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  • Mi reunión en el crucero

    Mi reunión en el crucero

    Hace más de diez años de mi reunión de clase graduada de universidad. Aquella que me creó una de las noches más inolvidables con mi mejor amiga Claudia y la que desde ese día se convirtió en mi novia, Michelle. Esta vez sí será una reunión de clase completa o al menos de una buena parte de los que desfilaron ese día conmigo.

    La convocatoria fue en un crucero por el caribe. La organizadora de todo era Claudia y dada nuestra amistad y toda nuestra historia, quería que yo estuviera allí. Yo tenía mis dudas de si iría pues las dos mujeres con las que pase mi reunión anterior ya habían hecho su vida. Claudia se casó con el aquel novio que la alejo de mí. José, su esposo, es un buen tipo, algo aburrido para mi gusto. Ellos eran vecinos en la universidad y también se reencontraron hace casi diez años. Luego de pocos años de noviazgo se casaron y desde entonces viven en Estados Unidos. Mi exnovia Michelle se casó con un hombre de negocios mayor que ella y desde entonces no se mucho mas de ella. El tener que ver a ambas con sus parejas y yo estando nuevamente soltero me tenía sin ganas de ir. El hecho de ir solo me parecía un poco patético dado a que los asistentes estaban todos casados.

    Ya casi llegaba la fecha de confirmar asistencia para poder gestionar todo lo del viaje cuando me escribió Antonio, otro amigo al que no veía hace mucho, para decirme que el también asistiría solo. Su propuesta venia acompañada de compartir camarote conmigo. Realmente saber que no sería el único soltero me animo y rápidamente nos enlistamos en aquella reunión.

    Llego el día del embarco y llegue junto Antonio. Por el camino el me dio las instrucciones de como seria si él tuviera acción en nuestro cuarto. Me dijo que de darse el caso pondría el aviso de no molestar con una carita de diablito para que yo supiera que no podía entrar. Yo me limite a escucharlo y a reírme por su entusiasmo y fe de que tendría acción en el crucero.

    Ya cuando entramos al crucero fuimos a el punto de encuentro establecido. Allí comencé a ver rostros que solo veía por Facebook y que para nada se veían como sus fotos de perfil. Cuando divisé a Claudia sentí ese corte de respiración que solo te lo crean las personas que realmente han calado en tu corazón. Mi mejor amiga se veía hermosa como siempre. Después de varios años pude las famosas libras más de las que últimamente renegaba y que para mi gusto le sentaban mejor que antes. Fui directamente donde ella y le di un abrazo que duro largo rato. Cuando nos separamos pude ver a José mirándome sin disimular su desagrado por aquel abrazo. No era secreto que dado a mi pasado con Claudia yo no era su persona favorita. Lo salude cordialmente pues realmente no tengo nada en su contra. Salude a todos los que ya habían llegado. Mientras saludaba a todos me mantuve mirando a todos lados y no veía a Michelle. Le pregunte a Claudia y me dijo que finalmente decidió no asistir cuando se enteró que yo si asistiría. Eso se sintió un poco mal pues entiendo que habíamos terminado en buenos términos. El hecho de ver gente querida y máxime tener a Claudia cerca hizo que olvidara que no vería a Michelle.

    Esa noche fue de pura fiesta y excesos como es la norma en los cruceros. Era un crucero de 4 días así que había que aprovechar todo momento para disfrutar. Esa noche bebi como si no hubiera futuro y pude encontrar mi camarote como a las 4 de la mañana. Dormí un poco hasta que Antonio me despertó para avisar que el día estaba lleno de actividades. Ya cuando llegue a desayunar todos estaban allí. Disfrute de mucha grasa en mi desayuno para poder reponerme de la resaca lo antes posible.

    El grupo volvió a encontrarse en la piscina donde pude ver a Claudia. Aunque su traje de baño era de manga larga, se podía ver el hermoso cuerpo que aquellas libras le habían creado. Yo buscaba toda oportunidad para estar cerca de ella pues era la persona más cercana a mí. En una ocasión que su esposo se fue a buscar algo de comer me pude sentar a hablar con ella. Dentro de todo lo que hablamos salió el tema de que lo primero que note cuando llegue a mi cuarto era que tenía un buen balcón. Lo de usar balcones para tener sexo era una fantasía que ambos compartíamos. Siempre decíamos que los viajes no estarían completos si no se tenía sexo en el balcón de donde te quedaras. Yo le dije que al menos ella tenía con quien hacerlo pues su cuarto también tenía balcón. Ella me dijo que sabiendo como yo era, no dudaba que yo cumpliera ese fetiche en este viaje. Ella me decía que su esposo no era muy aventurero y que tampoco se atrevía pues tenía a varias personas del grupo en los cuartos que rodeaban el suyo. Yo le lance el reto de que lograra acción en el balcón. Le dije que aprovechara la noche formal y que lo sedujera de tal manera que él no se pudiera resistir. Ella puso esa cara que tanto me gustaba indicando que había aceptado el reto.

    El día transcurrió de manera más tranquila que la anterior. Disfrutamos en grupo toda la tarde. Ya a la hora de la cena llegue temprano a mi mesa asignada. Comencé a hablar con Antonio de varias chicas a las que él le haría algún avance. Esto para mi me resultaba muy cómico pues era una mezcla de perseverancia con desesperación. La conversación se detuvo cuando el mismo Antonio me hizo un gesto de que mirara a la entrada.

    Al mirar note la impresionante presencia de Claudia. Ella llego sutilmente maquillada y con un traje satinado, amarrado al cuello. El traje era suelto y marcaba cada curva de su cuerpo. Su pelo estaba recogido, exponiendo el lazo de su vestido y aquel hermoso cuello que alguna vez tuve el gusto de saborear. Al pasar cerca de nuestra mesa se detuvo brevemente a saludar y se dirigió a su mesa. De camino a su mesa pude notar que la parte trasera de su vestido era abierta hasta justo arriba de las nalgas. Esto exponía toda su espalda y un sutil tatuaje que no sabía que tenía. El traje caía libremente sobre sus nalgas exponiendo que esas libritas le habían regalado un muy buen nuevo tamaño. Realmente quede impactado y un poco celoso del banquete que su esposo tendría esa noche. Al cambiar la vista note que varios hombres y mujeres también estaban perplejos con la vista.

    La velada transcurrió excelentemente. Pude conocer mejor a las demás personas que compartían mi mesa, incluyendo una interesante chica alemana. De vez en cuanto miraba la mesa de Claudia y veía que de igual manera la estaban pasando genial. Una vez terminamos la cena los de mi grupo nos dirigimos a la barra más cercana a compartir tomando unos tragos. Rato después Claudia se despidió diciendo que estaba cansada. Cuando se despidió le dije en voz baja “que todo el barco te escuché” a lo que ella se fue riendo casi empujando a su esposo. Mientras se alejaba yo me quede viendo como el contoneo de su cuerpo se reflejaba en aquel bendito traje y pensando lo suertudo que era su esposo.

    Allí llego la alemana que había conocido en la cena y seguí conversando con ella a ver si tenía suerte y lograba saciar esas ganas que había creado Claudia. La estaba pasando muy bien con aquella chica cuando una mezcla del vaivén de las olas y quizás el alcohol hizo que otra persona que estaba cerca derramara todo su trago sobre mí. La chica muy apenada por lo que me había pasado trato de ayudarme, pero aquella ropa no tenía mucho remedio. Le dije que iría a cambiarme y aprovechar para ponerme algo más cómodo a ver si me acompañaba y aquello iniciaba algo entre nosotros. Ella me dijo que estaría por allí cerca si yo quería regresar.

    Me fui a mi cuarto a cambiarme y cuando esperaba el ascensor que me llevaría a mi piso oí la voz de Claudia. Me dijo que estaba muy enojada y que necesitaba ventilar conmigo. Le dije que iba de camino a mi cuarto a cambiarme por el desastre que tenía mi ropa. Me dijo que, si me esperaba en la barra, pero pensando en que allí estaría la alemana decidí decirle que si me quería acompañar al cuarto y hablábamos mientras me cambiaba.

    Estando por el camino ella me comenzó a decir que se había puesto bonita pues nuestra conversación le había activado esa sensualidad que la rutina a veces nos quita. Que hacía mucho tiempo que no sentía ese fuego interno que la tenía pensando el sexo y que hizo todo lo posible por tener acción. Me dijo que se sintió deseada toda la noche y que eso hacía mucho no lo sentía.

    Llegamos al cuarto y no había indicios de Antonio y su letrerito. Ya en el cuarto me quite la camisa mientras ella me contaba que cuando llegaron a su cuarto ella fue a usar el baño y a retocarse pues quería que todo estuviese perfecto. Al salir, su esposo estaba completamente dormido. Él comió y bebió mucho en la cena y al parecer era víctima de un “food comma”. Ella trato de animarlo dándole besos y tocándolo, pero este no respondió a sus esfuerzos. Con mucha frustración se levantó y se tomó una copa de un espumoso que tenía en su cuarto. Con cada vuelta que le daba a la situación más se frustraba y más se enojaba. Fue ahí que decidió salir a ventilar.

    La frustración de mi amiga me frustraba más a mi porque había pensado en ella desde que la volví a ver. Entre argumentos de porque habría pasado aquello ella cambio su tono y comenzó a reclamarme el que hubiera metido todas esas ideas en la cabeza. De repente yo me convertí en el villano de la historia. Ella siguió reclamándome cosas cuando de un movimiento rápido le clave un beso. Le dije que hice todo eso pensando en ella y que pudiera disfrutar. Quería ser yo sabía que tenía a alguien. Luego de eso la volví a besar casi en contra de su voluntad. Ella se despegó empujándome y se quedó mirándome fijamente. Volví a tratar de besarla, pero me dijo que no debía hacer eso. Yo le dije que, si hablamos de cosas que se deben o no hacer, ella debería estar viniéndose en esos momentos en su cuarto en vez de estar conmigo en el mío. Estas palabras la dejaron pensativa, lo que use para volver a besarla. Esta vez ella cedió y se entregó al beso. Como tiempos pasados, nuestras bocas comenzaron a entrelazarse como si hubieran sido creadas la una para la otra.

    Busqué el letrerito que había preparado Antonio y lo puse a la puerta siguiendo sus instrucciones. Rápidamente comencé a besarle el cuello mientras ella clavaba suavemente sus uñas en mi espalda. Ya que aquel vestido exponía gran parte de su cuerpo pude besar y morder su cuello y hombros mientras ella hacia lo mismo con mi pecho. Volví a besarla y esta vez clave mis manos en esas nalgas que tanto había deseado. Me goce sus nalgas apretándolas mientras la trepaba sobre mí. Una vez así la subí sobre mi cama para que ella quedara a mi altura pues soy mucho más alto que ella. Una vez su cara a nivel de la mía seguí besándola y pasando mis manos por todo su cuerpo. La voltee y bese su espalda pasando mi lengua por aquel tatuaje. Agarraba su cintura mientras mordía su nuca. Ya su respiración era profunda y mi erección muy notable.

    Vi el lazo y lo deshice dejando caer aquel traje. Luego la abracé quedando ella de espalda y le di un tierno beso en cuello. La pegue a mí colocando mi bulto entre sus nalgas para que sintiera lo excitado que me tenía. Moví mis manos hacia sus senos encontrando los cobertores de silicona que cubrían sus pezones. Los quites y comencé a estimular sus pezones con mis dedos mientras besaba su cuello y espalda. La viré hacia mí y rápidamente comencé a chupar sus pezones. Ella mordía mis orejas y cuello mientras yo me comía sus tetas. Seguí chupando sus pezones y a la vez comencé a frotar su entrepierna. Poco después quité su diminuto panty y comencé a frotar su clítoris con mis dedos mientras seguía alternado chupadas en ambos pezones. Seguí así hasta que no pudo contener sus gemidos y comenzó a llenar el cuarto con aquel rico sonido. Poco después sentí como su cuerpo se trinco dándome muestras de su venida.

    Sin perder tiempo se arrodillo en la cama dejando expuestas sus enormes nalgas hacia mí. Yo me arrodillé, abrí sus nalgas y clave mi boca en su vulva. Con mi lengua alterne movimientos por sus labios y clítoris. Ella se contoneaba ante lo que mi lengua le hacía. Al ver su culo frente a mí, pase mi lengua sobre el quedándome un rato dándole placer. En este momento comencé a penetrártela con dos de mis dedos. Seguí con ese ritmo mientras ella clavo su cara en el colchón para tratar de amortiguar el volumen de sus gemidos. Sus nalgas estaban más abiertas recibiendo mi lengua y mis dedos. Seguí con esa combinación hasta que ella volvió a venirse, pero esta vez con mi cara clavada entre sus nalgas.

    Sin nada de receso miré el balcón y le dije nos moviéramos a él. Ella asintió con la cara y agarrada de mi mano nos dirigimos a aquel balcón. Allí había una butaca en la que Claudia me pidió que me sentara. Una vez allí me termino de desnudar y se arrodillo frente a mi extremadamente duro miembro. Lo agarró y con su vista clavada en la mía comenzó a pajearme lentamente. Comenzó a decirme cosas con su voz seductora. Me recordaba que sabía que yo había fantaseado mucho con este momento y que quería verme venir. Solo dejo de hablar cuando metió mi pene en su boca. Comenzó a pasar su lengua lentamente por la cabeza y a bajar por el tronco. Yo sentía que me iba a explotar de tanta excitación y rogaba por no venirme. Ella comenzó a mamarlo lentamente mientras sus ojos no dejaban de buscar los míos. Como he repetido en otras historias, si no fuera por el whiskey ya me hubiera venido pues la deseaba mucho.

    Le pedí cambiar de posición y esta vez le pedí que se subiera a la butaca. Ella se paró de puntitas agarrada de la baranda del balcón. Esta vez comencé a pasar la cabeza de mi miembro por toda su vulva. Poco a poco fui metiendo la cabeza en su vagina. Una vez dentro empuje con fuerza sacándole un gemido casi gritado. Ahí la agarre por las caderas y comencé a envestirla con movimientos lentos. Ella se contoneaba agarrándose del barandal. Le dije que no contuviera sus gemidos. Una vez caímos en ritmo comencé a envestirla con más fuerza. El agarre el pelo con una mano mientras usaba la otra para agarrar sus caderas. Ya el choque de nuestros cuerpos sonaba como aplausos, aunque esto se confundía con los sonoros gemidos y las olas de aquel mar.

    Seguí envistiéndola hasta que ella volvió a venirse, yo seguí sin dejarla reposar pues sabía que pronto me tocaría a mí. Seguí unos minutos hasta que terminé dejando caer toda mi caliente venida sobre su sudada espalda. Quedamos exhaustos y yo me senté en la butaca. Ella se sentó sobre mí y nos besamos un rato. Cuando ya estábamos relajados ella me dio un beso final, se vistió y se fue a su cuarto con la preocupación de que notaran lo que había pasado. Por suerte llego y aun su esposo dormía. Se baño borrando cualquier evidencia.

    Yo, que estaba como en las nubes, me bañé y volví a la barra donde aún me estaba la alemana. Pase la noche paseando y hablando con ella. Vimos el amanecer, pero nada paso entre nosotros. Al otro día todos hablaban de la acción que se escuchaba en mi cuarto. Para mi suerte todos asociaron aquello con mi nueva amiga alemana por cosas que pasaron en los próximos días, cosa que les contare luego. Nadie nunca supo de nuestra aventura. Tanto Claudia como yo disfrutamos al máximo los siguientes días del viaje. Otra inolvidable reunión de ex alumnos.

    ¡Ah!, y si se preguntan…No, el pobre Antonio nunca pudo usar su famoso cartel.

  • Mamá me manda a la sexóloga (madrina e ahijado)

    Mamá me manda a la sexóloga (madrina e ahijado)

    Me llamo Antonio, tengo veinticinco años y un gran complejo, aunque físicamente estoy bien, me mantengo en forma pues juego al futbol tres veces a la semana, me cuesta relacionarme con mujeres e intimar, debido a que mi pene, en estado de reposo mide apenas nueve centímetros y su diámetro no es muy grande.

    Este complejo viene desde que una novia que tuve hace unos años atrás se mofaba de mi tamaño, hasta llegó a comentarlo y la noticia corrió como reguero de pólvora, lo que me llevó a convertirme en un ermitaño cuasi huraño aislándome del mundo.

    Cierto día, mi madre, ya cansada de verme en ese estado, me comenzó a preguntar el por qué estaba así, obviamente no obteniendo respuesta, pues me daba mucha vergüenza hablar del tema y más con mi mamá. Luego de insistir por días, claudiqué y le comenté lo que me pasaba. Solidarizándose conmigo, me explicaba que, como mujer, y con charlas que había tenido con amigas y experiencias propias, que si bien, las hay a las que les importa el tamaño, las hay aquellas que opinan que es mejor saber moverse que lo grande que sea el miembro.

    No muy convencido (cosa que se dio cuenta) me sugirió que fuese a una consulta con mi madrina, una hermosa mujer de cuarenta años graduada en medicina llevando su carrera para el lado de la sexología.

    Mi mamá llamó delante de mí para acceder a un turno, cosa que no hizo falta, pues mi madrina le dijo que en dos horas me esperaba en su casa, que no me preocupara, que lo íbamos a solucionar.

