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  • Mi hija mi amante (2)

    Mi hija mi amante (2)

    Después de descansar en ese piso que se fue poniendo un poco frío decidimos irnos a la cama ya para dormir, eso decíamos jaja lo cual no fue así tuvimos otro encuentro no digo sexual fue ya un poco más besos caricias y sexo, pero más delicado al cual lo disfrutamos al máximo. Después de esto quedamos super agotados y dormidos.

    A la mañana siguiente desperté y pensaba que era un sueño todo esto que me había pasado con mi hija, pero no era real no me lo podía creer que ese cuerpo tan hermoso y tanta belleza ahora fuera mía.

    Me quedé viéndola dormida en mi cama observando su bella piel, cuando ella despertó y me dice muy buenos días papi como amaneció el hombre que mas amo en el mundo, yo con el rostro lleno de felicidad que más le podía responder, sino súper feliz, emocionado e incrédulo Pero el hombre mas feliz del mundo.

    De tener una hija tan hermosas y lo mejor tan cariñosa me estiró sus labios pidiendo que le diera el beso de buenos días, pero ese beso nos llevó a otra escena súper sexual me decía que tuvo varias veces sueños de despertar y tener sexo conmigo que se imaginaba como mi pene entraba dentro de su mamá que sentía envidia y le tocaba saciar su deseo sola.

    Yo le respondí mi vida de ahora en adelante yo estaré solo para ti, luego de terminar nuestro tierno encuentro pasamos al baño nos duchamos juntos y pasamos a la cocina a preparar el desayuno, yo con un pantalón corto y ella solo con una camisa mía desayunamos y volvimos a la cama ya que llovía y pues hacía un poco de frío, cogió su celular y puso su cabeza en mi pecho cuando empezó su prima Camila hija de una hermana de mi ex a escribirle.

    Quería saber cuál había sido el problema con su tía que ella había ido a la casa pensando que Mafe estaría en casa de mi cuñada, lo cual no era así y lo estaríamos pasando buenísimo, yo quedé dormido cuando despierto veo a mi hija comiéndose mi verga con su boca cuando ve que despierto le veo su hermosa sonrisa y me dice te gusta papi, ufff esa pregunta me puso a mil.

    La agarre y le dije que se pusiera en posición de 69, ella comiendo mi verga y yo chupando su hermosa vulva, cuando siento salir sus deliciosos jugos sentir su piel y su cuerpo temblar sintiendo su orgasmo no pude aguantar y me derrame dentro de su boca imaginando mi semen pasando por su garganta fue un placer descomunal.

    Después de haber sentido todos estos placeres decidimos pedir domicilio para el almuerzo y quedarnos todo el día juntos, en la tarde viendo fotos sale una de Camila su prima en vestido de baño la cual no había visto, le digo, amor Camí como está de bonita que cuerpo tan bonito tiene.

    Me dice si papi Camí tiene un cuerpazo, por lo que veo le echaste el ojo y soltó una sonrisa pícara, le dije nooo mi vida yo ahora solo tengo ojos para ti, que más que tener una mujer como tú ojos verdes, blanca, cabello largo, boca con labios carnosos unas tetas espectaculares, lindo cola, hermosas curvas, una deliciosa y linda vagina en fin, la mujer que siempre quise tener y ahora la tengo jajaja sonreí y ella se puso roja y me responde gracias papi por tus lindas palabras.

    Cuando ella me dice pero pa, dime si no te gustaría tener otra con piel canela, ojos negros, labios carnosos, cuerpo perfecto, ella describiendo a su prima, ya que ella es muy hermosa y a la vez son como hermanas solo se llevan 2 meses de nacimiento.

    Le respondí pues como no querer tener una mujer así también, pero es mejor dejar lo nuestro que sea solo para nosotros. Me dice pa y si trato de convencer a Camí, con sorpresa le respondí NOOO Mafe este secreto es solo nuestro no podemos dejar que otra persona sepa lo nuestro ya que tendríamos muchos problemas y seríamos señalados por todos, ya que acá en Colombia no es bien visto el incesto.

    Me dijo ok pa pero no te me pongas bravito, y mostrando una sonrisa en la tarde tipo 5 pm me llama mi ex preguntando por mi hija que si se encontraba conmigo ya que no le contestaba los mensajes ni llamadas a ella le dije que si que había llegado un poco tarde y mojada por la lluvia del día anterior, le dijo que se la pasará, hablaron ellas un rato yo prepare unos sandwiches para cenar, cuando llega mi princesa me coje mi verga y me dice vamos que te voy a comer de nuevo antes de irme.

    Me llevo al mueble me bajo los pantalones cortos que tenía puestos se arrodilla y me hace una mamada descomunal la paro le quitó la camisa que llevaba puesta la pongo en cuatro y la penetró fuerte ya lo que queríamos era sexo y más sexo tuvimos un orgasmo al mismo tiempo se puso de pie me beso y se fue a duchar yo aún sin poderlo creer me sentía súper como si tuviera de nuevo 20 años.

    Se vistió y me dice ahora serás más que mi papi serás mi amor y novio mi todo ya no necesitare de chicos de la U porque todo lo tengo contigo. Me da un beso comemos y se despidió, papi nos vemos luego no veo la hora de poder estar todo el tiempo contigo.

    Más tarde recibo un mensaje de mi princesa diciéndome, hola mi vida ya te está extrañando y me envía una foto abierta de piernas y con sus dedos dentro de su vagina. Yo viendo esa hermosa vista me hice una paja a nombre de mi hermosa hija.

    Y le envío la foto con mi verga toda chorreada, ella me responde con un emoticón de la carita saboreando, y me envía una captura de una conversación con su prima Camila, que yo al leerla quedé frío…

  • De noche en cementerios, la adrenalina me dispara la libido

    De noche en cementerios, la adrenalina me dispara la libido

    A la edad de 19 años salía con una chica un año más joven que yo a la que le iba el Black Metal. Solíamos ir los fines de semana de madrugada a los cementerios a observar las lápidas a la luz de la luna y a echar un buen polvo sobre alguna sepultura.

    En una ocasión, en un cementerio bastante alejado de núcleos urbanos, nos ocurrió un suceso digno de contar.

    Bueno, antes de nada describiré a Marta, que así se llamaba aquella novia tan peculiar que tuve. Pues era alta, 1,72 m y compresión normal. Llevaba el pelo muy largo (hasta la cintura), y lacio. De un color azabache. Se maquillaba de tal forma que parecía estar siempre pálida, demacrada, aunque gozaba de buena salud.

    Siempre iba de negro con algunos complementos en rojo. Lucía camisetas de grupos de Black Metal como Venom, Immortal y Satyricon, entre otros.

    Aquel sábado, sobre las 3 de la madrugada, acudimos a aquel cementerio. Era luna llena y había bastante visibilidad aunque siempre llevamos unas linternas para ver más al detalle.

    Observamos, por la inscripción de la lápida, que en una tumba habían enterrado a un hombre de 66 años hacía una semana.

    –Esta tumba es perfecta para follar, Jonathan, el fiambre todavía está fresco y me da morbo hacerlo sobre su mármol –me soltó la loca de Marta.

    Yo miré si estaba bien sellada la sepultura, no fuera a que el olor a putrefacción del fiambre nos arruinara el polvo. Todo estaba correcto. Le indiqué a Marta que se fuera poniendo cómoda.

    –Qué escrupuloso eres, Jonathan. No hace falta que compruebes tanto las grietas. Yo tengo un tío cincuentón y solterón que trabaja en el depósito de cadáveres, y cuando llega un fiambre de una chica mona recién fallecida se la folla antes de que le llegue el rigor mortis. Gracias a eso se ahorra un buen dinero en putas. El pobre es muy feo y jorobado. No consigue ligar. ¿Te extrañas de lo que digo?

    –¡Qué me voy a extrañar! –le comento–. Mira lo que hicieron con Evita Perón. La pobre recibió más pollazos de muerta que de viva. Pero lo de tu tío es un farol, ¿verdad? Me estás vacilando.

    Soltó unas carcajadas. Era una cachonda muy loquita. Pero algo de verdad habría en sus palabras, seguro.

    Era julio y no hacía frío. Nos despelotamos en un plis plas. Pusimos las ropas a modo de colchón sobre la tumba. Marta se recostó y abriendo sus piernas me invitó a saborearle la concha.

