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  • Hotwife. La propuesta

    Hotwife. La propuesta

    Llegamos a la empresa donde visitaríamos a un amigo para platicar sobre un requerimiento de trabajo que nos pidió, ya que era necesario hacer una visita física, para poder ofrecerle una solución a su problema. El área donde se debía hacer el recorrido era un segundo piso, que está en remodelación, en la planta baja está el estacionamiento de empleados y el taller mecánico, así que siempre hay gente trabajando en el área.

    Después de platicar sobre el proyecto nos dispusimos a hacer un recorrido por el área en remo-delación para verificar algunos aspectos de espacios para lo que se requería cotizar. Subimos al segundo piso, pasando a un lado de algunos trabajadores que arreglaban las escaleras, luego recorrimos varios espacios y al llegar al fondo, mi esposa se había manchado el pantalón con un poco de cemento al recargarse en un lugar donde estaba fresco y muy atento, mi amigo le propuso “¿te manchaste?, ¿te sacudo?” y pícaramente le contestó “sí , gracias, solo que aquí nos ven, ¿no?”.

    Al acercarme, ella me dijo que me quería sacudir porque me había ensuciado, pero le contesté “nos ven, ¿no?”, señalándome una ventana que da al taller, lo que asentí y le dije “espérame, déjame dar un recorrido”. Ella se quedó con nuestro amigo y seguí recorriendo el sitio buscando un lugar lejos de la vista de los demás hasta que encontré un cuarto al fondo, que estaba privado, ya que no tenía más que un solo acceso y estaba fuera del alcance de las demás ventanas, enseguida les llamé, indicándoles que podían venir a ese lugar.

    Ellos llegaron y salí a ver hacia el otro lado, que no viniera alguien y cuando regresé, la encontré con el pantalón en las rodillas y restregándole las nalgas en la verga a nuestro amigo y él tomándola de las caderas y pegándosele mientras recorría sus tetas con sus manos y la besaba desde atrás; por su parte, ella se recargaba en un muro mientras él seguía restregándosela rico, entonces me saqué mi verga y se la acerqué, para recibir un muy rico oral suyo. Nuevamente salí para validar que nadie se acercara, pero ahora, con la imagen de cómo la había dejado gozando rico y cuando regresé, ya estaba con esa verga adentro y moviéndose delicioso; al instante, le pregunté “¿ya te la metió?”, me contestó “sí, me la está metiendo rico”.

    Mi amigo la tenía por las caderas y le estaba dando a un ritmo muy rico, incluso el golpeteo contra sus nalgas se escuchaba delicioso y la cara de placer de ella era una escena muy erótica para mí, además tenía mi verga de fuera y me tocaba viéndolos, luego se la acercaba a ella, para recibir sus caricias con los labios y en la lengua, al tiempo que seguía recibiendo una muy rica cogida. Pasados unos minutos, nuevamente salí para estar atento a no ser sorprendidos y al regresar, la escena seguía, le estaban dando muy rico y muy duro, “rapidito”, como dice ella.

    Luego, salí una tercera vez y al regresar, mi amigo le decía “me vengo”, enseguida ella se apartó y él empezaba a venirse cuando por detrás, le agarro la verga y lo ayudó a terminar, brotándole mucha leche y hubo que contener los gemidos de placer, entonces le sugerí “límpiasela con la boca”, entonces se bajó más y se la metió en la boca, lamiéndosela y quitándole lo que le quedaba de lechita. A continuación, me le acerqué por atrás e intenté penetrarla, pero estaba demasiado excitado y sólo con entrar, sentí que me vendría, así que le dije “mejor sácamela, mamita”, enseguida se puso atrás de mí y empezó a jalármela muy rico, con ese ritmo que sólo ella sabe.

    Ella seguía con su pantalón abajo, sólo con su tanga, pues mi amigo sólo se la había hecho a un lado para cogérsela rico, así que le tocaba su puchita muy mojada, sintiendo su prenda empapada. De esa manera, me hizo venirme con la masturbada y también me sacó mucha más leche e hizo el mismo procedimiento de limpiármela con la boca, ahora tenía dos lechitas diferentes en sus labios; mientras tanto, a mi amigo le tocó vigilar y al regresar, ella se empezó a tocar su ya muy mojada puchita muy rico, frente a nosotros y no tardó mucho en venirse, conteniendo el grito y el gemido, regalándonos una escena muy sensual.

    Al final, se subió su pantalón y nos arreglamos para salir de ahí, bajando nuevamente a donde estaban todos, ahora esperamos la nueva oportunidad para entregarle la propuesta a nuestro amigo.

  • Enamorándome de Dianita (parte 3)

    Enamorándome de Dianita (parte 3)

    Me ayudo a levantar y entramos en mi habitación, yo disimulando el tremendo dolor que tenía en la espalda por el golpe, el daño estaba hecho mi verga estaba reducida a su mínima expresión por el dolor, mis esperanzas de tocar ese glorioso culo se desvanecían.

    Dianita entro primero y yo la seguí, al hacerlo quiso acomodar los platos que estaban en el piso para ponerlos en el escritorio de mi habitación, al hacerlo doblo la espalda y su culo quedo frente a mí, su falda se fue subiendo hasta quedar muy arriba y permitirme ver la tanga metida entre sus nalgas, para mi fortuna tenía las piernas un poco separadas por lo que tenía una vista totalmente perfecta de su culo, mi verga inmediatamente se despertó con esa escena pornográfica, que daban ganas de poseerla en ese mismo instante.

    Realmente no sabía porque lo hacía, pero me daba la sensación, que Dianita me estaba ayudando en la apuesta que teníamos, no sé si lo hacía inconscientemente o realmente lo hacía para provocarme, pero estaba resultando a la perfección para mi beneficio, Dianita se levantó como si nada y puso los platos en el escritorio.

    Bueno ahora sí, veamos qué tan cierto es lo que dices… sobre lo que tienes entre las piernas -me dijo.

    Yo sin tanto preámbulo, me pongo de pie y bajo mi pantalón con bóxer al mismo tiempo, mi verga sale disparada y queda casi cerca de su cara.

    Dianita al mirar mi verga abre los ojos sorprendida, wao… es la verga más pequeña que he visto en toda mi vida -dice sonriendo.

    – No seas mentirosa -le dije

    – Jajaja, tienes razón estoy mintiendo, esa verga es intimidante en serio -me dice mordiéndose un labio.

    – Ok, ahora veamos cuanto mide, para ver hasta dónde llega nuestra apuesta -me dice

    Tomo el metro, y empezó a medir mi verga, al hacerlo con uno de sus dedos rozo mi glande, sentí que casi me venía solo con ese roce, mi verga palpito y sentí que se estiro un poco más, estaba en su máximo esplendor. Ambos estábamos expectantes sobre los centímetros que pudiera llegar a medir mi verga.

    Cuando la termina de medir, me mira desde abajo esa posición realmente era muy morbosa, en mi mente solo pasaban imágenes de Dianita agarrando mi verga y metiéndosela en la boca para darme una mamada gloriosa, pero solo eran pensamientos…

    – Enserio nunca te la habías medido -me dice

    – No, hoy solo tú y yo sabremos cuanto es lo que mide mi verga, ese dato no lo sabrá nadie más de eso puedes estar segura -le dije

    – Otro secreto más para guardar, la cuenta sigue subiendo, no vas a tener para pagar mi silencio -me dijo

    – Me mira y dice… parece que tus deseos se van cumplir, te mide 22 centímetros…

    Sentí satisfacción al escuchar sus palabras, pero no sabía si realmente ella cumpliría su pablara, igual si no la cumplía no la iba a obligar.

    – Suspira y dice… está bien yo siempre cumplo con mi palabra, pero la falda no me la voy a quitar, solo la subiré, solo te pido que no intentes penetrarme, quiero confiar en ti…

    – Nunca haría nada para dañarte y menos sin tu autorización -le dije

    Dianita se ubica al borde de mi cama y arquea su espalda, con las manos levanta su falta dejándome ver su extraordinario culo, el cual se tragaba su tanga casi al completo, no era un hilo, pero parecía, la imagen era morbosa, realmente será un castigo poder aguantar no penetrar ese culo -me decía a mí mismo.

    – ¿Estás segura?, si tienes dudas no es necesario cumplir con el trato, ya con esta imagen puedo decir que cumpliste -le dije

    – Segura no estoy, pero yo siempre pago mis deudas, el tiempo ya está corriendo recuerda que solo tienes un minuto, cuando te diga ya, te detienes, ¡está claro! -me dijo

    – Mas claro que el agua imposible -le dije

    No sabía que pasaba por su mente, lo que, si sabía era que estaba nerviosa, el cuerpo de Dianita temblaba de lo nerviosa que estaba.

    Me ubique detrás de Dianita, me arrodille y empecé acariciar ese enorme culo, muy lentamente fui pasando mi mano por sus carnosas nalgas de arriba hacia abajo, Dianita temblaba, quería pensar que por mis caricias, llegaba hasta la curvatura de sus nalgas donde empezaban sus muslos, me atreví a pasar mi lengua muy suavemente desde abajo hasta arriba, sentí que Dianita emitió un leve gemido, podía oler el perfume de su raja, pude ver que su tanga tenía una mancha, estaba mojada, muy mojada, con mis manos apretaba ese culo y con mi lengua me deleitaba con sus nalgas, las bese y les di un pequeño mordisco, muy suave para no hacerle daño.

    – ¡Dios! Que me estás haciendo, se siente delicioso -gemía.

    Dianita en su mente, trataba de batallar con el placer que sentía su cuerpo, no se quería quemar al estar jugando con fuego, pensaba entre gemidos… ¡Dios que estoy haciendo!… si sigue besando mi culo de esa manera vamos a terminar cogiendo, tengo que parar esto ahora, pero de su boca nunca salieron esas palabras…

    Sentí, que ya el minuto había pasado hacía mucho rato, pero Dianita no me daba la orden de parar, por lo que yo seguía sumido y besando ese glorioso culo, tenía ganas pasar mi lengua entre sus nalgas, pero no me atrevía, eso no era parte del trato.

    En un momento de locura, ya no podía más, al apretar sus nalgas se abrieron, y quedo ante mis ojos toda la raja de su vulva, solo cubierta por pedacito de tela, ya emanaba un olor que embriagaba, y en el cual se venía lo mojada que estaba, no pude contenerme más y pasé mi lengua por su vulva sobre la tela, sentí su sabor, su humedad, quería apartar la tela, pero hasta allá no iba a llegar, me conformaba con esto solo sentir su sabor.

    Dianita no dijo nada cuando sintió mi lengua sobre la tela de su vulva, solo gemía, su espalda se arqueaba, temblada de placer, estaba perdida, por lo que, en un momento de locura, ella pasa su mano por debajo de sus piernas y aparta la tela de su tanga, permitiéndome al acceso completo hacia su coño, estaba perfectamente depilado, sus labios vaginales eran rosados, y estaban totalmente encharcados, no dude, inmediatamente pase mi lengua por su clítoris, dianita gimió y se retorció de placer….

    – Qué bueno eres con esa lengua cabrón -Me decía

    – No pares por favor, ya casi llego… sigue, sigue por favor… -me suplicaba.

    Yo seguí con mi ritmo frenético, succionando su clítoris, cuando Dianita llego al orgasmo, pego un grito… si, si, siii, que rico cabrón… sus piernas se doblaron y quedo arrodillaba al lado de la cama, su respiración era agitada, mi corazón se quería salir de mi pecho, no podía creer lo que había pasado, jamás imagine que podía saborear ese culo.

    Dianita, se recompuso me miro, vio que mi verga aún seguía erecta, se mordía el labio inferior…

    – Hoy no vamos a coger… créeme cuando te digo que lo deseo, mi cabeza me dice que cojamos, pero la razón me dice que no está bien, pero lo que si voy hacer es devolverte el favor, no es justo dejarte así… apuntando a mi verga.

