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  • Masaje tántrico (4): parte 1)

    Masaje tántrico (4): parte 1)

    Esta vez ya la cosa era diferente, tenía el número de dos hermosuras para poder llevarlas a un hotel y hacerles lo que quisiera. Ya sabía de lo que era capaz Alexa, se notaba que era tremenda zorra. Pero esta vez, no podía sacarme de la cabeza a Brenda. Lo cortante que fue al despedirse hizo que me diera más morbo, pensé que sería como un reto. Así que decidí escribirle.

    – Hola Brenda, ¿Cómo estas preciosa? – escribí.

    – Hola, ¿Quién es? – respondió.

    – Perdón, soy Gonzalo, de la semana pasada. Con Alexa, ¿te acuerdas?

    – Ah sí, ¿cómo estas papi?

    – Muy bien, quería ver si estabas disponible para mañana.

    – Sí, claro, ¿qué tipo de servicio quieres?

    – Bueno, lo quiero todo. Me quede con las ganas la semana pasada.

    – Uy que rico, está bien. ¿Dónde iríamos? Sabes que en el salón no se puede.

    – Dime tú, ¿dónde acostumbras ir?

    – Bueno, cerca al salón hay un hotel bien cómodo. Ahí podría ser.

    – Está bien, ¿a qué hora estas libre?

    – 10 ¿está bien?

    – Sí, claro.

    – La tarifa es 100 soles el polvo bebe. Empezamos con un masaje sensual, luego sexo oral, luego sexo vaginal, las poses que quieras, hasta que termines. Cualquier otra cosa es extra.

    – Está bien, pero, ¿si quiero un par de polvitos?

    – Seria 170 soles.

    – Está bien. Nos vemos mañana a las 10, me dices que hotel es.

    Eso fue todo, ya estaba la cita hecha, estaba ansioso de que sea el día siguiente. A mi mente vinieron los recuerdos de Brenda de la última vez. Lo hermosa que era, la forma de sus tetas, el tremendo culo que tenía, estaba a mil.

    Estuve acostado un momento en mi cama, mi pareja se acostó a mi lado. Yo estaba muy caliente solo con la idea de lo que pasaría el día siguiente. Mi pareja se apoyó a mi lado, dejando sus tetas aplastándose al lado de mi pecho. Me dio un suave beso en la boca y se recostó en mi pecho colocando su mano en mi abdomen. Puso su pierna encima mío y con su muslo rozó mi pene. Se debió dar cuenta de lo duro que estaba, porque levantó la mirada, me miró a los ojos y su mano bajó hasta meterse dentro de mi short. Agarró mi pene con la mano y comenzó a masturbarme.

    Se sentía muy bien sentir sus manos después de tanto tiempo. Empecé a masajearle las tetas y nos besamos. Esta vez con pasión. Como ya lo habíamos hecho antes, tantas veces.

    – ¿Te la chupo? – preguntó – hace tiempo que no lo hacemos mi amor – y ¿de quién es la culpa?, pensé.

    – Claro mi amor, sabes que me encanta como la chupas – respondí.

    Bajó su cabeza, me sacó el short y le comenzó a dar besos a la punta, luego lamia la cabeza y de repente se la metió toda adentro. La verdad que siempre me gusto como la chupaba. Se puso en una posición que dejaba su culo al lado de mi cuerpo. Le bajé el pijama hasta las rodillas flexionadas y comencé a tocar su vagina. Masajeaba sus nalgas al mismo tiempo que metía un dedo en su conchita. Comenzó a humedecerse rápidamente. Ya no aguantaba más, entre la excitación de imaginarme a Brenda, la mamada exquisita que me estaba dando mi pareja, lo mojada que estaba su concha y las ganas que tenía de estar con ella desde hace tanto tiempo, la levanté y la coloqué boca arriba. Le quité el pijama completamente y ella se quitó la parte de arriba. Aparecieron ese par de tetas que extrañaba tanto, grandes, un poco caídas por la lactancia. Pero hermosas de verdad.

    Una vez así, no esperé más y acerqué mi pene a su vagina, la fui metiendo de a pocos. Hasta que entro toda. Me quedé así unos segundos, viéndola a los ojos. Comencé a moverme despacio. Notaba su cara de dolor al comienzo, pero luego fue cambiando a una de placer. Me tumbé encima de ella, aplastando sus tetas con mi pecho y le di un beso muy caliente, ardiendo. Fui acelerando los movimientos, ella comenzaba a gemir. El sentir la humedad de su vagina directamente en mi pinga era delicioso. Comenzó a gemir cada vez más fuerte y me acerque a su oído.

    – ¿Te gusta mi amor? – le susurré – ¿te gusta la pinga de tu hombre?

    – Si – gemía ella – sí, me gusta tu pinga amor, métemela toda que me voy a venir.

    – Y, ¿quieres mi leche? – dije – ¿quieres que nos vengamos juntos?

    – Si, amor, si – seguía gritando – lléname con tu leche por favor. Así, dame más. Más rápido por favor – suplicó.

    Aceleré los movimientos, le daba cada vez más fuerte y sentía que me quería venir. Aceleré un poco más.

    – No pares, me vengo –gritó, sentí como su vagina se contraía y se mojaba más, solté toda mi leche dentro y me desplomé encima de ella.

    Nos recostamos exhaustos, ella encima de mi pecho, aún desnuda, abrazada a mí, con su cabeza en mi pecho y su pierna encima mío. Su concha se pegaba a mi pierna y sentía como seguían saliendo de ella nuestros jugos combinados. Así nos quedamos dormidos.

    Al día siguiente, desperté con la imagen de mi pareja, desnuda, encima mío. con las manchas de nuestras corridas en la sabana y nuestras piernas. Felizmente mi hijo se había quedado a dormir con sus primos, así no nos vería en una situación tan incómoda. Al levantarnos me bañé, con la idea de decirle a Brenda para aplazar nuestra cita para otro día. Pero cuando le escribí para aplazar la cita, lo único que atiné a escribir era para que me diga el nombre del hotel, cuando me lo dijo, partí camino a este. Por más satisfecho que había quedado la noche anterior, seguía con la imagen desnuda de Brenda en mi cabeza. Me dijo que pida una habitación y que una vez que esté dentro, le diga el número. Ella ya estaba en camino también. Hice eso, me dieron mi habitación y le envié el número.

    La habitación era amplia, tenía una cama de 2 plazas. Un sillón tántrico, una amplia ducha con paredes de vidrio y el baño al lado. Se veía cómodo todo, nunca había usado uno de esos sillones tántricos, así que imaginé que Brenda me enseñaría.

    Prendí la tele mientras esperaba, rápidamente salió el canal porno. Definitivamente era un hotel para citas. Comencé a ver una porno, pero cada vez me desesperaba más, me excitaba con la película y ya quería que llegue Brenda. Unos minutos después, tocan la puerta, salté de la cama y corrí a la puerta. Abrí y era ella. Vestía un jean pegado y un polo bien pegado que apretaba sus tetas. Le di un beso en la mejilla y la hice pasar. Después de lo cortante que estuvo la última vez, traté de ir despacio.

    – Hola mi amor – le dije – pasa.

    – Hola, papi, ¿cómo estás? – respondió.

    – Mejor ahora que llegaste. – respondí – te ves hermosa.

    – Gracias – sonrió – entonces, ¿cómo quieres empezar? – preguntó un poco apurada.

    – Bueno, me gustaría un striptease primero. Luego pasamos a lo bueno, ¿te parece? – me aventuré a decir.

    – Está bien, que rico. – respondió ella – y ¿cuántos polvitos vas a querer mi amor?

    – Definitivamente dos – le dije.

    – Ok, serian 170 – me dijo y le pagué – ponte cómodo, me voy a cambiar y vuelvo.

    Pasó al baño y yo me desvestí, para quedarme solo en bóxer. Al rato salió, estaba con una batita semitransparente que le llegaba hasta la mitad de los muslos. Dentro se podía ver, un sostén rojo de encaje y un hilo del mismo color. Se veía de infarto. Mi pene comenzó a endurecerse solo con esa visión. Puso un poco de música y comenzó a bailar. Se movía muy sexy y luego jaló la silla que estaba al lado y me llamó para que me siente. Lo hice rápido. Una vez sentado, se dio la vuelta y me mostró el culo. Se veía espectacular, con el hilo de su tanga metido entre sus nalgas, lo movía muy sensualmente al ritmo de la música. Luego se sentó en mi regazo y se comenzó a frotar. Puse mis manos en sus tetas, por encima del sostén, se sentían duritos. Los masajeé y me acerqué para besarle la espalda. Ella seguía moviéndose.

    Después de un momento así, se levantó, siguió bailando y lentamente se quitó el sostén. Salieron ese precioso par de tetas y se subió encima mío, esta vez quedando frente a frente. Se movía frotando su vagina encima de mi bóxer. Mi pene ya estaba completamente erecto. Me pegó las tetas al pecho y comenzó a cabalgarme de una forma muy excitante. Me besaba y lamía el cuello. Luego puso su cara frente a la mía. Su boca estaba muy cerca a la mía, me miraba a los ojos y sentí un poco de lujuria en su mirada. Eso hizo que me envalentonara y me atreví a darle un beso. Uno corto, con la boca cerrada. Nos separamos con las miradas fijas en los ojos del otro. Y sin pensarlo dos veces, ambos nos acercamos y nos dimos un beso muy caliente. Nuestras bocas se abrieron y nuestras lenguas jugueteaban una con la otra.

    Seguimos besándonos un buen rato así, mis manos en su culo ayudándola con los movimientos encima de mi pene. Yo estaba a mil. Y por sus besos sentí que ella también estaba caliente. Me levanté de la silla y la cargué sin dejar de besarla. La llevé al borde de la cama y la recosté. Quedé parado frente a ella disfrutando de la vista. Luego volví a lanzarme hacia su boca. La besaba con locura. Le masajeaba las tetas y los pezones. Ella colocó sus manos en mi espalda y me la sobaba con fuerza.

    Comencé a bajar, besando y lamiendo su cuello, hasta que llegué a sus tetas, se las lamía y chupaba sus pezones. Daba ligeros mordiscos de vez en cuando. Ella agarraba mi cabeza y me despeinaba. Seguí bajando, pasando mi lengua por su abdomen, durito y bien trabajado. Con las manos intenté bajar su tanga, dificultado por estar apoyada en la cama. Ella levantó el culo para dejarme campo libre y saqué con fuerza su tanga. Se la deslicé por las piernas y lo saqué por sus pies, casi se engancha en esos tacos altos que tenía. Frente a mi pude ver esa conchita tan deliciosa, depiladita, con unos labios gruesas ya un poco húmedos.

    Comencé a sacarle los tacos, mientras los sacaba besaba sus pies, los lamía. Ella se mordía los labios. Lo estaba disfrutando. Comencé a subir lamiendo sus piernas. Pasando mi lengua por toda se extensión. Cuando llegué a la vagina, me arrodillé al pie de la cama y quedó frente a mí. Ella abrió sus piernas lentamente. Como indecisa. Pero yo no podía titubear. Me abalancé y comencé a besar suavemente sus labios vaginales. Le pasaba la lengua de arriba abajo. Con el dedo pulgar masajeaba su clítoris mientras lamía e introducía ligeramente mi lengua dentro.

    – Uy mi amor, que rico – la escuché gemir – sigue – seguí disfrutando de su humedad. Tenía un sabor delicioso – ven mi amor, quiero volver a probar esa pinga.

    Me levante, me dijo que me recueste. Ella se subió encima mío, puso su vagina en mi cara y agarró mi pene. Comenzamos un 69 espectacular. Me la chupaba toda, amasándome las bolas con su mano. Yo seguía chupando como loco, mientras amasaba sus enormes nalgas con ambas manos, las abría y con el dedo índice, suavemente sobaba la entrada de su ano. Dio un pequeño respingo, pero no se quejó, es más, chupaba con más ganas. Sentía su concha cada vez más mojada. Dejó de chupármela y comenzó a gemir. Sentía que se quería venir. Mi dedo comenzó a penetrar con cuidado su ano, solo metía hasta la altura de la uña. Ella gimió más fuerte y sentía como tiraba todos sus jugos en mi cara. Acababa de eyacular en mi cara. Había visto videos de eso, pero nunca lo había sentido.

    Luego de eso, se levantó, se arrodillo entre mis piernas y se metió mi pinga en la boca. Chupaba como los dioses. Se la metía toda sin problema. No es que tenga una pinga muy grande, pero me defiendo. Nunca nadie se la había metido hasta el fondo. Luego se la sacó. Miró mis huevos y le dio unos besitos.

    – Si te depilas acá abajo, la próxima vez, me los meto a la boca – dijo coquetamente con una cara de puta increíble.

    Se levantó, buscó un preservativo y lo abrió. Lo colocó en la punta de mi pene y abrió la boca para ponérmelo. Con sus labios lo desenrollaba mientras se la metía toda adentro, una vez puesto, siguió mamando. Una vez humedecido, se levantó y se sentó encima mío. Comenzó a frotarse de atrás hacia adelante encima de mi pene. Se recostó sobre mí, y comenzó a guiar mi pene a la entrada de su vagina. Colocó la punta en la entrada, me miro a los ojos y nos besamos apasionadamente. Luego comenzó a empujar y mi pene entró sin dificultad. Comenzó a moverse despacio primero, luego fue subiendo la velocidad. Por el espejo que estaba frente a la cama podía ver como rebotaban sus nalgas en mis huevos. Dejó de besarme, para poner sus tetas en mi cara, las lamía y ella gemía como loca.

