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  • La propuesta de mi hermana (hermana-hermano)

    La propuesta de mi hermana (hermana-hermano)

    Hola Luis, nuevamente te jodo, ahora para contarte que me pasó luego de la convivencia con mi hermana, aún seguimos juntos y felices, te recuerdo el relato que publicaste hace un tiempo. “La muerte de mi cuñado nos unió (hermano-hermana)”.

    No es una continuación de él, pero tiene que ver con nuestra vida sexual.

    Hemos incursionado en varias disciplinas del sexo, tradicional, bondage, tríos (siempre dos mujeres y yo, aunque no descartamos en un fututo incorporar otro varón) beso blanco, y varias cosas más.

    Cierto día mientras hacíamos la sobremesa luego de la cena, se suscitó esta conversación.

    – Richard, yo sé que venimos espectacular en todo sentido, no estoy insatisfecha en nada de nada, pero ya que hemos experimentado tanto en relación al sexo, quisiera proponerte algo nuevo, algo que no hemos hecho hasta ahora y he leído un poco.

    – Sole, de que se trata, a veces me asustas cuando empiezas así, jajaja.

    – Por eso quiero hablar con vos. El tema es el siguiente. Ya que somos tan abiertos en el tema sexo y podemos acordar sobre nuestros deseos, quiero, si podemos, hacer un cambio de roles.

    – Es que ya lo hemos hecho, yo me vestí con tu ropa y vos con la mía.

    – En realidad es más profundo, lo que quiero decir es que quiero incursionar en el pegging, ¿qué es eso? Es cuando yo asumo el rol de hombre, penetrándote mediante un consolador.

    – Pero…

    – Mira, el hecho de probarlo no va a cambiar bajo ningún concepto tu orientación sexual, y según lo que averigüe, tus orgasmos pueden ser muchos más intensos, por la estimulación de la próstata o punto P, deberías saberlo bien pues el medico sos vos.

    – Si Sole, es tal cual lo decís vos, sabes que me gusta complacerte, no digo que no, lo intentamos, pero… ¿cómo sería?

    – Bien déjalo todo en mis manos, si aceptas, voy a comprar lo necesario para que lo hagamos, solo necesito un arnés y un consolador, que va a ser pequeño, más un buen lubricante para sexo anal y sobre todo mucha pasión y entrega.

    Con más dudas que certezas nos fuimos a dormir, prometiéndole que lo iba a pensar.

    Con el transcurso de los días mi mente estaba ocupada en la propuesta, pues al fin y al cabo, quería ver como complacer a mi hermana.

    Tenía sentimientos encontrados, por un lado primaba la vergüenza, por el otro, esta práctica, generaría más confianza y hace que la comunicación entre nosotros sea más abierta. Al fin y al cabo esto nos llevaría a una vida sexual plena, por ahí quien dice… con probar no se pierde nada, tal vez, su idea de implementar este cambio de rol se puede implementar en nuestros juegos amorosos.

    A los pocos días la llame por teléfono a su trabajo y le hice saber que mi decisión era probar, que no sabía que pasaría, pero que probaríamos.

    Contenta me respondió con un “te amo” que ya se ponía en campaña para comprar lo que necesitábamos para la práctica.

    En casa convenimos un día para llevarlo a cabo mientras me mostraba lo que había comprado, algo llamado strap-on, que es un arnés ajustable a la cintura, que no deja de ser una tanga de cuero, de su frente pendía un consolador, como había prometido, no muy grande, y otro un poco más corto y grueso que estaba en su interior, en la base de ese arnés (según me dijo, ese para ella)

    Si bien nunca pactamos el día para nuestras sesiones de sexo, éste, lo habíamos decidido. Con mucha expectativa llego el día indicado.

    Luego de cenar, apuramos unos vasos de cerveza, la cual, sabemos que sus efluvios nos desinhiben y así nos dirigimos a la habitación.

    Al ingresar, sus manos en mi pecho me empujaron a la cama, puso una suave y relajante música para hacerme un hermoso striptease, que bello cuerpo que tiene mi hermanita, hasta las cicatrices de la cirugía por el accidente le quedaban bellísimas.

    Una vez desnuda por completo, dio comienzo a lo que pareció un mágico ritual, la tenue luz del velador brillaba en el líquido que salía de su vagina y se deslizaba a paso cansino por el interior de los muslos, tomo el strap-on, a medida que se lo ubicaba en el sitio indicado fui comprendiendo el uso, el dildo que tenía en su base fue ingresando sin dificultad dentro de la vagina debido a la humedad reinante en la zona, el consolador exterior que sería el encargado de vulnerar mi parte trasera, pendía majestuoso a la altura de su pelvis.

    Sacándome la remera que llevaba puesta, tomo una cuerda y ato mis manos por delante, el resto lo amarro a la cabecera de la cama para continuar desvistiéndome suave, lentamente. Al verme atado, cuando me quitaba el bóxer, sentí un total estado de indefensión pero a su vez estaba emocionado.

    Ya ambos desnudos, tomo una bola mordaza y la coloco en mi boca, me hizo poner en cuatro miembros, no sé qué me pasaba, pero ese estado de sumisión extremo me excitaba y Soledad lo sabía.

    Untándose las manos con el lubricante, comenzó a masturbarme suavemente, sentí la humedad tibia de lubricante intimo pasar por mis glúteos y mi esfínter anal, sin abandonar mi miembro, la sensación era casi indescriptible, acentuándose más cuando comenzó a restregar ese miembro de silicona en mi ano.

    Derramando más líquido en mi culo empezó con la dilatación introduciendo un dedo, lo sacaba y lo metía, recuerdo haber apretado el esfínter, me pego una nalgada a la voz de relájate, fui aflojado de poco, cuando ya ese dedo entraba y salía con facilidad, lo saco para repetir la operación con dos y luego con tres, de mi taponada boca se escapó un gemido, lo que le hizo saber que me dolía.

    – Richard, tranquilo, relájate, la noche recién comienza y te aseguro que vas a terminar agradeciendo y disfrutando como nunca.

    Trate de concentrarme en las sensaciones y me fui relajando de a poco, creo que se dio cuenta que estaba preparado (no sé qué me paso, pero quería tener ese miembro siliconado dentro de mi culo).

    Siento la punta tocar mi abertura y la presión que hacía para querer entrar, ingreso el glande hasta el principio del cuerpo del dildo, donde Sole se detuvo al notar que mi espalda se arqueo por el dolor que me produjo esa penetración, aunque fue un dolor similar al producido por los dedos.

    Quedo quieta unos segundos y lubricando más la zona junto al consolador lo fue metiendo de a poco hasta hacer tope, en ese momento con sus movimientos lentos y suaves habían comenzado a extasiarme, hasta un punto, que, sin darme cuenta, comencé a gemir, ahí esos movimientos se transformaron en mucho más rápidos y violentos, nuestros gemidos se comenzaron a escuchar cada vez más fuertes, hasta que sus embestidas se hicieron casi frenéticas e introdujo el dildo a fondo, deteniéndose en esa posición, “había acabado” de tal manera que paso algo nuevo a parte de lo que estábamos haciendo, me comenzó a insultar cariñosamente.

    – Que hijo de putas, me encanta cogerte el culo, me encanta como te noves, me encanto desvirgarte, a partir de ahora vas a ser mi perro cada vez que se me antoje.

    Saco el dildo, me giro en la cama poniéndome de espaldas, elevo mis piernas para ubicarlas sobre sus hombros y esta vez, más violentamente, metió “su” miembro.

    Debo de reconocer que esta vez no dolió, creo que mi ano ya se había amoldado.

    En ese frenesí de meter y sacar comencé a reconocer los signos de mi inminente orgasmo, mis gemidos ahogados se lo hicieron saber, se puso más “sacada” la violencia con que me cogía era algo que no me lo podría haber imaginado, comenzamos ambos a gritar como si nos estuvieran matando, ella acabo nuevamente y yo, sin haber tocado siquiera mi verga, comencé a largar chorros de semen a mares, algo que nunca había visto, el semen había llegado hasta mi cuello dejando un reguero por mi abdomen y pecho a su paso, sacando el consolador de mi culo se lanzó a lamer todo rastro y vestigio de leche. Terminada la tarea, me recompenso con una mamada espectacular para terminar de limpiar toda mi verga antes que pierda su dureza.

    Ahora recuperada la respiración normal como así también el ritmo cardiaco (nuestra agitación había sido algo inusitado) me saco la mordaza y desamarro las manos cayendo totalmente rendidos de espaldas en la cama.

    – Gracias Richard por cumplir siempre mis caprichos, en principio cuando te comencé a penetrar sentí pena por vos, estuve a punto de abandonar la práctica.

    – No Sole, quien te debe agradecer soy yo, fue uno de los mejores orgasmos que he tenido en mi vida, no te puedo explicar, si te aseguro que al momento de sentir ese dolor a la primera penetración pensé que estaba loco, que por que había accedido a eso, pero la verdad, valió la pena.

    Nos abrazamos y nos besamos con la misma pasión que tenemos desde el primer día.

    La verdad, lo seguimos practicando y hemos encontrado variantes para no caer en rutina, algunas veces mientras me hace sexo oral introduce el consolador en mi ano, otras lo hace mientras practicamos un sesenta y nueve, otras con el strap-on, todas las variantes con el mismo resultado, un orgasmo explosivo y espectacular que nos eleva a la más alta de las nubes, inclusive hemos comprado un consolador doble para poder observar la penetración de ambos, digamos hacemos tijerita… yo con un lado en mi esfínter anal, ella con el otro en la vagina o también en su hermoso culo.

    Como te decía Luis, amigo mío, no es una continuación del relato que publicaste anteriormente, pero si gustas podes, como decís vos “adornarlo” y publicarlo, saludos de ambos y como te he dicho anteriormente, ojalá algún día nos conozcamos en persona.

  • Infidelidad aceptada

    Infidelidad aceptada

    Mi novia, Karina, siempre fue una mujer de dudosa reputación, aunque siempre supe que antes de mí ya había tenido varias parejas sexuales por su físico, cuando tuve la suerte de ser yo el siguiente no me importó tanto, siempre y cuando ahora yo fuera el único.

    Fue ella quien me quitó la virginidad y aún puedo recordar cada segundo de como su suculento trasero de burbuja rebotaba sobre mi, sus tetas medianas sobre mi pecho, su sudor, su rico aliento y su cabello sobre mi cara. Ella era perfecta por lo chaparrita (1.60 de altura), morenita y su personalidad, eso fue lo que más me enamoró cuando íbamos en la universidad.

    Todo fue perfecto y la confianza aún más, hasta el punto en el que ella me confesó comenzar a sentir atracción por las mujeres. Obviamente seguiría sintiendo atracción por los hombres según me explico, pero he de admitir que en lugar de molestarme me emociono la idea y todavía mucho más cuando después de un tiempo comenzamos a ver pornografía de lesbianas y a masturbarnos juntos, coincidíamos perfectamente en los gustos hacia las mujeres, tanto en actrices como en chicas que conocíamos y como si fuera un cuento de hadas, coincidimos en que nos gustaba mucho el físico de una de sus amigas, Karen.

    Hicimos un plan después de mucho tiempo, lograr que ambos tuviéramos sexo con ella pero para ello, primer sería ella (Karina) quien diera el primer paso y follar con Karen. La única condición para eso, era que lo grabaría todo y yo miraría en vivo, además que Karina llevaría dentro de su vagina mi semen fresco para que lo lamiera Karen sin saberlo.

    El día llegó, Karina fue a visitarla a su casa, Karen se encontraba con su hermano y la novia de su hermano. Pasaron unos cincuenta minutos antes de que me llegará el mensaje de Karina diciendo que comenzaría a grabar, prendí mi laptop y pude ver desde el principio como ella y Karen comenzaron a quitarse la ropa mientras se besaban muy calientes.

    Mi pene se puso duro al instante y muy rápido me vine, ver follar a Karina con otra mujer igual de sexy que ella fue increíble aún más abriendo que tarde o temprano sería un trio conmigo.

    Karen era de la misma estatura de Karina, su culo resaltaba más por las caderas que por otra cosa pero aun así era un poco mejor que el de Karina, sus tetas era un poco más pequeñas pero bien formadas pero su cara y su largo cabello fue lo que más me excitaba.

    Karen no sabía que Karina la estaba grabando y aún menos que estaba transmitiendo en vivo para mí, pero a Karina no se le olvidó, se lograba ver cómo ella se acomoda junto con Karina para que yo pudiera tener la mejor vista desde la cámara, además de que se vez en cuando sonreía a la cámara de forma excitante.

    Se lamieron sus coños, Karen se corrió varias veces empapando la cara de Karina, se metían los dedos lo más que podían y sus gritos y gemidos eran inmensos, los de Karina aún más que cuando follaba conmigo. Fue romántico ver cómo se lámina y besaban sus nalgas una a la otra y sobre todo sus tetas, el sudor que brotaba de sus cuerpos las lubrico naturalmente para que se revolcarán por toda la cama, haciendo varias posiciones como el 69, las tijeras, lamerse sus culos y coños en cuatro o sentarse sobre la cara de la otra.

    Yo ya me había corrido varias veces mientras me masturbaba viendo la transmisión, pero cuando Karina le manoseaba las tetas a Karen sentada sobre ella, logré ver cómo en la imagen apareció la novia del hermano de Karen, Daniela.

    Su euforia fue tanta al encontrarlas follando que no paraban de gritar ninguna, era obvio que las habían escuchado por sus gemidos y gritos inmensos e imparables, tarde o temprano entraría en la habitación el hermano de Karen y habría problemas. Apagué la laptop y me dirigí de inmediato a la casa de Karen para explicar las cosas y tratar de arreglarlas. Llegué lo mas rápido que pude, la puerta estaba solo trabada Lara poder entrar con facilidad, me dirigí a donde creía que estaban las habitaciones y cuando me iba acercando se escucharon muchos, muchos gemidos.

    Abrí la puerta y Karina, mi novia, estaba acostada en la cama con el culo de Daniela sobre su cara mientras ella se besaba con Karen… y el novio de Daniela, hermano de Karen, de pie follando a mi novia con su verga más grande y gruesa que la mía.

    Karen fue la única que me vio y simplemente se burló un poco, cerré la puerta y los gemidos aumentaron, pareció escucharse como su cambiarán de posición mientras se reían y únicamente me fui a casa para ver en mi laptop si el vídeo de como se cogían a mi novia, dos chicas y un chico, seguía grabándose y simplemente… masturbarme.

  • Mi amiga sexy milf

    Mi amiga sexy milf

    Les voy a platicar mi historia verídica. Actualmente tengo 35 años, hace 4, empecé a ir a un nuevo gym. En esa semana miraba yo al grupito de señoras de las mañanas, primero ellas no me hablaban, pero luego me integraron.

    Les hablaré de Taty, la típica señora buenísima, sociable, escandalosita, me llevaba 10 años, es guapísima, piel blanca, ojos oscuros, su cabello oxigenado, unas chichotas enormes y naturales, cintura normal, no gordita ni con lonja pero tampoco diminuta. Trasero redondo y luego me contó que tenía lipotransferencia. Era malhablada y bromista, me cayó bien. Me integré muy bien al grupo, todas mayores.

    Yo soy de piel blanca, cabello castaño, ojos claros, siempre he usado faja, pir eso tengo cinturita, hago mucho ejercicio y tengo pompis grandes y las tetas me las operé, un novio me las dio como regalo.

    Para no hacérselas larga (la historia) omitiré como fue que con el tiempo, Taty y yo nos hicimos muy amiguitas. Las dos somos muy femeninas, siempre en tacones, maquilladas y las uñas hechas, por eso fue que salíamos juntas al salón o a comprarnos cositas, ella se estaba divorciando y ya ni vivía con el marido.

    Ella es mamá, después de entrenar, en las regaderas siempre me platicaba su día y nos vestíamos para luego despedirnos, a veces bromeábamos de nuestras tetotas o nos dábamos de nalgadas. Y cierta ocasión, me agarró por atrás y yo… ¡Taty! ¿Por qué me pegas esas cosotas?

    -Ya sé que te las quieres comer, no te hagas jajaja

    Una vez, al despedirnos ella me acompañó a mi auto y al darnos un beso, me rozó los labios con los suyos, eso me encantó.

    Otro día, me dijo -Tus pezones están bien grandes, qué rico, mira. Y me enseñó los suyos moviendo sus senos redondos y jugosos.

    Yo le dije -Ay qué ricas fresotas, para mordisquearlas.

    Y hacíamos bromas de cómo nos brincaban las chichis.

    Un día después del gym fuimos a su casa según que a desayunar, yo estaba nerviosa, siempre había fantaseado pero nunca había experimentado con una mujer.

    Hizo pan tostado y no sé que mas, ni me fijé porque en eso estaba cuando me animé y estando ella distraída, le agarré las tetas y le apreté los pezones.

    -Ay pinche flaquita, a ver si a ti te gusta.

    Y me apretó las tetas, así estuvimos riéndonos tres segundos, en eso ella, con esos labios tan ricos, me besó, y yo le toqué la panochita por fuera de la ropa. Metió su lengua en mi boca y jugaba con la mía.

    Me tocaba las nalgas, me acariciaba el cabello. Nos estábamos besando bien rico, nuestra respiración estaba acelerando, y yo empezaba a sentir mi clítoris muy caliente.

    Me dijo -ya te quería tener así, eres muy guapa y me caes muy bien. Me acariciaba la cara y me dio un beso muy tierno para luego quitarse la blusa, y me dijo -¿Quieres que vayamos a la cama?

    -Siii. Yo seguía algo nerviosa y caminamos a su recámara, nos desnudamos mientras nos besábamos, y ella me dijo:

    -Siempre te miro y te imagino toda desnuda, flaquita preciosa, bésame. Quiero hacerte el amor y tocarte toda.

    -Yo me dejaba llevar, no sabía qué decirle, no dejaba de lamer sus labios y acariciar su cuerpo, ya estaba muy excitada. Nos acomodamos en su cama sin dejar de besarnos, yo acariciaba esas enormes tetas y ella las mías. Le dije -Dame esas fresotas. Ella se rio poniéndome los pezones en la boca, yo mamaba sus ricas tetas y las masajeaba fuerte.

    -Así así, qué rico me las mamas aaaag mmm así nena, muérdeme los pinches pezones siii y yo mordía esos enormes pezones y pasaba mi lengua rápido.

    Puse mis dedos en su rica vulva depilada y la acariciaba toda, sus labios increíblemente suaves y resbaladizos por la lubricación me excitaban más y más.

    -Aay hija de la chingadaaa ahhh. Dijo toda excitada y gimiendo.

    Metí y saqué los dedos unas veces, mirando lo mojada que estaba, le acariciaba los labios, miré su clítoris, nunca había visto uno además del mío, abrí sus labios, vi semejante y delicioso clítoris, rosita, erecto y más largo que el mío, pensé en chuparlo. Pero ella me agarró la cara y me besó de nuevo, estábamos frente a frente acostadas, entrelazadas, besándonos apasionadamente y enseguida puso sus dedos en mi clítoris, que es gordito y grande.

    Solté un gemido y ella empezó a sobarlo tan rico y sin dejar de besarme.

    -Qué rica estás flaquita.

    -Me encantas Taty, siempre me has gustado.

    -Y tú a mí, preciosa. Abre las piernas, quiero comerme tu cosita mojada… ábrelas nena. Dijo mientras se acomodaba entre mis piernas acercándose a mis enormes tetas.

    -Mmm… aaaa.

    Me comía las tetas de una forma loca, no solo los pezones sino todas, los lados, me las juntaba y metía su cara.

    -Qué rico Taty, hazme tuya, bésame todo lo que quieras.

    Al fin bajó hacia mi vulva depilada y buscó mi clítoris, acercó su lengua y empezó a moverla rápido, yo grité un poquito, era una sensación deliciosa, e imaginaba esa escena, dos hembras tetonas y guapas teniendo sexo.

    Yo ahí acostada bien abierta, apretándome las tetas y gimiendo mientras ella me daba lengua y me acariciaba las piernas.

    -Nena, qué rico sabes.

    Nunca me habían dado sexo como ella, metía la lengua en mi vagina y besaba mis labios pasando su lengua por toda mi panochita. Y cuando llegaba a mi clítoris lo succionaba tan rico que me hacía gritar, y ahí fue donde me penetró con esas hermosas manos, metió los dedos en mi vagina y los movía de tal forma que yo gritaba excitada.

    -Taty, qué rico mmmm qué ricooo oh

    -Siénteme putita… mira qué rica panochita tan mojada. Qué rico se te abre… me decía al separarse para masturbarme deliciosamente, con el movimiento a ella se le movían los pechos al ritmo de su mano, sus pezones apuntaban a los lados, erectos, duros y carnosos, y se tambaleaban rápidamente con cada sacudida.