    Dianita, hace que me siente en la cama, gatea hacia mí, con cara lasciva, agarra mi verga se la lleva a la boca, pasa lentamente su lengua sobre mi tronco, que quemaba de lo caliente que estaba, lo saboreaba como si de un helado se tratase, se lo metía a la boca, quería tragárselo todo, pero era demasiado grande, no le cabía en su pequeña boca, por el esfuerzo que hacia sus lágrimas le salían de los ojos, para descansar me pajeaba con sus manos, a un ritmo frenético, ya no podía aguantar más, me vengo le avise a Dianita pensando que se apartaría, pero ella seguía con el ritmo y se metió mi verga en la boca para que le acabara en ella, se tragó toda mi leche, no dejo escapar ni una sola gota.

    Estaba agitado, después de esa tremenda mamada, sentí que me exprimía la vida, pero mi verga seguía parada como un mástil.

    Dianita se levantó, pensé que todo terminaría allí, ya me lo había dicho no íbamos a coger, yo seguía sentado en el borde de la cama, dio dos pasos y se sentó sobre mí, me beso, pude probar mis líquidos, no me molesto en absoluto, nuestras lenguas se entrelazaban, yo le besaba el cuello, sin querer descubrí un punto débil, la bese debajo de su oreja y le pase la legua por el cuello…

    – No puedo más, eres un maldito -me dijo

    Acto seguido, medio se levantó, aparto su tanga y con su mano tomo mi verga y la dirigió a su coño, estaba súper mojada, que mi verga no tuvo problemas para deslizarse dentro de ella, fue bajando poco a poco, queriendo acostumbrase al tamaño y grosor de mi verga, me abrazo fuerte con sus brazos, su cara se hundía en mi cuello, cuando se acostumbra a mi verga, me agarra la cara y me dice…

    – No soy una puta, esto nunca lo había hecho, pero tu lengua y tu verga son una delicia… no pude aguantarme las ganas de probarla.

    Yo me aferraba a sus nalgas, las apretaba con fuerza, y la ayudaba a mantener el ritmo que tenía al subir y bajar, metí mi cara en sus pechos, quería probarlos, pero no podía por la blusa.

    Dianita entendiendo lo que quería, tomo su blusa y se la quito, no había vuelta atrás, sería solo mía esa noche, le quite el brasier, sus tetas quedaron a la altura de mi boca, se los comí, los mordía, los chupaba con lujuria, sus pezones estaban duros de lo excitada que estaba Dianita, cambiamos de posición, Diana se subió a la cama y se puso en cuatro, esta es mi posición favorita me dijo, quiero sentir hasta donde me puede llenar tu verga -me dijo

    Bueno tenemos algo en común, también es mi posición favorita le dije… me puse detrás de ella, y hundí mi verga de una sola estacada, Dianita apretó los dientes, y se agarró fuerte de las sábanas, así, dame más, hoy quiero ser solo tu perra me dijo…

    La penetre como su no hubiera un mañana, le agarraba las tetas y se las apretaba, ella lo agradecía con gemidos, el ruido que estábamos haciendo, fácilmente un vecino podría llamar a policía denunciando un acto de violación, y a mí me darían cadena perpetua, si me encontraban en esa Posición sometiendo él coño de dianita que no se quejaba.

    Dianita llego al orgasmo dando gritos de placer, Dios me vas matar con tu verga deliciosa me decía… aguanta un poco ya casi llego le dije… ya me vengo…

    – Dianita se salió y se puso de frente a mí, se agarró las tetas y me dijo, acaba aquí en mis tetas….

    De mi verga salieron chorros de semen, empapando las tetas, no pude controlar el orgasmo y un chorro fue aparar a su boca, Dianita con su lengua lo recogió y se lo trago….

    – Vaya ya veo que eres insaciable, todavía sigues con la verga parada. -Me dice

    – Definitivamente, encontramos al verdadero macho alfa de la universidad… mordiéndose el labio inferior.

    Le pongo las manos en su rostro y lo acaricio, mirándola fijamente, la empiezo a besar, nuestras lenguas se entrelazan, Dianita tenía sus manos en mi pecho, muy lentamente fui recostándola en la cama, quedando encima de ella, con la yema de mis dedos, empiezo a recorrer todo su cuerpo, Dianita, gime dando espasmos en su cuerpo al sentir mis suaves caricias.

    Estoy como tratando de calcar su imagen en mi mente, para nunca olvidar este momento, al llegar a sus pies, con mi lengua empiezo a subir, para saborear su piel de gallina, la tomo de la cintura y le doy la vuelta, quedando su precioso culo en mis manos, le doy una nalgada, Dianita gira su cara y con una sonrisa me dice… no pudiste aguantar las ganas cierto.

    – Con una sonrisa le digo… ese culo se merece unas buenas nalgadas, por ser tan provocador.

    Acto seguido, le doy un beso en las nalgas, las aprieto, y las muerdo, Dianita solo gemía de placer…

    – Estoy empezando a creer de verdad que es cierto lo que dices, que las mujeres se vuelven adicta a ti -me dice con los ojos entre cerrados.

    A partir de hoy tu cuerpo, cada vez que no esté junto a mí, va a empezar a extrañarme de eso puedes estar segura -le dije

    Con mi mano rozo sus muslos, y llego a su coñito, que ya estaba mojado nuevamente, meto dos dedos y los empapo de sus fluidos, y voy subiendo hasta tocar su ano, Dianita tiembla, y girando su cabeza hacia atrás -me dice

    – ¡Ni lo pienses!, esa verga es muy grande me destrozarías el culo, además nunca lo he hecho por allí…

    – Relájate, no te hare daño lo prometo, si dices que pare, me detendré, pero sé que lo vas a disfrutar -le digo.

    – Está bien, solo hazlo con cariño por favor, es mi primera vez, ¡y si!, quiero que sea contigo -me dice

    Me giro y busco en mi mesa de noche un gel, para aplicarlo en su ano, empiezo a darle suaves masajes en su rosado ano para que se relaje, fui haciendo círculos para que el esfínter cediera, a la vez que pasaba mi lengua, Dianita está perdida en la excitación, por lo que, levanto su cuerpo y se puso en cuatro, fui introduciendo primero un dedo para que se acostumbrara, cuando entro la mitad de mi dedo.

    – Ufff, que grande -me dice.

    – Es solo mi dedo, si quieres me detengo -le digo

    – ¿Enserio?, no, tranquilo no te detengas todavía puedo aguantar.

    Seguí con el masaje en su ano, le metí un segundo dedo, Dianita gemía de placer, cuando estuve seguro que ya su esfínter había cedido, puse gel en mi verga y fui profanando suavemente ese hueco.

    Dianita agarraba la sabana muy fuerte y apretaba los dientes, mi glande ya estaba dentro, no quise seguir, me tomé mi tiempo, para darle descanso a su dolor…

    – Siento que me estas desgarrando por dentro, no voy a poder aguantar esa verga -me decía

    – Cuando quieras que me detenga lo dices -le dije

    – No por favor sigue, ya está pasando el dolor -suspiraba

    Seguí hundiendo mi verga en su ano, el cual fue cediendo, se estaba acostumbrando a mi tamaño, Dianita empezó a gemir, le estaba gustando la sensación, de dolor y placer, en un último esfuerzo hundí mi verga muy suavemente por lo que mi pelvis quedo pegada a su enorme culo…

    Empecé a realizar suaves movimientos, Dianita hundía su cara en la almohada, para aplacar los gritos de dolor…

    – Quieres que me salga -le dije

    – Ni se te ocurra hacer eso cabrón -me dice girando su cara hacia mí y sus cabellos cubriendo parte de su rostro.

    Dianita había perdido la razón por la extrema sensación de placer que sentía… con las sábanas empuñadas en sus manos y en sus ojos una mirada lasciva -me dice

    – Hazme tuya Thiago, párteme el culo en dos… no seas gentil, quiero que esa verga me llene.

    Esas palabras, desataron el animal que hay en mí, y empecé a bombear su ano, de una forma tan violenta, que mi pelvis rebotaba con sus nalgas, no aguantamos más y tuvimos un orgasmo brutal los dos, a Dianita le salieron chorros por su coño, empapando las sábanas y el colchón, mientras yo le llenaba el culo de leche caliente.

    – No puedo más, las fuerzas se van -me decía

    – Ah sido brutal, nunca había tenido un orgasmo así -le dije

    – Ni yo, desde hoy mi culo es solo tuyo, es una promesa -me dijo

    Nos bañamos, cada uno por separado. Dianita me dijo que mejor así, ya que terminaríamos cogiendo nuevamente y no dormiríamos nada, no íbamos parecer zombis presentando la exposición del trabajo.

    Cuando estábamos en la cama, para dormirnos Dianita me dijo…

    – Thiago, esto que hoy paso no puede saberlo nadie, por favor júramelo, si alguien se llega a enterar realmente estaremos en problemas, no quiero que nada malo te pase.

    – Tu secreto está a salvo conmigo -le dije

    – Es enserio, no tienes idea del problema en que nos acabamos de meter, jugamos con fuego y estamos a punto de quemarnos.

    No te preocupes, por mi parte nadie se enterará, y creo que por tu parte tampoco, entonces ya no hay problema, además si lo dices por Tony, no le tengo miedo -le dije.

    Enserio eres un imbécil, tierno pero tonto, al fin y al cabo, estoy segura que no le tienes miedo, pero no sabes en los problemas que nos podemos meter…. Thiago júramelo -me dice.

    – Está bien te lo juro -le dije para que se calmara.

    Nos acostamos abrazados, no quería que este momento se terminara, un día a la vez Thiago -me dije.

    Continuará.

    Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios, para que me ayuden a mejorar y a motivarme para seguir con la historia. Saludos.

  • Trabajo y placer (2)

    Trabajo y placer (2)

    Bigboy puso a Lola encima de la cama, le abrió las piernas, ella le dirigió una mirada con cara de preocupación, él entendió la mirada.

    – ¡No te preocupes! – la tranquilizo – ¡No hare nada que no quieras que te haga!

    Lola le hizo un gesto con la cabeza, dándose cómo enterada y abrió las piernas y se abrió los labios del coño con los dedos.

    – ¡Métemela y fóllame! – le susurró ella.

    Bigboy la penetró con vigor en varios empujones la tenía dentro y empezó a meter y sacar y bombear, Lola hizo una expresión dolorosa pero rápidamente lo miro y acepto que la siguiera bombeando, sus ojos se volvieron hacia atrás, experimentaba una sensación nueva y placentera, su útero era taladrado por primera vez tan profundamente, sentía como aquella polla le llegaba al fondo de sus entrañas.

    – ¡Me vas a volver loca! – expreso ella.

    Los gemidos de Lola expresaban el placer que sentía al recibir semejante follada y notaba cómo se encharcaba su ansioso coño.

    – ¡tienes un coño muy estrecho! – le hizo saber Bigboy – ¡Y tan calentito!

    Sin sacársela él giro a Lola y la puso de lado posando el pie de ella en su hombro, esa era una postura poco practicada por ella y la hizo soltar un gritito de sorpresa.

    – ¡Voy a follarte como no lo ha hecho nadie! – le murmullo él que parecía que se adelantase en sus pensamientos.

    Bigboy empezó a bombear y entrar y salir del coño de Lola fluidamente, ella se entregaba abiertamente a su escort.

    – ¡Me gusta follarme mujeres como tú! – le susurraba él.

    – ¡No te pares! – suplico Lola – ¡Sigue follándome así!

    – ¿Quieres que te dé a cuatro? – le sugirió él.

    Ella hizo un gesto afirmativo y él la giro y la puso a cuatro patas y la penetró con profundidad y empezó a meterla y sacarla frenéticamente, Lola empezó a chillar placenteramente.

    – ¡Chilla lo que quieras! – le hizo saber Bigboy – esta habitación esta insonorizada.

    – ¡Fóllame así! – vociferaba Lola – ¡me voy a correr!

    Bigboy siguió follándola frenéticamente, su mano busco el botón y un dedo le froto el clítoris masajeándolo mientras bombeaba, Lola llegó al éxtasis y sus pupilas desaparecieron detrás de sus parpados y le llego un orgasmo profundo y placentero, Bigboy la giró y se puso los pies de ella en sus hombros y la volvió a penetrar con fuerza.

