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  • Una experiencia inolvidable en un bar swinger

    Una experiencia inolvidable en un bar swinger

    Les contaré como fue nuestra experiencia en un bar swinger en la ciudad de Morelia. Yo tenía tiempo viendo una página donde publican los eventos que realizan cada sábado y cada vez que veía una publicación nueva le comentaba a mi pareja.

    El lugar es un bar donde solo realizan eventos los sábados y cada vez hay una temática diferente de vestimenta. Hay noches que piden acudir de negro, faldas, ropa transparente, deportiva, colegiala, disfraces, libre, etc.

    En una noche de sábado, no teníamos planes y le comenté a Perla… que te parece si nos vamos de callejeros esta noche. A lo que ella me dice, está bien, ¿a dónde iremos? Podemos irnos a un bar o a caminar por ahí.

    Perla se me acercó y con tono pícaro me dice al oído, corazón que te parece si visitamos esta noche es bar swinger del que me has contado. Yo la observé y acerté con la mirada. Así que entré a ver la página para conocer la temática de esa noche y vimos que era minifalda y topless.

    Nos duchamos y nos alistamos para ir al bar. Perla se puso una minifalda a cuadros corta, un sostén negro muy lindo y encima solo una chamarra ligera; se colocó unas zapatillas con cintas entrelazadas y su pelo suelto, lucia divina como siempre.

    Llegamos al lugar y al entrar, había una pareja que nos pedía identificarnos, a lo que dimos nuestros nombres clave que nos dieron por mensaje para identificarnos y nos dejaron pasar. Entramos la casa y al ingresar había unas escaleras para subir al segundo piso. Pudimos ver que todo estaba obscuro y solo había luces neón que aluzaban cada mesa del bar.

    Había cerca de 15 parejas y algunos chicos solos y chicas solas, las cuales se encontraban es otro espacio. Nos sentamos en un sofá muy cómodo, y ella se quitó su chamarra para quedar solo en sostén y estar acorde a la temática del día.

    Un mesero se nos acercó y dos dio una bebida de cortesía. Los anfitriones se nos acercaron y nos hablaron de las reglas del lugar y por el hecho de ser primera vez, nos daban la opción a solo observar sí así lo deseábamos.

    Estuvimos conversando un momento, cuando de pronto pasa al centro de la pista la anfitriona, la cual iba muy sexy vestida y dio inicio a los juegos y dinámicas de la noche. Invito a pasar a todas las parejas, se hizo una fila de hombres y otra de mujeres. La dinámica era que las mujeres bailaran muy sensual y se acercaran a la pareja lo más posible y a los 30 segundos, cambiaban las chicas de lugar y le bailaban al siguiente… así se hizo hasta completarse la ronda. El juego era para romper el hielo.

    Nosotros conversábamos en la sala de lo que acontecía en el lugar, y cuando la dinámica termino, pudimos ver que algunas parejas se iban a un cuarto al lado de la pista, la cual no tenía puerta y solo estaba aluzado en su interior por una luz roja en su interior.

    Ese lugar nos dio curiosidad y Perla me pidió ir a ver que sucedía ahí dentro. Así que me levanté y fui asía el lugar, pero al intentar entrar un guardia me impido la entrada, ya solo se permitían parejas o grupos que ingresaran desde un inicio. Sin embargo, pude alcanzar a ver que ahí dentro había parejas teniendo relaciones completamente desnudas, una pareja en cada sofá.

    Fui a avisarle a Perla de lo que pude ver y al contarle, eso le lleno de morbo y me dijo que más tarde entraríamos.

    Seguimos disfrutando del lugar, y nos paramos a bailar un momento a la pista. Perla bailaba genial y sus movimientos me prendían. El verla vestida así tan linda y que las parejas pudieran vernos me excitaba.

    Fuimos a sentarnos al sofá, y Yo estaba muy excitado, me acerqué a Perla y comencé a acariciar sus piernas y besar su cuello. En eso vimos salir una pareja del cuarto rojo y le dije… mira, ya salió una pareja, vamos. A lo que Perla me dijo que sí. Nos levantamos y fuimos al cuarto.

    Al llegar, vimos un sofá libre, y dentro había 3 parejas más teniendo relaciones frente unos de otros. Eso nos prendió de inmediato y nos acercamos al sofá vacío para sentarnos.

    Comenzamos a acariciarnos y besarnos, Perla se montó en mí y comenzó a cachondear. El estar frente a otras parejas nos llenada de excitación. Yo comencé a tocar sus pechos y ella se movía sobre mí. La tome de la cadera y la jale a mi pecho, la bese del cuello y al tenerla cerca aproveche para desatar su sostén y dejar sus pechos al aire, libres y a la vista de todos.

    Las parejas nos observaban, ya que éramos nuevos en el lugar y querían ver una pareja nueva. Me desabotone la camisa y la deje caer al piso. Perla se puso de pie y comenzó a bailar al ritmo de la música y mientras bailaba se iba despojando de su ropa hasta quedar completamente desnuda. Yo al verla, sin dudar, me despoje del pantalón y la trusa para quedar desnudo al igual que ella.

    En ese momento, Perla se montó en mí y comenzó a cabalgar, sus movimientos eran sensacionales y el momento muy placentero. Una sensación muy excitante al estar haciendo el amor frente a tres parejas en ese lugar observándonos.

    Hicimos varias posiciones y todo fue maravilloso.

    Una vez que terminamos, nos vestimos para salir al sofá y seguir disfrutando del lugar.

    Estábamos platicando de lo rico que la pasamos ahí dentro y de si alguna otra vez volveríamos a visitarlo cuando se nos acerca una pareja joven muy atractiva, ellas de algunos 35 años y el 38 aproximadamente. Nos abordaron y nos comentaron que ellos estaban dentro de la habitación roja y nos observaron desde que entramos y les gustaría que pasáramos los 4 a una habitación privada que está en el piso 3. Ellos nos agradaron mucho y aceptamos acompañarlos para conocerlos un poco más.

    Pero esta visita la contaré en otro relato la semana próxima.

  • Cogiendo con el papá de un compañero de mi hija

    Cogiendo con el papá de un compañero de mi hija

    Sentía sus testículos golpear mis nalgas con fuerza mientras su falo bombeaba rápidamente mi vagina; aquel grito de gol se perdía entre sus jadeos y mi respiración agitada.

    No me imaginaba estar cogiendo en la parte trasera de una camioneta a mis cuarenta y pocos años con el papá de compañero de mi hija. El hombre se movía delicioso; hace mucho tiempo que mi marido no me hacía sentir de esta manera.

    El hombre empezó a morder mi pezón, me dolió, pero quería que siguiera haciéndolo; masajeaba mi otro pezón con 2 dedos y lograba excitarme más. El ruido del partido era abrumador, pero yo solo sentía placer.

    Mi marido no se preocupa por mi placer: se dedica solo a desfogarse con mi cuerpo.

    Se corría el rumor que este hombre buscaba el sexo con las mamás del equipo; que ya había logrado cogerse a varias y seguía buscando más. Durante el partido vi que se alejó hacia su camioneta con una de las otras mamás; iban riendo, sin hacer escándalo. Deje pasar unos minutos y me acerque sin hacer ruido.

    En la parte de atrás del vehículo, ella estaba a gatas, con la ropa enrollada en su cuerpo y él la cogía desde atrás. Ella tembló al llegar al orgasmo y dejó caer su cuerpo; él cayó sobre ella sin dejar de bombear; ella le pidió no terminar adentro, él solo sonrió y puso los ojos en blanco mientras le inyectaba su leche.

    Me aleje sin que me notaran. La cara de satisfacción de ella, me hizo recordar como mi marido solo se sube sobre de mi, me manosea y me penetra; solo busca su placer; me he acostumbrado a dejarlo que me use; tan solo sentir los estertores de su falo dentro de mi al eyacular.

    Una oleada de placer me trajo de regreso con aquel hombre que puso su dedo en mi clítoris empujándolo a su falo para excitarlo más con el bombeo. Me excitaba la manera como me veía; la manera como me desnudó, como quien abre un regalo muy esperado; mi marido está acostumbrado a tomarme donde se le antoja, a veces estando en la cocina, mientras limpio o cocino, me tumba de frente sobre la mesa, baja mi ropa y se mete dentro de mi; un poco de saliva en la cabeza de su falo y me penetra; por delante o por detrás, donde se le antoja en el momento, solo bombea hasta eyacular; se sale, se limpia con mi ropa y se va. Este hombre me está disfrutando y se asegura que lo disfrute yo.

    Después de ver que la mujer regresaba, con la ropa y el cabello casi igual como se fue; lo vi a él y me acerqué. Un poco de conversación trivial acerca del partido y el clima. Me dijo que el calor estaba sofocante que por eso en su camioneta tenía una hielera con bebidas refrescantes para tolerarlo; con mucha naturalidad me invitó a acompañarlo; abrió la parte trasera, sacó de la hielera un par de bebidas enlatadas de jugo de frutas y alcohol; me indicó que me sentara y me extendió la bebida.

    Ya sentados, la conversación fluyó, al igual que las bebidas; se quitó la camiseta, el cuerpo atlético sin ser de gimnasio apareció, nada comparado con la barriga de mi marido. Mi blusa de tirantes dejaba al descubierto mis hombros y cuello, se acercó y comenzó a besarlos; iba a quitarlo, pero se sentía bien; la bebida había hecho su trabajo, me sentía desinhibida y tranquila; su mano se acercó tímidamente a mi pecho y lo acarició; los besos y las caricias me estaban poniendo húmeda; en un arranque de audacia, metió la mano entre mi pecho y mi ropa, acariciando mi piel, un jadeo de excitación salió de mi boca; me dejé llevar. Solo había estado con mi marido y nunca había sentido lo que este hombre me estaba provocando; mi marido me tocaba para su placer, el creía que yo también disfrutaba.

    Paso de acariciarme con una mano a subir mi playera y pellizcar eróticamente mis pezones; era un dolor exquisito que aumentaba mi excitación. Había empezado a besarme y yo correspondía con fruición. Tomó mi mano sin dejar de besarme y la colocó sobre su falo; lo sentí grande, grueso; por instinto lo comencé a masturbar por encima de la ropa.

    En un movimiento, lo liberó de la prisión del pantalón; saltó, apuntándome, como si tuviera vida propia; una gruesa gota de líquido apareció en la punta; no pude contenerme y me abalancé para meterlo en mi boca; mi marido me cogía la boca, en las noches, cuando se levantaba al baño; se sacaba la verga y me la metía en la boca; así medio dormida como estaba, bombeaba su falo en mi boca hasta terminar; su esperma caliente llenaba mi boca, mientras el jadeaba de placer usándome.

    Pero esta vez, mi boca se cogía el miembro de ese hombre, lo chupaba con deleite, me mojaba más verlo gozar con la felación que le estaba dando. Me he acostumbrado a sentir el semen caliente de mi marido y tragarlo para su goce; aquí, yo me deleitaba con el sabor, el líquido tibio que salía de la punta, aún con restos de semen de hacer terminado poco antes, aunado con el aroma a vagina de otra mujer en sus testículos, me volaba la razón.

    Me tumbo de espaldas en el piso de la camioneta, bajó mis mallas deportivas junto con mi panty; la panty chorreaba mis jugos; pude ver como se deleitaba con el olor a hembra caliente que emanaba de mi vagina. Me desnudó de la cintura para abajo, mi blusa y mi bra enrollados a la altura de mi cuello, dejándome a su merced. Metió su cara en mi entrepierna con desesperación; si lengua recorrió desde la entrada de mi culo hacía arriba hasta llegar a mi clítoris, recogiendo todo mi líquido, saboreándolo, como quien degusta un exótico manjar; así lo hizo un par de veces, después metió su lengua en mi vagina y lamía mi clítoris por dentro nunca había sentido algo así; mi marido solo ponía un poco de saliva en mi entrada y se metía, mi vagina se mojaba un poco al sentir su verga intrusa. Su lengua me provocó un orgasmo muy intenso, pocas veces llegaba al orgasmo con mi marido y jamás con esta intensidad; perdí el control de mi cuerpo, temblaba de pies a cabeza, líquido salía de mi a borbotones y él lo mamaba con gusto.

    Al sentir que me estaba viniendo, tomo mi clítoris en sus labios y lo chupó como a un pezón, mientras introducía dos dedos en mi, el orgasmo se intensificó y se alargó; no supe cuando se detuvo, cuando recupere la razón tenía sus brazos bajo mis piernas, alzándolas, dejando su miembro en mi entrada; quise pedirle que se detuviera, pero mi vagina palpitante empezó a recibir la gruesa cabeza de su pene; solo pude pujar y gemir sintiendo como se introducía en mi; largo, grueso, el lugar que sólo había ocupado mi marido estaba siendo invadido por un tubo de carne aún más grande y largo; mientras me invadía lentamente, me chupaba los pezones y me decía que estaba muy rica que estaba deliciosa, que nunca había tenido una mujer así de apetecible; mi marido nunca me halagaba, nunca me decía algo que me hiciera sentir bien; una mujer casada de cuarenta y pocos años necesitaba sentirse deseada y mi vagina correspondía a las palabras de aquel hombre con un masaje a su falo que lo hacía gruñir de placer.

    Cuando lo metió completo, lo podía sentir en mi estómago; se movió arriba y abajo, amoldando mi vagina a su verga, provocándome que gritara de placer. Inició el bombeo lento y prolongado, la sacaba completa, dejando mi vagina con un gran vacío; yo le enterraba las uñas en la espalda, rogando que la metiera otra vez; el bombeo se prolongó por un largo rato; perdí la cuenta de cuantos orgasmos tuve, largos, cortos, intensos, prolongados, profundos; de repente, empezó a bombear más rápido, su verga se empezó a hinchar aún más; me miró a los ojos y preguntó donde quería que terminara; desorbite mis ojos y lo miré sin saber que decir. Me miró a los ojos, me dijo “recíbeme” y me dio un beso apasionado; se enterró al fondo de mi, su verga empezó a palpitar, el primer chorro chocó al fondo de mi vagina, caliente, quemando mis entrañas, los estertores de su falo golpeando directamente en mi clítoris, llevándome a otro orgasmo, cada chorro de leche y el beso sostenido alargaban el orgasmo.

