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  • Embarazada y cogida por mi vecino

    Embarazada y cogida por mi vecino

    Durante mis dos embarazos estuve muy caliente. En el primero, mi esposo me acompañó en la calentura, hasta unas dos semanas antes del parto, cuando yo empezaba a sentir mucha incomodidad y él preocupación. Hasta ese momento, tuvimos sexo casi todos los días, al despertarnos y al acostarnos. Teníamos poco más de un año de casados y andábamos ambos a mil de deseo. Algunos días, también me masturbaba pues la calentura era casi insoportable y necesitaba descargarme. Usualmente con mis dedos, alguna vez con un pepinillo que protegía con preservativos que compraba.

    El segundo embarazo, cinco años después del primero fue muy distinto. Cuando me embaracé ya había sido infiel eventualmente, nada serio, pero ya conocía del placer fuera de casa. Pero, desde el momento que decidimos tener un segundo hijo, dejé las travesuras eventuales y me dediqué a gozar lo mejor que podía con mi esposo. Estuvo bien y quedé embarazada rápidamente. Los cuatro primeros meses fueron como mi primer embarazo. Yo siempre demasiado caliente y mi esposo acompañándome en la satisfacción de mis deseos, igual necesitaba masturbarme casi cada día, pero me sentía satisfecha y feliz esperando a mi segundo hijo.

    Con pretextos que me resultaron tontos, el cuarto mes de mi embarazo, mi esposo me dijo que mejor no tengamos relaciones. No detallaré las tonterías que me dijo, pero me pusieron muy furiosa. Por una semana o algo más, me masturbaba mañana y tarde. No trabajaba en esa época y tras dejar a mi hijo mayor en su jardín escolar volvía a casa y me masturbaba sobre la cama. Por la tarde, mientras mi hijo dormía, volvía a masturbarme.

    No me era suficiente. Necesitaba más que mis dedos. Ni el pepinillo que usaba con más frecuencia me bastaba. Necesitaba un hombre que me complaciera e hiciera más llevadero mi embarazo. Lo peor eran las muchas horas que estaba sola en casa sin tener nada que hacer. La soledad y la falta de una actividad me tenían pensando en sexo todo el tiempo.

    Supongo que fue la suerte o el destino. Un día en el ascensor, volviendo de comprar en el supermercado, me encontré con un vecino del edificio. No lo había visto antes. Amablemente se ofreció a cargar mis bolsas y acepté. Me acompañó hasta el departamento, ingresó y dejó las bolsas en la cocina. Mientras cruzamos unas palabras en las que le agradecía, me di cuenta que miraba al tendedero, que estaba al lado de la cocina, donde estaban secando unas tangas.

    Darme cuenta que las miraba me puso picara y le pregunté si podíamos intercambiar números. Aceptó y quedamos conectados por el WhatsApp. Comenzamos a charlar con una cierta frecuencia y en pocos días la charla se puso caliente, pero sin ninguna propuesta específica. Solo comentarios generales sobre sexo y cosas superficiales, pero sin llegar a una cita o una insinuación directa.

    Una semana después, me lo volví a encontrar volviendo del supermercado. Igual me ayudó con las bolsas e ingresó a casa. Como fue justo una semana después, al día siguiente de mi día de lavado, igual encontró mis tangas colgadas. Se la jugó y me dijo “vecina mi destino es verle las tangas”. Nos reímos ambos y unos instantes después nos estábamos besando.

    En segundos, caliente con sus besos, sentí que mi tanga estaba ya desbordada por la forma en que mi vagina chorreaba de la calentura. Él se dio cuenta de lo caliente que estaba. Me levantó mi vestido de embarazo y comenzó a acariciar mis nalgas. Las tenía al aire pues tenía puesta una de mis tangas más minúsculas.

    Las palabras sobraban y me puso de espaldas a él. Mientras besaba mi cuello, sentí como iba desajustando la correa y desabrochando el pantalón. Mis ansias eran muchas y pronto sentí su verga ya erecta explorando entre mis nalgas

    Separó mis piernas un poco, y me inclinó hacia adelante, sobre la mesa de la cocina, sentí como su verga ingresó rápidamente en mi concha ya demasiado húmeda y sin haberla visto supe que su verga era más larga y gruesa que la de mi marido. En dos minutos o poco más tuve el primer orgasmo, me sorprendí de la rapidez y él se sorprendió más, me dijo “vecinita, como le hacía falta”

    Suspirando le dije que sí, que me faltaba y mucho. Siguió disfrutando de mi concha y yo de su verga y cuando sentí que con sus dedos humedecía mi culito me incliné un poco más, para que supiera que sí, que aceptaba su ofrecimiento tácito, sentir su verga entrando en mi culito me hizo llegar incluso antes de tenerla toda dentro. Ya iba casi un mes sin tener relaciones con mi esposo y estaba muerta de deseo.

    Su verga más larga y más gruesa me hacia sentir demasiado placer. Tuve un par de orgasmos más por mi culo. Jamás me había pasado algo así con mi esposo ni con ningún otro. En las contracciones del tercer orgasmo anal él se vino dentro de mí.

    Me dijo que tenía que irse y la verdad yo quería que se fuera. Me ardía mi culito y estaba exhausta. Me senté y me di cuenta que su semen había caído sobre la silla. Decidí dejar para después la limpieza. Me fui al baño, me limpié y me acosté a dormir. Al despertar ordené las compras y limpié la silla. En eso me llegó un mensaje suyo “vecinita que rico estuvo”.

    Todo lo que quedaba de mi embarazo cogimos.

  • El jefe de mi esposo quiere cogerme

    El jefe de mi esposo quiere cogerme

    Tengo que confesar que tengo una pequeña obsesión por todo lo prohibido, pero bueno espero que tu como buen lector no le cuentes a mi marido.

    Hace unos días el jefe de mi marido nos invitó a ambos a una pequeña fiesta navideña privada en su casa. Obviamente ambos asistimos, creo que ha sido la fiesta mas rica a la que asistí este año.

    Llegamos alrededor de las 9 de la noche y para sorpresa mía solo estaban el jefe de marido y su mujer, al llegar salude de inmediato a su esposa y el jefe de marido estaba detrás de ella mirándome de una manera muy poco respetuosa, algo que entendí pues aparte de que soy una mujer muy atractiva, esa noche estaba vestida muy sensual, traía un pequeño vestido negro sin nada debajo ni siquiera el tanga por lo que mi culo rebotaba cada vez que daba un paso, un pronunciado escote, mi pelo negro corto, lacio y suelto que hacía que mi piel blanca se viera espectacular.

    Luego de que los salude entro mi marido e hizo lo mismo, en ese momento su jefe seguía sin poder quitarme los ojos de encima y yo no estaba para nada molesta con esas miradas.

    La noche siguió pasando y nosotros nos sentíamos ya un poco borrachos de tanto tequila, estábamos todos sentados en la terraza, en un asiento mi marido y yo por otra parte en el asiento de enfrente su jefe y la esposa, yo seguía notando las intensas miradas y de vez en cuando un guiño disimulado de su jefe hacia a mi, a mi esa situación ya me tenía excitada, era un poco mas de las 12 de la madrugada y la mujer de él fue a dormir y nos dejó a los 3 solos en aquella terraza, estábamos teniendo una conversación muy interesante cuando de repente el jefe mi marido está mirándome y yo abro mis piernas de una manera muy sexy para mostrarle lo que él quería ver desde que habíamos llegado a aquella casa, mi coño totalmente mojado y perfecto, y luego de que me asegure que me había visto detalladamente las volví a cerrar para que mi marido no fuera a darse de cuenta de lo que estaba pasando, yo sentí como sus ojos se clavaron en el medio de mis piernas y un escalofrió en ese momento recorrió mi cuerpo y mis pezones se pusieron tan duros que se notaba en mi vestido.

    Yo seguí incitando a mi marido para que bebiera aún más y así poder hacer de las mías sin preocupaciones y entonces cada vez que tenía la oportunidad le enseñaba algo de mi cuerpo o me mordía mis labios de una manera muy provocativa todo sin que mi marido se diera cuenta.

    Eran ya las tres de la mañana, mi marido llevaba toda la noche fumando cigarrillo y ya se le habían acabado por lo que tuvo que salir a comprar mas, tomo un taxi porque ya estaba muy tomado y no quería conducir así, me dijo que me quedara allí y yo le dije muy feliz -Esta bien amor- , y así me quede sola en esa casa con su jefe, en el mismo momento que salió, yo agarre con las dos manos la silla y como si fuera una actriz porno abrí mis dos piernas nuevamente pero esta vez bien abiertas, arquee mis espalda y le dije a su jefe con una voz baja para que su esposa no fuera a escuchar -Esto es lo que tanto querías ver cuando llegue-, el soltó un suspiro se acercó a mi, se puso de rodillas y me dijo -No solo verlo, quiero sentirlo -se acercó mas a mi y me comenzó a besar mi entrepierna, mi corazón estaba acelerado y mi coño demasiado mojado, subió la cabeza y me bajo un poco el vestido para dejar mis tetas descubiertas.

