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  • Encontramos los brownies y los comimos (padre-hija)

    Encontramos los brownies y los comimos (padre-hija)

    Este fin de semana junto a papá comenzaríamos a disfrutar de diez días de tranquilidad absoluta, seriamos los reyes de la casa, mamá y mis hermanos se irían de paseo y nos quedaríamos solos disfrutando la paz hogareña, ¡que felicidad!

    Me llamo Cintia, cuento 20 años, una chica normal, mis tetas, medianas y firmes, cintura delgada y aplanada, un culo apetecible redondeado y pequeño, muy blanca de piel. Estudio y soy aplicada en los quehaceres hogareños, digamos que me ven como la mejor de los tres hermanos, según diría mi papa, la que se pudo rescatar pues los otros dos son un caso perdido jajaja.

    Todo lo que voy a relatar de aquí en más tiene su origen al otro día en que salieron de viaje.

    Al término del almuerzo y luego de acomodar todo lo utilizado, me aplico en el orden de mi pieza como así también la de mis hermanos, encontrando un tupper que contenía unos brownies que se veían sabrosos, llevándolos al comedor le digo a mi papa.

    -Pa, mira lo que encontré en la pieza de esos dos mugrientos, unos brownies, que encima se ven riquísimos.

    -Que te parece Cintia si le damos un escarmiento y los comemos.

    -Me parece fantástico, así aprenden a compartir.

    Como ya había pasado la hora, prepare una merienda, café con leche y brownies, no había muchos, pero que estaban exquisitos, lo estaban, no dejamos ni uno.

    Pasado un rato largo, algo me pasaba, digamos como que estaba en otro mundo, todo giraba a mí alrededor, caminaba como entre algodones todo me parecía increíble, la música que sonaba en el equipo se metía dentro de mi cuerpo, la luz del sol que entraba por la ventana brillaba más.

    Nos miramos con papa y me parece que a él le ocurría lo mismo, comenzamos a dialogar y solo nos salía risa por doquier, veía sus ojos colorados como si fuera un conejo.

    -Cin, me parece que estamos intoxicados…

    -Los brownies papá, no lo puedo creer.

    No sé qué me pasaba, mi deseo sexual aumentaba a pasos agigantados, me sentía con muchas ganas de sexo e intriga por conocer el miembro de mi papa.

    En un momento la cosa se puso picante…

    -Cintia tus tetas son hermosas, que no daría por tener la posibilidad de saborearlas.

    -¿en serio papito, te gustan?

    Suavemente y lento me fui sacando la remera y el corpiño.

    -¿Te gustaría probarlas ahora?

    Acercándose disparado hasta ellas, las metió alternadamente en su boca besándolas y chupándolas como si no hubiera un mañana. Mientras tanto yo podía observar como iba creciendo su bulto dentro del pantalón.

    Comencé a sentir esa humedad que me caracteriza mojando mi tanga, en un susurro le confesé que me gustaba, que me lo hacía bien rico.

    Me tocaba a mí continuar la faena. Recorrí su pecho con mis manos, nuestras bocas se unieron para dar paso a un beso muy tierno, permitiendo nuestras lenguas jugar dentro de ellas recorriendo toda la cavidad, fui bajando mis caricias hacia su abdomen y pude con un poco de dificultad poner mi mano dentro de su pantalón, lo que me permitió palpar su miembro duro, caliente, palpitante. El hacía lo propio en mi cuerpo, sus caricias me excitaban cada vez más.

    Sentí el cálido aliento al susurrarme en el oído mientras me besaba el cuello haciéndome gemir, como nunca lo logro ninguno con quien he estado, me sentía en el paraíso terrenal, a juicio de valor, me sentía muy bien.

    Ya estando sin ninguna prenda que cubriera nuestros cuerpos tomo entre sus manos la húmeda tanga, la olio y paso la lengua por ella.

    -¿Querés seguir? En un instante vamos a estar en un punto de no retorno.

    -Si papi, estoy segura de lo que quiero.

    Como en cámara lenta fue bajando, recorriendo todo mi pecho y abdomen hasta llegar ahí, justo donde yo quería que llegara.

    Suavemente besaba mi vagina, por momento con la punta de la lengua daba toques sutiles en el clítoris, para ir creciendo muy de poco en intensidad y lamerla como un perro sediento, recibiendo todo mi flujo para saborearlo cual última cena. No sé si era la intoxicación o la excitación pero seguía subida en una nube de placer, que exploto cuando aprisiono con sus labios mi desenfundado clítoris ejerciendo leves chupaditas, las que me llevaron a un espectacular orgasmo, el que no desperdicio tomando todos los fluidos que recorrían mis labios vaginales.

    Papa me estaba dando un placer que nunca había conocido, un sexo oral hábil, sabia donde tocar, donde lamer y sobre todo, donde chupar y en qué momento.

    Ahora era mi momento, dirigí mi boca a su miembro erguido, pasando la lengua por esa colorada cabeza, siento el característico gusto de su líquido pre seminal, abrí la boca e intenté metérmela toda de una sola vez, no pude, me costaba un poco pero lo conseguí de a poco. Lamia su glande, iba y venía con mi lengua desde la punta a los testículos, esos mismos que había tomado con mis pequeñas manos para darle pequeñitos masajes y suaves apretones, estaba ansiosa por recibir su semen y probar el sabor de papa. Siento que comienza a crecer su grosor, me dije para mí, -ahí viene- pero lejos de eso me puso en cuatro y apoyo su venoso miembro en la entrada de la vagina.

    Comencé a palpitar una cogida espectacular, aunque me quede con ganas de tragar el semen de papa, (luego hubo oportunidad y es exquisito) la lubricación reinante hizo más fácil la penetración, no dolió para nada, el cannabis que consumimos con los brownies exacerbo la sensibilidad, me quito todo tipo de dolor, ni que decir del orgasmo que me provoco tamaño miembro, estoy en condiciones de decir que fue el mejor polvo de mi corta vida.

    Se podía escuchar el ruido que hacían nuestros sexos en el vaivén de ese espectacular miembro paternal debido a la cantidad de fluidos que destilaba, le pedí que lo haga más fuerte, necesitaba sentirlo de esa manera, rudo, quería sentir su presencia dentro, vaya que la sentí, sobre todo cuando se inflamo y comenzó a bañar mi interior con ese semen caliente que abrazaba mis entrañas, entre gemidos y palabras de cariño su verga iba descargando gran cantidad, casi inagotable, de semen, que salía por los lados de los unidos sexos, enmarañándose entre los bellos púbicos de ambos.

    Al sacar esa rica verga de mi concha encendida, surgió algo que nos hizo reír aún, mucho más que antes, la salida sonora de aire que se dio a través de la vagina, el famoso “pedo de concha”, que generalmente se da en personas como yo, con un índice bajo de masa corporal al entrar aire, obvio que ni me dio vergüenza pues ya me había pasado en varias oportunidades.

    Así fue el comienzo de “nuestras vacaciones”, aún bajo los efectos del brownie, pensaba en los ocho días que estaban por venir. El resto del día transcurrió normalmente, salvo algún pico a la pasada o una palmada en mi culo, hermosa caricia.

    Al día siguiente al levantarnos cruzamos miradas sus ojos se clavaron en los míos.

    -Papa ¿te pasa algo?

    -No hija, es que ayer… me parece haber cruzado una línea que no…

    Me arroje a sus brazo cerrando su boca con un beso, el que no correspondió, suavemente puso sus manos en mi cadera separando nuestros cuerpos.

    -No Cintia, esto no está nada bien, no debimos, ni debemos continuar con esto.

    -Te hago una pregunta la que quiero sea respondida desde el corazón, ¿te gusto lo que ocurrió?

    -No debemos…

    -Contéstame puntualmente por favor, te gusto o no.

    -En realidad no me gusto, me encanto, es que la culpa me carcome por dentro.

    -Pero, ¿te sentiste bien?

    -Si más vale,

    -Entonces no hay culpas, esto surgió y si se dio de esa manera es porque tenía que ser, no quiero peros, ni nada que se le parezca, el hecho de tenerte dentro y recibir tu esperma en mi cuerpo, ese mismo que me dio la vida, me lleno de emoción, en ese momento utilice mi mejor juicio y decidí que sí, que haríamos el amor, lo hicimos y listo.

    -Pero…

    Callé su pero con otro beso, pero ahora consciente al cien por cien, esta vez nuestras bocas se fundieron de mutuo acuerdo, mi papa se fue aflojando de a poco, nos acariciamos nuestras zonas erógenas sin llegar a más que eso, caricias, me pareció que fue el preliminar de lo que vendría esta noche.

    Recordando lo sucedido me mataba la ansiedad, no quería esperar que llegue la noche, ya extrañaba ese tibio cuerpo sobre el mío, que me siga generando ese placer, el poder recorrer su piel con las manos, con mi boca.

    Pasaban los minutos, las horas y ahí seguía, en mi cabeza y no precisamente con ropa…

    Solo quiero que deje volar la imaginación y me haga suya, quiero ser esa esclava de sus más bajos deseos; cuánto anhelo sentir su cuerpo fundido al mío.

    La mejor manera de librarme de la tentación es caer en ella.

    Luego de la cena, en la cual estuvo pensativo, taciturno, estaba a la espera que me lleve con él a su cama, lejos de ocurrir, se despidió con un fugaz beso en la mejilla y nos fuimos cada uno a la suya.

    Quede triste, mi cabeza daba vueltas, no podía coordinar ideas, mi papa no se imaginaba de lo que pasaba en mi mente, no tenía ni la menor idea de todo lo que pasaba por ella; como el deseo por él, crecía poco a poco dentro de mí, las ganas de mi padre no se quitan, se acumulan, estoy segura que debajo de las sedosas sabanas podemos llegar a crear la más grande sinfonía de nuestra pasión, explorando en ese momento todos y cada uno de nuestros recónditos lugares donde el entorno se esfuma para quedar solo él y yo, entregados al sexo la pasión y la lujuria.

    Apenas pasadas las veintitrés treinta horas recibo un mensaje en el móvil, era de mi padre, el texto rezaba *¿podes venir a mi habitación?*

    A corazón batiente y a un paso (mal intentado) tranquilo me dirijo a su cuarto.

    -Pasa Cintia, toma asiento aquí.

    Palmeando el borde de su cama.

    -Si papi, en que puedo ayudarte, ¿o te pasa algo?

    -No hija, es sobre lo sucedido, me siento mal, tengo mucha culpa, ganas de llorar, en verdad estoy arrepentido, siento que te he robado algo.

    -Papito, tranquilo, no tomaste nada que no te corresponda, como te habrás dado cuenta ya tenía experiencia sexual (por no decirle que no era virgen)

    -Es que…

    -No te gusto.

    -No es eso, sos mi hija.

    -No empecemos de nuevo, ya te dije, ambos la pasamos bien, me hiciste disfrutar como ninguno hasta ahora. (mientras hablaba me fui deslizando dentro de su cama)

    -Tengo culpa de lo que he hecho,

    -Hemos papa, hemos.

    Me comencé a desvestir teniendo cierta reticencia de su parte, le tome su mano la puse sobre mis tetas y lo bese apasionadamente, muy de a poco fue cediendo, saque lentamente su ropa interior, ahora sí, ambos totalmente desnudos y en su cama, esa cama que envidie cuando escuchaba a él y mama hacer el amor.

    Ya más o menos habíamos coordinado nuestros gustos, ahora comenzábamos una nueva etapa, por lo menos hasta el regreso de la familia.

    Que decir, esos días que pasamos juntos fueron a puro sexo, pero bueno, todo tiene un final, llegaron mama y mis hermanos. Ellos con su alegría por el viaje y nosotros con la nuestra por nuestro secreto.

    Para finalizar quiero contar que en esa enorme cama fue donde verdaderamente empezamos a conocernos y nuestros gustos fueron dejados al descubierto, experimentando de todo desde el sexo clásico, por la mañana, por la tarde, por la noche, sexo oral, anal, en cada rincón de la casa, atados, de pie, hasta filmarnos, fantasías… tratamos de llevar a cabo las que teníamos, solo nos faltó un trio.

    De vez en cuando nos encontramos en algún hotel para tener nuestro espacio sexual, aún sigue siendo nuestro secreto, ese secreto que comenzó por comer unos deliciosos brownies, que lamentablemente no pudimos comer más.