    Me pasé una buena media hora comiendo aquel manjar. Le succionaba el chocho como si mi boca fuese una aspiradora. Me tragaba todos los caldos que me soltaba. Estaban exquisitos. Lamía y picoteaba con la punta de mi lengua su botoncito de la felicidad. En los treinta minutos que duró aquel lavado de bajos, Marta se me corrió en la cara dos veces.

    Luego se colocó a cuatro patas y me instó a enchufarle toda mi verga de una sola estocada en su chumino chorretoso.

    –¡Con qué brío me envistes! ¡Joder, qué gusto me das! Hasta parece que estoy sintiendo debajo de la losa moverse algo –dijo Marta.

    –Eso es el fiambre que se quiere unir a la fiesta. ¡Qué se muera de envidia! –dije en plan socarrón, siguiéndole el juego a Marta.

    A los lejos chirriaba una verja, como si el aire la blandiera. Un zorro o una zorra cruzó por el camposanto y se paró unos segundos a una distancia prudente. Nos miró fijamente. Al comprobar que era una zorra humana la que jadeaba recibiendo sus pollazos de rigor, el animal siguió su camino medio sonriendo.

    A unos ocho metros, en la zona nueva del cementerio, donde hay varias tumbas a medio hacer, se escuchaban unos quejidos guturales.

    –¿Oyes lo mismo que yo, Marta?

    –Sí. Deben ser alucinaciones, fruto del exceso de alcohol y lujuria que llevamos dentro.

    –Sí. Unas alucinaciones colectivas. La libido se me está disparando hasta cuotas inimaginables. ¡Toma polla puta de camposanto!

    –Dame caña con más pujanza. Que tu glande me golpee el útero con mayor presión. ¡Maricón de sepulcros malolientes! –me contestó, riéndonos los dos.

    Cuando Marta se cansó de follar a lo perra se colgó de mi cuello y abrazándome con sus piernas me folló cabalgando a un ritmo frenético. Yo la sujetaba por las cachas. La subía y ella se calcaba con fuerza mi rabo hasta hacer tope con los huevos. Así una y otra vez.

    El quejido gutural seguía escuchándose a lo lejos. La verja continuaba chirriando. El aire hacía sonar como voces por todo el recinto. La descarga de adrenalina que estábamos experimentando Marta y yo nos ponía tan cachondos como a auténticos putones verbeneros en celo. Explosionamos en un interminable e intenso orgasmo. ¡Qué deleite!

    Cuando Marta se baja de mi cuerpo se pone en cuclillas y poco a poco, sobre la tumba, suelta tres o cuatro chorros de mi lefa. A continuación se pone a mear.

    –Si alguien te viera meando sobre esta tumba, ¿qué le dirías? –le pregunto.

    –Que cada uno llora por donde le duele –me contesta Marta, con mucha guasa.

    No pude resistir el colocarme bajo palio y beber de su fuente. Chupetearle la almeja hasta dejársela bien sequita. Nos vestimos. Cuando nos íbamos a ir se volvieron a escuchar los quejidos guturales. Nos acercamos a la zona nueva del cementerio. Había un montón de tumbas y nichos a medio construir. Con las linternas señalábamos el suelo para no tropezar y caer en el interior de un hoyo. Había montañas de tierra extraída para ampliar y profundizar los huecos fúnebres.

    La voz se escuchaba cada vez más cerca. Dimos varias vueltas por la zona.

    Por fin dimos con el objeto. Dentro de una tumba en construcción (con las paredes todavía de tierra), a una profundidad de tres metros, había un hombre todo ensangrentado. Le habían dado una paliza de muerte y lo habían tirado allí. El hombre estaba bastante ebrio y no articulaba correctamente las palabras. Estaba a punto de perder el conocimiento al perder mucha sangre. Llamamos a una ambulancia. Se lo llevaron a un hospital. Su vida no corría peligro.

    Marta y yo al siguiente fin de semana nos fuimos a explorar otros cementerios más lúgubres y solitarios… o quizás no tan solitarios.

  • Sin querer, todo pasó (3)

    Sin querer, todo pasó (3)

    Toda la semana me la pasé pensando en Patty y lo bien que la pasaríamos. Me costaba tomar la decisión, pues, en los veinte años que llevo con Wendy, ni una sola vez la he engañado. Así pasaron quince días.

    A lo largo de estos quince días, recibí dos mensajes de Patty, los cuales no me atreví a leer, pues, sabía que si los leía ya no tomaría la decisión con la cabeza y la verdad no es algo que se tome a la ligera. Al mes de que Patty fue a casa, hubo una reunión en la casa de campo familiar. Estaba muy emocionado, pues, vería a Patty y sus lindas tetas. Ya estando en la casa de campo. Me sentía un poco nervioso, no sabía como actuar estando Wen y Patty, tenía miedo que Wen notara algo, pues, no estoy muy familiarizado con mentir.

    Avanzada la noche y ya con algunas cervezas encima y estando con todos sus familiares. Patty, comenzó a juguetear y quería jugar algún juego, nadie le prestaba atención, pero allí estaba yo embabucado con su forma tan rica de moverse, haciendo que cada vez que se levantaba de su asiento veía su hermoso trasero e imaginando cómo se lo haría. Como metería mi lengua en su culo. Entre más pasaba la velada, más caliente estaba yo.

    Patty decidió lanzarse a la alberca y lo hizo, Yo, como era el más cercano a la piscina, me levanté a ayudarla, pero, mi cuñado me empujó cayendo a un lado de Patty. ¡Qué sensación tan erótica cuando Patty y en un descuido de los espectadores, me presionó la verga con fuerza, me dijo en voz baja!

    -¡Te estás tardando mucho!

    Esas palabras hicieron que tomara mi decisión. A partir de este momento comencé con mi plan, el cual consistía en emborrachar a Wen, pues, borracha, se duerme como roca y. Entre risas y juegos le estuve cargando la mano a Wen pues, yo le preparaba su bebida, a las dos AM estaba al tope y aproveché para llevarla a nuestra habitación y Patty nada tonta y sospechando de mi plan, me ayudó.

    Con lo que yo no contaba es que Wen pasada de alcohol al recostarla en la cama, me halo hacia ella y me dijo: quiero hacerlo y yo, impresionado, volteé a ver a Patty y ella solo se encogió en hombros y se quiso ir, algo que no dejaría que pasara. Solo le hice señas y con la cara descompuesta apunté a un sofá en la habitación.

    -Espera, Wendy, no es correcto. Está tu hermana dormida en el sofá, no le importó a Wen. Volteó a ver a Patty la cual ya estaba dándonos la espalda recostada en el sofá. Eso sí, me prendió, pues, entendí que sería nuestra espectadora.

    Wen como pudo, se sentó y empezó a bajar mi short dejándome en descubierto. Un día antes me depilé, pues, esperaba algo de acción y el plan empezó a avanzar, no como esperaba, pero decidí seguir el juego. Wen comenzó a mamarla. Miré hacia el sofá y Patty ya estaba recostada del otro lado viendo el espectáculo lo cual me prendió más. Comencé a desvestir a Wen dejando al descubierto sus tetas, las cuales no son muy grandes, pero sí firmes y bellas. Estábamos supercalientes.

    Recosté a Wen en la cama y comencé a ponérsela en las tetas para que Patty viera mi miembro en todo su esplendor. Wen se olvidó que su hermana dormía en el sofá, porque, en ninguna ocasión, volteó a ver si seguía dormida, pero Patty ya estaba caliente y lista para sentir mi verga. Obvio que yo no quería eyacular, pues quería darle toda esa leche a Patty que seguía allí con los ojos muy abiertos y atenta a toda situación. Baje a hacerle un oral a Wen al tiempo que le decía a Patty que se acercara. Sabía que lo disfrutaríamos, pero, ella no pudo hacerlo.

    Entre más duro hacía el oral, más me excitaba pues, imaginaba que era a Patty a quien se lo hacía. Después de 5 minutos de oral Wen estalló en gemidos fuertes y excitantes me recosté a su lado y ella solo me masturbaba para qué terminará, pero le ganó la borrachera que llevaba encima quedándose dormida en un instante yo, para que ella no sospeche la desperté en dos ocasiones para que sintiera que estaba con ella, me levante sin nada de cuidado y casi brincando en la cama y vi que mi plan funciono.