    – ¡Mírame mientras te follo! – le dijo Bigboy – ¡Voy a hacer que te corras más veces!

    La agarró por los pies y empezó a meter y sacar frenéticamente mientras le chupaba las plantas de los pies lo que hizo que Lola se abandonara a aquella follada tan placentera.

    -¡Tanto tiempo sin follar! – exclamó ella – ¡Me vas a volver loca!

    El coño de Lola se volvía a encharcar por momentos y los golpes de las caderas de Bigboy con sus nalgas y el chapoteo de su coño se mezclaban con los gritos de Lola y inundaban toda la habitación.

    – ¡Quiero tu polla para siempre! – se le escapaba a ella entre los gemidos.

    – ¡Vas a hacer que me corra! – le anunció él -¡este coño tan calentito me pone cachondo!

    Los gemidos de Lola se hicieron continuos, el placer que sentía cada vez que la polla le llegaba al fondo del coño, su cuerpo sufría unas descargas de placer que le recorrían desde los pies hasta la cabeza.

    – ¡Voy a perder el sentido! – balbuceaba ella.

    Lola ya no controlaba sus movimientos y su mente solo estaba centrada en recibir esas oleadas de placer que la llenaban de gusto nunca antes experimentado.

    – ¡Me voy a correr! – le anuncio él

    Lola vio como sacaba su polla se sacaba el condón y descargaba toda su corrida encima de su estómago y notó como el caliente semen se derramaba encima de ella y eso la llevo a tener un orgasmo insólito, su coño se abría y cerraba con el orgasmo tan salvaje y dejo empapadas las sabanas

    – ¡Me encanta como te entregas cuando te follo! – le reconoció él.

    Lola le dedico una sonrisa, no solo la follaba bien, sino que la adulaba mejor y se quedó estremeciéndose y recuperando la respiración y él la miraba morbosamente.

    – ¡Chúpamela y pónmela dura! – le sugirió él al oído.

    Lola le dedico una sonrisa se puso delante de rodillas delante de él, bajo la cabeza y se llevó aquel pollón a la boca y empezó a chupársela y hacerle una paja al mismo tiempo, Bigboy le acariciaba las nalgas y le paso un dedo por el culo y la penetró suavemente.

    – ¡Eres malo! – le dijo ella levantando la cabeza y haciéndole un gesto al sentir que la penetraba con el dedo por el culo.

    Bigboy lejos de amilanarse la siguió penetrando por el culo y ya le tenía medio dedo en su interior, tal vez a otra persona Lola le hubiese ya dicho algo altisonante, pero hizo todo lo contrario se abrió de piernas para facilitar la penetración, aquel movimiento provoco la pregunta de Bigboy.

    – ¿Quieres que te folle por el culo?

    – ¡Mi marido me hacía daño! – contestó Lola levantando la cabeza y sin dejar de hacerle una paja.

    – ¡Tengo lubricante, soy un experto! – le susurró él – ¡Y tú marcas el ritmo!

    – ¡Quieres follarme por el culo! – le balbuceo ella morbosamente.

    Bigboy se levantó de la cama y fue a su pantalón y saco un sobre de gel lubricante, volvió a subirse a la cama y le hizo un gesto con la mano a Lola para que siguiese chupándosela, ella le siguió haciendo una mamada mientras escuchaba como rompía el sobre y su dedo le volvió a penetrar por el ano, notó como algo viscoso y frio se introducía dentro de su culo y cómo el dedo esta vez entraba entero y se movía por su interior, lanzo un grito de dolor.

    – ¡Te estoy lubricando! – le murmullo – ¡Y te dilató el esfínter!

    Bigboy le levanto la cabeza a Lola, su polla estaba dura y erecta otra vez y le dio el preservativo para que ella se lo pusiese y entre los dos le pusieron el condón a aquella estaca, Bigboy se puso lo que quedaba de lubricante en el tronco de la polla y lo esparció con la mano por toda su polla y especialmente en la punta, hizo girarse a Lola y la puso a cuatro patas, le abrió las piernas y le puso la almohada debajo de la cara.

    – ¡Te lo suplico ten cuidado! – le rogó ella

    Bigboy llevo el glande de su polla hasta el culo de Lola y la penetró suavemente, ella soltó un grito de dolor, pero enseguida notó que no era tan brusco ni tan doloroso cómo lo hacia su marido, la experiencia era un factor muy importante.

    – ¡Me duele! – dijo ella resignada.

    Él adelanto su cadera y la penetró más profundamente, ella chillo dolorosamente, pero aguantó el dolor quejándose y respirando con profundidad, Bigboy la penetró una última vez y Lola soltó un grito desgarrador.

    -¡Ya ésta, ya te la he metido! – le hizo saber él dejando la polla quieta en su interior.

    – ¿Me la has metido entera? – preguntó Lola sollozando

    – ¡Casi entera, eres una buena chica!

    Bigboy la agarró fuerte por las caderas y empezó a sacar la polla y volverla a meter con suavidad, Lola se quejaba sollozando, pero él le empezó a follar su apretado culo cada vez con más fluidez, notó cómo el esfínter de Lola se abría y cerraba apretando su polla, el dolor inicial de Lola iba desapareciendo y la penetración era ya placentera y sus gemidos así lo demostraban.

    -¡Me éstas rompiendo el culo! – vocifero ella satisfecha.

    Bigboy busco con su mano el coño de Lola y notó el clítoris inflamado y empezó a frotarlo frenéticamente con un dedo, Lola empezó a chillar y le sobrevino un orgasmo largo y profundo mientras él seguía follándola por detrás, estuvo un buen rato fornicándola y le volvió a acariciar el coño, Lola se volvió a correr soltando una gran cantidad de fluidos encima de las sábanas y se echó hacía adelante sacándose la polla del culo y dirigiéndose a la ducha.

    – ¡No puedo correrme más! – se excusó ella satisfecha.

    Lola estaba en la ducha y el agua le caía por encima, Bigboy entró en el baño y soltó el condón en la papelera y entró en la ducha que era amplia y cabían los dos perfectamente, Lola lo recibió con una caricia y él la obligo a agacharse y el metió la polla en la boca y empezó a hacer un movimiento de mete saca mientras Lola recibía aquella polla sentada en el suelo de la ducha.

    – ¡Abre la boca y saca la lengua! – le ordeno él.

    Lola obedeció y saco la lengua y él empezó a pajearse delante de su boca y empezó a descargar su semen en la boca y la lengua de Lola que lo recibió caliente y se lo trago entero.

    – ¡Esto es de propina por ser el primer día! – le exclamó él pícaramente.

    Bigboy salió de la ducha y Lola se quedó sentada con la boca llena de semen y con el agua caliente cayéndole encima, estuvo unos minutos y se levantó y salió secándose con una toalla, Bigboy estaba ya vestido y el paso un número de cuenta y ella le hizo un Bizum.

    – ¡La próxima vez te hago descuento! – le dijo él a modo de despedida.

    Lola puso unas toallas encima de las sábanas encharcadas de sus corridas y se quedó profundamente dormida. Al día siguiente recogió sus cosas y un taxi la llevo a las oficinas donde firmo los contratos, una de las cláusulas le hizo esbozar una sonrisa, cada dos meses tendría que venir a una reunión y exponer sus líneas de trabajo… Y de paso!

  • Reencuentro, cena y… (primas)

    Reencuentro, cena y… (primas)

    Pasó mucho tiempo desde que cerró la fábrica donde trabajaba. Quedándome desempleada, solo conseguía empleo temporario, con bajo salario, totalmente precarizado. Pensaba en todo eso mientras iba caminando hacia el banco a cobrar mi primer sueldo en blanco y retirar la tarjeta de cobro. Mi suerte había cambiado; conseguí ingresar en un estudio de abogados gracias a un conocido, que sabiendo mi situación, sumado a esas dos materias faltantes para recibirme de abogada, me recomendó para el mismo.

    Mientras esperaba ver aparecer mi número en la pantalla, me dedique a observar los rostros de la gente: los había tristes, alegres, sonrientes, dubitativos, enamorados, como esa parejita que seguro venía por un préstamo para su primera casa. El sonido de la alarma en la pantalla me sacó de mis pensamientos; elevo mi cabeza y veo plasmado en ella “107 C” “caja 2” mi número. Me levanto, encaminándome al cobro detrás del biombo; me paro frente al divisorio de vidrio, observando una cabellera rubia que caía sobre la frente de la cajera. Al levantar la cabeza para observarme, ambas nos quedamos boquiabiertas. Era Mili, mi prima, con la que teníamos en la adolescencia una relación de hermanas, es más, la gente creía que lo éramos.

    Hacíamos todo juntas, hasta la educación, tanto primaria como secundaria, nos decían las hermanitas Pili y Mili, hasta que una tragedia familiar hizo que yo entrara en una depresión y repitiera un año del secundario. Ella siguió, retomando yo al año siguiente. Luego, al egresar, sus padres tuvieron que mudarse a España por trabajo y así fuimos perdiendo contacto.

    Con lágrimas de alegría en los ojos nos pasamos los números telefónicos con la promesa de llamarnos para reunirnos.

    Contenta con ese primer sueldo, me dispuse a regresar a mi casa, previo a pasar por el mercado para reponer alacena; mientras tanto recordaba nuestra tan hermosa adolescencia, la que, a decir verdad, hoy con treinta años, se extraña mucho.

    Pasada la semana, para ser más específica, el día viernes, recibo un mensaje en el móvil…

    – Pili, ¿mañana por la noche cenamos?

    – Sí, Mili, obvio, ¿en tu casa o en la mía?

    Sin dudarlo me dijo que en la mía, así que me dispuse a acomodar bien todo en el departamento que me habían dejado mis padres.

    Con la ansiedad que el reencuentro me proporcionaba ese sábado, pareció larguísimo desde que me levante hasta la llegada de Mili (que de hecho se llama realmente Nora).

    No me jugué mucho cocinando. Pedí a la casa de comida algo para la cena, junto con un vino blanco dulce que le gusta.

    Escucho el sonido del timbre y salgo entre atolondrada, alegre y nerviosa por el reencuentro. Al abrir la puerta me encuentro cara a cara con el delivery; abono, me entrega la cena y nuevamente entro a casa. Para calmar la ansiedad, como si fuera mi primera cita con un hombre, preparo la mesa cuidando todos los detalles. Solo me faltó poner velas, jaja. Pongo un poco de música suave como compañía; sonaba Elton John de fondo cuando vuelvo a escuchar el timbre; ahora sí, no podía ser otra persona que Mili; al abrir la veo parada en todo su esplendor. Nuestros brazos se estiraron y nos unimos en un abrazo que duró mucho tiempo, nos dimos muchos besos y pasamos al interior.

    Hermosos recuerdos salieron de nuestras bocas esa noche, paseos, salidas nocturnas, novios compartidos, complicidades totales que en esa hermosa adolescencia hemos callado hasta el día de hoy, en que salieron nuevamente a la luz.

    Ambas nos encontrábamos solas hasta la fecha. Seguimos disfrutando de nuestras soledades, lo que hace una vida mucho más libre. Convenimos que hasta ahora era lo mejor que nos venía pasando.

    Hoy volvió a mi mente algo que ya me había pasado alguna vez, como se dice… ¿Sentimientos encontrados? ¿Dudas? ¿Inquietudes? Con mis treinta años y hasta el día de hoy, todas mis relaciones fueron con personas del sexo masculino. Lo más cerca de una vagina que he estado es la mía cuando me masturbo; conozco mi sabor, textura y humedad, es decir, nunca me sentí atraída por otra mujer, salvo lo que me pasaba con Mili, pero estaba confundida, ¿me gustaba como mujer o es el enamoramiento del cariño que le tengo por todo lo que hemos vivido juntas?

