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  • Con la dependienta del sex-shop

    Con la dependienta del sex-shop

    De vuelta a casa vi un sex shop nuevo que estaba abierto, aparqué el coche y pasé a echar un vistazo. Estaba todo lleno de consoladores, vibradores, cremas lubricantes, un apartado para sadomaso, con esposas, collares, correas para atar a la cama, esposas. Al fondo una puerta que ponía ‘acceso a cabinas’, cosa que llamó mi atención.

    Al momento se acercó la dependienta.

    Dependienta: Hola, ¿eres la nueva?

    Estaba vestida de sado con un corpiño de cintas de cuero simulando sujetador y dejando ver sus magníficas tetas con unos pezones puntiagudos y erectos una falda de látex muy corta que dejaba ver el final de sus piernas y casi su coño, unas medias negras tipo red y unos enormes taconazos que la hacían resaltar su redondo culo y largas piernas, rubia con larga melena y muy alta.

    Yo: No lo siento, venía a comprar y echar un vistazo

    Dependienta: Uy perdona pero te he visto tannn… sexi ¿me gustas, no quieres currar aquí? Es divertido si te gusta el sexo y poner cachondos a los tíos y tías, además ganarás una pasta, y no tienes que venir con horario solo cuando quieras.

    Yo: No sé, tengo curro y no necesito dinero pero suena divertido.

    Dependienta: Quieres probar lo que saques a medias

    Yo: Y cómo funciona esto

    La pregunté ya con curiosidad no por el dinero sino por el morbo de poner cachondos a los tíos.

    Dependienta: Buenooo te veo animada

    Me dijo con voz sensual y mirada viciosa

    Dependienta: Mira tú entras en una sala y esta tiene unas ventanas que te pueden ver cuando echan dinero contra más los pongan cachondos más dinero echan tu solo tienes que ver las ventanas que están usando con una luz que se enciende arriba así puedes dedicar tu espectáculo a las ventanas encendidas.

    Yo: no se me da un poco de reparo, entrar hay sola, no me lo esperaba

    Dependienta: Vamos te acompaño será divertido

    Me metió en un enorme vestidor y escogimos ropa yo opte por un vestido de gasa negro transparente con un gran escote y la espalda al aire. Corto de falda con unos enormes tacones de aguja unas medias de rejilla con liguero sin ropa interior claro al ver mi elección ella se puso un vestido muy parecido al mío pero blanco, con liguero medias y tacones como los míos, los vestidos dejaban poco para la imaginación eran tan transparentes que se podían ver nuestras tetas perfectamente.

    Dependienta: tienes buenas tetas y bien puestas

    Acaricio mis pezones y estos se empitonaron de inmediato sintiendo un escalofrío de placer. Se pellizcó sus pezones para ponerlos erectos cogió mi mano y pasamos a la habitación mientras me contaba que también hay cámaras en directo por internet.

    La habitación tenía una enorme cama redonda y estaba toda decorada de color rojo paredes, cama, techo, suelo el cual estaba cubierto por una alfombra de pelo largo.

    Empezamos a bailar con el ritmo de la música sensual que tenía el hilo musical la dependienta empezó a acariciar mis pechos y a bajar los hombros de mi vestido, casi de inmediato se empezaron a encender las luces de las cabinas y las cámaras a transmitir.

    El pensar que nos estaban mirando me ponía cachonda junto con las caricias que me hacia la dependienta, lamia mis pechos mordía mis pezones tirando de ellos suavemente, mientras me terminaba de desnudar las 2 de pie la despoje de su vestido solo teníamos las medias y el liguero nos tumbamos en la cama en un 69 comiéndonos el coño mutuamente, lamia mi coño metiendo su lengua todo lo que podía y metía un dedo en mi ano casi de inmediato sentí un profundo orgasmo que me estremeció por completo y casi a continuación otro más intenso si puede ser, mi cuerpo se retorcía del placer, saco un consolador de pene doble y en la postura de la tijera lo metió en mi coño y yo la otro punta en suyo tuvimos 2 orgasmos cada una y nuestros coños chorreando nuestros jugos, agotas nos levantamos y entre caricias y besos salimos de la sala.

    En el vestuario me di una ducha y me vestí, cuando llegó la dependienta y me dio un beso en la boca y me dio un sobre con dinero.

    Dependienta: Esto es lo que has ganado y lo que has disfrutado, cuando quieras ya sabes aquí tienes placer y dinero.

    Yo: Me ha encantado y tú también estás muy buena volveré a venir

    La di un beso en la boca mordiendo su labio y tirando suave de el, salí de la tienda y me fui a casa.

  • Ya soy el puto del equipo (X): Somos campeones

    Ya soy el puto del equipo (X): Somos campeones

    El tiempo que estuvo Marcos en casa dormimos poco. Era imposible dormir, pues teníamos que sacar tiempo para estudiar, correr cada mañana, ir al gym, ver la televisión y hacer el amor los tres cada noche. Todo esto fue un verdadero desgaste físico, pero también de un fortalecimiento psíquico, porque éramos alguien y considerados por alguien. Esto junto con unos entrenamientos en los que pasábamos del entrenador de modo muy disimulado, pues ya era evidente que no le quedaba ningún jugador partidario.

    Encargamos a Mauricio Paredes, el mayor de todos por días de unos y meses de otros, que él diseñara la formación, de modo que en los días que quedaban jugaran un rato al menos los que nunca habían jugado y jamás faltaron a los entrenamientos. Mauricio se lo daba al míster y él mismo se convenció de que esto era obra mía. La verdad es que fue obra de casi todos, porque el mismo Mauricio ahora tenía mayor rango que nunca porque había estado desconsiderado por el míster al negarse a sus requerimientos. Esto lo supimos después de los escándalos que ocurrieron cuando todo salió a la luz pública, tal como veremos más adelante.

    Por primera vez en la historia de la Universidad, nuestro equipo —Deportivo Universitario— se proclamó campeón de la liga local de clubes juveniles sub20. Todos amateurs y sin sueldo. El club pagaba solo el equipo deportivo, el entrenador y alguna vez una comida si ganábamos algún memorable partido a causa de algún memorable equipo. Yo sabía que la Universidad tenía una fuerte ayuda para sus equipos, aunque nadie supo nada al respecto hasta el día de autos.

    El Ventura FC había caído frente al Deportivo Portiñol en la penúltima jornada. Esa fue la baza que necesitábamos para ir con más seguridad e ilusión al último partido para no perderlo. Para nosotros un empate era suficiente. Pero ese sábado, estando ya todos nosotros en el vestuario visitante del C.D. Fundación Lasadre, se levantó Mauricio Paredes pidiendo silencio mientras se acomodaba sus genitales dentro de sus jockstraps y se levantaba el short negro que nos correspondía, a pecho aún descubierto y tras las risas de los que lo vieron acomodándose sus huevos, dijo:

    — Amigos y hermanos futbolistas, hoy puede ser para nosotros un día memorable o el día de nuestra desgracia. ¿De qué servirían nuestros esfuerzos en estas semanas pasadas si hoy ante estos chulos del Lasadre nos acobardáramos y perdiéramos? —silencio sepulcral—. Hoy tenemos que ganar por sobre todo, así nos caigamos al final del partido para no levantarnos nunca más. Si nos da un infarto, que los dioses del Olimpo nos coronen con laurel. No cejaremos: este campeonato es nuestro. ¡No vamos a perder!, ¡no vamos a perder! ¡Salimos para ganar! ¡Salimos para ganar! ¡Salimos para ganar!

    Y todos exclamamos:

    — ¡Salimos para ganar! ¡Salimos para ganar! ¡Salimos para ganar!

    Nos abrazamos todos y salimos para ganar. El partido fue duro. Los del Lasadre estaban de sobreaviso y se habían preparado bien. Pero quedaron desorientados porque Mauricio y yo íbamos dando órdenes sin discusión y llegamos al descanso 0-1.

    Otra arenga de Mauricio felicitándonos, sobre todo a Luis Calvero por meter el gol. Miró a Marcos como diciendo: «Ahora queremos uno tuyo». Incluso para que lo entendieran todos le dijo:

    — ¡Queremos tener un hijo tuyo!

    Salimos sonrientes y muy estimulados por las palabras de Mauricio, sobre el cual ya pensábamos todos que íbamos a tener capitán en el equipo Universitario de la categoría superior, pues la Universidad nunca había tenido más equipos, esta cantera lo podía formar, pues estaba muy motivada para ello. Una vez en el campo se notó la presión del Lasadre. Tuve que salir un par de veces a recoger las pelotas raseras. Pero no venían con fuerza, gracias a la resistencia de los nuestros. Toñete, un centrocampista nuestro, hizo una extraordinaria carrera, le pasó el servicio a Marcos y ¡Gol!. Marcó gol. 0-2 en el marcador.

    Hubo una ocasión de peligro grave en mi puerta, pero por suerte que vi la imprevista pelota desde lejos en lo alto que iba adentro, alargué el puño y rebotó hacia atrás. Saque de esquina, otro peligro. Otra patada que le dieron entre varios al filo de línea de puerta y retorno por alto. Extendí las manos y cogí la pelota con seguridad. Se adelantaron todos. Tiré la pelota a Mauricio, corrió se la pasó a Marcos, estaba muy bien marcado por tres enemigos, regresó, se la pasó de nuevo a Mauricio, este se la dio a Ricardín, Ricardín se la pasó a Luis Calvero, chuta y ¡Goooool! Ya eran 0-3. Faltaban 5 minutos que discurrieron de susto en susto pero sin pena ni gloria. Pitó el árbitro final y nos fuimos todos alrededor de Mauricio abrazándole y abrazándonos. Fue el verdadero campeón de esa mañana.

    Leoncio me ayudó a recoger todo. Me dijo que me iba a esperar y me ayudaría a recoger todo. Después de recoger las cosas abandonadas, nos duchamos, estaban esperando como ya tenían costumbre, Marcos y Abelardo. Cuando nos estábamos vistiendo, me dijo Leoncio:

    — Me gustaría ser amigo tuyo; yo sé que esto no se improvisa, pero me caes bien, muy bien, de verdad, ¿sabes?

    — Mira, Leoncio, estoy seguro que tú ya habrás oído decir cosas de mí…

    — Sí, por supuesto que sí, pero eso no me extraña, yo también soy gay, mis padres y hermanos lo saben y lo que me dicen es que aproveche el tiempo estudiando, que ese es un asunto personal con el que yo tendré que lidiar en el futuro.

    — Eso es verdad, cada uno lidiamos con lo nuestro, pero es cierto que la amistad entre nosotros nos da mayor fortaleza y seguridad.

    — ¿Entonces somos amigos?

    — Vamos a ser amigos, eso incluye con frecuencia la compañía de Abelardo y de Marcos, pero te invito a venir esta tarde a mi casa y conversamos los cuatro, si no tienes nada más que hacer…

    — En principio no, pero yo suelo salir a veces con Fernando y Marcelo que dicen cosas extraordinarias de ti, no me gustaría que pensaran que los dejo a ellos…

    — Me parece bien, la lealtad sobre todo, pero si no tienen donde ir, os pasáis los tres por casa o me avisas y nos vamos los seis a dar una vuelta y pasarla juntos..

    — Eso estaría bueno, —y le alcancé una tarjeta con mi número de móvil..

    Salimos los cuatro, Leoncio se fue por una calle de la derecha para tomar un bus y nosotros tres pedimos un taxi que nos dejó en casa. Comimos y en la sala les comuniqué lo que había conversado con Leoncio. Se alegraron y dijo Marcos:

    — Esta movida, sin darnos cuenta, ha hecho que sepamos poco a poco quién es quien; bastantes chicos son gais en el equipo, es raro ¿no?, —dijo Marcos.

    — No, no es raro —dije yo— en otro tiempo quizá, pero en la actualidad los gais somos más deportistas, vamos a gimnasio, natación y hacemos varios deportes; se nota cuando vas al gimnasio que, entre los esfuerzos, bastantes se miran al espejo, se pasean, esperan en vestuarios, se insinúan y muchas más cosas.

    — Sí, eso es muy cierto, somos más deportistas como promedio, porque nos gusta mostrarnos y que vean que estamos en forma, pectorales, globos traseros, abdomen de tableta de chocolate —explicaba Abelardo—; yo también creo que antes estaban más descuidados de todo eso porque se escondían y tenían que mostrarse menos, pero ahora nos gusta estar dotados en todo el cuerpo y levantarnos la camiseta para que vean abdomen al menos plano.

    — ¡Joder! Esta conversación es suave, pero me está poniendo, —dijo Marcos.

    — Pues espera, no vaya a venir Leoncio, nos pille en plena faena sin contar con él y se le vayan las ganas de ser amigo nuestro, —dijo Abelardo.

    — Mientras llama o viene, podemos ver algo en la televisión, —dije.

    Se levantó Abelardo, tomó los mandos y escogió canal de animales salvajes. Había un programa sobre el tigre de Bengala y la amenaza que sufre su población, aunque últimamente ha tenido un pequeño repunte. Interesante programa.

    Llama Leoncio a mi móvil para decirme que está por la Avenida, pero que no sabe el número de mi casa. Le digo el número y además que le voy a esperar en la puerta. Hacía buen clima y aunque no era verano hacía un calor agradable. Cuando llegó no tuvo reparos en saludarme con dos besos en ambas mejillas, lo besé igualmente y lo abracé

    — Te estamos esperando…

    — ¿Quién?

    — Abelardo, Marcos y yo…

    — Ah…, pero Abelardo está aquí desde que se puso enfermo ¿no?, pero Marcos ¿por qué?

    — Porque está solo en casa y aquí estamos acompañados.

    — Fernando no va a salir hoy de casa, su hermano está mal y ha de cuidarlo; Manolo se va con sus padres todo el fin de semana.

    — No hay problema, ya nos reuniremos en otra oportunidad.

    Leoncio miraba todo y se extrañaba de que fuera mi casa, porque no era la casa de un pobre. Le indiqué que es la casa de cuando mis padres vivían, que está igual, que no he tenido necesidad de cambiar nada. Así se enteró de que soy huérfano desde muy corta edad. Le presenté a mi taita para que contara con él para la merienda y porque le gusta ver a mis amigos.

    Luego decidimos qué hacer, pero Marcos y Abelardo me miraban a mí para que yo dijera o le explicara a Leoncio. No tuve más remedio que decirle:

    —Te esperábamos para decirte que ahora toca divertirnos, jugar un poco entre nosotros y te invitamos. Nos vamos a la ducha a limpiarnos el culo, luego nos quedamos desnudos y vais a mi cama o si lo preferís —decía ahora mirando a Abelardo y a Marcos— vamos a la sala de dentro que solo tiene una moqueta donde yo suelo hacer algo de gimnasia. Tú, Leoncio, no te preocupes, si quieres participas, si quieres miras, luego merendaremos y nos iremos a dar una vuelta, que Abelardo nos invita por su restablecimiento, que ya no le duele el costado y le han desaparecido las manchas de la cara.