    Me puse frente a Patty totalmente desnudo y con el falo en todo su esplendor.

    Ella me dijo, me toca…

    Patty es una diosa de baja estatura, con un culaso y con tetas grandes y manejables. Para tener veintiún años me impresiona la manera en que tiene de llevar las situaciones, pues, aun siendo tan joven, tiende a tomar el control del momento.

    Ella solo me veía y veía mi verga erecta como nunca, no intentaba tocarme, tal parecía que se estaba arrepintiendo de lo que era imposible detener. Me abalancé sobre ella, tomándola de la mano y jalando para que se pusiera de pie y pudiera convertir el sofá en cama. La tomé de las caderas y nos hundimos en un beso intenso, creí que no me respondería, pero comenzó a jadear y al instante sentí cómo su lengua se revolcaba con la mía. Ella tenía el sostén de un bañador, lo que me fue fácil liberar sus tetas tan ricas, cayendo justamente en mis manos, que no dudé en besarlas y meterlas a la boca, provocando un jadeo aún más intenso.

    ¡De pronto ella me separó y me dijo!: «Espera, aquí no puede ser» está Wen dormida y no me siento cómoda. Te veo en media hora en el cuarto de servicio.

  • Amantes en un motel

    Amantes en un motel

    Entramos apresuradamente al motel, tanto porque amenazaba una lluvia como la urgencia que nos empujaba a estar juntos. Una campanilla ruidosa y chillona anunció que llegábamos. Un hombre viejo nos recibió desde detrás de una vidriera.

    Con voz apagada y algo somnoliento nos informó –Se paga por adelantado, por veinticuatro horas–. Pagamos y volvió a decirnos –Cabaña 24, al fondo, en la luz verde… –Nos entregó una llave atada a una tabla lo suficientemente grande como para no llevársela al irse los clientes.

    Hasta allí nos dirigimos. La ansiedad hacía presa de nosotros. Estacionamos el auto y abrimos la preciosa puerta labrada; una película porno muy mala se exhibía en un televisor viejo. Entramos, y no bien estábamos en la habitación saltamos el uno a los brazos del otro, besándonos apasionadamente, nuestras lenguas se enrollaron una con la otra. Me besó ávidamente la cara, el cuello. Sus manos (y la mías) exploraron desde la espalda hasta alcanzar nuestros traseros, escarbando en los pantalones nuestras nalgas en busca de nuestros orificios. Metimos nuestras manos en los genitales cuando ya las erecciones eran manifiestas, nos manoseamos nuestras durezas. Mi corazón galopaba alocadamente. Nuestras camisas fueron las primeras en salir volando a cualquier parte.

    Caímos a la gran cama y allí nuestros cuerpos estuvieron en más libertad para tocarnos todo. Soltamos los cinturones de nuestros pantalones y las manos resbalaron bajo ellas para dar con la piel y el calor que transmitía. Sentí que envolvía mi pene en su mano y me lo acarició moviéndolo de adelante-atrás, masturbándome. Se me escapó un gemido al sentir su mano en mi pene y un gruñido de su parte. Lo seguí. Su pene, duro y grueso, estaba húmedo con líquido seminal cubriendo todo su glande; acompasé los movimientos que me hacía con los míos. –Por favor –exclamé con voz deseosa– ¡Chúpamelo!

    –¡Tú a mí! —me respondió, tragó saliva– ¡Juntos!, tú a mí, yo a ti…

    Terminamos de desvestirnos, hasta quedar completamente desnudos. Nos acomodamos sobre la cama e invertimos nuestras posiciones. Tomé sus abundantes genitales entre mis manos y los acaricié; otro tanto hizo él con mis conservadores atributos.

    Sentí la calidez húmeda de su boca envolviendo mi glande entre sus labios, y luego, sin avisar, tomándome casi por sorpresa, metió en su boca toda la extensión de mi falo haciéndome gimotear de placer. Decidí seguirlo, lamí su glande humedecido, sentí el sabor y densidad del líquido que estaba en la cabezuela de su magnífica verga. Abrí mucho mi alocada boca y lo fui hundiendo. Era un pene grueso, tuve que abrir mucho mi boca, llegó hasta mi úvula y aún quedaba mucho por tragar. Empujé para adentrarlo más. Un acceso de arcada me invadió. Y solo llegué hasta ahí. Rítmicamente empecé a sacarlo y meterlo. Creo que lo hacía bien, sus suspiros parecían corroborarlo:

    –¡No, no… para… para… me harás acabar… lo chupas demasiado rico!! —si él tenía una respetable verga, mi ágil boca subsanaba las carencias de tamaño de mis genitales. Efectivamente me detuve y nos reacomodamos uno junto al otro, besándonos apasionadamente, tocándonos sin restricciones todo lo que estaba a nuestro alcance…

    Sus manos, deliciosamente intrusas, recorrían mi espalda hasta mi culo, volvía a mi pecho, deteniéndose brevemente en mis tetillas, las que además chupaba con fuerza casi salvaje, haciéndome doler un poco, pero yo no podía (ni quería) que suavizara sus maniobras. Yo, simplemente de espaldas, estaba aferrado a dos manos a su pene enhiesto, duro y caliente. El tocarlo a mi regalado gusto me era suficiente. Despertaba toda mi desatada lujuria. (“¡Un pico… oh!,… Un pico” retumbaba en mi febril mente).

    Empezó una seguidilla de besos intensos y otros más sutiles a lo largo de mi tórax, vientre y mi paño de pelos púbicos, que también tironeó entre sus labios y dientes, hasta llegar nuevamente a mi pene que latía alegremente por esta nueva visita: se lo tragó todo, lo sumió hasta casi mi saco escrotal. Me empezó a masturbar con su boca, eso me hacía casi perder la razón de deseo y pasión.

    (“¡Un pico… oh!,… Un pico” retumbaba en mi febril mente).

    Mientras me felaba, un intruso dedo empezó a explorar mi periné, iba y venía acariciando cada pliegue… y avanzó hacia atrás, para encontrarse con mi palpitante ano, tocándolo delicadamente, en cada arruga y a una estrecha entrada en donde presionó ligeramente, me acarició mi parte más secreta. Atrevidamente avanzó hacia el interior un poco más decididamente. Sentí que la resistencia de mi agujero se imponía inútilmente a este progreso a mis entrañas.

    Súbitamente detuvo todas sus inquietantes maniobras. Se enderezó y me tomó de las caderas girándome gentilmente para dejarme bocabajo. Se puso a mi lado, nos besamos con fuerza mientras estiraba su mano a mi culo y metía sus dedos en mi partidura buscando mi intranquilo ano, el que encontró en seguida alegrándose este último desvergonzadamente pues empezó a palpitar.

    Nos besamos varias veces (muchas), e incorporándose para quedar de rodillas, con besos y besitos empezó a explorar el dorso de mi cuello, mis omóplatos, los costados de mi espalda para detenerse en mi flancos, lengüeteó y mordió suavemente mis caderas y mi espalda baja. Nada más erotizante, me sentía casi estallar de deseo, me sentía tiritar de excitación y mi pelvis se movía sola.

    Me separó las piernas exponiendo toda mi partidura además de mi enloquecido ano. Se puso de rodillas detrás de mí entre mis piernas. Me besó cada nalga, me las separaba y alcanzaba mi agujero con esos desesperantes besos, para bajar y lamer mi escroto hinchado, arrancando suspiros cada vez que sus labios tocaban mi orificio.

    Hasta que se detuvo en mi entrada…

    … y su lengua me mojó el agujero…

    La sentí cálida, intrusa, pugnaba por entrar allí, a mi calidez corporal; sus lamidas eran como besos apasionados, de esos que se dan en la boca excitada, calientes, obscenos, su entrometida lengua me mojaba mientras con sus manos me abría casi dolorosamente la raja de del culo.

    (“¡Mi hoyo!… ¡oh!… ¡mi hoyo!” me repetía a mí mismo apretando los ojos).

    Lo escuché escupir directo en mi cueva, extendió la saliva con la lengua. Un dedo tocó mi entrada latiente, empujó un poco abriéndome ligeramente; sentí dilatarse las paredes externas de mi abertura, y una nueva presión lo llevó más allá, hasta la primera falange del intruso.

