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  • Desvirgando a mi hija

    Desvirgando a mi hija

    Soy padre soltero, siempre he sido la confidente de mi hija, pero al crecer se le hizo más difícil contarme sus cosas.

    Mi hija Camila tiene 19 años, es una chica de 1.62 m, delgada, con cabello largo y ondulado de color negro azabache, piel trigueña y con lentes ovalados. Con un carácter muy alegre y jovial. Usando mucho el sarcasmo, con una voz muy tierna. Su hobbie favorito es patinar, por lo que tiene movimientos gráciles, con piernas torneadas y firmes.

    No me había en ella como mujer hasta hace poco cuando la vi en una falda, en un trabajo como animadora infantil. Pude ver sus curvas perfectas y sus piernas fuertes.

    Un día llegué a casa y la encontré llorando. Me dio mucha pena y fui a hablar con ella.

    – Papá, no pasa nada.

    – ¿Cómo que nada? Si estás hecha un mar de lágrimas.

    – Es algo muy personal. Es sobre mi novio.

    Me sorprendí porque no sabía que mi pequeña tuviera un novio, ni menos que le había hecho daño.

    Le traje helado como cuando era muy pequeña y se puso a llorar en mi hombro a moco tendido sin decir palabra hasta quedarse dormida. La cargué y la llevé a su cama. Como cuando era pequeña. Me dio pena, pero ya me contaría cuando pueda.

    Más tarde, por la noche, bajó al comedor.

    – Hola papá, ¿Cómo llegué a mi cuarto?

    – Yo te cargué.

    Se sonrojó y me sonrió tímidamente.

    – Ahora siéntate y come algo que te has deshidratado llorando. —le dije.

    – Gracias, papi.

    – Cuando estés de humor me cuentas. No hay nada que ocultar.

    Comimos y vimos algo de televisión. Luego cada uno se fue a su cuarto.

    A la hora Camila tocó la puerta.

    – Papi, ¿puedo pasar?

    – Sí, Cami. —Yo me encontraba leyendo unas noticias en mi Tablet.

    Ya más tranquila, se sentó a los pies de la cama y comenzó a contarme:

    – Papi, no te vayas a molestar. —dijo ella totalmente sonrojada.

    – Cuéntame con confianza, hijita. —suspiré mentalmente sin tratar de darle importancia.

    – Lo que pasa es que mi novio me pidió la prueba del amor. Pero yo nunca lo he hecho y sé que duele. Por eso me da miedo.

    – Tu novio no debe forzarte, Cami. Hacer el amor debes hacerlo cuando estés en confianza contigo misma.

    – Creí que estaba lista. Pero cuando él quiso penetrarme me dolió y lo aparté. Me vestí rápidamente y me fui. Ahora no quiero que me toque.

    – Mira Cami, tu novio tiene que entender que tiene que ser tierno y estimularte de diversas maneras para queee… este… la penetración sea lo más fácil posible.

    – ¿Cómo así, papi? —dijo mi Cami con los ojos totalmente abiertos y el rostro enrojecido.

    – Él debe estimularte, besándote y acariándote. Tienes que estar lubricada para la penetración. —dije con algo de fastidio y vergüenza. Es un tema difícil de tocar con tu hija.

    – ¿Podrías enseñarme, papi?

    – ¡Ehhh! (tomando saliva)… Debes buscar tus lugares donde te dan mayor placer. ¿Alguna vez te has masturbado?

    – ¡Nooo! -dijo Camila

    – ¡Bueno! A tu madre le gustaba que le besara el cuello y bajara a su pecho.

    – Papito, ¿podrías mostrarme? Por favor —dijo con voz melosa y suplicante.

    Empecé besando tímidamente sus orejas bajando por sus mejillas hacia su cuello. Su respiración se hizo más intensa. Por lo que me animé a seguir, con una erección que se hacía cada más evidente. Mi mano se deslizó por su pecho, se metió a su brasier y empezó a masajear sus tetas. Sus pezones se pusieron erectos y su respiración se hizo más intensa.

    – ¡Ahhh! Papito. ¡Para ya, por fa’!

    Ella cayó rendida boca abajo en la cama. Yo también me puse caliente. Vi su culazo. Bajé su pantalón de pijama, la cogí de las nalgas abriéndolas ligeramente y empecé a lamerle la concha.

    Mi hija bufaba y gemía, mordiendo la almohada, con los ojos en blanco.

    – ¡Ohhh! ¡Papi! Para, por favor, siento que algo me sale.

    Continué chupando, salían más de sus jugos y el olor de su sexo se hizo más embriagante. Su sabor una mezcla de salado-amargo me hizo continuar. Sus gemidos se hicieron más fuertes y rápidos.

    – ¡Papito, lindo! ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Dame más!

    Hasta que se corrió en un abundante charco.

    – ¡Lo siento! Creo que me oriné del gusto.

    – ¡No, mi princesa! Te corriste. Las mujeres también se corren como los hombres.

    Ella mirando mi pene y mi erección. Con una mirada amorosa me bajó el pantalón y se puso a acariciarme el bulto. Luego se agachó y empezó a hacerme una paja lenta mirando mi pene como hipnotizada.

    – ¡Qué rico huele, papito!

    Dándole un besito se lo metió a la boca besando la punta de mi pene.

    – ¡Me corro, princesa! ¡Detente!

    Se detuvo de besar, pero no de pajearme con su mano. Mi semen cayó en su mano y ella lo olió para luego probarlo.

    Luego se echó en la cama boca arriba abriendo las piernas. Yo puse mi cabeza entre sus piernas viendo su coño cerrado con pelos abundantes. Me lo empecé a comer nuevamente. Luego, cambiando de posición. Puse mi pene a la altura de su cara sobándolo mientras continuaba con la comida de coño. Ella sacó mi verga y empezó a lamerla tiernamente. Luego de 20 minutos de placer nos corrimos en la cara de cada uno.

    – ¿Papi, me puedo a quedar a dormir contigo?

    – Sí, mi amor.

    – Gracias, papito.

    Ella primero se acomodó en mi pecho, pero luego fue bajando más hasta apoyar su cabeza en mi pelvis.

    Al despertar vio mi verga con curiosidad. La sobó hasta que se fue parando.

    Luego la guie hasta la cabecera de la cama. Con mi cabeza apoyada en la almohada hice bajar su pelvis lentamente para saborear con mi lengua todas las partes de su vagina mientras con mi dedo recorría su clítoris. Ella gemía fuerte y se retorcía.

    – ¡Ya, papito! Toma mi virginidad.

    Se soltó de mí y empezó a empalarse lentamente en mi verga. Unas gotitas de sangre se deslizaron hacia las sábanas.

    Su cuerpo subía y bajaba al compás de sus gemidos. Yo intentaba de mover mi pelvis haciendo círculos para que sienta mi pene de lleno, mientras con mi mano le sobaba alternadamente las tetas y sus nalgas.

    Luego cambiando en la posición del misionero se la clavé lentamente tomando sus tobillos con mis manos para hacerlo cada vez más rápido hasta correrme y terminar en su vientre.

    – ¡Hay papito! Me has hecho muy feliz. He soñado con esto desde hace cinco años. Mi cuerpo y alma te pertenecen por siempre.

    Desde ese día dormimos juntos. Ella apoyada en mi pecho. Pero como una pequeña traviesa mueve sus manos a mi verga para luego ponerla en la posición del 69.

    A mi hija, al igual que a su difunta madre, su vagina se inflama y le duele las penetraciones que solo las podemos hacer una vez por semana. Por lo que siempre optamos por el sexo oral el resto de días.

  • Más que una mamada

    Más que una mamada

    Estaba solo otra vez, era sábado, y estaba re caliente. Instalé la app, y empecé a buscar algún pasivo. A poca distancia se ubicaba una pareja. La verdad solo tenía ganas de clavarme a un pasivo. Ya era medio tarde, así que hablé y le dije que solo quería con el pasivo. Tenía que hacer algo pronto, ya que no tenía mucho tiempo.

    Como ellos buscaban si o si trío desestimé el encuentro. Nada de nada, así que me dije a “embarazar a la mano y a dormir” ya era la 1.00 am… De repente me llega un mensaje, era de la parejita, y me pregunta por dónde andaba y si tenía lugar. Contesté que sí, literal a 2 cuadras era la ubicación (eso me asustaba un poco). Resumen: me dice que acepta venir, pero que sólo me haría una mamada (un pete, diríamos en Argentina). Que sin el novio no habría sexo, peor una mamada está bien. Yo acepté, al menos era algo. Me dijo que en 10 minutos pasaba.

    Cuando vino era un centímetro más alto que yo, más delgado, creo su nombre es Matías (no lo recuerdo, pero creo que ese es).

    Fuimos directo a la cama, me saqué el short, quedé en slip, él empieza a tocarme por encima, pasaba la cara, yo ya sentía desprender gotitas de leche, mi verga quería salir estaba re dura. Matías jugaba por arriba con su lengua, entonces yo empecé a jugar con mi mano, le empecé a tocar la cola, primero por arriba del short, se lo fui bajando y tenía puesto un slip ajustado, cola normal, pero apetecible.

    Escuché que gemía ya para esto tenía mi verga en su boca, muy obediente hacía lo que le ordenaba “pásame la lengua por la cabecita… Chupame los huevos… etc.”, en un momento le bajo el slip y le paso dedo ensalivado por la cola, no opuso resistencia. Le propuse 69, el arriba mío, aceptó. Me chupaba la pija y yo la cola, ahí fui un paso más y le metí un dedo, siempre acompañado con mi lengua, él gemía, siempre con mi pija dentro de la boca.

    Para ese entonces quería sacarme la leche con su cola, le pedí que se acueste boca abajo, tenía que laburarlo un poco. Empecé chupándole la cola, mordiéndosela… Le pase la lengua por la espalda, un poco de dientes para no marcarlo, le besaba el cuello, y en un momento mientras estaba arriba suyo, pasándole la poja por la cola, va con todo mi cuerpo sobre el suyo, subo y le digo al oído” ¿Me dejás entrar?” Hasta ese momento el solo se dedicó a gemir y disfrutar la chupada de cola que le di. Entre gemidos “Si, pero tiene que ser rápido” Ambos sabíamos del pacto, pacto que íbamos a romper, y su pareja no sospechaba. Salí de él, le pedí me volviera a chupar la pija, mientras estiré a mano para buscar preservativo y gel.

    Le dije que vuelva a poner boca abajo, y puse mi punta con gel en su cola, tengo la verga gruesa 17x 6, me dijo que sea despacio, yo ya sabía eso, así hice. Despacio fui vi como él abría la boca entre dolor y placer, mientras yo le seguía besando el cuello, hasta que sentí como mis huevos llegaron al límite no paré, me quedé quieto para que se acostumbre. Se me empezó a mover solito, lo dejé, cuando vi que ya le tomó onda, lo tomé del cuello y lo empecé a culear fuerte ya estaba tan dilatado que solo sentía placer a juzgar por sus gemidos.

    Lo puse en 4 y así lo tomé, le pegaba en la cola, él estaba entregado totalmente. De costado, patita al hombro, me lo cogí como quise, y nos olvidamos hasta del tiempo, a los 15 minutos le dije que ya tenía la leche en la punta, me dice cógeme más, eso me hizo calentar así que lo serruché un poco más en 4. Le dije no aguanto más, le pregunté “¿a dónde querés la leche? Donde quieras vos (siempre tan sumiso, me encanta). En la boca!

    Me saqué el forro, empezó a chuparme la pija diciéndome que le gustó la cogida y que quería repetir. Le agarré la cabeza y se la empujé para que se coma mi verga, estuvo chupando hasta que le avisé que se prepare. Y le escupí toda la leche, leche que tomó, Le dije que me deje la verga limpia como cuando vino, obedeció, me saco hasta la última gota, luego con la lengua se llevó los restos de leche de toda la pija.

    Fue al baño a limpiarse, mientras me vestía, le dije que se podía bañar. No quiso. Nos despedimos.

    Al rato que se fue, caí lo cerca que estábamos.

    Lo bloqueé, una pena pero no me iba arriesgar, luego desinstalé la app y a dormir.

    Solo me lo crucé una vez tiempo después en el supermercado, estaba con su pareja. No me vio él.

  • Un baño con final feliz

    Un baño con final feliz

    Hace un par de semanas estaba en un baño de un restaurante, fui a orinar y cada vez que entro a los baños públicos me gustaría que alguien me garche.

    Fue mi día de suerte, cuando volteé y me fui a lavar mis manos, miro al espejo y veo que detrás mío había un hombre alto de 1.80 canoso un poco corpulento, con el cierre bajo y la pija afuera.

    Me puse nervioso y salí rápido, al salir me quedé unos segundos en la puerta pensando, coger en el baño público es una de tus fantasías pendientes, hoy es el día, encima es un maduro, vida hay una sola, goza.

    Después de pensar eso me metí el señor seguía en el mismo lugar tocándose.

    Sin decir palabras, me acerque a él y mirándolo fijamente a los ojos me agache, saque mi lengua y se la pase por el glande, suavemente, y me la metí toda adentro, era gruesa, de unos 16 cm de largo se la chupe unos 10 minutos estaba roja mal en cualquier momento se venía.

    En un momento me toca la cabeza me hace levantar, sin decir una palabra me da vuelta y ahí me di cuenta me quería hacer el orto. Me baje el pantalón, apoye mis manos contra la pared y trate de sacar para afuera la cola. Me pegó un chirlo, me metió sus dedos en la boca, se los chupe como un bebé a su chupete y los metió en mi cola, metió uno luego el segundo y cuando creí que iba a meterme el tercero, me metió su verga gruesa, pegue un grito de dolor que terminó en un gemido de puta.

    Me bombeaba muy bien, quería estar así todo el día, me hacía sonar la cola con cada metida.

    Me tenía agarrado del pelo eso me calienta mucho más sacaba la cola, quería decirle que me cogiera más duro, pero me tenía tapada la boca con sus manos enormes.

    Yo rogaba que no acabará aún, no quiera estar sin esa pija hermosa.

    En un momento entra alguien al baño, freno sus movimientos, y quedamos en silencio esperando que se fuera esa persona.

    Yo lo provocaba y me movía para que siga cogiéndome, la persona se fue.

    Y nuevamente comenzó a darme duro, fueron unos 5 minutos más aproximadamente y se vino adentro mío.

    Baje y le limpie la pija se levantó se subió los pantalones y se fue sin decir una palabra.

    La semana que viene voy a volver a la misma hora para ver si tengo la misma suerte.

    Gracias por leer mi relato. Saludos desde Argentina.

  • Aventuras con mi concuña

    Aventuras con mi concuña

    Les voy a contar la historia de mi concuña conmigo. Todo comenzó hace algunos años cuando vivíamos mi esposa y yo en su departamento al lado del de mi cuñado y mi concuña que a partir de ahora se llamará Ale. Ellos se peleaban muy frecuentemente y se oía hasta nuestra recamara y eso me molestaba. Ale mide como 1.6 es gordibuena mas buena que gordi jaja, tez apiñonada, ojos café y una boca muy amplia. Así que un día me propuse a platicar con ella cuando no hubiera nadie que nos molestara, pasaron días o tal vez semanas pero yo buscaba el momento ideal para poder platicar con ella.

    Un día se dio la ocasión y toqué a su puerta, muy nervioso; ese día llevaba una minifalda café y una blusa blanca con anaranjado pegada a su cuerpo que dejaba ver sus grandes tetas apretadas. Platicamos un buen rato y comencé a llevar la plática por la parte sexual y vi como se sonrojaba y se movía mas y más en su silla. Yo traía una erección bastante notable, pero no me paré de la silla, ella se levantó a servir mas agua y yo disfrutaba de su delicioso cuerpo, me la imaginaba haciéndole de todo.

    Continuamos platicando y no cambió de tema así que le dije que me gustaría un día invitarle un masaje porque sabía que estaba estresada y me dijo que sí, algún día, eso fue suficiente para mi, le mandaba mensajes deseándole buen día, la saludaba, etc. Hasta que un día le mandé mensaje y me dijo que ese día se sentía muy estresada que aceptaba que le invitara el masaje.

    La recogí en donde me dijo y platicando en el auto me dijo que a que lugar la llevaría, por lógica no era a un lugar de masajes profesionales, yo se lo iba a dar pero le dije que era sorpresa. Mientras conducía le tocaba la pierna y no me quitaba la mano, cuando vio que estábamos en la entrada de un motel me dijo que qué estaba haciendo y contesté que le iba a pagar su masaje, ese día llevaba puesto un pantalón negro de mezclilla y una blusa negra, ambas entalladas.

    Me decía que no íbamos a hacer nada, que solo era el masaje, que mejor nos fuéramos, pero nunca fue un no rotundo, le abrí la puerta del auto ya en la habitación y subió conmigo al cuarto sin oponer resistencia.

    Arriba se sentó en la orilla de la cama y repitió que qué estaba haciendo así que le di un beso en la boca y me dijo «nos vamos a condenar», que así sea si lo vamos a disfrutar así que la volví a besar y ahora sí fui correspondido, la recosté y le quité su blusa, traía un bra azul y por fin pude observar esas inmensas tetas que tiene, le quité sus botines y después su pantalón y traía una tanga que modelaba sus nalgas inmensas y estaba ya húmeda de la excitación y me dijo una frase que será muy común en nuestros encuentros «que tramposo yo ya estoy desnuda y tú todavía con ropa» así que me la quitó y la volví a besar, besa delicioso con su lengua; le quité el brasier y su tanga y por fin pude admirarla completamente, aquí entre nos aun no entiendo como el imbécil de mi cuñado no estaba con ella bien.