    A la hora indicada, me encontraba en la puerta de su casa leyendo una placa adherida a la pared que rezaba, “Mónica XXXXXXX Medico, especialista en sexología”. Con mucha vergüenza y timidez presiono el timbre y casi instantáneamente abre la puerta, saludándome y haciéndome pasar.

    Típico consultorio médico, vitrina con medicamentos, una camilla, el escritorio con una notebook y papeles por doquier, dos sillas, una a cada lado de ese frio escritorio, un par de aparatos luminosos sobre la pared y sus títulos colgados.

    Luego de pedirme que me siente, se retira y trae el equipo de mate y nos ponemos a dialogar de la vida, entremezclando la charla con sucesos que me llevaron a este estado. Habiendo hecho esa introducción, me dijo que hora entrabamos en la faceta paciente médico, médico paciente.

    Habiéndome dicho que no tenía más turnos, podía tomarme el tiempo tranquilo para hablar. Luego de haberme confesado y haber hecho rodar una lagrima por mis mejillas, me abrazo y dándome un beso bien maternal en la frente me empezó a comentar.

    – La medida del pene en erección suele oscilar entre los diez y diecinueve centímetros, esto se da en la gran mayoría de los hombres, considerándolo como aceptablemente normal.

    Las medidas, no se relacionan en una forma directa con el placer ni la capacidad de proporcionarlo, se puede llevar una vida sexual con satisfacción tranquilamente.

    – Es que… (no me dejó continuar)

    – La masculinidad no se relaciona directamente con el tamaño del pene, es más, algún tamaño no es adecuado para algunas mujeres, hasta puede resultar incómodo alguna posición, inclusive algunas veces hasta doloroso. ¿Cuál es el tamaño del tuyo?

    – Diez centímetros en flaccidez y diecisiete y medio en erección, y no muy grueso.

    – Con eso sería suficiente para satisfacer a una mujer, el tema es cuan exigente sea la pareja de turno, volvemos al principio, no importa el tamaño, importa el saber usarlo y los juegos previos bien hechos.

    – Pero madrina, sinceramente yo me encuentro mal al respecto.

    Sin mediar más palabras me desabrochó el pantalón metiendo su mano y tomando mí verga la comenzó a mover como si la masturbara, se le hacía incómodo, bajo mi pantalón y calzoncillo, dejando mi vergüenza expuesta. Lentamente mi pene fue tomando cuerpo y dureza hasta que estuvo totalmente duro.

    – Bien, responde a los estímulos, reacciona normalmente y toma en erección una medida considerable y sobre todo se ve sabroso, siéntate en la camilla, por favor.

    Lo hice, acercó la silla agachándose sobre el miembro para llevarlo a su boca, con la punta de la lengua recogió el líquido pre seminal que ya estaba saliendo.

    – Vamos bien, el líquido sale de color y sabor correspondiente, justo como me gusta.

    Siguió chupando en una forma totalmente experta, pasaba la lengua por todo el miembro, apretaba con ese órgano tibio y suave el tronco de la verga contra el paladar dando pequeñas succiones, pasaba la punta por el agujero de la uretra, se la introducía hasta el fondo y la sacaba lentamente, tomo los testículos con una de sus manos dando pequeños apretones y los estiraba levemente. De repente se detuvo, comenzó a desvestirse sensualmente y me indicaba mediante señas que hiciera lo mismo, sin dudarlo me desnude. Debo reconocer que tiene un físico bastante bien formado, sus redondas tetas (me parece que están con cirugía) apuntaban a mi rostro, sus pezones de amarronadas areolas apuntaban directamente a mis ojos.

    Ya sin dudas ni vergüenza me arroje sin desesperación sobre ellos para introducirlos por turnos en mi boca y chuparlos, sentí como iban creciendo y endureciendo en mi cavidad bucal, mi excitación iba en aumento, mis manos se deslizaron hacia su culo, duro y redondo, mientras los masajeaba mi madrina comenzó a gemir levemente, pase mi dedo medio entre la línea divisoria de los glúteos, se separaron un poco dándome acceso a tocar el esfínter anal, mire su cara y estaba mordiendo su labio inferior, sus ojos apuntaban hacia arriba y parecían temblar con un rápido movimiento, rápido y corto, los parpados se le entrecerraban. Con ese mismo dedo llegue a la base de su empapada vagina, una pequeña porción se deslizo dentro, se me dificultaba, lleve la mano hacia adelante para poder seguir la tarea.

    Pude abarcar todo su sexo, el que se encontraba al rojo vivo, improvisé muy bien, pues nunca había masturbado a una mujer, ¿Cómo lo supe? Me aviso su gemido gutural de ese orgasmo que logre hacerle tener.

    Cambiando de posición, hora ella sentada en la camilla, me tomó de los pelos y de forma, diría, casi desesperada, tomándome de los pelos y me guió hasta hacerme perder entre sus piernas.

    Aquí la cosa me fue mucho mejor, pues sabía bien lo que tenía que hacer.

    Con ayuda de mis dedos deje al descubierto el clítoris a la vez que acariciaba los labios rosados que lo cubrían, Lo encarcele con mi boca para Luego lamerlo suave y despacito, dejando escapar un gran suspiro al hacer contacto en esa zona sensible por demás, ubicando mis manos en ambos lados de sus muslos intente llegar a sus glúteos, levantaba rítmicamente su pelvis permitiendo que toda la zona quedara a mi disposición, mis movimientos linguales se aceleraban, con movimientos laterales de arriba hacia abajo sobre su clítoris, cuando los gemidos se empezaron a hacer continuados ejercí presión sobre el con movimientos, ahora circulares provocándole otro orgasmo.

    Aun jadeando y sonriendo de lado, se incorporó para apoyarse con sus manos en la camilla, me ofrecía su sexo a pleno, oferta que obvio no decline, ubicándome entre sus piernas vi desaparecer mi verga en el interior de la tersa, húmeda y cálida vagina “madrinal”, comencé a ir y venir por ese hermoso canal del amor, lamentablemente mi inexperiencia y calentura hicieron de las suyas haciéndome descargar con la velocidad de un estornudo todo mi semen en la humanidad de mi madrina, por suerte ella es multiorgásmica y pudimos acabar juntos.

    Por primera vez no sentí vergüenza de mí, estaba con ganas de llorar de alegría, luego al comentarle me dijo que era producto de la suba de mi autoestima, que en poco tiempo estaría orgulloso de tener lo que tengo, porque era mejor saber utilizarlo bien que tener tamaño aparato, que sobre todo el problema no lo tenía yo, sino quien cuestionaba o criticaba lo que la naturaleza me había dotado.

    Aprendí algo muy importante, lo fundamental es hacer sentir a la pareja, ya sea él o ella, muy especial y lo mucho que te gusta y sobre todo hacerles conocer sus virtudes físicas y personales.

    Si bien estábamos en el consultorio, este, queda en su casa, así que anduvimos desnudos por toda ella, que bien se siente estar de la misma manera en la que venimos al mundo.

    Debo reconocer que tuvo mucha habilidad para desterrar de mi cabeza la problemática que me aquejaba, bueno al fin y al cabo estudio para eso…

    – Antoñito, ¿cómo venís hasta ahora? ¿vas bien sacando de tu cabeza el famoso tabú?

    – Si madrina, casualmente pensaba en eso, sos una buena maestra, a parte, estoy aprendiendo muchas cosas.

    – Bueno, si querés podemos incorporar alguna más y luego continuaríamos en sesiones posteriores.

    – Por supuesto, que quiero seguir aprendiendo, fueron muchos años perdiéndome este tipo de cosas, más allá de las mil maneras de masturbarme.

    – Hoy se acabaron los “trabajos” manuales, te prometo que vas a hacer felices a las chicas con quien estés en la cama.

    Dicho esto, se acercó a mí dándome un hermoso beso a la vez que tomaba con su mano mi miembro ya erecto.

    – El placer se encuentra en el cuerpo. Podemos encontrar placer en una fantasía sexual, en una nueva postura o en una práctica diferente a la que ya conocemos.

     

    Tomando mi mano me llevo hasta el baño y diciéndome que lo que iba a ver me excitaría de tal manera que iba a tener el mejor orgasmo de mi vida.

    Sentándose en el bidet se lavó bien el ano, tomo una pera que después me dijo se llamaba ducha anal, la introdujo por ahí e introduciendo el líquido lo expulso, esto lo hizo tres veces, hasta que salía limpio, volvió a higienizarse y me insto que haga lo propio, lo de la enema no.

    Tomando en sus manos un frasco de lubricante y un preservativo me llevo a la cama.

    – Observa cómo te lo hago yo y luego lo replicas en mí.

    Sin dudarlo accedí, me dejé llevar.

    Me hizo poner en cuatro y comenzó. No fue directo al grano, despacio con calma, movimientos suaves cerca del ano, mucha suavidad, caricias con la lengua. Estaba recibiendo placer alrededor del ano, no quiso incomodarme tocando con sus dedos, realizaba movimientos circulares, arriba, abajo, variando la profundidad.

    Estaba esperando que me penetrara con es hábil lengua, cosa que no sucedió, luego entendí por qué, las terminaciones nerviosas se encuentran por fuera, alrededor del ano.

    Cuanto placer estaba recibiendo, me sentía en las nubes, sus manos me masturban y su lengua trabajaba por detrás. Al ver que estaba por acabar, cambiamos de posición, replicando en su esfínter lo que había hecho mi madrina, luego de un rato de disfrutar su rosado agujero y su clítoris, comenzó a gemir a más no poder, me encarame sobre su cadera e intente introducirme en su espacio, a lo que me dijo.

    – Ponete el forro, lubrica bien con el gel, aunque lo higienice por dentro debes tener cuidado y aunque creas que tu verga es pequeña, no lo es y duele.

    Intente improvisar, ya estaba jugado, clave hasta el fondo mi verga en esa cálida vagina, me miro extrañada, a la vez que note esa sorpresa en su cara, separe ambos glúteos para que apareciera ante mi ese agujero que en un rato seria mío. Lo rodee con mi dedo pulgar, favor y en contra de las agujas del reloj y de arriba hacia abajo y de lado, muy suavemente, casi rozando cada centímetro de piel que se encontraba en la zona. En unos largos minutos, note su movimiento hacia atrás cada vez que mi dedo pasaba por el esfínter, lo que me indico que era hora, empecé a colocar el lubricante con esos movimientos que no deje de hacer en ningún momento, cuando de repente en uno de sus movimientos de reversa, el dedo flanqueo el ingreso. Como el uso del pulgar me incomodaba, hice un cambio de dedo, ingresando el dedo mayor.

    Con mayor comodidad introducía y sacaba el mismo con la misma calma que al comenzar, al estar adentro hacia giros de derecha a izquierda arrancando algún gemido que otro de su boca. Luego introduje el índice, con la misma facilidad que el anterior, tratando de hacer los mismos movimientos sin incomodar. De su boca escapo un gemido acompañado de un ¡¡¡sí!!! Jadeante y entrecortado, pero estirando la i. sin sacar los dedos comencé a derramar más lubricante, el que lo hice ingresar separando un poco los dedos.

    En el ambiente flotaba el olor a nuestras hormonas entremezclado con el ambientador que, de a ratos, esparcía su aroma por la habitación.

    Fue una acción conjunta, saque mis dedos a la vez que mi miembro, lo enfile a su objetivo y con cierta presión ingreso la primera parte de mi pene, en silencio dio un respingo, quede quieto para amoldar el lugar a mi verga, pasado unos minutos nuevamente busque mi objetivo, introducirlo todo, iba hacia atrás y hacia adelante, cada vez que ingresaba lo hacía un poco más, fue centímetro a centímetro, hasta que estuvo todo donde yo quería que estuviera, en sus entrañas.

    Queriendo disfrutar el momento y el obsequio que me estaba ofreciendo no dude en adoptar una parsimonia digna de un oso perezoso, esto tenía que durar, ella gozar yo disfrutar.

    Después de deliciosos minutos, de solo escuchar el golpear de mi pelvis contra sus glúteos y los testículos contra los húmedos labios vaginales, escucho un estruendoso gemido que salió de su boca seguido de un ¡¡¡ahhhhhhh!!! Glorioso, fue suficiente para aumentar el ritmo de mis movimientos haciendo que mi semen golpee contra el reservorio del forro puesto de antemano, descargue el peso de mi cuerpo sudado sobre su espalda también húmeda por la acción.

    Al sentir que mi verga perdía dureza la fui sacando de a poco, oponiendo resistencia solo mi glande que quedo semi atrapado en el esfínter, dejando l parte con semen del forro dentro, fue gracioso ver colgar el resto del látex entre sus nalgas, riendo por dentro y pidiendo disculpas lo tome y lo retire suavemente.

    Nos detuvimos un rato recostados en el colchón, mi madrina prendió un cigarrillo, al terminar de fumarlo, seguimos desnudos y nos sentamos en el living.

    – Ahijado, que un simple complejo, de algo que está fuera de “la norma”, no te impida disfrutar tu sexualidad. Te juro que disfrute mucho, fue fundamental tu sabroso juego previo, eso puede compensar cualquier diferencia de centímetros. la felicidad, placer, plenitud y satisfacción sexual, no se encuentra en la simetría ni en los tamaños, sino en cómo nos sentimos.

    – Gracias madrina, creo haber aprendido la lección, a partir de ahora soy un hombre nuevo, todo gracias vos.

    A continuación, la conversación de mi madrina con Betty, mi mamá.

    – Hola Betty, que tal, bueno ya he hablado con mi ahijado y le he dejado en claro muchas cosas, que las comprendió muy bien.

    – Gracias Mónica la verdad no lo veía bien, crees que deba reforzar algo, digo si querés que hable con él.

    – No amiga, tranqui, ni le preguntes lo que hablamos (guiñándome un ojo), solo estate atenta a que venga los días que le indique, nada más.

    – Gracias amiga, de corazón gracias.

    – Ah, mira que hoy se queda a cenar en casa y si se hace muy tarde se queda a dormir.

    – Dale está en buenas manos.

    – Muy buenas diría (riendo a carcajadas)

    – Bueno ahijadito, ya escuchaste, y más que obvio te quedas a dormir, bueno, dormir, lo que se dice dormir…

    – No hay problema madrina, quiero seguir aprendiendo.

    Que más contar, hicimos todo lo inimaginable hasta bien entrada la madrugada, creo haber aprendido la mitad del Kama Sutra. Me prometió enseñarme el resto en próximas sesiones, a lo que le conteste.

    – Sí, doctora, solo deme el turno.

  • Corrupción policial incestuosa

    Corrupción policial incestuosa

    El cuerpo de policía está conformado por valientes personas, hombres y mujeres que estarían dispuestos a dar su vida con tal de servir a la comunidad y que representan lo mejor de la sociedad. Desgraciadamente, hasta el más recto y digno de los oficiales puede caer en la corrupción si se le da el incentivo adecuado, y de eso es de los que les voy a contar hoy. Esta es la historia de una gran oficial que término cayendo en la corrupción, pero no por dinero, sino a causa de sus bajos instintos sexuales.

    La oficial de las que les voy a contar se llama Bonnie, una madre soltera pelinegra, poseedora de un gran estado físico, un par de tetas enormes, unos muslos grandes y gruesos, y un culo gigantesco. Bonnie había servido desde muy joven en el cuerpo de policía, y era considerada como la mejor agente de su ciudad debido a su gran desempeño a la hora de capturar criminales, así como el gran valor que demostraba a la hora de enfrentar los interminables peligros de la ciudad. Fue gracias a ese gran sentido del deber que esta mujer tenía que fue condecorada, en más de una ocasión, con la medalla al valor (la más alta condecoración que puede recibir un oficial al servicio de la ley). Sin embargo, pese a que Bonnie parecía ser la oficial perfecta, tenía un secreto muy turbio, y es que se sentía atraída sexualmente hacia Jerry, su único hijo varón.

    El deseo sexual de Bonnie por su propio hijo despertó un día en el que, por accidente, lo vio desnudo mientras se bañaba, y descubrió que este tenía una verga inmensa, comparable a la de un africano. Desde ese día, la oficial no pudo quitarse esa imagen de su cabeza, y constantemente fantaseaba con tener relaciones sexuales con su propio hijo, al mismo tiempo que se masturbaba pensando en la enorme verga de este. Pese al inmenso deseo que ella sentía hacia su hijo, Bonnie era capaz de esconderle sus verdaderos sentimientos, y Jerry jamás se dio cuenta de los oscuros deseos de su madre… hasta ahora.

    Todo comenzó una mañana como cualquier otra, en la que Bonnie se despertaba, se ponía su uniforme (el cual era tan ajustado que le ayudaba a resaltar sus enromes atributos femeninos) y bajo hasta la sala para prepararse su desayuno, pero, para su sorpresa, Jerry ya tenía todo listo para comer.

    “¡buenos días, mama!” exclamo el joven (quien tenía 20 años)

    “¡pero que sorpresa!” exclamo la oficial (de 38 años) con gran alegría “¡no debiste haberte molestado!”

    “¡es lo mínimo que se merece una gran oficial como lo eres tu!” exclamo Jerry, y le dio un cálido abrazo a su madre

    Al terminar de desayunar, los dos se prepararon para seguir con sus rutinas diarias.

    “¿a qué hora regresaras hoy?” pregunto Jerry

    “posiblemente de noche, ya que me toca hacer doble turno y tú, ¿qué harás hoy?”

