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  • Un viaje en el bus

    Un viaje en el bus

    El autobús iba completo, nos apretábamos como podíamos. En cada arranque y parada podía ver como los cuerpos se hacían hacia delante y hacia atrás, tropezándose entre ellos. Además, era verano, y el calor que desprendíamos era muy notable. Yo había conseguido ponerme al final, en la esquina y en pie, apoyando la espalda, y ya iba sudando. Volvía a casa después de haber pasado unas horas en la piscina, por lo que llevaba el bañador y una camiseta únicamente, pero aun así el sudor resbalaba por mi cuerpo, estaba deseando salir de allí.

    En la siguiente parada bajaron cuatro personas y subieron dos, una de ellas mujer, con unos leggins cortos blancos y una camiseta de tirantes que realzaba su delantera, que era generosa, así como su culo, que era totalmente apreciable con ese pantalón. Pensé en si llevaría tanga o no llevaría nada. Se colocó delante de mí, agarrada a la barra lateral. El bus arrancó y los cuerpos se hicieron hacia atrás por inercia, menos yo, que estaba bien apoyado en la ventanilla. Pero la mujer de los leggins sí retrocedió, dejándome atrapado entre la pared del bus y su hermoso y generoso culo.

    Perdona. – Se volvió para disculparse.

    Mis pensamientos sobre ella habían hecho despertar mi entrepierna, no con una erección completa, pero sí un bulto notable, que había sido palpado por sus nalgas.

    No te preocupes – le dije -, seguimos con vida, que es lo importante. – Y al decir esto ambos sonreímos y ella se volvió mirando hacia delante.

    Le miré el culo, me encantaba, era redondo, respingón, perfecto. Me tentaba la idea de pegarme a él, pero el respeto me lo impedía, aunque era tentador tenerlo a unos cinco centímetros de mí.

    En la siguiente parada bajaron dos personas y subieron cuatro, era increíble, me acordaba del camarote de los hermanos Marx, seguramente aquí sí que estaba su tía Tula, entre la multitud.

    El bus volvió a arrancar y aquel culo volvió a pegarse a mí, que seguía con la polla semierecta y, además, solamente llevaba el bañador, con lo cual tuvo que notarse. Ella giró la cara hacia mí y sonrió, y yo le devolví la sonrisa, no podíamos hacer otra cosa, si por la inercia del bus nos dábamos algún golpecito, pues se asumía con deportividad. Pero de pronto ella volvió a pegar el culo, esta vez voluntariamente porque no había habido ningún tirón del autobús, y a separarlo rápidamente. Ahora ya no hizo ningún gesto hacia mí, sólo volvió a su posición normal. El golpe a mí me había hecho reacción, mi polla recibió más sangre y se hinchó más, afortunadamente ella me tapaba, porque en este punto el bulto era demasiado notable.

    Una nueva parada, bajan dos y suben tres, más agobio. El bus salió y el culo volvió a mí, pero esta vez se quedó y sentí como se agitaba para colocar mi polla en el centro, atrapada. Empezó a moverse suavemente, despacio, dando juego a mi polla que ya era firme. De pronto sentí como me empujaba hacia atrás y me atrapaba entre la pared y su culo, presionándome y moviéndose. Era divino sentirlo así, íbamos tan ligeros de ropa que el tacto era brutal, y ella se movía con disimulo, pero acertadamente.

    Estuvimos en ese juego un rato, entonces ella se llevó la mano atrás, haciendo que se rascaba la parte baja de la espalda con el dedo anular, y con los otros buscaba mi polla. Acariciaba la punta con los dedos sobre el bañador. Dejó caer la mano con disimulo y me la recorrió entera de arriba a abajo, hasta apretarme los huevos y volverla a subir. Noté como su mano se coló bajo mi camiseta, sus dedos en la parte baja de mi abdomen, pero buscaban algo, colarse en el bañador. Yo intenté facilitarles el acceso irguiéndome, y ella pudo meter la mano y agarrármela ya al natural. Volvió a pegar el culo y con su mano movía mi polla, restregándosela por sus maravillosos cachetes. Nadie podía ver nada, estábamos tan apretados y los viajeros iban tan agobiados por la gente y el calor, que nos daba cierta libertad de maniobra.

    Me estaba haciendo una delicada paja con culo y mano, y yo dejándome llevar encantado de la vida. Entonces la mujer se separó escasos centímetros y me trabó el bañador en las pelotas, dejándome la polla y los huevos al aire libre. Yo estaba muy excitado como para negarme. Me la cogió y la puso en horizontal, apuntando a su culo directamente, empezó a mover el glande arriba y abajo entre sus cachetes, me encantaba el roce. La colocó rígida en horizontal y empujó el culo hacia ella. Mi polla se apretaba entre sus nalgas hacia adentro, sintiendo su agujero ahí, hundiéndose con la presión. Hizo ese gesto de clavársela varias veces, como si le estuviera follando el culo, era maravilloso.

    Llevé mi mano izquierda, que la tenía apoyada en la misma barra que ella, a su cadera y apreté. Lentamente la iba bajando, quería comprobar lo húmeda que estaba. Seguí bajando despacio, por si recibía algún rechazo, pero no fue así. Pude llegar a su coño y acariciarlo con los dedos sintiendo que, como había deseado, estaba empapadísimo. Me recreé ahí, la fina tela de su pantalón me permitía notar todo, así que empecé a masajear su clítoris. Sé que le gustó porque acentuó sus movimientos, se la clavaba y también la movía de arriba a abajo.

    Tanto roce en el glande y el nivel de excitación eran tales que sentía que, a poco que me lo propusiera, podría correrme. Pero ella tuvo otra idea, y se la coló entre las piernas, por debajo del culo. Sacó la mano de atrás y la puso delante, colocándomela bien entre sus labios, rozando su coño aguado. Empezó a moverse hacia delante y hacia atrás mientras que con su mano apretaba mi polla hacia arriba para sentirla bien. Yo seguía masturbándola, notaba mi glande en mis dedos a cada embestida. Noté que aceleraba el ritmo, sospeché que se avecinaba el orgasmo. Ella giró la cabeza hacia mí y asintió con su cabeza, dándome a entender que sí, que se iba a correr. Mi polla estaba a punto, también quería soltar sus jugos. Me acerqué a su oreja.

    Me voy a correr. – Le dije al oído.

    Ella giró de nuevo la cabeza y puse mi oreja.

    Y yo, no pares ahora. – Me susurró sensualmente, excitada. Había pegado sus labios por completo a mi oreja y ahora me chupaba el lóbulo, engulléndolo.

    Yo me había sumado al movimiento y sentí que se me cargaba el arma y que se iba a disparar, porque como buen arma, la carga el diablo. Noté que su cuerpo se estremecía y un mordisco tremendo en mi oreja, se estaba corriendo de lo lindo. Me excité tanto que empecé a soltar chorros de semen en su mano, con la que me sujetaba y empujaba la polla.

    Nos recompusimos, ella buscó en su bolso un pañuelo y limpió su mano lo que pudo. Se giró hacia mí y coqueta, se pasó sus dedos por los labios y chupó alguno. Nos quedamos mirando un rato sin decirnos nada. El bus se detuvo y bajó y subió gente, no presté atención. Arrancó y de nuevo ella se estrelló de culo contra mí, no pudimos evitar reírnos. Pero la siguiente parada era la mía.

  • Sola en casa y una buena masturbada

    Sola en casa y una buena masturbada

    Qué delicioso es cuando tienes las hormonas al millón y una mente tan pervertida que te permite gozar.

    Siento una palpitación rica entre las piernas, de pronto tengo deseos de sacarme la polera que llevo puesta y exponer mis tetas, frotarme los pezones hasta que se me pongan duritos. Qué rico, siento cómo el calor me abraza y la tela de mi braga se humedece.

    Salgo de mi oficina (trabajo desde casa) y me dirijo a mi habitación. Estoy en el segundo piso, así que si decidiera montar una escena porno, nadie podría verme. Me detengo y suspiro un par de veces, mi corazón aporrea contra mi pecho y siento el coño empapado.

    De pie frente al espejo comienzo a tocarme los senos, me quito la polera y después el sostén. Mis senos quedan libres, son grandes y el pezón ya está durito. Procedo a bajarme el short y froto uno de mis dedos sobre la tela de mi braga, justo por encima de mi clítoris que se comienza a poner durito.

    Qué rico se siente. Me desnudo por completo mientras me sigo viendo en el espejo. Un par de azotes resuenan en el cuarto y me ponen más cachonda.

    —Qué rica estás, perrita —me digo mientras me clavo las uñas en una de mis nalgas.

    No estoy saciada a pesar de que he follado con mi esposo esta mañana antes de que se fuera al trabajo. De hecho, me siento muy caliente, soy una zorrita, una perrita a la que le gusta que le revienten el culo con folladas y una verga gruesa.

    Me lleno el dedo corazón de saliva y después la vierto en mi conchita. Estoy bastante mojada y se siente delicioso. Comienzo a gemir, me muerdo el labio y veo cómo mis mejillas se ponen rojas.

    Mis dos hoyitos me están pidiendo más. Mi culito también pide atención, pero estoy totalmente concentrada en mi coñito.

    Sin pensarlo más me dirijo a mi cajón favorito y elijo uno de los dildos de plástico. Regreso y me subo a la cama, coloco una almohada debajo de mí, entre mis piernas y luego de meterme el pene de plástico a la boca, comienzo a frotar mi conchita contra la tela.

    Adelante y atrás, despacio, sintiendo la porosidad de la tela acariciándome los labios de mi vagina y mi campanita.

    —Au… Qué delicia… ah… —levanto mi vista hacia el techo y me tomo del cuello para presionarme. Mis tetas se mueven, arriba y abajo, siguen el ritmo con el que me estoy dando una deliciosa masturbada.

    Detrás de mí está el espejo, así que cuando lo miro, veo mi culo follando con la almohada. Me incliné sobre la cama y abrí mis nalgas con las manos solo para ver mi coñito cubierto por mis fluidos. Dios, estoy tan caliente.

    Me saqué el dildo de la boca y lo coloqué sobre la almohada, siento cómo poco a poco va entrando en mí. Quería que me follara toda. Que me follara como la puta que era, porque a las putas como yo nos gusta que nos partan en dos.

    Sigo moviéndome, llevo mis manos hacia mi culo y me doy un azote, después recojo un poco de mis mismos jugos y los unto en mi anito hasta que está listo para ser follado. Me saqué el dildo del coño, mojado todavía por todos mis fluidos y comencé a introducirlo en mi anito.

    No les mentiré, al principio me dolió, pero aquella sensación solo provocó ponerme más y más cachonda. Cuando todo estuvo dentro, cogí una de las sábanas de mi cama y la puse entre mis piernas a manera de que la tela quedase entre los labios de mi vagina. Sujeté los dos extremos y tiré hacia arriba. La sábana apretó contra mi conchita y a la misma vez empujó el dildo más adentro de mi culo.

    —Ah… dale mamita, dale más duro…

    Voy apretando la sábana, más y más duro. Me follo rico, fuerte. Se me forman lágrimas en los ojos y siento que estoy a punto de terminar, pero quiero más. Me siento muy, muy caliente.

    Me levanto y me dirijo a la ventana. Quizá en otro momento no lo hubiera hecho, pero, joder, que me siento muy excitada, tanto que no me importaría si me vieran.

    Apoyo mis tetas sobre el vidrio y comienzo a meterme los dedos en el coñito tan rápido y fuerte que gimo y grito. El dildo que sigue en mi trasero tiene ventosa, por lo que no lo pienso más y lo retiro de mi culo para pegarlo en el vidrio de la ventana.

    Quien quiera ver el espectáculo, que disfrute, aunque siendo sincera, a esa distancia no creo que alguien alcance a verme, pero igual me pone cachonda. Cuando el dildo ya no se puede caer, comienzo a follarme la vagina y mis nalgas pegan una y otra vez contra el vidrio.

    Mis gemidos llenan el cuarto, me aprieto las tetas y tiro de mis pezones hasta que el placer se convierte en dolor. Un delicioso dolor.

    —Más… más… más… Así… así… ¡Ah… ah…!

    Ahora sí siento que estoy cerca y alcanzo el orgasmo con un estremecimiento potente. Todo me tiembla. Estoy exhausta y cubierta de sudor, pero perfectamente follada.

  • La cojo mientras habla con su marido (parte 2)

    La cojo mientras habla con su marido (parte 2)

    ¡Hola amor! ¿Qué pasó?…

    ¿Cómo qué pasó Lucía? ¿Vos escuchaste lo que dijiste antes de cortarme? Si claro que lo escuché. ¿Pero vos me estás jodiendo?

    -Ay mhijo claro que te estoy jodiendo! O pensás que si me estuvieran re cogiendo toda te iba a decir ¡pelotudo!

