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  • Mi hijo me saca la leche con su boca

    Mi hijo me saca la leche con su boca

    Mi nombre es Evelyn y tengo 45 años, hace cinco que me divorcié oficialmente de mi ex marido, me dejó tan insatisfecha sexualmente que me estaba volviendo loca.

    Mi hijo aún vive conmigo, apenas está por cumplir 21 y puedo notar algunas similitudes que tiene con su padre, es alto, guapo, y le encanta mirarme mientras me cambio, él cree que no me doy cuenta, se me hacía incluso un poco tierno hasta que me di cuenta que se estaba masturbando mientras me desvestía, por lo que estos últimos días estuve dejando la puerta algo abierta a propósito para que cada vez que pasara él pudiera observarme.

    Hoy es su cumpleaños, y decidí darle una gran sorpresa, luego de que se fueran sus amigos y terminarán de festejar le dije que viniera a mi cuarto que quería hablar con él, y allí lo recibí en un sexy conjunto de lencería bastante llamativo y sensual, él se sorprendió bastante pero no retrocedió y le dije que avanzara, que me tocara, que por esa noche era totalmente suya y de nadie más.

    Él lo primero que hizo fue guiar sus manos hacia mis pechos y comenzar a masajear los de tal forma tan excitante, luego me quitó el sostén y así con mucha más comodidad masajeó mis tetas y las apretó a su total gusto, jugando un poco con mis pezones hasta que metió uno en su boca, succionaba y chupaba tanto que me hacía gemir con total placer, me acotó en la cama y comenzó a succionar aún más mientras sus manos bajaban por todo mi cuerpo acariciándome sin ningún tipo de vergüenza ni miedo, hasta llegar al medio de mis piernas, comenzando a masajear mi intimidad por encima de mi ropa interior, notando muchísimo lo mojada que me estaba dejando.

    Chupaba tanto que hasta de mis pezones comenzó a salir leche, hace tanto tiempo que no lactaba que me sorprendía pero él no paraba, chupaba y se tomaba todo lo que podía como si estuviera muerto de sed, comenzaba a babear un poco de lo bien que me estaba haciendo sentir gemía su nombre, rogaba por tenerlo dentro de mí y él terminó de quitarme mi ropa para así meter sus dedos en mí y tantear lo estrecha que estaba, abriéndome poco a poco utilizando sus dedos hasta que al fin hubo el suficiente espacio para que él entrara.

    Se quitó toda su ropa y al fin entró en mí de una sola estocada, haciéndome soltar un gemido tan alto que incluso los vecinos escucharían, comenzó a moverse con tanta rapidez y fuerza, algo que no me sorprendía al ser tan joven y con tanta energía.

    Me moví junto con él, gimiendo tanto que incluso mis ojos se llenaban de lágrimas del placer, siguió moviéndose y chupándome las tetas hasta que luego de un rato acabó dentro de mí, me llenó tan deliciosamente que mi interior lo agradeció corriéndome junto con él, me sentía tan llena y satisfecha que besé los labios de mi hijo y luego de un rato salió de mí, para así dormir los dos juntos en mi cama, él en mi pecho masajeando un poco mis tetas.

  • Mi novia y sus amigas me enseñan a ser mujer (5)

    Mi novia y sus amigas me enseñan a ser mujer (5)

    Después de la “follada” que me dio Diego la noche anterior, el domingo, Tania y yo la pasamos conversando: hasta donde llevar esto, cuáles son los siguientes pasos, entre otras cosas decidimos que solo los sábados sería para que Sandy saliera del closet. El lunes, Tania me llevó temprano a su gimnasio, me presentó a su instructor, en su oficina le explicó mi caso, que quería desarrollar un cuerpo de hembra, pero sin tomar hormonas. Gianfranco se llamaba, nos dijo que no había problema, tomó mis medidas y nos dijo que iba a hacerme perder un poco de músculo en las pantorrillas, definir mi abdomen para tener una cintura más delgada, iba a trabajar en desarrollar mis caderas y muslos femeninos, y finalmente perder entre 8 a 10 kilos.

    -con la dieta y los ejercicios, ummm, dos meses vas a empezar a ver la diferencia, 6 meses vas a estar en otra dimensión y ahí re evaluamos.

    Nos puso contentas eso, decidimos que iría en las mañanas y siempre con un maquillaje ligero, el gimnasio tenía por lo menos 4 chicas fit y otras físico-culturistas, así que se me vería como otra chica más de las fits. Compramos unos juegos de leggins deportivos con sus tops, y otros de shorts igual del material de leggins y otros accesorios. Lo otro que hicimos fue conversar con el manager general del trabajo de Tania, y me dieron un trabajo en la tienda de ropa de hombres al frente de la suya en el centro comercial. Con eso, este verano iba a ir a mil por hora.

    Toda la semana la pasé vestida de mujer, Tania me dio licencia ya que el fin de semana sería mi momento. Fui al gimnasio y me dieron una golpiza, estaba ejercitando músculos que no sabía que existían en mi cuerpo, la dieta era lo más pesado, también me la pasé en casa practicando mi caminada, perfeccionando mi baile, empecé a experimentar la técnica de tucking de mí paquetito, y sobre todo con ayuda de videos (gracias YouTube), estaba perfeccionando mi voz de mujercita. Todos los días me maquillaba para ir a hacer ejercicio y después de bañarme lo retocaba, Tania me compró un tapón anal (butt plug), para que vaya dilatando de a pocos mi culito, yo lo empecé a usar por horas cada día.

    El jueves me envió en la tarde a un spa para que me hagan una depilación completa de mi cuerpo, me dejaron divina, pero…no sé cómo hacen todas para soportar algún dolor por aquí y por allá. Al día siguiente regresé y me sentí más cómoda que ya me conocían, me hicieron un bronceado, no escogí la cama, sino el rociador manual, lo más incómodo diría que fue quedarme parada desnuda en casa por 3 horas hasta tener el color perfecto, al menos veía mis videos instruccionales en el portátil. Ya para la noche me había bañado y estaba lista para una noche de chicas y de aprendizaje, Tania quedó con Claudia y Franchi en el local “La Suave” para contarles lo que estaba ocurriendo.

    Tania me prestó una de sus faldas de spandex, de color negro y que a ella le llegaba hasta un poco arriba de las rodillas, a mí, ummm, me llegaba a cubrir el culo y un poco más, pero se sentía muy sensual, no me puse medias, mi piel se veía bien linda y morochita, pero con el dolor de la depilación y el bronceado, decidí ponerme un panti clásico con brillo y modelador de cintura. Improvisé una de mis camisas, dejando 3 botones abiertos para que se vea mi brasier con relleno de silicona y lo amarré justo a la altura de mi ombligo, usé los mismos zapatos de la semana anterior de talón cerrado conectado a una correa con hebilla, los mismos aretes de aros y unos brazaletes de Tania, me maquillé yo misma y salimos en taxi.

    El plan era que vaya a la barra mientras que Tania se juntaba con las chicas y les contaba todo, Claudia y Franchi ya estaban sentadas en una mesita, después de unos minutos Tania le pide a Franchi que al día siguiente regrese a la casa para maquillarme otra vez para una reunión.

    F: ¿qué? ¿tienen otra fiesta de disfraces?

    T: no exactamente, les voy a contar un secreto, mi novio está experimentando su lado femenino y le estoy apoyando totalmente, la semana pasada vinimos acá y bueno, Franchi tú la viste esa noche, es una mujer preciosa

    F: también te dije que si lo soltabas quizás no lo recuperabas

    T: bueno, hemos tomado la decisión y la apoyo 100%, en su alter ego femenino su nombre es Sandy y quiero que la conozcan y que aprenda de nosotras a ser más femenina

    C: pues a mí me encanta la idea, te felicito Tania por ser tan comprensiva, wow, ¿dónde está la mina?

    Le costó un poco a Tania en convencer a Franchi, definitivamente le chocó un poco. Mientras tanto, sentada en la barra ya habían desfilado un par de chicos ofreciéndome algo de tomar o alguna conversación, les dije que estaba esperando a mis amigas y que no estaba interesada. El último, Walter, era un hombre ya de 36 años, simpático y cuando le dije que no, me dio su tarjeta para que lo llame algún día. Le pregunté si su esposa sabía, se extrañó, le apunté a su dedo anular y le dije que se veían las marcas de que ahí había estado un anillo hasta hace unos 20 minutos atrás. Se sonrojó y sonrió, la verdad es que me excitó mucho que un hombre casado este interesado en mí. Cuando vi que las chicas se reían juntas me despedí de Walter con un beso en la mejilla y me fui donde ellas.

    Al llegar me paré al costado de Tania, inmediatamente me presentó como Sandy, Franchi me dio un beso en la mejilla y Claudia me dio un fuerte abrazo, un beso y me hizo dar vueltas para que me pueda apreciar por completo. No entramos en discutir del cómo o del porqué, me trataron como una más del grupo, los tragos empezaron a desfilar. Una vez más, me encontraba entre chicas bailando juntas, me sentía tan liberada, tan aceptada. Un par de chicas trans se acercaron y empezaron a bailar con nosotras, una era una morena alta, dominicana, la otra era local y blanconcita, la morena se le veía pasable y con unos implantes de tetas increíbles, la otra chica no tanto, definitivamente yo era la más pasable y la más linda de las 3, de verdad, ¿no me creen? Bueno, poco a poco la morena se le tiraba encima a Claudia y viceversa, Tania me decía que nunca la había visto con una trans antes, pero que Claudia es de las que no le dicen no a una buena verga, sea de quien sea.

    Todo este proceso de descubrimiento era excitante, yendo al baño y sentarme para hacer lo mío, me hacía sentir muy mujercita. Justo cuando estaba terminando escucho que entran al baño, al abrir la puerta estaban ahí Claudia y la morena trans en un morreo increíble. Traté de no mirarlas y me empecé a lavar las manos, Claudia volteó y le dijo a la morena: “mira que tenemos público”. Sonreí y me dirigí a la puerta, a la cual ellas habían puesto el seguro, y Claudia me pide que me quede, “sería bueno que te quedes a observar y aprender Sandy”, no me dio tiempo a pensar mucho y veo como Claudia con tremendos tacones se pone en cuclillas, ya las dos tenían sus minifaldas arriba a sus cinturas, puso sus pies juntos y abría un poco las rodillas, con una mano se estaba sobando su chochito y con la otra le bajó el calzón a la morena hasta los tobillos, dejando a la vista una verga de unos 18 cm, dura y venosa. Me apoyé contra el lavatorio, no sabía que hacer, Claudia me miró y con los ojos me invitó a acercarme para observar.

    Dejó su concha y con las dos manos empezó a masturbar a la morena la cual comenzaba a gemir y a jadear con sonidos gruesos, le estaba metiendo una buena paja, rápida, una mano en la tranca y la otra acariciando los huevos. En un minuto ya se veía líquido pre seminal y animó a Claudia a chupar esa vergota, me miró otra vez, me acerqué más, Claudia me daba las instrucciones con sus ojos. Puso sus dos manos detrás de ella, como si tuviera esposas que la aprisionaran y la miraba a los ojos a la morena, ¡y qué mirada! De verdad que se le veía muy puta, pero a la vez súper sexy. Era una combinación de mamada de garganta profunda y de la morena follando la boca de Claudia, la cantidad de saliva era increíble y chorreaba por la garganta de mi amiga, cayendo por sus pechos y al piso, de pronto toda esa suciedad me causaba mucho morbo, pensaba en lo rico que debe ser actuar tan puta.

    Después de un minuto así, Claudia volvió a pajear y mamar a la vez a la morena trans, de ahí cogió con una mano esa barra de carne rígida y con una mano se daba golpes en la cara, en cada mejilla y en los labios, mientras la miraba fijamente a la dominicana. Esto ya me dio una excitación brutal, veía lo entregada que estaba Claudia y me daba un poco de envidia, a la vez se me hacía agua la boca…quería mamar ese pene negro, sobre todo cuando Claudia me invitaba con los ojos a compartir esa mamada juntas. Si bien Diego no era mi novio oficialmente, aún, quería ser sola de él. Claudia sacó un condón de su carterita y con gran maestría se lo puso como solo había visto alguna vez en pelis pornos, y con gran agilidad Claudia se levantó, se empezó a besar durísimo con la morena, ella le dio la vuelta y Claudia se puso en ¿90 grados?

    Apoyando sus manos en el lavatorio y agachando su cuerpo, mientras que su chochito estaba a la merced de la trans. No hubo mucha pasión ahí, la penetró de golpe, esa vagina debe haber estado muy mojada, la morena le comenzó a dar un mete y saca brutal, mi amiga gemía y gritaba con cada golpe que seguro llenaba su vagina hasta el borde de partirla, mmmm, que delicia. El sonido de las inmensas bolas de la morena golpeando la concha de Claudia reverberaba en el baño, no pude más y me acerqué por detrás de la morena, me puse en cuclillas y podía gozar con la belleza de aquella tortura, iba a acariciar esas pelotas con mis manos, pero Claudia me llamó.

    – ¡Sandy!, ven putita, ahhh, aahhg, libera las tetas de esta negrota, mira lo lindas que son!

    Me acerqué, la morena seguía follando a mi amiga y ni me miraba, abrí su blusa por completo, no llevaba brasier, pero ahí saltaron ante mí un par de senos perfectos. Para mi sorpresa, no eran implantes como pensé originalmente, eran unos breast forms de silicona, iban por el cuello de la morena, con el maquillaje el color era exacto a su piel, no sabía en esas épocas como se mantenían pegadas al cuerpo de ella. Las acaricié y me encantó la textura, se veían y sentían de verdad, me dejó pensando.

    Me tuve que mover ya que Claudia levantó su pierna izquierda y la apoyo en el lavatorio vecino, exponiendo al máximo su chochito y le daba más espacio a la morena para maniobrar, me regresé al lavatorio donde me estaba apoyando y levanté mi falda, moví mi calzón a un lado y saqué mi polla para masturbarme. El morbo era demasiado, estaba a punto de correrme cuando Claudia empieza a jadear durísimo y se corre con fuerza, de su coño salió un chorro fuerte de squirt, la morena tuvo que sacar su falo y dejarla correrse. Un par de segundos después volvió a follarla y se vino en menos de un minuto, las dos estaban agotadas, yo empecé a gemir, mi orgasmo estaba cerca, la morena se acercó rápidamente y se arrodilló frente a mí.

    Quería chupar mi verga, pero le moví la mano, así que abrió su boca y sacó la lengua, agggg que morbo, empecé a correrme, el primer chorro le cayó en el cabello y su ojo izquierdo, los siguientes encontraron su destino en la boca de la morena, chorreándose por su garganta. Apenas terminé y Claudia ya estaba al costado de la dominicana, limpiando mi semen de su cara y compartiendo mi leche con ella.