    – Ah, me encanta. Que rica pinga tienes papi – dijo agitada, mientras seguía moviéndose encima mío – la quiero toda dentro.

    Yo seguía disfrutando de sus tetas, ahora si mordía un poco más fuerte sus pezones. Le agarré las nalgas y ayudaba sus movimientos. Ella se recostó encima mío, me besaba y comencé a moverme yo, primero despacio, de vez en cuando daba un empujón fuerte hasta el fondo y seguía despacio. Así estuve un momento dándole. Luego aceleré la marcha, se la metía toda y a toda velocidad. Sus nalgas chocaban con mis muslos. Los besos se hacían cada vez más calientes, más húmedos.

    – Quiero ver ese culo – le dije al oído – ponte en cuatro.

    Se levantó, se puso en posición y yo me acomode atrás. Le abrí las nalgas y pude ver ese ano hermoso. Acomodé mi pene en la entrada de su concha y la metí de un solo golpe. Soltó un pequeño grito. Comencé a moverme con fuerza, estaba descontrolado, la quería partir en dos. Pasé una mano por debajo y comencé a acariciar su clítoris, con la otra sobaba la entrada de su ano. Suavemente fui metiendo un dedo. Ella gemía como loca. Solté un poco de saliva en su ano para poder lubricarlo. Ahora si pude meter el dedo hasta la mitad.

    – Así papi así – gemía ella – méteme todo el dedo en el culo. Sigue así.

    Seguía bombeando como loco, era hermoso ver ese culo rebotando en mi abdomen, la visión era espectacular. Mi dedo seguía masajeando su clítoris y sentía como chorreaba su vagina. El otro dedo ya estaba completamente dentro de su ano. Lo movía en círculos pequeños y ella enloquecía.

    – Si – gritó – me vas a hacer venir de nuevo puto – eso me volvió loco – dale más duro, métemela toda – seguía ella. Saqué el dedo del culo y me acerque a su oído.

    – ¿Te gusta cómo te monto no perrita? – susurré a su oído.

    – Si, me encanta como me la metes – respondió – dale más duro, ¡hazme tu perra!!!!!

    – Soy tu macho ¿no putita? ¿Te gusta mi pinga? – le seguía diciendo.

    – Si, eres mi macho y yo tu putita. Todo lo que quieras, pero no pares – decía ella.

    Se la saqué y le di la vuelta. Abrió las piernas y no esperé ni un segundo. Se la metí de un golpe y seguí moviéndome rápido. Seguía masajeando su clítoris con una mano y con la otra le amasaba una teta. Luego me acercaba y le chupaba las tetas. Así seguí un buen rato y ella me abrazó con sus piernas por la cintura mientras agarraba mi culo, empujando cada vez más. Nos besamos en la boca para silenciar sus gemidos.

    – Me voy a venir – gritó – sigue así que me voy a venir. Así. Ah – gritó, mientras sentía como se contraían las paredes de su vagina.

    – ¿Te gusta perra? ¿Quieres mi leche? – le dije.

    – Si papi – me dijo, agitada – pero la quiero en la cara, tíramela toda en la cara. – me sorprendió.

    Esa petición me puso a mil y no pude desaprovecharla, la saqué de su vagina, que chorreaba, me saqué el preservativo y me subí encima de ella. Me masturbé unos segundos y se la tiré toda en la cara. Salió mucha leche, le llené toda la cara con mi semen. Y aún seguía saliendo, ella abrió su boca y un chorro cayó dentro. Caí desplomado a su lado. Ella comenzó a limpiarse con la mano los rastros de semen de la cara y se los metía a la boca.

    – Que rico sabe tu leche papi – me dijo, aún agitada.

    Se había tragado mi leche, no lo podía creer. Aun le quedaban restos en la cara y cuello. Así que se levantó y fue a la ducha. Prendió el agua, espero a que calentara y se metió. Veía como se lavaba la cara, las tetas, la concha y el culo. Verla así era increíble. Me estaba gustando esa vista.

    Continuará.

  • En hotel con maduro de 66

    En hotel con maduro de 66

    Hola, éste es mi primer relato y os voy a narrar mi primer encuentro con un hombre maduro en un hotel.

    Me llamo Miguel, tengo 32 años de edad y sin ser un cañón de tío tengo buena presencia en general.

    Soy un hombre masculino que le gustan las mujeres, he estado con varias y he sabido satisfacerlas adecuadamente, en parte porque la naturaleza me ha dotado de una polla, que sin ser enorme, tiene sus buenos 18 cm, gordita y curvada hacia arriba.

    Mi vida siempre ha sido la de un hombre heterosexual, por eso jamás hubiera podido imaginar que disfrutara tanto con la experiencia que a continuación os relato.

    La relación con mi novia estaba pasando por un mal momento y tras una discusión más fuerte de lo habitual decidí tomarme un tiempo de relax para reflexionar.

    Así que me tomé quince días de vacaciones, preparé una maleta y me alojé en un hotel al sur de España. Estaba en el paraíso, tranquilidad, piscina y buena comida.

    Por las noches bajaba al bar del hotel a tomarme una copa, me sentaba en una mesa y observaba el ir y venir de los huéspedes. Una de esas noches se me acerca un hombre ya entrado en años y con muy buena presencia.

    — Hola, he visto que estás solo, ¿te importa si me siento? —Me quedé unos segundos sin saber que decir, pero reaccioné y lo invité a sentarse.

    — Me llamo Diego… — dijo tendiéndome la mano…

    — Yo soy Miguel, encantado de conocerte Diego. — Contesté

    — Disculpa que te haya abordado de esta manera, pero llevo algunos días aquí solo y me apetecía charlar con alguien…

    — No te preocupes, no hay nada que disculpar, a veces apetece estar solo y otras no tanto… — Contesté… — Notaba que este hombre me miraba de una forma un tanto peculiar, es como si quisiera decirme algo y no se atreviese.

    — ¿Vienes mucho por aquí? — me preguntó

    — No, la verdad es que es la primera vez, necesitaba desconectar y este hotel me pareció un buen sitio. ¿Y tú?

    — Yo suelo venir con cierta frecuencia, cuando mi mujer se va a visitar a nuestro hijo aprovecho y también me doy mi escapada… — sonrió con cierta picardía.

    — Oye Miguel te puedo hacer una pregunta indiscreta? Pero no quiero que te ofendas…

    — Tiene que ser muy indiscreta como para poder ofenderme… — le contesté con una sonrisa para quitar hierro a la situación.

    — Si no quieres contestar lo entenderé y olvidamos el asunto, ¿Ok?

    — Venga dispara, que me tienes en ascuas.

    — ¿Te gustan los hombres?

    Joder, aquello si que no me lo esperaba, me quedé mirándolo sin saber si responderle o levantarme e irme, pero decidí abrirme ante aquel desconocido que probablemente no volviera a ver.

    — Lo primero que te voy a decir es que no me has ofendido, lo segundo es que a tenor de la pregunta intuyo que a ti si te gustan. Me voy a sincerar contigo y te voy a contar una historia que no le he contado nunca a nadie… — hice una pausa para aclararme las ideas y proseguí con mi historia.

    Hace algún tiempo entró un hombre a trabajar en mi empresa, rápidamente nos dimos cuenta que era gay entre otras cosas porque no lo escondía. Resultó ser un tío estupendo y pronto cogimos confianza. El no paraba de darme tiritos cada vez que podía, eso sí, de forma muy discreta, yo me lo tomaba a broma y le seguía el juego.

    Cuando llegó de unas vacaciones, me invitó a su casa para ver las fotos que había hecho en el crucero y acepté.

    Cuando llegué a su casa, me sirvió una copa y nos pusimos a ver las fotos, terminado el repertorio, me levanté para irme agradeciéndole el buen rato que había pasado. El me seguía mientras yo iba caminando por el pasillo, de repente noto como me agarra de los hombros y pone mi espalda contra la pared diciéndome, “déjate llevar“ se arrodilló, me bajó los bermudas junto con los slips y se metió mi polla en la boca.

    La polla se me puso como una piedra casi al instante y se la tragaba como nadie se la ha tragado.

    Estaba muy excitado y le dije que yo también quería chuparle la polla, se puso de pie y sin decir nada me llevó a su habitación, nos desnudamos, nos pusimos en la cama y empezamos a chuparnos las pollas como dos posesos. Después de estar un rato, le aviso que me voy a correr y no pareció importarle, me corrí dentro de su boca, al poco él empezó a correrse dentro de la mía y lo disfruté muchísimo.

    Sin embargo, disfruté mucho más chupándosela yo a él.

    Ese día me di cuenta que era un hombre bisexual y también supe que me iba más el rol de pasivo…

    — Jooderr… — exclamó Diego y se quedó en silencio…

    — Bueno, yo me he sincerado contigo, ahora te toca a ti. ¿Te gustan los tíos? — le pregunté…

    — Si, me gustan los tíos, pero yo soy activo, me gusta ser el macho… — dijo esbozando una sonrisa.

    — Ahora me toca a mi hacerte la pregunta indiscreta… — le digo devolviéndole la sonrisa.

    — ¿Qué edad tienes?

    — 66 años…

    — ¿Y con esa edad todavía se te empalma la polla? — me mira con cara de pícaro y se ríe con una pequeña carcajada…

    — Tengo la suerte de tener lo que se llama un buen pollón, pero la edad no perdona, así que suelo utilizar Viagra.

    — ¿A que llamas un buen pollón? — le pregunto

    — Bueno, pues a una polla de 19 cm, cabezona, gorda y con muchas venas… — mientras describía su polla me pasé la lengua por los labios y él se dio cuenta…

    — Veo que se te hace la boca agua… — y me da una cariñosa palmada en el hombro.

    Siento como me ruborizo y aparto la mirada.

    — ¿Quieres tomarte una copa en mi habitación? — me pregunta con un cierto tono de nerviosismo en su voz… No haremos nada que tú no quieras.

    — Si, me apetece tomarme esa copa contigo… — le contesté.

    — Estupendo!! Mi habitación es la 112, dame 20 minutos para asearme un poco.

    — De acuerdo, en 20 minutos estaré en tu habitación. — se levantó y desapareció por la puerta que da a las habitaciones.

    Mientras iba camino a mi habitación no paraba de preguntarme a mi mismo, pero qué coño estaba haciendo, había quedado con un tío que no conocía de nada, para probablemente tener sexo con él. Joder, estaba muy nervioso, pero a su vez muy caliente, me sorprendió que mi polla se me empalmase con solo imaginar lo que estaba a punto de hacer.

    Me aseé y cuando llegó el momento me dirigí hacia la habitación de Diego.

    Llamé a la puerta, me abrió y me hizo pasar.

    — Pensaba que ya no vendrías… — me dijo.

    — La verdad es que he estado a punto de no venir… — contesté visiblemente nervioso…

    — Oye Miguel, no haremos nada que tú no quieras, venga vamos a tomarnos una copa y te relajas un poco que te veo muy nervioso…

    — Me parece perfecto — contesté.

    Diego iba ataviado con el albornoz blanco del hotel y cuando caminaba la polla se le bamboleaba de un lado hacia el otro, joder, si al final va a ser verdad que tiene un pollón… — pensé.

    Preparó dos whiskys con Seven Up y me tendió una de las copas, brindamos y dimos un sorbo a nuestras bebidas.

    Con tranquilidad se pegó a mi espalda y empezó a rozar su polla en mi culo mientras me susurraba:

    — Relájate, solo queremos pasarlo bien. Quiero que esta noche seas mi putita, ¿ Quieres ser mi putita?…

    — Si, quiero ser tu putita… — contesté tremendamente excitado y con la polla dura como una piedra. ¿ Y tú?, ¿vas a ser mi macho esta noche? — le pregunté mientras movía mi culo sobre su polla como una verdadera perra en celo.

    — Claro que voy a ser tu macho. Mira lo que tiene tu macho para ti… — y me dio la vuelta…

    Su ojos expresaban una tremenda lujuria, miré hacia abajo y empecé a tocarle la polla por encima del albornoz, me puse de rodillas y le quité el cinturón y lo abrí. Ante mi saltó como un resorte una polla tremenda, con un cabezón gordo e inflamado que ya empezaba a expulsar precum. La tenía curvada hacia arriba y las venas hinchadas.

    La agarré con una mano y empecé a masturbarlo, joder estaba tremendamente dura y caliente, notaba su peso, saqué la lengua y empecé a golpeármela con ese pollón, me la pasaba por la cara llenándome de su líquido preseminal, en ese momento supe que podría hacer conmigo lo que él quisiera.

    — Chúpamela… — susurró impaciente…

    — Siii!!… — y me metí su polla en la boca. Tenía que abrir bastante la boca para que ese cabezón entrara, agarró mi cabeza con sus manos y empezó a follarme la boca intentando meterme la polla lo máximo posible, provocándome arcadas, algo que jamás pensé que me gustara tanto.

    — Estoy loco por follarte como a una perra…

    — Con este pollón me vas a reventar… pero estoy deseando que me revientes el culo… — contesté mientras por mi barbilla descendía un reguero de baba.

    — Vamos a la cama — dijo quitándose el albornoz y tumbándose boca arriba…

    Aquello fue todo un espectáculo, un verdadero macho con la polla tremendamente dura apuntado al techo. En ese momento mi excitación estaba al máximo, también tenía la polla que me iba a reventar y deseé de una manera que no podría explicar, tener aquella polla dentro de mi culo y que me follara a su antojo.