    “me reúno con unos amigos para pasear y para pasarla bien”

    “perfecto ¡nos veremos entonces!”

    “¡espera, mama! olvidas tu billetera” dijo Jerry, mientras sostenía el objeto en su mano

    “¿serias tan amable… de metérmela… en el bolsillo trasero del pantalón?” pregunto Bonnie, tratando de disimular la excitación que le provocaba la situación

    “¡Por supuesto!” exclamo Jerry quien, inocentemente, acato la orden, sin percatarse de la cara de excitación que puso su madre al sentir como su mano le rozaba levemente el culo

    Al salir de su casa, Bonnie se subió a su patrulla y se fue conduciendo hasta un callejón solitario por el cual casi no pasaban peatones. Una vez allí, la oficial se bajó los pantalones y se empezó a masturbar, pensando en la situación que había vivido con su hijo y como este casi le toco ligeramente el trasero.

    “¡soy la peor madre del mundo!” pensó ella, con tristeza y con excitación, a la vez que se daba placer a sí misma “¡soy una puta asquerosa! Sé que no debería sentirme así por mi propio hijo, pero mi deseo hacia él es tan grande que hace que mi instinto materno y mi sentido del deber desaparezcan, y que mi cuerpo sea controlado únicamente por la lujuria. No sé cuánto tiempo podré seguir reprimiendo este deseo… ¿Qué pensara mi hijo al enterarse de lo golfa que es su madre? ¡De seguro me odiara si sabe lo que siento por él!”

    Una vez que fue capaz de calmar su culpa y su lujuria por lo ocurrido, Bonnie continúo con su patrullaje de rutina.

    Durante el resto de la tarde, Bonnie estuvo recorriendo las calles de la ciudad, y lo único que hizo fue poner alguna que otra multa de tránsito y llamarle la atención a algún que otro transeúnte por ensuciar espacio público. Parecía que iba a ser un día de lo más tranquilo para la milf policía, hasta que recibió un mensaje por la radio de su patrulla, el cual le informaba que un ciudadano anónimo había reportado a un joven misterioso que parecía estar vendiendo sustancias ilícitas. Tras recibir el mensaje, la mujer condujo inmediatamente hasta la dirección que le dijeron, y rápidamente pudo identificar al sospechoso en una esquina. Pese a que Bonnie no le pudo ver la cara al joven debido a que este usaba una capucha para esconder su rostro, no le quedo ni la más mínima duda de que si estaba vendiendo pastillas de metanfetaminas, ya que varias personas estaban

    “¡ALTO, POLICIA!” grito Bonnie, mientras bajaba de su patrulla y enseñaba su placa

    Al ver a la oficial, todos los compradores huyeron y el vendedor intento escapar, pero la persiguió a este último. Tras una breve persecución entre los callejones de la ciudad, Bonnie pudo derribar al sospechoso y colocarle más esposas.

    “¡así te quería agarrar, escoria!” exclamo la oficial, pero, al levantarle la capucha al sospechoso para poder verle la cara, se llevó una enorme sorpresa “¿¡JERRY!?”

    “hola… mama” dijo el joven, avergonzado

    Luego del shock de descubrir que su hijo era un vendedor de drogas, Bonnie lo requiso, le quito toda la mercancía que llevaba encima, y lo subió esposado al asiento trasero de la patrulla.

    “no lo entiendo” dice Bonnie, molesta “¿Por qué lo hiciste?”

    “es que me ofrecieron muchísimo dinero… y bueno… termine accediendo” dijo el joven, asustado

    “¡te he dicho una y mil veces que el dinero fácil nunca trae cosas buenas!”

    “¡lo sé, y lo siento, no volverá a pasar!”

    “y claro que no volverá a pasar, porque te tendrás que hacer responsable de lo que hiciste ¿tienes idea de la enorme cantidad de pastillas que llevabas encima? Te darán de 8 meses a un año de prisión”

    “¡no, mama, por favor, no quiero ir a la cárcel!” exclamo el joven, aterrado “¡por favor, haz la vista gorda y déjame ir! Hazlo por mi ¡soy tu único hijo!”

    “lo lamento, Jerry, pero no puedo hacer eso ¡la ley aplica para todos, hasta para mi propio hijo!”

    “¡por favor, te lo suplico, hare lo que quieras!”

    Al escuchar esa última frase tan desesperada de su hijo, los instintos primitivos y deseos lujuriosos de Bonnie nublaron por completo su sentido del deber, y se le ocurrió una macabra idea.

    Un rato después, Bonnie detuvo su patrullero en el mismo callejón donde se había masturbado ese mismo día.

    “¿Dónde estamos?” pregunto Jerry “¿no vas a entregarme?… ¿o acaso me dejaras ir?”

    Bonnie, ignorando por completo las preguntas de su hijo, se bajó de la patrulla, abrió el baúl de la misma, saco una colcha que tenía, la coloco sobre el suelo, y luego hizo que Jerry bajara del vehículo.

    “¡creo que este es el mejor lugar!” exclamo la oficial, mientras miraba a sus alrededores “¡nadie me podrá molestar!”

    “¿molestar para qué?”

    “¡para esto!” exclamo la oficial, quien agarro con fuerza a su hijo de los hombros y le dio un apasionado beso

    Al estar siendo besado en contra de su voluntad, Jerry trato de librarse de su madre, pero fue incapaz de hacerlo, no solo porque aún tenía las manos esposadas tras la espalda, sino también porque Bonnie era mucho más fuerte que él. Finalmente, y tras un largo y apasionado beso, ambos separaron sus bocas.

    “¿PERO QUE CARAJOS, MAMÁ?” gritó el joven, y su madre le metió una cachetada inmediatamente

    “¡ni se te ocurra gritar! Ahora yo mando aquí” exclamo ella, mientras agarraba a su hijo del cuello “vas a hacer todo lo que diga cuando lo diga ¿está claro? Ahora date la vuelta”

    Jerry, con excitación y miedo, acato la orden de su madre y se puso mirando la pared del callejón, y esta le bajo los pantalones, le apoyo las tetas contra la espalda, y lo comenzó a ahorcar con la mano derecha mientras que le hacia una paja con la izquierda.

    “parece que no te requise bien, porque aún tenías una tremenda arma entre los pantalones” dijo Bonnie, mientras le pasaba la lengua por el cuello al jovencito

    “¡oh, mierda!” suspiro Jerry, al sentir todo lo que le estaba haciendo su madre “¡esto está muy mal!”

    “si esta tan mal ¿Por qué están más duro que una piedra? ¡Ahora abre la boca!” ordeno la oficial, su hijo acato la orden, y esta le escupió dentro de la boca

    Tras recibir tantos estímulos en tantas zonas distintas del cuerpo, Jerry termino eyaculando contra la pared del callejón, y su madre lo empujo para lamer aquella mancha de semen.

    “fue muy poco ¡quiero más!” exclamo la milf, quien se arrodillo frente a su hijo, y se la comenzó a chupar con muchísimo ímpetu

    La mamada que Jerry recibió por parte de su madre fue tan intensa que hizo que todo su cuerpo se estremeciera, tanto de la excitación que le provocaba ese acto sexual como de lo perturbador que le parecía que su propia progenitora le estuviese dando sexo oral. Por su parte, Bonnie no solo se limitó a mamarle la verga a Jerry, sino que también la lamio, la cacheteo, y hasta la escupió varias veces. Luego de saciar su hambre de verga, la milf, hizo que su hijo le diera la espalda, e introdujo violentamente su lengua dentro del culo del mismo

    “¡PUTA MADRE!” grito Jerry, entre gemidos de placer culposo

    “¡cállate, imbécil!” ordeno Bonnie, quien amordazo a su hijo utilizando su propio cinturón, y prosiguió lamiéndole el ano

    Después de un rato, la mujer se quitó los pantalones, hizo que su hijo se arrodillara frente a ella, le quito el cinturón de la boca, le agarro la nuca, y le estampo la cara de este contra su entrepierna.

    “¡chúpalo!” ordeno la milf, y luego gimió al sentir la lengua de su hijo en su coño “hazlo lento y suave ¡tomate todo el tiempo que quieras para explorar el lugar por el que naciste!”

    Luego de un buen rato recibiendo sexo oral por parte de su hijo, Bonnie hizo que este apoyara su espalda contra la pared, y luego se dio la vuelta, dándole una visión perfecta de sus gigantescas nalgas.

    “¡aquí viene el culo de mami!” exclamo ella, y se inclinó hacia delante con mucha violencia, dejando la cabeza de su hijo atrapada entre sus nalgas y la pared del callejón

    “¡mama… yo… no respiro!” exclamo Jerry, quien tenía la cara completamente metida entre las nalgas del culo de su madre

    “si quieres que te deje respirar, tendrás que darme un beso negro” exclamo ella, mientras agitaba su trasero “¡así que será mejor que te pongas a lamer!”

    Sin más opción, Jerry metió su lengua dentro del ano de su madre, y esta sintió un placer tan grande que tuvo que morderse un dudo para evitar gritar apasionadamente.

    “¡sigue… SIGUE!” dijo la oficial, completamente perdida en el placer “¡no dejes ni un solo lugar de mi culo sin explorar con tu lengua, sucio traficante de mierda!”

    Tras disfrutar de un intenso beso negro, Bonnie libero la cabeza de su hijo de su culo, hizo que este se acostara sobre la tela, se colocó encima de él, e introdujo el gigantesco pene de Jerry dentro de su coño. Al momento de la penetración, madre e hijo pegaron un gran gemido de placer.

    “¡que rico!” exclamo Bonnie, mientras cabalgaba con furia la verga de su hijo

    “¡mama… debemos parar…!” exclamo Jerry quien, a pesar de que disfrutaba el sexo, sabía que era incorrecto

    “¡ya no hay vuelta atrás!” exclamo ella, mientras se abría la camisa, dejando al descubierto sus enormes tetas “¡en vez de decir estupideces, mejor usa tu boca para chuparme las tetas!”

    Jerry acato las ordenes de su madre, y ambos quedaron inmersos en un estado completamente animalístico, en donde los lazos de sangre ya no valían nada y solo importaba el placer sexual. Luego, la mujer se sacó la verga de su hijo del coño, se la introdujo en el culo, y continúo cabalgando.

    “¡DIOS MIO!” grito Jerry “¡ES DEMASIADO APRETADO!”

    “¡LAMEME AQUÍ!” grito Bonnie, mientras colocaba la cabeza de su hijo debajo de su axila, y este comenzó a pasarle la lengua “¡MAS, LAME MAS FUERTE!”

    Finalmente, y luego de haber soportado un montón de actos sexuales forzados e increíblemente lascivos, el pene de Jerry estaba a punto de explotar.

    “¡mama… ya no aguanto!”

    “¡ESO ES TODO MIO!” grito la madre, quien se sacó la verga de Jerry del culo y se la introdujo dentro de la boca

    Al ya no poder aguantar más, Jerry libero, con las pocas fuerzas que le quedaban, una gigantesca carga de semen dentro de la boca de su madre, y esta se la trago toda como si nada. Al terminar el acto sexual incestuoso, la madre se acostó al lado del hijo, quien apenas se podía mover. Tras recuperar el aliento, Bonnie le quito las esposas a su hijo, lo subió a su patrulla, y se fue manejando.

    En el camino de regreso a su casa, Bonnie no pudo dejar de pensar en lo que había hecho.

    “finalmente ha ocurrido ¡he violado a mi propio hijo!” pensó ella, con cierta preocupación “¡de seguro me odia! No sé qué pase ahora entre nosotros, pero sé que no puedo dar marcha atrás. Bueno… que sea lo que Dios quiera y, si quiere odiarme, lo entenderé”

    Al llegar a su casa, Bonnie se cargó a Jerry en los brazos, lo llevo a la habitación de este, y lo acostó sobre la cama.

    “si tu no dices nada, yo no diré nada” le susurro Bonnie al oído “y no quiero que vuelvas a vender drogas ¿entendido?”

    “¡Por supuesto!”

    “ahora descansa, que yo debo regresar al patrullaje”

    Pese al montón de sentimientos encontrados que rondaban dentro de su cabeza por todo lo que había hecho, y con la insoportable intriga de lo que podría pasar con la relación de su hijo, la oficial se sube a su patrullero, y se va a cumplir con su trabajo.

  • Dos cuerpos mojados en dos metros cuadrados

    Dos cuerpos mojados en dos metros cuadrados

    Ambos vestíamos unos slips dorados ajustados, y nada más que eso. Eran parte del show.

    Iván y yo habíamos sido gimnastas, así que no sólo habíamos sido contratados por nuestros cuerpos trabajados, sino también por nuestras destrezas, que eran necesarias para el espectáculo de ilusionismo.

    Yo había insistido en practicar el acto una vez más. El show era al día siguiente y no lo habíamos ensayado lo suficiente.

    Con Iván nos conocíamos hacía sólo dos días, pero era igual de profesional y estuvo de acuerdo.

    Estábamos solos en el salón y parábamos en una plataforma mecánica, que nos iba a depositar en una caja de cristal resistente. Una especie de pecera, de un metro cuadrado y de poco más de 2 metros de alto.

    Cada uno tenía las manos esposadas a sus espaldas, para darle más dramatismo al acto, pero nos liberaríamos en breve, gracias a la llave que ocultaba Iván en su puño.

    El truco era simple y no había peligro.

    A medida que bajábamos en la plataforma, la caja se iba llenando de agua.

    El secreto estaba en que había una segunda fina pared de cristal externa, que también se llenaba de agua.

    Entonces, una vez que el público nos veía sumergidos por unos 10 segundos, una gran tela cubría la caja, yo accionaba una palanca que había en la base, una compuerta se abría y el agua caía rápidamente a un depósito escondido, dejándonos sobre una rejilla de metal.

    Nos sacábamos las esposas, accionábamos otra palanca que abría el lado posterior de la caja y salíamos.

    Luego de eso, caía la tela que cubría la caja y mostraba la pecera con agua, aunque sólo era una pared exterior que creaba la ilusión.

    No íbamos a usar esa gran tela para el ensayo, pero teníamos un cronómetro que nos indicaba el tiempo que nos quedaba.

    Llegamos a la base de la caja y el agua iba cubriendo nuestras cabezas.

    Esperé los 10 segundos y accioné la primera palanca con el pie, mientras esperaba a Iván a que se quite las esposas y luego saque las mías.

    Apenas el agua nos dejó respirar, escuché a Iván decir alarmado “¡Nico! ¡Nico! ¡Se me cayó la llave!”.

    ¡No podía ser! El espectáculo comenzaba al otro día y ya debía salir todo sin errores.

    “Lo siento, Nico. Lo siento mucho”, dijo apenado.

    “No hay problema. Mañana habrá colaboradores con llaves de repuesto detrás de la caja, que podrán ayudarnos si se repite. No te culpes” Le dije, aunque sí lo culpaba un poco. “No hay tiempo de buscar la llave, tenemos que salir”.

    El agua terminó de drenar y accioné la segunda palanca con el pie, pero se trabó. Volví a intentar y no tuve éxito. ¡Rayos!

    “¡No se abre! Está trabada.”, Le dije.

    “¡Deja que lo intente!”, me dijo y pasó su pierna al lado de la mía para pisar la palanca.

    El espacio era muy estrecho, así que al moverse, Iván se pegó a mi cuerpo y mis manos esposadas chocaron en su entrepierna.

    A medida que Iván intentaba presionar la palanca con el pié, su gordo bulto se movía en mis manos y eso me incomodaba.

    “¡Iván!” Le dije.

    “Lo siento Nico. Es mi culpa.” decía lamentándose.

    Vi que estaba apenado, así que evité el comentario del bulto. Lo calmé y le dije que no se preocupe, que estábamos cansados y que mañana todo iba a salir a la perfección.

    Me di vuelta, para quedar frente a él y le pedí que nos tranquilicemos y que busquemos la manera de salir de ahí.

    “No es muy alto. Sólo hay que liberar nuestras manos”, dijo, mientras se inclinaba hacia mí.

    Intentaba pasar sus manos bajo sus pies, pero era imposible. No tenía espacio.

    Sus brazos estaban pegados a la pared y su cabeza chocaba contra mi cuerpo.

    Yo también tenía los brazos pegados a la pared, e intentaba darle espacio moviendo mi cintura hacia los costados, pero solo lograba estorbarlo. Esta vez, era mi bulto el que lo chocaba su cuerpo. Su rostro rozaba una y otra vez mi bulto cubierto del mojado slip.

    “Tendremos que buscar la manera de salir con las esposas puestas”, dijo frustrado, “No hay espacio para sacarlas.”

    Le sugerí que me ayude a subir. El cuerpo de él era más grande y musculoso. Podía aguantarme y, una vez que alcance el borde superior de la caja, podría liberar mis manos y saltar fuera de la caja para abrirle.

    Se agachó lo más que pudo, para que yo pueda pisar sus rodillas. Me subí con ambos pies y fui apoyando mis brazos esposados a la pared.

    Hasta allí íbamos bien, pero tenía que seguir subiendo.

    Cuando llevaba una pierna a su hombro, el slip se me rajó entre las piernas. El pie que me sostenía tembló y casi caigo. Volví a apoyarme con ambos pies en sus rodillas.

    “¿Estás bien?”, me preguntó Iván.

    “Sí. Sí. Sólo creo que rompí mi slip”, le dije enojado conmigo mismo.