  • La súper milf

    La súper milf

    I.

    Diciembre del 22, temporal de altos fríos en donde esta historia se dio. Lo recuerdo bien; yo tenía 20 años de edad, cuándo conocí a una amiga de mi mamá (que había sido su compañera de la secundaria) la primera vez que nos visitó a la casa, porque recién se había mudado al vecindario. Se llama Lorena, (pero le gusta más cuándo yo le digo: Lorena, la putota milf). Obviamente tiene la misma edad que mi madre: unos 40 o 43 años de edad. Salí de mi cuarto a saludar (como es costumbre en México) y yo pude notar su mirada que me hacía por encima de los lentes, como si ella me estuviera desnudando con el pensamiento. Vestía una camisa negra; no le pude ver ni un centímetro de teta porque le cubría todo, y unas mayas del mismo color. Discretamente llevó sus manos a sus grandes bubis, para acomodarse el sostén, e inmediatamente me dio la mano para darme el saludo ¡yo me estremecí!

    II.

    Ese mismo día, pero unas cuantas horas después, yo me encontraba laborando en la tienda que está cruzando la calle de mi casa, cuando de pronto, veo entrar a una mujer con una cinturita y unas caderotas. Era Lorena, yo deduzco que mi madre le habrá dicho que yo trabajaba aquí, porque se había cambiado de ropa, ahora llevaba un pantalón entallado, sandalias y una blusa, con un escote que le dejaba las tetas a la intemperie. Mientras ella escogía lo que iba a comprar, se agachaba apropósito por productos que veía, pero que devolvía a su lugar; su gran trasero apuntaba directamente en frente de mí. Cuando ella se agachaba, lo hacía lentooo, y movía lentamente de lado a lado su gran trasero, cómo lo hace el péndulo de un reloj: ¡ver eso fue impresionante! Me dijo que ocupaba una escoba, pero fingió que la había olvidado y salió de la tienda sin ella. A los 5 minutos Regresó y con una voz lenta y candente me dijo: “ay, olvidé el palo, ¿no me lo puedes dar tú?”. Sólo un estúpido, o un extranjero pudiera no entender lo que me quiso decir. Yo no desaproveché la oportunidad, y le dije: “claro que te lo doy, y también te paso la escoba”. Ella soltó una risita, nos pasamos nuestros números, y al final me dijo: “luego vengo, para que me des el palo”. Tomó la escoba y se fue.

    III.

    Después de nuestro primer encuentro en la tienda, recibí un mensaje de ella en donde me imponía sus condiciones. El mensaje era el siguiente:

    – Mijo, antes que nada te voy a decir cómo quiero que esto pase: Hablaremos siempre que yo este cachonda, y mi marido no o este. Ha, y también te quiero decir que odio el condón porque no se siente tan rico, y a las putas de verdad, nos gusta sentir cómo nos revienta el culo una verga natural. ¿Aceptas mis condiciones? Si no, no habrá trato.

    -Hola señora, acabo de ver qué su esposo ya se fue a trabajar, y Óscar (hijo de Lorena) no está en su casa. Este es mi número nuevo, para que lo guarde. Y sí acepto sus condiciones.

    – Mijo, en todo estas, sí, ya se fue aquél a trabajar, ¿Qué estás haciendo tú?

    – Nada, mis papás no están en casa: estoy aburrido.

    – Pues regálame tantita azúcar para mí café, y también me das de tu leche. Pero la leche me la das en la cara, ¿o te da miedo?

    – Claro, venga a mi casa, pero primero me puede mandar unas fotitos ¿O no puede?

    *Me manda 4 fotos de sus tetas desnudas*.

    – ¡Qué ricooo! Venga ya para echárselos en la cara. ¿Sí me da permiso de grabarla un poco?

    – Sí mijo, está bien, pero sólo poquito; a ahorita llego en unos 4 minutos o menos.

    IV.

    Estuvimos 3 horas encerrados en mi casa. Lo hicimos por todos los rincones: se la metí en la sala, en la cocina, me la chupó y me la cogí en el patio, se escuchaba “plaf, plaf” demasiado fuerte, debido al eco que hay en el baño; comenzó a gemir muy fuerte cuando la tenía en los cuartos de la casa: pues yo le estaba reventando el culo en la habitación de mis papás, en la de mis hermanos, en la mía, en los sillones de la sala, y, también tengo que admitir, que me la cogí encima de la barra de la cocina (que por cierto, fue ahí, en dónde ella más gritaba cómo loca).

    V.

    Me vine 3 veces en su cara: aún no puedo olvidar cómo abría la mandíbula sacando la lengua, para tratar de llevarse algo de semen a la boca. Las otras 2 veces, se los comió sin despegarse de mi verga, y mientras yo me venía, ella me succionaba el pito como popote: me dejó totalmente seco. Y yo la dejé con el rostro rojo de las cachetadas que le dí, el rímel y mis grandes escupitajos, le escurrían por toda la cara: la dejé toda despeinada y desorientada, con el cuello, tetas y culo demasiado rojos, de los golpes que le metí, tenía por todo su sudado cuerpo, las marcas de mis manos, le pegué una putiza por serle una puta infiel a su marido: así que no te preocupes hermano, ya le metí unos chingadazos a tu esposa, por ser tan zorra. Al final, cuándo la vi toda verguiada, repleta de mecos en la cara, toda despeinada y toda cogida en el piso, llegué a pensar que se me había pasado de más la brutalidad, y de fuerza, pero me sorprendió cuándo ella no paraba de agradecerme el tremendo cogidón que le metí. Después de eso, no hablamos hasta el día siguiente.

    -Señora, tiene un cuerpo delicioso. Perdón si no le mandé mensaje, es que llegó mi novia, en cuánto usted se fue de mi casa. ¡Qué ricooo cogidón nos dimos!

    – Haa, ¿llegó tu noviecilla? ¿Y a poco lo hace mejor que yo? Yo hice que te vinieras 5 veces.

    – Claro que no, usted tiene más experiencia. En el video que le tomé, ya era la quinta vez que me venía.

    – Y no te preocupes de no haberme mandado mensajes, es más, deberías de borrar la conversación, cada vez que cojamos, para que no vayan a ver qué soy bien puta. Y que me meto contigo.

    – Nadie ve nada, usted no se preocupe. ¡Sus videos y sus fotos son sólo para mí! El video de hoy estuvo riquísimo ¿Lo quiere ver?

    – Sí, para calentarme para el fin volverte a ver, y que me metas la verga de nuevo.

    – ¿Se va a tocar viendo el video?

    – No lo sé, pero mejor deberías de tocarme tú.

    – Claro, cuando guste. Le mandaré el video.

    – Aunque me digas la mamá de stinfles. O stinfler, no sé quién chingados sea. Ha de ser a otra que te cogiste, ¿verdad?

    – jajaja, es de una película, después le explico. Pero es que usted está riquísima.

    – No te apures, tú cógeme y dime cómo quieras.

    Le mando el video.

    – Apúrate niño, que ya mero llega mi esposo. Y te va a partir tu madre si ve eso. Y a mí me va coger por zorra. Pero no mejor que tú.

    – Usted, es mi puta zorra.

    – Me encanta que me digas así, ¡maldito chamaco pitudo! Ni me acordaba que me habías grabado, de tan rico que estábamos. Me tenías gritando cómo puta. ¡Qué ricooo video!

    – Gime riquísimo, mami.

    – No los vayas andar subiendo o enseñando los en Facebook o WhatsApp he cabrón. Ya va a llegar mi viejo, y le haré de cenar, y luego me va dar otra cogida nada más no te enceles, pero pues viene ganoso. Qué descanse bebé, te la jalas pensando en mis tetas, ya no mandes nada, adiós.

    VI.

    Ha pasado año y medio desde la primera vez que me la cogí, y, desde entonces, yo me he vuelto oficialmente su amante, y, por suerte, el pendejo de su esposo no se ha dado cuenta aún: ella es una putota profesional. De hecho, escribí esto porque hace dos días, me encerré 6 horas con ella, en un motel. Estuvo riquísimo cómo siempre, y más cuando me dio permiso de grabarla, mientras me la follaba por el culo: gritaba desesperadamente recio porque se la metía sin condón, y ella me gritaba que le diera más rápido, y que la golpeara y la ahorcara con todas mis fuerzas: es una puta perra muy zafada, casi la desmayo por ahorcarla, pero se enojó y me reclamó porque dejé de hacerlo; me dijo entre dientes que le gusta brusco: sexo rudo, que le deje moreteado el culo. Me excito mucho cuando le escupo saliva en la cara, o cuando ¡Es una perroota muy complaciente!

  • Mi madre disfruta verme teniendo sexo con mi novia y se une

    Mi madre disfruta verme teniendo sexo con mi novia y se une

    Hola comunidad, soy Adam, tengo 30 años, hace un tiempo quería contarles esta historia que me sucedió, principalmente porque se salía de mi moral sexual, pero uno nunca sabe lo que puede llegarle a gustar en la cama y sobre todo en esos momentos de máxima calentura.

    Con mi novia solemos morbosearnos mucho con tener sexo en diferentes partes, ella tiene 28. Esa noche quisimos sentir el riesgo de poder llegar a ser espiados, y por nada menos que por mi madre. A veces íbamos a su casa y nos quedábamos a dormir allá, ella nos hacía dormir en otra pieza pero nosotros decidimos irnos a su cama.

    Aquella noche fuimos a visitarla pero tuvo que salir con su amiga por unos trámites, sin embargo sabíamos que iba a llegar, aunque no conozco su rutina, nos deja su casa a nuestra disposición. Esa idea nos calentó rápido y nos fuimos a su cuarto, en el que comenzamos con mi novia a tener sexo muy rico y salvaje.

    A mí me gusta que ella conserve su ropa interior en el sexo, es algo que me fascina, y verla con un rico tangas negro apretado hace que me ponga muy caliente, es piernuda y su cabello es negro y largo, nos gusta mucho coger en cuatro y hacer mucho ruido en la cama, además de tener su rico culo a mi disposición para hacerle lo que yo quiera.

    Mientras teníamos sexo en la cama de mi madre empezamos a oír que ella llegó a la casa, algo de madrugada y no entendía bien el porqué, nos pareció oír que hablaba un tanto ebria, como si de una celebración viniera.

    Cuando escuché que se acercaba al cuarto mi adrenalina empezó a subir y mi novia a gemir, sus nalgas chocaban fuerte en mis caderas, la puerta de la pieza la dejamos entre abiertas a propósito, quería ver hasta dónde de sucia podría ella llegar a ser o bien su mente, pues lleva 8 años divorciada de mi padre y hasta donde sé, solo ha tenido encuentros casuales.

    Cuando ella llegó a la puerta nos quedó observando sin decir palabra alguna, nosotros sigilosamente nos dimos cuenta que mi madre nos miraba, pude notar que seguía con un vestido rojo algo corto, mi madre tiene 52 años y asiste al gimnasio a menudo, su cuerpo es maduro y bien trabajado, muchos hombres han querido meterse en la cama con ella lo cual nos generaba mucho más morbo.

    Sus piernas quedaban al descubierto y su enorme escote también, de tetas grandes y culo grande, nos estaba observando un tanto sorprendida. Empecé a notar que su mano se iba hacia su entrepierna y comenzó a tocarse a escondidas por encima de su calzón blanco por donde va su conchita madurita, mi corazón palpitaba a mil por horas entre lo morboso y sucio qué era toda la situación.

    Mi novia comenzó a gemir más fuerte y a chocar sus nalgas con más vigor al tiempo que le bajaba el brasier para que sus tetas quedaran al aire y ella pudiese verlas. Toda la situación nos parecía muy excitante, lo estábamos disfrutando todos, incluso mi madre.

    Mientras tenía a mi novia en cuatro, le saqué la verga y me agaché para comerle toda su conchita, ella se abría las nalgas para subir con mi lengua y escupirle el orto, para intentar darle por detrás, hasta que en ese instante mi madre observándonos da un gemido y nosotros esta vez la miramos directamente a los ojos, ella rápido se quitó los dedos mojados de su concha. Yo intentando disimular me subí como pude el bóxer y le pedí disculpas por estar usando su cama con mi novia, pero ella lejos de molestarse, entró a la pieza y se sentó en la cama.

