantes por el líquido, que primero olí y luego chupé hasta dejarlas secas. Ahí se me instaló la duda a resolver con una consulta médica para saber por qué en ese instante no me corrí a mares.

    De más está decir que la función fue maravillosa, en la que ella gozó por lo menos dos veces y al terminar salí caminando lentamente con las piernas ligeramente abiertas pues mis bolas dolían con solo mirarlas; por supuesto que mi amada lo notó, esbozó una sonrisa y acompañó mi lento andar.

    Tomamos un taxi rumbo al restaurant elegido y en el trayecto Patricia le pidió al conductor dejarnos en una plaza cercana, desierta a esa hora; yo, callado, respeté el pedido y bajé junto a ella que, del brazo, me llevó hasta el mástil del centro, elevado sobre una plataforma rodeada de un muro bajo y a la cual se accedía subiendo pocos escalones, allí se explicó.

    – “Aquí mi cielo sí puedo aliviar tu incomodidad, de la cual soy única responsable”.

    Y apoyándome contra esa baranda maniobró delicadamente para que mi pija se hiciera presente, erguida, dura y lista para largar la carga que pugnaba por salir; acuclillada la dirigió a su boca que, en pocas succiones, recibió las potentes escupidas.

    Luego de unos instantes para reponerme cambiamos de lugar, ella de espaldas al muro y yo de rodillas arremangando su vestido, bajando la bombacha y sumergiendo mi cara entre sus piernas para deleitarme con su conchita jugosa mientras mis manos recorrían nalgas y tetas.

    – “No por favor, ahí no”.

    Su voz en tono de ruego me hizo descartar una posible molestia por la caricia en el ano pero, por si acaso, indagué.

    – “Te molesté cielo?”

    – “No amor pero me sorprendiste, nunca dejé que me tocaran ese lugar”.

    – “Te resultó incómoda la caricia?”

    – “Por favor, no me preguntés eso”.

    – “Es que no quisiera incomodarte”

    – “No es incomodidad”.

    – “Te gustó?”

    – “Sí, y por eso me da vergüenza”.

    – “Tapame con la falda para que no te mire”.

    Al sentirme cubierto reanudé las caricias bucales y digitales incursionando nuevamente entre las nalgas pero llevando lubricación desde la vagina; y fui bien recibido por ese anillo nunca visitado, pues a las presiones con la yema del dedo cedía sin oponer resistencia.

    – “Mi vida, primera vez que siento esto, me gusta como apretás simulando entrar y luego recorrés todo el contorno, probá ingresar suavemente un poquito”.

    – “Ahí va”.

    – “Sí amor, me está entrando y me gusta, movelo como si buscaras algo, así, así, un poco más adentro, que delicia, lo que me estuve perdiendo”.

    – “Ahora va entero, hay que aprovechar la buena disposición de este culito goloso”.

    – “¡Qué gusto, me vuelvo loca, ahora con el dedo gordo por delante y el largo por detrás!”

    La corrida fue tremenda y la tuve que sujetar bajándola hasta sentarla en mis faldas; cuando nos levantamos, ya repuestos, tuvimos que sacudir con esmero nuestras ropas.

    – “Estoy destrozada, este tercer orgasmo me ha dejado en estado lastimoso, ni me atrevo a enfrentar un espejo y mucho menos entrar a un restaurant; cambiemos la cena por comida chatarra en el carro de la esquina”.

    En la penumbra pude comprobar la veracidad de sus palabras y seguramente yo no estaba mucho mejor, por lo cual acepté de buen grado su propuesta; nos arreglamos algo y allá fuimos. Según el joven que nos atendió íbamos a estar solos un buen rato porque la afluencia importante de clientes se producía después de la cuatro de la madrugada, hora en que los jóvenes empezaban a salir de los boliches.

    Nos sentamos en la punta más alejada de la plancha de cocción para evitar calor y el posterior olor a comida en la ropa; tomados de la mano yo saboreaba en el recuerdo el momento recién vivido.

    – “Te quiero mucho preciosa”.

    – “Yo también pervertido, pervertido y pervertidor, ese fue tu proceder de hace un rato, y encima ahora siento palpitar mi culito como si quisiera más”.

    Esas palabras tuvieron el efecto de un potente afrodisíaco ya que mi pija adquirió renovada rigidez, y todo mi equilibrio, pruritos, pudor, etc., los tiré a la mierda; miré los alrededores desiertos, el vendedor de los sándwiches atento al partido que transmitía el televisor y entonces, con la mente nublada por el deseo, le hable al oído a mi novia.

    – “Sentate un poco más atrás para que la colita sobresalga del banco y el vuelo de la falda caiga libre, quiero sentir la palpitación que me dijiste recién”.

    – “Si serás degenerado, pedirme eso acá”.

    – “Mi amor, nadie nos ve, lo único que haré será levantar una parte de la falda, algo rápido y fácil de volver atrás si bien alguien”.

    – “No puedo creer que me deje convencer tan fácil”.

    – “Cielo, simplemente ambos deseamos lo mismo”.

    Pensando que necesitaría algo de ayuda le pedí al joven que nos atendía.

    – “Serás tan amable de acercarme algo de aceite?”

    – “Acá tiene, señor”

    Cuando nuevamente se concentró en el partido tomé el expendedor, unté mi dedo medio y busqué el objetivo lubricando la entrada y un poco más adentro mientras ella, con los codos en la barra y apoyada la cabeza en las manos simulaba mirar el televisor hasta que sintió que le corría la bombacha llevándola al borde de las nalgas.

    – “Hasta ahí nomás”.

    Ese pequeño intervalo lo aproveché para sacar el miembro, pasarle aceite y recorrer la rajadura dejando el ano en el centro, después hice leves presiones sobre el anillo, y ante su pasividad, quizá sin darse cuenta con qué la acariciaba, inicié la entrada lenta pero sin pausa. La diferencia de grosor la sobresaltó.

    – “¡Qué hiciste!”

    – “Aproveché que tu culito no solo es goloso sino también glotón y te metí la pija”.

    – “¡Ya está degenerado! Te sacaste el gusto de inaugurar un lugar por nadie visitado, ahora vamos a hacer un cambio grande”.

    – “Si cielo, lo que digas”.

    – “No te muevas y escuchá bien, a la mierda con este noviazgo, se terminó, ahora te quiero como mi hombre, mi marido, mi esposo, es hora de que entres a mi casa y la conviertas en nuestro hogar, sacá ese intruso de mi recto, pagá y vámonos”.