    -¡Eh amor! Tranquila ¿Qué te pasa?

    -¿Qué te pasa a vos Jorge que dudás de mí justo en este momento? Te estoy contando que entré al baño para tocarme por lo que me estabas proponiendo y me venís a hacer una escena de celos por una pavada que te dije. Quise jugar un poco más nomás.

    -Bueno si tenés razón Disculpame ¿A qué querías jugar?

    -No nada ahora no deja quieto ya le sacaste toda la gracia al juego.

    El silencio fue de varios segundos. Ella esperaba que le dijera algo.

    -¿Jorge?

    -Si disculpá es que me di cuenta que eso último que dijiste antes de cortar me hizo sentir raro, no sé si me vas a entender. Ella me miró con cara de asombro, mientras yo me disponía a seguirla besando, me hizo esperar poniendo su mano en mi frente y puso en altavoz, para que yo escuchara mejor.

    -Contame Jorge ¿Qué te pasó? Si es un lío por la pavada que te dije por favor no sigas, no quiero que tengamos problemas antes de la noche que estábamos programando.

    -No amor no, no es eso, es que cuando te escuché me puse mal, pero enseguida, al saber que no era cierto lo que decías, me dio como una excitación el momento. Imagínate la situación me excitó creo, no que esa situación sea real, pero si jugar con eso sabiendo que estás ahí sola haciéndote una paja.

    -¿En serio te gustó eso que te dije?

    -Ya te expliqué no me gusta la idea que sea cierto, pero me excitó saber que vos te hayas animado y a mí en contarte eso.

    – ¿Lu?

    – Mmhh si amor, perdoná es que estaba chupando está hermosa pija que tengo adelante de mí y no te podía contestar.

    -Hija de puta contame ¿cómo es? El ruido siguiente fue el que hace ella cuando deja de chuparla de golpe, ¿Cómo hacés para simular ese ruido?

    -No importa amor, lo hago con los dedos, concéntrate.

    -Si amor disculpá, seguí, perdoname.

    Ella ya jugada al nuevo entretenimiento no le importaba nada. Amor, no es mucho más grande que la tuya, pero es más grandecita y gruesa pero además…

    -¿Además que amor?

    -No sé si decírtelo…

    -Amor por favor decime todo.

    -¿Dónde estás amor? Porque te voy a decir algo fuerte.

    -Me vine para el baño, por favor, no pares contame.

    -¿Te estás pajeando cornudito?

    -No amor no me llames así…

    Si bien sus palabras decían eso, el tono de su voz denotaba entrega ante la situación y gusto por el lugar en el que la había puesto su esposa. Mientras tanto yo estaba por entrar de nuevo en su cuerpo y la sonrisa maligna de ella era genial, parecía estar disfrutando el doble y la entendía perfectamente, porque para mí también era más excitante, así que supuse que para ella con todo lo que significaba el momento lo sería aún más.

    -Bueno, prosiguió ella, es que si estoy con otro acá cogiendo como una puta mientras hablo con mi esposo, significa que alguien tiene cuernos ¿No amor?… -Dale contame lo que me ibas a decir.

    -Ah si, dijo ella haciéndose la olvidada del tema. Lo que te iba a decir que me da cosa decírtelo es que vengo a coger con él porque me encanta como coge, me hace toda de él, me hace lo que quiere, ahora amor por ejemplo… (del otro lado se escuchaba ruido a cinto, típico de una masturbación con el pantalón en alto aún)

    -¿Sigo amor?…

    -Si amor por favor. La respiración de la respuesta nos dio gracia porque estaba en plena paja. Ella siguió como si nada, y yo también, entré en ella y empecé a moverme con total tranquilidad, ella estaba ya empapada.

    -Bueno te decía que ahora tengo un cinto de cuero en el cuello y me está cogiendo toda, no le puedo decir que no a nada.

    -¿A nada hija de puta?

    -A nada amor, de hecho, antes que llamaras me había terminado de hacer el culo. -¡Ay no el culo no!

    -Si amor, el culo si, no le puedo decir que no a nada además, a vos por el culo tanto no te gusta. La respiración de ella era la prueba de que estaba por acabarse, respiración muy entrecortada y quejidos entre suspiros.

    Él suponía que ella hacía todo eso a propósito sólo para excitarlo a él.

    -Por eso amor hoy de noche quiero que apenas nos veamos me chupes toda la concha amor, así me sacás la leche de mi macho ¿Si?

    -Aaaah aahh ah….

    Indudablemente se había acabado. Ella puso el micrófono en silencio y me dijo, cogeme toda que estoy caliente como nunca. ¡Qué puta soy! ¡Qué puta me hacés! ¡Me encanta! Aproveché para llevarle con el cinto el cuello más para arriba, acababa de ser la dominadora con su esposo, pero para mí no dejaba de ser mi esclava. Ella sonrió cuando sintió el cinto, entendiendo el momento. Después sonó el cinto sobre su espalda, una, dos, tres y hasta siete veces. Le ordené que me mojara toda la pija con su acabada que yo le iba a dejar la leche adentro y empezó a acabarse toda.

    – Ay hola amor, que paja me hice contigo la puta madre, no digas nada, todavía no hablemos de eso en vivo ¿Te parece?

    Yo, mientras ella recuperaba un poco el aliento, habilité el micrófono, la voz de ella se hizo esperar un ratito más.

    -Ay si amor, que lindo polvo me echó este animal, voy cargada de leche para vos. Está bien, no hablamos nada de lo que acaba de pasar, pero quiero que apenas me veas me limpies toda la concha, el culo por esta vez me lo dejás quieto porque nunca lo vas a coger, pero si a chupármelo. ¿Si amor?

    -Si amor, por favor, no cuentes a nadie de esto que hicimos, me deja raro, haberlo hecho y que nos haya gustado.

    -Dale amor quedate tranquilo, me despido de esta pija divina y voy para casa a que me laves con tu lengua, chau.

    -Chau…

    -¡Ay que divino que estuvo eso!!! Su grito fue de felicidad, alivio, excitación, cansancio, todo. Nos besamos, le saqué el cinto del cuello, bajó a limpiarme y se quedó un ratito al lado mío en la cama. A los diez minutos se levantó, me dijo que se iba a ir a la casa, le pedí que me contara después a ver qué le había pasado. Me miró, se rio, me dio las gracias por haberla cambiado, me dijo que yo sabía lo que ella sentía por mí y que nos veíamos en un par de días. Nos dimos un beso muy suave y largo, nos queremos mucho y hemos pasado a otro tipo de relación, como las que me gustan a mí, esas que no son sólo sexo. Para mí el sexo vacío es insulso, pero hoy además, le agregamos una nueva forma de hacerlo que sabíamos los dos, la íbamos a volver a repetir.

  • Cuentos cortos exhibiendo a mi esposa (1)

    Cuentos cortos exhibiendo a mi esposa (1)

    Con mi esposa hemos hecho tríos, ha tenido amantes que me restriega en la cara y yo he tenido sexo con su hermana, somos liberales y descubrimos que nos gusta calentar a otras personas, la primera vez fue con un conductor de Uber, solicitamos el viaje por que andábamos muy tomados, íbamos a nuestra casa, quedaba a 1 hora del centro, el viaje era algo largo para esa zona, así que mi mujer me empezó a manosear el pito, me dijo que quería ir a un hotel a coger, le dije que era buena idea pero que mejor esperara a llegar a casa, no se quedó conforme y dijo:

    – si no quieres está bien vamos a la casa y yo me voy a coger con el chofer.

    El conductor quedó sorprendido, lo vi a los ojos a través del retrovisor, me disculpé, explicando que andaba muy tomada mi esposa, que no le hiciera caso.

    Mi esposa continuó diciendo que era en serio, que si ninguno de los dos quería iba a buscar a quien darle el culo, por que andaba muy cachonda y quería que la cogieran duro.

    El chofer solo se quedaba en silencio incómodo por la escena y solo se limitaba a conducir.

    Mi esposa empezó a quitarse la chamarra, y a manosear las tetas muy provocativa, empezó a susurrarle al oído al chofer que quería sentir su verga dentro, que lo haría correrse como nunca y se bebería toda su leche, yo super caliente le dije que lo convenciera como ella sabía, y se acercó al respaldo de su asiento, estiró su brazo hasta que alcanzó a tomar el trozo gordo que tenía entre las piernas, claramente emocionado por lo que pasaba, empezó a acariciarlo y seguir susurrando al oído como quiera que se la cogieran.

    Él se sacó la verga del pantalón y ella comenzó a masturbarlo, le pidió que se pasara al asiento del copiloto, pero mi esposa no quiso, dijo que solo la iba a tener hasta que llegaran a un hotel, el chofer me preguntó que a cual hotel nos lleva, le dije que a ninguno, que termine el viaje y deje de hacerle caso a mi esposa.

    Mi esposa continuó masturbándolo hasta que se corrió a chorros, estábamos llegando a nuestra casa cuando ella tomó un poco de su semen y le dijo al chofer con voz sexy y provocativa: si te lo comes me voy contigo y cogemos hasta que te canses. Yo incrédulo vi como dudaba, pero al final cedió el chofer y se metió a su boca los dedos llenos de semen de mi esposa.

    Ella se bajó del auto fue hasta la puerta del conductor la abrió y le dio un beso apasionado con lengua y todo, tomo su mano y la colocó en su pecho, él la apretaba con lujuria, terminando le sonrió y le dijo, creo que no iré contigo estoy cansada.

  • La dependencia (2)

    La dependencia (2)

    Los primeros rayos de luz evidenciaron que llegaba un nuevo día y Pili se despertó primero, Cleo seguía durmiendo, se movió para mirar el móvil y ver la hora, aquello despertó a Cleo.

    – ¡Ya te has despertado! – le dijo Pili a modo de buenos días.

    Cleo le hizo un gesto afirmativo y se quedaron mirando las dos morbosamente durante unos instantes, Cleo se puso encima de Pili y se dieron un pico y luego besos apasionados y acabaron dándose la lengua sensualmente, Pili se mostraba participativa y entregada.

    – ¡Quiero comerte el coño tan sabroso que tienes gordita! – le susurró Cleo sensualmente.

    Pili se limitó a seguirse besando y morreando y se volvieron a mirar fijamente a los ojos, pero no podía negar que estaba fuertemente excitada.

    – ¡Pídeme que te coma el coño! – le murmullo Cleo – ¡Lo estas deseando guarra!

    – ¡Cómeme el coño! – balbuceo Pili tremendamente cachonda

    Pili se puso la almohada detrás de su cabeza y se abrió de piernas y Cleo empezó a lamerle la raja provocándole los primeros jadeos placenteros.

    – ¡Me voy a volver loca de buena mañana! – balbuceo Pili

    – ¡Tienes el coñito tan mojado! – susurró Cleo – ¡Eres muy mala!

    Cleo le lamió el coño expertamente, su lengua le martirizaba el clítoris y lo mordió estirando de él, como si quisiera arrancárselo de golpe, Pili entraba en éxtasis, las pupilas le desaparecían y sus ojos se quedaban en blanco y gemía fuertemente y de su boca salían palabras incoherentes y sin sentido, los dedos de los pies se encogieron y empezaron a temblar, Pili se agarró con solidez y soltó un grito desgarrador y se corrió larga y profundamente.

    – ¡Cómo te chorrea el coño! – susurró Cleo con una sonrisa.

    – ¡Me pones muy puta cariño!

    Cleo se levantó y se fue a la ducha y después se ducho Pili, fueron a la cocina y prepararon café y salieron a comer y pasaron la tarde paseando y comprando en centros comerciales y cenaron unas hamburguesas antes de volver a casa, Cleo aparco el vehículo delante del adosado y Pili entró con las bolsas de la compra y Cleo cogió una mochila del maletero.

    – ¡Desnúdate guarra! – le ordeno Cleo tajantemente.

    Pili le lanzo una sonrisa y empezó a desnudarse mientras Cleo se desnudaba y se sentaba en la cama.

    -¡Ponte a gatas y ven aquí!

    Pili se puso agacho y se dirigió hacia Cleo con las rodillas y las palmas de las manos en el suelo y se puso delante de ella.

    – ¡Cómete mi chochito! – le ordeno Cleo abriendo las piernas.

    Pili hizo un gesto con la cabeza, aquel mundo sexual era nuevo para ella, la visión del chocho de Cleo bien rasurado le resulto muy excitante y su propio coño estaba a punto de estallar, le abrió los labios con los dedos y empezó a pasar su inexperta lengua por aquel delicioso chochito, notaba como Cleo se mojaba por momentos, emitía pequeños suspiros y notó claramente su clítoris inflamado, lo beso intensamente.

    – ¡Lámeme ahí y muérdelo con suavidad! – susurró entre gemidos Cleo.

