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  • Pasión con mi prima

    Pasión con mi prima

    Este relato es el comienzo de una serie de relatos y que ojalá pueda transmitir lo más real que pueda, ya que quiero que ustedes sientan la pasión con lo cual nos entregamos mi prima y yo.

    Nuestros juegos adolescentes siempre fueron normales y sin vernos como objetos sexuales el uno al otro, mi prima Lore y yo siempre nos dimos mucho cariño y jamás pasó de eso durante años.

    Simplemente pasear de la mano o hacernos cosquillas mientras mirábamos una película en su habitación, más de una vez quede en posición de misionero, haciendo que se retorciera de la risa mientras le generaba cosquillas o ella sobre mi pelvis tratando de forcejear para morderme o hacerme cosquillas, juegos que para nuestra edad de 18 años y la inocencia de la época no eran más que eso un juego.

    Esa noche después del boliche nos dejamos llevar más allá de los juegos que nos hacíamos de niños, compartíamos habitación, siempre me gustaba pasar las vacaciones con ella y mi tía. Esa noche habíamos salido como cualquier adolescente a bailar y tomar unos tragos, parecíamos pareja ella me abrazaba y caminábamos de la mano por el boliche, me presento unas amigas, pero jamás digo el parentesco que nos ataba.

    –prima, así no voy a poder ligar a ninguna de tus amigas si me abrazas y no me dejas bailar con ellas?

    –tal vez no quiera que te lleves a alguna de mis amigas esta noche, no te parece?

    –claro prima y yo me tengo que ir solo con el calenton de ver y no poder accionar jajaja

    Esa noche paso así bailamos en grupo, bailamos juntos ella se pegaba a mi y yo tratando de poder escaparme de ella para poder ligar a alguna de sus amigas.

    Al volver a su casa le reproche que no me había dejado ligar con ninguna de sus amigas. Había una que me había dejado loco pero que no pude avanzar ni un paso ya que ella se dio cuenta de mí intenciones y por eso mi reproche.

    –tranquilo primo que la noche aún no termina me decía cuando ingresábamos a su casa mientras mi tía dormía.

    –si, si la noche no termina decía yo maldiciendo entre dientes.

    Tras los preparativos para ir a dormir yo fui el primero en estar en mi cama, dejando el baño libre para que ella se prepare para dormir, yo en bóxer dado el calor de verano me metí en la cama quedando tapado solo con la sabana de espalda a la cama de ella dando la intimidad que podía para que ella no se sienta incomoda.

    La sentí entrar cuando al ingresar cerró la puerta muy despacio y puso llave, no me di vuelta al verla para que no se sienta incómoda.

    De pronto siento que ella ingresa a mi cama por debajo de las sábanas y se acuesta detrás mío, tras unos segundos de quietud me dijo.

    –estas enojado primito porque no te deje avanzar con Camila mi amiga?

    Mientras empezó a hacerme cosquillas y yo sin poder resistir forcejeando para quedar de frente a ella siendo incapaz de poder soltarme de su forcejeo y cosquillas retorciéndome en una risa apagada para que mi tia su madre no se despierte.

    Forcejeo y risa nos llevo a que ella gane la batalla quedando sobre mi montada y yo pidiendo piedad.

    –pobre mi primito, no lo deje llevarse a ninguna de mis amigas, sentenció entre risas.

    Yo abriendo los ojos tras el castigo disfrazado de juego, note por la claridad del día que entraba por la ventana, en que posición estábamos y como venía vestida mi prima.

    Observe su sonrisa de burla, sus besos labios baje mi mirada y pude ver sus tetas traslucir bajo una remera de tiras ajustada a su cuerpo, no eran grandes más bien nunca fue su mayor atractivo pero eran llamativas, de tamaño medio casi más para pequeñas, apuntaban hacia el frente dejando ver sus aureolas medianas y sus pezones chicos dando el final a esas después comprobadas deliciosas tetas.

    Su abdomen le dada ese estilo entre ni plano ni de algunos kg de más era justo, seguí observando más abajo de su cintura y al ver nuestras pelvis pegadas y esa transparente tanga que dejaba ver sus bellos púbicos y dos tiritas que adornaban sus cadera.

    –que pasa primo no te gusta este juego?

    No era que no me gustaba es que la vista había empezado a despertar mi hombría por debajo del bóxer ajustado, sin poder moverme, solo me quede en silencio mientras ella comenzó con un movimiento de pelvis suave y mi verga tomaba consistencia entre nuestras pelvis.

    Yo solo dejaba hacer y ella con su sonrisa pícara sosteniendo mis muñecas contra la cama a la altura de mis hombros quedando inmóvil a su merced.

    Su cara de pícara cambió, ella cerró los ojos y se dedicó a sentir como mis 20 cm de verga terminaban de ponerse duros. Se inclino un poco hacia delante, soltó mi mano derecha la cual fue derecho a su nalga, mientras con su mano liberaba mi extensión de ese bóxer. Ella seguía con su movimiento y solo entre mi verga y sus labios vaginales estaba la fina tira de su tanga que se perdía entre sus gruesos labios con el movimiento que ella ejercía.

    Al sentir que mi mano masajeaba su hermoso y gran trasero y mi verga casi se introducía en su interior. Si no fuera por esa tira de tanga así hubiese sido, soltó mi otra mano la cual aparte de buscar su otra nalga fue la encargada de correr su tanga dejando su desnuda concha, para seguir con su movimiento.

    En un momento mis manos abriendo sus nalgas, aprovechando el balanceo de sus movimientos, tensé mi verga y pude sentir como se introducía en su interior media verga, su cara de sorpresa, dolor y excitación, hizo una pausa me miró a los ojos como buscando el culpable de lo que había pasado, con su mano apago un grito, su cuerpo se tensó. Yo asumí las culpas, sentí como su concha se humedecía y tras un movimiento de pelvis dejé ir toda mi verga para que nuestras pelvis chocarán.

    Ella callo sobre mi pecho, ahogando su grito mordió mi hombro y su cuerpo tembló, estaba teniendo un orgasmo sobre mi con tan solo sentirme dentro suyo. Tras un minuto su cuerpo dejo de temblar mi miembro sintió el calor de su cavidad, ella me miró a los ojos como diciendo que hiciste? Y busco mi boca para ayudarme a compartir culpa, nuestras lenguas se enredaron en una danza. Mi pelvis comenzó con un suave vaivén dejando salir con cada movimiento la humedad que había dentro suyo dejando mis huevos mojados de su flujo.

    –prima que rica estas, tenías razón que la noche no había terminado.

    –te gusta sentir mi conchita, porque a mí me encanta tenerte dentro mío.

    Seguimos con nuestros movimientos de mete saca ella ayudaba con cada movimiento sobre mi, nuestras lenguas se buscaban apagando nuestras pasión para no ser escuchados.

    Me pidió que cambiáramos de posición y de paso nuestros cuerpos quedaron completamente desnudos, aproveche que había bajado de la cama para deleitarme comiendo sus pechos su cuellos y boca parados al costado de la misma, éramos dos amantes, el fuego de nuestro cuerpo se dejaba encender cada vez más.

    Ella se acostó boca abajo en la cama dejando sus piernas abiertas, lo cual pude ver la humedad que emanaba depositándose en la sabana.

    –veni primito, quiero sentir que me penetres, quiero sentirte sobre mi.

    Me arrodille entre sus piernas masajeando su gran culo dejando ver como se abría y cerraba esa concha, ella ayudó levantando su pelvis y colocando una almohada debajo de la misma, quedando a mi merced tan delicioso manjar. El cual me dedique a lamer y chupar cada rincón de su conchita que con cada lametazo emanaba más jugos para que yo tomara cual oasis en el desierto.

    Mi lengua busco cada centímetro de su ser cada rincón de su entrepierna pero lo que más le gustó fue que le comiera el culo, mordí masajee sus nalgas, succione su clítoris y mi lengua se introdujo en su interior cuando su cuerpo se tensó, sus manos apuñaron las sábanas y su boca se ahogó contra el colchón, su orgasmo fue eminente sus líquidos salieron disparados mientras mi boca los buscaba para que no se desperdicie nada, eran deliciosos dulces y fue muy gratificante que allá llegado a eso con mi lengua.

    Deje que su respiración se normalizara, ella miro hacia atrás, sus ojos delataban placer.

    –veni por favor, cogeme, aunque no podamos gritar quiero que me penetres lo mas profundo que puedas.

    Su desesperación se hacía notar, pero pensé quiero disfrutar un poco más, no voy a entrar en esa desesperación.

    Acomode mi cuerpo sobre ella, con mi mano tome mi verga y jugué con un suave movimiento entre sus labios sin ser penetrada.

    –me estas matando de placer penetrame de una vez te lo pido, no aguanto más quiero tenerte.

