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  • Preguntón

    Preguntón

    Curioso

    Es mi primer relato y debo confesar que me siento excitado, empezaré por decir que desde joven fui sexualmente activo hetero, nunca tuve quejas ni de si saber hacerlo o tamaño me considero bien dotado, de hecho muchas veces me dijeron que estaba muy grande.

    Tuve 2 matrimonios que ni funcionaron, pero hace 9 años conocí a una mujer guapa hija de familia que nunca se había casado e hicimos click creo desde el primer momento, ella es una mujer delgada con nalgas paradas y senos medianos, pasado un corto tiempo puesto que vivíamos en ciudades distintas, empecé por teléfono o video llamada, a preguntarle cosas sexuales al principio no me decía casi nada, mi pregunta principal fue que con cuántos hombres había estado y sin mucho pensarlo me dijo 2, en realidad si hubieran sido más o menos no me hubiera importado, lo que me llamo la atención fue que su primera vez fue a los 40 años.

    De ahí me nacieron muchas preguntas las cuales al inicio no me quería contestar pero ahora ya es más fácil. Debo decir que me dan mariposas en el estómago cuando pienso en alguna pregunta para que me responda por la noche que estamos en el preámbulo del amor. Y mientras llegó a casa le mando mensajes con insinuaciones frases cachondas y algunas cosas que le voy a hacer.

    Una pregunta que le hice un día fue que me platicara de su primera experiencia, no fue muy específica, lo que si me dijo es que no podían consumar el acto porque le dolía mucho hasta que lo lograron.

    Yo pensé 2 cosas él era muy torpe para el sexo o estaba muy dotado.

    En otra noche le pregunté por el tamaño de su exnovio y me dijo tajantemente que es igual al mío, cosa que no le dejo muy satisfecho, pasado el tiempo y a mí excitándome demasiado, que me platique sus experiencias anteriores a mi (tiene unas muy sabrosas que otro día platicaré).

    Me anime a preguntar de nuevo y pidiéndole completa sinceridad por el tamaño de su ex novio, me dijo, no me acuerdo, como voy a recordar, le dije mi amor como no te vas a acordar si duraron más de 2 años tuvieron relaciones, a lo cual ya en más confianza me dijo, ok es un poco más grueso y poco más largo que el tuyo.

    Debo decir que ese ex merece un aplauso y debe de estar muy bien dotado, yo siempre me consideré hacia ella el que tenía la medalla de oro, pero gané la de plata. Yo amo a mi esposa y no me afecta en nada, solo es como he dicho la excitación que me causa el que me platique.

    Esto es algo que quería compartir y si les gustó y me piden podría contar algunas de las experiencias que ella me ha contado y muchas que hemos tenido juntos.

    Saludos.

  • Mi hermana sexy

    Mi hermana sexy

    Era el mes de agosto, caluroso, había quedado para ir a la playa con mi hermana y mi cuñada. Me esperaban en casa de mi hermana. Llamé a la puerta y abrió mi hermana en minifalda y sin blusa ni sujetador.

    -Pasa, me estaba cambiando. -Se acercó a mi para darme dos besos y pegó sus tetas altivas y erguidas a mi pecho.

    -Vaya recibimiento, medio en pelotas.

    -Anda no seas tonto, ni que fuesen las primeras tetas que has visto. Por cierto, ¿te gustan?

    No pude contestar porque de la habitación salió mi cuñada de 23 años en tanga, pero con sujetador.

    Joder que buena que está, pensé. Se acercó y también me dio dos besos pegando también sus tetas a mi pecho.

    -Nos acabamos de vestir y nos vamos, dijeron.

    A los cinco minutos estábamos en el coche camino de la playa. Ya en la cala tendieron las toallas y empezaron a desnudarse. Se bajaron la minifalda quedando en tanga y mi hermana sin sujetador. Mi sorpresa fue cuando Claudia, mi cuñada se quitó también el sujetador y sin cortarse ambas se quitaron el tanga.

    Me puse rojo como un tomate por lo que ambas rieron y dijeron:

    -Que pasa que nunca has visto una mujer desnuda?

    -Anda, desnúdate tú también que veamos que tienes ahí escondido.

    Me quité la ropa y se me quedó medio empalmado. Claudia me cogió de la mano y dijo:

    -vamos los tres a dar un paseo desnudos por la orilla.

    De verlas y del movimiento de andar se me puso tiesa mirando el cielo.

    -Tranquilo, es normal, no pasa nada.

    Caminamos unos kilómetros y ellas decidieron que tomásemos el sol. Se tumbaron y primero fue mi hermana la que dijo:

    -Anda ponme crema.

    Estaba bocarriba por lo que le pregunté:

    -pero te pongo por delante.

    -Pues claro ¿o es que no te apetece tocarme?

    Le eché crema por los hombros y bajé hasta sus pechos, lentamente al abdomen y por último en coño y piernas. Apenas acabé Claudia me dijo:

    -ahora me toca, ponme crema.

    La sobé todo lo que pude estando empalmado como un caballo.

    -¿Te pongo a ti?

    -No que me da corte.

    Mi hermana me dijo:

    -entonces, esta noche dormimos los tres en mi casa y nos montamos una fiesta.

    Llegó la noche y mi hermana dijo:

    -pasad a la habitación y me esperáis que voy enseguida.

    Claudia no esperó y se desnudó completamente y se acostó en la cama.

    -Anda ven conmigo.

    Me quitó la ropa mientras entraba mi hermana con una bolsita en la mano.

    -Es coca, vamos a hacernos unas rayas.

    Esnifamos y mi hermana se desnudó también poniéndose al lado de Claudia. Empezaron a acariciarse mutuamente, hasta que Claudia tendió su mano hacia mí y me agarró del pene.

    Seguirá.

  • De vacaciones con Denis

    De vacaciones con Denis

    En esta ocasión les contaré cómo fuimos pasando los límites del voyerismo.

    Ella me pidió que fuéramos de vacaciones a la playa y podemos olvidar un poco del trabajo y de los problemas que todo mundo tiene.

    Así fue salimos muy temprano para llegar por la tarde a un hotel y hospedarnos en él.

    El primer día transcurrió normal y al segundo nos dirigimos a la playa más cercana, nos alistamos ella traía un vestido el cual llegaba a su muslo y arriba una pequeña blusa de esas que dejan los hombros descubiertos y por debajo su traje de baño.

    Llegamos a la playa entendimos las toallas ella se quitó la ropa quedando tan solo en ese traje de baño el cual hacía resaltar sus tetas que se veían deliciosas en esa ocasión comenzamos a tomar mientras de vez en cuando nos refrescábamos en el mar.

    De pronto a lo lejos escuchamos nuestros nombres y al girar la cabeza vimos a un amigo (Fabián) el cual teníamos tiempo sin ver, nos paramos de la toalla y lo saludamos con un abrazo.

    Comenzamos a hablar platicar de cómo nos había ido en el trabajo y en la vida cotidiana mientras tomábamos más y más cervezas hasta que llegó la hora de irnos él dijo que sí lo podíamos acercar a su casa a lo cual ella contestó que sí, llegamos a la camioneta y ella abrió la puerta trasera metiendo nuestras cosas pero de pronto sucedió algo que me dejó helado ella solo se quitó su traje de baño frente a nosotros quedando completamente desnuda, Fabián no supo ni qué hacer que tan solo su mirada se dirigió a otro lado, Denis solo dijo; ni que nunca hubieras visto a una mujer desnuda.

    Ella se vistió se puso únicamente su falda sin nada abajo y su blusa, subimos al carro y llegamos hasta una tienda para comprar más cervezas.

    Llegamos a su casa comenzamos a tomar de pronto Fabián sacó un cigarro de esos que dan risa lo prendió y nos ofreció, yo solo hice el comentario que nunca había fumado, pero ella lo agarró rápidamente y le dio sus toques, me lo pasó a mí y como yo nunca lo había hecho me explicaron cómo hacerlo y así estuvimos pasando ese cigarro de boca en boca.

    Habrá sido ese cigarro que creo que a los tres nos puso completamente cachondos, ella comenzaba a besarme y a tocar mi entrepierna yo no supe por qué quizá el efecto pero hizo lo mismo solo fui a su entrepierna y comencé a jugar con su clítoris.

    Fabián: oigan no hagan eso porque yo no tengo con quién…

    Denis: cállate, y solo mira.

    Yo le bajé su blusa hasta el ombligo y comencé a besar esos ricos que pezones que tanto me encantaban, ella desabrochó el short y comenzó a masturbarme mientras yo la dedeaba y succionaba sus ricas tetas.

    Cuando la recuesto para hacer un rico sexo oral a Denis vimos a nuestro amigo ya con el pene de fuera y masturbándose ella solo se rio y le volvió a decir «ahí sentadito calladito y sin tocar».

    Yo comencé a hacer mi trabajo chupaba su clítoris y le abría con mi lengua esa rica vagina hasta llegar a su culo, ella solo veía a nuestro amigo masturbándose y no le quitaba la vista de encima, cuando de pronto siento como ella está a punto de tener su primer orgasmo viendo cómo se masturbaba nuestro amigo y ella jalándose las pezones, hasta que por fin estalla en un rico orgasmo y así como está acostada boca arriba comienzo a penetrarla y ella seguía con la vista en la verga de nuestro amigo.

    Ella sensible por su primer orgasmo no tarda en llegar el segundo orgasmo, yo penetrándola ella jalándose los pezones y viendo como nuestro amigo se masturba con una respiración más rápida anunciando que estaba a punto de acabar.

    Ella solo me volteo a ver y me dice:

    Denis: amor me dejas?

    Yo: que quieres amor? Quieres su verga?

    Denis: si pero solo quiero probar, puedo?

    Solo lo volteo a ver y le pido que se acerque, ella con una mano comienzo a masturbarlo y con su lengua comienza a jugar con sus testículos, ella se mete todo su pene en la boca mientras yo seguía bombeándola de pronto él se corre dentro de la boca de Denis y esa imagen hizo que yo terminará dentro de ella, él se aleja y ella solo se acerca a mí para darme un beso pero siento que ella comienza a pasarme todo el semen de Fabián de su boca a la mía.

    Fue la primera vez que había probado ese líquido.

    Los tres nos despedimos y nos fuimos a nuestro hotel el cual tuvimos otra noche de sexo placentero…

    Continuará…

  • Sueños de una sissy

    Sueños de una sissy

    Por las noches tengo un sueño recurrente. Soy una chica voluptuosa, con amplios pechos, cola bien formada y piernas perfectas. Ya no tengo ahí abajo mi pequeña polla, fue reemplazada por el coño rasurado. En este caso, estoy en la cama, aunque en otros sueños, puedo estar en la ducha, o en un ambiente que no llego a distinguir bien que es…

    De repente entra un hombre (algunas veces es mas de uno). Enorme! Casi un troll, grande, musculoso, gordo en algunos casos. Está desnudo. Sus manos son del tamaño de mi cara. Sus brazos parecen troncos de un árbol. Sus muslos, anchos, que no alcanzo a abrazar con mis brazos. ¡Y una polla descomunal! Grande, cabezuda, ¡y con unas bolas enormes! Su cara varía según el sueño.

    El hombre me levanta de la cama, agarrándome del cuello. Me pone contra la pared de espaldas a él y me arranca el camisón y las braguitas, dejándome desnuda. Comienza a manosearme con sus manazas, me aprieta las tetas, recorre mi espalda y mis nalgas. Se aprieta contra mí y siento su verga, todavía flácida por encima de mis nalgas

    Yo no digo nada, estoy excitada, porque, a pesar de estar en ese cuerpo, tengo la conciencia de mi ser de sissy y estoy esperando ansiosa lo que seguro vendrá.

    Me da vuelta y comienza a chuparme las tetas, me las mordisquea… mientras me mete un dedo en la vagina, que esta super lubricada, porque estoy mojada. Me hace arrodillar y me refriega la polla contra los labios y me obliga a chuparla. Es tan gruesa que apenas entra en mi boca bien abierta. Al cabo de un rato se descarga, su semen entra en mi boca, llenándola con una cantidad y un torrente increíble, casi me ahogo.

    –Traga… Traga, dice, son sus primeras palabras que pronuncia. Trague a medida que la cosa entraba en mi boca.

    Luego me lleva de nuevo a la cama, me abre las piernas y comienza a follarme. Me va a partir en dos, pienso… pero el dolor, da paso enseguida a un placer inusitado, como si me inyectara una droga que inhibe el dolor y causa solo placer y deseo sexual.

    Tengo su verga enorme metida dentro, y todo su cuerpo aplastándome, mientras me besa metiendo su lengua casi hasta mi garganta. Finalmente, Acaba, dando un grito gutural, y mientras el torrente de semen entra en mi cuerpo.

    En la mayoría de los sueños, luego de esto, entra uno o dos hombres más… grandes igual que él. Y me dan por el culo y me penetran dos a la vez, mientras chupo al tercero. Para finalmente acaben y se descarguen sobre mí.

    Me despierto… Volví a ser un chico. Estoy sudado por el esfuerzo, mi pequeño pene encerrado me provoca dolor al querer ponerse duro. Pero lo más increíble, y esto sucede en cada sueño, es que estoy cubierto por todo el cuerpo, incluso la cara, de un líquido espeso y blanco.

    Lo pruebo, y si, no hay dudas es semen y seguro que no es mío.

  • Demasiado grande

    Demasiado grande

    ¡La polla de mi novio me está matando… de placer!

    Empecé mi relación súper emocionada con mi novio por el tamaño de su verga. En otros momentos de mi vida ya había estado con un par de hombres que también tenían un gran miembro, pero fueron relaciones pasajeras que sinceramente no me atraparon, porque, aunque hayan sido monstruosas sus herramientas, la falta de personalidad les mataba lo sexy.

    Mis relaciones de larga duración, antes de esta que les voy a contar, habían sido con hombres de pene promedio, de los cuales nunca me quejé porque siempre he sabido pasarla bien con lo que hay en el momento de la calentura, sin embargo, moría de envidia cuando unas que otras amiguitas que me presumían las vergas grandes de sus ligues, novios o esposos, y me preguntaba porque a mí no me tocaba una pareja con una verga grande y rica que siempre que en cuanto me la metiera me hiciera venir, y que la vez, tuviera otras cualidades interesantes para mi y para una relación duradera.

    Creo que esta idea me perseguía constantemente y al final, de forma inconsciente, me terminaba aburriendo en la cama con esas parejas porque probablemente sentía que mi príncipe azul también debía tener de sobra para que nunca me cansara de él.