    Pili lamio y mordió el clítoris y Cleo gemía placenteramente, pensó en que ella se volvía loca cuando se lo hacía Cleo y la excito profundamente y empezó a lamer aquel chochito como si no hubiese un mañana, Cleo empezó a gritar y sus caderas sufrían un espasmo y su chocho se sacudió explosivamente en la lengua de Pili que recibió los flujos vaginales, Cleo se levantó de la cama y busco la boca de Pili y la premio con un morreo.

    Rápidamente busco en la mochila y empezó a sacar juguetes sexuales y los puso encima de la cama, Pili observaba en silencio mucho de aquello solo lo había visto en internet, Cleo la cogió por las muñecas y la ato con unas esposas de piel y quedo maniatada, lo siguiente que saco fue una mordaza con una pelota de látex.

    – ¡no me hagas eso! – le suplico Pili, pero la excitación tan tremenda que sentía no la dejo ofrecer mucha resistencia.

    Cleo puso en la boca de Pili la pelota y le abrocho la cinta por la nuca, después cogió dos cintas y las puso por encima y por debajo del colchón y quedaron ajustadas por encima y por debajo del colchón, Pili se apartó asustada y observo como Cleo manipulaba toda aquella parafernalia expertamente.

    Agarro a Pili por las muñecas y la puso a cuatro patas en la cama y ajusto las esposas a la cinta del colchón con una brida y Pili quedo sujeta por las manos y sin poder moverse, Cleo se movía con celeridad y le azoto las nalgas con la mano y le ató un pie con otra brida a la otra cinta del colchón y luego el otro pie, Pili quedo totalmente abierta a cuatro patas con la cara mirando la pared.

    – ¿Qué vas a hacerme? – farfulló Pili que apenas se le escucho claramente con la pelota de látex en la boca.

    – ¡cállate marrana! – es toda la respuesta que obtuvo.

    Pili solo escuchaba ruidos detrás, giraba la cabeza pero no alcanzaba a ver qué estaba haciendo Cleo, de pronto se puso delante de ella, blandía un pene de Látex negro atado por una a arnés a su cintura y en una mano llevaba un bote de lubricante y en la otra un artilugio que luego supo que era un dilatador anal.

    – ¡Relájate guarra y no te hare daño! – susurró Cleo

    Pili empezó a quejarse, pero la mordaza no la dejaba gritar y empezó respirar agitadamente por la nariz, sintió cómo algo frio y viscoso le masajeaba el culo y de pronto sintió un pinchazo y cómo su esfínter se estiraba dolorosamente, Cleo le estaba metiendo el dilatador, intentó chillar pero apenas quedo en un grito ahogado, por otro lado vivía en un adosado y su vecino se iba los fines de semana, estaba a merced de Cleo, empezó a llorar y su cara enrojeció y la lágrimas le caían por las mejillas, de pronto sintió cómo una cosa plana azotaba sus nalgas, el produjo un dolor profundo cada vez que la azotaba, sobre todo porque se movía el dilatador dentro de su ano, se giró y pudo alcanzar a ver cómo Cleo la azotaba con una paleta de piel, recibió varios azotes más, pero el dolor era cada vez menos intenso y le subía la temperatura corporal excitada.

    – ¡buena chica! – murmulló Cleo – ¡Ahora vas a disfrutar mucho!

    Notó como le extraía el dilatador y la impregnaba de más lubricante y esta vez sintió un dolor indescriptible, cerró los ojos y mordió la pelota de látex y notó como el dildo la estaba penetrando por detrás, intentó cerrar las piernas con todas sus fuerzas, las bridas se estiraron y pareció que se iban a romper, pero aguantaron.

    – ¡Te voy a follar por el culo guarra! – le anunciaba la voz de Cleo dominante.

    El dildo empezó a entrar y salir fluidamente del culo de Pili, su cuerpo se destenso y eso provoco que Cleo la penetrase más suavemente y consiguió entrar y salir de su culo a un ritmo constante, Pili notaba como su esfínter se abría y cerraba apretando el dildo y su respiración se volvió más normalizada, aunque Pili considerase que la estaban violando, el dolor disminuyo y sus gemidos se volvieron placenteros y eso lo notó Cleo que la desato de la mordaza y cayó en las sábanas.

    -¿Por qué me estas rompiendo el culito? – sollozó Pili

    – ¡Te voy a hacer mía gordita! – murmulló Cleo – ¡Nadie te ha follado cómo yo te follo!

    – ¡Para ya, me duele! – pidió Pili

    Cleo la sujeto por las caderas con fuerza y cogía impulso y la penetraba más profundamente y Pili empezó a chillar con fuerza.

    – ¡No me rompas el culo! – gimoteaba Pili -¡Deja mi culito!

    Cleo la siguió follando con intensidad y notó que Pili se agitaba y temblaba y enterraba la cabeza en las sábanas. Pili notó cómo su coño estaba llegando a un orgasmo sin tocarlo tan siquiera, su coño exploto y lanzó un grito descomunal, nunca había sentido tanto cómo el placer irradiaba su todo su cuerpo y se rendía exhausta.

    -¡cómo te has corrido puta! – la humillo Cleo que le levantaba las caderas otra vez para seguir sodomizándola.

    -¡Déjame ya! – lloriqueaba Pili que notó como su coño dejaba escapar una cantidad de líquido encima de las sábanas.

    – ¡Té estas meando de gusto guarra! – le dijo Cleo degradándola – ¡Eres muy puta y te gusta que te follen por el culo!

    Pili enterró la cabeza en las sábanas avergonzada, la estaban violando y ella estaba disfrutando cada segundo, Cleo le busco el coño con la mano y le froto el clítoris con los dedos y eso la llevo a tener otro intenso orgasmo. Cleo la dejo que parase de agitarse y le aflojo las bridas de los pies y le cambio de lado las bridas de las manos y giró a Pili y le puso las almohadas debajo de las nalgas, la penetró y comenzó a entrar y salir fluidamente de su encharcado coño.

    – ¡Mírame a la cara cuando te follo! – le vocifero Cleo.

    -¡Fóllame así! – gimoteaba Pili deslenguada y poseída por el clímax sexual.

    -¡Tu boca, tu coño, tu culo es mío! – le murmulló Cleo – ¡Eres mi putita!

    – ¡No dejes de follarme! – suplicaba Pili con la cara desencajada.

    – ¡Dime que eres mi puta y te follo hasta que te corras!

    – ¡Soy tu putita! – exclamo Pili llorando con movimientos convulsivos – ¡dame duro!

    Pili no pudo sucumbir a tener otro orgasmo, cada vez eran más largos y intensos y se le nublaba la vista, Cleo se quitó el arnés y lo arrojo a un lado y se puso encima de Pili poniendo su chocho en la cara y comiéndole el coño a Pili.

    Después de aquella noche Pili se convirtió en la putita y la esclava sexual de Cleo.

  • Me gusta fantasear y algún día hacerlo realidad. Cornudismo

    Me gusta fantasear y algún día hacerlo realidad. Cornudismo

    Buenas tardes a todos, mi nombre es Gonzalo y quisiera empezar por describirme. Tengo 34 años soy algo pasado de peso no mucho, soy alto ojos verdes, con un pene relativamente chico aproximadamente unos 12 cm. La verdad en la cama nunca he sido muy bueno, lo más que puedo llegar a durar y eso porque ya fue el tercer palo pues unos 5 minutos, si no hay veces que a los 30 segundos ya me vine.

    Tengo una esposa de 35 años que es morena (muy bella) y un culo grande, pero muy bien formado, siempre la voltean a ver cuando andamos por la calle, de busto no cuenta con mucho la verdad. Su principal atractivo es el culo, está espectacular.

    Mi deseo por calentarme con el cornudismo empezó desde que no soy bueno en la cama como lo había mencionado y me excita pensar a mi esposa cogiendo con alguien más, ver su cara llena de placer con una verga de buen tamaño y aguantando más tiempo produciéndole múltiples orgasmos. Tengo ya 7 años de casado y jamás le había mencionado nada hasta hace poco que le dije que quería me contara de experiencias sexuales que haya tenido antes de mí. Se opuso totalmente al principio, pero de a poco fue accediendo, aunque pues su vida sexual fue muy aburrida con su único novio que tuvo que duró mucho tiempo.

    Pero adentrando en el tema mientras la masturbo me empezó a decir que si la tenía mucho más grande que yo, que le dolía a veces de lo grande que estaba y que si le duraba en la cama la mayoría de las veces. Estoy en el proceso de que me cuente más detalles, y el otro día teniendo sexo no se me paraba mi verga y para pararla mientras se la acomodaba en su entrada me dijo:

    -¿Te gusta imaginarme que alguien más me la mete?

    Y me puso a mil eso, acabé en 2 minutos. Tengo unas ganas de que alguien más se la coja o que me siga contando aventuras.

    ¿Algún consejo que me brinden? para seguir sacando ese lado suyo, he pensado en ponerle fotos o videos de gente con la verga grande mientras la masturbo para que se excite aún más, comprar un dildo, etc.

    Gracias y espero sus consejos.

  • Profesora particular (5: Primera parte)

    Profesora particular (5: Primera parte)

    Este lunes me disgusté cuando leí el mensaje de Manuel en el que me decía que el martes no fuera antes a “darle clases” a él sino hasta la hora del repaso a Fernando. Y que ya me diría cuándo reanudaríamos nuestras “clases”. Dudaba de si es que no podía recibirme por tener demasiado trabajo y no poder ir antes a casa o es que ya no me deseaba ni quería verme. Quizá después de saciar su capricho tan especial el jueves conmigo, ya no querría que fuera más a “enseñarle”. Quizá piensa que soy una puerca por haberme dejado hacer “eso” y darse cuenta de que me gustó tanto o más que a él.

    Me conoce desde muy pequeña y seguro que siempre ha pensado que soy una chica educada y fina, pero ahora a lo peor se avergüenza de mí y cree que soy una guarra. Incluso temo que pronto me diga que tampoco quiere que vaya a dar clases a su hijo porque no quiere para él a una cerda como profesora particular. O es que a lo mejor su esposa sospecha algo y no quiere que nos descubra. Ay, no sé, en fin. Lo cierto es que el viernes quedé muy sorprendida cuando recibí su transferencia con una buena cantidad de dinero. En el concepto escribió: “Tu c… bien lo merece. Fue genial. ¡Gracias!”. No sé si la “c” significaba “cariño” o “culo” o qué. ¿Tú qué crees, lector?

    En fin, el martes fui a dar la clase a Fernando. Vestí muy elegante, pero esta vez nada provocativa. Voy probando maneras de vestir para ver si el chico se fija más en mí. Al terminar, me dijo:

    – Ah, Esther, ahora recuerdo que mamá me dijo que antes de que te fueras, pasaras a hablar con ella.

    – Con tu madre? Y con tu padre, ¿no?

    – Él trabaja hasta tarde, Esther.

    – ¡Ah, ya! Pues vale. Después voy.

    Temí lo peor. Me supo mal que Manuel no se apresurara a llegar a casa para al menos verme, como había estado haciendo desde el principio. Y me preocupaba que Lole quisiera hablar conmigo. ¿De qué? ¡A ver si es que se había enterado de mis encuentros con su marido! ¡O el que había tenido antes con su hijo mayor!

    – ¡Hola, tita! – le doy un besito algo nerviosa.

    – ¡Hola, Esther! ¿Te ha dicho algo Fernando?

    – No, bueno, sí… que querías verme.

    – ¿Y nada más?

    – No, o sea…

    – ¡Ay, este chico! ¡Mira que es tímido!

    – Sí, mucho, je, je – aun asustada.

    – Bueno, me lo imaginaba, ya quedamos que te lo diría yo.

    – ¿Qué, Lole? – intrigada.

    – Mira, el viernes damos una fiestecita para el cumpleaños de Fernando, en el jardín, con la piscina y eso. Y a él le gustaría mucho que vinieras. Pero no se atreve a invitarte.

    – Ah! ¡Es eso! – me quedé muy aliviada. – Bueno, no sé. Quizá yo… o sea… pero… creo que él estará más cómodo con sus amigos y eso, de su edad. Y seguro que vendrá alguna chica que le guste.

    – No, no, ya te digo. Es una pequeña fiesta, familiar. Estaremos nosotros cuatro, la novia de Leo, mi hermana y su esposo y sus hijos. Y tú. Él lo celebra con sus amigos otro día, en un bar y eso. Y que sepamos, a Fernando no le gusta ninguna muchacha en especial ni tiene novia ni nada que se le parezca.

    – Ah, bueno… no sé… ¿Qué le parecería al tito que yo viniera? – temía que a él le disgustara verme allí. O que le violentara.

