Blog

  • El verano, mi prima y la pasión

    El verano, mi prima y la pasión

    Era una de esas estúpidas tardes de verano en las que el calor y el aturdimiento del televisor te dejan traspuesto en la sobremesa. Toda la familia –mis abuelos, mis padres, mis tíos y los primos– se había ido marchando a sus camas a echar una cabezada o a la piscina a darse un chapuzón, hasta que en salón solo quedamos mi prima Míriam y yo.

    Debo aclarar que yo tenía un sueño atroz, como todo el mundo, pero casi nunca tengo oportunidad de hablar con mi prima, pues durante el curso tengo las tardes y los fines de semana cogidos con los entrenamientos y los partidos, mientras que Míriam estudia en un centro privado en las afueras, solo para chicas, obviamente religioso. Pero ojo, que mi prima no es ni mucho menos una de esas niñas timoratas que le tienen miedo a todo y ni siquiera abren la boca por no molestar. Muy por el contrario, es una chica divertidísima, que le encanta la música y que te habla de todo lo que te puedas imaginar. Lo del colegio es culpa de su padre, mi tío, que es un poquito gilipollas y no quiere que Míriam crezca y se haga independiente.

    Para seros sinceros, debo deciros que mi interés por quedarme con ella no era solamente por saber cómo le iba, sino también por saber cómo nos iba a nosotros, pues el año pasado, al final del verano, nos despedimos con un besazo de esos de película y un abrazo que parece durar toda la vida y en los que parece que os vais a fundir en una sola persona. El beso fue más cosa suya que mía, eso es verdad, porque a mí me cogió de improviso, pero yo me había pasado todo el curso pensando en el sabor de su boca –¡a menta!– y la caricia de su lengua contra la mía, y aunque nos habíamos escrito algunas cartas –el maldito instituto no permite móviles, vaya tela–, estas habían sido más bien en clave, porque lo mismo allí les da por revisarlas y menuda se montaba si la monja de turno descubría una carta diciéndole a una de las alumnas todas las cochinadas que soñaba con hacer con ella. Así que nos habíamos intercambiado una serie de cartas muy correctas, en las que decíamos que nos echábamos de menos y que teníamos ganas de vernos, pero de una forma tan general que yo ya no sabía si ella aún sentía lo mismo.

    Pero por alguna razón, en lugar de ser directo, empecé a hablar con ella de tonterías sin importancia. Quizá fuera porque tenía miedo de que se riera de mis pretensiones de retomar lo que fuera que habíamos dejado a medias, aunque a mí me gusta pensar que soy un caballero y no iba a sacarle el tema a la desesperada. La cosa es que hablamos un buen rato, pero el calor cada vez me tenía más aturdido y los ojos se me entornaban sin yo quererlo, hasta que en un momento debí de quedarme dormido mientras ella me hablaba.

    Cuando desperté apenas había pasado media hora. Descubrí que estaba reclinado sobre el hombro de Míriam, que miraba una teleserie sin importarle el tener que soportar mi peso y el calor que yo debía de darle.

    –Buen sueño que te has echado, ¿eh? –me recriminó–. ¡Ya veo lo que te intereso!

    –¿Cómo…? –aún me hallaba muy atontado por la siesta, que siempre me sienta como un tiro, y no fui capaz de darme cuenta de que su tono parecía duro, pero iba acompañado de una sonrisa– ¡No, no! ¡No es eso!

    –Ya, tonto, interesarte ya se ve que te intereso.

    Esto último lo dijo dirigiendo su mirada hacia abajo, y no fue hasta unos segundos después que comprendí a lo que se refería: tras despertarme de la siesta, mi bañador se había visto invadido por una erección imposible de obviar. Me inundó una sensación de pudor y vergüenza, como si hubiese hecho algo muy infantil, y deseé que mi virilidad se desinflase como por arte de magia, aunque ya sabéis que esto no funciona así. De hecho, aunque hubiese podido controlar con mi pensamiento las reacciones de mi cuerpo, lo cierto es que mi mente iba a mil por hora, pues aún medio tumbado sobre ella, podía observar bien el escote de su camiseta y las perlas de sudor que caían hacia abajo, hacia el secreto oculto de unos pechos que, ahora era consciente por primera vez, habían ganado volumen desde el año anterior.

    –¡Lo siento! –Se me ocurrió como única respuesta posible– ¡Cuando me despierto siempre se pone así!

    –Ah, vaya, y yo pensando como una tonta que era culpa mía –me picó– ¿Seguro que ni siquiera es un poquito por mi culpa?

    –Bueno, sí… –me lancé–. Usualmente no llama tanto la atención.

    –¿Te duele?

    –No, no. Solo está dura, pero no duele – la informé.

    Y entonces hizo un movimiento que, pegados como estábamos, ocurrió en apenas un segundo: extendió su mano por encima de mi bañador, sintiendo por encima de mi sexo, a pesar del bañador, la caricia de su palma. Dejé escapar mi respiración y, sin darme cuenta, el aire se convirtió en un gemido susurrado que acarició sus oídos.

    Su mano se movió lentamente, con mucha delicadeza, y mi virilidad parecía pulsar exigiendo su liberación. Sus dedos carecían de experiencia, eso era evidente, y ahora acariciaban con vergonzosa delicadeza, ahora apretaban con la fijación que el borracho aferra su vaso. Ahí es cierto que noté algo de dolor, presionada como estaba mi pobre entrepierna, pero había un toque pícaro y placentero en aquello, por lo que no me molestó.

    – ¿Y eso? –me preguntó de repente, entre asustada y sorprendida.

    Al mirar, me di cuenta que tenía el bañador un poco mojado, pues de tanto frotar había acabado haciéndome soltar un poco de líquido, que pese a ser una pequeña cantidad destacaba como un charco de sangre en la escena de un crimen. Volví a sentirme azorado porque no sabía qué responder, y comprendí que las palabras tampoco tenían mucho sentido, por lo que aferré su mano y la introduje con cuidado dentro del bañador, impregnando su mano con unas pocas gotas blancas que la fascinaron.

    De repente, con apenas un par de segundos de tiempo, escuchamos los torpes pasos de mi abuela bajando la escalera. En condiciones normales la habríamos escuchado con mucha antelación, pero comprenderéis que no estábamos muy atentos al mundo exterior. La reacción de Míriam fue puro instinto: levantó la palma de la mano y se la lamió, tragándose de ese modo todas las pruebas de nuestra torpe pasión. Yo me levanté de un brinco y, corriendo, me fui corriendo hacia la piscina, donde me zambullí y borré las huellas del delito.

    –¡Que me aso de calor! –gritaba en un intento de explicar mi loca carrera.

    –Este nieto mío cada día está más gilipollas. Tanta maquinita tanta maquinita… –la escuché quejarse a Míriam.

    Nos salvamos de un disgusto por los pelos, porque de habernos descubierto, mi abuela solo habría podido actuar de dos maneras: o se muere del susto, o lo grita a los cuatro vientos, provocando que mi tío meta a Míriam en un convento y a mí en la Legión Francesa. Pero a pesar de habernos salvados, la situación estaba complicada, porque el chalet de mis abuelos es grande, sí, pero ni mucho menos una mansión: es imposible estar a solas sin que alguien pase por alguna razón, e incluso si hubiese logrado esconderme en algún rincón con mi prima, nuestra ausencia habría sido notada en cuestión de minutos, y ya me imagino el interrogatorio por parte de mis padres: “Pero chiquillo, ¿tú dónde te metes? A ver, ¿se puede saber qué estabas haciendo? Que para tres semanas que nos juntamos todos en verano, y tú parece que nos tienes por apestados o algo. Eso es de la maquinita, seguro, todo el día con la maquinita esa…”. Y así hasta que confesase o me sangrasen los oídos, que no sé yo qué sería peor.

    Por suerte, Míriam es decidida, seguramente más que yo, y en lugar de sentirse impotente por la situación, decidió echarle valor al asunto. Por eso, en la piscina, con la excusa de llevarme una toalla, me dijo en un momento que no había nadie cerca:

    –¿Puedes venir esta noche a mi cuarto?

    Asentí, porque poder, lo cierto es que podía: los primos nos repartimos en dos dormitorios, uno de chicos y otro de chicas, y en el de chicos todos nos encubrimos las fechorías, por lo que si alguien te ve salir a hurtadillas y no volver hasta pasado un buen rato, no se dice nada: hoy por ti, mañana por mí. De hecho, mis primos solían escaparse con frecuencia en mitad de la noche para asaltar los helados del congelador. ¿Pero qué pasaba con nuestra prima pequeña, que dormía con ella?

    –Por Pili no te preocupes, que se duerme. –Y sin decir nada más, se marchó hacia el interior del chalet.

    No hubo más explicaciones y tampoco tuve valor para pedirlas. Lo que tuviera que ser, que fuera. Pensaba constantemente en lo que habíamos hablado y me sentía tremendamente excitado por la idea de vernos y seguir donde lo habíamos dejado, de tal modo que me pasé toda la tarde y la noche en las nubes. Como de costumbre, la cena dio paso a campeonato de parchís, hasta que los más pequeños se acostaron, momento en que mis tíos sacaron las bebidas más fuertes y se relajaron para discutir. Yo miraba nervioso a Míriam, esperando a que se dijera que se quería acostar, pero estaba acurrucada junto a su padre, como si nunca hubiera roto un plato, y no me prestaba más atención que la que es normal en una reunión de familiares.

    Finalmente, cuando todos dijeron que se iba ya a la cama, Míriam también se levantó y se fue para su cuarto, donde efectivamente se podía escuchar los ronquiditos de Pili. Sería luego cuando me enteraría que todos los años se ponía mala del oído por culpa del agua de la piscina, y la madre siempre le daba una medicación que la dejaba fuera de combate durante toda la noche. Pero como yo no lo sabía, tardé un rato en irme hacia el cuarto de mis primas, moviéndome con tal sigilo que bien podría haber pasado por un ladrón si alguien hubiese salido en ese momento de su dormitorio; por suerte, nadie lo hizo.

    Míriam me esperaba con una sorpresa: su pijama estaba en el suelo, y entre la fina sábana que la cubría podía intuirse, merced de la luz de la luna que entraba por la ventana, un cuerpo hermoso que hasta ese momento no había sido consciente de cuánto deseaba. Me acerqué a su lado y se echó a un lado para permitir que me acomodara en su cama, que era pequeña. Decidí quitarme la ropa antes de introducirme, pues de lo contrario aquello habría parecido un combate de contorsionistas. Al descubrirme su cuerpo, me quedé asombrado por su piel, que parecía una de esas figuras de mármol que en el instituto nos enseñaban los antiguos tallaban para mostrar las medidas perfectas. Sus pechos me resultaban hipnóticos, no solo por su tamaño, que efectivamente era mayor de lo que recordaba, sino por las sendas aureolas tiznadas que destacaban, cada una coronada por un pezón que parecía señalarme acusador. Aquellas hermosas esferas subían y bajaban con su respiración, y me dirigí hacia ellas sin mediar palabra, besándolos con una desesperación similar a la del condenado que sabe que no verá un nuevo día.

    Por su parte, Míriam también se había fijado en mi cuerpo, pues por más que me dijeran siempre que si la “maquinita”, lo cierto es que entre los partidos y los entrenamientos estoy bastante en forma. Sus manos acariciaban mi abdomen y mi pecho, y como me acabé colocando sobre ella para poder libar de sus pezones, sus caricias acabaron concentrándose en mi espalda y mis nalgas, que apretaba con la misma desesperación que a mí me azotaba. Sus piernas rodearon mis caderas, mientras que sus labios lanzaban besos si concierto alguno sobre mí, aterrizando la mayoría en mi cabeza, si bien algunos lograron distraerme de sus senos y me permitieron volver a probar aquel sabor amentolado que encerraba su boca y la deliciosa humedad en la que te untaba la caricia de su lengua.

    –Despacio, despacio –me di cuenta de repente que me susurraba, y es que, encendido como estaba, mi sexo la embestía sin paciencia ni estrategia alguna, fallando las más de las veces, pero a punto de introducirse en ella en los últimos intentos.

    Puesto que la única protección que teníamos era la de la noche, finalizamos nuestro abrazo y dedicamos unos segundos a mirarnos, sonrientes y ansiosos. Fue ella, cierto es, la que se escurrió entre las sábanas y se zambulló entre mis piernas, quizá entusiasmada por las gotas del néctar que había probado unas horas antes sobre su mano. Con todo, debo decir que yo tampoco fui torpe ni timorato, porque logré apartar sus muslos –colocados sobre mi pecho, pues de otra manera nos habríamos caído de la cama– y penetré con mi dedo índice y angular la frontera que mi virilidad no había sido capaz de atravesar. Lo hice muy despacio, con cierto miedo, pero la cálida humedad que me recibió, unida al ronroneo apagado que mi prima empezó a entonar, me hizo mostrarme más decidido, variando el ritmo y el movimiento.

    Míriam tampoco perdía el tiempo, ni sus atenciones me resultaban indiferentes, pues sus labios se habían fijado sobre la cumbre de mi sexo, que su cálida lengua empapaba y recorría con rítmica pasión. Su mano agarraba el resto de mi virilidad, y más segura que en la tarde, la domaba a sus deseos con absoluta facilidad. Es difícil explicar el placer que yo sentía, como corrientes eléctricas que conmocionaban mi cuerpo, y en un momento no pude más que retirar mis dedos de su sexo y enterrar en él mi boca para contener lo que de otro modo habría sido un alarido de placer que habría despertado a toda la familia. Esta explosión de placer me vino de sorpresa, no pudiendo avisar a mi prima, en cuya boca derramé toda mi esencia.

