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  • La pareja más ardiente del mundo (2)

    La pareja más ardiente del mundo (2)

    Además de ser la hembra de mi primo Hilton, también soy la amante de mi querido padre Roberto con el cual me acuesto desde que tengo 18 años. Hilton sabe de esto, entonces me sugirió que mi padre también sea un participante activo en los tríos que hagamos con su bella novia Marilu. Le conté todo al respecto a mi padre y él encantado de la vida porque siempre pensó en coger con Marilu y no iba a desaprovechar esa oportunidad.

    Cuando llegamos a la casa de Hilton, él y su novia estaban ya con poca ropa esperándonos, ella vestía un conjunto de encaje color rosa pálido que le quedaba hermoso en su piel morena y Hilton simplemente era atractivo en todo sentido en la palabra, verlo desnudo de torso y con solamente un bóxer hizo que me derritiera por dentro, él vino hacia mí y me dio un apasionado beso sin importarle que mi padre estuviese presenciando eso, mientras tanto Roberto aprovechó para charlar con Marilu que luego de un rato lo estaba ayudando a quitarse la ropa.

    A mi padre siempre le ha llamado la atención Marilu por su fetiche a la excitación cuando la humillan durante el sexo o también cuando su novio tiene relaciones con otras estando ella presente.

    Sentí la lengua de Hilton inquieta y húmeda, no dejaba centímetro de mi cuerpo sin recorrer ni besar, nuestros besos eran más apasionados y salvajes que nunca. En unos pocos minutos ya estábamos los dos completamente desnudos. Miré hacia mi costado y vi a Marilu lambiendo la verga de mi padre, lo hacía con los ojos cerrados mientras mi papá tenía una expresión de completa satisfacción en su rostro y le hundía fuertemente su cabeza para que ella lo hiciera más rápido.

    Mi primo me hizo que me acueste en la cama con mis piernas bien abiertas, enseñando mi vulva.

    Cuando Marilu terminó de hacerle sexo oral a Roberto, su miembro quedó muy mojado, lleno de saliva y más duro que nunca.

    Hilton desnudó por completo a su novia, la agarró por la nuca y le hundió la cabeza en mi vagina.

    -Chupa la vulva de mi chica, cornuda mientras nosotros te damos lo que mereces- le dijo y ella empezó a chupar mis labios vaginales y a introducir su lengua en mi clítoris, se sentía tan bien.

    Luego Hilton le dio un látigo a mi padre y él agarró otro.

    -Le vamos a dar latigazos bien fuertes a la cornuda y no va a poder gritar porque tiene su lengua ocupada en una buena vulva- le dijo Hilton a Roberto.

    -¿Cuántos latigazos?- preguntó mi papá.

    -Hasta que las nalgas se le pongan bien rojas, quiero que seas rudo, Roberto, no le tengas compasión- le dijo Hilton con decisión.

    Con cada latigazo, Marilu se estremecía de placer y me hacía más frenético el sexo oral.

    Al principio mi padre no le daba latigazos tan fuertes como Hilton quería, así que mi primo lo empezó a alentar con comentarios que a mi papá lo enfadaban y lo excitaban a la vez.

    -Tu hija me la chupa de maravilla.

    -No sabes lo hermosa que se ve cuando le doy en cuatro.

    -Ella ama saltar encima de mí y que sus senos bailen en mi rostro.

    -Ella es mi hembra y le encanta mi verga.

    Con cada uno de esos comentarios, la rudeza de mi padre aumentaba y descargo toda su furia en las nalgas de Marilu.

    Cuando su culo quedó bien colorado y ella temblaba, Hilton le gritó a Roberto que la penetrara salvajemente.

    Mi orgasmo llegó con la primera embestida de mi padre hacia el culo de Marilu, hasta los primeros segundos fueron completamente salvajes, podía ver la cara de doloroso placer de la chica cerca de mí, ya que me había quedado ahí con mis piernas abiertas manchando las sábanas con mi eyaculación.

    Mi descanso no duró por mucho tiempo porque Hilton vino hacia mí, tomó mis piernas y me penetró, su verga entró fácilmente en mi vulva húmeda llena de la saliva de su novia y su follada fue mucho más intensa y ruda que la de mi papá porque hasta sentía sus testículos chocar contra mi entrada, era como que ya iban a ingresar dentro de mi vagina también y él me embistió llegando bien al fondo.

    Roberto eyaculó en el culo de Marilu, así que, por lo tanto, el interior de su trasero quedó lleno de un delicioso semen. Respecto a Hilton, por sus duras embestidas, logró que me viniera una vez más teniendo su verga adentro y luego me siguió dando hasta que él mismo se agotó para finalmente darme un beso en los labios.

    Hilton le susurró algo en el oído a mi padre, luego vino conmigo y me dijo lo que había planeado y yo lo acepté sin dudarlo porque es una experiencia que quería realizar desde que me enteré en qué consistía.

    Nos pusimos todos en posición del 69, yo con la verga de Hilton en la boca y Marilu con el miembro de Roberto.

    Y los hombres ocuparon sus manos y lenguas en el interior de nuestro trasero.

    Empezamos a hacer la excitante práctica del 69, que es sexo oral mutuo, hasta que los cuatro eyaculemos.

    Era tan rico sentir las manos de Hilton, la lengua en mi agujero y su saliva adentro de mí que creí que no podría aguantar mucho sin correrme otra vez, su miembro se sentía palpitante en mi boca y supe que pronto vendría la cascada tan esperada.

    Mientras tanto, Marilu y mi padre se la estaban pasando bien.

    En el momento en el cual los cuatro terminamos fue lo más delicioso de toda la tarde, porque yo aguanté el semen de Hilton en mi boca sin tragarlo y él hizo lo mismo con mi tercera eyaculación, después acercamos nuestros labios y nos dimos un beso, el beso más ardiente de todos los que nos habíamos dado y mezclamos mis jugos con su semen mediante nuestras lenguas entrelazadas, el sabor de ese beso fue espectacular.

    Después Roberto y Marilu hicieron lo mismo que nosotros.

    Luego de eso nuestra jornada de sexo no había terminado, aún faltaba más porque los dos hombres se fueron con Marilu y fue ahí cuando Hilton dijo:-Vamos a humillarla como ella se lo merece.

    Hilton apuntó la verga en la boca de Marilu y mi padre en la zona de los senos y el abdomen, pero en esta ocasión no la bañaron en semen, en vez de eso lo que la chica recibió fue la lluvia dorada de ambos, se tomó la orina de su novio con mucho agrado y la de mi padre fue toda de sus tetas que también algo se dirigió hacia su abdomen.

    Para aumentar la humillación de Marilu, la follaron entre los dos, Hilton la penetró por el trasero y mi padre le dio fuertemente por la vagina como si se la quisiera destrozar de tanto placer.

    Mi primo me pidió que le ponga mis senos en la boca a la cornuda para que no pueda gemir como a ella le gustaba.

    Mientras tanto, Hilton le decía que era una cornuda, que tenía sus cuernos cada vez más grandes y cada vez que hacía eso aumentaba más su velocidad a niveles totalmente salvajes.

    Finalmente Marilu tuvo una serie de estremecimientos y se corrió con la verga de padre adentro mezclada con el semen que ya tenía en la vulva de parte de Roberto.

    Después de la penetración doble que recibió Marilu la hicieron lamberme los pies para demostrarle que era una sumisa. Ella me los lamió por completo a pesar de que mis pies estaban sudados, la chica me paso la lengua con total sensualidad en movimientos circulares a toda mi planta, hasta se llevó mis dedos a su boca y los chupo también.

    Hilton le puso un collar con correa en el cuello a Marilu y se la dio a mi padre: -Llevátela y folla a la cornuda como una verdadera perra, hazla gritar- eso fue lo que dijo mi primo.

    Mi papá obedeció y se llevó a Marilu y la chica camino como si fuese un perrito totalmente desnuda y con semen goteando.

    -Y ahora voy a seguir follándote- dijo dirigiéndose hacia mí, yo sonreí y me entregué a él muchas veces más esa tarde aunque terminé más llena de semen que nunca.

  • Puterío después de una fiesta

    Puterío después de una fiesta

    Poco a poco fui despertándome, abriendo los ojos e intentando ubicarme tanto mental como físicamente. Miré a todos lados y me percaté de una cosa muy importante, que no estaba en mi habitación y por ende no estaba en mi casa.

    Me di la vuelta y vi a un chico durmiendo a mi lado, intenté hacer memoria y me acordé de la fiesta de ayer, del chico que conocí, el cual estaba dormido junto a mí, y de que bebí mucho alcohol. Me fui quitando las sábanas y vi que estaba totalmente desnuda, con toda la información en mi cabeza supuse lo que pasó: fiesta, lío y sexo estando borracha. No era la primera vez que me pasaba por lo que no me preocupaba mucho.

    Aun estando desnuda me levanté de la cama, noté una puerta semiabierta que llevaba a un pequeño baño, entré, me lavé la cara y miré mi cuerpo por si encontraba alguna marca, solo vi mis rodillas y glúteos rojizos, sospeché que fue una noche intensa.

    Volví a la habitación, vi toda mi ropa de ayer tirada por el suelo. Una a una fui recogiendo las prendas y las coloqué a un lado de la cama, encontré el móvil y me puse a responder mensajes para al menos dar señales de vida y quitar preocupación a mis amigas, mientras estaba en ello escuché ruidos detrás de mí y noté una mano rodeándome la cadera.

    -¿Ya te vas?

    Me aparté de la cama de un salto, me di la vuelta y suspiré por el susto que había recibido.

    -Perdón, no quería asustarte -Me dijo el chico-.

    -No pasa nada… si yo ya me voy.

    -¿Y nada de repetirlo?

    -No la verdad es que quiero irme.

    -Venga, si te gustó lo de anoche, incluso dijiste que querías repetirlo.

    -No me acuerdo de nada de anoche.

    -Estábamos muy borrachos, bueno, tú más que yo, pero recuerdo que nos lo pasamos muy bien.

    -Vale bueno me alegro de que nos lo pasásemos bien, pero yo quiero volver ya a casa.

    El chico se levantó desnudo, me fijé en su miembro el cual estaba erecto, buscó sus pantalones y al encontrarlos sacó su cartera, buscó dinero y me ofreció 20€.

    -20€ y follamos.

    -¿Tú te crees que soy una puta?

    -¿Quieres más?

    -No, quiero irme.

    Sacó otros 20€, los rechacé. El chico se rio, se acercó a la mesilla de noche que tenía al lado, rebuscó entre algunas cosas, sacó una pequeña bolsa de la cual me reveló dos billetes de 50€

    -140€ y una follada rápida.

    Me lo estuve pensando mucho y al final acepté. Tras decir que sí se acercó a mí, rodeó mi cuerpo con sus brazos y empezó a besarme, yo me dejé llevar, puse mis antebrazos sobre sus hombros y seguí sus besos como si nada. También pasó sus besos de mis labios a mi cuello, y de mi cuello a mis tetas. Me lamía y mordía los pezones, estrujándomelos tanto con sus dientes como con sus dedos. «Que tetas tan grandes» me dijo. Luego subió de nuevo a besarme.

    Tras un buen rato besándonos me dijo de arrodillarme, yo le hice caso y me puse al nivel de su miembro.

    -Cómetelo.

    Agarré su polla con una de mis manos, la empecé a manosear mirándola fijamente y me la metí en la boca. Gemí cuando tuve su miembro dentro de mí, comencé a mamarla lentamente aumentando el ritmo cada cierto tiempo. Él me agarró de la cabeza y comenzó a follarme la boca muy intensamente, yo me quedé quieta para recibir sus pollazos en mi boca los cuales llegaban al fondo de mi garganta, su glande se metía y salía rozando mi lengua y chocando contra mi campanilla. Después empujó mi cabeza contra su miembro el cual quedó entero dentro de mi ahogándome, aguanté la garganta profunda, y cuando me la sacó vi su miembro totalmente mojado por mis babas.

    Me tumbé boca arriba al borde de la cama, abrí mis piernas y le dije que me penetrase, y eso hizo. Se acercó a mi vulva, me la lamió y escupió, y me fue metiendo la polla lentamente dentro de mí, al llegar al final me comenzó a follar el coño violentamente, propinando unas fuertes embestidas que empujaban todo mi delicado cuerpo, mis tetas rebotaban exageradamente, el chico se acercó y a la vez que me estaba taladrando el coño comenzó a azotarme una de las tetas.

    Yo sentí una gran sensación de satisfacción, quise sumar la sensación comenzando a masturbarme el clítoris con mis dedos ya mojados por mi boca. No pude retener mis gemidos, grité de placer a la vez que el chocar de nuestros cuerpos se escuchaba por toda la habitación. Tras jadear, ser embestida intensamente y follada, una sensación de excitación recorrió todo mi cuerpo y mi vagina soltó un gran chorro que mojó parte de la cama, el suelo de la habitación y las piernas del chico además de su polla.

    -Me había olvidado de que tú hacías squirting.

    Me metió de nuevo la polla y comenzó de nuevo a follarme, y como antes mi coño hizo squirt de nuevo a la vez que yo solté un pequeño grito de placer.

    -Joder que rico.

    Acercó su cabeza a mi coño y comenzó a lamerme toda la vulva mojada saboreándola. Sus lamidas me excitaron, volví a masturbarme con mis dedos, él apartó su cara y me metí los dedos. El chico se puso a mi lado, puso su polla en mi boca, a la vez que yo me metía los dedos comencé a lamerle la polla muy torpemente, y empezó de nuevo a follarme la cara. La sensación de tener su polla en mi boca mientras me hacía dedos era fantástica, mezclando eso a la excitación que estaba sintiendo por masturbarme, la cual hizo que gimiese de nuevo, solté otro chorro a presión el cual mojó las mismas zonas de antes.

    Tras ello, me hizo ponerme en cuatro, acercó su miembro a mi coño y me folló con la misma intensidad de antes y con las mismas embestidas violentas, pero esta vez propinándome duros azotes y tratándome como si fuese una puta (que lo era). Me tiró del cabello y me empezó a insultar diciéndome cosas como «que bien follas puta de mierda» o «seguro que esos 140€ te los gastas en otro vestidito de zorra» etc. A mí me daba igual, yo solo disfrutaba del sexo y gemía gritando y jadeando, recibiendo sus choques y azotes, siendo follada fuertemente.

    Tras un buen rato así él se cansó, se tumbó y me dijo de montarle, yo hice caso y me puse encima de él dándole la espalda, agarré su duro miembro y bajé metiéndome su polla en mi coño, ya al tenerlo dentro comencé a cabalgarlo con movimientos de cadera. Podía notar su gran pene dentro de mi, mis glúteos chocando contra su cadera y mis tetas rebotando sin parar, yo gritaba del placer, él me azotaba tan duro como antes y me soltaba los mismos insultos. Todo ello me llevó al orgasmo y a que me corriese sobre su polla, dejando mojada sus piernas, las mías y gran parte de la cama.

    -Si te pago más ¿Me dejas follarte el culo?

    -Si.

    -Te pagaré 50€ más.

    -Me parece bien.

