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  • Masaje tántrico (4): parte 2)

    Masaje tántrico (4): parte 2)

    Me encontraba recostado recuperándome aún del tremendo polvo que me había dado con Brenda, mientras la miraba ducharse, limpiándose los restos de nuestras corridas de su hermoso cuerpo. La veía sobarse el cuerpo entero, mientras caía el agua caliente recorriendo todo su cuerpo. Esta imagen me ponía muy caliente, mi pene comenzó a reaccionar. La excitación hizo que me levante y vaya directo a la ducha. Me metí junto a ella y la abracé por la espalda, sintiendo sus nalgas aplastarse en mi bajo vientre. El agua caía por nuestros cuerpos.

    – ¿Te gustó preciosa? – pregunté.

    – Si papi, estuvo riquísimo – respondió cariñosamente.

    Le di la vuelta y le besé en los labios con fuerza. Ella me correspondió y nos fundimos en un beso apasionado. Nuestras manos recorrían nuestros cuerpos mientras nos besábamos. Ella metió una mano entre nosotros y sintió mi pene ya erecto nuevamente.

    – Veo que ya estás listo de nuevo bebe – me susurro al oído, mientras me frotaba el pene.

    – Claro que si – respondí – solo de verte ya me pongo duro.

    Siguió besándome y comenzó a frotar su pubis contra mi pene. Levanto una pierna y me rodeó con ella. Le agarre las nalgas con ambas manos y comenzamos a frotarnos rápidamente. Con su pierna levantada, tenía vía libre a su vagina, así que metí dos dedos rápidamente. El agua caliente facilitó la entrada. Comenzó a gemir. Estuvimos un rato así hasta que se dio la vuelta y me puso el culo al frente. Coloqué mi pene entre sus nalgas y comencé a frotarme. Le tocaba las tetas, se las apretaba sobando sus pezones. Se sentía increíble entre sus nalgas grandes y duras. Estaba en la gloria.

    Se dio la vuelta nuevamente, se arrodilló frente a mí y puso mi pinga entre sus tetas. Comenzó a masturbarme con ellas lentamente. Cada vez que sus tetas bajaban y mi pinga quedaba cerca de su boca, se metía la cabeza y la chupaba suavemente. Desde arriba tenía una visión espectacular. Sus grandes tetas hacían desaparecer mi pinga cada vez que subían y cuando bajaban, era su boca la que la hacía desaparecer.

    Seguimos un buen rato así, hasta que decidimos salir. Nos secamos y me sentó en el borde de la cama. Se arrodillo delante mío y se la metió en la boca. Comenzó a mamarla como toda una puta excitada. Se lo metía hasta el fondo y aguantaba unos segundos con todo el pene adentro. Luego se la sacaba para tomar aire y volvía a la faena. Me estaba dando una mamada espectacular. Digna de la película porno más fuerte. Mis ojos se desviaban de esa hermosa vista, solo para mirar el sillón tántrico.

    – ¿Alguna vez has tirado en un sillón así? – me atreví a preguntar.

    – Si – respondió – es de lo más cómodo. ¿Quieres probar?

    – Claro que sí, ¿siempre quise usar uno así?

    Se levantó y me cogió de la mano, me llevo como a un niño pequeño hasta el sillón tántrico. Se sentó en él acomodándose en la parte de abajo, con las piernas abiertas y la vagina al borde. Me hizo una seña hacia su vagina y entendí su petición. Me arrodillé frente a ella y comencé a besarle los labios vaginales por fuera primero. Los abría con mi lengua y se los abría para sentir toda su humedad. Comencé a agarrarle las tetas, ella cogió una de mis manos y se metió dos dedos a la boca para chuparlos. Yo seguía metiendo la lengua lo más profundo que podía dentro de su vagina. La sentía cada vez más húmeda. Comenzó a gemir sin sacarse mis dedos de la boca. Cuando me pude liberar, se los saqué de la boca y así completamente mojados por su saliva se los metí en la concha. Comencé a hacer unos movimientos que había visto en las escenas porno cuando quieren hacer eyacular a la mujer. Lo hacía rápido y fuerte. Ella ya no gemía, sino que gritaba.

    – Ah, sigue así, me voy a correr. Dale – gritaba.

    – ¿Quieres venirte perrita? – le dije – vamos córrete, córrete como la zorra que eres.

    Ya estábamos en tal confianza que nos decíamos todo tipo de obscenidades. Continúe con la masturbada feroz que le estaba dando. Cada vez sentía que chorreaba un poco más su concha. Estaba muy excitada, seguía gritando. Cuando de repente sentí como se movía como loca, se contorsionaba.

    – Ya – gritó – me vengo.

    Cuando sentí que se tensionaba, saqué mi mano de su concha y vi un chorro de corrida saltó por toda la habitación. Ella se mordía los labios y convulsionaba de placer. Seguía lanzando chorros mientras se frotaba el clítoris. Conté 3 chorros muy grandes que salieron de ella. Cuando terminó, se quedó recostada. Exhausta. Yo volví a besarle la concha, quería saborear su venida. Sus jugos chorreaban por sus muslos. Los probé y me parecieron deliciosos.

    Cuando recuperó la fuerza se levantó y me sentó en la parte honda del sillón. Sacó otro preservativo y esta vez me lo colocó con la mano rápidamente. Se dio la vuelta, me dio la espalda y bajo rápidamente para meterse todo mi pene de un solo golpe hasta el fondo. Veía su culo rebotar en mi abdomen mientras ella subía y bajaba con gran facilidad sobre mi pene. Estaba recostado viendo ese espectáculo maravilloso. Agarraba sus nalgas y las aplastaba juntándolas. Se sentían deliciosas. Me metí un dedo a la boca y mientras lo humedecía, abrí sus nalgas para meterlo, primero lo froté por fuera.

    – ¿Puedo? – pregunté.

    – Si. Por favor métemelo. – respondió rápidamente.

    Lo metí despacio hasta que entro todo, comencé a meterlo y sacarlo un rato mientras elle seguía cabalgándome como una vaquera. Sentía como su ano iba cediendo y ella gemía cada vez más fuerte. Metí otro dedo y ella gritó. Pensé que me diría que lo saque. Pero no dijo nada. Lo tomé como autorización para continuar. Saqué los dedos de su ano, la levanté un poco y me acerqué a su ano ligeramente abierto. Le pasé la lengua y ella se estremeció. Metí la punta de mi lengua y la moví de arriba abajo dentro de su ano. Sentí como se contoneaba. Me separé y escupí en su ano. Volví a meter los dedos y la empujé hacia abajo nuevamente para que se la vuelva a meter toda.

    – Me estás volviendo loca cabrón – me dijo – si sigues así, voy a dejar que me la metas por el culo sin compasión.

    – Me encantaría, tu ano me está volviendo loco.

    Seguimos ahí un poco más, hasta que me levante y la arrodille en la parte donde estaba yo sentado antes. Me paré detrás de ella y se la empuje toda de golpe, comencé a bombear rápidamente, mientras seguía metiendo dos dedos en su ano.

    – Si – gritó – sigue así – seguía metiéndosela rápido y sentí como se frotaba el clítoris con la mano.

    – ¿Te gusta perra? – le dije – ¿quieres que te reviente el culo?

    – Si. Por favor métemela por el culo papi.

    No lo tuve que pensar dos veces. La saqué de su vagina y mi pinga estaba completamente lubricada. Saqué mis dedos y apunté la punta de la pinga a su ano. Presioné un poco y entró la cabeza. La dejé un momento ahí para que se acostumbre. Con mis manos le abría las nalgas. Ella seguía frotándose el clítoris. Creo que aguante mucho con solo la cabeza dentro.

    – Qué esperas. Métela toda por favor – gritó de repente. Empujé de golpe y entró toda dentro de su culo – ah. Que grande la tienes.

    Comencé el movimiento suave, pero ella se movía también haciendo que entre cada vez más fuerte. Entonces decidí acelerar. Se lo metí con fuerza hasta el fondo. Aceleré los movimientos y ella seguía gimiendo y gritando.

    – Que rico papi. Sigue así que me vengo.

    – Tómala toda perra, te voy a reventar el culo por zorra.

    – Si. Soy tu zorra mi amor, párteme en dos.

    Aceleré y le comencé a dar palmadas en las nalgas. Seguía gritando y yo ya me estaba a punto de venir. Pero quería que se venga ella primero. Seguí moviéndome con fuerza, sentía como su culo se contraía y apretaba mi pinga. Era espectacular sentirlo tan apretado.

    – No pares, por favor – gritó mientras se contraía todita – ah – gritó mientras botaba un chorro más en el sillón.

    – Yo también me vengo – grité también – ah.

    Se recostó en el sillón, rendida. Yo caí encima de ella con mi pinga aun palpitando dentro de su ano. Quedamos así recostados unos minutos, mientras le lamía la oreja y el cuello.

    Nos levantamos y nos acostamos en la cama, desnudos los dos. Aún agitados. Aún tenía el preservativo puesto y mi pene comenzaba a ponerse flácido. Me saqué el preservativo, lo amarré y lo puse en la mesa de noche. Ella bajó y me limpió la pinga con la boca. Limpió todos los restos de semen que había. Cuando terminó, se levantó y se recostó encima mío. sentía sus tetas aplastarse en mi pecho. Nos besamos metiendo nuestras lenguas dentro de nuestras bocas.

    – ¿Descansamos un poco? ¿O te tienes que ir? – pregunté, tratando de recuperar las fuerzas.

    – No tengo nada que hacer aún, y aunque tuviera, no sé si tengo fuerzas para levantarme – respondió – Prendí la tele y nuevamente apareció el canal porno.

    – Perdón – me disculpé – estuve viendo mientras te esperaba. Jejeje.

    – No te preocupes, déjalo ahí.

    Dejé el control y nos pusimos a ver la película. Estaban una pareja teniendo relaciones apasionadamente. Ella recostada boca abajo y el encima metiéndosela por la concha. La verdad que era muy excitante la escena. Seguimos mirando, mientras los actores cambiaban de pose y seguían un buen rato dándole. Teniéndola pegada a mí, desnuda, viendo esas escenas tan calientes, hizo que mi pinga comenzara a endurecerse nuevamente. Ella bajo su mano y comenzó a sobarla. Yo le sobaba una nalga. Todo esto mientras mirábamos como el actor empotraba duro a la actriz contra el respaldar de un sillón.

    – ¿Cómo que te está gustando la película no? – me dijo, mientras seguía sobándome el pene casi erecto.

    – No tanto como lo que hace tu mano – respondí – ¿a ti te gusta que te den así de duro?

    – Si, como lo has hecho tu hace un rato – respondió.

    Dejé de sobarle la nalga la agarré de la barbilla y le di un beso en la boca. Suave. Con los labios ligeramente abiertos. Ella me respondió y volvimos a besarnos más apasionadamente esta vez. Se subió encima mío poniendo sus tetas en mi pecho. Abrió sus piernas y se subió encima de mi pene. Seguimos besándonos mientras pasaba mis manos por su culo, le apretaba las nalgas. Comenzó a moverse y frotar su concha ligeramente húmeda.

    – Sé que quedamos en dos polvos, pero muero por hacértelo de nuevo – dije asustado, ya que no tenía más dinero.

    – Claro que si papi, yo también muero porque me la metas de nuevo – respondió para mi sorpresa.

    – Pero ya no tengo plata – dije.

    – No te preocupes, éste va de regalo.

    La volví a besar y seguimos tocándonos. Ella se frotaba fuertemente contra mi pene. Sentía su concha cada vez más mojada. Sentía como la punta de mi pene abría sus labios sin entrar. Moría por metérsela sin preservativo, sentir su concha húmeda abrazar mi pene, pero tenía miedo de preguntar. Ella siguió con sus movimientos que me volvían loco.

    – Quiero sentirla dentro, sentir tu carne – me dijo, como si leyera mi mente – ¿te importa? – preguntó mientras agarraba mi pene dirigiéndolo a su vagina.

    – Si, por favor – respondí, sin pensar en las consecuencias.

    Colocó la cabeza de mi pinga en su concha y empujó su culo hacia atrás. Entró toda de golpe. Sentí su calor y su humedad de inmediato. Se movía rápidamente de arriba a abajo. Su concha apretaba mi pinga con fuerza y sus jugos hacían que deslice sin dificultad. Se levantó, agarré sus tetas y las masajeé con fuerza. Comenzó a mover su pelvis de adelante hacia atrás. Frotaba su clítoris contra mi pelvis. Sentía como mis vellos púbicos se mojaban con sus jugos. Aceleró los movimientos. Me levanté y la besé en la boca mientras ella seguía moviéndose. Le chupé los pezones, se los mordía, esta vez lo hice con más fuerza, ella gemía. Yo acompañaba sus movimientos con mis manos en su culo.

    Con ella encima mío, la moví hacia el borde de la cama y me levanté cargándola. Levanté sus piernas con mis brazos mientras ella se abrazaba de mi cuello. La agarré del culo y comencé a bombearla mientras nos besábamos apasionadamente. Su lengua jugaba con la mía y nuestras salivas se mezclaban dentro de nuestras bocas. Seguimos en esa posición un rato hasta que me cansé y la recosté boca arriba en la cama. Levante sus piernas y las puse en mis hombros. Se la comencé a meter muy fuerte, ella gritaba y gemía. Sentía su concha muy mojada. Seguía con los movimientos y abrí sus piernas, estirándolas hacia los lados. Veía cómo iba entrando mi pene en su concha. Nuestros gemidos se confundían con los de los actores en la película porno que aun seguía en la tele.

    – Ven – le dije mientras se la sacaba de la concha- quiero hacértelo acá en este espejo.

    La llevé al mesón del lavadero, la puse frente al espejo, dándome la espalda y le levanté una pierna apoyándola en el mesón. Por el espejo podía ver su concha abierta. Desde atrás se la metí de golpe mientras con la mano masajeaba rápidamente su clítoris. Seguí metiéndosela rápidamente, en su cara miraba la excitación y el deseo. El mismo que sentía en su vagina que ya chorreaba de jugos. Con una mano la rodeaba apretaba una teta, mientras con la otra seguía frotando su clítoris. Sentía como chorreaban sus jugos mojando el piso. Mi pinga estaba empapada con sus jugos.

    – ¿Te gusta cómo te clavo mi amor? – pregunté mirándola en el reflejo del espejo – dime que te gusta.

    – Sí, me encanta papi – respondió – eres un machote, me gusta cómo me clavas. Sigue por favor, no pares.

    Seguí clavándola cada vez más fuerte y más rápido. Hasta que algo que vi en el reflejo llamo mi atención. En la pantalla se veía una pose diferente, nunca la había visto. Se dio cuenta que me distraje.

    – ¿Qué paso? – pregunto – ¿todo bien?

    – Perdón, me distrajo la pose en la película. Lo siento – me disculpé.

    – ¿Cual? – nos separamos y fuimos a la pantalla.