    – ¡Ooooo… aahhh… –se escapó de mí. (“¡Mi hoyo!… ¡oh!… ¡mi hoyo!” resonó en mi cabeza)

    – ¿Te gusta? —preguntó con algo de urgencia en la voz.

    – ¡¡Me en… loo… que… ce!!!!… es… delicioo… so!! —chillé. – ¡¡¡Éntrame más, éntrame más!! —supliqué.

    Y lo metió entero: –¡¡¡Aaaah, ricooo!!!… – Se me escapó. Sentí que escurría algo de la punta de mi pene. Una suerte de orgasmo.

    Sacó su dedo. Un poco bruscamente me tomó de las caderas y me puso ´a cuatro patas´. Tomando cada nalga me las abrió, y se abalanzó a mi ano lamiéndolo fuerte y repetidamente. Yo sólo sentía su lengua que trajinaba mi hoyo.

    Satisfecho de su labor lubricándome me dijo gravemente –te voy a culear.

    (“¡Un pico… oh!… Un pico… Un pico grande, grueso y largo en mi hoyo”… retumbó en mi afiebrada mente).

    –¡¡¡Culéame, sí, sí, culéame, culéame!! —respondí ansioso.

    –Ábrete el culo —me dijo, fue casi una orden. Sentí que su voz era trémula. Sin embargo yo obedecería. Lo hice. Tomé las nalgas de mi culo y las separé.

    Tomó su pene, lo apuntó a mi agujero y presionó en él. Mi ano se dilató un poco. Y empujó su gruesa cabeza dentro de mí. Me entró. –¡Ohhh!! —fue mi reacción, dolió, pero ya tenía lo más grueso de ese falo en mis entrañas…

    Y empezó a empujar entrándome lentamente. Muy lentamente.

    Chillé cada milímetro que esa verga de veinte centímetros y cuatro de grueso me penetraba – ¡Oh… ooooh… ooooh!!

    (“¡Un pico… oh!… Un pico… Un pico grande, grueso y largo en mi hoyo”).

    Lo dejó dentro de mí, en lo más profundo de mis tripas, para que me acostumbrara a esa verga.

    Y empezó a culearme:

    Me lo sacó, me lo metió, me lo sacó, me lo metió, me lo sacó, me lo metió, me lo sacó, me lo metió…

    … cada vez más rápido… todo mientras yo gritaba de placer con cada embestida hasta hacer un continuo ¡ooooh!

    Me alcanzó un orgasmo que me hizo aullar. Mi primer orgasmo por el poto. Mi semen se esparció por la cama… (“¡Un pico… oh!,… Un pico…Un pico grande…”.

    Tres o cuatro estocadas más lo llevaron al clímax. Empujó por última dentro de mí, vez y su gruñido indicó que todo su deseo estaba dentro de mí.

    Me dormí en sus brazos. Afuera llovía intensamente. Nunca, al menos esa noche, dejé de estar aferrado a su pene.

  • La pareja más ardiente del mundo

    La pareja más ardiente del mundo

    Mi primo Hilton me apretó contra la pared de su habitación aquella tarde. Él a mí me había gustado desde siempre, pero mi sorpresa fue mayor cuando se inclinó hacia mí y me dijo:—Quiero hacerte mía, sin descanso alguno. Empezó a lamer mi cuello y me entregué por completo a él.

    Desde esa tarde, Hilton y yo hacemos amor todos los días.

    Hilton tiene novia, una hermosa chica morena de 25 años llamada Marilu que me agrada muchísimo.

    Marilu sabe que Hilton y yo tenemos sexo y ella es feliz. Le gusta que su pareja tenga sexo con otras personas. Pero esta vez decidimos hacer algo diferente, juntos tomamos la decisión de hacer un trío con Marilu y ella también aceptó encantada de la vida.

    Me dirigí hacia la casa de mi primo Hilton. Él me saludó con un beso en los labios, acompañado de un intenso manoseo en mis nalgas. Cuando entramos a su habitación, pero cuando estaba caminando a su lado, él tenía una mano agarrándome fuertemente mi trasero.

    Ingresé al dormitorio y ahí estaba la hermosa Marilu esperando en un pijama muy sensual, era color azul eléctrico con encaje negro, sus nalgas se le salían del pantalón y se le podían distinguir sus pezones, ya que los tenía bien parados, estaba más bella que nunca.

    Me acerqué a Marilu y le di un beso en la mejilla.

    -¿Cómo estás, hermosa?- le pregunté pasando una de mis manos por su brazo

    -Me siento de maravilla por lo que va a suceder.

    -Yo igual, va a ser una experiencia maravillosa.

    -Y yo me voy a asegurar de que lo sea- dijo Hilton pasándose atrás de mí, quitándome mi pantalón junto con mis bragas e inclinándose para lamber mi culo.

    Sentí dos lenguas cálidas recorriéndome al mismo tiempo porque cuando Hilton metió la suya dentro del agujero de mi trasero, Marilu ya había hecho lo suyo quitándome mi blusa y empezó a lamber mis senos, comenzando por mis pezones.

    Ya estaba sintiendo sensaciones intensas, con mucha carga de placer que no había sentido nunca, y eso que esto recién comenzaba.

    Sentía la lengua de Hilton entrando y saliendo de mi trasero, escupía abundante saliva en la entrada de mi culo y acompañaba el oral anal con unas cuantas nalgadas que eran una más fuerte que otra.

    Sentía la lengua de Marilu que chupaba con hambrienta desesperación mis senos, los masajeó por unos minutos y después bajó su mano hasta encontrar mi vagina para empezar a frotarme y meterme sus dedos. Subió con su boca hasta mi cuello y yo, por mi parte, me entregué por completo al placer que la pareja me brindaba.

    Hilton dejó de chupar mi trasero y bajo su mano hasta mi entrepierna, encontró la zona de mi vulva y su mano coincidió con la de la bella Marilu. El hermoso hombre me abrió la vagina con sus dedos para que Marilu me pudiera meter dos dedos y él me penetró con dos de los suyos. Ya estaba lo bastante húmeda hasta el punto de que alguno de mis fluidos se derramaban en el suelo.

    Tenía cuatro dedos que hacían muy bien su trabajo moviéndose dentro de mi vagina a un ritmo lento y luego rápido para volver a ser lento y así sucesivamente.

    Me encantaba que los dos estuvieran masturbándome al mismo tiempo y yo no hacía otra cosa que gemir cada vez más fuerte.

    Los dedos de Marilu eran un poco más delicados, pero los de Hilton eran pesados en comparación a los de ella y me los hundía hasta el fondo.

    Cuando retiraron sus dedos de mi interior, sentí un vacío enorme y más de mis fluidos salieron en cantidad y ellos tenían los dedos completamente mojados.

    Hilton se acercó a su novia y le puso los dedos que antes tenía en mi vulva dentro de su boca e hizo que los chupara, ella hizo esto con total deleite sin despegar la vista de mí.

    Después, Hilton vino hacia mí, me tomó fuertemente de la cintura y me dio un apasionado beso como si Marilu no estuviera ahí presente.

    Luego él se desnudó y su novia también, quedamos los tres completamente desnudos.

    Hilton me levantó agarrándome de las nalgas y yo entrelacé mis piernas en su cintura, me puso suavemente en su cama y siguió besándome.

    Dejo de besarme, levanto la vista hacia la chica y antes de penetrarme le dijo: —Mira cómo me voy a follar a mi hembra, cornuda.

    Y me penetró con una rudeza inusual, como si quisiera marcar posesión de que yo era su sumisa ideal y que su novia tenía los cuernos bastante grandes.

    Marilu miraba la escena que se desarrollaba en sus ojos con mucha lujuria, tenía un brillo especial en sus ojos, le gustaba que su hombre le estuviera dando bien duro a otra mujer que él llamaba su hembra.

    Y yo solamente podía dedicarme a disfrutar de las embestidas profundas y fuertes que mi primo me daba en este momento.

    Luego de esas descontroladas embestidas, mi vagina me quedó algo dolorida y colorada por la intensidad. Hilton tomó fuertemente de la nuca a su chica y le puso la cabeza en mi vagina, hundió el rostro de ella contra mi vulva con una rudeza que me quedé mirándolo.