    Algo en mi se despertó, cual demonio sabiendo que no podía gritar, introduje la cabeza de mi verga entre sus labios vaginales y de un solo golpe deje caer toda mi extensión dentro, ella ahogo su grito de dolor y placer en el colchón, tenso su cuerpo mientras mi verga salía de su interior casi por completo para luego volver a atacar sin piedad nuevamente.

    Así estuve casi 10 minutos más mordiendo su cuello, saboreando su espalda, tirando de su pelo y buscando con cada penetración ir más y más adentro.

    Arqueada su cuerpo montado sobre ella con mis rodillas sobre el colchón, apretaba su cuello en esa posición, ella se tensaba, sufría mis envestida respiraba agitada, sus pechos eran estrujados por mis manos, mi boca mordía sus hombros, mi verga buscaba con cada envestida arremeter más y más profundo.

    Nuestros cuerpos se tensaron, era evidente que nuestros orgasmos llegarían, mi verga se hincho en su interior mi mano ahogo su grito mientras que mi boca se ahogó en su espalda, 2, 3 o 4 chorros grande de leche inundaron su cavidad mientras que sus flujos caían sobre la almohada, nuestros cuerpos se relajaron caímos sobre la cama, yo seguía sobre ella.

    La reparación volvió a la normalidad mis brazos la rodearon, me gire junto con ella mi verga empezó a salir de su interior, ella lo noto apretó sus piernas dejando en su interior la cabeza de mi verga prisionera de su caliente concha, así nos encontró el sueño en posición cucharita, cuando despertamos con los golpes en la puerta de la habitación.

    –levántense, ya está listo el desayuno.

    Nos miramos asustados, nuestros cuerpos seguían unidos mi verga flácida aun dentro de ella, nos miramos nos dimos un beso en la boca nos reímos de nuestra picardía como sabiendo que esto era solo el comienzo y ella se levantó hacia el baño y yo hacia la otra cama para que no se notará que nadie había dormido en ella.

    Si te gustó el relato hacérmelo saber soy de argentina cualquier sugerencia [email protected].

  • Las enfermeritas querendonas (5)

    Las enfermeritas querendonas (5)

    Lunes 12.30 am llegando al aeropuerto con tiempo para tomarme un café antes de arrancar la jornada y me estaba esperando mi jefe.

    – Beto, veni a mi oficina y charlamos un momento.

    – Sí jefe, ya voy.

    – Beto, ¿qué pasó el otro día?

    – De que me hablas?

    – Del viernes.

    – Nada en particular, hubo algún inconveniente señor?

    Estaba sudando más que testigo falso, ahora vienen los de aeroportuaria y me llevan preso, pierdo el laburo y termino en el penal.

    – No, te preguntaba porque hiciste doble turno.

    – Aaaa, es que el gordo tenía unos mandados que hacer, me pidió si lo cubría y después él me cubría el sábado de noche.

    – Fue por eso?

    – Si.

    – Como viste el operativo de los 2 porteños que traían guita?

    – No es la primera vez que lo veo jefe, fue como siempre, estaban marcados de antemano, los trancaron los muchachos y se los llevó seguridad. Dicen que traían una buena suma para blanquear.

    – Dicen si, pero que no eran los únicos.

    – Venían mas de 2 de la misma banda?

    – No, los de esa banda eran 2, pero olvidate esto es otro cuento, andá a tu lugar que te hace la hora y si no van a chillar tus compañeros y a decir que tengo preferencia por vos.

    El jefe había sido un respaldo muy importante para mí, entré a trabajar en Migraciones con 18 años y a los 19 había una vacante en el aeropuerto y quedé seleccionado. A los 2 meses de estar ahí fue que mis padres fallecieron en un accidente de tránsito y él me ayudó y aconsejó mucho desde ese momento.

    Me fui a mi lugar, estuve todo el turno chequeando documentos sin mayores novedades que una vieja que venía de Brasil y quería entrar con el documento que no estaba en buenas condiciones, por suerte también tenía el pasaporte, así que no hubo problema, pero en la cabeza me quedó dando vueltas lo que dijo el jefe «no eran los únicos». Se debería referir al Dr. Mazzone.

    De alguna manera tenía que hacer llegar el mensaje, pero no podía precipitarme, por si me habían tirado verde para recoger maduro.

    A la hora de descanso, me voy a tomar un café (en este horario no da ni para almorzar ni para cenar), pero era el que me permitía salir los fines de semana y que entraba a las 13 y salía a las 21. Llegué al café y vi que tenía un mensaje de un número que no tenía guardado.

    Beto, soy Juan del boliche, en el gimnasio escuché que hablaban de un flaco y por las señas sos vos, no sé si te mandaste una cagada con la petiza, pero estás en boca del gordo y otro loco más que cuidan a Mazzone.

    Ya me veía muerto de nuevo. Desde que ando (de verdad ¿ando?) con la petisa estoy más perseguido que el ratón jerry. Y bueno (pensé para mis adentros), que sea lo que tenga que ser.

    Contesté el mensaje con un «Gracias Juan, no creo haberme mandado ninguna como para que me arruinen», nos vemos el viernes.

    Terminé mi jornada y me fui a casa, cuando iba en el auto, me llega una llamada de Vivi.

    V: Hola bombón como estás? ya saliste de trabajar?

    B: hola hermosa! acabo de salir, vos?

    V: Yo entro en un par de horas al hospital, no queres pasar a darme un besito y me llevas al trabajo?

    B: Yendo no, llegando!

    Era Lunes y ya iba a gastar las pocas energías que había recuperado, pero por suerte había límite de tiempo.

    Enfilé hacia la casa de Vivi, toqué timbre, se abrió la puerta, entré y era el gordo que me estaba esperando atrás de la puerta.

    – Pará que no hice nada gordo! Fue lo primero que se me vino a la cabeza.

    – No te voy a lastimar flaco, subí que te están esperando.

    Arriba estaban Vivi y el Dr. Mazzone.

    Dr.: Nene, te apretaron hoy? disparó sin siquiera saludar.

    B: Tiraron verde para recoger maduro Dr.

    Dr.: y que te dijeron

    B: Me preguntaron por qué había hecho doble turno y después tiraron como si nada que los que agarraron no eran los únicos, pero me hice el boludo, cosa que no se me dificulta.

    Dr.: Ibas a avisar?

    B: Adentro del aeropuerto mejor no tirarse ni un pedo, porque se sabe y escucha todo Dr. Ahora que Vivi me llamó iba a decirle cuando llegara, pero no por teléfono.

    Dr.: Tenias razón hija, no es pelotudo el nene. Gracias Nene, mañana andá temprano por casa y charlamos. Y vos nena, no te entretengas mucho que tenes que ir a laburar.

    El Dr. se fue y creo que antes de que cerrara la puerta de abajo, Vivi estaba de rodillas chupándomela.

    V: Dale amor, que no tenemos demasiado tiempo. decía mientras me chupaba los huevos y me pajeaba.

    Era imposible resistirse a esa máquina de coger.

    Al toque la tenía contra la pared, culito en pompa pidiendo que le hiciera el chiquito mientras le daba como una máquina de coser por la concha y aplaudía mi pelvis contra esas nalgas.

    Estaba bien mojadita y resbalaba mi verga entrando y saliendo.

    V: Vamos al cuarto

    B: No, ponete en cuatro que te voy a coger en el mismo sofá en el que estaba sentado tu viejo.

    Se puso en 4, fui a chuparle el culo que de nuevo me tiraba besitos pidiendo atención y se le fui metiendo, hasta que hice tope.

    V: Dame verga mi vida! Cogeme bien cogido el culo!

    A las órdenes mi generala, agarré bien esas nalgotas, se las abría como para meterla más adentro, dejé caer mas saliva como lubricante y me afirmé con alma y vida.

    Esa cola apretaba riquísimo y ella gemía pidiendo más y más yo estaba para dar todo en ese rato.

    Me hace sentarme en el sofá y ella se me sube arriba y cabalgaba cambiando de la cola a la vagina, frente fondo, frente fondo yo estaba perdiendo el control y mandaba mi pija, la levanté a horcajadas y empecé a darle como si fuera la última vez, ella gritaba y yo también, nos decíamos cosas, sudábamos, nos besábamos, ella me mordía las orejas y me gemía, esto era a toda máquina, pero el tiempo corría en nuestra contra.

    La petisa se puso de rodillas y empezó a chuparla como si no hubiera mañana y cuando estaba por llegar se la saca de la boca, diciéndome «Dame la lechita en el pechito bebé, bañame las tetas, dale damela» mientras me masturbaba.

    Me dejé ir y largué la acabada en sus tetas, ella se refregaba la pija en los pezones y se desparramaba la leche en las tetas.

    Me la chupó un ratito hasta dejarla bien limpia y como una niña que hizo una travesura, se fue corriendo al baño a darse una ducha.