    Y cuando bajo su cabeza de nuevo paso su lengua de una manera deliciosa por mi coño mientras con su otra acariciaba mis tetas, en ese momento solté un gemido, era demasiado el placer que estaba sintiendo, él se puso de pie ante mi y tapo mi boca con su mano, me dijo -No pueden oímos y a modo de castigo introdujo sus dedos dentro de mi coño de una manera muy ruda y comenzó a sacarlos y a meterlos, en ese momento mis ojos estaban llorosos del placer y solo le pedía que no parara, baje mi mano y le toque su verga por encima del pantalón estaba durísima.

    Yo solo quería sentirla adentro en ese mismo momento, estaba tan excitada de pensar que mi marido podía llegar en cualquier momento y verme parada con mis tetas afuera gozando del placer con su jefe. El seguía masturbándome mientras besaba mi cuello y me decía -Te gusta, esto es lo que querías-, en ese momento sentimos unos pasos y rápido nos separamos, yo subí mi vestido y los dos nos sentamos nuevamente a tratar de disimular que no había pasado nada, era mi esposo que ya había llegado, yo casi no podía hablar de lo excitada que estaba sentía todo mi coño húmedo, y lo único que quería era cogerme a su jefe allí mismo, el no sospecho nada y comenzó a hablar con nosotros, el muy estúpido no paraba de hablar ya estaba muy borracho, mientras que yo apretaba mis muslos para seguir sintiendo placer mientras su jefe me hablaba y me quería devorar con sus ojos.

    Eran las 5 de la mañana y ya se nos había terminado el tequila, y aun teníamos ganas de seguir, por lo que el jefe de mi esposo nos surgiere la idea de ir por mas bebida y así fuimos los tres, en lo que íbamos camino al auto mi marido iba delante, yo detrás de él y su jefe detrás mío, por lo que aprovecho el camino para meter su mano debajo de mi vestido y acariciar mi coño para así asegurar que me dejaría mas caliente todo el camino.

    Hasta que nos subimos en el auto, el condujo pues era el que no había bebido en toda la noche, mi esposo iba en el asiento del copiloto y yo en el asiento de atrás, en el camino podía sentir como los ojos de su jefe mi miraban por el retrovisor del carro por lo que decidí darle mejor vista y abrir un poco mis piernas y tocarme un poco, todo disimulado, el estúpido de mi esposo no podía saber.

    Cuando llegamos al lugar. Mi marido se baja y dice -A esta invito yo- y se baja del coche y entra a comprar la botella. Mientras nosotros dos nos quedamos en el carro, en cuanto vimos que entro su jefe se volteó hacia al asiento de atrás donde estaba yo y me dijo a -¿A ver donde nos habíamos quedado?-, y volvió a meter sus dedos profundamente dentro de mi.

    Ahí si comencé a gemir y el cada vez lo hacía más y más rápido, yo podía ver a mi marido dentro de la tienda pues era toda de cristal y esa situación me tenía más caliente todavía le dije -¿Te gusta mi coño? Pero yo quiero algo mas dentro de mi que no sean tus dedos, ya quiero sentirte dentro de mi coño caliente- (mientras gemía), él me iba besando todo mi cuerpo y mi boca.

    Y se le marcaba en su pantalón la tremenda erección que tenía mientras yo veía como mi marido salía de la tienda y rápido volvimos cada uno a nuestro lugar, mi esposo feliz mostrándonos la botella y su jefe con los dedos llenos de mi y su verga tiesa al lado de él, tratando de disimularla.

    Eran las 5:30 y ya estábamos en la casa, la esposa de su jefe cuando llegamos se había despertado para decirle que ya era muy tarde y al otro día tendrían una cena de navidad con su familia, por lo que ya teníamos que irnos, mi esposo quería pasar al baño y yo también pues estábamos a 40 minutos de la casa y su jefe le dijo que el pasara al de afuera de la terraza y que yo podía pasar a uno dentro de la casa, el entro conmigo para mostrarme a donde estaba y ya como nos íbamos para la casa.

    Mi marido iría al coche por fuera y yo saldría por la puerta principal, su jefe me muestra el baño y en frente de él me dijo -Así no te puedes ir bebé estas muy caliente y ese imbécil no va a saber como ayudarte- por lo que me comenzó a masturbar nuevamente sin parar, se acercó a mi para poder sentirme bien cerquita y en lo que yo le gemía bien bajito en el oído el me miraba con los ojos llenos de deseo, siguió así hasta que no pude aguantar y me corrí, tuve un orgasmo muy rico.

    Pero eso no lo detuvo me llevo hasta la puerta principal que estaba cerrada y por su celular vio en la cámara de seguridad que mi esposo estaba fumándose un cigarrillo mientras me esperaba justo detrás de esa puerta y me bajo el vestido hasta los tobillos dejando totalmente descubierto mi cuerpo, puso mis manos arrecostadas a esa misma puerta, se sacó su verga que estaba al explotar y la puso justo en el medio de mi culo y comenzó a moverse de arriba hacia abajo, cada vez lo sentía yo lo sentía mas, mis ojos estaban en blanco.

    Y seguía muy húmeda, pero yo no me quería ir de allí sin probar esa verga por lo que me arrodille ante él, lo mire con mi carita de puta y le dije – Yo quiero probar a que sabe esa verga tan rica- le pase la lengua por su verga y luego se la comencé a mamar, el aguanto mi cabello con sus dos manos mientras yo chupaba esa verga y lo miraba mientras veía en sus ojos el placer que estaba sintiendo, no hay cosa que me moje mas que mamar, creo que soy una adicta a eso.

    Mi boca estaba llena de saliva por lo que estaba muy mojada y caliente su verga.

    Pasados dos minutos mi esposo me llama y tengo que contestarle y le digo -Ya voy amor es que me perdí buscando el baño- todo eso aun desnuda y con la verga de su jefe en mi mano mientras lo estaba masturbando, sentimos un ruido y era su esposa, así que el entro al baño y yo rápidamente me acomode mi vestido, seque mi cara que estaba mojada, pase la mano por mi cabello y abrí la puerta y justo allí estaba mi esposo detrás esperándome. -Yo le dije vamos amor- y nos montamos en el coche, cuando llegamos a la casa, yo seguía muy caliente y comencé a besarlo con mi boca llena de sabor a verga de su jefe, eso hizo que me encendiera más aún saber que estaba besando a mi marido con la misma boca que segundos antes había estado chupando la verga de su jefe, y él al ver lo prendida que estaba me dijo -por qué tan caliente bebé.

    Yo estaba tan mojada que le saqué la verga a mi marido y me la metí y entro tan rico pues ya estaba dilatada de los dedos de su jefe en ese momento cerré mis ojos y solo me venían imágenes de todo lo que había pasado esa noche y comencé a cabalgar como una puta encima de él, hasta que los dos nos corrimos.

    Hoy hace una semana que paso esto que te conté y este fin de semana será la fiesta oficial de navidad del trabajo de mi esposo en la cual obviamente estará su jefe, no puedo esperar a que llegue ese día, llevo la semana masturbándome solo de imaginar que pasará cuando lo vea y sé que tú también te morirás de ganas porque te cuente.

  • Salida de negocios

    Salida de negocios

    Fui a comer con el socio de mi novio, por trabajo. Yo en ese momento trabajaba para él y para mi novio. De hecho, empecé a trabajar allí, por ser la novia de uno de los dueños.

    Un mediodía el socio de mi novio me pide que nos juntemos a última hora de la tarde a tomar algo así delineábamos unas campañas de venta. Por supuesto que yo acepté, sin dobles intenciones.

    Esto sucedió un viernes y mi novio había viajado a ver a su hijo, que no vive con él, con lo cual ya no estaba en la oficina.

    Vamos a comer, el socio de mi novio le lleva en moto.

    Comimos una pizza con una cerveza lo más bien.

    Cando salimos del restaurante me dice:

    «Te acerco a la estación».

    Pero sin mediar palabras me llevó en su moto a un hotel. Mi sorpresa era mucha y sabia yo, que si pasaba algo, estábamos «meando afuera del tarro».

    Por supuesto que el paga y estaciona su moto frente a la entrada a la habitación.

    Si bien el siempre me pareció un muchacho super atractivo, no quise ni insinué que pasara nada.

    En la puerta de la habitación estuvo tratando de convencerme, una hora literal. Yo obviamente, me negaba. Le decía: «Tengo novio y además es tu amigo, no da».

    Así estuvo charlándome que él se moría de ganas por estar conmigo, que el creyó que si un viernes a la noche le acepté la invitación es porque entre ambos «había química» y que «mi novio no tenía por qué enterarse», etc. etc.

    Sus argumentos no hicieron mella en mí. Yo estaba firme en no ingresar a la habitación con él. El mientras me acariciaba el pelo y la cara, la situación me incomodaba, porque yo tampoco podía rechazarlo de una, ya que era mi jefe. Sin embargo, tampoco me disgustaron sus caricias.