    Me ordenó tumbarme boca abajo en la cama con las piernas cerradas, abrió mis nalgas dejando a la vista mi delicado ano, me escupió y procedió a meterme lentamente su lubricada polla, su glande era grueso y sentirlo perforar mi ano me excitó muchísimo. Queda aclarar que cuando todo esto sucedió yo no tenía tanta práctica en el sexo anal que tengo hoy en día, por lo que la penetración y el resto del sexo se me hizo muy duro. Ya al tenerlo entero dentro de mi, empecé a suspirar fuertemente por el dolor y la sensación de tener su miembro ocupando mi recto.

    Él sin perdón alguno empezó a follarme duramente el culo, yo en respuesta empecé a gritar por dolor más que por excitación, sin embargo la sensación me gustaba y me daba igual lo duro que lo sentía, yo quería que me siguiese perforando el culo hasta rompérmelo.

    -Aaayyy diosss córrete dentro de mi, correte dentro de mi aaaah.

    -Eso haré puta.

    No paré de gritar y de chillar del dolor durante todo el proceso, sentí mi ano apretarse y ser frotado por el tronco de su polla, el fondo de mi recto era embestido por su glande. Mi culo estaba muy tenso y apretado. Todo ello llevó a que por fin mi «cliente» se corriera dentro de mi sacando su polla de una. Me sentía torturada y a la vez aliviada, noté como su semen salía de perforado y abierto ano, estuve un buen rato tumbada en esa posición intentando recuperarme de la follada que había recibido.

    -¿He sido muy duro?

    -Has estado bien, podríamos repetir algún día y gratis…

    -Eso me encantaría.

    Nos empezamos a besar tumbados en la cama, luego usé su ducha para lavarme completa, me puse de nuevo la ropa, me guardé de los 190€ y me fui con el cuerpo reventada pero bien follada y pagada.

    Espero que os haya gustado esta pequeña y dura experiencia, muchos besos y amor y recordad cuidar vuestro culito.

  • Un jefe con un secreto (I)

    Un jefe con un secreto (I)

    El ambiente en la oficina era igual que siempre: agotador. Nadie dudaba de la capacidad de Diego para los negocios, pero su presencia como jefe y presidente de su propia empresa de nuevas comunicaciones resultaba terriblemente intimidante. Era estricto, severo, enfocado al cien por cien en su negocio y muy intimidante. No permitía un solo error, ni tampoco un solo retraso en la entrega de documentos. Quizá por eso, tan solo Sebas había aguantado más de seis meses trabajando directamente bajo él como su ayudante y mano derecha.

    Sebas no acababa de entender la mala fama de Diego. Más allá de su exigencia en los negocios y con sus subordinados, encontraba a su jefe amable y de trato fácil. Las escasas ocasiones en que había conseguido que saliese pronto del trabajo a tomar una caña con él para celebrar algún éxito laboral le había encontrado agradable, incluso divertido y extrovertido. Tan solo en el trabajo se convertía en un tirano adamantino y casi cruel. Visto lo cual, no le resultaba extraño que casi todos los empleados prefiriesen trabajar con él antes que dirigirse directamente a Diego.

    –¡Sebastián! Ven aquí, por favor.

    Sin decir nada, Sebas se levantó de su escritorio, recogió su tablet y entró en el despacho de su jefe sin llamar. Cuando gritaba y usaba su nombre completo más valía no andarse con rodeos y entrar directamente, porque significaba que no estaba de humor ni para las cortesías más básicas.

    –Dígame.

    Plantado en la cara alfombra blanca frente al escritorio de cristal y acero de su jefe se preparó para lo que fuese que este quería de él, con la tablet a punto y listo para tomar notas. Su jefe parecía enfadado, muy muy enfadado. Casi a punto de estallar.

    –Deja la tablet, esto no es directamente del trabajo –escupió desagradable–. Esos imbéciles del taller acaban de llamarme, mi coche no estará listo al menos hasta dentro de otras dos semanas. ¡Dos semanas! ¿Y qué cojones esperan que haga mientras para desplazarme? El miércoles tenemos que visitar tres terrenos a ver si son útiles para nuestras nuevas antenas y no puedo ir en metro hasta allí.

    Sebas le dejó despotricar un buen rato. Cuando su jefe estaba de ese humor, lo mejor era no interferir y dejar que se desahogase. Si ahora proponía algo su jefe se negaría a escucharle. Con paciencia dejó que blasfemase y murmurase hasta que intuyó que su humor estaba algo mejor. Cuando sus despotriques pasaron a ser sobre la reunión con un empresario chino que había vuelto a aplazarla por motivos ridículos, intuyó que era hora de intervenir.

    –Señor, si el problema es cómo llegar a esos terrenos, yo puedo llevarle en mi coche.

    –¿Y quién ocupará tu lugar aquí en la oficina? –preguntó con recelo–. Sabes que te necesito aquí cubriendo el frente mientras yo no esté.

    –Marina puede cubrirme sin problemas, se lo dejaré todo perfectamente detallado y la dejaré mi número para que me llame en caso de que sea necesario. Además, señor, puedo actuar de chófer durante estas semanas en caso de que lo necesite, y ayudarle con las reuniones externas.

    Diego se dejó caer contra el respaldo de su silla. El costoso reloj de oro que siempre llevaba puesto lanzó brillantes destellos al incidir en él la luz del ventanal que tenía a sus espaldas. Con un suspiro cansado se frotó los ojos y se pasó una mano por el pelo. Sebas se limitó a esperar, sabía que no sacaría nada si insistía. Además, no quería que supiese lo mucho que le gustaría acudir a esas reuniones, empezar a tener algo más de peso en las decisiones empresariales más allá de ser un simple secretario sobrevalorado.

    –Supongo que eso solucionaría el problema, y te podría venir bien aprender algo más sobre cómo funcionan ciertas gestiones. ¿Qué edad tienes, veintiocho?

    –Veintiséis, señor.

    –Eres joven, pero trabajas bien y eres cumplidor. Sí, te vendrá bien venir conmigo. Está bien, deja listo el plan para cubrir tus ausencias y reorganiza tu horario para poder venir conmigo. Pasa a recogerme a las siete de la mañana el miércoles.

    –Sí, señor.

    No dijo nada, conteniendo su júbilo mientras salía del despacho de su jefe. No apreció la mirada divertida ni la sonrisilla que empezaba a asomar en el rostro de su jefe. Al principio no había tenido demasiada fe en Sebas. Le había contratado en prácticas como asistente personal después de que el chico se graduase primero de su promoción en ADE, pero había cogido afecto al chico. Era trabajador, responsable y mucho más ambicioso de lo que su apariencia dulce y accesible parecía revelar.

    Sebas tenía el cabello castaño y ondulado, no demasiado corto, con algunos mechones rozando sus hombros y otros cayendo sobre sus ojos, de un rico tono marrón claro y piel morena por el tiempo que pasaba al aire libre. Monitorizaba las redes sociales de sus empleados, por lo que sabía que siempre que podía el chico se escapaba a la montaña con la bici o a correr con su perro, un achuchable samoyedo al que pagaba siempre guardería y cuidador. No era especialmente alto, tan solo uno setenta y dos, pero su actitud profesional y en extremo precisa compensaba ese pequeño defecto, al igual que el físico perfecto gracias al ejercicio que resaltaba con trajes buenos y camisas en tonos claros. Un detalle que le gustaba era que siempre llevaba corbata, aunque no fuese obligatoria.

    Acentuando la sonrisa encendió su ordenador para ponerse a trabajar nuevamente. Bien sabía que el ofrecimiento del joven no estaba exento de cierto interés personal, motivado sin duda por su ambición y sus ansias de crecer dentro de la empresa, pero no le parecía mal del todo. Necesitaba empleados así, siempre dispuestos. Como el caballo de carreras que ansía estar siempre en la pista. Concediéndose un par de minutos más para sí mismo, concertó una cita con su ligue habitual para el martes. Si quería ir a ver esos terrenos con una buena actitud necesitaría quemar energía antes.

    Ajeno a los pensamientos de su jefe, Sebas se esforzó al máximo durante esa semana. Sabía que si no dejaba todo atado y bien atado Diego no volvería a darle una sola oportunidad, y no pensaba dejar que eso sucediese. Trabajó codo con codo con Marina para conseguir que supiese todo lo que hacer en su ausencia. Incluso adelantó buena parte del trabajo del mes siguiente por si acaso. Consultó por internet los terrenos que iban a visitar y eligió su vestuario cuidadosamente.

    El miércoles se levantó dos horas antes de lo necesario. Se vistió con un elegante polo azul de manga corta, vaqueros claros y sus deportivas de montaña. El día anterior había llevado el coche a lavar por dentro y por fuera y había recabado cuanta información pudo sobre los terrenos. Recogió las llaves y las gafas de sol y tras introducir en el GPS la dirección de su jefe condujo mientras tarareaba al ritmo de la música rock que emitía la radio esa mañana.

    Aunque ya había visto antes el chalet de su jefe, no pudo evitar sentir una punzada de envidia al ver la gigantesca construcción de dos plantas. Sin embargo, esos pensamientos se cortaron de golpe cuando la puerta delantera se abrió y salió su jefe, vestido con ropa de calle muy similar a la suya. Nunca le había visto con otra cosa que no fuesen trajes a medida, por lo que se le comió con los ojos mientras llegaba al coche.

    Vestido con una camiseta de marca, vaqueros oscuros y botas de montaña estaba muy atractivo. A sus cuarenta y nueve años se mantenía en una forma excelente acudiendo a nadar tres veces por semana y al gimnasio otras tres, por lo que su físico era perfecto, acorde a su gran altura de casi un metro noventa y seis. Su cabello se mantenía fuerte y casi libre de canas, de color negro y peinado con un corte moderno que sin embargo retenía cierta esencia formal. Sus ojos oscuros casaban bien con la piel morena de su cara, donde algunas ligeras arrugas marcaban sus rasgos, aportándole un toque distinguido. Sin duda, a su jefe le pasaba lo mismo que al buen vino, mejoraba con la edad.

    Para su sorpresa, su jefe cojeaba notablemente. Al sentarse en el asiento del copiloto, la expresión de dolor de Diego no se le pasó desapercibida. Indeciso sobre cómo proceder se limitó a apagar la radio y arrancar de nuevo el coche, saludando a su jefe para pasar directamente a los temas de trabajo.

    –Buenos días, señor. Tiene en la información más relevante de los terrenos en el dossier que está en el menú principal de la tablet. El resto está en la carpeta amarilla, ahí está la información sobre los antiguos propietarios, el histórico de ventas y el de precios. Y la evolución del valor del terreno durante los últimos veinte años.

    –Impresionante, Sebas. Pero fuera del trabajo puedes tutearme si quieres.

    –Vale se… Diego –se corrigió rápidamente.

    Ninguno de los dos volvió a hablar. De vez en cuando Diego se revolvía incómodo en su asiento, pero su atención estaba tan enfocada en el trabajo que ni siquiera parecía consciente de su propia incomodidad. Por su parte, Sebas albergaba dudas sobre si debía hablar o no, por una parte, sentía curiosidad. Jamás había visto a su jefe manifestar dolor ni nada semejante. Por otro, no sabía si debía decir nada. Su relación era cercana siempre que estuviese restringida al trabajo.

    Por fin llegaron al terreno que tenía intención de adquirir. Su propietario, un hombre demasiado mayor como para ir hasta allí, había enviado a su hijo como representante y se notaba que el joven estaba ansioso por cerrar la venta, a diferencia de su padre. Sebas dejó que fuese su jefe el que tomase la iniciativa en la negociación, observándole y aprendiendo de su forma desenfadada pero profesional de conducirse. Cuando el labriego estrechó la mano de su jefe supo que habían conseguido los terrenos, se expandirían.

    Mientras caminaba de vuelta al coche por la tierra reseca y llena de traicioneras piedras iba eufórico. En su contraste, su jefe iba mucho más sereno, procurando disimular el intenso dolor que sentía en las piernas y la baja espalda. Al llegar al coche se apoyó en la ardiente carrocería antes de abrir la puerta, vacilando sobre si entrar o no. Sebas le observó preocupado, saliendo del vehículo y colocándose en frente del hombre mayor que le dedicó una débil sonrisa.

    –¿Está bien, señor? Antes le he visto cojear.

    –¿Qué te dije sobre lo de tutearme? –le reprendió con amabilidad–. No te preocupes, me hice un poco de daño este fin de semana. Nada serio.

    –A mí no me parece que no sea nada, Diego. Me parece que deberías haberte quedado en casa.

    –Es posible –concedió mientras entraba en el coche con una mueca de dolor–. Pero gracias a este pequeño esfuerzo hemos conseguido los terrenos. Ahora podremos presionar al consorcio de Wang para que se decidan respecto a la asociación.

    –Es una perspectiva fantástica. Si las condiciones son las adecuadas podría hacer crecer la empresa a nivel internacional.

    –Por cierto, creo que no te lo he dicho, pero tu desempeño ha sido extraordinario. Mañana sería un buen momento para hablar de un aumento de sueldo. Y por supuesto, volverás a participar en estas reuniones y las negociaciones.

    –¡Gracias, señor! ¡Muchas gracias!

    Absolutamente radiante condujo de vuelta a la ciudad. Iba a proponer parar a tomar una caña cuando su jefe se le adelantó, indicándole que parase en su bar-restaurante favorito. Entre los viajes y el tiempo pasado en el campo ya se había hecho la hora de comer. Pidieron dos menús y una cerveza de litro cada uno. Brindando con las jarras de cerveza atacaron la comida con voracidad. De las cañas pasaron a las copas variadas, entre risas y brindis cada vez más entusiastas. Para cuando terminaron la fiesta ya frisaba la noche, y Sebas no estaba en condiciones de conducir.

    –Pide un taxi, lo compartimos. Ya pago yo –sentenció Diego intentando estirar las piernas.

    Sebas, obediente, llamó a un taxi mientras volvía a contemplar a su jefe. El aire frío de la noche estaba empezando a despejarle, quitándole la borrachera. Durante la comida había estado bien, pero ahora volvía a mostrar señales evidentes de estar sufriendo. Preocupado se sentó a su lado en el taxi, planteándose qué podía haberle pasado. Al llegar a la casa de su jefe, le costó tres intentos a Diego salir del coche. Dejando que la preocupación pudiese con él, Sebas salió del vehículo y despidió al taxista. Ya pediría otro para él.

    –Sebas ¿qué haces?

    –No estás bien, voy a dejarte dentro. No creo que puedas subir sólo las escaleras.

    Diego iba a protestar cuando se percató de los doce escalones del porche delantero de su casa. Iba a volver a rechazar la petición de Sebas cuando este le agarró del brazo, soportando parte de su peso. Por debajo del tejido de la ropa, muy fina para las temperaturas de la noche, podía notar el cuerpo cálido y musculado de Sebas, que había tomado el mando con toda facilidad. Cediendo el control se apoyó en el joven que casi le remolcó escaleras arriba. En contra de lo esperado no le soltó en el porche, se quedó a la espera mientras abría la puerta.