    Le acaricié suavemente el cabello.

    -No la acaricies, hundile su cabeza.

    Hice lo que me pidió y ella disfrutó más cuando empecé a ponerme ruda, pues empezó a lamber mi vagina con mucha más velocidad.

    Estaba a punto de eyacular en la boca de Marilu, pero Hilton la agarró de la nuca y le dio un apasionado beso.

    -Qué rico es tu sabor en la boca de la cornuda- me dijo, posando sus labios en la entrada de mi vulva.

    -Correte para mí, mi hembra, mi sumisa- me ordenó y yo hice lo que me pidió.

    Mi atractivo y rudo primo me agarró de mi cintura y me penetró mi trasero, hundiéndose adentro de mí con una sola y profunda embestida.

    Me empezó a embestir más fuerte hasta que eyaculo, además ya faltaba poco para que soltara todo su semen adentro de mí.

    Agarró a su novia del cabello y ella hizo un gemido de total placer y le volvió a hundir su rostro, pero esta vez adentro de mi culo, hizo limpiarme el agujero que estaba lleno de su eyaculación masculina.

    Después hicimos lo que a la hermosa Marilu le encantaba, la humillamos entre los dos, todo con su total consentimiento, ella quería y deseaba esto tanto como nosotros.

    Oriné en los senos de la chica y luego su novio le hizo abrir la boca para que también mi lluvia dorada fuera hacia allí.

    Después él se encargó de atarla y dejarla en una posición con su trasero bien elevado, me dio a mí un látigo negro y yo de mi parte le di unas cuantas nalgadas bien fuertes, con toda mi fuerza, pero la verdadera rudeza fue cuando mi primo tomó el mando del látigo y golpeó las nalgas mucho más fuertes que yo. Sentir los gemidos ahogados de Marilu me excitó muchísimo, claramente sentía un placer enorme, no la dejamos de llamar cornuda en ningún momento.

    Luego de que le hicimos todas esas prácticas tan deliciosas y disfrutamos los 3 al mismo tiempo, la hicimos salir del dormitorio. Yo me senté a horcajadas sobre Hilton y él me volvió a clavar su miembro hasta el fondo de mi vagina. Empezamos a movernos y me dio mucho más fuerte que antes para que su novia, la cornuda, escuchara la fiesta que me estaba dando con su hombre, pobre Marilu, con cada gemido y cada embestida sus cuernos le crecían.

  • Paola (parte 2)

    Paola (parte 2)

    Estaba tirada en una de las reposeras de la terraza, rodeada de botellas y dormida. Busqué una toalla húmeda y le limpié los restos de vómito, la levanté en mis brazos y la llevé a su dormitorio. Con toda delicadeza la fui desvistiendo hasta dejarla en ropa interior y la acomodé entre las sábanas. En ese momento abrió los ojos.

    – “No me dejes sola, tío. Por favor”

    Me acosté al lado de ella sin desvestirme y me quedé dormido. A la mañana siguiente me desperté con ella abrazándome y su cara apoyada en mi hombro. Con suavidad me deslicé y le corrí los brazos y cuando giré para levantarme y mi cara quedó frente a la suya, me abrazó y me dio un beso, se dio vuelta y siguió durmiendo.

    – “Le dura la curda”, pensé

    Estaba terminando mi mateada, que dura hora y media acompañada de lectura de noticias, revisar las redes, responder mensajes, cuando apareció enfundada en una bata blanca, fresca y a cara lavada aunque todavía tenía rastros de su resaca.

    – “Parece que te tomaste todo ayer, ¿no?”

    – “Es por tu culpa tonto. Me dejaste sola y te extrañaba”.

    – “¿A mí Paola? No jodás, tirate en la reposera que te preparo el té”.

    – “No necesito té, necesito un abrazo. Y después café””

    Me levanté, la abracé y otra vez el abrazo fue intenso, volvió a darme un fuerte y largo beso no en la mejilla sino en el cuello y se sentó. No muy sereno, le preparé el café. Cuando volví casi se me cae la taza y el azúcar. Se había sacado la bata y estaba con una micro bikini que casi no tapaba nada, estirada en la reposera y dejando en una exposición privada para mí su escultural cuerpo. Con toda la calma que pude le llevé la infusión, me sonrió, me tiró un besito, se puso de lado y la bebió.

    – “Vamos a la pile Fede. Dale, andá a ponerte un short.”.

    Mi intención al venir era ayudarla a que se componga e irme, lo cual era lo que debía haber hecho. Pero a esa altura me era imposible. Fui a cambiarme y, cuando volví, estaba haciendo largos en crowl. Me zambullí y me puse a su lado acompañándola en su nado.

    – “Seguis en buen estado”, me dijo con alegría cuando paramos un rato en el sector medio, con el agua por la cintura. “No solo me seguís el ritmo, sino que te mantenes en forma”, dijo mientras sus manos me acariciaron el pecho, “¡¡Que músculos tenés!!”.

    No podía sacar los ojos de sus pechos y de la mirada sensual que me dedicaba y todos mis ratones corrían a mil, a la vez que trataba de serenarme y me repetía que era una sobrina para mí.

    – “Me agarró frío”, dije y salí de la pileta como si hubiera tiburones en el agua.

    – “¿Te asusté?”, preguntó irónica.

    – “No nena. Para nada. A los viejos nos afecta el frío, nada más”

    Salió de la pileta cuando estaba terminando de secarme y empezó ella a secarse mientras me tiraba en la reposera con la toalla sobre mi short para evitar que se me vea la erección. Ella se movía sensualmente, se secaba pedazo a pedazo regalándome toda la visión de su cuerpo que la diminuta malla ni tapaba. Tomé mi sombrero de paja y me lo puse sobre el rostro, simulando dormir, para no verla. Pero al rato la sentí sentarse en mi reposera y empezó a acariciarme el torso.

    – “Me encanta acariciarte los músculos Fede”, dijo mientras yo intentaba hacer como si no me pasara nada. “Te voy a contar un secreto”, siguió, ”siempre me gustaste, eras mi héroe de nena y te soñé muchas noches en Europa. No sabía como te iba a encontrar, pero ¡¡mira!! seguís fantástico” y se acostó sobre mí, con su cabeza en mi pecho. Yo sentía su cuerpo contra mí, su deseo, sus tetas e intentaba pensar como zafar… mezclado las ganas de comerme ese bombón.

    – “¡¡Dale nena!! No quiero ni imaginarme los musculosos que tuviste y los que vas a tener acá. No me quieras dorar la píldora. Soy un viejo que se mantiene, nada más”

    – “Primero, no sos viejo. Para ser viejo hay que sentirse viejo y parecer viejo y vos no tenes ninguna de esas dos. Segundo, sos maduro pero tenés la mente joven. Y tercero ¿a quién le importa la edad?”

    – “Paola, no juegues conmigo. Te llevo casi cincuenta años”

    – “No hay ningún juego Fede. Siempre me gustaste. Te repito, eras mi ídolo de piba y soñé con vos muchas veces. Y ahora vengo y estás igual que como me acordaba. ¿Queres que te diga que me pasa? Te tengo ganas y me eduqué en no quedarme con las ganas. ¿No te gusto?”, dijo mientras una mano fue a tocar mi bulto y con la otra agarró una mía y la llevó a uno de sus pechos.

    Me quedé estático sin poder moverme. Ella se soltó, se incorporó, me sacó el sombrero, se inclinó contra mí, su cabello me rodeó la cara y sus labios fueron directo a besarme. Tardé un instante en reaccionar, pero dos segundos después la estaba abrazando, acariciando, besando. Separó apenas su cara y así casi tocándonos nariz con nariz me dijo:

    – “Quiero decirte lo que me gusta. Quiero que sepas la mejor manera de tratarme Fede. Cogeme como a tu puta, poseeme, dominame, jugá fuerte. Ahora, en este momento, soy tu nena obediente como antes y te sigo en lo que digas ¿está bien? No quiero un romance. Quiero ser tu putita”

    – “Ok. Pero entonces, vas a hacer lo que te diga. Si algo no te gusta decime “tío pará”. Si no, decime lo que quieras que voy a seguir. Y en la cama, llamame Fede, papi, menos tío. ¿Entendiste?