    Salí del baño y las dejé para que terminen lo suyo, afuera del baño estaba la amiga de la morena, había estado diciendo a la gente que iba al baño que lo estaban limpiando y que vayan a otro. Al llegar donde Tania me preguntó por la tardanza y le dije que le contaría después, cuando llegaron las demás chicas nos quedamos bailando un rato más. Ya en el taxi le conté casi susurrando lo ocurrido, el taxista no dejaba de mirarme por el espejo, de cuando en cuando volteaba y me daba una sonrisa pícara, la verdad es que me gustaba mucho eso, atraer a los hombres así. Ya en casa, Tania me dijo que no le sorprendía lo de Claudia.

    – No sé cómo es que hasta ahora no se haya contagiado de algo, quiero mucho a mi amiga, pero la verdad es que es toda una ramera, jijiji. Tania me ayudó a quitarme el maquillaje, siempre aconsejándome de quitármelo antes de dormir, sobre todo los ojos, a menos que vaya a dormir con un hombre, en ese caso que me despierte temprano para retocarme. Una vez que estaba desmaquillada y sin ropa, Tania me llevó a la cama, me recostó y comenzó a acariciar mi paquetito.

    – Presta atención, quiero que aprendas como hacer una buena paja, con estilo

    Puso su mano izquierda encima de mi paquetito, cubriendo el escroto y mi periné, con la otra puso aceite encima de su mano y comenzó a masajearme, intercalando el movimiento de arriba para abajo, de una mano con la otra, se sentía muy rico, mi pene ya estaba totalmente duro con esto. Cuando el aceite iba bajando después de un minuto o dos, con una mano apretó la base y con la otra cogió el glande usando solo los dedos, y le empezó a dar vueltas, me dijo que era como sacarle el jugo a una naranja, eso ya empezó a darme una reacción nueva, no era la paja tradicional, había más fricción entre sus manos y la piel de mi paquetito. Recogió un poco del líquido pre seminal y con 3 dedos le daba vueltas al glande, rozando el frenillo, Tania me miraba asegurándose de que esté aprendiendo.

    En eso estuvimos un rato y de ahí pasó a apretar con ambas manos mi falo, una mano en la parte de abajo y la otra arriba, con bastante aceite empezó a mover ambas manos, apretando fuerte en dirección para arriba 10 veces y de ahí para abajo, estaba a punto de estallar, que delicia. Cuando vio que estaba a punto se detuvo, me empezó a besar, dejó que me enfríe 10 segundos y de ahí con una mano cogió mi escroto en su totalidad, usando 2 dedos, como si fuese un anillo testicular, lo apretaba hacia abajo, mientras con la otra mano cogió mi verga debajo del glande, con fuerza y ahí me empezó a masturbar normalmente, aaahh, que gusto de verdad. Otra vez, cuando estaba por estallar, se detuvo y me dejó ahí, echado.

    Esta vez Tania se puso en cuatro en la cama,

    – ven cariño, lame mi culito, disfruta de ese ano que está virgen

    Nunca me había dejado darle por el culo, así que me puse a besar, lamer, chupar y acariciar con mi lengua su agujerito, uummm, que delicia,

    – así cariño, mójalo bien, déjame bien lubricada, aahhh, mete tu lengua poco a poco

    No tenía que decírmelo 2 veces, metí la punta de mi lengua, seguía sus órdenes al pie de la letra, comencé a penetrarla con un dedo, primero que entre, dejarlo ahí y de a poco metérselo y sacárselo un poco. Empezó a gemir, y me pidió que le meta un dedo más, y repetimos lo mismo, ya para el tercer dedo Tania estaba gimiendo y moviendo su colita para atrás, tratando de capturar lo más que pueda de la follada que le estaba dando.

    – ¿ya ves amorcito?, me tienes bastante dilatada, saca tus dedos, pon un poquito de esa crema ahí, y un poco en tu verga, ya sabes lo que se viene, ¿verdad corazón?

    Puse mi verga en su orificio y empecé a empujar, Tania trajo sus manos a su colita y ella misma empezó a abrir su culito, la verdad es que tomó un tiempo en que entré hasta que mi glande la penetró y Tania soltó un pequeño grito.

    – para amor, para, déjala ahí, no la muevas… deja que me acostumbre y empiezas a meter de a poco

    Me di cuenta de que tenía que dejar que ella lleve el ritmo, cuando me decía que empuje lo hacía despacio, sus quejidos fueron transformándose en gemidos pequeños, de pronto sentí como mis huevos chocaban con su concha, ya la tenía completamente penetrada.

    – ¡dame amor! Dale a tu mujercita, vamos, métemela toda

    Comencé a darle lento pero profundo primero, Tania gemía con cada clavada, se sentía realmente apretado, poco a poco le empecé a dar más rápido, ya una vez que ella se había acostumbrado a esa verga dentro de ella, ya todo era placer. Probe poniendo mis piernas a cada lado de ella y darle con un ángulo desde arriba para abajo, eso la hizo gritar de placer, otra vez movía sus manos a su culo para abrirse más, estaba gritando como una posesa. Aceleré lo más que pude y le empecé a dar latigazos en las nalgas, ella no podía decir nada, solo gemir y gemir, me percaté que con una mano se estaba masturbando y estaba a punto de tener su primer orgasmo con un falo en su culo

    – ¡aahhg! Aaahhg! ¡me corro! ¡me cooorro!

    Cayó totalmente exhausta en la cama abandonando mi verga, me senté encima de su culo y me masturbé, no demoré mucho y me corrí en su espalda y culo, ella seguía gimiendo de su orgasmo.

    – ¿ya viste amor?, ya sabes lo que te espera, te amo.

  • Complaciendo a mi tío (parte II)

    Complaciendo a mi tío (parte II)

    Aquella noche dormí a pierna suelta, tal fue así que inconscientemente ignoré el aviso de mi despertador quedándome dormida de nuevo. Cuando al fin me desperté faltaban apenas veinte minutos para las nueve, sobresaltada al conocer la hora en la que vivía salté de la cama tan rápido como pude. Al hacerlo me di cuenta de la situación en la que me encontraba y es que estaba completamente desnuda como resultado del calentón que la noche pasada llevaba encima.

    Afortunadamente, mi compañera de habitación ya se había ido de lo contrario me habría visto de esa forma. Recuperando la calma abrí el armario en la búsqueda del atuendo que hoy llevaría a la facultad, decidiéndome por unos vaqueros clásicos y un top amarillo. Tardé apenas cinco minutos en arreglarme antes de salir por la puerta, y es que si no me espabilaba llegaría tarde a la primera clase de la mañana y no podía permitir que eso pasase.

    Las horas pasaron y la jornada estudiantil había llegado por fin a su final, durante su transcurso no pude evitar pensar en varias ocasiones en todo lo ocurrido el día anterior y en la cita que tenía con mi tío esa misma tarde. Por todo ello me estaba planteando seriamente no acudir a ella, me conocía de sobra y sabía que mi razón me podría traicionar y todo se descontrolaría. Sin embargo, no pude evitarlo y me decidí a ir, me convencí que llegado el momento sería mi tío el que pondría algo de cordura y no pasaría nada entre nosotros. Yo era su sobrina, me conocía desde pequeña y me había visto crecer jugando junto a sus propias hijas, nunca sería capaz de hacerme nada inapropiado.

    A eso de las ocho menos cinco ya estaba en la puerta del taller, dudé si entrar o no pero preferí mejor esperarlo afuera para no parecer demasiado apresurada, apoyada en la fachada del edificio no pude evitar fijarme como apenas circulaban coches por esa calzada, la ausencia de tráfico hizo que llegasen a mis oídos las voces procedentes del interior de aquel bajo, por puro chisme me acerqué más a la puerta para poder escuchar mejor de lo que hablaban mi tío y el que supuse que sería su ayudante.

    Ayudante: Jefe ya voy acabando de limpiar, si quieres me puedes esperar en el bar de la esquina para tomarnos la copa.

    Mi tío: Hoy no cuentes conmigo.

    Ayudante: ¿Y eso?

    Mi tío: Prometí que le enseñaría a conducir a una amiga de mi hija.

    Ayudante: Ajá ya veo, me cambias por una mujer. Solo te lo perdonaré si está buena y me la presentas.

    Mi tío: ni lo sueñes chaval que te conozco, no quiero que vayas de baboso y me asustes a la niña.

    Ayudante: Joder por quién me tomas, ¿pero tan buena está?

    Mi tío: Lo está, además ya sabes como son las niñas de ahora que se visten con ropa bien apretada marcando sus atributos y no se cortan un pelo si las pillas mirándolas.

    Sin duda estaba hablando de mí, lo de “amiga de su hija” solamente fue una tapadera para no descubrir ante su ayudante que realmente se trataba de su propia sobrina.

    Ayudante: Uff si, cada vez me gusta más la época de calor porque salen casi sin ropa a la calle.

    Mi tío: Y sin salir a la calle, ayer se presentó en mi casa y sin yo pretenderlo la pillé medio desnuda en mi baño.

    Ayudante: Bueno ya de verdad pienso que me estás tomando el pelo, no puedes tener tanta suerte.

    Mi tío: ¿Me creerías si me vieses cascarmela en ese mismo baño cuando ella salió?

    ¿De verdad acababa de oír eso? No podía creérmelo, si eso fuese cierto el cerdo de mi tío se habría pajeado motivado por el cuerpo desnudo de su sobrinita, en tanto ella y su esposa lo esperaban para poder cenar.

    Ayudante: ¿Y porque no te la tiraste?

    Mi tío: Porque estaba mi esposa en casa, que si no…

    Ayudante: Jeje ni que fuese la primera vez que la engañas con otra.

    La revelación de que mi tío le era infiel a mi tía no me sorprendió lo más mínimo. Eso explicaría lo mucho que se cuidaba físicamente y el poco tiempo que estaba en casa, siempre, supuestamente, por culpa del trabajo.

    Mi tío: Bueno ya… pero ese no era el momento.

    Ayudante: Y hoy?

    Mi tío: Ya te contaré mañana, ahora vete que debe estar al caer y no quiero que me la espantes.

    Ayudante: Pfff… ya me voy, ya me voy

    Al escuchar los pesados pasos acercándose a la puerta me escabullí rápidamente al interior del portal que daba acceso a los apartamentos del edificio, haciendo como que buscaba las llaves esperé a que ese hombre pasase de largo. Todo lo que había escuchado me hizo replantearme si de verdad debía seguir adelante con eso o en cambio sería mejor darme la vuelta y escapar huyendo de allí. El nerviosismo me impedía pensar con claridad, por una parte me asustaba pensar en lo que podría hacerme y por otra las ganas que tenía de aprender a conducir, ¿o eso era una mera excusa para ver hasta dónde era capaz de llegar?

    El tiempo apremiaba ya pasaban cinco minutos de la cita acordada, debía tomar una decisión ya. Lo siguiente que recuerdo a aquello es a mi entrando en aquel taller en su búsqueda..

    Yo: Tiiio ya estoy aquí ¿dónde estás? – grité yo al no verlo por ninguna parte.

    Mi tío: Estoy en la oficina, espérame afuera que ya salgo.

    Obedeciendo sus órdenes salí por donde había entrado, al ver su coche allí afuera aparcado me decidí a esperarlo apoyada en la puerta del conductor que casualmente era la más próxima a la acera. Desde allí observé como usando un hierro para alcanzar el tope de la persiana tiraba de ella hacía abajo para cerrarla, finalmente le pasó la llave y se dirigió a mi encuentro. Al llegar a mi altura no pude evitar fijarme en el repaso que hizo de mi cuerpo de arriba a abajo antes de darme órdenes.

    Mi tío: Venga entra por el otro lado que aquí no te puedo dejar conducir. Déjame que te lleve a un sitio más tranquilo que yo me sé anda.

    Yo: Va… vale voy.

    Estaba nerviosa por todo lo que había escuchado, pero hoy no podía quedarme muda como ayer. Buenamente como pude busqué la manera de sacar algún tema sobre el que conversar, traté hablarle del tiempo o preguntarle acerca de sus hijas pero sus escuetas respuestas no daban pié a continuar la conversación por lo que exhausta de intentarlo decidí permanecer callada. Veía por la ventana como nos aproximábamos a la salida de la ciudad tras cruzar un puente nos adentramos de lleno en lo que parecía una zona industrial.

    Mi tío: Por aquí puede valer.- Dijo mientras paraba el coche en una orilla de la carretera.

    Lo cierto es que parecía el sitio idóneo, las calles eran amplias y al ser tan tarde ya todas las empresas habían parado su producción hasta al día siguiente por lo que apenas había tráfico. Tras el cambio pertinente de asientos, ponerme el cinturón y acomodar los espejos estaba lista para empezar la clase.

    Mi tío: Muy bien, empecemos por lo básico. Pon primera y trata de mover el coche.

    Yo: Vooy.

    Llena de confianza lo hice sin pensar, llevaba toda la vida viendo conducir a los demás me había convencido de que no podría ser tan difícil… Pisé el embrague metí primera y… el coche dio un brinco y se apagó.

    Mi tío: Venga vuelve a encenderlo y ahora prueba a levantar menos el embrague y sobre todo a quitar el freno primero…

    Yo: S… si vale, lo siento.

    Avergonzada seguí sus acertados consejos, pronto noté como el coche poco a poco se movía de su sitio. Al poco rato empecé a oír como el motor comenzaba a hacer un ruido exagerado.

    Mi tío: Deberías subir de marcha… en algún momento.

    Yo: Vo… voy

    Penosamente no lo conseguía, me resultaba demasiado difícil concentrarme en mantener el coche dentro de la carretera y al mismo tiempo acertar con el movimiento de palanca adecuado. Viendo mis dificultades mi tío colocó su mano encima de la mía.

    Mi tío: Pisa el embrague a fondo.

    Obedeciendo su orden y siendo guiada en mis movimientos por su mano lo conseguí. Tras lograrlo no pude evitar reparar como su mano áspera y caliente tenía un tamaño suficiente como para cubrir la mía por completo de forma holgada.

    Mi tío: Puedes acelerar un poco más no tengas miedo.

    Sin quitar su mano de encima de la mía me guiaba en todo momento a la hora de cambiar de marcha.

    Mi tío: Ahora frena y gira a la derecha en ese cruce de ahí adelante.

    La vacía y recta calle industrial en la que nos habíamos metido ahora parecía no tener un final a la vista, aprovechando esa circunstancia sentí como de pronto movía su mano poniéndola en mi pierna.

