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  • Descubrí e-mails: Lo perra que era mi mujer en su pasado

    Descubrí e-mails: Lo perra que era mi mujer en su pasado

    Por casualidad descubrí mensajes y fotos de mi mujer con un ex dónde ellos intercambiaban excitantes mensajes donde hizo desear e imaginar a mi mujer siendo una perra en la cama. Me hizo enfurecer demasiado pues me había jurado que aquel ex era solo su amigo.

    Aquel fin de semana donde mi mujer salió de viaje con su familia y yo me quede en casa por temas laborales, me provocó ver su laptop quizás por un tema de curiosidad pues últimamente con mi mujer habíamos perdido el libido de follar, pues aunque ya lo habíamos hecho de mi y un maneras siempre se llega en un momento de rutina en la relación.

    Había dejado su correo abierto y fui al año 2015 mucho antes de conocerla, y sin querer rebuscando encontrare correos de ellos intercambiando mensajes candentes y sobre todo ciertas fotos adjuntas que él le envío a ella dónde follaban y una donde se lo mamaba con el mismo placer que lo suele hacer conmigo ( una maestra de la mamada)

    Estaba enfurecido… Poco a poco retomé la calma y me puse a leer sus mensajes.

    Mensaje x:

    Ex: «Espero verte pronto para poder follar tan rico como lo solemos hacer y sobre todo que me lo mames y me saques toda esa leche que tengo para ti».

    Ella: «Pronto estaremos juntos estoy full en el trabajo pero pensaré en tu rica pinga todas las noches».

    Mensaje xx:

    Ex: «Me encanta verte y estar junto a ti… No solo porque me lo haces tan rico sino porque también te quiero. Pd: espero pronto me entregues ese delicioso culito que vengo rogándote que me lo des».

    Ella: «Pronto cumpliré tus sueños mi amor… Tienes que ser paciente… Si me quieres sabrás esperar. Nos vemos pronto.».

    Mensaje xxx:

    Ex: «Te extraño mucho… sabes que te deseo mucho y deseo nuevamente tener ese culito para cogérmelo y puedas sentir toda mi leche en tu colita… Me encantas».

    Ella: «Me encanta que seas tan dulce conmigo sabré complacerte siempre… Tienes que saber que no suelo tener mucho tiempo, pero cuando sea el momento de vernos me entregare a ti totalmente… Te quiero”.

    Leyendo esos mensajes de aquel calibre pude enterarme de lo entregada que era mi mujer en el sexo y aunque no puedo juzgarla, ya que yo tampoco he sido una perita en dulce, imaginarla en esas situaciones me hicieron masturbarme con sus fotos y saber que tengo toda una hembra en casa y que solo mía.

    Con los días he vuelto a querer follármela todas las noches que llegó de trabajar y aunque siempre estoy muy cansado no hay días y noches con intervalos en que oído que me mame la verga después de bañarme cuando llego del trabajo o bajarle su pijama para follármela «un rapidín» para mantener esa conchita ocupada, y los fines de semana follarme el culito de mi mujer complaciendo mis bajos instintos

    Y cuando sale con sus amigas, me dan celos pensando que pueda estar en otra situación, pero estoy siempre atrás de ella para mantener esa colita bien mantenida por su hombre.

    Continuará.

    Pd: si quieren conocer como conocí a mi mujer vayan a mi primer relato «Follando con la contadora de mi trabajo, mi compañera sexual» y así varias historias que tengo con ellas publicadas.

    Los dejo ya es sábado y toca follar con mi mujer.

  • El novio de mi amiga

    El novio de mi amiga

    Soy Kaila. Mi amiga Jesy me presentó a su novio (le diremos José) en una fiesta, el tipo era alto y simpático no muy de mi gusto, pero tenía algo que llamaba mi atención, no le di importancia porque era el novio de mi amiga.

    Ese día nos quedamos a dormir en la fiesta, mi amiga se quedó con su hermana en una habitación porque si se quedaba con su novio su hermana le diría a su mamá, a medianoche salí a fumar un cigarro, vi que venía saliendo el novio de mi amiga, me pregunta ¿no puedes dormir? Le dije no acostumbro dormir en otro lado que no sea mi cama, me quede solo por mis amigas que insistieron, le pregunté ¿y tú? Me respondió: te vi aquí y quise venir a acompañarte. Le dije «ok».

    Comenzamos a hacernos preguntas típicas de cuando recién conoces a la persona, unos 30 minutos después y 5 cigarros más o menos, le dije que me iría a acostar a ver si podía dormir y me dijo bueno yo aquí me quedaré no creo poder dormir o te acompaño?.

    Me sorprendió la pregunta porque él es el novio de mi amiga al que acabo de conocer, pero algo dentro de mi me decía que lo hiciera. Para mi edad ya sé que es lo que pretenden los hombres, y aun así le dije que si que me acompañara.

    En la cama que me iba a dormir estaba otra amiga entonces le dije a José vamos a la terraza, allá hay unos camastros, subimos y cuando iba por las escaleras sentí sus manos por detrás resbalando por mi cintura me apretó a él, sentí su bulto en mis nalgas y una emoción que recorría mi cuerpo, una sensación que no todos los días se siente, me beso por el cuello y me volteo hacia él.

    Nos empezamos a besar muy calientes, me cargo de frente y me llevó a la terraza parecía que tenía mucha fuerza. Subió las escaleras con mucha facilidad, había una puerta la cual se aseguró de cerrar, me tiro al camastro y me empezó a desnudar, me chupaba las tetas, metió sus dedos en mi yo gemía y trataba de no hacer mucho ruido, le desabroche el pantalón y le acariciaba su durísimo pene.

    Lo comencé a chupar lo llevaba hasta el fondo de mi garganta, lo escuchaba como disfrutaba y más me prendía mientras el seguía metiendo sus dedos en mi. Me dijo que me girara y me pusiera en 4, su pene estaba tan grande y duro, mi cosita chorreaba demasiado. Comencé a sentir algo raro y era su dedo metiéndolo en mi ano, estaba preparando el terreno.

    Yo no podía decir nada estaba disfrutando al máximo, hasta que saco su pene y me lo metió por detrás, me dolió al principio, pero luego no quería que parara era tan delicioso, lo hicimos de diferentes maneras era un semental, duro muchísimo.

    No tenía idea del tiempo, pero no quería que acabara. Después de un rato se vino dentro de mí, sentí correr ese líquido caliente entre mis piernas, como yo no me había venido me inclino al camastro para masturbarme con su boca y sus dedos. Mi conchita ya estaba hinchada de tanto roce delicioso y aun así soporte que metiera sus dedos muy duro contra mi mientras me chupaba, hasta que hizo que me viniera con un chorro que en mi vida había tenido. Coronamos con un beso baboso, me dijo estas bien rica a ver cuando se repite, y yo solo sonreí.

    Me fui para abajo a fumar otro cigarro y me acordé de mi amiga, recordé que al que me cogí fue a su novio, no me creía lo que hice solo esperaba que nadie nos hubiera visto porque de mí no saldría una palabra y esperaba que de él tampoco.

    Eso fue hace 2 meses, a la semana mi amiga lo dejo para volver con su ex y desde que se dejaron nos hemos visto un par de veces en fiestas y se ha repetido la ocasión, sin sentimientos solo disfrutando el placer.

  • En la autopista

    En la autopista

    Una historia rica de contar, salíamos de camino a cierto lugar en el que obviamente sabía que iba a ver cierta actividad de intercambio de fluidos entre una fémina y yo.

    Efectivamente íbamos ansiosos por llegar pero sabía que teníamos tiempo suficiente para disfrutar mientras tanto la situación que era el transcurso de un camino de 5 horas por llegar, pero el hambre obviamente llegó antes, pues hizo que pasáramos por alimento, y nos detuvimos a comprar para llevar y después buscábamos un lugar en donde comer.

    Sobre la autopista debajo de un puente por el sol que había bastante fuerte estábamos en el crucero de la autopista bajo un puente y nos disponíamos a comer, ella venía junto de mí y yo, aseguré la carga revisando lo que traía que fuese bien sujeto y amarrado y ella requirió ir al baño y entonces le había dicho que se trajera falda, porque regularmente usa pantalón, pero la cuestión de la falda era porque así uno puede meter mano en el asunto y en el negocio.

    Y poder este sentir la gravedad de la humedad en el ambiente y en el sitio, ella descendió de la camioneta y dijo que tenía deseos de orinar y que tapara la visión exterior para mear, en plena calle, la autopista obviamente se podía hacer muy bien, cubrirla tan solo con mi cuerpo y se dispuso a bajarse las pantaletas y levantarse la falda y orinar ahí mismo, frente a mí, cuando yo como expulsaba un largo chorro, extenso, que salía de su parte superior de sus labios vaginales y con sus líquidos brincaban con potencia de su vulva expuesta, al aire de la calle, termino y se levantó para buscar papel y secarse la humedad y el resto de los orines y de paso ofrecerla a la vista ese delicioso lugar de erótico panorama de verdad, de una vulva húmeda y deseosa y con ganas de tener en él pues, el miembro activo dentro.

    Y entonces pues ni tardo ni perezoso ofreciéndome en su intimidad yo saqué el miembro ya erecto al máximo, hice a un lado las tanga y se lo metí con tanta pasión y deseo que resbaló con facilidad que fue prácticamente imposible no venirme, porque la estaba yo arremetiendo lo más que se podía hasta el fondo de su vagina que ella contraía y sentía sus palpitaciones de su húmeda panocha y permitía que mi interior desbordara de lujuria y a gritos le decía que era mi puta, mi perra, mi cachonda vieja, que eso que tenía ahí entre las piernas era para meter la verga, y tómala pues es tuya, hasta que no pude mas y me vacíe y la inunde de semen.

    Hasta el fondo de esa cachonda panocha rasurada y jugosa.

    Que rico me la cogí, y que rico es que se deje parchar así.

  • Mujer tiene sexo en un jacuzzi

    Mujer tiene sexo en un jacuzzi

    Esta historia comienza el día en que con mi marido fuimos a la casa de su amigo a comer un asado con él y su mujer. Allí vi por primera vez un jacuzzi y me enamoré de esa cosa, era lo que necesitaba en mi vida. Con él podía relajarme mientras me daba un baño, tocarme debajo del agua y fantaseaba con hacer el amor allí dentro. Era el objeto que quería tener en nuestra casa, pero mi marido no me lo compro porque lo considero bastante caro y poco útil.

    Esta negativa de mi marido no me hizo perder las esperanzas de poder algún día meterme en un jacuzzi, siempre mantuve el sueño intacto y gracias a ello se me cumplió. En mi trabajo tengo un compañero de trabajo llamado Pablo que anda detrás de mi y que siempre me habla y me dice cosas aun sabiendo que soy una mujer casada y con dos hijos. Me decía de ir a su casa luego del trabajo pero yo siempre lo rechazaba, sin embargo, un día me hablo de un hotel de alojamiento que tenía jacuzzi y me respuestas fue otra.

    Recuerdo muy bien aquella tarde noche de aquel jueves, con Pablo fuimos a este hotel que tenía jacuzzi y en medio del viaje le envié un mensaje a mi marido diciéndole que iba a llegar tarde por culpa del trabajo. Recuerdo que al entrar a la habitación lo primero que vi fue el jacuzzi y lucia espléndido, era blanco, redondo y espacioso para incluso cuatro personas. Lo primero que hicimos aquella noche fue encender esa cosa y cuando el agua ya estaba media calentita me desnudé en frente de Pablo y con el cabello recogido me metí en el agua.

    La mejor noche de mi vida había comenzado, soñaba con eso durante varias semanas y se me estaba cumpliendo. Cerré los ojos cuando empecé a sentir las burbujas, era tan confortable aquello que quería quedarme a vivir allí dentro. Mientras tanto Pablo abrió una botella de champagne y me sirvió en una copa. Mientras me bebía esa copa, Pablo se fue quitando la ropa y ya estando desnudo se metió en el jacuzzi en frente mío. Entonces la noche empezó a ser mejor porque el alcohol nos desinhibió y empezamos a reírnos y cuando íbamos ya por la segunda copa yo lo empecé a tocar debajo del agua.

    Con mis pies le empecé a tocar y a rozar el pene por lo cual hice que se ponga erecto y duro como una piedra. Ya en este estado intenté hacerle una paja con mis pies apretando desde ambos lados y subiendo y bajando. Estuve haciendo esto por varios segundos hasta que considere que era mejor hacerlo con la mano así que le indique con un dedo de que se acercara a mi lado. Ya estando a mi lado nos empezamos a besar y mientras nuestros labios se divertían yo lo pajeaba con mi mano por debajo del agua.

    Luego de esto el se levantó del jacuzzi, se sentó sobre el borde y agarrándose el pene me pidió que se la chupe. Con mi copa en mi mano izquierda me coloque entre medio de sus piernas, acerque mi cabeza a su pene y lo primero que hice fue lamerle todo el tronco desde abajo hacia arriba con toda mi lengua. Ya en la punta comencé a tragar y a chupar todo al mismo tiempo, incluso me tomaba el champagne que tenía en mi copa. El mientras yo hacía esto con su pene se tomaba también su champagne y cuando no lo hacía colocaba sus manos sobre mí cabeza.

    Su pene era grande y venoso como la de mi marido así que fueron varios los minutos en los que estuve mamándosela. Cuando me acabé la copa de champagne podía usar ya las dos manos, así que, con ellas agarre mis enormes tetas de madre de dos hijos y como si fuesen mis pies apreté su pene desde ambos lados. Entonces comencé a hacerle una paja turca con mis tetas y el lo gozaba bastante, hice que mirase el techo del placer que estaba sintiendo y que dijera «hmmm que rico». Además yo trataba de chuparsela de este modo, lo que hacía era agachar la cabeza y cuando la pija subía me entraba por la boca.

    Después de esto comenzamos a garchar y lo hicimos del siguiente modo. Yo me puse en cuatro patas dentro del jacuzzi y el desde atrás y con mucho cariño me dio amor. El me embistió agarrándome de la cintura y cuando me daba bien duro me agarraba del pelo y me tiraba hacia atrás. Luego pasamos a la cama y allí hicimos más cositas ya que era más cómodo coger allí que en el jacuzzi. En la cama estuve un buen rato cabalgando encima de el, cogimos de costado y besándonos y también en cuatro pero con mi cuerpo apoyado sobre el colchón. Terminamos la faena sexual con el parado sobre la cama y yo chupándosela hasta hacerlo acabar en mis tetas.

    Ese jueves viví uno de los mejores días de mi vida, pude por fin usar un jacuzzi y cumplir una de mis fantasías sexuales.

  • La casa de papá

    La casa de papá

    Todo comenzó cuando mi madre se comprometió con un hombre que apenas conocía, trayendo con él a su insufrible hija que además dormiría en mi habitación. Discutíamos constantemente por tonterías y no quería seguir viéndola.

    Mientras tanto mi madre no hacía más que repetir frases como: «Intenta llevarte bien con ella» o «Puede ser incomodo, pero se pueden llevar bien». ¡Cómo extrañaba a mi padre!

    Dos semanas después de la boda, estaba dispuesta a ponerme en marcha y rogarle a mi padre que se mudara a una casa más grande para que, al menos, pudiera quedarme a dormir.

    La siguiente vez que estuve en casa de mi padre, le conté todo sobre mi vida en casa. Como siempre, entendió mi situación. Dijo que tendríamos que pensar en lo que podríamos hacer.

    Más tarde, ese mismo día, me envió a la tienda de la esquina a comprar para la cena, y cuando regresé, le había comprado un sofá usado a un vecino. Estaba encantada y le pregunté si podía quedarme a dormir. Mi padre sonrió y asintió.

    Me tiré en el sofá. Mi padre dijo: «El sofá es para mí. Puedes quedarte en la cama. Es más cómoda».

    Le dije: «¡Oh, no, papá! No quiero echarte de tu propia cama».

    «Bueno, ¿qué clase de padre sería si te dejara dormir allí mientras yo duermo en la cama».

    «¡Oh, papá!».

    «Oh, no importa», dijo mi padre. «Los padres siempre hacemos sacrificios por nuestros hijos».

    Discutimos sobre eso, pero era inútil. Al final, le hice caso.

    Preparé la cena y comimos. Luego limpié los platos mientras mi padre llamaba a mi madre para avisarle que iría a casa al día siguiente. Luego me acurruqué junto a mi padre en el sofá y vimos la televisión con su brazo rodeándome. El sofá era genial para sentarse, pero no era bueno para dormir.

    Cuando nos cansamos, me metí en la cama de su dormitorio y él se acurrucó en el sofá del salón. No llevaba camisón porque no esperaba quedarme, pero no hubo problema con eso; nos habíamos visto desnudos cuando él y mi madre estaban juntos.

    Me senté con las rodillas dobladas y los brazos alrededor de las piernas. Desde donde estaba sentada, podía verlo, dando vueltas y vueltas, tratando de ponerse cómodo. También podía ver el enorme espacio a mi lado, porque la cama era de dos plazas.

    Entonces me levanté de la cama, me acerqué y dije: «Papá, ¡ven conmigo!». Lo tomé de la mano y lo llevé a la cama. «¡Vamos a dormir en la cama, papá! Hay espacio para los dos».

    Él dijo: «Pero…eh ¿no te incomoda… dormir conmigo… eh…?».

    Le dije: «No te preocupes»

    Nos acostamos juntos. Él me dio la espalda y podía sentir el olor de su piel, que tanto había echado de menos, flotaba sobre mí.

    Es diferente estar acostada desnuda al lado de alguien que a sentarse en el sofá, vestido, con tus brazos alrededor de él. En un momento comencé a acariciar suavemente la piel a ambos lados de mi clítoris.

    Todas las dificultades que había tenido en casa solo me hicieron desearlo más. Me acurruqué contra él y envolví mi brazo alrededor de su cuerpo, sintiendo nuestra desnudez. Acaricié lentamente mi clítoris con la otra mano y comencé a quedarme dormida. Fue un pequeño y suave ruido en la cama a mi lado lo que me despertó. ¡Mi padre se estaba masturbando!

    Estiré mi mano hacia su verga, tocándolo con el dorso de mi mano. Me di cuenta de que había estado haciendo suaves caricias a lo largo de su verga con su mano. Pero cuando toqué su verga, se detuvo. Él estaba dejando que mi mano se quedara ahí.

    Envolví mi mano alrededor de su verga y continué el movimiento de caricia para él. Puso su mano suavemente sobre mi brazo, aceptándome. Luego se puso boca arriba y continué acariciándolo. Nos besamos, nuestras lenguas se chocaron una contra la otra.

    ¡No podía creer lo rápido que estaba sucediendo todo! Un minuto éramos solo padre e hija, y al minuto siguiente todo lo que sentíamos salió a la luz.

    Me di cuenta de que quería a ese hombre dentro de mí. Me preguntaba hasta dónde me dejaría llegar. ¿Intentaría detenerme si me subía encima de él?

    La idea de que su verga estuviera dentro de mí era demasiado para resistirse. El sentimiento burbujeó en mi voz, y me encontré diciendo, con un tono agudo y susurrante, «Por favor, papá. Cógeme».

    No dijo nada, solo se subió encima de mí. Luego, con un movimiento suave pero decidido, me vergatró, avanzando hasta lo más profundo. Sus testículos chocaron contra mi culo, enviando una ola de placer que recorrió mi cuerpo.

    Podía sentir su corazón latiendo salvajemente, sus respiraciones entrecortadas calentaban mi cuello. El placer se acumulaba en mi.

    Y entonces, en un instante de pura euforia, me vine. Mi cuerpo se estremeció bajo el suyo y mi espalda se arqueó. Un chillido de placer se escapó de mis labios. Él siguió moviéndose dentro de mí, prolongando mi orgasmo hasta que finalmente, con un gemido gutural, se corrió dentro de mi.

