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  • Oscuros secretos

    Oscuros secretos

    Esta es mi historia, me llamo Facundo, tengo 24 años y les quiero compartir lo que me paso hace ya casi 3 meses:

    Yo quería acercarme y hacerme amigo de unos compañeros de la facultad, que eran los populares. Damián, que era claramente el líder; Pablo, el fachero; Daniel, el inteligente del grupo y Román, el más deportista del grupo.

    Un día en medio de una clase paso algo sorpresivo, me hablo Damián para preguntarme una boludez sobre la clase, cosa que yo aproveché con empeño para acercarme a los pibes.

    Después de varias ya había pegado onda con todo el grupo, era viernes y estábamos arreglando para salir por la noche.

    Tipo 23 h nos encontramos para ir a un boliche, que conocía Daniel. Damián, ya tenía planes preparados para mí, era un boliche por el barrio de San Telmo que ellos solían ir, yo era la primera vez que iba.

    Nos estábamos divirtiéndonos, ya bastante borrachos, Damián, que conocía al dueño, dice ir a la terraza, que el dueño le habilitó la llave.

    Nos pareció buena idea, para poder fumar un poco de mariguana y descansar un poco los oídos de la música.

    Entonces Damián abriendo con la llave, es el primero en entrar, seguido por Román que estaba armando un porro. Una vez sentados todos, charlando, fumando y bebiendo, de repente, Damián, se para y me dice: «si querés formar parte del grupo, hay una prueba que tenés que pasar si o si». La verdad me pareció una pelotudez y no me imagine de lo que se trataba.

    Sin titubear Daniel me lo explica: ¡¡¡tenía dejarme penetrar por los 4!!! Primero pensé que era una joda, pero rápidamente me fui dando cuenta que era muy en serio.

    Yo, la verdad, nunca había ni pensado en estar con un hombre, pero la verdad no sé, si por el alcohol, la droga o que, la idea me excitó.

    El primero en bajarse los pantalones fue Pablo, el más callado del grupo, tenía una pija parecida a la mía, yo ya estaba bastante drogado y casi ni lo sentí, de lo cuidadoso que fue. Después siguió Daniel, era bastante alto y su pene hacía juego. Esta sí la sentí más, pero terminó muy rápido.

    Fue el turno de Damián. El tardo horrores, me cambió de pose en pose, estuvo como si fueran horas, la verdad me dolió un poco, fue el que más larga la hizo y además me acabó al final en la boca.

    Yo ya no daba más, un poco excitado y borracho ya que no paraban de darme whisky.

    Y cuando me paro un poco logro ver que estaba Paula, mi novia. Es una morochas de metro 60 aproximadamente, salimos desde hace unos años. Tiene un culo de ensueño lo que hizo que a pesar de lo mal que nos llevábamos, todavía estábamos juntos. La verdad no entendía nada lo que hacía ahí, cosa que me entero más tarde. A todo esto, antes de terminar de comprender la situación, Román, que hasta ese momento había estado mudo, me da vuelta con fuerza, escucho el ruido del cinto y siento la hebilla fuertemente golpear mi culo. Me da vuelta y pone de frente y me dice: «ahora tengo muchas ganas de hacer pis, abrí la boca, sabía que eras una putita».

    No sé bien porque, obedecí y la abrí. El líquido era abundante y muy caliente, me obedeció a tragarlo todo, con mucha violencia y amenazándome.

    Eso no le alcanzó: riéndose, le dice al resto del grupo: «miren, al final era muy obediente la putita, veamos hasta donde llega su obediencia».

    De un golpe Román me sienta en el suelo, yo me quedo inmóvil viendo como me caga encima…

    Yo estaba en un punto límite entre excitación y vergüenza que no había podido reparar tanto en que veía Paula, cuando escucho su voz, que me dice:

    -«siento asco y repugnancia hacia vos».

    Al tiempo se acerca a Román, lo besa. Le agarra su enorme pene y se lo empieza a chupar para luego pedirle a Román, mientras yo era espectador de todo esto, todo defecto, y no podía ni moverme ni abrir la boca, amenazado por el cinturón y el resto de la banda. Hasta que Román, que no paraba de hacerla gritar, la llena de toda su leche…

    Quede atónito…

    La banda me mira con cierta piedad y me dice:

    -ya sos parte de la banda

    Y Paula, con una sonrisa:

    – de ahora en más vas a ser la esclava de Román y mía.

  • Mi novio de pene pequeño

    Mi novio de pene pequeño

    Hola, soy José, en esta ocasión me gustaría relatar mi experiencia con un chico que tenía un pene algo pequeño que terminó siendo mi novio por algún tiempo. Esto pasó unos meses después de mi trío con los dos señores.

    Dando un poco de contexto, le cambiaré el nombre para proteger su identidad, así que lo llamaré Miguel, él es un chico tímido, de 1.89, con obesidad y con un pene de 8 cm. Yo ya había tenido un encuentro leve con él ya que al ser amigos pasaba tiempo juntos y en una ocasión nos terminamos besando, pero esa vez el freno el encuentro, pensé que era por no era de su agrado los hombres así que no insistí.

    Comenzando la historia tiempos después de ese encuentro un día el me invitó a su casa a «ver una película», la cual termino en besarnos en su cama, pero al igual que la vez anterior cuando lleve mi mano a su entrepierna el me detuvo, por eso y con un tono algo molesto le dije que se decidiera si quería o no, a lo que me dijo que no era por eso yo le gustaba mucho, pero le daba miedo que le dijera algo por el tamaño de su pené, lo cual me hizo cambiar de tono de voz, preguntándole del porqué de eso.

    A lo que me contestó qué su ex novia el día que cortaron se burló de su tamaño de pene entre otras cosas, yo levante su triste rostro y comencé a besarlo y le dije que su ex novia no lo había valorado ya que es un gran chico(cosa que es verdad), mientras decía esto comencé a desabrochar su pantalón y él aunque se intentó quitar, yo seguí, hasta que al bajar su bóxer salto un pequeño pene de 8 cm ya totalmente erecto, era un pene tierno, de un tono rosa, con olor a jabón, y sin más me lo lleve a la boca y lo comencé a chupar.

    Era muy fácil chupar gracias a su tamaño, es de los penes qué más he llegado a disfrutar, el pronto comenzó a comenzar a venirse, por lo que yo bebí todo su semen, tenía un toque dulce y agradable, realmente me estaba gustando esa experiencia con su pené.

    Una vez se terminó de venir comenzó a pedir disculpas y comentó que siempre se venía rápido y en un tono de vergüenza dijo que aparte de pitó chico, era precoz, yo al verlo solo volví a besarlo y le dije que solo disfrutará, no tenía que dudar horas, a mi me gustaba su tamaño y el tiempo que duraba, por estas palabras el comenzó a sonreír.

    Mientras nos estábamos besando el recupero la erección y me dijo casi pidiendo permiso si podía penetrarme, lo cual me sorprendió, ya que pensé que por su inseguridad preferiría ser pasivo, pero no fue así. Sin más que decir acepte su propuesta y me puse en posición, el al poco tiempo se colocó detrás de mi e introdujo su pequeño pene en mi, entro fácil y sin dificultad, y así el comenzó a meter y sacar su pene, no mentiré ya que al haber probado vergas más grandes se la diferencia, y siendo sinceros no sentía tanto placer pero el ver su hermoso rostro y su cara de felicidad me hacía calentarme.

    Lo estaba disfrutando pero se vino muy rápido dentro de mi, no sé porque me prendió el sentir su semen dentro pero me gustó, lo cual se lo hice saber, el me miró con felicidad y me dio las gracias, ya que era la primer persona que no lo hacía menos por su tamaño, qué incluso era el primero que le decía que le gustó tener sexo con el, yo solo lo mire y comencé a besarlo lo cual lo hizo volver a tener una erección, y por su puesto deje que me la volviera a meter.

    Un tiempo después de eso continuamos cogiendo, era bastante grato el coger con él, no tanto en lo físico, pero me no sé porque me prendía tanto el saborear y tener dentro ese maravilloso pené. Tanto así que cogíamos 3 o 5 veces al día, lo cual él no se oponía, un día mientras se encontraba introduciendo su verga dentro de mí, comenzó a decirme cosas románticas, y agradecerme por el tiempo juntos, yo presentí para donde iba pero no dije nada, el continuó y me dijo si quería ser su novio, fue algo curioso ya que incluso detuvo su movimiento de cadera, pero dejo su pene dentro de mí, y ante su atenta mirada acepte su propuesta y comenzamos a ser novios, lo cual me gustó.

    Después de eso hablamos de nuestras ex parejas, a lo cual le conté todo lo que había hecho (cosa que ya publiqué en mis relatos) lo cual lo hizo ver notablemente celoso y algo curioso jeje.

  • El hombre huevo

    El hombre huevo

    La imagen la encontré en un disco viejo de música disco, era un hombre sin camisa con un enorme casco o máscara, la cual tenía boca, nariz, ojos y cejas, pero con cabeza en forma de huevo, el “hombre huevo”. Era una imagen simpática que me pareció increíble. Todos lo veían como centro de atención.

    Me propuse hacer tal máscara o casco, me apliqué a pegar muchas capas de periódico con engrudo, le añadí unas micas polarizadas para no dejar de ver nada al interior, sobre todo me costó trabajo y tiempo.

    A mis amigos les parecía divertido y algo loco tal máscara. Se la ponían, pero no aguantaban mucho tiempo con ella puesta. Quizá el calor, o sentirse atrapados, no sé, se reían y se la quitaban. Alguna de mis amigas dijo que le parecía algo “friki”, parecía molesta pero le brillaban los ojos, tal comentario me hizo pensar algunas cosas e investigar un poco sobre esto, pero no le di más importancia.

    Fue en una fiesta de disfraces donde llevé al “hombre huevo”. La fiesta transcurrió como todas, al inicio aburrida, después mejor, en período de diversión y luego algún pleito que hace necesaria una pausa. La anfitriona se peleó con uno de los amigos vaquetones de su hermano. El tipo venía disfrazado de “rambo”, el personaje se hizo el chistoso y acoso a las chicas y estuvo muy pesado con nosotros, los adolescentes de ese entonces. Fue hasta que llegó el hermano de la festejada, un tipo lleno de músculos y practicante de box que puso calma y gobierno sobre el patán del tal “rambo”.

    Saqué a bailar a la festejada para que se le pasara el enojo, ella empezó a reírse, a animarse, le brillaba la mirada. La máscara le divertía. Saltaba al bailar, le rebotaban sus enormes senos que podía ver con toda confianza de no ser observado. Nunca la había visto bailar así, sus amigas lo atribuyeron al alcohol, pero yo sabía que no era por eso. Ahí nació algo en mí que me gustó: el ver a esa chica frenética, con sus chichis enormes, agitada, casi sobre mí, con pezones endurecidos y excitada.