    Yo también terminé de quitarme la ropa y fui arduo a seguir comiéndome ese cimbrel que me tenía fuera de mis casillas. Cuando llegué a su altura se apoderó de mi polla y empezó a masturbarme y sin más ,se le metió en la boca y empezó a chupármela, con una de sus manos me abría el culo y con el índice de la otra me rozaba el esfínter hasta que lo metió empezando a follarme con su dedo.

    A duras penas podía mantenerme en pie, me estaba dando un placer que jamás había sentido.

    — Fóllame… — casi le supliqué…

    — Estoy loco por follarte. — toma, lubrícame la polla primero, quiero que disfrutemos los dos, me dijo dándome un tubo de lubricante.

    — Yo te lubrico la polla y tú me lubricas el culo… — le dije en un tono que más parecía una auténtica zorra que un tío que hasta el día anterior, llevaba una vida heterosexual.

    Empecé a hacerle una paja lentamente mientras le untaba el aceite, ¡¡¡Dios!!! Qué polla tiene este tío, pensé, no me cansaría de chuparla nunca. El a su vez, empezó a lubricarme el culo metiéndome un dedo, lo metía y lo sacaba lentamente, luego metió dos, el gusto que sentía era tremendo, mi polla dura como una piedra no paraba de gotear líquido. Estaba deseando sentarme en la polla de mi macho y que me follara bien follado.

    — Ven aquí… — me dijo mostrado su polla totalmente empinada

    — Déjame que empiece yo, no quiero que me rompas el culo nada más empezar.

    — De acuerdo… — aceptó impaciente.

    Me puse encima de él y empecé a rozar su polla por mi esfínter, la cogí por la base y puse su enorme cabezón en mi entrada.

    Me fui sentando poco a poco, notando como su verga iba abriéndose camino. Estaba tan caliente y excitado que casi no sentía dolor, hice fuerza hacia abajo y él a su vez movió sus caderas hacia arriba y sin previo aviso ese pollón me entró hasta la mitad, me quedé paralizado notando como mi esfínter se había dilatado abrazando el tronco de aquella tremenda verga. Él suspiró de gusto y yo me eché hacia delante apoyando mis manos en su pecho.

    — Ya entró… ya entró… te voy a dar la follada de tu vida… — dijo con una mirada de auténtica lujuria.

    — Despacio por favor… — le susurré yo casi sin poder moverme.

    Poco a poco empezó un vaivén lento pero poderoso y en cada envestida, su polla se iba incrustado más y más. Sus movimientos dieron su resultado y ahora éramos los dos los que nos follábamos.

    Su polla entraba hasta el fondo, yo me levantaba y me la volvía a meter. Era tanto el placer que estaba sintiendo, que si me dejaba llevar, me podría correr sin tocarme la polla.

    — Ponte en cuatro… — dijo sacándome la polla del culo, notando un extraño vacío.

    Me incorporé y me puse como me dijo, él se puso detrás de mí y llamándome putita me dio una nalgada en uno de mis cachetes, joder como me gustó.

    — ¿Te gusta putita?, ¿ Te gusta que tu macho te azote el culo? — y mientras me preguntaba me volvía a dar otra vez y con su polla, a modo de porra, me daba golpes en mi dilatado esfínter.

    — Me encanta joder, me encanta que mi macho me azote el culo… y quiero que mi macho me folle bien por el culo…

    Acto seguido, apuntó su polla y esta vez me la metió de una estocada…

    El gusto fue tan intenso e instantáneo, que empecé a eyacular salvajemente mientras él, cogiéndome de las caderas, me la metía una y otra vez, por cada embestida mi polla se enervaba y escupía el poco semen que me quedaba.

    Al rato de estar follándome como un verdadero animal, noto como todo su cuerpo se tensa, aumenta el ritmo por unos instantes y empezó a correrse dentro de mi cuerpo, notando las pulsaciones de su verga por cada eyaculación. Cuando terminó, sacó su polla y se recostó en la cama boca arriba, jadeando y con cara de felicidad. A su vez yo hice lo mismo, totalmente satisfecho. En ese momento supe dos cosas:

    Lo que era realmente el placer sexual y que este hombre me follara siempre.

  • Gracias por mi regalo de cumpleaños (mellizas)

    Gracias por mi regalo de cumpleaños (mellizas)

    Hola, Luis, He leído tus relatos y quisiera, si es que te interesa lo que te cuento, pudieras hacer uno con mi historia, o mejor dicho con la historia de mi hermana melliza y la mía. Desde ya, gracias por haber respondido mi mail.

    N/A: para no cansar con el intercambio de mail, paso directamente al relato conformado.

    Te cuento que estoy estrenando mis primeros veinte años al igual que mi hermana melliza, con la que tenemos una excelente relación y además cada una sabe todo de la otra; cuando digo todo, es absolutamente todo.

    Casi siempre competíamos en broma a ver quién era más bonita, o quién iba mejor vestida, quien tenía mejores piernas o mejores pechos. Pero la naturaleza o la genética nos dotó a las dos del mismo físico; por eso se tornaba en broma.

    Nunca competimos por novios, pero el de ella era un sol, hermoso y con un buen físico, como suelen tener los futbolistas.

    En relación a él, hemos tenido charlas de todo tipo, pues a lo largo de la educación secundaria tuvimos historias con varios de los chicos de la escuela, pero él siempre fue… digamos… el “formal”.

    En nuestras charlas nocturnas a ella le gustaba y creo que hasta se excitaba (al igual que yo) contarme sus rounds amorosos, con lujo de detalles; hasta a veces actuaba las posiciones, a tal punto que en más de una oportunidad he tenido que “calmarme” una vez que ella se quedaba dormida.

    Cierto día, en una de esas sexuales charlas, le confesé lo de mis masturbaciones, imaginándolos desnudos haciendo todas esas cosas que me contaba.

    – ¿En serio? Te excitas con lo que te cuento.

    – Sí, Marianela, me pone a mil, hasta te envidio sanamente.

    – ¿Te gustaría tener un novio que te trate así? En realidad ¿quisieras ocupar mi lugar?

    Sorprendida con la pregunta y riendo muy, pero muy nerviosamente, le contesté en broma.

    – Podrías presentármelo

    Parece que mucho la broma no le gustó, ni siquiera un esbozo de sonrisa.

    La semana transcurrió como era habitual: universidad, estudio y nuestras calientes charlas en la pieza.

    El viernes me dijo que quería salir a cenar o tomar algo, pues hacía mucho tiempo que no salíamos de noche juntas, así que lo organizamos para la noche del sábado.

    Llegada la proximidad de la hora para salir, nos comenzamos a cambiar. Debo de reconocer que a mi querida hermana no le gustaba la forma mía de vestir, así que, prestándome ropa, se encargó de vestirme. Al finalizar nos veíamos perrísimas; ambas estábamos con una pollera corta que casi se nos veía todo, algo que no me disgustó, unas remeras cuasi transparentes que ni siquiera dejaban adivinar que había debajo; literalmente dejaba ver las tetas y sus accesorios, con unas zapatillas tenis blancas, que nos aniñaba aún más.

    Al entrar a la pizzería fuimos de inmediato el centro de las miradas y la causa de varios codazos en las costillas de algunos varones que estaban con su pareja.

    Ya sentadas pedimos una pizza y comenzamos a cenar. Justo en ese momento le suena el móvil, lee el mensaje y contesta con un audio.

    – Dale, estamos en la pizzería, te esperamos.

    – ¿Quién es Marianela?

    – Tranquila Gisela, No estaba previsto, pero es una sorpresa.

    Confiando en mi hermana, espere la sorpresa. Luego de haber comido unas porciones, ahí lo veo entrar. Era Claudio, el novio de mi hermana, con su metro ochenta y cinco, anchas espaldas, fuertes brazos y unos pantalones ajustados que dejaban ver sus musculadas piernas y su hermoso culo redondeado. Parado, nos buscó entre la gente con sus ojazos negros hasta que nos divisó, elevó uno de sus brazos y nos hizo señas, acercándose lentamente para sentarse entre nosotras.

    – Hola chicas, Vaya que sorpresa, están hermosas las dos.

    – Gracias, (Mi hermana lo saludó con un pico.)

    – Que gusto que hayas venido (poniéndome colorada).

    – Es que no pudimos festejar su cumpleaños, así que quise aprovechar la ocasión.

    – La verdad, son hermosas y están preciosas.

    Luego de una larga charla y una pizza más, abonamos y emprendimos camino, vaya a saber dónde.

    A las cinco cuadras detuvo el auto estacionando.

    – Bajo un cachito a casa a buscar más dinero, ¿me esperan o quieren bajar a tomar algo?

    Aceptamos la segunda opción. Entramos a su departamento, con el desorden de un estudiante del interior, pero no tanto; es bastante ordenado.

    Preparo unos tragos; los acerco a la mesita ratona que se encontraba al frente de una cama que oficiaba de sillón, frente a un improvisado sillón más pequeño hecho con varios almohadones dispuestos sobre una pequeña alfombra color azul.

    – Gisela, creo que te lo debía, este es mi regalo para vos.

    Sinceramente, estaba absorta, no podía creer lo que estaba ocurriendo y menos entendía que pasaba. Lo que sí entendí es que la presencia del hombre que le daba tanto placer a mi hermana y fue motivo de más de una paja a su nombre hacía mojar mi entrepierna.

    – Gise, observa, ponete cómoda y disfruta como espectadora privilegiada.

    Marianela se levantó; puso una música suave y muy sensual para, con unos movimientos eróticos, quitarse la transparente remera que cubría su tersa piel, dejando en contraste el mini corpiño color beige que, a penas, contenía sus grandes tetas turgentes.

    Que belleza de mujer, hermosa. Nunca había reparado en el cuerpazo de mi hermana; verla en esta faceta me hizo comenzar a observar en detalle, sobre todo cuando la pequeña pollera que se deslizó hasta el suelo dejó al descubierto un culo redondo, parado y totalmente erotizante.

    Cuantas sensaciones corrían por mi cuerpo, desde mi vagina, permitiendo la salida de mis jugos que empapaban mi tanga, hasta escalofríos, piel erizada y calor en todo el cuerpo. Mi excitación crecía a pasos agigantados, viendo cómo todo lo que me había contado en casa ahora lo vería en vivo y en directo.

    Sin mediar palabras, sus manos recorrían la anatomía de cada uno; cada pasada por alguna prenda de él, mi caliente hermana le retiraba una prenda hasta dejarlo totalmente desnudo. Tamaña sorpresa me llevé al ver el tamaño de su verga; aunque no es monstruosa, sí es la más grande que he visto hasta ahora, lo que me llevó a echar mano a mi entrepierna para poder disfrutar yo también.

    Estaban en un beso de esos que solo salen en las películas, lo que, junto a los movimientos de sus manos, los tenía totalmente encendidos, no sé si era la calentura o el sentirse observados.

    De improviso lo empujó hacia la cama, sentándolo al borde, se hincó sobre el trozo de carne totalmente duro y, mirándome a los ojos, me dijo…

    – Mira bien, solo te lo explico una sola vez.

    Me lo dijo como si yo no supiera lo que es mamar una verga, pero obedecí observando en detalle cómo tomaba con ambas manos toda la extensión, llevando su lengua a recorrer cada centímetro de ella. De reojo me observaba con su mejor cara de perra.

    Me dirán que estoy loca, pero hasta me pareció sentir lo salino de su sabor en mi boca mientras mi hermana lo hacía brillar de saliva. Se nota que le encanta estar entre sus piernas saboreando su miembro.

    Mi vagina comenzó con algunas contracciones de excitación; sin dudar más de nada me entregué a la situación, despojándome también de mi ropa. Quedé tal cual ellos. Introduje el anular y medio de mi mano diestra en la encharcada vagina; mi palma hacía su trabajo contra el clítoris. Cada mirada que me hacían ambos era una hasta ahora prohibida invitación.

    Me recosté más en el improvisado sillón con almohadones para, ya, sin ningún tipo de inhibición, abrir ampliamente mis piernas, dejando expuesta mi vagina, la que me manoseaba tanto por dentro como por fuera, sin reprimir ni un solo gemido.

    Mi hermana apuró el ritmo de la mamada; a él lo vi abrir inmensamente la boca, de la que salió un largo y audible gemido. Al instante, la boca de Marianela se llenó de esperma, que a duras penas pudo retener; un poco cayó por la comisura de sus labios para reposar sobre sus blancas tetas. Me observó, se paró y lentamente caminó hacia mí. A la vez que Claudio cayó de espaldas sobre la cama observándonos, mi querida hermana no dejaba de sorprenderme; me dio un beso en la boca, traspasando un poco de ese semen, el cual recibí de muy buen agrado, nueva sensación y reconozco agradable, al punto que tuve uno de los mejores orgasmos de mi corta vida.

    Esto recién comenzaba. Me tomó de la mano e hizo intercambiar lugares con Claudio, quien ahora era el espectador.

    Abrazándome, me beso recorriendo, como lo había hecho con él, todo mi desnudo cuerpo, sin olvidar mi culo y mi vagina. Las piernas se me abrían por voluntad propia; ya no era yo quien manejaba mi cuerpo, era mi cerebro en complicidad con la libido.

    Tomándola y de la cabeza ejerciendo presión hacia la vagina, ella entendió bien lo que yo quería.