    Sentí su cuerpo relajarse sobre mí, inmovilizándome contra la cama. Me sentí completamente unida con él. Supe en ese mismo momento que lo amaba y le pertenecía.

    Ambos nos quedamos dormidos en esa posición. Cuando nos despertamos por la mañana, todavía estábamos en esa posición. Juntos despertamos y juntos nos levantamos. Juntos caminamos a la ducha con mi cabeza apoyada contra él. Nos duchamos y luego nos secamos el uno al otro y preparamos el desayuno, desnudos.

    Mientras lavaba los platos, llamé a mi madre, llena de calma interior y la certeza de que no volvería a casa para vivir con ella, sólo para visitarla. Y la visita no sería por un tiempo, porque tendría que darle tiempo para adaptarse al nuevo acuerdo. No lo había hablado con mi padre, pero sabía que él lo deseaba tanto como yo.

    Le expliqué a mi madre que yo pertenecía a esa casa. Ella intentó convencerme de lo contrario, pero cuando falló, quiso que la verme y «hablar de eso». Le dije que no había nada de qué hablar, porque no había nada que pudiera hacer o decir para hacerme cambiar de opinión. No quería ver a esa gente y era feliz con mi padre.

    Miré a mi padre, parecía emocionado y feliz. Mi madre intentó convencerme. Le dije que no, quizás en un mes. Luego dijo que quería hablar con mi padre y le dije que no era su decisión, era mía, y que aún no lo había hablado con él. Lo que era verdad

    Me recosté en el sofá y abrí las piernas, haciéndole señas a papá para que se acercara. Mientras se acercaba, señalé mi entrepierna. Se agachó y empezó a usar su lengua. Entonces le dije a mi madre: «Está ocupado, no puede hablar».

    Mi madre me llamó algunas veces, pero finalmente se rindió. Conseguí un trabajo de medio tiempo y vivimos sin problemas. Pasaron los meses la relación con mi papá se fortaleció y al final mi madre se volvió a divorciar.

  • Fantasea con Mónica

    Fantasea con Mónica

    Okay, el título es raro, pero se me ocurrió un nuevo tema sobre el cual escribir. Mucha gente comenta que le gusta fantasear conmigo mientras lee el relato entonces pensé «¿No sería buena idea hacer un relato donde ellos fuesen el protagonista y fantaseasen conmigo?» Y aquí está, un relato que creo que es muy distinto a los que podáis encontraros. No será el único, posteriormente publicaré uno que sea lésbico para mi público femenino o amante del sexo lésbico. Apunte importante, este relato se me ocurrió leyendo comentarios, por lo que si comentáis me ayudáis mucho a mejorar la escritura y me inspiráis para escribir más, un beso y espero disfrutéis de vuestro relato (porque esta vez el protagonista sois vosotros).

    Tras un largo y duro día de trabajo llegué a la casa de mis padres para comer con ellos y pasar la tarde. Nada más entrar, dejé la maleta en el sofá y fui directamente al baño para cumplir con mis necesidades básicas, mientras estaba dentro comencé a escuchar ruidos, concentrándome más y en total silencio, me di cuenta que eran gemidos provenientes de la habitación de al lado, habitación donde solía dormir mi tía, Mónica.

    Sabía que ella iba a estar en casa para comer con nosotros, pero no pensaba que estaría tan pronto. Me lavé las manos y fui en silencio hasta la puerta de su cuarto la cual estaba entre abierta, me asomé un poco y la vi totalmente desnuda masturbándose tumbada en la cama, su figura era idílica, su cuerpo blanquecino se mecía al ritmo que se metía los dedos en su rosado coñito que se dejaba ver por sus piernas abiertas, su tetas botaban natural y muy suavemente, era casi hipnótico ver esos pechos decorados con areolas grandes y tan sensuales, su excitación se podía ver a simple vista con tan solo observar su preciosa figura retorciéndose de placer.

    Ella gemía con pasión y sin vergüenza alguna, sus gemidos se mezclaban con los de la actriz del video que estaba viendo, en mi pantalón sentí crecer un bulto, comencé a frotar por encima del pantalón mi erección viendo esa sensual escena hasta que la puerta hizo un crujido haciendo que Mónica se asustara y me pillase mirándola.

    -¿Qué coño haces?

    -Yo… eehm yo…

    No podía parar de fijarme en todo su cuerpo, sus piernas abiertas mostrando su coñito gordito y su tetas que me apuntaban con los pezones. Su cara de enfado mezclada con el rubor de sus mejillas no era normal.

    -Eres un puto depravado.

    -No yo… escuché ruidos y me acerqué para ver si todo iba bien…

    -Claro y pajearte mirándome ¿no?

    Se levantó rápidamente de la cama, no pude evitar fijarme en sus tetas rebotando al son de sus pasos rabiosos, me agarró del brazo y me metió en su cuarto, miró por la puerta dándome la espalda, vi su culito enrojecido, supuse que también se había azotado a sí misma antes de que yo llegase, después cerró la puerta de un golpe y me miró de nuevo y como la otra vez, la mirada se me desvió automáticamente a sus voluminosos pechos de nuevo.

    -No le digas nada a tus padres, ¿vale?

    -No les diré nada.

    -Ni a tus amigos ni a nadie.

    -Bueno…

    -Bueno que.

    Hasta este punto he de confesar que la tía Mónica se me hacía una mujer muy atractiva y he tenido muchas noches fantaseando con ella y masturbándome pensando en su cuerpazo cabalgándome y yo eyaculando en su boca. Su edad de milf no me importaba, nuestra familiaridad me daba igual, desde hace muchos años estaba pillado por ella y debía aprovechar.

    -Follemos y no le diré nada a nadie.

    La tía Moni (que así la llamaba algunas veces) se me quedó mirando sorprendida, y tras un silencio mirándonos fijamente su rostro se cambió a una mirada asesina.

    -Eres un degenerado, no voy a follar contigo, ¡eres mi sobrino!

    -Vi como te masturbabas y también te he escuchado algunas veces hablando con mi madre por la noche sobre que estabas meses sin follar y que querías una buena polla dentro de ti. Yo te la puedo dar.

    Agarré mi paquete agitándolo suavemente. Ella desvió su mirada hacia mi pantalón y volvió a mirarme con la boca abierta.

    -Que eres mi sobrino ¿no lo entiendes?

    -¿Y? En casa no hay nadie y podemos hacerlo ahora, si no lo haces se lo diré a mis padres y también a más gente.

    -Joder.

    Fue a la mesa de noche a por una goma para el pelo, me tiró en la cama, ya la tenía ganada. Me quité los pantalones y los boxers que estaban mojados y saqué mi polla erecta agitándola un poco mirando a la tía Mónica, ella con el pelo ya atado y con una coleta que la hacía ver cien veces más sexy, agarró mi polla y comenzó a masturbarla lentamente con ambas manos, su mirada estaba fija en mi miembro, sus ojos no paraban de subir y bajar mirando con detalle todo mi aparato.

    De un momento a otro se metió toda mi verga en su babosa boca haciéndome una mamada apasionadamente, se notaba que esa puta quería comerse una buena polla, se la metió hasta el fondo de su garganta y la sacó tomando aire y escupiendo su blanca y espesa saliva sobre mi glande para después volverse a meter mi miembro en su boca repitiendo este proceso varias veces.

    -Joder sí que la tienes grande…

    Puse mi mano en su cabeza y en una de sus felaciones empujé su cara contra mi pene dejándola con toda mi polla entera dentro de su boca durante un buen rato hasta que no podía más dejándola respirar.

    Ya con mi miembro lubricado me eché más a la cama tumbándome completamente en ella apoyando mi cabeza sobre sus almohadas, Mónica se subió encima de mi y comenzó a besarme con su húmeda boca y sus carnosos labios, sus tetas estaban en contacto con mi pecho, pasé mi mano sobre su cintura y procedí a propinarle unos azotes haciendo que ella soltase unos quejidos muy calientes.

    Se alejó de mi, agarró mi polla y se la fue metiendo lentamente en su vagina la cual estaba muy húmeda por fuera y por dentro estaba prieta y caliente, comenzó a cabalgarme, mi miembro se deslizaba dentro de ella sin problema alguno, se nota que estaba muy cachonda y desesperada, agarré ambas tetas con mis dos manos para apretarlas y jugar con ellas a la vez que veía cómo rebotaban con cada salto que daba sobre mí.

    Se encorvó un poco apoyando sus manos sobre mi pecho para comenzar a cabalgar más rápidamente como si estuviese haciendo twerking en mi falo, su cuerpo se retorcía de placer, sus suspiros se convirtieron en ruidosos y agudos gemidos terminando así de correrse en mi polla en señal de que ya alcanzó el orgasmo.

    Cansada se tumbó al lado de mí y comenzamos a besarnos de nuevo mientras nos toqueteábamos suavemente. Con ella tumbada boca arriba me levanté, abrí sus piernas para luego comerle el coño mientras me agarraba a sus muslos, era suave y muy húmedo, estaba caliente y sus labios exteriores me rodeaban la boca, ella comenzó a masturbarse frotando sus dedos sobre su clítoris, yo pasaba mi lengua tanto por su vulva como por su pequeño ano.

    Después de lamer el postre, me levanté, me puse a un lado de la tía y metí mis dos dedos dentro de ella mientras con la otra mano tocaba uno de sus pechos, empecé a masturbarla agitando violentamente mis dedos dentro de su mojado coño, incluso se podía escuchar cuan de empapada estaba su vagina. Su cuerpo se agitaba de la excitación que le estaba dando, sus manos se agarraban a las sábanas, sus gemidos eran altos y su cara estaba totalmente enrojecida al igual que su vulva, tras un pequeño rato complaciéndola conseguí que su vagina se corriera otra vez soltando un chorro a la vez que ella dejó escapar un grito de placer volteando su cabeza hacia arriba y encorvando su divina figura, volví a meterle los dedos para masturbarla y volví a conseguir el mismo chorro, me acerqué a su vagina la masturbé de nuevo y sus fluidos empaparon toda mi cara.

    -Otra vez, otra vez, dios, dios, dios aahh…

    Su gritos me ponían caliente y muy burro. La volteé, la dije de ponerse en cuatro, ella lo hizo y sin aviso la metí la polla por la vagina empotrándola ferozmente contra el cabecero de la cama, con todas mis fuerzas empujaba mi pene dentro de ella, su cuerpo se dejaba llevar con cada penetración que asestaba, a su vez también azotaba sus preciosas nalgas que no paraban de rebotar dejando en ellas las marcas de mi mano que en muy poco tiempo enrojecían.

    Mis azotes eran tan fuertes que los gemidos de Mónica se convertían en gritos de dolor, sus glúteos quedaron enrojecidos incluso un poco ensangrentados, pero la desesperada seguía y me pedía «más fuerte, más fuerte cariño más fuerte». El golpeteo de nuestros cuerpos se podía escuchar en todo el cuarto y me apostaría lo que fuera de que se podía escuchar en toda la casa. Después de un buen rato en cuatro conseguí que ella llegase al orgasmo nuevamente.

    Se dejó caer en la cama dejando expuesto su culo hacia mi.

    -Por el culo por favor, métemela por el culo.

    -Quiero correrme en tu boca.

    -Luego, quiero que me penetres el culo.

    Me agaché para lamerle el culo que ya de por si estaba mojado por todo el fluido que había bajado a su orificio. Acerqué mi glande a su ano mientras ella seguía tumbada boca abajo y poco a poco fui metiéndola mi venoso miembro, la miraba a la vez que lo hacía y su rostro cambiaba a expresiones de placer y dolor repetidas veces.

    -Si joder si…

    -¿Te gusta tía Moni?

    -Me encanta.

    Conseguí meter todo mi pene dentro de ella, y comencé de nuevo a taladrarla mientras me apoyaba en su preciosa espalda, su ano me apretaba el tronco del nabo. No sé si la tía Mónica gritaba de dolor o de placer, pero lo que sí sabía es que lo estaba disfrutando como nunca. Todo su cuerpo se mecía violentamente con cada empujón que la daba, la cama chillaba y botaba, su ano apretaba cada vez más y sentía que me iba a correr, saqué mi polla rápidamente y la dije de poner su boca, ella se giró y a tiempo pude correrme en su carita y en el interior de su boca llegando incluso a mojar sus tetas con mi semen, comenzó de nuevo a mamármela limpiando mi flácido y enrojecido miembro. Luego se tumbó en la cama con una sonrisilla en la cara mientras se limpiaba las tetas con su dedo metiéndoselo luego en su boca preciosa boca.

    -Gracias sobrino, espero no se lo digas a nadie eh.

    -No se lo diré a nadie, lo prometí.

    -Que fiel, venga salte, tengo ducharme y limpiarme de tu corrida.

    Agarré mi ropa y antes de salir semidesnudo de mi habitación, me volteé para mirarla, seguía ahí tumbada con una mano en las tetas y chupándose los dedos, intercambiamos miradas, su sonrisilla me estaba provocando. Hizo un gesto suave para que saliera del cuarto y eso hice, mi fantasía más húmeda se había cumplido.

    Espero que os haya gustado este nuevo «formato» si es que se le puede llamar así, próximamente publicaré la versión lésbica para los y las amantes del sexo entre mujeres. Un beso mi querido/a lector/a.

  • La follada que me atrapó

    La follada que me atrapó

    Hoy les voy a contar cómo fue —en parte— que me conocí con mi esposo y artífice de todas mis deliciosas fantasías. Llevo unos días escribiendo este relato y aunque siento que se ve como una novela de erótico romance, me siento feliz con el resultado. Cabe mencionar que todo lo que voy a narrar sí sucedió realmente, pero como ya lo puse en mi perfil, Keev y Sarah no son nuestros nombres reales, más que nada los utilizo para cuidar nuestra privacidad.

    Bueno, vamos a empezar. Keev y yo nos conocimos en una fiesta de bodas, una amiga mía había contraído nupcias y para no hacer el relato tan largo, los nuevos esposos nos presentaron. Keev era amigo de él y yo era amiga de ella.

    Cuando la velada comenzó a apagarse y los invitados se marcharon a sus casas, Keev me invitó a recorrer la orilla de la playa con él y así ver juntos el amanecer. Nos quitamos los zapatos y entonces seguimos hablando. De pronto, y cuando el sol comenzaba a asomarse en el horizonte, detuvo su andar y se puso exactamente frente a mí. Aun llevaba sus zapatos en la mano derecha y los tres primeros botones de su camisa se habían abierto, dejándome ver su pecho blanco y provocativamente suave.

    —Desde hace unas horas he querido hacerte un comentario —me dijo—. Si te soy sincero, me da un poco de miedo que lo interpretes como algo atrevido.

    Fruncí el cejo. Hasta ese punto estaba tan conquistada por su apuesto y sensual físico que si me hubiese metido la mano debajo del vestido, solo me habría reído y lo hubiese dejado.

    —Vamos, dilo ya.

    —¿Segura?

    Joder, quería gritarle que sí, agarrarlo y besarlo, sentir esos dedos largos en mi coño que se estaba mojando.

    —Venga, Keev, sin miedo.

    —Te ves hermosísima con ese vestido.

    Y entonces solté una carcajada.

    —¿Eso es todo? Yo pensé que me dirías… no sé, algo obsceno.

    —He tenido encuentros con mujeres que sí se les hace un atrevimiento.

    —Naaa, qué va, para mí sí es un cumplido —mi frase iba a terminar ahí pero ya que estábamos en el borde, decidí aprovecharme de la situación y ver qué tan lejos podíamos llegar—. ¿Te soy sincera ahora yo? Realmente esperaba un comentario atrevido.

    Lo vi sonreír y de inmediato agregó:

    —En ese caso déjame decirte que el tamaño de tus tetas me la ha puesto durísima.

    Abrí los ojos con sorpresa y comencé a reírme. Mis mejillas se habían puesto rojas.

    —Joder, eso sí que es un comentario atrevido. Me gustó mucho, por si lo preguntas.

    —Disculpa, eso solo dio a entender que te he visto las tetas el mayor tiempo de la noche.

    —Disculpas aceptadas solo si tú aceptas las mías.

    —¿Por qué me pedirías disculpas?

    —Porque yo también te he estado viendo el paquete.

    Volvió a sonreírme y esta vez se acercó un poco más.

    —¿Te puedo invitar a salir mañana? —me lo pensé un segundo y quizá eso lo obligó a continuar—. Yo sé que es domingo y no podemos desvelarnos para nuestros empleos, pero podríamos ir a comer y te iría a dejar a tu casa antes de las ocho. ¿Te parece?

    —Me suena a una fantástica idea. Acepto.

    Al día siguiente lo vi comer, devorar sus papas fritas con esa boquita deliciosa y esa lengua que podría causar maravillas si tan solo decidiera ponerla en mi conchita. Sus dedos también me resultaban una maravilla, sentirlos pasar por mi cuello, entrar en mi boca y retirarme el hilito de las tangas que seguramente me llevaría al orgasmo en un par de segundos.

    De pronto, uno de sus pies tocó mi tobillo izquierdo y suavemente comenzó a darme discretas caricias. Quizá había percibido el deseo en mi mirada, o solo estaba tratando de ser tierno. Lo cierto es que la aspereza de su zapatilla deportiva hizo que en mi estómago las mariposas despertaran y mi coño se humedeciera todavía más.

    Nuestra comida y charla terminaron una hora después. Amablemente Keev pagó por los dos, ya que según él, él me invitó y por lo tanto él debía pagar. Subimos a su auto y manejó de regreso a mi piso mientras escuchábamos música en la radio. Cuando llegamos al edificio, se ofreció a acompañarme hasta la puerta y yo acepté encantada.

    Ambos sabíamos que el simple hecho de hacer eso, significaría que terminaríamos en la cama. Y así lo hicimos.

    Apenas abrí la puerta de mi piso, Keev me hizo entrar y comenzó a besarme, acto que por supuesto correspondí. Nada de besos tranquilos y dulces, piquitos o tímidos. No, lo que estábamos haciendo era comernos la boca y la lengua. Nos mordimos y succionamos, lengua con lengua hasta que nuestras salivas terminaron embarrándose alrededor de nuestros labios. Finalmente y cuando necesitamos aire, nos separamos.

    —Perdón —dijo entre respiraciones pausadas—, creo que debí haberte preguntado antes.

    —No me pidas perdón y vuelve a besarme.

    —Espera, Sarah, primero necesito saber hasta dónde quieres llegar.

    —Keev —le sostuve las mejillas y lo vi directamente a los ojos—, no tengo un límite. Fóllame como quieras, hazme lo que quieras, pero por favor, tócame y caliéntame.

    No se lo dije dos veces, volvió a tomarme de la cintura, me besó y deslizó una de sus manos por la parte trasera de mi short. Cuando sintió lo que llevaba puesto, me obligó a despegarme y me vio con los ojos bien abiertos.

    —¿Esto es lo que creo? —tiró del hilo de la tanga.

    —¿Te gusta? —no quería imaginar lo despeinado de mi cabello y lo rojo de mis mejillas y labios.

    —Demonios, Sarah, tú tienes dos posibilidades.

    Fruncí el cejo.

    —¿Dos posibilidades? No te entiendo.

    —O te conviertes en mi mejor amiga, o te vuelves el amor de mi vida. Ven aquí, preciosa, voy a desnudarte. Te follaré tan rico que no creo que lo vayas a olvidar en un par de meses.

    Envolvió sus enormes brazos por debajo de mis nalgas y me cargó hasta el sofá más largo. Me tendió y comenzó a quitarme la blusa y el short. Al ver el pedazo de lencería que aparentemente cubría mis partes íntimas, sus ojos adquirieron un brillo de hambre y salvajismo. Mi brasier no era más que dos triángulos pequeños en los que se marcaban mis pezones duros y rositas, y abajo, el triángulo de la pequeña tanguita tampoco conseguía cubrirme lo suficiente. Keev me dio la vuelta poniéndome bocabajo, me dio un azote fuertísimo en las nalgas y yo sentí cómo mi coño comenzaba a llenarse de mis juguitos. Estaba caliente y necesitaba sentir su verga dentro de mí cuanto antes.