    “Tranquilo. Nadie lo ve. Intenta de nuevo.”, me dijo, ya cansándose de mantener la posición y mi peso en sus rodillas.

    Intenté repetir el movimiento, pero cuando subía la pierna para buscar el hombro de Iván, él me interrumpió. “¡Wow!.. ¡No, No, amigo!… Tus huevos cuelgan y no quiero ver eso”.

    Tenía razón. Mis huevos colgaban por la raja del slip, que se iba haciendo más grande, y podía sentir el aire en mis pelotas.

    “¡Maldita sea!”, dije. “Perdón, Iván.”

    “¡Jaja! Fue un accidente. Intenta de nuevo, pero ve de a poco”, dijo animándome.

    Llevé mi pie a su cintura esta vez. Lo apoyé a la altura del elástico de su slip.

    Me afirmé y levanté el otro pie de a poco, para hacer lo mismo del otro lado.

    El slip se resbalaba un poco, pero aun aguantaba.

    “¡Sigue antes de que me dejes a mí en pelotas!, me apuraba Iván al notar que su slip cedía.

    Llevé rápidamente un pie a su hombro. Su slip resbaló y desnudé parte de su cintura.

    “Perdón”, le dije, sabiendo que mis huevos iban a mostrarse.

    Iván giró la cabeza y agregó “No importa. Continúa, que no tenemos otra forma”

    Al subir mi otro pie, bajé más el slip y descubrí casi la mitad de la verga de Iván.

    El pie en el hombro se deslizó, y quedé con una rodilla en el hombro de Iván y un pie en el aire.

    “No te caídas”, dijo Iván estirándose y acercando su otro hombro para apoyar mi segunda rodilla.

    Quedé colgado de los hombros de Iván, con mi trasero en sus pectorales. Podía sentir mis huevos desnudos aplastados contra su pecho.

    “Bien. Ahora intenta subir con tu espalda”, me indicaba, un tanto agitado por la fuerza que había hecho.

    Fui moviendo mi espalda, apoyándome en la pared para comenzar a subir.

    A medida que lo hacía, sentía que mis huevos iban rozando el pecho de Iván y me estaba generando sensaciones extrañas.

    Iván se acercaba a mi lado, para ayudarme a subir y mis muslos iban subiendo hacia sus hombros.

    El contacto me estaba estimulando y mi miembro lo iba sintiendo. Se empezaba a endurecer y a prolongar la raja de mi slip.

    Iván trataba de alentarme, pero iba notando lo que sucedía.

    “¡¿Se te está parando, Nico?! ¡¿Eres homosexual o qué?!”, me decía escandalizado.

    “¡No soy homosexual!” le dije gritando “¡Tengo los huevos desnudos y me estás rozando!”.

    Hice fuerzas con el abdomen para incorporarme y sentí que la raja del slip se abrió más y liberó mi verga.

    Mi miembro pegó en el rostro de Iván, que intentó mover su cabeza apretada entre mis muslos.

    “¡Maldita sea!” dijo, “¡Saca eso de mi cara! ¡No soy homosexual!”

    Sentía el calor de su aliento en mi verga, que se ponía más dura. “¡Que nadie es homosexual! ¡¿Qué quieres que haga?!”

    “¡Intenta salir! O al menos mueve eso de mi rostro”, dijo enojado.

    Volví a reclinarme para apoyar mi espalda en la pared. Ya llegaba casi al borde.

    Levanté mi cintura cuanto pude para alejar mi miembro de la cara de Iván.

    “¿Mejor así? Hago la fuerza que puedo”, le dije también enojado.

    “Ahora tengo tus huevos en mi cara”, me dijo, mientras me dejaba sentir su caliente aliento. Sus labios rozaban mis testículos a medida que hablaba y recibían unas gotas de su saliva enojada.

    No quería reconocerlo, pero me estaba calentando. Su aliento cercano me estaba haciendo temblar un poco.

    “Intenta salir rápido. Esto me está incomodando mucho”, me dijo. “Pisa mi hombro y empújate”

    Lentamente, apoyé un pie sobre uno de sus hombros. Sentí los labios y luego la nariz de Iván pasando por mis huevos.

    Iván gruñó y agregó “Al menos ya sacaste tus huevos”.

    Esta vez, el aliento caliente se sentía en mi culo y los labios de Iván estaban mucho más cerca.

    El cuerpo entero se me estremeció al sentirlo.

    Iván seguía apurándome para que salga y hablaba enojado. Las gotas de su saliva ahora se estrellaban en mi ano y sus labios estaban a milímetros.

    Mi cuerpo tembló y pude sentir su lengua un par de veces.

    “¡Iván!”, le dije, “¡Tienes la cara en mi culo!”

    “¡Claro! Ahora yo lo hago a propósito”, me dijo irónicamente. “Ahora aguanta tú la incomodidad”

    El movimiento de su boca en mi entrepierna me estaba excitando. Me costaba reconocerlo, pero los lengüetazos en mi culo también hacían efecto. Mi cuerpo volvió a temblar.

    “Perdón”, le dije, “Sé que no lo haces a propósito. Esto es muy extraño. Yo tampoco me caliento a propósito.”

    “¿Te calientas?, me preguntó, y no sé si lo hizo a propósito, pero al decirlo pude sentir su lengua intensamente en mi culo.

    “¡No me calientas tú!, le dije “Estoy en pelotas y te estás moviendo bajo mis huevos”, aclaré para disimular.

    “Supongo que es entendible”, respondió.

    Su tono ya era más calmo y seguía alargando las “eles” cuando hablaba. Otra vez, su lengua lamió mi culo y me hizo estremecer.

    “Nadie es gay”, dijo, “Pero tenemos que salir de aquí”.

    “Nadie es gay”, repetí, “Intentaré empujarme”.

    Lentamente levanté posé mi otro pie en su hombro.

    Mi culo se expuso más a la boca de Iván. Su lengua se aplastó en mi agujero. Solté un pequeño gemido.

    “Intenta levantarte”, dijo Iván, alargando una nueva “ele”.

    Sentí que su lengua entró y salió de mi virgen culo. Mi cuerpo convulsionó.

    Temblando, quise empujarme con los pies, pero me resbalaba. Mi espalda caía y el abdomen no me daba más de la fuerza que hacía.

    “Trataré de empujarte”, dijo Iván, mientras empujaba con el cuerpo y la cabeza hacia mi lado.

    Su boca entera se aplastó a mi culo y su lengua estaba prácticamente adentro.

    “¡Iván!”, dije con voz temblorosa.

    Él comenzó a decir cosas que no entendía. Su lengua se movía en mi culo mientras hablaba y me estaba volviendo loco.

    Le dije que no entendía y volvió a mover su lengua con más énfasis, sin que se le entendiera nada.

    Mi cuerpo se retorcía de placer. Ya no sabía si quería salir de la caja o seguir sintiendo esa lengua que se movía en mi culo.

    Trataba de ahogar mis gemidos, pero algo se llegaba a escuchar.

    Iván dejó su lengua quieta por un momento, pero enterrada en mi culo. Ya era evidente que no lo estaba evitando.

    “Iván”, le dije con la voz entrecortada, “No llego. Creo que es mejor que baje”.

    Iván llevó su cuerpo para su lado y se distanció de mi culo. Respiraba agitado.

    “Tienes razón, Nico”, dijo quizás con algo de vergüenza.

    Bajé mis pies de a poco y fui abriendo mis rodillas, para que Iván pueda girar la cabeza, mientras mi duro miembro nuevamente se posaba en su rostro.

    “Perdón” volví a decir, mientras me apoyaba en la pared e iba rodeando los brazos esposados de Iván con las piernas.

    “Ya está”, dijo Iván ya sin enojo en su voz, “No somos homosexuales. Baja con cuidado”

    Seguí deslizándome por su cuerpo que estaba cubierto de sudor. Ambos estábamos sudados. Entre las luces del salón y el calor de la situación, era inevitable.

    Mis pies se trabaron con las manos esposadas de Iván. Mi cintura y mi espalda seguían cayendo.

    Sin esperarlo, mi culo mojado se topó con un bulto caliente. Era la cabeza de la verga de Iván, que estaba completamente parada.

    “¡¿Iván?!”, dije, sin entender nada.

    “¡Perdón!” dijo alarmado “¡El roce también me afectó! ¡No es que esté excitado!”

    Mientras Iván se alarmaba, mi culo iba cediendo a la inercia, mis pies trabados hacían que mis rodillas se flexionen y en segundos tenga media cabeza de la verga de Iván dentro de mí.

    Dejamos escapar un gemido al mismo tiempo.

    “¡La tengo adentro!” le dije asustado.

    Iván intentó correrse, pero mi cuerpo se movió con el suyo y al detenerse la cabeza de la verga de Iván se metió por completo dentro de mi estrecho agujero.

    “¡No!”, dije con una expresión de susto mezclada con excitación. La lengua de Iván había resultado placentera y la carne que se estaba metiendo en mi recto empezaba intrigarme. Mi verga se puso dura como una piedra, pero no podía reconocerlo. ¡No era homosexual!

    “¡¿Que hago, Nico?! ¡¿Qué hago?!”, me decía Iván alarmado, con culpa por la situación.

    “Intenta pensar en otra cosa”, le dije. “No somos gays. No nos excita esta situación”, intenté convencerlo, esperando que no note mi miembro erecto que empezaba a despedir líquido pre seminal.

    “Pienso en otra cosa. Pienso en otra cosa”, repetía Iván con los ojos cerrados.

    Tardó un tiempo en hacer efecto, pero luego de unos minutos comencé a sentir que su miembro se iba deshinchando un poco. Pero no estaba resultando como lo esperábamos.

    “¡No, no!”, grité, “¡Vuelve a calentarte!”

    “¡¿Qué?!”, contestó Iván desconcertado

    “¡Piensa en algo que te caliente!”, ordené, sin dejarlo terminar de hablar.

    Obedeció sin entender. “Algo que me caliente…” comenzó a decir, cerrando los ojos nuevamente.

    Al relajarse, su verga se había ido metiendo un poco más y no quería toda esa verga dentro de mí.

    “Se estaba metiendo más” le dije, “La tenemos que sacar, pero mantenla dura, porque si no, se mete más y es enorme”

    Su mente lo debe haber tomado como un cumplido, porque pareció excitarse, su miembro se puso rígido, convulsionó y se metió más en mi culo mojado. Trató de disculparse, casi jadeando.

    Tenía media verga adentro. Mi cuerpo temblaba y mi mente trataba de procesar las sensaciones de desconcierto y placer.

    Los temblores del miembro de Iván masajeando mi recto hacían que mi verga salte y se ponga más tiesa.

    Tenía que salir para no seguirme confundiendo.

    Tartamudeando le indiqué a Iván que trate de liberar mis pies de sus manos esposadas, así podría alejarme y sacar su miembro de mi culo.

    Iván asintió, tratando de contener los movimientos de su gorda verga en mi estrecho ano.

    Movió sus manos a los costados, pero eso provocó que mi culo juegue con la cabeza de su verga y nos caliente más a los dos.

    Cuando intentó levantar las manos, mi cintura se fue aún más sobre su cuerpo y su miembro se enterró casi por completo en mi recto.

    Ambos gemimos y desviamos la mirada con culpa.

    La sensación de toda esa carne caliente en mi interior me resultaba sumamente excitante y ya no podía no reconocérmelo.

    Mi virgen ano se iba acostumbrando poco a poco al gordo intruso que lo invadía, y le estaba gustando.

    Me avergonzaba, pero me gustaba.

    “Perdón, Nico”, rompía el silencio Iván, “es mi culpa por dejar caer la llave”

    “No te disculpes Iván”, dije tratando de disimular mi excitación “Yo propuse que me ayudes a subir…”

    “No somos homosexuales, ¿verdad, Nico?”, me preguntó con culpa.

    “Esto es un accidente”, le contesté, “Nadie es homosexual”, dije tratando de ocultar mis evidentes dudas.

    “Porque cuando me pediste que me caliente, miré tu verga y pensé en tus huevos en mi cara y tu culo en mi boca…” dijo, con preocupación, “No pude evitarlo. Tenía tu verga en frente. No lo pensé…”

    Los problemas en la mente de Iván eran perores que los míos. Se sentía culpable por calentarse con mi culo, ¡con mi verga!

    “¿En verdad pensaste en eso?”, pregunté sin pensarlo. ¿Me había excitado que un tipo se caliente conmigo?

    “Si”, dijo mirando al costado.

    Mi verga convulsionó. Los músculos de mi trasero se aferraron al miembro que tenía en el culo. Definitivamente me había calentado.

    Le dije que no se preocupe, que no teníamos que sentirnos culpables de nada, tratando de convencerme también a mí mismo.

    Le dije que éramos bien hombres y si el cuerpo reaccionaba no quería decir nada. Que éramos colegas que tenían un inconveniente y lo iban a solucionar.

    Iván me devolvió la mirada, como agradeciendo mis palabras. “Entonces, ¿qué hacemos?”, preguntó.

    La verdad es que no sabía qué quería hacer. Ya tenía casi toda la verga de Iván dentro de mí. ¿La quería sacar o la quería sentir por completo?

    Mi miembro se movía excitado por mis pensamientos y mi culo tenía espasmos que ponían más dura la verga de Iván.

    “Creo que no queda otra…” comencé a decir y me detuve.

    “¿Qué cosa?”, dijo Iván intrigado.

    “Está claro que no somos homosexuales, ¿no?”, le pregunté.

    “Claro”, contestó.

    “Y nadie se va a enterar de lo que pasó aquí, ¿no?, insistí.

    “¡Ni loco!”, exclamó Iván. “¡Nadie debe enterarse!”

    “De acuerdo. Si es así…”, continué más confiado. “El tema es que ya estás casi por completo dentro de mí, y lo que hemos intentado no ha funcionado. Yo no siento dolor y quizás sea mejor que eyacules, así podemos despegarnos”

    “¡¿En serio?! contestó Iván, mientras la excitación hacía que su miembro empiece a palpitar en mi recto.

    “Sí. Sólo te tienes que calentar y eyacular. Nos despegamos y acá no pasó nada”, dije minimizando la situación. “Sólo piensa en algo que te caliente…”

    “¿En tu culo, como recién?”, me preguntó excitado.

    Gemí. “Si eso te excita…”

    “Al principio no entendía, tu verga, tus huevos que se refregaban en mi boca…”

    ¡Dios! Recordaba esa sensación y se me hacía agua la boca. Mi cuerpo se tensaba, y sin siquiera notarlo, mi cintura comenzaba a moverse inconscientemente.

    “…Pero cuando sentí que tenía la boca en tu culo, se me fue parando. No me quería excitar, pero me estaba calentando…”, continuaba Iván, mientras la verga se le endurecía y empezaba a disfrutar de los masajes que le iba haciendo mi culo.

    La imagen de su lengua en mi culo me calentó más, e instintivamente presioné con mi cadera, como si buscara su lengua juguetona.

    Metí su miembro por completo dentro de mí y seguí con mi lento movimiento. Ahora más prolongado.

    “…creo que metí la lengua casi a propósito. No quería hacerlo… o sí… Me gustaba como se iba abriendo tu culo con mi lengua… y ahora que siento cómo lo abro con la verga, me gusta mucho más…” completó, al mismo tiempo que presionaba para meter aún más su duro miembro en mi culo hambriento.

    Comenzamos a jadear. El movimiento se empezó a hacer más intenso.

    Iván definitivamente me estaba culeando. Y ambos lo estábamos disfrutando.

    Se posicionó para embestirme con más fuerza y sentimos que la palanca de la puerta se destrabó. Ya podíamos salir.

    Hubo unos segundos de silencio y le dije “No pares”.

    Se calentó de sobremanera.

    Terminó de acomodarse y empezó a penetrarme con fuerza.

    Podía sentir todo el largo de su caliente verga entrando y saliendo de mi estrecho culo.

    Sentía como su gorda cabeza se iba abriendo paso en mi recto.

    Mi verga saltaba cuando sus huevos se estrellaban contra mi culo.

    Quería que me siga embistiendo toda la noche, quería que me llene el culo de dulce carne.

    “Lo siento, Nico, pero creo que me excita tu culo. Se siente muy caliente y apretado”, dijo tratando de contenerse.

    “¡No lo lamentes!”, dije agitado, “Tu gorda verga me vuelve loco. Quiero comerla toda con mi culo caliente y apretado.”

    Las palabras nos calentaron a los dos.

    En el salón resonaban nuestros gemidos y los golpes del cuerpo de Iván chocando contra mi culo.

    Nuestros cuerpos sudaban y mis pies se liberaban de sus manos esposadas.

    Apoyé ambos pies en la pared que estaba detrás de Iván e hice fuerzas para empezar un movimiento más intenso.

    Mis piernas se estiraban, para que mi mojado ano recorra todo el duro miembro de Iván, y mi espalda empujaba con fuerza para, para volver a enterrar toda su carne en lo más profundo de mi recto.

    El movimiento se hacía más veloz. Iván se volvía loco y su carne se iba hinchando en mi interior.

    Respiraba cada vez más agitadamente y sus piernas comenzaron a temblar.

    “¡Nico! ¡Nico!”, comenzó a advertirme.

    Sabía que estaba por estallar y eso no me detenía, me enloquecía.

    “¡Sí, Iván! ¡Sí!”, le decía como si fuera un animal en celo, “¡Sí! ¡No pares!”