    Durante nuestra charla no pude sacarle los ojos de encima: sus tetas redondas se adivinaban duras, la cintura pequeña que finalizaba en un culo hermoso, paradito, con forma casi perfecta, muy parecido a una pera. ¿Qué te pasa, Pili? Mi entrepierna se está humedeciendo al compás de un gran cosquilleo justo en mi vagina. Es cierto que he fantaseado cuando era chica con nosotras en la cama. Nunca se lo he dicho, pero, al igual que en esa época, el deseo me carcomía por dentro.

    En realidad no se me sucedió, pero fue espontáneo. En un momento en que permanecimos calladas, mirándonos a los ojos, levantándome de la silla, me acerqué lentamente a Mili, pegando mis labios a los suyos. No hubo resistencia; separándolos, mandé la invitación a mi lengua para que comencemos a explorar nuestras cavidades bucales en una danza cálida y húmeda, con sabor al dulce vino que habíamos tomado.

    No recuerdo qué estaba pasando por mi mente en ese momento; sé que lo deseaba, ¿desde cuándo? Si yo no tuve nunca una experiencia de este tipo, pero con ella el deseo era fuerte, me dejé llevar.

    Nos comíamos la boca como si cada una de ellas se necesitara para sobrevivir. De repente se separó, me miró fijamente a los ojos y me preguntó si estaba segura de lo que iba a ocurrir; sin dudarlo le dije que sí y volvimos a ese intenso beso.

    Al ser mi primera vez con una mujer, no tenía idea de qué hacer, pero, obre con el impulso acariciando su hermoso rostro, ella hacía lo mismo con mi espalda, para ir bajando lentamente a mi culo para tocarlo y acariciarlo muy dulcemente. Podía sentir como bajaba por mis piernas el líquido que destilaba mi vagina.

    Nuestra agitación iba in crescendo. A medida que nuestra ropa caía por el suelo, ella notó que yo no tenía idea de cómo seguir, poniéndome más nerviosa. Era mi primera relación con una persona del mismo sexo. Me susurraba palabras hermosas al oído para que me relajase. Mientras me llevaba hacia la cama, el aroma de su perfume iba dejando en el ambiente un rico olor frutal. Al llegar terminamos de sacarnos la ropa interior que aún nos cubría. Al quedar totalmente desnudas, mis ojos no daban crédito del cuerpazo que tiene Mili. Quedé absorta observándolo.

    No dude ni un segundo en arrojarme a sus tetas y comenzar a chuparlas, ¿cómo? De la manera que me gustaba a mí que me lo hagan, trate de concentrarme en eso, hacer lo que me gusta en mi cuerpo; tal vez salga bien.

    Sonriendo, me dijo con una voz totalmente sensual.

    – Pili, se nota que es tu primera vez, tranquila, no pienses mucho, déjate llevar, yo te voy a ir ayudando.

    Tomo mi mano y la llevo hacia su vagina. Al tiempo que la suya fue a la mía para masturbarnos mutuamente, fue hermosa la sensación de hacer unos movimientos con mi mano y sentir otros en mi húmeda vagina. Mili comenzó a introducir de a uno sus dedos en el interior, hasta lograr hacerlo con tres, pudiendo sentir el volumen dentro. Alternaba la cantidad de dedos con masajes erráticos sobre mi clítoris; sentí como un rayo cruzar mi cuerpo, pura electricidad, y acto seguido las contracciones de mi vagina me avisaron del orgasmo que me elevó al cielo. A partir de ahí, me solté, quería disfrutar más y más.

    Luego de ese primer polvo mi alegría fue increíble; me sentí llena de calentura y un alivio bárbaro de haber traspasado la primera barrera, haber calmado algo que devoraba mi mente, la calentura por mi prima, que venía reteniendo hace mucho tiempo.

    Recuerdo que aún una vez siendo muy chicas, al escuchar a escondidas las conversaciones sobre sexo por parte de nuestras madres, aún sin saber qué era eso, nos dijimos que nuestra primera vez sería entre nosotras, cosa que nunca se dio.

    Esas ágiles manos recorrían mi cuerpo, erizando la piel; metía los dedos en el interior de mi vagina y me daba de probar mis jugos agridulces a la vez que me decía el tiempo que llevaba pensando en este momento, que siempre se había muerto de ganas de comerme el culo; decía esto mientras que sus besos bajaban para ese lugar que ella había deseado.

    Habiendo ganado el terreno, este soldado se rindió ante la calidez de su boca, abriendo las piernas para que la impunidad que da el sexo comience con lo que tanto habíamos deseado. La lengua rozaba suavemente los labios vaginales sedientos; casi imperceptible, el roce hacía erizar aún más la piel. De esa libada a su literal chupada hubo un paso muy pequeño; escudriñaba el interior de mi vagina con esa vivaz lengua dando pequeñas entradas y salidas, como así también pequeños golpecitos sobre el clítoris endurecido. Palabras ininteligibles, gemidos y gritos de placer eran participes muy necesarios de la coreografía sexual que se llevaba a cabo en esa cálida habitación que olía a sexo desenfrenado.

    Luego de un orgasmo increíble, me llegó el momento de, por primera vez, “probar” una vagina ajena. Siguiendo la línea iniciada, me concentre en hacerle lo que a mí me gusta, y no me equivoque.

    Lamiendo el interior de los muslos de ese cuerpo que yacía sobre la cama boca arriba, me fui acercando a lo que deseaba; mi concha palpitaba al ritmo del corazón; aunque parezca trillado, sentí los tibios fluidos recorrer mis piernas nuevamente. Nunca me había pasado de esa manera hasta hoy.

    Con la excitación y la lujuria rodeándonos, llegue, para prendarme de ella, a eso que tanto desee. Mi lengua recorría el contorno de sus labios desde casi el esfínter anal hasta el clítoris; abriendo muy grande la boca, introduje casi toda la extensión de ese sexo candente para aplicar succiones delicadas. Los labios invadían el interior de la boca a la vez que Mili se retorcía del placer. Ahí fue donde dejé de hacerlo para ocuparme únicamente del clítoris, muy grande por cierto; no hizo falta mucho tiempo en él. Al introducir dos dedos dentro de la concha, explotó en un orgasmo que hizo llenar mi boca de su líquido agridulce que tanto deseaba probar.

    Me tendí sobre su lado derecho abrazándola; se giró hacia mi lado para besarme dulcemente. No puedo precisar cuánto tiempo pasé estando así; lo seguro es que no quería que terminara nunca.

    Mili de improviso se soltó de la posición y se incorporó sobre mí para fundirnos en un sabroso sesenta y nueve. No sé de donde saque tantas ideas. Al ver cerca de mi cara ese marrón pálido del esfínter anal, instintivamente mi lengua se perdió en su contorno, intentando perderse en el interior. Mi cabeza pensaba mil cosas a la vez, como pude estirar mi brazo a la mesa de noche para abrir el cajón y sacar un consolador que uso en mis días de calentura extrema. Salivó bien ese culo hermoso y, a medida que chupaba su vagina, comencé a introducir el aparato. Nunca había escuchado gemir y disfrutar a alguien de esa manera.

    Su desesperación hizo que tomara con su propia mano la verga de silicona, llevando ahora ella el ritmo del artefacto. Se ubicó entre mis piernas, cruzando las suyas para hacer la tan mencionada tijera. Solo fue al tocarse nuestros clítoris que los gemidos de ambas se fusionaron en uno. Mili no abandonaba el consolador mientras hacía movimientos de cadera para frotar los sexos que deseaban cada vez más. Me tomé de sus tetas para sobarlas y aplicar pequeños pellizcos a sus pezones. Gritos de placer llenaron nuestros oídos; juro que tuve miedo de ser oídas por los vecinos y que llamen a la policía; estos fueron sin dudas los mejores polvos de mi vida.

    Mi prima me ofreció el sexo anal con el dildo, pero le dije que prefiero la de carne; sentir como los testículos golpean en mi vagina y me respiran en la nuca, lo he probado, pero sigo prefiriendo la de un hombre.

    Hay algo que no le había dicho a Mili: había puesto estratégicamente el móvil para grabar todo…

    Esa noche, ahí terminó todo. Se quedó a dormir todo el fin de semana, donde repetimos varias veces las sesiones de sexo. Creí que ese fin de semana sería la primera y última vez, pero me equivoqué. A mediados de semana apareció para otra sesión.

    Mientras lo hacíamos la primera vez, me repetía en mi cabeza.

    – Pili, mira que serás zorra (¿puta?) Te estás cogiendo a tu prima… Pero eso, muy por el contrario, me excitaba sobre manera.

    A partir de ese día, volvimos a repetir nuestros encuentros sexuales. Ahora ella comenzó a traer un montón de juguetes sexuales que yo ni conocía. Le dije del video y se lo envié para recordar nuestro primer encuentro; le fascinó que no le avisara nada que estaba grabando, porque si le hubiera dicho no habría sido tan natural y suelto.

    Yo sigo viéndome también con un “amigo” que me coge cuando tengo ganas. Estoy en la duda de decirle de mi relación, no porque yo quiera cortar, me sigue gustando la verga tanto o más que antes, sino porque deseo evitar que proponga un trio, nunca lo hice, tal vez algún día… No lo desestimo, pero por ahora… los quiero a cada uno por separado.

  • Mi vida como sumisa. Introducción

    Mi vida como sumisa. Introducción

    Hola, mi nombre es Lucía, una chica española de 22 años, tengo el pelo largo y rubio, ojos marrones y un cuerpo medianamente normal; piernas largas, 1,75 de estatura y contextura delgada. Me gustan mucho los animales, leer, dibujar, escuchar música, jugar al vóley y, por supuesto, la sumisión.

    Estoy aquí, escribiendo estás líneas para ustedes por petición de mi dueño Álvaro, quien me usa y humilla como el objeto que soy, pero que también me cuida, piensa en mis necesidades y me da lo que necesito: negaciones de orgasmo, restricción del movimiento a través de ataduras, denigración y humillación, aquellas cosas que me mantienen en un estado de excitación constante y me hace chorrear frecuentemente. Me encanta complacer a mi dueño, algo que me hace sentir inmensamente feliz.

    Este es el primer capítulo de mi diario como la puta de mi dueño. Estaré publicando las experiencias de esta puta, a través de su nueva vida que hoy, ya completa siete semanas. Espero que lo disfruten, tanto como yo lo hago con mi sufrimiento.

    Saludos. Lucia.

  • Mi esposo regresa de viaje

    Mi esposo regresa de viaje

    Era viernes y mi esposo recién había llegado de un viaje de trabajo. Por la mañana fuimos al supermercado a realizar algunas compras para la alacena, y ya en la tarde, decidimos regresar a casa. Keev fue el primero en darse una ducha rápida mientras yo lo esperaba y aprovechaba para revisar algunos mails de mi trabajo. Cuando él salió, fue mi turno de meterme.

    Terminé de bañarme y me alisté el cabello con la secadora. Decidí ponerme un top blanco sin tirantes y una braga color negro. Al salir y pararme frente al espejo del tocador, sentí cómo la mirada de mi esposo se clavaba sobre mí.

    Al principio pensé que el viaje y las tareas laborales lo tendrían agotado, pero resulta que no fue así.

    Keev se acercó y me miró a través del espejo.

    —¿Qué haces? —me preguntó.

    —Poniéndome un poco de crema en el rostro.

    Su risa me hizo sonreír a mí también.

    Keev me abrazó por la cintura y hundió su rostro entre mi cuello y mi hombro.

    —¿Me extrañaste, Sarah?

    —Tanto como tú. ¿No hubo aventuras?

    —Solo lo de la morena que te conté, fuera de eso todo estuvo tranquilo. Y tú, aparte de Beatriz hubo algo más. (Se refería a Becky).

    —Nada más. Ya ni siquiera he ido al club de tenis.

    Keev ronroneó, me besó la mejilla y tiró de mi cuerpo hasta que su bulto, cubierto por el bóxer, estuvo entre mis nalgas.

    Moví el culo y se lo restregué una y otra vez hasta que se le comenzó a poner dura. Yo tenía unas ganas ardientes de follar, pero me daba temor que Keev se sintiera cansado y me dejara a medio terminar.