    Seguía metiendo y sacando los dedos mientras mamaba mi clítoris y mordisqueaba mis labios. Mmmmm qué rica putita… aaaa sus dedos entraban y salían como verga parada penetrando mi vagina, yo gemía y me apretaba las chichis con fuerza levantando y abriendo las piernas para ser poseída por esa mujer tan cachonda, sus penetraciones se hicieron cada vez más rápidas y mis palpitaciones más intensas, sentía mucho placer y hundí más su cabeza en mi cosita, acariciaba su cabello cuando empecé a sentir mucho calor y un inmenso placer tan chingón que grité y me desvanecí en su cama jadeando y toda abierta.

    Subió hasta mi boca y me dio un beso delicioso mientras acariciaba todo mi cuerpo. Nos quedamos recostadas, ella prendió un cigarro y me ofreció. Yo no podía creer lo que había pasado, había tenido sexo con esa mujer tan sexy, tan deliciosa y provocativa, mi primera vez con otra mujer.

    -Te gustó princesa?

    -Siii Taty, yo nunca había hecho el amor con otra chica. Me encantó, eres tan sexy y atrevida.

    Nos besamos de nuevo, y nos hacíamos cariños, fumábamos desnudas platicando cosas del gym, de nosotras y de vez en cuando nos besábamos.

    Esa vez solo eso sucedió. Yo me fui a mi casa y no dejaba de pensar en ella, en su cuerpazo y mi deliciosa figura juntas.

    Me escribió en la noche y me dijo Que estaba pensando en mí y en todo lo que hicimos.

    Desde ese día nos convertimos en dos putas coquetas, con un secretito delicioso, en las regaderas del gym, una que otra miradita, y me mostraba sus tetotas traviesamente o yo a ella, así jugueteábamos y a veces ella me iba a dejar a mi casa o yo a ella y nos besábamos, empecé a desear sus besos a cada rato. Yo no tenía experiencias previas, pero ella parecía muy experimentada. Y yo decidí dejar que todo esto sucediera y más pues de vez en cuando salíamos a comer o a cenar.

    Luego les platico qué más pasó.

  • Follada de nuevo. Nuevos capítulos

    Follada de nuevo. Nuevos capítulos

    Hola amiguis, les cuento que hoy amanecí con unos deseos delirantes de ser penetrada por una buena polla, que me dejara la colita hinchada y ardorosa. Quise salir a buscar un hombre, pero como soy travesti de closet, tuve que esperar a que cayera la noche para ir a un bar.

    Un par de horas antes de la medianoche comencé a vestirme de mujer, lo más provocativa que pude, con lencería, tacones altos y destalonados, peluca rubia hasta los hombros, un micro-vestido abierto de los lados y con profundos escotes por delante y por la espalda, muy maquillada y un delicioso perfume francés, por último, me metí un plug en el ano para dilatarlo.

    Así, vestida como toda una puta me dirigí en mi carro al bar, les comento que al sentarme en el carro, se me metió más el plug en la cola y emití un pequeño gritico, muy de putita. Al llegar estaba aún más excitada y para mi fortuna, encontré a un viejo amigo, Gerry quien me invitó a su mesa y pidió unos tragos.

    Bebimos, nos pusimos al día y ya urgida de acción, puse mi mano en su entrepierna, me besó en la boca y me dijo que pasáramos al motel vecino al bar. Entramos a la habitación y me lancé sobre él. La quité pantalón y trusa, tomé su pene con ambas manos, se lo apreté suavemente y se lo masajeé de arriba abajo.

    Luego, le bajé el prepucio con los labios y le planté varios besos absorbiendo y tragándome su delicioso sabor. Le pasé la lengua por el capullo y me metí casi todo el pene en la boca, comencé a chuparlo como una experta, aplicando las mejores técnicas mamatorias.

    Me la metía toda o lo que me cabían de sus 25 cm, abría los músculos de la garganta para que me entrara más de esa carne viril y luego, ya con más verga dentro contraía la garganta, me la sacaba para respirar y le chupaba el tronco desde las pelotas hasta la cabeza, alternando con besos y mordiscos suaves, me la metía toda de nuevo.

    Gerry bufaba de gusto y me acariciaba el cabello, empujando mi cabeza hacia su fierro de macho. Después de 15 minutos o más, me saqué su pene de la boca y le pregunté –Papi, ¿ya me la quieres meter cómo me pongo?- Contestó que me pusiera en cuatro, pero que sólo me quitara la tanga y me dejara levantado el vestido, me incorporé, me saqué el plug, la tanga, me levanté el vestido hasta la cadera y en la orilla de la cama me le puse de a perrita, bien empinada y arqueando la espalda, esperando ansiosa que me perforara la cola con su vergota.

    Se colocó detrás de mí poniendo su miembro en la entrada de mi botoncito de amor y metió lentamente su cabezota dejándola unos segundos y comenzó a sacarla y a meterla, después de unos minutos me la metió hasta la mitad, de nuevo se mantuvo quieto mientras mi ano se dilataba aún más y se acoplaba a su delicioso grosor, en seguida comenzó a sacarla y a meterla, de pronto, me la hundió toda lo supe porque sentí su vello púbico rozando mis nalgas.

    Yo empecé a hacer movimientos hacia atrás, al encuentro de su verga mientras pujaba para abrir mi coñito de transexual, me entraba toda desde la punta hasta la base, por momentos sentí que se metían también sus bolas y empecé a delirar de placer.

    Me estaba cogiendo de lo lindo, con movimientos lentos y desesperantes, me clavaba su fierro y me lo sacaba casi todo dejando sólo una pequeña parte de esa carne dura y gruesa, luego, de inmediato me la dejaba ir toda hasta el fondo de mí ser, se movió así varios minutos, yo daba pequeños gritos muy de putita con cada embestida y lanzabas grandes suspiros, me dolía todavía un poco lo cual me proporcionaba mayor placer, pero conforme aumentaba el ritmo me solté y grité con menos discreción.

    En ese momento ya no me importaba que alguien escuchara. Mis sueños de chica trans se hacían realidad, un hombre bien dotado me perforaba el ano, me hacía gozar y me transportaba al paraíso de las maricas que son folladas. Su polla era divina, los pliegues de mi recto se pegaban a ella.

    Una vez que pasaron varios minutos, en medio de un delirio de placer con mi culo atragantándose de polla, mi macho explotó en una de las embestidas que me llegó muy adentro, se quedó quieto y aventó en mi interior varios chorros de su semen, sentí como que eran varios litros, su verga aumentaba ligera, pero perceptiblemente de grosor con cada pequeña explosión, mi recto podía sentirlo.

    Ese líquido anhelado inundó mi intimidad, en mi paroxismo llevada por la locura del placer imaginé que sus espermatozoides penetraban las paredes de mi recto inundando mi sangre y pensé que me iban a preñar o, al menos, que me harían más femenina, más puta y más adicta al miembro masculino. Cuando terminó de eyacular su miembro se puso flácido y me lo sacó, pujé un poco expulsando unas gotas de semen que se escurrieron por mis piernas.

    Nos tendimos en la cama y dormimos un poco. Cuando yo desperté ya se había ido mi amante de ocasión, me acomodé la ropa y enfilé rumbo a mi casa.

    Ciao amiguitas, espero que les haya gustado, hasta la próxima.

  • Dos mujeres follando en unas regaderas

    Dos mujeres follando en unas regaderas

    Esto que les voy a contar sucedió hace varias semanas. Cerca de mi casa existe un club de varias actividades. Mi esposo y yo asistimos a jugar tenis los días sábados, pero como yo tengo disponibilidad entre semana, decidí inscribirme también los días miércoles. El tiempo que llevamos ahí nos ha ofrecido algunos privilegios como utilizar la piscina gratuitamente los días que esta no se utiliza para las actividades de natación, y específicamente esto sucede los días miércoles. Así que, después de entrenar un rato, puedo meterme a dar un chapuzón.

    Desde hacía un tiempo yo había notado algo extraño, y es que siempre que decidía marcharme a la piscina, una chica, creo que de mi misma edad, se la pasaba observándome y regalándome sonrisas coquetas. Por supuesto al principio pensé que eran ideas mías, pero después de un tiempo, noté que todas las veces que yo asistía a la piscina, me la tenía que encontrar.

    «Quizá le gustas», me había dicho Keev cuando se lo conté.

    Lo tomé a loco y no le di importancia, pero un día decidí que quería averiguarlo. En relatos anteriores ya he mencionado la relación tan compleja que tengo con mi esposo, así que cuando le comenté esto, solo respondió «Si decides follar con ella, menciónale que te gustan los tríos y que yo estoy disponible». Me reí y le di un codazo.

    El día miércoles decidí que saldría de dudas. Acudí al club a eso de las once y media de la mañana, justo la hora en la que solíamos encontrarnos, y a diferencia de otras veces en donde primero entrenaba, esta vez me fui directa a la piscina.

    La mujer llegó unos cinco minutos después, dejó su bolso en la silla y me saludó como de costumbre mientras se quitaba el vestido que cubría su diminuto bikini. Me permití mirarla. Era hermosa, de unos senos pequeños, pero culo grande, tenía unos muslos preciosos y era morena, de cabello rizado y largo.

    Después de que se tendiera en su silla, me puse de pie y me permití quedar a una distancia en la que pudiera verme. Me quité el short y la blusa que llevaba puestos y me quedé en una diminuta tanguita de hilo dental color amarillo y mi sostén de triángulos totalmente transparentes para que se me viera el pezón. Cuando me di la vuelta para colocarme el protector solar, la pillé mirándome el culo. Aquello la tomó por sorpresa e intentó iniciar conversación para encubrir su vergüenza.

    —Está haciendo un sol de infierno —me dijo.

    —Bastante, pero no hay nada que un chapuzón no cure. ¿Vienes?

    De inmediato se puso de pie y comenzó a seguirme. Afortunadamente a esa hora no había mucha gente cerca, ni siquiera los empleados, pues normalmente las clases de natación comenzaban de las dos en adelante.

    Decidimos meternos en lo menos hondo de la piscina, y mientras chapoteaba, procuré que mi culito quedase ante su mirada. Lo que siguió a continuación se desarrolló en un lapso de varios minutos, así que, para no hacerlo tan largo y llegar directamente a la acción, diré que hubo un momento en donde yo me acerqué a ella para tratar de coquetear y sus manos se deslizaron directamente a mi cintura. A esas alturas, era evidente que ambas nos estábamos coqueteando.

    —Estás muy guapa —me dijo.

    —Pero si hola, tía, que tú no te quedas atrás.

    Su dedo contorneó la parte alta de uno de mis senos y después dudó si arrastrarlo hacia abajo, sobre mi pezón que ya estaba durito. Ahora imagínense mi coñito todo rico mojándose. Decidí animarla y la atraje hacia mí, tomé su mano y la coloqué firmemente sobre mi seno.

    —Qué tetas tan grandes y bonitas tienes.

    —¿Te gustan?

    —Mucho.

    —¿Quieres darles un beso?

    —Podrían vernos.

    —No tengas miedo, preciosa —le atoré el cabello mojado detrás de las orejas y la invité a probarme.

    Ella se agachó un poquito, me retiró el triángulo del sostén y entonces contorneó mi pezón con la punta de su lengüita. Después comenzó a chuparlo y finalmente gimió sobre mi aureola.

    —Ay, qué delicia… sigue así…

    Sus manos bajaron de mi cintura y acariciaron entre mis piernas para después rozarme con un dedo la tela por encima de mi conchita.

    —No me lo tomes a mal —me dijo—, pero tengo miedo de que nos vean.

    —¿Quieres que vayamos a un lugar más privado?

    —¿Te parecen las regaderas?

    Asentí y ambas salimos de la piscina a por nuestras cosas. Luego nos dirigimos a las duchas, y al ver que todo estaba totalmente vacío, se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme. Me sobó el culo y la cintura. Después sus besos salieron de mi boca y se concentraron en mi cuello y en mis senos. Me quitó el sostén y yo le quité el de ella. Mi conchita estaba palpitando.

    Finalmente ambas quedamos totalmente desnudas y yo la empujé hasta una de las bancas largas, la senté y me agarré de sus caderas para acostarla y poder llegar hasta su coñito.

    Cuando sus piernas se abrieron y su conchita quedó ante mí, pude ver lo mojada que estaba, muy a pesar del chapuzón tan rico que nos habíamos dado.

    Me recogí el cabello y entonces hundí mi rostro entre sus piernas para comenzar mi trabajo. Le metí la lengua en su hoyito que temblaba y la pasé sobre su clítoris. No tenía ni un solo vello, y estaba tan suave que me hizo pensar que se había depilado justo este día. La seguí chupando mientras ella gemía y trataba de aferrarse a la banca.

    Mi lengua pasó sobre sus labios, chupé y me bebí su juguito que estaba escurriendo mientras le dedicaba cumplidos de tipo: «tienes tu caramelito muy rico». «Qué delicioso sabes, nena».

    La excitación la llevó a moverse contra mi lengua, una y otra vez mientras intercalaba lengüetazos y el uso de mis dedos. Finalmente decidí ponerme de pie y me monté sobre ella, procurando que nuestras vulvas se encontraran y poder frotarnos. Ella estiró una de sus manos y me agarró de una nalga para apoyarse.

    —Aaaah… sigue moviéndote así… Dale nena, dale…

    Su otra mano se enredó en mi cintura y su boca se pegó a mi cuello.

    Sentí que el orgasmo estaba cerca, pero antes de que pudiera alcanzarlo, ella se detuvo y trató de levantarse. Por mi parte, no dije nada y simplemente la observé. Ella se dirigió a su bolsa y de ella extrajo un cepillo con la cola redonda y lisa.

    —¿Te molestarías si te meto esto en el coño?

    Le dije que no había problema porque la punta del cepillo se asemejaba al tamaño de un dildo. Me pidió que apoyara mis manos en la banca y que levantara mi culito. En un primer momento imaginé que me lo metería en el ano, pero cuando sentí la punta entrar en mi conchita mientras su lengua también me tocaba, un gemido y estremecimiento recorrieron mi cuerpo.

    Me folló con el cepillo mientras me chupaba el coño y sus dedos se clavaban en mis nalgas.

    Me sentí toda una zorra, una puta en celo que solo buscaba quien se la pudiera follar. Moví mis caderas y abrí un poco más las piernas para que el cepillo entrase más adentro.

    —Aaaah… Soy tu zorrita, bebé… Soy tu puta.

    De pronto, un golpe de quien abre la puerta nos hizo detener. Alguien estaba viniendo, y aunque no sabíamos si venían a las regaderas o pasarían derecho, no queríamos arriesgarnos. Decidimos recoger nuestras cosas y encerrarnos en un cubículo de regadera. Nos besamos un rato y cuando ya no hubo más ruidos, nos tendimos en el suelo para terminar lo que estábamos haciendo.

    La chica me montó, pegó su vulva contra la mía y comenzó a moverse. Se veía divina mientras me estaba cabalgando. Le besé sus pequeños senos y le acaricié la cintura. Después de unos segundos apoyó su boca contra mi cuello y reprimió un gemido orgásmico. El squirt que tuvo me mojó la cintura, la concha y parte de mis piernas. Sus movimientos se detuvieron, y cuando me di cuenta de que no se seguiría moviendo, la aparté y me masturbé.

    Me froté el clítoris con fuerza y me metí en el hoyito mis otros dos dedos hasta que el orgasmo me sacudió y un chorrito de flujo se escurrió sobre el suelo.

    Estaba exhausta y satisfecha.

    No sé decirles más porque después de eso la chica nunca volvió a encontrarse conmigo ni a seguirme a la piscina. Se lo conté a Keev y el maldito se partió de risa. No supe qué pasó, porque después de terminar, ella recogió sus cosas, se vistió y se fue. La vi unas semanas después jugando tenis en otro horario diferente al mío, pero ni siquiera tuvo la educación de saludarme.

    Un relato muuuy extraño, pero a la misma vez muy caliente.

    Besos, los leo en los comentarios.

  • Noche de reencuentro

    Noche de reencuentro

    La música alegre llenaba el salón del hotel donde se llevaba a cabo la reunión de exalumnos. El ambiente era animado, con viejos amigos reencontrándose, compartiendo historias y fotografías de los años escolares. Habían pasado más de 20 años desde la última vez que todos habían estado juntos, y el espíritu de camaradería era palpable.

    Elvira estaba junto a la mesa de bebidas, charlando con un grupo de excompañeros, cuando lo vio al otro lado del salón. Juan, con esa sonrisa carismática que nunca olvidó, estaba hablando con alguien más, pero sus ojos se cruzaron con los suyos por un instante. Fue un momento fugaz, pero sintió un pequeño escalofrío recorrerle la espalda.

    Mientras la noche avanzaba, Elvira notó que se acercaba a ella, como atraído por una fuerza invisible. Ella ya había escuchado que se había casado y tenía dos hijos, igual que ella, pero esa conexión que compartieron cuando eran niños seguía ahí, latente pero poderosa.

    —Elvira, no puedo creer cuánto tiempo ha pasado —dijo él con una sonrisa cálida mientras se acercaba—. ¿Cómo estás?

    Ella sonrió de vuelta, sintiendo una mezcla de nervios y emoción.

    —¡Juan! Sí, ha pasado tanto tiempo. Estoy bien, gracias. ¿Y tú? ¿Cómo está tu familia?

    —Bien, todo bien. Los niños crecen rápido y el trabajo sigue ocupando mucho tiempo. Pero es genial estar aquí y verte. Nunca imaginé que sería tan nostálgico volver a ver a todos.

    Elvira asintió, pero había algo más en su mirada, algo que no tenía nada que ver con la nostalgia. Era el reconocimiento de un deseo dormido, de una conexión que nunca llegó a apagarse del todo. Continuaron hablando sobre los viejos tiempos, las travesuras que hacían juntos en la escuela y las aventuras que compartieron.

    La música comenzó a cambiar, haciéndose más suave, y el ambiente se tornó más íntimo. Elvira notó cómo las personas a su alrededor comenzaban a dispersarse, formando pequeños grupos de conversación, dejando más espacio entre ellas. Juan y ella se quedaron conversando, sus cuerpos cada vez más cerca, como si las historias del pasado los acercaran físicamente.

    —Siempre fuiste el más travieso de la clase —dijo Elvira con una risa suave, recordando algunos de sus recuerdos juntos.

    —¿Y tú siempre la más lista? —respondió él con una mirada que le hizo sentir ese cosquilleo de nuevo—. Nunca entendí cómo podías ser tan buena en todo y aún así tener tiempo para nosotros.

    Se rieron juntos, pero había algo en esa risa que era más que simplemente amistoso. Era una risa que recordaba momentos de complicidad y cercanía. Había una chispa, un deseo que empezaba a resurgir. Elvira sintió cómo la distancia entre ellos se iba desvaneciendo con cada minuto que pasaban juntos.

    —Me alegra verte, Juan —dijo ella, con una sinceridad que sorprendió incluso a ella misma.

    —Y a mí verte a ti, Elvira —respondió él, su voz más baja, como si sus palabras fueran solo para ella.

    El ambiente festivo y las luces suaves creaban un entorno casi mágico, donde el pasado y el presente se fusionaban. Elvira sabía que ambos estaban casados, que sus vidas habían tomado caminos diferentes, pero esa noche, mientras conversaban y reían, todo eso parecía menos importante. El instante en el que sus miradas se encontraron y el toque casual de sus manos se sintió como un nuevo comienzo, aunque solo fuera por esa noche.

    Juan y Elvira se quedaron en su rincón, cada vez más cerca. La música fluía con una suavidad envolvente, haciendo que el mundo exterior pareciera distante y fuera de foco. El vino fluía con generosidad, y las risas y voces de los demás exalumnos se fundían en un zumbido cálido de fondo.

    —¿Recuerdas cuando hicimos aquel proyecto para la feria de ciencias? —preguntó Juan, inclinándose hacia ella—. Estabas tan concentrada que ni siquiera notaste cuando arruiné todo al dejar caer el recipiente de pintura.

    Elvira soltó una risa contenida, llevándose una mano a la boca para amortiguar el sonido. Recordaba ese día, y también recordaba la mezcla de rabia y diversión que sintió al ver la mancha de pintura esparciéndose por todo el suelo.

    —¡Casi te mato por eso! —dijo, pero sus ojos brillaban con una luz traviesa—. Lo peor fue tener que limpiar todo antes de que los profesores lo vieran. Creo que nunca corrimos tanto como aquella vez.

    —Fue un buen ejercicio —bromeó Juan, y Elvira sintió cómo se le acercaba un poco más—. Pero no creo que valiera la pena el susto que nos llevamos.

    Hablar del pasado era como desenterrar un tesoro. Con cada recuerdo compartido, Elvira sentía que la distancia entre ellos desaparecía. Sus voces se convirtieron en susurros, y cada palabra era un hilo invisible que los conectaba más y más.

    —Siempre fuiste la más valiente —dijo Juan, con un tono que sugería algo más—. Nunca tuve dudas de que llegarías lejos.

    Elvira sonrió, pero algo en su mirada cambió. Era una mezcla de nostalgia y deseo, un sentimiento que la hacía preguntarse qué habría sido de ellos si las cosas hubieran sido diferentes. Sabía que ambos tenían familias, responsabilidades, pero en ese momento, el mundo parecía simplificarse, reduciéndose a ellos dos y a la chispa que nunca dejó de arder.