    Salió de mi, un borbotón de semen y mi líquido salió de mi; estaba yo agotada; acercó su miembro a mi cara; lo metí en mi boca y lo limpié; nunca un olor y un sabor me había trastornado tanto; lo hice porque quería hacerlo; no a fuerza como con mi marido.

    Me ayudo a vestirme; me dio un poco de agua y me dijo que descansara un poco antes de regresar.

    Después de unos minutos, regresamos a donde estaban todos; el partido estaba a punto de terminar.

    Fue cuando entendí porque aquel hombre se había podido coger a varias de las mamás del equipo…

  • Follada después de usar un vibrador

    Follada después de usar un vibrador

    «Su pedido llega hoy» decía mi teléfono en un mensaje enviado por la aplicación de compras. Decidí que quería estar limpia para cuando mi pedido finalmente llegara a casa, así que apenas terminé mi encomienda de trabajo, me encerré en la ducha. Eran las seis y media cuando alguien llamó a mi puerta. Después de asomarme a la mirilla por cuestiones de seguridad, me di cuenta que se trataba del repartidor de paquetes. Por fin había llegado el «juguete» que encargué desde hace unos días.

    Me molestaba pensar que mi esposo no estuviera aquí para estrenarlo junto con él, pero como ya casi regresaba de su trabajo, decidí que lo comenzaría a utilizar y así quizá él podría pillarme en el acto. La simple idea me calentó.

    Rompí el empaque, quité la protección plástica y entonces saqué el producto. Era divino. Se trataba de un vibrador de ano que a la misma vez era un succionador de clítoris. No pude reprimir el impulso de gritar al verlo, y déjame contarte que el juguete era así: su forma era la de un osito animado color rosita del que le salía una cola larga (esta parte iba en el ano) y al frente, su boquita estaba abierta en una gran «O» (esta iba adelante, en mi campanita).

    Lo dejé sobre la cama para desnudarme. Ese día llevaba puesto un sujetador de encaje color rosa y unas bragas azules. Mientras me estaba quitando la ropa frente al enorme espejo de la pared, pasé mis dedos sobre mi cuello para comenzar a darme caricias. Me quité el sostén y de inmediato mis pezones se pusieron duritos. Estaba a punto de quitarme las bragas cuando se me ocurrió una idea. En lugar de bajarlas, tiré de ellas hacia arriba y la telita se metió entre los labios de mi conchita produciéndome una sensación rica. Cuando finalmente las bajé, estas habían quedado bastante húmedas.

    Me miré completamente desnuda, me despeiné el cabello y regresé a la cama, lista para estrenar mi nuevo juguete. Tomé la figura y comencé a chuparle la parte de la cola (la parte que iría dentro de mi ano) para lubricarlo. Tendida en la cama comencé a trazar deliciosos círculos en mi esfínter mientras uno de mis dedos los trazaba en mi clítoris. El calor comenzó a subir por mis mejillas y estas se me pusieron rojas. Después de unos minutos, comencé a introducirme el vibrador hasta que este consiguió deslizarse y entrar. La parte de su boquita la puse sobre mi clítoris y entonces activé el botón de encendido.

    —¡Aaaah!

    La vibración del juguete me recorrió el cuerpo entero. La colita vibró dentro de mi recto y me hizo lanzar varios gemidos. Qué delicioso estaba eso. La boquita me chupó y mi campanita se puso tan erecta que por poco consigue darme un orgasmo.

    Gemí y me jalé del cabello, me pellizqué los pezones e introduje un par de veces mis deditos en mi conchita, que para variar ya estaba completamente mojada. Mis dedos entraban y salían perfectamente lubricados, mis dedos se llenaron de mi juguito y de pronto, la puerta se abrió.

    Keev se quedó pasmado, sorprendido y finalmente me sonrió.

    —Esto sí que es una sorpresa.

    Me mordí el labio porque no podía hablar. El vibrador se agitaba dentro de mí y la boquita del osito seguía succionándome.

    —Todavía no llego a mi cama y ya me la has puesto durísima.

    —Esto… aaaah… se siente… maravilloso.

    —¿Segura? —Keev se acercó a mí, se sentó en la cama a mi lado y dejó que un delgado hilito de su saliva cayera sobre mi conchita.

    Aproveché el gesto y me lubriqué los dedos para seguir tocándome.

    —¿Lo tienes puesto también en el recto? —asentí ante su respuesta—. En ese caso, ese culito va a quedar perfecto para una buena follada.

    Keev se puso su mano sobre el bulto de su pantalón y comenzó a sobarse mientras me miraba. El tenerlo ahí, sin tocarme y solamente observándome, me hizo sentir todavía más cachonda. Quería que me viera, que se diera cuenta de lo zorrita que me sentía y que si lo deseaba, podía convertirme en su perra.

    —A ver, amor, quiero ver ese culito cómo va disfrutando —Keev se colocó en el final de la cama. Me agarró de los tobillos y me levantó solo lo suficiente para ver el jugo que escurría de mi coño y que ya había llegado a mojar el edredón gris. En mi ano, el vibrador se seguía moviendo mientras mi culito lo chupaba.

    —¿Te está gustando, zorrita?

    —Mucho, papito —le sonreí.

    —Me imagino, a las zorras les gusta que les llenen el culo.

    Keev se dio la vuelta, se quitó la camisa blanca que llevaba puesta y entonces cogió la cuerda morada con la que amarrábamos las cortinas del ventanal.

    Regresó a mí con una sonrisa y me amarró las manos por encima de mi cabeza. Mis senos se quedaron mirando hacia arriba, con el pezón durito y muy rosita. Rico.

    —Quiero que abras más las piernas, así como a las putas cuando les van a partir el coño con una buena follada.

    No me lo pensé dos veces y eso hice. Mi esposo se inclinó y me plantó un largo y delicioso beso en la boca dejándome un poco de su saliva y una pequeña mordida en el labio inferior. Estaba caliente, era una perra en celo y ansiaba una buena follada. Después, Keev deslizó sus labios por mi cuello, mi pecho, mis senos y mis costillas. Finalmente se quedó en mi ombligo y me pasó su lengüita alrededor y adentro. Sentí cómo la puntita húmeda iba entrando en mi hoyito y salía. Pero acompañado por las vibraciones del juguete, la sensación era de otro mundo. Keev me besó el estómago, me dio pequeños mordiscos, me echó saliva en el ombligo y terminó haciéndome una succión con marca en la parte baja de mi cadera.

    No tenía permitido bajar mis manos amarradas, así que solo pude agarrarme de la almohada con fuerza.

    Keev comenzó a quitarse el resto de ropa que tenía puesta y luego se acercó a mí. Su verga estaba parada, apuntando hacia su estómago y con su cabecita toda rosa y rica. Me moría de ganas porque me la metiera hasta dentro, follándome como tanto me gustaba y como la puta que era.

    Se acercó a mí, apagó el juguete y después lo retiró. Al hacerlo, un hilo de mi flujo quedó colgando entre el aparato y mi vagina. Keev lo dejó sobre la mesita de noche, y entonces inclinó su cabeza entre mis piernas para chuparme no solo el dulcecito, sino también mi anito dilatado.

    —¡Aaauu! Dale… ¡qué rico, papi! No pares…

    Apoyé mis piernas sobre sus hombros y lo dejé disfrutarme mientras gemía y me retorcía de placer. Keev me metió su rica lengua en el hoyito y me chupó produciendo deliciosos sonidos y ronroneos. Y es que cuando mi esposo ronroneaba, poco me faltaba para llegar al orgasmo.

    Su lengua pasó por mi monte y después regresó a mi clítoris, me besó las piernas y siguió chupando hasta que decidió ponerse de pie y agarrar su verga. Lo sentí acercarse al hoyito de mi ano y apoyar la puntita de su glande. Lo comenzó a meter y mis ojos se llenaron de lágrimas. Estaba tan excitada que, a pesar de tener mis manos amarradas, las llevé a mi cuello y comencé a presionarme como si me estuviese ahorcando.

    —No pares… Dios, qué rico se siente.

    Keev gruñía, empujaba y se detenía para que me fuese acostumbrando hasta que consiguió estar totalmente adentro y sus bolas tocaron mis nalgas. Al principio hizo movimientos suaves, pero con forme nos íbamos acostumbrando, sus embestidas aumentaron de fuerza. Aprovechó tenerme de frente e introdujo dos dedos en mi conchita.

    —¿Te gusta?

    —Sí, mucho…

    Él estiró sus manos y me azotó los senos que no dejaban de moverse. Arriba y abajo, grandes y ricos. (¿Quieres verlas? Ve a mi perfil). Ahí, follada en el culo por una polla gruesa y en el coño por un par de dedos me sentía la más puta. Siempre quería más, y pensé que un par de hombres más no me vendrían nada mal. Uno que me estuviera follando el culo, el otro la concha y el tercero la boca. Que me tratarán como la puta que era.

    De hecho, una de mis más grandes fantasías era estar rodeada por varios hombres para que uno por uno me follaran. Que me destrozaran la concha a vergazos y las nalgas con azotes de manos, para que finalmente se masturbaran y eyacularan sobre mi ano. Qué rico sería sentir a Keev penetrándome el ano con sus dedos para hacer que todo ese semen terminara de entrar.

    El pensarlo me hizo estallar. Un chorrito salió de mi conchita a pesar de que Keev seguía sacando y metiendo sus dedos. Mi anito se apretó alrededor de la polla gorda de mi esposo y un tremendo terremoto sacudió mi cuerpo.

    —Qué zorra, me dejaste todo mojado. Pero date la vuelta que yo no he terminado. Vamos o te follaré esa boca hasta que te sea imposible tragar.

    Me coloqué en cuatro patas sobre la cama y dejé que Keev me agarrara del trasero para penetrarme por la vagina. A pesar de estar sensible y de que esta comenzaba a arderme, dejé que mi esposo me follara con violencia, que me golpeara en las nalgas y me halara del cabello hasta que su semen se desparramó dentro de mí y se escurrió hasta el edredón.

    Me tiré exhausta en la cama, Keev me abrió un poco las nalgas y observó mi conchita toda rica y deliciosa cubierta de su lechita blanca. Se agachó y le dio tres lengüetazos, me chupó y escucpió, todo esto me hizo estremecer.

    —¿Sarah?

    —¿Qué pasó, cielo?

    —Vamos a ducharnos —me dio un último azote—, traje la pasta que tanto te gusta para cenar.

    Sin pensarlo dos veces me levanté, me paré sobre la cama y me lancé a sus brazos. Él me cargó. Su cuerpo desnudo y el mío cubiertos de sudor. Juntos nos fuimos a la ducha.

  • La búsqueda (IV)

    La búsqueda (IV)

    Isa salió a la calle con pasos rápidos y confiados. La seguían Mario y Moní, metros atrás, callados y con los ojos en el piso.

    Por supuesto, todos estaban bastante excitados por el faje que había tenido en aquel café oscuro, pero vivían esa excitación de formas muy distintas. Isa se había asegurado de tener un rol completamente activo, casi podríamos decir “servicial”, y sus compañeros sólo la habían tocado sobre la ropa. Su excitación era una excitación de ver y de tocar, y de raspar leve y frustradamente sus piernas en busca de un contacto.

    Moní y Mario estaban en un caso muy distinto, y salieron del café como borrachos. Así como a los borrachos el aire frío del exterior los despierta a la fuerza, pero al mismo tiempo renueva su embriaguez y hace que piensen “estoy peor de lo que pensé, ¿ahora cómo voy a caminar?”, justo así el brillo fresco de la tarde-noche golpeó a Mario y a Moní. Él tenía problemas para seguir el paso de Isa, puesto que llevaba una erección notable; Moní, que había tenido dos orgasmos, sentía doblarse sus rodillas y, ahora, en el exterior, se daba cuenta de su cansancio.

    Nadie recordaba bien cómo habían quedado en dirigirse a un motel llamado Atman-Artha, que quedaba al final de esa calle, dorada por los últimos rayos del sol. Moní pensaba que ni Isa ni ella solían ir a moteles. Ambas buscaban precisamente a la clase de hombres que tienen casas propias y encuentran un gusto burgués en presumirlas a sus amantes. La propuesta, entonces, debió venir de Mario. Mario, por su parte, estaba tan ofuscado que no recordaba más que el primer beso de Moní y el momento en el que Isa le había dicho “cógetela”.

    Isa caminaba varios metros adelante y cada tanto se volteaba para lanzarles miradas maliciosas. En algún momento, a varias cuadras del motel, miró a Moní e hizo con los dedos el signo de una “V”, en el que metió su lengua a toda velocidad, como si fuera un camaleón. La imagen excitó tanto a Moní que sus efectivamente se vencieron y estuvo a punto de caer. Mario le prestó su brazo para evitar que cayera, y le dio apoyo para volver a incorporarse. Moní se sorprendió de que fuera tan fuerte como para soportarla; Mario se sorprendió de que fuera tan ligera. Se miraron un largo instante, sonriendo.

    —¡Por el amor de Dios! No tienen que esperar a que lleguemos para darse un beso, ¿saben? —se burló Isa, copiando el tono sarcástico de Moní.

    La sonrisa de ambos se volvió risa; una risa de compañerismo, y sencillamente siguieron caminando. Casi de inmediato, Moní confesó:

    —Yo no he ido nunca a un motel.

    —No tiene nada de especial —dijo Mario, tratando de tranquilizarla—. Las sábanas son duras y los baños excéntricos. Poco más.

    —¿Y cómo vamos a registrarnos? —preguntó ella.

    —¿Cómo que “cómo”? —dijo Isa, regresando sobre sus pasos para abrazar a Moní, con un cariño burlón. —Mi amor, ¿acaso te molesta que el recepcionista sepa que vamos a hacer un trío?

    —De verdad te mataría hablar más bajo, ¿verdad, zorra? —le contestó Moní a Isa, entre dientes.

    Los tres rieron. Nadie le contestó a Moní su pregunta, pero ella no volvió a preguntarlo. Se encontraron de pronto frente al motel, que se anunciaba en letras grandes pero opacas, como si no quisiera ser visto.

    —Pasen ustedes dos, que parecen una linda parejita —dijo ella.

    —Repítelo y te diré que pareces tú —dijo ella con saña.