    Llegados entramos por turno al baño, el esfuerzo nos había hecho transpirar; cuando salí con la toalla envuelta en la cintura ella estaba en la cama tapada con la sábana desde los hombros ante lo cual me desnudé y entré a su lado, ella ubicó su cabeza en el hueco de mi hombro y así permanecimos unos instantes disfrutando la mutua cercanía.

    – “Querido, quiero que sepas que recién se me cruzó por la cabeza hacerte una broma pero la descarté de inmediato; el tema es tan serio que no hay lugar para el humor, hace tres meses suspendí las pastillas y, por cuentas en el calendario sumado a cómo me siento, debo estar en mis días fértiles, ¿quisieras preñarme?, ¿te gustaría hacerme panzona?, ¿te animarías a dar la señal de largada para que tus espermatozoides corran dentro mío?”

    Y mientras corría la sábana ambos nos deteníamos a mirar aquellas partes del otro que no conocíamos visualmente; sin decir una palabra pero con las ansias reflejadas en la cara, ella con las manos en las corvas llevó sus rodillas a los hombros para, en muda invitación recibirme en el centro de su cuerpo; ya con el miembro incrustado fijó sus ojos en los míos.

    – “Mi amor, no te muevas, es tanta la excitación que llevo encima que la eyaculación está pidiendo salida en el ojo del glande; tu pregunta me hace inmensamente feliz, ahora voy a hacer un solo empuje para soltar todo”.

    Dicho y hecho, apenas toqué fondo comenzó la descarga.

    – “Ay mi vida, estoy sintiendo los espasmos, ya conté cuatro; así mi amor, mantené la penetración que me corro y te exprimo”.

    No sabemos qué día quedó preñada, sí tenemos certeza que fue en ese período de fertilidad porque a las nueve lunas nació Camila, maravillosa criatura que hoy con dos años, sin realizar esfuerzo alguno, a madre y padre nos da vuelta como a una media. Ahora pretendemos darle un hermanito y estamos en esa agradable tarea, Dios dirá.

  • La zorra de mi mujer follada por su sobrino (I)

    La zorra de mi mujer follada por su sobrino (I)

    Javier es un chaval de casi 20 años, único hijo varón de la hermana de mi mujer y, por tanto, sobrino de esta, joven con mucha afinidad con su tía por lo que nos visita con mucha frecuencia y se queda a comer o a cenar en nuestra casa así como a dormir en numerosas ocasiones.

    Hace varios meses, Javi se había quedado a dormir en nuestro piso y por la mañana yo salí temprano de casa a realizar unas gestiones quedándose solos y aún dormidos tanto él como mi mujer, cada uno en sus respectivas habitaciones.

    Estuve en la calle como dos horas, subí al piso y abrí con sigilo quedándome tremendamente sorprendido por la situación que me encontré: Javi, nuestro sobrino puesto que yo también así lo considero, se encontraba en cuclillas delante de la puerta cerrada de nuestra habitación observando a su tía, mi mujer, por el agujero de la manilla, que no la tenía porque estábamos pendientes de adquirir una nueva al haberse estropeado la anterior y tocándose mientras la miraba.

    Él no se percató de mi presencia y me quedé apoyado en el marco de la puerta del salón observándolo sin decir nada. Tras un rato mirándolo me acerqué muy despacio a él, le toqué en el hombro y me miró algo asustado porque no me esperaba. En voz muy baja le pregunté «¿Qué haces, Javi?» contestándome sin vacilar «Mirando a mi tía, está muy buena y me gusta mucho», lo que me dejó perplejo. Lejos de lo que él podía imaginar me puse de rodillas y le pedí que me dejase mirar un instante por el agujero de la puerta, me acerqué y pude ver a mi mujer con sus maravillosas tetas al aire, en tanga y sujetando su liguero negro a las fantásticas medias que portaba.

    Lo miré y animé a Javi a que continuase observando y se siguiese excitando con su tía mientras un inusitado morbo se iba apoderando de mí a cada segundo experimentando yo también una buena erección aunque no le dije nada. Durante varios minutos más él continuó de rodillas mirando a Nuria y tocándose la polla por encima de su pantalón de chándal para volver al sofá y sentarse junto a mí para fumarnos un cigarrillo pudiendo comprobar cómo marcaba una enorme y excitada verga.

    Le pregunté que desde cuándo le gustaba su tía y me contestó sin dudar «desde hace mucho tiempo me excito cada vez que la veo, me pone muy cachondo y caliente y son muchas las pajas que me hago pensando en ella e imaginando que me la follo», al hilo de esta respuesta le pregunté que si le gustaría hacerlo y me dijo rotundamente que le encantaría, respuestas que cada vez me sorprendían más por su contundencia y me iban poniendo a mí más cachondo.

    Llevábamos ya un rato sentados en el tresillo charlando cuando se abrió la puerta de la habitación y apareció mi mujer espléndida y radiante, con una preciosa trenza y embutida en una ajustada minifalda negra de cuero, camisa del mismo color con finas rayas blancas y majestuosas botas altas de fino tacón, se acercó a nosotros para darnos los buenos días y nos besó a mí en la boca y a él en las mejillas y se dirigió al servicio para finalizar de arreglarse y salir a la calle a hacer unas compras sin imaginar nada, exclamando Javi en voz baja «¡Jodeeer, madre mía qué buena está! Tras varios minutos salió, cogió el bolso, nos dio otro beso a ambos y me dijo «¡Cari, como mucho en hora y media o dos horas estoy aquí!», la acompañé a la puerta, la morreé suavemente y se marchó.

    Javi y yo nos quedamos solos y preparé un café para los dos. Mientras lo tomábamos volví a sacarle el tema y le dije «¡Así es que te gusta y te pone tu tía!, ¿no…?», respondiéndome «¡Pero mucho y desde hace mucho tiempo!», respondiéndole yo «¡Qué cabronazo eres!», a lo que esbozó una muy pícara sonrisa diciéndome «La he escuchado y la he visto por el agujero, tras la puerta, follar muchas veces contigo y con otros tíos y sus gemidos me ponen muy caliente. Me encanta como folla. Me pajeo muchas veces pensando en ella», añadiendo «hace más de seis meses que no follo, desde que dejé la relación con mi ex».