    Pasaba el tiempo en mi aburrida vida hasta que a través de una amiga conocí a Luis, mi actual novio. Ya saben, desde que nos vimos por primera vez se sintió esa conexión natural sin esfuerzo, sin embrago, por experiencias pasadas no quise apresurar algún encuentro sexual hasta estar completamente segura que era alguien de quien me podía enamorar. Luis y yo comenzamos a tener citas, salíamos juntos a caminar por la Ciudad de México, fumábamos weed de vez en cuando, platicábamos de arte, de la vida, de la naturaleza, de nuestros sueños… sabíamos que nos estábamos conociendo para ser algo más que simples amigos. Él siempre se portó respetuoso conmigo, a pesar de que comenzamos a besarnos en nuestras citas, nunca intentó tocarme un poco más de lo que yo le permitía, de hecho, todo se sentía muy inocente.

    En Luis veía lo que yo buscaba, un tipo interesante, un artista con gran talento que le gusta cuidar de su salud, que es profundo en sus emociones y que tiene gran sabiduría para moverse en la vida, cualidades que sabía que no son fáciles de encontrar y que precisamente esa personalidad era lo que me iba a mantener enganchada a él y no el sexo como en otras relaciones.

    Teníamos como dos meses saliendo frecuentemente y yo no daba pie a ningún encuentro sexual y él tampoco lo buscaba, hasta que, en una ocasión terminamos paseando borrachos, locos y enamorados en las calles del centro histórico, cuando por coincidencia me encuentro a un amigo de Veracruz que estaba visitando la ciudad y al cual estimo mucho.

    Como fue increíble la coincidencia, lo invité a seguir la fiesta con nosotros a lo que él acepto y en el camino nos metimos a una cantina warrona, pero de buen ambiente, a seguir tomando. A Luis lo presenté como un amigo pues no habíamos formalizado nada y en un momento de la noche lo comencé a ver algo incómodo, parecía que le habían dado celos con mi amigo, porque a decir verdad, el veracruzano sí me estaba tirando la onda con algunas miradas o pequeños roses de sus manos a mi espalda o piernas, además de que me sacaba a bailar a cada rato.

    Finalmente mi amigo se tuvo que retirar y Luis me acompañó a mi casa. Durante el camino él iba serio y con una actitud fría y llegando a mi domicilio lo invité a pasar y le pregunté que qué pasaba, que por qué tenía esa actitud. Ambos aún en la embriaguez de la noche teníamos las emociones exaltadas, él me decía algunas cosas sin sentido pero entre sus palabras estaba el mensaje de que él quería algo en serio conmigo, algo duradero, profundo y especial pues yo le parecía alguien única, pero también en sus palabras, habían algunos reclamos del asunto de mi amigo pues a él le había parecido que nos habíamos coqueteado toda la noche. Sus reclamos me sacaron de onda y molesta con su actitud, critiqué sus palabras que me parecían de una persona posesiva.

    Estuvimos discutiendo por largo rato, yo queriendo hacerle entender que si me iba a celar mejor no nos involucrábamos y él queriendo que yo entendiera que él solo estaría conmigo si lo respetaba en todos los sentidos, finalmente él se levantó para irse de mi casa, lo que me hizo recapacitar un poco y darme cuenta de que podíamos perder lo que ya estábamos logrando, lo detuve en la puerta y lo besé, le dije que yo también quería tener algo importante con él y que no me interesaba nadie más, él respondió mis besos y al terminar yo esperaba que él se fuera como otros días sin embargo antes de decidir marcharse él se sacó la verga y puso mi mano en ella.

    Yo no podía creer que fuera tan grande, sinceramente no había querido tener pensamientos sexuales con Luis para no hacerme de expectativas, pero al ver su gran tamaño se me despertó todo mi interés sexual en él. Lo dejé entrar de nuevo a mi casa, me desnudó en mi sala y en el sillón me la metió, solo que no podía entrar tan bien por su tamaño y mi puchita no estaba preparada. Tuve que respirar y aun así me dolía cada vez que él quería hacer movimientos más intensos y profundos, yo miraba sus gestos de placer de sentirme bastante cerradita, me besaba los pechos que hoy en día aún lo enloquecen, metía su dedo a mi culo y yo besaba su cuello, me hizo sexo oral para que lubricara cada vez más y todo esto sirvió para que poco a poco mi vagina fuera cediendo ante aquel tamaño. Esa noche me cogió durante unas horas y yo estaba disfrutando pero también sufriendo.

    Con el paso del tiempo empezó a ser más fácil coger con Luis que ahora es mi novio, pero debo aceptar que de vez en cuando me lastima y me deja adolorida por unos días, él es muy potente por lo que dura mucho cogiéndome, me despierta en las madrugadas ya bien ensartada y siendo cogida, llega a visitarme y luego me quiere coger, cuando me está doliendo mucho opto por chupársela para dejar que mi chocha descanse de esa dura, grande y hermosa polla que tiene.

    A veces debo pedirle que pare o que me lo haga más despacio pero cuando me relajo un poco comienzo a cabalgarlo con soltura sintiendo como me llega hasta el fondo tocando mis puntos más profundos, sentirlo adentro me hace venir como nadie porque él combina el buen sexo, con una buena verga y el amor que tanto yo anhelaba. A veces siento que ya no aguanto la verga de mi novio, pero en cuanto respiro y me dejo ir siento el cielo y el infierno entre mis piernas.

  • El nuevo curso (VII)

    El nuevo curso (VII)

    Enrique aguardaba impaciente a que su novio retirase los billetes de la taquilla. La dársena del autobús estaba prácticamente vacía a pesar de ser viernes, aunque el súbito frío para estar a inicios de octubre y lo temprano de la hora podían ser factores a tener en cuenta. La temperatura en la última semana se había desplomado drásticamente, rozando incluso las temperaturas bajo cero, al mismo ritmo que aumentaba la pasión entre ambos. Observando la encantadora sonrisa de su chico mientras cogía ambos billetes y se encaminaba hasta donde le esperaba, con las mochilas de ambos a los pies, no pudo por menos que sentirse inmensamente feliz.

    Con los dedos entumecidos por el frío el joven consultó la hora en el teléfono. Aún no eran las nueve de la mañana. Se sentía algo culpable por saltarse un día de clases, pero Carlo había prometido cogerles los apuntes y la idea de pasar más tiempo a solas con Damián había resultado demasiado tentadora como para dejarla pasar. Por no decir que el joven estaba tan ilusionado por la idea de ver a su abuela y presentarle como su novio a la anciana que no había podido siquiera pensar en ir más tarde. Contempló de nuevo como el joven se acercaba, con sus elásticos andares de bailarín y su aura de seguridad y carisma y agitando ambos billetes en la mano.

    El sensual vaivén de sus caderas era notable incluso bajo la pesada trenca de lana verde militar. El cansado sol otoñal arrancaba destellos de cobre de su cabello ondulado y su radiante sonrisa iluminaba toda su cara, marcando sus hoyuelos. Correspondiendo con una sonrisa idéntica acarició las hendiduras de sus mejillas en cuanto estuvo a su alcance, recorriendo los pequeños espacios con infinita ternura. Damián le besó la palma de las manos, recogiendo su mochila del suelo y colgándosela de los hombros. Llevaba toda la semana de un humor excelente y su alegría era contagiosa.

    Damián jugueteó con la capucha de la cazadora de Enrique, ribeteada de falsa piel. El azul oscuro de la prenda parecía resaltar el color tan claro de sus ojos brillantes y dulces. Se moría de ganas por besarle. Intuyendo lo que quería Enrique se puso de puntillas y le ofreció los labios, dejando que fuese él quien consumase el beso. Cuando se separaron abrazó la estrecha cintura de su novio, refugiándose en la prenda de lana que cubría su cuerpo atlético y flaco. Las manos de Damián acariciaron el pelo castaño del chico, en silencio, dejándole descansar contra su pecho. Los remolinos castaños del joven eran indomables, aún así, Damián se deleitaba intentando peinarles, con suaves y lentas caricias que conseguían estremecer el cuerpo de su novio.

    Enrique rememoró los días pasados desde que el lunes le propusiera ir con él a conocer a su abuela. Esa noche habían dormido en su apartamento, pero el resto de la semana se la habían pasado en el pulcro pisito de Damián después de que intercambiasen cada uno un juego de llaves: Enrique había cedido su juego de reserva a Damián, y lo mismo había hecho su novio. El ritmo de la universidad se había vuelto más duro y más exigente, por lo que la mayoría de las tardes las habían invertido en la biblioteca estudiando juntos, animándose el uno al otro. Muchas veces se unían Carlo y Thalía. Otras, estudiaba sólo con Carlo, ayudándole a ponerse al día mientras Damián trabajaba, y el jueves sólo con Thalía. La chica había resultado ser una compañera de estudios fantástica y una persona divertida e irónica.

    También había retomado el gimnasio. Carlo estaba exultante cuando el miércoles le vio aparecer con Damián. Al principio había estado algo inseguro, pendiente de conseguir la aprobación de su novio más que de los ejercicios, pero pronto se relajó. Las indicaciones precisas y seguras del italiano, sumadas a la actitud positiva de su novio consiguieron terminar de disipar su inseguridad. Damián nunca cuestionó a Carlo, y tampoco estuvo pendiente de él de forma obsesiva, por lo que pudo disfrutar observándole trabajar. Cuando estaba de cara al público se convertía en otra persona, desplegaba todo su carisma interior y se compenetraba a las mil maravillas con el italiano. Carlo y él formaban un dúo increíble e inmejorable.

    Las noches habían sido lo mejor. Por cansados que estuviesen habían conseguido encontrar siempre tiempo para un rato íntimo. Enrique notó como se le encendían las mejillas mientras recordaba la noche anterior. Había sorprendido a Damián con el lubricante de fresa, que había rescatado de su piso al volver de la biblioteca. Cuando subió al apartamento de su novio usando el que ahora era su propio juego de llaves, encontró a Damián cocinando una tortilla de patatas. Enrique se había mantenido en silencio, parado en la puerta. La expresión de su novio era de intensa concentración mientras batía los huevos y les añadía a las patatas y a la cebolla. Cuando consiguió darla la vuelta exitosamente la expresión de orgullosa satisfacción hubiera bastado para que se rindiese a sus pies si no estuviera ya enamorado.

    –Eres todo un chef –comentó abrazándole por la espalda y besando su hombro–, mi chef –remató con cierto aire posesivo.

    Damián había intentado girarse para besarle después de apartar la tortilla del fuego, dejándola en un plato sobre la encimera, pero Enrique no se lo había permitido. Le había retenido contra su cuerpo, sujetándole por la cintura. El joven tomó asiento en una de las sillas de la cocina y desabrochó su pantalón, negándose a soltar a su chico que se reía, comenzando a excitarse. Enrique mordisqueó la parte baja de la espalda del joven, causando que gimiese y se retorciera para alcanzarle. Besando la columna arriba y abajo le bajó los pantalones y también el bóxer, revelando unas nalgas perfectas, redondas y con la piel de alabastro. Sin poder contenerse mordió la carne tierna al tiempo que destapaba el bote de lubricante y extendía un poco entre ellas.

    –Todo un cocinero, el más guapo y el más sexy. Pero yo he traído mi propio postre.

    Damián se había reído, sorprendido y a la vez muy cachondo por el súbito asalto de su novio, normalmente más sumiso y tranquilo. La lengua blanda y húmeda de Enrique recorrió de pronto la hendidura entre ambas nalgas, deteniéndose al llegar a su ano. Presionando con ligereza consiguió relajar el orificio lo bastante como para poder introducirla, sin embargo, se retiró para poder echar más lubricante. El sabor dulzón y casi empalagoso conseguía hacerle salivar con más intensidad que cuando no le usaba, por lo que aprovechó esa cualidad para pegar sus labios al estrecho conducto, formando un perfecto sello de carne que evitó que la saliva se escapase, impulsándola dentro del recto del joven gracias a la lengua.

    –Cariño… el postre viene después de la cena, no antes –protestó Damián agarrándose a la mesa para evitar caerse.

    Enrique se había limitado a ignorarle, agarrando su pene con su mano y masturbándole de arriba abajo cada vez más deprisa. Su propio pene quedaba desatendido, pero le daba igual, pronto tendría su mejor recompensa. Cuando se separó del joven quedaron conectados por un largo hilo de saliva que terminó cayendo sobre el regazo de Enrique. Agarrando a Damián por las caderas pasó su pene entre sus nalgas varias veces, antes de mover su pelvis hacia arriba. Venciendo la ligera resistencia inicial, Enrique se abrió camino por su ano, escuchando los roncos gemidos de su chico que se dejó caer sobre su regazo.

    Se movió con más velocidad, acariciando el pecho del muchacho y masturbándole a la vez. Sus dedos exploradores habían encontrado los sensibles pezones. Pellizcando los delicados bultos de carne forzó a Damián a pegarse más a él, separándole las piernas con las suyas. Ni siquiera le había desnudado del todo, tal era su ansia por tenerle. Cubrió de besos el cuello del chico, hasta hundir la nariz en las ondas rojizas de su cabellera. Inhaló el aroma de su pelo y aumentó la velocidad, penetrándole con fuerza, cada vez más deprisa. Frotó ligeramente el frenillo del joven y apretó el glande en su mano, deslizándola de nuevo por su tronco hasta la base.

    Los gemidos de Damián aumentaron en intensidad y sus manos resbalaron de la mesa, agarrándose al bazo de su novio que seguía besándole el cuello, cerca de la oreja esta vez. El orgasmo fue tan repentino que su espalda se arqueó sin que pudiese evitarlo, impulsándole hacia delante. Se habría caído de no tener el brazo de Enrique rodeando su pecho. Uno tras otro los cuatro chorros de semen salieron despedidos de su pene, aterrizando en parte sobre la mano de su novio y en parte en el suelo. Jadeando con fuerza sintió como las embestidas de Enrique se aceleraban, buscando ahora su propio orgasmo.

    Con una mirada lasciva y provocadora en sus ojos de gato Damián había sostenido la mano de Enrique y, mirándole fijamente, había sacado la lengua y lamido su propia eyaculación. Inclinándose sobre su novio consiguió besarle, introduciendo su lengua en la boca del joven y pasándole el semen en un beso que excitó tanto al chico que le catapultó al orgasmo. Enrique apretó más estrechamente al muchacho contra su cuerpo mientras terminaba. Introduciéndose cuanto pudo en el angosto ano de Damián llenó su interior, besándole repetidas veces en los labios, la mandíbula, las mejillas y el cuello.