    —Y tú siempre fuiste el más atrevido —respondió ella, juguetona—. Nunca sabíamos qué esperar de ti.

    Juan sonrió, y su mirada se suavizó. Había una calidez en sus ojos que hacía que el ambiente a su alrededor se difuminara aún más. Estaban juntos en ese rincón, compartiendo recuerdos y risas, pero también compartiendo algo más profundo, algo que no necesitaba palabras para ser entendido.

    Elvira sintió un cosquilleo en la piel cuando Juan extendió la mano y rozó suavemente su brazo. Fue un gesto pequeño, casi inocente, pero el efecto fue inmediato. El calor que había entre ellos creció, y el murmullo del salón pareció desvanecerse.

    —Siempre pensé que eras especial, Elvira —dijo él, con una seriedad que la tomó por sorpresa—. Pero creo que nunca te lo dije.

    Sus palabras resonaron en el aire, creando un eco en el corazón de Elvira. Sabía que debía mantener cierta distancia, que la nostalgia podía ser peligrosa, pero había algo en el tono de su voz, en la intensidad de su mirada, que la hacía querer acercarse más.

    —¿Quieres salir un rato? —Juan le susurró al oído, inclinándose lo suficiente para que solo ella pudiera oír.

    Elvira dudó. Había un tintineo de alarma en el fondo de su mente, un recordatorio de todo lo que estaba en juego. Su esposo y sus hijos esperándola en casa, su vida construida sobre la estabilidad. No podía ignorar eso.

    —No creo que sea buena idea —respondió ella, buscando mantener un tono casual—. Hay mucha gente aquí. Además, mis amigas están cerca.

    Juan no pareció desanimarse por su respuesta. De hecho, sonrió con esa seguridad que siempre lo caracterizó. Una parte de ella quería mantener la distancia, pero otra parte, la que había sido arrastrada por la nostalgia y la chispa de la noche, deseaba seguirle. Tal vez fue la música suave que flotaba en el aire, o el brillo cálido de las luces que creaba sombras tentadoras.

    —Solo un minuto —dijo él, con un toque de insistencia que la hacía sentir más viva—. Hace calor aquí, y el jardín es bonito por la noche. Nadie lo notará.

    Elvira dudó, pero el tono de su voz y la forma en que la miraba la empujaban a decir que sí. Había algo en esa noche que rompía las reglas, como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos dos. Miró a su alrededor y vio que las personas estaban distraídas, ocupadas en sus propias conversaciones y risas. Tal vez, solo tal vez, podían salir por un momento.

    —Está bien, solo un minuto —respondió finalmente, intentando sonar casual—. Pero no nos alejemos demasiado.

    Juan sonrió, esa sonrisa que le llegaba a los ojos, y luego la tomó suavemente del codo. Fue un toque ligero, pero suficiente para hacerle sentir el calor de su piel a través de la tela de su vestido. Caminó con ella hacia el borde del salón, buscando la puerta que llevaba al jardín. Todo se movía en cámara lenta; nadie parecía darse cuenta de que se alejaban.

    Elvira echó una mirada por encima del hombro, asegurándose de que sus amigas no estuvieran observando. Estaban inmersas en su propio mundo, hablando y riendo con otros compañeros. Parecía que el pequeño truco de Juan para salir desapercibidos funcionaba.

    La puerta se abrió con un suave chirrido, y el aire fresco del jardín los envolvió como un abrazo acogedor. Estaba oscuro, con solo algunas luces que iluminaban los senderos y las plantas cuidadosamente cuidadas. El murmullo de la reunión quedó atrás, reemplazado por el sonido del viento entre las hojas y el lejano murmullo de la ciudad.

    Juan cerró la puerta detrás de ellos, creando una barrera invisible que los separaba del resto. Ahora estaban solos, y la intensidad del momento creció exponencialmente. Elvira se sintió más consciente de cada detalle: el sonido de sus pasos en la grava, el perfume de las flores nocturnas, y el ritmo acelerado de su propio corazón.

    —¿Mejor, no? —preguntó Juan, manteniendo la voz baja.

    —Sí, es agradable aquí —respondió ella, aunque sabía que no era solo el aire fresco lo que la hacía sentir así.

    Juan y Elvira caminaron lentamente por el sendero del jardín. El fresco aire nocturno y la suave luz de las farolas creaban un ambiente íntimo, alejado del bullicio del salón de fiestas. A cada paso, la distancia entre ellos se acortaba, y las palabras parecían menos necesarias, como si todo el significado estuviera en sus miradas y gestos.

    Fue entonces que Juan se detuvo y, como quien busca algo en la noche, metió la mano en el bolsillo de su chaqueta. Elvira lo miró con curiosidad, preguntándose qué estaría haciendo. Lo vio sacar algo pequeño, envuelto en un trozo de papel que mostraba signos de haber sido doblegado muchas veces. Al abrirlo, Elvira reconoció al instante lo que era.

    Era una pequeña figurita de cerámica, pintada a mano. Una mariposa azul con detalles dorados. El mismo regalo que ella le había dado a Juan cuando eran niños, antes de que sus caminos se separaran. La había pintado durante una clase de arte y se la entregó diciéndole: «Para que nunca me olvides». Fue un gesto inocente en aquel momento, pero ahora, viendo cómo Juan la sostenía con cuidado en sus manos, sintió un escalofrío de emoción.

    —No puedo creer que aún la tengas —dijo Elvira, con un nudo en la garganta. Su voz era un susurro, cargado de sorpresa y sentimientos encontrados.

    —Siempre la he tenido conmigo —respondió Juan, mirándola a los ojos—. Me ayudaba a recordar esos tiempos, cuando todo era más sencillo. Cuando tú y yo éramos amigos, pero… siempre había algo más, ¿verdad?

    Elvira apenas pudo responder, atrapada en el recuerdo de aquella época. El significado de ese regalo, que ella había olvidado con el tiempo, se convirtió en un símbolo de lo que podrían haber sido. Juan sostuvo la figurita frente a ella, y Elvira sintió como si el pasado y el presente se entrelazaran en ese instante.

    —Sí, siempre hubo algo más —dijo ella, sintiendo cómo el latido de su corazón se aceleraba—. Pero nunca nos atrevimos a cruzar esa línea.

    Juan asintió, sus ojos reflejando la misma emoción que ella sentía. El aire entre ellos estaba cargado de posibilidades, y el recuerdo de la mariposa azul era un ancla que los mantenía unidos en la marea del tiempo. Elvira sintió como si el mundo exterior se desvaneciera, dejando solo a ellos dos y el regalo que compartían.

    —A veces me preguntaba qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes —dijo Juan, acercándose un poco más—. Si hubiéramos tenido el valor de ser honestos con nuestros sentimientos.

    Elvira tragó saliva, sintiendo el calor de su cuerpo irradiando hacia él. Había algo profundamente emocional en el hecho de que Juan hubiera guardado ese recuerdo durante tanto tiempo. Ella sabía que ambos tenían vidas separadas, familias que proteger, pero esa noche en el jardín, parecía que todo lo demás se desvanecía, dejando solo la conexión que siempre habían tenido.

    —No lo sé, Juan —dijo, mirando la mariposa azul—. Pero quizás… quizás esta noche podamos recordar un poco de lo que éramos.

    Juan sonrió suavemente, y su mano rozó la suya, el contacto breve pero intenso. La magia del jardín y el murmullo lejano del salón creaban un espacio donde el pasado y el presente se unían, donde las emociones fluían como una corriente incontrolable. Elvira sintió que estaba en un punto de no retorno, donde las decisiones que tomara esa noche tendrían consecuencias que no podía prever. Pero por ahora, en esa noche de reencuentro, el tiempo parecía detenerse para ellos dos.

    Elvira sintió que su corazón se aceleraba con el acercamiento de Juan. Habían pasado tantos años desde la última vez que estuvieron juntos de esa manera, y el pasado parecía resurgir con una intensidad que la dejó sin palabras. Juan estaba frente a ella, sosteniendo esa pequeña mariposa azul, el mismo regalo que ella le había dado tanto tiempo atrás, y ahora el significado de ese gesto se hacía claro: él no la había olvidado.

    Mientras sostenía su mirada, Juan se inclinó ligeramente, sus labios acercándose a los de ella. Fue un beso suave, casi como un roce, como el toque de un niño al probar algo por primera vez. No era intenso ni brusco, sino un gesto delicado que la hizo sentir el calor que había entre ellos. Elvira cerró los ojos, permitiendo que ese breve contacto despertara sensaciones que creía olvidadas.

    El beso fue corto, pero bastó para avivar algo dentro de ella. No era solo la nostalgia lo que la cautivaba, sino también la dulzura de ese momento, la forma en que Juan se movió con cuidado, sin presionar ni insistir. Fue un beso respetuoso, pero cargado de emociones. Elvira sintió un cosquilleo que recorrió su cuerpo, y cuando abrió los ojos, vio la calidez en la mirada de Juan.

    —Perdón, no quería incomodarte —dijo él, con una sonrisa suave—. Solo quería… recordar.

    Elvira sonrió también, sintiendo el rubor en sus mejillas. No esperaba ese gesto, pero tampoco le desagradó. Era como si el tiempo se hubiera detenido por un momento, permitiéndoles explorar algo que siempre había estado ahí, pero que nunca se atrevieron a reconocer.

    —No, está bien —respondió ella, su voz un poco temblorosa—. Fue… bonito.

    La atmósfera del jardín era mágica, con el viento susurrando entre las hojas y las luces suaves que creaban sombras danzantes a su alrededor. El mundo fuera de ese rincón parecía distante, como si estuvieran en un lugar propio, solo para ellos dos.

    Elvira se dio cuenta de que estaba dejando que sus emociones guiaran el momento, y aunque sabía que debía ser cauta, no pudo evitar sentir que este era un instante especial. Juan estaba tan cerca que podía sentir su respiración, y el calor que irradiaba de él le proporcionaba una sensación de seguridad. Estaban juntos en un pequeño rincón del mundo, y todo lo demás parecía no importar.

    —Juan, no sé qué decir —dijo ella, buscando las palabras adecuadas—. Ha pasado tanto tiempo, y ahora esto…

    Juan la interrumpió suavemente, tocando su brazo con delicadeza. Fue un toque ligero, pero la hizo sentir como si una corriente eléctrica la recorriera.

    —No tenemos que decir nada, Elvira —dijo él, su voz baja y tranquilizadora—. Solo quería que supieras que siempre te he recordado. Y ver que aún tienes esa misma sonrisa… eso me hace feliz.

    Elvira asintió, sin saber qué responder. Estaba en un lugar donde la lógica y la razón parecían haber desaparecido, dejándola solo con sus sentimientos y la conexión que siempre había tenido con Juan. Sabía que había límites que no debían cruzarse, pero en ese jardín, con el beso suave aún resonando en su piel, se permitió disfrutar del momento, aunque solo fuera por esa noche.

    Elvira y Juan se quedaron en silencio por un momento después del beso. El susurro del viento entre las hojas del jardín parecía llenar el espacio entre ellos. Era un ambiente íntimo y tentador, donde el tiempo parecía detenerse. Sin embargo, ambos sabían que regresar al salón era lo correcto. Pero la tensión emocional, las emociones no resueltas, hacían difícil tomar esa decisión.

    —¿Te gustaría caminar un poco más? —preguntó Juan, su voz suave pero firme—. Podemos explorar un poco este lugar, antes de volver con los demás.

    Elvira miró hacia el salón, donde las luces y la música seguían brillando en la distancia. Pero algo en el jardín la atraía, algo que no era solo el fresco aire nocturno. Era la compañía de Juan, la conexión que compartían después de tantos años. Así que, con una leve sonrisa, asintió y comenzó a caminar con él por el sendero iluminado por farolas tenues.

    El jardín del hotel se extendía en diferentes direcciones, con senderos que llevaban a pequeños rincones ocultos. A medida que avanzaban, las voces y la música se volvían más tenues, como si estuvieran dejando atrás el bullicio de la fiesta. El silencio del entorno y la compañía de Juan hacían que cada paso se sintiera cargado de significado.

    —¿Cómo te ha ido en la vida, Elvira? —preguntó Juan, con una curiosidad sincera—. No hemos tenido muchas oportunidades de hablar desde que dejamos la escuela.

    —Ha sido una buena vida —respondió ella, aunque sintió un matiz de duda en sus propias palabras—. Estoy casada, tengo hijos maravillosos y un trabajo que me gusta. No puedo quejarme.

    Juan asintió mientras caminaban. El sendero estaba bordeado por arbustos y plantas floridas, que emitían un suave aroma a la luz de la luna. A medida que se adentraban más en el jardín, la atmósfera se volvía más tranquila, como si estuvieran en su propio mundo.

    —Y tú, ¿cómo has estado? —preguntó ella, buscando mantener la conversación ligera.

    —He estado bien también. El trabajo, la familia, todo eso. Pero a veces me pregunto… —Juan hizo una pausa, como si buscara las palabras adecuadas—. Me pregunto si he tomado las decisiones correctas. Si he seguido el camino que realmente quería seguir.

    Elvira entendió ese sentimiento. Aunque su vida parecía perfecta desde afuera, a veces también se preguntaba qué habría pasado si hubiera tomado decisiones diferentes. Caminando por el sendero con Juan, sintió que esas dudas resurgían, como si el tiempo en el jardín le diera permiso para explorar esas emociones.

    El sendero los llevó a un pequeño puente sobre un arroyo. El agua fluía suavemente, reflejando la luz de la luna. Elvira se detuvo en el centro del puente y miró hacia abajo, observando el agua y sintiendo la brisa fresca en su rostro. Juan se detuvo a su lado, manteniendo una distancia respetuosa pero cercana.

    —A veces creo que todos tenemos dudas —dijo ella, tratando de consolarlo—. Pero al final, hacemos lo mejor que podemos con las decisiones que tomamos.

    Juan asintió, pero sus ojos estaban fijos en el arroyo, como si estuviera contemplando algo más profundo. El silencio entre ellos era cómodo, pero también tenía un trasfondo de nostalgia y deseo. Elvira sintió el impulso de tomar su mano, pero se contuvo, consciente de las implicaciones.

    —Supongo que esta noche es para recordar lo bueno del pasado —dijo Juan, volviéndose hacia ella—. Pero es difícil no pensar en lo que podría haber sido.

    Elvira lo miró, notando la sinceridad en sus ojos. El jardín se había vuelto un lugar de reflexión, donde el pasado y el presente se entrelazaban. Sabía que debía tener cuidado, pero la tentación de seguir caminando con él, de explorar esos sentimientos, era fuerte. El sendero continuaba, y con cada paso, el salón de la fiesta quedaba más atrás, como un eco lejano en la noche.

    El silencio entre Elvira y Juan en el pequeño puente sobre el arroyo estaba lleno de cosas no dichas. Las luces del jardín se reflejaban en el agua, creando un efecto hipnótico mientras el murmullo lejano de la fiesta se desvanecía en el fondo. Había una magia en el aire, un aura de nostalgia y deseo que los envolvía, haciéndoles olvidar por un momento la realidad que les esperaba fuera de esos confines.

    Juan miró a Elvira, sus ojos brillando a la luz de la luna. Sabía que este momento era especial, pero también sabía que tenía que ser cuidadoso. Había algo muy frágil en esa conexión, y no quería estropearlo.

    —Elvira, el minuto que pedí ya se cumplió —dijo con una sonrisa suave—. Podríamos regresar con los demás, si prefieres.

    Elvira lo miró, sintiendo un ligero conflicto. Por un lado, sabía que era prudente volver al salón, donde todos sus amigos y compañeros de clase aún estaban. Pero por otro, había algo en el ambiente del jardín, en el recuerdo de ese beso suave y el regalo que Juan aún guardaba, que la hacía querer quedarse un poco más.

    —Sí, creo que es lo mejor —respondió, aunque su tono no era del todo convincente.

    Juan asintió, pero antes de dar un paso hacia el sendero de regreso, se detuvo y la miró con intensidad.

    —O… podríamos ir a algún lugar más íntimo —sugirió—. Antes de que se termine el hechizo de esta noche. Hay una terraza en el hotel con una vista increíble. Podríamos disfrutar de un momento más para nosotros.

    Elvira sintió un escalofrío de emoción. La propuesta de Juan era tentadora, pero sabía que estaba cruzando un límite peligroso. La terraza sonaba romántica y privada, un lugar donde podrían continuar su conversación sin interrupciones. Pero también sabía que este momento podría cambiar muchas cosas, no solo para ella, sino para sus familias.

    Miró hacia el sendero de regreso, donde las luces del salón brillaban en la distancia. Esa era la elección segura, la elección lógica. Pero la atracción que sentía por Juan, esa conexión que había despertado de nuevo, la impulsaba a explorar más, a vivir esa noche como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos.

    —¿La terraza? —preguntó, con un toque de incertidumbre en su voz—. ¿No será demasiado… arriesgado?

    Juan la miró con una expresión tranquila pero con un brillo en sus ojos que sugería que entendía sus dudas.

    —Solo por un rato —dijo—. Nadie nos verá. Podemos disfrutar del momento y luego regresar, como si nada hubiera pasado.

    Elvira respiró hondo, tratando de calmar su corazón acelerado. La idea de estar sola con Juan, en un lugar más íntimo, era emocionante pero también preocupante. Sabía que esa noche no debía cruzar ciertas líneas, pero la atracción y la nostalgia la empujaban hacia lo desconocido.

    —Está bien —dijo finalmente—. Vamos a la terraza. Pero solo por un rato.

    Juan sonrió y le ofreció su brazo. Elvira lo tomó, sintiendo el calor de su piel a través de la chaqueta. Juntos, comenzaron a caminar por el sendero, alejándose del pequeño puente y del arroyo. El jardín era un laberinto de caminos y arbustos, pero Juan parecía conocer el camino. A medida que avanzaban, la sensación de intimidad crecía, como si estuvieran dejando atrás el mundo exterior y adentrándose en su propio universo.

    La noche tenía un hechizo especial, y Elvira sintió que estaba en un punto sin retorno. La terraza era un lugar donde el tiempo podría detenerse, donde los recuerdos del pasado y las emociones del presente se encontrarían. Sabía que debía tener cuidado, pero en ese momento, decidió dejarse llevar por el hechizo de la noche, aunque solo fuera por un rato más.

    La terraza en el sexto piso del hotel ofrecía una vista espectacular de la ciudad. Desde allí, podían ver las luces parpadeantes en la distancia, las calles serpenteantes que se abrían paso entre los edificios y el vasto horizonte donde las estrellas titilaban en la noche. El cielo era un lienzo negro salpicado de destellos de luz, y en algún lugar entre esos puntos luminosos, estaban las familias de Juan y Elvira, probablemente esperando su regreso.

    Juan y Elvira llegaron a la terraza, sintiéndose como si estuvieran en un mundo aparte, lejos del bullicio del salón y de las responsabilidades que los esperaban abajo. El aire fresco soplaba suavemente, llevando consigo el olor del mar y el lejano rumor del puerto, donde las embarcaciones pesqueras iban y venían en su incesante labor nocturna.

    Juan se quedó en silencio por un momento, observando el paisaje y luego volviendo su mirada a Elvira. Sus ojos reflejaban la luz de la ciudad, y había algo en su expresión que revelaba una mezcla de nostalgia y deseo. Elvira lo observó con atención, notando cómo su respiración se aceleraba y el ligero temblor en sus manos.

    —Elvira… —dijo él, tomando sus manos con suavidad—, nunca te dije esto cuando éramos niños, pero siempre fuiste especial para mí. Siempre sentí algo más que amistad, pero nunca tuve el valor de decírtelo.

    Elvira lo miró, y su corazón comenzó a latir más rápido. Sabía que había algo entre ellos, incluso desde que eran niños, pero nunca esperó que Juan lo dijera en voz alta. El hecho de que estuvieran allí, en la terraza, solos y bajo las estrellas, hacía que todo se sintiera más real, más intenso.

    —Yo también sentí lo mismo, Juan —respondió ella, susurrando las palabras—. Pero siempre pensé que era solo una ilusión, algo que pasaría con el tiempo.

    Juan negó con la cabeza, manteniendo sus manos entre las suyas. La conexión entre ellos era palpable, como si el mundo exterior se hubiera desvanecido, dejando solo a ellos dos y la confesión que acababa de hacer.

    —No fue una ilusión para mí —dijo él, acercándose un poco más—. Siempre pensé en ti, incluso cuando nuestras vidas tomaron caminos diferentes. Y ahora, verte aquí, como si el tiempo no hubiera pasado, es… es algo que no puedo ignorar.

    Elvira sintió una oleada de emociones. Estar en esa terraza, lejos de las miradas curiosas, le permitía explorar sentimientos que había reprimido durante mucho tiempo. Sabía que ambos tenían familias, compromisos, pero en ese momento, el cielo estrellado y la confesión de Juan crearon un espacio donde todo parecía posible.

    En un acto sincronizado y suave, Juan se inclinó hacia ella y la besó. Fue un beso lento, tierno, lleno de emociones que habían estado esperando ser liberadas. Elvira cerró los ojos y se dejó llevar, permitiendo que ese beso la transportara a un lugar donde el tiempo y las responsabilidades no tenían cabida. Era un momento que nunca pensó que viviría, pero allí estaba, compartiendo un beso con alguien que siempre había sido especial para ella.