    Quedé tirado en el sofá con la cabeza hecha un relajo, entre lo bien que me cogía la petisa, el laburo, el viejo que quería hablar conmigo, no sabía que estaba pasando.

    Me vestí, vino Vivi, la llevé al hospital y cuando se estaba bajando, venía Cata, la colorada que salía de su turno.

    Vino a saludar y me pidió si la llevaba a la casa, ya que quedaba de camino.

    Subió al auto y a las 2 cuadras me estaba manoteando la pija.

    – Uy Cata, no seas peleadora, Vivi me acaba de dejar seco.

    – Vos dejame a mi a cargo, que van a ver lo lindo que lo pasas.

    Ya era de noche y mientras manejaba la colorada empezó a chupármela, con una cadencia ni rápida ni lenta, con muy buena presión y sin sacársela de la boca.

    La muy perra me quería sacar la leche con la boca, y yo estaba dispuesto a eso, aunque si me dejaba metérsela un ratito en esa conchita apretadita, no me iba a quejar.

    Estaba llegando a su casa y me dice si no quería subir un ratito. Soy tán fácil.

    En el ascensor ya le había bajado el pantalón del uniforme y le estaba metiendo los dedos.

    Llegamos, nos bajamos del ascensor, entramos a su casa y fuimos directo a su cuarto.

    En la cama ya desnudos volvió a chupármela, le pedí para ponernos en 69 ya que no quería ser egoísta y me prendí de esa conchita divina.

    C: Estoy muy caliente, quiero que me cojas y acabar

    B: Vení, subite y cogeme, que tu amiga me dejó muerto.

    La colorada se trepó, fue clavándosela y yo sentía centímetro a centímetro como iba entrando en esa cuevita ajustada, empezó a moverse y en 5 minutos estaba llegando al clímax a los gritos, ella solita, yo casi no me moví. Le pedí para terminar en ese culito divino y me dijo que no, ue lo tenía dolorido porque el director de CTI que tiene un antebrazo entre las piernas se lo había dejado medio lastimado. «muy pijudo pero coge muy mal el veterano».

    Volvió a chupármela hasta que acabé y se la tomó todita.

    Me vestí y me fui a mi casa.

    Pensaba llegar a cenar a las 21.30, pero llegué cerca de la 01.00 y estaba muerto de cansancio.

    Si no me mata el doctor, me van a matar las enfermeritas, dije mientras caía rendido en mi cama sin cenar.

    A las 10 tenía que estar con el Dr. Mazzone.

  • Un poco de nosotros

    Un poco de nosotros

    Bueno, primero que nada, voy a presentarnos, mi nombre es Alan. Tengo 31 años, mido 1.75, moreno, cuerpo de complexión media y siento que estoy en la medida media ya que me mide 16 cm. En lo personal disfruto el seco de muchas formas, nunca me cierro a nuevas experiencias y soy fetichista de pies femeninos.

    Mi pareja se llama Valeria, Vale para los amigos y Valery para las personas que nos conocen en el ambiente. 31 años, piel blanca, mide 1.50, pechos pequeños, pero bien redondos, nalgas acorde a su complexión y calza del 2.5 (mex). Una petite en forma que es el deseo de muchos.

    Nos conocimos a los 17 y a partir de ahí todo a sido disfrutar y aprender experimentando juntos. Siempre mantuvimos una relación abierta, cada quien podía salir y hacer lo que quisiera por su lado. Siempre disfrutamos de contarnos mutuamente lo que hacíamos con otras personas, eso nos excitaba más y hacía que nuestras sesiones de sexo mejoraran con el tiempo.

    Llego un punto a los 28 que decidimos ir a vivir juntos como roomies, respetando la relación que teníamos hasta ese momento, pero las cosas mejoraron ya que no solamente nos limitábamos a cobrarnos nuestras experiencias si no que al vivir en el mismo departamento podíamos escuchar y algunas veces alcanzar a observar el sexo que tenía el otro en su habitación.

    A los 30 nos casamos y siempre dejamos en claro que nuestra relación seguiría como hasta ahora, la única diferencia es que dormiríamos en la misma cama, bueno siempre y cuando alguno de los dos no tuviera visitas.

    Desde hace 6 meses entramos de lleno en el ambiente swinger, también en varias ocasiones he asumido el rol de cornudo y ella de hotwife.

    Hemos tenido experiencias bastante placenteras, pero me gustaría que ustedes me digan sus dudas, comentarios y solicitudes.

    Con gusto los atenderemos, esperamos poder compartir con ustedes todas nuestras vivencias y en ocasiones escribiré yo y en otras mi esposa.

  • Quiero un cómplice y me gustaría que fuera mi amiga les

    Quiero un cómplice y me gustaría que fuera mi amiga les

    Tenemos una amiga que me agrada porque es muy amable y sonriente, en general es seria, pero tiene un carácter que atrapa. Es bajita, cabello corto, piel morena, ojos bonitos, tiene unos 30 años de edad, en fin, el punto es que es una chica a quien me gustaría ponerla en tentación al dejarla ver a mi mujer en situaciones eróticas. Ella es compañera de trabajo de mi mujer y hemos coincidido en algunas fiestas de la empresa, ahí es donde he notado cómo ve a mi mujer, noto que se le acerca mucho, que juega buscando tocarla y que incluso se pone nerviosa cuando mi mujer le sigue el juego.

    Tengo una idea en mente, quiero invitar a mi mujer a una salida de vacaciones, rentar casa con alberca por app, invitar a esta chica y hacerle saber que mi mujer tiene una fantasía (cosa que es real), y que quiero que nos ayude a cumplirla, que lo que queremos es que esté atenta a los momentos cachondos que tendremos mi pareja y yo, que durante la noche dejaré ventanas abiertas y cortinas con el espacio suficiente para que pueda observarnos, que su misión será observarnos y tomar algunas fotos y videos.

    Lo que quiero son dos cosas: uno, cumplir el gusto que tiene mi pareja por ser observada mientras tenemos sexo, y dos, darle una súper vista a nuestra amiga, que vea a mi mujer montándome, que la vea abierta de piernas, mostrando su chochito, a veces velludo, a veces depilado, que vea los pezones marcados de mi mujer y escuché lo ruidosa que es en el sexo, que confirme lo caliente que es en el sexo, cosa que estoy seguro la va a poner al mil, de hecho puedo imaginarla masturbándose al ver la vista privilegiada que pretendo darle, dándole el mejor ángulo del culo perfecto de mi mujer siendo penetrado en todas las posiciones, que por cierto, me encantaría ver a nuestra amiga mientras nos observa, saber qué tanto se calienta y que hace mientras nos ve. Después me encantará ver qué fotos tomó, que fue lo que ella consideró más erótico y decidió fotografiar.

    Mi pareja es generalmente descuidada con su bikini, no sé por qué, pero no se da cuenta cuando se le sale el pezón del bra, o cuando se le salen los pelos por la parte de enfrente del bikini, siempre he tenido la duda de si se da cuenta o no, alguna vez le he preguntado si lo nota y ella dice que no, pero no le creo…

    En cuanto a mi mujer, fantaseamos cuando tenemos sexo, jugamos e imaginamos que nos ven extraños cuando dejamos las ventanas abiertas en el hotel, hemos visto personas en los hoteles que dan frente al balcón de nuestra habitación y aunque nos da un poco de pena, al poco tiempo se nos quita y nos prende a ambos, así que nos ponemos intensos y permitimos que nos vean completamente, hago posiciones donde ella expone su culo a nuestros admiradores y noto como ella lo disfruta, le digo al oído que la están viendo y ella aumenta sus gemidos, se excita y llega a orgasmos súper intensos, noto que a ella le gusta y el verla extasiada hace que yo también lo disfrute.

    Me encanta verla feliz, y esa es una de las razones por la cual tengo en mente disfrutar una experiencia nueva con nuestra amiga. Pretendo hacerlo en nuestro próximo viaje de pareja, si se realiza lo publicaré.

  • Me cogen los albañiles de mi abuelo

    Me cogen los albañiles de mi abuelo

    Hola. Como ya les conté en los relatos de mi primo, él se hizo la fantasía de cogerme luego de ver escondido cómo me entregué a los dos albañiles que mi abuelo contrató para una reparación en su casa. Hoy les voy a contar lo que vio mi primo ese día.

    Como les decía, yo estaba pagándoles a los albañiles, uno joven y un ya mayor, con un atuendo de nena. Ellos empezaron a halagarme y, luego de insinuarles que ya había tenido sexo con hombres, se acercaron a manosearme; me acariciaban las piernas… luego las nalgas. Me tocaban tímidamente, luego más desinhibidos, luego me apretaban y deslizaban sus dedos entre mis nalgas, como forzándolas a abrirse. Yo no pude más de la excitación y me puse en cuclillas para bajarles el pantalón y conocer sus vergas. Estaba en eso cuando me pidieron que me levantara… Al parecer, a pesar de que llevaban tiempo trabajando juntos, no querían cogerme juntos. Me daba un poco de risa la situación, como si les diera pena verse desnudos entre ellos.