    Abrazadas caímos sobre la cama. Abrí más las piernas, entendió la señal, introduciendo hábilmente su lengua dentro de mi sexo. Me pareció notar que al hacerlo su boca esbozó una sonrisa, lo que no impidió que me haga un sexo oral de película, al punto que casi inmediatamente tuve un gran orgasmo que hizo temblar todo mi cuerpo.

    Al reponerme, ella se subió sobre mí, ubicando su vagina en mi cara, y comencé con mi primer sexo oral a una mujer, ¡¡¡mi primer oral a una mujer!!! Me encantó sentir el sabor en mi boca. Para estar a la altura de algo que nunca había hecho, le hice lo que me gusta que me hagan, dando buenos resultados. Ambas llegamos casi juntas al orgasmo. No tenía ganas de abrir los ojos, solo quería retratar en mi cerebro las sensaciones, cuando de repente siento en ambas tetas una boca que chupaban mis pezones, que no tardaron en endurecerse.

    Claudio y Marianela estaban conectados a mis tetas. Mi hermana le cedió el lugar. Claudio, ocupándose de mi boca, me besa profunda y amorosamente; debo reconocer también que tiene un ángel especial de dulzura.

    Su gran verga se posicionó entre mis piernas, que, sin dudas, activó el mecanismo “abre piernas”, pues ellas solitas se fueron abriendo para dar paso al visitante que deseaba explorar las profundidades de mi húmeda vagina. Con esa suavidad y dulzura que describí antes, fue vulnerando la entrada; sentí todo su largo y grosor ir progresando por mi canal vaginal. Es hermosa la sensación de recibir algo verdaderamente importante dentro por primera vez, sin desmerecer a las otras que han estado en el mismo sitio, con las que he gozado igual.

    Sus rítmicos movimientos de entrar y salir trató de combinarlos con movimientos de cadera; su vaivén se hizo más y más rápido y firme, anunciando lo que se venía. Yo también comencé a sentir las sensaciones de mi inminente orgasmo, y soltándome del todo, comencé a gemir muy fuerte. Unificamos gemidos y sentí la descarga seminal golpear en el fondo de mi vagina. Anuncie mi orgasmo con un gran grito.

    Claudio sobre mí aún estaba con su respiración agitada, un poco más que la mía, pero con una gran sonrisa en esos labios de miel.

    Lo que vimos a continuación nos dio mucha risa; Marianela recostada contra la pared, una pierna sobre la banqueta, la otra, que tenía apoyada en el piso, temblaba, los dedos dentro de la vagina y la otra mano haciendo la seña de OK.

    Que más decir, nos pasamos toda la noche entre polvo y polvo. Claudio es un verdadero semental y mi hermana me inició con maestría en el arte del sexo entre mujeres y me gustó.

    Ya en casa, al otro día, hablamos mucho de lo sucedido; convenimos que ambas hicimos todo lo que hicimos sin culpa alguna y que deberíamos repetirlo, aunque desde ese día nuestros encuentros sexuales entre hermanas se hicieron frecuentes en casa, disfrutando cada momento compartido y recuperando todo el tiempo que habíamos perdido en esa materia.

    En relación a Claudio, aunque sigue siendo el novio oficial de Marianela, a veces “me lo presta” para salir; la gente no se da cuenta debido a nuestro parecido casi idéntico que tenemos y él, más que feliz, cumpliendo el sueño de más de un hombre, comerse a unas mellizas, como he dicho, algunas veces en forma individual y otras a las dos juntas…

  • Ninfómano (capítulo 8): Mis hermanos se tragaron mi semen

    Ninfómano (capítulo 8): Mis hermanos se tragaron mi semen

    Por fin recibí otra visita de mis hermanos Mauro y Carlos, como extrañé a esos dos locos, desde nuestro último encuentro sexual no habíamos tenido mucha comunicación, se perdieron por varias semanas a un viaje a no sé dónde, siempre de misteriosos esos dos.

    Recuerdo como fue nuestra primera vez, tantos nervios, una completa locura el trío que hicimos después de conversar entre hermanos tantas cosas (esa es una historia que ya he contado en capítulos anteriores y que no te puedes perder, porque créeme, mis hermanos son hermosos y demasiado calientes).

    Llegaron de sorpresa a mi casa, ni un mensaje de texto fueron capaces de enviarme para avisarme de su visita, pero aun así, yo los recibí tan contento, apenas abrí la puerta les salté encima y me los comí a besos.

    Entraron a la casa, me comieron a besos también y después de ayudarlos a cargar sus maletas, nos sentamos en el sofá de la sala a hablar durante más de una hora, nos contamos de todo, y pues, les parecerá precipitado y extraño lo que sucedió después de la conversación, pero es totalmente normal en mis hermanos.

    Al terminar de contarnos todo, Mauro puso su mano en mi pantalón y Carlos puso la suya en el cierre de mi pantalón; yo me los quedé mirando y ellos sonrieron de manera pícara; en seguida les dije: “no cambian, son unos morbosos desesperados”.

    Así que la acción comenzó justo en ese instante, Mauro tomó mi pantalón y lo bajó por completo, y Carlos se encargó de bajar mi calzón; aún seguíamos sentados en la sala, y el lugar se prestaba para tener sexo muy sabroso.

    Después de haberme dejado desnudo, ellos se quitaron la ropa, y la verdadera acción comenzó, no hicimos gran cosa a nivel sexual, pero la sensación y el morbo fue muy intensa.

    Nos levantamos del sofá, luego mis hermanos se arrodillaron para chuparme los huevos y el pene, se turnaban, y mientras ellos me daban placer yo observaba todos sus movimientos, sus cuerpos totalmente desnudos a mis pies, sus penes erectos y velludos rozando el piso mientras sus lenguas tibias lamian mis huevos y mi pene.

    Mauro no aguantó tanta excitación y se levantó rápido para eyacular en la boca de Carlos que en ese preciso instante estaba chupando mi pene como un desesperado, el semen de Mauro calló en su boca y también en mi pene.

    Pasaron unos pocos minutos y Carlos reaccionó al morbo del semen, lo que le ocasionó un orgasmo muy fuerte, pero no se levantó, se quedó de rodillas chupando mis huevos y mi pene mientras se venía, así que llenó de semen el piso y parte de mis pies.

    Yo ya estaba por venirme, así que les hice señas, se sentaron rápido en el sofá, los dos bien juntos, acerqué mi pene a sus caras y después de una pequeña masturbada acabé en sus bocas, ambos se pegaron a mi pene como animalitos mamando los pechos de su madre, se besaron para compartir mi leche tibia y luego se tragaron todo.

    Cómo era de costumbre entre nosotros después de tener sexo, nos abrazamos y nos dimos un beso de tres. Al caer la noche nos encerramos en mi cuarto a ver películas, comer chucherías y a hablar de nuestras travesuras.

  • Intercambio en una fiesta (1)

    Intercambio en una fiesta (1)

    Ella y yo nunca fuimos una pareja ejemplar, peleábamos cada tercer día por nada y por todo, chocaban nuestros gustos, a ella le gustaba la banda a mí el ska, ella era americanista y yo puma. Sin embargo, duramos cerca de un año y eso se debía a una sola cosa: Fornicábamos como locos, era lo único en lo que nos entendíamos y lo hacíamos muy bien. Para mí era imposible alejar mis manos de su cuerpo y sin importar que tan enojados llegáramos a estar jamás rechazo mis manoseos ni ninguno de mis arrebatos de lujuria.

    Esos éramos nosotros, estudiantes de prepa que habían cogido de formas que pocas personas podrían presumir en toda una vida. Donde nos agarrara la calentura lo hacíamos, en los pasillos solitarios de la prepa, en los salones, parque Lira, en resumidas palabras donde fuera.

    La cúspide de nuestros encuentros carnales sucedió en fiesta de una amiga del amigo de un amigo. Sorprendentemente en esa ocasión no hicimos lo que muchas veces fue nuestro modus operandi, beber cada quien por su lado y después de un rato desaparecer en alguna habitación, azotea, patio o baño. Desde que llegamos estuvimos juntos, bebiendo en la cocina moraditos (Siempre he creído que es un nombre muy puto para una bebida). Terminamos bebiendo directamente del galón Amy, yo recargado en la estufa y ella recargada en mi dándome la espalda, con mis brazos rodeando su cintura. Hasta parecíamos una pareja que se llevaba bien, como las que ponen en las novelas que leen las quinceañeras, Claro que la imagen se arruinaba cada que alzaba el galón de jugo y vodka para beber ella o para beber yo.

    Parecía que esa noche no iríamos más allá de eso, pese que a ambos el alcohol nos ponía de ánimo. En ese momento entro mi carnal para romper el dulce momento que teníamos los tres: Betty, Amy y yo. Mi carnal en todo el sentido etimológico que Tintan y Marcelo le dieron a la palabra era una persona a la cual podía llamar hermano sin problema alguno porque para mí lo fue. Fuimos juntos a la misma secundaria, nunca nos conocimos pese a que los dos estuvimos dos años en la mañana y dos años en la tarde, con muchos amigos en común y sobre todo muchas novias y fajes de por medio. Eso provoco que en la prepa cuando nos conocimos y supimos todo esto, se produjera una sana competencia por ver quien era mejor que el otro para ligar jajaja.

    En fin. Entro en la cocina con su novia en turno una chava de nuestra edad, bajita, delgada, blanca de cabello negro sobre los hombros y un escote en “V” que dejaba ver el nacimiento de sus pechos en desarrollo, que apenas llegaban a copa “b” Era en conjunto una chica atractiva de ojos color avellana claro. Él y yo teníamos gustos iguales. (ya sé que es mucha palabrería y aun no llego a lo bueno). Al vernos él pregunto -¿Aún hay algo de tomar?- Tome a mi nueva amante Amy me asegure de que estuviera bien cerrada y se la arroje pasando por encima de la mesa llena de botellas de todo tipo.

    La atrapo a una mano como a balón de americano para después beber de ella, primero su novia y luego él. Le pedí cigarros y me los arrojo de igual forma que yo le había mandado a Amy. Atrapé la cajetilla la abrí y la puse frente a Betty para hacer nuestro ritual al fumar juntos: yo deslizaba un cigarro apenas sobresaliendo el filtro entero del resto, ella lo tomaba con los labios y con mi otra mano le encendía el cigarro, le daba una calada, acercaba sus labios a los míos para después pasarme el humo. Sabíamos que la gente siempre nos veía al hacer este numerito y nos gustaba que lo hicieran. Deje salir el humo del cigarro y lo inhale de nuevo por la nariz como en cascada que corre a la inversa.

    Sabía que Hugo y su novia (Creo se llamaba Lis) aún nos miraban así que tome a Betty de la nuca y la acerque los escasos centímetro que nos separaban para besarla, ella también sabía que nos miraban, me tomo del cabello de la nuca, nos besamos tal vez a lo largo de dos minutos. Al separarnos para tomar nuestra anterior postura de parejita linda que se quieren seguían viéndonos, eso hizo que Betty y yo riéramos un poco, le di un mordisco en el lóbulo derecho.

    Pasaron los minutos, con Amy agonizando, los 4 muy entonados seguíamos platicando, riendo, Betty y yo besándonos como si no hubiera nadie presente, pero para nada se nos olvidada que estábamos siendo vistos. En ocasiones cambiábamos papeles y nosotros los veíamos besarse, esos pequeños momentos en los que no había ojos sobre nosotros aprovechábamos para verlos y hacer otro de nuestros actos bien practicados, uno que hacíamos en toquines en C.U. o al viajar en metro. Ella ponía su mano derecha atrás de su espalda, después la metía por encima de mi cinturón para alcanzar mis testículos y jugar con ellos. Yo por mi parte con la mano derecha tomaba su seno y lo apretaba, sobaba o tiraba de su duro pezón a través de la ropa. Ella tenía unos senos de infarto, su talla en ese entonces era un sorprendente 34 “C” casi “D” mi mano no abarcaba sus senos. En cierto momento Lis nos vio en nuestro juego y en otro Hugo lo hizo. Eso sólo nos prendía más.

    En cierto punto mientras Betty y yo nos besábamos Hugo dijo: – Ya párenle ¿No? ¡Pinches calientes!- Betty me dedico una sonrisa a centímetros de mi rostro de esas llenas de complicidad y los ojos irradiados de felicidad, del tipo que me daba sólo después de tener sexo. Volví a abrazarla desde atrás y con la cara sobre su hombro le dije a Hugo que estaba en la misma posición que nosotros – ¡No me puedes culpar! Tiene un cuerpo que me obliga a toquetearla- Betty me dio un manazo en el antebrazo y después reímos juntos, volví a morderle el lóbulo.

    Hugo en un ademan que reconocí como uno de tantos que tenía cuando trataba de competir dijo: -Eso no es nada, Lis tiene un hermoso cuerpo y sus nalgas son redonditas y duritas- Esperaba que Lis le reprochara algo o le diera un golpe por el comentario y que después de eso los 4 riéramos, pero ella en su lugar respondió: -Ella tiene unos senos enormes, nada le gana a eso- La forma en que lo dijo, el tono y el hecho que mientras lo decía no dejaba de verle los pechos a Betty encendió un interruptor en mi que me dijo que esto se pondría interesante.