    El interior de la casa de Diego apestaba a dinero por los cuatro costados. No era algo ostentoso, pero se notaba la calidad y el lujo en el mobiliario de diseño y en los materiales de calidad que conformaban la edificación. En mitad del pasillo principal, sin embargo, se encontró con la sorpresa de una escalera en forma de caracol que subía al piso superior. Con un resoplido afianzó más el agarre sobre su jefe que sin embargo se desasió de su control.

    –Gracias, Sebas. No te preocupes, puedo dormir aquí abajo.

    –¿Tu dormitorio está abajo? –preguntó dispuesto a ayudarle de nuevo.

    –No, está en el piso de arriba, pero puedo quedarme abajo.

    La mirada incendiaria que le dedicó bastó para hacerle callar. Cuando su empleado volvió a sujetarle dejó caer su peso sobre él, empleándole a modo de muleta mientras ascendían las escaleras. En cuanto vio la puerta de su dormitorio, sin embargo, intentó detenerlo de nuevo. Enderezándose e intentando soportar su peso sin que su rostro denotase lo que le costaba. Se había excedido demasiado hacía unos días, pero su empleado no necesitaba ver más.

    –Gracias por todo, Sebas, pero ahora será mejor que te marches. Mañana los dos tenemos trabajo que hacer.

    –Ya he subido hasta aquí, te ayudaré a llegar a la cama.

    –Sebas…

    El joven se detuvo de golpe. Incluso en su estado captaba que podía estar excediéndose, cruzando demasiados límites. Sin embargo, sabía que su jefe necesitaba su ayuda. Diego era demasiado orgulloso a veces, si eso era lo que le impedía aceptar su apoyo, que le diesen. No le iba a dejar en la estacada.

    –Vamos, jefe. No seas así, ¿te preocupa que vea que tienes el cuarto desordenado o algo?

    Antes de que pudiese responder, abrió la gran puerta de caoba que daba al dormitorio. Diego intentó detenerle, moviéndose más deprisa de lo que podía en su estado. No llegó a tiempo. Los ojos castaños de Sebas se abrieron de par en par al tiempo que sus mejillas se teñían de color. Diego soltó un gruñido avergonzado mientras se cubría la cara con las manos.

    El joven pasó al dormitorio. Encima de la cómoda había varios juguetes de gran tamaño. Dildos y vibradores relucientes y listos para usar. Sobre una mesa auxiliar se acumulaban las palas, fustas y látigos diversos. Al lado del moderno cabecero de la cama había varios juegos de esposas de diversos materiales, desde metal hasta cuero pasando por algunos de plástico. Con los ojos como platos Sebas se giró hacia su jefe que mantenía la cara tapada con las manos. Con un carraspeo avergonzado pasó por su lado sin mirarle, llamando un taxi al mismo tiempo. Estaba claro: se había quedado sin empleo por su cabezonería.

    Ni siquiera en el taxi pudo apartar de su mente la imagen de lo que había visto. Lo peor de todo era la furiosa erección que presionaba sus vaqueros. Por encima incluso de la incertidumbre de lo que pasaría con su trabajo estaban los erráticos pensamientos sobre su jefe. En el fondo encajaba, alguien como él seguro que tenía esos gustos. Su mente cargada de alcohol no tardó en montarse su propia fantasía, donde su jefe aparecía vestido de cuero y sosteniendo un látigo en sus manos enguantadas de látex negro.

    En cuanto llegó a su propio piso, muchísimo más moderno, se dirigió directamente a la habitación, donde se bajó los pantalones y los bóxers y se masturbó furiosamente. Acariciando su pene de arriba abajo ahogó los gemidos contra su mano, mientras su mente calenturienta se encargaba de proporcionarle una erótica fantasía donde los chasquidos de las fustas se mezclaban con los varoniles gemidos que emitía Diego mientras exhibía su poderío.

    Moviendo su mano frenéticamente alcanzó el orgasmo, llenándose de semen el vientre y los muslos. Con un par de jadeos terminó de desvestirse, metiéndose en la ducha antes de caer rendido en la cama. Agotado consiguió quedarse dormido por fin, después de dar un par de vueltas sobre el estrecho colchón, recordando el tamaño de la gran cama de matrimonio de su jefe.

    El despertador le arrancó de brazos de Morfeo. Su cabeza palpitaba dolorosamente con un inicio de resaca que solo se agravó en cuanto cayó en la cuenta de lo que había pasado ayer. Con una sonora maldición salió de la cama directo a la ducha. Si quería arreglar lo de ayer más le valía mostrarse sumamente profesional. No conseguiría evitar el despido, pero por lo menos conseguiría una carta de recomendación, o al menos esa era su esperanza.

    Intentando tener una imagen inmejorable domó sus ondas castañas con gomina y las peinó hacia atrás. Eligió su mejor corbata y el traje gris con la camisa azul. Zapatos de cuero, impolutos, y calcetines bien conjuntados. Por desgracia para él, debería ir a buscar su coche después del trabajo. Por ahora debería resignarse con otro taxi. Por fortuna ayer se llevó su bandolera, por lo que la tablet de trabajo seguía con él. En cuanto llegó a la oficina se dirigió a su mesa como siempre, encontrándola vacía.

    –¿Y esto? –preguntó con el corazón latiendo dolorosamente en sus oídos y en su garganta.

    –Órdenes del jefe. Te espera en su despacho –respondió Marina sonriente–. Al parecer ayer fue muy bien, enhorabuena.

    Con las rodillas temblorosas llamó a la puerta del despacho de Diego, entrando en cuanto recibió respuesta. Su jefe permanecía en silencio, contemplando el ordenador ensimismado.

    –¡Ah, Sebas! Perfecto. Por fin tenemos una fecha definitiva para la reunión con Wang, y nuestro equipo de expansión nos ha remitido dos nuevos terrenos que tienen buenas perspectivas sobre el papel. Ampliaríamos mucho nuestro radio de cobertura si podemos adquirirlos a buen precio.

    –¿Dónde están mis cosas, señor? –preguntó con un hilo de voz.

    –En tu nuevo despacho. Trabajarás en el despacho anexo al mío, y tendrás derecho a tu propio asistente. Te sugiero que elijas a Marina, es una empleada muy capaz y ya está acostumbrada a sustituirte, será fácil formarla. Y por supuesto, hay que hablar del aumento de sueldo que te ganaste ayer.

    –¿No estoy despedido, señor? –preguntó atónito–. Pensé que, después de lo de…

    Su voz murió al tiempo que un intenso rubor cubría sus mejillas. Diego suspiró y levantándose de su escritorio cerró la puerta del despacho con pestillo. La desbocada imaginación de Sebas entró en acción, pasando por su cerebro cientos de posibles y eróticos escenarios que se vinieron abajo en cuanto Diego volvió a sentarse detrás de su escritorio. En contra de su costumbre, cogió un trozo de papel entre sus dedos y comenzó a doblarlo una y otra vez mientras mantenía la mirada baja.

    –Lo que viste pertenece al terreno personal. Admito que no… Admito que no es algo que me guste que sepa mi empleado, pero eres una pieza muy valiosa en mi empresa como para dejarla ir por algo así.

    –La verdad es que fue un poco… impactante. No sabía que te gustase dominar y eso, pero supongo que te pega.

    –¿El qué? ¿Qué dices? –replicó extrañado dejando una grulla de origami sobre la mesa–. Creo que lo has entendido al revés, todo eso es… mío, lo uso conmigo.

    –¿Me estás diciendo –comenzó a decir mientras intentaba controlar su rebelde entrepierna, que empezaba a despertar de forma más que visible–, que tú eres el…?

    Diego no respondió de inmediato, ocultando la cara detrás de sus manos. El reloj de oro se deslizó por su muñeca y Sebas pudo ver la marca rojiza de unas esposas en su muñeca, un roce discreto que bien podía pasar por el roce contra la correa de oro del costoso reloj. Con los ojos como platos reevaluó todo lo que sabía de su jefe. Percatándose de su sorpresa y su confusión Diego suspiró y cogió otro trozo de papel.

    –No creo que lo entiendas, pero bueno, cartas sobre la mesa. Sí, soy el sumiso, el pasivo o como quiera que lo llames. Antes de las reuniones y los eventos vitales me gusta ser dominado y sometido, y tenía un gran acuerdo con un amigo, pero la última sesión se nos fue de las manos y de ahí que estuviese tan machacado. Todavía lo estoy.

    –No… no lo sabía. Ni me lo imaginaba.

    Ambos hombres se quedaron en silencio. A Sebas la cabeza le daba vueltas y más vueltas mientras su entrepierna parecía decidida a rebelarse. La idea de su jefe sometiéndose a otro le parecía increíble, más cuando él sabía lo dominante y exigente que era en su trabajo. Sin embargo, ahora estaba delante de él y la única palabra que parecía describirle era “vulnerable”.

    –Bueno. Supongo que esto ha sido duro para ti. Mejor intentamos olvidar algo así, supongo que lo que haga un viejo en su dormitorio no es interesante para ti. Vuelve al trabajo, Sebas. Y gracias por tu discreción.

    –No eres tan viejo, yo te follaba.

    El silencio se instaló entre ellos de nuevo. Sorprendido su jefe, mortificado el joven. Las carcajadas de Diego rompieron el silencio que se había instalado entre ellos, sobresaltando a Sebas que le miró dolido.

    –¡Ay! Perdona hombre, no me reía de ti. No tienes que mentir para animarme. Aunque ha sido todo un detalle, vuelve al trabajo.

    Enfadado Sebas se levantó de su silla. Su erección seguía marcándose en la entrepierna de su pantalón de traje. En dos zancadas se plantó delante de Diego, que se había recostado en su silla y le miraba sin comprender a qué venía semejante reacción. Agarrándole por el cabello, Sebas acercó la cabeza de su jefe a su entrepierna, dejándole a escasos centímetros de su erección. Diego abrió los ojos cómicamente mientras su mirada se movía del bulto que parecía apuntarle acusador a la cara de su joven empleado.

    –¿Te parece esto una broma?

    –No. Lo siento.

    –Si digo algo, lo digo porque es lo que pienso. Y si no te lo quieres creer por lo menos no te rías.

    Soltó el cabello de su jefe que se volvió a echar atrás en su silla. Consciente de lo que acababa de hacer, Sebas se quedó quieto. La adrenalina recorría su sistema y estaba más excitado de lo que jamás había estado. De no conservar todavía un ápice de cordura, además de una gran necesidad de mantener su empleo, se bajaría allí mismo los pantalones y demostraría a su jefe lo en serio que iba. Estaba a punto de disculparse cuando su jefe le sorprendió de nuevo.

    –¿Te apetecería venir mañana a mi casa? Sigo sin coche, así que podrías llevarme y… ver qué surge.

    –Me encantaría. ¿Nada más salir?

    –En cuanto salgamos, sí. A las cinco.

    –Vale. Creo que ahora mejor voy a trabar un poco.

    Dándose la vuelta Sebas se dispuso a salir del despacho de su jefe, cuando Diego le llamó de nuevo.

    –¡Ah! Y, Sebas, si vuelves a montar un espectáculo así en el trabajo, considérate despedido de inmediato. Aquí dentro sigo siendo tu jefe y venimos a trabajar y a ganar dinero.

    –Sí, señor.

    Como en una nube, Sebas acudió a su nuevo despacho. Tras colocar sus cosas consiguió apartar de su mente cualquier atisbo de la conversación que acababa de tener. Debía concentrarse en el trabajo, a pesar de su pene rebelde que seguía presionando dentro de sus pantalones. Cuando Diego amenazaba con el despido, su amenaza siempre iba en serio. Al ver la ingente cantidad de mensajes que tenía en su bandeja de entrada sumado a toda la investigación previa que necesitaba para la reunión con Wang se puso manos a la obra, consiguiendo que toda su atención se enfocase por fin en su trabajo.

    Para su suerte, la jornada del viernes fue tan agotadora y frenética como siempre. Diego no dio muestras de inquietud ni de nervios a pesar de que el plan de salir juntos e ir a su casa se mantenía. Por su parte, Sebas intentaba controlarse, pero la expectación por lo que vendría después le mantenía en tensión. Estaba nervioso, no sabía muy bien lo que podría esperar y tenía mucho que digerir. Hacía tan solo un día que sabía que a su jefe le gustaban los hombres, y más sorprendente era aún la revelación de sus gustos.

    Conforme se acercaban las cinco su nerviosismo crecía más y más. En cuanto dieron las cinco menos cinco recogió su mesa, dejándola preparada para el lunes, y tras ponerse la chaqueta y coger su bandolera y su tablet esperó a Diego a la entrada de su despacho. Su jefe no se hizo de rogar. A las cinco y tres minutos salió, cerró con llave su despacho y se despidió cordialmente de los pocos empleados que todavía pululaban por ahí. Sebas casi tuvo que correr para alcanzarle y llegar a tiempo al ascensor.

    –¿Listo para lo de hoy? Si has cambiado de idea no pasa nada.

    Hasta su nariz llegó el caro perfume de su jefe. El reducido espacio de la cabina del ascensor parecía crear una corriente de intimidad entre ellos. Contemplando largamente al hombre se percató de cómo abultaba su musculatura la camisa que llevaba, y los veinte centímetros de diferencia entre su altura y la de su jefe.

    –Aún estamos en el trabajo, señor. No quiero una carta de despido sobre mi mesa el lunes.

    Diego se echó a reír de manera disimulada mientras el ascensor se detenía en el garaje. Siguiendo a Sebas hasta su coche se percató de los contrastes de la personalidad de su empleado. En el trabajo era eficiente y profesional, y en su vida personal parecía dulce y cariñoso, sobre todo en las fotos con Polar, su samoyedo. Tan solo el otro día había conseguido atisbar parte de su faceta salvaje, y porque le había sacado de sus casillas. Nunca se había planteado nada semejante con su asistente, pero después del fracaso de su relación con Nicolás necesitaba algo que le revitalizase y le permitiese soltar un poco las riendas. Tan solo esperaba que no afectase a su relación laboral.

    Sebas conducía con aparente calma a pesar de las dudas y los nervios. La pregunta de su jefe le había sorprendido con la guardia baja y se había visto incapaz de darle una respuesta clara en uno u otro sentido. Intuía que, hasta no verse en la situación, no sabría si sería capaz de llevar a la práctica sus fantasías. La idea de decepcionar a Diego le asustaba casi más que el no encontrar el humor para hacerlo. Aparcó su coche dentro de la propiedad de su jefe, en el hueco vacío que normalmente ocupaba el deportivo de Diego. Inspirando hondo salió del coche y siguió a su jefe al interior de la casa.

    Plantado dentro del lujoso vestíbulo, Diego sonreía. La expresión de su cara consiguió enervar a Sebas que miró en rededor. Sin perder el extraño gesto le condujo hasta el salón, inmenso y con una vinoteca refrigerada encajada entre dos grandísimas librerías. Cuanto más miraba a su jefe, más sentía hervir su sangre en una mezcla de excitación y enfado que conseguía perfectamente erosionar su cordura. Dejó su bandolera en uno de los carísimos sillones de cuero y se dirigió tranquilo hasta su jefe.