    Al final decidieron que me lo iban a hacer separados, primero uno y luego el otro… que tenían como una hora y un poco más para estar conmigo y que, por lo tanto, a cada uno le tocaba media hora.

    Pregunté quién iba primero y se echaron un piedra papel o tijeras (la situación me seguía dando risa). Ganó la partida el joven, pero quiso ceder el lugar al viejo, en señal de respeto.

    -¿Le parece bien si vamos al cuarto de su abuelo, señorita?- Me pregunto muy cortés.

    -Sí, está bien, ¿él se espera aquí?- dije señalando al joven.

    -Sí, no se preocupe, aquí él ve la tele y pues ya conocemos a su abuelo y él nos conoce a nosotros, no crea que le vayamos a robar o algo así- dijo el viejo.

    Fuimos al cuarto de mi abuelo. Ahí él se sentó en la cama, se quitó sus zapatos y me pidió que me sentara junto a él. Comenzamos a besarnos, era tierno, Me decía que desde que se había casado muy joven con su esposa, no había vuelto a tener una chava tan joven en sus brazos.

    -¿Está bien que no sea «chava»?- le pregunté.

    -Sí, está muy bien. La verdad siempre tuve curiosidad de probar una como tú y al fin se me va a hacer.

    Nos seguimos besando mucho, él me tenía sentada sobre sus piernas y metía alternadamente sus dedos a la entrada de mi culo mientras me acariciaba y suspiraba fuerte. Llegó el momento: me pidió que me levantara de sus piernas para levatarse él y desnudarse todo. Yo intuía qué quería y me subí a la cama para ponerme en cuatro. Sus dedazos habían hecho efecto y no le costó mucho trabajo meterme su verga corta pero ancha, gordita. Bombeaba despacio, luego más rápido y más rápido mientras me sostenía las caderas con sus manos grandes y rasposas.

    Decía cosas entrecortadas: «Así… rico… uy… que culo… culito… uff…» Entonces bajó su mano derecha y empezó a palpar mi pene erecto de excitación.

    Seguía diciendo cosas en voz baja, como rezando: «Uy… rico… qué rico… me gusta… ay, tu chilito… qué culo… mmm…» Me lo hacía rico, riquísimo… como con cariño, jamás lo imaginé de un viejo albañil, panzón y alburero…

    Se me hizo súper morboso, súper rico. Entonces llegó al clímax y dijo: «me voy a venir, ¿dónde los quieres, chiquita?» «Adentro, préñame, papi, tíramelos adentro», y así lo hizo.

    Estuvimos acostados unos momentos en los que no paró de sacudirme el pene. Me platicó de sus hijos, de los chavitos gay que se le antojaban y no se atrevía a cogerse… me pidió que lo dejara llamarme Valeria, que así vestida le recordaba a una novia de su secundaria.

    Me había cogido riquísimo y de manera inesperada… pero el tiempo se estaba cumpliendo y su compañero tocó para saber si ya era su turno… Cosa que les contaré en otra ocasión.

  • La macizorra tetona de la construcción (parte 3)

    La macizorra tetona de la construcción (parte 3)

    Transcurrió parte de la mañana y como el ingeniero me había dejado muy caliente, empecé a insinuármele al contador mayor. A Freddy.

    Él es un señor mayor que yo, de 62 años, 1.85 de estatura, musculoso y muy atractivo aún a su edad.

    Verán, pues el ingeniero no regresó durante la mañana y yo me sentía muy hot así que me senté en mi lugar después de lavar mi taza y alcé un poco mi falda, dejando ver las medias negras y con ligueros que llevaba puestas, desabotoné un poco mi blusa para que se me viera el top y se apreciaran mis pezones.

    El contador me habló y me dijo Alondrita acércate, necesito explicarte y pedirte algo. Yo inmediatamente atendí su petición y me acerqué. Él me veía con mucho deseo y morbo las piernas y repasaba su mirada en mis tetas.

    Me explicaba que había una devolución de impuestos en revisión y que estuviera al pendiente, dándome el número de operación.

    Le dije: Claro Freddy, estaré al pendiente. Despreocúpate cariño y le sonreí pícaramente.

    Me preguntó: ¿Y a mí no me ofreces una taza de café o de té?

    Claro que sí jefecito lo que tú desees te ofrezco y me respondió maliciosamente: deseo mi pene dentro de tu boquita. Le dije: ¿Sí? Y sonrió.

    Agregó, pero también quiero un café. Por supuesto Freddy, le contesté.

    Se fue acercando al lugar donde le preparaba el café y me apretó la pierna, enseguida metió su mano por debajo de mi falda y soltó el liguero de una media y me empezó a dedear.

    Por poco me equivoco al prepararle el café, debido a que no podía pensar en lo que hacía, por sentir tanto placer que me estaba dando mi jefecito en ese momento.

    Solo le dije: ¡Freddy! No por favor y dejé la taza a un lado de la mesita. Entonces él me dijo por favor ¿qué? Si yo sé lo que quieres desayunar mamasota.

    Le dije sí baby, bien que lo sabes. Entonces lo besé pasándole mi lengua por sus labios y luego se la metí a la boca, mientras sentía y apretaba su pene por encima del pantalón.

    Me hinqué y le saqué la verga del pantalón y candente sorpresa que tenía guardada, una verga grande, larga y rosada de unos 18 cm.

    Sonreí y le empecé a lamer la punta, a masturbarlo suavemente y a mamarle la polla de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, llenándosela de saliva.

    Escuchaba los chasquidos de mis labios contra su bolas y su verga.

    Lo sostuve de las piernas y empecé a meterme y a sacarme esa gran verga de mi garganta, lo que me empezó a provocar náuseas por el atragantamiento entre sus líquidos seminales y tanta saliva.

    Mi querido jefecito la tenía bien erecta, dura y dilatada, lista para mamársela sensual, deliciosamente y que me diera la leche.

    Eso era lo que más deseaba en aquella candente mañana.

    Continuará queridos lectores.

  • Como si fuésemos Rose y Jack

    Como si fuésemos Rose y Jack

    Quién hubiera dicho que la cita se me haría tan amena. Un par de semanas atrás, había intercambiado mensajes con un chico muy mono que para mi suerte vivía bastante cerca de mí. Charlamos y charlamos, hasta que logramos concretar un día para poder conocernos en persona. En el primer encuentro no paso absolutamente nada, ni un beso a la hora de despedirnos (aunque yo creo que él quería eso y algo más, solo que no se atrevió…).

    A la semana siguiente, me propuso volver a vernos. Me comentó que había un local en su zona en el que podríamos cenar, y como soy una glotona estaba claro que no podía rechazar esa invitación. Además habíamos congeniado muy bien y tenía muchas ganas de verlo.

    Por circunstancias de la vida, llegué más tarde de lo previsto, así que decidimos que la mejor opción sería pedir para llevar y dar un paseo por el puerto. Al acabar de comer, nos quedamos mirando el uno al otro en un silencio incómodo. Yo ya me estaba temiendo que nos iba a pasar lo mismo que en la cita anterior, pero no…

    Esta vez, tomó valor y lentamente se acercó a mi para rodearme con sus brazos y besarme. Comenzó de forma tímida, pero poco a poco fue haciéndomelo más apasionadamente. Mientras me agarraba con fuerza, acompañaba los movimientos de su boca con los giros de su lengua, al mismo tiempo que yo le respondía con la mía. Notaba como quería aferrar su cuerpo al mío… Mi mano, que hasta ahora había estado acariciando su cara y su cuello, decidió descender hasta su entrepierna. Manoseándolo con cuidado por encima del pantalón, pude apreciar su tremenda erección y comprobar lo excitado que estaba ya…

    Nos separamos un momento, al fin y al cabo estábamos en medio de la calle y rodeados de edificios. No había nadie caminando ya a esas horas, y era lógico, con el frío que hacía en invierno y de noche. Aunque a nosotros las bajas temperaturas no nos habían afectado mucho…

    Nos miramos sin saber muy bien que hacer, hasta que él me dijo que había traído protección por si acaso. Yo no tenía ningún problema en que esto fuera a más, así que la única alternativa viable en aquel momento era mi coche. Pensando, se me ocurrió ir a una playa que conocía por allí y que estaba alejada de casas y edificios. En la estación en la que estábamos y a esas horas (que sería sobre la una de la madrugada) no habría nadie.

    Me adentré con el coche por un caminito de tierra que había para pasear y ahí lo dejé. Rápidamente, nos trasladamos a la parte trasera del auto y tumbamos los asientos delanteros. El coche no era muy amplio que digamos, pero no pareció importarnos a ninguno de los dos. Entre risas, fuimos retomando nuestra maratón de besos. Poco a poco comenzamos a quitarnos mutuamente las prendas que llevábamos, hasta quedarnos completamente en ropa interior.