    Años después, yo iniciaba los treinta, me hice de una novia muy rarita, no le gustaba quitarse toda la ropa ni que la observara desnuda. Pedía oscuridad casi total, después entendí que era por el lunar que tenía sobre uno de sus brazos, le nacía casi en el hombro y le llegaba casi al codo, era obscuro, con vello e irregular. A mi no me molestaba pero a ella sí. Lo que sí me molestaba esa inseguridad, pero sobre todo era que no se sintiera libre de complejos lo que me mataba. Le pedí que se colocara una venda mientras yo hacía mi numerito. Al pedirle que se quitará la venda ahí estaba yo, con una poderosa erección apenas contenida por mi calzoncillo y sin más ropa, sólo con la máscara del “Hombre huevo”. Apenas me vio, se despojó de toda la ropa y saltó sobre mí, me quitó la trusa y la cargué para que me rodeara con sus piernas mientras que, con equilibrio, logré penetrarla y llevarla con la frotación a un rico orgasmo de pie mientras podía observar su expresión frente a mí. Era un rostro fascinante, de exigencia, desafío, excitación y expectativa. El milagro del “Hombre huevo” se había manifestado en uno de sus misterios más gozosos.

    Ya en el límite de los treinta, casi a los cuarenta, “por no dejar”, le pedí a una buena amiga su cuerpo, le prometí acariciar la suavidad de sus muslos, morder sus pantorrillas y saborear su sexo, para luego penetrarla de manera violenta mientras frotaría su clítoris. Me respondió cohibida y apenada, que le sería muy complicado por la amistad de mi pareja de ese entonces, pero entendí que ese “no”, justo no lo decía no por ella, sino que lo atribuía, pude ver cierto brillo en su mirada, por lo que le propuse algo que no tenía nada que ver conmigo, bueno, en parte sí. Le dije que la entendía y que yo no haría nada con ella, pero podría pasar algo. Lo que le decía era cierto en parte, claro.

    En el cumpleaños cuarenta de mi amiga le dije que tenía algo preparado. Fue una fiesta en un Airbnb, comida con meseros, música, sólo que al final de la fiesta vino el show, la gente del servicio se fue y sólo quedaron tres bailarines, dos hombres y una mujer.

    Ellos bailaron entre sí, desvistieron a la bailarina y le bailaron hasta tener sexo con ella, mi amiga sólo abría los ojos y se veía muy expectante de la acción. Hicieron una pausa y la bailarina le pidió a la festejada que la acompañara a una habitación. Le mostró dos trajes, uno amarillo que significaría para los bailarines que sólo deseaba que le bailaran. El traje negro significaba que deseaba que la poseyeran. Podría ser suave o duro, según les indicará.

    Salieron a la sala, mi amiga con el traje negro, se encontró con los dos bailarines que empezaron a hacer de las suyas o mejor dicho, a hacerla suya, mientras la bailarina fue conmigo, el “Hombre huevo”.

    Fue un juego de espejos, yo podía ver cómo la penetraban y la sometían, mientras que ella podía ver cómo la bailarina chupaba mi miembro grueso. Fue muy excitante verla en cuatro recibir por todas partes placer. Sentía su mirada salvaje, gozosa e intensa, se sabía mirada pero no podía ver mis ojos, eso le dejaba ser todo lo libre que quisiera. Ahí estaba el “Hombre huevo”, sin expresión, sólo presente frente al deseo salvaje de alguien que se sabía vista, pero no juzgada.

    Al final, cuando pagué y se fueron los demás, le entregué a mi amiga otro de sus regalos. Ella rompió la envoltura, abrió la caja de cartón del regalo y abrió los ojos ante ese regalo sorpresa.

  • Y en eso entró Marga

    Y en eso entró Marga

    … y en eso entró Marga

    Ahí estaba yo, tumbado en la cama, con los cojines en la espalda, desnudo de cintura para abajo, con el cipote tieso, enorme, el capullo violáceo de tensión, con el puño de la mano apretando el ardiente mástil de mi tranca, las venas gruesas y los huevos tersos, llenos de leche a punto de eyacular; con la película porno en volumen bajo y las piernas abiertas.

    — ¡Pablo!, ¡Pero, Pablo! —chilló desde el ámbito de la puerta. Aún llevaba la chaquetita de piel marrón y el bolso a juego colgado del hombro. Los ojos de asombro, la boca abierta, los ojos como platos, los puños crispados, ligeramente encorvada no sé si de rabia o fruto de la inesperada imagen con que sorprendió uno de mis habituales juegos masturbatorios.

    Yo no supe bien cómo reaccionar. Un calor irresistible subió desde mi estómago hasta mi pecho, mi cuello, mis mejillas y mis orejas. Noté la boca seca. Mi tranca se fue aflojando rápidamente y la dejé caer sobre el muslo con la leve mucosidad preseminal impregnando el vello de mi pierna. De repente apareció en mi mente la imagen de la portada del diccionario del diablo, de Ambrose Bierce que me había hecho reír tanto de adolescente: un sátiro demoníaco, con sus patas de carnero, su cínica barbita y sus cuernecillos, retorciéndose de risa…

    Me quedé así, mientras Marga entraba en el dormitorio y paseaba su mirada de mi cara a mi sexo desnudo y viceversa.

    — ¿Qué estás haciendo? Pero ¿qué te pasa?

    Yo balbuceé algunas palabras inconexas, me levanté y comencé a ponerme el bóxer.

    Marga se paró frente al televisor, en cuya pantalla una rubia sinuosa jadeaba mientras un chico negro la empalaba por detrás y agarraba la polla empalmada de un robusto latino. Se volvió rabiosa y dijo:

    — ¿Haces esto a menudo? ¿Es esto lo que haces cuando te quedas solo?

    El «esto’ tenía un deje acusador, como si fuese un abominable acto criminal. Me senté en la cama y comencé a reaccionar al fin.

    — No —respondí—, no, solo lo hago a veces…

    Marga dejó caer el bolso y lo aposentó a los pies de la cama, deslizó la cazadora y cruzó los brazos.

    — Pero, ¿por qué, Pablo?

    Encogí los hombros tontamente y bajé la cabeza con la mirada perdida. Un leve sonido salió de mis labios.

    — ¿No estás satisfecho conmigo? ¿Necesitas a otra?

    Otro sonido ininterpretable y respondí:

    — No, Marga, no es eso; no es eso. Es que… yo… a veces quisiera algo más, otra cosa, otras cosas…

    Se giró hacia la pantalla y señalando dijo:

    — ¿Cómo… cómo eso?

    Recuperado tras el inicial estupor, pensé que era el momento no de excusarse o buscar salidas a la emboscada de la vida, sino de reivindicar los vacíos, las carencias, los deseos frustrados, la necesidad de dejar que la cascada de pasión contenida y los placeres perdidos corrieran libremente, vivos y puros, no aprisionados por la esterilidad de un sexo plano, rebaja calidad emocional, sin sensualidad, poco honrado. Yo siempre había sido fiel a Marga. Jamás había estado con otra; nunca había visitado un prostíbulo ni había perseguido aventuras con otras. Marga me gustaba, pero ya no me atraía. No sentía atracción o deseo por desatar con ella la pasión y el juego, las fantasías lúbricas, mi concupiscencia. El ritual de un sexo convencional había matado todo deseo vital. Cuando intenté con ella, al principio, un sexo vivo, llameante y ardiente fue inútil: me encontré con una respuesta fría y una pasividad destrempante; un par de ocasiones más me enseñaron que era un camino inútil. Y así, adquirí consciencia de que debía canalizar mis necesidades y fantasías de otra manera. Ni siquiera podía ser calificado de deslealtad un comportamiento que sólo a mí me atañía, realizado en soledad, un sexo paliativo, un lenitivo a mí desazón sexo-emocional.

    — Esas imágenes me gustan, me excitan. Contigo yo … no puedo desatar mi deseo.

    Me miró cómo sin entender mis palabras. Enarcó las cejas.

    — Así —repuso— ¿No te excito yo; no te gustó?

    — No, no. No va por ahí, Marga. Es que… quiero «eso» —ahora fui yo quien remarcó la palabra— , pero a ti no te gusta nada que salga de la penetración, de la posición tradicional de la cópula. Y yo necesito más cosas para satisfacerme plenamente.

    Pareció entender al fin. Se sentó en la cama y me observo un instante. Luego, dijo:

    — Tú quieres hacer esas cosas, Pablo?

    — Sí —asentí.

    — ¿Conmigo…?

    — Ajá.

    — Yo —comenzó— no sé… No sé si… podría. No siento necesidad de ellos. Me basta con hacer el amor como hasta ahora. No sé…

    La miré detenidamente.

    — Bien, podríamos seguir como hasta ahora, si tú quieres. No te pido nada. Para mí es sencillamente un complemento. Siento mucho placer con ello y no quiero dejar de sentirlo.

    Ella se quedó pensativa. En el televisor la rubia estaba haciéndole una manada muy placentera al negro que gemía de gusto; el otro por detrás follaba el coño de la chica agarrado a su grupa. El negro se corrió en una imagen frontal de gran calidad. La rubia sorbía la gran cantidad de leche espesa que discurría desde el falo enorme hasta sus labios. Abrió la boca y mostró la cucharada de semen; se lo tragó y relamió el mástil y el agujero de la negra polla que seguía goteando. El otro hombre, a punto de correrse, dio la vuelta y le puso la pija en la boca a la rubia, que se afanó en una mamada bien sonora. También el latino se vino y entre empujones vertió si jugó en la linda boca de la chica. Marga atraída por los jadeos y gemidos, por los sonidos miró la imagen detenidamente.

    — Haces esto muchas veces, Pablo?

    — Ocasionalmente, sí. Cuando me apetece.

    — ¿Y tienes una eyaculación mirando las películas? ¿Te masturbas hasta correrte?

    — Ajá.

    — Y después ¿tienes ganas de follar conmigo? —siguió interrogando interesada. Decidí ser absolutamente sincero — ¿Piensas en hacer todo esto entre nosotros?

    — Sí, Marga, pero a ti esto no te motiva, no te interesa…

    Ahora, en el monitor, la rubia ponía las dos pollas tiesas de nuevo con su manoseó. Uno de los chicos, el latino, sobaba el trasero de ella. Le hizo chupar un dedo y lo llevó al ojo del culo de la rubia, que acarició circularmente antes de presionar el agujero estriado e introducirlo en el hueco. Volvió a llevar la mano a la boca y la rubia, que seguía meneando la tranca negra, engulló dos dedos. El hombre acarició con un dedo el ojito y metió el dedo; lo sacó y lo metió hasta que se agrandó hasta que con uno dentro, comenzó a follar el ojete con el otro; final ente introdujo los dos y comenzó a joder el culo de la rubia que con un ronroneo se dejó penetrar. El negro se deslizó por debajo de las tetas grandes de la rubia y mientras la besaba metió el cipote en el chocho de la mujer. Los dos estaban follando a la mujer que gemía muy sonoramente. Marga miraba atentamente. Me miró y con una semisonrisa me dijo:

    — ¿Todo eso… te gusta? ¿Sueñas con hacerlo así? ¿Te hace tener una erección y masturbarte hasta que te corres?

