Blog

  • Las enfermeritas querendonas (4): El domingo

    Las enfermeritas querendonas (4): El domingo

    Sentí algo que me ahogaba y que me chupaban la pija.

    Era la petisa que se me había puesto en posición de 69 y me refregaba la concha en la cara.

    Abro los ojos y sin preguntar empecé a meter lengua en ese culo que me tiraba besitos.

    Ay siii ay siii era todo lo que decía. Yo no podía más que emitir algún gemido, porque tenía mi cara incrustada en ese señor culo y no pensaba darle tregua.

    Levantó la cadera un poco y me puso el clítoris al alcance de mi boca y a mi juego me llamaron lamí y chupé, chupé y lamí hasta que se acabó y me tomé el juguito que largó.

    Se acostó al lado mío y empezamos a besarnos con desesperación, me subí arriba y empecé con el mete y saca, era divino como se sentía estar a pelo y todo bien lubricado, era como un guante que ajustaba a mi verga, no iba a aguantar mucho así, nos mirábamos directo a los ojos, diciendo mucho sin decir, solo gemimos y nos disfrutamos, estábamos por llegar los dos cuando se escucha desde la puerta de la habitación.

    Tan temprano y ya garchando?! Aflojen un poco o conviden!!

    Era Maca, que estaba con un camisón cortito y tanga mirándonos con los ojitos brillando.

    Me desmonté por un momento.

    V: A vos no te cogieron todavía?

    M: Casi que no dormí

    V: Querés más? Vení y sumate.

    Ni lerda ni perezosa la rubia se sacó lo poco que llevaba puesto, se subió a la cama y fue derecho a chuparmela.

    M: Tiene un gustito conocido, dijo mientras lamía en tronco.

    B: Callate y chupá.

    Mientras tanto volvía a besarme con vivi.

    V: Ay como te quiero hijo de puta.

    Warning 2 Soldado!!

    B: No digas boludeces cuando estás caliente.

    Se tiró de cabeza a chupar con la amiga, se pasaban la pija de una boca a otra, chupaban el tronco entre las 2, una chupaba la pija y la otra los huevos. La rubia me paso la lengua por el perineo pero sin llegar al culo y mientras la petisa vino a chuponear, la rubia me empezó a hacer una rusa con esas tetotas, no sé cómo pude aguantar tanto estímulo de estas dos minas.

    La petisa se me subió a cabalgar y la rubia vino a que le chupara el culo.

    M: Chupame el culo Betito!!

    B: A la orden mi comandante

    Si el de la petisa me tiraba besitos, este culo me quería comer, la petisa me montó de espaldas y me apretaba un poco los huevos para que no acabe, lo bien que hacía, porque entre las dos me estaban matando.

    La rubia le pidió cambio y se sentó de una en mi pija, mi voluntad no importaba para nada, ellas disponían de mi como si fuera un consolador, mientras que la rubia me cabalgaba, la petisa empezó a chuparle las tetas y algún beso también se escapó, cambió de la concha al culo y en 2 minutos yo me estaba por acabar. La petisa la desmontó y me apretó la base del pene para que no me acabara.

    V: todavía no mi amor, aguantá.

    B: No aguanto más.

    V: Si que van a aguantar!!

    Frenó la eyaculación inminente y entre las dos me llevaron a la ducha, nos empezamos a enjabonar y mi erección no bajaba y ya me dolían los huevos de ganas de acabar.

    Así me tuvieron como una hora, chupaban y masturbaban y cuando estaba por acabar me frenaban, eran unas malditas maestras en el arte de tener a un hombre en vilo.

    De abajo se sentían gritos de placer, imaginé que sus amigas y mis amigos también la estaban pasando muy bien.

    V: Vamos a comer?

    M: Yo no acabé todavía.

    V: Dale unos pijazos en el culo que yo te ayudo.

    La rubia apoyó las manos en la pared, yo fui desde atrás se la puse hasta el fondo y la petisa se arrodilló a chuparle la concha, no pasaron ni 10 minutos y l a rubia estaba gritando de placer.

    M: Ustedes me van a volver loca!!! Aaaah

    Nos vestimos y bajamos a desayunar.

    Si hubiera un campeonato de ojeras, Paola lo ganaba por destrozo, estaba demacrada y rengueaba un poco, igual que Ale, Vaya uno a saber qué hicieron para estar así.

    La casera había dejado café, pero le tocó preparar algo a Guille, comimos y nos fuimos a la playa, ya que el día estaba divino y recién eran las 11 de la mañana.

    Tiramos unas toallas en el piso y nos acostamos a conversar. Ale y Pao se quedaron dormidos enseguida y todos nos reímos.

    Guille cuchicheaba con Maca y se fueron corriendo al agua. Si hubiera un circo en el área, le hubieran pedido prestada la carpa que se le marcaba en la bermuda a Guille.

    Se fueron a lo hondo y no hacía falta ser mago para darse cuenta de lo que pasaba, la rubia estaba montada y le estaba dando una paliza de concha que no se iba a olvidar fácilmente.

    Se escuchó un alarido y era el enano acabando en el agua, se le aflojaron las gambas y casi se ahoga con una ola!

    La rubia lo agarró de los pelos y lo sacó a flote.

    Agarrate de las tetas que no te ahogas!!! Gritó Pedro desde donde estábamos.

    Había pasado una hora y ya estaba picando el sol, así que decidimos subir y tirarnos en la piscina.

    Cata la colorada estaba con un poco de resaca, así que se fue a acostar un rato, a Vivi la llamó el padre y se fue a hablar adentro, Pao y Ale se habían ido a su dormitorio, no sabemos si a reenganchar o a dormir, porque seguían rengueando los dos.

    Quedamos, Guille, Pedro Maca y yo.

    G: Rubia, alguna vez te enfiestaste con tres así como nosotros?

    M: Como ustedes no. Respondió la rubia con cara de pícara.

    P: A mi me encantaría metértela en el culo mientras otro te la mete en la concha.

    M: Y en la boca quien me la mete?

    Era un demonio y no aflojaba ni abajo del agua (literalmente. Ya la habíamos visto en la playa).

    Pedro saltó y se bajó la bermuda.

    M: Que linda y cabezona

    P: Chupala que quiere que la mimes.

    G: La mía también (estaba vivo de casualidad, pero el enano degenerado no perdía oportunidad).

    La rubia estaba entretenida chupando las 2 pijas, diciéndoles, las quiero bien duras, si no no hay doble penetración papitos. Y yo seguía sin acabar.

    Guille se tiró boca arriba en uno de los camastros que había alrededor de la piscina y la rubia se le montó arriba, mientras que Pedro le escupía el culo y empezaba a entrar sin prisa, pero sin pausa.

    La tuvieron ensartada en un santiamén y ella empezó a moverse, ellos no la cogían, ella se los cogía a los 2, los tenía a su disposición para que la llenaran de placer.

    M: Tengo la boca libre Betito, vení, así me llenan del todo.

    B: Por suerte no hay 2 más disponibles, si no te las metías en las orejas!

    Fui directo a donde estaban los 3 y empezó a chupármela con todas las ganas. O esta mina fue chango, o tiene un problemita con el sexo, pensé para mis adentros, pero estábamos todos pasándola genial y no iba a cortar el mambo preguntándole.

    Seguía retorciéndose cual boa constrictor comiéndose un bicho, pero los bichos que se comía eran los nuestros, juro que nunca había visto algo así.

    En un momento se le dieron vuelta los ojos y empezaron a darle espasmos, yo pensé que se nos iba, se levantó y largó un chorro que fue a parar arriba de la panza de Guille, mientras gritaba quiero leche quiero leche, me acerqué y me dice, la tuya no, es de mi amiga.

    Pedro le tiró la leche en las tetas, mientras Guille largaba lo último que le quedaba, porque lo había ordeñado en la playa un rato antes.

    Me tiré al agua para enfriarme un poco porque el dolor de huevos ya era insoportable.

    En eso veo salir a Vivi sonriente de la casa y viene hacia mi.

    V: Vení que quiero hablar contigo

    B: De que?

    V: Veni, vamos arriba.

    Llegamos al dormitorio y estaba todo arreglado, cada cosa en su lugar y la cama tendida, como si ahí no hubiera pasado nada.

    La casera debe haber limpiado chorros de semen por todos lados y las sábanas y la ducha deberían ser un verdadero asco.

    V: quiero hacer algo distinto contigo, bebé.

    B: Espero que no tengas una pija escondida, porque lo único que te falta, es cogerme vos a mi.

    Nos sentamos en la cama, ella sentada en mi falda, besándonos (volvió la noviecita pensé para mis adentros).

    De repente siento que me agarran de los brazos y me acuestan.

    Era Cata la colorada que me pone unas esposas y la enana me ata las piernas.

    Empezaron a pasarme la lengua por el cuello, a besarme y morderme las orejas, vas a ver lo que te espera me dijo la colorada, fueron bajando, se entretuvieron con mis pezones, siguieron para abajo y pasaban la lengua por las ingles, sin tocarme la pija que estaba como un mástil de nuevo, empezaron a pasar las lenguas por el tronco, pero sin llegar a la cabeza, era una chupada a dos bocas como las de los videos porno, iban a los huevos, pasaban la lengua, pero no se los metían en la boca, la colorada se la tragó toda hasta el fondo y no hacía arcadas, mientras que Vivi arrancó a chuparme los nuevos como dios manda, la colorada cambió boca por concha y se la metió hasta el fondo, como apretaba esa conchita por favor! Yo estaba como en otro plano, solo disfrutando de estas dos chicas.

    Me desatan y viene Vivi arriba mío, quedé sentado apoyado en el espaldar de la cama y ella arriba y se empieza a mover despacio, como alargando el momento, Cata, la colorada, me dio un beso y se fue. Vivi volvió a moverse bien despacio, agarrando ritmo.

    Empezó a agitarse cada vez más, yo ya no aguantaba más, su vagina empezó a apretar mientras estaba llegando al clímax, yo me quise zafar, pero no pude y largué toda mi producción dentro de Vivi.

    Ay siiii mi amor decía ella, así te quería, siii llename toda, hasta la última gota!!

    Yo estaba por desmayarme. Había dejado todas mis energías en esa acabada y la cabeza me daba vueltas. Warning soldado red alert!!! Resonaba en mi cabeza lo que me había dicho el de seguridad «tené cuidado. No te van a romper la cabeza por cogerla, pero no hagas muchas cagadas porque se puede complicar, los que cuidan al viejo van al mismo gimnasio que yo y creeme que te pueden lastimar pa buenas», pero ya era tarde y la cagada ya estaba hecha.

    Cuando quise darme cuenta, eran las 6 de la tarde y había que volver de Punta del Este.

    El primero en irse fue Ale que a las 9 tenía que estar en lo de la novia. Por suerte ya casi no rengueaba y había recuperado cierta vitalidad.

    Guille se fue con Maca y Pao en el auto de la flaca. No entiendo como aguanta tanto el enano.

    Pedro se fue con Cata y Vivi se volvió conmigo, durante el camino estaba más mimosa que de costumbre y de a ratos intercambiaron algunos mensajes de whatsapp con las amigas.

    Llegamos a su casa, me miró, me dio un beso largo y me dijo, gracias por todo, lo necesitaba y no solo por este fin de semana lo digo.

    No entendí muy bien lo que me dijo, yo tenía que ir al cumpleaños de 18 de mi sobrina (mi hermano es 17 años mayor que yo y fue padre a los 22), que ya iba llegando tarde.

    Por suerte le había comprado en el free shop el perfume y unas sombras que me había dicho mi cuñada que ella quería, cómo no me daba el tiempo para pasar por casa a cambiarme, paré en una esquina me puse una camisa que traía en la mochila, desodorante, perfume, me acomodé un poco el pelo y salí disparado al cumpleaños.

    Cuando llegué estaba mi hermano con quien nos dijimos apenas hola, mi cuñada con quien tengo buena relación, mi sobrino que tiene 16 años y la reina de la fiesta, que me abrazó y me dio las gracias porque le había llevado lo que ella quería.