    Parecía que nuestras muestras de pasión y el trabajo propio de mi carnal la habían calentado bastante y yo quería aprovechar eso. Mis manos habían terminado en los bolsillos delanteros de Betty, me apresure a sacarlas, mi corazón se aceleró, sentía que todo el cuerpo estaba siendo golpeado desde adentro con un martilló, puse mis manos en los senos de Betty (Se apretó un poco más contra mí) viendo a la boca entre abierta de Lis solté lo que podía ser la antesala de un desastre -¿Quieres tocarlos?- No sabía que pensaría Betty al respecto, pero ella siempre seguía mis juegos perversos así que confiaba en ella. Subí la mirada a la cara de Hugo para ver si aprobaba lo que le proponía a su novia. Él también veía los senos de Betty. Se sorprendió un poco al notar que lo veía, pero enseguida hizo una cara de complicidad y retiro las manos de las caderas de Lis.

    Como acto reflejo al ser liberada ella camino alrededor de la mesa sin decir nada hasta quedar a menos de un paso de nosotros. Con mi mano izquierda sujeté su mano y la puse sobre el seno izquierdo de Betty, las dos dejaron salir un leve suspiro. Hice que presionara el seno sobre el duro pezón, lo repetí varias veces hasta que ella comenzó a hacerlo por su propia cuenta, lo levanto, peso, apretó y tiro de él.

    Pude ver como se le enrojecieron las mejillas a Lis, mire a Hugo que estaba encantado con el show, las pequeñas manos de su novia sobre los grandes senos de mi novia. Betty puso su mano en la cadera de Lis y la atrajo un poco más asía ella. -¿Entonces que piensas?- Le dije. Con los ojos como platos y la boca aun entre abierta me miro -Son muy grandes y suaves !¡Muy suaves!- no deje de verla a los ojos y ella ahora tenía su mano izquierda tomando la otra mano de Betty. -¡Por eso las tuyas son mejores!- Dijo Hugo al otro lado de la mesa -Son firmes, redondas y duritas- Los tres volteamos a verlo. -¡Pues deberías de comprobarlo baboso!- Canturreo Betty un poco indignada. Había mordido el anzuelo que él había tirado (O simplemente ella quería que él la tocará) Yo solo le sonreí a Hugo para que supiera que no había problema.

    Camino alrededor de la mesa y de inmediato sin esperar nada tomo el otro seno de Betty, ella contrajo las nalgas sobre el bulto en mi pantalón. -¡No es justo! ¡Yo también quiero saber cuáles son mejores!- Les dije a los tres y retire a Betty del frente mío, Lis dio un paso atrás topando con la mesa, deje a mi novia y mi mejor amigo a que hicieran lo suyo. Me aproxime a Lis y sin pedir permiso o esperar una señal la tome de la cintura, metí mi pierna derecha entre las de ella, pegue mi erección a su cuerpo, mis testículos en su delgada pierna y mi pene contra su vientre, la mire a los ojos y tome su seno izquierdo.

    De inmediato puso su mano derecha en mi pecho y la apretó mientras inicie un ritmo cadencioso al estrujar su firme seno. Cabía perfecto en mi mano, la miraba a los ojos y la oía resoplar con la boca entre abierta, mi mano que tomaba su cintura quedaba fuera de la vista de Hugo y Betty así que la deslice a su culo, llevaba un pantalón sastre negro y pude sentir en todo su esplendor ese firme y redondo trasero, a través de la tela pude notar que llevaba una tanga, le apreté la nalga con fuerza, Dejo salir un leve gemido y movió su pelvis contra mi pierna yo por mi parte me asegure que sintiera la punta de mi pene clavarse en su estómago.

    Volteé a ver a Betty y Hugo, ella tenía sus manos sobre las de él guiándolas para que le sobara los pechos en la forma que le gustaba. -¿Quieren ver algo genial?- Les pregunte viendo a los ojos a Lis, Ella sólo asintió con la cabeza y Hugo pregunto -¿De qué trata?- -Ya lo veras- Respondí. Con la cabeza le hice una señal para que se pusiera junto a su novia en la mesa al tiempo que yo camine asía Betty, la bese de nuevo, un beso rápido pero apasionado, podía ver que estaba muy excitada con todo esto. Pase mis manos por su cintura, me acerque a su oído y le susurre -Esto será divertido- Clavo sus uñas en mis hombros, me incline más a su oído, ella lo levanto para que le mordiera el lóbulo, en lugar de eso me fui directo al cuello, le di un buen mordisco al tiempo que con las manos le desabrochaba el bra por encima del suéter de tela negra que llevaba. Lo hice como un pro, al final de cuentas era ella la que me había enseñado a hacerlo rápido y en un solo movimiento. Deje de morder su cuello, tenía esa expresión de asombro y comenzaba a respirar acelerado, sólo la mire unos segundos y cambió a esa mirada perversa que ella sabía me prendía.

    Me puse a espaldas de Betty con mis manos en la parte baja de su suéter viendo las miradas de Lis y Hugo lo levante lentamente junto con el bra, lo hice pasar sobre su cabeza, pero deje sus manos dentro del suéter sujetándolas con una mano atrás de su nuca. Sabía de sobra que esa era una imagen impactante, siempre que la veía desnudarse me causaba el mismo asombro. Era como ver una fusión de una pintura entre Remedios Varo y Botero, una delgada figura estilizada con hombros y brazos delgados, una cintura pequeña, unas caderas apenas torneadas.

    En contraste con sus redondos, gordos y grandes senos, con esos duros pezones negros que en comparación al tamaño de los pechos eran pequeños. Pese a lo grandes que eran sus senos no caían mucho al estar al aire libre. Vi que nuestro público estaba sorprendido. Termine de quitarle el suéter y el bra para que bajara los brazos, tome el pecho derecho, me lleve el pezón a la boca para morderlo mientras Betty tiraba del cabello de mi nuca. -¿Ahora que piensas?-Le pregunte a Hugo. Lo vi tragar saliva aún que el después lo negó. No dijo nada se limitó a acercarse y chupar el otro pecho de Betty.

    Yo no iba a perder el tiempo viéndolos, aun que en otras situación con gusto lo hubiera hecho, pero yo quería seguir tocando ese culo duro de Lis. La tome por la cintura y me asegure que sintiera toda mi erección, la bese de forma intensa y le mordí el labio inferior, ese que llevaba rato llamando mi atención, la tome por las nalgas y la levante haciendo que me rodeara con sus piernas, pude sentir el calor de su sexo contra mi pene y la punta de mis dedos, Mi miembro comenzaba a doler dentro de mis jeans. La puse sobre la mesa tirando algunas botellas al piso. Las manos de ella estaban en mis hombros, en cuanto quedo sentada en la mesa beso y mordió mi cuello, eso siempre me hace estremecer.

    Gire mi rostro para que ella pudiera morderme mejor, vi a Betty recargada en la estufa con las dos manos a los costados sobre la misma, levemente inclinada hacia atrás para dejar que Hugo pudiera chupar mejor sus pechos. Ella me miraba fijamente, él con las dos manos le apretó los senos, ella cerro los ojos y dejo salir un gemido, cuando los abrió yo me mordía el labio, sonrío, apretó con una mano la cabeza de él contra su seno y volvió a cerrar los ojos.

    Fue el momento que aproveché para tomar la mano derecha de Lis por la muñeca, que por el ángulo en que estábamos quedaba fuera de la vista de ellos, la dirigí hasta el bulto de mi pantalón y sin dudarlo lo apretó con sus deditos. Con mi mano derecha me hice camino por debajo de su blusa y por debajo de su bra hasta topar con un mini pezón duro.

    Se oyeron voces de borrachos afuera de la cocina he instintivamente los 4 nos separamos. Betty se volteó para ponerse su suéter, Hugo se acomodó el cabello y se puso a Amy frente a sus piernas, Lis se bajó de un salto de la mesa acomodándose la blusa, yo con la mano izquierda acomode de lado mi verga, metí la mano a la bolsa del pantalón para sujetarla y que no brincara mi erección a la vista. Camine a la puerta de la cocina, agudice el oído y no escuche nada, mire si Betty ya estaba tapada, se giró terminando de bajar su suéter. Ver sus pezones duros a través de la delgada tela, ¡Era tan erótico! Me leyó la mente y cruzo sus brazos sobre sus pechos, con la mirada un poco molesta me indico que me asomara, lo hice y no había ya nadie en el pasillo, durante unos segundo me quede mirando, esperando que nadie regresara. Cerré la puerta, le puse seguro y acomodé una silla inclinada bajo la manija de la puerta. Soltamos una risa nerviosa.

    Los 4 comenzamos a temblar, trate de decir algo, pero los dientes me castañeaban, era el golpe de adrenalina, Betty y yo sabíamos que teníamos que dejar que se pasara para poder continuar, nos había pasado en otras ocasiones, Betty, Lis y yo nos acercamos a la mesa y comenzamos a tomar las botellas para echarlas a un bote grande de basura que Hugo al ver lo que hacíamos nos acercó. Cuando la mesa estuvo despejada Betty prendió un cigarro y me lo paso, prendió otro y se lo dio a Hugo. Seguíamos en silencio con el humo de los cigarros subiendo como raíces al aire. Miradas nada más, Hugo mirando a Lis, Betty a ambos, yo a los 3 y después cambiábamos, Lis viéndome, Betty viéndome, Hugo viendo a Betty y aún ni un solo ruido.

    Lis me quito el cigarro de la boca, le fumo y dijo: -Necesito tomar algo- Le puso el cigarro en la boca a Betty, mire a mi carnal y los dos asentimos a la vez el juego aun continuaba. Tomó de la mano a Lis y la llevo al refrigerador al otro lado de la cocina para buscar alcohol. Me aproxime a Betty, la tome del brazo y la hice quedar de espadas a ellos, le pase las manos por la cintura, mordí su lóbulo y le dije en voz baja -¿Que tan lejos quieres llegar?- le metí la mano por debajo del pantalón para sentir su caliente y mojado coño ¡Estaba empapada!, saco mi mano, se giró para dirigir mis dedos a mi boca, en cuanto los chupé, metió su mano en mi pantalón me apretó las bolas y después el pene, mojando sus dedos en liquido pre seminal que goteaba de él, sacó la mano, separó los dedos para ver mejor la hebra del espeso liquido transparente y los chupó.

  • Rebeca, mi mejor amiga

    Rebeca, mi mejor amiga

    Rebeca era mi mejor amiga, nos conocíamos desde niños, pero ella había sido más precoz, había estado con varios chicos y en ese momento tenía novio, un chico que estudiaba medicina en la universidad. En cambio yo, a mis casi dieciocho cumpleaños, aún era virgen. A lo más que había llegado era a besar y tocar sin demasiada fortuna, y ella siempre me decía que era por mi timidez, que debería lanzarme, pero cada vez que lo intentaba no me acompañaba la suerte.

    Un día, caminando hacia el instituto, me preguntó:

    -¿Has pensado ya en tu regalo?

    -No, nunca lo hago.

    -Pues queda una semana para tu cumpleaños, no me hagas esperar al último día que luego no tengo tiempo para comprar.

    -Lo pensaré estos días y te lo digo.

    -Pero no me pidas otro disco ni otro libro, sé un poco más original que siempre me pides lo mismo.

    Dos días después, de regreso del instituto, íbamos caminando y charlando hacia nuestro barrio cuando se me ocurrió la idea.

    -Ya he pensado en mi regalo.

    -Bien, dime, ¿de qué libro o disco se trata esta vez? – Sonrió malvada.

    -He intentado ser más original, como me dijiste.

    -Eso suena bien, venga, sorpréndeme.

    Hice unos segundos de silencio, no había pensado en cómo pedírselo.

    -Venga – inquirió ella -, dilo que te escucho.

    -Es que no es un regalo material.

    -Bueno, lo que sea, tú dilo.

    Tragué saliva.

    -Verás, es que como tú bien sabes, aún soy virgen.

    -Espera, ¿no estarás pensando en pedirme que me acueste contigo?

    -Bueno…

    -Sabes que tengo novio y que estoy enamorada, no puedo hacer eso.

    -De acuerdo – afirmé resignado.

    -¿Ves? Eso es lo que no debes hacer, ese el motivo por el que sigues siendo virgen con casi dieciocho años. Debes insistir, no rendirte a la primera, pero no conmigo, sino con las demás.

    -No me gusta ser pesado.

    -Pues es preferible ser pesado a ser virgen, que lo sepas.

    Callé y seguimos caminando. Llegamos a la esquina donde nos despedíamos cada día. Ella tomó su calle y yo la mía, en dirección opuesta.

    Llegó el día de mi cumpleaños. Recogí a Rebeca en la esquina de siempre a primera hora, me besó, me felicitó y nos encaminamos hacia otro día de clases.

    -Al final no me dijiste qué regalo querías, he tenido que improvisar.

    -Mejor, así esta vez el sorprendido soy yo. ¿Lo tienes ahí?

    -Te lo daré en su debido momento.

    Estábamos en clase de latín, sentados en la última fila uno junto al otro, como de costumbre. El profesor explicaba en la pizarra unas conjugaciones y nosotros tomábamos apuntes. De pronto noto una mano que se desliza por mi muslo y se posa sobre mi paquete. Mi primera reacción fue paralizarme unos segundos, no sabía como proceder. Rebeca me miró y sonrió al ver mi reacción y el efecto inmediato que su mano me había provocado, mi polla se puso dura en escasos segundos. Se acercó a mi oreja.

    -Ábrete los pantalones – me dijo al oído.

    -¿Estás loca? – Pregunté.

    -Bueno, si quieres tu regalo debes hacerlo, si no lo perderás – y retiró la mano.

    Tenía una erección plena que empujaba el pantalón, porque aunque me resultaba incómodo no podía evitar el morbo propio de la situación. No quería quedarme sin el regalo, pero sacármela en clase era demasiado para mí.

    -¿No puedes esperar a que salgamos? – Le pregunté.