    Cuando por fin le permitió bajar y le ayudó a limpiarse y a vestirse, la tortilla ya estaba tibia. Damián había vuelto a besarle, sentándose de nuevo en su regazo y acariciando su cabello castaño, exactamente igual que hacía ahora. Centrando su atención de nuevo en el presente Enrique le estrechó con más fuerza, inspirando hondo para llenarse completamente del aroma de su novio, una mezcla de ropa y piel limpias, desodorante y gel de ducha. El ruidoso autobús llegó a la dársena con el chirrido de los neumáticos contra el asfalto. De mala gana se separó de Damián que le estrechó la mano con la suya. Enrique recogió su mochila del suelo y dejó que su novio se le adelantase, subiendo primero al largo vehículo.

    Se acomodaron en los penúltimos asientos del autobús, sin soltarse la mano en ningún momento. Por un instante Enrique pensó que el conductor diría algo al verlos con las manos entrelazadas, pero se limitó a coger los billetes que le ofrecía Damián sin variar su cara de perpetuo aburrimiento y sin prestarles la más mínima atención. En el gigantesco autobús tan solo subió otra pasajera: una anciana con dos muletas a modo de apoyo para caminar y que ocupó el asiento reservado a minusválidos. Damián acarició el cuello de Enrique con ternura y cuando el autobús se puso en marcha tendió su abrigo sobre los dos.

    –¿Estás nervioso? –preguntó en un susurro suave y comedido.

    –Un poco –reconoció Enrique sonriéndole con embarazo–. Me da miedo no caer bien a tu abuela ¿sabes?

    Damián frotó las manos de Enrique con las suyas, reactivando la circulación y consiguiendo que entrasen ligeramente en calor. Sonrió para darle ánimos y besó la mejilla suave y helada.

    –No te preocupes por eso. Conozco a mi abuela y sé que vas a encantarle, pero si necesitas ayuda para relajarte…

    La mano de Damián se deslizó por dentro del pantalón de Enrique que dio un respingo y se apartó ligeramente de su novio. Sus dedos fríos se aventuraron por el pubis lampiño del joven que se mordió los labios y procuró mantenerse lo más quieto posible, sin emitir ningún sonido. Aunque tenía el pene de su chico al alcance de la mano esperó a tenerla más caliente. En cuanto rozó la piel de la base Enrique se apartó, cerrando las piernas con fuerza y agarrando la muñeca de Damián.

    –Aquí no, por favor.

    Sus ojos azules imploraban que se detuviese. Damián se inclinó hacia delante y le dio un tierno beso en los labios, retirando su mano con delicadeza y dejándola sobre el regazo del chico, con la palma hacia arriba. Enrique entrelazó sus dedos con los de Damián, mirándole con ansiosa preocupación. Nunca antes le había dicho que no a nada y no sabía cómo se tomaría su negativa.

    –Eh, tranquilo. Si no quieres está bien, no a todo el mundo le gusta jugar en público.

    –No me siento cómodo. Quizá… con el tiempo…

    –Esperaré hasta que tú quieras. Y si no quieres, no pasa absolutamente nada. También está bien.

    Ambos jóvenes contemplaron el paisaje, que pasaba de urbano a rural y de llano a montañoso conforme el viaje transcurría. Enrique cabeceaba somnoliento, recostado contra el hombro de Damián que le arropó más con su abrigo y acarició su pelo con delicadeza. Las ojeras del joven le habían preocupado, dormía menos de lo que consideraba necesario. El viaje le serviría para descansar. Enrique se removió ligeramente, encontrando un apoyo más cómodo sobre el hombro de Damián que soltó una risilla sofocada contra su manga y se concentró en uno de los numerosos libros que almacenaba en su teléfono.

    Las horas pasaron tranquilas y sin sobresaltos. Enrique seguía dormido sobre el hombro de Damián, que había avanzado notablemente en su lectura. Cuando reconoció el horizonte del pueblo donde había pasado buena parte de su infancia sacudió con ternura el hombro de su novio, que abrió los ojos con esfuerzo y reprimió un bostezo contra el dorso de la mano, mirándole desubicado. Aquellos pequeños gestos bastaban para que se derritiese entero, quizá por la confianza y naturalidad que demostraban.

    –Despierta, bello durmiente, hemos llegado.

    El chico se frotó los ojos, ligeramente aturdido. El autocar se había detenido en una pequeña estación desierta. Con las piernas algo entumecidas tras tres horas en la misma postura los chicos salieron del vehículo, ajustándose las mochilas en los hombros. Enrique miró con curiosidad a su alrededor. Aunque lejos de su facultad, no estaba tan lejos de la ciudad como había pensado y, aún así, el paisaje montañoso y verde que le rodeaba parecía de otro mundo. Altos abetos blancos crecían por las montañas y hasta el pie del mismo pueblo y el aire frío venía húmedo, arrastrando un olor a hielo y a naturaleza salvaje que se mezclaba con el humo de leña que salía de algunas chimeneas. Damián dio un par de toques en su hombro para que le siguiera y echó a andar cruzando una ancha plaza, rodeada por pequeñas tiendas de comestibles en su mayoría. El aspecto pintoresco y rústico resultaba agradable y acogedor, casi de cuento a pesar de los bloques de pisos.

    Cuanto más andaban menos visibles resultaban los bloques de viviendas, dando paso a casas individuales. Conforme avanzaban más se espaciaban las casas, con grandes jardines y paredes de piedra o encaladas de blanco. Casi a la salida del pueblo se alzaban pequeñas casas molineras de una o dos plantas, cuyos jardines delanteros palidecían frente al tamaño de los traseros. Enrique alcanzó a ver una o dos pequeñas huertas y unos cuantos perros, mestizos de talla grande en su mayoría, les recibieron con hostiles ladridos tras verjas de hierro forjado. Acercándose más a Damián que parecía conocer de sobra el camino el joven le dio la mano.

    –Está un poco barrido ¿no? –comentó al percatarse de la ausencia de gente.

    –La mayoría de la gente está en el trabajo, cariño. Además, este pueblo siempre se anima más en verano, en invierno es bastante húmedo y frío, suele nevar mucho. Eso sí, en Navidad está siempre precioso, con las luces y los adornos naturales. Vamos, es aquí.

    Damián apretó más el paso, dirigiéndose a una casita coqueta de dos pisos, paredes blancas y techos saledizos con tejas de un color marrón oscuro. El pulcro jardín todavía presentaba flores de vivos colores: hortensias rosas, moradas y azules convivían con margaritas de prístino color blanco, pensamientos bicolores amarillos y negros, rojos y negros y negros enteros. Matas de lavanda todavía en flor atraían a gordas abejas que zumbaban incansables, entre las rocas que delimitaban las jardineras crecían grandes coles ornamentales y junto a los muros bajos que cercaban la parcela, encalados de blanco, grandes matas de oloroso brezo alternaban con rosales que aún conservaban aquí y allí inmensas rosas de delicado tono rosa y violeta pastel.

    Entre tanta exuberancia vegetal, una mujer mayor, pequeña y regordeta tarareaba ensimismada mientras cavaba y abonaba, vestida con un delantal de jardín, altos guantes de jardinería, deportivas, vaqueros viejos y una sudadera cómoda. Al acercarse Enrique comprobó que lo que había tomado al principio por un pañuelo blanco anudado tras la cabeza era en realidad su pelo, espeso y largo, recogido en un pulcro rodete en la nuca. Damián soltó su mano y corrió hacia la mujer, que dejó de tararear al verle, poniéndose de pie con sorprendente agilidad y extendiendo los brazos para recibirle. El joven la abrazó por la cintura, inclinándose para ello, e izándola en el aire la dio varias vueltas mientras la estrechaba en un abrazo de oso y la mujer se reía con viveza.

    –¡Mi niño! ¡Qué alegría, mi niño, que alegría más grande! ¿Has viajado bien? ¿Quién es ese chico?

    Parlanchina como siempre, su abuela ni siquiera le dejó responder antes de volver a preguntarle. Viendo la ancha sonrisa de Damián, idéntica a la de su abuela hasta en los hoyuelos, Enrique no pudo por menos que corresponder con otra semejante. La mujer tenía un aire bondadoso que, sumado al marco campestre, la confería el mismo aire que a las hadas madrinas que viese en las ilustraciones de los cuentos. Sus ojos diferían de los del chico, pues presentaban un tono castaño intenso, vivaces e inteligentes. Se retiró los guantes manchados de barro y se acercó al joven, con el brazo de Damián sobre los hombros.

    –Enrique, esta es mi abuela Isabel –presentó el chico. La mujer se adelantó y besó sus mejillas con familiaridad antes de que siguiese–. Abuela, Enrique es mi novio.

    –Encantada de conocerte. ¡Menudo chico más guapo! ¡Y qué ojazos! ¿Compañero tuyo de la universidad? Seguro que entonces también es inteligente.

    Las mejillas del chico se encendieron ante semejante despliegue de halagos. La devolvió los besos con timidez y cambió el peso de un pie a otro mientras la mujer les precedía a la vivienda. El interior de la casa, luminoso y limpio, olía maravillosamente a galletas, bizcocho y cacao caliente. Los suelos oscuros relucían recién encerados y las paredes blancas se encontraban cubiertas de cuadros y fotos enmarcadas. Con pasitos enérgicos la abuela de Damián los llevó directamente hasta la cocina, parloteando sin parar sobre lo delgados que estaban, que se veían cansados, lo buena pareja que hacían… Enrique miró con sorpresa a la mujer, que derrochaba energía moviéndose de aquí a allá, tan atareada como una abeja obrera. En un minuto dispuso en la mesa chocolate, galletas y bizcocho e instó a los chicos a sentarse tras lavarse las manos.

    –Id comiendo, yo tengo que terminar en el jardín delantero, que después tengo que ducharme e ir a comprar. Luego le enseñas la casa y el jardín de atrás ¿de acuerdo? Y te he dejado sábanas y una toalla, sácale otra. Mejor no, ya se la saco yo cuando termine en el jardín que he cambiado de sitio las cosas en esta limpieza.

    Enrique observó pasmado como salía tras soltar su discurso, tarareando de nuevo. Damián se echó a reír, sujetándose el vientre con las manos y doblándose hacia delante. Gratamente divertido al ver la sorpresa de su novio. Le sirvió un trozo de bizcocho y dio un mordisco del suyo, manchándose los labios de azúcar glasé.

    –¿Tu abuela desayuna bebidas energéticas o es siempre así? –preguntó incapaz de contenerse y con los ojos azules abiertos de par en par.

    –Siempre ha sido así. Antes tenía a mi abuelo, pero mi abuelo falleció muy pronto, cuando mi padre tenía… seis o siete años –comentó tras hacer memoria–. Se quedó sola y tuvo que poder con todo. Sacó adelante el trabajo y a mi padre. Y después casi me crio a mí porque mis padres trabajan muchísimas horas.

    Enrique asintió, comprensivo. Saber que había criado sola a un hijo le hacía verla bajo una luz nueva. Debajo de esa apariencia dulce y bondadosa había acero puro. Agradeció interiormente no estar a malas con ella. Tenía pinta de ser terrible una vez que se enfadaba. Dieron buena cuenta de los dulces charlando amistosamente. Por un acuerdo tácito se abstuvieron de comentar nada de la facultad, descansando mientras comían. Con un suspiro satisfecho Enrique dejó el tazón vacío sobre la mesa. Durante todo ese rato la abuela de Damián no había vuelto a la cocina, pero la había visto entrar y salir sin pausa de la casa: recogiendo, barriendo, ordenando y siempre tarareando.

    –Ven, te enseñaré la casa y el jardín –dijo el joven poniéndose de pie y estirándose al mismo tiempo.

    –Vale.

    –Arriba están las habitaciones, mejor subimos ahora y así dejas la mochila si quieres.

    La habitación de Damián era pequeña, pero con la mejor vista de la casa. Dominaba el amplio jardín trasero y tenía una vista fantástica de la parcela de al lado, donde destacaba la piscina y una casona reformada que aunaba tradición y modernidad. Con curiosidad examinó los posters de las paredes, de diversos grupos de música, algunos sorprendentes y otros esperados. El escritorio despejado era de madera oscura, igual que el armario, encastrado detrás de una cama amplia sobre la que descansaban dos montones de toallas bien dobladas, una en azul y la otra en blanco. Las estanterías estaban abarrotadas de libros y cómics, y una vieja videoconsola aún estaba conectada a un pequeño televisor anclado en la pared. Enrique dejó la mochila sobre el escritorio, imitando a Damián.

    –Me esperaba un cuarto distinto. Pero me gusta, es muy tú –dijo Enrique con una sonrisa mientras señalaba hacia los pósteres y los cómics.

    –¿No me digas? Tuve una época muy nerd en el instituto. Antes de pasar a bachiller.

    Enrique le abrazó por la cintura y Damián le besó en el cuello. A Damián se le antojó irresistible. Despojados de los abrigos, ambos jóvenes llevaban gruesos jerséis de lana y vaqueros, en tonos verdes los de Damián y azules los de Enrique. El joven coló las manos por debajo de la ropa, acariciando la espalda y el vientre delgado de su novio que le sonrió empujándole a la cama. Las piernas de Enrique chocaron contra el colchón, perdiendo el equilibrio y arrastrando a Damián en su caída.

    –Levanta anda, mejor será que haga primero la cama, o al menos coloque la sábana por encima. Saca la ropa de la mochila si quieres, puedes colocarla en mi armario.

    El joven obedeció y Damián retiró las toallas de la cama, colocándolas sobre el vacío escritorio. Al tiempo que estiraba la sábana sobre el colchón su novio le colocaba la ropa en el armario. En el interior colgaban pantalones y camisetas, evidenciando que, aunque no vivía allí de forma regular, consideraba la vivienda de su abuela su segundo hogar. Enrique no pudo resistirse y examinó las camisetas y los viejos vaqueros algo raídos. Apartando las prendas a un lado colgó pulcramente la ropa de recambio tanto suya como de su novio y retiró el chándal que ambos empleaban a modo de pijama y para estar por casa, dejando ambos doblados sobre el escritorio. En cuanto terminó Damián tiró de su muñeca, devolviéndole a la cama y haciendo que se sentase sobre su regazo.

    –Ven aquí –susurró besando su cuello y acariciando despacio su pecho, buscando los pezones.