    La conversación iba subiendo de tono y Javi no dejaba de tocarse ni yo de excitarme por lo que lo invité a pasar a nuestra habitación para mostrarle la lencería de su tía lo que nos puso aún más calientes a ambos, encantándole sus medias, ligueros y tangas, que olía con los ojos entreabiertos mientras se tocaba. Volvimos al salón, tomamos asiento nuevamente y le propuse que ambos nos hiciésemos una paja juntos para corrernos hablando y pensando en ella a lo que él accedió sin problema, ambos bajamos nuestros pantalones y dejamos al aire nuestras duras y tiesas pollas pudiendo comprobar que el chaval posee una muy buena verga de 24 centímetros, gruesa y con un buen capullo rosado que haría las delicias de su tía Nuria por lo que le dije «¡Jodeeer, si «tita» coge tu rabo se vuelve loca!», respondiéndome «¡Me encantaría dárselo y que goce con él!».

    Acto seguido comenzamos a hablar mientras nos pajeábamos con suavidad y le propuse a Javi que yo lo pajearía a él y que él hiciese lo propio conmigo, lo que también aceptó. Intercambiamos nuestras manos y comenzamos a acariciar las pollas de uno y otro de arriba a abajo y con mucha suavidad para proporcionarnos gran placer. Tener el durísimo rabo del sobrino en mi mano, excitado por mi mujer, me producía un morbo increíble, enorme y muy tieso lo iba pajeando mientras él, con la cabeza apoyada en el tresillo y entornada al techo gozaba con los ojos entreabiertos conforme yo le hablaba de las maravillosas tetas y pezones de su tía, de su coño peludo y de su espléndido culazo.

    Él también masajeaba divinamente mi polla de arriba a abajo proporcionándome un gustazo inmenso. Así continuamos varios minutos hasta que Javi me dijo «¡No puedo más. Me corro, me corro, me corrooo!», soltando numerosos chorros de leche caliente que aliviaron su calentura. Él continuó pajeándome a mí y poco tiempo después yo también comencé a soltar una gran cantidad de lefa que calmó mi deseo.

    Tras las monumentales pajas de ambos pensando en mi mujer, nos limpiamos, nos vestimos de nuevo y le dije a Javi que le comentaría a su tía sus inmensos deseos de follarla para ver si aceptaba complacerlo algo que me agradeció sobremanera pidiéndome encarecidamente que la convenciese para que así fuese antes de marcharse a la calle para hacer unas cosas y tomarse unas cervezas para volver a casa después a comer con nosotros.

    No habían transcurrido dos horas desde que se marchó cuando mi mujer volvió a casa de la calle. Dejó las bolsas que traía encima de la cama de nuestra habitación y me pidió que sacase unas cervezas del frigorífico para tomárnoslas juntos en el salón fumando un cigarrillo. Mientras hablábamos yo pensaba en lo sucedido con su sobrino y en cómo podía sacar el tema de conversación.

    Volví a la cocina a por otras dos cervezas, me armé de valor y le dije «Cari, tengo que contarte algo», ella se extrañó y me preguntó «¿Qué es eso tan misterioso que tienes que decirme…?», a lo que le contesté «Posiblemente te va a extrañar…», exclamando «¡Pero dime… Déjate de rodeos y cuéntamelo!». Sin más le dije «¿Sabes que tu sobrino Javi te desea con locura y que tiene unas inmensas ganas de follarte…?», respondiéndome sorprendida «¡Venga, no me jodas!», a lo que le contesté «Esta mañana, cuando llegué de la calle, lo encontré agachado delante de la puerta de nuestra habitación mirando cómo te vestías y tocándose, nos sentamos en el tresillo a charlar y me dijo que le encantaría follarte, que te ha visto varias veces haciéndolo conmigo y con otros tíos, que le encanta cómo lo haces y que le ponen mucho tus jadeos y gemidos», ella sonrió pícaramente y me dijo «¡Madre mía! ¿En serio…?», contestándole yo «¡Te lo juro, cari! Me ha puesto muy caliente a mí también hasta el punto de que le he mostrado tu lencería en nuestra habitación y nos hemos pajeado los dos aquí, en el tresillo, pensando y hablando de ti» y añadiéndole «¡Tiene una verga descomunal, le mide 24 centímetros, es gruesa y con un capullo rosado inmenso, como a ti te gustan. Y no imaginas cómo se corre el jodido cabrón!».

    Ella se sorprendió un poco pero noté que la situación le producía morbo y el hecho de pensar en follar con su sobrino la ponía caliente y cachonda, diciéndome «Cari, llámalo y pregúntale sobre qué hora vendrá a comer. Dile que yo aún no he llegado y que haga tiempo en la calle pero no le comentes que le voy a dar una sorpresa». Así lo hice diciéndome mi mujer «Cuando yo te diga lo llamas de nuevo y le dices que se suba, que ya está la comida, ¿vale, cariño?». Nuria me besó y me dijo «lo vamos a pasar bien, ¡ya lo verás!», entrando seguidamente en nuestra habitación y cerrando la puerta mientras que yo llamé a Javi y le comenté lo que me había dicho su tía.

    Pasados poco más de 15 minutos Nuria salió de nuestra habitación radiante y guapísima, con el pelo recogido y vestida solamente con la lencería negra y las botas morbosas de fino tacón. No pude por menos que levantarme del tresillo y dirigirme hacia ella para abrazarla, acariciarla y morrearla mientras le sobaba sus maravillosas piernazas por encima de las medias y las cachas de su espléndido culazo diciéndole «¡Pero qué buenísima estás, jodida gran puta. Como para que tu sobrino no tenga ganas de follarte. Te follarían todos los tíos que encuentras a tu paso, zorrita mía!».

    Tras besarnos, abrazarnos y magrearnos ambos apasionadamente mi mujer me dijo «Este sobrino mío va a saber lo que es follar de verdad con una madura. Le voy a sacar toda la leche de sus huevos». Le apetecía que tomásemos una cerveza antes de llamarlo de nuevo y eso hicimos durante casi 20 minutos hasta que me pidió que llamara de nuevo a Javier y le dijese que su tía ya estaba en casa e íbamos a comer en breve, contestándome él que en menos de un cuarto de hora subiría a casa.

    Pasados poco más de 15 minutos sonó el timbre del portal y para darle una sorpresa a su sobrino mi mujer se marchó al baño no sin antes indicarme que si me preguntaba si le había comentado algo sobre el asunto le dijese que no me había dado tiempo a hablar con ella. Una vez en el rellano, Javi tocó el timbre de la puerta y me levanté a abrirle, nada más entrar me preguntó en voz baja si había hablado con su tía sobre el asunto en cuestión y tal y como me había indicado mi mujer le contesté que aún no habíamos tenido tiempo porque acababa de llegar.

