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  • El mejor paseo en yate

    El mejor paseo en yate

    Mi nombre es Alicia, y mi relato se inicia con un día de mucho sol, que decidí ir a la playa con mi amiga Yoli. En principio mis planes eran solo esos, tomar el sol y broncearme un poco. Yoli y yo nos quedamos en bikini y con gafas de sol, estábamos tumbadas en la arena y al rato nos fuimos a darnos un baño, desde lejos había un yate y se veía a unos hombres que nos miraban con binoculares, eso me motivo a quitarme la parte de arriba del bikini.

    Del yate salió un bote y se acercaba hasta nosotras, un señor se identificó como Francisco, nos invitó a subir al yate, me dio la mano y finalmente subimos al bote. En el yate estaban dos hombres más, sus nombres Esteban y Matías, y nos invitaron a pasar el día navegando donde comeríamos, nadaríamos en alta mar, tomaríamos el sol y jugaríamos un poco. Sabía que la intensión de la invitación era cogernos, y la idea de tener sexo con ellos me excitó muchísimo, no lo pensé dos veces y aceptamos

    En el yate fuimos hacia una zona alejada de la costa, Francisco saco unas botellas de champán heladas y brindamos. Nos pusimos a tomar el sol, pusieron música, Matías vino hacia mí, me sacó a bailar y montamos un bailecito pícaro, él se ponía detrás de mí y sentía su verga en mi culo, los demás nos miraban sonriendo. Eso me motivo y me quité la parte de arriba del bikini, Francisco sirvió más champán y Matías me acarició los pechos, me acarició el pelo mientras me besaba. Sentí sus labios húmedos con sabor a champán y me dejé llevar. Mientras nos besábamos su mano acariciaba mi vagina por encima del bikini, y vi una erección enorme en su bañador y me dijo al oído… ¡vamos al camarote para seguir jugando!, me tomo de la mano y al caminar vi a Yoli besándose con Esteban.

    El camarote era una suite, tenía unas vistas espectaculares al mar, y una cama sexy, roja y de cuero.

    En el camarote bebí otra copa y me tumbé en la cama mientras Matias me besaba las tetas, lamía mis pezones y los mordisqueaba. Cogió un aceite y comenzó a extenderlo por mi cuerpo, espalda, pecho, brazos, piernas, me quito el resto del bikini y volvimos a besarnos. Deseaba tener esa verga entre mis piernas, pero lo que tenía eran los dedos de Matias, explorando mi vagina, gemía y eso le gustó.

    Matias tomo la botella de champán y vertió sobre mi pubis, colocó su cabeza entre mis piernas y comenzó a chupar, lamia mis labios, yo gemir y cuando ya no pude más, estallé de placer y me corrí en su boca. Tome su pene y lo coloqué entre mis tetas, la acaricié una y otra vez, y yo le pedía que se corriera allí mismo, entre mis tetas. Yo estaba excitadísima, me apetecía que él me cogiera, y me entendió, me puso en cuatro y fui penetrada. Él me agarró de la cintura mientras su verga entraba y salía despacito y poniéndome a mil, sus embestidas eran más fuertes, yo gritaba de placer, había tenido un orgasmo increíble y el paseo en yate estaba siendo divertido.

    Matías me tomo de la mano y me invito a nadar, al salir vi en cubierta a Yoli completamente desnuda, Esteban se la cogía mientras ella le mamaba la verga a Francisco. Matías y yo saltamos al mar a nadar desnudos, nos abrazamos y besamos, su verga jugueteaba con mi clítoris, lo frotaba y oprimía, hasta que me la metió por completo, yo flotaba y me movía sujetada a él, las sensaciones debajo del agua son totalmente diferentes, produciendo oleadas de placer.

    Luego subimos al yate, prepararon un montón de cosas apetitosas y, por supuesto, más champán. Francisco dijo… ¡estamos en un paseo libre, cada quien puede hacer lo que quiera y nadie tiene que molestarse por eso!, en ese momento yo sólo tenía puesto mis lentes para el sol. En la tarde, ya el sol se ocultaba y en el yate solo se oían los gemidos míos y de Yoli. Yo le cabalgaba con desesperación a Francisco, metiéndome su verga hasta el fondo y girando luego la cadera para sentir como la base se restregaba contra mi encendido clítoris. Los demás animaban para que yo me moviera más rápido.

    Finalmente, no pude más y un explosivo orgasmo se apoderó de mi cuerpo, los músculos de mi vagina aprisionaban rítmicamente la verga de Francisco, un chorro de leche inundó mi cuerpo. Luego nos tumbamos entre los cojines, Yoli se me acerco y me comento… ¡sabes que me encanta el olor de una verga y hoy he disfrutado de dos como nunca! Matías pedía que yo besara a Yoli, nunca había besado a una mujer, y los demás le hacían el coro, Yoli empezó a chuparme las tetas, mordía mis pezones y yo gemía de placer moviendo mi cuerpo buscando el de ella. Me solté y empecé a acariciarle la espalda con fuerza, Yoli empezó a juguetear aproximando su coño al mío provocándome suspiros de placer y deseo al mismo tiempo.

    La aparté un poco de mí para poder besarle sus tetas mientras nos movíamos en un sentir casi desesperado, ella comenzó a gemir más fuerte, deseé sentir cómo se corría en mi boca y le abría las piernas, pasé suavemente mi lengua entre sus labios y gimió. Poco a poco, fui besando con más intensidad hasta que sentí todo su coño en mi boca, sus gemidos se intensificaron y me agarro la cabeza con la mano apretando y dirigiéndome.

    Yoli me limpió con la mano su flujo, que tenía alrededor de la boca, y nos besamos. Mirándome fijamente me dijo… ¡te toca a ti!, y antes de que tuviese tiempo de reaccionar, me tumbo boca abajo y empezó a pasar su lengua por mi espalda, por mi culo, y sus dedos acariciaban mi clítoris. Mi aliento se entrecortaba y sentía cómo el orgasmo se aproximaba y le dije… ¡no paras, sigue! Podía sentir más que nunca el orgasmo llegando, en eso vi a Matías que se masturbaba, pone una mano sobre mi cabeza y me acerca su verga a la boca, roza mis labios y yo intento atraparla, la deja a mi alcance y yo comienzo a lamerla con avidez. Los gemidos de los tres comienzan a llenar la cubierta del yate.

    Siento como Yoli con su boca ardiente besa mis pechos, chupa mis pezones y los mordisquea suavemente, pero el placer llega a mi cuerpo desde otros sitios también, porque Yoli sin dejar mis tetas me introduce sus dedos en la vagina. Yo noto como se deslizan hacia mi interior resbalando con la humedad creciente de mi sexo. Yo sigo comiendo la verga de Matías con muchas ganas.

    Al cabo de un rato que me parece interminable, siento unas manos fuertes y masculinas que agarran mis muslos y los separan, es Esteban noto como su verga dura intenta abrirse paso en mi coño, cosa que consigue fácilmente, ya que está inundado de mis flujos. Me penetra suavemente hasta llegar al fondo de mi cavidad y poco a poco acelera su ritmo entrando y saliendo una y otra vez, yo comienzo a gemir hasta que mi boca es ocupada por otra verga, es Francisco, a mí no me queda más remedio que comérmela. Las embestidas de Esteban aumentan en fuerza y velocidad, me están cogiendo fuerte y me gusta mucho. Estamos así un buen rato, gozando, gimiendo, ya no puedo más, voy a correrme y mi cuerpo comienza a contraerse mientras un espasmo lo recorre atravesándolo, me sacan la verga de la boca para dejar que disfrute de mi orgasmo. El miembro que estaba dentro mi coño también lo han sacado y noto un fluido caliente que cae sobre mis pechos y mi abdomen, se está corriendo encima de mí.

    En mi estado de borracha y harta de verga, pude ver que Yoli estaba a cuatro patas, con una postura que hace que su culo quede bien expuesto y Matías chupaba su agujero y luego le mete su verga en su culo, Yoli comenzaba a gritar de placer.

    El siguiente día nos dejaron en la playa, tuvimos que bajar en batas de baño y con los coños ardiendo, ya que los bikinis habían desaparecido, y prometieron que el siguiente fin de semana nos buscarían para dar otro paseo en el yate.

  • El día que volví al mundo swinger

    El día que volví al mundo swinger

    Hola queridos amigos mi nombre es Yami. Luego de 2 años de estar lejos de mi esposo por cosas de la vida, finalmente pudimos reencontrarnos.

    Mi esposo y yo esperábamos este reencuentro con mucho amor y deseo, no veíamos la hora de volver a vernos y estar juntos. Llego el tan anhelado día y nos amamos con la misma pasión de siempre y gracias a Dios para siempre.

    Pasaron los días y una noche mi esposo me pregunta que si me gustaría volver a nuestro estilo de vida swinger y le conteste que sí, acto seguido abrimos en internet la página swinger en la que estamos inscritos hace algunos años ya. Comenzamos a revisar la página durante una hora aproximadamente, visitamos varios perfiles interesantes y actualizamos nuestro perfil.

    La noche siguiente volvimos a entrar a la página y teníamos varias notificaciones entre estas, algunos me gusta, solicitud de amistad y un par de mensajes los cuales respondimos, seguimos viendo y revisando perfiles todos interesantes, pero uno en particular llamo mi atención.

    El perfil era de un hombre moreno de 45 años que vi muy interesante, siempre tuve una fantasía y era tener sexo con un hombre moreno, este hombre nos envió un mensaje interesado en nuestro perfil, comenzamos a conversar con el atreves del chat interno de la página, entre tantos temas conversado nos hizo una invitación a su casa para conocernos personalmente y aceptamos, fijamos la fecha de la cita que nos quedara cómodo a él y a nosotros.

    Llego el día de la cita y yo ansiosa y muy nerviosa. Esa noche bajo mi ropa llevaba una lencería sexy, al llegar a su casa nos recibió amablemente y nos ofreció un par de copas, estuvimos conversando los tres un largo rato, hasta que llego el momento de pasar a su habitación. Comenzó a acariciarme, a besarme y me fue desvistiendo hasta quedar desnuda sobre su cama con mis piernas abiertas y el comiéndose mi vagina húmeda.

    Yo en medio de mis nervios me fui excitando de una manera tan rica al sentir su lengua jugando con mi clítoris que quería explotar, luego el se acostó y le quite el bóxer descubriendo su pene grande y grueso ya erecto, se lo empecé a chupar por largo rato ya que a mi me encanta y disfruto mucho chupando pene, ya el bastante excitado me pidió que le pusiera el preservativo y me penetro muy sutilmente haciéndome sentir todo su pene grande dentro de mi, sinceramente explote de placer me vine muchas veces, estuvimos haciéndolo en diferentes posiciones incluso me penetro analmente.

    Sentir ese gran pene en mi ano me hizo tener aún más orgasmos, en realidad sentía que el moreno lo estaba disfrutando de la misma manera que yo y lo que más me excitaba era ver a mi esposo tomándome fotos y excitado de la misma manera que el moreno y yo.

    Tomamos un pequeño descanso y seguimos haciendo el sexo demasiado rico pero esta vez mi esposo se nos unió, me puse de rodillas frente a los dos y les chupe el pene a ambos a la vez (algo que también estaba en mi lista de fantasías) estuve cambiando de posición para disfrutar a los dos hasta que cumplí una de mis fantasías más anheladas y era la doble penetración, fue algo increíble jamás pensé que me pasaría y lo disfrute al máximo tuve muchos orgasmos tan ricos en esa doble penetración que seguiré haciéndolo cada vez que pueda, al terminar la doble penetración descansamos un rato tomamos un par de copas y el moreno y yo seguimos teniendo sexo hasta ya mas no poder, quede sin fuerzas y muy satisfecha.

    Nos vestimos, nos acompañó hasta nuestro auto allí nos despedimos y dejo abierta otra invitación cuando quisiéramos. “Estoy segura que muy pronto volveremos a visitarlo”.

    Espero hayan disfrutado de este relato que es 100% real.

  • Fernanda cambió mi vida (II)

    Fernanda cambió mi vida (II)

    Continuando con mi relato anterior y dando un poco de contexto, la amistad entre Fernanda y yo había cambiado, después de ese primer día el trato paso a ser de novios, comenzamos a salir a citas y pasar más tiempo juntos, ya era común el estarnos besando o abrazando volviéndonos cada vez más íntimos, todo se había vuelto romántico y sexual.

    Comenzando la historia era una cálida noche de verano y yo me encontraba oliendo con gusto sus testículos, ya que desde la primera vez que los pude oler me volví adicto a ellos, me encantaba pasar mi nariz por ellos apareciéndolos a detalle para después comenzar a chuparlos hasta llegar a su enorme pené.

    Ese día mientras le chupaba su pené ella me dijo que me quería penetrar, yo esperaba esa propuesta desde hace mucho ya que desde el principio dejo en claro que ella era activa así que yo había asumido que me tocaría ser el pasivo pero realmente me daba miedo ya que por su tamaño iba a ser doloroso por lo que dudaba, pero ante su insistencia acepte, me fui a lavar para estar limpio mientras yo hacía esto ella se comenzó a untar vaselina en el pené, ya estando listo me dirigí a la cama y me puse en posición de misionero ya que quería ver su cara cuando me comenzara a coger.

    Todo dio inicio cuando puso su pené en la entrada de mi ano, para comenzar a entrar poco a poco, pero aunque fue cautelosa era demasiado grande y me comenzó a doler demasiado y eso que apenas fue la cabeza. Ella metió un poco más su pené pero ante mi queja se detuvo y espero a que me acostumbrara a su grosor, tardó diez minutos en poder meter por completo su verga, yo pensé que estaría enojada pero fue al contrario estaba feliz de lo ya que me estaba quitando la virginidad anal, continuo cada vez se pudo mover más y de a poco el dolor se fue y ya solo sentía un inmenso placer, en cada embestida yo sentía que veía estrellas, fue tan placentero que me comencé a venir sin tocarme pero ella aún seguía dura, cambiamos de posición en esta ocasión me puse en cuatro y me volvió a coger y fue demasiado placentero de manera que experimente mi segundo orgasmo seco de la noche pero no el último.

    Ella me continuó cogiendo de manera espectacular hasta que comencé a sentir que algo caliente estaba entrando en mi ano para después Fernanda soltara un grito de orgasmo.

    Una vez termino me deje caer de manera que quede boca abajo en la cama y ella encima de mi aun dentro de mi ano y perdiendo de a poco la erección, estando así me comenzó a besar el cuello y mientras pasaba esto comencé a sentir como recobraba su gloriosa erección pero no me penetro solo rozaba su pené en la entrada, solo sentía pasar una y otra vez su verga pero no me penetraba, yo quería volver a sentirla dentro me había dado un placer que jamás había sentido y quería volver a sentirlo, pero ella continuaba solo rozando su verga en mi ano, hasta que le dije que la quería volver a sentir, que me cogiera, ella disfrutaba eso le gustaba que se entregarán a ella, y ante mi súplica comencé a sentir de nuevo como entraba su verga y me comenzaba a coger de manera espectacular.

    Yo estaba a punto de tener mi tercer orgasmo seco, pero de repente se detuvo y me dijo que se había cansado y así de súbito saco su pené de mi y se recostó boca arriba aun con su verga erecta, yo sumamente caliente le dije que porque no seguía cogiéndome y me respondió si quieres date gusto solo, mientras decía esto se tocaba su gran verga, ante su propuesta entendí lo que quería me puse de pie en la cama y comencé a sentarme poco a poco en su pené, sintiendo cada centímetro hasta que lo tenía dentro por completo, una vez lo logre comencé a cabalgarla a mi gusto disfrutando por completo su verga y ella solo me decía así cariño disfruta es solo para ti, desde hoy te cogeré todos los días, después de esas palabras me abrazo de manera que me tumbo, primero quedando de lado pero me voltio boca abajo para comenzar a cogerme logrando así mi tercer órganos seco y a la vez sintiendo a ella dejar su semen dentro de mi.

    Una vez terminamos volví a oler sus testículos no sé porque pero me encantaba su olor, me hipnotizada y me hacía querer seguir oliendo y lamiendo sus testículos.

    Los siguientes días no me podía sentir sentía dolor y ardor jeje y después de esta experiencia se definió que yo sería el pasivo y ella la activa

  • Ronda, bonito lugar para sorprender a mi marido

    Ronda, bonito lugar para sorprender a mi marido

    Mi nombre es Clara, y junto a mi marido, Daniel, llevamos unos años disfrutando de nuevas experiencias que compartimos con vosotros en estos relatos 100% reales y que podéis encontrar en nuestro perfil DaCla38.

    Hace tiempo que no subimos nada porque, aun teniendo preparados un par de relatos contando alguna nueva experiencia, no consideramos que sean lo suficientemente excitantes como para compartirlas en este rincón. Para ello, y como se suele decir, volvemos por la puerta grande, ya que en este relato os cuento una de las mejores experiencias que hemos vivido.