    Mi tío: No lo haces del todo mal. Sigue así.

    Sus palabras de ánimo me agradaron, sin embargo, pensaba que tras decirlas retiraría su mano de su nuevo aposento en cambio allí seguía con ella posada en mi muslo, esa nueva situación me estaba poniendo más nerviosa si cabe y perturbó mi concentración hasta tal punto que al intentar subir una marcha más pisé el pedal equivocado haciendo frenar el coche abruptamente.

    Mi tío: ¿Pero qué haces? Nos quieres matar o qué.

    Su grito me pilló con la guardia baja, me sentía saturada mentalmente por todo lo que estaba sucediendo. Tal fue así que en ese momento comencé a llorar sin consuelo.

    Yo: yo… yo lo siento mu… mu… mucho tío. Será mejor que pare.

    Mi tío: no digas tonterías anda, fue culpa mía no debí hablarte de esa forma. A veces olvido con quien estoy tratando.

    Tratando de reprimir mi llanto continué conduciendo sin darme cuenta que me había metido de lleno en una calle sin salida.

    Mi tío: Da media vuelta y regrésate, no pasa nada.

    Yo: Va… vale, ¿Po… por aquí voy bien?

    Mi tío: Si, venga tranquilízate lo estás haciendo bien de verdad.- dijo sonriéndome.

    A todo esto, su mano todavía continuaba en mi pierna

    Mi tío: Muy bien ya le vas pillando el truco. Ahora en ese cruce ve a la izquierda.

    Yo: Vale, bien.

    Mi tío: Ahora reduce marcha y gira en ese cruce a la derecha.

    Seguí manejando a merced de sus órdenes un buen rato, en el que su mano dejó de estar inerte lanzando ahora pequeñas y cariñosas caricias por todo mi muslo.

    Mi tío: En este cruce hay poca visibilidad por lo que fíjate bien a los lados antes de pasar.

    Yo: Eso está hecho.

    Miré a la izquierda, luego volteé la vista a mi derecha de donde tampoco venía nadie por lo que podía pasar sin problema, pero en el recorrido de mi vista al frente no pude evitar lanzar una fugaz mirada al bulto que se asomaba en aquellos pantalones de trabajo y que definitivamente antes no estaba allí.

    Mi tío: Muy bien sigue así.- dijo él tras yo completar la operación con éxito

    Su mano continuaba deslizándose por mi muslo, ahora su recorrido era todavía mayor. La ausencia de una respuesta por mi parte hacía que cada vez fuera más y más atrevido.

    Mi tío: Eres muy bonita, ¿lo sabías? Seguro que tienes novio.

    Aquella pregunta estaba fuera de contexto, definitivamente mi tío estaba fuera de sí, debía parar eso…

    Yo: Pues lo cierto es que no. – me vi sorprendida por la rapidez con la que le respondí.

    Mi tío: ¿Ah sí? ¿Y cómo es eso?

    Yo: No lo necesito, así como estoy tengo más libertad.

    Mi tío: Vaya con las niñas de hoy en día.

    Yo: ¿Qué nos pasa?

    Mi tío: Que sois todas unas putas

    Yo: ¡Oye! ¿Me acabas de llamar puta?

    Mi tío: Es que estoy seguro de que lo eres.

    Sus caricias ahora bajaban hasta el interior de mi muslo, mientras tanto no pude evitar ver como con su otra mano se rozaba su bulto por encima del pantalón.

    Yo: ¿Tan seguro estás?

    Mi tío: Estoy convencido. De hecho, seguro que hasta te has acostado con hombres de mi edad o incluso más.

    Yo: Pues lo cierto es que sí, de hecho el que me desvirgó sería más o menos como tú.

    Definitivamente había caído en su sucio juego e iba a perder.

    Mi tío: Así que te gustan los maduros.

    Yo: Si, me ponen mucho.

    Su mano que hasta ahora bajaba por el interior de mi muslo ya subía hasta el límite de donde se encontraba mi vulva.

    Mi tío: ¿Cómo te ponen?

    Yo: Muy muy cachonda

    Mi tío: ¿Y eso por qué?

    Orillando el coche en el arcén, me volteé para mirarle y así darle una convincente respuesta a su pregunta.

    Yo: Por como me miran, como me hablan, como me tocan…

    Los dos nos quedamos mirándonos un escaso momento justo antes de comenzar a comernos la boca con devoción, sentía como su barba de tres días rozaba lastimando mi delicada piel, cosa que en aquel momento no me importaba, la calentura no me dejaba ver más allá de un objetivo y era ver lo que se escondía debajo de aquel pantalón. Su mano que había encontrado el lugar donde esconderse entre mis piernas se frotaba con fiereza contra mis labios, siendo tal la brusquedad de su movimiento que lejos de satisfacerme me provocaba cierta irritación debido a la tela del pantalón vaquero, las mías en cambio ya se habían posado en mi objetivo y buscaban la manera de liberarlo de su jaula.

    Mi tío: Deja que yo te ayude.

    Levantando su culo del asiento y con un rápido movimiento se deshizo de su pantalón junto con sus calzoncillos bajándolos de una hasta los tobillos. Rebotando hacía arriba salió disparada su polla que ya lucía completamente erecta y con restos de fluido preseminal. Se veía demasiado apetecible y yo estaba demasiado cachonda.

    Yo: Déjame que yo te ayude con eso.

    Al poco de decirlo me lancé hambrienta a por ella, a pesar de no ser excesivamente grande me costó metérmela entera en la boca, pero a pesar de ello lo conseguí. Tras mantenerla apenas unos segundos en mi interior la saqué por completo, al hacerlo vi como mis babas resbalaban por toda ella y la dejaban bien mojada.

    Yo: Está muy rica tío, ¿me la puedo comer? -le pregunté yo mirándole a los ojos, casi suplicándole.

    Mi tío: Es toda tuya niña.

    Retomando donde lo dejé volví a introducir entre mis labios su ardiente verga para darle pequeñas succiones a su glande, mientras lo hacía notaba como palpitaba en mi boca con cada vez mayor intensidad. A pesar de que había poco tráfico algún coche que otro si que pasaba de vez en cuando, lejos de echarme para atrás aquello no hacía más que excitarme aún más. De pronto sentí como colocaba sus manos en mi nuca, usándolas para ahora guiar el ritmo y la profundidad de mi mamada, sin problema soporté aquella dominancia suya, cuando por momentos notaba que me faltaba el aire golpeaba sus piernas para que me liberarse momentáneamente de su presión. Justo cuando más rato llevaba con ella incrustada en lo más fondo de mi paladar, el claxon de un camión que pasaba por nuestro lado me sobresaltó haciendo que la sacase por completo de mi interior. Sin duda desde su altura pudo vislumbrar lo que aquí estaba ocurriendo.

    Yo: ¿Tú crees que nos ha visto?

    Mi tío: Sin duda, pero no te preocupes, están acostumbrados a estas cosas. Tú sigue con lo que estabas que ya casi me corro putita.

    Que se dirigiese a mí de esa forma no hacía más que calentarme todavía más. Nuevamente agachando la cabeza seguí dónde lo había dejado, sus manos ahora habían recogido mi pelo haciendo un moño para que este no interfiriese en mi labor que se había vuelto todavía más intensa si cabe, empujando mi cabeza hasta el fondo hacía chocar la punta de su verga contra mi garganta sin censar, las babas discurrían por su tronco llegando a mojar todos sus huevos y deslizándose por ellos hasta manchar la tela del asiento.

    Mi tío: Uff DIos me voy a correr.

    Mi respuesta a aquello fue mover mi lengua por la base de su tronco sin duda aquello fue el detonante final de todo. Alojado en el fondo de mi boca sentí como aquel duro trozo de carne se tensaba, más si cabe, comenzando la lanzar fuertes chorros de leche contra mi paladar, sin dejar de hacer presión con sus manos sentía que me iba a ahogar por lo que abrí todo lo humanamente posible mi boca para que ese espeso y abundante líquido blanquecino fluyese por entre la comisura de mis labios hacia el exterior.

    Mi tío: Joder que bien lo haces, ¿dónde has estado metida todos estos años?

    Tras acabar al fin me dejó respirar, mis ojos volvían a tener lágrimas, pero muy diferentes a las de tan solo hace un momento. Los dos sabíamos que esto solamente era el principio de lo que todavía estaba por venir.

  • Mi pansexualidad, el abuelo y yo (nieta – abuelo)

    Mi pansexualidad, el abuelo y yo (nieta – abuelo)

    Hola, mi nombre es Alicia, cuento a la fecha diecinueve primaveras, dentro de todo creo que bien llevadas, con unas medidas que salen de los estándares que fija nuestra sociedad, de busto, cien, cintura, sesenta y cinco y cadera, noventa y ocho. Mi largo pelo hasta la cintura tiene el color del sol y mis ojos los del cielo, con un metro setenta y sesenta y cinco kilos, estoy feliz de mi anatomía, aunque me desentona un poco el hecho de tener que usar anteojos, pero… me da un toque de intelectual y eso gusta, tanto a hombres como a mujeres.

    Me considero pansexual, pues me atraen las personas más que nada por sus pensamientos o cualidades, cuanto más energía mejor, digamos que su aspecto físico no es relevante a la hora de intimar, no me interesa su identidad de género, puede ser hetero, bi, gay o lo que le guste o quiera ser. Esta soy yo y la verdad a mi entorno les gusta como soy y a mí me gusta ser.

    Lo que motivo a esta historia, no sé cómo denominarlo, bronca, calentura, venganza o impotencia. El centro de la atención aquí va a ser la pareja de mi abuelo, quien tuvo la desafortunada idea de meterse conmigo e hizo que se detonara lo que ocurrió.

    Vilma, que así se llama, en alguna oportunidad, seguramente, me ha visto a los besos con una amiga, comenzó a desparramar por doquier que yo era lesbiana, haciendo que varias personas me dieran la espalda. Esa jugada tenía un fin, alejarme del cariño que nos tenemos con mi abuelo, un irlandés de sesenta años muy bello, con un físico privilegiado que lo conserva a la actualidad dado que fue ciclista, competía y había ganado varios campeonatos, actualmente sigue compitiendo en veteranos.

    Ella una oficinista, oportunista, menor que el, creo que veintipico de años, y lo único que hace es sacarle el dinero mi abuelo, he ahí el meollo del asunto, ella quiere que, nieta, desaparezca de la escena.

    Debo elaborar una estrategia para darle un escarmiento, ojo no hablo de venganza, solo que aprenda que la sangre familiar siempre estará unida.

    Cierto día me desperté y mi musa inspiradora hizo bien su trabajo, en mi cabeza ya pergeñaba el castigo y pensaba comenzar hoy mismo.

    Omití una referencia, vivo en casa de mi abuelo, la idea de ello era tratar de aliviarle el tema del orden y limpieza. Vilma se instala de viernes a lunes por la mañana, debo incluso, ser la cenicienta de ella, pero ya se iba a acabar.

    Ese viernes en que comenzó mi ardid, al levantarme lo hice como no era mi costumbre, sin ropa interior, una remera suelta que le permitían a mis senos moverse a voluntad y una calza corta bien pegada al cuerpo, que calcaba mi vagina y se metía dentro de mis glúteos, al verme así, mi abuelo quedo mirando fijamente mi imagen, pude observar como en reiteradas oportunidades sus ojos se clavaban en mis partes más deseables. Comentarios, ninguno, solo observaba, incluso vi como en alguna oportunidad se abultaba su pantalón en la zona de la bragueta. Me dije para mí, caramba, el plan funciona.

    Trate de ser lo más sensual en mis movimientos, me agachaba frente a él dejando que viera mi culo y parte de mi vagina enfundada en esa lycra negra, hasta que llego ella, the girl, luego de los saludos de rigor se pusieron conversar, no fue ajeno para ella mi forma de vestir.

    – Alicia, te parece bien estar vestida así.

    – ¿Perdón? Estoy dentro de mi casa (remarcando el mi)

    – Es que tu abuelo esta por aquí.

    – Si ya se, vivo con el…

    – Te parece bonito, andar así por toda la casa.

    – ¿No estarás celosa de mí, no? Pues solo una mente retorcida lo pensaría.

    – (tragando saliva) no como vas a creer que pienso así.

    Punto pa Alicia, Vilma cero.

    Ya con el plan en marcha, decidí seguir así, con ropa sugestiva todo el fin de semana, cosa que la incomodó muchísimo y a mí me puso más que feliz. Entre semana iría con una estocada a fondo, esto lo tenía que resolver en forma mediata.

    Llega el día lunes, en que ella se va temprano a su trabajo, espere que desayunaran, luego de hacerlo mi abuelo siempre entraba al baño para ducharse y ella lavaba los trastos y luego se retiraba. Al entrar al baño y escuchar la ducha me levanté, más que obvio lo hice con la tanga más diminuta que tenía y con las tetas al aire, haciéndome la distraída y como que no la vi, me mostré bien y luego de vuelta a la habitación. Ella no dijo nada, pero más que seguro le quedo la duda si yo hacía lo mismo todos los día.

    Al medio día luego de almorzar, mi abuelo me dijo.

    – Que paso, ¿ya no andas más suelta de ropa?

    – Es que ahora tengo que salir, pero mira que habías sido observador.

    – Es que ningún hombre dejaría pasar por alto tu belleza.

    – ¿Te gusta lo que ves?

    – Más vale, soy un amante de la belleza de la mujer y vos sos muy bella.

    Ya lo tenía en el bolsillo, estaban donde yo quería, pensaba para mí, abuelo querido, vas a conocer cosas que nunca te imaginaste que a tu edad ibas a hacer. Me despedí con un beso, pues tenía que salir para hacer unos “arreglos”, beso que fue dado a medio labio, casi pico.

    De regreso, volví a la vestimenta informal, con la diferencia que me puse una remera del tipo musculosa que dejaba ver bien mis tetas, no desperdicie oportunidades de agacharme frente a su humanidad para que se vieran en su plenitud, y vaya que daba resultado, no sé cuántas veces su miembro se le puso duro.

    Luego de la cena me fui a bañar, y al salir entreabro la puerta y le digo que me olvide la ropa en la pieza, si podía retirarse un poco para poder salir desnuda para ir a cambiarme. Lo hizo, pero en un lugar donde me podía ver a través de un espejo que hay en la pared, objetivo logrado. Me parece que ya está punto caramelo.

    Seguro ha visto mi entrepierna recién depilada y mi culo yendo y viniendo de lado a lado, ni que hablar de mis voluminosas tetas que parecían flotar.