    En la película se veía al hombre acostado boca arriba al borde de la cama, levantaba sus piernas dejando su culo al aire. La mujer se paraba detrás de él, se metía el pene en la vagina y hacía los movimientos. Parecía la pose de piernas al hombro, pero con los puestos invertidos.

    – Uy si, esa la vi una vez – me sorprendió diciendo – se llama la amazona creo. ¿La probamos?

    – Ok, probemos – dije excitado.

    Me recosté en el borde de la cama, levanté mis piernas lo más que pude y ella se paró detrás mío. acomodo mi pinga en su vagina y se la metió con facilidad. Comenzó los movimientos rápidamente. Ahora ella estaba en control, ella me estaba tirando a mí. Me sentí un poco dominado, pero no me importo al ver la cara excitada de Brenda y lo bien que se sentía. Seguimos así un buen rato, ella gemía y ahora me decía obscenidades ella a mí.

    – ¿Te gusta cómo te tiro puto? – me pregunto.

    – Sigue así por favor, me encanta que te pongas zorra. – respondí.

    Seguimos unos pocos minutos más así, pero creo que se cansó. Se sacó mi pinga de la concha y se recostó en el piso. Levanto las piernas y se quedó apoyada en su nuca, con todo su cuerpo levantado. Definitivamente era una profesional. Fui rápido, me pare a su lado y se la metí desde arriba. La imagen era increíble. Comencé a taladrarla fuertemente hasta que ya no aguanté más.

    – ¡Me voy a venir! ¿Dónde quieres mi leche? – le dije tratando de aguantar mi corrida.

    – Adentro papi, quiero que me llenes con tu leche, que te conviertas en mi hombre – me dijo sorprendiéndome.

    Una vez más, sin pensar en las consecuencias, me deje llevar y me vine dentro de ella, la llene con mi leche, ella gemía también. Sentía como se me vaciaba todo en su interior y se mezclaba con sus jugos. Cuando se la saque, la deje en esa posición y comencé a meterle dos dedos en la concha. Lo hice rápidamente y con fuerza hasta que grito y dejo salir un chorro grandísimo que salto y cayó encima suyo, bañándola completamente de la combinación de nuestras corridas.

    Quedo recostada en el suelo. Yo me senté en el borde de la cama. Realmente estaba exhausto. La ayude a levantarse. La lleve a la ducha y nos metimos de nuevo. La lavé, le saqué todos los restos de corrida y no besamos largamente debajo del agua caliente que corría por nuestros cuerpos agotados.

    Salimos de la ducha, nos vestimos y nos despedimos con un beso apasionado.

    Fin.

  • Problema con las gemelas (2): Sin querer embaracé a mi cuñada

    Problema con las gemelas (2): Sin querer embaracé a mi cuñada

    Mi suegra me dio ánimos, y no me juzgo, eso era lo importante para mí, para mí era un accidente. Cuando estaba por retirarme de su casa, llegó Mara, me miró con desagrado, saludó a mi suegra y subió a su habitación. Yo después de lo hablado con mi suegra estaba más que convencido que ella estaba despierta y no dormida como decía. Pero eso no me ayudaría en mucho a mí. Desde que me conocí con mi cuñada mi relación fue más bien distante, y en alguna oportunidad, en un cumpleaños, escuché hablar con sus amigas y decir que era poca cosa. Yo volví a mi casa y le hice caso a mi suegra, no llame, ni busque a mi esposa, le di su espacio.

    Estaba destrozado, en realidad amaba mucho a Vanina, y no sabía cómo enmendar las cosas. En mi un sentimiento de culpa, bronca, impotencia me carcomía. También una parte de mí que odiaba profundamente a la zorra de mi cuñada, en mi cabeza rondaba la idea que había caído en una trampa.

    Pase dos semanas sumergido en la mierda, durmiendo poco, comiendo por inercia, las cosas estaban tan mal que estaba afectando mi trabajo, estaba punto de caer en depresión. No pude más y fui a buscar a mi esposa a su trabajo, la esperé a la salida. Cuando la vi salir, mi corazón se alegró, ella estaba tan demacrada como yo, ojerosa, con signos de poco sueño, un poco más flaca, la segunda es que apenas me vio su seño se frunció y hubo una mueca de bronca y enfado, intento irse en dirección contraria, pero la alcance, me miro con mucho enfado, le pedí que por favor habláramos. Accedió a regañadientes, y fuimos a un café cercano. Le expliqué lo mejor que pude mi situación, y ella me miraba con cara seria, con los ojos brillosos, pero queriendo matarme.

    Vanina: A ver Carlos si te enteras, en este punto, da igual si sabía que era mi hermana. Lo que me duele es que te acostaste con mi hermana, no puedo mirarte igual, no podría estar contigo sabiendo esto. Eras el único hombre en el que podía confiar. Nosotros veníamos mal, eso es patente. Pero con esto, no puedo.

    Carlos: Pero que puedo hacer yo para que me perdones o demostrarte que te amo.

    Vanina: Eso lo sé yo.- una lagrima se escapó por su mejilla- no tengo dudas que me amas, y también estoy segura, que no sabias que era mi hermana, no hace falta que me lo jures o que me lo diga mamá. Pero no puedo verte igual, tengo un lio en la cabeza, tengo todo muy a flor de piel, necesito más tiempo, porque si me apuras yo hoy no quiero verte, ni estar más contigo.

    Se paro llorando, y me dejo, con el corazón en un puño, quería llorar, gritar y golpear a alguien. El dolor no cavia en mi cuerpo. Por la noche cuando llegué a mi casa, me senté en el sofá, a oscuras, llorando, veía como mi vida, que para mí era feliz, se me escapaba, pensaba en lo que había dicho, y me hacía ruido en que para ella estábamos mal antes, y si era verdad, discutíamos más, compartíamos menos, hablábamos menos, y sexo como dije. Pero para mí era algo de momento, tal vez por la convivencia, mucho trabajo o no se. En eso me llama mi suegra y me invita a almorzar para el día siguiente, me dijo que había hablado con Vanina, porque su tono fue muy maternal.

    Al otro día me recibió como siempre, con mucho cariño. Mi cuñada no nos quiso acompañar a almorzar. Hablamos de banalidades en la comida. Después de la misma hizo un café y nos sentamos en el living. Ahí me comento que Vanina había estado el día anterior después de estar conmigo. Que había estado llorando y descargándose todo lo posible, que estaba viviendo con una amiga, porque no quería compartir techo con su hermana. Ahí yo le plante mi punto de vista, y mis dudas, sobre todo esto que estábamos mal antes del incidente, y que me preocupo mucho el no querer verme más.

    Mara: En verdad eres más estúpido de lo que creía. Mi hermana está poniendo la excusa de lo nuestro para tapar su muerto en el closet. Tú no piensas.

    Susana: Mara cállate.

    Mara: Es un imbécil, ella ya tiene a otro, y lo tenía antes de que esto pasara. -Mi suegra se paró y le dio una bofetada que sonó en toda la casa.

    Susana: Cállate y deja de meterte en la vida de tu hermana, demasiado mal has hecho ya. Y si no te gusta, ya te puedes marchar de mi casa.

    Yo estaba con la boca abierta, era cornudo. Mi cuñada se sobaba su mejilla, no se animó a decirle nada a mi suegra, nunca la había visto así.

    Susana: Tranquilízate Carlos, y deja que te explique. Vanina hace meses viene soportado un coqueteo, del normal que recibimos las mujeres, sin embargo, últimamente ella, no era tan inmune, digamos que ya le gustaba, shhh déjame terminar- justo cuando iba a interrumpir- ella no hizo nada, y tenía un cargo de conciencia enorme por ello, digamos que estaban alejados entre ustedes y alguien le endulzaba la oreja, no paso más de eso.

    Carlos: Ella tiene razón soy un imbécil- Mi suegra tomo mi mano, mientras yo me paraba para irme.

    Susana: Ven no te vayas así- me levante y me fui

    Mara: Mi hermana no es tan santa como todos creen.- Alcance a escuchar.

    Todo esto hizo que me derrumbara más todavía, era un ingenuo, un imbécil. Y no lo veía, tal vez ya me había sido infiel y sino fue antes del incidente lo estaba siendo en este momento, pero ella si lo hacía conscientemente no como yo, la verdad que la ira y todos los sentimientos encontrados no fueron buenos consejeros, un sentimiento de odio se apoderó de mí.

    Pedía vacaciones en mi trabajo y me encerré en mi casa, bebí alcohol hasta quedar inconsciente o pasar semanas sin bañarme. Vanina me escribió una vez para ir a buscar sus cosas, que por favor no este para evitar problemas, que cinismo tienen algunas mujeres, y yo que poco amor propio, le pedí hablar, quería explicaciones, pero no me contesto, salí de casa cuando fue.

    Un mes y medio después de todo este trágico incidente, llamaron a mi puerta, yo seguía sin ir a trabajar, en realidad habían intentado comunicarse conmigo varias veces, mi cuñada y mi suegra, tenía infinidad de mensajes que no abrí. Yo por casualidad me había bañado ese día, el primero en tres semanas, porque había ido a almorzar a casa de mis padres y no quería que me vieran tan mal, estaba oscureciendo.

    Al abrir estaba mi cuñada, vi en su mirada algo de dulzura, que se le paso al segundo al verme a la cara. Me apartó con la mano y paso directamente al living, observo el desastre y la poca luz que había. Se sentó y vio la botella de licor que había sobre la mesa. Dejo su abrigo al costado del sofá. Yo ya no quería saber más nada de esa bruja, y bueno de mi mujer, tenía la esperanza de que fuera todo mentira o no se la verdad, también sentía mucho resentimiento hacia ella. Tenía muchísimos sentimientos encontrados.

    Mara: Veo que estas muy mal.

    Carlos: Que quieres, y apúrate no es agradable estar en tu presencia.- Ella revoleo los ojos.

    Mara: No creas que quiero estar aquí, y menos contigo. Pero tenemos un problema. Cuando abusaste de mi.- la cara se me transformo de ira.- Tuvo consecuencias, estoy embarazada.- Un problema más, ni reaccione.

    Carlos: jajaja y me lo quieres encajar a mi.- la verdad ya no me importaba nada.- ha de ser de unos de tus “amigos”.

    Mara: Que dices idiota.- y seguía riéndome, cosa que la enfureció.

    Carlos: Que has andado de buscona, si lo has hecho conmigo, quien sabe la cantidad de idiotas que han caído.- Lo dije con una sonrisa.

    Se lanzo hacia mí con sus uñas apuntando hacia mi cara, cosa que fue mi fácil de sujetar, pero intento golpear mis bolas con un rodillazo, gire mi cadera y golpeo mis muslos, la empuje un poco, y se lanzó de nuevo hacia mí, con los ojos inyectados en sangre, le di una cachetada con la mano bien abierta, impacto en su mejilla, y la tire contra el sofá, ella se repuso y no tuvo suficiente, tomo el florero de la mesa y me lo arrojo impactando en mi cabeza, lo que me hizo retroceder un poco, al tocarme la misma tenía un poco de sangre, al levantar la vista la tenía encima mío, con una ristra de golpes.

    La empuje tome del cuello y presione contra la pared. Su mirada de odio seguía, pero se puso violeta fácilmente por la falta de aire.

    Carlos: No me costaría nada, tú puta de mierda, arruinaste mi vida, así que no me importa ya matarte, o si sales de aquí y abortas. No es problema mío. Aparte no te creo que sea hijo mío.- Su mirada ya era de súplica, estaba presionando mucho su cuello.

    Mara: Por favorrr.- afloje un poco, lo suficiente para que respire.- El niño no tiene la culpa, a parte mi madre me prohibió que lo hiciera. Con el único que he estado ha sido contigo y mi ex, un mes antes que nos separáramos no teníamos relaciones.

    Carlos: Así que tendrás que criar un niño tu sola, por puta.

    Diciendo esto empecé a notar varias cosas, una es nuestra cercanía, dos es que estaba teniendo una erección, y no puedo explicar por qué.

    Mara: Hijo de puta, maldito, se te ha parado- sonreí.- No lo voy a criar sola, tú te tendrás que hacer cargo.- empecé a apretar su pecho con mi mano.- Que haces cerdo.

    Carlos: Me voy a hacer cargo del niño y de la madre.

    Acto seguido empecé a besarla, ella no colaboro, y termine mordiendo su boca.

    Mara: Que haces marica, me vas a violar de nuevo.

    Carlos: Noo, simplemente voy a tomar posesión de mi puta, si tu quieres llámalo violación.

    La presioné más contra la pared y repetí besarla, hasta que conseguí meter mi lengua en su boca, y con mi mano presionaba su pecho y pellizcaba su pezón. Ella no estaba todavía por la labor.

    Carlos: Creo que no le llegas ni a los talones a tu hermana, ella es mucha hembra comparada contigo, tú eres solamente una calienta pollas, que no consigue hombres y tiene que tirarse a los de su hermana.- El odio se inyecto en sus ojos.

    Mara: Que dices maricón, soy demasiada hembra para ti, mi hermana era mucho para ti, por eso busco afuera lo que no le dabas.

    La presiones más contra la pared y busque sus labios de nuevo, pero ella colaboro, es más mordió hasta hacerme sangre en el labio, cosa que hice lo mismo yo, sus pezones en mis manos crecían notablemente, baje mi mano y la metí corriendo su falda, aparte su diminuto tanga, y con mis dedos note que empezaba a lubricar, la volví a besar y nos enredamos casi hasta quedar sin aire, terminando moviéndonos ambos, yo la masturbaba con ganas y notaba cada vez más sus jugos en mis dedos, masajeaba todo lo que podía sus labios terminando en su clítoris.

    Mara: eres tan poco hombre que no puedes tener a una mujer si no es por la fuerza.- me aparte un poco y saque mi mano y le mostré mis dedos bañados por sus flujos y los chupe.

    Carlos: humm sabe a puta barata, eres tan puta que te encanta que te violen, o fijarte que le gusta a tu hermana.

    Acto seguido me cruzo la cara de una cachetada, cosa que le devolví con fuerza. Nos encontramos cara a cara para terminar besándonos como locos, queriendo poseer el uno al otro, ella evidentemente se quería imponer a mí, y no le importaba como. Tome su cabello por la cola, y de ahí la arrastre hacia la habitación.

    Carlos: Ven que te tengo que domar, puta.- Ella se quejaba y me insultaba en todos los idiomas que conocía.

    Llegamos a la habitación, la atraje hacia mí y volvimos a comernos la boca, ella la colaboraba completamente, la empuje y callo en la cama, arranque su falda y su tanga. Retrocedí un poco y me despoje de mi pantalón y demás ropa como un rayo, cuando miro estaba desnuda mirándome desafiante, sus pechos que los veía por primera vez era la obra de arte de un cirujano, poso su mirada en mi polla.

    Mara: A ver si sabes satisfacer a una mujer de verdad.

    No la deje continuar, me abalance sobre ella, abrí bien sus pierna y me sumergí en su sexo, me pegué como una lapa a su vagina, comiéndomela como mejor sabia.