    Moní no quería imaginarse como pareja de Mario. Él era mayor que ella, y de una clase social con la que ella no quería identificarse. No era objetivamente atractivo (si es que existe algo así), ni podía ser para ella algo más que una “búsqueda”, una aventurilla semanal. Es cierto que ahora efectivamente quería tener sexo con él, pero eso era sólo por la manera en la que se habían dado las cosas. Precisamente por eso, no le iba a permitir a su amiga que ilusionara a Mario de esa forma. Otra cosa era Isa, que enloquecía a Moní completamente. No la quería llamar “su novia”, porque Moní se sentía heterosexual… o algo así. Pero aun así se preguntaba con cierta tristeza “ay Isa, ¿por qué no quieres que nos registremos juntas?”.

    —Ustedes pasen. Yo después —insistió Isa, acercándose a Mario y dándose un profundo beso. —Queen.

    —Como gustes —dijo él.

    El recepcionista no estaba, por lo que Moní y Mario dedicaron unos segundos a explorar el diminuto recibidor. Había tres sillas de mimbre, compactas y resistentes, a los lados de una mesa de vidrio. Dos fuentecitas atravesaban un pequeño jardín zen de arena fina, manchado con piedras y musgo. El agua de las fuentes se encontraba en el centro del jardín; allí abajo debía haber una bomba que reciclaba el agua para reiniciar el ciclo. Dos libreros, extrañamente cerca de las fuentes, tenían títulos que ni Mario ni Moní habían visto nunca. Desde arriba de los libreros, estatuas dioses desconocidos los veían con ojos pícaros.

    Moní acercó su dedo meñique a la mano de Mario, quien rozó la mano de ella. De roce en roce, se tomaron las manos, mientras admiraban ese cuarto extraño, donde sólo se escuchaba el flujo del agua.

    —Buenas noches —dijo el recepcionista, con un tono de cortés impaciencia.

    —Muy buenas —dijo Mario, con una voz respetuosa y divertida, que Moní sólo le había conocido como profesor. —Disculpe, no notamos que usted hubiera regresado, queremos…

    —¿A qué se refiere con “regresado”?

    —Oh, es que cuando llegamos, usted no estaba.

    —No. Cuando llegaron, yo estaba. No puede ser de otra manera. Yo siempre estoy aquí.

    El recepcionista, que estaba sentado detrás de un vidrio grueso, debía medir un poco más que ella y un poco menos que Mario. Profundamente moreno, delgado y de ojos vidriosos, usaba una poblada barba de candado que resaltaba sus labios gruesos. El traje azul marino resaltaba el color de su piel. Lo extraño del diálogo hizo intervenir a Moní, quien además se sentía llamada por el atractivo de aquel desconocido.

    —No, de verdad. Vimos la recepción: usted no estaba.

    —Debo insistir en que no es posible. Yo siempre estoy aquí.

    —Muy bien: le reconocemos muchísimo su trabajo —concluyó Mario. —Queremos una habitación.

    —Elija usted el tipo —dijo el hermoso recepcionista, señalando un cartel en el que venían los tipos de cuarto y sus precios

    Mario se sintió muy preocupado: no encontraba uno con la cama queen size, como quería Isa. El exprofesor de pronto sintió que toda la noche se frustraría si no encontraba el cuarto adecuado.

    —Allí —le señaló Moní con una sonrisa.

    Mario respiró aliviado, le respondió al recepcionista y pagó la cantidad indicada. Recibió las llaves y agradeció.

    Mario y Moní, aún de la mano, empezaron a caminar a la habitación asignada. Oyeron abrirse nuevamente la puerta automática. Isa entró a toda prisa, y cruzó la recepción sin inmutarse.

    —Señorita, ¿a dónde va? —preguntó el recepcionista, visiblemente preocupado.

    —Voy con ellos —dijo señalando a Mario y a Moní.

    —Viene con nosotros —dijo Moní rápidamente.

    —Espere… —siguió el recepcionista, aún preocupado.

    —¿Quiere venir también? —dijo Isa, deteniéndose y guiñándole el ojo. —Porque por mí lo invitaría…

    —No. No es posible. Yo siempre estoy aquí —dijo el recepcionista. Su tono empezaba a ser maquinal otra vez. —¿Qué hora de salida les había dado?

    —Pagamos por noche, no por hora —dijo Mario. —Salíamos a las 7.

    —Que sea a las 11, ¿les parece? Algo me dice que necesitarán más tiempo —dijo sonriendo el recepcionista.

    Mario se quedó sin palabras, y sólo pudo hacer una extraña reverencia con el cuello. Moní e Isa imitaron burlonamente esta referencia, y los tres se adentraron en el motel, riendo.

    —¡Dios mío, guapo y generoso! —dijo Isa en voz alta —Permítanme, que me derrito.

    —En verdad era muy guapo —dijo Mario. Las amigas compartieron una mirada de extrañeza. ¿También su profesor era bisexual, después de todo?

    —Es muy guapo. Es mi orgullo —dijo una voz, que salía de un cuarto abierto

    Los tres saltaron asustados, pero se recuperaron pronto. En realidad era solamente una anciana, cuidadosamente arreglada, enfundada con un vestido morado brillante. Detrás de ella, lo que parecía ser un cuarto adaptado, tenía una especie de pequeña tienda.

    —Servicio a la habitación, o las cosas que necesitan antes de llegar. ¿Seguros de que tienen todo lo que hace falta?

    —¿Tenemos? —dijo Moní.

    —No, no tenemos —dijo Mario, y pidió condones, pasta y cepillo de dientes.

    —¡El caballero piensa en su boca! Parece que hoy va a beber de las fuentes de leche y miel, como dicen las Escrituras. —dijo la anciana; aunque era un chiste, la situación más bien los asustaba.

    Cuando les entregó los condones y lo demás, y ya se iban, la anciana tomó a Isa por la mano y le susurró.

    —Isa, Isa. Apuéstale a Moní, a Moní. Entre más le das gusto al profesor, más se fija ella en él. ¿Lo notas, verdad, mi niña? Como dice el dicho: “Dos caballos bien herrados, corren más felices juntos”.

    —¿Qué dijo? —contestó Isa, mortalmente asustada de que la desconocida supiera sus nombres.

    —Digo que el servicio a la habitación es más caro —contestó la anciana. —Si esto ya está caro, ¡imagínense que se los lleve allá arriba y me tengan que pagar por verles las nalgas!

    Isa no se quedó pensando en eso. ¿La anciana había hablado sobre su encuentro con Mario y con Moní? Neh. Isa más bien se lo atribuyó a su imaginación, a cualquier desvarío que pudiera tener la anciana, y a alguna cosa que ella misma estuviera pensando. Subió feliz Mario y con Moní por unas escaleras de caracol, hasta el piso donde una puerta verde y alta los dejó entrar al cuarto.

    Moní se imaginaba sábanas, cortinas y decorados de color rojo sanvalentín, con una tele enorme para poner porno y un sillón que, con forma de escultura vanguardista, invitara a practicar las posiciones más antinaturales. No parecía haber televisión; la cama era de color crema, el resto del cuarto era café y plateado. Diminutos jardincitos zen adornaban los burós, el lavabo, y hasta el interior del ropero. Todo eso era muy intimidante, porque Moní quería tener sexo con alguno de los dos (o con ambos, no estaba segura), pero el lugar más bien parecía adecuado para una noche en calma.

    —Parece que necesitas ayuda —dijo Isa, llegándole por la espalda.

    Le pasó el brazo por el abdomen, abrazándola justo debajo de los pechos. Se agachó para estar a su misma altura, coló su cabeza por sobre el hombro de Moní, y besó su mejilla. Antes de que Moní se hubiera dado cuenta, Isa ya estaba besando y lamiendo la cima de su oreja.

    —Tú estabas triste. Necesitabas una amiga… una amiga que te tocara y que te hiciera sentir especial —dijo Isa, mientras Moní sentía sus cabellos rubios hacerle cosquillas en la oreja —Pero, ¿y yo? ¿Te diste cuenta de que no me tocaste nunca? Desde que estábamos en el metro te veo verme. Sé que te gusta mi cuerpo. Te siento erizarte cuando me acerco a ti, ¿y aun así esperas que sea sólo yo quien “te trabaje”?

    Isa besó el espacio detrás de la oreja, y Moní dejó escuchar un gemido. Entonces Isa la soltó, sin importarle nada, y fue con Mario. Moní se quedó desolada, parada en seco, sin saber qué hacer, sintiendo que se iba a caer nuevamente.

    —La prefieres, ¿verdad? No me contestes. Ya me lo dijiste antes —dijo Isa a Mario, abrazándolo y poniendo sus labios enfrente de los de él.

    —Yo no dije nada sobre eso —quiso decir él. Y era verdad.

    —Te dije que no me contestaras —lo interrumpió ella. —Ya las dos sabemos que te la quieres coger. Pero antes voy yo.

    —¡No! —dijo Moní, a la vez molesta de que su amiga la hubiera dejado con las ganas, y feliz de que se hubiera sentido celosa. —Con él no, quiero decir. Antes voy yo, pero contigo.

    Isa se volteó a ver a Moní. Mario aprovechó la oportunidad y le tomó un hombro con cada una de sus manos suaves y pesadas, para que no se diera la vuelta. Moní entendió la idea y se acercó a su amiga, a la que besó parándose en las puntas de los pies. Isa se agachó para que Moní pudiera besarla sin esfuerzo. Moní tomó la cara de Isa y le zampó tres besos, breves pero intensos. Luego se juntaron sus frentes, y Moní bajó por el cuerpo de Isa, dibujando su silueta, desde sus hombros hasta sus caderas, de las que se aferró con fuerza. Un escalofrío recorrió a Isa, cuya reacción fue retroceder, no con los pies, sino con el torso. Mario estaba aún detrás de ella, y había empezado a masajearle los hombros. Cuando se hizo hacia atrás, Isa pudo sentir la erección de él en un glúteo. Ahora se sentía entre la espada y la pared, y eso le fascinaba.

    Al contrario de Moní, Isa sí llevaba un brasier, del mismo color que su blusa, y que llegaba sólo hasta cubrir ligeramente el pezón. Su intención era que la prenda no se viera en lo absoluto, para no afectar la delicada apariencia de su escote garigoleado. Moní reconoció el brasier cuando recorrió el cuerpo de su amiga, y pensó que empezar por el pecho, como a ella le hubiera gustado, quizá habría sido muy complicado. Así, empezó a besar las clavículas de su amiga, y el espacio generado entre ambos pechos.

    —Estamos ya algo calientes para estas cosas, ¿no? Desvísteme de una vez —le dijo Isa.

    Mario estaba acariciando con las uñas la nuca de Isa, mientras le daba besitos en la cabeza. Él parecía no haberse inmutado con el comentario de la chica, que sin embargo reconoció su emoción porque el miembro le creció aún más sobre el trasero de ella.

    Moní desabrochó el pantalón de mezclilla de Isa, y se lo quitó con alguna dificultad. Sus fuertes y anchas piernas se resistían. Pero Moní aprovechó ese tiempo para cubrir de besos el vientre de su amiga, los huesos que sobresalían en sus costados y el nacimiento del corto vello rubio en su entrepierna (se ve que se había rasurado hacía no mucho). Cuando el pantalón por fin cayó a los tobillos de su amiga, Moní se animó a retirar hacia un lado la ropa interior de su amiga, negra como todo el conjunto, para darle un besito junto a los labios vaginales.

    —¡No seas sucia! Compramos pasta de dientes. Si me vas a comer la raja, lávate un poco.

    —Tú no tuviste esos cuidados hace rato, cuando me la comiste así como estabas y casi casi en público —le contestó Moní, juguetona.

    —Pues si no te parece bien, ahorita que te vayas a lavar los dientes, te lavas también lo de allí.

    —Aho, pero no te voy a dejar con el profe, ¿qué te pasa? —contestó Moní, dándole más besos en esa zona a Isa. —Te conozco. Si regreso en treinta segundos, ya lo vas a tener bien enfundado.

    —Te prometo que no pasará —dijo Mario.

    —Te tomo la promesa —dijo Moní, que había vuelto a tutearlo. —Porque si pasa algo, te quedas sin todo esto.

    Y se señaló a sí misma, con ambas manos y recorriendo todo su cuerpo, tentadoramente. Un contoneo serpentino hizo que su vestido se recorriera hacia arriba, y cuando se alejó, Mario no pudo evitar seguirla con la vista, a ver si el vestido revelaba algo más que sus blancos muslos. No fue así, pero Isa pudo sentir el interés de Mario por su amiga.

    —¿No le parece grosero que me haga sentir cómo Moní lo excita? —le preguntó Isa, cuando Moní ya estaba lavándose.

    —Lo es, disculpa. Me alejo —contestó él.

    Isa rió y opinó que Mario estaba tomándose las cosas muy en serio. Isa fue quien se alejó y, se dejó caer en la cama, para terminar de quitarse el pantalón.

    —¿Qué piensa de mis piernas?

    —Me gustaría tenerlas a ambos lados de la cara.

    —Tsss. Mucho más prosaico de lo que imaginaba —dijo ella, y ambos rieron.

    Mario se sentó en la cama también, a un lado de Isa y tocó una de sus piernas.

    —Qué tersas son —opinó, mientras acariciaba con el dorso de su mano la parte superior del muslo.

    Isa quería que la abriera de piernas y la masturbara, pero Mario sólo la estaba acariciando, de una manera tan tierna e inocente como hace un momento acariciaba su nuca. Así que insistió:

    —Y de mis pechos, ¿qué piensa?

    Mario, que para ese momento estaba viendo las piernas de Isa, volteó a ver sus ojos. Isa lo veía también. Comenzaron a acercarse y finalmente se besaron. Mario de inmediato llevó una mano al pecho de Isa. Sus dedos se colaron por las orlas de la blusa, reconocieron y exploraron las faldas de aquel monte enorme. Finalmente, aunque sabía que Isa protestaría, se internó en el brasier y buscó un pezón, que acarició con delicadeza, primero en círculos, por fuera, y luego oprimiendo ligeramente su montículo.

    —¡Fuera, fuera! —dijo Isa, quitándole la mano de allí. —¡Va a hacer grande mi brasier!