    Nos fuimos a mi habitación corriendo, jugando a perseguirnos, abrazarnos, acariciarnos… Entramos y me puse a ayudar a Abelardo a desnudarse y me dijo:

    —Ya puedo yo solo…

    — Pero es más sexy si te desnudo yo a ti y tu a mí…

    Consintió y comencé a desnudarlo bromeando. Marcos y Leoncio se miraron y se desnudaron haciendo striptease mientras tarareaban alguna música circense. Me fui conecté mi móvil al altavoz y puse I Feel Love, el álbum, y a partir de ahí nos desinhibimos los cuatro y la espontaneidad se puso de manifiesto. Al compás de la música íbamos quitándonos prendas, tirándolas espectacularmente como en los strip-teases, hasta quedarnos los cuatro desnudos.

    Abelardo y yo nos besamos y los demás también. Abelardo me arrimó a la pared para agarrándome del cuello trenzar sus piernas por mi cintura. Tuve que inclinar mi cuerpo adelantando los pies. Vi su maligna intención y sujetando todo su peso, me volví y lo apoyé en la pared, dejándolo luego caer con su culo sobre mi polla. Me besaba y yo le sujetaba con una mano y con la otra intentaba que mi polla estuviera en la dirección del hoyito de Abelardo. Lo conseguimos y a partir de aquí fue follar, follar, besar, lamer, chupar lengua y follar, hasta que le entró a Abelardo el gustirrinín y se fue corriendo entre nosotros dos, llenándome de su semen desde el cuello hasta el ombligo. Me besaba sin cesar con tanto deseo que se olvidó de su semen, solo quería mi lengua, mi paladar y mi saliva. Yo conforme, pero también quería gustar de su semen, pero todo el peso sujetando no me quedaban manos para alcanzarlo.

    Sentí que los espasmos de mi cuerpo me subían desde dentro de mi escroto y me relampagueaba todo el tramo de mi polla estando dentro de Abelardo, que lo notó y dijo:

    — ¡Lo quiero todo dentro, no me jodas con mariconadas!

    Ni tiempo tuve para contestar, me vacié en su interior y gemíamos los dos con ganas como dos locos. Fui doblando las rodillas poco a poco hasta llegar al suelo y nos sentamos en el suelo en la posición del loto para seguir besándonos, no tuve problemas para dejar que de su interior se saliera todo al sacar mi polla para que se sentara en el suelo. Nos abrazamos y besábamos sin cesar mientras descansábamos. Desde esta posición vi a Marcos y Leoncio haciendo un 69 de costado, lamiendo y chupando las pollas de su compañero. Se lo indico a Abelardo y me responde al oído:

    — Vamos a molestar —volviendo su cara hacia ellos—, podemos comer cada uno un culo y luego, ta chin, ta chíiiin…(lo dijo como cantando)

    Nos levantamos y me puse detrás de Leoncio, mientras Abelardo se colocó detrás de Marcos y escuchaba los sonidos de cómo lo succionaba a Marcos y los gemidos sordos que daban los dos chicos mientras se mamaban su polla. Al cabo de un rato de dilatar ambos culos, se corrieron y cada uno se tragó la leche del otro. Fue la oportunidad que aproveché, ya que mi polla estaba erecta de nuevo, para meterla en el culo de Leoncio. Abelardo que lo vio hizo otro tanto con Marcos, y los chicos seguían comiéndose sus polla para volverlas a enderezar. Cuando metí mi polla por el agujero Leoncio comenzó a dar unos grititos muy agudos:

    — Ui, huí, hui, u, u í, í, uíiiii…

    Tanto me gustó escuchar esos gritos que no quise meter de inmediato la polla, pero como tenía el culo dilatado más por ganas que por mano de obra, en este caso boca de obra, entró directamente hasta el final y Leoncio gritaba:

    —Uíiiii, uíiiii, qué rico, rico, ricoooooo

    Repetía una que otra vez, entonces di un empellón profundo y soltó:

    — ¡Joder, ahora si!, uyyy, que gustoooo…

    Miraba la cara de Abelardo que se sonreía y le estaba dando a Marcos que lo disfrutaba, pues su cara estaba toda babosa y de regusto, moviendo la cabeza en ambos sentidos. Así que determiné comenzar un mete y saca lento pero ascendente y al final se escuchaban los golpes de mi pubis contra sus nalgas que, al estar todo tan húmedo ya, parecía un chapoteo de pies en los charcos. A los pocos minutos ya no pude aguantar más y ni sé si fueron chorros, grandes o muchos, pero estaba como sedado para sentir todo contacto, pero electrizado de placer. Saqué mi polla y metí mi boca en el culo de Marcos esperando que Abelardo botara todo su esperma, lo que no tuve que esperar casi nada. Marcos me quiso mamar mi polla con la de Abelardo todavía dentro de sí, pero ya no sentí que se la metía en la boca, aunque sí sentía un placer inmenso en todo mi cuerpo. Llegó un momento en que ya no podía moverme, igual que le pasaba a Abelardo. Parecía como que me habían dado un tipo de anestesia que solo producía placer. Así estuve mucho rato. Al final de este round estábamos los cuatro como en un montón de carne mojada de semen por todas partes, Leoncio y Marcos tenían su cabeza descansando sobre mi abdomen y Abelardo estaba tumbado encima de ellos dos.

    Al rato, después de un descanso, nos fuimos a la ducha. Entró Marcos conmigo y comenzamos a magrearnos. Cabíamos los cuatro dentro de la ducha pero casi sin poder movernos, así que Abelardo y Leoncio no lo intentaron y desde fuera de la ducha, por la mampara transparente, los vi que también se magreaban. Le pedí a Marcos que me follara, se lo pedí por favor y con carita de súplica, pues me veía en el espejo de enfrente.

    —Por fa, por favor, Marcos, métemela, te quiero y deseo sentirte, quiero ser tuyo.

    — A tanto ruego…

    Sin pensarlo una vez más, me dio media vuelta, puso su mano en mi pescuezo y empujó para que me agachara, abrió el agujero estirando de los glúteos y me la enfiló de una sola vez. ¡Cuánto placer produce quien sabe amar! Estaba en mi cielo porque inmediatamente comenzó el «va y ven», metiendo y sacando polla, y cada vez que llegaba al interior pasaba su polla por la pared de mi próstata y zás, calambre, zás, calambre de placer y ¡shrororuuuuummm! me corrí sin tiempo de avisar, llenando la mampara de enfrente de la ducha con mi semen, de no estar la mampara hubiera llenado la cara de Leoncio que estaba agachada a esa altura dándole el culo a Abelardo que lo estaba follando. Nos duchamos Marcos y yo rápido ya y nos lavamos mutuamente como pasa siempre que dos estamos bajo el mismo chorro. Saltamos al exterior, tras cerrar la llave de la regadera y se vinieron adentro Leoncio y Abelardo que aún estaba amarrándolo con la polla en su culo. Marcos y yo nos secamos viendo el espectáculo y cómo Abelardo acababa en el interior de Leoncio y la cara de placer que tenía este cuando se corrió sin tocarse, teniendo sus manos apoyadas en sus propias rodillas, ambos cayeron sobre el plato. Nos salimos y desde fuera escuchábamos el chapoteo del agua y a los dos cantando.

    Todavía nos dimos Marcos y yo unos besos y fuimos sorprendidos por los otros dos que salían secándose. Nos vestimos. Mientras nos vestíamos, al ver que yo me ponía directamente sobre mi carne el short jean, Leoncio me preguntó:

    — ¿No te olvidas de tu slip?

    — No suelo usar ropa interior, —respondí.

    Tampoco él se puso. Luego durante el paseo de la calle me dijo:

    — ¡Qué bien se va así sin slip!

    — A que sí.

    Me agarró de los hombros cariñoso y le di un beso que me devolvió. Como Leoncio besa siempre sonoro, Abelardo y Marcos que iban un metro delante de nosotros, también se besaron sonoramente.

    Cenamos en la plaza, un restaurante que hace esquina, el Imperial y no fuimos comedidos porque teníamos hambre. Entonces me acordé que habíamos dejado la merienda de mi taita sin tocar, se lo dije a ellos y me contestaron casi a coro:

    — Para la noche…

    Y Abelardo añadió:

    — Así tendremos fuerza para continuar con lo que solo hemos comenzado.

    La risotada fue general, pero así fue como ocurrió que, después de pasear un rato largo, haber jugado al futbolín, estábamos cansados y en llegando a casa, tomamos primero la merienda, que estaba preparada. Mi taita apareció por si queríamos algo más y, como estaba cansada, nos dio un beso correspondido a cada uno, y desapareció.

    Primero las cosas de rigor, cada uno fue a una lugar que les señalé para defecar todo y luego la correspondiente ducha y lavado del recto. A partir de ahora todo se multiplicó y fue del gusto y placer de los cuatro.

  • Mi esposa me hizo cornudo

    Mi esposa me hizo cornudo

    Siempre me ha gustado ver porno en especial tríos o de cuernos en donde el marido mira como otro hombre está penetrando a su esposa y la verdad los disfruto muchísimo.

    Tengo una linda esposa no es muy alta, pero tiene unas tetas redonditas con unos pezones claritos y una cola paradita es de cuerpo chiquito, pero muy bien repartido y lo mejor le encanta coger es muy caliente en la cama y lo hace muy rico.

    Un día por descuido olvide desborrar el historial de mi computadora y ella se dio cuenta de todo lo que yo miraba al llegar a casa ella estaba muy molesta me recrimino mucho que sino la amaba etc., al final de la discusión me dijo ‘eso es lo que te calienta pues te lo voy a conceder buscare a alguien que me agrade y me lo voy a coger’.

    Dejo de estar íntimamente conmigo casi un mes y un fin de semana cuando llego a casa la encuentro con un pantalón de licra blanco que hacía notar perfectamente sus nalgas y una blusa negra escotada que dejaba ver más de la mitad de sus ricas tetas, le pregunte a donde vamos a ir y ella me respondió ‘tu aquí te quedas que yo voy a salir a tomar un trago y cumplirte lo que te prometí tratare de encontrar esta noche alguien que me agrade y tenga muchísimas ganas de coger conmigo’.

    Me sorprendió escuchar eso no pensé que ella estaba hablando en serio y por otro lado tuve una erección instantánea pues ella se veía tan hermosa y tan puta que no faltaría mas de un tipo que al verla sola se le acercara con ganas de cogérsela.

    Tomo su bolsa y se marchó eran casi las 12 de la mañana y no regresaba yo estaba nervioso pues aunque siempre me he imaginado lo excitante que seria que mi mujer me pusiera el cuerno por otro lado sentía celos de saber que en esos momentos otro hombre estaría manoseando morbosamente a mi esposa y usándola como a él se le diera la gana.

    Me venció el sueño y quede dormido cerca de las dos de la mañana escucho unas voces y risas en una de las habitaciones al acercarme me doy cuenta que mi esposa se había atrevido a llevar a mi casa a un desconocido platicaban y tomaban él se miraba simpático y atractivo un tipo alto y robusto y ella lucia contenta con el tenían música suave y bailaban pegados como dos enamorados yo sentía coraje celos pero muchísima excitación de ver como el tenia apretada a mi esposa como le acariciaba sus nalgas y la besaba y ella respondiendo a los besos y caricias sin ningún remordimiento o culpa alguna de que yo estuviera en casa.

    Cuando de pronto con un movimiento muy hábil bajo el escote de su blusa dejando al descubierto sus hermosos senos los admiro por un par de segundos y rápidamente puso su boca en ellos los chupaba y acariciaba con tanta morbosidad como si nunca antes hubiera tenido la oportunidad de disfrutar unos hermosos pechos, y ella parece le encanto porque solo cerro sus ojos y mordió sus labios disfrutando aquellas mamadas que le estaba dando aquel extraño.

    Fueron hacia la cama y ella lo empezó a desvestir era un tipo atlético y al bajar sus calzoncillos dejo ver una enorme tranca como de unas 9 pulgadas yo quedé sorprendido pues solo había visto en películas actores con semejante herramienta y este tipo con esa enorme verga y ese cuerpo atlético iba a despedazar a mi esposa.

    Ella rápidamente se quitó su ropa pues ya casi un mes que no cogíamos parecía que tenía demasiadas ganas de que alguien la penetrara estaban tirados en la cama besándose y agasajándose en eso mi esposa baja y empieza a sobarle su tranca la movía suavemente hacia arriba y abajo y se le quedaba mirando con una muy caliente sonrisa lentamente acerco su boca y empezó a pegarle una buena mamada en ese momento me doy cuenta que todo mi coraje y mis celos habían desaparecido pues sin darme cuenta estaba masturbándome mirando todo eso demasiado excitado de ver a mi mujer haciendo gozar a otro macho ella se la mamaba como lo profesional que sabe hacerlo le recorría desde sus huevos hasta la punta para después metérselo nuevamente en su boca se miraba tan hermosa haciendo eso.

    Duro cerca de cinco minutos dándole una mamada cuando de pronto decidió cabalgarlo se puso en posición y con su mano llevo ese tremendo pedazo hacia su panocha y comenzó dando pequeños saltos solo sobre la puntita el tipo le sobaba las tetas mientras ella poco a poco fue adaptándose a tremendo pedazo hasta que los jugos de mi esposa hicieron efecto y empezó a desaparecer esa verga por completo subía y bajaba lentamente como disfrutando cada pulgada de ese miembro gemía muy quedito y mordía sus labios se miraba que lo estaba disfrutando.

    Finalmente ella ya adaptada a su miembro empezó a cabalgarlo rápidamente como a ella le gusta hacerlo en eso el la inclina hacia su cuerpo y le empieza a mamar las tetas cuando de pronto le empieza a meter un dedo en su culo, yo ya no pude más y explote en ese momento pues sabía que era cuestión de un minuto para que mi esposa tuviera un orgasmo porque eso a ella la vuelve loca le encanta que cuando cabalga le chupen las tetas y le metan un dedo en su culo y le digan al oído que se imagine que entre dos se la están cogiendo.

    Y como era de esperarse si acaso pasaron dos minutos cuando dejó escapar un tremendo gemido señal de que se estaba corriendo yo nunca la había echo sentir así lo sé porque hasta parecía que temblaba su cuerpo del tremendo orgasmo que estaba sintiendo.

    Me retire a la otra habitación y comencé a masturbarme de nuevo con aquellas imágenes de el cuerpo chiquito de mi esposa cabalgando encima de ese extraño ya después mas tarde se volvieron a escuchar gemidos de mi esposa y me dio gusto saber que se la estaba cogiendo de nuevo.

    Muchos cornudos desean ver como otro tipo hace gozar a sus esposas y me incluyo yo también hasta que descubrí que es más excitante ver como tu esposa los disfruta a ellos.