    Salgo vestida, tomamos un café y me retiro a mi dormitorio para acostarme, como es mi costumbre, dormir desnuda. Al hacerlo hizo algo que me sorprendió, dio una palmada, cuasi caricia en mi culo, giro la cabeza y mordiendo mi labio inferior le envío una picara mirada retirándome, debo reconocer que la humedad de mi sexo fue en forma instantánea, ¿me excite con mi abuelo?

    Ya desnuda y acostada puse sobre la mesita de noche mi compañero de ratos solitarios para calmar el estado en que me encontraba, cuando de improviso se abre la puerta de mi habitación entrando mi abuelo.

    – Alicia, quiero que habl… pero hija, que es eso que tenés ahí arriba.

    – Que decirte abuelo, si ya lo estás viendo.

    – Pero ¿Por qué? ¿Para qué?

    – Para calmar mis necesidades y porque no tengo, justo hoy, una pareja para satisfacerme.

    Saco su miembro erecto y venoso diciéndome si ese no me alcanzaba, sorprendida pero nunca queda, me abalance hacia el metiéndolo en mi boca, fui y vine por ese tronco delicioso las veces que se me vino en gana, jugué con mi lengua en esa rosada cabeza que me observaba con su único ojo, al momento que me pareció, el nono estaba por llegar al orgasmo, finalice mi tarea acostándome de espalda y abriendo impresionantemente mis piernas, el, se zambullo entre ellas, que delicia disfrutar de su experiencia, esa lengua fue la mejor caricia que recibió mi vagina hasta que tomo entre sus labios el clítoris y lo chupo como un niño al chupete lo que me produjo mi primer orgasmo, al darse cuenta metió su lengua en el interior para aprovechar todos mis fluidos.

    Disfrutados los jugos se sacó el pantalón corto que tenía, el muy zorro venia sin calzoncillos, incorporándose arriba mío y de un solo empujón clavo su estaca. La verdad que el morbo de saber con quién estaba hacia que el sexo, hoy, se tornara maravilloso. Se movía exquisitamente, sabia como, iba de lado a lado y de adentro hacia afuera, la calidez de su verga hizo que siguiera con una sucesión de orgasmos que nublaban mi visión. Aumento su ritmo y descargo todo el semen retenido en sus testículos.

    Así como vino se retiró con una sonrisa de satisfacción en su rostro, cosa que no me molesto para nada. Al momento de irse, con mis dedos buscaba llevar a mi boca el sabor de mi abuelo. Luego de un rato me quede dormida con la prueba del incesto chorreando entre mis piernas.

    Al día siguiente, algo me saco de mi eje, pensé que todo había terminado en la noche anterior, pero no, me saludo con un beso en la boca y una palmada en mi culo, ese fue el comienzo de nuestra relación.

    Durante la semana se escurrió varias veces a mi dormitorio para tener su ración de sexo, cosa que no nos disgustó a ninguno de los dos al contrario, la pasamos bomba, inclusive me pidió que le enseñara más cosas en la cama, se lo prometí, que así va a ser.

    El viernes vino Vilma como lo hace habitualmente, la trato muy lejano y distante, yo continué con mi jueguito “poca ropa”.

    Como era habitual a la noche los escuche teniendo sexo, pero había algo que no escuchaba siempre, mucho dialogo.

    Al otro día, desde mi habitación escuche su reclamo, parece que el abuelo no estaba sexualmente como lo hace cada vez que tienen su encuentro. Él le rezongaba y ella le retrucaba diciéndole que estaba distinto.

    Estas conversaciones se daban cada fin de semana, lo mismo que nuestros encuentros furtivos nocturnos. Al cabo de uno o dos meses la invasora dejo de venir, consultada la fuente, me explico que ya no se sentía bien con ella, que había encontrado el verdadero amor de su vida.

    Ya con mi abuelo en excelentes condiciones ni nadie que lo agobie, comenzamos a vivir nuestra nueva etapa en esta vida y comencé a trabajar para que conozca otra vida sexual.

    Esa misma noche vino a casa una amiga con la cual teníamos una relación y le gustaban los tríos, a sabiendas de lo que le esperaba a ella y al abuelo.

    Ya en la cama con Elena y después de tremendo sesenta y nueve, convenimos que era el momento de llamar al abuelo, necesitábamos de ese trozo de carne que tan bien sabe usar. Entro a la habitación sin dar crédito de lo que veía, dos mujeres desnudas en la cama haciendo el amor con dos consoladores. Lo llamamos y sin perder tiempo se desnudó y presuroso subió a la cama para bucear entre las piernas de Elena y perder una de sus manos en mi vagina.

    Luego de sendos orgasmos por parte de ambas me puso en cuatro y se ocupó de mi esfínter anal a la vez que mi amiga chupaba con fruición sus testículos que iban y venían a ritmo lento. Cuando Elena vio que el “abu” estaba por acabar, clavo la lengua en su culo, el semen salió con una fuerza impresionante para llenar todo mi recto.

    Seguimos por un rato largo y nos demostró que tenía mucha experiencia en el tema, lo habíamos subestimado al viejo pirata.

    Esa noche dormimos los tres en mi cama.

    Pasaron los días y ya habíamos hablado mucho sobre el tema, me dijo que estaba abierto a todo en el sexo, que no quería morir sin haber disfrutado a full los placeres completos de él.

    Le comenté que era pansexual y que era eso, contestándome que los nombres raros no le interesaban, lo que le interesaba era poner su verga lo más posible antes que no le funcione más, y que le enseñe a ser pansexual, quería saber y experimentar. Vaya que lo hicimos, hemos hecho trio con mujeres, con hombres, un trio con un amigo gay el que mi abuelo lo cogió con mucho agrado, con una chica trans, descubriendo que se la podía culear y masturbar al mismo tiempo, sin dar crédito al pedazo de verga que tenía.

    En una oportunidad hicimos un trio con un bisexual que en plena excitación por parte de los tres, mientras mi abuelo estaba ocupado en ir y venir dentro de mi ano (le fascina hacerlo) teniéndome en cuatro, se encaramo sobre el abu y lo penetro, hubo primero un grito no tan fuerte por parte de mi abuelo, luego comenzó a gemir y se veía que disfrutaba, yo salí de mi posición y ahora era mi abuelo quien quedo como un perro, me deslice debajo y comencé a chupar su verga, madre mía, que manera de soltar semen y con qué fuerza, me hizo atragantar, pero que rico sabe el nono.

    Nunca se habló del tema pero seguro que de darse nuevamente va a repetir.

    En la actualidad seguimos con los encuentros sexuales, nosotros dos o con quien él quiera, ya tiene los números de teléfono y ahora quien me sorprende es el, lo último fue un cuarteto donde incursionamos en el bondage y los tres me llenaron de semen por todos lados.

    La verdad es que nunca pensé disfrutar tanto del sexo como lo estoy haciendo ahora y sin dudarlo diría que el abuelo también.

    Vilma quedo en el pasado, se dio cuenta que ella solo quería estar a su lado nada más para sacarle dinero, dinero solo por sexo.

    Si bien el relato es real, he cambiado los nombres.

  • Mi tía Soledad

    Mi tía Soledad

    Contaré una anécdota de las varias curiosas y sensuales que tengo. Hace unos 6 años, más o menos, en la reunión de año nuevo como solemos la familia nos reunimos para celebrar el año viejo y recibir el año nuevo.

    Entre los destacables estaban hermanos y hermanas de mi madre y uno que otro también de parte de mi padre; en cuanto a él respecta, no mucha de su familia se codea con nosotros, pero es bueno aquellos pocos que sí. Éramos unas 35 personas, apenas y cabíamos dentro de casa, así que nos entendimos hacia la cochera con mesas y sillas.

    El ambiente era bueno, la mayor parte de mis tíos maternos eran hombres, de esas familias de 10 hijos que mi abuela tuvo. Entre esos hermanos solo destacaba mi madre y su hermana, mi tía Sol. Mi madre era la mayor de todos ellos, teniendo ya 50 años, en comparación con mi tía Soledad que tenía 38, resultaba ser de las menores entre los hermanos de mi mamá.

    Peculiar su nombre, Soledad. Desde que tengo memoria de ella, siempre ha sido muy amable y vivaracha con todos. Es la tía que todos queremos, y uno pensará; tendrá marido, una familia, habrá hecho su vida. Pues, no en realidad. Siempre que nos reunimos —o que también me entero de algunos chismecitos cuando se reúne con mamá— suelta la gota gorda a lágrima y se llega a quejar de que todas las personas la tratan igual. Hombres o mujeres, indiscriminadamente.

    Ha tratado de conseguir pareja desde que salió de la universidad, pero simplemente no se le da; o quieren aprovecharse de ella, o resulta ser una persona indeseable para su vida. Ella es muy selectiva, pero aún así, debió encontrar una buena pareja después de tantos años.

    Pues no, desde que tengo 18 y me doy cuenta de ello, se va a llorar con mi madre o a quejarse de como le trata la vida, y pues a ella no le queda de otra más que tratar de comprenderla y animarla, después de todo, es su única hermana en la familia.

    Después de esa reunión de año nuevo, un par de meses después, se aproximaba mi cumpleaños. Esta era una ocasión distinta, no haría nada muy grande y solo me la pasaría en casa, o si mis amigos me hablaban, saldría con ellos, cosas que nunca pasó. Me fui resignando a qué pasaría esas fechas solo, aun cuando faltaban semanas para que llegara.

    Mi tía Sol vino a visitar a mi mamá en esos días, a veces se venía un par de días, se quedaba a dormir, pero esta vez parecía apurada con regresar a casa. No puse especial atención, pero dejó unas llaves en la mesita de la entrada y se fue despidiéndose a lo rápido de mí y de mi madre.

    Al poco rato me explicó mi mamá que mi tía Sol necesitaba ayuda en su casa, remodelaciones que tenía que hacer, y se fue rápidamente a recibir el material que había pedido sobre encargo. Entendí que quería pedirme ese favor a mí, y no tenía problema, después de todo tenía tiempo libre por las tardes al salir de trabajar.

    Tomé las llaves justamente ese día sábado y fui camino a casa de mi tía en el coche. No era tanto tiempo de camino en realidad, pero por la ventaja, seguramente llegaría unos diez minutos después que ella.

    Al arribar a su domicilio vi como iban descargando azulejos y piezas de madera ensamblada, no mucho en realidad, pero lo suficiente para un trabajo de un par de semanas, seguramente. También dejaron botes de pintura ya preparada e impermeabilizante.

    Después de acarrear todo el material hacia dentro de la casa, los trabajadores se retiraron, y genuinamente me surgió una duda. ¿Por qué no contratar albañiles? Según ella, eran caros. Y la señora muy testaruda, igualita a mi abuela, que en paz descanse.

    En esos días de trabajo también ella ayudaba en lo que más podía; pintando paredes, tratando de ensamblar marcos de madera para la remodelación de su habitación, cosas así.

    En los descansos que teníamos, ya fuese que comiéramos juntos algo, tomarnos un refresco o a veces también una cerveza, nos fuimos haciendo más unidos, platicando cosas de nuestra vida, como buenos amigos.

    Si algo le caracterizaba es que no sabía medir las cosas que contaba una vez estaba en confianza, lo notaba muy seguido con mamá.

    ¡Así fue como me enteré de su virginidad! Así es. Podría decirse que me aproveché de esa «falla» pero ella no pareció arrepentida una vez me contó, hasta fue lo más normal y fluido posible. No dio muchos detalles, pero yo suponía que al menos intimidad consigo misma ya había tenido. Entre platicas me lo contó también; se tocaba y frotaba, pero nunca se había animado a meter nada más allá de la yema de sus dedos.

    Teniendo estas pláticas, un par de veces me llegó a pedir total discreción, sobre todo con la familia, mi mamá, sus hermanos. Era temerosa, pero por como era tan confiada, se notaba que tenía una mente pervertida.

    Cada vez se acercaba más mi cumpleaños y casi terminábamos el detallado de sus remodelaciones. Entre platicas tocamos el tema de la celebración, a lo que le comenté como me sentía al respecto. Trató de animarme, pero no hubo muchos cambio en realidad.

    Fue cuando empecé a notar cierto nivel de coqueteo en nuestras charlas, haciendo retrospectiva.

    Yo no soy especialmente alguien de buen físico, en el sentido atractivo en general. Tengo mis kilos demás, cuerpo ancho y algo lampiño, soy muy el promedio de alguien «sin chiste» según mi percepción. Sin embargo, ella parecía analizarme de vez en cuando con su mirada, como si buscara admirar cada parte de mi cuerpo, y más de una vez lo había notado.

    Más allá de eso, en contraposición, ella me parecía excelente, del tipo de mujer que me gusta.

    Regordeta, piel suave, cabello corto. Se notaba que sus muslos y trasero se vieron afectados por el consumo de azúcares, pero eran apetitosos a la vista.

    Usualmente usaba vestidos frescos o grandes, y cuando estuvimos trabajando, siempre llevaba jeans que se le marcaban en el vientre y trasero.

    Bromeando me hizo una propuesta:

    «Tienes las llaves de mi casa, niño. Si de verdad no harás nada, no celebrarás, ven aquí mi casa, que es tu casa, ese día tarde por la noche, ¿va?»

    No dio detalles, solo dejó esa invitación, y lo dejó a mi decisión.

    Después de todo, llegó el día. Estaba nervioso por sus palabras, en realidad. No sabía si lo dijo bromeando o iba en serio. Quizás no era nada del otro mundo y yo lo estaba mal interpretando todo.

    Mentí a mi mamá, le dije que esa noche saldría con mis amigos y que avisaría cuando estuviera de regreso a casa. Siempre fui un hijo centrado, que no tuvieron nada de problema con ello.

    Me dirigí a casa de mi tía Sol. Entré avisando que había llegado y me recibió. Llevaba uno de esos jeans que usaba mientras hacíamos las remodelaciones, con una blusa de manga media escotada y maquillaje ligero en sus labios y ojos. Se veía espectacular.

    Cenamos, me había preparado una cena con mi comida favorita y un pastel individual de mis favoritos, cheesecake de arándanos.

    Pasamos la noche muy bien, tranquilamente y conviviendo sanamente.

    Se fue por unos momentos y trajo de su habitación una caja envuelta como regalo, a lo que me apené un poco y agradecí. Ella parecía impaciente porque lo abriera. Para mí sorpresa al abrirlo, se trataba de una prenda que desprendía un aroma peculiar e intenso. La desdoblé y mi corazón se detuvo por momentos para después latir a mil por hora. La vista se me nubló y mi cuerpo helado, no pude levantar la mirada con ella al tener la prenda en mi mano; era una trusa color blanco, con manchas tenues en la parte inferior y un olor sin igual, a sus fluidos, sudor, quizás también se trataba de líquido vaginal, que hicieron en mi tener una reacción progresiva; mi pene se estaba erectando pero no era capaz de mirarla aun cuando me hablaba entre risillas.