    Mario ya no se podía contener más. Empezó a besar intensamente el cuello de Isa, mientras tomaba el otro pecho. Isa empezó a gemir entre risas nerviosas. Mario de nuevo atacó su pezón, e Isa ya no tuvo fuerza para negárselo. Luego, Mario retiró su mano de allí y la fue llevando a la pierna de Isa. Mientras le besaba el cuello, subía a lo largo de su pierna imperceptiblemente, y se adentraba poco a poco en la cara interna de su muslo, hasta que tocó su ropa interior…

    Y en ese momento Moní salió. Al ver la escena, se apresuró a toda prisa a la cama. Mario pensó que iba a molestarse, pero se sentó del otro lado de Isa, y empezó a hacerle lo mismo que él. Mientras Mario le besaba el cuello, Moní besó su boca. Ella tomó la mano que él tenía en la vagina, y la llevó al pecho de Isa, le indicó que abriera la mano y que agarrara todo lo que pudiera del pecho de su amiga. Lo forzó a apretar. Ella estaba agarrando el pecho de Isa, a través de la mano de él. Cuando sintió que los movimientos ya venían de Mario (ya eran buscados por él), Moní retiró su mano.

    —Eso, eso —le dijo Moní a Mario, satisfecha. —Qué tetas, ¿verdad? ¡Pues quédate allí!

    —No les digas “tetas”, suena muy…, ¡oye! —empezó a decir Isa, pero fue interrumpida.

    Moní había quitado la mano de Mario, porque quería la vulva de Isa para ella. Se apresuró a quitarle la ropa interior, y tomó de lleno la vaina de su amiga.

    —¿Me estás diciendo que no tienes lindas tetas, amor? —le dijo Moní, mientras ubicaba el punto exacto desde el que Isa estaba produciendo humedad. A partir de ese punto, Moní esparció el líquido con la vagina entera, en un giro grácil y pausado, con los dedos anular y cordial.

    —Te estoy diciendo que no les digas así —contestó ella. —Además, ¿quién te dio permiso?

    —¿Permiso? Con esta humedad, hasta puedo decir que me invitaste —contestó Moní, mientras le alcanzaba al clítoris una parte del líquido, y lo oprimía delicadamente de los costados.

    —Sólo no me metas los dedos —dijo Isa gimiendo, esperando que Moní hiciera precisamente eso.

    Dicho y hecho, Moní deslizó sin ninguna dificultad los dos dedos dentro de la vagina de Isa. Apenas habían entrado, los sacó. Luego repitió varias veces. Quería sentir como Isa se contraía un poco en cada nueva penetración. A veces los dedos permanecían afuera un momento, acariciando los labios de la rubia, mientras la muñeca de Moní empujaba el clítoris. Finalmente, los dedos se introdujeron casi enteros, de un solo golpe. Esto no era extraño, puesto que Isa estaba muy húmeda y puesto que Moní llevaba ya unos minutos metiéndole la punta de los dedos. Isa gritó:

    —¡Por fin te dignaste!

    —Yo tengo técnica, mi amor. Técnica y fricción. Si lo que quieres es llenarte con algo, no soy yo a quien necesitas.

    ¡Mario! Isa en ese momento recordó a Mario, que le estaba besando aún el cuello y le amasaba un pecho con fiereza. Debía estar a reventar, el pobre. Isa intentó llevarle la mano al miembro: quería sacarlo y masturbarlo para que se integrara a la acción. Pero no pudo, apenas llevó su mano al pantalón de él, se quedó paralizada. Moní empezó a mover su mano intensamente e Isa ya no podía pensar ni hacer nada más. Isa se puso completamente roja y empezó a dar grititos agudos.

    —Me estás cogiendo con la mano —dijo Isa.

    —¡Qué tonterías dices! —contestó Moní, a pesar de que el diálogo de su amiga la halagaba mucho y la invitaba a acelerar la velocidad.

    Entonces, Mario le quitó a Isa la blusa. Le desabotonó los tres ojales que la blusa tenía debajo del pecho y se la quitó por la cabeza. Isa lo aceptó sin prestarle mucha atención, pero este movimiento permitió a Moní empezar a besar otra vez el vientre de Isa, sin dejar de masturbarla. Como pudo, Moní se puso de rodillas frente a Isa, que aún estaba sentada en la cama, y comenzó a hacerle sexo oral. Mario le recogió el cabello, y Moní empezó con una maravillosa rapidez. Sus labios apresaban los pliegues de Isa, y su lengua se deslizaba por los labios menores de ella. El clítoris emergía, brillante, rosado y perfectamente redondo de entre sus pliegues carnosos, dejándose besar por Moní, que cada tanto lo succionaba y lengueteaba. Mientras, sus dedos entraban y salían de la vagina vigorosamente. El olor a mujer la embriagaba. Para ese momento, Mario sostenía a Isa entre sus brazos, mirándola a los ojos y sonriendo con compañerismo.

    —A ti te gustaría que, en lugar de sus dedos… —le dijo Isa a Mario varias veces, pero sin poder terminar el comentario.

    Por un momento, Moní dejó de hacerle sexo oral a Isa.

    —¿Estás listo? —le preguntó Moní a Mario, sin hablar, sólo moviendo los labios.

    —Yo también debería hacerle sexo oral —contestó él con la misma técnica, ayudándose de cierta mímica.

    Moní hizo una mueca, ladeando los labios fruncidos. Esa mueca quería decir “ahora o nunca”. Con toda delicadeza, Mario dejó que Isa cayera sobre la cama. Isa cerró los ojos y dejó que Moní continuara. Ella por fin dejó de masturbarla, se subió a la cama con Isa, separó completamente sus piernas y la tomó fuertemente de las nalgas, desde abajo. Así, empujó el cuerpo de Isa contra su boca y, mientras acariciaba su lindo trasero, le metía la lengua, o hacía movimientos circulares a todo lo largo de la vulva.

    Mientras tanto, Mario se había quitado el pantalón y la ropa interior, se había puesto un condón y se había acercado a las amigas. Moní lo sintió acercarse, se giró un momento, y puso una mano fuertemente sobre el miembro de su exprofesor. Mario creyó que Moní iba a masturbarlo, pero parecía solamente estar comprobando que la dureza fuera suficiente.

    —¿Qué pasa? —preguntó Isa, contrariada de que Moní hubiera dejado de besarla.

    —El profe te quiere coger. ¿Cómo vas? ¿Prefieres eso, o sigo?

    Con este diálogo, Isa se puso de pie rapidísimo. Todo lo que pasó entonces fue torpeza. Los tres estaban demasiado excitados como para pensar con claridad. Isa abrazó a Mario, lo besó con rudeza y lo puso contra una pared. Allí empezó a masturbarlo sobre el condón, e intentó introducírselo, sin mucho éxito. Entraba el glande, pero Isa era demasiado alta como para que la posición funcionara bien.

    —Ayúdame —le pidió a Moní.

    Moní se agachó y, tomando el miembro de Mario, lo llevó hasta la vagina de Isa. Lo frotó una y otra vez, para molestarlos.

    —¡Mételo de una vez! —le dijo ella.

    Moní sabía que no iba a entrar así. Se levantó. Hizo que Isa se diera la vuelta, para que quiera la espalda a Mario. La reclinó, poniendo las manos de ella sobre sus propios hombros. Entonces, Isa sintió como el miembro de Mario entraba desde atrás, inundando su vagina. La entrada había sido perfectamente fluida, y a partir de ese momento comenzaron una serie de embestidas, que Isa sentía intensamente, detenida por el cuerpo de Moní y por los brazos de Mario.

    Isa sintió cómo su amiga dirigía su mano nuevamente a su clítoris desnudo y expuesto. La empezó a masturbar, mientras Mario entraba en ella. El efecto fue inmediato: su vagina se cerró, y la penetración, de golpe, descendió de ritmo, pero aumentó en intensidad. Mario necesitaba más fuerza para cogerse a Isa, pero la nueva estrechez lo presionaba en cada centímetro de “su ser”, y eso era delicioso. Isa, por otro lado, sentía cómo se contraía entera. La contracción creada por la masturbación de pronto se transformó en un orgasmo.

    Cuando Moní vio los ojos perdidos de su amiga, y notó que tenía problemas para mantenerse en pie, le indicó a Mario que parara. Isa se recostó en el suelo, con la piernas abiertas. Moní vio a Mario con una sonrisa maliciosa, y le hizo un gesto con la cabeza en dirección a Isa, para indicarle que se la siguiera cogiendo. Él se acostó en el suelo, sobre ella, y la penetró misioneramente. Isa se gimió y no dejó de gemir, hasta que, uno o dos minutos después, dijo casi imperceptiblemente:

    —Más rápido.

    Moní se sentó en la cama y vio por varios minutos cómo seguía la acción, masturbándose. Mario intentaba acelerar el ritmo cada vez que Isa se lo pedía —y lo pidió varias veces. En ocasiones no podía, y trataba de compensarlo penetrándola de forma más profunda o más sensible, dibujando ochos; besándole el cuello, los brazos, el nacimiento del pecho. Esos momentos parecían gustarle mucho a Isa, que agarraba las nalgas de Mario y las empujaba contra ella, clavándoles unas uñas cortas, pero agudas.

    Isa ya estaba sensible y llegó sin problemas a su segundo orgasmo antes de que Mario terminara. Bufó profundamente, con un tono que a Mario le recordó el sonido de los búhos.

    —Estoy acabada —dijo ella, aquejada por la fricción y por el cansancio.

    Mario ayudó a Isa a levantarse y la llevó a la cama. Tenía una erección en su mayor momento, y Moní temió que intentara penetrarla en el acto, ahora que su amiga estaba noqueada. Pero no fue el caso.

    —Si quieres, puedo ir a lavarme, para hacerte un poco de sexo oral —dijo él.

    Moní lo vio con una sonrisa.

    —No. Quiero que me ruegues, como habíamos dicho —dijo ella.

    —Moní… Por favor, quítate el vestido.

    Mario le bajó su cierre. Moní se quitó el vestido.

    Salieron los pechos blancos, de pezón compacto, erguido por la noche, que era fresca, y por el deseo, encendido. Mario le besó los pechos, atrapado en un hechizo, como se besa lo santo, diciendo para sí mismo:

    «Ni los blancos alcatraces tienen un pezón tan vivo».

    Moní lo empujó en la cama. Sus muslos humedecidos le puso en torno a las piernas, y al erecto miembro quiso ponerlo bajo su concha y frotarlo entre sus lirios.

    El cabello de Moní parecía, a la luz, cobrizo, y mientras Moní fingía montar a Mario, éste dijo, viendo cómo por su pecho fluían sus rojos rizos:

    «los empavonados bucles le brillan como dos ríos»

    Moní casi llora al escuchar ese diálogo. Para evitarlo, puso cara de molestia, y tomó el miembro de Mario, que condujo hasta la entrada de su vagina.

    —Vuelva a decirlo, si se atreve, profesor.

    —“Los empavonados bucles…” —empezó Mario, pero Moní se introdujo el miembro de golpe, y se empezó a coger a su exprofesor atléticamente.

    Mario no pasó mucho tiempo recostado. Vería los pechos de Moní describir círculos hermosos al botar y se alzó de la cama para estrecharlos y besarlos. Luego, puso sus dos manos a los costados, y las usó como apoyo para empujar su cadera al ritmo que le marcaba Moní, quien a su vez, se había reclinado hacia atrás, en una postura parecida a la de él, para que Mario pudiera verla mejor.

    Entonces Isa, que hasta entonces había parecido estar dormida, se levantó e hizo lo mismo que Moni había hecho con ella: empezó a masturbarla. Mario no pudo con la estrechez adicional que eso le dio al sexo de Moní, y su pene salió proyectado fuera.

    —¡Isa! —se quejó Moní.

    —Ya lo regreso, amor. Ya lo regreso.

    Isa siguió masturbando a Moní, pero también obligando al pene de Mario a entrar en ella. En la mente de Moní, Isa estaba usando el pene de Mario para cogérsela. El hecho de tener sexo con él, pero a través del deseo de ella, le daba muchísimo morbo. Moní, que respiraba con mucha dificultad y se había puesto muy ruborizada, culpaba a Isa de su estado: la tenía enloquecida. Por eso, le desabrochó el brasier y se lo arrebató. Le empezó a lamer los pezones difusos.

    —¡Ja! Hasta crees. Si el profe Mario lo tiene muy claro —dijo Isa, quitándose del pecho la cara de Moní, y agarrándola desde atrás — Las tetas de esta noche son las tuyas.

    Desde atrás, Isa estrujó ambos pechos de Moní, haciéndola dar un grito, y besándole la oreja. Esta imagen fue imposible de controlar para Mario, quien tuvo un orgasmo. Sin embargo, para su enorme fortuna, se trataba de uno de esos orgasmos tras los cuales el hombre no pierde dureza y (a riesgo de romper el condón) puede seguir aún un buen rato más.

    —Creo que lo mataste —dijo Isa, viendo la cara que hizo Mario en el momento del orgasmo.

    —Pues yo lo siento muy vivo —dijo Moní, mientras se seguía cogiendo a Mario.

    Isa tomó su celular y puso una canción con la que ella y Moní solían perrear. Moní la reconoció de inmediato y empezó a seguir el ritmo, tocándose ella misma los pechos y la cara, y revolviéndose el cabello. Mientras, miraba a Mario de forma no ya seductora, sino sucubesca.

    Mario ya no pudo más. La tomó de las nalgas de Moní y empezó a llevar el ritmo: la jaló contra su cuerpo una y otra vez, ensartándola en su miembro, que salía casi completo y completo se volvía a meter. Moní, que no se esperaba eso, empezó a gemir y a arañar la espalda de Mario, de la que se abrazó fuertemente.

    —Parece que el profe te va llevar al buen lugar, mi amor —le dijo Isa, refiriéndose al orgasmo.

    Moní ya no la estaba escuchando. Mario la tomó en vilo, la tiró sobre la cama. Se echó sobre ella y le mordió delicadamente el cuello. El peso de Mario excitaba a Moní, que se revolvía debajo de él. Ambos acabaron al mismo tiempo.

    Cuando se separaron, Isa se puso en medio de ellos y estuvo unos minutos besando a uno y a otro, pero Moní y Mario quedaron profundamente dormidos.