    Estaba fuera de mis cabales.

    Cabalgaba ese enorme trozo de carne caliente en forma desenfrenada. Gemía y miraba hipnotizado mi dura verga rebotando contra el abdomen de Iván, una y otra vez.

    Se iba tensando y empezaba a convulsionar con cada nueva embestida.

    Iván no podía más. Se mordía los labios y se retorcía.

    Empujó, para hacer más profunda mi última embestida y estalló.

    Mi recto fue sintiendo los potentes chorros de leche que despedía el duro miembro de Iván.

    Mi verga empezó a temblar, sintiendo cómo mi culo se iba llenando de semen por primera vez, y descargué el mío.

    Mi cuerpo quedó empapado.

    Respiramos agitados, tratando de recuperar el aire. Nos miramos con una mezcla de vergüenza y confidencia.

    En silencio nos separamos, salimos de la caja y nos sacamos las esposas.

    “Espero que mañana en el show podamos salir más rápido”, le dije.

    Empezamos a reír y prolongamos la carcajada lo suficiente para descargarnos de tanta tensión.

  • Una noche con Valeria

    Una noche con Valeria

    Valeria López es una amiga muy loca que tengo, tiene ojos verdes, pechos grandes, un tremendo par de piernas y un trasero firme y grande, un poco más grande que el mío.

    Siempre me dio la ligera sospecha que le gustaban las mujeres, ya que aunque entre mujeres nos manoseamos ella lo hacía con cierto morbo, nunca le reclame cuando me apretaba el trasero o me besaba las piernas, lo vi muy de amigas, una ocasión recién tenía poco de empezar en el club swinger, me fui a su casa a tomarme unos tequilas con ella, ella estaba depresiva ya que su novio la dejo por otra chica más joven, yo trataba de animarla y entre canción y canción y tequila y tequila la noche cedió.

    Ella comenzó a manosearme de una forma muy caliente, yo al principio solo me reía, pero ella se acercó con intenciones de besarme, yo la esquive, del juego paso a ser algo incómodo para mí, ella es mi amiga de años y la aprecio demasiado, no es cualquier mujercita caliente, es alguien con quien eh convivido desde mi adolescencia, por esa razón me sentí extraña.

    V: ¿Qué? Te puse tensa

    Yo: ¡Que te pasa?, ya estás muy tomada!

    V: ¡No necesito estar tomada para tenerte ganas chiquitas!

    Yo: ¡Jajá ya deja de bromear!

    Ella seguía tratando de besarme, accedí a besarla para que se quitara, el sentir su boca, sus labios carnosos fue maravilloso, me deje llevar por la calentura, Valeria comenzaba a acariciar mis tetas, yo permitía que gozara mi cuerpo.

    V: ¡Que hermosas tetas tienes, me encantan!

    Yo: ¡Para por favor!

    V: ¿En serio, que no te gusta?

    Yo: ¡Pero somos amigas!

    V: ¡Pues mejor yo que soy tu amiga a que otra lo haga!

    Me tiro en su cama, (porque olvide decir que ella vive en dos cuartos de una vecindad, uno para comer y otro para dormir, entonces nosotras nos encontrábamos en su cuarto para dormir)

    Me comenzó a besar muy apasionadamente, besaba mi cuello y sus manos acariciaban mis piernas, ambas estábamos en short y el rozar de nuestra piel me excitaba demasiado, ella me quito la blusa y comenzó a saborear mis tetas, me daba ricas lamidas en mis pezones, su lengua bajaba hasta mi ombligo, me encantaba sentir su lengua recorrerme, poco a poco me quito el short, su lengua hora recorría mis piernas, yo cerraba los ojos y gozaba lo que mi amiga me hacía, me dejo en tanga mientras se quitaba su blusa mostrándome sus tetas grandes y duras, su pezón era enorme y grueso, se bajó lentamente su short mostrando un tremendo par de nalgas en una mini tanga roja!

    Yo: ¡Que hermosa eres Vale!

    V: Tú también amiga, que rico cuerpo tienes.

    Yo: ¿Que me vas hacer?

    V: Lo que siempre te he querido hacer.

    Me comenzó a besar los pies, yo estaba excitadísima, subió hasta mi vagina y me quito la tanga, comenzó a olerme muy sensualmente, ¡sus manos acariciaban mis entrepiernas y daba pequeñas lamidas a mis labios vaginales.

    Yo: ¡Que rico!

    V: Que vagina más rica, será la mejor que me haya comido.

    Yo: ¿Eres bisexual?

    V: Si amiga y no sabes cómo te deseaba

    Comenzó hacerme un rico sexo oral, su lengua enrollada entraba y salía de una forma majestuosa, me apretaba las tetas con fuerza, su nariz prácticamente entraba en mi vagina también, yo estaba gritando del placer, ella sabía dónde chuparme y lamerme, ¡ese sexo oral es hasta la fecha el mejor de mi vida!

    Yo: ¡Dios mío amiga que rico!

    V: Disfrútalo nena te voy a hacer gozar.

    Yo: ¡Sigue así, sigue!

    V: ¡Me pone a mil lo que dices!

    Ahora no solo su lengua entraba y salía también sus dedos ya jugaban dentro de mí, apretaba mi clítoris tan rico que me hacía zangolotearme del placer, le pedí se subiera en mí, quería devorarla yo también, nos acomodamos en un 69 delicioso, ella me dejaba su vaginita depilada y escurriendo de la excitación y un tremendo par de nalgas, redondas blancas y grandes, comencé a darle lamidas en sus labios vaginales, mis manos apretaban con fuerza sus ricas nalgas, ella movía su cadera mientras mi lengua poco a poco entraba en ella.

    V: Que rico amiga, lámemela rio por favor.

    Yo: Que conchita más rica tienes nena, me la comeré enterita.

    Mis dedos apretaban su jugoso y rico clítoris, ella gemía exquisito y me prendía más, nos metíamos el dedo tan rico que escurríamos del placer, Valeria estaba tan cachonda que comenzó a lamerme el ano, su lengua estaba en mi ano y sus dedos en mi vagina yo procedí a hacerle lo mismo, su rico ano recibía mi lengua y su vagina sentía la velocidad de mis dedos.

    V: ¡Ah que rico lo hace nena ah!

    Yo: Estas riquísima Valeria y pensar que pudimos hacer esto desde hace tiempo

    V: Si mamacita solo que antes eras fresa jajá

    Yo: Jajá ahorita vas a ver como esta fresa te hace jadear zorra.

    V: Si Lety soy tu zorra.

    Valeria me abrió las piernas y se acomodó para que empezáramos ajuntar nuestras húmedas vaginas, ambas movíamos nuestras caderas con movimientos que harían venirse a cualquiera, el sonido que provocaban nuestras conchas al juntarse era música para mis oídos, nos apretábamos las tetas, yo pellizcaba el gran pezón de Vale y ella me mordía mis pies, al parecer tenía el fetiche de los pies ya que no deja de lamerlos y besarlos, nos tomábamos del trasero y continuamos entrelazadas meneándonos placenteramente.

    V: Que rico te mueves, con razón muchos están locos por ti.

    Yo: Tu igual amor, que ricos movimientos, eres un deleite sexual.

    Tuvimos un rico orgasmo juntas, pero Vale quería aprovechar que estaba conmigo y yo igual quería gozar su cuerpo, la acosté en la cama y comencé a besarle sus grandes tetas, mi lengua se deleitaba con su gran pezón color claro, lo mordía mientras ella me acariciaba las nalgas y se abría de piernas como si la fuera yo a penetrar, nos acomodamos de una forma que nuestras vaginas seguían rosándose deliciosamente, yo mordía los pezones y simulaba una penetración, ella movía rico su cadera y me apretaba con fuerza mis nalgas, nos besábamos salvajemente, le levante las piernas de manera que sus rodillas llegaban hasta su cabeza, yo me puse de ladito y junte mi vagina en la suya, mientras le mordía sus pantorrillas, me movía fuerte, mis dedos también entraban en su vagina y en su ano, ella gemía y gritaba por lo que yo le hacía.

    V: ¡Lety que rico, cógeme nena cógeme!

    Yo: ¿Te gusta hermosa, te gusta cómo te cojo?

    V: Si nena eres la mejor, que envidia le tengo a Luis.

    Yo: No lo metas en este tema o quieres invitarlo.

    V: Como tú digas nena.

    Me acomode en cuatro, Valeria comenzó a meterme sus dedos, me daba de nalgadas y me jalaba el cabello, sus dedos entraban y salían con fuerza, la manera de moverlos me daba tremendo placer, mi vagina escurría gracias al trabajo de Valeria, seguía dándome de golpes incluso me mordía salvajemente.

    Yo: Valeria nena que rico.

    V: ¿Te gusta nena?

    Yo: Me encanta hermosa, síguele.

    V: ¿Puedo jugar tu ano?

    Yo: ¡Hazlo tuyo nena!

    Me empino todita y comenzó a lamerme el ano, sus dedos también jugaban mi vagina, ella lo comía de una forma tan rica que me hacía gritar, sus dedos comenzaron a entrar y salir de mi ano, primero lo hizo con uno luego de forma precipitada ya tenía sus tres dedos dentro de mí.

    Yo: Ah que rico, me duele un poco pero que rico.

    V: Mamita me excita lo que dices.

    Violo mi ano tan rico que me hizo venirme, cuando empecé a escurrir ella corrió y se puso debajo de mi para beberse mis fluidos, los saboreaba tan rico, que me hizo tener un segundo orgasmo duradero, nos besamos compartiendo los fluidos, cansadas nos recostamos en su cama acariciándonos mutuamente.

    Al amanecer me vestí y me despedí de ella, quedamos en no hablar de lo sucedido y en volver a pasar otra noche juntas.

    Saludos su amiga Lety.

  • Entre primas

    Entre primas

    Mi nombre es Diana. Soy delgada, con pechos medianos, trasero pequeño, piel trigueña. Mi prima es Mariana. Delgada, piel blanca, ojos verdes, pechos chicos, trasero mediano. Nosotras nos llevamos por un año de diferencia; siendo Mariana la mayor en ese aspecto.

    Todo comenzó por dos razones. La primera fue en un viaje a un balneario, donde me toco ir junto a mi prima. De regreso ella iba dormida; por lo que me entro el morbo por tocar sus piernas, lentamente iba subiendo un dedo por sus rodillas, hasta detenerme en su entre pierna.

    Fue fácil hacerlo; ya que viajamos en auto bus de alquiler y más porque a Mariana le gustaba usar shorts o minifaldas.

    No sé si nací con el gusto por las mujeres, pero sentía cierta atracción por algunas chicas; obvio esa inclinación era reprimida por la moralidad que me fue inculcada. Me era muy agradable sentir esa piel suave, blanca y femenina; tanto que con la yema de un dedo pude alcanzar a recorrer un seno de mi prima.

    Aprovechaba la obscuridad de aquel transporte, para darle un leve agasajo a mi sentido del tacto. Al querer sentir el sexo de Mariana, esta abrió más las piernas, como si le gustaran mis toqueteos. Yo seguí disfrutando de tocar su vagina por encima de aquel short, cuando me percato que estaba entre despierta y ahí pare todo.

    La segunda. Mis tíos se mudaron a unas calles de donde yo vivía. Mariana y yo siempre nos hemos llevado de maravilla; así que mis tíos decidieron que fuéramos juntas al colegio. Pasábamos muchas tardes juntas. A mi prima le gustaba ducharse después de llegar de la escuela. Siempre buscaba una excusa o platica para estar en su recamara, disfrutando de como se desnudaba delante mío.

    Como en las recamaras había baño incluido, aprovechaba para espiar a mi linda prima disfrutar de su ducha.

    Algunas veces me halle masturbándome al ver como Mariana enjabonaba su blanquizco y lindo cuerpo, sus pechos eran sobados con aquella barra de jabón, haciendo que involuntariamente sus pezones se pusieran erectos. Observaba como entre depilaba su vagina; como abría mucho las piernas podía ver aquel clítoris rosado, sus labios vaginales, entreabiertos, como si fuera una boca.

    Así pasaron varios meses y yo me preguntaba del porque esa atracción hacia mi mismo sexo; en especial a mi prima Mariana.

    A ella y a mi nos gustaba seducir chicos y en ocasiones hasta cogíamos con ellos, pero eso no me dejaba plena.

    Mariana y yo platicábamos de nuestras aventuras; inclusive hasta seducimos a un chico entre las dos.

    Una noche Mariana y yo jugamos a verdad o reto con otras chicas.

    Como los retos eran algo fuertes elegí verdad.

    -¿Te darías un faje con alguna de las aquí presentes?

    Pregunto una amiga.

    -Probablemente. Respondí.

    Las demás chicas medio se sorprendieron. Al volver a ser mi turno, otra amiga me reto a que besara a mi prima. Me le acerque para cumplir con la encomienda.

    Mariana: ¿Qué haces guey?

    Yo: Relájate. No te va a doler.

    Otra amiga interrumpió, pidiendo que cambiáramos a confesión.

    Me pregunto si me gustaba mi prima. Tarde un poco en contestar; pero al final les dije que más o menos.

    Al retirarse estas amigas, note a Mariana seria.

    Yo: ¿Te agrado aquel juego?

    Mariana: ¿En serio estabas dispuesta a besarme Diana? Dime que eso fue para molestarme.

    Yo: No. Si lo iba a hacer.

    Mariana: No mames. ¿Neto?

    Yo: Si guey. Es neto.

    Mariana: Si guey. Aja.

    Yo: ¿Quieres ver que si pendeja?

    Mariana: A ver. Te reto y puta sino.

    Yo: Nada mas donde empieces de chillona, te rompo tu madre.

    Mariana: Va.

    No podía creer que mi prima me haya retado en algo como eso.

    La verdad ese reto me excito un poco, porque sentiría por vez primera el beso de otra chica.

    Le puse seguro a la puerta, me acerque a mi prima, algo nerviosa.

    Puse mis manos en sus piernas, subiéndolas poco a poco, me acerque a Mariana.

    Comencé por encimar mis labios en los de ella.

    Lentamente nos besamos. Cada vez con más rapidez y fuerza.

    Su lengua invadía mi boca, pasando por parte de mis dientes, rozando la mía.

    Mis manos terminaron de acariciar sus piernas para ponerlas en sus pechos.

    Por fin comprendía el porque los chicos giraban sus manos alrededor de mis pechos.

    Se sentían firmes y suaves a la vez. Mariana se levantó, quitándose la playera y el brasier.

    Lo único que hice fue mirarla por un instante para prenderme de sus pechos.

    Mis manos masajeaban una chichi y mi boca mamaba su pezón, la otra mano subía de entre sus piernas, para también masajearle las nalgas.

    Ella me levanto, quitándome unas mayas negras, junto con una falda que llevaba puesta.

    Pronto me desnudo, me acostó en su cama, poniendo mis piernas por encima de sus hombros.

    Su boca besaban y jalaban mis labios vaginales. Para esto yo empezaba a gemir, agarrándome los pechos.

    Yo: Mmm! Mmmm! Que bien se siente.

    Mariana: Que bueno que te esté gustando primita.

    Sus mamadas en mi concha, cada vez eran más fuertes, su lengua recorría mis muslos, se posaba en mi clítoris dando giros sobre el. Su lengua simulaba una penetración en mi interior.

    La tome de la cabeza para que así pudiera sentir, tanto su respiración como su linda boca, que para ese entonces estaba llena de mis fluidos.

    Mariana: ¿Quieres probarme?

    Yo: Sssi, si.

    Se coló encima de mí poniendo su vulva en mi cara. Hacíamos un 69 perfecto.

    Realmente no sabía lo que hacía, pero disfrutaba al mas no poder de su aroma y sabor.

    Las bocas de las dos, sorbían los jugos de las conchas; una de la otra.

    Cuando bebimos aquellos fluidos, me puse sobre mi prima, besándola como loca.

    Besaba su cuello, sus pechos, mamaba sus pezones.

    Luego ella me dio la vuelto e hizo lo mismo.

    Nuestras manos se entre lazaban al cuerpo de la otra.

    Otra vez me puse sobre ella, para bajar y así atender esa concha que tanto admiraba cuando esta era depilada.

    Mis labios no paraban de besar su clítoris, metiéndole la lengua lo más que podía.

    Jugos y jugos salían de la concha de Mariana.

    Los disfrutaba como loca.

    Mariana, gemía y daba movimientos como si estuviera siendo follada por un hombre.

    Le metí dos dedos; aunque seguía lamiendo su botón del placer.

    Ahora le hacia el 69, para que también ella ordeñara mi vagina.

    Como si estuviéramos conectadas, las lenguas hurgaban el culo de la otra.

    Aparte de todo jamás me habían dado; pero tampoco yo di un beso negro.

    Optamos por tener más placer, metiéndonos un dedo en el culo de la otra.

    Después fue un dedo en el culo y al mismo tiempo dos dedos en la concha de la otra.

    Nos volvimos a colocar una de la otra, disfrutando lo más que se podía.

    Nos acomodamos de tal modo que nuestras vulvas quedaran contra la otra, en un inmenso roce.

    Fue algo tan rico, excitante y placentero sentir la vagina de Mariana rosando la mía; tanto que nuestras caderas fueron mojadas.

    Volvimos a limpiarnos con la lengua, para descansar.

    Tomamos la ducha juntas y salimos para ver si no se enteraron de lo bien que la pasamos.