    Ella mantuvo el cálido néctar en su boca, pues a fin de cuentas no tenía otro lugar donde soltarlo, y poco a poco fue tragándolo –¡podía escuchar como mi esencia iba introduciéndose en su interior!– mientras yo me desvivía por entregarle con mis labios y lengua un disfrute similar al que ella me había dado. Libre de sus quehaceres con mi cuerpo, se sintió plenamente libre para dejarse llevar, moviendo sus caderas al compás de mi lengua, construyendo lentamente un orgasmo intenso, que pareció atravesarla e introducirse en lo más dentro de su ser, dándole una agitación que me atrevería a decir que duró varios minutos, y que la terminó dejando exhausta, tendida sobre la cama.

    –Tienes que irte –me dijo tras un rato de silencio en el que fui sintiendo cómo me iba deslizando hacia el sueño.

    Cuidadosamente me levanté, le di un beso que me supo a mí mismo, y escapé hacia mi habitación. En la casa reinaba la oscuridad y el silencio triste de los que ya no recuerdan lo que es el amor y el placer.

  • Rebeca y su padre

    Rebeca y su padre

    Rebeca corría hacia la tienda familiar, esquivando a los peatones y autos por igual. Tal vez ella había tomado demasiadas clases en la universidad. Parecía que no importaba cuánto lo intentara, simplemente no podía salir del de clases a tiempo para trabajar.

    Su padre estaría furioso. Desde la repentina enfermedad y hospitalización de su madre, el padre de Rebeca había acumulado más y más responsabilidad en el negocio familiar. Intentaba con todas sus fuerzas, pero no importaba lo que hiciera, no podía satisfacer a su padre. Llegar tarde hoy, con la convención electrónica al otro lado de la calle, fue definitivamente el peor día para llegar tarde.

    Rebeca se apresuró hacia la puerta de la cafetería familiar y se consternó al ver el pequeño lugar lleno hasta el tope, y su padre intentó frenéticamente hacer media docena de pedidos, trabajar en la caja registradora y tomar más pedidos. Los frikis de la convención electrónica al otro lado de la calle eran tan ruidosos y desagradables como Rebeca imaginó que serían y la tienda estaba en completo caos.

    Se apresuró alrededor del mostrador, agarrando un delantal de la pared mientras lo hacía. Su padre le dio un gruñido de desaprobación como saludo. Fueron cuatro horas infernales de trabajo hasta que cerró la tienda y los últimos congresistas se fueron a casa a pasar la noche. La pequeña tienda había hecho una ganancia inesperada de los visitantes de la ciudad en la convención, pero Rebeca podía ver claramente que su padre todavía estaba enojado con ella, mientras limpiaban y contaban los recibos del día.

    “Papá. Lamento haber llegado tarde hoy. Sabes que tuve que terminar el examen hoy y luego correr hasta aquí”. Rebeca dijo: “Lo siento mucho.”

    “Sí, lo sientes Becca”. Mi padre me llama Becca desde pequeña. “Sabes lo importante que es este negocio para mí y para nuestra familia. ¿Tus clases están pagando las crecientes facturas médicas de tu madre?” Él continuó enojado. “No lo creo. Necesitas aclarar tus prioridades y dejar de ser tan egoísta”. Sus constantes humillaciones eran peores que cualquier bofetada.

    Terminaron de cerrar la tienda en un silencio incómodo. De camino a casa, el padre de Becca se detuvo en la licorería para comprar cerveza y whisky. Desde que la madre de Rebeca terminó en el hospital, él parecía emborracharse todas las noches. Ni siquiera sabía cómo podía funcionar durante el día con todo lo que bebía por la noche.

    Una vez que llegaron a su casa, Becca se retiró a su habitación para leer un poco los sitios de relatos eróticos que frecuentaba. Había presentado dos cuentos y estaba muy orgullosa de sí misma por haber dado el paso. Ella realmente disfrutaba escribiendo. Era una de sus pocas alegrías en la vida, y una que necesitaba desesperadamente con su vida en tal confusión.

    Rebeca había estado leyendo durante horas y se sorprendió al ver que ya eran las once en punto. Ya era hora de tomar un trago de agua abajo y acostarse. Mientras bajaba las escaleras, Becca escuchó un sonido desde la sala de estar. Su padre todavía estaba despierto, pero ¿qué estaba haciendo? Por lo general, se desmaya por estas horas.

    Becca miró por encima de la barandilla hacia la sala de estar. ¡Su padre estaba sentado en su sillón reclinable frente al televisor y tenía su polla en la mano! Su padre se estaba masturbando al aire libre en la sala de estar. Becca estaba conmocionada y aturdida. No podía moverse ni apartar los ojos de la impactante escena debajo de ella.

    Su padre estaba acariciando lentamente su gran polla gruesa. Estaba inclinado hacia atrás con los ojos cerrados y gimiendo mientras se complacía.

    “Oh… eso es… así…”

    Becca se preguntó en quién estaba pensando y de quién estaba hablando. Ella pronto se enteró.

    “Oh, eso es Becca… te necesito tanto… ahhhh…” Con un último gemido suave, su padre comenzó a correrse. Su polla disparó seis cargas de semen en su estómago y manos. Cuando terminó, había semen en toda su camisa y manos. Becca apartó los ojos y volvió a su habitación.

    Rebeca comenzó a llorar. ¿Por qué estaba haciendo eso su padre? ¿Estaba masturbándose y gritando su nombre? ¿Fue solo porque extrañaba a su madre y solo estaba borracho? Becca sabía que con la enfermedad y la hospitalización de su madre, debían haber pasado siete meses desde que su padre había tenido algún tipo de contacto sexual. Debe estar tan solo y tan deprimido. Estaba empezando a verlo bajo una luz completamente nueva. La vida es cruel.

    La mañana siguiente era sábado y Becca no tenía clases. Se levantó más temprano para preparar café y desayuno para su padre. Cuando él caminó aturdido hacia la cocina, casi sonrió sorprendido por la comida que tenía delante.

    “Gracias cariño. Esto es bueno, tengo mucha hambre”. Dijo mientras extendía la mano y la abrazaba.

    Becca dio un paso al otro lado de la mesa para evitar el abrazo de su padre. Es posible que se haya dado cuenta de los duros momentos que enfrentaba su padre, pero todavía estaba extremadamente perturbada por lo que había presenciado la noche anterior. No podía obligarse a sí misma a dejar que él la tocara. Aún no.

    Su padre no pareció darse cuenta de la evasión intencional, y si lo hizo, no lo mencionó. Los dos terminaron su desayuno en silencio y salieron al garaje y entraron en el auto que había sido el vehículo familiar durante ocho años. Todavía funcionaba como nuevo.

    Abrieron la cafetería y se abrieron paso otro sábado más. Rebeca se llenó alternativamente de compasión y asco todo el día. Ella quería a su padre y no quería nada más que lo mejor para él, pero no podía enfrentarse a los eventos de la noche anterior. Pensó que no era tan malo, Becca ciertamente se masturbaba regularmente y algunos de los sueños que había estado teniendo eran muy explícitos.

    Cerraron la tienda y volvieron a casa. De nuevo su padre se detuvo en la licorería para tomar cerveza y whisky. Una vez en casa tuvieron una comida tranquila juntos y Becca se retiró a su habitación nuevamente para leer. Pasó la mayor parte de la noche navegando por la red. Se acercaba la medianoche cuando Becca escuchó un sonido desde abajo. Salió a toda prisa de su habitación y bajó las escaleras.

    Su padre estaba totalmente borracho, y se había caído sobre una de las pequeñas mesas de café de madera, haciendo que las botellas se estrellaran por todo el lugar. No estaba herido, pero Becca definitivamente necesitaba levantarlo y acostarlo.

    “Vamos papá. Creo que es hora de que duermas”. Ella le dijo que lo ayudará a ponerse de pie.

    “Lo siento querida… yo…” Su voz se apagó mientras se concentraba en ponerse de pie.

    Becca se sintió realmente incómoda. La única persona a la que su padre llamó querida fue a su madre.

    Becca levantó a su padre y con el brazo sobre su hombro; ella lo ayudó a subir las escaleras. Estaba muy débil para caminar, y casi se cayeron al primer piso un par de veces. Ella tuvo que apartar sus manos de sus senos una vez. No estaba segura de si la había manoseado a propósito o si era solo un accidente. Después de la noche anterior no podía estar segura de nada.

    Rebeca finalmente consiguió dejar a su padre en su cama. Cuando salía de la habitación, miró hacia atrás; ella no pudo evitar notar que tenía un bulto considerable en la parte delantera de su bóxer. ¿Eso fue por ella?

    Esa noche, Becca soñó con ser dominada por un hombre mayor en una isla tropical. Estaba muy mojada, el hecho de ser virgen la hacía propensa a las fantasías.

    Ella quería liberarse de él pero no podía ya que este era más fuerte.

    El hombre con un golpe rápido y duro empujo hacia adelante su polla destrozando su himen. El coño de Rebeca parecía apretar la polla como nunca antes la habían apretado, mientras ella misma gritaba por el dolor. Él no se detuvo y continuó aumentando la velocidad.

    Becca gimió cuando la polla la penetro una y otra vez durante tanto tiempo y cada vez más rápido.

    Ella finalmente iba a correrse.

    Los ojos de Becca se abrieron en pánico. La cara de su padre estaba justo frente a ella, con los ojos cerrados. El cuerpo entero de Becca se estremeció en medio del orgasmo. Esto no fue un sueño. Realmente la estaba follando su padre y ella estaba atrapada debajo de él. Ella no podía moverse. Él se había metido en su habitación en medio de la noche y ahora estaba teniendo sexo con ella. ¡La había hecho correrse! Su propio padre.

    Él gimió y Becca pudo sentirlo eyacular dentro de ella. Su cuerpo se tensó y luego se derrumbó sobre ella. Becca luchó para salir de debajo de él y luego corrió al baño y se tiró al suelo. La había violado a ella mientras dormía, su padre tomó su virginidad y la había hecho correrse. No, no, no… esto no puede estar sucediendo. Esto no pudo haber sucedido. Se abrazaba las piernas sola en el baño.

    Becca durmió esa noche en el frío suelo de baldosas del baño de arriba con la camiseta que llevaba repleta sangre y semen. Su padre nunca vino a ver cómo estaba ni la molestó. No tenía idea de cuándo se había quedado dormida o cuánto tiempo había dormido. Escuchó a su padre en la cocina de abajo, preparándose para otro día en la tienda. Becca se metió en la ducha y se preparó. Ella podía notar un ligero dolor en la entrepierna.

    Cuando Becca se vistió y se dirigió a la cocina. No estaba segura de cómo debería reaccionar o qué haría si su padre hablaba o la miraba. Podría derrumbarse y comenzar a llorar o podría gritar y atacarlo o podría salir corriendo por la puerta principal y nunca regresar. Como todos estos pensamientos corrían por su cabeza, él la miró y habló.

    “¿Estás lista, cariño? Los dos dormimos más de lo que deberíamos esta mañana y llegamos un poco tarde”.

    ¿No recordaba la noche anterior o finge no recordarlo? ¿Qué pensó él cuando se despertó tirado en la cama ensangrentada de su hija sin que ella estuviera a la vista? ¿Soñó ella todo anoche? Ridículo, eso fue real

    Becca solo asintió y lo siguió hasta el viejo auto en el garaje aturdida. Condujeron a la tienda en silencio. Tal vez él había vuelto tambaleándose a su habitación antes de despertarse y no sabía lo que había sucedido. Ciertamente era propenso a olvidar cuando bebía y ahora Becca sabía que era propenso a caminar y mucho más mientras dormía.

    Llegaron a la tienda una hora antes de que abriera, como fue costumbre, y comenzaron a prepararse para los clientes del día. Becca estaba arrodillada en el suelo con la cabeza y los brazos en un armario junto a la caja registradora sacando un poco de café descafeinado. Oyó pasos detrás de ella y se agachó distraídamente detrás de ella para entregarle una de las pequeñas bolsas. No lo tomó.

    Becca se retiró del armario y se dio la vuelta solo para descubrir que estaba mirando la polla de su padre. Estaba dura y húmeda. Becca estaba en estado de shock y abrió la boca para protestar, pero su padre aprovechó la oportunidad para deslizar su polla en su boca.

    Cuando él deslizó su polla hacia adelante, el padre de Becca agarró su cabeza con fuerza entrelazando sus dedos con su largo cabello castaño claro y comenzó a empujar su gran polla dentro y fuera de su boca. Becca fue incapaz de resistir o moverse mientras estaba siendo follada en su boca. Cerró los ojos e intentó imaginar que era cualquiera excepto su propio padre. Los pensamientos de Becca la volvieron a la realidad mientras ella era forzada. Él había empujado su polla hasta el fondo de su garganta y justo cuando ella pensó que iba a dejar de respirar, él se retiró.