    Con mi novia un tanto sorprendidos le preguntamos si se había molestado por usar su cama, pero ella comenzó diciéndonos que éramos unos pervertidos, pero que si empezamos algo que lo termináramos, lo cual me dejó congelado en ese instante, pero rápido me causó mucho morbo escucharlo de su propia boca.

    Noté qué había bebido alcohol y estaba desinhibida, muy dispuesta a todo, sus pezones se le marcaban y me daba cuenta que ella estaba caliente, lo cual me generaba una rica sensación de calentura también.

    De pronto noté cómo su mano iba bajando hacia su entrepierna con su vestido puesto, y nos dijo que continuáramos teniendo sexo, pero que esto solo debía quedar entre nosotros tres, a lo cual yo le dije que por supuesto, y le insistí en que si estaba segura, a lo que ella nos dijo que sí.

    Mi verga volvía a ponerse grande y gorda, mi madre la observaba y me decía que volviera a penetrar a mi novia en cuatro, mientras ella se acomodaba al lado de nosotros para mirar con detalle cómo entraba en la conchita de mi novia, mientras ella volvía a gemir, mi mamá comenzó a susurrar diciendo lo rico que le parecía tener esa escena en sus propios ojos, mientras se iba tocando por debajo de sus calzones blancos.

    Al poco tiempo mi novia decidió darse la vuelta, agarró todo mi pene y comenzó a darle una chupada deliciosa, entre fluidos míos y de ella se saboreaba todo incluyendo mis huevos mientras mi mamá miraba cómo se le veían las tetas así, y cómo su lengua jugaba con todo mi tronco duro. Le pareció tan morboso que mi madre se sacó con su otra mano sus dos tetas dejándolas al descubierto, grandes y deliciosas a la vista, con sus pezones marrones y duros, comenzó a tocarlos y decirle a mi novia que le parecía delicioso cómo se ahogaba con mi verga.

    En ese instante mi mamá le dice a mi novia si le gusta cómo se le ven las tetas a lo que mi novia le contesta que muy ricas las ve, entonces le dice que se las toque, mi novia sin pensárselo le empezó a tocar las tetas a mi madre mientras me seguía chupando la verga y con su otra mano cada una se tocaba su conchita lo cual hizo que mi respiración se acelerar y abriera la boca de placer y lujuria. Mi novia invitó a mi madre a comerme la verga también y sin mediar se puso en cuatro junto a ella y ambas con sus lenguas jugaban subiendo y bajando y luego metiéndose todo mi tronco dentro de sus bocas.

    Apenas me podía creer lo que yo miraba, y sentía, ver a las dos hasta las arcadas con mi verga, además que cada tanto se besaban con lengua, mi calentura no daba más y les dije a ambas que se pusieran en cuatro, mi novia muy morboseada y mojada paró toda su cola y le siguió mi mamá, subiéndose su vestido rojo y dejándome a la vista un culo grande y un rico calzón blanco del cual sin poderme aguantar me empecé a estrujar con mi cara.

    Mi novia se tocaba muy rápido su rica vagina, podía ver como lo estaba disfrutando al tiempo que mi madre mojaba sus calzones mientras se los olía y le comía todo su orto marrón y arrugado, era una delicia tener a ambas a mí disposición. Luego me escupí la verga y poniéndome detrás de mi madre comencé a cogérmela agarrándola firme de la cintura, mi novia aprovechaba de chuparle y tocarle sus tetas y besarse mutuamente con lengua mientras que con mis dedos jugaba con el culo de mi novia para luego llevarlos a mi boca.

    Luego les pedí que me quería acostar en medio de las dos y mi novia accedió sin más y se sentó encima de mí, brincándome muy rico, gemía y sus fluidos me tenían empapado hasta los huevos mientras me daba vueltas en círculo, mientras lo hacía le pidió a mi madre que se sentara en mi cara de espaldas hacia mí, mis manos se fueron a sus nalgas grandotas y mi lengua a su culo, era un sabor delicioso y sucio, un rico aroma madurito que me saboreaba y tragaba.

    Mi mamá le comía las tetas a mi novia y ella se las tocaba y apretaba, tener a las dos encima mío era un auténtico éxtasis, ambas gemían y se disfrutaban a la vez muy rico, podía sentir como la conchita de mi madre se mojaba y le corría el calzón para comerme sus fluidos.

    De pronto sentí que me iba a venir la leche y se los mencioné a ambas, no dudaron en salirse de encima mío y ponerse de rodillas en el suelo, ambas con las tetas al aire y tocándoselas mutuamente, pidiéndome que me corriera en las tetas de las dos, al tiempo que ellas se acariciaban el coño mirándome a la cara toda perversa que traía en ese instante. Mi madre rápido agarró mi verga, la puso en medio de sus tetas y comenzó a hacerme una rica paja con ellas, la sensación que sentía era de un placer enorme, deseaba mucho sus tetas y su cuerpo en ese momento al mismo nivel que el de mi novia.

    Después de disfrutarme sus tetas con mi verga mi novia prosigue y con sus ricas tetas me hizo una rica paja, apenas me creía que tenía a las dos con sus tetas en mi verga. Fue en ese instante que mi novia me metió un dedito en el culo y sentí que me venía un enorme chorro de leche, ambas abrieron la boca, se pusieron muy juntas y con sus manos agarraron sus tetas y las elevaron un poquito, sentía las contracciones musculares de todo mi tronco botando un montón de leche que les iba cayendo en la cara y la lengua de ambas, y finalmente en sus tetas.

    Una vez que les dejé todas las tetas y la lengua de leche ellas comenzaron a besarse, y tocarse rápidamente el clítoris entre ambas y pude escuchar como las dos también comenzaron a venirse gimiendo fuerte y cerrando los ojos, disfrutando esa explosión de placer del orgasmo. A los segundos después ambas se pusieron de pie, nos besamos muy rico con lengua compartiendo parte de mi leche entre la boca de mi madre y mi novia y mi madre se acostó.

    Volvió a mencionarnos que todo se quedaba en familia y con mi novia le confirmamos que sería un rico episodio que solo quedaría en la memoria de los tres. Mi madre finalmente terminó por quitarse su vestido y se acostó en ropa interior a dormir, con mi novia nos fuimos al otro cuarto dándole las dulces buenas noches y nos fuimos a la otra habitación a dormir sin antes recordar lo delicioso que estuvo involucrarnos con ella.

    Durante la mañana siguiente mi madre nos avisa que debe salir temprano con su amiga, nos despedimos de lejos y nos volvió a dejar la casa solo para nosotros dos, pero esta vez ella llegaría con uno de sus amigos el cual es muy joven y apuesto, con el cual ocurrió una situación muy deliciosa que con gusto contaré en otro relato.

  • El encuentro de dos amigos

    El encuentro de dos amigos

    Esta historia toma lugar después de años desde la última vez que dos amigos se habían visto y después de que una declaración unilateral de amor hubiese sido hecha yo no sé qué pasará, pero sé que quiero y me he preparado, tengo un lugar listo en caso de tener éxito, un lindo Airbnb con una botella de vino un par de cervezas y algo para picar… algo aparte de mí, ropa íntima femenina, un disfraz de colegiala de calidad cuestionable obtenido en una sex shop los respectivos condones, lubricante antes de salir de casa y ponerme en camino tomé una pequeña bolsa de terciopelo contiene un plug anal metálico el cual me pongo, es la manera de recordarme que voy dispuesto a todo, salgo del baño me siento raro por el plug, pero decidido, tomo la carta que escribí y reescribí minutos antes, y tomo camino, el viaje es corto hasta un estacionamiento cercano al punto de reunión, un bar nada relevante pero accesible.

    Lo espero por unos minutos mientras siento un vacío en mí estómago, curiosa sensación, el estómago así y el culo apretado por el plug… al fin llega hablamos y nos ponemos al día durante nuestra segunda cerveza, decido que es el momento, saco la carta y se la doy, esta dice:

    ¨Hace tiempo, más del que debí dejar pasar, me escribiste que me amabas, yo fui demasiado cobarde para corresponderte, también te amaba y ahora mal y tarde te lo escribo, también quisiera poder hacer más, pero nuestras vidas nos han llevado por diferentes lugares y quizá sólo tengamos este momento por eso quiero hacerte un regalo para de alguna manera compensar el tiempo perdido, este es mi regalo si lo aceptas pide la cuenta ahora y vamos a un lugar íntimo y lindo lo necesitaremos.

    Alguna vez que ofrecí mi inocencia y luego fui muy cobarde para continuar, hoy te ofrezco mi poca experiencia y habilidad, quiero entregarme a ti, para compensarte un poco todo lo que hice y lo mal que la llegaste a pasar por mi culpa.

    Quiero que me hagas el amor, quiero ser tuya¨

    Él dobló la hoja de papel, me miro un momento y pidió la cuenta, no podía creerlo, salimos de allí, lo llevé al estacionamiento y salimos con rumbo al lugar que sería testigo de nuestro amor después de tantos años. Hubo una casual plática de camino, no la recuerdo, pero si recuerdo que en un semáforo en rojo tuve el arrojo para decirle -Ve pensando en lo que me vas a querer hacer porque me voy a dejar hacer lo que pidas- llegamos al lugar, entramos fuimos a la cocina abrí el vino y lo serví en dos vasos

    -No hay copas… ¿Te importa?- Pregunté para disimular mis nervios

    -Claro que no- me dijo, en completa calma y control, la calma que yo necesitaba.

    No perdí más el tiempo, me puse de rodillas entre sus piernas y comienza a tocar su entrepierna, su verga reaccionó a mis caricias inmediatamente, empezando a endurecerse

    -¿Cómo lo hacemos?- Aumente el ritmo de mis caricias -¿Quieres que suplique para que cambie mi calificación profe?- Comencé a frotar mi cara contra el bulto que había provocado en su pantalón – ¿Cómo se llamaba la chica está de la facultad de la que a veces hablábamos? Que jugábamos a que no nos gustaba pero como que sí-

    -Geraldine- me dijo -Mejor ese nombre no, así se llama mi sobrina, puedes decirme Yesenia si lo deseas, hasta puedo usar algo de ropa de chica si lo deseas- Hice una pausa para esperar su respuesta -Te tomaré así Betito- Hace tanto que no me decía así, me hizo sonreír a veces jugando me decía de esa manera un gesto dulce que a ambos nos gustaba supongo -Vamos, no quiero esperar más- le dije y lo tome de la mano para llevarlo a la habitación donde al fin me entregaría a él.

    Se sentó en la cama desabotoné su pantalón y sin mayor ceremonia lo bajé junto a su ropa interior, di 1 beso en su testículo izquierdo y 1 en su testículo derecho lamí desde sus bolas grandes hasta la punta 2 veces cada vez con un poco más de saliva se la acaricié un poco más con mi mano, quería disfrutar de cada momento, de cada sensación que pudiéramos arrancarle a este encuentro -Pídeme lo que quieras- le dije -Con los ojos cerrados me respondió -sigue así, usando tu boca- lamí con timidez su glande y lo chupé un poco suevamente y con cuidado de no estimularlo mucho conté hasta 3 y trague toda su verga hasta el fondo de mi garganta, lo escuche gemir de placer y sentí sus manos aferrarse a mi cabello con fuerza por un segundo para luego suavizar el agarre y acariciarme con dulzura, continué con esta acción 5 veces más, la sacaba el todo de mí, tomaba aire y la volvía a tragar aguantando lo más que podía, necesitaba un descanso así que continué masturbándolo sólo con mi mano 8 fueron las veces que mi mano recorrió su verga. Era momento de pasar a otra cosa, tomé de la mesa de noche un frasco de lubricante que había dejado allí y sin perder tiempo me desnudé de la cintura para abajo, me quite el plug me puse lubricante en la mano y empecé a meter mis dedos en mi ano para dilatarlo mientras aún jugaba con su verga, debía coordinarme, pero creo que lo hice bien un dedo, luego dos hasta poder tener tres no tardé mucho en esto, conté exactamente 13 chupadas a su verga antes de sentirme listo.