    Cuando miro para un costado, estaba Mika, mi ex (si se le puede decir Ex a salir un par de meses hace unos años con una mina que me llevaba casi 10 años) y amiga de mi cuñada, junto con Hector, uno de los mejores amigos de mi hermano, que me miraba con cara de pocos amigos.

    Me fui a una mesa donde estaban unos primos y tíos y me quedé ahí toda la noche, no tenía energías ni para bailar con las amigas de mi sobrina , que ya eran mayores de edad y más de una estaba a punto de caramelo (especialmente Raquelita que me dice tiíto y me mira muy picarona).

    A eso de las 2, me fui a mi casa, que al otro día tenía que trabajar.

    ¡Que fin de semana señor!

  • Mis dudas sobre Adriana (capítulo 2)

    Mis dudas sobre Adriana (capítulo 2)

    Los invito a leer las partes anteriores a esta para seguir el hilo de la historia.

    Cuando recogimos a Gabriela no me pareció tan enferma como decía, es más, me pareció que era una simple pataleta de vieja consentida que quería llamar la atención, Adriana las hacia cada rato y yo ya estaba acostumbrado a sus berrinches. Sin embargo, y dejando esos temas atrás, nos tocó ir a su apartamento por sus “medicinas” y sus cosas. En esa vuelta nos demoramos casi hora y media que retraso nuestros planes y, por supuesto, agarramos todo el tráfico de la noche, de los que —como nosotros— también querían llegar algún día a sus casas a descansar, si a eso se le podía llamar descanso. Aparte, y como Julieta era la que se sabía el camino y no iba ni cerca de nosotros como habíamos quedado, nos perdimos al llegar al pueblo y fue Sebastián el que tuvo que salir a buscarnos para guiarnos hasta la quinta mucho después de la hora acordada. Es decir, el viaje que debía durar cinco horas terminó durando para nosotros casi nueve.

    Estaba rendido, agotado como pocas veces en mi vida. Lo único que quería hacer era llegar a cualquier cama y acostarme a dormir hasta el lunes siguiente, no quería despertarme nunca más; aunque la verdad, de haber sabido lo que el viaje me deparaba, eso debí haber hecho: no volver a abrir los ojos para no darme cuenta de toda la perversión que me rodeaba.

    Cuando nos encontramos con Sebastián, nos dimos cuenta que iba muy animado, con una cara de ponqué propia de haber echado un buen polvo con su novia, los imaginé estrenado catre mientras a nosotros nos tocaba estrenas columna vertebral y muletas por la molida de ese carro. En el camino, Sebastián dijo un montón de cosas que ya habían hecho —porque a ellos si les había ido muy bien de camino y solo habían gastado las cuatro horas de camino previstas—, ya habían comido algo en un restaurante en el pueblo, luego habían comprado las bebidas y lo que faltaba, ya habían nadado, ya habían reído y hasta ya habían bailado cerca al borde de la piscina. Además, dijo que la quinta, era espectacular, como la de un millonario europeo. Todo estaba en orden y era perfecto. Dijo que se habían repartido las habitaciones a juego de moneda y que nosotros con Adriana y yo habíamos ganado el juego porque nos había tocado la habitación de arriba que era más grande y tenía balcón, mientras a todos ellos les habían tocado las dos habitaciones del primer piso, aunque tampoco desmeritaban mucho de la nuestra.

    —¿Y la piscina qué tal? —preguntó Gabriela, que ya parecía más animada.

    —Espectacular, es increíble. Y con el clima del pueblo todavía está tibia. Ellas se quedaron nadando cuando salí, yo creo que todavía estarán ahí metidas. Están felices.

    Eso me despabiló un poco, saber que Adriana ya había estado en bikini frente al duro de Sebastián me ponía los pelos de punta, no me gustaba la idea de que exhibiera su cuerpo así, no me parecía apropiado, aunque ya me sentía seco hasta para protestar por algo que ya no podía controlar.

    —¿Ósea que ya estrenaron la piscina como se debe? —preguntó burlón Mauricio.

    —¡Pues claro! —contestó Sebastián animado y con algo de doble sentido que mi cansancio no me dejó entender— ya estuvo nuestra parte hecha. Y la cosa promete mucha piel, ¿no cierto, Carlitos? —me dijo codeándome y sonriendo aún más pícaro.

    Yo no entendí lo que me quiso decir y apenas le contesté con una sonrisa, ni siquiera sentía las fuerzas suficientes para levantar la mirada y regañarlo por mirarle el culo a mi mujer.

    Como a los diez minutos llegamos a la quinta, Sebastián se bajó para abrir la puerta y entrar el carro. Ya era casi la una de la mañana y por eso ni Adriana ni Julieta salieron a recibirnos como lo merecíamos después de tanto esfuerzo.

    —¿Y las chicas? —preguntó Mauricio tan extrañado como yo por la ausencia de las bienvenidas.

    —Debieron caer como focas —contestó Sebastián mientras terminábamos de sacar todas las maletas del baúl del carro— claro fue que la lucha en la piscina fue fuerte, nos dimos muy fuerte.

    —Me imaginó —dijo sonriendo Gabriela.

    La verdad, apenas si vi de reojo la quinta y su famosa piscina, se veía bien, pero yo ya llevaba los ojos cerrados y la mirada perdida. Sebastián nos mostró la cocina, donde guardamos como pudimos toda la carne y las cosas que llevábamos y luego nos enseñó las habitaciones. Subí con él hasta la puerta de nuestro cuarto y antes de entrar me dijo algo que hasta ahora comienzo a entender:

    —No hagas mucho ruido, que la pobre cayó como una piedra después de todo el ejercicio.

    Me dio una palmada en la espalda y bajó mientras yo, con el cuidado que él me había dicho, me quité los zapatos, abrí la puerta y comencé a caminar hacia la cama. En efecto, Adriana estaba tan dormida que ni sintió mi presencia, estaba de espaldas, sin ninguna sabana encima y, para mi sorpresa, completamente desnuda.

    Me quedé mirándola un momento. Lo primero que me dio fueron ganas de quitarme toda la ropa y tirármele encima para cogérmela como en mis mejores épocas, pero ella parecía tan profunda y tan cansada que ni siquiera se movía, seguramente ni siquiera sentiría mi pito delgaducho si se lo metía en ese momento. Entonces, resignado me quité la ropa, me dejé en calzoncillos y con ese mismo cuidado me acosté a su lado sin moverme mucho para no despertarla. Su cuerpo se veía precioso iluminado por los rayos de la luna que entraban por las ranuras entre las persianas, su cintura se veía más delgada y su culo se veía redondo, como una montaña gigantesca. Me la imaginé con el bikini negro nadando en la piscina, a Sebastián con la boca abierta mirándola mientras disimulaba su erección bajo el agua y a Julieta jugando entre los dos como la niña grande que parecía ser.

    Me los imaginé riendo, jugando, ellas sobre los hombros de él, y él aprovechando la ocasión para meterle mano a su novia y, cuando se dejara, a mi mujer también. Me los imaginé riendo por el descuido de Adriana al salir del agua mientras su bikini cedía, dejándole una teta al descubierto —una vez, en otro paseo hacía muchos años, ya le había pasado con ese bikini, se le había salido una teta y todos los que estábamos a su alrededor la habíamos visto —. Me imaginé la cara de Sebastián aturdido mientras mi mujer reía por el descuido, pero seguiría jugando y ese juego seguiría un poco más osado debido a sus miradas cómplices.

    Me quedé un momento así mientras me imaginaba esa escena. Pero, Adriana me había dicho que el bikini negro estaba viejo y que se había comprado otro ¿Cómo sería el nuevo? ¿También seria negro? ¿Sería igual de grande o este sería más chiquito? Esos días me había dicho que no me iba a mostrar nada de lo que se había comprado, que prefería darme la sorpresa y yo había aceptado su desafío.

    Me la imaginé con mil vestidos de baño, hasta que se me ocurrió que salir de la duda sería tan sencillo como levantar la cabeza y buscar alrededor el bikini que se había puesto esa noche. Estaba cansado, pero el morbo pudo más conmigo. Levanté despacio la cabeza y busqué por encima de las cosas que podía reconocer en la oscuridad, no vi bikinis por ninguna parte, de hecho, no vi ninguna clase de ropa por ninguna parte. Un escalofrío recorrió mi cuerpo ¿Y si se habían metido a las piscina desnudos?

    Sin pensarlo mucho me levanté a buscar su bikini, su ropa interior, exterior, algo, pero nada. Busqué debajo de la cama, encima de las sillas, de la mesita de noche, en el armario, pero nada, todo estaba vacío; de hecho, ni siquiera encontré la maleta de Adriana. Fue tanto lo que busqué que creo alcancé a mover su cuerpo porque ella gimió como si estuviera tirando conmigo. Yo me quedé de pie frente a su cuerpo, pensando, analizando, tratando de atar cabos.

    ¿Y su ropa? ¿Y su bikini? ¿Y si se habían bañado desnudos? Por lo que Sebastián nos había contado, habían llegado a eso de las siete, lo que quería decir que, con vueltas y todo, se habían metido a la piscina a eso de las ocho, pero —ahora que recordaba— Sebastián llevaba una camiseta y unas bermudas playeras, pero todo estaba seco y sin rastros del baño nocturno que nos había contado ¿Y si se habían bañado desnudos? ¿Y si mi mujer se había bañado empelota frente a ese par de casi desconocidos? No podía creerlo.

    Era casi imposible, pero ese maldito macho de gimnasio hacía de todas esas maquinaciones algo posible, con él siempre había una pequeña posibilidad de que así hubiera sido; además, su ropa no estaba por ninguna parte. Tal vez, Sebastián se la había escondido y por eso se había tenido que bañar desnuda, pero ¿y la ropa que llevaba puesta? Porque seguro no había ido a trabajar empelota. Volví a buscar y nada. ¿Se habría atrevido a mostrarse desnuda?

    La cabeza me daba ya vueltas de tantas maquinaciones sin fundamento, tal vez solo estaba por ahí guardada o, tal vez la maleta estaría abajo, en la sala y yo no la había visto al pasar. Pero… ¿y por qué estaba desnuda? Si estaba desnuda era porque no tenía su maleta y su pijama. Seguramente, Sebastián le había hecho la travesura de esconderle la maleta con la segunda intención de verla sin ropa, de disfrutar de mi mujer como había llegado a este mundo. Me puse serio. Ya me iba a escuchar en la mañana cuando le hiciera el reclamo por aprovecharse así de mi pobre mujer, claro, él musculoso y ella apenas culosa; ese sujeto le tenía ganas a mi mujer, estaba casi seguro, pero yo estaba dispuesto a impedirlo.

    Tenía antecedentes, a él pocas viejas le decían que no, la mayoría escurrían la baba cuando lo veían y se lo soltaban apenas comenzaban a hablar con él. Lo había visto varias veces, sus conquistas apenas duraban media o una hora y ya corrían al motel a abrirse de piernas. Debía tener cuidado, seguro que con Adriana quería hacer algo parecido y había aprovechado mi infortunio con el cuento de Gabriela para… para… para el cuento de Gabriela (y pensé en algo que hasta ese momento no se me había ocurrido) ¿Si sería verdad que se sentía enferma o seria solo una excusa, parte de algún plan entre todos para que Sebastián quedara a solas con mi mujer?

    La verdad era que Gabriela no se veía enferma y no se había mostrado enferma en todo el camino. Parecía una excusa y, por su culpa y esa excusa, nos habíamos demorado más de lo previsto ¿Sería una trampa para hacerle el cajón a Sebastián y dejarlo solo con mi esposa? ¡No, no podía ser! Además, estaba Julieta, no creía que él se hubiera atrevido a hacerle algo a mi mujer enfrente de su novia… pero, podía aprovechar algún descuido de ella. Además, yo sabía que Julieta dormía mucho y muy profundo, casi siempre que estábamos juntos ella se quedaba dormida en alguna silla y no había poder humano que la despertara ¿Y si la había dejado dormir mientras se bañaba con mi mujer? ¡No, no podía ser! Julieta era linda, era modelo de lencería, cierto que no tenía las curvas de Adriana, pero era bella, sobre todo esa carita de ángel y demonio que se gastaba; cierto que tenía las tetas pequeñas y la cola un poco plana, pero así eran las modelos de revistas: flacuchas y largas, ella misma nos había dicho alguna vez que los estándares eran como los suyos: poca teta, poco culo y unas piernas largas.