    —¿Te gustó el regalo? —me dijo soltando una risa que se mezclaba también con un tono de voz nervioso.

    No tuve palabras para responder en realidad, estaba en shock, pero no fue necesario pues mi entrepierna indicaba lo mucho que me había gustado. Quizás era de los mismos nervios, pero mi tía lo notó también.

    No tengo un pene de modelo porno, ni mucho menos. En realidad es algo muy dentro de la media, 12 centímetros y con un ancho considerable. Suficiente para notarse el bulto conmigo sentado.

    Mi tía se acercó más a mí para hablarme al oído.

    —Es una pena que seamos familia, desde que te he visto crecer me has parecido un muchachito excelente, ahora todo un hombre, como aquellos que tanto desearía tener en mi vida como una pareja, como mi esposo.

    Por fin pude voltearla a ver después de sus palabras, y ella continuó.

    —Pero si tú quieres, puedes tener todo esto, saltándote los pasos de ser una pareja. Que sea nuestro secreto, mi niño. No le vayas a decir a tu mamá.

    Se rio pícara y esperó a mi respuesta.

    —¿Puedo olerlos? —le pregunté, a lo cual asintió prontamente con la cabeza y procedí a pegarle una inhalada profunda, que me hizo marear un poco y ahogarme en el éxtasis que eran sus fluidos íntimos ahora ya secos e impregnados en esa trusa blanca semi transparente.

    Me puse de pie con ella y me comenzó a besar, tal cual dos pubertos en plena calentura. Yo tenía experiencias previas de como coger, más sin embargo era mi primera vez con una mujer madura. Sabía cómo complacer conchitas de varios tamaños, así como culitos de chicos que también me parecían deliciosos.

    Se fue quitando la ropa mientras retrocedimos a su habitación para dejarse caer en la cama y retirar su pantalón con rapidez; ya iba preparada para la situación, no llevaba calzones puestos, lo cual hizo que su humedad saliera como hilillo que prontamente se desintegró, no era ni viscoso pero ni muy líquido.

    Quería saborear me sus tetas, su cuello, su barriga regordeta, su puchita mojada y sudorosa. Ella me desnudaba desesperada y, cuando me tuvo encima de ella, me agarró la verga que lloraba pre semen de lo excitada que estaba.

    —¡Métemela, mi niño…! —sonó desesperada y casi gimiendo, se estaba restregando por poco contra mi pecho y la cama.

    Teníamos toda la noche, y, como su sobrino obediente, coloqué mi glande justo en la entrada de su vulva la cual estaba caliente y muy mojada. Estaba preocupado por lastimarla, que me detuve por unos segundos, pero ella estaba ansiosa por sentirme dentro de su cuello uterino, empaparme y apretarme con su jugosa carne.

    Seguía repitiendo «Métemela» mientras me veía a los ojos y cambiaba la vista hacia abajo, tratando de ver nuestras intimidades por encima de su blanca barriga.

    No pensé más y me dejé llevar. Al inicio parecía atorada y sacó un gemido ahogado como de dolor.

    —Métela, dale, dale mi niño. —siguió suplicando tratando de ignorar el dolor.

    Seguí y entró toda, quedando nuestros vientres pegados, juntando nuestros vellos púbicos y con su voz agitada y ahogada. Sentí como se movió y seguí su movimiento, chocando la cabeza de mi verga con la entrada de su útero, dando besitos ambas carnes, que se sentían con cada embestida. Miré en repetidas ocasiones hacia abajo, no salía nada de sangre, sin embargo tanto ella como yo sabíamos que la estaba desvirgando, que la verga de su sobrino seguía y seguía embistiendo y cogiéndola como chiquilla de preparatoria ida por la fuerza de la lujuria y las hormonas.

    Fueron en realidad pocos minutos, hasta sentir que sus paredes me apretaban tanto que me corrí dentro de ella. Asustado, traté de separarme, pero ella me detuvo.

    Me sonrió con ternura y lujuria.

    —Déjala mi niño, ya veré qué hacer. ¡Disfrútame, cógeme y déjame disfrutar también!

    De nuevo me dejé llevar, mi juicio estaba nublado por el placer y la lujuria, que simplemente seguí cogiéndomela sin remordimientos. Mi verga se había puesto realmente sensible y más dura, sentía como palpitaba dentro de la vulva de mi tía.

    Ella había dejado de apretar tanto, que sonaban nuestras intimidades bombear, ese sonido delicioso y excitante de nuestros fluidos mezclándose y batiéndose. Seguí y seguí hasta sentir una pequeña cantidad de fluidos más líquidos que viscosos salir por el mínimo orificio que quedaba, dejando entrar aire y sonando ese característico sonido de peditos. Ella no se avergonzó para nada, incluso parecía excitarle más escucharlo y a mi también. Se había corrido un poco, gemía y gritaba en pausas ahogadas. Y movía su cabeza desesperada, hasta que con sus manos, me detuvo empujando levemente mi pecho, dejó escapar exhalaciones pesadas y con un firme «síguele» continúe cogiendo la pucha de mi tía, hasta derramar mi sudor sobre ella.

    Comenzaba a perder fuerzas en las piernas y brazos, cuando aceleré mis movimientos y sentía como se me salía la leche sin poder controlarla. No estaba siendo una carga estática como la primera, sentía como me estaba ordeñando poco a poco, como si se me saliera a chorritos, vaciándome, tragándosela con su útero y batiéndola como mantequilla dentro de sus cavidades vaginales, hinchadas, calientes, fértiles.

    Sentí mi verga vaciarse y caí sobre ella, aun poniendo resistencia en mis brazos para no caer con todo mi peso.

    Mi pene se salió por la posición en que nos encontrábamos dejando salir con un sonido húmedo y de presión los jugos batidos de ambos, que le recorrían hasta la separación de sus nalgas y culo.

    Me estaba quedando dormido junto a ella después de cuarenta minutos sin parar de coger. Cómo adolescentes hormonales, como animales en celo.

    —Gracias mi niño. —me dijo al oído y me dio un beso en la mejilla.

  • Fantasías (I): El chofer de Uber

    Fantasías (I): El chofer de Uber

    Acababa de salir de la universidad, la junta de academia de maestros se había alargado más de lo esperado y mi carro se había quedado en el taller, así que la única opción viable era pedir un Uber, abro la aplicación y solicito un carro, en cuanto se confirma el viaje, veo la foto del conductor a quien llamaremos Mario, la foto mostraba el rostro de un joven de aproximadamente 30 años, con barba de apariencia de 3 días y cabello largo. Me pareció atractivo y deseé que esa fantasía de tener encuentros con un conductor de plataforma se cumpliera.

    En cuanto llegó Mario, bajó la ventanilla del lado del copiloto y me preguntó por mi nombre para confirmar que era yo quien había solicitado el viaje, le dije que sí, sentí su mirada que me escaneaba de arriba abajo, pero decidí ignorarla ya que no sabía si era yo quien estaba alucinando por mi deseo de tener algo en un carro con un chofer o realmente me había visto con esa mirada morbosa que se detuvo un momento en el paquete que se marcaba en el pantalón ajustado de aquel traje azul marino que vestía aquel día.

    Me dirigí hacía la puerta de atrás del lado del copiloto y me preguntó:

    Mario: Es un viaje largo, te molestaría irte adelante para que vayamos platicando

    Yo: Por supuesto que no- mientras sentía una pequeña excitación que traté de ocultar en mi voz

    Los primeros 5 minutos del viaje, en lo que salíamos de la calle en la que se encontraba la universidad, trascurrieron con la plática normal: El clima, que si ya había salido del trabajo, etc.

    En cuanto tomamos el periférico para poder llegar al destino que nos tomaría aproximadamente, según la aplicación de viajes unos 30-40 minutos, empezamos a hablar de cosas más importantes

    Mario: ¿Qué onda profe? Entonces planea salir al rato de antro

    Yo: No, ya estoy cansado

    Mario: pero a poco no va a ir a ligar a una morrita

    Yo: No me laten las morritas, dije con miedo a una posible reacción homofóbica, pero era el momento de lanzar el anzuelo)

    Mario: Ahhh pues ya somos dos- mostrándome una pulsera de la bandera de arcoíris que traía en su muñeca izquierda

    Yo: No ma que chido, tu si vas a salir al rato a ligar

    Mario: Llevo todo el día en el carro y ya estoy cansado, pero si me gustaría para relajarme, llevo toda la semana sin echar palo- mientras se sobaba la verga sobre el short color blanco que llevaba puesto.

    Yo: pues a mí también me hace falta echar un palo, por lo menos unos wapos (mamadas) o ya de a perdida una chaquetita, le respondí mientras me sobaba también el paquete sobre mi pantalón.

    Ambos seguíamos sobándonos nuestros respectivos paquetes, yo miraba como su verga iba creciendo en aquel short y sentía la mi empezando a ponerse dura, presionando con la tela del pantalón del traje, por alguna razón no me había puesto ropa interior en la mañana, en ese momento nos tocó un alto.

    Mario: vaya creo que los dos nos estamos poniendo duros, lástima que yo no puedo sobármela mucho porque voy manejando- dirigiendo su vista hacia mi entrepierna

    Yo: Eso se puede solucionar rápido, si quieres te ayudo- mientras veía como a él se le iluminaba la cara con una pícara sonrisa y asentía con esa cara que me había gustado en la foto y aún más en persona.

    Llevé mi mano hacia su pierna velluda y descubierta a la altura de la rodilla mientras el semáforo nos daba la luz verde, el empezó a avanzar mientras mi mano iba subiendo poco a poco hasta llegar a ese bulto ya marcado en la tela y se lo empecé a sobar, se sentía una verga dura de unos 17 cm, bajé mi mano hacía sus huevos, movimiento que se facilitó porque Mario separó un poco las piernas, lo que me permitió sentir esos huevos grandes.

    Yo: Uff, se siente que tienes una muy buena verga- mientras sobaba aquel paquete,

    Mario: Si quieres puedes verla- aprovechó el alto para llevar su mano al botón del short y desabotonarlo, le ayudé a bajarse un poco el short descubriendo que traía unos trunks de color verde aqua, si han seguido mis relatos recordarán que la ropa interior y los aromas siempre me han parecido excitantes, así que lleve mi mano a esos calzones y empecé a sobar la verga que se mostraba dura y en la cual se marcaban unas venas que me hicieron ponerme aún más caliente y que mi mano libre comenzara a sobar sobre mis pantalones mi propia verga.

    En ese momento la ruta que nos marcaba la aplicación nos desviaba del camino principal por un accidente sobre el periférico

    Mario: ¿Te importa si nos desviamos? – con la voz un poco entrecortada por la calentura de aquella sobada.

    Yo: no, por supuesto que no.

    Así que tomamos la primera salida posible, entramos a una parte donde era más fácil podernos estacionar.

    Mario: Me voy a orillar para quitarme los shorts y podamos seguir.

    A mí me encantó escuchar aquellas palabras, se orilló y poniendo el carro en neutral y activando el freno de mano; se desabrochó el cinturón de seguridad, se levantó un poco para deshacerse de los tenis, seguidos de los shorts, los cuales colocó dentro de la consola que dividía los asientos, solo quedándose con los calzones, mi vista estaba clavada en su entrepierna así que en cuanto los calzones abandonaron su cuerpo pude ver aquella deliciosa verga que salió disparada al sentirse liberada de la tela que los oprimía, los iba a colocar en la consola pero se los arrebaté y me los lleve a la nariz, no podía perderme el aroma de aquella fantasía que se estaba volviendo realidad

    Mario: eres un morboso, pero huélelos bien, que están sudados de verga de todo el día- sonriendo lujuriosamente

    Pude comprobar que efectivamente olían a verga, a sudor de macho, de estar todo el día sentado, incluso se sentían húmedos por el sudor y olían también un poco a orines, bajé sus calzones de mi nariz y los dejé cerca de mí para poder olerlos en cualquier momento.

    Después de bajarlos Mario aprovechó y llevó su mano a mi cuello jalándomelo para darme un ardiente beso de lengua, mientas su mano sobaba mi verga sobre mi ropa y mi mano masturbaba aquel delicioso mástil que ya estaba completamente erecto apuntando hacia arriba y que empezaba a lubricar unas cuantas gotas.

    Mario: Voy a seguir manejando, ya que la aplicación puede detectar algún problema.

    Yo: Si, yo me encargo de tu verga.

    Mario: ¿Quieres lubricarla un poco, antes de seguir avanzando?

    Yo solo asentí con la cabeza, me solté del cinturón e inclinándome un poco sobre la consola del auto, llegué a aquel delicioso y brilloso manjar, llevándolo inmediatamente a mi boca, empecé por lamer aquella cabeza circuncidada, llevarlo a mi boca, provocó que mi nariz fuera recompensada con el aroma que había olido en sus calzones y que obviamente estaba más concentrada en aquella verga, eso me puso al 100, así que empecé a mamar procurando dejarlo bien húmedo de saliva, me separé un poco y le escupí sobre la verga, volví a sentarme correctamente y a abrocharme el cinturón sin separar mi mano de aquella herramienta que estaba cumpliendo y sobrepasando mis fantasías. Continuamos nuestro camino

    Mario soltaba quejidos de placer de vez en cuando, tratando de concentrase en el camino.

    Mario: Estoy por correrme, no pares.

    Saber que pronto vendría su leche, me hizo subir la intensidad de aquella chaqueta, hasta que sentí que en mi mano palpitaba su pene el cuál empezó a soltar cinco calientes chorros que salpicaron un poco el volante, su camisa y el resto cayeron en mi mano, llevándola a mi boca, la limpié, eso hizo que Mario quien ya se había detenido pues justo estábamos llegando al destino, me diera un beso de lengua en el que cambiamos el sabor de su semen.

    Nos pasamos el teléfono, pues Mario prometió recompensarme por aquella descarga que le había hecho.

    Escribo este relato con el deseo de que se vuelva realidad.

    No olvides dejar tus comentarios y si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Si gustas que platiquemos, entonces escríbeme ([email protected]).

  • Mi cómplice, mi perra

    Mi cómplice, mi perra

    –Quiero que te duches mientras observo, y que luego de tu ducha me acompañes hasta la habitación donde te vestirás con las prendas que ya elegí para ti.