    Becca jadeó por aire y luego su boca fue invadida nuevamente. Esta vez las embestidas fueron mucho más duras e intensas, sin embargo, se sintió aliviada al descubrir que él no estaba presionando tanto en su garganta. Las manos que agarraban su cabeza y su cabello la apretaron causándole dolor, pero no tuvo tiempo de pensar en el dolor cuando su pene estalló en su boca y garganta. Su eyaculación fue demasiado para Becca y ella tuvo que tragársela. Cuando terminó de correrse, el padre de Becca le sacó la polla de la boca y se la volvió a meter en los pantalones.

    Becca estaba arrodillada en el suelo, con la corrida en su rostro y el semen de su padre saliendo de su boca, él la miró desde arriba y le dijo:

    “Becca, tengo necesidades. Estoy loco y te necesito. Sé que te hice venirte anoche y que puedo hacerte sentir placer. Sé que lo disfrutaste”. Él continuó. “Preparémonos para trabajar”.

    Con eso, el padre de Becca se alejó y se ocupó de colocar el mostrador como si nada hubiera pasado. Becca se levantó lentamente y fue al baño. Se limpió el semen de la cara y se recogió el pelo en una cola de caballo. Ella miró su reflejo en el espejo por un tiempo. Acababa de tragar el semen de su padre, estaba segura de que su madre lo había hecho antes innumerables veces.

    Una parte de ella estaba orgullosa de que su padre pensara que ella era tan atractiva como su madre y que la había elegido para desempeñar ese papel en su vida. La otra parte de Becca fue un desastre emocional. Ella solo quería una vida normal y ahora eso estaba completamente arruinado para siempre. Su padre era un hombre muy atractivo, y él le había hecho llegar al orgasmo la noche anterior. Con su mente dando vueltas en la confusión, Becca salió del baño y se unió a su padre detrás del mostrador cuando llegaron los primeros clientes del día.

    El día fue rápido y pasó rápidamente sin otra palabra entre padre e hija.

    Cuando llegaron a casa, Becca y su padre continuaron su rutina habitual con Becca yendo a su habitación y su padre yendo a la sala de estar con un vaso de hielo y una botella de whisky. Becca se puso sus auriculares y se conectó a su sitio de relatos favorito, solo que esta vez se sintió atraída por las historias e hilos de incesto. Buscando una situación similar a la que se encontraba ahora. Hubo miles de historias, la mayoría de ellas muy poco realistas. Ella los había leído todos e incluso se encontró excitada.

    Becca escucho la puerta de su habitación abrirse y se dio la vuelta. Su padre estaba parado allí, usando nada más que sus boxers.

    “Te necesito de nuevo hija”. Dijo mientras entraba a su habitación cerrando la puerta detrás de él.

    Becca se puso de pie, quitándose los auriculares y mirando a su padre. Avanzó rápidamente por la habitación y atrajo a Rebeca hacia él, besándola con fuerza. Becca respondió y gimió mientras su padre le mordía el labio hasta que este sangraba. La empujó de vuelta a la cama, colocando sobre ella sus manos vagando por su cuerpo el quito su blusa y sujetador de sus senos hinchados. Sus dientes estaban sobre sus pezones expuestos tan pronto como aparecieron a la vista.

    “Ahh… eso duele… uhh…” protestó Becca, pero con el dolor también hubo placer.

    Becca se retorció debajo de su padre cuando él le quitó los pantalones y toco su sexo.

    “Sabía que sentías lo mismo”. Él gimió

    “Aunque no podemos… mamá esta…” Becca protestó débilmente.

    Sintió que la cabeza de su polla se deslizaba sobre su sexo ahora empapado y él entró en ella con un poderoso empujón. Becca gimió. No estaba acostumbrada al sexo, y mucho menos a uno agresivo. Su padre comenzó a empujar dentro y fuera de ella con golpes largos y poderosos y solo fue cuestión de minutos antes de que Becca tuviese un orgasmo. Sintió que el cuerpo de su padre se tensaba y podía sentir el espasmo de su polla dentro de ella cuando disparó su esperma profundamente dentro de su hija de nuevo.

    Cuando terminó, el padre de Becca se apartó de ella y se puso de pie.

    “De ahora en adelante estarás durmiendo en mi cama”. Él dijo. “¿Te queda claro?”

    “Sí papi.”

    El fin

  • Lucie (parte 1)

    Lucie (parte 1)

    —¡Hola! Te extrañé, amor…

    Murmuraban tus labios rosados, tus ojos tontos dejando caer los párpados con lentitud. Vestías algún detalle para enmarcar mi deseo. Durante el día entero pensé en ti, en cómo te dejé en la mañana, extenuada sobre las sábanas, entre suspiros, aún con las piernas vibrando tras el orgasmo mientras sentías gotear la firma de mi esperma por tus glúteos. Eres mía. Lo sabes, Lucie. Lo recordarías el día entero.

    Te extraño, Amor, ay, no tienes idea cuánto. Y acaricio mis labios confesándolo.

    Me acosté dando vueltas en mi cabeza, imaginándote aún en mí. Cómo tu erección me despertaba palpitando contra mi rostro, tus manos posesivas apretando mis senos. Eso es lo que haces conmigo. Me enloqueces de ganas de ser llenada hasta no aguantar más. Y me besaste intensamente separando mis labios con suavidad, haciéndome gemir cada caricia, relamer cada dedo. Frotaste mis pechos mezclándolos con las sábanas y mis manos, mi entrepierna con la almohada y tu pulgar. Dándome golpecitos. Recordándome a quién pertenezco, prometiendo la fuerza que merecía.

    Me agarraste la cola con violencia para empujarme el miembro hasta el fondo y me obligaste a morder la almohada perdida en embestidas, cada una más fuerte que la anterior. A veces no quieres oírme. ¡Pero yo quiero que me escuches! Que tomes mis pechos y mires mis ojos y digas mi nombre. Desde que soy tuya tengo muchos nombres, algunos me gustan, otros no. Cuando no eliges uno sé que soy sólo una muñeca, sé que lo merezco. Ser una esclava que tu miembro tenso lleva al orgasmo sin parar.

    Y no parabas. Me tenías con las piernas en tus hombros abriéndome con un pijazo tras otro, aceptando mi destino. Soy tuya. Mi concha es tuya.

    Cuando me agarraste del pelo, me pusiste sobre mis rodillas sin separarte de mí sexo mojado. Mis piernas temblaban. Me arremetías fuerte, más fuerte, más. Te sentía y chorreaba, gemía, gritaba. Me embestías enloquecido, gruñendo a mi oído y tirando del cabello para morder mi cuello. Te caliento, lo sé. Te encanta cogerme. Te gusta mi concha y quería que lo demuestres, que me llenaras por completo.

    ¡Me cogías tan fuerte! Mi cuerpo se estremecía. ¡Me cogías tan duro! ¡Dios! ¡Me hiciste venir tan fuerte! Pero yo necesitaba que acabaras, que vaciaras todo en mí.

    Y me arqueé para hacerte ver cómo sacudías mis tetas con tus movimientos. Las agarraste tan duro, mis pezones tan duros estaban por ti. Me quitaste tu pija sólo para vaciarla en mi cola. Estabas tan lleno, me duele cuando lo estás, cuando no dejas de liberar esa leche que recuerda mi desatención. Sentía chorrear mi vergüenza caliente por los glúteos. Y tú continuabas rígido liberando las últimas gotas cuando yo escondía la primera lágrima. Pero por un momento fuiste mío. Todo lo tuyo fue mío… Ahora sólo te extraño.

    Te extraño tanto, amor…

  • Ninfómano (capítulo 7): Penetré al viejo del supermercado

    Ninfómano (capítulo 7): Penetré al viejo del supermercado

    Al siguiente día, regresé al supermercado, y no precisamente para comprar mis papas favoritas, tenía que hacerle algún tipo de maldad a ese viejito sabroso; y pues, también estaba en pie la propuesta que me hizo de quedarme a trabajar ahí como su ayudante (y para chuparle los huevos, fue muy claro con eso, el muy morboso).

    No eran ni las 7 am cuando llegué al súper, y en la entrada ya me estaba esperando Fariña (así llamaban al viejo, por su primer apellido). A penas me vio, se acercó a mí, tomó mi mano y le dio un beso (le dio un beso a mi mano, ¿ustedes pueden creerlo?); no me molesté por eso, pero si me quedé muy pensativo, hasta me pareció tierno.

    Me dijo que entrara con él lo más pronto posible porque había cosas que teníamos que organizar antes de abrir el negocio (él ya daba por hecho que yo comenzaba a trabajar ese mismo día, y yo también lo vi de esa manera).

    Entramos, el cerró nuevamente la entrada con un pequeño candado que tenía la puerta por la parte de adentro, y pasó lo que yo sabía que pasaría… me dijo que necesitaba tener sexo antes de comenzar a trabajar, pero que esta vez no quería solo sexo oral, quería que yo lo preñara, pero que también le hiciera el amor, no solo penetración (insisto, me parecía muy tierno en ocasiones este señor).

    Estuve de acuerdo, y sin hablar demás, nos comenzamos a quitar la ropa; yo me quité toda la ropa primero que él, así que aproveché para desvestirlo con mis propias manos, y en el proceso, excitarlo para que su ano se dilatara más rápido.

    Estaba nervioso, mientras le quitaba la camisa me decía que no creía que había estado con alguien tan joven y tan bonito, que era un privilegio tenerme cerca, y yo solo le respondía con una sonrisa amable. Cuando comencé a bajarle el pantalón y llegué a sus calzones, noté que estaba muy mojado, quien sabe desde cuándo estaba imaginando tener sexo conmigo.

    Antes de bajar su calzón, comencé a besar su pene que quería salir ya de ese calzón para tomar aire y ser chupado, estaba durísimo y como les dije, muy mojado; mientras lo besaba, el líquido pre-seminal cubría todos mis labios.

    No quise esperar más así que bajé su calzón y su pene salió, su glande estaba húmedo y olía tan rico, no se imaginan lo rico que olía ese pene, que de paso estaba acompañado de unos huevotes colgando, cubiertos de canas; este señor tenía su edad avanzada, pero aun así no dejaba de ser un varón.

    Tomé su pene con mi mano, me lo acerqué a la cara como suelo hacer siempre con los buenos penes, lo olí profundamente y luego me lo metí en la boca, lo chupé por unos minutos para darle confianza a Fariña y que se relajara; una vez terminado el breve sexo oral, le pregunté: “¿Te sientes bien?, ¿Estás listo para pasar al siguiente nivel?”.

    Me respondió que sí, que ya estaba más que listo y que yo me había tardado. Me levanté, lo tomé por la cintura sin decirle nada, y me puse detrás de él, después le dije que respirara profundo y que lo tomara con calma porque al entrar le iba a doler, a lo que él me respondió que el dolor era lo de menos, que solo quería que lo hiciera mío.

    Le dije que se apoyara de la pared y que sacara un poco su trasero, yo me llené la mano de saliva, y comencé a dilatarlo metiendo dedo por dedo en su ano (lástima no pude grabar, tenían que haber escuchado los gemidos, parecía una mujer excitada y ni siquiera lo estaba penetrando).

    Cuando noté que ya cuatro dedos de mi mano entraban dentro de su ano, le dije que se preparara que ya iba a entrar mi pene; escupí en mi glande, hasta que quedó empapado, y sin anestesia ni permiso, empecé a clavarlo.

    Comenzó a respirar rápido, incluso sus latidos podía sentirlos acelerados cuando lo sostenía por la cintura, me decía que le dolía mucho, pero que no lo sacara, y que lo tomara de los cabellos mientras le daba duro por detrás, así que eso hice, no paré de darle como un salvaje y de cumplir sus fetiches mientras se quejaba por el dolor.

    Estábamos todos sudados, habían pasado más de 30 minutos desde que comenzamos a tener sexo anal. Llegó el momento que yo tanto estaba esperando, quería que se viniera con mi pene adentro. Me dijo a pocos segundos de venirse: “papi, se me va a salir la leche, dame más despacio mientras me besas el cuello y me dices groserías”.

    Yo nuevamente hice lo que él me pidió sin decirle ni una sola palabra relacionada con mi opinión, solo groserías muy cochinas. Yo estaba encantado con él por ser tan dulce y morboso al mismo tiempo, y además ya había estado con tantos hombres en mi vida que me habían pedido exactamente lo mismo, así que lo podía complacer al máximo.

    Mi última palabra excitante fue dicha muy cerca de su oído mientras lo penetraba con suavidad, y él literalmente explotó de placer, comenzó a gemir descontroladamente (tuve que cubrirle la boca con mis manos), sus piernas le temblaban y cuando pensé que su semen iba a ser muy poco como la última vez, pasó todo lo contrario, fueron unos siete disparos de leche líquida que cubrieron la pared de dónde él estaba apoyado.

    Cuando su orgasmo terminó, retiré mis manos de su boca, estaba respirando acelerado, y mientras lo hacía me hablaba como podía para decirme que era lo mejor que le había pasado en su vida, y que quería que lo hiciera mío todos los días, que era capaz de darme lo que yo le pidiera y tratarme como a un rey (por mi cabeza pasaban tantas cosas al escuchar eso, pero nuevamente preferí callar y le regalé un beso y un abrazo).

    Después de nuestro encuentro, me dijo que teníamos que vestirnos y salir a abrir el negocio, ya nos habíamos pasado de la hora. Nos vestimos rápido, y antes de abrir la puerta para comenzar la jornada de trabajo, me tomó por sorpresa con un abrazo muy fuerte, me dio un beso en la frente, y me dio las gracias por hacerlo feliz y por quedarme con él en su negocio.