    En la mañana ella fue a despertarme y lo primero que me dijo fue discúlpame por haberte reprochado tus fantasías pues ahora me doy cuenta que puedo disfrutar de muchas vergas y que solo es sexo lo de anoche lo disfrute tanto o más que tu porque aunque no te mire masturbarte estoy segura que lo hiciste mientras me mirabas como me lo estaba cogiendo me dio un beso y desde ese día cada fin de mes sale sola a una barra a encontrar tipos y quitarse lo caliente con ellos.

  • Mi novia me engaña con su jefe

    Mi novia me engaña con su jefe

    Me llamo Martín tengo 26 años y disfruto de una relación con Saira (25 años), desde hace 5 años. Saira es extremadamente delgada, pero con unas tetas muy firmes y de buen tamaño, además con un culo muy bien formado, sin embargo, es guapísima, tiene una cara angelical y unos labios que claramente invitan a imaginarlos mientras succionan tu miembro hasta desmayar.

    Saira es abogada y trabaja en el gobierno de mi país. Al ser jóvenes en toda su oficina, suelen salir a divertirse, a tomar un trago o a pasar el rato. Un buen día Saira me convenció de acompañarla a un bar con sus compañeros de trabajo, yo no quería pues no me desenvuelvo muy bien en esos ambientes sociales, sin embargo, mi inseguridad hizo que la acompañara, ella es muy bonita y honestamente sé que no la complazco en la cama como debería, me da pavor que busque en alguien más lo que yo no le doy.

    Ya en el bar, me encontré a sus amigas y amigos habituales, tengo que reconocer que todos sus compañeros son agradables, a excepción de uno, Román, su jefe, tiene la misma edad que yo tiene un sueldo de casi el doble de lo que yo percibo como asistente de ingeniero, es delgado, no muy guapo, pero hasta yo reconozco que su personalidad es abrumante; he escuchado a las chicas del grupo hablando del «partidazo» que es y más ahora que se encuentra soltero. Ya en el bar, nos encontrábamos 7 personas, 4 mujeres y 3 hombres, ninguno era Román; una de las chicas del grupo, también abogada y muy amiga de Saira, de nombre Karla, hablaba sobre Román, el jefe de mi novia, decía que la semana pasada después de un seminario al que habían ido, se habían acostado, Karla señalaba lo alucinante que había sido, señalaba que su miembro era grande, pero no solo eso, contaba que la había calentado a tal punto que ella gemía implorando que la penetrara, yo me ruboricé y cuando mire a Sai, ella estaba igual, solo que excitada, se pasaba la lengua ligeramente por los labios y me alarme.

    Al paso de las copas, me solté un poco más pues no parecía que Román hiciera acto de presencia, Saira estaba bailando con sus amigas en la pista del bar, cuando llegaron 2 personas más a la mesa, sentí un vacío en el estómago cuando vi que era Román y otra chica de nombre Sandra. En cuanto llegó a la mesa las chicas dejaron de bailar y fueron como ovejas llamadas por su pastor a hablar con él, a partir de ahí solo quise llevarme a Sai a casa, no podía evitar observar como Román la miraba de arriba a abajo, pero sobre todo, como ella lo miraba a él, estaba en ese juego de miradas cuando Román solo una frase que heló mi sangre:

    – ¿Por qué no vamos a un lugar más tranquilo, mi casa, por ejemplo?

    Muchos dudaron, ya era tarde y algunos estaban tomados, sin embargo, Saira asintió con la cabeza y me dijo

    -Yo quiero ir, ¿vamos?

    No pude decir nada más que si y nos dirigimos a su casa, solo íbamos 6 personas en el auto de Román, 4 mujeres él y yo, durante todo el camino, por el espejo retrovisor fue viendo las piernas de Saira, y ella lo notó y lo disfrutó, su cara estaba completamente ruborizada, le gustaba provocar eso en su jefe, no le importaba que yo estuviera ahí. Ya en la casa el alcohol siguió y uno a uno fueron cayendo bajo sus influjos. Al rato solo quedamos, Sira, Román y yo.

    – Saira, sin ofenderte, hoy te ves guapísima, todo el día no te pude quitar la mirada de encima (Dijo Román)

    – No es ofensa si viene de ti. Espetó Saira.

    Rubén se acercó y se sentó en medio de nosotros, la besó y yo me quedé inmóvil ella correspondió el beso y de la nada se levantó con ella colgada por su cuello y con las piernas abrazándole la cintura.

    -Oye Martín, ¿no te importa que la disfrute un poco no?, me dijo

    Después de un segundo que pareció una eternidad Saira se levantó del sillón y aparto a Román que ya estaba sobre ella, yo pensé que había recapacitado y que nos iríamos. No pude estar mas equivocado, no dijo nada, pero comenzó a bajar los pantalones de Román, y de pronto, mi novia estaba lengüeteando su pene, pero observándome a mi, sin dudas era mas grande que el mío, ella subía y bajaba salivaba mucho y no apartaba su vista de mi, hasta que el la cargó y le dijo de la forma mas impactante de todas.

    – Ahora te toca gozar de un hombre de verdad.

    Saira traía unos leggings negros que resaltaban su culo y una blusa de encaje blanca, ambas prendas terminaron desgarradas, Román no se las quitó, solo las rompió, esto a Sai le encantó, cerré los ojos y los volví a abrir cuando la escuche gemir como loca, cuando los abrí vi a Román hincado, con su cabeza entre las piernas de mi novia, no quería más que irme, pero mis piernas y mi voz no respondían, Saira empezó a chorrear, jamás tuvo un orgasmo así, su voz se ahogo y solo emitía chillidos.

    – Métemela, rómpeme.

    Saira rogaba por ser penetrada y Román no lo pensó dos veces. La levantó y la puso en 4, no empezó lento, fue brutal, empezó a bombear su vagina de una forma en la que yo jamás lo había hecho, Sai, gemía y gritaba que era delicioso, de pronto Román paró, me miró y acomodó a Sai de tal forma que yo observaba toda su cara. Una cara que yo nunca había visto, lleno de placer, ella solo gritaba y emitía una palabra MÁS.

    – ¿Quién te coge mejor? PUTA (Dijo Román)

    -Tú (Dijo Saira)

    Román sacó su miembro extremadamente erecto de la vagina de Sai y la arrodillo, baño su cara de su semen. A Saira no le importó tragarse cada gota de él. De pronto, Román pidió un taxi me miro seriamente y me dijo, es mejor que te vayas a casa, ella se queda conmigo. Como pude recogí mis cosas estaba en shock, pase al baño antes de irme, al salir, estaban besándose nuevamente, ahora ella estaba montándolo. Atravesé la puerta mientras ella le gritaba que era su puta.

    Por la mañana Sai regresó a casa con una playera de futbol como vestido. Se metió a la cama y se quedó dormida.

     

  • El espiar a mis hermanas me llevó a mi madre

    El espiar a mis hermanas me llevó a mi madre

    Hoy les vengo a contar mi historia, espero les guste. Iniciamos conmigo que soy el segundo de una familia de 6 hermanos contándome y mi madre, 4 hermanos y dos hermanas, mi papa falleció hace algunos años, en orden somos, Héctor, Iliana, un servidor (Alberto), Armando, Judith y por ultimo Alfonso, las edades de los involucrados en esta historia seria de Iliana 32, yo 28, Judith de 24 y Alfonso de 20.

    Esta historia ya tiene varios años que inicio y empezó de una manera curiosa yo desde muy chico fui aficionado a espiar a las mujeres mientras se bañaban o cambiaban, la primera vez que vi a una mujer desnuda fue por accidente, yo acaba de llegar a mi casa de jugar, cuando mi mamá me pidió que sacara la manguera de la zotehuela y vi la ventana del baño entre abierta y la luz encendida y no sé qué se apodero de mí y me dio curiosidad el poderme asomar, me entraron nervios, miedo, emoción y un no sé qué pero al final me asome y vi a mi hermana la menor parada frente al espejo y segundos después vi cómo se quitó la blusa que traía y jamás podré olvidar como se asomaron en esa entonces unas pequeñas tetas apenas formándose con un pezón claro y muy redondo, su piel morena clara suavecita no traía bra así que me sorprendió de inicio, no supe que hacer y de inmediato se me paro, segundos después adiós pantalón y se quedó en unas licras negras cortas se le veía un culito pequeño pero respingón bien paradito y lo mejor cuando se quitó esas licras y pude ver su vagina joven con poco pelo apenas le estaba saliendo y de inmediato me di cuenta que ya no era esa niñita con la que jugaba y que su cuerpo se estaba desarrollando y de qué manera su vagina hermosa y esas tetitas me volvieron loco, hasta que escuche el grito de mi madre llamándome.

    Ese fue el inicio, como era de esperarse comencé a espiar a mis dos hermanas, en un inicio me llamaba más la mayor porque ya estaba más desarrollada y tenía un cuerpo bárbaro, les platico un poco como es ella mide más o menos 1.70 cm cabello lacio actual mente lo trae pintado de rubio ella es morena clara tirándole a blanca, facciones finitas y a pesar de que nunca fue súper deportista tenía muy marcada su cintura y por lo mismo resaltaba mucho su culo y de tetas que les puedo yo decir calculo que su talla es 36 c y con unos pezones café y de buen tamaño más que mordibles, en una ocasión llegue a casa y la mayoría estaba en la sala viendo una peli, y como no me llamo la atención me fui a esperar a ver si más tarde podía ver a una de las dos cambiarse en su recamara y pasaron alrededor de 40 minutos calculo y vi que se prendió la luz de su recamara de inmediato me fui a mi escondite a mirar y vi que era Judith la menor, cerró la puerta y se tumbó un rato a escuchar música así paso un rato cuando se levantó y se empezó a desnudar para ponerse la pijama vi que lo primero que se puso fue la parte de arriba y el pantalón lo dejo de lado y se acostó y el verdadero espectáculo comenzó, recostada boca arriba y con las piernas recogidas comenzó a masturbarse, no podía creer lo que estaba mirando mi pene se puso al mil me lo saque y comencé a hacerme una chaqueta viendo cómo se frotaba si paso un ratito cuando ella se puso la almohada en la cara para ahogar un poco el ruido y se retorció súper rico y pocos después se quede recostada respirando muy agitada, mi hermanita acababa de tener un orgasmo y yo me vine como burro viéndola.

    Así pasaron algunos años y como era de esperarse las continúe espiando y mi afición se incrementó por mucho, comencé a espiar a toda la que podía, tías de visita, primas, vecinas lo que pudiera, pero esta afición mejoro cuando por el fallecimiento de mi padre nos mudamos de casa a otro estado a una casa que nos dejó mi papá y vendimos en la que vivíamos lo bueno de esa casa es que mi papá hay dejaba vivir a una de sus hermanas con sus dos hijos niño y niña y como se imaginaran más víctimas, y la ventaja de esta casa es que era muy grande y sobraba espacio para poder esconderse y disfrutar de mis dos hermanas mi tía y su hija.

    Un fin de semana ya en la noche escuche que Lili la mayor y más buena se metía a bañar así que me pare y me fui a la bodega que teníamos atrás, donde daba un respiradero del baño y se podía ver todo desde el espejo, la taza y la regadera un verdadero paraíso para un voyerista pero esa no fui mi sorpresa mi sorpresa fue cuando vi a mi hermano el menor entrar a la bodega en chinga, me acerque sin hacer ruido para ver que hacía y como era de esperar estaba en el tapanco viendo por el respiradero no dije nada y me puse sin hacer ruido atrás de él y en voz baja le dije que haces, en eso volteo y se puso palito no sabía ni que decir se sentó y tartamudeaba y me pedía no le digas a mi mamá por favor.

    Yo- pero que haces

    Alfonso- nada nada de verdad

    Yo- que es nada

    En eso me acerco y me asomo y veo que esta Lili desnuda frente al espejo.

    Yo- carbón, estas espiando a nuestra hermana “NO MAMES”

    Alfonso- perdóname no vuelvo a hacer pero no le digas a nadie.

    Continúe mirando por el respiradero

    Yo- con razón la espías está bien rica, mira que culo y se rasura la puchita

    No dijo nada y se acercó de nuevo y comenzó a asomarse de nuevo por el respiradero y así los dos disfrutamos del espectáculo de nuestra hermana mayor.

    Cuando todo termino nos salimos de la bodega y prendí un tabaco y nos pusimos a platicar.

    Yo- desde cuando haces esto?

    Alfonso- no tiene mucho de verdad, fue cuando nos cambiamos y es que una vez vi a Lili cambiarse con la puerta entre abierta y le vi las tetas y me excite mucho y comencé a espiarla

    Yo – solo a ella? Dime la verdad si no quieres que le diga a mi mamá

    Alfonso- no también a Judith y a mi tía y a Brenda (su hija) incluso a mi mamá, pero a ella no la quería ver pero pensé que era alguna de ellas y es que casi siempre antes de irme a la escuela ellas se bañaban.

    Yo- wooow te pasas a todas para acabar pronto, y cuál te gustas más?

    Alfonso- la verdad la mejor es Lili pero me da más morbo y me excito más con mi mamá

    Yo- eso no lo esperaba y te voy a decir la verdad yo tengo años espiando a nuestras hermanas y a toda la que puedo creo que es normal, pero te confieso que nunca espié a mi madre, nunca me dio ese morbo como a las demás.

    Alfonso- neta, también las espías?

    Yo – si desde hace un buen, imagínate la primera vez que vi a Judith le estaban saliendo los pelitos y las tetas apenas se le asomaban, pero creo que desde hoy ya tengo un compañero con quien compartir esta afición.

    Alfonso- cuenta conmigo.

    Yo- te cuento que entre todas las cosas que he visto ya vi a Judith masturbarse en más de una ocasión.

    Alfonso- eso no es nada yo vi a mamá meterse un consolador que guara en su recamara, sé que ahora que la veas hacerlo la veras con otros ojos jejeje.

    Y así fue entre los dos teníamos más que vigiladas a todas sabíamos cuando se cambiaban cuando se bañaban incluso cuando entraban al baño si uno de los dos se daba cuenta le avisábamos al otro en chinga, pero la afición como era de esperarse se fue haciendo más grande y la confianza entre los dos aumento a tal grado que un día me dijo.

    Alfonso- wey ya no aguanto quiero follarme a mi mamá, se me antoja bien cabrón tenemos que hacer algo cada que puedo la abrazo, cuando la saludo la beso en la boca, se la arrimo si se da la oportunidad y me la paso espiándola, me mata cuando la veo masturbarse con ese consolador quiero ser yo el que le meta la verga recio

    Yo- no mames tranquilo es nuestra madre de la quien hablas

    Alfonso- ya lo sé, pero dime la verdad a ti nunca te dan ganas de follarte a ninguna, pensando en más de una de ellas nos hemos jalado la verga.

    Yo- sabes que si pero ya follar a mamá esta rudo como le haríamos.

    Alfonso- no sé por eso necesito que me ayudes a pensar.

    Para no hacer el cuento más largo se nos ocurrió llevarla a cenar a un restaurant bar, solo los tres con el pretexto de su cumple y ya que era entre semana fue un muy buen pretexto para desafanarnos de los demás y decir que ellos le celebrarían el fin de semana.