  • Doblemente sometida

    Doblemente sometida

    Esta es una historia de fantasía en la que dos hombres me feminizan, me someten y me humillan, en donde me hacen vestir como una hembra para complacerlos y hacen con mi culito y mi boquita todo lo que me imagino, todo comienza en un cuarto de hotel, yo estoy de pie delante de ellos solo con unas pantis y sostenes de color rosado, ellos están en bóxer sentados en el bordo de la cama doble, me entregan una bolsa con la ropa que debo usar, siguiendo sus órdenes me cambio delante de ellos, lo primero que saco de la bolsa son unos sostenes rojos con relleno que me pongo de inmediato colocando la bolsa en el piso, luego saco unas tangas abiertas en el culito, rojas con mucho encaje, y que incluye unas pantis de encaje pegadas rojas para ponerse encima, mientras me cambio de ropa interior ellos comentan mi cuerpo, sobre todo mi culito.

    Luego siguieron unas pantimedias negras semitransparentes con diseños, cuando me las puse solo quedaban los zapatos y el vestido, así que saque primero los zapatos, eran usos tacones rojos altos de tiras, el vestido era de falda hasta las rodillas pegada con la parte de arriba de encaje y trasparencias, era rojo con algunos moños negros en los hombros y la parte de atrás de la falda, cuando estuve vestida ellos se pusieron de pie y me ordenaron que me pusiera de rodillas, los dos traían cosas en la mano, el primero tenía un collar de perra negro que me comenzó a colocar mientras el otro me tomo de la cabeza y con un labial rojo comenzó a pintarme los labios, para luego acercar mi boquita a su verga aun en bóxer, mientras el siguió pintando mis labios y carita con el labial tuve puesta la correa de perrita y luego siguieron unas pulseras y tobilleras gruesas con argollas.

    Entre los dos me amarraron así arrodillada con las piernas juntas y las manitos dobladas adelante como si estuviera rogando, cuando estuve completamente amarrada el primero de ellos se paró frente a mí y puso su verga en bóxer en mi carita mientras el segundo tomaba fotos y videos, así me estuvo humillando un rato mientras me ordenaba que rogara, que suplicara por su verga, lamiera y besara sus bóxer y los del otro, me tuvieron así sometida un rato, luego el primero de ellos bajo sus bóxer sando su deliciosa verga, mientras el otro volvió a pintar mi boquita con el labial, cuando termino me ordeno que besara, la verga de su amigo yo obedecí sumisa y excitada de poder por fin ver esa verga que imaginaba gruesa y larga entre su ropa, el volvió a ponerme labial y fue el turno de besar la otra verga, esa era mas gruesa pero menos larga, además se sentía mucho más dura.

    Me tuvieron besando sus vergas, sus testículos y sus culos por otro rato, siempre humillándome, siempre haciéndome rogar, haciéndome suplicar, entonces trajeron lo que parecía una silla de bar alta, pero más ancha y entre los dos me tomaron y me colocaron acostada en ella, me pusieron sobre mi estómago y pechos, ataron mis piernas juntas en mis tobillos y mis rodillas hacia abajo y las manos me las aseguraron con una argolla y las dejaron como las tenía hacia abajo, entonces uno de ellos me ordeno que abriera la boquita y me coloco unos una mordaza que consistía en unos labios de látex rojos grandes que me hacían mantener la boquita abierta, los aseguro con una correa a mi cabeza y luego fue por un gancho de metal con una cuerda, sentí como ellos lentamente me levantaron la falda mientras escuchaba que tomaban fotos y después de bajar las pantis solo un poquito sentí como abrían mis tangas y metían el metal frio por mi culito caliente, gemí excitada mientras ellos lo acomodaban bien adentro de mi culito, luego sentí como halaron mi cabeza hacia atrás para que la tuviera levantada y ataron el gancho a la parte de atrás de mi mordaza para que no pudiera bajar la cabeza.

    Sabía que me tenían preparada para montarme como una esclava y lo disfrutaba, ellos jugaban con sus vergas pasándolas por mis nalgas y mi cara mientras me tomaban fotos y me decían lo sumisa que me veía, entonces el primero de ellos ubico su cámara y luego de darme unas ricas nalgadas mientras me preguntaba si quería sentir su verga en mi culito abrió mis nalgas y después de ponerme lubricante comenzó a penetrarme, primero metió su cabeza que entro fácilmente pues tenía el gancho adentro, y luego me lo metió hasta el fondo haciéndome gemir y moverme como podía, entonces comenzó a penetrarme fuerte, duro mientras me seguía dando nalgadas y me humillaba por tener el culito tan abierto, mojado y caliente, el otro se puso delante de mí y tomando su verga con una mano la metió en mi boquita y también comenzó a comerme por ella mientras seguía filmando todo, cada uno comenzó a meter su verga más duro haciéndome balancear como una muñeca, yo me sentía en el cielo, disfrutaba de dos vergas al mismo tiempo, disfrutaba sintiéndome completamente sometida, humillada, me sentía como una muñeca y solo podía disfrutar de esa forma salvaje en que los dos me comían al mismo tiempo, ellos cambiaron de lugares y sentí como la verga más gruesa me habría mucho el culito, me sentí completamente abierta, caliente, me sentía muy mojada, sometida mientras los escuchaba llamarme sumisa, perra, puta, hembra sucia y cochina.

    Yo me excitaba mucho más y con mi lengua lambia y chupaba la verga de turno mientras intentaba apretar mi culito para sentir toda la dureza y calor de la verga que me penetraba, ellos cambiaron de lugar varias veces, también siguieron castigándome con nalgadas, pegándome con su verga en la cara o tirando de la cuerda que unía el gancho en mi culito con la mordaza para que levantara más mi cadera y meterme más duro sus vergas por mi culito, después de un rato el que tenía la verga más gruesa estaba penetrando mi boquita y sentí como se le ponía más caliente, más dura, a punto de terminar, cosa que el confirmo y cambio de lugar con su amigo, así metió de un solo golpe toda su verga, me penetro duro y hasta el fondo mientras el otro metía su verga en mi boquita y tiraba de la cuerda para que levantara bien mi cadera y me pudieran penetrar bien adentro por el culito, el me penetro duro, rápido mientras yo sentía que su verga se ponía dura, rígida, muy caliente y entonces exploto, sentí como exploto adentro de mí, como me llenaba de leche, eso me puso todavía más caliente y mientras sentía como el me metía la verga lo más adentro que podía me comencé a mojar toda, sentía mi barriguita tibia, llena de leche y también mis pantis todas mojadas por la forma en que me había corrido

    Después de un momento ellos cambiaron de lugar, asi que esta vez me toco limpiar la verga todavía con restos de semen mientras el otro me comenzaba a montar duro y rápido, me tuvo así dándome nalgadas mientras con mi lengua y boquita dejaba limpia la verga que me había llenado de leche, cuando termine con mi boquita uno de ellos se fue a descansar mientras el otro me monto un rato más haciéndome decir que era una puta caliente, que deseaba su leche adentro de mi culito, que moría de ganas de ser sometida, que era una hembra y ellos mis machos, mis dueños, así después de rogar por su verga y su leche gimiendo y casi llorando sentí que su verga se ponía dura, se puso incluso más gruesa que la anterior y me lleno con todo su semen dejándolo lo más adentro de mí que se podía.

    Luego saco su verga de mi culito que ahora chorreaba leche y la metió en mi boquita para que la limpiara bien y me tomara todos los restos de su semen, mientras lo hacía llegue a pensar que todo había terminado, pero entonces sentí que me comenzaban a meter algo en el culito, inicialmente pude sentir que era un juguete de látex que tenía una punta más gruesa y se quedaba como un tapón en mi culito mojado, cuando lo tuve adentro él lo prendió y comenzó a vibrar adentro de mí, eso me excito mucho, me calentó toda pues sentía como se movía todo el semen que tenía en el culito con el juguete, el me comenzó a tocar y noto que me había mojado, pues tenía las tangas llenas de mi semen, mientras me regañaba por mojarme sin permiso me arranco las tangas y me comenzó a dar nalgadas, entonces le entrego mis tangas al otro que tenía todavía su verga en mi boquita y el la saco y me las metió adentro mientras me pegaba con su verga en la cara, entre los dos me castigaron, me dieron azotes y nalgadas mientras me trataban como su esclava, como su perra sucia y cochina, yo lo disfrutaba, me excitaba, moría de ganas de que me penetraran otra vez y ellos seguía jugando con el vibrador en mi culito mientras me preguntaban si quería que sus vergas en mi culito, yo como podía asentía y me babeaba toda, entonces ellos sacaron el juguete y comenzaron a penetrarme mi culito otra vez, metían sus vergas, luego el vibrador, luego sus vergas y así se la pasaron jugando con mi culito mientras me seguían castigando.

    Después de dejarme las nalgas rojas y le culito muy abierto me metieron el vibrador a su máxima potencia y subieron mis pantis, entonces ambos se colocaron delante de mí carita mientras se masturbaban, sabía que querían mojarme toda, eso me excitaba, ellos me seguían humillando y después de sacar las tangas de mi boquita tomaron turnos para comerme por ella, me montaron por la boquita como a un hembra, me tiraban la cuerda para que parara el culito y me daban más nalgadas así estuvieron hasta que el primero de ellos me tiro toda su leche en la cara y termino de venirse adentro de mi boquita dejándome toda llena de semen, el otro no tardó mucho en hacer lo mismo mientras me ordenaba que me mojara toda, yo obediente y muy excitada sentía como mi culito vibraba, me sentía sometida, humillada, esclavizada, era su muñeca su puta y debía obedecer.

    Entonces el me mojo toda la cara y cuando metió su verga a mi boquita para dejar los últimos chorros de su semen me moje toda otra vez, me moje moviéndome como una puta caliente y excitada, ellos lo notaron y me felicitaron por ser tan sumisa y obediente, y como premio apagaron el vibrador aunque no lo sacaron de mi culito.

    Después de tomarme muchas fotos limpiaron su semen de mi carita con mis tangas y las volvieron a meter a mi boquita, me comenzaron soltando las piernas y luego de quitarme la mordaza asegurándose que seguía con mis tangas en la boquita me sacaron el gancho del culito dejando el otro juguete en su lugar mientras me bajaban la faldita, lo último que soltaron fueron mis manitas, yo intente ponerme de pie pero mis piernas temblaban mucho, así que me quede un rato así hasta que, con la ayuda de uno de ellos, pude ponerme de pie para ir al baño, cuando Sali encontré una nota y un sobre, en la nota me decían que el cuarto estaba pagado y me llevarían la comida al anochecer, también ponían la fecha de nuestro próximo encuentro, me indicaron que en el sobre estaba mi pago por puta, además había algo extra para que me comprara la ropa que ellos querían que usara la próxima vez, cuando abrí el sobre además de mucho dinero había una lista detallada de ropa femenina.

    Como siempre agradezco a quienes leen y disfrutan de mis relatos de fantasía, me encanta escribirlos y siempre me anima mucho recibir mensajes de quienes se excitan leyéndolos.

    Espero volver a publicar relatos de varios capítulos en el futuro para poder describir mejor las situaciones de feminización, sumisión y humillación que tanto me excitan y que siempre espero den buenas ideas a quienes los leen.

  • Inicios en el voyeur y exhibicionismo de mi exnovia

    Inicios en el voyeur y exhibicionismo de mi exnovia

    Soy un fiel lector y esta es la primera vez que me animo a escribir un relato, cabe aclarar que es 100% real y trataré de describirlo lo mejor posible.

    Hola, primero que nada, me presento. Mi nombre es Javier y mi exnovia (en ese entonces novia) se llama Claudia. En ese entonces teníamos 26 y 23 años respectivamente. Somos de Campeche. Los nombres son inventados, pero sé que si mi exnovia leyera este relato enseguida sabría que se trata de nosotros.

    Yo soy de complexión media, ni gordo ni atlético y mido 1.75 aproximadamente y con una verga de unos 17 cm en su máxima expresión. Claudia es una mujer chaparrita blanquita con unas piernas muy ricas, torneadas y suaves, con poco culo, pero bien formado, lo que si, sus tetas son brutales, grandes, suaves y con unos pezones cafés muy deliciosos que se ponen como piedra cuando está excitada.

    Dicho lo anterior, prosigo a contar mi primera experiencia como voyeur y mi novia como exhibicionista.

    Todo inició cuando en un viaje a la Riviera Maya nos tocó que iba vacío el autobús que nos llevaba, no lo podía creer e incluso lo sentimos un poco inseguro y anormal, sin embargo, decidimos tomarlo como un golpe de suerte. Sin más, empezó el viaje y nos dormimos un rato, luego despertamos y platicábamos cosas triviales cuando de momento Claudia decide abrir la cortina de la venta y el sol entró inmediatamente pegándole directamente en las piernas, el brillo del sol ya que ella llevaba puesto un short cortito hacían que se veían deliciosa y sin pensarlo empecé a acariciarle las piernas de una manera suave pero sexy.

    De un momento a otro empecé a subir mis manos buscando su vagina, pasando por sus muslos y acariciándola por encima de sus shorts, yo sabía como tocarla para irla excitando poco a poco, noté que hacían efecto mis caricias o agasajos más bien, a ella le gustaba y empezaba a relajarse y soltar pequeños gemidos de placer. De reojo veía al chofer y noté que no estaba enterado de nada de lo que hacíamos y al estar completamente solos, empecé a fantasear con cogérmela ahí mismo y que el chofer se detuviera y nos la cogiéramos entre los dos, sin embargo solo quedó en mis pensamientos y en mi verga, ya que empezaba a levantarse.

    Lo que si pasó es que seguí acariciando sus piernas hasta llegar a su raja, la cual ya se sentía bastante húmeda, podía olerlo aún con el short puesto, eso me dio pie para después abrirle el short y comenzar a masturbarla descaradamente, primero lentamente, después un poco más intenso ya estaba muy mojada y abierta por lo que mis dedos entraban con facilidad, le metía 3 dedos al mismo tiempo y con el pulgar le masajeaba el clítoris, ella gemía en silencio pero notaba en su respiración que le encantaba la situación.