    La vista panorámica de la ciudad y el suave murmullo del viento crearon un telón de fondo perfecto para el beso. Elvira sabía que estaba cruzando una línea peligrosa, pero no pudo evitarlo. El beso la hizo sentir viva, como si todo lo demás se hubiera desvanecido, dejando solo a ella y a Juan en esa noche mágica. Sabía que pronto tendría que regresar a la realidad, pero por ahora, el hechizo de la noche y el beso la llevaban a un lugar donde las emociones fluían sin restricciones.

    Después de su beso en la terraza, Elvira y Juan se quedaron quietos por un momento, sus respiraciones aún agitadas por la intensidad del encuentro. Las luces de la ciudad brillaban a lo lejos, creando una atmósfera encantadora pero también algo irreal. Ambos sabían que el tiempo parecía haberse detenido para ellos, pero la realidad pronto volvería con todo su peso.

    Elvira fue la primera en moverse, separándose ligeramente de Juan y mirándolo a los ojos. Había algo profundo y sincero en su mirada, una conexión que había estado latente durante años y que ahora, por fin, se había manifestado. Pero también había preocupación, la conciencia de que lo que había sucedido esa noche podría tener consecuencias.

    —Juan… —empezó a decir, sin saber realmente qué preguntar—, ¿qué hacemos ahora?

    Juan asintió, entendiendo lo que ella quería decir. Sabía que era un momento complicado, que había sentimientos intensos pero también responsabilidades que no podían ignorar.

    —No lo sé —respondió él, con un tono de voz suave pero serio—. No quiero estropear lo que tenemos, pero tampoco quiero fingir que esto no significa nada.

    Elvira asintió, aunque sentía el pulso acelerado y las emociones aún a flor de piel. La noche era mágica, pero la magia podía desvanecerse rápidamente cuando la realidad se imponía. Decidió sentarse en un banco cercano, uno que ofrecía una vista espectacular de la ciudad. Juan la siguió, sentándose a su lado pero sin invadir su espacio personal.

    El silencio entre ellos era cómodo, pero también cargado de tensión. Elvira pensaba en su familia, en su esposo y en sus hijos. También en lo que esa noche podría significar para su relación con Juan, si era el inicio de algo o solo un momento efímero.

    —Siempre me pregunté qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes —dijo Juan, rompiendo el silencio—. Si hubiéramos seguido en contacto después de la escuela, o si nuestras vidas no hubieran tomado caminos tan diferentes.

    Elvira miró hacia el horizonte, las luces parpadeantes de la ciudad reflejadas en sus ojos. Ella también se lo había preguntado muchas veces, especialmente cuando las cosas en su matrimonio se volvieron rutinarias o difíciles. Pero ahora que estaban allí, en la terraza, sabía que esas preguntas podían ser peligrosas.

    —Yo también me lo he preguntado —respondió ella con sinceridad—. Pero la vida es así, ¿verdad? Tomamos decisiones y luego seguimos adelante, intentando hacer lo mejor que podemos.

    Juan asintió, pero sus ojos reflejaban una melancolía que no había estado allí antes. Parecía luchar contra sus propios pensamientos, como si quisiera expresar algo más pero no supiera cómo hacerlo sin cruzar una línea.

    —Elvira, no quiero que esto sea un problema para ti —dijo—. Quiero que esta noche sea especial, pero no quiero que te sientas culpable o incómoda.

    Elvira sonrió suavemente, agradecida por su sinceridad. Sabía que estaban en un terreno frágil, pero también sabía que el momento era real, que la conexión que compartían era genuina.

    —Gracias, Juan —dijo ella, apoyando una mano en la suya—. Por entender y por ser honesto. No sé qué significa todo esto, pero también quiero que sea especial, sin complicaciones.

    Ambos se quedaron sentados en el banco, mirando las luces de la ciudad y permitiéndose sentir la emoción del momento sin presiones ni expectativas. Sabían que pronto tendrían que regresar al salón y que el hechizo de la noche podría romperse, pero por ahora, disfrutaron del silencio y la compañía del otro, sabiendo que a veces, el presente es lo único que se puede realmente disfrutar.

    Elvira y Juan bajaron varios pisos en el ascensor, todavía sumidos en la atmósfera de la terraza, donde habían compartido confesiones y besos que removieron sentimientos antiguos. La sensación era extraña, como si hubieran dejado parte de ellos mismos en esa terraza con vista a la ciudad. Pero sabían que debían volver al salón, donde la reunión de exalumnos seguía en pleno apogeo.

    Durante el descenso, no hablaron mucho. Juan la tomó de la mano, y Elvira se dejó guiar por el edificio, notando el calor de su piel y el suave roce de sus dedos entrelazados. El contacto era tranquilizador y tentador al mismo tiempo. Las luces del hotel creaban sombras y reflejos en las paredes, mientras descendían en silencio.

    Fue cuando pasaron frente a la habitación 203 que Elvira se detuvo abruptamente. Algo en ese número le resultaba familiar, como si la llamara de vuelta a un momento importante. Juan, sorprendido por el movimiento repentino, también se detuvo y la miró, intentando entender qué había llamado su atención.

    —¿Qué pasa? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y preocupación.

    Elvira miró la puerta de la habitación 203, tratando de recordar por qué le resultaba tan significativa. Y entonces, de repente, recordó. En su último año de primaria, ella y Juan se habían escondido en esa misma habitación durante una excursión escolar. Fue una travesura inocente, pero también un momento que marcó la intensidad de su amistad y complicidad. Recordar eso ahora, después de todo lo que había pasado en la terraza, le pareció más que una coincidencia.

    —Esta era la habitación donde nos escondimos en la excursión —dijo, con una sonrisa que era mitad sorpresa, mitad nostalgia—. ¿Te acuerdas? Nos escapamos del grupo y nos quedamos aquí, contando historias hasta que nos encontraron.

    Juan parpadeó, como si también estuviera recordando esos momentos. Su expresión cambió, mostrando una mezcla de sorpresa y alegría.

    —¡Es cierto! —dijo, riendo suavemente—. Nunca olvidaré la cara de la maestra cuando nos encontró. Parecía que había visto un fantasma.

    Elvira asintió, y por un momento, el recuerdo de esa travesura trajo de vuelta la alegría y la ligereza de sus días escolares. Pero también despertó algo más, algo que estaba latente en la conexión entre ellos, algo que se había manifestado en la terraza y que ahora, frente a esa habitación, parecía resurgir con fuerza.

    La idea de entrar a la habitación 203 cruzó por su mente, pero supo que era una línea que no debía cruzar. No importaba cuán fuerte fuera la nostalgia o la conexión entre ellos, había cosas que no podían permitirse. Así que respiró hondo y soltó la mano de Juan, señalando hacia el ascensor.

    —Vamos, tenemos que volver al salón —dijo, tratando de sonar casual—. No queremos que nadie sospeche.

    Juan asintió, pero sus ojos reflejaban un deseo que era difícil de ocultar. Sabía que Elvira tenía razón, pero la tentación de volver a esa habitación, de revivir un momento que había sido especial para ellos, era fuerte. Sin embargo, también sabía que estaban en un terreno delicado, y cualquier paso en falso podría tener consecuencias irreparables.

    Con una sonrisa ligera, Elvira volvió a tomar la mano de Juan y comenzaron a caminar de nuevo hacia el ascensor. En eso.

    —Quédate un momento, ya vuelvo —dijo Juan, con un tono que no admitía discusión—. Iré a la recepción.

    Elvira asintió, aunque la sorpresa se reflejaba en su rostro. ¿A recepción? ¿Por qué? Antes de que pudiera hacer más preguntas, Juan desapareció por el pasillo, dejándola sola frente a la puerta de la habitación 203. El sonido de sus pasos se desvaneció rápidamente, y Elvira se encontró rodeada por el silencio del hotel, un silencio lleno de incógnitas.

    Esperó pacientemente, mirando alrededor. El corredor estaba desierto, y las luces suaves proyectaban sombras alargadas en las paredes. El tiempo parecía alargarse, cada segundo pasando lentamente. Las emociones del encuentro con Juan aún palpitaban en su mente. Habían estado tan cerca, en la terraza, y ahora esto. ¿Por qué tenía que ir a la recepción?

    Su mente empezó a divagar. Tal vez había olvidado algo importante, o quizá necesitaba hablar con alguien del personal del hotel. Pero también había una parte de ella que se preguntaba si este era el final de la noche, si todo lo que habían compartido se desvanecería cuando Juan regresara.

    El aire era fresco, pero el calor de la emoción todavía ardía en su pecho. Recordó la intensidad de sus besos, la sensación de sus manos entrelazadas y la conexión que parecía ir más allá del tiempo y la distancia. El hecho de que él tuviera la llave de una habitación también despertó sus dudas, pero intentó no pensar demasiado en ello. Tal vez solo era un gesto simbólico, una forma de mostrar que confiaba en ella.

    Un par de minutos después, escuchó el sonido de pasos acercándose. Juan reapareció por el pasillo, con una expresión tranquila y una sonrisa suave. Algo había cambiado en su mirada, pero Elvira no estaba segura de qué era.

    —Listo, ya estoy aquí —dijo, como si no hubiera pasado nada extraño—. ¿Entramos?

    Elvira dudó por un momento, pero la chispa de la noche seguía viva. Las luces del corredor parpadeaban ligeramente, y la puerta de la habitación 203 estaba entreabierta. ¿Qué significaba esto? ¿Era solo otro paso en la noche mágica que habían compartido o algo más?

    La invitación estaba allí, pero Elvira sabía que la elección era suya. Todo lo que había sentido durante esa noche, la conexión y la emoción, parecía converger en ese momento. Podía entrar y ver a dónde la llevaría esa puerta abierta, o podía retroceder y mantener la línea que hasta ahora habían respetado.

    Juan la miró con paciencia, sin presionar. Sabía que la decisión debía ser de ella. Todo dependía de cuánto estaba dispuesta a arriesgar por un momento que, aunque intenso y significativo, también podía tener consecuencias inesperadas.

    Elvira se quedó mirando la puerta entreabierta de la habitación 203, con la llave en la mano que Juan le había dado. La tentación era fuerte, y las emociones desbordantes de la noche le susurraban que cruzara el umbral, que se dejara llevar por el momento. Habían compartido tanto en la terraza, se habían confesado sentimientos y recuerdos que habían estado enterrados por años. Era como si todo apuntara a ese instante, a esa decisión.

    De repente, como si algo en su interior hiciera clic, Elvira sintió el impulso de entrar en la habitación. Tal vez era el deseo de experimentar algo prohibido, el anhelo de sentir esa conexión una vez más. O tal vez era la curiosidad, la necesidad de saber qué pasaría si dejaba atrás las restricciones y simplemente se entregaba al momento. Juan estaba a su lado, esperándola, pero sin presionar. Había dejado claro que la elección era suya.

    Elvira respiró hondo, sintiendo el aire fresco del hotel, y empujó la puerta con suavidad. La habitación 203 era sencilla pero acogedora, con una cama grande y sábanas blancas. Había una lámpara encendida en la mesita de noche, y las cortinas estaban entreabiertas, dejando que la luz de la ciudad entrara en suaves reflejos. Era un espacio privado, alejado del bullicio del salón y de la multitud de la fiesta. Un refugio donde podían ser ellos mismos, sin juicios ni restricciones.

    Juan la siguió, cerrando la puerta detrás de ellos con cuidado. El sonido del clic de la cerradura resonó en la habitación, y Elvira sintió un escalofrío de anticipación. Todo estaba en calma, y la habitación se convirtió en un pequeño mundo donde solo existían ellos dos.

    Elvira miró a Juan, tratando de encontrar algo en sus ojos que le diera tranquilidad. Él la miraba con una mezcla de ternura y deseo, pero también con respeto. No quería presionarla ni llevarla a un lugar donde no se sintiera cómoda. Pero la chispa que habían compartido en la terraza seguía ardiendo, y ahora estaban aquí, solos en la habitación 203, con todo el tiempo del mundo.

    Elvira dio un paso hacia él, y Juan extendió la mano para tomar la suya. Fue un toque suave, pero el calor de su piel la hizo sentir más viva que nunca. Había algo eléctrico en ese contacto, una energía que parecía llenar el espacio entre ellos.

    Se miraron por un momento, sin palabras. No había necesidad de explicar lo que estaban sintiendo. La atmósfera estaba cargada de emociones, de recuerdos y de un deseo que había estado reprimido durante mucho tiempo. Elvira sabía que estaban cruzando una línea, pero en ese momento, el hechizo de la noche era demasiado fuerte para resistir.

    Juan se acercó un poco más, y Elvira sintió que su corazón latía con fuerza. No era solo el deseo físico lo que los unía, sino también la conexión emocional, la nostalgia y la comprensión mutua. Era como si el tiempo se hubiera detenido y todo lo que importaba era ese instante.

    Entonces, Juan la besó de nuevo, con una pasión contenida pero creciente. Fue un beso lento, lleno de emociones que habían estado esperando ser liberadas. Elvira se dejó llevar, permitiendo que el momento la envolviera. El sonido del viento afuera y las luces suaves de la ciudad crearon un telón de fondo perfecto para ese beso.

    Sabía que estaban en terreno peligroso, pero en ese momento, decidió dejarse llevar por el impulso, por el deseo de sentir algo genuino y real. El tiempo se detuvo para ellos en la habitación 203, y mientras compartían ese beso, todo lo demás parecía desvanecerse. Habían cruzado una línea, el deseo y la nostalgia habían triunfado dentro de la habitación.

    Una vez consumado la llamarada de pasión. Elvira y Juan salieron de la habitación 203 después de una hora que pareció extenderse en la eternidad y, al mismo tiempo, pasar en un suspiro. El entorno del hotel era el mismo, pero para ellos, todo había cambiado. La conexión que habían compartido, los besos y los momentos de intimidad, habían transformado su percepción del mundo, dejándolos a ambos con sentimientos encontrados.

    Elvira caminaba por el pasillo solitario con pasos inciertos, como si sus pies no supieran bien hacia dónde dirigirse. Su cuerpo temblaba, pero no solo por el frío del aire acondicionado; era el remolino de emociones que giraba en su interior, el remordimiento y la euforia mezclados en una tormenta imposible de contener. Su corazón latía con una intensidad que le dificultaba concentrarse, y la preocupación de lo que vendría después nublaba su mente.

    Juan, a su lado, parecía más sereno, pero había una chispa en sus ojos que revelaba el torrente de emociones bajo la superficie. Estaba excitado, claramente, y aunque intentaba disimularlo, la satisfacción personal era palpable en su semblante. Había algo en su actitud, un toque de confianza y desenfreno que contrastaba con la incertidumbre de Elvira.

    Mientras caminaban, el eco de sus pasos resonaba en las paredes del pasillo, creando un sonido casi hipnótico. Ninguno de los dos hablaba. Elvira estaba perdida en sus pensamientos, tratando de procesar lo que había sucedido y lo que significaba para su vida y su familia. Era una mezcla de placer y culpa, de amor y miedo, y cada paso que daba hacia el ascensor se sentía como una decisión que la llevaba más cerca de la realidad y más lejos del momento mágico que acababan de compartir.

    Al llegar al ascensor, Juan la miró, sus ojos reflejando un conflicto similar al de ella. No había necesidad de palabras; ambos sabían que lo que había sucedido en la habitación 203 sería algo que tendrían que cargar consigo. Pero, por ahora, había un entendimiento tácito de que lo que pasó, pasó, y que el camino hacia adelante sería incierto y lleno de desafíos.

    Elvira suspiró, tratando de calmar su respiración. Sabía que una vez que regresaran al salón, todo tendría que volver a la normalidad. Pero no sabía cómo podría hacerlo, no después de lo que había experimentado con Juan. Había algo dentro de ella que anhelaba más, pero también sabía que seguir por ese camino solo traería complicaciones.

    Juan le sonrió suavemente, como queriendo ofrecerle algo de consuelo en medio de la confusión. Pero Elvira sabía que esa sonrisa también era un aviso de lo que compartieron, y eso solo hacía que su corazón latiera con más fuerza. Mientras Elvira y Juan bajaban en el ascensor, un silencio incómodo se instaló entre ellos. Era como si todo lo que había pasado en la habitación 203 se hubiera quedado atrapado en el aire, creando una tensión palpable. Elvira miraba las luces parpadeantes en el panel del ascensor, su mente todavía tratando de procesar las emociones que habían surgido esa noche.

    De repente, su teléfono vibró en su bolso. Lo sacó con rapidez y vio el nombre de su esposo en la pantalla. Su corazón dio un vuelco. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentar la realidad, pero no esperaba que llegara tan pronto. Miró a Juan, quien la observaba con curiosidad, y luego respondió la llamada, intentando sonar natural.

    —Hola —dijo Elvira, con una voz que buscaba ocultar el nerviosismo—. ¿Qué tal todo?

    —Bien, cariño —respondió su esposo—. Solo quería saber a qué hora vas a volver. Estoy cerca del hotel y pensé en recogerte dentro de una hora, así no tienes que preocuparte por el transporte.

    Elvira sintió un nudo en el estómago. Una hora. Eso era todo el tiempo que tenía antes de que su esposo llegara, y todavía tenía que regresar al salón y fingir que todo estaba normal. Miró a Juan, quien escuchaba atentamente la conversación, consciente de que la situación había cambiado drásticamente.

    —Sí, claro, está bien —respondió, tratando de mantener la calma—. Nos vemos en una hora, entonces. Gracias por venir a buscarme.

    Su esposo respondió con una calidez habitual, sin sospechar nada, y luego colgó. Elvira guardó el teléfono en su bolso y se apoyó en la pared del ascensor, sintiendo la presión de la situación. Habían compartido algo significativo esa noche, pero el tiempo para procesar todo eso se estaba agotando rápidamente.

    Juan la miró con una mezcla de preocupación y comprensión. Sabía lo que significaba esa llamada y lo que estaba en juego para Elvira. Estaba claro que la noche mágica que habían compartido tenía un límite, y la realidad estaba a punto de imponerse.

    —¿Todo bien? —preguntó Juan, aunque ambos sabían que la respuesta era complicada.

    —Sí —respondió Elvira, pero su voz temblaba ligeramente—. Mi esposo vendrá a recogerme en una hora. Creo que necesitamos volver al salón y… bueno, actuar con normalidad.

    Juan asintió, comprendiendo la situación. El tiempo para hablar y explorar lo que había sucedido entre ellos era limitado, y sabía que forzar algo más podría complicar aún más las cosas. Pero también era consciente de la intensidad de sus sentimientos, y el dilema de tener que fingir que nada había pasado.

    El ascensor llegó a la planta baja, y las puertas se abrieron con un suave sonido. Elvira salió primero, con pasos algo inseguros, mientras Juan la seguía, observando su reacción y tratando de encontrar las palabras adecuadas. Sabía que el camino de regreso al salón sería difícil, y que cada paso los alejaba más del momento íntimo que habían compartido.

    El ruido y el bullicio de la fiesta volvieron a envolverlos cuando entraron al salón. Las risas y las conversaciones llenaban el aire, y todo parecía haber regresado a la normalidad. Pero para Elvira y Juan, nada volvería a ser igual. El reloj corría, y sabían que tenían una hora antes de que el esposo de Elvira llegara para recogerla.

    Mientras caminaban por el salón, intentaron mezclarse con los demás, hablando con amigos y sonriendo como si todo estuviera bien. Pero la chispa entre ellos era difícil de ocultar, y cada mirada, cada gesto, hablaba de algo más profundo que había surgido esa noche.

    La pregunta ahora era ¿Qué hacer con esos sentimientos?, y si el tiempo que tenían juntos ¿Sería suficiente para encontrar una respuesta?

    Continuará.

    (Gracias por leer)

  • Carla: Amante fija de cliente de su padre, papi aprovecha

    Carla: Amante fija de cliente de su padre, papi aprovecha

    100 % real. Lo de Carla y el padre, está totalmente estabilizado. Perdonado definitivamente por Carla, que ahora lo disfruta, el padre la coge a mas no poder, y hace todo lo posible por ayudarla en la financiación de este último año de estudios y también a instalar lo que será su bufete compartido con Pía.

    En el marco de la sociedad/corresponsalía con el estudio del abogado que hemos llamado Abo, en Bs As, Carla comenzó a viajar cada 30 días mas o menos a visitar a Abo, cuya técnica de coger echando todo el cuerpo sobre ella, le encanta a mi chica.

    En la primera ida, en ocasión de un almuerzo de ambos en P.M. Varios “colegas y clientes” pasaron a saludar (sospechosamente todos iban por separado a ese lugar y a esa hora) a Abo. Y era evidente que de paso admiraban un momento a Carla, sin dramas de compromisos, recordemos que Abo es viudo e incluso invitó a su casa a Carla. No nos extrañe que Abo hubiera dado pre aviso a algunos amigos o clientes seleccionados, para que envidiaran y admiraran la chica que l acompañaba.