    Así fue como palabra va, palabra viene, el decide avanzar y darme un beso en el cuello y eso realmente me puede.

    Me entregué completa, sin pensarlo lo dejé, y el abrió la puerta de la habitación y entramos.

    Ya adentro de la habitación no solo me besó el cuello si no también mis labios. Mientras suavemente me sacaba la ropa. El empezó a desvestirse también.

    Empezó a bajar con sus labios y su lengua por mi cuerpo. Otra cosa que me gusta mucho es que me besen los pechos y el lo hizo a las mil maravillas. Continuó bajando hasta que llegó a mi vagina y a mi ano. Me los lamió como nunca nadie lo había hecho. Para ese momento yo no pensaba en nada, solo en acabar.

    Fue entonces que el decidió penetrarme por adelante.

    Luego por atrás y yo solo gemía de placer, hasta acabar.

    Una vez que ambos terminamos le mire el hermoso pene que tenía y se me ocurrió chupárselo. Nunca había chupado un pene tan grande y tan rico, en mi vida. Me quedé más de una hora haciéndole eso.

    En un momento dado mi novio me llama por teléfono como cada vez que no dormíamos juntos para saludarme y desearme buenas noches.

    No quería dejar de chupar y tampoco podía no atender el teléfono ya que sería muy sospechoso (yo siempre le atiendo el teléfono).

    Así fue que decidí hacer las dos cosas a la vez:

    Hablar con mi novio por alta voz y a su vez chupar el pito de su amigo y socio.

    Mientras yo hablaba, dejaba de chupar y masturbaba a su socio. Mientras mi novio me hablaba, yo seguía chupando el pene de su socio.

    Cuando termina la charla y le digo te amo, justo en ese momento y como si el socio de mi novio estuviera esperando el final de la charla, larga un gemido enorme y llena mi boca de su semen. Por supuesto le enseñé que había quedado toda su lechita en mi boca, saboreé y tragué.

    Luego de eso, nos quedamos tranquilos fumando, mirando la tele, yo abrazada a él. En eso el me pregunta quien me lo había hecho mejor el amor, si él o mi novio, y por supuesto que le dije que él. Me preguntó quien tenía mejor pene si mi novio o el, y por supuesto que respondí que el. Aunque ninguna de las dos eran verdades completas, pero quise que se quede con esa idea.

    A la mañana siguiente salimos del hotel y como me había dicho al terminar de cenar, me acercó a la estación, para que yo pudiera tomar el bus de regreso a casa.

    La mejor noche de placer de mi vida.

    Pero esto no termina allí. A los pocos días, siguiente fui de compras a un super chino, con mi novio.

    Mi novio super cariñoso conmigo siempre (una de las tantas cosas por las cuales lo amo y me pienso casar con él), y mirándonos veo que había alguien y era la empleada del hotel que nos tomó el pago al entrar.

    Habrá pensado: «Zorra, hace unos días estuviste con otro hombre en donde yo trabajo».

    Me morí de le vergüenza, literal. No sabía que esa chica, que trabajaba cerca de mi trabajo, vivía cerca de donde yo vivo. Mi conclusión es que este mundo es un pañuelo.

    Para finalizar les cuento, que sigo trabajando en el mismo lugar, pero nunca más tuve un encuentro con el socio de mi novio, fue solo esa vez. Por lo que supe luego él también está en pareja, así que fue una noche furtiva para ambos. Mi novio sigue siendo su socio y amigo, y yo estoy en pareja muy feliz con mi novio, así que todos felices.

    FIN

  • Me volví la perrita de mi papá

    Me volví la perrita de mi papá

    Después de ese día la orgía se volvió casi una tradición en el estudio, y cada fin de mes me invitaban para repetir el evento: llegaba al estudio y todos me esperaban con una cama en el centro del estudio. Yo me ponía en la cama, me comenzaba a quitar la ropa y mientras tanto todos se empezaban a jalar la verga. Ya que estaba completamente desnuda, me ponía en cuatro y mi papá se acercaba para empezar a cogerme. Y mientras mi papá me la metía por el culo, todos los demás se masturbaban y empezaban a venirse sobre mí.

    Pero a pesar de disfrutar la orgía, una vez al mes no era suficiente para mí, yo necesitaba más. Así que decidí llevar las cosas más allá. Un viernes decidí esperar a mí papá hasta que saliera del estudio, y al salir lo abracé y le dije: “Te tengo una sorpresa papi.” Y lo llevé a un motel que estaba cerca. Y cuando llegamos le dije: “Papi, no puedo esperarme a fin de mes, yo necesito tu verga ya, la necesito adentro de mí”.

    Entramos a la habitación del motel y sin pensarlo nos arrojamos a la cama y comenzamos a follar, pero de pronto mi papá me hizo una petición que yo no me esperaba, pero cambió por completo nuestra relación. Mi papá estaba encima de mí mientras me cogía y de pronto me agarró la cara, se me acercó y me dijo: “Pao, hija, quiero que hagamos algo. Quiero que te pongas en cuatro y que empieces a gatear como si fueras una perrita.” Se me hizo algo muy raro y le respondí riéndome: “No papá, cómo crees”. Y entonces me dio una cachetada y me apretó del cuello con fuerza, y me dijo: “Como de que no! Vas a ser mi perra, pinche Paola puta. Vas a ser mi perrita y vas a hacer lo que te diga, ¿oíste?”

    ¡Eso me excitó demasiado! Me puse muy caliente y le dije que si con la cabeza. Entonces me soltó del cuello y me hizo ponerme en cuatro en el piso. Se paro enfrente de mí y me dijo: “Ahora empieza a ladrar como perra y gatea alrededor de mí.” Empecé a gatear alrededor y a hacer sonidos de perrita mientras él se masturbaba. Después me dijo que me acercara a su verga y que le empezara a lamer los huevos, pero llorando como perra. Entonces me acerqué, saqué mi lengua y le empecé a chupar las bolas de atrás hacia adelante, mientras chillaba como perrita. Nunca había hecho algo así, pero había tan algo excitante en todo eso que me puse demasiado cachonda y mojada.

    Después mi papá se puso atrás de mí, me agarró del cabello y me lo empezó a jalar hacia atrás. Luego me escupió en el culo y me empezó a meter la verga y a decirme: “Eres mi perra Paola, eres mi perrita y mereces que te traten como puta. ¡Gime hija! ¡Saca la lengua y gime como la perra que eres!” Y sin pensarlo empecé a gemir, a llorar como una completa perra, hasta que me hizo venirme. Me vine toda sobre la alfombra del cuarto y dejé una mancha enorme. Entonces mi papá me dijo: “Eres una perra mala! Ya ensuciaste la alfombra. Las perras buenas tienen que orinar afuera, no adentro. Ven, vamos a que hagas afuera”.

    Entonces mi papá se acercó a la puerta del cuarto, la abrió y me dijo: “Ven acá Paola”. Me acerqué gateando hasta la puerta, y ya que estaba en la entrada me dijo:

    “Salte, vamos a que hagas afuera. Si no vas a volver a ensuciar la alfombra.” Yo pensé que estaba jugando y me reí, pero de repente me agarró del cabello, y me empezó a jalar hacia afuera del cuarto y a decirme que obedeciera, que no fuera una perra desobediente. Pero yo estaba totalmente desnuda y obviamente me resistí, pero mi papá me jalaba más fuerte hasta que por fin me sacó al pasillo del motel.

    Y ahí estaba yo, completamente desnuda y a gatas en el pasillo de un motel. Un chico iba pasando por el pasillo y cuando vio que mi papá me sacó del cuarto se quedó totalmente paralizado. Mi papá lo vio y le dijo: “No te preocupes, es mi perrita, pero no muerde. Se llama Paola. ¿La quieres acariciar?”. El chico no sabía qué decir, pero mi papá insistió: “Ándale acaríciala, no te hace nada. ¿Verdad que eres buena perrita Paola?”. Yo sólo asentí con la cabeza y entonces el chico se acercó despacio, extendió la mano y me agarró la cabeza, Pero mi papá le dijo que me acariciara bien.

    Poco a poco el chico se sintió más confiado y empezó a acariciar más partes de mi cuerpo, yo también empecé a disfrutarlo, pero cuando el chico vio mis pies se sorprendió y dijo: “Su perrita tiene unos piesotes!”. Y mi papá le respondió: “Sí, esta perra tiene unas patotas, y le encanta que se las llenen de leche. ¿Quieres probarlas?”. Entonces yo alcé mis pies y el chico me empezó a agarrar los pies y a jugar con mis dedos. Yo no pude resistirme y empecé a gemir. Y el chico me los empezó a chupar. Al mismo tiempo mi papá se acercó y me empezó a meter la verga a la boca. Fue algo surreal, estaba en el pasillo de un motel, desnuda, en cuatro como si fuera una perrita, mamándole la verga a mi papá mientras un desconocido me chupaba los pies.