    Con una rapidez que sorprendió a Diego aferró su corbata, empleándola a modo de correa para igualar su altura a la suya. Frente a frente le miró a los ojos, encontrándose en ellos dos profundos pozos de súplica y deseo. Su pene comenzó a crecer y supo que podía con ello. Podía tomar las riendas. Podía tener a ese hombre tan poderoso a sus pies.

    –¿Te diviertes? –siseó con maldad tirando con más fuerza de la corbata–. Ahora no estamos en el trabajo, ahora tú ya no mandas ni tienes ningún poder. Borra esa sonrisa de la cara y mantén la mirada baja. ¡Ya!

    –Sí –respondió el hombre, obedeciendo al instante.

    –A partir de ahora más te vale dirigirte a mi con respeto. Si tienes que responder quiero escuchar un “sí, señor”.

    –Sí, señor.

    –Muy bien. Ve y sírveme un vino. Uno bueno, me da igual si es tinto o blanco.

    –Sí, señor.

    Seguido por la atenta mirada de Sebas, Diego se dirigió a su vinoteca mientras el joven se acomodaba en el sofá de cuero. Aflojó su corbata y se quitó la americana mientras su jefe elegía una de sus mejores botellas y una copa ancha. Depositó la copa en la mesita frente al sofá y descorchó la botella, sirviendo el líquido de intenso color y aroma con un gesto elegante. Tendió la copa al joven que dio un sorbo, paladeando con deleite la cara bebida. Agarrándolo de nuevo por la corbata le forzó a acercarse, procurando no ladear la copa para no derramar el vino.

    –Ponte de rodillas. Voy a dejar que tú también bebas.

    Diego se arrodilló a los pies del sofá. En su mente se mezclaba la humillación con el deleite. En el trabajo Sebas estaba a sus órdenes, corría para complacerle. Ahora había despertado a un pequeño demonio dentro de él y las tornas habían cambiado. Sus ágiles dedos le sujetaron por la barbilla mientras daba un sorbo a la copa.

    Sus labios teñidos de rojo por el vino se acercaron a los suyos, besándole y pasándole a la vez el vino. Sorprendido por su reacción tragó el líquido, mucho más tibio ahora que cuando lo decantó. La lengua de Sebas invadió su boca. Dominante, demandante. Exploraba cada rincón y forzaba a la suya a moverse y a seguirle el ritmo. Nico jamás le había besado así en tres años de relación. Un nuevo tirón de la corbata reclamó su atención cuando sebas se separó de él, todavía con la copa en la mano.

    –¿Más vino?

    –Sí, señor, por favor. Más vino, por favor.

    Atendiendo a la súplica de su jefe dio un nuevo sorbo. Diego observó fascinado cómo daba otro sorbo y volvía a besarle. De nuevo tragó todo el líquido y de nuevo sintió su lengua explorando su boca. Cuando le mordió los labios después del tercer trago no pudo evitar gemir. Sentía su erección presionada dentro de su costoso traje a medida. Al percatarse, Sebas presionó la entrepierna de su jefe con el pie, compartiendo la copa de vino hasta que la terminaron.

    Sin decirle nada aflojó su corbata, sacándola del cuello de su camisa para volver a apretarla en torno a su cuello para poder seguir usándola a modo de correa. Con una lentitud dolorosa fue soltando los botones de la camisa de su jefe, que aguardaba de rodillas con los brazos a la espalda. El pie de Sebas continuaba presionando con fuerza la erección de Diego, causando dolorosas punzadas que no hacían más que aumentar su excitación. La camisa quedó abierta a ambos lados, revelando un pecho grande y de pectorales trabajados en el gimnasio y unos abdominales bien marcados cubiertos por una nube de vello oscuro con alguna que otra cana.

    Sebas retiró la camisa y la chaqueta de Diego lanzándolas sobre el sofá. Su jefe quedó desnudo de cintura para arriba, con el pelo revuelto y el torso sacudiéndose al ritmo de sus jadeos. A pesar de la orden de mantener la mirada baja de vez en cuando levantaba los ojos, mirando con sumisión a su empleado. Apartando el pie de la entrepierna de Diego, Sebas se incorporó. Se desperezó con agilidad y recogiendo la corbata de su jefe dio un par de tirones para que se incorporase. De pie le dominaba con su estatura, no así con su actitud.

    –Vamos, coge la copa y el vino, quiero subir al dormitorio. Tienes una colección… interesante.

    Por primera vez fue su jefe el que se ruborizó intensamente. Había ido consiguiendo sus juguetes poco a poco, en función de sus gustos. Había dejado fuera los que Nico quería usar esa vez, pero lo cierto es que Sebas no había llegado a ver ni la mitad. Con una sonrisa disfrutó de la idea de sorprender a su empleado de nuevo, subiendo tras él por las escaleras. Al abrir la puerta, Sebas le hizo pasar mientras observaba la inmensa colección de su jefe, a su entera disposición. Muchos de los cajones de la cómoda estaban abiertos y mostraban más y más juguetes, muchos de ellos ni siquiera sabía para qué servían y otros no los había visto salvo en el porno duro.

    –Eres un vicioso ¿eh? Joder, menuda colección te has montado.

    El joven soltó la corbata-correa y examinó los diversos juguetes. Su jefe se mantenía quieto, mirándole de reojo mientras procuraba mantener la vista baja. Si a Sebas le gustaba lo mismo que a él, sabía que acababa de llevarle al paraíso. Si no le gustaba o lo consideraba demasiado, debería ajustar sus expectativas y guardar buena parte de su colección. Con el corazón en un puño observó cómo el joven se inclinaba en el cajón donde guardaba los accesorios de cuero y sacaba un collar de perro y una correa, sonriendo con maldad.

    –Ven –ordenó tajante–. Cuando estés conmigo fuera del trabajo nada de usar corbata, la corbata es para los que se la ganan, tú sólo mereces un collar de perro y una correa.

    –Sí, señor.

    Sebas ajustó el collar con movimientos diestros, sentándose después en la cama. Sabía que su jefe estaba mirando, atento a todos sus movimientos. Muy lentamente se desabotonó la camisa y la dejó caer a los pies de la cama, soltando después el pantalón de su traje e inclinándose para librarse de los zapatos y los calcetines. Bajó el pantalón y en el mismo movimiento arrastró también los sencillos bóxers grises que llevaba. Diego no pudo resistir más y levantó la cabeza, encontrándose con dieciocho centímetros de carne apuntando directamente a su cara. Bajo el pene colgaban dos testículos de tamaño medio, bien contenidos dentro de un escroto firme. El pubis mostraba una fina capa de vello castaño ligeramente ondulado y bien recortado.

    Afianzó la correa en la mano derecha mientras agarraba un puñado de cabello de su jefe en la izquierda. Sin decir palabra orientó su pene a la boca de Diego que separó los labios sin protestar. Sabía lo que se esperaba de él. Con la pericia que solo puede dar la práctica rodeó el glande con su lengua un par de veces antes de relajarse y permitir que el joven moviese las caderas, introduciéndose más y más en su garganta. Su propio pene presionaba de forma más que evidente contra la tela de su costoso pantalón.

    El sabor salado y ácido del líquido preseminal del joven inundó sus papilas. El chico tiró de la correa e impulsó su pelvis hacia delante. Una arcada le cerró momentáneamente la garganta al tiempo que le hacía lagrimear. Sintió uno de los pies del joven, grande y cálido, presionar sobre su erección frotando y acariciando sobre la tela. Sacando su pene de la boca de su jefe un momento Sebas se inclinó y desabrochó la bragueta, dejando únicamente el bóxer azul para cubrir su erección.

    Abriendo su boca con los pulgares volvió a meter su rígido pene dentro. Agarró de nuevo la correa y el cabello y se puso en pie para poder moverse mejor. Su pie ejerció más presión sobre el pene del hombre que movió las caderas para intentar aliviarlo, separando las piernas en el proceso. Sus manos intentaron acariciar las piernas del joven que le rechazó con una mirada de aviso. Diego captó la indirecta, dejando las manos a la espalda y bajando los ojos sumisamente. A modo de premio Sebas engarfió los dedos de su pie, moviendo después la planta arriba y abajo antes de apretar de nuevo.

    Un gemido ahogado escapó de la garganta de Diego seguido de una arcada repentina cuando Sebas clavó su pene dentro de su garganta. Las caderas del joven se movían sin tregua, adelante y atrás, una y otra vez. Gruesos chorros de saliva caían desde la comisura de sus labios hasta su regazo, manchando su traje y salpicando su vientre. El intenso sabor salado del líquido preseminal de Sebas conseguía volverle loco, le espoleaba a tragar más y a intentar que nada se perdiese.

    Controlando las arcadas comenzó a moverse también, acompañando al joven que jadeó satisfecho. Se sentía cerca, igual que Diego. Dejando el pie quieto dejó que fuese su jefe quien se frotase contra él. Se satisfacía con su cuerpo del mismo modo que él lo hacía con su boca. Sentía como movía la lengua, como recorría cada minúsculo detalle de su piel, como reseguía el trazado de sus venas e incluso llegaba a sacar la lengua intentando alcanzar sus testículos. Complaciéndole tiró de su pelo y sacó el pene de su boca, forzando después su cabeza contra sus testículos.

    Diego lamió con ganas el escroto, levantando los testículos con la lengua en su ansia por lamer toda su superficie. Sus labios apresaron uno de los dos y succionaron, intentando tragar y meterlo dentro de la boca en su totalidad. Sobre su cabeza levitaban los gemidos y los jadeos de Sebas, tan eróticos como incitantes. Su pelvis se movía sola, frotando su entrepierna contra el pie de su joven ayudante. Una oscura mancha de humedad cada vez mayor se veía en sus bóxers en el punto exacto donde estaba su glande. A pesar de la advertencia anterior no pudo evitar coger el pie del joven y bajarlo más, presionando contra su entrepierna mientras se frotaba desesperado igual que un perro en celo.

    Con un fuerte gemido el joven aferró su cabello con ambas manos y le llevó de nuevo a su pene, haciendo que se tragase toda su longitud de una sola embestida. Sus testículos golpearon la barbilla de Diego manchándola de saliva y líquido preseminal. Notaba las manos de su jefe acariciando su pantorrilla y manteniendo su pie sobre su erección, pero se lo permitió esta vez. Sus jadeos se aceleraron al mismo ritmo que se movía más y más deprisa. De un tirón salió de la boca de su jefe y dejando dentro únicamente el glande alcanzó el orgasmo.

    Espesos chorros de semen llenaron la boca del hombre que se quedó quieto, moviendo únicamente sus caderas mientras su propio orgasmo le alcanzaba, creando una mancha blanquecina y espesa que traspasó el tejido elástico de sus bóxers y manchó el pie del joven que se dejó caer en la cama entre jadeos. Algo indeciso sobre cómo proceder mantuvo el semen en su boca, sin tragarlo, pero sin dejar que saliese a pesar de que podía ver cómo resbalaba una gota por el pene de Sebas.

    –Abre la boca, déjame ver qué tienes –ordenó el joven incorporándose sobre los codos.

    Obediente, Diego abrió la boca y enseñó el semen del chico que retenía ahí. A una señal suya tragó, notando como bajaba por su garganta. Inclinándose hacia delante lamió el pene del chico hasta dejarlo limpio, consciente de la atenta mirada de Sebas.

    –Ponte de pie.

    Con los pantalones por las rodillas se incorporó, dejando las manos a los costados sin intentar cubrirse. Incorporándose de la cama Sebas dio un par de tirones a la correa, apretando la entrepierna de su jefe sobre el bóxer y acariciando la mancha de semen causada por su orgasmo.

    –¿Te lo has pasado bien? ¿Te lo has pasado bien corriéndote sin permiso? ¿Eh? ¡Responde!

    –Sí, señor. Lo siento mucho.

    Echándose sus ondas castañas hacia atrás el joven se acercó a su jefe. A pesar de mantener la cabeza gacha pudo ver como su mirada le seguía mientras se colocaba detrás de él, siempre sin soltar la correa. Dándole un empujón entre las paletillas le hizo caer a la cama boca abajo. Subiendo sobre él retuvo sus muñecas contra la cama y mordió su cuello antes de deslizar su lengua hasta su oreja. Apretó con los dientes el delicado cartílago y pegó sus labios justo a la oreja para susurrarle.

    –Comienza la ronda dos, prepárate.

    –Nota de ShatteredGlassW–

    Gracias a todos por la lectura y el apoyo. Espero que os haya gustado y le hayáis disfrutado mucho. Poco a poco iré retomando el ritmo habitual de publicación, por lo que pido un poco de paciencia si por ahora los relatos se suben demasiado agrupados o con demasiado intervalo entre ellos. Si tenéis comentarios o sugerencias y queréis comunicaros de una forma más personal conmigo podéis hacerlo a través de mi correo electrónico: [email protected].

  • Empresa de mantenimiento (2)

    Empresa de mantenimiento (2)

    Dormí como un crío, la cama era lo suficientemente grande como para que durmiésemos tres adultos sin molestarnos. Me desperté después de haber descansado estupendamente, me encontraba entre Susana y Alejandro y estábamos desnudos. Observé el cuerpo de Susana, se notaba que hacía ejercicio, tenía los músculos definidos sin estar excesivamente marcados, lo que le hacía un cuerpo escultural. Sin vello púbico, su vulva se encontraba algo inflamada y brillante de su lubricación. Me fijé en los pezones, los tenía de punta, duros, apetecibles. Sus pechos caían hacia los lados de forma sugerente, la gravedad le daba esa forma tan exótica y no como las tetas operadas, que haga lo que haga la dueña siempre están en la misma posición, sin movilidad.

    Me giré para mirar a Alejandro, era un tipo guapetón, se notaba que no pisaba mucho el gimnasio pero tenía un buen cuerpo, su pecho sin pelos como su entrepierna, se movía a un ritmo un poco más acelerado de lo normal, debía estar soñando con algo interesante porque su polla la tenía levantada y dura, con esa gotita transparente y densa en la punta del capullo. Sus huevos eran grandes, colgones, de los que dan ganas de ponerlos en la palma de la mano como para sopesarlos.

    Me encontraba muy relajado, muy a gusto entre los dos. Tenía que ir al baño, pero si me movía despertaría, al menos, a uno de los dos. Giré la cabeza para mirar a Susana y la sorprendí mirándome, me sonrió y me deseó buenos días acercando su boca a mis labios, el beso fue un beso ligero, pero cálido.

    – Voy a aprovechar que estás despierta -le dije en voz baja- para ir al baño, no quería despertar a ninguno de los dos.

    – Por supuesto -me dijo- pasa por encima de mí sin problemas, ahora entraré yo.

    Me giré hacia ella y levanté mi pierna derecha para pasarla por encima, apoyé el pie en el suelo y me impulsé para salvarla, cuando estaba por encima de ella, me agarró los huevos y la polla, acarició todo el conjunto, me encantaba como me tocaba, así me quedé un par de minutos, dejando que me empalmara de esa forma tan agradable pero la vejiga no entiende de placeres, así que tuve que ir al baño o tendría un problema si mojaba la cama, y no me refiero de semen.