    Por suerte no había nadie en casa.

    Mariana y yo tuvimos o tenemos una larga y rica relación.

    Mariana me confeso que le pasaba lo que a mi.

    No sé si es de familia, pero hasta la fecha no sabemos de algún familiar que le atraigan las personas del mismo sexo o de algún caso de bisexualidad.

    Su otra confesión fue que le agradaron mis caricias en aquel autobús; que de momento pensó estar soñando, pero que al despertar alcanzo a ver cuándo retire mi mano de su conchita.

    Esto sucedió cuando teníamos 19 y 18 años.

    En la actualidad Mariana tiene 27 y yo 26 años de edad.

    Aunque ahí no acaba la historia con mi amada prima.

  • La vendedora (1)

    La vendedora (1)

    Mateo

    Conocí a Valeria cuando trabajaba como responsable de calidad en una empresa de alimentos. Ella era vendedora. Vivíamos los dos en la misma zona, con lo que frecuentemente coincidíamos en el viaje desde y hacia el trabajo. Algunas veces ella se llevaba el auto de la empresa y en esas ocasiones me alcanzaba a mi departamento. Compartir esos momentos hizo que rápidamente nos hiciéramos amigos.

    En ese momento yo estaba de novio con una persona que vivía en el interior del país, con lo que nuestros encuentros eran esporádicos. Ambos éramos de mecha corta y frecuentemente discutíamos violentamente. Muchas de esas discusiones llevaban a separarnos y decirnos que no queríamos volver a ver al otro, aunque al otro día nos arreglábamos.

    Un día tuvimos una pelea un poco más fuerte y naturalmente no nos reconciliamos enseguida. Incluso traté de hablar con ella, pero no me atendió el teléfono. Estaba bastante triste y preocupado. Ese día volví a casa con Valeria, quien notó mi estado y me preguntó si quería que subiera a mi departamento para que siguiéramos hablando. Yo ingenuamente creí que estaba de verdad preocupada por mí y acepté su sugerencia, siendo esa la última decisión que tomé con mi cabeza superior esa tarde.

    Luego de unos minutos hablando, en los que mi ánimo había mejorado levemente, Valeria me pidió dirigirse al baño. Se demoró lo suficiente como para que pensara en ir a preguntarle si se encontraba bien. Estaba a punto de hacerlo cuando escuché la puerta abrirse.

    Mi cerebro se apagó al verla. Por unos minutos me convertí en un zombi y cuando volví a pensar lo hice con mi pene. Tenía puesto un conjunto de lencería violeta y me miraba de forma seductora mientras se acercaba a paso firme a mí. Lo siguiente que recuerdo es estar sentado en la cama con Valeria sentada en mis piernas besándome. Fue en ese momento que mi pene empezó a crecer en mis pantalones y tomó el control, reaccionando a sus besos y llevando mis manos de su cintura hasta su cola.

    Valeria

    Desde que conocí a Mateo me sentí atraída por él. A medida que coincidíamos más en nuestros viajes nos fuimos haciendo más cercanos y mi atracción hacia él crecía. Fue muy desilusionante enterarme que tenía novia.

    Al crecer nuestra amistad comenzó a contarme cuando tenía problemas con su pareja. Yo me ilusionaba cada vez que lo escuchaba decir que se había peleado para entristecerme cuando me decía que se había reconciliado. Mateo era ajeno a mis estados de ánimo. Al percatarme de esto decidí que tendría que ser yo la que hiciera que se fijara en mí.

    Sabía que tarde o temprano tendría una oportunidad y me preparé para aprovecharla. Lo primero que hice fue comprarme un conjunto de lencería que me hiciera ver y sentir sexi que llevaba todos los días conmigo. Tenían que darse muchos factores para que tuviera mi chance y no podía permitirme desaprovecharla por no tener la ropa interior adecuada. Esperé paciente a que me dijera que había discutido con su novia. Cada vez que lo hacía le daba mi apoyo y me mostraba feliz por él cuando me decía que se había reconciliado. Hasta que finalmente llegó el día.

    Me comentó que esa vez la pelea había sido más intensa y que realmente tenía miedo de haber terminado su relación. Busqué como siempre consolarlo y animarlo. Con mucho miedo y terriblemente nerviosa me atreví a sugerirle que sería bueno que ese día subiera a su departamento y le hiciera compañía, ya que no lo veía bien. Luego de pensarlo por unos segundos que se me hicieron eternos aceptó mi sugerencia.

    Durante algunos minutos estuvimos conversando de temas banales. Cuando lo vi lo suficientemente animado le pedí dirigirme al baño. No sé cuánto tiempo tardé en cambiarme. Estaba tan nerviosa que me temblaban las manos y me costó trabajo sacarme mi camisa y mi pantalón. Luego de vestirme me maquillé de forma suave. Inspiré profundamente y salí del baño.

    Mateo se quedó inmóvil al verme. Si bien no era la reacción que esperaba, eso era mucho mejor a que me rechazara. Aunque tenía preparado un discurso para ese caso no creo que hubiera sido capaz de soportarlo. Me acerqué a él tomé sus manos y lo besé. Lo guíe y senté en su cama, acomodándome sobre sus piernas.

    Después de unos minutos sentí a su miembro crecer debajo de mí. Simultáneamente comenzó a besarme y llevó sus manos a mi cola. Si bien me alivió que finalmente reaccionara sabía que me quedaba mucho trabajo por hacer. Me separé de él dejando que me mirase unos segundos. Le desabroché la camisa y comencé a besarle el torso, recreándome en las tetillas, una zona que sé por experiencia que es muy sensible en los hombres. Sus suspiros y gemidos me indicaron que tenía toda su atención y que estaba disfrutando mis tratos.

    Seguí bajando por su cuerpo hasta arrodillarme entre sus piernas. Desabroché su pantalón y lo llevé hasta sus tobillos. Su pene se marcaba en el calzoncillo. Lo acomodé un poco para que la punta sobresaliera, dándole pequeños besos y lamidas en cuanto quedó a la vista. Levanté mi mirada y lo vi con las manos apoyadas en la cama la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. “Seguro que su novia no lo pone así” pensé sonriendo. Y eso que todavía no había hecho nada.

    Mateo

    Valeria sabía usar muy bien su boca. Me lo demostró cuando gocé de su maestría en mis tetillas y volví a comprobarlo cuando se dedicó a la punta de mi miembro. Si lograba eso solo con la punta no podía ni imaginar lo que sería capaz con todo mi tronco. Por suerte (o por desgracia) no tendría que imaginar mucho ya que después de unos segundos de torturar solo la parte superior de mi pene bajó mis calzoncillos y comenzó a besar y lamer todo mi miembro.

    Estuvo entreteniéndose así unos minutos, en los que yo solo podía gemir. Dio un beso, pasó su lengua por la punta y después se introdujo lentamente mi pene en su boca. Se lo sacó a la misma velocidad con la que se lo había metido. Durante todo el trayecto su lengua probó todo lo que pudo de mi piel. Repitió varias veces la operación, cada vez con más rapidez. Cuando comenzaba a sentir mi corrida se detuvo y se incorporó sonriendo y sin dejar de mirarme a los ojos.

    Valeria

    Paré mi felación en cuanto sentí su miembro empezar a palpitar. Era posible que en cuanto eyaculara se arrepintiera de lo que habíamos hecho y si se iba a arrepentir esperaba que fuera por algo que me valiera la pena. Por supuesto que encontré muy satisfactorio saber que su noviecita no lo excitaba en la forma que yo lo hice, pero eso estaba lejos de ser suficiente. Por fin lo tenía en mis manos y no pensaba dejarlo escapar.

    Después de terminar de sacar su pantalón y calzoncillos me levanté en forma lenta. Me quedé parada delante suyo, con mis pequeños pechos a la altura de su cara. Desabroché despacio mi sujetador y, sin dejar de mirarlo, lo dejé caer al piso. Por primera vez en la tarde tuvo algo de iniciativa y me atrajo hacia él, empujándome desde la cintura. Acarició despacio mis tetas sin dejar de mirarlas. Después apretó con delicadeza mis ya erectos pezones, provocando mi primer gemido de la tarde. Lo agarré con suavidad de la cabeza y lo atraje hacia mi, gimiendo exageradamente cuando su lengua rozó mi piel.

    Mateo

    Siempre me gustaron las tetas pequeñas y las de Valeria me parecieron perfectas. Blancas, con forma de gota, un poco más chicas que las palmas de mis manos y con unos pezones oscuros que cuando los vi por primera vez ya estaban completamente parados. Además mi compañera de trabajo parecía tener mucha sensibilidad en esa parte de su cuerpo a juzgar por sus reacciones a mi tacto, lo que me excitaba y envalentonaba a seguir ocupándome de ellas. Cada roce, lamida o mordisco que daba era respondido por un gemido cada vez más largo o de mayor volumen.

    Valeria

    Con la situación ya totalmente bajo mi control me relajé y lo dejé que jugara unos minutos con mis pechos, aprovechando lo que parecían gustarle. Estaba vuelto loco chupando, mordiendo, acariciando y apretando y se entusiasmaba cada vez más ante mis simuladas reacciones.

    Cuando consideré que había sido suficiente lo empujé despacio desde sus hombros, hasta dejarlo acostado y con las piernas colgando del borde de la cama. Enseguida se acomodó con su cabeza en la almohada y yo me subí sobre su cara, poniendo mi vagina a la altura de sus labios. Besó mi sexo por sobre mi ropa interior, que a propósito no había quitado, para que fuera él quien lo hiciera; le correspondía si es que quería probarme. Me agarró la cola con sus dos manos y dio un mordisco en la tela, lo que casi me provoca un orgasmo. Después si bajó mi bombacha hasta mis muslos y, sin darme tiempo a terminar de sacármela, introdujo su lengua en mi interior. En ese momento fui yo quien cerró los ojos y llevó su cabeza hacia atrás, gritando de gusto sin esta vez necesitar exagerarlo.

    Mateo

    Los gemidos de placer de Valeria en cuanto mi lengua comenzó a explorar su sexo fueron los más intensos y excitantes que escuché en mi vida, mucho más que los que me regaló cuando me ocupé de sus pechos. Esa reacción me hizo dedicarme con mayor ahínco a beber de la entrepierna de mi compañera de trabajo, apretándole fuerte las nalgas para mantenerla pegada a mi mientras recorría entera su parte más íntima.

    Con mis manos firmemente asidas en sus cachetes se levantó unos centímetros para retirar completamente su ropa interior y agarró con suavidad mi cabeza, colocando nuevamente su vagina a la altura de mis labios.

    Valeria

    Una vez que estuve totalmente desnuda me dediqué a disfrutar del trato que Mateo me estaba dando. Su lengua rozaba mis paredes vaginales estirándose dentro de mí, buscando llegar lo más profundo que le fuera posible. Cuando sentí que se acercaba mi corrida empecé a moverme sobre él. Comencé con un vaivén lento de adelante hacia atrás, observando sus reacciones. Al notar que sus manos acompañaban mi meneo aumenté mi velocidad, haciendo que ya no pudiera seguir lamiéndome. Si pudo acomodar su boca alrededor de mi clítoris, con lo que mis caderas, sus manos y su cabeza acoplaron sus movimientos entre si. Los gemidos salían en forma igualmente rítmica de mi boca. Seguía con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás. Mi concentración estaba enfocada solo en el placer que sentía proveniente de mi entrepierna.

    Mateo

    Valeria se movía a toda velocidad sobre mi cara, rozando sus labios vaginales con mi nariz y mi lengua. Gemía cada vez más alto y me apretaba fuerte contra su ser. Finalmente emitió un largo grito y desaceleró los movimientos de su cadera.

    Cuando se bajó de mi rostro tenía una gran sonrisa en sus labios. Sin darme casi tiempo a respirar me besó con pasión. Después empezó a descender por mi cuerpo, deleitándose otra vez con mis tetillas unos segundos. Al llegar a la altura de mi miembro lo sopló despacio haciéndome estremecer de placer. Terminó de desnudarme y me colocó un preservativo, que no sé de dónde sacó, para después subir gateando por mi torso rozándome con sus erectos pezones.

    Valeria

    Ya habiéndome corrido con su boca fui por el premio mayor, aprovechando que la sangre todavía no volvía a su cerebro. Verlo gozar de la forma en que lo hacía con cada uno de mis actos solo lograba calentarme más. Con cada bufido suyo, además, me convencía que su novia no le daba tanto placer como el que estaba recibiendo de mi parte.

    Cuando estaba terminando de acomodarme encima de Mateo sentí sus manos en mi cola, no pudiendo evitar que se me escapara una sonrisa de satisfacción. Sin dejar de sonreír lo miré a los ojos mientras llevaba una de mis manos a su miembro y lo colocaba en la entrada de mi vagina. Dudé unos instantes si jugar con él haciéndole rogar por penetrarme, pero desistí de esa idea. No quería hacer nada que pudiera dar lugar a que se arrepintiera.

    Mateo

    La cara de Valeria cuando introdujo mi pene dentro suyo era de máximo placer. Estaba sobre mí con los ojos cerrados y ambas manos sobre mi pecho. Al momento de terminar de penetrarse emitió un largo gemido y empezó a moverse despacio. Sus tetas subían y bajaban al compás de su respiración y su balanceo. Solté su cola para posar mis manos en ellas y me incorporé para chuparlas. Gimió suavemente en mi oreja cuando rocé su botoncito con mi lengua. Después llevó sus manos a mi cabeza apretándome contra su pecho. Me acomodé contra el respaldo de la cama y la agarré otra vez de sus nalgas. Mis ojos permanecían cerrados concentrándome en mis sensaciones o se abrían buscando los suyos, mientras mi boca no soltaba su pezón.

    Valeria

    A sabiendas de lo que le gustaban mis pechos lo dejé que hiciera lo que quisiera con ellos y maximicé mis expresiones de gozo cuando lo hacía. De todas formas, desde que vi su mirada dirigirse a la mía sin separarse de mí ya no hubo necesidad de exagerar. No sé cómo explicarlo, pero supe en ese instante que, al menos por esa noche, no se arrepentiría de lo que estábamos haciendo y pude disfrutar por completo.

    Con eso en mente decidí que alargaría nuestro encuentro lo más posible y por tal motivo retiré sus manos de mi cola (llevándolas a mis tetas, que aprovechó para agarrar) cuando noté que las usaba para aumentar el ritmo en que mi cuerpo se hamacaba sobre el suyo. Con Mateo sujetado firmemente de mis senos coloqué mis manos sobre sus hombros y continué moviéndome en forma lenta, subiendo hasta casi sacar su miembro de mi interior y para después bajar hasta que nuestras caderas chocaron. Una vez que su aparato llegó todo lo adentro de mí que le era posible empecé a moverme en círculos sobre él.

    Mateo

    Con la convicción de que ya se había corrido supuse que había llegado mi turno de acabar. Pronto descubrí que mi compañera de trabajo tenía otros planes que, debo admitir, estaban lejos de desagradarme. Mucho menos si como compensación podía seguir tocando, acariciando y rozando sus perfectas tetas y sus pezones, como estaba haciendo en ese momento. Los estaba sosteniendo con ambas manos mientras mis pulgares buscaban tocar despacio su erecto centro.

    Al mismo tiempo Valeria seguía dibujando una circunferencia con su cintura a un ritmo en el que me sería imposible eyacular pero que por algún motivo (posiblemente ese mismo) me resultaba lo más excitante que había hecho en mi vida.

    Valeria

    La cara de Mateo mientras estaba encima suyo era un poema. Podía ver en sus ojos como su cerebro recibía los débiles estímulos de placer que cada terminal nerviosa de su pene le enviaba, pero que debido a la cantidad a duras penas era capaz de procesar. Respiraba por la boca, que mantenía abierta, dejando escapar junto al aire de sus pulmones rítmicos jadeos cada vez que yo completaba una vuelta sobre él.

    Su expresión me decía que ya no solo su ahora cornuda novia no lo había hecho gozar así, sino que posiblemente nunca lo había hecho en su vida. El total placer que mi compañero estaba experimentando no hacía más que aumentar el mío, lo cual demostraba con una sonrisa de oreja a oreja y acelerando de a poco mi danza.

    Mateo

    Al notar que sus movimientos se hacían más rápidos y más amplios y aumentaba también el volumen de sus gemidos entendí que ahora si me permitiría buscar mi explosión de placer y la agarré otra vez de la cola, acercando sus pechos a mi boca, a la que introduje uno por completo.

    Valeria

    Mateo jadeaba cada vez más fuerte, con mi teta derecha entera dentro de su boca. Yo lo cabalgaba a la mayor velocidad que me era posible, agarrándome fuerte de su cabeza mientras lo apretaba contra mí.

    Disminuí un poco mi velocidad cuando empecé a correrme, para disfrutar más las sensaciones que el orgasmo me provocaba y alargar el mismo. Aún así tenía un último truco que haría que mi compañero de trabajo acabara antes de que se agotara mi orgasmo.

    Mateo

    La contracción de los músculos vaginales de Valeria apretando mi pene mientras se corría hizo que inmediatamente comenzara a llenar con mi esperma el preservativo. Yo aún tenía sus nalgas firmemente atrapadas por mis dedos y su pecho entre mis labios. Esto no fue impedimento para que un grito gutural e interminable saliera desde lo más profundo de mis entrañas.