    El plan era simple ir los tres y empedarla y ya peda una pastilla, para que se quedara bien dormida y ya que a ella le gusta tomar y aunque pocas veces se emborracha si lo llega a hacer, ese día nos dimos a la tarea de ponerla hasta las manitas cuando ya la vimos muy tomada le dimos la pastilla nos quedamos una rato más para que hiciera efecto y después tomamos camino a casa, la pusimos en la parte de atrás Alfonso se sentó alado de ella y yo maneje, no pasaron ni 5 minutos cuando quedo total mente dormida, al inicio Alfonso la trato de despertar moviéndola, hablándole una sacudida y nada ella perdida, así que sin más mi hermano me comenta manos a la obra, el comenzó a besarla del cuello mientras le frotaba las tetas, la besaba por todos lados le metía la lengua a la boca, en eso veo como le baja la mano y empieza a masajearle la vagina, él estaba como desconectado y yo no perdía detalle por el retrovisor en ese momento veo que la recuesta y le quita el pantalón que llevaba con todo y pantis todo de un jalón, él se baja le empieza a chupar la vagina y meter los dedos en eso me dice ya no aguanto se incorpora se saca la verga la pone en la entrada de la vagina de nuestra madre y de un jalón se la mete el resto del camino fue fallándosela yo solo veía como le chupaba las tetas mientras se la metía y la manoseaba y unos minutos antes de llegar él se sale de nuestra madre le pone la verga en la boca y se viene en esa boquita rica.

    Un par de minutos después la limpia se sube el pantalón se pasa adelante.

    Alfonso- no mames esto es lo mejor de mi vida gracias carnal esto fue maravilloso me cogí a mamá y fue mejor de lo que pensé.

    Él estaba más que feliz y yo muy excitado por todo lo que vi llegamos a casa abre la puerta de el zaguán metemos el carro y me dice ayúdame a vestirla para meterla.

    Yo- estas pendejo me toca a mí, creíste que solo vería.

    Me paso a la parte de atrás y le digo échame aguas, vigila bien.

    Y hay la veo semi desnuda, veo su vagina peluda, sus labios vaginales carnosos, tenía la blusa arriba junto con el bra y se veían esos senos grandes blandos pero muy antojables con unos pezones medianos un poco ovalados, café un tanto obscuros y sin más comencé a chupar esas tetas me saque la verga y comencé a frotar su vagina, se sentía mojada ella solo se quejaba de cuando en cuando, en eso decido metérsela y jamás olvidare el calor que sentí en mi pene cuando entro, junto con escalofrío por todo mi cuerpo podía creer que estaba dentro de mi propia madre y entre más lo pensaba más me excitaba y la verga más dura se me ponía, así pase un rato y a diferencia de mi hermano yo no me Salí tome sus piernas las levante y me las puse de arte las tome con fuerza y termine adentro de ella, fue una de los mejores y más largos orgasmos que he tenido.

    Minutos después la vestimos y la llevamos a su recamara las recostamos y tapamos, por otro lado mi hermano y yo estábamos felices en un momento pensé que llegaríamos a tener un poco de remordimiento o mucho pero la verdad es que no, solo hablábamos de ella de cómo se sentían sus senos como se le mojo la vagina a que sabía su vagina y lo mucho que la disfrutamos.

    Al día siguiente ella despierta ya tarde poco más de medio día y con un dolor de cabeza enorme, en eso nos encuentra a los dos en la cocina y nos dice mis amores gracias me la pase increíble se me pasaron las copas y no me acuerdo ni de cómo llegamos a casa pero de lo que me acuerdo me divertí mucho gracias a los dos los amo mucho pero tráiganme algo para el dolor de cabeza me está matando, y las piernas también me duelen supongo que es por lo que bailamos ya no es lo mismo que de joven.

    Y esta es nuestra primera aventura de ahí nos hicimos el propósito de follar con ella pero despierta así como con una de nuestras hermanas, pero esas son dos historias más, que si les gusto esta les contare las otras en otra ocasión.

    Por último sé que es difícil de creer un relato así pero créanme cuando te propones algo lo puedes lograr por más imposible que lo creas y más si cuentas con ayuda incondicional de tu hermano.

    Mi nombre es Alberto y me gustaría contactar a gente como nosotros les dejo nuestro correo por si les interesa intercambiar experiencias, mensaje privado o a [email protected].

     

  • Para mi cuñada

    Para mi cuñada

    La primera parte de este relato empieza en la casa del pueblo de nuestros suegros, después de celebrar una fiesta familiar yo me voy a dormir la siesta porque me encuentro algo cansado y todo el mundo se queda en la finca disfrutando del día, así que me voy al sofá del salón de la casa y me coloco estirado con una manta encima que me cubre todo el cuerpo.

    A los pocos minutos vienes tú y yo me hago el dormido, me llamas por mi nombre y me empiezas a tocar la cabeza con suavidad, yo me sigo haciendo el dormido pero realmente me estoy enterando de todo y me encantan tus caricias. En ese momento empiezas a bajar la mano por mi brazo y llegas hasta mi cinturón por debajo de la manta y tú estás en una posición en la que no se ve donde tienes metida la mano por si entra alguien.

    Se me acelera el pulso pero sigo intentando parecer dormido y entonces desabrochas el cinturón y bajas la bragueta para meter la mano por dentro de mi calzoncillo y coges con delicadeza mi miembro que está morcillón, aún no está en todo su esplendor, pero noto que te gusta y me sigues acariciando y recorriendo toda mi polla como queriendo saber su forma y grosor. En dos segundos ya la tienes en tu mano súper dura, yo sigo sin hacer ningún gesto porque quiero que sigas jugando con ella y hagas lo que quieras. Noto que te encanta y en ese momento parece que entra alguien y tú al estar en una posición que no delata nada sigues con tu mano agarrando y acariciando mi polla que está a punto de explotar pero yo sigo sin hacer ningún gesto para no delatarte porque me encanta y no quiero que quites tu mano de ahí por nada del mundo.

    Nos dejan solos otra vez y ves que me sonrío y me muerdo los labios sin abrir mis ojos y me la agarras con más fuerza pero lamentablemente te llaman y me tienes que dejar pero antes de irte me dices al oído «que rica la tienes cuñao» y me das un besazo que me deja ensimismado durante un buen tiempo…

    La siguiente parte ya han pasado varios días, tú me invitas a un cafecito en tu casa porque mi mujer y tu marido están trabajando y nosotros estamos libres. En cuanto entro a tu casa me miras con ojos de viciosa porque sabes que me encanta, te abalanzas sobre mí y nos besamos con fuerza. Te aparto y te digo…

    – Ahora me toca a mí ser malo contigo, vas a hacer lo que yo te diga a ver si es verdad que te gusta que te dominen un poco…

    – Vale, que quieres que haga??

    – Quiero que me beses con fuerza, sentados en el sofá y tú encima de mí.

    Entonces te abalanzas sobre mí con una sonrisa de oreja a oreja como si te hubiese gustado escuchar eso. Me tiras sobre el sofá y te sientas sobre mis piernas abrazándome con todas tus extremidades sin dejar de besarme. Te beso el cuello y noto que se acelera tu respiración. Te pido que te quites la parte de arriba y te quitas la sudadera dejando que vea tu sujetador de encaje negro.

    -Quítate toda la parte de arriba. -Vuelvo a decir mientras te doy un beso mordiéndote el labio.

    Me sonríes y te quitas el sujetador asegurándote que te vea bien tus pechos mientras te muerdes el labio y me besas con deseo mientras te masajeo tus tetas y me quito la camisa porque ya tengo mucho calor con la excitación que tengo encima.

    -Sácame la polla y juega con ella (te ordeno)

    Entonces metes tu mano sin dejar de besarme y ya la encuentras súper dura, entonces te apartas y bajas hacia ella para empezar a hacerme una mamada y… bendita mamada ya que jadeas con cada movimiento como si te encantase comerla y yo me vuelvo loco de placer pero intento no hacer ruido. Es la mejor mamada de mi vida!!! Y tú sigues durante un buen rato con mi polla tiesa. Me dices que la tengo muy gorda y que te encanta mi polla. Te ordeno que vayamos a tu habitación y me agarras de la mano tirando por mí. Nos tiramos en cama y te empiezo a quitar tus mallas y braguita quedando tu cuerpo completamente desnudo frente a mi mirada para ver lo maravillosamente hermosa que eres. Me quito todo y me abalanzo sobre ti para comerte el chocho que ya está súper mojado, mi lengua recorre tu clítoris a una velocidad que te encanta por cómo te retuerces en cada movimiento. Gritas de placer y me dices «que bien lo haces cuñaooo» y jadeas con más fuerza.

    Te cojo tus tetas mientras te como todo tu coño recorriendo tus labios y saboreando tus fluidos. Entonces me pides que te deje que me comas mi polla mientras te como y accedo de buen gusto así que seguimos durante un buen rato dándonos placer el uno al otro como si de una competición se tratase para ver quién da más placer a quién. Al cabo de varios minutos estoy tan caliente que te quiero follar pero me dices que no tenemos condones y te da miedo. Te pido darte por culo y me sonríes como si estuvieras deseando que lo dijera, entonces de empiezo a lamer el ano para ponerlo a tono, te lo acaricio y voy metiendo mi dedo poco a poco mientras mi lengua juega en el mismo sitio y voy viendo que te vas relajando mientras dices «que ricooo madre miaaa». Tú me sigues comiendo la polla para mantenérmela bien dura y te digo…

    -Ahora es tu turno, enséñame a follarte como tú quieras (te digo)

    Me tiras encima de la cama y coges un poco de aceite que tienes en tu mesilla para pasártelo por tu ano y que mi polla resbale mucho más rico. Te colocas encima de mí colocando mi polla en el sitio exacto y vas bajando poco a poco sobre mi polla dura hasta que entra entera y das un grito de placer largo pero gustoso. Eso me pone más cachondo y te vas moviendo poco a poco pero con una soltura que me deja loco, noto muchísimo placer y tú notas mi polla dura y gordita que te vuelve loca. Cada vez los movimientos son más intensos y gustosos pero sin prisa.

    Después de un rato sudando de placer te pones a cuatro patas para que te penetre por el culo de nuevo con otra postura y me pides que lo haga con fuerza y así empiezo a embestir con movimientos rápidos y jadeas con fuerza pero te tapas la boca con la almohada para que no escuchen los vecinos hasta que nos corremos los dos a la vez.

    Nos tumbamos, me besas y sonríes para preguntarme que me ha parecido y yo te digo que no tengo palabras porque ha sido demasiado espectacular mientras te abrazo con fuerza y me dices

    – No será la única vez, tranquilo, me ha encantado.

    – Te has ganado un súper masaje, aprovechando que ya no tienes ropa… (Te digo mientras sigo abrazado a ti)

    Sonríes y me dices «vale amoreee» y empiezo a darte un masaje pensando en lo afortunado que me siento.

     

  • Mi cuñada me enloquece

    Mi cuñada me enloquece

    Mi hermano siempre fue un problema. Desde chico se metía en líos, ya sea peleándose con compañeros de la escuela, o mandándose alguna travesura en casa. Más de una vez terminé castigado por su culpa, y otras tantas lo salvé de alguna paliza de mis viejos. Yo era el hermano mayor, y a pesar de que a veces me daban ganas de matarlo, a la larga, despertaba en mí un sentimiento de protección fraternal.

    Sólo le llevo dos años, pero siempre fui el grande, y él siempre sería el chiquito. Incluso ahora, que ya contamos con veinticinco y veintisiete años, al verlo, no dejo de mirar a un niño. Por eso, cuando fue a mi casa a pedirme un lugar para vivir por un tiempo, supuestamente corto, no pude negarme.

    Marcelo (así se llama mi hermano) tiene un carácter problemático que le impide conservar los trabajos por más de dos o tres meses. Por otra parte, si bien no llega a ser alcohólico, se da a la bebida con bastante soltura, y esto lo hace hablar más de la cuenta, y lo hace dormir hasta altas horas de la mañana, lo que le dificulta mucho ser puntual en sus obligaciones.

    —Apenas consiga algo fijo, busco un alquiler barato y me voy. —Me dijo con los ojos bien abiertos, mirándome fijo, como queriendo ocultar la mentira que escondían sus palabras.

    Ambos sabíamos que incluso si consiguiese trabajo, debería trabajar varios meses para pagar el adelanto del alquiler, y también sabíamos que lo más probable era que no durase en el hipotético trabajo el tiempo suficiente como para juntar el dinero. Aun así, no pude negarme.

    —Dale, quedate el tiempo que necesites. —Le dije, dándole un abrazo protector, ese abrazo que papá jamás fue capaz de darle.

    Al otro día llegó con un auto viejo y muy deteriorado, que a simple vista uno creería incapaz de andar. Lo ayudé a entrar las cajas con su ropa y algunos electrodomésticos.

    —Mañana me traen los muebles. —Dijo.

    —No te preocupes, en el cuarto vacío hay una cama con un colchón bastante cómodo. Usá esa, traqui. Mañana vemos dónde ponemos los muebles.

    —Igual no son muchos.

    No quería molestarlo, así que no le pregunté dónde había estado viviendo, ni porqué se había quedado sin casa. Hace más de un año que no lo veía y estaba contento de tenerlo en casa.

    —Mañana te hago un juego de llaves. ¿Pedimos algo para comer? —propuse, viendo que afuera ya estaba todo oscuro.

    —Si querés hago algo a la parrilla. —Ofreció.

    —No te preocupes, hoy relájate, hay que festejar.

    —Es linda tu casa. —susurró, como admirado y avergonzado a la vez, una vez que sólo quedaban dos porciones de pizzas en la caja y que la segunda botella de cerveza estaba por la mitad.

    Lo cierto es que mi casa no tiene nada de especial. Una construcción simple, un rectángulo dividido en varios rectángulos que forman los espacios de la casa. Un patio pequeño, una fachada simple y poco original, y en su interior muebles poco memorables, una iluminación débil, debido a los altos costes de la electricidad, y sobre todo, una ausencia de toque femenino, y una carencia de vida animal, ya que siempre me rehusé a llenar el vacío con una mascota.

    Aun así, me daba cuenta que para alguien como Marcelo, que seguramente pasaba por privaciones, eso era todo un lujo. Más aun teniendo en cuenta que la casa no era alquilada, sino que era de mi propiedad.

    El timbre sonó a las once de la noche, cuando estábamos frente al televisor mirando como Sol Pérez movía el culo en la pista de “Bailando por un sueño”. Me sorprendió escucharlo, porque no suelo recibir a nadie a esas horas, y mucho menos sin previo aviso. Miré a Marcelo, y él esbozó una sonrisa culposa.

    —¿Esperás a alguien? —Le pregunté, entre sorprendido y molesto.