    Me puse de pie y me desnudé por completo -Estoy lista, hazme tuya- le dije, rápidamente se levantó se quitó toda la ropa tomó un condón del paquete que estaba junto al lubricante se lo puso mientras yo me recostaba en la cama boca arriba al verlo de pie frente a mí con su verga dispuesta para mí no pude evitar sonreír, al fin estaba por pasar, levante las piernas y lo invite a entrar en mí -Vamos, házmelo- le dije empezó a penetrarme lento hizo una pausa lubricó el condón y trato de nuevo logrando vencer la resistencia de mi cuerpo, cuerpo tonto no sabe que ahora le pertenecemos a él, su verga entró rápido y hasta el fondo de mí arrancándome un gemido -Lo siento ¿Estás bien?- me derretía por dentro que aun estando en esa situación se preocupara por mi bienestar más que por su propio placer, traté de hablar, pero el placer me lo impedía aun así hice un esfuerzo -Estoy bien, sigue, puedes follarme como quieras, cógeme como quieras ahora soy tuya- en ese momento no entendía porque no paraba de referirme a mi mismo en femenino después entendí… desde esa mañana había tomado la decisión de que pasara lo que pasara yo era su hembra.

    Él continuó con su faena, metiéndola a diferentes velocidades, estudiando como me daba más placer aferrándose a mi cadera, acariciando mis piernas y masturbándome, pudo descubrir el ritmo exacto en el que su verga en mi culo y si mano en mi verga me perdieron en el mayor placer de mi vida esta a punto de venirme, pero no quería, no aún esto podría arruinar el momento, yo debía esperar hasta que él estuviera satisfecho de mi, pero el placer era enorme y con lo poco de mi voluntad sólo atine a fijar mi mirada en sus ojos y decirle -Te amo- él sonrió y aumentó el ritmo de su mano y la penetración -Por favor suéltamela, no quiero acabar aún- rogué él lo hizo y sus manos continuaron acariciándome, tomé su mano derecha y la llevé a mi pecho lo hice tomarme un pezón -Apriétalo- así -Más fuerte, hazme daño- dije entre gemidos, sentía mi cuerpo reaccionar si me apretaba los pezones con fuerza el dolor me hacia contraer mi culo y eso le daba más placer lo podía sentir -¿Te gusta? Yo solo quiero que disfrutes- le dije

    -Lo estas haciendo muy bien Betito- Tomé aire y formulé: -Se que no tengo derecho, pero… ¿Puedo pedirte algo?- se detuvo por completo y su semblante cambió creo que estaba pensando que me arrepentía y que quería zafarme de la situación, pero no, decidí que iba por todo, quizá no habría otra oportunidad y quería vivir la experiencia completa -Quítate el condón, por favor quitátelo y termina adentro de mi, quiero saber que se siente- pasaron unos segundos en los que lo consideraba y en los que me sonrojé como nunca en mi vida, me la sacó para quitarse el condón, lubricó su verga y antes de meterla en mi, me besó ¨wow¨ pensé era la primera vez que besaba a un hombre y sería la primera vez que uno terminaría dentro de mi, ¿Cuántas primeras veces te llevarías mi amor?

    Empezó a penetrarme de nuevo sin interrumpir el beso al sentirlo dentro abrí la boca y él aceptó la invitación y metió su lengua en mi boca, no podía creerlo lo tenía en casi cada agujero de mi, su ritmo aumentó y tuve que interrumpir el beso para tomar aire, para gemir, lo veía disfrutar más cuando lograba hacerme gemir así que empecé a prensar mis pezones con mis dedos después de un par de veces él se hizo cargo de esta tarea no pude ni quise contar el tiempo, solo supe que en un momento los apretó con mucha más fuerza de verdad me hacía daño en respuesta apreté mi ano muchísimo y él se metió a lo más profundo de mí y entonces lo sentí, estaba descargando su néctar dentro de mí, me estaba haciendo suya verdaderamente. Al terminar su descarga trato de retirarse -No aún no te salgas, quédate todo el tiempo que puedas- supliqué se quedó dentro un rato más yo apretaba su verga con mis entrañas cada tanto para ayudarlo a seguir firme para prolongar el momento un poco más.

    -Oye… ¿Aún quieres ponerte ropa de mujer?- Me preguntó.

  • Fans y sexo en la fiesta

    Fans y sexo en la fiesta

    Esta historia la viví el año pasado.

    Con motivo de la llegada de la primavera, en mi ciudad se acostumbra festejar organizando una fiesta de disfraces; el lugar a realizarse varía cada año.

    En esa oportunidad se festejó en un boliche.

    A mi me encanta disfrazarme y jugar a ser alguien más. Me atrevo a hacer cosas que yo no haría. Y este festejo de la primavera es un evento que nunca me pierdo, tengo asistencia perfecta en fiestas de disfraces.

    Pasada la medianoche nos hicimos presentes en el lugar, había mucha gente, varios personajes de ficción asistieron esa noche, en un rincón pude ver a Batman, Caperucita Roja , Spiderman y Gatubela bailando, también había tres Hadas muy divertidas, una pareja eligió ser El Chavo y La Chilindrina, En esta ocasión elegí la temática de pirata para mi atuendo. Era una noche para pasar totalmente desapercibida entre todos los personajes que asistieron esa noche.

    No quería que mi fama de “ jugadora sexual” fuera descubierta.

    Era la noche ideal para camuflarme entre la multitud, nadie debía saber quien era.

    A mitad de la noche, estaba en el sanitario, retocando mi maquillaje y observo que una joven se acerca hacia mí con una sonrisa en su rostro y me pregunta :-¿ sos Caro, la escritora?-

    Si!- conteste sonrojada.

    Quiso sacarse una foto conmigo, con “La famosa escritora erótica”- dijo. Acepté encantada.

    Esa respuesta produjo un alboroto importante en el lugar.

    Mi plan había fallado, alguien me había reconocido.

    Nos sacamos unas fotos en el baño, un tanto atrevidas, me encanto su descaro y sume el mío.

    De pronto las fotos comenzaron a ser más osadas y con varias participantes más que se sumaban a la fiesta, algunas de ellas me conocían y otras nunca habían escuchado hablar de mi, pero se sumaban a las fotos igual de atrevidas y divertidas.

    Luego de una decena de tomas, en diferentes poses, algunas fotos de besos, otras de caricias, con diversas compañeras de aventuras, me retiré del baño, muy risueña y un tanto excitada.

    Mi pareja esperaba ansioso afuera, había tardado demasiado y comenzaba a preocuparse. Al verme sonreír pícara caminando hacia él, su ansiedad aumentó y una sonrisa apareció en su rostro.

    Comencé a contarle la aventura que había vivido hacía instantes con las fotos y las seguidoras, las charlas sexuales y lo encendido que había quedado el lugar, las chicas y yo.

    Mientras le narraba la aventura, nuestros cuerpos se erotizaban.

    Mi pareja, sonriente toma mi cabeza entre sus manos y me calla con un beso. Largo. Apasionado.

    Entre la multitud, comenzó a besar mi cuello, mientras su mano acariciaba mi culo y jugaba a que sus dedos traviesos, se colaban debajo de mi falda. Mi cuerpo reacciono, y mi vagina comenzó a humedecerse.

    En ese momento sentí que alguien más apoyaba su mano en mi cuerpo, al momento que susurraban en mi oído :-me das un beso a mi también?

    Abrí mis ojos y giré mi cabeza en busca de quien me había susurrado.

    La vi. Era ella, con su pareja. Lo había ido a buscar a la barra para presentarnos. Después de contarle nuestra experiencia en el baño estaban igual de excitados que nosotros.

    Claro!- le conteste.

    Sujete su barbilla. Probé sus labios con un beso.

    Mi pareja, ante esa situación dejó de acariciarme la cola y comenzó a apretarmela, mientras miraba cada vez más excitado.

    El joven acompañante, nos tomó de la cintura a las dos, se colocó entre nosotras y sonriente cruza miradas con mi chico, que disfrutaba de la vista y manoseaba mis gluteos.

    Mientras acariciaba el pelo de mi fans, la mire con ojos pícaros y a modo de presentación le dije a mi chico: -te presento a Luly. La conocí en el baño.

    Él la tomó de la cintura y Luli sello la presentación con un tremendo beso sin ni siquiera saludarlo.

    Me uní a ellos, y de igual manera bese a su novio.

    Comencé a sentir dos manos que jugaban a colarse por debajo de mi falda.

    Entre la oscuridad del lugar y las manos hambrientas tocando nuestros cuerpos, deje escapar un gemido, ese sonido excito aun mas a todos y volvimos a encontrarnos ambas, en un beso muy caliente.

    Tomo de mi mano y guiño un ojo.

    Sonreí asintiendo con mi cabeza y la seguí hasta el sanitario donde nos habíamos conocido.

    Entramos casi corriendo, cerramos la puerta para tener un poco de privacidad y comenzamos a quitarnos la ropa rápidamente.

    Apoyó su cabeza contra la pared. Comencé a besar su cuello, me perdí entre sus pechos, sus pezones respondian a mis estímulos y se endurecian cada vez más. Bese su vientre y me hundí en su pelvis.

    Explotada de placer me tomó de los hombros y me puse de pie, apoyé mi nuca contra la pared y comenzó a darme placer. Ella también se entretuvo con mis pechos y recorrió mi cuerpo hasta llegar a mi entrepierna.

    Al notar la humedad de mi excitación, pasó su lengua, suavemente por mi vagina absorbiendo mi placer.

    Jadeando le dije que parara, no quería seguir allí, necesitábamos un lugar más amplio para terminar nuestra aventura.

    Cerramos el trato con un beso.

    Vestimos nuestros cuerpos desnudos y volvimos en busca de nuestros hombres, que nos esperaban afuera fumando y tomando un trago, ansiosos por vernos. Casi sin mediar palabra nos retiramos del lugar.

    Nos hervía la sangre a los cuatro. Nuestro próximo destino era mi departamento.

    Sentadas en la parte trasera del auto continuamos con nuestras caricias, y el juego de seducción continuó, abrimos nuestras piernas, ella introdujo un dedo en mi vagina, reaccione de igual manera.

    Estábamos empapadas, muy excitadas.

    Jugó con su dedo índice sobre mi clítoris y llegué al clímax mientras recorría su vagina con mis dedos y logré un fuerte orgasmo en ella.

    Nos recostamos para recobrar el aliento, dejando que nuestros cuerpos se relajen y nos besamos románticamente.

    Los hombres, en la parte delantera del auto, se masturbaban mientras nos miraban con asombro, pero disfrutando de la escena.

    Llegamos a mi casa. Preparamos unos tragos, nosotras seguiamos muy juguetonas. Bailamos un rato, mientras la temperatura entre nosotras de nuevo aumentaba y por fin era el turno de los hombres.

    Sentados ambos en el sillón disfrutaban mirando nuestros cuerpos bailando cada vez más desnudos.

    Veíamos la cara de placer de nuestros acompañantes y nos pareció un buen momento para compartir, por lo que continuamos nuestro baile sobre sus piernas.

    Buscábamos la penetración, sus vergas estaban muy duras, nuestras tetas rozaban sus caras, ellos mordían nuestros pezones, desesperados, nos tomaban de las caderas como sujetándonos, marcando el ritmo de la música.

    Fue una noche muy excitante, muy sexual.

    Una aventura erótica extrema.

    Al cabo de una hora nuestros nuevos amigos se despidieron y se fueron.

    Con mi pareja, tomamos una ducha. Cogimos hermoso otra vez y nos fuimos a dormir.

    A la mañana siguiente mi teléfono explotaba de nuevos seguidores, que habían sido testigos de la escena del beso en el boliche y soñaban con ser los partícipes de una noche igual.

  • Tanga de chico

    Tanga de chico

    Un tanga en el escaparte de una tienda de lencería, discretos, como si los escondíeran. Un único tanga de chico estaba colocado al lado de boxers y slips. Al otro lado del escaparate la lencería de chica era mucho más llamativa.

    Una mañana de un martes de agosto. Hacia tanto calor que parecía que las aceras se derretirian de un momento a otro. La ciudad estaba casi vacía, la gente repartida entre la playa y las fiestas de los pueblos. Parecía el escenario de una película post apocalíptica, una dystopia cualquiera.

    Me llamó la atención la prenda por que normalmente yo usaba slips pequeños y ajustados. Pensaba que no habría tanta diferencia entre eso y lo que yo llevaba puesto en ese momento.

    La tienda era pequeña, las prendas estaban casi amontonadas se diría. Entré esperando encontrar una chica tras el mostrador. En cambio había un chico como de mi edad bastante guapo.