    – A Manuel? ¡Pues seguro que estará contento si vienes! Está muy satisfecho contigo, habla maravillas de ti, desde que eras una cría. ¡Y ahora, más! Bueno, a todos nos encantas. Y ya te digo, preguntamos a Fernando y nos dijo que le gustaría que asistieras. Te ha cogido mucho cariño. Para él eres como de la familia. ¡Para todos! Pero bueno, si no te va bien…

    – No, no, o sea… ¡me encantará venir, tita!

    – Pues todos contentos! ¡Tráete el bañador para la piscina!

    – ¡Oh, pero el agua estará muy fría!

    – Para tomar el sol! Y no te preocupes, la piscina está climatizada. ¡Si hace buen día, seguro que todos nos bañamos!

    – ¡Pues vale, tita! – me despido con dos besitos.

    Ansiaba que Manuel me dijera que fuera antes el jueves o al menos mandarme algunas palabras, pero nada. Fui a dar la clase a Fernando y cuando le dije que ya nos veríamos el viernes, el chico se puso colorado de vergüenza:

    – ¡Me dijo tu mamá que había sido idea tuya invitarme!

    – ¿Ah, eso te dijo? Bueno… quizá sí. ¡A todos les pareció bien! – avergonzado.

    – Ya, ya. Y yo, encantada, ¡Fernando! ¡Nos vemos mañana, guapo!

    – ¡Adiós, Esther! -colorado como un tomate y con ilusión en la cara.

    Al salir de la habitación, me disgustó que Manuel no estuviera allí tampoco, al menos para despedirme. Parecía evidente que se había cansado de mí. O que le defraudé al dejarme hacer aquello, que seguramente pensó que soy demasiado fácil. ¡Y demasiado puerca! Pero fue él quien insistió e insistió. Aunque es cierto que me encantó, eso sí. En fin.

    He pensado qué ropa y qué bañador llevar a la fiesta. Por un lado, querría ponerme un vestidito para gustar a Fernando y a Manuel, pero no debía ser demasiado atrevido, que allí iba a estar Lole y más miembros de su familia. ¿Y qué sería mejor? ¿Un traje de baño o un bikini? He estado mirando en mi armario. He decidido ponerme el vestido verde claro, con falda corta pero no micro y bastante escotado, pero no mucho. Vaya, que sea sugerente y sexy, aunque no enseñe demasiado. Pero me doy cuenta de que la mayoría de los bikinis son demasiado provocativos. Para la playa ya están bien, pero para la piscina y una fiesta familiar, no son adecuados, no.

    Y con los bañadores me pasa igual. Enseñan más que tapan. Tengo también los de natación, pero tampoco son indicados para el caso, claro. Al final escojo el bikini rosa eléctrico, el único que no tiene las braguitas tipo tanga, aunque la parte de arriba es minúscula. Cuando me lo pruebo, me sorprende ver cuánto me ha crecido el pecho desde el verano pasado porque me salen algo las tetas por los lados y apenas me cubre los pezones y aureolas. ¡Uy, y también se me ven algo los pechos por debajo! Podría ponerme la parte de arriba de otro bikini, pero no me gusta combinar. Bueno, a quien no le guste, ¡que no mire!

    – ¡Ya conoces a mi hermana Juani y a su marido Lucas, Esther!

    – ¿Te acuerdas de nosotros, hija? – Juani me da dos besos.

    – Sí, sí, ¡Juani! ¡Hola!

    – Cómo has crecido, Esther! – dice el esposo.

    – Pues sí, claro, ¡Lucas! ¡Es que ya no soy una niña!

    – No, no, ¡eso salta a la vista!- diría que me mira el pecho?- Ja, ja, ¡ja! Estás muy guapa!

    – Sí, toda una mujercita, ¡y muy bonita! – afirma su mujer.

    – Gracias, Juani.

    – Sí, sí, ¡guapísima! – corrobora su marido mientras me mira los muslos y seguro el culo al darme la vuelta para saludar a sus hijos. ¡Vaya con el tío Lucas!

    – Y tu debes ser… Jorgito!

    – ¡No, Esther! ¡Yo soy Ángel!

    – ¡Ah, Angelito! ¡Pero si ya estás hecho todo un hombrecito!

    – Ya tengo los dieciocho!

    – Jorge soy yo, Esther!

    – ¡Ah, hola, Jorgito! Así tú ya tendrás…

    – Veinte recién cumplidos!

    – Ah, así más o menos como Fernando. – nos damos besitos i él se acerca muy descarado.

    – A que están hermosos mis sobrinos!

    – ¡Sí, Lole, muy guapos!

    – Mira quien llega! – exclama Lole al ver que entran Leo y su novia- ¡Oh, Bea! ¡Tu tan guapa como siempre!

    – ¡Gracias, Lole! ¡Tu también estás guapa!

    – ¡Je, je! ¡Leo, presenta tu novia a Esther!

    ¡Lo cierto es que Bea es todo un pivonazo! ¡Vaya con Leo! ¡Hacen muy buena pareja, la verdad! Él me quiña un ojo y me hace un gesto juntando las manos que interpreto como que por favor no diga nada de lo que tuvimos ese día.

    – Y Fernando? -pregunto.

    – Está con su padre, los dos al mando de la barbacoa. Ve a saludarle, si quieres.

    – ¡Sí, sí! – salgo al jardín y me encuentro a Manuel solo.

    – ¡Hola, Esther! ¿Ya llegaste?

    – ¡Hola, tito! – voy a darle un beso en los labios, pero aparta su boca y se lo doy en la mejilla.

    – Esto pronto ya estará a punto! Ve a tomar algo con los demás, hija.

    – ¿Me echas, tito?

    – No, no, pero aquí hace calor.

    – Ya. Bueno. ¿Y Fernando?

    – Ha entrado a buscar más salchichas.

    – Ah! ¿Estás bien, tito?

    – ¡Sí, claro! ¿Por qué lo preguntas?

    – Bueno, como… o sea… esta semana no…

    – ¡Ah, mira, aquí está el pequeñín de la casa!

    – ¡Hola, Esther!

    – ¡Hola, Fernando! – le doy un par de besos en la mejilla y él se ruboriza – ¡Felicidades, hombretón!

    La comida transcurre sin mucha historia. Luego sacan el pastel y le cantamos la canción y eso. Antes de soplar las veintiuna velas, él pide un deseo. Aunque es secreto, me mira por un instante y me ilusiona pensar que el deseo tiene que ver conmigo (algún tiempo después supe que así fue). Le damos los regalos y se le ve muy feliz. Parece que le gusta el videojuego que le regalo para su consola de ultimísima generación. Nos damos dos besitos. Diría que me mira el pecho y me huele. ¡Qué bien!

    – ¡Anda, niños! ¡Es hora de ir a la piscina! – anuncia Lole. – ¡Venga, a ver quien es el primero en inaugurar la temporada!

    – ¿No estará muy fría, Lole? – pregunta Juani.

    – Que va! ¡Y con este sol!

    – ¡Yo, si no os importa, antes iré a echar una siestecita!

    – Manuel, tú y tus siestas!

    – ¡Déjale, Lole, pobre! ¡Trabaja toda la semana! Es normal que hoy que puede… -le defiende Juani.

    – Sí, la verdad es que últimamente está muy cansado – exclama Lole.

    – Agotado! -diría que lo dice por mí porque me mira – Luego vengo y me baño.

    – Yo me tengo que poner el bikini. – digo a Lole.

    – ¿Ah, no lo llevas puesto? Fernando, acompaña a tu maestrita particular a que se ponga el bikini.

    – Sí, mamá. ¡Ven, Esther!

    Fernando me conduce a una habitación.

    – ¡Vale, gracias, Fernandito!

    – ¡Hasta luego, Esther!

    – Hasta ahora. No te quedes por aquí a espiar como me cambio, ¿eh? ¡Je, je, je!

    – Eh? ¡No, yo nunca haría eso! – se sonroja.

    – Es una broma! ¡Pero si quieres… ja, ja, ja! Por mí… o sea…

    – ¡No, no… me voy! – rojo como un tomate.

    Dejo la puerta entreabierta por si el chico quiere ver cómo me desnudo, pero nada, oigo que se aleja. ¡Vaya! ¡Yo que quería ofrecerle un buen striptease! Seguro que la habría encantado!

    Cuando ya llevo puesto el bikini y salgo de la habitación, veo que él está en la cocina.

    – ¡Hola, guapo!

    – ¿Ah, ya terminaste? – se sorprende al ver casi todas mis tetas. El bikini apenas cubre mis pezones.

    – Qué haces? – me acerco tanto a él para que sienta mis pechos pegados a su espalda.

    – Estoy… preparando … esto… unos mojitos y unos gin-tonics. – titubea nervioso y seguro que excitado. Pero se aparta.

    – Ah! ¡Buena idea! – hago para que disfrute de la vista de mi escote y él abre mucho los ojos y creo que me vuelve a oler. ¡Qué rico! Estoy a punto de ofrecerle mis pechos para que me los mame. ¡Esto sí que sería un buen regalo de cumpleaños!

    – Yo… esto… ve, Esther, vengo enseguida.

    – Espera, si quieres yo…

    – No, no, ve con los demás.

    – Vale, vale, ya veo que molesto.

    – No, no es eso, no. Ya casi termino.

    – ¡Ya, vale, vale! – él se lo pierde, pero el caso es que yo, también.

    Me alejo de él caminando muy sensualmente porque estoy segura de que mira el culo. Paso por delante de una habitación y veo a Manuel tendido en la cama. ¡Esta es la mía!

    – Hola, tito. ¿Estás dormido?

    – Eh? ¡Ah, hola, Esther! No, todavía no.

    – Te gusta mi bikini? – me exhibo ante él.

    – Sí, estás muy guapa. ¡Bueno, tú siempre estás guapa!

    – Gracias!

    – ¡Y con tan poca ropa, aún mejor!

    – ¡Oh, je, je! – Me acerco para darle un beso y para que admire mi pecho.

    – No, no, Esther, ve con los demás.

    – Es que no te gusta verme en bikini?

    – ¡Pues claro que sí, hija! ¡Este bikini es muy bonito! ¡Pero me gusta más la parte de arriba, la verdad!

    – Es minúscula!

    – ¡Sí, je, je, precisamente por eso, ja, ja!

    – Quizá crees que no es adecuada!

    – No, no, al contrario. Un pecho tan bonito no debe esconderse.

    – Qué amable!

    – Es la verdad. En cambio, las braguitas, no sé, me parecen demasiado…

    – Ya, sí, pero es que los otros bikinis que tengo… o sea… los llevo en la playa… pero es que son tipo tanga… micro… me gusta que me de el sol en todo el cuerpo. Por detrás son poco más que un hilo dental.

    – ¡Pues seguro que la parte de abajo me habría gustado más que la de este, je, je! – me guiña un ojo. – ¡A ver, acércate, venga! ¡Vamos a arreglar la cuestión de tu bikini! – me acerca a él y me baja las bragas y me las quita.

    -Tito! ¡Pero…!

    – ¡Vale, ahora estás más sexy, ya puedes ir a la piscina, ja, ja, ja!

    – Pero… cómo quieres que…? O sea… ¡No puedo presentarme ante todos sin bragas!

    – Pues yo no te las pienso devolver! – se las acerca a su cara y las huele con cara de satisfacción. – Te las acabas de poner y ya huelen a hembra en celo! ¡Hala, ve, ve a la piscina, cerdita!

    – Pero ¿cómo quieres que…? ¡Pensaran que soy una fresca!

    – Pues toma esta toallita y te cubres con ella.

    – ¡No, tito! ¡Pero si es poco más que un palmo de tela! ¡Ay, de verdad! ¿Tito, y esto? – me doy cuenta de que la sabana que le cubre forma una tienda de campaña.

    – ¡Sí, mira! – aparta la sabana y muestra su pene totalmente empinado – Siempre me desnudo para dormir, aunque sea para una siesta. I al verte así… casi sin ropa y viendo que estás en celo…

    – ¡Tito, ay, por favor! ¡Venga, si me devuelves las braguitas, te la chupo, va!

    – Seguro que te mueres de ganas, pero no. ¿Qué iban a pensar si tardas tanto en salir?

    – Será un momento… o sea… verás como… – me relamo y me acerco a él y me inclino para…

    – No, no, ve…

    – ¡Ay, tito, es que mira como estoy! – aparto unos milímetros la parte de arriba del bikini para que me vea los pechos con los pezones tiesos y levanto la pelvis para que me vea el sexo chorreando.

    – ¡Oh, hija! ¡Es que eres una calentorra! ¡Te resbala el flujo por los muslos!

    – ¡Ay, sí tito! – me acerco a él y le tomo una mano y se la acerco a mi sexo y se la empapo con mis jugos mientras hago que la otra acaricie y agarre mis tetas! ¡Le tomo la verga y la empiezo a masturbar! – ¡Hazme correr, tito! ¡Corrámonos juntos!