    Me di la vuelta y lo besé. Le mordí los labios y me pegué a él, su verga se pegaba sobre mi vientre, pero no reaccionó hasta que mis uñas le arañaron la espalda.

    —Ostia puta —maldijo sobre mi oído, y en el momento en que me dio un azote en el culo, supe que esto terminaría en una buena follada.

    Keev me llevó hasta la cama, me sentó sobre ella y se sacó el miembro del bóxer.

    —Abre la boca.

    La orden fue clara. Abrí la boca y entonces metió su verga para después sacarme y untarme mi propia saliva sobre mis mejillas.

    Le chupé el glande, acaricié el hoyito con la punta de mi lengua y volví a meterme su verga hasta que el aire me faltó. Acaricié con mi lengua la vena que se le había pronunciado, y cuando la sacó, le chupé las bolas.

    Keev me dio un par de bofetadas en la cara que me pusieron la piel roja, tiró de mi cabello recién limpio y me folló la boca tan fuerte que mis lágrimas comenzaron a escurrir hasta mi cuello.

    —Eso te gusta, ¿verdad, zorra? —no refuté su pregunta. Al fin de cuentas, aceptaría cualquier ofensa que decidiera decirme.

    No me mal entiendan, me gusta cuando mi esposo se porta tierno y cariñoso, pero cuando me folla con rudeza y me somete bajo golpes e insultos como si fuese una puta cualquiera que se ha encontrado en la calle, es algo que me lleva directo a tocar el orgasmo. Es algo que me moja el coño y me pone los pezones durísimos.

    Keev levantó una vez más la mano y entonces cerré los ojos, esperando el golpe. Cuando llegó, me sacudió todo el maldito sistema. Pero qué mojada me estaba pegando. La concha me palpitaba.

    —Súbete a la cama y ponte en cuatro.

    Lo obedecí. Me limpié la boca con el dorso de la mano y subí al colchón, tal y como él me lo había indicado; con los codos apoyados en las sábanas y el culo en el aire. Keev se arrodilló detrás de mí y me bajó la braguita.

    El maldito sonrió cuando vio lo húmeda que estaba la tela. Sus dedos acariciaron entre los pliegues de mi coñito y cuando los retiró, un hilo de mi flujo quedó colgando.

    La punta de su verga fue la siguiente en tocarme. La movió arriba y abajo y después la metió hasta el fondo. Lo hizo con una fuerza tan bruta que literalmente mi cuerpo se resbaló sobre las sábanas y mi cabeza se estampó con el cabecero, que para variar, es de madera.

    —¡Cabrón! —le grité.

    No sé si es porque a pesar de los años sigo enamorada, o qué, pero cuando lo escuché reírse, joder, sentí derretirme.

    —Perdón, amor —me dijo.

    Dejé de apoyarme con los brazos y mi mejilla tocó las sábanas. Keev comenzó a follarme, me folló como si no nos hubiésemos visto en años y como si fuese una perrita en celo. Su puta que le gusta el sexo salvaje y que me reviente la concha con su enorme verga. Sus bolas pegaron con mis piernas, una y otra vez mientras su verga entraba y salía, mientras mis flujos se hacían más y más y le cubrían la piel de la polla.

    Por supuesto no pensaba reprenderle o pedirle que se detuviera, ya que a pesar de que me estaba doliendo, también me estaba gustando. No tienen idea de cuánto me gustó.

    Llevé una de mis manos a una de mis nalgas y tiré de ella para que mi esposo pudiera entrar más adentro. Esto provocó que Keev se recargara con todas sus fuerzas sobre mi espalda, apoyara sus dos manos y sus movimientos aumentaran.

    —¡Demonios! ¡Ah… Ah… Ah!

    —Cállate, Sarah.

    Sonreí. Es decir que íbamos a jugar rudo.

    Aguanté las primeras embestidas a pesar de que mi conchita me estaba pidiendo a gritos que parara. Sentí cómo la cama se movía y el miembro durísimo de mi esposo se clavaba hasta lo más profundo de mí.

    Keev se inclinó, colocó ambas manos a los lados de mi cabeza y después apoyó su pecho sobre mi espalda.

    Lo que vino a continuación me hizo soltar una larga serie de gritos, gemidos y súplicas. De verdad que me estaba follando como si nos hubiésemos separado por años. Su verga entraba y salía y pronto los ruidos de nuestros flujos comenzaron a sonar más y más fuertes en la habitación.

    —Cuando me corra en ti… mi semen te seguirá escurriendo durante días —esa voz ronca y entrecortada, sobre mi oído, me hizo estremecer.

    Traté de abrir más las piernas y asegurarme de que todo eso entrase en mí y me marcara.

    Las últimas folladas nos llevaron al orgasmo, explosivo y un torrente de semen y sudor. Incluso cuando sacó su pene de mi interior, su leche seguía escurriendo, se desbordaba de mi vagina y escurría hasta las sábanas.

    ————

    Espero que les haya gustado y qué gusto de poder estar de regreso. Como ven, la página ya tiene nuevas actualizaciones, ¿alguna idea para colocar en la foto de perfil y en la de portada? Estoy abierta a escuchar sugerencias.

    Besos.

  • Los hijos de mami (1): La mejor madre del mundo (2)

    Los hijos de mami (1): La mejor madre del mundo (2)

    Algunos días después de lo ocurrido en el baño, llego la noche del jueves y, como era tradición en la familia, todos iban a ver juntos una película que uno de los integrantes eligiera. Esa noche en particular, la encargada de elegir qué película ver fue Valen, y eligió una película de horror.

    Tras unos breves preparativos, toda la familia se sentó en frente del televisor y comenzaron a ver la escalofriante película.

    “¡que miedo!” exclamo Ale, asustado

    “¡no seas gallina!” exclamo Valen

    “¡hija, no seas cruel con tu hermano!” exclamo Dayana

    “¡que buenos efectos especiales tiene!” exclamo sorprendido Nacho “¡la sangre parece hasta autentica!”

    Todo trascurría con total normalidad hasta que, a causa de un susto del film, Valen y Ale se sobresaltaron, y le terminaron agarrando las tetas a su madre por error (Valen le agarro el pecho derecho, y Ale el izquierdo). Al ver la sonrisa lujuriosa de su progenitora, los dos hermanos ya sabían lo que les deparaba.

    “¿Qué les pasa, mis amores? ¿Tienes miedo?” pregunto Dayana, mientras agarraba las cabezas de sus dos hijos “¡pues déjenme darles un abrazo materno para que se calmen!”

    Dayana apretó las cabezas de sus hijos contra su pecho y comenzó a restregarles sus tetas a los dos por la cara.

    “¡cállense, que no me dejan ver la película!” exclamo Nacho

    “querido ¿serias tan amable de pasar la noche en el sofá?” pregunto Dayana, quien estaba tan excitada que hasta se le cayeron un par de hilos de baba “creo que será mejor que nuestros hijos duerman conmigo… digo, para que no tengan pesadillas”

    “lo hare si tú me hornear una de tu famosas tarta de manzana para que se la pueda regalar a una de mis amantes”

    “¡trato hecho!” exclamo ella, mientras agarraba a Valen del pelo y a Ale de la oreja “¡vengan, mis niños, que hoy van a gritar, pero no de miedo!”

    “¡pero mama…!” exclamaron ambos hermanos al unísono

    “¡nada de peros! Vamos a la cama ahora mismo, que mami les ayudara a quitarse ese miedo”

    Una vez en el cuarto, Dayana se desnudó, y les ordenó a sus hijos que hicieran lo mismo (aunque estos lo hicieron con algo de resistencia). Una vez que madre e hijo estuvieron desnudos, la milf agarro a su hija y de dio un beso de lengua tan potente que, al momento de despegar sus bocas, siguieron estando unidas por un hilo de baba, y luego le dio el mismo beso intenso a su hijo.

    Luego, Dayana le puso su teta izquierda en la boca a Ale y la derecha a Valen, y les ordeno que se las chupara. Al tiempo que sus hijos le chupaban los pezones, la madre metía y sacaba a gran velocidad sus dedos del coño de su hija, a la par que masturbaba con fuerza el pene de Ale.

    “¡que nostalgia me da verlos chupar mis tetas!” exclamo Dayana “¡me recuerda a cuando eran bebes!”

    Tras mucho manoseo intenso, Dayana les ordenó a sus hijos que se arrodillaran ante ella, e hizo que Ale le lamiera el coño mientras que Valen le chupaba el culo. Luego de un rato, hizo que ambos invirtieran lugares, y ahora era el hijo que le lamia el ano, mientras que la hija le devoraba el coño.

    “¡dios! Le he hecho tantos beses negros que ya no me resulta desagradable” pensó Valen, mientras lamia el culo de su madre “es más… hasta creo que me gusta su sabor… ¡esperen! ¿Qué carajo estoy pensando?”

    Después, la milf hizo que su hija se acostara boca arriba sobre la cama, y le comenzó a chupar el coño, al tiempo que su hijo tenía sexo vaginal con su progenitora. Al rato, Dayana decidió que quería cambiar de posición, y ahora era ella la que le chupaba la verga a su hijo mientras que su hija era la encargada de lamerle el culo.

    Luego, la mujer se puso su cinturonga, hizo que su hija se pusiera en cuatro, y le empezó a coger el culo de perrito. Al mismo tiempo, mientras Dayana cogía con Valen, Ale, por órdenes de su madre, le metió la verga en el coño a su madre y se la empezó a coger. Ante semejante postura, los integrantes de dicho acto sexual no pudieron hacer otra cosa que gemir de placer.

    “¿Quién dice que una mujer no puede ser madre y tener una buena vida sexual al mismo tiempo?” pensó Dayana, mientras penetraba con su cinturonga el culo de su hija, al tiempo que su hijo la cogía por el coño “¡hacerlo con mis hijos es mucho más excitante que hacerlo con cualquiera de los actores con los que estuve!”

    Tras mucho sexo, Dayana decidió cambiar de agujero, y ahora ella le penetraba el coño con su dildo a Valen, al tiempo que su hijo se la cogía por el culo. Finalmente, y luego de estar cogiendo como animales por varios minutos, ambos hermanos tuvieron un orgasmo al mismo tiempo. Tras el orgasmo, Valen dejo el dildo de su madre cubierto de jugos vaginales, y Ale lleno el culo de Dayana con abundante esperma.

    Como “broche de oro”, Dayana hizo que sus dos hijos se arrodillaran frente a ella para que ambos recibieran su orgasmo, dejando las caras de Valen y de Ale cubierta por sus jugos vaginales.

    Finalmente, los tres se acostaron completamente exhaustos en la cama, y Dayana acurruco a sus hijos con la cabeza debajo de sus enormes pechos. Al cabo de unos minutos, la madre y sus hijos se quedaron completamente dormidos.

    Un rato después, Ale se despertó.

    “Valen… ¡Valen!” exclamo él, en voz baja “¿estas dormida?”

    “lo estaba” respondió ella, quien se sentía agotada y adolorida, pero a su vez, satisfecha sexualmente “¡mierda, hermano! lo de hoy fue brutal ¡Nuestra madre es toda una zorra sucia e insaciable!”

    “sí, lo es pero… ¿te soy sincero? ¡La amo tal cual es! Podrá ser muy intensa y muy pervertida a veces, pero el cogernos constantemente es su forma de expresar el gran amor materno que tiene por nosotros”

    “¡si, en eso tienes razón! Estoy tan acostumbrada a que me coja por cualquier cosa que ya no podría vivir sin su dosis diaria de “amor materno”. La verdad, si me dieran a elegir en tener una madre normal, diría que no… ¡porque amo a mi madre pervertida!”

    “¡ya sabía que, en el fondo, pese a las muchas discusiones que tienes con nuestra madre, aun así, la amas!”

    “si… pero ni se te ocurra decírselo ¡no quiero que crea que soy su perra sumisa!”

    “tranquila, tu secreto está a salvo conmigo”

    “¡vaya, vaya, parece que mis dos bellos hijos aún no se han dormido!” exclamo Dayana, con una sonrisa de excitación, mientras despertaba “¡creo que aún tienen energía para otra ronda!”