    Me agaché a hacerle sexo oral y e mojó delicioso y sabía espectacular!! Así que me levanté y se lo metí y me pasó como en mi juventud a las pocas veces de penetrarla ya iba a llegar pero no quería que se diera cuenta así que me salí y volví a hacerle sexo oral y masturbarla con mis dedos en lo que me recuperaba, llegó un par de ocasiones sino mal recuerdo. Una vez recuperado me acosté y le dije que me montara y se subió a mi y se comenzó a mover como toda una profesional, sentía sus jugos sobre mi, sus caderas adelante y atrás, subiendo y bajando y yo penetrándola hasta el fondo, así que volvió a tener 3 orgasmos, le veía su rostro sudando de placer y unos ojos y sonrisa que sabía que esto se repetiría muchas ocasiones, cambiamos de posición y la puse de perrito y comencé a penetrarla desde atrás hasta que no pude resistir más y me salí para llegar en su espalda.

    Me dijo que estuvo a punto de tener otro orgasmo pero yo ya no pude aguantar, nos cambiamos y volvió a decir que nos condenaríamos pero ahora con una sonrisa y de camino a dejarla en su casa estuvimos platicando muy bien sin hacer planes a futuro de vernos pero yo sabía que así sería y seguramente ella también.

  • Mi hija mi amante (3)

    Mi hija mi amante (3)

    Yo al leer la conversación entre mi hija y mi sobrina quede frío de los nervios, ya que no solo éramos mi hija y yo los que sabíamos de nuestro secreto, sino que ya estaba metida también mi sobrina.

    Les voy a resumir la conversación:

    (Mafe): Hola Cami cómo estás

    (Cami): Hola, bien acá en casa con mucho calor (la ciudad donde vivimos es de clima caliente) mi papá está muy cansón se la pasa gritando a todos estoy aburrida

    (Mafe): Y porque si mi tío es muy chévere no parece que fuera así de cansón.

    (Cami): Como quisiera que mi papá fuera como el tuyo chévere que te ama eres su universo total se ve el amor que te tiene.

    (Mafe): Cami te puedo contar un secreto y dependiendo como lo pienses te sigo contando

    (Cami): Que pasó cuéntame dime rápido

    (Mafe): Lo que pasa es que ya no soy virgen tuve mi primera relación sexual y si supieras con quién no lo creerías.

    (Cami): Quien. Dime creo que fue con el chico de la U?

    (Mafe): No. Ya no me gustan los niños para mí los mayores son una delicia además te enseñan mucho y saben cómo tratarte. Me juras que guardas el secreto?

    (Cami): Siii, pero dime quién y en dónde como fue. Te lo juro que te guardo el secreto.

    (Mafe): Es la persona más linda el hombre al que más amo y de ahora en adelante será mi único hombre jajaja

    (Cami): Pues yo que sepa el hombre que más te ama es el tío, No me digas que fue con tu papá?

    (Mafe): Si es mi papá, y fue super fue la mejor experiencia que haya tenido en mi vida y ahora ya no somos hija y padre sino novios siempre que tenemos tiempo tenemos el mejor sexo ya no tengo ojos para ningún hombre si no únicamente para mi padre.

    Mafeee, eso es pecado no se debe y mi tía que eres muy loca, que pasaría si alguien de la familia se llegará a enterar.

    Por eso Cami solo ti lo sabes, pero si quieres puedes ir conmigo al apto de mi papá y pues la pasamos rico los 3 que opinas.

    Nooo Mafe hasta allá si no, además Javier es mi tío y nooo de pensarlo me da miedo.

    Y porque lo piensas eres una mujer mi papá es un hombre que pasaría, sería solo sexo además tú me dijiste que querías experimentar con un hombre mayor, bueno mi papá no es tan viejo pero si es mayor que nosotras.

    Pero si acepto como le digo al tío que voy para allá?

    Nooo boba vamos las dos yo hablo con mi papá.

    Este fue el chat de mi hija y mi sobrina, yo al leer esto quede muy nervioso ya que existía una tercera persona que sabía lo de mi hija y yo, inmediatamente la llamé a su celular temblando, ella solo me contestó hola mi vida si leíste lo que te envié? Tu sobrina ya está lista tú dirás cuando quieres que ella valla.

    Le dije, amor estás muy loca como se te ocurre y si llega a abrir la boca? Ella me responde, nooo pa tranquis ella no va a decir nada porque también quieres que le enseñes todo lo que me hacías a mi ya que con su novio solo es ella abajo y arriba y ya, yo le conté todo lo que me hacías y tooodo lo que hacíamos.

    Entonces le dije, ven el viernes en la noche pero no sé si Cami se pueda quedar el fin de semana.

    Mi hija solo me respondió, ok papi déjame eso a mí. Te amo pa quiero que sea ya viernes para comerte todito y que Cami te disfrute igual como yo te amo mucho papi.

    Colgué la llamada y esa noche no pegué el ojo de solo pensar que iba a tener para mi a dos hermosas mujeres y más a mi sobrina que siempre la había visto no con ojos de tío sino de hombre, ella es muy hermosa ojos cafés labios carnosos buena cadera cintura pequeña una cola divina y unas tetas de locura con una piel canela.

    Llegó el viernes. Esa mañana me arreglé y salí hacia mi trabajo que se me hizo eterno esas horas de labor salí hacia mi casa, me bañé y me puse cómodo esperando este par de tremendos culos tan divinos. Se llegaron las 7 pm y golpearon la puerta de una vez sentí que mi corazón se puso a mil por hora me puse muy nervioso.

    Fui y abrí la puerta cuando veo este par de monumentos mi hija se me lanzo me abrazo y me dio un beso en la boca yo la bajé inmediatamente le dije Mafe que te pasa no vez que está tu prima? Ella solo me dice tranquilo pa Cami saluda a mi papi con una sonrisa burlona.

    Cami se viene hacia donde estoy se me arrima y me dice hola tío se veía nerviosa igual que yo se acerca y me da un beso en la boca, yo no lo creía que esto me estuviera pasando a mi, mi hija nos dice parecen que no se conocieran si se ve que los dos se cargan unas ganas, papi luego no era que querías un trío? Pues hoy lo va a tener, se vieron las dos y lanzaron unan sonrisa, yo también sonreí y para cortar ese temor les dije, cerveza? Las 2 dijeron si rico empezamos a hablar pedimos domicilio para cenar cuando ya llevábamos cada uno como 6 cervezas me dicen vamos a la habitación a ponernos algo más cómodo tu esperamos acá.

    Yo me quedé sentado en el sillón como un niño bueno jajaja claro que de niño no tenía nada, me estuve sentado esperando que salieran cuando sale primero mi hija con un top blanco y un hilo negro muy pequeño inmediatamente tuve una erección super intensa con solo ver mi hija quería devorarla, ella se sentó en el sofá cuando dice, listo Cami puedes salir, yo sentía que mi cuerpo quería explotar con ver todo eso frente a mi salió de la habitación con un brasier negro de encaje y un hilo el cual dejaba ver todo de ella.

    Se viene directo hacia mi y se arrodilla y me dice tío hace años que te cargo unas ganas pero me daba miedo decirle hoy voy a cumplir todas mis fantasías y sueños que he tenido contigo y gracias a Mafe también cumplirás tu fantasía de un trío me dice quítate la camiseta, yo sin pensarlo adiós camiseta ella se quitó el brasier dios yo parecía un primíparo al ver esas tetas tan hermosas me bajo el pantalón corto que tenía y ya tenía esa reacción que parecía que mi pene fuera a explotar empezó a meterlo en su boca calientita se sentía mientas Cami me hacía una deliciosa mamada mi hija se me lanzo y empezó a besar muy apasionadamente se desnudó y se paró encima del sillón poniéndome su deliciosa vagina para que pudiese lamerla y saborear sus deliciosos jugos que ya salían por su excitación.

    Cami se para se quita su hilo y queda totalmente desnuda me dice tío quiero que me trates igual de como trataste a Mafe, dejo de lamer ese exquisito chocho de mi hija acuesto a Cami en el sofá y empiezo a deleitarme con su hermosa vagina mientras yo le daba lengua y mi hija y sobrina se besaban Cami se retorcía de placer cuando de repente sale una lluvia de ese hermoso cuerpo, Cami temblaba como si estuviera convulsionando yo quedé impactado de tanta delicia.

    Me dice tío que ricooo nunca había tenido esto nunca había sentido algo tan delicioso quiero tenerte dentro de mi,

    Me senté en el sofá y le dije que se me sentará Cami empezó a sentarse Mafe me cogió la verga y la puso en toda la entrada de su delicioso chocho Cami empezó a bajar muy lentamente, me besa y mi hija solo nos ve y sonríe y dice dale todo a Cami que luego sigo yo. Cami me cabalga y gemía muy delicioso yo solo luchaba para no detramarme de su intenso movimiento me dice tío me vengo me vengo y de nuevo tuvo ese intenso orgasmo yo le sentía en las nubes.

    Sudados los 3 por la excitación y el calor que hacía en ese entonces yo chupaba sus tetas le apretaba ese culo, ella acostada encima mío de cuclillas poniendo sus tetas en mi pecho escurriendo el sudor de nuestros cuerpos. Cuando dice mi hija bueno Cami ahora me toca a mí.

    Cami se baja de encima mío y mi princesa comienza su tarea chupándome la verga la cual estaba por explorar sin aguantar más le dije Mafe me voy a derramar ella solo abrió sus hermosa labios cuando Cami dice deja que lo quiero probar ese semen es mío, apreté duro mi verga y ahhh salió una buena cantidad de leche que cayó en su boca, cabello cara tetas hasta en el piso no podía aguantar más.

    Dice Cami que delicia nunca la había probado tenías razón Mafe desde ahora tú serás solo nuestro de nadie más, Mafe dice si papi solo serás de las 2 únicamente, yo me sentía en otro mundo mientas que mi hija me chupaba la verga de nuevo la cual ya había perdido erección pero al solo sentir la boca de mi hija creció inmediatamente.

    Mafe me dice uhi pa recobro vida jajaja me mamaba la verga como ella lo sabía hacer sin pensarlo en la posición que estaba se me subió se penetra ella misma y empieza a moverse como la putita que se había vuelto me decía dale pa culeate a tu hija siii seguía con esos movimientos de cintura la voltee poniendo en 4 y la penetró su cuerpo rojo de la excitación yo ya no era su padre en ese momento era una bestia que se culeaba su hija sin remordimientos hasta que mi hija dice siii paaa siii y cae poniendo sus tetas grandes en el sofá con sus rodillas en la alfombra, quedo por un momento quieta yo seguía besando a Cami apretando sus tetas y le digo tú dices que quieres que te haga todo lo que hacemos con tu prima? Pues ponte en 4 ella se arrodilló y se puso tal cual como su prima.

    Mi hija voltea sonríe y dice dale pa culeate a Cami tal cual como a mí, empiezo a meter mi lengua en su culo ella solo se agacha y gime y dice dale tío soy toda tuya dame todo de ti empiezo a meter lentamente mi verga dentro de su culo muy lentamente ella me coge un brazo y le digo te estoy lastimando? Nooo tío dale metela cuando ella me dice eso la ensarte de una ella metió un leve gemido se la dejé dentro mientras su culo se acostumbraba Mafe así de rodillas escupe el culo de su prima y me dice dale papi empiezo a meter y sacar lentamente mi verga hasta que sigo ya cada vez más rápido yo al sentir ese culo apretado no aguante más y me derrame dentro de ella.

    Cami al sentir mi leche dentro de ella obtuvo otro rico orgasmo ahí fue donde ella supo que tenía unos super orgasmos que su novio no le había dado Cami no sabía que fuera multi orgásmica y que sus orgasmos fueran así de intensos. Ya después de esto nos quedamos sentados en el piso yo en el centro Mafe a la derecha y cami a la izquierda yo sin aliento me pare fue por 3 cervezas nos las tomamos e iniciamos de nuevo con nuestro trío pero ya mucho más calmados disfrutando del cuerpo de los 3.

    Continuará.

  • Nuestras putitas suecas (1): La fiesta

    Nuestras putitas suecas (1): La fiesta

    Gabriel y yo hemos sido buenos amigos durante toda la preparatoria, compartimos muchos planes e intereses lo que nos llevó a dejar nuestro país de origen para cursar la universidad en Estocolmo. Somos unidos de tiempo atrás y sin duda uno de nuestros principales intereses comunes son las mujeres y para ser más precisos coger con ellas.

    Con el tiempo hemos platicado de nuestros gustos y fantasías con mujeres. Por un tiempo incluso compartimos a una por una temporada, se llamaba Tania y era toda una zorra. Ya contaré de ella otra ocasión, pero viene a cuento porque en buena medida es responsable de que hayamos dejado gustos más tranquilos y tradicionales por cosas más hardcore, no solo porque se dejaba hacer lo que fuera, sino porque lo buscaba, a veces más que nosotros mismos. Pero la historia es otra, Tania quedó en el pasado y en el futuro estaba Estocolmo.

    Durante el viaje platicábamos de lo bien que la pasaríamos entre lindas suecas, seguro daríamos con varias de moral relajada y los cuerpos espectaculares parecían más abundantes que en casa, quizá sea algo común encontrar más apetitoso lo que para uno es exótico. El tema fue avanzando y las fantasías se convirtieron en objetivos y planes. Íbamos a un país nuevo, ajeno por completo y eso era también una pizarra blanca para trazar exactamente de qué manera queríamos pasar esos años y definitivamente el panorama estaba repleto de depravación, uso y abuso de mujeres. No solo queríamos mucho sexo, queríamos llevarlo al límite, queríamos hacernos de un séquito de putas dispuestas a lo que fuera, cuando, donde y como fuera, queríamos que el pasado pareciera insignificante.

    Nos dispusimos a comenzar esta tarea identificando buenas candidatas, apenas estaban empezando las clases y en la Universidad había belleza abundante, pero no era el ambiente propicio para encontrar lo que buscábamos. En nuestros planes no había tiempo de ligar conocer a alguien, ven si le gusta lo que a nosotros, etc. No, se requería un mecanismo más eficiente para pasar el ganado local por un control de calidad que dejará al descubierto los especímenes prime. Y en nuestra experiencia, si quieres encontrar zorras tienes que ponerlas en el ambiente donde se les permite y se les festeja serlo. Así fue que decidimos comenzar a invertir una fuerte cantidad de tiempo y dinero (que no nos falta) en organizar una fiesta épica.

    No se trataba de una reunión, no serviría tampoco una fiestecita con unas decenas de invitados de primer año. No, no, nada de eso, una señora fiesta. Una fiesta con mucho de todo, mucha gente, mucho alcohol, muchas horas, muchos detalles cuidados para cocinar el ambiente adecuado.

    Conseguimos rentar una casona prácticamente abandonada que estaba a las afueras de la ciudad pero no muy lejos de la universidad. Era perfecta para la ocasión. Nos la rentaron los encargados de su vigilancia, que hasta fungieron de seguridad durante la fiesta. Ni siquiera avisaron a los dueños que hacía años que no aparecían por ahí, mejor para ellos y mejor para nosotros. Era muy grande con espacios abiertos pero también muchas habitaciones, muebles viejos que a nadie le importan ya, pero montaban el escenario perfecto para todo tipo de candentes encuentros. Con la iluminación adecuada y un DJ de primer nivel y mucho trabajo de preparación la fiesta en verdad prometía ser todo un éxito.

    Nos las ingeniamos para montar una red inalámbrica, instalar cámaras ocultas en los lugares pertinentes, y nos aseguramos de dejar los espacios preparados para que se sintieran bastante acogedores, con guiños que conectaran con un ambiente salvaje y sin límites.

    En varios de los cuartos se pusieron pantallas y en toda la casa se escuchaba la música perfectamente, en algunos lados más fuerte y en otros más bajo, pero eso ayuda a generar diversidad de ambientes. La fiesta quedó surtida con cantidades absurdas de alcohol y buena botana. Para invitar a desinhibirse y aprovechar la noche se distribuyen un montón de condones repartidos por todos lados y a modo de decoración pero con la posibilidad de tomar y usarse se usaron máscaras y antifaces de diversos estilos.

    Todo siguió el curso esperado, la invitación masiva surgió efecto y acudieron bastantes personas, muchas. El requisito de entrada era una cuota de recuperación (más bien baja por lo que se ofrecía) y mostrar una identificación de mayoría de edad, misma que sin saberlo los invitados quedaba grabada en una de las cámaras.

    La fiesta empezó normal, gente platicando, bailando y haciendo tonterías. Al avanzar la noche paulatinamente la cosa se fue poniendo más intensa, alguna pelea sin trascendencia, las tonterías típicas de gente pasada de copas y los coqueteos subiendo progresivamente de tono.