    Mara: Que haces maricón, yo quiero que me cojas, no que, haaa.- Metí dos dedos en su vagina mientras succionaba su clítoris, su entrepierna era un manantial, no paraba de brotar flujos.

    Yo seguí con mi estrategia, era domarla a base de orgasmos, y no iba a parar hasta conseguirlo. Seguí chupando su clítoris y un fuerte mete y saca con mis dedos. En pocos segundos ella tuvo un orgasmo arrollador y quiso presionar mi cabeza con sus manos y tiro de mi pelo fuertemente. Cuando no podía más con el placer cerro sus piernas cosa que yo no deje, largando flujos y orina en su orgasmo. Me enderecé y estaba jadeante la tome de la mandíbula y empecé un beso posesivo, quería que ella probara su propios jugos, al principio se negó pero no le di mucha opciones, termino colaborando, me separe de ella y empecé a refregar mi polla en su chocho, estaba empapadísimo.

    Mara: espera un poco que me recupere.

    No le hice caso y seguí por unos segundos, cuando me canse lleve sus piernas a mis hombros y la penetre de uno solo golpe, se quedó con la boca en forma de O.

    Carlos: a las putas se las coge así.

    Mis embestidas eran profundas, la sacaba solamente dejando mi cabeza adentro y volvía a meterla, una y otra vez, incrementando el ritmo. Quería cogerla salvajemente, dejarla destruida, fueron varios minutos de salvajes embestidas hasta que acabo fuertemente, no la deje descansar, como me pidió.

    La gire y la puse boca abajo, abrí su pierna izquierda y me senté un poco antes de sus nalgas, con mis pierna a caballo de su pierna derecha, la penetre en esas posición de nuevo hasta los huevos ella se contrajo mucho, en esa posición era en la que mejor le podía hacer sentir la curva de mi pene, en esa posición mi pene frotaba directamente en su punto G, ella empezó a gritar como si la estuviera matando y segundo después empezó a acabar fuertemente yo no pare ahí estaba en una posición muy cómoda y seguí con mis dedos embadurnados con sus jugos penetre su ano, primero un dedo, después dos, una y otra vez, y note otro orgasmo muy fuerte y note mis bolas mojadas por sus jugos, llegue a meter tres dedos en su culo.

    Hasta que no pude más y acabé fuertemente en su vagina, seguí hasta que mi pene no pudo más.

    Un par de minutos que me recupere, y me levante, mi orgasmo había sido devastador, pero no podía demostrar debilidad.

    Carlos: Vamos puta, eso es todo lo que tienes, yo todavía no estoy ni cerca de estar satisfecho-

    Ella me miro de mal, la arrastre hacia el borde de la cama, tome su mentón y lleve mi polla a su boca, estaba muy morcillona. La obligue que me hiciera una mamada, me empezó a hacer una señora mamada, muy profunda y sabrosa, mucho mejor que las que hacia su hermana. Tomé mis dedos, abrí sus piernas y empecé a penetrar su vagina y ano.

    Carlos: no está mal, nada mal, pero prefiero las de tu hermana, se esfuerza más.

    Creo que me arrepentí a los dos segundos, se esforzó al máximo, me hicieron temblar las piernas, y temí no aguantar mucho más. Tenía que recuperar el control, se la saque, y la empuje en al cama quedo dándome la espalda.

    Carlos: A ver, ahora si voy a gozar.

    Me situé tras ella, en la posición de cucharita. Tomé mi pene y lo puse en la entrada de su ano, ella quiso evitarlo, pero un golpe fuerte y seco en su nalga lo evito. La penetre de una, sin contemplación, hasta que los huevos hicieron tope, ella grito muy fuertemente, mi mano, que estaba apretando sus pechos divinos, recibió el castigo en forma de mordisco.

    La empotre una y otra vez yo estaba destrozando su ano, hasta que por mi bien saque mi mano de su alcance y lleve su pierna sobre mi muslo abriéndolas un poco y dejándome acceso franco a toda su entre pierna, empecé a masturbarla furiosamente al ritmo de mis penetraciones, ella empezó un orgasmo larguísimo, que termino en un squirting fenomenal, esto me dejo al borde del orgasmo a mí, pero quería humillarla más.

    La agarre y traje al borde la cama, ella estaba medio ida, la agarre y metí mi miembro en su boca, la tome del cuello y cuando abrió su boca para respirar empecé a penetrarla como si de su vagina se tratara, no dure nada, el morbo era grande, todo mi semen fue a dentro de ella.

    Escuchamos como que nos querían tirar la puerta abajo, al grito de policía. Cuando abrí, desnudo, había dos oficiales, junto con mi vecina, me estaba explicando lo que estaban haciendo ahí, cuando apareció Mara desnuda.

    Mara: Que pasa uno no puede tener sexo con su hombre, sin que molesten.

  • Mi esposa Cecilia se libera

    Mi esposa Cecilia se libera

    Después de darse a conocer en la página de fotos con las fotos explícitas de su primer encuentro con su compañero de trabajo, Cecy se volvió más caliente y atrevida.

    Nuestra vida sexual aumentó 100%, después de mantenerse un tiempo en el anonimato de las fotos editadas, se liberó con aquella primera experiencia y empezó a subir más fotos con otros compañeros de su trabajo también manteniendo relaciones íntimas.

    Su popularidad aumentó mucho en su trabajo y ella caliente me mostraba los comentarios que le escribían en las fotos.

    Eran comentarios muy explícitos que a ella le encantaba leer, Cecy se dio cuenta que el sexo era para nosotros un lazo que con cada encuentro de ella con otro hombre se volvía más fuerte.

    A mí me excitaba mucho verla entregarse a otros hombres y más si eran de su trabajo porque el resultado era siempre que más amigos la veían coger siendo mi mujer.

    A ella le empezó a excitar aún más eso y dejó de usar bra para que sus areolas fueran admiradas descaradamente en su trabajo.

    Seguíamos saliendo los fines de semana a tener intercambios con otras parejas, pero algo empezó a cambiar dentro de ella en esos días también…

    Según me confesó ella, el sexo se estaba volviendo una obsesión y me decía que no podía dejar de pensar en tener relaciones todo el día.

    Habíamos hablado del tema cuando me di cuenta que a varios, sino casi a todos, los compañeros de su trabajo los besaba intensamente mientras cogían.

    Me dijo que cuando estaba desnuda cogiendo con ellos, sabiendo que trabajan con ella, se ponía mucho más caliente y su deseo por entregarse era aún más intenso y no podía evitar entregarse totalmente.

    En todos sus encuentros con ellos, yo estaba presente y tomaba las fotos y vídeos que ella subía a su página, aunque varios de esos videos según me platico después Cecy, empezaron a circular entre sus compañeros de trabajo.

    Ella era muy organizada, tal vez por sus tipo de trabajo, estaba en el área de finanzas de la compañía y llevaba un registro exacto en la laptop de cada encuentro sexual con sus compañeros de trabajo.

    Cuántas veces habían cogido ya, dónde fue la primera vez, de que área eran ellos en su trabajo y cuántas veces se habían venido en ella: anal, vaginal, en su boca, tetas etc.

    Cada uno de ellos tenía también un apartado que al principio no me había dado cuenta:

    Besos (ella lo abreviaba con un signo de más) y note entonces que algunos tenían dos o más asteriscos seguidos de eso.

    Al preguntarle por eso, Cecy volteó a verme con mirada cachonda y me dijo:

    Dos asteriscos significa que besan muy bien y más de dos que me super encanta como lo hacen! Dijo divertida.

    ¡Eres una caliente Cecilia! Le dije admirando a quien sería mi mujer a fin de año, teníamos ya todo planeado para la boda ya fin de año nos íbamos a casar.

    Y era cierto, Cecy besaba muy rico, una de sus tantas cosas que me gustaban era que no se limitaba, cuando cogíamos hacíamos todo, ella amaba sentirse penetrada y correspondía besando con lujuria.

    Dejaba que le metieran la lengua en su boca y hacia lo mismo con los hombres que la calentaban más.

    Un día miércoles llegó a casa con dos compañeros de su trabajo que ya se había cogido varias veces, me sorprendió porque normalmente vamos a algún hotel, pero con un hombre nada más.

    Leyéndome la mente como siempre, antes de que dijera nada, Cecy me dijo mientras se sentaban en la sala con ella en medio:

    Mira, la cosa es que como te platiqué el otro día, estoy caliente todo el día todos los días…

    -empecé a sospechar que me iba a decir Cecy-, nos conocíamos tan bien que casi siempre intuíamos lo que el otro iba a decir…

    …Y pues, no tengo secretos para ti así que venimos a decirte lo que tenemos en mente:

    Mi frente empezó a punzar adivinando lo que me iba a pedir Cecy.

    -La verdad es que con ambos he tenido orgasmos muy intensos, me excita mucho coger con ellos y a veces es muy difícil esperar a salir del trabajo para encontrarnos y terminar haciendo lo que deseamos desde temprano en la oficina…

    Empecé a excitarme tremendamente anticipando las palabras de Cecy.

    Así que los traje para decirte que quiero tu aprobación para coger con ellos cuando tengamos ganas sin esperar a reunirnos por la noche.

    Cecy tenía sus manos entrelazadas con cada uno de ellos como si fueran novios y espero ansiosa mi respuesta…

    Sabes bien que, si eso deseas Cecy, está decidido, solo les voy a pedir un favor:

    -¿Cuál? Contestaron los tres emocionados de lo que les deparaba el futuro

    -avísenme cada vez que vayan a coger antes de entrar al motel y mándenme fotos o vídeos de su experiencia!

    Les dije sonriéndole a Cecy en complicidad y ella feliz volteó a besar a ambos exclamando:

    -Ven les dije que diría que sí!

    Ambos hombres empezaron a acariciarle las tetas mientras ella los besaba con lujuria, los tomó de la mano y se puso de pie diciéndoles:

    -Vengan, ¡vamos a la recámara a coger los tres!

    ¡Por primera vez Cecilia se iba a entregar a dos hombres al mismo tiempo y en nuestra recámara!

    Volteó a verme cachonda ya y me dijo caliente como estaba:

    -Tu quédate aquí amor, hoy solo quiero que ellos me cojan a solas…

    Cecy sabía perfectamente que hacer o decir para excitarme a tope y dejarme ahí en la sala mientras dos hombres se la cogían en nuestra recámara casi me hace venirme en los pantalones.

    Me quedé excitado como nunca en la sala pensando cómo iban a cambiar las cosas en nuestra relación mientras escuchaba a Cecy gemir mientras se la cogían sus amigos…

    Cecilia iba a empezar a salir sola a coger con otros, era así de claro la situación, pero en lugar de enojarme, me gustó y éxito la idea, antes había salido un par de veces sola con otra pareja, pero era su amiga Mariela y su pareja.

    Esto era diferente, mi esposa me acababa de avisar que quería coger con otros a solas y ambos estábamos emocionados por eso…

    Cecilia gemía y les pedía se la metieran duro a sus machos y mientras pensaba en que, a partir de ese momento, ella tenía permiso para coger a solas con ellos, no resistí escucharla venirse y subí a espiarlos.

    Silenciosamente me acerqué a la recámara, la puerta estaba casi cerrada y me asomé con cautela para que no me vieran.

    Lo que vi me terminó de dar una erección tremenda:

    Cecilia estaba sobre uno de ellos cogiendo salvajemente mientras el otro le estaba dando la verga en su boca.

    Entre gemidos de los tres, Cecy de repente se sacó la verga de la boca y le dijo a su hombre: ¡métemela también!

    -¡Dámela por el ano mientras me sigue cogiendo Toño!

    Su otro amigo se acercó rápidamente y se acomodó entre las nalgas de Cecy y empezó a meterle la verga por el ano mientras ella gemía y les decía:

    -Ahhh…así me querían tener verdad?

    ¡Ahora ya saben que podemos hacerlo cuando quieran! Estoy a su disposición, mi esposo ya me dio permiso.

    Siguieron cogiendo un buen rato en diferentes posiciones después de llenarla de semen ambos en esa doble penetración vaginal y anal.

    Y Cecy terminó de verdad satisfecha con esa tremenda cogidota que le dieron sus amigos, al salir de nuevo de la habitación, eran ya cerca de las 330am y al cerrar la puerta de la casa Cecy volteó a verme y me dijo:

    -¿Sabes que esto será muy seguido verdad? No los traeré a la casa, pero iremos a moteles los tres o con alguno de ellos nada más

    -¿Te excita eso? ¿Te excita saber que tú mujer se va a ir a coger con otros hombres?

    -Sí, le contesté de inmediato, sabes bien que sí; solo de saber que sales de tu trabajo con otro hombre sabiendo que van a un hotel a coger me calienta mucho…

    -Te voy a pedir solo de favor me digas cuánto estés saliendo de tu trabajo con ellos para imaginarme todo.

    -Jajaja río Cecy, claro amor, es más, te voy a ir mandando audios y fotos de con quién voy camino al hotel.

    -De una vez te aviso: quedé con ellos de ir con uno de ellos mañana de nuevo al motel nuevo que está cerca del trabajo y con el otro el viernes.

    -Discúlpame, pero como te dije, he andado muy caliente y quiero coger diario con un hombre diferente.

    -Pero con ellos dos, dijo refiriéndose a los dos machos que acaban de cogérsela, quiero estar a solas, me quiero ofrecer a ellos como una mujer caliente y dispuesta para ellos a pesar de estar comprometida contigo.

    Creo que ambos nos dimos cuenta de la situación al mismo tiempo: de ser una pareja swinger nos estábamos convirtiendo poco a poco en un matrimonio cuckold, estábamos entrando a la práctica del “cuckolding”, antes nuestro fetiche era que ella tuviera relaciones mientras yo la veía, ahora ella tendría relaciones sexuales sola con otros hombres y eso nos excitaba mucho más.

    Cecy me vio cachondamente y dijo: creo que me estoy volviendo una verdadera ninfómana, lo digo en serio, estás últimas semanas he estado muy caliente y deseosa de sexo todo el día en la oficina.

    -Me calienta mucho la idea de que me ensarte una buena verga grande mientras tú estás en otro lado pero sabes lo que me están haciendo.

    La verdad es que desde que descubrieron mis fotos desnuda no dejo de pensar en subir más…

    Quiero que me deseen muchos hombres, ¿te molesta?

    -Nooo… al contrario, sabes bien que me gusta mucho saberte deseada y cogida por otros…

    -¡Por eso me encantas y me enamoré de ti! Dijo Cecy contenta de escuchar esa respuesta.

  • La zorrita de mi amiga

    La zorrita de mi amiga

    No soporté más el impulso y comencé a caminar hasta la cama mientras la empujaba y la besaba. No tienen idea de cómo me volvía loca esa boca; sus labios y su lengua que no dejaba de mover dentro de la mía.