    — Bueno, no sé —comencé. Después hice un gesto afirmativo con la cabeza y admití—. Sí, me excita mucho, muchísimo. Y me tocó hasta correrme viéndolo, sí.

    — ¿Te da más gusto que follar de verdad, que cuando lo haces conmigo?

    — Bueno… es diferente. Es otra cosa. Siento mucho placer hasta que me vengo.

    — Entiendo —dijo—. Yo no he visto pornografía; no la necesito… Bueno, he visto algunas veces, y una sentí un cosquilleo en el estómago; es cierto, noté humedad y algunas ganitas, ja, ja, ja.

    Se acercó a mí y se puso a mirar. La rubia fue follada por los dos otra vez. La polla blanca la penetró por el culo y la negra por el coño. La imagen mostró el semen cayendo desde la vulva y desde el año.

    La abracé y vimos el final de la película. A continuación siguió otra. Esta vez eran tres lesbianas. La llevé a la cabecera de la cama y le puse el cojín detrás de la espalda; yo me acomodé a su lado. Me empecé a sentir cada vez más excitado y le acaricié el cabello. Marga se acomodó y me besó apretada contra mí. Puso la mano en mi sexo y notó lo endurecido que estaba. Eso hizo que mi erección aumentará junto a mis pulsaciones. Marga se quitó la blusa y quedó en sujetador. En la escena una chica tocaba, acariciaba las tetas pequeñas de una de sus compañeras de cama; la tercera se tocaba la raja mostrándola a ambas.

    Le bajé el pantalón y la braguita a Marga, que levantó el culito para facilitarme la tarea. Ella se quitó el sostencito rosa. Sus tetitas aureoladas quedaron al aire. Miré el manto de pelo rizado de su chochito. Tenía los muslos apretados.

    Los chupetones de coño en trío emitían jadeos profundos en el televisor. Un consolador estaba acariciando ahora el coñito de una de las chicas; otra se frotaba el coño depilado sobre los senos de la tercera.

    Acaricié los pezones de Marga, que se estremeció un poco. Bajé la mano al felpudo que cubría su raja y me arrodillé para manosear si sexo. Me sorprendió que ella comenzase a toquetearse las tetas y pellizcarse los pezones. Eso hizo que mi polla se pusiera tiesa.

    Fui abriendo la hendidura de Marga, que abrió del todo los muslos. Estaba toda húmeda, la rajita tenía mucho flujo. Me aboqué al coñito abierto y comencé a besarlo a lo largo; abrí la ostrita y metí la lengua, acariciando los largos labios de la vulva y acariciando su interior. Noté su sabor y la capa de fluido. Mi tranca cimbreaba apretada y me bajé el bóxer para aliviar el dolor de la picha atrapada en él. Chupé y sorbí, lamí y besé el chocho de Marga. Ella competía con las tres chicas de la pantalla y sus jadeos y gemidos se mezclaban con los de ellas tres. Me sentí en la gloria paradisíaca de la sensualidad. Mamaba el flujo de Marga y notaba su calor y su aroma femenino. Me concentré en el clítoris y arranqué gemidos y grititos de placer de Marga hasta que violentamente se corrió entre mis labios. Se estiró y lanzó unos ruditos de gusto. Después me agarró la polla y la acarició. Yo sentía que la punta del glande estaba mojada. Ella se agachó y la probó, probó el flujo y fue besando todo el glande. Nunca lo había hecho. Se lo metió entre los labios y succionó. Se la fue tragado y me hizo una mamada increíble, virginal para su boca. Con un grito de placer absoluto me fui dentro de su boca. Mi leche ardiente no paraba de sir a chorros. Y, para mí sorpresa final, Marga la sorbió toda y se la tragó. Me miró y paladeó los labios.

    Nos tomamos exhaustos y nos abrazamos.

    — ¡Qué rico, Pablo! ¡Esto va a ser genial!

  • El vecino de Toluca

    El vecino de Toluca

    Nuestra historia comienza en el 2018, nos hicimos novios y nos conocimos en una fiesta en agosto de ese mismo año. Me asombré al verla llegar, la verdad la más linda de la reunión e iniciamos una amistad que terminó en relación. Ximena es una dama morena, lindas caderas, y unos senos deliciosos, además que siempre fue demasiado activa en su vida sexual. Antes de iniciar una relación me contó que en un día se la cogieron dos hombres, no al mismo tiempo, pero si en un lapso de unas 6 horas, y eso me atrajo, ya que me encanta sea tan putita, cómo decimos en México.

    Por temas de trabajo me mude a vivir a Toluca y al poco tiempo mi novia en ese entonces se fue a vivir conmigo ya en plena pandemia de covid, para el año 2020. En el mes de marzo de ese año, vivíamos allá, y pocas salidas teníamos, ya que todo estaba cerrado para ese entonces no había lugar abierto. En esas fechas solía usar algún outfit muy provocativo, de hecho teníamos un vecino el cual nos rentaba el departamento y a ella le agradaba inquietarlo cuando llegaba por las noches.

    Aunque no pasó nada entre ellos, refiriéndome a que se la haya cogido. Simplemente un coqueteo de ambos, por supuesto con mi complacencia, ya que a Ximena no le desagradaba el vecino. Es importante mencionar que vivíamos en un segundo piso y el vecino vivía en el tercer y último piso, así que cuando llegaba de trabajar tenía forzosamente que pasar por nuestro departamento y eso facilito las situaciones que voy a relatar a continuación.

    Dentro de nuestras fantasías, una muy recurrente era de buscar un tercero que la pudiera desear y que obvio ella se mostrará complaciente, una de las personas favoritas de ella cómo había descrito era el vecino del piso de arriba, que además por supuesto el dueño del complejo habitacional. Ella normalmente dormía con una blusa de tirantes, que obvio sin sostén marcaba sus pezones y un short cachetero que por enorme trasero se miraba delicioso y por delante marcaba su anatomía en la mayoría de veces, pero al inicio no animaba por pena con el vecino, pero un buen día después de insistir, acepto salir a fumar cuándo el llegará para que se diera su taco de ojo con ese monumento de mujer.

    Entonces cuándo observamos que llegó, ya que alcanzábamos a ver su auto, salió de inmediato a fumar sentarse en las escaleras que lo llevaban a su departamento. Yo solo observe escondido lo que sucedía afuera. Al ir subiendo, la saludo y le comento que gusto verla. Ella se levantó y se saludaron de beso, cuándo jamás había sucedido porque fue la primera vez que estaban solos. Ella le ofreció un cigarro, pero no fumaba y al quedar de pie, pues más evidente fue dejarlo observar en todo su esplendor el bello cuerpo de Ximena. En los momentos de su pequeña conversación, pues aprovechaba para inclinarse, dándole la espalda y tirar las cenizas de su cigarro, dejando ver más su trasero, que con el short pegado pues dejaba un poco al descubierto sus enormes glúteos y por ende el vecino más entusiasmado con la conversación y pues solo vi que sus ojos casi saltan a mirarla. Ella continuó haciendo ese movimiento y por supuesto el jamás dejo perder detalle. Al final solo se despidieron y le comento que ojalá volviera a verla más seguido.

    Pasaron otros tres días y volvió a esperarlo, y en esta ocasión llevaba un pants color rojo y por supuesto sin sostén, además de que transparentaba una tanguita exquisita y el cierre por supuesto estaba más abajo, de lo que normalmente se podría usar. Evidentemente al llegar, se saludaron con el beso en la mejilla y elle le dio un abrazo de bienvenida, aunque rápidamente volteo para validar que no fuera a verlos y aunque escondido para que no percibiera mi presencia, acepto el abrazo y por supuesto que ella se pegó bastante para que sintiera lo redondo de sus pechos. Solo veía que se reía bastante Ximena y por supuesto que volvía a inclinarse para observará la tanga que se transparentaba. Durante esa conversación solo pude observar que ella colocó su celular a la altura de sus pechos y se colocó frente a él para mostrarle algo, obvio que podía ver más de cerca el escote con sus enormes senos, deliciosos que invitaban a tocarlos, solo que se limitó a solo observar.

    Otro día más y le dije que llevará un poco más allá, y llegó el momento de elegir el outfit adecuado para que lo dejará más prendido. La selección fue un vestido cómo los que se utilizan en la playa y que son un poco transparentes. Vestido blanco con rayas azules y que se marca la tanga de forma deliciosa y sin sostén deja ver ese par de bellos senos, además de sus enorme pezones que hacen verlos de forma más deliciosa, ricos y que invita a tocarlos, además que al inclinarse se podrían admirar casi desnudos y sin dejar nada a la imaginación.

    Nos quedamos al pendiente por la ventana para cuándo llegara, tuviera la oportunidad de salir a fumar e iniciar una rica conversación. Frente a los departamentos existe un barandal, entonces pues al recargarse e inclinarse, sería imposible que el vecino al subir no fuera testigo de enorme espectáculo visual con la tanga transparentando al vestido. Al subir el vecino ella solo seguía inclinada y al llegar al piso de nosotros, pues volteo a saludarlo y fue evidente que las tetas se veían en toda su dimensión, ya que el vestido solo ocultaba los pequeños detalles, y dejaba ver lo rico que están. Solo alcance a escuchar que le dijo, que se veía espectacular, a lo que ella agradeció y le dio un abrazo pagando aún más sus pechos en él y por supuesto que el beso en la mejilla, ya más cerca de la boca no podía faltar.

    La conversación fluyo tranquilamente aunque Ximena se colocó frente a él, lo más cerca posible, atónito e incrédulo a lo que presenciaba, solo volteaba dentro del departamento para saber si estaba presente, ella le dijo que aún no llegaba para que no se sintiera incomodo, no sabía que ambos estábamos de acuerdo. En ese momento las luces apagadas no dejaban ver mi presencia, así que se relajó un poco siguieron conversando. En la plática comento acerca del vestido que tenía puesto y para entrar más en confianza, la pregunta obvia de una dama: ¿Qué tal se me ve el vestido?, la respuesta fue inmediata, a pesar del respeto que le tenía a Ximena, Genial y muy sensual, ella solo sonreía coquetamente y le preguntó si le parecía vulgar; él respondió que jamás.

    Observaba que ella estaba muy cerca de él y con el pretexto de ver el celular que lo tenía a la altura de sus senos pues la vista era evidente que sin sostén se alcanzaba a ver su escote delicioso, y por supuesto que no perdía detalle alguno. Alcancé a escuchar que ella le dijo, “me estás viendo las chichis”, a lo que respondió que era imposible no mirarlas y que se miraban espectaculares y ambos soltaron una carcajada. Entonces ella le preguntó: ¿Quieres tocar?, y su respuesta fue, “Quién se podría negar”. Fue entonces que ella tomó su mano y la llevo a su seno, evidentemente sin perder tiempo inicio a tocar con ambas manos sus senos y ella inicio a tocarle su pene sobre el pantalón.