    Conforme se hacía tarde se fueron algunos para los que las cosas se iban poniendo más intensas de lo que les es cómodo y se fueron quedando los que estaban más prendidos, intoxicados, cachondos o al menos curiosos. Para cuando ya era tarde había aún bastantes invitados dispuestos a sacarle el máximo provecho a la noche, lo que fuera que eso significara para cada uno, y como es costumbre en fiestas de jóvenes, otros más estaban dispuestos a ceder en sus límites personales por quedar bien y encajar.

    A cierta hora, se fue intercalando en los videos de las pantallas contenidos cachondos, que poco a poco, iban dando paso a videos porno de lo más guarro que hay con todo tipo de kinks. Nos tardamos bastante en escoger los videos, ya teníamos una buena colección después de años de ver porno y guardar los mejores, lo más entretenido fue combinarlos con otras cosas y dosificarlos gradualmente para ir generando calentura en el ambiente sin saltar de la nada al hardcore, al final lo que queríamos era que los ánimos se fueron calentando de a poco.

    Por momentos, en ciertos lugares y de forma cada vez más generalizada el ambiente se tornaba orgiástico y los asistentes dejaron salir sus fantasías a pasear, se dejaron llevar y se permitieron muchas cosas. En general, el ambiente siempre fue más de fiesta que de orgia, aun en los momentos más intensos, siempre había mucha más gente bailando, hablando, comiendo y hasta dormida que los que estaban en un tono más sexual, pero era mucha gente, y la verdad entre un lugar y otro y a lo largo de todas las horas que duró, perdimos la cuenta de cuántas parejas hicieron algo más que un toqueteo. Algunos fueron más obvios, otros más discretos, pero de que la temperatura sube, no hay duda. A lo largo de la noche se vieron todo tipo de situaciones y comportamientos que pudimos revisar a detalle los días después en los videos y otros de primera mano. Quizá al poner lo más llamativo junto parece que todo fue depravación, no es el caso. Para muchos fue una fiesta más, muchos no se enteraron de nada , para otros fue una locura. Habrá quien perdió ahí su virginidad y quien siendo ya muy activo sexualmente no pudo pasar de un apretón de nalgas, todo depende de la perspectiva de cada uno. Pero al final, esto era pescar con red, con una gran red, y a nosotros solo nos interesaba una cosa, estamos a la caza de mujeres que cumplieran tres requisitos: belleza, lujuria y un toque especial que podía ser mostrar sometimiento o aun mejor falta total de respeto por ellas mismas. Al final la pesca fue buena, quizá muy buena. No sé si es fue el lugar, no se si es que muchos viven como nosotros lejos de casa, en dormitorios o cosas de estudiantes, no lo se pero nos encontramos con más de lo que pensamos lograr en una sola noche. Al final ni siquiera pusimos atención en muchas que a priori hubiéramos considerado excelentes objetivos, niñas muy guapas que se calentaron más rápido que una cena instantánea y dieron las nalgas sin trámite, por ejemplo, pero nuestra selección fue de otro nivel.

    No voy a detallar todo lo que vimos, ni siquiera todo lo que nos llamó la atención, me concentraré en los favoritos, y sobre todo, los casos que a futuro dieron frutos.

    1. Una morrita muy rica que ya me había llamado la atención por ser muy atractiva terminó metida en un cachondeo notable. Rubia, alta, delgada pero de buenas curvas; llevaba unos jeans super pegados y una ombliguera blanca que dejaba ver un pequeño tatuaje en la espalda baja, apenas arriba del pantalón. Despedida una energía sexual muy potente, llamaba la atención, lo sabía y lo aprovecha sin pudor alguno.

    Estuvo bailando muy sexy con un grupo de acompañantes, provocando a unos y a otros sin enfocarse en nadie en particular, incluso con otras niñas. En algún momento al bailar se puso de espaldas a su pareja en turno y él no pudo resistir la tentación de acomodar una buena nalgada a ese culo perfecto embutido en esos pantalones apretados. Una niña más tímida que estaba junto se sonrojo y soltó una buena risa, pero ella lejos de molestarse o cortarse demostró su total aprobación, apoyó las manos en un mueble cercano ligeramente agachada, arqueo la espalda con sus largas piernas bien estiradas y ligeramente abiertas parando bien las nalgas, como ofreciendolas. Giro un poco la cabeza y les guiño un ojo mientras se mordía un poco el labio. Parecía que era justo lo que llevaba un rato buscando y no perdió la oportunidad de hacerlo crecer. El tipo que la había nalgueado no podía dejar pasar la notable oferta y le dio otra bien dada, y aunque fue bien recibida, por supuesto no fue suficiente.

    Ella mantuvo su pose en la espera de más, volteo brevemente a ver a los ojos a varios de los que estaban cerca con gesto casi cínico. El afortunado original aprovecho ahora para darle una más suave, pero dejar su mano ahí y dar un buen apretón, como cargando un poco el glúteo mientras se lo saboreaba. Como ella seguía invitado a otros con la mirada, en un instante ya se turnaban tres para nalguearla. Entonces ella se movió un poco y tomó de la mano a la otra niña, la jalo coqueta y retomó su postura. Tímidamente recibió una sobada de la invitada algo cohibida, que no se podía creer que estuviera participando de esto, pero ya se estaba poniendo calentita.

    Cuando todo parecía ya bastante subido de tono, nuestra protagonista sorprendió a todos llevando la situación mucho más lejos. En un gesto rápido y decidido, tomó su pantalón de ambos lados y lo bajó hasta un poco más arriba de las rodillas; la ropa interior no fue a la fiesta, y abriendo las piernas hasta donde el pantalón lo permitía regreso a su postura, que ahora dejaba también a la vista unos hermosos labios vaginales completamente depilados, rosas y turgentes y un pequeño piercing en su clítoris. Todos los cercanos estaban entre impactados y ardiendo por dentro con esta mujer despampanante y cachonda con las hormonas y las feromonas a flor de piel, los tenía a todos salivando y, ahora con más ganas, continuaron las nalgadas y los manoseos, incluidos algunos manotazos en la vulva y alguno que otro dedo explorador.

    Ella ya se había divertido poniendo a todos a girar, pero su calentura también crecía sin control y ya no pudo aguantarse las ganas de llevarse a la otra niña al sillón más cercano para darle toda la pasión que traía adentro. Se comieron mutuamente la boca, los senos y todo lo demás, desde adelante hasta atrás y de lo más expuesto a lo más profundo. Siempre con la guía de nuestra protagonista, pero su acompañante, aunque se mostraba más inexperta y tímida no pudo más que dejarse hacer y corresponder lo mejor que pudo. Como aderezo, algún suertudo de alrededor tenía acceso ocasional a meter mano a una u otra y sacar fotos y hasta selfies. Si bien aquí no se veía sumisión, no se puede ignorar a una mujer con esa vibra, esa figura y esa disposición de expresar su sexualidad sin límites. Teníamos claramente un objetivo fijado.

    2. En otro momento y lugar, un grupo de amigos platicaba cerca de uno de los botaneros, mientras comían y bebían, tranquilamente uno de ellos tenía enfrente a una zorrita de rodillas, comiéndole la verga y con los pechos de fuera. Nadie, incluido el afortunado, parecía prestarle atención alguna, hasta que él mismo se terminó su cerveza, entonces le da un par de toques en la mejilla con la mano para llamar su atención y la manda por más para él y otro amigo. Ella se para se guarda los pechos y va por su encargo obedientemente. Al regresar con las dos cervezas en mano, el otro amigo, antes de tomar la suya, le saca de nuevo los pechos, les da una buena sobada que termina en un jalón de pezones y un manazo, luego toma su cerveza y le da un beso en la boca en señal de agradecimiento condescendiente. Ella entrega la otra cerveza y regresa a su labor original mientras los demás continúan entre plática y risas.

    Después de un rato y sin mucho alboroto, el afortunado la toma de la cabeza y le mete el miembro hasta el fondo de un golpe, se la deja ahí alrededor de unos 30 segundos y luego saca y mete todo un par de veces mientras termina dentro de su boca, luego le da un respiro, sacude su verga en la frente de ella dejando un par de gotas de semen, se la mete de nuevo para que se la deje bien limpia y tomándola del pelo le pone la boca en sus testículos. Ella los lamió por lo menos otros diez minutos hasta que algunos de los amigos se despidieron, la plática se terminó y ellos se fueron a bailar un rato. Justo lo que estábamos buscando, una putita sumisa, lista para ser usada.

    3. En otra habitación entra una pareja que llegaron y estuvieron juntos toda la noche, no había nadie más, inician una escena de sexo más bien romántica hasta que alguien abre la puerta. Ella se molesta y comienza a gritarles que cierren mientras se cubre, pero él le da una bofetada completamente inesperada, invita a pasar a los dos que estaban por la puerta, se quita de encima de ella y les indica que están invitados a reemplazarlo. Ella está pasmada y no protesta; uno de ellos se anima, se baja los pantalones y empieza a cogérsela, luego el compañero original les dice algo a todos y ella se ponen cuatro y mientras se la sigue cogiendo el recién llegado, él empieza a cogérsela por la boca y el tercero saca su móvil y empieza a sacar fotos y video. Se toman turnos hasta terminar los tres hombres; los dos que llegaron después se despiden y se van.

    Ella empieza a protestar de nuevo, le grita y manotea molesta, él se para, le da un solo grito y ella se calma, luego él empieza a hablarle y ella lo escucha con la mirada al piso. Con cara tímida y sumisa le da un beso y se abrazan. Quizá no estaba tan lista, quizá no estaba acostumbrada, pero estaba clara la obediencia, sabía quién mandaba y aunque protestaba al final se cogió a los tres bien cogidos y terminó más de una vez. Cuando hay material, se nota.

    4. Dos amigas de apariencia tímida llegaron juntas a la fiesta y anduvieron pasando de un lugar a otro sin interactuar con nadie más. Al principio no parecían ser de nuestro interés, ninguna de las dos. Si estaban de buen ver, pero no estaban vestidas de forma atractiva, tampoco socializaron y ni bailaron, solo platicaban entre ellas, y daban la impresión más bien de ser aburridas. Pero al avanzar la noche, conforme la fiesta se puso más sexual y empezaba a haber parejas más activas, salió a relucir algo interesante. De pronto por donde estaban ellas, había otros dos bailando muy pegados. Él le metía mano cada que podía, luego se apartaron por un pasillo y se fueron a fajar en un rincón un poco apartado y con poca luz. Ellas comentaban y se reían como un para de bobas, y cuando se apartaron los otros, una de ellas se acomodo para poder tener mejor vista, la otra se cortó un poco y se veía incómoda pero se aguanto y seguían platicando, seguramente algo al respecto.

    Los otros seguían en lo suyo, no es que estuvieran dando gran show, más bien buscaban ser discretos si es posible llamar así a coger en público, pero considerando el contexto y que más de una pareja tuvo total desparpajo al hacerlo a la vista y hasta turnarse en amigos, podría decirse eso de estos dos, al final estaban apartados, en su mayoría vestidos y no hacían nada extravagante que ya era más que lo que se podemos decir de otros tantos en cuanto a discreción se refiere. Para cuando ya era evidente que estaban en pleno coito, las amigas empezaron a discutir, y a pesar de la más animada e interesada de las dos, la otra se fue de la fiesta. La que quedó dejó en paz a la pareja, la mirada a los ojos de la chica fue suficiente para asustarla, y ahora sola y sin show se fue a buscar algo que tomar.

    No pasó mucho para que entendiera que esta fiesta no era como las que ella frecuentaba. Por su aspecto inocente y tímido y la edad que se aparentaba, se notaba que todo el ambiente era nuevo para ella. Probablemente recién ingresada a la universidad y tal vez venía de un entorno mucho más tranquilo, tal vez algo pueblerino, yo que sé.

    De repente se detuvo en un pasillo, cerca de una puerta y pegaba la oreja cuando nadie la veía, algún sonido del interior le hacía morderse los labios y lucía nerviosa. Luego pasaron unos tres amigos que deben haber entendido lo que pasaba y en tono burlón hicieron algunos gestos obscenos a la chica que de nuevo se asustó y se fue de ese lugar.

    De ahí en adelante esta pequeña zorrita se dedicó el resto de la fiesta a buscar por un lado y por otro donde podía ver discretamente algo de acción. Al estar revisando los videos nos divertimos encontrándonos en una y otra escena. Era como jugar al libro aquel de donde está Wally, pero en versión video, y en más o canciones que las que no, si alguien cogió a la vista, nuestra Wanda anduvo por ahí, escondidita, tímida, como quien no quiere la cosa, como quien ve para otro lado.

    Fue hasta tierno notar que en todo el tiempo, su mano derecha no salió nunca del bolsillo de su pantalón deportivo. Como les dije, no estaba muy arreglada para la ocasión, pero los pants holgados cumplieron otro propósito, o al menos eso parecía creer ella. Le deban acceso “encubierto” a sobarse la entrepierna.

    Estuvieron literalmente horas tocándose. De una escena en vivo a otra, o hasta con algún video, el sutil movimiento de su mano no paró nunca. Se mordía el labio y apretaba las piernas mientras sus dedos seguían siendo los fieles compañeros del o que seguramente era una rajita empapada. Al final, ya tarde, cuando no pudo más se metió a un baño, se encerró ahí un rato y terminó con el trabajo. Pero no estaba sola y esto nos lleva a la siguiente historia.

    5. Borrachos y borrachas hubo bastantes, muchos fajaron, muchos cogieron, unos en pareja otros en grupo, unos una vez y otros varias, pero hubo una en particular que fue todo un evento no apto para sensibles. Este pobre despojo de muchacha llegó sola, y no había pasado una hora cuando ya estaba bien borracha. Bailaba, copa en mano, con quien se dejara y a la primera oportunidad le restregaba las nalgas a quien se le pusiera cerca. No tenía una personalidad muy magnética, pero guapa si estaba. Traía una falda corta y le lucían muy bien las piernas, su pelo destacaba porque, a diferencia de la mayoría de la fauna nativa, tenía el pelo oscuro y rizado. Beso a muchos y le estuvieron metiendo mano todos los que quisieron.

    Se perdió un rato, suponíamos que estaría por ahí cogiendo con alguien, era inevitable para como iba la cosa, pero ya más tarde nos enteramos de más y pudimos acomodar una cámara en el lugar de los hechos para grabar lo que pasaba.

    Esta criatura, ya después de haber pasado por más de uno terminó tirada en un baño. Cansada de bailar y coger, y borracha como estuvo toda la noche, se quedó dormida en el piso con los calzones en un tobillo, la falda en el torso y la blusa en el cuello, despeinada, con el rímel corrido y la entrepierna chorreada de semen y sus propios fluidos.

    Luego de un rato se empezó a correr la voz. La zorra que se habían estado agarrando estaba en estado lamentable y a merced de todos. Poco a poco pasó de ser un bulto en el baño a ser toda una atracción de esa sección de la fiesta. Algo le sucede a la gente que cuando se pierden los límites de una situación, se vuelve contagioso y en el espíritu de manada se pierde la noción de la responsabilidad personal.

    Primero subieron algunos a sacarle fotos como si de conseguir un souvenir se tratara. Luego pasaron a los manoseos, subían a tocarla, le metían los dedos en el coño, tomaban los restos de semen y se los metían a la boca. Un tipo de coleta de caballo se puso creativo, se quitó la liga del pelo y le metió uno de los pechos en ella. También empezaron a rayarle primero la cara y luego por todas partes con un plumón indeleble. Patética como estaba, todo iba a ponerse mucho peor, o mucho mejor, según se vea.

    Ya a estas alturas ya no estaba dormida, se fue despertando y solo los veía y se dejaba hacer. Al principio no le daba ni la fuerza ni la cabeza para hacer nada más, pero lo sorprendente es que entre más despertaba más cooperaba. Para sus visitantes se convirtió en un juguete perverso, primero su estado y después su actitud los motivó a hacerle cosas cada vez más extremas. Los juegos con su cuerpo se volvieron más agresivos y más humillantes, empezaron a ver cuantos dedos le podían meter, primero en la vagina pero no tardaron en empezar con el culo. Hubo una foto con 5 dedos metidos en su ano, pero uno de cada quien y todos sonriendo a la cámara, menos ella que tenía cara de dolor pero se dejaba sin protesta. Le metieron diferentes objetos que se encontraron por la casa y les gustaba dárselos a chupar después de haberlos metido por el culo. Mientras unos la jalaban para un lado y otro, y la agarraban por las tetas que apretaban y zarandeaba, o la jalaban desde sus agujeros como bola de boliche y otros se estuvieron masturbando y le terminaban encima. Sus rizos ya eran una colección de mecos y le dieron otros tantos a comer.

    Dos curiosas que escucharon lo que estaba pasando y que le traían mala onda porque más temprano les anduvo frotando las tetas y las nalgas a los a los amigos con los que querían ligar aparecieron en escena. Comenzaron con burlas y luego insultos. Recuperaron el plumón y se pusieron a escribirle PUTA por todas partes, remarcando mucho uno en la frente. Luego se dieron vuelo con las bofetadas, primero a turnos y luego las dos a la vez sin darle descanso mientras le gritaban: guarra de mierda; zorra asquerosa; eres una basura; maldita puta sucia y patética; eres un jodido juguete desechable. Ella no pudo más y rompió en llanto, tantas cachetadas una tras otra más los gritos a los que no les faltaba razón, la abrumaron, y lloró profunda y desconsoladamente. El llanto fue catártico, liberó toda la emoción atorada desde hacía tiempo. Ellas le lanzaron varios salivazos a la cara, un par en la boca que le hicieron abrir y sacaron unas fotos llorando con la cara roja como una brasa y hecha una desgracia, luego se fueron.