    (Ella, en el baño, durante la ducha, y producto de mi pedido concreto; por momentos se recostaba contra la pared; agarrándose fuertemente las tetas, cruzando las piernas y contrayendo los músculos del abdomen y su entrepierna. Algo ya se estaba imaginando).

    (Yo, excitado, testigo del ritual de ella durante su ducha, ahora lo estaba aún más, terminada la ducha; siendo testigo de la forma en como se colocaba cada una de las prendas de vestir que le había elegido previamente).

    –Te espero en la sala.

    (Yéndome a la sala, con el rabito del ojo pude ver su cara, su gesto de extrañeza y un tanto de picardía. Pero continuó organizándose).

    (En la sala, y al tiempo en el que cerraba la aplicación de mensajes intercambiados en una conversación con “Rubí”… Miré hacia la habitación y, allí venía ella; acercándose como en cámara lenta, con tacones bajitos, ojos resaltados, gloss en los labios y luciendo un vestido de tubo que le resaltaba las tetas, el culo y las caderas. Sentía todo mi cuerpo rendirse ante ella. Mis glándulas salivales tenían a mis papilas gustativas en apuros, como si se tratase de una inundación).

    (Ambos en la sala y sentados en el sofá).

    –Ella: “muy bien. Estoy lista. ¿Qué sigue?”

    (¡Sí que estaba lista! ¡Más que lista! Pero ella no sabía para qué. Así que, me dispuse a indicarle lo que seguía…).

    –Llamaré un taxi y te despediré con rumbo al lugar donde estarán en espera de ti para continuar con mi pedido.

    (Su reacción fue única. Estaba completamente absorta. Se reclinó en el espaldar del sofá, cruzó las piernas y me miró como en señal de “a ver, te escucho, continúa…”).

    –Al llegar al lugar, antes de siquiera saludar, sacarás tu celular, lo pondrás en modo videollamada conmigo y se lo entregarás Rubí. Ella documentará con tu celular, en vivo, cuando la saludas y cuando te dirijas hasta la habitación, donde, ella, y un chico; te esperan.

    Estando tú en la habitación mientras ella graba y él espera; a mi señal te desvestirás por completo, delante de la cámara del celular, para mí, ante ellos, y te dirigirás hacia la cama, te subirás a ella y te colocarás en cuatro, con tu cara mirándolo a él, esperando mi próxima indicación.

    Le indicaré al chico que se dirija hacia a ti, y que enfrente tuyo, muy cerca de tu cara –mientras tú estás en cuatro–, que se saque la verga para que tú –sin utilizar las manos–, se la mames durante 3 minutos cronometrados por mí.

    Al tiempo en el que le mamas la verga, Rubí me estará transmitiendo la escena desde diferentes ángulos y acercamientos.

    Al finalizar los 3 minutos, te bajarás de la cama e irás hasta donde está Rubí con el celular, me enviarás un beso y darás media vuelta para regresar donde el chico, quien a partir de entonces; tendrá toda la autonomía para culearte a su antojo.

    Yo estaré expectante, muy atento, siendo testigo a través de la videollamada; de cómo tú, mi cómplice, mi perra, se coloca a disposición del ritmo y la verga; de otro.

    #Garra

  • Empresa de mantenimiento

    Empresa de mantenimiento

    Me llamo David y tengo 54 años, estoy separado desde hace ya 19 años por una infidelidad que cometí. Aunque esa fue la excusa, mi matrimonio estaba abocado al fracaso pues nos casamos demasiado jóvenes, con apenas 21 años y al cabo de 14 años vino la separación. Ahora mismo mi ex es una buena amiga, aunque hemos evitado siempre el tener sexo después de la separación, con infinidad de oportunidades para haberlo hecho.

    Me considero una persona bisexual, hace unos 8 años tuve mi primera relación con un hombre, fue solo pajas mutuas y mamadas, pero eso hizo que algo se encendiera en mí, me gustó eso de tocar una polla, saborearla. Aunque me siguen encantando las mujeres, no le digo no a una polla.

    Trabajo en mi propia empresa, me dedico a realizar trabajos a los seguros de viviendas, trabajos de todo tipo como electricidad, fontanería, carpintería, cerrajería, etc.

    La historia que les voy a contar sucedió hace unos 3 años o 3 años y medio. Llamaron a mi empresa para un problema de un fregadero de una cocina en una casa de uno de los mejores barrios de mi ciudad, se trataba de un chalet moderno y que no tendría más de 4 años desde que estaban viviendo en él los propietarios. Al tener a todos los empleados ocupados ya, pues el seguro avisó sobre las 19 horas de un viernes, decidí que sería yo quien iría, así que cogí la caja de herramientas y me dirigí a la dirección facilitada.

    Al llegar a la dirección de la vivienda con la furgoneta, no había sitio para poder aparcar, la mayoría eran vados por salidas de garajes, o por entrada/salida peatonal, decidí parar en el vado del garaje de la vivienda y llamé al portero automático.

    – Hola, ¿quién es? -me contestó una voz de hombre-

    – Buenas tardes, soy David, me manda su seguro por un problema que tienen en un fregadero -contesté- ¿es usted Alejandro Ortega?

    – Sí, le abro la puerta.

    – Perdone, he aparcado en la puerta de su vado ¿está bien ahí o lo llevo a la calle de atrás? -le pregunté-

    – Ah, no. Le abro la puerta del garaje y meta su vehículo. Así no habrá problemas con la policía que de vez en cuando pasa multando y sin preguntar si el coche aparcado es del garaje que está bloqueando -me respondió-

    Abrió la puerta del garaje y metí la furgoneta, era un garaje muy amplio, para 5 coches al menos, había un Audi Q7 y un BMW M8 Gran Coupé. Aparqué separado de los dos coches por un motivo lógico, no quería ni rozarlos para evitar problemas. Cuando me bajé de la furgoneta había una mujer de unos 46 años esperándome. Una mujer bastante guapa, de 1,75 metros de altura más o menos, con una figura que envidiarían las chicas de 20, su pelo castaño claro lacio le caía sin llegar a tocarle los hombros, sus ojos eran de un verde intenso y lucía una sonrisa espectacular.

    – Buenas tardes -me contestó- soy Susana, la mujer de Alejandro. Aquí dentro estará mejor la furgoneta, la policía suele pasar y multar sin preguntar si el vehículo molesta o no. Ha venido muy pronto, hemos llamado no hace ni hora y media. Sígame y le indico donde está el fregadero.

    – Buenas tardes Susana, me llamo David. Cojo las herramientas y la sigo -le dije-

    Se giró y echó a andar hacia la casa, la seguí contemplando su cuerpo como si fuese un adolescente. Entramos en la vivienda, allí me esperaba un hombre bastante atractivo, calvo o con la cabeza rapada para disimular su calvicie, algo más bajo que Susana. Llevaba un pantalón de chándal gris holgado, donde se le notaba un bulto en su entrepierna, y una camiseta azul. Me tendió la mano.

    – Buenas tardes David, soy Alejandro -me saludó- Acompáñeme para ver el fregadero. Le comento, no tiene ni 3 años y pierde agua por debajo. Yo no entiendo nada de fontanería y la verdad, para eso pagamos un seguro.

    – Ahora le echo un vistazo, no se preocupe. Como usted dice para algo están los seguros, además que yo vivo de eso, si no llama al seguro yo no trabajo.

    Me sonrió y me señaló donde estaba el fregadero, era una cocina abierta o cocina americana (aunque hay gente que las llama “barra americana” sin saber que el significado de esas palabras es “puticlub”) Me explicó que perdía agua por debajo, si le ponían el tapón seguía perdiendo, ósea que no podía ser de la válvula de desagüe. Allí mismo veían por la televisión un programa de esos que hablan de casos que pasan por distintas zonas del país.

    – Si le molesta la televisión nos vamos al salón a verla -me dijo Alejandro-

    – No, por favor no se preocupe, así no me siento solo -le respondí-

    Me puse manos a la obra y pasados unos 15 minutos y después de hacerle varias pruebas a la tubería de desagüe, observé que el fregadero tenía unos pequeños agujeros, es decir estaba picado y ese era el motivo de la pérdida de agua. Llamé a Alejandro y le expliqué cual era el problema, con una linterna encendida desde abajo, pudo ver como la luz salía por los pequeños agujeros.

    – Bufff, y mañana vienen unos amigos a cenar… ¿hay alguna solución, aunque sea momentánea? -me dijo-

    – A ver, le puedo poner una resina pero si el fregadero está en garantía, ésta no se lo va a cubrir con la resina cubriendo el desperfecto -le comenté-

    – Bueno, me tocará pelear con alguien, pero no creo que esté en garantía aún. -me soltó Alejandro- Repárelo y cuando acabe no se vaya aún. Tómese una cerveza con nosotros.

    En ese momento en la televisión hablaban sobre la agresión que había sufrido un chico homosexual por eso mismo, por su condición sexual. Yo acabé de recoger las herramientas cuando Susana dijo:

    – No comprendo a la gente así, tan retrógrados. ¡Cómo se puede ser tan cerrado de mente! Pobre criatura el susto que ha debido pasar.

    – Querida, no todo el mundo es tan liberal como nosotros -le dijo su marido- creo que hay más retrógrados que gente con la mente abierta. David, ¿usted qué opina?

    – Bien, pienso igual que ustedes. Verán soy bisexual, algo que mucha gente no concibe en absoluto, aquí o eres hetero o eres maricón, no hay más -sentencié quedándome muy a gusto-

    Acabé de poner la resina al fregadero y recogí todas las herramientas.

    – Listo, reparado. Ahora un par de horas sin que le caiga agua y estará listo, si ven que mañana sigue perdiendo me llaman a este teléfono -le dije a Alejandro entregándole una tarjeta mía-

    – Genial, muchas gracias. Seguro que ha quedado como nuevo -me dijo con una sonrisa en la cara y guardando la tarjeta en su cartera-

    Alejandro ya había sacado las cervezas de la nevera, y Susana ya tenía preparados unos platos con algo de queso, jamón ibérico, chorizo…

    – Venga a tomarse la cerveza y pique algo, ya después llevará las herramientas a la furgoneta -me dijo Susana-

    Me acerqué a la mesa, Alejandro me alargó un botellín de 1906 bien frío, me preguntó si quería vaso a lo que le respondí que no. De siempre me ha gustado beber la cerveza en el botellín.

    – Bien, ¿cómo es eso de que es bisexual? –me preguntó Susana-

    – Disfruto teniendo sexo tanto con hombre como con mujer, es así de simple -le respondí un tanto incómodo por la pregunta-

    – No te molestes David -me dijo Susana- ¿puedo tutearte? Tú puedes tutearnos.

    – Por supuesto -le dije-

    – Perfecto, somos un matrimonio liberal -siguió diciéndome Susana- Hemos hecho tríos con otra chica, pero nunca lo he hecho con un hombre más. Tengo ganas de probar, cuéntale Alejandro

    – Por supuesto, hace años tuve una pequeña relación con un hombre, un compañero de trabajo estando en Berlín por trabajo -contestó su marido- Hice un trío con él y su esposa, lo hicimos un par de veces, allí follábamos todos con todos ya me entiendes.

    – El caso es, David, que si quieres pasar la noche con nosotros -me soltó Susana de sopetón-

    – Bueno, yo… a ver… ufff no me esperaba esto… -empecé diciendo-

    – No hay obligación, joder -dijo Alejandro- sin presiones, tú decides, si no te apetece… quedamos tan amigos…

    – Pero… ¿qué dices? -le respondí sin dejarlo acabar- claro que me apetece, es que no me lo esperaba, solo eso… jajaja

    – ¡Bravo! -Se puso a aplaudir Susana- entonces cenemos que esta noche tiene pinta de que vamos a disfrutar. Por cierto ¿te espera alguien en tu casa? No hemos pensado en eso.

    – No, llevo años separado. Vivo solo -le dije-

    – Entonces te matarás a pajas, ¿no?, yo no podría aguantar mucho sin tener sexo -me dijo Alejandro- o tienes folliamigas o te vas de putas… jajaja

    – De todo un poco, Alejandro -le contesté- pero sobre todo pajas, muchas pajas, jejeje.

    Estuvimos picando de todo un poco, seguimos tomando cervezas, Alejandro sacó un par de platos más de jamón ibérico y algunas cervezas más. Una vez acabada la cena, Alejandro me preguntó si quería una copa, a lo que accedí pidiendo un Gin tonic. Susana le pidió un ron con cola y Alejandro se sirvió un Bourbon con hielo. Nos fuimos al salón, tenían una televisión más grande que la que habían estado viendo, delante de un sofá tremendo, con pinta de cómodo y allí nos sentamos.

    – Vamos a ponernos cómodos, ¿no? -dijo Alejandro-

    Susana se quitó la camiseta y el sujetador, aparecieron unas tetas preciosas, del tamaño justo, con unos pezones de punta y unas aureolas como monedas de 2 euros de color café. También se quitó la malla que llevaba puesta quedándose con un tanga blanco con la parte de arriba de encaje, de esos que tienen una tirita fina metida por el culo. Me miraron y me comencé a desnudar, ya me había quitado la camiseta pero me sentía incómodo porque no me había duchado y me daba la sensación de estar sucio.

    – ¿Me podría duchar antes? -pregunté- Tengo la sensación de estar sucio y…

    – Por supuesto -me dijo Alejandro- mira, en esa puerta de ahí tienes un plato de ducha, hay toallas, gel y champú.

    Me dirigí hacia allí sin la camiseta y con el pantalón desabrochado.

    – No tardaré más de 6 o 7 minutos -dije un poco abochornado-.

    – No te preocupes David -me dijo Susana- Has hecho bien en pedir para ducharte, es buena señal.

    Tardé lo que les había dicho más o menos. Salí con la toalla en la cintura bien seco por todos lados, salvo el pelo que lo llevaba algo húmedo simplemente secado con toalla. Ya olía a limpio. Alejandro llevaba puesto un slip azul, marcando un paquete bastante llamativo, estaba sentado junto a Susana. Ésta se levantó y se vino hacia mí, se acercó hasta pegar sus tetas a mi pecho, agarró la toalla y la dejó caer dejándome completamente desnudo. Su mano bajó por mi pecho y vientre hasta llegar al pubis.

    – Ummm sin pelos… eso nos encanta -me dijo con su boca muy cerca de la mía mientras sus manos ya exploraban toda mi entrepierna, haciendo que mi nabo comenzase a levantarse-.