    “¡oh, mierda!” exclamaron los dos hermanos al unísono, mientras se preparaban para recibir el “amor materno de mami”

    Ustedes podrán decir lo que quieran de Dayana: que es una zorra, una pervertida, una degenerada, y hasta una abusadora sexual, pero hay algo que nadie podrá negar, y es que ella ama demasiado a sus hijos, razón por la cual la consideramos como la mejor madre del mundo.

    Ahora, a todos los que están leyendo esto, les pregunto:

    -¿Creen que Dayana es una buena madre?

    -Independientemente de si tu respuesta es positiva o negativa ¿Por qué lo crees?

    -Si tu madre fuera tan sexy como Dayana ¿te gustaría que ella tuviera su misma actitud?

    Sin más que decir, gracias por leer, y nos veremos en un próximo relato, porque aún queda mucho que contar de esta peculiar familia.

  • El mejor desayuno

    El mejor desayuno

    Solo existía algo mejor que despertar con la luz del nuevo día, y era despertar con la luz del nuevo día haciendo contraluz en su cuerpo asomado a la ventana. A ella le gustaba mirar los colores del amanecer, a mí su silueta recortada y los claroscuros en su piel. El humo se elevaba delante de ella, era su primer cigarrillo, lo que me decía que ya había tomado el café. Me quedé mirándola, siempre lo hacía, era mi manera de despertar, ella lo notaba y sabía cuánto me gustaba, por eso se quedaba ahí aunque hubiera acabado el cigarrillo, dándome ese placer. Normalmente llevaba una camiseta grande que dejaba entrever la unión de sus muslos con su delineado culo. Se volvió apoyándose en el alféizar, ofreciéndome otra vista.

    Buenos días. – Dijo serena y sonriente -. Tienes café preparado.

    No quiero café ahora mismo, quiero mirarte.

    Y así quedamos, cruzando las miradas. Con la palma de mi mano di unos golpes sobre la cama pidiéndole que viniera a tumbarse. Lo hizo de lado hacia mí y volvimos al silencio.

    – ¿No vas a decir nada? – Preguntó.

    Que me gusta esto.

    Sonrió, pero no me besó, quedó con los labios hacia arriba mirándome, quizá provocándome.

    – Es reconfortante despertar mirándote, también pensarte y sentir el cosquilleo que generas incluso ausente. Ambas cosas me gustan.

    Volvió a sonreír. La miraba con profundidad, sin prisas.

    Voy a traerte el café. – afirmó.

    Salió de la habitación bajo mi atenta mirada, caminando como si fuera a provocar un terremoto al final de su trayecto. Coloqué mis manos detrás de la cabeza y me tumbé mirando al techo, pensativo, pero sin ejercer. Podía oler el café desde aquí, era agradable.

    Entró en la habitación con una bandeja en la mano y un desayuno completo sobre ésta. Me senté en la cama apoyando la espalda en la pared y ella colocó la bandeja frente a mí. Comencé a desayunar. Ella estaba sentada al lado, girada hacia mí.

    – ¿Te gusta?

    Todo. – Respondí.

    Deslizó su mano bajo la bandeja y la posó sobre mi muslo izquierdo, moviéndola levemente. Le sonreí y apuré en café. Mordí una tostada y bebí zumo de naranja. Su mano iba subiendo lentamente mientras el jugo de naranja bajaba por mi esófago. Introdujo la mano bajo mi bóxer y entró en la zona cero. Di otro sorbo al zumo y mastiqué otro bocado de la tostada. Su mano me masajeaba desde el perineo hacia arriba, el estandarte se llenaba de sangre como gentil respuesta. No tardó en recorrerlo con la mano para volverla a bajar.

    – ¿Te gusta el zumo? – Preguntó coqueta.

    Me encanta, es justo lo que necesitaba.

    ¡Bájatelos! – Ordenó.

    Como pude metí las manos bajo la bandeja y bajé el bóxer hasta casi las rodillas. Seguí desayunando.

    Ahora su mano se movía con mayor libertad, la introdujo entre mis muslos y apretó, pude ver como se tensó su mandíbula a la vez, y sentir el calor de su mano que se deslizaba hacia arriba otra vez. Mi erección era completa y estaba a su disposición, pero sabía que quería que la dejara jugar, así que mordí la tostada y mastiqué despacio, sintiendo como su mano me la rodeaba y apretaba. Debí hacer algún gesto porque esbozó una risa muda. Volvió a acariciarla desde abajo hacia arriba llegando hasta la punta esta vez. Entonces sacó la mano y se la llevó a la boca, lamiendo la palma, y depositándola otra vez en su lugar. El contacto con su saliva suavizó el tacto y se deslizaba hacia arriba y abajo por todo el tronco hinchado.

    No tenía prisa, yo tampoco. Sorbí un poco más de zumo y empecé con la segunda tostada. Entonces ella se sentó con las piernas cruzadas al estilo indio, se quitó la camiseta, dejándome ver su excelente cuerpo, ensalivó la palma de su mano derecha y la metió bajo la bandeja. Con la mano izquierda me masajeaba y acariciaba y con la derecha empapada me masturbaba.

    – Nunca había probado unas tostadas tan deliciosas. – Le dije mordiendo otro bocado.

    Lo sé, las preparo muy buenas, sabes que tengo buenas manos.

    Gemí cuando su mano derecha apretó mi glande y giró sobre él.

    Bebe zumo. – Me dijo.

    Obedecí. Ella aceleró el ritmo durante unos segundos.

    – ¿Te gusta? – Me preguntó.

    – Mucho.

    Desayuna tranquilo. – Añadió, siguiendo con su cometido.

    Sorbí otro trago, deposité el vaso sobre la bandeja y mordí la tostada. El calor iba subiendo por momentos, me tocaba de tal manera que dudaba si eyacularía antes o después de acabar el desayuno.

    Volvió a lamerse la mano y siguió agitándomela. Ahora apretaba la mano con fuerza y la recorría subiendo y bajando lentamente. Yo seguía desayunando cada vez más tenso en respuesta a su tacto, estaba sobreexcitado y no tardaría mucho en culminar la obra si seguía con esa intensidad. Cada vez me costaba más tragar, pero ella insistía en que siguiera desayunando, y yo no iba a negarle nada. Sorbí otro trago de naranja y sentí un espasmo que hizo que una parte se derramara sobre mi. Ella sonrió y siguió acelerando la marcha. Dejé el vaso.

    Apura la tostada – me ordenó.

    Me llevé el último trozo a la boca y mastiqué como pude. El conducto se había abierto y pronto sucedería el derrame. Tomé un poco más de zumo y me sentí al límite mientras tragaba aquel manjar. Empecé a gemir fuerte, ya era incontrolable. Ella me miraba agitando su mano a buen ritmo, preparada para explosión. Y estallé, contra la parte baja de la bandeja y sobre mi abdomen, sufriendo espasmos de placer aún con su mano agarrándome y deslizándose suave y despacio. Sacó las manos de debajo de la bandeja y lamió su mano derecha, limpiándola. Sabía lo que me gustaba verla así.

    Dicen que el desayuno es la comida más importante del día. – Exclamó sonriente.

    Reímos.

    Este ha sido excelente – le confirmé.

    Dejé la bandeja en el suelo, la besé y la abracé tumbándola en la cama.

  • La petición de Ana

    La petición de Ana

    “Hola, me llamo Ana, y he leído tus relatos. El motivo por el que te escribo es porque me gustaría darte una historia a narrar. Tengo un punto exhibicionista que me gustaría explotar en tu compañía, yo pasearía por un lugar acordado y tú me seguirías durante todo el trayecto. Al final tendrás material sobre el que escribir. ¿Te parece buena idea?”

    Así fue mi primer contacto con Ana, al recibir este e-mail. Le respondí aceptando su propuesta. Habíamos quedado a las diez en uno de los centros comerciales más grandes de la ciudad, en una de sus cafeterías para desayunar. Me adelanté a la hora porque no conocía muy bien el lugar, y también porque nunca había visto a Ana, y quería ponerme en algún lugar visible. Me senté en la terraza y pedí mi desayuno.

    Miraba hacia los lados esperando verla llegar, se había resistido a darme su descripción con un “me reconocerás”. Así que ahí estaba yo, a casi las diez de la mañana, esperando a una desconocida y pensando que todo esto podría ser una broma, que ahora mismo podría estar ella con alguien más viéndome y riéndose de mi ignorancia al haber aceptado. Pero no fue así.

    Mordí el croissant y alcé la vista sorbiendo café, cuando vi una morena con una melena espectacular, enfundada en un vestido muy corto, escotado y ceñido, destacando un bonito cuerpo de silueta curvilínea muy sugerente. Realmente tenía un cuerpo bonito, bien proporcionado. Entraba en la cafetería. La miré acercarse a la barra a través de los cristales, y pedir su consumición. Poco después salía a la terraza donde yo estaba con su bandeja y echó una ojeada general, supongo que buscándome. Evidentemente se encontró con mi mirada, que mantuve en señal de primera presentación. Ella sonrió y vino a mi mesa. Las cabezas se giraban a su paso.

    —¿Txuso?

    —Sí, soy yo —le dije encantado.

    Nos presentamos y se sentó a mi lado.

    —Bueno, tú me dirás lo que quieres hacer —le dije al poco de haber intercambiado las típicas frases de cortesía iniciales.

    —Tú sólo debes seguirme y tomar nota de lo que suceda, conmigo y a mi alrededor. Ya te comenté que tengo un punto exhibicionista, pues eso es lo que voy a hacer.

    —¿Pero voy contigo, te sigo? ¿Cuál es mi papel?

    —Me sigues. Mira, es la primera vez que voy a hacer algo así, quiero liberar ese sentimiento represivo que llevo dentro, así que sólo quiero que veas y que lo cuentes, para después, al leerlo, darme cuenta de lo que he sido, o no, capaz.

    Acepté su condición, iba a soltar mi espíritu voyeur.

    —Pues cuando acabes empezamos —le dije una vez que había terminado de desayunar.

    —Ya hemos empezado —dijo— ¿ves cómo me han mirado al entrar?

    —Sí, yo he sido uno de ellos.

    —En breve me levanto, me dejas unos metros de distancia, y continuamos el recorrido.

    De momento estaba de acuerdo en todo, aunque no sabía lo que ella tenía en la cabeza, era una total desconocida. Acabó su café y lo dejo sobre la bandeja. Me miró fijamente sin decir nada. Bajó sus brazos sin desviar la mirada e introdujo los dedos bajo la falda. Enseguida vi que se estaba quitando las bragas. No sé si alguien se dio cuenta, no pude mirar alrededor, sólo a ella, que me puso las bragas en la mesa, delante de mí.

    —¿Estás preparado? —Preguntó sonriente.

    Asentí y se levantó. Caminó hacia el interior del centro y vi como la miraban todos, la verdad es que iba espectacular. Algunos cruzaron la mirada conmigo y sonrieron como dándome la enhorabuena. Guardé las bragas en un bolsillo y la seguí.

    Iba caminado despacio por la galería, que ya había trasiego de gente deambulando de un lado para otro. Llamaba la atención y todos los hombres se giraban al verla pasar, pero también las mujeres. Aquellas piernas largas y torneadas se descubrían prácticamente desde debajo del culo, no había más tela. Al pasar por el escaparate de una zapatería se inclinó para ver unos zapatos. Eso hizo que algunas personas se detuvieran detrás de ella a contemplar bien la vista.

    El vestido dejaba ver buena parte de sus deliciosos cachetes y nadie quería perderse el espectáculo, aunque algunos no se detenían por pudor. Entró en la tienda y yo tras ella. Había poca gente y una dependienta se me acercó, pero le dije que sólo estaba mirando, fui justo con el comentario. A ella se había acercado un vendedor y le había pedido los zapatos del escaparate. El dependiente volvió con una caja y se la entregó.

    —¿Serías tan amable de ayudarme a ponérmelos? —Le preguntó coqueta.