    En ocasión del feriado de 2 de abril en Argentina, con día lunes sandwich que mucha gente se tomó libre y viajaba, un señor, propietario de cadena de franquicias que desea comenzar a expandirse en Uruguay, y cuya asistencia legal lleva el estudio de Abo, vino a Montevideo a contactar el estudio del padre de Carla, lógicamente referido por Abo. Ustedes ya lo saben o al menos lo imaginan, este Sr. era uno de los que pasó por el restaurante de P. Madero, y posteriormente habló con Abo de todo el tema de trabajo y discretamente, preguntó por Carla.

    La respuesta de Abo, quien inmediatamente nos llamó para contarnos y asegurarse de que no había actuado mal, fue mas o menos esta:

    —Es hija de mi colega de Montevideo, aunque se enteraron hace menos de un año y ella no quiso que la reconociera como hija, mantiene su filiación anterior, muy linda, ya la viste, y tan fogosa y abierta al sexo como linda.

    Además, de excelente nivel, a fin de año será colega pues termina sus estudios de Derecho.

    —Será accesible?

    —En lo atinente a relacionarse y en lo personal, es un encanto, más que accesible… si te pones de acuerdo en lo otro… pero sé que no tendrás problemas, por tu potencial y por lo que te he visto contratar en el hotel XX.

    —Son gustos que uno se da!

    Con esos antecedentes que Abo nos transmitió, y con la invitación del padre de Carla a almorzar el lunes, todo estaba dado para una linda aventura.

    Después de trabajar el lunes de mañana, y antes de la sesión de trabajo del lunes de tarde, se produjo el almuerzo. José, el papá de Carla, encantado, pues el almuerzo le servía de coartada para verse con su hija sin riesgo, ahora que mutuamente se han aceptado (y mucho mas que aceptarse ja ja).

    Además, si el argentino, digámosle Manuel, avanzaba, sería excelente para todos, Carla ganaría y disfrutaría de un Sr. nuevo, lo cual siempre le gusta; y José y Abo fidelizarían a un cliente, cliente nuevo para José y ya establecido de tiempo para Abo.

    Y así se hizo, Carla llegó un poco tarde pues venía de clases de facultad y debía volver a la tarde.

    Pero aun así, con clima agradable y sentados al interno del restaurante, se vino con un vestido muy suelto, sin bra, lo cual era notorio, y con una mínima tanga hilo, que permitía que la tela del vestido se metiera en su raya trasera marcando notoriamente la hermosa forma y firmeza del trasero.

    A medida que el almuerzo avanzaba, una pierna de Carla rozó levemente la del invitado, algunas frases pícaras se intercambiaron, y Manuel dejó saber que era una lástima que debiera irse el martes a media mañana, porque le hubiera gustado estar mas tiempo “para que Carla me haga una recorrida de lindos sitios de Montevideo”.

    —Pero Manuel, no te preocupes, seguramente volverás para adelantar con el inicio de tus negocios aquí, te acompañaré con gusto, igual que quizás me acompañes en alguna ida mía a Bs As, cuando Abo me invita, y además, podemos tomar algo esta noche, así lo vamos programando, te parece bien?

    Parece ser que Manuel abrió los ojos y con alegría dijo:

    —Perfecto! Y yo invito todo. Vayamos a tomar algo al mejor lugar y no reparemos en gastos! Además, también yo puedo invitarte a Buenos Aires, y por cierto me gustará hacerlo, no seré menos que Abo! Ja ja ja!

    —Que linda invitación. Terminan para las 18?

    —Sin dudas, dijo José, te lo libero para esa hora.

    —Y no se animan a venir los dos a casa? Estaremos mas cómodos y de paso Manuel ahorra en gastos ja ja.

    Al terminar e irse, se apartaron un momento Carla y Manuel, para conversar a solas.

    —Eres muy amigo de Abo?

    —Muy amigo, y desde siempre es mi asesor legal, sabe de mi potencial y de que no vacilo en gastos para tener lo mejor para mi, siempre. Abo fue quien me dijo que no perdiera la oportunidad de conocerte., y por cierto vine preparado…en todo sentido!

    —Ayyy que divino Abo, un gran amigo, uno de esos amigos que siempre quiero ver, obviamente sabes que me invita a Bs As.

    —Sí, lo sé, y por cierto, me dijo que le gustaría reunirnos en su casa, expresó Manuel.

    —Lo damos por hecho, sí?

    —Síí.

    —Y hoy quiero nos conozcamos mas…

    —Me encantará! Y Abo me dijo que algo así como… (susurro al oído de Carla) sería atractivo para ti.

    —Ya lo creo!

    Disuelta la reunión y cada cual a lo suyo, Carla asistió a sus clases de la tarde y fue a su casa a prepararse en todo sentido.

    Preparó todo para una bebidas, y decidió que si alguien deseaba comida, pedirían, pero no quería que nada interfiriera con sus planes.

    Previsión de anal, repaso de depilación y recorte de landing strip, ducha, bata, pelo mojado y a esperar los pocos minutos que faltaban para la llegada de José y el invitado Manuel.

    Por cierto, lo del pelo mojado y la bata no fue descuido ni casualidad, era la antesala de algo que habíamos hablado y que ella deseaba repetir, pues le encanta: nada mas y nada menos que el famoso truco del toallón.

    Algo que nos permitió debutar en todo el tema de entregar a Carla, con los arquitectos A Y B como protagonistas sorprendidos por ese truco (lo recuerdan queridos lectores?).

    Por mi parte yo llamé a José para unirme a ellos, a fin de sumar un poco de morbo y no perderme todo, pero con el compromiso de retirarme temprano, antes de que la acción estuviera a full.

    Quedamos de llegar juntos, a la hora exacta, pues debíamos entrar juntos para que Carla nos recibiera “saliendo de la ducha”, por cierto eso lo sabía José, pero no Manuel. Los vi a distancia caminando hacia el edificio donde vive Carla, le avisé que llegábamos y fui a encontrarme con ellos. José me presentó como “pareja de Carla, aunque escapado de su esposa” ja ja.

    Llegamos al apartamento y llamamos, concurrió Carla a recibirnos, descalza, pelo mojado, cubierta de cuello a rodillas con un toallón que sostenía con la mano izquierda.

    —Perdonen que los reciba así! Me demoré al salir de clase y recién termino de ducharme!

    Beso en la mejilla a Manuel, beso con perceptible roce de comisura de labios al padre y beso de lengua, rápido, a mi.

    —Que suerte que te sumaste amor! Discúlpenme, me seco el cabello y vengo, mas formal, lo prometo! Sírvanse algo de tomar, demoro diez minutos.

    La entrada a la suite de dormitorio y baño es cercana, unos ocho pasos, quizás diez. Retrocedió cuatro o cinco pasos y se dio vuelta y entró a la suite.

    Obviamente, al girarse y caminar esos pasos remanentes, quizás en dos segundos, se vio toda su espalda, a full, hermoso culo incluido, había “olvidado” cubrir su trasero con el toallón. Fue un momento, pero que momento.

    José carraspeó como aclarando la garganta, Manuel miró y después de mirar, desvió la mirada como disimulando, y yo discreto, dije: “un descuido, disculpen, no quiso ofender”. Pero mis ojos acostumbrado a ver detalles cuando otros miran a Carla, percibieron un cierto crecimiento en la zona del bulto de Manuel .

    —Por favor, no es nada, ninguna ofensa, dijo Manuel, confirmando indirectamente que había visto ese hermoso derriére.

    Les serví gin tonics, refresco para mi, conversamos de todo un poco, incluso de que hacía relativamente poco tiempo que José se enteró de ser el padre de Carla, de como Carla lleva su vida independientemente, y que a fin de año será abogada, pero ejercerá junto a su socia Pía, casi sin relación de trabajo con su padre.

    También quedó claro que Juan, el hijo de José y medio hermano de Carla, sabe todo (y tienen sexo abundante) y que por ahora la esposa de José ignora absolutamente todo, aunque José me sorprendió al confesar que piensa presentarla como hija, hija que al fin y al cabo engendró antes de conocer a su actual mujer.

    En eso estábamos cuando apareció Carla, ni que decirles tacos altísimos como siempre en sandalias negras. Medias negras de puño elastizado con bordados turquesa (que no llegaban a verse, cubiertos por el vestido), portaligas turquesa alto, a la cintura y micro tanga turquesa, con hilo dental y triángulo frontal mínimo dejando al descubierto toda la tira de pelitos recortados con total prolijidad. El resto, depilado totalmente, y suavizado con crema perfumada.

    Encima, un vestido elastizado, negro tipo tubo, el colmo de la simplicidad.

    Al llegar ella a la cercanía de los caballeros, Manuel se levantó y tomó un ramo de rosas rojas que había traído, en el cual introdujo discretamente un sobre.

    —Para alegrar la casa, no te mereces menos.

    —Es una alegría recibir esto, dijo Carla. Y se retiró a colocar las flores en un florero con agua, y de paso poner el sobre fuera de la vista sin siquiera abrirlo, la confianza debe ser total y mutua. Desde luego al retirarse aprovechó al caminar para lucir su silueta, realzada con los altísimos tacos aguja.

    Al regresar, colocó las flores en el centro de la mesita donde estaban las bebidas y dijo, dirigiéndose a Manuel:

    —Muchas gracias por todo caballero.

    Y no pasó desapercibido un cierto énfasis en la expresión “por todo”.

    Al sentarse, un estratégico cruce de piernas, seguramente debe haber permitido a Manuel vislumbrar el tono turquesa de la tanga, nada mas que un instante.

    Avanzamos con las bebidas y la conversación avanzaba, intrascendente, hasta que en determinado momento Carla preguntó si alguien quería una segunda ronda de bebidas.

    José y Manuel aceptaron, Carla, que dijo que quería mantenerse fresca, atenta y bien lúcida y yo dije que no pues debía conducir al retirarnos, y me ofrecí a llevar al visitante a su hotel y a José a su casa.

    Volví con las bebidas, y brindaron a la salud de los que no bebíamos, yo agregué:

    —Y no beban mas o comenzarán a ver doble!

    —Igual, no estaría mal dijo José.

    —Pues a mi me encantaría ver doble lo que ustedes se imaginan dijo Manuel.

    Nos reímos José y yo, y Carla, actuando a la perfección como siempre, y luciendo realmente sorprendida dijo:

    —Me perdí de algo?

    —No te diste cuenta hija?

    —De que hablan? No entiendo.

    —Lo que pasa amor, es que cuando nos recibiste, al retirarte giraste y… bueno, el toallón no te cubría la espalda. Y parece que a Manuel no le molestaría ver eso doble! Ja ja.

    —Ayyy que pícaro! Y no me advirtieron del error.

    —Vida, fue solamente un segundo o dos, no te preocupes, pero bebamos en paz, debo irme temprano, no tengo coartada para llegar tarde a casa.

    Carla puso su mejor mohín de tristeza, me besó y me dijo que al menos me quedara un poquito mas, cosa que hice gustoso, (todo convenido de antemano).

    Esto había desviado la conversación del tema del toallón, y seguimos hablando de otras cosas. Aunque nuevamente, pude percibir al hablar del tema, incremento del bulto de Manuel.

    En determinado momento Carla dijo: “saben? No puedo creer que no me avisaran de mi desliz”.

    —Seguro nadie se molestó aventuré, ni siquiera tu padre y creo que tampoco Manuel.

    —Cero molestia y mucho agrado, aventuró José, somos liberales, verdad?

    —Créanme, dijo Manuel, hubo algo que me molestó y es que fueron apenas dos segundos, nada mas!

    —Que pícaro Manu! Exclamó Carla.

    —Te das cuenta? Parece que deseaba mas.

    —Tampoco es para tanto! Habrá visto en Buenos Aires colas mejores!

    —Te aseguro que mejores no creo, aunque no pude verte bien ja ja.

    —Que opinas Sergio? Y me hizo Carla un guiño pícaro.

    —Opino que el Sr. desea ver mas, quedó intrigado. Que opinas José? No te ofende que Carla se deje ver por Manuel unos segundos mas?

    —Para nada! Hasta diría que disfrutaré yo también, me encantaría…

    Esta frase hizo abrir los ojos a Manuel, lleno de sorpresa, y aún sorprendido atinó a decir:

    —Bueno, si es posible, me gustaría; (siguiendo el juego con habilidad, pues bien sabía que había hecho todo lo convenido y necesario para estar con Carla).

    —Que divinos! Como me halagan!

    Decir eso y pararse fue todo uno. A la expectativa, nos paramos nosotros también.

    Ella se alejó un paso para darnos mas visibilidad y nos dijo:

    —Así que Manu y mi papi quieren verme de cola?

    —Bueno, si es posible…

    —No podría negarme después de toda la gentileza que has tenido conmigo. Y dicho esto comenzó su ritual.

    —Me ayudás Sergio?

    Unos lentos movimientos de trasero de lado a lado mientras permanecía de espaldas a José y Manuel y yo me puse de frente a ella.

    Puse mis manos sobre sus caderas y fui levantando el vestido muy lentamente, casi hasta la cintura. Todo el trasero quedó al aire, apenas se veía en la raya el hilo de la mini tanga.

    Manuel no pudo contener una expresión no muy elegante pero sí demostrativa de su admiración:

    —Que culo! Hermoso culo!

    Y Carla: —Le gusta caballero? Le atrae quizás?

    Dejé pasar varios segundos y comencé a bajar el vestido cubriéndola de nuevo y dije:

    —Me parece amor que Manuel duerme aquí y que tu padre y yo nos vamos ya.

    —Mmm, me parece buena idea dijo Carla. Me encantaría ver que tanto te gusto Manuel.

    —Mucho! Fue la simple respuesta de él.

    Pero José exclamó, un poco exaltado:

    —Antes de irme quiero verte desnuda!

    —Ayyy papi, como se ha puesto! A lo mejor Manu se ofende si hacemos eso! Manuel, aceptas verme y que me vean antes de irse? No te molesta que me vea mi papá? Tenemos mucha confianza entre nosotros.

    —Sí, por que no? Al fin y al cabo luego te quedas conmigo. Tu padre puede verte sin ropas?

    —Alguna vez lo ha hecho sí, y mas, je je.

    No necesité más indicaciones, ella se giró para estar de frente a ellos y procedí a comenzar a desnudarla, esta vez desde el escote, bajando el vestido. Poco a poco fueron apareciendo los preciosos senos, los pezones duritos y rosados, todo el torso. Al llegar con el vestido a la altura de la cintura, me detuve y acaricié los senos unos segundos, me chupó dos dedos y continué con mi labor, apareció el portaligas, color turquesa, alto a la cintura, y seguí bajando el vestido.

    Llegó el momento que aparecieron los primeros pelitos de la franja que se deja, luego la franja a pleno, con un Ahhh de Manuel, luego el mínimo triangulito turquesa de la tanga, que cubría pero transparentaba la mínima rayita de los labios vulvares.

    Dejé caer el vestido al suelo y dije:

    —Creo que deseaban verte así amor, al tiempo de poner un dedo por debajo de la mínima tanga y meterlo en su conchita, de donde salió húmedo y brillante. Me lo chupé y dije: —Que delicia!

    —Yo pedí desnuda! Dijo el padre. Y Manuel, sonriente y complaciente agregó: —Falta la tanga.

    Cuidadosamente me incliné, la retiré milímetro a milímetro, haciendo que desearan ver aquella hermosa conchita, y también la dejé caer al suelo, ahora solamente tenía puestos su zapatos, medias y portaligas, haciendo un conjunto impresionante.

    —Amor, tu papá y yo nos vamos, deberías saludarlo con una reverencia.

    —Tenés razón.

    Se giró, abrió las piernas un poco, y de espaldas a ellos, se inclinó doblando la cintura como en una reverencia un poco exagerada.

    Lo primero que vieron, fue el hermoso esfínter, digamos que perfecto, totalmente simétrico, todas las estrías iguales, rosado; y mas abajo, fue apareciendo esa hermosa vulva que tantos caballeros hemos disfrutado (llevamos prolijamente la cuenta, 62 caballeros en seis años), sin defectos, absolutamente depilada, los labios apenas entreabiertos y el interior ya brillante y un poquito húmedo.

    Volvió de frente a ellos y a mi, que había contemplado la reverencia junto a ellos, y nos dijo:

    —Deben irse, cuídense; y nos dio sendos besos de lengua. Pero agregó: — No te escandalices porque bese a papá Manuel, ni porque me vea así, el ha estado en mí, de todas las maneras posibles, y lo disfrutamos, verdad papá?

    —Claro que sí hija.

    —Eso sí que me sorprende! Deberé invitar también a Sergio y José a Buenos Aires, entonces.

    —Papi vení mañana a buscar a Manu, lo quiero toda la noche aquí. Cierra ahora y entras mañana con tu llave, si? Puede que estemos todavía en cama cuando vengas. No te molesta Manuel?

    —Para nada, divina.

    Y así nos fuimos el padre y yo.

    A partir de aquí, el relato lo escribo basado en lo que me transmitió Carla, con lujo de detalles durante varias sesiones de sexo entre nosotros. Salvo un pequeño episodio de llamada telefónica y envío de una foto, que ese lo viví en directo, a poco de salir del apartamento de ella.

    Quedaron solos Manuel y Carla, y él dijo:

    —Que deliciosa entrega, jugaron un juego muy lindo tu y Sergio.

    —Ja ja, fue el mismo juego con el que me entregó por primera vez. Pero pongámonos a gusto! No vale, yo desnudita y tú vestido.

    Y ella misma le quitó la camisa, el pantalón, él se quitó los mocasines, y cuando Carla le bajó el bóxer, no pudo contener una exclamación al verle la pija: —Que divina pija amor! Me encantan así!

    Lo que tenía a la vista, era pija y bolas de excelentes dimensiones, afeitadas, y para deleite de Carla (nuestros lectores ya conocen su preferencia), el glande estaba totalmente recubierto de piel, que parecía cerrarse en el extremo, y eso, en plena erección.

    —Parece una salchicha! Se corre la piel hacia atrás?

    —Sí, al meterla o si la trabajas a mano y con lengua, dijo él.

    Se lo tengo que mostrar a Sergio! Y se fue a buscar el teléfono, sacó una foto en primer plano, se la mostró a Manuel para que viera que solamente aparecía el miembro, y me la envió.

    Yo iba conduciendo y pedí a José que recibiera el mensaje, lo abrió y riéndose me mostró la foto, con el texto de “mirá que tesoro encontré”. Le pedí a José que respondiera “disfruta” y continué con mi recorrido a casa de José y a la propia mía.

    Descubierto ese tesoro, Carla quiso aprovecharlo y admirarlo, se alejó un paso, miró a Manuel de arriba a abajo, y le dijo:

    —Me gusta lo que veo!

    —Y tu a mi me enloqueces, tu cuerpo y tu elegancia, creo que vamos a vernos mucho en el futuro.

    —Mmm cuando quieras, aquí o en tu ciudad, sabes bien las condiciones. Te gusta mi idea de quedarte toda la noche?

    —Claro que si, y no me molesta darme este tipo de gustos, por suerte puedo y me gustará tenerte.

    —Te lo mereces por todo lo que me has dado, las rosas, y lo demás.De verdad te gusto? Y giró mostrándose… Tanto te gusta mi culo? Y el resto? Avanzando hacia él.

    —Me gustas toda, y hay detalles que me enloquecen, ese portaligas y las medias, esos pelitos, los voy a comer!

    Carla se pegó a él, a besarlo y lamerle las mejillas, lenguas entrelazadas, labios apenas mordisqueados, salivas mezcladas y de pronto ella cayó sobre sus rodillas, y se llevó uno de sus huevos a la boca, lo abarcó con dificultad pero pudo chuparlo y lamerlo, luego el otro, y comenzó a lamer pero no a chupar el pene, para no destaparle el glande.

    Se fueron a la cama, y Carla se tiró boca arriba, en el borde de la cama, ofreciendo su deliciosa fruta a la boca de él.

    “Sabés Sergio? Es un consumado chupaconchas, que concierto de lengua me hizo. Me pasaba la lengua de abajo hacia arriba, me la metía un poco en la vagina, y después de un rato se fue al clítoris, casi me vuelve loca. Primero lengua , después pequeñas chupadas hasta hinchar el capuchón, y por último, me hizo un masajito y logró dejar a la vista el clítoris en sí, y ahí, a lamerlo de nuevo, me acabé toda! “

    “Yo desesperada me lancé a lamerle otro poco el miembro, nos besamos y lo llevé a chuparme las tetas. Hasta que le pedí metémela!”

    Parece ser que Manuel dudaba, hasta al fin preguntar si usarían protección, “tengo profilácticos en mi pantalón que quedó en el living”.

    —Te parece que quiero privarme de esa hermosa poronga y de lo que me podés regar? Quiero que me llenes… tienes miedo? Lo hago con papá, con Sergio y con Abo tranquilamente, y están sanitos!ja ja.

    —Quise preguntarte porque no sabía, quiero llenarte de leche!

    Carla, de espaldas en la cama, le dijo:”vení , quiero ver como me entra esa belleza, amo tu pija. Ponémela así, de cabeza tapada.”