    Ya ven, señores, me convertí en el niño mimado de un hombre mayor que es adicto al sexo, y además terminé siendo su empleado en un instante.

    No se imaginan todo lo que tengo que contarles, mi vida ha estado llena de encuentros sexuales, y de grandes sorpresas.

  • La aberración sexual de Paloma

    La aberración sexual de Paloma

    Paloma y su hijo pablo se mudaron a un pueblo de la costa valenciana después de su divorcio, disponían de un chalet de segunda residencia, Paloma empezó a trabajar de oficinista en una empresa de transporte.

    Pablo empezó a estudiar diseño gráfico, allí conoció a Carmelo y se hicieron buenos amigos y se volvió algo habitual que Carmelo pasase mucho tiempo en casa de Pablo, así es como conoció a Paloma, desde el primer momento, una extraña sensación invadió a Paloma, su hijo y su amigo eran totalmente opuestos su hijo era bajito, delgado y Carmelo era más alto y corpulento, también eran de diferente edad su hijo 20 y Carmelo 24.

    Carmelo desde el primer segundo desarrollo una fijación por Paloma, su obsesión por las mujeres más mayores que él era uno de sus fetiches sexuales y su mente calenturienta le hizo una radiografía de arriba abajo estando de espaldas, era una mujer de 39 años, delgada, de 1,65, morena de pelo corto, vestía una falda, un jersey y una rebeca de punto, su cadera era ancha y tenía un culo respingón, sus piernas eran de complexión delgada y unas zapatillas dejaban ver sus pies, la planta de sus pies estaba reseca, pero sus dedos bien formados y con una manicura impecable, aquello era otro de sus fetiches, cuando Paloma se giró y siguió con el escaneo de su cuerpo, los pechos eran pequeños pero se intuían firmes y erguidos, Paloma no era muy atractiva, llevaba unas gafas pequeñas y se mimetizaban bien con su rostro, unos labios carnosos y un pequeño lunar encima de los labios, la idea de intentar borrarlo con la punta de su rabo le provoco una erección tremenda que intentó disimular poniéndose de lado, pero el gesto y la erección no pasaron desapercibidos para Paloma que le dedico una sonrisa pícara y volvió a sentir una extraña sensación otra vez.

    Aquella misma noche Pablo sufrió un acoso por parte de los dos a preguntas sobre el otro, Paloma supo que antes de estudiar diseño gráfico, había estudiado informática y por eso la diferencia de edad entre ellos. Carmelo por su parte supo que Paloma se había divorciado traumáticamente hacía 6 meses y que su hijo la consideraba una puritana y una madre abnegada, aquella noche Carmelo se masturbo con la intención de saber si Paloma era tan puritana como la consideraba su hijo.

    Desde aquel día era habitual que Carmelo pasase mucho tiempo en casa de Paloma, sus intercambios de miradas eran cada vez más frecuentes y ella observaba como él la miraba perversamente y lejos de amilanarse empezó a provocarlo vistiendo más sugestiva y agachándose en poses más sensuales y sintiéndose excitada cuando lo veía a él con una erección, Paloma empezó a masturbarse por las noches excitada con el amigo de su hijo.

    Un día se desató una fuerte tormenta y Carmelo se quedó a dormir en casa de su amigo, Paloma preparo la cena mientras Carmelo se ponía un pantalón de deporte que le prestó Pablo, le iba corto y su miembro sobresalía por los lados, lo que provocó una risa a Paloma. Cenaron y Paloma recogió los platos y luego se volvió a sentar.

    – Voy un momento al lavabo – dijo Pablo.

    Paloma se quedó sentada al lado de Carmelo y observo como tenía una erección y estaba apretando el pantalón, soltó una risa.

    – ¡Vas a reventar! – le dijo Paloma haciendo un gesto señalando su erección.

    Carmelo soltó una risa, la madre de su amigo lo miraba riéndose de su erección y pensó que era su momento, se sacó la polla y cogió la mano de Paloma y la llevo a su miembro.

    – ¡Mira cómo me pones el rabo! – susurró Carmelo – ¡Hazme una paja!

    Paloma y Carmelo se miraron desafiantes en silencio, por un instante él pensó que ella gritaría o saldría corriendo, pero sucedió todo lo contrario, la mano de Paloma le estrujo el tronco con fuerza y empezó a mover la mano descapullándolo y haciéndole una paja.

    – ¡La tienes muy grande! – murmullo ella – ¡Que dura se te pone!

    Carmelo estiro los brazos y las piernas y levantaba la cadera mientras la mano de Paloma le hacía la paja con más intensidad.

    – ¡Chúpamela! – le pidió Carmelo.

    – ¡Te la meneo y porque me apetece! – le advirtió ella – ¡No te flipes!

    – ¡Tú hijo dice que eres una santurrona! – le susurraba él con la voz ronca – ¡Supe que eres una guarra en cuanto te vi!

    – ¡No me juzgues! – respondió ella molesta – ¡Solo he tenido dos novios y mi ex marido!

    En aquel momento se escuchó el ruido de la cisterna que provenía del lavabo y Paloma soltó la polla de Carmelo y este se subió los pantalones con una erección tremenda, Pablo apareció y Paloma fue a buscar una manta y una almohada y montó una cama improvisada en el sofá para Carmelo, se despidió de su hijo con dos besos y se fue a su habitación. Carmelo y Pablo se quedaron un buen rato hablando y por fin se fueron a dormir.

    Carmelo se levantó y se dirigió a la habitación de Pablo en silencio, comprobó que estaba dormido y volvió sobre sus pasos cerrando todas las puertas, encendió la linterna del móvil entro en silencio en la habitación de Paloma, estaba dormida, las sábanas no cubrían todo su cuerpo y sus pies sobresalían y los olio acercándose, se sacó la polla que estaba otra vez empalmada y la masajeo.

    Encendió la luz de la mesilla, era de color tenue, se subió al cama con cuidado y despertó a Paloma tapándole la boca y haciéndole un gesto de silencio con el dedo, Paloma se despertó sorprendida y Carmelo le metió la polla en la boca, Paloma lo apartó con las manos e intento patalear un poco, Carmelo la sujetó con fuerza y le dio golpes con la polla en los labios.

    – ¡Estas deseando chupármela! – le insinuó él y le metió la polla en la boca.

    Paloma hizo un gesto y soltó un gritito gutural, Carmelo la agarraba con una mano por la nuca y su cadera empujaba hacía el movimiento adelante y atrás y su polla entraba y salía fluidamente de la boca de Paloma, Carmelo aparto las sábanas y le abrió las piernas y le acaricio las bragas mientras ella hacía gestos de negación con la cabeza, Carmelo hizo caso omiso y le aparto las bragas y le acaricio la raja con suavidad.

    – ¡No me toques el coño! – suplico ella.

    – ¿Por qué no? – le pregunto él que ya le pasaba el dedo por su mojado coño y notó cómo su clítoris estaba inflamado.

    Paloma se puso de rodillas delante de Carmelo y se tapó con las manos el coño, se acercó a la cara de él y le tapó la boca con la mano.

    – Me pongo muy cachonda si me tocas el coño – le susurró ella con voz suave – ¡Te la chupo si quieres!

    Carmelo le hizo un gesto y ella le respondió con otro gesto de conformidad, se agacho y le agarró los testículos y la polla con las dos manso y empezó a moverlas y hacerle una paja y se llevó la polla a la boca y comenzó a hacerle una mamada de antología su lengua le daba lengüetazos y luego se metía la polla en la boca con dificultad, era demasiado grande para tragársela entera y ella se lo dijo mientras le mordía los huevos y le lamía el glande con la lengua.

    Él estaba de rodillas y se echaba hacía atrás, no podía negar que Paloma le estaba practicando una mamada alucinante, que bien chupaba su polla aquella mujer.

    – ¡Que mama más guarra que eres! – soltó él entre bufidos – ¡Cómo la chupas!

    – ¡Cállate! – le corrigió ella – ¡Té puede oír mi hijo!

    – ¡Ya me callo! – le susurró – ¡Pero sigue chupándomela!

    Paloma le hacía la mamada mientras él la agarraba por el cuello y movía sus caderas metiéndole la polla hasta el fondo de la boca, ella le hizo un gesto para que parara, le faltaba el aire y empezó a toser tapándose la boca con la mano mientras le daba un manotazo a Carmelo.

    Paloma le hizo una paja con la mano mientras él le agarraba y le arañaba las nalgas a ella con intensidad mientras ella intentaba evitarlo con la otra mano.

    – ¡Estate quieto! – le gruño ella – ¡Y córrete!

    Carmelo empezó a correrse mientras sus manos apretaban el cuello de Paloma hacía él, pretendía correrse en su cara, pero ella lo evito echándose hacia adelante y la corrida de él le fue a parar a la camiseta encima de las tetas.

    Él molesto porque ella evitase recibir su leche en la cara la giro con fuerza y le abrió las piernas, ella hizo un grito sordo y le golpeo en la espalda, pero Carmelo le saco las bragas y le acarició su mojado coño y le metió un dedo y empezó a moverlo.

    – ¡No! – soltó ella con un gritito sordo y se llevó la almohada a la cara y empezó a morderla

    Carmelo movió su dedo frenéticamente y Paloma no tardo en retorcerse y agitarse mientras la almohada mitigaba sus gritos y se corrió salvajemente, Carmelo la dejo agitarse mientras seguía mordiendo la almohada con fuerza, la cogió por las caderas y el abrió las piernas y le paso el glande por la raja del coño.

    – ¡Quiero follarte! – le amenazó él

    -¡No puede ser! – suplicaba ella mientras cerraba las piernas y ponía sus rodillas en el estomago de él para evitar la penetración – ¡Mi hijo!… ¡Te lo suplico no me lo hagas!

    Carmelo intentó forcejear, pero ella oponía resistencia y empezaron a hacer ruido, ella se puso de rodillas delante de él y lo acarició con las manos en la cara.

    – ¡Estoy muy cachonda y soy muy escandalosa! – le suplicaba Paloma – ¡Si me follas vamos a hacer mucho ruido!

    Paloma empezó a hacerle una paja con las manos lo que amansó las ganas de forzarla y la acarició para tranquilizarla.

    – ¡Me dejare que me hagas lo que quieras! – le sollozaba ella – ¡Pero mi hijo no puede enterarse!

    Paloma se agacho y volvió a hacerle una mamada mientras le hacía una paja con las manos, estuvo un buen rato chupando y Carmelo se volvió a correr, esta vez Paloma se tragó toda la corrida y luego le chupo la polla para dejársela bien limpia, Carmelo salió de la habitación en silencio mientras Paloma iba a su baño.

    Carmelo se aseguró que Pablo siguiese durmiendo y se acostó en el sofá complacido y triunfador, menuda guarra era la madre de su amigo y él lo iba a exprimir al máximo.

    Al día siguiente se levantaron y almorzaron con normalidad, Paloma y Carmelo se dedicaron miradas cómplices.

    – ¿Algo te paso ayer mama? – pregunto Pablo – ¡Creo que te escuche hablar en sueños!

    – ¡Puede ser hijo! – contesto Paloma sonrojada – ¡Algo me perturbó, seguro!

    Pablo fue a su cuarto y Paloma estaba recogiendo los platos.

    – ¡Te voy a follar bien follada! – le susurró Carmelo acercándose por detrás – ¡Puta!

  • Ahora yo busco desesperada al manoseador. Lo deseo

    Ahora yo busco desesperada al manoseador. Lo deseo

    Después de que el señor se bajó y me quedé toda caliente en el camión, ya no pude concentrarme más. Ni siquiera llegue a la escuela a mis clases normales. Me regresé a mi casa y le dije a mi mamá que me sentía mal. Que tenía dolor de cabeza y cólicos quizá por andar en mis días (mentira, estaba toda ansiosa como jamás en la vida lo había estado).

    ¿Les ha pasado chicas o chicos que se quedan o andan tan calientes que ni siquiera pueden pensar? pues así estaba yo.

    Me encerré en mi cuarto, apagué la luz, me envolví en mis cobijas y llevé mi mano hacia mi conchita. La empecé a frotar sobre la panti imaginando que era la mano experimentada de aquel extraño. Me masturbé hasta que me quedé dormida, no puedo recordar cuantos orgasmos tuve, pero de algo estoy segura, no me sentía para nada satisfecha. Estaba volviéndome loca así que me levanté y ya era tardecito. Le dije a mi mama que iría a casa de una amiga para hacer tarea a lo cual no hubo mayor problema.

    Me salí y fui a casa de mi vecina que era amiga mía e íbamos a la misma escuela. Nos conocemos desde siempre y ella me ha contado todas las experiencias que ha tenido. No podía esperar para contarle todo lo ocurrido.

    MI amiga estaba con la boca abierta, no podía creer lo que había pasado y no precisamente por el señor sino porque yo, tan recatada y mojigata había caído en la tentación.

    Estuvimos platicando por largo rato y la conclusión a la que llegamos es que debería de coger lo antes posible pero la cosa es que yo no quería hacerlo aún, al menos no con cualquiera. Deseaba que mi primera vez fuera con aquel hombre que, sin saber ni como se llama, fuera el que me hiciera mujer.

    Mi amiga me dio un consejo que me retumbó toda la tarde noche. No podía ni siquiera dormir. Me dijo que la siguiente vez que lo viera, si él no me decía nada, que le dijera algo, que le hiciera la plática pero que buscara de alguna manera insinuarle que quería estar con él.