    El vendedor aceptó, ella se sentó y él se agachó delante, abrió la caja y sacó uno de los zapatos. Ella se había descalzado y alzo su pierna hacia él. En ese momento él estaba pendiente de su tarea, pero en cuanto encajó el zapato y levantó un poco la vista, se encontró con el coño de Ana a escasos centímetros de su cara. Su gesto se transformó, y ella estaba empezando a disfrutar.

    —¿Qué te parece? —Preguntó el vendedor entrecortado.

    —¿Y a ti? —Quiso saber Ana con una sonrisa enorme.

    —Bien, bien… Me refería al za-zapato. —El chico estaba nervioso y se trababa un poco. Su mirada no tenía claro donde debería detenerse.

    —Bien, ¿puedes ponerme el otro? —Y extendió la otra pierna.

    Él sacó el otro zapato de la caja y se dispuso a hacer su trabajo, echando miradas de soslayo a la entrepierna de Ana, que, consciente de la vergüenza y los colores que tenía el chico, separó las piernas para que tuviera una visión completa de su coño. Él movía el zapato intentando meter el talón de Ana, pero su mirada estaba centrada en otro lugar.

    Ella enderezó la espalda y se llevó una mano al coño lo más disimuladamente que pudo, separando sus labios vaginales para él. El chico metió el zapato y se levantó. Le hizo un gesto para que caminara con ellos. Ella se levantó y dio unos pasos por la zona. Se detuvo frente a un espejo y se los miró girándose, para verlos desde distintos ángulos. Miró al dependiente.

    —¿Te gustan?

    Él asintió con la cabeza, lo estaba pasando fatal.

    —¿Crees que me realzan el culo? —Siguió Ana poniéndose de perfil a él y llevándose la mano a la parte baja de la espalda.

    El chico volvió a asentir, las palabras no le salían de la garganta. Ana era consciente del mal rato que estaba pasando el chico, pero eso parecía divertirle. Echó una mirada en derredor, apenas había nadie. Entonces cogió su falda y la levantó por la parte de atrás, mostrándole el culo al dependiente.

    —¿Estás seguro? – Le preguntó retóricamente.

    —Claro, claro… — El chico miró también alrededor, estaba rojo, no sabía dónde meterse.

    Ana bajó la falda y volvió a sentarse. Se quitó los zapatos y se colocó los suyos, sin delicadeza, quería que el chico viera bien. Se levantó y se puso frente a él.

    —Lo siento, no me han convencido. Gracias.

    Se giró y salió de la tienda. El chico no le podía quitar el ojo de encima y su compañera se acercó. Yo estaba cerca de ellos y pude oír lo que le preguntó:

    —¿Quién es la guarra esa?

    —No lo sé, pero me ha puesto malísimo.

    La chica le miró el paquete y vio que no mentía.

    —Ve a hacerte una paja, pero no tardes.

    El chico se giró y se perdió por la cortina que había tras el mostrador. La chica me miró.

    —¿Se decide por algo? —Me preguntó.

    —Es posible, pero voy a mirar más cosas. Gracias.

    Y salí de la tienda. Ana estaba a cierta distancia, lo supe porque hacia el final de este pasillo había un grupo de hombres, todos de espaldas a mí. Caminé hacia allá.

    Estaba apoyada en la barandilla que daba a la planta baja, inclinada hacia delante y mostrando medio culo de manera “casual”. Di la vuelta y me coloqué en la barandilla, frente a ella, dejando entre nosotros el hueco que asomaba a la planta baja. Ella me vio y me saludo con la mano. Asentí. Le dio un tirón a la falda hacia abajo y empezó a caminar. Algunos de aquellos hombres que miraban la siguieron a distancia prudente. Ella se percató de que estaba siendo seguida y alzó la falda y la bajó en un segundo, como regalo a sus seguidores, que se miraron entre sí alterados.

    Después de un paseo por los pasillos subió a las escaleras mecánicas para acceder a la planta superior. Ellos, eran tres, iban tras ella.

    En la planta superior entró en una tienda de ropa femenina, que tenía una sección de lencería. Se acercó directamente a un dependiente de unos 45 años, muy elegante. El dependiente la guio hacia un mostrador y empezó a sacarle conjuntos de ropa interior. Eligió uno y le pidió que le mostrara los vestidos. El dependiente muy amable fue mostrándole algunos, hasta que ella se decidió por uno. Fue hacia los probadores, él la seguía, supongo que ella se lo habría pedido. Entró en uno de ellos y él esperó fuera. Yo estaba alerta, no sabía lo que iba a pasar, pero tenía que estar atento, así que me coloque a una distancia prudente después de haber rechazado la ayuda de los empleados y empleadas que vinieron a intentar ayudarme.

    Desde donde estaba veía bien la puerta del probador donde se había metido Ana. Poco después la puerta del probador se abrió y apareció ella con el vestido puesto, era menos provocativo que el que traía, pero daba juego. El vendedor no pudo evitar mirarla con deseo, aunque contuvo su ímpetu como un profesional. Hablaron algo y ella se volvió a encerrar en el probador. Él fue a recoger otro vestido y cuando volvió tocó la puerta. Ella la abrió, únicamente llevaba puesto el conjunto de ropa interior. No pude ver la reacción del vendedor porque estaba de espaldas a mí, pero sí a ella al completo. Él le entregó el vestido y ella se encerró de nuevo.

    Vi como el dependiente giraba la cabeza y resoplaba. Fue a dejar el vestido y volvió a esperar en la puerta del probador. Ella volvió a abrir con el vestido nuevo. Volvieron a hablar algo, y se encerró de nuevo mientras él esperaba. A penas un minuto después abrió la puerta completamente desnuda. Le entregó todo al vendedor y hablaron unos segundos.

    Él volvió a cambiar lo que llevaba y de nuevo tocó la puerta. Ella seguía desnuda cuando abrió. Recogió las cosas y empezó a probárselas con la puerta abierta, pero el vendedor la cerró y miró alrededor, donde se encontró con mi mirada, y me hizo un gesto a modo de saludo que yo respondí diligentemente.

    Ella volvió a abrir en ropa interior, pero esta vez le pedía opinión. Se giraba para mostrarle el culo con la excusa de saber si le hacía, o no, un culo feo. Pasaba sus manos sobre el borde de las braguitas, se giró e hizo lo mismo con el sujetador. Él mantenía la compostura.

    No sé qué hablarían, pero el vendedor abandonó la puerta del probador y ella quedó dentro. Vi como él volvía a su mostrador. Entonces ella abrió la puerta, seguía con el conjunto de ropa interior, y salió a la tienda, quedándose en la línea entre probadores y tienda, toda la gente que estaba en ese momento pudo verla haciendo un gesto al dependiente. Este, sorprendido, caminó rápido hacia ella, la cogió del brazo y la llevó hasta el probador. Supongo que le diría que no podía hacer eso, porque poco después salió del probador como entró, dejó de mala manera el conjunto de ropa interior sobre el mostrador, donde el dependiente estaba, y caminó hacia la puerta.

    Salí tras ella. Se giró hacia mí y me hizo una señal para que me acercara.

    —Tengo hambre, ¿comemos algo? —Me preguntó.

    —Elige el sitio. —respondí.

    Estábamos en otra terraza, me había contado que el segundo dependiente era un estúpido que no sentía nada, estaba dolida con eso. Yo no entraba en opiniones, sólo la escuchaba quejarse del vendedor más estúpido del mundo a su juicio. Estaba muy enojada con él.

    Seguimos comiendo y la conversación giró para hablar de otras cosas, sus ex, que al parecer ninguno compartió sus tendencias sexuales, sus aficiones y el por qué se puso en contacto conmigo. Mientras comíamos ella abría y cerraba las piernas, lo sé por la cara que tenían en la mesa que había frente a ella, en ningún momento dejó de mostrarse, le encantaba.

    —Yo no valgo para escribir, pero esto que estoy haciendo hoy quiero que quede reflejado, es como mi diario, sólo que en lugar de escribirlo yo, lo escribes tú. Si todo sale bien te pediré colaboración más de una vez.

    Estábamos con el café cuando le pregunté que qué había pensado hacer. Para mí la mañana no había pasado de una anécdota erótica, por calificarla de alguna manera, y la verdad, me apetecía echar una siesta, aunque esto lo callé.

    —¿Te apetece que entremos al cine? —Sugirió.

    —Me parece bien, pero es muy posible que me quede durmiendo.

    —No te preocupes, vamos.

    Pagamos y elegimos una película para ver. Entramos en la sala. Era el primer pase. Cuando entramos no había nadie, así que pudimos elegir asiento. Nos colocamos a mitad de la sala. Al sentarse le miré las piernas, la falda era tan corta que casi podía ver su coño. Ella se dio cuenta de que mi mirada se había desviado hacia ahí. Entonces levantó un poco el culo y subió el vestido hasta su cintura.

    —¿Te parece bien así? — Me preguntó.

    —Me parece estupendo. — Le dije mirándola a los ojos. Entonces bajé la mirada a su escote antes de volverla a subir a nuevamente a sus ojos. Ella me entendió.

    —¿Sabes que es lo bueno de llevar un vestido elástico?

    —La elasticidad. — respondí irónico.

    Se bajó los tirantes, se quitó el sujetador y lo metió en el bolso, pero no se subió los tirantes.

    —¿Mejor? — Preguntó provocativa.

    —Supongo que sí, porque estoy teniendo una buena reacción.

    —Sácatela. — Inquirió.

    Le hice caso. Abrí mi cinturón, desabroché el pantalón y bajé la cremallera. Estiré el bóxer hacia abajo y me la saqué. Estaba casi erecta.

    —¡Vaya! —Exclamó— Qué sorpresa. Me gusta.

    —A mí también, la conozco toda la vida. —Bromeé.

    En ese momento se apagaron las luces y empezó la publicidad. Vimos entrar a una pareja y a un chico, que se sentaron entre la pantalla y nosotros. Ella me miró y sonrió. No quise preguntar lo que estaba pensando.

    La película empezó. Estábamos tranquilos viéndola. Mi polla había vuelto a su estado normal, pero seguía fuera. Y ella seguía prácticamente con el vestido arrollado a la cintura. La película iba avanzando, era un poco aburrida. Vi de soslayo como abrió las piernas y empezó a tocarse despacio. La miré y se giró hacia mí sin dejar de tocarse. Mi polla se llenó en segundos ante aquella visión. Con una mano se hacía una paja y con la otra se acariciaba las tetas. Su cara expresaba provocación y yo no sabía si tocarla significaría romper el trato, así que me contuve de ponerle una mano encima, por el contrario, me la puse yo. Agarré mi polla y empecé a masajearla, despacio.

    Acerqué mi mano a sus tetas y le hice un gesto, pidiendo permiso. Ella no hizo ningún extraño, así que agarré una de sus tetas y la sobé mientras nos pajeábamos. Viendo que respondía bien a mi acto decidí ir a más. Introduje dos dedos en su boca y comenzó a chuparlos como si de mi polla se tratara. La excitación me había exaltado. Me arrodillé delante de ella, aparté su mano y empecé a comerle el coño. Tenía un coño delicioso, profundamente depilado y apetecible. Pasé la lengua por sus labios de arriba a abajo, para después centrarme en su clítoris y lamerlo en círculos lingüísticos. Estaba disfrutando, mi lengua saboreaba el paraíso, mi polla iba a reventar y mi excitación estaba exaltada y era correspondida.

    La lamí un buen rato escuchándola gemir, los otros espectadores también la oyeron y se volvían ocasionalmente para curiosear. Me puse en pie y coloqué mi polla a la altura de su cara, pero ella acercó sus tetas, dejó caer saliva entre ellas y me la atrapó. Las agitaba frotándome en medio y en ocasiones lamiendo la punta, hasta que se la metió entera en la boca de una embestida, quedándose con ella dentro varios segundos. Cuando la sacó, un hilo de saliva entre su boca y mi polla brilló en la oscuridad del cine. Me senté y le pedí que se subiera encima. Lo hizo mirando hacia la pantalla, dándome la espalda, supongo que no quería perderse nada de la película, pero en realidad lo que quería ver eran las miradas furtivas de los escasos espectadores.