    Entramos al salón y yo tomé asiento en un sillón para dejarlo solo en el tresillo donde se sentó preguntándome por su tía, respondiéndole yo que estaba en el baño. Me preguntó si la comida ya se encontraba preparada y le dije que estaba a punto. Mi mujer escuchaba nuestra conversación tras la puerta y no habían transcurrido ni dos minutos cuando hizo acto de presencia en el salón. Javi se quedó perplejo y con los ojos abiertos como platos mirando a su tía, radiante y vestida tan solo con sujetador, tanga, liguero, medias sexys y botas altas; él no acertó a mediar palabra mientras que mi mujer tomó asiento en el tresillo junto a él esbozando una caliente y pícara sonrisa. Nuria le preguntó «¿Qué te parece la tita?», respondiéndole él «¡Jodeeer, no tengo palabras. Estás imponente!», a lo que ella replicó «No me imaginaba yo que te gustase tanto y te pusieses tan caliente conmigo», contestando él «¡Ufff, ni te lo imaginas, eres superior a mis fuerzas!».

    Mientras hablaban cada vez más pegados, mi mujer acariciaba las piernas a su sobrino por encima del pantalón del chándal y lo miraba de forma lasciva pasando su lengua por los labios; por su parte él pasó un brazo por detrás del cuello de su tía atrayendo su cabeza hacia sí y comenzando ambos a morrearse con deseo mientras que con la otra mano comenzó a acariciar y sobar sus tetas como poseído pudiéndose apreciar ya bajo el pantalón el enorme bulto de su polla totalmente dura por una descomunal erección, lo que su tía también pudo comprobar «de primera mano» al comenzar a acariciársela de arriba a abajo por encima de la ropa. Javier, totalmente entregado a mi mujer, desabrochó su sujetador y se lo quitó, dejando libres ante sus ojos las inmensas tetas que posee, comenzando él a acariciárselas mientras la morreaba con deseo para posteriormente chupar y comer sus grandes pezones y aureolas, provocando en ella gemidos y jadeos de puro placer que se acrecentaron cuando con la otra mano comenzó a acariciar suavemente su peludo coño, ya muy húmedo por el calentón.

    La temperatura corporal de tía y sobrino iba acrecentándose a pasos agigantados mientras que yo, observando como mero espectador desde otro sillón, comenzaba también a sentir una gran erección por lo que mis ojos presenciaban.

    Tras morrearse y magrearse con pasión, mi mujer le pidió a su sobrino que se pusiese en pie y se bajase el pantalón del chándal, a lo que él accedió sin dilación. Ante su cara y sus ojos quedó la enorme polla de Javier, totalmente erecta y dura, exclamando ella «¡Jodeeer, cariño mío, qué polla tienes, cómo me gusta!» y preguntándole a continuación «¿Se la vas a dar a tu ‘tita’, mi amor… Vas a hacerme gozar de placer con ella…?». Él no lo dudó y le respondió fuera de sí «¡Toda tuya. Lo estaba deseando. Hace mucho que soñaba con que me la mamases y con follarte como una buena puta!».

    Las palabras de Javi calentaron sobremanera a mi mujer y sin mediar palabra cogió su enorme verga, la miró de arriba a abajo con ojos de deseo mientras la masajeaba y comenzó a pasar su lengua por ella hasta llegar a su hinchado capullo, metiéndosela en la boca seguidamente para proporcionarle una mamada extraordinaria que hizo arrancar geniales gemidos de placer en él, que gozaba como un puto perro en celo con la cabeza erguida y los ojos entornados hacia el techo por el enorme gustazo que recibía en su durísima polla.

    Tras largo rato degustando con exquisito deleite el grandioso rabo de su sobrino, mi mujer le pidió a él que le comiese el coño diciéndole «¡Hijo mío, cómeme el coño. Estoy muy cachonda y siento grandes deseos de correrme!»; él, sin vacilar ni un segundo, la ayudó a tenderse en el tresillo bien abierta de piernas con su preciosa lencería y mostrándole su riquísima almeja peluda en todo su esplendor.

    Javi se puso de rodillas y le dijo «¡Jodeeer, tita, no te imaginas lo que he soñado con tu coño y las ganas que tenía de hacerlo mío!», añadiendo a continuación «¡Tita, eres muy puta y lo sabes. Te voy a hacer gozar como se merece una auténtica guarra como tú!». Seguidamente se dirigió a mí y me dijo «¡Vas a ver con tus propios ojos cómo disfruta conmigo y con mi polla la gran puta de tu mujer. Te voy a hacer nuevamente su cornudo. Prepárate a disfrutar cabrón!». A continuación Javi comenzó a besar el coño de su tía introduciendo la lengua en su raja, pasándosela de arriba a abajo y haciendo que ella se estremeciese de gusto entre gemidos.

    Así continuaron durante varios minutos mientras ella le decía «¡Qué bien me comes el coño, hijo mío. Cómo me gusta, mi vida», preguntándole «¿Te gusta la almeja de la tita, mi vida… Te gusta…? Aquí la tienes toda para ti, disfruta de ella que me encanta», contestándole él «Tienes un coño maravilloso y lo quiero para mí. Me encanta tu coño y lo puta que eres». Ella, entre gemidos, le decía, «Si tu madre viese cómo me comes el coño y cómo gozo contigo no se lo creería, amor mío», añadiendo «Deberías comérselo a ella también alguna vez para que goce de placer y se corra contigo. Seguro que hace mucho que no folla y le encantaría sentir tu pollón dentro de ella», replicando yo desde el sillón donde me encontraba «Cari, tu hermana es tan zorra y puta como tú y yo no tardaré mucho en follármela porque la deseo y me da mucho morbo hacerlo».

    Javi me miró y continuó haciendo disfrutar a mi mujer hasta que, al momento, ella le dijo «¡Me corro, cariño, me corro de gusto. Sigue hijo de puta, sigue haciéndome tu zorra ante el cornudo de mi marido. Sigue… Sigueee… Ahhh… Ohhh…», soltando todo su néctar en la boca de su sobrino mientras me decía a mí «¡Cari, qué bien me come el coño este cabronazo, cómo me corro, cornudo mío!».