    Él aprovechó y agarrándose a mis muslos, logró ponerme encima suya. Acariciando mi espalda, deslizó sus manos suavemente hasta desabrochar mi sujetador y comenzó a devorar concienzudamente mis pechos para estimularme a través de mis zonas erógenas. Mientras seguía sosteniendo mis nalgas, desplazaba nuestras pelvis de arriba a abajo para conseguir rozar sus genitales contra los míos y darnos más placer. Cada vez que notaba pasar su duro pene contra mi vulva, podía apreciar como la humedad en mi interior mojaba más y más mis bragas, que en aquel momento era la única tela que cubría mi cuerpo.

    A continuación, me tumbó con cuidado en el asiento de al lado y colocó mi espalda contra la puerta del coche. Deslizó suavemente mis bragas, hasta dejar completamente al descubierto mi sexo y comenzó a lamérmelo como sino hubiese un mañana (estaba gratamente sorprendida de que tomara la iniciativa de bajarse al pilón, ya que por lo general los chicos prefieren que se baje una a hacer el trabajo duro).

    Su lengua juguetona, provocaba en mi agradables cosquilleos cada vez que alternaba los amplios movimientos en círculo con los rápidos toques en mi clítoris. Poco a poco fue incorporando sus dedos, sacando mis fluidos para seguir estimulando toda mi zona genital. No podía aguantar más, quería sentirlo dentro de mi y se lo hice saber. Al momento, abrió mis piernas logrando apoyar una encima del asiento delantero y la otra contra el respaldo (la verdad es que no sabía que podía ser tan flexible…).

    Mis muslos se apoyaban en sus piernas, mientras mi pelvis se inclinaba para poder recibirlo. La postura era muy visual y aunque fuese de noche, podía lograr ver cómo su miembro entraba y salía de mi. (No voy a mentir, la verdad es que verme ser penetrada me excitaba bastante). Miré hacía arriba para ver su cara y lo vi disfrutando de la visión que yo había tenido el placer de contemplar hace un rato. Notaba como eso le ponía, al igual que a mí…

    Al darse cuenta de que lo estaba observando, comenzó a darme más fuerte con una pícara mueca en su rostro. Sus interminables envestidas zarandeaban duramente mi cuerpo y los profundos jadeos lograban empañar todos los cristales del auto. Las gotas de sudor caían sobre mí, mientras yo escuchaba como gemía al correrse. No nos habíamos cortado en hacer ruido, total allí quien podría escucharnos.

    Al recuperar el aliento tras el acto, dejó de apoyar su mano en la ventana de la puerta trasera del coche. Esta, dejó una huella que inmediatamente le hizo recordar aquella preciosa y erótica escena en la película del Titanic, donde Rose y Jack hacen el amor por primera vez dentro de un vehículo. Eso logró sacarnos una tierna sonrisa, a pesar de lo agotados que estábamos. Solo espero que tengamos una apasionada y romántica historia de amor como la suya, pero sin finales trágicos…

  • Conociendo a mi cuñado (parte 1)

    Conociendo a mi cuñado (parte 1)

    Me llamo Rocío Armando soy de Guanajuato, actualmente tengo 39 años y es primera vez que escribo este tipo de historia que me pasó a inicios de este año.

    Soy una mujer delgadita peso 48 kg, mido 1.55, cara bonita soy blanca de mi cara, pelo rizado, tengo pechos normales para mi peso y nalgas igual normales para mi peso a pesar de los años me he conservado bien, tengo un hijo de 18 años y mi esposo de 41 años.

    La historia comienza a inicios de años específicamente finales enero 2024, en la familia tenemos la costumbre de reunirnos los domingos en casa de mis papás, mi hermana y yo somos las únicas hijas, mi hermana la describo, se llama María, es más alta que yo mide 1.65 pesará unos 65 kilos es más llenita pero no es gorda, tiene pechos grandes y nalgas normales, ella tiene 28 años ahora, próximamente cumplirá los 29. Mi hermana María tiene su marido Javier es un hombre muy atractivo, es delgado pero se le ve bien el físico, mide alrededor de 1.75, es delgado, es guapo, y además de todo siempre ha sido muy educado.

    Resulta que mi esposo Juan se fue a Estados Unidos y me quedé solo con mi hijo, entonces mi hijo se iba a estudiar y no regresaba a casa en 15 días así que un fin de semana yo la pasaba sola en casa, como lo comentaba anteriormente los domingos nos reuníamos con mis papás para visitarlos, cuando mi marido se fue mi hermana se ofreció a ir a mi casa por mi y quedarme en su casa que es bastante grande, la primera semana todo transcurrió normal fui a su casa y me quede en una casa de visitantes que tienen ellos y aparte ellos tienen otra casa dentro del mismo terreno. Todo esto fue el sábado me quedé para irme al siguiente día con ellos a casa de mis papás.

    Al día siguiente domingo fuimos a casa de mis papás y se encontraba una tía, mi tía María ella es algo grosera y a veces hasta imprudente no tiene pelos en la lengua, estábamos viendo un película donde decían que la tenía chiquita un hombre y ella bromeó será mi marido que la tiene bien chiquita. Para esto solo estábamos las mujeres mi tía, mi mamá, mi hermana María y yo, los demás andaban fueras porque esos domingos luego hay juegos de béisbol y van a ver el partido, pero bueno después del comentario nos quedamos calladas y dijo mi tía, a poco no, la verdad a mí marido yo sé la he medido y le mide 11 y se río, mi mamá de repente también es sin pelos en la lengua y dijo que a mí papá le media 12 que le ganaba, y me preguntaron a mi y tu Rocío ¿cuánto le mide Juan? La verdad a mi marido le mide también 11 pero no quise decirle eso y les dije que le media 13, le preguntaron a mi hermana María y dijo que entre 18 y 19 le media a Javier que no sabía bien, incluso mi tía María dijo pues préstamelo una noche y yo se lo mido bien.

    Esa noche me quedé pensando en lo que le media, a mi marido en realidad le mide 11, la verdad nunca me había quejado porque no había visto otro más que el de mi marido y el de mi hijo una vez que lo vi masturbándose y lo tiene igual que su papá.

    Pasaron 15 días y volví a la casa de mi hermana, y yo estaba con la duda de averiguar si le media los 18 o 19 que decía mi hermana, así que ese día me fui a acostar y en la noche me levante al patio y para fortuna estaba un poco abierta la cortina de su cuarto, me quedé escondida para que no me vieran y en primera escena apareció mi hermana sin brasier iba saliendo de bañar, después entro Javier y traía una toalla puesta, y duraron como unos 10 minutos platicando hasta que mi hermana se levanta y le quita la toalla y lo mire y wow vaya que si estaba grande, era el del tamaño de mi marido pero dormido.

    Ella lo tomo y lo chupo y se le puso duro, mi hermana tenía la boca llena era un pene enorme, largo y grueso, se lo chupaba y quería ser yo quien estuviera ahí, después de un rato el piso a mi hermana de espaldas y se lo metió, yo vi como mí hermana le dolía pero disfrutaba a la vez, estuve a punto de masturbarme pero no lo hice por si me encontraban, así duraron por unos 45 minutos hasta que terminaron, vaya y eso fue mucho mi marido solo dura unos 10 minutos por mucho y eso en muy pocas ocasiones.

    Después se durmieron, esa noche no dormí pensando en el enorme pene de mi cuñado, el siguiente día domingo, no podía dejar de ver su bulto, acordándome de esa escena del día anterior, dentro de los siguientes 15 días quise volver a ver pero no pude porque ahora si tenían bien cerrada su cortina.

    Después en 15 días sucedió algo que jamás olvidaré porque probé un nuevo pene después de el de mi marido, esa historia se las contaré en una siguiente ocasión.

  • Antes de la ducha

    Antes de la ducha

    Le meto la mano entre los botones de la blusa, la carne de sus tetas me recibe caliente. Busco con avidez el pezón rugoso. En seguida se crece erecto, duro. Se desabotona la blusa y sus senos saltan al aire de la mañana. Los sobo con ambas manos, los contengo, los aprieto, giro alternativamente ambos pezones. Llevo mi boca a los pechos y los beso. Lamo los bultos tiesos endurecidos por el deseo. Ella gime y sus labios se mojan con saliva. Veo su lengua. La tomo con mis dientes y bebo su saliva. Ella me saca la polla y la frota.

    Se me pone tiesa, deseosa de descargar. Ella se tumba en el sofá y llevo mi órgano caliente entre sus tetas. Ella la masajea. Yo empujo, subo, bajo en el canal de ella, entre sus turgencias. Tengo unas ganas locas de correrme en sus tetas, ver mi leche brotar entre sus pezones, untárselos de mi semen. Me excita esa idea. Ella se aplica haciéndome una paja, conoce los puntos exactos en los cuales el fuego recorre la carne tubular. Al final me corro brutalmente, con un aullido y entre jadeos.