    -No, mi regalo quiero que sea como lo he planeado, si no, para mí, carece de gracia y de sorpresa.

    Y tenía razón, ella había pensado algo concreto, y si me negaba sencillamente lo estaba dejando pasar. Recordé sus palabras, cuando me dijo que debería ser más lanzado, así que me hice un poco para atrás en la silla sin hacer ruido y desabroche todos los botones mi pantalón. Después le indiqué que ya estaba preparado con un gesto. Ella sonrió y siguió apuntando en su libreta. Escribió algo y me lo hizo leer: “Sácatela”, rezaba el papel.

    Cogí mis bóxer y lo bajé trabándolos en mis pelotas y dejando mi erección al aire. Ella me la miró con cara de sorpresa.

    -Ahora la sorprendida soy yo, no sólo porque te hayas atrevido, que no me lo esperaba por tu timidez, sino porque… – me miró a los ojos – tienes una buena polla – y me la cogió.

    Ambos seguíamos haciendo como que nos interesaba la clase, aunque nada más lejos en ese momento. Empezó a hacerme una paja suave, yo hinqué mi mirada en su mano, haciendo como si mirara la libreta.

    -¿Alguien se acuerda de la fecha del examen… Rebeca? – Preguntó el profesor.

    Rebeca alzó la mirada hacia él un tanto inquieta, eso sí que no lo esperaba.

    -Claro, el próximo jueves día veinte.

    -Muy bien, gracias Rebeca – Agradeció el profesor y siguió a lo suyo.

    Yo estaba completamente colorado, con una tensión que me impedía hacer cualquier cosa. Era la primera vez que una mano ajena me agarraba la polla, y además rodeado de gente que ignoraba lo que estaba pasando.

    En la mesa de al lado, separada por un estrecho pasillo, se sentaban Alba y Rosa. Ésta última era la que más próxima estaba a Rebeca y, al mirarla para ver su respuesta al profesor, se percató de lo que me estaba haciendo. Debió gustarle, porque avisó a Rosa y ambas miraban conteniéndose la risa. Rebeca las miró sonriente haciéndoles un gesto de silencio. De pronto me la soltó, se echó hacia atrás y les dejó el campo de visión libre para que me vieran la polla. Ambas se sorprendieron al vérmela e hicieron gestos con sus manos indicando el tamaño, que al parecer les sorprendió bastante. Yo estaba cortado, mirando hacia abajo.

    Rebeca les hizo gestos para que me mostraran algo y Alba se giró hacia nosotros, le pidió a Rosa que se hiciera un poco hacia atrás y se subió la falda abriéndose de piernas. Rebeca me pidió que mirara y vi como se hacía las bragas a un lado y me mostraba su adorable coño. Las tres reían para sí. Rosa se chupó un dedo, lo llevó al coño de Alba y empezó a jugar con él. Mi excitación era tal que sabía que tardaría muy poco en eyacular. Rebeca quitó la mano de mi polla, se la acercó a la boca y se escupió en ella. Luego volvió para darme más rápido. Rosa pajeaba a Alba que, en su cara, veía el placer que le estaba proporcionando el dedo de su amiga. Rebeca aceleró el ritmo. Alba y yo cruzamos la mirada mientras nos estaban pajeando. Pude ver al fin su rostro encendido, caliente. Estaba arrebatadora y con la mirada nos íbamos comiendo. Me tensé sintiendo que no iba a aguantar mucho, sentía tal excitación que el orgasmo ya merodeaba cerca. Empecé a eyacular chorros de semen conteniendo mis gemidos. Las tres rieron disimulando al verme gesticular.

    -Silencio por favor – dijo el profesor.

    Rebeca quitó la mano y lamió los restos de semen que había en ella mirándome. Después me coloqué bien los pantalones y vi todo el semen en el suelo, pensé que tendría que limpiarlo antes de que alguien se diera cuenta, pero sonó el timbre para salir.

    En el patio Rebeca y yo estábamos sentados tomando unos sandwich, cuando se acercaron Alba y Rosa. Se sentaron a nuestro lado.

    -¿Te ha gustado la clase Txuso? – Preguntaron riéndose.

    Yo no respondí, estaba muerto de vergüenza.

    -Venga, no seas tan tímido, respóndeles – me dijo Rebeca.

    -Sí, mucho.

    Las tres rieron a carcajadas.

    -¿Y mi coñito te gustó? – Quiso saber Alba.

    -Es el primero que veo – contesté.

    -Es que hoy es su cumpleaños – añadió Rebeca -, y le quería hacer un regalo especial, porque el chico quería follarme, pero ya sabéis que tengo novio y, por ahora, le soy fiel.

    -Pues es una pena porque vista su polla… Apetece – añadió Alba.

    -Gracias – dije.

    -Nosotras queremos vértela otra vez Txuso, nos hemos quedado con ganas de tocártela – dijo Rosa.

    Sonó el timbre para volver a clase y me incorporé.

    -Oye, ¿y si nos saltamos esta clase? – Propuso Alba.

    -¿Qué estás pensando? – Quiso saber Rebeca.

    -Vamos a los baños, nosotras queremos tocar esa polla.

    Rebeca me miró.

    -Parece que es tu día de suerte, ¿qué te parece la propuesta?

    -Por mí está bien – respondí inmediatamente.

    -Vaya con el tímido, que se empieza a soltar – añadió Rebeca.

    Esperamos a que la gente entrara en clase y fuimos a los baños. Entramos en el de mujeres y nos colamos los cuatro en el habitáculo más grande.

    Alba cerró la puerta tras de sí.

    -Bájate los pantalones – me ordenó Rosa.

    Me desabroché el pantalón y lo bajé hasta las rodillas. Sobre el bóxer se notaba que ya estaba casi erecto, la situación en sí me excitaba. Rosa empezó a acariciármela sobre la tela y Alba se colocó delante de mí, se subió la falda hasta la cintura y se quitó las bragas.

    -Mira mi coñito, ¿te gusta?

    -Mucho.

    -No seas tímido, tócalo.

    Y llevé mi mano para tocar aquel rico coño, el primer coño que acariciaban mis manos. Estaba empapado y mi mano se deslizaba suavemente. Rosa me bajó el bóxer hasta las rodillas y dejó mi polla ya erecta al aire frente a ellas.

    -¡Joder, qué polla más maja tienes, cabrón! – exclamó.

    Al decir esto me la escupió y empezó a agitármela despacio. Alba apoyó su espalda en la pared e hizo hacia delante sus caderas, acercándome el coño, que se tocaba frente a mí. Rosa se sacó las tetas y me puso una mano sobre ellas.

    -¡Joder! Me estáis poniendo cachonda – Informó Rebeca.

    -Pues pajéate nena, y disfruta con nosotros – le sugirió Rosa.

    Rebeca bajó la tapadera del inodoro y, con la falda en la cintura y las bragas en las rodillas, comenzó a masturbarse mirándonos.

    -Acerca el coño un poco más Alba – sugirió Rosa.

    Alba se acercó y Rosa pasó mi glande por el coño de Alba.

    -¿Te gusta Txusito? – Me preguntó mientras movía mi glande arriba y abajo por la raja de Alba.

    -Me encanta, quiero meterla un poco.

    -Sí – añadió Alba -, métela que quiero sentirla dentro.

    Rosa me colocó la polla en la entrada del coño de Alba y empujé sintiendo el calor más agradable que había sentido nunca, cuando mi polla se abría paso en el interior. Me agarré al culo de Alba y empujaba entrando y saliendo de ella.

    -Despacio Txuso – dijo Alba -, quiero que me folles despacio.

    Rosa se bajó el pantalón y las bragas y se apoyó contra la pared igual que Alba.

    -Yo también quiero que me la metas – me dijo mientras empezaba a masturbarse.

    -Espera un poco – le respondió Alba, que jadeaba de lo lindo.

    De pronto se oyó la puerta, alguien entraba al baño. Los cuatro nos quedamos en silencio, oyendo una canción canturreada por una chica. Oímos como entraba en otro habitáculo y echaba el pestillo. Yo comencé a bombear otra vez a Alba, muy despacio para evitar ruidos. Ella se dejaba, únicamente se tapaba un poco la boca con la mano. Rosa siguió masturbándose despacio y a mi derecha, sentada en el inodoro, Rebeca también seguía tocándose. Todos intentando no ser descubiertos por la invasora de nuestra intimidad.

    Pronto oímos el agua de la cisterna caer y la puerta abrirse. Después el agua del grifo y un gemido que se le escapó a Alba. Nos quedamos todos quietos tras el gemido, sonriendo. Al parecer el sonido del agua lo había disimulado y en breve oímos la puerta principal cerrarse.

    -Dame fuerte ahora, Txuso – me ordenó Alba.

    Empecé a empujar muy fuerte, poseído por el placer, pero tuve que frenar en seco porque noté que me iba a correr y no quería.

    -¿Qué pasa? – Preguntó Alba.

    -Que me iba a correr y no quiero todavía.

    -Sácala – dijo Rosa.

    La saqué para relajarme, concentrado en no correrme porque notaba que si se me paraba una simple mosca en el glande estallaría. Rosa me lamió y mordió los labios, mientras que Alba le metía mano.

    -¡Joder! Estoy cachondísima – dijo Rebeca metiéndose tres dedos.

    Rosa apoyó las manos en la cisterna dejando sus tetas a la altura de la cara de Rebeca, y sacando el culo para mí.

    -Métemela – me dijo -, que me toca a mí.

    Respiré hondo hasta que se me pasó la sensación de correrme y se la metí, empujándola hasta el fondo y pegándome a su hermoso culo.

    -¡Uf! – Exclamó Rosa -. Qué polla más rica, joder.

    Rebeca le chupaba las tetas a Rosa mientras seguía metiéndose los dedos. Alba me agarraba por la espalda pegándome sus tetas y recorriéndome con sus manos. Me acariciaba el pecho por debajo de la camiseta, luego bajó sus manos para apretarme el culo, y después metió una mano entre mis piernas y acariciaba mis pelotas.

    Rosa seguía gimiendo, era un placer escucharla.

    -¡Putas! – exclamó Rebeca agitando sus dedos dentro de su coño -. Vais a hacer que me la meta a mi también, me muero de ganas, joder.

    -Tienes que probarla Rebe – le sugirió Rosa.

    -Ya lo creo – añadió Rebeca -. Sácasela Txuso, me toca a mí.

    Rosa se apartó y yo me arrodillé ante Rebeca para dejar mi polla a la altura de su coño.

    -Métemela – me dijo -, pero esto no va a cambiar nada, ¿de acuerdo?

    -De acuerdo – respondí.

    Así empecé a follarme también a Rebeca, que para mí era un morbo añadido dada la confianza y amistad que nos unía. Ella abrió su boca a la vez que yo deslizaba mi polla dentro de su coño.

    -¡Qué bueno! – Exclamó.

    -Sí – dije -, no creo que dure mucho ya, estoy a punto.

    Rosa y alba se colocaron de pie una a cada lado de Rebeca, tocándose sus respectivos coños y con las tetas a mi alcance.

    -Queremos ver como te corres, Txuso – dijo Alba.

    Rebeca me detuvo y se puso en pie en medio de las dos, juntaron sus caderas con sus coños hacia delante, hacia mí.

    -Échanos la leche aquí – dijo Rebeca acercándome su coño mientras yo me acababa con la mano.

    Empecé a eyacular salpicando los coños de las tres, que recibían el semen como un maná estrellándose en la superficie de sus coños. Terminé de eyacular y me la solté jadeante. Alba se agachó y se metió la polla en la boca, limpiándomela.

    La siguiente clase era la última, y la pasamos de bromas entre nosotros, sin prestar atención alguna. Hasta la fecha había sido el cumpleaños, y el día, más feliz de mi vida. Y no sólo eso, sino que gané la amistad suficiente para seguir follando con ellas, había pasado de cero a cien en unos minutos, y en mi vida sexual ya no volvió a reinar la ausencia.

  • Sácatela

    Sácatela

    Cuando entramos al salón Isa ya dormía en el sofá, así que bajamos la música para no despertarla y nos sentamos en el suelo junto al equipo de música. Elia echó los brazos atrás y se apoyó sobre las manos. Cerró los ojos y movía la cabeza suavemente. Yo escuchaba la canción y la miraba. Me sentí afortunado de ser quien era y tener lo que tenía. Salió de su ensimismamiento.

    —Ufff… Esta canción es genial, hasta me excita.

    —Pues soy la única opción que tienes, así que tú sabrás si cambias la canción o la sensación.

    Rio.

    —A las malas si no me gusta la oferta me masturbo — dijo con intención juguetona.

    —Eso está bien, igual te acompaño.

    Me miró y abrió las piernas. El vestido se le subió hasta la parte superior de los muslos. Yo miré sus piernas abiertas y después a ella.

    —¿Harías algo por mí? —Preguntó.

    —¿Suelo fallarte?

    —No, pero hay que empezar de alguna forma, ¿no?

    —¿Qué se te antoja esta vez?

    —Una idea, te voy diciendo.

    Subió el vestido hasta sus caderas y cruzó las piernas al modo indio. Se inclinó hacia delante y abrió un cajón. Sacó una bolsita de marihuana y me la dio.

    —Hazte uno.

    Miré en el cajón y saqué papel. Lie el canuto y se lo pasé.

    —Dale tú, mi padre dice que es de primera.