    Tenía razón. No tenía por qué preocuparme, Sebastián lucia orgulloso a su novia y les decía a todos que era modelo de catálogos de lencería. De hecho, cerca de su concesionario había un centro comercial y adentro había un local de la marca que modelaba Julieta, por supuesto, él no desperdiciaba la oportunidad para pasearse por ahí señalando el afiche con su novia expuesta mientras les decía a todos que ese ángel era suyo y ella lo amaba. Imposible que quisiera cambiarla a la primera por mi esposa. Pero ¿y si el plan lo hubieran hecho entre los dos?

    Si, podía ser, recordé que Mauricio me había contado que a Julieta también le gustaban las mujeres y los porros, que alguna vez Sebastián le había dicho que antes de él ella había salido con otra modelo; eso al parecer era algo muy normal en su ambiente, en su medio, pero en el nuestro no, nosotros no estábamos acostumbrados a esos términos, al parecer, mi mujer y yo éramos las ovejas sanas en medio de los lobos. Debíamos tener cuidado.

    De repente, mi mujer de nuevo se movió, como sintiendo mis ojos sobre su cuerpo desnudo, incomodándola e invadiéndola. Decidí volverme a acostar. Aun así, ya no pude dormir. Todas esas dudas me sofocaban, me daban vueltas en la cabeza y me revolvían las tripas. Debía calmarme, dejar de convocar incoherencias. De seguro, ningún acto pervertido había pasado en mi ausencia. Estaba casi seguro de mi esposa, no casi, completamente seguro de mi mujer. Adriana jamás me había dado pie para pensar lo contrario de ella, siempre se había comportado como una mujer integra y nunca me había fallado… o, por lo menos, eso esperaba.

    Volví a encontrarme con su silueta descarada. No recordaba la última vez que había visto a Adriana durmiendo sin ropa, aunque me repetía al mismo tiempo que eran solo estupideces mías y que nada de mis maquinaciones había pasado, tal vez, solo habían estado nadando un rato y la ropa mojada estaría secándose y ya está. Tal vez no había pasado nada, tal vez todo solo era producto de mi imaginación, tal vez, en la mañana resolvería todo y la maleta con la ropa de ella aparecería… de cualquier forma debía averiguar con disimulo lo que había pasado. De cualquier forma, debía ir con cuidado porque no me fiaba mucho de Sebastián. De cualquier modo, lo mejor era tener el ojo bien abierto y no dejar a mi mujer tanto tiempo sola. De cualquier forma, ella tenía el culo en pompa y yo estaba demasiado cansado para aprovecharlo. De cualquier forma, me quedé dormido y no volví a despertarme en toda la noche.

  • Pizza time

    Pizza time

    Una repartidora de pizzas que en realidad entrega algo más que pepperoni y queso extra.

    Una chica de cabello oscuro y piel morena usando un uniforme rompevientos de repartidor con el logo de una pequeña pizzería se encontraba en una situación inusual.

    Se llama Tamara y había escuchado que esto era una posibilidad al entregar en un hotel, pero siempre pensó que era un mito urbano, es decir, ¿Quién tendría esa desfachatez?, pero había pasado.

    Frente a ella estaba un afrodescendiente corpulento en bata de baño recibiendo el pedido «desnudo», el sujeto no hacía el menor esfuerzo para ocultar su flácido pene de los ojos de la repartidora.

    Tamara deseaba con todo su ser golpearlo en la cabeza con la caja de la entrega y luego salir de ahí a toda velocidad y renunciar a ese trabajo de porquería.

    Pero no podía darse el lujo de perder otro empleo y con las pésimas decisiones financieras que había tomado últimamente terminaría en un refugio para desamparados a final de mes.

    Y por nada del mundo volvería a poner un pie en casa de su madre, la forma en que su actual pareja la miraba le daban escalofríos.

    Así que forzó su mejor sonrisa ante esa situación y solo dijo.

    —¡Es la hora de la pizza!, Pizza de doble pepperoni y un calzone de camarones— dijo Tamara extendiendo la caja que contendría dichos platillos.

    El sujeto le regresó la cortesía sonriéndole antes de abrir la caja de la pizza y solo decir.

    — Oye,¿¡Dónde está la puta pizza!?— dijo el sujeto mostrando la caja vacía a la repartidora.

    Cuando vio eso algo pasó en la cabeza de Tamara sus ojos se tornaron vidriosos y sin vida una sonrisa estúpida se formó en sus labios y simplemente respondió.

    —¡Yo soy la puta que esperaba!— dijo con la mayor naturalidad del mundo.

    El hombre solo sonrió antes de decirle.

    — Pasa cariño la fiesta está adentro— dijo mientras le dejaba pasar a su habitación de hotel.

    Una vez adentro Tamara se retiró el uniforme de repartidora revelando que solo estaba usando una pantaleta de algodón blanco.

    —¡Aquí tienes el calzone!, Te estaré esperando — dijo el hombre dejando la segunda bolsa en manos de la chica.

    Tamara lo abrió para sacar de él un conjunto de fantasía un diminuto hilo dental con pequeños parches de tela traslúcida con agujero que dejarían al descubierto su vagina y sus pezones que simplemente se colocó como si nada.

    —¡Ven aquí puta! He tenido una semana difícil y me gustaría un poco de amor— le dijo la voz del sujeto desde dentro de la habitación.

    — Será atendido en un momento— respondió la chica siguiendo la voz del sujeto.

    Él la esperaba sentado en el borde de la amplía cama con una amplia sonrisa en su rostro.

    — Veamos que tan buena eres «levantándome el ánimo»— le dijo mientras le señalaba su miembro ligeramente erecto por la expectación.

    —Preparando una malteada— fue la respuesta que dio al momento de inclinarse ante él y llevar ese pene a su boca.

    Para sorpresa del sujeto la mujer literalmente se metió casi todo miembro en la boca y empezó a realizar el mete saca como toda una profesional.

    —Así puta, mmm, si que sabes cómo hacerlo— dijo el sujeto mientras serraba los ojos de placer.

    Tamara no respondía parecía completamente absorta en su labor oral sacaba el falo de su boca para lamerlo con una devoción inusitada al llegar a la base chupaba y lamía los genitales de aquel hombre con un gran deseo haciendo sonidos guturales mientras lo hacía.

    —No tienes que ser tan callada, vamos no seas tímida— le dijo el sujeto acariciando suavemente su cabeza.

    —¡Es la barra de chocolate más deliciosa que he probado!— le respondió Tamara— No puedo creer que me quepa en la boca.

    — Y pronto probarás su cremoso relleno— le respondió el sujeto antes de sujetar fuertemente su cabeza.

    Tamara sonrió por la implicación de esa acción.

    En un momento sintió como su garganta se llenaba de un líquido caliente y espeso que le provocó una sensación muy placentera mientras se la tragaba por completo.

    El sujeto soltó la cabeza de la mujer y lentamente sacó el miembro semi erecto de su boca.

    — Eso fue delicioso— respondió la mujer mientras acariciaba aquel miembro semi erecto con su mejilla derecha.

    Esa acción bastó para que pene del sujeto volviera a ponerse erecto.

    — Esa fue una excelente entrada, ¡Ahora quiero el plato principal puta!— dijo aquel sujeto.

    Tamara se levantó y se colocó encima del sujeto colocó el glande del pene de aquel hombre en la entrada de su ya húmeda vagina lo paso un par de veces por los húmedos e hinchados labios íntimos antes de empezar a meterlo ella misma.

    —¡Qué apretada estás!— dijo aquel sujeto.

    —¡Usted está muy grueso!— respondió Tamara mientras empezaba a montar al sujeto en una vaquerita invertida.

    Tamara empezó a subir y bajar alegremente en el miembro del afortunado sujeto quien se sentía en el paraíso.

    —¡Estoy a punto de correrme puta!— dijo el cliente sintiendo como llegaba hasta el límite de su resistencia.

    — El relleno cremoso es extra— respondió la mujer

    —¡Lo pagaré! ¡Lo pagaré!— repitió el sujeto sujetando las caderas de Tamara.

    Eso alentó a la mujer que empezó a subir y bajar con más rapidez.

    «Uhhhh» con un gemido ahogado el hombre vació el contenido de sus genitales en el interior del cuerpo de Tamara quien simplemente se dejó llevar de ese semen sin mayores preocupaciones.

    Él cayó rendido en la cama con una gran sonrisa en su rostro para luego decir.

    —Estoy lleno, no olvides lavar los platos antes de irte.

    Tamara se levantó cómo si nada limpió su cuerpo con una toalla cercana para volver a ponerse su uniforme antes de salir el sujeto le pagó lo de la pizza y una generosa propina.

    Una vez en la entrada Tamara pareció recuperar nuevamente la conciencia.

    —¡Menos mal que dio propina!— dijo ella verificando el dinero.

    Poco después se encontraba nuevamente en la pizzería donde trabajaba como repartidora.

    —¿Y cómo te fue con esa entrega Tamara?— dijo una de sus compañeras.

    —¡No quiero hablar de eso!— dijo ella intentando desviar y conversación—¿Qué hay de la tuya Samantha?

    — Ya sabes cómo son esos idiotas de oficina— respondió la otra chica.— Mínimo dieron una buena propina.

    En ese momento el encargado dio dos golpes a una campanilla señal de que otra entrega estaba lista.

    — Es mi llamada te veo después— dijo su compañera y se dirigió a la mesa de entregas.

    Tamara pensó que tal vez estaría sin hacer nada hasta el cierre pero no tenía tanta suerte

    — Oye Tamara, tenemos una entrega urgente— dijo el encargado mientras colocaba una pequeña maleta con el logo de la pizzería.

    Se acercó un poco de mala gana para ver a dónde lo tenía que entregar.

    —¡No!, ¡No!, ¡No!— dijo ella sin esconder su molestia— Envía a alguien más.

    — Linda es tu zona y no hay nadie disponible— le respondió el encargado

    — Eres detestable— dijo ella mientras tomaba la entrega.

    — Enterar e irme— se dijo a sí misma mientras veía la casa a la que debía entregar.

    Era su vieja casa y seguramente quien había pedido la pizza era Bob la nueva pareja de su madre, después de enviudar hace unos meses su madre había tenido una especie de crisis sobre quedarse sola y rápidamente se había conseguido una nueva pareja.

    Eso tal vez lo podía digerir pero el sujeto le daba mala espina desde que lo conoció y la manera en que la miraba en cada ocasión no mejoraron la situación.

    La única solución que encontró sin afectar más la débil psique de su madre fue buscarse un lugar donde vivir

    — Entregar e irse— se volvió a repetir mientras tocaba el timbre.

    Después de un momento la puerta se abrió y un hombre maduro y de cabello encendido abrió la puerta.

    — Que sorpresa Tamy— dijo el sujeto mostrando su torcida sonrisa.

    Tamara le respondió con su mejor entrecejo y solo le respondió

    — Mi madre otra vez está haciendo horas extra Bob— fue la respuesta de la mujer

    —¿Por qué otra razón estaría pidiendo una pizza?— respondió el sujeto mientras recibía la caja.

    —¿Desde cuándo pides vegetariana?— dijo Tamara

    — Solo quería variar un poco— respondió Bob.

    Tamara solo quería recibir el dinero por la pizza e irse hasta que lo inevitable pasó.

    — ¡Oye niña!, ¿Dónde está mi puta pizza?— dijo Bob mientras mostraba la caja vacía a la chica.

    — La puta que esperabas soy yo— respondió Tamara mientras empezaba a abrir su uniforme de entrega.

    Fin.

  • Una experiencia diferente

    Una experiencia diferente

    Mi último año de la carrera en la facultad fue algo difícil debido a la covid 19, me mudé con mi madre y mi hermano a un pueblo del interior, ese pueblo había comenzado la cuarentena hacia poco tiempo, mi madre pasó varios periodos en el hospital del pueblo luego que la aceptaran, yo estuve en cada uno de esos periodos con de mi hermano, y luego de varias semanas logré comenzar a estudiar de nuevo y logré terminar el año y graduarme en economía.