    Cuando regresé a la cama, Alejandro ya estaba despierto y hablaba con Susana, ya no estaba empalmado. Al verme me sonrió y con la palma de su mano dando unos golpes sobre la cama, me indicaba que volviera a ella, al mismo sitio que tenía. Susana se levantó para ir al baño y me tumbé junto a Alejandro.

    – ¿Qué tal anoche? A mí me encantó, tío -me dijo- eres muy sensual, es lo que hablábamos Susana y yo ahora, que tienes algo que gusta estar contigo, y no solo para follar. Hay gente que tiene un algo que en cuanto la ves, te apetece tenerla en tu círculo de amistades, no sé si me he explicado bien.

    – Sí, claro que te he entendido -le dije- Me pasa lo mismo con vosotros, que sois de esas personas que en cuanto se os trata un poco parece que se os conoce de toda la vida.

    Se acercó a mí y me dijo:

    – No te molestará si te beso ¿verdad? Llevo deseándolo desde que has aparecido por la puerta del baño…

    – Estás tardando en hacerlo, Alejandro. Yo tengo ganas que sean tus labios lo primero que pruebe esta mañana -le contesté-

    Se inclinó hacia mí, mirándome a los ojos pegó sus labios a los míos. Mi boca se entreabrió dejando que su lengua entrara en ella y se enredara con la mía. Apreté mis labios contra los suyos, con mis labios chupaba su lengua y con mi lengua lamía sus labios, su mano recorrió mi muslo izquierdo hasta llegar a mi entrepierna, me acariciaba los huevos y mi polla ya estaba como un mástil. La suya también, le agarré el nabo, le pasé los dedos por el capullo mojado buscando su frenillo, con la yema de mi dedo pulgar lo acariciaba haciendo que él comenzase a gemir.

    – Cabrón, ¡cómo me tocas! Mira cómo me pones en cuestión de décimas de segundo -me dijo con la voz excitada- quiero tenerte en mi cama todos los días…

    – Y yo, yo también quiero -dijo Susana que se encontraba a mi espalda y me acariciaba las nalgas y comenzaba a besarme el cuello- quiero que estés en nuestra cama todas las mañanas, todas las noches…

    – Ufff sois muy convincentes, ¿eh? -les dije- por lo pronto me quedo hasta mediodía, claro que esto es negociable.

    – Bueno – dijo Alejandro- si es negociable… creo que tendremos que empezar a hacer las gestiones oportunas para ampliar ese periodo, jejeje.

    – Dejadme sitio en el centro -dijo Susana- necesito dos buenos rabos para mi conejo hambriento… jajaja

    Me eché a un lado, se metió entre los dos y puso una pierna sobre las piernas de cada uno. Le acaricié la vulva que estaba muy suave, muy suave e inflamada, comencé a masajear su clítoris, y mis dedos recorrían de vez en cuando su raja mojada. Alejandro le comía las tetas, poniendo mucho énfasis en los pezones. Susana nos agarraba la polla a cada uno y comenzaba a masturbarnos, giró su cabeza hacia mí y le acerqué mi boca a la suya, nuestras lenguas apenas tardaron en enredarse la una en la otra. Alejandro se montó sobre ella, que abriendo más las piernas lo invitaba a que se la clavara… y eso hizo.

    Se la empezó a follar mientras ella, gimiendo, me pajeaba y yo le comía las tetas. Alejandro le levantó las piernas y las apoyó en sus hombros, yo me asomé para ver ese espectáculo en primera fila. Su coño estaba empapado, abierto y sus labios estaban hinchados, la polla de Alejandro estaba bien tiesa con el capullo morado y entraba en Susana con muchísima suavidad, debido a los fluidos de ambos. Él comenzó el mete y saca con un ritmo sosegado, me excitaba el ruido que se producía con el movimiento y con tanto lubricante, de manera que acerqué mi boca al coño se Susana y Alejandro la guio poniendo una mano sobre mi nuca.

    Mi lengua saboreaba todo lo que salía de esa raja, con todo lo que salía de esa raja me refiero también a la polla de su marido, que la sacaba y la ponía delante de mi boca para que me la comiera, con ese sabor a macho y a coño de mujer excitada. Con tanta excitación comencé a pajearme mientras mi boca pasaba del coño a la polla de Alejandro. Me separé y me coloqué junto a Susana, de rodillas junto a su cara, que con solo girarla se encontraría con mi polla a la altura de su boca, mientras Alejandro le está dando a Susana lo que ella esperaba.

    – Ufff como me chupa la… polla tu… mu… mujer -le dije a Alejandro- si todo lo hace igual creo que mañana… diosss amanezco de nuevo junto a vosotros.

    – Es una buena putita mmmm, y hace todo lo que le pidamos -me dijo- Susana, ponte ahora a 4 patas, vamos zorrita, quiero ver como David te rompe el culito.

    – Lo estoy deseando, querido -le dijo Susana soltando mi polla de la boca y preparándose para cambiar de postura.

    Se colocó a 4 patas y yo me coloqué detrás de ella, metí uno de mis dedos en su culo mientras con la otra mano le metía dos dedos por el coño. Alejandro se había colocado delante de ella, de pie en el suelo y con su polla señalando la boca de su mujer. Ella abrió la boca y se la tragó entera mientras yo ya había sacado los dedos de donde los tenía y colocaba mi nabo en la entrada de su culo. Con un movimiento de ella, mi polla entró completamente dentro de su culo. Un culo apretadito, que apretaba la caña de mi polla y me daba más placer. Empecé a bombear mis caderas, con un ritmo más acelerado que el que le había dado su marido.

    – ¡¡¡Diosss sigue así, David!!! -me dijo excitada- necesito una polla en mi uufff coñito.

    Estuve un buen rato bombeando mi polla en su culo mientras le metía los dedos por el coño y Alejandro le follaba la boca. Decidí que se tumbara en la cama boca abajo, con la almohada en su vientre para que izara su culito. Hizo lo que le pedí y se quedó con su culito preparado para meterle mi nabo, y eso hice muy excitado. La enculé cuando noté un dedo en mi culo, era Alejandro. Me tocaba el ojal y me estaba excitando muchísimo.

    De pronto noté que lo que me tocaba el ojal ya no eran sus dedos, era algo más grande y rígido… me tumbé sobre la espalda de Susana notando como Alejandro empujaba sus caderas para clavarme su polla. Entraba lentamente y tenía la sensación de quemazón, pero a la vez, me empezaba a da placer. Detuve mi movimiento y Susana y yo nos quedamos a expensas de los movimientos de Alejandro que, excitado por tener su polla en mi culo, aceleraba el movimiento de sus caderas.

    – Ufff, que culo tienes… mmmm… David, cabrón -decía Alejandro- al fin te tengo em… empalado…

    – ¡¡¡Ohhh, dios mío!!! Me estás convenciendo de quedarme, al menos una ummmm, una semana -le dije cada vez más excitado-

    – Moveos, joder, dejad de hablar y moveos -exigía Susana-

    Susana comenzó a gemir y jadear, se notaba que iba a correrse… yo estaba encantado siendo montado por Alejandro, cuando éste comenzó a moverse con más rapidez…

    – Me queda poco… ufff -soltó Alejandro acelerando más si cabe el movimiento de sus caderas- Ufff, me que… queda pocooo ummm

    – Yo estoy casi a puntooo mmmm -dije entre gemidos y jadeos-

    Note de inmediato un líquido caliente entrando con fuerza en mi culo acompañado de las contracciones de la polla de Alejandro. Al mismo tiempo comencé a descargar mi leche dentro del culo de Susana, fueron varios trallazos los que realizó mi polla, mientras Susana gemía y jadeaba corriéndose… Alejandro sacó su nabo de mi culo y saqué el mío del de Susana. Ambos nos tumbamos junto a ella, cada uno apoyado sobre una de sus tetas, yo le chupaba el pezón mientras Alejandro le acariciaba el clítoris. Susana comenzó de nuevo a gemir abriendo sus piernas completamente.

    – No te pares cabrón, sigue pajeándome -gemía Susana- quiero correrme otra vez.

    Coloqué mi boca junto a su coño, le metía la lengua en él mientras su marido seguía acariciándole al clítoris con más rapidez. Con mi lengua recogía todos sus fluidos, entrando y saliendo de él.

    – ¡Joder, seguid así! ¡Voy a… ufff, voy a… corre… correrme! ¡¡¡Diosss siii!!! -gritaba Susana mientras sus piernas se cerraban y abrían apretando mi cabeza-

    Nos quedamos tumbados, Susana tenía la respiración agitada, pero sonreía como un crío a quien le da una bolsa de chucherías. Nos relajamos, noté que de mi culo comenzaba a salir la leche de Alejandro.

    – Dios, debo ir al baño -dije levantándome con el culo apretado y poniendo rumbo al wc- el semen de Alejandro pretende abandonar mi cuerpo, jajaja.

    – Pues yo no me puedo mover -dijo Susana- tu semen creo que ha salido hace un ratillo, no tengo fuerzas para levantarme. Ha sido increíble.

    Entré en el baño y me senté en la taza, expulsé todo lo que Alejandro había dejado dentro de mí, su semen rosado por el efecto de algo de sangre, lo normal en estas situaciones… Decidí que me ducharía, abrí la puerta del baño y lo comenté a los dueños de la casa:

    – Hey, será mejor que me duche ¿puedo ducharme en este baño o voy al de ayer? -les dije pensando que mejor iría al de abajo-

    – No, dúchate ahí. Nosotros vamos ahora, ese plato de ducha es de los grandes… -me dijo Susana- Ahora vamos nosotros también. En el armario de la izquierda, en la parte de arriba tienes toallas, puedes usar el gel y el champú que prefieras.

    Dejé la puerta abierta del baño, saqué una toalla de donde me había dicho Susana y me metí en la ducha, era de esas que tienen efecto lluvia, con una cabeza de ducha bastante grande, consiguiendo un efecto lluvia insuperable. El plato era bastante grande, para 4 adultos sin problema. Estaba disfrutando del tipo de ducha cuando la mampara se abrió y aparecieron Alejandro y Susana, nos enjabonábamos unos a otros, nos besábamos, enjuagábamos… excitábamos… Alejandro me limpiaba la polla con una esponja mientras yo hacía lo mismo con el culo de Susana. Esta comenzó a hablarme.

    – David ¿te vas a quedar todo el fin de semana? -me dijo mientras me enjabonaba el pecho- Esta noche tenemos una cena con unos amigos y nos gustaría que te quedaras, ellos no son como nosotros de liberales, pero igual se apuntan si nos ven en acción a los tres. Cada dos semanas preparamos una cena alternando la casa, y esta noche toca en la nuestra. Siempre lo hacemos con una temática, la hemos tenido de la Edad Media, del Imperio Romano, de la Granada musulmana… y la de hoy la pensamos en hacerla naturista pensando que dirían que no y librarnos de esta tradición, pero nuestra sorpresa fue grande cuando nos dijeron que sí, que vendrían. Eso nos hecho cambiar la idea de abandonar estas cenas, por eso hemos pensado que si te ven follando con nosotros igual se apuntan. ¿Qué nos dices?

    – Sois una caja de sorpresas -les dije- si queréis que me quede no tengo problema. Pero eso sí, el domingo ya no podré quedarme, tendré que preparar las cosas del trabajo.

    – Entonces estupendo -dijo Alejandro besándome suavemente en los labios- lo mejor de esto es que el disfraz ya lo tenemos, jajaja. Y el tuyo nos gusta bastante.

    Salimos de la ducha y nos secamos, me di cuenta que tendría que pasarme por casa para recoger algo de ropa y algunas cosas de higiene como el cepillo de dientes. Lo comenté con ellos y decidimos que Susana se vendría conmigo, me llevaría a casa para que cogiese lo que necesitara y además recoger la comida que tenían encargada para la cena. Alejandro se quedaría preparando la comida para almorzar. En cuanto nos vestimos, fuimos al garaje, me dirigí a la furgoneta pero Susana me llamó.

    – No pretenderás que me monte ahí, ¿verdad? -me dijo riéndose- No, en serio, vamos en mi coche, iremos más cómodos y la comida cabrá sin problemas.

    Accionó el mando del coche que tenía en la mano, y las luces del Audi Q7 parpadearon y se oyó el sonido de las puertas desbloqueándose.

    – Toma la llave y conduce tú, así no tendrás que indicarme por donde he de llegar a tu casa -me dijo alargándome la llave-

    Abrí la puerta del conductor y entré, tuve que regular el asiento y los espejos, ella ya estaba en el asiento del copiloto, me agarró la rodilla, me giré y me besó, su lengua entró en mi boca y se enlazó con la mía, se separó y me dijo:

    – Gracias por estos días, por ayer y por lo de hace un rato. Verás que lo vamos a pasar genial. Venga, arranca y abre la puerta del garaje pulsando ese botó de allí. Tengo ganas de regresar de nuevo a la casa, jejeje.

    Arranqué y salimos en dirección a mi casa, después iríamos a recoger la comida encargada para la cena. Puse rumbo a mi casa, charlábamos como si nos conociéramos de toda la vida, como si fuésemos pareja. Me sentía muy cómodo tanto con ella como con su marido, me quedaba por conocer a la pareja amiga de ellos, a ver como serían. Me mosqueó aquello de “no son como nosotros de liberales”, aunque era buena señal que hubiesen aceptado la cena con la temática naturista… o igual se pensaban que era otra cosa. Esta duda se la transmití a Susana, se quedó pensativa y me dijo:

    – No había caído en eso, igual se piensan que es una cena ecológica… hay gente para todo. Voy a llamar a Alejandro y se lo voy a comentar.

    Usando el manos libres del coche llamó a su marido, así podríamos oírlo los dos y hablar con él también. Descolgó Alejandro:

    – Dime ¿qué habéis olvidado? -contestó Alejandro-

    – No, nada. Hablando con David me ha dicho que no se habrán imaginado otra cosa, que el naturismo lo hayan confundido con naturalismo o algo así, ¿verdad? -le dijo Susana-

    – Jajaja, no, no tranquilos. -dijo su marido sin parar de reír- ya les pregunté y me dijeron que sin problemas, que la pena sería el no venir desnudos desde su casa, jajaja. Está todo bien. No tardéis, ni os pongáis a follar en casa de David.

    – Uy, no lo había pensado -le dije riéndome- No, tranquilo, tardaremos poco.

    Y hasta aquí este segundo relato.

    Ahh, y no olviden supervitaminarse y mineralizarse.

    Para cualquier comentario, crítica o sugerencia, mi email: [email protected]

    Saludos, Vantheway

  • Pasando por ti y recogiendo

    Pasando por ti y recogiendo

    Recogiendo y re-cogiendo

    Noche de jueves, ya algo tarde.

    Por atender algunos pendientes que requirieron extender mi jornada laboral un poco más de lo habitual me encontré en mi oficina preparando mis cosas del siguiente día, cuando recibo tu mensaje donde me pides que pase por tí a casa de una persona, una amiga tuya. Si bien ya era un poco tarde, me habías dicho días antes que este día tendrían una reunión con ella y otras personas. En tu mensaje, me indicaste que buscara donde estacionarme y pasara a la casa.