    —A una chica. —dijo él. Agrandando su sonrisa.— ¿Se puede quedar esta noche?

    —¿Y por qué no me dijiste antes? —Pregunté indignado. Él sólo se rascaba la cabeza, como esperando a que yo retire esa pregunta tan difícil de contestar.— Dale, andá a abrirle. No la dejes esperando afuera. —contesté, pensando que la pobre chica no tenía la culpa de lo que hacía el atolondrado de mi hermano.

    Entró una mujer extremadamente joven. De baja estatura, con la piel marrón y cara de nena asustada. Tenía el pelo ondulado recogido, y entre su labio superior y su diminuta nariz, había un lunar que le daba una sensualidad irresistible a su rostro de belleza singular, a la vez que contrastaba con las facciones aniñadas en las que uno reparaba en un primer vistazo. Se presentó como Mariel. La saludé con un beso, apoyando mi mano en su cintura de avispa.

    —¿Querés comer algo? —ofrecí, señalando las dos porciones de pizza que todavía estaban sobre la mesa.

    —No, gracias, ya comí. –contestó.

    Marcelo la agarró de la cintura y se la llevó a su cuarto. Mariel tenía el cuerpo chiquito, pero voluptuoso, de trasero montañoso y profundo, y caderas sinuosas, un cuerpo que inevitablemente la haría transitar por una vida salvaje y promiscua. Marcelo le pellizcó el culo mientras se perdía en la oscuridad del pasillo.

    Me preguntaba quién era esa Mariel. ¿Sería una prostituta? Lo dudaba. Marcelo era un perdedor en la mayoría de los aspectos de la vida, pero con las mujeres siempre fue un ganador, en verdad no era raro que una chica tan llamativamente linda se fijara en él. Otra cosa que me intrigaba era su edad. Si esa chica era mayor de edad, lo sería desde hace muy poco. Supuse que tenía dieciocho o diecinueve años, aunque bien podría ser algo menor. Esperaba que mi hermano no estuviese haciendo nada ilegal.

    Enseguida me llegaron los ruidos de los resortes del colchón rechinando, seguidos de los gemidos de Mariel. Me preguntaba si era una descarada, o simplemente no podía reprimir esos gemidos. De todas formas, no me molestó ni mucho menos, enseguida fui a mi cuarto y apacigüé a mi monstruo con mi amiga manuela.

    Al otro día desayunamos los tres. Pero Mariel se fue enseguida a su casa. Fiel a mi actitud no entrometida, no pregunté de dónde había sacado a ese demonio disfrazado de adolescente. Sin embargo, él me lo contó.

    —Es mi mujer. —dijo.

    Me sorprendió la palabra “mujer”. Ni novia, ni amante. Mujer.

    Inmediatamente comencé a cuestionarme la lujuria que había generado en mí esa chiquita. Ya no era la chica ligera con la que Marcelo se había acostado la noche anterior. No era una hembrita cualquiera que había calentado su cama, y quien sabe, la de algunos más. No. Era su “mujer” y eso lo cambiaba todo. Ya no podría darme el lujo de deleitarme con su culo generoso, ni perderme en la belleza sensual de su rostro inmaduro. Maldije a mi hermano en silencio. Si me lo hubiese advertido antes, me hubiese inventado una coraza que me protegería de la lujuria. Pero ahora ya era tarde. En fin. Debía conformarme, y guardarme la calentura para otras mujeres. Y para colmo no estaba con ninguna desde hace más de tres meses.

    —Está peleada con sus viejos. —Dijo Marcelo, sacándome de mi ensimismamiento.

    —¿Qué?

    —Está peleada con sus viejos. —repitió.

    Pero no era que no lo había entendido, sino que lo había comprendido a la perfección.

    —Así que querés traerla a vivir acá. —dije, adelantándome.

    —Sólo unos días. Hasta que consiga dónde quedarse.

    —Vos sabés que esos días se van a transformar en semanas.

    —No tiene dónde quedarse. —dijo, ignorando mis palabras. Luego levantó la mirada con un gesto que parecía indicar que había hecho un gran descubrimiento.— Mirá, ella te puede limpiar la casa, y lavar la ropa. Y hasta cocinar.

    La idea no me desagradó del todo. No me gustaba nada hacer esas cosas, y no estaría mal que alguien me ayude. Sin embargo, tener a dos personas desempleadas en mi casa iba a ser sumamente costoso. Y también estaba ese otro problema: La chica era muy linda. Iba a ser muy incómodo tener a ese bombón merodeando por la casa.

    –¿Cuántos años tiene? —pregunté.

    —Dieciocho.

    —Es muy chica para vos, además, ¿de verdad tiene dieciocho? No quiero tener quilombos legales.

    Marcelo se levantó de la mesa y se fue a su cuarto. Salió enseguida y tiró un plástico rectangular sobre la mesa.

    Lo tomé, y vi la foto de Mariel en él. El documento demostraba que era mayor de edad desde hace apenas dos meses.

    —Igual es una nena para vos.

    —Esa nena coge mejor que muchas mujeres. Es chiquita pero tiene mucha experiencia.

    Todas las señales me indicaban que vivir con mi hermano y mi cuñadita me iba a traer problemas, pero no podía decirle que no a Marcelo. Además, yo debería ser capaz de controlar mi lujuria, y aunque cayese en la tentación, nada me aseguraba que ella también estaría interesada. Mariel tenía pinta de loba disfrazada de cordero, pero probablemente me equivocaba. Al menos eso esperaba.

    Fui a la oficina y no volví hasta las seis de la tarde. Al llegar a casa encontré a Mariel acurrucada en un sillón de la sala de estar. Se levantó como con vergüenza.

    —No me molesta que te pongas cómoda. —le dije, para que se tranquilice.

    —A la mañana barrí, y pasé el trapo, pero me tenés que enseñar a usar el lavarropas porque no sé usarlo. —dijo, todavía a la defensiva.

    No era más que una nena que nunca había lavado en su vida. Además, en su manera de hablar, noté que no era una chica cualquiera del conurbano. Tenía ese acento afrancesado de los barrios más pudientes de Capital. Reparé en su ropa. Un pantalón de corderoy negro muy ceñido, y un pulóver bordó. Esas ropas, aparentemente simples, eran de buena calidad, y no las había comprado en una feria. Entonces se trataba de una cajetilla, una cheta, una pija, una nariz parada… Era una chica bien en busca de aventuras, una nena reprimida por un montón de mandatos familiares que decidió irse con un vago, siete años mayor que ella, para saber lo que era la vida. Miré sus manos. Manos delicadas y suaves, de uñas prolijamente pintadas, y perfectamente cortadas. Tenía una mirada blanda con la que me observaba con cierto temor, pero también con curiosidad.

    —Quedate tranquila. Mi hermano me dijo que me ibas a ayudar con las cosas de la casa, pero tampoco te vas a convertir en mi sirvienta.

    —No me molestaría lavarte la ropa.

    —Pero si ni siquiera te debés lavar la bombacha. —dije, algo irritado por su obsecuencia. Ella agachó la cabeza y se puso colorada— Perdón, sonó mal así. Lo que quiero decir es que ni siquiera debés lavarte tu propia ropa.

    —Ahora tengo que hacerlo. —Dijo, con un hilo de voz.

    —¿Y tus papás saben que estás acá?

    —Saben que estoy con Marcelo. —Dijo, evasivamente.

    —Bueno, lo más pronto posible les pasás la dirección y el teléfono. Seguro están preocupados por vos. No es bueno hacer sufrir a los padres. —Ella me miró asombrada.— Y no te preocupes por la ropa. Después te enseño a usar el lavarropas, es de lo más fácil. Y no hace falta que laves mi ropa ni que cocines. Conque ayudes a mantener limpia la casa es más que suficiente.

    —Gracias. Marce me dijo que eras un pan de dios, y ahora veo que tiene razón.

    —No creo que Marcelo haya usado esa expresión.

    —Bueno, dijo que eras una masa. —dijo Mariel, riendo.

    —Hablando de Marcelo ¿Dónde está?

    —Fue a una entrevista de trabajo.

    —¿A las seis de la tarde?

    —Eso fue lo que me dijo. —dijo ella, y su rostro se ensombreció.

    —Bueno, seguro debe estar viniendo. Voy a bañarme.

    Transcurrieron semanas mucho más apacibles de lo que imaginé. Al llegar a la tarde, siempre encontraba todo limpio y ordenado. Marcelo solía estar mirando la televisión mientras Mariel terminaba de limpiar la casa. A la noche comíamos juntos. Marcelo cocinaba muy bien, aunque era bastante repetitivo con los platos que hacía, por lo que día por medio pedíamos delivery. Los fines de semana solían salir para ver a conocidos de ambos, o ella iba a visitar a sus padres, quienes de a poco empezaban a aceptar su relación con mi hermano. Yo sospechaba que también solían ausentarse esos días para dejarme la casa sola y permitir que conserve mi intimidad.

    Todo era mejor de lo que esperaba, y fue mejor aun cuando, a la tercera semana de estadía en mi casa, Marcelo consiguió trabajo en una empresa de seguridad. Estaba claro que tardaría unos cuantos meses hasta que esto se traduzca en la mudanza de ellos, y eso, si mi hermano sabía conservar el trabajo, pero aun así era una excelente noticia y el ánimo de todos, se levantó aún más.

    Eran pocas las cosas negativas en esas semanas. A veces ellos solían discutir por cosas insignificantes, y cuando volvía cansado del trabajo, eso podía ser muy irritante. Por otra parte, los gemidos nocturnos de Mariel, cuando copulaba con mi hermano, me hacían poner cada vez más incómodo, ya que al otro día me la encontraba en la casa, y no podía evitar imaginármela desnuda, gozando, pero esta vez con mi sexo. Trataba de sacarme esas fantasías de mi cabeza, y me decía que mientras se guarden en mi imaginación, la cosa no era tan mala. Por otra parte, Mariel, que siempre era tan ordenada y pulcra, a veces, luego de bañarse, olvidaba su bombacha en la bacha del baño, y yo me veía obligado a fantasear con ella mientras me estaba bañando. Más de una vez me la crucé en la madrugada, después de haber echado un meo, y ella se dirigía al baño con una remera que le cubría la mitad de la nalga, mientras que de cintura para abajo solo vestía una tanguita. Si hubiese sido mal pensado, diría que me estaba provocando.

    Mariel era una chica acostumbrada a hacer lo necesario para no causarle molestias a nadie. Y más allá de los detalles anteriormente descritos, era sumamente condescendiente. Siempre hacía lo que se le pedía, y a veces trataba de adelantarse a los deseos del otro y actuaba en consecuencia. Había reparado en que me gustaba ver determinados programas de televisión, y ella enseguida los hizo sus favoritos, por lo que cuando estábamos solos, no había discusión al respecto. Sabía qué sabores de pizza y empanadas me gustaban, por lo que cuando había que pedir delivery no hacía falta que me pregunte. Había aprendido a lavar la ropa, y aunque yo le había dicho que no era necesario, había percibido que detestaba realizar las tareas domésticas, por lo que lavaba mi ropa junto con la de ellos, sin que se lo pida. Era una buena chica, y cuando mi hermano comenzó a trabajar, pasamos más tiempo juntos. Tiempo peligrosamente agradable.

    Yo había empezado a salir con una chica, pero enseguida me dejó, alegando que mi cabeza estaba en otra parte, que mi corazón no estaba con ella, y que mi sexo ansiaba otras hendiduras.

    No sufrí mucho por eso, y no pude más que aceptar que tenía razón. Mariel rondaba mi casa con sus pantalones ajustados, su cara de facciones hermosas, adornada con el lunar sexy, y su mirada inocente. Y de a poco, eso se convertía en mi mundo. Me gustaba mirarla, sentir su perfume, escuchar sus pasos por los pasillos oscuros de mi casa, que hace mil años era tan solitaria. Me gustaba sentir su cuerpo a mi lado, calentando el lado izquierdo del sofá, mientras mirábamos un programa que ambos disfrutábamos. Me agradaban sus frases simples pero certeras, su sonrisa blanca, su expresión soñadora.

    El comienzo del deterioro de la relación entre mi hermano y Mariel no hizo más que alimentar mis fantasías traicioneras.

    Marcelo comenzó a trabajar de noche. Mariel intentó adaptarse a los horarios de él, consiguiéndolo sólo a medias. Se quedaba hasta la madrugada conversando con él por teléfono, para hacerle compañía en sus aburridas guardias nocturnas. Luego se despertaba a las siete de la mañana, cuando él llegaba, para satisfacer sus necesidades carnales. En principio todo iba bien, pero Mariel comenzó a sospechar que él podría estar haciendo algo a sus espaldas. Nunca me lo dijo, pero se la notaba recelosa, y cuando hablaba por teléfono con Marcelo, le hacía mil preguntas intentando sacarle verde por maduro. Por su parte, mi hermano, a veces llegaba a casa en horarios intempestivos, aduciendo que le habían cambiado el horario en el último momento, o que debió quedarse más horas de lo esperado, debido a la ausencia de su compañero, a lo que Mariel respondía astutamente que qué bueno que al sueldo se le iba a sumar tantas horas extras, dejando en claro que, llegado el momento, iba a saber si mi hermano le mentía o no.

    No era más que una discusión normal en una pareja joven, pero mi lujuria parecía querer desencadenarse cada vez que imaginaba que mi hermano dejaba en libertad a la pequeña Mariel.

    Ya había pasado el primer mes desde que se mudaron conmigo, y el calor ya se hacía sentir. Mariel cambió los pantalones por shorts, unos más cortos que los anteriores, lo que hacía imposible no prestarle atención. Para colmo ya era una costumbre que desde que llegaba de la oficina, hasta que llegaba la hora de dormir, pasemos el tiempo los dos solos, mientras mi hermano trabajaba en algún lugar de capital. Mariel se paseaba, ya con confianza, de aquí, para allá, moviéndose con desenvoltura, mientras yo la seguía con la mirada lasciva y los pensamientos lujuriosos.

    Ya tenía bastante confianza conmigo, y tenía la costumbre de apoyar su mano en mi rodilla cuando conversábamos. También le gustaba salir de la ducha envuelta en una diminuta toalla, para ir a vestirse a su cuarto, y siempre lo hacía cuando yo estaba en casa, como asegurándose de que la viera. Esto se repetía casi todos los días, y yo fantaseaba con seguirla hasta su cuarto y desatar esa toalla para poseer ese cuerpo húmedo, lleno de voluptuosidad.

    A medida que pasaban los días, ella dejaba caer cada vez más comentarios negativos sobre mi hermano. Le molestaba que ya no la llamara por las noches, siendo ella la que siempre debía tomar la iniciativa. Le dolía su ausencia continua, aunque sabía que eso se debía a que su trabajo quedaba bastante lejos, cosa que, sumada a las horas laborales, le consumía muchísimo tiempo. Y ya no le bastaba con la satisfacción sexual, necesitaba sentirse querida y protegida.