    Al acercarse más a ella se iniciaron a besar, yo dentro del departamento me masturbaba observándolos. El vecino preguntó que la regañarían y ella respondió, “¿les vas a decir?, porque yo no”. Entonces le tocaba las nalgas y de pronto saco sus senos del vestido, chupándolos vigorosamente y ella solo gemía delicioso, entonces inicio a bajar el cierre de su pantalón al vecino, y saco su pene, por supuesto él ayudo bajando su pantalón. Ella le jalaba el pito y él vecino inicio a levantar su vestido para alcanzar su vagina, mientas continuaban besándose con demasiada pasión.

    Ella no dejaba de jalar su pene y solo vi cuándo ella inicio a jadear con más fuerza y fue cuando le metió el dedo, o quizá dos, porque no alcanzaba a ver a tanto detalle y en algún momento pensé que se la chuparía, pero solo desabrocho la camisa para chupar los pezones del vecino, mientras continuaba ingresando sus dedos en la vagina depilada de mi mujer, y de pronto se escuchó que abrieron la puerta de ingreso al edificio e hizo que ambos inmediatamente se separaran, entonces ella le dijo que posiblemente había llegado y se despidió rápidamente de él y por supuesto que sin perder tiempo subió las escaleras a su departamento. Evidentemente había llegado algún vecino, que pensó que había sido yo, por lo que sin validar se fue a su departamento.

    Al entrar al departamento mi mujer me vio con el pito en la mano masturbándome al ver ese espectáculo increíble, y nos empezamos a besar y nos fuimos a darnos una cogida fenomenal, mientras me platicaba algunos detalles de su experiencia.

    Tiempo después el vecino ya no llega solo, ya llegaba acompañado de su novia porque es posible haya sospechado algo y a partir de ese momento no lo dejo llegar solo. Ximena y yo, decidimos no volver a inquietarlo para evitar problemas y buscar otras opciones dónde continuar nuestras aventuras sexuales.

  • Mi cuñado hecho tentación

    Mi cuñado hecho tentación

    Sabía que era prohibido, me lo dije a mi mismo desde el momento que lo vi, pero las cosas nunca salen como uno las tiene planeadas.

    Ya era un suerte que a mi hermanastro Jair y a mi nos gustaran los hombres y que adicional nos lleváramos muy bien entre nosotros, a lo largo de los años le conocí algunas parejas, nada impresionante, hasta que me presentó a Cesar, mi primera impresión es que tenía una cara bella, era cachetoncito, con esos labios rojitos que me vuelven loco y con sombra de barba como tanto me gusta, gordito y alto (bastante alto), sin embargo a Cesar aparentemente le caí mal, hizo mala cara todo el evento, rara vez me dirigió la palabra, me contestaba con monosílabos y se despidió casi de manera seca, no le di importancia porque de hecho no sabía que tan serio era el tema con Jair y era posible que no fuera alguien a quien volver a ver. Sin embargo me equivoqué y lentamente y sin darme cuenta ya habían pasado 2 años y seguían juntos.

    El man era un tipazo, una vez pasada la primera impresión, era alguien divertido, recochador y muy abierto al hablar, lo cual contrastaba un poco con Jair que siempre ha sido muy hermético. Y por el contrario se llevó super con mi pareja con quien tenían mucha afinidad al punto que eventualmente salieron un par de veces juntos.

    En una ocasión estábamos tomando los 4 entre mucho trago debí ayudarlo a acostarse y cuando lo vi dormidito entre tragos me acerqué y puse mis labios sobre sus labios rojitos que me parecían lindos, pero eso no pasó de ahí y una manoseada a su bulto. Sin embargo todo cambio hace unos 2 meses, cuando chateando con Cesar lo noté raro y me dijo que no se atrevía a decirme mucho de sus cosas personales por temor a que saliera corriendo a contarle a Jair, le aseguré que aunque quería a Jair, no significaba que fuera a contar cada cosa, entonces me comentó que las vainas estaba complicadas porque peleaban mucho, le cuestioné sí había alguien más, me dijo que a pesar de que alguien le ha demostrado interés, a él no le gustaba, no buscaba terminar con Jair, y que la razón principal era que alguien más le gustaba. Le pedí ampliación y dice:

    Cesar: no, difícil

    Yo: ¿por qué?

    Cesar: Es complicado

    Yo: Entiendo, es personal, disculpa la intromisión y gracias por contarme

    Cesar: Yo te cuento las cosas, pero me da culillo (miedo)

    Yo: Sí te sientes cómodo cuéntame, prometo no juzgarte, pero sí no quieres no hay lío, lo importante es que te sientas cómodo

    Cesar: ¿No le dice a nadie?

    Yo: Lo prometo

    Cesar: es prohibido, porque tiene pareja, y lo más complicado es que es hermanastro de mi pareja, y me pone mal solo estar cerca de él

    Yo me quedé de piedra, no sabía cómo responder, aunque él no me era indiferente, pero no pensé que alguien tan bonito se fijara en mí, intenté de ahí en adelante responderle de la manera mas neutra posible, sin juzgarlo y haciéndolo sentir cómodo, pero francamente no sabía como seguir esa conversación, siempre fui un experto en conquistar mas que en ser conquistado, durante esos días mantuvimos charlas sinceras en donde me dijo que yo le gusté desde que me vio en el concierto, pero hacía mala cara para disimular frente a Jair, que yo le atraía por mi complexión de oso, pero adicional por mi forma de ser masculina y fresco al hablar. Lentamente y como pasa en estas conversaciones se me empezó a salir de las manos en donde terminamos subiendo la intensidad en las conversaciones.

    Me confesó que era versátil, pero Jair solo activo, por lo que le hacía falta de vez en cuando comerse un buen culo, yo le dije que mi predicamento era inverso, soy mayormente activo, pero de vez en cuando necesitaban que me atendiera mi culo y me sacaran lo perra de adentro pero a mi pareja no le gustaba, le confesé lo que pasó borracho, pero asegurando que no pasó de ahí y que fue algo estúpido que hice tomado, la temperatura siguió subiendo hasta que terminamos compartiendo fotos desnudos, francamente no entendía como Jair no disfrutaba esa tranca tan hermosa que se cargaba, 17 cm de gruesa carne que me hicieron babear, ese día me hice la paja con sus fotos y grite su nombre en el punto de orgasmo.

    Posterior a eso vino el cargo de conciencia por Jair, hablé con Cesar y le pedí nos viéramos para hablar, había decidido zanjar este tema. Ese viernes ambas parejas sabían que estábamos juntos, y antes de salir de casa me hice la paja, quería descargar tensión sexual antes de irme y que la arrechera no me hiciera tomar decisiones erróneas (creo que debía hacerme dos).

    Nos vimos fuimos a comer algo y hablé con él, donde le dije que lo de nosotros no podía ser porque éramos cuñados y que paráramos ahí, aceptó a regañadientes y nos fuimos a un bar a tomar algo, realmente la pasamos bien, cantamos, oímos música, sin embargo el tema salió de nuevo, al tomar mas trago y pasar mas tiempo desde mi paja, mi calentura empezó a traicionarme y pensaba: “y sí solo le doy un besito y mato las ganas”, esa idea creció conforme avanzó la noche, hasta que al final yo mismo se lo pedí (si, ya sé, soy un imbécil) nos besamos una y otra y otra vez, hasta el punto que parecíamos pareja, la cosa siguió y me dijo que quería estar conmigo y para no hacer el cuento largo terminamos en un motel.

    Al entrar cerramos la puerta y nos besamos, me empujó contra la pared levantó mis brazos sobre mi cabeza en símbolo de sometimiento y me besó mas intensamente, me empezó a desvestir, iniciando por mi camisa, botón a botón, solté mi cinturón y el sensualmente el botón del pantalón, lo bajó acariciando mis piernas, nos fuimos a la cama besándonos, quería comérmelo a besos, jugábamos con las lenguas, acariciaba su nuca, para que no me soltara, tocaba su mejilla su barba, para decirle que estaba ahí conmigo, me levanté del otro lado de la cama y contra la pared le di la espalda, era obvio por la necesidades de cada uno que esa noche mi culo sería suyo y yo me apoderaría de la verga que tan fuerte me hizo pajear.

    Le pedí me ayudara, arrimó su verga a mis nalgas y me ayudó a bajar mi trusa, le pedí me dejar ir al baño, me aseé lo mejor posible y salí estaba recostado sin camisa, vi su barriguita y se la besé le quité el calzoncillo y la vi, era hermosa, recta, gruesa, cabezona, blanca, las bolas depiladas (me encanta), le pasé la lengua, la tome en mis labios, la saboree con mi lengua y la hundí en mi garganta mientras sentía su cuerpo dar espasmos de placer, la sacaba y metía en mi garganta hasta producirme arcadas.

    Lamí sus bolas, lentamente, bajé mi lengua y lamí su culo, era obvio que aunque me encantaba su culo esa noche lo que quería era verga y lo que él quería era culo, pero eso no me iba a impedir disfrutarlo su rosadito y pulcro ano. Subí besándole la pancita que me volvía loco y sus pechos, su cuello y su boca, seguimos besándonos y dando vueltas hasta que quedó acostado boca arriba y me monté sobre el como quien conta caballo lo besé y le dije que lo quería ya, antes de eso me acostó y me la mamó un rato de manera deliciosa.

    El cabrón sabía usar esa boca para algo mas que besar. Tomó un condón y me lo dio, lo acosté y se lo puse con la boca (no fue fácil, porque su verga era gruesa), ambos le pusimos saliva, y empecé a castigarme yo solo, me costó porque llevaba mas de 1 año sin que me penetraran, pero me tenía tan caliente, fue gentil y esperó (yo di gracias a dios por eso) lentamente empezó a entrar en mi ano de manera pausada, dolorosa y placentera, empecé lentamente a cabalgarlo a la vez que ponía mis manos en su pecho, hasta que mi ano empezó a ceder y le empecé a coger ritmo.

    Lo cabalgué, y sentí como entraba y salía de mi culo por un rato, ver cómo me poseía y admirar su cara de placer, me motivaba a ir mas rápido, me besaba y me decía como le encantaba estar ahí conmigo, yo gemía como puta sintiendo una mezcla de dolor y placer quería sacar su leche a sentones y me enterraba su falo cada vez mas profundo, cada vez más rápido y cada vez más duro, sin embargo me cansé de las piernas, se lo dije y sin sacarlo me acostó boca arriba, pero eso no funcionó, no estuvimos cómodos, así lo sacó y me acosté boca abajo, levanté las nalgas ofreciéndoselas para que hiciera lo que quisiera a su antojo.