    Mi leche salpica su frente, sus cabellos y le llena los senos. Yo le froto con mi leche las tetas y la conduzco a mi tranca nuevamente. Los dos estamos muy excitados; ella aún más. Recoge con los dedos el semen de su rostro y de la pija. Pienso que también le gustaría hacer lo mismo en su culo, en su espalda: que me corriese en las nalgas delicadas y frotase con mi leche caliente su carne, su ojete, su coño, para que lo recolectase y ponerlo en sus labios.

    Sigue tumba, se quita las bragas. Su felpudo oscuro y poblado tiene en los lados de la entrada de la vulva un flujo blanquecino. Está a punto para ser penetrada. Lo desea. Se abre el coño con los dedos y se frota el clítoris. Me agachó y sigo yo. Le como todo el conejito peludo, meto mi lengua y lo saboreo. Voy al clítoris y lo llamo delicadamente. Gime y jadea como si cabalgase. Aprieto el botoncito entre los labios, a la vez que la penetro con dos dedos. Su chocho está meloso por los fluidos que empapan sus paredes.

    Hago girar los dedos y empujo hasta que mis nudillos quedan clavados entre los labios vaginales. Entro y salgo rítmicamente, mientras le como el clítoris. Un aullido y trota sobre mi boca su chochito orgásmico. Agarra mis cabellos y gime casi llorando de placer. Sacó mis dedos chorreando de flujo y los llevo a su boca, que recoge el elixir del gozo absoluto. Me abraza con un beso inmenso. Le beso los pezones y nos levantamos para ir a la ducha juntos.

  • Historias reales de lectoras: Teresa

    Historias reales de lectoras: Teresa

    Nota de autor:

    Esta es la historia de una lectora que por motivos evidentes cambiaré su nombre. Ella se puso en contacto conmigo y me contó lo que está viviendo y le pedí permiso para escribir su vivencia y ella aceptó siempre que salvaguardara su identidad. Antes de nada quiero agradecerle su confianza y espero saber reflejar lo que ella me ha contado. Para ella sé que no fue fácil intentar describirme sobre todo sus emociones ya que es una mujer muy tímida y que siempre había vivido el sexo como algo muy íntimo y privado.

    Su vida era muy normal. Con treinta y cinco años llevaba casada siete cuando ocurrió todo y que como ella me decía, toda su vida dio un vuelco. Se sentía feliz con su marido y eran un matrimonio normal y corriente. Aparte de sus trabajos, los días transcurrían con quedadas con amigos, alguna escapada de fin de semana y en verano algún viaje más largo.

    Teresa, así la llamaré, nunca fue una mujer que le gustara vestir demasiado llamativa, quizás por esa timidez que desde joven la hizo tener muy poco contacto con gente del sexo contrario o quizás también por su escaso pecho. Después de mucho intentarlo logró ser capaz de decirme que sus pechos eran como “peras de san Juan”, con esa forma y tamaño y que sus pezones eran desproporcionados y de color rosa oscuro. Preguntada por el resto de su cuerpo para facilitarme escribir su historia, me dijo que su cuerpo era con forma de guitarra y que su culo si que le gustaba. Sobre su aspecto me dijo que era morena y que lleva media melena ondulada y sus ojos son marrones verdosos. Su boca, de labios carnosos, éstos tienen ese color rojizo que no le hace falta pintarlos. Sobre su piel, sus palabras fueron, blanca como la leche aunque en verano logro coger algo de color.

    Bien, una vez descrito a Teresa, pasaré a contar su historia.

    Como decía, los hechos ocurrieron cuando ella tenía treinta y cinco años y de esto hace dos.

    El día que mi marido me dijo que tendríamos que acoger a su padre durante una temporada no me hizo ninguna gracia y no porque ese fuera mala persona sino porque pienso que cada pareja tiene que tener su intimidad. Los motivos de ese traslado eran porque, Gregorio, mi suegro, iba a reformar su piso y era inviable hacer esos trabajos con alguien viviendo allí.

    Gregorio, era un hombre muy callado, serio. A sus setenta y tres años llevaba ya años jubilado. Dado su carácter reservado apenas tenía relación conmigo, aunque nunca nos había dado ningún problema. Mi suegro era físicamente muy normal, pelo blanco, un poco alto y con el rostro con las arrugas propias de la edad. No era gordo pero tampoco delgado. Definiría en una sola palabra su carácter como… reservado.

    Una vez instalado en casa, la vida transcurría dentro de una normalidad. Gregorio se pasaba horas leyendo en un rincón del salón. Era como parte del mobiliario. Cuando no lo veía en ese rincón, sentado en el sillón, me resultaba extraño. Al anochecer siempre veíamos los tres algún programa de la televisión o poníamos una película.

    Al pasar dos semanas desde que había venido, fue cuando comencé a sentir aquella sensación de ser observada más de lo normal por mi suegro. Eran miradas inocentes. Cuando limpiaba el salón sentía que me miraba, de manera disimulada, pero me daba cuenta. Cuando veíamos la televisión, sentía que me miraba las piernas. En casa siempre solía usar pantalones cortos de pijama. Aunque sentía sus miradas, por timidez intentaba hacer que no me daba cuenta.

    Nota de autor:

    A Teresa le costó mucho confesarme sus emociones. Yo necesitaba saber que sentía para poder plasmar su historia pero, su timidez y pensar que la juzgaría mal, se lo impedían.

    Un día logré que se explayara y que se sintiera tranquila y consiguió soltarlo.

    Las palabras de Teresa fueron:

    “Al principio cuando sentía su mirada me daba mucha vergüenza, luego poco a poco era como si me diera gracia pensar que mi suegro sentía curiosidad por mi cuerpo. Él nunca había vivido en casa con una mujer joven porque mi marido es hijo único y pensaba que quizás era normal que sintiera esa curiosidad”.

    Ante mí pregunta de si llegaba a sentir que le gustaban esas miradas tardó en contestarme.

    “No sabría decirte si me gustaban. Se que me ponía muy nerviosa cuando iba a limpiar el salón y él estaba allí leyendo o cuando llegaba la noche y sabía que íbamos a estar en el salón los tres viendo la televisión”.

    Al leer sus respuesta imaginé su estado emocional y le pedí que me siguiera contando pero que me prometiera no dejar ningún detalle por contar.

    Los momentos que coincidía con mi suegro, estuviera o no mi marido presente, me sentía nerviosa. Una extraña sensación se apoderaba de mi cuerpo cuando sentía sus miradas sobre mis piernas e incluso alguna vez también sobre mis pechos. Acaso ese hombre estaba consiguiendo hacerme sentir halagada con sus miradas. Pensaba constantemente.

    Aquella noche después de cenar los tres, como siempre me fui a poner el pijama. Algo en mi interior me decía que no me pusiera sujetador. A fin de cuentas mis pequeños pechos apenas se notarían bajo la camiseta. Mi marido y Gregorio me esperaban en el salón mientras elegían una película y se sentaron como siempre, mi marido y yo en un sofá y mi suegro en el otro sofá que hacían una ele.

    Viendo la película fue cuando sentí que me miraba a los pechos. Acaso se había dado cuenta que no llevaba sujetador. Mi esposo totalmente concentrado en la pantalla ignoraba lo que estaba pasando. Nerviosa, apenas podía ver la película mientras mi suegro, como fascinado, no quitaba su mirada de “las peras de san juan“.

    Y ocurrió lo que jamás me había imaginado que podría pasarme. Mis pechos sintiéndose halagados por aquella atención reaccionaron y creí morirme de la vergüenza cuando sentí que comenzaron a dibujarse en la tela de la camiseta. Sentí que mi suegro se ponía nervioso de ver lo que estaba viendo. Sentí deseos de levantarme y huir pero lo que estaba sintiendo me gustaba. Asegurándome de que mi marido era ajeno a lo que pasaba me deje estar a pesar de que los pezones se notaban totalmente disparados. Mi corazón latía muy agitado, me costaba respirar.

    Nota de autor:

    Ante mí pregunta de si estaba excitada, su respuesta fue:

    “Esa noche me tuve que masturbar mientras mi marido dormía”

    Al día siguiente no lograba quitarme de la cabeza lo ocurrido. No entendía porque había sentido eso y pensaba que estaba loca. Si, es verdad que me había halagado su forma de mirarme, pero no podía explicarme porque sus pechos habían reaccionado de esa forma. Durante la comida, por suerte, Gregorio había actuado con normalidad sin apenas mirarme, cosa que agradecí.