    Entonces mi papá le dijo al chico: “Ya viste qué obediente es mi perrita. Si quieres métele tu verga para que veas lo obediente que es.” El chico se sacó la verga, se me agarró de la cadera y me metió toda su verga en la vagina. Hicimos tanto escándalo que la gente de otros cuartos empezó a salir para ver qué estaba pasando. Y yo nunca me esperé lo que mi papá les dijo a todos…

  • Tres de copas

    Tres de copas

    Cecilia estaba sentada en un rincón de su pequeña sala, con los pies desnudos descansando sobre un cojín. Ojeaba una revista sin prestarle mucha atención mientras tanto, en la cocina terminaban de hornearse las galletas que había preparado con tanto esmero. Cecilia había sido siempre la chica de las buenas notas. Incluso había conseguido un buen trabajo como fotógrafa, pero la disciplina que se exigía con cada cosa que hacía la envolvía en una oscura rutina sin fin. El televisor estaba encendido, pero el señor Darcy estaba siendo casi igualmente ignorado que la revista.

    De pronto, el teléfono celular de Cecilia sonó y la sacó de su ensimismamiento. Era un mensaje de su mejor amiga, Janet.

    “Sharon quiere divertirse”.

    Decía el mensaje acompañado por un emoji de un diablito púrpura. Y Ceci corrió a su habitación para ponerse los zapatos.

    *****

    Cuando Janet recibió el mensaje de Sharon, había reaccionado de una forma similar. Aunque ella no había estado ojeando una revista ni ignorando una película. Estaba en casa de su amante. De hecho, se acababa de subir las bragas cuando su celular vibró. Su amante, que era a la vez el mejor amigo de su marido, le había preguntado:

    —¿Qué pasa, hermosa? ¿Es Miguel?

    —No, mi amor. Es una amiga.

    “Hola, Jani. Shari quiere divertirse”.

    Rezaba el mensaje de la carismática Sharon y eso hizo que Janet se apresurara al vestirse. Le dio un beso a Carlos y le dijo que la cena debía posponerse para la próxima.

    Afuera llovía ligeramente, pero Janet no tardó en conseguir un taxi. Empezaba a oscurecer, y mientras el taxista le miraba el frente de la blusa a Janet por el retrovisor cada dos por tres, ella mandó dos mensajes. El primero era para su esposo: “Amor, voy a salir esta noche con mis amigas”. y el segundo mensaje fue para Ceci.

    *****

    Del auto negro bajó una joven, de cabello quebrado, largo y de un intenso color rojo. Ataviada con unos tacones altos, aunque ella no necesitaba ser más alta. Unos pantalones de mezclilla blancos y ajustados a sus largas piernas y destacando su firme trasero. Llevaba un top gris claro y, por encima de éste, un blazer azul que le hacía las veces de abrigo en esa noche de fiesta.

    Puso la alarma a su auto; caminó, bolso en mano, por la acera derecha de una calle bastante concurrida y se detuvo justo enfrente del antro La Cubana. Sacó su celular, eran casi las 8 de la noche. “No deben de tardar en llegar” se dijo y entró al antro.

    —¡Sharon! — la saludó un joven afeminado que iba de salida y le dio un beso en cada mejilla. Los pantalones de cuero que llevaba parecían tan ajustados como los de ella.

    —¿Te vas tan pronto, Paulie?

    —Sí, amiga. Mi hombre me está esperando en el auto. Me llevará a cenar a un restaurante, grrr. —Hizo el ruido felino con un ademán con la mano como si de una garra se tratara— ¿Tú qué planes tienes, muñeca?

    —Ya me conoces, soy una cazadora.

    —¡Ay! Doble grrr.

    Y se despidieron con un abrazo.

    *****

    En los baños Sharon se retocó el maquillaje y se puso rubor, pero realmente estaba haciendo tiempo, pues ya se sentía estupenda. Sharon es de tez clara, el rostro en forma de corazón, los rasgos finos salpicados ligeramente por unas pequeñas pecas; nariz corta y respingada; ojos grandes color celeste; boca pequeña, pero traviesa.

    Cuando salió del baño se encontró con su amiga Cecilia y se abrazaron. El carisma y la facilidad de socializar con la gente son los rasgos fuertes de Sharon, pero Ceci es más bien tímida. Ambas son muy opuestas físicamente también, pues Ceci es más menuda, de tez morena, el cabello castaño oscuro debajo de los hombros; ojos color miel; pómulos más prominentes, básicamente su rostro daba un aire al de una princesa de algún desierto árabe. Vestía un delgado suéter de cuello de tortuga color ladrillo; bisutería dorada en las muñecas; una falda de satén negro y botines dorados.

    *****

    Janet fue la última en llegar, pues había pasado a su casa para darse una ducha. Cuando se acercó a la mesa donde estaban sus amigas, que ya compartían sendos vasos de limonadas, ellas se pusieron de pie y la abrazaron una a una. Janet se veía espectacular con su atuendo de noche. Ella, siendo la más voluptuosa de las tres, solía ser la que más llamaba la atención de los hombres, pues tan solo sentarse, un hombre joven se acercó a ella y la invitó a bailar.

    —Bueno, alguien ya dio el primer paso. — Comentó Sharon, excitada. Mientras veía a su amiga moverse en la pista.

    —Veamos si el tipo sigue con ella cuando se entere que está casada. — Dijo Ceci a modo de broma, pero no sin sentir un poco de envidia.

    Janet es más alta que Ceci, pero no tanto como Sharon. Lleva el cabello negro corto, justo a los hombros; su tez clara con discreto maquillaje. Sus ojos felinos, verdes y seductores; labios carnosos, sensuales. Un cuerpo muy bien formado con pechos prominentes y caderas anchas. Su atuendo se conformaba de una blusa plateada muy provocativa, con un largo escote en el medio en forma de V; un short de cuero negro ajustado y muy corto, pues a Janet le gustaba mostrar sus largas piernas torneadas; sus zapatos de tacón con correa, plateados; y las uñas de las manos con cuidada manicura.

    Cuando la música paró volvió con sus amigas y pidió al mesero que le sirviera una piña colada.

    *****

    Hacía tres meses que no se habían visto, pero cuando se proponían reunirse trataban siempre de cumplir con su código. “¿Quieres divertirte?” era uno de los saludos más usuales que usaban. Sobre todo, Sharon, que las reunía más fácilmente.

    —Y dinos, Ceci. ¿Cómo va tu relación con David? —Instó Sharon subiendo la voz para ser escuchada con la música de techno a tope.

    —Pues la verdad muy bien. Hemos salido más seguido.

    —¿En serio? ¡Guau!

    —¿Y… ya tuvieron sexo? — intervino Janet.

    —¿Qué? —Ceci se había reído, pero había sido una risa nerviosa. —N-no Él y yo… bueno, sólo somos amigos.

    —¿Y eso qué? ¿No tienes…? Ya sabes ¿de esos amigos?

    —No la pongas nerviosa, Jan. Ella sólo quiere estar segura. —Replicó Sharon y agregó divertida: —Recuerda que a ti el profesorcito no te resultó tan buen partido.

    —Ahorita no me hables de Miguel. — se quejó Janet. —Quiero divertirme, Sharon. No aburrirme. — Le dio un sorbo a su bebida y recordó ese momento en casa de su amante unas horas antes. Tumbada de espaldas en la cama y con las piernas abiertas mientras el mejor amigo de su esposo la penetraba con esa enorme verga suya.

    *****

    Bailaron, bebieron, se divirtieron mucho. A las 8:30 de la noche ya estaban acompañadas por dos hombres que las invitaban a bailar a las tres juntas. Dos tipos apuestos, pero bastantes juniors según Sharon. Así que Janet los hizo pagar una ronda de tragos más y luego se despidió de ellos.

    La música techno pasó a la especialidad de la casa: la salsa. Entonces Marc llegó a sus vidas; un hombre alto, de tez morena y de músculos grandes. Vestía una camisa roja arremangada y pantalones de vestir negros. Invitó a cada muchacha a bailar, comenzando con Sharon. Y las tres amigas se dieron cuenta de que Marc, aparte de apuesto, era un gran bailarín. Así el carisma de Sharon, la ambición de Ceci y la lujuria de Janet se combinaron en el ambiente. Hasta que Ceci besó al apuesto caballero que le tomaba las manos. Cosa que sorprendió a sus amigas pues Cecilia era la que menos había bebido de las tres.

    —Eres tan bueno bailando.

    —Uff, qué mujer tan decidida. ¿Crees que tus amigas se lo tomen a mal si me quedo a bailar contigo un poco más?

    —Mmm, no creo.

    Como Marc se quedó a Ceci de compañera un buen rato, Sharon vio que era momento de sacar de su bolso su amuleto de la suerte.

    —¿Otra vez con eso, Sharon? — Inquirió Janet un poco aburrida.

    En la mesa, Sharon había colocado una de las cartas del tarot: El tres de copas.

    —Sabes que no salgo de fiesta sin ellas. —Luego, con el dedo húmedo de whiskey marcó una equis en cada copa del dibujo. —Hemos elegido a Marc, veamos si él nos elige a las tres. —Y le sonrió coqueta a su amiga.