    – “Si papi”, dijo con una sonrisa de satisfacción.

    Me levanté, la tomé de la mano y la llevé al dormitorio. La tiré contra la cama, la obligué a ponerse boca abajo, le dí un buen chirlo y le ordené quedarse quieta, mientras le iba sacando su bikini y yo me saqué el short. Le ordené quedarse quieta y cerrar los ojos y me dediqué a mimarla, explorar su cuerpo, acariciarla, masajearla, darle besos y algunos chirlitos mientras ella solo gemía y suspiraba. La dí vuelta y ella estiró la mano para agarrarme el miembro, ante lo cual se la saqué, la puse de costado y le di dos fuertes chirlos.

    – “Te dije que cierres los ojos y te quedes quieta, ¿no es que eras mi nena obediente?.

    – “Si papi, perdoná”, y cerró los ojos

    Fui a buscar unas medias y con ellas le até las manos al respaldo. Después me tomé media hora para, muy lentamente acariciarla, besarla, chuparle los pezones, lamerla toda de pies a cabeza, alternando lamidas y besitos en su clítoris. Ella solo gemía y arqueaba el cuerpo. Le separé las piernas y me acomodé para lamerle la conchita mientras le jugaba con dos dedos en su interior. Cuando estuvo bien caliente empecé a acariciarle el culito con el anular. El primer orgasmo fue poco después, se arqueó, se quedó tiesa y gimoteó para después moverse frenéticamente empujando su pubis contra mí mientras seguía lamiéndola.

    – “No te muevas, disfrutalo, sentilo, dejá que te recorra el cuerpo, saborealo”, le dije cuando se calmó, mientras la acariciaba suavemente. La dejé disfrutarlo y volví otra vez a su cuello, sus labios, sus pezones y luego otra vez su conchita los dedos y el anular ya decididamente introducido en su cola. El segundo orgasmo fue más corto y silencioso. Me puse al lado de ella y le desaté las manos.

    – “Abrazame”, le dije y así hizo, “quedate quieta, dejá que tu cuerpo se recupere lentamente”.

    – “Pero yo también quiero mimarte”

    – “Por supuesto que lo vas a hacer y pienso disfrutar viéndote chuparme la pija y cogiéndote toda. Pero no hay apuro. Dale tiempo al sexo y al disfrute del sexo. ¿Te gustó?”.

    – “Me encantó”.

    – “Vení”, le dije mientras me paraba y la llevaba a ella a sentarse al borde de la cama. “Quiero que me dediques una buena, suave, lenta y sensual mamada mientras te miro. Quiero que me mires, que me muestres todo lo putita que sos para tu papi ¿está bien?.

    – “Si papi”, me dijo y se dedicó a lamerme, darme besitos, soplarme, chuparme. Con una mano agarraba mis bolas y con la otra me masajeaba a la vez que su boca, sus labios y su lengua atendía a mi pija, que ella mantenía dura como un garrote. Todo mientras me dedicaba lascivas y sensuales miradas.

    – “Si seguís así te voy a acabar y todavía quiero cogerte”

    – “Acaba cuando quieras, tenemos todo el tiempo del mundo y por supuesto que te quiero dentro mío, papito. Quiero que me des tu leche en todos lados”

    La agarré del pelo y la llevé a mi ritmo, ella me seguía obediente. Al rato empecé a cogerle la boca y ella ponía los labios para recibirme. Estaba re caliente, pero ella empezó a retacearme la boca, a acariciarme la cabeza con la punta de su lengua, a solparme, a besarme todo el tronco y solo cada tanto tragarla toda. En un momento que volaba de calentura, le agarré la cabeza y le hundí la pija hasta el fondo y acabé con un largo gemido y echando un chorro de semen en su boca. Ella la dejó ahí y despacito fue chupando, lamiendo y tirándome su cálido aliento mientras de a poco se retiraba. Me sonrió y dijo:

    – “¡¡Qué linda acabada, papi!! Me gustó tu lechita”

    Nos acostamos a la par en cucharita y disfuté abrazar ese cuerpo joven, vital, terso y suavemente entregado a mí. Dormité un rato (ni se cuanto) y desperté con ella chupando suave y lentamente mi pija.

    – “Siempre te miré el bulto y pensé que la tenías grande. Por suerte no me equivoqué”, dijo mientras me daba lamidas y besitos.

    – “Vení, acostate boca arriba”, le dije y me acomodé entre sus piernas para penetrarla.

    – “¿Así, sin forro?”, pregunto sin intentar detenerme.

    – “Si Paola, me hice una vasectomía y me hago análisis constantes de Sida y ETS. Jamás te pondría en riesgo”.

    – “Ok, dijo con una sonrisa y me sonrió.

    Lentamente fui presionando y moviendo contra su conchita mi pija hasta que se lubricó y me recibió cálida y húmeda mientras me abrazaba. Cuando estuve todo dentro de ella me subi a su pubis para penetrarla uin poco más. Después empecé a moverme despacito mientras le hablaba.

    – “Es hermosa tu conchita, nena. Es un placer estar dentro tuyo. Me encanta que seas mi putita”.

    – “Y a mi me encanta tenerte. Soñé mucho con tu pija y con vos así, arriba mío. Y sos mejor que en mis sueños. ¿Me vas a coger mucho, papi? Porque quiero ser tu putita no solo hoy”.

    – “Por supuesto nena, Sos linda, sensual, coges divino, tenes un cuerpo de diosa y sos una de las mejores putitas que me he comido en mi vida. ¿Cómo voy a decirte que no?. ¿Te gusta como te hago el amor?”.

    – “Mucho. Pero ahora apenas te moves”.

    – “Si, porque pienso estar dentro tuyo una hora o algo así”

    – “¿Tanto? ¿Podés?”

    – “Si me seguís y me hacés caso, si”.

    – “Cogeme como quieras, te hago caso en todo. Sos muy bueno en la cama Fede, me gustas mucho. Decile a tu putita que hacer y te sigue”

    Y nos pasamos un largo rato, besándonos, acariciándonos, contándonos lo que íbamos sintiendo mientras seguía dentro de ella, con mi pija dura. Y no era para menos, era un caramelito delicioso el que estaba abajo mío. En un momento, me salí y la di vuelta, la penetré por detrás, al rato la puse en cuatro para mirarle el culo hermoso que tenía. Después, me senté en una silla y la hice sentar a horcajadas y de frente a mí lo cual me permitió acariciarla mejor y jugar en su colita, apartarla para chupar sus tetas y darle suaves chirlitos. Ella acabó tres veces en ese interín y cada vez que lo hacíamos, parábamos y la dejaba disfrutar el orgasmo.

    – “Que lindo, nadie me paró y me obligó a saborear mis orgasmos ¡¡Me encanta!!

    – “Mi putita tiene que disfrutar y sentirse bien cogida. Tenes que aprender a saborear el sexo”.

    – “¿Y vos no acabás? Hace más de una hora que estamos cogiendo”.

    – “Ahora, bebé, en tu colita”, le dije, la hice parar, le dije que se siente dándome la espalda y mientras la sostenía semiparada, le apoyé la punta de mi pija en su culito. “Ahora, bajá de a poco, tomate todo el tiempo que desees, tiene que ser a tu placer”, mientras tenía mi pija y le acariciaba la entrada de su ano.

    Ella fue bajando muy despacio. Paró un rato cuando entró la cabeza y siguió lentamente hasta tenerla toda dentro y terminar sentada contra mis muslos.

    – “Ahora, otra vez, lento, muy lento. Quiero cogerte ese culito otro largo rato. ¿querés?”

    – “Si papi, ¿cómo hacés para tenerla dura tanto tiempo a tu edad?”.

    – “Porque me estoy cogiendo a una nena hermosa, sensual, calentita, divina, con una conchita y un culito de ensueño que, además, desea ser mi putita y se me entrega toda. ¿Cómo no querés que esté al palo?”

    – “¿Yo te hago eso?”.

    -”Si, de modo que hacete cargo y preparate a que te cojan mucho y mucho tiermpo”.

    – “Si papi, tu putita es toda para vos”.