    Me folló así un buen rato, moviéndose en círculos, en vertical y en horizontal, nunca sentí tanto ritmo en unas caderas. Le miraba el culo agitarse ensartado en mi polla y sentía como quería estallar y hacer salir un rio de mí e inundarla por dentro. Pero ella se quitó, se sentó al lado, girada hacia mí.

    —Quiero que me veas la cara cuando me corra —me dijo— Y yo la tuya, pajéate conmigo.

    No podía rechazar esa oferta, así que me la agarré y comencé a menearla mirándola fijamente. Ella se pajeaba muy rápida, su boca abierta y su mirada clavada en mí provocaban una aceleración tremenda en mis sentidos. Me arrodillé frente a ella, que abrió bien las piernas para que no perdiera detalle. Me colé entre ellas cascándomela como un loco.

    —Me voy a correr sobre tu coño. —Le dije enfurecido.

  • La vecina voyeur del mirón

    La vecina voyeur del mirón

    Ella solía estar en casa con las braguitas y una camiseta corta, hacía tiempo que lo sabía y a veces me paraba a mirarla. Me apoyaba en mi ventana y la observaba como iba limpiando de aquí para allá. Ya se había dado cuenta de mi presencia semanas atrás, pero no parecía disgustarle. Diría incluso que le gustaba exhibirse, porque cuando la miraba hacía gestos y posturas provocativas y orientadas hacia mi ventana. A fecha de hoy no conozco su nombre, aunque cuando nos vemos por la calle, en el supermercado o en otro lugar, nos saludamos al pasar educadamente, ella me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa.

    Aquel día estábamos en la cola del supermercado esperando nuestro turno para pagar, ella iba delante y entre nosotros había una señora mayor con sólo un bote de detergente. Ella se giró y amablemente invitó a la anciana a ponerse delante, argumentando que ella llevaba mucha cantidad y era injusto que la señora esperara cuando sólo portaba un artículo. De esta manera quedó delante de mí, me miró, me sonrió y se volvió, dándome la espalda. Empezó a colocar los productos en la cinta de la caja, pero se agachaba para cogerlos del carro sacando el culo y apuntándolo hacia mí. Hasta lo movía suavemente, sabía que me gustaba y me estaba provocando.

    Eso fue lo que pensé. Mantuve la compostura a pesar de que mi cabeza había empezado a hervir de deseo. No quería obsesionarme con ella, pero tampoco podía sacarla de mi cabeza.

    Cuando pagó y había recogido toda su compra en bolsas, la cajera pasaba mi compra, ella me hizo un gesto con la cabeza que entendí como un “vamos”. Salió del local. Poco después pagué y salí del supermercado. Ella no había avanzado mucho, así que la vi caminar con las bolsas a unos metros. Se percató de que iba detrás.

    Vivimos al lado del supermercado, así que al doblar la esquina entramos en nuestra calle. Ella llegó primero a su portal, abrió la puerta y se giró hacia mí. Volvió a hacerme un gesto, esta vez me indicó que subiera a mi piso. Eso hice.

    Cuando entré dejé la compra y me asomé a la ventana. Ella apareció y me enseño su mano derecha abierta, cosa que entendí como que esperara cinco minutos. Aproveché para organizar los que había comprado y volví a la ventana, pero no estaba. Encendí un cigarro y esperé. No pasó mucho tiempo hasta que apareció y se puso frente a mi. Iba vestida como la había visto, vaqueros y una blusa ceñida que marcaba su figura, que no era nada despreciable. Desabrochó los botones de su blusa y la abrió. Yo levanté el dedo pulgar como aprobación e indicando que me gustaba lo que veía. Desabrochó el botón de sus jeans y los abrió.

    Con el dedo índice le hice un gesto para que se diera la vuelta, y así hizo. Se bajó el pantalón mostrándome su precioso culo, que estaba cubierto a la mitad por unos culotte rojos. Siempre me han gustado esas braguitas, son mis preferidas. Cuando se sacó la ropa y quedó en ropa interior me indicó que la acompañara, que me desnudara. Saqué mi camiseta primero, ella asintió con la cabeza, aprobando mi acto. Después me hizo señas para quitar mis pantalones. Obedecí y me quedé en bóxer delante de ella. Teníamos buena visión, los ventanales me permitían verla de cuerpo entero, mientras ella a mí me veía más o menos desde las rodillas.

    Se llevó las manos atrás para soltar el sujetador, pero antes me preguntó con un gesto si quería que se lo quitara. Le dije que sí, evidentemente. Se quitó el sujetador y por primera vez me mostró sus tetas, eran hermosas, deseaba lamerlas. Empezó a tocárselas, apretándolas, pellizcándose los pezones e inclinando la cabeza para saborearlos con la punta de su lengua. La polla se me había puesto dura, así que la marqué con las manos por encima del bóxer para que pudiera verlo. Ella se mordió el labio inferior y se llevó las manos a las caderas, cogiendo la goma de las braguitas. Hice el gesto de “sí”. Empezó a contonear las caderas suavemente, poniéndose de perfil y bajando el culotte.

    En ese momento quise comérmela, me tenía muy excitado. Entonces sacó las bragas y las tendió hacia mí alargando su brazo. Las soltó y cayeron al suelo. Estaba desnuda frente a mí. Me indicó que me quitara el bóxer y así lo hice, dejando mi polla erecta y bien dura a la vista de sus ojos. Se mordió el labio y se llevó la mano a su depilado coño. Empezó a tocárselo mirándome con cara de placer. Me indicó que me la agarrara y me masturbara para ella. Empecé a masturbarme lentamente. Ella hacía lo mismo. Se giró y acercó una silla para sentarse en ella y abrir bien las piernas, me estaba mostrando su coño abierto, para después introducirse dos dedos y masturbarse regalándome esa maravillosa visión.

    Ella se dio la vuelta en la silla y empezó a masturbarse mostrándome el culo. Yo seguía haciéndome la paja hipnotizado por las vistas. Estaba muy excitado, pero no quería correrme, así que bajé el ritmo de mi mano.

    De repente ella se volvió hacia mí, me hizo el gesto de esperar y desapareció de mi vista. Esperé unos segundos que me parecieron eternos. Me empecé a desesperar. Incluso pensé que había sido un idiota, que hacía aquello para tenerme enganchado. Mi polla empezó a decaer poco a poco. Encendí otro cigarro y en la primera calada sonó el telefonillo del piso. Lo descolgué.

    ¿Sí? – Pregunté extrañado porque no esperaba a nadie.

    Abre la puerta y no te vistas. – Dijo una voz femenina.

    Pulsé el botón, di una calada al cigarro y fui a apagarlo en el cenicero. Sonó la puerta. Me acerqué y miré por la mirilla, era ella, mis sospechas se habían confirmado. Abrí y entró. Llevaba un abrigo largo y unos zapatos de tacón. Me miró desnudo de arriba a abajo. Después miró alrededor.

    Siéntate ahí. – Me dijo señalando el sofá.

    Obedecí. Se puso frente a mí y abrió el abrigo, no llevaba nada, sólo los zapatos de aguja. Dejó caer el abrigo al suelo y quedó desnuda. Empezó a acariciarse mirándome. Mi polla ya había reaccionado y estaba llenándose de sangre, tomando volumen.

    Pajéate. – Inquirió.

    Me la agarré y cumplí su orden. Iba haciéndome una paja despacio ante ella, que estaba divina. Tomó una silla y se sentó frente a mí para comenzar a masturbarse conmigo.

    ¿Te gusta lo que ves, cabrón? – Preguntó pajeándose gozosamente, introduciéndose dos dedos con una mano y agitando el clítoris con la otra.

    Me encanta, perra, me encanta.

    Empezó a gemir subiendo el tono para excitarme más aún. Yo aceleré el ritmo de mi paja, estaba muy cachondo ante aquella situación.

    No quiero que te corras hasta que yo te diga. – Aclaró.

    Está bien.

    Me gusta tu polla, cabrón, da gusto verla. Y esos huevos están para lamerlos, ponte en pie.

    Me coloqué más cerca de ella pajeándome de pie.

    Me gusta que seas exhibicionista, me pones muy cachondo. – Le dije entregado.

    ¿Verdad que sí, hijo de puta? ¿Verdad que te gusta verme?

    Me encanta verte, mucho más como una perra en celo, gozando viciosa.

    Podía oír lo húmeda que estaba cuando se metía los dedos rápidamente, ese sonido endiablado que sube la moral de cualquiera. Sobre el suelo habían caído algunas gotas desde su coño.

    Te gustaría follarme, ¿verdad, cabrón?

    Me encantaría follarte por todos tus agujeros como se folla a una buena zorra cachonda como tú.

    Qué hijo de puta eres – dijo tras emitir un gemido denso y levantar las piernas del suelo -, me pones muy cachonda, ¿ves mi coño cómo está?

    Sí, lo veo y lo deseo.

    Pues míralo bien porque no lo vas a tocar mamón.

    Lo miro perra, y me gusta verte así de guarra, de cachonda, deseando una polla, pero resistiéndote a tenerla para exhibirte. Eres muy puta, y eso me gusta.

    Soy la más puta, la más viciosa y la más guarra. Y quiero que te corras sobre mí, ¿entiendes?

    Perfectamente puta.

    Métete entre mis piernas y lléname de leche, pero cuando yo te diga.

    Ella tenía las piernas abiertas y elevadas, dejándome ver bien su coño y el agujero de su culo, se masturbaba rápidamente poseída y furiosa. Me acerqué hasta el máximo, con mis piernas tocando las suyas, colocando mi polla sobre su cuerpo. Ella miraba como me estaba masturbando con la mirada fija en mi polla y mi mano que la agitaba.

    Suéltala – me ordenó.

    Yo lo hice dejando mi polla dura ante su cara. Ella emitió un gemido alto.

    Qué buena polla tienes hijo de puta – y me la escupió -. Sigue cascándotela.

    Volví a agarrármela y a pajearme.

    Prepárate que quiero leche, la quiero enseguida. – Me avisó y volvió a escupírmela.

    Aceleré el ritmo de la paja para buscar la eyaculación, al agitar tan rápido oímos el sonido de mi mano agitándome la polla empapada de saliva, mezclado con el de su coño. Gotas de saliva caían sobre su cuerpo.

    Ya puedes correrte, quiero verlo para correrme yo cabrón, vamos, córrete, lléname de leche.

    Afortunadamente ya lo tenía muy cerca, iba a romper, a estallar, a explotar sobre ella, llenándola de leche como me había pedido. La escuchaba gemir y empezó a subir el semen por el tronco de mi polla, notaba que empezaba a reclamar su expulsión de mi cuerpo para estrellarse en el suyo y chorrear hacia abajo por sus tetas y su abdomen.

    Me voy a correr – le dije.

    Córrete cabrón, dame leche caliente, lléname.

    Empecé a sentir convulsiones y a expulsar semen sobre sus tetas y su abdomen, ella se mojó la mano en él y se la volvió a llevar al coño, gimiendo y masturbándose como una loca, hasta que empezó a correrse, a convulsionarse. Yo aún me la tenía agarrada exprimiendo las últimas gotas que salían de mi glande.

    Acabamos. Me hice hacia atrás y me senté en el sofá. Ella bajó las piernas y las apoyó en el suelo. Respirábamos profundamente. Entonces nos miramos jadeantes. Las nuestras eran caras satisfechas, cuerpos satisfechos. Me levanté y le entregué un paquete de pañuelos de papel, pero lo rechazó. Se puso en pie, se colocó el abrigo y caminó hacia la puerta. La abrió, y desde el umbral de la puerta me miró.

    Hasta otra.

    Y se fue. Me quedé mirando por la ventana hacia la suya, quería verla entrar. No tardó mucho en aparecer, como si supiera que yo iba a estar ahí. Se quitó el abrigo y quedó desnuda frente a mí. Pasó su mano derecha por su abdomen y sus tetas, donde había caído mi lefa, y luego se llevó la mano a la boca y lamió la palma. Desapareció de la ventana.