    Cuando me dijo eso, me miró con ojos vidriosos, y yo me pregunté si lo que necesitaba no era más que a mi persona.

    —¿Estás saliendo con alguien? —me preguntó una noche.

    —No, creo que para las mujeres soy bastante aburrido.

    —No seas tonto, si sos divino. —Me consoló.

    Cambié de tema, porque mi cabecita estaba a mil por hora. Ella estaba muy cerca de mí, y tuve que hacer una fuerza inhumana para no comerle la boca. Al final nos fuimos a dormir. Ella me dio un beso en la mejilla, más tierno de lo normal. Esa noche fue muy difícil quedarme en mi cuarto, teniéndola tan cerca, al otro lado de la pared. Fue muy difícil, pero Marcelo no merecía una traición como esa. Me dormí a las cuatro de la madrugada, luego de haberme masturbado tres veces, orgulloso de haber pasado una prueba tan dura.

    Pero al otro día ya no pude más.

    Los hombres estamos acostumbrados a la lógica machista, y en el fondo, creemos que el conquistar a una mujer y conseguir llevárnosla a la cama, depende pura y exclusivamente de nuestra astucia y nuestro poder de seducción. Pero ellas también actúan en base a sus necesidades. Lo hacen de maneras más sutiles, pero más eficientes, y cuando uno apenas se da cuenta, la telaraña ya está tejida, y nosotros, atrapados en ella.

    Mientras yo me desvivía por reprimir mis sentimientos, Mariel habría de tener sus propias fantasías. Mientras yo creía tener controlada la situación, era ella, quien, con simples actos, se aseguraba de instalarse en mi cabeza. Y cuando yo creía haber decidido ser fiel a mi hermano, ella ya había tomado otra decisión por los dos.

    Era el atardecer y Mariel había salido de la ducha. Como era su costumbre, salió todavía húmeda envuelta en una toalla. Su piel marrón brillaba por las gotitas que perlaban su pequeño y sinuoso cuerpo. Me miró, más provocadora que de costumbre. Al rato, mientras ella estaba en su cuarto, yo también entré a bañarme, ya que recién había llegado del trabajo, y necesitaba sacarme los olores urbanos. En la pileta me había dejado su tanguita blanca. A esas alturas yo ya sospechaba que eso formaba parte de su ritual de seducción, así como dejarse ver semidesnuda después de la ducha. Agarré la diminuta tela blanca y me la llevé a la nariz. Percibí un leve aroma a pis, y un olor más poderoso. Olor a fluidos. Me senté en el inodoro y me masturbé, frotándome el sexo con una mano, y sosteniendo la tanga con la otra, llevándola a mi rostro, sin dejar de olerla. Cuando acabé, creí que ya había apaciguado mi excitación, pero estando en la ducha, con la vista de la tanguita a unos centímetros, me puse al palo de nuevo, y tuve que eyacular por segunda vez, sabiendo que, si no lo hacía, corría el riesgo de hacer una locura durante las largas horas que compartiría con Mariel.

    Salí del baño preocupado, ya que notaba que mi atracción hacia ella se tornaba cada vez más difícil de controlar. Quizá ya era hora de hablar con mi hermano, y decirle, amablemente, que por favor busque otro lugar donde instalarse. O quizá debía hablar con Mariel, y decirle que tal vez no era apropiado que se pasee por la casa tan provocadoramente. Luego descarté ambas opciones, y concluí que debía ser yo quien cambie de actitud. Lo correcto sería evitar pasar tanto tiempo con Mariel, aunque no tenía en claro cómo lo haría, ya que su presencia era casi ineludible.

    Todo esto estaba cavilando cuando atravesé el pasillo para ir al lavadero a dejar la ropa sucia, cuando mi mente se quedó en blanco porque vi a Mariel, sobre el sofá, todavía con el pelo mojado. Estaba boca abajo, con las piernas flexionadas y los pies apuntando el techo. Me sonreía. Su piel marrón se tornaba pálida ahí, donde debería estar cubierta por su tanga y su corpiño.

    Estaba completamente desnuda.

    Su culo redondo, grande para su cuerpito, y firme como solo lo puede tener una chica de dieciocho años, estaba un poco levantado, como ofreciéndose.

    Tiré la muda de ropa que tenía en brazos al piso. No dije nada. No dijimos nada. Me acerqué a ella.

    Olí su cuerpo recién bañado. Era la fragancia del paraíso. Besé su cuello. Lo lamí. Luego su hombro, y después chupé su espalda mientras mis dedos, ansiosos, comenzaban a reconocer su trasero. Al acariciarlo noté que era tan terso como parecía. Mis labios bajaban por su piel latina, y la pequeña Mariel suspiraba profundamente al sentir mi boca y lengua. Mordisqueé su nalga. Como gimió de placer, lo hice de nuevo, más fuerte, una y otra vez.

    —Sí, haceme lo que quieras. —Dijo al fin

    —Sos una nena mala. —le dije, dándole una fuerte nalgada.— Muy mala.

    —¿Preferirías que sea buena? —Preguntó, la descarada.

    —No, me gusta que seas mala. —le dije, dándole otra nalgada.

    Me quité la ropa. La tiré a un costado. Mostré mi verga, la cual, luego de haberla masturbado dos veces, ya estaba erguida, como si nada.

    —Que linda pija tenés. —susurró.

    —Y vos tenés un cuerpo de carnaval.

    Se puso en pose de perrita. Me subí al sillón. Los preservativos estaban en mi cuarto, y no pensaba ir a buscarlos, ya no podía esperar más. Mojé mis dedos y los enterré en su sexo, el cual ya estaba empapado. Apunté mi fierro y lo enterré. Ella gimió dulcemente, con voz de diabla sumisa. La penetré una y otra vez, aumentando gradualmente la intensidad de mis embestidas. Ella enseguida se acostumbró a ser perforada en su totalidad por mi verga, entonces la agarré de las tetas y empecé a cogerla salvajemente. Mariel gemía. Eran los gemidos que tantas veces escuché atravesar las paredes. Esos gemidos me instaban a poseerla con mayor violencia. Desaté una fuerza que no creía poseer. Seguramente, al otro día, apenas podría caminar, pero no me importó. Le di duro, con fuerza, con rabia. Ella soportó estoicamente la salvaje cabalgada, demostrando que era mucho más hembra que muchas mujeres que le doblaban la edad. Gritaba sin reparos, al ser invadida por mi carne dura. Quizá alguien en la calle nos oyó, pero ninguno de los dos se preocupó por eso.

    —¿Vas a acabar? —Preguntó, demostrando nuevamente su vasta experiencia.

    —Sí, bebé, te voy a llenar las nalgas de leche.

    —No, dámela acá. —Dijo, girando su cabeza, pasándose la lengua por el labio superior.— La quiero tomar.

    —Sos una nena muy mala.

    Retiré mi pija de su sexo. Bajé del sofá y acerqué mi tronco a su carita tramposa.

    —Mirá, ya está saliendo la lechita. —dijo, tocando el glande, impregnando su dedo de presemen.

    —Acá tenés bebé. —dije, comenzando a masturbarme aceleradamente.

    Mariel abrió la boquita. El semen se eyectó con fuerza, cayendo la mayoría en la abertura de su boca. Me miró a los ojos, como una actriz porno, mientras mantenía la boca abierta para que yo disfrute de ver el semen depositado adentro suyo. Luego cerró los labios. Su garganta hizo un sonido gutural. Abrió la boca de nuevo y demostró que había tomado toda la leche, como una nena buena.

    Ya satisfecho, me concentré en satisfacerla a ella. Besé sus muslos, y avancé lentamente, hasta encontrarme con su sexo.

    —Que rico olor a concha. —dije, y le practiqué sexo oral, mientras, me las ingeniaba para acariciar sus tetas y su orto.

    Mariel acabó, con un grito salvaje y peligroso. Su cuerpo se contrajo con una fuerza bestial, y sus piernas me apresaron con violencia, mientras largaba todos sus fluidos en mi cara.

    Luego me la llevé a la cama. Mariel se mostró ardiente y sumisa, emprendedora y obediente, juguetona y experta, ansiosa y tenaz. Era hermosa, y era mía, al menos por esa noche.

    A la mañana, cuando mi hermano llegó a casa, me sentí culpable, y además, estaba muy preocupado. Sentía pavor imaginando que había dejado alguna prueba de la traición en la casa.

    Pero me había asegurado de dejar el living en orden. Mariel se había tragado todo mi semen, y la mayor parte de sus fluidos fueron a parar a mi cara. De todas formas, puse una manta perfumada sobre el sofá, y previo a eso, volqué una taza de café, lo cual explicaría la presencia de la manta de ser necesario. Por su parte, Mariel se había bañado durante media hora después de haberse ido de mi cama, a las cinco de la mañana. Mi cuarto era lo más incriminador, ya que, a pesar de que tiré perfume, todavía olía a sexo y a transpiración de los dos cuerpos que habían gozado sin parar.

    Me fui al trabajo, nervioso, temiendo que al volver me encontraría con una horrible situación. Pero Mariel me mandó un mensaje diciéndome que todo estaba bien, que lo que pasó iba quedar entre nosotros y nadie más, ya que Marcelo estaba tan ocupado que no sospecharía nunca.

    “¿Sabés que lo que hicimos estuvo mal, no?” Le pregunté por mensaje. “No te pongas pesado con la culpa”, me contestó ella.

    Al salir del trabajo, me quedé dando vueltas por el centro. Llegué recién a la noche.

    —No te pongas así de serio, si te arrepentiste, no lo hacemos más, y listo. —dijo Mariel, al notarme más callado de lo usual.

    —No te confundas, lo de anoche fue hermoso, pero no le podemos hacer esto a mi hermano.

    —Pero ya se lo hicimos.

    —Entonces hay que terminar.

    —Está bien. Igual no te sientas culpable. Marcelo ya no me quiere. Se nota que tiene otra.

    —Eso no lo sabés, y aunque fuese cierto, es diferente… Yo soy el hermano. Nuestra traición es diez veces peor que supuesta traición de él.

    —Sos más divertido cuando estás alzado. —Dijo la pendeja, levantándose, y yéndose a su cuarto.

    A la noche, como era de esperar, no podía dormir. Pero estaba decidido a no repetir el error del otro día. Cuando ya no sabía qué hacer para dormir, acudí a mi vieja amiga, mi mano derecha. Mis dedos envolvían y frotaban mi tronco resbaladizo, y estaba muy cerca de acabar, cuando se abrió la puerta de mi cuarto.

    Mariel encendió la luz. Estaba en tetas, descalza, y su diminuta tanga blanca era la única tela que la cubría.

    —Me vas a volver loco, pendeja.

    Hice a un lado el cubrecama, mostrando mi cuerpo desnudo, y mi verga a punto de estallar.

    —¿Qué estabas haciendo, cochino? —dijo la zorrita. Se subió a la cama, y gateó lentamente hasta encontrarse con mi fierro caliente.

    Se mordió el labio inferior. Agarró el tronco.

    —Está todo pegoteado, y tiene mucho olor a pija. —dijo, fingiendo voz de nena que desaprobaba una travesura de otro niño.

    —Bien que te gusta, zorrita.

    La agarré de la cabeza e hice un movimiento para ofrecer mi verga. Ella abrió la boca golosa, inmediatamente, y comenzó a mamar como bien sabía hacerlo.

    —Ahora te vas a tomar la leche, putita, toda.

    Mariel chupaba con deleite, mientras me acariciaba las bolas, llenas de bello. Yo le acariciaba la cabeza con ternura. Pronto mi semen inundó de nuevo su boquita.

    —¿ves? Me la tomé toda, como me ordenaste.

    —Así me gusta, que seas una nena obediente. —dije, acariciando su carita preciosa.— ¿Ahora sabés lo que quiero hacer?

    —¿Qué?

    —Voy a perder mi dedo en tu culito.

    —Está bien, pero sólo el dodo. La tenés muy grande para mí.

    Giró su cuerpito. Ofreció su culo. Yo me chupé el dedo y se lo enterré. Cuando lo saqué, lo encontré impecable.

    —Así me gusta, que te prepares para todo.

    Ella empezó a juguetear de nuevo con mi verga, mientras yo le escarbaba el orto, y besaba sus nalgas. En seguida me puse al palo de nuevo, y el placer de la felación, combinada con el deleite de penetrar su culito, era increíblemente hermoso, era perfecto.

    —Quiero más leche. Por favor dámela.

    Se la di, tal como quería.

    Al otro día repetí mi peregrinación por el centro, debido a la culpa. Otra vez la evadí durante la cena. Pero a la madrugada, esperé que en algún momento entre a entregarme su cuerpo.

    Pero esta vez no lo hizo.

    Me quedé despierto hasta la hora de levantarme. Lo vi llegar a Marcelo, y oí los gemidos de Mariel a través de las paredes.

    La culpa no me permitía sentir celos, pero esa misma culpa tampoco iba a hacer que desista de acostarme con ella, lo sabía.

    A la tarde encontré la casa sola. Le envié un mensaje preguntándole dónde estaba, pero si bien lo había leído, no lo contestó.

    Cené solo, y recién cuando estaba en la cama la escuché llegar.

    Fui a su cuarto.

    —¿Dónde estabas?

    —¿Qué te importa?

    —¿Por qué me hablas así?

    —¿Te pensás que me vas a tener cuando quieras? —dijo ella.

    —¡Pero si vos me buscaste la otra noche! —contesté, indignado.

    —Bueno, ahora no quiero nada, andate.

    —Y claro, si hoy te cogió bien Marcelo, ¿no?

    —Es mi pareja.

    —¿Y yo que soy? ¿Tu juguete?

    —Andate por favor.

    —No me voy nada.

    Agarré el cubrecama y lo tiré a un lado. Estaba acostada con una remerita negra y una tanguita.

    —¡Basta, andate!

    Le arranqué la tanga, dejando su sexo a la vista. Me desnudé. Sus quejidos duraron poco. Enseguida fueron reemplazados por gemidos.

    —Vos sos mía. —le susurraba al oído, mientras la penetraba, con mis brazos rodeándola, como cadenas de las que no se podría liberar. —vos sos mía.

    …..

    Ya pasaron cuatro meses desde que se mudaron. Contra todo pronóstico, Marcelo conservó el trabajo. Y por lo visto también recompuso su relación con Mariel, porque desde que se fueron, ella no contesta ninguno de mis mensajes donde la invito a visitarme.

    Pero hoy vienen a cenar. Me pregunto si los convenceré de quedarse a dormir. Me pregunto si mi hermano nos dejará solos, casi regalándome a Mariel, como lo hizo tantas veces.

    Estoy seguro de que ella no se olvidó de mí. En las últimas semanas de convivencia fue más mía que de mi hermano.

    Hoy vienen a visitarme. Quizá…

    Fin.

     

  • Mi novio de pené pequeño III: cogiendo a escondidas de su familia

    Mi novio de pené pequeño III: cogiendo a escondidas de su familia

    Hola soy José en esta ocasión me gustaría continuar relatando mi noviazgo con este chico de pené pequeño.