    Acerqué mi boca a la suya y besé ligeramente sus labios, Alejandro se acercó por su espalda y se pegó a ella mientras acariciaba mi pecho, poniendo especial atención a mis pezones. Yo agarraba el culo de Susana, metiendo mis manos por la cinturilla del tanga para bajarlo cuando la lengua de Susana comenzó a entrar en mi boca buscando mi lengua. El torso de mis manos daba en el paquete de Alejandro, notaba que su polla se alegraba de estar allí. Susana separó su boca de la mía, se arrodilló y me empezó a lamer el capullo mientras sobaba mis huevos, Alejandro se acercó y me besó suavemente en los labios, yo abrí mi boca y mi lengua rozó sus labios haciendo que estos se abrieran y su lengua se asomara tímidamente.

    Mientras, mis manos tiraron de su slip hacia abajo liberando su nabo, un nabo más o menos del mismo tamaño que el mío y algo más ancho, y unos huevos bastante gordos y colgones, sin pelos también. Al bajarle el slip, Susana su giró y agarró la polla del marido mientras chupaba la mía. En ese momento mi lengua y la de Alejandro se enredaban en nuestras bocas, y fuera de ellas. Susana se levantó al ver con qué énfasis nos besábamos los dos, abracé a Alejandro llevándolo hacia mí, sus manos agarraron mi culo, acariciando mis nalgas. Mis manos bajaron por su espalda hasta sus nalgas, unas nalgas duras y redondas, de sus nalgas mi mano izquierda se puso a buscar su polla, la acaricié, estaba dura y latía como un corazón, sus huevos estaban suaves y duros, pesaban en mi mano, debían estar bien llenos de leche…

    Susana se puso a mi espalda diciéndome al oído:

    – Quiero que le comas el nabo a mi marido, por favor -me dijo muy excitada- y después quiero ver como le das por el culo.

    Mi mano derecha dejó la nalga de Alejandro y buscaba el coño de Susana, le aparté el tanga y se lo acaricié, tampoco tenía pelos, eso me excitaba. Estaba empapado, notaba su vulva hinchada, sus labios muy mojados…

    – Creo que es mejor que subamos a la habitación -dijo Alejandro- estaremos más cómodos allí, ¿no creéis?

    – Por mi perfecto, en la cama estaremos mejor… -dije muy animado-

    – Pues vamos para arriba -dijo Susana- no perdamos el tiempo.

    Subimos por la escalera hacia el dormitorio, Alejandro iba primero seguido de su mujer y yo iba por detrás de Susana viendo como movía el culo con el tanga puesto, mientras subía las escaleras. Llegamos al dormitorio, un dormitorio grande, con una cama inmensa en el centro, Alejandro se tumbó en ella boca arriba con la polla tiesa, yo me dirigí hacia él, me subí de rodillas en la cama dejando mi cara muy cerca de su nabo.

    – Aquí tienes lo que me has pedido, Susana -le dije y comencé a comerle la polla-.

    Me metí su capullo en la boca, mi lengua giraba sobre él, le frotaba el frenillo con la lengua mientras magreaba sus huevos. Me la saqué de la boca y con mi lengua lamí las gotitas de líquido preseminal que aparecieron mientras comenzaba a masturbarlo. De repente noté como Susana me abría las nalgas, me acariciaba el ojal con un dedo… eso me estaba poniendo mucho. Acercó su boca a mi culo y noté como su lengua comenzaba a comérmelo.

    – Ufff Susana, como me pone eso, ummmm -le dije-

    Aceleré los movimientos de mi mamada a Alejandro, la lengua de Susana estaba consiguiendo que mi corrida estuviese cerca de producirse. Me saqué la polla de Alejandro de la boca, para subir lamiendo desde su entrepierna hasta su boca, necesitaba besarlo nuevamente. Se encontraron nuestras lenguas y se enredaron.

    – Cabrón, mmmm… como la comes, tío -me dijo Alejandro bastante excitado-

    – Dame lengua, por favor… ummmm -le dije- me encantan tus labios y tu nabo.

    Susana se tumbó junto a Alejandro, se masturbaba mientras observaba como nos besábamos. Yo le acariciaba las tetas mientras nuestras pollas se frotaban la una contra la otra.

    – David, quiero que le des por el culo a Alejandro -me dijo Susana- es algo con lo que sueño desde hace un tiempo ya…

    – Sí, joder -dijo Alejandro incorporándose y poniéndose a 4 patas- jódeme, dame por el culo.

    Susana me facilitó un bote de lubricante, le eché en el ano y en mis dedos y comencé a masajearle el ojal suavemente, primero con un dedo, después con dos… entraban con bastante suavidad, como si lo hubieran estado follando durante bastante tiempo.

    – Tienes el culito abierto ¿has estado ejerciendo como putita? -le pregunté a Alejandro-

    – Ufff… mmmm si… sigue así, Susana me mete… ummm varias veces un consolador que tiene exclusivo pa… para mí -me dijo bastante excitado- Ahora empálame… con… tu… mmmm… polla.

    Le saqué los dedos y puse mi polla en el ojal, él solo tiró hacia atrás y se la fue metiendo lentamente mientras gemía de gusto. Susana se puso debajo de él mientras lo pajeaba y le comía los cojones, mientras se pajeaba. Cuando se la clavó entera, me quedé parado para que su ano se relajara un poco y acto seguido lo agarré de las caderas y empecé un mete y saca lento pero constante.

    – ¡Ahhh! cabrón… sigue dándome… por el… culo -me dijo Alejandro- No se… te… ocurra… mmmm… parar ni sacarla… ¡¡¡Dios!!! Susana no dejes de… pajearme… ummm

    Aceleré el movimiento de mis caderas embistiéndolo más fuerte, queriendo llegar más adentro con mi polla. Veía como tenía el culo de abierto y como salía y entraba la caña de mi nabo de él. Notaba en mi polla que él estaba a punto de correrse, así que bajé la intensidad hasta sacarle la polla del culo.

    – Ni se te ocurra correrte Alejandro -le dije- queda mucha noche aún y tenemos que aprovechar al máximo…

    – Ufff cabrón, estaba a punto de correrme como una puta…  -me dijo- Susana te toca a ti ahora.

    Yo me dejé caer a un lado de Alejandro y Susana se vino hacia mí, me besó con mucha pasión mientras me agarraba la polla y la preparaba para metérsela por el coño. Se sentó sobre mi abdomen mientras mis manos recorrían todo su cuerpo, un cuerpo que se notaba de gimnasio, de cuidarse, con unas curvas increíbles, su culo redondo y duro, sus pechos con las dimensiones perfectas ni grandes ni pequeños, con unos pezones duros como pollas. Su coño hinchado y mojado, con los labios abiertos dejando salir el flujo que me mojaba el vientre. Se levantó, se giró y dándome la espalda, se sentó lentamente sobre mi polla, entró sin resistencia alguna, muy suavemente. Apoyó sus manos en mis piernas y comenzó a subir y bajar por mi nabo. Alejandro se colocó delante de ella tumbado boca abajo entre mis piernas, así le podía comer el coño y de vez en cuando pasaba la lengua por mis huevos.

    – Dios que… dura la… tienes, joder -decía entre gemidos- ahora… me la… vais a… meter… mmmm… los… dos

    Se giró y se colocó mirando hacia mí mientras Alejandro se acomodaba para clavársela por el culo, ella seguía con mi polla en su coño. Le puso su polla en el culo y fue metiéndola lentamente, ella dejó de moverse y comenzó a comerme la boca con mucha pasión a la vez que su marido la iba penetrando analmente. Yo notaba la polla de Alejandro en la mía, notaba la presión que hacía su verga sobre mi verga.

    -Ufff, muévete tú Alejandro ummmm… yo no… pue… puedo -gemía Susana- estoy… em… empalada

    Yo no podía moverme, solo Alejandro era el que llevaba el ritmo de la penetración. Comenzó a acelerar el movimiento, con lo que los tres comenzamos a gemir. Susana no paraba de meter su lengua en mi boca, mis manos agarraban sus pechos, pellizcaba sus pezones… comencé a notar como empezaba a sentir mucho placer en mis pelotas que se desplazaba hacia mi vientre, en ese momento Alejandro dijo:

    – ¡¡¡Me voy a correeer!!!

    – Ufff dame… mas fuerteee… -gritó Susana, poniendo todo su cuerpo en tensión- ¡¡¡Me corrooo!!!

    – Ummm, voy a corrermeee -dije mientras mi lengua se enredaba con la de Susana-

    No sé como fue la corrida de Alejandro, pero la mía fue de varios trallazos de leche que solté dentro del coño de Susana, que mi polla estuvo un ratillo con las contracciones típicas de cuando uno se corre. Alejandro cayó sobre la espalda de Susana, tenía la respiración muy acelerada y me sonreía. Yo estaba con la respiración alterada al igual que Susana, que comenzó a reírse notando como la polla de su marido se le salía del culo. Me besó, se sacó mi polla y se giró para besar a su marido.

    – Al final no le has dado por el culo a David -le dijo Susana a Alejandro- Me he quedado con las ganas de verlo, jejeje

    – Bueno, si David quiere… como se queda esta noche con nosotros… los polvos mañaneros son de lo mejor -le dijo Alejandro mientras me miraba y sonreía- me encantaría follar con él mañana.

    – Jejeje, hace bastante que no tengo polvos mañaneros -dije sonriéndole a los dos.

    Y el día siguiente quedará para el siguiente relato.

    ¡¡¡Ahh, y no olviden supervitaminarse y mineralizarseeee!!!

    Para cualquier comentario, crítica o sugerencia, mi email: [email protected].

    Saludos, Vantheway

  • Noche de paseo y manoseos

    Noche de paseo y manoseos

    Andrea nuevamente con ustedes chicos para contarles una anécdota corta, pero llena de adrenalina y excitación.

    Estaba en uno de mis paseos nocturnos habituales, ese día decidí salir desnuda desde el principio, solo llevaba puesto mi disfraz y mi colita de zorra, todo para disfrutar de la noche, del cielo, de la luna iluminando los rincones y el viento acariciando mi cuerpo suavemente, provocando que mis pezones se pongan duros, mi cabello se mueva suavemente como si lo acariciaran y que por mi cuerpo tenga sensaciones muy placenteras, como si de manos extrañas se tratará rozando cada centímetro de mi cuerpo el cual gracias a las experiencias que he tenido ya es mas el de una mujer cachonda, guarra, deseosa y menos el de la chica bien portada, ejemplo de decencia y elegancia que era antes.

    Mis paseos ahora suelen ser más largos y normalmente recorro todo el terreno pasando muy lentamente por cada lugar disponible, suelo caminar normalmente erguida y orgullosa como si fuera por la calle, esa noche no fue la excepción comencé a recorrer los espacios caminando lentamente, pero luego de un rato decidí continuar poniéndome en 4 como una perrita, continúe avanzando lento pero sin detenerme, meneando mi culo sin reparos, mi colita meneándose junto a mis nalgas, todo mientras el viento continuaba acariciando mis piernas, mi culito y mi espalda, al ser más experimentada y conocer el terreno mucho mejor, ahora me atrevo a hacer cosas mucho más arriesgadas.

    Ahora mis paseos nocturnos no pueden estar completos si es que no me masturbo frente a las puertas y ventanas de mis vecinos, esa noche no seria diferente así que avance en silencio hasta quedar frente a la puerta de uno de mis vecinos, me recosté sobre mi espalda mirando al cielo, abrí mis piernas lentamente dejando toda mi conchita al descubierto y comencé lentamente a darme placer con mis dedos, primero llevándolos a mi boca para lubricarlos y luego pasándolos por mis labios inferiores abriéndolos muy suavemente masajeando cada centímetro de esa conchita tan sucia y deseosa, luego los metí directo en mi vagina para comenzar a follarme justo frente a la puerta de uno de mis vecinos, en una posición tan vulnerable que si abriera su puerta no me daría tiempo a nada, solo vería a una chica guarra totalmente entregada al placer y excitación, una completa pervertida que sin importarle lo peligroso de la situación, se deja llevar por el placer que le da la adrenalina y el miedo a ser descubierta, luego de tocarme unos minutos en completo silencio, me incorpore lentamente para seguir mi paseo en 4, cada movimiento provocaba que mi conchita goteara un poco.

    Mi siguiente destino fue la reja, mi cómplice en muchas locuras pervertidas, mis paseos no están completos nunca si es que no paso por la reja principal, intentando encontrar a alguien, una mirada fugaz o quizá porque no un toque directo sobre mi piel desnuda, normalmente lo que hago es ponerme en 4 de espalda con el culo a la calle bien pegado a la reja para que si algún curioso quisiera acariciar y no solo ver mis nalgas pueda hacerlo sin ningún reparo y todo mientras yo me meto los dedos, pero ese día sentí muchas ganas de algo más, llevaba varios meses queriendo salir a la calle desnuda, todo a raíz del encuentro que tuve con aquel señor que me metió el plug de zorrita en 5 segundos, él me ordenó salir tapada con mi abrigo, pero desnudarme en la calle, ponerme en 4 y hasta sonreírle a desconocidos mientras él dominaba la situación, mis paseos dentro del terreno me encantan, pero desde hace un tiempo miraba la calle de otra forma, me daba mucho miedo, pero también sentí como mi cuerpo me pedía algo más de peligro, de placer, así que al llegar a la reja mire hacia la calle, vi que no había casi nadie por fuera era una noche muy tranquila, así que me decidí a hacerlo esa misma noche, salir desnuda a la calle, pero para eso tuve que volver rápidamente a mi casa para llevar lo necesario.

    Decidí tomar mi abrigo nuevamente, solo como medida de precaución en caso de encontrarme en una situación muy riesgosa, unas botas muy suaves que son perfectas para caminar en silencio porque casi no hacen ruido y por supuesto no me quite mi colita de zorra para salir, luego de estar lista tome mis llaves y mi teléfono, salí de casa encaminándome paso a paso hacia la reja, llegue a la puerta y estaba muy tranquila, pero cuando abrí la puerta para salir mi corazón comenzó a palpitar con fuerza, una sensación de nerviosismo me recorrió el cuerpo entero, de un momento a otro ya no quería salir, pero no podía dejar que ese miedo me siguiera evitando el sentir sensaciones nuevas, lentamente me quite el abrigo quedando desnuda mire hacia el terreno una última vez y sin pensarlo para no sentirme más nerviosa, salí a la calle sin detenerme, el viento continuo acariciando mi cuerpo, ahora estaba en plena calle con mi cuerpo desnudo mis pezones no daban más de lo sensible que estaban, cada toque del viento era como si me los apretaran con fuerza, mire todos lados buscando si alguien contemplaba mi figura en esa noche, pero no vi a nadie ni siquiera algún auto, me di la vuelta nuevamente para tomar mi abrigo, me volví a tapar, pero no lo cerré, deje junta la puerta de la reja y me decidí a caminar muy lentamente por algunas calles cercanas.