    Yo estaba ansioso, quería sentirlo en mi ser de inmediato, quería ver como me hacía suyo de manera ruda pero gentil, se acercó y como buen amante me besó el cuello mientras acomodaba su vergota en la entrada del culo, me dijo palabras dulces y calientes y lentamente enterró su hombría en mí, incluso más profundo que cuando lo estaba cabalgando, yo mordía la sábana inicialmente más por dolor, pero él lo notó giró mi cara me dijo cuanto le gustaba y me besó los labios, eso fue todo, ahí se cayeron las pocas barreras que tenía, me la enterró a fondo y empezó a bombear, duro y parejo, yo gemía de placer y aunque había algo de dolor quería sentirlo sobre mí, bombeándome, me hubiera gustado un espejo, pero su barriguita en mi espalda, su pelvis en mis nalgas, su vergota enterrada en mi culo y su lengua en mi boca era todo lo que necesitaba, sentía su respiración y como bufaba (eso era ensordecedoramente placentero), intentaba empujar mis nalgas hacía él para facilitarle el trabajo mientras el bombeaba con sus fuertes caderas de manera contundente y masculina, quería que supiera con mis movimientos que también estaba feliz siendo suyo y que disfrutaba de su cuerpo y de su verga, así como sentía que él disfrutaba de mi cuerpo y de mi culo. Me dio por un rato, pero de un momento a otro se detuvo y salió lentamente de mi.

    Se quitó el condón e intentó negociar que fuera a pelo, eso no estaba en discusión fui al baño y al volver empezamos otra vez el juego de besos, y llegamos nuevamente al mismo punto de tenerlo sobre mi boca abajo bombeándome, su verga entraba y salía sin piedad de mi deseoso culo, me demostraba que en ese momento tanto mi culo como yo éramos su absoluta propiedad y más fuerte empujaba, yo gemía y bufaba fuera de control, deseando que no parara, mi próstata era estimulada sin tregua mientras mi pene que había perdido erección babeaba sin control, estaba tan caliente quería decirle cuanta guarrada me pasaba por la cabeza, pero tampoco quería asustarlo, finalmente lo sacó de mi adolorido y hambriento culo, se acostó y empezó a pajearse, yo también me levanté y me empecé a hacer la paja y con lo caliente que me tenía sin mucho esfuerzo me vine sobre él (no mucho, me había pajeado antes de salir), luego él me dijo que él demoraba en venirse le besé e intenté ayudarlo, aceleró y yo veía ese trozo de carne ser manipulado por sus manos con vigor, ya empezaba a tensar su cuerpo y empezó la recta final.

    Él Intentó retenerlo en el punto de no retorno, lo que ocasionó que al salir el semen este saliera a propulsión y cayera hasta su cuello y hombros, los 10 segundos contorsionándose que duró su orgasmo fueron poesía pura. Solo verlo inmerso en su placer me estaba calentando otra vez y quería tragarle la leche, pero me pareció que podría ser contradictorio por lo del condón. Pero cuando llegó la calma, se acostó yo lo ayudé a limpiar su semen, lo tomé con un dedo y de manera seductora lo puse en mi boca y nos dimos un beso blanco, parece que le encantó.

    Decía que quería quedarse que no quería que la noche terminara, pero le recordé que nos esperaban en las respectivas casas, nos duchamos juntos, nos aseamos nos besamos en la ducha, me giró contra la pared de manera un poco ruda (eso me gustó), puso su verga en mis nalgas y me empezó a besar y a masturbar hasta que me hizo venir de nuevo, terminada la ducha salimos y nos vestimos rápidamente, dijimos que sí había una próxima vez, probaría mi verga y yo su culo, le dije que esa noche era para él, nos besamos apasionadamente y salimos.

    Para resumir, hubo pelea en mi casa por la hora de mi llegada, y anduve paranoico que de alguna manera mi pareja o Jair supieran y el remordimiento no me deja, él ha seguido insinuando cosas, mencionando que ha rememorado ese día, que quiere repetir, pero le he intentado poner freno, porque podemos lastimar a 2 grandes personas, pero eso no indica que sus avances me sean indiferentes porque está buenísimo y fue un sexo maravilloso. Por esta razón he minimizado los encuentros sociales a fin de evitar la tentación. Sé que soy un asco de hermano y no me voy a justificar, me dejé ganar por la tentación que es mi cuñado.

  • Mirada profunda

    Mirada profunda

    Una llamada prendió todo el deseo que se podía sentir en un día lluvioso. Fue a buscarme a mi lugar de trabajo. Al llegar y bajarse de la moto pude mirar lo bella que se veía con ese vestido. Supongo que esa sonrisa estúpida salió nuevamente de mi rostro.

    Dudar o no dudar, abrazarla o no. El recorrido transcurrió con normalidad. Hicimos unas diligencias y cómo era de esperar fue lo bastante rápido.

    Tuvimos la idea de ir por unas birras, un lunes diferente, al lado de aquella mujer que hoy estaba deslumbrante.

    Una mirada lo cambió todo, el lugar era ameno, música chill y un buen servicio. Hablamos, tomamos, hablamos mientras ella tocaba su cabello y se movía al son de la música, yo simplemente la escuchaba, por un momento mi pensamiento se fue, se alejó del lugar, solo quería quitarle la ropa y besarla, o besarla y quitarle la ropa, ambas eran buenas opciones. A medida que hablamos yo iba tocando sus piernas, poco a poco. Miré como sus mejillas se iban colocando rojitas, y allí todos mis sentidos se activaron.

    Por un momento no dude y no lo pensé, simplemente la besé, un beso húmedo le dio pauta a toda la tarde. Nos besamos muy lento, a medida que su lengua se mezclaba con la mía podía sentir cómo todo el cuerpo nos hablaba. Ella quería ir más rápido, mucho más rápido, y yo solo me dejé llevar, nuestros besos fueron cada vez más duros y cada vez más intensos, sentía como su mordida buscaba mi labio inferior y poco a poco percibí como ese mordisco se hacía presente, más y más rico. La verdad no sabía que quería, no sabía a que jugábamos, simplemente me dejé llevar por sus besos, rápidos, intensos y duros.

    Mi falda era lo suficientemente corta cómo para tener todo el acceso posible que ella quisiera, de lo hice saber, coloqué su mano encima de mi rodilla. Nos separamos y dispusimos a tomar el resto de las cervezas faltantes. No, nos percatamos de la hora, solo pidió otra ronda más. La música paso de chill, a música de disco, de perro intenso, me preguntó si nos quedábamos. Por supuesto dije, imaginar aquel mujerón dentro de esa pista, bailando a lado de aquellas otras personas, era un espectáculo. Cómo tomaba su peleó, cómo baja su mano por el cuerpo, un movimiento de caderas podría romper con todo el pudor que alguien podría sentir. Alta, blanca de cabello largo, castaño y ondulado, ojos grises-verdosos, belleza natural, un cuerpo precioso, senos grandes naturales, gordita, con unos glúteos que cualquiera desearía tocar, abrazar y comer. Un acento bastante peculiar, que me desborona y me pone a su disposición.

    Bailaba y bailaba, yo solo la miraba y sentí como mi entrepiernas se mojaba. Imaginarla sin ropa. Por los momentos era mi deseo. Un cambio de música hizo que se sentará y su mirada cambió por completo, preguntó ¿Qué pasa? Nada respondí, sus ojos brillan y todo su cuerpo decía cosas que aún me costaba mucho descifrar. El lugar se fue llenando y yo notaba unas ganas inmensa de estar sobre ella. De que tocará lo mojada que me tenía y como quería sentir sus manos en sexo.

    Nuestra mesa estaba algo escondida y eso fue un indicador de que podíamos darnos otro beso, está vez mucho más caliente y lujurioso, más rápido y con presión. A medida que íbamos hablando aprecié cómo sus manos tocaban mis piernas, mis manos y por un momento mi cuello. Necesitaba decirle que no podía ir más allá de mirarla y besarla. Me alejé un poco y le dije que era complicado, pero por qué, preguntó, mi menstruación respondí. Sus ojos se llenaron de placer, sentí como se encendió ese motor que todos llevamos por dentro. Nos besamos nuevamente esta vez con más rapidez, con sabor a salgamos de acá. Cómo una palabra la puso caliente… pensé. Mientras nos besábamos yo quería más un poco más le pedí más, lo necesitaba.

    Tuvo una risa lo bastante malvada como para saber que iba hacer conmigo lo que quisiera… Me acorraló en el asiento, comenzó a besarme tan rápido que no supe más que, dejarme llevar, un beso, un movimiento y un gemido… Era lo único que percibía por un momento, me concentre en su perfume cuándo sus besos eran cada vez más intensos. No aguantaba, sus besos , la presión de su cuerpo, el perfume, todo era la combinación perfecta para acabar.

    Aguanta me dijo, aguanta que aún no te tocó. Se alejó bruscamente de mi, tomo un trago y se fue a bailar. Aguantar, eso era lo único que podía hacer, aguantar, supongo que disfrutaba el juego, mantener el control de mi orgasmo, dios que mujer, cómo no podía sentirlo antes. Después de la canción volvió a la mesa, fingió demencia, como si nada de lo que hace 5 minutos estábamos sintiendo pasó. ¿A qué jugamos? Me pregunté.

    Entre una frase y otra, pidió la cuenta.

    Llegamos a la moto, no sé cómo paso, quede de espaldas a ella y de frente a la moto y aprecie como poco a poco rodeaba mi abdomen, mientras recorría mi cuello en busca de un beso. Lo necesitaba, se los hice saber con un pequeño gemido. ¿Si le gusta preguntó? Cómo negarse aquel juego que ya habíamos comenzando. sí asentí con la cabeza y un pequeño gemido. Montamos en la moto y fuimos algún lugar… nuestro recorrido fue muy rápido, por primera vez la abracé y noté como todo su perfume podía recordarme lo rica que estaba.

    Llegamos al lugar una habitación nos esperaba, sentía la presión, las ganas la vergüenza y todo aquello que no se podía sentir en el momento. Comenzamos hablar, supongo que me siento lo suficiente nerviosa como para continuar. Me bañé, salí con una bata, se bañó salió con una toalla… Luz prendida, luz apagada, solo quería verla, besarla y sentirla.

    Quería que nos comiéramos.

    Un beso nuevamente, fue el comienzo, está vez no había escapatoria supongo, quería sentirlo, que sus manos recorrieran mi cuerpo, su mordida era cada vez más intensas, su mirada era penetrante y sus actos súper calientes. Yo quería solo dejarme llevar, quería sentir… Sentir aquella mujer que por unos meses me hacía notar algún cambio en mi sexualidad. Sus palabras eran pocas, su mirada era cada vez más profunda, llena de lujaría, de un salvajismo excitante.

    Por un momento quería tomar el control quería tomarla y besar lentamente, así que baje hasta sus senos, pasar mi lengua por todo su cuerpo, besarla, tocarla, probarla. Sus mordiscos eran cada vez más fuerte lo que hizo que recobrara la consciencia del lugar donde estaba. Somos cómplices y ante cada beso yo solo gemía, recordaba mi periodo y solo me preguntaba, por qué le gustará…

    Me gustaba lo que sentía, me gustaba lo que hacía, morder, chupar, lamer, todo era parte del juego, fue bajando poco a poco, primero todo se hacía muy intenso y muy rápido, yo quería acabar, note la necesidad de hacerlo, no aguantaba lo mojada que esta, jugo conmigo y note que era una eternidad, su necesidad por tener el control era disfrutable, pero yo quería dejarlo salir, bajo, pero subió inmediatamente, lamió mis labios y comenzó hacer círculos con su lengua, un beso profundo rápido pero intenso dejé salir mi primer orgasmo, yo jadeaba, y al mismo tiempo maldecía, y allí estaba ella otra vez con esa risita, bajo su mano por todo mi cuerpo mientras me mordía el labio, sentía como sus manos recorrían todo mi cuerpo, más era lo único que decía, más decía, más, tuve la oportunidad de bajar un poco, y poder besar, acariciar y lamer sus senos, primero uno y después el otro, perderme allí era lo que quería, un momento para pensar en lo rica que estaba, en lo sabroso que se sentía acariciar sus tetas.