    En ese momento, Ceci y Marc volvieron a la mesa.

    —¿Qué es eso? —Preguntó el hombre después de tomar un trago de whiskey y ver la carta de Sharon.

    Pero en ese momento comenzó a sonar música de reggaetón y Janet se levantó, le tomó las manos a Marc y se lo llevó a la pista. Fue más descarada que Ceci, le pegó el trasero a Marc, lo meneó pegada a su pantalón y empezó a sentir la erección.

    —Sólo falto yo, Ceci. — dijo Sharon —Tú hiciste un buen trabajo. Janet lo mantendrá duro y luego veremos si se porta bien con las tres.

    *****

    Eran más de las 10 pm. Sharon conducía su auto y Ceci iba de copiloto, mientras en los asientos traseros, Janet le hacía sexo oral a Marc, que seguía un poco ebrio.

    —¡Eso, nena! No te detengas, preciosa. —le decía mientras le manoseaba las nalgas.

    —No te vayas a terminar su leche, Jan. —Dijo Sharon divertida, mientras los miraba por el retrovisor de vez en cuando.

    —No te preocupes, pelirroja. —Respondió Marc con los ojos cerrados. —Tengo suficiente leche para las tres.

    Sharon y Ceci se miraron y se rieron. Janet estaba tan concentrada lamiendo el miembro viril de su nuevo amigo que no prestó atención alguna.

    *****

    Lo llevaron a un hotel lujoso y pagaron con su tarjeta de crédito un servicio completo que incluía helado y una botella de vino. Se sentían dichosas. Sin embargo, cuando Marc ya estaba sobrio se sintió más dichoso que ellas. Estaba en una habitación no con una, ni con dos. Sino con tres mujeres estupendas. Había ido sólo al antro, a buscar una mujer que bailara con él y se encontró con tres.

    Sharon empujó a Marc, obligándolo a sentarse en la cama.

    —Disfruta el espectáculo, guapo. —le dijo y se desnudó el torso.

    Luego las tres comenzaron a bailar sensualmente frente a él. Moviendo sus caderas y rozando sus cuerpos con el del hombre. Marc estaba tomando una decisión: le gustaba mucho el rostro de la morenita, pero la mujer de los ojos de gato estaba buenísima, aunque la pelirroja se movía muy bien y le había gustado mucho el tono de su voz melodiosa. Entonces le propinó una nalgada y el sonido de ese pantalón blanco ajustado fue música para sus oídos.

    Marc había elegido. Así que la primera en desvestirse fue Sharon, que lo montó y le pegó sus pechos firmes en el rostro. Él la abrazó y se los besó, se los lamió y les dio un tironcito con los dientes a los duros pezones rosados de Sharon. Ella gimió.

    Ceci y Janet seguían con su baile sensual, mientras Sharon lo desvestía poco a poco, le quitó la camisa y admiró el cuerpo de Marc, pecho ancho y velludo; músculos por todas partes, pero antes de hacer algo más, él se recostó, le agarró las nalgas y la arrimó hasta que ella quedó montada en el rostro de él.

    —La tienes tan linda y húmeda, pelirroja.

    Entonces le empezó a besar y a lamer el clítoris lentamente, cariñosamente.

    —¡Aaah! — Sharon no lo soportaba, quería más. Y más.

    Ceci y Janet le desabrocharon el pantalón a Marc y ambas se pusieron en cuclillas al pie de la cama para lamerle el miembro viril.

    —Mmm. Qué grande es, amiga. — comentó Ceci olvidada toda su timidez.

    —Te lo dije, Ceci. — le plantó un beso al pene y se lo metió en la boca.

    Sharon gemía mientras se tocaba los pechos y Marc disfrutaba de su jugo. Después de un rato la hizo llegar al orgasmo. Luego la acostó en la cama boca arriba y, viendo las otras dos que Marc quería levantarse, dejaron de mamar su miembro viril.

    —En un momento las atiendo a ustedes, señoritas. — les dijo y se recostó sobre Sharon. Ella lo abrazó y lo atrajo hacia su cuerpo. Luego lo besó. Marc comenzó a penetrarla primero despacio, luego tomando ritmo.

    —Eres un gran bailarín, Marc. — comentó Sharon mientras se excitaba más y más.

    Sus amigas se acercaron a ellos. Se besaron entre ellas y comenzaron a desnudarse el torso. Era una gran diferencia, Ceci tenía unos pequeños pechos, pero con bonita forma, separados y desviados el uno del otro, como evitándose. Las aureolas un poco más claras que los pequeños pezones café oscuro. Sin embargo, los pechos de Janet eran muy generosos, llenos, más juntos, más pesados, pero bastante firmes.

    Luego de unos minutos Marc salió de Sharon, se levantó, besó a Ceci y le dijo:

    —Ven, acuéstate con tu amiga.

    Luego miró a Janet y le dijo:

    —A ti te quiero de perrito, preciosidad. —Y le dio una nalgada, ella aún traía puesto su mini short de cuero y verle rebotar la nalga hizo que Marc se pusiera más cachondo.

    Marc le quitó la falda a Ceci junto con sus braguitas. Se acostó encima de ella y la penetró, luego se giró con ella, la cargó con facilidad y ella comenzó a hacer fricción con él.

    —Eres estupenda — le dijo él.

    Ceci estaba dominando muy excitada, pronto llegaría al clímax por lo que él apreciaba. Así que la dejó continuar mientras besaba a Sharon y a Janet metiéndoles la lengua.

    —¡Aaaah! —Un sonoro orgasmo dejó a Ceci satisfecha por ahora.

    Marc salió de Ceci y notó que ella sí se había mojado bastante. Luego miró a su tercera compañera lista, en posición de perrito sobre la cama y sin el short de cuero ni nada. Así que Marc se aproximó a ella, con el miembro en la mano, apuntó y le dio un buen empujón.

    —¡Aaay! — Se quejó Janet, divertida. Mientras volvía su cabeza para mirarlo coqueta. —Tranquilo, rey. Me vas a matar con ese animalote.

    —Acostúmbrate, preciosa. Que a ti te traigo unas ganas y pienso cogerte muy duro.

    —Duro es como a mí me gusta.

    Ceci y Sharon se besaban y se tocaban, se conocían muy bien. Y de vez en cuando volteaban cuando escuchaban a Janet gritar de placer.

    —¡Papi! ¡Mátame con ese animal! ¡Así, papi! ¡Más!

    Marc no pudo evitarlo, ignoró completamente a las otras dos mientras tomaba a Janet por los hombros y la embestía duro una y otra vez.

    —¿Quieres más, preciosa? ¿Eh?

    —¡Más, mi rey! ¡Ah! ¡Dámelo duro!

    Marc estuvo a punto de venirse, pero se salió a tiempo de ella.

    Luego besó a Ceci.

    —Eres preciosa, me gustaría que fueras mi novia.

    —Seré tuya cuando quieras, Marc.

    Y él la besó, la cargó, se sentó en la cama y se la montó encima. Luego la penetró suavemente y con buen ritmo, mientras besaba a Sharon y luego a Janet, una a la derecha de Ceci y la otra a su izquierda, respectivamente.

    Así estuvo concentrado, penetrando a una tras otra. La que más le gustaba era Ceci y la que más le costaba era Janet. Sharon no era su tipo de mujer, pero no estaba nada mal y su voz era muy linda, sobre todo cada gemido que salía de su boca.

    —¡Ah! ¡Marqui! ¡Me gusta! — Exclamaba Sharon.

    —Mi amor, hazme tuya. ¡Ah! No me sueltes. — Le decía Ceci.

    —¡Cógeme duro, papi! — Le ordenaba Janet.

    Marc aguantó hasta el final. Logró que cada una se mojara. Y pudo salir a tiempo de la vagina de Janet, pero le manchó toda la espalda con su semen.

    Sharon y Ceci limpiaron con la lengua la espalda de su amiga. Luego él besó a las tres y abrió una botella de vino que había pedido Sharon al servicio del hotel.

    *****

    Media hora después se reían los cuatro juntos, mientras bebían vino, él en un vaso y ellas en unas elegantes copas que había pedido Sharon. Seguían desnudos pues pensaban tomar un baño.

    De pronto el celular de Janet vibró sobre la mesa de noche donde lo había dejado. Ella se apresuró y contestó la llamada.

    —Hola, Migue. No, todavía no. Estoy con mis amigas. — Y puso el teléfono en altavoz.

    —¡Hola, Mickey! — saludaron al unísono Ceci y Sharon.

    —¡Hola, chicas! — saludó el cornudo.

    Marc se quedó callado y se sirvió más vino. Después de la llamada, en la que Janet insistía a su marido que no la esperara despierto, Marc le preguntó:

    —¿Quién era ese con la voz de pito?

    —Nadie importante. — le contestó Janet y lo besó. —¿Quién quiere darse un baño?

    *****

    Le dieron un buen uso a la tina del baño, pues volvieron a tener sexo con Marc. Aunque esta vez había sido un momento más romántico, más apasionado, menos salvaje. Una a una pasaron por los brazos y el miembro viril de Marc y él les volvió a cumplir. Luego se lavaron bien y se vistieron.