    Os sitúo, esto pasó hace unos meses, Dani cumplía 40 años y quería darle una gran sorpresa. La semana anterior lo habíamos celebrado con familia y amigos, pero realmente Dani no lo llevaba del todo bien. A pesar de que él nunca había creído en la llamada «crisis de los 40», la estaba viviendo en sus propias carnes, preocupaciones con la salud y el trabajo le habían llegado de repente sin razón aparente más que el cambio de década. Sin llegar a dramatizar, simplemente a veces se le veía tristón, razón de más para sorprenderle con algo que le gustara y que le hiciera sentir bien. Podéis imaginar que no se iba a tratar de un simple jersey o unos zapatos nuevos, sino de una experiencia de la que no se le olvidaría jamás. Para ello, iba a hacer el ejercicio de meterme en su cabeza y preparar algo tal y como él lo hubiera querido, podría decir iba a prepararle una fantasía sexual que bien podría haber salido de su cerebro.

    Aunque nuestros relatos os lleven a considerarnos una pareja muy liberal y con la mente algo pervertida (que lo somos), Dani y yo no somos tan parecidos. Como hombre que es, Dani siempre tiene un punto más de perversión que yo, eso no quiere decir que yo haga cosas obligadas ni nada parecido, disfruto tanto como él de nuestras experiencias con otras personas, pero quizás desde un punto de vista más comedido y menos visceral. Os pongo un ejemplo para que lo comprendáis, a Dani le encanta ver porno o que me ponga ropa interior excesivamente erótica, sin embargo, a mi, rara vez me atrae la pornografía y evito la ropa interior incómoda por muy sexy que me vea… Y con esto os hago un spoiler, ese día le iba a dar todo lo que a él le gusta, y sí, entre otras cosas habría porno y ropa interior muy muy sexy.

    Voy a empezar a relataros nuestra experiencia precisamente por este ultimo apunte que acabo de hacer, la ropa interior que llevaría ese día. Eran las 9 de la mañana, estaba terminando de ducharme y empezaba mi plan de cumpleaños para Dani. Íbamos a ir a Ronda, para quien no lo conozca se trata de un pueblo-grande ciudad-pequeña situado en el interior de la provincia de Málaga, a algo menos de 2hrs de Sevilla en coche. Muchos lo conoceréis por la icónica imagen del «tajo de Ronda» o por su antigua plaza de toros. El plan era tapear por allí a mediodía y cenar en un sitio bueno que yo (falsamente) había reservado. Esto es importante, mi plan no pasaba por salir de la habitación desde el momento en que llegáramos al hotel tras la comida de mediodía, de ahí la falsa reserva y que me estuviese engalanando desde bien temprano con la ropa interior elegida para ese día. Siempre nos gusta dar datos para meteros en el relato y que podáis comprobar la verosimilitud de nuestras historias, así que si ponéis en Google «Caroline Podlewski sexy» (acabamos de comprobar cómo poniendo eso en el buscador y dando imágenes sale entre las primera fotos) veréis una modelo morena, chica que apasiona a Dani, con el mismo conjunto que mi marido me regaló hace años y que nunca me había puesto pensado que era más incómodo de lo que luego resultó ser. Sí, es ese de lineas negras y transparencias que deja poco a la imaginación, está feo que lo diga pero me quedaba increíblemente sexy y es el que elegí para ese día. Para los nuevos lectores que no sepan cómo es mi físico, vuelvo a remitiros a que busquéis la actriz porno Angel Young, con la que según mi marido comparto el mismo cuerpo (ya os he dicho que le gusta mucho el mundo xxx). A quien no quiera buscarla, decir que soy rubia, delgada y con bastante pecho natural, eso sí, no tan firme como me gustaría, culpa de la ley de gravedad. Una vez duchada y con el conjunto de ropa interior colocado, me puse otro fetiche para Dani y así darle el gusto, un par de medias negras con liga autoadhesiva de las que se quedan a la altura del muslo. Pensaréis que todo este atuendo tan sexy lo acompañe con un vestido super ceñido y elegante, pues no. Vaqueros de tiro alto, jersey oversize verde y unas las típicas Vans negras escondían todo lo que llevaba por dentro y que no había dejado ver a Dani cambiándome a escondidas, había que sorprender y esto era solo el comienzo.

    Llegamos a Ronda sobre las 12 de la mañana, nos hospedabamos en hotel Catalonia Reina Victoria, un hotel en el que ya habíamos estado hacía unos años y que nos había encantado. Reservé una Junior Suite Deluxe, ese fue mi primer regalo y sorpresa para Dani, ya que le había pedido que eso lo dejara en mis manos. Mi marido alucinó con la habitación, dos estancias, cama gigante, baño tremendo… una pasada. No más de 15 minutos estuvimos en la habitación, aún no sé como pude escapar de Dani, él estaba deseando estrenar la cama conmigo y yo insistía en salir pronto para comer en el sitio que queriamos sin tener reserva. Todavía no era el momento de meternos en la cama. Un consejo para quien visite Ronda, coman en Tragatá, un bar de tapas y platos super currados, propiedad del mismo dueño poseedor de un estrella Michelin en la misma localidad, riquísimo todo. Camino de vuelta al hotel para descansar un rato, paramos en un bar irlandés muy céntrico, Dani se pidió un gin tonic y yo un café, a pesar de la insistencia de mi marido en que me tomara una copa. No voy a decir que me quisiera emborrachar, pero a Dani le gustaba tenerme algo achispada en la cama para que estuviese más suelta, no le quito razón. Ese día me había propuesto un reto, iba a desnihibirme por completo sin la necesidad de beber, al pedir un café pretendía estar activa para lo que iba a pasar en un rato. Si habéis leído más relatos nuestros, pensaréis que en el sexo no tengo apenas filtros y que no me importa hacer casi de todo, nada más lejos de la realidad. Si, Dani y yo hemos hecho muchas cosas, pero sigo teniendo un poco de vergüenza y no termino de soltarme ante ciertos juegos y actitudes, más aún si no he bebido nada que haga que me libere. Hablando claro, sin tener que beber, ese día pretendía ser la mujer que se esconde en los pensamientos más profundos de mi marido, y porque no decirlo, en los míos.

    Mientras estábamos en el irlandés, puede que por el efecto del café y la cercanía del momento, comencé a ponerme muy nerviosa. Tenía una mezcla de impaciencia y excitación, no veía el momento de llegar al hotel y empezar con el juego. Recuerden que todo era una sorpresa preparada por mi, para Dani era una escapada bastante inocente con pocas pretensiones sexuales, o al menos, eso me dejó caer en ese momento.

    – Muy bonito Ronda, pero da poco juego eh?… – lo conozco, con juego Dani dejaba entender perfectamente que se refería a sexo con otras personas, algo habitual en nuestras últimas escapadas

    – Pues si, me temo que hoy nos va a tocar jugar a los dos solitos.- dije dando por hecho que nadie se iba a meter en nuestra cama con nosotros, ya hablamos días antes que era un destino muy tranquilo para ello.

    – Que putada, porque se me está poniendo un cuerpo de compartirte con alguien…- yo no había bebido, pero Dani se habia tomado un par de copas de vino en la comida y ahora el gintonic estaba despertando sus instintos más primarios.

    – Que generoso no?- empezaba a tenerlo justo en el punto que quería.

    – Será que a ti no te gusta tanto como a mi…- contestó.

    – Claro que me gusta, pero esta vez lo veo tan complicado que ni se me había pasado por la cabeza.

    – Hubiera sido un gran regalo de cumpleaños ver entrar dentro de ti a otro hombre…- ese susurro que Dani me hizo al oído tan subido de tono detonaba su excitación y me la trasladaba a mi.

    – Me lo hubieras dicho antes y hubiésemos elegido otro destino.- repliqué, dejando claro que teníamos que haber enfocado el plan de otra manera.

    – Al menos jugaremos con los dos amigos que traigo en la mochila no?.- se refería a los dos dildos que tenemos y que le encanta utilizar conmigo.

    – Jugaremos, jugaremos…

    Íbamos a jugar mucho, mi intención era jugar con los dildos, jugar con Dani y hasta con alguien más… solo pensarlo estaba provocando algo en mi, notaba de forma llamativa mucha humedad entre mis piernas, solo los nervios por que mi plan saliera según lo pensado podían frenar mis ganas de sexo. Dani no podía imaginar mi estado, estaba deseando que pasara todo y ver su cara, iba a ser un gran día a pesar de haber cruzado una linea roja entre nosotros. Solo ese detalle creaba una duda en mi, duda que en un principio no me preocupaba, pero que en ese momento empezó a rondar en mi cabeza más de la cuenta hasta el punto de empezar a rayarme.

    En el relato «Sevilla, una boda y un amigo (Contada por Clara)», que podéis encontrar en nuestro perfil, cuento nuestra experiencia con Francis, un amigo que esa noche pasó a ser algo más, tanto que acabamos juntos en la cama pasando un muy muy buen rato. Francis era mi gran sorpresa para Dani, en los últimos tiempos, verme follar con otro hombre era el mejor regalo que podía hacerle a mi marido. Irnos de escapada y que solo tuviesemos sexo convencional no pasaba por mi cabeza, había que hacer algo especial y para asegurarme necesitaba un amante de forma segura, no podía dejar al azar el hecho de encontrar a alguien nuevo. Francis iba a ser ese amante, era amigo nuestro, ya sabía de que íbamos y no tenía duda de que aceptaría mi proposición. El único problema estaba en que hablar con él a espaldas de Dani se podría considerar como saltarse una norma no escrita entre nosotros. Desde que empezamos a tener una relación más liberal teníamos las ideas muy claras, cualquier cosa que hiciéramos sería siempre en pareja, nunca a espaldas del otro. Se que es difícil de comprender, pero no había ningún problema en follar con su amigo en su presencia, es más, nos gustaba hacerlo, pero el hecho de chatear con Francis sin que Dani lo supiera podría traerme problemas con mi marido. No pensaba que pudiera tener esos problemas con Dani, creía que el fin iba a justificar los medios e iba a comprender que para llevar la sorpresa a cabo no tenia más remedio que hablar con Francis sin que él se enterara de nada. Pero me rayé.

    Como siempre decimos, la realidad no es siempre como nos gustaría y como quedaría mejor en un relato de este tipo. Sería genial y muy narrativo estar en el hotel liandome con mi marido y que de sorpresa, apareciera Francis y que todo se parecería a la escena de una película donde comenzara un trio perfectamente sincronizado. No os preocupéis que trío hubo, pero no de esa manera, porque lo que realmente pasó es que jodí la sorpresa. Íbamos camino del hotel, estaba a unos 15 minutos del pub irlandés del que acababamos de salir, yo ya estaba exageradamente nerviosa, tanto que Dani no tardó en percatarse.

    – Te pasa algo Clara?

    – Me pasa, no te voy a engañar.- pasaba de andarme con rodeos, pero no sabía cómo enfocar el tema.

    – Pues ya tardas en contármelo. Te pasa algo malo?.- parecía que Dani empezaba a preocuparse.

    – No no, no te rayes. Nada malo.

    – Entonces?

    – Joder Dani, es que tengo una sorpresa preparada para ti por tu cumpleaños y ahora me estoy rayando por si no te parece bien.- me estaba jodiendo como la estaba cagando a última hora.

    – Pero si es una sorpresa supongo que me gustará no?.- era logico que pensará eso.

    – Si si, si creo que te encantará, pero ahora me estoy rayando.

    – Mira, si te quedas tranquila cuéntamela y listo.- en sus palabras solo encontraba comprensión.

    – Es que he avisado a alguien…

    – Que has avisado a alguien? Hablamos de sexo??? – veía más alegría en su cara que enfado

    – Hablamos de sexo.- contesté.

    – Hombre o mujer?.- recuerdo que a día de hoy aún no hemos metido a una mujer entre nosotros. Me dio pena pensar que igual él creía que la sorpresa era al fin una mujer.

    – Hombre.

    – Bien, mejor.- definitivamente a mí marido le gusta más verme follar que follar él con otra, así es Dani.

    – Jajajaja, que tonto.

    – Y dónde está el problema? Porque te rayas? Si es un sorpresón!

    – Pues mira, la verdad que me he rayado por si pensabas que ando hablando con otros a tus espaldas.

    – Una cosa es tontear y otra hablar. Si le has dicho a alguien que venga tendrás que comunicarte de alguna manera no?.- que maravilla de hombre tengo, siempre pensando en positivo.

    – Así ha sido, pero me he rayado a última hora. Por no tontear creo que hasta he sido borde con esa persona jajaja.- era cierto, mi conversación por WhatsApp con Francis fue tan escueta que nos limitamos a lo justo para montar el plan.

    – Bueno, y ahora es cuando me dices quién es?.- mucho tardo en preguntarlo.

    – Vamos a dejar algo de sorpresa no?.

    – Ok!.- Aceptó, pero luego me confesó que se imaginaba que sería Francis, era el más lógico de pensar.

    Llegamos al hotel, me había quedado súper liberada a pesar de haber fastidiado la sorpresa a última hora. No sólo estaba más tranquila, estaba con un subidón impresionante, llegaba el momento culmen del cumpleaños, la fiesta del sexo que pretendía que tuviesemos estaba a punto de comenzar y habia que calentar el ambiente. Entramos en el ascensor, solo eran dos pisos los que tenía que subir, tiempo suficiente para mirar a Dani y levantarme el jersey y una camiseta interior de tirantes que llevaba y mostrarle mi sujetador.

    – En serio???.- preguntó asombrado mi marido al comprobar la ropa interior que me había puesto.

    – Jajaja, en serio! Lo he rescatado del fondo del cajón. Me queda bien no?

    – Te queda perfecto, lo que no comprendo es como no te lo has puesto antes.

    – Yo y mi obsesión con la ropa interior cómoda. Pero hoy haremos una excepción, te mereces un gran día de cumpleaños y esto es solo el comienzo.- ya me volvía a tapar y salíamos del ascensor rumbo a la habitación.

    – Ropa interior cómoda… invitado misterioso…algo más?? Esto apunta a ser la mejor celebración de cumpleaños que he tenido nunca.

    – Pretendo que el mejor regalo sea yo, más bien mi actitud.

    – Como? Explicate mejor.- Dani necesitaba aclarar esa afirmación que acaba de hacer. Ya dentro de la habitación le pedí que se sentara para explicarle.

    Como apunté al comienzo del relato, ese día quería desinhibirme por completo, idea que intenté trasladar a Dani. Para no dar vueltas intentando explicar lo que pretendía, os lo voy a explicar con una expresión horrenda que se ha dicho toda la vida y con la que no puedo estar más en desacuerdo «ese día iba a ser la más guarra». No os penséis que soy una feminazi de las que predican la dudosa igualdad de la actualidad, nada de eso, pero yo no pretendía ser una guarra, pretendía ser yo. Pretendía ser como ellos. Pretendía que fuéramos 3 personas pasandolo bien sin tapujos. Quería ser sexy, quería excitar a mis amantes, quería hacer de todo sin que mi mente me frenara en nada. Todo esto fue lo que expliqué a Dani, quien, cuando terminé mi speech, se levantó a abrazarme y darme un cariñoso beso.

    Ya estaban todas las cartas sobre la mesa, solo faltaba comenzar con el espectáculo. Dani y yo tonteabamos en el sofá de la entrada de la habitación con mi ropa interior. Le encantaba recrearse y, tras quitarme el jersey, me bajaba la camiseta interior para ver mis pezones a través de la tela transparente del sujetador, me gustaba ver como disfrutaba. En este tonteo en el que parecíamos una pareja de adolescentes en pubertad sonó la puerta.

    – Llegó el invitado??- preguntó Dani con ilusión.

    – Supongo que sí.- Francis me había escrito hacía un rato, estaba buscando aparcamiento cerca del hotel, yo le di el número de habitación y la verdad es que no habíamos hablado nada más.

    – Abre tú que yo os espero aquí.- desde su sitio se veía perfectamente la puerta.

    – Si hombre, para que no sea y le salte un ojo.- con un gesto hice ver a Dani lo que se me notaban muchísimo los pezones a través del sujetador y la camiseta interior de licra.

    – Así piensas desinhibirte?.- preguntó Dani, picandome, pero con mucha razón.

    Acto seguido le eché valor y mientras iba a hacia la puerta me quite la camiseta quedandome solo en sujetador. Si antes lo habéis buscado con mis indicaciones, podéis imaginar cómo se podían ver mis pezones perfectamente con el sujetador que llevaba, si tras la puerta estaba Francis me iba a dar vergüenza, pero si era alguien del personal del hotel no iba a saber ni como actuar. No sería una locura el que no fuera Francis, nuestra conversación podia considerarse incompleta y recordaba como en ese hotel a media tarde traía el personal algo de fruta. No me hago más la interesante, era Francis.