    En ese momento le dije que se quitara el bra y se quedara solo con su blusa la cual era blanca, delgada y sin mangas. Ella me hizo caso y al quitarse el bra, pude ver como sus pezones se marcaban demasiado, ya estaban durísimos, me dispuse a besarle las tetas y morder sus pezones, sabía que eso la iba a prender más y justo así empezó a gemir de una manera que me hacía saber que estaba por tener un orgasmo y así fue, no pasaron ni 5 minutos y tuvo un delicioso orgasmo silencioso, uff solo recordar sus movimientos, jadeos, fluidos, hace que se pare de nuevo la verga…

    Lo siguiente es que Claudia me abrió la bragueta de mi short y empezó a mamármela muy rápido, de golpe y hasta el fondo, yo solo suspiraba y le agarraba la nuca para que no se quitara, pasaron unos 10 minutos, yo estaba por explotar y ella igual, ya que nunca dejé de masturbarla con una mano y con la otra le masajeaba como podía las tetas, sus pezones estaban hirviendo, grandotes y durísimos, para ese punto ella ya gemía sin miedo, más fuerte, dejando salir todo su placer, se le olvidó que teníamos al chofer a unos asientos, eso me calentó demasiado por lo que aumenté el ritmo en que la masturbaba hasta que volvió a tener otro orgasmo, sentí como chorreaba mi mano, caliente y delicioso, mientras ella me abrazaba y mordía el hombro ufff ella siempre tenía orgasmos muy intensos.

    En ese momento me vine dentro de su boca, sentí que saqué 2 litros de chorros, se lo tragó todo, y me limpiaba la verga, no dejó que se cayera ni un poco. Uff solo de recordarlo se me eriza la piel. Después, nos relajamos y nos volvimos a dormir, así como estábamos, yo con la verga por fuera y ella con sus tetas al aire y el short en los tobillos.

    Cuando llegamos a nuestro destino, nos acomodamos la ropa y le pedí que se quede sin brá a lo que ella respondió: “ya sé lo que intentas hacer y me encanta la idea” acompañado de un apretón de verga que hizo que inmediatamente se me vuelva a parar… Pensé, estas van a ser las mejores vacaciones de mi vida… lo siguiente fue caminar hacia la salida del autobús y el chofer nos esperaba junto al volante, primero pasó mi novia y el chofer sin perder la mirada y sin importarle que yo estaba presente, repasó las tetas de mi novia que seguramente se movían sin discreción y con los pezones parados, pasó junto a él y el chofer solo le veía las tetas y luego el culo cuando ella bajaba del autobús, yo me retrasé a propósito para no perderme ese momento de excitación.

    Pude confirmar que el chofer escuchó todo porque me dio una palmada en la espalda y me guiñó el ojo al pasar junto a el. Eso me prendió demasiado ya que supe que el chofer escuchó todos los gemidos de mi novia cuando tenía sus orgasmos.

    La verdad me quedé con muchas ganas de cogérmela en el autobús y tratar que el chofer hiciera algo, pero no quería que ella lo tomara a mal o se asustara ya que era la primera vez que hacíamos algo así, mejor me calmé y me esperé a que estuviéramos en la Riviera Maya, ahí con el alcohol y las personas destilando olor a sexo por todos lados, sabía que lograría llevar al límite a mi novia, pero eso se los contaré en mi siguiente experiencia.

    Espero les haya gustado este relato, iré escribiendo en unos días las aventuras que vivimos en ese viaje. Igual me gustaría mostrarles las tetas de mi ex novia, a ver si me animo en un siguiente relato.

    Saludos.

  • Fernanda cambio mi vida (IV)

    Fernanda cambio mi vida (IV)

    Hola soy José, en esta ocasión contaré como fue que terminó mi relación con Fernanda ya que la encontré cogiendo con su ex novio.

    Comenzando la historia, como conté anteriormente Fernanda y yo habíamos tenido sexo exhibicionista en un par de ocasiones lo que nos llevó a que la relación estuviera mejor que nunca, cogíamos muy seguido y todo iba bastante bien hasta que poco a poco las cosas se comenzaron a enfriar, ella empezó a ser más distante y de coger casi a diario comenzó a ser una vez a la semana y siempre se negaba a que fuera cuando ella llegaba del trabajo lo cual era absurdo ya que desde el inicio de nuestra relación cogíamos cuando ella llegaba incluso una vez me cogió en los baños de su trabajo.

    Todo esto me llevo pensar que había hecho algo mal, y en mi mente pensé en sorprenderla en el trabajo así que un día compré una rosas y me fui hacia su trabajo para darle la sorpresa, pero quien se sorprendió fue yo, al llegar la encontré platicando con su ex novio rodrigo el cual había vuelto a trabajar en el mismo lugar que ella.

    Al verme Fernanda no se puso feliz por las rosas solo me miró con una cara de cierto enojo e incomodidad, yo dije hola y rodrigo me contestó buenas noches que va a llevar y le dije, no nada venía a ver a Fernanda mi novia, por mi respuesta rodrigo voltio a verla algo confundido y hubo un momento de silencio. Ella salió del lugar y en el estacionamiento tuvimos nuestra primera pelea en la cual le reclame y ella se defendió diciendo que, pues no era la jefa y que lo habían asignado ahí con ella, que era algo que no dependía de ella, durante esa discusión ella dijo cosas que me parecieron coherente por lo que lo deje pasar, pero empecé a tener fuertes sospechas, pero por el momento no podía comprobar nada y la amaba así que deje pasar esa situación.

    Pasaron los días y yo seguía con sospecha, hasta que en una noche nos encontrábamos viendo una película ella se quedó dormida y le llego un mensaje, y al saber su contraseña desbloqueé su celular y comencé a ver sus mensajes y entre al chat de Rodrigo el cual estaba casi vacío, solo se encontraba un nuevo mensaje el cual decía «aún me duele al sentarme», pero solo decía esto para mí fue una prueba, pero en ese momento solo me puse triste y pensativo.

    Al día siguiente paso la misma situación ella se quedó dormida y yo comencé a revisar su teléfono y me encontré qué ya no estaba el mensaje de la noche anterior ella borraba su chat con rodrigo para no dejar pruebas y por pura suerte rodrigo en ese momento le mando una foto en la cual Rodrigo mostraba su ano lleno de semen y el mensaje decía «aún me escurre tu regalo», yo quede sin habla y simplemente me levante y me fui.

    Por la mañana Fernanda mando un mensaje diciendo que había pasado me desperté y ya no estabas y yo aun sin valor para decir que la descubrí así que le invente que me había sentido mal y no la quería incomodar, me pregunto si ocupaba algo y le dije que no por la madrugada había ido al médico y solo me dijo que reposara unos días, que la veía después y ella solo me dijo “está bien mi amor, que te recuperes pronto”.

    Los siguientes dos días me quede pensando hasta que tome la decisión de terminar la relación así que al siguiente día en la noche fui hacia haya y al llegar encontré un carro rojo estacionado el cual yo sabía que era de rodrigo, y no sé porque hice lo siguiente, pero, me acerque a su puerta y en vez de tocar abrí su puerta (tenía llaves) y entré.

    De inmediato escuche como estaban gimiendo, al escuchar esto fui hacia su cuarto sabía que ahí los vería y al estar en la puerta la escena qué vi fue a rodrigo en cuatro o posición de perrito y a Fernanda cogiéndolo intensamente, cogida qué se detuvo en cuento Fernanda alzó la mirada y me vio en la puerta, de inmediato grito José, para después dejar de coger a rodrigo y dirigirse hacia donde yo me encontraba, momento en el que me comenzó a decir que no era lo que parecía (curioso porque tenía la verga dura aun), y demás cosas sin sentido, yo solo le dije mañana vengo por mis cosas y salí de su casa.

    Comencé a caminar, iba casi a mitad de la cuadra cuando escuché como gritaba Fernanda diciendo que la esperara que teníamos que hablar, yo solo volteé y le dije ya no hay nada que hablar y por esto ella se detuvo.

    Esa misma noche al llegar a mi casa estaba triste y así seguí los siguientes días, mientras esto pasaba Fernanda mando múltiples mensajes y audios pidiendo perdón, pero yo no contestaba.

    A la semana estando más tranquilo, vi que tenía cerca de 66 o 68 mensajes de ella, lo abrí y cada uno decía lo mucho que me amaba y pedía perdón, lo ignore todo y solo le escribí que por la noche pasaría por mis cosas a lo que ella contesto con entusiasmo si claro.

    Al llegar a su casa abrió la puerta y me quiso recibir con un beso, pero la esquive y le dije que solo venía por mis cosas, a lo que ella me dijo es una etapa difícil, pero la superaremos por el amor que tenemos, yo solo le repetí que venía por mis cosas, ella comenzó a llorar, me dolió verla así pero ya estaba decidido.

    Ella se fue hacia su cuarto y yo comencé a guardar mis cosas en una caja no eran muchas, ya que no vivíamos juntos por lo que tenía un par de videojuegos, ropa etc.

    Cuando termine de guardar las cosas, puse las llaves qué me había dado en la mesa y le grite (ya que aún estaba en su cuarto), te dejo tus llaves en la mesa ya me voy adiós, y me dirigí a la puerta en ese momento escuche pisadas rápidas para después sentir que me abrazaba por la espalda, diciéndome que por favor no me fuera todo había sido un error.

    Y mientras decía esto sentí como algo se presionaba contra mí, momentos donde comenzó a puntearme con su verga y mientras hablaba sentía como repegaba su verga en mí y aquí paso algo que al día de hoy me da culpa y vergüenza por permitir que pasara, ella comenzó a bajarme el pantalón y yo no me resistí y al ver eso ella puso su verga en la entrada de mi ano y comenzó a decir qué me amaba y que solo había sido un tropiezo y me comenzó a meter lentamente sus 20 cm, para comenzar a cogerme a su gusto y me continúo cogiendo hasta que me provocó orgasmo seco, pero no se detuvo en total creo que me cogió cerca de cuatro o cinco veces.

    Al terminar y aun teniéndola dentro de mi comencé a cuestionarme las cosas, pensando demás la situación, ella por su parte se quedó dormida pensando que había logrado lo que quería y así hubiera sido si en ese momento no le hubiera llegado mensajes de nuevo, como no le dije que había visto su celular no cambió la contraseña por lo que lo tome y al abrirlo estaba la conversación de Fernanda y el, y esta vez ella no había borrado nada así que vi los mensajes de principio a fin, incluso su último mensaje era Rodrigo diciéndole que ya quería que mañana se lo cogiera otra cosa que encontré fue un video en el cual se veía a ella y a rodrigo cogiendo en el baño de su trabajo, en otras palabras el video lo habían hecho hace pocas horas y esta es la razón por la cual me da vergüenza este hecho que permite que eso pasara y vi cómo era ella en realidad.

    Después de eso tomé mis cosas y no volví a contestar sus mensajes o llamadas por más que insistía.

    Después tuve un reencuentro con ella, pero eso ya es otra historia.

  • Gracias al trabajo (10)

    Gracias al trabajo (10)

    Salimos en el coche después de despedirnos de Daniel, le volví a decir que si quería venirse un día, que avisara a mi mujer, estaríamos encantado de que estuviese con nosotros.

    Ya de camino a Sevilla, le dije a mi mujer que iba a llamar a Jorge, para que contase con nosotros para cenar, comeríamos por el camino. Lo llamé desde el coche, en manos libres. No me dio tiempo ni a saludarlo

    – Hombre…pronto echas de menos mi polla o mi culo o ambas cosas, jajaja -contestó Jorge nada más descolgar-

    – Halaaa, jajaja -dijo mi mujer

    – Joder, ¿estás acompañado?

    – Tranquilo Jorge, estoy con mi mujer… -le contesté-

    – Hola Jorge, encantada. Soy Elena, la mujer de Óscar.

    – ¡¡¡Dios, qué cagada!!! Lo siento Óscar, no sé qué decir…

    – Tranquilo Jorge, lo sé todo. Óscar me lo ha contado con pelos y señales, bueno, pelos pocos jajaja -diciendo eso me acarició el paquete.

    – ¿En serio? -le contestó Jorge.

    – Oye Jorge -le dije- te llamo para decirte que cuentes con nosotros para la cena, le he dicho a Elena que cocinas estupendamente. Vamos para allá, quiere conocerte, bueno a ti y a Eva y a Nuria… Ya te contaremos todo cuando lleguemos, vamos a comer por el camino, ya no nos da tiempo a llegar para comer.

    – No os preocupéis, aún no he hecho comida alguna. Veniros y hacemos un arroz en la barbacoa, el día está muy bueno. ¿Os parece bien?

    – ¿Qué opinas Elena? Por mí me parece perfecto, no tenemos prisa para comer.

    – Sí, estupenda idea. ¿Hace falta llevar algo, Jorge? -preguntó Elena-

    – Bien, traeros unas botellas de Verdejo, a ser posible que ya estén bien frías. Llamaré a las chicas por si se quieren apuntar.

    – Cuenta con ello Jorge -le dije- Nos vemos en hora y algo.

    Entrando por Sevilla, buscamos un supermercado para comprar las botellas de vino y nos volvimos a poner en marcha para la casa, en ese momento mi mujer me dijo:

    – Estoy nerviosa, no sé qué pensarán de mí esta gente… creerán que soy una fulana o algo peor.

    – A ver, no empieces a sacar a la otra Elena. Ellos no van a pensar nada malo, porque lo mismo puedes pensar tú de ellos. No le des vueltas a la cabeza, lo único que vas a conseguir va a ser que no disfrutes.

    – Tienes toda la razón, de vez en cuando intenta imponerse la educación tan retrógrada que me dieron. Y debo evitar que salga a la superficie. Quiero disfrutar del sexo con mi marido presente y verlo disfrutar.

    – Así se habla, mira, estamos llegando. Ésta es la urbanización.

    Aparqué fuera, junto a la casa estaba el coche de Eva también. Llamé al timbre nos abrió Jorge, vestido con pantalón y camiseta, un delantal de cuadros rojos y una copa de Ribera en la mano.

    – Adelante, qué pronto habéis llegado. Tú debes ser Elena, soy Jorge. Pero qué guapa eres, eso no lo contaste canalla -dijo mirándome a mí mientras le daba dos besos a Elena.

    – Gracias, encantada Jorge.

    – Heyyy, ¿qué haces vestido, y con ese delantal? Yo contándole a Elena que estamos siempre en bolas y te encuentro vestido. Nosotros nos vamos a desnudar ya

    – Joder, es que no sabía qué le has contado ni como comportarme -me dijo Jorge.

    – Pues como todos estos días, exactamente igual -le dije mientras le acariciaba el paquete- Voy a poner la caja de vino en la cocina.

    – Voy a desnudarme ahora mismo, la ropa me está agobiando -soltó Jorge.

    Pasamos al interior de la casa, Eva estaba en la cocina cortando verduras para el arroz, también iba vestida.

    – Hey holaaa, debes ser Elena, la mujer de Óscar, encantada de conocerte, soy Eva.