    Sus manos recorrieron mi espalda y mi trasero, me quitaron el nudo del sostén y después fueron directo a donde yo las quería. Levantó con cuidado el hilito escondido entre mis nalgas y después lo soltó, provocando que el golpe diera directo en mi ano y sintiera electrificarme.

    Gemí y el sonido pareció gustarle, porque de inmediato me rompió la tanga y la arrancó, dejándola a un lado del sillón. Lo escuché desabotonarse el pantalón y romper el empaque de un condón.

    —¿Sarah? —me habló.

    —Dime.

    —¿De verdad quieres esto? —apoyó su verga sobre la piel de mi trasero. Estaba caliente y la podía sentir incluso a través del preservativo.

    —Sí… por favor… hasta dentro…

    Lo sentí dudar, pero finalmente soltó la pregunta.

    —¿Te vas a volver mi puta esta noche?

    Sonreí sin que él pudiera verme. La palabra se internó hasta el fondo de mi ser y me puso todavía más cachonda y traviesa. Esas eran el tipo de palabras que me gustaban cuando me estaban follando.

    —Sí, tu puta todas las veces que quieras. Clávate hasta el fondo y dame duro.

    —Te voy a reventar la concha a puro vergazo —y entonces de un solo golpe se metió hasta dentro.

    Grité y traté de moverme, pero su cuerpo entero no me lo permitió. Su verga era gigante, caliente y muy rica. Se sentía deliciosa dentro de mi coñito que se apretaba a su alrededor y la lubricaba con más de mis jugos. Sus manos estaban presionadas contra mis brazos, fue entonces cuando comenzó a moverse y a envestirme con una fuerza bruta y bestial. Dominante y posesiva mientras agitaba su cuerpo con el mío y me poseía, me hacía suya marcándome con una follada que me costaría mucho tiempo olvidar. Sus bolas toparon con mis nalgas, una y otra vez mientras me gritaba lo zorra que me estaba volviendo.

    El vaivén de nuestros cuerpos agitó el sillón y lo movió unos cuantos centímetros de su lugar original. Después de unos minutos así, se quitó de encima y comenzó a desnudarse mientras yo me sentaba frente a él y contemplaba sus muslos gruesos y llenos de pequeños vellitos. Su verga estaba bien parada, gruesa y llena de venitas que se lograban ver a través del látex transparente.

    —¿Te gusta lo que estás viendo? —me miró y comenzó a masturbarse. Su mano subió y bajó alrededor de todo su tamaño y dureza.

    —Me encanta —estaba tan embobada que ni siquiera supe lo que le respondí.

    Keev se acercó a mí, se quitó el condón y me colocó la polla entre las tetas. Estaba claro que quería una rusa y yo no era quién para negárselo. Le escupí un par de veces y envolví su verga con mis senos mientras cumplía la función de una vagina.

    —Nena… —suspiró. Su voz estaba ronca— qué ricas tetas tienes. Dale así amor… dale más rápido…

    Su respiración se iba haciendo más y más agitada, pensé que se vendría en mi cara y me llenaría de su lechita caliente, la cual me terminaría bebiendo hasta la última gota. Ese hombre me gustaba y mucho. Pero entonces me detuvo.

    Lo miré extrañada, sobre todo cuando me hizo levantarme y me colocó en cuatro encima del sillón. Me dio un azote y su boca tocó por completo mi concha. No pude resistirme y di un fuerte grito mientras trataba de agarrarme del respaldo del sofá.

    —¿Te gustaría que te chupe el mejillón?

    —Sí… me gustaría —estiré una de mis manos y tiré de mi nalga, abriéndome la vagina e invitándolo a seguir.

    Keev me devoró todo, me chupó el clítoris y su lengua se introdujo en mi hoyito una y otra vez. Sus brazos se volvieron alrededor de mi cintura y me atrajeron todavía más hacia su boca.

    —Qué deliciosa estás —hizo sonidos con la lengua mientras seguía lamiendo y chupando.

    El coño me chapoteaba y estaba lista para correrme. Pero si lo hacía, no tendría la oportunidad de montarme sobre él, y es lo que más deseaba. Parecía gata en celo y deseaba tenerlo dentro de mí el mayor tiempo posible.

    —Espera… espera —al ver que no dejaba de chuparme tiré de su cabello y conseguí apartarlo—. Quiero montarme en ti, por favor.

    Keev se apartó, cogió su pantalón y extrajo un nuevo preservativo.

    —¿Dónde está tu habitación?

    Bajé del sillón con los pies descalzos, y tras tomarlo de la mano lo conduje hasta donde se hallaba mi cuarto. Mi piso no era especialmente grande, así que no nos tomó ni medio minuto llegar hasta él.

    —En algún momento ten por seguro que me pondré esas nalgas sobre la cara.

    Volteé para sonreírle.

    —¿Siempre eres así de poético?

    Su carcajada me hizo cosquillas en el estómago.

    —Solo si tú lo deseas. Dime, ¿lo deseas, Sarah?

    No contesté su pregunta porque en cuanto llegamos, lo arrojé a la cama y me subí sobre él mientras le colocaba el condón. Si había una próxima vez, que de verdad esperaba que la hubiera, me aseguraría de tomar alguna pastilla para no usar preservativo de látex. Quería sentir la naturalidad de su verga deslizándose dentro de mí. Quería sentir esa puntita carnosa tocar lo más profundo de mí

    Tomé su polla y la llevé a mi entrada para comenzar a sentarme. La satisfacción que sentí no puede ser explicada con palabras, porque aunque ya me había follado desde atrás, el estar montada sobre él, cabalgando como la más grande de las putas era simplemente excitante y delicioso.

    Adelante y atrás, montada y moviéndome mientras apoyaba mis dos manos sobre su pecho duro y mis senos se movían frenéticos. Él me tenía agarrada de las caderas y juntos buscábamos el empuje perfecto. Los ojos me lloraban de tan alta excitación, no paraba de morderme el labio y ver esos hermosos ojos azules que estaban en llamas.

    —Ostia, mamita, qué rico te mueves… No te detengas —estiró su mano y me haló del cabello—. ¿Así te follas a todos, zorra hija de puta?

    En respuesta solo gemí y aumenté la fuerza de mis movimientos. Después de unos minutos, lo escuché decir mientras apoyaba la cabeza hacia atrás y se retiraba los rizos de cabello mojado que le caían en la frente.

    —Despacio nena… me estás lastimando…

    Sonreí.

    —Dijiste que te estaba gustando.

    —Y me gusta pero… carajo, me la vas a reventar.

    —Guarda silencio —llevé dos de mis dedos a su boca y los hundí dentro de ella. En respuesta, Keev comenzó a chupármelos.

    El fuego comenzaba a consumirme y sentí cómo todo mi cuerpo temblaba y se sacudía. Había llegado al orgasmo.

    Keev volvió a agarrarme del cabello, me dio una bofetada y aumentó sus envestidas. Un segundo después se corrió y su chorro caliente de leche corrió en el condón.

    Caí rendida sobre él, completamente exhausta y sin poder moverme. Y entonces Keev hizo algo que no me esperaba. Me abrazó, me besó la frente y dijo:

    —Estuviste increíble, amor.

    —¿Amor? —le sonreí, ambos estábamos cubiertos de sudor. De verdad que no pude contener mi sorpresa ante aquella palabra.

    —¿Sería muy pronto para decirte novia?

    Ese fue el principio de nuestra historia. Un año después de ese primer encuentro, después de algunas citas, algunas discusiones, reconciliaciones, fiestas, folladas, charlas y de vivir juntos para probar suerte, finalmente decidimos casarnos. Tengo un hombre maravilloso a mi lado, y nunca me cansaré de repetirlo.

  • La búsqueda (capítulo III)

    La búsqueda (capítulo III)

    Coméntenos, por favor. Cualquier comentario es bien recibido. Ponemos los vínculos y resúmenes de los capítulos anteriores,

    Capítulo 1: En el pasado, Isa tiene sexo causal; Moní utiliza a un amigo para conseguir una venganza. En el presente, Moní e Isa van camino a un bar.

    “La búsqueda”

    Capítulo 2: En el presente, Moní accede a ayudarle a Isa a ligar con su exprofesor. En el pasado, las chicas coordinan esfuerzos para tener sexo con el mismo tipo durante una fiesta.

    “La búsqueda (capítulo II)”

    Capítulo 3

    “Media luz” había dicho Mario cuando las invitó a ese café. “Medía luz” había sido poco decir. Moní miraba a su alrededor y no veía más de las caras de Mario y de Isa que ciertos cambios brumosos en sus expresiones cuando hablaban. Una atmósfera roja y densa inundaba el lugar, y sólo cada tanto, la luz de una lámpara giratoria, con diseños arabescos, se colaba desde el exterior y hacía que los tres pudieran verse con una claridad ligeramente mayor. De pronto caía la oscuridad, y solamente podían verse el brillo de los ojos.

    Sentados —o más bien, desparramados— sobre almohadones y descalzos como exigía el reglamento del lugar, los tres hablaban tranquilamente. Estaban casi solos en un salón al fondo del café, donde sólo había otros dos hombres (¿amigos? ¿pareja?), que parecían comunicarse sin hablar.

    A Isa, Moní y Mario los separaba una mesa diminuta, que tenía rueditas, y que cada uno se acercaba, según quisiera dar un trago a su bebida. Moní sentía que Isa sonaba ebria, pero no había bebido más que un chai, servido en una tasa enana y ancha. Moní la escuchaba acariciar los labios de esa taza con el dedo, mientras Mario hablaba; y pensaba que Isa estaba imaginando que esa taza era su vulva.

    —Después de eso fue todo cuesta abajo —les contaba Mario—. Perdimos gran parte de la cooperativa, mis compañeros y yo. Pero debimos saberlo. Es una desastrosa idea poner una cafetería en esta ciudad, tan llena de cosas, y esta clase de ideas siempre empeora cuando uno de tus “socios”, por llamarlo así, no está tan comprometido como el resto. Ahora que tu seas chef, Isa, me gustaría que me contaras si es así de riesgoso también en la cocina. La verdad espero que no.

    —¡Pero, profesor, ese socio, su amigo, lo hizo por una buena razón! No me diga que usted no se habría fugado de la nada si hubiera tenido una oportunidad así, con una muchacha tan misteriosa, tan aparecida de la nada. Y piense que no se fugó con el dinero de todos, ¡eso ya habla bien de él! El deseo a veces puede más que los planes, ¿no le parece?

    Moní no estaba entendiendo nada de la conversación, en la que Mario estaba contando qué había sido de su vida después de dejar de ser maestro. Mario tenía una extraña forma de construir sus ideas: le gustaba describir sus fracasos. Fracasó como escritor, como profesor y, finalmente, con el plan de poner una cafetería. Tenía algo de neurótico, pensaba Moní, que las hubiera invitado a una cafetería para contarles eso.

    —Perdón, me perdí en algún punto. ¿Me puede recordar cómo fracasó como profesor? Creo que era la parte de la historia que nos interesaba —preguntó Moní, tratando de que su sarcasmo sonara como auténtica curiosidad.

    Isa sonrió, despampanante e inocente, con sus mejillas regordetas y lisas, como si Moní le hubiera dicho un chiste que le había divertido. Aprovechó la oscuridad para patear a su amiga que, como estaba casi recostada en el piso, recibió la patada en un muslo. Isa seguramente habría querido decirle con esa patada “cállate, me arruinas el ligue”, pero el efecto fue el contrario en Moní. Se sentía tan atraída por su amiga, que sentir su pie en el muslo era todo lo que hubiera querido, y este pequeño éxito la inspiraba a criticar más duramente a Mario. Mientras la conversación seguía, Moní varias veces cerró los ojos por unos segundos, para imaginarse que Isa se despegaba del exprofesor y venía a besarla a ella, haciéndola recostarse en la penumbra y entre los almohadones rojos.

    —Sinceramente, a los directivos no les gustan mis ideas políticas. Yo creo que es necesario impartir cualquier materia desde un punto de vista social: la escuela sirve, en mi opinión, como preámbulo…

    —¿“Para una nueva forma de pensar la revolución”? Sí, ya lo sabemos —recordó Moní. En el fondo, la idea le gustaba. O más bien, en el pasado le había gustado.

    —¡Exacto! Y, bueno, un despido de ciertas escuelas privadas cierra mucho tus posibilidades futuras.

    —Yo creo que debería seguir intentando —dijo Isa. —No hay muchos profesores con su pasión, ¿sabe?

    Isa asió entonces uno de los brazos de Mario, para comunicarle esta convicción. Moní rio atronadoramente. Si Isa estaba actuando, le parecía que su actuación era muy ingeniosa: apelar a la confianza herida de un fracasado es, regularmente, un camino directo a la cama.

    —¿“Su pasión”? ¿Apelas tan pronto a su pasión, amiga Isa? —dijo, burlona.

    —La pasión no es suficiente —dijo Mario, sin darse por enterado ni del chiste, ni de la mano de Isa, que ahora asía su brazo. —Por eso me disculpo con ustedes; debí poner mi responsabilidad con mis estudiantes antes que mis propias ideas. No debía dejarlas.

    —¡Eso es estar entre la espada y la pared! ¿Quién puede decidir en esa situación? —dijo Isa lentamente, acercándole la cara a Mario, que veía fijamente su taza, temblando en la mesita móvil.

    ¿Por qué Mario no alejaba a Isa, pero tampoco reaccionaba a su cercanía física? Mario ya no era un jovencito universitario: entraba en esa época en la que uno ya no se sorprende de que le digan “señor”. En lo que él llamaba “experiencia”, pensaba que había mujeres (de todas las edades y estratos sociales) que coquetean por deporte. No es que sean insensibles, pensaba, o que quieran confundir a los hombres. Todo lo contrario: son muy concretas y claras. Su convivencia posee algunas dinámicas del ligue (la cercanía física, los cumplidos, la voz melosa, las insinuaciones), pero sin que esto refleje interés en lo más mínimo. Logran erradicar el interés hablando habitualmente de sus parejas, o coqueteando con varios a la vez, o coqueteando con unos hombres a la vista de otros con los que también han coqueteado. Lo hacen porque les complace sentirse vistas y deseadas. El hombre cortés, pensaba Mario, puede permitirse ruborizarse y sonreír tontamente. Pero nada más: no es amable tomarse este coqueteo en serio, ni presionar con insinuaciones a las mujeres que se insinúan solamente para sentirse fuertes y alegres.

    Este no era el caso de Isa, por supuesto. Pero tengamos en cuenta que ustedes y yo sabemos que Isa tenía sexo casual desde hacía un par de años: que esa era la manera en la que se relacionaba con su cuerpo. También sabemos que, en algunas de sus “búsquedas”, usaba a Moní como trampa para los hombres. Pobres tontos: prendados de la belleza de su amiga, caían más bien en las redes de Isa, en cuanto Moní les hacía esos desplantes que ella tanto disfrutaba. Sin embargo, Mario no sabía nada de esto, y la presencia de Moní, tan sarcástica como estaba, más bien inhibía cualquier propósito que pudiera tener de cortejar a Isa.

    Moní e Isa nunca habían intentado cazar a un tipo que conocieran las dos y, quizá por esta novedad, la técnica no parecía estar funcionando como otras veces. Y no era que Mario fuera especialmente insensible a la belleza de ambas; en realidad, estaba estupefacto. Moní era tan hermosa como había sido, solamente que un cierto cansancio —que Mario sabía identificar, con su corazón de asalariado— la hacía, si cabe, más sublime aún. Mario había crecido en el mundo de fin de siglo, un mundo aún muy romántico, y encontraba hermosa la languidez y la tristeza. Nunca lo podría haber dicho en voz alta, habría sonado pedante y cosificador. Es más, probablemente ni siquiera podría habérselo confesado a sí mismo, pero en realidad Moní lo excitaba precisamente por esos rasgos: ojos lánguidos sobre un pecho turgente; unos diálogos acariciadoramente crueles, en una voz que a él le comunicaba tristeza. Su cabello, ese que Moní detestaba tanto, extrañando sus cuidados rulos de preparatoria, de un vivo color cobre, en realidad le fascinaba a Mario.

    ¿E Isa? Isa tenía un mundo de rasgos encantadores. El pelo rubio, abovedado, cayendo apenas sobre su clavícula. Las piernas enfundadas en mezclilla, que ahora se apoyaban claramente contra los muslos de Mario, y ese pecho regordete como sus mejillas, hermosamente puesto en una blusa escotada y garigoleada. Mario no sentía confianza suficiente como para ver a Moní, de manera que se la imaginaba frente a él mientras veía su taza. Pero sí había tenido confianza y oportunidad para ver a Isa. Vio de reojo cómo en medio de ese escote se dibujaba la línea de los senos hasta un poco más abajo de la mitad. La belleza de Moní era etérea, terrible como la de una diosa antigua; la de Isa, terrestre y concreta. El mismo Mario había sugerido ese café por si las chicas querían “tontear”, como él llamaba a ese coqueteo falso: la oscuridad animaba a las insinuaciones. Pero, aunque hasta ese momento se había mantenido completamente en dominio de sí mismo, si Isa se le acercaba más terminaría teniendo una erección visible y problemática.

    —¿Entonces no es cierto el rumor? —preguntó Moní de pronto, sacando a Mario de sus propias preocupaciones.

    —¿Rumor? —preguntó Mario.

    —Sí. Se decía en la prepa que usted se había acostado con… en algunas versiones era una maestra. En otras era una alumna. En otras, un alumno. Durante una semana (o cosa así) fue todo un misterio saber con quién había sido.

    —Con nadie —dijo Mario, sereno pero categórico. —Es un rumor del que nunca había sabido, pero jamás habría hecho algo así.

    —Y, sin embargo, está aquí con nosotras. ¿No? —insistió Moní.

    —Sí, Moní. Estoy tomando algo (¿les gustó, por cierto?) con dos exalumnas adultas a las que extrañaba.

    —¡Está delicioso! —dijo Isa, con una vocecita aguda.

    Se arrepintió de inmediato. Mario y Moní se veían intensamente. Mario se sentía acusado. Sus ojos desmentían su tono de voz sereno. Moní, desde hace un rato, estaba irreconocible. Cuando Isa dijo “está delicioso”, se refería a las bebidas, contestando a lo que había preguntado Mario. Pero, de pronto, se dio cuenta de que Moní y Mario habían empezado a discutir sobre sexo, y en ese contexto la palabra “delicioso”, aunque fuera aplicada a una bebida, sonaba muy desafortunada.

    —No está mal —dijo Moní, tomándose lo último que le quedaba a su café con ron antes de levantarse rumbo al baño. —Me piden otro.

    —Te acompaño —dijo Isa, levantándose.

    Mucho antes de llegar al baño, en un pasillo más exterior del local, un poco más iluminado, pero aún de atmósfera roja y lleno de arabescos, Isa detuvo a Moní.

    —¿Qué te pasa hoy? —le dijo.

    —¡A ti qué te pasa! Por favor, defíneme esto: ¿quieres sacarle algo? ¿Te lo vas a coger? ¿O quieres que sea tu güey?

    —¡Primero Dios! Cualquiera de las últimas dos —le contestó la chica, con un tono falsamente reverencial. —Pero estamos yendo muy lento. Y no me estás ayudando.

    —Isa, este tipo lleva viéndome toda la noche por encima de la taza. Me ve sin verme, ¿entiendes? Siento que está pensando en mí.

    —¡Obviamente, tonta! Ese es el plan, ¿recuerdas? Con esa preciosa carita tuya, ¿cómo no te va a ver? Pero no me lo tomo a mal ¿eh?; también yo lo he sorprendido viéndome, así que a lo mejor tenemos que lanzar una moneda para ver quien se lo come primero.