    Ella seguí bajando su mano, cuando sentí sus dedos de manera fugaz, tuve que dejarlo salir… el orgasmo fue necesario lo tenía reprimido desde que me acorralo en el bar.

    Sentía como su mano bajaba nuevamente primero por mis senos, luego por mi abdomen, pasando por mi vientre, sentí como sus dedos buscan todo lo mojada que podía estar, sus dedos sobre mis húmedos labios vaginales, comenzó a girar sus yemas sobre mi, concentrando todo su movimiento sobre mi clítoris, no tardó mucho en notar que ya estaba a punto de venirme nuevamente, saco rápidamente la mano de allí y la miré con cara de pocos amigos, mi gesto de molestia, no fue nada normal, y solo dijo, relájese. Y esa risita nuevamente.

    Relajarme, si solo quería acabar, bajo su rostro hacía mi vulva, me agarro de los muslos y comenzó a pasar suavemente su lengua entre mis labios a la vez que me miraba con cara de loba y mirada intensa, puse mis manos sobre su cabeza presionándola, quería que fuera más, y más rápido, muchos más, entre lamer y morder no pude evitarlo, y me corrí, fue un orgasmo intenso, lo deje salir sin preocupación alguna, grite, me estremecí. El ahahah fue tan rico que no me recupere por completo cuando sentí como mojaba sus dedos en mis fluidos, rojos o no, la verdad no quería saberlo.

    Noté como introducía un dedo, y comenzó a moverlo tan rápido que yo comencé a gemir nuevamente uno y luego otro, más, más lo único que quería era más, pedí más, aumentó tanto el ritmo que el ruido acuoso de sus dedos penetrándome la vagina se podía escuchar por toda la habitación haciendo que llegará a un orgasmo que descargó un gran chorro sobre toda la cama, acompañado de un grito muy intenso. No podía controlarlo, gemía y gemía sentía como todo mi cuerpo se estremecía aquello era más intenso de lo que podía sentir o querer… Dios, que rico se lo repetía una y otra vez, dios que rico, ahah, ahah, ahaaa.

    Simplemente lo necesitaba, lo quería nuevamente, quería tener otro orgasmo tan intenso… Se tumbó a mi lado mientras yo temblaba de placer… me beso nuevamente y nos fuimos a lavar…

    Hablamos un rato y entre risa y risa, Un sí quiero fueron las palabras perfecta, para saber que venía algo más.

    Nos miramos nuevamente, una mirada descontrola, una mirada que sólo me invitaba a sentirla más y más. Un sí quiero, fue el comienzo de unas acaricias, un beso profundo, y así estaba nuevamente cómo su lengua jugando con la mía, el calor de boca, la mordida suave, me invitaba a pasar mis manos por su espalda, mientras ella me tomaba por el cabello, yo decía más, la verdad no sabía si lo decía, lo pensaba o ella simplemente lo adivinaba.

    Quería más placer y mi cuerpo se lo hacía saber, sus manos tomaron tan fuerte mi cabello que fue inevitable no dejar salir un gemido, en la penumbra de aquella habitación nuevamente me desconecto del mundo. Fue bajando poco a poco está vez no dudo jugar con fuerza con senos mientras una de sus manos presionaba con fuerzas las mías, la verdad no sabía que venía después, pero cada vez se hacía más intenso todo, un juego, un beso, una mordida sentía cómo presionaba mi abdomen con su cuerpo. Yo nuevamente me sentía descontrola si un sentido aparente de lo que quería sentir con aquella mujer.

    Más dije, quiero más. Nuevamente su sonrisa apareció y mis ganas de acabar se hacían cada vez más presentes. Puso una de sus manos en mi cuello, mientras la otra recorría como un gato mi cuerpo, sus uñas recorrió mi espalda y luego mis nalgas. La verdad no sabía que clase de sensación era la que sentía, pero quería acabar, quería nuevamente dejar salir ese orgasmo que por meses no podía dejar ir. En cuestiones de segundo me puso encima de ella, nos abrimos lo suficiente como para poder sentir toda su entrepierna mojada, yo encima de aquella mujer que durante esa noche tenía el control de mis orgasmos. Me movía tan rápido como podía sentía cómo sus manos tocaban mis nalgas y como una de ellas bajaba por mis muslos.

    Mis gemidos se hacían más y más intenso, más mucho más más, decía sin parar. Pídelo decía, sentía que nuevamente tenía el control de mi orgasmo, más quiero más, no dejaba de gritar y dejar de decirle Dios mío que rico, dame más quiero ser tuya. Me sentía encima de una montaña, mientras más tocaba mi cuerpo, más me movía, sus ojos brillaban y mi sonrisa cada vez era cada vez más lujuriosa. Con una de sus manos hizo juego con mis labios, y poco a poco lamí un dedo, lo chupé y lo saboreé primero uno y luego el otro. Mientras me movía, más y más. Ummm más quiero más pensaba.

    Por un momento fui tan rápido como era posible, más quería más, tomé el control por un momento y me cambie de posición quería saber que se sentía estar despaldas a ella, sentí sus manos por mi espalda y cómo nuevamente una de sus manos me tomó por el pelo y hacía que me moviera más y más rápido. Ya no aguantaba el orgasmo estaba tan cerca sus manos nuevamente se acercaron a mis nalgas y está vez acompañadas de una nalgas que hicieron que lanzar un primer sonido, ahh más más más. Quiero más.

    No dudo en ponerse más cerca de mi y mientras yo me movía más rápido, tomó una de sus manos y comenzó a frotar mi clítoris, más, más decía repetidamente, más, más la necesidad de sentí su cuerpo con el mío sus senos, sus manos su respiración, hicieron que me olvidará de todo y lo dejara salir, ah, ahh, ahhh, más, más ah, más era lo único de decía sentí cómo mi orgasmo salía y cómo sus mano seguía presionando mi vulva ya no era solo un dedo, ahora era la mano, su mano era lo que le hacía falta a ese orgasmo.

    Gemía, y temblaba gemía y gemía, hasta que me tumbé a su lado, con mi respiración muy agitada y sin aliento.

    Continuará.

  • El juego prohibido

    El juego prohibido

    Me llamo María, tengo 21 años y estudio literatura en la universidad. Las noches son mi refugio, cuando la casa está en silencio y puedo perderme entre las páginas de mis novelas de BDSM. Nunca pensé que alguien descubriría mi pequeño secreto, pero Carlos, mi hermano mayor de 25 años, lo hizo.

    Nuestros padres decidieron tomarse unas vacaciones, dejándonos solos en casa. La ausencia de ellos no fue exactamente como esperaba: la nevera vacía, el olor a humedad en el aire, y el constante sonido de la televisión de Carlos retumbando en las paredes.

    Sospechaba que Carlos había leído mi diario. Para descubrirlo, escribí una fantasía sobre ser dominada por él. Mi plan era avergonzarlo, pero Carlos es un rival astuto; me siguió el juego y dejó un contrato con todos los detalles de nuestra relación amo-sumisa dentro de mi diario.

    Empiezo a leer el contrato, sintiendo una mezcla de vergüenza y rabia al ver las condiciones. Carlos tendría acceso a mi cuerpo cuando él lo deseara, sus castigos serían spanking, y nuestra relación terminaría cuando regresaran mis padres. Mi orgullo me impulsa a firmarlo como una muestra de que quiero devolverle la jugada psicológica, para ver hasta dónde está dispuesto a llegar. No me rendiré sin dar batalla en este juego psicológico, pues también percibo el miedo y la vergüenza en él al no poder mirarme a la cara y decirlo de frente.

    Una vez lo firmé, mientras él veía la tele en la sala, tiré el contrato sobre la mesa dejándolo caer con impacto para ver su cara de vergüenza al sentir que yo soy capaz de jugar. Me retiré a mi cuarto creyendo que había ganado, al ver que Carlos se marchó a la calle.

    Pasadas dos horas, Carlos regresó a la casa y abrió la puerta de mi cuarto, lanzando un paquete sobre mi cama. Me dijo que me esperaba en la sala en 10 minutos. Al abrir el paquete, descubrí ropa de lencería muy sexy, lo que me llenó de vergüenza. Pasaron unos veinte minutos de indecisión y finalmente decidí jugar; no lo dejaría ganar.

    Llegué a la sala, diez minutos tarde, deliberadamente. Carlos estaba sentado en el sillón, su expresión oscura. Sin decir una palabra, señaló el reloj, la tensión palpable en el aire. Sentí un nudo en el estómago, pero mantuve mi postura desafiante. Quería ver si era capaz de seguir adelante con el castigo, si realmente estaba dispuesto a cumplir con su parte del contrato.

    Carlos se levantó, sus pasos lentos y medidos. Me tomó del brazo y me llevó hacia el sofá, su mano firme. Sentí una mezcla de miedo y anticipación, la lencería rozando mi piel sensible. Me ordenó inclinarme, y dudé un segundo antes de obedecer. La vergüenza se mezclaba con la excitación, la tela suave contra mi piel desnuda.

    Sentí su mano levantarse, y el primer golpe resonó en la habitación con un fuerte «¡plas!». El dolor era punzante, un ardor que se extendía rápidamente. Cada golpe siguiente intensificaba esa mezcla de sensaciones. «¡Plas! ¡Plas!», los sonidos llenaban el aire, y mi respiración se hacía más pesada. No pude contenerme más y rompí a llorar, lágrimas calientes corriendo por mis mejillas. El llanto no era solo de dolor, sino de liberación.

    Las lágrimas caían silenciosas, mezclándose con el sudor que perlaba mi frente. Sentí una oleada de rabia mezclada con desesperación; sabía que aún no habíamos cruzado la línea del sexo, y esa iba a ser mi carta bajo la manga. Sabía que no era capaz, que solo trataba de hacerme perder. Empecé a creer que en ese momento él se iba a rendir.

    Carlos me dejó tranquila por el resto de la tarde, pensativo y callado. Creo que meditaba lo ocurrido. Una oleada de victoria me invadió al ver que todo se mantuvo sin sexo. Decidí vestirme con una malla bien ajustada, haciendo énfasis en mi vagina, para provocar su deseo sexual. Mientras cenábamos en el comedor, lo miré a los ojos y, con voz desafiante y llena de poder y sexualidad, le dije: «Puedes renunciar si quieres».

    Regresé a mi habitación, con el corazón aun latiendo por la intriga y la tensión sin resolver. Sabía que mi desafío no había sido respondido por Carlos; su temor ante el tabú parecía haberle paralizado. Sin embargo, no pude evitar sentir una oleada de enojo mezclada con una excitante sensación de poder. Conocía bien su terquedad y su competitividad; sabía que este juego estaba lejos de terminar.