    – Pero Esther! ¡Que nos descubrirán!

    – ¡Tito, méteme los dedos, así, así, ah, va, oh… yo ya estoy a punto… ah, me muero, así, más, más! ¡Ya, ya! ¡Oh! – tengo un orgasmo bestial y le lanzo chorros y mojo la cama mientras le masajeo con las dos manos su miembro que sigue creciendo, aunque parezca imposible.

    – Va, Esther, déjalo, va…

    – ¡Oh, pero tito!

    – ¡Ya está, ya te has corrido, va guarrita, deja mi polla tranquila!

    – Pero… o sea… si estás… será un instante… deja que te la…

    – ¡No, no, venga, cúbrete con la toallita y vete, que verán que tardas mucho! – me pone bien la parte de arriba del bikini.

    – ¡Pero esta toalla… o sea, es muy pequeña, si casi no me tapa nada!

    – Es lo que hay! ¡Anda, ve!

    Salgo a la piscina y veo que aún nadie se baña. Leo está muy acaramelado con su novia que lleva un bañador verde pistacho muy atrevido. Por detrás se le ve todo el culo. La verdad es que es muy atractiva. Se están dando besitos y caricias, sonriendo, acariciándose. Los tres chicos, Fernando y sus dos primos, están al lado de la piscina con los pies en el agua. Diría que me están mirando. Es más, tienen la mirada fija en mi pecho. Y en la toalla que es poco más que una microfaldita y sin nada debajo. Por poco que me mueva me lo verán todo. La verdad es que me gustaría. Y a ellos les encantaría. ¡Seguro que se correrían solo con ver mis tetas y mi coño! ¡Y mi culito! Ante todos los chicos tan guapos, estoy tentada en apartar la toallita y… pero no, claro, aquí no puede ser. Lole exclama:

    – Esther, sí que has tardado, hija!

    – Sí, bueno, o sea…

    – Qué, te atreves a ser la primera en bañarte?

    – Eh? Yo… bueno… no, de momento… – ¡no puedo ir al agua sin bragas, aunque me iría bien para refrescarme, que estoy ardiendo como una mona caliente!

    – ¡Pero deja la toalla, hija! ¡Sí que eres tímida!

    – No, no es eso… o sea… después… si acaso… luego.

    Me doy cuenta de que Fernando y sus primos miran fijamente mis pechos y me estoy excitando todavía más. Diría que de tan cachonda se me están hinchando y de un momento a otro mis tetas saldrán disparadas del minúsculo sostén. Incluso Leo deja de besar a Bea y abre los ojos como platos y me mira descaradamente. De alguna manera, me gusta porque, la verdad, sentía algo de celos al verle tan cariñoso con su novia. No me sorprende descubrir incluso que el tío Lucas también me mira medio disimulando. Seguro que todos desean que aparte la toallita. Se deben imaginar que llevo unas braguitas tan minúsculas como el sostén. Pero ni eso. ¡Qué sorpresa se llevarían! ¡Les iba a enloquecer!

    – ¡Venga, Fernando, a ver si animas a Esther a bañarse! – dice Lole.

    – Esther, quieres meterte en la piscina? – pregunta obediente el muchacho. – Sí?

    – ¡No, no, Fernando, ahora no! – la verdad es que me muero de ganas de meterme en el agua, a ver si se me pasa la calentura. Y más cuando me sorprende al ver que a los tres chicos no para de crecerles el paquete, aunque intentan esconder su erección.

    – Pues nosotros sí nos bañamos! – dice Jorge y se meten los tres en el agua de golpe – ¡Oh, está buenísima! ¡Venga, Esther, ven con nosotros! ¡Y tú, Bea, va!

    – ¡No, yo no, quizá después! – me gustaría estar con ellos tres en la piscina, tres chicos tan guapos y a los que compruebo que les excito; seguro que serían la mar de cariñosos y juguetones conmigo. ¡Vaya jugarreta me ha hecho Manuel guardándose mis braguitas!

    – ¡Va, Leo! ¿No? ¡Pues yo sí me meto en el agua con los chicos! – muy coqueta, Bea va a la piscina. Su novio se queda en la tumbona. – ¡Ay, qué fresquita! ¡Oh! ¡Ay! ¡Ah!

    – Que va! ¡Está muy buena! – contesta Ángel y no sé si se refieren al agua, a Bea o a mí.

    Yo también me estiro en la tumbona intentando que la toalla no permita que nadie se de cuenta que no llevo nada debajo. Decido que me voy a ir enseguida porque estoy en una situación incómoda. Y más cuando oigo que Leo dice a su tío Lucas.

    – ¡Sí, está muy buena! Y ya te digo, me extraña que no se aparte la toalla porque a ella le gusta mucho exhibirse.

    – ¡Ya, me sorprende ver que casi enseña todas las tetas!

    – ¡Ya te digo, tío! ¡Y mira que están para comérselas!

    – Yo, porque estoy casado con tu tía, porque si no…

    – ¡Ja, ja! Es muy atractiva y sexy, ¿verdad?

    – Me parece que tu… si no tuvieras novia…

    – ¡Pues la verdad es que… aunque tenga novia, no le haría ascos, ja, ja, ja!

    – Qué más quisieras! ¡Seguro que es de esas calientabraguetas, de las que le gusta que todos la miren y luego, nada de nada!

    – ¡No creas, tío, es verdad que le gusta exhibirse, pero ella es muy fresca y creo que se lo monta con más de uno! ¡Y sin ningún reparo!

    – A sí? ¡Vaya con la profesora! Así, aún me sorprende más que no se quite la toallita.

    – Será para hacerse la interesante! Miraré de descubrir qué misterio oculta.

    – ¡Bueno, yo me voy a bañar que este pivón me ha puesto a cien! – dice Lucas a su sobrino mayor.

    – Está muy buena y lo sabe. ¡A todos nos ha excitado! ¡Es muy exhibicionista, tío!

    – ¡Pues sí nos ha salido guarrita la chica, sí!

    – ¡Sí, ja, ja!

    Oír esta conversación me duele. ¡Será cabrón este Leo! Aunque debo reconocer que ver que les gusto tanto me ha calentado como si estuviera en un horno. Pero bueno, pierdo un poco el mundo de vista porque me duermo en la tumbona.

    – ¡Eh! ¡Leo! ¡Qué haces? – me despierto sobresaltada al notar que agarra la toalla y me la aparta unos centímetros.

    – ¿Cómo? Esther! ¡Pero…! Si… tú… no… vas sin…

    – ¡Calla, calla, por favor! ¡Nadie se ha dado cuenta! – me tapo enseguida.

    – Pero… ¿cómo vienes aquí sin…? ¡Esther!

    – No digas más! ¡Tiene una explicación! Ya te lo contaré… o sea… otro día.

    – ¡Ahora… estoy intrigado! – y levanta la voz para que todos le oigan– ¡Esther, ven, ya que no te bañas, entra conmigo a preparar algunas bebidas más, venga!

    – Vale, Leo, sí, te ayudo. -digo en voz alta, ruborizada, y le sigo procurando que no se me vea nada.

    En la cocina, intento inventar alguna cosa que convenza a Leo. No puedo decir la verdad.

    – ¡Mira, Leo, el caso es que… oh, ¡Leo! ¡No! – el muy cabrón me aparta la toalla de golpe y quedo desnuda ante él. Se la queda.

    – ¡Así estás más guapa, Esther!

    – ¡Pero Leo! – me tapo como puedo con las manos. Él me las toma y las aparta. – ¡No! ¡Devuélveme la toallita por lo menos!

    Bueno, hasta aquí la primera parte de “Profesora particular (5)”. ¿Te ha gustado? ¿Deseas ver cómo continúan mis aventuras en el día del cumpleaños de Fernando? ¡Verás que la cosa se pone mucho más caliente todavía!

  • Mostrándole el bulto a mi suegra

    Mostrándole el bulto a mi suegra

    No es algo que se suponía que debía pasar, créeme. Mi suegra no es atractiva, no es sexy, no tiene unas tetas enormes ni un trasero enorme. Esto pasó con la suegra de mi ex esposa. Durante unos 2 años después de que empezamos a salir, vivimos en la casa de sus padres. Yo trabajaba en la construcción, pero era invierno, así que solo trabajaba dos o tres días a la semana. Mi esposa trabajaba en el segundo turno del centro comercial, así que pasábamos el rato juntos por las mañanas, pero ella se iba a trabajar alrededor del mediodía y regresaba alrededor de las 10 pm. Mi suegro también trabajaba en el segundo turno, pero dormía en una habitación en el sótano.

    Rara vez subía, solo para desayunar o para charlar un rato con todos. No estoy seguro de qué pasaba con esa relación y mi esposa no hablaba mucho de eso. Algo me decía que lo atraparon engañándole y que, básicamente, vivía allí mientras estaba en la caseta del perro, por así decirlo.

    Bueno, vayamos al grano. Era diciembre y yo estaba descansando en casa mirando televisión, comiendo algo, trabajando en la computadora o haciendo lo que podía para mantenerme ocupado. Un día, después de que mi esposa se fuera a trabajar, decidí tomar una buena ducha caliente. Mientras me vestía, me di cuenta de que olvidé traer ropa interior, así que me puse mis pantalones cortos y una camiseta. No suelo andar por ahí jugando al baloncesto, pero me sentí bien y decidí quedarme como estaba. Después de un rato, me senté en el sofá y comencé a mirar televisión mientras mi suegra se sentaba y miraba conmigo.

    Al poco tiempo me quedé dormido, no recuerdo en qué estaba pensando o soñando, pero en algún lugar de mis sueños algo bueno estaba sucediendo y comencé a tener una erección. Estoy seguro de que estuve en el país de los sueños durante aproximadamente una hora y cuando comencé a despertarme, me di cuenta de que tenía una carpa enorme en mis pantalones cortos. No entré en pánico ni atraje más atención hacia mí. Simplemente me moví y empujé mi pene hacia mi pierna corta y contra mi muslo. Miré directamente a la televisión y pretendí que nada había pasado. Pero al mismo tiempo, giraba mis ojos hacia la derecha para ver si mi suegra se había dado cuenta de lo que había sucedido.

    Con solo mirar la expresión de su rostro y la forma en que respiraba, me di cuenta de que lo había visto todo.

    Después de ablandarme, me disculpé y fui al dormitorio. Me senté allí y pensé en lo que sucedería si le dijera a mi esposa que estaba sentado en el sofá con un gran trasero erecto en mis pantalones cortos.

    Después de todo mi pánico y de pensar en la situación, habían pasado 2 días y ni mi esposa ni mi suegra dijeron una palabra. Fue entonces cuando el pequeño diablo que está dentro de todos nosotros salió y me susurró algo al oído. “A ella le gustó”. Eso fue lo que me dijo el pequeño diablo. Ahora era sábado, mi esposa se estaba preparando para el trabajo y mi suegro se iba a hacer lo que fuera que hacía todos los sábados y domingos y no regresaba hasta bastante tarde. Tan pronto como mi esposa se fue, fui a mi habitación y elegí los pantalones cortos más delgados que pude encontrar.

    Encontré estos pantalones cortos grises de algodón delgado que no había usado en un tiempo y una camiseta de algodón blanca, luego me dirigí al baño para tomar una buena ducha larga y caliente. Después de mi ducha, me sequé, me puse los pantalones cortos y la camisa y procedía a ponerme semi duro. Entré a la cocina caminando alrededor de mi suegra asegurándome de hacer un gran espectáculo de mí mismo y de asegurarme de que ella pudiera ver bien mi polla colgante. Sí, lo que estaba haciendo era malvado, irrespetuoso e inapropiado. Pero en ese momento no me importaba una mierda. Hablé un poco mientras me preparaba un sándwich y un poco de café.

    Lavé algunos platos mientras empujaba mi pene contra la encimera y me aseguré de que todavía estuviera parcialmente erecto. Hice todo lo posible para asegurarme de que ella viera el bulto que le estaba mostrando.

    Fue estimulante. La mejor parte fue cuando me incliné hacia atrás apoyándome en la encimera empujando mis caderas hacia adelante para asegurarme de que mi pene fuera completamente visible. En ese momento sentí que mi pene se movía un poco y, como si fuera una señal, sus ojos se dirigieron hacia abajo y también lo notaron. Oh, sí, lo vio, su cara comenzó a enrojecerse, pero mantuve la compostura y actué como si nada hubiera pasado. Seguí charlando. Fue muy emocionante y en ese momento comencé a ponerme duro. Cuando sentí que mi pene se ponía más duro, pude ver que era difícil para ella mantener el contacto visual y miraba furtivamente hacia mi entrepierna.