    —¿“Ese es el plan”? ¡Pero es que no me explicaste ningún plan, zorra!

    Moní estaba desesperada, y el insulto sonó mucho más desagradable de lo que tenía pensado. No quería decirlo en serio. Era una forma en la que las amigas se llamaban a veces entre ellas, sobre todo en privado. Pero en ese contexto todo empezaba a sonar mal: todo sonaba real. Moní se arrepintió terriblemente cuando vio la cara sorprendida de Isa; Isa vio el malestar en su amiga y le sonrió, como si quisiera decirle, “todo bien, yo entiendo”. Moní respiró aliviada.

    —Mira; lo que quiero decir es que esto no me da confianza. ¿Entiendes? Es alguien que conocemos, ¿sí? —aclaró Moní.

    —¿Y por qué eso no te da confianza? Bueno, la verdad entiendo que no te guste… eso me parecería una explicación razonable…

    —No es eso —dijo Moní finalmente. —La verdad, sí me da un poco de morbo. Quiero ver hasta dónde llegamos; quiero ver cuánto aguanta mis ataques. Pero no me da confianza.

    Moní estaba luchando por aclarar algo. La situación (tener que abrir al menos una parte de su intimidad a un tipo mayor que ellas, y que además conocían de años atrás) le recordaba a Moní la escena en la que su padrastro la había visto tener sexo con Eduardo, y eso a su vez le recordaba que, a partir de allí, se había vuelto pobre y desafortunada —lo que, como dijimos, para ella era toda una tragedia.

    —¿Qué puedo hacer para que te sientas cómoda? —le preguntó Isa.

    Moní no quería ser una estirada, “una aguafiestas” como dicen en los doblajes de las películas gringas, y pensó muy bien en cómo podría tener más confianza, para hacer sentir más cómoda a su amiga.

    —Lo quiero romper —dijo, finalmente Moní.

    —¿Cómo que “romper”?

    —Sí. Romer. Mira, yo veo las personas como ligas: si las estiras mucho, se quiebran… Ahj, es una metáfora tonta, perdón… A lo que me refiero es que quiero que él se abra antes que nosotras. ¿Entiendes? No quiero que nosotras nos ofrezcamos para ver cómo reacciona… como con Javier, ¿recuerdas? No lo quiero así. Quiero que él nos ruegue.

    Isa sonrió. La idea le parecía un poco arriesgada para utilizarla en una persona que a ella le gustaba mucho, con la que quería seguirse viendo, pero había cualquier cosa por su amiga y aceptó. Isa sería leal hasta el final. Sonrió y besó a Moní en la mejilla. Un escalofrío eléctrico recorrió la espalda de Moní. En ese momento estuvo segura: tenía que intentar ese día tener sexo con Isa. La curiosidad era demasiada y la humedad de su entrepierna comenzaba a doblarle las rodillas.

    Cuando volvieron del baño, Mario le preguntó a Moní con aplomo:

    —¿Y tú, Moní? ¿En qué estás? ¿Qué se ve en tu futuro próximo?

    —¿Por qué pregunta por mi futuro, profesor? No lo indague, que está prohibido. No le ande preguntando al tarot qué fin nos darán los dioses.

    —¡Un poemita de Horacio! ¡Bonito, bonito! —reconoció Mario

    —Usted siempre ha sido fácil de complacer —siguió Moní. —Si yo quería exentar, sólo tenía que poner atención a los poemas que lo hacían llorar.

    —¡Me declaro culpable! —exclamó Mario, encantado, antes de tomar su expreso de un golpe, como si fuera un shot.

    —Y llevar ombliguera también ayudaba… —dijo Isa, riendo.

    —¿Perdón?

    —Sí. Nos dábamos cuenta Isa y yo de que le gustaban mis ombligueras, ¿no? Me resaltaban. ¿Verdad? Usted me veía y se sonrojaba horriblemente, y luego no me podría volver a ver en toda la clase.

    —Me agradaba tu carisma, Moní, y me sigue agradando —contestó Mario

    —Cambió de verbo, ¿lo notaste? —declaró Moní. —No digo “gustar” sino “agradar”.

    —Lo noté, lo noté. Creo que está sugiriendo que no le gustabas —continuó Isa.

    —No, no. Se está lavando las manos. Por supuesto que le gustábamos mis ombligueras y yo.

    —En todo caso, Moní, si eras de mis mejores alumnas, ¿como por qué razón no ibas a exentar?

    —Ah… pero no era su mejor alumna, ¿verdad?

    Moní, que ya había planteado este tema en el subterráneo, lo volvió a sacar. En la esquina contraria a la de los hombres eternamente reprobados y las chicas “más buenas”, había un grupo de cinco chicos, ñoños a más no poder, por los que ese profesor tenía una especial afinidad. Moní nunca le perdonó eso.

    —Fuiste la que más poemas llegó a saberse. Y parece que aún tienes mucho de eso en el corazón. Desde que llegamos, has citado por lo menos tres.

    —Hablemos de eso, entonces —contestó Moní. —Muchos de esos poemas eran amorosos… eróticos, algunos de ellos. ¿Eso le gustaba? ¿Le gustaba que sus alumnas los leyéramos? ¿O prefería que los leyeran sus alumnos? Casi siempre ponía a leer a los hombres, ¿le gustan más los hombres, o temía que escucharlos de boca de una mujer le sacara una erección?

    —Estás presionando por el lado equivocado. Esa es nuestra tradición poética. El español tiene poesía filosófica, poesía mística y poesía erótica. Las cosas son así, ¡y son preciosas así! No podemos sencillamente saltarnos todos esos textos, ¿verdad? Además, a esa edad, muchos de tus compañeros conectaron con la lectura precisamente por sus hormonas. Te apuesto que alguno que otro se los plagió para ligar.

    En ese punto, se dio un silencio en la discusión. Moní no estaba derrotada. Estaba reordenando sus ideas, preparando a sus filas para un nuevo ataque.

    —Creo que podemos decir que es un empate técnico, ¿no? —dijo Isa, riendo, sabiendo que Moní veía toda la conversación como un reto.

    —Entonces todas las veces que lo vi admirando mi cabello… —preguntó Moní.

    —¿Disculpa? —preguntó Mario.

    —Mi cabello, ¿no le gustaba?

    —¡Claro que sí! —aclaró Mario. —Tienes un cabello muy lindo. A mí me encantaría tener un cabello así.

    Ante esa respuesta (¡envidia!, ¡no atracción, sino envidia!), Moní ya no tenía recursos. Quizá, después de todo, siempre había interpretado mal los gestos de Mario; quizá si era homosexual. Pero entonces la situación dio una vuelta de tuerca. Mario sintió la necesidad de agregar algo más a lo que ya había dicho. Si el objetivo de Mario era resistir a la tentación que Moní quería imponerle, en ese momento cometió un error decisivo. Añadió:

    —Perdonen, por favor. Como Moní habló de ese rumor sobre mí, creo que me he puesto un poco a la defensiva. Ha sido una actitud muy impropia de mi parte. Definitivamente ustedes son encantadoras, pero eso no significa que me hubiera dado la oportunidad de no ser profesional, ni con ustedes ni con nadie. Entiendo que sospechen de todo profesor, pero, por favor, créanme: yo creo que hay principios.

    Al hacer esa aclaración —que podía leerse como una confesión velada, Moní lo tenía justo donde lo quería. Era sólo cuestión de tiempo para verlo caer. Se levantó tranquilamente y dijo:

    —Entiendo, profesor —dijo, alargando esta última palabra. —Yo también me disculpo… ¡Pero lo que no le disculpo es no haberme pedido otro café como le pedí!

    —No ha venido ningún mesero…

    —¡Y qué mesero va a meterse a esta cueva sin luz! Tendré que ir a pedir otro yo misma. Y como creo que consideraría “impropio de su parte” no pagarnos lo que estamos tomando, yo misma pagaré mi cuenta.

    —¿Impropio eso? ¡No, por favor! —aclaró Mario, aprovechando otra oportunidad para hablar de sus principios. —Mejor cada quien lo suyo. ¡Nunca les pagaría la cuenta a dos jovencitas de tanto mundo como ustedes!

    —¿Lo notas, amiga Isa? —dijo Moní con un libidinoso guiñito para su amiga. —¡Nos dijo mundanas!

    —¿Y me vas a decir que se equivoca? —dijo Isa, criticonamente

    Moní rio por última vez, y se fue hacia el pasillo. Detrás de ella fueron los dos hombres que estaban en el salón, que ahora se veía a todas luces que eran una pareja. Isa y Mario se quedaron solos en la oscuridad.

    —¿Le incomoda estar solo conmigo?

    —Si a ti no te incomoda, a mí tampoco, en lo más mínimo.

    —Usted sabe que no: me gusta tenerlo aquí, conmigo.

    —Tú y Moní se ven muy seguido aún, ¿verdad? Aunque no van a la misma universidad, parece como si fueran aún compañeras de banca —preguntó Mario, para que la conversación bajara de tono.

    —Algo me dice que me preguntará algo acerca de ella.

    —¿Ella está bien? Parece más cansada.

    —No sé si esté bien, para ser sincera. No sé muchas cosas de ella. A la nueva Moní le gusta escuchar. Es bastante callada; hoy ha sido una excepción. Supongo que debo agradecerle por eso. Usted la saca de sus casillas, ¿sabe? Eso me gusta. Y a ella también le gusta, a su manera.

    —¡Y yo que pensé que Moní estaba así porque quería llamar tu atención! —dijo Mario, medio en broma y medio en serio.

    Ambos rieron un momento. Luego, todo quedó en silencio. Entonces Isa empezó a secretear con Mario, tomando siempre su hombro derecho. Seguían casi recostados sobre los cojines de mullido rojo.

    —Bueno, de un momento a otro, Moní va a regresar. Supongo que tengo que plantearle esto ya, en caliente. ¿Quién sabe cuándo volveremos a tener la oportunidad?

    —Te escucho, ¿todo está bien? —dijo Mario. El tono en su voz podía ser cortesía o preocupación, era difícil decirlo.

    —Digamos que yo podría ayudarle a tener algo con ella. ¿Estaría de acuerdo? (No, no me responda aún.) Pero… pero, en ese caso…

    Y en ese momento Isa, que soltó el brazo de Mario, apoyó su mano sobre el pecho de él, y así empujado, lo hizo recibir un beso largo y enérgico. De esos besos en los que los labios no se separan ni un momento los unos de los otros, y en los que la intensidad no viene del juego de roces, fruncimientos y posiciones de labios y lenguas, sino de un sólo golpe constante, hambriento de contacto, y de la respiración entrecortada de quienes se besan.

    —Pero, en ese caso, ya no va a pasar esto.

    Mario ya tenía una respuesta preparada. Dejó que Isa lo besara porque eso era lo que él mismo había querido (en realidad, ese era su único objetivo claro desde que llegaron al café); pero también porque, después de eso, tenía una salida relativamente fácil. Planeaba decirle a Isa que tuviera en cuenta a Moní: que no era cortés dejarla como mal tercio en una situación en la que ella ya de por sí estaba incómoda. Planeaba decirle que su compromiso como profesor se extendía a sus exalumnas, y que él no pensaba que fuera posible que tuvieran ninguna clase de relación amorosa. Esto, por supuesto, era más o menos falso (porque no había tenido problemas con el beso), pero le servía a Mario para escaparse de cualquier actividad más comprometedora.

    Y, cuando se preparaba para decir todo esto, Isa lo detuvo.

    —Sólo que, entre esas dos opciones que le propongo, usted no va a decidir como querría.

    Y, a una velocidad pasmosa, Isa le desabrochó el cinturón y desabotonó el gastado pantalón caqui. Quitó su mano del pecho de él y la introdujo en el pantalón. Asió el miembro del exprofesor, que ya estaba completamente erecto (primero, por la provocación del Moní; luego, por el beso de Isa). Más que masturbarlo, lo recorría delicadamente con el objetivo de adivinar su forma. El tronco se engrosaba hacia la mitad, e Isa imaginó que se sentiría como un segundo glande cuando la penetrara.

    —¿Quiere que le de mi calificación, profesor?

    Sólo entonces Mario comenzó a entender exactamente en qué se había metido. Estaba en medio de un mar de sensaciones, acrecentado por la oscuridad del lugar. En la roja penumbra casi absoluta se distinguían solamente un brillo en cada pupila de isa, y la silueta resplandeciente de su sonrisa, que la escasa luz dibujaba, proyectándose en sus dientes pequeños y cuadrados. Mario tenía la impresión de estar siendo dominado, no por una chica menor que él, sino por una fuerza. Una fuerza, no de la naturaleza, sino “del ambiente”, creada dentro de ese lugar, por su mismo diseño arabesco y secreto. Esta cosa sobrenatural que sentía en Isa se correspondía muy bien con la habilidad que mostró la chica cuando dejó de inspeccionar su forma, y empezó a masturbarlo. Sin casi usar los dedos, la palma de su mano (lindamente regordeta, como todo su cuerpo) presionaba más o menos, según subiera o bajara. Hacia la mitad, pasado ya el retraído prepucio, tomaba fuerza, cambiaba el movimiento vertical por uno diagonal, que hacía que la base del pene se ladeara deliciosamente. Además, cada tanto, añadía un giro de muñeca justo en este punto. Esta clase de movimientos Mario los conocía en sí mismo como posibles, pero sus parejas generalmente no los realizaban y él nunca había sabido cómo describírselos.

    Pero mientras sentía todo esto, el exprofesor había empezado a pensar en las referencias que Moní había hecho al sexo toda la tarde. Para él, habían sido sólo hostilidades, dirigidas a molestarlo por alguna razón desconocida. Cuando fue su profesor, Moní nunca había sido amable, pero siempre había sido suficientemente respetuosa. Mario atribuyó este cambio, en parte sí a la diferente autoridad que ahora tenía (sin su aura, sin su cátedra, un exprofesor es como un dictador caído en desgracia, a punto de ser fusilado), pero necesariamente se debería también, y sobre todo, a un problema en la vida de Moní. Por eso preguntó a Isa “¿Ella está bien? Parece más cansada”. Alguno podría pensar que estas reflexiones ayudarían a Mario a reducir su excitación y, finalmente, a detener a Isa —que era lo que Mario quería a un nivel racional. Sin embargo, el misterio que rodeaba a Moní y a todo el encuentro en realidad lo excitaba más. De cualquier manera, hizo un acopio de fuerzas y terminó diciendo:

    —No. Basta. Esto tiene que parar. Déjame, por favor —e intentó sacudirse a Isa. Lo intentó un poco, sin voluntad y sin éxito.

    Isa, sorprendida, se detuvo, pero no quitó la mano completamente. La dejó sobre el bello púbico de Mario, aún dentro de su pantalón.

    —Entonces su respuesta es que quiere que lo ayude con Moní, ¿no? Triste, pero yo entiendo.

    —No dije eso. Solamente para. Esto no me parece bien.

    Cuando Moní regresó con su café nuevo (tibio ya, porque estaba haciendo tiempo para Isa), encontró a la vez mucho y poco. Como ya hemos dicho, los ojos y los dientes, y una pálida silueta eran lo único que se veía si no los inundaba una luz externa, que hacía posible que se vieran con más claridad. Así, Moní encontró los ojos de Isa muy cerca de los ojos de Mario, tan cerca que ella debía estar casi encima de él. Sin embargo, Moní no podía saber que Isa aún tenía la mano dentro del pantalón del exprofesor.

    —“Aquí pasó lo de siempre”, por lo que veo —regañó Moní, mientras se sentaba. —Isa, ¿algo que quieras compartir con el grupo?

    —No hay mucho que compartir —contestó Isa, sabiendo que Moní no veía su mano. —Me le aventé y no resultó. A veces se gana…

    —Pues yo te veo bastante aventada aún —interrumpió Moní.

    —Me rechazó, pero no me alejó, como puedes ver —dijo Isa.

    —Isa, por favor, hay que ser sensatos. Los tres estábamos pasando un rato agradable, ¿no? Será mejor que no me presiones mucho —empezó Mario. Isa descendió hasta su miembro, y empezó a masturbarlo nuevamente, pasando apenas las yemas de sus dedos por el tronco. La intención era disuadirlo de decir cosas así. Cuando Mario se calló, Isa se detuvo y alejó nuevamente la mano.

    —Lo que usted diga, profesor —dijo ella finalmente, victoriosa.

    —Ya que Isa empezó de impertinente, creo que es el momento adecuado para uno de esos incómodos juegos de preguntas —sugirió Moní.

    —Eso se hace en fiestas y con alcohol —contestó Isa—; aquí tú eres la única que ha tomado algo.

    —Van las reglas —empezó Moní, sin contestarle a Isa—: Una persona, llamémosla A, apunta a alguien que crea que ha dicho una mentira sobre algo; ese alguien va a ser la persona B. Luego, una persona C formula una pregunta, que la persona B tiene que contestar diciendo la verdad. Isa, creo que has mentido; profe, pregunte por favor.

    —Isa, ¿de verdad te gustó tu chai, como nos dijiste? —dijo Mario después de pensarlo. Entre más durara y más neutro fuera el juego, menos problemas tendría.

    —¡Qué clase de tontería es esa! —dijo Moní.

    —Sí, profesor, gracias por preguntar —dijo Isa y le dio un beso en la mejilla a Mario.

    —Eh, eh, sin contacto en el juego —dijo Moní.

    —¿Esa es una nueva regla? Bueno, está bien —dijo Isa, acariciando secretamente el pubis de Mario durante unos segundos. —Me parece que va, profesor.

    —Moní, creo que mientes —dijo Mario, auténticamente interesado en saber más sobre ella.

    —Moní, ¿por qué dejaste la escuela? —preguntó Isa. De verdad, esta vez.

    Moní tuvo que pensar unos largos diez segundos para saber qué quería responder. Isa y Mario se habían preocupado por su silencio, pero cuando habló, lo hizo con su lindo tono desafiante.

    —La culpa la tuvo Danielle. Cuando se burló de mí en el concurso de talentos, decidí cogerme a Eduardo para vengarme. Y lo hice.

    —¡Detalles! —gritó Isa, alargando la ‘a’ y la ‘s’. Hubiera jalado por el brazo a Moní, si eso no hubiera implicado sacar la mano del pantalón de Mario.

    —Tardé semanas en trabajarlo. Fue en mi casa. Era muy torpe —allí rio. Tanto Mario como Isa reconocieron nostalgia. —No… la verdad fue excelente.

    —Lo extrañas —dijo Mario.

    —Creo que sí —confesó Moní. —En fin, ya no quería ver a ninguno de los dos después de eso. Igual ya no faltaba más que un semestre para terminar. Lo hice en prepa abierta ¡y a la universidad! ¿Qué importa ya todo eso? Vas Isa, tu turno.

    —Moní, creo que mientes —dijo Isa, de inmediato

    —¡Otra vez! —exclamó Moní, temerosa de que indagaran más al respecto. No quería contar la historia de su padrastro, ni sus consecuencias.

    —Sí, otra vez —contestó Isa. —Profesor, por favor, su pregunta.

    —Moní, no había ningún rumor sobre mí, ¿verdad?

    —No. Yo se lo dije a una amiga: “seguro se cogió a la maestra de francés, o a alguno de sus alumnitos queridos”. Era completamente de broma, y jamás volví a escucharlo. En realidad, a la mitad del grupo le daba igual que usted se fuera, un tercio estaba molesto porque, sin usted, perdía los puntos extra que les había dado, y algunos otros (sus alumnos favoritos e Isa) lo lloraron como si se hubiera muerto.

    —¡Eres una exagerada! —sentenció Isa, que llevaba varios minutos masturbando a Mario para ver como reaccionaba a la respuesta de Moní. —Pero sí, profesor, varios de nosotros lo extrañamos muchísimo. Moní, te toca

    En ese momento, una luz llegó de afuera, iluminando momentáneamente el cuarto. Moní aún estaba pensando en Eduardo y no notó la mano de Isa.