    Los demás se cortaron un poco con el llanto, pero cuando salieron las otras dos, la zorra no hizo más que, hincada como estaba, secarse las lágrimas, bajar la cabeza un poco, pero subir la mirada, como un cachorrito. No se fue, ni se cubrió, ni articuló palabra, y quedó claro que el sobresalto había pasado y no tenía intención de terminar con la situación, si acaso, había terminado de asumirla y de hacerse una con lo que pasaba.

    Unos se fueron, pero llegaron otros. Afuera solo se decía que había una zorra sin límites que se dejaba hacer de todo, y no faltaba quien quisiera aprovechar tan singular situación. Algunos que llegaron con tragos la hicieron tomarse tres cervezas al hilo y de nuevo agarró vuelo la borrachera que ya se había pasado. La vista de la cerveza que le tiraban encima y le hacían tomar llevó a otras ideas, y la metieron en la tina. Se pasó el resto de la fiesta siendo un mingitorio más del baño, trago litros de meados. Cuando ella misma tuvo ganas y quiso usar el wc, la obligaron a voltearse y echarlos en su propia cara. Así pasó el resto de la noche. La orinaban, luego le daban verga por la garganta, le terminaban en la cara, le terminaban en la garganta, los orines que le soltaban en la garganta. Uno que otro manoseo, una que otra bofetada o azote en las tetas, pero la verdad ya no cualquiera se atrevía a tocarla más allá de meterle el rabo en la boca, estaba hecha un asco.

    Al final se volvió a quedar dormida, agotada. Le pusieron tapón a la tina y le siguieron meando encima, al escusado ya ni quien se le acercara, solo nuestra tímida amiga de antes, que se enteró de esto ya al final. Entró, cerró, y se bajó los pantalones, se sentó en el escusado con las piernas bien abiertas y por fin pudo sentir sus dedos directamente en su clítoris. Debe haber estado hinchada de tanta sobada, pero con la mirada clavada en la chica de la tina, se frotó frenéticamente por un minuto más y al fin lanzó un grito tremendo que de inmediato la conectó con la vergüenza. Con la cara sonrojada se salió del baño y se fue de la fiesta.

    6. Ya tarde, quedando pocas personas, una parejita comenzó a llamar la atención de los que andaban aún cerca con un juego que empezó de manera espontánea e inocente y se puso muy caliente. Una morrita tomó uno de los de los antifaces que andaban por ahí disponibles y se lo coloco. El antifaz no era muy explícito en su figura y tenía solo un par de tonos de un mismo color, pero tenía orejas y nariz que sugerían un perrito/a. Ella, siendo coqueta, le guiño un ojo a su acompañante, sonrió con la boca ligeramente abierta dejando ver un poco la punta de la lengua como interpretando un jadeo, sus manos juntas y dobladas hacia abajo como dos patitas y la colita parada y contoneándose.

    Ella era pequeña de estatura, rubia, de cara dulce, tendiendo a redonda y con una nariz ancha pero más bien bonita en conjunto y de figura bastante antojable por sus curvas, y que su faldita tableada y blusa de tirantes presumía muy bien.

    Su gesto coqueto fue bien recibido y cayó como chispa en pólvora. El compañero llevaba horas de múltiples antojos y no había logrado concretar gran cosa, pero su paciencia rindió frutos y esto empezaba a pintar muy sexy. Le siguió el juego y le dio algo que probablemente ella ni esperaba ni sabía que quería pero tuvo muy buen resultado. Lo primero que hizo con ella fue decirle algo que le saco una sonrisa, probablemente algún elogio o algo pícaro y acto seguido comenzó a acariciarla suavemente en la parte posterior de la cabeza, entre caricia y palmadita, como haces con una mascota. Ella respondió favorablemente, intensificó el jadeo y se le acercó hasta ponerse muy pegadita con él. El juego había comenzado, los dos estaban a bordo y faltaba ver hasta donde llegarían.

    Estuvieron así un rato, muy juntos, entre caricias y gestos, pero relativamente tranquilos, platicaban con otros amigos mientras él tomaba su trago y comían algo de lo que aún quedaba de botana, con la peculiaridad de que a ella la botana se la daban en la boca, como quien le da un premio a su perrita y ella agradecía con algún gesto, lo que causaba reacciones y comentarios de los demás. En algún momento a petición de alguien ella ladró y levantó risas y aplausos y se volvió algo común en adelante y así se fue metiendo en su papel.

    Todo se aceleró más cuando ladrando le indico a su amigo/amo que quería algo de tomar al ladrar con la vista fija en el vaso que él tenía, y haciendo una indicación con la mano/pata como rascando. Su llamado fue atendido rápidamente, pero la bebida no se la dio en un vaso, en cambio, vació un bol que solía tener algo de botana, y luego de sacudirlo le preparó ahí su bebida y la puso sobre el piso. Ella apretó un poco el entrecejo y con cara de duda pero divertida con el juego y curiosa de qué más pasaría se puso en cuatro y comenzó a beber.

    Por suerte estaban en un área de jardín que tenía algo de pasto, lo que aligeró la incomodidad en sus rodillas. Una vez que se puso en cuatro, ya no había marcha atrás, para los demás fue dejarla de ver como alguien más del grupo haciéndose la chistosa, y fue un poco como perderle el respeto y tener permisos que antes no se hubieran dado. Para ella fue descubrir que someterse le movía cosas, que le daba curiosidad y morbo, para nosotros fue el signo inequívoco de un objetivo claramente alineado con lo que buscábamos, un espécimen perfecto para la colección.

    Ahí estaba ella en cuatro patas tomando de su plato, o tratando, que no era fácil. La posición y la falda corta eran extremadamente sexis, apenas un ligero movimiento hacia adelante lograba dejar ver su ropa interior justo en la entrepierna y está a su vez se plegaba sobre los labios vaginales regordetes dejando adivinar su forma y todo esto enmarcado en dos gloriosos muslos, que aunque no muy largos, si estaban muy bien torneados y remataban en un suculento culito respingón. En resumen un manjar de belleza y sumisión.

    Con la temperatura de la situación en aumento y el respeto por la criatura, tanto de su amigo, como de los cercanos y el suyo propio en franco declive la cosa se puso sexual muy rápido. Antes de que la bebida pudiera empezar a aliviar su sed, ya le había acariciado el culo y la concha su amigo y otro más. Otros dos se dieron a la misión de conseguirle correa y lo consiguieron rápidamente adaptando una cuerda que marcaba un área como limitada ya que estaba el jardín algo encharcado en esa parte. Ella se dejó poner la correa y se dejó tocar, sonreía coqueta y contoneaba el culo, pero por dentro había una buena dosis de ansiedad y desconcierto. Esto no era lo que ella había pensado o buscado y nunca había participado en nada similar, sin embargo estaba cachondísima, y el alcohol también hizo su parte para ayudarla a dejarse ir cada vez más y terminar dominada por su propia lujuria. Una decisión llevó a otra, permitir algo abrió la puerta de lo siguiente y en cada pequeña lucha por parar o seguir iba perdiendo voluntad y agencia.

    Terminó lo que pudo de la bebida con muchos trabajos entre lo difícil que es beber con la lengua y los jaloneos para colocarle la correa al cuello, entonces intentó levantarse, pero la mano decidida de quien tomaba la correa fue contundente al detenerla. Emitió un pequeño chillido fruto de la molestia que el jalón le generó en el cuello, junto las cejas con carita de perrita regañada, pero no dijo palabra y aceptó la indicación. A tres pasos de ella alguien la llamó chiflando y con una palmada en el muslo, ella lo volteo a ver dudosa, pero de inmediato su amigo del principio que ahora tenía la correa en mano como orgulloso dueño la llevó hacia él y le dijo: “siéntate”, “buena chica, dale la patita”.

    Ella fue recompensada con aplausos y palmaditas en la cabeza a lo que respondió jadeando y sacando la lengua como con una sonrisa. Luego la siguió paseando en cuatro por el jardín y conforme se acercaban a alguien algunos de daban una palmadita en la espalda o le rascaban bajo el cuello siguiendo el juego de la perrita, pero a ojos de otros ella, más que perrita, era una putita besucona, cachonda y sabrosa que había que aprovechar y preferían darle una apretada de chichis o manosearle el coño. Otro más creativo se divirtió lanzándole comida al piso como si fueran premios, ella rápidamente los buscaba y los comía, le soltaron la correa y se los fue lanzado más lejos, ella corría por ellos y regresaba a pedir más ladrando. Que gozada verla así.

    Luego como es inevitable en toda fiesta, al estar tomando, llegaron las ganas de orinar. Ella ingenuamente intentó pedir que la dejaran ir al baño con señas, así como cuando consiguió su bebida, pero el baño no es lugar para perritas. Más tardó ella en darse a entender que él en visualizar lo que tenía que pasar. Se hizo el tonto un rato haciéndola sufrir mientras se aguantaba y finalmente le dijo: “¿Necesitas hacer pipi?” Ella se alivió por un momento, pero de inmediato vino la siguiente instrucción, “Vamos, que esperas” mientras le señalaba el pasto. Se veía inquieta y no sabía muy bien qué hacer pero la ganas ya eran insoportables, su correa la detenían firmemente y al final solo pudo acomodarse un poco y soltar. El, por si no tuviera ya bastante atención y humillación aviso a la gente lo que pasaba y subió su falda corta para que todos la vieran ahí en posición de rana, como orinan las perritas hembras, orinando en el jardín. El líquido amarillo primero impregnó su calzón y después cayo al jardín formando un buen chorro. Lo último que salió con menos fuerza terminó de empapar la prenda. Su rostro estaba rojo como brasa ardiente y su vergüenza era sublime, pero aún tenía espacio para crecer.

    Él la reprendió con voz fuerte y le dijo “Mira lo que hiciste, perra sucia. Por eso las perras no usan calzones” y procedió a quitarles sus zapatos, y sus calzones empapados que tomó con la punta de los dedos y cara de disgusto. Los lanzó al piso cerca de su cara, la jalo de la correa y le puso la cara junto a los calzones sucios, con la otra mano le presionó la cara en ellos y le dijo de nuevo “ves lo que has hecho, sucia.” Alguien aprovechó unos papeles que tenía a la mano, los enrollo y se los dio, él sonrió, la hizo levantar bien el culo y le dio cuatro o cinco azotes en las nalgas ahora desnudas con el churro de papel y le dijo con fuerza “Queta ahí”. Cerca estaba una hielera grande que ya casi no tenía hielo, pero tenía bastante agua helada, tomo agua en el cuenco que había usado para darle de tomar, y regreso con ella. Le subió bien la balda que ahora le cubría del ombligo para arriba, le hecho la mitad del agua helada por el culo, lo que le puso todo la piel de gallina y le saco un gemido quejumbroso y luego continuo echándole agua con la mano alternando con frotar sus partes para limpiarlas. Fue un espectáculo hermoso verla ahí en el pasto en cuatro patas, con las rodillas separadas mientras la enjugaba y la frotaban, abriendo bien sus nalgas y su conchita para limpiarla bien, pero también para exponerla bien.

    “Ahora si, ya estás limpia de nuevo, te toca tu premio.” Se puso de rodillas, se sacó la tranca y la ensartó. Uno más, siguió el ejemplo y le dio de mamar. Mientras se la cogían cada cual por su lado chocaran las palmas y animaban a los espectadores a aplaudir y vitorear. El que le daba por la boca, a veces la sacaba para que lo lamiera desde los huevos hasta la punta y se ponía muy cachondo cuando le pedía que ladrara y ella obedecía, luego de nuevo hasta el fondo.

    Atrás mete y saca sin reparos, nalgadas enérgicas y una buena estrujada de nalgas. En algún momento, le empezó a sobar el ano con la punta de un pulgar, y a veces lo metía un poco. Un espectador dijo, “a esa perra le falta una colita”, y se hizo con un pedazo más de la cuerda que habían usado de correa, la cuerda era más o menos gruesa. Le ató un nudo en un extremo del tamaño de una pelota de golf y se acercó a colocarla. El amigo que se la estaba dando, sin detenerse, le abrió las nalgas con las dos manos, el de la cuerda se escupió en una mano, y le empezó a sobar el culo dilatando con un par de dedos.

    Del lado de enfrente, viendo lo que se venía, no pudo más con la excitación, le encajo el falo hasta el fondo de la garganta y exploto dentro sin dejar de presionar la cabeza hacia su vientre. Ella, a medio ahogarse, hizo tal aspaviento tratando de tomar aire que terminó escurriendo semen por la nariz y con los ojos llenos de lágrimas. En un instante estaba la garganta libre, y con el aire fresco llegó también una oleada súbita de conciencia. Se vio a sí misma con su antifaz de perrita, semidesnuda, en cuatro patas, cogiendo a la mitad del jardín de una fiesta en el que hacia uno minutos había descargado la vejiga frente a todos, a uno metro frente a ella sus calzones amarillos y empapados, con la cara pringada de semen de un extraño que había pedido ladrando, y mientras tono esto le llegaba de golpe a la mente entraba y salía de su vagina la verga que se había estado saboreando toda la noche y alguien más le aflojaba el culo con los dedos.

    En ese momento siento la presión de la cuerda anudada en la entrada posterior, no fue un tacto, ni amable, ni agradable. La textura era algo rasposa, la lubricación era pobre y la dilatación insuficiente. La presión se intensificó junto con su dolor, un profundo gemido angustioso fue al mismo tiempo la motivación para que lo empujaran con más fuerza y el nudo cruzará la parte del dolorido esfínter y quedará alojado en el recto. Entonces todo vino junto, bulla y comentarios humillantes, el dolor en su ano que cedía sutilmente el paso a una sensación de ligero alivio combinada con la penetración vaginal, ahora más vigorosa, y sobre todo apretada por el mismo nudo que la presiona hacia abajo estimulando más su punto g, sus gemidos en aumento, el ritmo en aumento, su amigo la tomó por la cola, la jalo un poco haciendo de nuevo presión en su esfínter y al tiempo que le daba una nalgada que le ardió hasta el alma y le grita “correrte perra”. Fue una explosión hermosa, se chorreo toda en una eyaculación femenina de antología y no creo que ni ella supiera si tuvo un orgasmo o diez.

    Se dejó caer a un costado y por un momento parecía muerta, la muerte chiquita le dicen.

    Pasados los orgasmos, se bajó la calentura, el “amigo” ya enfrió, no supo qué hacer con lo que había pasado y simplemente se fue y con él algunos más. La chica se cubrió un poco con su falda pero aún no tenía fuerza para pararse, entonces vino el tiempo de la primera cosecha.

    Lo que con las otras chicas sería un proceso largo, con ella se dió de inmediato. A diferencia de las otras escenas que vimos más bien en los videos, una buena parte de esta la vi en persona. Si la hubiera mandado a hacer no la habría querido diferente. En cuanto me enteré de que alguien jugaba a la perrita y el amo sabía que era oro y que tenía que acercarme. Tengo debilidad por las sumisas en general, pero siempre quise una perrita.

    En el momento en el que su compañero se fue ella cambió por completo de mood, todo era una pesadilla, en un segundo lo que había sido un juego cachondo que se había descontrolado ya era un infierno. Estaba agotada y vulnerable, con una borrachera que se convertía en cruda, y sobre todo en cruda moral. ¿Qué clase de puta era? ¿A quién se le ocurre hacer algo así? Entre su situación actual y la retirada de sus amigos el golpe a la autoestima fue duro y mis palabras llegaron a ella como patadas a un hombre caído. “Mírate nada más, perra asquerosa. Otra vez toda mugrosa. ¿Eres una perra o una puerca? No te puedes quedar ahí tirada como una callejera, levántate vamos a limpiarte”. Las palabras apenas iban cobrando sentido cuando una cubeta de agua completamente helada le caía encima de su cuerpo sucio de diversos fluidos corporales propios y ajenos y algo de lodo del jardín en manos y rodillas, luego otra media cubeta, esta vez acompañada de los golpes de algunos pequeños hielos que quedaban flotando en la hielera.

    Empapada de pies a cabeza, desconcertada y asustada, estalló en llanto desconsolado, mientras temblaba por una mezcla de frío, debilidad y miedo. Entonces procedí a quitarle lo que le quedaba de ropa, que no era mucha, su falda tableada hecha rollo en la cintura y su blusa, pero no le retiré la cola ni la correa. No parecía de acuerdo, pero en un par de tirones quedó en pelotas y vimos por primera vez sin estorbos su cuerpo desnudo. Era una escultura. Menudita de tamaño pero de formas exquisitas y en especial, sus pezones duros y su piel erizada por el frío intenso, lucía hermosa. Tome lo que quedaba de agua fría y como le habían hecho más temprano termine de asearla, esta vez con más énfasis en su cara y sus genitales que era lo más sucio. Había algo especialmente humillante en el aseo de su cara, mientras le lanzaba agua y la frotaba sin cuidado e incluso le metía los dedos a la boca para revisar y limpiar. Luego ya lambada, levante su ropa del piso, la tire en la cubeta, tome a la perrita en brazos como a un cachorro que rescatas en la calle y me la lleve.

