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  • Pagué caro mi infidelidad

    Pagué caro mi infidelidad

    Mi nombre es Carlos y tengo 38 años y mi mujer tiene 35, tenemos 9 años de vivir juntos y me gustaría contarles que mi mujer de piel blanca, con una estatura promedio, tiene unas tetas muy grandes y un culo enorme, pero hace seis meses la engañé con una amiga del trabajo y mi mujer se dio cuenta.

    Nuestra relación casi se termina, pero hablamos y tuve que pedirle perdón y ella aceptó. Pero hace dos meses, en una ocasión que estábamos haciendo el amor ella me dijo que no lo había olvidado y que quizá algún día me lo haría pagar, algo a no le puse atención.

    El fin de semana recién pasado fuimos a una fiesta de unos amigos en común. En la casa de nuestros amigos había muchas personas y estábamos bebiendo y mi mujer estaba muy a gusto bailando con unos amigos. Ese día ella llevaba puesto un pantalón blanco muy ajustado y una camisa color negro y por momentos se le veía su hilo dental rojo.

    La verdad a muchos de los presentes se les salían los ojos al verla y eso me dio mucho morbo, pero como a la medianoche le perdí la pista y le llame a su celular y no me contestaba y decidí buscarla y le pregunté a una de sus amigas y me dijo que no me preocupara que le dolía un poco la cabeza y se había acostado en su cuarto, a lo que yo creí, pero me preocupó.

    Subí a la segunda planta a buscarla y los 4 cuartos que tienen en esa casa estaban con llave y decidí buscar en el último y había una media luz encendida y abrí con mucho cuidado y mi sorpresa fue ver a mi mujer desnuda y mamándole el pene a un tipo que nunca había visto y me dio mucho coraje.

    Me fui a beber mucho, más luego de un rato me escribió y me dijo que quería irse a casa. Decidí subir nuevamente y cuando llegué al cuarto el tipo le estaba dando por el culo y mi mujer me dijo “ahora sí pagaste todo lo que has hecho”.

    Y me fui de la fiesta y la dejé ahí.

    Ella llegó borracha en la madrugada y me busco en la cama y me dijo “que sentiste al verme así”.

    Tuve muchos sentimientos encontrados, pero aproveche y me la lleve a la sala de mi casa y le di una cogida por todos lados y ella solo gritaba y sonreía.

    Después de eso no hablamos nada al respecto y no sé qué pasará con nuestra relación.

  • Masaje tántrico (3)

    Masaje tántrico (3)

    Otra vez por acá para contarles otra historia sobre mis aventuras en el salón de masajes. Esta vez me sentía más aventurero y quise probar el masaje tántrico a cuatro manos. Escribí al WhatsApp del salón y pregunté directamente por Alexa, me respondió que si estaba disponible y pregunté si ella hacia el masaje a cuatro manos. Me dijeron que le consultarían. Unos minutos después me respondieron que sí y pregunté qué otras masajistas podían hacerlo con ella, volvieron a dejarme en espera, imagino que le consultarían con quien lo podía hacer. Al rato me respondieron que Alexa les había dicho que ya tenía a la chica en mente. Pregunte si tenían foto y me mandaron la foto de una chica muy guapa, con bonito cuerpo, blanquita. Me dijeron ella es Brenda, es colombiana. Acepté de inmediato y separé mi cita. Me dijeron, el costo es de 200 soles, les dije que no había problema. Me dijeron que tendría que ser al día siguiente a las 9 am. Acepté.

    Al día siguiente volví a encontrarme frente al local y llamé, esta vez me respondieron que aún no llegaban las chicas y si podía esperar un poco, les dije que sí, que no había problema y comencé a caminar por el lugar, entraba a tiendas sin saber que buscar, miraba por mirar. Cuando salí de una de ellas, vi a Alexa llegar. Estaba vestida con un leggins negro pegado que hacía resaltar su hermoso culo y un top pegado a esas grandes tetas que dejaba ver su plano abdomen. La vi entrar y volví a llamar. Me contestaron y les pregunté si ya habían llegado, les dije que, por favor, quería sentarme. Me dijo que había llegado una de ellas y que ya me abrirían. Me abrió Alexa. Entré y se sorprendió al verme.

    – Hola papi, tanto tiempo, pensé que no te había gustado y me habías cambiado por otra – me dijo sonriendo.

    – No, ¿cómo crees? Sino que he estado un poco ocupado con el trabajo y no he tenido tiempo – dije mientras me acercaba y le pegaba mi cuerpo al suyo. Quedé frente a su cara y me atreví a darle un beso en los labios. Me lo acepto.

    – Mi amor, sabes que no se puede, pero por esta vez te lo dejare pasar. – me dijo guiñándome el ojo. – siéntate, esperemos un ratito que llegue mi amiga.

    Me senté sonriendo, empezamos a conversar, de cosas cotidianas, me pregunto qué hacía, yo a ella cuanto tiempo tenía haciendo esto. Cosas normales. Como a los 10 minutos llegó Brenda. Venia vestida con una minifalda pegada, se le notaba un culo casi tan rico como el de Alexa. Tenía una blusa corta con el escote abierto que dejaba mostrar un poco las tetas con un sostén rosado. La imagen era divina.

    – Hola – me saludó con un beso en la mejilla y un abrazo un poco distante, también saludó a Alexa, pero más cariñosamente – disculpen la demora, el tráfico – se disculpó.

    – No te preocupes, valió la pena la espera – le dije sin cortarme mientras la miraba de arriba abajo sonriendo.

    – Uy papi, veo que vienes envalentonado – bromeó Alexa.

    – Disculpa el atrevimiento, pero vengo imaginando esto desde ayer – dije sonriendo.

    – Bueno, manos a la obra entonces – dijo Alexa, mostrándome el pasillo – ya sabes dónde está todo y que tienes que hacer, nosotras nos alistamos y esperamos que nos avises.

    – Ok – dije y me fui.

    Entré al cuarto, todo estaba igual que antes, me desnudé y me acosté boca abajo.

    – Preciosas ya estoy listo – dije sin pensar.

    – Ya mi amor, ahorita vamos – respondió Alexa – nos estamos poniendo sexys para ti.

    Esperé unos minutos pensando en lo que me había dicho Alexa cuando le pregunté por Brenda mientras la esperábamos en la salita.

    – Y ¿quién es la chica que vendrá? ¿La conoces mucho tiempo? – pregunté.

    – Se llama Brenda – comenzó a contar – es una chica que conozco hace unos años, también es masajista, es muy buena y nos llevamos muy bien, sabes que para este tipo de masajes es bueno que nos conozcamos y nos llevemos bien, así se hace mejor el masaje y es más placentero.

    – Ah ok – atine a responder – y ¿ya has hecho este tipo de masajes con ella?

    – Si – respondió – un par de veces. Y la verdad que fue muy excitante. También lo he hecho con otras chicas, pero no es lo mismo. Si no hay confianza, no sale tan bien.

    – Y ¿ella es así tan “suelta” como tú? – se me ocurrió decir, sin encontrar mejor palabra.

    – ¿“Suelta”?? te refieres a ¿si es tan zorra como yo? – dijo riendo.

    – Bueno, no quería decirlo de esa forma, pero si – bromeé también.

    – Si, las veces que lo hemos hecho, no se ha cortado con nada – respondió – pero déjame llevarla yo, para que entre en confianza. ¿Hoy trajiste plata para los extras? – me preguntó mientras sobaba mi pierna.

    – No – dije con pena – esta vez solo quiero el masaje como sabes hacerlo tú. Pero uno de estos días si te voy a pedir para hacer de todo.

    Después de haber escuchado eso, yo estaba a mil, ya quería que llegue y cuando llegó, me puse peor, al ver lo buena que estaba. Quería que empiece ya. Estaba a mil.

    Al rato se abrió la puerta y entraron este par de bellezas, despampanantes, ambas con ropa interior sexy, se veían divinas. Eran muy parecidas físicamente, salvo que Alexa era morena y Brenda más blanquita. Además, Brenda era más bonita de cara. Alexa era guapa, pero Brenda era hermosa.

    Se pararon detrás de mí y pusieron música, comenzaron a hacer un pequeño baile juntas, se pasaban las manos por todo el cuerpo. No me pude contener y me di la vuelta.

    – Disculpen, pero esto lo tengo que ver bien – dije al voltearme.

    – Wow papi – dijo Alexa – ya vienes avanzado – dijo mirando mi pene erecto – habrá que poner un buen show entonces – dijo mirando y sonriendo a Brenda.

    Brenda sonrió también, pero aún no decía nada. Parecía no entrar en confianza aún. Siguieron con su baile y poco a poco se iban acercando más. En un momento, estaban cara a cara y Alexa le hizo una seña con la cabeza, Brenda asintió y comenzaron a darse un beso muy ardiente mientras se sobaban las tetas y el culo. Parecía que se iban a poner a tirar en ese momento. No lo podía creer.

    – Pensé que no se podía dar besos en la boca – solté sin pensar, cuando me di cuenta, temí que lo dejaran de hacer.

    – Entre nosotras si pues papi – me sorprendió Brenda con voz de puta – pero si te portas bien te podemos incluir – dijo para mi sorpresa.

    – Uy papi, ya se soltó la niña, no sabes lo que te espera – bromeo Alexa – y tú ya sabes que yo cumplo lo que prometo – dijo guiñándome un ojo.

    – Bueno, no se diga más – atiné a decir – Uds. sigan en lo suyo, que yo me quedo acá obediente – bromeé.

    Rieron y continuaron con su baile. Comenzaron a quitarse la ropa interior una a la otra. No podía creer lo que estaba viendo. Tenía a dos mujeres hermosísimas al frente mío, desnudándose una a la otra y besándose como locas, se masajeaban los senos, se los besaban. Luego Brenda se dio la vuelta, se inclinó un poco y Alexa comenzó a darle leves palmadas en ese culo hermoso. Se detuvieron y con la mano Alexa me hizo una seña para que me dé la vuelta. Iba a empezar lo bueno, pensé.

    Se arrodillaron una a cada lado, por el espejo podía verlas a las dos, comenzaron a masajear mi espalda, mientras yo, sin perder el tiempo coloque mis manos en sus muslos. Ambas tenían la piel suave, pero los muslos de Brenda eran más grandes y duritos. Se sentía muy bien, siguieron masajeando toda mi espalda y mis nalgas. Yo seguía en sus muslos y trataba de llegar a sus nalgas, pero solo llegaba al borde. No me gustaba estar boca abajo, era más difícil verlas y poder tocarlas a placer. Un rato después, se inclinaron ambas y me frotaron sus tetas en la espalda. Lo hacían coordinadamente, ahí entendí a lo que se refería Alexa sobre conocerse bien. Se notaba que estaban en sincronía. Se sentía muy bien tener cuatro tetas frotándose en mi espalda.

    Después de un rato, se levantaron y se pusieron encima de mis piernas. Sentía sus vaginas calientes y húmedas en mis pantorrillas. Después del baile que hicieron y lo calientes que estaban, pensé que seguro deben haber tenido un encontrón en algún momento. Comenzaron a frotarse en mis piernas, luego sus tetas se aplastaron en mis nalgas y sus manos frotaban mi espalda y el costado de mi pecho. Definitivamente el masaje a cuatro manos se sentía más completo, tener a dos mujeres masajeándome era espectacular, no dejaban ni un espacio sin tocar.

    Siguieron así un rato, hasta que se levantaron y Brenda se sentó en la parte baja de mi culo mirando hacia mis pies, por el espejo podía ver ese hermoso culo. Alexa espero unos segundos para dejarme apreciar ese monumento y se sentó dándole la espalda a ella. Comenzaron a frotarse dejando mis nalgas entre ellas, se sentía delicioso. Un momento después, Brenda posó sus tetas en mis piernas, que ella misma había juntado, y Alexa se acercó a mi oído poniendo sus tetas en la espalda, me lamia la oreja y la mordía mientras ambas se frotaban por todo mi cuerpo.

    – ¿Qué te parece bebe? – susurró en mi oído Alexa – te gusta mi amiga ¿no? Vas a ver que te lo vas a pasar genial con nosotras dos.

    Yo estaba con la cabeza hacia un lado mirando por el espejo del costado como Brenda frotaba sus tetas en mis piernas, cuando de repente vi la cara de Alexa al costado de la mía. Acerco su boca a la mía y saco la lengua, lamiendo mis labios. Volteé más mi cabeza buscando su lengua, pero ya se había levantado. Seguían ambas sentadas encima mío, cuando sentí la mano de Brenda tocándome los testículos. Metió toda su mano debajo mío y me sobó la pinga con fuerza.

    – Que rica pinga tiene el señor – dijo Brenda con voz calentona.

    – Papi, ya la calentaste a la niña – dijo Alexa – ya se soltó.

    – Y uds a mi preciosas – respondí excitado – estoy deseando tenerlas de frente para tocarlas toditas.

    – Bueno date la vuelta entonces – dijo Alexa mientras se paraban.

    Me di la vuelta y la imagen fue espectacular, las tenía a las dos, abiertas de piernas encima mío, ambas se abrían ligeramente los labios vaginales mostrándome sus conchitas cerca de mi cara. Solo podía sobarles las piernas y cuando trate de levantarme para sobarles el culo y tener más de cerca esas conchas, Alexa puso el pie en mi pecho y empujo.

    – Tranquilo bebe – dijo – recuerda que te tienes que portar bien.

    – Si mi ama – solté, sintiéndome estúpido al instante, ellas rieron y bajaron para ponerse nuevamente una encima de cada pierna.

    En esa posición tenía una gran vista a sus tetas, no estaban a mi alcance, pero se veían hermosas. Comencé a sobarles los muslos mientras se frotaban en mis piernas. Sentía sus húmedas vaginas mojándome los muslos, luego vi que se besaban, se metían las lenguas dentro de la boca y se tocaban las tetas. Era increíble.