    Pase casi un mes buscando opciones de trabajo pero la suerte no me acompañaba, hasta que encontré empleo en una oficina de trámites, por suerte para mi ocupé una oficina sola para mi, aprendí rápido lo que debía hacer, siempre me quedaba por las tardes para terminar algunas tareas, hacia calor casi siempre y extrañaba andar desnuda como en la casa, una tarde mi hermano paso a recogerme y yo estaba desnuda porque estaba sudando, cuando me vio dijo que haces así hermana puede venir alguien y solo le dije que no debía preocuparse que a esa hora ya no había nadie en el trabajo.

    Cerré la puerta con llave y caminé por la oficina, realmente me sentía muy cómoda, mi hermano me miraba de arriba a abajo y me dijo que si no sentía vergüenza que me viera desnuda y yo le dije que si, eso no me importó y me quede descalza.

    Termine el trabajo que estaba haciendo y mientras lo hacia el y yo hablamos de muchas cosas, me puse de pie y le dije que hacia 3 meses que no hacia el amor ni por la vagina ni por el culo, nos quedamos en silencio y me dijo que si no me molestaba lo quería hacer por mi culo.

    Me quedé en silencio por unos minutos, le dije que si, me puse de pie y le dije debes de hacerme el amor desnudo, así es más cómodo, él lo hizo y me quedé maravillada del tamaño de su pene, desde hacía rato que lo tenía duro, yo me senté arriba de el en la silla dándole la espalda y le dije disfruta de mis nalgas y busca mi ano y penétralo, cuando entró la cabeza lance un grito porque me dolió muchísimo, él lo sacó y me beso la espalda, nos vestimos y ninguno dijo nada y salimos para la casa.

    Pasaron varios días y una tarde cuando llegué a la casa el estaba en el salón viendo una peli, cuando entre comenzó a llorar y me pidió perdón por haberme hecho daño en el culo, le dije que no pasaba nada, sin decirle nada me desnudé delante de él y me abrí las nalgas y le dije quieres probar y se quedó mirando.

    Yo lo tome de la mano y fuimos a mi cuarto, se desnudó y probó enterarme el pene en el culo, esta vez no dolió y entro sin dificultad, cuando empezó a moverse se vino enseguida y eso me calentó mucho, no la sacó y empezó de nuevo, yo gemí mucho de tanto placer, me hizo venir 2 veces, me beso la espalda y nos fuimos a bañar juntos.

  • Preparando la noche de juegos

    Preparando la noche de juegos

    Hola a todos, les traigo la siguiente parte de mi anécdota siendo asistente en la noche de juegos de don Genaro, espero que les guste y la disfruten, les mando un beso a todos.

    Después de mi encuentro con don Genaro volví a casa a continuar con mis cosas personales, para que se ubiquen más o menos, él y yo nos encontramos un lunes, ese día no pensé en su propuesta, para mí era un rotundo no desde el principio, sin embargo, en la noche cuando estaba recostada para dormir, pequeños pensamientos intrusivos inundaron mi mente, para que me entiendan, fueron como imágenes fugaces mías rodeada de hombres viejos, fue solo por un segundo, pero eso me dejo una pequeña idea dando vueltas.

    Al día siguiente fue todo normal de hecho ni pensé en la propuesta, pero de nuevo a la noche al estar tratando de dormir, los pensamientos e ideas volvieron a mi mente, imágenes mías con ropa sexy siendo observada por hombres en casa de don Genaro, esas ideas me provocaron sensaciones en todo el cuerpo aunque muy leves.

    Al día siguiente ya no pude quitar los pensamientos de mi cabeza, la propuesta se repetía continuamente en mi mente, no pude concentrarme en lo que estaba haciendo, solo aparecían imágenes mías siendo observada, manoseada, morboseada por hombres en casa de don Genaro, poco a poco mis ideas de rechazo ya no estaban tan claras, estaba sintiendo ganas de ir, vestirme sexy y como dijo don Genaro, disfrutar exhibiéndome frente a sus amigos, comencé a sentir un calor que subía desde mi conchita, como si me pidiera vivir esa experiencia, el resto del día fue más de lo mismo yo desconcentrada de todo porque solo pensaba en ser manoseada por todos esos hombres.

    Al día siguiente continúe dándole vueltas a la idea, ya tenía más ganas de ir que de no ir, sin embargo, aún tenía algo de miedo por la cantidad de gente, pero mis ganas de disfrutarlo eran mucho más fuertes, finalmente me decidí, ya no pude engañarme sola, yo quería ir, ser la asistenta, vestirme con ropa sexy y provocar a esos hombres, lo deseaba con locura, me di cuenta de lo que pervertida que soy ahora, de lo calenturienta y putita que podía llegar a ser si me lo proponía, luego de tomar mi decisión no le di muchas más vueltas al asunto, iría, pero quería pasarlo en grande y disfrutar mucho, iba a ser asistenta de don Genaro pero la asistenta más sexy y pervertida de todas.

    El día jueves después ir al trabajo, me fui deprisa al centro comercial a la tienda de lencería, a ver si podía encontrar un traje sexy de estilo sirvienta o criada, cosas así, mi sorpresa fue gigante cuando entre a la tienda y vi un montón de variedades de lencería, con cada cosa que veía solo pude pensar en mí usándolo mientras me miraban y me deseaban, luego de un rato, encontré un lindo conjunto de malla transparente para arriba, una falda muy corta que realmente no me tapaba nada mas unas medias que llegan hasta mis muslos y unos tacones negros, al momento de ver el conjunto me enamore de él, pero pensé que quizá era demasiado revelador, cerca de ese conjunto, también encontré unas mallas transparentes tipo body completo, se usan normalmente para ponerse algo encima, elegí uno que llegaba hasta la parte baja de mis hombros y me permitía tener un poco de escote aunque realmente lo elegí porque si alguien me viera con él, la malla dejaría ver mi cuerpo desnudo como si no llevara nada, mire un poco más y encontré un vestido corto sexy, con tirantes, pero la particularidad el vestido es que los tirantes solo se unían desde la parte delantera por lo que mi espalda quedaba descubierta era perfecto porque era sexy y revelador, pero aún me permitía dejar algo a la imaginación, compre todo lo que elegí y volví a mi casa ese día muy feliz y ansiosa por que llegara el siguiente día, me acosté muy feliz y caliente esa noche, solo podía pensar en modelarle a todos esos hombres mi nueva ropa.

    El día viernes por la mañana transcurrió todo normal, solo que yo continúe distraída del trabajo, mi calentura era incontrolable a eso de las 2 de la tarde, solo quería que llegaran las 7 para ir a casa de don Genaro, a eso de las 5 no pude más y decidí mentir en el trabajo diciendo que tenía una emergencia y que debía retirarme antes, fui directo a casa a ponerme el vestido, prepare un pequeño bolso y en él metí todas mis cosas, incluyendo ropa y mis juguetes, a las 5:45 ya estaba lista para ir a casa de don Genaro, ansiosa, caliente y con mi conchita muy húmeda.

    En el trayecto pude sentir como el viento me pegaba en la cara y note que mi cara estaba caliente, seguramente estaba colorada por la calentura, disfrute el trayecto con mi nuevo vestido, el viento en mi espalda desnuda, con las ganas de estar pronto en casa de don Genaro no me mire mucho en el espejo antes de salir, así que cuando pasaba por fuera de edificios aprovechaba para verme y realmente parecía una puta en camino a encontrarse con algún cliente, en ese momento pensé que quizá hubiese sido mejor ponerme algo más normal y ya en casa de don Genaro cambiarme, pero ya no podía hacer nada, además me encantaba como el vestido se pegaba a mi cuerpo y lo resaltaba, no me importo parecer puta porque en ese momento es lo que era, una putita en celo que buscaba desesperadamente la atención de otras personas para excitarse.

    Llegue a casa de don Genaro alrededor a las 6:10, entre por su reja y toque a su puerta, yo estaba nerviosa porque pensé que ya estarían todos reunidos o que faltarían algunos pocos, para mi sorpresa cuando la puerta se abrió el que me recibió no fue don Genaro, sino que el señor tímido que siempre está sentando en el parque esperándome junto al otro señor más activo y caliente, yo me quede muy sorprendida no esperaba verlo a él en ese momento, sabía que estaría porque es amigo de don Genaro, pero no que ya estaría ahí, lo mire y le dije tímidamente.

    -«Ho-hola vine a la reunión, don Genaro me invitó, ¿puedo pasar?».

    Él me respondió rápidamente.

    -«Hola señorita, si claro pase adelante, Genaro está en la parte de atrás».

    Yo entré a la casa y no vi a nadie más, el señor tímido salió a cerrar la reja y luego la puerta de la casa, yo le pregunté.

    -«¿No ha llegado nadie más?».

    Él respondió.

    -«No, normalmente llegan después de la hora acordada, seguramente lleguen alrededor de las 7:30, yo llego antes porque soy el que trae la carne, entonces preparamos todo para cuando lleguen los demás, venga conmigo, señorita Genaro está atrás preparando el fuego».

    El señor me guio por la casa, seguramente pensó que yo no conocía ese lugar, lo que el no sabía es que solo hace unos meses yo estuve follando con don Genaro en ese mismo lugar, la verdad cuando el señor me dijo que aún no llegaban los demás me tranquilice mucho, todo mi nerviosismo se fue de golpe, llegamos al patio de don Genaro, él se volteó, se sorprendió muchísimo al verme, tanto que dejo lo que estaba haciendo y fue directo hacia mí con una gran sonrisa.

    -«Señorita, sí vino, qué alegría y se ve muy bella y sexy también, será un placer tenerla en nuestra reunión, le aseguro que lo pasaremos bien».

    Me dijo eso mientras tomaba mis manos y se movía de alegría, parecía un niño don Genaro en ese momento, el señor tímido le preguntó.

    -«¿Oye Genaro, la asistenta que dijiste que tendrías en la reunión pasada, es ella?».

    Yo miré sorprendida a don Genaro y le pregunté.

    -«Como don Genaro, usted no me dijo que les prometió a sus amigos que tendría una asistenta, yo pensé que me invitaba porque quería compartir conmigo».

    Terminé de decirle eso con un tono de decepción y tristeza, pero solo por divertirme con el, yo ya sospechaba un poco debido a la insistencia de don Genaro en que yo asistiera, el rápidamente se puso a la defensiva y dijo.

    -«Bueno, la verdad es que sí era ella, pero cuando se lo propuse me dio miedo que dijera que no y se enojara conmigo, por eso no le dije que yo prometí traer una asistenta a esta reunión, pero aun así no importa, porque la señorita viene a compartir con nosotros y pasárselo bien».

    Yo volví a sonreírle tímidamente y algo coqueta, entonces le dije.

    -«Bueno… La verdad don Genaro… Es que lo pensé muy bien… Y decidí si ser su asistenta esta noche… Quiero pasarla bien de todas las formas».

    Ellos se miraron por un segundo y luego don Genaro se puso más alegre aún, estaba algo eufórico, el señor tímido también se notaba contento, entonces los interrumpí diciéndoles a los dos.

    -«Me alegra que estén aquí solo los dos, porque tengo ropa especial para esta noche, pero no decidí bien qué ponerme, así que si no les molesta, ¿podrían ayudarme a elegir?».

    Don Genaro rápidamente dijo.

    -«Claro que si señorita, con mi compadre Hugo, le ayudamos en lo que usted necesite».

    Yo me sorprendí un poco, porque además de don Genaro recordé que no sabía el nombre de los señores del parque, así que miré a don Hugo, le sonreí, le extendí la mano y le dije.

    -«Don Hugo es un placer, creo que por fin sé su nombre».

    Él se puso algo rojo y nervioso, entonces yo solté su mano, les di la espalda a los dos, tome la mano de cada uno y las puse sobre mi culo, el contacto de sus manos en mi culito me encanto, al estar solo ellos dos yo podía manejar la situación a mi antojo, así que decidí jugar un poco con ellos, deje bien firmes sus manos sobre mis nalgas y les dije.