    Anexo viene la dirección a donde debo ir en una zona residencial exclusiva del poniente de la Ciudad de México, a la cual llego relativamente rápido, gracias a que no hay tráfico ya a esas horas.

    La fachada no deja ver al interior, pero desde afuera se aprecia una casa bonita, algo grande, con arquitectura moderna, rodeada de jardín, un par de árboles al frente que sobrepasan el muro divisorio con la calle, con espacios amplios y de muy buen gusto. Se aprecian tres ventanales del piso superior, uno de ellos bloqueado ligeramente por uno de los árboles, mientras que otro da a una terraza amplia, con un balcón de cantera que va acorde a la decoración exterior.

    Encuentro lugar prácticamente en la acera de la casa y me dispongo a tocar el timbre. Después de identificarme en el interfon. el portero eléctrico me permite acceder a un pasillo hecho de huellas de piedra, insertadas en el pasto, cuyo sendero está delimitado por unas lámparas que alumbran el camino, atravesando un espacio de jardín interior frontal y que lleva a la puerta de entrada principal de la casa.

    Apenas subo el par de escalones, llego a donde está la amplia puerta, que es de un diseño moderno, de madera en color natural, impecablemente barnizada, enmarcada por dos secciones de vidrio esmerilado ligero que permiten ver la luz del recibidor interior, pero no mayores detalles. El pórtico queda debajo del balcón de la habitación superior y un par de lámparas alumbran perfectamente ese espacio. Toco una aldaba que estaba en la puerta de madera y espero brevemente, mientras admiro el jardín frontal ligeramente iluminado, lo que le da un buen gusto, así como una sensación de intimidad y espacios agradables. El sonido inconfundible de unos zapatos de tacón acercándose desde el interior me regresan a estar atento a la puerta, donde escucho la manipulación de una chapa y la voz de una mujer, diciendo que en un momento está conmigo.

    Finalmente, la puerta de gran tamaño se abre y una mujer de estatura regular, de grata presencia se presenta conmigo como Elena, me saluda muy familiarmente, abriendo sus brazos hacia mí y allí puedo apreciar que trae una bata de tela muy ligera y semitransparente con algunos bordados, que deja ver un cuerpo bien cuidado y hermosamente coronado con unos senos bien puestos que hacen extraordinaria armonía con toda ella. Me acerco, con sus brazos me rodea el cuello y me da un breve beso de bienvenida en la boca, pegando su cuerpo al mío, dejando que la bata se abriera ligeramente y que sus senos se pegaran a mí, invitándome a pasar al interior de la casa. Una bienvenida así me dejó claro el motivo de que yo bajara del auto y entrara por ti.

    Sonriendo y tratando de acomodar la bata, me toma de la mano y me dice: disculpa que hayamos empezado, pero una noche así no se puede desperdiciar. Su mano, rodeó mi cintura y con la otra me iba mostrando el camino cruzando un pasillo rematado con plantas de ornato, en dirección hacia una espaciosa y hermosa sala de estilo moderno, minimalista, bellamente iluminada.

    Conforme nos acercamos, empiezo a escuchar cuchicheos y ruidos, mientras que a la vista se iba descubriendo el amplio espacio de esa sala, me detiene Elena, me abraza de nuevo y me regala un beso intenso, pegando de nuevo su cuerpo, donde la bata se abre completamente y me restriega sus senos ya desnudos, mientras su lengua se entrelaza con la mía. Mis manos recorren su cuerpo, sintiendo lo fresco de su piel, un aroma gratamente intoxicante, su cabello largo y abundante, la tersura de su espalda y cadera, así como lo erecto de sus pezones y lo hinchado de sus senos pegados a mi pecho, mientras nos acercamos a uno de los muros del pasillo, donde la recargo para darnos estas caricias.

    Entre intensos besos me dice que soy un afortunado porque eres maravillosa, así como una mujer sensual y pasional, mientras va empezando a acariciar mi pene sobre la tela de mi pantalón y los sonidos que se escuchan venir de la sala son más claros, donde puedo distinguir, entre otras cosas, tu voz y gemidos disfrutando del momento.

    Se vuelve a separar Elena, y damos los últimos pasos que nos permiten entrar al espacio de la sala donde, en un sillón muy amplio de color obscuro, te encuentro a ti, a otra mujer y un hombre en plena faena. La vista es de lo más sensual y excitante. Tu cuerpo girado ligeramente hacia tu derecha, entregada en un estrecho abrazo rematado con un beso intenso y sensual con la amiga, mientras estás montando al amigo, que permanece acostado en el amplio sillón, y con sus manos las acariciaba a las dos por igual.

    Elena, que no me suelta del abrazo, pegando sus ricos senos a mi cuerpo me dice al oído que observe lo hermosa y sensual que te ves. Y sí, es excitante ver cómo te mueves muy rico, ensartadita, frotándote con el pene del amigo, lo que te provoca oleadas de sensaciones intensas, abrazada a ella y dándose esos besos intensos y pasionales. Uno de tus senos es acariciado y apretado por él y el otro lo sujeta tu amiga, que a la vez te acaricia tus nalgas, seguramente llegando a rozar tu culito.

    Nos quedamos parados brevemente, observando todo y Elena va ayudando a despojar de mi ropa. Mientras me besa el cuello y me dice lo intenso que ha sido todo hasta el momento. Mi mano acaricia su seno más próximo, sintiendo lo suave de su piel y la puedo escuchar jadear por momentos. Su mano ya sujeta mi erecto pene y comienza a recorrerlo a lo largo, mientras me jala para otro beso intenso. Por la posición que están ustedes, sólo el hombre que está recostado nos puede ver. Después de este último morreo con Elena, les dice a ustedes: Aquí ya está Eduardo, y me presenta a Laura, y su pareja Manuel, que suspende sus movimientos de cadera para levantar la mano y pronunciar un amable hola.

    Nos acercamos al sillón, te separas un poco de Laura, me saludas con la mano y me mandas un beso, mientras me haces señas para que vea a Laura de frente, que es una mujer también hermosa, con un cuerpo bien puesto, que se observa trabajado, me tomas de la mano para acercarnos a dar un beso, que me compartes con Laura.

    Ella se acerca a mí, me da un beso en la boca y pega su cuerpo al lado contrario de donde está Elena. Sus manos empiezan a acariciarme y Elena se pone en cuclillas para llevar mi pene a su boca. Tú observas esto y te inclinas para besarte con Manuel y le das tus senos a comer, que los toma con mucha intensidad, mientras sigues cogiéndote su pene con tu vagina y él lo empuja nuevamente hacia tu interior en forma rítmica.

    Laura se braza a mi cuello, mientras Elena sigue realizando una deliciosa serie de caricias orales a mi pene y testículos. Laura no deja de alabarte y expresar que le gustas mucho y que eres muy pasional y sensual.

    Mientras, Manuel te jala hacia él e incrementa la velocidad del movimiento de su cadera, provocándote un orgasmo intenso, acompañado de gemidos ricos y la liberación de tus líquidos producto de la excitación que te provoca su penetración fuerte y rítmica.

    Se incorpora Elena, sujetando mi pene completamente mojado y lo pone en la mano de Laura, la besa en la boca y le dice: mira Lau ya tenemos otra verga, y me jalan hacia el sillón.

    Vuelvo a estar cerca de ti, te incorporas, toda sudada, excitada, tu cara y tu cuerpo dejan ver lo mucho que has disfrutado, me acercas a ti y me das un beso intenso, donde puedo percatarme del sabor a sexo que tiene tu boca y me agradeces que haya pasado por ti. Pero que aún no quieres irte, con una picara sonrisa que ilumina tu cara.

    Estás muy excitada y me dices que lo habías estado chupando un largo rato antes de que yo llegara, y que estaba muy rico. Te incorporas, haciendo que saliera de ti, y con tu mano lo sostienes para mostrarme su pene, largo grueso, y muy duro, enfundado en un condón que lo cubre en buena parte. Lo recorres con tu mano, tomas la punta, lo frotas en tu sexo por unos momentos, donde tu cara expresa las sensaciones ricas que te produce ello y, acomodando la punta de ese grueso y largo pene, te vuelves a sentar en él, dejando caer tu cuerpo de golpe, gimiendo rico al sentirlo invadir de nuevo tu muy húmeda vagina. Elena y Laura se besan con Manuel y le ponen sus senos en la boca, que trataba de meternos alternadamente, mientras ellas se besas, ríen traviesas, divertidas y se tocan sus cuerpos.

    Después de volverte a ensartar en Manuel, te inclinas para tomar mi pene y lo llevas a tu boca para mamarlo deliciosamente. A lo largo de nuestra relación se lo mucho que te excita sentirte penetrada por un pene y tener en tu boca otro más para disfrutar de ello. Lo haces intensamente, mientras te mueves cogiéndote la verga dura de Manuel, poniendo mucho deseo, mucha pasión, gozando todo muy rico.

    Veo cómo Elena se levanta, me da un beso en la boca y acariciando tu espalda, aprovechando que tú estás agachada y entretenida con mi pene en tu boca, mientras sigues disfrutando del pene de Manuel en tu vagina, se va acercando detrás tuyo. Acaricia tu cadera, va separando tus nalgas, moja sus dedos en su boca y no duda en pasarlos entre tus glúteos. Eso te hace levantar instintivamente la cadera, gimiendo y me dice, nadie resiste esta caricia, sonriendo maliciosamente. Sólo alcanzas a decir que te están provocando muchos orgasmos.

    Elena no deja de acariciar tu cadera, pasar sus dedos por tu culito y busca abrirte más. Entonces se pone en cuclillas para empezar a lamer tu trasero, acariciar el pene que te da tanto placer, frota sus testículos y poco a poco presionar con la punta de sus dedos para invadir tu culito.

    Acerca Elena su cara a ti, sin retirar sus dedos de tu entrada y le compartes mi pene para chuparlo entre las dos. La escena es de lo más excitante y puedo escuchar cómo sigues mojando a Manuel con tus continúas corridas y orgasmos que te provoca todo el momento. Elena ya va empujando dos dedos con cierto ritmo en tu culito hasta sus nudillos y eso te excita mucho, tus gemidos llenan la sala.

    Laura voltea hacia nosotros, se encuentra con mi pene, lo lleva de inmediato a su boca y lo mete profundamente, hasta pasar su garganta, sosteniéndolo así por momentos. Lo saca muy mojado y lo lame completamente. Toma un condón, abre el empaque y lo coloca en mi pene. Lo vuelve a lamer y meter en su boca, se levanta, gira su cuerpo dándome la espalda. Se inclina, mostrando su hermosa cadera, toma mi pene con una de sus manos y lleva la punta a su vagina, recargando su peso para hacerlo entrar en ella despacio, mientras se besa con Manuel, y se apoya en el sillón para ir empujando su cadera hacia mí. Poco a poco, mi pene queda dentro de su muy excitada y húmeda vagina, mi cuerpo pegado al suyo y mis testículos rozando su sexo.

    La sujeto de la cadera para empezar a penetrarla, lento y tratando de amoldarnos en cada movimiento. Ella gime rico y le dice a Manuel que ya le tocaba ser cogida. Veo por un lado sus senos balancearse, rozando el pecho de Manuel, conforme se va moviendo y recibiendo mi pene en su interior. Yo estoy disfrutando de esta rica cogida y siento las emanaciones de sus líquidos por la excitación que siente al estar cogiendo juntos. Su vagina se siente estrecha, rica, apretando mi pene en forma deliciosa, mojada. Manuel la jala hacia él, para comerle sus senos mientras la penetro. Ella sujeta su cabeza con una mano y me pide acomodarme de nuevo para penetrarla profundamente.

    Subo un pie al sillón para incrementar mi alcance y llegar más adentro de ella. Nuestros movimientos se hacen más intensos, mis testículos chocan con su clítoris en cada penetración, la humedad en la vagina de Laura es mayor y mi pene le roza más partes en su interior que la tienen muy excitada. Las caricias de Manuel en los senos de ella, junto con su boca succionando uno de sus pezones, contribuyen a la excitación de Laura, que ya gime con intensidad a cada empujón de mi pene. Comienza a tener un orgasmo muy intenso y eso me excita también a mí. Siento su cuerpo vibrando intensamente, su vagina contrayéndose y las oleadas de sensaciones que está experimentando. Su orgasmo la hace expulsar su corrida intensamente y se retuerce, con mi pene dentro y me pide que no me salga por nada del mundo.

    Ella besa a Manuel y con su mano, por debajo de su cuerpo, acaricia mis testículos y lo que sobresale de mi pene. Detengo mis penetraciones sin salirme, para dejarla disfrutar así su orgasmo, veo sus piernas temblar y hacer el esfuerzo por mantenerse en esa posición, le sujeto entonces por las caderas para ayudarle en ello. Poco a poco va recuperando su respiración. Laura es muy intensa también y su respuesta sexual es enorme y maravillosa. Empieza a mover su cuerpo, poco a poco para que la penetre de nuevo y mi pene sale y entra deliciosamente bañado en sus líquidos. Me pide más y voy empujando poco a poco, para volver a hacerle sentir estas sensaciones tan placenteras. Tu no pierdes detalle de lo que pasa y te excita mucho también.

    Veo cómo te incorporas para besarme y me dices que estás a punto de venirte intensamente, mientras yo sigo penetrando a Laura. Te veo tan excitada y sé que este orgasmo será enorme, que les mojarás mucho y que lo estás disfrutando plenamente, creciendo en su intensidad a cada a momento. Estoy tocando los senos, se sienten tan duros, tan llenos, tus pezones hinchados y erectos. Elena se dedica a cogerte tu culito con cuidado pero a buen ritmo, mientras moja ocasionalmente tu ano con su saliva. Te veo tan excitada, desplazando tu cadera para sentir más su erecto pene y le pides a Manuel que se venga contigo. Suspendes tus movimientos y lo sacas de tu vagina. Con tu mano ágilmente retiras el condón y lo vuelves a meter en tí, de golpe, intensamente. Tus gemidos anteceden otro pequeño orgasmo. Gustas sentir que te cojan así, a pelo, disfrutas de tener un pene erguido en tí, de percibir su erección total, el tacto de sus venas, la dureza del pene y suavidad de la piel rozando en tu interior.

    Te concentras en cogértelo, aún con los dedos de Elena horadando tu culito. Tus pezones están al extremo erectos y tus movimientos son intensos, el sonido de tu vagina húmeda es excitante. Unos momentos después y puedo verte abrazar el cuerpo de Laura para rendirte a tu orgasmo, mojándoles mucho, temblar tu cuerpo, gimiendo rico y a la vez escuchar a Manuel pujar intensamente mientras se viene en ti, inundando tu ser con su semen caliente, chorreando a los lados de tus labios vaginales, mientras Elena le sujeta y amasa sus testículos con su otra mano.

    Verlos correrse es maravilloso y yo sigo penetrando a Laura, despacio, pero haciendo que disfrute estos empujones, profundos pero suaves, mojado de su profusa corrida.