    Mi eyaculación fue la más larga y potente que recuerdo haber tenido. Aún después de los últimos latigazos de mi pene seguía jadeando de placer.

    Todavía respiraba con dificultad cuando Valeria se levantó de mi entrepierna y se abrazó sonriente a mí. Sin quitarme los ojos de encima llevó una de sus manos a la dura base de mi miembro y me retiró despacio la protección, generándome un último gemido.

    Valeria

    Me cuesta encontrar palabras para describir la felicidad y plenitud que sentí en ese momento. No solo era la culminación satisfactoria de un plan que había pensado durante meses sin la certeza de que fuera a tener la chance de llevarlo a cabo. Me había cogido a alguien que siempre me había gustado y calentado (de quién quizás estaba enamorada) y había sido mucho mejor de lo que alguna vez fantaseé, no únicamente por haber acabado dos veces, sino por el placer que sabía que él había sentido.

    Me sentía segura, capaz de lograr cualquier cosa que me propusiera. Si había conseguido que una persona ética, que a pesar de todo nunca pensó siquiera en engañar a su pareja se entregara a mí, ¿cómo iba a haber algo que no pudiera hacer?

    También me sentía sumamente sexi. La relación que tuve hasta ese día con mi cuerpo cambió en ciento ochenta grados. Empecé a permitirme mostrar mi sensualidad, demostrar deseo y hacerme desear. E iba a hacerlo desde ese mismo momento.

    Mateo todavía no recuperaba su ritmo habitual de respiración. La mano que tenía apoyada sobre su pecho subía y bajaba a medida que el aire luchaba por entrar y salir de sus pulmones. Yo ya estaba repuesta, pero no dejaba de sonreír viéndolo a los ojos. Sin quitarle la vista de encima me levanté despacio. Su mirada se desvío hacia mi pecho, que cubrí con la colcha en cuanto terminé de pararme. Me giré lentamente y me dirigí al baño. Sin necesidad de verlo sabía que estaba mirándome la cola, que adrede había dejado descubierta. Al llegar a la puerta y agarrar el picaporte volteé mi cabeza y, en forma provocativa, le dije que iba a bañarme.

    Mateo

    No podía entender como no había mirado a Valeria antes. No es que pensara recurrentemente en engañar a mi novia, pero que uno esté a dieta no significa que no pueda mirar la lista de postres. Sin embargo, mi compañera me había pasado siempre desapercibida y viéndola ahora no comprendía el motivo. Es cierto que nadie va a trabajar como salió ella a mi encuentro, pero nada de lo que me había mostrado me insinuó que mostrarse así fuera parte de ella, ni lo bien que le quedaba. Su atracción radicaba mucho más en su actitud, segura y sensual, que en su belleza física. Si bien estaba lejos de ser fea, tampoco se podría decir que estaba buenísima o que todos los hombres se dieran vuelta para mirarla.

    Sin embargo, ahí estaba deleitándome con su culo desnudo sin entender tampoco por qué se había cubierto los pechos y no la cola y ni siquiera por qué se cubrió las tetas, siendo que acababa de verla en pelotas.

    También escapó de mi comprensión cuando, como si la intensa corrida de pocos segundos atrás no hubiera ocurrido, mi pene despertó en cuanto se giró a decirme que iba a bañarse.

  • Masaje tántrico 2

    Masaje tántrico 2

    Después de mi primera experiencia en este salón de masajes, me había vuelto adicto, por lo menos iba una vez al mes, a veces más. Pero después de la primera experiencia con Gabriela, ya no la encontraba libre, cuando pedía las fotos de las masajistas, me decían que no estaba disponible.

    Un día me llego un mensaje a mi celular, diciendo que tenían una oferta y nuevas masajistas. Entré por curiosidad y entre las fotos vi una morena con un cuerpo espectacular. No lo pensé dos veces y pedí cita con ella, consulté el nuevo precio y me dijeron que era 90 soles la hora. Accedí y me confirmaron la cita.

    A las horas ya estaba otra vez, bañadito frente al local, llame y al rato me abrieron. Igual que con Gabriela, no la vi hasta después de ingresar. El lugar estaba igual que siempre, volteé y me di con la sorpresa de que estaba con ropa de calle, un jean apretado, un polo ancho y una casaca. De igual manera se le veía bien.

    – Hola, ¿cómo estás? Soy Gonzalo – le dije mientras me acerqué y le di un beso en la mejilla, poniendo una mano en su cintura y acercándola a mí.

    – Hola mi amor, yo soy Alexa – me dijo sonriendo – que guapo, disculpa que este así vestida, pero se me hizo tarde y acabo de llegar. ¿Has venido antes? – preguntó.

    – Si, una que otra vez – respondí.

    – Bueno, entonces ya sabes dónde está todo, ¿no? Serian 90 soles – le pagué y me mostró el pasillo – pasa, cámbiate y ponte cómodo, yo me alisto acá y cuando estés listo me llamas.

    – Ok, gracias.

    Pasé por el pasillo y entré al cuarto, esta vez la iluminación eran unas velas que ponían un ambiente un poco más relajante. Me desnudé, y me acosté boca abajo. Le avisé y esperé.

    Unos minutos después, sentí que se abría la puerta, se demoró un buen rato en venir, pero al levantar la cabeza, me di cuenta que había valido la pena. Por el espejo la vi entrar, descalza, pero con un sostén hermoso, que se transparentaba y dejaba ver un poco sus pezones, su tanga también transparentaba y dejaba ver ligeramente sus labios. Se me abrieron los ojos del asombro, se dio cuenta y se dio una vuelta, mostrándome el hilo de su tanga metido entre esas grandes y redondas nalgas.

    – ¿Te gusta lo que ves papi? – me dijo mientras se daba la vuelta.

    – Claro que sí, estas buenísima – respondí aún asombrado.

    – Qué lindo eres – me dijo mientras sonreía y se apretaba los pechos por encima del sostén – y mi culo, ¿qué tal? – se dio la vuelta y se levantó las nalgas con ambas manos. Al dejarlos caer, rebotaban de una manera deliciosa.

    – Wow. Que rico culo tienes.

    Puso música relajante, pero comenzó a moverse al ritmo de la música, lentamente, mientras se sacaba el sostén y el hilo. Yo seguía todo este espectáculo mirando fijamente por el espejo.

    Comenzó sentándose encima mío, con las piernas abiertas y su vagina encima de mi culo. Comenzó a frotarme el aceite en la espalda. Vi que se frotaba aceite en las tetas también. Se acostó encima mío y comenzó a frotarme las tetas en la espalda. Yo sobaba sus muslos, ya que, en esa posición, era lo único que tenía al alcance. Comenzó a besarme la parte de atrás del cuello y se acercó a mi oído.

    – Que quieres que te haga papi – me susurro.

    – Todo. Me encantaría que me hagas de todo – respondí.

    – Pero eso tiene un costo adicional, ¿sabes?

    – Y, ¿cuánto es eso?

    – Bueno, la pajeada ya está incluida, si quieres que te la chupe, serian 50 soles más. Pero si me la quieres meter, serian 100 extras. – todo esto me lo decía mientras me frotaba las tetas en la espalda.

    – Pucha mi amor, la verdad que solo traje plata para el masaje, no pensé que iba a gastar más, creo que el masaje no más – le respondí con pena y bronca.

    – Bueno mi amor, como gustes – respondió un poco seria, pero luego con voz sensual me susurró – pero no te preocupes, que igual lo vas a pasar muy bien – y me lamio la oreja.

    Se volvió a sentar y siguió masajeando mi espalda, paso a los brazos y siguió todo con normalidad. Sentía su vagina frotarse por mis piernas hasta q se arrodillo detrás mío. Levanto una de mis piernas y coloco mi pie en una de sus tetas. Sentía la suavidad de su piel y de su seno mientras masajeaba mi pantorrilla. Luego mi pie se colocó entre sus tetas y se frotaba con mi pie, mientras sus manos subían por mi muslo y me sobaba por el interior de este. Lo mismo hizo con la otra pierna. Se sentía delicioso.

    Se levantó y se dio la vuelta para sentarse en mi espalda. Comenzó a moverse frotando su vagina por toda mi espalda y sus tetas en mis muslos y nalgas. Por el espejo podía ver cómo iba y venía ese culo hermoso, que al acercarse se abría y dejaba ver sus labios vaginales ligeramente abiertos dejándome ver la entrada de su vagina. Cada vez retrocedía más y yo trataba de levantar mis brazos para tocarle las nalgas, pero por mi posición se me hacía difícil. Llego a retroceder tanto que sentía su húmeda vagina en mi cuello y sus nalgas golpeando mi nuca. Seguía frotando sus tetas en mi culo y al mismo tiempo pasaba la lengua por mis muslos y sus manos por mis pies y pantorrillas.

    Ya tenía el pene medianamente erecto. Pues estaba encantado con esa sensación. Con el tipo de masaje que me estaba dando, mi mente volaba pensando en que cosas podría llegar a hacer con ella. Después de su proposición de sexo, me di cuenta que era más permisiva que Gabriela, y no dejaba de pensar si podría chuparle las tetas o tal vez tocar más allá de lo permitido.

    Se volvió a dar la vuelta y me pidió que abriera las piernas, se arrodillo entre ellas y comenzó a masajearme el culo. Comenzó por encima pero rápidamente empezó a abrir mis nalgas y pasar ligeramente los dedos por mi ano mientras me frotaba las nalgas. Luego bajo un poco más y con ambas manos sobaba mis testículos. Metía un poco las manos por debajo y rozaba mi pene que cada vez se ponía más duro. Sin darme cuenta, yo mismo estaba levantando un poco el culo para dejarle más espacio debajo mío. Ella metió la mano por debajo y comenzó a sobarme el pene despacio. Este se puso duro casi de inmediato.

    – Que grande lo tienes papi – me dijo con voz de excitada – y esta durito. Se nota que te gusta.

    – Claro que me gusta – le respondí.

    Después de haber tenido varios de estos masajes, ya había perdido ese nerviosismo inicial que tuve con Gabriela la primera vez. Ya me sentía más cómodo con las masajistas.

    – Y a ti que te gusta bebe – pregunté.

    – Me gusta sentir tu pinga durita mi amor – respondió – me gusta que me toquen, que me laman, que me besen – todo esto me tenía más excitado. Se acercó a mi oído y después de meterme la lengua mientras sus tetas se aplastaban a mi espalda, me dijo – date la vuelta papi, quiero ver esa pinga en vivo y en directo.

    Me di la vuelta, esta vez no me tapé. Tenía la pinga dura. Ella se acostó encima mío, su vagina contra mi pene, sus tetas aplastándose en mi pecho y su cara frente a la mía. La tenía tan cerca, me miraba a los ojos. Sabía que lo que ella buscaba era provocarme, eso es lo que hacen para excitarte más rápido y no dures tanto. Pero, como dije, ya había perdido el nerviosismo y no me aguanté. Levante mi cabeza y rocé sus labios antes de que ella se tire para atrás.

    – No bebe, nada de besos en la boca – me dijo coquetamente.

    – ¿Ni uno suavecito? – pregunté.

    – No – me dijo tajantemente pero aun sonriendo.

    – ¿Y qué es lo que puedo besar?

    – Bueno – se levantó, quedándose sentada encima mío – estas las puedes chupar como quieras – me dijo apretándose las tetas – todo esto puedes lamer – y se pasó las manos por cuello y bajando hasta su abdomen, ahí se detuvo en su vagina – pero aquí no, acá solo se mira.

    – Pero si se ve tan deliciosa esa conchita – le dije relamiéndome – al menos, ¿te la puedo tocar?

    – Bueno, eso lo veremos más adelante, depende de cómo te portes – me dijo con una sonrisa coqueta.

    Como para provocarme un poco más, se paró con las piernas abiertas, una cada lado de mi cuerpo y comenzó a menearse. Podía ver sus largas piernas moviéndose a mi lado y su vagina encima mío. Fue una vista espectacular. Volvió a sentarse encima de mis piernas esta vez y se frotaba de adelante a atrás sobando su vagina por toda mi pierna. Ponía cara de placer cada vez que pasaba por encima de mi rodilla. Tenía una cara muy hermosa y cuando ponía cara de placer se le notaba toda una puta deseosa. Luego se recostó y frotaba sus tetas por encima de mi pene, mientras seguía frotándose con mi pierna y pasando su lengua por mi abdomen. Me estaba volviendo loco. Esta puta quería provocarme y lo estaba haciendo. Así como estaba solo podía sobarle los brazos, tenía la piel muy suave.

    Poco a poco fue subiendo sin dejar de frotarse. Mientras ella subía con sus tetas aun pegadas a mi cuerpo. Coloque mis manos en su espalda y mientras ella subía, mis manos bajaban sobando su espalda. Cuando ya estaba cerca del comienzo de sus nalgas, ella volvía a bajar y me quedaba con las ganas. Ella sabía que quería tocárselas y me estaba tentando. Así estuvimos unos pocos minutos. A veces le fallaba el cálculo y lograba sobar esas preciosas nalgas.

    Se levantó y pude ver esas tetas grandes y hermosas en todo su esplendor. Rápidamente las agarre y las comencé a apretar, estaba demasiado excitado para hacerlo con delicadeza, sobaba sus pezones y los apretaba suavemente. Elle comenzó a moverse encima mío, ya estaba encima de mi pene y sentía como se frotaba la vagina contra mi pinga, estaba húmeda, se sentía delicioso. Ella comenzó a gemir mientras se frotaba y yo apretaba sus tetas.

    – Ay que rico papi –decía jadeando – apriétalas por favor, chúpamelas – al escuchar eso, me levanté y comencé a lamer sus pezones, pasaba mi lengua por sus tetas mientras las amasaba – sigue así papi, me encanta.

    Mientras ella se movía yo puse una mano en su culo, la otra en una teta y comencé a besar su cuello, le pasaba la lengua y ella gemía.

    – ¿Te gusta que te toque así? – sabía que sus gemidos eran fingidos, es su trabajo, pensé, pero me excitaba seguir con el juego – te gusta que te lama toda no perrita – me aventure a decir, esperando no se moleste.

    – Si!!!! Me encanta papi, soy tu perrita – dijo mientras gemía. Por más fingido que sea, me encantaba que se ponga así.

    Me empujó para que me acueste, se separó de mi pene y empezó a frotarse contra mi pecho y mi abdomen. Sentía toda su concha mojada. Mientras se frotaba, su mano masajeaba mis testículos y la punta de mi pene se metía entre sus nalgas cuando ella retrocedía. Seguía gimiendo, mientras le seguía sobando las tetas. Eran perfectas, redondas y suaves al tacto, mis manos con las justas podían cogerlas completas. Ella se agachó y colocó sus tetas en mi cara mientras me masturbaba sobando la punta de mi pinga entre sus nalgas. Le besaba las tetas, los pezones, metía mi cara entre ellas y besaba y lamia. Luego me soltó la pinga y fue bajando lentamente. Sentía como mi pene se hacía campo abriendo sus labios sin entrar, hasta que se quedó inmóvil encima mío, sus labios envolviendo mi pene. Su boca cerca a la mía, sentía su respiración. Me lamió el cuello, pasó su lengua hasta llegar a mi oído.

    – Te has portado muy bien papi – me susurró – te has ganado dos premios. El primero es el que querías y el segundo lo guardo para el final – me dijo y me guiño el ojo. Se levantó, y fue acercando su vagina a mi cara, la tenía cerca, sus nalgas en mi pecho – ey, solo tocar, recuerda. Si no, pierdes tu premio sorpresa.

    Ahora me masajeaba con las nalgas y tenía vista de primer plano de su vagina, comencé a tocar suavemente por encima, pasaba un dedo entre sus labios, comenzaba a temblar suavemente. Con el pulgar de una mano frotaba su clítoris y con el índice de la otra frotaba entre sus labios mientras iba entrando poco a poco. Estaba caliente y húmedo, se sentía riquísimo. Hacía mucho tiempo que no sentía la calidez de una vagina. Seguí frotando, ella gemía, ahora si parecían reales, aunque igual dudaba. Se movía como loca frotando sus ricas nalgas en mi abdomen. Comencé a meter dos dedos. Los metía juntos y los iba moviendo dentro de ella, dejé un momento su clítoris para sobarle las tetas y pellizcar sus pezones.

    – Ay que rico papi, sigue así, me vas a hacer venir bebe – decía jadeando, seguía sin creer al cien por ciento, pero cada vez se sentía más real. Su vagina chorreaba y ella se movía descontrolada – ah sigue, me vengo – comenzó a gritar y a temblar y se desplomo de espaldas encima mío.

    Sé que su trabajo es fingir, pero no la creía tan buena actriz. Realmente se había venido y lo demostraba lo mojados que estaban mis dedos. Estaba tan excitado que no lo pensé, simplemente me metí los dedos a la boca y lamí todos los jugos que habían salido de ella. Ella seguía respirando agitada. Se levantó, se sentó encima de mi pinga que seguía erecta.

    – Bebe te has ganado un premio adicional y justo a tiempo que ya se acaba tu hora – me dijo mientras retrocedía y agarraba mi pinga.

    – Que rico sabes mi amor – le dije mientras saboreaba sus jugos de mis dedos – ahora quiero tirarte toda la leche encima.

    Puso su boca unos centímetros encima de mi pene y le tiro saliva encima, comenzó a masturbarme con su saliva. Que rico se sentía.