    – Lo sabía!!!.- exclamó Dani nada más ver entrar a Francis y levantarse rápidamente a abrazarlo, apenas dejándolo lanzar una mirada furtiva a mis tetas en ropa interior.

    – Llego en mal momento?.- acertó a decir Francis al verme de esa guisa.

    – Llegas perfecto, no te preocupes.- le contesté mientras le daba un cariñoso beso en la mejilla y lo abrazaba.

    – Es que no sabía si subir, hace rato que estaba esperando.

    – Llevo mucho tiempo sin mirar el móvil, lo siento.- de todos modos tengo que decir que me sorprendió mucho que subiera a la habitación sin mi permiso. Al final solo fue anecdótico, no dije nada al respecto.

    – Quieres un vino Francis?.- preguntó Dani una vez hechos los saludos

    – Venga, va.

    – Y tú, cariño?.- me preguntó esta vez a mí mientras sacaba de una bolsa una botella de vino de la zona llamado «Altocielo» que acababamos de comprar.

    – Hoy no quiero beber.- contesté mientras me volví a poner la camiseta interior de licra.

    – No quieres beber nada, te vuelves a vestir… esta fiesta no empieza bien.- dijo Dani en plan broma.

    – Me visto por decoro, no os preocupeis que en breve volveré a presumir de ropa interior… y no bebo porque quiero recordar cada segundo de los que pienso pasar hoy con vosotros.- boquiabiertos los dejé, ya me iba envalentonando.

    Había pasado media hora aproximadamente, Dani y Francis no habían bebido mucho, la charla que teniamos los 3 era animada, a pesar de eso, mi mente estaba en otro sitio. El corazón me latía a mil y mi cabeza no paraba de pensar, estaba deseando jugar con los chicos, sabía el juego pero me daba vergüenza proponerlo, esa vergüenza de la que me quería librar ese día. «Chanel Preston Ryan Mclane Xander Corvus», si ponen estos 3 nombres en Google les saldrá una escena de cine de adultos. Una pareja celebra una cena romantica, tras dicha cena, el teórico marido venda los ojos de la esposa y aparece un amigo. No os quiero destripar la escena, pero me identifico mucho con esa mujer, que rechaza en primer lugar al amigo y que finalmente termina disfrutando de los dos hombres al mismo tiempo, alguna historia parecida nos pasó una vez. Os recomiendo que la veáis porque, sin gustarme el porno, tengo que reconocer que esa escena me pone muchísimo, y en ese momento decidí empezar la fiesta viéndola con ellos. A Dani le iba a encantar hacer eso y a mí me apetecía un montón, pero no sabía como empezar y ya no aguantaba más. Tenía que mover ficha, Francis y Dani seguían de charla, yo me levanté y me dirigí a la maleta que estaba en la otra estancia, donde estaba la cama, allí tenía un USB de Dani donde sabía que tenía un archivo con esa escena entre otras. Mi plan B era ponerla en la tablet de Dani, pero prefería la tv grande que había justo enfrente de la cama, más cómodo. Introduje el USB en el puerto de la tv con poca esperanza, en los hoteles normalmente el USB no funcionaba, no era el caso, sorprendente un menú se desplegó al meterlo y solo tuve que seleccionar el archivo. Volví a la maleta y abrí una bolsa, de ella saque nuestros dos dildos, ambos de la marca Doc Johnson, los mejores, uno blanco del actor Xander Corvus (presente en la escena) y otro negro bastante más grande de un tal Jason Luv (esto me lo acaba de decir Dani porque no tengo ni idea de quién es). También saque lubricante (Durex perfect connection), y solo dejé en la bolsa un satisfyer que pensé que no me haría falta. Una vez dejé las cosas dentro de las sábanas de la cama me empecé a quitar la ropa, los chicos no me veían ni parecía que me echarán en falta. Me quedé solo en ropa interior, medias cortas a muslos incluidas, me arme de valor y entré donde estaban los chicos, que al verme dejaron la conversación inmediatamente.

    – Feliz cumpleaños cariño.

    Esa fue la frase con la que entré a escena, seguidamente me dirigí hacia mi marido, que lucía una gran sonrisa en la cara mientras me miraba, y le plante un beso con lengua impregnado de mucho sexo. Era el turno de Francis, tras unos segundos besando a Dani cambié de hombre y me acerqué a nuestro amigo con la intención de hacer lo mismo. Francis también presentaba una gran sonrisa, se le veía cómodo, más aún cuando empecé a besarle de la misma manera que a mí marido y el llevó su mano a mi pecho derecho para comenzar a acariciarlo. Le había faltado tiempo para meterme mano, ese gesto me puso mucho ya que no me lo esperaba, pero diría que a mí chico le puso aún más. Dani se levantó y se coloco detrás de mi culo, yo estaba inclinada besando a Francis y empecé a notar la mano de mi marido acariciandome los cachetes, la cosa se estaba calentando y mucho.

    – Vamos a la cama, tengo una sorpresa.- corté la situación de repente.

    – No me jodaaas.- entre risas, Francis se lamento por cortar de forma tan brusca el momento.

    – Te has visto? Esta sorpresa ya es insuperable.- Dani se refería a mi modelito de ropa interior.

    – Precisamente a ti te va a encantar, pienso darlo todo en tu cumpleaños. Veniros.- y les hice una indicación para pasar a la zona de la cama.

    – Porno?.- dijo Dani con asombro al ver preparada la TV.

    – Me das a decir que no te gusta? Y más verlo conmigo.

    – Me encanta.- contestó.

    – Pues venga, vamos a pasarlo bien. Tú te apuntas no, Francis? – daba por hecho que sí.

    – A ver porno con vosotros? Sois la ostia! – Francis flipaba con como éramos como pareja.

    – Eso es un si o un no?.- pregunté y automáticamente se tumbó en un lado de la cama donde perfectamente cabíamos los 3.

    – Dale al play.- sentenció Francis, eso hice.

    La situación era la siguiente, Francis a mi izquierda, yo en centro de la cama y Dani a mí derecha. En la TV empieza la escena, al final voy a tener que destriparla un poco. Tras la cena, la mujer se tumba en la cama desnuda, ojos tapados, intruso que entra en la habitación con la complicidad del marido y que comienza a comerle a la esposa el coño (tengo que empezar con el lenguaje soez…). Por supuesto, a mí marido y a mí nos gusta esta escena porque tiene mucho de nuestra realidad.

    – Un día vamos a hacer eso, cariño.- propuso Dani.

    – No se yo eh? Ya podías elegir bien el otro hombre, si no me gusta, al destaparme los ojos sería un poco incómodo.

    – Yo, yo, yo!! – dijo Francis de forma bastante graciosa, cosa que provocó nuestra carcajada.

    – Me vales.- guiñé un ojo a nuestro amigo.

    – Espero hacerte disfrutar al menos como ese tío le hace disfrutar a ella.- la chica se veía que estaba pasando un buen rato pensando de forma equivocada que quien se lo comía era el marido, que simplemente los miraba.

    – Mmmm ahí ahí vas a andar, lo comprobamos?.- me sentí tentada a pedir que me lo comiera en ese justo momento, pero se me vino a la cabeza algo que podría divertirnos.

    – Quieres que te lo haga ahora?.- si es por Francis ya me hubiera metido la cabeza entre las piernas.

    – No van por ahí los tiros… Que conste que no siempre el tamaño importa pero… A ver si superas al actor.- Metí en la mano debajo de las sábanas y saque lo que escondía, con el tacto adivine cual era el dildo con la forma del actor Xander Corvus y se lo mostré a Francis. En la escena, Xander Corvus era el actor que hacía de amigo. Por cierto, Dani no hablaba, solo miraba nuestra conversación y se empezaba a tocar por debajo del pantalón.

    – Jajaja empalmado mínimo la igualo. Y este juguete??.- preguntó.

    – Hoy lo voy a dar todo, os lo he dicho antes.- ahí empecé a tocar a Francis por encima del pantalón.

    – Dame anda.- ya caliente, Dani se bajó de la cama y se quitó pantalones y camiseta, luego se puso de rodillas en la cama solo en boxer y cogió el dildo que previamente me había pedido.

    – Te la vas a comparar?.- Dani hacia como que el dildo era su polla, como pensando si eran de las mismas dimensiones.

    – Con permiso.- dijo mirando a Dani, que asintió con la cabeza, seguidamente se bajo los boxer mostrando su gran polla en proceso de erección.

    – Que cabrón.- Dani se metió en la conversación al volver a comprobar el tamaño del miembro de su amigo.

    – Venga cariño, que tú no vas mal tampoco eh?.- tan cierto es que mi marido no la tiene pequeña como que la de Francis supera las dimensiones normales.

    Francis continuó de rodillas pero ahora empezó a tocarse, se masturbaba justo delante mía, lentamente, como intentando llegar a una erección plena que mostrará su tamaño al 100%. Dani se quitó la ropa de cintura para abajo, ya empalmado también empezó a masturbarse, solo quedaba yo. La situación era ardiente, los tenía en el punto que quería, a mí también me apetecía masturbarme con ellos, así que directamente me quite el tanga, quedandome solo con el sujetador y las medias. Las miradas de Dani y Francis inmediatamente se dirigieron a mi coño, completamente depilado. Volví a meter la mano debajo de las sábanas, esta vez saqué el lubricante, primero abrí el bote y luego mis piernas, dejando caer un chorro generoso sobre mi rajita, algo más erótico que necesario, ya que me notaba extremadamente húmeda. Los tenía locos, ya no miraban la Tv, solo a mí y mis movientos. Tras dejar mi entrepierna empapada, era el turno de los chicos, primero acerqué el bote a la polla de mi marido, que me la ofrecia con su gesto, dejé caer el contenido sobre la punta y con la otra mano lo pajeé durante unos segundos para distribuir homogéneamente el liquido. Ahora le tocaba a Francis, le invité a que cambiara de postura y se tumbara, volví a repetir el gesto que segundos antes había tenido con Dani y lubrique su polla hasta dejarla brillante. Mientras hacia está última operación empecé a notar los dedos de mi marido tocando mi coño extremadamente mojado.

    – Cariño, tocarte entre las piernas con esta humedad es la mejor sensación que puede experimentar un hombre, dejamos a nuestro invitado que lo compruebe?.- no era la primera vez que Dani me decía que amaba esa sensación.

    – Claro que sí, pero mientras, miremos la Tv que me encanta esta parte.

    Ya estábamos en el punto que pretendía, nunca pensé que era un objeto con el que jugaban dos hombres, éramos tres amigos pasándolo bien, igual hasta yo era quien mas se divertía. Como había propuesto mi marido, giré mi cuerpo y me senté junto a Francis, abrí mis piernas y este empezó a palpar mi humedad con sus dedos.

    – Madre mía…- se ve que a Francis también le había gustado notar mi coño mojado.

    – Shhh.- susurré mientras se me empezaba a acelerar la respiración al notar los dedos de Francis entrar dentro de mi, mientras, indicaba con el dedo que mirarán la Tv.

    Sin la necesidad de cambiar la postura que teníamos, cogí el mando de la tv, asqueroso y aceitoso debido al lubricante del ambiente, y subí el volumen. En la escena no había sexo en ese momento, era mi parte favorita, la mujer se acababa de dar cuenta de que quien se lo comía no era su marido, enfadada tapaba rápidamente su cuerpo desnudo con una sábana. A partir de ahí, una conversación muy peliculera donde el marido intentaba convencer a la esposa de hacer un trio con su amigo, todo esto en un perfecto inglés americano que por suerte podíamos entender. Era hasta gracioso, uno de los argumentos del marido para liar a su esposa con su amigo era el tamaño de la polla de este último, era gracioso porque justo teníamos esa polla en la cama, de silicona, pero teóricamente era una copia exacta del bueno de Xander (diría que la copia es algo menos grande que la real). Os lo podéis imaginar, al final la chica aceptó… el sexo comenzó con ella comprobando el tamaño de Xander directamente, momento en el volvimos a comparar entre risas el tamaño del dildo y el de la polla de Francis, asombrosamente parecidas.

    – Si son iguales, podemos probar si el dildo te entra bien, porque si tienes problemas no podrás follar con Francis.- como sospechaba, mi marido estaba disfrutando con todos esos jueguecitos, estaba siendo un gran regalo de cumpleaños.

    – No creo, no?.- contesté mientras ahora era yo quien sobaba la polla de Francis, como contemplándola.

    – Te aseguro que no.- Francis seguía palpando mi humedad. Por supuesto no iba a tener problema, no solo porque habiamos follado antes, sino porque, insisto, era una barbaridad lo que la situación estaba provocando entre mis piernas.

    Lo que hice a continuación era lo típico que, a pesar de mi liberación sexual, me daría reparo hacer antes de ese día. Cogí el dildo de Xander y se lo di a mi marido, me puse a cuatro patas ofreciendo mi culo y mi coño visto desde atrás a mis chicos. Mirándolos hice un gesto a mi marido indicandole que me penetrara la polla de silicona. Cerré lo ojos, no por vergüenza, sino porque quería sentir plenamente, pasaron unos segundos, demasiados, hasta que finalmente comencé a notar como la polla de Xander entraba dentro de mi. Con suma facilidad llegó hasta el final, a pesar de que empezaba a salir y entrar sin problemas, notaba como me llenaba un montón por dentro hasta penetrar zonas muy muy profundas. Durante al menos un minuto, dejé que mi marido penetrara el dildo en mi interior de forma cada vez fluida, seguía pensando que no recordaba tan grande el dildo de Xander, me vino un flash, mi marido me la estaba jugando. Abrí los ojos y giré la cabeza para mirar a Dani, tanto él como Francis tenían una sonrisa cómplice, sacándomela de golpe para mostrármela, pude comprobar cómo mi marido habia cambiado de dildo y lo que me penetraba era el la copia del actor negro, del mismo material, pero considerablemente más grande.

    – Que cabrones… – les dije devolviéndole la misma sonrisa cómplice que tenían ellos.

    – Tampoco parecía que te disgustara eh? – dijo Francis.

    – Pues no, pero sabía que algo raro pasaba.- hemos utilizado mucho ese dildo, pero conmigo tumbada, a cuatro patas me solía molestar más.

    – Seguimos? – preguntó Dani ofreciéndome cada dildo en una mano, como dándome a elegir.

    – Os lo estáis pasando bien? – dije mientras cogía el dildo negro.

    – En grande!.- contestó Francis.

    – Solo si te sigues follando el negro.- Dani estaba súper caliente.

    – Así?.- abrí las piernas y empecé a metérmelo hasta el fondo, sin ninguna molestia en esta postura.

    – Que guarros sois…- dijo Francis con buena intención, alucinando con las prácticas de sus amigos a pesar de su dilatada experiencia sexual (lean el relato de la boda en Sevilla).

    – Se guarro tu también y tócame las tetas.- yo estaba súper caliente a esas alturas.

    Apoyé mi espalda en el cabecero para estar más cómoda y Francis se colocó junto a mi. La mano izquierda me era suficiente para continuar introduciendo el dildo dentro de mi, ahora más lentamente, recreándome. Me baje los tirantes del sujetador sin llegar a quitármelo hasta dejar mis pechos al aire, Francis comenzó a manosearme ambas tetas, pasaba de una a la otra apretándome y tirandome pequeños pellizcos en los pezones. Ahora sí que la polla de Francis estaba durísima, se la veía enorme, le acerqué mi mano derecha y comencé a masturbarle, al mismo ritmo calmado con la que yo también me masturbaba. Dani estaba frente a nosotros, tocándose también. Los tres mirábamos como el gran dildo entraba y salía de dentro de mí, sobre la silicona negra del dildo podían verse fluidos blanquecinos que salían de mi interior, insisto que ese día estaba mojada como nunca, era todo muy muy excitante.

    – Joder, me voy a correr ya.- no sé si habían pasado 10 o 15 minutos tocándonos, la nocion del tiempo la había perdido completamente, pero Francis parecia lamentarse por terminar demasiado pronto.

    – Hazlo en mis tetas.