    Tras el maravilloso orgasmo de mi mujer, su sobrino le pidió que se pusiese de rodillas, a cuatro patas, en el tresillo y él comenzó nuevamente a comerle el coño y el culo pero en esta ocasión desde atrás mientras magreaba y masajeaba sus enormes y hermosas cachas. Nuria comenzó nuevamente a gemir con pasión y cachonda como una perra experimentando al poco tiempo un nuevo orgasmo que Javi volvió a degustar mientras le lamía su raja de arriba a abajo.

    Tras gozar plenamente con su sobrino, mi mujer quería alargar en el tiempo que él la follase para mantenerlo en tensión aunque sí deseaba que le soltara toda su leche y degustarla antes de comer por lo que le pidió que se pusiese en pie para, sentada en el tresillo, realizar una espléndida y nueva mamada a su enorme y tiesa polla durante varios minutos mientras yo asistía al espectáculo con inusitado morbo y un deseo irrefrenable por correrme también. Era maravilloso ver a mi puta zorra chupar y chupar fuera de sí y con deleite la verga de Javi mientras él le decía «¡Sigue, sigueee titaaa. Cuánto placer me das. Quiero darte toda mi leche en tu boca, mi tita puta. No pares, por favor, no pares y sigue comiéndome esta polla que será tuya cada vez que quieras!», mientras que ella le replicó «¡Cariño mío, quiero que vengas a follarme todos los días y a darle gusto a mi coño. Me vuelve loca tu pollón, mi vida!».

    Las palabras de mi mujer excitaron aún más a su sobrino y entre alaridos de enorme placer comenzó a correrse soltando en su cara y en su boca una enorme cantidad de leche que Nuria se encargó de tragar como una buena puta para gozo de ambos.

    Tras la corrida de Javi, tía y sobrino se morrearon apasionadamente pero mi mujer no quería que yo me quedase con ganas de soltar la lefa de mi hinchado y duro rabo por lo que se dirigió al sillón desde el que yo los contemplaba, se sentó en uno de sus posabrazos y comenzó a morrearme y a abrazarme con su mano izquierda mientras que con su mano derecha comenzó a hacerme una magnífica paja que desembocó en una gran corrida por mi parte, corrida que ella se encargó de degustar de rodillas ante mi polla poniendo nuevamente de manifiesto que es una puta de categoría superior.

    Una vez gozamos plenamente los tres, mi mujer se marchó al servicio para limpiarse y disponerse a realizar la comida no sin antes pedirnos que nos quedásemos en el salón desnudos y con nuestras vergas al aire ya que la «fiesta» no había terminado.

  • Carla: La amiga Mica seduce a su propio padre

    Carla: La amiga Mica seduce a su propio padre

    100 % real. Especial cuidado en cambiar el nombre y actividad presente y pasada del señor involucrado (papá de Mica). Respecto a Mica, desde siempre su identidad y la de su familia está resguardada.

    De inmediato de terminado el desfile que les he relatado, mientras llevábamos de regreso a sus casas a Lu y Mica, Mica, que nos tiene a los otros tres una confianza total, se sinceró con nosotros.

    —No saben! Estoy segura que conozco a un señor de los espectadores del desfile, uno de los que eligió capa y máscara!

    -Como lo vas a conocer, estaba totalmente cubierto!

    —Por los zapatos! Conozco desde siempre esos zapatos! Son los favoritos de… de…

    -De quien?

    —De mi papá!

    -Estás segura?

    —Segurísima! Le son muy cómodos, los usa muchísimo! Me debe haber identificado! Me vio en lencería, y siempre me ve mas o menos así, en bikini en la playa, y para colmo no me di cuenta y mostré que tengo leche en las tetas!

    Que hago? Me voy a volver loca!

    Nuestra opinión fue unánime.

    -Solamente podés hacer dos cosas; esperar y ver que pasa, o llamarlo para reunirse y aclarar… y por supuesto, contarle a tu marido!

    —Sí, sí, claro, pero se imaginan que angustia?

    —Tranquila! Pensá que él también fue al desfile, está en falta!

    —Uyyy, sí, cierto, eso me tranquiliza un poco.

    Al día siguiente, no había novedades, salvo que Mica había contado todo a su marido, B, que lógicamente sabía y aprobaba que ella hubiera ido al desfile, y básicamente le dijo lo mismo que nosotros… esperar, o encararlo ella, pero le agregó:

    —Y, amor, si te calienta, cojan, no me molestaría!

    Lo cual agregó mas leña al fuego de dudas de Mica.

    Esperó y nada. Aunque una consecuencia secundaria fue que el tema excitó enormemente a B.

    —No sabés Carla como me está cogiendo! Hasta dos veces por día! Y siempre me dice al oído “imaginate que soy él”.

    Pero para Mica evidentemente se hacía pesado mantener el tema en espera, sin saber si su padre se lo reprocharía o que iba a suceder, o cuando.

    Lo habló con B y decidió conversarlo con su padre, sabiendo que los dos tendrían cosas que reprocharse, o que esconder de común acuerdo, o incluso amarse, pues ya B había logrado convencer a Mica de que sería super excitante.

    Lo que sigue es reconstrucción de los hechos, basado en las mas que detalladas conversaciones de Mica con Carla y también algo que B me ha contado.

    Queda sobrentendido que los diálogos son reconstruidos y los hechos responden, de la mejor manera que puedo contarlo, a lo que hemos recibido de primera mano.

    —Hola papá, quisiera llevarles a la niña para que quede con ustedes hasta mañana, almuerzo con ustedes y de tarde viene a solucionarme un par de problemas de electricidad aquí en casa, así trabaja tranquilo y la bebé no molesta.

    Aclaremos que el padre de Mica, llamémosle Raúl, comenzó siendo electricista y luego pasó a tener una pequeña compañía de instalaciones y reparaciones eléctricas, que le da un muy buen pasar.

    —Claro hija, sabes que nos encanta que la dejen con nosotros de vez en cuando.

    Así lo hicieron, Mica les llevó la niña con todo lo necesario para que la cuidaran un día entero, almorzó con ellos, y al fin del almuerzo volvió a su casa junto al padre, para la supuesta reparación eléctrica.

    En el viaje a la casa de Mica, parece que hablaron de cualquier cosa, y Mica le dijo ante pregunta del padre, que ya le mostraría los problemas que debía solucionar.

    Llegados, pasaron por el omnipresente ritual del café, y ante la nueva solicitud del padre para ver el problema a resolver, ella le respondió claramente.