    Con un movimiento típicamente femenino, se mojó los dedos en la boca y se pasó la saliva en los labios de la concha, aunque la tenía totalmente mojada.

    Manuel dirigió su verga, mas parecida a una salchicha al no verse la cabeza, a la raja de amor de Carla, me dijo que la refregó suavemente varias veces y que ella lo tomó del culo y lo atraía hacia ella.

    De a poco la fue metiendo, y se sentía fenomenal según ella. De pronto cuando él comenzó el vaivén, ella sintió claramente como la piel se corría hacia atrás del glande, y cada vez la fricción era mayor y la excitación de ellos también.

    La eyaculación llegó sin aviso, cálida y abundante, “como corresponde a un señor con buenas bolas” ja ja.

    Manu fue capaz aún de seguir entrando y saliendo de ella unos instantes mas hasta que la verga aflojó, y el se tendió al lado de Carla.

    Ella, nada perezosa, se tendió a limpiarle la pija, ahora de cabeza descubierta, chupándola gozosamente. Luego se puso a lo largo de él a besarlo,sin que a el le molestara el obvio sabor a semen. Y el visitante pidió: —Por favor, contame como es la historia con tu papá. Me puso muy caliente escuchar que ha estado dentro de ti.

    —Y no solamente él, tambien mi medio hermano y un tío, pero temo que te escandalice y me dejes… y yo estoy encantada de como cogimos, y quiero que sigas queriendo estar conmigo.

    —Nada de escandalizarme, me encanta todo esto, y si es entre personas mayores de edad, y por su propia voluntad, como puede molestarme? Contame, por favor.

    Y comenzó a acariciarla, a besarle las tetas, le acariciaba el culo, la espalda, le mordía las orejas, le acariciaba la conchita.

    —Bueno, voy a contarte rápidamente, pero comenzando por la historia de mi tío, que fue el primero de la familia en poseerme, aunque ya Sergio me venía entregando a otros caballeros desde años antes.

    Mientras le contaba, a veces se interrumpía para besarlo, lamerle la cara o el pecho, y casi de continuo masturbarle lentamente el miembro semi caído.

    De a poco, avanzando en los relatos y ya entrada la noche, Manuel estaba nuevamente en erección.

    —Viste que no ha habido nada mas que sexo y buscar mis raíces familiares? Cero interés económico, pero como gozo!

    —Me has dejado duro nuevamente, dices que podré verte con tu padre dentro de ti?

    —Sin dudas si querés, y ya sabes como convencerme.

    Manuel prácticamente fuera de sí de calentura, le pidió que se pusiera en cuatro, y se arrodilló y clavó su cara al culo de Carla, a chuparle todo, esfínter y concha, lengua va lengua viene, “me puso a mil!”.

    Él adoptó la posición tradicional y nuevamente la fue penetrando de a poco, hasta meterle todo su pedazo, y que los huevos golpearan contra el cuerpo de ella.

    Por supuesto, no se privaba del placer de hacer círculos con su pulgar ensalivado en el esfínter de Carla, seguramente probando si habría receptividad mas tarde.

    Y así, llegó a acabar nuevamente, bastante agotado ( es un Sr. de unos 60 años), pero acabando muy buena cantidad.

    Nuevamente lado a lado, Carla se pasaba la mano por la concha recuperando el semen que escurría por entre los labios, y se lamía la mano.

    Las tetas recibían caricias y chupones de Manuel, hasta que, sin el mas mínimo recuerdo de que no habían cenado, decidieron dormir un rqto.

    —Por favor, cuando quieras me despiertas, susurró Carla, no lo olvides, soy toda tuya y te deseo, eres un amor.

    Se acurrucaron, con la verga caída de él entre las piernas de ella, y las manos de ella acariciándole la cara mientras se besaban.

    Y era previsible, luego de unas pocas horas de sueño, Carla despertó al sentir movimiento entre sus piernas. Nada mas ni nada menos que las manos de Manuel explorando su entrepierna, acariciando sus pelos.

    —Hola Manu!

    —Hola divina! Perdona si te desperté, tenía ganas de comerte la conchita.

    —No te preocupes! Prefiero que me chupes la concha mas que dormir. Chupa tranquilo y yo te acaricio sí? O mejor 69?

    —Sí, sí, un lindo 69 al despertar.

    Mientras Manuel se dedicó nuevamente a chuparle la concha con entusiasmo, derivando a veces, previsible, hacia el ano; Carla fue chupándole las bolas, acariciándolas, babeándolas, dejando que un poco de saliva corriera hacia el ano de M y jugándole allí con un dedo, sin metérselo pero sin que él protestara.

    Al rato, le pidió Carlita a Manuel que se pusiera al borde de la cama, los pies apoyados en la cama, y ella arrodillada en el piso comenzó con una de sus especialidades, el beso negro.

    La lengua de Carla iba y venía pasando por el ano, o se detenía a jugar en él, a veces lo salivaba, a veces jugaba con el dedo y luego lo punteaba con la lengua.

    A medida que el juego se prolongaba, el invitado se retorcía de placer… —Que divino, puta, que bien lo hacés, dale dale ensalivame mas!

    —Me encanta sos una diosa, que me importa la plata! Sí, sí, mas lengua, mas, mas… quiero clavarte, putita…

    —Toda tuya amor.

    Se trepó a la cama, y volvió a lamer un poco el miembro, ya como piedra, de Manuel.

    —En cuatro, bajó la cabeza hasta tocar las sábanas, levantó la cola todo lo posible… ”en el culo por favor, en el culo, y bien ensalivada, quiero sentirla a full”.

    —No querés gel?

    —Quiero tu verga, tu verga, metémela!

    Dijo Carla que Manuel se animó a la pose mas difícil, parado en la cama, dobló las rodillas hasta quedar en posición de entrarle, y no se hizo rogar.

    Puso la punta en el esfínter y empujó, quizás un cuarto de verga entró.

    —Ayyy gritó Carla. Automáticamente Manuel la sacó.

    —No, no, metémela, quiero!

    “Sentí clarito como me escupía el culo” y la apoyó de nuevo, y empujó con todo, a fondo, y hasta el fondo le entró, y la recibió con un “ahhh, entró toda”.

    Y se derrumbó sobre la cama, con Manuel acostado sobre ella.

    De a poco Manu empezó a subir y bajar, cada vez con mas facilidad, hasta que ya el esfínter se adaptó totalmente y el ritmo se tornó frenético.

    Ayyy que divino, así, así me gusta, no pares de culearme! (Nunca gocé tanto por el culo, debía ser la falta de gel, me dijo).

    Pero Manuel tenía otros planes. Fue bajando el ritmo para no acabar, aprovechó a recuperar su respiración, que estaba alterada, y haciendo que Carla se pusiera de costado, le dijo: “ahora de cucharita, quiero acabarte adentro otra vez.”

    —Si como quieras, pero dame leche, me encanta.

    De costado sobre su derecha, Carla levantó su pie izquierdo y lo apoyó encima de la rodilla que estaba sobre la cama. Concha y culo disponibles para Manu que estaba tendido detrás de ella.

    Sin dificultad, pudo clavar su instrumento de amor en la ranura de Carla, y empezó, según su costumbre, a bombear de a poco incrementando su ritmo gradualmente.

    —Me vengo, me vengo,

    —Sí, acabame, me encanta como me cogés!

    —Ahhh.

    —Mmm sí, que delicia, que tibieza!

    Tirados en la cama se quedaron, mimos, besos, limpieza oral de la pija de Manuel, Carla recuperaba la leche que se le escurría de la conchi y se lamía la mano.

    —En cualquier momento llega mi papi… estás satisfecho de tu chica, de tu puta como me dijiste?

    —No podría estar mas contento, aunque me falte leche para otro polvo, no doy mas, no recuerdo otra inversión tan buena! Y lo de putita fue cariñosamente! Sin ofensa!

    —Las buenas inversiones se repiten, verdad? Y por favor, puedes decirme todo lo que quieras, me cogés tan lindo, quiero seguir siendo tu putita.

    —No lo dudes. Y ya agregaremos juegos…o amigos. Sería posible?

    —Totalmente a tus órdenes! No olvides que dentro de poco cogerás o cogerán a toda una abogada! Estoy segura que tienes amigos muy muy… importantes, digamos, y bueno me entendés no? Amigos que sabrán satisfacerme…

    —Claro que te entiendo, y antes de irme verás que aumento mi agradecimiento.

    Sonido de mensaje telefónico. Carla lo mira y se lo muestra a Manuel “llego en 10 minutos, besos”

    —10 minutos? Puedo pedirte que me chupes un poco?

    —Encantada!

    —Que lástima que deba irme! Me encantaría verte verte con tu padre, para confirmar lo vuestro, que me ha impresionado.

    —Si él entiende… quizás veas al menos algo. Veamos si capta la indirecta, hago todo por ti Manu, eres un amor. Arrodíllata de frente a la puerta.

    Manuel se arrodilló mas o menos al centro de la cama, y Carla se puso en cuatro a chuparle la pija con el culo de ella hacia la puerta.

    En tres minutos oían abrirse la puerta del apartamento y los pasos del padre llegando. Antes de entrar venía haciendo chistes:

    —Se despertaron ya?

    Y al entrar a la habitación dijo “Uhhh”…

    El espectáculo era tremendo, en primer plano el trasero y concha de Carla abiertos, llenos de saliva y restos de semen. Mas adelante, Carla chupaba entusiasmada en miembro erecto de Manuel.

    Dejó de chupar y girando la cabeza hacia el padre, dijo:

    —Buen día papi, bienvenido, estoy despidiendo a Manuel y me pareció bien recibirte con esta profunda reverencia… si quieres servirte, yo sé que mi nuevo amigo íntimo no se ofende, le he contado todo.

    —Sabe todo?

    —Todo! Hasta del tío y mi hermano , verdad Manuel?

    —Verdad! Y me encantaría confirmarlo.

    Ante los ojos atentos de Manu, mientras Carla volvía a chuparla, el padre simplemente se bajó los pantalones y sacó la verga ya dura.

    —La vas a coger para mi?

    —Ella dijo que querías confirmar que lo hacemos. Y le metió la verga a fondo en la concha.

    Carla soltó la verga de Manu un momento y dijo en el culo también papá, con saliva nada mas, que está bien dilatado, pero no acabe, lo quiero en la boca.

    Después de un buen tratamiento de concha, José sacó el miembro y dirigió su privilegiado glande (recuerden que es cabezona) al esfínter filial.

    Lo ensalivó y lo apoyó en los rayitos de sol que semejaban las estrías del esfínter, flojo por la cogida de Manuel.

    Vio la oportunidad, y sin aviso ni demora se apoyó cargando su peso en el miembro que entró hasta los huevos.

    Carla me confesó que solamente se quejó y atrajo a Manuel para besarse.

    Un minuto de bombeo y José hizo un poco de mete saca mara deleite de Manuel que miraba absorto.

    —Que lindo ver como le hacés el culo nada menos que a tu hija! Dijo Manuel

    La sacó definitivamente, y ella se dio vuelta.

    Tomo la verga de Manuel y lo masturbó hasta que obtuvo las últimas gotas de leche que le quedaban, que dirigió a su boca, y luego fue el turno del padre, que le depositó una serie de chorros en la lengua. Cuando el padre terminó, Carla, pícara, les mostró a ambos su lengua cubierta de leche y con gusto se la tragó.

    Recostados descansando, salieron planes de futuro y Carla nombró a Manuel, en vista de sus relaciones, “agente representante plenipotenciario en Bs As, con plenos poderes de negociación” para diversión de todos por la ocurrencia de otorgarle un título tan grandilocuente.

    Y también gustó mucho una sugerencia de Manuel:

    —Para la próxima intentamos una doble?

    —Hecho!

    Duchas de rigor, preparativos, y partida de los caballeros a recoger el equipaje de Manuel en su hotel, pues se le hacía la hora de partir. Por supuesto tuvieron Manu y Carla su momento de despedida a solas, con besos y caricias y un:

    —Serás mi amante fija dicho por él. —Si me sigues cogiendo así, no lo dudes, esa culeada me fascinó!

    Mas besos de despedida de Carla y Manu, una atención adicional “para con la mejor chica que he conocido” y mas horas de sueño para una Carla realmente agotada y cogida como nunca (bueno, salvo la noche en la estancia de Pedro, hace como cuatro años).

  • Me monto un trío con mi mejor amiga y un extraño

    Me monto un trío con mi mejor amiga y un extraño

    Acababa de presenciar todo lo sucedido entre mi amiga y mi padre, aunque no os lo creáis yo no estaba molesta con ninguno de los dos, de hecho, me había calentado sobremanera el haberlo visto todo. Carol me había pillado viéndola en pleno acto y para nada eso impidió que ella acabase lo empezado.

    Por una parte me tranquilizaba saber que al menos mi padre no se había dado cuenta de que yo lo había presenciado todo, solo ella lo sabía y supongo que quedaría entre nosotras. La situación y el morbo de ver a mis dos personas más queridas follando juntas me habían alterado la sangre. Tras dar por finalizada su encuentro yo me fui a mi cuarto donde me quedé esperando la llegada de Carol para ver cómo encaraba la situación, mientras aguardaba su llegada inconscientemente llevé mi mano a mi coño, no me sorprendió encontrarlo completamente encharcado, ya que hasta aquel momento me había resistido a tocarme.

    Sí ya sería embarazoso que me pillasen viéndolos, más lo hubiese sido si lo hacían viendo como me tocaba mientras los observaba. Pero ahora estaba a solas y no perdí ni un segundo, automáticamente agarré mi pantalón y de un tirón lo bajé al suelo dejándolo allí tirado, posteriormente me lancé a la cama tumbándome boca arriba y deslizando una de mis manos la metí entre la tela del tanga y mi pubis peludo. Mis dedos expertos en la materia ya sabían donde y como tocar para hacerme disfrutar, poco tardó la humedad de mi sexo en empapar por completo la tela del tanga que hacía lo imposible para evitar un mayor estropicio.

    En esas estaba gozando con mi cuerpo cuando de pronto se abrió la puerta, era Carol que al fin se dignaba a aparecer. Yo estaba en la cama con las piernas abiertas, ligeramente flexionadas y con una de mis manos en mi entrepierna. Se me quedó mirando y como si tal cosa pasó cerrando la puerta tras de sí.

    – Espero no interrumpir, sigue sigue yo como si no estuviese. -me dijo ella

    – Pues claro que voy a seguir, faltaría más. Si estoy así es por culpa tuya.

    – La mirona aquí eres tú, yo no te obligué a quedarte allí a ver lo que hacíamos.

    – Aún encima tendrás la cara de reprocharme a mí algo.

    – Son cosas que surgen, tú lo dijiste esta misma tarde.

    – Ya… pero con mi padre??

    – Surgió sin más, qué quieres que te diga, iba muy caliente.

    – Me di cuenta, aunque mi padre tampoco se lo pensó mucho la verdad.

    – Creo que me tenía ganas la verdad.

    – No lo culpo, la verdad es que oportunidades como la tuya no creo que se le presenten todos los días.

    – Entonces…

    – Nada, que no me importa. Y puedes seguir cogiéndolo siempre que quieras.

    – Pues puede que lo haga jeje.

    – Ya me lo imaginaba. Pero quiero que me lo cuentes.

    – Hecho.

    – Bueno ahora si no te importa voy a acabar con lo que estaba que me falta poco.

    – Si quieres me largo…

    – No hace falta, te puedes quedar.

    Ahora que habíamos aclarado las cosas yo me sentía liberada, pero también quería liberar otras cosas de mi cuerpo. Agarré mi tanga y levantando ligeramente el culo lo deslicé por mis piernas hasta dejarlo caer a la altura de mis tobillos, allí liberé uno de mis pies quedando anudado el tanga en el otro, pero con la libertad absoluta de abrir mis piernas todo lo que quisiera. Eso fue lo que hice y aprovechando esa abertura coloqué la mano entre mis piernas para seguir jugando con mis labios.

    – ¿Te llegaste a correr?- le pregunté mientras continuaba tocándome.

    – Pues sí, cuando estaba encima suya y me comenzó a azotar las tetas.

    – Mmmm sii, eso lo vi.

    – Esto es raro, de verdad quieres hablar de esto mientras…

    – Siii, me calienta oírte hablar de ello. Así termino antes.

    – Bueno será…

    – ¿Te gustó su polla?

    – Si bueno no es lo que más destacaría.

    – ¿Y qué es?

    – Sus manos

    – ¿Ah si?

    – Si, lo grandes que son y cómo se sentían acariciando mi piel. Ufff.

    – Mmmm

    – Y cuándo me levantó en el aire y me apretó contra su cuerpo buff.

    – Siii que rico fue eso.- mis dedos dejaron de frotar mi sexo para comenzar a abrirse paso dentro de él. – Y cuando lo empezaste a cabalgar pensé que me moría

    – Ya sabes que hacía tiempo que no… y bueno digamos que tenía ganas.

    – ¿Que pensaste cuándo me viste mirándoos?

    – No me sorprendió la verdad, pero si te soy sincera eso me puso aún más cachonda.

    – A mí también ufff.

    – Además no iba a parar ni de coña, tú padre me estaba azotando los pechos con sus manos y ufff eso fue demasiado para mí.

    – Siii mmmmm.

    Acelerando la penetración qué mis dedos estaban haciendo en mi coño hizo que alcanzase el clímax que tanto deseaba, al mismo tiempo que hundía mi cabeza en el cojín para amortiguar mis gritos de placer.

    – ¿Ya?- me preguntó ella.

    – Si, ya estoy un poco más relajada.

    – Menos mal porque como continuásemos un poco más con esto me acabaría tocando yo también jaja.

    – Sabes que te echaría una mano si quisieses.

    – Vamos a dormir mejor jaja.

    – Venga va, a ver si esta vez cuándo me despierte estas en la cama y no encima de mi padre jaja.

    – No prometo nada.

    – Si, mejor será.

    Al día siguiente al despertarme lo primero que hice fue mirar si Carol seguía en su cama durmiendo, pero no era el caso. Al mirar el reloj me di cuenta que mi padre debería haberse ido hace un rato de camino al trabajo. Por lo que decidí levantarme e ir a buscar a ver donde estaba ella. Al ver que no estaba ni en el baño, ni en el salón, ni en la cocina, solo podía estar en un lugar… efectivamente cuando me asomé a la habitación de mi padre allí estaba ella durmiendo tumbada boca abajo y completamente desnuda. La verdad no me sorprendí lo más mínimo, me acerqué a donde ella y zarandeándola la desperté de su profundo sueño.

    – Buenos días dormilona.

    – Ummm que.- farfullaba aún medio adormilada.

    – Despierta que ya son horas, mi padre se habrá ido a trabajar ya hace media hora por lo menos y tú todavía estás en su cama.

    – Es que estaba demasiado cómoda.

    – Si ya veo, muy cómoda te veo. ¿Me vas a contar o que?

    Con el café, me hace falta que tengo sueño. En esta casa no dejan a una dormir.

    Yo me fui a la cocina a comenzar a preparar el desayuno en lo que ella se desperezaba, a los pocos minutos apareció ya vestida con la ropa con la que vino ayer.

    – ¿Entonces? – le pregunté cuando entró por la puerta dándole su taza de café.

    – Ay Dios que intensa eres, tanto te interesa saber como me follé a tu padre otra vez.

    – Pues sí la verdad.

    – No tiene mucho que contar.

    – Te escucho.

    – Pues en cuanto te quedaste dormida, me fui a su habitación y me lo encontré dormido.

    – Ahá, sigue.

    – Al llegar a los pies de su cama me desnudé y me acosté a su lado.

    – Joder…

    – Pero aún así no se despertaba por lo que decidí destaparlo y no te lo vas a creer.

    – Que cosa.

    – Se ve que tendría calor que ni calzones llevaba.

    – Bueno calor si que hizo, yo dormí destapada y tú parece que también.

    – Bueno la cosa es que me aproveché de ello y me llevé su polla en reposo a mi boca. Y luego comencé a chupársela.

    – Pfff ¿de verdad tía?

    – Sii, al poco rato se despertó y supongo que por la forma como lo desperté hizo que se le pusiera dura como una piedra en apenas unos segundos.

    – No es mala forma de despertarse la verdad.

    – ¿Tu crees? jaja

    – Ojalá me despierten un día comiéndome todo el coño jajaja.

    – Bueno seguro que alguna vez te pasará…

    – Si bueno no nos desviemos del tema, continúa…

    – Ahora tenía su polla empalmada y mojada por mis babas entre mis manos… ya te imaginas lo que pasó a continuación.

    – Me hago una idea pero quiero que me lo cuentes tú.

    – Pues me subí encima y me dejé caer.

    – ¿Así sin más? ¿No os dijisteis nada?

    – No hizo falta.

    – Ya veo ya.

    – Estuve un buen rato encima suya cabalgando hasta que me agarró con sus manos, que ya sabes que me vuelven loca y me giró dejándome tumbada boca arriba.

    – Mmmm si.

    – Luego él se puso encima mío y me la metió nuevamente al estilo misionero. A partir de ese momento fue él quien llevó el ritmo de la follada.

    – Mmmm ¿Y qué tal?