    Fueron bajando sin dejar de besarse hasta que sus caras llegaron a mi pene, se separaron y comenzaron a pasar sus lenguas por los costados de mi pene. Alexa lo agarro y lo comenzó a sobar, Brenda me sobaba las bolas. Estaba en el paraíso. Sus tetas se sobaban en mis muslos y sus conchas quedaron a la altura de mis pies. Comencé a mover mis dedos y traté de tocar sus conchas con mis pies, era incomodo, pero podía sentir lo mojadas que estaban. Luego volvieron a levantarse, y se colocaron una a espaldas de la otra, estaban otra vez Alexa frente a mí y Brenda dándome la espalda. Colocaron mi pene entre ellas, de tal modo que quedaba atrapado entre sus nalgas, comenzaron a moverse, de atrás para adelante.

    Con Alexa de frente, aproveché la situación y comencé a sobarle las tetas, estaban tan ricas como las recordaba. Mi pene seguía prisionero entre sus nalgas, sentía que me quería venir, pero quería seguir disfrutando. Brenda me frotaba sus tetas en los muslos. Alexa tomo una de mis manos, se la llevo a la boca y lamio mis dedos, seguía masajeándole una teta con la otra mano. Hasta que Alexa comenzó a bajar mi mano y la llevo a su concha para que le frote el clítoris. Comencé a frotarle la concha, estaba mojada. Seguían moviéndose, y Alexa se acercó a mi oído.

    – Que rico papi, ¿te gusta? – susurró Alexa, mientras Brenda seguía frotándome sus tetas – primer premio bebe – dijo mientras me daba un beso muy caliente en la boca, introducía su lengua y masajeaba la mía.

    Se levantaron ambas y se pusieron una a cada lado mío, ambas comenzaron a masturbarme suavemente mientras yo metía dos dedos en la concha de Alexa, ella gemía y Brenda tomó mi mano y la puso en la entrada de su vagina. Comencé a meterle dedo a ambas, gemían y para mi sorpresa, Alexa acerco su cara a mi pene y comenzó a metérselo en la boca, que rico mamaba, se sentía como mojaba todo el pene y lo succionaba, Brenda que, al parecer aun no entendía los límites permitidos, parecía que veía lo que hacía Alexa y trataba de hacer lo mismo o algo parecido al menos. Se acercó a mí y me comenzó a besar en la boca, besaba mejor que Alexa. Estaba yo, acostado con dos hermosas mujeres, metiéndoles dos dedos ya en las conchas, una de ellas me chupaba la pinga y la otra me estaba besando la boca,

    – ¡Oh por dios! Esto es el paraíso – solté completamente agitado por la excitación, apenas Brenda dejó de besarme – van a hacer que me venga.

    – Ya papi, deja salir toda tu lechita – dijo Alexa sacándosela de la boca y masturbándome con más fuerza.

    Brenda comenzó a masajearme los huevos, con una mano y la otra me sobaba el pecho. Alexa me masturbaba con una mano y la otra también sobaba mi pecho. Yo seguía jugando con sus conchitas. Ellas gemían. Hasta que ya no aguanté más y dejé salir todo, se asombraron de la fuerza con la que salía, y la cantidad era gigantesca.

    – Papi, cuanta leche – dijo Brenda – si sigues moviendo esos dedos, seguro que nos venimos nosotras también.

    – Lo que Uds. ordenen – comencé a acelerar los movimientos de mis dedos, sentía como se contraían y se mojaban más.

    – Si– gritó primero Brenda – que rico, me vengo.

    Mojó toda mi mano y se desplomo a mi lado. Alexa seguía gimiendo, pero se levantó, pensé que ya no querría seguir, pero para mi sorpresa y la de Brenda, se arrodillo encima de mi cara.

    – Segundo premio papi, chúpamela hasta que exploté – me dijo totalmente excitada, yo no lo podía creer, pero ni lo pensé dos veces y comencé a lamer. – que rico, sigue papi, sigue.

    – Esto se descontroló un poquito ¿no creen? – dijo riendo Brenda. Aun agitada por su corrida.

    Seguí lamiendo hasta que sentí como ella movía sus caderas frotando su concha con mi cara. Le apretaba las tetas mientras la lamia. Brenda me comenzó a limpiar la pinga con pañitos húmedos. Toda esta excitación hizo que se me vuelva a poner dura.

    – Bueno, ya que están distraídos por ahí, probare esta pinga que ya se puso dura – dijo Brenda mientras se la metía en la boca.

    – Si papi, ahí, ahí, me vengo – gritó Alexa mientras me embarraba la cara con sus jugos.

    Se recostó a mi lado, abrazándome, con sus tetas apoyadas al lado de mi pecho. Brenda dejo de chupármela e hizo lo mismo que Alexa. Estaba acostado, abrazando a dos bellezas, completamente desnudas, satisfechas, agitadas. Yo no podía contener mi erección. Ambas tomaron mi pinga en sus manos y comenzaron a masturbarme, mientras pegaban sus tetas a mi cuerpo y comenzaron a besarme en la boca. Se turnaban o intentábamos el beso de a tres, un poco incómodo, hasta que simplemente sacamos nuestras lenguas para lamernos. Fue demasiado para mí y me vine de nuevo. Esta vez no salió tanta leche como la primera, pero si con la misma fuerza.

    Nos quedamos recostados un momento más. Luego se levantaron y comenzaron a limpiarme. Y a limpiarse ellas. Comenzaron a preguntarme que tal lo había pasado.

    – ¡Fue espectacular! Tiempo que no me venía dos veces seguidas – dije – ¿Uds. que tal la pasaron?

    – Riquísimo papi – se adelantó Alexa – pero recuerda que prometiste que para la próxima la tendré adentro.

    – Claro que sí, prometido – atiné a decir, tratando de ver la reacción de Brenda.

    – Bueno, si es así, yo también quiero – dijo Brenda – sabe tan rico, quiero saber cómo se siente dentro.

    – Bueno, pero mejor que no sea acá – dijo Alexa – primero que son muy estrictos con estas cosas, ya nos arriesgamos mucho hoy – continuó, sin entender a donde iba – además que cobran extra. Que te parece si te damos nuestros números y cuando.

  • Mi mujer Julia y mi cuñada Rosa

    Mi mujer Julia y mi cuñada Rosa

    Continuando con mi cuñada Rosa seguíamos follando cuando teníamos oportunidad.

    Un día al llegar de trabajar mi mujer Julia me dijo que tenía que hablar conmigo de su hermana Rosa, le pregunte que pasaba, me preguntó por nuestras relaciones sexuales si seguíamos follando como cuando dormíamos en su casa, si seguíamos siendo tan fogoso, que nos oía hacerlo y me envidiaba porque jamás había gozado con Ramón como gozábamos nosotros.

    Mi mujer no supo qué decirle, pero peor fue cuando le pidió sí podía pasar una noche conmigo, mi cuñada ya se acostaba conmigo, pero quería que su hermana le dejara una noche. Se lo suplicó por todo y mi mujer al principio le dijo que si estaba loca, por favor quiero sentirme mujer una vez, Ramón no me ha hecho correr nunca ni gozar como gozas tú con Antonio. Y le dije que hablaría contigo y si decías que no pues eso sería, después de unas cuantas negativas le dije que sí lo haría por ella pero que tenía que estar también ella, me dijo que de acuerdo. Ese fin de semana nos fuimos para la aldea, mi cuñada nos había dicho que ese fin de semana mi cuñado se iba a otra reunión de trabajo.

    Cuando llegamos fuimos directos a casa de Rosa nos abrió la puerta mi cuñado.

    Pasar ya me dijo Rosa que os ibais quedar con ella este fin de semana, pero bueno lo pasaremos los 4 que al final suspendieron la reunión y no me voy. Después de cenar nos quedamos charlando y bebiendo estábamos un poco cargados de alcohol, Ramón no bebía nunca.

    Antonio te puedo preguntar algo, claro Ramón dime es algo íntimo, no es problema dime. Como es Julia en la cama, no entendía a qué venía eso, no entiendo en qué sentido preguntas Ramón.

    Sí le comes el como si te la chapa, si te cabalga ella si le gustan otras posiciones. Es algo íntimo Ramón, perdona Antonio, era por saber si era igual que su hermana una tabla en la cama.

    Ramón te voy decir algo que no se entere Julia que te lo conté, Rosa será una tabla, pero Julia es una artista en la cama.

    Ya me lo imaginaba, las veces que dormisteis aquí y lo hacíais la oía gozar y a ti también y me imaginaba que era yo el que la estaba haciendo gozar, joder mi cuñado se ponía cachondo imaginándome que follaba con Julia cuando lo hacíamos, que no te parezca mal Antonio, Rosa es una mujer estupenda, pero en la cama es de las de sota, caballo y rey (esa Rosa no es la que yo conozco, pensaba yo). Antonio te voy contar algo que no se puede enterar nadie, cuando voy de reunión a Madrid aprovecho para follar y hacer lo que no puedo hacer con Rosa sería cosa de que hablaras con ella de esto y le dijeras lo que te gustaría hacer en la cama.

    Que no nos invitas a unos chupitos a nosotras, claro que sí. Mi mujer y mi cuñada no bebían nunca, con dos chupitos de crema de orujo ya estaban contentas y empezaron las dos a tontear conmigo, mi cuñado se reía con la borrachera y en un momento mi mujer se acercó a él y le hizo cosquillas y le preguntó de que te ríes tú, el seguía riéndose cuando de repente le da un beso en los labios a mi mujer.

    Julia, perdoná es el alcohol, no sé lo que hice, mi mujer le puso un dedo en los labios para que no dijera nada, y le dio ella un beso en la boca, Ramón no sabía que hacer mi mujer empezó a magrearle la polla por encima del pantalón, yo no sabía que estaba pasando, pero en eso mi cuñada Rosa empezó a besarme y sobarme también, en eso mi mujer Julia le dice a mi cuñado, hemos escuchado lo que estabais hablando y sé que soñaste con esto muchas veces.

    Julia lo mando levantarse del sillón y con la misma le bajo los pantalones y los bóxer que llevaba puesto mi cuñado lo empujó para que se volviera a sentar y empezó a tocarle la polla. Ramón así pensaste que sería como te la tocaba, sí Julia, en eso se puso de rodillas delante de él y se metió la polla en la boca empezó a chupársela poco a poco, Ramón gozaba como se lo había imaginado siempre, Rosa miraba para su hermana como se comía la polla de su marido y empezó ella también conmigo, me bajo la cremallera la sacó para fuera y se la metió en la boca, había mejorado mucho desde que me la follaba, pero no lo hacía como su hermana

    Ramón disfrutaba de la mamada que le hacía Julia, empezó a desabrocharle la blusa y se encontró con unas temas medianas bonitas y duras, con unos pezones grandes y duros. Decidimos ir para el dormitorio los 4 y empezamos a desnudarnos del todo. Ahí estábamos los 4 en la cama yo con mi cuñada y mi mujer con su cuñado, Rosa empezó a mamármela y me pedía que se la comiera, empecé a comerle el coño mientras ella mamaba mi polla, empezó a gemir y a gritar de gusto cuando le pasaba la lengua por el clítoris. Ramón le comía el clítoris a Julia y gozaba como jamás la había visto gozar conmigo, Ramón disfrutaba como nunca se la metía y cuando estaba a punto de evacuar Julia se la sacó de su coñito y se la metió en la boca y empezó a mamarla, se corrió en su boca, le sacó hasta la última gota de lefa.

    Rosa se corría me chupaba con ganas, mientras Julia y Ramón nos miraban, yo se la metía y sacaba de su coñito, cuando estaba a punto de

    correrme la saque y la puse a 4 patas, se la volví a meter en su coñito que había llegado al orgasmo dos veces, volví a sacarla y escupiendo en su ano empecé a metérsela poco a poco, cuando ya estaba dilatado empujé y se la clave toda en ese culito que ya había probado alguna vez, miraba para mi cuñado y no sacaba la vista de como me estaba follando a su mujer, unas cuantas envestidas y me corrí en su culito, con la misma la saqué y sin decirle nada a Rosa se dio la vuelta y se la metió en la boca y me la limpió toda.

    Esa noche volvimos a follar los 4 otra vez, pero esta vez, cada uno con su pareja, pero en la misma cama. Desde ese día somos más felices en la cama todos. No he vuelto a follar con mi cuñada Rosa si no es con mi mujer y mi cuñado.

  • El muchacho que olía calzoncillos usados

    El muchacho que olía calzoncillos usados

    En una antigua casa de dos pisos, situada en el corazón de la bulliciosa capital, residía una madre soltera junto a su hijo, un joven de 18 años llamado Marcos. La vivienda, con su carácter añejo y sus pasillos susurrantes, había sido adaptada por necesidad económica para albergar a estudiantes provenientes del interior del país, quienes buscaban en la gran ciudad las oportunidades de estudio que no podían encontrar en sus lugares de origen. Es así que las habitaciones del segundo piso alineadas a lo largo de un corredor estrecho, estaban destinadas a alquilarse a estos jóvenes académicos.

    Aunque Marcos parecía un muchacho ordinario, llevaba una vida oculta a la vista de todos. Tenía un pasatiempo perturbador que le impulsaba a explorar algunas habitaciones alquiladas en busca de ciertas prendas que le producían una satisfacción perversa. Con la cautela de un ladrón, se apoderaba del manojo de llaves de su madre y subía al segundo piso cuando los inquilinos que le resultaban atractivos no estaban presentes. Su objetivo era la ropa interior masculina ya usada, un objeto que encontraba en el suelo o en los cestos de ropa sucia de las habitaciones. Aspirar el olor que dejaba el sexo de esos hombres e incluso la orina que quedaba impregnada en la parte delantera de la ropa interior, le proporcionaba una intensa y clandestina excitación.

    La llegada de Ricardo, el hermano de su madre que regresaba tras once años en el extranjero, le añadiría un mayor nivel de transgresión al pasatiempo de Marcos.

    La última vez que Marcos había visto en persona a Ricardo, era un niño de nueve años, en la boda de la tía Charito. Y en aquella ocasión su tío le resultaba por demás indiferente.

    Pero desde que Marcos entró en la adolescencia, experimentó un deseo creciente hacía los hombres y en especial hacia el hermano de su madre. Dándose cuenta de sus inclinaciones homosexuales.

    Ricardo, quien aparecía en las videollamadas esporádicas que su madre mantenía con él y en las actualizaciones de sus redes sociales que Marcos seguía con interés, se convirtió en el foco de su fascinación. La apariencia de Ricardo, con su piel cobriza, su cuerpo musculoso y su rostro de facciones rudas, lo atraía de una manera casi obsesiva.