    Cuando ella cayó de espaldas en las sábanas, aproveché para distanciarme y observar su cuerpo; ese rico cuerpo que adoraba besar y recorrer con mis labios. Se había teñido el cabello de rojo y lo llevaba un poco más abajo de la espalda. Su piel se veía todavía más pálida y sus ojos un poco más grandes. Ya no tenía ropa puesta más que un sujetador negro y una tanguita de hilo que se le metía entre sus nalgas y entre la raja de su vagina.

    Sus caderas eran anchas y tenía unos muslos enormes que me volvían loca, sobre todo cuando me envolvía el cuello con ellos. Si conseguía tirar hacia arriba del triángulo que le cubría la zona íntima, podía escuchar sus gemidos cuando la tela se le metía entre su conchita y casi se la follaba con fuerza.

    Becky era preciosa, y sabía lo mucho que me gustaba su cuerpo. Yo ya había tenido sexo con otras mujeres, pero sinceramente solo con ella me gustaba repetir.

    Comencé a quitarme el short que tenía puesto y dejé a la vista una tanguita de color rojo. Después me quité la blusa y dejé a la vista mi sostén que apenas y podía cargar mis enormes senos. Mis pezones rositas estaban duros, deseosos de que mi amiga envolviera sus labios sobre ellos y los chupara.

    Ella me sonrió, se llevó el dedo corazón a la boca y lo chupó.

    El coño me estaba supurando a mares.

    —Hoy luces deliciosa —me dijo.

    Becky me esperó tumbada entre las sábanas, subí junto a ella y comencé a besarle el cuello mientras la escuchaba gemir. Sus uñas me rosaron la espalda, pero no me hicieron daño. Le llené de besos y saliva el cuello y después le besé la boca. Nuestras lenguas se movieron juntas y entonces ella me dio una suave mordida en el labio inferior. Aquello me causó un estremecimiento y no dudé en frotar mi coñito, cubierto todavía por el hilo de la tanga, sobre una de sus rodillas.

    Regresé a besarle el cuello y después bajé por su pecho. Le quité por completo el sostén y me metí a la boca uno de sus pezones.

    —Qué rico se siente, Sarah —escuché que me decía mientras se colocaba el cabello detrás de los oídos.

    —¿Te gusta? —le pregunté pasándome al otro pezón y echándole saliva para que se pusiera más duro.

    —Mucho, me tienes con el coño empapado.

    Dejé sus senos y volví a bajar por su estómago, le besé el ombligo y se lo llené de saliva mientras mis manos subían y le apretaban los senos como dos pelotas suaves. Becky abrió sus piernas y las enredó atrás de mi espalda. Sus manos me agarraron por la cabeza y me inclinaron más hacia ella. Yo estaba segura de saber qué es lo que quería.

    Quería que hundiera mi rostro entre sus piernas y le chupara el coño. Un coñito que a mí me encantaba. Podía vivir toda mi vida metida ahí, chupándole su campanita y follándomela con la lengua.

    La hice que me soltara y agarré los dos extremos de su tanguita para quitársela. La llevé a mi nariz y la olí. Su aroma a perfume caro y a sus fluidos me inundó por completo.

    Entonces me embarqué en la tarea que ella necesitaba.

    Le abrí los labios vaginales con la ayuda de mis dedos y su florecita recibió el primer lengüetazo con un temblor de placer. Su clítoris vibró detrás de mi contacto y sus flujos comenzaron a salir lentamente. Hundí mi rostro y comencé a chuparla, a besarla y saborearla.

    Su piel rosita en contacto con mi lengua era poesía. Volví a escupirle e introduje mi lengua hasta el fondo de ella mientras la sentía agitarse y revolcarse en la cama.

    Los gemidos de Becky llenaron la habitación y sus pezones se pusieron todavía más duros. Mi lengua salió y entró un par de veces más y finalmente comencé a descender hasta encontrar el anillo de su anito.

    —Oh… Dios… qué rico…

    —¿Te gusta, zorrita preciosa?

    —Sigue… por favor…. ¡Ah!… Qué bien se siente.

    Volví a chuparla, la follé con mi lengua y después le metí un dedo en el coñito mientras mi lengua atacaba su esfínter. Afuera y a dentro mientras sus líquidos me escurrían por la mano.

    Dejé dos dedos dentro de ella y vi cómo su vagina se contraía, deseosa de que me la follara. Mientras tanto, me dediqué a besarle la cara interna de los muslos y a recoger con la lengua los hilitos de flujo que escurrían hasta la sábana. No me importa que para algunos, o algunas, esto pueda sonar de asco, ya que cuando tienes la concha y el culo caliente, solo te concentras en el acto.

    Subí a la cama, me coloqué sobre ella y pegué mi coñito al suyo.

    —Dale mami, más rápido —me pidió.

    Nuestros movimientos agitaron toda la cama. Nos besamos y yo le apreté los pezones. Nuestros flujos nos habían cubierto las piernas por completo y de repente, ambas estábamos llegando al orgasmo.

    El clítoris me ardía de tanta fricción, todo me palpitaba, pero en el fondo solo estaba deseando repetir.

  • Intercambio en una fiesta (2)

    Intercambio en una fiesta (2)

    Nuestros acompañantes regresaron a la mesa y parecía que tenían un plan, Lis vino a mí y me dio una corona destapada, Hugo hizo lo mismo con Betty, todos les dimos un buen trago a la vez a las cervezas, cuando las botellas tocaron la mesa todo regreso a su marcha, Lis me tomo por el cinturón y me jalo hacia ella, Hugo presiono a Betty contra la estufa de nuevo. Yo quería ver lo que harían, me daba un morbo inmenso.

    Mi verga se volvía a despertar. Sentí una mordida en el pecho y me recorrió un escalofrío por toda la espalda. Deje de verlos a ellos y me dedique a lo mío, la tome con la mano izquierda del cabello de la nuca y la obligue a levantar el rostro para besarla, a la vez que con la derecha desabotonaba su blusa, cuando ya no quedaban más botones por abrir, eche un vistazo de reojo y vi un lindo y pequeño bra de encaje blanco con broche al frete.

    De inmediato lo solté, un par de lindos senos con pezones ámbar se asomaron. Dejé de besarla para ver mejor sus senos, en ningún momento solté su cabello. -Ábretela- Le ordene. Con ambas manos abrió su blusa y la dejo caer bajo sus hombros. Tenía unos senos preciosos. Solté su cabello para poner mis pulgares en su coxis y sujetarla, la atraje asía mi para mordisquearle los pechos.

    Lis se mantenía casi en las puntas de los pies, sujetándome de los brazos para no caer, dejándome que me recriara en sus pechos. La oía jadear de inmediato, apretaba los labios o se los mordía para no hacer ruido. Me incorpore y la guíe a la orilla de la mesa, pero esta vez ella dándole la espalda a ellos. Pude ver que Hugo estaba besando a Betty y la agarraba con fuerzas por las nalgas mientras ella lo rodeaba con una de sus piernas.

    Le desabroche el pantalón y le baje el cierre, separe la tela, vi una tanga blanca completamente lisa de algodón. Le mordí el cuello y sus manos bajaron a mi cinturón, lo desabrocharon y botaron el botón del pantalón, Metió su mano, agarro mi verga después de unos segundo la meneo. Le devolví el favor frotando de arriba a abajo en la mancha húmeda de su tanga, primero con el pulgar suavemente y después un poco más rápido con el dedo medio.

    Sentía que apretaba con más fuerza mi miembro y aceleraba el ritmo, mordió de nuevo mi pecho. De repente bajo el ritmo en el que me masturbaba y me pregunto -¿No traes boxers?- Reí -¡No! a veces me gusta sentirme libre. -¿No tienes pelos?- me cuestiono, reí de nuevo. -No, me gusta rasurárselo- Jadeo Betty. -Y a mi a ti- Le respondía a ella que se estaba sacando el suéter de nuevo mientras que Hugo le bajaba el cierre del sus jeans. ¡Como me estaba excitando verlos!

    -¡Quiero verlo! dijo Lis. Captamos la atención de Betty y Hugo, la besé y con los ojos le indique que se pusiera de rodillas, me asegure de que quedáramos paralelos a la mesa y ellos pudiera ver todo. Tome el cierre y lo baje teatralmente, mi verga salió fuera del pantalón como si fuera un árbol cayendo al ser talado. Lis lo vio por un instante, lo agarro con una mano, lo levanto contra mi estómago, su otra mano bajo mi pantalón y sin darme tiempo a reaccionar inicio a lamerme las bolas. Betty se puso en igual forma que Lis y Hugo saco su pene.

    Ella me miro, le dije que no con un movimiento de cabeza y ella entendió que no quería que se la mamara. Yo no quería besarla y pensar en el pene de mi carnal. Así que ella se dedicó a jalársela y en un punto comenzó a hacerle una rusa. Eso me incomodo un poco, porque a mí me había costado convencerla de que me hiciera lo mismo anteriormente, pero una de cal por las de arena me lo merecía por no dejar que se la mamara y en cabio yo tenía la verga en la boca de Lis.

    Verla masturbarlo con sus senos me enojaba y excitaba, sujete la cabeza de Lis e inicie a cogerme su boca más rápido de lo que ella me lo estaba haciendo, por un rato mis testículos golpetearon contra su barbilla escurriendo saliva en ellos. Pare o terminaría mucho antes de lo que quería, le extendí la mano y la ayude a levantarse, le saque la blusa de los brazos y después el bra. La subí de nuevo a la mesa, la hice acostarse boca arriba, me metí entre sus piernas, sujete uno de sus tobillos y lo levante para desabrocharle el botín. Lo tire bajo la mesa, le saque el otro y lo mande junto a su hermano, me acomode los jeans, subí el cierre.

    Se veía tan sexy, sus senos subiendo y bajando con su respiración, llevé mis manos a su senos y los apreté, mordí los costados de su coxis y la línea de su tanga sobre su pubis, gemía y tiraba de mi cabello. Con las dos manos tome la cintura de su pantalón y ella instintivamente levanto la cadera para que y se lo pudiera quitar. Su pequeña tanga estaba más mojada de lo que yo creía, se la quite inmediatamente, hice un ademan de botarla, pero bajo la mesa, la enrolle y la metí a mi bolsa izquierda. Lo primero que vi fue una mata de vello púbico que me recordaba a la cabeza de los trolls que estuvieron de moda años atrás.

    Betty llevo a la mesa a Hugo. Se quito el pantalón y su bóxer negro de encaje. Acto seguido me lo tiro en la cara, ella y Lis que vieron la escena rieron, abrí la boca y lo sujete con los dientes para gruñir y sacudirlo como lo haría un perro con cualquier trapo. Betty se subió a la mesa y se acostó boca arriba justo como Lis, pero con su cabeza apuntando a mi lado de cocina. Verlas a ambas acostadas, desnudas, una blanca y la otra apiñonada, sus pechos a la misma altura y con tantos contraste, creí que iba a eyacular en mis pantalones sólo de ver esa imagen. Alargue la mano a la boca de Betty, metí mis dedos medios, los chupo como tantas otra veces, con la otra mano abrí la vagina de Lis y la penetre con los dedos que mi novia había empapado. Hugo que se había estado desvistiendo hizo algo similar acariciando el coño de Betty.

    A los pocos segundos Lis estaba gimiendo y chillando de placer, mucho más de lo que me gustaba, subió los pies a la orilla de la mesa, no paraba de estremecerse con el ritmo de mi dedos que subían, bajaban, entrando y saliendo. La tome por la nuca y la hice sentarse, gimió y jadeo más fuerte, alguien podría oírla. Aun traía en los dientes el bóxer de encaje, saque mis dedos de ella, tome con esa misma mano los bóxer, hice que chupara los dedos y abriera grande la boca, Metí hechos bola el bóxer en su boca, sujetándola por la nuca y empujando el bóxer hasta el último centímetro de encaje en su boca.

    Con mi mano sobre sus labios para que no escupiera los bóxer la volvía a tumbar en la mesa y me baje a comerle la rosada, vagina. Ella tomaba mi muñeca con ambas manos, chupaba su clítoris con rudeza y muy sonoramente, intercalando chupadas y mi lengua que recorría toda la entrada de su sexo o escarbaba dentro de ella. Juro por dios que ahora gritaba con más intensidad, podía sentir en mi mano las vibraciones de sus gritos con fuerza, pero el encaje y mi mano hacían un buen trabajo apagándolos, eso duro un poco más hasta que se vino de golpe, me enterró las uñas con ganas en el ante brazo. Poco a poco se fue relajando todo su cuerpo.

    Le mordisqueé al rededor del coño y con cada mordisco ella tenía un pequeño temblor, quería que me recordara bien (al final de cuentas siempre competía con mi carnal) Quite mi mano de su boca y deje que expulsara con la lengua el bóxer, su respiración aún era acelerada. Mire a Betty sujetaba por la cabeza a Hugo y le apretaba la cara con los muslos.

    Odiaba que me hiciera eso porque no me dejaba lamer a gusto. Seguramente mi carnal le estaría costando trabajo. Había un truquito para que ella dejara de apretar las piernas así y era que le tirara de los pezones mientras le daba la mamada, así que sin pensarlo alargue mi mano hasta llegar a al pezón izquierdo de Betty, lo torcí y jale a mí. Soltó un gemido, tomo mi muñeca y enterró sus uñas en ella, jalo del cabello a Hugo y separo las piernas. Apreté más fuerte y gimió más.

    Cuando ella pujaba y gemía así yo sólo quería cogerla con fuerza, sujetarla y someterla a las envestidas de mi verga. Lis se sentó, metió sus manos bajo mi playera y la levanto. -¡Perdón! dijo. en mi pecho había dos marcas rojizas de sus mordidas. -¡Puede soportar más! pujo Betty. Me quité la playera y le mostré en mi hombro una mancha morada alrededor de una bien delineada marca de dientes, que Betty me había hecho una semana atrás. Lis sonrió y me mordió un pezón volviendo a jalarme mi rasurada verga.

    Con la mirada busqué mi mochila, la encontré atrás de mí. Me separe de Lis y fui a ella, regrese con dos Sico le tire uno a Hugo sobre el pubis de Betty, lo abrió, se lo puso y empujo su miembro en ella. Betty puso sus manos en la orilla de la mesa sobre su cabeza y lo rodeó con sus piernas. Le pase el condón a Lis, la bese, quería hacerla gritar mi nombre, ella me puso el condón con poca habilidad, termine de acomodarlo yo con una mano y ella se inclinó un poco asía atrás.

    Yo no quería cogérmela así, me acerque para morderle el labio y tomarla del cabello, la baje de la mesa para ponerla boca abajo en la mesa. Tenía unas nalgas casi perfectas salvo por un mancha café oscuro en una de ellas, un lunar que me pareció tener la forma de Monterrey. Me asegure de sujetarla bien del cabello, la hice arquearse cuando me agache para meter mi cara entre sus nalgas y lamer su vagina.