    —Isa, creo que mientes.

    —Pruébamelo, a ver —contestó su amiga.

    —¿Recuerdas que Danielle contó en ese concurso que algunas de “las más buenas” se la mamaban a los profesores por exentar? ¿Recuerdas qué dijiste en ese momento?

    —Refréscame la memoria.

    —Me dijiste en privado: si el profe Mario me hubiera dicho, “Isa, exentaste”, yo le respondía, “¿seguro, profe? Revise bien”. Y si me hubiera dicho, “no, Isa, te faltaron décimas; pero hay una manera…”, yo le respondía “sólo si usted arriba”.

    —¡Moní! —exclamó Isa, falsamente molesta.

    —¿Verdad? ¿Mentira?

    —¿Como por qué preguntas eso? ¡El caso es preguntar cosas que crees que son mentira!

    —Verdad, entonces —concluyó Moní. —Profe, le toca.

    Mario aún estaba estupefacto, pero necesitaba conservar la entereza.

    —Moní, creo que mientes.

    —¡Dios, siempre conmigo! ¿Celosa, amiga Isa?

    —Eternamente, mi amor —dijo Isa. Ese término, “mi amor”, era usual en Isa con sus amigas, pero Moní lo recibió, en ese contexto, como un excelente augurio para sí misma. —Dices que no lamentarse que se fuera el profe Mario. Pero creo que es falso. Varias veces dijiste que te gustaban sus clases…

    —Algunas de sus clases…

    —Algunas, pues. Y me criticabas, porque creías que quería acostarme con él… —Isa tenía que ser muy cuidadosa, para lograr el efecto que quería —Pero hay alguien aquí con quien quieres acostarte, ¿verdad?

    Fue un balde de agua fría. A Moní no le hubiera preocupado la pregunta si hubiera sido sobre Mario. La respuesta habría sido “me da morbo; sí… sí me lo cogería”; así, era sincera consigo misma y no le demostraba demasiado interés. Pero esa no fue la pregunta de Isa. ¿Desde hace cuánto tiempo había notado Isa que Moní le traía ganas? Ruborizada hasta las orejas, Moní transformó su vergüenza en ira.

    —¡Zorra! —la llamó. —Parece que ya sabes que sí.

    —Fantástico. Pero aún creo que mientes. Profe, por favor, su pregunta.

    Esto le daba a Mario la ocasión de plantear una observación que él mismo había hecho:

    —Moní, mi pregunta es un poco invasiva. Rompamos las reglas del juego, ¿te parece? Yo te la digo en voz baja y tú puedes elegir si contestarla o no.

    —¡Váyase al diablo! —dijo Moní, altanera —Haga su pregunta en voz alta, ¡y más le vale que sea la misma en la que está pensando!

    —¿No eres heterosexual, verdad? —dijo Mario, que no lo preguntaba de mala fe, ni dándose cuenta de que estaba haciendo trampa.

    —¡No recuerdo nunca haber dicho nada sobre eso! ¿Cómo podría haber mentido? —dijo Moní, encendida en ira. No había terminado de decirlo, cuando ya se había dado cuenta de que se estaba confesando. —Soy suficientemente hetero.

    —¿Suficiente para qué? —preguntó Isa, a quien la actitud de Moní comenzaba a preocuparle de nuevo. —Oye, es fantástico que seas bisexual. Me gustaría que me lo hubieras dicho. Ya casi no hablamos como antes, ¿sabes?

    —Yo no dije nada de eso —concluyó Moní, cruzándose de brazos. Inmediatamente se sintió estúpida: se cruzó de brazos para declarar caso cerrado, pero ni Isa ni Mario podían ver sus brazos cruzados.

    ¿Cómo esperaba Moní acostarse con Isa si no podía decirle ni siquiera que le atraían las mujeres? No, no las mujeres. Una mujer: ella, su mejor amiga, que era bellísima, que había superado su inseguridad a la fuerza, y que había salido fortalecida de una relación detestable. Le atraía Isa. ¿Eso significaba que le atraían las mujeres? Sería igual de estúpido que decir que le atraían los poetas españoles, así, en general, porque se sabía un par de los poemas que Mario recitaba. En fin, el problema era ¿cómo esperaba…? ¿Qué? ¿Ligarse a Isa? Tener sexo con ella, en todo caso, si no podía ni plantearle la posibilidad. Moní había sido siempre de esas personas que dicen “bueno, yo tengo muchos amigos homosexuales, pero…”, y ese “pero” refleja que no se preguntan sobre la naturaleza exacta de la homosexualidad, que no le dan el mismo valor que a la heterosexualidad y que no la conciben en sus propias vidas.

    —Me va —dijo finalmente Moní —Como usted rompió una regla conmigo, y me preguntó algo sobre lo que no podría haber mentido, ahora lo elijo a usted y yo misma hago la pregunta: ¿Cuántas veces se ha masturbado pensando en mí?

    Moní lo preguntó visiblemente molesta. Todo el jugueteo que había habido en sus preguntas sobre sexualidad estaba ausente de ésta. En ese momento una luz volvió a entrar del exterior. Moní miraba a Mario a los ojos —por suerte para él y para Isa—, pero sus ojos eran fulminantes. Su cara estaba dominada por un rojo intenso, que ocultaba las pecas de abajo de sus ojos. Luego, la misma Moní agregó:

    —No, no. Más concretamente. ¿Cuántas veces se masturbó pensando en mí, siendo mi profesor?

    —Dos —respondió Mario. —Y me llena de culpa.

    —¡Llénese de lo que guste! ¡Dos veces! ¡Degenerado grotesco! Ahora debe decirme exactamente lo que pensó.

    —No creo que deba responder a eso —dijo Mario. —Fue hace mucho tiempo. Y entiendo que lo consideres con tanta dureza, siendo tú la afectada. Pero no pasó nada, ¿verdad? Nadie salió lastimado.

    —¿No cree que deba responder? ¡Eso lo decido yo, y sí que va a responder!

    —Muy bien… —Mario tomó un largo aliento —En una ocasión, fantasee que me hacías sexo oral. En otra ocasión, que Isa y tú tenían sexo con algunos de sus compañeros.

    —¿En el salón, quiere decir? —insistió Moní

    —Esto es muy incómodo… —musitó él.

    —¡Moní, por Dios! Vamos a cortar esto aquí —dijo Isa, claramente preocupada.

    Isa por fin sacó entonces la mano del pantalón del exprofesor y fue a abrazar a su amiga. Una sola lágrima se deslizó por una sola de las mejillas de Moní, corriendo apenas el poco rímel que llevaba puesto. Moní estaba acostumbrada a la autocontención, y no quería ser abrazada en público, estando así de triste. “Porque vendrán las vecinas y no quiero que me vean tan pobre”, era un diálogo que entendía perfectamente. Se encascaró, por lo tanto, e Isa no sabía cómo llegar a ella. Sólo se le ocurrió darle una serie de besos tiernos en la mejilla que Moní le prestaba (porque la otra, la mejilla de la lágrima, la tenía escondida).

    Lo que pasó después algunos podrían llamarlo hipocresía o actuación. Seguro hay quien creerá que Moní solamente estaba fingiendo su tristeza y su enojo, para ser si Isa venía a tranquilizarla. Eso es improbable, porque Isa jamás había tranquilizado a Moní. ¡Todo lo contrario! La contención emocional era más bien cosa de Moní, desde siempre. Pero Moní, recordémoslo, nació como una chica rica, y durante casi toda su vida había sido una estudiante de escuela privada. Esa clase de gente es utilitaria en todos los momentos de su vida. Saca provecho de su llanto, tanto como de su ira. Por tanto, no es extraño que la ira y la vergüenza de Moní se borraran de un momento a otro, a la vista de un gran objetivo. Dio un brusco giro y se apresuró a besar los labios que estaban besándole la mejilla. Isa se alteró y los rehuyó por reflejo, pero Moní insistió e Isa no tardó en encontrar en el beso de su amiga la misma satisfacción que encontraba en cualquier beso. Isa trató de tomar su cara, porque le gustaba tocar la cara de las personas mientras las besaba. Tuvo el mal tino de intentar tocar la mejilla que estaba húmeda de llanto, así que Moní le tomó la mano violentamente para evitar que sintiera su lágrima. Como Moní no quería parecer “una intensa” ante Isa, una llorona aún afectada por esa ira que ya se estaba diluyendo en su cerebro, aprovechó esa captura de la mano de Isa para llevarla a su pecho. Isa, tan caliente como estaba por Mario, se apresuró a acariciara.

    El vestido de Moní era compacto y lustroso, y aunque se distinguía perfectamente la voluminosidad de su pecho en contraste su torso delgado de ninfa, no se distinguían las formas del pecho, que eran lo que Isa quería sentir. Por eso, y pensando que estaban abrigadas por la oscuridad, Isa bajó el cierre y retrajo el vestido con fuerza. Los pechos de Moní salieron de un salto, no a la luz (que no había), pero sí al tacto de Isa, que redondeó los pezones con la yema del dedo índice. Primero uno, hasta que se irguió, y luego se vino abajo en una aureola grande e hinchada; luego el otro. Entonces Isa se apresuró a besarlos, y pasaba una y otra vez de la dulce boca de Moní a sus compactos y enhiestos pechos. Isa pensó que, si las esculturas de bronce se empezaran ligeramente a derretir al sol, tendrían pechos a la vez tan firmes y tan cálidos como los de su amiga. Moní pensó en cómo Eduardo había tocado sus pechos cuando la había puesto contra la barra de su cocina. Pensó en cómo sus parejas, las dos anteriores a Eduardo y los hombres que vinieron después, habían tocado sus pechos. No había conocido nada parecido.

    Isa comenzó a bajar más el vestido. Con él, bajaban también sus labios. Había empezado besando el espacio que había entre los pechos de Moní, tocando con una mano cada uno de ellos, y restregándolos contra su cara. Luego, había bajado hasta su vientre. Moní pensó que le quitaría el vestido completamente, que le quitaría la ropa interior y le haría sexo oral. Isa definitivamente parecía ir hacia allá. Había ocupado un lugar entre las piernas de Moní, y una de sus manos, de pronto, sin que Moní se hubiera dado cuenta, ya estaba acariciando la cara interna de sus muslos.

    —¡Cómo se tarda! —pensaba Moní, y se contradecía de inmediato: —¡Ojalá que se tarde mucho!

    Cada vez que los labios de Isa se despegaba de su piel, Moní los evocaba; y cada vez que volvía a sentirlos, eran mejores (más suaves, más tiernos, más diestros) de lo que recordaba de un segundo antes. Quién sabe a dónde hubiera llegado Isa si Moní no hubiera tenido un orgasmo. Sí, un orgasmo. ¿Que no puede producirse un orgasmo solamente a besos, nos objetará algún lector o lectora? Nos disculpamos: no tenemos más pruebas que haberlo visto en más de una ocasión.

    El orgasmo de Moní no fue gritón: fue ahogado. Pero fue ahogado con dificultad. Moní lo había contenido en su garganta como un quejido húmero. Como cuando uno se golpea el nervio de un codo contra una mesa, y antes de insultar se queja desde lo más profundo de la tráquea, así fue el quejido que emitió Moní.

    Mario se había quedado paralizado todo este tiempo: no quería ofender más a Moní yéndose cuando las amigas se besaron. Después, se quedó por no estar seguro de que las amigas estuvieran fajando. De haber estado seguro, se hubiera ido, pero casi todos los besos que los pechos y el vientre de Moní recibieron de Isa sonaban justo igual que tiernos besos en la boca. A veces, el sonido de una succión, o la silueta de algún movimiento raro, le sugerían a Mario que era el momento de irse a toda velocidad, pero la excitación lo hacía retrasar la huida. Cuando escuchó el orgasmo, no pudo más dijo:

    —Creo que estoy haciendo mal tercio en este final feliz. Disculpen si mi salida es un poco acelerada; espero verlas pronto.

    Y entonces pasó algo que amenazó todo. Cuando Mario se levantó, olvidó que tenía el cinturón desabrochado. El cinturón tintineó, llamando la atención de Moní. Justo en ese momento, llegó una luz de afuera de la salita, y los tres quedaron iluminados por unos segundos. Moní tuvo suficiente tiempo para cubrirse antes de que Mario (que estaba viendo a la salida) la viera; ni siquiera intentó subir el cierre de su vestido, pero sí se cubrió con él los pechos, deteniéndoselo con la mano derecha. Por el contrario, Moní había escuchado el tintineo del cinturón y ya sospechaba algo; por eso, cuando la luz los iluminó, ya estaba viendo hacia Mario y notó su pantalón medio abierto y mal colocado. Su ropa interior se podía ver, sobresaliendo un poco, y en ella era evidente el miembro completamente erecto.

    Mario intentó irse a toda prisa, pero Moní lo asió de la mano. Como Mario no quería lastimarla, y Moní no parecía querer soltarlo, tuvo que detenerse.

    —¡Mira, pero si el muy imbécil se ha estado masturbando escuchándonos! —dijo Moní.

    —No, no es eso —confesó Isa. —Está así porque yo…

    —¿Se la mamaste cuando yo no estaba?

    —No… pero es posible que lo tocara un poco.

    —Ah, entonces tú básicamente quieres cubrir todos los frentes —concluyó Moní. Isa no sabía si lo decía en serio.

    —Pero… era el plan.

    —¿Cómo que plan? —preguntó Mario, que estaba terminando de colocarse bien el pantalón.

    —Desde que Isa lo vio en el subterráneo, me pidió ayuda. A veces yo provoco a los hombre, para que tengan sexo con ella. Normalmente no funciona, pero nos la pasamos bien.

    Mario se llevó la mano al entrecejo. La situación era más enrevesada de lo que había pensado. ¿Quería seguir allí? No, racionalmente no: le parecía un área moralmente gris. Debía encontrar una manera de salir del problema rápido, y lo que se le ocurrió fue decir.

    —Hoy sí funcionó. Parece que Isa ha encontrado su pareja precisamente en ti, Moní. Como el asunto ya está resuelto, insisto en que yo sobro. ¿No creen? ¿Qué les parece si nos escribimos, para seguir en contacto?

    Moní aún estaba muy excitada. Quería que Isa continuara. Quería que le hiciera sexo oral. Eso la llevó a recapacitar en un segundo la actitud que había tenido con su amiga al decirle “cubrir todos los frentes”. Se había expresado como un hombre posesivo, no como una amiga. Si quería que Isa la quisiera (y se acostara con ella), quizá necesitaba hacer una pequeña concesión al principio. Dejaría que Mario se la cogiera antes o después de ella esa noche, esperando que poco a poco Isa la prefiriera a los hombres. Por eso dijo:

    —Amiga Isa, ¿tú ya no quieres el plan?

    —¿Segura? —preguntó Isa.

    —El lugar es oscuro y está solo. Casi no lo hemos aprovechado. Sería muy tonto irnos así…

    Isa saltó sobre Moní con muchos besos. Moní tuvo que luchar para detener su vestido con una mano y a Mario con la otra, en medio de ese torbellino de gratitud.

    —Hagan lo que quieran; yo haré guardia afuera —dijo Moní.

    —Yo no quiero hacer nada —contestó Isa.

    Moní, la sarcástica Moní, se llenó de ternura y de felicidad al escuchar esto. Pensó que el sacrificio de Moní, su resignación a aceptar que estuviera antes con Mario (a quien nadie, por cierto, le había preguntado nada), había sido suficiente para que Isa rechazara este sacrificio y la prefiriera a ella.

    —¿Cómo que no quieres hacer nada? —repitió Moní, aún incrédula. —¿Y el plan?

    —Sí, sí, pero en el plan hay tres personas, ¿no? Y la falta un vértice al triángulo.

    —No —dijo por fin Mario, categóricamente. —Esto ya se terminó.

    Pésimo diálogo, nuevamente. Moní, entonces, como cada vez que Mario le daba la palabra a uno de sus “alumnos favoritos”, se sintió rechazada.

    —Le parece muy mal ser un profesorsucho venido a menos, ¿verdad? —empezó Moní —¿No le dan trabajo porque no puede pasar diez minutos sin decir lo que le parece bueno y malo? ¡Imagínese los problemas que tendrá cuando le pongamos una demanda por estupro!

    ¿Estupro? Moní ni siquiera sabía si eso se decía así. Le parecía una acusación increíblemente grave, y casi se le quemaba en la boca, pero el sentimiento de rechazo la enceguecía. Isa prendió la lámpara de su celular y apuntó a Moní y a Mario. La chica se estaba parando; aún de pie era mucho más baja que él. Isa era mucho más de su tamaño,

    —Bésala —le dijo Isa a Mario.

    La luz del celular se sentía acusadora. Mario obedeció la orden. Moní también la sintió como una orden para ella. El beso fue todo lo opuesto a lo que pasó con Isa. Los labios de Moní eran simétricos, frescos y deseables; el inferior bastante más grande que el superior, que se apoyaba en él con una curvita respingada: Moní todo el tiempo parecía tener los labios fruncidos. Tan rectos y tan intensos eran. Como casi todo en Moní, tenían algo de felino. Por el contrario, los labios de Mario eran rojos, grandes y sanguíneos; muy femeninos en su cara pálida de polilla de biblioteca.

    A Moní le sorprendió descubrir cuánto la excitaba saberse observada por Isa; saber que iba a besar a un sujeto que le gustaba a Isa. Esa feminidad de Mario le ayudaba a transferir a él su excitación anterior. Ambos se dieron cuenta de que se deseaban, y eso les hacía muy difícil acercarse. Les pasaba como a dos muchachitos que fueran a darse su primer beso.

    —No lo creí posible —dijo él, llevando la mano a la cara de Moní.

    —No, ni yo —contestó ella.

    Entonces ambos se imantaron entre sí, cerrando los ojos. Los besos chasqueaban, y los labios se separaban, a veces por periodos largos, en los que los dos juntaban sus frentes y sus narices. Luego retomaban la tarea que Isa les había impuesto.

    —“Esto ya se terminó”, ¿verdad? —dijo Moní, antes de emprender el primer beso de lengua.

    Cuando este beso terminó, Mario dejó la boca de su exalumna y pasó a su cuello. Al principio no la besó, sino que se limitó a respirar sobre ella, besándola apenas con la barba. Moní gimió con esto; sólo entonces Mario empezó a besarla, y los gemidos se volvieron continuos.

    Moní estuvo a punto de soltar su vestido, así que le dijo a Isa.

    —Ven, súbeme el cierre.

    Isa se mordía los labios, encantada de verlos. No se masturbaba aún: se limitaba a rozar sus piernas y a sentir cómo se iba mojando. Dejó su celular bocabajo, y se hizo nuevamente la oscuridad. Se acercó a Moní por atrás, y le susurró (tan fuerte como para que Mario pudiera oírla):

    —Te dije, te dije. Te dije que íbamos a tener que lanzar una moneda para ver quién se lo come primero.

    —Cállate y súbeme el cierre —la reprendió Moní.

    Esa no era toda la respuesta: Moní planteaba responderle a Isa “yo sólo voy a cogerte a ti”, pero Mario empezó a besar su oreja, y Moní olvidó continuar el diálogo. Cuando Moní ya sentía que Isa tenía bien agarrado el vestido de ambos lados, la escuchó decir:

    —Si no quitas la mano, no lo voy a poder cerrar.

    A Moní le pareció sensato y quitó la mano. Isa entonces bajó su vestido hasta el vientre. Moní lanzó un gritillo, en el que maldecía a Isa de forma incomprensible. La rubia tomó el brazo de Mario y orientó su mano hasta el pecho izquierdo de Moní.

    —¡Isa, si esta no es tu mano, te voy a matar! —se quejó Moní entre dientes.

    —Por mi vida, de ofrezco mi mano —le dijo, tomando el otro pecho.