    No sé como reaccionaría una mujer que entrará en la tienda buscando unas bragas al verlo. Hasta a mí me pareció algo machista ese pensamiento. Cuando me saludó pensé que era algo amanerado, pero puede que fueran ilusiones mías.

    No me perdió de vista a pesar de que estábamos solos en la tienda. Quizá pensaba que le iba a robar o puede que fuera otra cosa. Claro que yo no era el sumun de la elegancia, con mis chanclas, unas bermudas muy reducidas y una vieja camiseta de tirantes.

    De vez en cuando le echaba una ojeada y la verdad es que lo encontraba bastante bien, con sus vaqueros y su camiseta ajustada, delgado y tan rubio. Sus bonitos ojos azules seguían mis evoluciones por el local.

    Estaba mirando la estantería buscando las prendas que me habían llamado la atención. La verdad es que bastante perdido. Sabía que existían esos tangas y suspensorios de forma intelectual, por haberlos visto en películas mas o menos pornográficas, televisión o revistas.

    Pero hasta ese momento no me había dado cuenta real de ello. Y allí los tenía delante de mí en una gran variedad de colores y formas. Métidos en bolsitas con un cartón en el que había una foto de un macizo musculoso llevando una prenda como la que había dentro del envase.

    Percatándose de mi desconcierto el chico se acercó a mí:

    – Me llamo Mario. ¿en que puedo ayudarte? Te veo un poco despistado.

    Le respondí:

    – Yo soy Juan y me encantaría tu ayuda para saber más de estas prendas. No las he visto más que por la tele.

    Le pregunté sobre la lencería que me había llamado la atención, más en concreto tangas y suspensorios.

    – Me extraña de que nunca te hayas probado algo de esto tienes buen cuerpo para lucirlo. Un cuerpo precioso diría yo.

    Me contó sonriendo y ampliando los datos.

    – Aparte de lo evidente, la tira por el culo te podría molestar o excitar. Dependiendo de otros factores aparte de la tela, son sorprendentemente cómodos. Ya lo verás.

    Curioso le pregunté:

    – ¿Tu los llevas? ¿los usas?

    Sonriendo me dijo:

    – Me los pongo de forma habitual y ahora llevo un tanga puesto.

    – ¿De verdad?

    – ¡Pues claro!

    Se bajó un poco el pantalón y tiró de la cinturilla de la prenda. Solo una gomita negra francamente estrecha. No sabia como algo tan fino podía sujetar nada. Evidentemente debajo solo se veía su piel bronceada. Me pareció que tomaba el sol desnudo.

    – Me gusta.

    Le dije sonriendo, dejando en el aire lo que me gustaba en concreto. Pero me quedé pensativo. Ya era un coqueteo descarado.

    – Me has dejado intrigado, con las ganas de ver mas.

    Le sonreí.

    – ¿De verdad te gustaría verlo todo?

    – Claro, ver como te sienta. Eso me animaría mucho para comprame algunos y usarlos yo.

    – Vaya que exigente.

    Aunque no parecía molesto y también sonreía pícaro.

    – Hagamos un trato, yo te enseño como me queda a mí y tu te lo pruebas delante de mí.

    – Me parece perfecto.

    Le contesté.

    – Pero necesitamos algo de intimidad.

    – No te preocupes, ahora mismo echo el cierre, al fin y al cabo no espero a nadie mas. Vista la hora.

    Al pasar a mi lado ya no esperé mas, le cogí de la cintura y lo besé en la boca. Mordisqueando sus labios con los míos con suavidad. Respondió sin dudar, abriendo la suya y dándome la lengua. Agarrando mi culo como si fuera ya suyo.

    Le dejé llegar hasta la puerta. Lo esperaba a la vuelta, agarrándome de la mano me llevó hasta los probadores equipados con una gruesa y cómoda moqueta. Aunque no olvidó coger un par de tangas y otro par de suspensorios por el camino. Creo que eligió adrede los más pequeños y sexis.

    Mario es un vendedor nato, ademas de venderlos quería vérmelos puestos. Ver mi cuerpo desnudo con la mínima prenda, y yo esperaba que no solo eso. No pensaba hacer nada hasta no haberme lucido delante de él. Me estaba gustando ese juego.

    Me metí en el probador pero no le dejé entrar, le dije:

    – Solo mírame y dime que tal me queda.

    Con la cortina abierta me fui desnudando despacio luciendo mi piel morena. Sacándome la camiseta y los pantalones cortos. Durante un momento, para provocarlo más, me dejé el ajustado bóxer que llevaba ese día y veía como él se relamía los labios mirándome.

    Mi polla a esas alturas ya muy dura se marcaba perfectamente en la lycra. Torcida hacia la izquierda y los huevos debajo. Sin mas esperas lo bajé y me lo saqué del todo quedando en bolas.

    El rabo depilado y suave saltando cada vez mas duro. Así era difícil calzarme uno de aquellos mínimos tangas pero eso no me impidió intentarlo.

    El que me había dado era negro, con la tela justa y apenas una goma de dos centimetres de ancha rodeando mi cintura. Lo subí despacio por mis muslos recreándome. Abrí mis nalgas para colocar la tira posterior y luego intenté colocar mi pene duro en la poca tela que debía contenerlo.

    – Me encanta como te queda. Es precioso y no me refiero al tanga.

    – Si, creo que tengo algún problema para colocarlo todo.

    Fue entonces cuando lo llamé solo con un gesto de la mano y como había hecho yo, se acercó despacio tirando de su camiseta. Y descubriendo su pecho lampiño, de piel clara, con unos pezones pequeños rosados pero que parecían muy duros y erizados.

    – Así va a ser todavía más difícil que me entre. Le dije con cara de lascivia.

    – Creo que puedo ayudarte con eso.

    Nos besamos con furia y apresé su cuerpo fibroso entre mis brazos. Su lengua entre mis labios y mis manos apretando su culo firme.

    Le bajé el vaquero para ver por fin el tanga que él usaba, aún mas pequeño que el que yo tenia puesto. Era azul, con brillos, apenas un triángulo de tela sujeto con dos cordones negros. Y que desde luego ya no ocultaba ni la mitad de un rabo precioso, fino, cabezón, con las venas marcadas. Y perfectamente depilado.

    – Esto también parece muy duro.

    De inmediato lo agarré y metí la mano por dentro del tanga buscando sus huevos. Eso era lo único que el pequeño trozo de tela tapaba. Con su escroto colgando, suave y depilado.

    Su primer gemido resonó en mi cuello, junto a mi oreja que en ese momento él lamía. En la suya dejé caer:

    – Estoy deseando sacártelo, al tanga me refiero.

    – Seguro que quieres más que este trapo. Por cómo la agarras.

    Él tiró del mío dejándolo resbalar por mis muslos y agarrando también mi polla, la acarició con suavidad.

    Empezó a bajar lamiendo y besando mi piel, mis pezones, las axilas, mi pecho, el ombligo. Cuando se metió mi polla en la boca el que soltó un gemido gutural fui yo. Le daba largas lamidas a mi tronco, de abajo arriba lentamente.

    Pasaba toda la lengua por mi piel hasta meterse el glande en la boca. También los huevos chupandolos como caramelos o haciéndome levantar un muslo. Apoyando el pie en un taburete para pasar por el perineo entre mis piernas pasando hacia mi culo.

    – Esto está muy sabroso.

    – Rico lo que me estás haciendo tú.

    En cuanto noté sus fuertes manos abriéndome las nalgas supe lo que seguía, su lengua clavándose en mi ano acariciándome hasta lo mas dentro que podía.

    Abrí las piernas lo más que pude para que pudiera lamerlo cómodamente y me fui inclinando. Me tenía muy burro, muy caliente y mientras seguía hurgándome el culo con la lengua.

    No había soltado mi polla o mis huevos con su mano. Me estaba sobando y dando saliva cantidad y se había sentado en el suelo con su pene bien duro apuntando al techo.

    – ¿Me dejas?

    – Como pares ahora me jodes.

    – Eso es exactamente lo qué pretendo, después de que me jodas tú a mí.

    Yo inclinado, lo alcanzaba con la mano y también le echaba de mi saliva en su glande, dejándola caer desde mi boca. Así, no tenía mas que doblar las rodillas y clavarme yo mismo su estupenda polla, despacio, dilatando mi ano súper excitado con su rabo.

    Él me sostenía por las nalgas, no dejando que cayera demasiado deprisa y nos hiciéramos daño. Me lo fui tragando centímetro a centímetro hasta que apoyé el culo en sus muslos y mis huevos se rozaban con los suyos.

    Se me escapó un gemido de gusto y empecé a moverme arriba y abajo despacio al principio sintiendo toda la longitud de su durísimo nabo en mi interior. Él me ayudaba, sujetando mis nalgas a la vez que lamía y mordisqueaba mi nuca. Yo apoyaba las manos en sus rodillas.

    Fui acelerando el ritmo una vez que mi ano consiguió asimilar su tamaño. Y así ya no paré de sentir placer hasta que se corrió en mí. Noté todos los trallazos calientes en el culo y él me levantó solo para volver a acercarme a su cara y lamer mi culo de nuevo rebosando su propio semen.

    Fue en ese momento cuando me corrí sobre su pecho y vientre. Los goterones de semen caían desde mi glande a su cuerpo febril. No le importó mucho, se limitó a recogerlo con sus dedos y llevarlo a su boca. Así pude girarme y compartirlo de su boca en un nuevo beso.

    – Ya tengo una tienda favorita donde comprarme ropa interior. Siempre que la atención sea tan personalizada como la actual.

    – ¿No decías que querías follarme?

    -¿Tenemos tiempo?

    – Depende de lo rápido que se te vuelva a poner dura.

    – ¿Contigo? No creo que tarde mucho.

    Claro que lo decía sin que él dejara de acariciar mí polla y sobar mis huevos. Con sus besos y su lengua lamiendo mi piel desde luego que mi rabo volvía a coger consistencia.

    En cuestión de minutos estaba apuntando al techo de nuevo y Mario escupía en mi glande para lubricarlo. Como si tuviera prisa, con ganas de tenerme en su ano.

    Meneando ese culito que me tenía loco se levantó luciendose para mí. Se me ocurrió una locura.

    – Vuelve a ponerte el tanga.

    Se puso el suyo, el que tenía las cuerdas más finas. Y se fue agachándo despacio lascivo y sinuoso hasta quedar a cuatro patas en la moqueta. Se que dejamos manchas de semen sobre ella antes de terminar.

    Ahora escupí yo en la raja de su culo y lo extendí con mis dedos. Empecé a meter uno de ellos en su ano para dilatarlo, al mismo tiempo que él empezaba a gemir.

    – Ahora me toca a mí.

    Apoyé el glande en el ya no tan estrecho agujerito y empecé a hacer fuerza, a empujar. No le costó mucho entrar, ni a mí empezar a moverme mientras sujetaba su estrecha cintura.

    Ver como se abría su culito al empuje de mi polla y sentir como él la apretaba. Estaba viendo las estrellas y toda la Vía Láctea y creo que a Mario le pasaba lo mismo a juzgar por cómo gemía.

    – Cógeme el rabo, me decía.

    Y yo me inclinaba sobre su espalda, besando su hombro y lamiendo su piel, además de meter la mano por debajo de su cadera para pajearlo despacio. Ahí fue donde dejamos la mancha de lefa en la moqueta.

    Él se corrió incluso antes que yo y no tardé mucho más en llenarle el ano con mi semen. Gimiendo y bufando los dos como animales en celo.

    Caímos derrumbados en el suelo, Mario debajo de mí y yo aún besando su hombro, cuello y nuca con todo el deseo que me inspiraba.

    Tenía que volver a abrir la tienda y ambos nos habíamos quedado sin comer. Pero viendo que esa tarde tampoco tendría muchos clientes me acerqué con mi tanga nuevo puesto a un bar cercano a por dos bocatas que nos comimos tras el mostrador.

    Estaba claro donde me iba a comprar la ropa interior a partir de entonces. Y a compartir con él muchos ratos como ese.

  • Los pies de mi crush madura

    Los pies de mi crush madura

    Hace 4 años rentaba un departamento en un edificio, yo vivía en el primer piso y Verito vivía con su hijo en el departamento que está justo arriba del mío. La primera vez que la vi pensé que ella tenía unos 32 o 33 años y no me pareció raro que tuviera un hijo como de unos 7, lo que sí me extrañó es que nunca la vi con un vato por lo que pensé que era mamá soltera.