    Me dirigí a un cuarto que habíamos reservado para guardar nuestras cosas. No tenía muebles, solo una mesa grande y su piso estaba alfombrado. La criatura sollozaba y temblaba de frío. No sabía qué esperar, pero de entrada un poco de privacidad y la temperatura más templada del interior se deben haber sentido confortables. La coloqué en el piso y se encogió adoptando posición fetal. La alfombra estaba polvorienta pero era de buena calidad y se sentía suave al tacto y bastante mullida. Le dije que esperara ahí, probablemente no habría hecho otra cosa de todas maneras, regresar desnuda y mojada al frío de afuera a encontrarse con quien sabe quien no parecía la mejor opción, y no se veía en condiciones físicas ni emocionales para buscar soluciones a su situación de manera muy activa.

    En unos minutos regresa con tres mantas viejas que tomé de la casa, las tenían cubriendo muebles grandes para evitar que se empolvaran mucho. Les di una sacudida luego se una para secarla, primero con una buena frotada por todo el cuerpo y luego la use para su pelo. La más grande la acomode en el piso, formando una especie de nido, con la tercera la envolví a ella cuidando de cubrirla bien para que recuperara calor y la puse sobre la camita que había preparado.

    En la última media hora había pasado de una explosión de morbo y excitación descomunal, con un clímax demasiado intenso a una situación de cansancio, frío, vulnerabilidad y soledad abrumadora. Pasó de ser una niña coqueta, a cachonda descontrolada, a una perrita en celo, a algo parecido a una callejera abandonada y desamparada. La montaña rusa de emociones y el cansancio físico no le dejaron mucho espacio para pensar o hacer nada. Solo quería, más a nivel instintivo que racional, estar calentita, cubierta y a salvo. En la medida que empezó a sentirse así fue relajando un poco el cuerpo cubierto por la manta que sostenía firmemente con las dos manos. Yo me senté junto a ella y le acaricié la mejilla y el pelo por un rato hasta que la venció el sueño y salí a ocuparme junto con Gabriel de los últimos asuntos de la fiesta que ya terminaba.

    ————–

    Así terminaba la noche, o la fiesta porque ya la noche era madrugada hace rato. Ese día se cumplió el objetivo original, se revelaron varias zorritas con madera para lo que queríamos. Al revisar los vídeos logramos detectar a estas seis, que por lo pronto podemos distinguir como, la cachonda, la sirvienta, la prestada, la tímida, el despojo y la perra. Las seis atractivas, cada una en su estilo, las seis lujuriosas y las seis dispuestas.

    Como plus, teníamos al menos otra docena de grabaciones comprometedoras, que además de entretenidas, seguro serían útiles en el futuro.

    De todas teníamos grabadas también sus identificaciones, con nombre completo, algunas dirección y otras su escuela. Unas eran de la misma universidad pero no todas y algunas tenían identificaciones de otros lados, pero al final logramos encontrar a las 6 importantes, y armar una lista de las otras, algunas de las cuales que nos fuimos encontrando con el tiempo.

    Ya les contaré poco a poco como se fue integrando el grupo, tanto de los amigos que se unieron a Gabriel y a mi, como de la carne, los juguetes sexuales de dos patas y tres agujeros que nos conseguimos y lo bien que la pasamos esos años inolvidables.

    Por ahora y para empezar, teníamos a dos de ellas aquí en la casona. El despojo y la perrita estaban a la mano y listas para empezar. Venía un fin de semana muy interesante, serían nuestros primeros días con ellas y hay mucho que contar tan solo de ese fin de semana, pero será en la siguiente entrega.

    Si eres mujer y disfrutaste el relato, deja un comentario. Dime quien de las seis es la que te pone más y quien la más parecida hasta ahora.

  • Mi primer incesto con mamá (1)

    Mi primer incesto con mamá (1)

    Antes de mi narración, me presento: soy Rodrigo, tengo 19 años, de buena estatura, 1.80m, y excelente físico, hijo único de una pareja, ella tiene 37 años y él 42 años.

    Papá trabaja en una empresa de prospección petrolera en áreas internacionales, lo que significa que está fuera de casa por lo menos 25 días al mes, mamá es traductora jurada y trabaja en casa (home office).

    Ella es una morena, de aproximadamente 1.70 m de altura, muy guapa, pechos medianos, trasero respingón, cintura delgada, muslos gruesos y labios carnosos.

    Mantiene la gracia y belleza de su juventud gracias a sus ejercicios de gimnasia y cuidados especiales. Es difícil no atraer las miradas masculinas cuando camina por las calles y plazas, con su andar naturalmente sensual.

    Estuve un año fuera en otro país, haciendo un preuniversitario y formación técnica y regresé hace 10 días, comenzando a convivir con mi madre a diario, lo que hacía que tuviéramos la máxima intimidad sin preocuparnos por falsas modestia y con libertad en vernos en calzoncillos, – yo solo en calzoncillos y ella en calzoncillos y sostén.

    Eso sí, a pesar del respeto que le tenía, no podía dejar de admirar su figura, la belleza de su andar, sus pechos, sus nalgas que sobresalían de sus bragas y eran motivo de mis masturbaciones nocturnas.

    Me preguntaba: ¿será que la madre, ante la ausencia del padre, tenía un amante, o se masturbaba? ¿Qué estaba haciendo para saciar su deseo sexual?

    Así es como todo comenzó:

    Estaba sentado en la sala de estar con mi mamá viendo una película. Eran solo las 8:20 pm y la película acababa de comenzar. Ya ni recuerdo qué película era. De todos modos, estaba sentado allí con una copa de vino a mi lado y quería ver la película. Mi madre se sentó a mi lado y parecía pensativa.

    Le serví el mismo vino que estaba bebiendo cuando me habló:

    «Dime… ¿qué piensas del incesto?»

    Sí, ella en realidad me preguntó eso. Con los ojos muy abiertos, giré la cabeza hacia ella. ¿Qué clase de pregunta era esa?

    Bebí un poco de vino y tragué saliva.

    «¿Que por favor?» —pregunté, esperando haber oído mal.

    «¿Qué piensas del incesto?»

    «¿Incesto?», pregunté intrigado. «¿Quieres decir sexo entre parientes?»

    «Sí», respondió ella. «¿Qué piensa usted acerca de?».

    Parecía seria y esperaba una respuesta. Estaba totalmente confundido. Miedo de que se diera cuenta de cuánto la deseaba. ¿Qué tipo de respuesta esperaba ella? Yo estaba avergonzado y le pregunté: «¿Qué piensas de eso?» Ella dijo:

    – «No lo sé. ¿Te parece enfermizo? ¿Incorrecto? ¿O emocionante?”

    Parecía totalmente confundido y no pensé que mi madre realmente quisiera tener esa conversación.

    «Es más como… ni siquiera sé», respondí y la miré con total sorpresa mientras miraba relajada la televisión. Poco sabía ella que había estado reprimiendo mis deseos de poseerla pareciéndome un pecador y temiendo su reacción ante cualquier avance de mi parte.

    «Bueno, no sé qué hacer con eso», respondió ella y agarró unas papas fritas. Masticaba y hablaba mientras comía, mientras miraba la televisión: “Que la gente haga lo que quiera. No entiendo por qué esto debería ser censurado ahora».

    Dejé escapar un suspiro relajado. Entonces, ¿solo se refería a la situación legal del incesto?

    «Quiero decir, si un hermano y una hermana o una madre o su hijo realmente quieren tener sexo entre ellos, ¿quién soy yo para juzgar?»

    De alguna manera me resultó muy incómodo tener que hablar con mi madre sobre este tema. Miré la televisión, pero no vi lo que pasaba.

    «Además, no juzgo nada que no haya probado…»

    Me ahogué. ¿Qué estaba diciendo? ¡Debo haberme vuelto rojo brillante y no quería nada más que saltar a un agujero que apareció de repente en el suelo con una caída de cabeza!

    «¿Te gustaría probar esto?» Ella me preguntó y tiró la bomba.

    «¿Quieres probar algo?» Pregunté, sorprendida.

    «Incesto», respondió ella, llenando el apartamento con un silencio incómodo. no tenía hermanos el pariente más cercano era ella. ¡Cada reacción que di ahora fue una reacción a la pregunta de si me acostaría con mi madre!

    «¿Qué?» Le pregunté: Con «¿Tú?».

    Ella me miró rápidamente, miró la televisión y respondió tranquilamente: “¿Por qué no? ¿Qué negar lo que ya existe?”. Sé que me deseas y que te masturbas pensando en mí y que tomas mis bragas que están por lavar y las pruebas, las hueles, las lamas sintiendo mis jugos vaginales. Te vi varias veces haciendo esto en tu habitación y sé que me deseas.

    Me resbalé un poco más y me miré avergonzado, «Quiero decir, ¿te imaginas teniendo sexo conmigo?»

    Mi madre se volvió hacia mí y respondió secamente: «Siempre haces eso». Lo sé, y me pone cachondo saber que mi propio hijo me quiere así.

    «¡Mami!», dije. «¡¿Tu sabia?!».

    «Sí. Sé que soy lo suficientemente atractivo para ti y para otros hombres” ¡Oh, vamos, siempre has fantaseado con tener sexo conmigo! “ Veo su emoción cuando camino por la casa solo en ropa interior, o cuando me siento en el sillón con las piernas expuestas.

    “¡Oh Dios, madre!” Yo hablé. «¡No pensé que podría hacerse realidad! ¡Esta es la conversación más incómoda que he tenido contigo! Incluso si tengo estas fantasías, ¡es completamente diferente a hacer esto de verdad!» mejor contigo que con cualquier otro

    hombre , Tu padre siempre está fuera y yo soy una mujer fogosa.

    Me levanté y quería ir. Mi madre me agarró la mano. «Así que sé ¡Alguna vez tuviste esa fantasía!” Yo también. Vamos, hagámoslo.

    «¿Sí? ¡Pero era solo fantasía!»

    «Siéntate», dijo y tiró de mi mano. Me senté a regañadientes y simplemente no podía mirarla.

    «Yo tampoco lo sé…» suspiró. “He estado leyendo muchas cosas últimamente. Por ejemplo, ¿sabías que en Japón es normal que las madres tengan sexo con sus hijos para que puedan concentrarse más en la escuela y no tener que pensar en el sexo?

    ¿Qué escuché? ¿Por qué lo hizo?

    “O India, por ejemplo. En la India existe el sexo más incestuoso, porque en la fe hindú se dice claramente que se puede tener sexo con cualquier cosa y con todo”.

    «Mamá…» Traté de cortarla.

    «O en Rusia…» continuó. “Generalmente Europa del Este. Es casi normal allí. Leí sobre una madre que tuvo el mejor sexo de su vida con su hijo”.

    «Mamá…» lo intenté de nuevo. «¿Que quieres de mi?».

    Ella se volvió hacia mí. «Quiero que lo pienses.”

    «¿De verdad quieres que tengamos sexo?» Pregunté de nuevo con desconfianza.

    «Solo quiero probar…» dijo ella. «Si se pone raro, podemos parar».

    «Mamá, es raro», respondí.

    «¿Qué tiene eso de raro?» Ella preguntó. “Quiero decir, a ti te gusta el sexo, a mí me gusta el sexo. Eres joven y atractivo y creo que puedo decir por mí mismo que no me veo tan mal”.

    “Es raro porque eres mi madre. Me diste a luz con tu… ya sabes… y ahora quieres que ponga mi… ya sabes… en tu…? Eso es un absurdo.»

    “Bueno… en la naturaleza es totalmente normal. ¿Recuerdas a tus conejos Stupsi y Lizzy? Eso era madre e hijo también. Sin embargo, chocaron y produjeron cuatro niños. O mira a los bonobos. ¡El sexo con parientes es común allí!”.

    «Mamá…» comencé de nuevo. «¿Por qué quieres esto tan desesperadamente?»

    Mi madre miró al suelo avergonzada.

    «Porque de alguna manera me lo imagino… increíble. Quiero decir: haciendo algo prohibido. Contigo».

    Todo volvió a estar en silencio entre nosotros.

    «¿Qué dice usted?» preguntó de nuevo. Yo considere. De hecho, me preguntaba si quería «experimentar» el incesto. Si pudiera tener sexo con mi madre.

    «Te imaginas que yo era otra persona». Solo nos divertiremos. Quiero decir: mi coño no será diferente del coño de otras mujeres que tú también follas. Fóllame sin pensar que soy tu madre.

    Estaba pensando en sexo con mi madre. Mi polla en tu coño. Tu cuerpo cerca del mío. ¡Inconcebiblemente! Pero tenía razón en una cosa: no debería ser tan malo.

    «Solo una mujer y un hombre teniendo sexo…», continuó.

    «Está bien», le dije, pero ella continuó.

    «… también podríamos fingir que yo estaba… ¿lo cual está bien?»

    «Vamos a intentarlo», respondí y vi que las comisuras de su boca se contraían mientras trataba de ocultar su gran sonrisa.

    «¿Lo haremos?» Ella preguntó.

    «Lo haremos», respondí.

    Nos sentamos uno al lado del otro y miramos la televisión. me calenté Estaba seguro de que me puse rojo, al igual que mi madre. Nos sentamos uno al lado del otro y no dijimos una palabra. Ambos no sabíamos cómo manejar la situación.

    » Y…» comencé. «¿Cuándo vamos a hacer esto?» Pregunté, mirando directamente a la televisión. «¿Ahora?» Ella respondió que sí y se quedó mirando al frente.

    Me calenté más pensando en sexo con mi madre. Nunca había pensado en cómo se vería completamente desnuda. Pero ahora no podía sacarme de la cabeza la imagen de verla desnuda cuando la veía en ropa interior o bikini.

    «¿Cómo…?» tartamudeé. «¿vamos a empezar?».

    «No lo sé», dijo ella. “Nunca pensé que llegaría tan lejos. Pensé que te negarías…”.

    Pero ella trabajó conmigo durante mucho tiempo para llegar a un acuerdo con eso.

    «Tal vez… ¿deberíamos desvestirnos?» Ella dijo y miró más allá.

    Nos sentamos durante dos minutos antes de movernos. Solo entonces se armó de valor y dijo que debíamos levantarnos. Estábamos parados a un metro uno del otro y probablemente ambos parecían muy emocionados. No tenía idea de qué hacer. Quiero decir, ¿cómo empiezas a tener sexo con tu propia madre?

    Mi mamá se quitó la blusa y me mostró su sostén turquesa, que sostenía un par de apretados senos. Empecé a respirar con dificultad. Debe haber comenzado.

    Mi mamá se llevó las manos a la espalda y se desabrochó el sostén. Con mucho cuidado, se lo quitó y me miró inquisitivamente a la cara para saber qué pensaba de sus pechos.

    Mi mirada demostró que pensaba mucho en sus pechos. Dos pechos poco más que un puñado, con pezones duros y oscuros. No eran enormes, pero rectos y rígidos a pesar de la edad de mi madre. Tenía hermosos senos. Sentí que mi polla se ponía dura. Sí, los pechos de mi madre me dieron una erección.

    «¿Quieres tocarlos?» Ella me preguntó. Extendí mis manos y di un paso adelante. Agarré los senos suaves y cálidos de mi madre y comencé a sudar profusamente.

    Mi madre acercó sus manos a las mías y las apretó. «Más apretado», dijo ella. «No hay que tenerles miedo».

    Estaba masajeando sus senos con concentración cuando tuve que detenerme brevemente cuando me quitó la camisa.

    Dio un paso más cerca y puso su mano en mi entrepierna. Ella sonrió brevemente al sentir mi polla dura. Con su otra mano, colocó mi mano entre sus piernas. Llevaba pantalones cortos, incluyendo un par de bragas, pero aún podía sentir los labios de su coño. Sentí el aliento de mi madre en mi cuello cuando me preguntó: «¿Es raro cuando nos besamos?»

    No me atreví a responder así que me besó en el cuello y luego en la mejilla y luego me besó en la boca. Sí, fue raro. Empezó como un beso de despedida de tu madre, pero terminó en un beso sensual donde nos frotamos entre tus piernas.

    Mi madre me besó en el cuello, luego en el pecho, luego en el vientre. Muerde mis pezones. Vi a mi madre arrodillarse con gracia frente a mí. Besó mi estómago justo por encima de los pantalones de chándal y lentamente los bajó. Mi polla dura palpitaba dentro de mis calzoncillos y no podía esperar. Mi mamá masajeó suavemente mi pene con la mano y también me bajó los calzoncillos.

    «Guau», dijo ella. «Mi hijo ha crecido mucho. Qué polla más bonita».

    Mi corazón se aceleró. Estar sorprendido y temblando, pero me encantó . Mi madre colocó una mano cálida sobre mis testículos y me miró. «¿Puedo jugar?».

    Negué con la cabeza y miré a mi mamá, admirando con curiosidad mi polla. Ella lo sostuvo con cuidado y lentamente me bajó. Yo estaba emocionado. Muy emocionado. Nunca he estado tan excitado antes del sexo. ¡Ni siquiera mi primera vez! Cuando todavía estaba tratando de absorber lo inusual de lo que estaba sucediendo, de repente sentí su lengua caliente y húmeda alrededor de mi glande. Inmediatamente, miré hacia abajo y vi a mi madre envolver sus labios alrededor de mi pene. Cerró los ojos y chupó con gusto mientras sus pechos se balanceaban un poco. Incluso la situación era extraña, me empezó a gustar.