    -«Por favor ayúdenme con mi ropa».

    Empecé a caminar sin soltar sus manos, entré a la casa con ellos, llegué a mi bolso que lo había dejado en el sillón grande donde don Genaro me penetró sin condón, solté sus manos, levanté las mías por sobre mi cabeza y les dije.

    -«Quítenme el vestido, por favor».

    Ellos sin demorar, metieron sus manos por mis piernas, subieron a mi culo por debajo de mi vestido, luego empezaron subirlo lentamente, cada segundo de ese momento me estaba excitando muchísimo, estar siendo desvestida por dos hombres a la vez, era una sensación que no había probado y por supuesto me encanto, yo no me puse nada de ropa interior bajo el vestido así que a medida que ellos fueron subiéndomelo, fueron dejando mi culo completamente al descubierto y luego mis tetas las cuales estaban muy sensibles mis pezones extremadamente duros y sensibles también, finalmente me sacaron todo y yo quede totalmente desnuda ante ellos, estaba lista para modelarles mi lencería para esa noche.

    Comencé con la malla, la verdad me encantaba, pero sentí que era demasiado para ser mi primera vez, es decir me encanta exhibirme y que vean mi cuerpo desnudo, pero también me encanta el erotismo que tiene el desvestirme de a poco o estar con ropa provocadora y sugerente, cuando me termine de poner la malla don Genaro y don Hugo estaban sorprendidos, note como no podían resistirse a mirarme con deseo, estoy segura de que les picaban las manos por tocarme, les exprese mis pensamientos sobre la malla que quizá era demasiado, ellos me entendieron y pensaron algo similar a mí, les pedí ayuda para quitarme la malla, no la necesitaba realmente, pero quería sentir sus manos tocándome, ellos por supuesto aprovecharon el momento para agarrarme las tetas, el culo, acariciar mi torso mi espalda mis piernas incluso hasta mis pies jejeje.

    El siguiente atuendo fue el de mallas con la falda corta, don Genaro y don Hugo se enamoraron de inmediato de ese, yo aún tenía la idea de que era demasiado revelador, no tanto como la malla, la falda realmente era un adorno muy lindo, pero no me tapaba nada y la malla igual era un poco transparente, por lo que se podían ver mis tetas un poco, ellos me dijeron que ese estaba perfecto, pero que quizás si mostraba de más, en eso, don Genaro dijo que tenía la solución, fue deprisa a su cuarto, yo y don Hugo no entendimos muy bien que quiso decir, entonces volvió junto a nosotros y en su mano tenía la tanga que le regale el día de nuestra cita, me dijo.

    -«Con esto señorita, podrá taparse más y se seguirá viendo sexy y bella como siempre y no se preocupe porque yo la lave y la guarde muy bien».

    Tome mi tanga y pude sentir el olor a limpio, le agradecí a don Genaro con un besito en la mejilla, me puse la tanga y les mostré todos mis ángulos, ellos seguían muy embobados, pero me dijeron que estaba mejor, yo le pedí a don Genaro permiso para ir a su baño a verme, él solo tiene un espejo de cara para lavarse los dientes, pero igual pude ver como me quedaba el conjunto, la verdad si se veía mejor, obviamente seguía estando semidesnuda, ellos podrían ver ligeramente mis tetas y me verían todo el culo, pero no sería la impresión de verme la conchita y el culo desnudos de una vez, me decidí a usar ese conjunto.

    Mientras estaba arreglándome en el baño, escuché que tocaron la puerta, algo de bullicio, asumí que ya habían llegado otros invitados, mi nerviosismo volvió un poco, mi corazón se aceleró rápidamente, escuche que hablaban de la demás gente, escuché.

    -«Mario dijo que llegaría más tarde, como a las 9:30 porque tenía un compromiso».

    En eso escuché que tocaron la puerta del baño y dijeron con voz baja.

    -«¿Perdón necesito tomar unas cosas del armario del baño, puedo entrar?».

    Era la voz de don Genaro, yo rápidamente abrí la puerta y lo deje pasar, él me pidió disculpas y se puso a buscar cosas en el armario, yo me quede en el baño temblorosa aún, sin deseos de salir, mi plan era salir ante esos hombres, pero con peluca y mi antifaz, si algunos me vieran así me daría mucha vergüenza, mi disfraz se había transformado en una especie de llave segura que me dejaba ser todo lo zorra y puta que quisiera sin miedo a nada, pero sin ellos me daba mucha vergüenza y miedo aun el mostrarme ante extraños, sentí que don Genaro me toco el culo suavemente y me dijo.

    -«Está bien señorita?, la veo algo inquieta».

    Yo le respondí.

    -«Si es que llegó alguien y aún no estoy lista, quiero tomar algunas cosas de mi bolsa, pero me da vergüenza salir aún».

    Él me dijo tranquilamente.

    -«No se preocupe señorita, es Nino, usted ya lo conoce, es el que siempre está con Hugo en el parque, él ya sabe que a usted le gustan estas cosas».

    Yo salí curiosa del baño, el sonido de los tacones del traje hizo que don Hugo y don Nino me miraran de inmediato, don Nino al verme dijo.

    -«Vaya pero sí es la señorita del parque».

    Me miro de arriba a abajo lascivamente, no oculto para nada sus deseos hacia mí, se acercó a mí lentamente con una sonrisa y una seguridad notoria, yo estaba algo avergonzada aún, me sentía algo desubicada y tímida, cuando don Nino ya estuvo frente a mí, paso sus manos por detrás de mi cintura y me tomo con fuerza acercándome a él, planto su cara entre mis tetas y dijo:

    -«Se ven tan bella y caliente como siempre, señorita».

    Paso su cara por mis tetas con fuerzas mientras recorría mi espalda con sus manos, el movimiento provoco que se me levantara un poco la malla, don Nino era mucho más atrevido que don Genaro y don Hugo, era más lascivo y no se cortaba para expresar su deseo sexual hacia mí, sus caricias solo provocaron que me calentara más, gracias a sus caricias toda la calentura que tenía desde hace días empezó a volver rápidamente, se separó de mí, pero no soltó mi mano derecha, me hizo el típico gesto de baile levantando mi mano para que yo hiciera un giro completo, yo le seguí la intención y comencé a dar el giro, pero cuando le di la espalda, el paso su mano por mi cintura rápidamente y se pegó a mi espalda, comenzó a pasar su cabeza por mi espalda, mientras me olfateaba y me besaba, realmente era como un animal en celo, estaba totalmente cautivado con mi cuerpo y la verdad su actitud y sus caricias me ayudaron a relajarme muchísimo ya solo tenía calentura y erotismo en mis pensamientos, le extendí la mano a don Genaro que estaba parado frente a nosotros mirándonos, el dejo lo que tenía en sus manos apoyado en una pared, me tomo la mano y yo lo acerque a mí para que me tocara también, él entendió de inmediato.

    Entre don Nino y don Genaro comenzaron a manosearme lentamente, sus manos recorrieron cada rincón de mi cuerpo, yo me deje llevar totalmente por ellos, cerré mis ojos y solo me dedique a sentir su contacto, don Genaro me levanto la malla y me la termino sacando, yo abrí los ojos y los vi a ambos totalmente absortos en mi cuerpo, pude sentir sus manos en mis nalgas, mis tetas, mi espalda, mi vientre, todo era muy erótico esos dos señores me estaban entregando su pasión de una manera fantástica, pero don Hugo no estaba participando lo miré con mucha calentura, como pude me acerque a él, don Nino y don Genaro me siguieron sin detenerse para nada, pero ya más centrados en mi parte trasera, yo tome las manos de don Hugo y me apoye tiernamente en él, él a diferencia de los otros era un poco más alto que yo, entonces para apoyarme en su pecho me tuve que inclinar, eso claro que solo dejo mi culo más a disposición de don Nino y don Genaro.

    Lleve las manos de don Hugo también sobre mí, él empezó lentamente con un abrazo muy tierno, me acaricio la espalda, yo en ese momento no podía concentrarme en cuál de las caricias era más placentera, solo sentí que me movían un poco, estuvimos unos minutos haciendo eso, me llevaron hasta el sillón y me pusieron en 4 mirando a la pared las caricias no pararon, cuando me quise dar cuenta ellos ya me habían sacado la falda junto con la tanga y un tacón, estaba desnuda en 4 frente a 3 hombres, los 3 señores que hasta ese momento nunca tuve juntos, pero me estaban dando un placer nuevo al darme sensaciones desde distintos lugares al mismo tiempo, yo les dije entre quejidos y jadeos.

    -«Señores… Llegarán los otros invitados… Y… Me quitaron toda la ropa… Tengo que vestirme de nuevo…».

    Don Genaro se volteó y miró el reloj de pared que tiene, y dijo exaltado.

    -«Ya son las 7, ayúdenme a preparar el asado, no tenemos ni siquiera el fuego, nos entretuvimos de más».

    Don Genaro separó sus manos de mí y don Hugo también, yo empecé a recuperarme lentamente, pero don Nino siguió totalmente hipnotizado por mi cuerpo, yo separe a don Nino y fui tras don Genaro y don Hugo, me saque el tacón sobrante y quede desnuda y descalza en casa de don Genaro, salí al balcón del patio de don Genaro y don Nino siempre detrás de mí tocándome, principalmente no se despegó de mi culo en ningún momento, don Genaro y don Hugo estaban preparando ya todo muy deprisa, don Nino les dijo.

    -«Eso chicos, hagan los preparativos, mientras yo estaré ayudando a la señorita a vestirse».

    Todo con una risa pícara y algo condescendiente mientras me seguía tocando el culo suavemente, eso no me pareció justo con ellos, así que tomé su mano y me puse detrás de él, entonces le dije.

    -«No don Nino, usted también ayúdelos ya es muy tarde, yo iré a prepararme».

    Cerré la puerta trasera y le puse pestillo a la puerta para que no pudiera seguirme, ya era algo tarde y la gente empezaría a llegar así que yo fui rápido por mi ropa y mi bolsa, junte todo y le hable don Genaro desde la ventana de su cocina para que me permitiera usar su habitación, él me dijo que no había problema así que entre a su cuarto, puse pestillo a la puerta y comencé a prepararme para ser la rica asistenta que todos querían ver y disfrutar.

    Acá termina esta parte, sé que se ha estado haciendo algo larga esta anécdota, pero espero aprecien mis ganas por darles los detalles más calientes y sensuales, espero que les agrade esta segunda parte y esperen con ganas la siguiente, les mando un beso a todos.

  • Jugando al ¿Qué es? (primos)

    Jugando al ¿Qué es? (primos)

    Cierto día, año y mes de una localidad olvidada en el tiempo, pasaba yo mis días a la espera de mi novia, que había salido a vacacionar con sus padres. Habían pasado veinte días y aún faltaban diez para su regreso.

    ¿Qué si la extraño? Por supuesto, pero más extrañaba las sesiones de sexo, es una experta, tal experiencia me hizo un artista del arte de amar, hecho a su forma, fue una buena maestra, me enseño donde, como, cuando, de qué manera tocar, besar, lamer, chupar y poner.

    Siempre me dice que, aunque no soy un efebo hay dos cosas que le encantan de mí, mi personalidad y mi gran miembro, el que aprendí a usar (gracias a ella) de manera deliciosa.

    El sonido de la campanilla del timbre me saca de mis pensamientos, a paso firme llego la puerta para abrir, era mi prima Gina, a quien cariñosamente le digo Xena, como la amazona, princesa guerrera de la serie de televisión o cuando la quiero molestar la llamo “mi petiza culona”, pues tiene un culo de fábula, que no desentona con el resto de su cuerpo, solo le falta altura. Pero sus ojos esmeralda brillante y su palidez hacen contraste con el azabache de su cabellera, siempre va a ser mi hermosa prima.

    Saludándonos la invito a pasar, preparo algo para tomar, mientras ella me contaba, que había estado hablando mucho con Vilma, (mi novia), lo que no es una novedad para mí, pues sé que tienen una espectacular relación. Conociéndome, sabía que estaría triste, así que vino a invitarme para salir mañana, por unos tragos o a bailar si era mi gusto.