    Encendí el canuto y le di una calada. Parecía buena, sí. Le di un par más y se lo pasé. Ella fumó tranquilamente, estaba ensimismada, como en una nube, centrada en la música y haciendo pequeños movimientos casi imperceptibles. Fumaba con la cabeza echada hacia atrás y expulsaba el humo hacia el techo. Me lo pasó. Bebí un trago y agarré el porro. Sabía bien este estado. Elia se acercó a mí y pasó su mejilla por mi hombro, como si fuera una gata.

    —Enséñamela. —Dijo en mi oído.

    —¿Qué te apetece?

    —Vértela.

    —¿Sólo eso?

    —Bueno, y que te toques para mí.

    —Qué cabrona eres, así en frío me da vergüenza, Isa podría despertarse en cualquier momento.

    —¿Ves? Salió el ex.

    —No es eso Elia, es que nunca me he hecho una paja para nadie, me resulta raro.

    —Eso es mentira. Isa dice que cuando salíais juntos se lo pedías y ella a ti.

    —¿Habéis hablado de eso?

    —Y de mucho más. Venga, ¿tú crees que con lo que le está pasando le va a preocupar que yo vea como te la cascas para satisfacer mi curiosidad?

    —Sé que os habéis enrollado, pero no sé si esto… No quiero tener enfrentamientos con ella, la valoro mucho.

    —Lo sé. Hazme caso, lo tenemos más que hablado. ¿Quieres una prueba?

    —¿Cómo?

    —Tienes un lunar redondo y grande sobre la polla, si la miras de frente en el lado izquierdo. Estás operado de fimosis y, según ella, al tener descubierto el glande, se te ve una polla de lo más bonita. ¿Sigo?

    —Sí. —Respondí mientras me iba poniendo a tono bajo el pantalón.

    —Vale. Te encanta el culo, es tu zona favorita. Morderlo, lamerlo, azotarlo… ¿Quieres que te diga la cara que pones?

    —¡Joder! ¿También te ha contado eso?

    —Sí. ¿Me la vas a enseñar?

    La miré y la besé en la boca, le metí la lengua un poco, me había encendido. Después desabroché el pantalón.

    —Esta postura es muy incómoda. —Dije poniéndome de pie. —Ven.

    La cogí de la mano y la llevé hasta el sillón, que estaba separado unos tres metros del sofá donde dormía Isa. Me Bajé los pantalones hasta las rodillas y me senté aún con los calzoncillos puestos. Se notaba la erección, era imposible disimularla. Le pedí que se sentara en el brazo del sillón y así lo hizo. Se bajó los tirantes del vestido, que ya era un cinturón, porque se arrollaba todo en su cintura, y se quitó el sujetador, dejándome ver sus bonitas tetas y sus bragas.

    —Saca el arma pistolero. —Inquirió con voz pícara mientras se pasaba la mano por el coño, sobre las bragas.

    Agarré el calzoncillo y lo bajé hasta donde estaban los pantalones.

    —Quítatelos y deja tus piernas libres.

    Obedecí. Me quité las botas y me desnudé de cintura para abajo. Mi polla quedaba en el aire, completamente erecta.

    —Acaríciatela. —Me ordenó.

    La cogí y comencé a manosearla de arriba a abajo. Siempre me había gustado tocármela, aunque la sensación de hacerlo para Elia me resultaba extraña, pero ya estaba entregado a la causa. Nos habíamos besado, tonteado mucho, incluso cambiado en el mismo espacio con alguna broma jugosa, pero no habíamos llegado nunca a este punto. Ella miraba como me la cascaba lentamente mientras se acariciaba el coño aún por encima de las bragas.

    —Me gusta tu polla, tenía razón Isa, es bonita.

    —Gracias. A ella también le gustas tú, me lo está diciendo, ¿no la oyes?

    —Sí, pero quiero verla contigo, hoy quiero que sea así.

    Empecé a frotarme más rápido.

    —Así, dale fuerte para mí. —Dijo mientras se ladeaba las bragas y me mostraba el coño húmedo, tocándoselo para motivarme.

    —¿Te gusta lo que ves?

    —Mucho. Tendré que frecuentarlo algún día no lejano. Me apetece.

    Estaba siendo engullido por el momento y no podía pensar en nada más.

    —A veces me toco pensando en aquella vez que estuviste mirando cómo me follaba a Charly.

    Al oír esto paré.

    —¿Cómo?

    Ella rió mientras seguía acariciándose despacio.

    —¿Crees que no me di cuenta? ¿Por qué crees que hice tantas posturas? No pares.

    No supe qué decir, fue una casualidad, salí por el pasillo hacia el baño y al pasar por la puerta de su habitación estaba abierta y los vi. Me quedé hasta el final viéndola follar desde el quicio de la puerta.

    Seguí agitándomela y ella se puso de pie frente a mí, facilitándome la vista. Se arrodilló entre mis piernas.

    —Me gusta la cara que pones, estás guapo, cabrón.

    Me pasó las manos por los muslos hacia arriba, colocó la cabeza sobre mi polla y me dijo que me detuviera. Cuando lo hice dejó caer saliva sobre mi glande.

    —Sigue. —Inquirió.

    Siguió tocándose y observándome.

    —No voy a tardar mucho. —Dije.

    Ella me levantó la camiseta.

    —Córrete, quiero ver como explotas.

    Aceleré el ritmo y unos segundos después eyaculé sobre mi abdomen ante su mirada. Ella acercó la mano derecha, cogió un poco de semen y se lo llevo al coño para masturbarse. Había agilizado el ritmo y por su cara y sus gestos no tardaría.

    —Estoy muy cachonda, me voy a correr.

    Me acerqué a su cara que empezaba a contraer los músculos faciales.

    —Córrete como una loba, quiero verte.

    Empezó a gemir fuerte y a tener leves espasmos, se dejó caer sobre sus talones y se encogió de placer.

    Mientras jadeaba reposando el orgasmo pasó su mano por mi vientre empapándola de semen y se la llevó a las tetas. Después me la agarró y se la metió en la boca, le dio un par de lametones y se separó. Nos quedamos así, uno frente al otro, mirándonos.

    —Vamos a limpiarnos. —Dijo levantándose.

    Fuimos al baño y abrió el grifo del lavabo. Yo me acerqué, ella mojó su mano y me limpió los restos de semen. Luego yo le limpié los restos de sus tetas mientras ella lo hacía entre sus piernas.

    Volvimos al salón. Isa seguía dormida y decidimos llevarla a una cama. La dejamos en una habitación, la desnudamos y la tapamos. Volvimos al salón. Cogí mis calzoncillos y mis pantalones del suelo.

    —No te los pongas —sugirió- Vamos a la cama.

    Nos metimos en su cama, era pequeña, mis pies asomaban por el extremo.

  • Durmiendo con mi prima la tetona

    Durmiendo con mi prima la tetona

    Fuimos a casa de mis primos para acción de gracias y ellos viven bastante lejos así que pasamos la noche allí. Yo, mi primo Kevin y su hermana Natalia estábamos en una habitación de invitados y Kevin no quería ser grosero y tomar la cama, así que durmió en el sofá y dejó la cama para Natalia y para mí. Toda esta idea de quedarme a dormir después del Día de Acción de Gracias surgió relativamente rápido, así que no pude empacar tan bien.

    Cuando finalmente logramos irnos a dormir, me metí en la cama y poco después entró Natalia. He dormido solo en ropa interior prácticamente toda mi vida, así que le pregunté a Natalia si estaría de acuerdo con eso. Ella dijo que estaba bien y cuando llegó a la cama tenía una camiseta grande y lo que parecía una tanga debajo. Como dije, no tuve tiempo de empacar bien, así que la ropa interior que había empacado era lo que se consideraría “nivel c” y era una talla más pequeña de la que uso normalmente.

    Cuando estoy suave mido alrededor de 4 pulgadas y esta ropa interior prácticamente mostraba las cuatro pulgadas de mi pene. La habitación de invitados en la que estábamos no tenía aire acondicionado y hacía mucho calor en toda la casa, así que no teníamos sábanas en la cama. Cuando Natalia entró en la habitación y se fue a la cama, claramente estaba mirando mi polla, no tanto de manera sexual sino simplemente porque sobresalía de mi ropa interior. Nos vamos a la cama y nunca logro conciliar el sueño rápido, normalmente me toma alrededor de 30 minutos conciliar el sueño.

    Escucho a Natalia levantarse y le dice a Kevin que hace tanto calor que se va a cambiar. Ella le dice que se dé la vuelta y él responde con “no es nada que no haya visto antes” (cosa rara pero no la más extraña que haya sucedido esta noche). Se quita la camisa dejando al descubierto sus hermosos pechos copa B con pequeños pezones rosados. Caminó y yo me acerqué a la cama rápidamente cerré los ojos cuando ella comenzó a mirarme y le preguntó a Kevin si pensaba que me daría cuenta si no tuviera una blusa puesta. Él le dice que mi polla se ve a través de mi ropa interior así es que no importaba.

    Ella regresa a la cama y se queda dormida bastante rápido. Finalmente se da vuelta mientras duerme y está frente a mí. Mi polla se levantó mirando sus hermosas tetas y su tonificado estómago. durmiendo o algo así, le toqué el brazo y ella no tuvo ninguna reacción. No podía soportar mirarlos y que mi polla prácticamente se saliera de mi ropa interior, así que la saqué y comencé a jugar un poco con ella. Jugar con él rápidamente se convirtió en masturbarse.

    Finalmente, después de unos diez minutos de masturbarme mirando las tetas de Natalia, ya era demasiado tarde para dar marcha atrás y me corrí sobre el estómago. No había pañuelos ni baño ni nada con qué limpiar el semen. El bolso de Natalia estaba justo al lado de mi cama, así que metí la mano en él y lo primero que saqué fue una tanga roja. Limpié el semen lo mejor que pude, volví a poner la tanga en su bolso, guardé mi polla y me fui a la cama.

    Comenten y den sus opiniones, críticas para la segunda parte…

  • Julio, el del Uber

    Julio, el del Uber

    Esta historia me pasó hace unos meses; tardé en contarla porque quería hacerlo a detalle.

    Aunque fue algo muy rápido y de sólo una vez, vale la pena contar que hace unos meses conocí a Julio, un joven de 23 años que maneja Uber en mi ciudad. Todo iba normal y como debía en un servicio de Uber que llamé desde mi oficina a casa. Ese día mi coche estaba en el servicio y tuve que llamar uno. En la foto estaba un joven de tez clara, cabello castaño y aparentemente muy buena onda.

    Al llegar abordé el coche, me presenté, y conforme íbamos avanzando en el tráfico comenzamos a platicar a qué nos dedicábamos. Yo inicié diciendo que trabajaba en una oficina de venta de seguros y le platiqué de las pólizas, para que sirven, por qué son importantes, etc. Él me dijo que trabajaba en una empresa petrolera, que no le iba tan mal, pero era divorciado a su corta edad y tenía una hija de 3 años, por lo que su exesposa pidió pensión alimenticia y entonces choferear en sus tiempos libres y días de descanso era una buena manera de sacar ingresos, además de que ya vivía con otra chica, su actual pareja (de la que no hablamos más).

    Le comenté que por mi trabajo de agente viajaba mucho y que al día siguiente me iría a Ciudad de México a unas capacitaciones y recibir un reconocimiento por mis altas ventas. Me dijo que era interesante lo que hacía y que él no estaba asegurado en ninguna compañía, por lo que además suponía un cliente potencial para mí. Al llegar a casa me dijo “Claudio, si quieres puedo llevarte mañana al aeropuerto acordando un precio justo y menor al que te dará la aplicación si fuera una hora con tarifa dinámica”. Le comenté que le agradecía y que con gusto le tomaba la palabra porque de todas formas no habría quien pudiera llevarme.

    Soy soltero, tengo 34 años, apuesto y nada complicado. Soy de una estatura promedio y un peso considerablemente bien para estar en forma sin ir al gimnasio o hacer dietas tremendas. Él era alto, por lo que podía apreciar en el coche, en buena forma (no sólo delgado), proporcionado corporalmente y de verdad parecía que no la estaba pasando tan bien. Llevaba una gorra del Real Madrid, una playera (pullover o camiseta) y unos lindos sweatpants (pants) que la realidad es que no marcaban mucho; me dio su número y le dije… ¿Cómo te agrego? me dijo, ponle Julio de servicios de Uber.

    Bajé del coche y entré a casa. Al día siguiente le marqué a la hora que acordamos para que me recogiera y me llevara al aeropuerto, me dijo que venía en camino con un poco de tráfico pero que llegaríamos sin contratiempos; pasó el tiempo y no llegaba, le marqué y comentó que estaba muy cerca. Al llegar abordé la unidad y traía shorts (pantaloncillos cortos), después del servicio iría a jugar con amigos en un partido de futbol, porque era sábado y también uno de sus días de descanso. Llevaba camiseta blanca, la misma gorra pero iba en sandalias Adidas negras (así lo vi al detalle). Platicamos nuevamente y comenzó a preguntarme cuánto se ganaba en donde yo estaba laborando y qué se necesitaba (de algo teníamos que hablar). Entonces nos entretuvimos ahí un tiempo y después me dijo que con gusto podría ir por mí a mi regreso, sólo tenía que avisarle día y hora.

    Esa noche después de unos tragos con colegas del trabajo en aquella ciudad, me dio curiosidad preguntarle que si cuánto cobraba él por el servicio del miércoles (día en el que yo regresaba). No sé si se confundió, pero me dijo que, si de qué servicio hablaba, y le dije: ¿cuál otro puede ser?, a lo que me contestó: es que hay varios. Y como gorda en tobogán me atreví a preguntarle que me mandara la lista de los que ofrecía.