    Enrique le dedicó una sonrisa tierna. Damián exhibía una sonrisa traviesa mientras le miraba. Sus ojos verdosos estaban llenos de lujuria y amor, y cuando le estrechó entre los brazos relucieron intensamente. Sus labios coralinos buscaron los rosados de Enrique, devorándolos como un hambriento haría con un festín. Su lengua se adentró en la boca de su novio que jadeó y le devolvió el beso, enredando los dedos en las ondas cobrizas y despeinándolas en su frenesí. Cuando se separaron no era él el único que jadeaba.

    Con deliberada lentitud Damián sujetó la cara de Enrique entre sus manos. Sus ojos verdosos se clavaron en los suyos, transparentes y limpios, llenos de confianza y amor. Damián descendió por la mandíbula del joven, mordisqueando la piel hasta llegar al cuello. Inclinó la cabeza de su novio hacia un lado y lentamente clavó sus blancos dientes justo al lado de la nuez de Adán, succionando después con los labios y notando la vibración ocasionada por el gemido del joven, que tironeó del cabello rojizo de Damián. Enrique volvió a gemir y acarició los sedosos mechones que resbalaban entre sus dedos, mientras la boca de su pareja seguía descendiendo. Sus cálidas manos seguían sosteniendo su cara, acariciando las mejillas con los pulgares y a la vez reteniéndole en el sitio.

    Damián retiró las manos de Enrique de su pelo y besó las palmas con cariño, gesto habitual en él y con el que pretendía dar a entender que no rechazaba las caricias, que tan solo quería algo diferente. Sosteniéndole la espalda le guio hasta acostarle sobre el colchón. Con una sonrisa planeando en su rostro levantó despacio el jersey de punto mientras besaba el cuello del chico, que se levantó ligeramente para permitirle sacar la gruesa prenda de lana por encima de su cabeza. La camiseta que llevaba por debajo no tardó en correr la misma suerte, yendo a parar al suelo. Con el pecho desnudo y expuesto a la habitación sin caldear los sensibles pezones no tardaron en endurecerse. El joven se vio sacudido por un escalofrío que se intensificó cuando Damián apoyó su mano, larga y cálida, justo en el centro del pecho.

    La sonrisa de Damián se acrecentó mientras se desprendía de su propio jersey. En la entrepierna de sus vaqueros se apreciaba un bulto de tamaño más que considerable. Ignorando momentáneamente a su novio se deshizo de sus botas, dejándolas caer a los pies de la cama. Retiró las deportivas de Enrique y sus calcetines y reteniendo juntos ambos pies besó los empeines hasta los tobillos. El chico se mantuvo inmóvil, agradeciendo no tener apenas cosquillas. Enrique soltó el botón y la bragueta de los vaqueros y elevó las caderas. Damián no le defraudó. Agarró la prenda por las perneras y tiró de ella hasta conseguir sacarla, pero cuando Enrique ya se disponía a hacer lo mismo con el bóxer su novio le detuvo.

    –Ah, ah. Déjatele puesto por ahora.

    –Vale… ¿Por qué? –Preguntó Enrique retirando el flequillo de Damián hacia atrás.

    –Porque adoro verte así. Estás demasiado sexy.

    Enrique se rio con suavidad, levantando el cuerpo sobre los codos y besando a su novio que volvió a empujarle sobre la cama con una sonrisa traviesa. Los vaqueros caídos dejaban a la vista las crestas ilíacas y el comienzo del pubis, enseñando una franja de vello rojizo antes de la cintura elástica de los bóxers grises. Enrique llevó sus dedos a esa fina línea y la acarició con delicadeza, deleitándose en la textura sedosa de la piel y del vello. Damián se colocó sobre él y acarició sus pezones con los dedos. Pellizcó los pequeños bultos, los estiró, jugó con ellos y tiró hacia arriba hasta que Enrique se retorció debajo de él, soltando gemidos y jadeando.

    El joven se inclinó sobre él, con sus ojos de gato clavados en los suyos, y sacando despacio la lengua rodeó el pezón recorriendo despacio la aureola y deleitándose en la textura más rugosa y el contraste con la piel del pecho. Enrique gemía, acariciando la espalda de su novio y contemplando como se movía su cuerpo delgado y atlético sobre él. Cada pequeño movimiento causaba que los músculos bailasen bajo la piel cremosa en un espectáculo que se le antojaba erótico y sensual a partes iguales. Damián mordió la aureola y arrastró los dientes hasta el pezón, pellizcándole con fuerza suficiente como para que los gemidos de su novio se convirtieran en gritos que ahogó contra su brazo.

    Separó los dientes despacio, pasando de nuevo la lengua por las pequeñas marcas dejadas mientras sus dedos se encargaban del otro. Empujó la carne con el pulgar hacia arriba y hacia abajo y la aplastó con suavidad, jugando con la presión mientras sus labios succionaban sobre el otro. Enrique acabó por cerrar los ojos, completamente embebido por las sensaciones que estremecían su cuerpo y no le daban tregua. Cuando Damián se retiró sus pezones estaban hinchados, sensibles y palpitaban ligeramente. Enrique empujó con suavidad la cabeza de su novio hacia abajo, hacia la más que notable erección que se apreciaba apenas contenida por los bóxers, pero Damián se sentó sobre la cama, separando las piernas y tirando de su novio que se arrodilló en la cama delante de él.

    –Ven, cariño. Tengo algo para ti, algo que quiero que tragues.

    Enrique sintió como su propio pene daba un ligero respingo dentro de la ropa interior. Avanzó despacio hacia Damián y soltó su vaquero, terminando de desnudarle. El largo y grueso pene de su novio saltó hacia fuera entre los rizos cobrizos del pubis. Veintiún centímetros de carne, casi veintidós, se dirigieron directamente a su boca, con el glande brillante debido al líquido preseminal que empezaba a gotear. Damián retuvo a Enrique que ya empezaba a inclinarse sobre él, con la boca entreabierta y los ojos fijos en su premio.

    –No tan rápido, tigre. Primero desnúdate, déjame ver cómo sale.

    –Estás mandón, pero me encanta. No sabes cómo me excita cuando te pones así –replicó sonriendo.

    Con las manos sobre la cintura las deslizó por su cuerpo en una larga y sensual caricia. Agarró el elástico del bóxer y lo bajó despacio por sus piernas. Su pene saltó de su prisión y golpeó contra su vientre antes de quedar firme y duro, apuntando hacia delante. Damián alargó la mano y le acarició despacio arriba y abajo, usando sus dedos para frotar el frenillo haciendo que el prepucio se retirase y volviese a cubrir el glande con cada caricia. Enrique gimió y terminó de quitarse la ropa. La mano de Damián bajó hasta los testículos y acariciándoles despacio tiró de ellos con suavidad, forzándole a acercarse a él.

    Sus labios se encontraron y la lengua de Damián invadió la boca de Enrique mientras sus penes se juntaban. Abarcándolos con una única mano Damián los acarició juntos, frotándolos uno contra el otro y con la mano a la vez. Enrique temblaba y gemía a pesar del beso, con sus manos recorriendo el cuerpo de su novio con ansia, tirando de su pelo sin percatarse de ello siquiera. Damián sujetó sus muñecas y con una amplia sonrisa en la que se marcaban plenamente sus hoyuelos besó las clavículas de su novio antes de empujarle hacia abajo. Enrique pasó la lengua por sus labios y, sin hacerse de rogar, se colocó a cuatro patas. Damián se acomodó, con una mano sobre la cabeza de su novio y la otra en su baja espalda, justo antes de los glúteos.

    Mirándole a los ojos Enrique sacó la lengua y la pasó despacio por el pene de su novio, desde la base hasta el glande. Damián se mordió el labio inferior, perlas contra coral, y movió la pelvis hacia arriba, incitándole a seguir. Enrique pasó la lengua por los labios y sin hacerse de rogar metió todo el glande en su boca. En un experto movimiento rodeó la corona con la punta de la lengua, disfrutando del sabor salado y algo ácido del líquido preseminal. Acarició los muslos con las manos, deleitándose con la suavidad de la piel al tiempo que bajaba despacio la cabeza.

    Damián acarició los rebeldes mechones castaños de su novio, dejándole hacer a su ritmo. Su lengua blanda y húmeda recorría despacio su pene, preparándolo, haciendo que la saliva escurriese por su piel hasta llegar a su pubis y los testículos. Enrique bajó despacio la cabeza, dejando que el gran pene de su novio se deslizase por su garganta. Controlando las arcadas acarició la parte interna de los muslos y las ingles. Con una mano sopesó los testículos de Damián, extendiendo la saliva por el escroto y apretando y soltando alternativamente mientras seguía tragando su pene.

    Pasó la lengua por cada una de las escasas venas, arrancando suaves gemidos a Damián que acarició su cabellera con la punta de sus dedos, en una delicada caricia que consiguió estremecerle. Retiró la mano de su baja espalda y la dejó sobre la nuca del joven, masajeando su cuello con delicadeza. En cuanto Enrique volvió a tragar desplazó su mano hacia el frente del cuello, sintiendo cómo se distendía la garganta del joven cuando su gran pene pasó. Con un último esfuerzo consiguió llevarlo hasta el final, notando que su nariz se apoyaba contra el pubis. Escuchó el jadeo sorprendido de su novio y le miró con sus dulces ojazos azules. Era la primera vez que conseguía tragarlo entero sin tener arcadas.

    –¿Ves? –jadeó Damián acariciando su pelo–. Te dije que al final lo conseguirías, solo era cuestión de práctica.

    Las mejillas de Enrique se tiñeron de color y sacó despacio el pene de su novio de la boca, dejando dentro únicamente el glande. Al notar que Damián sofocaba una risa divertida contra el pliegue del codo una nueva resolución asomó a sus ojos. Apretó más los labios en torno al pene de su chico y tras apretar los dientes ligeramente para recobrar su atención bajó de nuevo la cabeza, acelerando más y más hasta volver a tragarse todo su pene.

    Damián jadeó, tirando de su pelo suavemente para detenerlo. En cuanto Enrique sintió el tirón apretó con suavidad los testículos de Damián, a modo de advertencia silenciosa mientras su lengua recorría sin tregua toda la piel del pene del joven que jadeó y se rindió, dejando que siguiera a su antojo. Enrique acarició con suavidad sus testículos notando como el glande de Damián golpeaba su garganta al entrar de nuevo una y otra vez. Sentía su saliva acumularse, mezclada con el líquido preseminal. Inundaba su boca de un gusto salado que le excitaba y le animaba a esforzarse más.

    Ruidos húmedos salían de su boca y se mezclaban con los gemidos de Damián que le acariciaba el pelo mirándole embobado. Se moría de ganas de que Enrique siguiese y a la vez quería que parase y poder tenerle para él. Enrique volvió a deslizar el pene del joven por su boca, hasta sacarlo por completo. Antes de ello, sin embargo, succionó con fuerza el glande, que adquirió un vivo color rojizo. Damián estaba a punto de incorporarse cuando Enrique sujetó sus muñecas por encima de su cabeza.

    –Ah, ah… De eso nada –le detuvo Enrique mirándole fijamente–. Tuviste tu oportunidad y la dejaste pasar, ahora es mi oportunidad.

    Estaba a punto de protestar cuando Enrique le silenció, besándole con pasión mientras subía y se sentaba a horcajadas sobre sus muslos. Sin soltar sus muñecas procuró sostenerlas con una única mano, guiando el largo pene de Damián entre sus nalgas. Damián intentó hablar, pero de nuevo se lo impidió Enrique. Su lengua danzaba dentro de la boca de su novio, impidiéndole decir una sola palabra. Sus gemidos se alternaban con los de Enrique, que se movía sobre él, consiguiendo que su pene se frotase de continuo entre sus nalgas. Sus dientes aferraron el labio inferior de Damián y tiró de él con cierta malicia, soltándolo de golpe para pasar sus labios por su nuez de Adán.

    –Es… ¡Espera! –jadeó Damián excitado–. Necesitamos lubricante, no quiero que te hagas daño.

    Con una mirada de suficiencia Enrique tiró de sus pezones para hacerle callar. Apoyando el glande contra su ano se relajó y empujó, dejando que entrase despacio. Notaba la falta de lubricante y la falta de preparación, pero los gemidos y jadeos de Damián le espoleaban, le daban fuerza. No llegaba a ser doloroso, pero se aproximaba bastante. Le estaba abriendo, forzaba las paredes de su recto venciendo su débil resistencia milímetro a milímetro. Se detuvo unos segundos para respirar y después volvió a descender despacio, perseverando. Con roncos jadeos apretó más la presa sobre las muñecas de su novio, aprovechando la mano libre para masturbarse con ganas mientras sentía entrar los últimos centímetros.

    Por fin quedó sentado sobre Damián, que soltó el aliento quedándose inmóvil como una estatua, temeroso de moverse por si Enrique no estaba preparado para eso aún. Retorció las manos y consiguió soltar sus muñecas. Acarició con cuidado la cara de Enrique que le miró entre jadeos y besó sus dedos. Apoyó la mano junto a la cabeza de Damián y se inclinó para besar su cuello, acariciando la suave piel con sus labios, mordiendo a veces, lamiendo y usando la lengua para trazar complejos caminos que se entrecruzaban una y otra vez.

    –¿Estás bien? No te dolerá ¿no? –consiguió preguntar sosteniendo la cara de su novio.

    –Eres grande, ha costado más de lo que había pensado, pero estoy bien –respondió sonriendo con orgullo–. De verdad.

    Damián abrazó a su novio con ternura, dejando en sus manos la decisión de moverse o no. Enrique comenzó a cabalgarlo despacio, algo inseguro todavía. Hasta ese momento siempre había tomado Damián la iniciativa, moviéndose con calma y con cuidado al principio para que se acostumbrase, por una vez quería sorprenderlo. Elevó su cuerpo sobre sus rodillas hasta que casi todo el pene de Damián estuvo fuera, reteniendo dentro tan solo el glande. Mordiéndose el labio inferior gimió en voz baja y acarició el pecho blanco y lampiño del joven que acarició su espalda sin presionarle, gimiendo y jadeando. Los tímidos movimientos de Enrique le parecían una dulce tortura, le mantenía casi al límite.

    Cogiendo confianza Enrique volvió a bajar, arqueando la espalda hacia dentro en cuanto sintió como el pene de Damián volvía a llenar su interior. Sus gemidos volvieron a crecer en volumen y pronto se mezcló el entrechocar de sus cuerpos conforme el joven se acostumbraba y aceleraba más y más. Damián comenzó también a mover sus caderas, impulsando a Enrique hacia arriba y recibiéndole al bajar. Subido sobre él, recibiéndole entero, estaba irresistible.