    Verito mide aprox. 1.65 m. de estatura pero con unas caderas maravillosas, morenita, ojos grandes, cabello negro y lacio, siempre vestida entallada y calzado abierto.

    Yo salía a las 7:30 a.m. para ir al trabajo justo a la hora que ella también, bañada en su fragancia sensual y con un maquillaje discreto pero que la hacía ver muy linda. Todas las mañanas bajaba apresuradamente las escaleras y se subía a su auto, algunas veces la saludaba cuando nos encontrábamos en las escaleras o en el estacionamiento pero no me respondía, era una chica muy difícil de conquistar. Yo me conformaba con salir todos los días del edificio detrás de ella y tratar de grabarme sus curvas en la mente, pero sobre todo esos hermosos pies delgados y morenitos que me enloquecían, siempre arreglados y decorados, cada semana tenía un esmalte distinto. Nunca le había visto los pies completamente desnudos por eso era una obsesión ir corriendo a la ventana cada que escuchaba que alguien salía de su departamento.

    Pasaban los días y yo salía tras de ella tratando de decirle «buenos días» para empezar una conversación, pero sólo tenía unos minutos de ventaja antes de que se subiera rápidamente a su auto, así fue durante poco más de un año.

    Un día estaba practicando con mi guitarra eléctrica y de pronto alguien tocó el timbre; dejé la guitarra, abrí la puerta y ¡oh sorpresa! Era Verito, hermosa vestida como nunca la vi: llevaba un pijama blanco un poco holgado, blusa de tirantes y esos hermosos pies completamente desnudos y descalzos. Mi obsesión con mirarle los pies pronto me metió en una escena incómoda, pues al abrir la puerta y mirarla, automáticamente mi vista se dirigió a sus pies y se quedó fija un par de segundos hasta que encogió los dedos en señal de incomodidad. Subí la mirada a sus ojos y la saludé, me encontré con su cara ruborizada de pena, quizás porque para ella no era aceptable ser vista así de sencilla. Me dijo:

    —Buenas tardes vecino, un favor… ¿Puedes bajar un poco el volumen de tu amplificador? Mi hijo y yo estamos estudiando y no nos concentramos mucho…

    —Claro, perdón por el escándalo—. Dije apenado mientras desconectaba la guitarra del amplificador.

    Ella me agradeció y dio media vuelta hacia su departamento, casi desesperado pregunté que qué estaban estudiando. Ella volteó y dudó unos segundos si responder o no.

    —Matemáticas… operaciones con fracciones, para ser exactos, nada más no le entiende mi hijo.

    Sin dudarlo me ofrecí a ayudarles diciéndole que soy ingeniero y que eso era algo insignificante para mí. Ella dudó un momento pero terminó aceptando mi oferta.

    —Está bien, le diré que venga, aunque es un poco tímido.

    —Si quieres puedo subir, si eso hace sentir mejor a tu chavito—. Sonrió y aceptó.

    Subimos, abrió la puerta y ahí estaba el morrito, derrotado frente a su libro.

    —Va en quinto de primaria y tiene examen… por cierto, me llamo Vero y él es Johan—. Dijo dándome su delicada mano.

    —Angel, mucho gusto —respondí—. Hola Johan —dije dándole el puño al niño.

    —Disculpa el desorden, llevamos toda la tarde estudiando que no he tenido tiempo de arreglar la casa.

    —No te preocupes, mi departamento no está más arreglado.

    Sonrió tímidamente, remarcando sus hermosos pómulos.

    —¿Cuándo es el examen?—. Pregunté.

    —En una semana —dijo mientras quitaba unas cosas de la mesa para hacerme espacio—. Siéntate aquí —dijo sonriendo, y me dio el libro y cuaderno de matemáticas.

    Me senté y le eché una mirada a los ejercicios. Comenzamos la clase mientras aquel mujerón caminaba por todo el departamento ordenando cosas y preparando papeles, quizás para su trabajo, yo la veía descalza, con el cabello medio recogido y con ese pijama blanco que dejaba ver un cachetero cuando se agachaba. De tanto ir y venir terminó por descubrirme una vez más mirándola. Su cara se sonrojó y se metió a una habitación. Pasó más de una hora ahí dentro. Johan y yo seguimos estudiando.

    Terminamos el tema correspondiente a división y multiplicación de fracciones, Johan dijo:

    —Mami ya acabamos, ¿Puedo jugar la play?

    Verito salió de la habitación.

    —¿Ya terminaron?, ¿Sí entendiste?—. Le preguntó al morrito.

    —Sí mami, Angel sí sabe explicar.

    —¿Aaah yo no sé explicar?—. Respondió Verito riéndose y yo con ella.

    —Bueno, creo que me despido, avanzamos mucho, si quieres que le vuelva a explicar con gusto vengo de nuevo—. Dije mientras caminaba hacia la puerta.

    —Muchas gracias de verdad, no imaginé que fueras inge.

    —Pues ya ves, cuando necesites ayuda con mate… con mucho gusto—. Dije abriendo la puerta.

    —¿No quieres comer algo…?—. Dijo sonriendo.

    —S s sí, ¿por qué no? jajaja—. Respondí nervioso.

    Me senté en el sillón para jugar con Johan mientras Vero calentaba la comida.

    Noté que ya no estaba descalza. Traía puestos unos Converse y calcetines. Esto me entristeció un poco pero pronto me animé con su compañía.

    Los tres en la mesa hablamos mucho y reímos. Johan se levantó de la mesa y salió a jugar con los niños de la calle. Me levanté y llevé los platos sucios al fregadero para lavarlos.

    —¡No no no! déjalos, después los lavo—. Dijo Vero apartándome del fregadero.

    —No, como crees, rápido los lavo.

    —¡Que no, déjalos!

    —OK jajaja… bueno, creo ahora sí ya me voy…

    —¿Ya te tienes que ir?, ¿Alguien te espera…?

    —Ummm no precisamente, pero creo que ya te querrás poner cómoda para descansar.

    —No, todavía es algo temprano—. Dijo mientras ella iba a la cocina, regresó con un par de cervezas. Nos sentamos en el sofá a charlar y beber.

    —Entonces cuéntame, ¿En qué trabajas, a qué te dedicas, qué te gusta…? jajaja

    —… trabajo en Faurecia, en el área de calidad… ummm me gusta el metal y tocar la guitarra como viste hace rato jajaja.

    —A mí también me gusta el metal y el rock aunque no se note por cómo me visto pero es por el trabajo… trabajo en contraloría municipal.

    —No pensé que te gustara el metal.

    —No pensé que fueras inge., creí que eras contador o algo así —respondió riéndose—. ¿Cuántos años crees que tengo…?

    —Uhmmm… unos… 32, 33…

    —Nah ah, tengo 36.

    —No te creo.

    —En serio.

    —Pues no se te ven.

    —¿Tú cuántos tienes?

    —27.

    —Tú sí te ves de 30 y algo —respondió riéndose muy coqueta.

    —Jajaja sí, me lo han dicho.

    Seguimos bebiendo y pronto entramos en confianza y hablábamos como los más entrañables amigos.

    Después de 4 cervezas vi como ella se ponía más cómoda y se derretía sensualmente en el sofá, se quitó los Converse y subió los pies dejándolos muy cerca de mí. Me estaba volviendo loco por tocarlos pero no me atrevía. Pronto noté que con sus manos se sobaba las plantas y los dedos mientras platicaba, así que interrumpí su charla abruptamente para preguntarle si le dolían los pies.

    —Sí, es un pedo andar con tacones todo el día, de lunes a viernes—. Respondió más suelta por alcohol.

    No dudé ni un segundo y comencé a sobar yo también, ella me miró un poco asustada pero le dije:

    —Tranquila, tengo una amiga que es kinesióloga y me enseñó algunas cosas, se cómo ayudarte.

    Era una total mentira pero no podía desaprovechar el momento. Me recorrí hasta el final del sofá y puse sus pies en mi regazo, le quité los calcetines y comencé a sobar y acariciar cada hermoso dedo, sintiendo su textura suave y tersa, después amasé sus talones suavemente y cuando la sentí más relajada comencé a hundir las yemas de mis dedos en sus plantas.

    Estaba excitado con esos ricos pies en mis manos que no había percibo su rostro. La miré y estaba extasiada con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el recarga brazos del sofá. Seguí masajeando sus plantas y escuché un leve gemido escapar de su boca. Seguí el masaje, puse sus pies en mi pecho y ya sin control sobre mis deseos olí cada rincón y porción de piel de sus pies. Me perdí completamente y comencé a frotarlos en mi cara, supongo que mi barba le hacía sentir cosquillas pues sus dedos se engarruñaban y eso me excitaba más. Ya no tenía freno y sin pensar en ninguna consecuencia los comencé a besar del talón hasta los dedos. Aquí Verito se comenzó a sentir muy extraña pues en algún momento abrió los ojos y puso rígidas las piernas dificultando que las acercara a mi rostro.

    Nos miramos fijamente a los ojos, yo sabía que no había vuelta atrás; si daba un paso más podría ser para bien o para mal. Ella no me quitó la mirada de encima en señal de aprobación y yo me enfoqué en halar nuevamente sus pies hacia mí para besarlos mientras nos mirábamos fijamente.

    Ya sin miedo alguno saqué mi lengua y lamí sus plantas, ella se resistió un poco, por pena supongo, pero la miré fijamente y le pedí que cerrara los ojos. Ella lo hizo y yo me comí cada centímetro de pie; me metí cada dedo a la boca, lamía y besaba sus plantas con lujuria mientras ella se retorcía de placer hasta que de pronto su respiración se comenzó a sentir agitada; arqueó su espalda hacia atrás mientras se apretaba los senos, sus piernas se sintieron rígidas y sus pies se contrajeron, todo acompañado de un gemido sensual lleno de descanso. Disfruté mucho esa escena.

    Cuando el éxtasis bajó abrió los ojos y se encontró con mi mirada risueña, se veía apenada al principio pero después también sonrió, me dio un beso en los labios y se puso de pie. Me agradeció lo que había pasado y me pidió que fuera un caballero y lo mantuviera en secreto, yo le dije que no se preocupara que esto quedaba entre ella y yo, sonrió y me dio un beso más largo y apasionado. Me dijo:

    —El próximo fin de semana Johan se va con su papá, si quieres podemos hacer otras cositas…

    —Claro preciosa—. Y le di un beso en la comisura de los labios.

    Me acompañó, ya fuera del departamento me dijo escondiendo su cuerpo detrás de la puerta y asomando sólo una cara pícara.

    —Entonces te veo el viernes.

    Cerró la puerta y me fui feliz.

    Lo que el pasó el fin de semana fue el comienzo de una hermosa «amistad», con encuentros prohibidos y complicidades, que aún siguen y que sólo ella y yo sabemos.

  • Los deberes de la secretaria

    Los deberes de la secretaria

    Que tal, me llamo Elizabeth, tengo 26 años, soy secretaria de piel café, tetas medianas, cintura delgada y culo levantado y mediano.

    Mi jefe es un hombre muy responsable que siempre está listo en el trabajo aún con las preocupaciones que tiene en su casa con su esposa que cree que se acuesta conmigo (aunque ahora sí es real) y lo fastidia con eso.

    Una noche aún había mucho trabajo que hacer pero no podíamos estar hasta tarde en la oficina así que lo invite a mi casa para estar más tranquilos, acepto y seguimos con el trabajo, le ofrecí un té para estar relajados y pasar un buen rato.

    Aún con el té lo veía preocupado y tenso así que después de pensarlo unos minutos le toque el hombro y mire de manera dulce mientras le decía.

    Yo: oye si quieres podemos tomar otro descanso y relajarnos

    El: si pero ni siquiera él te puede relajarme

    Yo: entonces hagamos otra cosa… Tengamos sexo.

    Me volteo a ver bastante confundido y para no dejarlo ahí me abrí la camisa y puse de pie mientras bajaba la falda mostrando mi ropa interior, se puso duro muy rápido, sabía que tenía problemas con su esposa así que me subí en él y lo acaricie diciendo «quiere tener sexo conmigo jefe?».