    Mi madre besó mi glande, luego mi estómago, luego mi pecho hasta depositar un sensual beso en mis labios. Sabía que era mi turno ahora. Agarré el trasero de mi madre y la acerqué a mí. Mientras nos besábamos, le quité los pantalones cortos y masajeé su firme trasero. Agarró sus bragas y tiró de ellas hacia abajo con elegancia. Ahora estábamos desnudos uno frente al otro. Madre e hijo.

    » Um…» tartamudeé. «¿Cómo vamos a continuar?»

    Se sentó en el lado del sofá que tenía espacio para dos y se reclinó. La primera vez que pude admirar a mi madre desnuda. Ella era hermosa. Su coño era perfecto: grandes labios exteriores y pequeños labios que apenas se ven desde fuera. Mi madre estaba muy emocionada y abrió los muslos. Lentamente me incliné y me arrodillé entre sus piernas. Envolví mis manos alrededor de su trasero y llevé mi cabeza a sus labios.

    «¿Qué?» preguntó sorprendida mientras me preparaba para lamerla. Debió esperar que la penetrara de inmediato.

    Pero tenía otro deseo en mente. Busqué su clítoris con mi lengua y cuando lo encontré, traté de rodearlo. Empecé despacio y aumenté el ritmo. Mi madre comenzó a gemir suavemente. La lamí más rápido y presioné mi lengua más fuerte contra su clítoris. Mi madre gemía cada vez más fuerte hasta que se agarró al sofá y gritó: “¡Oh, sí! ¡Haz que mami venga! ¡Haz que mami se venga!”

    Seguí lamiendo y viendo venir a mi madre. Extendió sus brazos hacia mí y me mostró que me quería con ella. En ella, dentro de ella.

    Me arrodillé frente a ella, mi pene en mi mano, luciendo confundido.

    «¿No deberíamos usar un condón?», pregunté.

    Ella lo pensó. «No… yo tomo la pastilla.»

    “Sí, pero… eso es raro. Me diste a luz con eso… ya sabes… ¿Y ahora tengo que meter mi pene ahí?”

    «¿No crees que realmente no importa?»

    «No lo sé», respondí. «También estoy haciendo esto por primera vez».

    Ambos tuvimos que sonreír. «Entonces es mejor sin condón, así podemos sentirla más intensamente».

    Miré mi pene. Tal vez ella tenía razón.

    Me tendió los brazos otra vez, «Ven con mami»

    Por alguna razón, eso me emocionó.

    «¿No debería decir algo así?» Ella preguntó.

    «Está bien», respondí y me incliné sobre ella. Llevé mi polla a los labios de su coño, entre ellos puse la cabeza de mi polla y rocé…

    «Está bien, mamá», le dije. «Está a punto de comenzar. Así que no hay vuelta atrás».

    Nosotros nos miramos el uno al otro. La miré confundida, ella se despertó.

    “¿Realmente queremos hacer esto?”, pregunté. Mi madre me sonrió y me agarró el trasero con las manos. De repente, me jaló por el culo para que mi polla penetrara su coño. Inmediatamente gemimos mientras nos mirábamos a los ojos. Penetré a mi madre por completo y no podía creer lo increíblemente bien que se sentía.

    Inmediatamente le di fuertes empujones y mi madre marcaba el ritmo con sus manos en mi trasero. Nuestros rostros estaban cerca y respirábamos el uno al otro mientras gemíamos. Miré su rostro sonrojado diciéndome que follara más fuerte. De repente nos estábamos besando salvajemente mientras yo hacía esto en la posición del misionero de mi madre.

    «Oh, sí…» gimió ella. «¡A la mierda mami! ¡A la mierda mami!»

    «Oh mamá» gemí con ella y la follé más y más rápido.

    «Me follas tan bien» exclamó y me motivó a follarla aún más fuerte.

    Ese roce en sus paredes púbicas me volvió la cabeza y el pensamiento de que era mi madre me excitó aún más.

    «Quiero follarte ahora mismo», gimió. Me empujó por los hombros. Confundido, me agaché entre sus piernas. «Toma asiento», dijo, señalando el lugar en el sofá donde había estado sentado antes. Así que me senté y me apoyé en el respaldo del sofá. Mi madre se agachó a mi lado y tomó mi polla en su boca.

    «Oh, mamá», gemí. «Gracias por persuadirme».

    Aunque fue agradable verla chuparme la polla, tenía que hacer algo. Agarré su seno derecho con mi mano izquierda y masajeé su pezón. Yo estaba increíblemente caliente por ella. Extendí mi mano y llevé mis dedos a su coño mojado. Inmediatamente metí dos dedos dentro de ella y acaricié su coño mientras ella continuaba chupándome.

    «Mamá… quiero follarte».

    Ella dejó de chuparme. «Y quiero tu polla caliente de vuelta en mi coño».

    Inmediatamente vino a mí y se sentó sobre mí. Llevó mi polla hasta su coño y la dejó caer de inmediato. Hice lo que me pidió y chupé sus pezones calientes.

    «¡Oh si!» Ella gimió. “Deja que tu propia madre te folle. ¡Quiero tu polla profundamente en el coño de mamá!

    estaba a punto de llegar. Aguanté mi orgasmo, mi madre se sentó en mi regazo frente a mí, metió la polla en su coño y bajó haciendo que mi polla se deslizara dentro de su húmedo coño.

    Inmediatamente mi polla se clavó en mi madre. Se inclinó hacia delante de modo que sus pechos quedaron frente a mi cara. «Chúpale los pechos a mami, hijo mío», me gritó con un gemido mientras empezaba a montarme.

    Tomé su seno entre mis labios y chupé su pezón, lamí, apreté con mis labios, chupé y con mi mano acaricié el otro con mi mano ahuecada.

    “¿Te gusta, mi pequeño? ¿Te gusta el coño mojado de mami? ¿Te gustan los bonitos pechos de mamá?

    «Oh, sí mamá» Ya no puedo contener el semen. Tu coño es delicioso y tu follas muy sabroso.

    Inmediatamente se levantó de mi regazo, se acostó en el sofá, boca arriba, con las piernas abiertas de manera que yo estaba encima de ella en posición de misionero, inclinado hacia adelante de tal manera que su clítoris se estimulara durante la penetración. «¡Ven hijo, folla a mami, y llena mi coño de semen, corre sobre mí!».

    Levantó las piernas para que pudiera profundizar en ella. ¡Incluso podía sentir su útero cuando le di los últimos empujones firmes!

    «Mami»! ¡Ya voy mamá! ¡Estoy yendo! «Gruñí».

    «¡Oh, sí! ¡Folla en el coño de mamá, mi erección!»

    Así que vine. Lo disfruté junto con mi madre. ¡Deposité mi esperma profundamente en su coño!

    Saqué mi polla de ella y me acosté sobre su pecho.

    «Dime», dijo ella con una sonrisa. «¿Qué piensas del incesto?»

    «Genial» respondí.

    «Y no lo hiciste al principio», bromeó.

    «Haremos esto más a menudo ahora, ¿verdad?» Ella preguntó.

    «Oh, sí…» respondí.

    “Pero quiero deleitarme con tu trasero que tanto me fascina, cuando caminas provocativamente”.

    Ella sonrió y dijo: Sé que deseas mi trasero… el va a ser tuyo… jajaja…

  • Mis dudas sobre Adriana (capítulo 3)

    Mis dudas sobre Adriana (capítulo 3)

    A la mañana siguiente me levanté con dos problemas muy duros: el primero que, cuando miré el reloj, eran casi las once y ya escuchaba a todos los demás jugando en la piscina, lo que quería decir que tenía que justificar mi pereza y mi dormida larga; y el segundo, un problema mayor: mi inteligencia citadina no cayó en cuenta de los mosquitos tropicales y, cuando abrí los ojos me encontré cubierto de puntos rojos, producto de mil picaduras que los desgraciados habían hecho en mi cuerpo.

    Me levanté sintiendo ese desespero propio de la rasquiña que provocan esas picaduras y me vi en un espejo que encontré al lado de la puerta, parecía un mapa; los putos mosquitos me habían vuelto mierda y ya no parecía yo sino un insecto transformado en hombre, parecía una persona que no solo me habían picado sino también me habían violado, se habían casado, me habían embarazado y se habían divorciado dejándome las liendras. Me veía fatal y, lo peor era como se sentía. Ni quería imaginarme a la pobre Adriana que había dormido empelota.

    En ese instante, me acordé de mi problema anterior. Debía saber el porqué de su desnudez. Cuando me fui al baño a ducharme, me di cuenta de mi primer error: el bolso de Adriana y su ropa estaban en el baño, resulta que el baño tenía una especie de armario pequeño y ella había dejado toda su ropa y todas sus cosas allí, supongo que porque era más fácil a la hora de cambiarse y eso; me lamenté por haber comenzado el viaje de esa forma tan ridícula y tan infantil… yo y mis pensamientos llenos de dudas y temores que yo mismo creaba. Suspiré aliviado.

    Después de ducharme me puse una pantaloneta y una camiseta para disimular mis picaduras y que no se burlaran tanto de mí y bajé hacia donde estaban todos. Quedé, literalmente de piedra cuando tuve la visión completa del grupo.

    Mauricio y Sebastián estaban metidos en la piscina y jugando con una pelota, al lado de ellos, nadando en la orilla estaba Gabriela, a la que solo le veía la espalda, pero parecía que no tenía puesto el brasier de su traje de baño porque no se veía el cordón de amarrar en ninguna parte y al otro lado de la piscina estaba Adriana, tomándose unas fotos con su teléfono, ella si tenía el bikini completo, pero ese bikini era mucho más pequeño de los que le había visto jamás. El bikini era de un color azul celeste, con unos triángulos pequeños que le cubrían las tetas y abajo una tanga del mismo color que dejaba a la vista casi todo su jugoso culo. Jamás la había visto así, se veía impresionante, como esas actrices porno, además tenía puestas unas gafas de sol que la hacían ver más fatal que de costumbre; de inmediato tuve una erección que se me notó en la pantaloneta, me tuve que cubrir rápido y buscar refugio en la cocina y ver la escena desde la ventana que daba al exterior. Pero lo que más me puso a mil fue que al fondo, acostada en una silla playera y tomando el sol estaba Julieta, pero ella si estaba con las tetas al aire.

    Estaba alucinando con la vista que tenía de la piscina, sobre todo con las tetas de Julieta, cierto que eran pequeñas, pero también era cierto que jamás había visto a una mujer haciendo topless en vivo. El morbo de verla allí, casi desnuda, me pareció alucinante. Me dieron tremendas ganas de hacerme una paja en ese mismo momento, pero no debía; aparte que todavía estaba la incógnita de Gabriela y de saber si tenía brasier o no; no la alcanzaba a ver bien, el agua le tapaba media espalda y no me dejaba aclarar mi duda. Lo que si ya no tenía dudas era que mi mujer estaba como una diosa y que tanto Sebastián como Mauricio no perdían momento para mirarle el culo, aunque, a decir verdad, ella tampoco estaba haciendo mucho esfuerzo por evitar sus miradas.

    La verdad era que no sabía hacía que punto mirar, si hacia mi mujer o hacia Gabriela o hacia las tetas de Julieta. Creo que me concentré en la joven modelo y estaba imaginándome la textura de sus pezones, cuando escuché el grito de Mauricio dirigido a mí:

    —¡Miren! Se despertó el príncipe azul.

    Todos rieron y miraron hacia la ventana en donde aparecí yo como una rata asustada. De inmediato, vi como Adriana me sonrió y comenzó a caminar hacia la casa y, mientras ella llegaba, vi como Gabriela se hundió más para que yo no pudiera verla, sin duda también tenía las tetas al aire, pero no quiso enseñármelas, por lo menos, no en ese momento.

    —Hola dormilón —me dijo Adriana acercándose para darme un beso.

    Yo la saludé tratando de taparme el paquete bien notorio de mi pantaloneta. La verdad era que de cerca se veía más hermosa que de lejos, además estaba más alegre, como más radiante que estando en la ciudad.

    —Hola, ¿hace mucho se despertaron? —dije tratando de cambiar el tema, no solo para disimular sino también para tratar de calmarme.

    —Pues si —afirmó ella mientras caminaba hasta la nevera para sacar un par de cervezas frías— hace un buen rato que desayunamos. Yo me desperté como a las seis, no me aguantaba el calor ni esos mosquitos de mierda que me picaron toda.

    —¡Dímelo a mí! —le dije levantándome un poco la camiseta y mostrándole el bombardeo que había recibido.

    Adriana pegó un grito desesperado, desde la ventana pude ver como todos volvieron a mirar y yo levanté el pulgar para que no se angustiaran.

    —¡Estas como una mazorca! Te volvieron mierda. Pobrecito ¿te duele?

    —No, pero las ganas de rascarme pueden conmigo.

    —No te vayas a rascar que es peor. Gabriela tiene un ungüento super para eso, a mí también me picaron, pero no tanto como a ti. Voy a decirle que me lo presté y te echó.

    Sin decir más salió de la cocina y, para mi sorpresa, se llevó las cervezas con ella. No eran para mí, ni siquiera me había preguntado si quería una. La miré saliendo y moviendo su culo. Tal vez era impresión mía, pero, cada vez que se movía, el bikini se le metía más en el culo y ya prácticamente parecía una tanga de uso diario y no un vestido de baño. La verdad, se veía espectacular, daban ganas de agarrarle ese culito y pegarle una buena palmada que moviera las carnes y se sintiera en la palma de la mano. Sabía que mis compadres también debían pensar lo mismo que yo al ver a mi mujer, ese rabo era demasiada tentación, eso sin hablar del par de tetas que parecían querer salirse en cualquier momento de los pedazos de telas que las cubrían. Lo peor, ella lo sabía, sabía que se veía buena y se movía de aquí para allá como un pavo luciendo plumas.

    La vi acercándose a los hombres y dándoles una cerveza a cada uno mientras inclinaba casi todo su pecho hacia ellos, si yo le veía las tetas colgando no quería saber cómo las estaban disfrutando ellos dos, la visita debía ser increíble.

    De inmediato me volvió a sacudir la polla, ese par de amigos debía estar pasando saliva viéndole las tetas a Adriana y ella, como si nada se prestaba a sus miradas. Para mi sorpresa, también destapó otra cerveza y comenzó a tomársela, a las otras mujeres no les dio, de hecho, apenas tenía otra que dejó encima de una silla y siguió hablando como si nada. Desde la cocina no alcanzaba a escuchar lo que decía, pero por sus pocas señas, se estaba refiriendo a mí y a mis picaduras. Gabriela le hizo algún gesto tratando de indicarle en donde estaba su cremita mágica y un momento después, Adriana se devolvió; esta vez no la vi caminando hacia mí, lo que hice fue fijarme en ese par de imbéciles mirando con descaro el culo de mi esposa. Me dio cierta rabia que, teniendo a sus mujeres a su lado, se dedicaran a mirar la mía, pero en el fondo —no sé qué tan profundo— sentí una especie de orgullo, una especie de excitación al saber que yo poseía algo que ellos codiciaban. Un sentimiento que no había experimentado o, que por lo menos, no había terminado de aceptar en los años que llevaba con ella.

    Adriana entró a la casa, pero siguió derecho a la habitación de Gabriela, mientras tanto yo volví a mirar a la piscina y vi a Sebastián y a Mauricio hablando entre ellos, cuchicheando, seguramente hablando de Adriana, seguramente planeando algo para sacarme de combate. Debía tener cuidado. Esos rumores nunca conducían a nada bueno y solo me llenaban de preguntas sin respuestas claras.

    Adriana volvió con un tarrito en la mano.

    —Quítate la camiseta —me dijo— esta crema es buenísima. Yo me la apliqué esta mañana y mira, ya no se me nota casi nada.

    Estiró sus manos y me mostró su cuerpo apenas cubierto por esos trocitos de tela celeste.

    —¿Y ese bikini? —me atreví a preguntar.

    —¿Te gusta? Era una sorpresa que te pensaba dar, pero como te levantaste tan tarde…

    —¿No crees que está muy pequeño?

    —Pequeño lo que está usando Julieta ¿ya la viste?

    —No —dije intentando disimular lo obvio— ¿dónde está?

    —¿Me crees imbécil, no cierto? Si me di cuenta que la estabas viendo cuando yo estaba parada al frente tuyo.

    Yo no sabía qué hacer, lo único que se me ocurrió fue quitarme la camiseta y cubrir mi vergüenza con las picaduras de otros. Ella se acercó y comenzó a untarme la crema, el solo contacto de sus manos fue suficiente para calmar un poco el ardor y también para mantener mi erección pasajera.

    —No te preocupes por eso —me dijo— antes de quedarse con las tetas al aire me preguntó que si tendríamos algún problema con eso y yo le dije que no, que tú eras un caballero y que aparte de mirar no ibas a intentar hacerle nada ¿Tenía razón?

    —Claro, claro —le dije aceptando su sentencia que, claramente, tenía algo de amenaza.