    Sin soltar su cabello la deje que se volviera a recostar en la mesa, puse la cabeza de mi pene contra su vagina y lo moví lentamente de arriba a abajo, ella hacía algo similar subiendo y bajando su trasero, con mi mano libre le sujete una nalga abriéndola para poder ver mejor su rosada vagina. La hice parar su movimiento, tomé mi verga y la empuje con fuerza dentro de ella jalándole el cabello y haciéndola arquearse de nuevo. -¡Oh! Grito, la saque y la envestí más fuerte una y otra vez. Sólo más -¡Oh, oh, oh!- Betty me miraba directo a los ojos. -¡Más fuerte!- No sé si se lo dijo a Hugo que estaba entre sus piernas o a mí, pero preferí creer que era a mí. Sin dejar de ver a Betty jale un poco más el cabello de Lis apoye mi codo arriba de su cadera y la penetre más rápido, el sonido de sus nalgas contra mi cuerpo, los gemidos de ambas y el rechinar de la mesa inundaban la cocina.

    Perdí la cabeza, la jale para que se parara, la lleve contra la pared, hice que se diera la vuelta para levantarle una pierna. La penetre de nuevo, con fuerza. Me mordió el pecho con más rudeza que antes y con mi mano libre le apreté el cuello ella gemía y yo bramaba. Me enterraba las uñas en la espalda, todo me daba vueltas, mi verga punzaba queriendo vaciarse y yo apretaba tratando de retenerlo tanto como fuera posible. Lo solté todo, me dejé ir hasta la última gota, las rodillas me fallaron y tuve que agarrarme de la pared para que no cayéramos. Me beso entre jadeos y reímos. Volteamos a ver a nuestras parejas y ahí estaban ellos viéndonos recargados en la estufa fumando. no supimos cuánto llevaban viéndonos. Fui por un cigarro y el resto de mi corona.

    Esa fue la primera y última vez que estuvimos juntos los 4, la vida y las peleas nos distanciaron a todos. Pero esa noche fue una de las mejores de mi vida.

  • Los hijos de mami (1): La mejor madre del mundo (parte 1)

    Los hijos de mami (1): La mejor madre del mundo (parte 1)

    En este mundo, existen malas madres, buenas madres, y madres extraordinarias. Sin embargo, todas ellas palidecen ante la mujer de la que les voy a hablar hoy, la cual es, en opinión de este humilde servidor, la mejor madre de todo el mundo.

    Para que entiendan lo que les digo, permítanme presentarles a una familia peculiar, la cual está conformada por:

    -Dayana (40 años): es una mujer de gran estatura, piel blanca, pelo negro y rizado, tetas grandes, ojos verdes, y un culo gigantesco. Solía ser una actriz porno muy famosa, pero se retiró para convertirse en un ama de casa. Le gusta mucho pasar tiempo con sus hijos, y siempre busca cualquier excusa para lograrlo.

    -Nacho (42 años): es el esposo de Dayana. Es un empresario muy adinerado y un padre cuestionable. También es un mujeriego sin cuidado que le ha sido infiel a su esposa con muchísimas mujeres, pero esta le deja hacer lo que quiera, siempre y cuando le deje pasar tiempo con sus hijos.

    -Valen (22 años): es la hija mayor del matrimonio, tiene el pelo teñido de verde oscuro, varios pirsin en el rostro, y un cuerpo muy similar al de su madre (aunque no tan voluptuoso). Es una chica muy rebelde y, aunque diga que no le gusta pasar tiempo con su madre, en el fondo le encanta.

    -Ale (19 años): es el hijo menor de la familia. Es un chico nerd, tímido, y amante de la ciencia. Al igual que su hermana, él ha dicho en varias ocasiones que no le gusta pasar tiempo con su madre pero, en el fondo, también le encanta estar con ella.

    De seguro, muchos deben estar pensando que esta familia no tiene casi nada de raro, pero ahora les voy a narrar algunas situaciones para que se den cuenta de lo que realmente pasa dentro de aquel círculo familiar.

    Una de estas situaciones se dio la madrugada de un día de semana, en la que Valen acababa de regresar a casa después de una fiesta, y fue recibida por sus padres, quienes la estaban esperando en la sala.

    “¿Es que acaso estas son horas de llegar, señorita?” pregunto Nacho, molesto “dijiste que ibas a volver a las 9 y ya son más de las 3 de la mañana”

    “No me di cuenta de cómo iba pasando el tiempo” respondió la hija, de forma muy altanera “además ¿Qué te importa a qué hora llegue? ¡No me molestes, perdedor!”

    “¡Esa no es forma de tratar a tu padre, Valen!” exclamo Dayana “¡quiero que te disculpes!”

    “¡Oblígame, perra! En fin, me voy a dormir ¡Paz!” exclamo la chica, y se fue subiendo las escaleras

    “¿Sabes? Por un lado, me molesta que sea tan irrespetuosa con nosotros, pero por el otro, me excita su forma de ser” dice la milf, mientras hacia una lujuriosa sonrisa “¡hace las cosas más interesantes!”

    “En fin, yo me voy a dormir” dice Nacho, mientras bosteza “diviértete con Valen, pero por favor, no hagan mucho ruido, que mañana tengo una reunión temprano”

    Unos minutos después, Dayana irrumpe en el cuarto de su hija, vistiendo una lencería erótica que ayudaba a resaltar su físico espectacular, y con una cinturonga que poseía un pito de goma extremadamente largo y grueso.

    “¿Me llamaste perra? Pues ahora veras lo perra que mami puede ser” exclamo Dayana, mientras se acercaba a Valen

    “¡No, ni se te ocurra, mama!” exclamo la joven, con cierto temor, mientras que su madre le agarraba las manos “¡Aléjate!”

    “¿Qué dijiste? No te entiendo” dice la milf, y le mete un beso apasionado a su hija “lo único que escucho es: “¡cógeme, mami! ¡Cógeme tan fuerte como puedas!””

    Tras un breve forcejeo, la milf pudo desnudar a su hija, hacer que se agachara en frente de ella, y meterle todo el pene de goma dentro de la boca. Cuando se lo saco, Valen no pudo evitar toser un poco.

    “¡Casi me ahogas!” exclamo molesta la chica.

    “Tranquila, soy una profesional” dijo Dayana, mientras agarraba a Valen del cuello, y la hacía poner de pie “no he ahogado a ninguna zorra… a no ser que quiera hacerlo”

    “¡Eres una puta asquerosa! ¿Cómo puedes hacerle esto a tu propia hija?”

    “Porque a mi propia hija le gusta que su mami la fuerce” dice la milf, mientras le pasaba la mano por la entrepierna de su hija, la cual quedo manchada por jugos vaginales “¿lo ves? Esto es prueba de lo que digo”

    “¡Eso… eso no quiere decir nada!” exclamo Valen, quien sentía una mezcla entra entre la impotencia, la vergüenza, y la excitación

    “¡Solo cállate y deja que mami te aplique el castigo que te mereces!” exclamo la mujer, le metió la mano que tenía manchada con jugos vaginales a Valen en la boca.

    Luego, Dayana obligo a que su hija le chupara las tetas y, aunque esta se negó en un principio, termina acatando la orden de su madre. Luego, la mujer madura puso en cuatro a la mujer joven y le empezó a coger el coño con su cinturonga, al tiempo que la nalgueaba y le mordía la oreja.

    “¿Quién manda?” pregunto Dayana, mientras su consolador entraba y salía violentamente del coño de su hija

    “¡No… no lo diré…!” exclamo Valen, quien hacia todo lo posible para evitar gemir pese al inmenso placer que sentía

    “¡Dilo, puta de mierda!” grito la milf, mientras soltaba una potente nalgada sobre el culo de Valen “¿Quién manda?”

    “¡Tu mandas, tu mandas!” grito de placer la joven

    Tras conseguir la confesión que buscaba, Dayana se quitó la cinturonga, hizo que su hija se acostara boca abajo, se colocó sobre ella, y ambas comenzaron a hacer el 69. Al cabo de algunos minutos, madre e hija acabaron al unísono, y las dos se bebieron los fluidos corporales de la otra. Luego, la milf entrelazo sus piernas con las de su hija, y ambas empezaron a frotar sus coños uno contra el otro de manera muy salvaje.

    “¿Quién es tu mami?” grito Dayana, entre gemidos de placer

    “¡Tú eres mi mami, tu, y solo tú!” grito Valen, quien se sentía impotente al darse cuenta de que sus caderas se movían en contra de su propia voluntad

    Finalmente, ambas mujeres volvieron a tener un orgasmo al unísono, y Valen se desplomo agotada sobre su cama.

    “Bien… espero que hayas aprendido tu lección… aunque ambas sabemos que volveré pronto a esta habitación ¡descansa, querida!”

    Tras darle a Valen el beso de las buenas noches (el cual fue en la boca y fue muy ensalivado) abandono el cuarto de su hija, dejando a esta con la cara cubierta de sus jugos vaginales, el coño estirado, las nalgas rojas, y tan casada que no fue capaz de decir de una sola palabra.

    Un par de días después, Dayana salió a correr una tarde por el parque y, tras una dura sección de entrenamiento, regreso a su casa. Al ingresar a su hogar, la milf vio a todos los integrantes de su familia en la sala, cada quien haciendo lo suyo: Nacho estaba viendo la televisión, Valen estaba escuchando música por sus auriculares, y Ale estaba estudiando en la mesa de la sala.

    “¡Buenas, familia!” exclamo la mujer “¡ya regresé!”

    “¡Hola, mama!” exclamo contento Ale “¿Cómo te fue?”

    “Genial como siempre. Adoro ejercitarme, no solo porque le hace bien a mi cuerpo, sino porque me gusta atraer todas las miradas ¡me recuerda a mi época dorada en el cine para adultos!”

    “¿Y cómo no vas a atraer todas las miradas con ese conjunto? ¡Pareces ramera!” exclamo la hija, molesta “¡Papa, dile algo!”

    “Ella puede vestir como quiera y, aun así, los hombres están en la obligación de respetarla” dice Nacho “¡me sorprende ese pensamiento tan retrograda viniendo de ti, hija! Te falta tener una mentalidad más flexible”

    “Hablando de flexibilidad, olvide hacer mis estiramientos” dice Dayana “¡los hare aquí!”

    Dayana se puso a estirar de espaldas a la mesa de la sala, por lo que termino dándole a su hijo una visión perfecta su inmenso culo. La ropa que la ex actriz porno usaba para entrenar era súper ajustada y reveladora, al punto de que parecía más un bikini diminuto que un conjunto deportivo y, para el colmo, la milf se encontraba bañada en su propio sudor. Por lo tanto, era completamente normal que Ale se haya quedado embobado por algunos momentos, viendo aquel gigantesco par de nalgas que a duras penas podían ser retenidas por aquella diminuta tanga, y por las cuales fluían gotas de sudor.

    “¿Disfrutando la vista, hijo?” pregunto Nacho, quien se percató de la situación

    “¡No… papa… no es lo que piensas…!” exclamo nervioso Ale

    “¡Vaya, parece que tenemos un pequeño pervertido aquí!” exclamo Dayana, con una lujuriosa sonrisa, mientras se acercaba a su hijo menor.

    “Perdóname… mamá…”

    “¿Sabes? Me acabo de dar cuenta de que la razón por la cual estoy tan sudorosa es porque olvidé mi toalla, pero por suerte, encontré otra cosa para secarme” dijo la milf, quien agarro con fuerza a su hijo de los pelos, y presiono la cara de este contra su culo.

    Dayana atrapo la cara de su hijo entre sus enormes y sudorosas nalgas, y luego las agito con fuerza, haciendo que la cabeza de Ale revotara de una nalga a la otra como si fuese una pelotita de ping pong.

    “¡Qué asco!” exclamo Valen “¡están salpicando sudor por toda la mesa!”

    “¡Es cierto! Mejor voy a terminar de secarme en el baño” dice Dayana, quien agarra a su hijo de la mano y se lo lleva consigo “¡no nos esperen para merendar!”

    Una vez en el baño de la casa, Dayana se desvistió y, luego de forcejear un poco, pudo desnudar a Ale también.

    “¡Mamá… esto debe parar…!” exclamo el joven, quien se sentía excitado a la par de nervioso “¡ya te dije la última vez que a mi… no me gustan este tipo de cosas!”

    “Y si no te gusta ¿Por qué estás así?” pregunto ella, mientras le agarraba su pene completamente erecto “además, yo no te obligue a que me vieras el trasero”

    “Si, pero… ninguna madre hace con sus hijos lo que tú haces con nosotros”

    “¡Porque esas son unas señoras aburridas y mojigatas!” exclamo Dayana, y luego beso apasionadamente a su hijo en la boca “deberías sentirte afortunado de tener a una madre tan cariñosa como yo, que hace que tu vida sea muchísimo más divertida. Pero basta de charlas ¡quiero que seques mi cuerpo con tu lengua!”

    Ale, a diferencia de su hermana mayor, termino acatando las órdenes de su madre sin resistencia, y le fue chupando la transpiración entre besos y lengüetazos. Al cabo de unos minutos, el cuerpo de Dayana quedo completamente seco.

    “¡Buen chico! Habré la boca para tu recompensa” dijo la milf, y escupió dentro de la boca de su hijo

    Luego, ambos se metieron a la ducha, abrieron el agua, y se comenzaron a enjabonar los cuerpos mutuamente.

    “Ahora que me doy cuenta… aun te falta limpiar un sector de mi cuerpo” dice Dayana, mientras abría sus nalgas y dejaba al descubierto su ano “¡ser un buen niño de mami y lame aquí!”

    Ale acato la orden de su madre, y le dio un poderoso beso negro, el cual hizo que todo el cuerpo de la milf se estremeciera.

    “¡Has mejorado! Se ve que, de tanto amor materno que te he dado, has aprendido algo” dice Dayana, mientras agitaba sus nalgas

    Tras recibir un beso negro durante varios minutos, Dayana le permitió a su hijo sacar la lengua se su culo, y luego se arrodillo frente a él.

    “¡No sería justo que solo tú me limpiaras a mí!” exclamo la milf, y comenzó a chuparle la verga Ale

    Durante varios minutos, Dayana saboreo y se deleitó con la verga de su hijo menor, y este último no pudo hacer otra cosa más que gemir de placer (aunque, en parte, se sentía culpable de estar disfrutando dicha situación). Al cabo de un rato, Dayana se sacó la verga de su hijo de la boca, y se colocó encima de él.

    “La última vez, penetraste mi coño ¡así que hoy tocara anal!” exclamo la mujer, mientras se metía la verga por el culo

    La milf comenzó a cabalgar la verga de su hijo como si no hubiera un mañana, al tiempo que ambos gemían y gritaban de placer. Finalmente, Ale no pudo aguantar más, y termino eyaculando dentro del culo de su madre. El joven estaba tan agotado que no tenían fuerzas ni para pararse ni para hablar.