    *****

    Una vez fuera del hotel, Sharon le dijo a su nuevo amigo:

    —Escucha, nos diste una noche inolvidable, Marqui. Pero ya es muy tarde y necesitamos regresar a nuestras casas. ¿Quieres que te demos un aventón?

    —Gracias, pero estoy muy cansado, pasaré la noche aquí. De verdad me la pasé muy bien con las tres. Soy muy afortunado.

    Cada una se despidió de Marc con un beso y cuando Ceci y Janet se subieron al auto, Sharon le dio a Marc un sobre.

    —Si quieres repetir esto con alguna de tus nuevas amigas sólo búscala y muéstrale el tres de copas, Marqui.

    Se marcharon y bajo la luz mortecina de una farola, Marc abrió el sobre. Contenía un papel blanco con la dirección de cada una de sus nuevas amigas. Y también había una carta con tres damas alzando tres copas de oro, brindando por su amistad.

    *****

    Una semana después, Miguel regresó temprano a su casa. El convivio que hubo en la secundaria donde trabajaba había durado menos de lo que esperaba. Metió la llave en la cerradura, pero estaba sin cerrojo. “¡Ah, caray! Mi mujer ya está en casa” se dijo.

    —¡Mi amor, ya estoy aquí! —Anunció su llegada.

    Luego se sentó en su sala y encendió el televisor. Pero pronto notó algo diferente en el ambiente. De reojo alcanzó a ver algo que estaba en el otro sofá. Se levantó y vio que era una carta, la tomó y la observó con curiosidad. La había tomado al revés, entonces la giró.

    El tres de copas le daba suerte a Sharon y a sus amigas, pero a Miguel no precisamente. Y mientras él se preguntaba qué hacía esa carta del tarot ahí aventada, su esposa estaba en los brazos de Marc, ambos amantes acostados bajo las suaves cobijas que habían arropado su reencuentro. Habían descubierto nuevas cosas juntos. Entonces él la miró a los ojos.

    —¿Te digo algo, Janet? Por poco elijo a tu amiga, Ceci.

    —Ella está acostumbrada a dormir sola. Yo no.

    Y se besaron apasionadamente.

  • Con mi cuñada Lina nos perdimos 2 horas

    Con mi cuñada Lina nos perdimos 2 horas

    Ella es 10 años menor que yo y desde que platicaba con mi novia (ahora mi esposa) mi cuñada cuyo nombre le diré aquí Lina, se acercaba a platicar con nosotros, yo tenía abrazada a mi novia de la cintura un poco más arriba, entonces Lina recargaba sus tetas en mi mano. Desde entonces entro por mi cabeza cogérmela.

    Tuvieron que pasar los años para que empezara a coquetear con ella, tenía muy poco contacto con ella ya que se había juntado con otro tipo y tienen tres hijos, actualmente están separados. Mi esposa le hace compras a Lina con su tarjeta y ella me hace transferencia del pago mensual y es la forma que estoy en contacto con ella por mensajes en whatsapp.

    Tuve una cirugía y ella a diario me preguntaba que como estaba, que si todo bien en mi recuperación, entonces aprovechaba para decirle que tenía muchas ganas de coger a lo que ella me contestaba que para eso estaba mi esposa (su hermana). Yo contestaba que me gustaría que fuera ella ente risas, no dijo nada después. Días posteriores le decía que quería dos mamadas a lo que ella me contesta que sí.

    Acordamos fecha y ahora y después le comenté que de una vez cogiéramos para que dejar pasar la oportunidad y Lina acepto.

    Llego el día y yo la esperaba cerca de su trabajo, por un momento pensé que eso no sucedería, pero mi sorpresa fue al verla venir caminando por el espejo retrovisor de mi auto. Se subió al auto nos saludamos de beso en la mejilla como si nada todo normal, pero yo bien excitado por el momento, ella se puso otra blusa sobre la que traía y le comenté “te voy a llevar a un motel” y Lina me contesta que sin problema.

    Ya en el motel, Lina me pide la botella de vino tinto Lambrusco que anteriormente ya había comprado yo. Se la di y ella la destapo y prepara dos copas una para cada quien y bebemos un trago y Lina empieza a desvestirse como si nada y me dice que no prendiera la luz que no le gustaba, pero no había necesidad de prender la luz porque había bastante de luz por el sol ya que era la 1 de la tarde.

    Yo me quede en playera y bóxer y Lina totalmente desnuda. Me arrimo con ella por un lado y la tomo de la cintura y nos besamos apasionadamente y empiezo a tocarla por sus tetas y después su concha, no mamen ya estaba Lina súper mojada. Lina saca mi verga del bóxer y también estoy humedecido demasiado, me acaricia muy suavemente y se hace a un lado para verse en el espejo y yo me puse atrás de ella acariciando sus ricos pechos y repegando mi verga en su trasero. Así estuvimos como dos minutos hasta que Lina se dio la vuelta y me quita la playera y después el bóxer.

    Me recuesto en la cama y Lina se agacha y empieza a mamarme la verga bien rico, casi me hizo venir, pero me levanta para que ella se acostara y empecé acariciar su vagina muy suavemente e introduje un dedo a lo que Lina respondió con un quejido de placer a lo que aproveche y le metí otro dedo eso la puso mas caliente y empezó a apretar mis dos dedos con su vagina y se tocaba sus tetas las apretaba con sus manos y después de varios minutos llego su primer orgasmo.

    Yo continúe con los dos dedos dentro de su vagina e intente meter otro, pero Lina al sentir tres dedos me indico que no y seguí con dos dedos por alrededor de tres minutos hasta que Lina me dice que se va a venir otra vez y yo con más fuerza sacaba y metía los dedos hasta el fondo y ella exploto retorciéndose de placer.

    Instantes después ella se sube en mí y empieza a mamarme la verga y los huevos y sin querer me lame cerca de mi culo y eso me excitó demasiado y Lina se percató de eso y me pregunta que si quería que me lamiera ahí por lo que asentí con la cabeza y empezó Lina a pasar su caliente lengua por mi culo y después de un minuto trata de meter su lengua en mi culo y yo así de excitado muy rico, como dos minutos estuvo jugando con mi culo y trata de meter mi vega en su vagina, pero no sé qué me paso que estaba perdiendo yo la erección de mi verga y Lina empezó a mamármela hasta hacerme venir es su boca totalmente me dejo limpia mi verga sin rastros de semen porque todos se los comió.

    Se metió a bañar Lina y yo de lejos la observaba, tiene un cuerpo encantador, delgada buen trasero y las tetas no tan grandes pero ricas, Lina es guapa es la oveja negra de su familia y yo también de la mía jajajá.

    Salió de bañarse y después entre yo. Ya bañados nos terminamos la botella de vino tinto y salimos del motel. En el camino le pregunte que como se sentía, me contesta que bien sin sentimiento de culpa y yo le comento que igual yo sin sentimiento de culpa.

    La dejé a dos cuadras de su casa y nos dimos un apasionado beso de despedida. Actualmente estamos por hacerlo otra vez en unas dos semanas más, ya les contaré en otro relato como nos fue.

    Esto sucedió el 2 de diciembre 2023.

  • El admirador de Alejandra

    El admirador de Alejandra

    Soy una hermosa mujer de treinta y cinco años. Tetas firmes y muslos gruesos; buenas nalgas. Soy la asistente del presidente de un bufete de abogados. Camino por la oficina contoneando mi cuerpo. Blusa blanca, falda azul marino, tacones altos; no uso medias. Sé que todos me miran. La ajustada falda y los tacones resaltan mis piernas, mis nalgas. Las mujeres me envidian, los hombres me desean; todos me respetan, todos, excepto ese admirador secreto.

    Me siento frente a mi computadora y encuentro otro correo de mi admirador. Hace tiempo que terminaron los elogios a mi persona y a mi belleza, ahora me escribe obscenidades. «Voy a abrirte las patas y voy a meterte la verga por el culo, perrita». Mis rodillas se debilitan por un instante. Archivo el correo en la carpeta secreta que contiene el resto de sus mensajes. Tengo decenas de correos en los que describe todas las obscenidades que piensa hacerle a mi cuerpo. Abro mi bolso y tomo el pequeño mando a distancia, presiono el botón y el dispositivo comienza a vibrar entre mis piernas. El rubor invade mi rostro.