    —Además, ella siendo modelo está acostumbrada a mostrarle las tetas a todos y supongo que tú ya la habrás visto empelota en alguna foto.

    —No ¿Cómo se te ocurre? Yo no he visto ninguna foto con ella.

    —¿No has visto ninguna foto de Julieta empelota?

    —No —le contesté tratando de disimular que no solo lo había hecho, sino que también ya me había hecho muchas pajas con esas imágenes y su protagonista angelical, no podía aceptar eso, y menos en frente de mi esposa; así que lo dije mientras me giraba para que me echara crema en el pecho.

    —¿Seguro que no la has visto desnuda en ninguna foto? —me dijo mirándome a los ojos, ya frente a frente.

    —No, te lo juro.

    —Pues que mal porque yo si he visto un par y esta divina, hasta me han dado ganas de hacerme una paja mirándola —me dijo sonriendo y provocando un sonrojo de tomate en mí.

    Yo traté de llevarle la corriente, aunque me fastidiaba que jugara conmigo de esa manera, casi siempre lo hacía, le gustaba ponerme contra las cuerdas y después reírse de mí, era como su fetiche, como si le gustara humillarme hasta sentirse satisfecha.

    —Como eres de mala —le dije.

    —¿Tengo la culpa de que seas tan inocente? —me dijo sonriendo y dándome un beso.

    —¿Y me pareció que Gabriela también se había quitado el bikini? —le dije un poco despreocupado.

    —Si ¿también le viste las tetas a ella?

    —No, cuando la miré ella estaba de espaldas en la piscina

    —Pues que bien porque ella si me dijo que le daba mucha pena contigo y que no quería que tú le vieras las tetas —se quedó mirándome un momento— ¿Te gusta verles las tetas a mis amigas?

    —No

    —Pues que mal porque no creo que tus amigos piensen lo mismo de mí.

    —¿Y eso que quiere decir? —le dije sin entender bien su chiste.

    —Pues que de pronto a mí también me da por hacer lo mismo —dijo sonriendo picara y dando la vuelta para irse, pero yo la agarré de una mano y la detuve.

    —¿Serias capaz? —le pregunté

    —¿Quieres probar?

    —No, claro que no. No quiero que ellos te vean las tetas.

    Ella me sonrió y se acercó para darme un pico y luego, antes de volver a irse me dijo:

    —Soy tu esposa, no tu esclava.

    Y salió.

    —¿Qué significaba eso?

    Un instante después volvió a asomar su cabeza por la puerta y me dijo:

    —Antes de que se me olvide, no puede darte el sol por una hora, deja que la crema haga su efecto. Puedes desayunar y seguir mirando tetas a lo lejos mientras tanto.

    Y se fue y debo decir que sentí algo de cabreo en su tono, como si le hubiera molestado que yo dijera que no quería que los otros le vieran las tetas. ¿Y entonces? ¿Debía aceptar? Claro que no. Era mi mujer y no quería compartirla con nadie, aunque ¿era lo que ella deseaba? ¿Era lo que ella buscaba y lo que le gustaba? Al parecer si ¿Y quién era yo para gobernar sobre ella? ¿Para decirle lo que debía hacer o como debía vestirse? ¿Acaso ya no habíamos evolucionado y debía respetar sus espacios y sus gustos? ¿Qué podía hacer yo? ¿Dejar que luciera las tetas y el resto de su cuerpo al que quisiera verla o impedir su empoderamiento? No era mi esclava, como ella misma lo había dicho. Me quedé pensando un momento ¡Que le dieran! Si las quería mostrar que las mostrara. Ese sería su problema. Que las mostrara y dejara de joderme.

    Me puse a hacer mi desayuno cubierto casi por completo con esa crema que olía a mentol, parecía un bebe agripado. Mientras miraba por la ventana de nuevo vi a Sebastián y a Mauricio mirando con deseo a Adriana mientras ella hablaba con Gabriela, seguramente de mí. Lo curioso era que el espectáculo principal de la escena, las tetas de Julieta, era lo que menos me llamaba la atención en ese momento. Yo estaba más pendiente de las miradas de ese par de pillos y del contoneo provocador de mi mujer que ahora con descaro caminaba descalza por en medio de sus cabezas casi hundidas. Me quedé un momento así, con la mirada perdida. Cuando reaccioné casi me da un infarto, vi a Adriana llevándose la mano a la espalda, justo al punto en donde estaba el nudo del brasier. Y luego, me miró. Yo me quedé aterrado viéndola ¡No creía que fuera capaz de hacerlo! Pero su mirada era tan desafiante que no tuve duda que aflojaría ese trapito y se quedaría medio desnuda frente a todos.

    Se quedó un momento así, como esperando mi reacción, pero luego vi como separaba su mano de la espalda y lo siguiente que vi fue como estiró su mano y me hizo pistola con su dedo mientras los demás soltaban la risa a carcajadas y luego ella también rio. Yo apenas si tuve fuerzas para sentarme.

    ¿Por qué se había puesto tan brava de repente? ¿Acaso por mi negativa a que enseñara las tetas? O ¿acaso por los celos que le provocaba la modelo y su descaro?

    No la entendía, pero la verdad era que nunca la había entendido por completo, es más, ni siquiera entendía por qué me había escogido como su marido si siempre le habían llovido pretendientes mejores que yo. No sé, tal vez un desliz, una equivocación o, tal vez, solo había sido suerte de mi parte.

    La veía allí, feliz, tomándose su cerveza con la postura más fingida que le había visto en años, como representando ser la diosa en medio de las nubes y los que estaban abajo en la piscina, fueran los idolatras de ese tesoro. Sin duda, se estaba sintiendo en el cielo y, lo peor —que yo lo sabía muy bien— era que lo sabía y quería aprovecharse de eso. Me pasaron por la mente los mil gestos que hacía cuando quería algo: sus caras de consentida, sus mimos, sus miradas furiosas, sus movimientos de pies que me volvían loco, sus mamadas fuertes, cuando sacaba la cola para que yo sé la tocara, cuando se vestía para salir y quería que todos la vieran, incluso cuando tenía ganas de follar y estábamos peleando. Tenía todo un catálogo de gestos, muecas, movimientos que ponía en práctica cuando quería lograr algo y ahora, para mi tormento, se notaba que quería algo y que no parecía ser algo conmigo.

    Todo eso me generaban muchas dudas, demasiadas, para el momento lo único claro que sabía era que me había evitado todo ese tiempo. De hecho, en el camino no me había llamado, apenas un par de mensajes para saber en dónde íbamos y si nos demorábamos mucho. Nada más. Luego ni siquiera se había levantado para saludarme, se había quedado jugando, descansado y roncando mientras yo llegaba molido por el viaje, ni un vaso de agua, ni un huevito tibio, ni un beso, nada. Y esa mañana ni siquiera me había preguntado cómo me había ido o como había dormido, nada. Era casi obvio que me quería fuera de su ajedrez. Yo no entendía por qué, pero como dije, así era ella, de tanto en tanto parecía olvidarse de mí y abandonarme por completo.

    De repente, vi cómo se animaba el ambiente de nuevo en la piscina y Adriana soltó su lata ya vacía y se lanzó sin pensarlo en el centro, levantando una fuerte ola que terminó por bañar a todos, pero no solo eso, también despertó a Julieta que parecía haber estado medio dormida. Al principio, su reacción fue de incomodidad, pero luego sonrió y, resignada, se levantó y nos dejó a ver a todos —incluso a mí que estaba más lejos— su armonioso cuerpo de modelo apenas cubierto por la braga del bikini. Tenía unos pezones rosados, no muy sobresalientes, pero el morbo de ver sus tetas desnudas hizo que me pusiera a mil, sudé con solo verlas, no quería saber lo que se sentiría al tocarlas.

    Así, casi desnuda, fue caminando hacia la piscina con su paso de pasarela que jamás perdía y, al igual que Adriana, se lanzó al centro sin pedir permiso. Ahora todos estaban en la piscina menos yo.

    Me quedé mirándolos un momento, deseando entrar allí, pero el tema de la crema y el del cabreo de Adriana me hacían arrepentirme y dedicarme a ser el violinista del tejado. La verdad era que se veían muy bien todos juntos, no solo parecían un grupo de amigos sino una familia con un vínculo sagrado. Ellas hermosas jugando a calentar pollas y ellos obedientes a aceptar cualquier propuesta por ridícula o estrafalaria que fuera. La verdad era que todos eran lindos, el más feo de ellos era Mauricio y tenía un cuerpo bastante cuidado, el ejercicio y las horas de gimnasio le habían dejado bastante decente, además, tenía un aire de galán de comerciales de shampoo que lo hacían un poco atractivo, Gabriela no se quedaba atrás, de las tres era la menos guapa y podía estar por encima del noventa por ciento de las mujeres que me cruzaba en el camino; había algo en ella que no terminaba de atraerme, pero sin duda con media cerveza resolvería cualquier defecto. En definitiva, se veían perfectos… perfectos, pero sin mí.

  • El sexo anal salvó mi carrera

    El sexo anal salvó mi carrera

    Sergio eyaculó sobre mis pies, me cayó toda su leche en el empeine y en mis dedos. Era muchísimo semen y estaba caliente y espeso, tanto que se empezó a escurrir y a meterse entre mis dedos. En ese momento experimenté la sensación más placentera de mi vida, y mi vagina estaba a punto de explotar.

    Empecé a frotar mis pies y a embarrar toda la leche que tenía en los dedos. Mis pies quedaron completamente cubiertos de esperma y la sensación me volvió loca. Sentí un hormigueo que comenzó en la punta de mis dedos de los pies y me recorrió toda la pierna hasta llegar al interior de mi puchita. Al mismo tiempo sentí un hormigueo en mis manos y el hormigueo recorrió mis brazos hasta llegar a mi espalda. Arqueé mi espalda, levanté mis piernas, apreté muy fuerte los dedos de mis pies, y sin poder controlarme grité con unos gemidos que se escucharon por todo el pasillo.

    Sergio se asustó porque pensó que podía llegar algún maestro en cualquier momento por culpa de mis gemidos. Se abrochó el pantalón y me dijo:

    —¡Vámonos Paola, nos van a cachar! Agarra tus cosas rápido.

    Me senté lo más rápido que pude pero mi vagina seguía palpitando. Me bajé del escritorio y traté de pararme pero las piernas no dejaban de temblarme. Le dije a Sergio que me ayudara y me agarró de la mano para ayudarme a caminar hasta la parte de atrás del salón donde estaban nuestras cosas. Caminamos muy lento mientras se me pasaba el orgasmo y poco a poco pude caminar bien. El suelo estaba frío y el semen en mis pies se quedó embarrado en el suelo mientras caminaba.

    Agarramos nuestras cosas y me puse mis huaraches, pero como tenían unas cintas que van amarradas a las pantorrillas me iba a tardar mucho en ponérmelas, así que solo metí los pies en ellos, y cuando mis pies se deslizaron entre la división para los dedos, el semen se embarró por todo el huarache.

    Me salí caminando con los huaraches desatados y cuando salimos del salón, todos los que estaban afuera se nos quedaron viendo muy extraño, porque sabían exactamente lo que estábamos haciendo ahí adentro (mis gemidos fueron demasiado evidentes). Y mientras caminábamos un maestro nos vio y nos gritó que nos esperáramos. Entonces empezamos a correr rápido por los pasillos para que no nos alcanzara y todos me veían los pies porque llevaba los huaraches con las cintas desatadas y las suelas de los huaraches pegaban en el suelo y hacían mucho ruido al correr.

    Pero el idiota de Sergio me abandonó. Corrió mucho más rápido y me dejó sola porque yo no podía correr bien. El maestro me alcanzó y me tuve que parar. Me llevó a las oficinas de la coordinación y llamó al coordinador. Cuando llegó el coordinador cerraron la puerta y nos quedamos solo nosotros 3.

    —¿Qué significa esto señorita Quintero? Sabe que está estéticamente prohibido realizar actos sexuales dentro de la universidad. Esto le va a costar la expulsión de la institución. Y no hay ninguna manera de que pueda apelar por su lugar en la universidad.

    Tuve mucho miedo, no supe qué decir y solo me quedé callada. Entonces el otro maestro me dijo:

    —Además es muy peligroso que ande corriendo así en los pasillos, más con sus huaraches así desatados, se pudo caer y tener un accidente…

    Entonces el maestro y el coordinador voltearon a ver mis pies y se dieron cuenta de que los tenía húmedos y todavía se me notaban restos del semen de Sergio. A los dos les cambió la cara cuando me vieron los pies (mis patotas siempre causan esa impresión). Se quedaron callados unos segundos y entonces el coordinador con una voz más suave me dijo:

    —Sí señorita, debe tener más cuidado… hmm… por cierto, con todo respeto, tiene unos pies muy bonitos.

    —Con todo respeto —me dijo el otro maestro—, ¿De qué número calza, señorita?

    —Calzo del 7, o talla 10 americana —le respondí.

    —Oiga pero usted es muy chiquita para calzar de esa talla. ¿Cuánto mide?

    —Pues sí. Mido 1,52 m. Siempre me han dicho eso de mis pies, pero me hacen sentir mal cuando me lo dicen…

    —¡No, no, discúlpeme! No la quería ofender, al contrario, solo me sorprendió que sus pies son un poco más grandes de lo habitual en mujeres como usted, pero son muy bonitos, perdóneme si la ofendí.

    Cuando noté que los dos maestros se enfocaron en mis pies, traté de distraerlos para que me dejaran ir. Así que me levanté el vestido un poco más para que se me vieran las piernas y me empecé a amarrar las cintas de los huaraches a las pantorrillas. Me las apreté mucho a propósito para que notara que también estoy muy piernuda, y funcionó a la perfección. Mientras me las amarraba les empecé a decir que lo sentía mucho y que estaba muy apenada y que de verdad no quería que me expulsaran, que solo fue una equivocación. Los dos maestros no me podían quitar la mirada de las piernas y de los pies. Entonces el coordinador me dijo:

    —Perdóneme, señorita Quintero, son las reglas de la universidad y como coordinador no puedo pasarlas por alto. Está expulsada de la institución. Profesor —le dijo al otro maestro—, ya puede retirarse, yo me encargo de hacer los trámites para la expulsión de la señorita Paola.

    El maestro se levantó y nos dejó solos al coordinador y a mí. Aproveché el momento y le dije con una voz coqueta:

    —¿De verdad me va a expulsar de la escuela por portarme mal?

    Crucé las piernas y empecé a jugar con mis pies y mis huaraches enfrente de él. Entonces me dijo:

    —Déjeme ver si puedo hacer algo. Pero primero páseme la carpeta verde que está en aquella repisa, por favor.

    Atrás de mí había una repisa con varias carpetas con información de los alumnos de la carrera. Entonces me levanté para agarrar la carpeta, me incliné sobre un escritorio que se atravesaba en medio y mientras me estiraba para agarrar la carpeta, me empiné a propósito para que el coordinador me viera el culo debajo de la falda y viera que no llevaba pantis.

    Cuando me giré para darle la carpeta noté que el coordinador estaba sudando y noté que se le empezó a hacer un bulto en el pantalón. Me acerqué para darle la carpeta y me senté sobre su escritorio con las piernas cruzadas. Mientras él sacaba los papeles de la carpeta, yo empecé a jugar otra vez con mis pies para provocarlo y otra vez se me quedó viendo directo a ellos.

    —¿Le gustaron mucho mis pies verdad coordinador?

    —Es que están muy grandes y me sorprendieron mucho… pero es con todo respeto, grandes pero están muy bonitos Paola.

    —¿Le gustaría sentirlos?

    Entonces le empecé a frotar la pierna con uno de mis pies. Para ese momento el semen de Sergio ya se me había secado. Entonces me agarró el tobillo y pegó su nariz a mi pie para olerlo. Entonces le dije:

    —¿Me va a ayudar para que no me expulsen? Si me ayuda, estos pies van a venir a visitarlo más seguido.

    Abrí las piernas y le enseñé la vagina. Se quedó hipnotizado y le dije:

    —¿Promete que no me va a expulsar?

    —No se preocupe, yo me encargo de que se reciba con honores.

    Inmediatamente se me acercó a la cuca y me la empezó a lamer. Su lengua entraba y salía de mi vagina y me empecé a mojar otra vez. Mientras me la chupaba también me acariciaba las piernas y de pronto me agarró los tobillos y me los levantó. Mi culo quedó levantado y vi que se empezó a chupar el pulgar. Entonces acercó el dedo a mí, y cuando pensé que me lo iba a meter en la cuca, empecé a sentir que me estaba acariciando el ano.

    Al principio me asusté y me iba a quitar, pero después pensé que él tenía el poder para expulsarme de la escuela y ahora tenía que estar completamente a su disposición, así que me dejé. Poco a poco me siguió acariciando y tocando el ano hasta que se agachó y me empezó a mamar el culo. Aunque no era algo nuevo para mí, me tomó de sorpresa. Me metió la lengua una y otra vez hasta dejarme el culo completamente mojado.

    Después se levantó, se empezó a desabrochar el pantalón y me dijo:

    —Con esto nunca vas a necesitar volver a estudiar, ya tienes tu título asegurado, pero te tienes que dejar hacer lo que yo quiera.