    Aún no sé ni como dije eso, es la típica frase que por pudor nunca habría salido de mi boca. Por supuesto que no iba a ser la primera vez que lo hacían, pero nunca lo había pedido de forma tan explícita. Francis se volvió a poner de rodillas, como al principio pero apuntando su mástil hacia mis tetas. Yo seguía a lo mío, jugando con mi dildo, pero ahora más rápido y acariciando mi clítoris con la mano que me había quedado libre, personalmente necesito estimular esa zona para llegar totalmente al orgasmo. El primero en terminar fue mi marido, creo que no pudo aguantar mucho más tras oír mi petición a Francis, quien no tardó ni un minuto más en acabar también. No se si fue por mi visión directa, por el tiempo que llevaría Francis sin eyacular o simplemente puede que fuera por la excitación del momento, pero creo que nunca vi salir tanto semen de la polla de un hombre, y sí, todo todo directamente sobre mi pecho. Con una sincronización casi perfecta, yo también llegué al orgasmo. Mientras Francis descargaba algo que parecía interminable sobre mis tetas, yo empecé a notar de forma muy súbita un peculiar orgasmo. He leído mucho acerca del fenómeno «squirt», esa eyaculación femenina que te hace liberar un abundante líquido transparente al llegar al orgasmo. En el momento no pensé que tuviera relación, pero de repente y casi al llegar al clímax, note como casi me orinaba. Pensareis que ahora viene el chorrazo que sale de entre mis piernas, pues siento deciros que lo que pasó en realidad quizás os decepcione. Esa sensación provocó de forma instintiva que interrumpiera mis tocamientos, y que en parte jodiera parcialmente el super orgasmo. Como llevo diciendo durante todo el relato, ese día estaba peculiarmente mojada y excitada, y tras terminar ni tan siquiera tenía ganas orinar. Creo que por primera vez tuve un «squirt interruptus». De repente fue como si volvieramos a la realidad, los tres teníamos la respiración acelerada, mi cuerpo estaba pringado de arriba a abajo, mezcla de lubricante y corrida de Francis, el dildo descansaba junto a mis piernas ya cerradas. Si os lo planteáis, en esa media hora aproximadamente, no llegamos a follar, ni tan siquiera hubo algo de sexo oral… Pero puedo afirmaros sin miedo a equivocarme, que fue la situación más excitante que he tenido nunca.

    Hasta aquí el relato de hoy, intentando llevaros la experiencia tal y como sucedió. Lo de ese día no solo quedó ahí, durante unas 6 horas, hasta que Francis tuvo que marcharse, tuvimos un increible festival del sexo. Ahí sí que follamos de todas las maneras y por todos los sitios por los que se puede follar… Incluso dejé a Dani grabarme con Francis en la ducha, cosa que siempre me dio un poco de reparo (Dani quiere que llevemos esa ducha a un mini relato). Esta experiencia la he escrito yo (Clara), pero con la total colaboración de Dani. Esperamos vuestros comentarios, gracias por leernos y hasta la próxima!

  • Cicatriz

    Cicatriz

    “Bonita cicatriz.”

    Ese había sido su comentario al recibir la foto que había demorado más de una hora en sacarme, después de probar varias poses, mirándome en el espejo del baño, desnuda e inquieta.

    Diez meses habían pasado desde nuestro último encuentro. Diez meses durante los cuales mi vida había cambiado del todo.

    “Bonita cicatriz”

    ¿Me estás jodiendo?, pensé.

    Desde hacía un mes, una sonrisa torpe y agria se dibujaba encima de mi pubis. Me hacía pensar en la de Jack, de Pesadilla antes de Navidad. Ahora era madre y Alejandro solo veía de mí la puta sonrisa de un muñeco de Tim Burton que tenía en el vientre.

    A mi amigo el barbudo le había parecido oportuno mencionarme que había cambiado de categoría cuando le había anunciado que, por fin, había dado la luz. “Ya eres MILF ¡jejeje! ¡qué rico, carajo!”. No lograba compartir el entusiasmo de mi cómplice de siempre, mi alter ego “gordo, calvo y morboso”, como le gustaba describirse [ver cuento Siracusa]. Frente a la inmensa felicidad de haber dado la vida, tenía la vergonzosa sensación de haber perdido parte de la mía. Llevaba más de cuatro meses sin llegar al orgasmo, sola o con mi novio, embarazada o no, con lengua, dedos, verga, juguetes… No lograba franquear el umbral del placer. Imagínense, una gozadora en serie como yo, condenada a dar sin recibir. Era injusto. Siempre les había contentado a todos, incluso a una mujer la había dejado seca. Siempre había lamido, mamado, masturbado, tragado con gula. Siempre me habían encontrado empapada, abierta y sonriente. Siempre dedicada y amorosa, y, de la noche a la mañana, había perdido mi facultad en venirme. Un par de semanas después, las cosas habían empeorado y cualquier tipo de penetración me provocaba un dolor vivo e insoportable. Trataba de compensar esta desgracia con la satisfacción de darle placer a mi pareja y sentirlo explotar en mi boca cada vez que le daba la ocasión.

    Le había comentado a Alejandro mi consternación frente a esta nueva discapacidad y mi melancolía al ver mi deseo atrofiarse a medida que mi panza crecía. Convencido de la eficiencia de sus cuidados, me había comentado que era seguro que podría remediarlo con un par de azotes en mi culo.

    La vida me había regalado a Alejandro hacía un año y medio (ver cuento El lector 1 y 2; Reencuentro con el lector). Si hasta aquel momento me estimaba ser afortunada, él había sido un insolente exceso de suerte. Demasiado. El pastel en la cereza. Una bendición que me llevaba diez años y en los caminos desacomplejados de la más profunda arrechura. Cada uno estaba cumplido con su pareja y su familia, en el sexo y en la vida. Ser amantes era “extra” y, como nos sobraba algo de alma a los dos, habíamos dejado crecer un amor mutuo y adicional al que ya conocíamos. Nuestros encuentros siempre habían sido volcánicos, era capaz de convertirme en verdadera perra, hubiera podido ladrar a sus pies. Su maestría para dar placer revelaba una dedicación excepcional y, pensaba yo, un don que todas las mujeres de la humanidad hubieran tenido que poder disfrutar. Me enorgullecía hacerlo venir cómo y cuándo me daba la gana y que dejara escapar gemidos que se acercaban a quejas por experimentar tanto placer. En esos instantes, este dominador empedernido se encontraba bajo mi control, suspendido a mis caricias y a mi lengua, sufriendo al estar mantenido en la inquietud deliciosa de la lenta subida de un orgasmo.

    “Bonita cicatriz.”

    Hacía un año, le hubiera escrito algo provocador, que la vería de cerca cuando tuviera su lengua metida en mi concha, por ejemplo. Extrañaba a Alejandro y mis propios deseos. Después de un rato, le contesté, sin el ardor con el que me conocía, pero con amor y cariño. Me sentía como un campo de cenizas en el cual los brotes jóvenes traspasaban con pena la alfombra gris que cubría el suelo.

    “Me gustaría que me abrazaras.”

    Recordé su acento peninsular que contrastaba con el mío más latino, su olor y las pecas que estrellaban sus muslos, la textura de su piel. Recorría mentalmente su cuerpo con mis dedos. Lo podía volver a vivir todo mentalmente sin esfuerzo. Alejandro seguía latiendo dentro de mí y necesitaba verlo.

    Rápidamente convenimos de una fecha después que terminara mi licencia por maternidad y que hubiera vuelto a trabajar. Los dos podíamos tomar un día libre, a escondidas de nuestras parejas, salir temprano y regresar a casa tarde, argumentando que habíamos tenido que visitar a nuevos colaboradores en una ciudad alejada.

    A medida que se acercaba la fecha, crecieron las ganas mutuas y, de mi lado, una angustia latente que conocía demasiado. Decepcionarlo, físicamente. Mi cuerpo ya no era el que había conocido y que tanto lo había excitado. Antes le mandaba fotos de mi culo o de cualquier rinconcito de mi piel, según sus pedidos, sin ningún pudor y eso me excitaba. Entonces, a pesar de todos mis esfuerzos para borrar los estigmas del embarazo, el miedo a que viera mis defectos había reemplazado mi afición exhibicionista que hasta ahora le reservaba. Borraba al instante las fotos que me sacaba, observando siempre en ellas un detalle que hubiera podido disgustarle. Terminé por darle las razones de esta reserva, ya solo veía en mi reflejo celulitis, estrías, tetas tristes, ojeras y una cicatriz de cesárea. Cada una de las frases con las cuales Alejandro me contestó vibró en mi pecho.

    “Tu cuerpo es especial y espectacular.”

    “Tu cicatriz es un sitio sobre el que quiero correrme.”

    “Y como soy muy pervertido y muy sincero, quiero decirte una cosa.”

    “Vuelvo a tener ganas horribles de embarazarte y ser el padre de una nueva criatura tuya.”

    “Cariño, solo de pensarlo…”

    Seguía una foto de su entrepierna donde se veía nítidamente la forma de su verga, dura y gruesa, deformar el jean que llevaba. Sabía que era una de las imágenes que más me excitaban, adivinar una erección contenida debajo de una bragueta que parecía a punto de ceder. Lo que él llamaba perversión era para mí una inconfundible marca de deseo y de amor. No solo me quería cachar por todos los agujeros y llenarme de semen, no, también tenía la fantasía de que fuera suya, de apoderarse por completo de mí, ligarnos para siempre, preñándome.

    Amaba a este hombre.

    Felizmente para mí, durante el par de meses que precedieron nuestro encuentro, volví progresivamente a recuperar mis facultades sexuales. Con una paciencia y un cariño infinitos, mi pareja se empeñó en ayudarme a reconquistar mi cuerpo y, más precisamente, mi clítoris y mi vagina. Los hombres de mi vida eran tesoros. Cuando salí con mi carro a las seis de la mañana aquel día de mayo tan esperado, había recobrado la totalidad de mis habilidades para venirme cuando me daba la gana y cachar divinamente en cualquier posición. A estas alturas, sería inútil describirles el estado de febrilidad en el cual estaba mientras me acercaba a la ciudad donde Alejandro había reservado una habitación en el hotel de las últimas veces, encantador y discreto, cuyas paredes de piedras antiguas solían acoger y guardar nuestros gemidos.

    Era como si el tamaño de mi caja torácica se hubiera reducido. Sentía mis pulmones comprimidos, me esforzaba para respirar lentamente. Ya falta poquito, Sandra. A medida que la distancia entre nosotros se reducía, extrañarlo se volvía más y más insoportable. ¿Cómo mierda pude esperar tanto tiempo? Un año, casi exactamente. Llevaba un año sin disfrutarlo. Los mensajes que nos habíamos mandado reiteradamente en las últimas semanas me habían encendido, más morbosos unos que otros. Habíamos vuelto a compartirnos videos de cuando nos masturbábamos, mirando bien la cámara en el momento de venirnos. Al recordar su cara deliciosa y su suspiro de goce, sentí el eco de mis pulsaciones cardíacas entre mis piernas.

    Por fin apagué el motor en el pequeño estacionamiento subterráneo del hotel. Me miré en el espejito del carro. A falta de maquillaje, llevaba un buen par de ojeras. La maternidad me marcaba la cara como una noche de fiesta, era como una resaca continua, pero puntuada por biberones y cambios de pañales. Podrías haberte arreglado un poco, pensé mientras pasaba la mano por mi cabello y fingía una sonrisa para ver cómo quedaba. Estaba bien lejos de la Sandra del último encuentro, la que había llegado con falda, tacones, maquillaje discreto, depilada, sin ropa interior y con un detallito especial, a pedido de Alejandro [ver Reencuentro con el lector]. Hoy estaba con el cabello desordenado, zapatillas gastadas, y un jean y un polo que llevaban, me acababa de dar cuenta, los estigmas del último biberón que había dado a mi hijo. Respiré hondo, salí de mi carro y, al cerrar la puerta, sentí una presencia en mi espalda. No me di la vuelta ni me moví. La presencia se acercó y, con ella, una respiración y un olor que hubiera reconocido entre miles. Entre mis reflexiones e intentos para verme mejor en el espejito, no me había dado cuenta de que Alejandro me observaba desde hacía un rato, justo al lado de mi carro. Su aliento cálido acarició mi nuca. Cerré los ojos en el momento que sentí sus labios contra mi piel. Empezó a regalarme besos suaves. Era un momento suspendido, una delicia de alivio y de excitación.

    Cuando estaba a punto de darme la vuelta para abrazarlo y besarlo, sus manos agarraron mis caderas y sentí su boca entreabrirse para dejar su lengua recorrer delicadamente el arco de mi cuello. Un escalofrió sacudió mis hombros, las ganas que le tenía volvían a inundarme al recibir sus besos líquidos. Su mano derecha se deslizó de mi cadera para agarrar firmemente mi entrepierna. Me mordió levemente, era un maestro en el arte de prenderme. Se pegó a mi espalda, sentí su verga dura contra mis nalgas. Nos quedamos así unos minutos, le dejaba comerme el cuello y amasarme la concha a través de mi pantalón. Me mojaba. El contacto de mi calzón escurridizo contra mis labios íntimos era riquísimo. En lo que pareció ser un paso de baile, nos encontramos pecho contra pecho y, por fin, nuestras bocas se juntaron. ¿A ustedes ya les ha pasado sentirse crecer y enredarse con alguien, como si fueran dos hiedras que se juntan para volverse imposibles de desenmarañar? Pues así nos veía. Juntábamos ramas, mientras nuestras lenguas se acariciaban con un amor que nos sorprendió a los dos. ¿Tanto nos queríamos?

    Durante estos minutos no dijimos nada, creo que tampoco nos miramos, formábamos una sola entidad cuyos gemidos de animales golosos se perdían en la penumbra y entre los carros estacionados. Alejandro desabrochó mi pantalón y, llevando mi calzón con él sin más preámbulos, lo bajó hasta mis rodillas. Apenas tuve el tiempo de sentir el aire fresco correr sobre mi culo que abandonó mi boca, bajando repentinamente entre mis piernas. Sentí el contacto suave de su barba contra mis muslos y lo cálido de su lengua que entreabría delicadamente mis labios. Abrí las piernas lo máximo que podía, limitada por mi jean. Empezaba a experimentar el vacío insoportable que acompañaba las ganas de ser penetrada. No lo sabía, pero iba a tener que aguantar un rato antes de que satisficiera estas ansias mientras cumplía con otras, más elaboradas y perversas, y que él era el único capaz de provocar en mí. Con lengüetazos de gatito tomando su leche, lamía mis carnes tiernas, saboreando cada gota de mi jugo.

    —Este coño… ¡Joder!

    Alejandro se deleitaba. Desde la primera vez que me había probado, mi entrepierna era para él un 3 estrellas de la guía Michelin. Rendía un culto a mi sabor con una devoción de beato, embardunándose copiosamente la boca, las mejillas y su hermosa barba negra con mis líquidos cada vez que se le daba la ocasión. Sentí que mis piernas se debilitaban a medida que mi placer subía. Apoyé mi espalda en mi carro para estar más cómoda y volví a cerrar los ojos. Fue el momento en el cual decidió pasar a una velocidad superior, anhelaba más que todo sentirme venir y sabía exactamente cómo. Presentó lo que me pareció ser tres de sus dedos en la entrada de mi concha. Es mucho para empezar, le voy a pedir que sea más paulatino…, pensé. Pero apenas los hizo entrar un poco que solo tuve ganas de que me los clavara profundamente. Conociéndome perfectamente, los dejó así, con una falange metida, ya que dejarme insatisfecha hasta que él lo decidiera era sur juego favorito. Gemí un poco, moviendo mis caderas y tratando de bajar para que sus dedos me penetraran más. Había despegado su boca de mi intimidad para levantar la cara y mirarme.

    —Te extrañé, amor.

    —Uy… No tanto como yo —le contesté entre dos suspiros.

    Su boca se pegó de nuevo contra mi intimidad. Empezó a aspirar levemente mi clítoris y mi placer se duplicó. Flexioné un poco las rodillas para bajar más sobre sus dedos, Alejandro acompañó mi movimiento, entrando más. Una vez tuvo sus dedos completamente metidos los empezó a mover, imitando el gesto de un “ven aquí” dentro de mi concha. Sabía que me podía sacar orgasmos muy potentes de esta manera, acompañados por una cantidad considerable de líquidos. Me invadió un calor intenso, subiendo de mi culo hasta mis mejillas. A la delicia de sentir cómo sus dedos me llenaban, se añadía una tremenda sensación de ganas de orinar. Algo chorreaba lentamente en la parte interior de mis muslos. Alejandro había soltado mi clítoris y miraba con satisfacción la palma de su mano empaparse.

    —Muy bien… así, muy bien… —susurraba —¿te vas a correr para mí?

    “!Sí! y me voy a mear encima si sigues así…” pensé mientras solo salían de mi boca unos gemidos que trataba de contener.

    —No te he escuchado, ¿te vas a correr para mí?

    —Sí, ahora… —estaba a punto de explotar.

    —Ah mira… —fingía estar sorprendido con un falso candor en el tono, —¿te vas a correr para mí porque eres mi puta?