    Por la noche, evidentemente me puse sujetador y durante la película sentía que el centro de sus miradas eran mis piernas. Me cuesta describir lo que sentí, me contaba nerviosa. Mi cuerpo parecía reprocharme el privarle de las sensaciones del día anterior. Y supongo que mi suegro también me lo reprochaba porque a mitad de película se levantó y dijo que se iba a dormir. No me gustó lo que sentí al verlo irse. Algo dentro de mi me decía que me levantara y fuera a la habitación a quitarme el sujetador. Algo me decía que le dijera que no se fuera, que no estuviera enfadado, que esperara en el salón a que volviera. Pero estaba mi marido ahí, sin prestar atención a mis emociones tan confusas, su única atención estaba en la televisión.

    La noche siguiente, después de cambiarme, estuve en la habitación un buen rato debatiéndome, si volver a sentir la tristeza de la noche anterior o la emoción indescriptible de hacía dos noches. Era una locura, lo sabia y no me sentía orgullosa por actuar así pero me moría de ganas por sentir el corazón desbocado. Me quité el sujetador.

    Al entrar en el salón ya sentí la mirada de mi suegro en los pechos intentando saber si llevaba sujetador. Aún puedo recordar perfectamente el calor de mis mejillas. Tenía la sensación de por primera vez estar guardando un secreto y es que aquello se había convertido en un secreto entre mi suegro y yo.

    La película la eligió mi marido. Sentía que tanto a mi suegro como a mí nos daba igual que película pusiera. De nuevo aquella mirada y de nuevo mis pezones clavándose en la camiseta. Si me movía el roce de la camiseta me daba placer en ellos. En varios momentos tuve que cerrar los ojos y morderme los labios para no hacer ningún ruido. De reojo miraba a mi marido. Me daba rabia verlo absorto con su película. Acaso no se daba cuenta que mis pezones estaban mucho más tiesos que con cualquiera de sus mejores caricias? Su padre si que les prestaba atención, él había conseguido que estuvieran así. Esa noche se quedó hasta acabar la película y cuando nos cruzamos en la cocina al recoger el salón antes de ir para cama me dijo.

    -Gracias.

    No me lo esperaba y no me dio tiempo a decir nada, la verdad que no sabía ni que decirle. Lo único que se me ocurriría sería darle las gracias a él.

    Esa noche volví a masturbarme mientras mi marido dormía.

    Nota de autor:

    Le pregunté que pensaba al masturbarse y su respuesta fue:

    “No pensaba nada en concreto, solo necesitaba calmar esa excitación que sentía. Lo que si recuerdo es que me preguntaba si también mi suegro estaría masturbándose.”.

    De pronto mis días se volvieron emocionantes solo con la idea de ese momento de la noche. Mis pechos estaban sintiendo algo que nunca en mi vida sintiera: la atención de un hombre, y eso hacía que durante todo el día estuvieran excitados. Por la noche nunca me volví a poner sujetador.

    A la hora de limpiar el salón me sentía nerviosa. Me gustaba verlo ahí sentado, enfrascado en la lectura y sentir como me miraba cuando pensaba que yo estaba distraída cuando en realidad lo único que me distraía era eso: su mirada.

    Aquella tarde estaba pasando la aspiradora y él leyendo cuando escuché que hablaba.

    – Deberías dejar de usar sujetador en casa durante el día.

    – Que? – su voz me sobresaltó pues apenas hablaba nada.

    – Que deberías dejar de ponerte sujetador en casa – me hablaba sin mirarme, con la vista puesta en su libro – Tus pechos son muy pequeños y no te hace falta.

    No sé como me sentí al escuchar esas palabras. Que me dijera que mis pechos eran pequeños me hizo sentir mal. Yo pensaba que le gustaban. Que me dijera que no usara sujetador me gustó. No le llegaba con verme sin él por las noches, que me estaba pidiendo que fuera sin él durante el día. Enojada por su comentario del tamaño de mis pechos y sin saber por qué se lo dije.

    – Ya se que son pequeños ¡Pensé que le gustaban – rabiosa seguí pasando la aspiradora.

    – Yo no he dicho que me gusten o no. Para eso hace falta verlos y yo nunca te los he visto.

    Abrumada por aquella conversación me fui del salón, necesitaba salir de ahí pues me sentía extraña de lo que me había dicho.

    Varios días estuve pensando en esas palabras. Una tarde iba a ponerme a limpiar y antes de hacerlo fui a mi habitación y atacada de los nervios me quité el sujetador. Ese día no hizo falta su mirada para que mis pezones despertaran, saber que iba a mirarme sin sujetador mientras limpiaba ya bastó para que estuvieran duros.

    Al entrar al salón lo primero que hizo fue mirar hacia mis pechos. El estado de mis pezones delataba mi estado y que le había hecho caso.

    – Gracias – de nuevo evitaba mirarme cuando me hablaba.

    – No me dé las gracias.

    – Por qué te excita que te mire?

    – Por qué dice que me excita? – al hacer la pregunta me sentí tonta pues era evidente mi estado.

    – Es evidente, tus pezones te delatan. Eres una mujer de pechos sensibles.

    – Y usted por qué me mira tanto?

    – Me dan curiosidad tus pechos – está vez levantó la cara y me los miró – No me has respondido, por qué te excita que te mire?

    – No lo sé, nunca me pasó esto. Creo que mis pechos no están acostumbrados a las miradas. Siento mucha vergüenza por todo esto que hacemos por las noches.

    – Que hacemos?

    – Usted me mira y yo se lo permito.

    – Pero te miro con ropa, si a ti te excita y a mi también, que hay de malo?

    – Le parece poco que sea la mujer de su hijo? – enseguida me di cuenta que acababa de decir que a él también le excitaba – A usted le excita verme?

    – Me excita y me frustra a la vez. Mi deseo sería verlos sin ropa y como tú dices eres la mujer de mi hijo.

    – Es que no entiendo porque me pasa esto.

    – Mi hijo creo que no te da la suficiente atención, me equivoco?

    – Soy feliz con su hijo pero me estoy dando cuenta que hay sensaciones que hacía tiempo que no vivía.

    – Por mis miradas?

    – Si, hacía tiempo que mi corazón no latía tan agitado.

    – Ahora late agitado?

    – Mucho, siempre me pasa cuando me mira – Me quedé paralizada al ver cómo extendía su brazo hacia mi y logré dar un paso hacia atrás – que hace?

    – Confías en mí?

    – Si.

    – Acércate, confía en mí.

    Volví a dar ese paso para adelante y vi como extendía de nuevo su brazo. No pude mantener los ojos abiertos, los cerré con fuerza. Juro que creí que me daba un infarto cuando sentí que metía la mano por debajo de la camiseta y apoyaba su mano entre mis pechos. Su mano estaba caliente y también temblaba.

    – Lo tienes muy acelerado, siempre se pone así

    – Ahora mucho más que nunca – sentía mis pezones que iban a explotar de lo duros que estaban.

    – Por qué ahora más que nunca

    – Porque tiene la mano muy cerca de mis pechos.

    – Quieres que la mueva hacía un lado?

    – No soy capaz, Gregorio. Estoy que me muero de la vergüenza.

    – Lo sé, te conozco hace años y se lo tímida que eres.

    Deseaba sentir esa mano en mi pecho. Mi corazón gritaba que le dejara hacerlo. Mis pechos temblaban y me da mucho reparo decirlo pero mi vagina estaba mas mojada que nunca.

    – Quieres que la mueva?

    – Si – aún no se como fui capaz de hablar pues me temblaba la voz.

    Cuando sentí su mano cubrir mi pecho me tapé la boca con la mano, no quería gemir. Sus dedos se cerraron sobre él y mi pezón. Al sentir su caricia me corrí, fue instantáneo, intenso. La vergüenza me hizo salir corriendo del salón llena de culpabilidad. Sabía que acababa de traspasar una línea muy peligrosa. Necesitaba pensar y me encerré en mi habitación. A los pocos minutos escuché a mi suegro irse a su cuarto y cerrar la puerta. Sus gemidos me hicieron saber que se estaba masturbando y yo también lo hice mientras lo escuchaba y recordaba esa caricia bajo la camiseta.

    Por la noche puse como excusa que me dolía la cabeza para no tener que estar con mi suegro cerca. En cama pensaba en lo que le había permitido hacerme y me sentía muy confundida. También pensaba en mi marido. Apenas pude dormir en toda la noche pensando que al día siguiente sería inevitable tener que enfrentarme al momento de volver a ver a Gregorio y lo que era más difícil, a sus miradas.

    Cuando alguien descubre algo que le gusta demasiado, es muy difícil tener la suficiente fuerza de voluntad para evitar desear volver a vivirlo. Después de lo ocurrido esa tarde en el salón de casa, todos los días tenía en mi cabeza lo que había sentido. En el momento de cambiarme de ropa para estar en casa, cuando me ponía el sujetador sentía que me molestaba como si mis pechos rechazaran su presencia. Había perdido esa emoción durante el día de desear que llegara la noche.