    “¡Uf, se nota que estoy mejorando mi estado físico! Antes jama hubiera podido entrenar y coger un mismo día” exclamo Dayana, mientras se secaba “¡y también fue un gran trabajo de parte tuya, Ale! Se nota que has tenido a una gran maestra que te ha entrenado día y noche. En fin, puedes descansar aquí hasta que te recuperes ¡nos vemos en la sala!”

    La milf salió del baño y, a los pocos minutos, Nacho y Valen ayudaron a Ale a salir de la tina, pues el joven había quedado tan exhausto que no tenía fuerzas ni para moverse.

  • La dependencia

    La dependencia

    Pili empezó una nueva vida con su hijo adolescente, al principio todo fue duro y difícil después de su inesperado divorcio, su trabajo en Aena le permitió el traslado de la costa de Málaga a Madrid, alquilo un pequeño adosado cerca del aeropuerto y debido al trastorno de su hijo pudo acceder a un horario diurno para poderlo compaginar con sus necesidades.

    Posteriormente le concedieron un grado de dependencia y la comunidad le adjudico una logopeda que le asistía a domicilio dos veces a la semana, su hijo sufría de afasia del habla y le alteraba la capacidad para comunicarse con los demás, después de dos meses el chaval mostró una mejoría ascendente.

    La logopeda, Cleo una chica joven de unos 26 años, bajita y con un aspecto muy peculiar, el pelo teñido de rubio, delgada y con un piercing en la nariz y otro en la lengua y con infinidad de tatuajes, normalmente le dedicaba unas dos horas por las tardes, lo que hizo que Pili la dejara cenar con ellos, así es cómo entablaron una relación cordial y se convirtieron en confidentes una de la otra, Pili no relaciono aquello con un inesperado sentido de volver a masturbarse y de cuidarse.

    Un día coincidieron en el baño que Pili salía de la ducha y Cleo entraba y pudo observarla desnuda, Pili se conservaba muy bien para su edad, a sus 37 años, aunque un poco sobrepasada de peso, sus tetas y sus nalgas estaban erguidas y rígidas, su pelo corto, su piel morena, su elegante manicura y un matojo de pelos en el sexo.

    – ¡qué buena que estás! – le dijo Cleo.

    – ¡Tú crees! – respondió Pili – estoy muy gorda.

    – Aún que estés gordita… ¡estás muy buena!

    Cleo se acercó a Pili y deslizo su mano por su cintura y su otra mano le araño el brazo a Pili que quedó paralizada, las dos se cruzaron la mirada morbosamente y Pili se apartó ruborizada.

    Aquella noche Cleo ceno con Pili y su hijo, se bebieron una botella de vino y mientras su hijo se iba a la cama, ellas conversaban animadamente en la cocina.

    – ¿Cuánto hace que no follas? – le preguntó Cleo descarada.

    Pili soltó una risa y casi escupe el vino que saboreaba en la boca e hizo un aspaviento con la mano.

    – Ya hace tanto que ni me acuerdo – murmullo entre risas Pili.

    – El fin de semana que estés sola – le susurró Cleo – ¡Té invito a cenar!… A ver si alguien te da un meneo.

    Se acabaron el vino y Cleo le recogió las copas y las lavo, se fue a despedir del hijo de Pili y al marcharse le dio un pico en los labios a Pili que quedó paralizada y una extraña sensación recorrió su cuerpo, aquella noche pensando en lo que había pasado se masturbó salvajemente.

    Aquel fin de semana Pili llevo a su hijo a la estación del Ave, lo acerco hasta el vagón donde una azafata lo acompañaría tutelado el viaje, iba a pasar el fin de semana con su padre, después hizo las compras y se fue a su casa dispuesta a descansar todo el fin de semana, no había guardado las cestas de la compra y sonó el timbre.

    – ¡Te invito a cenar! – dijo Cleo al abrir la puerta.

    – ¡No, quiero descansar! – dijo apesadumbrada Pili.

    Pili hizo un aspaviento y se fue a su habitación a cambiarse, Cleo la siguió y se pusieron delante del armario.

    – ¡Yo te digo que te pones! – susurró Cleo como si fuese una orden.

    Pili se quedó sentada en la cama mientras Cleo buscaba en el armario, saco una falda y una camisa y se la enseño a Pili que hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

    Pili se quitó el pantalón y se puso la falda, se quitó una camiseta que llevaba y se iba a poner la camisa.

    – ¡Quítate el sujetador! – le gruño Cleo

    Pili le hizo un gesto con la cabeza y Cleo se acercó y le fue a abotonar los botones y le acaricio las tetas.

    – ¡Mira que tetas que tienes! – le susurró Cleo mientras le pasaba los dedos por los pezones que se le pusieron duros y erguidos, Pili volvió a sentir aquel extraño escalofrío, se miraron otra vez y Cleo hizo la intención de darle un beso en los labios, pero Pili aparto la cara.

    Cleo le dedico una sonrisa mientras se giraba y busco unas sandalias de tacón, se las puso y mientras las abrochaba se dirigieron otra mirada morbosa, se levantaron y se fueron.

    Cenaron en una pizzería animadamente, un WhatsApp le anuncio que su hijo había llegado a su destino y luego fueron a un pub a tomarse una copa, estaba lleno de gente mucho más joven y salieron y se dirigieron al vehículo, cuando estuvieron dentro Cleo miro a un lado y a otro, al ver que no venía nadie, se abalanzo sobre Pili y le dio unos picos en los labios que quedo sorprendida y paralizada.

    – Entre semana cuido de tu hijo – le murmulló Cleo – Y ahora quiero cuidar de ti.

    – ¡No puede ser! – farfullo Pili – ¡Déjame!

    Cleo le puso las manos en la cintura inmovilizándola y le sacaron la camisa de la falda, su mano le desabrocho los botones de la camisa mientras la besaba en los labios y Pili hizo un conato de forcejeo que duro poco, las manos de Cleo le acariciaron las tetas y le pellizcaron los pezones que se le pusieron duros y erguidos mientras emitía unos jadeos sensuales.

    – ¡Vamos a tu casa, aquí nos pueden ver! – dijo Cleo

    Pili arranco el vehículo y salió lentamente y condujeron en silencio, la mano de Cleo le acariciaba el muslo y subía la mano y le acariciaba las bragas, en un semáforo pararon y se iban a dar un beso, pero un vehículo aparco justo al lado, tuvieron que esperar a otro semáforo y se dieron unos picos sensuales, Cleo ya le daba la lengua y se morreaban sin disimulo.

    – ¡Voy a hacer que pierdas el sentido! – le murmullo Cleo.

    – ¿Cómo lo vas a hacer? – balbuceo Pili.

    – ¡Te vas a volver loca cuando te coma el coño!

    Llegaron y aparcaron delante del adosado, Pili abrió la puerta y entraron, Cleo se abalanzo sobre ella y la puso contra la pared, la beso y le abrió la camisa y empezó a besarle las tetas y lamerle y morderle los pezones.

    -¿Por qué me haces esto? – balbuceaba Pili entre suspiros.

    – El primer día que te vi ya sentí que quería follarte.

    Cleo la besaba en el cuello y los jadeos y gemidos eran cada vez más placenteros y escandalosos

    – ¡Nadie va saber que te voy a follar gordita! – le susurraba Cleo mirándola retorcidamente.

    Cleo le quito la falda y le mordió los pezones con fuerza y luego le pasaba la lengua como bálsamo, Pili gritaba y arqueaba la espalda contra la pared, Cleo se deleitaba mirando la expresión de su cara.

    – ¡Me gusta follarme gordas cómo tú! – le balbuceaba Cleo.

    Cleo la cogió de la mano y la empello hacia la habitación la estiro encima de la cama y le dio varios azotes en las nalgas, Pili gritaba con cada azote, la giro y le desbrocho las sandalias y le beso los pies y le chupo los dedos, le pasaba la lengua entre los dedos mientras Pili la miraba morbosamente, Cleo le quito las bragas y le abrió las piernas mientras le pasaba los dedos por la raja y un dedo le froto el clítoris inflamado.

    – ¡Que clítoris que tienes! – le susurró Cleo – ¡tanto tiempo sin follar una guarra cómo tú!

    Cleo le besaba los muslos y le mordía las ingles mientras un dedo se metía y exploraba su coño entrando y saliendo con intensidad, Pili no podía reprimirse y empezó a jadear con fuerza, se recogía el pelo impulsivamente y se masajeaba las tetas. Cleo le saco el dedo, le abrió los labios del coño y le dio dos lametones que hicieron que Pili se agitase.

    – ¡Pídeme que te coma el coño gorda! – le susurraba – ¡tienes un coño muy sabroso!

    – ¡No me dejes así! – le susurró Pili llevándose las manos a la cara – ¡Cómeme el coño!

    Cleo empezó a lamerle el coño con maestría, su lengua le lamía la raja lentamente, la penetraba con la lengua y la dejaba quieta y luego la movía frenéticamente.

    – ¡Me vas a volver loca! – suspiraba Pili.

    – ¡Ahora tu coño es mío gordita!

    – ¡Tú lengua me va a matar de gusto!

    La lengua de Cleo le lamió el clítoris con rapidez e intensidad y le miraba la cara a Pili que estaba desencajada, sentía la lengua y la puntita metálica del piercing y empezó a chillar placenteramente mientras Cleo observaba cómo Pili entraba en trance sus ojos se volvían en blanco y sus gemidos se alternaban con risitas complacientes.

    – ¡Vas a hacer que me corra! – le anuncio Pili

    -¡Notó como te huele el coño a puta!

    Pili se arqueaba y agarraba por los pelos a Cleo mientras gritaba con fuerza y sus ojos se volvían en blanco, le llegaban oleadas de placer nuca antes experimentado y no pudo reprimirse y se corrió intensamente sus piernas se cerraron y Cleo tuvo que poner los brazos cómo tope y que no la estrangulase con las piernas, Pili se quedó un rato agitándose y respirando con fuerza.

    Cleo se puso a su altura y la beso en los labios y en el cuello mientras sus dedos le pellizcaban los pezones y provocaban que Pili volviese a chillar.

    -¡Me encanta tu coño! – le murmullo Cleo – ¡me ha dado mucho morbo comerte el coño gordita!

    – ¡No sé que me has hecho! – se disculpó Pili – ¡Yo no soy así!

    – ¡Te has vuelto loca cuando te he comido el coño por primera vez!

    Cleo le abrió las piernas y le metió dos dedos en el coño y empezó a meterlos y sacarlos lentamente y aumentando las penetraciones.

    – ¡Para por favor! – le rogo Pili – ¡No sigas!

    -¡Déjame follarte gordita!

    – ¡Te lo suplico, déjame! – sollozaba Pili, pero su cuerpo decía otra cosa y se abría de piernas para facilitar la penetración de los dedos de Cleo.

    Los dedos de Cleo entraban y salían del coño de Pili fluidamente y los giraba como una tuerca y abría los dedos dentro del coño, lo que provocaba que Pili experimentase otra forma desconocida de sentir un placer inmenso y empezó a chillar y a agitarse con fuerza.

    – ¡Qué me haces que me vuelvo loca?

    – ¡Follarte marrana!

    – ¡Fóllame así! – chillaba deslenguada – ¡hazme tu puta!

    -¡Tienes un coño muy apretado!… ¡Mírame mientras te follo!

    – ¡No dejes de follarme! – le pedía Pili mirándola sumisamente y mordiéndose los labios.

    -¡Te voy a hacer mi putita! – le susurró Cleo – ¡Voy a follarte cuando me dé la gana gordita!

    Pili se abrazó a Cleo y le mordió los hombros mientras le venía otro orgasmo salvaje, soltó un grito estremecedor y se corrió violentamente mientras de su coño manaba un chorro de líquido encima de las sábanas, estuvo un rato temblando y recuperándose, se fundió en un morreo con Cleo.

    – ¡Nunca me he corrido así! – le confesó Pili sollozando – ¡Me has vuelto muy puta!

    Se quedaron abrazadas, Cleo no quiso seguir y la dejo descansar, pronto Pili se quedó dormida en los brazos de Cleo.

  • La chica del chat

    La chica del chat

    Chateábamos a menudo. Ella tenía diecinueve años y me había confesado que aún era virgen, hasta el punto de no haber visto un pene. A mí me sorprendía porque, según se sabe, hoy los adolescentes están en contacto con el sexo mucho antes que de lo que lo estuvimos los de mi generación, pero ella era distinta, me confesaba que tenía ganas, pero que no se decidía, que sentía un poco de miedo, por una parte, y por otra no sabía en quien confiar para pedirle sin consecuencias que la dejara hacer, experimentar con el cuerpo sin condiciones ni prisas. Habíamos cogido confianza chateando, me contaba con naturalidad sus inquietudes, o me preguntaba lo que quería saber sobre sexo. Yo no le había mentido, desde el principio le dije que le doblaba la edad, pero a ella no le importó, decía que le gustaba el hecho de que fuera mayor porque eso significaba experiencia, y así resolvería mejor sus dudas.

    El chat en el que nos solíamos escribir ofrecía la posibilidad de hacer vídeo-llamadas. Ella me contaba que cuando hablaba conmigo solía sentarse, abriéndose la falda, sobre un cojín y se movía sobre él, masturbándose lentamente. Lo hizo desde el segundo día que hablamos y se había convertido en su ritual. Cuando me confesó esto no pude evitar cierta emoción, me gustaba provocar esa sensación en ella. Le pregunté si quería que le pusiera la cámara para que viera por fin una polla, pero ella respondió con un “no sé”. Su timidez era palpable, lo que me provocó cierta ternura. Le volví a preguntar, algo en mí decía que quería pero que, por su timidez, no lo iba a reconocer, así que tomé la iniciativa y le envié una solicitud para que pudiera verme. La aceptó.

    En la pantalla sólo se veía mi camiseta desde el pecho hasta la cintura. “Dime qué quieres que haga”, le pedí. Me dijo que me pusiera en pie y lo hice. “Me gusta, dijo, súbete la camiseta”, empezaba a soltarse. Me quité la camiseta. “Me gusta lo que veo, me escribió, te quedan bien los vaqueros”. Entonces desabroché el botón y bajé la cremallera, dejando entrever mi bóxer. “¿Te gusta?”, le pregunté. “Sí, tienes buen cuerpo”, dijo. “¿Quieres que siga?”, y ella volvió a decir “no lo sé”, lo que yo interpretaba como un sí tímido. Así que bajé mis pantalones y me quedé en bóxer. “¿Te estás frotando con el cojín?”, quise saber. “Sí, estoy muy mojada”. “Me gusta saberlo, ¿quieres que siga?”, “si tú quieres”.

    Entonces marqué mi polla con las manos sobre el bóxer para que la apreciara bien, escribió algo sobre su tamaño y entonces lentamente bajé el bóxer y le mostré todo lo que quería ver. Estaba erecto por la situación, me la cogí y empecé a masturbarme lentamente para ella, que iba comentándome sus impresiones a la vez que se frotaba con el cojín cada vez más empapada, “me gustaría tocarla”, escribió.