    Valiente cosa, ¿cómo fregados le iba a hacer? Para mi forma de pensar eso era de una cualquiera, solo las putas hacían eso y yo no era eso o al menos no lo quería ser. Me educaron para ser una niña decente. Estaba volviéndome loca. No sabía cómo le iba a hacer para que esto se detuviera. Me estaba obsesionando demasiado.

    No sé cómo, pero al final concilié el sueño. Me desperté al siguiente día antes de que sonara mi alarma y me metí a bañar. Por primera vez le puse atención a mi vagina, tenía el vello normal, nunca me lo había cortado o sea que estaba medio peluda jejeje, pero nunca había sentido la necesidad, así que lo deje pasar. Me apresuré a vestirme, pero pensando en el consejo de mi amiga aun no sabía cómo decirle a aquel hombre que lo deseaba mucho y lo único que se me ocurrió fue no ponerme calzones. De inicio la pura idea de andar sin nada me espantó, pero mi calentura era mayor que mi pena así que me puse la falta, las calcetas, mis tenis y un bra algo viejito que luego uso en casa. Está desgastado y mis tetas se perciben mucho mejor que con los otros. Tomé mi mochila y me salí. Ni siquiera desayuné.

    Mientras caminaba hacia la parada podía sentir el aire chocando en mis piernas y subiendo hacia mi vagina de una manera que me hacía sentir como descargas eléctricas poniéndome la piel chinita del cuerpo completo. Sentía que todos me veían y sabían que no traía calzones, pero no me importaba nada. Yo ya no podía estar así. Me estaba volviendo loca.

    Después de unos pasos pude ver la parada a lo lejos y un escalofrío recorrió mi espalda. El señor no estaba. Entré en pánico, no sabía qué hacer, así que de alguna manera llegué a donde ya estaba la gente esperando el camión y pensé en esperar a ver qué pasaba. No pasaron ni 5 minutos cuando el señor venia llegando. Mi alma se relajó, me puse nerviosa, pero estaba ya excitada. Solo podía pensar en lo que podría pasar.

    El saludó a todos, me volteó a ver y me dijo: ¿aun no llega nuestro camión?

    – No señor. buenos días. Aun no llega.

    – Ya para la escuela?

    – Si, un poquito tarde, pero ahorita llego.

    – Qué bueno poderte encontrar.

    – Igualmente. Pensé que no vendría (empecé con el plan)

    – Como no, siempre listo y dispuesto.

    – Usted ya va para su trabajo?

    En ese momento iba llegando el camión y nos acercamos hacia él. De nuevo se pegó hacia mí para no dejar que nadie se interpusiera entre los dos. Subimos algo apretados, pero volvimos a quedar en los escalones. Cuando inicio su marcha el camión hubo una gran ventaja, traía las luces apagadas y aún estaba algo obscuro. El señor no desaprovechó la oportunidad y de inmediato metió la mano bajo mi falda y vi su reacción de asombro al notar que no traía nada bajo la falda. Metió su mano entre mis piernas. Sentía su pulgar en mi ano y su dedo medio en mi vagina. Los movía a la par y era lo más delicioso de la vida, él pudo sentir como mis piernas se doblaban y de repente se acercó a mi oído y me dijo:

    – Tienes que llegar a tu escuela? yo puedo llegar tarde a mi trabajo

    – Puedo faltar a la escuela.

    Fue lo único que dije. Después de ello el siguió tocándome y cuando empezó a bajar la gente nos fuimos recorriendo y como más adelante se van desocupando lugares, buscamos quedar sentados juntos. Ya en los asientos, el puso su mochila sobre sus piernas y guio mi mano hacia su paquete. Dios bendito, nunca en la vida había sentido una verga, así como ahora, con este deseo que me calcinaba por dentro. La sentí sobre su pantalón, dura, caliente, palpitante. Él puso su mano sobre mi pierna y me dijo que nos bajaríamos en insurgentes, casi llegando a san Fernando, por ahí hay un hotel al que podríamos ir.

    La sola idea de pisar un hotel me voló la cabeza. Estaba viviendo algo que jamás hubiera imaginado. Mi primera vez estaba por ocurrir con un señor de la edad de mi papa y que ni siquiera sabía cómo se llamaba.

    Ya casi se acercaba la hora de bajarnos del camión, empecé a temblar de manera involuntaria y él se percató. Me preguntó que si estaba bien y yo solo lo tome de la mano y lo abrace. No sabía que me estaba pasando.

    Bajamos del camión y él no me soltaba la mano. Caminamos como si fuéramos novios y así seguimos sobre insurgentes.

    Se puso algo serio y me preguntó si realmente deseaba estar con él. Yo solo lo miré y le dije que sí.

    El hotel se veía al fondo. Mucha gente caminando por la calle, el Metrobús lleno, demasiado tráfico y yo solo podía pensar en que estaba a punto de entregarle mi virginidad a un completo desconocido.

    Les dejo mis redes en mi perfil. Me encantaría saber sus opiniones.

  • Familia complicada (3)

    Familia complicada (3)

    Laura actuó raro conmigo por un par de días, lo que me hizo ponerme en guardia y un poco paranoico. La cosa quedo ahí, y en un par de días volvió todo a la normalidad. El sábado siguiente volvió a repetirse todo esto no fue lo raro, sino que todos los sábados en la mañana, volvía a pasar lo mismo. Es más, me causaba mucho morbo, el ser descubierto, el hacer algo indebido. Laura se convirtió en musa de mis pajas. Era mucho para mí, aunque la relación con Laura no cambio, nos llevábamos mejor, no éramos súper amigos, nuestra relación era buena, por eso yo no podía hacer nada, por más que muchas veces fantaseaba entrar a su alcoba y preguntarle si necesitaba ayuda. Era algo ridículo y que mi ser no lo permitía.

    Podría decir que mi vida continuaba igual, pero no era así, en un par de meses había pegado un estirón importante, ir todos los días al gimnasio me daba una contextura más atlética. Cuando estábamos cenando Gabriela le comenta a mi padre

    Gabriela: Fernando necesita ropa nueva, muy poca le anda. Ha crecido mucho, ahora es más grande y fuerte. – Esto lo dijo más que nada para molestarme.

    Laura: Si es verdad, ha cambiado mucho, para mis amiga paso de ser el Nerd raro, a ser ESE nerd.

    Todos rieron, hasta mi padre. Yo no entendí mucho en ese momento, pero notaba que era un halago, y como soy tímido me puse colorado de vergüenza. Lo que, si me fije, que Laura reía, pero no paraba de mirarme.

    En la facultad tampoco las cosas eran igual, Laura se acercaba a mi e incluso charlaba de cosas banales de vez en cuando, casi todo el mundo se había enterado, por ella, que padres estaban casados. El Club de los Nerds se unió Flor, cosa que a Tomas y Pedro en un principio les pareció genial, pero después de un tiempo no podíamos hacer mucha de las actividades que hacíamos.

    Florencia era una chica delgada, era delgada, pero tenía unos pechos medianos, que se notaban más justamente por su contextura física, tenía un culito respingón, tenía la piel blanca y el pelo negro hacia un contraste muy lindo, era muy tímida, y siempre aceptaba lo que yo proponía, y a veces mientras hablaba me quedaba viendo como si estuviera pensando en otra cosa. Con los chicos estábamos organizando para jugar videos juegos para el fin de semana.

    Pedro: Lo hacemos en casa de Fernando y vemos a Laura, ese es un extra.

    Tomas: jajaja sos malo, no ves que se pone celoso.

    Fernando: no sean tarados, en mi casa preferiría que no. Podemos hacerlo en su casa o le preguntamos a Flor.

    Pedro: Flor no. Yo estaba pensando en que no la invitáramos, nos limita mucho. A parte está en el grupo solamente para estar cerca de tuyo.

    Fernando: Que, ¿que dices? Estas desvariando.

    Tomas: En serio Fer, tan inteligente que eres para algunas cosas. No puedo creer que no te hayas dado cuenta. Ella está loca por ti y no desde ahora.

    Fernando: Noooo, ustedes están mal, les hace mal tomar tanto Red Bull. Mejor los dejo no valla a ser contagioso.

    Ambos rieron, y me lanzaron una advertencia, que ya les daría yo la razón. Y aquí se podía notar lo vírgenes que éramos. En vez de salir como todos nuestros compañeros nos quedábamos jugando.

    Caminando hacia mi casa no paraba de pensar, y es que estaba tan obsesionado con Laura que no veía las cosas que pasaban a mi alrededor, estaba muy concentrado en Laura, el Gimnasio y evitar a los brabucones que no veía y si me ponía a ver las cosas fríamente, la respuesta era si, Flor me había tirado miles de indirectas, pero al ser una chica tan tímida no le había permitido hacer más. Y no me desagradaba, me gustaba bastante, y también concentrarme en ella me haría olvidar un poco de Laura, tenía miedo de obsesionarme con ella. Iba tan concentrado pensado en esto que no me di cuenta en donde me metía, los brabucones estaban sentados en los capos de sus autos viéndome venir. Justo pasaba por ahí una profesora y aproveche para hacerle una consulta y pasar sin problemas.

    A la noche mi padre me vio callado, y terminando de cenar me pidió que lo acompañara a lavar la camioneta. Y ahí le conté.

    Padre: Hijo no te preocupes, vamos hacer algo así todo está más controlado y limitamos los daños al mínimo.

    Mi padre hablaba y parecía más una operación militar. Él me dijo algo que me dejo pensando, como muchas cosas que decía mi padre.

    Padre: Hijo a veces es mejor pasar desapercibido, que no te vean llegar. Pero otras veces tienes que aparentar más de lo que eres, y que te respeten. A veces te conviene ser muy chiquitos y a veces ser un gigante. Aunque tienes que tener cuidado y a la hora de ser un gigante también tienes que poder responder por esas acciones. Vamos hacer que se entere con quien se metió.

    La empresa de mi padre estaba orientada en la colocación de alarmas, y equipos de video vigilancia, así como el monitoreo. Solamente tenía una empresa a la que le proporcionaba dicho sistemas y también guardias entrenados y armados para la protección de sus instalaciones y del personal jerárquico, era una multinacional, el encardo de llevar está era su segundo, que era mi profesor de artes marciales. Mi padre sabia quién era el musculito y quien era su familia, la familia Lavalle, ellos estaban en buena posición económica. Justamente querían proveer servicios a la multinacional y mi padre hablo con uno de sus gerentes, que era amigo, para pedirle un favor. La cosa es que en una cena en la casa de la familia Lavalle este gerente le pregunto al musculito a que escuela iba, le respondió con orgullo, ya que es una institución de mucho prestigio.

    Gerente: El hijo de mi amigo, Fernando Vargas va a la misma facultad, lo conoces.

    Musculito: No señor. – Mintió.

    Gerente: Fernando tuvo un accidente hace un par de meses en ella.- dijo llamando la atención de todos los presentes.-tal vez te suene de ahí.

    Sr. Lavalle: ¿Un accidente?

    Gerente: Si, nada comparado con el accidente que tendrán los responsables si mi amigo los encuentra. Es un hombre peligroso.

    Sr. Lavalle: Bueno, ¿pero de que tipo de accidente fue?

    Gerente: Simplemente unos matones golpearon y enviaron al hospital a su hijo, y este para evitar la venganza de su padres no dijo nada.

    Sr. Lavalle: Es lamentable, y en una institución de tanto prestigio que pase algo así. Pero quien son sus padres y por qué son tan peligrosos.

    Gerente: su madre es una alta funcionaria diplomática, con contactos en el gobierno y los servicios de inteligencia. Y su padre es un ex miembro de las fuerzas especiales, tiene una empresa de seguridad privada y se dedica en su mayoría a hacer negocios con el gobierno, ya sabe qué tipo de negocios me refiero, son gente muy vinculada y con muchos favores por cobrar.

    Sr. Lavalle: Si la verdad parece gente muy influyente, gente con la que no conviene meterse. De, verdad no escuchaste nada.

    Blanco como el papel negó con su cabeza. Y pensó que tal vez las razones por las que no los delato el Nerd fueron distintas a las que él pensó, y no fue por el miedo hacia él. Cuando me conto todo esto mi padre riéndose, le dije que era un exagerado y que no cumplía el requisito de hacerme gigante y después poder respaldar eso.

    Dicho esto, saco su celular y busco una foto de mi infancia, y había muchos amigos de mis padres, a muchos de estos como eran muy cercanos yo les decía Tíos. Mi padre uno por uno me fue diciendo el trabajo de mis tíos, Inteligencia, unidad anti terrorismo, Fuerzas especial, Cancillería y un sinfín de gente realmente importante y que pueden mover los hilos tras bambalinas. Él se rio y me dejo pensando en que tan real era eso de que mis padres se vengaran. Otra cosa es que con mi padre nos habíamos unido más, ir a acampar, practicar tiro en el campo, ir a trabajar a su empresa cuando tenía tiempo, o ir al gimnasio todos los días. En todo esto mi padre me daba cosas para pensar, o para leer a las personas, cosas que yo no aplicaba hasta ese momento.