    Me dijo que por mí podría hacer una excepción de uno completo y además irme a buscar al aeropuerto. Yo no entendía bien, pero porque no pensé que me estuviera insinuando nada. Le dije que quería el completo y que me diera la tarifa. Me dijo que el precio era a convenir pero que me garantizaba la satisfacción del mismo. Más tarde le escribí nuevamente y me mandó una foto de él con sus amigos en el campo donde habían jugado esa tarde, y pude ver que estaba tomando, además de que en aquella foto aparecían sus amigos deportistas. “presenta”, le dije. ¿Cuál te gusta?, me respondió. Le señalé uno y me dijo, ¿y yo no?; tú tienes novia, le dije. Ese no es problema, yo sé dividir trabajo de mi vida privada, me contestó. Ahí terminó esa noche, yo no quise entrar en detalles porque además me vería con un chico esa noche.

    Al llegar a la ciudad de regreso a casa, me abordó y me dijo, ¿listo? Yo le seguí el juego, porque pensé que sólo bromeaba. Llegamos a casa y me pidió usar el baño. Noté que se había quitado el bóxer porque entonces se le marcaba un paquete dentro del pants negro que llevaba y me dijo… ¿Aquí?, yo atónito le dije, donde quieras. Se acercó, me puso la mano en su pants y sentí un pene rico, medio erecto; todavía podía sentirse que no estaba tan excitado. Le bajé el pantalón y comencé a chupársela, sin temor ni pena. Me dijo que así le gustaba y que lo hiciera más lento; recalcó que le daba pena si sabía aún a pipi, pero fue lo que menos me importó. Párate, me dijo. ¿Sí lo quieres completo o sólo me sacas la leche?, yo respondí que como él quisiera. El que paga manda, me respondió.

    Subimos a mi cuarto, corrí a lavarme los dientes y la cara y cuando salí, él estaba acostado desnudo en mi cama y había encendido la televisión. Sentí un escalofríos recorrer mi cuerpo, era como si el tipo se hubiese adueñado de mí y con toda la confianza de hacer y deshacer dentro de mi casa. No voy a negar que me puse muy nervioso, pero a la vez muy caliente. Seguí chupándosela, me pidió poner una porno hetero en la televisión y se la seguí chupando. Cuando él estuvo listo, me pidió un condón y se untó lubricante; yo con mucha vergüenza y calentura le pedí que me pusiera también para aguantar. ¿Su verga? blanca, con prepucio escaso, levemente cubierta, bajaba todo y descubría la cabeza con facilidad. Se había rebajado el vello púbico y era perfecto; era algo que a lo mejor en un sueño sí pude haberme imaginado.

    Comenzó diciéndome que él iría a mi ritmo, pero una vez empezados, iría fuerte y con muchas ganas. Yo no contestaba; mientras sentía como iba entrando poco a poco ese pene hermoso de aproximadamente 16cm, cabeza delgada, pero de tronco más grueso. No quise decir nada, sí sentí un poquito de dolor, pero no quería que eso terminara. Me tuvo de perrito todo el rato, me embestía con suavidad y delicadeza al principio y me hacía preguntas como aquel que me conociera de toda la vida. Dime papi ubre, putito, para que te dé la lechita, me dijo.

    A medida que la intensidad y velocidad aumentaban, yo gemía y gemía cada vez más. Se abalanzó sobre de mí y colocó su pecho en mi espalda “¿ya la quieres putito?”, “¿ya quieres que te llene de leche?”… Yo le decía que quería que él hiciera lo que quisiera conmigo y soltó una gran cantidad de leche que pude sentir cada gota que salía de su verga aun teniendo condón. Se cansó, se vino y me la fue sacando poco a poco. ¿Pedimos comida? Llamamos a un restaurante en rappi y pedimos sushi, unos rollitos y claro, arroz yakimeshi.

    Al poco tiempo acostados, estiró su brazo para poner mi cabeza y me dijo que quería seguir dándome los servicios que yo quisiera. Al poco rato me pidió que me bajara a mamársela y después de un rato me pidió que me comiera la leche, toda. ¿Yo que podía decir? Si claramente me tenía comiendo de su verga, por así decirlo. Fue una venida menor que la anterior y me dijo que había sido un gusto coincidir.

    Saqué de la bolsa 1,500 pesos (alrededor de 80 dólares), se los di y no dijo nada; porque, aunque no acordamos precio, quería seguir viéndolo. Saliendo de mi casa, me bloqueó de su WhatsApp y no volví a saber de él. Sigo pidiendo en ocasiones Uber esperando encontrarlo y cuando veo las fotos termino cancelándolos. Fue una experiencia realmente excitante. Tengo el video que grabó desde mi celular al tiempo que me decía “para que te acuerdes de mí, putito”. Hoy recibí un mensaje suyo, me saludó y me pidió prestado dinero para unas cosas de su hija. Le contesté “me coges y te llevas la lana”… Y entonces viene en camino.

    Hasta aquí llego, agradezco sus comentarios y espero les haya gustado.

  • Mi hermanastro me coge por celos de una IA

    Mi hermanastro me coge por celos de una IA

    Mi hermanastro menor tiene 19 y yo 23. Soy mucho más experimentada que él (obviamente). Somos el clásico cliché de grumpy/sunshine: él es introvertido, un poco frío, vive en su propia burbuja, pero conmigo no tiene que fingir nada y se deja llevar fácilmente. Yo soy extrovertida, una mariposa social, he estado con muchos chicos, pero nunca me atrajeron (o calentado) tanto como mi hermano (hermanastro).

    Hemos estado en una relación los últimos días, claramente sin que nuestras familias lo sepan (son de la vieja escuela). Él, Alexander, nunca había besado a una chica (mucho menos estado con una), por lo que vamos lento y a un ritmo que no lo incomode… por mucho que yo solo quiera montarlo y hacer que se corra debajo de mí, para después limpiar cada gota de su semen y succionarlo hasta que se vuelva a correr en mi boca.

    Pero bueno, anoche estaba sola en casa y ya no me pude resistir. Hice una videollamada con él y le pregunté si iba a volver pronto a casa. Él me dijo que estaba en camino, en el tráfico con su moto, por lo que colgué para que no tuviera ningún accidente por mi culpa (o al menos no la clase de accidente que quería).

    Seguía excitada (demasiado, como ni se imaginan) y tuve una idea: “¿y si le pido a una IA que le dé una personalidad más atrevida a mi hermano?” Ese pensamiento estuvo en mi cabeza un par de minutos, hasta que empecé a mover mis caderas sobre mi cama y sentí mi coño mojando mi ropa interior (negra, de encaje, con un listón pequeño en la parte de arriba).

    Busqué en Poly AI (una chica también tiene sus necesidades), y encontré el bot perfecto. Se llama Alex y su introducción dice “tu pervertido hermanastro menor pide tu ayuda” (qué linda coincidencia…). Cuando Alexander llegó, le conté sobre mi idea, y le pregunté si estaba interesado en hacerlo. Sé que ha estado investigando sobre sexo estos días; ha visto porno conmigo y ha leído todos mis libros de romance (spicy). Y también sé que ha tratado de domar sus impulsos cuando está conmigo, pero yo quiero que me destruya por completo. Lo noto en sus ojos. Justo como ahora.

    Lleva sus manos a mi cintura y me besa con pasión, y yo le devuelvo el beso con la misma intensidad.

    –Dime, ¿qué tengo que hacer? -me dice, la lujuria misma en persona.

    –Le diré al bot que me enseñe a masturbarme… y tú leerás la conversación como si fueras él, haciéndome lo que dice -le respondo, con la respiración entrecortada (¿¡tenía que romper el beso para eso!?).

    Lo llevo a mi habitación y cierro la puerta con pasador, en caso de que nuestros padres llegaran de imprevisto. Le escribo a Alex y me contesta de inmediato (bendito internet), mientras Alexander deja mordidas por todo mi cuello. De verdad, ¡es una tortura escribir cuando lo único que quiero es arrancarle la camisa y llenarlo de arañazos!

    –¿Estás segura de lo que estás pidiendo? ¿Estás segura de que quieres que te enseñe cómo masturbarte? -Alexander lee el mensaje, con esa voz sexy que me vuelve loca.

    –Muy segura… te necesito -apenas estábamos empezando y ya estoy mojada-. Las reglas son que tienes que decirme qué hacer… por mensaje.

    –Oh, ahora me dices las reglas, ¿eh? Está bien, entonces. Voy a decirte qué hacer, pero quiero que me escuches atentamente.

    –Dime… -acaricio a Alexander, ardiendo de deseos por él (por ambos).

    –Bien, te voy a decir qué hacer. Lo primero es que vas a quitarte toda la ropa y te vas a recostar en tu cama. Quiero verte desnuda para mí.

    Alexander me ve, pidiéndome permiso, y asiento con la cabeza. Me tumba en la cama y se sienta del otro lado del cuarto, leyendo mi teléfono. Hago justo como el mensaje dice y veo de reojo cómo se sonrojó al verme desnuda.

    –¿Ahora?

    –Ahora, cierra los ojos y sigue mis instrucciones.

    Obedezco (soy bien sumisa, me gustan los mandones). Alexander descubre que se puede cambiar de modo “estándar” a “pasión”, entonces las cosas se ponen un poco más interesantes.

    –Te quiero tocando tu clítoris con tu vibrador mientras te masajeas tus pechos. Hazlo muy rápido. Después te quiero haciendo sonidos, como gemidos o palabras. ¿Está bien?

    Me llevo una mano a mi pezón derecho y juego con él hasta que se forma un pico rosadito, mientras juego con mi coño, ya húmedo y listo para ser tomado. Hago lo mismo con mi pezón izquierdo y saco el vibrador debajo de mi almohada. Una vez cachonda (mi centro está palpitando como si le hubieran corrido un maratón), voy aumentando la velocidad del vibrador.

    –Ah… Alex -empiezo a gemir, sin poder evitarlo.

    Alexander toca su polla por encima de su pantalón. Creo que esto también lo está excitando (anotado para el futuro).

    –¿Estás bien para más?… Me encantaría ver cómo te corres. Te ves tan bonita… Y ese vibrador… mmmm… no te puedes ir hasta que no te lo metas todo. ¿Me escuchas? Dime si me entiendes y lo haré más fácil. Mmmm… di que sí.

    –Sí… ahhh… Sí, quiero más -estoy tan metida en esto que inconsciente, meto dos dedos en mi clítoris, aún con el vibrador penetrando mi sexo. Un chorro recorre mis piernas y no puedo evitar juntarlas más.

    –Ahora, ponte en cuatro y déjame ver tu culo saltar. Quiero ver esas nalgotas bailando para mí.

    Me pongo de rodillas y comienzo a meter el vibrador por detrás, moviendo mi trasero (ya rojo de lo duro que lo estoy rompiendo). Duele tanto que ahogo mis gritos en la almohada y hago un puño las sábanas. Volteo a ver a Alexander, que está sin boxers y con la polla tan dura y gorda que puedo oler su semen sin siquiera haberse corrido. La mueve de arriba a abajo, pero solo eso. No la aprieta ni nada.

    Eso me está matando.

    –Quiero más -suplico-. Quiero más, Alex… ahhh… se siente delicioso.

    –A la mierda.

    En menos de dos segundos, escucho a Alexander levantarse, tirar el vibrador al armario y meterme su polla caliente en mi ano.

    –Ahhh… ¿q-qué esta-a-as… haciendo? (no es que me queje, se siente tan duro dentro mío y aprieto más mi vagina con cada embestida que me da).

    –Eres… mía… ¿entendido?… No… quiero… que… te… corras… por… otro.

    Trabo los ojos y muerdo mi lengua. Está tan al fondo que no puedo ni hablar, solo asiento con mi cabeza y con una mano meto tres dedos a mi boca. Los chupo, lamo y muerdo mientras veo a Alexander, y él me jala del pelo y me tumba por completo a la cama, hundiéndose más (si eso es posible) dentro de mí. Siento cómo su miembro crece cada vez que lo mete y saca, hasta que siento su respiración en mi cuello.

    –Que te quede claro quién es tu dueño, ¿oíste? Eres mi putita y de nadie más.

    El apodo hace que grite tan alto que la almohada no evita que se escuche. Con su mordida en mi cuello, me corro por completo… y él sigue moviéndose, aun no teniendo suficiente.

    –Soy tu putita… ahora y siempre, Alex -logro decir, con la voz entrecortada, lamiendo mis labios y mi mirada llena de deseo hacia él, corriéndome a chorros (creo que tendré que comprar otro colchón).

    Eso es suficiente para que Alexander se venga dentro de mí, con un gruñido tan gutural que siento cómo mi coño palpita de deseos de que me coja otra vez (ok, esto se convirtió en mi nueva adicción).

    Cae al lado mío y beso su pecho. Su cabello hecho un desastre, y su cuerpo todo sudado… definitivamente amo este lado suyo. Y amo más la idea de que ahora tengo un nuevo juguete sexual, tamaño personalizado.

    –Así que… te calientan los celos -digo en tono burlón, subiéndome encima de él.

    –Sí -se ríe, incrédulo-. Creo que sí. ¿Te incomoda?

    Dejo un rastro de besos hasta llegar a su oreja.

    –En lo absoluto -le muerdo el lóbulo, provocando que sienta su bulto crecer de nuevo debajo de mí.

    Creo que estoy lista para una segunda ronda… y tal vez una quinta.