    En un fluido movimiento incorporó el torso, abrazándose a Enrique y mordiendo su hombro con fuerza no exenta de delicadeza. Sus dientes apresaron un cerco de piel y apretaron mientras succionaba con fuerza, dejando una marca rojiza y escuchando como gemía Enrique. Ansiando escucharle de nuevo volvió a morder otro pedazo de piel, descendiendo por su pecho que ya comenzaba a perder el tostado veraniego. Lamió lentamente el pezón y sujetándole por la cintura le animó a moverse más deprisa, sujetando su pene con la mano y frotando el frenillo.

    Enrique gimió y jadeó con más fuerza. Damián siempre le volvía loco. Sus ojos verdosos brillaban con deseo mientras acariciaba su cuerpo y le mordía. Las marcas de sus dientes descendían desde su cuello a su pecho y sus manos ágiles acariciaban su piel sin darle tregua. Ahora completamente abierto le cabalgaba sin tregua, apoyándose en sus hombros y acariciando las suaves ondas cobrizas de su melena. Tirando de los sedosos mechones levantó la cara de su novio, dejándola a escasos centímetros de la suya.

    –Te quiero, te quiero muchísimo.

    Damián se lanzó sobre sus labios, conmovido y excitado a partes iguales. Enrique conseguía llevarle al límite. Era la combinación perfecta de erotismo, lujuria, ternura y amor. Sentía su pene cada vez más duro e hinchado, siendo tragado sin tregua por el estrecho interior de Enrique, que parecía decidido a exprimirle. Estrechándolo más contra su cuerpo se movió más deprisa, acompañando a su novio una y otra vez mientras intentaba contenerse en vano. El orgasmo le alcanzó repentinamente. Enrique notó cómo se paralizaba y jadeaba, con la espalda arqueada y los muslos tensos debajo de su cuerpo.

    Cuando Damián cayó sobre la cama, respirando entrecortadamente y con el brazo cubriéndole los ojos. Enrique se inclinó sobre él, sumamente satisfecho, al tiempo que dejaba que el pene de Damián se deslizase fuera de su cuerpo. Retiró el brazo de la cara de su novio, besando sus mejillas suaves desde la comisura de sus labios hasta la oreja. Normalmente Damián tenía mucho más aguante y experiencia que él, jamás había visto que estuviese así. Una sensación cálida de orgullo y poder se extendió por su pecho mientras besaba delicadamente el lóbulo antes de atraparlo con sus dientes.

    –Aún no hemos terminado, mi amor, pero falta poco –le susurró al oído mientras acariciaba su pecho–. Abre.

    Abriendo sus ojos gatunos Damián obedeció sin rechistar ni dudar por un solo instante. Colocando una rodilla a cada lado de la cabeza de su novio Enrique descendió lentamente. Por un momento pareció que iba a ofrecerle su pene o sus testículos, pero con un movimiento de caderas consiguió que tan solo rozase la nariz de Damián antes de situar su ano justo encima de la boca del joven. Damián sacó la lengua, sintiendo que su pene daba un respingo debido a la excitación.

    Sacando la lengua la introdujo en el ano de su novio. Ya estaba a punto de rozarle con sus manos cuando Enrique las sujetó con las suyas, entrelazando los dedos y acariciando despacio la palma con sus pulgares. Bajó su cuerpo un poco más, asegurándose de dejar a Damián espacio más que suficiente para respirar sin asfixiarle. Su lengua bailaba dentro de su interior, recogiendo su semen y tragándolo al tiempo que intentaba alcanzar la próstata de Enrique que gemía y se movía sin parar, retorciéndose de placer encima de su novio.

    Con los ojos cerrados Damián estaba atento a cada pequeño movimiento, a los gemidos de Enrique cuando acariciaba un punto u otro dentro de él. Levantándose a medias quedó completamente pegado a su novio, con su nariz profundamente enterrada en sus testículos y la lengua extendida al máximo. Sus dientes rozaron los delicados pliegues de su ano mientras cerraba más los labios, succionando despacio y tirando de la piel dentro de su boca.

    –Ya… ya está cielo, muy bien.

    Enrique se levantó y bajó despacio por el cuerpo de Damián, que le miró sin comprender por qué le detenía cuando tanto estaba disfrutando. Sus ojos azules brillaban y tenía las mejillas enrojecidas. Con un movimiento lento y sensual comenzó a masturbarse encima de su novio. Damián ni siquiera intentó incorporarse, disfrutando inmensamente del erótico espectáculo que le ofrecía. Su mano subía y bajaba por su pene, frotaba el frenillo, el glande y la corona y descendía de nuevo mientras usaba la otra mano para pellizcar y jugar con sus pezones. Sus gemidos eran dulces y sus ojos no se apartaban del rostro de su novio.

    Moviendo la mano más deprisa jadeó, notándose cerca. Sus duros pezones de color cacao mostraban la punta enrojecida y purpúrea, igual que el glande de su pene, extremadamente duro y húmedo. Damián casi podía sentir el intenso calor que irradiaba y veía palpitar las venas. Finalmente, con un gemido que era casi un grito, Enrique llegó al orgasmo. Largos y espesos chorros de semen cayeron al pecho desnudo de Damián que sostuvo a Enrique por los hombros hasta que los espasmos de su orgasmo remitieron.

    En cuanto terminó Enrique se sintió invadido de una súbita timidez. Echando mano de su mochila rescató del bolsillo delantero un paquete de pañuelos y limpió el pecho de su novio con uno de ellos, arrojándolo después a la basura. Con cuidado para no golpearle se tumbó a su lado, acomodándose sobre el brazo extendido de Damián que le miraba sin decir nada.

    –¿Ha… ha estado bien? –preguntó inseguro–. Si no te ha gustado yo…

    Damián le silenció con un beso al tiempo que acariciaba su pecho. Sus labios coralinos se apretaron contra los de Enrique que le abrazó, acariciando las ondas rojizas de su cabello.

    –Ha estado genial, jamás te había visto así, pero de verdad, ha sido… increíble. Ha sido fantástico.

    Enrique sonrió feliz y besó el hombro y el cuello de Damián, descendiendo después por su brazo mientras se acurrucaba. En contra de lo que esperaba, su novio se puso de pie. Tirando del brazo de Enrique le lanzó su ropa interior, cogiendo después las toallas.

    –Ven, mi abuela tiene paciencia y no creo que venga a molestar, pero se muere porque te enseñe todo esto.

    Damián le guio por el pasillo tras ponerse tan solo los bóxers, llevando bajo el brazo ropa y toallas, y le abrió la puerta del baño. Pequeño, alicatado en blanco y tan limpio que relucía por los cuatro costados. No había jabón ni champú en las estanterías de la amplia ducha por lo que Enrique dedujo que era un baño secundario, destinado a ser usado sólo por Damián. Su intuición se confirmó al ver que el chico se inclinaba y sacaba un jabón nuevo con aroma a lavanda del mueble de debajo del lavabo.

    Ambos chicos se limpiaron entre risas, secándose el uno al otro con dulces besos y caricias. Al vestirse de nuevo Damián recorrió las marcas dejadas por sus dientes en el cuerpo de Enrique, besándole una vez más cada una de ellas antes de que el chico las cubriese con el jersey. Dándole la mano Damián le guio por la planta superior, enseñándole las diversas habitaciones. La de sus padres estaba vacía, y en la de su abuela quedó fascinado por una cómoda de roble macizo que, según Damián, estaba hecho de cero por su abuelo.

    Al bajar al piso inferior vieron a la abuela del joven trasteando en la cocina, preparando lo que prometía ser una fantástica cena y una comida ligera. Con una sonrisa la anciana indicó a los jóvenes que siguiesen y que no se molestasen en entrar en la cocina. Damián llevó a su novio al salón, donde los muebles de estilo clásico armonizaban con los suelos de madera oscura y las cortinas translúcidas que cubrían lo que parecía ser un gran ventanal orientado al jardín.

    Con una amplia sonrisa Damián descorrió una de las cortinas, revelando una puerta corredera de cristal. Reteniendo un momento la mano de Enrique besó tiernamente sus nudillos antes de precederle al jardín trasero. El chico sonrió y se hizo a un lado, el jardín trasero siempre había sido su parte preferida de la casa de su abuela si descontaba su propio dormitorio, y no quería perderse la cara que ponía Enrique al verlo.

    Enrique contempló con curiosidad a su novio. Estaba ilusionado y se moría de ganas por enseñarle lo que quiera que fuese que había fuera. Cediendo a su deseo salió al exterior, quedándose quieto en el vano de la puerta. Sus ojos azules se abrieron de par en par al tiempo que su boca formaba una perfecta “o”. Damián sonrió con orgullo y rodeando sus hombros con el brazo besó la parte superior de su cabeza, inhalando el aroma de sus cabellos. Así enlazados ambos avanzaron, juntos y enamorados.

    –Nota de ShatteredGlassW–

    Gracias a todos por leer este sexto relato de la saga y el apoyo dado. Espero de corazón que os haya gustado y que sigáis apoyando esta serie.

    Después de un hiato de más de un año siento que debo dar algunas explicaciones. Seré breve aquí y me explayaré más en los comentarios si aún quedan dudas o reproches. Durante el tiempo en que no he escrito o publicado mi salud no ha sido la mejor, ni a nivel mental ni físico. Además, diversos problemas personales complicaron mucho el que tuviese tiempo o inspiración para sentarme y escribir contenido erótico. Escribir es mi pasión, no mi trabajo, y por desgracia para escribir ficción erótica necesito cierta inspiración ya que no es fácil pensar en situaciones románticas cuando tu mente no está en condiciones. Poco a poco iré retomando esto y volveré al tiempo normal de publicación, aunque ruego algo de paciencia en este primer y segundo mes hasta que me aclimate de nuevo. Quiero reiterar mi agradecimiento a los lectores y a los que me han estado mandando mensajes, vuestro apoyo lo es todo.

    Si queréis que escriba algo para vosotros podéis pedirlo a través de mi email, si la temática me gusta y dispongo de tiempo, os haré un relato personalizado. Si tenéis comentarios o sugerencias y queréis comunicaros de una forma más personal conmigo podéis hacerlo a través de mi correo electrónico: [email protected]

  • Historias de un matrimonio cornudo. Al fin la vi

    Historias de un matrimonio cornudo. Al fin la vi

    Después de la super experiencia de mi mujer en sus primeros pasos en el sexo grupal parecía que se había vuelto adicta a ello, se iba los viernes con sus compañeros de trabajo a los que ya les había dado las nalgas y mínimo convencía a dos para que se la llevaran y se la cogieran, y otros fines de semana (al menos uno cada mes y medio) los sábados se quedaba de ver con sus excompañeros de la universidad para hacer el trío correspondiente, debo decir que a pesar de todo mi esposa siempre llegaba aunque sea al amanecer, ya que no quería que nuestros hijos sospecharan nada, mi labor ayudándole a arreglarse para sus citas, vistiéndola, depilándola, perfumándola era todo un ritual para mí, algunas veces hasta me dejaba lamerle la panochita para que ella fuera completamente caliente y empapada a sus citas, mi trabajo no terminaba ahí.

    Ella me exigía que la esperara despierto y sin tocarme para poder hacer mi labor de limpieza y alivio con mi lengua, me dijo que me había vuelto un experto comedor de coños, pero que solo probaría el suyo; además de eso le encantaba que le limpiara el culito, sobre todo cuando se lo maltrataban especialmente, era tan intensa nuestra vida sexual que además de esas escapadas con sus amantes habituales me daba permiso de penetrarla los martes o miércoles, aunque siempre se burlaba diciéndome que era un pendejo pito chico, que no sentía nada, que ya estaba acostumbrada a vergas de verdad y no a mi pitito patético; obviamente ella siempre me aclaró que le encantaba sentirse usada, vejada y maltratada por sus machos y que tenía la necesidad de hacer lo mismo conmigo, que no me lo tomara personal; muchas veces nuestras sesiones terminaban cuando me decía que no sentía nada que me ayudara del juguetito que le había comprado para que sintiera algo de verdad dentro de ella y me daba unas cachetadas.

    En esta rutina de sexo y orgías en las que se había metido mi esposa estuvimos por mucho tiempo, en Halloween, la escuela donde da clases organizó una fiesta para los chavos y después los profesores se iban a ir a otra, por lo que mi esposa ni tarda ni perezosa me hizo comprarle un disfraz de putibruja impresionante, medias de red negras y como desgarradas, putivestido morado-negro aterciopelado, además de unas botas altas puntiagudas y de taconazo, todo rematado con el sombrero típico de pico que caracteriza a las brujas, además de eso mi esposa se maquilló muy bien, verdaderamente se veía muy, pero muy sexy, para ella esto era como una travesura, se llevó un abrigo largo y negro que la cubriera para la fiesta del colegio, pero en cuanto ésta terminó, y fueron a casa de su amigo en dónde sería la otra fiesta, mi esposa se despojó del estorboso saco y se quedó con su putidisfraz.

    Se quedaron todos anonadados, y mi mujer después de varios tragos encima, francamente me contó que estaba bastante borracha, ni supo con cuantos cogió, que se acordaba como de flashazos, que se la cogieron en el baño, en dos cuartos y en la cochera, y que de regreso de la fiesta estuvo mamando dos vergas en un coche, pero que se divirtió mucho, ya al otro día le contaron que se había tirado a sus tres compañeros normales de la escuela (Marcos, Luis y Ernesto), pero que además le dio las nalgas a dos profes más, sus amantes recurrentes le dijeron que los otros dos eran de su misma área pero que no eran de la escuela, sino de otra y que Luis era quien los había invitado, que al fin sus compañeros ya con el alcohol a tope se animaron a darle una doble penetración, pero mi esposa se puso muy triste porque no lo recordaba; total que mi mujer ya era toda una puta hecha y derecha y yo feliz con eso.