    Eso lo deje en el freezer, hasta que surgiera la oportunidad de vengarme. Mientras en mi cabeza rondaba lo que mis amigos me habían dicho de Flor, y que estaba enamorada de mí. Según ellos, Flor hacia todo lo que yo le decía de forma automática. Analizando todo lo que había ocurrido con Flor, nos conocíamos desde la primaria, y yo siempre había estado cerca de ella, no con ella, pero viéndolo en perspectiva, yo era el más cercano a ella, eso describe lo solitaria que era. Otra cosa era su familia, su padre rondaba los sesenta y tanto y su madre era muy joven, yo calculaba que menos de cuarenta debía tener. Viéndolo desde la lejanía observe ciertas actitudes con ellas, él no les pedía las cosas, se las ordenaba, a él lo servían, su madre era extremadamente obediente y cariñosa con él, cuando él hablaba ella escuchaba y miraba al piso. Hija y madre muy sumisas con él. Y quería averiguar si tenía razón, y Florencia era igual y empecé por mandarla a cosas sencillas a ver como reaccionaba, y ellas lo hacía inmediatamente, o decir que quería comer tortas de una panadería que estaba muy lejos, y al otro día tenía las tortas.

    Cuando nos reuníamos con los Nerds empezaba a hablar cosas más incomodas para ella, para ver como reaccionaba, que si me gustaban las tetas de tal, o el culo de la otra, y ella no decía nada y se quedaba. En una ocasión que estábamos sentado en un parque llegue a poner mi cabeza en sus rodillas, acostándome a lo largo del asiento, y le pedí que me acariciara la cabeza mientras descansaba, y ella lo hizo sin decir nada, cada tanto abría mis ojos y veía una sonrisa de satisfacción. Siempre intentaba ponerla incomoda, le daba besos en su mejilla, muy cerca de la boca, la abrazaba, incluso llegue a abrazarla de atrás y apoyarle mi pene en sus nalgas, y ella no decía nada, simplemente sonreía. Cada vez estaba más convencido que tenía razón.

    La oportunidad de confirmar mis sospechas llego con un trabajo de la facultad. Simplemente le dije que lo haríamos en su casa. Cuando llego el día fuimos caminando a su casa, cabe aclarar que su padre tiene mucho dinero. Esto me di cuenta yo después, porque ella es realmente sencilla. De camino seguí indagando

    YO: Flor no tienes más hermanos.

    Flor: Tengo dos medios hermanos, pero no tengo mucho contacto con ellos, son más grandes, del matrimonio anterior de mi padre.

    Yo: No tienes alguna amiga o algo así.

    Flor: Si, mi prima, pero vive lejos.

    Yo: Y con ella hablas o le cuentas todo.

    Flor: Muchas cosas hablo con ella, otras que me dan vergüenza las escribo en me diario íntimo.

    Llegamos a su casa, y fuimos a su habitación, es enorme. De tres dependencia, sala estar, cambiador y habitación. Siempre habíamos estado en la planta baja. Ella dejo la puerta abierta y su madre paso a saludarnos. Pasado un tiempo se fue a preparar algo para merendar. Yo empecé una especie de búsqueda de curioso, en la habitación había un escritorio y unos libros muy bien acomodados, pero había un libro que no estaba en su lugar. De él sobresalía una pluma rosa, lo abrí, no era un libro, era su diario íntimo, yo no lo podía creer. Empecé a leer antes de que alguien me viera, lo último que había escrito es:

    “Estoy muy emocionada, esta tarde él vendrá a mi casa. Espero que se anime a besarme, o algo más, no puedo más de los nervios”.

    Cambie de página.

    “He tenido una de las noches más calientes en mi vida. No he parado de pensar en él, ayer el me abrazo desde atrás, apretó mi pecho con sus manos, y me apoyo su pene en mi cola, me beso en la mejilla, me moje toda apenas lo hizo, ya me he masturbado cinco veces pensando en él y lo que me haría.”

    Cambie de página, y mire hacia la puerta.

    “hoy me sentí sucia, y me encanto. Estaba sola en la casa y el club de los Nerds estaba jugando en línea al call of duty, yo me conecte, pero mentí y les dije que no me andaban los mandos, me desnude y me masturbe escuchando su vos y como mandaba, mientras veía una foto de él en mi celular y me imaginaba que me convertía en su perra. Tuve mi mejor orgasmo”

    Fui más atrás en el diario.

    “Soy propiedad de Fernando, todavía no soy digna de él, pero lo seré. Me guardare pura y virgen para él, para cuando él lo decida. Soy como mi madre.”

    En esos momentos escuché pasos en la escalera y volví a la sala de estar. Ella vio que salí de la habitación, pero no dijo nada. Ella me hablaba, pero yo estaba en otro lado, estaba en shock todavía, y no estaba pensando claro, o no pensaba con la cabeza sino con el pene.

    Flor: ¿Te pasa algo? ¿Necesitas algo más?

    Yo: Ven aquí.

    Flor: ¿Como?

    Volví a hablar con voz tranquila, pausada.

    Florencia hizo caso, se paró y se puso a mi lado. Con sus manitas al costado del cuerpo y su vista mirando el piso. Vestía un vestidito muy sencillo hasta su rodilla.

    Yo: Siéntate

    Acto seguido palmee mis rodillas. Ella se sentó a la brevedad y quedo de costado hacia mí. Tome una torta de las que me gustaba, y tenía frutos rojos encima. Mordí la torta. La notaba a ella temblar.

    Ella me miraba de perfil. Acto seguido pase el dedo por lo que quedaba de torta y levante todos los frutos rojos y se lo puse en la boca, cerro los ojos y chupo mi dedo comiéndose todo. Mire su pecho y sus pezones quería atravesar su corpiño y camisa, su respiración era agitada, saque el dedo de su boca lleno de saliva, para acto seguido llevarlo a mi boca y chuparlos, note un escalofrió en ella, y su piel se puso de gallina.

    Yo: con tu saliva es más sabrosa todavía.

    Tome su pera con fuerza y la atraje hacia mí, lo que provocó que me mirara a los ojos, lengüeteé sus labios una y otra vez hasta que abrió un poco la boca y le dio paso a mi lengua a su interior, comencé un beso lento, pero con mucha lengua y saliva. Cuando me retire ella jadeaba. Abrió sus ojos y tenía una mirada extraña, una que nunca había visto en ella, era como de felicidad, mesclada con deseo, y una pequeña sonrisa pícara.

    Yo: de tu boca es más rico todavía. Me encanta comer así.

    Puse mi mano en sus rodillas y comencé a rosar su muslo, ella abrió un poco las piernas para darme acceso a ellas. La traje hacia mí de la barbilla y empecé a besarla nuevamente, mientras acariciaba sus muslos, cada vez más profundo y adentro, rosaba su muslo de un lado a otro y ella entre beso y beso gemía y suspiraba profundamente, en una de esas caricias toque sus bragas y estaban mojadísima, su sexo desprendía muchísima calor. Yo por mi parte no estaba mejor, mi pene estaba durísimo y sé que ella lo notaba porque estaba sentada sobre él. Yo acaricié su vagina por sobre sus bragas. Me separe de ella, pero no saque mi mano de su vagina.

    Yo: Me gustaron tus labios -Dije pasando mi dedo sobre ellos- Ahora quiero probar tus otros labios -dije esto apretando sus labios vaginales- ¿Puedo?

    Flor: Siiii- dijo en susurros.

    Ella se paró, tomo mi mano y fuimos a su habitación. Ella se quedó parada al lado de la cama, tenía la respiración muy agitada, yo quería que fuera mía a base de orgasmos, la empuje sutilmente y se dejo caer en la cama, le levante el vestido y tenía unas bragas muy infantiles, se las saque y las metí en mi bolsillo. Mire su vagina y tenía unos labios muy chiquitos rosaditos, casi sin bulto, lo que si tenía mucho pelo. Empecé a lengüetearla de abajo hacia arriba usando toda mi lengua, Flor en cada pasada gemía más, hasta que no gimió y cuando mire se había puesto una almohada en la boca, me percate de algo al abrir su vagina el clítoris emergió, del tamaño de una perla, ahí concentre mi lengua, no tardó mucho en acabar y fue demoledor, cerro las piernas yo me esforcé más en chupar su clítoris.

    Yo: de rodillas, ahora me toca a mí.

    Ella obedeció enseguida, yo baje mi pantalón y salió mi pene como un resorte y golpeo en su mejilla. Ella lo miraba con cara de asombro.

    Flor: Es enorme.

    Ella empezó a tocarlo con ambas manos, torpemente, estaba durísimo, babeante y lleno de líquido pre seminal. Lo masturbaba lentamente, y acerco su lengua a la cabeza, lo saboreo, no pareció desagradarle porque siguió, después se metió la cabeza a la boca, lo hacía mal, pero la calentura era superior en ese momento y yo estaba muy caliente, ella se tomaba su tiempo, y yo sabía que era algo que no teníamos, ella se metía un poco más que la cabeza, habíamos estado mucho tiempo solos, saque mi pene y empecé a masturbarme furiosamente yo en un par de segundo estaba listo y apunte a su boca, lo que vino después fue una descarga abundante de semen.

  • Después del susto concluimos el incesto con mi prima

    Después del susto concluimos el incesto con mi prima

    La situación en casa de mi prima Susy nos había dejado hambrientos de sexo y a como diera lugar tenía que terminar de comerme su jugosa conchita. Así que en lugar de estar perdiendo tiempo en ese café decidí llevarla a un bar, con unas copas llegaríamos a la cima de la lujuria y del placer. A Susy le pareció una excelente idea y se levantó y se encaminó contoneando esas caderas jugando picaresca para provocarme aún más.

    Subimos al coche y puse marcha. Volteaba y miraba su escote mientras ella me platicaba de su ex novio, cuando tenían sexo y hasta de dos ocasiones en que le fue infiel, decía que no era su estilo, que siempre había respetado a sus parejas y que esa vez no busco ponerle los cuernos, simplemente estaba borracha y la sedujo un tipo que ni siquiera conoce etc. Yo estaba atento imaginado lo rico que la ha de haber pasado en eso pasaba por un expendio de alcoholes y se me ocurrió mejor comprar algo para beber en privado. Me estacione y dije que enseguida volvía. Compre un chivas regal y refrescos porque sabía que le gustaba tomar tequila, cigarros y también contacte a mi dealer para hacerme de drogas. Esa primera vez con mi prima tenía que gozarlo full.

    Me volví al carro y le dije que había cambio de planes, me pregunto que si iríamos a un motel o a dónde? De broma le contesté que a su casa y me dijo que obviamente eso no pasaría, que estaba su papá y su mamá y hermano seguramente también ya habrían llegado y solo me reí y seguí conduciendo. Antes de llegar al departamento pasé por mi encargo y le pregunté a Susy que si consumía drogas, me dijo que en contadas ocasiones cuando salía de rumba con sus amigas, le dije que me invitará y que me las presentara y me contestó que ni me hiciera ideas locas porque no me dejaría follar con ellas, me causó gracia sobre todo por el tono en que me lo dijo al tiempo que arribamos al departamento.

    -bienvenida a la guarida del placer y lo prohibido -le dije morbosamente recordando cuantas veces había pecado de incesto y ella ni idea tenía.

    Me daba curiosidad saber qué pensaría si le cuento que me he cogido a mis dos hermanas y otra prima pero no me anime a contarle. Pasamos a la sala, puse música y prepare las cubas. Me dijo que pasaría al baño, mientras yo forjaba un porro y servía en una pequeña bandeja 3 líneas de coca y una pipa con crack.

    Ya eran como las 9 pm más o menos. Propuso jugar a verdad o reto. Aunque ya quería meter mi verga en su panochita no apresure nada, al cabo lo estábamos pasando muy bien.

    -verdad o reto- dijo Susy

    -verdad–conteste y le di un shot al tequila

    Me pregunto cual era mi fantasía sexual, lo que mas me calentaba y yo le dije que le diera un shot de puro tequila y me contestó que no quería llegar mal a su casa y le dije que le avisara a sus papas que otra prima nuestra la había invitado a quedarse en su casa o que pusiera cualquier pretexto para seguir disfrutando sin preocupaciones. Entonces conteste a su pregunta y le dije

    -mira primita, te confieso que soy un adicto al sexo, me encanta admirar la belleza de la mujer, sus tetas, sus nalgas, lo sexys y cachondas que pueden llegar a ser, pero lo que me hace fantasear es lo prohibido. Muchas veces me masturbo pensando en las mujeres más cercanas a mi, como tu Susy, ese morbo es mi debilidad, y tú con que fantaseas?

    -como crees primo, yo soy un pan de dios jajajaja

    -pero re bien que le pusiste los cuernos a tu novio, eso no es tan bueno que digamos, primita

    Ella se burló y así seguimos charlando, bailando y perreando y tomando del tequila como si fuera agua. Ya ambos estábamos borrachos ebrios. Estando tan cerca la bese en el cuello, con mis manos rondaba su culo y sus tetas, me quito la camisa y se puso de rodillas y sacó mi verga y la se llevó a su boca chupándola y lamiendo mis bolas y yo disfrutando de lo rico que lo hacía. Me sentó y se desnudó totalmente, me bailaba muy sexy y jugaba con sus tetas. Le gustaba tanto excitarme y sabía cómo hacerlo, me ponía sus caritas de niña buena e inocente y me pregunto curiosa que si también me excitaba con las niñas de mi familia, le dije que si, que obviamente unas me llamaban más la atención que otras por ejemplo ella era muy atractiva y tenía un cuerpo muy agraciado, me dijo que de hecho nuestra familia es de buena genética pues otras primas y hasta las tías están buenas y se conservan muy bien y de hecho si, todas están súper antojables. En eso me pregunto

    -pero de verdad te cogerías a Roxy (mi hermana menor) o a Mariana (mi hermana mayor) o a mi tía Nena (mi madre)?