    Luego de insistir un rato acepte, total saldría con ella, ya saben lo que dicen de las localidades pequeñas, pueblo chico infierno grande.

    Quise indagar de qué hablaban entre ellas, pero no soltó ni una palabra, dijo que solo eran cosas de chicas, pero muy interesantes. Cortándome el mambo, cambió radicalmente la conversación marcándome el itinerario de mañana, cena, tragos, baile, tragos y listo a dormir o lo que pinte, lo dijo con un guiño de ojo.

    Aunque vivía cerca de casa, la invite a cenar, pedimos unas hamburguesas y lo hicimos cerveza mediante.

    Pasadas las cero horas me dijo que se iba, no la invite a dormir en casa pues vivo en un mono ambiente y tengo una sola cama, así que me ofrecí a acompañarla hasta su casa, distante cinco cuadras de la mía, cosa que acepto gustosa. Salimos y fuimos hasta su casa, me tomo de la mano y así caminamos y hablamos de cosas sueltas, al llegar la despedí con un beso, que correspondió con un gran abrazo como nos solemos dar.

    Ya de regreso acomode todo para dejar listo el día de mañana.

    Al otro día, vino más o menos a la misma hora que ayer, en sus manos traía una pizza hawaiana, sabe lo que me gusta. Armamos la pequeña mesa con la pizza, dos vasos y una cerveza, cenamos y nos bebimos dos botellas más.

    Promediando la media noche, salimos para el baile, el más grande de los dos que hay en la zona. Pasaban los temas y los tragos, nosotros parecíamos dos locos sueltos, creo en este punto si ponían una marcha militar también la bailábamos.

    Nos sentamos a beber algo para paliar el calor, justo sonó un cuartetazo furioso, me agarro la mano y salto al lugar del baile, luego de dos cuartetos, llegaron los lentos (por acá aún se estilan), sus brazos de inmediato se cruzaron por detrás de mi cuello, abrace su cintura y comenzamos a balancearnos girando, acerco su enjuto cuerpo apretando sus duras tetas en mi pecho susurrándome al oído si me sentía cómodo en la salida con su prima, asentí, me dio un piquito, cosa que no me extraño, pues a veces lo hacía, aunque esta vez fue distinto, mi miembro reacciono de manera diferente, se comenzó a endurecer haciendo notar la falta de acción.

    Cuando nos sentamos, ambos nos dijimos riendo que estábamos un poco mareados por el alcohol, así que decidimos ir a casa, en el camino me dijo que estaba muy cansada para llegar a la suya, si la invitaba a dormir. Después de pensarlo un rato accedí, después de todo ya habíamos dormido juntos en alguna oportunidad cuando me quedaba en casa de ella.

    En casa, nos sentamos a dialogar de tiempos pasados, recordamos muchas cosas, juegos, familia, amigos entre otras, hasta que ella comenzó a monologar, recordando un suceso.

    En la sala de casa había una mesa de madera, antigua, grande, en la que pusimos una sábana haciendo una choza, quien de chico no lo hizo, y comenzamos a jugar al doctor. Fue la primera vez que vimos ambos los genitales del sexo opuesto y tímidamente pudimos tocarlos.

    Cuando término de contar su relato, disculpándome, fui al baño (la cerveza había hecho su efecto diurético).

    Cuando regrese, me dijo que quería jugar un juego, sin más tomo un repasador y me cubrió los ojos, diciéndome que ahora mandaba ella, y el juego se llama ¿qué es?

    Ya sin ver nada comenzó el juego, se alejó y regreso con algo en la mano, toma la mía y me la hace tocar, era algo frio, no podía apreciar por mi tacto que era, pero poco a poco fui dándole forma en mi cabeza, era un vaso redondeado en su base, luego fue una pelota de ping pong, luego una de tenis, un muñeco de Batman y varios artículos más que adiviné.

    Grande fue mi sorpresa cuando me hizo tocar algo tibio, redondeado, a lo que mi cerebro reacciono de inmediato dándose cuenta de que se trata, era su pecho descubierto, me retiró lo que me cubría y ahí la veo, de pie solo en tanga, se abalanzó sobre mí, posando sus labios en los míos y a la vez sacándome la remera, nuestros pechos se encontraron, la tersura de su piel hizo que la mía se erice y mi verga se entumezca, al sentirla crecer en su abdomen, sus manos fueron en busca de ella, recorriendo toda su extensión sobre el pantalón, sin dejarla de acariciar ni obviar los testículos me empujo sobre la cama, ya se percibía el olor a sexo en el ambiente. Ya sentado, se ubicó con sus piernas abiertas en ambos lados de la mía y de rodillas, dejando su vagina a la altura de mi cara, podía apreciar el aroma de sus jugos invadir mi nariz.

    Pudiendo observar de cerca la intimidad expuesta ante mis ojos, se bajó la tanga dejando ante mis ojos unos labios humedecidos y carnosos, decorados con unos prolijos vellos púbicos recortados en forma de corazón que demostraba, su cabellera, no era teñida.

    Mi cerebro dejo de responder al buen criterio y en fracción de segundo me había zambullido a las mieles que se ofrecían ante mis ojos, haciendo una inmersión en su sexo, succionando esos carnosos labios, aprisionando contra mi lengua su duro clítoris, la humedad inicial crecía a cada pasada de mi curiosa lengua que exploraba la profundidad de esa concha tan hermosa como mi querida prima.

    Empujándome, me recostó en la cama, poniéndose de pie comenzó a quitarme la ropa que cubría mi parte baja, dejándome totalmente desnudo, su tanga también desapareció del todo con unos ágiles movimientos de piernas, sus ojos se abrieron al ver mi verga. Pidiendo que observe comenzó a hacer unos sensuales movimientos de cadera al ritmo de una música que no había olvidado de poner. Su mano hábil fue hacia su entrepierna y secuencialmente comenzó a meter un dedo, luego dos hasta llegar al tercero, cada vez que lo hacía llevaba su mano a la boca para probar sus propios jugos, parecía que no quería desaprovechar la humedad de sus propios fluidos.

    Veníamos disfrutando de un encuentro sexual, creo que postergado por años, de dos personas que se deseaban y sin dudas, querían fusionar sus cuerpos en una cama.

    Aun con el sabor vaginal en mi boca, deseaba más, arrojándola sobre la cama puse sus piernas sobre mis hombros volviendo a bucear en esa sabrosa breva, la que en pocos minutos me ofreció más de su delicioso néctar cuando tuvo el merecido orgasmo.

    Poniéndonos cómodos sobre la cama, empiezo por jugar un poco con mi verga en la jugosa vagina, comenzaron unos tímidos gemidos que hicieron crecer mi excitación, sin poder aguantar más, aprovechando su lubricación y que mi miembro estaba empapado de ella, la introduje hasta el fondo, acrecentando sus gemidos, se sentí muy suave el interior y que bien que se mueve Xena, me estaba extasiando del placer, de tal manera que comenzamos a gemir al unísono, el ir y venir dentro de ella es fascinante.

    Una vez que tuvimos nuestros merecidos orgasmos, reposamos agitados uno sobre el otro en la cama ahora inmóvil.

    Luego de un largo rato mi primita comenzó a jugar con su boca en mi pene que se encontraba en reposo, con la habilidad y maestría que tiene en el arte del sexo oral, lo hizo cobrar vida nuevamente, ¡¡¡que mamada me estaba dando!!! Una de las mejores, sino era la mejor de mi vida, se la comía toda como si fuera un chupetín, llegando a tocar el fondo de su garganta, lamio los testículos y el ano, reconozco que fue la primera vez que gemí a viva voz con una mamada. Subió sobre mí para cabalgar toda la extensión del pene, estaba en un nuevo momento de sexo sin parangón, la veía arriba mío subiendo y bajando mientras mi verga dividía aún más esos labios que le permitían la comodidad de entrada a mi sexo. Se avecinaba un orgasmo fantástico, y así lo fue, ella acabo cuatro veces y una última en que lo hicimos a la vez, entre gritos y gemidos.

    Prendimos un cigarrillo que fumamos entre los dos, sentados en la cama como chinitos, en donde me conto por que se había decidido a tener sexo conmigo. Vilma le había comentado de mi atributo y mi manera de coger, lo que le llamo la atención y la lleno de intriga, que quería probar y no iba a perderse el sexo conmigo, que siempre ella, aún sin las historias que le conto mi novia, había querido tener sexo conmigo y ahora comprobó que Vilma no mentía en nada, hasta hoy no había conocido semejante manera de gozar, que si bien ha tenido buen sexo, gozar como hoy nunca.

    Luego de casi una hora y media de charla y confesiones mutuas volvió la carga con mi miembro, el que tímidamente se volvió a parar, fui en busca de un frasco con vaselina, no me iba a perder el culo de mi querida petiza culona.

    No dijo nada, pero me miraba con ojos desorbitados como la posicionaba en cuatro y untaba su culo y mi verga palpitante, hasta que me dijo.

    – Primo no es que nunca lo haya hecho, pero me asusta el tamaño de tu verga, creo me va a doler mucho, por favor te pido dos cosas, preparalo bien y que sea promesa, si duele lo dejamos para otra oportunidad en la que me pueda preparar mejor, si sabía que salía culo hoy me hubiera puesto un dilatador.

    – Si mi hermosa Xena, prometido.

    Tuve que volver al principio de la acción para preparar el terreno, abrí sus nalgas y sabor a vaselina mediante comencé a jugar con mi lengua, intentando introducirla, ella colaboraba aflojándose lo más posible, mi lengua rodeaba y jugaba en ese esfínter, cuando la sentí cómoda, puse más vaselina allí y en mi mano, metiendo de a poco mi dedo medio, entrando y saliendo, la escuche gemir, saco el dedo para volver a introducir medio e índice, ya la note dar un respingo pero sus gemidos no desaparecían, la mano libre la lleve a su duro y caliente clítoris para estimularlo, mis dedos entraban y salían mientras los otros giraban en torno a su botón disparador de orgasmos, no tardando este en llegar.

    Ya la tenía donde quería, puse más lubricante en ambas partes a hacer contacto apoyando la punta del pene, comencé a ejercer presión, había entrado la mitad de la cabeza cuando ya sus gemidos se tornaron en frases de dolor, no queriendo desaprovechar la oportunidad, di un pequeño golpe de cadera para que pasara la cabeza, pensando que tenía la batalla ganada, dio un grito de dolor que me asusto.

    – Por favor primo, sacala que me duele mucho.

    – Ya entro la cabecita, ahora es más fácil.

    – No amor mío, si así me dolió la cabeza, el resto que es más grande me va a desgarrar, ya con esa porción nomas me arde y duele mucho, me lo prometiste.

    – Si Gina, tenés razón.

    Con tristeza se la saque suavemente, observando si la había lastimado, pero no se veía nada raro.

    – Gracias primo, me da pena que no lo hayamos podido hacer, pero en serio me dolía.

    – No hay problema, como vos dijiste, no va a faltar oportunidad.

    – Obvio, como vos cumpliste la promesa yo la voy cumplir también. Este culo te lo vas a comer.

    Se encargó de mi ahora sedienta verga, su boca hizo maravillas en ella, hasta que descargue todo el semen dentro y aunque es una falta de respeto hablar con la boca llena, me dijo.

    – Mira bien que te voy a compensar.

    Muy lentamente fue tragando todo el contenido, relamiéndose y sin dejar nada a la vista.

    Nos acostamos dormir, al otro día nos despertamos sorprendidos de encontrarnos ambos desnudos en la cama, reaccionando enseguida, nos saludamos con un beso en la boca, nos levantamos a bañarnos y limpiar el desastre de fluidos que han quedado en nuestros cuerpos y en la cama.

    Esta demás decir que Gina se quedó hasta que vino mi novia de viaje y nuestros encuentros se siguen dando en forma más que habitual, pues a Vilma no le permiten quedarse a dormir conmigo.