    Me recosté en la cama, sintiendo el peso de la incertidumbre sobre mis hombros. Aunque había provocado su ira, también había sembrado la semilla del desafío. Sabía que él respondería de alguna manera, quizás no de inmediato, pero estaba segura de que no dejaría pasar mi atrevimiento sin consecuencias. La idea me excitaba y me aterraba al mismo tiempo, pero estaba lista para lo que viniera.

    La oscuridad de la habitación era sólo un reflejo de la tormenta emocional que se agitaba dentro de mí. Mis pensamientos daban vueltas, anticipando el próximo movimiento de Carlos, preguntándome qué forma tomaría su respuesta. A pesar de la tensión, una chispa de emoción se encendió en lo más profundo de mi ser, alimentando mi determinación de no retroceder en este juego de poder que habíamos comenzado

    La tensión se corta en el aire cuando escucho un ligero golpe en mi puerta. Al no recibir respuesta, me incorporo en la cama y me acerco, notando que la puerta está entreabierta, sin seguro. «Pasa», murmuro, pero el silencio es la única respuesta que obtengo. Intrigada, me levanto y me acerco a la puerta, encontrando una nota escrita a mano en una hoja en blanco. Mis ojos siguen las palabras con una mezcla de sorpresa y miedo: «Te espero en mi habitación para hacerte mía».

    Mi corazón comienza a latir con fuerza, la respiración se agita y el miedo se acrecienta. Este era su movimiento, su respuesta a mi desafío. Pero su debilidad al no entrar directamente en mi habitación me da una ventaja. Si piensa que con esta nota me rendiré, se equivoca. Es mi oportunidad de hacer que se rinda, de demostrarle que no soy tan fácilmente dominada como él cree. La decisión está tomada; no retrocederé en este juego de poder que hemos comenzado.

    Decido confrontar la situación de frente, con una determinación fría palpable en mi mirada. Salgo de mi habitación y me dirijo hacia la suya con paso firme, el corazón latiendo con fuerza en mi pecho. Golpeo su puerta con fuerza, sin darle tiempo para anticiparse.

    La puerta se abre de golpe, revelando a Carlos en el umbral. Su expresión es una mezcla de desafío y expectativa mientras me observa con atención. Sin decir una palabra, me toma de la mano y me arrastra hacia su habitación, cerrando la puerta con un golpe seco detrás de nosotros.

    Decidida a demostrar mi valentía y desafiar su autoridad, subo a la cama sin titubear. Sin mediar palabra, me bajo las bragas y adoptó una posición de cuatro patas, lista para ser penetrada. Sé que se va a rendir ante mi desafío.

    Carlos acepta el desafío, su presencia llena la habitación con un aire de dominio. Me penetra, el sonido de nuestros cuerpos chocando y las sábanas crujientes se mezclan con mis gemidos y suspiros. Mis gritos retumban en la habitación, acompañados por el sonido de sus manos impactando mi trasero: «¡Plas! ¡Plas!». Cada embestida es salvaje, cada movimiento lleno de intensidad y pasión. Carlos ejerce su dominio sobre mi cuerpo con fuerza y determinación, llevándome al éxtasis con cada movimiento. En ese momento, me entrego por completo al placer, dejándome llevar por la vorágine de sensaciones.

    Una vez que todo terminó, me levanté y volví a mi habitación. Cerré la puerta y me dejé caer en la cama. Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro antes de que siquiera pudiera entender lo que estaba sintiendo. El silencio de la casa, solo roto por mis sollozos, era ensordecedor.

    Me sentía miserable, como una puta barata. No podía creer lo que había hecho. El deseo de ganar ese juego estúpido había nublado mi juicio, llevándome a romper todas las barreras del decoro y la moral. Ahora, la culpa y la vergüenza me consumían. No podía dejar de pensar en la expresión de Carlos, en la intensidad de lo que habíamos compartido. Todo se sentía sucio, roto.

    «¿Qué me pasa?» me pregunté en voz baja, mi voz temblando con el peso de las emociones. «¿Cómo pude caer tan bajo?»

    Me acurruqué en posición fetal, abrazando mis rodillas con fuerza. Las lágrimas no dejaban de brotar, limpiando una parte de la suciedad que sentía dentro de mí. La habitación, que había sido mi refugio, ahora se sentía como una prisión. Cada rincón me recordaba lo que había sucedido en la habitación de Carlos, la intensidad del momento, el dolor y el placer mezclados en una danza retorcida.

    Quería desaparecer, borrar ese momento de mi vida. Pero sabía que no podía. Tendría que vivir con las consecuencias de mis acciones, enfrentando la realidad de lo que había hecho. La batalla había dejado cicatrices, no solo en mi cuerpo, sino en mi alma.

    Carlos me llevaba más y más adentro de su mundo oscuro. Cada día, me empujaba más allá de mis límites, poniendo a prueba mi resistencia y mi voluntad. Disfrutaba humillándome, encontrando placer en mi sumisión y en la sensación de poder absoluto que ejercía sobre mí. Uno de sus juegos consistía en la garganta profunda, obligándome a chupar y tragarme todo, convirtiéndome en su puta.

    Me sometía a pruebas cada vez más degradantes, despojándome de mi dignidad y autoestima. Me obligaba a realizar actos de sumisión en privado, exponiéndome a su control y a la sensación de humillación constante. A pesar del dolor y la humillación, no renunciaba. Sin previo aviso, aparecía, me bajaba las bragas y me follaba. Me obligaba a estar siempre sin ropa interior, solo para su placer, para penetrarme cuando le diera la gana.

    Me aferraba a mi orgullo herido, negándome a darle a Carlos la satisfacción de la rendición. Cada día que pasaba, mi odio hacia él crecía, pero también lo hacía mi determinación de no permitir que me quebrara. La batalla se volvía más intensa con el tiempo, y yo sabía que llegaría un punto en el que tendría que elegir entre mi dignidad y mi cordura.

    Pero por ahora, seguía resistiendo, aferrándome a la esperanza de que algún día encontraría una forma de escapar de las cadenas que Carlos había puesto a mi alrededor.

  • La comodidad de vivir con una adorable familia

    La comodidad de vivir con una adorable familia

    Mi vida en la nueva casa se hizo más agradable luego de conocer todo el lugar y darnos cuenta que tenía el río y una gran variedad de frutas, realmente comencé a amar ese lugar porque estaba en contacto con la naturaleza.

    Hacía mucho tiempo que no estaba desnuda en casa y tenía muchos deseos de hacerlo, un fin de semana me lleve trabajo para hacer en casa, el sábado me levante algo tarde y luego de desayunar me fui al cuarto y me desnude y en la alfombra acomode los papeles y comencé a trabajar, como a las dos horas entro mi hermano al cuarto y no me dio tiempo a taparme nada, yo estaba boca abajo y vio completamente mis nalgas, las tengo grandes y bien blancas y eso le llamo la atención, le dije que me estaba muriendo de la vergüenza de que me viera desnuda y más las nalgas, yo no quería que nadie supiera como las tengo.

    Me dijo que debía estar muy orgullosa de tener unas nalgas tan lindas y que ya quisieran muchas mujeres tener un culo así, sus palabras me hicieron llorar y le pedí perdón, le dije que podía quedarse, pero solo por esta vez.

    Yo seguí con mi trabajo y él se había sentado en la cama, estaba a un costado de mí, me estaba dando deseos de orinar, pero no sabía cómo decirle y esperaba que el saliera para yo pararme y vestirme, seguí con mi trabajo y cuando ya no aguantaba más me paré y le dije que cerrara los ojos, él lo hizo y yo fui al baño, cuando regresé me acosté de nuevo donde mismo estaba, cuando el abrió los ojos me vio en la misma posición.

    Mientras yo estaba trabajando el miraba atentamente mis nalgas, yo no me había dado cuenta y le dije que haces mirando mi culo y respondió que tenía restos de papel higiénico entre las nalgas.

    Me dijo que si no me molestaba el me los quitaría, yo le dije que eso no se podía, intenté quitarme lo que había, pero solo pude quitar uno, él me estaba mirando y dijo que había más, le dije que me daba mucha vergüenza que me quitara eso, me quedé en silencio por unos minutos y le dije que está bien que me podía quitar todo el resto del papel higiénico que me quedaba.

    Me arrodillé y le dije que sentía demasiada vergüenza con él por lo que iba a hacer, me abrí con mucha delicadeza las nalgas y le dije que podía quitar todo, él estaba mirando mi ano y yo no me había dado cuenta, con cuidado fue quitándolos hasta que quitó uno que estaba justo en el ano, yo gemí cuando rozó mi ano y le dije que haces tocando eso y me enseñó lo que tenía allí, le dije que estaba tocando lo más delicado que una mujer tiene porque por ahí se puede hacer el amor y da mucho placer.

    Me preguntó si yo lo hacía y le dije que no, pero si fuera a hacer el amor solo lo haría por ahí, dijo que tenía el ano muy bonito y que lo más tierno del mundo seria hacerle el amor a algo tan lindo.

    El domingo dormí hasta tarde como de costumbre, me levante y me bañe y me puse una bata nada más, fui a desayunar y mi mamá me dijo que hacía así y le dije que estaba más cómoda así y quería pasar el día con la bata.

    Me fui a mi cuarto y continúe con el trabajo que tenía que hacer, a la hora del almuerzo mi hermano fue a llamarme y entró al cuarto, me dijo por favor no te tapes el cuerpo hermana que te ves muy linda desnuda, yo le dije que estaba muy mal que me viera desnuda, el me respondió que mi cuerpo es muy hermoso y debía estar orgullosa de todo mi cuerpo, me preguntó si quería hacer el amor por el culo, le dije que sí pero que no tenía con quien hacerlo, dijo que lo podía hacer con él solo una vez porque se había dado cuenta que hacía mucho tiempo yo no hacía nada y le dije que hacía dos años.

    Le dije que se desnudara y mientras lo hacía yo busqué crema y le dije toma pon eso en mi ano con mucha delicadeza, me puse en 4 y me abrí las nalgas, él me pone la crema y dice que cubrió con mucha crema todo el ano, puso su pene encima de la crema y empujó muy despacio, gemí cuando entro la cabeza, siguió empujando y cuando entro completa le dije que no se moviera para acostumbrarme a tenerla en mi ano, realmente se sentía muy bien y me había entrado muy bien, empezó a moverse y eso me comenzó a gustar.

    Nuestra madre entró al cuarto y dijo que hacíamos, que vergüenza sentí, nos separamos y le dije que yo hacía más de dos años que no hacia el amor y no tenía con quien hacerlo y le dije que por esta vez lo quería hacer aunque fuera por el culo, mi mamá me preguntó si ya él se había venido y le dije que aún no me había echado el semen, ella nos dijo que eso no se debe hacer entre hermanos y que no se podía repetir, le dijo a mi hermano que tuviera mucho cuidado de no hacerme daño en el ano y que me hiciera venir hasta que me echara el semen.