    Al rato la hice parar, la puse de pie a un metro de un espejo que había en la pared y para que se vea de costado, me puse atrás de ella y le dije que mirara como le cogía la cola. La penetré, abrazándola por las tetas y ella se recalentó mirándose así. Empezó a moverse más rápido y yo también empecé a sacar y meter mi pija con fuerza de esa cola divina. Al rato, la abracé contra mi y, con toda mi pija dentro de su culo, acabé con todo. Lentamente nos separamos y fuimos a acostarnos. Los dos estábamos jadeando.

    – “Fede, hace hora y media que estamos cogiendo. ¡¡Qué hijo de puta!! Nadie me cogió así y nadie me hizo gozar tanto. Tu putita te va a ir a visitar seguido a tu casa. Quiero más de esto”.

    – “Con todo gusto nena. Sos una delicia que ya ni pensaba en tener. Me gustas mucho y me das mucho placer. También quiero cogerte mucho y muchas veces”.

    Continuará.

  • César el exnovio dotado y el cornudo pichacorta (3)

    César el exnovio dotado y el cornudo pichacorta (3)

    De pronto una videollamada entrante… De quien más si no del cornudo.

    «Si? Ya estás en la sex shop?»- le dije a mi Chucky.

    Dando vuelta a la cámara la mostró era una en la zona roja la atendía una señora al parecer.

    Sin decir nada escribió esperando su siguiente orden.

    «Busca un dildo grande y muéstramelos» rápidamente tomo uno de 15 cm normal – no pude aguantar la risa.

    «Si para ti eso es grande es por la miseria que tienes busca uno que sea del tamaño de mi antebrazo rápido y no te quites el manos libres quiero que cuando lo compres lleves lubricantes, poppers… Y le preguntes que si tiene pastillas para la disfunción eréctil».

    Guardo el celular pero aún hablábamos y solo pude escuchar una leve risa y le dijo que si tenían pastillas le ofreció unas cuantas.

    Yo mientras tanto texteaba con mi ex pidiéndole que por favor viniera a casa por la noche que le íbamos a dar una sorpresa al cornudo.

    «Ya llegué mi amor» dijo pusilánimemente.

    «Ok métete a bañar y te depilas todo que hoy te tengo algo especial cornudo» aproveche ese momento para pasar a mi ex a nuestra habitación ya que el baño que el usaba era el de invitados y estaba abajo.

    El se metió a la habitación contigua donde el tenía que esperar.

    Yo me puse un traje de dominatrix y prepare todo para la noche especial donde por fin recibiría unos cuernotes presenciales como tanto le gustan.

    Al salir le ordene que a partir de ahora solo estaría en 4 patas hasta que le dijera que podía actuar como persona, de nuevo el acepto ya que en este punto después de tanta castidad y negación de follar era manso como el perrito que era.

    Con su cinturón puesto le puse una máscara de cerdo y le ordene ponerse un traje de maid francesa.

    «Hoy te tengo algo muy especial, pero debes prometerme que pase lo que pase te dejaras llevar entendido?»

    «Si mi ama yo acepto lo que me des»

    «Eres un perro muy fiel -le dije mientras tocaba su cinturón de castidad- sube rápido a la cama perro malnacido» lo amarre en 4 con arneses a la cama donde de frente a los pies y con una tablet a la cual le iba a hacer videollamada mientras el estaba ahí sin poder moverse.

    Me salí de la habitación y me fui a la de al lado aún sin mostrar que mi ex estaba ahí… Acercándome a la cámara comencé a bailar en lo que el pedía ser desatado.

    «Te desatare si a partir de ahora prometes ser mi cornudo real? Voy a coger con quién yo quiera? Que dices?».

    -siii siii sii

    -eso es todo lo que necesitaba escuchar «César entra mi amor» y en cámara se acerca mi ex con su tremendo vergon jalándoselo «bueno aquí está mi ex ya podemos decirle que quieres comerte sus mecos de mi panocha?» – dije de forma burlona en lo que yo pienso que era lo poco de orgullo masculino que le quedaba se notaba algo molesto.

    «O le decimos que no se te para si no lo menciono cogiéndome»

    «Amor por favor»

    Riéndome le dije «no que te gustaba la humillación? Y esto es solo el comienzo» todo esto mientras mi ex tocaba su polla en cámara, apagamos llamada y fuimos en persona.

    «Por eso quería el dildo más gordo para que veas siempre lo que me como está igual» -me sentí de repente como si pudiera decir todo y no pare de humillarlo y alentar a mi ex a hacerlo.

    «El cornudo me ha pedido que me cojas frente a él, pero sabes que yo no soy dueña de mi, soy de él y su tremendo animalon que se carga así que pídeselo a el».

    Evidentemente ofuscado solo guardo silencio a lo que le dije «pídeselo perro tú sabes que quieres» y le acaricié su micropene en castidad hasta que cedió.

    «Por favor follatela frente a mi».

    «Bien si eso quieres eso vas a tener pero primero ve por unas cervezas» – lo des amarramos y le dimos un chándal que podía ponerse rápido e ir a buscar eso.

    «Este va a ser su primera lección no va a ser cuando el quiera» a lo que procedió a arrojarme contra la cama y pasar sus manos por todo mi cuerpo mi coño estaba mojado los labios latían de solo pensar en esa verga inolvidable.

    Con su tremenda polla jugaba con mi panocha peludita y me hacía pedirle que le rogara por verga.

    Antes de proceder me ordeno que se la jalara y dios don manos y me faltaba mucho $: nada que ver con lo que comía hasta ese día.

    Antes de chupársela me golpeó con su polla en la cara.

    Después de mucho calentarme se acostó y me dijo súbete puta.

    Poco a poco me inserte en su polla en reverse cowgirl.

    Así llevábamos un rato en lo que le pedía que no me la sacara cuando mi cornudo llegó y nos encuentra en plena faena a lo que Cesar grito «solo mira si te tocas no voy a volver a dejarte ver follar a tu mujer impotente» – el reclamo a lo que yo añadí «cállate no tienes nada que decir impotente pito chico» nos calentó tanto que se volvió una seguidilla de insultos a el «aquí te voy a dejar tu premio para que se lo lamas a tu mujer».

    -si… -dijo tibiamente a lo que le dije

    «Si amo, él es tu nuevo amo perro porque yo soy tu dueña y soy toda suya más te vale respetarlo marrano asqueroso».

    «Si amo» dijo está vez.

    «Que bueno cornudo ven por tu premio» él se acercó a mi panocha y recibió todo el squirt en mi cara toda la situación era demasiado para aguantar.

    «Alguna vez había terminado tu mujer así? Por cierto, no olvidaste más cervezas verdad?”.

  • Mi experiencia gay

    Mi experiencia gay

    Hola guapos. No soy gay, pero de joven tuve una experiencia y la verdad es que me gustó. Tenía 25 años (ahora tengo 49).

    Una noche, en un bar cerca de la Puerta del Sol, estaba yo solo tomando una copa.

    No había mucha gente, unas 8 personas. Entre ellas un chico que bastante guapo que también estaba solo.

    En un momento dado fui al cuarto de baño y al momento entró este chico detrás de mí.

    Se puso a mi lado a orinar y yo no pude evitar dirigir la vista unos segundos hacia su pene.

    Él se dio cuenta y me miró sonriendo, yo me puse colorado y le sonreí también.

    Cuando terminé la copa, salí del bar y el me siguió.

    Me llamó y me dijo que si quería otra copa en su casa, que estaba cerca de allí.

    El corazón se me puso a mil y sin pensarlo le dije que sí.

    Estuvimos un buen rato hablando y nos tomamos 2 o 3 copas, ya no me acuerdo.

    En un momento dado, se acercó a mí y me puso la mano en la pierna, muy cerca de la polla.

    Me puse muy nervioso y le dije que yo nunca había tenido un contacto sexual con otro hombre.

    Me dijo que me relajara y que le dejara hacer a él.

    Se quitó la camisa y me cogió la mano.

    La llevó por todo su pecho acariciándolo y en un momento la bajó y la metió por debajo de su pantalón.

    Tenía la verga dura como una piedra y pensé, ufff, buena polla para estrenarme.

    Le desabroché el pantalón y se lo bajé.

    Ahí estaba, completamente desnudo delante de mí y era un espectáculo maravilloso.

    Yo también me desnudé.