    Ricardo se instaló en una de las habitaciones del segundo piso, y Marcos, fiel a su costumbre con los inquilinos que le interesaban, empezó a visitar la habitación de su tío cada vez que tenía la oportunidad. Marcos se movía con sigilo hacia el segundo piso, aprovechando los momentos en que Ricardo salía a la calle.

    Las incursiones de Marcos en la habitación de su tío eran meticulosas y cautelosas. Se movía con la discreción de un espectro, buscando rastros de la intimidad de Ricardo. Su excitación aumentó al descubrir que los calzoncillos de su tío eran de los baratos y de colores vivos, típicos de esos que usan los hombres de pueblo. A pesar de los años vividos en un país del primer mundo, Ricardo nunca se había llegado a sofisticar, mantenía esa esencia tosca de macho que se podía apreciar hasta en sus interiores.

    Esos momentos en los que Ricardo no estaba en casa se convertían en ocasiones para estar cerca de la figura que había capturado su imaginación y deseo de una forma tan profunda. Pero un día que su tío salió de la casa, Marcos como siempre aprovechó para dar rienda suelta a sus perversiones. Entró en la habitación de Ricardo y, con el corazón acelerado, tomó uno de los calzoncillos usados de su tío. Aspiró profundamente ese aroma fuerte y varonil que lo enloquecía, sintiendo como su mente se nublaba de placer. Se echó en la cama destendida de Ricardo que emanaba un olor a sudor masculino intenso, y con el calzoncillo sobre el rostro comenzó a imaginar como su tío lo sometía con su verga de forma salvaje.

    De pronto, la puerta de la habitación se abrió y apareció Ricardo. Marcos se levantó y quitó el calzoncillo del rostro lo más rápido que pudo, pero su tío ya había visto lo suficiente.

    Con una sonrisa maliciosa, Ricardo cerró la puerta tras de sí. Marcos, asustado y rojo de la vergüenza, esperó en silencio a que su tío hablara. Ricardo, con una mira inquisitiva, le preguntó qué hacía ahí.

    Marcos comenzó a balbucear, incapaz de articular una respuesta coherente. Ricardo, con una voz calmada pero firme, le dijo que se tranquilizara, añadiendo que ya había notado algo en su comportamiento que le indicaba que no era un muchacho convencional. Desesperado, Marcos le pidió a su tío que no le dijera nada a su madre. Ricardo, con una expresión que denotaba superioridad y ventaja, le respondió que no lo haría, siempre y cuando se portara bien con él.

    Marcos aún tembloroso, prometió que se portaría bien y que no volvería a repetir esa conducta. Pero Ricardo le dijo que no tenía ningún problema con lo que le había encontrado haciendo. Se acercó a la cama, se inclinó ante él y, con una voz suave pero cargada de intención, agregó: “En vez de andar oliendo mis calzoncillos ¿no te gustaría mejor darme una buena mamada?”.

    Marcos, confuso, respondió que no entendía. Ricardo, volviendo a sonreír, le dijo: “Bien que tiendes sobrino. A ti te gustan las vergas. Dime, ¿tu madre no está en casa, cierto?”. Marcos todavía nervioso, le respondió que su mamá había salido a hacer unas compras al supermercado. Ricardo entonces preguntó cuánto tiempo solía tardar en volver a casa. A lo que Marcos le dijo que aproximadamente una hora. “¿Hace cuánto tiempo se ha ido?”, continuó Ricardo. “Casi como media hora”, respondió Marcos. “Excelente”, dijo Ricardo, con una evidente alegría.

    Ricardo comenzó a explicarle a su sobrino que había salido a encontrarse con una vieja amiga cariñosa la cual no veía hacía mucho tiempo, pero que cuando llegó al lugar de la cita, la amiga le envió un mensaje cancelando el encuentro. Por eso había regresado a casa tan pronto. Y luego de una breve pausa con una voz cargada de insinuación, le preguntó a su sobrino si quería ocupar el lugar que había dejado su amiga.

    En ese momento, Marcos comprendió lo que su tío le estaba proponiendo, aunque casi no podía creerlo. Pero lo que Ricardo hizo a continuación despejó todas sus dudas.

    Con un movimiento decidido. Ricardo se desabrochó la correa y se bajó el pantalón hasta los tobillos, dejando expuesta su verga erecta e invitando a su sobrino para que se la mamara.

    Marcos observó con asombro y excitación que el miembro de su tío era como se lo había imaginado: grande, oscuro y sumamente velludo.

    Con sus manos, Ricardo atrajo la cabeza de Marcos hacía su entrepierna, guiándolo para que comenzara a mamar su verga. Y eso fue lo que hizo su sobrino: mamársela.

    Ricardo expresó su satisfacción con una intensidad palpable, sus palabras estaban llenas de un placer visceral cuando dijo: “La mamas mejor que muchas mujeres”, mientras su sobrino continuaba succionando aquel miembro con una devota dedicación.

    A medida que la boca de Marcos se movía sobre la verga de su tío, Ricardo le comentó con un tono de admiración: “Eres muy bueno en esto sobrino. Seguramente ya tienes mucha experiencia, ¿verdad?”. Marcos, con una respiración entrecortada y tímida voz negó aquello con sinceridad, explicando que era la primera vez que lo hacía. Ricardo, sorprendido pero complacido, le respondió: “Entonces tienes un talento innato para las mamadas. Sigue sobrino, sigue.”

    A pesar de que por momentos el tamaño del oscuro y velludo miembro de Ricardo provocaba arcadas en Marcos, este persistía, determinado en hacer gozar a su tío. Cada vez que parecía a punto de atragantarse, tomaba un breve descanso antes de continuar con renovada determinación. Así transcurrieron unos diez minutos hasta que finalmente Ricardo llegó al clímax, eyaculando su semilla en la boca de su sobrino.

    Ricardo observó con satisfacción cómo Marcos se tragaba todo su semen como si se tratara del más delicioso manjar, y mientras se subía de nuevo el pantalón, pensaba que más temprano que tarde tendría que abrirse camino en el culito virgen de su sobrino. Ya buscaría el cómo, cuándo y dónde más adelante, pues la madre de tan buen mamador de verga estaría llegando pronto del supermercado.

  • Enamorándome de Dianita (parte 2)

    Enamorándome de Dianita (parte 2)

    ¡Pero que mierda!, ya me acorde de ti, tú eres el chico del parque, como carajos hiciste para sacarme una foto así, me dice… creo ni mi novio tiene una fotografía así de mí, me voy se acabó que la profesora me ponga mala nota, ya me das miedo, lo tuyo es una obsesión, acaso me persigues a todas partes, por eso siempre estás en todos los sitios…

    Yo no sabía dónde meterme, solo me puse las manos en la cara para que ella no viera mi expresión de vergüenza, Dianita decía toda clase de improperios hacia mí, yo no escuchaba nada solo pensaba, pero será posible, porque siempre me pasan estas cosas con esta mujer, tiene razón en pensar que soy un depravado, pero volví en mí, y le dije – ¡Ya basta!

    Dianita se quedó en silencio en ese momento al ver mi reacción, ya más calmado le dije si me dejas hablar puedo explicar esta situación… ¿Puedo?

    – No creo que exista alguna explicación para esto, pero te escucho… me dice.

    – Acepto que no es de tu agrado encontrar una foto tuya en mi computadora…

    – Una foto mía por favor mira la foto… refuta

    Entonces comienzo a explicarle… A decir verdad, ese día estaba en el parque porque me gusta además del futbol, la fotografía no soy bueno lo reconozco, pero me da paz, me hace sentir bien… le dije… estaba yo muy concentrado cuando de pronto una loca se para enfrente justo cuando voy a tomar la foto de unas hermosas palomas….

    – Ahora soy una loca y la culpa es mía además…. Exclama.

    – Bueno perdón por lo de loca, pero si fue tu culpa porque en realidad no tenías por qué estar allí justo en ese momento y bueno el resultado fue esta foto… dije

    – ¿Ok eso lo puedo entender, ahora explícame que hago en tu computadora y de fondo de pantalla?… me pregunta

    Eso es más difícil de explicar, pero voy a tratar de hacerlo, en realidad no sabía que decirle, solo se me ocurrió… la verdad es la primera vez que me sale una foto tan perfecta solo quise ponerla de fondo para recordarme todos los días que puedo tomar buenas fotografías… (en serio ni yo mismo me creía esas palabras.)

    Dianita me quedo mirando muy seria… pero no pudo más y soltó una carcajada jajaja, se le salían las lágrimas de tanto reírse, me orino, me orino, me orino solo podía decir, salió corriendo al baño que estaba en mi habitación y cerró la puerta con llave, me imagino que por miedo a que pudiera entrar. En mi mente me dije Dios gracias por tu ayuda creo que me salve de una denuncia ante la fiscalía por acoso sexual jajaja.

    Dianita salió del baño, ya más calmada y me dice… ok Thiago te voy a dar una última oportunidad, solo porque de verdad necesito sacar una buena nota en ese trabajo, sino ya me hubiese marchado de tu casa y de tu vida para siempre. Se me arrugo el corazón solo de pensar que ya no podría ver más a esa diosa hecha mujer.

    – ¿Te pregunto ya en serio y por última vez, hay alguna otra sorpresa que pueda encontrarme en esta computadora?… pregunto

    – Me quedo mirando al techo como pensando y digo… no ya no hay más sorpresa te lo aseguro.

    Ok, hagamos el trabajo, antes de empezar me dice… pero hay que reconocer mi trasero salió muy hermoso en esa foto jajaja.

    Ya está bueno por favor apiádate de mí, que me muero de vergüenza, es más quitemos esa foto de allí y se acaban mis penas.

    Nooo, me dice… déjala no soy nadie para obligarte a que quites la foto además es tu computadora, aunque tengo que decirte que no es lo mismo imaginarse como mujer que hay hombres que se hacen pajas en mi nombre, a saber y además conocer a la persona.

    – Pero yo no he dicho que me he hecho alguna paja en tu nombre por esa fotografía… le dije

    – No es necesario que me lo digas para saber… que te has hecho por lo menos unas 10 pajas en mi nombre, yo misma reconozco que esa fotografía ínsita para que un hombre se haga una paja, está bien acéptalo.

    – Eso jamás se lo iba a reconocer… por lo que le dije la verdad hasta el momento no me he hecho ninguna paja a tu nombre con esa fotografía, pero ya está bien empecemos a trabajar.

    Nos pusimos mano a la obra y terminamos pasadas la 1 de la madrugada, ya era tarde, me acorde que mis padres me habían dicho que llegaban en la madrugada, revisé el celular y me di cuenta de un mensaje de mi madre, donde decía que se iban a quedar en casa mis tíos, que llegaban en la mañana.

    Como ya era super tarde y se nos fue el tiempo en el trabajo y claro también influyo toda la controversia y mis desafortunadas situaciones perdimos mucho tiempo en eso, le pregunte a Dianita que si le pedía un taxi o un Uber, y claro yo la acompañaba a su casa, ella me dijo que no, después me tocaba regresar solo todo ese trayecto, pero también le daba miedo irse sola a esa hora, por lo que tomó la decisión de llamar a su casa y decirle a su mama que estaba en la casa de una amiga, realizando un trabajo que como ya era tarde y aun no terminaban el trabajo se quedaría a dormir que no se preocuparan.

    – Ya veo que no soy el único mentiroso, no sabía que me habían hecho la operación y me habían cambiado de sexo… le dije

    – Es una mentira piadosa no podía decirle a mi madre que me iba a quedar a dormir en la casa de un hombre y que además está obsesionado conmigo, que hasta tiene fotos mías como fondo de pantalla en su computadora… Me dijo sonriendo.

    – Enserio nunca vas a olvidar el asunto de la fotografía cierto… Le dije

    – Desafortunadamente para ti jamás jajaja… me contesto.

    Ok, está bien me lo merezco, pero solo te pido un favor que esa situación se quede solo entre nosotros vale, nadie más tiene porque saberlo.

    – Mmm… déjame pensarlo, está bien pero ese secreto no te va a salir gratis… me dijo sonriendo.

    – Está bien cuál es tu precio… le dije

    – Que me dejes dormir aquí, ya que le dije a mis padres que me quedaría y ni siquiera te pregunté si podía, ah y por favor dame algo de comer enserio tengo mucha hambre… me dijo guiñándome un ojo.

    Después de todo no sales tan cara la dije, bueno lo de la dormida no te preocupes mis padres regresan hasta mañana así que te puedes quedar sin ningún problema, y lo de algo de comer pedimos una pizza y solucionado.

    – No, como crees, mejor hagamos algo debes tener en la nevera algo para preparar, esa invitación me la pagas después… me dijo.

    – Ok, en la nevera creo que hay para hacer sándwiches y alguna bebida, vamos y miramos que encontramos.

    Bajamos a la cocina y Dianita fue la que hizo todos los sándwiches, encontramos solo unas cervezas para tomar que eran de mi padre.

    Subimos nuevamente a mi habitación para cenar allá, pero Dianita vio una botella de vino y me la mostro junto con dos vasos, le dije porque no y subimos, esta vez yo subí primero para evitar situaciones bochornosas, Dianita solo reía, y me dijo… veo que aprendes rápido, yo le respondí… contigo nunca se sabe eres peligrosa.

    Ya en mi habitación, nos devoramos esos sándwiches, de verdad teníamos hambre, nos pusimos hablar a pesar que era tarde no teníamos sueño, nos acabamos las cervezas y empezamos con la botella de vino, en esa conversación Dianita me conto que era hija única y que vivía con sus padres que su papá trabajaba mucho para darles todas la comodidades a ella y a su madre, que su padre trabajaba en la empresa del papá de Tony y que por eso lo conoció, después empezó a salir con el pero se volvió muy posesivo y cada vez que lo quería dejar, él la amenazaba de decirle al papá que despidiera a su padre y ellos no se podían permitir eso, por eso estaba con él.

    Por cosas de la vida terminamos hablando de sexo, ya en un ambiente despejado me volvió a preguntar si alguna vez me había hecho una paja con la fotografía del computador.