    No me lo podía creer pero ella no dijo nada más y nos dijo que nos dejaba solos para que termináramos de hacer el amor hasta el final y que nos apuráramos porque el almuerzo se enfría, nos pusimos de nuevo y se movió rápido y luego lento y eso lo hizo venir, yo aún no me había venido y le dije que siguiera moviéndose, él lo hizo y estaba muy excitado porque no le bajó la erección, al cabo de unos minutos me vine y el también, él se vistió y yo me puse la bata y fuimos a almorzar, cuando llegamos a la cocina mi mamá dijo que cual había sido la demora y le dije que lo hicimos dos veces porque yo no me venía, me preguntó si me había gustado y le dije que sí.

    Almorzamos tranquilamente y cuando me paré de la silla tenía manchada la bata en las nalgas. Rápidamente corrí al baño y lavé la bata y me bañe, cuando salí me acosté desnuda en mi cama y me quede dormida.

    Durante toda la semana cada uno hizo lo que hacía normalmente, el viernes por la tarde regresé temprano y me fui a ayudar a mi mamá en algunas tareas de la casa, luego de terminar ella me dice que si sentía algún deseo de hacer el amor y le dije que realmente tenía muchos, me dijo que podía buscar a mi hermano y hacerlo con él, pero solo una vez, yo no sabía que decir, me fui al cuarto de mi hermano y el hacía unas tareas, le dije que nuestra madre nos daba permiso para hacer el amor y que iría al cuarto a desnudarme mientras el terminaba sus tareas, cuando llegó a mi cuarto le pedí perdón por decirle que me daba vergüenza que me viera desnuda, él me dijo que no pasa nada y me acarició el pezón de la teta en señal de ternura, le dije que siempre haría el amor desnuda con él y que lo quería hacer muchas veces.

    Él se sentó en la cama y me dijo que si no me había dolido el ano cuando lo hicimos la otra vez y yo le dije que sí pero que enseguida se me quitó, me tomó de la mano y me sentó en la cama y se arrodilló delante de mí y llorando me dijo que no soportaría hacerme ningún daño en el ano porque sentía mucha ternura por mí, yo al escuchar eso comencé a llorar y le abracé y le dije que haríamos el amor por la vagina para hacerme más feliz.

    Me acosté en la cama y le dije que se acomodara encima de mí y abrí las piernas, el buscó mi vagina y entró muy despacio el pene, le dije que debía chuparme cada teta, yo no tenía mucha teta que ofrecerle porque eran muy chiquitas y me dijo que para hacer el amor eran las tetas perfectas, lo abracé y me vine casi de inmediato, el al sentir eso lo hizo más rápido y me hizo venir una segunda vez, pero esta vez junto con él, se vino en mi ombligo y eso me gustó mucho, le dije que cuando lo hiciéramos por el culo si podía venirse dentro de mí, nos separamos y nos fuimos a bañar.

    Me sentía muy feliz y a la hora de la cena nuestra madre nos preguntó que habíamos hecho, le dije que habíamos hecho el amor dos veces porque estaba muy excitada y hacía mucho tiempo que no me sentía así.

  • Pareja amiga

    Pareja amiga

    Una pareja se contactó conmigo, pero solo la dama era la que escribía.

    Charlábamos esporádicamente de cosas de la vida, sin tocar nunca algún tema sexual.

    Pero de repente algo cambió, ella me encaró diciendo que quería que fuera su sumiso. Era mas que obvio que hablaba por ella y su pareja, pero no lo aclaraba, eso me confundía y lo pregunté. Luego veremos me contestó, por lo pronto quiero que seas mi sumiso. La dama era por demás atractiva, y la incógnita de su pareja dando vueltas me hacía un ruido lindo en la cabeza.

    La charla tomó otro tinte y en breve estábamos hablando de límites, gustos y exigencias.

    Acordado todo eso, me entregué a las órdenes de la dama. Poco tardó en tomar la batuta y llenarme de exigencias.

    Para ella era algo nuevo, se notaba, al igual que sus ganas. Esas ganas me seducían, y poco a poco iba cayendo en su red.

    El juego iba a ser durante nuestro horario laboral, hasta que decidirá que fuera tiempo de vernos, pero primero dijo debía prepararme.

    Para ello me dio una lista de cosas a comprar/tener, jaula peneana, plug anal y dildo.

    Jaula ya tenía, pidió una foto con ella puesta y la aprobó. Plug solicitó uno en particular, como una joya anal, pero de tres bolas, y dildo me dijo directamente cual comprar.

    La ansiedad me mataba, me gusta salir de “shopping”, tiene esa cosa de vergüenza y humillación que lo hacen letal.

    Me muñí de todo lo solicitado, y le mandé las fotos, esperando sus órdenes, las cuales no tardaron en llegar. Tan simples como rotundas, todos los días a la mañana debía enviarle una foto con mi jaula y plug puestos, arrancar con una hora, y sumar una mas cada día hasta llevarlos puestos todo mi horario laboral.

    Al iniciar el día, me puse la maldita jaula, tan odiosa como efectiva. Odio ese aparato desde lo mas profundo de mi ser. Todo cambia cuando uno la lleva puesta. Mi pene ya no me pertenece, no puedo tocarlo, acomodarlo. Ya no puedo ni tomarlo para orinar, ahora debo hacerlo sentado como una dama. Pequeños hábitos que calan profundo en mi cabeza. Pero también se que ese aparato del demonio, saca lo mas sumiso que hay en mi ser.

    Ahora llega el turno del plug, hace rato que no utilizo ninguno y se de antemano que va a ser intenso, me acomodo, lubrico, pasa la primera bola, segunda y la tercera, ya está en mi interior no sin antes sacarme un vergonzoso gemido. Se siente frio, duro, profundo, intenso.

    Saco las fotos de rigor, se las envío a la dama y me pongo a trabajar.

    Sentarse con todo eso puesto no resulta sencillo, el plug es largo entra profundo y se hace sentir mas de la cuenta. La maldita jaula es incómoda y nada puedo hacer para cambiar eso, debo acostumbrarme a mi nueva realidad y aceptarla, cuanto antes lo haga mas sencillo va a ser.

    Fueron pasando los días y las horas de uso se alargaban, era Jueves, un problema me impidió comenzar con mi rutina de todos los días y recién al mediodía pude ponerme mis cosas y enviar la foto, sabía que eso iba a tener sus consecuencias.

    La dama sin titubear impuso su sentencia, a partir de ahora debía dejar de lado mi calzoncillo y comenzar a utilizar bombacha. Eso terminaba de hundir mi hombría.

    Otra vez de shopping, otra vez la vergüenza y la humillación, ella reía cuando le contaba de mi incursión en una conocida galería de Belgrano, sobre todo cuando consultaron sobre el talle.

    Mas tareas se fueron agregando, ahora debía comenzar a utilizar el dildo, la orden fue clara, pegas la sopapa sobre la tabla del inodoro y te cojes un minuto, 3 veces, todos los días. Así lo hice, poco a poco mi culo se fue acostumbrando al dildo, ya no molestaba, se sentía lindo y comenzaba a disfrutarlo.

    Me ordenó bajar una app, donde ella anotaba mis órdenes y sumaba castigos cuando no las cumplía. Poco a poco la hoja de castigos se fue muñendo de contenido.

    Mis libertades eran limitadas, podía coger todo lo que deseara, pero para acabar decía pedir permiso con anterioridad, a veces me autorizaba, otras no.

    Era complicado y desesperante tener relaciones, sabiendo que no iba a poder culminar como deseaba, pero a la vez me calentaba mucho la idea de obedecerla.

    Pasaron 3 semanas, ya estaba habituado a usar todo lo que me solicito, y según ella había llegado el momento de conocerla.

    Coordinamos y nos encontramos, yo debía llevar todo puesto y así lo hice.

    Tomamos algo tranquilos, charlamos sobre como venía la cosa, sobre sus deseos, los míos, mis límites. Dejó en claro, que cuando lo decidiera, debía interactuar con su pareja, no tenía otra opción que aceptarlo.

    En un momento dijo basta de charla, desnúdate, así lo hice y quedé en bombacha delante de la dama. Era lo suficientemente humillante como para odiarla, pero también gracioso y divertido. Su sonrisa lo matizaba todo.

    Me examinó por todos lados, pidió que retirara la bombacha, y se puso a jugar con mi jaula y su contenido, estaba maravillada, reía muy lindo y eso me impedía odiarla como debía.

    De su bolso sacó un verdadero arsenal de cosas, me puso tobilleras, muñequeras y me ató firme a una mesa. Tomó su celular puso música fuerte, y comenzó a leerme desde la App mis faltas.

    No nos vemos seguido dijo y es importante para mí que cumplas en el juego virtual, sino me frustro, asique ahora vas aprender que las ordenes se cumplen.

    Sin mas sus manos comenzaron a fustigar mis nalgas, fue subiendo la intensidad hasta que me sacó el primer grito. Estaba avergonzado por haberle fallado, pero también comenzaba a sentir el picor de su castigo.

    Tomó un floguer y disfrutó de todo mi cuerpo, comenzó suave con mi espalda, subió intensidad, lo estalló contra mis nalgas, bajó suave por mis piernas y repitió. No sentía dolor, me gustaba, picaba un poco, pero era lindo.

    Cuando terminó la sentía en la piel, todo picaba, todo tiraba. Me soltó, se fue a la cama abrió sus piernas y se recostó, no hizo falta decir más. Fui sobre ella, intenté besar sus pechos, pero me tomó del pelo y me mandó directo a su entrepierna, estaba empapada. Ella me enseñó a darle placer, me guio, lugar, ritmo, intensidad. Luego de media hora tenía la mandíbula a la miseria y había perdido la cuenta de la cantidad de veces que la dama había acabado. Cuando dictaminó que fue suficiente, volvimos a la mesa, esta vez sin ataduras. Tomó una palmeta, y se desquitó lindo contra mis nalgas, no fue duro, pero se sintió bastante.

    Cuando pude tocar mis nalgas las tenía prendida fuego, ardía, dolía. La dama se puso su strap, tomó mi dildo y se posicionó para tomarme.

    Me lubricó y penetró con delicadeza, fue suave, se sintió lindo. Me tomó del pelo tiró mi cabeza para atrás y al oído me dijo, ahora vamos a ver si cumpliste con tu tarea, porque te voy a pegar una linda cogida y así lo hizo. Me penetró profundo, me hizo gemir y gritar, sus caderas chocaban contra mis doloridas nalgas, ella gemía le gustaba.

    Mis manos se aferraban como podían a la mesa, ella intercalaba suavidad con intensidad. Sentía algo vibrar pero lejos evidentemente era en ella. Me tomó de los hombros, me penetró profundo, con fuerza y explotó, termino rendida sobre mi espalda, podía sentir sus hermosos pechos sobre mí.

    Se retiró, fuimos a la cama, volví a saborear su entrepierna, hasta que la dama se dio por satisfecha.

    No hubo tiempo para más, una breve ducha y nos retiramos.