    Durante las películas sentía la mirada de mi suegro en mis piernas pero su cara no reflejaba emoción como cuando me miraba sin sujetador. A mitad de película se levantaba y se iba a dormir decepcionado dejándome con sensación de vacío.

    Me sentía fatal esos días. Mi suegro me había hecho sentir el momento más intenso de mi vida y yo le estaba correspondiendo con actitud muy distante. Me sentía culpable de su estado de tristeza, egoísta con él. Sabia que estaba a mi alcance que eso cambiara y una tarde armándome de valor guardé el sujetador en el cajón donde estaba mi ropa interior y aparecí en el salón a limpiar sin él puesto. No se describir la emoción de su rostro al verme. Emoción que me transmitió a los pechos y estos volvieron a reaccionar de manera muy evidente.

    – Gracias.

    Solo pude mirarlo sin contestar porque en realidad deseaba darle las gracias yo a él por haberme vuelto a agitar el corazón. Deseaba darle las gracias por haber tenido paciencia y sobre todo que entendiera mi timidez. Me sentía viva de nuevo y mis pechos si pudieran hablar sabía que me pedirían que no tuviera miedo y los dejara sentir.

    Todavía me pregunto cómo fui capaz de dar el paso de decírselo.

    – De verdad siente tanta curiosidad por ver mis pechos?

    Supongo que no se esperaba esa pregunta y se quedó unos segundos pensando.

    – Muchísima curiosidad y desde el día que tuve tu pecho en mi mano, mucha mas.

    – Gregorio, voy a ir a mi habitación. Dejaré la puerta abierta pero prométame que no entrará.

    – Te lo prometo.

    El temblor de mis piernas hizo que me costara llegar a mi habitación. Dejé la puerta abierta y me quité la camiseta antes de tumbarme sobre la cama. Pude escuchar sus pasos acercarse, caminaba despacio, supongo que por los nervios de no saber que se iba a encontrar. En el momento que llegó a la puerta pude sentir su mirada sobre mis pechos desnudos y comencé a temblar de nervios, emoción, miedo. El silencio de la casa me permitía escuchar su respiración agitada.

    – Son como “peras de san juan”. Son preciosos.

    – Gracias – le dije tímidamente con voz temblorosa desde la cama.

    Después de unos minutos en los que a pesar de tener los ojos cerrados podía sentir aquella mirada en mis pechos escuché de nuevo su voz.

    – Gracias… – de nuevo ese silencio quizás valorando lo que decir – … yo también iré a mi habitación. No sé si sientes la misma curiosidad por mi cuerpo que yo por el tuyo. Dejaré la puerta abierta por si es así.

    Lo sentí alejarse con pasos lentos.

    Aquello que acababa de decirme me dejó descolocada. Yo no sentía esa curiosidad por su cuerpo. Abrí los ojos y me sentí abandonada al girar la cara hacia la puerta y verla abierta sin él allí mirándome. Mi mirada buscó mis pechos y me dio vergüenza ver mis pezones tan de punta, estirados apuntando al techo. Gregorio los acababa de ver así. Escuché su respiración, estaba suspirando. Luego un gemido que me hizo apretar las piernas por la sensación que me produjo en mi vagina.

    Saber que ese hombre, mi suegro, se estaba masturbando pensando en mi, me produjo una sensación de desasosiego. Acerqué mi mano a uno de pechos y casi con miedo estiré el dedo índice para tocar mi pezón. Era un placer indescriptible tocármelos cuando estaban así. Me imaginé que ese dedo era el de Gregorio.

    Me puse nerviosa al sentir que no sentía curiosidad por su cuerpo pero si por saber cómo de excitado se sentía al verme. De nuevo sus gemidos entraban en la habitación. Mi cabeza diciéndome que no hiciera nada de lo que pudiera arrepentirme, mi cuerpo pidiéndome sentirse vivo, mis pechos extrañando su mirada y mi vagina llorando desconsolada como jamás la había sentido.

    Sabia que no estaba haciendo lo correcto pero me levanté de la cama y lentamente me acerqué a la puerta de su habitación. Al verla abierta mi corazón comenzó a latir de manera descontrolada. Sus gemidos eran más nítidos. Gemidos graves que entraban por mis oídos para recorrer mi cuerpo y desplazarse a mi vagina. Asomé mi cabeza con timidez y me tuve que sujetar a la puerta por la debilidad de mis piernas.

    Me impactó la imagen de mi suegro tumbado en la cama. Tenía la camiseta remangada dejando su barriga desnuda. Miré su sexo y como lo movía con desesperación. El único pene que había visto en mi vida era el de mi marido y lo primero que pensé que mi marido lo tenía más grande. El de mi suegro era, eso sí, más grueso y de un color más oscuro. Nunca había visto a mi marido masturbarse y esa imagen provocaba en mi una extraña sensación de no poder apartar la vista de la mano dándose placer.

    La cara de mi suegro era de estar sintiendo placer y a su vez lo sentía avergonzado. Gemía y en voz baja escuché que decía mi nombre. Cada vez que me nombraba sentía que necesitaba mi presencia, sentirme cerca.

    – Estoy aquí, tranquilo.

    Al escucharme detuvo su mano quizás por vergüenza y me miró. Solo podía mirar mi cara asomada, los dos estábamos sonrojados.

    – Gracias… No he podido evitar excitarme al ver tus pechos. Teresa yo…

    – No diga nada, se lo que le está pasando, yo le entiendo y para mí también es muy vergonzoso esto.

    – Desde el otro día no dejo de pensar en lo que sentí al tener mi mano en tu pecho y hoy al verlos puedo decirte que son preciosos.

    Aquellas palabras, sentir que mis pechos siempre tan acomplejados le gustaban, me llevó a dar un paso y dejarle que los volviera a ver. La reacción de su pene me hizo estremecer, al verlos se puso totalmente duro como si fuera a explotar. Me excitó mucho ver cómo a pesar de la vergüenza volvía a rodear con sus dedos el tronco y comenzaba a masturbarse otra vez sin dejar de mirarme. Su mirada lo decía todo, sentía que sería feliz si le dejara volver a tocarme un pecho. Recordé lo que había sentido cuando lo había hecho.

    – Le gustaría volver a tocarme un pecho?

    – Sería maravilloso.

    Me acerqué a la cama sin poder dejar de mirar su pene y me senté a su lado. Si yo estaba nerviosa, él lo estaba también y algo me empujó a acariciarle la cara. Esa cara de fascinación de estar viendo mis pechos cerca suyo.

    – Me gusta como los mira.

    – Son preciosos – su mano temblaba cuando la apoyó de nuevo entre ellos – Puedo moverla?

    – Si, por favor – me ruboricé aún más si cabe al haberle dicho ese por favor y ser consciente que había reconocido que me moría de ganas por volver a sentir mi pecho en su mano.

    Movió la mano a un lado, esta vez hacía el otro pecho como queriendo que también conociera la sensación de estar dentro de su mano. Lo acarició despacio y comenzó a masturbarse más rápido. Creo que tardé diez segundos en sentir que hacía correrme y él al sentir mi orgasmo comenzó a eyacular ante mis ojos impresionados de estar presenciando eso.

    Nota de autor:

    Intentando saber que había sentido en ese instante le pregunté si podía describirme sus emociones y Teresa me contestó esto:

    “Me cuesta expresar lo que sentía. Me sentía por una parte culpable pensando en mi marido y que su padre me hiciera sentir estas cosas. Después del día del salón cuando le había permitido poner la mano en mi pecho, me había prometido que no podía volver a pasar. Me da vergüenza reconocer que pensaba muchas veces en ese momento. Mi marido nunca me lo había acariciado de esa manera y aunque habían sido solo unos segundos la sensación había sido muy intensa. Es difícil de entender y por eso me sentía tan confundida. Sabía que mi suegro sería feliz si le dejaba ver mis pechos y algo en mi me pedía que se lo permitiera.

    Ese día sobre la cama tan excitado por haberlos visto me hizo excitar a mí y me sentía mal al darme cuenta que deseaba volver a sentir su mano y que no sería capaz de cumplir la promesa que me había hecho”.

    Le pregunté cómo fue ese momento:

    “Cuando me agarró el pecho me sentí estremecer de pies a cabeza y suspiré. No podía apartar la mirada de su pene y como lo movía. Cuando me agarró el pezón y lo movió a los lados fue cuando me vino orgasmo y creo que eso le gustó porque su glande comenzó a expulsar el semen”.

    Sentía curiosidad por si le hubiera gustado que pasara algo más y se lo pregunté:

    “Hubo un momento que deseé que besara mi pecho y saber que sentiría. También me preguntaba cómo sería que fuera mi mano quien lo masturbara, pero no me atreví a ninguna de las dos cosas por la vergüenza.”.

    Continuará.