    Y yo le respondí: —Pues espero que valga la pena porque es la primera vez que lo hago por atrás (no era cierto).

    Me quité el vestido y quedé completamente desnuda, sólo con mis huaraches puestos. Me agarré las piernas y me las abrí mostrándole mi culo, entonces el coordinador me escupió en el ano, se sacó la verga, me agarró de la cadera y me dijo:

    —¡Quintero, está muy caderona! ¡Qué caderas tan anchas y qué piernotas!

    Yo sólo me sonrojé. Me puso la cabeza de la verga en la entrada del culo, se me quedó viendo a los ojos y me dijo:

    —¿Lista?

    Me mordí el labio y asentí con la cabeza. Poco a poco su pene me empezó a penetrar. No era muy grande pero la tenía muy gruesa y se sentía mucho dentro de mi culo. Mientras más me la empujaba más se me abría el culo, y cuando iba a empezar a gemir, el coordinador me puso la mano en la boca para que no nos escuchara nadie. Me la empezó a meter más y más hasta que la tenía toda adentro.

    Me empezó a coger con suavidad pero poco a poco me la metía y sacaba con más fuerza. Sus muslos chocaban contra mis nalgotas y hacían el típico sonido de aplauso. No me cogía rápido, pero me la metía con mucha fuerza. Mientras él me cogía por el culo yo me empecé a masturbar y a meterme los dedos en la vagina. Estaba mojada, pero no lo suficiente, así que decidí pedirle un favor:

    —Coordinador, ¿no quiere sentir también mis pies?

    Sólo asintió y me sacó la verga del culo, pero se la agarré con la mano y le dije:

    —Pero todavía no me la saque, me gusta sentirla aquí adentro.

    Y me la volví a meter al ano. Con su verga adentro y mis piernas abiertas, me empecé a desatar otra vez los huaraches. Cuando quedé otra vez descalza le puse uno de mis pies sobre la boca y le dije que me chupara los dedos. Él no tenía idea de que mis pies estaban cubiertos de la leche de Sergio, pero no se lo dije, y al parecer ni siquiera le importó porque me los empezó a chupar con mucha pasión.

    Su lengua recorría cada uno de mis dedos por dentro y por fuera. Por momentos se metía todos mis dedos a la boca. Yo me empecé a mojar en serio y de pronto hizo lo que yo estaba deseando: me sacó el pene del ano y me agarró los pies para que lo masturbara con ellos. Se los acercó a la verga y yo empecé a mover mis dedos acariciando su glande. Con cada pequeño toque en su glande él se estremecía. Hasta que finalmente le sujeté la verga poniéndola entre mis dedos. Con mis dos pies le agarre la verga y se la jalé de arriba hacia abajo, primero suavemente y luego con más energía.

    Lo que había sido una experiencia completamente nueva con mi amigo Sergio, ahora parecía como si fuera una experta en el arte del footjob. Mis dedos largos acariciaban y sujetaban la verga del coordinador con una habilidad que ni yo misma sabía que tenía. Y cuando pensé que estaba a punto de venirse, me detuvo y me dijo:

    —Tengo una idea.

    Me llevó a su sofá, se acostó en él y me dijo:

    —Ahora móntame y sube tus pies a mis muslos.

    Entonces me acerqué a él, me subí al sofá, me puse de espaldas a él y me agaché para sentarme en su verga. Me la volvió a meter en el ano y empecé a darme sentones sobre ella. Mis piernas estaban abiertas cada una a un costado de su cuerpo. Pero entonces me dijo:

    —Sube los pies a mis muslos, párate en mis piernas.

    Al principio no entendí lo que me quiso decir, pero después él me agarró los pies para guiarme. Primero me agarró el tobillo derecho y puso mi pie sobre su muslo derecho, entonces entendí la posición y subí mi otro pie sobre su muslo izquierdo. Me encantó esa posición y me siguió cogiendo el culo unos cuantos minutos. Hasta que finalmente se iba a venir. Me dijo que abriera la boca para aventarme sus mecos, pero le dije:

    —No, mejor los quiero aquí.

    Me puse en cuatro, levanté mis pies y le ofrecí las plantas de mis pies. Sin pensarlo dos veces se vino en ellos. Todo su esperma cayó en las plantas de mis pies mientras movía mis dedos y los abría para causarle más excitación. Antes de levantarme me dijo:

    —Espérate, no te muevas.

    Agarró su teléfono y le tomó una foto a mis pies todos llenos de su leche. Me volví a poner los huaraches con su semen en mis pies, y le agradecí por el favor de no expulsarme. Y me dijo:

    —Cuando quiera, señorita Quintero, puede volver a venir a pedirme leche para esas ricas patas de puta.

    Pasaron 3 días y de pronto empecé a escuchar que en la escuela todos hablan de una tal “Piesitos”. Cuando pregunté de qué hablaban me enseñaron una foto que estaba circulando en internet, era la foto de las plantas de mis pies llenas de semen, la foto que el coordinador me había tomado.

    Continuará…

  • Una esposa modelo

    Una esposa modelo

    El semen cayó en la lengua de Isabel. Se había arrodillado frente a Alejandro y me miraba, orgullosa, mientras su marido dejaba chorrear su leche en su boca hambrienta. La esposa de mi a amante era una reina. Más allá de los plugs que ocupaban nuestros culos respectivos en aquel momento, teníamos en común un morbo desproporcionado e indomable.

    ¿Cómo había llegado a esta maravilla? Pues con más facilidad que lo que me hubiera imaginado.

    Con Alejandro compartíamos la fantasía de un trio con su esposa. A escondidas, me había mandado fotos y videos de sus momentos más íntimos y verlos en plena acción me había particularmente arrechado. Como él, Isabel me llevaba diez años y, como él, el tiempo no parecía tener cualquier incidencia sobre su cuerpo y su cara. Con unos 44 años, era una mujer delgada, con las piernas y los brazos finos y firmes, tanto como sus senos. Seguro que todas sus amigas le envidiaban estos hermosos duraznos de quinceañera. Su piel bronceada era orneada por unos lunares oscuros y preciosos, en particular su nuca. La había podido observar en detalle gracias a un video que Alejandro había grabado desde su punto de vista, mientras la cachaba en cuatro, agarrando su abundante melena morena para que se arqueara más. Isabel no se había todavía enterado de mi existencia que yo ya conocía cualquier rincón de su anatomía, de su boca de excelente chupadora a su ano obediente, pasando por sus pezones siempre erguidos y sus ojos marrones de zorra insaciable.

    Después de nuestro último encuentro [ver cuento Cicatriz] con Alejandro habíamos establecido un plan imparable para poder acabar los tres en la misma cama. Las ganas de Isabel de tener un trio con otra mujer habían facilitado las cosas. Solo nos había tocado encontrar una forma de “conocerme”, dado que mi relación con su esposo debía quedarse secreta. A él se le había ocurrido explicarle que recibían a algunos colaboradores suizos y que habían ido a cenar después de firmar un nuevo contrato. Era un viernes lo cual su hija había ido a dormir en casa de una compañera del colegio y, para no pasar la noche sola, Isabel se había juntado con un par de amigas para tomar una copa en su bar favorito. De ahí, las cosas habían sido de una sencillez indecente: me había llevado al bar después de la supuesta cena entre colegas y, al presentarme a su esposa, le había dicho discretamente – supuestamente para que yo no lo escuchara – que había sentido alguna química entre nosotros y que le traía a una potencial compañera para compartirlo. ¿Se parece un escenario de película? Vaya, ¡perdónenme por tener tanta suerte!

    Vivían en el centro de la ciudad, en un departamento amplio, con un interior moderno. La sala de estar y su sofá de cuero negro parecían sacados de una revista de design, cada mueble u objeto de decoración estaba colocado con gusto y precisión. Reconocí inmediatamente la afición de mi amante para las cosas bellas y ordenadas. Sin ser un maniático del orden, le gustaba organizar su trabajo y el espacio en lo cual vivía de una manera meticulosa. A la ocasión de uno de nuestros encuentros, me había enseñado fotos de su cocina, una cocina de catálogo, perfectamente pulcra. Me había llamado la atención la isla central y su mesa de trabajo de mármol blanco, con una cesta de metal que contenía naranjas – una mancha de color calculada–, y sus cuchillos brillantes, ordenados del más grande hacia el más pequeño en un imán colocado en la pared. Me acordé lo chistoso que me había parecido el desface total entre la foto de su cocina donde reinaban el orden y la precisión, y su persona en aquel momento: echado en una cama desordenada por nuestros retozos, sudado, con las mejillas y la barba todavía mojadas por mis fluidos. Alejandro era un hombre de contrastes.

    No hubo el clásico “¿Tomamos un vino?” que se hubiera podido imaginar para que nos pongamos cómodos, no hacía falta. Los tres estábamos completamente listos y con ganas de la misma cosa, ni siquiera habíamos hablado en el camino desde el bar. Apenas llegados, Isabel me invitó a seguirla hacia el baño de la forma más natural del universo.

    —Sandra, voy a tomar una ducha rápida, ¿quieres ir conmigo?

    Asentí en silencio, tomando la mano que me ofrecía. Cerró la puerta detrás de mío, abrió el agua en la ducha italiana y se quitó la ropa. Me sorprendía su actitud tan segura, no parecía incomodada al desvelarme su intimidad, al contrario. Metí eso en la cuenta de que tenía un cuerpo hermoso y que le gustaba enseñarlo. Alejandro me había contado que cuando no tenían a su hija con ellos, los dos solían ir a playas escondidas para poder disfrutar del sol desnudos. Obviamente, estas salidas de verano no se limitaban a tomar el sol y bañarse, como lo había podido comprobar con un video suyo. A mí nunca me había molestado desnudarme frente a mujeres, lo hacía cada vez que iba a la piscina y la experiencia sáfica que había tenido hacía un año (ver relato “Carmela”) había terminado de quitarme cualquier pudor en presencia de una mujer. Pero al ver en persona a Isabel, perdí mi facilidad en bajarme los pantalones. Comparé su cuerpo con lo que veía del mío y la inquietud de disgustarle me invadió un breve instante.

    —¿Te vas a duchar vestida? —me preguntó, riendo, al ver que me quedaba inmóvil mirándola.

    Le contesté que claro que no, escondiendo mi timidez, quitándome también la ropa, mirando el piso, un toque incómoda. Isabel se metió bajo el chorro de agua y abrió los brazos a modo de invitación.

    —Ven, relájate… Vamos a pasar un buen momento…

    La alcancé y su abrazo hizo volar mis dudas e inquietudes. Abrazaba como su esposo, con una mezcla perfecta de ternura y deseo. El agua chorreaba sobre nuestros cuerpos desnudos, nuestros senos se pegaron, perecía que nuestros pezones se besaban. Alejandro entró en el baño mientras la excitación me sumergía. Se quedó fuera de la ducha, mirándonos. Isabel, que le daba la espalda fue la que empezó las festividades, al pasar su mano entre mis piernas para amasar suavemente mi intimidad. Agarré una de sus nalgas, era firme y redonda, me entraron unas ganas de exprimirla con fuerza y clavarle las uñas. Miré a mi amante como para pedirle permiso quien, con un ligero movimiento de cabeza, me dio la luz verde.

    Lo hice, gimió y su boca se pegó a la mía, como si fuera la señal que esperaba. El contacto de su barbilla suave contra la mía me extrañó un instante, siempre me sorprendía esta sensación al besar a una mujer. Pero al encontrar su lengua, mi excitación duplicó, haciendo volar cualquier duda. La reacción de Isabel al ligero dolor de mis uñas en su nalga me animó a seguir en esta dirección, tomé uno de sus pezones y lo hice rolar entre mis dedos, como me gustaba que a mí se me lo hiciera. Su beso se hizo más intenso y su mano apretó mi entrepierna con más fuerza, entendí que mi gesto faltaba de convicción. Era claro que su placer en el dolor estaba a otro nivel que el mío. Pellizqué su pezón más fuerte, pasando el límite de lo que yo podía aguantar. Tuvo un respiro hondo y su boca se acercó de mi oreja.

    —Así es como me gusta —me susurró.

    Alejandro desabrochaba los botones de su camisa mirando mi mano amasar y arañar el culo de su esposa. Nos sonreímos. Dio un paso en la ducha para agarrar un gel de baño y dejar caer una gota en la mano que le tendí espontáneamente. La escena pasaba a espaladas de Isabel que parecía saber exactamente lo que le estábamos preparando al ver como meneaba lentamente su culo. Nuestras bocas se habían dejado y ahora me besaba y me lamia el cuello. Sus lenguazos tiernos de gata agradecida se mezclaban con el chorro del agua tibia. Entre mis piernas ya ardía un fuego vivo. Untado con algo de gel, uno de mis dedos pasó entre sus nalgas, buscando su hueco. Isabel se arqueó, era lo que esperaba. No me hizo falta apretar su ano para penetrarlo, ella misma lo buscó, mientras su lengua bajaba de mi cuello a mi teta, con un gemido de placer. Me reconocí en su actitud. ¿Cuántas veces había buscado los dedos que se me presentaba para que uno de mis agujeros se los tragara? A Alejandro le gustaba esta actitud que traducía unas ganas intensas, entonces imagínense cuánto le complacía ver el espectáculo que le estábamos regalando.

    Tocaba su verga a través de su jean y su boca se había entreabierto. Adivinar su lengua brillante de saliva me arrechaba tanto como sentir el ano de su mujer apretar mi dedo, quería cacharla y ser cachada por él. Isabel se puso a mover el culo con más insistencia, entendí sin esfuerzos que quería que la abriera un poco más. Un segundo y, rápidamente un tercer dedo alcanzó al primero en su culo mientras me mamaba. Siempre había tenido los pezones muy sensibles, hacían de mis pequeñas tetas una zona volcánica. Las sensaciones que me transmitía siempre me habían excitado mucho y como no lactaba, se habían quedado intactas. Esta morbosa lo había sentido y aspiraba mi pezón con fuerza, cachándose tranquilamente el culo sobre mis dedos. Se había abierto con una facilidad impresionante, seguramente gracias a la intensa práctica anal que tenía con su pareja. Las imágenes de uno de sus videos me volvieron a la mente: ella en cuatro, con un dildo de un tamaño considerable metido lo suficiente en su culo para mantenerse solito ahí, chupando a Alejandro. Isabel me sentía hervir y me metió dos dedos en la concha, fui yo quien tuve el primer suspiro fuerte.

    —Creo que nuestra invitada está muy a gusto, ¿no amor? —le preguntó Alejandro a su esposa.

    —Tanto como yo —le contestó con una voz lasciva.

    —¿Ya estás lista?

    La pregunta era para Isabel, pero con la sonrisa que me dirigió al pronunciarla, entendí a qué se refería sin mucha dificultad. Me gustaba este juego, cada uno entrando naturalmente en el papel que más le gustaba, sin esfuerzos. Entre dos suspiros, eché leña al fuego, tratando de mantener cierta contundencia mientras los dedos de su esposa ocupaban deliciosamente mi concha:

    —¿Te abrí lo suficiente, Isabel? —le pregunté, medio burlona.

    Era obvio que sí y que esperaba más, al ver cómo mis dedos estaban cómodos en su culo. Contestó a su esposo.

    —Sí, ya me lo puedes meter, quiero el de metal.

    Alejandro, esposo considerado y precavido, había anticipado los deseos de su mujer y sacó de su bolsillo un plug plateado. Su tamaño me impresionó, era por lo menos el doble que el que me había regalado [ver cuento Reencuentro con el lector]. Su mirada había cambiado, se había despertado su alma dominadora.

    —Sandra, ¿puedes retirar tus dedos del culo de esta perra, por favor?… Ya, muy bien, separa sus nalgas para que se vea a bien su hueco.

    Isabel había vuelto a chupar mi pezón suavemente y gemía discretamente de placer, como un ronroneo satisfecho al estar en el centro de nuestra atención. Alejandro hizo un paso en la ducha untó el juguete con algo más de gel de baño y lo insertó en el culo de su esposa. Con una repentina intensificación de sus gemidos, supe que estaba en la parte más ancha. Su esposo la mantuvo así un rato, abierta al máximo. Lamentaba no poder verlo, la mirada brillante de morbo de Alejandro que no se perdía un segundo de la dilatación de su mujer, me confirmaba que el espectáculo era un deleite. Cuando el ronroneo de placer de Isabel cedió el paso a un gruñido de queja insatisfecha, entendí que su culo se había tragado el objeto y que la parte más estrecha no le bastaba. Retiró sus dedos de mi intimidad, se enderezó, me dio un beso rápido en la boca y miró a su esposo con cierta irritación. Si le gustaba ser dominada y que su esposo la tratara como una perra, era ella quien orquestaba cualquier de sus gestos.

    —Hubieras podido hacerlo con más tiempo, apenas lo sentí.

    —Perdón, amor. Te prometo tomar todo el tiempo que tú quieras cuando te lo voy a retirar…

    Marcó una pausa, buscando con la mano en su otro bolsillo. Una sonrisa iluminó la cara de Isabel al ver lo que sacó de ahí. Su mano pasó entre mis nalgas y uno de sus dedos empezó a jugar con mi ano.

    —A ver, Sandra es tu turno, date la vuelta —me dijo mi amante con un juguete idéntico en la mano.

    Continuará…