    De inmediato dijo que si y comenzó a besuquear todo mi cuerpo mientras tomo mis nalgas en sus manos y levanto guiándolo hasta mi cuarto donde me puso sobre la cama y comenzó a quitarse la ropa muy rápido, me levanté y lo bese en la boca ayudándolo con su ropa más suave disfrutando el momento de igual manera el me tocaba toda más suave hasta quitar mi sostén con una mano.

    Lo volví a besar en el cuello y demás cuerpo mientras se sentaba en la cama hasta estar de rodillas frente a su verga que estaba muy dura y con un fuerte olor, pase mi lengua a lo largo y él soltó un gemido de alivio me pareció muy lindo y sexy así que volví a lamer su verga para darle un oral, se acostó y con una mano en mi cabeza la movía por toda su verga.

    Baje mi mano y sentí sobre mis bragas mi coño húmedo excitado por la verga de mi jefe en mi boca, la metí en mi boca y con los movimientos él gemía más y yo gozaba de su sabor fuerte dejando su verga reluciente de saliva por todas partes. Lo veía más tranquilo aunque aún algo tenso así que hice algo que sabía que le gustaría, me levanté un poco y metí su verga entre mis suaves y grandes tetas.

    Siempre que trato de explicarle algo o hablar con el mira al menos un par de veces mis tetas como si mi ropa fuera a estallar de repente así que ahora que estaban desnudas se sentó y las apretó con su verga en medio, bajando mi cabeza alcanzaba a lamer un poco de la punta que sobresalía de entre mis tetas, hasta que soltó mis tetas y me puse de pie.

    Fui a un cajón en mi cuarto y al abrirlo tome un pequeño bote de lubricante y me di cuenta que no tenía condones, le pregunté y dijo que tampoco tenía algo decepcionado, no quería dejarlo así, así que me baje las bragas frente a él y me subí con mi coño rozando su verga.

    El: oye pero no tenemos protección Iza.

    Yo: está bien jefe, está vez lo haremos al natural.

    Se sorprendió cuando dije eso y vacíe lubricante en su verga, mi coño y mis tetas, para que se vieran más sexys, tome su verga y metí la punta en mi coño que resbalaba fácil, empecé a dar saltitos y en cada uno metía más su verga él tenía los ojos cerrados y la cabeza en la cama con una mano en mis nalgas y otra en mis tetas.

    Seguí así hasta sentir toda su verga dentro y dar saltos más fuertes gimiendo bastante y fue en ese momento que me di cuenta que también era una fantasía mía tener sexo con él, escuchando solo mis gemidos con sentones rudos hasta que me dio una fuerte nalgada que me hizo escucharlo diciendo «más suave Iza así me voy a correr rápido» le dije que si con la cabeza y baje la velocidad de mis sentones igual siendo muy ricos.

    Podía sentir cada centímetro de su verga abrirme tanto de largo como de ancho, se notaba que llevábamos algo de tiempo sin tener sexo por como lo estábamos disfrutando con mis manos acariciando su pecho varonil y las suyas subiendo y bajando por mi cintura femenina la cual tomo y me dio unas embestidas como los sentones del inicio.

    Esta iniciativa me hizo muy feliz y volví a mover más fuerte mis caderas el me debía que si con la cabeza y me acosté sobre de el para besarlo en la boca con mis tetas en su pecho y mis caderas moviéndose por si solas. Me abrazo con fuerza y giro en la cama para ponerme boca arriba y con el moviendo sus caderas muy fuerte separando nuestros labios para escucharme gemir por su verga.

    Me miró muy caliente y aceleró bastante el ritmo haciéndome gritar de placer levantando mis piernas con los tacones debajo de sus brazos y con mis tetas rebotando bastante, parecía que su verga quería penetrar mi útero con la fuerza en que lo hacía, estaba muy feliz de hacer esto con mi jefe como compartimos nuestros deseos sexuales y fluidos.

    Estuvimos así bastante tiempo a mi parecer y me estaba besando el cuello y yo gimiendo en su oído y dijo «Iza ya casi… Puedo hacerlo en tus tetas?» Lo abrace y dije al oído «puedes hacerlo dentro de mi» cuando dije eso active algo dentro de él que comenzó con las embestidas salvajes a punto de romper mi coño.

    Me abrazo bastante fuerte e hice lo mismo con brazos y piernas, gimiendo lo más fuerte que podía en su oído hasta que me callo con un beso muy caliente metiendo su lengua hasta el fondo para poco después sentir su verga soltar semen lo más dentro posible fue delicioso sentir ese placer llenar nuestros cuerpos teniendo un orgasmo a la par que él.

    Nos separamos del beso viendo nuestros rostros con sonrisas pervertidas, me dio tiernos besos alrededor de mi rostro y se acostó olfateando mi cuello, lo noté feliz así que lo deje seguir con los cariñitos y dijo.

    El: dios quiero hacer esto de nuevo.

    Yo: puedes venir cuando quieras y si no hay tiempo podríamos hacerlo en el trabajo.

    El: me gusta como piensas hermosa.

    Me dio una nalgada, me quite los tacones y nos acostamos a dormir. Desde ahí se ha vuelto mucho más tierno y relaja y si se lo preguntan si hermosa tenido sexo en la oficina rápido y rico.

    Bueno eso es todo de como hago feliz a mi jefe, díganme que harían con una secretaria como yo, los amo, bye.

  • Los secretos de un culo

    Los secretos de un culo

    Habían pasado 5 años desde que salí del colegio, ahora tenía 24 y trabajaba como jardinero en la casa de una señora adinerada que sólo venía los fines de semana. Cómo todo joven solía hacer ejercicios todas las tardes y, una de esas tardes me encontré con mi antigua profesora de informática, que solo fue mi profesora durante el último año de colegio. Se llamaba Neila. Era una mujer grande, tenía unas tetas normales, pero lo más grande que tenía era el culo. Sí, un hermoso culo. Eso ya no era normal al igual que su caminar, caminaba con el culo abierto. Nos preguntábamos por qué.

    En aquel último año de colegio tenía 40 años y cuando se ponía falda solía ser difícil escribir y concentrarse teniendo en ese culo inclinado mientras escribía en la pizarra. Sólo comentábamos lo afortunado que sería el hombre que se comiera ese culo. Luego con el tiempo nos enteramos de que no tenía, el año terminó y no volví a saber nada de ella.

    Esa tarde de ejercicios al verla al otro lado de la calle no dudé, después de 5 años no había cambiado conservaba el culo que nos hacía imaginar cómo queríamos perder la virginidad y su cara seguía estando intacta, por cierto tenía un rostro afable.

    Llevaba un sujetador deportivo y unos leggins que se ajustaban a su culo hasta parecer que se lo quería tragar. Al vernos ella se detuvo y yo también, ambos nos reconocimos y me dijo:

    -Hijo, eres tú ¿Cómo has estado?

    -Sí, muy bien y ¿usted?

    – Bien. Encantada de verte

    – ¿Y qué hace por aquí? -le pregunté.

    – Haciendo un poco de ejercicio, me nombraron permanentemente y me mudé, ahora vivo cerca del colegio.

    -Ah, qué bueno que ahora esté más cerca.

    -Hijo y ¿A qué te dedicas?

    -Trabajo cómo jardinero por aquí muy cerca -le contesté.

    – A qué bueno. Bueno, por ahí nos vemos hasta luego. Me dijo-. Mientras se marchaba trotando con el culo rebotando y los leggins que ahora parecían cobrar vida y comer.

    A partir de esa tarde coincidimos con frecuencia en nuestros ejercicios hasta el punto que yo iba a su casa y luego subíamos los dos mientras charlabamos sobre cosas de la vida.

    En una de esas me confesó que se sentía sola, pues sus dos hijos estudiaban en el extranjero y ya habían pasado más de diez años desde que se separó de su marido. Cuando me lo dijo por mi mente pasó el pensamiento de cuánto tiempo habría pasado sin tener sexo. Era un locura y un pensamiento fuera de lo normal al igual que su culo que seguía siempre abierto. Cambiaban los leggins, pero su culo seguía estando abierto. Lo sé por qué lo veía cada tarde. Me preguntaba por qué.

    Una tarde de esas en las que el invierno parece querer entrar y no puede porque la calor se hace presente salimos como de costumbre a hacer ejercicios. Ese día subimos hasta más arriba de donde normalmente solíamos llegar. Cuando regresábamos el cielo que se había nublado de un momento a otro dejaba caer las primeras gotas de lluvia. Por ahí donde estábamos más abajo quedaba un proyecto de casas que quedaron inconclusas, a excepción de la casa modelo, esa sí estaba terminada. Esa casa fue nuestra salvación porque a pesar de la carrera la lluvia nos había dejado empapados, pero al menos no nos seguiríamos mojando.

    Nos había mojado tanto que el leggins que traía la profesora Neila había sido tragado por su culo. ¿Desde cuándo los culos tragaban pantalones con tal apetito? No tenía respuesta para ello en aquel momento.

    Cómo siempre habíamos escuchado que no era bueno eso de parar en seco después de estar haciendo ejercicio decidimos hacer un calentamiento. Bueno, en realidad lo sugirió ella. Quién después de comentar si no me molestaba que hiciera ejercicios de calentamiento allí a lo cual respondí que no.

    Ella comenzó a hacer los ejercicios y yo en un principio también. Por cosas del momento ella se había hecho adelante y yo había quedado atrás por lo que podía contemplar sus movimientos. Por cierto, movimientos sensuales, además de la pose de gimnasia que hacían de sus ejercicios algo sumamente excitante. Sólo estuve detrás de ella durante un momento y tras eso me pregunté si habría baños en la casa. Obviamente, sí había, uno que tenía la puerta en dirección a dónde ella estaba haciendo ejercicio.

    Me dirigí hacia el baño y cerré la puerta y sin darme cuenta vi que mi verga comenzaba a levantarse, ¿cómo podría dejar que viera algo así? Al menos ella no se había dado cuenta. O quizás sí, y solo me estaba poniendo más caliente. No podía salir así, es verdad que siempre le había tenido ganas sino no me hubiera centrado en analizar las razones de su culo abierto. Pero y si ella no compartía los mismos deseos. Para bajar la calentura pensé en hacerme una paja eso calmaría todo o al menos en aquel momento.

    La puerta que en realidad sólo había quedado ajustada se abrió un poco y podía contemplar aquel culo que al igual que antes estaba abierto, claro que de por medio había un pantalón ajustado y casi transparente, pero solo era cuestión de… Sin darme cuenta tenía mi polla entre la mano y la masajeaba mientras veía los movimientos de aquel culo encantador.

    La sangre se me había bajado de la cabeza seguramente porque el calor invadió mis venas y dejé de pensar cuando abrí la puerta totalmente y seguí sin pensar en otra cosa, y ella sin mirar hasta colocar mi verga sobre su culo. Sólo los leggins impedían la entrada a tan hermoso culo. Qué abierto anunciaba la puerta al cielo…a la gloria y al…

    Hasta que pegó un ligero brinco cuando sintió mi verga en su pantalón.

    -Oh, ¡Dios mío! ¿pero qué haces?

    -Siempre sentí algo por usted. Por favor entiéndame -le supliqué.

    -Eres un pervertido. Estás enfermo-. Me gritó

    -No, sólo enloquecí por el amor que siento por usted. Es difícil ejercitarse viendo su culo moverse de un lado a otro y… Me calló llevando su dedo a mi boca mientras me decía y me miraba de manera pícara.

    -Lo sé, siempre lo supe sólo te estaba llevando al límite para que me mostraras hasta donde llegarías.

    Al escuchar esas palabras llevado por el calor interno la besé llevando mis manos sobre su trasero

    -Hagamos el amor. Me dijo-.

    -No, por allí pasó su esposo. Quiero pasar por lo inexplorado

    -Todos desean mi culito. Pero yo te lo daré a ti-. Mientras se colocaba delante de mí inclinada. Con mi verga presioné su culo y me tiró mano y agarró mi verga mientras me la apretaba y me dijo:

    -Quiero que me comas el culo.

    Yo muy obediente procedí rompiendo sus leggins con violencia y confirmando lo que ya decía

    Estaba abierto cómo si esperara a alguien a su entrada, sin más le metí la lengua y comencé a darle besos como si no hubiera un mañana. No se chupa un culo todos los días y menos el de tu antigua profesora.