    —No es un problema eléctrico papá, es por el problema del desfile.

    —Desfile? Que desfile?

    —El desfile en Carrasco de hace casi una semana.

    —No sé de que me hablás nena (suelen él y la esposa, llamar nena a Mica).

    —Le erró, se cubrió la ropa y no habló, pero llevó sus zapatos favoritos, esos mismos que tiene puestos! (Muchas veces se dirige a él en trato de Usted, cosa bastante común).

    Parece ser que la cara del padre se puso súbitamente de color rojo y luego palideció, sin responder.

    —Y sí, era yo la del desfile, obviamente me reconoció verdad?

    —Sí.

    —Y que hacía allí?

    Cero respuesta.

    —Fue a buscar algo nuevo? Es conocido de La Tejedora?

    —Ehhh… sí.

    —Y mamá?

    —No lo entenderías, ha perdido interés, será la menopausia. Pero me estás interrogando, y vos a que fuiste hija?

    —B lo sabe, hace mas de dos, casi tres años, Carla y Lu me sedujeron, con B incorporamos a A y Sergio, y hoy en día intercambiamos libremente.

    —Pero ahí no era eso!

    —No, era para buscar otros contactos, a lo mejor rentados, que no necesitamos dinero pero nunca viene mal.

    —Que increíble! Y cuanto les cobrarías?

    Mica menciona una cifra, alta.

    —No puedo creerlo.

    —Y Ud. paga?

    —He pagado algunas veces. Y una vez una señora recomendada por La Tejedora aceptó divertirse gratis.

    —Se habrá divertido esa señora, supongo, mamá me dijo cuando iba a casarme que ojalá B tuviera menos que Ud. porque parece que Ud. tiene bastante

    Y ahora dīgame, sin mentir, que piensa hacer?

    —Te ruego no le digas a tu madre, y tu haz lo que quieras, si estás de acuerdo con tu marido…yo me callaré, sigue con lo tuyo.

    —Ahhh la responsabilidad es mía! Y ahora le pregunto, y sea sincero , muy sincero, a cual del desfile prefiere?

    —No me vas a destruir? Puedo confiar? Me gustaron todas.

    —Todas? Entonces yo también le gusto?

    —Tampoco lo tomes así, no quise insinuarte nada, ni ofenderte.

    —Bueno, al menos le gusto a mi señor padre! Yo no diré nada, también me quemaría yo frente a mamá. Por que le gusto?

    —No quise decir que me gustaras en este sentido del desfile, simplemente te reconozco hermosa, y me extrañó verte en esa vertiente sensual y luego casi insólito lo que hiciste de sacar leche.

    —Yo sabía, yo sabía, a veces en la playa como que me mira me mira de manera especial.

    —Mica! Soy tu padre!

    —Sí, padre recalentado y excitado. Párese! Me doy cuenta perfectamente que finge jugar con el almohadón para taparse la entrepierna. Párese!

    Parece ser que el padre no se paraba. Y Mica siguió presionándolo.

    —Ves que no te parás? Querés saber algo? (Pasaba de tratarlo de Ud. a tutearlo, libremente), costumbre muy uruguaya.

    —Tengo una amiga que desfiló y es la mejor en todo, y la coge el tío, el medio hermano y el padre…

    —Mica! Piedad! No doy mas! Terminemos con este tema!

    —Y como terminamos? Cogemos? Mire que yo me animo…O hacemos como que nada pasa? O voy y le digo a mamá?

    —Como que te animas?

    —Me animo, lo juro! Quiere verme en bolas?

    —Hija, hijita, no seas cruel, no me animo…

    —Le disgusto?

    —Nooo!

    —La tiene parada?

    —Ehhh… si.

    —Cuanto hace que no coge?

    —No se… como un mes.

    —Venga. Y se fue al dormitorio y ella pasó al baño.

    El padre, parado en la puerta del dormitorio, parecía un pollo mojado, según Mica.

    Reapareció Mica, en lencería, bustier y tanga, ambos de encaje turquesa con bordados en rosa.

    La tanga, hilo, por delante dejaba transparentar unos pelitos recortados en forma de V, el resto a cero. Muy vistoso.

    —Nena! Hija! No me hagas esto! No me provoques así!

    —No te provoco papá, me dijiste que en el desfile te gustamos todas, y por ello deduzco que estoy incluida, después me confirmaste que la tenés parada, me seguiste al dormitorio, pudiendo irte… y ahora me mirás desesperado. Te di a elegir si nos olvidamos de todo y aquí estás, mirándome… será que vas a aceptarme?

    —Es que te veo bella, provocadora, no sabía que sos así.

    —Entonces cogemos? Parque yo tengo ganas, muchas ganas!

    —Pero Mica! Si ni siquiera tengo preservativos! Te imaginarás que no ando con ellos en el bolsillo.

    —Pero papá! Va a cogerse a su hija y piensa en usar protección? Protegerse de que?

    —Me volvés loco, que hago te aviso y la saco entonces?

    —Nooo… me acaba adentro, bien adentro, es lo que quiero y me encanta, y mas siendo usted, imagínese! Quiero la pija que me hizo, la leche que llenó a mamá (algo así le había contado Carla que le dijo a su propio padre)… cójame por favor, desde el desfile que lo deseo. Ahí, Mica exageró, pues en el desfile era todo preocupación, pero después el marido la había guiado a cogerse al padre, y lo de que Carla lo hace con sus familiares, le había encantado.

    Se acercó , y se puso a desvestirlo. Él, entregado. Salió el sweater, la camisa, le quitó los famosos zapatos, y se apreciaba un buen bulto. Le quitó los pantalones, y el bulto ya era bien notorio bajo el boxer.

    Pero hasta ahí llegó. Se retiró y comenzó a mostrarse, de frente, de perfil, de espaldas. La verdad, está bien de todos lados, se recuperó perfectamente del embarazo y de la cesárea solamente queda una cicatriz apenas visible de color rosado.

    La lencería casi transparente mostraba o sugería todo, y ella a cierta distancia del padre, se quitó todo, bustier y tanga para quedar totalmente desnuda.

    —Ves papi? Esto es lo que vas a tener, esto es lo que te espera, quiero ser toda tuya, que dispongas de mi y yo de vos.

    —Hija, hija, no puedo creerlo, como puedes ser así? Como me provocás y me traés a esto?