    No paso mucho tiempo en que pudimos tener sexo anal, ¿le dolió? Si pero como había dicho uso dilatadores e hice un buen trabajo de dilatación pre coito no tanto como la primera vez, cuando le comenzaba a doler paraba, esperaba un ratito y cuando no dolía más continuaba, ahora ya lo hacemos en forma natural, yo feliz por que encontré a una persona que se adaptó a mi verga y cuando acabo, sacándola le queda un poco abierto dejándome observar el semen en su interior.

    Debo agradecerle a Vilma que le haya contado a mi prima nuestras aventuras.

    Me he enterado también que, en alguna oportunidad tuvieron sexo entre ellas, no es porque me lo ha contado, si no que viendo en su móvil pude observar algunas fotos donde estaban en la cama desnudas.

  • Aires cordilleranos

    Aires cordilleranos

    Esto pasó en el verano del 2021. Había trascurrido casi un año de pandemia y con mi grupo de amigos nos arrancamos a la cordillera. Era principios de año así que fue un viaje que salió en una noche de carrete, nada de planificaciones y cosas por el estilo.

    Mochilas con todo lo necesario, carpas, abrigo y cocinillas. Días de abundante de sol y naturaleza, acampando en medio de la nada junto al río, con cerveza, tabaco, música al gusto y amistad de toda la vida. Todo era un encanto.

    Para beneficio mío, no estábamos solos, a unos metros de nuestras carpas había tres chicas acampando a las que saludamos amablemente. En esos momentos ni siquiera me percaté de ellas puesto que sólo estaba disfrutando de la escapada. Fue un entretenido día y llegó la noche. Mis amigas y amigos cantaban ya borrachos por el consumo de cervezas y vino tinto. Yo, por mi parte, igual de borracho en un momento me cansé de compartir y decidí apartarme al río a fumar un tabaco que procedí a enrolar.

    Mientras fumo, me percato de una linda silueta de mujer en la oscuridad de inmensas montañas, aquella cintura y el agua como un anillo me invadió por dentro como una expresión de arte natural. Diminutos movimientos, como sacudiéndose, se levanta de su posición genuflexa y como una lámpara que ilumina enciende el fuego. Así la imaginaba y ella se limpiaba sus encantos. No pude ver nada, todo quedó como un secreto escondido en mi mente. Esa misma silueta después caminaba a su lugar de descanso sin linterna. En medio de la oscuridad, admiraba la osadía de caminar desnuda en medio de la noche de la imparable cordillera.

    Al otro día tomaba un café por la mañana, me gusta despertar temprano por costumbre, además que no había bebido mucho. Compartía anécdotas con mi amiga que me acompañaba, cuando en un momento se acerca una de las chicas de la carpa próxima.

    – Pregunte no más vecina, ¿qué necesita? – dijo amablemente mi amiga

    – Hola cabros, disculpa que los moleste, quería pedirles un favor y es que si pudieran pasarme un cuchillo porfa

    – Sipo amiga, ahí mi amiguito justo lo tiene al lado.

    Le pasé el cuchillo y me dio las gracias. Todo muy cotidiano, con suerte la miré y a los minutos después me sentí como una persona muy tosca frente a su presencia. Estamos en verano y con poca ropa. Afortunadamente, como decimos en mi país, me puse vío’.

    Por la tarde, ya todos disfrutaban de otro hermoso día de sol y río. El agua estaba riquísima y hacía mucho calor. Me dieron ganar de fumar y partir una piña que había llevado para hacer un ponche. Recordé que el cuchillo que llevé se lo había prestado a aquella mujer hasta ahora misteriosa para mí y lo fui a buscar. Me acerqué al lugar de su carpa y justamente estaba ella, la saludé.

    – Hola vecina

    – Hola – me sonrío.

    Fue ahí que la miré, no era hermosa, pero me llamó la atención. Ojos negros, flequillo, pelo tomado, nariz fina, boca pequeña, dientes disparejemos, colmillos encaramados y tatuajes difusos en los brazos. Un bomboncito rico pensé. Tenía el presentimiento que algo bueno iba a pasar.

    – ¿y tus amigas? – pregunté sutil

    – Andan de caminata, por el monte del indio o una hueá parecida.

    Prácticamente hacíamos lo mismo. Dos grupos de amigos y su escape a la cordillera en un día de verano. Lo que hace todo el mundo, lo que hacemos todos cuando nos escapamos de la jaula del zoológico social.

    – Te puedo preguntar el nombre? – pregunté

    – Que caballero… Dayanna, ¿y el tuyo?

    Comenzamos a charlar mientras ella ordenaba su espacio; tazas, mochilas, platos sucios, tenedores, en realidad, eran puras fruslerías.

    – ¿Me convidas un poco de eso? – me preguntó

    Me fijé muy atento a sus ojos y estaban rojos, así que es muy probable que estuviera bajo el efecto de la mariajuana.

    – Claro – se lo pasé para que fumara

    – Que rico… ¿de qué es?

    – De uva – respondí.

    Ella aspiró y por un momento hubo un pequeño silencio. Aproveché para mirarla con su diminuto vestido veraniego. Ella hizo lo mismo, porque yo me encontraba con un short corto y camisa abierta. Totalmente entregado. Justo y preciso en ese momento supe que la linda silueta de la noche cordillerana era aquella mujer que tenía ante mis ojos.

    – ¿Eras tú cierto? – preguntó ella.

    No me anduve con tonteras de andar pidiendo que repita lo dicho, simplemente dije que sí.

    – Pero si todavía no te preguntó qué- me dijo sorprendida y a la vez que reía – replicó Dayanna.

    – Era yo, pero no te pude ver nada así que quédate tranquila – dije seguro.

    – No, si eso no me preocupa, solo que no quería quedar como una ordinaria que se va a miar el río.

    – Todo lo hemos alguna vez en la vida. Aparte era de noche, hay mucho río y solo es agüita que llega al mar.

    Reímos y me pasó el tabaco. Ella volvió a ordenar no se qué cosa y fue cuando se me entregó. Dayanna se agachó a recoger una taza y el vestido se elevó por su espalda. Y es en ese momento que Dayanna me regala una de las mejores sorpresas que me han dado en la vida, todo el encanto de mujer que me gusta, a poto pelao se ofrecía, abundante vello desprendía esa rajita que ya se humedecía. Hasta su aroma de las piernas percibí y como un rayo dentro de mi cuerpo pude sentir desde el estómago hasta mi pene el llamado a la acción. Ni siquiera lo pensé y me acerqué por detrás. Ella gimió. La perreé unos segundos y me bajé el short hasta la mitad de mis muslos. Salió mi pene erecto y se la metí de una con la vista al río. No lo podía creer. Apenas la conocía y ya me la estaba culeando. Una facilona pensaba como drogado en mi mente. De hecho, algo lo estaba.

    Así se la estuve metiendo muy lentamente por un rato. Ella con el culo empinado, piernas estiradas y manos en el piso me dice:

    – Estoy incomoda, vamos a la carpa y te saco la leche.

    Con un efecto retardado, reaccioné de una manera algo torpe. La nalgueé y le pedí que repitiera lo dicho.

    En la carpa Dayanna me quitó los shorts y de piernas quedé completamente desnudo. Se posicionó y me la empezó a chupar. Lo hacía normal pero yo quería meterla. Me empecé a mover y me afirmaba de su cabeza. Llegó el momento que me cansé y la paré, levanté su cabeza y la miré a los ojos, con mis manos apretaba sus pómulos. En una actitud tierna puedo ver su sonrisa que con sus manos ocultaba. Yo solo besaba su cuello y sus pechos.

    Le dije que se quitara el vestido que solo ocultaba su vientre y la ayudé. Una media vuelta y me dio la espalda. Brazos al cielo y como un ángel de una pintura renacentista tenía a esta putita como un lienzo en blanco. Así mismo acomodó mi pico con su mano entre medio de sus cachetes y se lo empinó. Entró todo y sentía todo su calor. De una manera muy suave me comenzó a montar.

    – Circulito, circulito – le pedía como un esclavo.

    Dayanna era obediente y gemía demasiado rico, era el sueño del nene, el video amateur perfecto. Solo procedí a acercarme y abrazarla, acariciar sus pezones, morder su cuello.

    – ¿Dónde la quieres mi amor? – pregunté agitado.

    – En la boca – sentenció.

    Le di unas palmadas en el culo y le avisé que ya me venía. Ella se acomodó y como una leona me la empezó nuevamente a chupar hasta que me vine en su boca. Debido a la posición, no la pude mirar a los ojos y solo alcanzaba a ver su culito levantado, que la movía a mi petición.

    Dayanna se levantó y de un bolso sacó un papel nova de cocina y se limpió la boca. En esos momentos la observaba y acariciaba su cabello.

    – ¿Qué? – preguntó intrigada.

    – Nada, solo te miro.

    Otra vez reímos. Entre ella y yo había buen caldo.

    – ¿Cuándo te vas? – pregunté entusiasta

    – Mañana, ¿y tú?

    – Mañana también, en la tarde.

    Dentro de la carpa, desnudos, en un fulgor de calor y sexo sucio, entendí que esos días lo iba a disfrutar aún más.

  • De fantasear en mi cuarto a mi primera vez con un hombre

    De fantasear en mi cuarto a mi primera vez con un hombre

    Con un vida de apenas 23 años sentía muchas ganas de saber lo que era «ser mujer», primero eran puras ideas en mi cabeza donde solo en mi imaginación me veía de mujer hasta al punto de que hoy en día me sometí a operaciones de busto, vagina, nalga y 4 años inyectándome hormonas.

    Toda mi vida tenía mucha intriga de lo que era ser mujer y me fijaba mucho en cómo mis amigas se maquillaban, el tipo de vestimenta y todo lo que realizaban para sentirse mujer.

    Cuando cumplí 18 años yo ya tenía una vaga idea de lo necesario para sentirme mujer, ya para entonces ya vivía sola, entonces no tenía pena de transformarme en mi casa. Para eso usaba: Peluca maquillaje, bra con relleno de calcetines, una liga, licra, tanga, medias, vestido y tacones. Con el tiempo fui incluyendo todas estas cosas para irme más asimilando a una mujer (les explico mi transformación).

    Lo difícil siempre era liga, subía mis testículos a la zona que tenemos debajo del ombligo, y después jalaba mi pene hacia atrás poniéndole una liga cerca de mí pierna y así ya no se veía que tenía un bulto en frente, me ponía cinta adhesiva en el pecho contrayéndolos, enseguida el bra y unos calcetines, después iba la peluca que era una de color negro larga y lacia, enseguida proseguirá a maquillarme empezaba por el pecho, pintaba líneas que simularan el contorno de pechos y con los calcetines llegaba a verse un poco relista, después me maquillaba la cara, y a lo siguiente me pasaba a vestir poniéndome una tanta negra de encaje y encima una licra muy cortita, me ponía el vestido que era uno negro con escote, espalda descubierta, corto y muy muy pegado.

    El estar así en mi habitación me excitaba mucho y me tomaba fotos en diferentes poses porque eso me excitaba, después perfecciones mi caminado, mi tono de voz, mi forma de estar parado y sentado.

    Yo tenía un vecino que en el aquel entonces él tenía 22 años, era alto, güero, pesaba alrededor de unos 78 kg. Cuerpo un poco fibrado y su casa estaba al lado de la mía, por ende, mi ventana daba a la ventana de su cuarto, y nunca me percaté que mientras yo hacía mi transformación de hombre o mujer, el fisgoneaba por su ventana, y me veía haciéndolo.

    Un día él vio que me estaba vistiendo mujer y yo lo caché. A lo siguiente el cierra su ventana y se aleja 10 minutos después alguien toca mi puerta, al pensar en todas las opciones y ninguna de ellas me esperaba me dio morbo atender la puerta, así como andaba vestida. Entonces abro penas 45 grados y veo que era mi vecino.

    -Que se te ofrece.

    -Nada, solo que estoy aburrido y quería ver si querías jugar play, pero veo que tú ya tienes algo que hacer. Porque no me dejas entrar y así hacemos algo que hacer juntos.

    Con un poco de nervios y morbosidad acepte, abrí un poco más la puerta para que entrara. Al verme no pudo resistir la pregunta y me dijo:

    -¿Por qué te vistes de mujer?

    -No lo sé, es algo que me gusta hacer.