    – Hola Eva, gracias. Te digo lo mismo.

    – Bueno, pues ya estamos como antes -dijo Jorge entrando en la cocina totalmente desnudo, la polla la tenía morcillona.

    – ¡Anda mira éste! ¿Podemos desnudarnos ya? -dijo Eva- me sobra todo.

    Fuimos al salón a desnudarnos, yo me quedé en bolas en nada y ayudaba a Elena a desnudarse, en verdad me aprovechaba y le metía mano mientras. Mi polla se estaba levantando cuando Eva apareció en el salón desnuda completamente. Elena admiró las tetas de Eva.

    – Vaya tetas bonitas tienes Eva.

    – Pues las tuyas son preciosas también, puedes tocármelas Elena, sin problema.

    Elena se acercó y las acarició, le notaba en la cara que se estaba excitando. Rozaba los pezones de Eva con las yemas de los dedos mientras se estaban poniendo duros, Eva comenzó a acariciar las de Elena, acercó su boca a la teta izquierda y la besó, pasó su lengua por el pezón. Elena suspiró y me miró, vi que se estaba calentando, le sonreí. Me coloqué por detrás de Eva, y la abracé mientras mis manos bajaban hacia su coño, le besaba el cuello sin dejar de mirar a Elena, que ya tenía la respiración alterada. Mi polla se levantaba, y Eva movía sus caderas para encajarla entre sus nalgas. En ese momento entró Jorge al salón:

    – Joder, yo trabajando y los demás calentándose… a esto no hay derecho Óscar.

    – Tienes razón, vamos a echarte una mano…con la barbacoa, después te echo una mano en otro sitio, ¿querrás?

    – Por supuesto, pero hay que empezar ya con el arroz, el carbón está ya encendido, así que vamos todos para fuera -dijo saliendo hacia el jardín con la polla ya levantada.

    Yo también llevaba la polla dura, le metí la mano a Elena entre las piernas y ya tenía el coño mojado, Eva suspiraba y salió detrás de Jorge.

    – Ufff has visto como me he puesto, ¿no? -me dijo Elena.

    – Ya lo creo -dije lamiéndome los dedos que le había metido en el coño- salgamos al jardín, después de comer seguiremos ya sin interrupciones.

    – Espera -me dijo, me pasó los brazos por el cuello y me besó metiendo su lengua en mi boca- Es la primera vez que he tocado a una mujer, y me he excitado muchísimo.

    – Jejejeje. Me di cuenta, me alegro por ti, tengo ganas de ver como follas con una mujer, me excito mucho solo con pensarlo, y creo que en un rato podré verlo.

    – También tengo ganas de probarlo.

    Salimos al jardín, ya estaba Jorge liado con la paella, Eva estaba hablando por teléfono, Jorge nos sirvió una copa de verdejo a cada uno. Brindamos por nosotros, Elena comenzó a hablar con Jorge sobre como hacía la paella, a Jorge lo veía encantado de poder hablar con alguien de cocina, siempre decía que nosotros solo sabíamos comer, nada de preparar.

    Eva acabó de hablar por teléfono y nos dijo que Nuria vendría más tarde, se acercó a mi mujer y la besó con dulzura en la boca.

    – Qué sepas que me has puesto mucho acariciándome los pechos.

    – Gra…gracias -dijo Elena.

    Nos reímos todos, la paella ya estaba hecha. Solo faltaba que reposara unos minutos. Me puse junto a Jorge mirando como Elena mantenía una conversación con Eva, se les notaba muy a gusto a las dos. Le acaricié las nalgas a Jorge, se giró y me dijo:

    – Me muero por besarte

    – ¿Y por qué no lo haces? Lo llevo deseando desde que hemos llegado.

    Se pegó a mí, me pasó ambos brazos por el cuello y acercó su boca, entreabrí mis labios y allí estaba su lengua, frotándose con la mía. Abrí más la boca, giré la cabeza y lo apreté contra mí. Noté como su polla se ponía dura y se pegaba a mi vientre. Le agarré las nalgas y le abrí el culo un poco, nos separamos. Al girarnos descubrimos cómo nos miraban Elena y Eva, estaban calladas y con sonrisa de bobaliconas, se les veía excitadas.

    – Vaya, cómo estáis de contentos, ¿eh? -dijo Eva señalando nuestras pollas- Vaya dos preciosidades se han despertado ahora.

    Con la comida en los platos, nos sentamos los 4 a comer. Charlábamos de cosas sin importancia hasta que dije:

    – Creo que os tenemos que contar algo, os preguntaréis qué es lo que ha pasado y en tan poco tiempo. ¿Recordáis que me dijisteis que pensabais que mi mujer tenía una aventura? Al llegar a casa, me estaba esperando, igual de excitada que la semana anterior y que por teléfono. Nos acostamos, follamos en una palabra, fue un polvo de los buenos, después nos quedamos en la cama y…

    – Y entonces me preguntó si tenía un amante -siguió Elena- me dijo que le estaba muy agradecido a esa persona porque había conseguido lo que él no había podido en todos los años de matrimonio y de novios, me había cambiado totalmente en el tema de las relaciones sexuales, yo notaba que había dado un giro de 180º, también había notado que él me follaba distinto, como con más experiencia, sabía dónde y cómo tocar… y eso lo da la experiencia nada más. Así, con la excusa de que me dijo que debería agradecer a mi amante lo que había hecho conmigo, llamé a Daniel, mi amante, un tipo de 46 años, guapo, con buen cuerpo y bisexual, que viniera a casa, le conté por encima que se lo había dicho a mi marido y, ahí le mentí, que quería ver cómo me follaba. Daniel se presentó y… ya os podéis imaginar lo que pasó…

    – No, yo no me lo puedo imaginar, quiero saberlo completamente -dijo Jorge- ¿Daniel te folló Óscar?

    – Sí, Jorge. Me la metió a petición de mi mujer… y que yo rezaba para que lo hiciera, jajaja.

    Nos levantamos de la mesa, y Eva dijo que se iba a preparar una copa, si alguien se apuntaba que lo dijera, nos apuntamos todos. Ella se fue a preparar las 4 copas a la cocina y nos quedamos los tres en el salón de pie, me acerqué a Elena y la abracé por detrás agarrando las dos tetas, ella buscó con sus manos mi polla, que ya estaba levantándose cuando Jorge dijo:

    – Eso no vale, sois pareja…

    – Ponte en mi lugar Jorge, quiero ver como se excita contigo.

    Me puse delante de Elena y Jorge ocupó mi lugar. Él ya estaba empalmado y Elena gimió en cuanto notó su polla entre sus nalgas. Jorge comenzó a besarle el cuello, ella acariciaba los huevos de Jorge y su polla con los ojos entrecerrados. Me acerqué y comprobé cómo tenía el coño, estaba empapada, y el verla con Jorge me estaba excitando mucho. Abrió las piernas para que pudiese acariciarle el coño bien, mientras que Jorge le magreaba los pechos y seguía besando su cuello. Eva llegó con las copas preparadas, al vernos las soltó en la mesa del salón y dijo:

    – Anda que os habéis acordado de mi, qué perros sois…

    Se acercó a mi y se arrodilló, me agarró los huevos y los besó, pasaba su lengua por todo el escroto, mientras empezó a meneármela, su lengua subía por el tronco de mi polla cuando sonó el timbre de la puerta. Nos quedamos quietos, mirándonos. Tal y como estaba, me acerqué a la puerta, abrí con cuidado, era Nuria, que al verme como iba me dijo:

    – Jamás pude pensar que alguien se pondría así de contento al verme, holaaa

    Entró y cerró la puerta, me besó en la boca y comenzó a desnudarse en el mismo jardín. Entramos en la casa y Elena estaba a 4 patas comiéndole el coño a Eva, que estaba tumbada en el suelo. Jorge estaba detrás de mi mujer, metiéndosela por el coño. Oía los gemidos de Elena amortiguados por el coño de Eva.

    – A ver -dije- acaba de llegar Nuria. Nuria, te presento a Elena, que le está comiendo el coño a Eva.

    – Nuriaaa -dijo Eva- apúntate a que Elena te lo coma. Lo come ¡qué bueno!

    Nuria me agarró la polla, yo la abracé y le comí la boca, ella abría su boca para que mi lengua entrara en ella. Bajé mi mano hasta su coño, tenía todo supersuave, la yema de mi dedo se deslizó por su raja, estaba caliente y mojada, se giró colocándome detrás, se inclinó sobre la mesa dejando su culo a merced de mi polla.

    – Vamos Óscar, empálame por el culo. Lo estoy deseando.

    Le abrí las nalgas con mis dedos, tenía el ojal redondo, oscuro, precioso, le puse la punta de mi nabo en él y apreté, notaba como se abría el culo sin mayor complicación. El capullo ya había entrado, el resto se colaba sin más complicaciones hasta el fondo. Una vez metida a tope, la agarré por las caderas y empecé a bombear. Me encantaba la vista que tenía de mi polla entrando y saliendo de su culo que estaba bien dilatado (el que la haya metido en un culo así en esa misma postura, sabrá de qué le hablo) Oí gemir a Elena, Jorge había acelerado los movimientos. Estuve un rato bombeando el culo de Nuria, lo tenía húmedo, caliente y cerradito, se la saqué, se colocó bocarriba, con las piernas abiertas, noté que me agarraban las piernas, me giré y era Elena.

    – Déjame que le coma el coño tal y como está tumbada, joder… estoy muy caliente y quiero comerme todos los coños que hay en la casa.

    Me incliné para besarla, Eva se había tumbado debajo de ella para que el coño de Elena quedase en su boca una vez que se pusiera a comerse el coño de Nuria. Jorge me miró, fui hacia él, necesitaba que me besara como él sabía. Se levantó, me cogió la cara y me besó con suavidad los labios, abrí la boca y esta vez fui yo quien metió mi lengua en su boca. Su lengua comenzó a enredarse en la mía, sus manos me acariciaban las pelotas y la polla, lo senté en el sofá y me arrodillé delante de él, le abrí las piernas, esos huevos colgones me ponían a mil, acerqué mis labios a ellos, los besé, los lamí, me metí uno en la boca y después el otro mientras mi mano comenzaba a pajearlo. Le pasé la yema de un dedo por la punta de la polla, jugando con su capullo, con su frenillo.

    Metí ese nabo en mi boca y comencé a mamársela, la tenía dura, notaba las venas hinchadas de su polla en mi boca, y ese sabor a coño, a culo de hembra caliente… la polla me dolía de lo dura que la tenía. Me metí su polla entera en la boca, sin arcadas, disfrutando el momento. Me levanté y me incliné para besarlo, para que probara el sabor de su polla en mi boca. Me senté sobre su polla, despacio. Notaba como entraba su polla, sin dolor, sólo un poco de sensación de quemazón. Me estaba empalando con la polla de Jorge, seguí bajando notando como su polla llenaba todo mi culo, la sentía latir dentro de mí. Entró hasta el final, me quedé parado un poco, hasta que desapareció la sensación de quemazón. Empecé a moverme arriba y abajo, Jorge agarró mi polla y comenzó a pajearme mientras nos comíamos las bocas.

    De fondo oíamos los gemidos y los jadeos de las tres que se estaban comiendo los coños unas a otras, se metían los dedos. Cuando me giré para verlas, Elena tenía a Nuria comiéndole el coño y metiéndole un consolador anal mientras Elena le comía el culo a Eva. Empecé a gemir de gusto.

    No podía dejar de botar sobre la polla de Jorge, estaba muy excitado ensartado en su polla, y él lo estaba pasando muy bien. Me indicó que mirase a Elena, en ese momento tenía los ojos en blanco, y empezó a decir:

    La cara de Eva se llenó de un líquido transparente y viscoso cuando Elena se levantó. No podía sostenerse en pie, le temblaban las piernas debido al orgasmo que había tenido. Se sentó junto a Jorge y a mí, me miró y me dijo:

    – Esto es delicioso, joder me tiembla todo el cuerpo, ¿Cómo vas? Te gusta tener el nabo de Jorge en el culo, ¿eh?

    Jorge me cogió de las caderas y empezó a hacerme botar sobre su polla, notaba las contracciones de su corrida en la polla.

    Me saqué su polla y me arrodillé, Elena se tumbó sobre su polla y los dos recibimos sus trallazos de leche en la cara, la boca, cuello, pechos… cuando acabó Elena me fue quitando el semen de Jorge de la cara, y de todas las partes donde había caído. La besé metiendo mi lengua en su boca y saboreando los restos de semen de Jorge en su boca.

    Eva y Nuria estaban con el consolador de dos puntas, me arrodillé delante de Nuria y le dije:

    – Toma, come polla que papá te va a dar leche.

    – Fóllame la boca como a las putas, cabrón.

    Se metió la polla hasta la campanilla, le agarré la cabeza y empecé a follarla, mis huevos golpeaban en su barbilla, su lengua giraba sobre el tronco de la polla, jugaba con el capullo… notaba que me iba a correr, se la saqué y con una mano en la frente le aguanté la cabeza, y con la otra me la meneé rápido hasta que noté que me corría y eso dije, mi leche cayó por todos lados, los ojos, pelo, frente, suelo, llegó hasta al culo de Eva. Me senté junto a Elena que se inclinó para limpiarme la polla mientras Nuria y Eva se corrían con el consolador metido y golpeándose culo con culo.

    Sonó un teléfono, un móvil, era el de Elena. Miró quién llamaba y dijo:

    – Es Daniel, lo pongo en manos libres para que lo oigáis, a ver qué dice -descolgó- Hola Daniel, ¿qué tal?

    – Hola Elena, ¿qué haces? ¿Estabas corriendo? Tienes la respiración acelerada.

    – Sí bueno… mejor dicho acababa de correrme, jejeje

    – Ay lo siento, qué tonto…

    – No te preocupes, dime. ¿Quieres algo?

    – Jajaja, sí, bueno es para preguntarle a tu marido si sigue en pie la invitación para ir para allá. -Jorge me miró- Al final he pedido dos días y, contra pronóstico me los han dado.

    – Claro que sí -le dije hablando hacia el teléfono de Elena, ella miró a las chicas y hizo un gesto de energía con el puño cerrado- las chicas aplaudieron- además, te dije que te iba a dar por el culo, pero no lo hice y te lo debo…

    – Jajaja, esa es una de las cosas por las que he llamado, me lo debes Óscar -Jorge me hizo la señal de “ok” con el pulgar de la mano- entonces salgo en 10 minutos hacia allá, calculo que llegaré en hora y media o dos horas como mucho. Mandadme ubicación, por favor. Os llamaré cuando esté llegando.