    – Primer premio papi – me dijo mientras sacaba la lengua y me lamia el tronco, no se la metía, pero la embarro todita de saliva, luego se separó un poco y dijo – segundo premio mi amor – colocó mi pinga entre sus tetas y comenzó a masturbarme con ellas.

    Cada vez que sus tetas bajaban, su boca quedaba a centímetros de la punta, ella abría su boca, pero no se la metía. Y así siguió un buen rato.

    – Dios, me vas a hacer venir, ¿te la puedo tirar en la cara? – pregunté después de haber perdido toda la timidez.

    – No papi, pero en las tetas si, si quieres – me dijo con cara de puta.

    Comenzó a masturbarme con ambas manos, cada vez más fuerte y rápido hasta que no pude más y exploté. Salió muchísimo semen y con tal fuerza que no llegó a caer solo en sus tetas. Unas cuantas gotas escaparon y le cayeron en la mejilla. Esa vista era espectacular, su cara de puta con unas gotas de leche encima y sus tetas completamente bañadas con mi semen.

    – Lo siento – le mentí – no pensé que iba a salir tanta leche.

    – No te preocupes papi – me dijo – para ser sincera, si la quería en la cara – me dijo guiñándome el ojo y sonriendo.

    Se limpió con pañitos la cara y las tetas, luego me paso unos a mí para limpiarme lo que había salpicado, me limpió la pinga y cuando se paró se pasó una mano por la concha y se dio cuenta lo mojada que estaba.

    – Por dios mi amor, mira cómo me has dejado – dijo mientras agarraba más pañitos y se limpiaba la vagina y los muslos – bueno, cuando estés listo te cambias, te espero afuera. – y salió

    Estaba un poco tarde para hacer unas cosas, así que decidí saltarme el descanso y me cambié rápido. Cuando salí, ella seguía desnuda, que vista, ¡por dios!

    – Wow, que rica q estas – le dije – ¿te las puedo besar de nuevo?

    – Ven acá papi – me dijo abriéndome los brazos.

    Fui rápido y me abalance a sus tetas, se las bese, lamí y con mis manos le agarre las nalgas y se las abrí un poquito y toque un poco su vagina.

    – Ay papi, no sigas, que, si no, nos tenemos que meter otra hora ahí – me dijo alejándose de mí.

    – Ok, ok – dije con pena – me voy entonces, estuvo muy rico, te aseguro que volveré pronto.

    – Que rico bebe, acá te espero – dijo sonriendo – pero la próxima vez trae extra porque esa verga la quiero dentro, jajajajaja – se rio guiñándome un ojo.

    Salí y se cerró la puerta detrás de mí. Caminé bastante y nunca dejé de sonreír.

    FIN

  • Una sencilla sesión de fotos al atardecer

    Una sencilla sesión de fotos al atardecer

    Cometo el error de disfrutar tanto mi trabajo, cuando compro equipo nuevo, siempre quiero probarlo rápido, así que llego al punto de regalar sesiones de fotos cuando alguien me cae bien… y en este caso, Laura me caía genial…

    Los fotógrafos tenemos la suerte de tener ojos muy entrenados para reconocer lugares bonitos, gente bonita, si además esa gente te cae bien y sabes que puedes conseguir cosas espectaculares con ellos, pues los animas a que quieran hacerse fotos contigo. Laura era este caso, morena, pelo corto, no era muy alta, pero estaba muy bien proporcionada, además tenía mucho estilo vistiéndose y se sacaba mucho partido, tenía bastantes tatuajes visibles, cosa que me encanta, era muy risueña, sus ojos que expresaban mucho, sabías si algo le gustaba o no antes de que abriera la boca, era mamá de dos niños pequeños, con apenas 30 años, un poco saturada por haber pasado de ser mujer a madre sin casi darse cuenta, la conocía desde hacía un tiempo, y desde siempre me había caído muy bien. Un día hablando con ella surgió la idea de una sesión de fotos, yo quería probar un equipo nuevo y necesitaba a alguien y conseguí animarla.

    No era la primera vez que le hacía fotos, pero por temas familiares y otros, no habían sido las fotos que ninguno de los dos esperábamos… fotos bonitas, si… pero ya está, yo veía una luz en ella que no conseguía sacar, quería hacerle unas fotos especiales, conseguir subirle un poco la autoestima ya que veía que la tenía un poco por los suelos. Poco a poco fuimos dándole forma a la sesión, cada vez la veía más ilusionada, buscaríamos un sitio bonito… una máquina del tren abandonada en una vía muerta orientada a la puesta de sol sería el lugar elegido… quedamos en vernos en el lugar a una hora determinada y a esperar que llegara el día.

    Tanto habíamos hablado preparando la sesión, ropa, maquillaje, que poco a poco había surgido una confianza muy potente… una complicidad muy bonita… no sé cómo explicarlo, pero me sentía muy cómodo hablando con ella y notaba que ella también conmigo… Mi primera sorpresa fue ver que había venido sola, siempre iba con su marido y con los niños, pero esta vez no… Mejor, así estaría más centrada en la cámara, pensé. Me niego a que mis sesiones de fotos sean solo ponerte delante de la cámara y recoger los resultados… procuro que todo sea una experiencia, risas, diversión y al final las fotos tienen más sentido.

    Dejo su coche aparcado y se acercó con unas bolsas al mío, la ayude a meterlo en el maletero y los dos besos de rigor… un perfume delicioso inundo mi olfato… qué bien olía Laura… Nos montamos en mi coche y nos pusimos en marcha para llegar a la ubicación que había decidido… unas ruinas al lado de una vía muerta.

    -¿Traes muchos modelos?- le dije para saber cuántos cambios de ropa quería hacer -Pues en principio dos, este Levi’s azul con la camisa blanca y un vestido amarillo.- dijo

    me encanta entrar en su terreno para romper el hielo, para que no piensen en la cámara y piensen en otra cosa

    No me había fijado, la camisa blanca era preciosa, tenía la parte central semitransparente y con algunos botones desabrochados, el pantalón era muy ceñido, perfilando sus piernas muy bien, con unos zapatos de tacón muy elegantes. Me puse

    manos a la obra y comencé a preparar los Flashes en sus respectivos pies, los reflectores, etc… Todo estaba listo. La sesión iba avanzando, como siempre pasa, las

     

    primeras fotos son muy tensas, pero tengo el don de distraer y hacer que mis modelos bajen la guardia, pudiendo romper el hielo y consiguiendo resultados muy buenos… cada vez salían fotos más bonitas… me acercaba con la cámara para que pudiera ver las fotos que estaba tomando y su aroma me embriagaba… cada vez su mirada era más profunda… cada vez sus ojos eran más provocadores… ¡estaba seduciendo a la cámara!

    -Mira esta foto Laura – dije enseñándole la última toma- ponle defectos… dime que es photoshop

    -Esa soy yo? -Dijo Laura- en serio soy esa?

    -hoy quiero que te olvides de complejos, que te olvides de lo que hayas oído decir de ti… mira mis fotos… esta eres tú… tal cual, sin filtros, sin edición… lo que captura mi cámara…

    -Gracias por sacarme así… ¡es que no me reconozco! – lanzo un pequeño grito de alegría- hazme más!

    Llegó el momento del cambio de modelo, mientras Laura fue al coche a cambiarse, fui cambiando la disposición de los flashes, al girarme y verla con aquel vestido color amarillo mostaza me quedé embobado, tenía un precioso escote que realzaba aún más su pecho, y no era muy largo, con lo que hacía muy largas sus piernas… y creo que ella lo noto, algo cambio en su rostro, como si le hubiera dado más confianza…

    Poco a poco iba soltándose, se movía tanto que tenía casi que decirle que eran fotos y no video. Cada vez que miraba a través de mi cámara, sus ojos se clavaban en los míos a través del objetivo, parecía que querían provocarme.

    -Wow… mira que cara … ¿y esta? mira – siempre intento mandar mensajes positivos en mis comentarios para hacer que mis modelos se vengan arriba

    -Madre mía, que maravilla… hazme otra de primer plano, espera que me subo a este escalón, así, apoyada en la barandilla…

    -Vale, pero tenemos que darnos prisa, que se está acabando la luz … – coloque los flashes rápido viendo que ya cada vez la iba quedando menos luz del sol

    Encuadre de primer plano y comencé a disparar mientras ella iba moviéndose poco a poco, junto sus brazos para marcar más el canalillo y tiró de la tela hacía abajo para hacer más pronunciado el escote… me atrevería a decir que, con sensualidad, una vez acabada la secuencia, repasé las fotos y vi sus ojos… no me provocaban, coqueteaban conmigo… incluso se mordía el labio… intentaba concentrarme…

    -¿No me enseñas esas? ¿tan mal he salido? – dijo clavando sus ojos en los míos…

    Me acerqué y me puse de espaldas a ella, como estaba más alta que yo, dejo caer su pecho sobre mí, me rodeo el cuello con sus brazos y puso su cara muy cerca de la mía… mi corazón iba a mil por hora… olía tan bien…

    -¡Qué maravilla! ¡eres increíble! que fotos más bonitas! ¡No me lo puedo creer! -su cara rozaba la mía… Mi corazón quería salirse de mi pecho… poco a poco fue separándose de mi – No me creo lo que has hecho conmigo… ¡Esa soy yo!

    Asentí con la, cabeza aún sobresaltado, y comencé a recoger el equipo, Laura se acercó a ayudarme y empezamos a llevar las cosas para el coche. Ya con todo recogido y empaquetado en el maletero, al cerrar el maletero me dio un abrazo.

    -Gracias! qué maravilla -dijo.

    Sin saber porque, mis labios se posaron en su hombro y lo bese, no sé porque lo hice, fue como un instinto… Laura se separó de mí y se quedó quieta, miro mis labios, miro mis ojos… eso me intimidó baje la mirada a sus labios… Laura se mordía el labio, no

    pude evitarlo, mis manos fueron a su cuello y tiré para mí de su cabeza para besarla, sus dedos se entrelazaban con los míos, nuestras lenguas jugaban entre sí.

    -Perdona Laura… -dije pensando en lo que estábamos haciendo, retrocediendo por unos segundos – lo siento no sé qué me ha pasado.

    -Porque has tardado tanto? – dijo con la respiración entrecortada volviéndome a besar.

    -Pero Laura, estamos casados, esto es una locura, tenemos nuestras familias… no quiero que tengas…

    -Tranquilo – dijo poniendo su dedo en mis labios para que me callara- esto va a ser así, lo que pase en nuestras sesiones de fotos, se queda en nuestras sesiones de fotos.

    Tal vez podía haber hablado con ella y la hubiera convencido… pero no quería convencerla, no quería separarme de ella, no quería parar de besarla… no sé cuánto rato estuvimos besándonos, como dos adolescentes nos íbamos a ir a nuestras casas con el calentón, era demasiado tarde y tendríamos que haber dado demasiadas explicaciones, sobre todo Laura.

    -Tú te crees…- dijo llevando mi mano dentro de sus bragas para que notara que estaba empapada y totalmente rasurada, mi corazón iba a explotar- ¿Crees que me puedes mandar así a mi casa? o irte tu así -agarrándome la entrepierna que quería romper el pantalón- esto no es justo…

    Y de repente sonó su teléfono, contestó sin soltarme el bulto de la entrepierna, como pajeándome desde fuera del pantalón, a la vez que mis dedos se iban moviendo despacito por dentro de sus bragas, como si estuviera escaneando toda su entrepierna y por las caras que estaba poniendo, la estaba volviendo loca.

    -Si, estamos acabando, después recogeremos… en un rato saldremos… sí, no creo que tardemos mucho… ajam… sí…-metió la mano en su bolso y saco algo- claro… prepárales la cena… -me puso en mi mano lo que había cogido, era un condón, lo abrí y dejé libre mi polla para ponérmelo, al verla libre Laura se mordió el labio- ¡un besito!

    Tan solo le quite las bragas, sin quitarnos más ropa nos montamos en la parte de atrás de mi coche, aprovechando la intimidad de los cristales tintados yo me senté debajo y Laura sobre mi… su boca no se despegaba de la mía, Laura dejó su cuerpo en el aire para que yo tuviera espacio para poder metérsela, jugué con mi miembro erecto, pasándole la punta por sus labios vaginales sin llegar a entrar, rozando su clítoris, incluso por la entrada de su ano, jugaba con ella… pero no podíamos más, apoye la punta en la entrada de su sexo y Laura dejo caer su cuerpo para ensartarse sola, estaba dentro de ella, estaba tan mojada que no costó ningún trabajo entrar… se la clavo hasta el fondo soltando un gemido en mi oído, y empezó a follarme poco a poco, notaba como su humedad me empapaba, que delicia como me follaba, subía y bajaba, cada vez más excitada, cada vez más rápido, me estaba volviendo loco.

    -Me encanta tu polla… la quiero dentro siempre… quiero tenerte dentro de mí para siempre…-decía poseída por la lujuria, mi cabeza volaba, me excitaba mucho verla así

    -Vas a ser mía… -dije perdiendo un poco el control- vas a ser mi sumisa

    -¡Si!- exclamo como si eso la hubiera puesto aún más caliente- soy tu esclava… hazme lo que quieras… soy tuya cuando quieras…

    Tanto poder me volvió loco con mis manos inmovilicé sus caderas dejando el culo a media altura y comencé a bombear con todas mis fuerzas y más rápido mientras Laura gritaba y se retorcía.

    -Pero que haces? -gritaba- pero que me estás haciendo?… me voy a correr… me estoy corriendo… me corro!!!!!!

    Y yo tampoco pude aguantar mucho más, saber que había conseguido lo que pretendía me hizo descargarme como un animal, quedando inmóviles los dos, aún dentro de Laura. Recuperamos un poco la compostura, nos limpiamos y arreglamos un poco. Y emprendimos la marcha para llegar a su coche. Nos bajamos y nos abrazamos, pero esta vez nuestras bocas se fusionaron directamente. Nos despedimos y nos fuimos cada uno por nuestro lado… No tarde ni un minuto en llamarla.

    -Laura, ya te estoy echando de menos – le dije – estoy pensando en una sesión de fotos en un paraje abandonado muy inaccesible… crees que…

    -Cuenta conmigo! no sé cómo, pero me organizo… -no me dejo ni terminar- ¿Sabes una cosa?

    -¿Qué? -contesté al otro lado del teléfono

    -Cuando me pases las fotos y cada vez que las vea… me voy a mojar – escuche con atención

    -Pues entonces no te las paso, vienes a mi estudio y te las enseño … eso tengo que verlo con mis propios ojos…

    Y entre risas flojas nos despedimos deseando que llegara el día de entregarle las fotos… pero eso ya son otras historias…

    Como os digo siempre, estos relatos se alargarán en el tiempo en función de vuestros comentarios y valoraciones, cuantos más comentarios por la web o por email, más durará. Disfrutadlo.

  • Mi deseo sexual floreciente me llevó a follar con mi padre

    Mi deseo sexual floreciente me llevó a follar con mi padre

    Yo me había convertido en una hermosa mujer con mucho deseo sexual. Empecé a ver los hombres como otra cosa y soñaba con degustar mi primera polla.

    Era verano y mi madre había salido a comprar víveres hace segundos y yo me encontraba relajada en el sofá viendo la televisión con mi padre. Como hacía calor él estaba vestido con solamente un short y sin nada arriba. En un momento el abre las piernas y se le nota un bulto importante entre ellas. Yo me le quede mirando sin pudor alguno y él no lo noto porque seguía viendo la tv.

    En ese momento me empiezan a pasar un montón de cosas por la cabeza y lo que hago es posar mi mano sobre ese bulto. Mi padre me mira y yo le sonrió y le preguntó “qué tenés acá” y él me contesta “querés ver” a lo cual yo le digo que sí.

    Él se baja el pantalón quedándose sentado y yo le veo su pija gorda por primera vez. Empiezo a tocarle el pene y a hacerle una paja para que se ponga inmensa y dura. Mi padre coloco sus brazos sobre el respaldo del sofá y se dejó complacer por su propia hija.

    Cuando su miembro se puso duro agache mi cabeza y empecé a degustar una verga por primera vez. El sabor me encantaba y sentir toda esa morcilla en mi boca me hacía arder de placer. Me hubiera encantado verme subiendo y bajando la cabeza con su verga entrando y saliendo de mi boca, debía ser todo un espectáculo a la vista.

    Él en un momento me agarra de la cabeza y me hace tragar toda su pija, pensé que me iba ahogar pero él me soltó justo. Yo continué chupándosela hasta que sin avisarme que se venía me llenó la boca de su leche calentita, la cual me trague sin decir nada. Él se volvió a subir el pantalón y ambos continuamos viendo la televisión hasta que vino mi madre.

    Después de comer mis padres se fueron a dormir la siesta y yo me metí en mi habitación para descansar pero fue lo que menos hice ya que me puse a ver porno y a masturbarme con mis dedos. Volví a recordar lo que había hecho con mi padre y tuve un orgasmo pensando en él.

    Toda la tarde cada vez que veía a mi padre pensaba en su pija y en lo rica que estaba. Mi madre nos dijo que se iba a la casa de la vecina a tomar mate y me volvió a dejar sola con él. Lo fui a buscar a su habitación y él ya me esperaba con la pija en la mano, me subí en la cama y se la volví a chupar hasta dejarla seca. Luego a la noche entro a mi cuarto y me follo por primera vez.