    El solo hecho de escuchar esta frase terminó de ponerme por completo. Me avergonzaba y gozaba como una loca. Nunca hubiera aceptado esta palabra de otro. Pero Alejandro… Alejandro me cachaba con sus dedos en un estacionamiento subterráneo y estaba a punto de hacerme venir, sacándome muchos fluidos que seguramente iba a tragar ávidamente. Se escuchó mi respuesta en un suspiro hondo mientras él abría la boca y aplicaba su lengua contra mi concha para beberme. La onda del orgasmo me provocó un squirt abundante que él, sin sorpresa, sorbió enseguida, aspirando lo más que podía con gemido ronco de animal satisfecho. Le daba de beber en su copa favorita cada vez que me lo pedía. Con los muslos brillantes de líquidos y el clítoris hinchado, listo para otro turno, estaba dispuesta a hacer lo que él quisiera para satisfacerlo. Me la hubiera podido meter en el culo en el parachoques del carro si le hubiera dado la gana. Lo hubiera ayudado, lubricándole la verga con una buena dosis de saliva mía, de rodillas entre las manchas negras de aceite en el piso de cemento, con el calzón bajado. Sí, era su puta.

    Retiró sus dedos con delicadeza y se puso de pie chupándolos.

    —Qué rico regalo de reencuentro me hiciste, amor.

    Subió mi calzón y mi jean, y me abrazó con ternura.

    —Vamos subiendo, que nos espera una cama confortable donde vas a poder descansar.

    Recogí mi cartera que había caído en el piso y nos dirigimos hacia el ascensor, llevándonos de la mano. Me sentía ingrávida, Alejandro me había hecho entrar en una nueva dimensión.

    La habitación era luminosa, con una cama acogedora y unas sábanas blancas que invitaban a disfrutar de su caricia sobre una piel desnuda. Una vez la puerta cerrada, nos abrazamos con fuerza y nuestras bocas se volvieron a juntar. Me apretaba como si me hubiera querido romper los huesos. El amor me molía. Agarré su polo y se lo quité, descubriendo el pecho que tanto había extrañado. Me pareció que había adelgazado pero su piel no había cambiado. Era exactamente como la recordaba y, como si mis manos llevaran el molde de cada uno de sus poros, sus hombros, su pecho y su espalda volvieron a colocarse con exactitud en la yema de mis dedos. Reanudando con los clásicos del cine romántico, mi boca bajó lentamente, entreabierta, besándole el cuello, el pecho y la panza hasta llegar a la cintura de su jean. Mi lengua, al rozar su fina piel, había dejado un camino ligeramente húmedo. Desabroché el botón e hice bajar el cierre de su bragueta, que se abrió sobre un bulto duro y contenido por la tela delgada de un bóxer azul. Mi boca estaba a unos milímetros de su verga, me pareció sentir su calor irradiar mis labios. Mis ganas de hacer crecer el deseo de Alejandro fueron más fuertes que las de meterme su verga hasta la garganta y la besé suave y castamente. Me puse de pie y regresé a sus labios, estábamos hirviendo.

    —Quiero verte desnudo —le dije.

    —Lo que tú digas.

    Se quitó lo que le quedaba de ropa con una sonrisa cómplice y se echó en la cama. A sus cuarenta y cinco años, su cuerpo seguía siendo una invitación a la más grande lujuria. Lo hubiera recorrido con la lengua de los pies a las orejas, pero primero lo quería devorar con los ojos. Al lado de la cama, mi excitación crecía y me aturdía mi posición de dominación voyerista. Yo, vestida y de pie, mirándolo a él, desnudo y echado, a la espera del más mínimo de mis gestos. Después de detenerse unos segundos en la hermosa multitud de pecas que tenía en los muslos, mi mirada se había quedado en su verga en erección, el pedazo de carne más apetitoso que podía existir. Me mojaba y sentía mi clítoris hincharse, lo deseaba como nunca y lo quería disfrutar de todas las formas posibles, empezando por algo a lo que yo era aficionada en particular.

    —Me gustaría que te tocaras.

    Ustedes lectores ya saben que ver a un hombre a quien le tenía ganas mientras se masturba era una de mis perversiones favoritas, más aún si lo hiciera mirándome. No me contestó y su mirada, de repente oscurecida por el morbo, se clavó en la mía. Su mano derecha se dirigió hacia su verga y empezó a acariciarla levemente, sin dejar de mirarme. Sus dedos envolvían su sexo duro y se movían lentamente de arriba hacia abajo. Me estaba provocando con esta paja ligera que me frustraba mucho más que a él.

    —Quiero que lo hagas más rápido.

    —Para eso, tendrías que lubricármela —me contestó, señalando su lengua con su otra mano, para que me quedara claro que no esperaba un tubo de gel.

    Me arrodillé al lado de la cama para estar a la altura de su verga. Me acerqué abriendo la boca. Alejandro estallaba de júbilo. Pese a fingir cierto desinterés, no se moría por una buena mamada mía, sino francamente por cacharme la boca al límite del ahogo, mirando mi saliva chorrear de mi boca. Como a una buena perrita, así me quería. Mi mirada se volvió traviesa y saqué mi lengua para lamerlo, pero me detuve. En su punta, una perla transparente de líquido brillaba. Cerré la boca y me eché un poquito hacia atrás con una sonrisa de satisfacción cruel frente a su desconcierto, antes de escupirle una buena cantidad de saliva en la verga. No sé si era de placer o de frustración, pero su gemido terminó de prenderme.

    —Ya está.

    —Falta un poco —me tendió la mano con la palma hacia arriba.

    ¡Un maestro, les digo! Si no leía mis pensamientos, entonces estaba segura de que tenía la capacidad de ver a través de mi ropa que mi calzón se había convertido en charco. Bajé mi pantalón y mi ropa interior, que se quedó unida a mi concha por un hilo viscoso. Alejandro lo recogió con un dedo y lo llevo a su boca.

    —Eso será perfecto —dijo, satisfecho, después de probar mi humedad.

    Su mano se pegó contra mis labios íntimos y, apartándolas apenas, recogió allí el jugo de la excitación que me provocaba. Sonrió al ver mi cicatriz, con una breve mirada tierna que contrastaba con sus gestos deliciosamente obscenos.

    —Sandra, es realmente bonita esta cicatriz. Parece una sonrisa.

    No me dio tiempo de contestarle que a mí me hacía pensar en el muñeco Jack, regalándome un espectáculo que me quitaba el habla. Alejandro se masturbaba mirándome a los ojos con la mano lubricada por mis propios fluidos. El gesto era preciso e insistente, sus dedos encerraban la parte alta de su sexo, se deslizaban perfectamente y, a cada movimiento hacia abajo, se descubría su glande brillante e hinchado. Controlaba perfectamente su placer, haciéndolo crecer paulatinamente, con la boca entreabierta que me dejaba adivinar su lengua. Morbo puro. Me excitaba hasta un punto que nunca había alcanzado solo por mirar. En unos segundos, había superado a todas las películas porno que más me encendían. Bajé mi mano y empecé a tocarme también, tratando de controlar mi gesto al igual de él. No quería venirme todavía, pero Alejandro aceleró su gesto, sin dejar de mirarme. Entre su jadeo que empezaba a escucharse y su verga recta y dura como un palo que parecía a punto de explotar, acabó con la contundencia que yo fingía. Luchando para no meterme dedos y presionar de una vez mi clítoris para llegar al orgasmo, terminé de quitarme la ropa bajo la mirada voraz de mi amante. Me subí en la cama, casi temblando de ganas, y me instalé a cuatro patas, dándole la espalda.

    —Oh mira… Mira quién se está poniendo muy perra… —comentó con una voz melosa y burlona.

    —Quiero que me la metas —le contesté, arqueada y abriendo las piernas.

    Ya quería dejarme llevar, abandonarme a sus cuidados expertos y dejar que me guiara hasta el colmo. Se acercó, agarró mis nalgas y su lengua me recorrió de la concha hacia el ano. Se me escapó un gemido. Alejandro repitió el movimiento varias veces, la saliva que cargaba su lengua se mezclaba con mis fluidos, seguramente su barba se empezaba a mojar. Cada recorrido de abajo hacia arriba terminaba con unos lamidos cada vez y más insistentes en mi ano. La punta de su lengua me abría suavemente. Bajé mi pecho y dejé descansar mi cabeza en mis antebrazos. En esta posición, mi culo se veía aún más expuesto, parecía rezar para estar cachada. Sentí que uno de sus pulgares reemplazó a su lengua en la entrada de mi ano, para que se quedara entreabierto y listo para entrar más profundo si se lo pidiera. Pasó la punta de su verga entre los labios de mi concha, jugando a que se deslizara entre ellos sin penetrarme. Moví mi culo para tratar de sentarme y hacerlo entrar. Para mi más grande satisfacción, no se echó para atrás y me dejó empalarme lentamente en su sexo, jadeando. Su pulgar entró por completo en mi ano al mismo tiempo y Alejandro empezó a mover sus caderas, penetrándome profundamente.

    Por fin, mi concha podía tragarse su verga. Me llenaba y se escuchaba el delicioso chasquido líquido que le encantaba. Su mano libre agarró una de mis tetas firmemente, la amasó un breve rato y empezó a pellizcar mi pezón. Al mismo tiempo, y sin dejar de cacharme, me clavó por completo su pulgar en el culo sin encontrar resistencia. Me avergonzó la docilidad de la parte más íntima de mi cuerpo, que traicionaba una creciente y nueva afición para el sexo anal. Parecía dirigir mis caderas para que me moviera sobre su verga con este dedo anclado en mi ano. El ligero pero agudo dolor que provocaba en mi pezón entró en resonancia con el estímulo de mi ano, como si estuvieran conectados por unos hilos tensos e hirvientes.

    —Tu culo se abre solito… ¿luego me dejarás metértela por ahí? —me preguntó entre dos respiros hondos.

    Alejandro estaba obsesionado por el sexo anal conmigo, probablemente porque solo una vez lo había dejado cacharme el culo, para quedarme con algo precioso que no se le entregaba automáticamente. Me satisfacía hacer crecer sus ansias a distancia, mandándole el tipo de fotos que le obligaban a salir corriendo de su despacho para ir a masturbarse en los baños de su oficina: las de mi culo ocupado por el plug que me había regalado o por otros juguetes más contundentes. A su pedido, también le comentaba cuando mi novio me la metía, insistiendo en los detalles más obscenos. Lo dejaba por ejemplo imaginar cómo gozaba de una doble penetración, la concha ocupada por un dildo y el culo abierto, chorreando de gel y cachado a lo loco por una verga gruesa. La sola idea de que me la metiera ahí me dio tanto morbo que un par de caricias firmes en el clítoris eran lo que me faltaba para llegar al orgasmo.

    —Vida… me voy a venir… —le dije, mientras empezaba a tocarme.

    Paró sus movimientos, manteniendo su dedo en mi culo y jalando mi pezón más fuerte. Mis dedos corrieron entre mis labios, masturbarme con su verga metida era una delicia.

    —Córrete para mí…

    Mi gemido le contestó, ronco y animal, mientras una ola de placer se derramaba en mi cuerpo.

    Me dejé caer en la cama bocarriba, sonriendo al techo con los ojos cerrados. Alejandro se acercó, me besó largamente, cortándose para pronunciar palabras de amor que terminaron de derretirme. Su ternura repentina, que volvía a descubrir a cada uno de nuestros encuentros, no dejaba de sorprenderme, pasaba con una facilidad y una naturalidad desconcertantes de un extremo a otro. Me acariciaba suavemente el vientre, dibujando círculos alrededor de mi ombligo. Su mano bajó un poco más y sus dedos recorrieron mi cicatriz, lentamente.

    —Me encantaría preñarte, no tienes idea.

    —Sí tengo… —le dije sonriendo, —a ti te da morbo, pero a mí me parece bonito.

    Los dos sabíamos que era imposible, lo que nos dejaba espacio para desarrollar esta fantasía a gusto.

    —¿Te acuerdas que te había dicho que me quería correr en tu panza enorme mientras estabas embarazada?

    —Sí, ahí entendí que tu perversión tenía límites muy remotos, o que no los tenía en absoluto.

    La mirada de Alejandro se oscureció a medida que una sonrisa casi inquietante iluminaba su barba. Estaba claro que se le acababa de ocurrir alguna idea excesivamente cerda, lo que, obviamente, me volvió a encender. Se enderezó y se puso a horcajadas sobre mí, de modo que su boca estuviera a la altura de mi pubis y que solo le faltara bajar un poco las caderas para que su verga entrara en mi boca. Después de besar mi cicatriz con delicadeza, su boca bajó un poco más y su lengua se hizo un camino entre mis labios íntimos, todavía húmedos de mi goce precedente. Teniendo sus bolas a la altura de mi boca, las empecé a lamer, recorriéndolas por completo. Me esmeraba por cubrirlas con una importante cantidad de saliva y las sentía tensarse, reacción en cadena de la violenta erección que tenía. No iba a resistir mucho a las ganas de metérmela en la boca.

    Nuestros lamidos recíprocos duraron un largo y delicioso momento, hasta que yo decidiera pasar a una velocidad superior. Abrí la boca para invitarlo a entrar y hacerle entender que quería más. Reaccionó rápido y correctamente, y empezó a cacharme la boca como los dos esperábamos. Su verga se deslizaba con vigor entre mis labios, guiada por mi lengua medio sacada, hacia la entrada de mi garganta, cálida y acogedora. Sabía que también quería sensaciones más intensas y sus labios se posicionaron sobre mi clítoris y lo empezó a succionar. Me arqueó un placer vivo y repentino, lo que tuvo como resultado hacer entrar por completo su sexo en mi boca. Nuestros suspiros ahogados se respondían y escucharlo me arrechaba más aún. Entonces, cuando me metió dos y, a mi pedido, tres dedos para acompañar su succión, exploté una vez más, con su verga profundamente clavada en la boca.

    Este último orgasmo mío lo hizo gemir tan fuerte como yo, estaba muy cerca de venirse también. Se retiró de mi boca y empezó a pajearse rápidamente, quedándose en la misma posición, con sus nalgas justo arriba de mi cara. Mi lengua se aventuró hacia su ano, prodigándole tímidamente al inicio, la caricia más suave que se pudiera esperar. Exploraba el umbral de su más profunda intimidad, atreviéndome a forzarlo apenas con la punta de mi lengua, animada por sus gemidos, cada vez más fuertes y roncos, a medida que su masturbación se aceleraba.

    —Uy… zorrita mía… ¡me voy a correr! —me dijo.

    La punta de mi lengua se hizo más dura y entró apenas en su ano que cedió en el momento en que llegó al orgasmo. Un grito de placer resonó en la habitación y sentí su leche caer sobre mi vientre.

    Volvió a sus cabales y se sentó a mi lado mientras permanecí echada, paralizada por el placer y la felicidad. Con uno de sus dedos, recogió algo de semen que chorreaba en la sonrisa que llevaba en la panza desde que era madre y lo llevó a mi boca.

    —Es aún más bonita así, esta cicatriz, —me dijo, fingiendo la expresión de un artista satisfecho de su obra.

    Lamí su dedo sin contestarle y con cierta gula, había extrañado su sabor. Alejandro me había llevado una vez más hacia un morbo exquisito, cumpliendo con nuestras más inconfesables fantasías.

    En este momento, nunca hubiera imaginado que estábamos todavía bien lejos del máximo de nuestras capacidades y de nuestra imaginación…

  • Esposa piensa en su amante mientras el marido se la coge

    Esposa piensa en su amante mientras el marido se la coge

    Me llamo Beyda, soy una mujer casada de 34 años. Físicamente mido 1.68, soy blanca y tengo el cabello largo, lacio y castaño. Me suelen decir que tengo carita de ángel pero mi cuerpo dice todo lo contrario: mis pechos son medianos pero ricos, un abdomen rellenito y, mi gran atractivo físico, tengo un culote. Mi cuerpo no es escultural, pero si tengo una figura cuidada, si bien con el embarazo perdí un poco mi cadera, sigo manteniendo una buena figura y obvio se me ensanchó más el culo.

    Siempre he estado culona, tan sólo basta recordar mi época de universidad y como mi culo recibió muy duro durante aquellos años. Bueno, no sólo en la universidad, también recuerdo a uno que otro antiguo compañero de trabajo disfrutaban de mi culo antes de conocer a mi esposo. Llevamos 7 años de matrimonio y tenemos un hijo de 4 años. Me encantaría poder decir que siempre le he sido fiel a mi familia, pero la verdad es que no ha sido así.

    Toda mi vida me la pasé teniendo una vida sexual activa con hombres, soy una culona que supo aprovechar rico de su culo para recibir de quien quisiera cuando estaba soltera. Para mi familia tuve que fingir que era una santa y que apenas y tenía ex novio, todo para dejar esa vida de lujuria atrás, pero hay una persona que nunca pude dejar en el pasado.

    Como toda mujer lujuriosa, tuve una mejor amiga con la que guardaba mis secretos. La única que conoce todos los amoríos que tuve cuando era universitaria. Se llama Andrea y la conozco desde la preparatoria. Ella y yo siempre hemos sido muy unidas y muchas experiencias las vivimos juntas; como nuestro primer concierto, nuestra primera fiesta, la primera borrachera… y nuestro primer beso.