    – Me la quedé mirando y le dije… Te voy hacer honesto sí, pero fue solo una vez, fue cuando la descargue y la puse de fondo de pantalla, la verdad es una foto muy morbosa, lo siento y te doy la razón soy como todos los hombres que por un buen culo pierden la cabeza, más adelante esas palabras me jugarían en mi contra.

    – ¡Lo sabía! Me dijo… era imposible que te resistieras a esa fotografía, es lo normal, lo que hubiese sido realmente raro es que no lo hubieses hecho, te soy sincera me pegó en el ego cuando me dijiste que nunca te habías hecho una paja en mi nombre no sé por qué… dijo ya con el licor haciendo sus estragos.

    – Pero después pensé, si este chico no se hecho una paja en mi nombre con esa foto tiene que ser especial o es Gay jajaja… me dijo

    ¡Es enserio pensaste que era gay, pero como! Si me atrapaste mirándote el tremendo culo que tienes, ya los vinos estaban haciendo efecto en mi boca que no pensaba para hablar.

    – Viste otra vez te atrape, si me estabas mirando el culo en las escaleras… me dijo

    – Pero niña como no te voy a mirar ese tremendo culo que tienes si es perfecto, además solo a ti se te ocurre llegar a la casa de un chico en falda por Dios… le replique.

    – Tienes razón, pero, es que no me dio tiempo de cambiarme… es que estaba con Tony y de allá vine a reunirme contigo… me dijo

    Mi rostro cambio, se ensombrecieron mis ojos y me puse serio, pensé al oír esas palabras… que suerte tiene esa porquería, seguro se la cogió antes de venir a mi casa.

    Dianita al darse cuenta de mi cambio, me dijo… definitivamente tienes una mente podrida, si estás pensando que estábamos cogiendo antes de venir a tu casa te equivocas, con la mano se acomodó el cabello que lo tenía en su cara y voltio los ojos.

    – Lo siento no quería incomodarte, al final si lo hicieron o no, es problema de ustedes, además sería lo más normal, son pareja… le dije

    – Pues no te voy a decir que soy virgen, si lo hemos hecho varias veces, pero hoy puedes estar seguro que no… me contesto.

    Lo raro seria que no se hubiesen acostado, él es el macho alfa de la universidad puede tener a la mujer que quiera… me arrepentí cuando dije eso.

    – Enserio eres un imbécil, para tu información puedo parecer la más puta pero no lo soy, tengo principios y tampoco me acuesto con cualquiera, y si somos pareja estamos saliendo hace tres meses… me dijo

    – Que suerte tiene este pendejo… pensé.

    – Porque te asombras, no me digas que para acostarte con una mujer tienes que esperar un año… me dijo burlándose de mí.

    Mmm no, pero a decir verdad la mayoría de las veces me toca aguantar mínimo seis meses para poder disfrutar el cuerpo de la chica que este saliendo conmigo, al igual que tú, yo no salgo con cualquiera… le dije

    – Eso sí, cuando lo hago el 95% de las mujeres se vuelven adictas a mí, le dije con mirada desafiante, así que vale la pena ser paciente.

    Me miro pensativa, para después decir… típico de los hombres, no te diferencias en nada a Tony, siempre queriendo vanagloriarse diciendo que tienen la verga grande y más rica del mundo, pero cuando están con una mujer la realidad de su verga es otra… me dijo.

    – Nunca más se te vuelva a ocurrir decir que soy igual que ese pendejo… le dije molesto.

    – Y yo no te miento cuando te digo que se vuelven adictas a mí, ya que no lo digo por el grosor o largo de mi verga, lo digo porque para mí lo primero es hacer que la mujer disfrute, eso es lo me llega a excitar a mi… le dije.

    – Esas siempre son las palabras de los hombres que tienen la verga pequeña… me dijo burlonamente.

    Ok, me heriste el ego, pero… así como yo me voy a quedar con las ganas y el deseo de ver y tocar ese lindo culo que tienes, como ya lo me has dejado claro más de una vez, tú también te vas a quedar con la duda de que tamaño es realmente mi verga, así que estamos empatados… le dije

    Realmente ya el vino estaba haciendo su función, ya que ninguno de los dos pensaba para hablar y retar al otro…

    Dianita se mordía el labio y me miraba detenidamente cuando le dije esas palabras…

    – ¡Tú ganas!, realmente tengo mucha curiosidad ya que te veo muy confiado acerca de tu miembro, hagamos un trato… Me dice

    – Que tienes en mente… le contesto. (yo jugué mis cartas espero que me salga bien la jugada).

    – Tú me dejas ver tu verga, para ver si realmente es tan apetecible como tú dices y yo… te dejo ver mi culo… propuso.

    – No hay trato… ya tu culo lo vi, al subir las escaleras, aunque no como me hubiese gustado… le dije

    – Pervertido… ok, si vamos a jugar con fuego espero que no nos quememos al final… me dice con dudas.

    Espero no arrepentirme por lo que voy a decir, pero… cuál es tu contra propuesta… me dice.

    Esta es mi oportunidad dije en mi mente… yo te muestro mi verga, la puedes medir si quieres, pero si mide más de 18 cm, tú me muestras ese culo prefecto que tienes y además me dejas darle un beso… le dije

    – ¡Que!, nooo, una cosa es dejar que lo veas y otra cosa es que deje que lo toques y más aún que lo beses, me dijo…

    – Está bien entonces lo dejamos hasta aquí, no jugamos con fuego y evitamos quemarnos… le dije

    Me mira como dudando… 18 cm es muy poco, creo que es el promedio de una verga, te digo algo… si mide más de 21 cm, no solo dejo que me toques el culo, te dejo besarlo por un minuto… me dijo retadoramente.

    – Ok, está bien acepto, quien no arriesga no gana… le dije.

    Además, yo sabía que mi verga media más de 18 cm, pero no estaba seguro que midiera más de 20, nunca la había medido… nos dimos el meñique como señal de cumplir el pacto.

    Con la conversación ya mi verga estaba como un mástil, en todo su esplendor, mentalmente le dije a mi verga no me vayas a fallar estírate todo lo que puedas por favor, mira ese culo podrías tener la oportunidad de entrar en él, entonces corrí a la habitación de mi madre a buscar un metro, no quería demorarme para que no se arrepintiera, aunque para asegurarme le dije… ya no valen arrepentimientos, el pacto ya está sellado.

    No te preocupes que no me voy a echar para atrás ya te di mi palabra, ves tranquilo no te vayas a matar por buscar el metro, igual no te hagas muchas ilusiones no creo que te alcance para tocarme el culo… me dijo.

    Dianita sabía que entre más me demorara buscando el metro, muy seguramente si tenía una erección, mi verga se bajaría, ya que la excitación iría bajando, y tenía razón…

    Aunque sali con una carpa de circo de mi habitación, la excitación se fue bajando cuando fui a buscar el metro y para más Inri, no lo encontraba, maldecía mi suerte, por no saber dónde estaba el metro, estaba que llamaba a mi madre para preguntarle, pero a esa hora muy seguramente no contestaria además de matarla de un infarto por estar llamando a esa hora.

    Revolviendo las cosas de mi madre en su tocador al fin lo encontré, Sali corriendo a mi habitación, como el pasillo esta oscuro no me di cuenta de las cajas con ropa para regalar que mi madre había puesto, por lo que sin darme cuenta y en mi afán, tropecé con ellas y caí al suelo, si no es por la baranda del balcón, que estaban al bajar las escaleras termino rodando por las ellas.

    Dianita al escuchar el ruido, salió de mi habitación, y al abrir la puerta se encontró con la escena mía, boca arriba, con la cabeza hacia las escaleras y agarrado de la baranda del balcón.

    Se puso la mano en la boca sorprendida… pero después de unos segundos al no aguantar la risa me dice… no puedo creer lo tonto que puedes llegar hacer jajaja, enserio te vas hacer matar por tratar ver mi culo?

    – Ven déjame ayudarte, no vayas a rodar por las escaleras y tu mami me denuncie ante la fiscalía por intento de asesinato a su hijo jajaja.

    – ja, que graciosa… le dije

    Continuará.

    Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios para que me ayuden a mejorar y para motivarme para seguir con la historia. Saludos.

  • Problema con las gemelas (1): Rompí el culo sin querer de mi cuñada

    Problema con las gemelas (1): Rompí el culo sin querer de mi cuñada

    Volvía a mi casa, era 20 de julio, 4 am, día del amigo en mi país, volvía bastante tomado, mi mujer y yo habíamos salido con nuestros respectivos grupos de amigos, y yo me fui en Uber, para poder tomar a gusto. Encendí la luz del pasillo para no hacer mucho ruido por si mi esposa estaba durmiendo he ingrese a la habitación. El escenario era impresionante, mi mujer tirada sobre la cama en una posición similar a la fetal, con su torso girado mirando hacia abajo. Dejando su culo sobresalido, como para enmarcarlo. Y aquí debo hacer una aclaración, mi mujer era monumental, si las actrices más lindas de películas son un 10, mi mujer es un 9, encima todas las féminas de su familia tienen una peculiaridad, tener un culo magnifico 10 sobre 10.

    Me acerco a ella sin encender la luz de la habitación solo iluminado con la luz del pasillo, el vestido se le había corrido dejando ver un tanga negro de encaje que se perdían entre dos grandes y perfectas moles de carne, el tanga no lo reconocí, así que debía ser un regalo para mí. Ya que últimamente no teníamos mucho sexo, entonces era un regalo ese culo y el moño era un tanga negro. Empecé a amasar esas nalgas duras, apretarlas, y abrirlas.

    No aguante más y baje corrí un poco el tanga y metí mi lengua lo más que pude, lengüetee desde su coño hasta su ano, una y otra vez, su sabor era un poco más agridulce que de costumbre, pero era un néctar de dioses para mí, ella entre dormida abrió un poco más las pierna para mi mejor acceso, y no desaproveche para meterle lo más que pude mi lengua dentro de su cálido y mojado coño. Estaba penetrándola una y otra vez con la lengua, ella jadeaba suavemente, y su respiración era cada vez más fuerte. Mi lengua jugaba a sus anchas en su vagina, la penetraba, lamia sus labios, punteaba su clítoris, y por último atacaba su ano. Empecé un beso negro mientras que con los dedos frotaba su vagina muy mojada, hasta que la penetré, con dos dedos mientras que un tercero jugaba son su clítoris. Eso era una piscina, estaba mojadísima.

    Yo me enderece y saque el pantalón, y mi miembro ya estaba más que listos, durísimo por todo lo vivido, chorreando de líquido pre seminal, no es que sea el de un actor porno, pero si estaba orgulloso de él, normal de largo, eso si, bastante grueso y con una curva grandísima hacia la izquierda. Lo puse entre sus labios vaginales y empecé a moverme frotándome contra ellos, la lubricación era muchísima, excesiva. Me inclino hacia adelante y apretó sus pecho, que tienen los pezones muy duros y me parecieron más grandes que nunca, pongo mi boca en su cuello y empiezo a besarlo como sé que le gusta, muerdo su oreja, sigo con su cuello, mientras mi mano sigue apretando sus pezones y mi pene en un mete saca continuo sigue entre sus labios, su respiración era muy acelerada y su jadeo constante, pero bajo, todo entre dormida y con un olor muy grande a alcohol. Yo seguía con lo mío, el calor y la excitación eran cada vez mayores. Le hablaba al oído y le decía lo puta que era. La cama era alta hecha a medida, lo que me quedaba perfecto a mi, para la posición. Seguía y seguía frotando, hasta que en una punteada mi pene penetro su coño mojado, estaba apretado, por la posición, pero debido a la lubricación entro casi todo.

    Ella: Ayyy cabrón que haces-Lo dijo medio ronca, mientras yo la enterraba toda- Siii hijo de puta- Se despertó al todo.

    Tome la cola del pelo con fuerza y tire de ella, puse mi boca en su cuello y empecé a chupar y morder, mientras ella gemía y con una de sus manos apretaba mi nalga presionando contra ella, buscando que mi penetración fuera más fuerte y profunda de lo que era, yo sacaba mi pene hasta la cabeza y lo volvía a meter hasta que los huevos chocaran contra ella, una y otra vez. Me agaché y le di un beso posesivo, comiéndole toda la boca, para acto seguido jugar con mi lengua en su interior, eso la desespero.

    Ella: Cógeme más fuerte puto.- Su voz seguía muy ronca

    Entonces le di el gusto y empecé un mete y saca furiosos, mientras ella gemía he insultaba contra la almohada. Una y otra vez entraba y salía, mi dedo empezó a penetrar su ano, el que también me pareció bastante apretado. Su coño era un volcán y sus flujos lava que salían del él, mis embestidas eran frenéticas y al ano le agregue dos dedos, perfectamente lubricados con sus propios jugos, entonces empezó a acabar, sus uñas se clavaron en mis nalgas y sus contracciones me arrastraron al orgasmo a mí también.

    Ella seguía en la misma posición, aunque totalmente relajada, con su cabeza enterrada en la almohada, y yo también seguía igual, con mi pene enterrado en su coño y dos dedos en su ano, moviéndome lentamente, y veía con la luz que entraba del pasillo como mi semen brotaba con mis movimientos, mire el reloj que estaba al lado de la cama y daban las 4:40 am. Mi pene seguía duro y yo seguía moviéndome lentamente, no se si era la excitación, el alcohol ingerido o una mezcla de ambas, pero mi calentura seguía, y mi pene estaba durísimo igual que al empezar. Saque mis dedos del ano, me incline y susurre a su oído.

    Yo: quiere otra vuelta.

    Ella: Puto de mierda, me has cogido dormida- saqué mi pene de su coño y lo puse en la entrada de su ano- me la va a pagar marica que yo no, haaaa- mi pene ingreso hasta la mitad en su apretado ano- me lo has roto puto de mierda haaaa- ingreso completa de un movimiento.

    Yo conocía a mi mujer, y sabía que le encantaba el anal, pero era algo de hacer de vez en cuando y cuando estaba muy excitada, principalmente porque después de cogerla por ahí, le costaba lo suyo sentarse, por eso me costó tanto desvirgarla analmente. Y siempre se hacia la difícil por ahí y me insultaba, pero sus mejores orgasmos vinieron por esa vía.