    La noche va a seguir porque Elena no ha tenido su momento aún y me volteas a decir, ya un poco recuperada, aún con el pene de Manuel dentro de ti, que todavía no te quieres ir.

  • Cecilia se ofrece a otro hombre (parte 2)

    Cecilia se ofrece a otro hombre (parte 2)

    Cecy se despertó feliz, con una sonrisa que no le conocía pero que me daba mucho gusto saber de alguna manera había colaborado para que la tuviera.

    Nos pusimos de acuerdo y quedamos de encontrarnos en el motel por la tarde noche, ella llegaría con Ray y yo por mi lado, dejó su coche en casa y la llevé a su trabajo, estaba vestida despampanante!

    Blusa color blanco semi transparente para dejar ver su enormes areolas y falda blanca con zapatillas altas de alfiler del mismo color, con una tanga blanca minúscula, se veía realmente buen mi mujer y felices nos despedimos nerviosos por lo que venía en la noche.

    Pasé el día sin poderme concentrar en mis actividades diarias y recibí un mensaje a medio día de ella donde me decía que le estaba pasando lo mismo, no podía dejar de pensar en lo que venía en la noche!

    Sabía que Cecy estaba realmente excitada y me puse a pensar en que en la página donde poníamos las fotos ella era realmente popular y muchos hombres darían lo que fuera por estar en el lugar de Ray, era un buen amigo de ella y seguro la iba a disfrutar como loco cuando ella se dejará poseer por él en la noche.

    Llegué al hotel y pedí la habitación, llamé al room service y ordené una botella de whisky y cervezas por lo que pudiera ofrecerse.

    Poco después recibí un mensaje de Cecilia que me decía estaban entrando al motel.

    Minutos después escuché las risas de ambos y tocaron la puerta.

    Al abrir para recibirlos, los encontré abrazados y la cara de Cecilia era la de una mujer plena sabedora de que iba a entregarse a otro hombre con el consentimiento de su pareja o esposo porque eso éramos ya: esposos aunque todavía no firmábamos el documento.

    Entraron a la habitación y casi inmediatamente sonó el teléfono de Cecy.

    Era su hermana que le preguntaba algunas cosas familiares y Cecy divertida respondió mientras se sentaba en el sofá y terminando de hablar volteó a vernos y le hizo señas a Ray de que se sentará también.

    (Algo que no he mencionado pero creo importante decir, es que la voz de Cecilia era una de las cosas que me habían enamorado originalmente, era preciosa su voz, de toda una mujer segura de sí misma).

    Entre comentarios picosos o explícitos, Ray me contó cómo se había dado entre él y Cecy esa atracción animal.

    Me dijo que cuando vio la primera foto de ella en la página no podía creer que fuera ella.

    Se sabía en la oficina que su amiga Mariela era tremenda pero nadie se imaginaba que Cecy fuera igual o más cachonda que la piernuda morenita que llamaban ejecutiva intensa (refiriéndose a Mariela).

    Cecy entonces nos contó cómo ella había tenido siempre ese fetiche de mostrarse en fotos y cuando encontró la página no dudó en empezar a subir fotos varias, mezclando algunas de ella entre paisajes que ella tomaba para ver cuál era la respuesta de los que veían la página.

    Grande fue su sorpresa y excitación cuando se dio cuenta que las fotos más vistas en su página eran las de ella donde mostraba su cuerpo y decidió poner más de ese tipo y poner algunas más explícitas para ver la respuesta.

    Así fue como la encontré yo hacía algunos años ya y le contó Cecy de ese primer viaje a playa del Carmen dónde nos conocimos y conocí a Mariela también.

    Regresando a la ciudad, nos hicimos pareja y desde entonces estábamos juntos.

    Mientras ella platicaba eso, yo les servía una bebida a ambos y brindamos por esa oportunidad que se nos presentaba en ese momento.

    Cecy se puso de pie junto a mi por un momento y entendí que lo seguía marcaría nuestra relación para siempre.

    Abrazándome fuertemente se acercó a mi cara y me dijo:

    -Amor, y qué hacemos aquí está noche?

    Pude notar la excitación y nerviosismo de ella en su voz y tomándola de la cintura con el brazo derecho, Tomé su mano izquierda y acercándonos a Ray le dije:

    Cecy: aquí está el macho que quieres te posea, ofrecete sin límites a él y dale todo el placer que eres capaz de proporcionar…

    Volteando a ver a Ray le ofrecí la mano de mi mujer y le dije: aquí está mi mujer, hazla gozar como la hembra caliente que es y ella sabrá recompensarte por mucho tiempo!

    Tomándola de la mano la abrazó y así de pie ambos junto a la cama, empezaron a besarse como si fueran novios.

    Me dirigí rápidamente a la chamarra donde traía la cámara y sacándola les pedí un momento mientras se separaban entre risas nerviosas y decían que qué pasaba?

    Déjenme tomar un par de fotos antes de…

    Le di la cámara a Ray y le pedí nos retratar como la pareja que somos.

    Cecy se acercó a mi y feliz me besó mientras me abrazaba diciéndome:

    A partir de este momento soy tu mujer, quiero ser tu esposa… para siempre

    Así abrazados nos tomó un par de fotos Ray y después le pedí la cámara y siguieran ellos con lo suyo…

    Ambos se vieron con lujuria y Cecy empezó a desnudarse mientras le tomaba fotos con Ray haciendo lo mismo, tomé varios fotos así y cuando quedaron desnudos se olvidaron de que estaba con ellos y Cecy lo llevó a la cama.

    Cecilia se acostó boca arriba y jaló de la mano a su macho en turno invitándolo a montarla.

    Ray no se hizo de rogar y se acomodó sobre mi mujer y empezó a besarla con lujuria mientras se abrazaban y tocaban todo lo que podían.

    Mi cabeza punzaba en una combinación de celos y excitación por ver a mi hembra entregarse tan intensamente a su nuevo hombre, Cecilia volteó a verme momentáneamente y me guiño el ojo mientras abría sus piernas ofreciéndose a Ray.

    Pocas veces había visto a Cecy tan caliente, estaba muy excitada por saber que la iban a ver coger sin censura por primera vez en la página.

    Y era con un compañero de su trabajo!, yo pensé que iba a poner esas fotos tan explícitas en la sección de solo contactos familiares pero los planes de mi Cecy eran otros: según me diría después, las iba a poner abiertas a qué todos los contactos pudieran verlos coger.

    Yo seguía tomando fotos desde varios ángulos mientras ellos seguían besándose como novios, Cecy tomo la verga de su macho y se acariciaba la vagina con la verga.

    Pensé que la penetrarían ya pero Ray tenía otros planes, empezó a besarla por el cuello mientras acariciaba sus tetas y empezó a bajarse hasta que llegó a los senos de Cecy y los empezó a mamar con desesperación mientras Cecilia se retorcía de placer caliente ya a tope.

    Cecy entre gemidos me dijo:

    ¿Quieres que me vean todos en la página como me cogen?

    Sí! Le contesté caliente como estaba yo también por ver lo puta que era mi mujer, sabes bien que eso queremos!

    Ahhh!… Gimió Cecy sintiendo la lengua de su macho penetrarla profundo en su vagina, mientras yo seguía retratando sus movimientos y ella continuó diciéndome entre suspiros:

    Soy tu mujer y me están cogiendo, todos se van a enterar que me ofreciste a mi compañero de trabajo y yo acepte que me follara como la puta que soy.

    Cecy no pudo más y se vino en un tremendo orgasmo provocado por la boca de Ray y sus manos que seguían acariciando sus tetas mientras le mamaba la vagina y ano.

    Después de tener ese placer, Cecy se enderezó y le pidió a Ray lo hiciera también mientras le acariciaba la cara y decía:

    -Eres mi fantasía hecha realidad! Siempre deseé que me viera alguien conocido pero esto es más de lo que imaginé…¡y me encanta! Me excita tanto saber que a partir de hoy si alguien más de la oficina me quiere coger yo encantada y más con la anuencia de mi esposo!

    Me hizo señas de que pusiera video para grabar y empezó a mamar la verga de Ray gimiendo y pidiéndole se viniera en su boca.

    Así siguieron un rato en un 69 hasta que Ray se vino jalando la del cabello mientras se derramaba en su boca y Cecilia se lo tomaba agradecida.

    Tomé video y fotos de eso.

    Luego Cecy se puso de pie y empezó a bailarle como teibolera para darle algo de tiempo a recuperarse y poniéndole las nalgas en su cara me dijo:

    Le voy a dar el ano, quiero que me la meta por el ano y quiero que tomes fotos de esto!

    Ray se paró un momento mientras Cecilia se ponía de perrito en la cama preparándose para darle las nalgas y él tomó su teléfono de su pantalón y me lo dio diciéndome:

    -Puedes tomar algunas fotos de esto?

    -Quiero tener fotos yo también

    Cecy volteo a verme en actitud de pregunta…

    -¡Ándale amor! Toma algunas fotos con su teléfono!

    Y volteando a ver a su macho le preguntó:

    -Si te conozco, sé para qué las quieres… ¿vas a mandárselas a gente de la oficina verdad?

    Le dijo parando las nalgas esperando su verga.

    Yo tomé algunas de ella esperando la verga de Ray en su ano mientras ella lo cuestionaba con cara de lujuria.

    -¡Ya sabes la respuesta Cecilia! -Dijo Ray ensartándola profundo por el ano de un solo golpe mientras ella gemía y empezaba a mover las nalgas ofreciéndose totalmente a su macho.

    -¿Te incómoda? Le preguntó Ray mientras le tomaba las tetas fuertemente mientras le daba por el ano con vehemencia.

    -Nooo… todos saben en el trabajo que tengo pareja, que tengo esposo, pero ahora quiero que sepan también que soy una puta caliente que se acuesta con otros con el consentimiento de mi marido.

    Ray se vino en el ano de mi Cecy y ese momento quedó retratado con detalle y después de eso se vino dos veces más en la vagina de mi esposa mientras seguían besándose como locos.

    Después de este encuentro, Cecilia se volvió más caliente si eso fuera posible y cuando subió las fotos a la página me sorprendió y me éxito ver qué las ponía a la vista de todos…

    Días después me contó que su macho Ray le había enviado las fotos que tomé con su teléfono a sus amigos del trabajo y varios de ellos se habían acercado ya con ella a pedirle que los dejara cogérsela.

    Eso nos excitó mucho y salimos a celebrarlo con su amiga Mariela y su amante para contarles y ahí Cecilia le contó a Mariela lo que tenía en mente con sus compañeros de trabajo.

    Continuará.

  • Mi primo me coge vestida de nena

    Mi primo me coge vestida de nena

    Como ya les conté en un relato anterior, tengo un primo menor que yo que, en una ocasión me vio, sin que yo lo supiera, vestida de mujer cogiendo en la casa de mi abuelo con dos albañiles. Años después, el primo me confesó que desde ese día había querido cogerme, sin importarle nuestro parentesco.

    En un principio me negué, pero él dijo algo así como que no veía nada de malo en su deseo por alguien de la familia y añadió que «no es como que puedas quedar embarazada». Pasaron 3 semanas en las que el morbo me tenía a mil, pensando en que sería un nivel nuevo de perversión y me imaginaba el escenario irreal en el que yo, en mi forma de Isis Valeria, quedaba preñada de mi propio primo.

    Al fin, un día me saludó por Facebook, la primera vez que me saludaba después de su propuesta «indecente» y aprovechando decidí calentarlo con una foto que mi jefe me tomó mientras me culeaba. Además de mandarle la foto, le pregunté por texto: «y si pudieras dejarme embarazada, ¿aun así me cogerías?», a lo que respondió con una foto de él frente a un espejo de cuerpo entero mostrando su pene erecto.

    Sexteamos rico y, ya calientes, acordamos la fecha para vernos. Nos quedamos de ver en un hotel; ahí me vestí con un putivestido de licra verde limón, con cortes en los costados, tirantes y un escote redondo. Debajo, juego de tanga y brasier relleno color verde oscuro, medias de nylon color canela y zapatillas rojas; el atuendo remataba con peluca ondulada castaña.

    -Mira -le dije-, quise vestirme muy puta puerca porque lo que vamos a hacer es muy sucio, jejeje. Te vas a coger a tu prima, pinche depravado.

    -Y mi prima bien que quiere mi verga, ¿verdad?

    Empezamos el faje: besos, caricias, frotarnos con los genitales que de inmediato reflejaron nuestra excitación…

    -Dime cosas guarras -me pidió el primo-, dime cosas guarras como las que les decías a los albañiles que te cogieron en casa de mi abuelo…

    Yo le seguí el juego: «No, ¿cómo crees que te voy a decir esas cosas? Si tú eres un chavo bien, recién salido de la universidad… En cambio ellos eran ya unos hombres cabrones, bien calientes y vergudos. Ellos no se andaban con mamadas, querían usarme de puta y yo les di gusto. A ti te falta experiencia para hacerme gozar así».

    Desde luego que lo tomó como reto y comenzó a besarme más brusco, a agarrarme las nalgas con más firmeza, hasta me lastimó un poquito, pero me gustó su nueva actitud.

    -¿Crees que no te puedo coger sucio? Date la vuelta, pendeja, que quiero cogerte ya.

    En eso, él me volteó y me subió el vestido, bajó sin ningún cuidado mis medias y, contrario a lo que dijo, en lugar de penetrarme se agachó y empezó a lamerme el culo. Lo hacía maravilloso y gracias a eso me tenía ya en 4 en la cama. Esta buscándose el condón pero entonces, sin dejar de darle la espalda, busqué con mi mano su pene y lo tomé:

    -No, primito, si vamos a estar de depravados, vamos a hacerlo completo: cógeme así sin condón, quiero que entre tu verga directo, quiero que me preñes.

    Cómo si fuera mi esclavo, dejó el condón de lado y fue directo a ensartarme con su pene duro. Entre mi experiencia y sus lamidas, entró sin dificultad. Se sentía rico: firme, muy firme, de buen tamaño sin ser enorme. Comenzó a moverse muy rápido y con desesperación, me habría gustado que fuera más lento primero, pero su inexperiencia se compensaba con sus ganas.

    -Al fin se me hizo… al fin se me hizo probar este culo. Lo he deseado muchos años.

    -Ay, primito, quién te viera así de chiquito pero bien cogelón. Sigue, sigue dándome verga…

    -¿Te gusta?

    -¡Me encanta! ¿Y a ti te gusta? ¿No te importa ser uno más de los que se han metido ahí?

    -No me importa, te deseo por puta, te amo por puta, prima.

    Cuando mi primo estaba llegando al clímax bajó su ritmo y parecía querer salirse. Por eso, apreté el ano y le dije con la voz más maricona y suplicante que pude hacer: «No te salgas… préñame, primo, embarázame, tíramelos adentro, no le hace que seamos parientes, quiero que me embaraces». Entonces mi primo empezó a darme más fuerte y terminó de golpe. Echó mucho semen, se notaba que lo traía guardado.