    A partir de allí, todo fue confuso. Para Isa y para Mario, porque casi no veían; para Moní, porque los eventos se mezclaban en el tiempo. Es posible que Isa y Mario hubieran tomado cada uno un lado de su cuerpo. Tocaban sus pechos, la besaban en las mejillas. Los labios los distinguía, porque los de Mario eran más grandes. En la oscuridad era normal que uno de ellos la abordara con un beso intenso, creyendo que la besaría en los labios, pero que en realidad en ese momento ella estuviera en realidad besando al otro. La otra persona no se molestaba por eso, y le besaba el cuello, la oreja o la clavícula. A Isa le había fascinado el estilo lento y seductor de Mario para besar esas partes, y ella lo había copiado a la perfección. Según Moní, debió ser Isa la primera que le besó el pecho. No mucho después, los dos competían por quién podía excitarla más. Parecían haberse puesto de acuerdo en que una mano debía estar en la espalda de Moní, otra debía estar tocando sus piernas (aún no su pubis) y los labios debían concentrarse en su torso o en su vientre.

    —Recuéstate —le dijo Mario.

    Moní se recostó inmediatamente, augurando lo que seguía. Desapareció su ropa interior, tan delicadamente que no lo sintió. Uno de ellos empezó a besar la cara interna de sus muslos, muy cerca de su vagina —en las piernas era difícil saber de quién eran los labios y los lengüetazos. Las piernas eran un punto débil para ella, y necesitaba gritar, pero se contuvo estoicamente. De pronto, sintió una respiración sobre sus labios humedísimos.

    —No —dijo Moní claramente.

    La persona, quien quiera que fuera, retiró su cara, y colocó su mano.

    —Sí —dijo Moní, apenas audible.

    La persona entendió que, en ese momento, Moní no se sentía cómoda para recibir sexo oral, y empezó a masturbarla. La otra persona la besaba, mientras tanto, en la boca y toqueteaba sus pechos insistente y sobrecogedoramente. La masturbación era grácil, ligera, iba de los vagina a los labios y, de estos, en círculo, alrededor del clítoris, presionándolo por los lados y como tratando de capturar a un pez huidizo. Luego, por dentro, tocando el punto más sensible, y halando, mientras la muñeca dibujaba círculos sobre en pez, ya dominado. Cuando la persona en cuestión metió en segundo dedo y empezó a embestir, aquello era ya prácticamente una penetración. En torno a los dedos de Isa, las paredes de Moní se contrajeron violentamente por espacio de unos cinco segundos.

    La mano entonces se retiró, dejando a Moní tendida, contrayéndose aún, en medio de un clímax que ya no necesitaba estímulos.

    —Despacio —advirtió muy quedito la voz Isa.

    Moní tuvo miedo de que Isa le estuviera recomendando a Mario que la penetrara. Se hubiera levantado, de haber tenido fuerzas suficientes para hacerlo rápido. Pero no: Isa le puso la mano de Mario, como un remplazo para masturbarla. Mario tuvo el buen tino de tocar su pubis y sus piernas, y sólo luego irse acercando a la vagina. El método de Mario se parecía asombrosamente al de Isa, si bien el de Isa tenía una exactitud especial de mujer. Esto Mario lo comenzaba con sus besos, que llevaban el mismo ritmo y la misma emoción que su mano.

    Poco a poco, le fue ganando a Moní el deseo de saber qué estaba haciendo Isa. Como ella no usaba vestido, sino pantalón, era improbable que se lo hubiera quitado en ese lugar. ¿Y si escuchaban a alguien llegar? ¿A un mesero? ¿A otro cliente? Entonces se esforzó en oír. No podía asegurarlo, pero parecía que Isa había sacado el miembro de Mario y lo masturbaba otra vez.

    —Cógetela —escuchó, finalmente, de la voz de Isa.

    —No puedo —contestó él.

    —¿Por qué no? —replicó Isa, tranquila, sin prisa.

    Isa estaba acumulando recuerdos, fantasías. No necesitaba que la penetraran o la masturbaran en ese momento. Estaba segura de que tanto Moní como Mario le estaban en deuda: ya les cobraría más tarde, ya sería su turno de estar en el lugar de Isa o de Mario.

    —¿Por qué no puede? —repitió. Por primera vez, Isa había tuteado a Mario.

    —¿Moní?

    —No. No puede. Tiene que rogarme antes.

    —Ruégale —confirmó Isa.

    Mario dejó de masturbar a Moní.

    —Moní… Yo no quería esto hoy, pero estoy profundamente forzado a quererlo. Tú sabes que estoy superado por fuerzas que no se controlan con facilidad. Sé benévola. Te lo suplico.

    —Aquí no —dijo Moní. —Vámonos

    Todos estuvieron de acuerdo, se vistieron (excepto Isa, que nunca se desvistió) y se fueron.

    Los dueños del lugar reconocían, por supuesto, que este cuarto era usado para esta clase de encuentros. Tenían la política de reconocerlos lo más rápido posible, y aislar esta sección de la visita del resto de los clientes. “Tenemos cerrada la parte de atrás”; decían. Quien conocía las razones, sonreía maliciosamente. Quien no, pensaba que hacían limpieza, o que sólo la abrían a determinadas horas.

    Nadie del café dijo una palabra cuando Mario pagó. Mario tenía una erección infernal y quería llegar a un motel rápido, así que no pensó cuando pagó. El mesero se puso 30% de propina. Mario también pagó la cuenta de Moní, que mintió cuando dijo que iba a pagarla. No tenía dinero como para desperdiciarlo en dos cafés con ron.

  • Esa noche me preñaría mi novio, pero nos preñó alguien más

    Esa noche me preñaría mi novio, pero nos preñó alguien más

    Enlace al relato anterior al final de este relato.

    Después que Nelson me cogió, me volví a sentir culpable, fue una estupidez haberme dejado llevar por el deseo y ser nuevamente infiel a mi novio con ese apuesto extranjero, del cual no sabía nada, en cambio yo amaba a mi novio, tenía una vida feliz con él, mi novio me amaba también, era atento y comprensivo, no merecía que le pusiera el cuerno, ni arriesgar mi relación por una aventura.

    Recibí muchos mensajes de Nelson, pero no respondí ninguno, si bien era cierto que extrañaba sus caricias y me excitaba al recordar, mi conciencia me decía que no debería volver a verlo, era muy insistente y decidí bloquear su número.

    Pasaron las fiestas decembrinas y ya estábamos a mediados de Enero, todo había vuelto a la rutina normal, volví a hacer cálculos para tratar de quedar embarazada y según mis cálculos ese fin de semana serían los días más fértiles de mi ciclo de ovulación, así que le había pedido a mi novio que no me cogiera en toda la semana para que ese fin de semana me cogiera con todo y pudiera al fin embarazarme.

    Cómo les había comentado, mi novio es de Guanajuato, de una región cercana a Jalisco donde la mayor parte de la población es de tez blanca, y mi novio, cuyo nombre es Guillermo, no era la excepción, es muy guapo, de tez muy blanca, pelo castaño, estatura normal, delgado, su cuerpo sin ser muy atlético está bien formado, apuesto de cara y aparenta menor edad de la que realmente tiene.

    Después de cenar y ver un rato televisión nos fuimos a dar un buen baño, me puse un conjuntito de tanga y sostén de color negro con detalles de encaje muy sexy y estábamos a punto de ir a la cama, cuando escuchamos que llaman a la puerta, nos extrañó y mandé a mi novio a ver quién tocaba, con fastidio se puso un short y una playera y salió a ver quién llamaba tan insistentemente.

    De pronto escuché fuertes ruidos y me levanté asustada, iba a trancar la puerta de la recámara y pedir auxilio, cuando la azotan antes de que pudiera poner el seguro, veo a los cuatro venezolanos y mi novio golpeado y sujeto por uno de ellos, otro le amenazaba con una navaja. Nelson me mira enojado y reclama:

    – ¿No dijiste que vivías sola?, ¿Este marico quien demonios es?

    Me dio tanto miedo la situación que empecé a llorar y con sollozos les dije:

    – Es mi novio, suéltenlo, no le hagan daño.

    Estaba medio desnuda y los cuatro se me quedaron viendo con una mirada pervertida, Pablo, quien portaba una botella de licor, señal de que venían tomados, intervino.

    – Mira chama, no te asustes, no venimos a hacerte daño, solo venimos a cogerte entre los cuatro, como te cogimos la vez pasada, pórtate bien y nadie saldrá lastimado

    Sacaron unos cables y cinta de aislar eléctrica de una mochila y ataron a mi novio en un sillón que teníamos en la recámara y le taparon la boca con cinta aislante.

    – Tú te quedas aquí quietecito pana, te dejaremos ver cómo cogemos a tu jeva, la muy puta ya nos conoce- Exclamó Nelson

    – Yo voy primero, yo los traje aquí y será mi venganza con la puta por no contestar mis mensajes y haberme bloqueado. – Agregó

    Se acercó a mi, me abrazó fuertemente, el olor de su aliento alcohólico inundó mi nariz y me susurró al oído:

    – De mí no te burlas chama, te mandé muchos mensajes y me bloqueaste, no soy tu juguete, me dejaste plantado y arrecho, me voy a desquitar, te voy a dar una cogida que no podrás ni caminar en una semana.

    Seguía estática, sentía miedo y temblaba, Nelson me recostó en la cama y me desnudó completamente, luego se desnudó y sus amigos se desnudaron también.

    Se recostó encima de mí y con una mano tomó mi cara y me dio un tremendo beso, permanecí con los labios cerrados, seguía aterrada, miraba la cara de mi novio asustado y con los ojos bien abiertos, su lengua, filosa como un cuchillo, forzó mis labios y logró escabullirse dentro, recorrió mi paladar y sentí un ligero sabor a alcohol, mordía mis labios y su lengua entraba y salía de mi boca a voluntad, continuó besando mi cuello, mis mejillas y mis orejas, su peso sobre mi cuerpo me tenía inmovilizada, traté de forcejear con mis manos y piernas y quitármelo de encima.

    – Por favor Nelson, me lastimas, estás como loco, suéltame- Grité

    – Tranquila puta, o te estás quieta o te cojo a la fuerza, tú decides, igual voy a cogerte, eres una zorra y te voy a coger como mereces.

    – No Nelson, no, perdóname, no quiero seguir, suéltame- repliqué

    Mis esfuerzos eran en vano, al contrario, parecían excitarlo más, lágrimas resbalaban por mis mejillas, pasó su lengua lamiendo mi cara y limpiando mis lágrimas, me dolía el cuerpo, no tenía escapatoria, así que me resigné vencida y cerré los ojos esperando que terminara pronto mi suplicio.

    – Muy bien chama, así quietita, te haré gozar como nunca-

    Bajó a mis tetas y mordisqueó mis pezones, los succionaba con fuerza y sin poderlo evitar me retorcí y mis pezones se endurecieron, apreté los labios para evitar gemir, pero mi entrepierna se humedeció.

    Abrió mis piernas y colocó la punta de su verga en la entrada de mi coño, me tomó de la cara y me dijo:

    – Mírame, quiero que me mires cuando te la meto- exclamó.

    Abrí los ojos, justo en ese momento empezó a presionar, sentí como su grueso miembro se iba abriendo paso, la enorme cabeza de su verga me traspasó y se quedó quieto, mi cuerpo se arqueó y mordí mis labios, un gemido ahogado escapó de mi boca.

    – Mira cornudo, mira como se coge a una hembra, tu noviecita es una ricura y merece un verdadero macho- dijo mirando a mi novio con una sonrisa burlona y de un solo empujón me la enterró toda, me dolió y lancé un gemido de dolor.

    – Nooo, auhh, dueleee.

    – Te dije puta que esta cogida la ibas a recordar por siempre,

    – Es muy gruesa, despacio, aughhh- gemía

    La cara de mi novio estaba completamente roja, sus ojos abiertos como platos, miraba incrédulo como me traspasaba ese enorme trozo de carne, más largo y grueso que el suyo, me tomó de las nalgas y me embestía al tiempo que jalaba mi cuerpo hacia el suyo, ensartando toda su verga hasta lo más profundo y haciendo rebotar mi pelvis contra su pelvis, prácticamente levantaba mi cuerpo en cada embestida, la sensación de mi coño completamente lleno de carne y la cabeza de su verga alcanzando los rincones más profundos de mi ser, me provocaban una sucesión de gemidos agudos e intensos, Nelson me miraba a los ojos y una sonrisa de triunfo afloró en su cara al ver mis muecas y gemidos, volteó a ver a mi novio y humillándolo le dijo

    – Tu novia no puede disimular lo mucho que le gusta mi verga, ya me la he cogido por todos sus huequitos y es deliciosa, mira como goza con un verdadero macho.

    Aceleró más sus movimientos, embestidas largas y profundas que me arrancaban alaridos de placer, me mamaba mis tetas que se balanceaban sin dejar de embestirme, todo mi cuerpo empezó a temblar, mis ojos se pusieron en blanco y sentí una oleada de placer que recorrió mi cuerpo, prácticamente chillaba de placer y todo mi cuerpo se contraía.

    – Así chamita, córrete, córrete como la putita come vergas que eres.

    Lanzando un grito me corrí intensamente y comencé a convulsionar,

    – Ay chamita, que rico aprietas, es el cielo, la chamita más caliente y puta del mundo.

    Una vez que me corrí, Nelson seguía cogiéndome como si nada, sabía de la potencia que tenía ese macho, y que todavía podría cogerme un largo rato, pero sus amigos empezaron a protestar, hasta entonces, recobré conciencia de que estaban presentes.

    – Ya Nelson, es nuestro turno de coger a la puta.- protestó Pablo.

    – Si, Nelson, también queremos coger- agregó Alexis.

    – No panas, está puta no la suelto hasta que la preñe, quiero que aprenda que de mi no se burla, además yo los traje hasta aquí.

    – Cierto, pero no es justo, tu aguantas mucho y ya estamos al palo, con la verga a reventar danos chance.- agregó Freddy.

    – Si tanta ganas tienen de coger ahí está otro culo- exclamó señalando con su dedo índice a mi novio

    La cara de mi novio se transformó, una cara de terror, sus ojos parecían salirse de su órbita.

    Pablo sonrió maliciosamente y exclamó:

    – Bueno, un hoyo es un hoyo, aunque sea de marico.

    Se acercaron los tres a mi novio, lo desataron, amarraron sus manos a su espalda con cinta y lo arrastraron a la cama, allí lo tumbaron boca abajo con una almohada en la cintura y le arrancaron su short y playera con la navaja y a tirones, quedó justo a un costado mío, pero en dirección opuesta por lo que mi cara quedó a la altura de sus nalgas.

    No podía creerlo, esos desgraciados estaban a punto de violar a mi novio, me arrepentí de todo lo que había hecho, pero no había vuelta atrás.

    Nelson volteo a ver a sus amigos sin dejar de penetrarme y les dijo.

    – En aquel cajón tiene la puta un tubo de lubricante.

    Mi novio se resistía, pero poco podía hacer, Freddy le puso la rodilla sobre su espalda inmovilizándolo, mientras Alexis va por el lubricante, Pablo se posiciona entre las piernas de mi novio y le intenta abrir las nalgas, mi novio se resiste y recibe una fuerte nalgada, que le queda marcada en su blanca piel.

    – No te resistas marico, tienes buen culo y estoy seguro que eres tan putita como tu novia.

    Nuevamente le abre Pablo las nalgas a mi novio y Alexis le aplica un chorro de lubricante en medio, mi novio trata nuevamente de apretarlas, pero Pablo lo tiene firmemente agarrado y el lubricante cae justo en su esfínter.

    – Tu novio tiene culo de puta, blanquito y suave, putita, será un placer desvirgarlo- exclamó Pablo al tiempo que le apretaba y acariciaba sus blancas nalgas.

    Alexis presionó su dedo y violó por primera vez el ano de mi novio, quien dio un respingo apretando el culo y trató de patalear, sin éxito, su dedo se introdujo hasta la mitad.

    – Está muy apretado tu novio, aprieta rico, realmente es un culito virgen- exclamó Alexis.

    – No por mucho tiempo- exclamó Pablo, los 4 degenerados se echaron a reír.

    Alexis siguió metiendo y sacando el dedo del culo de mi novio unos segundos mas y le entregó el tubo de lubricante a Pablo, quien se embadurnó toda la cabeza y el tronco de la verga, la rojiza cabeza se veía brillante e imponente, parecía imposible que pudiera caber en el estrecho culo de mi novio, Pablo se incorporó con las piernas de mi novio bajo las suyas, Alexis es ahora quien le abre las nalgas, Freddy hace mayor presión sobre su espalda y Pablo lo sujeta de las caderas y apunta el tremendo garrote al cerrado ojete de mi novio.

    – Ahí te voy marico, te voy a hacer mi jeva.

    Da un golpe de cintura y la enorme cabeza vence la resistencia de su esfínter, mi novio patalea, se retuerce en la cama, intentando zafarse, pero es imposible a pesar de los intentos lo tienen bien sujeto y todos sus esfuerzos son en vano, los desgraciados ríen.

    – Quieto marico, ya tengo la cabeza del güevo dentro, no aprietes el culo, que te lo voy a desgarrar y te vas directo al hospital- anunció Pablo y le dio otra tremenda nalgada.

    – Por Dios, como aprieta mi verga, aghhh, que rico- Agregó y se quedó quieto disfrutando el culo de mi novio

    El dolor que debía estar sintiendo mi novio debía ser atroz, todo su cuerpo antes de piel muy blanca se puso roja, sudaba y seguía pataleando y retorciéndose en la cama, a pesar de tener su boca tapada con cinta escuchaba sus gruñidos ahogados de dolor, me daba tanta pena que estuviera sufriendo por mi culpa, era cierto lo que decía Pablo, no había escapatoria y mientras más se resistiera más lo lastimarían, así que acerqué mi mano a las suyas, que estaban atadas a su espalda y apretando sus manos traté de tranquilizarlo.

    – Amor, amor, es cierto, mientras más te resistas, más te lastimarán, trata de relajarte, afloja el cuerpo para que no te vayan a lastimar tanto.

    Al escuchar mis palabras y mi mano sobre las suyas volteó a verme, su cara estaba roja y su frente sudaba, lágrimas escurrían por sus ojos, se miraba tan desvalido que mi corazón se hizo trizas y alcanzando su espalda le repetí:

    – Sé que te duele y mucho, pero tienes que relajarte y aflojar el cuerpo, confía en mí, si no estos brutos te romperán por dentro.

    – Escucha a la puta de tu novia, marico, es buena puta y sabe lo que dice, mi intención no es romperte el culo, se niña buena y relájate y vas a gozar la culeada- añadió Pablo

    Mi novio dejó de patalear y trató de relajarse, lo escuché respirar fuerte tomando aire para intentar aflojar el cuerpo.

    Al ver que dejaba de luchar, y aflojaba el cuerpo Pablo le dio otra nalgada en cada glúteo y exclamó.

    – Muy bien Marico, te voy a coger despacito para que te guste mi verga – exclamó Pablo y empezó un lento vaivén, veía como Mi novio apretaba y relajaba los puños, señal de que seguía sintiendo dolor a medida que Pablo lo iba abriendo.

    Nelson que se había quedado viendo con su verga enterrada en mi coño el desvirgue de mi novio, reanudó sus embistes.

    – Ja, ja, que rico tiene el chiquito el marico, está tan apretado y cuesta meterle la verga, me la aprieta tan rico y parece que me succiona, se siente bien chévere, es bien suave y caliente, que culito más rico tiene este catire- exclamó Pablo.

    – Gózalo pana, hazlo marico para tener dos hembras para coger, ahhh – exclamó Nelson.