    Seguí charlando sobre tonterías. Se levantó rápidamente y respiró profundamente como si estuviera tratando de recuperar el aliento y, mientras la miraba directamente a los ojos, se disculpó y se fue de la cocina. Tenía una sonrisa diabólica en mi rostro mientras se alejaba. Cuando se fue de la cocina, miré mi entrepierna y le dije a mi orgullosa polla: “Buen trabajo”.

  • Masaje tántrico (5): Final

    Masaje tántrico (5): Final

    Bueno, después de haber tenido tremendos polvos con Brenda. Deje de ir a esos lugares, ya que mi pareja comenzó a ponerme más atención. No sé si habrá sentido mi distanciamiento, o simplemente, el hecho de haberlo hecho esa noche después de tanto tiempo, despertó algo en ella que volvió nuestra vida sexual más interesante.

    Un día, caminando por la calle, a lo lejos pude ver a Alexa, vestía un vestido corto, que, si bien no era pegado, dejaba apreciar su cuerpo. Después de eso, me había quedado varios días pensando en Alexa, recordaba los masajes, su cuerpo, sus corridas y hasta el sabor de su vagina regresaban a mi mente. Me habían dado ganas de llamarla, pero realmente, mi vida sexual por el momento era satisfactoria.

    Unos días después, mi pareja me comentó que iba a viajar a visitar a su familia. Se iría 2 semanas. Yo no podía viajar por motivos de trabajo. Así que me quede solo en mi departamento. Los primeros días pasaron con normalidad. Pero después de haber estado acostumbrado a tener relaciones casi todos los días, empezaron a volver las ganas de llamar a Alexa. Decidí escribirle.

    -Hola Alexa, ¿cómo estás? – escribí – quisiera ver si estabas disponible para hoy.

    -Hola, sí, ¿pero qué servicio desea? – respondió rápidamente.

    -Bueno, sexo, pero no sé si se puede por horas, o si se pudiera toda la noche. –me atreví.

    -Si, el polvo está 100, si quieres por hora, serian 150 soles, pero ya por toda la noche, podría ser 700 soles.

    -Ok, si es toda la noche, ¿es trato de pareja no?

    -Si claro.

    Coordinamos todo el servicio, le dije que, si podía ser en mi departamento, respondió que sí. Mi departamento es bastante reservado, pero si ingresas con vehículo. Por lo que coordine recogerla y llevarla en mi carro. Acepto y nos despedimos.

    Cuando la vi llegar casi me vuelvo loco, estaba con un vestido pegado, muy pegado, era corto, con las justas le cubría el culo en su totalidad y unos pantis negros muy sensuales. La verdad que se le notaba muy puta. Yo estaba como loco.

    Se acercó al carro, se asomó a la ventana y al parecer me reconoció. Me saludó cordialmente y subió al carro. Llegamos rápidamente a mi departamento. Entre al estacionamiento y subimos por el ascensor, todos muy discreto, no podía arriesgarme a ser visto por algún vecino. El ascensor llega directamente a la puerta de mi departamento, así que una vez dentro, ya no habría opción a que nos puedan ver.

    Una vez dentro, la invité a sentarse, le ofrecí un trago. Nos servimos un ron cada uno y nos sentamos a conversar.

    -Me hubieras dicho que eras tú, te hacia una oferta, papi – me dijo.

    -De haber sabido – respondí sonriendo – jajaja.

    Seguimos conversando un rato, puse música, le serví más ron, estuvimos así un buen rato. Cuando volvimos a tocar el tema de Brenda, me dijo que pensaba que no me había gustado estar con ella.

    -¿Cómo se te ocurre? Si eres hermosa, sobre todo vestida, así como ahora – le dije mientras sobaba su pierna.

    -Gracias – respondió, se acercó a mí y me dio un beso en los labios.

    Comenzamos a besarnos muy apasionadamente. Pasaba mis manos por todo su cuerpo. Ella se subió encima mío, abriendo las piernas, lo que hizo que su vestido se subiera y dejara al descubierto ese hermoso culo. Lo apreté mientras nos besábamos hasta que se acercó a mi oído.

    -Quiero que me hagas venir como a Brenda – me susurró – me dijo que eras muy bueno en la cama.

    -Yo también la pasé muy bien, pero creo que contigo la voy a pasar mejor – atiné a responder.

    -Me vas a hacer todo lo que le hiciste a ella – decía gimiendo, mientras le besaba el cuello.

    -Todo lo que quieras mi amor – le respondí – te voy a chupar la concha, te voy a reventar la concha y el ano y te voy a llenar de leche por todas partes.

    -Uy que rico papi – respondió.

    Se levantó, tomó un sorbo grande de ron y me comenzó a sacar la camisa, mientras lo hacía, me besaba el pecho, pasaba su lengua por mi abdomen. Luego paso a quitarme el pantalón, mientras bajaba, seguía besando mi abdomen. Mi pene estaba semierecto, pero se notaba debajo del bóxer. Alexa se acercó y comenzó a besarme el pene por encima del bóxer. Masajeaba mis testículos. Yo quede solo en bóxer, sentado en el sillón. Ella se paró y se sacó el vestido rápidamente, quedando en ropa interior.

    Estaba tan excitado que quería apresurarlo todo, quería que se desvista. Ella se desnudó, rápidamente. Al quedar completamente desnuda, no me pude contener, me levanté y me abalancé contra sus tetas. Las besaba, mientras le apretaba las nalgas. Ella gemía. Mi pene se puso duro de golpe. Ella lo notó y metió una mano dentro de mi bóxer.

    -Wow, había olvidado lo grande que era – dijo sorprendida.

    -Y todo eso te vas a comer putita – le dije.

    La acomodé en el sillón, le abrí las piernas y metí mi cara directo a su vagina. Tenía un olor riquísimo. Comencé a lamer, le sobaba las tetas. Su concha estaba caliente y mojada. Agarro mi cabeza con sus manos y me apretó a su concha. Mi lengua ya estaba dentro de ella. La comencé a mover, su concha se humedecía más. Sus pezones estaban duros y grandes.

    -¡Ah por dios, que rico lo haces -decía gimiendo – sigue así por favor!!!

    Yo seguía lamiéndole la concha, ella puso sus piernas en mis hombros y se contorsionaba. Movía su pelvis de arriba hacia abajo y gemía. Después de un rato, grito y me inundo la boca con su corrida. Se desplomo en el sillón y trato de recuperar el aire.

    -Que delicia papi. Me has hecho venir como loca – decía aun agitada – ahora te toca a ti. Párate y quítate eso – me ordeno señalando mi bóxer.

    Me paré frente al sillón, me saqué el bóxer y ella rápidamente se metió mi pinga a la boca. Chupaba fuerte, se la metía toda hasta la garganta, al sacarla de su boca, le pasaba la lengua y se la volvía a meter. Me sobaba las bolas con una mano y con la otra las nalgas. De vez en cuando se la metía hasta el fondo y la dejaba ahí unos segundos, cuando la sacaba, escupía hacia mi pene y abdomen. En un momento, coloco sus dos manos en mis nalgas, las abrió y comenzó a sobar la entrada de mi ano. Creo que era una de las mejores mamadas que me habían dado en mucho tiempo. No me quería venir aún, así que me separe.

    -Ven – le dije, jalándola hacia la mesa del comedor – apóyate acá, quiero que esas nalgas reboten en mi barriga.

    Le pregunte si tenía preservativo y me dijo que no, que quería que se la meta todita así no más. No dudé, estaba muy excitado. La apoye en la mesa, sus tetas aplastándose en el vidrio de la mesa y el culo levantado. Le abrí las nalgas y metí dos dedos en su concha, los moví fuertemente hasta que noté que se comenzaba a mojar. Le saqué los dedos y le metí la pinga de golpe hasta el fondo.

    -Ahhh, puto despacio – me dijo, pero no le hice caso y comencé a bombear rápidamente.

    -Me dijiste que te haga lo que le hice a Brenda, así que te espera toda una noche de sexo duro – le dije envalentonado.

    Aceptó y seguí bombeando, comenzó a gemir. Sentía su concha bien mojada, estaba chorreando. Comencé a darle nalgadas. Ella comenzó a mover el culo de arriba a abajo. Gemía como loca. Le abrí las nalgas y escupí en la entrada de su ano. Comencé a sobar con un dedo. No dijo nada, así que lo metí hasta la mitad. Dio un respingo de sorpresa y luego siguió moviendo el culo.

    -¿Quieres que te reviente el culo también perrita? – pregunte empujando más el dedo.

    -¡Si!!!! ¡Por favor!!! Quiero que me rompas el culo – respondió casi gritando.

    Seguí un buen rato bombeando mientras estimulaba su ano. Después de haber metido dos dedos y cerciorarme que su ano estaba dilatado lo suficiente. Se la saque de la concha. La levanté y la recosté en el piso. Subí sus piernas lo más que pude, para dejar su ano en buena posición. Coloqué la punta de mi pinga en la entrada y comencé a empujar. Entro casi sin dificultad hasta el fondo. Comencé a moverme despacio, ella gemía, me decía que le gustaba. Agarro sus piernas mientras yo masajeaba su clítoris y sus tetas. Seguía gimiendo. Comenzó a estremecerse.

    -Puto me vas a hacer venir de nuevo, lléname el culo de leche puto – decía desesperadamente.

    -¿Quieres mi leche puta? – pregunté.

    -¡Si! ¡Me vengo!!!

    Comenzó a eyacular lanzando un gran chorro que saltó por los aires y cayó en sus tetas y su cara. Esa imagen fue demasiado y sentí como el semen recorría mi pene y salía llenándole el culito. Después de una larga corrida, se la saqué del culo y me desplomé encima de ella. Caí de cara en sus tetas mojadas por su corrida y comencé a lamerlas para limpiarlas. Su sabor era delicioso.

    Después de descansar unos minutos, nos volvimos a sentar en el sillón, le serví un ron y nos pusimos a conversar.

    -Estuvo riquísimo – me dijo – ¿esto haces con tu pareja todos los dias?

    -No exactamente -reí – a ella no le gusta tan duro.

    -De lo que se pierde. Eres una máquina papi.

    Seguimos conversando un buen rato, ambos desnudos. Luego nos levantamos y le hice el tour del departamento, le mostré la cocina, el dormitorio, el estudio y el pequeño salón de televisión. Y bueno la sala y el comedor ya lo había conocido a fondo. No es un departamento muy grande, pero si es cómodo. Le mostré también el baño de mi dormitorio, era un baño normal., pero con una amplia ducha.

    -Que grande tu ducha, ¿entraremos los dos? – pregunto coquetamente.

    -Claro que si – respondí – siempre nos ha gustado hacerlo en la ducha, por eso es así de amplia.

    -Bueno, ¿entramos entonces?

    Fuimos a la ducha, puse el agua caliente y nos metimos. Era excitante ver como el agua caliente corría por todo su cuerpo. Me distraje mirándola ducharse, hasta que ella me jaló y me abrazó, plantándome un ardiente beso en la boca. Nuestras lenguas jugueteaban dentro y fuera de nuestras bocas. Eran besos muy húmedos. Yo sobaba sus tetas y ella mis testículos. Ella se agacho y comenzó a besarme alrededor del pene mientras me masturbaba. Luego comenzó a lamerme las bolas. Se las metía enteras en la boca y las succionaba. Todo esto mientras me masturbaba ferozmente.

    Luego se metió mi pene en la boca y volvió hacerme una mamada de campeonato. Realmente tuve que usar todas mis fuerzas para no venirme con esas mamadas. Era una experta chupapingas. Le pedí que se levante y le levanté una pierna, sosteniéndola con mi mano. Con la otra mano dirigí mi pinga a su concha y empujé con fuerza, una vez más, entro de golpe hasta el fondo, se abrazó de mi cuello.

    -Me encanta tu verga papi. Y me encanta como me tiras – susurro en mi oído.

    -A mí me encanta tu concha mojada – respondí – quiero tirarte toda la noche sin descansar.

    -Que rico papi, venirnos mil veces. ¡Métemela toda!!!!!!

    Seguí bombeando, me movía rápido, ella gemía y su concha se mojaba y chorreaba. Sentía como se deslizaba con facilidad dentro suyo ayudado por sus jugos. Levante su otra pierna y la cargue.

    -Agárrate de ese fierro – le ordené, mostrándole un fierro que habíamos puesto en la pared de la ducha, exclusivamente para esta pose.

    -Wow. Estas bien preparado papi – me dijo – creo que tu novia es una putita también.

    -Ya te dije que nos encanta hacerlo acá.