    Nos recostamos un momento. Él estaba exhausto, pero yo, aunque lo había disfrutado mucho, no había llegado al clímax. Finalmente, imponiéndome por edad y por experiencia le dije:

    -¿Ves cómo no le llegas todavía al nivel de los albañiles? Yo todavía estoy ganosa; ahora, por pendejo inexperto, te vas a comer mis mecos también.

    Le acerqué mi verga a la cara y empezó a mamar. Lo hizo deliciosamente hasta que me vine en su rostro. Se portó muy bien mi primo; yo creo que tendría futuro como travesti.

  • Cumpliendo mi fantasía en cabinas

    Cumpliendo mi fantasía en cabinas

    Hace un tiempo le compré a mi novia un traje de sirvienta muy sexy con el que tuvimos relaciones muchas veces, es un traje que la verdad le quedaba muy bien, sin embargo, cuando terminó nuestra relación el traje me lo quedé yo y lo tenía guardado. Esto se lo comente a un amigo que tenía, que se podría decir que es como mi sugar.

    Él tiene 47 años, yo actualmente tengo 22 y si, el me paga o me compra cosas a cambio de un sexo que debo decir que es muy bueno. El punto es que le conté que tenía ese traje y le conté de una fantasía que tenía, la cual era ponerme el traje de sirvienta, ir a cabinas y ser el depósito de semen de todos los hombres que estuvieran ahí, en cuanto se lo comente vi cómo empezó a tocarse por encima del pantalón y me pidió que cuando llegara a casa, me pusiera el traje y le mandara fotos y videos para ver cómo me veía, así lo hice y tuvimos un chat hot muy rico.

    Pasaron 3 días y me pidió ir a un hotel pero que llevara el traje, no tuve problema y lo guarde en la mochila, sin embargo, me sorprendió que no fuimos a ningún hotel, el me llevó a las cabinas y me dijo que quería cumplirme mi fantasía. Yo me puse muy nervioso, no sabía que decir así que mientras aún seguíamos en su carro el comenzó a besarme y a tocarme muy rico para animarme, así que decidido tome el traje, lo guarde en una bolsa y fuimos a las cabinas.

    Entramos y me fui al área de gays, que en ese momento se encontraba vacía, ahí aproveche para ponerme el trajecito de sirvienta junto con una tanga negra muy rica, me puse mi plug para que me fuera dilatando y salí con mi sugar para que me viera, cuando salí de la cabina él ya se estaba masturbando, así que ahí en el pasillo me puso de rodillas y se la empecé a mamar, me metí su grueso pene en la boca y lo comencé a chupar muy rico, cerré los ojos y comencé a tragarme ese pene de 17 cm como si mi vida dependiera de ello.

    Cuando abrí los ojos vi que ya había una fila de hombres deseosos con el pene de fuera esperando su turno, fue ahí cuando mi fantasía inició.

    Les hice señas para que se acercaran y comencé a masturbarlos a todos los que podía, les pedí que se pusieran condón y comencé a chupar los penes de todos, me sacaba uno de la boca solo para meterme otro, tenía por lo menos a 7 hombres a mi alrededor muy calientes, fue entonces cuando sentí como me levantaron del suelo, me metieron a una cabina, me sacaron el plug y me pusieron cuatro, casi de inmediato, un señor comenzó a penetrarme muy rico, yo no podía parar de gemir, me la estuvo metiendo tan rico que por un momento sentí que me desmayaría, en es eso sentí un chorro caliente en mi espalda y efectivamente, se acaba de venir y muy rico.

    El señor salió de la cabina solo para que otro más ingresara y continuará cogiéndome muy rico y muy duro, así estuvo durante aproximadamente una hora sin parar, cada vez venían más y más hombres a vaciar sus bolas y casualmente todos se venían en mi espalda.

    Por fin pude descansar, me senté muy adolorido y tome un poco de agua, fue entonces cuando llego mi sugar, cerró la puerta de la cabina, le puso seguro y ahora el comenzó a penetrarme, me nalgueo, me ahorcó, me jalo el cabello y me empezó a decir que era muy puta por dejarme coger por tantos hombres, yo solo le decía que si entre gemidos y luchaba por no caerme pues después de tanto, mis piernas temblaban de lo rico que la había pasado, después de un rato de un sexo muy intenso, sentí como mi sugar comenzaba a venirse adentro de mi (a él si lo dejo porque sé que está limpio, solo con él lo hago sin condón) después de que se vino me dijo que me cambiará para irnos a comer algo.

    Mientras me cambiaba le mencione que se me había hecho muy extraño que se juntaran tantos hombres y todos se vinieran en mi espalda, a lo que él me dijo que todos los hombres que se acercaban al área gay los mandaba conmigo para que me cogieran y que los que eran pasivos él se los cogía, así ambos podíamos disfrutar y cuando no había nadie él iba a ver cómo me cogían.

    Él les pidió a todos que se vinieran en mi espalda porque decía que le excita mucho ver que hagan eso y que de verdad estaba muy excitado, que le había encantado cumplirme mi fantasía.

    Después de eso fuimos a comer y me dejo en mi casa, yo llegué y me masturbe por lo que acaba de vivir, fue un momento muy rico y caliente que sé que se repetirá.

    Si te gustó mi relato no dudes en dejarme un comentario, no dejes de masturbarte.

  • Trío con dos señores

    Trío con dos señores

    Hola este es continuación del relato anterior. Comenzando la historia Raúl se encontraba cogiéndome, mientras esto pasaba comenzó a decirme si quería otra verga, que si quería una por el culo y otra por la boca, que si quería que dos vergas me llenaran, por sus palabras me excité y le dije que sí, que por favor quería que dos vergas me llenaran y así seguimos hasta que sentí que se venía dentro de mí.

    Al terminar de coger, él me dijo que, si de verdad se me antojaba otra verga, a lo que le dije que no lo había pensado, pero debería de ser rico tener dos vergas para mí solo, a lo que me dijo el próximo sábado sabrás lo que se siente.

    Al llegar el siguiente sábado, al entrar a su casa se encontraba otro señor ya desnudo y con una cerveza en la mano saludándonos alegremente, yo volteé a ver a Raúl y él me dijo que hoy tendría dos vergas para mí solo, después de esto Raúl nos presentó ahí supe que se llamaba Pablo. Pablo es un hombre de 40 años, tiene una barba abundante ya con algunas canas, y al igual Raúl tiene una panza prominente, sobre su verga pues le mide 16 cm y es más delgada que la de Raúl, pero lo que más me llamó la atención es el tamaño de sus testículos, grandes y redondos.

    Volviendo a la historia mientras Raúl fue a no sé qué, Pablo me hizo platica queriendo saber más de mí, durante la plática me dijo conocía a Raúl desde hace años y que a diferencia de Raúl él tenía un matrimonio abierto y que su esposa sabía que se encontraba ahí y de su gusto por los hombres (ahí me entere que Raúl era casado, lo cual me molesto un poco), la plática continuó y nos fuimos calentando por el tono cachondo qué estaba tomando se le comenzó a parar y me dijo en tono de broma, creo que tengo un problema y con el mismo tono le dije, acércate y te lo resuelvo.

    Él se acercó y primero paso su verga sobre mis labios, y cada que yo me intentaba meter su verga a la boca el la quitaba, iniciando así un juego que la verdad me calentó bastante, así seguimos hasta que por fin la metió a mi boca y se la comencé a chupar, mientras hacía esto Raúl se acercó ya con la verga dura y se la comencé a chupar a los dos, se turnaban por estar en mi boca, estaban como desesperados por que se las chupara, tanto que Raúl en su desesperación dijo que me la quería meter ya, a lo que protesto Pablo diciendo que él quería ser primero, fue gracioso era la primera vez que alguien peleaba por mi jeje, entre la discusión dijo Pablo que el decida quién va primero, a lo que yo conteste Pablo quiero que seas tu primero, él sonrió hacia Raúl como diciendo gane.

    Pablo se sentó en el sillón y yo me monte sobre él, descendiendo poco a poco sobre su verga, cuando la tenía toda adentro comencé a darme sentones de manera frenética, Raúl entonces comento que con él nunca me había comportado así, a lo que me dije que no fuera celoso que me metiera su verga a mi boca y así lo hizo. Y la escena fue la siguiente por una parte tenía la verga de Pablo en el culo y por otra parte la verga Raúl en la boca, una escena bastante caliente, lo sé porque gracias a un espejo pude ver cómo me veía con esas dos vergas dentro de mí.

    Así continuamos hasta que los dos se vinieron dentro de mí, ahí fue cuando Raúl pidió el cambio ahora él me quería coger, yo me levante de la verga de Pablo me puse en cuatro (la pose en la que siempre me cogía Raúl), y de inmediato comencé a sentir como entraba su verga, en eso Pablo se paró enfrente de mí y yo de inmediato me metí su verga ahora flácida a la boca, y por esto pronto recuperó la erección, y a los pocos minutos Raúl se vino, pero Pablo seguía duro, así que se la continúe chupando un rato más, hasta que Raúl nos dijo que saldría por un momento, no me importo ya que tenía otra verga para seguir disfrutando, de inmediato le dije a Pablo que si me la quería volver a meter, a lo que contesto qué encantado, me puse en posición y comenzó a cogerme tan rico que hasta se me olvido por completo Raúl,

    Así continuó hasta que sentí que se venía dentro de mí, cuando termino me beso y toco mi verga y dijo que si aún no me había venido, le dije que no él solo sonrió y dijo espero seas cuidadoso cuando dijo eso se voltio se puso vaselina en el ano y dijo que me viniera dentro, de inmediato se la comencé a meter, aunque no tengo su nivel para coger considero que soy bueno así que le brinde placer hasta que me vine, después de eso él se recostó en la cama y dijo que tenía que marcarle a su esposa.

    Cuando termino la llamada se la intente volver a chupar, pero me dijo lo siento lindo ya será en otra ocasión, mi esposa dijo que surgió algo en casa y que me fuera. Después de eso se despedido y salió de la casa, en cuento salió Raúl entro al cuarto y me dijo que si me había gustado la nueva experiencia a lo que le dije que sí que había sido interesante.

    Después de eso le dije que no sabía que estaba casado a lo que contestó qué no me metiera en sus asuntos.

    Por desgracia después de esto se tuvo varias peleas qué no vale la pena contar por lo que lo omitiré, solo diré que nos dejamos de ver y dio fin a ese periodo para mí.

  • De vacaciones con Denis (2)

    De vacaciones con Denis (2)

    Como ya les conté en esas vacaciones nos encontramos a nuestro amigo Fabián el cual tuvo un excelente mamada de mi novia.

    Al siguiente día transcurría normal, nosotros en la piscina bebiendo platicando todo bien, fue en la noche cuando recibimos una llamada de Fabián nos invitaba a cenar y obviamente a seguir tomando.

    Nosotros aceptamos y hablamos de lo que pasó la noche anterior.

    Denis: amor quiero que me cumplas una fantasía que he tenido siempre, el estar con dos hombres a la vez.

    Yo: ¿de verdad quieres eso? ¿Quieres estar con Fabián y conmigo esta noche?

    Denis: sí amor claro si tú lo permites solo será esta noche y no volverá a ocurrir.

    Yo acepté no sin antes decirle que prefería que estuviera conmigo y no cumplir su fantasía con otras personas.

    Nos cambiamos, ella traía un vestido corto el cual llegaba a sus ricos muslos con unos tirantes delgados el cual en algún descuido podrían bajarse y dejar al descubierto sus ricos pezones, además de traer una rica tanga de hilo el cual quedaba justo en su lado rico ano

    Llegamos a su casa y comenzamos a platicar todo normal y a tomar, después él sacó otro cigarro de marihuana y comenzamos a fumar cada vez más y más que cómo la noche anterior a los 3 nos puso completamente calientes y por el efecto del alcohol planteamos un juego de cartas el cual el que perdiera tendría que quitarse una prenda.

    El primero en perder fui yo y me quité el pantalón que traía quedando en bóxer y playera, el segundo él quedando igual que yo, después volvió a perder él quitándose la playera quedando únicamente en bóxer el cual ya se le marcaba su pene y solo veía de reojo Denise como los saboreaba, la siguiente en perder fue ella y tuvo que quitarse ese vestido quedando únicamente con su tanga puesta, para no hacer el relato largo, quedé yo únicamente con bóxer, Denise tanga y nuestro amigo totalmente desnudo con su verga completamente erecta.

    Como ya no había que quitarse pasamos a los retos, y ahí fue cuando Denis perdió su y tuvo que pagar su reto el cual yo puse y como sabía que era buena haciendo squirt le pedí que se masturbara y tenía que hacerle un squirt a nuestro amigo…

    Ella se sentó a un lado de él abriendo sus piernas quedando justo al lado y comenzó a masturbarse veíamos cómo se metía los dedos y jugaba con su clítoris hasta que por fin consiguió tener ese orgasmo mojando completamente a nuestro amigo.

    El siguiente reto fue para él y tenía que dejarse chupar el ano por ella, Denis comenzó chupándole los testículos mientras que con una mano lo masturbaba después él levantó las piernas dándole acceso a su ano el cual ella comenzó a chupar y yo veía cómo le metía la lengua en su orificio, ella hincada sobre el sillón y el recostado en las piernas abiertas yo me acerqué a ella y le puse mi pene en su ya mojada vagina y comencé a penetrarla lentamente mientras ella solo se dedicaba a chuparlo los testículos y el ano a Fabián, de pronto ella se levantó y así como estaba él con un pie en el suelo y el otro en el sillón ella lo montó de espaldas a él, yo me acerqué fui a la comencé a besar y el sabor de sus labios era a los testículos de nuestro amigo, después bajé a chuparle los pezones y ella agarró mi cabeza y me bajó hasta su vagina donde podía ver muy de cerca cómo la penetraron.

    Ella me pidió que le chupara su vagina mientras la penetraban y así lo hice, yo chupaba su clítoris mientras ella era penetrada y me tomaba por la nuca, hasta que de pronto ella me bajó más hasta tener en mi lengua los huevos ya Fabián yo comencé chupárselos y subía con mi lengua por toda su verga hasta llegar al clítoris de ella, después ella me bajó más que comencé a chuparle el ano a nuestro amigo y de reojo veía cómo Denis me miraba, de pronto siento que su pene comienza a latir y veo que por la vagina de ella comienza a salir abundante semen, el cual comienzo a chuparla y a limpiarla de ese líquido espeso ella se detiene y se para agarrando el pene de él y llevándolo a mi boca como pidiendo que se la limpie, comencé a lamer ese tronco y a meterlo en mi boca hasta que ya no quedaron restos del semen.

    Después Denis me recostó y comenzó a chuparme mi pene mis testículos y mi ano, ella se montó a mí y comenzamos con ricos movimientos y le pidió a nuestro amigo que se acercara para chuparle la verga, hasta que consiguió ponerla nuevamente erecta, después pidió se la metiera por su ano teniendo una rica doble penetración, ella gemía del placer de tener dos vergas dentro hasta conseguir que los tres cayéramos rendidos con un rico orgasmo, llenándola de nuestra abundante leche.

    Después de esos días no lo volvimos a ver en esas vacaciones.