    Y esa no iba ha ser la excepción pensaba darle una señora cogida. Penetre con fuerza, el ano estaba dilatado por mi trabajo oral y sobre todo dactilar. Pero estaba apretadísimo, más que de costumbre. Mis estocadas eran profundas y fuertes. Sus insultos música para mis oídos, levanté la pierna que estaba arriba y la puse en mi hombro, ella seguía en posición fetal y yo parado al lado de la cama, con mi mano empecé a masajear sus labios y clítoris, estaba mojadísima otra vez en poquito tiempo, volvió a agarrarme la nalga y seguí machacando sin parar, estaba calentísimo y su ano se abría cada vez más ante mis estocadas, ella seguía insultándome, pero yo la verdad no la escuchaba, estaba concentradísimo y muy caliente. Y empezamos a acabar los dos ella con un impresionante squirting, nunca lo había hecho ella, eso provoco que mi orgasmo se prolongara un poco y otra vez me clavara las uñas en mis nalgas, fue impresionante.

    Mi mujer: ¿Han disfrutado ambos?

    Me gire para ver de dónde me hablaban y vi a mi mujer parada en la puerta de la habitación, no lo podía creer, mire de nuevo hacia la cama, mi mujer prendió la luz y estaba su hermana Mara, con mi pene enterrado en su ano, lleno de mi semen y con su vagina también rebosando de este, ni que decir me salí en el acto de ella provocando un ploc, que si no fuera por la situación seria hasta gracioso. Yo no entendía nada, salí tras mi mujer que se fue corriendo, la agarre en el comedor de la casa, nada más llegar me tiro con el centro de mesa que me pego pero no me importaba, eso le dio tiempo a ella para salir por la puerta y trabarla, yo estaba en pelotas, ni sabia donde estaban las llaves y estaba en shock, no entendía nada, su auto se fue haciendo chirriar los neumáticos. Y yo no salía de mi asombro, todavía no entendía que paso, mi mente no relacionaba. En eso sale mi cuñada de la habitación y se dirige hacia mí.

    Mara: Eres un puto animal o que, no puedes controlarte, prácticamente me violaste.- Lo dijo con reproche y muy enojada conmigo.

    Yo: Yo pensé que eras Vanina- ahí caí en cuenta- ¿por qué no me avisaste? ¿Y qué haces tú en mi casa?

    Mara: Oye, que yo estaba durmiente y tú me empezaste a coger, prácticamente violándome, los hombres piensan más con lo que les cuelga, que con la cabeza.

    Yo: Tú colaboraste, y no me avisaste que no eras Vanina, era nuestro cuarto, yo no sabía que estabas en la casa, yo pensé que era mi mujer. Así que no te hagas la puta victima en todo esto- Esto lo dije levantándome, colorado de la bronca e impotencia, mi cuñada retrocedió un poco asustada.

    Mara: Yo, yo. Estaba durmiendo, borracha y bueno me excite pero que no sabía que eras tú, y tú no me escuchaste, estabas dándome como un puto animal, que no ve otra cosa que coger.

    Yo: Vete de mi casa antes que te saque a patadas.

    Bueno empecé a entender todo un poco después de hablar al otro día con mi suegra, que porque recurrí a ella. Porque mi amada esposa me bloqueo de todos lados y no podía comunicarme con ella. Entonces fui a la casa de su madre, con la cual tengo una muy buena relación, la vieja me adoraba. Y no me quedo otra que contarle todo, cosa que ya sabía porque mi cuñada había ido a vivir con ella. Yo sabía que ambas hermanas le contaban todo a la madre, y ella era como la intermediaria entre las dos. Ella me preparo un café y me sentó. Y me empezó a contar la historia de sus hijas algo que no sabía yo.

    Si bien son gemelas, y muy parecidas, no idénticas, tienen personalidades diferentes, mi mujer es un poco más dócil, más dulce y pensante, mientras que mi cuñada es más salvaje, pasional, y arisca. Como dije físicamente parecidas pero no iguales, mi cuñada un poco más alta, los ojos eran marrones oscuros y los de mi señora muy claros, ambas tenían el pelo castaño claro, mi cuñada tenía un lunar encima del labio, mi señora tenia los pechos medianos con una forma redondita y un pezón marrón claro, y mi cuñada tenía las tetas operadas un poco más grandes y apuntando hacia arriba, en cuanto a su culo el mi mujer era un poco más grande, como a mí me gustaba, en general las dos son hermosas mujeres, como dije un 9, y yo era un pobre 6 o un 6.5. Ellas se mataban en el gimnasio y tenían un cuerpo realmente fitness, ambas habían estudiado economía, y tenían muy buenos sueldos.

    En cuanto a mí, como dije era uno más del montón, eso si, una buena persona. Un poco grandote, 1.88 m., pesaba 100 kg., espalda ancha, brazos grandes y fuertes, un poco de panza, piernas grandes y trabajadas, siempre practique deportes, sobre todo Kick Boxing, un culo grande pero firme y duro. Era administrativo en una empresa constructora. No me había recibido, ya que mi carrera era muy costosa en mi ciudad, y después el tiempo no me lo permitió.

    Había conocido a mi mujer en el cumpleaños de una compañera de trabajo, que era amiga suya. Conectamos enseguida, hablamos como si fuéramos amigos, ella estaba muy aburrida ya que no conocía a casi nadie. El cumpleaños fue en una casa de campo empezó a la tarde y termino bastante entrada la noche, y no nos apartamos, yo la verdad no tenía esperanzas con ella, era demasiado para mí. Por eso ni intente nada romántico. Pasadas las semanas, una noche vi al costado del camino un auto parado con una mujer intentando cambiar un neumático, al pararme era ella, me acerque y nos reímos un rato, después de cambiar su neumático me invito a cenar, y después de eso, nos escribíamos todos los días por WhatsApp, empezamos a salir como amigos un par de meses hasta que de un momento a otro como quien no quiere la cosa terminamos besándonos en un bar y de ahí de novios por un año y medio, y luego el matrimonio, ya llevamos dos años casados, hasta llegar a este momento, yo con 32 años y las gemelas con 29 años.

    Nuestro matrimonio en realidad no ha sido un camino de rosas, nos llevábamos espectacularmente bien como novios, pero el matrimonio ha sido difícil, ha sido muy difícil la convivencia, desde que me presento a su hermana yo sabía que no eran muy unidas, pero cuando las vi juntas sentí tensión en el ambiente, pero mi mujer nunca me quiso contar. Otra cosa es que ella siempre me dijo que yo era normalito, que se había enamorado de mí por mi forma de ser con ella y por ser buena persona. Cosa que en principio me molesto, pero después mejoro mi punto de vista, ya que me querían por lo que era. Volviendo a la cocina con mi suegra y nuestra conversación.

    Susana: A ver yerno si puedo ayudarte. Tú eres muy importante para esta familia, y mucho más desde que mi esposo falleció. El problema que tuviste anoche no es nuevo, lo nuevo tal vez sea que tu no sabias que te estabas acostando con tu cuñada- y levanto la mano para que me callara y la dejara seguir- Si, sé que tu no sabias y Mara también lo sabe. Pero no sé si te lo va a reconocer. Ellas eran muy unidas, realmente unidas, hasta que Vanina se puso de novia por primera vez, ella es una romántica, Mara es más liberal y había tenido sus “amigos”, pero al ver a su hermana con un chico quiso quitárselo en el acto, cosa que causo una gran pelea entre ellas, pero la cosa no termino ahí, novio que tenía Vanina terminaba en los brazos de Mara, esto hizo que ellas se convirtieran en rivales y se fueran alejando, y yo teniendo que hacer de juez entre ambas para que no se mataran, esto duro hasta que Mara le robo un chico que estaba coqueteando con Vanina y como se habían recibidos de la facultad se mudaron a la ciudad cercana, donde ambos consiguieron trabajo.

    Creo que Vanina cansada de las decepciones amorosas busco un chico con valores, y no se fijo tanto en el físico, y ahí apareciste tu en la familia. En cuanto a como apareció en tu cama, fácil hace una semana mi hija perdió el trabajo, volvió a casa y encontró a su novio con otra, por eso volvió a la ciudad, y por eso salió para el día del amigo con Vanina, lamentablemente ella no bebió y decidió repartir a sus amigas, y dejo primero a su hermana en su casa. Así que ahí está tu explicación. Complicado ¿no?

    Ahí entendí que todo iba a ser mucho más complicado que de lo que pensaba, mi mujer estaba defraudada, estaba dolida, y no importaba mucho si yo no la hubiera reconocido. Estaba en la misma mierda.

    Susana me dijo que hablo con ambas en la mañana y lo mejor era que le diera espacio. Que pudiera pensar sola, ella me ayudaría.

  • Profesora caliente (1)

    Profesora caliente (1)

    Hace ya varios años, en mis años de estudiante, exactamente en el tercer semestre de la carrera, tuve una profesora de inglés muy atractiva, además de ser extremadamente caliente, era bellísima, tenía una piel morena clara perfecta, parecía que siempre estaba bronceada, un rostro delgado, con facciones finas, ojos grandes de color café oscuro, nariz afilada, labios carnosos, cabello negro, lacio y largo hasta la cintura, su figura esbelta, pero con curvas muy marcadas, piernas largas muy torneadas, caderas anchas, cintura pequeña, tetas grandes.

    Cabe mencionar que estudié la carrera ya grande, a ella la conocí unos años antes por su hermano menor, con quien tuve una amistad en mis tiempos de desordenada juventud. El día que llegó al salón y me vio, abrió sus grandes ojos y me preguntó ¿tú qué haces aquí?, una mala fama me precedía por el tiempo de parranda y vida loca que viví junto con su hermano menor, por mi parte sonreí, le respondí que estaba estudiando, después de observarme unos instantes, me felicitó, me dijo que sería mi Profesora de inglés y se presentó ante el grupo.

    Normalmente vestía con falda corta, minifalda o falda pantalón corto sin medias, blusas sin mangas y escotadas, cuando hacía frío usaba leggins o medias, polos ajustados con abrigos cortos, pero siempre lucía excitante.

    Ese día llevaba una minifalda negra, que dejaba muy poco a la imaginación, como soy muy preguntón, me gustaba sentarme justo frente al escritorio de los profesores, ella por su parte, se recargaba en el escritorio, quedando casi sentada, haciendo que su minifalda subiera por sus esculturales muslos, sus movimientos eran todo un espectáculo justo frente a mis ojos.

    Ella sonreía dejando ver sus blancos dientes al percatarse del efecto que causaba su figura entre todos los hombres y algunas mujeres del salón, pero posaba su mirada constantemente en mí, cosa que notaron compañeros y compañeras, haciendo mofa de eso al finalizar la clase.

    Cuando se fue, me abrazo, me dio un beso en la mejilla, mientras me felicitaba y me decía que le daba gusto que enderezara mi vida, que hablara con su hermano que seguía por el mal camino, algunas clases siguieron su curso de manera “normal” por así decirlo, sus insinuaciones eran cada vez más obvias, al inicio pensé que mis compañeros y compañeras exageraban la situación, pero en esa clase de viernes, me di cuenta que no exageraban nada.

    Era un viernes caluroso de septiembre, ya empezaban las celebraciones de las fiestas patrias, ella llevaba puesto un conjunto rojo con orillas blancas de dos piezas, zapatillas cerradas con tacón alto, del mismo color a su conjunto, que consistía en un vestido corto pegado a su cuerpo como guante, y un blazer del mismo tono, el vestido era sin mangas, escotado del pecho y espalda, dejando ver su largo cuello adornado por un collar que hacía juego con sus aretes y el moño que coronaba su peinado de cola de caballo, lucía espectacularmente sensual, sus piernas sin medias eran un deleite a la vista.

    Ese día al saludarnos, me dio un abrazo más fuerte que lo acostumbrado, sentí el calor de su cuerpo pegado al mío, en respuesta me empezó a crecer un bulto entre las piernas, su delicado olor era excitante, todo en ella era fuego. Al iniciar su clase se quitó el blazer dejando a la vista su escultural figura, luciendo unas nalgas perfectas, una espalda sexy cuando daba la vuelta, un escote que dejaba ver un par de tetas grandes, el vestido corto hacía lucir sus piernas marcadas y curvilíneas. Después quitarse el blazer, lo acomodó en el respaldo de su silla, se fue a recargar al escritorio, justo frente a mí, abriendo sus piernas más de lo acostumbrado, de pronto con pequeño salto, se sentó sobre el escritorio regalándome una vista maravillosa, por más que lo intentaba no lograba desviar la mirada de sus torneados muslos y un poco más.

    Ella me sonreía al darse cuenta, era un hecho que disfrutaba llamar la atención de hombres y mujeres del salón, minutos antes de terminar su clase, bajó del escritorio, caminaba muy cerca de mi pupitre, caminaba entre los demás compañeros, pero en especial pasaba muy cerca de mi lugar, al hacerlo ponía alguna de sus manos sobre mis hombros, al concluir su clase, yo estaba muy excitado, me imagino que al igual que mis compañeros y algunas compañeras. Al despedirse de mí, pegó una de sus piernas a mi verga, que en ese momento estaba durísima, me dijo que si la acompañaba a un convivio de su oficina con motivo de las fiestas patrias, sin pensarlo dos veces, le dije que sí, le pregunté la hora y lugar donde nos veríamos, me respondió que “ya”, que recogiera mis cosas y la viera en el estacionamiento en lo que ella subía a firmar a la sala de profesores.

    Me apresuré a recoger mis cosas para salir del salón entre chiflidos y bromas de mis compañeros y compañeras, al llegar al estacionamiento, durante unos minutos de espera me imaginaba mil cosas, desde cogérmela en su auto o ir directo a un hotel al salir de la universidad, sin embargo, nada de eso sucedió. En lo que esperaba unos minutos que se me hicieron eternos, para hacer la espera más corta me fumé un cigarro, finalmente la vi venir, ya la mayoría de alumnos regresaban a la clase correspondiente y los profesores ya estaban esperando en las aulas respectivas, así que el estacionamiento ya casi estaba vacío.