    Pasó cuando estábamos por terminar la preparatoria. A nuestros 18 años nos frustraba nunca haber podido tener una relación seria y pues, entre la frustración y la amistad, terminamos experimentando con nosotras. No pasó de unos cuantos besos lésbicos y unas caricias, y fue algo que supimos dejar de lado cuando en la universidad comenzamos a estar con chicos. Pero muy en el fondo, todavía sentíamos algo por las dos. No fue sino hasta que tuvimos 22 que tuvimos sexo lésbico por primera vez juntas, en una etapa muy oscura donde las dos acabábamos de cortar con nuestros exnovios.

    Fuimos novias a escondidas por un tiempo, no queríamos que nadie en la universidad se enterara porque en aquellos días, la comunidad no era tan vista como lo es hoy. Para el resto de nuestros compañeros éramos las mejores amigas sin que ellos supieran que, esas mejores amigas, a escondidas, mantenían una rica relación lésbica.

    Andrea compartía prácticamente el mismo físico que yo, si acaso ella estaba un poco más rellenita que yo, pero igual se mantenía en una rica forma. Por obvias razones, su atractivo principal era igualmente su gran culo, el cual yo disfrutaba de mamar deliciosamente en los baños de la universidad antes de clases.

    Sólo imaginate ver a tus dos compañeras culonas de universidad, deseando poder estar con ellas, sin imaginarte que minutos atrás una le mamó el culo a la otra en los baños. Siendo sincera, me es imposible imaginar la reacción que tendría mi hijo si se enterara que su mamá mamaba culo de lesbiana en la universidad.

    El tiempo pasó y eventualmente terminamos por dejar nuestro noviazgo lésbico de lado ya que ambas siempre quisimos formar una familia y pues el resto de mis historia ya se lo saben: yo me casé y tuve un hijo, mientras que Andrea se mantuvo soltera por no poder encontrar un hombre que le llenara.

    Y es que, sin darme cuenta, mientras yo siempre tuve en claro mis preferencias heterosexuales, Andrea se volvió lesbiana.

    Nuestra amistad pudo seguir con normalidad aún en mi matrimonio, Andrea siempre fue muy respetuosa con eso, aunque yo sabía que en parte me seguía deseando… porque yo sí lo hacía.

    Una noche, mi hijo se encontraba dormido y yo estaba en la sala esperando a mi esposo. Llevaba puesto un vestido informal negro que me llegaba por arriba de las rodillas.

    Mi esposo llegó a la casa y lo recibí con un rico beso, el cuál me correspondió con ese rico apretón de culo que siempre me daba. Pero esta vez lo besaba con más pasión, no fue un simple pico, fue un beso completo, con lengua, un beso caliente. Mi marido obviamente no me soltó y siguió besuqueándome mientras metía sus manos debajo del vestido para apretarme el culo. Él sabía lo mucho que me calentaba que lo hiciera, así que su agarrón de cola lo complementaba con unas buenas nalgadas. A esto, yo lo tenía sujeto suavemente de sus mejillas mientras seguía besándolo. Para él, esto era un rico recibimiento de su esposa fuera de la rutina, pero para mí era algo más, era una forma de liberar lo que traía dentro.

    Pero, mientras mi lengua se enredaba con la suya y sus manos me apretaban la cola, mi mente no podía dejar de pensar en Andrea y en como hace tan solo unas horas, me estaba besando con ella.

    Por la mañana, cuando mi hijo se encontraba en la escuela, Andrea vino a visitarme. Era costumbre que lo hiciera de vez en cuando, nos gustaba reunirnos para salir a desayunar, o platicar en la casa. Nos quedamos en la casa platicando sobre un hombre con el que estaba saliendo y como éste le quedó mal. Ella se encontraba decepcionada y yo sólo la reconfortaba. Después de unas cuantas lágrimas, abrazos y palabras, ella se paró para retirarse. Yo la acompañé hasta la puerta y le di un beso en la mejilla de despedida. Pero ella se me quedó viendo, y pasados unos segundos, se lanzó a besarme.

    Yo trataba de poner resistencia, quería separarla de mí pero ella me tomaba con fuera y no me soltaba mientras nuestros labios se acariciaban en un beso un tanto rudo. Ella me tomó con fuerza de la nuca, y al tratar de apartarla yo puse mis manos en sus pechos… apretándolos sin querer y no soltándolos. Una parte de mí quería que se apartara – Andy no, ya estoy casada – Le decía para tratar de apartarla, pero ella no cedía y terminé cediendo yo.

    Comencé a corresponderle el beso, empezaba a usar mi lengua para explorar los rincones de su boca. Enredar nuestras lenguas fue maravilloso, me devolvió a esos días de universidad, de juventud. Mis manos bajaron de sus pechos, recorrieron su abdomen, su cadera y finalmente llegaron a su culo, recordándome lo rico que era el culo de una mujer. Ella llevaba faldita en la mañana, por lo que comencé a meter mis manos debajo de ella para manosearle el culo lo más que podía mientras nos dábamos nuestro rico beso de lengua lésbico. La apretaba más y más contra mí para que nuestros pechos se rozaran y apretaran entre ellos, mientras nuestras lenguas se enredaban en nuestras bocas.

    Por un momento me volví a sentir joven. No me mal entiendan, el sexo con mi esposo era delicioso, pero se había vuelto monótono hasta cierto punto. Debo de confesar que nunca dejé de pensar en ella, incluso casada, hubo momentos en los que me llegué a dedear pensando en ella, pero lo reprimía como un simple recuerdo. No sabía lo mucho que necesitaba de Andrea, de mi primer amor. De la única mujer que me hace sentir como toda una lesbiana aun estando casada.

    Mi marido me seguía besando sin saber lo que pensaba, sus manos pronto subieron a mis pechos y los apretaron rico, mientras me guiaba hacia nuestra habitación, abriendo la puerta de un empujón para después cerrarla sin despegar sus labios de los míos.

    Ya en la habitación yo comencé a desvestirlo, mientras él me decía lo deliciosa que me veía con ese vestidito, lo culona que estaba y lo mucho, mucho que me quería romper el culo. Yo me acosté en la cama y él encima mío, podía sentir su rica verga erecta por encima del pantalón rozándose con mi panocha por encima del vestido.

    Me estaba comenzando a excitar bastante, mientras él me susurraba – Te voy a romper el culo – al oído al mismo tiempo que me dedeaba la panocha. Él se bajó mientras sus manos recorrían mi cuerpo hasta llegar a mi vagina. Me quitó la ropa interior que llevaba y, abriendo mis piernas con sus manotas de hombre, comenzó a comerme la panocha bien rico.

    Al recibir el rico oral de mi marido, no pude dejar de pensar en Andrea. Volví a recordar como estábamos las dos besuqueándonos bien rico en la sala de mi casa, como le dije – Te extrañé mucho – antes de entregarme completamente en un abrazo que se transformó en un rico beso de lengua lésbico mientras ella me apretaba el culo. Nos quitamos nuestras prendas superiores y las aventamos sin mirar a donde. Nos seguimos besuqueando de lengua lésbicamente, ahora sin nada arriba, mientras nuestros pechos se apretaban entre sí de lo pegaditas que estábamos. – Nunca dejaste de ser una lesbiana ¿verdad? – me preguntaba Andrea entre besos. – No amor, nunca dejé de ser lesbiana – Le respondí mientras comenzaba a besarle el cuello. Entre tanto, no podía dejar de soltarle el culo, y ella tampoco el mío. – ¿Te acuerdas de como te comía el culo? – Le susurré al oído, antes de hincarme delante de ella.

    La tomé de las caderas y le di media vuelta y ufff. No pude evitar jadear de excitación al tener su rico culote delante de mi cara otra vez y sin pensarlo, comencé a restregar mi cara en su culo. Era tan suave, tan esponjoso, justo como lo recordaba. Pasaba mi cara en círculos por encima de sus nalgas, de lado a lado, arriba a abajo, en ocasiones le soltaba unos besotes, unas pequeñas mordidas. Estaba primero saboreando nuevamente esas nalgotas antes de pasar a lo bueno.

    Sin despegarme de su piel, comencé a levantarme, recorriendo sus caderas con mis manos suavemente mientras arrastraba mi cara desde su culo, pasando por la espalda, hasta llegar nuevamente a su cuello, le di un abrazo y acaricié su rico abdomen. Ella todavía mantenía un abdomen delicioso, nunca tuvo hijos, por lo que todavía lo tenía planito y su ombligo mm, tan sexy como siempre.

    Mientras le daba besos en el cuello, comencé a deslizar mis manos hacia su panocha, la pasé por debajo de la falda y comencé a dedearla, mi mano izquierda subió hasta sus pechos y comencé a apretárselos. Ella comenzó a gemir de placer – Si Beyda, así – era lo que ella jadeaba mientras la dedeaba rico y sentía como se retorcía de placer.

    Estaba volviendo a recordar mi delirante encuentro lésbico, hasta que sentí como mi esposo comenzó a besarme en los labios de nuevo, esta vez con su boca llena de mis fluidos. Acababa de terminar el oral y yo ni cuenta me di. Claro que sentí los gemidos, pero como estaba tan centrada en mi fantasía lésbica, dejé de recordar por un momento donde estaba realmente.

    Después de un largo beso de lengua sabor a mis fluidos, mi esposo finalmente me acostó boca abajo en la cama, mientras me levantaba la falda del vestido y me daba unas nalgadas. Yo escuchaba como comenzaba a quitarse el cinturón, a bajarse el pantalón con tanta desesperación, hasta que me tomó de las caderas y me incorporó en 4. – Si mi amor, dámela toda, dámela por el culo – le exigía con tanto placer.

    Comencé a sentir como me entraba su rica verga por el culo, era lo que necesitaba para culminar esta noche. Me dejé llevar mientras sentía sus cogidas cada vez más y más fuertes, como en la habitación se empezó a escuchar el sonido de mis nalgas tronando por sus embestidas.

    – Ay, pinche culona, pinche culote que tienes mi amor – me decía mi marido jadeando de excitación. – Sí? Te gusta mi culo? – pregunté, sólo para escuchar un – Mmm te ves bien zorrita en 4 maldita culona – como respuesta.

    Sus embestidas eran riquísimas, me excitaba mucho escuchar sus jadeos y lo rico que tronaban mis nalgas. Yo le correspondía con un – Sí papi, así – entre gemidos. Hacía mucho que no me daba por el culo tan rico ¿o tal vez era que lo sentía así por recordar a aventura que tuve con mi amante lesbiana?

    Recordé como, después de terminar de dedearla, me volví a hincar para estar al nivel de su culo. Le bajé el calzón, con mis manos abrí sus nalgotas y metí mi cara en medio de ellas. Sentía como me apretaban rico. Abrí mi boca y comencé a mamarle el culo. Sólo escuchaba como gemía, yo sabía que a ella nada le excitaba más en este mundo que recibir una buena mamada de culo de su lesbiana.

    – Mmm que rico culo – dije, en un momento que me separé de él, sólo para volver a seguir mamándoselo.

    – Mmm si? Te gusta el sabor de mi culo amor? – preguntó ella.

    – Sí bebé, me encanta tu culo – Respondí, antes de agarrar aire para seguir mamando.

    – ¿Más que la verga de tu marido? – preguntó en un tono pícaro.

    – Sí mi amor, mamar tu culo es más rico que mamarle la verga a mi marido – respondí bastante excitada sin pensarlo dos veces. No podía creer que de verdad lo dijera, pensaba que era cosa de la excitación del momento, pero no era así. Yo nunca dejé de ser lesbiana, todos estos años de matrimonio lo reprimía, y si bien, me gustaba como me lo hacía mi marido, muy en el fondo, yo sabía que necesitaba de Andrea para poder estar completa.

    – Eres toda una lesbiana – Respondió Andrea, antes de soltar un rico gemido que se escuchó muy fuerte.

    – Sí… soy lesbiana mi amor.

    – ¿Qué diría tu familia? Si descubren que mami es lesbiana.

    No supe como responder a eso, o tal vez no quería, simplemente seguía mamándole el rico culo a mi amor.

    Ocasionalmente, mi recuerdo se veía interrumpido por las fuertes embestidas de mi marido, quien ocasionalmente bajaba el ritmo, sólo para retomar más fuerza y comenzar a cogerme el culo con más intensidad.

    Ahora me encontraba en crisis, estaba disfrutando mucho como mi marido me rompía el culo, pero por otro lado, me calentaba más estar pensando en Andrea ¿Qué pensaría mi esposo? ¿Si descubre que, mientras él le tronaba el culo a su mujer, ella pensaba en su amante lésbica? ¿le molestaría que piense en alguien más? ¿le excitaría que fuera una mujer? Estoy segura que en algún momento llegó a morbosear a Andrea, ningún hombre puede evitar dirigir los ojos a su cuerpo pero ¿estaría dispuesto a aceptar que su esposa tenga un amorío con su mejor amiga? ¿aceptaría que su esposa sea lesbiana?

    – Mi amor, que rico culo – Dijo después de nalguearme

    – Mi culo es tuyo, papi – Dije sabiendo que era mentira lo que decía. – Sí, sigue así papi, más más, dame más – Comencé a pedirle, mientras recordaba otra vez como le estaba dando un chupadón de culo a Andrea en la mañana.

    – Ayyy Beyda, si tu marido supiera que con esa boquita no sólo chupas verga, también mamas culo de lesbiana– Decía Andrea entre gemidos.

    Después de haberle dado una buena mamada de culo, me puse de pie para darle un rico beso de lengua lésbico a Andrea. Estaba tan excitada, que nuestro beso fue tan apasionado, había mucha lujuria y deseo en ese beso, también morbo, morbo de saber que era una mujer casada y estaba teniendo sexo lésbico con una mujer a escondidas de mi familia.

    Lamentablemente, yo tenía que irme, mi hijo salía de la escuela en una hora y debía salir para recogerlo. Andrea no me quiso acompañar, decía que sería incómodo para ella. Nos vestimos y nos despedimos con un delicioso beso de lengua lésbico en la puerta de mi casa, no sin antes prometernos que terminaríamos lo que comenzamos. Nos prometimos que lo mantendríamos en secreto, que yo le escondería a mi familia… que mamá era lesbiana.

    Recordar ese último beso, se sincronizó con la venida de mi esposo. Como era costumbre con él, siempre se venía dentro de mi culo y me lo dejaba todo lechoso.

    – Bendita culona rica, nunca me cansaré de romperte el culo – Me dijo antes de acostarse al lado mío para reponer energía.

    Yo me acosté, con mi culo recién destrozado por la bestia de mi marido. Me sentía como nunca, era como si me hubiera cogido por primera vez. Quien lo diría, que el lesbianismo reviviría el sexo en mi matrimonio.

    Gracias a todos por leerme. Necesitaba desahogar todo esto que tenía dentro. Espero que les haya gustado mi relato y díganme ¿A ustedes les gustaría que su mujer fuera lesbiana? Si la descubren ¿Le propondrían algún trío? ¿O no le dirían nada y les calentaría el morbo de saber que su mujer tiene una amante lésbica? Jejeje me gustaría leer sus puntos de vista y opiniones. ¡Que tengan bonito día!

  • Sometida por mi criada (II)

    Sometida por mi criada (II)

    Me desperté placenteramente me fui duchar y a desayunar Diwa me obsequio con una sonrisa burlona y le di dos besos a mi hijo.

    – Buenos días – me preguntó – ¿Ha dormido bien la señora?

    – Muy bien – contesté disimulando mientras miraba a Diwa enfurecida, ella me devolvió una sonrisa.

    Espere a mi hijo que cogió la maleta y lo lleve a la universidad y me fui a trabajar, por la tarde fui a buscar a mi hijo y lo lleve a la estación de tren para que se fuese aquel fin de semana a Madrid con su padre.

    – Pórtate bien mama – se despidió mi hijo de mí, yo le di un cachete en la cara y le despedí con un beso.

    Fui a comprar y llegue al chalet sobre las nueve, Diwa me recibió con una sonrisa y descargo la compra y la mochila de mi hijo.

    – ¿Se va a duchar la señora?

    – Ya no, me duchare mañana – conteste

    – ¿Preparo la cena?

    – Eso sí – conteste – tengo hambre y abre una botella de vino

    Me fui a mi habitación y me puse cómoda unos pantalones de deporte y una camiseta y unas chanclas hawaianas y fui a la cocina, Diwa me tenía preparado un plato de pasta con especias muy rico, me lo comí muy a gusto, Diwa se sentó delante de mí, normalmente comía y cenaba con nosotros, le puse una copa de vino y la acepto y cenamos en silencio, aunque esperando a que alguna dijese algo.

    Acabamos la cena y me traje el portátil y me fume un cigarro y me llego un whatsapp de mi hijo, ya había llegado a Madrid.