    Sin embargo, como 6 meses después del inicio de mis cuernos llegó a nuestro vecindario (justo frente a nuestra casa) un agente de la guardia nacional, pero que antes había sido militar, el tipo era muy muy atractivo, trabajado de gimnasio, grande y marcado, mi esposa de inmediato le echó el ojo, pero la verdad es que no sabía como acercarse, le dije que lo hiciera sin miedo, directamente, pero no sé que le daba a ella que no lo hacía, por lo que fue retrasando su acercamiento por semanas, hasta que un día que yo iba al gimnasio del fraccionamiento, me doy cuenta que nuestro vecino estaba haciendo una rutina de ejercicios frente a mí muy exigente, ambos nos reconocimos y nos saludamos de lejos, ya en los vestidores le hago plática (ahí es donde me entero que era militar y que se llama Enrique, ya que solo conocíamos que era policía por el uniforme) y que lo habían trasladado al cuerpo policiaco con la nueva política de lucha contra el crimen.

    Ciertamente su plática era ágil y divertida, le halagué su increíble rutina de ejercicios, él se sintió importante y entre pregunta y pregunta le saqué el horario y los días a los que iba al gym, aunque me dijo que los movían bastante por toda la república y que por eso había decidió al fin comprar una casa, para saber a donde llegar después de sus acuartelamientos; total que con esa información fui directamente a decirle a mi mujer, ya que notaba que le traía muchísimas ganas, ella desde el día siguiente empezó a ir al mismo horario al que iba Enrique, pero dos o tres días después ella me dijo toda decepcionada que el wey ni siquiera la volteaba a ver, que la reconocía porque la saludaba, pero todo quedaba ahí, que cada quien hacía sus ejercicios, le dije que era una buena señal, porque era muy platicador y el hecho de que no le hiciera él la plática a ella hacía notar que o lo ponía nervioso o que no quería problemas en el vecindario.

    Ella no muy convencida dijo que ya solo lo intentaría una semana más, yo tratando de ayudarla fui a comprarle ropa deportiva tremendamente sexy, aunque como no sabía si se animaría la compré de una putería gradual, es decir, le compré unos leggins muy apretados pero completos, también unos shorts de licra a medio muslo pero también muy pegados y finalmente unos putishorts que dejaban directamente media nalga al aire, claro que todo eso a juego con tops escotados a juego, todos de colores muy llamativos, rojos y rosas, mi esposa al verlos empezó a reírse y me decía que como se iba a poner eso, le propuse que si le daba pena usar el más revelador primero se llevara el pants, después el short a medio muslo y finalmente el putishort, no se veía muy convencida, pero dijo que algo haría, eso fue un sábado por la tarde, y me di cuenta el lunes de las tremendas ganas que tenía de darle las nalgas al vecino porque se saltó todo lo que le dije y lo supe hasta que llegó del gym (ella se iba mientras yo salía del trabajo e iba por los niños a la guardería, pero casi siempre que llegábamos los niños y yo, mi esposa o ya estaba en casa o no tardaba nada en llegar).

    Sin embargo ese día la tuve que esperar aún como una hora y media, me dio tiempo hasta de acostar a los niños, y justo cuando termino de hacerlo, y voy bajando a ver la tele veo que mi esposa viene llegando con una tremenda sonrisa, pero mi sorpresa es mayúscula cuando noto que lo que trae puesto es el putishort, en cuanto llega me dice que me ama muchísimo, que era un genio que conocía perfecto a los hombres, porque ese día se decidió totalmente a insinuarse a Enrique de manera definitiva y que lo más obvio era ir vestida lo más sugerente posible, yo me reí y la interrumpí diciéndole que eso no era sugerente, directamente era ir y ofrecerle las nalgas, a lo que ella se empezó a reír a carcajadas y me dijo que tenía razón porque a pesar de que ella se sentía toda penosa por mostrarse tan atrevida con su ropa, Enrique estaba aún más turbado, que se le cayeron 4 veces las mancuernillas, que se resbaló de la máquina para hacer abdominales, pero que gracias a eso empezaron a reírse juntos, ella le comentó algo así como que venía muy distraído y él ni tardo ni perezoso le contestó que para nada, que en realidad así lo había puesto ella, que nunca había tenido una compañera de ejercicio así de atractiva, a lo que ambos se rieron y siguieron haciendo ejercicio, pero que ya con esa entrada mi esposa empezó a hincarse sin doblar las rodillas con el pretexto de hacer brazo y enseñándole las nalgas al vecino; que en una de esas ella empieza a hacer un ejercicio difícil pero que hacía normalmente, solo que ahora empieza a comportarse torpemente y a quejarse de manera audible.

    Por lo que Enrique naturalmente se ofrece a ayudarle, por lo que terminan muy pegados haciendo el ejercicio, en ese momento, ella siente un tremendo bultote en sus muslos y ella de manera hábil se voltea para poner semejante cosota en medio de sus nalgas y empezar a moverse sugerentemente, que en ese momento Enrique perdió el control y le dijo al oído: eso es lo que quieres, verdad zorrita; a lo que mi esposa por toda respuesta para aún mas las nalgas y hace un ligero gemido; entonces el vecino ya descaradamente le aprieta una nalga y le dice que espere, sale de la sala de ejercicios dejando a mi esposa impresionantemente caliente, pero casi de inmediato vuelve, la toma de la mano y se la lleva al cuarto de los entrenadores (traía la llave en la mano), en cuanto entran empiezan a comerse apasionadamente sus bocas, mi mujer me dijo que sabía besar muy bien, que era muy apasionado.

    Después de un buen rato besándose, él empieza a tocarla, primero suavemente, pero cada vez más apasionado y salvaje, que no era de muchas palabras, pero era muy hábil, tocándola y sobándola por todas partes, tenía bastante experiencia haciéndola excitar con sus manos, que le tocó y acarició suavemente desde la espalda, los muslos, pero al llegar a sus tetas y nalgas fue mucho más agresivo, apretando y jalando fuerte, a lo que mi esposa con total descaro gemía y se mojaba muchísimo, que él no tuvo que indicarle qué hacer, ella solita se puso de rodillas porque ya tenía muchas ganas de ver, probar y sentir semejante bulto que había sentido.

    Enrique se dejó hacer, se quedó de pie en lo que mi esposa se arrodillaba frente a él, le bajaba sus shorts de entrenamiento y empezaba a acariciarle, besarle y al final mamarle la tremenda vergota que tenía, que no era tan grande como la de su excompañero Armando, pero sí más bonita, más venosa y le parecía que más gruesa, el olor a sudor de él era embriagante para ella, sobre todo se concentraba en sus huevos grandes, peludos y morenos, ella estaba encantada, muy excitada y se empeñaba muchísimo en hacerle un buen trabajo, intentaba hacer cosas distintas le besaba la punta, le lamía toda la verga, trataba de mamar lo más posible el tronco y terminaba siempre lamiéndole las bolas mientras lo masturbaba con ambas manos, mi esposa perdió la noción del tiempo, solo supo que ya le dolía la quijada de tanta mamada (aunque ni de juego se iba a quejar) y de repente Enrique la toma del cabello, fuertemente pero sin agresividad y la levanta, la tumba en una colchoneta dentro del cuarto, ni siquiera tuvo que abrirle las piernas.

    Mi mujer solita se abrió completamente ofreciendo su sexo a su nuevo amante, a lo que éste sin perder tiempo la toma de los tobillos, se los cruza, los pone encima de su hombro y la clava sin misericordia, hasta el fondo, ella me dijo que nunca fue agresivo, pero sí muy firme, que la metió de una sola estocada hasta los huevos pero no de manera agresiva o desesperada, sino que lo hizo firme pero lentamente y que poco a poco empezó a bombearla, que no había sentido así nunca, que siempre eran o muy desbocados o muy suaves, pero que él era perfecto, la penetraba poco a poco con firmeza, pero sin rudeza, y cada vez, de manera gradual iba aumentando el ritmo de manera casi imperceptible, hasta que ella se vio siendo masacrada por sus penetraciones, que solo sentía su tremenda vergota entrando por su vagina y casi saliendo completamente mientras le caía el sudor del vecino en la cara, aunque para ella era casi un elixir.

    No supo cuántas veces la hizo venir de esa manera, pero de repente el tipo le descruza los tobillos, se levanta, se tira en la colchoneta y le ordena que le toca a ella darse de sentones, a lo que mi esposa encantada le pregunta si quiere verle el culo o jugar con sus tetas, él le dice que quiere ver esa cara de zorra mientras ella solita se mata con su palo. En ese momento yo estaba ya haciéndole sexo oral a mi esposa, le pregunté que si había sido tan caballeroso, porque venía toda adolorida, a lo que ella me responde dándome una pequeña bofetada y diciendo, calla putito, aún no acabo de contarte como usaron a tu mujer, así que sigue con tu trabajo de buen cornudo; me contó que en ese momento ella quería que él fuera más agresivo, que ya había sido suficiente de ser tan correcto, por lo que ella es la empieza a darle unas cachetadas mientras lo montaba lo más fuerte que podía, pero Enrique no reaccionaba, aguantaba como todo un campeón.

    Entonces mi esposa de plano le dijo, hazme tu perra, quiero ser tu zorra, con una cara de sorpresa el vecino tuvo la sangre fría aún mientras se estaba clavando a mi mujer que si estaba segura; ella en un espasmo de placer le dijo que sí, que lo quería duro, que para hacerlo suave ya tenía al maricón de su marido; en eso, ella se dio cuenta que entendió perfectamente lo que quería, porque de repente y cuando le iba a conectar otra bofetada, él le toma la mano de la muñeca y con su otro brazo le da tremenda cachetada que hace que mi esposa voltee la cara completamente, de repente le dolió pero era lo quería así que terminó gimiendo, a lo que su amante entendió que realmente le gustaba eso a mi esposa, por lo que le dio otras dos bofetadas a mi mujer, pero ella me contó que no se contenía que le daba con todo, entonces la tomó del cabello por la espalda mientras ahora sí levantaba de manera agresiva su pelvis para penetrar aún más a mi mujer mientras ella solita se daba de sentones.

    Me contó que no duraron mucho con ese ritmo, entonces sin soltarla del cabello le indicó que se levantara, pero en cuanto lo hizo, le jaló la cabeza hacia abajo, la empinó y sin muchos miramientos ahí mismo se la ensartó por atrás, de una sola estocada, y empezó un mete-saca brutal, donde mi esposa solo gemía y gemía, me dijo que perdió la cuenta de cuántas veces se vino, pero que la primera fue cuando el cabrón puso su pie en la cabeza de mi esposa, como para marcar su dominio, que eso la hizo venirse de inmediato, porque se sintió muy, pero muy sometida sobre todo por alguien tan fuerte; y el cabrón de Enrique también se vino completamente en su conchita desprotegida mientras bufaba como toro.

    En cuanto terminó de contarme la tremenda cogida que le dió el vecino, le pregunté si entonces no le dio por el culito, a lo que ella me respondió que no, y que le estaba dando tan bien y tan rico que quiso que hiciera lo que quisiera; también le pregunté si había hecho mucho escándalo, a lo que riendo me dijo que sí, que estaría extrañada si alguna persona que estaba en el gym (que no eran muchos por la hora) no se hubiera enterado de que le estaban dando tremenda cogida, fingí enfado diciéndole que ahora como iba a presentarme al gimnasio, a lo que ella muy divertida me dijo que no me hiciera pendejo, que bien que me gustaba presumir mis cuernos, y que entre más grandes los tuviera mejor, le pregunté “muy ofendido” que cómo decía eso, a lo que ella respondió que siempre la animaba a que fuera muy sexy vestida al trabajo y que le festejaba cada que me contaba las actitudes francamente de zorra que tenía en el trabajo, así que ya se había dado cuenta que no solo me gustaba saber lo cornudo que era, sino que disfrutaba ampliamente de la humillación de que se supiera, sobre todo porque, al menos una vez a la semana yo iba por ella a la escuela sin ningún problema; a lo que terminé riendo con ella y diciéndole que también me encantaría verla, a lo que ella se sonrió y me dijo que en cuanto se pudiera lo haría.

    No sabía lo pronto que se me cumpliría esa promesa; por lo pronto Enrique se volvió un asiduo amante de mi esposa, era raro que no regresara muy satisfecha de su rutina en el gym; aunque me contaba que ya se contenían, que solo 2 veces lo habían hecho en el cuarto de los entrenadores, que en cuanto terminaban su rutina se iban a casa de Enrique (frente a la nuestra) a que le diera lo suyo a mi esposa (mínimo eran 3 veces por semana que se acostaba con ella); y a ella se le notaba lo feliz y satisfecha que estaba, y me comentaba que principalmente era porque había entendido que tenía que someterla siempre, y pues estaba más que encantado de hacerlo, obviamente en su segundo acostón le dio por el culo, y ya siempre se lo hacía por ahí; respecto a mis visitas al gym, yo iba normal, pero terminaba con una erección tremenda porque todos los entrenadores y algunos usuarios se me quedaban viendo con cara o de pena o de burla, me encantaba esa sensación de saber que ellos pensaban que yo era un tonto, pero que en realidad estaba aún más enterado que ellos de las puterías de mi mujer, y estaba orgulloso de eso.

    Así pasaron más o menos 3 meses, en ese tiempo mi esposa había sido muy clara con Enrique sobre el hecho de que me encantaba ser un cornudo y que sabía prácticamente todo lo que hacían, pero eso en lugar de intimidarlo lo hizo más agresivo, pues se volvió bastante común que mientras estaba con ella me menospreciara haciendo aún más patente su virilidad, además de que le encantaba saludarme y mandarle saludos a mi mujer a lo que yo encantado le decía que con gusto le pasaba sus saludos y se reía burlonamente.

    Un viernes, sin que yo supiera nada mi esposa me envió un whats diciéndome que no me preocupara por los niños, que mis suegros pasarían por ellos a la escuela, le comenté que entonces adelantaría unas cosas en el trabajo y ella me dijo que encantada; no me tardé mucho en el trabajo, así que compré unas flores y una botella de vino y fui rumbo a mi casa, definitivamente no esperaba lo que vi, traía el estéreo a casi todo volumen, así que mi sorpresa fue mayúscula cuando al poner la llave en la cerradura de la entrada escuché un claro grito de mi mujer, inmediatamente me excité, pues sabía que estaba a punto de, al fin, cumplir mi máxima fantasía, ver a mi esposa bien ensartada, pero la visión fue brutal, los dos estaban desnudos, salvo por los tenis de mi mujer, mi esposa estaba tumbada boca arriba sobre la mesa del comedor con los ojos cerrados y Enrique le tomaba los tobillos mientras le daba endiabladamente fuerte.