    Al acercarse más al estacionamiento, el contoneo de su sensual figura resultaba hipnotizante, la excitación dentro de mi pantalón aumentaba cada vez más, llegó a donde la estaba esperando, le dije que me dijera cuál era su auto para seguirla, me respondió que la acompañara al Instituto de Investigaciones de la Facultad antes de irnos, nos dirigimos hacia los edificios del Instituto de Investigaciones, que debido a la hora y día, estaba casi desierto, fue a un salón en el tercer piso, yo iba detrás suyo deleitando mis sentidos con el contoneo de sus nalgas, ella me miraba cuando volteaba y sonreía.

    Yo ya ardía en deseos de abandonar la escuela e irnos para empezar a besar, acariciar ese tentador cuerpo y tener esas piernas sobre mis hombros, pero tenía urgencia por llegar a donde se dirigía, para mi sorpresa el aula a donde llegamos estaba vacía, así como el resto de los salones, ella me miró con una sonrisa llena de lujuria y deseo, mientras me decía “entra, no muerdo, bueno tal vez sí, pero te va a gustar”, de inmediato entré ,ella puso el seguro de la puerta, dejó su bolso en una silla, al tiempo que me decía “estamos solos, aprovecha el tiempo antes de irnos”, al ver la expresión de mi cara, me dijo que estuviera tranquilo, que ese día y a esa hora ya nadie pasaría por esa aula, ni en el piso, incluso en todo el edificio.

    Acercándose a mí, me dijo “te voy a confesar algo: siempre me gustaste, pero me caías mal por andar de borracho y mujeriego con mi hermano, además estabas muy chico para mí”, le respondí que sabía que le gustaba, sin darle oportunidad a responder, la tomé de la cintura jalando su cuerpo hacia el mío hasta quedar pegados mientras la besaba, mi lengua abrió paso entre sus labios, respondiendo ella con la misma intensidad, sus labios carnosos se sentían increíbles, nuestras lenguas se enredaban en una lucha de caricias, su boca recorría mi rostro y cuello, mi boca bajó hasta sus hombros desnudos mientras le quitaba su blazer para aventarlo al pupitre más cercano, al llegar a su tetas las besé y acaricié por encima de la tela, eran grandes y firmes.

    Mis manos recorrieron su espalda hasta llegar a la parte inferior de su vestido, al sentir la caliente piel de sus muslos, levanté el vestido un poco para sentir la tersa piel de sus duras nalgas, sentí la tela de su tanga de hilo dental, apreté ese par de nalgas redondas, entre tanto, ella desabotonaba mi camisa y besaba mi pecho, para ese momento la levanté de las nalgas, ella pasó sus piernas por detrás de mi cintura y caminé hacía el escritorio, al llegar me quité la camisa, tomé una de sus piernas para empezarla besar, ella ya tenía el vestido hasta la cintura, me detuvo para pedirme que le bajara el cierre de su vestido en la parte de atrás para no arrugarlo demasiado, así lo hice para retirarlo por completo de su escultural y caliente cuerpo, dejándola únicamente con el bra cubriendo parte de sus grandes tetas y la tanga que no deja nada a la imaginación.

    Acto seguido, retome los besos en sus piernas, lamiendo lentamente cada centímetro antes de llegar a sus muslos, le dije que era una de mis fantasías sexuales de mi adolescencia, ella soltó una risa sensual y me dijo que aprovechara la ocasión, porque no le gustaban los hombres menores y que examinaría mi desempeño de manera rigurosa, interrumpí sus palabras al llegar a su entrepierna que ya estaba ardiendo, los labios de su vagina estaban húmedos, el pequeño triángulo de tela que la cubría estaba mojado, lo hice a un lado para besar esos carnosos labios, ella ahogó un grito con sus manos y me dijo “ya méteme esa verga, dejemos esto para después”.

    Por mi parte ignoré el comentario y metí mi lengua a su mojada vagina, inhalando el agradable olor a hembra caliente, saboreando los jugos, producto de su excitación, inconscientemente abrió sus más sus piernas, así que seguí dando lengua hasta llegar a su botón rosado y firme, para lamerlo y succionarlo hasta hacerla venir, al tiempo que tapaba su boca con ambas manos, cuando explotó en mi cara, sus muslos temblaban por el cúmulo de sensaciones, después de unos segundos, se incorporó para besarme y pedirme de nuevo que le metiera mi verga o me iba a reprobar, mientras hablaba sus manos desabrocharon primero mi cinturón, en seguida el pantalón para liberar y acariciar mi falo erecto.

    Al acariciar mi pene me dijo que ya lo quería tener dentro, así que dejé que lo fuera guiando a la entrada de su caliente y mojada vagina, sus muslos estaban también mojados con sus jugos vaginales, era una vista excitante, al meter la punta de mi pene sentí de inmediato la humedad y el calor de su deliciosa vagina, mi pito entró sin dificultad, sintiendo como ella contraía sus músculos apretando mi verga de una forma maravillosa. Yo tenía sus piernas sobre mis hombros, sus manos dejaron libres sus grandes tetas y las acariciaba mientras nos movíamos rítmicamente, cunado llevó una de sus tetas a la boca para besar y morder su pezón mi excitación creció, bajé sus piernas de mis hombros para agacharme a besar sus enormes tetas y morder sus pezones, estaban duros, pero eran suaves, al momento de incorporarme, ella se abrazó a mi cuello, yo la tomé de las nalgas para levantarla, sus piernas abrazaron mis nalgas, nos seguíamos moviendo acompasadamente, mientas nos besábamos, sentía sus grandes tetas en mi pecho, sus uñas en mi espalda.

    Los movimientos fueron aumentando de intensidad, los músculos de su vagina parecían exprimir me falo, era una sensación deliciosa, sentía que me iba a venir en cualquier momento, mis gemidos lo anunciaban, ella me decía que aguantara un poco más, en un momento sus brazos y piernas me apretaron, apretó su boca en mi cuello para ahogar un grito, las uñas de sus manos se clavaron en mi espalda, las paredes de su vagina se contrajeron, sentí en ese instante como sus jugos mojaban mi verga y mis muslos, no pudiendo contenerme más, dejé escapar mi semen dentro de su vagina, mezclándose con sus jugos, me dejé caer sobre el escritorio encima de ella para recuperar el aliento, así permanecimos durante unos minutos, respirando agitadamente, ella me dijo que había aprobado el examen con sobresaliente, pero que la evaluación continuaría.

    Ya recuperados, nos levantamos, me dijo que antes de vestirnos nos limpiáramos un poco, ella sacó unas toallitas húmedas de su bolso me ofreció unas, pero antes de que me limpiara ella se agachó y metió mi verga en su boca para lamer todo lo que tenía, al igual que mis bolas, me dijo refiriéndose a mi verga, que se merecía algo más, pero que si continuaba, nunca íbamos a salir de ahí.

    Finalmente, terminamos de vestirnos, la acompañé a su auto, subí al mío y la seguí a la fiesta a la que me había invitado, pero eso es otra historia.

  • Primera vez que hice cornudo a mi esposo

    Primera vez que hice cornudo a mi esposo

    Hace un tiempo, mi esposo me confesó que su fantasía era verme haciendo el amor con una persona distinta a él, pero nunca lo tomé en serio. Pasaron meses y me lo propuso de nuevo, pero de forma más seria e inmediatamente le dije no. De eso ya pasaron dos años en los cuales ocasionalmente me decía que le cumpliera su fantasía, en cada ocasión le dije que no. Un día mirábamos unas fotos de mis redes sociales y mi esposo terminó proponiéndome que le cumpliera su fantasía, le dije que no, pero me preguntó que: si había una razón por la que no quería hacerlo, yo solamente le volví a decir que no.

    Al día siguiente medité en la pregunta de mi esposo y pensaba una respuesta adecuada para contestarle y llegué a la conclusión de que para estar con alguien debería de existir conexión y también atracción física, circunstancias que en mí podrían despertar deseo e inclusive amor. Y las cosas se podrían complicar si se despertaba en mi amor por la persona con la que intimara, pues existía la posibilidad de que mis sentimientos entrasen en conflicto pues podría desear o amar a otra persona que no fuera mi esposo.

    Pasaron otras semanas, y mi esposo me volvió a sugerir que le cumpliera su fantasía, le comenté lo que había pensado, y me dijo que por eso no había ningún problema que podíamos ir de vacaciones a un lugar bastante lejos donde nadie nos conociera y que posiblemente en ese lugar podríamos encontrar a una persona que estuviera dispuesta a estar conmigo y que después nunca más la volveríamos a ver.

    Después de algunos meses, mi esposo me hizo una propuesta formal y de broma le contesté que me tenía que llevar de vacaciones a lo que él contestó: por supuesto. Cuando él regresó del trabajo me dijo que no hiciera planes para cierta fecha porque había reservado un hotel todo incluido por 5 días y 4 noches en un hotel fuera del país, me quede en shock, he intenté explicarle que lo que le había dicho era broma. Él estaba muy feliz, pero al escuchar mi negativa, solo me dijo que tenía la reservación, que había pagado la mitad del costo, pero que igual me llevaría de vacaciones.

    Al día siguiente, pensaba en por qué mi esposo tanto le emocionaba que yo hiciera algo así, y busqué por varios medios información, para poder entenderle. Me sorprendió la cantidad de hombres que le piden esa fantasía a sus parejas. Hablé con psicólogos, algunos hombres y mujeres que lo han hecho. Los criterios y razones que me dieron fueron demasiados, pero todo se resume que para unas personas es normal y para otras no, lo que para unos es bueno para otros es malo y viceversa.

    Como era de suponerse mi esposo volvió a proponerme su fantasía, pero esta vez cuando hacíamos el amor. Y le pregunté qué era lo que quería exactamente, y me dijo que solo quería verme hacer el amor con otra persona y él ser espectador, le comenté que pasaría si él sentía celos, y me dijo que no sentiría celos porque él me lo estaba solicitando, y yo agregué que si estaba seguro de lo que pedía, pues una cosa era una fantasía y otra hacerlo realidad y llevarlo a la realidad implica hacer el amor, sensualidad, caricias, besos, sexo y al final era posible que yo tuviera un orgasmo y que considerara que me podía enamorar de la persona con la que estuviera.

    Me dijo algo así: “Claro, estoy consciente de lo que pueda pasar y sé lo que implica. Por caricias, besos, sexo, etc. es lo que quiero ver y si tienes un orgasmo sería fantástico, pero enamorarse no sería opción, pues la fantasía consiste en tener sexo sin compromiso y sin involucrar sentimientos, pero si sientes que no puedes tener solo sexo mejor no hacerlo”. Y le contesté que por eso yo siembre le había dicho que no a su propuesta, me contestó “no hay problema”.

    Esa semana estuve muy pensativa y aunque las vacaciones no implicaban que yo estuviera con otro chico, tenía en mente la curiosidad de mi esposo y en mi cabeza rondaba la curiosidad de que pasaría si pasaba la raya, es decir, si tenía solo sexo con alguien. Yo jamás lo había considerado hacerlo, pero esa semana consideré por primera vez complacerlo.

    Llegó el día del viaje, y salimos de nuestra casa con nuestras maletas contentos y emocionados, llegamos al hotel y nos instalamos, después de relajamos disfrutamos del mar, cenamos y después mi esposo me dijo que fuéramos a una discoteca que estaba dentro del hotel.

    Al llegar nos sentamos en una mesa, estuvimos sentados platicando y viendo a la gente bailar, después me levanté para ir al S.S. y mi esposo se quedó en la mesa, cuando salí de S.S. un muchacho muy presentable me habló y me pidió que bailáramos, yo le dije que estaba acompañada y me dirigí rápidamente a la mesa con mi esposo, y seguidamente le conté lo que había pasado, seguimos platicando, luego mi esposo se levantó al S.S. y cuando estaba sola el muchacho que me había pedido salir a bailar pasaba por la mesa y me dijo, “está sola y no quiso bailar conmigo”, yo le dije estoy acompañada mientras el seguía su camino.

    Con mi esposo bailamos un rato y al cansarnos, nos dirigimos a la habitación, y más tarde cuando hacíamos el amor y en medio de la pasión mi esposo me dijo que lo complaciera en su fantasía, y en mi excitación le contesté que podía ser con el muchacho que me había invitado a bailar y mi esposo me contestó que “sí”, no sé por qué, pero cuando escuché su respuesta sentí un fuerte orgasmo y los dos terminamos juntos.

    Al día siguiente, a pasear en bicicleta y cuando entregamos las bicicletas, vi al muchacho parado en una barra, él estaba de espaldas y bastante lejos de donde estábamos, y en forma de chisme le dije a mi esposo: ese es el muchacho que me habló ayer en la disco, mi esposo intentó identificarlo y me expresó: “lo que me dijiste ayer ¿es verdad?, me quedé en shock recordando lo que hablamos, solo me reí y le contesté: no lo sé; y mi esposo volvió a preguntarme ¿pero lo dijo en broma o en serio? y volví a contestarle: no lo sé.

    Luego mi esposo expresó: es un sí ¿verdad?, mientras mi esposo me hablaba vi su rostro brillar de felicidad, y noté sus gestos de emoción y aunque estuve una semana considerando la posibilidad de hacerlo con un extraño, no había tomado una decisión, pero al ver a mi esposo tan emocionado y feliz, le dije a mi esposo “sí”. Mi esposo brincó de la emoción, mientras yo me volví un manojo de nervios.

    Mientras hablaba con mi esposo el muchacho se fue y no vimos para donde, luego nosotros seguimos divirtiéndonos en el lugar. Ya en la tarde después de ver con mi esposo el atardecer en la playa, decidimos ir a un jacuzzi en el hotel, y justo cuando entramos al lugar estaba allí el muchacho, mi esposo estaba distraído y pensé que no lo había visto, pero cuando estábamos en el agua me preguntó, si la persona que estaba en el otro jacuzzi era el muchacho que me había hablado y dije que sí. Disfrutamos el momento con mi esposo, y noté que el muchacho no dejaba de verme y mi esposo también lo notó. Salimos del jacuzzi y pasamos frente al muchacho, me saludó con la mano y yo respondí el saludo.