    Mientras Nelson me embestía, seguía viendo como la verga de Pablo entraba y salía del culo de mi novio, cada vez ganaba más terreno y entraba más profundo, hasta que dando un golpe de cintura le enterró su verga hasta los huevos, mi novio alzó nuevamente los pies y se retorció dando un gemido, un gemido que parecía de dolor, pero también de placer, Pablo reanudó sus embestidas, la sacaba casi entera y se la metía hasta el fondo a mi novio, moviendo las caderas en forma circular cada que se la ensartaba hasta el fondo, para mí sorpresa, Guillermo empezó a mover las caderas al ritmo de las embestidas que le daba Pablo, y su verga, que había quedado a un lado de la almohada se le había puesto dura, Pablo lo notó de inmediato y expresó:

    – Vaya parece que a tu novio le gusta mi verga- exclamó Pablo y tomándolo de la cintura lo empezó a embestir con mayor fuerza, al tiempo que le decía.

    – ¿Te gusta?, siéntela dentro, siente como te estoy rompiendo el culo, ya eres mi hembra.

    Mi novio no respondió, pero no hacía falta que lo hiciera, sus gemidos delataban el placer que sentía, ya no fue necesario que lo siguieran sujetando y Alexis le quitó la cinta de la boca.

    Después le preguntó:

    – ¿Si te suelto las manos prometes pórtate bien?

    Tampoco respondió, pero agitó levemente la cabeza en forma afirmativa, por lo que con la navaja liberaron sus manos, Pablo lo empezó a embestir con más fuerza sin dejar de apretarle las nalgas y acariciar su espalda.

    – Asi, ya eres mi hembrita, marico, ahora tenemos dos hembritas ricas para gozar, te dije que mi verga te iba a gustar, agggh, aggggh,,,,

    Era morboso ver a mi novio disfrutando de la verga de Pablo y eso me excitó más, busqué la boca de Nelson y le di un beso cachondo en los labios, empezó a embestirme más duro, me sentía liberada al ver a mi novio gozando y ya sin pena mis piernas rodearon su cintura y lo apreté contra mi cuerpo, mis gemidos se hicieron más intensos y movía mi cintura como una puta, empezó a taladrarme a un ritmo infernal y mis ojos se pusieron en blanco, mi cuerpo empezó a temblar y lanzando un fuerte gemido me volví a correr, otro orgasmo intenso y delicioso.

    – Ayyy, puta, que rico, cada vez eres mejor puta, que rico te mueves, me vas a hacer correr, ya no creo aguantar mucho, te voy a llenar el coño de mi leche- me susurraba Nelson en el oído.

    Nelson me tomó de las caderas y empezó a bombearme salvajemente, sentía sus testículos golpear contra mi vagina, hasta que cerrando los ojos dio un bramido de placer y dándome una última empalada, empezó a descargar su ardiente semen en las profundidades de mi vagina, sentía como su verga se engrosaba y dando pulsaciones lanzaba sus chorros de leche:

    – Agggh, puta, te estoy llenando de leche, agggh, que rico, ¿Alguna vez tu noviecito te cogió así? – me cuestionó Nelson.

    No contesté para no humillar a mi novio, se tumbó sobre mi cuerpo y me dio un jugoso beso sin sacar su verga de mi Interior. así estuvimos unos minutos, hasta que escuchábamos que los gemidos de Pablo y mi novio aumentaban de intensidad, Pablo arremetía con toda su fuerza contra el castigado culo de mi novio, y empezó a gemir:

    – Ayyy, marico, me sacas la leche, que rico aprietas, agggh,

    Y dándole una fuerte embestida descargó su semen en las profundidades del recto de mi novio.

    Después de un par de minutos, Pablo y Nelson se retiraron y era el turno de Freddy y Alexis. Alexis me puso en cuatro patas y Freddy puso a mi novio en idéntica posición, justo a un lado mío, pronto sentí la cabezota de la verga de Alexis presionando en la entrada de mi coño, me afianzó bien de la cintura y empezó a enterrármela, volteé a ver a Guillermo y su cara era de dolor y placer combinados, tenía los ojos cerrados y apretaba los dientes, Freddy acariciaba su espalda, sin dejar de enterrarle su enorme mástil, dio un grito cuando se la enterró hasta los huevos, pero no intentó resistirse, la cara de mi novio siendo ensartado me dio mucha ternura, tan frágil, me acerqué a su cara y le di un tierno beso, Guillermo respondió a mi beso y sonrió levemente, comenzaron ambos a embestirnos, lenta y profundamente, me encantaba sentir esa gran verga entrar y salir de mi coño y ver a mi novio gozando mientras era penetrado por otro macho, me causó una excitación tremenda, nunca pensé que me excitaría tanto ver a dos hombres cogiendo, empecé a gritarle que me cogiera más duro.

    – Cógeme fuerte, dame más- gritaba

    Alexis al escucharme me empezó a dar más duro, me tomó fuertemente de la cintura y sentía como me embestía, mis tetas se balanceaban sin control en cada empalada, Freddy se recostó sobre el cuerpo de Guillermo y besaba y lamía su oreja, su verga acribillándolo con fuerza sobre el colchón, y mi novio mordiendo la almohada y gimiendo como una puta, indudablemente estaba gozando, y mucho, sintiendo el mismo placer que sentía yo, disfrutando el placer que nos daban esos machos, empecé a culear, los gemidos de Guillermo y los míos eran intensos, algo alucinante, impensado, así nos estuvieron cogiendo largo rato, Freddy agarró del pecho a mi novio y lo hizo incorporarse sin dejar de embestirlo por el culo y lo abrazó fuertemente contra su cuerpo, al tiempo que besaba su nuca, su cuello y lamía su mejilla y arremetía con toda su fuerza contra su culo, la mirada de mi novio estaba perdida, sus ojos en blanco y temblaba, la imagen de ese macho dominando a mi novio, era surreal, en esa posición alcancé la verga de mi novio y lo empecé a masturbar, no tardó en correrse lanzando un potente chorro de semen en las sábanas, gruñendo de placer, en ese momento Freddy pidió cambiar,

    – Agggh, el marico me está apretando la verga bien rico, pero no quiero acabar, vamos a cambiar, prueba el culito del marico y déjame gozar a la chama.

    Freddy se colocó frente a mí y me puso patas arriba con mis piernas en sus hombros y Alexis tomó a mi novio y lo puso también patas para arriba, pero en lugar de poner sus piernas en sus hombros agarró una pierna en cada una de sus manos y así nos volvieron a penetrar, me dio morbo pensar que esa verga que me penetraba era la misma que acababa de dar placer a mi novio, la misma que había estado dentro de su cuerpo y ahora me perforaba a mí, abracé a Freddy del cuello y le di un tremendo beso en los labios, a mi lado escuchaba los gritos de placer de mi novio y los gruñidos de Alexis empotrándolo, las piernas de mi novio se balanceaban en cada embestida, agarradas firmemente por los tobillos por Alexis, parecía una marioneta.

    – Tienes razón, el marico aprieta bien rico la verga, que apretadito, ufffff- Exclamó Alexis.

    Nos estuvieron dando caña otro largo rato hasta que aceleraron sus movimientos y recibí mi segunda descarga de semen en mi coño, y mi novio volvió a recibir otra descarga en su ano, ambos quedamos desfallecidos en la cama, exhaustos pero contentos.

    Para entonces Pablo y Nelson ya estaban recuperados y tenían ganas de más guerra,

    – Pues voy a tener que probar ese culito también, a ver si es cierto que esta tan rico- expresó Nelson

    – Si, cógelo, esta super apretado, a mí me falta coger a la chama y quiero cogerla por el culo, para comparar que culo es más rico.-respondió Pablo.

    Pablo tomó la botella de lubricante y me dio vuelta quedando acostada boca abajo y Nelson hace lo propio con mi novio, abre mis nalgas y aplica el gel lubricante en mi rosado anito, Nelson se sube sobre el cuerpo de mi novio y empieza a besar su espalda, recorriendo su piel con su lengua, le besa el cuello y mejillas en forma cachonda y tomándolo de la cara le planta un tremendo beso, mi novio abre la boca y veo como la lengua de Nelson se introduce en la boca de Guillermo, mientras Pablo presiona y mete un dedo dentro de mi culo, lo mueve en forma circular y lo mete y lo saca dilatando mi culo como un experto, Nelson ha bajado hasta las nalgas de mi novio y se las acaricia y aprieta:

    – Realmente tienes culo de nena, nalgas blancas, suaves y sin pelos, me has sorprendido- expresó.

    Le abre las nalgas y su lengua recorre el canal que las separa, veo a mi novio retorcerse de placer y apretar las sábanas con los puños, no lo culpo, al contrario, lo envidio, sé que Nelson es un experto en dar placer y ahora mi novio lo disfrutaba, en eso, siento las manos de Pablo en mi cintura y automáticamente abro más las piernas y doblo mi espalda, levantando mi colita, la punta de su verga recorre la raja entre mis nalgas y una corriente eléctrica recorre mi cuerpo cuando la tersa y caliente cabeza se spoya en mi agujero, empezó a presionar y la cabeza vence la resistencia de mi esfínter que se abrió como una flor para recibir y darle una cálida bienvenida al grueso visitante, estaba tan caliente que no sentí dolor alguno, Pablo siguió conquistando mi culo avanzando lentamente, estirando y abriendo mis pliegues internos con suavidad, gemí de placer cuando sus huevos chocaron con mis nalgas, me había penetrado completamente hasta el fondo de una forma magistral

    Nelson levanta la cintura de mi novio y pone un par de almohadas bajo su cintura, lo estaba preparando para ser empalado, después se incorporó y aplicó lubricante en su inmenso trozo de carne, le abrió bien las piernas y empujó su espalda hacia abajo para que levantara el culo y se pusiera en el ángulo correcto para ser empalado, abrió sus nalgas y empujó, mi novio dio un grito desgarrador, a pesar de ya haber tenido tres vergas en su culo, la verga de Nelson era más larga y gruesa que la de sus amigos, y el tremendo hongo de la cabeza seguramente había desgarrado algunos de los pliegues de su esfínter, mi novio no estaba preparado para semejante verga e intervine.

    – Nelson, para, ten paciencia, no lo lastimes- le grité

    Nelson con una mirada incrédula se quedó quieto, no siguió penetrando, pero tampoco se retiró y se me quedó viendo, Pablo también se quedó quieto expectante, pero con su verga enterrada hasta lo más profundo.

    Acaricié la cabeza de mi novio para captar su atención y volteó su cara hacia mí.

    Su rostro reflejaba dolor.

    – Me duele demasiado, no puedo- balbuceó con un hilo de voz.

    – Aguanta amor, relájate todo lo que puedas, la verga de Nelson es más gruesa y sé que te duele, a mí me la ha metido por el culo y se del dolor, pero a pesar del dolor, aguanta y afloja el el cuerpo, relájate y no aprietes, pronto sentirás el placer más intenso que puedas imaginar, confía en mí, déjate llevar y vas a gozar como nunca.

    Nelson sonrió al oírme y expresó:

    – Hazle caso a tu novia, ella es una tremenda puta y te hará gozar como ella.

    Me hizo caso, su cuerpo se relajó, lágrimas seguían saliendo de sus ojos y con ternura limpiaba sus lágrimas y acariciaba su cara.

    – Paciencia, paciencia, ya pasará el dolor- le decía, acariciando su cabeza y nuca, Nelson gentilmente también le acariciaba la espalda y las nalgas.

    – relájate, relájate, marico- expresó Nelson

    Pronto las lágrimas cesaron y sus gritos se fueron haciendo más débiles, le miré a los ojos y le pregunté:

    – ¿Ya disminuyó el dolor?

    Agitó su cabeza en forma afirmativa, y le pedí a Nelson continuar.

    – Comienza a culearlo, suave, muy suave, se paciente.

    Nelson así lo hizo, reinició un lento vaivén, Pablo también reanudó sus embestidas, aunque más largas y profundas.

    Me incorporé con la verga de Pablo en mi interior y alcancé el tubo de lubricante, que había quedado sobre la cama, fui poniendo lubricante entre el tronco de Nelson y el culo de mi novio, con un poco de dificultad, porque Pablo no dejaba de empalarme, poco a poco la verga Nelson iba ganando terreno y desaparecía dentro del culo de Guillermo, era impactante ver el tremendo grosor de la morena verga de Nelson hundirse dentro del apretado y blanco culo de mi novio, una visión que me estremevió y me excitó sobremanera.

    – Espera Nelson, detente un segundo le supliqué.

    – Amor, ya tienes media verga dentro, intenta culear en movimientos muy cortitos, hasta donde aguantes.

    Miraba como mi novio daba bocanadas de aire y empezaba a recular, en movimientos muy suaves, cada vez entraba más la verga de Nelson, hasta que dando un movimiento de caderas lo ensartó completamente, toda la enorme verga de Nelson desapareció dentro del culo de mi novio, dio un fuerte gemido y su cuerpo se retorció y temblaba.

    – Ya entró toda en el culo del marico, ufff, tienen razón que rico culo tiene, apretado y caliente, tan rico como tu culito chamita.

    – Sí Nelson, tranquilo, ya se la metiste toda, no te muevas, aguanta a que mi novio se acostumbre al tamaño de tu verga.- exclamé.

    – Amor, ¿estás bien?, ya la tienes toda dentro, ¿puede continuar?

    – Sí, pero despacio, para poder aguantar- exclamó Guillermo.

    Nelson sonrió y expresó:

    – Pocas putas me la aguantan entera, pana, eres tan puta como tu novia.

    Empezó a cogerlo de la misma forma suave y profunda como me había cogido a mí, lento pero constante, tratando de que mi novio gozara su verga como yo había gozado y cuando se la metía hasta el fondo movía la cintura en forma circular y mi novio se tetorcía de placer, sus gemidos motivaron a Pablo para acelerar sus movimientos y pronto tanto mi novio como yo teníamos un concierto de gritos y gemidos, al compás de los embistes de nuestros machos, era riquísimo sentir que estaba completamente repleta de carne mientras observaba como mi novio gozaba y sentía lo que yo sentía, nuestros cuerpos sudaban, minutos después Pabló aceleró sus embestidas al máximo, un frenético mete y saca que me dejaba sin aliento, hasta que su verga se engrosó dentro de mi culo y explotó llenándome de su caliente y espeso semen, justo cuando lanzó su primer chorro de leche en las profundidades de mi recto, empecé a convulsionar y me corrí intensamente, un orgasmo larguísimo que me hizo ver estrellas, caí rendida y exhausta en la cama con Pablo encima de mí, conforme recuperamos la respiración, nos quedamos observando como Nelson seguía cogiendo a mi novio, hasta que Nelson se recostó sobre el cuerpo de mi novio y abrazándolo fuertemente del pecho empezó a taladrarlo a un ritmo endemoniado, mi novio puso los ojos en blanco y gemía sin parar con la boca abierta, todo su cuerpo se sacudía en cada embestida de Nelson hasta que su verga empezó a lanzar chorros de leche que quedaban depositados en las sábanas, nunca había visto a mi novio correrse de forma tan intensa, Nelson aguantó unos segundos más, disfrutando como los espasmos de mi novio le apretaban la verga, hasta que dándole una última estocada le vació el contenido de sus huevos en su maltratado, pero feliz culo, sus cuerpos sudaban y se desplomaron, justo a un lado mío.

    Después de unos minutos Pablo y Nelson se incorporaron y ahora eran Freddy y Alexis los que se habían puesto duros y querían volver a cogernos, ni mi novio ni yo podíamos ni movernos, pero eso no les importó, Fredy me hizo poner de costado y se puso detrás de mí, mientras que Alexis ponía de costado a mi novio y se acostaba detrás de él, mi cuerpo quedó frente al de mi novio, su cara frente a la mía, Fredy me levantó una pierna y la puso sobre su costado, lo mismo hizo Alexis con mi novio, enseguida sentí la verga de Alexis recorrer mis nalgas y buscar mi coño, mi vagina estaba tan dilatada que entró sin ninguna resistencia, pero no pasó lo mismo con mi novio que pegó un gemido de dolor, pobre, seguramente Nelson le había dejado muy rozado el culo, acerqué mi mano y sequé el sudor de su frente, pronto el dolor pasó y ambos empezamos a gemir de placer, en mi boca se dibujó una sonrisa observando cómo mi novio gozaba y estirando mi cuerpo le di un tierno beso, nos estuvieron cogiendo largo rato, Alexis me apretó contra su cuerpo y aceleró sus movimientos, su mano acariciaba mis tetas y pellizcaba mis pezones, nuevamente estaba en el cielo, hasta que sentí sus chorros de leche llenar mi vagina, pocos segundos después fue mi novio el que se retorcía y recibía la descarga de Freddy en su culo.

    Quedamos desplomados sobre la cama, exhaustos y con nuestros agujeros llenos de leche, mientras Nelson y sus amigos se vestían y se retiraban, yo tenía tres descargas en el coño y una en el culo y mi novio cuatro descargas en el suyo, al cabo de un rato con esfuerzo nos levantamos y nos dimos un baño, me ardían mis agujeros y seguramente a mi novio también, así que terminando de bañarnos tomé una crema para la hinchazón y heridas y se la apliqué en su culo que estaba inflamado y al rojo vivo y así nos acostamos y nos quedamos dormidos, no teníamos fuerza ni para cambiar las sábanas y olía a sexo, sudor y semen.

    El siguiente día era domingo y nos quedamos todo el día en la cama, no hablamos nada de lo que pasó, pensé que a mí novio le sería muy difícil asimilar lo ocurrido y no toqué el tema, a los pocos días todo volvió a la normalidad, y por fin hablamos de lo sucedido, nos sinceramos y le expresé que lo seguía amando y lo ocurrido no cambiaba ni cambiaría mi amor por él, al contrario, lo amaba más, él me expresó que también me amaba, y que aunque había sido forzado, había gozado mucho con los venezolanos, una experiencia que le había abierto su mente, que no se sentía gay, pero que le gustaría nuevamente ser cogido. Tres semanas después ya no me bajó la regla y al hacerme la prueba de embarazo resultó positiva, mis deseos de ser madre se cumplían, pero era altamente probable que no fuera mi novio quien me preñó.

    Un mes después empezó la crisis por la pandemia de COVID y por estar embarazada me quedé confinada en casa, igual mi novio, que inició con clases virtuales, sin embargo las visitas de Nelson y sus amigos no pararon, nos siguieron cogiendo semanalmente y a veces entre semana a pesar de estar embarazada, cuando llegaban mi novio se transformaba en una puta para ellos, a mí me pone como loca ver como mi novio es penetrado por esos machos y también por el placer que esos machos insaciables nos daban y hacían con nosotros lo que se les antojaba, cogiéndonos en todas las posiciones y formas posibles.

    Cuando inició mi sexto mes de embarazo dejaron de visitarnos, los extrañaba y le dije a mi esposo que fuéramos a buscarlos a su departamento, al llegar y tocar en el departamento nadie abrió, fuimos a buscar la casera dueña de los departamentos, quien nos dijo que por la pandemia, el trabajo para los venezolanos había disminuido y que se fueron a la frontera para tratar de cruzarla y llegar a los Estados Unidos.

    Se fueron como unos cobardes, sin avisar, pero creo que fue lo mejor, unos meses después nació un hermoso bebé, sano y fuerte, parecía portada de revista de bebés, pero con la piel ligeramente morena, si me preguntan, creo que se parece a Nelson, a mi novio no le importó y se casó conmigo, es un excelente marido y padre, y por lo sucedido cambió radicalmente su forma de pensar, se dio cuenta que el placer del sexo, se puede gozar de una forma abierta, excitante y morbosa, sin estereotipos, sin importar si es hombre o mujer quien lo proporciona, que yo también necesito un macho dominante que me haga chillar de placer y qué el también podía disfrutar de ese macho y a partir de entonces, con frecuencia trae a casa a algún macho que nos goce a ambos, es maravilloso tener un marido así, que te comprenda y que se encargue de proporcionarte el placer sexual que no te puede dar y que también pueda disfrutar ese mismo placer de un macho sin prejuicios, sintiendo lo mismo que siente su esposa, también nos unimos a clubes swinger para probar todo tipo de experiencias sexuales y tenemos muchas anécdotas que iré contando posteriormente.