    Seguimos hablando tiempo, en el que me a veces me masturbaba para ella en el chat, ella había cogido más confianza y ahora me pedía posturas y gestos, estaba experimentando y yo me ofrecía a complacerla de este modo. Hasta que un día le propuse vernos y hacer esto en la realidad. Como era de esperar ella se mostró insegura. Le dije que, sin compromiso, yo iría a su ciudad, tomaríamos alguna cosa y hablaríamos tranquilos, y después, sólo si ella quería, nos iríamos en mi coche a algún lugar apartado y allí me masturbaría en directo para ella. La idea quedó en el aire, pero en las próximas conversaciones la fuimos perfeccionando hasta que decidió que sí, que fuera a visitarla, pero que no tomaríamos nada, la recogería a la salida del instituto y nos iríamos directamente a buscar el lugar donde me masturbaría para ella.

    Cuando llegó el día salí con tiempo, vivía a una hora de mi casa, y tenía que encontrar el instituto. Resulto sencillo, pregunté una vez y enseguida estaba en la calle paralela donde habíamos quedado. Unos minutos después ella se asomó por la ventanilla y le pedí que entrara. Estaba preciosa con el uniforme del colegio, le daba ese aspecto de lolita tan seductor. Se sentó a mi lado y nos saludamos con dos besos. “¿Estás nerviosa?”, pregunté convencido de que sí lo estaba. “Mucho”, me respondió tímidamente mirando hacia delante. “No te preocupes, cuéntame cualquier cosa, háblame que nos vayamos relajando”, sugerí mientras empezaba a conducir en búsqueda de un lugar apartado. Durante todo el camino hablamos y noté como se iba tranquilizando mientras dialogábamos.

    Aparqué junto al rio a las afueras, era un lugar solitario y oportuno para lo que habíamos decidido. Al detener el coche se detuvo la conversación, había llegado el momento y ella volvió a tensarse. “No estés nerviosa, si no quieres, o si en algún momento te sientes mal, dímelo y paramos, ¿ok?”. Ella asintió. Me desabroché y abrí los pantalones. “Mira, como en el chat”, bromeé y ella esbozó una sonrisa nerviosa. “¿Sigo?, pregunté. “Vale”, respondió fijando la mirada en mi paquete. Bajé los pantalones hasta las rodillas y subí mi camiseta dejando a su vista el bóxer bien abultados. “¿Te gusta?”. “Sí”, dijo escueta. “Ahora voy a hacer una cosa que sé que quieres hacer, pero no te atreves, no te pongas nerviosa”, le aclaré. Le cogí la mano y la llevé a mi pecho, “tócame como me dices en el chat que te gustaría tocarme, no te quedes con ganas de hacer nada de lo que quieras hacer”, le sugerí.

    Deslizó la mano lentamente por mi pecho, recorriéndolo y sintiendo el tacto de una piel ajena, podía ver en su cara la excitación que le provocaba, era una mezcla de inocencia y deseo contenido durante tiempo. Yo sabía que era el primer hombre que tocaba, el primero que veía de esta forma, dispuesto a resolver algunas de sus curiosidades sexuales. Bajó la mano hasta el abdomen y me lo recorrió suavemente, como queriendo memorizar cada centímetro. Después saltó la mano a mis muslos y los acarició de igual modo, saboreando el tacto y descubriendo sensaciones que jamás había sentido. Vi cómo se resistía a colocar su mano sobre mi polla, aún guardada, así que le tomé la mano y la puse sobre mi bulto por encima de la tela. “No digas nada, le dije, sólo siente lo que quieres sentir”.

    Desplazó la mano a lo largo de mi polla varias veces, la metía entre mis muslos, tocando mis pelotas, y subía hasta el glande muy despacio. Alargué el brazo hacia atrás, tomé un cojín que había llevado para ella y se lo entregué sonriendo ante su cara de sorpresa, que se enrojeció con el gesto. “¿Te sientas como lo haces en tu casa cuando hablas conmigo?”, sugerí.

    Ella no respondió, se giró hacia mí, cogió el cojín y lo puso entre sus piernas, levantándose la falda para sentarse sobre él directamente. “¿La saco?”, le pregunté deseando hacerlo. “Si tú quieres”, respondió aún con ese aire tímido, pero con ese interés que la estaba embriagando. Bajé el bóxer hasta las rodillas y quedé completamente al descubierto ante su mirada. “Es más grande que en el chat”, dijo sin desviar la mirada. Yo me la agarré y empecé a acariciarla como lo hacía para ella.

    Notaba la excitación en su cara y en los movimientos de su cuerpo, que se contoneaba sobre el cojín. Empecé a masturbarme despacio. “¿Te gusta?”, le pregunté. “Sí”, dijo moviéndose sobre el cojín y con la mirada clavada en mi polla. “No quiero que te quedes con ganas de nada, en el chat cuando hago esto me dices que te gustaría tocarla, así que si te apetece hazlo”, le aclaré. Ella alargó el brazo, indecisa y acercó la mano a la mía, que agitaba mi polla de arriba a abajo.

    Se detuvo ahí valorando lo que iba a hacer. Yo quité mi mano y dejé la polla libre para ella. La miré y ella me miró, no sabría describir perfectamente aquella mirada, pero había más deseo del que jamás había visto en todas las miradas que habían desfilado por mi vida. Bajó la mano con la palma extendida y la apoyó sobre mi polla. “Agárrala”, inquirí. Cerró la mano agarrándomela y haciendo leves movimientos de arriba a abajo.

    Estaba muy excitado, nunca había experimentado algo así, ser la muestra ante una virgen total que curioseaba y experimentaba con mi cuerpo. “¿Puedo meterla en mi boca?, preguntó sorprendiéndome, quiero descubrir lo que se siente”. “Claro, de eso se trata, descubre”, le aclaré. Se inclinó y me dio un beso en el glande para después metérsela en la boca. Era la primera vez que lo hacía, se notaba bastante, era como un caramelo para ella, que chupaba casi inocentemente. Al poco se retiró y siguió con la mano. “¿Te ha gustado el sabor?”, quise saber. “Es raro, pero sí”, y siguió con su mano. “¿Sabes qué me gustaría?”, preguntó. Le respondí que no, era evidente. “Me gustaría sentarme sobre ella, sin metérmela”. “No te quedes con las ganas, quítate la falda y las bragas y hazlo”. Se soltó la falda y se quitó las bragas. Era maravillosa, su piel tersa y pulcra y su coñito rasurado, arreglado, pero sin depilar.

    Puso una pierna a cada lado de mi cintura y se sentó colando mi polla entre sus labios vaginales. Noté su humedad caliente empapándome, se movía suave de arriba a abajo y la oía gemir suavemente sobre mí, que estaba excitadísimo y tenía la polla tan dura que podría haber tirado un muro con ella. No pude evitar agarrar sus tetas por encima de la blusa del uniforme, unas tetas duras, tersas, redondas e inexpertas en mis manos. Le solté los botones mientras ella seguía restregándose sobre mi polla y yo sentía su flujo caer por mis testículos y por la cara interna de mis muslos. Una vez abierta la blusa solté su sujetador y apreté sus tetas, sintiéndolas como un maná que me regalaba la vida.

    Lamí sus pezones y ella gimió más profundamente, entregada a lo que estaba sintiendo. “Quiero meterme sólo la punta”. “Haz lo que quieras, estoy aquí para eso”, le dije gimiendo y completamente excitado. Cogió mi polla, la puso en su entrada y se introdujo el glande, estaba tan húmeda que mi glande pareció arder en su interior. “No empujes más, me da miedo”, dijo. Se movía lentamente metiendo y sacando el glande de su joven coñito. Gemía de placer, pero no se atrevió a metérsela entera… jugó un rato más así y luego volvió a sentarse sobre ella y a frotarse subiendo y bajando. Había acelerado el ritmo y noté que se iba a correr, sus gemidos se intensificaron a la vez que sus movimientos. Yo sentí que también me correría pronto, me había sobreexcitado su entrega, sintiendo por primera vez una polla en su coño, disfrutándola.

    Se corrió y se dejó caer sobre mí. “¿Te ha gustado?”, le pregunté. “Muchísimo, pero tú no te has corrido, quiero verlo”. La cogí de la cintura y la eché un poco hacia atrás, sentada sobre mis muslos para poder masturbarme. Empecé a hacerlo, sabía que con unas sacudidas mi eyaculación estallaría. Noté como se iba cargando. “¿Quieres hacerlo tú?”, le pregunté. “Bueno, pero no lo he hecho nunca”. “No te preocupes, sólo agítala como me has visto hacerlo a mí cuando yo te diga”. Entonces le cogí la mano cuando estaba a punto y empezó a meneármela rápida, era un poco brusca por la inexperiencia, pero no importaba, me iba a correr. Mi eyaculación salió en explosión contra mi abdomen, llegando hasta mi pecho. Ella seguía moviéndola, pero le cogí la mano para que ralentizara el movimiento. Entonces pasó la mano sobre el semen y lo frotó por mi cuerpo como si fuera una pomada. Después se llevó la mano a su coño y se lo untó de semen. “Pruébalo”, inquirí. Se llevó los dedos a la boca y saboreó mi esencia.

    La dejé a una manzana de su casa. Para despedirse me dio un beso prolongado y las gracias por permitirle experimentar y saciar su curiosidad. Salió del coche, no sin antes haberme citado para el chat, y después ya se vería.

  • Salida rural

    Salida rural

    Por la mañana fuimos a hacer senderismo, nos perdimos montaña adentro caminado hasta llegar a una enorme roca que hacía las funciones de mirador. Nos habían comentado que en esa época los ciervos estaban en celo y se podían ver las luchas entre los machos desde ese mirador, pero cuando llegamos no vimos nada más que el paisaje.

    Sacamos unos bocadillos y comimos esperando pacientemente.

    Cuando acabamos me tumbé. Todos hicieron lo mismo y nos quedamos dormidos.

    Pasó más de una hora hasta que me desperté por los gritos de lo que parecía una pelea entre animales. Me asomé al mirador y abajo vi una manada de ciervos. Dos machos se alzaban y embestían sus cuernos haciendo alarde de fuerza. Desperté a los demás y contemplamos el espectáculo.

    -¡Joder! —Dijo Salva— No somos tan distintos los hombres.

    Y rio a carcajada abierta.

    —¿Te imaginas a dos tipos peleándose por ti a hostia limpia? —Preguntó Isa a Elia.

    —Sólo tengo que hacer un esfuerzo de memoria y sí. —Respondió Elia.

    Salva se había puesto de pie y tomaba algunas fotos. Después dejó la cámara colgando de su cuello.

    —Juanito, ¿nos peleamos por estas mujeres? Les gustará saber quién es el más fuerte.

    Elia lanzó un grito entusiasta y ambas aplaudieron la idea, así que no me quedó otra que ponerme de pie y enfrentarme a Salva. Empezamos a empujarnos de pura tontería, riéndonos e insultándonos. Salva dejó la cámara en la mochila y me dio un empujón que me tiró al suelo. Me levanté y corrí hacia él, que hacía gestos de victoria, y, agarrándolo por la cintura caímos al suelo. Las chicas reían y aplaudían nuestras tonterías, con lo cual nos crecíamos para dar más espectáculo.

    Estábamos de pie jadeando, uno en frente del otro en plan desafiante. Salva dijo:

    —Vamos a luchar con nuestras armas.

    Y se la sacó por la cremallera. Tenía un pollón y le gustaba hacer esas cosas.

    —Vamos valiente, saca tu arma y lucha con ella. —Me gritó Isa. Ambas jalearon un poco y bajé la cremallera. Yo no tenía complejo, pero mi polla al lado de la de Salva parecía más pequeña de lo que era, lo suyo era de mejor familia sin duda. Él se acercó hacia mí con la polla en la mano y la sacudió contra la mía.

    —Lucha cobarde. —Me gritó.

    Me la agarré y empezamos una lucha de espadas. Todos nos descojonábamos de la risa. Salva se retiró unos pasos.

    —Tiempo, hay que reponerse para el siguiente asalto.

    Y se acercó a las chicas con su enorme polla colgando.

    —Vosotras sois las entrenadoras, y cuando un boxeador va a la esquina del cuadrilátero su entrenador lo asiste y le da ánimos y consejos, así que aquí me tenéis, haced lo propio.

    Isa se la cogió y la acarició.

    —Ánimo picha, el combate es tuyo. —Le dijo. Después orientó la polla de Salva hacia Elisa— ¿Algún consejo entrenadora?

    Elia se acercó y se la metió en la boca hasta que topó con la mano de Isa. Después la sacó y le dijo:

    —No hay dolor amiga.

    Salva dio unos saltos a modo de calentamiento, como si fuera un boxeador de verdad. Su polla saltaba con él.

    —Bien, ya estoy listo para el segundo round. —Añadió.

    Me la cogí y fui hacia él gritando “al abordajeee…”. Comenzamos a darnos pollazos, de izquierda a derecha y viceversa. Luchamos así un rato hasta que me retiré unos pasos.

    —Nunca creí que diría esto a un hombre, pero me vas a reventar la polla.

    Todos rieron la ocurrencia. Salva se acercó y me agarró por los hombros riéndose.

    —Hemos empatado chicas. —Dijo.

    Ellas se levantaron y se abrazaron a nosotros. Los cuatro abrazados celebrando la victoria con las pollas fuera.

    —¿Están follando ya los ciervos? —Preguntó Salva y corrimos a asomarnos.

    Una pareja estaba copulando y los demás ciervos pactaban alrededor.

    —Qué putada para el otro ciervo, lo humillan en una pelea y además se queda sin follar. —Soltó Elia.

    —Yo no valgo para ciervo, acabo de descubrirlo. —Añadí.

    Elia echó la mano hacia atrás y me la cogió.

    —Sí que vales, tonto. —Bromeó.

    Nos quedamos mirando como copulaban los ciervos. Elia me iba masajeando la polla. Miró a Isa y le hizo un gesto para que mirara la polla de Salva, que se había puesto dura mirando la cópula. Se rieron e Isa se colocó al lado de Salva y empezó a masturbarlo. El ciervo macho emitió un grito, parecía que se iba a correr, pensamos. Poco después el macho se bajó de la hembra y se alejó. Otro ciervo fue a olerla, pero ella se alejaba, como pudorosa.

    —¿Veis cómo se aleja? Es como si le diera vergüenza. —Dijo Isa.

    —Merece la pena ver el espectáculo. —Añadí.

    —Si fuera al revés no sé qué pensarían, pero habría una manada de ciervos delante de nosotros mirando cómo nos la cascan y seguro que pensarían igual que nosotros, ¡qué espectáculo!

    Elia me miró.

    —Te la voy a chupar.

    Y se agachó para cumplir su palabra. Yo estaba erecto hace un rato, ella se colocó frente a mi polla y la agitaba rápido. Isa la miraba mientras seguía masturbando a Salva. Elia abrió la boca y se la metió toda dentro.