    -que tiene si están bien buenas y me excitan y además son igual de lujuriosas y calientes que nosotros jajaja

    -te pasas! A poco las haz visto coger?

    -si tú supieras prima, si no te lo digo nomas por decir

    -eres un pervertido yo creo que hasta las espías cuando se bañan

    -a veces si, desde pequeño jaja hasta a ti te había espiado. Ya te dije que encanta verlas semidesnudas por la casa o cuando vamos de vacaciones, hasta parece que lo hacen a propósito

    -quien sabe y a lo mejor si primo, te seducen además mírate, yo creo que eres el más sexy de la familia, cualquiera quiere tener un encuentro contigo, como yo desde hace mucho que te cuando te veo me mojaba fantaseando contigo

    -anda prima pues ahora es cuando, estamos hablando demás

    Le tomo a su bebida y se acercó a la bandeja. Le dije sarcástico que estaba muy chiquita (apenas había cumplido 19 años) y que no le daría permiso de drogarse pero no le importo y tomó la pipa, dijo que nunca había fumado crack y trato de pero no pudo entonces me dijo que la enseñara que al cabo sería solo por esa vez. Le dije como y ambos fumamos, se puso en 4 sobre el sofá y me dijo que se la metiera porque estaba muy cachonda y desesperada por mi verga. Y así cogimos en una y otra posición, me montaba y se movía de lo más rico y entones soltó un gran gemido teniendo el orgasmos, temblaban sus piernas y ver el placer en su cara encantaba y seguí masturbándome para acabar en sus deliciosas tetas.

    Me decía que había sido lo más rico y que jamás había sentido tanto. Y yo ufff extasiado, le dije que me encantaría repetirlo una y otra vez.

    Entonces al cabo de unos 10 minutos seguimos brindando y seguimos charlando un rato, luego me dijo que si no había problema si se metía a bañar. Mientras yo salí a la terraza a fumar. Salió y le aliste una bata de mi hermana. No faltaba mucho para que comenzará a amanecer pero no teníamos sueño.

    A medio día la llamaron y dijo que se tenía que ir, me ofrecí a llevarla pero dijo que mejor tomaría uber. La acompañe a la puerta y nos despedimos normal con un beso en la mejilla.

    Rato después me llego un whatsapp de ella diciendo que el siguiente finde tenía una fiesta una de sus amigas y que si la podría acompañar y una foto de sus tetas (que sé que les encantaría ver) Obviamente no iba a rechazar esa oportunidad de comerme a mi primita otra vez.

  • Madre culona y borracha

    Madre culona y borracha

    Me llamo José Antonio, tengo 18 años y esta historia es algo de la cual no me siento muy orgulloso, pero la tengo que sacar y que mejor forma de hacerlo que en estos lugares. Mi madre es una mujer relativamente bonita, tiene 38 años, es de pelo largo de color negro, ojos negros pechos pequeños, pero de unas piernas y un enorme culo que te mueres de verlo, yo creo que esa fue la razón por la cual mi padre se casó con ella, pues hace 4 años se divorciaron él se fue con una mujer más joven.

    La relación con mi mama desde que tenía 12 años nunca fue buena, pues entre mi adolescencia y los problemas familiares yo siempre estaba enojado con mis papas y ellos conmigo. Después del divorcio, yo me quede con mi mama y rara vez veía a mi papa, desde que recuerdo a ellos dos desde siempre les gusto tomar, desde la ruptura mi mama lo hacía más seguido, unas 2 o 3 veces por semana, lo cual a mí me molesta, pues afortunadamente o desafortunadamente ella tiene su propio negocio junto con una muy vieja amiga suya, así que por lo regular después de cerrar la tienda ella se ponen a tomar y llega en muy mal estado o si no lo hacía en la casa.

    Todo ese resentimiento que le tenía a ella, un día exploto y es algo de lo cual no me arrepiento pues ella se lo gano. Hace como 3 meses atrás mi mama llego muy borracha como de costumbre, como a las 11 de la noche, su amiga casi siempre la viene a dejar como la tienda está a unas 4 cuadras de la casa se viene caminando. -“Hola José buenas noches, vengo con tu mami déjame subirla a su cuarto”, a lo que yo le respondí “si adelante” con ese tono seco y frio, ella subió a mi mama a su cuarto y después la dejo en su cama, bajo, se despidió y se fue a su casa.

    Yo estaba en mi cuarto jugando videojuegos como de costumbre, como a las 5 minutos escuche que algo se cayó en el cuarto de mi mama, pensé que había sido ella y me levante para ver, al asomarme en su cuarto vi que había tirado un alhajero que tenía en su buro junto a la cama, pero ella seguía dormida sobre la cama, al ver acostada me dio coraje me acerque y la vi boca abajo, con toda su ropa, al parecer su amiga no la cambio, ese día llevaba una vestido largo muy holgado que le llegaba hasta la rodilla, ya que esta me dio curiosidad verle las piernas, pues a pesar de saber que mi mama tenía un culazo por el coraje que le tenía nunca tuve un deseo sexual por ella.

    Me acerque a ella y le levante la el vestido sin que ella se diera cuenta pude ver esas tremenda piernotas que traía, le subí el vestido hasta la cintura y vi como llevaba un cachetero de color rojo con encajes en las orillas, que casi se reventaban al contener tremendo culo que tenía, al ver eso me puse como piedra y solo pensaba -“como me gustaría romperte la vagina borracha”, saque el pene y fui a uno de su cajones, tome una de sus bragas y me hice tremenda puñeta con la vista que tenía pues no tenía el valor de tocarla, me corrí como loco esa noche.

    Al día siguiente ella se levantó, desayuno y se fue a trabajar, toda la noche y el día no me podía sacar de la cabeza la imagen de mi madre montada en mi verga, corriéndome una y otra vez dentro de ella. Ese día ella llegó bien a la casa, curiosamente por primera vez quería que llegara borracha pues quería tener otra oportunidad de verla así, para el día siguiente fue fin de semana esos días ella no atiende la tienda se quedó en casa, yo salí con uno amigos, al llegar como a las 9 de la noche ella está tomada en su cuarto.

    Ese día ella traía puesto unos leggings bien pegados, le resaltaba ese tremendo culazo, se le marcaba su braga roja, cuando ella se paró para ir al baño casi se cae, la tome del brazo la lleve y la traje hasta su cama entonces le dije -“Me voy a dormir aquí contigo por si necesitas ir al baño, no quiero que te caigas o algo así “, ella a pesar de estar tomada se le hizo raro -”y ahora desde cuando te importo tanto”, le dije “mejor ya duérmeme”, ella se quedó dormida de lado poco a poco me fui acercando hasta ella hasta que mi pene rozo contra su culote.

    Ese día no podía ver sus bragas o sus pechos pues si le intentaba bajar los leggings se daría cuenta, así que solo me saque la verga y se la talle por todo su culo una y otra vez, cuando estaba a punto de correrme le puse mi pene donde está su conchita y le corrí en ella, sus leggings absorbieron parte de mi semen, después de eso me levante y me fui a mi cuarto. Desde ese día cada vez que veía a mi madre solo pensaba en cogérmela, la forma era clara, que ella estuviera borracha, pero tenía que estar muy muy tomada para que no se diera cuenta.

    El martes siguiente, al llegar de la escuela solo esperaba la hora de llegar de mi madre, pues necesitaba verla y buscar algún pretexto para poder tocar ese culo, como si todo fuera escrito por mi cual película, como a la 1 de la mañana marcaron a la casa, era la amiga de mi mama, que me dijo que estaban muy mal, pues habían bebido tanto que no podía ni pararse, entonces me pido que fuera por ella a la tienda, fui de inmediato, la tome del brazo tome un taxi, a las 4 cuadras siguieren la baje y la subí a su cama.

    Ese día ella lleva un pantalón tipo jeans, así que con el pretexto que se sintiera mas cómoda le dije que la iba a ayudar a cambiar, estaba tan tomada que no pudo ni responder, así que la recosté sobre la cama le quite su camisa y pude ver esos pequeños seños aun firmes me acerque después de ello le baje el pantalón, y vaya sorpresa ese día llevaba una tanga blanca muy chiquita casi minúscula, en ese momento mi pene casi explota, la deje recostar así en la cama solo contemplaba a mi madre en ese erótica posición.

    Yo me quite el pants y me baje el bóxer, y solo dije “hoy me las vas a pagar”, la puse boca abajo tome unas almohadas y las puse debajo de su estómago para que su culo se empinara más, le hice a un lado su tanga y de un golpe sin lubricar le metí toda la verga en su conchita, apenas e hizo un gesto de tan perdida que estaba, esa fue mi primera vez, quien diaria que la primera conchita que probaría sería la de mi madre. La embestí con tanta fuerza que tenía miedo que se despertara, pues de ello le empecé a sobar los pechos, a estas alturas si se despertaba o me daba igual, en voz alta le decía “eso te gusta verdad, así te gusta verdad perra, desde ahora cada que llegues así te voy a coger hasta que mis bolas queden vacías”, después de unos 15 minutos de romperle la concha, no pude más y me vine dentro de ella, en el último empujón se la deje lo más adentro que pude para que toda mi leche se quedara en su panocha.

    Después deje que mi verga se saliera solo cuando se pusiera flácida, la vi una vez más recostada, pero ahora con sus piernas abiertas su tanga de lado, sus senos descubiertos y me leche saliendo de su puchita, suspire y dije “solo fue la primera querida madre”. Después le coloque bien su tanga le puse un short que encontré en su ropa y una playera y me fui a dormir. Al día siguiente ella se paró como a las 12 de la tarde, no fue a trabajar y se quedó en su cuarto todo el día.

    Después de aquella noche, lo único en lo que pensaba era en cogerme a mi mama todos los días, quería que estuviera tomada todo el día para poder hacerle lo que quisiera.

  • Esther y su padre, un incesto inevitable

    Esther y su padre, un incesto inevitable

    Año 1955 – Galicia, en una aldea remota.

    Edelmiro, un hombre de 38 años, alto, moreno y bien parecido, había enviudado y trabajaba en sus huertas de sol a sol para no pensar en lo acaecido un año atrás. Pero lo que tiene querer olvidar es que no se hace más que recordar, y no hacía más que recordar a los cuerpos desnudos de su mujer y del cestero, con cinco agujeros de bala, tres él y dos ella que les había descerrajado el cartero, que también yacía muerto con un tiro que se había metido en la sien.

    No había que ser un lince para saber que el cartero era el otro amante de su mujer, y eso fuera lo que dedujera la guardia civil.

    Ese día Edelmiro estaba poniendo maíz. Era marzo y el sol no llegaba a calentar ni tímidamente, pero él se quitó la camisa y quedó a pecho descubierto enseñando su musculado torso y el vello que había en él. Esther, su hija, una adolescente, morena, rellenita, con media melena, tetas gordas, y con un culo importante, que vestía con una falda negra que le daba por debajo de las rodillas, y que calzaba sandalias de goma sin calcetines, cómo su padre, le dijo:

    -Pon la camisa papá que aún vas a coger una pulmonía.

    -A ver si es verdad y voy para el otro mundo de una puñetera vez y me olvido de todo.

    -No digas tonterías, a mí me haces mucha falta.

    Edelmiro cogió una piedra y se la lanzó a un petirrojo que andaba comiendo gusanos que quedaran al aire al remover la tierra. Miró hacia el monte y luego, secándose el sudor de la frente, miró hacia arriba, y dijo:

    -¡¿Qué coño te hice yo para joderme así, jefe?!

    Esther, se persignó.

    -No juegues con esas cosas, papa, que te pude castigar.

    -¡¿Más?!

    -A Job se lo quitó todo.

    Edelmiro, volvió a tirar otra piedra, esta vez a una urraca.

    -¡Pero Job era un santo, y yo lo que tengo de santo cabe en una cucharilla de café y no la llena!

    -Déjalo, papá, déjalo. Ya se acabó el maíz. ¿Volvemos a casa?

    -Habrá que volver y afrontar de nuevo la soledad de una cama vacía.

    Recogieron las herramientas una hora antes de que anocheciera. Esther, desató la vaca, que estaba apastando en un herbazal y volvieron a casa. Aún tenían que darle de comer a los cerdos, a los conejos, a las gallinas, ordeñar a la vaca, ducharse, y después, escuchando la radio, cenar al calor de la cocina de piedra.

    Acabara de cenar. Esther, le daba vueltas al pequeño mango del molinillo para triturar los granos del café de contrabando. Cantaba en la radio Manolo Escobar la canción Madrecita María del Carmen, le dijo a su padre.

    -Tenemos que hablar, papá.

    Edelmiro, echando picadura en un papel de fumar, le preguntó:

    -¿De qué quieres hablar, hija?

    -De sexo.

    Le pasó la legua al papel, lo lió, y le dijo:

    -De esas cosas mejor que hables con tu abuela.

    -Ya quise hablar y cogió la escoba… Es que me asusté al quedarse preñada mi amiga Pili y…

    Aquellas palabras cambiaban la cosa. Se levantó, fue a la cocina, encendió el pitillo con una brasa, y le dijo:

    -A ver. ¿Qué quieres saber, hija?