    – ¿Se ha ido el señorito a Madrid? – preguntó Diwa

    – Si… tengo todo el fin de semana para descansar – conteste sonriente

    Diwa estaba detrás de mí y note cómo sus manos me acariciaban la cintura, me giré rápidamente.

    – Lo que paso – le dije – me acabo de divorciar y lo estoy pasando mal.

    – ¿No te gusto?… necesitas descargar tus problemas

    – No es que no me gustase – le confesé – pero interpretamos mal lo de ayer… tengo un hijo.

    Diwa se abrió de piernas y se sentó encima de mis piernas mientras sus manos acariciaron mi cara y me besaba en los labios, yo intente apartarme de ella.

    – No quiero – le conteste – No me gustan las mujeres.

    – Dime que no quieres follar conmigo – me desafío mirándome fijamente

    Yo aparte la mirada y me quede en silencio, no podía decirle que me estaba poniendo muy cachonda y que tenía el coño húmedo, pero Diwa me giro la cara suavemente y me beso en los labios y luego me metió la lengua, mis manos le acariciaron la cintura y empezamos a darnos la lengua sensualmente.

    – Te vas a volver loca cuando te coma el coñito… puta – me murmullo mientras me mordía los labios y me levantaba de la silla y me llevaba a trompicones a la habitación.

    Yo perdí las chanclas y Diwa me arrincono contra la pared y me subió la camiseta y empezó a lamerme los pezones y notó mi excitación y me lo hizo saber mirándome fijamente a los ojos y me mordió los pezones y yo solté un grito doloroso y a la vez gozoso.

    – Te voy a hacer gritar mucho esta noche – me anuncio – vas a ver lo puta que te vas a poner.

    – Dime cosas guarras – le pedí – me pongo muy cachonda.

    – Te voy a follar como nadie te ha follado… gorda – me dijo mientras me besaba y me mordía los hombros.

    – No me llames gorda – le aullé enfurecida.

    – Te voy a dejar bien follada – me grito Diwa – Tú marido no sabía hacer lo que le voy a hacer a la gorda de su mujer.

    Diwa me empello a la habitación y me empujo encima de la cama.

    – ¿Qué me vas a hacer? – le pregunte aunque ya sabía la respuesta.

    – Te voy a violar – me susurró mientras se subía encima de mí – y te voy a hacer mi putita.

    Yo me quite la camiseta mientras Diwa me quitaba el pantalón y me quede desnuda, se llevo mis piernas a sus hombros y empezó a chuparme los dedos de los pies, nunca me lo habían hecho y me puse muy cachonda y miraba como Diwa se metía los dedos dentro de su boca y los chupaba y los besaba, su lengua se metía entre los dedos y le dedicaba un chupeteo especial al dedo gordo.

    – Te huelen los pies – me dijo – eres un poco marrana.

    Yo la mire avergonzada ella lo notó y me beso en los labios y me dio su lengua.

    – Me gusta que seas una marrana – me susurraba – me pone cachonda saber que te puedo follar toda la noche… ¿Vas a dejarme que te folle?

    Yo estaba muy cachonda y le hice un gesto con la cabeza y ella me abrió las piernas y me paso los dedos por el coño y yo me retorcí al notarlo.

    – A ver como tienes el coñito – me murmullo – ayer te lo toque pero no te lo vi – sus dedos me abrieron los labios y mi coño quedo delante de su cara – lo que me imaginaba, tienes un coñito de casada mal follada.

    Diwa me paso la lengua por la raja y me dio dos lametones, yo me estremecí encima de la cama y ella empezó a pasarme su suave y diminuta lengua por el coño.

    – Que coñito más apetitoso que tienes gorda – me susurró – tienes un sabor amargo porque no te han follado bien follada.

    La lengua de Diwa recorría mi coño y me lo penetraba hasta donde no pensaba que pudiese llegar su lengua, sus deditos me apretaban el clítoris y hacía como que lo mordía y yo me volvía loca, mis manos se agarraban a las sabanas.

    – Ay… Ay… cómo me pones – le dije tartamudeando, mientras mis pies temblaban cada vez que su lengua me martirizaba el clítoris… aaayyy… aaayyy.

    – Mírame como te como el coñito gorda – me ordeno – voy a hacer que te corras… puta

    Yo levante la cabeza y vi la cara de satisfacción de Diwa que tenía la barbilla y los labios impregnada de mis jugos y un cosquilleo me invadió y mi clítoris parecía que iba a estallar y me vino un orgasmo salvaje, quise reprimirme pero saber que estábamos solas me hizo lanzar un grito satisfacción y note como de mi coño salían flujos que empapaban las sabanas, Diwa lamió los flujos y se vino a darme la lengua y besarme.

    – Mira como sabe tu coñito cuando te corres puta – me susurraba – que bien te sabe el coño marrana.

    Yo lamí la barbilla de Diwa, mis flujos me sabían muy ricos y estaba ya otra vez cachonda, nadie ni siquiera mi marido me había dicho nunca que bien sabía mi coño, Ella sabía cómo excitarme tanto hablando cómo actuando.

    Diwa me paso su pierna por debajo de la mía y se pego a mi cara besándome, pero a medida que se acercaba mis muslos se pegaron a los suyos y nuestros pelos se rozaron y los coños entraron en contacto y note como el coñito de ella también estaba mojado, yo era inexperta en las posturas lésbicas e incluso con las no lésbicas, las relaciones con mi marido me habían sumido en una ignorancia sexual.

    – Vas a gozar cómo nunca lo has hecho gorda – me dijo ella mientras me besaba y una mano me agarró por la nuca y la otra por la pierna y empezó a moverse y nuestros coños se restregaban uno al otro yo empecé a moverme también mientras ella me hacía un gesto con la cabeza de conformidad y me lanzo una mirada placentera, yo empecé a gemir y mi coño se mojaba por momentos y mis manos se agarraron a ella y cada vez estábamos con los coños mas pegados restregándonos yo empecé a sentir un placer indescriptible hasta el momento y vi como la cara de Diwa se desdibujaba por momentos y lanzó un grito sordo y se corrió, su cara me dio una expresión tan linda, que yo me corrí mientras la miraba.

    Nos quedamos un buen rato estiradas en la cama, yo pensaba que ya habíamos acabado, con mi marido difícilmente me corría dos veces. Pero Diwa me abrió las piernas y me metió sus dedos en el coño y empezó a meterlos y sacarlos.

    Yo estaba excitada otra vez y mi coño se puso en modo fóllame, rápidamente, los dedos de Diwa entraban y salían de mi coño con gran fluidez.

    – mírame guarra mientras te follo – me dijo ella – quiero ver la cara de puta que pones.

    – ¿Té gusta follarme? – le pregunte

    – El primer día que te vi ya quise follarte – me respondió ella – te vi tan mama mojigata, tan ingenua, que no podría soportar que alguien te follase antes que yo.

    Yo no podía soportar tanto placer, los dedos de ella se metían en lo más profundo de mi coño, cuando los sacaba los abría y los giraba y eso me provocaba un placer que no podía explicar, mis piernas flaqueaban y tan solo quería que no parase de follarme y me penetrara aún más hondo y me arrancase el orgasmo.

    – Vas a suplicarme que te folle marrana – me decía y me ponía aún mas cachonda – veo la cara de puta que tienes…te voy a follar toda la noche gorda.

    – ohgggg… ohggg – me corrí chillando como una loca y mis gritos inundaron toda la casa, me derrumbe y mi coño soltó otra gran cantidad de fluidos que volvieron a empapar la ya mojadas sabanas, mi cuerpo convulsionaba inexplicablemente, nunca me había corrido así.

    Los pies diminutos de Diwa quedaron delante de mi cara y ella los llevo a mi boca mientras me sonreía, sabía lo que quería y le agarre los pies con las manos y me los lleve a la boca y los chupé y los bese, me gusto como olían su sabor y cómo ella disfrutaba de qué lo hiciera.

    – Déjame comerte el coño – le suplique – quiero saber cómo te huele y que sabor tiene

    Diwa me acaricio la cara y se puso en un extremo de la cama con las piernas abiertas, me hizo un seña y yo me puse de rodillas en el suelo delante de ella y empecé a pasarle la lengua… el primer coño que me comía y me cautivo su fragancia y lo bese y le pase la lengua y notaba cómo las piernas de ella temblaban ligeramente, le hice un gesto para saber si le gustaba y ella me dijo que sí, mi entusiasmo era tan fuerte que le metía hasta la nariz en el coño, pude distinguir su clítoris y lo lamí con intensidad, las manos de ella acariciándome la cabeza y sus grititos placenteros me daban la certeza que lo estaba haciendo bien.

    – cómeme el coñito así putita – las palabras de ella eran aceleradas y roncas – me voy a correr

    Me estaba poniendo muy cachonda y la sensación de cómo mi lengua se metía en aquel sabroso coño mojado, aumentaron mis deseos que Diwa me volviese a follar y comerme el coño.

    Diwa solto un grito seco y su delgado cuerpo convulsiono y sus flujos me invadieron la cara mientras se corría, yo chupe aquellos flujos que me parecieron como un maná en el desierto.

    Diwa me beso intensa y plácidamente y me susurró que le había comido bien el coño, nos entrelazamos las lenguas durante un buen rato, luego yo le pedí descarada que me comiese el coño, ella lo hizo y me volví a correr, cambiamos las sabanas y nos quedamos dormidas abrazadas.

  • Deseos prohibidos

    Deseos prohibidos

    Recientemente he vuelto a mi vida normal… bueno si es que puedo llamarla normal. He pasado medio año ocultándome de los enemigos de mi padre, el jefe de la mafia europea.

    Me encontraba en la ciudad de Paris con mis conocidos, no tengo amigos porque no confío en la gente, el trabajo de mi familia me ha enseñado a que todas las personas te traicionaran. Llegamos a nuestro bar favorito de la ciudad, gente conocida de la mafia y curiosamente hijos de los enemigos de mi padre. Me senté a beber mi whisky para ambientarme en el lugar cuando a unos pocos metros reconocí dos rostros.

    TN: ¿Los he visto en alguna parte?

    X: Claro que si Tn… son Park Jimin y Min Yoongi.

    TN: Claro! Son ellos, sus padres son jefes de la mafia coreana. Dicen que ambos controlan toda la ciudad, incluso el extranjero.

    X: ¿Saben quién eres?

    TN: Si, se han enfrentado a mi padre en una ocasión. A diferencia de ambos, jamás hemos tenido conflictos ya que frecuentamos algunos sitios.

    Tal como lo dije no hemos tenido problemas entre nosotros, a pesar de la rivalidad entre familias. Despertaban cierta curiosidad en mí, pues ambos son jodidamente sexy, siempre rodeados de zorras y alcohol. Me pregunto ¿Qué piensan de mí al respecto? Me enfoque en despejar mi mente bebiendo y pasando un buen rato con mi gente. Sin embargo, no podía dejar de mirarlos, beben y disfrutan ser toqueteados por esas malditas zorras.

    X: Ya deja de mirarlos Tn.

    TN: Ni siquiera son bonitas, que coraje.

    X: No le prestes atención o pensaran que te gustan.

    TN: Estarían en lo cierto… como sea, iré por mas alcohol.

    Me dirigí a la barra y sin intenciones alguna cruce por enfrente de su mesa, sin mirarlos llegué a la barra.

    TN: Deme dos botellas de Whisky.

    JM: Que sean tres.

    Dirigí mi vista a esa inquietante voz hasta reconocer ese rostro. Solo ignore y espere lo que había pedido.

    JM: Dos botellas para ti sola ¿No es demasiado?

    TN: ¿Disculpa? No he pedido opiniones.

    JM: Lo sé, solo quería buscar conversación contigo.

    TN: Tienes suficiente gatos baratos en tu mesa para una conversación ¿No crees Park?

    Se veía tan perfecto de cerca. Su aroma, sus labios, era perfecto. Intentaba disimular las ganas que me provocaba tenerlo cerca pero era imposible. Se acercó a centímetros de mi rostro, estudiándome, analizando cada gesto. ¿Cómo podre resistir?

    JM: ¡Vaya! Entonces sabes quien soy. ¿No recuerdo haberte visto tan hermosa las veces anteriores?

    TN: Vete a la mierda.

    Tome mis botellas e intente escapar de su presencia pero fue en vano. Tomo mi cintura y me acorralo a la barra, muy cerca estaba yoongi observando cada detalle de nuestro encuentro.

    JM: Ey sh sh tranquila que no voy a hacerte nada que no quieras pero, te noto nerviosa y tu cuerpo tiembla. Acaso ¿Te gusta sentir mis manos recorrer por tu cintura y bajar lentamente?

    Mis latidos aumentaron y no había forma de ocultárselo a Jimin. Provocaba temblores en mi cuerpo y escalofríos en mi piel, su tacto me estaba haciendo perder la razón.

    TN: ¿Y cómo sabes que es lo que quiero?

    JM: No lo disimulas muy bien.

    TN: Ya tienes compañía ¿Por qué me buscas?

    El solo sonrió mordiendo su labio inferior sin dejar de observarme cuando Yoongi apareció por detrás.

    YG: Vaya vaya!! Si es la heredera de Casillas. Eres más sensual en persona.

    Ambos estaban junto a mí y mis nervios se hicieron presentes, Jimin aún me tenía acorralada mientras que Yoongi se acercó a mí.

    YG: Apenas si nos hemos visto en ocasiones y tenerte cerca me genera conflictos.

    TN: ¿Conflictos?

    YG: Si nena, haces endurecer mi entrepierna.

    El manoseo de uno y las palabras del otro ya me hicieron perder la razón, se sentía tan bien tenerlos así de cerca, justo lo que siempre quise. Los tome de la cintura y los apegue más a mí, mis manos se inquietaron por querer manosear sus glúteos. Acerque mi boca a las suyas sintiendo el exquisito aroma de tabaco y alcohol.

    TN: ¿Están seguro de esto?

    Jimin metio su mano por debajo de mi falda apretando mis glúteos haciéndome gemir levemente. Podía sentir su erección sobre mi vientre lo cual indicaba que estaban dispuesto a todo.

    JM: Larguémonos de aquí.

    Yoongi tomo mis manos sacándome del lugar mientras que jimin encendía el auto. Nos dirigimos a una enorme mansión que pertenecía a la familia Min donde ellos se estaban hospedando. Entramos al lugar en segundo sentí como me envolvieron en sus cuerpos, jimin no espero para nalguearme mientras que yoongi jalaba mi cabello acercando mi rostro a su boca.

    TN: Ahh cuanta rudeza. Me excitan mucho.

    YG: Veo que hablas mucho y tengo justo el remedio para eso.

    Ataque sin piedad los labios de yoongi mientras que jimin deslizaba su delicada mano por debajo de mi falda corriendo mi diminuta ropa interior. Masajeaba mi vagina que ya estaba muy mojada , sus dedos se movían con facilidad de arriba abajo mientras gemía con desesperación.

    JM: Ssss que delicia nena.

    TN: mmmm no pares!

    Sus dedos hacían maravillas en mi. Yoongi me tomo de la cintura alzándome y llevándome hacia un sillón que tenían en la sala, podía ver a jimin deshacerse de toda su ropa mientras que yo quitaba la de min. Coloco mis rodillas en el sofá y las manos sobre el respaldo, separaron mis piernas y fue justo en ese momento donde toque el cielo. Jimin puso su cabeza debajo de mi vagina y comenzó a succionarla haciendo temblar mis piernas, yoongi separo mis nalgas y pude sentir la gota de su exquisita saliva humedecer mi ano.

    TN: Puta madre… mmm que rico.

    Sentí la mano de yoongi azotar mis nalgas repetidas veces hasta sentir el ardor.

    YG: No seas grosera bebe, lo único que conseguirás es que te coja con fuerza y mañana no te puedas levantar.

    Sin esperar hundió su lengua en mi parte trasera. Justo aquí estaba en el cielo, podía sentir los gemidos que jimin ahogaba en mi coño mientras lo chupaba. Mis gritos de placer recorrio todos los rincones de la casa.

    TN: Mas… quiero mas!

    En un instante hice por mirar y lo que vi me puso aun mas caliente. Podía observar como jimin masturbaba el pene yoongi ¿Qué demonios? Pensé, era lo mas excitante que jamas haya visto. Quería verlos a ellos en acción.

    TN: Mi turno.

    JM: Que rica sabes cariño, pero quiero que hagas magia con esa boca sucia que tienes.

    Me senté y tome de sus manos hasta guiarlos a mi. Bese a jimin mientras acariciaba el rostro perfecto de yoongi, los acerque a ambos dejando nuestras bocas a pocos centímetros.

    TN: Quiero mas besos.

    YG: Te daremos todos los besos que quieras.

    TN: No bebe me refiero a que quiero que nos besemos los tres.