    Después fuimos a cenar, y posteriormente fuimos a una obra de teatro, aún era temprano, pero decidimos estar juntos para disfrutar la habitación. Mi esposo se durmió muy rápido, mientras a mí me estaba costando conciliar el sueño y decidí salir a una pequeña área de descanso frente a la habitación, justo enfrente a una piscina con vista al mar.

    Al salir de la habitación me recosté en una butaca y después de descansar un rato vi una silueta que se acercaba a mí, era el muchacho que me había hablado en la discoteca. Al estar cerca se presentó y me preguntó si podía acompañarme un momento, le dije que no porque mi esposo estaba conmigo, pero me preguntó mi nombre y no quise ser grosera y contesté sus preguntas. Me hizo preguntas comunes, de dónde era, cuándo me iría del hotel, etc. Y me preguntó si le podía dar mi número de celular y le dije que no me lo sabía, y que mi celular lo tenía en el cuarto y no quería entrar porque podía despertar a mi esposo. Él tomó una tarjeta de presentación que llevaba en su billetera y me dijo que le escribiera cuando pudiera. Yo tomé la tarjeta y él se retiró del lugar. Yo entré al cuarto y me quedé profundamente dormida.

    Al día siguiente, me desperté y mi esposo no estaba en la habitación, al cabo de un tiempo él regresó con la excusa de que había salido a caminar. Salimos a desayunar, después nos relajamos en las piscinas y cuando regresamos al cuarto a cambiarnos, mi esposo encontró la tarjeta que el muchacho me había dado, al verla me preguntó de quién era y yo le conté lo que había pasado en la noche cuando él dormía. Al escuchar la historia mi esposo me preguntó si le iba a escribir y le contesté en forma de sarcasmo ¿tú quieres que le escriba?, y él me contestó que, si yo quería escribirle que lo hiciera, y siguiéndole la corriente le contesté que mejor él le escribiera pero que fuera desde su teléfono.

    Mi esposo, casi de inmediato y frente a mí, puso una foto mía de perfil en su WhatsApp, agregó el número y le escribió un saludo. Yo solo observé lo que hizo sin decirle nada y nos quedamos viendo la pantalla del celular por unos momentos y al notar que el muchacho estaba escribiendo, tan solo cruzamos miradas. Conforme entraban los mensajes, mi esposo me los leía, pero me dio su teléfono y me dijo: “contéstale” y yo le respondí “contesta tú”, y mi esposo contestó los mensajes, los mensajes no eran más que saludos pero dejé que mi esposo los contestara y no pasaron muchos chats para que el muchacho escribiera que me quería ver, y cuando mi esposo me leyó el mensaje, él se me quedó viendo a los ojos sin decirme nada y después de un momento de silencio, me preguntó ¿Mi amor qué le contesto? y en ese momento callé por un momento y le respondí contesta lo que tú quieras. Y mi esposo escribió “ok” e inmediatamente entró un mensaje que decía: “Puedes venir ahora al restaurante”, me quede sin aliento, mientras miraba a mi esposo escribir “si” en la pantalla, mi esposo tomó mi mano, luego mi dedo y dejé que con mi dedo marcara enviar.

    De nuevo hubo un tiempo de silencio, en ese momento me sentí algo confundida, pero me arreglé el cabello y me coloqué un poco de maquillaje, y sin cruzar palabras con mi esposo él colocó en la cama ropa para la ocasión. Y, aunque en ese momento pude dejar todo a un lado, me vestí y salí a la cita con el muchacho. Mi esposo me acompañó a la entrada del restaurante, en ese instante me sentí algo sola y nerviosa, por un momento quise decirle a mi esposo que había cambiado de opinión, pero decidí entrar al restaurante.

    El muchacho estaba en la barra y al verme llegar se levantó y me saludó, platicamos un rato. Y salimos a caminar. Desde lejos noté que mi esposo me seguía. Llegando la hora del almuerzo recibí un mensaje de mi esposo preguntándome si íbamos almorzar, le dije que sí, y me despedí del muchacho para reunirme a almorzar con mi esposo, después buscamos un lugar algo privado y le Conté como había sido la cita.

    Al cabo de un tiempo entraron algunos mensajes del muchacho y entre los dos contestábamos los mensajes. Después de un rato, el muchacho escribió que esa era la última noche que él iba a estar en el lugar y que le gustaría verme de nuevo, otra vez hubo un silencio y dejé a mi esposo que escribiera la respuesta. Otra vez tenía una cita y quedamos en juntarnos en la zona de jacuzzi. Me alisté y fui a la cita, me senté a la par de él en el jacuzzi y platicamos un poco, inesperadamente, puso su mano en mi muslo, me sentí bastante extraña y quise salirme del jacuzzi, pero mientras pensaba me tomó por la cintura, intenté persuadirlo diciéndole que todo estaba pasando muy rápido, he intentó besarme, logrando apenas tocar mis labios con los suyos, pero con firmeza le dije que se detuviera y salí del jacuzzi.

    Mi esposo estaba cerca y vio cuando salí del área del jacuzzi, yo iba en dirección a la habitación algo decepcionada, mientras mi esposo solo me acompañaba. Después de hablar con mi esposo, me tranquilicé y mi esposo me dijo que fuéramos a cenar, en ese momento yo no quería salir, pero mi esposo me convenció, me arreglé y me puse un vestido de noche y salimos a un restaurante de la zona. Mi sorpresa fue que cuando entramos al restaurante mi esposo había preparado una linda mesa, con pétalos de rosas en el piso, rosas, en el centro de mesa una vela, un buen vino y música para la ocasión.

    Esa noche mi esposo me dijo palabras muy lindas y se portó muy bien, aparte me regaló una cadena. Me di cuenta de que había preparado esa cena para mí, que en la mañana había salido para coordinar esa cena. Realmente me sentí muy amada y especial, sus palabras reconfortaron mi corazón y de pronto cualquier molestia en mí había desaparecido y estaba muy feliz.

    Terminamos la cena y aunque era temprano yo quería estar con mi esposo así que fuimos a nuestra habitación, he hicimos el amor. Pasó un tiempo y llegaron unos mensajes del muchacho, diciéndome que si estaba en mi habitación que esperara que mi esposo se durmiera y que saliera porque quería estar conmigo y terminar lo que habíamos empezado. Mi esposo leyó los mensajes en voz alta y guardó el celular debajo de la almohada, mientras entraron otros mensajes, esta vez yo tome el celular y leí los mensajes, era un poema, y me volvió a pedir que saliera y que quería estar una noche conmigo. Le leí los mensajes a mi esposo, pero sin decirme nada tomo el celular y volvió a guardarlo y unos segundos después entró otro mensaje y con mi esposo cruzamos miradas y él solo subió los hombros, luego mi esposo me preguntó: ¿quieres que le conteste?, y yo le respondí: ¿qué es lo que realmente quieres tú?, y me dijo: pues yo quisiera verte teniendo sexo con otro hombre, y yo le contesté: “bueno, yo lo convencí para tener sexo conmigo, convénzalo tú para que tú puedas ver”.

    Me levanté a darme una ducha, luego me lavé los dientes, y de pronto escuché la voz del muchacho que hablaba con mi esposo, abrí la puerta del baño, y allí estaba el muchacho quién se acercó a mí, me tomó la mano y nos sentamos a la orilla de la cama, él me besó mientras metió su mano debajo de la toalla y sentí como su mano recorría mis muslos hasta que tocó mi clítoris con sus dedos.

    Después del beso, me recosté boca arriba y quise subir mis pies a la cama, el muchacho me las tomó y me giró 180 grados de modo que mi cabeza colgara en la orilla de la cama y poniendo su pene en mi boca, abrió mis piernas y empezó a masturbarme con sus dedos. Luego alcanzó mi vagina con su boca y la besó hasta que sentí venirme, después penetró mi vagina y lo hicimos en varias posiciones hasta que los dos quedamos satisfechos.

    Me levanté de la cama y fui a bañarme de nuevo, al salir vi que el muchacho tenía una toalla en la cintura y jugaba con mi esposo una partida de dominó en la mesa de centro de la habitación. Mientras jugaban, platicaban acompañados de unas bebidas. Yo estaba allí intentando asimilar lo que había pasado y lo que estaba pasando. Me senté a un costado de ellos y después de un rato el muchacho tomó mi mano y la puso en su pierna, sentí que su miembro estaba erecto y me hizo un gesto con la mirada y mi esposo me dijo “dale”, me agaché y le hice sexo oral hasta que sentí sus fluidos dentro de mi boca.

    Después bebimos un poco y se nos fue haciendo tarde, hasta que estábamos cansados y decidimos dormir, mi esposo dejó que el muchacho me llevara a la cama, mientras él se acostó en el sofá. Esa noche dormí con nuestro invitado y en horas de la madrugada, desperté siendo penetrada por el muchacho, quien volvió hacer el amor conmigo y al terminar nos abrazamos hasta quedarnos dormidos.

    Al día siguiente despertamos y el muchacho se despidió de nosotros. Con mi esposo salimos a desayunar y descansamos un rato en las butacas, esa mañana no hablamos mucho y muy poco en la tarde, pero poco a poco el silencio se fue rompiendo y en la noche hicimos el amor como nunca, recordamos la cena del día anterior que él me había preparado y luego él me contó que sintió al verme teniendo sexo con otro hombre y yo le conté lo que sentí. Y concluimos que fue una experiencia única y muy erótica. Los dos regresamos muy felices del viaje y hasta hoy somos felices.

  • Me encanta follarte

    Me encanta follarte

    Sentada en el sofá con tu libreta cuando he entrado y me he acercado. He levantado la cabeza buscando tu mirada y he empezado a besarte. Me has correspondido y he empezado a tocarte sobre las ropa, pasando la mano sobre tu cuerpo, apretando tus tetas, bajando por tu abdomen y tu cintura, pasa seguir, notando como separas las piernas para dejarme entrar. He metido la mano entre tus muslos, acariciando tu coño sobre las medias. Se notaba caliente la zona, y te he besado más fuerte. Tu cuerpo se ha arqueado al sentirme y he comenzado a jugar con tu coñito, aún sobre las medias, notando como tu cuerpo hace movimientos acomodándose a mi mano, contoneándose, dándome a entender que te gusta, eso me excita más aún.

    Entonces he empezado a desnudarte comenzando por la parte de arriba, dejando tus tetas libres para saborearlas con mi boca, apretarlas, sentirlas en mi cara, morderte los pezones, estirándolos. Que dulces los tienes, me encantan. Te he dado la vuelta, apoyándote las manos en el sofá dejando tu espalda libre. He pasado mi lengua a lo largo de toda ella, recorriéndola, agarrado a tus tetas, mordiendo tu cuello. Y he vuelto a bajar por tu espalda.

    Me he separado para mirarte y he azotado tu culo. He bajado tus medias para desnudarte completa, y así más, eres hermosa, más aun. Con mis manos he recorrido tus piernas de abajo a arriba, hasta tu ingle. Me he arrodillado detrás de ti y he empezado a lamerte el culo, mordiendo tus nalgas. Tienes un culo maravilloso. He bajado la boca hasta tu coño, así, desde atrás, para pasarle la lengua. Entonces en pie, detrás de ti, he empezado a masturbarte. Primero tocándote el coño suavemente, dándote algún azote para que se te caliente el culo. Después te he metido los dedos, y tu coño estaba húmedo esperándome. Te he puesto una mano en el cuello mientras te he masturbo con la otra, y te he levantado el cuerpo pegándote a mí, así puedo ver tu cara guapa mientras te masturbo, observando tus gestos de placer, que te hacen mucho más hermosa, y me entran más ganas de follarte.

    Así te he masturbado un rato hasta sentarte en el sofá, abriéndote las piernas porque voy a comerte el coño. He recorrido tus muslos en dirección a tu coño. He empezado a lamerte el chochito, lo tienes delicioso, me encanta. Tus gemidos llegan a mis oídos y me dan fuerza para desearte más, quiero besártelo oyéndote gemir. Mientras lo hago, subo mis manos y recorro tu cuerpo hasta llegar a tus tetas. Mi bulto está hinchado y te está gustando saber que mi polla está dura por ti. Me he puesto en pie, sácala, te he dicho. Y tú, obediente, has bajado el bóxer dejándola salir al aire frente a ti. No he tenido que decirte nada porque has sido tú la que la ha agarrado con la mano y ha empezado a masturbarme.

    Me has mirado un par de veces para observar mis gestos de placer, mi cara excitada. Después te la has metido en la boca, primero suave, un poco más, empapándola con tu saliva. Me gusta como la chupas, me gusta tu boca caliente, sentirla en mí, como subes y bajas por ella, degustándola. Lo disfrutas y a mí me encanta que así sea, me gusta verte disfrutar. Entonces la saco y la froto por tu cara, haciéndote sentir su calor, me gusta verte así. Pienso en metértela, pero te dejo un poco más.

    Me inclino y te beso, con muchas ganas, mientras he bajado la mano a tu coño y tú me sigues masturbando. Me gusta que nos toquemos así, los dos entregados, disfrutándonos. Entonces separo mi boca y te miro. Eres guapa, muy guapa. Y tu mirada de ojos claros me vuelve loco. Mírame, me encanta vernos así.

    Entonces me agacho frente a ti, arrodillado, mi polla justo frente a tu coño. Te miro fijamente a los ojos y me devuelves la mirada. Te hago un gesto afirmativo, sabes lo que quiero decir, y me respondes afirmativamente, con tus ojos clavados en mí. Empujo mi polla hacia ti y te roza el chochito. Los dos estamos deseando que este dentro, hazlo tú, te digo. Y bajas tu mano agarrando mi polla por la base y colocándola en tu entrada. Entra, te susurro al oído. Y te haces un poco más hacia delante introduciéndote el glande, quédate así, te ordeno. Agítala. Obedeces y la agitas con el glande en tu interior. Ahora súbela por tu rajita hasta tu clítoris. Empiezas a sentir más placer, hay algo que sube dentro de ti y no es solo mi polla. Te vas a correr. No quiero que te detengas, quiero verte así. Y obedeces y te dejas llevar. Empiezas a correrte. Varios segundos. Tu cuerpo se arquea súbitamente. Tu cara se contrae inclinada hacia el techo.