    Después de que nos bajaran del camión nos tocó caminar hasta su casa, el trayecto fue más que nada informativo ya me confirmó lo que sospechaba, me dijo que al llegar me presentaría como un amigo, ya que aún no estaba listo para decir su orientación sexual, lo cual me llego a molestar un poco pero ya lo veía venir.

    Al llegar a su rancho nos recibió su familia, la cual nos dio una calurosa bienvenida. Ese mismo día más tarde nos ganó la calentura ya qué mientras su familia cenaba yo me encontraba recibiendo su pequeña verga en el establo de su rancho, me cogía como desesperado, con un ritmo muy frenético, tanto qué por un momento sentí que hasta el pené le había crecido, estaba demasiado entusiasmado hasta que por fin se vacío dejándome su semen dentro.

    Cuando terminamos de coger le pregunte porque tenía tanto entusiasmo, a lo que me dijo que le sentía cierta emoción por hacer algo así de prohibido en su casa. Este fue el inicio de varias travesuras sexuales en esas dos semanas que estuvimos en su rancho.

    La primera de esas travesuras fue el mamársela mientras hablaba por la ventana con su mamá. Ese día habíamos subido al segundo piso de su casa para poder coger, pero en ese momento su mamá comenzó a gritar, por lo que el abrió la ventana para responderle y mientras conversaban, yo comencé a chupar su pené, en cuanto sintió mi lengua en la punta de su pené, este se quedó mudo por un momento voltio a verme y queriendo mantenerse serio continuo hablando con su mamá para que no se diera cuenta, sin embargo le fue muy difícil ya que por cada chupada que le daba éste cortaba la plática para dar pequeños gemidos, esto fue tan notorio que su mamá le preguntó que si estaba bien a lo que con dificultad le dijo que si, y el dio por terminada su conversación y a la vez soltando una gran cantidad de semen en mi boca.

    La segunda fue más breve pero más arriesgada que la anterior, ya que ese día habíamos acompañado a su tío por unas cosas, y mientras el buscaba nosotros nos encontrábamos metiéndonos un dedo en el ano del otro, al día de hoy creo que lo noto, pero decidió no decir nada o no se.

    La tercera y última fue durante un partido de fútbol, su familia es muy fanática y ese día se reunieron todos en la sala para ver el partido, yo no soy muy fan así que me encontraba en la cocina con la excusa de que buscaba algo para comer cuando en ese no entro mi novio, no hizo falta decir nada me baje el pantalón y el me comenzó a coger, esta había sido nuestra travesura más extrema ya que solo nos separaba una pared del resto de su familia y bastaba con que alguien fuera a la cocina para vernos en plena acción, con cada metida qué me daba aumentaba la presión y se sentía una gran adrenalina, tanto que aunque él se vino rápido continuo cogiéndome y por desgracia pasó lo que tenía que pasar mientras nos encontrábamos cogiendo, entró su mamá a la cocina y se quedó congelada, su cara solo reflejaba un semblante muy fuerte. Solo atinó a decir vístanse, los veo arriba en mi cuarto.

    Y pasaron cosas que no vale la pena decir, pero su mamá nos regañó y directamente lo hizo elegir entre yo y su familia y el eligió a su familia ese fue el fin de nuestra relación, después de eso no lo vi más ya que incluso lo hicieron dejar la universidad y bloquearme de toda red social. Lo único que recibí fue una carta de él disculpándose por todo. No lo culpo fue buen novio.

  • Sexo salvaje con mi profesor de gimnasia

    Sexo salvaje con mi profesor de gimnasia

    Encontré su nombre y su número de celular en el parabrisas del auto, con la palabra “PERDÓN” en mayúsculas. La puta madre, pensé, mientras buscaba el golpe. Y ahí estaba, en la parte trasera, del lado del acompañante. La abolladura no era importante, pero el hecho de tener que lidiar con seguros y esas cosas me secaba la concha de manera extraordinaria. O al menos eso sentí en ese instante. Qué bueno que me equivoqué. Metí el papel en la cartera, subí al auto y me propuse llorar durante al menos cinco minutos. Me vino super bien. Las perdidas constantes en mi vida, el trabajo, la economía y una infinidad de factores más me sumergen en un constante colapso. ¿Solamente a mí me pasa? Lamento suponer que no. Que todos estamos cada día un poco más consumidos. Lo importante es encontrar esos pequeños momentos en los cuales soltar toda esa mierda e intentar continuar de pie, lo menos rotos posible.

    Llegué a casa y pensé en que debería llamar cuanto antes al bobo que me había chocado, pero la necesidad de una ducha fue mucho más fuerte que el deber. Desnuda en el baño, la bañera me guiñó un ojo invitándome a sumergirme. Acepté sin dudarlo. Mientras se llenaba la tina fui hasta mi habitación y saqué el consolador que guardo en la mesa de luz. Me lo merecía.

    Puse el último disco de Tini, como para sumarle drama a la vida, y me sumergí. El agua estaba increíble. Al primer contacto con ella sentí paz, como si me quitaran un gran peso de la espalda. Sumergí el consolador y comencé a acariciarme ahí abajo. De inmediato me empecé a calentar. Hacía al menos una semana que no jugaba conmigo misma. Meses enteros que no incluía a otra persona. Así que la situación comenzó a escalar rápidamente. Cuando el consolador hizo tope por primera vez con el fondo de mi vagina un orgasmo monumental me hizo estremecer. En situaciones “normales”, cuando no me siento tan tensionada, esa sensación hubiese sido suficiente. Pero no estaba en días normales. Así que comencé a agregarle velocidad al asunto, metiendo y sacando el consolador como si de eso dependiera mi vida. Y en parte lo sentía así. Esa cogida que me estaba dando era todo lo que necesitaba en ese momento de mi vida. Acabé tres veces más en una cantidad de tiempo ridícula. Seguía estando excitada, pero también estaba muy cansada, por lo que decidí relajarme y dejar que el tiempo pase. Creo que dormí por casi media hora. Me despertó el agua que comenzaba a enfriarse, aunque yo seguía muy caliente. Dediqué cinco minutos más al baño propiamente dicho y salí de la bañera. Me sequé y desnuda fui hacia la habitación. Así como estaba me recosté y dormí dos horas más. Desperté pasadas las siete de la tarde. Y decidí hacer ese bendito llamado.

    Apenas contestó el celular, sentí algo especial en su voz. Algo conocido, quizás. Pero lo dejé pasar. Me dijo que tenía problemas con el seguro. Me explicó, pero no lo entendí. Me dijo que no me preocupara, que él se haría cargo de todos los gastos. Que tenía un chapista amigo que me dejaría el coche como nuevo, pero que teníamos que llevárselo al día siguiente, porque en tres días el hombre viajaría. Quedamos en encontrarnos al día siguiente al medio día. Resolver al menos una de las cuestiones que se sumaba a lo que me obligaba a llorar todos los días, me pareció algo fantástico.

    No me había equivocado al oír su voz. El Máximo que me había chocado el auto, era el mismo que, años atrás, había sido mi profesor de gimnasia en el colegio. Era típico chabón que estaba re fuerte, lo sabía y se aprovechaba de eso. Jamás supe que haya hecho algo indecoroso con alguna alumna, pero todas nos moríamos de amor/calentura por él. Nos reconocimos al primer golpe de vista, dejando de lado un posible momento incomodo con carcajadas. Hacía más de diez años que no nos veíamos, pero él estaba igual que en aquellas épocas. Me atrevo a decir que incluso se lo veía mejor. Mas maduro, más marcado, más todo. Él también reconoció que yo me veía igual que en aquellos tiempos. Luego de la charla de rigor, entramos al taller mecánico, dejamos el auto y salimos. Como era de esperar, se ofreció a llevarme hasta mi casa. Acepté.

    Ya dentro de su camioneta, el ambiente se tornó extraño. Lo vi varias veces secarse la transpiración de las manos en su jean. Me contó que ya no trabajaba en escuelas, sino que tenía una pequeña cadena gimnasios y daba clases privadas. Me preguntó si seguía siendo mala para los deportes, cosa a la que le respondí que sí, que más allá del fútbol, en donde siempre me defendí bien, seguía siendo de madera. También quiso saber si seguía en contacto con mis compañeros de secundaria, a lo que le dije que apenas con algunos pocos. Le conté algunos chismes, como parejas que parecía que iban a ser eternas, pero fracasaron, como así también algunas maternidades inesperadas que habían sucedido. Él me contó sobre algunos profesores, pero nada para destacar.

    Hacía mucho calor, por lo que decidió parar en un quiosco a comprar agua. Me preguntó que si quería algo. Le pedí un helado, por lo que bajamos y fuimos hacia una heladería. Pedimos uno cada uno y nos sentamos en unos cómodos sofás, alejados del resto de la clientela. Ya no teníamos nada de que conversar, por los reiterados silencios hicieron de la situación algo incomodo. Haciéndole honor a mi torpeza, parte de mi helado se cayó sobre y dentro de mi escote, el cual, como siempre, era bastante pronunciado. Quedé paralizada, él se rio, obligándome a reír también. En una especie de acto reflejo, tomó varias servilletas de la mesa, de esas duras que no sirven para nada, e intentó limpiarme. Cosa que volvió a paralizarme. Al instante se dio cuenta de lo cerca que estaban sus manos de mis tetas. Con sus ojos clavados en los míos, notó como mi respiración se aceleró. Todavía con las servilletas en la mano, extendió su palma sobre una de mis tetas, rodeándola con delicadeza.

    ─Te las regalaron para tus quince, ¿verdad? ─preguntó en un susurro, apretándola cada vez más.

    Yo asentí.

    ─¿Sabes la cantidad de veces que me pajee imaginándolas después de clase?

    Algo estaba muy mal en lo que estaba diciendo, pero yo no podía dejar de pensar en cuanto me gustaba sentir ese contacto. Ante mi falta de respuesta, dejó las servilletas sobre la mesa y metió su mano dentro de mi blusa. Con su dedo pulgar acariciaba mi pezón, mientras con el resto de la mano apretaba cada vez con más fuerza. Cuando estuve a punto de decirle que se detuviera, agarró una de mis manos y la llevó hacia su entrepierna. El jean ajustado dejaba ver claramente el tamaño y la rigidez de su pija. Como en un acto reflejo, la boca se me llenó de saliva. Mi mano comenzó a deslizarse y a apretar esa cosa hermosa que crecía por mí, cuando sus labios se pegaron a los míos en un beso húmedo y apurado. Su lengua parecía querer colonizar mi boca. Entraba, salía y se movía en todas las direcciones a gran velocidad. En otro acto reflejo, lo separé con violencia y me senté sobre sus piernas, continuando con el beso mientras sentía sus manos aferrarse a mi culo. Luego de algunos hermosos segundos, puso sus manos en mis hombros obligándome a separarnos.

    ─Creo que hasta acá está bien ─dijo.

    De inmediato lo desmonté y me senté a su lado, con la respiración agitada, una teta afuera y toda despeinada. Me acomodé lo mejor que pude, traté de tranquilizar la respiración y suspiré.

    ─Vamos a mi departamento ─dije, poniéndome de pie para de inmediato salir apurada del local.

    No esperé su respuesta. Al llegar al auto, me quedé de pie mientras lo veía acercarse como si nada hubiese sucedido. Eso sí, sonreía como un niño. Se paró frente a mí sin decir nada. Mi sonrisa se convirtió en una carcajada histérica, cosa que pareció encantarle. Me rodeó la cintura con sus brazos y nos besamos dulcemente. Una de mis manos bajó a su entrepierna, para sentir como su pija se ponía dura de inmediato. Me miró a los ojos y sonrió. Lo aparte de un suave empujón.

    ─Dale, vamos ─dije, aguardando a que me abriera la puerta.

    Subimos al auto y condujo durante varios minutos en silencio. Yo de a ratos miraba su entrepierna, notando que todavía mantenía la erección. Él solamente sonreía, cosa que me daba años de vida cada vez lo hacía. A unas cinco cuadras de mi departamento, le pedí que frenara. Era un pequeño pasaje que parecía intransitado. Nos miramos por un instante, para luego besarnos salvajemente. Acaricié su pija durante un rato, para luego pedirle que la sacara. Lo hizo sin dudarlo. Yo tampoco dudé y fui directamente a comérsela. Sabía riquísima y no dejaba de crecer adentro de mi boca. Fueron unos diez minutos de atragantarme con esa hermosa pija larga y demasiado gruesa para lo que estaba acostumbrada. Entre gemidos me pidió que frenara. Cosa que hice, para de inmediato quitarme el pantalón y la tanga y montarlo. El primer roce de su pija dentro de mi concha me hizo ver las estrellas. Me dolió un poco, pero me encantó. Me quitó la blusa y, mientras lo cabalgaba, me chupaba las tetas con un hambre tremendo. Chupaba, mordía y escupía, mientras yo no dejaba de venirme sobre su pija. No sé cuánto tiempo estuvimos así, hasta que me dijo que iba a acabar. De un salto pasé al asiento del lado y volví a chuparle la pija. Un minuto después su semen, caliente y agridulce, se rebalsaba dentro de mi boca. Me agarró del pelo y me llevó hasta su boca. Nos besamos, mientras su semen iba y venía de una boca a otra. Fue tal la excitación que me provocó ese intercambió, que volví a acabar sobre el asiento. Para coronar el momento, escupió su propio semen en mis tetas, para luego, con sus manos, esparcirlo como si fuera una cálida crema corporal.

    Volví a montarlo y nos besamos suavemente, sintiendo como su pija acariciaba mi concha. Tiró el asiento hacia atrás y quedé recostada sobre él. Estuvimos unos diez minutos acariciándonos en silencio, cuando sentimos que una sirena se acercaba hacia donde estábamos. Pasé al asiento del lado y me puse la blusa lo más rápido que pude. Un vehículo policial pasó lentamente a nuestro lado. Nos reímos a carcajadas, mientras terminábamos de vestirnos.

    ─¿A tu casa? ─preguntó.

    ─Sí, me siento demasiado sucia ─contesté entre risas.

    Nos duchamos juntos, entre besos y caricias. Luego merendamos hablando tonterías, mientras mirábamos Los Simpson. Cuando comenzó a oscurecer y dijo que ya tenía que irse, en mí no cabía ninguna duda de que estaba enamorada de ese hombre. Pero no se lo dije, obviamente. Nos saludamos con un beso entre apasionado y delicado, sin manosearnos el cuerpo, pero acariciándonos dulcemente nuestras almas.

    PRÓXIMO RELATO: Orgía en el taller mecánico

  • Vane (I). Si somos amigas, ¿por qué fantaseo con ella?

    Vane (I). Si somos amigas, ¿por qué fantaseo con ella?