    -Pues déjame decirte que te ves más mujer que muchas que yo conozco.

    Cuando hizo ese comentario no pude evitar ponerme rojo y sentirme excitada al mismo tiempo y diciéndole:

    -En serio tú crees que me veo femenino.

    -Claro, si no supiera que eres hombre, fácil te confundiría con una mujer.

    Le ofrecí algo de tomar, así que fue al refrigerador caminado muy sexy y al abrir el refrigerador me agaché un poquito dejando que él viera mi culo levantado, yo sentía esa mirada en mi culo, cuando regreso a la mesa me siento junto a él y le decía que me gustaría ser tratada como mujer y él estuvo de acuerdo.

    Después de varias rondas de cervezas me comentó que él tenía novia pero que su novia no quería cumplirle ciertas fantasías, al preguntar cuáles me dijo que él quería probar que era una mamada y un anal.

    Al decirme eso no pude desaprovechar la oportunidad de que tal vez él podría ser mi primera vez y yo emocionado le contesté «ufff, yo soy bueno en eso».

    Sin más preámbulo se abalanzó sobre mí besándome mientras sus manos apretaban mis muslos cada vez más y más fuerte, mientras yo sentía su lengua en mi boca gemía pequeños ruiditos al acorde que mis manos tocaban su paquete sobre el pantalón, yo estaba tan excitada que quería poner esa verga en mi boca así que desabroché su pantalón, bajé su bóxer y me puse a masturbar esa verga que traía colgando.

    En un abrir y cerrar de ojos nos levantamos de la silla y me puse de rodillas ante él para empezar a introducir esa verga mi boca, empecé usando la pura lengua en su cabezota rosada y le daba ciertas lamidas, bajando solo con la lengua por el tronco de es verga una y otra vez hasta que por fin la puse de adentro de lo boca.

    Yo se la mamaba de la cabeza hacia atrás con mi boca mientras que con mi mano derecha sostenía su tronco masturbándolo una y otra vez, nos fuimos a mi cuarto se recostó en la cama y me subí arriba de él, intentó quitarme el vestido, pero me negué ya que con todo el conjunto me hacía sentir más mujer.

    Así que solo me levanto el vestido hasta la altura de mi cintura dejando descubiertas mis nalgas, sólo sentía su verga rozando mi culito una y otra vez hasta que hice de lado la tanga de encaje que traía, me puse poquita saliva y la introduje dentro de mí.

    Al principio me dolía mucho y sentía mucho ardor, pero entre más entraba y salía. El dolor, iba disminuyendo ya y el placer iba aumentando, empiezo a saltar cómodamente sobre él, mientras estoy gozando de dolor, se me ponen los ojos en blanco, la piel chinita y empezaba a oír los golpes que hacían mis nalgas contra sus pubis.

    Al plazo de cinco minutos me preguntó que dónde quiere la leche, si en la cara o adentro A lo que respondí que adentro quería saber cómo se sentía que te llenaron de leche calientita el culito, Al venirse adentro, veía su cara de placer, y como gemías me excitaba más y más, al acabar toma su ropa y se viste rápidamente y se va de mi casa.

    Después de ese día repetimos muchas veces cuando teníamos casa sola y así poco a poco fui introduciéndome al mundo de la prostitución y será una historia que después les contaré.

  • El profesor y su alumna

    El profesor y su alumna

    Como algunos ya sabréis he publicado en la descripción de mi perfil un correo para tener contacto con mis lectores. ¿Ha sido buena idea? Lo cierto es que sí, y en unos párrafos veréis el por qué. Uno de mis lectores habituales decidió confesarme una de sus experiencias sexuales que me dejó fascinada y excitada por imaginármelo, ahora os lo narraré en primera persona para que sintáis lo que yo sentí, y lo que mi lector vivió.

    Soy un profesor que a lo largo de su trayectoria laboral ha visto pasar innumerables alumnos y alumnas por mis aulas, algunos buenos y otros malos, algunos que les gustaba la asignatura y otros que no, algunos que me odiaban y otros que me hacían la pelota constantemente, pero ni una alumna se igualaba a Carmen, una chica de dieciocho años morena de piel que presumía un largo y oscuro pelo que le llegaba a la cintura, sus ojos negros eran atrapantes y junto a su sonrisa hacían que mirar el rostro de la adolescente fuese hipnótico. En cuanto al cuerpo, no tenía unos pechos muy destacables, pero se compensaba por sus impresionantes piernas y un culo que muchas chicas envidiaban y muchos chicos querrían palpar, sus glúteos me impresionaban, no mirarlos era una lucha perdida.

    Su madre era una profesora de primaria y me llevaba muy bien con ella, tanto que cuando Carmen acabó segundo de bachillerato nos invitó a mi y a mi mujer a pasar un tiempo con ellos en su casa, en un pueblo precioso. Debido a unos imprevistos mi mujer no pudo ir y yo no pude rechazar la oferta por lo que pasé un tiempo con mi ahora exalumna y su familia apartados en un pueblo al oeste de España.

    Durante mi estancia con ellas, Carmen no paraba de tontear conmigo, provocarme o soltarme muy sutiles indirectas que, hasta cierto punto me excitaban. Ella era constante, aprovechaba cada oportunidad que tenía para provocarme y yo me dejaba sin oponer resistencia alguna a sus dotes seductoras. Disfrutaba de ello. Pero el tonteo pasó el límite.

    Una tarde, después de bañarme en la piscina me ofrecí a preparar la cena. Salí del agua, me duché y me puse un bañador seco y una camiseta. Fui a la cocina que compartía habitación con el salón, donde estaba la madre, en la cocina estaba ella, Carmen, con unos tirantes por los cuales se notaba que no llevaba sujetador y con unos shorts muy holgados pero que le marcaban un gran culo. La cocina estaba de cara al salón, solo nos separaba una gran encimera. La madre estaba sentada en uno de los sofás, dándonos la espalda y viendo la tele a la vez que hablaba con nosotros sobre asuntos mundanos. Carmen me estaba ayudando con la comida, pero durante el proceso no paraba de rozar su cuerpo conmigo, intercambiar miradas y sonreírme, eran ataques constantes, haciendo que en mi bañador creciese un bulto.

    En uno de esos, ella apoyada en la encimera se inclinó de más exponiendo sus impresionantes nalgas. Mi mirada se desvió instintivamente hacia su culo y no supe reaccionar, ella se dio cuenta de eso y se inclinó mucho más mientras se mordía el labio y me sonreía pícaramente mientras con sus ojos me hacía señas animándome a tocar su culo. Mi erección era mucho más grande y palpitante, casi indisimulable, no podía apartar la mirada de su impresionante culo el cual ella lo empezó a mover haciendo que sus nalgas rebotasen y resultase atrapante verlo, no pude más y decidí tocárselo. Acerqué mi mano a uno de sus glúteos y lo acaricié con suavidad, Carmen acercó sus nalgas a mi para que tocase con libertad sus glúteos, los acariciase, que sintiese su suave piel en las palmas de mis manos y en las yemas de mis dedos, todo ello mientras seguíamos hablando con su madre, a unos escasos cinco metros.

    Yo estaba muy nervioso, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho de un momento a otro, pero fui a más, de lo anchos que eran sus shorts pude meter mis dedos por debajo y acariciar su coñito, era extremadamente suave, depilado y muy húmedo, de primeras pasé mis dedos sobre sus labios superiores los cuales eran muy agradables al contacto, se sentían sedosos y esponjosos. Luego abrí sus labios para acariciar sus labios inferiores y pasar mis dedos entre ellos.

    Tras frotar ligeramente mis dedos en su vulva los introduje dentro de su vagina para comenzar a masturbarla muy sutilmente, sintiendo el calor de su suave vagina en mis dedos. Tras ello quisimos ir a más, ella se abrió de piernas aun estando de espaldas, yo me saqué mi erecta polla y la colé entre sus shorts para llegar a su vulva y penetrarla lentamente, Carmen soltó un profundo suspiro durante mi introducción, pude sentir sus labios abrazando mi miembro mientras se deslizaba hacia lo profundo de ella. Puse mis manos sobre su cintura y comencé a embestirla contra la encimera suavemente y con un silencio extremo, pero a la vez con un ritmo adecuado y satisfactorio para los dos.

    Me estaba follando a mi exalumna a escasos metros de su madre que a la vez era amiga mía, la adrenalina del momento y la excitación era algo que jamás había sentido antes, tenía miedo, pero estaba disfrutando como nunca. Moví mis manos a sus pechos notando sus pezones los cuales estaban muy duros. Su cuerpo por detrás era hermoso, su espalda, la cual estaba ligeramente tapada por su largo pelo, acababa en su precioso culo que rebotaba sin parar, sus piernas temblaban, su respiración se notaba agitada y acelerada y a pesar de todo ello podíamos hablar con cierta claridad y coherencia.

    La situación se me hacía extremadamente excitante, su suave y húmedo coñito no oponía resistencia alguna, sentir mi pene dentro su vagina me excitó tanto que me corrí dentro de ella a la vez que Carmen llegó también al orgasmo soltando suspiros muy agitados y silenciosos. Eyaculé todo mi esperma dentro de su vagina, saqué mi palpitante miembro terminando así nuestro muy arriesgado sexo.

  • Nueva casa en el campo

    Nueva casa en el campo

    Cuando terminé la facultad nos mudamos a otra ciudad porque no había opciones de empleo donde vivíamos, encontramos un bello lugar a las afueras alejado de todo, una preciosa casa con un río cerca.

    Mi mamá buscó trabajo en una clínica y yo en una oficina de abogados y mi hermano se ubicó en una escuela no muy lejos de casa.

    Nos acostumbramos enseguida a todo y cada uno tenía sus cosas para hacer.

    Una tarde cuando llegué a casa aún no había nadie y sentí curiosidad por ver el río, porque desde que llegamos a ese lugar no había podido ver ni saber como era el lugar.

    Como no había nadie me desnudé y me puse las sandalias porque mis pies los tengo bien cuidados, salí de la casa y caminé hasta el río, estaba algo alejado de la casa pero solo hay hierba y algunos árboles, caminé por toda la orilla del río para encontrar un lugar que fuera cómodo, no encontré nada y regresé hasta donde había llegado, lo único que había era un gran árbol con una buena sombra.

    Regresé a la casa por mis cosas de bañarme y fui para el río, entré al agua y me mojé completa, me lavé el pelo, y me afeité la vagina, terminé de bañarme y salí del agua, me sequé completa con mucho cuidado y recogí todo y regresé a casa muy contenta porque me había bañado en el río y además me había quedado bien afeitada la vagina.

    Durante varios días no pude regresar a casa temprano y el domingo en la tarde luego de comer me fui a dormir desnuda a la terraza, acostumbro a dormir boca abajo y luego de varias horas desperté y fui a mi cuarto, allí estaba mi hermano y me preguntó que hacía durmiendo desnuda en la terraza y le dije que era más cómodo hacerlo desnuda, le dije que me daba mucha vergüenza que me viera desnuda, él miró todo mi cuerpo y le gustaron mucho mis nalgas, eso me dio más vergüenza y él me preguntó porque y le dije que es porque nunca había hecho el amor por el culo.

    Lo miré a los ojos y le pregunté si le gustaría y dijo que no sabía, sin decir más nada le tomé una mano y salimos a la terraza y le dije que se desnudara, me puse en 4 en el piso y le dije que con mucho cuidado fuera empujando su pene en mi ano, yo me relaje todo lo que pude y sentí que mi ano se tragaba poco a poco su pene largo, muy despacio comenzó a frotar y me dio mucho placer, pasó varios minutos moviéndose y cuando comenzó a echarme el semen llegó nuestra madre, él se vino abundante y nos pusimos de pie.

    Ella nos pregunta que hacíamos y le dije que me estaba haciendo el amor pero por el culo y que no debía preocuparse, dijo que eso estaba mal y que éramos hermanos.

    Yo le dije que nunca había hecho el amor por el culo y no confiaba en nadie más para hacerlo.

    Me dio un beso en la frente y dijo que fuéramos para el cuarto a hacerlo mientras preparaba la cena.