    Esther, abrió el cajoncito del molinillo, y antes de hacer los cafés, le preguntó:

    -¿Le echo cascarilla y lo reparto para más veces?

    -No, hoy lo vamos a tomar solo.

    Esther, volvió al tema del sexo.

    -¿Por qué me estoy excitando solo de saber que vamos a hablar de sexo?

    -No lo sé, no soy médico. ¿Qué quieres saber para no quedar preñada?

    Hizo los dos cafés en tazas grandes de barro. Al del padre le echó un generoso chorro de aguardiente.

    -¿Cómo es el miembro de un hombre?

    -Cada hombre la tiene diferente.

    -¿Es verdad que echa leche? Es que me dijo Carmiña que esa leche es la que preña a las mujeres.

    -Y lo es, pero si no haces nada hasta la noche de bodas no tendrás ese problema.

    Esther, estaba colorada, y no era por tomar el café caliente.

    -¿Si no dejo meter?

    -Sí, si no le dejas meter.

    -La Morocha tiene doce hijos y dicen que se queda preñada hasta con el olor de los calzoncillos.

    A Edelmiro le dio la risa.

    -Eso es una tontería, tiene hijos porque se acuesta con su marido y le dan al tema.

    -Joden.

    Edelmiro, la reprendió.

    -¡No seas bruta!

    -¿Los hombres le comen el coño a las mujeres?

    -¡Ala! ¡¿Qué parte de no seas bruta no entendiste?!

    Esther no iba a parar hasta que la sacase de dudas.

    -¿Se la comen?

    -¡Y vuelve la burra al trigo!

    -¿Comen?

    -Eso nada tiene que ver con lo de quedarse preñada, pero. ¿Por qué me preguntas eso?

    -Porque Amalia le dijo a su marido: “Con el coño tan bonito que tengo no sé porque me comes la cabeza.”

    Edelmiro, tomó un sorbo de café, y mirando a los ojos a su hija, le preguntó:

    -¿Estaban discutiendo o acaramelados?

    -Acaramelados.

    -Son cosas que se dicen los recién casados.

    Lo dicho, no iba a parar de preguntar hasta que la sacase de dudas.

    -¿Pero los hombres le comen los coños a las mujeres o no?

    Edelmiro seguía rehusando responder a una pregunta tan directa. Le echó una calada al pitillo, y le dijo:

    -Déjalo, hija, déjalo.

    -Si no dicen que no es que sí. ¿Cómo hacen para comérselo?

    Edelmiro quiso ejercer su autoridad.

    -¡Hasta aquí hemos llegado! Tus preguntas nada tienen que ver con lo de quedar preñada.

    -¿Para qué se lo comen?

    -Ya lo sabrás a su tiempo.

    Esther, que llevaba puesto un jersey de color rojo que marcaba sus gordas y redondas tetas, se limpió con un dedo una gota de café que le cayera sobre un pezón, y bajando la cabeza de nuevo, le dijo:

    -Eso es lo que me fastidia, llegar un día a hacerlo con mi marido y no saber que hacer ni que me va a hacer.

    Edelmiro se dejó llevar por la situación.

    -A ver, hija, a ver. ¿Te acuerdas cuándo me dijiste que mojaste la cama al sentir un placer inmenso?

    Esther, levanto la cabeza, y sonrió.

    -Sí, no volví a sentir un gusto tan grande.

    -Pues a eso se le llama correrse. El hombre le come la Chirla a mujer para que se corra… Pero vamos a lo importante… Si al acostarse con ella se corre dentro de su almeja la mujer se puede quedar preñada. ¿Cómo te quedaste?

    -Mojada, papá, muy mojada.

    Edelmiro, echó el último trago de café, y le dijo a su hija:

    -Aquí se acaba la lección, Esther. Recoge y vete para cama.

    Esther, sin rechistar, recogió la mesa, le dio un beso en la mejilla a su padre, y le dijo:

    -Te quiero, papá.

    -Y yo a ti, hija. Hasta mañana.

    -Hasta mañana, papá.

    Ya en su habitación, Esther, se desvistió, se quitó las bragas mojadas y limpio el coño con ellas. El cuerpo se le estremeció, pero cómo no sabía masturbarse, se puso otras bragas y un camisón, se metió en cama y al rato se quedó dormida.

    Edelmiro se fue para cama una hora más tarde con una buena borrachera de aguardiente.

    Desde aquella noche, Esther, miró a su padre con otros ojos, con los ojos de una adolescente enamorada. Lo veía cómo a un Adonis. Era el más alto, el más guapo, el mejor… Pensaba en sus besos al acostarse, al levantarse y la mayor parte del día.

    Edelmiro sabía que su hija sentía algo más que cariño por él. Lo notaba en sus sonrisas, en sus miradas… Una noche, tomando café de nuevo, Esther, Bajó la cabeza, y vergonzosa, le dijo:

    -Te quiero, papá.

    Edelmiro la veía venir y mirando al techo, quiso desviar la conversación.

    -Hay que limpiar las telas de araña o las ocho ojos nos acabaran comiendo cómo si fuéramos moscas.

    Esther, levantó la cabeza, puso sus manos alrededor de la taza de barro, y le pregunto:

    -¿Me quieres, papá?

    -Claro que sí, hija, te quiero mucho.

    -¿Me querrías en tu cama?

    Edelmiro, miró para su hija. Era un cuadro de su madre a esa edad. Le dieron ganas de llorar, pero se contuvo.

    -No digas tonterías, hija.

    Esther, mirando a su padre a los ojos, le dijo con dulzura:

    -Estoy enamorada de ti, papá.

    Edelmiro se sentía halagado y al mismo tiempo sucio por no querer parar la conversación.

    -Lo que estás es confusa, Esther.

    -No, no estoy confusa. Quiero tener un hijo tuyo.

    Ahora sí que se alarmó. La conversación cogía un camino demasiado peligroso.

    -¡¿Estás loca?!

    Esther seguía hablando con voz dulce.

    -Estoy enamorada, papa. Quiero que estemos juntos para siempre.

    -¿Qué voy a hacer contigo? A ver, hija, a ver. Juntos vamos a vivir hasta que encuentres al hombre de tu vida.

    -El hombre de mi vida eres tú.

    Esther se levantó, fue al lado de su padre y le acarició el cabello.

    -Yo soy tu padre, cariño.

    Le cogió el lóbulo de una oreja con dos dedos

    -Y mi amor.

    Le dio un beso en la comisura de los labios. A Edelmiro le llegó el olor a jabón de sales de la Toja. No quería, pero por dejarse ir su miembro se le puso duro.

    -Y todo esto viene porque te dije que los hombres le comen el coño a las mujeres para que se corran. ¿A qué sí?

    -No, yo te amo desde que me hice mujer. Ya tenía celos de mi madre. ¿Me dejas ver tu miembro?

    -Te voy a mandar para la casa de tus abuelos cómo sigas por ese camino.

    Esther, era una ingenua, cómo todas las aldeanas adolescentes de los años 50 del siglo pasado, pero de tonta no tenía nada. Le dijo:

    -No, no me mandarás. Te hago falta para cuidar a los animales y para trabajar las huertas.

    -¿Qué voy a hacer contigo?

    -Déjame ver tu miembro y hazme cosas ahí abajo

    -¡Oyoyoyoy! Me va a pesar, pero… Vamos a hacer una cosa. Te dejo ver mi polla, pero con una condición.

    -¿Cuál?

    -Que de día vivas aquí y de noche duermas en casa de tus abuelos.

    -¿Y me harás cositas ahí abajo? Ya estoy mojadita.

    -No, solo te dejo ver cómo es una polla.

    -Vale, acepto.

    Edelmiro abrió la bragueta de pantalón y sacó la verga.

    -¡¡Es cómo un pepino con cabeza!!

    -Ala, ya la viste.

    -Deja que la vea más de cerca.

    Esther, se agachó, le tocó con un dedo en el meato y se salió lleno de aguadilla.

    -Tú también te mojas, papá -le cogió la polla con una mano y la piel de la cabeza se le fue para abajo-. ¿La leche sale por este agujerito? -le tocó el meato otra vez con otro dedo- ¿Sale?

    Edelmiro estaba tan cachondo que se echó el alma a la espalda.

    -Sí, hija, sale, y cómo me sigas tocando va a salir.

    Esther, quiso saber a qué sabía la aguadilla que salía de la polla de su padre. Pasó la lengua por el glande.

    -Sabe raro. No sé a qué, pero sabe raro. ¿Sabe así la leche?

    Esther ya había puesto perro a su padre.

    -¿Quieres saber cómo sabe la leche? Si quieres saberlo, chupa la polla, hija.

    No se lo tuvo que decir dos veces. Esther metió el glande en la boca. Edelmiro movió el culo de abajo a arriba y de arriba a abajo, y en nada comenzó a correrse en la boca de su hija. Esther no sabía mamar, pero sí tragar, y se tragó toda la corrida sin que se derramara una sola gota.

    Al acabar de tragar, le dijo

    -Tampoco sé a qué sabe.

    -¿No sabrá a leche de hombre?

    -¡A eso sabe!

    -¿No te sientes mal después de lo que hicimos?

    -¡¿Mal?! Estoy caliente, caliente, caliente… Tengo la almejita que se me abre y se me cierra, y las bragas, las bragas las tengo encharcaditas.

    -Necesitas correrte, hija.

    -Creo que sí, que eso es lo que necesito.

    Edelmiro se levantó y besó con lengua a su hija. Ester no sabía besar pero le correspondió a su torpe manera… Después se quitó el jersey. Sus tetas quedaron al aire. Eran grandes, redondas, con areolas marrones y pezones grandes, gordos y duros. Se las magreó, chupó y lamió. Esther no paraba de gemir, parecía que se iba a correr solo con trabajarle las tetas. Edelmiro, minutos más tarde, le quitó la falda y después las bragas encharcadas, tal y como le dijera. Al lamerle el coño, se estremeció. Bastaron una decena de lametadas, para que todo el cuerpo de Esther comenzase a temblar, y se corrió, se corrió como unas de esas chicas de manga o de anime… Su coño parecía una cascada echando jugos, y cómo la lengua de su padre no daba abasto para tragar lamiendo cómo un perro, cantidad de jugos le bajaron por el interior de los muslos.

    Al acabar de correrse, besó a su padre, y le dijo:

    -Te quiero, te quiero, te quiero, amor mío.

    -Y yo a ti hija, pero por lo que acabamos de hacer moriremos en pecado.

    -Donde hay amor no hay pecado, padre.

    Lo cogió de la mano.

    -¿A dónde quieres ir?

    -A mi habitación.

    -¿Para qué?

    -Para que me enseñes a correrme tocándome -lo besó sin lengua-. Oí decir…

    Imaginó lo que oyera decir.

    -¿Quieres que te aprenda a masturbarte?

    -¿Eso es lo que llaman hacer la pera?

    -Te enseño a tocarte y se acabó. Mañana no volveremos a hablar de esto.

    Esther, puso morritos.

    Lo volvió a besar, esta vez con lengua.

    -Pero es que yo te amo, papá.

    -Lo tomas o lo dejas.

    -Lo tomo, amor mío, lo tomo.

    Ya en la habitación, le dijo Esther a su padre:

    -Desnúdate, papá. Quiero ver a un hombre desnudo.

    Edelmiro, se desnudó, se echó al lado de su hija, que estaba boca arriba sobre la cama, y le dijo.

    -Cierra los ojos y piensa en un chico que te guste.

    -Ya.

    Le cogió la mano, le apartó dos dedos y se los metió en la boca, los sacó y se los puso encima del capuchón del clítoris.

    -Acaricia el clítoris de abajo a arriba, hacia los lados y alrededor e imagina que ese chico te está besando.

    -Bésame, papá.

    Edelmiro besó a su hija con lengua unos minutos.

    -Ahora imagina que te está magreando y comiendo las tetas.

    -Cómeme las tetas y magrealas, papá.

    Edelmiro disfrutó de las maravillosas tetas de su hija, el doble de tiempo del que disfrutó de su boca.

    -Ahora mete los dedos dentro de tu coñito, y fóllalo.

    Metió los dedos y se folló el coño mientras su padre la besaba, y le comía las tetas. Pasado un tiempo le dijo:

    -Creo que me voy a correr, papá.

    Imagina que ese chico te mete la polla en el coño.

    -Métemela, papá.

    -Es el chico el que te la tiene que meter…

    -Tú eres en quien estoy pensando.

    Edelmiro, que tenía un empalme brutal, se echó encima de su hija y se la metió. Entró muy, muy apretada, pero Esther estaba tan cachonda y tan mojada, que no sintió dolor. Disfrutó de cada centímetro de polla que entró en su coño.

    Ni cinco minutos tardó en correrse.

    -¡¡¡Me corro, papa!!!

    Edelmiro, sintiendo como su hija temblaba debajo de él… Sintiendo cómo el estrecho coño apretaba su polla y la bañaba de jugos y cómo gemía de placer, no pudo evitar comenzar a correrse. Quiso quitar la polla, pero Esther apretó las nalgas de su padre contra ella… Con la polla enterrada hasta el fondo, Edelmiro, comiéndola a besos, llenó de leche el coño de su hija.

    Esa noche, no quedó preñada, esa noche.

    Quique.