    Claudia se retorcía y gemía, se retorcía y gritaba que le diera más, que lo haga más fuerte, el olor a sudor y sexo era bastante fuerte, por lo que deduje que ya tenían un tiempo cogiendo, en cuanto el vecino se da cuenta de que estoy observando se calma un poco y le dice a mi esposa que el pendejo del cornudo acababa de llegar, mi mujer entre jadeos entre abre los ojos, me manda un beso y me dice, sorpresa mi amor, mira como un verdadero macho se coge a tu mujer, a ver si aprendes algo, y ambos amantes ríen y siguen a lo suyo olvidándose de mí, creo que Enrique quería demostrar lo hombre que era, porque casi de inmediato voltea a mi mujer en la misma mesa, le ordena que se abra las nalgas, para que el pendejo de su marido vea por primera vez como un macho de verdad la encula, yo estaba como congelado, no sabía qué hacer.

    Mi esposa me voltea a ver, y le dice, mira, el pendejo de mi marido no sabe ni qué hacer al ver a un hombre de verdad tirándose a su esposa y solita se abre las nalgas y me dice, pon atención maricón, al fin vas a ver mi culito comiéndose una verga de verdad, se veía tremendamente sexy de esa manera, completamente ofrecida y sometida, además de que el cuadro era muy impresionante, porque Enrique era muy fuerte, tenía un cuerpo muy trabajado, hasta los abdominales se le marcaban, era muy erótico ver a dos personas tan tremendamente sexys y atractivas teniendo un sexo tan salvaje; estaba en esos pensamientos cuando veo a Enrique tomar su tremendo aparato (nunca había visto uno tan grande, digo, no había visto muchos, pero ahora entendía las burlas de mi esposa, me llevaba fácil 5 cm) y dirigirlo al estrecho agujerito trasero de mi esposa, casi trato de evitarlo pensé que le haría daño, sin embargo, en cuanto empezó a empujar, el culo de mi mujer lo recibió bastante bien, y mi esposa empezó a quejarse débilmente, aunque pronto sus débiles quejidos se convirtieron gemidos y gritos.

    No sabía que mi esposa era tan escandalosa, obviamente conmigo no hacía ni ruido, solo cuando le arrancaba orgasmos con mi lengua y jamás gritaba tanto; pero ahora escuchaba claramente los frenéticos gritos de mi mujer mientras Enrique la taladraba con todo en su pequeño culito; era demasiado excitante, para ser sincero terminé en ese momento sin tocarme, lo bueno es que nadie se dio cuenta; y en esos momentos escuché los bufidos brutales del vecino marcando el momento en el que vaciaba sus tremendos huevos dentro de mi mujer, Enrique se sentó en una silla cerca de mi esposa y ella me volteó a ver de manera muy sensual y me dijo, amor mío, tengo lechita muy fresca en el culo, me quedé encandilado con la imagen del culo de mi esposa recién reventado y rebozando de leche, era impresionante, realmente era muy elástico, porque ahora sí se le veía dilatado y por esa misma dilatación el semen de Enrique rebalsaba, se veía tremendamente erótico.

    Creo que me quedé congelado mucho tiempo, porque de repente escucho la voz perentoria de mi esposa diciendo, más bien ordenándome, que me apurara a limpiar, que ya estaba cansada, despierto de mi ensoñación, de inmediato me pongo de rodillas y por fin empiezo a limpiar con mi lengua la tremenda cantidad de leche que nuestro vecino le había depositado a mi esposa, sabía increíble, además de que estaba tibia, para nada grumoso, y tenía un sabor a los jugos de mi esposa que era simplemente increíble, mi mujer empezó a gemir y gemir diciendo que había sido muy excitante que el pendejo de su marido viera como se la cogía un macho de verdad, en cuanto termino de limpiarla y ella llega a su orgasmo, va y se sienta en la sala, que se encuentra al lado de la mesa del comedor.

    Yo seguía de rodillas con leche de Enrique en mis labios cuando el callado del vecino empieza a hablar, diciendo que fue terriblemente excitante ver como el esposo de su amante, el hombre que debía ser el hombre de la casa, el macho, estaba como un puto becerro lamiendo, tragando y limpiando su leche, y entonces le preguntó a mi esposa que si le prestaba al maricón de su marido para que también le limpiara la verga, a lo que mi esposa antes de que yo pudiera siquiera reaccionar empieza a reírse a carcajadas y le contesta que por supuesto, que seguro yo estaría encantado; de inmediato contesto que no soy gay, que no quiero hacer eso.

    Enrique truena la boca decepcionado y mi esposa se pone seria y me empieza a hablar bastante fuerte, me dice, mira maricón, no niegues que te encanta la leche de macho, en estos meses de cornudo has tragado más leche que yo durante toda mi vida, se que no eres gay, que no te excita Enrique, pero sí te excita someterte a él a su tremenda verga y sus hermosos huevos, y además, si no obedecer como el cornudo pendejo que eres entonces no puedes estar aquí, no me verás más teniendo sexo con nadie. Me quedé pensando en todo lo que me dijo mi esposa, empecé a aceptar la situación, cuando el vecino en un alarde de machismo me dijo, venga putito, ven y empieza a limpiarle el rabo que se chingó a tu mujer, yo aún seguía de rodillas, así que solo tuve que moverme un par de metros, la verga no se veía tan enorme ni tan gruesa como la recordaba, aunque era natural porque acababa de descargarse, olía de manera muy fuerte a sudor, a sexo, a semen, a mi esposa, eso era muy provocativo, y aunque ya no me sentía excitado en absoluto empecé con mi labor de limpieza usando mi lengua.

    Empecé por la punta (estaba circuncidado), se sentía suave pero firme y a decir verdad, deliciosa, ya más animado empecé a lamerle el tronco y a acariciarle las pelotas, Enrique empezó a gemir y eso me excitó, le dijo a mi esposa que me tenía muy bien entrenado porque comía verga muy bien; entonces me tomó de la nuca y me obligó a que se la chupara, ahí fue cuando empecé a excitarme de nuevo, cuando me dio chance me la saqué de la boca y empecé a lamerle y besarle los huevos, que eran enormes y peludos, y apestaban delicioso a sexo y sudor; en una de esas volteé a ver a mi esposa y para mi sorpresa se estaba tocando mientras observaba atentamente como le hacía sexo oral a su amante, en cuanto me vio, me dijo, ya ves que si te iba a gustar putito, si eres todo un maricón mama verga, y es muy excitante ver a mi esposo comiéndole los huevos a mi amante, después se levantó y empezó a besarse de nuevo con el vecino, pero éste nos detuvo a los dos y nos dijo que mejor tomáramos el vino que había llevado, a lo que estuvimos de acuerdo.

    Esa noche fue memorable, Enrique se quedó a dormir, aunque realmente casi no lo hizo, porque se chingó a mi mujer 3 veces más, y cada vez más aguantaba como un camión, era impresionante, después de tomar un poco y pedir de cenar nos fuimos a la habitación y de ahí no salimos hasta el mediodía del día siguiente, y pasada la pena de hacerle sexo oral a su amante, no me tenía que decir, pero cada que acababa dentro de mi esposa, la limpiaba a ella y después a él, y no solo eso, después de descansar un rato me ponía a mamarle la verga de nuevo mientras se besaba y toqueteaba con mi esposa, en la última de las cogidas (a punto de amanecer) mi esposa quiso hacer lo que llamó el 69 cornudo, me puso debajo de ella, naturalmente a mí ni me tocó, pero Enrique la penetraba primero por la panochita y después por el culito, y mientras lo hacía yo les hacía sexo oral a ambos, cuando lamía el clítoris de mi mujer ella se volvía loca, decía que era la mejor sensación del mundo.

    Llegó a no sé cuantos orgasmos y hasta un squirt mientras lo hacía, era increíble, aunque claro que no solo la atendía a ella, ya fuera por órdenes del vecino o por iniciativa propia también le lamía y besaba los huevos a Enrique mientras la penetraba, también noté que eso le fascinaba, sobre todo cuando tenía a mi esposa ensartada por el ano, porque le daba más duro en cuanto empezaba a hacerlo, yo estaba extasiado, y calculo que estuvimos en esa posición por casi 2 horas, las mejores 2 horas de mi vida sexual sin dudarlo, naturalmente me vine casi al principio, pero no importó, porque no se me bajó la excitación aunque no volví a terminar.

    En cuanto terminamos esa sesión específica, mi esposa y mi vecino se quedaron dormidos abrazados mientras me bajé a prepararles un desayuno, en cuanto despertaron se bañaron y por los gemidos parece que lo hicieron por última vez en la regadera, ahí Enrique no requirió mi boca para nada, bajaron y se sorprendieron al ver el desayuno servido, Enrique comentó que ojalá todos los cornudos fueran como yo; el desayuno fue muy entretenido, platicamos de muchas cosas, nos reímos de como los entrenadores del gym le preguntaban a Enrique si no tenía broncas con el marido de la ricura que se estaba comiendo, pero él muy contenido les decía que creía que yo no sabía nada, a lo que le decían burlonamente que seguramente yo no sabía como iba ella vestida a los entrenamientos, que se notaba que iba pidiendo guerra. Total que como a las dos horas Enrique se fue no sin antes besar a mi esposa en la boca y despedirse de ambos.

    Continuará.

  • Iniciando con hombres maduros (parte 1)

    Iniciando con hombres maduros (parte 1)

    Un joven de 22 años se anima a cumplir sus fantasías, venciendo la timidez y yendo cada vez más lejos con diferentes hombres maduros. Mi nombre de incógnito es Carlos y lo que estoy a punto de relatar, aconteció en el 2021, cuando por fin me atreví a encontrarme con un hombre maduro y ver qué pasaba. Ya que desde el 2020, en medio del aburrimiento producto de la cuarentena por el covid, me descargué una aplicación de citas y entré a curiosear al mundo de los encuentros casuales, después de varios meses de matchs y mucho más rechazos, coincidí con Fernando, un veterinario maduro de 52 años que tenía su veterinaria a unos 400 metros de mi casa.

    Fernando fue muy amable y comprensivo, de los pocos que aceptaron mis condiciones para un encuentro, yo era un joven virgen e inexperto pero con ganas de experimentar aunque también con miedo de las enfermedades y los riesgos que existen al tener relaciones con alguien, por lo que pedía solo conocernos la primera vez y si hubiera sexo oral sería con preservativo(la razón de decenas de matchs fallidos), sin embargo para mi buena suerte Fernando estuvo de acuerdo con mis condiciones y aceptó que nos veamos.

    Fue un día viernes, hacía mucho frio y mis padres habían salido de casa muy temprano, yo había acordado con Fernando vernos aquel día a las 8 am en su veterinaria antes que empiece la atención al público, me bañé a las 7 am y me alisté para salir, a pesar de los nervios y dudas, tomé mi bicicleta y fui manejando hasta su consultorio veterinario, él ya se encontraba allí, entré tímidamente y lo saludé, nos dimos la mano y me invitó a pasar a su oficina, conversamos algunos minutos.

    Luego se acercó a mi y me tomo de la mano mientras seguíamos charlando, poco a poco fue llevando mi mano hacia su pene y lo toqué por encima de su pantalón, era la primera vez que rozaba un miembro, me excité de inmediato y él lo notó, por lo que me invitó a desabrocharle el pantalón y mamársela.

    Cuando lo hice y toqué un pene por primera vez, sentí electricidad a través de todo mi cuerpo, lo masturbé por unos minutos pero no se le paraba, me dijo que necesitaba ver un culito para ponerse duro por lo que me ordenó voltearme y recostarme sobre su escritorio, me bajó los pantalones y empezó a acariciar mis nalgas mientras se masturbaba, era la primera vez que alguien me tocaba la cola y lo disfrute como nunca.

    Por fin, él se puso duro y me dijo que se la chupará, le recordé nuestro trato y le puse un preservativo, se la empecé a mamar pero al rato se le bajó la erección, producto de mi falta de experiencia y la poca sensibilidad generada a través del condón, un poco decepcionado me dijo que lo mejor era dejarlo ahí por el momento.

    Regresé a casa un poco triste pero también muy excitado por aquella experiencia de tocar un miembro y se acariciado lascivamente por un hombre maduro, esa sería la última vez que vi a Fernando pero también fue el primer paso para ganar más confianza y conocer más maduritos.

    Meses después…

    Continué en la app de citas haciendo matchs y quedando en nada con varios hombres, ninguno aceptaba mis condiciones, por lo que decidí solo pactar el conocernos en la primera cita, dejando de lado todo lo sexual, en un fin de semana común y corrientes hice match con Ricardo y Marcos, de 50 y 45 respectivamente, luego de conversar todo el domingo, quedamos en conocernos pronto, Ricardo vivía cerca del trayecto que yo recorría a diario para ir a trabajar, por lo que acordamos que lo visitaría en su apartamento al salir del trabajo, esa misma semana Marcos también me invitó a conocernos pero él vivía al otro lado de la ciudad por lo que sugirió que lo visite en su trabajo. Yo estaba feliz, tenía dos citas en la misma semana, martes con Marcos y el jueves con Ricardo.

    Llegó el martes, eran las 6pm, salí del trabajó apurado y ansioso, tome el tren y luego un taxi para llegar al trabajo de Marcos, él era portero en una edificación de 4 pisos en los que funcionaban oficinas, me estaba esperando en la puerta, cuando me acerqué tímidamente y le pregunté su nombre, era él, conversamos unos minutos fuera del edificio, pero nos quedamos sin tema de conversación, yo traté de continuar la conversación llevando al lado sexual, me dijo que la tenía corta pero gruesa, le pregunte si podía verla y me dijo que sí.

    Pasé a la recepción y luego a un pequeño almacén al lado de la cochera, se bajó los pantalones y me mostró su pene, estaba circuncidado y la cabeza brillaba, lo acaricié brevemente y me agaché para verlo de cerca, aquel día no había llevado condones porque solo tenía intención de conversar, pero al ver aquel miembro y tenerlo tan cerca, algo dentro de mí me impulsó a chupársela, aún recuerdo ese momento, fueron unos segundos pero en mi mente parecieron minutos, pensaba que iba a hacer mi primera felación, ese miembro tenía algo que me provocaba saborearlo, estaba decidido a hacerle un oral sin protección, la calentura del momento pudo más, lo tomé con mis manos, cerré los ojos y cuando me disponía a ponerlo en mi boca, se escuchó una llamada en la recepción.

    Marcos se puso nervioso, se acomodó el pantalón rápidamente y me indicó que permaneciera en el almacén hasta que él regrese, Marcos fue a recepción a atender el llamado y regresó al cabo de 10 minutos, mientras yo esperaba, pensaba en el contexto, era un joven oculto en un almacén dentro de un edificio extraño, donde nadie me conocía, esperando para probar mi primera verga con alguien a quien acaba de conocer hace 15 minutos.