    Me encanta que me escriban y me cuenten sus experiencias y fantasías, me pueden escribir a [email protected].

    Relato anterior:

    “Infiel a mi novio con extranjero de verga enorme”

  • Gracias al trabajo (7)

    Gracias al trabajo (7)

    Cuando iba en el coche le dije a Eva que llamara a Jorge con mi teléfono, él nos esperaba. En el coche olía a coño caliente, ese olor que nos pone cardíacos, y le pregunté el porqué, me contestó:

    – Ya ves, con lo caliente que estoy y el ir sin las bragas puestas hasta el bar… creo que he mojado el asiento en el que estás sentado… y que estoy mojando el mío ahora mismo, jajaja.

    – Joder, así va a ser difícil llegar hasta la casa sin hacer nada…

    Llegamos a la casa… yo con la polla tiesa y Eva con el coño mojado, nos abrió Jorge con una sonrisa algo forzada… Llevaba puesto un pantalón corto que en cuanto cerró la puerta se quitó y se metió en la cocina desnudo, estaba preparando la cena. Al verle el culo…me excitó más de lo que estaba, así que lo abracé por la espalda, pegando bien mi paquete a su culo, y besándolo en el cuello le pregunté si todo estaba bien. Tardó un poco en responder, me dijo que la situación con su mujer no estaba bien, pero no de ahora, de hace ya unos años… y tarde o temprano el desenlace tenía que llegar, presentía que estaba a las puertas del desenlace final. Le dije que si quería, dedicaríamos la noche de hoy para hablar…

    – De ninguna manera. No sé qué es lo que me pasa, pero contigo me siento como si llevásemos años juntos, además necesito follar y que me folles.

    Al decir eso, se giró, me pasó los brazos por encima del cuello y me besó con delicadeza, suavemente. Entreabrí mi boca y su lengua entró buscando la mía, noté como su polla se levantaba con fuerza al igual que la mía, pasé mis brazos por su cintura y lo atraje hacia mí, mi erección estaba cada vez más fuerte, bajé las manos buscando sus nalgas, eran unas nalgas duras, firmes… las separé buscando acariciar su ojal, se retiró lo suficiente como para desabrocharme el cinturón y abrir el pantalón. Volví a atraerlo hacia mí, quería besarlo, comerle la boca, notaba su respiración alterada igual que la mía. En ese momento noté que la camisa se mojaba, era de la polla de Jorge, ya estaba sacando el precum… noté que tiraban hacia abajo de mi pantalón y de mis bóxers… Era Eva:

    – ¡¡¡A ver si os vais a creer que lo vais a pasar bien vosotros nada más!!!

    Se metió entre los dos y comenzó a comernos las pollas mientras Jorge y yo nos besábamos, yo estaba a mil. Me saqué los pantalones por los pies y acabé de desnudarme, cogí a Jorge de la mano, él levantó a Eva y subimos al dormitorio, íbamos los dos con las pollas tiesas y mojadas de las babas de Eva. Al llegar a la cama vi que había una serie de dildos, consoladores, cremas, lubricantes… me volví y miré a Jorge

    – ¿Qué es esto?

    – Shhh calla, es para los tres… además tú sigues siendo mi putita y tu señor te va a dar lo que te mereces, zorra.

    – Ufff, con solo ver todo eso se me ha mojado más el coño de pensar todo lo que vamos a hacer, jajaja -dijo Eva.

    – Bueno -dije- a ver qué nos tiene preparado el señor

    Jorge me pidió que me tumbase en la cama boca abajo, le pidió a Eva que me pusiese lubricante en el ojal mientras él preparaba un dildo, cuando Eva acabó de untarme el lubricante, Jorge metió el dildo, uno inflable en mi culo.

    – Métalo despacio señor, soy casi virgen del culo.

    – Sí zorrita casi virgen dice… -me decía mientras me acariciaba las pelotas por debajo- ahora notarás que se va a ir hinchando.

    Comenzó a darle a la pera que lleva el dildo y empecé a notar como se hinchaba dentro, esa sensación me encantaba, parecía como si engordase una polla dentro de mi culo, me encantaba. Tenía la polla muy dura y notaba como empezaba a manar el precum.

    – ¡¡¡Dios señor, que me está haciendo… joder cómo me gusta!!! ¡¡¡Y vibraaa!!! Ufff Jorge… perdón señor ¡¡¡mónteme por favor!!!

    Me puse a cuatro patas en la cama, mostrándole mi culo siendo violado por ese dildo, quería que me follara, que me reventara el culo a pollazos… Jamás me había sentido así, ni había pensado de esa manera, pero quería una polla dándome bien por el culo.

    – Bájate de la cama, ponte a los pies de ella. Deja tu cuerpo apoyado en la cama, la rodilla derecha en el suelo y rodilla izquierda levantada, como si hubieras hincado de rodillas la derecha nada más.

    – Sí señooor ufff, mmm… siga así señor, no pare

    – Calla puta. Eva, métete ese plug negro en el coño y encima colócate el arnés del strapon y le untas lubricante. Y te vienes en cuanto lo tengas colocado, quiero comprobar que estás lo bastante caliente.

    – Ummm siii señooor

    – Ummm, que vista tienes ahora zorra, ufff con esos huevazos colgando ahí, peladitos… bien llenos de leche -me decía Jorge-.

    Me acarició las pelotas y me excitó más, el cabrón sabía como ponerme bien caliente. Así dejaría que me hiciera lo que quisiera y él lo sabía, me tenía donde él quería.

    Eva se metió el plug y se colocó el strapon, lo lubricó y se acercó a Jorge quien le acarició el coño por detrás.

    – Joder puta, estás empapada ¿cuántas veces te has pajeado hoy?

    – Dos en el trabajo señor, una antes de que llegara Óscar y otra después de dejarle las braguitas a Óscar escondidas, el estar sin bragas hacía que me calentara más.

    – ¡¡¡Joder, dejad de hablar y folladme yaaa!!! ¡¡¡Tengo las pelotas llenas de leche para saliiir!!!

    – Shhh, sin prisas zorra -me dijo Óscar.

    Jorge agarró la cabeza de Eva y la bajó hasta su polla, ella se arrodilló y abrió la boca, lamió su capullo mientras magreaba sus pelotas y yo gemía como una puta calentorra. Eva le comía los cojones mientras lo pajeaba, él me miraba sonriendo, me guiñaba un ojo y me tiraba besitos…yo le pedía por favor que me empalara, quería su polla dentro de mi culo, la necesitaba, me sentía muy maricona, muy puta, muy zorra, me daba igual. Solo quería que me la clavara.

    Le dijo a Eva que me quitase el dildo, yo ya tenía el culo bien dilatado y hambriento, al sacarlo sentí mucho placer y algo de dolor. Jorge se colocó delante de mí, sentado en la cama mientras yo me apoyaba en sus piernas, con su nabo delante de mi cara, abrí la boca para comérsela y me dijo:

    – Tranquila que ahora te la vas a comer, en cuanto Eva te meta lo que tiene entre las piernas.

    Sentí que Eva ponía la punta del strapon a la entrada de mi ojal abierto, solo quería que me llenase el culo con aquello, lo necesitaba.

    – ¡¡¡Ahhh!!! ¡¡¡Hija de puta, me la has metido del tirón!!! ¡¡¡Dueleee!!!

    – Si quieres le digo que te la saque y no te la meta más -me dijo Jorge-

    – ¡¡¡Nooo, nooo señooor, por favor nooo!!! No importa, aguanto el dolor, pero que no la saque…

    – Bien, ahora comienza a comerme la polla como tú sabes, putita.

    Me metí su nabo en la boca y empecé a lamerle el capullo, el frenillo…  mientras Eva ya había empezado el mete y saca que tanto quería yo. Lamía el capullo de Jorge tomándome el líquido preseminal, bajaba por el tronco de la polla hasta llegar a las pelotas. Me las metía en la boca, las lamía, las besaba, las chupaba y volvía a subir por el tronco hasta el capullo. Mientras, Eva llevaba un ritmo bastante bueno dándome por el culo con el strapon.

    Notaba ya como se me empezaban a llenar los huevos de leche… mientras le comía la polla a Jorge lo miraba y él me acariciaba la cabeza:

    – ¡¡¡Sigue así cabrona… que bien lo haces joder, la comes mucho mejor que mi mujer y eso que ella se había comido bastantes pollas antes que la mía!!! ¿te vas a tomar tu ración de leche caliente?

    – Sííí, mmmm quie… quiero… ahh… su leche ufff señor aaagh mmm

    – Venga, ummm abre bien la boca que te voy mmm a dar mi leche zorra ufff

    – Siii

    – Me cooorrooo

    En ese momento noté como su leche me llegaba hasta la campanilla, cerré mis labios alrededor del tronco de su polla para no perder ni una gota de semen, moviendo mi cabeza arriba y abajo con su polla en mi boca, vinieron 4 trallazos más de leche que me fui tragando tan a gusto, hasta que Jorge sacó su polla de mi boca y me besó.

    – Yo ya estaba a punto de correrme cuando Jorge me dijo:

    – Pon a Eva a 4 patas y te la follas por el coño y por el culo, se está portando muy bien y no me puedo olvidar de mi segunda putita.

    – Pero señor necesito correrme mientras me están jodiendo…

    – ¡¡¡Haz lo que te he dicho, joder!!!

    Su voz sonó muy autoritaria, y le hice caso, Eva ya había sacado el strapon de mi culo, se quitaba las correas del arnés y sacaba de su coño el plug que le había ordenado Jorge que se metiera. Me miraba con intención de machacarme la polla con su coño, y creo que es lo que pensaba hacer. Se puso a 4 patas en el suelo de la habitación, la toqué y tenía todo empapado, la muy guarra estaba que no podía más del calentón. Le puse el capullo en el coño y, de lo lubricado que lo tenía, se metió la polla sin tener que ejercer presión alguna, tenía el coño caliente y empapado, empecé a moverme y notaba como ella se iba excitando:

    – ¡¡¡Dios como quería una polla dentro!!! Igual que tú, cabrón. Ummm dame más… venga aaagh, siii dios como me gusta que me montes, cabrón.

    – Venga zorra, estás bien mojada, puta…solo vives para tener un nabo dentro ummm ¡¡¡puta, como me aprietas la polla con las paredes del coño!!! Aaahg

    Eva me ordeñaba la polla con las paredes del coño, me ponía a mil. Le saqué el nabo y le di pollazos en las nalgas, así evitaba correrme aún. Veía como Jorge nos miraba con mucho interés. Puse el capullo en el ojal de Eva y ella sola tiró hacia atrás clavándose mi nabo en el culo, empecé a bombear mis caderas mientras gemíamos, de repente noté un dedo alrededor de mi ojal, era Jorge. Me acariciaba el ojal con la yema de un dedo hasta que me lo metió, gemí como una puta. Eva se tumbó en el suelo con el culo levantado, en pompa, mientras yo la seguía culeando, cuando noté como Jorge me inclinaba había delante, se colocaba detrás de mí y notaba su polla, semidura en la entrada de mi culo.

    – Sí señor -le dije- fólleme fuerte.

    Levanté el culo y empecé a moverme culeando a Eva y notando como su polla iba entrando con total libertad dentro de mí, era un placer tremendo, noté como mis pelotas se hinchaban, como el placer me subía desde los mismos huevos hacia el vientre. Gemía y jadeaba.

    Jorge comenzó a moverse con mucha fuerza, me movía entero, le gustaba como le apretaba mi ojete la polla. Y sonaba el “plof plof plof” de dos pollas entrando en dos culos empapados.

    – No puedo más, me corrooo

    Solté mis trallazos dentro del culo de Eva, que gemía y jadeaba casi igual de fuerte que yo. Mientras me corría, con las contracciones de mi polla, el ojal se me cerraba apretando la polla de Jorge como si lo ordeñara. Me agarró de las caderas y jadeando me dijo que se corría, noté como su leche entraba en mi culo, pero no gran cantidad, acababa de correrse minutos antes. Nos quedamos tirados en el suelo intentando calmar nuestras respiraciones. Había sido un polvo espectacular. Jorge me dijo:

    – Esta noche me enculas tú, necesito que me la claves hasta las bolas y me preñes.

    Hablamos de todo un poco. Conté lo de la paja en el baño con las braguitas de Eva, y que cuando me pajeaba entró una chica hablando por teléfono con su amante casado… Eva me preguntó quien era, le dije que lógicamente no la vi, pero sí que me llamó la atención la firmeza de sus pasos, el sonido de los tacones, debían ser unos tacones de aguja. Le dije que tenía una voz muy sensual, bastante excitante y que habían quedado esta misma noche:

    – Ahhh, esa debe ser Virginia, la de recursos humanos, jajaja, y el amante es Juan, Juan… Hernández, noo Fernández, Juan Fernández. Esos dos siempre igual, se piensan que nadie sabe lo suyo y lo sabe todo el mundo. Tanto ella como él se han dedicado a pregonarlo por la 2ª planta… jajaja. ¡¡¡Lo sabe hasta la mujer de Juan!!!

    – ¿Cómo lo sabes? ¿Y lo permite? -pregunté intrigado sin esperarme la respuesta de Eva

    – Jajaja, ¡¡¡pues porque a veces nos hemos comido el coño ella y yo cuando su marido se está tirando a Virginia!!!

    Jorge y yo nos miramos… al darse cuenta Eva de que eso nos llamó la atención dijo:

    – ¿Es que os gustaría ver a dos zorritas comiéndose el coño mientras os dais por el culo los dos?

    – Hombre, así dicho no suena nada mal… jejeje -le dije.

    – ¡Anda! El que no buscaba a gente para sus “fiestas” -me soltó Eva-

    Se levantó, cogió su teléfono, se vino hacia mí y me besó mientras me magreaba pelotas y polla, Jorge comenzó a protestar:

    – Eva, yo también quiero. Me estoy empalmando

    – Espera Jorge, ahora voy, póntela dura, he tenido una idea.

    Ya estaba empalmado cuando le hizo una foto a mi polla, le pregunté:

    – ¿Qué haces?

    – Una foto, es para mandársela a Nuria, la mujer de Juan… como Juan ha quedado esta noche con Virginia, ella debe haberse quedado sola. ¡¡¡Si Juan supiese lo zorrona que es su mujer dejaba a Virginia de inmediato!!! Jajaja

    Ahora se dirigió a Jorge, lo besó, se la meneó un poco, le magreó los huevos. Ver como le hacía eso a Jorge me excitaba, él se ponía cachondísimo, bueno llevaba cachondísimo un par de días. Eva fotografió la polla de Jorge y dijo:

    – Bueno, a ver qué dice Nuria.

    – Pero… ¿le has mandado fotos de nuestras pollas empalmadas?

    – Claro, tendrá que ver el material que hay, ¿no? Además, le escribo un par de cosillas sobre vosotros, sobre lo bien que lo pasamos… y a ver qué responde.

    – Pero… ¿le vas a decir que venga? Podrías preguntarnos antes, Eva.

    – ¿No queréis que venga?

    Miré a Jorge y con la mirada me lo dijo todo… además que veía el movimiento rítmico que tenía…

    – Jorge, ¿te estás pajeando?

    – Joder sí, me ha puesto caliente el imaginarme a dos tías follándose mientras me das por el culo.

    – Ains dios… vale Eva, a ver qué dice Nuria. Creo que vamos a ser muchos ya, pero bueno, otro culito será bienvenido.

    – Bien, se va a alegrar Nuria, come el coño como ninguna… pero claro, eso a vosotros no os afecta, jajaja, no sé como hace las mamadas de polla… no le he preguntado a Juan nunca -me miró y añadió- Juan ha sido uno de los que ha querido algo conmigo en la empresa… sin saber que yo conocía a Nuria de hace tiempo. Listo, ahora a esperar que conteste.

    – Bueno, mientras esperamos -dijo Jorge- me la podrías comer un poco Eva.

    – Guarda energía, que como Nuria diga que viene, os va a hacer falta, es insaciable. Normal, Juan apenas la toca y tiene que buscar el placer por donde sea.

    – ¿Buscarlo? -le pregunté.

    – Sí, ¿os acordáis el bar de mi amigo que voy a ayudarlo algunos fines de semana? Pues es uno de sus cotos de caza. Aunque el bar es de gente algo más joven que ella, suele triunfar y catar polla o pollas, depende de lo caliente que esté ella. Aunque los prefiere más maduritos…

    – ¿Qué edad tiene ella? -le pregunté.

    – Creo que sobre los 38 o 40

    – A esa edad debe estar bien atendida, de lo contrario corre el riesgo de coronar a la pareja -contestó Jorge.

    Nos reímos los tres, y en ese momento sonó un WhatsApp en el teléfono de Eva.

    – Es Nuria, a ver qué dice.

    – Joder, estoy nervioso -dijo Jorge.

    – Bueno -se puso a leer Eva en voz alta- las pollas no son monstruosas, sobre todo la de la segunda foto (era la foto de Jorge), tampoco me gustan excesivamente grandes, ya sabes por los consoladores, el tamaño que prefiero. Mándame la ubicación, acabo de salir hacia “el tres de espadas” -el nombre del bar del amigo de Eva- A ver como lo vamos a pasar.

    – ¿Bueno, habrá que preparar una cena en condiciones, no? Jorge, ¿la preparas tú y te ayudamos Eva y yo? Se te da mejor la cocina que a mí, a Eva no lo sé.

    – Tampoco se me da bien la cocina, se me da mejor follar o comer pollas o coños, yo suelo comer en el bar o en casa de mi madre… jejeje

    – En eso estaba cuando habéis llegado, acababa de empezar a hacer la cena -dijo Jorge.

    Nos metimos en la cocina los tres, Jorge cocinaba y Eva y yo…bebíamos y charlábamos, y en algo ayudábamos a Jorge. A los 20 minutos de meternos en la cocina sonó el teléfono de Eva, era Nuria.

    – Holaaa… sí, claro es el número 29, sí la casa que alquila mi madre… esa misma, la de aquella vez que Juan se fue a una “reunión de trabajo” con la putita de Virginia… esa misma, la de la piscina grande, ¿te acuerdas?… jajaja, sí, habrá que repetirlo… sí, venga, salgo para abrirte.

    – Ya está aquí -dijo Eva- No pongáis esa cara. Sí, tengo cosas que contaros… jejeje, ahora os la contamos entre las dos…

    Se fue a la puerta que daba a la calle, atravesando el jardín, sabía que le estábamos mirando el culo, y lo movía con movimientos exagerados. Abrió la puerta y Nuria ya estaba allí, morena, de 1,74 de altura, morena de piel y de pelo, muy guapa y con una cara tremendamente simpática. Se quedó mirando a Eva y sonrió:

    – ¿Hay que desnudarse ya? Qué bueno -y llegando hasta la cocina dijo- Buenas tardes, soy Nuria… Uyyy que bien hueleee, qué rico, con el hambre que tengo.

    – Hola, soy Jorge, el “cocinero”, encantado de conocerte.

    – Yo soy Óscar, y también estoy encantado de conocerte aunque no sea el “cocinero”, ¿te apetece tomar algo?

    – Sí, por favor, una copita de Rioja mientras me desnudo, me vendría bien, veo que hay que estar desnuda aquí, ¿no Eva?

    – Siii, anda y ven al salón, ahí te desnudarás mejor y así aprovecho para contemplarte.

    Nuria se acercó a Eva y la abrazó mientras le daba un beso en los labios, Eva echó su cabeza hacia atrás y vimos como la lengua de Nuria entraba en su boca.

    – Venga, vamos al salón, la ropa ya me molesta.

    Jorge y yo nos quedamos mirándolas mientras salían de la cocina abrazadas, nos miramos y estábamos empalmados los dos. Comenzamos a reírnos y…

    Eso lo dejo para el siguiente relato.

    vantheway