    – En serio me vas a preguntar que tal me folló tu padre.

    – Si.

    – Pues muy bien no te voy a mentir. Me hizo acabar y al poco rato él también se corrió sobre mi vientre luego de sacársela justo a tiempo para no hacerlo dentro de mí.

    – Todo un detalle por su parte no preñar a mi mejor amiga.

    – Jaja a que si, ya después no me acuerdo de más nada hasta que me despertó para decirme que se iba a trabajar y que por favor me fuera a mi cama para que tú no me pillaras allí de aquella forma. Yo le dije que claro que ahora me iba pero una vez se fue me quedé dormida de nuevo.

    – Bueno pues te felicito, lo has conseguido de nuevo… me has vuelto a poner cachonda.

    – Lo dices como si fuera difícil conseguirlo. Aunque si te soy sincera yo también lo estoy un poco.

    – Joder chica a ti por lo menos te han follado hoy ¿Qué podemos hacer al respecto?

    – Cuándo me lo preguntas de esa manera es seguro que ya tienes algo pensado. ¿O me equivoco?

    – Bueno, digamos que tengo contactos que nos pueden venir a hacer un arreglo.

    – ¿De quien hablas?

    – Del chico de la playa, ¿te acuerdas?

    – Pues claro, pero no crees que invitar a un semi desconocido a tú casa sería un poco peligroso.

    – Bueno podemos quedar en la suya, seguro que no tiene ningún problema en invitarnos…

    – ¿No era el que tenía novia?

    – Bueno sí pero no somos celosas ¿o si?

    – Jajaja visto así, llámalo entonces, quiero ver como le propones lo que creo que le vas a proponer.

    Tras el polvo que echamos en la playa no volvimos a hablar de hecho ni sabíamos cómo nos llamábamos cada uno, pero eso no quita que tras despedirnos me dejase una nota con su número que tenía guardado para circunstancias como esta. Mis manos temblorosas por el nerviosismo comenzaron a teclear los números de su contacto. Tras suspirar profundamente le di a llamar y lo puse en altavoz para que Carol también lo pudiese escuchar:

    – Aló quién va.- su voz ronca denotaba que hacía no mucho que se acababa de despertar.

    – Hola soy la chica de la playa, ¿te acuerdas de mi?

    – Como para no acordarme de ti. Pensé que me llamarías antes después de lo bien que lo pasamos.

    – Estuve ocupada.

    – Mmm ya ¿y que quieres?

    – Digamos que un arreglo.

    – Vamos que quieres volver a probar mi polla ¿a que sí?

    – Sí.

    – ¿Quién crees que soy? por muy buena que estés no voy a rebajarme a follarte cuando a ti te plazca niñata.

    – Es que…

    – Es que que

    – Mi amiga y yo estamos muy aburridas y pensé que quizás tú nos podrías entretener un poco…

    -Con que tu amiga y tú eh, vaya vaya. Ya veo que las zorras se juntan por naturaleza.

    – ¿Entonces nos adoptas en tu casa?

    – Bueno pero solo porque me he levantado de buen humor. ¿Dónde os recojo?

    – Te esperamos en la parada de bus de arboletes, ¿sabes donde queda?

    – Si, claro. Nos vemos allí en veinte minutos.

    Cuando colgué mi amiga y yo nos miramos.

    – Un poco subidito ese tipo, ¿no?- me soltó ella

    – La verdad es que ya el otro día lo fue. Pero me dio una follada que aún hoy la recuerdo y me entran escalofríos.

    – Bueno habrá que ver si es para tanto y si puede con las dos.

    Mientras Carol se terminaba el café yo me fui a vestir, decidí ponerme una minifalda, un top de tirantes y no llevar ropa interior debajo, total no la iba a necesitar… Cuando ambas estuvimos listas nos fuimos a la parada de bus donde habíamos acordado esperar, al poco de llegar nosotras también llegó él justo a la hora que nos había dicho. Las dos nos subimos a su coche en la parte de atrás para ir juntas.

    – Buenas chicas, que puntuales.

    – Justo acabamos de llegar.- respondió mi amiga

    – Oye por cierto yo no muerdo si quiere venir una adelante.

    – No nos fiamos jaja. Venga vámonos- dije yo en nombre de las dos.

    Al instante arrancó el coche y se puso en marcha, al poco rato sentí su mirada recorriendo mis piernas, yo me había sentado justo en el lado del copiloto premeditadamente para que pudiese verme por el espejo. Al darme cuenta le guiñé un ojo para que fuese consciente que lo había pillado y no me importaba, de hecho abrí un poco más las piernas y subí un poco más la falda.

    – Me está mirando por el espejo. – le susurré a mi amiga.

    – Pues vamos a calentarlo un poco.

    Acto seguido puso su mano derecha en mi muslo y comenzó a moverla acariciando mi piel, subía y bajaba recorriendo el contorno de mi pierna hasta llegar al límite de la falda, al llegar allí la giró y siguió tocando pero ahora la zona interior de mi muslo. Poco a poco fue subiendo hasta toparse con mis labios vaginales, allí se detuvo. Nuestro conductor tenía un ojo en la carretera y otro en el espejo admirando como mi amiga acariciaba mi cuerpo.

    – Oye pon atención a la carretera que no me quiero accidentar.- le dije yo llamándole la atención.

    – No me lo ponéis fácil, si pasa será culpa vuestra.

    – Que descarado jajaja.

    – Es que vaya par de zorritas. En cuanto lleguemos os voy a dar vuestro merecido.

    – Y que fue de tu chica, ¿volvió?

    – Si claro, de hecho pasamos la noche juntos. Se había ido a trabajar poco antes de que me llamases.

    – Mmm nos vas a follar en su cama jeje.

    – No seréis las primeras, la ingenua ni sospecha lo que hago a sus espaldas siempre que me surge la oportunidad.

    Carol empezó a jugar con su mano, el morbo de escuchar lo que acababa de decir nuestro amante la había motivado para jugar con mi sexo frotando sus dedos contra mis labios. Al poco rato empecé a soltar pequeños gemidos que no pasaron desapercibidos por nuestro conductor.

    – Que buenos recuerdos me traen esos gemidos, lo pasamos muy bien aquella tarde los dos ¿verdad?

    – Mmmm siii, fue muy rico.

    Jugar con mi sexo pareció no ser suficiente para mi amiga que también decidió bajarme los tirantes del top para empezar a estimularme los pezones, casualidades de la vida hicieron que en aquel momento nos detuviésemos en un semáforo, sus tocamientos ahora eran visibles para cualquiera que se parase a nuestro lado y como era de esperar sucedió, un camionero disfrutó lo que duró esa parada de como una adolescente semi desnuda estaba siendo manoseada por otra en el asiento trasero de un coche conducido por un hombre que por edad podría ser su padre perfectamente.

    – Que ganas de comerme esos pezones morenitos otra vez. – me soltó de la nada nuestro conductor, como queriendo recibir la atención que por un momento aquel mirón le había arrebatado.

    – Me vuelve loca que me los chupen.

    Como una autómata Carol se llevó mi pecho izquierdo a la boca y comenzó a succionarlo con delicadeza. Me estaba derritiendo, quería llegar ya y dar rienda suelta a mis instintos cuanto antes.

    – Mmmm ¿cuánto falta para llegar?

    – Ya vamos llegando en dos minutos estamos.

    – Ufff que ganas, que ganas…

    El poco viaje que quedaba se me pasó volando disfrutando como mi amiga me comía los pechos mientras el conductor no nos quitaba el ojo de encima a través del espejo. Por fin el coche se detuvo y lo hizo delante de un edificio de apartamentos, estaba tan desnortada que ni cuenta me había dado que estábamos en la ciudad a la que iba al instituto.

    – Hemos llegado chicas, ya podéis dejar vuestros jueguitos o hacedme sitio ahí detrás.

    – Jaja vale ya paramos, ahora que estamos aquí vamos a tu casa que allí estaremos más cómodos los tres.

    – Que cachondo me habéis puesto, no perdamos ni un segundo más.

    Al bajarnos del coche nos dirigimos rápidamente al interior del edificio, a pesar del corto tramo nos dio tiempo de llamar la atención de varios viandantes que se preguntarían porqué ese hombre iba custodiado por dos adolescentes vestidas de forma tan provocativa. Nada más entrar en el ascensor se bajó la cremallera y dejó salir a su miembro de la jaula.

    – Ufff que alivio, ni os imagináis el daño que me estaba haciendo el pantalón de lo dura que me la habéis puesto.

    Su polla era tal cuál la recordaba, de tamaño no era la más grande pero su grosor la hacía destacar de entre las demás que había probado hasta el momento. Carol parecía un poco incómoda, pero al mismo tiempo no dejaba de mirarla, yo agarré una de sus manos para colocarla en aquella barra de carne.

    – No te cortes, tócasela un poco. ¿A que es gorda?- le ordené a mi amiga para romper el hielo y se animase un poco.

    – Tranquila que no muerde, puedes acariciarla lo que quieras.- dijo él

    Carol movía su mano a lo largo y ancho del tronco de esa polla, estaba como hipnotizada por aquella cosa, solo la puerta del ascensor abrirse consiguió devolverla a la realidad. Él tal y como estaba con la polla al aire salió primero para abrirnos la puerta de su morada e invitarnos a pasar. Allí en el hall de la entrada nos quedamos los tres mirándonos los unos a los otros sin saber muy bien cuál sería el siguiente paso. Pero el peso de la iniciativa debía recaer sobre sus hombros, era el hombre y el más experimentado de los tres.

    – Vamos al cuarto, seguidme.

    La casa estaba desordenada y su cuarto no era menos, la cama estaba sin hacer y había ropa suya y de su chica tirada por todas partes. Una vez los tres allí él se deshizo de los pantalones y se quedó con las piernas abiertas sentado en la punta de la cama.

    – ¿A que estáis esperando? Venga quitaos la ropa, ¡ya!

    Carol y yo nos miramos, normalmente somos nosotras las que marcamos el ritmo en nuestras relaciones, por lo que sus órdenes nos pillaron por sorpresa. Sin embargo y a pesar de eso me sentía con la necesidad de seguir sus órdenes a rajatabla es por ello que fui la primera en desnudarme. Primero me deshice con premura del top y luego desabroché la falda dejándola caer al suelo, quedando así como Dios me trajo al mundo en apenas unos segundos.

    – Así me gusta, buena niña. Ahora tú.- dijo señalando con su mano a mi amiga

    Su aprobación hizo sentirme llena en aquel momento, mi amiga no fue tan decidida como yo, tardó varios segundos en reaccionar pero a pesar de ello comenzó dubitativamente a deshacerse de su ropa, primero se deshizo del top dejando caer los tirantes por sus brazos luego se llevó la mano al short y comenzó a bajarlo tímidamente hasta dejarlo caer al suelo. Debajo llevaba un sostén y un tanga rosado en el cual podía intuirse una pequeña mancha de humedad.

    – Venga que es para hoy, no me obligues a hacerlo yo mismo. Déjame ver esas tetas que me tienen intrigado.

    Yo no me perdí detalle de como mi amiga acto seguido cruzó sus manos por detrás de su espalda y tras abrir el broche dejó caer el sostén al suelo. Sus pechos rebotaban imponentes tras ser liberados de su prisión.

    – ¿Pero a ti que te dieron de comer? Que pechos más perfectos.

    Siempre he estado celosa de mi amiga por lo grande que tenía sus tetas y como los chicos la miraban a ella primero antes que a mí. Y en aquel momento no era diferente. Es por lo que queriendo recuperar protagonismo me arrodillé en el suelo delante de ese hombre dando entender que estaba a sus órdenes dispuesta a cualquier cosa.

    – Ya veo que tienes iniciativa, ven acércate, chúpamela en lo que tú amiga se decide a quitarse lo que le queda.

    Sin dudarlo me la llevé a la boca y comencé a mamársela. Aún con la boca abierta al máximo me costaba metérmela de lo gruesa y dura que la tenía en aquel momento.

    – Buena zorrita, cómetela toda. Así así mmm.

    – Que rica la tienes. – dije yo, sacándola un breve instante de mi boca.

    – Tú la otra, ¿no quieres probarla también?

    – Ehm… si… sí quiero.

    – Pues venga ¿a qué estás esperando? Aquí hay rabo para las dos. Quítate eso y ponte de rodillas como la zorra de tu amiga.

    Me sorprendió lo rápido que me la encontré arrodillada a mi lado, ya ahora sí, totalmente desnuda. Entonces nuestro macho se sacó la polla de mi boca embadurnada completamente por mi saliva, acercándola a la cara de mi amiga le comenzó a golpear repetidamente sus mejillas con su rabo llenándolas de mis babas y poniéndolas coloradas debido a la violencia de las sacudidas. Solo se detuvo cuando de los ojos de Carol comenzaban a brotar lágrimas para decir…

    – Así aprenderás a cumplir mis órdenes con premura y no hacerme esperar, ahora trágatela como lo hacía tú amiguita si no quieres que te vuelva a castigar.

    – Vo… voy. -dijo ella titubeante.

    Entonces se la agarró con la mano y con una facilidad pasmosa se la engulló por completo sin dificultad alguna. Me encontraba embobada viendo como la gruesa polla de ese hombre entraba y salía de la boca de mi amiga y como la saliva de ella resbalaba por sus huevos y su cara. Es por eso que instintivamente llevé mi mano a mi sexo y comencé a masturbarme. Él al percatarse de lo que yo hacía sin su aprobación se la sacó de la boca de ella e hizo lo que previamente había hecho con ella, castigarme golpeando mis mejillas con su dura e iniesta polla.

    – ¿¡A tí quién te dió permiso para tocarte!?.- dijo sin dejar de azotarme

    Sentir como me azotaba la cara con su miembro me puso si cabe aún más caliente, por lo que no decía nada y seguía tocándome. Me gustaba.

    – Pero mira que eres zorra, te está gustando verdad? Pues a ver si te gusta esto, abre la boca, ¡YA!.

    Yo obedecí, él seguidamente se levantó de su asiento, me agarró la cabeza con las dos manos y sin miramientos me la clavó hasta la campanilla, a continuación comenzó a follarme la boca con ansías, sentía que me fallaba la respiración ya que su miembro tapaba la entrada de aire, las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos y mi rostro moreno por el sol pasó a tornarse rojizo debido a su brutal intensidad. Cuando no pude más le di palmadas en los muslos para que tuviese piedad de mí y me dejase respirar.

    – Ya es suficiente por el momento.- dijo mientras caía rendido en la cama. – Tú la otra trae ese par de tetas y hazme una rusa que ya estoy por acabar y quiero llenártelas de leche.

    – Está bien, ya voy señor.- dijo ella acercándose desde la posición en la que permanecía observante mientras me follaban la boca

    – Así me gusta, veo que has aprendido a ser bien mandada.

    Mientras mi amiga colocaba sus enormes pechos rodeando aquel trozo de carne, yo permanecí arrodillada en mi posición con las manos cruzadas sobre mis piernas, desde ahí pude ver como mi amiga apretó sus pechos contra su miembro y comenzó a hacer movimientos de sube y baja con ellos, haciendo que su polla se deslizase suavemente entre ellos, las babas de mi mamada hacían de lubricante para esa espectacular paja que pronto dio su anunciado desenlace. Chorros de semen llenaron su canalillo llegando a chocar incluso contra su barbilla.

    – Buff espectacular niña, se nota que no es la primera vez que los usas de esta forma.

    – Jeje bueno, mis novios siempre me pedían esto.

    Las chicas de ahora sois todas una guarras. Pero tranquilas que en unos momentos os doy polla de nuevo. Para animarme antes, quiero ver hasta donde sois capaces de llegar entre las dos. Quiero que os comáis la boca, ¡ya!.

    Yo la miré esperando a que me diese su aprobación para ponernos a ello, mientras esperaba por eso no pude evitar fijarme como el semen que le habían lanzado hacía un minuto se escurría por sus pechos deslizándose hacia su vientre, luego nos miramos y tras asentir con su cabeza yo me lancé a besarla. A diferencia de la vez anterior que nos habíamos enrollado, nuestras lenguas comenzaron a jugar entre sí desde un primer momento, la calentura que ambas irradiábamos era insostenible a pesar de ello yo me apreté contra su cuerpo y sentí como mis pechos se hundían entre los suyos. Sin dejar de besarnos las manos pronto comenzaron a explorar nuestros cuerpos más concretamente las nalgas de cada una, eso no hizo más que apretar más todavía nuestros cuerpos desnudos el uno con el otro.

    – Algo me dice que no es la primera vez que os enrolláis entre vosotras.

    – Ni la última probablemente. – le contestó Carol dejando de besarme un instante y mirándome a los ojos.

    Al escuchar eso yo me separé de ella y la empujé a la cama quedando tendida ella boca arriba con las piernas dobladas y los pies tocando el suelo. A continuación yo me subí encima de ella sentándome sobre su vientre y apoyando mi culo en su pubis, para luego inclinarme sobre su boca para continuar besándonos. Mientras nos comíamos vi como él, sentado al lado de Carol, se estaba masturbando su polla morcillona que poco a poco comenzaba a recuperar su dureza.

    Yo deslicé mi mano hasta colocarla en el coño lampiño de mi mejor amiga, para a continuación empezar a jugar con su sexo que se encontraba completamente mojado, por un momento dejé de besar su boca para besarle el cuello y bajar hasta sus pechos, donde aproveché para limpiar de ellos el resto de la corrida que permanecía esparcida por esa zona. El roce de mis dedos con su coño no paraba, de hecho, había aumentado la intensidad lo que llevó a ella a gemir tímidamente.

    Mi lengua no había dejado el más mínimo resto de semen en su cuerpo y se dirigía ahora hacia sus pezones, ya los tenía al alcance cuando sentí como se me arrimaban por detrás. Sin saber cómo, él se había incorporado sin yo darme cuenta, y ahora estaba rozando toda su dura polla contra mis labios vaginales aprovechando que yo estaba con el culo en pompa.

    – Me ha encantado que limpiases lo que yo dejé por todo su pecho. Mira lo dura que me la has puesto por hacer eso. -dijo mientras me azotaba ahora el coño con su polla.- Te voy a reventar, hasta que pidas clemencia.

    Tras decir eso, sentí como empujaba su capullo abriéndose paso en mi empapado y estrecho coñito. Sentir nuevamente esa polla dentro de mí hizo que comenzase a gemir al instante, adoraba como se sentía dentro de mí y no iba a reprimirme lo más mínimo a pesar de que mi amiga todavía se encontraba debajo mía.

    – Mmmm que ganas tenía de sentirla otra vez dentro de mí.

    – No hace falta que lo digas, lo bien que te entra es prueba de ello zorrita.

    Mi vagina ya se había adaptado a lo ancho de su polla, que ahora entraba y salía de ella al ritmo que mi amante marcaba. A pesar de todo yo continuaba con la mano en el sexo de mi amiga, el cual cada vez se sentía más y más húmedo, prueba de ello eran los gemidos de ella que se mezclaban con los míos en esa habitación. El ritmo de las embestidas aumentó tanto que por un momento perdí el equilibrio y me caí rendida encima de mi amiga, nuestros pechos chocaron aplastándose los unos contra los otros y mi cabeza quedó al lado de la suya. Ese hombre no sabía lo que era tener piedad, a pesar de todo el seguía con su polla dentro de mí y no paraba de follarme, cada embestida que me daba hacía que chocase contra el cuerpo de ella y mis gemidos los soltase junto a su oreja derecha. Me estaba derritiendo, prueba de ellos eran mis jugos que corrían por mis muslos cayendo también sobre los de ella. El ruido de su polla chocando contra mi coño empapado se mezclaba con el de mis gemidos y los de mi amiga.

    – Voy hacer que te corras encima de tú amiga zorrita. La vas a empapar toda.

    – Siiii hazlo, haz que se corra sobre miii. – le dijo mi amiga casi sin aire al estar soportando mi peso encima suya.

    Envalentonado por sus palabras comenzó a follarme más duro si cabe, mi amiga por su parte fue capaz de mover su mano por el medio de nuestros cuerpos hasta conseguir colocarla en mi sexo donde al instante comenzó a estimular mi clítoris, eso ya fue demasiado para mí en apenas unos segundos derramé mi chorro mojándolo todo, las piernas de ella y la cama también.

    – Ay Dios que rico ha sido. – dije yo con la respiración entrecortada.

    – Esto todavía no ha acabado, ahora te toca a la otra. Quítate de encima de ella zorrita que quiero probar como se siente el coñito de tu amiga.

    Yo obedecí echándome a un lado quedando ella desprotegida boca arriba, ante el ataque que se le venía encima, él la agarró por las piernas levantándolas en el aire y atrayendo su culo hasta al borde de la cama. Flexionando las rodillas un poco se puso a la altura necesaria para poder meterle la polla sin problema ninguno. Y eso fue lo que hizo, después de jugar con su capullo deslizándolo por sus labios, lo colocó en su apertura y empujando poco a poco fue metiendo la totalidad de su miembro en su interior.

    – Ufff que rica, que bien te entra. Se te nota que aquí ya han estado varias veces, que no está tan estrecho como el de tu amiga.