    Me puse a su lado, de espaldas, de manera que su verga rozaba mi culo y él la pasaba por la raja de arriba a abajo, acariciando mi ano.

    Me agaché y le presenté mi culo en pompa para que jugara con el.

    Se puso un preservativo y untó mi ano con un gel lubricante.

    Le dije que lo hiciera muy despacio porque era mi primera vez.

    Estuvo un rato estimulando y relajando mi agujerito con su dedo y yo gemía de placer.

    Seguidamente cogió su polla y fue metiendo y sacando muy despacio la puntita.

    Yo me deshacía de placer y me corrí en un momento.

    Entonces él metió la punta de su verga y empujó despacio hasta meterla entera.

    Fue un mete-saca lento durante unos minutos que me hizo tocar el cielo.

    Una vez terminado, nos duchamos y fue otro momento muy excitante.

    Quedamos en volver a vernos y así lo hicimos durante un año, incluso con otro amigo suyo.

    Pero al año se fue a vivir a Canarias y poco a poco fuimos perdiendo la relación.

    Pero guardo muy buen recuerdo de él y su amigo, aprendí mucho con ellos y mi culo está dispuesto para cuando vengan a Madrid.

  • Mi primera mamada y a un maduro

    Mi primera mamada y a un maduro

    Buenas, al ver que mi primer relato fue bien recibido por los lectores me armé de valor para relatar el cómo fue la primera vez que realicé sexo oral a un hombre. Recuerden que mis relatos son 100% reales.

    Me llamo Benjamín, tengo 24 años, mido aproximadamente 1.75 y soy de contextura gruesa, como mencioné en mi anterior relato soy estudiante universitario y lo que ocurrió en esta oportunidad paso justamente luego de salir de la universidad.

    Resulta que era un día viernes cerca de las 7 de la tarde, en Chile al ser horario de invierno a estas horas prácticamente ya es de noche por lo que es oscuro.

    Frecuentando chats en más de una ocasión distintos hombres me invitaban a pasar un rico momento en sus autos aprovechando las oscuridad de la noche.

    Aquel día estaba muy caliente por lo que mientras iba de vuelta a mi casa desde la U estaba conectado a uno de estos chats gay, en el cual de repente me llega un mensaje, se presenta y me dice que es un hombre maduro de unos 42 años, el cual mide 1.80 y pesa unos 110kg, el morbo de imaginar un maduro así me gano por lo que procedí a conversar con el, me comento que estaba cerca de donde yo vivía y estaba en su automóvil estacionado por lo cual podríamos juntarnos en X lugar si yo quería, al ser nuevo en esto de estar experimentando con hombres hace mucho ya quería probar lo que se siente el mamar una verga por lo que le comente que esta sería mi primera vez y esto claramente lo excito por lo que me insistió en juntarnos aún más, y yo claramente acepte.

    El momento del encuentro caminé a donde el me señalo, la verdad estaba muy nervioso y pensaba en si debía simplemente irme y hacer como si nada paso para llegar a casa a masturbarme, pero al verlo allí, gordo con su barba me prendió una vez más el morbo y camine directo a su auto, el me saludo y me invito a subir, en esto prendió el motor y comenzó a manejar para buscar un lugar más alejado y que así no nos pudiera ver nadie en la calle mientras hacíamos lo nuestro.

    En el trayecto conversamos diferentes cosas las cuales fueron prendiendo el ambiente por lo que me anime y empecé a tocar su bulto por sobre el pantalón, el andaba con un buzo muy cómodo y sin boxers, por lo que podía sentir como se le iba poniendo dura con mi tacto. No mentiré que la situación fue tan excitante que prácticamente podía sentir mi pene todo lubricado.

    Luego de manejar unos 10 minutos en los cuales aproveche para tocar su pene en todo momento, encontró una calle con muy poca luz casi oscura donde no pasaban personas, por lo cual apago el auto y me dijo si quería comenzar.

    Él se bajó sus pantalones y pude verla, una verga brillante llega de precum que ansiaba ser chupada por mi virgen boquita, estaba un poco peludo pero a mi me encanta que la gente tenga bello púbico, por lo que me acerqué e instintivamente lo primero que hice fue olerla, tenía un rico aroma a limpio pero con esa esencia a pene tan característica, probablemente le mediría unos 15cm no más, cerré los ojos le di un beso en el glande y me la metí directamente a la boca, era un poco salada y la sensación fue curiosa como lamer una especie de consolador, mientras iba sintiendo todas estas nuevas sensaciones el tomó mi cabeza y me empujaba, al ser nuevo en esto me costaba mucho mamar y me atragantaba con su verga fácilmente.

    El tiempo se me hizo eterno mientras chupaba esa verga, cuando me levante la vi toda llena de mis babas y baje a comerme sus huevos mientras lo masturbaba, para luego de nuevo proceder a chupar su pene de manera muy rápida, noté que se hincho su pene y el hizo un muy rico gemido mientras llenaba mi boca de su semen, fue tanto que se me caía por los lados, realmente me dejo la boca muy llena de esa leche calentita y como no sabía que hacer solo me la tomé toda y luego termine de limpiar su pene, aquí pensé que se acabaría todo pero me dijo te toca, por lo cual me bajo mis pantalones y agarro mi pene mientras yo me acomodaba en el asiento del auto.

    Aquí diré que he tenido alguna novia por lo que si me han mamado anteriormente el pene, pero nunca tan rico como lo que el me hizo sentir, la verdad yo les comente que el mío es relativamente pequeño unos 14cm por lo que se lo trago completo desde un inició, fue tanto el placer que me inundó, la sensación de su barba, el sonido de su saliva y el calor de su boca que no duré más de 5 minutos y simplemente explote en su boca, me sentí drenado y débil como si hubiera succionado parte de mi vida también así de bueno fue, el al igual que yo se tragó mi leche y luego nos dimos un muy rico beso con lengua.

    Así finalizó la noche el me llevo en su auto cerca de mi casa y nos despedimos de beso.

    Gracias por leer mi segundo relato los invitó a escribirme a mi correo [email protected] respondo a todos. Espero algún día relatar mi primera vez con un hombre cuando suceda cuídense y disfruten mucho tanto como yo recordándolo.

  • Mariano

    Mariano

    Todas las historias tienen su final, y está segunda parte es el final de mi primera experiencia con un hombre.

    Cómo bien saben en la primera parte les comenté la edad de Mariano cuando lo conocí tenía 55 y yo 31.

    Cómo bien saben después de mi primer encuentro con él, me aleje por miedo, por vergüenza.

    Pasaron 2 años hasta que finalmente volvimos a retomar nuestras charlas, nuestras ganas de soñar con volvernos a ver, finalmente nos reencontramos una noche de abril…

    Me animé a ir hasta su casa, tenía miedo, pero a la vez quería verlo, Mariano me hacía sentir cosas muy fuertes.

    Al entrar a su casa me mostró cada rincón de su casa, él estaba feliz, pasamos a su habitación porque era más cómoda para charlar y había música, las luces bajas, charlamos un rato tirados en la cama. Y en un segundo la charla se convirtió en caricias, en besos, y en todas esas ganas que nos teníamos.

    Yo soy bastante activo con las mujeres, pero con Mariano tengo otro rol, y me gusta, me calienta demasiado.

    Después de un par de veces y caricias estando desnudos le pedí que me la meta, quería sentirla adentro, es una sensación súper caliente que te cojan por el orto.

    Él estaba esperando mi pedido, ya la tenía parada se la chupe un rato y me puso boca abajo, él se puso arriba y de a poco me la fue metiendo, yo empecé a gemir, por primera vez me deje llevar, disfrute mucho esa noche ese encuentro.

    Me cogió mejor que la primera vez, fue bruto, por momentos sentía bastante dolor porque literal me estaba rompiendo la cola, yo me la aguantaba porque me gustaba cuando ya no aguantaba le decía q me dolía y ahí el frenaba un poco, sino le decía nada me la metía bien hasta el fondo mal, cuando pienso en esa noche que ganas de estar con alguien y que me esté violando la cola.

    Mariano me dio una hermosa cogida esa noche, después de eso no nos vimos más.

    Nunca voy a olvidar a Mariano, por culpa de él me gusta demasiado la verga.

    Saludos desde Buenos Aires, Argentina.