    Lamentablemente, Marcos desistió de la mamada, ya era muy riesgoso para su trabajo que yo, un joven extraño estuviera en el almacén, por lo que me indicó que me fuera pero el fin de semana me esperaría en su casa para terminar lo que habíamos empezado, sin embargo, eso nunca se concretó.

    Un poco decepcionado por lo del martes, esperé al jueves para encontrarme con Ricardo, nuevamente salí 6pm del trabajo y me dirigí a su apartamento, llegué a la puerta y lo llamé, él bajo, me abrió la puerta y me invitó a subir al octavo piso, entré tímidamente y nos sentamos en el sofá, encendió la tele y empezamos a conversar, él era muy amable, sabía llevar una conversación, me contó muchas cosas sobre él, preguntó sobre mí y luego de media hora conversando me invitó a su cuarto, con la promesa de no hacer nada que yo quisiera, acepté y entramos.

    Tenía una vista muy bonita y me perdí viendo el horizonte por unos segundos, cuando de pronto se acercó por detrás y me abrazó, vimos la ciudad a través de su ventana por unos minutos mientras me susurraba cosas bonitas al oído y de pronto me besó, me tomó por sorpresa, nunca había besado a alguien, intenté separarme pero me tomó con más fuerza, luego metió su lengua en mi boca y me rendí, me entregué al placer de un beso apasionado, le dije que yo solo tenía la intención de conversar y nada más, señaló mi pene que estaba duro y dijo que me dejara llevar, nos desnudamos y nos besamos de nuevo.

    Luego se lanzó desnudo a su cama y lo seguí, lo abracé y le dije si se la podía mamar, me había quedado con la espina del martes, me dijo adelante, es toda tuya, sin embargo, esta vez no me provocaba mamársela al natural, por lo que fui a buscar un preservativo para ponérselo y chupársela, pero al ver lo que quería hacer, Ricardo se molestó, le dije que por favor me dejara mamársela con condón, pero no aceptó, rápidamente su expresión amable cambió, me dijo que me fuera, que solo le hice perder el tiempo, me empujó fuera de su apartamento mientras yo trataba de vestirme, pude salir de allí y me fui a casa.

    Luego de estas 3 experiencias donde todo quedó en nada desinstalé la aplicación y no busqué más por varios meses, hasta llegar a mediados de 2022.

    Decidí intentar conocer gente por Facebook parejas y la situación era la misma, matchs que no se concretaban, hasta que lo conocí a él, Hernán, 53 años, bien parecido y sin aparentar estar en la base 5. Muy amable y cariñoso, aceptó mis condiciones y quedamos en encontrarnos en su tienda de ropa para mujeres, llegué al lugar, la primera vez había una clienta, esperé a que se fuera y me presenté con Hernán, me invitó a pasar a su oficina detrás de la tienda y sin tanto palabreo, fui a lo mío, le baje los pantalones, tenía una verga hermosa de unos 16cm, le puse el condón y se la empecé a chupar.

    Por fin lo había logrado, era el primer miembro que me comía, fueron varios minutos de masturbarlo y mamársela hasta que se vino, una buena cantidad de semen, quedó atrapada en el condón mientras yo se la seguía chupando y sentía algo tibio dentro del condón, se limpió y yo también. Había hecho acabar a un madurito a pesar de no tener experiencia mamando, me sentía orgulloso jajaja, tengo talento pensé para mis adentros, me despedí y me fui, al salir sentí culpa, sentía que la gente me miraba, que sabían lo que había hecho, que acababa de mamarle la verga a un maduro hasta hacerlo venir, poco a poca esa culpa se convirtió en excitación y decidí que lo volvería a repetir.

    Fueron 6 meses de visitar semanalmente a Hernán, ponerle un preservativo y mamársela, se convirtió en una rutina, le dije que quería hacer algo nuevo, intentar algo más, pero no quería que me penetre, su miembro medía 16 cm y era grueso, definitivamente me iba a doler, por lo que me planteó que si yo quería que le presentara a un amigo para mamársela a él también y acepté siempre y cuando sea bajo mis condiciones, su amigo aceptó y experimenté lo que era chupar dos vergas al mismo tiempo, me sentía en una peli porno jajaja, yo un joven con dos maduros, desechándolos cada vez que me llamaban, muy rico todo pero volvió a convertirse en rutina, así que decidí dar el siguiente paso, ser penetrado.

    Un día que solo estaba Hernán, le dije que me la metiera, sus ojos se iluminaron, llevaba tiempo queriendo hacerme suyo pero me respetaba, esperó que yo se lo pidiese y por eso sentí que se merecía ser mi primer hombre, para mi mala suerte no había llevado lubricante, por lo que me dilate un poco con mi saliva y luego me empiné y le ofrecí mi cola, puso su pene en la entrada y empujó, mi dilatación no era suficiente, él siguió intentando por varios minutos hasta que me tomó de los hombros y me la enterró, solté un pequeño gritó de dolor y cuando se disponía a sacármela sentía más dolor, le pedí que la dejara adentro por unos momentos y lo hizo, luego empezó a meter y sacar pero me dolía demasiado, le pedí parar y me la sacó, nos despedimos y me fui, no podía caminar, caminé como pude al paradero para ir a mi casa con la cola adolorida, no lo volví a contactar más, ese pene era demasiado para mi.

    Seguí buscando en Facebook parejas hasta que encontré a José, un maduro de 55 años, un carpintero que vivía a 25 minutos de mi casa, vivía en una zona no urbanizada, no había asfalto, solo caminos de tierra, era un barrio pobre, lo visité un día que salí temprano del trabajo, le caí de sorpresa, lo encontré trabajando una puerta de madera, me hizo esperar 1 hora a que termine su trabajo, luego media hora más por que entró a su casa, mientras me tenía esperando en la puerta de su taller, pasaban algunos vecinos de la zona y me quedaban mirando, me sentía incomodo.

    Así que lo llamé y salió desnudo solo con una toalla cubriendo sus partes, cerró su taller y me invitó a pasar a su cuarto, era una casa sin acabados, estuvimos en su cama viendo la tele, él solo estaba cubierto por la toalla y su pene se puso duro, hizo a un lado la toalla y me mostró su pene, unos 15 cm, el tamaño no estaba mal, pero me encantó el grosor, se veía delgado, yo me había metido cosas iguales así que no me iba a doler, decidí que era el día…

    Continuará.

  • Señor del cine me vuelve a coger

    Señor del cine me vuelve a coger

    Esta es una continuación del relato anterior. Después de que Raúl me cogió en los baños, habíamos intercambiado números y por esto mismo las siguientes dos semanas me mandaba fotos de su verga o sus testículos diciendo si se me antojaba.

    Comenzando la historia un día Raúl me mando una foto de que habían llegado sus resultados y que estaba libre de cualquier ets, que si ahora si me la dejaba meter a pelo a lo que le conteste qué por su puesto, así que acordamos el encuentro sería un sábado.

    El día del encuentro paso por mi en su carro y apenas me senté ya tenía la verga de fuera por lo que comencé a chupársela, deguste con gusto el sabor de su glande, cada que pasaba la lengua podía apreciar más su textura y el sabor del líquido preseminal qué estaba saliendo en mayor cantidad con cada chupada, yo solo escuchaba como su respiración se agitaba por la mamada qué le estaba propiciando, cada vez palpitaba más su verga hasta que se comenzó a venir en gran cantidad, que por supuesto bebí todo con mucho gusto.

    Después de eso comencé a lamer su pené para quitarle los restos de su delicioso semen qué aun había, el optó por detenerme ya que dijo si se la seguía mamando lo iba a dejar seco y no iba a poder cogerme, el comentario me hizo reír pero le hice caso y así llegamos.

    Al entrar a su casa me comenzó a besar con bastante pasión, no dejaba de darme besos hasta que comenzó a bajar hacia mi cuello y procedió a desvestirme no dejaba de besar mi cuerpo, lo continuo haciendo hasta que me comenzó a dar un beso negro según el para prepararme, cuando termino me puso en cuatro en su cama y comenzó a cogerme, como dije en el relato anterior Raúl cogía riquísimo eran una mezcla de movimientos circulares seguidos de metidas primero lento luego rápido y de nuevo lento, después de un rato sentí que se venía en gran cantidad lo cual me sorprendió porque hace unos minutos se había venido bastante así que era sorprendente que pudiera sacar tanto semen, me estuvo escurriendo su semen por varios minutos.

    Después de que se vino me dijo que le limpiara la verga la cual estaba llena de semen y yo sin resistirme se la chupe hasta dejársela limpia, sin un solo rastro de semen, por estársela chupando se le volvió a parar y me dijo te quiero volver a rellenar pero ahora tu date solo, por lo que ahora me monte sobre el y comencé a darme gusto a mi ritmo, mientras hacía esto el comenzó a morbosearme me decía «te gusta mi verga», «quieres más», «te gusta como te cojo», a lo que yo solo le decía entre gemidos qué me encantaba su verga, que no me la sacara nunca.

    Y ahí dijo algo que cambio de tono las cosas ya que me comenzó a decir cual verga te gusta más la mía o la de tu ex novia Fernanda, y esta vez no le conteste, ya que aunque era cierto que cogía rico Raúl no se comparaba ni en lo largo ni en lo grueso a la verga de Fernanda, qué prácticamente cada que me cogía me hacía tener orgasmo secos pero eso no se lo iba a decir, así que aunque insistía en su pregunta no le dije nada, y en vez de enojarse comenzó a decir así que te gusta más su verga te cogeré tanto que te haré qué la olvides, te cogeré tanto que haré que solo pienses en mi, y como que se tomó todo personal ya que apenas se venía me volvía a coger y así siguió hasta que por más que quiso ya no se le paraba.

    Después de esta larga sesión de sexo me dijo que si aun prefería la verga de Fernanda, y yo le dije que no que ahora la suya, a lo que me contestó que no mintiera qué se notaba que lo decía para no herir su orgullo a lo que yo sonreí, él me dijo que me haría cambiar de opinión ya sea con su verga o más vergas, ese comentario me hizo pensar a que se refería.

  • 14 días de confinamiento durante la covid 19

    14 días de confinamiento durante la covid 19

    Después que mi hermano, mi mamá y yo nos mudamos a la otra ciudad no sabíamos que ahí ya había casos de la covid 19 unos días después comenzó el confinamiento, ya a mi madre la habían aceptado en el hospital y estaba realizando guardias especializadas casi a diario.

    Es por eso que cuando llegábamos a casa nos exigía por separado cambiarnos y la ropa de la calle llevarla a un solo sitio y no tocarla más.

    Una tarde en la cena nos dijo a mi hermano y a mí que en dos días comenzaría el confinamiento y ella tendría que estar en el hospital por 14 días, eso nos dio tristeza, pero nos dijo que en casa había todo lo necesario para pasar todo ese tiempo sin salir.

    Al día siguiente fuimos al hospital con ella y nos despedimos en la entrada y fuimos para la casa.

    Seguimos las instrucciones y en la puerta de la casa nos quitamos toda la ropa, me dio un poco de vergüenza con mi hermano porque tenía la vagina afeitada y yo no quería que nadie lo supiera, solo me dijo hermanita es muy linda tu vagina así, yo le respondí no seas tan pervertido que soy tu hermana y me da mucha vergüenza.

    Llevamos toda la ropa y la dejamos en el baño y fuimos para la cocina y le dije que nos quedaríamos desnudos mientras nuestra madre estuviera fuera y seria sin nada de ropa, yo la verdad nunca lo había hecho y la idea no me gustaba porque sabía que mi hermano se masturbaría de mi en cualquier momento y eso no me gustaba.

    Después de bañarnos me solté el pelo y me puse las chancletas y así preparamos la cena entre los dos, la verdad sentía vergüenza estar desnuda delante de él, pero la idea me fue gustando, hablamos de muchas cosas y mientras cenamos comenzamos a hablar del sexo anal, realmente me excite mucho y se me pararon los pezones, el me mostró su pene y tenía tremenda erección. Le dije que tenía el culo hecho agua porque lo único que quería era singar por el culo.

    Acordamos no masturbarnos y desde esa noche dormiríamos juntos y que por obligación teníamos que singar antes de dormir como lo hacen todas las parejas, cuando nos acostamos no aguantaba los deseos y me puse en 4 y abrí las nalgas, el miro mi ano y dijo que lo tenía muy lindo y la piel muy suave, eso me calentó aún más y le dije que pusiera el pene y empujara despacio, entró muy fácil de la excitación que tenía.

    Le pregunté cuanto te mide el pene y dijo 16 cm y mi ano se lo tragó todo, me singo el culo muy despacio para que no doliera, nos vinimos los dos juntos, nos acostamos abrazados el detrás de mí, al rato le desperté y le dije vamos de nuevo por el culo, levante la pierna y el busco mi culo y lo penetró, lo hicimos 4 veces en la noche, nos quedamos dormidos casi al amanecer.

    Despertamos al medio día, recogimos toda la cama y pusimos todo limpio, nos bañamos juntos y preparamos algo de comer y en la tarde nos fuimos para la terraza, pusimos una colcha y comenzamos a singar, esta vez por la vagina, nos vinimos juntos y descansamos un rato y singamos de nuevo, recogimos todo y fuimos para la cocina, preparamos unas pastas y mientras se hacía nos acostamos en el piso de la cocina a singar de nuevo, en la noche lo hicimos en el portal de la casa, fue rápido porque nos daba miedo, nos fuimos al cuarto y pusimos la colcha en el piso, singamos por el culo, nos quedamos dormidos, por la madrugada él se despertó y me abrazó yo me desperté cuando sentí su pene entrar en mi culo, le dije que ya mi ano estaba necesitando del amor de su pene, cuando se vino casi no salió semen, habíamos singado mucho, descansamos hasta la tarde y comenzamos de nuevo.

    Yo nunca imaginé que sería tan lindo esos días de encierro, el día que nuestra madre llamó dijo que llegaría en la tarde, ese día nos despertamos temprano y nos bañamos juntos como de costumbre, me encantó mucho singar después de bañada, sentía más deseo de singar, hicimos el amor 2 veces seguidas por la vagina, y fuimos para el salón, singamos 2 veces más por el culo, nos bañamos y nos vestimos, nuestra madre llegó y nuestra vida volvió a la normalidad.