    Ella se colgó del fierro, levante sus piernas y se las apoyaba en mis brazos. Se la metía con fuerza, bombeaba rápido, vi cómo se mordía los labios y su concha chorreaba mientas ella trataba de estirar las piernas. Asumí que se había corrido. Se la saqué de la concha y la metí en el ano, que seguía dilatado, pero seguía apretando delicioso. Seguimos así un rato, hasta que decidimos salir de la ducha.

    Me empujo en la cama y se subió encima mío, dándome la espalda. Ahí veía sus nalgas rebotar mientras me cabalgaba. Metía dos dedos en su ano. Su culo me tenía loco. Ella se levantó, me ordeno que espere y fue a la sala. Cuando volvió, tenía un pequeño consolador en la boca. Lo saco y estaba embarrado de su saliva.

    -Métemelo por el culo, quiero que me claves por los dos huecos. – me dijo, dándome el consolador y subiéndose nuevamente encima mío,

    Volvió a cabalgarme, agarrándose las nalgas mientras las abrió para dejarme ver su dilatado ano. Sin pensarlo dos veces, metí el consolador en su ano, entro todo. Mientras ella se movía encima mío, yo metía el consolador en su culo a gran velocidad. Comenzó a gritar.

    -¡Me voy a correr de nuevo papi, sigue así, duro!!!! – gritaba mientras se movía a gran velocidad.

    -Vente otra vez, quiero tirarte la leche en la cara – le dije.

    Comenzó a correrse y se desplomo, mientras yo la seguía clavando por el culo. Me levante, la voltee para que quede boca arriba y me masturbe hasta explotar u bañarle la cara de leche. Nos recostamos uno al lado del otro.

    -Que rico lo haces papi. Realmente eres una máquina. Has hecho que me corra como loca – dijo recuperando el aliento de a pocos.

    -Tú también, realmente eres tan buena como imaginaba.

    Nos recostamos abrazados y después de besarnos cariñosamente nos dormimos.

    Unas horas después, me desperté. Me levanté tomar un poco de agua y al regresar, al verla desnuda, boca abajo, con el culo al aire. Decidí abrirle las nalgas y chuparle la concha. Estaba excitado otra vez y quería aprovechar al máximo esa noche.

    Debe haber terminado muy cansada, porque demoró en despertarse. La concha ya la tenía chorreando cuando sentí que despertaba, me levanté, y así echada, se la metí de golpe. Eso hizo que se despertara de golpe con un grito de placer. Se lo estaba haciendo con furia. Se la metía rápido y fuerte. Ella gemía y agarraba las sábanas con fuerza. Estuvimos en esa posición un buen rato, hasta que se levantó y me empujó en la cama, se subió encima mío y me comenzó a cabalgar con rapidez. Veía sus tetas rebotar en el aire mientras ella saltaba encima de mi pinga. Estiré mis manos y comencé a masajearle las tetas. Se las apretaba con fuerza y ella gemía.

    -¡Qué rico papi, apriétame las tetas! – decía entre gemidos.

    Me levanté y comencé a besarle las tetas y en la boca, lo hacía como un desesperado. Estaba en la gloria. Ella movía sus caderas de atrás a adelante. Estaba mojando mis vellos púbicos, mientras frotaba su clítoris con ellos. Yo la ayudaba con los movimientos, empujando su gran culo. La cargue y la coloque al borde de la cama, boca arriba. Me pare al borde de la cama y comencé a metérsela con mucha fuerza. Ella gritaba de placer.

    -Párteme en dos puto – gritaba – haz que me venga de nuevo maldito. Lléname la concha de leche.

    -¿Quieres mi leche putita? – pregunte, sabiendo la respuesta – quieres la leche de tu macho dentro no perra?

    -¡Si por favor!!!! Vente conmigo mi amor.

    Comencé a bombear con fuerza, ella se movía también acompañando mis movimientos. Comenzó a gritar y a convulsionar.

    -¡Me vengo! – gritamos al mismo tiempo, mientras nuestras corridas se mezclaban en su interior.

    Nos volvimos a recostar y nos dormimos otra vez.

    En la mañana, fue ella la que me despertó con una mamada. Despertar con la imagen de su cara mirándome mientras se metía mi pinga en la boca, era lo máximo. Se la saco de la boca, completamente erecta y chorreando con su saliva.

    -Quiero que me claves de nuevo. Pero rápido que me tengo que ir papi – me dijo.

    La recosté en la cama, puse sus piernas en mis hombros y se la metí de golpe. Se debe haber estado tocando mientras me la chupaba, porque estaba completamente mojada. Esta vez lo hicimos solo en esa posición, ya que tenía que ser rápido, se la metí fuerte y rápido hasta que sentí que se venía. Se la saque y le ordene que me la chupe. Me hizo una de sus extraordinarias mamadas hasta que me vine llenándole la boca de leche.

    Poco después se levantó, se dio un duchazo rápido, se cambió y se fue.

    -Ya me voy papi, pero esto no puede quedar así, puedes llamarme cuando quieras, quiero ser tu amante. Quiero que me claves cuando se te antoje – me dijo dándome un húmedo beso en los labios.

    -Está bien mi amor. Yo también quiero que seas mi amante – respondí, se despidió y salió.

    Después de eso, la volví a llamar muchas veces. Fuimos amantes por casi 3 meses hasta que se mudó a otra ciudad y nunca más la volví a ver. Una vez, tuve que viajar por trabajo y decidí llevarla como mi pareja. Estuvimos una semana de viaje. Yo salía del hotel a trabajar y ella esperaba en la habitación o salía a pasear. En la noche tirábamos como si no hubiera un mañana.

    Fin de la serie.

  • Me convenció un panameño y me terminó cogiendo

    Me convenció un panameño y me terminó cogiendo

    Me encontraba paseando en la Zona Rosa de la ciudad de México, era aun relativamente temprano aquella ocasión, a eso de las 2 de la tarde si mal no recuerdo. Me fui a buscar una fondita donde comer, pasando a la fondita y tomando asiento, esperando a que me atendieran, empecé a navegar en mi celular en la actualmente poco usada aplicación de WeChat, revisando en una pestaña que te permitía ver “personas cercanas” de los usuarios de la aplicación, viendo que había de interesante, de momento, no viendo nada que me llamase la atención, dejando de lado del celular para consumir los alimentos solicitados.

    Ya habiendo acabado de consumir mis alimentos, volví a revisar la aplicación, teniendo una notificación de solicitud de mensaje, de una persona cercana, así que me dispuse a leerlo, lo primero que vi, su foto, una persona más o menos madura, de tes morena, cuyo nick decía PanaMX, en el mensaje escrito, estaba primero un saludo, seguido de si podía charlar con él, luego de decirme que le había gustado mucho y que si se podíamos ver que se podía dar entre ambos, a lo que empecé a contestar el mensaje, viendo su perfil, decía que medía 1.80 m.

    No se me hacía guapo, pero se me hizo atractivo la verdad, me escribió luego de que le conteste, diciendo que era originario de Panamá, diciéndome que se encontraba en tal lugar cerca del metro Insurgentes, que le había salido en la aplicación que estaba relativamente cerca.

    Empezamos con las típicas preguntas y respuestas, así que, nos pusimos de acuerdo, para vernos en ese momento, pues al menos para conocernos y platicar un rato, ya habiendo terminado todo, me retire de la fondita y comencé a caminar al metro Insurgentes, que se encontraba relativamente cerca, le mande el dato de cómo iba vestido, siendo en esa ocasión con pantalón de mezclilla color azul, tenis blancos con líneas azules, playera negra sin estampados y una gorra de color rojo con estampado negro, pidiéndole que me dijera el cómo iba vestido, para poderlo identificar, así como también mencionándole en donde más o menos podríamos vernos, que sería en un área de bancas, debajo de unos pilares del metro Insurgentes, cercano a una salida que da a una de las calles.

    Respondiéndome que iba de pantalón color azul de mezclilla, playera roja con un estampado en color negro, gorra blanca con estampado negro y tenis de color negro, estando de acuerdo en el lugar donde le comenté que nos veríamos, mencionando en su mensaje que ya estaba ansioso de conocerme.

    Me dirigí al lugar convenido del por la parte de fuera del metro Insurgentes, me dispuse a sentarme en una de las bancas de cemento ahí dispuestas, esperando a que arribara, no pasaron muchos minutos, cuando veo que se está acercando alguien que viste de la forma en que me había mencionado en el mensaje, así como también darme cuenta de que era algo más alto que yo, de figura un tanto robusta, se veía más o menos de complexión fornido, al percatarse de que estaba sentado en la banca, acelero su paso, dirigiéndose a donde yo estaba, al ya estar cerca, me puse de pie y le salude de mano, tome asiento y él se sentó a mi lado, primero un poco lejos de mí.

    Empezamos a charlar, iniciando el, preguntándome, que era lo que andaba haciendo por ese lado, a lo que le conteste, que estaba paseando, ya que tenía descanso de mi trabajo, aproveche para ir a pasear por ahí y que ya casi estaba casi por retirarme, al escucharme mencionar eso, me dijo, oh vaya, mira, yo estoy aquí por cuestiones de trabajo, me vine de ciudad Panamá a probar suerte aquí en la ciudad de México y no me puedo quejar la verdad, no me tan bien, pero tampoco tan mal y andaba de este lado, así como tú, dando un paseo y conociendo el lugar.

    Continuando con la charla, veo que se acerca un poco más a mí en el asiento, diciéndome, la verdad, a mi gusto, te vez guapo, cuando entre en la aplicación y vi tu foto me llamaste la atención, por eso me decidí a mandarte el mensaje, no pensé que me fueras a responder, al escuchar esto, le contesto, la verdad no estoy guapo como tú dices, simplemente me lo dices para quedar bien, me anime a contestar, porque te me hiciste atractivo y pues estamos relativamente cerca, así es que pensé, porque no darme una oportunidad de conocerlo, lo que si te digo, es que puede ser que no sea lo que tu buscas en sí, me pregunta el, porque piensas que no seas lo que busco, me gustaría que me dijeras de ti, ya que estamos aquí.

    Luego de decir eso, se acercó más, pegando su cuerpo al mío estando sentados, viéndome a los ojos, contestándole yo, un poco nervioso por su cercanía, bueno, mira, yo soy de roll pasivo, no sé si estes interesado en eso, cuando me escucho decir eso, esbozo una enorme sonrisa, para luego poner una de sus manos encima de mi pierna, a lo que yo, tome su mano y la retire de momento, si bien es cierto, el lugar que escogí para vernos, no había realmente gente alrededor y no era muy visible a los demás, si me tomo desprevenido con la acción, a lo que luego de eso le respondo.

    Me dijo luego de que retirara su mano, para mi mucho mejor, yo soy activo, la verdad que, si me gustas bastante, estaba esperando que me dijeras que si eras pasivo, quiero que me des la oportunidad.

    Al decirme eso, nuevamente puso su mano encima de mi pierna y me dice, te parece si vamos a otro lugar, pasando su mano por mi pierna, acariciándome por encima del pantalón, a lo que le conteste, bueno, si estás de acuerdo, vamos a ver que se puede hacer, luego me dice el, sabes, me gustaría conocerte de forma más íntima, más a profundidad, porque no vamos a un lugar más privado, ¿te parece bien?, sin dejar de acariciar mi pierna, a lo que yo le contesto, déjame pensarlo, no conozco bien por aquí, a lo que él, pasa su mano por detrás de mi espalda y soba una de mis nalgas y me insiste, Vamos, te aseguro a que no te vas a arrepentir.

    Diciéndome esto viéndome a los ojos y pude notar en sus ojos ese deseo carnal en él, estuvo a punto de besarme. pero me puse de pie, diciéndole, está bien, vamos, poniéndose el de pie, al hacerlo, poso su mano sobre mis nalgas, dándoles una ligera caricia, no prestándole yo mayor atención, empezamos a caminar y seguir comentando de cosas triviales, entramos al metro, para dirigirnos a un lugar que yo conocía un poco mejor, llegamos al lugar, al bajar del metro, nuevamente paso su mano por mis nalgas, de forma rápida, continuamos, llegando a un hotel que se encuentra a unos metros saliendo del metro.

    Entramos al hotel, me dirigí a la recepción y solicite una habitación, habiendo pagado la misma, me entregan la llave y nos encaminamos a subir las escaleras, mientras íbamos subiendo, él, empezó de maldoso, dándome algunas nalgadas, metiendo su dedo entre mis nalgas por encima del pantalón, al llegar al piso indicado, estando frente a la puerta, la abrí con la llave, no había terminado de abrir la puerta, cuando él, tomándome de los hombros y de la cintura, me empuja hacia dentro, aprovechando el movimiento y dándome un arrimón bastante pronunciado, que de inmediato, me hizo sentir que ya estaba algo duro por debajo de su pantalón.