    Cada paso se sentía como si avanzara varios metros, como si me alejara mas y mas de mi zona segura, el nerviosismo recorrió cada parte de mi piel poniéndola de gallina, mis tetas tocaban sutilmente las esquinas del abrigo dejando ver mis pezones en cada paso solo para volver a ocultarse, mientras tanto mi conchita totalmente al descubierto en todo momento, cualquier que me viera de cerca podía haber notado mi cuerpo desnudo bajo mi abrigo, como no había nadie por la calle decidí acércame a un parque muy pequeño que está entre unas calles cercanas al terreno, continúe mi camino meneando el culo y sentí como mi colita chocaba con mis muslos en cada paso, sin embargo, igual sentí algo de decepción porque mi abrigo era largo y llegaba más abajo de mis rodillas por lo que ese meneo constante de mis nalgas, era imperceptible para cualquiera que me viera de espalda.

    Para llegar al parque debía cruzar una avenida para meterme a las calles cercanas, vi como autos se aproximaban por la avenida, al verlos de inmediato por instinto trate de taparme con mi abrigo, pero en el último segundo me detuve y orgullosamente mirando hacia el frente, deje que los autos pasaran a mi lado moviendo mi abrigo mucho más y provocando que todo mi cuerpo se expusiera un poco más, de todas formas los autos pasaban rápido así que lo que verían sería algo fugaz, una vez que pasaron me dispuse a cruzar, note un gran árbol al otro lado de la avenida, muy frondoso, pero no muy alto, siempre lo veía de día, pero en ese momento me percaté que podía servirme muy bien para deslizarme desnuda debajo de él.

    Así que mirando nuevamente a todos lados, comencé a quitarme el abrigo otra vez, mi respiración estaba muy agitada y sentí mi cara muy caliente, sin duda estaba muy excitada con mi paseo, me quite el abrigo y lo tome con mi mano derecha, empecé a caminar lentamente cruzando toda la avenida desnuda, pensé que ya estando en esa situación solo debía disfrutar hasta el final, así que mi caminata fue muy erótica, meneando mi culito y mi colita de zorra rebotando en mis muslos, pase sin problemas y me oculte bajo el árbol, me apoye con mi espalda en él y al detenerme sentí mi corazón que ya casi sé salía de mi pecho, no podía creer lo atrevida que fui y lo rico que se sintió, lleve mis dedos a mi conchita y estaba muy caliente y húmeda.

    Me di unos pequeños toques durante unos minutos que me hicieron temblar del placer, estaba sumamente caliente, me puse el abrigo nuevamente y comencé a caminar entre las calles cercanas al parque, estaba todo muy solitario esa noche, pasaban autos, pero ninguna persona, mientras disfrutaba mi paseo note que había un señor apoyado en su reja justo al lado donde yo estaba caminando, la verdad lo vi cuando ya estaba a escasos metros de él, lo mire instintivamente y lo salude muy tímidamente y con una voz muy bajita, él me respondió el saludo, pero casi sin mirarme, continúe caminando y pensé que quizá no logro verme bien ya que parecía inmerso en sus pensamientos, finalmente llegue al parque, pero antes de acercarme note que había bastantes personas, se veían chicos y chicas jóvenes sentados conversando, alrededor de 7.

    Eso me desanimo de pasar cerca de ellos, el parque estaba muy iluminado y mi colita sobresalía un poco por debajo de mi abrigo así que por temor decidí no entrar al parque, decidí que era mejor volver a casa, me había alejado un par de calles sin ropa solo con mi abrigo, además podía volver a cruzar la avenida desnuda así que con esa idea en mente me encamine a casa.

    Al volver noté que el señor aún estaba apoyado en su reja fumando un cigarro, pensé fugazmente que quizá ambos podíamos darnos algo de felicidad, el me ayudaría a disfrutar muchas mas mi paseo de noche y yo le regalaría la oportunidad de tocarme todo lo que quiera, camine cerca de él nuevamente, pero esta vez con mi abrigo abierto, lo mire y lo salude muy bajito otra vez, él en esa segunda vez me miró fijamente y me devolvió el saludo algo más trabado, supe entonces que ahora si se había percatado de mi cuerpo desnudo, yo me acerque tímidamente hasta quedar frente a él, mire a todos lados para cerciorarme que no viniera nadie entonces comencé a moverme un poco para que mis tetas bailaran para él, él me miró con ojos sorprendidos, yo me baje el abrigo desde mis hombros dejando toda mi delantera desnuda frente a él, me incline un poco acercándome y empecé a mover mis hombros para que mis tetas siguieran bailando y exhibiéndose para él.

    Él me miró a los ojos y me hizo un gesto de apretar con su mano, yo le sonreí asintiéndole con la cabeza haciendo un gesto para que fuera en completo silencio, él entonces puso su mano derecha en mis tetas acariciándolas suavemente, yo no pude evitar un gemido muy suave «aaa…» sentir su tacto fue como una descarga de placer sobre mi cuerpo, mi piel se erizó y yo me sentí en el cielo, él me recorrió las tetas los hombros las caderas, todo con sus caricias suaves, yo me di la vuelta dándole la espalda, deje caer mi abrigo y quede desnuda a su disposición, él sin demora tomo mis nalgas y empezó a masajearlas con dureza, yo por mi parte acariciaba mis tetas y me mordía los labios, estaba siendo tocada por un extraño en plena calle, estaban masajeando mis nalgas sin control, me erguí nuevamente y el hombre continuo sus caricias por todo mi cuerpo, yo me sentí en el cielo nuevamente.

    Luego de unos minutos de placer escuche voces que se acercaban, así que rápidamente mire y note que eran aquellos chicos del parque, me separe del hombre, pero fue tan rápido que él chocó con su reja haciéndola sonar bastante, yo me espante, tome mi abrigo sin ponérmelo y empecé a caminar muy rápido, me metí por una calle aledaña para ocultarme, mi corazón continuo latiendo por la adrenalina, me puse el abrigo y decidí volver a casa, había sido un paseo muy rico sin duda, así que no valía la pena seguir arriesgándome aunque cada segundo fuera tan erótico, volví al terreno sin demora, abrí la puerta, me quite el abrigo de nuevo y también me quite las botas, totalmente desnuda otra vez me encamine a casa dejando mi abrigo atrás, abrí mi puerta muy poco y deje mis botas necesitaba volver por mi abrigo, pero no quería que la noche acabara.

    Así que totalmente adicta a las sensaciones tan ricas me propuse prolongarlo solo un poquito más así que me puse en 4 y volví por mi abrigo, tome mi abrigo con mi boca y en 4 lo lleve a mi puerta como una perrita, en cada meneo volviendo a casa, solo pasaban por mi mente los momentos tan ricos de la noche, llegue finalmente a casa cerré mi puerta y procedí a masturbarme como una loca, monte mi dildo como una adicta, recordando las caricias de ese hombre desconocido lo puse en el suelo para sentirlo entrarme completamente, mientras me acariciaba las tetas y gemía sin control luego me lo lleve a la ducha para seguir follándome y finalmente continúe en mi cama, hasta que tuve un orgasmo muy intenso que me dejo exhausta, descargue en ese orgasmo toda la tensión y excitación que había acumulado en ese paseo, pude sentir de nuevo sensaciones que tuve en mis inicios, me encanto la nueva experiencia y sin duda quería repetirla.

    Acá termina esta anécdota, chicos, un paseo inocente disfrutando de mi exhibicionismo por la calle, pero con mucho más morbo y peligro, sin duda esa noche la recordaré durante mucho tiempo, espero que les guste.

  • Ardientes transformaciones (02)

    Ardientes transformaciones (02)

    El cumpleaños de mi bebé se acercaba rápidamente, y su presencia iluminaba cada rincón de nuestro hogar. Con cada día que pasaba, mi pequeña crecía más y más, su risa y su curiosidad llenaban nuestros corazones de alegría. Mientras tanto, yo misma me sentía nutrida por el amor que nos rodeaba, aunque una hambre distinta comenzaba a despertar en mi interior.

    Mis deseos por mi esposo, siempre presentes pero ahora avivados por la intensidad de la maternidad, crecían en proporciones exponenciales. Cada mirada, cada roce de sus manos, encendí una chispa de deseo que se propagaba por todo mi ser. Era como si la experiencia de la maternidad hubiera desatado una pasión dormida dentro de mí, una fuerza poderosa e irresistible que ansiaba ser saciada.

    En esas semanas previas al cumpleaños de nuestra hija, cada encuentro con mi esposo se volvía más ardiente, más apasionado. Nos metíamos en un torbellino de emociones y sensaciones, explorando los límites de nuestro deseo y entregándonos el uno al otro con una pasión desenfrenada. Mientras celebrábamos el milagro del amor que nos unía, también nos preparábamos para celebrar el regalo más precioso de todos: la vida de nuestra pequeña que pronto cumpliría su primer año.

    Una tarde de ensueño se desplegaba ante nosotros, con la con las cálidas luces del sol filtrándose a través de las cortinas y pintando destellos dorados en las paredes de nuestra intimidad. Con mi suegra atenta a los arrullos de nuestra preciosa bebé en la sala, nos colamos en el encanto de la soledad compartida, sintiendo la electricidad palpitar en el aire entre nosotros.

    Decidimos dejar que el mundo exterior se desvaneciera por un tiempo, cerrando la puerta detrás de nosotros y sumergiéndonos en el santuario de nuestras cuatro paredes. Era como si el tiempo se detuviera en ese pequeño refugio que llamamos hogar, y cada rincón parecía susurrar promesas de pasión y descubrimiento.

    Bajo el hechizo de la privacidad y la anticipación, nos entregamos el uno al otro con una pasión desenfrenada, explorando cada rincón de nuestros deseos con una urgencia que solo la soledad puede inspirar. Cada beso era una explosión de fuego, cada caricia un eco de la conexión más profunda entre nuestras almas.

    Mi esposo tendido sobre la cama completamente desnudo, y con el miembro viril a tope, me dispuse a imprimirle una magistral mamada. Lengüeteaba delicadamente la parte anterior de la cabeza con movimientos culebríticos. Él, jadeaba de placer, mis manos recorrían sus testículos suavemente dándole caricias de gatita. Y en un momento inesperado, me embutí todo en mi boca, saboreando a placer ese tremendo trozo de carne. Los ojos le blanqueaban, mientras seguía inerte con el falo muy excitado.

    Lentamente me senté sobre él, quedé frente a la de él. Mientras la penetración era profunda, con múltiples sensaciones orgásmicas que explosionaban al unísono dentro de mí. Mi rostro reflejaba lo bien que yo la estaba pasando, el espejo al costado de la cama no me mentía. Cabalgaba como loca desenfrenada, en mis alucinaciones e imaginaciones placenteras, explotaba entre las nubes. Qué sensación están maravillosas y ricas sentía, mordí con suavidad sus tetillas, y sentía que me mojaba con frenesí. Tuve otros orgasmos pequeños y eléctricos que me llevaron a la luna del placer. En esas furias cabalgatas que tuve, mi esposo no aguantó más, me inundó por dentro como un río furioso. Y yo seguía todavía con esa saciedad hambrienta de sexo y de seguir cabalgando.

    En el sagrado santuario de intimidad compartida, nos sumergimos entre sábanas de seda y susurros de placer, explorando un éxtasis que solo podía florecer en el ardor de nuestro amor mutuo. Mientras él descendía con la calma de un automóvil desacelerado mis propios deseos ascendían como un avión propulsado por la pasión. Sin embargo en medio de ese torbellino de sensaciones, una sombra de desilusión empezó a colarse en mi corazón, consciente de que este éxtasis inevitablemente llegaría a su fin.

    Después de la tormenta pasionaria, me encontré cara a cara con mi esposo, decidida a explorar los misterios que se ocultaban detrás de nuestras frenéticas caricias.

    —¿por qué terminas tan rápido? —pregunté, mis palabras resonando con una mezcla de curiosidad y anhelo.

    Él me miró, sus ojos reflejando una mezcla de sorpresa y vulnerabilidad.

    —no lo sé, amor —respondió, su voz cargada de sinceridad—. Es como si cada roce tuyo encendiera un fuego que me arde fuera sin control.

    La confesión lo hizo más humano más real ante mis ojos.

    —entiendo —murmuré, sintiendo una mezcla de comprensión y deseo en mi pecho—. Pero necesito más, necesito que me acompañes en este viaje de placer sin límites.

    Nuestros corazones latían al unísono, el deseo palpable en el aire entre nosotros.

    —lo haré, chelly —prometió, su mirada intensa y decidida—. No dejaré que la pasión nos consuma, sino que la utilizaremos para fortalecer nuestros vínculos.

    Asentí, sintiendo como el peso de la incertidumbre se levantaba de mis hombros, reemplazando por la esperanza de un futuro lleno de amor y conexión. Juntos enfrentaríamos los desafíos que la intimidad nos presentaba, sabiendo que nuestra unión era más fuerte que cualquier obstáculo que se interpusiera en nuestro camino.

    Después de un apasionado encuentro, mi esposo sucumbió suavemente el sueño, envuelto en la paz que sigue al éxtasis. El sol de la tarde seguía pintando tonos dorados a través de las cortinas entreabiertas, bañando a la habitación en una calidez reconfortable que contrastaba con la intensidad de nuestros momentos compartidos.

    Consciente de que mi pronto mi suegra nos llamaría, anticipando, me vestí con delicadeza, dejando que mis pensamientos se deslizaran hacia el mundo exterior que aguardaba más allá de nuestras paredes. Mis ojos se posaron en la bulliciosa calle, donde una variedad de hombres atravesaba el pavimento con diferentes propósitos y destinos.

    Algunos avanzaban con pasos lentos, como si estuvieran saboreando cada momento, mientras que otros se movían con rapidez, como si estuvieran persiguiendo el tiempo mismo. Observé como algunos hombres caminaban acompañado de sus parejas, su presencia añadiendo un toque de complicidad al paisaje urbano. Eran de diferentes edades y procedencias, cada uno llevando consigo su propia historia y sus propias cargas.

    Sin embargo, fue el detalle más íntimo y revelador lo que atrajo mi atención: el bulto masculino que se escondía tras el cierre de sus pantalones. Algunos serán notoriamente prominentes, desafiando la discreción con su presencia marcada, mientras que otros apenas dejaban rastro de su existencia. Ese detalle fugaz, apenas perceptible para los ojos no entrenados, suscitó en mí una serie de reflexiones sobre la diversidad del deseo humano y las múltiples formas en que se manifiesta.