    – De acuerdo Daniel, aquí te esperamos con los brazos abier… no, mejor con los culitos abiertos, jejeje

    Elena colgó y empezamos a hablar, Jorge preguntaba por su polla: – Como me guste… no voy a aceptar que ninguna de las zorras de esta casa se le acerque, le he dado por el culo a Óscar y acabo de ponerme en “modo zorra suprema”, así que cuidadito conmigo, con “Jorgina la zorra suprema”. Todos nos echamos a reír, la verdad que me estaban dando ganas de “romperle el orto” como dicen por Argentina.

    Nuria dijo que no sabía si quedarse, Juan el coronado le había dicho que llegaría al día siguiente temprano de la convención del trabajo… Todos le dijimos que se quedara, si llegaba pronto que se encontrara con la casa vacía. Jorge fue el más directo:

    – Mira Nuria, nos conocemos bastante poco es verdad, pero te digo ya qué es lo que va a pasar con tu matrimonio, y tú lo sabes aunque no lo quieres ver, sabes cuál va a ser el final y eso no lo vas a poder cambiar, te mereces disfrutar como lo estás haciendo estos días, me da rabia oírte decir que te vas porque el cabrón de tu marido, que se ha ido con la querida a un hotel a follar (teniendo nosotros esta casita, jejeje) llegue a casa y espere que lo recibas como a un héroe que regresa de una guerra, quédate aquí a dormir, a follar o a dormir y a follar y que cuando llegue él que te llame y le dices lo que te salga del coño o la verdad, o que estas en casa de unas amigas para no quedarte sola… lo que sea. Pero me haces el favor de no hacerle más caso al gilipollas del coronado.

    Todos rompimos a aplaudir y a gritar bravos por “Jorgina”, Nuria se levantó, se acercó a Jorge, lo levantó del sofá y le dio un beso de los que hacen historia mientras le acariciaba el nabo y las pelotas. Cuando se separaron, y sin dejar de tocarle la polla a Jorge dijo:

    – Me quedo como mínimo esta noche. Os quiero mucho a todos.

    – Oye, si vas a seguir tocando al menos bésame, o me la sueltas que me estás poniendo a mil, que más de tres movimientos seguidos se considera paja y ya llevas al menos 25…

    – Bueno, habrá que asearse antes de que llegue Daniel -dije- yo voy a ducharme, ¿alguien se apunta?

    – Me ducho contigo -dijo Elena.

    – Y yo también -dijo Jorge.

    – Pues nada, vamos a la ducha…Por cierto Elena, mándale la ubicación a Daniel, no sea que no encuentre la casa y a “Jorgina” le va a dar algo…

    Nos duchamos los tres juntos, Jorge se puso a frotarme todo el cuerpo con la esponja, por todos lados.

    – Me excita ver como otro hombre te toca, te besa, te folla, me excita muchísimo… y veo que a ti también -dijo Elena mirando mi polla-

    – Y a mí me excita cuando otro hombre te mete mano, o una mujer te hace lo mismo… y si es Jorge el que te mete mano, ya no te cuento… -Jorge se paró, y se volvió hacia Elena frotándole el culo, el coño, los pechos, piernas… todo- qué cabrón eres Jorge, lo que quieres es que me empalme viendo como le metes mano a mi mujer…

    – Mira chaval, para empalmarte me basta con esto -se pegó a mí y me dio un beso de los que él sabe que me ponen a mil, mi polla comenzó a subir rápidamente- ¿lo ves? Esto no falla Elena.

    – Ufff, con lo que me gusta la polla de Óscar y estoy metida en la ducha con Óscar empalmado, y con un tipo que no conozco, también -y mirando la entrepierna de Jorge- empalmado. Pero que a pesar que no conocerte me caes muy bien… y además me has follado unas cuantas veces…

    – Bueno -dije viendo el camino que iba a tomar la ducha, y es que estábamos calientes de nuevo- vamos a salir pronto que tenemos que preparar las camas, las sábanas habrá que cambiarlas, que yo ya he dormido sobre corridas, totalmente pringado.

    Salimos de la ducha, y nos secamos entre nosotros, las pollas seguían arriba, y el coño de Elena seguía mojado. Se lo toqué al salir de la ducha y me dijo que estaba muy excitada, llevaba así prácticamente desde que llegamos. Jorge le dijo:

    – Joder, prométeme que me vas a regalar las braguitas que traías, que estén mojadas, me muero por olerlas -le dijo Jorge.

    – Espera, las tengo en la maleta -las sacó del bolsillo lateral de la maleta y le dijo refregándolas por el coño- tómalas, siguen mojadas, jejeje

    -Jorge se acercó las braguitas a la nariz y aspiró profundamente

    – Ummm huele a gloria bendita, como me excita esto. Gracias elena, me pajearé con ellas.

    La abrazó y la besó de la forma que a mí me vuelve loco, se notaba que ella lo disfrutaba, me acerqué por detrás de Jorge y le puse mi nabo entre sus nalgas, movió las caderas para acomodé mi polla en su culo, y le agarré la polla comenzando a pajearlo. Tenía la polla muy dura, le sobé los cojones y los tenía pesados, le dije:

    – Joder Jorge, tengo que hacerte una cura de emergencia, como llegue Daniel no le vas a durar nada. Ummm

    Suspiró y se inclinó hacia delante para que lo enculara, mi polla entró suavemente, despacio hasta llegar al fondo. Elena se hincó de rodillas delante de Jorge y se metió la polla en la boca. Jorge gemía como un adolescente con una madura, tuvo que apoyarse con las manos en la cama para no caerse, Elena se había metido entre nuestras piernas, chupaba la polla y los huevos de Jorge como los mios. Comenzó a meterme un dedo en el culo, después dos, me decía:

    – Tengo que prepararte el culo para cuando llegue Daniel, que sé que te encantó que te diera por el culo.

    En ese momento aceleré el movimiento gimiendo y jadeando, Jorge hacía lo mismo, pero su movimiento era hacia atrás, para hincarse más mi polla en el culo.

    – Dios voy a correrme -dije- ufff

    Soltó un buen chorro de semen que le cayó a Elena en la boca y en la barbilla, notaba las contracciones del culo cuando se corría en mi polla…en ese momento solté todo lo que me quedaba en los huevos llenándole el culo a Jorge. Nos quedamos recuperando el aire en la misma posición, Elena con la cara llena de leche de Jorge, y mi polla dentro de él. Se la saqué y un chorro de semen le corría piernas abajo. Volvimos a meternos en la ducha en el momento que el timbre de la puerta sonó. Se oyó que alguien salía a abrir, oímos voces y risas, volvieron a entrar y Nuria gritó:

    – ¡¡¡Chicos, ha llegado un tal Daniel!!! ¡¡¡O le decís que se quite la ropa o se la arranco yo!!!

    – ¡¡¡Bajamos ya!!!

    Y ya lo sigo contando en el siguiente relato.

    Dejadme comentarios y sugerencias para mejorar los escritos, gracias por leerme. Para cualquier sugerencia, consulta o comentario escribidme a: [email protected].

    Saludos.

    Vantheway.

  • Señor me coge en los baños del cine

    Señor me coge en los baños del cine

    Hola, soy José, en esta ocasión me gustaría contar como un señor me cogió en los baños del cine.

    Para dar contexto esto sucede unas semanas después de haber terminado mi relación con Fernanda, yo aun me encontraba triste y decaído, por esta razón decidí que para no seguir pensando en Fernanda me tenía que distraer por lo que decidí ir al cine, así que me aliste y fui al cine.

    Mientras miraba la película me dieron ganas de orinar así que fui al baño, estando ahí de repente escuché un «buenas noches joven» con una voz algo conocida, al voltear vi al señor que había encontrado a Fernanda cogiéndome, solo que esta ocasión estaba solo yo.

    De inmediato el señor comenzó a sacarme platica a lo que le conteste amablemente, se presentó diciendo que se llamaba Raúl y entre la plática Raúl me preguntó sobre donde estaba mi amiguita, a lo que le contesté no es amiga es mi ex novia, el señor se le iluminaron los ojos y de inmediato dijo así que ex novia muchacho, yo le dije si ya ve como son las relaciones de esporádicas en estos tiempos.

    Él me dijo eres joven no te preocupes ya encontraras alguien que te rellene ese lindo culo, hay más vergas que estrellas (esto fue en tono cachondo), yo solo sonreí y le dije si tal vez si cuando termine de hablar me dirigí a la salida pero ahí Raúl se sacó la verga y me dijo, muchacho no se te antoja y comenzó a sacudir su pené y a mirarme de forma lasciva, yo no conteste estaba pensativo sobre si quería o no pero no pude pensarlo bien ya que el señor se me acercó y me dijo dale nomas un besito.

    Antes de continuar me gustaría describirlo un poco a este hombre, Raúl es un hombre de 41 años, alto con poco pelo, con una prominente panza y un pené de 14 cm algo grueso.

    Volviendo a la historia ante el ofrecimiento de Raúl me puse en cuclillas, le coloque un condón qué el traía en la mochila (siempre hay que estar seguro) y se la comencé a chupar, era fácil ya que en comparación con Fernanda, su pené cabía fácilmente en mi boca, por lo que me lo metí por completo dándole una buena mamada, pero se vino rápido para mi decepción ya que a los tres o cuatro minutos se vino por lo que se disculpó diciendo que lo hacía muy rico, solo le dije que no se preocupara a veces pasa eso, pero el insistió que no pensara mal de él y note que se le estaba volviendo a parar y al ver que veía su erección me dijo «te la puedo meter», yo solo pensé que pues igual ya se la había chupado qué más da.

    Nos fuimos para el fondo del baño, me incline y puse mis manos sobre la pared, aquí debo admitir que pensé que me daría dos o tres metidas y se vendría de inmediato pero no fue así, ahí aprendí que los maduros tienen una maestría para coger, apenas me la metió no sé qué tantos movimientos hizo pero sentí un gran estímulo a mi próstata, con cada metida me hacía gemir de placer, pese a que tenía el pene más pequeño que Fernanda me estaba cogiendo con más estilo y estaba logrando mi tan esperado orgasmo seco qué llevaba semanas sin sentir, y unos minutos después se comenzó a venir que si no fuera por el condón me hubiera depositado bastante semen.

    Después de que terminamos me dio su número y me dijo que quería que nos volviéramos a ver, yo le dije que encantado.

    Antes de salir me dijo la próxima vez te quiero dar sin condón, yo le dije claro si me muestra con estudios clínicos que no tiene nada, solo sonrió y dijo es un trato.

  • Aventura extraterrestre

    Aventura extraterrestre

    Decidí viajar fuera de la capital hacia el mar. Quería pasar un fin de semana tranquilo fuera de la ciudad, para poder descansar pues me sentía agotada. Cuando llegué al hotel el sol se estaba poniendo y el atardecer estaba pleno, en su más esplendido momento.

    El paisaje invitaba a la paz y a la tranquilidad. Después de recibir la habitación fui hasta el restaurante de la playa para tomar unos martinis antes de cenar. El aire era cálido y la brisa del mar acariciaba todo mi cuerpo. Me sentía plena y relajada, todo era perfecto.

    Más tarde en mi habitación me di un buen baño, me vestí y me dirigí hasta el comedor del hotel para cenar. Pedí una ensalada y una copa de vino blanco, desde donde estaba podía ver la maravillosa grandeza del mar y lo imponente del cielo estrellado. Era una noche clara y radiante, se podían ver todas las estrellas.

    Cuando terminé de cenar, me retiré y caminé un poco por la playa, luego regresé a mi habitación, vi un poco la televisión y ya se me cerraban los ojos de sueño, así que decidí entregarme a los brazos de Morfeo. Estaba dormida cuando de pronto me despertó un extraño ruido. Parecía como si el viento soplara fuertemente.

    Prendí la lámpara de la mesa de noche y quedé estupefacta, de un brinco me senté en la cama al ver a un extraño frente a mí. No era humano, exactamente se trataba de un ser espacial. No era muy alto, pero tampoco muy bajo, tampoco se trataba de un monstruo. Estaba lejos de parecerse al famoso “ET” de la película. Tenía hermosos ojos y su rostro era armonioso, no estaba mal para ser un extraterrestre, porque de eso no había duda.

    No sé cuánto tiempo paso mientras nos observábamos mutuamente, como si hiciéramos un exhaustivo examen de reconocimiento. Hasta que me dirigió la palabra y me pregunto cómo me llamaba. Tal vez el paso del tiempo observándolo me tranquilizo, así que respondí y a la vez le pregunté también quien era, de donde venia y por qué estaba allí.

    Me dijo que se llamaba “Tentación”, que venía desde otra galaxia y que su misión era tener sexo con un ser humano. Que me había elegido a mí por casualidad. En ese momento sentí mucho miedo pero me dijo que no temiera, que él se encargaría de hacerme sentir un acto supremamente satisfactorio, pleno y excitante.

    Se acerco y me acaricio como nadie lo había hecho antes, con solo sentir el contacto de su piel estaba húmeda y excitada. De pronto me beso en la boca mientras acariciaba mis tetas y pezones. Su lengua era algo felina, dúctil, pues cuando chupaba mis tetas además de la excitación sentía en los pezones un cosquilleo absolutamente delicioso. Mi verga, ya erecta, se asomó por entre mis panties blancos calados, hilo dental, entonces el extraño ser la tomo con sus manos y me la chupo intensamente, la succiono con tanta intensidad que me vine una y otra y otra vez en orgasmos indescriptibles.

    Luego me quito los panties, me dio media vuelta y sin darme cuenta y cómo si fuera un acto de magia saco su deliciosa verga extraterrestre y me penetro toda. Me vapuleo con su instrumento llevándome por extraños y maravillosos mundos, metiéndomela toda me arrastraba hasta los confines del universo, mientras me penetraba una y otra vez insaciablemente con su verga en mi agujero negro, me hacía ver enanas blancas y gigantes rojas, sentía el grado máximo de excitación y placer y a la vez me paseaba por la vía láctea y el sistema solar.

    A la mañana siguiente cuando desperté me sentí como nueva y dispuesta a iniciar nuevamente un contacto sexual extraterrestre.