    Luego me soltó, para darse la vuelta y cerrar de manera rápida la puerta, una vez hizo eso, se dirigió bastante rápido a donde yo estaba de pie, sin darme tiempo de reaccionar, me tomo de frente, sosteniéndome con una mano en mi cintura, me dio un pequeño jalón, que hizo pegarme a él, para acto seguido, empezar a besarme y con su mano suelta, comienza a manosearme por encima de mi ropa, acariciándome, sobándome, apretándome, mientras me seguía besando.

    Un momento después, me deja de besar y se separa de mí, para luego tomarme con sus dos manos por la cintura y moviendo mi cuerpo de tal forma para que me dé la vuelta, poniéndome de espaldas a él, pegando en esta posición, su cuerpo al mío, notando nuevamente, que había algo en su pantalón que ya estaba duro, diciéndome al oído, mira cómo me has puesto eh, ahora tendrás que hacerte responsable de esto.

    Apenas termino de decirme eso, empezó a tocarme de nuevo mi cuerpo por encima de la ropa, para luego, quitándome la playera con cierta desesperación, con sus pies, con algunos movimientos, consiguió que me quitara los tenis, me fue llevando entre cada caricia y manosea, a que fuera dando paso tras paso, hasta que finalmente, me tuvo contra la pared, al tenerme en esa posición, me movió con sus manos para que me volteara, teniéndome de frente nuevamente y haciendo que pegara mi espalda a la pared, para que luego, él, usando una de sus manos, tomo mis dos manos, las levanto por encima de mi cabeza y ahí las sostuvo, no permitiendo que las moviera.

    Estando yo de esta forma, él, comenzó a besarme de manera efusiva, para luego, bajar su boca y empezar a chupar mis pezones, pasando de una otro, en eso, con su mano libre, la llevo hasta donde estaba mi pantalón, después, desabrocho el cinturón que traía puesto, luego de esto, desabotono el pantalón y bajo el cierre del mismo, una vez hizo eso, dejo de chupar mis pezones, suelta mis manos y ya con sus dos manos libres, me toma por la cintura, haciéndome girar, quedando con mi espalda a su vista, teniendo en esa postura, sentí su boca cerca de mi oreja y luego empezó a pasar su lengua por mis orejas, para después, ir bajando por mi cuello, provocando que de vez en vez fuera soltando algunos gemidos de placer.

    Después de mi cuello, empieza a bajar por mi espalda, besando y pasando su lengua por el canal que se forma en medio de mi espalda, provocando con esto que suelte algunos gemidos algo más fuertes, pone sus manos a los lados de mi cintura, sosteniendo el pantalón con sus dedos, para luego, de un movimiento rápido y casi en desespero, bajar mis pantalones por completo, ayudándose con su pie para terminar de sacarlos, dejándome únicamente con el bóxer, continua entonces con su boca, regresando a la posición donde se había retirado, contina bajando hasta que, llega finalmente a la altura de mis nalgas, con su boca toma mi bóxer y lo bajo por completo, tenía mi culo ahora expuesto a su vista.

    Menciono que en ese momento, me sentí vulnerable al estar desnudo completamente ante él, más que nada, porque estaba siendo prácticamente dominado por él, quise intentar darme la vuelta, pero él, haciendo uso de sus manos, me tomo con fuerza y evito que me girara, luego, aplicando algo de su fuerza, me obliga a inclinarme hacia delante, de esta forma, ponerme en posición empinado, quedando con mi cabeza apoyada en la pared, acto seguido, él procede a hincarse, empezando a manosear mis nalgas, también, aprovechando su posición de dominio y pegándome algunas nalgadas, luego acerco su cara y empezó a besarlas con avidez, lamiéndolas.

    En un momento, siento como pone sus dos manos en mis nalgas y de un movimiento las separa, dejando a su entera vista, mi culito, que por la sensación de expuesto en ese momento, respingo, contrayéndose, él, al ver esta esta acción, expresa con una voz bastante excitada y satisfecha, “mira nada más que rico culito me estabas escondiendo, hasta responde como ansiándome”, luego de haber dicho eso, empiezo a sentir como comienza a besarlo, a pasarle la lengua por todo alrededor de su forma, así como también, pasar uno de sus dedos, jugueteando alrededor del orificio de mi culito, pasando nuevamente su lengua, siento como está dejando bastante de su saliva, sintiendo esa humedad cada que pasa su lengua.

    La verdad, estaba disfrutando bastante las sensación que me estaba provocando, entre mí ya notoria excitación y el ferviente deseo que está manifestando él, siento como pone la punta de uno de sus dedos en la entrada de mi culo, tratando de hacer fuerza para ir metiéndolo, pero mi culo, en ese momento, se resiste a ceder, luego de hacer el intento, se levanta de esa posición, me agarra con sus manos por mi cintura y me obliga a ponerme de pie, para acto seguido, llevarme hacia la cama, ejerciendo un poco de su fuerza, me pone de tal forma, que hace sentar en la cama, con una de sus manos, toma mi barbilla, me hace levantar la cara y me planta un beso bastante apasionado.

    Luego al dejar de besarme, se pone de pie frente a mí, con un movimiento rápido, se baja el pantalón, junto con su ropa interior, en ese instante, salta al aire, liberada de la presión de la ropa, una verga bastante grande y de buen grosor a mi forma de ver, él, la agarra con su mano, para luego acercarla a mi cara, pasando la punta de su verga por mi boca, restregándomela, primero por mis mejillas, luego por mis labios, rozando la punta la comisura de los mismos, emana un aroma a hombre, a excitación, me está gustando, la vuelve a poner en mis labios y hace un movimiento que me da a entender que quería que se la empezara a mamar.

    Entonces con esta insinuación, empiezo a meterla en mi boca, tratando de ver hasta donde podía, sacándola, para luego, pasarle mi lengua por la cabeza, bajando por el tronco, subiendo hasta la cabeza y luego volviendo a meter en mi boca, tratándola de ensalivar bastante, empiezo a escuchar que está soltando gemidos bastantes fuertes, entre los gemidos, dice en voz fuerte y sin duda excitada, “Que rica boquita tienes, sigue así”, continuo por ese momento con mi mamada, escuchando sus gemidos y sintiendo en mi boca el sabor de su liquido preseminal que ya sale con bastante profusión.

    Seguía mamándosela, pero, él, haciendo uso de sus manos, detiene mi acción, para luego decirme en su voz excitada, “creo que ya es momento de probar tu culo, ya quiero cogerte, quiero sentir tu interior”, una vez que dijo eso, se agacha hacia mí, me besa apasionadamente, para luego, con sus manos, sostenerme de mis brazos, haciendo que me ponga de pie, llevando a la cama, inclinándome sobre ella, haciéndome avanzar sobre la misma y poniéndome en una posición de perrito, apoyando mis manos y las rodillas en la cama, luego él se puso detrás de mí, hincado, empieza a respirar con algo de fuerza y se acomoda de tal forma, que su verga queda acomodada entre mis nalgas, empezándola a restregar de arriba abajo en la raya que separa mis nalgas.

    Luego de unos movimientos, se retira de esa posición, siento como pone su cara entre mis nalgas y vuelvo a sentir como pasa su lengua por mi culo, de forma bastante insistente, se retira, diciendo en voz alta, “Que rico culo tienes”, se acomoda detrás mío y vuelva a poner su verga entre mis nalgas, para luego, con voz excitada, me dice, “ya estoy que ardo en deseo de cogerte”, no había terminado de decir esto, cuando siento como pone la punta de su verga en la entrada de mi orificio anal, empezando a hacer algo de presión de manera constante, deteniéndose un poco, volviendo a hacer presión, la retira, siento como echa saliva a mi culo y se echa bastante saliva él.

    Vuelve a acomodarse en la entrada de culito y siento nuevamente que empieza a hacer presión para meterla, ahora, con esto, empiezo a sentir como la cabeza de su verga empieza a hacer ceder la resistencia que estaba oponiendo mi culo a ser perforado, tratando de abrirse paso a mi interior, él de esa manera constante, logra meter por completo la cabeza de su verga, al sentir que pudo entrar la cabeza, solo alcanzo a soltar un gemido y de repente, su verga se resbala hacia mi interior, hasta que sus huevos chocaron con mis nalgas, esta invasión no esperada, provoco que mis piernas flaquearan y que me tumbara en la cama y él sin dudar se puso encima de mí.

    Estando en esta posición, empezó a estar metiendo por completo su verga, para luego sacarla sin que saliera del todo, empezando a estar haciendo esta acción de estar metiendo y sacando su verga de mi interior, empezó a acostumbrarme a invasor que estaba entrando y saliendo de la profundidad de mi cuerpo, él estaba gimiendo con tanto placer, acompañando con mis gemidos que iban aumentando de intensidad, cada vez que entraba y salía su tronco de mí, él, entre los gemidos que iba soltando alcanza a decir en una voz demasiada excitada, “Que rico es estar dentro de ti”.

    Vaya, realmente estaba disfrutando de mi interior, porque me estuvo enculando en esa posición, por un tiempo que no conté realmente la duración, entre mis gemidos de placer y sus gemidos que iba soltando, también soltaba algunas palabras diciendo el cómo lo disfrutaba, luego, en un momento, se detuvo por completo, saco su verga dejándome, una sensación de vacío y de deseo de seguir sintiendo, se incorporó y puso sus manos en mi cadera.

    Jalándome hacia atrás de tal forma que me levantara, acomodándome en la posición de perrito, con las piernas ligeramente separadas, las manos apoyadas en la cama, se acomodó detrás mío, para luego ensartarme con su verga de un empujón hasta dentro, provocando que soltara un bufido, entonces, empezando nuevamente a estarme bombeando ahora de perrito, agarrando con una de sus manos mi barbilla, para hacerme voltear mi cabeza y besarme de manera apasionada y cachonda, dejo de besarme para decirme, “No me esperaba que estuvieras tan delicioso”.

    Detiene su tortura a mí ya abierto culo, saca su verga de mi interior, para que luego, con un movimiento de sus manos, me indica que junte mis piernas, así también con sus manos me guía, para que trate de pegar mi pecho a la cama, una vez que tuvo acomodado en esa posición, con sus manos, agarro mis dos manos y las puso por detrás de mi espalda, luego sosteniéndolas de esa forma como si me tuviera “esposado”, manteniendo con una de sus manos aferradas las mías en esa posición, pone la punta de su verga en la entrada de mi culo, y empieza a ir metiendo su verga de forma gradual pero constante, sin detenerse, para ir diciendo entre sus gemidos “Que rico estoy sintiendo tu culito, me aprieta tan sabroso”.

    Llegando hasta lo profundo donde el podía, pude sentir como sus huevos chocaban con los míos, entonces empezó a sacarla gradual, una vez que estuvo por completo afuera, exclama con cierta tono de satisfacción, “Ya tienes bien abierto tu culo papito”, luego de decir eso, empezó a meterlo y ahora a sacarlo, empezando con su bombeo de forma que iba aumentando su ritmo, hasta que me estaba bombeando de forma bastante rápida, gimiendo tanto el como yo con cada embestida que me estaba dando, para luego decirme, “Sabes, ya me voy a venir papito, prepárate para recibir mi carga”.

    No había terminado de decirlo, cuando empezó a aumentar su ritmo, gimiendo con mayor fuerza y de un momento a otro, dio un empujón hasta el fondo y fui sintiendo como algo caliente inundaba mi interior, así como también, como su verga estaba palpitando dentro de mí, sentía como me estaba llenando con su leche, dio unos últimos empujones de su verga en mi interior y la saco, soltó mis manos, me deje caer sobre la cama y me acosté de lado, para luego, con cierta curiosidad, pasar mi mano a mis nalgas y luego con mis dedos explorar mi culito, que la verdad se sentía que estaba bastante abierto, bastante dilatado, también, pude percibir que estaba algo húmedo y que sentía algo del líquido viscoso y caliente que era la leche de mi empalador, que estaba en mi culo dilatado.

    Al estar así acostado, él se abalanza sobre mí, tomándome entre sus brazos, empezando a besarme con bastante pasión, También, a estarme acariciando con sus manos, mi espalda, mi pecho, mis nalgas, mis piernas, luego, dejo de besarme para decirme, “Sabes, estuvo muy rico, espero tener la oportunidad de que en otra ocasión, te culear igual de rico que hoy”, yo le contesté que sí, diciéndole también, que cuando hubiera oportunidad podríamos vernos de nuevo, nos levantamos ambos de la cama y empezamos a vestirnos, encaminándome para salir del cuarto, pero, antes de que abriera la puerta, me jalo hacia él y me planta tremendo beso, para luego soltarme y ahora sí, dejándome abrir la puerta y entonces salir del hotel y una vez fuera, nos fuimos cada quien por su lado.

    No fue la última vez que lo vi, pero por desgracia regresó a su país, me dejó una grata impresión y de cierta forma lo extraño.