    No esperaban tal petición, pero en el fondo sabia que lo deseaban tanto como yo así que los fui acercando lentamente hasta que sus labios hicieron contacto. Al tomar la confianza, yoongi lo beso sin pena y por supuesto jimin correspondió. Esto me vuelve loca ¿Qué tan jodida debo tener la mente al ver como dos hermosos hombres se besan? Maldita sea, sentía la lujuria correr por mis venas, ver como saboreaban sus salivas y sus lenguas. Comencé a masturbar sus enormes y gruesas vergas ¡Que rico!

    TN: Uumm si… ¿Lo están disfrutando? Ahh que deliciosos son.

    Sus labios no querían separarse hasta que una mano fue directamente a mi cuello apegándome al respaldo del sofá. Los amigos tomaron mi boca y si, ahí estábamos los tres en un jugueteo de lenguas y besos. Sentía como mi vagina palpitaba, quería que me follaran duro a tal punto de no poder caminar.

    JM: Estas mal de la cabeza cariño.

    TN: Y a ti te gusta… se que quieres probar su deliciosa verga al igual que yo ¿No es asi Park?

    YG: ¿Por qué no pones en practica todas esas obscenidades que salen de tu boquita? Me gusta cuando te pones asi de sucia Tn.

    Min se arrodillo en mi lado izquierdo y con su pulgar delineaba mi boca hasta abrirla no demasiado. Golpeaba mi cara con la punta de su pene hasta introducirlo por completo a mi boca. Su gran tamaño hacia doler mi mandíbula, las lagrimas comenzaron a desbordar por mis ojos que no podían dejar de ver la expresión de yoongi, sus ricos gemidos indicaban que le gustaba como se la mamaba.

    YG: Que boquita tan grande nena… ahh asi!!!

    Por otro lado. Jimin besaba mi cuellos y senos mientras que sus dedos estaban dentro de mi, masajeaba mi clítoris haciéndome sentir espasmos en todo mi cuerpo.

    JM: Esta a punto de venirse hermano y yo quiero esa exquisitez

    YG: ¿Beberás mi lechita caliente?

    Asentí mientras esperaba su delicioso semen en mi boca, estaba tan excitada que jimin introdujo su lengua en mi vagina y me vine sobre ella. Mi cuerpo se retorcía del placer y más aún cuando yoongi estallo dentro de mi boca, sentir su espeso orgasmo en mi se sentía delicioso. Tal como dijo jimin, estaba loca de la cabeza asi que lo tome por la boca para compartir esa delicia, al principio se retuvo, pero al final también lo quería.

    YG: No pienses que esto terminara así.

    Me llevaron a una habitación que tenía una cama muy grande, jimin fue por una caja de condones y yoongi por whisky. Me acostaron y derramaron la bebida sobre mi abdomen para luego ambos beber de ahí. Joder que rico ver.

    TN: ¿A quién de los dos follare primero?

    Los amigos sonrieron mientras se tiraban una mirada de complicidad ¿Qué tramaran? Lo que sea que pase por su mente lo aceptare.

    YG: ¿Estás seguro?

    Pregunto min a su amigo mientras besaba su boca.

    JM: Claro que si.

    Yoongi se acostó mientras se ponía un condón. Jimin lubrico su parte trasera y se colocó encima de yoongi. Quede observando la situación a un lado de ellos y la verdad que se veían tan jodidamente ardientes, estas cosas me enloquecían. Comenzaron con su acto sexual y yo.. yo simplemente viéndolos, los gemidos de jimin hacían inquietar a mis manos por tocarme mientras ellos se follaban. Yoongi me observaba como me ponían ambos.

    YG: Ven aquí nena.

    Me sento sobre su rostro poniéndome enfrente de jimin mientras lamia, chupaba y mordia toda mi zona de abajo.

    TN: Maldita sea Min… mmm si si si…! Ahh que rico.

    JM: No me dejes con la boca vacia tn.

    Nos besamos brutalmente mientras que eramos follados por yoongi, era lo mas fascinante que estaba viviendo en ese momento. A la mierda lo que esta bien o mal, estos hombre me vuelven loca y lo haría repetidas veces. Las manos de min masajeaban mis duros senos, mientras mis movimientos se movían a la par de su lengua. Estaba alcanzando mi punto máximo de nuevo

    TN: Ah me vengo…! no paren.

    Jimin montaba con fuerza la verga yoongi sosteniéndose por las rodillas por lo que accedí a chuparle el pene para que el también se venga en mi boca. Min succiono con fuerza mi clítoris que me vine en el, los tres llegamos al delicioso orgasmo cayendo rendidos a la cama.

    TN: Ahh eso fue delicioso.

    JM: Tu lo estas nena.

    YG: Compartimos las mismas locuras. Espero se pueda repetir.

    JM: Acurrúcate junto a nosotros que al amanecer seguimos.

    Estaba de acuerdo con eso asi que antes de acostarme tome una ducha y revise mi teléfono donde la amargura se apodero de mi. Mi padre y conocidos me habían llamado cientos de veces ya que desapareci del lugar sin decir nada.

    ¿A que me enfrentaré? Daba igual.

  • Después de dos meses tuve el reencuentro con mi cuñada Lina

    Después de dos meses tuve el reencuentro con mi cuñada Lina

    ¿Quieren saber que paso?

    Hace dos meses se hizo de un novio mi cuñada Lina y por lo cual no pudimos vernos, pero su novio tuvo que salir del país y fue un gran reencuentro con mi cuñada Lina.

    Pase por ella como siempre en el mismo lugar donde la recogía, ya había comprado algunas bebidas para estar más relajados, llegamos al motel y ella se fue a la ducha mientras yo me imaginaba mil formas de hacerle el amor sobre todo ansiaba que ella me diera el beso negro.

    Hacía dos meses cuando fue la última vez que estuvimos juntos y fue algo maravilloso cuando le pedí a ella que metiera su lengua en mi culo por dios que rico sentí y después de eso le pedí que tocara mi culo con un dedo y cuando lo hizo pufff sentí mucho placer y empecé hacer movimientos sobre su dedo como queriendo con mis movimientos meterme su lindo dedo en mi culo y explote entonces ella empezó a mamarme la verga hasta venirme en su boca.

    Ya este sábado pasado en nuestro reencuentro llegamos al motel y abrimos cada quien nuestra bebida y salió de la ducha y entre yo y cuando salí ahí estaba ella recostada en la cama completamente desnuda esperándome por lo que me metí en la cama me recosté con ella empezamos a charlar de sus cosas y después ella se enderezo quedando sentada dándome la espalda y empecé a acariciar su espalda besarla y pasar mi lengua y pocos minutos después me fui a su vagina a jugar con mis dedos e introducir uno y moverlo dentro de ella.

    entonces ella se dio la vuelta quedando sobre de mí y empezó a besarme el cuerpo hasta llegar a mi verga donde estuvo por más de dos minutos mamándomela y con su lengua recorriendo toda mi verga diciendo que ya le tenía muy dura y bajo poco a poco hasta mis huevos donde se los llevó a su boca por más de un minuto entonces llego el momento más esperado por mí, levantándome mis dos piernas e inicio a mamarme el culo fue tanta mi excitación que no me di cuenta cuando me metió su dedo delicioso, fueron varios minutos dándome el beso negro y metiendo su dedo en mi culo que yo estaba muy concentrado a no venirme aguantar lo más que pudiera para disfrutar ese momento y también hacerla feliz a ella y tuve mucho excito.

    Luego de varios minutos así le dije que me pondría en cuatro para que me mamara bien mi culo y así lo hice, ella abrió más mi culo y le pedía que metiera su lengua lo cual hizo sin chistar por más de un minuto luego le pedí que metiera su dedo y así lo hizo por varios minutos cuando yo sentía que me podría venir me enderece quedando ahora yo de espalda ella atrás de mi besándome el cuello y mi espalda y con las manos agarrando mi verga por lo que deduje que estaba muy caliente ella y volví a ponerme en cuatro nuevamente y ella haciendo lo suyo por más de cinco minutos continuo hasta que me enderece nuevamente por lo que me dije este es el momento de hacerla feliz a ella y se recostó empecé a tocar sus pechos y bajar mis manos a su vagina metiéndole dos dedos los cuales disfrutaba ella y de repente recordé que no tenía condones por lo que me dije que no la podría penetrar.

    Ella quedo con su cabeza en la orilla de la cama por lo que me pare y puse mi verga en su boca y yo me incline hacia su vagina para hacer el 69 pero yo sobre de ella entonces ella empezó a mamarme la verga y yo metiéndole los dedos por algunos minutos así seguimos hasta que me acomode para que le quedara mi culo en su cara y mientras ella mamaba mi culo metía su lengua y su lindo dedo en mi culo yo le metía los dedos le mamaba su vagina un poco incomodo por que hacíamos el 69 y yo arriba de ella y en esa posición no podía mamarle bien su vagina pero no importo eso para hacerla venir cuatro veces de tanto meterle los dedos chuparle un poco su vagina y acariciar su clítoris y yo sudando sobre ella. por el espejo logre ver su rostro ver como estaba completamente entregada en mi culo eso me excito mucho por lo que le pedí si podría tomar video de ese momento por lo que ella se negó.

    En algún momento ella quedo de lado por lo que también yo le puse mis nalgas de lado para que siguiera jugando con mi culo y así fue por otros minutos hasta que no pude aguantar más y le dije que ya me vendría entonces dejo de mamar mi culo y se fue derecho a mi verga recibiendo toda mi leche en su boca y no dejaba de chuparme la verga hasta dejármela completamente limpia.

    Fue una maravillosa nueva experiencia que ambos disfrutamos al máximo y pude comprobar que mi cuñada Lina disfruto tanto como yo la sentí entregada al 200% sus orgasmos fueron reales y todo lo que hizo con mi culo fue algo que nunca había hecho antes.

    Salimos del motel con una sonrisa ambos como antes no había pasado, me cometo ella que se sentía bastante relajada. Les deje a unas cuadras de su casa y nos despedimos con un beso largo y apasionado.

    Los sábados tienen reunión por la tarde-noche mis cuñadas y mi esposa en casa de una de ellas ´por lo que tengo que pasar a recoger a mi esposa y ahí estaba mi cuñada Lina la cual volteaba verme continuamente buscando mi mirada por lo también deduje que fue algo más que un encuentro simple.

    Todos los días chateamos por wasaps y noto que las conversaciones que ahora hacemos son diferentes ahora me pregunta que si ya comí que como me va en mi trabajo algo que antes no me preguntaba de nuestro encuentro no hemos charlado nada siento que esto va tomar otro curso.

    Esto paso este sábado pasado 27 de Abril 2024

  • Fantasía sexo con una mujer casada

    Fantasía sexo con una mujer casada

    En esa época yo tenía unos 18 años, era un estudiante universitario, que tuvo que mudarse a la fuerza porque se había vendido el departamento donde vivía. Conseguí otro alquiler un poco más retirado, pero en fin lindo y con estacionamiento, era la condición que ponía mi papá para poder ingresar su auto cada vez que venía de visita.

    Llegué y el primer día se acercó mi vecina de unos 26 años a decirme que la inquilina anterior le dejaba guardar su auto en el estacionamiento ya que el departamento de ella no contaba con uno, no le vi ningún problema salvo cuando vendría mi papá a visitarme.

    Al rato baja Mario, el marido de Andrea (mis nuevos vecinos) me saluda muy amable y de forma educada, me dice que va a guardar el auto, me preguntó si me gustaba la cerveza a lo cual respondí que sí.

    Me dijo entonces que el viernes iríamos a un bar que se había inaugurado en recompensa por dejarles usar mí garaje. Llego el viernes y evidentemente fuimos, Mario fue solo, le pregunté por Andrea y me dijo que se quedaba con su hijo, un chiquitín de unos 4 años con algunos problemas de motricidad.

    En el bar Mario me contó que era abogado, tenían una buena posición económica, que le gustaban muchos los cabaret y garcharse a cuánta mujer se le cruce. Yo por el contrario venía de un noviazgo frustrado y no quería nada nuevo, me invitó para ir a un cabarute, pero le dije que no por no contar con dinero, él me dijo tranquilo pibe yo pago y fuimos.

    Igual eso no es lo importante. Otro viernes, ya llevaba varios meses viviendo en mí nuevo departamento y había entablado una relación de confianza con mis vecinos. Llaman a mi puerta y era Andrea su sobrina se había accidentado y Mario estaba de viaje, me pidió llevarla al hospital para poder ver a su sobrina, una nena de unos 6 años y a su hermana.

    Fuimos, Andrea bajo y más o menos a los cuarenta minutos volvió y me dijo no fue más que un susto. Volvimos al edificio en el cual vivíamos ambos, sinceramente nunca se me cruzó por la cabeza lo que iba a pasar esa vez, Andrea era de 1,60 de altura morocha de lindas tetas no muy grandes y un culazo terrible.

    Al llegar me dice como puedo pagarte, a lo que yo respondo no es nada, ingreso a mi departamento y a los 5 minutos llaman de nuevo a mi puerta y era Andrea nuevamente (creo que lo había planeado o fue solo casualidad) me dice que en agradecimiento pidió algo para cenar y que fuéramos a su departamento, (yo fui sinceramente sin ninguna intención solo a cenar ya que sabía que tenía un hijo).

    Llego la cena con una coca cola y un pack de cervezas. Me comentó que Mario había viajado y volvía recién en 4 días, y que por el accidente de su sobrina había dejado a su hijo con otra hermana que tenía, en ese momento pensamientos de sexo invadieron mi cabeza, pero seguí concentrado en la cena y las cervezas.

    Al tomar 2 cervezas ella empezó a hablar, me contó que sabía las andanzas de Mario, pero que ella aguantaba todo por su hijo y ya que él también era el sustento económico de ella. Yo le dije que ella en sus tiempos libres debería probar estar con otros hombres ya que era joven aún, y así como Mario tenía sus aventuras ella tener las suyas, (ya le estaba insinuando algo).

    Se terminaron esas 6 cervezas y ella pidió 6 más, seguimos charlando y me empezó a preguntar cosas de mi vida, le conté algo sobre mi ex, en fin, nada interesante, al finalizar las otras 6 cervezas ella ya estaba alcoholizada, hasta se había olvidado del accidente de su sobrina. En eso yo digo que me voy pues eran más o menos las 1:30hs de la mañana ella me dijo que pediría más cerveza que la estaba pasando muy bien conmigo, en eso preparé una trampa, aunque creo que ella ya estaba entregada, le propuse ver una película y ella dijo que sí que le gustaban las románticas.

    Llegaron las otras 6 cervezas y el alcohol ya nos había liberado completamente, nos sentamos en un sofá y al pasarme las cerveza acariciaba su mano, ella no decía nada, luego apoyé una de mis manos en su pierna y tampoco dijo nada, no sabía si lanzarme del todo e ir a la entre pierna (pero decidí tranquilizar, estaba con mi vecina y eran más de las 2 de la mañana sabía que me la cogería en breve).

    En un instante ella se recuesta sobre mi piernas y yo tenía una erección, ella la sintió y no dijo nada. En un momento, no sé qué película era ya que no miro películas y no conozco de actores, en esta que estábamos viendo había una escena de sexo, ella empieza a tocarse la entrepierna y ahí si me tiré de cabeza, empecé a tocarle las tetas por encima de la remera, ella gemía y no decía nada.

    Luego metí mí mano por debajo y empecé a acariciarle las tetas por debajo y tiré mi otra mano a su entre pierna, ella disfrutaba, pero sin decir una palabra. Después se sacó la remera y el sostén, dejando sus lindas tetas afuera, se arrodilló frente a me quito los pantalones y empieza mamarme de una forma única, nunca antes lo habían hecho de esa manera, la cuestión es que en minutos acabe en su garganta sin decir nada, ya que llevábamos cómo 40 minutos de toqueteo y ya estaba muy excitado, ella se tragó toda la leche y fue al baño. A los 5 minutos volvió completamente desnuda y me dijo cogeme en el sofá, no en la cama que duermo con mi marido.

    Me saqué la remera y ella se puso de 4 en el sofá, yo le separé las nalgas y empecé a chupar su conchita y culo, muy ricos ambos después de un rato ella me dijo métela ya que me estoy por venir y así lo hice, cógeme duro me dijo a los pocos segundos gimió y gimió y tuvo un terrible orgasmo.

    Me pidió qué le saqué la pija y me empezó a mamar de nuevo y me dijo venite otra vez en mi boca que tu leche es muy rica y así lo hice se le cayó un poco por las tetas. Sin darnos cuenta se hicieron las 5 de la mañana. Por ser tan joven y boludo como decimos en mi país, ya que había cogido con otras chicas, pero sin compromiso y menos una vecina, ¿le pregunté y como quedamos ahora Andrea?

    Ella me respondió vendrás a hacerme compañía cuando me sienta sola y tengo otras cosas para mostrarte. Ella salió a mirar que no haya ningún vecino del edificio y después salí yo. Había tenido una de las mejores noches de mi vida con una mujer casada. Hay más historias…