    – Siiii mmmm mi anterior novio la tenía igual de gruesa que la tuya.

    – Pero seguro que no la disfrutaste tanto como voy hacer yo qué hagas.

    La postura en la que estaba ella con las piernas elevadas por las manos de él hacía que su polla entrase hasta al fondo sin límite ninguno, solo sus huevos chocando contra su culo hacían de barrera. Lo que hacía resonar un chop chop chop constante con cada embestida que él le propinaba. Los gemidos de Carol eran constantes y más altos que los míos.

    Yo observaba como la follaban pero eso no era suficiente, mi sexo quería más estímulos, así que incorporándome en la cama me dirigí hasta donde mi amiga y colocando mis pierna una a cada lado de su cabeza acerqué mi coño a la boca de donde no paraban resonar gemidos para acallarla y que al mismo tiempo probase de mis jugos. Ella aceptó sin rechistar mi propuesta y yo al sentir su lengua jugando con mis labios me dejé caer encima de su boca, mi sexo estaba en contacto directo con su cara y más concretamente con su boca que desde un principio no dejó de comerme. Había conseguido acallar sus gemidos pero los míos pronto comenzaron a resonar nuevamente en la sala al mismo tiempo que el sonido de la follada que le estaban propinando a mi mejor amiga.

    – Eres insaciable zorrita. ¿No tuviste suficiente conmigo?

    – Mmmm noooo necesitaba que mmmm me comiesen el coño también ufff.- dije entre gemidos y restregando mi sexo por la cara de mi amiga.

    Las embestidas contra mi amiga por parte de él, se incrementaron nuevamente como había sucedido conmigo momentos antes, podía ver perfectamente como ahora sostenía las piernas de ella y a diferencia de antes, que las tenía abiertas, ahora las rodeaba con un solo brazo apretando la una contra la otra y haciendo que su vagina se estrechase un poco más. Vista la situación en la que se encontraba mi amiga decidí incorporarme para dejarla respirar, ya que sin duda lo necesitaría. Fue cuestión de segundos de aquella gruesa polla entrar y salir varias veces para ver como mi amiga entre espasmos se rendía al placer de alcanzar un rico orgasmo.

    Él al conseguir su logro se dejó caer en la cama rendido por el cansancio, boca arriba y con la polla todavía palpitante mirando al techo. Yo aprovechando que mi presa se encontraba expuesta y sin fuerzas para defenderse me lancé a por ella, como había hecho con la cabeza de mi amiga hacía un instante puse una pierna a cada lado y me dejé caer encima suya. Haciendo que esa dura polla se abriese camino de nuevo dentro de mí. Era yo ahora la que marcaba el ritmo y al igual que él hizo, no tuve contemplación alguna. Mi cuerpo subía y bajaba rápido sobre él haciendo chocar mis generosas nalgas contra su entrepierna.

    – Jodeeer zorrita que rico me cabalgas vas hacer que me corra si sigues así.

    – Eso es lo que más quierooo ufff.

    – Uff pues no pares y lo vas a conseguir.

    Mi amiga entonces recuperó el protagonismo poniéndose de pie en la cama con un pié a cada lado del torso de ese hombre y acercando su sexo a mi cara. Yo al igual que ella no desaproveché la oportunidad y dejando de cabalgar por un instante me alcé ligeramente sin sacar su polla al completo de mi interior, entonces fue cuando comencé a devorar aquel dulce y sabroso caramelo que mi amiga tenía entre sus piernas. Mi lengua se abría paso entre sus labios buscando descubrir dónde se escondía su rico botoncito, una vez ubicado comencé a hacer círculos a su alrededor con la punta de mi lengua haciéndola estremecerse de gusto.

    Estaba tan concentrada en mi tarea que obvie por un momento encima de quien estaba, parece que leyéndome el pensamiento se dió cuenta y fue él quien desde su posición comenzó a bombear nuevamente mi coño, flexionando su tronco hacía arriba hacía entrar y salir su miembro sin descanso para mí. Mis suspiros de placer acababan en el coño de ella y los suyos en el aire, apuré mis movimientos hasta conseguir estimular al máximo su clítoris tanto fue así que en ese momento ya era capaz de chupárselo hasta el punto de poder succionarlo con mis labios, al mismo tiempo que mi amante hacía lo imposible para no correrse dentro mía, yo con mis labios apretando y chupando el clítoris de ella logré, por fin, hacer que se desparramaran todo sus jugos por mi boca hasta caer sobre el cuerpo de él.

    Ahora ya solo quedábamos él y yo. Para acabar con él decidí recuperar yo la iniciativa que por momentos le había cedido. Nuevamente marcaba el ritmo de las embestidas, dejando caer mi culo contra su gruesa y palpitante polla. Él por su parte me agarró de las nalgas al mismo tiempo que empujaba hacía arriba haciendo que su hinchado miembro se adentrará aún más a dentro de mí y haciendo que me estremeciera del gusto. Al mirarlo vi que su cara hacía prever lo que finalmente iba a ocurrir, tras sacarla completamente y dejarme caer nuevamente por una última vez sentí como su polla hinchándose al máximo no fue capaz de resistirlo más y comenzó a lanzar fuertes chorros de leche en mi interior.

    – Buff lo siento por venirme adentro, pero no pude aguantarme más.- dijo él abatido por el cansancio.

    – Yo también quería sentir como me llenabas de leche. No importa, luego nos pasamos a por la pastilla.

    Con su miembro aún dentro de mí y la leche corriendo por mis muslos me sentía llena y muy cachonda, es entonces que aproveché la ocasión y sin sacarla de mi interior llevé mis dedos a mi sexo el cual comencé a frotar frenéticamente hasta alcanzar, entre gritos de placer un nuevo y definitivo orgasmo.

  • Paola (parte 1)

    Paola (parte 1)

    Hola, mi nombre es Federico, jubilado, 65 años, con una solvencia económica suficiente para vivir bien y disfrutar de la vida. Siempre me dediqué al deporte y aún hoy hago mínimo tres salidas a la semana a dar “la vuelta al perro” en bote de canotaje (Lujan, Carapachay, Espera, Sarmiento). Unos 10 km que se hacen en hora cuarenta de remada. Eso me mantiene en buen estado, saludable y en línea.

    Tengo dos hijos grandes que viven en el interior y los veo bastante seguido (no tanto como quisiera). Estoy viudo hace ya 15 años y tuve, desde el año siguiente de enviudar y hasta hace poco, una hermosa relación con una mujer de 55 que se cortó, pero quedamos en buena onda y con una lazo de amistad con su hermano (Aldo), con el cual voy a veces a jugar tenis a su casa de campo y varias veces me quedo allí un finde. Para sus hijos (Gerardo y Paola) durante 13 años fui un tío piola con el cual armaban travesuras y que los cubría siempre, amén de tratarnos como familia. Los conocí cuando tenían 9 y 7 años. Hoy Gerardo ya cumple 22 y sigue con el mismo cariño. Paola, a los 13 años, se fue a estudiar a Europa y no la volví a ver. Intercambiamos saludos por redes, pero ya en el viejo continente, en consonancia con su costumbre de cerrarse en sí misma, se mantuvo bastante alejada incluso de la familia.

    Un fin de semana, hace ya un año, Aldo me invitó a ir a la casa y sacarle lustre a la cancha de polvo de ladrillo. No tenía otro proyecto y acepté. Cuando ya estábamos dándole a la raqueta con entusiasmo junto a Helena (su mujer) y una amiga, surgió el comentario que Paola vendría el domingo con la idea de quedarse, no sabían si para siempre, pero al menos un largo tiempo en el país. Yo, pese a las fotos, ni sabía si la iba a conocer después de 13 años. Llegaba a Ezeiza a las 6:30 de la mañana y, como sé que Helena odia despertarse temprano, me ofrecí a acompañar a Aldo a buscarla.

    Estábamos en el hall mirando entre la marea que bajaba del vuelo para divisar a Paola (aunque yo no creía ser de mucha ayuda), cuando vi venir a lo lejos una pelirroja enfundada en un sencillo vestido de hilo que le marcaba todo el cuerpo (que era para aplaudir), esbelta, espigada y con un sensual contoneo de caderas. No le distinguía la cara, tapada con unos grandes anteojos oscuros, pero me impacto y no pude quitarle la vista.

    – “¿Viste que grande que está?, me dijo Aldo mientras se adelantaba para saludar a la pelirroja mientras yo salía de mi ensimismamiento y, al sacarse los anteojos y pese al pelo (yo la conocía de castaña), pude ver que era nada menos que Paola.

    – “¿Que hacés tío?”, me dijo con una sonrisa y se arrojó en mis brazos para saludarme tal como lo hacía hasta los 13 (pero ya no tenía 13).

    – “Dios mío, Paola, ni te reconocía. ¡¡Que grande que estás!!”

    – “Vos estás igual Fede ¡¡Te mantenés en forma!!”, contestó y me dio un beso en la mejilla.

    Durante el viaje la charla fue animada y, después de ponerse al día con los asuntos de la familia y sus anécdotas de Europa, me dijo que tenía la intención de robarme a la tarde para que le cuente mi vida y (su expresión fue así) “todas las mujeres que deben estar alrededor tuyo”. Cuando llegamos se repartió entre toda la familia y yo me ubiqué en un segundo plano mientras la madre la acaparaba casi por completo. Como era mi costumbre, después de almorzar me fui al bosque, a sentarme en la pérgola a tomar mate, acompañado de un libro y estaba sumido en la lectura cuando siento que unas manos me tapan los ojos y una suave voz me susurra al oído.

    – “No te vas a salvar de mí, tío. Contame como estás y que es de tu vida”.

    – “Primero, decirte que me sorprendió la hermosa mujer en la que te convertiste. Te felicito”.

    – “¿Me estás coqueteando? Porque siempre fuiste un pirata vos”.

    – “¡¡Noo!! ¿Cómo se te ocurre?”.

    – “Te estoy jodiendo Fede. Dale, contame tu vida”

    Y nos pasamos una hora larga, mate por medio, yo contándole mi vida sin demasiada acción (lo cual insistió en no creerme) y ella contandome sus estudios, sus paseos y sus aventuras en Europa, con un novio formal por un año y, como ella los describió: otros cuantos “pasatiempos para matar el rato”.

    – “Ves, yo te cuento con franqueza mi vida y vos te haces el santo. Dale tío, yo sé que muchas te andan atrás. Ni te imaginás la cantidad de milf en buen estado que me preguntaban por vos”.

    – “Ojalá pudiera contarte historias de romance, pero no es así”, le dije, “mi último romance fue con tu tía”.

    – “No romance no, tío, apps de citas, aventuras, touch & go”.

    – “¿Qué te dio por averiguar eso? Igual, lo siento, no tengo anécdotas para entretenerte”.

    – “Está bien. Pero no te creo nada. Sos muy buen mozo para que no tengas las mujeres que quieras”.

    – “Te agradezco el piropo Paola, pero en realidad después de tu tía no estuve con ganas de salir a buscar nada. Además estoy viejo y tampoco creo tener tanta pinta para ganar así de fácil”.-

    – “Ay tío, te voy a comprar un espejo y mandarte al oculista. Sos un potro divino y estás como para comerte de un bocado”, dijo mientras se levantaba y se iba para la casa. Yo me quedé viéndola y me pareció que su contoneo era más pronunciado y sensual… o eso creí.

    No tuve mucha ocasión para volver a estar solo con Paola porque fue una romería de parientes, amigas y amigos que pasaron a saludarla y verla después de tantos años. El domingo a la tarde, todos estábamos haciendo los bolsos para irnos, cuando Paola decidió que quería quedarse dos o tres días más para disfrutar de la soledad de la casa

    – “¿Te vas a quedar sola? ¿Estás loca?”, le dijo la madre.

    – “No. Es lo que quiero. Sabés que soy de meterme en el caparazón y aislarme. Y voy a ver si lo convenzo al tío que me acompañe”.

    Las protestas, los ruego que vaya con todos después de tanto tiempo sin la familia, la lista de gente que la esperaba en la Capital para verla. Nada cambió su decisión. Aldo vino a verme y me pidió (sabiendo que todos los días eran feriado para mi) si no podía acompañarla y Helena me llenó de consejos y de ruegos para que la llame al menor inconveniente.

    – “Helena, es grande, se arregló por su cuenta en Europa. ¿qué problema puede pasarle acá? Ni yo tendría que quedarme”, les dije.

    – “No, si te quedás estoy más tranquila”

    Y así fue como terminamos solos en la casa. Al principio creí que la idea que yo me quede era para garantizarse buena comida. Me encanta cocinar y ella lo sabía. El domingo a la noche me pidió fideos al huevo caseros con salsa parissien y me robó las llaves del coche para ir al pueblo a buscar unos vinos. Cenamos, charlamos de lo humano y lo divino. Me pidió (y le hice) un panqueque de manzana quemado al rhum y terminamos tomando café en la terraza al lado de la piscina, tumbados cada uno en una reposera de madera.

    – “Siempre me sentí bien con vos, Fede”, dijo después de un largo tiempo de silencio entre los dos contemplando el cielo.

    – “Me alegro. Disfrutaba tu compañía de piba y la disfruto ahora. Sos una mujer muy inteligente y sensata”

    – “¿Y linda?”

    – “Si tonta, ya te dije que está hermosa”.-

    Se levantó y se paró frente a mi dándome la espalda y no pude menos que apreciar lo linda que era. Creo que esa fue la primera vez que la ví como una mujer deseable. Es más, creo que hizo todo lo posible para hacerme pensar así. Levantaba los brazos y arqueaba el cuerpo para mostrarme toda su belleza. “Son ideas tuyas, viejo baboso”, pensé, pero me sentía inquieto.

    – “Vamos a dormir Paola, es tarde y se me cierran los párpados”, dije más por el miedo a mis ganas y a los pensamientos que esa nena empezaba a hacerme surgir.-

    – “¿Ya?”, preguntó con un mohín.

    Me levanté y fui con la taza para la cocina intentando evitar mirarla porque estaba para devorarla.

    – “Si sobri. Mañana nos vemos. Que descanses”, dije y me fui, o mejor dicho, escapé antes de hacer nada inapropiado.

    A la mañana siguiente la esperé con el desayuno (seguía con su costumbre de levantarse temprano) y mientras yo tomaba mate y ella devoraba tostadas con queso crema, le avisé que tenía que irme porque había un problema en una de las casas que alquilaba.

    – “Lo siento Paola, el deber me llama”.

    – “¡¡Uffa!! Me dejás sola”, dijo con un gesto de enfado. ¿No podes volver después de arreglar lo que sea que tenes que arreglar?”.

    – “Veo si puedo”, prometí.

    Una hora después estaba camino a mi casa, aliviado de evitar una situación espinosa, inquieto por lo que había sucedido y, por que no admitirlo, aún caliente por Paola, que me había despedido con un abrazo largo, cálido, sensual y un beso en la mejilla que duró más que un saludo de parientes. Ocho horas después recibo un llamado de ella que me dice, totalmente borracha que me extrañaba y que me necesitaba, que no quería llamar a la familia en ese estado y que solo podía confiar en mí. Lo lógico hubiera sido pasarle el fardo a Gerardo y que él se arregle con su hermana o a la amiga de Helena, que era piola y no la iba a deschavar. Pero, para ser honesto, no pude contener las ganas de volver a verla … y fui.

    Continúa.

  • Fernanda cambió mi vida (III)

    Fernanda cambió mi vida (III)

    Hola, en esta ocasión me gustaría contar como Fernanda me cogió en los baños de un cine y descubro qué le gusta el exhibicionismo.

    Para dar un poco de contexto, era un jueves y ese día habíamos ido a la última función del cine, y por esto estaba casi vacío por lo que pudimos elegir a nuestro gusto donde sentarnos, yo quería quedar al centro de la sala para ver mejor, pero Fer me jalo hacia los asientos de atrás.

    Mientras mirábamos la película Fernanda comenzó a tocar mi mano de manera juguetona, hasta que la comenzó a llevar mi mano a su entrepierna lentamente, yo la detuve ya que me daba miedo que nos podían descubrir o algo por el estilo, así que en voz baja le dije que aquí no, a lo que me contestó ándale nomas pásele poquito la lengua y ya me calmo, yo sabía que era mentira pero accedí, primero la comencé a masturbar lentamente mirando hacia los lados teniendo miedo de que alguien nos alumbrara con su celular o incluso nos grabarán.

    Comencé a pasar mi lengua por su glande, de inmediato sentí un sabor salado, continúe pasando mi lengua no me atrevía a chuparlo, ya que al hacerlo se escucharía el sonido de succión y como dije me daba miedo, y por este mismo miedo le pase la lengua poco y le dije en voz baja, ya la pase lengua para que te calmes y así lo hizo por el momento, continuamos viendo la película hasta que, me dijo al oído vamos al baño ya que me resultaste penosito, después de decir esto se levantó y salió de la sala, yo no salí de inmediato ya que tenía la duda de que nos iban a descubrir, pero me gano la calentura por lo que a los minutos salí también de la sala.

    Cuando entre al baño ella se encontraba al final cercas de los urinales, y al escuchar que alguien había entrado voltio y al ver que era yo, dio la vuelta mostrando que tenía la verga de fuera y totalmente erecta, ella comenzó agitar su pené como diciendo «gustas», me acerque y me incline y se la comencé a chupar, y entre la pena y la adrenalina de ser vistos me comencé a calentar bastante y se la chupaba hasta lograr garganta profunda, me metí sus 20 cm por completo a la boca.

    Mientras le daba su mamada ella tomo mi cabeza y me hizo que me levantara, me beso y me dijo te quiero coger, ¿te dejas amor?, yo me puse de espaldas hacia ella y baje mi ropa, en ese momento estaba caliente no me importaba si éramos vistos, de inmediato comencé a sentir como entraba de a poco su verga, como no teníamos lubricante tuvo que ser más cuidadosa que de costumbre y una vez me acostumbre comenzó a cogerme mientras me tapaba la boca (cuando me coge gimo muy alto), para no hacer ningún ruido y así me continuo cogiendo.

    Mientras esto pasaba yo perdí la noción del tiempo ya que por el enorme placer que sentía deje de prestar atención a lo que pasaba alrededor y así fue hasta que de repente escuchamos un tenue «buenas noches jóvenes», estas palabras hicieron que me pusiera pálido al instante, y no fui el único por el espejo del baño vi como Fernanda abrió los ojos y puso cara de susto, los dos volteamos en dirección de donde vino la voz (Fernanda pese al susto seguía con la verga dura y dentro de mi ano).

    Al voltear nos encontramos con un señor de unos cuarenta años, estatura promedio y una panza prominente con una notable erección.

    El señor nos volvió a decir buenas noches, solo que esta vez Fernanda siendo tan directa y dominante como siempre le contesto buenas noches que se le ofrece o que, porque anda interrumpiendo y mientras decía esto y volvió a retomar la cogida y de inmediato comencé a sentir como entraba y salía de mi ano su maravillosa verga, ante esto el señor solo dijo nada solo los vi que se estaban divirtiendo y quería saber si se les antojaba esto, después de eso se sacó la verga dejando ver una verga de unos 12 o 14 cm y se dirigió a mi diciendo muchacho no se te antojaría más la verga de un verdadero hombre que la de tu amiguita travesti y fue ahí donde soltó la carcajada Fernanda.

    Y ahí Fernanda saco su pené de mi ano dejando ver su verga de 20 cm, y dijo en con un tono alto, en primer lugar soy su novia no su amiguita y en segundo crees que se le antojaría más tu verguita en lugar de esto (sacudió su verga), después de decir esto el señor se le quedó mirando unos segundos a su majestuosa verga para después decir lo siento por interrumpir.

    Por el ruido que hicimos por la risa y por lo que casi grito Fernanda decidimos retirarnos ya que habíamos tentado demasiado a la suerte.

    De camino a su casa íbamos bromeando sobre lo sucedido y entre la plática Fernanda comentó que le excitaba el hecho de ser vista dominando a su novio, cuando dijo esto comencé a caminar más lento ya que nos estábamos acercando a una calle que tenía bastantes árboles por lo que tapaba la vista y decidí darle gusto, la tome de la mano y le dije aquí no nos ven pero puedo pasar alguien hay que aprovechar y terminar lo del cine, por mis palabras comenzó a sonreír.

    Me puse de espaldas a ella y me quite el pantalón y de inmediato comencé a sentir como rozaba su verga por mi culo, se detuvo un momento y me dijo perdón amor pero estoy muy caliente y después de decir estas palabras comenzó a cogerme bruscamente lo que me llevo a soltar un grito que rápidamente se convirtió en gemidos, ella continuó dándome sin piedad y pese a que en varias casas comenzaron a prender luces por el ruido ella continuó hasta que comenzó a venirse dentro de mi y yo en la banqueta.

    Cuando terminamos nos apresuramos a salir de esa cuadra y llegamos a su casa.

    Después de esto tuvimos más situaciones iguales ya que me llego a coger en un parque, en baños públicos de varios locales, etc. Lo contaría, pero siento que es decir más de lo mismo.

    Así continuamos nuestra relación hasta que paso algo que nos llevó a terminar.