    Abro la carpeta secreta otra vez, selecciono uno de sus mensajes. «Voy a llenar de semen tu vagina». Observo a mi alrededor, no hay nadie cerca. ¿Quién eres?, me pregunto. Meses atrás debí haber hecho la denuncia, justo cuando el admirador se convirtió en acosador y comenzó a hacer descripciones de mi cuerpo. «Apuesto a que tienes el culo muy apretado, se nota que el inútil de tu esposo no te culea como te mereces». Ahora no puedo hacer nada. Reportar ahora los mensajes significaría dar a conocer esos textos tan vergonzosos dirigidos a mi persona y, peor aún, haría que la gente supiera que he disfrutado leyendo las cosas que el acosador ha estado diciéndome. Aumento la intensidad de la vibración y abro otro mensaje. «Cuando tus hijos te preguntan en que trabajas, ¿les dices que eres una prostituta? jajaja», «¿Cuánto cobras putita? Te pago lo que pidas». Subo al máximo la potencia de la vibración. «Frotaré mi pene entre tus tetas y eyacularé en tu cara, puta». Acaricio mis pechos sobre mi blusa. «¡Eres una puta, eres una puta, ERES UNA PUTA!». Al final abro el mensaje que semanas atrás marqué con una estrella. «Cuando estés dispuesta a aceptar lo que eres, respóndeme». Después, comienzo a redactar mi respuesta.

    Desearía que mi esposo me hablara como tú lo haces. Quiero que desnudes mi pecho y acaricies mis tetas. Quiero que subas mi falda y me despojes de mi tanga. Quiero que metas tu verga por todos mis hoyos, por mi boca, en mi vagina y en mi culo asqueroso, tienes razón, mi esposo nunca me culea. Quiero ser el depósito de tu semen. ¡Soy una puta, y vas a pagarme dos mil!

    Después, envío el mensaje. Un súbito miedo me invade, ¡he cometido un grave error!

    Se abre la puerta de la oficina de mi jefe.

    – Alejandra… – me dice y me extiende la mano. No puedo creerlo.

    En la habitación del hotel, bailo frente a mi jefe, frente a mi «empleador». Solo uso un diminuto vestido plateado que apenas logra cubrir mi sexo y unos vulgares zapatos de plataforma. No uso ropa interior. Me abro de piernas, acaricio mi vagina y separo los labios. Chupo mis tetas y acaricio mis muslos. Después me inclino frente a él y abro mis nalgas para ofrecerle mi culo. Su verga comienza a entrar por mis hoyos, primero por mi boca, luego por mi vagina; al final por mi ano. Grito de placer mientras mi jefe me usa como un objeto. Empalada en su verga, obedezco a sus órdenes y admito que soy una prostituta.

    Mis hijos están felices de verme. Les he comprado los videojuegos mas recientes y ahora soy su mamá favorita. Mi esposo me saluda, pero no me mira, ni siquiera ha descubierto que llegué a casa sin usar ropa interior. Mi hija, sin embargo, sí descubre algo.

    – Hueles raro, mami.

    «Es el semen de mi cliente, cariño», quiero decirle, pero solo le digo que he tenido un día pesado. En mi habitación, salgo de la ducha y envuelvo mi cuerpo en una toalla. Aun siento un delicioso dolor en mi recto. Sirvo una copa de vino y reviso mi teléfono. Mi jefe me ha escrito: «Mañana atenderás a dos nuevos clientes». Perfecto, mis hijos necesitarán muchas cosas más aparte de esos videojuegos.

  • El comienzo de una gran amistad

    El comienzo de una gran amistad

    En el año 2005 me mudé a Buenos Aires por trabajo, alquilé un departamento céntrico. Viviendo solo empecé a explorar mi lado femenino, comprando lencería y conociendo gente por chat. Al principio solo era chat, pero entre esos contactos conocí chicos con mi misma inclinación e intereses. Nos fuimos conociendo y haciendo amigos. Nos juntábamos a vestirnos y pintarnos. Nos compartíamos trucos para vernos más mujer… A veces ocurría que nos erotizábamos y terminábamos en la cama… pero en general hablábamos de hombres y chats. Así fue que el grupo se fue ampliando y empezamos a tener reuniones y salidas en grupo, que por cierto eran muy divertidas.

    Los viernes solíamos reunirnos en casa de Soraya (mi amiga crossdresser) y su pareja Juan. También venían Cristina y Vanesa, otras dos chicas cross. Por mi parte aún no me atrevía a expresar toda mi femineidad en la calle, pero aun así siempre me vestía más femenino que lo normal.

    Soraya y Juan son pareja de hace varios años, y teníamos la costumbre de hacer una previa en su casa antes de ir a bailar. Juan es un hombre grandote muy bien dotado y calentón. Así que todas habíamos ya tenido algo con él y Soraya, pero esa no es la historia de este relato.

    Esa noche iríamos a un nuevo boliche en Palermo. Juan nos llevó y nos dejó a 2 cuadras del lugar. A mis amigas siempre les emociona exhibirse así que eso es parte de la salida. Ya en la puerta, los patovicas llamaron a las chicas para que pasen y cuando me ven a mí me detienen y me piden que pague la entrada. Mis amigas les dicen soy una chica disfrazada de hombre que me dejen entrar así. Y entre miradas y promesas logran su cometido.

    Yo vestía un jean negro ajustado que marcaba mi cola, una camiseta sin mangas blanca bien ajustada, que resaltaba mis pezoncitos y unas alpargatitas rosas. Debajo obviamente llevaba una tanga negra que había comprado ese mismo día. Mido 1,78m y en ese momento tenía el cabello con un corte de nuca libre y todo un pesado mechón que caía sobre mi cara. También me habían pintado los ojos y los labios.

    La pista estaba llena de gente bailando, saltando y gritando. Mucha euforia y alegría. Nosotras bailábamos en grupo entre carcajadas y tragos. En ese momento siento una mano que acaricia mi cola y un susurro en el oído que me dice “Hola bebé”. Me doy vuelta para ver qué pasaba. El medía 1,90 m con rulos y ojos verdes, camisa con algunos botones desprendidos que dejaban ver un pecho lleno de pelo. Me quedé mirándolo sorprendido por cómo se borró la sonrisa de su cara.

    Inmediatamente me dijo al oído:

    –Disculpame confundí tu cuerpo con el de una amiga…

    –No hay problema –respondí y lo miré directo a los ojos que me miraban fijamente.

    Me miraba de arriba abajo con una expresión de sorpresa…

    –Me veo bien? –le pregunto

    –Mucho –me responde…

    Acercó nuevamente su boca a mi oído y me dijo…

    –Que lindo error que cometí… querés tomar algo? yo te invito…

    Miré a mis amigas que miraban sorprendidas e intrigadas y les guiñé el ojo… luego le agarré la mano a mi nuevo chico y le dije –Si, vamos!

  • El camionero me hizo suyo

    El camionero me hizo suyo

    Hola a todos les voy a contar rápido lo que me pasó hace unos años con un camionero. Para empezar soy un hombre de 43 años y radico en Guanajuato. Todo empezó cuando tenía 24 años, me casé por lo que fueran a decir mis amistades y familia, pero a mí ya me gustaba ver los bultos en los pantalones de los hombres, incluso cuando estaba solo compraba zanahorias y pepinos en la verdulería y cuando me duchaba me los metía y sentía delicioso.

    Me separé de mi ex después de 2 años de casado, y la verdad es que mi miembro escasamente mide 12 cm por lo que no le provocaba placer alguno y se metió con un amigo suyo. Bueno ya separados le di rienda suelta a mi nena interior y empecé a comprar lencería la cual me ponía y me grababa metiéndome mi dildo, lo cual me excitaba muchísimo.

    Un día amanecí muy caliente y decidí irme al trabajo con una tanga y un body los cuales cubría con mi ropa de varón normal. La sensación de traer puesta una tanga era deliciosa. Así estuve toda la jornada hasta la hora de la salida que fue me tuve que ir a la parada de autobús. Subí y éramos pocas persona, yo por lo regular me bajo en la última estación.

    Pues bueno llegamos y baje por la parte de adelante pero al estar bajando se cayó mi celular por lo que tuve que agacharme y ups se me vio la tanga, cuando me levanté escuché al chófer decirme “que rica tanga putita” en ese momento me congelé y lo único que pude hacer fue sonreír. Me dijo “ven vamos a estacionar el autobús a la vuelta y yo te doy aventón a tu casa”. Y fue tal mi adrenalina que lo único que hice fue decir que si.

    En ese momento cerró la puerta y se bajó el cierre del pantalón el cual guardaba una verga morena de unos 18 cm y gruesa, me dijo “quieres probarla” y lo único que hice fue bajar mi cabeza a esa monumental verga y empezar a chupar tal cual un biberón, yo solo escuchaba sus gemidos y embistiendo mi boca con ese tronco delicioso.

    Acto seguido me puse de pie y me quite el uniforme de trabajo y el body quedándome solo con la tanga me volteo y me dio un mordisco en la nalga diciéndome ponte en cuatro en el asiento de enfrente a lo cual yo obedecí, solo sentí su boca en mi culo y sentía como pasaba su lengua de arriba hacia abajo. Yo estaba a mil pidiéndole que me la metiera se paró, escupió mi ano ya dilatado por aquella rica chupada que ya me había dado y empezó a meter la punta, yo solo sentía un poco de ardor pero conforme fue entrando mi culo se amoldo a esa verga gruesa y palpitante.