    —No hemos hecho nada, puede decirme que soy una degenerada e irse…

    —No, no, pero es que me cuesta, por momentos quiero, en otros momentos me digo si no me arrepentiré…

    —Acercate papá, pero desnudo.

    El padre obedeció, la verga enhiesta, venosa y un tanto gruesa y larga, bien apuntando hacia arriba apareció cuando se sacó el bóxer.

    —Ve que me desea papá? Nunca vi una verga mas dura creo, a lo mejor así, pero mas dura no. Vení, por favor. Y nos contó que lo atrajo hacia ella y comenzó a frotarse toda contra él.

    A continuación se arrodilló a chuparle la pija, que ya estaba “lagrimeando” pre seminal.

    —Así papito mío, así, bien caliente lo quiero. Si voy a ser suya que valga la pena, mi amiga me dijo que los polvos con la familia son los mejores.

    Él no hablaba, respiraba hondo y se dejaba llevar. La pija como hierro, las manos acariciando el culo y la concha de Mica, que se había parado nuevamente y le besaba el cuello.

    De pronto él le buscó la boca, aunque con los labios cerrados, y Mica se le ofreció totalmente según contó, abriendo su boca y lamiéndole los labios. Raúl le manoseaba los pelitos recortados en V, y llegó a meter algún dedo en la concha ya húmeda de su hija.

    Pasó a acariciarle las tetas, y ella se recostó mas contra él, poniendo uno de sus pies sobre la cama.

    La invitación era evidente y el macho terminó de sobrepasar los escrúpulos de padre, arrimó su pija a la concha, la enfiló y la metió de golpe, con algo de trabajo dado el calibre de la poronga.

    —Ahhh bramó Raúl al meterla finalmente! —Sííí Por fin! Gritó Mica.

    Lo tomó de los hombros y lo obligó a caer hacia la cama, él encima, en misionero.

    Cogeme cogeme suplicaba Mica.

    A esa altura, Raúl bombeaba desenfrenado pero aún así atinó a preguntar:

    —Adentro? Segura amor?

    —Échela adentro y no me saque la pija, aunque se ablande déjela adentro.

    —Ahhhh fue al parecer la exclamación del padre el volcar en ella toda la leche acumulada en tanto tiempo.

    —Eran chorros calientes, nos dijo después Mica al reunirnos.

    El padre cumplió el pedido de ella, le dejó la verga adentro aunque se ablandó un poco, y echado sobre ella comenzó a chuparle las tetas.

    —Si papito sí, tomate mi leche también, le dijo al ver que ya el néctar brotaba de sus senos y era bebido por su padre con desesperación.

    —No saben que manera de tomar teta, nos diría después.

    Finalmente la verga se salió de la concha de ella, derramándose un poco de leche, que Mica, a esa altura ya descontrolada, lamió en la sábana antes de acostarse frente a frente con su padre, ambos de costado, para una larga sesión de besos, mimos y caricias que según Mica hacía que parecieran novios!

    Ella lo masturbaba y él le acariciaba la espalda y la raya del culo, muy dulcemente. Se besaban. Inevitablemente, la verga de don Raúl comenzó a erguirse nuevamente, y fue el momento de que ella se pusiera en 69 para chupar pija mientras él le homenajeaba concha y culo con largos lengüetazos.

    Cuando el miembro estuvo nuevamente a punto fue la hora de Mica montarlo, de frente a él.

    Primero le refregó bastante la concha sobre la pija, luego llegó el momento de apuntarla en la entrada de la concha y en un solo movimiento, facilitado por la concha llena de leche, jugos y saliva, descender sobre la verga metiéndosela a fondo.

    Le entró toda, una sensación hermosa diría Mica después. Ella se puso casi a saltar sobre él, subiendo hasta que la pija estaba al borde de salirse, y bajando hasta quedar pelitos contra pelitos, mientras él le acariciaba ya sea el culo, la cicatriz o le chupaba las tetas sacando leche y tomándosela.

    —Me acabo! Gritó Mica, y entró en una seguidilla de gemidos y temblores.

    Se recompuso, siguió subiendo y bajando hasta que las manos del padre apretaron la cintura y la mantuvo quieta, moviéndose él apenas y lanzándole de nuevo tres o cuatro chorros de semen.

    Ella se dejó caer sobre él, lo mimó, él respondía con caricias y tomando teta, hasta que finalmente ella se bajó a limpiarle la pija hasta dejarla limpia y reluciente, sin rastros de leche.

    —Papá! Nunca pensé que pudiera ser así, que manera de gozar!

    —Amor, como me has hecho esto? Me has hecho descubrir algo muy escondido, y no sé como haré para reprimirme!

    —Reprimirse? Reprimirnos? Quien habla de eso? Venga cuando quiera, definitivamente soy suya, mi cuerpo y mi mente son suyos igual que de mi marido, dudé, estuve sintiéndome mal, no sabía que hacer, pero éste es el camino!

    Un mar de caricias mutuas los inundaba mientras él repetía “ gracias hija” “gracias hijita amorosa”.

    Él le acariciaba la concha y todo lo que escurría iba a parar a sus dedos, que le daba a chupar a ella, y luego se besaban y seguía jugando.

    Al final, visto que ya era casi el atardecer, se ducharon, cuidando de no mojarse el cabello para no despertar sospechas en la madre de Mica, se vistieron, Mica con una simple bata sexy, y entre mimos y besos y volvieron al living.

    Allí sentado, los esperaba B, que había llegado al final del segundo polvo pero se contuvo y no entró al dormitorio al oír, cuando se acercó a la puerta de la habitación, los gemidos y mimos y la conversación amorosa de los nuevos amantes.

    —Hola amor! Por qué no entraste?

    —Hola amor! Hola Raúl! No entré porque al acercarme a la puerta oí que estaban muy ocupados, y quise que disfrutaran solos, ya habrá tiempo de estar juntos.

    Raúl, nervioso, solamente atinó a decir: Mica me dijo que estaba todo bien, ella me incitó, me dijo que estabas de acuerdo…

    —Obvio! No nos ocultamos nada, yo fui quien pensó primero que les gustaría, y creo que acerté.

    Mica se sentó en la alfombra frente a B y le dijo algo así como: Cierto amor, y te agradeceremos siempre lo que nos has hecho descubrir. Creo que voy a ser una buena putita, de mi padre y de alguno que me pague.

    —Debo irme, dijo Raúl, debo volver a casa. Puedo preguntarles algo? Podría volver? Fue solamente por hoy?