    —¡Qué puta eres! —Exclamó Isa.

    La miré y le dije:

    —A ver si eres capaz de hacer lo mismo con esa.

    Se agachó frente a Salva y se metió la polla en la boca, más de la mitad, no le cabía más.

    —Es demasiado grande. —Dijo.

    Elia dejó un momento la mía y se acercó a Salva, abrió la boca y se la metió toda dentro, aguantando unos segundos.

    —Que hija de puta. —Le dijo Isa.

    Elia se la sacó y miró a Isa guiñándole un ojo, antes de volver a mí. Isa siguió mamando a Salva, que miraba el paisaje con cara de soñador. Elia se levantó y se bajó el pantalón corto y las bragas hasta la mitad de los muslos. Se volvió y pegó su culo a mi polla, que quedó atrapada entre sus cachetes. Empezó a moverse en círculos, me agarré a sus caderas para no despegarme. Isa nos miró de soslayo con la polla de Salva en la boca y le dio una palmada en el culo a Elia. Aquel gesto me despertó la imaginación. Acerqué a Elia a un árbol e hice que se apoyara con las manos inclinada hacia delante y con el culo hacia mí. Le di una palmada, después otra, y otra. Me gusta azotar, y a ella tampoco parecía disgustarle. Me recreé un rato y toqué su coño, que estaba muy húmedo. Le metí dos dedos y empecé a masturbarla rápido. Ella se agarraba fuerte al árbol.

    —Me encanta. —Aclaró— Dame fuerte.

    Yo seguí masturbándola deprisa, la palma de mi mano daba golpes rápidos en su culo, con cadencia, y ella disfrutaba mis envites. Isa seguía comiéndosela a Salva en la roca.

    —Me vas a correr. —Dijo Elia.

    Aceleré más el movimiento y empezó a retorcerse de placer.

    —No pares.

    No pensaba hacerlo. Sentí como se corría y bajé la densidad. Ella jadeaba aún agarrada al árbol.

    —Córrete tú en mi culo.

    Empecé a masturbarme cuando escuché a Salva correrse y vi a Isa esmerada sin dejar de chupar. Yo me masturbaba, quería correrme en el culo de Elia como me había pedido. No tardaría mucho, estaba sobreexcitado. Acerqué la polla a la cara de Elia.

    —¡Escúpela! —Le ordené.

    Ella obedeció y mi mano empezó a deslizarse con más fluidez. Isa vino a nuestro lado.

    —Quiero correrte yo. —Me dijo, y empezó a masturbarme rápidamente. Estaba a punto.

    —Me voy a correr. —Les dije.

    Elia sacó más el culo acercándose hacia mí.

    —Llénamelo.

    Isa me agarraba el culo con una mano mientras con la otra seguía masturbándome. Eyaculé sobre el culo de Elia. Isa me masajeaba suavemente, bajó la cabeza y se la metió en la boca, limpiándome. Elia extendía el semen por su culo, con la cabeza girada mirándome para deleitarme.

    —Ahora faltas tú. —Le dije a Isa.

    —No te preocupes, estoy bien.

    Volvimos al mirador y nos sentamos. Los colores en el cielo empezaban a anunciar el atardecer y nos quedamos viendo como enrojecía.

  • Tras la barbacoa

    Tras la barbacoa

    Estábamos bastante perjudicados al caer la tarde.

    Isa dormía una buena cantidad de alcohol en el sofá mientras Elia, Salva y yo seguíamos compartiendo porros alrededor de la mesa de café, sentados en el suelo.

    -No me queda energía, creo que me voy a echar. –Dije mareado después de apurar la cerveza.

    Habíamos empezado a las diez de la mañana y sólo quedábamos los cuatro en casa de Elia.

    Los cuatro éramos amigos desde el colegio, por lo que aquella casa no nos era nada desconocida.

    Habíamos hecho una barbacoa para celebrar el vigésimo sexto cumpleaños de Isa, aprovechando que la casa de los padres de Elia estaba vacía ese fin de semana, y que era la mejor preparada para ese tipo de celebraciones.

    Aún teníamos que limpiar y dejarlo todo en orden para el día siguiente, pero nos habíamos pasado con la bebida y acompañantes. Salva se levantó.

    -Tengo que mear.

    -Déjala allí. –Añadió Elia bromeando.

    -La traeré por si acaso. -Respondió Salva bajándose la cremallera. Después se fue pasillo adentro hacia el baño.

    Elisa apuraba el porro mientras ojeaba una revista de moda. Pasó una hoja y me tendió el porro. Negué con la cabeza.

    -Vamos nene, no te va a matar.

    -Llevo demasiado en el cuerpo, debería echarme.

    -Ahora empieza lo bueno, apúralo anda.

    Cogí el porro y le di una calada. Mi cabeza era una mezcla de distintas impresiones por el cocktail de estupefacientes, mi mente iba y venía sin detenerse en ninguna parte más de cinco segundos. La pesadez que sentía era desproporcionada.

    Salva entró en el salón y se quedó en pie junto a Elia con la cremallera bajada.

    -¿Os traigo alguna bebida de la cocina? -Preguntó.

    -Si no me equivoco queda una botella de champán en el frigorífico.

    Salva volvió a salir.

    -Nos animaremos con el champán. -Repuso Elia.

    -No creo que pueda. -Contesté mientras apoyaba mi cabeza en el asiento del sofá donde dormía Isa.

    -Verás como sí.

    Salva entró de nuevo y entregó la botella a Elia.

    -Ábrela, no me la des así. -Inquirió.

    Salva agitó un poco la botella y retiró el tapón, derramando gran parte del champán sobre su camiseta, pantalón, suelo, y salpicando un poco a Elia, que reaccionó dando un pequeño salto sin cambiar de postura.

    -Joder tío, esto lo vas a limpiar tú. -Exclamó Elia sin ánimo.

    Salva se agachó a su lado, le cogió la cara y le lamió la mejilla.

    -Mmm…! ¡Qué rico! -Exclamó ante la sonrisa de Elia-¿Sigo?

    -Me has puesto perdida. -Dijo Elia mirándose la camiseta de tirantes que llevaba puesta. Una mancha ocupaba todo su pecho y parte del abdomen.

    -Eso tiene solución. -Añadió Salva y metió la cabeza entre sus tetas lamiendo lo que podía. Ella reía juguetona la ocurrencia.

    Salva bajó el escote hasta trabarlo bajo las tetas de Elia, que tenían el tamaño suficiente para anclar y neutralizar el elástico de la camiseta. Siguió lamiendo y ella se echó un poco hacia atrás para facilitarle el acceso. Sus pezones se habían puesto duros al tacto con el champán y Salva los lamía sin prisa.

    -¿Aún os quedan fuerzas? -Pregunté desde mi tirada ubicación.

    -Para esto siempre. -Dijo Elia- Ven tú también.

    -Espera. -Sugerí. No podía moverme, no me apetecía nada levantar la cabeza, pesaba demasiado- Quizá ejerza de voyeur hoy. -Añadí.

    -Sólo quizá. -Añadió Elia. Miró a Salva- ¿Dónde te has manchado tú?

    Salva se hizo hacia atrás y se puso en pie. La parte baja de su camiseta y la zona de la cremallera de su pantalón eran un charco. Hizo un gesto abriendo las manos y asintiendo. Elia se arrodilló, le levantó la camiseta y lamió su abdomen mientras desabrochaba el pantalón. Bajó el pantalón y lamió sus calzoncillos empapados.

    Después bajó el bóxer y la polla de Salva quedó desafiante en el aire apuntando hacia Elia, que inmediatamente se la metió en la boca y empezó a lamerla como ella solía hacerlo. Siempre le habíamos dicho lo buena que era en ese menester, nunca conocí a nadie que opinara lo contrario de ella. Supongo que las cosas que gustan hacen aflorar nuestras virtudes. Siguió mamando un buen rato, empapándola y agitándola con énfasis.

    Salva le cogió la cabeza y empezó a moverla, follándose su boca. Era increíble ver hasta donde era capaz de meterse una polla en la boca Elia. Cuando la sacó hilillos de saliva unían la polla de Salva con la boca de Elia, que había cambiado su expresión al modo encendido. Salva se agachó y la besó con fuerza, luego la tumbó en el suelo y le quitó el pantalón corto que llevaba. Comenzó a comerle el coño.

    Yo estaba mirando el espectáculo, pero seguía sin poder moverme ni para eso. Oía los gemidos de Elia y veía sus rodillas salir sobre la mesa del café, que me tapaba el resto. Noté que la sangre empezaba a llenar mis conductos genitales, lentamente. Levanté un poco el culo y empujé ligeramente los pantalones hacia abajo para evitar que se me clavaran en los huevos.

    Salva puso a Elia apoyada sobre la mesa de café y empezó a lamerle el culo agarrado a sus cachetes. Me encantaba la cara de Elia cuando sentía placer, la dotaba de una belleza salvaje y natural que pocas poseen. Bajé mi mano a mi bulto y comencé a acariciarme sobre el pantalón. Elia me miró y levantó un poco su cuerpo para mostrarme sus tetas.

    Le sonreí y me respondió apretando la mandíbula y mostrándome los dientes. Era maravillosa.

    -¡Sácala! Quiero verla. -Me dijo.

    Desabroché mi pantalón y lo bajé junto con el bóxer hasta las rodillas. Mi erección aún no era plena, pero se apreciaba un buen miembro. Ella pasó su lengua por los labios mirándome, sabía cómo provocarme. Empecé a masturbarme lentamente para que me viera, sé que le gustaba, no era la primera vez que se lo hacía. Sin hablar movió los labios pidiéndome que fuera a su boca, pero le respondí negando con la cabeza. Pude leer como sus labios articulaban la palabra “cabrón”.

    Salva se incorporó y azotó el culo de Elia con la polla tres o cuatro veces. Después la introdujo en su vagina y pude ver la cara de Elia al recibirla, su boca abierta y sus ojos clavados en mí. Empezaron a moverse adentro y afuera, ella gemía apoyando ya sus tetas en la mesa y agarrándose a ella, que se movía con las embestidas de Salva. Escuchaba los golpes de la pelvis de Salva rebotar en el culo de Elia, debía estar muy mojada, el sonido era claro, como chapotear en el agua. Él empujaba con fuerza y ella recibía encantada.

    -¿Qué está pasando? -Oí detrás de mi cabeza. Isa se había despertado, aunque no se había movido un ápice.

    -Nada, están follando. -Le respondí.

    -Pfff… No sé cómo tienen fuerzas.

    -Eso les he dicho yo, pero al final mírame, con la polla dura y pajeándome.

    Isa levantó la cabeza y me vio cascándomela despacio. Volvió a colocar la cabeza tras la mía riéndose. Noté la mano de Isa en mi cabeza, empezando a hacerme un masaje craneal, me sentí bien al sentirla ahí.

    -Ahora con los gemidos no puedo dormir, pero tampoco tengo ganas de moverme. -Dijo.

    -No lo hagas si no te apetece. -Le respondí, y siguió acariciándome la cabeza.

    Salva sentó a Elia en el borde de la mesa con las piernas abiertas y le embestía desde delante.

    -¡Joder! ¡Cómo se oye! -Dijo Isa.

    -Sí, está muy cachonda por lo visto.

    Levantó la mirada y los vio. Se incorporó y quedó sentada en el sofá con la espalda apoyada. Su pierna derecha estaba a mi lado y la agarré acariciando su pantorrilla. Ella seguía con su mano en mi cabeza y yo me estaba calentando cada vez más.

    Debí apretar muy fuerte su pantorrilla porque exclamó un “¡Ay!” y apretó su mano en mi cráneo. Después quitó la mano de mi cabeza y vi de soslayo como se subía la falda. Giré la cabeza para verla y me hizo una caricia en la barbilla, separó sus piernas, también las bragas y me mostró su bonito coño. Empezó a tocarlo.

    Elia se acababa de correr y Salva seguía empujando. Isa me miró.

    -Únete a ellos, quiero veros a los tres.

    Yo ya había despertado de mi estado anterior y estaba capacitado para incorporarme. Me saqué los pantalones y me acerqué al dúo por la derecha de Elia para que Isa pudiera ver. Me quedé en pie al lado, mi polla quedaba a la altura de la cara de Elia que no tardó en metérsela en la boca y propinarme unos lametones gloriosos. Miré a Isa que me sonrió con cara de satisfacción, se quitó la falda y las bragas y, abriendo las piernas más, se acomodó en el borde del sofá y siguió masturbándose.

    Salva anunció que se iba a correr y se colocó delante de Elia meneándosela para correrse sobre ella. Me aparté para que culminara a gusto y su semen salió disparado hacia las tetas de Elia, que se las apretaba para recibir el premio. Ella chupó los restos de semen de la polla de Salva y éste se tiró de espaldas al sofá que le quedaba detrás. Elia me miró.

    -¿Me la vas a meter?

    -¿Te quedan ganas? -Pregunté retóricamente, ella siempre estaba dispuesta.

    -Sabes que sí.

    Me agaché frente a ella.

    -Poneos aquí. -Intervino Isa dando unas palmaditas a su lado.

    Me senté ahí y la besé. Elia se sentó sobre mí metiéndosela entera. Besó a Isa un buen rato mientras cabalgaba sobre mí, que la ayudaba agarrándola del culo. Luego puso una mano a cada lado de mi cabeza y empezó a moverse en círculos. Isa se giró hacia nosotros dejándome ver como se masturbaba. Me metió los dedos en la boca y después regresó a su coño.

    -¿Te gusta? -Me preguntó.

    Resoplé y asentí con la cabeza. Abrió su coño con una mano e introdujo tres dedos con la que tenía libre. Empezó a darse rápido. Sobre mí Elia gemía cada vez más fuerte.

    -¡Me voy a correr! -Exclamó poseída. Sus movimientos eran cada vez más rápidos, parecía una batidora sentada sobre mí. En su cara veía la cercanía del orgasmo cuando ralentizó el movimiento y empezó a correrse moviéndose despacio, con espasmos. Era una auténtica máquina de follar.

    -Yo también voy a llegar pronto. -Dijo Isa mientras Elia se regocijaba en circulitos lentos sobre mí- Quiero que te corras sobre mi coño. -Añadió.

    Elia se quitó de encima y yo me giré para apurarme y correrme sobre el coño de Isa. Elia se arrodilló a nuestro lado y contemplaba la escena. Yo me la cascaba vigorosamente e Isa aceleraba su ritmo. Pronto avisó que se iba y yo estaba a punto cuando ella empezó a hacerlo.

    -¡Correte! -Exclamó corriéndose.

    Yo sentía venir el aluvión y ella abrió su coño para que mi semen se estrellara contra él. Empecé a eyacular y el primer chorro se estrelló justo ahí, ella emitió un gemido y yo seguía corriéndome.

    Acabé y me tumbé sobre ella agotado. Me acarició la cabeza por detrás y Elia me metió la mano entre los cachetes del culo masajeándome.