    El camionero me estuvo penetrando casi 40 minutos hasta que sentí como se hinchaba su miembro dentro de mi y sentía como salía líquido que me inundaba las entrañas y a él decirme “te estoy preñando putita te los voy a dejar todos adentro” y yo solo decía “si papi, préñame, soy tu perrita”.

    El camionero terminó y me dio una nalgada y me dijo “ya te di lo tuyo puta, ahora vete y cuando te vuelvas a subir te va a pasar lo mismo”. Yo solo le dije “subiré todos los días a esta ruta”.

    Llegué a mi casa con el culo chorreando semen de aquel macho con una verga enorme al que sigo viendo, pero en otra ocasión les contaré.

    Espero les haya gustado.

  • Carmen la costurera

    Carmen la costurera

    Carmen la costurera vivía en un pequeñísimo apartamento a dos cuadras de mi casa, ella era la “costurera de barrio”, cada vez que alguien tenía la gran dicha de poseer un pedazo de tela, solo confiaba en Carmen para convertir aquel tesoro en una prenda de ropa.

    La costurera estaba ocupada con otra cliente cuando entre, yo conocía de vista a dicha clienta, casi todo el barrio sabia de ella, era la peluquera de mi madre, y también la amante de casi todos los mecánicos del taller que estaba frente a la peluquería. Muchas veces cuando mi padre llevaba el carro y yo lo acompañaba podía oír a los mecánicos contando las hazañas de la peluquera en la cama.

    Carmen le dijo que se parara en un banquito que estaba próximo a la máquina de coser, con la cinta de medir alrededor del cuello una libreta de notas en la mano y un lápiz en la boca le dijo “te puedes quitar el vestido”. La peluquera actuó como si nadie más estuviera presente, levanto el vestido sobre su cabeza y quedo solamente con bragas y brasier, pero no se trataba de la ropa interior como las que yo había visto en la tendedera de mi casa, las de la peluquera eran minúsculos, tenían bordados y parecían de una tela muy fina, atreves de los ajustadores se podían ver sus tetas redondas, con unos pezones hinchados que penetraban la fina tela. De las bragas salían pelos como si fueran prófugos de la justicia.

    “que cuerpo más precioso tienes mi amiga” dijo Carmen. “Yo se que tienes a todos los hombres del barrio embobecidos, especialmente mi marido, a mí no me hace caso, pero noto como te mira cada vez que vienes a verme”. seguía hablando Carmen sin parar de tomar las medidas.

    Para mí la escena y la conversación resultaron humillante, ya yo era un adulto, aunque no lo parecía, por culpa de mi aspecto físico siempre me trataban como si fuera un niño. En ese momento hubiera querido que me tragara la tierra.

    Mientras la peluquera se volvía a poner el vestido y Carmen escribía las medidas en su libreta de notas, pude con más detalles ver las tetas perfectas de aquella mujer, eran más grandes y más hermosas que las que yo había visto en las revistas porno. La bella mujer salió por la puerta sonriente diciéndole a la costurera. “que disfrutes a tu joven cliente.” Y se fue.

    Cuando Carmen dijo, “vamos, es tu turno, párate en el banquito”, me di cuenta que tenía un bulto dentro de mi pantalón que había ido creciendo mientras le miraba las tetas a la clienta ahora ausente.

    “párate en el banquito” volvió decir la costurera.

    Le entregue la tela que hasta ahora tenía apretada en mis manos y me subí al banquito con la esperanza que mi bulto no fuera descubierto.

    “Que tela más linda” dijo Carmen, “te voy a hacer un pantalón bien apretado para que vuelvas loca a tu novia” decía mientras se ponía la cinta en el cuello, la libreta en la mano y el lápiz en la boca.

    A mí me temblaban las piernas, no sabía si para las medidas necesitaba quitarme los pantalones como tuvo que hacer la peluquera con su vestido. Las manos me sudaban, mi mirada estaba clavada en un cuadro del corazón de Jesús que estaba mal clavado en la pared.

    “tengo que rezar” pensé. “sí rezo se me baja”, nadie puede tener una erección tan grande cuando está rezando” trataba de convencerme sin éxito.

    Sentí sus manos cuando ponía la cinta alrededor del torso, eso no ayudaba con mi problema, sentí sus manos cuando ponía la cinta alrededor de mis nalgas, sentí sus manos cuando puso la cinta en mi costado para medir el largo del pantalón; Carmen puso la cinta en su cuello, se quitó el lápiz de la boca y escribió los números en su libreta. Respire profundamente, sentí alivio de no ser descubierto, mire al cuadro y dije “gracias dios mío”.

    Me baje del banquito de un brinco y estaba dispuesto a salir por la puerta con la misma velocidad que con la que había entrado.

    “donde vas muchacho, no hemos terminado, falta lo más importante que es el tiro”.

    “el tiro? Que tiro” dije yo haciéndome el inocente.

    “El tiro, el largo del pantalón en el interior de la pierna” dijo Carmen con una sonrisa maliciosa, “es lo más importante”

    Me subí al banquito y mire al cuadro de Jesús, esta vez note que tenía una sonrisa sarcástica. “me jodiste” pensé.

    Cuando la mano con la cinta me toco entre las piernas, y los dedos de Carmen se encontraron con algo duro que ella no esperaba, quito la mano de pronto, como si hubiera tocado los pies de un muerto. “ya me descubrió” pensé yo, sin quitar los ojos del cuadro” sentía las piernas totalmente engarrotadas.

    La costurera se levantó de la silla en la que estaba sentada frente a mí, con pasos lentos fue a la puerta, la cerro con pestillo y dijo. “esta es la medida más importante, tenemos que estar seguro que está bien, a veces hay que tomarla dos veces”.

    Esta vez sentí la mano, pero no la cinta, la mano buscaba despacio el objeto duro que había causado alarma hace menos de un minuto. La mano se movió por encima de mi pantalón, con destreza y suavidad, se concentró en el bulto y lo exploro.

    A mí me dolía, tenía el pene parado dentro de aquel pantalón estrecho que había necesitado talco para ponérmelo. La mano seguía explorando y acariciando. Por fin sentí que el botón se desabotonaba, y que el zíper se abría, la pinga salió con furia del pantalón. Sentí un alivio grande, miré para abajo, como mirando un objeto que no me pertenecía. A mí mismo me sorprendió lo grande que era. Cuando yo jugaba con ella mientras me bañaba, nunca había logrado que se pusiera tan grande.

    “que rica” fue lo único que dijo Carmen antes de metérsela en la boca, vi cómo le entraba entre los labios, sentí la humedad de su boca, mi cuerpo entero estaba engarrotado, la sensación de placer fue más grande de lo que pudiera a verme imaginado.

    Quería tocarla, al menos tocar su cabeza, acariciar su pelo, darle alguna señal de “agradecimiento” por tanto placer, pero no me atrevía.

    Carmen mantuvo su boca ocupada por un buen rato, luego movió su cabeza hacia atrás y dejo que saliera, volví a mirar, ahora estaba aún más grande cubierta completamente por la saliva de la generosa costurera.

    Sus ojos se encontraron con los míos, se sonrió levemente y beso la cabeza y pasó la lengua por toda la superficie, la pasó a todo lo largo, y luego lo repitió con los ojos cerrados, antes de volver a hacer desaparecer la pinga en su boca una vez más.

    Yo sabía que en algún momento me tenía que venirme, sabía que el final de aquel evento era sentir salir de mi la leche como un disparo de balas. Al principio pensé que lo estaba evitando para alargar mi experiencia, luego ya quería venirme, pero no podía, miraba a Carmen, buscaba sus ojos para ayudarme a encontrar ese final de fuegos artificiales. Me di cuenta de que Carmen estaba en un éxtasi, que lo hacía por el placer que recibía, no por el placer que daba.

    Se levanto despacio, me dio un beso húmedo en la boca, pude probar el sabor de mi propio pene y me gusto. “que rico estas pepillo”, “no quieres terminar en mi boca?” “ven conmigo a la cama, voy a hacer que te vengas dentro de mí”.

    Me llevo de la mano a su cama. Me dijo que me acostara bocarriba, me quito los pantalones y las bragas de ceda, se deshizo de sus bragas sin quitarse el ligero vestido se sentó encima de mí, sentí como le entraba, sentí que su vagina me apretaba, su bollo era más rico que su boca, sentía contracciones que apretaban y soltaban mi pene, su cuerpo se comenzó a balancear encima de mí, primero con ritmo más leve y luego mas rápido. “dámela toda, termina dentro de mi” me dijo mientras sentí su vagina apretarme y no soltar.

    De pronto sentí una manada en mi cara que parecía que se había apagado la luz, “vente maricón, termina ya dentro de mi te dije”. PUM, sentí otra manada en mi rostro. Cuando regrese a la realidad me sorprendí de notar lo mucho que me gustaba que me pegara, nunca me había imaginado algo así, nunca fue parte de ninguna de mis fantasías, pero sin duda me gustaba.

    “Perdón, perdón” fue lo único que se me ocurrió decir, antes de llenarla de un chorro incontenible de leche espesa. “aquí tienes. ¿Satisfecha?” Dije.