    —Pero papi, ya se lo dije, vuelva cuando quiera y cogemos, venga lleno de leche, tenemos mas cosas por descubrir.

    —Volvé cuando quieras Raúl, es nuestra, es mi mujer, es tu hija y tu amante, por lo que oí lo disfrutaron, y veo la sonrisa de ella y sé que quiere mas! Siempre serás bienvenido.

    —Hijita, te vas a reír… debo cortarme los vellos? Igual tu madre ya no me ve…

    —Sí, papito, sí, así impresiona todavía mas grande de lo que es, y quiero hacerle las chupadas de su vida y se chupa mejor depilado, como B.

    —Bien, me voy, mañana aprovechemos el domingo y vengan a almorzar a casa y después ya se traen a la niña.

    —Buena idea! Hasta mañana, dijo Mica, tenemos cosas que hacer con B ahora, ja ja. Y por cierto, que le va a decir a mamá que estuvo reparando?

    —Uyyy sí, digamos una tostadora, que tuve que ir a comprar resistencias nuevas, y las conexiones de la bomba del lavavajillas, así en caso de que pregunte, contestamos lo mismo.

    Lo atrajo, lo besó apasionadamente, y miró a B: Que feliz soy de tener el mejor marido del mundo. El mas amoroso y motivador, te amo. Y te amo a ti papi, me fui dando cuenta estos días y hoy lo confirmé.

    Nuevo beso de lengua, esta vez a uno y otro, y: —Gracias de nuevo! Y acompañaron a Raúl gasta la puerta.

    Piensan que eso fue todo? Pues no! Completaré el relato en una segunda entrega, que subiré junto a esta.

  • Voyerismo hackeado

    Voyerismo hackeado

    Mis vecinas, la mayoría al menos, siempre han sido unas mujeres guapas. Desde chicas de mi edad con las que sin duda tendría una relación sería hasta maduras MILF’s con las que tendría más de una aventura.

    Al lado de mi casa vivía una mujer de entre unos cuarenta y cincuenta años, era hermosa, su cara angelical, pero de una mujer madura, su culo apretado en buena forma aunque ya muy usado, piernas largas y unas tetas que aunque parecían estar operadas no perdían ese brillo único de unas tetas bonitas.

    En el momento en que ocurrió lo que aquí voy a contar ocurrió cuando yo tenía 20 años, paso mucho tiempo antes de que me diera cuenta que desde mi azotea podía ver hacia el patio de la casa de mi vecina, justo donde se encontraba su lavadero y dónde casi siempre a la misma hora ella lavaba los trastes o la ropa en su lavadora.

    Fueron gloriosas las tardes en las que podía subir y verla con sus jeans ajustados hasta los tobillos. Mientras la veía ella siempre parecía hacer movimientos extraños con sus piernas o inclinarse sin ninguna razón alzando así su hermoso culo perfecto solo para mí, tal cual como si ella supiera que la estaba viendo, razón por la cual mis fantasía aumentaron y se volvieron mucho mejores aún más por seguir siendo virgen a esa edad y creyendo que una mujer con experiencia como ella podría llegar a quitármela.

    Por desgracia o por fortuna, no era por mi que hacia esos movimientos, me costó un poco de trabajo confirmar que los hacía porque llevaba puesto en su vagina un vibrador de aplicación. De esto me di cuenta porque un día en el que había mucho silencio, se escuchaba solo un poco el zumbido del vibrador aún más porque coincidentemente aumentaba cuando ella movía algo en su celular. Conseguí dar con el nombre de la aplicación, me tomo mucho tiempo más averiguar cuál era después de descargar varias, esto lo hice porque leí en internet que esos aparatos no eran tan seguros debido a que cualquiera con la aplicación podría vincularse con el aparato vibrador y así controlarlo.

    Di con el correcto y si, el único aparato que se encontraba tan cerca como para vincularse con el era el de ella, así es que es que esperé al otro día para vincularme rápido antes que ella y comenzar con mi juego e increíblemente lo logré sin esfuerzo. Ella pareció no darse cuenta y continuó haciendo lo que siempre hacía, aquel día llevaba puesto unos pantalones de yoga grises, lo suficiente apretados como para mostrar la forma natural de su culo redondo, pero sin apretarlo demasiado.

    Ella comenzó con los movimientos de siempre, yo continuaba aumentando poco a poco para averiguar hasta que punto ella llegaba y cuando me di cuenta, no era ni una cuarta parte de la velocidad del vibrador. No me importo y continúe aumentando y aumentando, parecía que ya había pasado su límite porque note que varias veces miro su teléfono y trato de mover algo como si quisiera bajar la velocidad, pero obviamente era inútil. Pude ver de lejos que apagó su teléfono por completo, allí se daría cuenta que no era ella, si no alguien más.

    También pude ver que en su vagina comenzaba a notarse un pequeño pedazo mojado. Decidido y sin pensarlo aumente la velocidad al máximo, ella se inclinó demasiado y soltó un grito muy fuerte de placer, su vagina comenzó a echar chorros y chorros de su glorioso líquido, tanto que no tardo nada en poner sus pantalones de yoga de gris claro a gris oscuro y a hacer un charco en el suelo.

    Ella continuo gimiendo y gritando de placer mientras se bajaba el pantalón y trato de quitarse unas ricas bragas rosas también ya empapadas por completo. Se las quitó y pude ver el vibrador en el momento en que se lo saco de su vagina aún chorreante, creo que su hormigueo fue tanto que continuo masturbándose después de lanzar el vibrador a un lado, se masturba un rato aun gimiendo muy fuerte en el suelo.

    El espectáculo fue tal que olvide en masturbarme para eyacular viéndola a ella, su vagina era hermosa aunque no la alcance a ver muy bien, se veía depilada. Se levantó y se puso los pantalones de yoga empapados, se metió en su casa para cambiarse y eso fue todo lo que pude ver.

    Al otro día, ella realizó su misma rutina pero ahora sin el vibrador, el único movimiento que hacía con su culo era cuando tallaba los trastes con fuerza, mientras tanto con continuaba masturbándome mientras la veía, con diferentes jeans, shorts o incluso algunas pijamas sexys, todo eso hasta que encontré otra oportunidad para lograr que al menos mi semen tocara su cuerpo pero esta vez sería arriesgado, pero eso era mi único objetivo por ahora, lograr que al menos mi semen tocara su cuerpo.