    Por razones que ya les contaré, he tenido mucho deseo los últimos meses. Nunca en mi vida había sido una persona muy libidinosa, pero, esta última época, he estado fantaseando de forma casi incontrolable con algunas personas y engañé a mi novio con dos de ellas. Escribo esta serie de relatos porque quiero que alguien lea mis fantasías, primero, y mi infidelidad, después. Disculpen si lo que están buscando es esto último y me tardo en llegar. Quiero que alguien, así sean ustedes, que vienen a leer este tipo de cosas, intenten entender por qué hice lo que hice.

    Creo que todo empezó el 2 de abril. Caminaba con Indira hacia mi coche, después de un ensayo. Creo que le había dicho que su ropa de ese día le quedaba muy linda. Ella sonrió y se sonrojó, pero no por lo que le dije. Sonreía como si mi diálogo le hubiera recordado un secreto, algo que ya no pudiera guardarse más. La animé un poco a que se confesara, creyendo que había algo de su vida que quería contarme.

    —No te vayas a poner rara —me dijo finalmente. —Pero escuché por allí que Vane es bisexual… y dicen que le gustas mucho.

    Vane e Indira son dos de mis compañeras… La verdad no quiero decir exactamente qué es lo que hacemos juntas. Siento que eso es mucha información. Quizá más tarde entre en más detalles. Diré que tenemos un grupo artístico. Ensayamos juntas y nos presentamos en distintos escenarios dos o tres veces al año. Las tres tenemos veintitantos, aunque tenemos algunas compañeras más jóvenes.

    Indira tiene tres ligues, que la siguen embobados. Vane y yo tenemos novios. Sé que Vane conoce a su novio hace muchos años. Es un tipo callado, que parece amable. Va a ver a Vane a todas las funciones, la espera en los ensayos y carga con toda su utilería. Mi novio es más reciente y no vive aquí. Lo conocí en el extranjero y regresé a mi país con el compromiso de volver a verlo. Estoy haciendo todo lo posible para que pase pronto.

    Por todo esto, mi primera reacción fue decirle a Indira:

    —¡No! ¿Cómo crees? ¿Quién anda diciendo eso?

    —Pues no te voy a decir quién me lo dijo a mí, pero…

    —¡Pero qué! ¡Dime!

    —Pero deberías ver cómo se te queda viendo a veces. Yo sólo diré eso.

    No me pude sacar la idea de la cabeza. La verdad me parecía lindo e incómodo. Yo me decía a mí misma “bueno, a ver, Emilia, hay que ser claras: tú eres hetero. Nada va a pasar. Partamos de allí”. Pero, además de que me sentía halagada, la verdad es que si no fuera hetero, me decía, me gustaría alguien como Vane. Ella es alta, delgada, de piel tersa y aperlada, de un pelo negro corto, que le cae en caireles sobre las comisuras de los labios. Tiene una risa hechizante y una cara muy linda.

    Por las noches me descubría pensando en ella… en cómo sería estar con ella. Me divertía imaginando que nos besábamos. Después de un par de noches, empecé a imaginar que fajábamos: que, saliendo de un ensayo, yo la llevaba en mi coche, ella se me confesaba y yo le tocaba la cara. Le acariciaba una oreja, besaba su cuello y finalmente metía la mano debajo de su blusa… Yo nunca tuve iniciativa ni con los hombres (la verdad nunca la necesité; ellos siempre tienen bastante iniciativa conmigo), así que esta idea (la idea de que era yo quien la tocaba) era completamente ficticia, pero bueno: fantasías son fantasías.

    La verdad no sabía si la idea de fajar con Vane me excitaba o solamente me divertía. Pero, una noche de esa semana, llamó mi novio, y yo tuve que tranquilizarme para contestarle con tranquilidad. Sentía que estaba haciendo algo incorrecto. Fue allí donde me di cuenta de que ya no estaba pensando en Vane como en cualquier amiga.

    Durante esas mismas fechas, empecé a verla en los ensayos. ¿Me va a ver con deseo, como Indira me dijo que me vería?, me preguntaba todo el tiempo. Y no. Vane era muy profesional y nunca le noté nada mientras estuvimos trabajando. Sin embargo, yo sí empecé a fijarme en ella. ¿Qué es lo que ve una mujer en otra?, me preguntaba. Sabía qué era lo que veían los hombres en Vane. Tiene unas piernas bellísimas, de muslos grandes y fuertes. Aún después de todo lo que pasó después, me apena mucho escribir que tiene un trasero bonito.

    Vaya, que la verdad yo quisiera uno así. Los hombres con los que he estado dicen que soy hermosa, pero cuando les pido que me digan “¿qué significa ‘ser hermosa’?”, siempre dicen que tengo una cara encantadora o una figura delicada. Les gustan los dos lunares que tengo en la mejilla, debajo del ojo izquierdo; o el lunar que tengo en la circunferencia de uno de mis pechos. Les atrae como luzco el ombligo con las ombligueras que me gustan. Pero nada más. A veces les pregunto eso después de tener relaciones, y es como si hubieran tenido sexo con una muñeca de porcelana.

    Con Vane es algo distinto. Tiene rasgos lindos y delicados, sí. Definitivamente es guapa, con una guapura un poco desgarbada y quizá ligeramente masculina. Pero… ¡ajj, digámoslo de una vez! Su trasero es enorme, atlético, redondo, simétrico, continuación perfecta de unas perfectas piernas. Es uno de esos traseros que, no importa qué pase, todo hombre termina viendo, si pasa en el mismo cuarto que Vane el tiempo suficiente. Un trasero que hace que “los caballeros” aparten la cara entera, porque saben que no podrían apartar sólo la mirada. Mi último exnovio, por ejemplo, ¡cuántas veces lo vi mirando a Vane! Me enojaba tanto que dejaba de hablarle durante tardes enteras… y ahora yo misma no podía desviar la mirada.

    Después de una semana de que Indira me llegó con el chisme, Vane me atrapó mirando su trasero. Tuve que disimular mucho.

    —Oye, se ve increíble la tela de ese pantalón —le dije. —¿Dónde lo compraste? Los míos se deshacen demasiado rápido con lo que hacemos… con nuestros ensayos, quiero decir.

    Esa aclaración era perfectamente innecesaria. Pensé que el verbo “hacer” se escuchaba muy sexoso. Pero no. Era sólo que yo estaba pensando en eso; era solamente porque la noche anterior había fantaseado que estábamos en mi cama y ella, arriba mío, me masturbaba con su rodilla por encima del pantalón —su rodilla era en la realidad mi puño. Cuando me di cuenta de que mi diálogo no tenía sentido, y exponía una partecita de mi fantasía, me sonrojé. Vane sonrió y me dio recomendaciones sobre la ropa.

    —No creo gustarle —le dije ese mismo día a Irina.

    —¿Por qué?

    —Tú dijiste que me miraba… y no.

    —Pues es que no te mira cuando la miras.

    —¡Pero si yo no la miro tanto! —exclamé, temiendo que Irina se hubiera dado cuenta del tono de mis miradas.

    Ella adivinó lo que estaba pasando por mi cabeza.

    —¡La hermosa Emilia, la tierna Emilia, está cayendo enamorada de…! —empezó, pero la hice callar.

    —¡No es eso!

    Se rio al principio, pero como vio que yo estaba preocupada, trató de consolarme.

    —A ver, niña —me dijo. —¿Hace cuánto que no hablas con tu novio?

    —Ayer.

    —¿Y hace cuánto que no coges?

    Dudé, un poco porque la pregunta me sorprendió, y un poco para hacer las cuentas.

    —Cinco meses.

    —¡Cinco meses! Me extraña que esto no te pasara antes. Es la cosa más normal del mundo. Como no tienes… digamos “un asta para tu bandera”, entonces tu mente se pone loquita pensando en una persona a la que le gustas. Dime ¿tu novio se molestaría si cogieras con una mujer?

    —Sí, pero creo que no mucho. Con un hombre se enojaría mucho más.

    —¡Ajá! Eso es lo que pasa. Tú mente busca posibles parejas, pero quiere ahorrarse complicaciones. ¿Ves? Nada del otro mundo. Si Vane te despierta algo, tienes de dos: cógetela o mastúrbate pensando en ella. Pero, por el amor de Dios, no hagas una tormenta en un vaso de agua.

    Irina me dejó pensando. Conduje distraídamente de vuelta a casa y me tumbé en la cama. Afuera, empezaba a anochecer. ¿Qué tenía que ver mi novio con que empezara a desear a mi amiga? ¿Qué estaría haciendo él? Revisé mi celular y vi que no había visto mi último mensaje, de hacía un par de horas.

    Empecé, como de costumbre, a pensar en Vane. Pero esta vez había algo distinto. Vane estaba en el vestidor que compartimos antes de los ensayos. Se quitaba la parte superior de su vestuario y quedaba en top. En ese momento mi novio llegaba, sin camisa, y se acercaba a Vane. El tono de bronce de su piel contrastaba con la palidez de ella. Con sus manos pequeñas y fuertes, mi novio tomaba la cadera de mi amiga y la conducía contra la suya. Vane sentía la erección de mi novio; sonreía y se le restregaba. Él intentaba besarla, pero ella no lo permitía. A ella le gustaba sentirse en control, y le respiraba en la cara para excitarlo más.

    Después de un tiempo así, Vane tomaba las manos de mi novio, las quitaba de su cadera y las llevaba a sus nalgas, pero por fuera del pantalón. Mi novio se revelaba por fin, y las metía dentro de su ropa.

    Yo estaba echada en la cama. Me había quitado el pantalón y la ropa interior, y empezaba a usar dos dedos frotar empujar mis labios vaginales hacia adentro y hacia afuera. La humedad se acumulaba en torno a mi vagina, pero quería mojarme más antes de empezar a repartirla de arriba a abajo a lo largo de toda la vulva. Pensé en meterme a mi fantasía, pero ese vestidor no tiene ningún lugar desde el que pudiera ver secretamente cómo mi novio me engañaba con mi amiga. Mi imaginación habría tenido que modificar el lugar, y eso no me gustaba. Así que me limité a dejarlos solos.

    Mi novio por fin estaba consiguiendo besar a Vane, que sentía contra en sus mejillas la poblada barba de candado que me había besado a mí tantas veces. Era uno de esos besos a boca cerrada, intensos, pujantes, en los que las cabezas luchan por empujar la del otro; en donde los amantes se toman de la nuca y se acarician el cabello con tierna ferocidad. El pecho de mi novio, vigoroso y casi lampiño, presionaba los pechos de Vane, en los que la excitación y el top resaltaban los pezones.

    Fue allí cuando fui subiendo y bajando. Sentía cómo mi vulva, deliciosamente impermeable, dejaba correr mis dedos a todo lo largo. Mis manos empezaron a tomar la forma de cuenco, como me gusta para estos casos. Masajee con tres dedos los labios y el derredor de la vagina, y presionando un poquito con la muñeca el clítoris que, cuidadosamente húmedo, ya se me había erguido.

    Finalmente, seducida, Vane empezó a masajear el miembro de mi novio por encima de la ropa, pero no pasó mucho antes de que metiera la mano. Cuando mi novio sintió el aire en su miembro, le dio la vuelta a Vane y le bajó los pantalones delicadamente. Se acuclilló y besó entero su trasero grandísimo. Jugó a explorar, desde atrás, con su nariz, la parte más extrema de la vagina de ella. La dedeó un poco.

    —¿Te puedo hacer sexo oral? —le preguntó él.

    —No. Ya no. Métemela —contestó ella.

    Dicho y hecho, mi novio se incorporó, la hizo reclinarse sobre la banca larga que mis compañeras y yo usamos para sentarnos mientras nos peinamos antes de salir a escena. Allí la penetró lentamente. Primero metió y sacó el glande media docena de veces. Vane se hartó de que la provocara y se penetró ella misma contra el miembro de él. A ratos, mi novio le imponía su ritmo rápido; a ratos Vane lo golpeaba con todo su ser y se le restregaba.

    Luego Vane hizo a mi novio recostarse bocarriba en la misma banca larga. Lo cabalgó haciendo botar sus nalgas, sin dejarlo moverse. Él subió su top y empezó a besar sus pechos, irguiéndose un poco. Vane le permitió un par de besos, pero luego lo alejó y, para tenerlo controlado, le impuso sus manos sobre el pecho, vigoroso y lampiño.

    —Besa las de tu novia —se burlaba Vane.

    Pero mi novio no se dejaba controlar, y llegó nuevamente a besarla en la boca mientras ella se lo cogía. Yo sé cuánto aguanta Vane, físicamente. Es fuerte, y no la agotan las carreras ni los ejercicios pesados. Su objetivo sería, sin dudas, dejar agotado a mi novio. Cansarlo, sobrecogerlo. Aumentaba la velocidad sonriendo con malicia, y mi novio cerraba los ojos, intentando contenerse y luchando por llevar el ritmo.

    Por supuesto, los tres terminamos juntos. Ellos comenzaron a desvanecerse en mi cabeza, mientras el momentáneo cansancio del orgasmo me cerraba los ojos. Cuando los abrí, vi el espejo que hay a un lado de mi cama. Me vi en él. Mi cuello apuntaba los primeros brillos de un sudor delicado. Mis labios estaban hinchados; me los había mordido sin darme cuenta. Complacida, volví a la cama y revisé mi celular

    —Buen día, mi cielo —había escrito mi novio, en inglés (ni él habla mi lengua, ni yo hablo la suya) y sin tener en cuenta la diferencia de horarios.

    Calculé que estaría saliendo a trabajar. Pensé en provocarlo, diciéndole:

    —Acabo de imaginar que tenías sexo con una amiga mía.

    Pero no me gustó la idea. No quería compartirle algo tan mío. Lo que sentía por Vane debía quedarse para mí, aunque lo hubiera usado a él como vía para fantasear con ella. Sí, es verdad, le debía algo a mi novio por haberlo “utilizado”, pero ¿qué?

    Cambié el espejo de lugar y me tomé algunas fotos. Le envié las que más me gustaron. Fue toda una sesión, porque quería algo vagamente elegante. En una de ellas, de mis favoritas, sólo se ven mi boca, mis labios hinchados, abiertos como en un gemido, y mis pechos descubiertos. En otra, una lámpara me ilumina desde atrás y hace que mi silueta desnuda, casi completamente oscura, se ilumine justo en el borde para mostrarle uno de mis pezones. La única en la que mostré mi cara, me tenía tapando mis pechos con el antebrazo, con el torso contorsionado en una posición de baile.

    —¿Cómo puede existir una persona tan linda y a la vez tan ardiente? —me escribió; supongo que en inglés esos términos suenan más inconciliables.

    Hubo una única foto que me gustó, pero que no le envié: era demasiado provocadora. En ella, ponía el espejo delante de la cama, me recostaba y me habría de piernas frente a él. Así, se veía en escorzo todo mi cuerpo desnudo. Mis piernas, mi vulva enrojecida, mi torso, mis pechitos y mi cara, que es “encantadora”, según dicen.

    ¡Quién diría que sería precisamente esa foto la que iba a precipitar los eventos que le siguieron a eso!