    Ella comenzaba a gemir de placer y eso que solo le estaba chupando el culo cuando consideré que ya estaba húmedo me levanté y apoyando firme mis piernas introduje mi verga en su culo. Al igual que cuando nos vimos sentimos esa conexión comencé a empujar mi verga con cierto ritmo constante hasta acelerar un poco y vernos inmersos en olas de calor ella gimiendo de placer y yo naufragando. Se me habían nublado los pensamientos otra vez sólo me daba para ver con claridad aquel culo ahora entregado a mí explorando sus profundidades como quien supiera que no vivirá al día siguiente. El placer de ese culo me estaba llevando a la locura. Combinaba periodos de intensa penetración con otros a ritmo lento.

    Comenzamos a jadear tal era la situación qué aunque afuera lloviera nosotros uno adentro del otro estábamos sudando. Por cierto, la lluvia no había cesado en ningún momento al igual que yo no había bajado el ritmo, es más ahora impactaba de manera violenta su culo.

    Y ella todo lo que hacía era lanzar gemidos e improperios

    -Oh, sí papi, oh… sí dame más. Tu verga es como la de un caballo sediento de culo. Oh, sí mmm…

    -Le dejaré el culo tan abierto que mañana no podrá caminar -le con

    -Eso crees te voy a devorar la verga hasta que no le salga más leche -me dijo tomando el control de la situación que era intensa como una marejada de calor que nos agobiaba a los dos.

    Era ella quien movía los hilos ahora, mejor dicho movía mi verga a placer yo solo podía disfrutar y…

    -oh, !eres una puta! Tienes un culo divino. Después de un momento fui yo quien lo saqué y volví a repetir la secuencia.

    Volvió a atrapar mi verga encantada por las paredes, la estrechez y la humedad del culo de la profe Neila

    Había aguantado tanto pero ya no aguantaba más, así que le dije que se preparara para la embestida final y no fue una ni fueron dos fueron tres hasta llegar al punto de que había perdido la razón, su culo era el cielo y mi verga era el puente que me llevaría hasta él. Fue tan brutal la venida que la leche inundó su culo hasta que su ojete comenzó a escupir chorros de leche.

    Agotado caí rendido en una silla de escritorio y ella también cayó sobre mí, pensé en continuar pero era demasiado mi verga estaba débil y su culo había recibido la follada de su vida.

    Después de todo éramos vírgenes, bueno no del todo porque ella sólo lo era del culo y yo jamás había estado con una mujer, pero gracias a los libros y gracias al porno aprendí a follar como los dioses. Ella tenía el culo con el que siempre había soñado y el que a partir de ahí nunca olvidaría. Entonces fue que comprendí su culo siempre estuvo abierto porque estaba hambriento de verga, pero yo le di de comer y vaya que comió. Días después me contó que se ausentó del colegio porque no podía ni caminar al día siguiente.

    Con el tiempo nuestra relación era mucho más que sexo anal y corridas bestiales. Eso sí, ante los ojos de la sociedad éramos amigos, pero yo siempre iba a su casa a profundizar en el asunto o mejor dicho a revivir momentos de gloria. Ante todos ella era la profesora ejemplar y yo el buen muchacho. Ese siempre fue nuestro secreto. Un secreto muy profundo para ser visto por alguien. Sé qué hay culos y hay culos pero como el de la profe Neila ninguno.

  • Tomo el culo de mi amiga madura

    Tomo el culo de mi amiga madura

    Me gusta mucho recordar aquellas épocas en las que me revolcaba con Ivette, ahora ya es más difícil ya que ella se juntó con su novio y la tienen vigilada, pero eso no impide que disfruten de su mujer, jajá.

    Ella siempre ha sido muy caliente, ama el sexo, por eso cogió conmigo por el celular y de ahí fue más fácil tenerla en una cama o donde fuera.

    Pero les voy a contar de otra ocasión en la que me la cogí bien rico, nos quedamos de ver en un bar cerca de su casa.

    Ella llevaba un mayón negro y una blusa azul riquísima como siempre, desde que me la cogí me volví más descarado, al acariciaba como si fuera mi mujer, le arrimaba la verga y todo, ella no me decía nada.

    Empezamos a tomar y platicábamos de nuestro día a día, poco a poco subimos de tono nuestras pláticas y nuestros bailes, que la plática de nuestro encuentro sexual anterior salió a relucir.

    T: ¡No puedo olvidar lo rico que fue hacértelo!

    I: ¡Ya! ¡No empieces ya sabes que somos amigos!

    T: Y eso que, respeto tu amistad, pero el deseo a tu cuerpo es inevitable, esas piernas, tus nalgas, ¡estás de lujo!

    I: Me halaga lo que dices, pero no creo que este bien que nuestra amistad esté en riesgo por calientes.

    T: ¿Y porque estar en riesgo? yo no te he pedido nada que no puedas, ¿además no te gusto como te lo hice?

    I: ¡Mmm! si me gusta, ¡de verdad tienes un buen pito! ¡Pero…!

    No la deje hablar y comencé a besarla, ella al principio se quería negar, pero fue accediendo poco a poco, mis manos acariciaban sus caderas y sus nalgas firmes que me encantan, mordía mis labios y me repegaba su vaginita

    I: ¡Eres un cabrón! ¡Siempre te debes salir con la tuya!

    T: ¡Jaja! te encanta nena! Vámonos!

    Salimos del bar y nos dirigimos a un hotel que estaba cerca, pedimos la habitación y al entrar me le lancé como un animal, la acosté en la cama y comencé a besarla mientras mis manos recorrían su cuerpo…

    T: ¡uhm!!! ¡Ya quería tenerte!

    A: Si no me dices, ¡no me doy cuenta!

    Comencé quitándole la blusa, lamia y besaba su abdomen mientras mi lengua rosaba sus tetas, le quite el mayon y le lamia los pies, las pantorrillas, sus rodillas hasta llegar a ese rico par de muslos, ella gemía y movía su cuerpo, ella me quito mi ropa dejándome solo en calzoncillos, acariciaba mi verga con su mano mientras me mordía la boca y mi cuello, yo acariciaba sus nalgas y su vaginita…

    T: ¡Me encantas chiquita! ¡tu cuerpo es adictivo!

    I: ¡Tú también me gustas, hagamos un 69!

    Nos quitamos la ropa interior y nos acomodamos en un rico 69, yo lamia y chupaba su deliciosa vagina, mi lengua jugaba con su clítoris mientras mis dedos entraban para sentir su humedad.

    Ella me daba unas chupadas como si mi verga fuera una tutsi pop mordía mi cabecita y mis bolas, llevaba sus lamidas hasta cerca de mi ano, yo hacía lo mismo, mi lengua llegaba a su ano, estábamos estimulando riquísimo, ¡ambos gemíamos y disfrutábamos el 69!

    T: ¡Adoro tu vagina esta hermosa!!

    I: La tienes tan gruesa que me encanta, es la más gruesa que me eh comido.

    Estuvimos comiéndonos bien rico nuestras partes como unos 20 minutos, mi cara estaba empapada de sus fluidos y mi saliva, ella ya se había tragado varios líquidos pre seminales, era momento de pasar a más acción.

    I: ¡Ya métemela!!

    T: ¡Estas ansiosa, uhm!

    La acosté y le abrí las piernas para empezar a penetrarla, al mismo tiempo nos besábamos y le mordía las tetas, me movía más rápido para que mis 17 cm entraran lo más rico que pudieran, ella me pedía que no parara.

    Cambie de posiciona a la famosa cucharita, levantándole una pierna y ambos acostados de ladito comencé a penetrarla mientras le mordía el cuello y las orejas ella gemía y me pedía que no parara.

    I: ¡Así! ¡No pares niño! ¡Sigue! ¡Uhm!!

    T: Ivette, que rica estás, me encanta tu coño, ¡te amo!

    I: ¡Yo también te amo! Cógeme! ¡No pares!

    T: ¡Lo que tú digas amor! ¡Uf!

    No es que estuviera enamorado, pero el deseo carnal que tengo hasta la fecha pro ella me hacía decir esas palabras.

    La puse de perrito y comencé a penetrarla suavemente mientras me deleitaba con sus piernas y sus nalgas, ella movía su cadera acompañando mis penetraciones, era la gloria me encantaba esa mujer lo único que pensaba era en seguir penetrándola, aumenté mis penetraciones mientras le daba unas nalgadas y le daba pequeños golpes en sus costillas, eso la excitaba como no tienen idea…

    I: Así, no pares, hazme tuya, ¡uhm!!!

    T: ¡Chiquita! que rico! ¡Cómete mi verga!

    I: ¡Sí!! Dame tu verga! ¡Me encanta tu verga!

    T: ¡Gózala! ¡Será tuya cuando quieras!

    Mis movimientos aumentaron y mientras le jalaba el cabello y la nalgueaba ambos nos venimos, un rico orgasmo invadió la habitación, su venida se juntaba con la mía y el placer era maravilloso…

    I: ¡Ah!! Tyson!!! ¡Que rico!!

    T: ¡Uf!! Ivette!!

    I: ¡Bebé lléname de leche!

    T: Toma, ¡es toda tuya amor!

    Pero no termino ahí, volvimos al 69 ella limpiaba mi pene con sus mamadas y yo le estimulaba el ano, tenía ya ganas de darle por ahí así que sabiendo que ella estaba de cooperativa ni se lo pedí solo la preparé.

    Después de varias chupadas ambos estábamos listos así que le pedí se volteara y levantara las nalgas, ella obedeció yo acariciaba alrededor de su anito mientras ella gemía y suspiraba de nervios

    T: ¡Nunca me eh metido una tan gorda por ahí!

    I: Tranquila amor, ¡seré amable con tu anito!

    T: ¡Tyson!! Pero métela despacio tu verga es gorda y cabezona no quiero que me lastimes!

    I: Lo que importa es que goces, tu disfruta…!!

    Le comencé a meter lentamente mi cabeza, ella me apretaba las manos, mi verga entraba lentamente en su rico culo, ella gemía y mordía la almohada, comencé a moverme, metía y sacaba, ella se movía, pero gritaba, ¡sus gritos me excitaban por lo que la penetraba más rápido!

    I: ¡Ay!!! Me duele, ¡uhm!!

    T: Que bello culo, aprieta delicioso.

    Al mismo tiempo le apretaba sus tetas y le daba nalgadas, ella gozaba y se movía y sus gritos me excitaban más, verla así me ponía más toro, finalmente era mía en su totalidad.

    I: ¡Me duele!!! Agh!!!

    T: ¿Te duele? te la saco nena?

    I: ¡no! Tu síguele, uhm, ¡aunque me duele tu sigue!!

    T: ¡Si tu culo será mío! muévete amor muévete!

    Le di vuelta y le levante las piernas, seguía haciendo mío su culo, ella gritaba yo lamia sus dedos de sus ricos pies y lamia sus pantorrillas, ella mordía la almohada ya que mis movimientos aumentaban, ella comenzó a moverse también, ¡ambos nos movíamos a la par y su culo apretaba más y más mi verga!

    Jamás pensé tenerla así, una mujer deseada por muchos dándome el culo, me sentía el número uno, un dios cogelón.

    T: ¡Mi amor!! ¡Que rico!

    I: Esto es la gloria, uhm, papi, ¡uhm!!

    T: ¡No sabes cuánto había soñado este momento uf!!

    I: Síguele, uhm, quiero sentirte más!

    Ambos nos movíamos más rápido, le daba de nalgadas la estrujaba con fuerza, ella se movía en círculos y para adelante y atrás, eso me daba un placer enorme, su culo trituraba mi gruesa verga.

    Hasta que ya no aguantamos más y nos venimos juntos, le llenaba su culo con mi caliente leche mientras de ella brotaban líquidos jugosos, chorreaba y mojaba todo.

    I: ¡Tyson! Ah, ¡no puedo más!

    T: Ivette, uhm, ¡que rico!!!

    I: Si amor, dame tu leche, ¡ah!!!

    T: ¡Te amo! Agh!

    El orgasmo fue maravilloso que nos quedamos sin energía, nos quedamos acostados un rato mientras besaba su rica boca, la noche no termino ahí, lo hicimos unas veces más hasta que ya no pudimos, al amanecer ella estaba recostada en mi pecho, yo la miré y supe que nuestras aventuras sexuales apenas empezaban.

    Pronto les contaré más de ella.

    Tyson.