    Te relajas y ahora te mueves despacio, suave. Y bajas a besarme. Me encantas, te digo. Tú no dices nada, eres así, lo demuestras con hechos, pero te sigues moviendo con mi polla dentro, me cabalgas suave. Entonces me dices, algo insólito en ti, córrete tú. Te agarro de la cintura y te ayudo a cabalgar, voy buscar mi orgasmo para dártelo todo. Nos follamos abrazados con los cuerpos pegados, sudando, entregados. Me encanta tenerte así. De pronto me detengo, salgo de ti y me pongo en pie. Tú ya sabes lo que quiero y yo sé lo que te gusta. Te sientas al borde del sofá y me ofreces tu boca. Yo te entrego mi polla, que te metes de lleno chupándola y masturbándola. Lo haces rápido, quieres mi jugo, lo deseas. Así que aceleras el ritmo con mano y boca.

    Notas que mis gestos se tensan y sabes que ya va a venir. Dejas que mi semen estalle en tu boca, empape tu cara mientras frotas mi polla por tu rostro, dejando que mi placer se prolongue. Estas tan guapa cuando estás llena de mí. Mi semen cae a tus tetas, tan bonitas. Y te pongo en pie, te abrazo y te subo a mi altura. Entonces te beso, porque esto debe terminar como empezó, con un buen beso. Me encanta follarte.

  • El viejito en la residencia (2)

    El viejito en la residencia (2)

    Tres días después volvió Elena al trabajo después de un descanso necesario. Cuando entró por el jardín de la residencia, con firmeza, derrochando elegancia natural, Javier estaba sentado en un banco a la sombra de un árbol con su libro en la mano. Levantó la mirada y la observó caminar. Ella no se dio cuenta, continuando su paso hacia la entrada hasta desaparecer adentrándose en ella.

    Después de comer Javier caminaba hacia su habitación para hacer la siesta, cuando vio a Elena doblar la esquina del pasillo y caminar hacia él. Ambos se miraron y sonrieron. Javier se quedó quieto, viéndola acercarse, pero ella no se detuvo, pasó a su lado sin dejar de mirarlo sonriente. Para Javier fue como ver una estrella fugaz, la siguió con la mirada volviéndose al verla pasar a su lado y observándola de espaldas. Ella era consciente. El peso de lo acontecido tres días atrás pesaba entre ellos. Javier siguió su camino hasta la habitación y se tumbó en la cama, pensativo.

    Pasaron varios minutos cuando Javier sintió que lo despertaban con una mano en su pecho.

    Despierte Javier, que luego no podrá dormir – escuchó somnoliento.

    Cuando fue consciente vio a Elena frente a él.

    No me trates como a un viejo, puedo hacer una buena siesta y después, si no duermo, leo, no tengo problema – aclaró.

    Es mi trabajo, no lo tome personalmente.

    Te he visto entrar esta mañana por el jardín, ibas preciosa.

    No empiece, por favor – dijo ella destensando la situación.

    Es la verdad, tienes algo cercano a la magia.

    Debería dejar de leer a esos poetas, le trastornan los sentidos.

    Entonces sería uno más, y me niego.

    Usted no es uno más, desde luego.

    No quiero que me huyas – le soltó convencido.

    No lo haré, es imposible compartiendo el mismo centro.

    No me gusta esa respuesta, es evasiva.

    Es real.

    Javier, aún tumbado, le puso la mano en la cintura.

    La realidad se inventa, y se puede mejorar.

    Ella sonrió y puso su mano sobre la mano de Javier, que aún descansaba en su cadera. Sonrió.

    Levántese y salga a pasear – inquirió Elena.

    Acompáñame.

    Tengo trabajo, lo sabe bien.

    Acompañar a un viejito es parte de su trabajo.

    Elena sonrió la ocurrencia, apretó la mano de Javier y la quitó de su cintura.

    Salga a caminar, igual le alcanzo – sentenció Elena.

    Javier caminaba por el jardín hasta que decidió sentarse en un banco y sacar su inseparable libro. No pasó ni un minuto cuando oyó la voz de Elena.

    ¿Ya se ha cansado de andar, viejito?

    Javier levantó la mirada y vio la mano tendida de Elena. La agarró y se incorporó agarrado a ella. Una vez en pie caminaron por el jardín. Al principio todo era silencio. Javier se percató y rompió el silencio.

    ¿Estás bien?

    Ella se sorprendió por la pregunta.

    Claro, ¿por qué lo preguntas?

    Me refiero a si estás bien conmigo – Elena quedó en silencio unos segundos -. No me gustaría que por lo que pasó el otro día cambie nuestra relación.

    ¿Relación? – Preguntó Elena sorprendida.

    No te escandalices, relaciones hay de mil maneras, no malinterpretes. Si lo que pasó va a modificar la manera de comunicarnos, maldito sea el día.

    Elena pensó unos segundos.

    He pensado en ello estos días, no es lo normal, nunca antes me había pasado. Al principio me sentía extraña, como si hubiera hecho algo malo, afortunadamente los días aclaran algo, pero aún sigo en proceso.

    Pues yo no puedo sino darte las gracias, la vida aquí no es una juerga, ni siquiera están mis amigos de siempre, no tengo a nadie afín, y sentir como vas envejeciendo no es la mejor de las artes. En ti he encontrado un poco de todo lo que me falta, te has convertido en una ilusión, y eso siempre empuja hacia delante.

    Elena se detuvo, miró a su alrededor y comprobó que había poca gente y que no miraban en su dirección. Entonces abrazó a Javier. Él se abrazó a ella sintiendo sus pechos aplastarse. Poco después se separaron.

    Eres un buen hombre – le dijo Elena.

    No es para tanto, créeme – bromeó Javier viendo como ella sonreía la ocurrencia.

    Y un canalla – añadió ella.

    Eso sí, me sacas esa parte.

    Ella sonrió de nuevo y volvió a mirar a su alrededor para comprobar que nadie estaba pendiente de sus actos. Entonces le dio un beso en la boca, corto, pero intenso. Al separarse lo miró a los ojos.

    Pero no me hagas sentir mal, por favor.

    ¿A qué te refieres?

    No quiero que insistas, ni que nadie note esa “debilidad” que dices que provoco en ti.

    No es nada malo.

    Malo no, pero no quiero sentirme incómoda.

    Tampoco yo quiero que te sientas así.

    Lo sé, pero tenía que decírtelo. ¿Volvemos?

    ¿No puedo llevarte de la cintura? – Preguntó irónico Javier.

    No – afirmó Elena echando a andar.

    Javier se quedó mirándola caminar hasta que ella se dio la vuelta.

    ¿Vienes?

    Javier asintió y caminó junto a ella de vuelta. Unos segundos de silencio se instalaron entre ellos.

    No voy a dejar de cortejarte – dijo Javier rompiendo ese silencio -, la vida que me das, la ilusión, no quiero perderla.

    Eres testarudo.

    Y tú encantadora.

    Después de cenar Javier caminaba hacia su habitación para retirarse y concluir el día, cuando al girar el pasillo Elena venía de frente. Ambos siguieron su ruta mirándose sin poder contener una sonrisa que ni ellos sabrían definir. Al llegar a la misma altura le hizo un gesto invitándola a pasar por su habitación.

    Lee – le respondió Elena sonriendo sin detenerse.

    Él se quedó mirándola hasta que desapareció girando al final del pasillo.

    En la habitación leía su libro de cabecera cuando el sueño lo hizo caer sobre su abdomen. Un rato después Elena entró y lo vio dormido con la luz de la mesita encendida, le quitó el libro y apagó la luz de la lámpara. Caminó para salir de la habitación.

    No te vayas – oyó a su espalda.

    Al volverse vio que Javier se estaba sentando en la cama. Lo miró.

    Tengo que seguir trabajando.

    Claro, soy consciente.

    ¿Entonces?

    Ven – inquirió Javier.

    Ella lo pensó unos segundos antes de empezar a caminar hacia él. Se detuvo justo enfrente, a unos centímetros, sin decir nada. Él alargó sus brazos y puso sus manos en la cadera de ella. Elena lo miró seria, pero él no se aminoró y la acercó hacia él colocándola entre sus piernas.

    No quiero que te vayas – le dijo.

    Lo sospecho.

    Javier bajó sus manos a las nalgas de Elena y apretó.

    Javier, por favor.

    ¿No te gusta? – Quiso saber él.

    Sabes que sí, pero no podemos excedernos tanto.

    ¿Dónde está el límite?

    En el sentido común.

    A ese estoy respondiendo – y apretó más aún sus manos.

    Ella resopló levemente, y Javier subió la bata para poner sus manos directamente sobre sus nalgas, sintiendo su piel en las palmas de sus manos. Contemplaba el rostro de ella sin ver ni un atisbo de rechazo. Elena, por su parte, empezó a desabrochar la bata frente a él, dejándole ver un sencillo pero bonito sujetador. Llevó las manos a su espalda y lo desató, dejando sus tetas libres frente a él. Sus miradas se cruzaron ya envueltas en el completo entendimiento. Javier subió sus manos hasta las tetas de Elena y las empezó a masajear. Llevó su boca hasta ellas y empezó a lamerlas, recreándose en los pezones rosados y erectos. Elena facilitaba el acto de Javier con un movimiento leve, dejándole hacer. Cuando lo creyó oportuno se separó poniendo sus manos en el pecho de él. A Javier le sorprendió este gesto. Ella bajó sus manos despacio por el pecho, el abdomen, hasta llegar a su entrepierna, comprobando que él estaba completamente dispuesto, esperándola. Con habilidad introdujo sus manos por la bragueta y sacó la polla, masajeándola. Javier sintió como el aire entraba mejor en su cuerpo, denso pero con una eficacia sorprendente.

    ¿Estás bien? – Preguntó Elena.

    Perfectamente, quizá mejor – afirmó Javier.

    Elena mojó su mano llevándola a su boca y volvió a bajarla. El tacto se suavizó en su erecta polla. Un gemido salió de la boca de Javier. Elena lo miró a los ojos sonriente, sabiéndose con todo el poder en sus manos. Empezó a agacharse sin desviar la mirada de sus ojos. Comprobó que él estaba abandonado a ella, casi pudo sentir la enorme admiración que le procesaba en su rostro. Se arrodilló sin dejar de mirarlo, supo que en esa mirada estaba todo lo necesario. Ella pasó la lengua por el glande sin desconectar la mirada. Sabía que él era consciente de lo que le estaba regalando, podía verlo en sus ojos, en su boca entreabierta. Entonces abrazó el glande con sus labios y se deslizó hacia abajo, introduciendo su polla en su boca hasta donde pudo, como haciendo una primera prueba, un primer aviso. Javier apoyó sus brazos en la cama dispuesto a dejarse hacer, había comprendido la situación. Elena, despacio, empezó a entregarse abstraída, haciendo de aquella polla el único lugar del mundo donde asirse. Javier no quitaba la mirada, era incapaz.

    Admiraba su suerte, la belleza de Elena en esa situación, la propia belleza del momento a media luz, su entrega. Ella rodeó la polla con la mano y se ayudó con ella unos minutos, después la quitó y pasó la lengua desde su nacimiento hasta el glande para volver a engullirla con entusiasmo. Ahora sólo usaba la boca con maestría, entrando y saliendo, mirándola cuando le apetecía ver cómo respondía a su buen hacer. Entonces agarró sus testículos y los movió hacia arriba y abajo, viendo como la polla se movía en el aire erecta y desafiante. La agarró y empezó a masturbarla con la mano, subiendo y bajando la mano haciendo un giro espiral por todo el tronco, recreándose en el glande y mirando a Javier. La cara de placer de él era la gasolina que ella necesitaba. Siguió masturbando aquella polla con vigor, y volvió a meter el glande en su boca, lamiéndolo con entusiasmo. Después iba intercambiando los movimientos bucales, introduciendo la polla en la boca hasta donde le apetecía y volviendo al glande para recorrerlo atrapado entre sus labios. Javier sintió una ola de placer invasiva, notando que ya estaba cerca, sintiéndose incapaz de contener aquel aluvión que se acercaba.

    Ella la sacó de su boca con un gesto brusco, haciendo que la polla diera varias cabezadas en el aire, como un resorte, ante sus ojos. La mirada de aquella polla completamente erecta recobrando la posición vertical que su rigidez le exigía le encantó, y optó por volver a introducirla en su boca, esta vez con ansiedad, con verdadera entrega. Javier se sintió vulnerable como nunca, agarró las sábanas entre sus manos y apretó la mandíbula. Iba a avisar de lo que estaba a punto de pasar, pero el dedo de ella se puso en sus labios haciéndole callar. De alguna manera había percibido lo que se avecinaba, ella sabía tanto o más que él, era la artífice, consciente de su poder.

    A Javier este gesto le volvió loco, su cerebro estalló y se instaló en el lugar de no retorno. Elena chupaba con destreza, subiendo y bajando la mano sin sacar la polla de Javier de su húmeda boca, buscando el estallido final. Sintió como Javier tensaba su cuerpo y siguió entusiasmada su labor. Javier despegó el culo de la cama, inclinando hacia delante su cuerpo tenso, y empezó a correrse mientras ella no se detenía. Al sentir el semen en su boca, Elena bajó el ritmo, suavizó las formas sin dejar de mamar, masajeando aquella rica polla aún con su boca. Tragó. Después lamió con su lengua todo el tronco mirando a Javier, cuya cara era un poema, quizá había sido la mejor mamada que le habían hecho en su vida, ella lo adivinaba en su rostro. Siguió dando lametones hasta dejarle la polla impoluta, ya bajita de su erección. Entonces se puso en pie frente a Javier y lo miró a la cara.

    ¿Cómo está el señor? – Preguntó con una sonrisa irónica.

    Javier respiró profundo sin dejar de mirarla.

    Es la me… – Elena le tapó la boca sin dejar que terminara la frase.

    Lo sé – afirmó.

    Creo que no voy poder olvidarte nunca – añadió Javier aún absorto en diversas sensaciones.

    Eso espero, mi viejito.

    Elena lo besó, se recreó en el beso con ternura. Después se separó, se abrochó la bata.

    Voy a seguir trabajando – le dijo a Javier.

    No te vayas, o vuelve sólo para dejarte ver.

    Elena sonrió, se giró y caminó hacia la salida, desapareciendo de la habitación.